Dic 202016
 

Domingo Quijada González.

 

Introducción

 

La superstición y la magia han estado siempre muy arraigadas entre los españoles, sobre todo durante los siglos XVI y XVII. En la Península, a las supersticiones de los pueblos primitivos, romanos y godos, se unieron las de judíos y moriscos, además de las milenarias del pueblo gitano, fundiéndose con el dogma católico y generando una religión que podríamos considerar paralela entre el pueblo, que continuó manteniéndola viva a pesar de la condena de la Iglesia. La incultura, situación política y económica favorecían el cultivo.

En todos los tiempos ha habido varones y mujeres que decían tener poderes y practicar la magia. Desde sacerdotes hasta emperadores adoptaban el título de magos. Había funcionarios estatales que trabajaban de adivinos o augures y se dedicaban a predecir quién sería el vencedor en la batalla. Eran los magos. La brujería, en cambio, ejercida por gente de menor nivel cultural y económico, era vista como un subproducto de la magia. La gente recurría a los brujos y brujas para ahuyentar la mala suerte o mejorar las cosechas. En el fondo, era una brujería benéfica.

Mientras la magia fue una ceremonia practicada en la corte papal o real por los llamados nigromantes, que utilizaban el conjuro para el control de los demonios, los poderosos magos eran del sexo masculino. Pero cuando los teólogos escolásticos condenaron estas prácticas al sostener que, si los demonios proporcionaban servicios al mago, era porque esperaban algo a cambio, fue cuando el mago-señor se transformó en bruja-servil, el sexo del malhechor cambió y los brujos se convirtieron en su gran mayoría en mujeres.

Pero, antes de continuar, hemos de aclarar que la distinción principal entre brujería y hechicería es que en esta última no existe un pacto con el diablo. Así, mientras que la brujería utiliza hierbas, ungüentos y alucinógenos para producir sugestión en sus víctimas, la hechicería usa herramientas concretas y palpables (el demonio queda al margen).

La superstición fue uno de los servicios más solicitados para solventar los problemas que acuciaban la vida diaria