Oct 012008
 

Luis Vázquez Fernández , O. de M.

Aventurando sus vidas / han   hecho lo no pensado,/ hallar lo jamás hallado,/ ganar tierras no sabidas.

Francisco de Jerez

Un Pizarro jamás perdona una ofensa.

Ordóñez

Hasta aquí tiró la suerte/ cuanto su poder alcanza,/ que no pasa la venganza /los límites de la muerte

Tirso de Molina

  1. INTRODUCCIÓN

Cuando uno se acerca, desinteresadamente, a los documentos originarios y a las diversas crónicas primeras, no puede menos de cuestionarse ciertos con- vencimientos parciales, carentes de exactitud, y contemplar la verdad desnuda. Y esta verdad se impone por sí misma. Sólo ella nos interesa en cuanto investi- gadores o amantes de esa “verdad que nos hace libres”, según expresión evan- gélica.

 

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Oct 012007
 

  LUIS  VÁZQUEZ, O. de M.

  1. LA PERSONALIDAD DECISORIA DE HERNANDO

  Desde su prisión, aconseja a Gonzalo, que gobernaba el Perú con toda legalidad[1]

 Hagamos memoria: En un principio, Hernando Pizarro de Vargas, al regresar  definitivamente solo, por orden de Francisco, a España –pues había venido antes, un par de veces, a traer el quinto real al Emperador, y obtener títulos para ellos, y para Almagro en menor cuantía–,  después de una guerra civil, y de haber asesinado a Almagro el Viejo (6 de abril de 1638), contra la voluntad de su hermano Francisco,[2]  tuvo que presentar probanzas y sus mejores testigos, junto con los demás despachos exigidos  en el juicio que sufrió  por parte del Consejo de Indias, siendo desterrado a África, en una primera decisión, el 14 de mayo de 1540. Sopesado el hecho, gravísimo, acaso por influencia de alguno de sus amigos, cambian el destierro por la prisión en  el castillo de La Mota, donde pasará nada menos que 18 años de prisión preventiva.

Y desde allí, después de año y medio privado de libertad, responde a Gonzalo, haciéndole saber que recibió su carta de julio del año pasado. Ahora, hecho ya a su nueva vida, con serena frialdad razonadora,  y el fino olfato socio-político que le caracteriza, afirma que le aprueba el hecho de que haya ido a ver al oficial Gobernador Vaca de Castro, “que, como estaba en lugar de su Majestad, con él era con quien se había de negociar”. Le hace saber, por su parte, que el embargo de las haciendas del Marqués fue orden de España, y cree “que no terná[3] remedio”.

Notemos, ya de entrada, cómo es el prisionero quien está en todo, cavilando siempre sobre los bienes que, poseídos un tiempo con holgura, ahora están algunos perdidos, otros en manos ajenas, y los demás en peligro. Hernando tiene siempre proyectos lúcidamente realistas. Gonzalo –más humano, yo creo—es, en lo demás menos consciente de la avaricia de sus enemigos, que van desde los conquistadores y administrativos peruanos hasta los señores del Consejo de Indias y el propio Emperador. Era mucho el interés que se jugaba. Este mismo año se descubren las minas de oro en Potosí, después de un tiempo de explotación de la plata. Cuando llegue La Gasca con plenitud de poderes ejecutivos, dispuesto a todo, Gonzalo seguirá en su Cuzco, casi sin enterarse de que “alea iacta est”: su suerte estaba echada.[4]

Jamás hemos visto a Hernando desprevenido, sin dominar las circunstancias que le afectan. Por eso sobrevive, a pesar de los inmensos contratiempos que no esperaba al

 

venir a España. Probablemente se vino sin sospechar que los almagristas se la tenían jurada, y no debió de temer la tan prolongada prisión.¡Gracias que se salvó del destierro! ¡Siempre había sabido, y podido, bandear el temporal adverso y salirse con la suya! Ahora todo , y todos, están en contra suya. Pero, con todo eso, él, siempre firme,  no se deja deprimir –a cualquier otro le hubiera sucedido–, y sigue, desde su falta de libertad de acción, que no de decisión relativa, actuando como quien dirige el propio destino que se ensaña con él, y mirando a un posible futuro, que sabe puede y debe cambiar a favor suyo.

En este aspecto, no podemos menos de sentir admiración profunda por Hernando, dejando de lado sus flaquezas humanas –que las tiene, y grandes–, por su lucidez y capacidad permanente de vislumbrar las posibilidades reales de su futuro, si incierto, capaz de cambiar, en medio de sus momentos más adversos y negativos.

Dicho esto, prosigamos con el análisis de su misiva. Las haciendas de Francisco habían sido embargadas, como hemos visto, allá en el Perú. Hernando es muy consciente de que eso ya no tiene remedio, al menos por el momento, “porque el marqués, que sea en gloria, escribió a su Majestad que lo tenía en su poder y que lo daría a quien él fuese servido”. La actitud de Francisco con el Emperador fue de una generosidad sin límites. ¡Y así se lo pagaron!

Hernando le dice a Gonzalo que pida al virrey la liquidación, y sólo queda esperar acontecimientos más favorables en un futuro a medio plazo, acaso. No, Hernando no es un idealista. Sabe adaptarse a lo inevitable, y a sacar el partido posible, sencillamente, sin renunciar nunca a sus derechos. Él no ignora que en España, los del Consejo de su Majestad –sigue diciéndole al hermano—“no tienen mucha voluntad a nuestro nombre”. Si no estuviera en prisión,  iría a parlamentar personalmente con el Emperador, o la Emperatriz. Pero, en este momento de su vida no es más que un sospechoso prisionero. Se le permite, en cierta medida, una libertad vigilada, pero carece evidentemente de la simpatía oficial. Y los almagristas echan continuamente leña al fuego. De ahí que le siga  abriendo los ojos  a su feliz hermano: “No dexe vuestra merced de negociar con el virrey lo que pudiere en ello, en esperanza de lo de acá; al menos  que venga de allá bien encaminado y el señor virrey informe a su Majestad”. Como podemos comprobar, no pierde del todo la esperanza, pero ésta es frágil, naturalmente, sabiendo como sabe que Gonzalo no va a lograr demasiado del virrey.

 

No da crédito, sin embargo,  a lo que le escribió Gonzalo de que tuvo noticia del  Cuzco de que Diego de Rojas  había ahorcado a Pedro de Soria. Se atreve a disentir de su hermano,  pues conoce el percal: “No debe [de] ser ansí, porque yo tengo cartas hechas de Arequipa, de agosto, y no dice tal”. Es decir, se fía más de sus informes que de los de Gonzalo, una vez más.  Con todo, no es cerril, y admite la posibilidad, en cuyo caso no debe quedar oculto, y sin que se haga justicia. Replica, por “si fuere verdad, vuestra merced pida justicia, porque es burla otra cosa, y tome una persona a mi costa que no entienda en otra cosa sino en los pleitos, y sea hábil y que lo entienda, digo demás de los procuradores, sino criado solicitador, porque perdemos mucho por descuidos en pleitos”.

Queda claro que está dando lecciones a su hermano, y sigue estando en todo lo referente a la hacienda común, preocupado por la misma actitud descuidada de Gonzalo, en cierta medida, un tanto ingenua y crédula, dado que su bondad innata, a mi juicio, le hace creer que los demás también lo son. Hernando, siempre más realista y desconfiado, piensa en lo peor para acertar, siguiendo el refrán castellano. Él era el único de los hermanos ilustrado, que sabía leer y escribir y hacer cuentas:¡había tenido escolarización, además de manifestarse como un descubridor y guerrero, juntando pluma y espada!

            Lo crematístico logra controlarlo desde La Mota, gracias a sus allegados, amigos y personas de su confianza, que vuelven del Perú

      Diego Martín[5] lleva a vuestra merced poder mío  –sigue afirmando Hernando—“para que haga en mi hacienda y deshaga como en la suya propia. Y ya tan bastante cuanto se debe enviar a tan buen hermano”.

Subrayemos, de pasada,  cómo Hernando hace aquí un acto de reconocimiento de la bondad de su hermano Gonzalo, a quien yo creo, según reafirmo, uno de los mejores, en virtud y bonhomía, de los hermanos en Perú, después de Juan, a quien asesinan muy pronto, y le llamaban “Juan el bueno”: Sin duda alguna , era una excelente persona, más ingenua, ciertamente, que Hernando, y con menos capacidad de gobierno que el Marqués, pero de una gran bondad de corazón, de una humanidad a toda prueba. No es fácil probarlo, pero se vislumbra, a través de sus escritos y de su conducta política.  No en vano caerá en manos del astuto clérigo salmantino La Gasca, que lleva la intención de liquidarlo. ¡Jamás le habría sucedido tal cosa a Hernando, de hallarse en su lugar, y con la gobernación legal –a todas luces válida, por haber sido otorgada por Francisco en su “segundo testamento”, como dejé señalado arriba–, cuando vio que Hernando ya no regresaría al Perú; y el Marqués sospechó que le quedaba poco de vida!

Vuelve a aclarar lo de su hacienda y lo necesitado que se encuentra en Medina, por si Gonzalo no estaba ya al corriente, o al menos dejaba de imaginarlo a tal distancia, y sabiendo su afán de riqueza: “ En lo de mi hacienda, no tengo que escribir, que bien creo  que vuestra merced ternía cuidado, sino que sepa que paso mucha necesidad, que lo que traxo Diego Velásquez no llegó a los dientes, que todavía debo más de veinticinco mil ducados, y para que vea vuestra merced qué tal estoy, le hago saber que tengo por mejor estar preso que suelto”.[6]

Estando en tal circunstancia, tenía disculpa para no angustiase demasiado ante sus acreedores. Este es, pues, Hernando: Preocupado por su hacienda del Perú, y haciendo un ejercicio de humildad. Su orgullo de antaño aparece ahora remodelado por la situación de penuria económica. Junto a la previsión, se impone la visión más realista y descarnada de sí mismo que pudiéramos jamás imaginar. Su deuda actual era muy grande, si la fortuna fue mayor.

 

            El recuerdo de doña Inés y,  sobre todo,  de la jovencita de 10 años Francisca Pizarro Yupanqui

“Huelgo de que doña Inés esté casada con ese caballero, Andrés de Rivera. Su primo es acá muy grande amigo mío. Vuestra merced hizo bien en dar a la señora doña Francisca quien la doctrine”.[7]

Y prosigue Hernando en su carta expresando sus sentimientos sobre los hijos de Francisco sobrevivientes, aunque huérfanitos: “Es tanta la lástima que tengo de esos niños, hijos del marqués, que sea en gloria, que no querría hablar. En ellos el mejor librado me parece que es el que se murió[8]. Con el señor virrey se procure lo que les toca, que acá poco remedio creo ternán”.

He aquí un par de actitudes que revelan la otra cara humana de Hernando: Se preocupa por sus amigos y familia.  En este caso, se trata de doña Inés ( que, por cierto nada tiene que ver con “Inés de Suárez”, a quien se dedican los Coloquios de este año). Y es muy significativo su interés por doña Francisca Pizarro Yupanqui, jovencita de 10 años, de cuya educación se preocupó mucho su padre; y, ahora él difunto, toma el relevo su hermano, que le sucede en el cargo de gobernar el Perú, ya más pacificado, en apariencia al menos. Hernando, está claro, pensaba ahora ya en ella.

¿Sospecharía, al redactar la carta, que en fechas no lejanas vendría a España, con su hermano Gonzalo, a la edad de 17/18 años ella, y acabarían casándose, previa dispensa de Roma, tendría cinco hijos, tres de los cuales sobrevivirían, y conjuntamente edificarían el Palacio de la Conquista? Es posible que no, de modo consciente; y muy posible estuviese todo latente en su inconsciente personal.

Quiero recordar ahora que existe una homónima de Francia Pizarro, descubierta por Rostworowski; y es un dato a tener en cuenta  para no confundirlas, cuando aparezcan en relatos de cronistas o de historiadores. Esta segunda Francisca Pizarro era  hija de madre española y de padre indígena. A Francisco, en Tumbes, le entregó el cacique de Poechos un hijo suyo como sirviente. Pizarro lo trae a España, y le da el nombre de Martín, quien, con Felipillo, fue intérprete o “lengua” durante la conquista. Dirá más tarde La Gasca de él que “es un indio muy españolizado”.[9]

 

            Preocupación por el estado actual de su casa del Cuzco

   Después de hablar de los gastos inútiles en la quijotesca  jornada de la canela[10] , reconoce que fue gasto inútil, pero que, puesto que ya no tiene remedio, no hay para qué pensar más en ello. Además, le hace saber que el fiscal “embargó un privilegio que queríamos sacar de unos veinte mil ducados, y hasta agora no se ha sacado”.

A renglón seguido dice abiertamente respecto a lo suyo del Perú, con un realismo, fruto del conocimiento que tiene de la actuación del Consejo para él, y, dada la situación actual en que vive, poco puede hacer; y no se hace ilusión alguna: “En cuanto a lo que vuestra merced dice que hicieron carnecería al cantón de mi casa del Cuzco, vuestra merced  haga allá lo que pudiere en todo, que acá no hay remedio de negocios. Ya habrá visto allá las ordenanzas y los negocios de allá todos los remiten al señor virrey, en especial que, como digo, cosa nuestra no tiene sazón”.[11]

1.5. Su opinión sobre Rojas y las minas

Opina sobre un tal Rojas, acerca de su decisión sobre las minas, y le niega toda veracidad, además de no tener ningún derecho a nada. Leamos sus propias palabras: “Vi lo que escribe Rojas a vuestra merced. Todo es viento, porque ni él fue a las minas, ni las vio; puesto que, caso que dijera verdad, lo cual no dice,  no registrándolas ni tomando posesión, ¿qué derecho tiene a ellas?”.  Esta postura, neta, clara, explícita, y, en justicia auténtica, caracteriza, ahora y siempre, la opinión de Hernando, sin duda alguna reflejo de un hombre sumamente capaz y juicioso en sus criterios. Por eso esta carta, como otras suyas, me parece digna de que se conozca al detalle. Ésta, y no otra, fue la razón de haberla elegido para presentarla en estos Coloquios.

 

2. SU INSISTENTE ACTITUD DE FORTALEZA EN LA DEBILIDAD

      2.1. “El que me roba no me sirve”

Muchas de sus expresiones, como ésta, son auténticas sentencias. Dignas de figurar en un libro de “Sabiduría”, humana, política e incluso religiosa..

Desde  su experiencia de prisionero, ha tenido muchas horas para reflexionar, y no puede menos de expresarse así, en pura síntesis. Lo que parece actitud pesimista, no es más que deducción de pura lógica, y, en ocasiones, de “pura paradójica”. ¡Los Pizarro, después de tanta gloria y fortuna acumulada, cayeron en desgracia de los propios señores del Consejo, y del Emperador.

Se está refiriendo aquí Hernando a Pedro de Soria, que se comportó fraudulentamente con ellos. La cuenta que dice haber tomado de Juan Ibáñez no es de fiar, dado que no tenía poderes para dar finiquito sin condición. Dice: “Las cuentas han de ser muy claras y muy verdaderas”.

Hernando se siente literalmente esquilmado: ¿Cómo va él, tan lúcido en sus momentos de desengaño, aceptar que lo negro se llame blanco? Juzgo que esta carta viene a ser como lo que un experto abogado diría a quien se despreocupa de las leyes; o, si se prefiere, lo que un hombre ecuánime en estas cuestiones, y sabio en la materia, refiere por escrito a quien no sólo es su hermano, sino que detenta un gran poder. Y el mérito se acrecienta al pensar que quien escribe esto y emite tales juicios no está en libertad, ni puede mejorar sus propios bienes, sino con mucha mano izquierda y enorme acopio de paciencia. Pero –como diría  un poeta del 27, “podrán quitarme el oro y hasta mi hacienda, / podrán meterme en calabozo oscuro:/ por encima de todo  me queda la palabra”.

Reconoce que preserva algunos derechos, que se pueden reconocer,  Pedro de Soria, que “es vivo”, pero, como dicen “del mal pagador siquiera en pajas”. El resto es falsedad: “A lo demás que me obligó, como arriba digo, no pague, que no le he por bien: que no me pudo obligar”. Igual piensa de la “ cuenta de Armenta”.

 

 

 

 

2.2.         Envía legitimación a un hijo de Gonzalo Pizarro, llamado Francisco Pizarro

Luego de subrayar la revocación que su Majestad hizo de quitar los indios a los tenientes, ahora permitidos, le envía cédula a su hermano, por si no está al corriente de la novedad legal, realizada en España para el Perú. E hizo –sigue infórmándole—mariscal a  Alonso Alvarado, dándole, a la vez, el hábito de Santiago, tan apreciado por los Pizarro.

He aquí lo que señala de el hijo de Gonzalo, que lleva el nombre de Francisco Pizarro, y en este año se encuentra con su padre en Perú : “Ahí envío legitimación  para Francisco Pizarro, su hijo de vuestra merced”. Precisa, sin embargo sus dudas: “Aunque al principio me había parecido otra cosa, después me acordé de sacalla. Acá no hay coyuntura de entender en indios míos ni de vuestra merced. Allá haga vuestra merced lo que pudiere con el virrey, digo los que hubiere quitado Vaca de Castro”.

 

2.3.         “Yo estoy todavía en La Mota”; el Padre Diego Martín y la Sentencia vista por Montalvo

      Mal sabía Hernando, por estas fechas, que le quedaban muchos años más de prisión. Se ve que llegó a creer que le soltarían en breve plazo, y que era una “prisión preventiva corta”, que no podía durar largo tiempo, como de hecho sucedió.

“Después que el Padre Diego Martín [12]  se fue, nombró su Majestad otro juez, al licenciado Montalvo, que era alcalde de Corte, que es agora del Consejo real. Vio el proceso, y habrá tres o cuatro meses que tuvimos la sentencia tan a punto, que estaban las postas aparejadas para venirme a demandar albricias, bien que saben todos que nos sobra justicia, y que no hay otro daño sino dilación. Desbaratose; dicen que lo enviaron a consultar con su Majestad. Échanse muchos juicios; algunos dicen que es juego de manos, que, como me hallan libre, no quieren sentenciarme porque, dándome por libre, parecería mal tenerme preso, y que su Majestad, por algunos respetos, es servido de tenerme aquí.

Esta sentencia, digo, es en cuanto a la muerte de Almagro, que lo demás que acusa el fiscal no lo tengo en nada; pero no por eso se deje de tener buen cuidado allá en la probanza, porque si no viene buena no nos harán ninguna honra. Por agora, mo me pesa de estar preso, por la necesidad que tengo”.

He aquí, nuevamente, a Hernando autoanalizándose, consciente de que lo grave de su pasado en el Perú –por lo que se le tiene enjuiciado, aunque sin sentencia definitiva, y en prisión—es por haber dado muerte a Almagro el Viejo. Pero tenemos la sensación, al releer estas palabras a Gonzalo, en las que, con frialdad y naturalidad tales del hecho cruel llevado a cabo sin orden del marqués Francisco,  de que no está arrepentido de ello, y no revelan conciencia de haber cometido un crimen despiadado.

Dice algún cronista veraz que Almagro, al ver que le iba a ejecutar, se le postró de rodillas y pidió clemencia en parecidos términos: “¿Qué daño puede hacerte ya un anciano como yo, Hernando? Además, yo que, en su día os tuve, a ti y a Gonzalo, prisioneros, y a ti te otorgué la libertad, por habérmela pedido Francisco, y a tu hermano permití se fugase, ahora me correspondes tan cruelmente”. A cuyas palabras, dichas entre lágrimas, le responde, impasiblemente, Hernando:”Me escandaliza que un hombre como tú tengas miedo a la muerte”. A lo que responde Almagro:¿Y te parece extraño? ¡Si hasta Cristo, nuestro Señor, lo tuvo en el Huerto de los Olivos!”. Pero Hernando, tan sólo le permitió un confesor, y le dio garrote.

¡Pienso, por mi parte, que jamás Francisco hubiera cometido, ni permitido dicha muerte! En este sentido, parece meridianamente claro que Hernando fue inmisericorde e inhumano con quien pudo haber hecho con él otro tanto, y no lo hizo. En suma, la muerte de Almagro fu un delito que clama al cielo, aunque él no lo haya percibido así, y su Majestad  no podía actuar de otro modo que con la prisión.

Esta carta es, pues,  desveladota de este aspecto, no por sabido, de menor relieve, que yo quiero destacar: ¡No todos los hermanos Pizarro tenían iguales sentimientos! Probablemente es Hernando el más insensible a la piedad entre todos ellos. A Juan le llamaron “el bueno”, Gonzalo  juzgo que era también de sentimientos humanitarios, al igual que Francisco, como han demostrado en multitud de ocasiones. Pero –es triste reconocerlo– ayer como hoy,  sólo los duros de corazón sobreviven! ¡Y esto está a millas de distancia de una persona que ostentaba el título de “Caballero de Santiago”, y debía tener como base los “sentimientos de Cristo Jesús”, como dirá San Pablo. Hernando, el hermano más culto, el que no estaba falto de saberes humanos, parece ser el de menos virtudes, tanto humanas como cristianas, sin carecer de valor y de valores, que en pura justicia debemos destacar.

 

2.4. Interés obsesivo por su plata y oro

    Insiste en que debe demandarse la plata suya que tomó Diego Méndez de Silva, y eso hay que hacerlo en el Perú, pues él, Gonzalo, se encuentra en condiciones de hacerlo. En España se espera que las soluciones vengan del Perú en este caso preciso. Se lo ruega, insistentemente, a Gonzalo. Ciertamente Hernando está pensando siempre en recuperar su inmensa fortuna, nunca dispuesto a dejarla en manos ajenas. Su mayor preocupación, en este momento de su vida enclaustrada, y en los posteriores, será el dinero y la hacienda. Se comprende. Mas, desearíamos ver a un Hernando más abierto a otros intereses más nobles y desinteresados; a favorecer, cuando pueda a los menesterosos, que pululaban en torno a él. Hay que aceptar esta realidad tal cual es.

Está escribiendo –le dice a su hermano—“muy depriesa”, puesto que va a salir un navío para Tierra Firme, según se le informa en La Mota, y quiere aprovecharlo. Está respondiendo a la carta de Gonzalo que la noche anterior le entregaron. Dicta tácticas a seguir a dicho hermano respecto a Pedro de Soria, pese a que “el previlegio de los veinte y nueve mil ducados de vuestra merced nunca le hemos podido sacar. Ponga vuestra merced buena diligencia y recaudo en su hacienda y en la mía, y piense que lo que tuviéremos nos ha de valer, y que se podrían acabar las minas, aunque es ruín tiempo éste, venido otro peor”.

Probablemente, de no ser por este empeño permanente de Hernando por la hacienda familiar, y por la suya propia en primer lugar, claro está, el futuro hubiera sido  muy diferente.

 

      2.5.Es justo en pagar sus deudas, y exige la devolución a sus deudores. Su

Afecto fraterno a Gonzalo

Piensa en sus deudas, las que dejó allá en el Perú, al venirse a España, y manda a su hermano que las vaya pagando a través de intermediarios. Quiere dejar zanjada muy pronto esta pesadilla, desconfiando siempre de la justicia, allá y aquí. Se expresa así: “Todo lo que quedé a deber, cuando de allá partí, a Alonso de Toro e a otras personas, mande vuestra merced que se pague, y todo lo que me debieren, que se cobre, bien o mal, o como pudieren, y de aquí adelante no me obliguen a un maravedí, y vuestra merced  haga lo mesmo, que es verdad que estoy tan desconfiado de lo de allá, que aún me parece que lo de acá no tenemos seguro; y, en pagando lo del rey, envíe vuestra merced testimonio de cómo lo ha pagado, y no tenga vuestra merced pena por lo gastado ni perdido, que no nos dexó nuestro padre nada: con lo que tuviéremos pasaremos, placiendo a Dios, y como buenos hermanos, el que más tuviere ayudará al otro”.  Esta confesión cambia de tonalidad su discurso, y ahora reaparece lo que en él estaba latente: la conciencia de que salieron de la nada, o poco menos, que gracias a sus esfuerzos ganaron gran fortuna, perdieron mucho, pero, con la ayuda de Dios –aquí Hernando manifiesta su fe, no es una simple fórmula–, a la vez que afirma sin rodeos su voluntad de que el amor fraterno debe primar sobre todo, y quien más tenga, ayude al otro. Me consuela profundamente –tengo que confesarlo—esta nueva actitud de Hernando aquí manifestada. Y veo que, en el fondo reaparece su “humanidad que en su espíritu existía”. Esta es su mejor joya, y el gran talante y talento, humano, fraterno, y cristiano. Quien así se  expresa está en el mejor camino. Es de lo más humano que encontré en Hernando. Si antes destaqué sus aspectos deficientes, ahora no puedo menos de reconocer que también Hernando era un buen hermano para con Gonzalo, pasadas ya tantas miserias morales y físicas. La experiencia de La Mota pudo haberle sido benéfica. Al menos aquí se nos revela en su mejor faceta.

 

2.6. “En cosa de casamiento no hay que hablar”

¡Quien iba a pensar que Hernando llegase a afirmar tal cosa, conociendo, como conocemos su vida anterior, si  sólo “promesas” con Isabel Mercado, de quien tiene hijos, la boda efectiva con la joven Francisca Pizarro Yupanqui, sobrina en cuanto hija de su hermano Francisco deja al descubierto su afán por casarse y aunar fortunas! Ahora, sin embargo, está pasando una “crisis afectiva y efectiva”, y esto condiciona su previsión de ese futuro no lejano. La razón la dice él mismo sin rodeos: “mientras estuviéremos pobres, que antes era tiempo de descasarnos, si estuviéramos casados. Si faltare heredero, ahí estaFrancisquito”.

Francisquito era el hijo pequeño de Gonzalo, tenido entre  Juan e Inés. Desde luego, Francisquito no va a tener opción alguna para ser representante de la Familia Pizarro: Así lo ha querido la vida y decidido la historia sobre quien es llamado con el infantil diminutivo. De todos modos, Hernando no deja que pensar en heredero posterior.

 

2.7.    “Vuestra merced no piense en venir acá más que en sacarse los ojos”

¿Qué hubiera sucedido si Gonzalo abandona su cargo del Perú y regresa a España? ¡Estuvo acertado en este consejo, casi mandato, Hernando? ¿Pensaba sólo en su personal futuro? ¿Tenía vislumbres de lo que iba a suceder muy pronto con Gonzalo, al llegar al Perú La Gasca, con plenos poderes ejecutivos? Toda una serie de preguntas se agolpan en nuestra mente ante semejante orden, viendo, “a posteriori”, lo que le sucedió a Gonzalo en su Perú. La verdad es que cuando Hernando escribe esta carta no podía imaginar el futuro, nada estaba definido sobre la vida de ambos. Y veía más peligros en España –a partir de su propia experiencia—que en aquel Perú adonde él, sin embargo, había decidido no regresar, ni le dejaron tampoco, pues el panorama se preveía peligroso, sabiendo que los de Almagro iban a reaccionar con violencia y se iban a vengar, ya que no en él, en cualquier miembro de los Pizarro, como hicieron con Francisco, viejo ya cual Almagro.

¿Razón? Sería “destruir su hacienda y la mía”, afirma contundente. Seguro que tenía su razón. Pero, al quedarse, “destruyeron no la hacienda, sino la vida de Gonzalo”, cosa que no podía prever.… Con todo, recapacita y añade: “Cuando fuere tiempo, vuestra merced escriba cómo van las haciendas de allá, y yo le escribiré que venga: Entre tanto, asentarse han las cosas”.  ¡Aquí no fue profeta!

 

2.8.    La duda sobre la decisión de Diego Velázquez

    No sabe si volverá allá Diego Velásquez. Su deseo es que éste volviese y regresase Diego Martín, su amigo. Pero sabe que esto es pedir un imposible, “peras al olmo”, dado que el primero “vaya, no partirá de allá Diego Martín desde a año y medio que él llegue”. Desea que no se entremeta Velázquez en las cosas de Martín, ni en nada de lo que éste mandare, para que todo vaya “concertado”, como un reloj bien programado. Velásquez, en cualquier caso,  debería estar subordinado a Gonzalo, claro está. Y lo que haga Gonzalo es como si lo hiciese el mismo Hernando, con el poder que le haría a Diego Martín. Ambos son afectos a sus personas y causas, y deben ser honrados y favorecidos.

Como vemos, es Hernando quien dispone y ordena, quien manda y decide. El prisionero se ve con capacidad providencial para determinar lo que les conviene a ambos.

 

2.9.    Piensa Hernando en traer ya a España a la joven sobrina doña Francisca PizarroYupanqui

    Todo lo va organizando según su voluntad. Se diría que, en cierta manera, ya está previendo lo que va a suceder. Dice sin paliativos, con palabras  que no dejan lugar a dudas: “A Juan Bicioso y a su mujer creo que enviaré a que estén en compañía de la señora doña Francisca, nuestra sobrina, y para que, si a vuestra merced le pareciere, la traigan a España. No estoy aún determinado en esto. Vuestra merced me escriba sobre ello lo que le paresce, por sí o por no”. No deja de contar con la opinión de Gonzalo, si bien es él quien está tomando la iniciativa.

 

2.10.  Noticias finales

 

Le comunica que entre los reyes de España y Francia hay actualmente “paz perpetua”. Le anuncia que le enviaré “los capítulos”:[13]  Ahora no los tiene en su poder, pues se los mandó a Rodrigo Pérez de Sevilla, que “estuvo esperando los navíos”.

Le han comunicado que vino el criado de Gonzalo, Moreno, pero no se presentó a verlo en La Mota, ni le entregó carta alguna suya.

El remate es solemne, en tono de subordinado: “Nuestro Señor guarde y prospere la muy magnífica persona de vuestra merced por largos tiempos.

De La Mota de Medina, a dos de diciembre de cuarenta y cuatro años”.  Todavía añade: “Las legítimas de doña Francisca y de Gonzalo he enviado días ha; ya estarán allá. A servicio de vuestra merced,   Hernando Pizarro.

 

Al muy magnífico señor Gonzalo Pizarro, mi hermano en el Perú”.

 

3.          Conclusión

      Esta  es, en síntesis, glosada y expuesta con algunas observaciones personales, la carta de hermano a hermano; de Hernando, prisionero, pero seguro de sí mismo, no sin ciertas vacilaciones manifiestas, explicables por su situación, a su hermano, que gozaba entonces de los máximos honores y poderes en el Perú, como sucesor de Francisco Pizarro, “el Marqués”.

Es una carta, como podemos apreciar, llena de matizaciones, y de decisiones  suyas: Guarda su unidad estilística y de fondo, y tiene ese sabor de lo que es natural entre hermanos que se estiman, que lucharon juntos no hace mucho en aquellas ignotas y prometedoras tierras peruanas, y que ahora están en situaciones muy dispares.

Pero me parece nítidamente cierto que Hernando se presenta aquí como quien tiene las riendas del futuro, a pesar de todo; como quien sigue teniendo una visión global –dejando aparte “futuribles”—del futuro a mediano plazo , un futuro posible, en el que pueda, él al menos, volver a gozar de sus bienes y heredades. Naturalmente, no alude para nada , ni podía entonces imaginarlo siquiera, a que Gonzalo iba a ser sospechoso de rebeldía, y que el pequeño de estatura La Gasca, clérigo salmantino, con plenos poderes catapultado al Perú, insospechadamente por los Pizarro, para acabar, no ya con el mando de su hermano, sino con su misma vida. ¡Hernando sería el único superviviente, el triunfador, paradójicamente!

He ido, releyendo con interés creciente esta misiva, y desglosé después, paso a paso, lo que me ha parecido de mayor interés. Intenté descifrar, e incluso visualizar, de algún modo, la que yo llamaría “personalidad caleidoscópica” de Hernando. Variando, a cada vuelta de  pluma, y del destino, para ser más poderoso; cambiando, para poder subsistir; dando órdenes con una visión del futuro, respecto a él y a su posible libertad de acción, no alejada demasiado de una realidad, por lo demás, imprevisible para cualquier otro.

Apenas pesimista en cierta ocasión, mantiene, a lo largo de su carta, la tónica realista con una capacidad poco común de reaccionar ante los eventos que se iban presentando, digna de un hombre de acción, que supo abandonar a tiempo el peligro vital, aunque haya caído en su prolongada falta de libertad, tan inesperada por su parte.

Con todo, de hecho, gozaba de bastante libertad de acción, dentro de los límites de un prisionero “de lujo”, diríamos, en un gran castillo –donde asimismo había sufrido prisión  un tiempo del rey de Francia–, en el cual convivía con Isabel Mercado, que le servía y de quien tiene descendencia, y gozaría de los servicios también de una negra. De Isabel tuvo a Diego, que fallece niño, y a  Francisca, a quien reconoce, da su apellido y la tiene como verdadera hija suya.

Es probable que la promesa de matrimonio que hará a Isabel haya sido sincera, y haya pensado en casarse con ella, si bien la venida de su sobrina Yupanqui, en quien piensa ya ahora, poderosa y anhelada, por tantas razones, vitales y crematísticas, le haya alejado maritalmente de la primera, que recluye en monasterios.

Isabel Mercado había nacido, como sabemos, en Medina del Campo. Era una joven de gran belleza, según cuentan quienes la conocieron, de familia bien, venida a menos. Su padre era Francisco/Luis Mercado, de las buenas familias de Medina, pero fallece muy pronto. Isabel quedaría al cuidado de su tía carnal, Francisca, nombre que llevaría su hija, coincidiendo asimismo con doña Francisca, la famosa mestiza peruana.

El futuro ya lo sabemos: Llegará a España –ordenado por el marqués a su tiempo, y decidido por Hernando— Francisca Pizarro y su hermano Gonzalo. Hernando decide llamarla a La Mota, pedir dispensa a Roma, y proponerle el matrimonio, que ella acepta. A Isabel la manda, en un primer momento al monasterio de las Beatas Fajardas de Santo Domingo, en Medina del Campo, para trasladarla, poco después, al de Clarisas de San Francisco en Trujillo. Guardó siempre Hernando debilidad por su “primer amor”, y visitaba frecuentemente a sor Isabel, ya profesa, llevándole obsequios, hasta que deja de ir, al saber que “cierto clérigo le era muy devoto”, dicen los documentos.

Hoy  sabemos  también  que  Isabel  sobrevive  a  doña Francisca Pizarro Yupanqui,

pues aparece firmando un acta comunitaria en un protocolo de Trujillo el 2 de marzo de 1598. ¡Qué lejos, pues, de la verdad estuvo don Clodoaldo Naranjo Alonso — meritorio en otras afirmaciones, cuando opina: “Fallecida Isabel antes de su salida de prisiones,  según la opinión más probable,  casó en 1553  con su sobrinadoña Francis Pizarro Yupanqui, hija de su hermano”.[14] Ni nos consta que se haya casado oficialmente con Isabel, ni ésta había fallecido, para poder afirmar que se hallaba enteramente libre al contraer solemne matrimonio con doña Francisca Pizarro Yupanqui, como afirma asimismo dicho autor. Cuando esta línea legal–de Hernando y doña Francisca Pizarro  Yupanqui desaparece, se recurre , judicialmente, a la supuesta “promesa matrimonial”,  entre Hernando e Isabel Mercado, válida en la etapa ante-tridentina. Y se lleva a cabo en sus descendientes, con derechos de sucesión reconocidos, una especie de “subsanatio in radice”, para legalizar un hecho en sí muy poco claro. Se legaliza dicha situación, de lo contrario, no podrían ostentar dichos sucesores ciertos títulos que suponían previo estado legal sin obstáculos que hubiesen trascendido a la “vox populi”, siempre proclive al escándalo, y ocasionadora de pleitos.

Tuvo Isabel Mercado la satisfacción de ver casada a su hija Francisca con Fernando de Orellana y Tapia, dando origen a una rama de los Pizarro, por parte suya y de Hernando, que llega a nuestros días. Vivía Hernando cuando se caso esta hija de ambos, y con seguridad asistiría a su boda. No así su madre, pues era ya monja franciscana. Las bodas de los demás hijos que Hernando tuvo con su esposa doña Francisca Pizarro Yupanqui sucedieron fallecido ya Hernando.

Una vez más, he vuelto a tratar de Hernando, en esta ocasión por su relación epistolar con Gonzalo Pizarro, cuando gobernaba todo el Alto Perú. Ninguno de ellos, en las relaciones por carta de esta época, sospechaba el futuro,  no lejano, pero tan distinto,  que el destino tenía reservado para cada cual.

 

En este momento de la carta que acabo de presentar todavía Gonzalo gozaba de plenos derechos como Gobernador sucesor del Marqués, mientras que Hernando entonces estaba en prisión, pagando su conducta considerada como criminal. Pero él tenía una entereza tal que desafiaba a la misma justicia, en ocasiones, y –en cualquier caso—mantenía sus propios derechos, los reclamaba y estaba tratando de recuperar lo que se le había substraído., intentando enterrar un pasado irremediable. Pocos años después Gonzalo es el que desaparecerá de la escena  socio-política, y sólo queda Hernando, quien, pasados ciertos años de cumplimiento de penas, resurgirá con nuevos bríos. Sin él hoy no habría Pizarros, cual retoños renovados de ese tronco familiar, siempre luchador y en búsqueda y conservación de la fortuna y de la gloria, al servicio siempre, ayer como hoy,  de la Patria.[15]

   

 

 

                  

       



[1] Es bien sabido –según dejó demostrado Barrenechea— que en su Primer testamento dejaba a Hernando cono Gobernador, en el Segundo testamento tacha el nombre de Hernando y lo sustituye por el de Gonzalo. ¿Razón? Así lo exigían las circunstancias, dado que Hernando, en España, es objeto de juicio y de encarcelamiento “sine die”.

[2] Resultó una verdadera tragedia la muerte de Almagro, y causa de muchos males.  El hijo de Almagro el viejo, Diego Almagro,  “el mozo”, al enterarse de que su padre había caído prisionero de Hernando,  busca a Francisco, el Gobernador, y le pide “que no le pase nada a su padre”. Francisco –que lo tenía en su casa como a un hijo– le promete: “No temas, hijo mío, no tengas cuidado. Tu padre vivirá y yo volveré a tener con él la antigua amistad”. Mas esta promesa ya no pudo realizarla. Francisco lloró por esta muerte, que Hernando llevó a cabo, juzgo que precipitadamente, y sin tener poder jurídico para ello. ¡Fue una insensata ejecución, que traería consecuencias terribles para el mismo Marqués! Véase un pequeño, cuanto sustancioso,  libro de Manuel Ballesteros Gaibrois, Recuerdo y presencia de Francisco Pizarro,  Madrid, MCMXLII, pp. 58 y ss.

[3] Aunque modernizo la ortografía, conservo aquellos vocablos de época, que le dan sabor de antigüedad, y respetaré asimismo ciertos giros lingüísticos que Hernando utiliza en su carta, en la que la tradición se conjuga con un elegante  estilo personal. Recordemos que es en este año cuando G.B.Palatino edita su obra: Libro nel qual s´insegna a scrivere.Hernando no necesitó de estas lecciones, al igual que multitud de españoles, algunos incluso sencillamente soldados, convertidos en cronistas de los hechos vividos, como Bernal Díaz del Castillo, por ejemplo.

[4] Esta frase latina se atribuye a César, al pasar el Rubicón y marchar contra Roma. En realidad, es la versión latina de un verso de Menandro. Desde entonces se emplea, cuando se toma una decisión de gran importancia, o cuando el destino personal está ya al acecho, cuando la desgracia está ya decidida.

[5] Este Diego Martín era hijo de Catalina Cueva. Había sido ordenado presbítero. Estuviera con Hernando en el Perú: Eso explica el que sea considerado ahora como la persona de su máxima confianza. Hernando había ayudado a su madre, quien debió de contraer nupcias un par de veces. Diego era hijo de su segundo matrimonio.

[6]  Después de leer atentamente este párrafo subrayado, no podemos menos de comprender hasta qué punto Hernando se sintió desvalido en su prisión de La Mota, al menos en el momento de escribir esta carta a Gonzalo, el año 1544.

[7] Si ya Francisco había ordenado que fuese educada como las niñas de familia noble de España, como tal hija suya y de doña Inés Huaylas Yupanqui , nacida en jauja en 1534, ahora Gonzalo sigue sintiéndose obligado moralmente a preocuparse por su educación y enseñanza, tanto humana como religiosa. Sabe que ella podrá ser una de las grandes mestizas que figure en España, como hija del Marqués y sobrina de todos los hermanos Pizarro. (Se dijo que Gonzalo pensó en ella para su matrimonio. De hecho le va a tocar esa dicha a Hernando). Su madre había estado con el Marqués, le sirvió y se enamoraron,  pero no llegaron a casarse, acaso por no dar más motivos a Almagro para disensiones, dicen ciertos cronistas. Era la madre de Francisca la llamada “indiecita quinceañera de Cajamarca”, hija de Huayna Capac y hermana de Atabaliba, Huáscar y Atahualpa. Dos hijos destacan entre los que tuvo de ella el marqués Francisco: Gonzalo y Francisca –legitimados por concesión del Emperador, en Valladolid el 21 de marzo de 1544, y cédula de la Emperatriz, a sus dos añitos la niña–, más otro tercer hijo, “natural”, Francisquito, que vino a España y se casó con Inés Pizarro, su prima, de quien no tuvo descendencia.  Francisca era vástago de los Inkas y del Apu de los Viracochas, para ellos. Se la bautizó, con solemnidad, en la iglesia de Jauja, en diciembre de dicho año. Valdivieso, camarero de Francisco Pizarro, la llevó en brazos a la pila bautismal. Varias mujeres  españolas del Perú asisten al acto. Hizo de madrina, en primer lugar, Isabel Rodríguez, llamada “la conquistadora” Tenía entonces Francisco unos 56 años. ¡Los Pizarro conquistadores ejercieron la paternidad, como se ve, a edad  bien madura., pues Hernando también se casa con la ilustre mestiza a sus 50 años!

[8] Se deduce que, de facto, Francisco tuvo, al menos cuatro hijos. Probablemente no se hable mucho de éste, que Hernando denomina “el que se murió”, porque fallecería a edad muy temprana. Las “muertes súbitas” no eran infrecuentes entonces, en niños de algunos meses. Una síntesis interesante, y hace mucho agotada, es el libro de Antonio de Orellana-Pizarro Pérez  Aloe, Vizconde de Amaya, padre del actual Presidente de la Obra Pía de los Pizarro, su hermano y hermanas, nacidos en Villanueva de la Serena, titulado  Francisco Pizarro, Trujillo, MCMXXVIII,  que guardo como un obsequio suyo precioso.

[9] Véase Rostworowski , o.c., pp. 84-85. Tomó el apellido de Pizarro. Se casó con la española Luisa de Medina. Siempre favorable a todo lo español, logró que el marqués consiguiese para él el título de noble, siendo armado caballero, como consta por cédulas de 1537, según hace notar Barrenechea, Cedulario, 1948, t. II, pp. 340-341. Más tarde, La Gasca le retiró las encomiendas que poseía, lo desterró, pasó por Panamá y regresó a  España, donde fallecerá en Sevilla. Su hija se llamó doña Francisca Pizarro, y enviudó, después de sufrir grandes estrecheces económicas, que el Consejo de Indias no solucionó, a causa de la ayuda prestada por su padre a Francisco Pizarro en el Perú.

[10] Gonzalo decidió, con un grupo de españoles, entre los que iba su pariente Francisco de Orellana, lanzarse a la aventura descubridora del país imaginario de la canela. Resultó doblemente inútil: Perdieron mucha gente, y los que regresaron volvieron maltrechos, casi desnudos, desnutridos, y sin ganancia alguna. Y, por si fuera poco, fue durante esta salida cuando asesinaron al Marqués Francisco los  seguidores de Almagro. Con él es asesinado también Francisco Martín de Alcántara, su hermano materno, llamado “hermanastro”: No llevaba el apellido Pizarro. Era el 26 de junio de 1541. Hernando había venido a España, y ya no regresaría. Véase el relato en detalle en Raúl Porras Barrenechea, Pizarro, edit. Pizarro, Lima, 1978; sobre todo pp.599 y ss. Un fiel criado de  Francisco, al enterarse de su asesinato, Lorenzo Hurtado, “que venía corriendo desde La Merced, alocado con la noticia de la muerte de su señor, Hurtado, ayudado por María Cermeña, lo echó en la cama envolviéndolo en una sábana”. (…) .Pero los almagristas (…) pedían  su cuerpo y querían ponerlo en la picota. Mientras, a sus hijos, los escondieron en el convento de La Merced. El cuerpo fue llevado a la catedral. Entre los ultrajes de unos, y el llanto piadoso de otros, acabó sus días, pagando lo que debería pasarle a Hernando, si no fuese tan lúcidamente astuto.

 

[11]  Hernando, en oposición a Gonzalo, evidencia el comportamiento para con los Pizarro, desde las desavenencias con Almagro en adelante, por parte del Consejo; y, en última instancia, de su misma Majestad. Reitero que hubo poca capacidad de diálogo y menos de amnistía y perdón, y demasiados intereses mezquinos, en todo este larguísimo proceso, aunque Hernando no haya sido precisamente ni un santo, ni siquiera un hombre compasivo. Mas deberían ser ecuánimes y recordar el adagio latino, principio de derecho :”Summum ius, summa iniuria”. En nuestra lengua castellana  resulta una verdad jurídica de tipo paradójico: “Suprema justicia, suprema injusticia”. Todo ser humano tiene derechos, y los jueces deben respetarlos. La justicia extremada es sencillamente injusta. Ya Cicerón citó este adagio.

 

 

 

[12] Este Padre Diego Martín era paisano de Hernando, de quien se sirvió para comunicarse desde La Mota: Pasa al Perú con el virrey, “ disfrazado y llevando cartas de Hernando”. El año anterior, el 19-IX-1543, Hernando le otorga poder, llamándole “mi capellán y mayordomo”, para cobrar oro, plata, piedras preciosas, perlas, y cualquier tipo de joyas, en las ciudades del Nuevo Mundo, Nombre de Dios y Panamá sobre todo, así como para tratar el asunto de sus minas, granjerías y hacienda “que yo dejé –dice—en el Perú”. Cf. Archivo Histórico de Protocolos de Valladolid (AHPV), 7.848. Cit.también por L. F. Martín en su obra indicada antes, p. 76.

[13] Capítulos son aquí sinónimos de “capitulaciones”: Las que tuvieron lugar entre ambos reyes el de España y el de Francia.

[14] Clodoaldo  Naranjo Alonso, Trujillo, sus hijos y monumentos”, tercera edición, Madrid, Espasa-Calpe, 1983, p. 274.

[15] Me he basado para este comentario de una carta muy significativa, por su contenido y por el momento en que se redacta, de cierto material existente en la Real Academia de la Historia,  Madrid, 9-9-5/1831. Los originales de estas copias pasaron, en su día, a ser propiedad de Henry E. Huntington Library, de San Marino, California, conservados en dos legajos. La copia madrileña modernizada se corresponde con dichos originales manuscritos, auténticos, de época. Se moderniza la ortografía en función de los lectores, salvo en vocablos relevantes y con sabor original. Acaso los legajos primitivos los haya obtenido La Gasca, dado que se supone debían estar en poder de Gonzalo Pizarro. Véase ed. del texto íntegro de la carta en Juan P. de Tudela Bueso,  Documentos relativos a Don Pedro de La Gasca y a Gonzalo Pizarro, t.XXI,  Madrid, Archivo Documental Español, Real Academia de la Historia, MCMLXIV, pp. 166-170, correspondientes a los fols. 217-220.

Oct 012006
 

LUIS VÁZQUEZ FERNÁNDEZ, O. de M.

I. HERNANDO PIZARRO SEGÚN FERNANDO PIZARRO ORELLANA (1639)

Pretendo ofrecer un trabajo sencillo, muy sintético, con ciertas aportaciones de primera mano y originales sobre las fuentes de la economía de Hernando Pizarro el año exacto de 1565, en la segunda parte. Y empiezo exponiendo, en primer lugar -como acercamiento a su imagen oficial 74 más tarde- la visión, a ojos vistas parcial, justificativa y desbordadamente generosa, que nos ofrece, como historiador, sobre él, en su magna obra, Fernando Pizarro y Orellana, su familiar historiador, Caballero de Calatrava, Comendador de Vétera, del Consejo de Órdenes y del Real Supremo de Castilla, en la Corte de Felipe IV. ¿Finalidad? Dejar constancia de cómo una misma realidad histórica puede ser contemplada de muy diversas, e incluso opuestas, valoraciones. Respecto a los demás Cronistas de la conquista peruana, que a todos nos son conocidos en diversos grados, el familiar Fernando lleva el agua a su propio molino: ¡Al ensalzar, sin matizaciones, a Hernando, nos deja la sensación de cuán relativa es su palabra como historiador, que debía buscar la verdad, por muy quemante que fuese! Podremos, acaso, comprenderlo como respuesta a las exageradas, permanentes e implacables acusaciones, también reales, de sus adversarios, los almagristas!

Iré, pues, añadiendo “contrapuntos” a las afirmaciones de Fernando, para hacerlas más acordes con la objetividad subjetiva que actualmente conocemos y nos parece real. Partiendo del valor y otras virtudes, debe quedar constancia asimismo de sus excesos, los que son casi inevitables en una conquista en la que, además, participan los cuatro hermanos y multitud de trujillanos, que buscaban gloria, poder y riquezas. No todos tuvieron realmente las mismas oportunidades que Hernando.

Éste, al percibir el peligro que su vida podría correr en el Perú, vuelve a España, ya conquistado -aunque no muy pacificado- todo el Alto Perú. Hernando reconoce que las riquezas que aportó a la Corona la familia Pizarro eran “poderosísimas”.

Da cuenta a su Majestad de ellas, e intenta justificar la muerte dada a Almagro el Viejo. Juzga que las acusaciones de sus enemigos no prevalecerán contra sus astuciosos argumentos. Sin embargo, no puede menos de reconocer que Hernando tuvo que purgar sus crueldades con una prisión de más de 20 años, unos meses en el Alcázar de Madrid, y el resto en el castillo de la Mota de Medina del Campo.

¿Cuáles fueron los delitos que causaron su tan prolongada prisión preventiva?

Según Fernando – lo que nos resulta, al menos, sorprendente- es su afirmación de que el más principal consistió en haber “dado libertad a Mango Inga, quitándole las prisiones; que dezían fue causa de todos los levantamientos de los Indios, y de haber sucedido tantas muertes, y grandes gastos de los Quintos de su Majestad, y de los particulares”.[1]

Los abogados de Hernando le defendían afirmando que eso había sido llevado a cabo por orden del Marqués, en cuyo nombre gobernó. Insistían también en que no fue causa del levantamiento de los Indios, “porque ya estaba la mayor parte alterada; antes se entendió que, como nacía del mal trato que los de Almagro les hacían, y de haber tenido preso a Mango Inga, con darle libertad y hacer confianza dél, regalándole y acariciándole, se había de aquietar: pues los dones y el buen trato suelen aquietar a las fieras”.[2]

Esta defensa jurídica ayudó a Hernando en su “pleito criminal”. Y el mismo Fernando Pizarro opina que “no pudo tener cosa de mayor honra para acreditar la Conquista que haber tratado a Mango Inga con mansedumbre y regalo; procurando que en esto se le hiciese buen pasaje: que, en esto, y en haber sus Indios las amistades con los Españoles, intentando echarlos de las tierras, y dando crueles muertes a los que podían…, todo junto fue causa bastantísima para acreditar y justificar la Conquista”.[3]

A continuación alude dicho autor a los “milagros visibles” -sin duda “legendarios”, o frutos de instantes de alta tensión bélica “visionaria”-, premio a su actitud bélica, que, después de dar principio a las conquistas, logró consolidarlas, pese al número ingente de Indios que les hacían frente.

Justifica, asimismo, la conquista por ser Atahualpa bárbaro y quebrantar la ley natural, al estar casado con su hermana. (Es bien sabido que, entre los Incas, era preceptivo, ya que no existía la ley del “incesto” para la familia real, como en otros pueblos de la vieja Europa oriental y occidental; y aquí en España nuestros reyes se casaban entre “primos”, con dispensa papal, justificado el hecho por la llamada “razón de Estado”). Con su sobrina va a contraer matrimonio justamente Hernando, previa dispensa de Roma, aunque le había prometido hacerlo a Isabel Mercado, la madre de su hija, Francisca Pizarro Mercado; y luego hará -como bien sabemos- que Isabel sea Monja en Trujillo, pagándole la dote. Y él no podía ignorar que la promesa de matrimonio creaba un vínculo de validez antes del Concilio de Trento. No, Hernando, en éstas como en otras materias, no era un hombre nada “escrupuloso”. Logró lo que pretendía: juntar dos grandes fortunas. ¿Logró la felicidad con la Yupanqui? Lo único que nos consta es que, fallecido Hernando, ella abandona rápidamente su viudez, casándose con don Pedro Arias Portocarrerro en la iglesia de Santa María de Trujillo, a la vez que abandona alegremente el tan costoso Palacio, donde convivió y tuvo sus hijos con Hernando, para trasladarse luego a la Corte madrileña.

Hernando queda, en la obra de su familiar, libre de cualquier delito, culpa y castigo. Al contrario, sería merecedor de los mayores premios. Sus guerras fueron virtuosas, e insiste en que la prueba más evidente es que fueron “calificadas de justas con visibles apariciones de Nuestra Señora y del Glorioso Apóstol Santiago” (premonición celeste de que llegaría a ser miembro de la Orden Militar de Santiago).

b) ¿De qué fue, además, acusado? Pues nada menos que de “haber hecho cortar la cabeza a Almagro”. Juzgo que Francisco jamás hubiera cometido tamaña crueldad con quien había sido su amigo, a pesar de las luchas posteriores, y haber tenido prisioneros a Gonzalo y a Hernando, a quienes permite fugarse. Fernando, una vez más, lo justifica diciendo que le autorizaba a ello el ser Gobernador y Adelantado de la Nueva Toledo, “igual en oficios y Gobierno con el Marqués don Francisco Pizarro, su hermano”. Afirmación no fácil de probar, dado “que ejecutó esto sin embargo de apelación”. Agranda el delito el hecho de “haber firmado las paces y jurado de no venir uno contra otro, pena de 50.000 ducados”.[4]

De hecho, el Fiscal pedirá a Hernando dicha cantidad. Sus abogados buscan atenuantes por ser “Lugarteniente del Marqués”. A nosotros hoy, insisto, nos parece que el mismo Marqués no hubiera hecho tal muerte y que Hernando era mucho menos compasivo que Francisco.

c) En tercer lugar se hace cargo a Hernando de “no haber confiscado los bienes de don Diego de Almagro…, por haber entrado con mano armada en el Cuzco”. ¡Extraña acusación, sin citar nunca el arbitrio y dictamen oficial del anciano Provincial de la Merced, el P. Francisco de Bovadilla, con poderes regios para ello, sobre la propiedad del Cuzco! Fernando no es historiador parcial, evidentemente. Y justifica lo que quiere, en función, claro, de los lazos de sangre que le unían con los Conquistadores del Perú que estudia. ¿Dónde, nos preguntamos todos, está aquí la objetividad? Y, sin embargo, todo historiador debe buscarla, en la medida en que le sea posible. Fernando tenía gran capacidad jurídica: La utiliza en función de sus pretensiones. Si cualquier historia es relativa, ésta deja patente su parcialidad. Se puede comprender, pero no es posible justificarla del todo.

No pudo, ciertamente, Fernando menos de reconocer que “lo que a Hernando Pizarro desdoró sus hechos fue haberse quitado el Hábito de Santiago; porque le llevaron dos o tres veces la pena, y le estorbaban proseguir los grandes pleitos que traía sobre sus repartimientos. Y estuvo desacreditada su descendencia, juzgando que, por la sentencia que contra él se dio, estaban privados sus descendientes de gozar destas honras…, hasta que el año pasado de1605, en el despacho del hábito de su nieto Juan de Orellana Pizarro, se vio el Proceso y sentencia original, y no comprendía sino solamente a los hijos; y así todos los nietos y descendientes que deste insigne varón viven ahora están honrados con estas insignias”.[5]

Otra gran inexactitud del autor de Varones ilustres del Nuevo Mundo es afirmar: “Diole Dios, por todo, el premio mayor desta vida, pues fue tan larga que excedió de cien años”.[6] Afirmación mendaz, que ciertos autores siguen reiterando, contra toda verdad documental.

Finalmente, acaba este “elogio y defensa a ultranza de los hechos reprobables de Hernando”, llamándole Grande a Felipe IV, de quien el autor recibió grandes mercedes, lo mismo que Juan Francisco Pizarro, al serle otorgado, al fin, lo que venía solicitando; pues, bajo la influencia de Fernando Pizarro Orellana, movió al Rey , a través del Conde-Duque de Olivares, a que se otorgara lo que largamente venía reclamando para su hermano: El título de Marqués de la Conquista “y siete mil ducados de renta en Indios vacos”.[7]

Juzgo que, aunque a nada alude Fernando, no es ajeno a esta recuperación de la honra “en entredicho” de la familia Pizarro, nuestro gran dramaturgo fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, Comendador de la Merced de Trujillo y autor de las tres obras teatrales, enaltecedoras de Francisco, Hernando y Gonzalo Pizarro, según viene reconociendo la crítica más seria.[8]

II. LAS FUENTES ECONÓMICAS DE HERNANDO PIZARRO A FINALES DEL AÑO 1565

INTRODUCCIÓN

Nadie ignora que Hernando Pizarro -ya casado con su sobrina Francisca Pizarro Yupanqui, fuera del Castillo de la Mota, y en La Zarza- tuvo que basar su magna obra de la construcción del Palacio de la Conquista en Trujillo (Cáceres) en su personal economía sólida, consolidada en las minas del Perú.

El contenido de los cuatro documentos originales que hoy presento a estos “Coloquios”, que ya crearon historia, vienen a aportar nuevas pruebas fehacientes de ello.

A partir de los datos documentales se puede ir pergeñando, año tras año, la actividad organizativa de Hernando respecto a su recepción de la plata venida del Perú.

SÍNTESIS DEL PRIMER DOCUMENTO

Hernando se persona en la corte madrileña para otorgar su poder jurídico al mayordomo personal Antonio de Figueroa, con el fin de que pueda vender fincas y chácaras que tiene en la ciudad de los Reyes y sus términos y en el Cuzco y su término, provincia del Perú, en Nueva Castilla., así como en la villa de Arique y alrededores, lo mismo que en la villa de Plata y su término en el Reino del Perú y Provincia de Toledo. Lo cobrará al contado, “y no de otra manera”.

Para ello, que se hagan las cartas de pago e finiquito necesarias. Todo ello será enviado a estos Reinos de Castilla, registrado en Madrid.

Firmado allí, a 13 días del mes de agosto del año 1565. Fueron testigos: Felipe Fontes, Bartolomé González Carrasco y Pablo Pérez, criados del propio Hernando Pizarro. Hernando lo firmó de su nombre y registró.

Pasó ante el escribano Francisco Hortiz, siendo por ambos firmado y rubricado.[9]

SÍNTESIS DEL SEGUNDO DOCUMENTO

El 30 de agosto del mismo año vuelve Hernando Pizarro al notario Francisco Hortiz y otorga nuevamente su poder cumplido a su mayordomo sevillano, Antonio de Figueroa, para que, en su nombre, pueda vender casas y solares, tierras, chácaras, tiendas y huertas que tiene y le pertenecen en la ciudad de los Reyes y su término, así como en Arequipa, sus términos y jurisdicción y en la villa de Plata, en las provincias del Perú, llamadas Nueva Castilla y Nuevo Toledo: Todo, por supuesto, percibido al contado en dineros, oro o plata, que enviará a Hernando directamente.

Testigos: Pedro Bote, Felipe Fontes y Pablo López, criados suyos.

Hernando lo firmó y rubricó ante el escribano Francisco Hortiz.[10]

SÍNTESIS DEL TERCER DOCUMENTO

Otorga carta de poder a su criado Marcos Díez, en la Corte de Madrid, para que compre de su Majestad, y de los Señores de su Muy Alto Consejo, cualquier lugar que le parezca, con sus alcabalas y tercias y diezmos y dehesas, en el término de Trujillo como del Maestrazgo de Santiago.

Fecha: El 10 de septiembre de dicho año 1565. Firmado y rubricado por Hernando Pizarro, ante el dicho escribano Francisco Hortiz. [11]

SÍNTESIS DEL ÚLTIMO DOCUMENTO

En Madrid, a 25 días del mes de septiembre del mismo año, de nuevo Hernando Pizarro, ante escribano público y testigos, hace saber que él y su esposa doña Francisca Pizarro Yupanqui, otorgaron poderes a Sebastián Rodríguez, procurador real de las Indias, sobre casas, cosas y causas ya señaladas, que ambos in solidum tienen allí. Estaban presentes Pascual de Villarreal, Bartolomé González y Carrasco, criados de Hernando Pizarro, quien firma y rubrica, ante el escribano público Francisco Ortiz. [12]

CONCLUSIÓN

Hernando y su sobrina-esposa, Francisca Pizarro Yupanqui, logran que lleguen a su poder y posesión sus múltiples bienes, convertidos en dinero –plata y oro-que les pertenecían, y habían quedado en el Perú, fallecida ya toda su familia cercana. Ello será la fuente abundante, irrestañable un tiempo, que subvencionará las obras del “Palacio de la Conquista”, en Trujillo. Después Francisca manda construir sus últimos palacetes, tan bellos como cómodos, en la calle del Príncipe, Corte de Madrid, cuando, viuda y casada en segundas nupcias, con don Pedro Arias Portocarrero, Conde de Puñoenrrostro, abandona el Palacio de Trujillo y pasa a residir en la Corte de su Majestad: En la misma calle donde existía el Teatro de la Comedia donde manda construir un par de casas-palacio: Uno para ella y su esposo y otro para la familia Portocarrero, que había venido a menos. Nada de esto hubiera sido posible sin la enorme cantidad de dinero que, además de Hernando, también Francisca Pizarro Yupanqui hizo venir de sus minas, fincas y posesiones del Perú.

En suma: Tanto Hernando como Francisca disfrutaron de un capital inaudito durante su vida, que hizo posible enriquecer y embellecer Trujillo y la misma calle del Príncipe en la Corte de Felipe IV, viviendo ella el final de sus días en la proximidad donde se representaban, constantemente, comedias de Lope, Tirso, Mira de Amescua, del mexicano Juan de Alarcón, Moreto, del portugués Mato Fragoso, Calderón y demás comediógrafos de la época. ¡Sin duda que debió de presenciar más de una de las famosas comedias de estos famosísimos ingenios, que llenarían de placidez su vida de peruana, trasplantada a la España de los conquistadores de tierras y mujeres del llamado Nuevo Mundo, para ella su Patria nativa, que imaginamos no podría menos de llevar oculta en su desdoblado corazón mestizo!


NOTAS:

[1] Fernando Pizarro y Orellana, Varones ilustres del Nuevo Mundo, Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1639, p.338.

[2] Ibídem, p.339.

[3] Ibídem, ibídem.

[4] Ibidem, pp.339-340.

[5] Ibídem, fols.340-341.

[6] Ibídem, 342.

[7] Ibídem, 343.

[8] Puede consultarse al respecto mi conocido trabajo “Los Pizarros, la Merced, el convento de Trujillo (Cáceres) y Tirso”, Estudios, 146-147, 1984, pp.203-427. (Sale como libro, ampliado, bajo el título de Tirso y los Pizarro. Aspectos históric-documentales, en Reichenberger, Kassel 1993).

[9] Comunidad de Madrid, Archivo Histórico de Protocolos, nº 449, fols. 603r-604r.

[10] Ibidem, fols. 616r-617r.

[11] Ibídem, fols. 625r-625v.

[12] Ibídem, fols. 632r-632v.

Oct 012005
 

Luís Vázquez Fernández, O. de M.

De la Real Academia de Doctores de España

Sentí de ajeno yugo la gran carga,
y en las manos sacrílegas malditas
dos años ha que mi dolor se alarga.
Bien sé que mis maldades infinitas
y la poca atrición que en mí se encierra,
me tiene entre estos falsos ismaelitas.

Estas cosas volviendo en mi memoria,
las lágrimas trajeron a los ojos,
movidas de desgracia tan notoria”.

CERVANTESEpístola a Mateo Vázquez, mi señor

“Y así ¿qué podrá engendrar el estéril, y mal cultivado
ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado,
antojadizo, y lleno de pensamientos varios, y nunca
imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró
en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento,
y donde todo triste ruido hace su habitación?”.

CERVANTES, Prólogo al “Quijote”, Iª parte (1605)

1. Introducción general: Cervantes, la libertad y otros enigmas

Todo ser humano, sensible y dueño de sí, ama la libertad, ese don inapreciable que el Creador nos otorgó en exclusividad, respecto al resto de los seres vivos de la creación, que, si tienen algo de ella, está de tal modo condicionada a sus sentidos, que apenas se puede llamar tal. Sólo la mujer y el hombre, creados -según el Génesis- a “imagen y semejanza de Dios”, gozan del llamado “libe albedrío”, la capacidad de elegir, en la encrucijada de la vida, el camino que bien le parezca. Sólo nosotros podemos decir sí o no, elevarnos hasta las alturas místicas, o degradarnos hasta las cavernas infrahumanas. Y los genios, cual Miguel de Cervantes, suelen ser los más excelsos modelos de la libertad, en su vida y en sus escritos. El poeta e investigador -prematuramente fallecido-Luís Rosales escribió un grueso volumen sobre Cervantes y la libertad. Y podríamos seguir filosofando o haciendo ensayos literarios sobre ello. Pero aquí nos interesan, sobre todo, los datos históricos. Cervantes, gran amante de la libertad, le va a tocar -por destino vital- pasar cinco años cautivo en Argel, y muchas prisiones y calabozos en su etapa de liberado, por Andalucía, ante todo. De ahí el título que he dado a este trabajo: “Enigmas a descifrar en su libertad encadenada”. Es la paradoja de una vida que le llevó por derroteros insospechados. Es, asimismo, el ejercicio de su libre albedrío, no siempre debidamente orientado. En la vida de Miguel de Cervantes vamos a constatar hasta qué punto el “destino”, y su libertad en ejercicio, han jugado con él, de tal manera lo han zarandeado, que sus anhelos juveniles se vieron pronto, en cierto modo, frustrados, por los aconteceres de su existencia. Y ha surgido la duda que él mismo llevaba en su interior sobre su patria chica. ¿Es alcalaíno o cordobés? ¿Por qué sus dos declaraciones contrapuestas? Y, remontándome a los orígenes ancestrales del linaje Cervantes, ¿vislumbró, al menos, Miguel que su estirpe Cervantes hundía sus raíces en lejanos orígenes de la céltica Lugo, emparentada con el francés Lyon (Lugduni en genitivo latino), subyacente en su inconsciente colectivo – de una etnia que residió asimismo en Córdoba-, mucho antes de sentirse mozárabe?

2. Origen ancestral galaico; bautismo de Miguel y sus hermanos: afirmación alcalaína

2.1. Comarca y Linaje de los Cervantes de Lugo.

Quiero partir de una afirmación transparente previa: Los “Cervantes” proceden de una zona de la provincia de Lugo que sigue llevando su nombre actualmente. Y el apellido “Saavedra” es común asimismo en Galicia. Cervantes es un Municipio de la provincia de Lugo, enmarcado por la sierra de Los Ancares y sus estribaciones, en medio de cuyos promontorios se abre paso el extenso valle denominado Cervantes. Limita al N. Con Navia de Suarna; con Os Nogais, Pedrafita do Cebreiro y la provincia de León, al S.; por el E. también con tierras leonesas; y con los términos de Becerreá y As Nogais por el O. Comprende una extensión de 276 km2. Tiene un asentamiento de unos 4.294 habitantes, repartidos en varias parroquias, como es común en Galicia: Ambas vías, Castelo, Castro, Cereixedo,Cervantes (S. Pedro y S. Román), Donís, A Dorna, Lamas, Mosteiro, Noceda, Pando, Quindous, Ribeira, San Tomé, Vilapún, Vilaquinte, Vilarello, Vilasante, Vilaspasantes y Vilaver.

La Capital del Municipio es San Román de Cervantes, y dista 54,5 km. de Lugo.

Cervantes es topónimo etimológicamente ligado a la raíz cer, tierra de Cervos; yevoca un posible culto prehistórico a este animal con cornamenta bella. El motivo pasó al campo de la heráldica, como se pone de manifiesto en el escudo nobiliario de los Cervantes – señores que dominaron estas tierras-, con cuyo linaje parece estar emparentado el autor del Quixote. Las armas de este apellido muestran, sobre fondo verde, dos ciervos con la siguiente divisa, que un poeta versificó:

Dos ciervas en campo verde,
la una pare, la otra duerme.
La que pare, paz augura;
la que duerme la asegura.

También en Vilarello da Igrexa existió, desde fecha muy anterior al nacimiento de Miguel de Cervantes, el Linaje de los Saavedra; lo que daría -de confirmarsela hipótesis de su origen cervantega- el segundo de los apellidos del preclaro escritor.

Se conserva en Cervantes (Lugo) el Castillo de Doiras. Aquí se originó el linaje Cervantes[1].

A medida que comienza la reconquista en el sur, debieron de emigrar los Cervantes hasta Andalucía. El autor del Quijote probablemente no era consciente de sus más radicales antepasados del noroeste peninsular. Y yo no voy a hacer más indagaciones al respecto. Pretendo, tan sólo, dejar constancia de ello.

2.2. La familia de Miguel de Cervantes y su hipotético origen de Alcalá de Henares

De los siete hijos que don Rodrigo de Cervantes, “zurujano”, tuvo con su esposa Leonor de Cortinas, el cuarto, nacido en 1547, fue llamado Miguel, y se da por hecho que la partida bautismal de Santa María la Mayor de Alcalá es la suya. Dice así, modernizada en parte la escritura:

Año de 1547 + Domingo, nueve días del mes de octubre, año del Señor de mill e quinientos e quarenta e siete años, fue bautizado mi [fuera de línea y con letra distinta, que sin duda es posterior: Miguel] hijo de Rodrigo de Çarvantes (sic) e su muger doña Leonor, fiaron sus compadres[a] Juan Pardo. Baptizole el reverendo señor bachiller Serrano, cura de nuestra Señora, testigos Baltasar Vázquez, sacristán // E yo que le baptizé e firmé de mi nombre//

El bachiller Serrano [Firma y rúbrica]”[2]

Aunque en esta partida la madre únicamente aparece como “Leonor” -lo que podría ser otra homónima-, sin el “de Cortinas”, y resulta extraño el que le pongan de nombre “Miguel”, cuando no hay ninguno entre sus antepasados; ni existe parroquia de San Miguel en Alcalá, ciertamente apuntala la afirmación de ser de Alcalá de Henares la declaración personal del mismo Miguel de Cervantes, que -en facsímil del original transcribo-, y se autoproclama “Miguel de Çerbantes, natural de Alcalá de Henares”.

He aquí el documento en cuestión: “Ilustre señor – 1399 Miguel de Çerbantes, natural de Alcalá de Henares, residente en esta corte, digo: que a mi derecho conbiene probar y aberiguar, con ynformación de testigos, de cómo yestado cabtivo en la ciudad de Argel y cómo soy rescatado, y lo que costó mi rrescate y lo más lo quedo a dever dél, y cómo yo salí a pagallo a cierto tiempo: a vuestra merced pido e suplico mande que los testigos que presentare se examinen al tenor deste pedimento, y lo que dixeren y depusieren, scrito en limpio, en pública forma, en manera que haga fee, me lo mande dar para en guarda de mi derecho, pido jueces para la aplicar.

Miguel de Cervantes [Firma y rúbrica][3]

Los siete hermanos Cervantes, incluido Miguel, son los siguientes: Andrés -bautizado en Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, el 12-12-1543-; Andrea – no hay demasiada certeza sobre la fecha de su nacimiento: Según declaración de 6-3-1565 habría nacido el año 1548; pero el 30-6-1605 declara tener 50 años, lo que supone haber nacido en 1555, sin embargo figura bautizada en la dicha iglesia alcalaína el 24-11-1544, luego tendría 20 y 60 años respectivamente: Es una prueba más de las imprecisiones de declaraciones de edad en el Siglo de Oro-; Loisa-bautizada en la misma iglesia de Alcalá el 25-8-1546[4]-, Miguel, Rodrigo -bautizado en dicha iglesia de Alcalá el 23-6-1550- Magdalena[5] y Juan[6].

3. ¿Miguel de Cervantes cordobés? (Miguel Muñoz, 1996)

¿En qué se basa esta nueva afirmación? En escritos documentados e inéditos que se hallan en Archivos de Córdoba. Abandonadas las hipótesis de Alcázar de San Juan, y la de Consuegra, pues ni las fechas ni los nombres se corresponden, quedaba todavía por analizar documentos de Córdoba, que compiten con los de Alcalá de Henares. Es lo que ha llevado a cabo el Académico numerario de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, M. Muñoz.

3.1. Documentos sobre Alcalá de Henares imprecisos

Para Alcalá, además de lo ya sugerido, existen la declaración de Rodrigo Cervantes, padre de Miguel, en defensa suya, siendo cautivo en Argel, al afirmar que “en el año 1580 tenía su hijo 31 años de edad”. Esto supone que habría nacido en 1549. Asimismo, la propia declaración de Miguel de Cervantes dice “que en el año 1580 tenía 32 años”. Tomada a la letra afirmaría haber nacido en 1548. La Partida de Alcalá señala el año de bautismo como el de 1547. El mismo año 1580, su mismo redentor trinitario, fray Juan Gil dice haber rescatado “a Miguel de Cervantes natural de Alcalá de Henares, de edad de treinta y un años, hijo de Rodrigo de Cervantes y de doña Leonor de Cortinas, vecinos de la villa de Madrid”.

Tampoco es exacta la edad. Sin embargo -a mi juicio-estos argumentos, de no existir otros, no tienen especial valor argumental, pues es bien sabido que las declaraciones de edad, en aquellos años no eran exactas, sino “poco más o menos”, aunque aquí no se exprese así. Hay que contabilizar, además el mes del bautismo: 9 de octubre de 1547. En la declaración de fray Juan Gil se trata del 19 de septiembre de 1580. En rigor tendría 32 años, 11 meses y 10 días. ¡No, esto no es lo que puede poner en crisis su fecha bautismal de Alcalá!

3.2. Documentos cordobeses sobre la familia Cervantes

Sin embargo, otros argumentos son de mayor fuerza. Ya hace años, algún gran investigador riguroso, como don Francisco Rodríguez Marín, había descubierto en Protocolos de Córdoba a Juan de Cervantes, abuelo paterno de Miguel. Halla también, en el Archivo Notarial de dicha ciudad andaluza, a un tal Rodrigo de Cervantes, en una escritura de arrendamiento. Llega incluso al Licenciado Juan Rodríguez Cervantes, y a Diego de Cervantes, en otra escritura ya de 3 de marzo de 1605. Más tarde, el señor Adamuz Montilla encuentra en Córdoba a Juan de Cervantes, padre de Rodrigo de Cervantes y abuelo paterno de Miguel de Cervantes Saavedra.

3.3. Nuevas investigaciones y descubrimientos sobre los Sservant, antecesores de Cervantes (M. Muñoz)

Pero no investigaron, hacia atrás, las raíces familiares cordobesas de esta familia. Y esto es lo que nos ofrece precisamente Miguel Muñoz, convencido del origen cordobés del autor de Don Quixote de la Mancha. En los Archivos de los Clérigos de la Universidad de Córdoba y el Archivo de Jurados, así como el Archivo Catedralicio halló -allá por los años de 1945- lo que ahora ofrece, completado con nuevas investigaciones. Afirma que tanto los “SServant” (nombre) como el posterior apellido (Cervantes) cordobeses descienden de los mozárabes, “de la rama de los hispanos visigodos que habitaban en el Barrio de los Sederos primeramente; y, cuando S. Fernando entra en Córdoba (siglo XIII), y se convierte el monasterio de San Zoylo sito en él, en la iglesia Parroquial de San Andrés, toma ésta el mismo nombre del citado Barrio de los Sederos”. Nobles mozárabes de origen visigodo se denominan “SServant”. Y de dicho nombre derivan, años después, los apellidos “Çervantes” = “hijos de Servant”. Estos vivieron en el barrio de los Sederos en Córdoba y en Terruñuelos, afueras de la ciudad en el Norte; pero también junto a la Mezquita mayor. Los documentos de los “SServants” más antiguos se encuentran en Córdoba ya en el año 1313 y siguientes.

Veamos los nombres de los antepasados de los Cervantes cordobeses. Córdoba, 23 de agosto de 1313: “Don Rodrigo Sservant e nieto de don Sservant, vecino de la collación de Santa María de Córdoba (…), linde con casas de don Sservant mi abuelo”.[7] Se trata de un mozárabe de origen hispano-visigodo, no usan estos nombres propios los de origen hispano-romano.

De hecho, este historiador de la Real Academia de la Historia, de la ciudad de Córdoba, ha defendido -en su estudio documentado- que existe otro documento donde Miguel de Cervantes afirma ser natural de Córdoba. En realidad, se corrobora en dos ocasiones, lo cual le hace afirmar a J. Ftzmaurice-Kelly, que “tiene fuerza a favor de las pretensiones de Córdoba”. Se trata, en el primer documento, fechado en Sevilla el 4 de junio de 1593, de Miguel de Cervantes, que aparece descrito como un “criado que dixo ser de su Majestad y ser vezino de Madrid, y natural de Córdoba”. Y en otro documento, seis días posterior, fechado el 10 de junio del año 1593, asimismo en Sevilla, se reitera: “Miguel de Cervantes Saavedra, criado del Rey nuestro señor, e vezino de la villa de Madrid, y natural de la ciudad de Córdoba”. Según él, fue bautizado en la iglesia de San Miguel, un año o dos después de la partida de Alcalá. (El acta bautismal de Córdoba no existe hoy día, aunque quedan referencias a ella en otros documentos). Siempre nos referimos al bautismo, dado que no existen hasta la época de Napoleón “Partidas de nacimiento”.

Volvamos a retomar lo de sus ancestros, llamados “Çerbant”, como nombre; que vivían en un barrio donde todos eran “mozárabes”. A partir del abuelo, el apellido “Cervantes”, derivado del nombre, era literalmente “Çerbantes”, que debería ser “Çerbantez” -según la normativa general-, pero la fonética andaluza convierte la -z en -s. Ya el mismo Rodríguez Marín -como dejé señalado más arriba- había reproducido un par de documentos, sobre el padre y sobre su abuelo, don Juan de Cervantes, que fallece y es enterrado en su ciudad de Córdoba, de donde eran originarios.[8]

Sabemos, por otro lado, que el 10 de julio de 1551 Juan de Cervantes fue propuesto para que se le nombrase letrado de Córdoba[9]; y de hecho fuenombrado el 4 de diciembre de 1551[10]Se le recibió formalmente cinco días más tarde; y su nombre aparece frecuentemente en los Archivos de Córdoba, los años 1552-1555. Muere el 11 de marzo de 1556.[11](Constatamos cómo Miguel siempre firmó con “b”: Miguel de Cerbantes; en ocasiones “Çerbantes”). Habrá que tener en cuenta, ciertamente, su posible, e incluso probable, origen cordobés, y su condición de mozárabe. Acaso explique ciertos “enigmas” todavía sin descifrar, como por ejemplo el que su amo, cruel argelino renegado, le haya perdonado sus reiterados intentos de fuga.

3.4. Siguen los Çervan/Çervant /Sservant [todavía “nombres”] en la Córdoba del siglo XV

Rodríguez Marín y Adamuz Montilla habían desvelado ciertas raíces de los Saavedra en Córdoba. Ahora Miguel Muñoz nos entrega documentación inédita, que no puede menos de dar origen a nuevos argumentos que hay que tener en cuenta a la hora de las afirmaciones biográficas documentadas.

Diego de Çerban (Córdoba, 28-2-1480), Pedro Çerban (Córdoba, 16-3-1480), Gonzalo Çerban y Bartolomé de Çerbantes (Ibidem)[12] demuestran que ya a finales del siglo XV se creó el apellido “de Çerbantes”. Por vez primera nos encontramos con un “hijo de Sserbant” en Córdoba, coexistiendo con el nombre “Çerban” -a veces suprimen la “t” final-, antecesores, sin duda, del genial escritor, creador de El Quijote. Otro documento cordobés del mismo año 1480 recoge un nuevo nombre y apellido: Gonzalo de Cervantes, nieto del anterior Bartolomé, que se traslada de Córdoba a otro lugar, como sedero: Probablemente a León o Cordobilla del Pisuerga (Palencia), donde se traficaba con la seda entonces, al emigrar muchos sederos por causa de la epidemia andaluza. Esto acabó produciendo una gran escasez del gusano de seda en toda Andalucía, y en la ciudad cordobesa, de modo especial, que pasó a ser de gran productora de gusanos de seda y la elaboración de este producto, a dar un bajón enorme, al resentirse de la salida de multitud de vecinos a otras ciudades del reino.

Es entonces cuando la Reina doña Juana, hija de los Reyes Católicos, otorga, en una “Pragmática”, que quienes se trasladasen a habitar a Córdoba -dada la despoblación a causa de la penuria que padecía de gusanos de seda, de donde surgía una de las industrias atractivas-les serían otorgados ciertos privilegios y “excepciones de cargas fiscales”.[13]

3.5. Después de un tiempo fuera, regresan los “Cervantes” a Córdoba en la segunda parte del siglo XVI

He aquí la razón por la que Gonzalo de Cervantes y su familia, regresan a Córdoba, en torno a este año de la pragmática, y se aposentan en el barrio de las “Azonaicas”.[14] En Córdoba las susodichas “azonaicas” y su barrio, comprendían las actuales collaciones de San Miguel, Santo Domingo de Silos y San Salvador, que seguían denominándose “Barrio de las Azonaicas”. Pues bien, con Gonzalo Cervantes viene su hermano Juan de Cervantes, que alcanzaría después la Licencia en Cánones. Ambos eran hijos de Rodrigo de Cervantes, y nietos de Bartolomé de Cervantes, el fabricante de tela de seda: ¡El primero que, de esta familia, dio el pasó del nombre al apellido “Cerbantes”! Van llegando estas familias entre los años 1553 a 1570.[15]

Un Gonzalo de Cervantes[16], hijo del anteriormente señalado, será el primero que añada un segundo apellido: Saavedra. De él lo va tomar preciamente Miguel de Cervantes Saavedra, a partir de la primera Parte de El ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha (Madrid, 1605). Todavía en La Galatea(Alcalá, 1585) figura como “Compuesta por Miguel de Cervantes” únicamente.

El citado Juan de Cervantes, abuelo de Miguel de Cervantes Saavedra, tomó por esposa a doña Leonor Fernández de Torreblanca. Tuvieron cinco hijos. Sólo se encuentran en los documentos cordobeses Alexo de Cervantes y Rodrigo de Cervantes, el padre de nuestro escritor. De los otros tres las noticias están fuera de Córdoba. Andrés, por ejemplo, nace el 13 de mayo de 1533. Su padre Juan de Cervantes residía en Guadalajara en 1528: Era Oidor en el Consejo del Duque del Infantado. Martín de Mendoza, bastardo del Duque, Arcediano de Guadalajara y de Talavera, tiene una hija con María de Cervantes, la otra hija de Juan. Mientras, el hermano de María, Alexo de Cervantes vivía en Córdoba, en la calle principal del barrio de las Azonaicas[17]. Allí se hospeda su hermano Rodrigo de Cervantes, cuando llega a Córdoba desde Valladolid, ciudad en que tuvo pleitos que le llevaron a la cárcel, de donde logró librarlo su esposa doña Leonor Cortinas: Ella y su primer hijo Andrés se aposentaban en casa de su hermano Alexo. Afirmación importante: Los padres de Miguel de Cervantes viven en Córdoba, al menos este par de años: 1548-1549.

3.6. El padre de Miguel de Cervantes, Rodrigo, ante el Procurador de cautivos de la Merced de Córdoba (26.1.1580)

Existe, en el Archivo de la Universidad de los Clérigos de Córdoba, actualmente en la Iglesia parroquial de San Pedro de Córdoba, una nota que nos hace saber que “ los fondos históricos pertenecientes al Convento de la Merced de Córdoba, antiguo Monasterio de Santa Olalla, y primeramente Monasterio mozárabe de origen visigodo hispano-romano, 27 años después de la exclaustración de Mendizábal (1863), se repartieron entre el Archivo de Hacienda Provincial y el Archivo del Convento de San Francisco, en Córdoba”. En dicho Archivo de San Francisco, donde se halla también lo referente a los Jurados de Córdoba, se halla un documento del P. Procurador[18] (que no Prior, como transcribe M. Muñoz, cargo inexistente en la Merced de Andalucía y Castilla) del convento de la Merced de Córdoba. Dice así: “En el día de hoy, 26 de enero del año de 1580, recibimos declaración de Rodrigo de Cervantes y de su hijo Miguel de Cervantes, por la que, efectuada por Rodrigo de Cervantes en dicha fecha, hace constar que, en 1580 tiene su citado hijo Miguel 31 años; y en declaración del referido Miguel de Cervantes, que, en este mismo año de 1580, tiene cumplidos 32 años. Lo que fue notificado a los Padres Mercedarios, que siguen con el propósito de liberarlo de la prisión de Argel, y a otros compañeros. Córdoba, 26 de enero de 1580. El procurador del Convento de la Merced en Córdoba Fray Alonso Ruiz de los Moroz”[19].

Por cierto que este documento no lo conoce el recopilador de Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra, K. Sliwa, ya citado[20]. Tomadas a la letra estas declaraciones de edad, se deduce que Miguel de Cervantes debió de nacer en los años en que se documentan sus padres residiendo en Córdoba. Lo que postularía su nacimiento en Córdoba, el año 1548/9.

3.7. Declaración personal de Miguel de Cervantes afirmando ser natural de Córdoba (4 y 10 de junio de 1593)

Si bien es cierto que en dos o tres momentos, siendo testigo, Miguel de Cervantes firmó como “natural de Alcalá de Henares”. Su interés era servir a un amigo suyo. Aquí cabía la imprecisión.

Pero, en una muy precisa ocasión, tratándose de un Proceso de Tomás Gutiérrez contra la Cofradía y Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario de la Catedral de Sevilla, Miguel, ya maduro y sensato, declara oficialmente y firma, los días 4 y 10 de junio de 1593 “ser vesino de la villa de Madrid y natural de la ciudad de Córdoba”. Importante escrito, hallado por don Adolfo Rodríguez Jurado, y publicado, por vez primera, por él mismo. Esta declaración es de gran interés, pues en ella Miguel de Cervantes se enfrentaba a la Iglesia y a la Inquisición, y su declaración debía ser precisa y verídica. Además, ya había sido encarcelado tres veces, y estaba escarmentado de sus veleidades.

3.8. Posibilidad de su bautizo en San Miguel de Córdoba (1548/9). Dudas fundadas de la partida bautismal de Alcalá (9.10.1547)

Ya hemos visto cómo 1548/9 son los años en que sus padres viven en Córdoba. También se nos descubrió su hasta hace poco inédita declaración, todavía ignorada, en general, por los cervantistas. No es vana tampoco la consideración de que, no llevando el nombre de Miguel ninguno de sus antepasados, ni existiendo parroquia alguna de San Miguel en Alcalá, se le haya puesto el nombre de Miguel. Y lo ya afirmado de que el nombre de “Miguel” no se lee, sino una sencilla “m con un . y una tilde superior”. Al no figurar el apellido de la madre, ¿es obligado leer en dichos rasgos “Miguel”? Pudiera ser “Manuel”, por ejemplo. Y el padre Rodrigo de Çarvantes” (sic) no es exactamente “Cervantes”; y su mujer doña Leonor ¿es “doña Leonor Cortinas”? Porque no se deducía claramente que se tratase de la Partida bautismal del autor de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, es añadido más tarde, con letra muy distinta, como puede comprobarse en la Partida adjunta a este trabajo y fuera de la vertical de las líneas, en el lado opuesto, el nombre “Miguel”: Y eso es, ciertamente, muy sospechoso.

En Córdoba existe una parroquia de San Miguel, desde el año 1238. A ella pertenecía parte de la feligresía del Barrio de las Azonaicas, donde residieron sus padres, Rodrigo de Cervantes y doña Leonor Cortinas, con su hijo Andrés los años 1548-1549. Suponemos que es la probable fecha del nacimiento del hijo Miguel. De haber venido al mundo el año 1548, ese año fue el jueves, 29 de septiembre. Posiblemente le bautizaron en la iglesia de San Miguel de Córdoba. Pero no existe el Libro de bautizos de esos años. Si nació en Córdoba, sin duda allí sería bautizado[21].

4. La familia Cervantes se traslada de Alcalá a Valladolid (marzo de 1551), y Rodrigo vuelve a Córdoba, probablemente con Miguel (1553)

Estamos ante una familia andariega, amante de cambio de ciudades: Córdoba, Alcalá, Valladolid ahora, “haciendo borrón y cuenta nueva del pasado” (Canavaggio). A primeros de abril se encuentra ya en la ciudad del Pisuerga, Corte de un Carlos V ausente desde hacía tres años. Gobiernan su hija, la regente doña María y su yerno Maximiliano. ¿Era Rodrigo de Cervantes un aventurero? ¿Buscaba experiencias nuevas? Tenía Valladolid 35.000 habitantes, y era próspera, como indican los romances: “En Valladolid, la rica…”. El destino les va a ser adverso, también aquí. En noviembre, Rodrigo solicita un “préstamo” de 40.000 maravedís para satisfacer la deuda contraída con un acreedor, llamado Gregorio Romano, usurero. Al no poder cumplir el plazo breve de la entrega, es encarcelado el 2 de julio de 1552. Le embargan, además, sus bienes. El abuelo paterno de Rodrigo, como sabemos, tenía descendencia en Córdoba. Pero no llegan ayudas financieras. Dice Canavaggio, muy significativamente, en este momento oscuro de su vida: “Su silencio sobre sus orígenes cordobeses, su negativa a indicar el propio oficio, esbozan una penumbra que turba al historiador”[22].

Los Cervantes tienden a vivir varios años alejados de sus esposas. Le pasó a Juan de Cervantes con Leonor de Torreblanca; le pasó a Rodrigo Cervantes (padre) con Leonor Cortinas, en sus largas ausencias de cárceles, y desplazamientos, por insolvente; más tarde le va a pasar a Miguel de Cervantes con su esposa de Esquivias, Catalina de Palacio. Vuelve a insistir Canavaggio: “Nos gustaría saber cómo fueron los reencuentros del licenciado y su hijo. Si Leonor de Torreblanca (que terminará sus días en Córdoba) hizo también el viaje, Juan de Cervantes, rodeado de los cuidados de su gobernanta, apenas habrá apreciado la reaparición de una esposa de la que se hallaba separado hacía tanto tiempo[23]”. Rodrigo, en el otoño, abandona Valladolid, y la familia, y se pone en camino a Córdoba. Gracias a Astrana Marín sabemos que el 30 de octubre de 1553 estaba en la ciudad originaria de Córdoba. Y Leonor de Cortinas, su esposa, se hallaba, en varias ocasiones, en Alcalá con algunos de sus hijos. No sabemos si Miguel, muy joven, estaba con ella.

Es casi seguro que el último hijo del “cirujano” Rodrigo, Juan como el abuelo, nació en Córdoba, hacia 1554. Recuerda, oportunamente, Canavaggio -a quien sigo, en esta etapa cervantina-que “orgullosa de su pasado glorioso, Córdoba, que vio nacer a Séneca, y cuya célebre mezquita todavía recuerda que fue capital de la España musulmana, se encontraba demasiado lejos de Sevilla para ejercer una influencia directa sobre sus actividades”[24]. La gente cordobesa emigró a Málaga, a Granada y a América. Tenía, con todo, en estas fechas 50.000 habitantes. Pasa Rodrigo en Córdoba varios años “en la cuna de sus antepasados”. Muy probablemente le acompaña ahora Miguel. Allí descubre la escuela, el teatro y la picaresca. A sus 6/7 años, Miguel aprende a leer en la Academia de un pariente suyo, Alonso de Vieras. Pudo incluso haber frecuentado el Colegio de Santa Catalina. Sus biógrafos dan todo ello por muy probable. ¿Contempló el teatro de Lope de Rueda, que pasa por Córdoba en 1556? Córdoba era ciudad donde proliferaban los “pícaros”, mozos de cuerda y marmitones. Mendicidad lícita, que llena de inquietudes al pueblo. En La ilustre fregona, Cervantes va a tener de esos marginales o parásitos una presencia consciente.

Fallece, el 11-3-1556 el Licenciado Cervantes, alcanzada la edad excepcional de más de 80 años. Al año siguiente muere su esposa, Leonor de Torreblanca, después de vender un esclavo suyo. Los esposos no debieron de reconciliarse, según se deduce de los testamentos. Y “perdemos el rastro, durante 7 años, de Rodrigo Cervantes. ¿Se reunió, en Cabra, con su hermano Andrés? ¿Estuvo con él Miguel, a ese feudo del Duque de Sessa? Desde luego, le protegerá en Lepanto. Es la época en que se retira a Yuste Carlos I/V, después de reinar más de 40 años. Fallece un par de años después, seguramente de “fiebres tifoideas”. Su hijo, Felipe II recibirá un reino más centrado en el Mediterráneo. Castilla dominará, desde la corte de la Villa de Madrid. Se casa con Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia. El Escorial se empezará a fabricar en 1563, lugar nuclear del reinado inmenso de Felipe II.

5. Residencia de Rodrigo Cervantes en Sevilla, estancia en Córdoba, y Madrid (1564 – 1568): Le acompañó Miguel a la Corte.

El 30 de octubre de 1564 Sevilla es la residencia de Rodrigo, en San Miguel, barrio popular. Le acompaña Andrea. Pero no nos consta que la familia, incluida Leonor, su esposa, y Miguel, su hijo, haya residido en Sevilla. De ser cierto, Miguel habrá proseguido allí los estudios iniciados en Córdoba. Dirá, en labios de su personaje de ficción: “Desde muchacho fui aficionado a la carátula, y en mocedad se me iban los ojos tras la farándula”. También confiesa haberse acordado, al final de su vida, de haber visto representar a Lope de Rueda, a quien tenía por uno de los grandes comediógrafos del momento. Era nacido en Sevilla, como es bien sabido. ¿Dónde lo vio actuar Miguel? ¿En Sevilla? ¿En Alcalá? ¿En Madrid? Lo importante es su afirmación.

Se sabe que Rodrigo acude al Carmelo de la Concepción en Alcalá, para la profesión de Loisa, en febrero de1566. De Miguel se descubre una juvenil composición poética, cuando tenía 20 años: ¡La primera creación conocida! Se debe a Foulché-Delbosc[25]. A la muerte de Isabel de Valois escribe un soneto y diez quintillas, y una elegía[26] al cardenal Don Diego de Espinosa, en 65 tercetos (3-10-1568), que recoge su maestro madrileño López de Hoyos[27], quien llama a Miguel de Cervantes “mi amado discípulo”. He aquí el soneto, como muestra de su digna manera de poetizar, ya de joven, sin que llegue a las cimas de Lope, Tirso y Calderón, ni Mira de Amescua:

Aquí el valor de la española tierra,
aquí la flor de la francesa gente,
aquí quien encontró lo diferente,
de oliva coronando aquella guerra;
aquí en pequeño espacio veis se encierra
nuestro claro lucero de occidente;
aquí yace encerrada la excelente
causa que nuestro bien todo destierra.
Mirad quién es el mundo y su pujanza,
y cómo de la más alegre vida
la muerte lleva siempre la victoria.
También mirad la bienaventuranza
que goza nuestra Reina esclarecida
en el eterno reino de la gloria.

En una escritura de donación (9 de junio de 1568) aparecen miembros de la familia Cervantes en Madrid, residentes hacía ya algún tiempo[28]. Al menos Andrea de Cervantes y su padre Rodrigo de Cervantes residen en la Villa y Corte[29]. Madrid, reciente corte con Felipe II, contaba, por las fechas en que aparece Rodrigo de Cervantes, con unos 35.000 habitantes, que irán en aumento, a medida que las “casas a la malicia” vayan desapareciendo. A finales del siglo XVI tenía como expansión de la familia real, la “Casa de Campo”, existente hoy día, una red de calles tortuosas, en general sucias, con su “agua va” por las noches, sus farolas cuya luz mortecina caía sobre una pavimentación terrera, y un río, el más pequeño entre las ciudades principales de España (Sevilla, Córdoba, Valladolid, Salamanca, Tordesillas, etc.), y objeto de burlas y vejámenes entre los poetas de la época. Había 14 iglesias parroquiales. ¿Dónde se instaló la familia Cervantes? No existen datos al respecto.

Por un acta notarial, sabemos que el 2-12-1566 ya residía la familia en Madrid: Rodrigo Cervantes otorga un nuevo poder a Leonor Cortinas, durante el tiempo de la “liquidación de la sucesión de doña Elvira”. Dos semanas más tarde, su esposa Leonor vende una viña, sita en Arganda, por 7.000 maravedís, la cual figuraba en dicha sucesión. Ciertamente que los recursos del “zurujano” no eran muchos. Debió de abandonar el oficio y dedicarse a otro. Gracias a las herencias de Leonor Cortinas, Rodrigo pudo hacer algún préstamo, como el que se documenta a un tal Pedro Sánchez de Córdoba, de 800 ducados. No es improbable que se haya dedicado a hospedar gente, según se deduce de algunos documentos notariales. Ciertos italianos, con quienes se relaciona Andrea y Rodrigo Cervantes, como el genovés Francesco Locadelo, que, el 9-6-1569- concede a Andrea , “en agradecimiento a los cuidados recibidos de Rodrigo y de su hija”, una no despreciable donación. Ella se convirtió en enfermera. Andrea ya podría contraer matrimonio de manera honorable. Nace en 1567 la infanta Catalina Micaela, y este fausto acontecimiento regio se celebra solemnemente. Getino es el encargado de organizar los festejos. Entre los poemas, para medallones ornamentales, figura el segundo soneto conocido del joven Miguel de Cervantes: “Serenísima reina en quien se halla / lo que Dios pudo dar al ser humano…” De nuevo vemos a Cervantes, como poeta, digno tan sólo, no genial. Escribe otro soneto -se ve que empezó por este género de composición poética de 14 versos, añadiéndole en el de Sevilla, al túmulo de Felipe II, un “estrambote”- a López Maldonado, editado en el Cancionero de 1586. Lo reproduzco por no ser muy conocido:

El casto ardor de una amorosa llama,
un sabio pecho a su rigor sujeto,
un desdén sacudido y un afeto
blando, que el alma en dulce fuego inflama;
el bien y el mal a que convida y llama
de amor la fuerza y poderoso efeto,
eternamente en son claro y perfeto
con estas rimas cantará la fama,
llevando el nombre único y famoso
vuestro, felice López Maldonado,
del moreno etiope al cita blanco;
y hará que en balde del laurel honroso
espere alguno verse coronado,
si no os imita y tiene por su blanco.
[30]

López de Hoyos era Vicario de la parroquia de San Andrés, y el 12-1-1568 es nombrado, por concurso, Rector del “Estudio de la Villa”, un colegio municipal, que se remontaba ya a los Reyes Católicos. Los Jesuitas le hicieron gran competencia, y casi desaparece. Pero López de Hoyos, elegido por un tribunal de profesores de la Universidad de Alcalá, y, con la protección del Cardenal Espinosa, inaugura su apertura magisterial en enero de dicho año. Se preguntan todos sus biógrafos cómo llega a ser su alumno Miguel de Cervantes. Supuesta -según dejamos señalado-su formación anterior cordobesa, y acaso alcalaína, y sevillana, con sus flamantes 20 años, Miguel creó amistad con este Vicario-escritor. Muy poco, con todo durará su discipulado: Menos de un año. Abandonó Madrid antes de que sus cuatro poemas, escritos para la Relación de las exequias de la Reina, a sus 23 años (1568), hubieran salido de los tórculos.

6. Miguel huye de Madrid (septiembre de 1569) a Roma

Empieza, inesperadamente, el exilio de Miguel y el desgaje de sus padres y familiares. Su libertad en entredicho, Miguel debió de sentirse ya encadenado a sus 20 años. Los cervantistas ocultaron, durante muchos años, un documento hallado en el Archivo de Simancas (Valladolid), referente a una provisión real que ordenaba al alguacil Juan de Medina la prisión de un estudiante acusado de haber herido en duelo a un tal Antonio de Sigura, maestro de obras, posiblemente iletrado. El culpable huye a Sevilla, y es condenado por rebeldía a que le corten públicamente la mano derecha, y a ser desterrado, por 10 años, del Reino. Su nombre era Miguel de Cervantes. El documento está fechado a 15 de septiembre de 1569. Mientras no se demuestre la existencia entonces de un homónimo suyo, tendremos que afirmar que se trata de nuestro ilustre personaje. No existe ninguna dificultad cronológica que impida identificarlo.

Es la comedia cervantina El gallardo Español, dedicada al Conde de Lemos, y fechada hacia 1581, la más antigua seguramente de tema morisco, en relación con su viaje a Orán, misión encomendada estando Felipe II en Portugal, de “la que constan las cédulas de pago”. En ella se mezcla lo autobiográfico, al parecer, con la fantasía. El protagonista es don Fernando de Saavedra -que tiene algo de Cervantes e incluso de Don Quixote-, y Margarita, vestida de hombre, identificándose con don Fernando de Saavedra, declama estos versos, que muy bien pudieran ser una reminiscencia autobiográfica de Cervantes:

Quedé, si mal no me acuerdo,
en una mala respuesta,
que dio mi bizarro hermano
a un Caballero de prendas.
El qual, por satisfacerme,
muy mal herido le dexa:
Ausentose, y fuese a Italia,
según después tuve nuevas
[31].

Ciertamente que no es prueba fehaciente una cita literaria; pero, puesto que -en esta obra primeriza de Cervantes hay bastantes elementos autobiográficos-viene a ser como un indicio confirmatorio del documento, que, con gran probabilidad se refiere a él, y así lo reconocen los mejores especialistas imparciales de Cervantes. ¿Cómo explicar, si no, su ida a Roma, a esa edad, y que le acoja como camarero el cardenal Acquaviva? De hecho, Monseñor Julio Acquaviva, hijo del Duque de Atri, era un año mayor que Miguel. Una vez allí, es más fácil que alguien le haya introducido ante este monseñor, a dos pasos de ser revestido de la púrpura de cardenal.

El mismo Cervantes afirma el hecho en la dedicatoria de la Galateaal abate (más tarde cardenal) Ascanio Colonna, Abad de Santa Sofía, diciendo, entre otras razones: “Y, si por esto no lo mereciese, merézcalo, a lo menos, por haber seguido algunos años las vencedoras banderas de aquel sol de la milicia, que ayer nos quitó el cielo delante de los ojos, pero no de la memoria de aquellos que procuran tenerla de cosas dignas della, que fue el excellentíssimo padre de V.S. Illustríssima. Juntando a esto el effecto de reverencia que hacían en mi ánimo las cosas que, como en profecía, oí muchas veces decir de V.S. Illustríssima al cardenal de Acquaviva, siendo yo su camarero en Roma”[32]. En realidad Acquaviva no era todavía cardenal cuando llega a Roma Cervantes, pero se hablaba ya de su promoción cardenalicia. Lo será, de hecho, a partir del 15 de mayo de 1570.

Cervantes, fue, pues criado de un jerarca eclesiástico, llamémosle, más bien, “ayudante de cámara”. Y esto no le ilusionó demasiado al joven Miguel. Una vez más, citemos un par de afirmaciones suyas, tomadas de dos de sus obras: “Sepa el señor Licenciado Vidriera que un gran personaje de la Corte le quiere ver y envía por él. A lo cual respondió: Vuesa merced me excuse con ese señor, que yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear[33]. Y es bien conocido su “elogio de la libertad”, justamente en su gran obra de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha: en él resuena su hermoso grito liberador, expresivo en sí mismo: “¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!”.

7. La aventura de Lepanto: enfermo de malaria, es herido y pierde el juego de la mano izquierda

Los turcos, después del fracaso de Oran y Malta (1564-1565), suspenden las expediciones navales de riesgo. Pero, con Selím II -que sucede a Solimán el Magnífico-se dirigen a las posesiones venecianas del Mediterráneo oriental.

Cervantes, que abandona al cardenal, después de ciertos meses a su servicio, al enterarse de la Liga contra los Turco, se hizo soldado -que no marino: en las galeras no se confundía nunca al marinero con el soldado; y Miguel nunca dijo que haya sido marino, sino soldado-, y lo fue en el Tercio de Nápoles. Al año siguiente se le une su hermano Rodrigo a la batalla de Lepanto. Formaban la Liga el Papa, de origen dominico, Pío V, la Señoría de Venecia y el Rey de España. Se publica y organiza el 20 de mayo de 1571. Don Juan de Austria, hermano de Felipe II, fue nombrado Generalísimo de las tropas, que salieron en julio del puerto de Barcelona con 37 galeras el 20 de julio abandonan España. Llegan el 8 de agosto a Nápoles. Iban a bordo entusiastas, alistados en España: Pedro Laynez, L. Maldonado, amigos de Cervantes, y otros escritores como Rey de Artieda, Cristóbal de Virués. Su hermano Rodrigo se unió en Italia, pero algo más tarde, al desembarcar allá en julio de 1571, con la compañía de Diego de Urbina. A sus órdenes estarán combatiendo en Lepanto los hermanos Cervantes. Antes de unírsele Rodrigo, Miguel habría vivido en Italia 18 meses largos. En total se juntan en Sicilia 208 galeras, 57 fragatas, más de 300 navíos, yendo a bordo 80.000 hombres. Las galeras venecianas no estaban en buen estado. Don Pedro Portocarrero está vinculado con la familia Cervantes, y sus dos hijos en Madrid se relacionan con las hermanas Cervantes, Andrea y Magdalena, la más joven.

La “Marquesa” iba a las órdenes de Francisco de San Pedro, y empieza la batalla de Lepanto el día 7 de octubre. Miguel, con fiebre, abandona su yacija y busca un lugar en primera fila. Hay -como es previsible-escenas de pánico, muerte, naufragio, destrucción, arden barcos. Las aguas del golfo “se tiñen de sangre humana”. F. De San Pedro manda a Miguel que se retire, pues enfermo como estaba y con fiebre, poco podía combatir, pero él exclama: “¡Qué se diría de mí! He servido siempre muy bien a su Majestad; y así, ahora, no seré menos, aunque esté enfermo y con calenturas. ¡Más vale pelear en servicio de Dios y de Su Majestad y morir por ellos, que bajarme so cubierta!”. Nadie puede dudar del valor de Cervantes. “La batalla fue en este punto tan sangrienta y horrible, según un testigo ocular, que se hubiera dicho que el mar y el fuego no eran sino uno”. Las pérdidas de La Marquesafueron 40 muertos, incluido el capitán, Francesco de Sancto Pietro, y más de 120 heridos. Cervantes recibe tres disparos de arcabuz: Le alcanzaron pecho los dos primeros, y el último inutilizó su mano izquierda. El ve, en una galera cristiana, clavada en una pica la cabeza de Alí Bajá. Cervantes, entre sangre propia de su pecho y su mano, alienta a sus arcabuceros. Los testigos serán unánimes en el elogio a su valor. Pero mejor será escucharlo de sí propio en tercetos rememorativos, que nos desvelan su sano orgullo por haber luchado en Lepanto:

Helóseles la sangre que tenían,
cuando en el son de la trompeta nuestra,
su daño y nuestra gloria conocían.
Con alta voz de vencedora muestra,
rompiendo el aire claro, el sol mostraba
ser vencedora la cristiana diestra.
A esta dulce sazón, yo, triste, estaba
con la una mano de la espada asida,
y sangre de la otra derramaba.

El pecho mío de profunda herida
sentía llagado, y la siniestra mano
estaba por mil partes ya rompida.
Pero el contento fue tan soberano,
que a mi alma llegó, viendo vencido
el crudo pueblo infiel por el cristiano,
que no echaba de ver si estaba herido,
aunque era tan mortal mi sentimiento,
que, a veces, me quitó todo el sentido:
y en mi propia cabeza el escarmiento
no me pudo estorbar que el segundo año
no me pusiese a discreción del viento.

Valor mostramos al principio y brío,
pero después, con la experiencia amarga,
conocimos ser todo desvarío.
Sentí de ajeno yugo la gran carga,
y en las manos sacrílegas malditas
dos años ha que mi dolor se alarga…
[34]

Como vemos, el terceto final ya conecta con su “cautiverio” bajo sus terribles jefes en Argel, sin cerrar todavía sus llagas de Lepanto. Por cierto que su “manquedad” no significó que haya perdido un brazo -acepción primera del vocablo-, sino lo que él afirma: perdió el juego y movimiento de la mano izquierda, sin sufrir mutilación ninguna. Miguel -pura libertad en acción- parece haber nacido para vivir encadenado. Es un aspecto de su vida que me llama mucho la atención, y a él me acerco con sensibilidad que intenta desvelar la pura verdad documentada.

8. Cinco años de dura cautividad en Argel (26.9.1575 – 19.9.1580)

Cervantes quedó herido gravemente. Ayudado por su hermano Rodrigo -que estuvo como él en Lepanto, pero salió ileso- y por los médicos, el 31 de octubre de 1571 Miguel se interna en el hospital de Mesina con otros muchos heridos. Convaleciente durante varios meses. Podemos afirmar únicamente que, entre enero y marzo de 1572, recibe, como sus compañeros convalecientes, por tres veces, una ayuda de 20 ducados, para pagar sus curas. Después de 6 meses hospitalizado, el 24 de abril, curado de sus heridas del pecho, puede abandonar el hospital, si así podemos llamarle. Le queda como secuela el no poder utilizar su mano izquierda. Se reincorpora al servicio como soldado, acaso con un sueldo mensual de 3 ducados. Pronto pasará a las órdenes del capitán Manuel Ponce de León, del tercio de López de Figueroa. La “Santa Liga” pierde a su inspirador, el Papa Pío V, fallecido el 1 de mayo (tenía 68 años). Gregorio XIII no logrará aunar voluntades. Cervantes figura entre quienes, a las órdenes de Marco Antonio Colonna, abandona Mesina, con las 150 galeras que salen de Mesina, pues así lo determinó Felipe II. Era el 7 de julio de 1572. El 1 de septiembre las dos escuadras aliadas se dirigen a Modón, suroeste de la península, no lejos de Navarino, ya sin plan preciso.

En el aniversario de la batalla gloriosa, don Álvaro de Bazán logra apoderarse de La Loba de la Presa, mandada por el nieto de Barbarroja. Mientras los dirigentes de las acciones militares por mar contra los turcos organizan su acción, con opiniones contrapuestas, Cervantes vuelve a embarcarse con Figueroa. Y en Nápoles recibe 60 escudos de paga (febrero-marzo de 1574). Cervantes debió de enterarse que Acquaviva había muerto a finales de julio: ¡Tenía tan sólo 26 años! Resumiendo mucho esta etapa, diré que Miguel estuvo en Túnez y en La Goleta. Fallece también Portocarrero, de pena, prisionero de los Turcos, en un viaje a Constantinopla. Cervantes pasa en Sicilia el otoño y el 15 de noviembre está en Palermo. Desde allí se va a Nápoles junto a su hermano Rodrigo. En El viaje del Parnaso, La Galatea, Las Novelas ejemplares y El Persiles y Sigismunda, dejó el escritor mucha experiencia vivida en Italia. Pero se junta la fantasía, como es normal, a la realidad, sin sernos fácil delimitar campos. Roma y Nápoles dejaron mucho poso intelectual y artístico en la sensibilidad a flor de piel de Miguel de Cervantes.

En este final de su vida de soldado, recibe noticias de su familia: Sus padres carecen de dinero. Andrea y Magdalena siguen con sus relaciones poco ejemplares con los hijos del malaventurado Gobernador de La Goleta, Alonso y Pedro Portocarrero. Ellos se ven insolventes para pagar deudas y compromisos. Miguel toma la decisión de regresar a España, después de obtener de don Juan y del Duque de Sessa cartas de recomendación, apoyando su “hoja de servicios”. ¿Está sobreseída su condena por las heridas causadas a aquel Sigura el año 1568? Juzgaría que sus 7 años de exilio y las acciones heroicas habrían de anular cualquier castigo. De hecho, no se volverá a sacar a cuento esa condena.

A primeros de septiembre, con su hermano Rodrigo y algunos amigos, se embarca en la galera El Sol, mandada por Gaspar Pedro de Villena, rumbo a Barcelona.

La mala suerte vuelve a ensañarse con los Cervantes: Mientras tres de las galeras, dispersas por una tempestad, al cabo de tres días llegan a puerto felizmente, El Sol es atacada por unos corsarios berberiscos y todos sus pasajeros son llevados cautivos a la ciudad de Argel. El que mandaba a los corsarios era un renegado albanés, Arnaut Mamí. Los españoles hacen resistencia varias horas, pero perece el capitán con un buen grupo, y los demás tienen que rendirse, atados de pies y manos, son llevados a los navíos berberiscos. Al aparecer el resto de la flotilla cristiana, ellos huyen apresuradamente. Sólo 3 días les llevó llegar a Argel a las galeras de Arnaut Mamí.

Los hermanos Cervantes son llevados al mercado de cautivos, pero los entregan a otro amo, Dalí Mamí, quien tenía por apodo “El Cojo”. Fue un privilegio, sin duda, al descubrirle a Miguel las cartas prestigiosas de recomendación[35]. Cree tener en sus manos a un personaje muy importante, y va a solicitar por él 500 ducados en oro. ¿Cómo vivió Cervantes esta experiencia en su interior, en su sensibilidad? Esto sería lo que más nos interesaría saber. Documentación externa tenemos suficiente sobre esta etapa de cautividad, que para Miguel duraría 5 largos años, mientras sólo un par de ellos para su hermano Rodrigo, redimido por los Mercedarios de Valencia. En el Cautivo, relato, sin duda muy autobiográfico, incrustado en su Quixote nos deja entrever detalles íntimos[36].

Todos eran maltratados, encadenados y apaleados, a veces; pero también gozaban de cierta libertad de movimiento, e incluso les permitían, cuando había presbítero, celebrar la eucaristía. Cuanto más humildes de condición, peor tratados eran. Naturalmente que los de cierta condición social eran objeto de transacciones y especulaciones, cuando venían los redentores a rescatarlos. A Cervantes cautivo más que su situación le impresionaba el trato que recibían otros, condenados a una muerte, a todas luces, injusta y reveladora de la crueldad de aquellos amos suyos sin entrañas. Insiste, en El cautivo, sobre la actuación de su dueño: “Cada día ahorcaba el suyo, empalaba a éste, desorejaba a aquél; y esto, por tan poca ocasión, y tan sin ella, que los turcos conocían que lo hacía no más de por hacerlo, y por ser natural condición suya ser homicida de todo el género humano”[37].

Miguel, durante los primeros meses de cautividad, gozó de cierta libertad controlada, aunque estuvo confinado en el baño, se supone que habrá logrado licencia para ir y venir por la ciudad de aquel Argel, tan variopinto, y lleno de gentes de usos y costumbres que le resultaban novedosos y extraños. Cervantes no pudo menos de interesarse por el tipo de organismos socio-políticos: La misma organización de un Bajá, delegado del Sultán, asistido por los Consejeros, que forman lo que llaman Diwán, supone la masa de los Odjaq, milicia de los jenízaros, y la Taifa de los raïs , corporación de corsarios, organizaciones feudales que se reparten el poder real en Argel. En la cumbre, los Turcos, directores de lo organizativo y militar. Y los Corsarios, que provenían de la cuenca del mediterráneo, exponentes de “todas las naciones cristianas” para ellos. Y la “masa de cautivos” -25.000, según Haedo, a fines del siglo XVI-, añadiendo a esto los “esclavos negros”. Y todavía otras colectividades, tales como moriscos, tenderos renegados, mercaderes cristianos y redentores de cautivos -que aparecían con regularidad, para rescatar a los cristianos que le era posible, a través de las dos Órdenes redentoras cristianas, La Trinidad y La Merced, fundadas la primera en París a finales del siglo XII; y la segunda en Barcelona a principios del siglo XIII; la primera clerical; la segunda laical; la primera gastando un tercio de sus bienes; la segunda todo lo que tenían, y quedando en “rehenes” con cierta frecuencia, cumpliendo su “cuarto voto”-, y el resto: jornaleros cabilas y colonias judías. Entre todas estas comunidades existían relaciones diversas. Cervantes alude a muchas de ellas en sus obras de ficción, con base experiencial.

Cervantes se mantiene como fiel cristiano, dentro de sus deficiencias naturales. Sin duda que pensó en su rescate. Pero él sabía que su familia era pobre, que no sería capaz de enviarles, a él y a su hermano el dinero necesario para su liberación. Por eso intenta la “fuga”, hasta 4 veces, acompañado de otros cristianos. Pero nunca logró su cometido, pues solía ser delatado por “renegados”, o por vigilantes que les espiaban. Por fin, se decide, en abril de 1576 y en febrero de 1577, e intenta recuperar 800 ducados que le debía el licenciado Pedro Sánchez de Córdoba, desde hace 10 años. Y escribe al Consejo de Castilla y al Real, más tarde, pidiendo ayuda. Pero no es escuchado. Mientras, su madre, Leonor de Cortinas, se dirige al Consejo de la Cruzada, y a Su Majestad, haciéndose pasar por “viuda”. Y logra que el 5 de diciembre de 1576 por Cédula Real se conceda a Leonor de Cortinas un “préstamo” de 60 escudos, bajo condiciones, para redimir a sus hijos cautivos, después de una primera negativa en petición anterior[38]. El receptor de Cruzada, San Juan de Izaguirre libra 60 escudos a Leonor de Cortinas para el rescate de sus hijos Rodrigo de Cervantes y Miguel de Cervantes en la fecha señalada. Son recibidos por Leonor, quedando constancia de ello[39]. Luego su esposo, don Rodrigo de Cervantes presenta un pedimento y cuestionario de preguntas sobre los servicios de su hijo Miguel de Cervantes, cautivo en Argel, y lo hace en Madrid, 17 de marzo de 1578[40].

8.1. Los Mercedarios redimen a Rodrigo Cervantes y a otros 104 cautivos en Argel: 27 de abril y 1 de septiembre de 1577

Los padres de los Cervantes cautivos entregan el dinero para la redención de sus hijos al Comendador de la Merced de Madrid, fray Jerónimo Villalobos, después de parlamentar con el Comendador de la Merced de Córdoba. Debían ser enviados a Hernando de Torres, y éste entregarlos a los redentores mercedarios en Valencia, preparados para salir rumbo a Argel a redimir cautivos. Así lo hizo a finales de 1576 o principios de 1577. De hecho los recibe fray Jorge de Olivar, Comendador de Valencia -que iba al frente de dicha salida redencional-; y con él iban los Padres fray Jorge Ongay, Comendador de Pamplona y Definidor por Navarra, y fray Jerónimo Antich, Comendador de Mallorca. Se embarcan el 30 de marzo del año 1577 en el puerto de Valencia. Unas goletas corsarias de Bugía les atacan y apresan la embarcación, echando mano de los redentores y de su dinero. Es entonces cuando el intrépido, virtuoso, y experimentado fray Jorge de Olivar les presenta el salvoconducto que llevaban de Argel. Aunque ellos le responden no estar bajo su jurisdicción, fray J. De Olivar insiste en sus derechos. Al ver que ellos no hacen caso, él cambia de estrategia: Con vigor les arenga primero, y luego, con dulzura se acerca a ellos y les entrega víveres y mucho vino, así como algunas alhajas. Ante esta actitud del mercedario, el Arraez les dejó libres. Al llegar a Argel, se dirigen a las autoridades, con su salvoconducto, y comienzan a gestionar las redenciones de cristianos cautivos, uno a uno. Generalmente, existía un precio común, excepto para personalidades especiales, y ciertos jovencitos, sanos y robustos, o niñas. Hacen, día a día, sus redenciones, después de saludar, en el baño, a los hermanos Cervantes, a quienes prometen redimir al final, con el dinero recibido y algo que ellos añadían. Cuando ya han gastado sus dineros, redimiendo a 105 exactamente, se deciden a redimir a los hermanos Cervantes. Logran hacerlo con Rodrigo, por un coste razonable de 300 ducados, que señala el Bajá. Pero por Miguel exigen, por orden de Dalí Mamí500 escudos en oro. ¡Y no los tenían! Miguel, sin vacilar muestra su categoría y dice a los frailes que, redimido su hermano Rodrigo, él se queda, tramando un plan de fuga, que les precisó. Y así lo hacen. ¿Por qué valoran más a Miguel? Es bien sabido: Por cartas que les encontraron, que juzgaron de alta política, creyéndole, por lo tanto, un personaje de gran categoría. Según Navarrete, Miguel tiene su propio plan de fuga: “…y para mejor efetuar esto, se favoreció del favor de don Antonio de Toledo y de Francisco de Valencia -Caballeros del Hábito de San Juan, que entonces estaban en este Argel cautivos, los quales le dieron [a Rodrigo de Cervantes] cartas para los Visorreyyes de Valencia y Mallorca y Ibiça, encargándoles y suplicándoles favoreciesen el negocio…”[41]. Novedad para Miguel: El mercedario redentor fray Jorge de Olivar se queda con él en Argel. ¿Por qué? Porque, a última hora, estando ya todos embarcados, llega un joven cristiano gritando: “¡Si no me lleváis con vosotros, me hago moro!”. Era el 24 de agosto cuando salieron de Argel los redimidos, con un par de mercedarios redentores. El que, a última hora, un joven pidiese libertad, bajo amenaza de renegar, solía suceder con cierta frecuencia. Compadecido fray Jorge de Olivar, le manda subir, y él se queda en su lugar, en rehenes, con el visto bueno de los moros[42]. Se quedó jugándose la vida, pues al descubrir el plan de fuga de Miguel, le acusan al fraile de haberlo tramado. Gracias a la valentía de Miguel -que dijo:”Sólo yo soy el culpable”-se libró de una muerte cruel.

8.2. Los tres últimos años de Miguel, sin Rodrigo, en cautividad, hasta el 24-10-1580

Rodrigo, al llegar a Mallorca, al cabo de un mes, empieza a organizar el plan de Miguel: Se arma una fragata, la manda un ex – cautivo, a quien llaman Viana. Cervantes y un grupo de cautivos españoles esperan su llegada el 28 de septiembre, el día acordado; pero la nave no llega. ¿Riesgo? ¿Miedo de los mallorquines? ¿Fueron avistados? ¿Serían acaso capturados? Miguel se inquieta. Enigma resuelto: Uno de los que lo sabían, tuvo miedo: Se llamaba el Dorador y corre a contárselo a Hasán. Miguel y la compañía, sorprendidos por los turcos, al amanecer del día 30, en una gruta, a orillas del mar, se quedaron de hielo. Miguel toma la palabra y declara ante todos que él, y sólo él, es el único culpable. Los demás siguieron sus consejos e instrucciones. Esa es su declaración ante el Bajá, pese a insultos y amenazas furiosas de muerte. De esta manera, logra librar a sus compañeros y a fray Jorge de Olivar, que, no sólo se lo agradecen, sino que quedan asombrados ante la valentía y ánimo viril de Cervantes.

¿Quién fue la víctima en semejante asunto? El jardinero, a quien colgarán el 3 de octubre, y muere en medio de tremendos sufrimientos, como es natural. ¡Los más débiles -¡ya quedó dicho!-, en este mundo argelino, pagan el pato!. A Cervantes simplemente lo cargas de grilletes y cadenas, y lo encadenan 5 meses en el baño del rey. ¡Qué asombrosa mansedumbre para un renegado veneciano! A Hasán le impresionó su “sangre fría”, digna de un español que reta a la muerte.

Pasados los 5 meses repite su experiencia, en marzo de 1578: Manda a Orán a un moro, con carta para el señor Marqués Martín de Córdoba, general de Orán y de sus fuerzas, pidiendo alguna persona o espías, de fiar -claro está-que con el moro viniesen a Argel, y liberasen a él y otros caballeros cristianos que el rey en subaño tenía. ¿Resultado? Nuevo fracaso. En Orán le cogen otros moros, y sospechando de lo que por las cartas podían imaginar, le prenden y traen a Argel, al mismísimo Hazán Bajá, quien, al ver las cartas con la firma de Cervantes, mandó empalar al moro, y a Miguel ordenó le dieron 2.000 palos.¡A eso se llama justicia argelina! ¿Es posible que aguantara tal cantidad de palos Miguel? Nos dirá un testigo: “Si no le dieron, fue porque hubo buenos terceros”. ¿Qué santo protege a Miguel que, por tercera vez salva su cabeza? Y otro testigo añade: “[Azán Agá] jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y por la menor cosa de muchas que hizo teníamos temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez”.

Repetimos, ante Hasán de Dalí Mamí, capitán ahora del mar, Cervantes era un cautivo de valor. Hubo quizá otras razones diplomáticas. Hubo gestiones secretas con Felipe II, a través de intermediarios, como un mercedario redentor, conocido de Cervantes, fray Rodrigo de Arce; el Virrey de Valencia; y don Martín de Córdoba. ¿Sería Cervantes introducido en la intimidad del chaúz como informador oficioso? ¡Sólo así se comprende que haya sido perdonado reiterativamente por Hasán, el cruel!

Sus padres insisten, y sus hermanas “sacrifican sus dotes por salvarle”. Y la madre, Leonor de Cortinas, sigue pensando en la libertad de su hijo, y despliega la mayor actividad para ello. El 29 de junio de 1578 los padres de Cervantes y su hija Magdalena entregan 1.077 reales al Comendador de la Merced de Madrid, fray Jerónimo de Villalobos; y Andrea, la hermana de Miguel, se compromete a dar 200 ducados más para rescatar a Miguel. El Mercedario entrega el dinero todo al mercader valenciano Hernando de Torres, decidido a rescatarlo, pues no había entonces redención oficial organizada; pero se frustró el proyecto[43]. Leonor de Cortinas insiste, y solicita oficialmente la devolución de la cédula de 60 escudos, que se habían entregado al Comendador de la Merced de Madrid, a través del Secretario de la Cruzada, Juanes[44].

Finalmente, debo resaltar la decisión noble de Cervantes y otros testigos de calidad que hacen un Memorial a favor de fray Jorge de Olivar, el mercedario en rehenes. Es el año 1580, poco antes de ser redimido Miguel. Va dirigido al Papa Gregorio XIII (1572-1585), el de la “reforma del calendario”, al Colegio Cardenalicio, al Auditor General de la Cámara Apostólica, a todos y a cada uno de los Prelados de las Iglesias, Patriarcas y Arzobispos. Dicen, entre otras cosas: “Testificamos cómo es verdad que el R. Padre fray Francisco Maldonado, General de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, redención de Cautivos[45], año 1577, envió a la Ciudad de Argel tres Religiosos de la Provincia de Aragón, doctos, experimentados, buenos en todo género de virtud, y en honestidad claros. Los quales vinieron con gran copia de dinero, y otros medios de mercadurías… […]Y, como muchos que aquí quedaron los viesen dispuestos a dexar la Fe santísima Cristiana, luego el Maestro fray Jorge del Olivar, Comendador de Valencia, que era uno de los tres, libre y espontáneamente se ofreció a quedar por ello esclavo y ejecutar este acto sanctísimo de caridad[…], y estuvo 13 meses cautivo en rehenes”. Dan fe de ello: Miguel Cervantes Saavedra y otros 28 ilustres cautivos, entre ellos los hay Doctores, clérigos, capitanes, capuchinos, dominicos, carmelitas, franciscanos, ermitaños de San Agustín, Mercedarios…, todos ellos cautivos, muy edificados del fervor activo del Mercedario en rehenes[46]. Poco conocemos de Cervantes entre marzo de 1578 y septiembre de 1579. Intentan liberar a fray Jorge de Olivar, y hacen una petición a Hasán. Cervantes tuvo que pasar por momentos de desánimo y prueba. Pero su alma no es objeto de la historia. Tras un nuevo intento de fuga, tras ser traicionado, una vez más, si logra salvar la vida, esta vez le encarcelan en el propio Palacio del Rey durante 5 meses. Un testigo nos dirá que Cervantes debió la vida a un amigo del Bajá, el corsario murciano Morat Raïs, apodado Maltratillo. ¡También fue acusado de falta de moralidad, y ceder ante presiones sentimentales! Nunca se ha podido demostrar tal sospecha. El “eros cervantino” lo ignoramos, pero las hipótesis circulantes no convencen.

Por fin, tras prorrogarse la siguiente redención de la Merced, la Trinidad organiza una redención a Argel. Leonor de Cortinas, con el dinero devuelto por el Comendador de la Merced, y el que haya puesto la Trinidad, va a ser liberado Miguel de Cervantes. La madre entregó al redentor trinitario que le libera la cantidad de 300 ducados, “para el rescate de mi hijo, que es de edad de 33 años, manco de la mano izquierda y barbirrubio”. El 29 de mayo de 1580, fray Juan Gil llega a Argel, con fray Antón de la Bella. Logran rescatar un centenar de cautivos, sin que figure todavía Cervantes. Hasán fija su rescate en 500 ducados, como estaba previsto antaño. (Por Jerónimo de Palafox pide 1.000 ducados). El 19 de septiembre de 1580 fray Juan Gil, trinitario, entrega a Hasán los 500 ducados, y logra liberar a Miguel de Cervantes. Pero no quiere abandonar Argel sin dejar clara su honradez, puesta en duda por el renegado Juan Blanco de Paz, comisario de la Inquisición[47]. A partir del 10 de octubre manda organizar una serie de informes sobre su conducta, los que conocemos actualmente, y resultan todos positivos. Son de una docena de testigos, entre los que están Benavides y el doctor Sosa. Tratan “sobre el cautiverio vida y costumbres de Miguel de Cervantes”. Nos suministran, a la vez, datos muy precisos sobre su vida en cautividad, su relación con los demás cautivos, el trato con personas de criterio, sacerdotes o religiosos; y la defensa de los redentores, que iban a ofrecerles la soñada libertad, y eran eficaces en su empeño.

Definitivamente, Cervantes se embarca el 24 de octubre de 1580, con otros 5 redimidos, en un navío del maese Antón Francés. El 27 avista ya las costas de España: Su cautiverio duró, pues, 5 años y 1 mes. Ciertamente Cervantes quedó “marcado de por vida” por su larga experiencia de cautivo. Lo reflejará en sus obras dramáticas y en el Quixote, al incrustar la vida del Cautivo.

9. Cervantes, libre, en Madrid, se casa en Esquivias, fracasa en Andalucía; y conoce por dentro, también en España, prisiones y calabozos: Muere pobre, un sábado de la primavera de 1616

Llega Madrid a mediados de diciembre, después de 12 años de ausencia, una ausencia que le hizo “madurar”, pero, a la vez, dejó “arrugas” prematuras en su ser más profundo. Su madre Leonor, cansada de luchar contra un “destino adverso”, tuvo que inventar mentiras, que le resultaban molestas: ¡Es inenarrable el abrazo entre madre e hijo, tan ausente y cautivo, ambos llenos de años dolorosos, de sinsabores y desvelos continuos! Magdalena seguía con sus relaciones irregulares. ¿Cómo encuentra a los suyos? Su padre, “cargado de años y de deudas”, le abraza, emocionado. Su hermano Rodrigo se marchó a Flandes, como soldado. Andrea vivía con un protector, cuyo nombre es Juan Pérez de Alcega, escribano de la reina Ana de Austria, y ahora se hace llamar “doña Magdalena Pimentel de Sotomayor”. Todos se alegran de su llegada, y la alegría es el mejor banquete del día, que sin duda no debió de faltar.

Miguel, a estas alturas de su vida y experiencias, se ha hecho muy realista. Sólo llegar, dirige al Consejo de Castilla la demanda que quisiera presentar hace cinco años. Se supone que la respuesta del Consejo fue negativa. Cervantes era visto como un antiguo combatiente, entre miles, que pedían recompensas. Se les daba la callada por respuesta, o se contestaba con palabras sin contenido real. Se supone, en general -sin fundamento-que Cervantes mantuvo una gran amistad con Mateo Vázquez. La Epístola“es probablemente apócrifa”, afirma Canavaggio. Si tuvieron relaciones, sería a través de Ovando, “el antiguo amante de Andrea Cervantes”. Muerto Espinosa, Mateo Vázquez pasó al servicio de Felipe II, acaparado por múltiples obligaciones. Adversario de Antonio Pérez, denuncia sus maniobras y decide su desgracia. El Rey no está ya en Castilla, sino se encuentra en Portugal. Las solicitudes de Cervantes para pasar al nuevo Mundo con un cargo reciben respuesta negativa. No tiene ánimos para hacer ninguna carrera intelectual. Escribe La Galatea(Madrid, 1585) y se relaciona con amigos en el mundo literario: Francisco de Figueroa -que vive en Alcalá-, Gálvez de Montalvo, Pedro de Padilla, Juan Rufo, Luís de Vargas Manrique, Gabriel López Maldonado, Lucas Gracián Dantisco. Y asimismo con los poetas líricos, imitadores de sus antepasados: Siguen usando redondillas, quintillas, romances, sonetos, elegías, y canciones petrarquistas. Desde 1583 casi todos los libros de sus amigos llevan un soneto de Cervantes. Él tiene conciencia de escribir poemas dignos, pero de segunda categoría. Así lo afirma en su Viage del Parnaso (1614): Yo, que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo…”. Pero llega a hacer romances de calidad, admirados por muchos poetas de la época.

Citaré tan sólo sus grandes obras: Novelas ejemplares (1613), Comedias y Entremeses (1615), Don Quixote (1605), con su Segunda Parte (1615) provocada por el Quixote de Avellaneda (1614) -probablemente de Tirso[48], aunque haya otros candidatos actuales, como Pasamonte, Navarrete, etc., con menos fundamento-, y la obra póstuma Persiles y Sigismunda (1617), patrocinadas y dedicadas la mayoría a Don Pedro Fernández de Castro, VII Conde de Lemos, Virrey de Nápoles. La mayor libertad de Cervantes se refleja en sus obras literarias, siendo, en realidad, una “vocación tardía”. Estando Miguel en Toledo, fallece su hermano Rodrigo el 2 de julio de 1600 en la batalla de Dunas, ganada por Mauricio de Nassau contra el archiduque Alberto, sin haber ascendido más que a alférez. Su padre, por amor a los mercedarios, manda enterrarse en la iglesia de la Merced de Madrid. Sin duda que, al venir a la Corte, Miguel visitaría su tumba. ¿Cómo excluye a Tirso de los poetas en su Viaje del Parnaso, y cita a Remón, otro mercedario, inferior en calidad, llamándole “un mercedario de un ingenio inmenso?”. Nuevo enigma sin descifrar. ¿De qué vivió Cervantes, después del matrimonio con su esposa Catalina de Salazar y palacios, 18 años menor que él, en Esquivias? Se casan el 12-12-1584. De hecho, su matrimonio no le dio la felicidad. Él tenía que buscar un oficio, y pronto se separa físicamente de ella. La madre de Miguel fallece el 13 de junio de 1585. ¿Estaba Cervantes en Madrid? Lo ignoramos. Es nombrado en Sevilla “Comisario del proveedor de las galeras reales”. Se entrega a los negocios, trafica en cartas de pago, libranzas y valores. No logró con su pluma lo necesario para vivir. Y tuvo que andar de cobrador de alcabalas. Pero parece que en Sevilla, sobre todo, frecuentaba los garitos, y se aficionó al juego. Se hizo lo que hoy llamaríamos un “ludópata”. De ahí su frecuencia en cárceles y calabozos, por no pagar lo recibido. Bajo este punto de mira fue un fracasado uno de los mayores hombres de letras de la literatura universal. Dirá: “Tuve otras cosas en qué ocuparme; y dejé la pluma y las comedias”[49]. Y el amante de la libertad poco disfrutó de ella. Probablemente el mismo Quijote lo inició en una prisión infame de Sevilla. Anduvo también por Écija, Granada, Teba, Málaga, por embargos de grano. Secuestró trigo de manera ilegal. Tuvo problemas morales por sus hermanas, que vivían con él en Valladolid. ¡Miserias humanas! No tenía paciencia para manejar los números. Y el dinero se le iba de las manos. Incluso sufrió una excomunión. Si su vida de esposo no fue fructífera, tuvo una “hija natural” con Ana de Villafranca, o de Rojas, llamada Isabel de Cervantes y Saavedra. El mercedario fray Juan de Villafranca, era hermano de la madre de la hija de Cervantes. Otra relación con la Merced. Cervantes asistirá a la boda de su hija en Madrid (8-9-1608). Isabel de Cervantes y Saavedra hace testamento en Madrid el 4-6-1631. Se declara abiertamente hija de Miguel de Cervantes Saavedra, casada con Luis de Molina, a quien redimen los mercedarios de cautividad.

En sus postreros años es cuando edita sus obras literarias, fruto de su experiencia vital, y su genio innato, que no pudo menos de salir a luz. Pero podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que su magna figura -vista desde su Quijote-en la vida real está llena de grillos y cadenas. ¡Cervantes es, ciertamente, la pura libertad encadenada; y el enigma que sobrevuela los siglos, siempre sin descifrar! Al verse sin aliento, adapta unas coplas antiguas[50], y escribe sus últimas palabras, en este trance, conmovedoras, dirigidas al Conde de Lemos, a punto de abandonar Nápoles:

Puesto ya el pie en el estribo,
con las ansias de la muerte,
Gran señor, esta te escribo.

Lo que habían sido canciones amorosas del caballero a su dama, se convierten ahora, ante su muerte inminente -más que presentida en su interior- en unos tercetillos octosílabos, pregnantes de conmovedora palabra última a su protector. Supo guardar lo esencial y así transformar su sentido en el tristísimo trance de su muerte[51]: Los tres versos son como un susurro trialogal: él, Lemos y la verdad, en el definitivo desplome de Cervantes.


NOTAS:

[1] Tomado de Gran Enciclopedia Gallega, t. VI, Vitoria, 1974, págs.141-143. Reproduzco fotocopias tanto de la zona Cervantes lucense, como del Castillo, originario del linaje Cervantes.

[2] Iglesia parroquial de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, lib.1º de Bautismos, fol. 192ν. Puede verse otra transcripción en K. Sliwa, Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra [basada en Astrana Marín, 1:217], Eunsa, Pamplona, 1999, p. 37. Tiene ligeras variantes: “fueron”, lo que no parece tener consistencia, al citar sólo a una persona, Juan Pardo; además, el texto dice claramente: “fiaron”. También: “bar.e = Bartolomé”. Juzgo que es “bachiller”, como firma. En cuanto a “Çarvantes”, así está en el original. Puede ser una abertura vulgarizadora de la -e, convertida en -a, contagiada por la otra -a siguiente, que conservo.

[3] Madrid, Rodrigo de Vera, año 1580, fol. 1.399 Mi transcripción difiere en vocablos de la de Pérez, 1:65.

[4] Ingresó en las Carmelitas descalzas de la Concepción, o de “La Imagen”, en Alcalá de Henares. Según datos, que sintetizo, de la Priora del convento, en 1882, “en 1565 toma el hábito con el nombre de Sor Luisa de Belén y Cervantes. A sus 25 años de edad, y 8 de su ingreso asiste, siendo ya religiosa, a la Visita canónica; 3 años después es nombrada sacristana; desde 1585 firma Clavaria, y es nombrada Tornera al año siguiente; fue elegida Subpriora del convento en 1596,cargo ejercido un trienio (1599), quedando de Clavaria hasta 1602: Este año es elegida Priora , y reelegida (1605-1608); vuelve a Clavaria hasta 1611, Subpriora; de nuevo Clavaria (1614); y reelegida Priora (1620)… Fue una de las Religiosas de mayor nombradía en el monasterio”. Sus cargos manifiestan su madurez, prudencia y virtud.

[5] Expone, en su Testamento de 11-X-1610, “que era natural de Valladolid” (P. Pastor, Documentos cervantinos, vol II, p. 285). Sin embargo en la Partida de defunción se dice ser natural de Madrid. Tampoco nos consta del año de nacimiento; parece que puede situarse entre 1553 y 1557.

[6] Aparece citado en el Testamento paterno como hijo suyo y de su esposa Leonor de Cortinas. No sabemos más.

[7] Archivo Catedralicio de Córdoba, C.E., nº 72.

[8] Síntesis del documento paterno: “Rodrigo de Cervantes [padre de Miguel de Cervantes Saavedra] en compañía de los suyos, se reúne en Córdoba con su padre, el licenciado Juan de Cervantes. Allí firma, el 30 de octubre de 1553, una escritura de obligación a favor del mercader Alonso Rodríguez”.- Córdoba, Archivo de Protocolos, Luís Martínez, oficio 12, fol. 558 (Astrana, 1:286-287). -Y el documento del abuelo:”Muere Juan de Cervantes [abuelo paterno de Miguel de Cervantes Saavedra], según se deduce del nombramiento, el 17 de marzo de 1556, de un nuevo letrado de la ciudad de Córdoba”. Córdoba, Archivo Municipal, Actas capitulares (Rodríguez Marín, 174).

[9] Véase James Fitmaurice-Kelly, Miguel de Cervantes Saavedra, México, D.F., Dirección de Difusión Cultural, 1987, p.7. Afirma, en nota, que Rodríguez Marín “conjetura que Cervantes estuvo en la escuela de los jesuitas en Sevilla en 1564-1565”. Tomás González, profesor que fue de Retórica en Salamanca, aseguró a Navarrete que había encontrado el nombre de Cervantes matriculado, como estudiante de filosofía, en esa Universidad durante un par de años, viviendo entonces en la calle de Los Moros de Sevilla. En el Coloquio de los perros, dice Berganza a Cipión: “Paréceme que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla, y en su matadero, que está fuera de la Puerta de la Carne…” Y describe infinidad de detalles del matadero… Y acaba el párrafo afirmando, como quien conoce bien Sevilla: “Oí decir a un hombre discreto que tres cosas tenía el Rey por ganar en Sevilla: La calle de la Caza, la Costanilla y el Matadero”.

[10] Véase Revue Hispanique, París, 1899, vol. VI, páginas 508-509.

[11] Véase Cristóbal Pérez Pastor, Bibliografía madrileña…, siglo XVI, Madrid, 1891, págs. 10-11.

[12] Archivo de Jurados de Córdoba, Libro 16, nº 26.

[13] Ávila, 10 de agosto de 1530.

[14] Azonaicas, azonicas, sazonaicas, azoni: lugares en las ciudades que no tienen “zonas ciertas”, o “collaciones” (Raimundo de Miguel, Diccionario Latino).

[15] Expediente de la primera solicitud de Hijodalgo por parte de Alejo y Gonzalo de Vercantes, su hermano, conservado en el Archivo Municipal de Córdoba.

[16] Aunque ya se empieza a escribir Cervantes, todavía el autor del Quijote firma Miguel de CerbantesY a su hermano de cautiverio, en las declaraciones a su favor, le llaman Rodrigo de Serbantes.

[17] Así aparece en el Archivo parroquial de la Compañía de Córdoba.

[18] P. Procurador: Era el encargado oficialmente para la obra de la Redención de Cautivos en la Orden de la Merced.

[19] Este Padre mercedario fray Alonso Ruiz de los Moroz era natural de Montalbán de Córdoba. Había tomado el hábito de la Merced, en su ciudad, el año 1572, y profesó “16 Kalendas Decembris Anno 1572”, o el 16 de noviembre, siendo Comendador el P. Diego de Illana, y Provincial de Castilla y Andalucía el M.R.P. Juan de Cobarrubias, Maestro en Sagrada Teología. Nos lo confirma el extracto del Libro de Profesiones de Córdoba, manuscrito del P: Maestro Ostos -que llegó a ser Arzobispo de Salero en Italia- y cuya copia había realizado el P. Fray Vicente Gutiérrez, que residió en Madrid a finales del siglo XVIII. Está anotada por el P. Mercedario, Cronista General, Agustín de Arques Jover. Véase Fragmentos de la Provincia de Andalucía, en Archivo Curia Provincial de la Merced de Castilla (ACPMC), Madrid, fol. 60.

[20] Pamplona, Eunsa, 1999. Debería figurar en la p.67.

[21] Véase M. Muñoz Vázquez, “Escritos documentados e inéditos sobre el origen y naturaleza de Miguel de Cervantes Saavedra en Córdoba en el barrio de las Azonaicas”, en Boletín de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, julio-diciembre 1996, año LXVII-Número 131, págs.131-151.

[22] Canavaggio, p.39.

[23] Ibídem, p. 41.

[24] Ibídem, ibid.

[25] Véase Revue Hispanique, París, 1899, vol. VI, págs.508-509.

[26] James Fitzmaurice-Kelly, incorrectamente, dice haber escrito “una copla” y “cuatro redondillas”; y Ángel Valbuena y Prat le llama asimismo “redondillas” a las “quintillas”. ¿Cómo han podido confundir la redondilla -4 versos con rima abba– con estas quintillas -5 versos: abbab y ababa– tales expertos profesores y eruditos en literatura?

[27] López de Hoyos, Historia y relación del tránsito y exequias de la reina Doña Isabel de Valois, Madrid, 1569

[28] Véase Pérez Pastor, Documentos cervantinos, vol. I, págs.8-17.

[29] Se trata de una carta de donación a favor de doña Andrea de Cervantes y de su padre, por parte de un tal Juan Locadelo, por haberle “regalado y curado muchas veces algunas enfermedades que he tenido”. Ibídem, p. 8.

[30]López Maldonado, Gabriel: Es probable que López sea nombre propio, pues ni él mismo y sus ilustres amigos, nunca le llaman Gabriel, como aparece en ciertos repertorios. Acaso era de Toledo; y vino a Madrid antes de 1585. Fallece hacia 1615, después de editar en Barcelona una Relación sobre los avisos que Felipe III dio a su hija: Es un gracioso romancillo. En 1586 publicó el citado Cancionero, que recoge el soneto de Cervantes. Su nombre pasó, sobre todo, a la historia literaria, porque lo cita “el cura en el escrutinio del Quixote, elogiando su capacidad para cantar y leer versos”. Véase Ricardo Gullón, Diccionario de Literatura española e Hispanoamericana, A-M, Madrid, Alianza Editorial, 1993, p. 913. Recordemos que los Maldonado eran oriundos de Galicia.

[31] Comedia citada, versos 1-8 del romance primero de la Tercera Jornada.

[32] M. De Cervantes, La Galatea, Primera parte, dirigida al Illustríssimo señor Ascanio Colonna, Abad de Sancta Sofía. Alcalá, Impresa por Juan Gracián, 1585, “Dedicatoria”, fols.1r-1v.

[33] M. de Cervantes, “El Licenciado Vidriera”, de Novelas ejemplares, dirigido a Don PedroFernández de Castro, Conde de Lemos…, Madrid, Por Juan de la Cuesta, 1613, fol. 117v.

[34] M. de Cervantes, Epístola, hallada entre varios manuscritos curiosos, en el Archivo del Excelentísimo señor Conde de Altamira. Editada en sus Obras completas, Madrid, Aguilar, 1943, págs.17-20; 19 en esta cita.

[35] Gabriel de Castañeda y Beltrán del Salto y de Castilla vieron esas cartas, siendo ambos camaradas de prisión de Cervantes en Argel.

[36] Dice, en un pasaje interesante: “encerrado en una prisión o casa que los turcos llaman baño, donde encierran los cautivos cristianos, así los que son del rey como de algunos particulares, y los que llaman del almacén, que es como decir cautivos del concejo que sirven a la ciudad en las obras públicas que hace y en otros oficios, y estos tales cautivos tienen muy dificultosasu libertad”. La razón que da es porque no tienen amo preciso. “Otros, añade, son de rescate, porque allí los tienen holgados y seguros, hasta que venga su rescate”. Los Cervantes van a ser de éstos últimos, felizmente, dentro de su infortunio.

[37] Véase, de nuevo, su relato El Cautivo, aspecto autobiográfico de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, I, la famosa Historia del cautivo, cap. XXXIX.

[38] Simancas, Negociado de la Cruzada, leg. 260 (Astrana, 2: 517-519). A la cabeza del traslado, izquierda de la hoja, se lee lo siguiente, saltado por P. Pastor: “Doña Leonor de Cortinas viuda desta Villa .Traslado de la Cédula de su Majestad por la qual le hace merced de LX escudos de oro para ayuda al rrescate de Miguel y Rodrigo de Cervantes sus hijos que están cautivos en Argel”. A la derecha: “Doña Leonor de Cortinas”.

[39] El Pardo, 16-12-1576.- Simancas, Contaduría de Cruzada, leg. 326.

[40] Ya Rodrigo estaba redimido por la Merced. – Sevilla, Archivo General de Indias, (Torres Lanzas, 347-348).

[41] Martín Fernández de Navarrete, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, 1800, p. 322.

[42] Archivo de Simancas, Contaduría de Cruzada, Legajo 326. (Recogido también por C. Pérez Pastor en Documentos cervantinos hasta ahora inéditos, II, Madrid, 1902, doc. Nº XIII, págs. 41-46.- L. Vázquez, “Documentos Cervantino-Mercedarios”, en Boletín de la P. de Castilla, Madrid, 1986,año XXIV, nº 83, págs. 66-70; “¿Qué relaciones hubo entre la familia Cervantes y la Orden de la Merced? (Documentos probatorios y poco conocidos),”, en Estudios, Madrid, 2005, nº 228, págs. 75-79); el trabajo ocupa las págs.59-103.

[43] Madrid, Francisco de Yepes, rotulado; años 1581-1583. Archivo de Protocolos de Madrid, nº 2.514 (Pérez, I: 53-55 -Vázquez, parcialmente, documentos transcritos, “Boletín”: 70-71; “Estudios”: 83-84.

[44] Simancas, Contaduría de Cruzada, Leg. 326 (Pérez, 2: 53-54; K. Sliwa, 62).

[45] El P. Maestro General Maldonado lo fue de la Merced desde el 10 de junio de 1576 hasta el 5 de mayo de 1582.

[46] Fray Francisco de Neyla, Mercedario, lo recoge íntegro en su obra Gloriosa fecundidad de María en el campo de la católica Iglesia, Barcelona, 1698, págs. 190-193.

[47] ¿Quién era este personaje siniestro, que crea a Cervantes, ya redimido, un “calvario por sus acusaciones”? Juan Blanco de Paz: Había nacido en torno a 1533/1535 en Montemolín, junto a Lerena, del Maestrazgo de la Orden de Santiago (León). Hijo de Juan Blanco y de Juana Gómez, ingresa en San Esteban de Salamanca. Se doctora en Teología. Es nombrado comisario titular del Santo Oficio, el 31-1-1575. Era un “calumniador nato”. Al venir de Roma, le apresan y conducen a Argel, el 7 de agosto de 1577, quedando en poder de Azán Bajá. Será redimido por el Padre Trinitario fray Antón de la Bella, en 1.000 escudos de oro, el 19 de enero de 1592. Tenía entonces 54 años. Declaraciones de testigos hacen un negro retrato suyo: “revoltoso, enemistado con todos, nunca dijo misa, ni le han visto rezar horas, ni confesar, ni consolar, ni visitar enfermos en cautiverio, dio un bofetón a un cautivo y una coz a otro”. El testigo que redacta esto lo califica sobradamente con ese vocablo caballar. ¡Vaya imagen de un comisario del Santo Oficio! Al enterarse de que Cervantes, de vida intachable, iba a ser redimido, y él no, le calumnia abiertamente. No pudo mostrar títulos de Comisario de la Inquisición, que decía poseer en Argel. Se los exige Antonio de Sosa, quien le reprocha su despreciable proceder.

[48] L. Vázquez, “Tirso de Molina, probable autor del Quijote de Avellanaeda”, en Actas del V Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro. ,Edtadas por Christph Strosetzki, Münster, Iberoamericana Vervuet, 1999, págs.1296-1305.

[49] He aquí el gran “desencanto” de Cervantes, el llamado por Tirso “nuestro español Boccaccio”, en Cigarrales de Toledo, aunque dé a entender que sus novelas no eran muy ejemplares, y además iban “unas detrás de otras como procesión de disciplinantes”.

[50] A Miguel de Cervantes se le grabaron en la mente estas estrofas: las había citado ya en La ilustre fregona. Las identificó y publicó -con un par de glosas-Foulché-Desbosc en la Revue hispanique, París, 1899, vol. VI, págs.319-321. La primera es ésta: “Puesto ya el pie en el estrivo /con las ansias de la muerte / señora, aquesta te escrivo, / pues partir no puedo vivo, / quanto mas tornar a verte”.

[51] Fallece en Madrid el sábado 23-4-1616. Mandose enterrar en las Trinitarias, calle Cantarranas, hoy Lope de Vega. Su Partida de defunción se conserva en la Parroquia de S. Sebastián de Madrid, fol.270 del Libro IV.