Oct 012004
 

Pedro José Masa Redondo.

1.- INTRODUCCIÓN: LA SUBLEVACIÓN EN MIAJADAS.

El trabajo que aquí se expone intentará analizar las diversas operaciones militares que parten del municipio cacereño de Miajadas, a través de la actitud del jefe del cuerpo armado de la Guardia Civil, Manuel Gómez Cantos[1], durante la Guerra Civil Española, en el citado mes de agosto de 1936. La base del estudio serán los telegramas enviados al Gobierno Civil de Cáceres por la Guardia Civil destacada en la zona, la cual desde finales de julio se encontrará bajo mandato del oficial ya citado.

La sublevación comenzó el día 17 de julio de 1936 en Marruecos, concretamente en las ciudades de Melilla, Tetuán y Ceuta, bajo la dirección del general Francisco Franco Bahamonde, que se encontraba en las Islas Canarias y desde donde se trasladó al día siguiente hacia la zona africana para dirigir la insurrección[2]. La Guardia Civil se mantuvo leal al gobierno republicano en algunas ciudades, como Barcelona, Málaga o Badajoz; al menos un número determinados de mandos. Pero en provincias como Cáceres, siguiendo la tendencia de la mayoría de fuerzas de este cuerpo armado, las simpatías de la Guardia Civil eran de clara adhesión hacia los sublevados; llegando uno de sus dirigentes a ocupar el cargo de Gobernador Civil (Fernando Vázquez Ramos).

Las noticias que llegaron a la provincia sobre la difícil situación en África y en el alto mando del Ejército se censuraron en un primer momento, para no alarmar a la población, pero debido a la situación desconcertante que se vivía durante el día 18, el ministro de la Gobernación envió el siguiente telegrama al Gobierno Civil de Cáceres para evitar el empeoramiento del escenario que se desarrollaba en esos momentos dentro de toda la provincia cacereña:

“Ordene a todos los gabinetes de censura, la prohibición absoluta de que se publique noticia alguna referente a Movimiento Militar”[3]

Aunque la mañana de ese día estuvo sembrada por el desconocimiento y el nerviosismo en toda la provincia, especialmente en las centrales de los partidos políticos y Casas del Pueblo[4], en Miajadas las noticias no llegaron tan rápido, porque el propio Ayuntamiento todavía no dedicaba sus esfuerzos en aplacar la posible rebelión de la hostil Guardia Civil local y del grupo político de la Falange, dirigida por elementos claramente contrarios al sistema político reinante, y muy identificados ambos con los valores defendidos por los sublevados. Al menos hasta el día 22 de julio, el gobierno municipal todavía estaba realizando labores correspondientes a sus quehaceres diarios anteriores, como era seguir con el traslado de documentos remitidos por los jurados mixtos de Don Benito o Cáceres, o comunicar diversos acuerdos tomados con anterioridad a la sublevación[5].

El levantamiento en Miajadas, según algunos testigos, se produjo de forma rápida encabezado por algunos falangistas y la propia Guardia Civil [6]; pero el hallazgo de nuevos documentos y algunos testimonios orales recogidos en fechas posteriores a los antes citados nos hace poner en cuestión esta versión defendida por bastantes habitantes del propio pueblo. Aunque en verdad la Guardia Civil y Falange, al mando de su jefe local, fueron los encargados de realizar la sublevación en el municipio, hasta el día 1 de agosto no se producirá la creación de la nueva comisión gestora encargada de dirigir la vida municipal, a las órdenes en muchas ocasiones durante estos primeros meses de aquello que decidiera Manuel Gómez Cantos, quien no llegará al municipio hasta finales del mes de julio, cuando sea derrotado en la zona de La Serena. Debido a la interpretación de los anteriores acontecimientos, podemos esgrimir que Miajadas no cayó bajo mandato insurgente, al menos, hasta los días finales del mes de julio. La hipótesis contraria (el levantamiento en Miajadas fue rápido y se produjo en los primeros días) puede apoyarse en la interpretación de otros testimonios recogidos en el municipio, los cuales alegan que la sublevación fue fulminante y planeada desde hacía días, bajo la dirección del Jefe de Falange y con la citada ayuda de la Guardia Civil, aunque se le puede achacar a estos supuestos que los propios guardias durante esos días vivían más atentos en prestar ayuda a sus compañeros de Villanueva de La Serena y Don Benito, que a resolver la situación del propio pueblo cacereño. Unos de los soportes a esta última tesis es la existencia en el municipio de Manuel Manzano, organizador e instructor del Regimiento Argel nº 27 de Cáceres, quien será herido con posterioridad en la lucha; aunque a este soporte se le puede achacar que el día 1 de agosto se envía un documento de revista sobre el estado de salud de esta persona[7], por tanto no podemos saber si fue herido en la lucha contra los republicanos en el frente o por algún individuo en una situación incontrolada., ya que los testimonios orales tampoco han sido capaces de aclararnos esta disyuntiva presentada.

2.- ANÁLISIS DE LOS TELEGRAMAS DE GÓMEZ CANTOS.

Antes de pasar al estudio de las operaciones militares concretas, debemos realizar un análisis formal y sistemático de los telegramas que el capitán de la Guardia Civil envía al Gobierno Civil a partir del 9 de agosto desde Miajadas.

Estos telegramas están firmados de una forma muy particular, la cual nos da una muestra de la personalidad altiva del propio Gómez Cantos; ya que consigna como sigue la mayoría de sus partes o remites:

  • “Capitán Jefe Guardia Civil”
  • “Capitán Guardia Civil Gómez Cantos”

Con esta anotación anterior ya podemos esgrimir una de las características de la controvertida personalidad de este personaje: el ansia de protagonismo y su deseo ingente de poder. Esta afirmación se apoya en que todos los partes y telegramas recibidos en el Gobierno Civil del resto de destacamentos de guardias civiles vienen encabezados por las simples palabras “Jefe Grupo Guardia Civil”, sin consignar ni su situación en el escalafón de mando, ni su nombre; dando el único dato del lugar desde donde son facturados los partes. Además, la información aportada en este amplio número de telegramas de otros municipios no otorga una importancia capital a la situación militar (como sí hace Gómez Cantos), sólo citando el estado de la población que está bajo su mando.

Una segunda característica de los envíos de este personaje sevillano, que llama poderosamente la atención, es la amplia extensión de sus telegramas. Más de un 80 % de ellos poseen más de 60 palabras (41 de 49 de los localizados), llegando en algunos casos a los 130 o 140 vocablos[8]. Esta forma particular de comunicarse denota la importancia del lugar en el que Gómez Cantos ejerce su jefatura, además de que él era el jefe de la Guardia Civil en la zona sur cacereña tras su llegada desde la zona republicana de Badajoz; pero también la necesidad de distinguirse como un experto estratega entre sus superiores, sin llegar a serlo. Esta extensión contrasta con el resto de los remites de otros puestos de la provincia, ya que son exiguos, más explícitos y sin tanto aporte de datos inservibles.

Otra posible explicación a esa amplia extensión podemos encontrarla si encuadramos las noticias cifradas en los telegramas dentro de la situación geoestratégica del municipio de Miajadas. El pueblo citado era cabecera de un subsector militar (el de Miajadas-Trujillo) y el principal lugar de vigilancia frente a la zona republicana de La Serena, desde donde partirán un gran número de las acometidas militares republicanas desplegadas contra el ejército que atravesaba Extremadura con dirección Madrid. También algunos grupos que participan en muchas de las operaciones militares contra pueblos y / o lugares todavía en manos gubernamentales parten desde Miajadas, como es el caso de los grupos de guardias y falangistas desplazados a la toma de Santa Amalia, o los que acuden en ayuda y ataque sobre Guadalupe y Alía, o el intento de control de las bases aéreas de Don Benito y Villanueva de la Serena.

También podemos hallar otra explicación a la amplitud en demasía de los telegramas de Gómez Cantos: la posibilidad (no descabellada) de que existieran en el campo republicano algunos infiltrados a las órdenes de la Guardia Civil sublevada. Esta argumentación se basa en la gran cantidad de datos exactos sobre el entorno republicano de La Serena que constan en muchos de ellos. Un ejemplo muy claro de estas noticias tan concretas lo tenemos en las siguientes palabras insertas en los partes de los días 12, 13 , 14 y 23 de agosto:

  • “Anuncian confidencias haber llegado tren armamento y explosivos a Don Benito” (día 12, hora 17´50)
  • “Aparato enemigo continúa campo aterrizaje Don Benito” (día 13, hora 10´35)
  • “Reitero y corroboro mi telegrama sobre existencia aparato rojo en Don Benito campo abierto. Estación tren formado de base y depósito explosivo” (día 14, hora 19´30)
  • “Confidencias fidedignas aseguran que en casa distante siete kilómetros esta frente de Don Benito patrullas enemigo caballería perteneciente concentración mil hombres existentes en tierra La Morra inmediata al Villar de Rena” (día 23, hora 18)

Por último, entre las propias palabras de Gómez Cantos descubrimos su odio hacia los falangistas que supuestamente estaban bajo sus órdenes, mientras que a la vez también recibimos el aprecio que tiene hacia los cuerpos militares y la Guardia Civil. Cantos, al igual que Francisco Franco[9], tenía sus reservas ante la actitud de los seguidores de José Antonio Primo de Rivera y no confiaba totalmente en las posibilidades militares que estos políticos podían suponerle[10]; pero, como siempre en su polémica personalidad, Cantos los utilizaba en multitud de ocasiones como primera línea de ataque. Debido a las razones expresadas anteriormente, los enfrentamientos (tanto dialécticos como personales) entre los cabecillas falangistas y el jefe del cuerpo armado serán frecuentes, pues este último intentará en multitud de ocasiones imponer su poder sobre los políticos, encontrándose con las fuertes personalidades de algunos gerifaltes que se oponen a su intromisión en temas de gobierno.

La información que Gómez Cantos no cita en ninguno de sus telegramas es la actividad represora que inicia tras su llegada al municipio cacereño. La represión sobre personas relacionadas con los partidos políticos republicanos, simples maestros, jornaleros, trabajadores, etc., es realizada por las fuerzas al mando del propio Cantos[11], pero con la inestimable ayuda de algunos confidentes falangistas encargados de acusar a los que posteriormente serán pasados por las armas, basándose en simples odios personales u otras causas tan ilegítimas como esta, que los ejecutores creerán suficientes para sajarle la vida a cualquier persona. El capitán sevillano llegar a achacar el alto número de muertes a grupos incontrolados de falangistas, que desobedecieron sus órdenes,[12] aunque en verdad sea él quien ordene la mayoría de los fusilamientos.

3.- LAS OPERACIONES MILITARES DE MANUEL GÓMEZ CANTOS TRAS SU LLEGADA A MIAJADAS: AGOSTO DE 1936.

Manuel Gómez Cantos era un militar andaluz afincado en Extremadura que cuando estalló la insurrección africana dirigía el puesto de Villanueva de La Serena, donde se sublevó haciendo oídos sordos a los mandatos del jefe provincial del Cuerpo[13], quien le exhortaba para que no lo hiciera. Después de ser derrotado en la ciudad pacense por el ejército republicano, enviado para aplacar la situación, decidió huir hacia Miajadas, pues en sus cercanías le esperaba el día 29 de julio un destacado número de fuerzas del Regimiento Argel nº 27 de Cáceres con el fin de que su retirada fuera posible, en el caso de que hubiera de realizarse. Durante la lucha en la zona pacense vecina de La Serena cayeron muertos las siguientes fuerzas de la Guardia Civil a su mando:

  • Teodoro Cerezo Blanco, Guardia Civil de la Comandancia de Badajoz que perdió la vida el día 29 de julio.
  • Manuel Corrales Rosco, igual que el anterior era un número de la Comandancia de Badajoz y perdió la vida el mismo día..
  • Martín Chico Rodríguez, muerto el día 23 de julio, pero cuya defunción no se inscribe hasta casi un mes después, aunque era otro Guardia Civil que había prestado su ayuda a Gómez Cantos.
  • Luis Romero Solano, guardia a quien le ocurre lo mismo que al anteriormente citado[14].

En la retirada a la plaza de Miajadas durante el día 29 de julio, Gómez Cantos comienza a mostrar su recelo hacia los falangistas y la ayuda que le pudieran prestar, actitud que será una de sus señas durante toda la guerra (al menos durante el mes de agosto de 1936). Al grupo de falangistas que acompañaban a sus fuerzas les urde el ardid de que tras su retirada vendría al día siguiente con la ayuda militar suficiente para defender las posiciones tomadas frente a Villanueva, promesa que no cumplirá[15], dejando que los propios falangistas tengan que retirarse hacia Miajadas para no perder sus vidas en una lucha que sin apoyos tendrían perdida.

Nada más llegar a Miajadas, el capitán de la Guardia Civil sabía que para asegurar su posición en el citado pueblo era necesario ceder ante algunas peticiones de los propios falangistas, y por ello decidió constituir una Comisión Gestora que dirigiera los designios del municipio bajo los designios del grupo municipal de Falange Española, como ocurría en la mayoría de los lugares donde los grupos falangistas eran más fuertes y significados. El mismo Gómez Cantos no fue el encargado de realizar el hecho de crear la comisión, sino que para contentar a algunos de sus hombres cede esa opción a Pedro Cano Fernández (teniente del Cuerpo que estaba destacado en Miajadas hasta la llegada del capitán sevillano), quien celebrará la sesión extraordinaria del propio 1 de agosto, que literalmente reproducida es como se cita:

-“En la Villa de Miajadas a uno de agosto de mil novecientos treinta y seis, siendo las once horas, se presentó en estas Casas Consistoriales el Sr. Teniente Jefe de Línea de la Guardia Civil, D. Pedro Cano Fernández con objeto de dar cumplimiento a órdenes emanadas del Excmo. Sr. General de la 7ª División y al efecto y de su orden por el Secretario, se dio lectura de un oficio que en lo referente a la constitución del Ayuntamiento dice literalmente:

“Por orden gral. 7º División proceda por fuerza a sus órdenes a destituir miembros todos los Ayuntamientos marxistas y de izquierda, sustituyéndolos por Comisiones Gestoras de personas de derechas, … etc, etc.”[16]

La persona nombrada para la Presidencia de esa Comisión fue el presidente y fundador[17] de Falange en Miajadas, Francisco González Díaz, apoyándole en su gestión sus más allegados colaboradores.

La actuación de Gómez Cantos fue inteligente, porque no sólo daba poder al jefe municipal de Falange, contentándole en sus diversas peticiones de mayor cuota de capacidad decisoria y gubernativa; sino que también podía disfrutar de un tiempo precioso para planear sus acciones posteriores (tanto militares, como el alto número de represivas[18]) sin que estos políticos se entrometieran en sus sentencias finales. Además, conseguía que le fuera posible actuar de forma solapada en la política municipal, llegando durante el mes de agosto y septiembre a presidir algunos plenos cuando la situación fuera más comprometida y así lo exigiera, deshaciéndose de las críticas del que después será llamado “Partido Único” por asumir algunas de las tareas diarias que les habían sido delegadas.

La primera escaramuza en la que Gómez Cantos participa como jefe de la Guardia Civil de Miajadas es la llamada “Batalla de Villamesías”, que se produce durante los primeros días del mes de agosto en el pueblo vecino, cuando un grupo de republicanos se introduce en la provincia de Cáceres el día 2 de agosto, desarrollando un enfrentamiento directo con los soldados del Regimiento Argel y la Guardia Civil.

Gómez Cantos, en el momento en que se introduce en la provincia de Cáceres huyendo de la zona republicana, llega a Miajadas con un número de guardias civiles cercano a la cuarentena. Algunos vecinos manifiestan hoy día que “les parecía raro ver tanto guardia civil y tanto soldado por las calles durante aquellos días”[19], por lo que la información referida a la escapada de una alta cantidad de números de ese cuerpo desde la provincia de Badajoz es verídica. Muchos de esos guardias se dedican, además de ofrecer su ayuda al ejército y participar en las diversas actividades militares, a la actividad represora antes citada.

Gómez Cantos, en la lucha contra los republicanos desde la zona pacense y situados en Villamesías, volvió a perder otros dos de sus estimados discípulos:

  • Froilan Louzado Rodríguez, guardia civil del puesto de Cáceres y muerto el dos de agosto, por disparo de arma de fuego.
  • José Morcillo Ramos, guardia del puesto de Badajoz y que también muere el dos de agosto y por la misma causa[20].

Muchas de las personas que luchaban en el bando republicano huyeron de forma despavorida hacia La Serena (de donde provenían), o hacia el norte de la provincia con intención de pasar a Toledo y de ahí a Madrid, creyendo que allí estarían más seguros. Este es el caso de algunos vecinos de Almoharín (significados políticamente su mayoría) que participan en esta refriega, quienes serán detenidos en Navalmoral de la Mata en días posteriores[21].

A partir del 2 de agosto la situación parece estancarse al menos hasta el día 9, cuando vuelven a aparecer otra vez los aviones republicanos sobre Miajadas, a la vez que comienza el ataque nacionalista sobre Medellín y Santa Amalia. Aunque la situación sigue estancada no hemos de negar la angustia creada dentro de los pueblos y el miedo a nuevos ataques de cualquiera de las dos partes combatientes.

Desde el citado día 9 tenemos partes diarios, enviados directamente por el mando de Gómez Cantos al Gobierno Civil, llegando en ocasiones a remitir un número elevado de telegramas (3 o 4, como es el caso de los días 12, 13 , 14, 19 o 23 de agosto).

En el primer envío del día 9 se procede, con bastante retraso, a comunicar la constitución de las Juntas Gestoras de Campolugar, Villamesías, Abertura, Escurial y la propia miajadeña. Este vacío de comunicaciones entre la constitución de las gestoras (producidas en los primeros días de agosto) y su corroboración ante el Gobierno Civil responde a la situación tan angustiosa que se vive en la zona tras la “Batalla de Villamesías”.

A partir del propio día 9 ya empiezan a surgir dentro de la Guardia Civil destacada en el subsector de Miajadas las quejas por la falta de armas y de material relacionado con la intendencia, debido en el último caso a las malas cosechas de ese verano y también a la quema de algunas de esas producciones, siendo necesario incluso la llegada de alimentos desde el pueblo de Logrosán[22].

El día 11 de agosto, tras la exploración diaria de los terrenos controlados, se comienzan a vislumbrar algunas partidas de “guerrilleros”[23] que provienen de la zona gubernamental de La Serena con dirección Miajadas – Escurial. Estas incursiones de partidas serán frecuentes durante los tres años de lucha, ya que en 1938 todavía seguían avistándose algunas partidas que serían perseguidas, y no en todos los casos, apresadas por la Guardia Civil[24].

El ataque sobre Santa Amalia, que según Gómez Cantos debería haber comenzado el día 11[25], se encontraba en peligro debido a la existencia de esas citadas partidas de guerrilleros en sus cercanías y de la aviación gubernamental en La Serena que la podía defender en caso de ataque. Esta toma se pospuso hasta después de la caída de Mérida, ya que una parte de la Columna Madrid sería la encargada de realizar esa operación; exactamente la 3º Agrupación al mando del comandante Castejón y era más importante la incursión de Mérida en el bando sublevado.

Tras la caída de la capital autonómica, la Columna avanza con dirección Santa Amalia, desoyendo los peligros acusados por Gómez Cantos sobre la posibilidad de un ataque republicano desde Villanueva – Don Benito. Un alto número de guardias destacados en Miajadas se une al grupo de soldados, poniéndose a las órdenes de Castejón, y al tomarse el municipio quedan allí destacadas algunas fuerzas miajadeñas, pero la aviación gubernamental les atacó durante la toma provocando muchas bajas[26]. Las pérdidas fueron altas, según se desprende de algunos testimonios, aunque no podamos nada más que constatar documentalmente las siguientes:

  • Julián Mateos Bastida, guardia civil, muerto el 17 de agosto debido a heridas provocadas por una bomba caída el día anterior.
  • Recaredo Cerda Gumiel, de igual cargo que el anterior y muerte en mismas circunstancias.
  • Antonio Pablo Rena Masa, jornalero, muerto el 16 de agosto.
  • Juan Sánchez Gil, jornalero, muerto el 17 de agosto por heridas de metralla.
  • Antonio Cañamero Llanos, labrador y muerto el 17 de agosto.
  • Pedro Inocencio Bravo Zote, jornalero, muerto el 17 de agosto.
  • Felipe Tornero Sánchez, labrador, muerto el 17 de agosto.
  • Paulino Tadeo González, jornalero, muerto el 17 de agosto.

Los dos primeros óbitos son inscritos dos días después, mientras que el resto difiere bastante tiempo (algunos son inscritos tras la desaparición del régimen dictatorial franquista), por lo que no podemos afirmar si pertenecían al grupo de soldados desplazados a la zona o eran republicanos allí huidos y que conocieron la muerte en la lucha.

Otra operación en la que participan fuerzas miajadeñas al mando de Gómez Cantos es la batalla sobre Guadalupe y el asedio contra la “Columna Fantasma”, grupo de republicanos procedente de Toledo, que invade el pueblo de Alía a finales del mes de agosto.

Partiendo de la zona de Villanueva – Don Benito las milicias republicanas tratan de atacar el pueblo cacereño de Zorita, pero se encontraron con las tropas nacionalistas y los guardias civiles en la zona de Villar de Rena. Estos guardias civiles habían sido enviados por el gobernador civil ante la posibilidad de ataques gubernamentales sobre la zona de Las Villuercas, y muchos de ellos procedían de Miajadas encontrándose bajo las órdenes de Gómez Cantos. El capitán exige a la tropa destacada en Trujillo el envío de auxilio para asegurar la situación de la zona bajo su mando y evitar ataques frontales sobre Miajadas desde la provincia de Badajoz, al quedarse sin parte de sus fuerzas y armas[27]. Además si este supuesto se producía, la posibilidad de enviar refuerzos a la toma de Guadalupe sería mayor. Durante los días 12 y 13 de agosto, Gómez Cantos reitera su petición de ayuda, ya que debido a la toma de Alía por parte de la “Columna Fantasma” hubo de enviar una gran parte de sus fuerzas hasta Guadalupe para reforzar el asedio al pueblo vecino[28], pero estas fuerzas exigidas no llegarán a ser remitidas, por lo que esta queja se repetirá durante todo el mes.

Hacia el pueblo de Alía, según los propios comunicados de la Guardia Civil de Miajadas, partieron 19 números de ese cuerpo pertenecientes de Logrosán, un grupo de falangistas a la órdenes del capitán Luna y una ametralladora de las destacadas en Miajadas para apoyar la operación[29]. Tras la huída de la columna republicana, en la zona de Guadalupe quedan destacados algunos miembros de los que estaban bajo las órdenes de Gómez Cantos:

  • Un oficial, 2 cabos, algunos falangistas y un número indeterminado de guardias.[30]

Para reforzar su posición, el propio capitán sevillano exige el día 19 de agosto al Gobierno Militar que, tras la partida de Castejón hacia Trujillo, se le destacara un grupo de soldados con su pertinente comandancia en Santa Amalia. A través de este documento, sumado a las referencias en el Archivo Municipal de Miajadas, podemos inferir que el número de soldados al mando de Castejón que pasa, recibe comida y diversos artículos de intendencia en Miajadas es bastante elevado porque el dinero pagado a los vecinos y otras empresas del municipio por esos conceptos es bastante gravoso y elevado.

Aunque el número de soldados es amplio, durante los días 19 y 20 la situación en Santa Amalia vuelve a situarse bajo peligro, debido al miedo de una nueva incursión por parte de las fuerzas guerrilleras republicanas desde Don Benito, y para demostrar la estimación que Gómez Cantos tenía sobre el ejercicio de resistencia que estaban llevando a cabo sus fuerzas frente a fuerzas procedentes de Medellín y Don Benito, aquí citamos sus palabras el día 19 a las 22 horas:

“Con el oficial incorporado y personal no tan castigado por la aviación efectué relevo proponiendo para evitar el desgaste de mi fuerza me auxilie fuerza del ejército en ésta para prestar servicio en Santa Amalia y en las avanzadillas por el gran espíritu de mis queridos guardias 5ª compañía y por la fe ciega que les caracteriza conservo en ellos la subordinación y disciplina y ánimo para toda misión que les encomiendo, satisfaciéndome de su comportamiento esperando de mis superiores les den el ánimo que les corresponde por su amor a la Patria.”

El texto nos demuestra que Gómez Cantos seguía quejándose de la falta de fuerzas a su disposición, ya que un día antes se habían marchado hacia Trujillo las pertenecientes a la Columna Castejón, y por lo que unas horas antes había pedido a Cáceres que le volvieran a mandar más soldados del Regimiento Argel nº 27 con sede en esa ciudad. Además el miedo a un ataque sobre Santa Amalia y Miajadas desde la zona de Medellín – Villanueva – Don Benito, obliga al capitán a imponer un servicio de vigilancia frente a la línea enemiga el día 20 de agosto[31]. El peligro acecha todavía el día 23, cuando son vistas unas señales de luces que hacen creer al mando miajadeño que es la señal para un ataque contra sus fuerzas. Por ello exige el bombardeo de la zona por aviones amigos, pero como en Trujillo no los había conmina a Yagüe a que eleve la petición de este refuerzo a la base sevillana de Tablada.

A la escasez de fuerzas se unía que una parte de ellas había sido enviadas durante esos días hacia Guadalupe, donde la Columna Uribarry republicana se encontraba asediando la ciudad y su Monasterio[32]. Gómez Cantos, como era el máximo mandatario de la Guardia Civil en la zona sublevada más cercana, fue el encargado de comunicar la angustiosa situación de la puebla de Guadalupe al Gobierno Civil. El día 21 dibuja una situación que no era real en su totalidad, porque comparando sus telegramas con otros documentos podemos hacernos la falsa idea de que la batalla estaba encaminada hacia lado nacional sin sufrimiento alguno, datos fallidos porque los mandos destacados en Guadalupe (el teniente Salvador Solórzano y el ordenanza militar Manuel Santana[33], quienes fueron heridos en su retirada) sufrían la escasez de fuerzas a su mando y el asedio contra el Monasterio, donde se encontraban recluidos muchos de las tropas a la espera de los refuerzos. Para intentar aliviar esta situación se envían desde Miajadas y Cáceres una compañía de regulares, que había partido unos días antes, pero que se encontraba en Cañamero estancada. Dentro de las fuerzas miajadeñas enviadas, nos encontramos con que Cantos envía a su segundo (Pedro Cano Fernández, que como hemos aclarado era el teniente destacado en Miajadas antes de que Cantos llegara al municipio) y cuarenta hombres, que forman una escuadrilla de Falange, para ayudar a que las fuerzas pasaran Cañamero y llegaran en ayuda de Solórzano.

Entre los destacados miajadeños en Guadalupe, en el registro de defunciones, sólo encontramos al caído Antonio Díaz González, jefe de la escuadra falangista, que muere el 26 de agosto cuando vuelve de la toma de Guadalupe.

Durante los últimos días del mes de agosto, además de la preocupación por los bombardeos republicanos desde los días 19 al 30 del citado mes[34], existe la preocupación repetida por la incursión de guerrilleros por la Sierra de Vivares y el ataque a Miajadas por estas fuerzas. Esta preocupación supone la creación de otro nuevo servicio de vigilancia por parte de la Guardia Civil. Gómez Cantos lo reitera en uno de sus telegramas del día 24[35], denotando como en todo el mes de agosto las reservas que mantenía ante la posibilidad de un ataque frontal contra el municipio cacereño desde la zona pacense en manos contrarias y que fuera adverso a los intereses que él defendía.

Como hemos visto a lo largo de toda la exposición la personalidad de Manuel Gómez Cantos estaba llena de controversias, represiones interiores, deslealtades hacia otros, ansias incontroladas de poder y, sobre todo, mucho odio hacia los republicanos. Además de quedar en verdad de manifiesto la incapacidad de dirigir las operaciones militares por parte de esta persona, ya que sus peticiones no son atendidas, sus comunicaciones en muchas ocasiones no son tenidas en cuenta y nunca se le dejará que dirija directamente estas operaciones, aunque sí será muy útil en la actividad represora contra los republicanos.

4.- CONCLUSIONES.

  1. La primera conclusión que podemos extraer de los telegramas de Gómez Cantos es su suficientemente demostrada ansia de poder, aunque nunca lo obtendrá en su totalidad como era su deseo, debido en muchos casos al enfrentamiento con los falangistas y en otros a la negativa de sus superiores.
  2. Gómez Cantos siempre escribe telegramas muy extensos para demostrar que el trabajo que realiza en Miajadas es de una importancia suprema, porque sus palabras demuestran la intensa labor que intenta demostrar que efectúa. Labor, que aún siendo intensa, no está exenta de fallos e incongruencias.
  3. El mando operativo de las batallas no estaba directamente en manos de Gómez Cantos, sino que este era un títere de algunos de sus superiores, como lo demuestra la actitud de total olvido por parte de Castejón de las noticias recibidas en Cáceres sobre la situación de algunas zonas de La Serena durante la toma de Santa Amalia o la no remisión de refuerzos cuando los pide. Pero, a la vez les era muy útil, porque tenía sometidos a los guardias a su mando y a los falangistas de la zona en que se movía, sumando un gran número de soldados de refresco.
  4. Las palabras de Gómez Cantos también denotan su deseo de hacerse notar ante sus superiores, buscando beneficios propios. Siempre intentará responder de forma afirmativa a todo aquello que le fuera ordenado, pero su controvertida personalidad dejaba fuera de esa actitud la actividad represora que llevaba a cabo sobre la población.
  5. Los propios telegramas nos demuestran la existencia de confidentes en la zona pacense en poder de las fuerzas republicanas. Gómez Cantos pagaría a algunos confidentes para que le informaran de cómo se desarrollaban las decisiones respecto a los ataques a zonas bajo su mandato. Esto también le valdría para hacerse notar ante sus superiores al dar noticias fidedignas sobre la zona contraria, como hemos apuntado anteriormente.
  6. También las comunicaciones de Cantos nos muestran el odio furibundo que sentía hacia algunos falangistas. Ese odio se encauza en las acusaciones de que éstos serán los encargados de realizar los fusilamientos, también en las acusaciones de que los falangistas no eran afectos a las órdenes emanadas de la superioridad y que luchaban por sus propios fines, nunca por los que defendía él mismo.
  7. También hemos demostrado que Miajadas tardó unos días en caer en manos sublevadas, pero después de ello fue un centro estratégico de mando e información en el sur de Cáceres; debido no sólo a la existencia de Cantos, sino también a su situación geográfica frente a la zona republicana y la situación de zona de paso de tropas por sus carreteras con dirección Madrid.

5.- FUENTES.

  1. ARCHIVOS:
    1. Archivo Histórico Provincial:
      1. Serie Orden Público, 1936 – 1938.
      2. Serie Asociaciones y Partidos, 1931 – 1936.
    2. Archivo Histórico Municipal de Miajadas:
      1. Libro de salida de comunicaciones (14 – mayo – 1934 a 4 – enero – 1939).
      2. Libro de Plenos, 1936 – 1938
      3. Libro Registro de socios de Falange
    3. Archivo del Juzgado Municipal de Miajadas:
      1. Libros de Defunciones, tomos 48 a 53.
      2. Legajos anexos a los tomos anteriores.
  2. BIBLIOGRAFÍA.
    • AA. VV., Gran Enciclopedia Extremeña, Editora Regional, tomo 5.
    • JULIÁN CHAVES PALACIOS, Control de una ciudad por los sublevados: la insurrección de julio de 1936 en Cáceres”, en Revista de Extremadura, nº 21, 1996, pp. 125 – 142.
    • J. CHAVES PALACIOS, La represión en la provincia de Cáceres durante la Guerra Civil, Universidad de Extremadura, Cáceres, 1995.
    • J. CHAVES PALACIOS, La Guerra Civil en Extremadura: operaciones militares, Mérida, Editorial Regional, 1996.
    • JACINTA GALLARDO, La Guerra Civil en La Serena, Badajoz, Diputación Provincial, 1994.
    • JOSÉ MARÍA GARCÍA y CARLOS POLANCO, “Los guerrilleros de Logrosán” en Revista de Extremadura, 21 , 1996, pp. 143 – 150.
    • PAUL PRESTON, La Guerra Civil Española, Plaza & Janés, Madrid, 1987.

NOTAS:

[1] Manuel Gómez Cantos era de origen andaluz y estaba destinado a la Comandancia de Villanueva de la Serena, donde se sublevó, encontraría la muerte después de la guerra y su expulsión del Cuerpo. Cf. Manuel Gómez Cantos, en Gran Enciclopedia Extremeña, tomo 5, pp. 161 – 162.

[2] Paul Preston, La Guerra Civil Española, Madrid, Plaza & Janés, 1987, pp. 81 – 82.

[3] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (En adelante AHPCC), Gobierno Civil de Cáceres (En adelante GCC), Serie Orden Público y Derechos Ciudadanos (En adelante OP), Policía de orden público y seguridad, “Partes diarios de ocurrencias de la Guardia Civil” ( En adelante “Partes”), julio 1936.

[4] Julián Chaves Palacios, “Control de una ciudad por los sublevados: la insurrección de julio de 1936 en Cáceres”, en Revista de Extremadura, nº 21, 1996, p. 126.

[5] Archivo Histórico Municipal de Miajadas (En adelante AHMM), Libro de salida de comunicaciones (14 – mayo – 1934 a 4 – enero – 1939), documentos 519 a 530.

[6] Testimonio anónimo recogido en Miajadas los días 15 y 16 de diciembre de 2003.

[7] AHMM, Libro de salida de comunicaciones (14 – mayo – 1934 a 4 – enero – 1939), nº 534.

[8] El ejemplo más claro son tres telegramas del día 19 de agosto de 1936, donde uno de ellos posee 144 palabras. (AHPCC, GCC, OP, “Partes”, agosto 1936).

[9] P. Preston, Op. Cit., pp. 143 – 144.

[10] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 20 de agosto.

[11] Cf. J. Chaves Palacios, La represión en la provincia de Cáceres durante la Guerra Civil, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1995, pp. 148 – 163.

[12] Según se desprende del testimonio de Juan Antonio Olivera, recogido el mes de marzo de 2004.

[13] Cf. Jacinta Gallardo, La Guerra Civil en La Serena, Badajoz, Diputación Provincial, 1994, pp. 66 – 67 y J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura: operaciones militares, Mérida, Editorial Regional, 1996, pp. 31 – 33

[14] Estos datos han sido extraídos del Archivo del Juzgado Municipal de Miajadas (En adelante AJMM), Libro de Defunciones, Tomo 48 (1936 – 1938).

[15] Cf. J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, p. 47.

[16]AHMM, Libro de Plenos, 1936 – 1938, Pág. 18.

[17] Cf. AHPCC, GCC, Serie Asociaciones y partidos (1931 – 1936), Legajos de Miajadas, y AHMM, Libro de Registro de Socios de Falange.

[18] Cf. J. Chaves Palacios, La represión en la provincia de Cácerespassim.

[19] Según se desprende de diversos testimonios orales recogidos en Miajadas.

[20] AJMM, Libro de Defunciones, tomo 48.

[21] AHPCC, GCC, OP, Pueblo de Almoharín, año 1936.

[22] AHMM, Libro de salidas, varios documentos y AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 11 de agosto 1936.

[23]Según José María García y Carlos Polanco, para las fuerzas sublevadas un guerrillero era: “cualquier civil reclutado por las organizaciones republicanas que hubiera empleado armas – o simplemente colaborado – en contra del ejército nacional”. Definición inserta en J. M. García y C. Polanco, “Los guerrilleros de Logrosán” en Revista de Extremadura, 21 , 1996, p. 143.

[24] AHPCC, GCC, OP, Miajadas, 30 de julio de 1938 y AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 11de agosto 1936.

[25] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 11 agosto, hora 8´30.

[26] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 17 agosto.

[27] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 13 de agosto.

[28] Cf. J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, pp. 163 – 166.

[29] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 12 y 13 de agosto.

[30] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 16 de agosto, hora 9´40, telegrama enviado por la jefatura de Alía, donde se cita el número de fuerzas que se retiran a Guadalupe.

[31] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 20 de agosto, hora 20´30.

[32] J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, pp. 161 –164.

[33]AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 22 de agosto.

[34] J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, p. 137, cuadro 8.

[35] AHPCC, GCC, OP, “Partes”, 24 de agosto, hora 16´15.