Oct 011988
 

Matilde Muro Castillo y María Teresa Pérez Zubizarreta.

La llegada a América desde Trujillo, había sido el sueño cumplido, pero no había satisfecho la ilusión de encontrar el tesoro deseado.

No obstante, la precaria situación en la que había quedado plácida con posterioridad a la Reconquista, había mejorado notablemente a la vuelta de los primeros viajeros de América.

A la sombra de la fortaleza árabe que presidía la ciudad, comenzaron a surgir edificaciones de notable importancia: casas solariegas y blasonadas, palacios, conventos, iglesias que cada vez se veían más adornadas por los títulos nobiliarios que sus dueños adquirían a golpe de acontecimientos heroicos de conquista en unos casos o de simple transacción mercantil con la Corona, entre otros.

Junto con este ofrecimiento arquitectónico, la vida de la ciudad se renueva y la hasta entonces pobre clase gremial, adquiere nuevo vigor, a lo que hay que sumar la buena marcha de las explotaciones agrícolas y ganaderas que en última instancia van a revertir sobre el patrimonio de la Iglesia, que disfruta ahora su época de mayor esplendor y tiene su máxima representación en la iglesia de Santa María la Mayor de la que se dice que hubiera podido ser construida sobre una mezquita árabe, aunque no queda resto alguno que lo puede atestiguar.

La población vive momentos de tranquilidad dedicada a las tareas cotidianas y espera ansiosa los días festivos en los que las manifestaciones religiosas son el eje sobre el que giran las celebraciones. La fiesta en honor del Santísimo Sacramento celebrada con procesiones que en orden religioso tienen delimitadas en el recorrido a través de un procesionario, es la más importante. La devoción a la Virgen María, aún cuando no se hubiera proclamado el dogma de la Asunción, la intervención milagrosa de “la Señora”, era constante.

Estamos en el 14 de junio de 1745. Antonio Ramos, hijo probablemente del campanero de la iglesia de Santa María, se cae de la torre cuando tiene tres años de edad y está presenciando la procesión del Santísimo Sacramento. La intervención milagrosa de la Virgen, salva su vida.

En acto de agradecimiento perpetuo, la familia encarga la realización de un cuadro que recuerde permanentemente el hecho y se le ofrece en acción de gracias a la iglesia. El exvoto en cuestión, de popular factura pero de indudable calidad, refleja la imagen de la Virgen, que recuerda a la de Guadalupe y presenta el fondo de la iglesia, la inscripción correspondiente y… algo más que no podemos describir, solamente imaginar, por qué malos tiempos llegaron y ese patrimonio popular de la iglesia, sufrió graves desperfectos.

El uno de noviembre de 1755 se produce el terremoto de Lisboa que afecta gravemente a la ciudad. Sus edificaciones importantes se tambalean y el templo de Santa María la Mayor ve caer parte de la Torre Julia, quedando casi enterrados la sacristía y el ábside.

El siglo XIX está marcado por la llegada y la partida de los franceses dejando tras de sí una estela de destrucción y saqueo que se ceba fundamentalmente en las propiedades religiosas. La reconstrucción de la parte alta de la ciudad, la Villa, se abandona y la vida cotidiana se traslada a la parte baja. El culto a las iglesias a las que hay que acceder rebasando la puerta de Santiago, prácticamente se termina y los bienes materiales de los templos sufren un constante trasiego incontrolado o su destrucción por abandono. La torre semiderruida de la iglesia Santa María amenaza ruina inminente y hay que tirarla del todo por el peligro que supone para la población en el año 1870.

La Villa permanece arrasada muchos años y hasta 1965 no se iniciará de nuevo la reconstrucción de las ciudad. La torre Julia se levanta de nuevo y la iglesia en su interior se descubre y restauran, eliminando de ella los blanqueos con cal y dejando vista sus piedras y, donde fue posible, respetando el colorido de las pinturas al fresco de los enterramientos y escudos de los laterales. Se abre al culto y más tarde, en nuestros días, se restaura el retablo. Se vuelven a celebrar cada vez con más vigor las festividades religiosas y resucitan los desfiles profesionales en honor a la Virgen María. En este resurgir del templo, se rescatará casualmente un cuadro casi olvidado que colgaba de una pared húmeda de la sacristía en este año de 1988.

En el taller de restauración de Trujillo se depositan dicho cuadro para hacer tareas, en principio, de limpieza, reentelado y consolidación. La inscripción de la parte inferior del lienzo dice: “SANCTA MARÍA DEI GENITRIS VIRGO INTERREDE PRO NOBIS AD DOMUN JESUM CRISTU, y parece a primera vista que la representación de la Virgen es la que tiene importancia, pero poco a poco irán surgiendo elementos que permanecían ocultos tras un repintado posterior que se había hecho en el lienzo posiblemente para utilizarlo en loor de la Virgen y olvidar la finalidad original. Tras la restauración se observan como la tela ha sido cortada perdiéndose gran parte de la inscripción superior que daba más datos sobre el motivo de la pintura. Se han recortado también los laterales, perdiéndose el paisaje y la representación del templo y, probablemente, la imagen del niño cayendo desde la torre y el campanario.

Aparece por fin la descripción original: “ANTONIO RAMOS, HIJO LEGÍTIMO DE JUAN RAMOS VECINO DE ESTA CIUDAD Y DEVOTO DE SANTA MARÍA POR ASOMARSE DE LA TORRE DE LAS CAMPANAS A VER LA GENTE QUE CONCURRÍA A LA SOLEMNE PROCESIÓN VESPERTINA QUE ESTA NOVÍLÍSIMA CIUDAD CELEBRA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR EN SU OCTAVA SE ARROJÓ AL AIRE DE 16 BARAS DE ALTO A LA CALLE Y SE ATRIBUYE EL NO HABERSE HECHO MAL A LA INTERCESIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN. SUCEDIÓ EL DÍA 14 DE JUNIO DE 1746”.

En los libros de bautismo de Santa María, así como en los de fábrica y cuentas de dicho templo encontramos datos del protagonista: hijo de Juan Ramos y de Juana de Trejo. Nació el 13 de septiembre de 1743, siendo bautizado por Diego Galeno Benítez en la iglesia Santa María. Fue su padrino don Antonio de Torres y Escobar y testigos del bautismo don Manuel Torre Muñoz, José de la Cruz y José Labrego, vecinos todos de Trujillo.

Apartir de aquí su historia se pierde. ¿Cambio de parroquial? ¿Salió de Trujillo y no volvió? En la misma documentación parroquial, en el libro de cuentas de la fábrica de los años 1731 a 1755 aparece la inscripción de la deuda de alquiler de Juana Ramos, viuda de Zenueno, que vivió en la calle encarnación, en la casa de la parroquia, y que murió en extrañas circunstancias, según se atestigua el la partida de defunción extendida en el año de 1743. ¿Era la abuela?

A pesar del reciente descubrimiento, la vida de Antonio Ramos permanecerá en el anonimato porque desapareció de los papeles, pero la intercesión milagrosa de la Virgen quedará siempre contaba en un bonito lienzo que aparece colgado en las paredes del templo de Santa María en Trujillo para observación de todos cuantos quieran saber un poco más de la historia de su ciudad y como resultado del intento de recuperación del patrimonio que se expolió con el paso del tiempo y la dejadez.