Oct 012002
 

Félix Gutiérrez Rabaz.

Asentada en una eminencia granítica, Brozas destaca su gallarda silueta sobre el abierto paisaje, semejando un navío de cal, tejas y piedras, anclado en un mar de llanuras pardas y onduladas. Con origen antiquísimo parece que Brozas se formó por la unión de diversas poblaciones célticas de los alrededores.

Durante la Edad Media los maestres alcantarinos concedieron a Brozas generosos privilegios que redundaron en aumento de su población y prosperidad de la misma, hasta ser la más importante de las poblaciones del territorio de la orden por la que se convirtió pronto en cabecera de su Encomienda Mayor.

Con la absorción por Fernando el Católico de los maestrazgos de las órdenes militares, pasó a la Corona el de Alcántara, con lo que Brozas comenzó a depender de la autoridad Real. En esta época fue independizada del Concejo de Alcántara, concediéndoles el Título de Villa.

Durante el reinado de Carlos I, por una Real Cédula dada en Madrid el 24 de marzo de 1537, y en compensación por el servicio que de 7.500 ducados hizo Brozas a la Corona, se ratifica el Título de Villa y el de su independencia, añadiéndose el escudo heráldico, según el cual, Brozas ostentaría en su emblema las armas de Castilla y León y el águila bicéfala del Imperio.

Entonces se inicia una prosperidad que tarda poco en convertir a la pequeña aldea en pueblo importante, con amplísimo término, y en uno de los primeros solares de nobleza de Extremadura, de lo que aún nos dan fe los palacios y casas solariegas alzados por ilustres linajes. En este aspecto, Brozas ocupa en la región el cuarto lugar, pues están delante en conjunto de mansiones señoriales, Cáceres, Trujillo y Plasencia, y llegó a contar hasta trece títulos nobiliarios.

Una rica nobleza y clero promovieron importantes construcciones palaciegas y eclesiásticas que todavía hoy mantienen con orgullo la hidalguía de antaño. Construcciones fortificadas, enormes casas palacios, ermitas, conventos, forman un rico patrimonio artístico que hace de Brozas uno de los emplazamientos extremeños más atractivos para el visitante.

Por sus calles y plazas, el viajero puede recorrer contemplando la arquitectura militar, religiosa, civil y popular, manteniendo aun las fachadas restos de su pasado.

Como es propio de una población que fue centro de la Encomienda Mayor, tiene su fortificación y castillo, notable construcción defensiva situada en lo más elevado de la villa, conocido popularmente como “palacio”.

En cuanto a los edificios civiles, contamos con un buen número de ellos, destacando en todas las construcciones palaciegas, las balconadas y rejerías de generosas proporciones, los blasones familiares, las maderas, los sillares… Así durante los siglos XVI, XVII y XVIII, desfilaron los más importantes arquitectos para la edificación de sus casas palacios. La nobleza dejó profundas muestras de su poder, tanto en la dotación de capillas funerarias, como sobre todo, en la construcción de sus casas, contando con un buen número de ellas, teniendo todas gran interés artístico, como el palacio de los Bravos, Argüelles o Condes de la Torre del Fresno, de los Flores, Gutiérrez-Flores, Porres Montemayor, Mendoza-Escalante, Paredes y Arces- Marqueses del Reino, Tejada, Francisco Lizaur, El Brocense, Encomienda, de la Inquisición, todas ellas fiel testimonio de un pasado glorioso.

La arquitectura religiosa tiene una sobresaliente representación en las ermitas de San Juan, Santa Bárbara, Santa Lucía, El Humilladero, San Antón, La Soledad, El Buen Jesús, y San Gregorio y el Padre Eterno que se encuentran en los alrededores, así como los cruceros de la Soledad, San Juan, San Antón… y en los conventos de la Encarnación o de los Remedios, el Franciscano de Nuestra Señora de la Luz y el de las Comendadoras o Caballeras de la Orden.

La iglesia de los Santos Mártires tiene su origen en una ermita dedicada a San Fabián y San Sebastián que fue ampliada en 1495, por una Real Cédula de los Reyes Católicos y terminada en 1964, sobresaliendo la parroquia de Santa María la Mayor, conocida como la catedralina por sus proporciones, del s. XVIII, declarada Bien de Interés Cultural.

Brozas ha sido cuna de importantes hombres ilustres, de la cultura, la religión, la milicia, la arquitectura, el derecho, los nobles oficios, citarlos a todos sería una ardua tarea, destacando sin duda a Francisco Sánchez de las Brozas “El Brocense”, Humanista del s. XVI y a Frey Nicolás de Ovando Primer Gobernador de Indias y Comendador Mayor de la Orden Militar de Alcántara.

De Brozas arranca el gran periodo de apoteosis extremeña, ya que aquí nació Nicolás de Ovando, el que encauza hacia las Indias los bríos de la región. Cierto que el temple y resistencia de los hombres de Extremadura, su espíritu aventurero y audaz, fueron las bases de aquellas inigualadas gestas conquistadoras de las tierras americanas pero era preciso que se diese a la causa ocasional, que alguien abriera las puertas de Extremadura frente a los mares. El nombramiento de Ovando en 1501 como Gobernador de Indias, fue la providencial designación de las tierras extremeñas para la gloriosa gesta universal, siendo el clarín que puso en pie a la región, porque con Ovando o a su amparo pasaron a las nuevas tierras muchos extremeños.

Bueno es dejar bien sentado que, aparte de la intervención directa de los hijos de la villa, toda esa gesta forjadora del Imperio español tuvo su raíz en Brozas y fue posible porque un brocense, Ovando, abrió para sus paisanos los extremeños el camino de las remotas latitudes indianas.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Revista Cultural “Aldehuela”. Asociación Cultural Francisco Sánchez de las Brozas.
  • Gran Enciclopedia Extremeña. Ediciones Extremeñas S.A.
  • Hijos Ilustres de la Villa de Brozas. Eugenio Escobar Prieto.
  • Inventario del Patrimonio Artístico de España. Cáceres y su Provincia.
  • Rutas Cacereñas de las Chimeneas. Antonio Rubio Rojas.
  • Junta de Extremadura. Consejería de Obras Públicas y Turismo.