Feb 272014
 

Alonso José Corrales Gaitán.  

En homenaje a  Luis Chamizo,

 Poeta Extremeño, en el primer

 centenario   de  su  nacencia

 (1.894 – 1.994) 

         En el mes de enero del año 1.993, salía a la luz mi libro relativo a un tema que a pesar de estar latente en Cáceres ciudad y en otras muchas localidades extremeñas, no había sido tocado en profundidad hasta el momento por ningún investigador. Por primera vez se descubría al lector una serie de construcciones que han permanecido durante siglos ocultas a los ojos humanos: mazmorras, aljibes, galerías, etc…

 

 

         Las investigaciones las había iniciado años atrás, concretamente en la primavera del año de 1.986 como consecuencia de haber encontrado diversas menciones del pasadizo por el cual se reconquistó Cáceres en el año 1.229, iniciándose así para mi un interés (que aun hoy me dura) por este apasionante tema, el cual he sabido contagiar a familiares y amigos, que en definitiva son mis primeros colaboradores a la hora de descender bajo el suelo de mi milenaria ciudad natal.

 

 

         Hasta este preciso instante he estudiado mas de una treintena de estas construcciones solamente existentes en Cáceres, así mismo he llevado mis investigaciones a las localidades de Plasencia, Hervás, Alcántara, Coria, Trujillo, Badajoz, Mérida, así como a determinadas de la vecina Portugal.

 

 

         Dada la limitación lógica que debe tener esta comunicación, voy a tratar en ella solamente determinados casos, que para mi son los más representativos de todos los que hasta el momento conozco.

 

 

 

         Construcciones aquí tratadas:

 

– Palacio de los Gaitán. (A).

– Palacio de los Mayoralgos. (B).

– Oratorio / Enfermería / Convento de S.         Pedro de Alcántara. (C).

– Palacio Episcopal. (D).

– Ermita de la Magdalena. (E).

– S.I.Concatedral de Sta. María La Mayor. (F).

 

 

 

A.-  En la actualidad se la conoce como Casa-Solar de los Aldanas. Está situada en la cuesta del mismo apellido, cerca del templo de San Mateo y unida a la casa de los Sandes o del Aguila.

     La historia nos dice que Rodrigo Alvarez de Aldana vino a Cáceres en el siglo XIV, casando con Doña Inés Fernández de la Cámara y Sotomayor comprando a Don Alfón Pérez Gaitán (regidor del Ayuntamiento), la casa en que vivía, quedando así constituido el solar de los Aldanas.

     En el actual siglo sufre este edificio todo tipo de castigos: primero y durante varios años se encontró sumido en un total abandono, para pasar a convertirse en vivienda, volvió a cerrarse la parte baja por algún tiempo para seguidamente ser transformada en restaurante. Era el final de la década de los años ochenta. Pero curiosamente durante todo este tiempo, la zona existente debajo de la planta baja, lo que podemos denominar el sótano, permaneció invariable durante al menos una centuria.

     No es hasta el 16 de Enero de 1.991 cuando pude acceder por primera vez a estas construcciones subterráneas, habiendo empleado con anterioridad unos quince días en sacar con una motobomba los miles de litros de agua que inundaban esta zona. Después de descender por media docena de escalones observé dos pisos muy diferenciados y separados por un pequeño muro de albañilería. En primer término y a mano derecha según se desciende, me encontré con dos habitaciones, una al lado de la otra. La primera más pequeña y baja. La segunda es bastante más espaciosa y en dos de sus laterales conserva unos pollos de mampostería, así como ciertos orificios en la pared y argollas metálicas. En la planta baja observé una amplia zona que parecía un enorme depósito de agua, hecho en la propia roca y con pequeñas cavidades (al parecer realizadas por la mano humana), al frente un muro que fue levantado no hace muchos años para separar ésta de la zona subterránea de la denominada popularmente como Casa del Aguila. Pero continuando a mano derecha de este enorme depósito, es decir, prácticamente debajo de las dos habitaciones anteriormente descritas, localicé lo que parecían ser dos entradas de pasadizos con dirección a la Casa del Mono, con una inclinación de unos sesenta grados.

 

     A los pocos días pude realizar una segunda y tercera visita a aquel lugar y más detenidamente estudiar cada una de las zonas de tan peculiar construcción. Encontré huesos que posteriormente me indicaron que son de asno, cordero y gato, así como pequeños fragmentos de barro y cristal. Acompañado por un colaborador (mi cuñado), nos introducimos en las supuestas entradas a las galerías que iban dirección a la Casa del Mono, después de un incómodo recorrido a los pocos metros nos vimos obligados a interrumpir nuestro “paseo”, ya que un derrumbamiento nos impidió continuar. La humedad era considerable lo cual nos dificultaba la respiración. No hay que olvidar que esta construcción permanece prácticamente todo el año inundado por el agua que emana de las dos cavidades hechas en el suelo de esta estancia, así como por varias filtraciones del pozo que existe en las proximidades.

     Unos dos años después dos colaboradores bajaron al pozo del antiguamente denominado Museo del Mono, hoy biblioteca Alonso Zamora Vicente, localizando tal y como era de esperar, lo que quedaba de una antigua comunicación subterránea con los palacios de los alrededores que llevaban dos direcciones: una hacia el palacio de los Aldanas o Gaitán y otra hacia la Facultad, para muy posiblemente salir del recinto amurallado a los pies de la Torre del Horno (siglo XII); desgraciadamente y como consecuencia de las toneladas de escombros vertidas dentro del pozo cuando se realizó la restauración del edificio en su última fase (principio de los ochenta), dificultaron notablemente el poder recorre la totalidad del pozo y por consiguiente las comunicaciones subterráneas.

 

B.-  En julio de 1.988 y acompañado por varios colaboradores (según invitación hecha por los entonces dueños de dicho palacio), accedimos al patio interior donde se nos enseñó lo que aquella familia había considerado en los últimos cien años como el brocal de un pozo en desuso, lo que había motivado que se vertiese en él gran cantidad de desperdicios. Hecho el oportuno estudio llegamos a nuestra particular opinión de que aquello no había sido nunca un pozo, motivo por el que solicitamos de sus dueños el permiso necesario para intentar vaciar todo lo allí encontrado.

     Después de un mes de agotador trabajo en el que siete personas ayudadas por varios cubos, palas y cogedores, sacamos una nada despreciable cantidad de escombros y desperdicios, vertiendo posteriormente varios miles de litros de agua, lo que facilitó el acceso a aquella estancia en el mes de Septiembre del mismo año.

     Varias fueron las personas que pudieron descender unos tres metros por debajo del suelo actual, entre los que desgraciadamente no puedo incluirme por mi peso y altura (no podemos olvidar que se bajaba a los voluntarios a pulso con una cuerda de alpinismo). Estos primeros afortunados se encontraron en una habitación de unos siete metros de largo por cuatro de ancho y casi tres de altura, con el techo de medio cañón a ladrillo descubierto.

 

     En estas condiciones se realizaron al menos media docena de visitas, efectuando las correspondientes mediciones, así como no pocas fotografías, al tiempo que se seguía trabajando en el vaciado de la habitación hasta llagar a sacar el 50 % de su contenido.

     En el mes de Septiembre encontramos otro acceso a mencionada habitación, también por el techo, encontrando otro orificio a unos tres metros de distancia del primero y ligeramente más pequeño que aquel; lo realmente curioso es que se encuentra exactamente debajo del muro que divide el patio en dos distintas alturas. Lo que vino a demostrar que los accesos a la estancia subterránea tenían por lo menos entre doscientos y trescientos años de antigüedad.

     Desgraciadamente nos vimos obligados a abandonar la tarea de investigación a medias por la llegada de las primeras lluvias en el mes de Septiembre.

     No fué hasta el verano del año 1.990 cuando pudimos volver al Palacio de los Mayoralgos. Por el nuevo acceso pude bajar a la estancia descubierta en 1.988 junto con un colaborador y una escala. Tras un minucioso estudio descubrimos grandes fragmentos del lucido primitivo de la mencionada estancia, un zócalo pintado de color rojo oscuro, y la existencia de unos toscos restos de dibujos que representaban figuras humanas y grandes ojos.

     Al extremo contrario del primer acceso, localizamos lo que consideramos escalones, que podían llevar a otra u otras habitaciones situadas debajo de ésta y que su ubicación podría muy bien estar bajo los Adarves, es decir, saliendo del recinto amurallado. No podemos olvidar que este Palacio fué levantado en el siglo XIV sobre doce viviendas que ocupaban aquel terreno, lo que nos da a pensar que esta habitación subterránea es parte de una de aquellas viviendas, con sus correspondientes tomas de aire.

     Por desgracia para nosotros en el verano de 1.992 es vendido el Palacio, lo que nos impidió llevar a término nuestra investigaciones.

 

C.-  Después del fracaso de dos intentonas, logré acceder en el mes de Julio de 1.991, y gracias a la atención de los obreros que allí estaban en aquel momento trabajando, a este edificio religioso en sus orígenes y que está situado frente a la Audiencia Territorial de Extremadura.

     Por encima de todos los tejados de esta zona que aparecen ahogar a este noble edificio, sobresale la cúpula de una capilla desconocida para la gran mayoría de los cacereños. Una vez dentro del patio descubrimos restos de aquellas edificaciones inauguradas el 5 de Agosto del año del Señor de 1.718, sobre un terreno donado por Don Juan Sánchez Digán, según testamento realizado en 1.668, edificio donde residieron durante muchos años la Comunidad de Franciscanos Descalzos que existió en Cáceres, lo que provocó abundantes enfrentamientos entre las distintas órdenes religiosas establecidas en esta ciudad, teniendo incluso que intervenir el propio Obispado.

 

     A pesar de acceder a mencionado edificio en una época en el que estaba lleno de andamios, ladrillos y escombros, así como todo tipo de muebles repartidos por habitaciones y pasillos, además de la Capilla, (debido a las profundas obras de rehabilitación que allí se estaban realizando), pudimos apreciar la gran belleza que debió tener en los primeros tiempos de su construcción, hoy desgraciadamente profundamente transformado.

     Lo que me llamó profundamente la atención fue el descubrir que lo que hoy es simplemente un pasillo, localizado bajo la capilla, ha permanecido inexplicablemente, durante los últimos cincuenta años, oculto (Galería subterránea), en medio del cual se descubrió un pozo que según nuestras notas se comunica con un amplio aljibe por donde a su vez se podría acceder al Palacio de Justicia, antiguo Hospital de la Piedad (siglo XVII). En esta primera visita se estudió la posibilidad de descender a mencionado pozo para poder localizar mencionado lugar, tarea que se abandonó para mejor ocasión.

     De igual modo localicé y visité estancias que habiendo permanecido ocultas o disimuladas en los últimos años, ahora transformadas, en sus orígenes iban a ser utilizadas para muy distintos fines: trasteros, leñera, despensa, etc. pero que fueros hechas como depósitos de cadáveres, o lugar donde tener a los enfermos incurables. Todas estas pruebas y otras descubiertas posteriormente, vienen a darnos la razón de que debajo del actual suelo existen dependencias que no han sido restauradas por no aumentar los gastos de las obras.

     En el verano de 1.992 intenté realizar una segunda visita a este edificio pero las religiosas propietarias del mismo no me autorizaron a ello y menos con cámara fotográfica.

     Queremos pensar que tal vez en la próxima rehabilitación los propietarios de este antiguo Convento se decidan a profundizar más en los cimientos y así poder encontrarnos con elementos muy interesantes para estudiar las construcciones ocultas cacereñas.

 

D.-  En este edificio he encontrado dos tipos de construcciones ocultas muy distintos; la primera se refiera a un gran aljibe que en sus orígenes ocupaba todo el actual patio y por el cual se accedía por una ventana  a una pequeña estancia, que fue construida hace bastante tiempo para que en caso de inminente peligro poder esconder todo aquello que se considerase de valor.

     El Obispo Galarza llegó a ver dicho aljibe en su práctica totalidad y el investigador local Don Miguel A. Ortí Belmonte le dedicó no poco tiempo para su localización exacta y posterior estudio.

     Cuando el Obispo Don Manuel Llopis Iborra realiza las obras de acondicionamiento en dicho Palacio, vuelve a salir a la luz este aljibe, pero el tema es rápidamente olvidado por considerara muy costoso su arreglo y manutención.

 

 

 

 

     Es muy posible que si estudiásemos detalladamente este Palacio, nos encontraríamos con restos de numerosas construcciones de muy variados tipos. La primera obra de edificación se remonta al año 1.261, cuando se construyen las por entonces denominadas “Casas Episcopales”. En 1.418 nuevas obras de remodelación llevadas a cabo bajo la dirección del entonces Obispo de nuestra Diócesis, Fray García de Castronuño, que construye gran parte del edificio que hoy podemos apreciar, produciéndose en 1.544 nuevas e importantes obras, añadiéndose al Palacio el terreno de casas colindantes.

     La otra construcción subterránea localizada en este Palacio es un pasadizo que fue descubierto hace unos veinte años, y que según la información, llegaba hasta el Palacio de Galarza o casa de los Trucos (pasadizo), situado en la Plaza de la Concepción. En sus primeros metros fue visitado por un sacerdote hoy fallecido, manifestando que se encontraba en muy buen estado de conservación a pesar del elevado grado de humedad allí reinante.

     Existe, no obstante, otra información respecto a este pasadizo que dice lo siguiente: “Al realizarse unas obras en la Plaza Mayor, en las proximidades a la Torre de Bujaco (siglo XII), se cortó un pasadizo que unía el Palacio Episcopal con la casa de los Trucos, encontrando así mismo otro que debe ser el que llega hasta el conocido Paseo Alto” (según declaraciones del investigador cacerense del siglo XVIII Don Simón Benito Boxoyo).

     La llamada popularmente Casa de los Trucos fue comprada por el Obispo de Coria Don García de Galarza a la familia Dávila, quienes la habían adquirido a los Cohen, hebreos, cuando estos fueros expulsados por los Reyes Católicos de toda España en el año 1.492, siendo residencia aquel Palacio del insigne rabino cacereño Sargas Cohen.

     Se da la curiosa circunstancia que fue este Cohen un gran entusiasta  del mundo subterráneo de Cáceres, llegando a visitar algunas de estas construcciones, incluso a crear algunas, principalmente en casa de sus hermanos de raza, así como en su propia casa. Siendo incluso uno de sus descendientes quién se aventuró a realizar un plano de toda esta red pensando tal vez en que con el tiempo podrían llegar a ser estas peculiares construcciones tan importantes como los propios edificios que las ocultaban.

 

E.-  Hoy no existe en Cáceres ningún edificio con este nombre. La fábrica así llamada fue construida en el siglo XIII por Don Fernán Pérez Gallego, Maestre de la Orden de Alcántara, siendo nombrado en aquel lugar y en acto solemnísimo en 1.335 Don Gonzalo Martínez Oviedo como nuevo Maestre. El terreno que dicha ermita ocupaba es el que hoy tiene el jardín, el cementerio y parte del propio Convento de San Pablo, ubicado en la zona más alta del recinto amurallado de Cáceres, cerca de la Iglesia de San Mateo.

     Estuvo abierta al culto hasta mediados del siglo XIV, en el que se igualó el terreno y se construyó el beaterio y posterior convento anteriormente mencionado.

     En los años cuarenta un matrimonio que tuvo al cuidado el jardín del mencionado Cenobio de religiosas, aprovechando la enorme sequía que hacía días sufría Cáceres, y observando que el pozo no tenía ni gota de agua decidieron bajar en busca de monedas, para lo cual fabricaron una rudimentaria escalera de palos, pero apenas llegaron a la mitad de la misma cuando el jardinero observó que allí abajo existía comunicación entre varias habitaciones, y al carecer de luz, contactaron con el Director del Museo Provincial (Sr. Ortí Belmonte), posponiendo para mejor ocasión la visita, la cual se realizó a la semana siguiente, bajando un total de tres personas, descubrieron dos habitaciones que aún contenían en sus paredes los símbolos de los primeros cristianos; las cubiertas de las estancias eran de medio cañón. Se encontraron restos de columnas y capiteles, así como dos monedas y un puñal.

     Ya en la década de los años sesenta las propias religiosas, como consecuencia de ciertos arreglos de albañilería realizados en el jardín, vieron en varias ocasiones habitaciones con arcos y algunas columnas. Con posterioridad se han vertido toneladas de tierra por aquel lugar para así poder plantar gran variedad de flores y árboles, lo que ha transformado notablemente el jardín.

F.-  En lo referente a este templo habría que hablar largo y tendido, pues en los años que llevo estudiándolo (desde el verano de 1.984) he descubierto infinidad de motivos para llenar gran número de folios: enterramientos antiquísimos, zonas huecas, escaleras tapiadas, pinturas casi desaparecidas, etc… En esta ocasión tan solo hago referencia  a lo que desde el momento de su descubrimiento se ha bautizado como cripta del Cristo Negro.

     En el hoy lejano verano del año 1.989 y como consecuencia de haberse partido la losa que cubría la entrada de la cripta de los enterramientos existentes en el suelo de la capilla de los Blázquez de mencionado Templo, entre el Altar Mayor y la Sacristía Mayor (hoy convertida en museo), fui llamado por el entonces Obispo Don Jesús Domínguez Gómez a fin de que descendiese allí para ver lo que había en dicho lugar a los pies de la Imagen de un Crucificado del siglo XIV conocido popularmente como Cristo Negro.

     Entre Agosto y Septiembre realizamos tres bajadas a una habitación de algo más de 170 cm  de alta por poco más de ancha y unos tres metros de larga. Allí estaban los huesos de al menos siete personas, adultos, que aunque en un principio creímos se trataban de antiguos miembros de la Hermandad, posteriores investigaciones demostraron que eran restos de las familias nobles cacerenses: Blázquez, Ovando y otras, cuyos escudos aparecen en los laterales de la capilla. También encontré en aquel mismo lugar, suelas de sandalias, clavos, maderas de las cajas, pequeños pedazos de telas de las ropas y un rudimentario cordón. Tras minucioso estudio observamos en siguientes visitas, que el suelo de la mencionada cripta era artificial, es decir, que no era el autentico ya que se encontraba relleno de tierra. Por estas mismas fechas antiguos sirvientes me informan del pasadizo que los Ovando construyeron en el siglo XVI-XVII entre el Palacio de su propiedad, (hoy de los descendientes del Conde de Canilleros) y este Templo. Hasta este preciso momento no ha sido aun localizado. Creemos como más lógico, que de existir verdaderamente este pasadizo, que sale de la leñera de mencionado edificio hasta el Templo, lo lógico sería que se comunicase con la Capilla que fue construida por dicha familia y que han poseído durante siglos. Para respaldar esta afirmación hubiese bastado con haber vaciado el suelo de la cripta, pero la inesperada enfermedad del Sr. Obispo y su posterior fallecimiento provocó unos repentinos trabajos de albañilería para acoger a quien en vida fue Don Jesús Domínguez Gómez, Obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres, al aldo de los otros siete restos humanos que gozan de tan espacial lugar de enterramiento.

     Pero no quisiera finalizar este rápido repaso a un tema tan interesante en nuestra ciudad, sin referirme brevemente a la que considero la galería modelo de cuantas conozco en Cáceres, es la galería por donde se reconquistó la ciudad en el año 1.229 y que los cacereños bautizaron como Galería de la Victoria y que fue descubierta en marzo de 1.942 por el entonces Director del Museo Provincial de Cáceres, D. Miguel A. Ortí Belmonte, gracias a los datos recopilados durante años por Don Juan Sanguino Michel y Don Publio Hurtado Pérez, dos investigadores locales que dedicaros muchos momentos de sus vidas a su localización, como consecuencia del inesperado hundimiento del muro sur del jardín de dicho edificio. Se descubrió una escalera de caracol, así como una muy pronunciada rampa debido al gran desnivel existente entre la entrada y la dirección de la galería llegando a recorrer un tramo de algo más de doce metros. La salida de mencionado túnel se descubre a bastante distancia del Museo, concretamente en la muralla, a los pies de la denominada Torre del Gitano (siglo XII), salida que en los últimos treinta años se encontraba disimulada por la existencia de una casa. Aparece con estos vestigios perfectamente determinada la galería de la Victoria, siendo romana en la entrada, y árabe y cristiana en el resto. Esta antiquísima construcción por la que entraron las tropas de Alfonso IX para reconquistar la ciudad, tiene bóveda de cañón. En la actualidad y como consecuencia de las innumerables e incontroladas construcciones que se han realizado sobre el terreno por el que transcurre la galería, es muy posible que la inmensa mayoría de la misma haya sido destruida, salvo el tramo que se encuentra bajo el museo y en las proximidades de la mencionada torre.

     Es mi particular opinión que con un mínimo esfuerzo económico llevado a cabo por nuestras autoridades podríamos recuperas y mantener un gran número de estas construcciones, contando con la inestimable colaboración de los propios profesionales responsables de la rehabilitación de estos edificios, para lo cual a su vez sería necesaria la información que pudiesen aportar los dueños de estos, así como los estudiosos del tema.

 

         Evidentemente el presente estudio no finaliza aquí, ni mucho menos, pues existen infinidad de construcciones ocultas por mi estudiadas y que están repartidas por prácticamente toda la ciudad monumental de Cáceres y alrededores, así como por toda la provincia. A las que deberíamos sumar aquellas que nosotros aún no conocemos y que sin duda también deben ser una cantidad considerable.

 

 

         Sirvan de claro ejemplo de lo que estamos diciendo las construcciones ocultas registradas en los lugares que seguidamente relaciono:

 

– Palacio de los Toledo-Moctezuma.

– Casona de la Duquesa de Fernán Núñez o Casa del Tesoro.

– Convento de la Compañía de Jesús.

– Cámara de Comercio e Industria.

– Palacio de Rodrigo de Ovando.

– Palacio de Ulloa.

– Palacio de la Duquesa de Valencia.

– Casa del Sol

– Casona de Don Gonzalo de Ulloa Ramírez de Aros.

– Palacio de los Sandes (del Aguila).

– Gobierno Militar.

– Excma. Diputación Provincial.

– Golfines de Abajo.

– Golfines de Arriba.

– Proximidades del Santuario de la Montaña. etc…

 

 

         Pudiendo continuar con lo que nosotros denominamos zonas huecas, tales como: El Calerizo; calle de San Francisco el Real; Plazuela de la Concepción; calle Pizarro; Calle Torremochada; Rivera del Marco; etc…

 

 

 

Alonso José Corrales Gaitán.