Oct 011979
 

Ramón Núñez Martín.

Se dice que sucedió este hecho en la última mitad del siglo XVI. En la zona de Plasencia, y en un pueblo del valle del Jerte: Tornavacas.

Sería construido el templo parroquial y querían tener una imagen de Cristo a quien venerar como Patrono. Se le ocurrió al regidor describirá franciscano fray Gaspar, hijo del pueblo, que residía un convento de Andalucía, para que le buscase un buen imaginero, que tallase la imagen. Al cabo de algún tiempo, aparecieron dos caballeros desconocidos, que se ofrecieron generosamente a hacerles la imagen tan deseada. Pero pusieron la condición de encerrarse solos en la Iglesia por dos meses. Se lo concedieron.

Al cumplirse el tiempo, el 14 de septiembre, fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, al romper el día, comenzose a oír una música suavísima, nunca oída y a continuación una loa cantada dedicada a Jesucristo.

El pueblo entero se levantó sobresaltado y se encaminó a la Iglesia. Las puertas estaban abiertas y al entrar quedaron atónitos al ver los árboles frondosos, de hoja perenne, en la parte central. Y más arriba en el presbiterio, el lugar destacado contemplaron la imagen de Cristo su Patrono. Una verdadera obra de arte. Se pusieron a buscar a los dos imagineros para darles las gracias y felicitarles pero habían desaparecido. Fue entonces, al ver los ángeles tallados también junto a la imagen, cuando formularon la siguiente conclusión: “eso está claro; los imagineros no son hombres, son ángeles enviados por Dios para tarllar la imagen de nuestro Patrono”.

Pero no era verdad lo que ellos se imaginaron. Junto a la imagen encontraron después un mensaje en el que los imagineros manifestaban quiénes eran: unos famosos bandidos de Sierra Morena, pero ahora transformados en los humildes conversos. Querían dejar como manifestación vida de su agradecimiento a Cristo, por la misericordia que había tenido con ellos, esta imagen del Cristo del Perdón. Les decían también que se encaminaban a Valladolid para presentarse a la justicia de Castilla, aceptando la pena de muerte que creían tener bien merecida.

Una representación del pueblo marchó inmediatamente a pedir el indulto para los dos imagineros al Rey Felipe II, obteniendo de su majestad esta gracia.

Ellos sin embargo, después de agradecer el perdón, pidieron el ingreso en la Cartuja de Miraflores en donde, después de muchos años, murieron santamente.

Y esto es el motivo de que se comenzara a celebrar la fiesta del Patrono el día 14:15 de septiembre, cada año y que se introdujese el Canto del Ramo reuniéndose todo el pueblo en torno a la imagen de su Cristo para celebrar la fiesta de la unidad.