Ene 172015
 

Martiria Sánchez López.

Profesora y Cronista Oficial de Jaraíz de la Vera.

A.- INTRODUCCIÓN

Con motivo de cumplirse este año 2014 el tercer centenario de la subida al trono del primer Borbón, Felipe V y de la pérdida de Gibraltar, que tantos problemas nos sigue causando, nos parece oportuno hacer un estudio de nuestro pueblo en ese período, ya que pese al desastre que la Guerra de Sucesión supuso para el país, fue una época de recuperación económica y se pondrán las bases para el futuro desarrollo.

Las causas de esta Guerra de Sucesión, que duró desde 1701 a 1714, fue la no aceptación del emperador alemán Leopoldo I del testamento del rey español Carlos II, que dejó el trono a Felipe V, nieto de Luis XIV. Esta guerra terminó en los tratados de Utrech (1713) y Rasttad (1714) por los cuales  Felipe V fue reconocido rey de España, pero nuestras posesiones europeas pasaron a otras potencias como los Países Bajos españoles y los dominios que teníamos en Italia, además de Menorca y Gibraltar,  pasaron a pertenecer a Inglaterra. Menorca fue recuperada por Carlos III, pero Gibraltar seguirá perteneciendo a Inglaterra hasta nuestros días, manteniéndose como un foco de conflictos. No obstante, la nueva monarquía intentará solucionar en lo posible la decadencia socio-económica del país, acentuada por esta larga y desastrosa guerra.

Para el conocimiento de este período histórico contamos con interesantes documentos, como el Catastro de Ensenada, de 1753. De gran valor histórico es el Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres, de 1791, con 57 preguntas sobre la política, la sociedad o  la economía de Jaraíz, que nos ha servido también para realizar este trabajo. Hemos utilizado, además, los escritos de los Vicarios de Santa María y San Miguel enviados a Don Tomás López para su Diccionario, depositados en la Biblioteca Nacional. También contamos con los documentos de los Archivos de las iglesias de Santa María y de San Miguel, así como los del Archivo Municipal de Jaraíz, entre otros.

 

B.- CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL SIGLO XVIII

 

El siglo XVIII, el llamado Siglo de la Ilustración, es la época del reformismo borbónico. La forma de gobierno se denomina Despotismo Ilustrado. Los objetivos fueron el reformismo económico y social, la centralización política, la racionalización de la Hacienda y la afirmación de las regalías del Estado frente a los derechos de la Iglesia. Los monarcas borbónicos de este siglo fueron: Felipe V (1700-1746), Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788- 1808).

Fue una época de recuperación general del país, en la que se advierte un deseo de cambiar  las estructuras socio-económicas. Para ello se llevan a cabo una serie de estudios, los cuales constituyen una fuente importante para el conocimiento de las regiones.

Felipe V creó las Intendencias provinciales presididas por el Intendente,  funcionario encargado de fomentar la agricultura, la industria y el comercio. Una de las reformas que intentó poner en vigor fue el reparto entre los vecinos pobres de las tierras comunales, así como las fincas abandonadas por sus dueños, para proceder a su expropiación y redistribución. Esta recuperación  continuó con Fernando VI con la colaboración de sus ministros Carvajal y Ensenada, quienes modernizaron la Industria, sanearon la Hacienda y dotaron a España de una potente Escuadra.

Para solucionar los problemas agrarios extremeños surgió el llamado “Expediente”, que fue una  consulta que el Consejo Real hizo a las autoridades provinciales para conocer el estado económico y social de Extremadura. Para realizarlo se enviará a todos los municipios un Interrogatorio con cuarenta preguntas que debían contestar personas idóneas, asegurando su veracidad bajo juramento.

El Interrogatorio de Jaraíz, del Marqués de la Ensenada, data del 11 de Febrero de 1753. Es un documento muy interesante, con un estudio muy completo de la economía y la sociedad del municipio. En él constan las personas que se convocaron para la contestación de las preguntas bajo la dirección del Juez de la Real Junta: dos Vicarios, los alcaldes, regidor decano, procurador, escribano…etc. También consta el “Juramento por Dios nuestro Señor y una señal de la cruz conforme a derecho y bajo él prometieron decir la verdad” (A.H.P)

Otros de los logros más relevantes para Extremadura, durante el siglo XVIII, fue la creación de la Real Audiencia, ya que toda la región se integrará en una unidad jurisdiccional.  Hasta ahora, había estado dividida en dos zonas, la zona Norte perteneciente a la Chancillería de Valladolid y la zona Sur, a la de Granada. El proceso fundacional se inicia en el reinado de Carlos III, pero no se creó hasta 1790, cuando Carlos IV promulgó la Pragmática de Fundación. Se realizaron visitas a todos los municipios para solucionar sus problemas, después de haber completado el Interrogatorio de 57 preguntas sobre la realidad social y económica de cada una de ellos.

El Interrogatorio de Jaraíz data de 1791 y el Visitador fue Don Melchor Basadre. Este valioso documento lo hemos utilizado como fuente de este trabajo, igual que el de Ensenada, de 1753.

 

C.- EL GOBIERNO MUNICIPAL DE JARAÍZ EN EL SIGLO XVIII

 

La primera autoridad seguía siendo el Corregidor, que vivía en la ciudad de Plasencia, pero controlaba los municipios. Estos estaban gobernados por los Regidores y Alcaldes, además del Mayordomo, Escribanos y Procuradores.

Un nuevo cargo creado por Felipe V fue el de Intendente, presidente de los Intendencias provinciales. Este funcionario era el encargado de fomentar la agricultura, la industria y el comercio a nivel provincial y local. Una de las reformas que intentó llevar a cabo fue el reparto de bienes comunales de los Ayuntamientos y de fincas abandonadas por sus dueños entre los vecinos más necesitados. En Jaraíz había alrededor de 400 fanegas de tierra abandonadas, que serán las que intente repartir.

Por el Catastro de Ensenada conocemos los nombres de algunos de los máximos representantes de Concejo jaraiceño: el “regidor decano” se llamaba Jacinto Jaraíz y los alcaldes ordinarios eran Cipriano Pavón y el bachiller Gregorio Arjona ; el escribano principal era Pedro Breña y el procurador, Vicente Cañada.

Pero estos cargos importantes del gobierno municipal los detentaban siempre las familias más adineradas, tanto de profesiones liberales como de agricultores propietarios. Esto también será objeto de reforma, por lo que el Visitador de la Audiencia, don Melchor Basadre en 1791 indica cómo ha de hacerse el nombramiento de los cargos municipales para evitar que estos cargos estuvieran siempre en manos de las familias más adineradas. A este respecto dice lo siguiente: “Conviene la insaculación (sorteo) porque hay parcialidades en la elección de oficio, de que han resultado muchos pleitos; el método es apropiado para perpetuarlo en determinadas familias”.

Jaraíz en esta época es ya una Villa de Realengo independiente en todos los aspectos de la ciudad de Plasencia, de la que dependía y fue “Aldea” desde su fundación, en el siglo XIII hasta 1685, en que compró el “Privilegio de Villazgo” a Plasencia por la “Dehesa del Rivero y por una barca sobre el río Tiétar” (P. Madoz)

 

D.- LA DEMOGRAFÍA

 

D.- 1.- LA POBLACIÓN

 

En este período comienza una lenta recuperación de la población ya que a mediados de siglo alcanza  los 314 vecinos, según el Catastro de Ensenada. En el siglo XVII el país sufrió una  regresión poblacional, pasando de 606 vecinos en el siglo XVI a 229 vecinos. Este 61% menos de habitantes se debió a la política de los Austria, con sus interminables guerras, a la expulsión de los moriscos y a las epidemias, entre otros motivos.

Por la cita de Ensenada podemos saber las viviendas y solares que había. Dice así :   “Hay 334 casas habitadas, 34 casas sin habitar y 20 solares”.

El aumento de la población sigue a lo largo del siglo de manera muy lenta, como podemos observar en las estadísticas que dan, unos años después, los párrocos a Don Tomás López para su Diccionario. El párroco de San Miguel dice: “Los vecinos de esta Villa ascienden a 340” , mientras el de Santa María afirma: “ Hay 350 vecinos”. Los dos coinciden en que se estaba recuperando la población “porque nacen más que mueren”. El párroco de San Miguel añade: “si no ocurre alguna enfermedad contagiosa u otro accidente funesto”. Algo de esto debió pasar ya que unos años después, en 1791, en número de vecinos descendió a 320, según el Interrogatorio de la Audiencia.

Las causas principales de las defunciones estaban relacionadas con la falta de higiene, la mala alimentación o las epidemias. Así nos lo confirman los textos consultados: “Las enfermedades que comúnmente padecen son las regulares tercianas (paludismo), tabardillo o fiebre pútrida, dolores de costado, diarreas ordinarias o de sangre, carbunclos, erisipelas, fiebres catarrales, también suelen venir las viruelas y sarampión, que se llevan bastante número de niños”. (A.B.N.) Para curar el Paludismo se empleaba ya la “quina”, pero era muy difícil de adquirir, a juzgar por el testimonio del párroco de Garganta en sus escritos a Don Tomás López, en 1792: “El Sr. Obispo de Plasencia repartió a todo el obispado “quina”, que se la envió Su Majestad.” (A.B.N.) Otra causa de las defunciones entre las mujeres era el “parto y el sobreparto”, dadas las malas condiciones médicas de la época.

También hablan los textos de las enfermedades bucales y de la caída de la dentadura desde muy jóvenes, comentando sus causas: “Por el poco cuidado que tienen de ella comiendo calbotes y bebiendo agua fría”.

 

D.- 2.- LA SOCIEDAD JARAICEÑA Y LOS GRUPOS SOCIALES

 

Dentro de los tres estamentos del Antiguo Régimen, nobleza, clero y pueblo, sólo los dos últimos tuvieron representación en la sociedad jaraiceña, ya que la alta nobleza no se instaló en nuestro término municipal.

El clero fue uno de los estamentos privilegiados, pero dentro de él había muchas categorías, aún en el clero rural. Los clérigos de mayor categoría de Jaraíz eran los dos Vicarios, que a su vez eran los dos párrocos. Había, además, 10 presbíteros, 1 religioso Mercedario, 2 subdiáconos y 7 eclesiásticos de órdenes menores, que sumaban en total 22 eclesiásticos. Era un número elevado para una población de 314 vecinos.

Los Vicarios eran intelectuales muy cualificados y accedían al cargo por oposición. Eran jueces ordinarios, como nos confirma el Interrogatorio de la Audiencia: “Hay dos Vicarios foráneos y por hallarse reservada las cuatro causas principales de la jurisdicción eclesiástica al ordinario, el juzgado municipal es de corta consideración”. Su jurisdicción se extendía a “36 lugares de la Vera y Campo Arañuelo”.

Aparte de juez, el Vicario desempeñaba el cargo de notario, como hemos comprobado en el Libro de Fábrica de Santa María donde, en 1731, firma como notario el vicario Baltasar Brecero. Los demás clérigos desempeñaban distintos cargos como Mayordomos Beneficiados o Capellanes. Además los textos hablan de una “plaza de la Inquisición” desempeñada por clérigos.

El estamento más numeroso era el de los “vecinos pecheros” o estamento popular, que eran los que pagaban impuestos. Entre estos estaban los profesionales liberales, los artesanos, los comerciantes y los labradores propietarios, que eran los más numerosos. Las clases más bajas las formaban los jornaleros, las viudas, los menores huérfanos y los “pobres de solemnidad”. El Catastro de Ensenada hace un estudio completo de estos grupos, con nombres y apellidos y lo que percibían por su trabajo, de los que citaremos algunos ejemplos.

Los dedicados a profesiones liberales eran 29, entre ellos estaban dos procuradores, tres escribanos, un médico (Francisco Imbra, 3.300 reales), un cirujano, el maestro de niños (Bernardo Martín, con 500 reales, la maestra, 160 reales.). Había también varios abogados por lo que el Visitador de la Audiencia dice: “El número de abogado es perjudicial… por los pleitos que suscitan”. Entre los artesanos destacan “3 herreros (que ganan 5 reales), 3 horneros, 3 banasteros, 1 carnicero, hiladores, carpinteros, tejedores, pedreros. Constan sus nombres y lo que ganaban, así como los dedicados al comercio y al sector servicio, que eran 18: 1 estanquero, 1 tabernero, 3 vecinos que conducen a Madrid cerdos que acecinan…”

El grupo más numeroso era el de los agricultores propietarios, integrado por 121 vecinos. Dentro de estos había 10 propietarios de mayor categoría, “por la extensión de sus haciendas que las cultivan por medio de criados y operadores”. El grupo de jornaleros lo integraban 69, cuyo jornal era de 4ó 5 reales. También constan los mozos de servicios del campo y los pastores. Entre los “pobres de solemnidad” constan “11 viudas, 2 doncellas viejas y 2 hombres impedidos”.

Podemos sacar varias conclusiones del estudio es esta estructura social. En primer lugar, observamos que el número de agricultores propietarios es elevado comparado con el de los jornaleros, por lo que estos van a ser mejor retribuidos y considerados que en el resto de la región. En el siglo XVIII el cultivo del pimiento para la obtención del pimentón aumenta considerablemente. Este cultivo necesita mucha mano de obra para su plantación y recogida, por lo que los jornalero exigen salarios más elevados, lo que lleva a la protesta de los propietarios, quienes  elevan sus quejas a las autoridades competentes, como se manifiesta en el Interrogatorio, que dice: “…con el precio de la comida cuesta cada jornalero 6 reales pero no contentos con este arreglo, aunque el ayuntamiento se esfuerce, procuran y consiguen los jornaleros por necesidad de los hacendados, que les paguen jornales muy crecidos […] no contentarse con 5 reales sobre la comida, bebida, tabaco y otros relieves que son insoportables, por lo que consideran que tienen que asignar un justo precio por su trabajo[…] y los hacendados puedan soportar los gastos…” Esto contrastaba con el estado de miseria en el que vivían la mayor parte del campesinado del país.

Esto fue trascendental para la sociedad jaraiceña ya que aquí no existirá el “señorito” fanfarrón, tan típico en el resto de Extremadura, sino que los propietarios  tuvieron que adoptar una actitud positiva con sus trabajadores.

Otro aspecto a tener en cuenta y del que ya hemos hablado es que en esta sociedad existía una oligarquía formada por las clase más acomodadas, propietarios y profesionales, que controlaban la vida municipal, anteponiendo sus intereses a los del pueblo. Por este motivo, el Visitador de la Audiencia, establece las medidas oportunas para evitar esto y dice así: “En este pueblo conviene la insaculación (sorteo) porque hay parcialidades para la elección de oficios…”

 

E.- ECONOMÍA. LOS BIENES DE PROPIO Y LOS CAUDALES   

    MUNICIPALES

 

El siglo XVIII se va a caracterizar por la recuperación económica después de la gran decadencia del siglo anterior. Aunque la artesanía fue importante, la agricultura constituía la base de la economía. La propiedad de la tierra estaba muy repartida en pequeñas y medianas parcelas, que se cultivaban por el sistema tradicional. La Iglesia  también poseía fincas de pequeñas y medianas proporciones. Sin embargo, el gran propietario era el Ayuntamiento con grandes extensiones de dehesas, entre las que destacan: Dehesa de las Radas, la de los Tejares, las Machuquillas. Cerro del Marzo, Cerro de los Molinos, las Cardenillas, la Vera…etc.

Los caudales municipales provenían de las rentas de los “Bienes de Propio” y de los impuestos sobre “pesas y medidas”. En general, estuvieron siempre mal administrados, de tal manera que, en muchas ocasiones, no llegaron a cubrir los gastos municipales, como hemos comprobado en las cuentas de 1753, donde hay un déficit de 3.056 reales, ya que las entradas eran de 4.280 reales y los gastos ascendían a 7.344 reales. Nos llama la atención ciertos gastos como “…de regalos a sujetos distinguidos, 440 reales, de limosnas a cristianos nuevos […] de rogativas […] de las Romerías de San Benito y Virgen del Salobrar”.

Para compensar el déficit, los textos nos aclaran de dónde obtenían el dinero: “…de las  penas que se imponen a los ganaderos forasteros y de las “pesas y medidas”. El Visitador de la Audiencia se quejas de la mala administración de estos bienes con estas palabras: “ El caudal de “Propio” tan considerable bien administrado, no puede menos de producir sobrantes, al menos para ir repasando los caminos”.

Las reformas de los Borbones siguieron dando sus frutos y así vemos cómo en 1803 se obtuvieron 23.393 reales, que con unos gastos de 13.738 reales, supuso un superávit de 9.655 reales (Archivo Municipal).

 

E.- 1.- AGRICULTURA

 

La agricultura fue la principal fuente de riqueza. Se trata de una agricultura tradicional, de dos tipos, intensivo y extensivo.

Según el Catastro de Ensenada, Jaraíz contaba con 7.559 fanegas cultivables, que se distribuían de la siguiente forma: “145 fanegas de regadíos[…], 3.200 fanegas de tierra de secano, […] 500 fanegas de castañar […], 150 de olivar […],  400 de viñedos […],  48 de higueras […], 15 fanegas de morales dedicadas a la cría del gusano de seda.”

Estas tierras están clasificadas, según su rendimiento, en categorías: “tierras de primera, de segunda y de tercera”, incluyendo el número de fanegas de cada una de ellas.

La seda fue el principal producto de exportación, de aquí la importancia del cultivo de los morales para la cría del gusano de seda. A finales del siglo XVIII comienza a decaer, por lo que las autoridades harán lo posible para fomentar el cultivo, como expresa el Visitador en 1791: “Parece que desciende la cosecha de la seda, que es la principal y más interesante; debiera fomentarse aumentando el plantón de morales”.

El lino fue otro producto de regadío importante, ya que de él se obtenía el hilo para tejer los lienzos tan afamados por su calidad. Este cultivo desapareció en el siglo XIX y fue sustituido por pimiento, que comenzó a tener una importancia grande a partir de esta época. Ya ahora se cogen  7.000 arrobas de pimentón, que irán aumentando hasta convertirse en el producto estrella del siglo XX.

Otros productos de regadío fueron los frutales: manzanas, con 550 arrobas, peras, con 450 arrobas, cerezas, con 100 arrobas […] guindas, […] melocotones. Entre los productos hortícolas se citan: judías, cebollas o ajos.

El castañar había sido el cultivo más significativo en los siglos anteriores, ya que su fruto, aparte de servir para la alimentación humana, se intercambiaba por cereales, de los que éramos deficitarios. Pero ahora, una enfermedad había arrasado la producción y,  de las 25.000 fanegas que se producían en el siglo XVI, ahora sólo llegaban a 500 fanegas de castaños, pese a las medidas que se tomaron, como nos confirma el Visitador de la Audiencia: “ Se ha sentido en el fruto de la castaña la rebaja de más de 20.000 fanegas, que ha reducido a este pueblo a la ruina, sin que pueda reformarlo el cultivo del pimiento […] debieron obligar a los vecinos […] que cuidaran los castaños que van naciendo…”. A pesar de estas recomendaciones, el castañar no volverá a recuperarse como en épocas anteriores.

Los cultivos de secano eran: los cereales, la vid y el olivo. Los cereales se cultivaban con el sistema de rotación trienal, siendo los más importantes, el trigo y el centeno, con una producción de 600 y 1036 fanegas respectivamente. Más importancia tuvo la vid y el olivo. El aceite era de gran calidad y también se había exportado en el siglo XVI; pero su producción se redujo de 20.000  a 4.000 arrobas  y de vino se obtenían ahora 800 arrobas.

 

E.-2.- GANADERÍA, APICULTURA, PESCA Y CAZA

 

La ganadería fue un complemento de la agricultura, sin tener la importancia que en otras zonas. Los agricultores eran también ganaderos que encargaban el cuidado de sus rebaños a pastores a cambio de un salario.

La cabaña ganadera estaba formada por las siguientes especies: “193 vacas, 800 ovejas, 700 cabras, algunas cerdas de cría y los bueyes de labor”.

Los textos nos dan detalles de lo que producía cada especie: “Cada vaca de vientre pare a los 4 años y cada dos años tiene una cría y esta vale 80 reales”. También se especifica el precio de los lechones o chivos.

Las llamadas caballerías,  caballos, mulos y burros, fueron muy importantes, ya que eran imprescindibles para el transporte y las faenas agrícolas. Los textos nos hablan de su valor: “Una caballería mayor se regula en 110 reales y una menor en 50 reales”.

La apicultura era muy abundante debido  a la cantidad de montes que tenía el término municipal. Los textos nos hablan de 1.500 colmenas, con una producción de “500 libras de miel y otras 500 de cera, siendo su alimento la flor de la jara, del brezo, madroñera […]”.Es curioso cómo se lamentan los vecinos de los inconvenientes que había para aumentar su producción: “Pudiera haber más industria de esta si no fuera por los robos y animales nocivos, tejones y turones”.

La práctica de la caza se realizaba en toda la zona, dado el relieve tan montañoso y la variedad de especies que se criaban. Eran ya famosos los montes de Jaraíz en la época medieval, citados por Alfonso XI en su Libro de Montería, donde afirma que venían los reyes aquí a practicar  monterías. En el capítulo 20, cita los siguientes montes: “El monte del arroyo de Jaraíz, el de camino de Plasencia, Valdemorisco, Robledo hermoso, Valdenidos, el de camino de Cuacos…etc.”

El Interrogatorio habla de las especies más abundantes: “Hay caza de conejos, perdices, jabalíes, venados, corzos, zorros y lobos…”. También se habla de la “veda de caza” y de las muchas infracciones que se cometían.

Las batidas de zorros y lobos estuvieron subvencionadas por el Ayuntamiento hasta bien entrado el siglo XX, como hemos comprobado en el Archivo Municipal, que dice: “Por cada cabeza de lobo que se presente, 44 reales, de loba, el doble, 88 reales, de zorro, 40 reales…”.

La pesca ha sido siempre muy alabada por los cronistas de las distintas épocas, especialmente las sabrosas truchas de las gargantas. El Interrogatorio dice lo siguiente de las especies que había en las aguas jaraiceñas: “Hay en esta jurisdicción el río Tiétar y una caudalosa ribera llamada La Carba, y otra llamada Pedro Chate, en las cuales se crían barbos, truchas y anguilas”. También se cita “la veda de pesca” y se advierte de  las quejas de las autoridades municipales respecto a la multitud de infracciones.

 

E.-3.-ARTESANÍA

 

La industria artesanal estaba basada fundamentalmente en los productos derivados de la agricultura, como eran los del aceite, el vino, el pimiento, la harina  y los tejidos.

Tuvo su gran esplendor en el siglo XVI, decayó mucho en el siglo XVII y se recuperó en esta época aunque sin llegar a la importancia que adquirió en el siglo XVI.

El aceite fue siempre de gran calidad, como comenta el Vicario de Santa María en 1783: “A esta acompaña la mejor cosecha de aceite, de igual grado que el de la Sierra de Gata…”. La cosecha ascendía a 800 arrobas frente a las 20.000 que se obtenían en el siglo XVI. Los molinos de aceite o lagares se ubicaban en las márgenes de las gargantas. El Catastro de Ensenada nos da detalles de estos: “Hay dos molinos lagares de aceite de una viga, uno situado en la Garganta de Pedro Chate […], otro situado en la garganta de San Martín […] renta el primero 400 reales […] y el segundo 300 reales”.

La cosecha de vino  ascendía a 4.000 arrobas, y de su importancia  nos habla el Vicario Don Manuel Gutiérrez: “se recoge crecida cosecha de vino especial”. Cada vecino tenía su propia bodega donde obtenía, además, otros licores como gloria o aguardiente. Todavía existen hoy día, en algunas viviendas del casco antiguo,  las típicas bodegas en forma de cuevas, con grandes tinajas donde se conseguían las calidades deseadas.

La industria harinera fue también importante aunque la cosecha de trigo no cubría las todas las necesidades, por lo que había que importar este cereal. Existía un “pósito” o almacén de trigo ubicado en las dependencias del Ayuntamiento. Estos pósitos tenían una triple finalidad: aprovisionamiento de pan, regulación de los precios y el control de la calidad, además de entregar a los labradores una cantidad de grano para la siembra. Al frente del pósito estaba un Mayordomo nombrado por el Ayuntamiento, a  quien tenía que entregar las cuentas.

El caudal del pósito, según el Interrogatorio, era “en esa época de 53.295 reales y sirve para comprar trigo y dárselo al panadero”. Sigue diciendo el texto: “Había tres hornos, cuyos horneros ganan dos reales y medio al día y son Bernardo Bejarano…”.

La harina se obtenía en los molinos hidráulicos situados en las gargantas y podían ser de “una o dos piedras”. Los textos nos dan los nombres de los dueños y sus ganancias: “Alonso Tovar, cuyo molino es de dos piedras y percibe unos beneficios anuales de 1.200 reales…”. El Catastro de Ensenada cita cinco, con sus dueños y ganancias, pero al final del siglo ya había seis molinos, debido al aumento del pimentón, ya que en ellos también se obtenía el pimentón en la época de otoño, una vez secados los pimientos en los típicos secaderos.

En este siglo se triplica la producción del pimentón  ya que, de las 1.000 arrobas que se producían a principio del siglo, en 1791 llegaron a las 3.000 arrobas. Con el aumento del pimentón comienza a tener importancia la industria chacinera. La matanza del cerdo fue algo imprescindible para el mantenimiento de las familias, pero la chacinería no se limitó al ámbito familiar, sino que además, fue una industria dedicada a la exportación, dada la calidad de los productos, jamones, chorizos o  lomos. Así lo comprobamos en el siguiente texto: “Alonso Tovar, vecino de esta villa, conduce a la de Madrid cerdos que compra y acecina, siendo el mismo  que mata y conduce el de 25, y gana todos los años 900 reales de vellón”. También cita el texto otros chacineros y sus ganancias.

El cultivo del lino y los morales para la producción de la seda, hizo de la Vera un centro importante en artesanía textil de alta calidad, como fueron los lienzos y el hilado de la seda. Del lino se obtenía el hilo para la manufacturación de lienzos y tafetanes. Había dos variedades: el lino “boyal” o frío, del que se obtenía un hilo fino y blanco, y el lino “caliente”, que daba más “hilaza” pero de peor calidad, apropiado para el tejido de sacos para envases de productos. Los terrenos más apropiados para su cultivo eran los valles de las gargantas llamadas linares.

Los lienzos obtenidos del lino de la Vera fueron muy famosos ya desde el siglo XVI, como nos comentan los textos: “Se hacen lienzos escogidos, estimados en todas partes […]”. Esta importante artesanía se mantuvo en Jaraíz hasta el siglo XIX. En 1786 el párroco de Santa María dice: “No hay más fábricas que la seda y el lino y este se teje por los naturales y es de buena calidad.” (A.B.N.). El Interrogatorio nos confirma esto: “No hay más fábrica que algunos telares de lienzo y estopa que se cogen en algunos heredamientos”

Una vez confeccionado el lienzo en estos telares, se sometía a la operación del “batanado” para aumentar su resistencia, suavidad y compacidad. El “batán” era una especie de molino hidráulico formado por gruesos mazos de madera que golpeaba los tejidos para que adquirieran la resistencia, suavidad y compacidad deseada. El batán de Jaraíz se encontraba en la garganta de Jaranda, cerca del puente de La Carba. Así nos informa el Catastro de Ensenada: “Hay Batán  para abatanar paños en la garganta de Jaranda […] propio de Florentino Izquierdo […] produce 1.300 reales…” También nos dice el nombre de los tejedores: “Tejedores de lienzo eran Juan Rubio, Gil Sánchez y Antonio Muñoz […] y ganan 4 reales” (A.H.P.).

La seda fue otra de las fibras textiles de gran relevancia en toda la Vera. La seda es un filamento segregado por el gusano de seda para construir su capullo. Este gusano se alimenta de las hojas de la morera y del moral. Esta última variedad arbórea es la que más se cultivó en Jaraíz. El proceso del hilado se hacía mediante la cocción del capullo antes de que la larva sufriera la metamorfosis y la mariposa pudiera romper el capullo para salir al exterior. Con el agua hirviendo, la fibra se despoja de la capa de sericina que la rodea y quedan los hilos separados y brillantes, aptos para ser devanados. Luego comienza el proceso del hilado propiamente dicho, que consiste en unir en un solo hilo varias hebras de distintos capullos con lo que se consigue el hilo para fabricar el tejido de  seda. La artesanía del hilado de seda estaba a cargo de los familiares de los agricultores y productores. Después de la recogida de capullos, en los hogares de estos agricultores, se procedía al hilado. Así nos ilustra el Catastro de Ensenada: “Hiladores de seda no se nombran por su crecido número y por ser lo común hijos de familias que en un mes trabajan con corta diferencia”.

En Jaraíz el hilado de la seda tenía tanta fama que el Visitador de la Audiencia lo ponía como ejemplo para otros pueblos: “En este pueblo se hila y se aprovecha más bien la seda y con algún estímulo pudiera llevarse a la perfección y transcender a los demás lugares”. En efecto, con el estímulo de las autoridades se logró aumentar la producción de seda en más de 600 libras en sólo medio siglo, ya que en 1791 se cogían 900 libras y a mediados del siglo XIX pasaron a 1.500 libras, según nos informa Don Pascual Madoz.

Las artesanías imprescindibles para el desarrollo de la vida rural de los vecinos también fueron de importancia, pero sólo para el consumo local, no para la exportación como las de los anteriores productos comentados, especialmente los textiles.

Estos artesanos se agrupaban por calles y barrios  desde el siglo XVI, dando nombre a las calles que en la actualidad  lo conservan: calle Herradores, calle de los Herreros, calle de los Pedreros.

Para el cultivo del campo eran imprescindibles las herramientas de trabajo como  azadas, arados y  hoces, fabricadas por los herreros en las fraguas. El Catastro cita al menos tres, con los nombres de los herreros y lo que ganaban. También los herradores eran muy necesarios  para mantener en buenas condiciones las caballerías, tan importantes para las labores agrícolas y para el transporte de mercancías y personas.

Famosos eran los pedreros o picapedreros, sin los cuales no se podía llevar a cabo ninguna construcción por ser la piedra el material principal de cualquier obra. También nos hablan los textos de banasteros o artesanos de la cestería, así como de cacharreros, zapateros, sastres, alpargateros, guarnicioneros y horneros, entre otros.

 

E.- 4.- EL COMERCIO

Este sector estuvo muy poco desarrollado debido a la falta de infraestructuras, ya que no eran adecuadas a las necesidades y los medios de transporte se limitaban a la arriería.

El comercio local carecía de importancia, pues la mayor parte de los vecinos se autoabastecían con sus propios cultivos y lo sobrante lo vendían a otros vecinos o lo intercambiaban. El abastecimiento de pan, aceite, jabón, bacalao, queso y aguardiente, estaba controlado por el Ayuntamiento, como lo confirma el Interrogatorio: “Se arriendan en pública subasta”. Con respecto a la carnicería dice: “No produce derecho alguno, más que la equidad que hace el obligado en los precios de la carne”. Para  el abastecimiento del vino y el aguardiente, existía una taberna cuyos beneficios servían para pagar ciertos impuestos del Estado: “Hay una taberna que vale cada año 750 reales, los que se aplican para aminorar los repartimientos de rentas provincianas, que los vecinos pagan”. Había también un estanco y dos farmacias.

No existían grandes mercados y ferias. El único mercado que había en Jaraíz era el que se celebraba anualmente junto a la antigua ermita de la Virgen del Salobrar, situada junto al río Tiétar. Esta feria era poco importante, como lo afirman los textos: “Sólo hay una feria de corta consideración en el primer domingo de Mayo, donde se vende algún paño basto, zapatos y otros géneros de quincallería”.

Había una verdadera necesidad de fomentar el comercio local para cubrir las necesidades de los vecinos y al mismo tiempo, fomentar la economía. Por este motivo, el Visitador de la Audiencia intenta dar solución al problema de la siguiente forma: “Considerando conveniente fomentar el tráfico y el comercio con un mercado semanal, o al menos, mensual, porque carece de comercio particular, ni compañías.”

El comercio exterior fue más importante, ya que estaba en manos de los arrieros forasteros, que llevaban los productos a distintas zonas del país. Estos productos de exportación eran los siguientes: “300 arrobas de aceite a 45 reales cada arroba, 2.500 arrobas de pimentón, a 15 reales.” La producción de seda se vendía toda y era el producto más importante de exportación junto con los lienzos de lino. Así lo afirman los textos. “La cosecha de seda es la principal y más interesante.”

Fundamentales  para el comercio exterior eran las posadas y mesones. Aquí había cuatro mesones, pero sin comodidades para las personas y las caballerías, según se lee en  los textos: “Hay cuatro mesones, sin provisión de camas ni cebada. Uno de Francisco Manzano […] otro de Juana Muñoz, viuda, […] otro de Francisco Godoy, […] otro de Santiago Gordo…”

 

F.- LAS COMUNICACIONES

 

Las comunicaciones eran escasas y las que había tenían los firmes en muy mal estado;  los escasos puentes que había eran muy deficientes y peligrosos.

Por Extremadura pasaban dos vías principales, según el Repertorio de Villuga. Una era la que iba de Lisboa a Madrid, que pasaba por Navalmoral, poniendo en contacto las ciudades castellanas con las extremeñas. La otra seguía la dirección de la Vía de la Plata, uniendo Sevilla con Salamanca  y pasaba por Plasencia. Los caminos que unían Jaraíz con estas vías se llamaban Caminos Reales. El que iba a Plasencia era de más fácil acceso, pero el de Navalmoral presentaba más inconvenientes,  ya que había que cruzar el puente de la Carba  en la garganta de Jaranda, que estaba en muy malas condiciones, como veremos a continuación. Así mismo se tenía que cruzar el río Tiétar en la famosa Barca de Jaranda, por la que  tanto las personas como los animales tenían que pagar un impuesto, ya que la barca pertenecía a Plasencia desde 1685, que fue cuando Jaraíz compró su Privilegio de Villazgo a esta ciudad a cambio de  la Dehesa del Rivero y “una barca sobre el río Tiétar”. (P. Madoz)

La cantidad de dinero que los vecinos tenían que pagar se llamaba “barcazgo” y dependía del caudal de agua que llevara el río. Así nos lo confirman los textos: “Hay una barca llamada Jaranda en el río Tiétar, pertenece a la ciudad de Plasencia, que su precio por persona y caballería es de cinco cuartos hasta dos reales, según la fuerza de la corriente”. (A.H.P.)

En cuanto al puente de la Carba, que salvaba la garganta de Jaranda, sabemos que estaba en unas condiciones deplorables, hasta el punto de que, con frecuencia, había accidentes de caídas al cauce por el deterioro de la construcción y, especialmente, los pretiles. Por este motivo, se había solicitado la construcción de un puente nuevo, pero este no se construirá hasta el siglo siguiente. Así lo confirma el Interrogatorio: “Los caminos reales […] necesitan reformas, especialmente el puente de la Carba, muy peligroso. Se han caído personas y caballerías a la ribera. Se han solicitado 250.000 reales para hacer la obra con perfección.” También añade: “No se paga portazgo”.

El Visitador de la Audiencia se quedó extrañado del mal estado de estas comunicaciones, por eso dice en las  Advertencias: “El caudal de Propios bien administrado no puede menos de producir sobrantes para ir reparando los caminos  y entre este y los demás pueblos de la Vera[…] bien pudieran componer el puente de la Carba hasta que se verificase la construcción que tienen solicitada”.

El transporte, tanto de mercancías como de personas se hacía a lomos de caballerías, ya que los caminos, llamados “de herradura” eran para la circulación de animales. Los caminos de ruedas para carruajes se limitaban a las vías más importantes. La que pasaba por Navalmoral era la más accesible a los jaraiceños. Por esta vía se podía ir a Madrid en diligencias, así como a Toledo y la baja Extremadura.

 

G.- LA CULTURA

 

En la faceta cultural advertimos una recuperación en este siglo de la Ilustración, aunque continuará siendo la Iglesia la que capitalice este aspecto en las zonas rurales, como era el caso de Jaraíz, donde tenía un gran poder socio-económico, lo que se manifestó en las diversas actividades culturales. La Vicaría fue una de las más importantes del Obispado, con dos Vicarios y dos parroquias, con una jurisdicción sobre 36 lugares de la Vera y del Campo Arañuelo. Además contaba con gran número de Memorias, más de 50 Capellanías, alrededor de veinte  Cofradías, cinco ermitas, un hospital y un colegio de Segunda Enseñanza, entre otras instituciones. El capital que llegó a tener fue considerable tanto en fincas como en metálico, que prestaba a los vecinos a bajo interés, como eran los famosos “censos”. Por este motivo la Iglesia fue la gran impulsora de la cultura desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XIX, cuando todos los bienes fueron enajenados con motivo de la Desamortización.

En la Enseñanza de produce un gran avance en el siglo XVIII. La Enseñanza Primaria había estado totalmente controlada por la Iglesia, pero ahora pasará a depender  del Estado, y especialmente a partir de 1783, cuando se publica la Célula Real. Después, en 1804, con las Reales Ordenanzas, se crea el Cuerpo de Maestros y el ejercicio libre de la profesión, además de elevar el nivel de la enseñanza para expedir títulos.

Sabemos por el Catastro, en 1753,  quién era el maestro de niños y el sueldo que percibía. Así consta en el texto: “Hay un Maestro de Primeras letras que lo es Bernardo Martín de Castro, que con 500 reales que le da la Villa, de situado ganará 750 reales”. Con respecto a la maestra, no se cita el nombre, sino sólo el salario, que era de 160 reales. Como consecuencia de esta discriminación por razón del sexo, los jaraiceños se quedarán sin maestra durante un período importante en la segunda mitad del siglo. Por este motivo, los padres de los niños intentan solucionar este problema elevando el sueldo de la maestra, como nos confirma el Interrogatorio de 1791, que dice: “Se juzga necesaria la dotación de 700 reales para una Maestra de niñas, cuya educación está abandonada, y se nota el inconveniente de que los padres que desean aprendan sus hijas a leer, se ven precisados a enviarlas a la escuela de niños, cuya mezcla produce malas consecuencias”. Ahora, también se eleva el salario del maestro según nos confirma el texto: “Hay escuela de niños con Maestro de Primeras Letras, cuya dotación es de 1464 reales”.

La Enseñanza Secundaria también estaba controlada por  la Iglesia. Ya en el siglo XVI, la Vicaría había fundado un Colegio de Segunda Enseñanza para los hijos de las familias más destacadas y especialmente para los que querían seguir la carrera eclesiástica. Se denominó “Colegio de San José” y función hasta la Desamortización. Estaba dotado de una Cátedra de Gramática, desempeñada por un especialista en la materia. Así lo confirma un documentos de 1711 del Archivo Parroquial de San Miguel. Se trata de una Memoria de Don Francisco Manzano de Carvajal, “cura-rector de la parroquia de San Miguel”, que en su testamento dotó de una casa que tenía en la calle del Rey de Plasencia para un preceptor de Gramática. Dice, además, que si no hubiera preceptor de Gramática, se la otorgará a un “Maestro de Escuela”. A continuación pone las obligaciones que debía cumplir el beneficiado, como la “celebración de una Misa rezada en la Octava del Stmo. Sacramento”, entre otras cosas.

Uno de los preceptores de esta época fue “Don Isidro Montes, clérigo de menores y gana 800 reales”. Pero las rentas de la fundación fueron disminuyendo y los jaraiceños se quedaron sin preceptor de Gramática por lo que los vecinos no consintieron que se viniera abajo este bien cultural. Por este motivo instan al Ayuntamiento que pague al preceptor con las “Bienes de Propio” o del municipio. Así consta en el texto: “Aunque hay fundación para sostener a un preceptor de gramática, por no ascender esta a más de 400 reales, no está en actual ejercicio y por lo mismo se contempla que se aumente la dotación a 1.500 reales, supliendo los 1.500 reales del fondo de Propios”.

Vemos cómo, a finales del Siglo de las Luces se aprecia cierta inquietud por la enseñanza entre los vecinos a todos los niveles. Sin embargo el analfabetismo siguió siendo  una de las lacras de esta sociedad.

La Iglesia fomentaba con gran interés las Cofradías y demás obras pías. Estas festejaban a sus santos patronos no sólo con celebraciones litúrgicas, sino con romerías, danzas al son de la flauta y el tamboril, procesiones y bailes, donde el folklore popular desplegaba su amplio abanico de actuaciones. Fueron famosas las alboradas, las rondas y rondeñas. Era destacadas las danzas de los bailaores así como también se citan en los documentos a “bailaoras” o danzantes femeninas, denominadas “Maires”, quienes actuaban en las romerías en honor de San Blas y Santa Lucía, en su famosa ermita.

Muy importantes fueron las manifestaciones culturales de alto nivel como la Música, la Oratoria y el Teatro. La música sacra tuvo un gran relieve, ya que todas las fiestas religiosas se amenizaban con conciertos de órgano. En las dos parroquias había especialistas músicos que solemnizaban todos los actos litúrgicos con los armoniosos sonidos de los órganos: misas solemnes, tercias o vigilias.

Tenemos documentación de dos órganos de la iglesia de San Miguel, procedente del archivo parroquial y facilitada por Don Joaquín Jiménez, actual párroco. Uno data de 1625 y dice: “Se pagó más de cien reales por el órgano y hay carta de pago”. A continuación pormenoriza el coste de los distintos elementos compositivos: “gastóse de hierro veinte libras para los Registros […] costó diez reales los herrajes […] los registros nueve reales…” Constan, además otros detalles, como fuelles, cordeles o tachuelas. El otro órgano se compró en 1739 y costó un precio mucho más elevado que el anterior, según el texto: “Abónanse cinco mil y treinta y dos reales y treinta maravedíes”. A continuación se especifican todos los gastos que supusieron  el montaje, el transporte, los materiales, incluso una licencia de “Derechos de obra que costó 14 reales”.

Por el Catastro de Ensenada sabemos los nombres y los salarios de los organistas de las dos parroquias a mediados del siglo XVIII, llamándonos la atención la diferencia de salario que había entre lo que ganaba el de Santa María con respecto al de San Miguel. Así consta en el texto: “Los organistas de Jaraíz son Víctor García que lo es de la parroquia de Santa María y gana trescientos reales, otro Felipe Rodas que lo es de la parroquia de San Miguel y por serlo le vale ciento cincuenta reales”.

La oratoria fue siempre muy fomentada y apreciada por la Iglesia, ya que era uno de los medios más eficientes de evangelización. Se traían grandes oradores para predicar los días festivos más importantes. Fueron famosos los Agustinos y los Dominicos. En las cuentas de Fábrica de las dos parroquias y en las de las distintas cofradías, encontramos estas referencias al pago de las “sermones”. Eran famosos los sermones de las Siete Palabras del día de  Viernes Santo o los del día del Corpus, de la Octava y de la Infraoctava, así como de las festividades de los distintos patronos de las Cofradías. A los gastos que suponían traer estos oradores contribuirá el Ayuntamiento con una dotación de “ciento y veinte reales”, según el Interrogatorio de la Audiencia.

El teatro fue otra de las manifestaciones culturales fomentadas por la Iglesia, ya que las representaciones de tipo religioso eran otra forma de evangelización de los fieles, quizás más realista que la predicación o los sermones. Desde la época medieval era ya importante la representación de los Autos Sacramentales en los distintos ciclos litúrgicos y en las festividades de los diferentes patronos de las Cofradías y de las dos parroquias.

Los textos consultados hablan de este tipo de actividades culturales realizadas dentro de los templos, que al referirse a ellas siempre las denominan “las Comedias”. En la parroquia de San Miguel era muy famosa la que todos los años se ponía en escena con motivo de las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Paz. Estas representaciones estaban a cargo de actores profesionales forasteros que venían a actuar cuando se les requería. Para poder actuar en las iglesias, debían solicitar los párrocos una licencia, por la que tenían que abonar unos derechos, como hemos comprobado en el libro de Cuentas de Fábrica de San Miguel. La solicitud de la Licencia está firmada por el “Cura Rector y Vicario Licenciado Don Baltasar Braceno”. También constan otros gastos derivados de la representación de la “Comedia” y de los actores, que los denominan “comediantes”. Así se citan los “refrescos para los comediantes se pagaron…”. En otra cita se expresa lo que abonó el Vicario de San Miguel para los gastos de “la Comedia y los comediantes, 136 reales y medio y 17 maravedíes”, en el año 1731.

Así pues la Iglesia fue la gran depositaria e impulsora de la cultura de este período histórico y los eclesiásticos los principales hombres que destacaron en el saber de la época.

Ahora, en el siglo XVIII,  hay destacadas personalidades en el campo de la cultura y de la Iglesia, como nos lo confirma el Vicario de San Miguel, Don Vicente Sánchez Zúñiga: “En el campo de las Letras ha habido muchos sujetos conocidos como fueron el Sr. D. Juan Domingo Manzano, colegiado Mayor de Cuenca, que murió Obispo de la ciudad de Jaca en 1750. Don Juan Abad, Inquisidor de Valladolid que murió hecho Obispo en el siglo anterior. El Sr. Don Juan Pavón y Arjona que fue inquisidor de Córdoba. Canónigos y dignidades ha habido bastante en Santa Iglesia Catedral de Plasencia y otros del Reyno” (A.B.N.)

Por lo tanto hemos de destacar los dos obispos jaraiceños de los que nos habla el Vicario. Uno el llamado Don Juan Abad, que fue primero inquisidor y después obispo de Valladolid, pero poco más sabemos de él. Sin embargo tenemos noticias más concretas del obispo Manzano, pues conservamos su magnífico palacio que ha perpetuado su memoria y su linaje, ya que luce en su fachada uno de los escudos extremeños más interesantes, no sólo por su valor heráldico, sino por la perfección técnica con que están tratados los bajo relieves que simbolizan su linaje: el manzano, el león rampante, la banda transversal de los Carvajales, el capelo cardenalicio y la flor de lis, entre otros motivos decorativos.

Don Teodoro Fernández Sánchez ha hecho un buen estudio del mencionado Obispo, demostrando que fue una de las personalidades de más alto  nivel cultural y religioso del siglo XVIII a nivel nacional. Después de ser Colegiado Mayor de Cuenca, Don Juan Domingo Manzano de Carvajal fue nombrado canónigo de la Catedral de Zaragoza y aquí se le consagró Obispo de Jaca, el 4 de Mayo de 1739. Entre sus obras cumbres destacan la celebración de un Sínodo y la construcción del Seminario episcopal.

H.- CONCLUSIÓN

 

En el tercer centenario de la inauguración de la dinastía borbónica con Felipe V, podemos afirmar que el siglo XVIII fue una época de recuperación, aunque lenta, pese al desastre que supuso la Guerra de Sucesión, con la pérdida de todas las posesiones europeas, además de Menorca y Gibraltar. Como ya hemos referido, la recuperación de Menorca no cerró la herida de esta desastrosa guerra, ya que Gibraltar seguirá en poder de Inglaterra hasta la actualidad, siendo fuente de numerosos conflictos.

En el aspecto económico y social hemos observado una lenta recuperación y el crecimiento de la población. Algunos de los graves problemas que habían azotado a los vecinos se intentarán paliar en lo posible, como fue el establecimiento del pósito para evitar las terribles hambrunas del período anterior, ya que con él tenían asegurado el trigo y el pan. También fue importante el reparto de tierras abandonadas entre los vecinos más necesitados. Se combatía así mismo una de las enfermedades que más asolaba a la población, el paludismo,  con la quina, procedente de América. Según los textos, “el obispo de Plasencia distribuía “quina” entre los distintos pueblos de su obispado”.

En el aspecto económico hemos visto cómo se fomentó la agricultura y la artesanía,

 

 

Abr 302014
 

Martiria Sánchez López.

Profesora de Historia I.E.S. Maestro Gonzalo Korreas de Jaraíz 

Cronista oficial de Jaraíz de la Vera (Cáceres)

 I.- INTRODUCCIÓN.

Las Cofradías en Jaraíz han tenido siempre una gran importancia y trascendencia en todos los aspectos de la sociedad jaraiceña, tanto a nivel religioso  como cultural y social, pero la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias lo ha sido de una manera muy especial, ya que era una de las Cofradías Penitenciales más significativas  y a la que pertenecían la mayor parte de los vecinos.

Jaraíz fue un centro religioso de primer orden dentro del Obispado de Plasencia, ya que era Sede de una de las Vicarías más extensas e importantes del Obispado. A esta Vicaría pertenecían “36 lugares”, es decir, todos los pueblos de la Vera y del Campo Arañuelo. Sobre ellos tenía jurisdicción y todos dependían de ella en el aspecto religioso. Por este motivo Jaraíz contaba con dos parroquias regentadas por sendos  Vicarios, con los mismos derechos y atribuciones: el Vicario de la parroquia de Sta. María y el Vicario de la parroquia de San Miguel.

Esto explica la importancia religiosa de Jaraíz a todos los niveles, lo que se traducirá en la existencia  de numerosas instituciones religiosas, como Memorias, Capellanías, Ermitas y, sobre todo, Cofradías. Sobresalió notablemente  el Colegio de San José, que dependía de la Vicaría de la parroquia de Sta. María; era un Colegio de Segunda Enseñanza, con Cátedra de Gramática, donde se formaban principalmente los niños que aspiraban a la carrera eclesiástica. Según el Catastro de Ensenada, aquí llegó a haber unos 22 clérigos en el siglo XVIII un número muy elevado para una población de poco más de 300 vecinos.

Para realizar este trabajo hemos contado con los documentos existentes en el Archivo de la parroquia de San Miguel, especialmente con dos valiosos manuscritos de la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias, uno del siglo XVII y otro del siglo XVIII. Los dos “Libros” están en perfecto estado de conservación y reflejan perfectamente la organización de la Cofradía en sus respectivas épocas, sus cuentas, los cargos directivos, los cofrades que la integraban, con sus nombres y apellidos, las visitas del Obispado y demás asuntos referentes a la misma.

Otro documento interesante es el “Libro de Misas” de donde hemos obtenido algunos datos. También hemos consultado textos del Archivo parroquial de Sta. María, como el “Libro de Visitas” entre otros.

Del “Catastro de Ensenada”, depositado en el Archivo Provincial, hemos obtenido datos interesantes como el nombre y el sueldo de los “Organistas”, entre otros. Hemos consultado, a su vez, el Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres (Archivo Provincial) donde se enumeran las Cofradías de las dos parroquias, así como las demás Obras Pías, como las Ermitas, incluyendo la de la Virgen del Salobrar, patrona de Jaraíz, donde se  habla de su situación junto al río Tiétar y de su festividad.

 

II.- ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LAS COFRADÍAS. TIPOLOGÍA.

 

Los orígenes de las Cofradías hay que buscarlos en la época medieval, con la creación de los “gremios”, que eran asociaciones de personas pertenecientes a la misma profesión u oficio. Estos se agrupaban con fines profesionales y sociales. En Jaraíz, los gremios tuvieron mucha importancia, dada la gran actividad artesanal que comenzó a desarrollarse en la época bajo-medieval y, sobre todo, en la Edad Moderna. Una vez constituidos los gremios, se agrupaban los distintos oficios por calles, de los que todavía nos quedan sus nombres, como la calle Herradores, Pedreros, Herreros… Estas asociaciones gremiales, llamadas también “cofradías”, se ponían bajo la protección de un santo o de la Virgen, teniendo un protagonismo enorme en la vida social, religiosa y cultural de nuestro pueblo.

Todas las asociaciones gremiales y cofrades acogidas a sus respectivos patronos, comenzaron a llenar las calles del pueblo con sus desfiles procesionales, ofertorios, danzantes al son de la flauta y el tamboril y demás actos litúrgicos y folklóricos, durante las festividades de sus diferentes santos.

Pero las ordenanzas gremiales iban más allá de todas estas actividades festivas y religiosas, ya que otro de sus objetivos principales era la asistencia y defensa de sus componentes, especialmente de los hermanos más necesitados, atendiendo a sus necesidades materiales, así como a los sufragios por los fieles difuntos.

Todas estas asociaciones gremiales o cofradías adquirieron un notable desarrollo después del Concilio de Trento (1546-1563). Esto fue debido a que este Concilio fijó los dogmas de la fe católica, muchos de los cuales habían sido negados por los protestantes, al igual que el culto a la Virgen, a los santos, al Santísimo Sacramento y a las Ánimas del Purgatorio.

Por este motivo, la Iglesia dará un gran impulso a las cofradías, quienes serán las encargadas de fomentar todas estas devociones.

Su desarrollo principal se alcanza en el siglo XVII y primera mitad del XVIII, ya que a finales de este siglo empiezan a levantarse críticas por parte de algunos hombres de la Ilustración. El rey Carlos III, en 1777, proclama la llamada “Real Célula”, por la que se prohíbe la salida de “disciplinantes y empalaos” en las procesiones de Semana Santa, aunque en algunos casos no se cumplieran estas órdenes y se continuara con estos ritos, como fue el caso de Valverde de la Vera, donde los “Empalaos” siguen celebrando su ritual en la actualidad.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) las cofradías sufrieron una gran crisis, ya que la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812 declaró la expropiación de los bienes de estas instituciones religiosas. La entrada  en vigor de estas leyes desamortizadoras, una vez jurada la Constitución, llevó   a los vecinos de Jaraíz a cumplir  con ellas. En efecto, todos los bienes de las cofradías y demás instituciones religiosas de las dos parroquias fueron enajenados y vendidos en pública subasta por un precio simbólico.

Después de ser derrotado Napoleón en 1814, ocupó el trono Fernando VII, quien anuló la legislación de las Cortes de Cádiz. Por este motivo, los vecinos tuvieron que devolver todos los bienes a las cofradías y demás Obras Pías: olivares, viñedos, huertos…etc. Así lo hemos comprobado en el “Libro de Visitas” del Archivo Parroquial de Santa María, donde dice el Sr. Obispo: “ Al haberse hecho constar que durante nuestra Sagrada Revolución las personas respectivas de esta Villa han vendido varias fincas pertenecientes a Establecimientos piadosos… que reclamen dichas fincas vendidas”.

Pero los vecinos no estaban de acuerdo con estos mandatos eclesiásticos y se resisten a devolverlos. Por este motivo, en la visita realizada al año siguiente, el Sr. Obispo insiste en su devolución, ya que de estos bienes dependía el funcionamiento de las cofradías y demás instituciones religiosas. Entonces, envía a los Mayordomos, como máximos responsables, para que la devolución sea efectiva y ordena: “Que en unión de los Mayordomos de Fábrica (parroquias) reclamen a los tenedores de las fincas de los Establecimientos piadosos y los de Nuestra Señora del Salobrar, el importe de los materiales de su Ermita, deteriorada y vendida, y con arreglo a las Reales Ordenanzas, que anulen estas ventas, que deben volver a su piadoso destino y legítima propiedad”. En efecto, los bienes tuvieron que ser restituidos, pero los vecinos continuaron intentando recuperarlos. Lo lograron de nuevo durante el Trienio Liberal, 1820-1823, cuando Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución de 1812, pero después tuvieron que devolverlos de nuevo.

Será durante el reinado de Isabel II cuando los consigan de una manera definitiva, con las leyes de Desamortización de Mendizábal , en 1841, por las que todos los bienes de la Iglesia pasaron definitivamente a manos de los vecinos, obteniéndolos por un precio simbólico en pública subasta.

Después de la Desamortización, la mayoría de las cofradías desaparecieron, pero las procesiones y demás actos litúrgicos seguirían realizándose. A principios del s. XX, la religiosidad popular adquiere de nuevo un gran auge  y es entonces, cuando gran parte de las imágenes tradicionales, de gran valor artístico, fueron sustituidas por las actuales.

Después de la Guerra Civil, las procesiones adquieren un nuevo impulso, hasta los años sesenta y setenta en que decaen por diversas causas, entre ellas la emigración, hasta el punto que muchas imágenes dejaron de sacarse en procesión.

En los años ochenta comienza una recuperación de las cofradías penitenciales que continúa hasta nuestros días, culminando con la creación de la Junta de Cofradías Penitenciales, en el año 2002.

 

La tipología de las cofradías en Jaraíz responde a los tipos generales: Cofradías Penitenciales y Cofradías de Gloria, entre las que se incluyen las de Santos, las Marianas, con las distintas advocaciones de la Virgen, las Sacramentales y las de Ánimas. En cada parroquia existían diferentes Cofradías de Santos y Marianas, pero hubo dos Cofradías semejantes en las dos parroquias: las del Santísimo Sacramento y las de Ánimas. Según los textos, a las Cofradías que se fundaron posteriormente se las llamó “Demandas”.

Las Demandas tenían los mismos objetivos, actividades y rituales que las Cofradías de su nombre, pero sus festividades se celebraban en distintos días. Así, en la parroquia de San Miguel, la Demanda del Santísimo Sacramento celebraba la fiesta del Corpus Christi el domingo de la octava, en lugar del día del Corpus, cuando lo celebraba la Cofradía del Santísimo Sacramento, de la parroquia de Santa María.

En Jaraíz tuvieron mucha importancia las cofradías en las dos parroquias. El “Interrogatorio” de la Audiencia de Cáceres, habla de siete en total en 1791, pero esto no se ajusta a la realidad, ya que  sólo en la parroquia de San Miguel, los documentos del Archivo Parroquial enumeran ocho, dos penitenciales,  “la Cofradía de Nuestra Sra. de las Angustias y la del Stmo. Cristo de la Humildad” y el resto de gloria, entre las que se citan: “la de San Miguel, la de San Blas, Santa Lucía y Santa Catalina, la de San Benito, la de la General, la Demanda del Stmo. Sacramento y la Demanda de las Benditas Ánimas del Purgatorio” (Legajo 5- D. 21, A.P.) En la parroquia de Santa María se mencionan la Cofradía del Rosario, la de Nuestra Señora de Gracia, la de Santa Ana, la de los Santos Mártires, la del Santísimo Sacramento, la de las Benditas Ánimas de Purgatorio, entre otras.

 

III.- LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS.

 

III.- A.- ORÍGENES Y EVOLUCIÓN.

Esta Cofradía era una de las más antiguas y una de las más importantes. Ya en el siglo XVI era conocida, como consta en el Libro de Misas del Archivo Parroquial, que data de 1594, donde se la menciona como una de las de mayor relieve. En otro documento de 1606 aparece una donación a favor de esta Cofradía “…María González, viuda de Gonzalo Martín, vecina de este lugar […] estando presente el escribano de lo que fue otorgado en dicho lugar de Jaraíz, de mil seiscientos y seis años, siendo testigos Francisco flores y Pedro Campos, ambos vecinos de este lugar de Jaraíz.” (A.P.)

La Cofradía se fue desarrollando a lo largo del siglo XVII para adquirir su mayor esplendor en el siglo XVIII. En el siglo XIX desapareció como las demás cofradías, con la Desamortización, aunque el culto a la Virgen de las Angustias continuó, pero ya con otra denominación y solamente durante la Semana Santa. Como comentaremos en su momento, era tal la devoción que los vecinos tenían a la Virgen de las Angustias, que se le rendía culto también fuera de Semana Santa, concretamente el día de Año Nuevo, con procesiones, ofertorios y danzas al son de flauta y tamboril.

La advocación de la Virgen cambió a principios del s. XX, denominándose Nuestra Señora de los Dolores. Este nombre aparece en los textos, a finales del s. XVIII, referido a unas misas que se celebraban el viernes anterior al Domingo de Ramos  en honor de las Virgen de las Angustias (“Misas de Dolores”) recordando los sufrimientos de la Virgen ante la Pasión de Señor. Pensamos que poco a poco se iría sustituyendo el nombre hasta que definitivamente se la llamó así cuando se sustituyó la antigua imagen de la Virgen de las Angustias por la actual. Las dos representaban una Piedad, la Virgen con Jesús muerto en sus brazos. La diferencia es que la imagen de la Virgen de las Angustias tenía un valor histórico y artístico de primer orden, importantísimo para un pueblo que la rindió culto a lo largo de su historia.

Esta cofradía contaba con tres pasos procesionales: el Cristo del Descendimiento, Nuestra Señora de las Angustias o la Santísima Virgen con su hijo muerto entre sus brazos, y Nuestra Señora de la Soledad.

III.- B.- OBJETIVOS Y ACTIVIDADES.

LA PROCESIÓN DE VIERNES SANTO: ACTO PÚBLICO DE PENITENCIA.

Como Cofradía penitencial, su principal objetivo era conmemorar la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo durante la Semana Santa, aunque a lo largo del año realizaba otras celebraciones litúrgicas relacionadas con sus santos patronos.

Además de esta finalidad, tenían otro objetivo importantísimo: la protección y asistencia a todos los hermanos cofrades, tanto de los  vivos como de los  difuntos, con los distintos tipos de sufragios, misas, responsos…etc. Tenían la obligación de socorrer a los hermanos necesitados mediante limosnas en dinero, en comida o en ropa. En la “Cuentas de la Cofradía” hemos encontrado una partida considerable, en 1671: “se dieron 7.555 maravedíes de limosnas el día de Viernes Santo”. Otra obligación que tenían los cofrades era visitar a los hermanos enfermos.

Los actos litúrgicos del Viernes Santo, con la procesión general, eran los momentos más esperados y deseados por todos, ya que era uno de los principales objetivos de la Cofradía: la procesión, con sus pasos, es una forma viva de realizar la conmemoración de la Pasión del Señor, ya que el patetismo de sus imágenes muestra al creyente los sufrimientos de Cristo por redimir al mundo.

Pero aquí, antes de la procesión, se representaba con enorme realismo y devoción, el ritual de la Crucifixión del Señor y el Descendimiento. Este ritual se celebraba dentro del templo o en el atrio, ya que al estar a una altura considerable, lo podía contemplar todo el pueblo. Allí podía verse, de una manera muy real, el terrible drama de la cruz. El ronco y estrepitoso sonido del tambor anunciaba al creyente el trágico acontecimiento, mientras los golpes del martillo sobre los clavos iban atravesando los miembros de la imagen del Redentor y las tristes melodías de la trompeta interpretaban una plegaria fúnebre. Acompañando a este ritual, elocuentes predicadores especializados pronunciaban el “Sermón de las siete palabras” donde explicaban al creyente el significado de cada una de ellas. Estos predicadores solían ser Agustinos o Dominicos de los conventos de la Vera. Los textos hacen referencia a ellos  y especifican lo que se les pagaba por su trabajo: “Se pagó al predicador 70 reales por dos sermones”

También los textos nos hablan varias veces de la “trompeta y el tambor” de la Cofradía que “…acompañan al calvario”, así como de lo que costaron los clavos empleados para la ceremonia: “…se pagaron dos reales para los clavos para la crucifixión”.

A continuación tenía lugar el ritual del Descendimiento en el que unos cofrades especializados bajaban de la Cruz la imagen del Señor para depositarlo en su Santo Sepulcro. De nuevo, según los textos, los sonidos de la trompeta y el tambor hablaban al alma de los fieles de la inmensidad de la tragedia de un Dios que ofrecía su vida para salvar a los hombres.

El Sepulcro era una urna de cristal que los cofrades se habían encargado de preparar y acondicionar  para contener la divina imagen y formaba  parte de la procesión general. Los textos nos hablan de todos los elementos que contaban para este ritual: “Tres sábanas, seis almohadas enfundadas labradas y un cabezal para el suelo del Sepulcro y una colcha de damasco negro”  “Una toalla de seda con la que se baja de la Cruz a nuestro Señor del Descendimiento” “Un paño ancho con un encaje, con el que se cubre a nuestro Señor”, se mencionan además las andas, un carrillo y otros objetos. La imagen de este Cristo del Descendimiento es una escultura articulada de un enorme valor artístico, que se conserva en la actualidad y de la que hablaremos en el capítulo correspondiente.

Además de esta imagen, la Cofradía contaba con otros dos pasos, el de la Virgen de la Soledad y el de Nuestra Señora de la Angustias, que era la titular. Todas formaban parte de la “Procesión General que recorría todo el pueblo” el día de Viernes Santo.

Tras asistir a la conmemoración del ritual de la Crucifixión y el Descendimiento, los fieles contemplaban a los “disciplinantes” que caminaban en procesión junto a las imágenes. Aquí la religiosidad popular alcanzaba niveles indescriptibles.

Los disciplinantes eran unos hermanos cofrades que públicamente realizaban una dura penitencia consistente en la autoflagelación. Estos hermanos rememoraban la flagelación de Cristo con enorme realismo, ya que corría también su sangre debido a los azotes. Los disciplinantes o “hermanos de sangre” tenían que ir con la cara cubierta con el fin de guardar el anonimato, llevaban una túnica con la espalda descubierta y se golpeaban con unos látigos de cuerda terminados en bolas y, generalmente, solían hacer el recorrido con los pies descalzos. Al finalizar la procesión, los disciplinantes eran atendidos por los Mayordomos, ofreciéndoles algunos alimentos o “colaciones”; además, les curaban las heridas y les limpiaban la sangre, como hemos comprobado en los documentos consultados : “Abónanse en dar colación a los hermanos disciplinantes y por el lavatorio sesenta y seis reales” (Cuentas de1732). En otros documentos se hace mención de las esponjas y toallas empleadas para el lavado y la curación de las heridas. Era costumbre entre todos los demás hermanos de la Cofradía acompañarles la noche del Jueves Santo, flagelándose también ellos. Además todos recibían el Sacramento de la Penitencia para el perdón de sus pecados.

La Cofradía mantenía distintas denominaciones para los demás hermanos, aparte de los disciplinantes, según el papel que desempeñaran: los “hermanos de luz” eran los que llevaban las velas, los “hermanos de espaldas” eran los que cargaban con los pasos, los “hermanos de asiento” eran los que acompañaban simplemente.

En la procesión general de Viernes Santo, además de los tres pasos de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias: la Virgen con el Señor muerto en sus brazos, el Santísimo Cristo en el Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, salían en procesión los pasos de la Cofradía penitencial del Santísimo Cristo de la Humildad, con dos imágenes, la del Cristo de la Humildad y el “Crucifixo”, dos preciosas esculturas del s. XVI de gran valor artístico.

 

III.- C.- OTRAS PROCESIONES Y ACTIVIDADES.

Era tanta la devoción que se tenía a Nuestra Señora de las Angustias, que se celebraba otra festividad muy importante aparte de la del Viernes Santo, pero ya con cierto carácter lúdico, realizándose actividades como Ofertorios y danzas con “bailaores” al son de la flauta y el tamboril.

Era la fiesta grande, cuya celebración duraba dos días: el día de Año Nuevo y el día siguiente. El día de Año Nuevo comenzaba con una misa solemne cantada y con interpretación del órgano. Iba precedida de “Tercias”, también cantadas. A continuación, se organizaba una procesión por todo el pueblo, animada por la flauta y el tamboril y acompañada de los danzantes que bailaban delante de la Virgen sus danzas típicas. Por la tarde se celebraba el Ofertorio al son de la flauta y el tamboril. Los cofrades llevaban   presentes a la Virgen: dulces, pollos, corderos…etc. Todo ello era subastado y el dinero se usaba para ayudar a los necesitados. Así lo hemos comprobado en los documentos consultados.

La tarde anterior a los días de fiesta, se celebraban las Vigilias cantadas, y era costumbre tocar las campanas con un “doble” especial que las distinguía de las celebraciones de otras cofradías. El segundo día de la fiesta, tras el característico toque de campana, se oficiaba otra misa solemne cantada con órgano, tras la cual salía otra procesión acompañada de danzantes al son de la flauta y el tamboril para animar a todos.

Todas estas celebraciones son mencionadas en los textos: “ Hay solemne celebración el día de Año Nuevo[…] cantando las Tercias antes de la misa y después se saca a la Sta. Imagen en procesión. Se celebra al día siguiente una Misa en su altar y después se hace la Procesión y se tocan las campanas a doble. Se celebra la Misa solemne con órgano…”(Datta de 1736).

Con respecto al tamborilero, el texto nos dice lo que se le abonó por las  actuaciones: “Se abonan al tamborilero 30 reales por tocar el día de Año Nuevo en la función y en ofertorio como es costumbre”. En la “Datta” de las Cuentas de 1725 consta también lo que se pagó a los danzantes el día de Año Nuevo.

Además de todos estos actos, todos los jueves del año se celebraban misas solemnes en la capilla de la Virgen de las Angustias, por los cofrades vivos y difuntos  y se tocaba la campana al modo peculiar de esta Cofradía.

Todas las celebraciones se hacían con gran boato y solemnidad, jugando un papel muy importante la música, el órgano, el incienso, la iluminación con velas y lámparas de aceite, el vestuario de los celebrantes…etc. Así lo afirman los textos: “Se gastó 17.398 maravedíes en cera […] en aceite para la lámpara de Nuestra Sra. 11. 689 maravedíes”. (Cuentas de 1671). También consta el dinero gastado en misas, responsos y vigilias.

 

III.- D.- CARGOS DIRECTIVOS Y EL CONTROL DEL OBISPADO: VISITAS.

Los cargos directivos se nombraban y elegían en una asamblea general llamada Cabildo, integrada por todos los hermanos. El Cabildo se convocaba todos los años “al son de campana” por la misma fecha.  Los cargos más importantes eran: el mayordomo, los alcaldes, los contadores, los proveedores y los escribanos.

En las actas del libro de la Cofradía constan todos los nombramientos y todas ellas comienzan con el mismo encabezamiento, aunque hemos encontrado una diferencia muy significativa en las actas de los Cabildos anteriores a 1685 y los posteriores a esta fecha. Los anteriores comienzan: “En el lugar de Jaraíz, jurisdicción de la ciudad de Plasencia.” mientras en las posteriores dicen: “En la Villa de Jaraíz”. Esto es debido a que en esa fecha Jaraíz adquirió el Privilegio de Villazgo con el que consiguió su autonomía y total independencia de Plasencia, bajo cuya jurisdicción había estado desde su fundación hasta  el s. XIII.

En el acta del Cabildo de 1666 observamos el nombramiento de los distintos cargos, después de advertir que se convoca “al son de campana tañida”: “Se nombra Mayordomo a Gaspar Fernández y escribano a José Muñoz y por alcalde los que salieron por el Libro: Jerónimo Gómez y Francisco Gómez y contadores a Bartolomé de la Breña […] y proveedores….”

La asistencia al Cabildo era obligatoria pues si alguien faltaba debía pagar una multa: “Se castigará a los cofrades que faltan al Cabildo a un real cada uno”.

El Mayordomo era el máximo responsable de la Cofradía. Era elegido por un año, pero podía ser reelegido por el Cabildo correspondiente. Los alcaldes eran dos y tenían como misión: “llevar la insignia (estandarte), repartir la cera (velas), enramar las andas (adornar), tocar al sermón… y todo lo demás que esté a su cargo”, también tenían la obligación de cuidar la Capilla de la Virgen.

Los contadores, en número de dos, eran los encargados de llevar las cuentas. Los proveedores se encargaban de organizar el ofertorio y repartir las limosnas. Estos cargos eran asignados por orden de la lista del Libro de la Cofradía y también era obligatorio  desempeñarlos. Un cargo muy importante era el de escribano, ya que era el encargado de reflejar en el Libro todo lo referente a la Cofradía: las actas de los Cabildos, las Cuentas, las Visitas del Obispo, la lista de cofrades con nombres y apellidos, con lista separadas para hombres y mujeres, de quienes se hacía constar el nombre del marido.

El Libro de la Cofradía debía estar siempre  a disposición del Visitador del Obispado, para inspeccionar el funcionamiento y las cuentas. En él se incluían los resultados de las visitas con los “Mandatos” del Sr. Obispo.

El obispado llevaba un enorme control de las Cofradías mediante el Visitador, especialmente en lo referente a las cuentas, al capital que poseían, a las fincas, y a los censos, entre otras cosas. Este era una persona cualificada, culta y de plena confianza del Prelado, ya que aparte de controlar todas las actividades y cuentas de la Cofradía, se encargaba de transmitir los Mandatos o normas del obispado.

Uno de estos visitadores fue Don Juan Domingo Manzano de Carvajal, el jaraiceño que después será Obispo de Jaca y que será conocido como Obispo Manzano. La visita la realizó en 1719, según consta en los textos. Otro visitador muy interesante fue D. Juan Cañamero de la Cruz, que llama la atención por la severidad de sus Mandatos, amenazando con una gran multa y con la excomunión si no cumplían. Así constan estos mandatos: “Mando que el Mayordomo y el Escribano pongan en este libro las escrituras que tiene esta Cofradía, diciendo el día, el mes y el año que se otorgan […] y los demás bienes, así como raíces y muebles y con quién lindan y en el sitio que están y el ganado vacuno que tiene y lo que cría cada año […] bajo pena de Excomunión Mayor y dos mil maravedí si no cumplen…” Otro mandato es: “Que consten las misas que se dicen cada año y lo que se paga al cura y al sacristán”. Añade también que estos Mandatos se notifiquen a otras Cofradías y que “el cura ponga una certificación de haberse ejercitado para que se cumplan estos Mandatos”.

Como puede comprobarse en estos textos el Obispado llevaba un gran control sobre el funcionamiento de las Cofradías y, de una manera especial, sobre el aspecto económico. Llama la atención el grado de severidad de los castigos, como la excomunión, que era el peor castigo que podía imponerse a los fieles o las multas tan elevadas para la época.

 

 

III.- E.- EL PATRIMONIO DE LA COFRADÍA Y SUS CUENTAS.

Esta Cofradía contaba con un gran patrimonio, tanto en bienes inmuebles como en dinero. Este capital fue aumentando con el paso del tiempo y vemos cómo en el siglo XVIII fue tan importante que contaba con una ganadería vacuna con su dehesa para pastar en ella, así como con olivares, linares, castañares y morales. Además, recibía distintas donaciones que muchos cofrades dejaban en herencia antes de morir. Pero el mayor capital en dinero provenía de los “censos”, que eran préstamos hipotecarios contra los bienes raíces de los deudores. Los vecinos hipotecaban sus fincas a cambio de un préstamo por el que pagaban un rédito de bajo interés; solía ser de un 3%. Estos censos eran una de las mayores entradas económicas que tenía la Cofradía, de aquí el interés del Obispado en que se especificara en el libro todos los detalles de los deudores y de sus fincas. Los censos se podían renovar todos los años, pagando el interés correspondiente y, además, podían prolongarse de generación en generación. Así lo hemos comprobado en un censo familiar de nuestro archivo privado. Este censo se efectuó a finales del siglo XVII, en la época de Carlos II y se fue renovando año tras año hasta la segunda mitad del siglo XIX, en que se “redimió” o canceló mediante un aporte económico muy bajo, más bien simbólico, con motivo de las leyes de la Desamortización de Mendizábal. Por esta legislación, todos los bienes de la Iglesia pasaron a los vecinos por un precio simbólico.

Otra aportación económica importante era la de los cofrades, como hemos comprobado en las cuentas de 1671, donde consta que pagaron 1.600 maravedíes de ciento treinta y tres cofrades que tenía la Cofradía en esa época.

La contabilidad que se llevaba en el libro del siglo XVII difiere de las del siglo XVIII, aunque las formas eran semejantes. A las partidas de ingresos se las denominan “Cargos” y a los gastos se les llaman “Dattas” en los dos períodos. Difieren en que el del siglo XVII solían hacerse cada cuatro años y venían  expresadas en maravedíes, mientras que en el siglo XVIII se hacían cada dos años y se contabilizaban en reales. Además, en estas últimas se especifican con todo detalle las entradas y los gastos, como indican los Mandatos del Obispado.

A continuación transcribimos algunos ejemplos de cuentas de los dos períodos para apreciar mejor las diferencias. Las cuentas del s. XVII, concretamente las de 1671 se refieren a cuatro años y sólo aparece el importe de cada partida sin especificar nada más. En los Cargos o ingresos están: “Censos -6.555maravedíes, Ofertorios -37.784 maravedíes, Terrazgo-35.300 maravedíes, Limosnas de seda y lino, 8.890 maravedíes. Los gastos se denominaban “Dattas” y se citan los siguientes: “Derechos del Cura, beneficiados y sacristanes -40.800 mrvs. De zera de cuatro años -17.380 mrvs. Sermones -12.373 mrvs.” Se incluyen también los gastos de aceite para la lámpara, las limosnas del Viernes Santo, gastos de incienso, de monaguillos…etc. al tamborilero se le abonó 4.828 mrvs. Los “cargos” o entradas suman un total de 170.296 mrvs, mientras los gastos fueron de 121.826 mrvs, con un saldo a favor de 48.770 mrvs.

La cuentas del siglo  XVIII vienen expresadas en reales, además de especificar bien las procedencias, especialmente todos los Censos, con el nombre y apellidos de los interesados, el importe del rédito de cada censo:  “Isabel Álvarez, mujer de Alonso Castillo paga rédito anuales 9 reales y 9 maravedíes”. También especifican si eran de Jaraíz, de Garganta o de Pasarón.

En este período se observa un aumento de las propiedades, como por ejemplo : “el castañar que produjo 350 reales así como la huerta, las yerbas de la Vega donde pastaba la ganadería vacuna que poseía”,  y consta el dinero que obtenía de la venta de los terneros, que ascendió en una de las cuentas a 1.280 reales.

En los gastos aparecen ahora nuevas partidas como lo que se pagaba al guarda de las vacas. Aumenta el dinero que se empleaba en misas, vigilias y tercias: “en las Misas de Dolores ascendió a 12 reales por ser cantadas”.

Pese al aumento de las propiedades de la Cofradía, hubo algún año que se produjo déficit, como en el 1732. En las cuentas de este año constan los siguientes datos: “Cargos 2.295 reales, Dattas (gastos) 2.455 reales, saldo en contra, 160 reales”. En las cuentas de los años siguientes este déficit se fue superando, hasta equilibrarse y luego superarse el presupuesto.

 

 

III.- F.- ESTUDIO ARTÍSTICO DE LAS IMÁGENES.

 

III. F. 1. LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS.

Esta imagen, a la que se le rindió culto durante muchos años, fue sustituida en el siglo XX por la actual, llamada Virgen de los Dolores. De la antigua imagen no tenemos noticias, a pesar de nuestro interés por encontrarla. Por este motivo sólo podemos hacer el estudio artístico de la imagen actual.

Esta “Piedad” representa a la Virgen en posición sedente, con el cuerpo de su hijo muerto entre sus brazos, al pie de la Cruz. Es una obra del primer tercio del siglo XX, cuyos caracteres responden a la corriente del “clasicismo” de la época.

Es un grupo escultórico muy bien conseguido, siendo de gran serenidad y mesura, cuya composición está muy equilibrada. Destaca el bellísimo rostro de la Virgen, de facciones perfectas, sin reflejar demasiado el patetismo formal, pero sí un intenso dolor sin estridencias, con su mirada dirigida al cielo, mientras abraza a su Hijo muerto, que parece como si estuviera dormido en el seno de su Madre.

También en la imagen del Señor, el dramatismo de la muerte está expresado con mesura y serenidad. El rostro de Jesús se apoya sobre el hombro de la Madre, acariciado por su mano derecha, sosteniendo con la otra uno de sus brazos, mientras el otro se desploma hacia el suelo, impulsado por la rigidez de la muerte. El cuerpo de Cristo muerto está muy bien conseguido, expresando la quietud de un cuerpo sin vida, cuya palidez es contrastada por la policromía intensa del manto de la Madre. En la profunda mirada de esta Virgen Dolorosa, serena y suplicante como Corredentora, se refleja todo el drama del Calvario, al contemplar a su Hijo muerto en sus brazos que emociona al creyente y que hace exclamar al poeta:

“Al pie de la Cruz la Virgen Madre llora,

Con Jesús estrechado en un abrazo,

Ya no había que esperar un nuevo plazo

Para alcanzar la gracia redentora.

¡Cómo debe dolerte mi Señora

La carga que soporta tu regazo¡

¡Cómo debe quemar ese pedazo

De tu entraña vencido en esta hora¡” (R.S. Shelly)

 

 

 

III.- F.-2 – LA IMAGEN DEL STMO. CRISTO DEL SEPULCRO

O DEL DESCENDIMIENTO.

Esta es  una escultura articulada con la que se procedía al rito de la Crucifixión y del Descendimiento de la Cruz para ser depositada a continuación en el Sepulcro, como ya hemos referido.

Esta bellísima escultura es de madera policromada del siglo XVII perteneciente a la escuela castellana, relacionada con el gran maestro Gregorio Fernández. En la actualidad se ha realizado una extraordinaria restauración por la que se pueden apreciar mejor sus características y cuyo realismo y hondo dramatismo se ponen de relieve en toda su pureza, tal como el artista la realizó hace más de tres siglos. Ahora resalta más la monocromía del “encarnado” de la Imagen contrastando con el rojo de la sangre que brota a borbotones de la herida del costado. Además, se aprecia mejor el patetismo de la expresión de su rostro, que se acentúa con el barroquismo de la barba y del cabello, así como también la sangre de las heridas producidas por la corona de espinas en su frente, acentuando aún más el sufrimiento  del rostro de Cristo.

Es, pues, una hermosa obra de arte que, además, tiene un profundo sentido religioso para el creyente jaraiceño quien, año tras año contempla con enorme emoción su paso por las estrechas calles medievales de la población la noche del Viernes Santo, en medio del más impresionante silencio, roto solamente por los ecos de una campana portada por los hermanos cofrades.

 

III.- F.-3.- LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE LA SOLEDAD.

Esta imagen formó parte también de la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias. Comienza a citarse en los textos a finales del siglo XVII y en el siglo XVIII hay muchas referencias a esta imagen, especialmente a sus ropas y mantos, ya que era una “imagen de vestir” al tener sólo esculpidas la cabeza, las manos y los pies mientras el resto del cuerpo es una especie de “maniquí” vestido con túnicas y manto apropiados.

La Virgen de la Soledad es de estilo barroco y se caracteriza por la perfección del modelado de su rostro, cuya expresión refleja con inmenso dramatismo todo el dolor que supone la muerte del Hijo, que se nos hace presente con la corona de espinas que muestra en una de sus manos.

Es una escultura de composición abierta, con sus brazos extendidos y sus manos son de tal expresividad que parece que sus dedos se quiebran ante el intenso dolor que se manifiesta de una manera especial en su rostro, con la mirada baja y un gesto de intenso dramatismo.

Varios textos nos hablan de esta imagen y de sus vestidos. La cita de 1722 dice lo siguiente: “Tiene un manto de seda que está en la Sacristía y otro de tafetán que tiene puesto Nª Sra. de la Soledad”. El texto de 1764 explica con más detalles las características de sus mantos: “Tiene dos mantos, uno de griseta negro con puntilla de plata y otro de tafetán negro”.

 

III.- G.- VALORACIÓN DE LA COFRADÍA.

Después de haber hecho este estudio detallado de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, hemos llegado a la conclusión de que fue de una enorme trascendencia en el aspecto religioso, social y cultural para el Jaraíz de la Edad Moderna.

Más de la mitad de los habitantes del pueblo pertenecían a ella, como hemos ya referido. Esto influirá de manera decisiva en la magnificencia de las celebraciones y en el ritual y fervor religioso de las procesiones, especialmente las del Viernes Santo, cuando tenía lugar la representación del misterio más importante de la Pasión: la Crucifixión del Señor y el Descendimiento de la Cruz, momento sumamente dramático donde la religiosidad alcanzaba indescriptibles niveles de elevación espiritual en los fieles.

Al gran drama del Calvario, representado con tanto realismo, se unía el rito de los disciplinantes, que, caminando son los pies descalzos, con el rostro cubierto y la túnica descubierta por la espalda para recibir los latigazos de su autoflagelación, acompañaban a las imágenes en todo su recorrido. Todos estos momentos eran vividos por los creyentes con una gran intensidad.

En cuanto a la faceta cultural que desarrolló la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias, hay que decir que fue de gran relieve, no sólo en lo referente a la cultura popular sino también en otros ámbitos más cultos. Las facetas más importantes de la cultura popular las encontramos en el fomento del folklore y la música popular a través de las danzas al son de flauta y tamboril ejecutadas en las distintas festividades.

Las manifestaciones culturales de alto nivel como la Oratoria o la Música religiosa alcanzan gran desarrollo. Hemos encontrado numerosas citas en los textos sobre los cantos “al son del órgano”, tanto de Misas como de Vigilias y otros canto litúrgicos. En la Parroquia de San Miguel hay documentos de la existencia de, al menos, dos órganos. Uno de ellos data de 1625 y costó “cien reales”, el otro es de 1739 y supuso para las arcas parroquiales un desembolso considerable, pues se pagó por él 5.032 reales. Según el Catastro de Ensenada, en 1753, el organista de este templo era “Felipe Rodas” y aclara el texto lo que ganaba: “y por serlo del vale ciento cincuenta reales”.

La Oratoria tuvo mucha importancia para esta Cofradía ya que los sermones eran imprescindibles en algunas festividades, como en el Viernes Santo para la evangelización de los fieles, la mayoría analfabetos, pero, sobre todo, para provocar en los creyentes esos sentimientos que requerían los momentos cumbre de la Pasión y Muerte del Señor. Solían ser los dominicos  los agustinos los encargados de estas predicaciones.

 

 

 

 

 

 

 

Mar 012014
 

Martiria Sánchez López.

I.- INTRODUCCIÓN

Todos sabemos que el descubrimiento, la conquista y colonización de América es la más extraordinaria epopeya de la historia universal ya que en menos de medio siglo fue sometido la mayor parte del continente americano por un puñado de españoles. El heroismo, la decisión, el soporte moral del cristianismo y la diferencia cultural entre los europeos del renacimiento y el estado prehistórico en que se encontraban los pueblos, fueron las causas fundamentales de este impresionante hecho.

 

Trujillo y sus hijos fueron protagonistas esenciales de este quehacer histórico, destacando de una manera esencial Francisco de Pizarro, que conquistó para la corona española todo el imperio incaico. Loas quechuas eran los habitantes de gran parte de la zona andina y habían formado un gran imperio en el Perú, al frente del cual estaba el Inca o Emperador, que se consideraba descendiente del dios Sol. Fue un estado colectivista donde el soberano era dueño de todo, que distribuía a sus súbditos lo que necesitaban, tanto alimentos como tejidos, etc. Su capital era Cuzco, con una población de unos noventa mil habitantes y estaba muy bien comunicado con el resto del territorio por un red de cominos bien trazados.

 

La conquista se llevó a cabo desde Panamá por la costa del pacífico en unos pocos años, con un puñado de españoles capitaneados por Pizarro y con la ayuda de sus socios Almagro y Luque. Esta conquista destruyó el orden existente y obligó a los indios a someterse a las normas del imperio español.

 

 

Veamos a continuación como enjuicia la conquista del Perú y a su héroe un historiador de finales del siglo XVI, ya con medio siglo de perspectiva de los acontecimientos. Nos referimos al historiador placentino, Fray Alonso Fernández, que dedica un capítulo a Pizarro y a conquista del Perú en su famosa obra “Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia”. El capítulo es el número treinta y dos y se titula “De Francisco Pizarro, Marqués de Atabillos y de los Charcos, y servicios que hizo al emperador Carlos V y a monarquía de España en la conquista de los reinos del Perú”.

 

 

 

II .- EL CONQUISTADOR Y SUS CONQUISTAS SEGÚN FRAY ALONSO FERNÁNDEZ

 

El historiador nos describe en primer lugar la conquista con toda su crudeza, donde no omite la crítica al conquistador por su comportamiento con los indios y con su rey. Después ponderará sus cualidades tanto humanas como políticas.

 

Comienza dándonos unas pinceladas sobre la familia del héroe y su ciudad natal; habla de su padre natural, el Capitán Gonzalo Pizarro, y además detalles de sus hermanos. Nos comenta a continuación el gran valor que siempre le distinguió desde su juventud, prestando servicios a la corona, primero en Italia, y posteriormente cuando pasa a los indios, donde se destacó como “el primero en todas las ocasiones” en las diferentes campañas en que acompañó a Blasco Nuñez de Balboa, el descubridor del Pacífico. Cuando tiene conocimiento de la existencia del Perú, regresa a España y firma con el Emperador las capitulaciones por la que le concede “la Gobernación de Nueva Castilla y de la Provincias del Perú con el título de adelantado y Capitán general, año 1529”.  Sigue hablando de los personajes que le acompañaron, entre ellos sus hermanos y algunos religiosos, como fray Vicente de Valverde; con un total de 160 hombres, que partieron de Tumbez con dos navíos y llegaron a Perú, donde tuvieron noticia del gran Imperio Incaico, cuya capital era Cuzco. Inmediatamente envía la capitán Soto y a su hermano Hernando Pizarro a explorarlo, volviendo los dos asombrados de las grandes riquezas y tesoros que contemplaron: “Atabalipa, que así se llamaba el rey (…) venía en un litera de oro macizo, aforrada de plumas de papagayos. Traianle en hombros algunos caciques, grandes señores y el asiento era un tablón de oro que pesó 25.000 ducados y un cojín de lana finísima todo guarnecido de piedras preciosas”. Después nos dará más detalles de los inmensos tesoros que los españoles encontraron en el imperio incaico.  

 

Una vez conocidos éstos y otros detalles, Pizarro y los suyos se apoderan rápidamente del imperio y de su rey, después de una gran masacre sobre la población nativa que terminó con el asesinato Atahualpa, como todos conocemos.

 

El historiador se muestra sumamente crítico con los conquistadores y manifiestan que falsean la verdad de los acontecimientos para no provocar la inquietud y el desasosiego de la Corona. Así nos dice que tergiversaron los hechos sosteniendo que los españoles, llevados por su sed de oro al contemplar tanta riqueza, se apoderaron de su rey y realizaron una gran masacre entre los indios, con el pretexto de que Atahualpa había arrojado al suelo los Evangelios y la Cruz que portaba el misionero que había enviado a parlamentar, y que tenían que vengar esta afrenta; que el rey estaba dispuesto a pagar un tributo, pero que los españoles no llegaron ni a intentar pacto alguno sobre el sometimiento al imperio español, evitando tanta muerte injusta. A continuación Fray Alfonso, después de fundamentar bien sus aseveraciones, narra como sucedieron los hechos en realidad y como los conquistadores no querían bajo ningún concepto que esta realidad se supiera: “Estando Fray Vicente de Valverde hablando al rey, se alborotaron algunos españoles (…)  con codicia de las riquezas de oro y plata y piedras preciosas que los indios acompañaban al rey traían sobre sus trajes y que otros españoles habían subido a una torrecilla a despojar un ídolo de oro y plata (…) y que alborotaban mucho los indios, levantando los gritos como les robaban su ídolo. Y viendo el rey lo que pasaba (…) mandó no hiriesen ni matasen ningún español. Fray Vicente se turbó y se le cayó el libro y la Cruz, y alzándolos del suelo se fue a los españoles, dándoles voces que no hiciesen mal a los indios y que Atabalipa no negaba el tributo”. El historiador antes de seguir la narración dice que “Pizarro prohibe con grandísimo rigor y diligencia que nadie escribiese la verdad de lo que pasó…” y a continuación es cuando prosigue diciendo “… A este punto mandó Pizarro disparar la escopeta y arremetiendo todos los 160 españoles y disparando unos tirilllos de artillería que llevaban, con estruendo grande donde temían al rey Atabalipa comenzando a herir a los indios, Francisco Pizarro rompió por la multitud llegando a las andas del rey y dio con él en tierra. Los indios, así los de guerra que eran 5.000, como todos los demás, como vieran al rey caído en tierra, huyeron, escapándose por donde podían, sin que ninguno de ellos echase mano a las armas. Siguieron los de a caballo al alcance, matando gran número de indios. Fue esta batalla en 1533…”.

 

Después de esta batalla el imperio incaico habrá caído prácticamente en manos de los españoles hallando inmensas riquezas en las grandes ciudades, además del rescate pedido por la liberación de Atahulpa, que luego no se cumplió con el pretexto de haber matado a su hermano Huascar. Sigue el historiador criticando la actitud de los españoles, comparando este magnicidio con la muerte de Cesar y dándonos a entender el adagio “el que a hierro mata a hierro muere”, con las siguientes palabras “… su muerte (de Atahualpa) pareció injusta, y todos cuantos en ellos entendieran, murieron o por justicia o por puñaladas, como se refiere a la muerte de Cesar: Felipe murió ahorcado (fue el autor material del asesinato), el marqués Francisco Pizarro a puñaladas el año 1541, y Almagro, su competidor, dado garrote”.

 

Mientras se realizaba la conquista del Perú, el Padre Vitoria escribía en la Universidad de Salamanca su celebre obra “Relectio De Indiis”, impulsado por los acontecimientos para justificar estas conquistas, donde no hay que ocultar la crueldad y fanatismo de estos hombres, deseosos de satisfacer su hambre y sed de oro y su apetencia genérica.

 

Fue por esto por lo que Fray Bartolomé de las Casas y Fray Antonio de Montesino denunciaron estos hechos tan enormemente lesivos para la dignidad humana. El Padre Vitoria sostendrá en su obra que la colonización no podrá justificarse si su finalidad no era el mejoramiento de la suerte de los indios. La influencia del Padre Vitoria y de Fray Bartolomé de la Casas será decisiva para la redacción de las llamadas “Leyes Nuevas de Indias de 1542”, donde se aprecia este deseo de defensa de los indios al disponer la supresión progresiva de las encomiendas, la abolición de la esclavitud y el uso oficial de las lenguas autóctonas, etc. Estas leyes provocaron la sublevación de los colonos españoles por lo que los gobernantes tuvieron que contemporizar, y no pudieron cumplirse plenamente.

 

 

III.- EL BOTÍN Y SU REPARTO. CONSECUENCIAS.

 

La riquezas que los españoles encontraron en Perú fueron numerosas, nos la describe Fray Alonso así: “Con esto se abrió la puerta a las mayores riquezas que los hombres oyeron y pudieron imaginar (…) Al día siguiente saquearon los españoles los palacios de Caxamarca, y hallaron grandes riquezas de oro y cosas de plumas, y una vajilla que valía más de 2.000 ducados. En espacio de veinte días, les trajo Atabalipa por su rescate 1.025.000 ducados de oro y 52.000 marcos de plata … “ sobre los tesoros encontrados en Cuzco dice: “Había en aquella ciudad templos cubiertos de plata y tumbas llenas de grandes tesoros, en una de ellas encontraron 50.000 pesos de oro (…) Había una estatua de oro del sol en su principal templo que cupo a un capitán llamado Marcio Sierra, la cual la jugó una noche por donde quedó el adagio: juega el Sol antes nazca”. También que herraban a los caballos con herraduras de plata y que las planchas de oro que guarnecían el templo del Sol pasaba cada una 500 ducados. Se calcula que el tesoro de Cuzco se elevará a unos 2.537 Kg. de oro y 35.212 Kg. de plata, además de los 5.720 Kg. de oro y 11.041 Kg. de palta que sumó el rescate de Atahualpa.

 

En cuanto al reparto del botín, según el historiador, se hizo de la siguiente forma: “cupo la español de caballo 8.900 pesos de oro y a 360 marcos de plata, ya al infante la mitad. A los capitanes a unos dieron treinta y a otros cuarenta mil pesos. A Francisco Pizarro, además de su parte que como capitán general y gobernador se debía, dieron el tablón de oro en que venía sentado el rey”.

 

La corona percibió, así mismo, unas riquezas enormes, ya que, según la Capitulaciones firmadas con el conquistador, le correspondía el quinto de los tesoros descubiertos. Como eran tan cuantiosos e importantes, Carlos V, en agradecimiento, le concedió el hábito de la Orden de Santiago y el Titulo de Marqués de la Charcas y Atabillos: “Despachó Francisco Pizarro a su hermano Hernando Pizarro a España con el quinto para el Emperador, que fue grandísima suma. Trajo relación de lo sucedido, justificando mucho los hechos y los servicios de Francisco Pizarro, que verdaderamente fueron muchos y de gran consideración, así el Emperador don Carlos le honró con el hábito de Santiago y le dio la gobernación de la Nueva Castilla o Perú y le crió marqués de la Charcas y Atabillos, año 1535”.

 

Estos títulos nobiliarios y las tierras en Señoríos eran las cosas que más apetecían los conquistadores, paro la corona solamente se las concedió a los más importantes, como era el caso de Pizarro, pues no quería que apareciese en América una nueva nobleza neofeudal.

 

Las consecuencias del botín fueron importantísimas tanto para Europa como para España y Trujillo. Como consecuencia de la arriada de oro y plata que vino de América se produjo una revolución en los precios y contribuyó de una manera especial a consolidación del capitalismo comercial europeo.  Aparte de las riquezas que hemos descrito, en el 1545 se descubrió Potosí y sus “riquísimas minas”, que según nuestro historiador en 1602 se habían sacado 200 millones de kilos de plata, registradas, y otros cien millones no registrados; además dice que basándose en datos consultados en el Consejo de Indias por el cronista Gil Gonzalo Davila, habrían venido a España mil quinientos millones de kilos de oro y plata hasta 1617. Esta inmensa riqueza provocó una enorme inflación en toda Europa, con una subida de precios desproporcionada, no sólo en España, sino en los demás países europeos. Todo esto no escapa al análisis de Fray Alfonso, que dice “las riquezas del Perú han venido a España, como es manifiesto de todos, han encarecido las cosas en subidísimos precios en toda Europa”.

 

Este tema ha sido estudiado a fondo por el Profesor Carande, poniendo manifiesto el fenómeno de la inflación. España no supo aprovechar esta inmensa riqueza, pues el oro y la plata que venía de América, pasaba a Europa, y España no era más que el puente de este trasvase, ya que aquí, en los puertos españoles, los grandes banqueros europeos, como los Függer, esperaban a los cargamentos de oro y plata para cobrar cuanto antes el dinero que tenían prestado al Emperador para sufregar sus empresa bélicas. Con esto se consolida el capitalismo mercantil europeo, en el que España se mantendrá un poco al margen.

 

En cuanto a la ciudad de Trujillo, sus hijos hidalgos se enriquecieron enormemente con la conquista de América, consiguiendo no sólo títulos de alta nobleza, sino villas, rentas, dehesas y vasallos, tanto en América como en la tierra de Trujillo, con lo que mermó mucho la jurisdicción de esta ciudad en favor de nobleza, que fue creando señoríos y mayorazgos. Además plasmaron su riqueza en los suntuosos palacios que contemplamos por toda la ciudad, con el escudo de sus linajes, siendo este aspecto más positivo que han legado a la posteridad. A partir del reinado de Felipe II, el municipio estaba ya arruinado, acentuándose la crisis en los siglos posteriores.     

 

IV.- El HOMBRE Y EL POLÍTICO SEGÚN FRAY ALONSO.

 

Así como cuando estudia el hecho de la conquista del imperio incaico por Pizarrro no escatima el historiador en críticas al héroe y a sus colaboradores, cuando habla del hombre exalta elocuentemente sus cualidades, como vemos a continuación :”Fue el Marqués Francisco Pizarro muy animosos y esforzado, gran sufridor de trabajos, amigo de hacer placer a todos, muy inclinado a hacer cosas de guerra, gran sufridor de trabajo y siendo muy humano y apacible con todos”. Exalta su liberalidad cuando dice que “tiene más atención a remediarla necesidad que a ganar honra”; a este respecto nos refiere la anécdota de que a un soldado suyo se le murió el caballo y cuando se enteró fue a obsequiarle con un “tejuelo de oro que pesaba diez libras” para reparar la pérdida, pero se lo dio a escondidas para no provocar recelos en sus compañeros. También nos relata que cuando jugaba, si alguno de su compañeros de juego tenía necesidad de ganar se dejaba ganar “para remediarla, porque no se afrentase se lo diere de limosna como a pobre”.

 

Nos habla igualmente del carácter afable y humilde , hasta el punto “que jamás dijo una mala palabra a ninguno, y jugando a la bola, no consentía que alguno la alcanzase del suelo para dársela”. Pondera además sus cualidades intelectuales, que aunque no sabrá leer ni escribir, nos dice “que tuvo un entendimiento y juicio de las cosas que habían de proveer, así de paz como de guerra y en ninguna cosa dejó de parecer persona noble”.

 

En cuanto a su vida sentimental y amorosa comenta “que fue templado y abstinente en refrenar la sensualidad. Solo tuvo amistad con una señora india, la cual dejó un hijo llamado Gonzalo, que murió de catorce años”. De su matrimonio nis dice que “casó con doña Inés Yupange, hermana del rey Atabalipa, de quien tuvo a Francisca Pizarro …” Y  sigue hablando de sus descendientes. También habla de la hija del primer matrimonio de Hernando Pizarro con doña Isabel Mercado, llamada también Francisca Pizarro y de sus descendientes, destacando la personalidad de don Fernando Pizarro de Orellana, con todos sus títulos y cargos, así como de una obra que escribió titulada “Apologético” en defensa de las órdenes militares. No se olvida de los Pizarro de Alcollarín, de los que también hace un breve estudio.

 

Como político, Fray Alonso, considera al conquistador un buen gobernante, siempre fiel al emperador sin extralimitarse en sus competencias. A este respecto nos dice “Pizarro fue muy aficionado al Emperador, respetando mucho a su majestad en tanto grado que se abstenía de hacer muchas cosas en que tenía poder, diciendo que no quería dijese su majestad que se extendía en la tierra”.

 

Como gobernador a Pizarro le correspondió la primera organización político-adminstrativa de las tierras conqusitadas, hasta que se funden las Audiencias y Virreinato del Perú, de aquí la fundación de las encomiendas, reparto de indios y reducciones, además de fundación de ciudades con sus edificios públicos tanto civiles como religiosos y culturales. También puso en explotación en aquellas tierras fomentando la agricultura, la ganadería, la industria y la explotación de minas. De todos estos temas nos da noticia nuestro historiador: “Fue muy aficionado a acrecentar aquella tierra, labrando y cultivándola. Fundó la ciudad de los Reyes en el año 1534 (…) En la misma costa 80 leguas más adelante fundó la ciudad de Trujillo, en memoria de su patria (…) Labró unas grandes casas en la ciudad de lo Reyes, y en el río della dejó dos paradas de molinos. En estos edificios empleaba todos los ratos desocupados dando industrias a los maestros que los hacían”.

 

 

V.- LA EVANGELIZACIÓN DE LOS INCAS

 

La tarea evangelizadora fue una de las justificaciones de la colonización que el Padre Vitoria pone de relieve. La iglesia fue la gran colaboradora de la corona, ya que aportó la protección activa de los indios que estaba contenida en la legislación, aparte de su culturización y evangelización.

 

Fray Alonso se congratula de la labor evangelizadora que llevaron a cabo los religiosos que acompañaron a Pizarro en la conquistas, especialmente la de Fray Vicente de Valverde del que nos dice: ”Por sus letras y virtudes le nombró el Emperador Carlos V Obispo de Panamá y después Obispo de la Ciudad de Cuzco”.

 

Cuando habla de la tarea evangelizadora, la considera más importante que las grandes riquezas que encontraron allí los españoles, por eso dice “y lo que más importaba es que se dió principio a la conversión de más tierras que hay desde España a Babilonia, donde se han convertido infinitos millares de gentes”. En otro punto nos habla de la conversión de Atahulapa, así: “Fray Vicente de Valverde tuvo cuidado de instruir en la fe muchos días a Atabalipa” y le bautizó”. Nos comenta que este religioso murió mártir, cuando Gonzalo Pizarro le desterró a una isla donde le mataron los indios cuando iba a evangelizarlos.

 

Exalta también la labor de colaboración con la Iglesia de Francisco Pizarro, ayudando todo lo que pudo a los religiosos para poder desarrollar su tarea misional:  “puso gran diligencia en edificar la Catedral de la Ciudad de los Reyes y los monasterios de Santo Domingo y de la Merced, dándole indios para su sustentación y para repaso de los edificios”.

 

 

VI.- CONCLUSIÓN

 

Con la conquista americana se destruyó el orden social existente y se obligó a los indios a someterse a la normas de imperio español. La Iglesia será la gran colaboradora del rey Carlos V y después de Felipe II, ya que aportó la protección activa de los indios por los religiosos, sobre todo jesuitas y dominicos; la cristianización favoreció la fusión de las razas  india y española, y también la culturización, cuyos máximos exponentes se plasman en la creación de colegios y especialmente en la fundación de universidades, como la de Lima en 1551.

 

Pero quizás, donde mejor se refleje el pensamiento de la monarquía con respecto a  América sea en las Ordenanzas promulgadas por Felipe II el 13 de julio de 1573 bajo el título de “El Orden que se ha de tener en descubrir y poblar”, que eran las que estaban vigentes cuando Fray Alonso Fernández escribe su historia.  En la introducción de estas Ordenanzas, el Rey justifica el fin de ellas con las siguientes frases: “Para que las tierras que estén por descubrir, poblar y pacificar, se haga con más facilidad y como conviene al servicio de Dios y nuestro, y bien de los naturales …”

 

Pese a que los ideales de la corona chocaran con los de los colonizadores, se garantiza la protección del indio, su desarrollo, el deseo de crear una economía saneada, su acceso a la cultura europea, y su integración sobre una base de igualdad con los blancos.

 

Con respecto al estado misional como justificación de la conquista y los derechos de los indios, defendidos por la corona, y por el Padre Vitoria y Fray Bartolomé de las Casas, entre otros, ha observado uno de los grandes investigadores y estudiosos del tema, Lewis Hanke, lo siguiente: “los ideales que intentaron poner en práctica algunos españoles en América, nunca perderán su brillante fulgor mientras existan hombres que crean que los otros pueblos tiene derecho a la vida, que se pueden hallar métodos justos para dirigir las relaciones entre las naciones, y que esencialmente, todas las gentes del mundo son hombres”.    

 

 

 

Nov 232013
 

Martiria Sánchez López.

Investigadora y profesora de Historia del Arte 

 

          I.-   I N T R O D U C C I Ó N

 

      Para estudiar este tema hemos consultado los documentos existentes en el Archivo Municipal de Jaraíz, especialmente los referentes a la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Del Archivo Provincial, hemos manejado el Interrogatorio de la Audiencia Provincial de Cáceres y el Interrogatorio de Ensenada, que nos aclaran cómo era la enseñanza durante el Antiguo Régimen. Hemos consultado, además, los escritos de los párrocos de Jaraíz enviados al geógrafo Don Tomás López, de la Biblioteca Nacional, que nos dan idea de la situación cultural  y del estado de  la enseñanza en el siglo XVIII. Así mismo hemos manejado los Archivos Parroquiales de las iglesias de Santa María y San Miguel, de los que hemos obtenido algunos datos interesantes para el estudio del tema.

       A partir  de la documentación consultada,  podemos afirmar que, a lo largo de los distintos períodos históricos, el analfabetismo era la nota dominante en nuestro pueblo, semejante a las demás zonas rurales extremeñas, pero muy distante a otras zonas, como el País Vasco, ya a comienzos del s. XX.

      Aquí el gran salto se dará partir de la segunda mitad del s. XX, ya que al comienzo de la Segunda  República el índice de analfabetismo aún se elevaba al 50 % de la población.

       Son varias las causas de esta lamentable situación, como analizamos en este trabajo. En primer lugar, la falta de interés de los padres por que sus hijos aprendieran  al menos a leer y escribir, ya que les preocupaba  más que estos les ayudaran en las faenas agrícolas aunque siguieran siendo analfabetos. Esta característica la hemos observado a lo largo de distintos períodos históricos.

       A este respecto, veremos cómo, a pesar de la “Ley de Escolarización” que se promulgó en el reinado de Alfonso XII, muchos padres seguían sin acatar estas normas. Por otra parte, los maestros estaban muy mal pagados, en general, pues sus sueldos dependían de los Ayuntamientos quienes, a veces, tardaban en abonarles un salario indigno. Otra causa fue la falta de locales apropiados para la enseñanza, poco higiénicos, mal ventilados y pocos pedagógicos, además del  elevado número  de niños por clase.

       A pesar de que durante la Dictadura de Primo de Rivera se intentaron  solucionar algunos de estos problemas, a Jaraíz no llegaría pronto la solución, pues  el Grupo Escolar de ocho unidades que se concedió al pueblo, no llegaría a ser una realidad hasta 1958 fecha de la  inauguración  del Grupo Escolar “César Carlos”.

 

 

II.- LA ENSEÑANZA EN LA EDAD MODERNA EN JARAÍZ.

(SIGLOS XVI, XVII Y XVIII).

 

II.- A.- CARACTERÍSTICAS GENERALES.

 

      La Enseñanza, en general, era muy deficiente en esta época. La mayor parte de la población poseía un elevado índice de analfabetismo, ya que solamente las clases privilegiadas, nobleza y clero, tenían acceso a la cultura y mostraban interés por ella.

      Es muy revelador a este respecto el testimonio que en el siglo XVIII nos dará el Vicario de la Parroquia de Santa María, Don Manuel Gutiérrez Ovejero, en sus escritos al geógrafo Don Tomás López, donde nos aclara el poco interés que tenían los padres jaraiceños por que sus hijos aprendieran a leer y escribir, con estas palabras: “Sus naturales son más inclinados al cultivo de sus tierras que al buen gusto de las letras, aunque de entendimiento agudo y sagaz, capaz de recibir toda ciencia.” (Arch. B.N.)    Por estas palabras observamos cómo el vicario pondera las cualidades intelectuales de los vecinos y se lamenta de que sólo las aplicaran para el trabajo del campo.

       No obstante, vemos cómo los pocos que escogieron el trabajo intelectual llegaron a las más altas cotas del saber, como fue el caso del Maestro Gonzalo Korreas, en el siglo XVI., catedrático y profesor de Griego, Latín y Hebreo en la universidad de Salamanca Fue un  gran estructuralista de la lengua castellana, y escribió  gran cantidad de obras, entre las que destacan la Gramática Kastellana y los Proverbios y Refranes de la lengua kastellan. En el siglo XVII destacó, entre otros, el Padre Juan de Escobar, que fue misionero en el Perú, donde desarrolló una gran labor evangelizadora y cultural. También destacó por su trabajo intelectual  y valía, el Obispo jaraiceño Juan Domingo Manzano, quien ejerció de  Obispo en Jaca, en el siglo XVIII. Aparte de su labor como prelado, fue una gran personalidad en el campo de las letras y en la enseñanza, fundando un seminario.

      Estas y otras personalidades iniciaron su formación en el Colegio de Segunda Enseñanza que se fundó en Jaraíz en el siglo XVI y  del que hablaremos más adelante.

 

 

 

 

 

 

II.- B.- LA ENSEÑANZA PRIMARIA.

 

      Estuvo controlada durante todo este período histórico por la Iglesia. Los maestros necesitaban la aprobación y licencia del obispo de Plasencia para desempeñar su cargo. Estos debían cumplir con las directrices que se les marcara desde el obispado, como era la enseñanza de la doctrina cristiana y podían ser cesados de sus funciones si no lo hacían. Los maestros de las zonas rurales eran controlados por los curas-párrocos de cada pueblo, por lo que no podían separarse de lo que les ordenara el obispado.

      A finales del siglo XVII, el Sínodo de Plasencia plasma  ya la distinción entre maestro de niños y maestra de niñas, aunque a éstas no se les da el nombre de “maestra”, sino que se la denomina “mujer que enseña a las niñas”. En esta enseñanza se da más importancia al aprendizaje de la doctrina cristiana y a las normas de educación que a leer y escribir.

      Es curioso observar cómo en las Ordenanzas Municipales de Plasencia y su Tierra, del siglo XVI no hemos encontrado ni una sola ley referente a Enseñanza, aunque están sumamente detallada la legislación referente a las demás facetas de la vida de la ciudad: agricultura, ganadería, artesanía, comercio, ferias, juegos, uso de armas, incluso disposiciones sobre las mujeres públicas. Esto demuestra que la enseñanza estuvo exclusivamente en manos de la Iglesia hasta el siglo XVIII, en que ya comenzará a intervenir el Estado.

      En este siglo XVIII, el llamado siglo de las Luces, se va a producir un avance en este aspecto, sobre todo con el rey Carlos III. En el 1783 se publica la Cédula Real, por la que la Corona comienza a interesarse por la enseñanza. Posteriormente, en el 1804, con el rey Carlos IV, se promulgan las Reales Ordenanzas, por las que se crea el Cuerpo de Maestros y el ejercicio libre de la profesión, además de elevar el nivel de la enseñanza para expedir los títulos.

      En esta fecha ya sabemos el nombre de los maestros de había en Jaraíz por el célebre Interrogatorio de Ensenada de 1753, que dice que el maestro de niños era “Don Bernardino Martín de Castro, Maestro de Primeras Letras, que percibía un sueldo de 750 reales”. Este sueldo era superior al de otros maestros extremeños que solían ganar 500 reales. Los textos nos dicen que el Ayuntamiento le pagaba 500 reales y el resto se lo abonaban los padres de los niños: “Hay un Maestro de Primeras Letras, que es Bernardo Martín de Castro, que con quinientos reales que la Villa le da, da situado ganará como setecientos cincuenta reales”. En cuanto a la maestra, sólo dice que percibía 160 reales, sin especificar nada más, ni siquiera el nombre de la profesora de las niñas.

      Como vemos, la diferencia de salarios en razón del sexo era enorme, desempeñando el mismo trabajo y el mismo horario. Esta discriminación condujo a que el pueblo se quedara sin maestra a finales del siglo XVIII, según los textos de Interrogatorio de 1791, por lo que las niñas que no querían ser analfabetas, debían asistir a la misma clase que los niños, cosa muy mal vista en la época. Esto produjo un gran malestar entre los padres de las niñas, por lo que se intenta solucionar el problema pagando un sueldo más digno a la profesora. Así lo expresa el texto: “Se juzga necesario la dotación de 700 reales para una Maestra de niñas, cuya educación está abandonada y se nota el inconveniente de que los padres que desean que aprendan sus hijas a leer, se ven precisados a enviarlas a la escuela de niños, cuya mezcla produce malas consecuencias”. (A.P.)

      Observamos por esta cita la preocupación de los padres de las niñas ante el problema de la educación de sus hijas, por lo que harán lo posible por conseguir una profesora, aunque tengan que pagarla ellos si el Estado o el Ayuntamiento no se hicieran cargo de ello.

 

II.-C.- LA ENSEÑANZA SECUNDARIA EN EL ANTIGUO RÉGIMEN.

(SIGLOS XVI, XVII, XVIII).

       A partir del reinado de los Reyes Católicos se va a fomentar la cultura en general, que dará sus frutos en el llamado Siglo de Oro español; aunque serán la nobleza y el clero las que tengan acceso a la cultura, ya que el pueblo, en especial el de las zonas rurales, seguirá siendo analfabeto.

       Ahora, sin embargo, se va a dar un gran impulso a la Enseñanza Secundaria con la creación de los llamados Colegios Menores. Estos colegios pertenecían al clero, bien fuera a las órdenes religiosas o a la Iglesia en general.

       En el siglo XVI se crean alrededor de cuatro mil colegios en toda España y dos de estos colegios se fundan en La Vera. Uno de ellos, en Jarandilla, perteneciente a los Agustinos Recoletos, cuyo edificio se ha mantenido en la actualidad con diversas funciones relacionadas con la enseñanza y la cultura y su Iglesia se utiliza aún para el culto. El otro colegio de Segunda Enseñanza se fundó en Jaraíz, también en el siglo XVI,  con el nombre de Colegio de San José; fue regentado y fundado por el Vicario de la Parroquia de Santa María y estuvo funcionando hasta el siglo XIX cuando las leyes de la Desamortización de Mendizábal lo enajenaron junto a los demás bienes eclesiásticos. El Vicario de Santa María hace referencia a él en sus escritos al geógrafo, del siglo XVIII, Don Tomás López de la siguiente forma: “También hay en esta villa un Colegio con el título de San José, perteneciente en sus funciones y autorizado por el cura de Santa María” (Arch. B.N.)

       Este Colegio era una edificación de estilo renacentista con un patio central porticado, de dos plantas, al que daban las aulas y demás dependencias. Fue destruido a mediados del siglo XX para la construcción de viviendas. Sólo queda de esta magnífica construcción un hermoso relieve que estaba situado sobre el dintel de la portada principal. El relieve representa al Niño Jesús con una bella expresión en el rostro y un estudio perfecto de su anatomía. Se le representa con los brazos extendidos, portando en una de sus manitas un racimo de uvas y en la otra, una espiga, los dos símbolos de la Eucaristía: el pan y el vino. Todo el relieve está coronado por la típica “venera” renacentista. Este precioso relieve se puede admirar hoy sobre la portada de un edificio  en los números 45- 47  de la Avenida de Constitución.

       A finales del siglo XVI, el Colegio conocía su época de esplendor y en él se formaron grandes personalidades de la cultura jaraiceña como el Maestro Gonzalo Korreas, entre otras muchas, especialmente pertenecientes a la Iglesia, tanto del clero secular como del regular. También solían acudir a estos colegios los hijos de los nobles. El Colegio de San José de Jaraíz funcionaba todo el año, aunque tenía distinto horario en verano y en invierno. Según los documentos: “En invierno se entra por la mañana a las 8 y por la tarde a las 2, y en verano por la mañana a las 7 y por la tarde a las 2”. (Arch. B.N.)

       A mediados del siglo XVIII el preceptor de Gramática, que también desempeñó la Cátedra de esta asignatura, fue Don Isidro Montes, “Clérigo de menores que gana 800 reales” (Arch. B.N.) El Colegio estaba dotado, pues, de una Cátedra de Gramática, desempeñada por un especialista en la materia.

       A este respecto, hemos encontrado un documento en el Archivo Parroquial de San Miguel, referente a una donación para la Cátedra de Gramática de este Colegio. Se trata de una Memoria del licenciado Don Francisco Manzano de Carvajal que fue “dignidad de esta Villa de Jaraíz y su partido y cura rector que fue de la parroquia de San Miguel”. En su testamento fundó una Memoria para un Preceptor de Gramática y la dotó de una casa que dicho fundador tenía en la calle del Rey de Plasencia. Dice el Testamento que “si no hubiera preceptor de Gramática se la otorgaran a un maestro de escuela que tuviese ese título”. A continuación impone las obligaciones que debe cumplir el beneficiario: “Cualquiera de los referidos que goce de esta casa y rentas ha de tener obligación de hacer celebrar una Misa rezada en la Octava del Stmo. Sacramento por el Licenciado Francisco Manzano de Carvajal, y si fuese el que gozase de dicha Memoria el Maestro de escuela, ha de ser obligado a rezar un rosario por dicho fundador con los niños de su escuela…el día que se celebre dicha Misa”. Lo firma Martín Batista Herrero, ecónomo de su Mayordomo, el 28 de Mayo de 1711.

      Estas rentas parece que fueron muy importantes para mantener la Cátedra de Gramática en el Colegio, pero fueron disminuyendo con el paso del tiempo y a finales del siglo XVIII no eran suficientes, por lo que el Colegio se quedó sin Licenciado que desempeñara la Cátedra de Gramática; por esto, el pueblo decide pagar a un profesor con los bienes del Ayuntamiento, aunque pertenecía a la Iglesia. Así lo expresa el Interrogatorio: ”Aunque no hay fundación para sostener a un preceptor de Gramática por no ascender esta a más de 400 reales… y por lo mismo según el número de vecindario, se contempla el que se aumente la dotación hasta 1.500 reales, supliendo los 1.100 reales del fondo de Propios”.

      Por esta cita, podemos apreciar cierta inquietud por la Enseñanza entre nuestros vecinos, ya que hacen todo lo posible por que continúe la Segunda Enseñanza en el Colegio de San José, aunque la pague el Ayuntamiento de los bienes propios.

 

 

 

 

III.- LA ENSEÑANZA EN EL SIGLO XIX.

 

III.- A.- ÉPOCA DE ISABEL II.

      Con la guerra de la Independencia en 1808 y las Cortes de Cádiz en 1812, comienza un nuevo período histórico. Después de ser vencido Napoleón, se restaura la monarquía absolutista con Fernando VII, al que le sucedió su hija Isabel II. En este período se va a intentar mejorar la Instrucción Pública, ya que el analfabetismo seguía siendo elevadísimo, lo que suponía una enorme lacra para la sociedad.

       Las Cortes de Cádiz, en uno de los artículos de la Constitución de 1812, proclama la “Uniformidad de la Enseñanza” que se va a desarrollar en dos Reglamentos sobre la Instrucción Pública. Pero los intentos de mejora de la Enseñanza se consiguen, hasta cierto punto, con la Ley dada por Don Claudio Moyano, conocida por la Ley Moyano, que se da en 1857 y perdurará hasta principios del siglo XX. Con esta ley se unifica la Enseñanza y se articula en tres niveles: Primaria, Secundaria y Universitaria. Ahora se fundan Escuelas Primarias y se crean Institutos de Enseñanzas Medias, desapareciendo los Colegios Menores. También se fundan las Escuelas Normales para la formación de maestros. Los Institutos de Enseñanzas Medias se extienden por todas las provincias, fundándose alrededor de cincuenta.

       Ante la falta de instituciones estatales de Enseñanza, la Órdenes religiosas siguen supliendo los niveles primarios y secundarios, sin embargo, los Colegios Menores, que habían sido los encargados de las Enseñanzas Medias, desaparecen ahora y muchas zonas rurales se ven privadas de este tipo de enseñanza, como fue el caso de Jaraíz. Aquí desapareció el Colegio de San José perteneciente a la Vicaría de la Iglesia de Santa María con la Desamortización de Mendizábal, cuyas instalaciones fueron enajenadas  por lo que, desde mediados del siglo XIX, sólo existió la Enseñanza Primaria en el pueblo, hasta principios del siglo XX cuando se funda un colegio privado, como veremos más adelante.

      Jaraíz contaba solamente con dos escuelas de Primaria, sin locales propios y sin  adecuación  pedagógica,  ya que se habían habilitado dos estancias en el Ayuntamiento, un edificio del siglo XVI en mal estado de conservación y con unas dependencias e instalaciones lamentables, totalmente inadecuadas. A la “escuela de niños”, como dice el texto, asistían unos 150 niños lo que  era un número excesivo para ser atendidos por un solo maestro y dentro de un aula reducida para ese número. Sin embargo, a la “escuela de niñas” sólo asistían 30 niñas, un número más razonable para  una profesora, pero escaso para la población del municipio.

       En cuanto a los salarios que percibían los maestros, se observa una gran discriminación  entre los dos sexos. Al maestro se le pagaba de los fondos públicos y mucho más que a las maestras a las que  debían pagar los padres de las niñas. Madoz nos habla de todo esto en el siguiente texto: “Hay casa de ayuntamiento con sala de sesiones, cárcel, habitación del pregonero y local para la escuela, la cual está dotada con 3.300 reales de fondos públicos y asisten 150 niños; escuela de niñas sostenida por retribución, en la que se educan 30”.

      Observamos cómo después de un siglo, la Enseñanza en Jaraíz había sufrido un retroceso, ya que había desaparecido la Enseñanza Secundaria y la Primaria seguía en las mismas condiciones, con sólo dos escuelas, donde solamente la de los niños era pagada con los fondos públicos.

 

 

III.-B.- LA ENSEÑANZA EN EL SEXENIO REVOLUCIONARIO: 1868-1875

 

       Es interesante observar cómo durante el Sexenio Revolucionario se intenta dar un impulso a la Cultura y a la Enseñanza, especialmente en los años de la Primera República. En Extremadura se crea la Universidad libre de Cáceres, que existió desde 1869 hasta 1871, ya que en este año la Diputación Provincial retiró el dinero necesario para su funcionamiento. No obstante, el profesorado, muy comprometido con la enseñanza universitaria, no se resigna y, con el apoyo de la Audiencia, crea la Facultad Libre de Derecho y la Escuela de Prácticas Jurídicas. Pero en el período de la Restauración de la Monarquía de Alfonso XII, en el año 1875, fueron suprimidas estas dos instituciones culturales y pedagógicas en las que tanta ilusión habían puesto los extremeños, pensando en la formación jurídica de sus jóvenes.

       En las zonas rurales también se observa una preocupación por la Enseñanza a partir de la Constitución de 1869, con la Declaración de la Libertad de Enseñanza. En Jaraíz se vieron enseguida los resultados positivos de esta legislación, ya que se van a establecer “cuatro escuelas”, dos de niños y dos de niñas. Sin embargo, dada la mentalidad de la época, en lugar de considerar esto como un bien para el pueblo y  de gran trascendencia para la educación, lo considerarán como un castigo, ya que debía costearlo el Ayuntamiento, sin pensar en el perjuicio que hacían a los niños, que poco podían aprender en una clase de 150 alumnos. Por este motivo, el Sr. Alcalde Don Felipe Arjona y los concejales, acuerdan gestionar ante las autoridades provinciales la supresión de dos escuelas, ya que, como hemos dicho, la creación de otras dos escuelas nuevas lo consideraban como un castigo. Entonces argumentaron lo siguiente, con el fin de  que las autoridades educativas desistieran de este proyecto: “el Ayuntamiento no considera oportuno el mantener las cuatro escuelas por predominar en esta localidad las ideas liberales.”

        El Ayuntamiento designa a los maestros que han de continuar: “Don Pedro Moreno y Doña Lucía Galindo”. Así mismo acuerdan quiénes serán los profesores que han de cesar: “Don Pedro Cirujano y Doña Máxima Clavel”. Estas componendas del Ayuntamiento no son aceptadas por las autoridades educativas provinciales de la Primera República  y, en 1871, dan una orden por la que son repuestos en sus cargos los dos profesores cesados y, de nuevo, las cuatro escuelas vuelven a funcionar: “el Gobierno de la Provincia manda reponer en sus cargos a los dos maestros suprimidos” (Arch. Mun.).

       Además del funcionamiento de las cuatro escuelas en este período, se da otro gran paso para controlar la calidad de la Enseñanza. Será la creación de la Junta Local de Primera Enseñanza, cuya finalidad era supervisar  la educación  que se daba en los centros escolares; tenían, además, la obligación de presidir y asistir a los exámenes y controles didácticos de los alumnos.

       La Enseñanza Primaria solamente funcionó así durante este corto período del Sexenio Revolucionario. A partir de 1875 se producirán unos cambios que analizaremos a continuación.

 

III.-C.- LA ENSEÑANZA DURANTE EL REINADO DE ALFONSO XII.            (1875-1902).

 

      Durante la Restauración monárquica del reinado de Alfonso XII hay que distinguir dos períodos. En el primer período triunfan los gobiernos conservadores con Cánovas del Castillo y en el segundo período serán los liberales, encabezados por Sagasta, los que gobiernen.

      Durante el primer período o período conservador, los avances que se habían producido en la calidad de la Enseñanza del período anterior, ahora desaparecen. De las “cuatro escuelas” que se habían fundado, se van a suprimir dos de ellas, con lo que la calidad de la enseñanza vuelve a deteriorarse hasta tal punto que los dos profesores no pueden atender a tantos niños y comienzan a elevar protestas ante las autoridades para que envíen dos auxiliares de magisterio, si no vuelven a funcionar las cuatro escuelas.

      La situación cambia cuando toman el poder los Liberales y es nombrado alcalde liberal Don Celestino Sánchez Arjona, el cual intenta dar solución al problema nombrando dos auxiliares, como habían solicitado los maestros don Antonio Cirujano Parrales y Doña Lucía Galindo, ya que había más de cien niños en cada clase.

      El Sr. Alcalde accede a la petición con el siguiente razonamiento: “Considero que la Instrucción Primaria, base de la sociedad, se generalice y alcance el mayor grado de perfección posible, cual corresponde a un pueblo culto e ilustrado como el que tengo la honra de administrar”.

      Las plazas de auxiliares de escuela estaban dotadas con 800 ptas.  para  las de niños y 500 ptas. para las de niñas. Estos auxiliares serán nombrados Maestros en 1881, cuando al fin se restablezcan las cuatro escuelas. El auxiliar que pasó a ser Maestro se llamaba Don Segundo Roncero Albarrán; el nombre de la maestra no consta en el documento.

      Se crea en estos momentos la Inspección de Enseñanza Primaria para controlar el funcionamiento y la calidad de la misma. El Inspector que realizó la visita a Jaraíz fue Don Francisco Pizarro y expresó la buena calidad educativa con las siguientes palabras: “…he visto con suma complacencia el satisfactorio estado en que se encuentra la enseñanza en las dos escuelas.”

      Dado el estado tan generalizado de analfabetismo, con el 70% de la población, el gobierno comienza a preocuparse por  este grave problema. Por este motivo el Inspector plantea la creación de “Escuelas nocturnas para adultos”, también sugiere que   “se cree una escuela de párvulos”. Estos dos proyectos no constan que llegaran a realizarse en los documentos consultados. Por otra parte, la Junta Local de Primera Enseñanza se potencia más a partir de ahora y se realizan exámenes a finales de curso presididos por el Sr. Alcalde, quien queda complacido de los resultados obtenidos por los alumnos con las siguientes palabras: “nada dejaron que desear”, después de presidir estos exámenes.

      Se observa de nuevo la gran discriminación que seguía vigente en esta época con respecto al sexo, ya que vemos que los auxiliares de maestro cobraban 800 ptas. mientras las profesoras sólo percibían 500 ptas. por el mismo horario y el mismo trabajo.

 

IV.- LA ENSEÑANZA EN  EL  SIGLO XX. REINADO  DE  ALFONSO XIII.   (1902-1931)

IV.- A.- ENSEÑANZA PÚBLICA.

 

      En el campo de la Educación, Extremadura, a comienzos del siglo XX, seguía siendo una de las regiones más atrasadas del país. Mientras en algunas otras, como el País Vasco, había un 39% de analfabetos, Extremadura contaba con un 67% acentuándose este analfabetismo en las zonas rurales, como era el caso de Jaraíz, donde la tasa se elevaba hasta un 70%. En el reinado de Alfonso XIII  se realizará  un gran esfuerzo en este sentido, reactivándose durante el mandato de Primo de Rivera.

      En 1902, con el comienzo del reinado, se intenta dar un impulso a la Educación. La Instrucción Primaria había dependido de los Ayuntamientos, que eran quienes pagaban a los maestros, siempre mal remunerados y a veces de manera irregular; pero ahora, con el nuevo gobierno será el Estado quien se haga cargo de ella.

      Entonces se abolió la Ley Moyano y el Ministerio de Instrucción Pública fue ocupado por el Marqués de Romanones, con quien empieza una regeneración de la Enseñanza.

      Comienza dando una serie de decretos para regular la Enseñanza en todas sus facetas, tanto la pública como la privada. También se crean una serie de becas destinadas a profesores y alumnos sobresalientes para poder ampliar estudios en el extranjero, en los que se formaron intelectuales de gran prestigio. Se seleccionan las materias de estudio en los siguientes apartados: 1) Historia Sagrada y Doctrina, 2) Lengua Castellana, lectura y escritura 3) Aritmética 4) Geografía e Historia.

      Otro grave problema era la falta de locales apropiados. La mayor parte de ellos, en los que los niños se encontraban hacinados, tenían escasas condiciones higiénicas, estaban mal ventilados  y eran muy poco pedagógicos ya que no cumplían  las normas necesarias para una buena enseñanza; además el material escolar era muy pobre. Por este motivo se inicia una política de construcción de escuelas, que culminará con la Dictadura de Primo de Rivera. A este respecto, el 17 de Diciembre de 1922 se publica un Real Decreto con los siguientes puntos:

      1º) Todos los Ayuntamientos están obligados a instalar y conservar escuelas nacionales de Primera Enseñanza que reúnan las condiciones higiénicas y pedagógicas para la educación de los niños comprendidos en edad escolar.

      2º) El cumplimiento de esta obligación se les exige a todos los Ayuntamientos a fin de que en un período de 5 años estén las necesidades atendidas de modo normal y convenientemente.

        3º) En los pueblos que dejen transcurrir el plazo de 5 años sin haber cumplido el deber que esta obligación le impone, se llevará a cabo por la Administración una inspección encaminada a demostrar las causas de su morosidad y si esta ha sido originada por negligencia y abandono, el Ministerio de Instrucción Pública procederá a construir directamente sus locales escuelas, pero en este caso el Ayuntamiento será obligado a reintegrar al Tesoro el total importe de la construcción”.

      En Jaraíz, según la documentación consultada en el Archivo Municipal, las gestiones para la construcción de nuevas escuelas comenzaron en 1929, por lo que pensamos que todo su importe debió pagarlo el Ayuntamiento. En 1929, las autoridades municipales solicitaron la construcción de un “Grupo Escolar de ocho grados” y el 25 de Marzo comienzan a hacer las gestiones ante los organismos oficiales en este sentido.

       “Se acordó comisionar al Sr. Alcalde Don Maximino Aparicio para que informe al Exmo. Sr. Gobernador de las proyectos de este Ayuntamiento sobre la construcción de un Grupo Escolar de 8 grados para niños y niñas, y recibir instrucciones para la más acertada tramitación y ejecución del mismo”.

        La Corporación Municipal puso todo su empeño en conseguir la construcción de este Grupo Escolar. Comenzaron haciendo los trámites necesarios para la obtención de un préstamo para la realización de las obras de la siguiente forma: “El 26 de Abril se comisiona al Secretario Don Juan Muñoz Sánchez para que se traslade a Cáceres con objeto de recibir instrucciones del Instituto Nacional de Previsión de la tramitación precisa para solicitar y obtener del mismo y de la Caja colaboradora un préstamo para la construcción de un Grupo Escolar”. (Arch.Mun.) Al mes siguiente, el 17 de Junio, el Ayuntamiento no duda en hipotecar el Dehesa Boyal para que le concedan el préstamo el Instituto Nacional de Previsión y la Caja Extremeña de Previsión Social.

      Además de las unidades escolares, se preveía también la construcción de viviendas para los maestros. No pudo conseguirse nada de esto debido a la caída de la Dictadura, y los locales escolares seguirían siendo antipedagógicos durante muchos años más.

      Otro grave problema de la Enseñanza en Jaraíz era el absentismo escolar,  ya que los niños tenían que ayudar a los padres en las faenas agrícolas. Ahora se acentúa este problema ya que el cultivo del pimiento para la obtención del pimentón, requerirá mucha mano de obra. Para estas labores, los padres retenían a los niños en el campo gran parte del curso escolar y sólo asistían a la escuela durante los meses de invierno. El Estado había publicado la Ley de Escolarización, pero en Jaraíz no se cumplía y no se obligó a los padres a la escolarización de sus hijos hasta la década de los años veinte. En el 1924, el Delegado del Gobierno Civil, al percatarse del incumplimiento de esta Ley, envía un escrito al Ayuntamiento con las siguientes palabras: “Que había notado el descuido de los padres por la instrucción de sus hijos, dedicándoles con prioridad a las tareas agrícolas. La Ley determina sin excusa ni pretexto la asistencia a las escuelas públicas a los niños mayores de 6 años”.

       Poco a poco los padres irán mentalizándose de este grave problema y procurarán escolarizar a sus hijos tanto en las escuelas públicas como en las privadas, ya que estas desempeñarán  un papel de primer orden en este aspecto, como veremos a continuación. En 1930 el índice del analfabetismo bajó en Jaraíz casi a un 57% frente al 70 % al comenzar el siglo XX.

      La Enseñanza Pública se limitó a la Primera Enseñanza, con cuatro unidades didácticas, dos para niños y dos para niñas. Pero a medida que avanza el siglo, la población sufre un gran aumento, por lo que estas unidades didácticas resultaban insuficientes para la erradicación del analfabetismo. Por este motivo, las autoridades municipales de 1929, al solicitar la construcción del grupo escolar, ya lo pedirán  de “ocho grados”: cuatro escuelas de niños y cuatro de niñas, como hemos referido.

      La calidad de la Enseñanza estuvo controlada por la Junta Local de Primera Enseñanza, que desempeñó un papel importante en el desarrollo de la Enseñanza en Jaraíz, ya que hacía un seguimiento de su funcionamiento, asistiendo a los exámenes de finales de curso y premiando a los niños más aplicados, entre otras actividades.

       Es muy importante señalar cómo la calidad de la Enseñanza fue una preocupación de las autoridades en todos los sentidos, tanto a nivel local como provincial. Se interesaron por la formación del profesorado y especialmente por su actualización, organizando Congresos Pedagógicos, como el que se celebró en Cáceres en Mayo de 1929. A este congreso invitaron a todos los maestros de la provincia mediante una circular que enviaron a los diferentes municipios.

       En Jaraíz se hace público el contenido de dicha circular el 13 de Mayo de la siguiente forma: “El Exmo. Gobernador Civil de la provincia con fecha 6 del actual en B.O. 110 relativa al Congreso Pedagógico que se celebrará en breve plazo en Cáceres, advierte del apoyo moral y material que los Ayuntamientos deben prestar al mismo y de la ayuda económica que los Ayuntamientos deben prestar a los maestros y maestras que existan…” La Comisión municipal acordó por unanimidad lo siguiente: “Que se hiciera constar su satisfacción por la celebración del repetido congreso, teniendo en cuenta los beneficios que ha de reportar a la enseñanza que se da en las escuelas; ofrecer a los profesores todo el apoyo necesario, especialmente para la extinción del analfabetismo”. A continuación manifiesta la dotación que se daría a los profesores para la asistencia: “Se les dotará con 85 pts. a cada maestro para que acudan al Congreso”.

 

IV.- B.- LA ENSEÑANZA PRIVADA.

IV.-B.- 1.- LA ESCUELA DE DON MARCOS.

 

      La enseñanza privada fue de una gran transcendencia cultural para Jaraíz, no sólo como contribución eficaz contra el analfabetismo, sino especialmente con la introducción de la Enseñanza Secundaria, ya que esta abrirá las puertas de las Universidades y Escuelas de Magisterio a muchas personas de la localidad, que de otra forma no hubieran podido acceder a ella.

      Recordamos que en Jaraíz había permanecido la Enseñanza Secundaria hasta mediados del siglo XIX, cuando la Desamortización de Mendizábal terminó con los bienes eclesiásticos, entre los que se encontraba el Colegio de la Vicaría, ubicado en la calle de la Fontana, que se fundó en el siglo XVI  y estuvo funcionando durante todos estos siglos de la Edad Moderna. Ahora se dará un gran paso en este sentido gracias a la iniciativa privada, con la novedad de que algunas de ellas será escuela mixta, donde podrán asistir juntos los chicos y las chicas, como fue el caso de la prestigiosa “Escuela de Don Marcos”.

       Don Marcos García Moreno fue el pionero de la Enseñanza privada en Jaraíz, que ejerció su profesión desde 1904 hasta 1949, casi medio siglo. Profesor de gran personalidad, se entregó de lleno al duro trabajo de la enseñanza, consiguiendo formar y alfabetizar a varias generaciones en los 45 años de trabajo. Intentó erradicar el analfabetismo de nuestro pueblo con gran esfuerzo, implantando las clases nocturnas y consiguiendo buenos resultados. Pero además fue la persona que dio los primeros pasos en la implantación de la Segunda Enseñanza, con la que comenzaron  a abrirse los horizontes intelectuales a aquellos chicos y chicas a los que se les había vedado por su condición económica. Algunos jaraiceños hicieron su Bachillerato gracias a las clases impartidas por Don Marcos, por lo que luego pudieron acceder a estudios superiores, tanto chicos como chicas. Muchas de ellas pasaron a la Normal de Magisterio de Cáceres donde cursaron sus estudios, siendo las primeras maestras naturales de Jaraíz. Fue una personalidad muy elogiada por la prensa de la época y muy querido por todos; el pueblo le dedicó la calle donde residió para perpetuar su memoria: Calle  D. Marcos García Moreno.

 

IV.- B.- 2.- COLEGIO DEL NIÑO JESÚS.

 

      El gran artífice de la implantación de la Enseñanza Secundaria en Jaraíz fue Don Marcelo Giraldo, sacerdote y párroco de la iglesia de San Miguel, con un sentido del trabajo y una actividad fuera de serie. Desarrolló toda clase de actividades, tanto religiosas como culturales e, incluso, deportivas.

     Cuando llegó en 1913 se dio cuenta del bajo nivel cultural de la población y consagró toda su vida a la culturización que tanto necesitaba. Fundó las Escuelas Parroquiales para lo que construyó un gran edificio: El Colegio del Niño Jesús. Aquí se impartió la Enseñanza Secundaria en toda regla, con un equipo de profesores de cuya eficiencia son muestra un buen plantel de jaraiceños que cursaron aquí sus estudios para acceder después a la Universidad, a las Escuelas de Magisterio o al Seminario. Estos serían  después los hombres que contribuyeron de una manera eficiente a elevar el nivel cultural, religioso, económico y sanitario de la localidad.

      Don Marcelo tuvo que luchar contra toda clase de dificultades hasta ver conseguido su proyecto, pero sin duda la mayor de todas fue la incomprensión de la sociedad jaraiceña, como él bien dice en sus Memorias : “…no creyeron nunca que llevaría a cabo esta ingente obra”.

      La Inauguración del colegio tuvo lugar el 7 de Octubre de 1917, siendo un gran acontecimiento no sólo para Jaraíz sino para toda la Vera. La importancia de este hecho  la pone de manifiesto la presencia a los actos de apertura del Sr. Obispo de Plasencia, encargándose él mismo de su inauguración. También fueron invitados a estos actos las asociaciones deportivas “Los Exploradores” de Plasencia y del Losar, además de todas la “fuerzas vivas” del pueblo y , de una manera especial, la corporación municipal, cuya invitación fue acogida con gran entusiasmo, aparte de personalidades importantes de la provincia. Ante tan importante evento, el Ayuntamiento decide preparar un buen recibimiento a todos los que vinieran al acto, por lo que se nombra a una Comisión para la organización. Esta estaba compuesta por los siguientes miembros: Don Felipe Gómez, Don Manuel Beite, Don Marcelino Serradilla, Don Luis Fernández y Don Antonio Curiel. Así lo expresa el texto: “Con motivo de la inauguración de las Escuelas Parroquiales y el Colegio de Segunda Enseñanza, vendrá el Sr. Obispo y Los Exploradores de Losar y Plasencia el 7 de Octubre, siendo de parecer debiera hacerse un solemne recibimiento y algún obsequio por parte del Municipio. Quedaron conformes y se autoriza a la Comisión para que disponga los que había que hacer”. (Arch. Mun.)

     Desde entonces el Ayuntamiento colaboró con el Colegio en todo lo que estuvo de su parte; asistía a presenciar las exámenes de fin de curso, invitado por Don Marcelo, con el fin de que las autoridades comprobaran  la calidad de la enseñanza que recibían los alumnos y el buen funcionamiento del centro: “Don Marcelo Giraldo, Director de las Escuelas Parroquiales y Colegio de Segunda Enseñanza invita al Ayuntamiento y a la Junta Local de Primera Enseñanza a los exámenes que tendrán lugar a partir del 15 del presente mes de Mayo. Acuerdan contestarle dándole las gracias y diciendo que concurrirán a los exámenes”. (Arch.Mun.)

     Se establecieron varias becas para aquellos alumnos que no tenían medios económicos y eran lo suficientemente inteligentes para cursar la Enseñanza Secundaria y aspirar luego a la Universidad. Una de estas becas la obtuvo el Ayuntamiento por la cesión de un terreno para completar el solar de la obra. La primera beca se otorgó a un niño de familia humilde que reunía las cualidades necesarias para este honor, el niño se llamaba “Francisco Pérez Tovar, hijo de Abundio y Trinidad”. En el documento consultado, además del nombre del niño, se cita la comunicación enviada por Don Marcelo al Ayuntamiento donde expone la concesión de dicha beca. Dice así: “El 30 de Septiembre de 1917 se da cuenta de una comunicación de Don Marcelo Giraldo por la que se comunica a este Ayuntamiento haberle concedido una plaza en la Escuela parroquial en recompensa del trozo de terreno que cedió para la misma, para que agracien al niño que estimen oportuno”. (Arch.Mun.) Aparte de ésta, hubo otras diez becas costeadas por el industrial Don Germán Gómez Cirujano y que Don Marcelo nos relata en sus Memorias de la siguiente forma: “Este señor, Don Germán Gómez Cirujano, cuando vio la obra del Colegio terminada, se presentó en mi despacho y me dijo: -Sr Cura, yo fui uno de los que tachó la obra de locura y mi conducta, sin duda, influyó en la escasez de ofrecimientos. En reparación le ofrezco 10 becas para niños pobres”.

     El Colegio estuvo funcionando hasta 1936. Después, el edificio ha sido centro de múltiples actividades religiosas, culturales y también didácticas, ya que las Religiosas de los Sagrados Corazones tuvieron allí su primer Colegio antes de la construcción del actual.

 

IV.-B.- 3.- LA ESCUELA DE PÁRVULOS.

 

     Otras dos escuelas completaron el panorama educativo de Jaraíz en el primer tercio del siglo XX: la Escuela de Párvulos y la Escuela de Dª Cándida.

     A pesar de las reiteradas promesas que habían hecho los distintos Inspectores de Enseñanza, en sus visitas al pueblo, de la fundación de una Escuela Pública de Párvulos, ésta no se consiguió nunca. De nuevo será la enseñanza privada la que solucionará este grave problema que tanto influirá en la alfabetización.

     La Escuela de Párvulos estuvo a cargo de la profesora Dª Carmen Remón Jiménez, que vino a cubrir la laguna que el Ministerio de Instrucción pública dejó, como ya hemos referido. El trabajo y la eficiencia de esta profesora fue tan importante para la culturización del pueblo que el Ayuntamiento decidió premiar sus desvelos y su buen hacer ayudándola económicamente en la obtención de material escolar y pagándole la renta del local de su escuela. Así consta en el acta municipal del 19 de Marzo de 1928: “Se acuerda conceder a Dª Carmen Remón Jiménez 150 pts. para enseres y renta del local de la Escuela Particular de Párvulos como premio a los buenos servicios”. Se observa en todo momento y a todos los niveles el apoyo de las autoridades municipales al desarrollo de la enseñanza con el fin de la erradicación del analfabetismo.

 

IV.- B.- 4.- LA ESCUELA DE DOÑA CÁNDIDA.

 

     Dª Cándida Mateos Iglesias fue la primera mujer de la localidad que obtuvo el título de “Maestra de Primera Enseñanza” en la Escuela Normal de Magisterio de Cáceres, el 30 de Septiembre de 1914. Su escuela estuvo en funcionamiento desde 1914 hasta 1929.

     El centro regentado por Dª Cándida también cubrió otra laguna docente dentro de la sociedad jaraiceña de la época: la educación y formación de las niñas y adolescentes, que a partir de los 12 años terminaban sus estudios primarios y, lógicamente, los padres estaban interesados en que completaran su formación. Las adolescentes y jóvenes de las familias más acomodadas realizaban esta fase educativa en Colegios Religiosos ubicados en Plasencia, en Talavera o en Madrid. En estos colegios, generalmente, no cursaban la Enseñanza Secundaria, salvo raras excepciones, sino que solían darles una cultura general de tipo humanista y científica, además de cursar otras asignaturas específicas como labores, música y urbanidad. Pues bien, la escuela de Doña Cándida cubrirá esta fase educativa, y las adolescentes y jóvenes de las clases medias y bajas de Jaraíz pudieron completar su formación en el pueblo.

     La formación humanista y científica que estas alumnas recibieron fue encomiable y recordada con gran afecto por todas ellas; así mismo fueron muy valoradas  las clases de Labores, imprescindible para las chicas de aquella época, donde las jóvenes bordaban sus “ajuares” y sus mantones de Manila para los Carnavales, en lo que Doña Cándida era una experta profesora.

     La Urbanidad era otra materia importante en aquella época y se impartía en las escuelas. Eran las llamadas “Reglas de Urbanidad” que las alumnas no sólo debían saber, sino poner en práctica si se pretendía ser una joven educada, cualidades muy valoradas en aquellos tiempos.

     Quizá sea ésta una de las facetas que las alumnas hayan agradecido más a su querida y recordada profesora: “¡Qué educación nos dio Doña Cándida!” comentaban siempre sus antiguas alumnas.

 

IV.- C.- LOS SEGUROS ESCOLARES.

 

     Muy pronto, la Enseñanza Privada de Jaraíz va a conseguir su Seguro o Mutualidad acogiéndose a la legislación vigente en esta materia. La primera institución que pone en práctica todo esto fue el “Colegio de Segunda Enseñanza y Escuelas Parroquiales Niño Jesús”, regentado por Don Marcelo Giraldo, acogiéndose al Real Decreto del Ministerio de Instrucción Pública del 7 del Julio de 1911. Al año siguiente de la inauguración del Colegio, ya estaban constituidos sus Estatutos, que fueron enviados al Gobierno Civil por su director Don Marcelo Giraldo y por Don Germán Gómez y Don Manuel López con el fin de solicitar el Seguro o Mutualidad Escolar.

     En este Reglamento se establecía una Junta Directiva formada por las personas más representativas de la sociedad jaraiceña y por un número de alumnos que tenían voz pero no voto en la asociación. Este Reglamento contaba con más de veinte artículos donde se citaban los objetivos y fines de la Mutua. Entre ellos destacaban la constitución de dotes infantiles, viajes escolares, colonias, cultura, higiene, lucha anti-alcohólica…etc. Otros artículos regulan el régimen económico, como las cuotas de los socios, suscripciones, socios honoríficos…etc.

     Las Escuelas públicas también conseguirán los Seguros Escolares  unos años después. Fue en 1922 cuando se crea la Primera Mutualidad para la Escuela de Niños denominada “Mutualidad Escolar Esperanza y Caridad”. Tenía los mismos objetivos y finalidad que la anterior: dotes infantiles, colonias, cultura, viajes escolares, lucha antialcohólica, además de “socorro mutuo de enfermedad y fallecimiento”. Para el ahorro se utilizan las Cajas oficiales, como la Caja Postal de Ahorro y para las pensiones y dotes infantiles se utilizaba el Instituto Nacional de Previsión.

     Las demás escuelas públicas de Jaraíz también tuvieron sus seguros como fueron la Mutualidad de Nª Sª del Carmen y la Mutualidad de Nª Sª de la Paz, cuyos domicilios sociales eran las dos escuelas de niñas que tenían los mismos objetivos y semejantes reglamentos.

 

IV.- D.- LAS ASOCIACIONES DE MAGISTERIO.

 

     Con la Dictadura de Primo de Rivera no sólo se intenta solucionar el problema de la deficiencia de Centros escolares con la creación de Grupos Escolares modernos, sino también se intentan solucionar los problemas del profesorado, que tan abandonado había estado en épocas anteriores. Por este motivo, entre otras soluciones se consigue la fundación de la Asociación de Magisterio a nivel Nacional, Provincial y Comarcal, con el fin de que se defiendan los derechos de este colectivo tan mal pagado y tan mal tratado durante tanto tiempo. Esta Asociación comienza a funcionar en Febrero de 1923 y podían pertenecer a ella todas las personas incluidas en este grupo según los datos recogidos en el Archivo Provincial: maestros titulares, maestros interinos, maestros sustitutos y maestros jubilados.

     La Asociación organizaba actividades formativas y culturales de distintos tipos. Entre estas hay que destacar la publicación de una revista que  se publicaba en Cáceres dos veces al mes y se enviaba gratuitamente a todas las escuelas de la provincia, con noticias referentes a la enseñanza, profesorado, actividades culturales…etc. La revista se denominaba “Magisterio Cacereño” con lo que se quería poner al día los temas educativos.

     La Asociación Provincial, que tenía su sede en Cáceres, dependía de la Nacional. La Asociación Comarcal tenía su sede en Jarandilla, ya que se ubicaban en las poblaciones que fueran cabeza de  Partidos Judiciales; todas las escuelas de los pueblos de ese Partido Judicial dependían de ésta, como era la Asociación de Jaraíz.

 

V.  CONCLUSIÓN.

La Enseñanza Primaria Pública siguió evolucionando durante la Segunda República. Se hicieron  realidad las ocho escuelas conseguidas al final de la Dictadura de Primo de Rivera: cuatro grados para niños y cuatro grados para niñas.

     El Grupo Escolar, en el que tantas ilusiones habían puesto los jaraiceños en tiempo de la Dictadura, no llegó a construirse hasta 1958 y su  edificación fue dotada de los sistemas pedagógicos más modernos de la época, con aulas espaciosas y ventiladas, biblioteca, salón de actos, pistas polideportivas…etc. Este Grupo Escolar se denominó “César Carlos”, con carácter conmemorativo con motivo del V Centenario de la muerte del Emperador Carlos V. Después se crearon otros dos Grupos Escolares más.

     El analfabetismo fue descendiendo de una manera notoria, contribuyendo a ello, en parte, la fundación por parte de algunos terratenientes, de Escuelas Rurales en sus dehesas  para los hijos de los medieros, los cuales pasaban en el campo casi nueve meses con sus padres, con motivo del cultivo y recolección del pimiento y del tabaco. Pero lo que dio el golpe definitivo al analfabetismo fue el “transporte escolar” y el interés, ahora, de los padres, por lo que los niños podían ya escolarizarse durante el curso escolar completo, sin perder ninguna clase.

     La Enseñanza Secundaria Privada sufrió un retroceso durante la Segunda República, ya que desapareció el Colegio del Niño Jesús y la Escuela de Dª Cándida y solamente continuó abierta la Escuela de Don Marcos.

     A partir de la década de los años cuarenta comienzan a fundarse Academias privadas que continuarán con la Segunda Enseñanza, como fue, en primer lugar, la Academia Amor y, posteriormente, la Academia-Colegio “Virgen del Salobrar”. Los resultados fueron extraordinarios, ya que los jóvenes de las clases medias y bajas pudieron cursar sus estudios de Bachillerato y, además, sus carreras de Magisterio, incluidas las oposiciones. Como alumnos libres que eran, se examinaban en el Instituto Gabriel y Galán de Plasencia y en la Escuela Normal de Magisterio  de Cáceres. Debido a estas circunstancias, Jaraíz fue una de las poblaciones con más títulos de Maestros de la Provincia. En la década de los años sesenta, la Religiosas de los Sagrados Corazones fundaron un Colegio de Primaria para niñas, con innovadores métodos pedagógicos  para aquélla época, en el antiguo Colegio de Don Marcelo que, posteriormente, se trasladó y se convirtió en  Escuela-Hogar. Asimismo, los religiosos de los Sagrados Corazones  fundaron otro colegio para niños, hoy desaparecido.

     En 1969 se fundó el Instituto de Bachillerato “Maestro Gonzalo Korreas”, que primero fue Sección Delegada del Instituto Gabriel y Galán de Plasencia hasta 1970, en que pasó a convertirse en  Instituto autónomo. Posteriormente se creó un Centro de Formación Profesional que, en la actualidad, se halla fusionado con el Instituto de Bachillerato. Como responsable que fui durante muchos años durante muchos años del Instituto Maestro Gonzalo Korreas, como fundadora y directora de este Centro, tengo que decir con gran satisfacción que aquí se han formado personalidades intelectuales destacadísimas en todos los campos de la actualidad: Catedráticos de Universidad e Instituto, Médicos de distintas especialidades, Veterinarios, importantes Juristas, Arquitectos, Ingenieros, Informáticos, Políticos, Empresarios…etc. pertenecientes a todas las clases sociales y que hoy son el orgullo de Jaraíz.

          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oct 012011
 

Martiria Sánchez López.

 

1.  INTRODUCCIÓN.

En los Coloquios Históricos del pasado año, hicimos un estudio sobre la “Economía de Plasencia y su Tierra en el siglo XVI”, basándonos en las Ordenanzas Municipales de esta ciudad, publicadas y transcritas por Doña Gloria Lora Serrano, en 2005.

Sobre ellas hicimos un amplio comentario, en el que expusimos las distintas recopilaciones que se hicieron, las revisiones y disposiciones que se añadieron y el apéndice documental de 1584, además de su transcripción por el síndico municipal Hipólito Cardeña, en 1601.

Afirmamos que constituyen un elemento sumamente interesante para el estudio histórico de la ciudad en el Antiguo Régimen, no sólo en el aspecto económico, que fue el objetivo de nuestra Ponencia anterior, sino por los demás aspectos, como el gobierno, los cargos públicos, las costumbres, las fiestas, los juegos…etc.

El estudio de estas Ordenanzas quedaría incompleto si no trataramos todos esos temas, por lo que en esta Ponencia los comentaremos. Para realizar este estudio, además de estas Ordenanzas, hemos tenido presente el Fuero de Plasencia, otorgado por Alfonso VIII cuando fundó la ciudad, pues muchas de las leyes del Fuero estuvieron vigentes durante el siglo XVI, aunque otras quedaron obsoletas y no sirvieron  para los nuevos tiempos. Por este motivo, fueron necesarias otras leyes de acuerdo con las nuevas necesidades, que son las contenidas en estas Ordenanzas.

2. RESUMEN HISTÓRICO.

A finales del siglo XII y principios del s. XIII, la alta Extremadura fue conquistada por los reyes cristianos. Alfonso VII dividió el reino entre sus dos hijos, a su hijo Sancho III le dejó Castilla y a Fernando, León. Por este motivo, Extremadura quedó dividida en dos zonas cuyo límite era la Vía de la Plata; la zona del Oeste correspondió a León y la del Este, a Castilla, por lo que Plasencia y su tierra quedó incluida dentro del reino castellano.

A la muerte de Sancho III le sucedió Alfonso VIII que fue el conquistador de toda la tierra de Plasencia y fundador de la ciudad en 1186 como enclave político y militar que no sólo sirviera de base al Rey en su lucha contra el Islam, sino también como centro político contra el gran poder que tenían las órdenes militares de Santiago y Peseiro, ya que dominaban gran parte de Extremadura. (Julio González. El Reino de Castilla en la Época de Alfonso VIII). Pronto Plasencia llegó a convertirse también en un enclave religioso, pues en 1189 se constituía en Sede Episcopal, en virtud de la Bula otorgada por el Papa Clemente III.

Debido a estas circunstancias, el Rey asignó a Plasencia un extenso término, además de concederle el famoso Fuero, con gran cantidad de privilegios y franquicias. La ciudad y su término se irán repoblando poco a poco e irán naciendo la mayor parte de las aldeas de su término en el siglo XIII. La población aumentará en los siglos siguientes, especialmente en el s. XV, llegando a duplicarse.

En 1342, Plasencia pasó a ser Señorío debido a que Juan II entregó a Pedro I de Estúñiga, Justicia Mayor del Reino, la ciudad y su término. Este hecho tuvo consecuencias negativas, aunque también supuso ciertas ventajas ya que fue más frecuentada por los reyes castellanos. Por otra parte, los caballeros dependientes de los Estúñiga van a dar un gran impulso a las actividades comerciales, especialmente a las ferias, lo que produjo un gran desarrollo económico.

Además, la nobleza placentina va a plasmar su poder y su dinero en artísticos palacios con hermosos blasones. También se levantaron hospitales, iglesias o conventos, como el de Santo Domingo, cuya finalidad principal era el de ser panteón señorial bajo la protección de la condesa Leonor de Pimentel.

Pero la familia de los Carvajal, apoyados por los Reyes Católicos, terminaron con el dominio señorial en 1488.A partir de esa fecha, Plasencia va a tener un desarrollo espectacular en  todos los aspectos: económicos, demográfico, social, cultural, religioso…etc. Prueba de este desarrollo son los impresionantes monumentos que se levantan en este período, destacando la Catedral Nueva, construida por los mejores arquitectos y escultores de la época.

3. EL CONCEJO DE PLASENCIA Y SUS CARGOS.

3.1.  EL Concejo o regimiento

El Concejo, llamado en las Ordenanzas también Regimiento, tiene como objetivo principal desempeñar las funciones de gobierno de la ciudad y su Tierra, ante el que tienen que jurar sus cargos todos los componentes del mismo. El Concejo posee los bienes comunales: dehesas, ejidos, pedreras, fuentes…etc.

En tanto que es una Asamblea de la comunidad, puede suplir las leyes que no estén de acuerdo con las nuevas circunstancias históricas, como es el caso de estas Ordenanzas.

Ya hemos dicho que Plasencia estuvo bajo el poder señorial desde 1442 hasta 1488, con motivo de la donación que hizo el rey Juan II a Pedro I de Estúñiga. Pero en 1488, la nobleza placentina, apoyando a los Reyes Católicos, acabó con el dominio señorial, pasando de nuevo a ser ciudad de realengo en lugar de señorío. A partir de esta época, se hacen necesarias unas nuevas leyes que respondan a los nuevos tiempos.

Los Reyes Católicos, debido a su sentido centralizador de la monarquía, van a controlar las ciudades por medio de sus representantes: los Corregidores. Pero aquí la nobleza placentina tenía gran poder debido a que habían apoyado a los Reyes contra los Estúñiga, por lo que los monarcas no tuvieron más remedio que favorecerles. Ahora, esta oligarquía placentina adquiere mayor poder, ya que, entre otras medidas beneficiosas para ella, se encontraba el nombramiento de un mayor número de Regidores. En algún caso, estos nombramientos anuales se convirtieron en vitalicios, como fue el caso de los que lucharon contra los Estúñiga, los Carvajal.

En la Introducción de estas Ordenanzas podemos comprobar cómo esta familia de los Carvajal fue favorecida en gran manera, ya que un gran número de los Regidores pertenecía a ella. Comienza diciendo que: “el Concejo, la justicia (o Corregidor) y los Regidores han sido llamados para hacer buenas y justas leyes”. Añade que: “Dios nuestro Señor, por su infinita bondad, le hizo el principio, sacándola del yugo del señor y restituyéndola a la corona real”. Justifican sus actuaciones diciendo: “se desecharon algunas leyes defectuosas, añadiendo otras nuevas en el caso que muy necesarias nos parecieron”.

A continuación, cita los nombres de los que son convocados para redactar las nuevas Ordenanzas: “el licenciado Vargas, corregidor de dicha ciudad y su tierra por el rey y la reina, nuestros señores”; y, como Regidores, cita entre otros: “Gutierre de Carvajal, García López de Carvajal, Francisco de Jerez, Gonzalo de Carvajal…etc”. Se puede observar que aquí nos encontramos con tres Regidores de la misma familia, aunque los demás también pertenecían a la oligarquía placentina.

En el Artículo 1 del primer Título se dan las órdenes sobre el funcionamiento del Concejo o Regimiento, y dice que sólo la justicia (corregidor) y los Regidores tienen voz y voto en él, no las demás personas que tienen obligación de asistir.

A continuación, dice el día, la hora y el lugar donde han de reunirse. El lugar, lógicamente, era la “Casa del Concejo” y el día de reunión serán los viernes de cada semana. La hora de la reunión variaba según la estación: “en verano desde el día de Pascua a San Miguel, a las siete y desde de San Miguel en adelante, a las ocho de la mañana”. Había excepciones durante la Cuaresma o con motivo de que el viernes coincidiera con alguna fiesta. Durante la Cuaresma, el Regimiento se trasladaba a los jueves, debido a que tenían que asistir a las actividades religiosas: “En Quaresma mandamos que el dicho regimiento se haga los jueves por los sermones, so pena del que no viniere no gane el resydio ese día”. El resydio era una dieta que cobraban por la asistencia. Si el viernes era fiesta, podían trasladarlo al sábado y sus decisiones eran igual de válidas aunque no asistieran todos los componentes del Concejo, solamente era necesaria la asistencia del Corregidor y un Regidor. Cuando tenían que tratar algún asunto en el que estuviera implicado algún Regidor o sus parientes porque sus intereses chocaran con los de la ciudad, éste debía abandonar el Concejo hasta que los demás lo solucionaran, para que, según las Ordenanzas, “los otros regidores hablen libremente en lo que conviene al bien de dicha ciudad”. Aparte del Concejo ordinario, se podía convocar otro extraordinario cuando el caso lo demandara.

El Concejo o Regimiento estaba presidido por dos Regidores nombrados semanalmente por los Escribanos. Los presidentes tenían la obligación de presentar por escrito “un memorial de lo que han de hacer en la gobernación de dicha ciudad la dicha semana que son presidentes”. Después debían dar cuenta de sus actuaciones y “si no lo hicieran ansi pierdan el resydio del viernes y se lo repartan entre los demás regidores”. También se les exige terminar los asuntos iniciados la semana siguiente.

Todos los cargos del Concejo debían ser jurados ante los miembros del mismo antes de tomar posesión de ellos. Pero estos no podían ejercer sus funciones ni entrar a formar parte del Concejo hasta que no cumplieran con un requisito muy original, según el Artículo 9, que era el de obsequiar a los demás componentes a “yantar o a treinta reales, como es costumbre” y sigue diciendo el Artículo “que ni puedan entrar en el Regimiento, ni tengan voto, ni usen del oficio” hasta que no cumplan esta orden. Por tanto, la fiesta estaba asegurada cada vez que se renovaban los cargos.

Los miembros del Ayuntamiento estaban obligados a mantener el secreto profesional, pues si no cumplían con este deber eran considerados perjuros y apartados del cargo, según mandan las Ordenanzas: “Mandamos que las cosas que se hablen de tener en secreto en el Ayuntamiento, que todos: justicia, regidores y oficiales guarden el secreto so pena de que se les considere perjuros.”

Muy interesante nos parece también la costumbre que había, ya en el siglo XVI, de obsequiar a los miembros del Concejo con algunos regalos por las fiestas navideñas, costumbre que ha perdurado hasta la actualidad. Los regalos consistían en los siguientes productos: gallinas, perdices, higos, naranjas y vino. Este presente ascendía a un importe de 10.000 maravedíes que se empleaban en obtener los doscientos pares de perdices, los higos, las naranjas y el vino, pues las setecientas gallinas, que también se regalaban, no estaban incluidas en este presupuesto y en el texto no consta a cuánto ascendía. El Artículo se titula “El Presente que se da por Navidad a los regidores, justicia, escribanos, mayor- domos del Concejo”, en el que se indica cómo y cuándo debían recibir estos regalos: “El que no estuviere en el Regimiento la víspera de Navidad que no oviese parte en dicho presente, salvo si fuese enviado a realizar algún asunto o estuviese enfermo”. También manda que el reparto lo haga algún regidor y un escribano y, además, lo anoten y firmen en el libro que debía estar guardado en el arca del Concejo.

3.2.  Los cargos públicos

Con respecto a los cargos públicos, sólo vamos a comentar los que se citan en la Ordenanzas, pues muchos de ellos ni se mencionan, como por ejemplo: Andadores, Sayones, Pregonero, Corredor, Montañero…etc.

El Corregidor

En las Ordenanzas se le denomina “la justicia” generalmente, sólo cuando se habla de salarios o algún otro caso, se le llama Corregidor. Este fue un cargo decisivo en el gobierno de la ciudad ya que representaba la autoridad real y tenía la obligación de defender sus intereses, así como el de los vecinos, frente a la oligarquía ciudadana, aunque algunas veces se pusieran al lado de esta oligarquía.

El Corregidor era el encargado de nombrar a su lugarteniente, además de a los alcaldes, jueces y alguaciles. Al ser un cargo de máximo relieve, la ciudad solicitaba de los Reyes que este cargo fuera nombrado entre personas que no fueran naturales de Plasencia, pertenecientes a la oligarquía que había dominado la ciudad, con el fin de que sus actuaciones fueran más imparciales y justas.

El Corregidor celebraba la audiencia con los jueces diariamente y, tres días a la semana, tenía la obligación de “sentarse en causa pública”. Otras obligaciones eran la de visitar la cárcel municipal y recorrer la Tierra para ver las necesidades y asuntos referentes a sus vecinos. También tenía la obligación de residir en la ciudad.

El artículo dedicado a estipular el salario del Corregidor dice lo siguiente: “Mandamos que el salario de los Corregidores sea de setenta mil mrs.” Era un salario muy alto comparado con los demás cargos, que solían ser de tres mil maravedíes. A continuación especifica quién tiene que pagarles: “El Concejo de la ciudad pague doce mil mrs. De los cuales los caballeros de alarde paguen la tercera parte”. Después, manda que el resto, es decir, los cincuenta y ocho mil maravedíes restantes los paguen los lugares de la tierra. Pero no toda esta cantidad de dinero era para el Corregidor, sino que él tenía que pagar al alcalde ocho mil de su salario: “Estos se sacan de los setenta mil mrs. del salario del Corregidor…”.

Sabemos el nombre del Corregidor que presidió la redacción de estas Ordenanzas, como nos indica la Introducción de las mismas, era el “licenciado Vargas, nombrado por el Rey y la Reina, nuestros señores”.

El cargo de Corregidor era anual y, después de cada mandato, se le “tomaba residencia”, que consistía en pedirle cuentas de su actuación. La persona encargada de tomar residencia” le sustituía en sus funciones hasta que llegara el nuevo Corregidor nombrado por los reyes, para evitar vacío de poder. Cuando los vecinos no estaban conformes con la actuación del Corregidor podían demandarle durante el tiempo que duraba la “residencia” ya que después prescribía cualquier falta cometida y ya no podían demandarle. A veces los reyes prolongaban su mandato un año más. Parece que a veces abusaban de sus cargos presionando a los demás miembros del Concejo para que fueran sus fiadores. Por este motivo, hay un Artículo que prohíbe esto: “que ningún regidor ni escribano ni mayordomo sean fiadores de ningún corregidor”.

Los Regidores

Los Regidores eran personalidades que estaban al frente del gobierno de la ciudad, juntamente con el Corregidor. Solían ser ocho, aunque los Reyes Católicos aumentaron su número, ya que querían premiarles por el apoyo recibido contra el poder señorial. Debían reunirse en la Casa del Concejo una vez a la semana, los viernes, excepto en Cuaresma que serían los jueves, como hemos comentado ya y mandan estas Ordenanzas. Si no asistían al Regimiento perdían la dieta o “resydio” y se la repartían los demás Regidores. El cargo era anual, aunque los Reyes Católicos concedieron a algunos el cargo vitalicio, pero después se anuló esta excepción.

Los Regidores eran nombrados entre los caballeros de la ciudad, que formaban una oligarquía muy poderosa entre los que se repartían estos y otros cargos. Muchos cesaban como Regidores y les nombraban Mayordomos, Procuradores…etc. Cada semana eran elegidos dos Presidentes del Concejo según el Artículo 6 y eran nombrados por los Escribanos los viernes de cada semana. Estos Presidentes tenían obligación de presentar por escrito un memorial de las distintas actividades que tenían que realizar para el gobierno de la ciudad, como hemos comentado ya.

Otra de las funciones de los Regidores era el nombramiento de Mayordomos del Concejo y del Procurador. Con anterioridad, los nombraban los Caballeros de alarde, pero esto provocaba descontentos y disturbios en la ciudad, según consta en el Artículo 14, que dice: “con estos nombramientos se seguía mucho daño a la ciudad, por cuya razón la elección fue dejada al Regimiento para que los Regidores nombraran al dicho Mayordomo y Procurador”.

El Artículo 27 trata acerca de cómo y cuándo han de ser elegidos los distintos cargos por los Regidores y el Corregidor: “que los oficios se nombren de esta maneras: los alcaldes […] en el primer Regimiento después de Navidad […] porque salgan con las varas el primer día de Año Nuevo…” y así va enumerando el día que han de elegir los distintos cargos y el día que tienen que comenzar su trabajo: “el mayordomo que comience a servir desde primero de Marzo[…] los guardas de pinares […] comiencen a servir por el día de todos los Santos, etc…”.

Otra obligación de los Regidores era atender “los negocios de la Tierra”. Tenían que recorrer las aldeas de dos en dos y no podían renunciar al viaje sin una causa justificada, bajo pena de la pérdida de la tercera parte de su salario. Dicen las Ordenanzas que el “Regimiento debe nombrar a los Regidores que tienen más noticia de los negocios”, es decir, que conozcan mejor los problemas de la Tierra y sus vecinos.

Los Regidores debían residir en la ciudad, pero había algunos que no cumplían con esta obligación, por lo que el Artículo 20 ordena que, al menos, debí- an residir “cuatro meses de cada año juntos o interpolados. E si no los residieren, que no les sea librado el dicho salario y la dicha caballería”. Añade que han de asistir, al menos, a dieciséis Regimientos para poder cobrar el salario.

Los Regidores cobraban dietas diferentes por sus desplazamientos, dependiendo del sitio adonde fueran y de las distancias. Era de mayor responsabilidad cuando el desplazamiento era hasta la Corte o fuera de la jurisdicción. Por este motivo, la dieta se estipula de la siguiente forma: “El salario de los Regidores cuando van a la Corte que sea de 250 mrs.; fuera de la tierra, a diez leguas, 150 mrs…y si va a la jurisdicción…cuatro reales…”.

El Artículo dedicado a los salarios de los Regidores ordena que sea: “Tres mil mrs., más una cavallería”.

Los Escribanos

El cargo de Escribano equivalía al de notario público. Las Ordenanzas mandan que haya “dos escribanos del Concejo” y exponen las razones de la necesidad de estos dos escribanos, que eran nombrados por el Corregidor y los Regidores. Dicen lo siguiente al respecto: “Mandamos que haya dos escribanos del Regimiento[…] son muy necesarios porque hay dos linajes en los caballeros de alarde, uno que se nombra del linaje de Santa María y otro del linaje de San Salvador […] e cada uno ha de dar cuenta en su linaje de los oficios que han de haber dichos caballeros”.

Los Escribanos tenían obligación de asistir a todos los Regimientos y a “dar cuenta y razón de todo lo que pasare…”. Si estos no cumplían bien con su trabajo, podían ser destituidos por el Corregidor y los Regidores y nombrar a otros que realizaran mejor su trabajo.

Tenían obligación de tener un libro donde constaran o “asentaran” todos los nombres de los Regidores y Oficiales que asistieran a los Concejos y todo lo que se ordenara en ellos. Todo esto debían firmarlo el Corregidor y dos de los Regidores y, además, tenían obligación de “leer lo que quedara escrito porque ninguno pueda ignorarlo”.

Además de este libro, mandan también que tuvieran otro libro donde consten los “libramientos y provisiones”. Este debía ser firmado por el Corregidor y los Regidores, juntamente con el Escribano, para que tuviera efectividad, ya que ordena que “de otra manera non valga e los mayordomos no paguen”. Por tanto, no podían pagar ni dar dinero a nadie sin quedar constancia en el libro y que estuviera firmado por las autoridades municipales y el Escribano.

Cuando el Concejo tenía que otorgar alguna merced, o dattas, o algún privilegio de arrendamientos de tierras o solares, no podían otorgarlo sin poner el “Sello del Concejo”, ya que, como dice el Artículo 23, “de otra manera non valga”. Luego se dan los detalles de cómo ha de ser el Sello, quién debe aplicarlo y lo que deben cobrar por ello: “Que el Sello lo tenga cada año una persona del Regimiento que selle las dichas provisiones con cera colorada y lleve de salario CX mrs. y vaya firmado de su nombre”.

Todo esto nos habla de las irregularidades que se cometían en estos aspectos económicos y por eso quieren controlarlo bien, insistiendo en lo mismo en el Artículo 24: “Que el escribano asiente las dattas en un libro”, y añade las consecuencias nefastas que se habían causado cuando no se llevaba este control: “porque de no haber hecho esto se han causado muchos daños a esta ciudad”. Se impone una multa importante al Escribano que “no asiente en el libro las Dattas que diera”. También dice que se guarde el libro en el arca del Concejo, pues había habido protestas y denuncias a los Reyes a este respecto, ya que los Escribanos ocultaban las escrituras y los libros de cuentas y rentas y no los depositaban en el “Arca del Concejo, que era como su memoria”. Con esto evitaban que fueran controladas las cuentas, por lo que se insiste tanto en estas Ordenanzas.

Los Escribanos eran los encargados de nombrar a los Presidentes del Concejo, los viernes de cada semana, como hemos dicho ya, pero ellos no tenían ni voz ni voto, ni siquiera podían emitir sus opiniones, según el Artículo 12, que dice: “que los escribanos no hablen ni digan ninguna cosa cuando los regidores hubieren de votar…hasta que sean preguntados, bajo pena de cien maravedíes”. También estaban obligados al secreto profesional, como los demás funcionarios, según hemos ya referido.

En cuanto al salario de los Escribanos se establece que sea igual que el de los Regidores: “tres mil mrs. e una caballería por razón de su oficio” (Art. 9). Cuando se desplazaban a algún lugar de la Tierra para realizar las gestiones pertinentes, cobraban menos que los Regidores: “tres reales e de comer”, mientras que los Regidores percibían cuatro reales, aunque no se dice nada de la comida para estos.

También hay otro Artículo dedicado a los derechos de los Escribanos, como era la entrega de las copias de las Ordenanzas a las personas que las solicitaran; debían cobrar por estas copias treinta mrs. por cada pliego. Igualmente, debían cobrar por “todas las escrituras que diesen sinadas”.

Los Escribanos tenían la obligación de copiar en el libro todos los salarios de cada uno de los funcionarios, los cuales tenían que firmar, juntamente con “la justicia y regidores”, para que el Mayordomo pudiera pagarles.

Los Mayordomos

El mayordomo del Concejo

El Mayordomo era el encargado de la administración económica de la ciudad y del cobro de las rentas. También era el que pagaba los libramientos y previsiones así como los salarios a todos los funcionarios del Concejo. No podían pagar hasta que no lo hubieran firmado el Corregidor, Regidores y el Escribano, quien debía registrarlo en el “libro”: “que se asiente en el libro, e de otra manera non valga e el mayordomo non pague”.

El cargo de Mayordomo era muy importante porque de él dependía la buena o mala administración de la hacienda concejil. Era fundamental que la persona que la desempeñara. El Artículo 14 da las normas para su nombramiento, que debían hacerlo los Regidores, ya que antes lo nombraban “los linajes de los caballeros de alarde, de lo cual se seguía mucho daño a la ciudad”. Se entiende que el daño se refiere al aspecto económico, por este motivo los nombraban los Regidores. En otros artículos se insiste en esto y se repite que “el cargo fue ocupado por los caballeros de alarde, pero algunos pusieron a mal recaudo la hacienda de la ciudad”.

En cuanto al salario que debían percibir, dice el mismo Artículo que “se les dyese seiscientos mrs. de los propios de esta ciudad”. También participaban en los regalos o presentes que se repartían por Navidad entre los cargos del Concejo.

Además del Mayordomo del Concejo, había otros Mayordomos que controlaban las pesas, medidas y precios, los cuales eran conocidos también como Oficiales. El título XVI contiene una serie de artículos sobre derechos y obligaciones de estos para evitar el abuso del cargo. Eran nombrados por el Concejo y no podían ser sustituidos por otra persona, bajo una multa de tres mil mrs. Los Mayordomos tenían derecho a una cantidad del producto vendido: por ejemplo, si se trataba de aceite, dice el artículo: “de cada persona que venda aceite lleven una panilla de aceite y un mrs. una vez al año y no más…”, así va especificando lo que deben obtener de cada producto que se venda en los mercados.

Los Procuradores

Hay que distinguir dos tipos de Procuradores: los Procuradores del Concejo y los Procuradores del Común. El Artículo 32 dice los requisitos que el Procura- dor del Concejo tenía que cumplir, entre los que destaca: “que el Procurador esté en las casas consistoriales cada día del Regimiento”, es decir, cada vez que se reúna el Concejo. También dice el sitio que debe ocupar : “que esté abajo” y “que esté aparejado”, o sea, que esté bien preparado para realizar sus cometidos y para hacer “si algo le mandaran”. Así mismo, le exigen que no se “vaya hasta que no haya salido el Regimiento”, es decir, hasta que no termine el Concejo, bajo una multa de cien maravedíes si no cumple con estas obligaciones.

Los Procuradores eran nombrados por los caballeros de alarde, igual que los Mayordomos, pero tampoco cumplían bien su trabajo y “se seguía mucho daño a la ciudad”, por lo que el Artículo 14 manda también que sean “nombrados por los Regidores”.

La ciudad necesitaba también un Procurador del Común que atendiera a las necesidades del bien común, por lo que se solicitó, en el 1501, su nombramiento. Este podía entrar en el Regimiento sin voz ni voto pero podía exponer las necesidades del pueblo llano y reivindicar sus derechos ante las autoridades del Concejo. Al principio, se opusieron los Regidores, pero no tuvieron más remedio que aceptarle por mandato de los Reyes.

En cuanto a su salario, dice el Artículo 14 que: “sea de cuatrocientos mrs. de los propios de la ciudad”, tanto para el Procurador del Concejo como para el Procurador del Común.

Los Procuradores, igual que los demás cargos, “letrados, físicos, ciruxanos e otros minestriles y oficiales”, mandan las Ordenanzas que sean pagados “por el Mayordomo por el día de Navidad”. Pero insiste en que han de firmar en el libro de las cuentas el Escribano, el Corregidor, dos Regidores y los interesados, para que el Mayordomo pueda pagarles.

Los Alarifes

El Alarife era un cargo muy importante, nombrado para estar al frente y controlar “las obras públicas e ver los edificios de la ciudad”, para fueran bien construidos. Por eso les dedican el Título XLVI, con varios Artículos. El primero dice “que los Alarifes juzguen las obras de esta ciudad, si tienen algún defecto, ver las paredes si están desplomadas, las piedras mal labradas[…] juzgando los vicios y faltas de los maestros […] de manera que las obras vayan perfectas”.

El Alarife tenía también que controlar la fabricación de tejas y ladrillos para que “juzguen si están bien cocidos y si es de marco que la ciudad tiene establecido”. Otra misión del Alarife era controlar el trabajo de los encargados de apagar los fuegos. También era el responsable de cerrar la plaza con maderas para la fiesta de los toros, como veremos en el capítulo siguiente.

El salario del Alarife era importante, ya que cobraba por varios conceptos de acuerdo con sus diferentes responsabilidades. El Concejo le pagaba tres mil maravedíes y cobraba, además, diez maravedíes por cada visita que hiciera al horno de las tejas. También cobraba por los toros que se corrían en la plaza, medio real por cada toro”.

Los encargados de apagar los fuegos

Los que apagaban los fuegos eran oficiales muy importantes para la ciudad ya que eran muy frecuentes en aquella época y las Ordenanzas lo explican así: “Por cuanto hemos visto que en esta ciudad se han hecho muchos daños a causa del fuego[…] e por no haber personas suficientes […] mandamos que la ciudad tenga 12 oficiales carpinteros”. Pero estos carpinteros tenían que tener una cierta especialización y ciertas cualidades para desempeñar lo mejor posible su trabajo, el cual especifican las Ordenanzas en el Título XLVII: “que sean personas hábiles, diligentes…y que estén aparejadas (preparadas) para matar el fuego…e si alguno vagare, que pongan otro en su lugar”. Manda también que el Alarife sea el que controle el trabajo y el instrumental que deben tener todos: “que tengan xeringas (escaleras) de madera y hachas en sus casas para matar el fuego […] e oyendo la campana acudan todos so pena de no recibir el salario e pagar el daño que por su negligencia ocasionara a los vecinos”. El Alarife era el encargado de pagarles y juzgar el trabajo que hacían. El salario de estos oficiales era de tres mil maravedíes”.

Los Porteros

Los Porteros del Concejo eran dos y debían estar siempre que hubiese Regimiento en la puerta del Ayuntamiento. Tenían como misión, según las Ordenanzas, “llamar a las personas que la justicia y los regidores mandaren e hacer otra cosa que les mandaren”. El salario de los Porteros era de 350 maravedíes más el derecho de “humos”. Este derecho consistía en que les pagaban “una blanca de cada vecino de la Tierra en cada año”.

Las puertas de la ciudad estaban a cargo de los caballeros de alarde. Las llaves de la ciudad la tenían dos de estos caballeros y cobraban por este oficio “trescientos mrs. cada uno, cada año por Navidad”. (Art. 15)

Hay varios oficios y cargos que no se citan en estas Ordenanzas, como es el caso de los Sexmeros, que eran los representantes de los Ayuntamientos de las aldeas de la Tierra en el Concejo de Plasencia. Pensamos que seguirían rigiéndose por la “Ley del Fuero”, actualizando sus salarios.

4. USOS Y COSTUMBRES.

4.1.  La Alhóndiga

Fue muy importante para los vecinos de la ciudad y de su Tierra, ya que pretendía evitar las “hambrunas” y las calamidades que sufría la población cuando había escasez de trigo, debido a las malas cosechas. En la Introducción se alude a esos “años terribles”, los cuales intentan que no se vuelvan a repetir con la creación de la Alhóndiga.

Comienza con la invocación a la Santísima Trinidad, “… a quienes todas las obras buenas han de ser atribuidas”. A continuación, se exponen las causas de su fundación de la siguiente forma: “Queriendo velar por el bien público…y teniendo en la memoria las necesidades…en años terribles…para remediar y prevenir las formas que en el trato del pan se suelen usar por algunas personas para lo encarecer, e porque los pobres en tales tiempos sean remediados, acordamos hacer Alhóndiga de pan…para el proveimiento del pueblo”.

En el segundo Artículo se acuerda que se compre trigo al mejor precio y se “guarde en las trojes, donde esté a buen recaudo”. En cuanto a la elección del Mayordomo, dice que se nombre “a una buena persona, porque para obra tan pía han de ser escogidas buenas personas”. El nombramiento duraba un año y debía ser nombrado “en el primer Regimiento del mes de Julio por la justicia y los Regidores”. El Mayordomo no tiene facultad de dar fiado el pan, sólo si lo mandan los Regidores o el Corregidor, pero con la condición de que tienen que cobrarlo después.

Se ordena que la Alhóndiga tenga libros donde consten las compras que se realizan, indicando el día, el mes y el año en que se han hecho. También deben hacer constar el nombre de las personas a quien se compre el trigo, así como el número de fanegas adquiridas y añade que: “Se compre el trigo puesto en la Alhóndiga”, para evitar pagar el transporte, ya que cuando tenían que ir a adquirirlo fuera debían pagar tres reales al Mayordomo por el viaje. Se observa en todos los capítulos una gran preocupación porque funcione bien y no se pierda dinero, sino todo lo contrario, que aumenten los ingresos para poder seguir abasteciendo a los vecinos los mejor posible y sin problemas, por lo que indica lo siguiente: “Porque obra tan piadosa siempre crezca y no venga en disminu- ción, mandamos que no se pueda vender al precio que se pierda […] sino que se gane, so pena de que paguen el doble los que mandaran vender…”.

A continuación, se dan una serie de normas para que la venta sea correcta, como la que dice que no se podía vender el trigo sino sólo el pan cocido. También se exige a las panaderas que lo vendan en la plaza de la ciudad “al tiempo que los Regidores y la justicia señalen el precio y no se pierda […] pues siendo hecha esta obra para el bien público, se conozca en estar la plaza bien abastecida de pan cocido y los pobres sean probehidos…”. Después añade que se nombren “buenas panaderas que de cada fanega de trigo obten- gan sesenta y ocho libras de buen pan que lo vendan en la plaza pública […] so pena de 200 mrs.”

Con todas estas normas se aseguraba el abastecimiento correcto del pan a todos los ciudadanos y, especialmente, a los pobres que no tenían que pagar nada por este alimento de primera necesidad, con lo que se evitarían las ham- brunas de otros años a las que aluden estas Ordenanzas. Por otra parte, el Artículo 6 insiste en conseguir el buen funcionamiento de la Alhóndiga, de tal manera que no se gastara el dinero destinado al pan en atender a “ninguna necesidad mayor ni igual ni menor…ni prestar, so pena que el Regidor que lo diere lo pague con el cuatro tanto”, es decir, que las autoridades que lo consintieran serían penadas pagando un interés del cuatro por ciento del dinero prestado o gastado en otros asuntos distintos a la adquisición de trigo.

También se estipula el salario del Mayordomo de esta institución en el Articulo 7, que era el siguiente: “por cada fanega que vendiese, se le pague dos maravedíes e de cada fanega que comprare, recibirá un maravedí.”

Por otra parte, se tenía en cuenta la conservación del trigo en las trojes con toda garantía, dando medidas para que no se estropeara el trigo el año que no se consumiera todo. Por este motivo, el artículo 8 manda “que se preste el pan (el trigo) cuando no se gaste, para renovarlo…que se obligue a restituirlo dentro de 30 días en las trojes”. Además de esta solución también se da otra, y era la de obligar a todos las panaderas de la ciudad a que vendan el pan cocido “sólo del trigo de la Alhóndiga, hasta que se renueve”.

El Corregidor, como máximo responsable del Concejo, tiene obligación de cumplir y hacer cumplir estas Ordenanzas, comprometiéndose a ello mediante juramento : “Mandamos que el Corregidor jure de guardar estas hordenanzas en conservación de esta alhóndiga e no ir ni consentir contra ella.”

4.2.  la fiesta de los toros

Dada la importancia que tenían los festejos taurinos para toda la población, estas Ordenanzas los regulaban convenientemente. En el Título XLVI, Artículo 10, se dan una serie de normas para evitar que algún caballero desaprensivo pudiera estropear la fiesta, por eso dice: “ que los caballeros no den lançada al toro hasta que la ciudad dé licencia para ello, so pena de que pague otro toro porque los peones y la gente del pueblo goze”. A continuación, se dan las normas para matar bien al toro de la siguiente manera: “ y dada licencia, el que diera al toro a más atrás de la cruz, si no fuera por guarecer a otro…que pague un toro para que se corra…” También estaba prohibido matar al toro sin permiso de las autoridades, por eso en otro capítulo manda que “…el que acuchille al toro sin licencia, pague la mitad de lo que vale otro toro”. Pero si este no podía pagarlo, se le imponían unas penas muy importantes, ya que tenía que estar un mes en la cárcel y otro más desterrado de la ciudad.

Hay una normas muy interesantes referidas al cierre de las plazas: “Mandamos que las talanqueras estén bien aderezadas, que sean de buena madera, con fuertes traviesas e quicios…las de la plaza y las del corral donde se encierran a los toros…”.

Con frecuencia, las autoridades invitaban a estas fiestas a personas de prestigio de otras ciudades, por lo que había que cuidar el estado de la plaza para que el toro no se escapara: “…que por estar mal hecha la plaza, el toro se vaya… que alguna vez ha acontecido hallarse aquí caballeros extranxeros y murmuraban de la justicia y de los regidores por el mal proveimiento de esto”. El responsable del cierre de la plaza y del corral era el Alarife, que cobraba “medio real por cada toro que se corría”, además de los tres mil maravedíes que le pagaba el Concejo, pero le imponían una multa si se escapaba el toro: “…que si por falta de talanqueras se fuera el toro, que el Alarife pierda el primer tercio de su salario”.

En ningún otro artículo hay nada referido a otro tipo de festejos civiles, como por ejemplo los torneos. Las comedias y autos sacramentales, las romerías, las danzas y otras fiestas religiosas estaban a cargo de las Cofradías.

4.3.  Los juegos

En esta época, debía estar muy extendida la costumbre de jugarse el dinero en los distintos juegos de mesa o de “azahar”, ya que estas Ordenanzas intentan controlarlos, aunque no los prohíben. En primer lugar, nos llama la atención que, en los Artículos referidos a estos juegos, se incluya a todos los grupos de población: cristianos, moros y judíos. Recordamos que estos últimos habían sido expulsados en 1492, por lo que pensamos que se debe referir a los judíos conversos.

El primer Artículo prohíbe que se juegue el dinero de la siguiente forma: “Ansí cristianos, moros e judíos que en este tiempo…jugaren a dados, jaldetas e naipes a dinero, por primera vegada paguen 30 mrs., por segunda 60 mrs., por tercera paguen 120 mrs.” También se castigaba con castigos físicos: “…e si quiere ser tan porfioso que por esta pena no quiere dejar de jugar, se le den cien azotes”. El juego estaba también prohibido dentro de las casas particulares: “…a dados, juldetas e naipe bajo pena de 60 mrs. por primera vez, 120 mrs. por segunda vez y 240 mrs. la tercera vez”.

Sin embargo, se permitía jugarse un maravedí “e no más”, así como “un acumbre de vino”, según el Artículo 2. El juego de dinero entre los jóvenes debía estar también bastante extendido, ya que dice que: “a los rapaces” se les aplique las mismas penas y si no podían pagar que “den las capas, capotes e cintas” o “que le echen en cadena e yazan 30 días”, es decir, debían estar un mes en la cárcel. Tampoco se podían jugar objetos de valor, a los que se denomina “prendas”, según el Artículo 4, que dice: “que cualquiera que ganara prenda, que la torne a su dueño sin precio alguno”.

El Artículo 5 expresa que durante el período de Navidad se permitían toda clase de juegos de mesa: “…que la víspera de Navidad y el día de Navidad y la octava hasta primero día de henero…que se pueda jugar dados, jaldeta e naipes sin pena ninguna e non antes ni después”.

Debía estar muy extendida la costumbre de blasfemar en el juego, pues el Artículo 6, titulado Pena de Blasfemia, ordena lo siguiente: “Que cualquiera que en Plasencia o en su término renegare de Dios o de Santa María por juego…que además de las penas que caen por jugar, que caigan en otras tantas penas por renegar…ansí en pena de dinero como de azotes…”.

4.4.  La pena de las armas

Las Ordenanzas regulan la tenencia y el uso de armas, ya que en esta época eran frecuentes las peleas y reyertas entre la población. Las armas que estaban prohibidas se especifican en el Titulo LI: “Las armas vedadas son estas: todo hierro que pueda matar un ome a otro”. A continuación, indica el castigo que se imponía al que usara las armas: “…que ninguno sea osado de meter mano a armas a buelta con otro, que cualquiera que meta mano a armas uno contra otros que peche diez mrs. cada uno por cada vegada”. Las penas de armas eran aplicadas a todos los grupos de población, por este motivo, el Artículo 4 dice: “…mandamos que judío o moro que contra ello fuere, que pague la dicha pena, así como el cristiano”.

En este mismo Título se incluye un capítulo muy original que se refiere a las penas que se imponían a las llamadas “mujeres bravas”. Estas debían ser mujeres de gran carácter, que no toleraban los abusos ni las discriminaciones, lo que les llevaba a originar peleas y escándalos públicos. Algunas de ellas han pasado a la historia, como por ejemplo Doña María la Brava, a la que Plasencia le ha dedicado una calle. Dice el Artículo 3 al respecto: “Otrosí que en dicha ciudad y en su término si algunas mujeres que son bravas e muy desonestas de sus lenguas e vuelven muchos ruidos y pellas con muchas personas…cualquier mujer (brava) cristiana, judía o mora caiga en pena diez mrs. por cada vegada”.

Se observa, una vez más, que los responsables de estas Ordenanzas buscaban el establecimiento de la paz, el orden y las buenas costumbres en toda la población, para una mejor convivencia.

4.5.  Las mujeres públicas

En épocas anteriores, el Fuero prohibía que estas mujeres vivieran en la ciudad y podían, incluso, ser ofendidas y ser “despojadas de sus vestidos” sin que les cayera pena ninguna; se establecía una pena de 50 maravedíes a quien las defendiera.

Ahora, en el siglo XVI, los tiempos han cambiado y, con ellos, la legislación. En las Ordenanzas se dan una serie de normas para regular sus actuaciones, en el Título XLIIII, que contiene varios artículos.

Son obligadas a cumplir los preceptos de la Iglesia: “Ordenamos que las mujeres públicas, los domingos de Pascua, Navidad e Resurrección e Santi Espiritu e los demás días de Nuestra Señora e de los Apóstoles sean obligadas a ir a la Iglesia mayor de Nuestra Señora, la Catedral e oir las misas mayores desde el comienzo hasta el fin”. También se les prohibía “usar el oficio” durante todos esos días, ya que se les condenaba a unas penas muy importantes:

“…que si no oyeren misa y husaran el vil oficio en dichos días, por primera vez estén diez días en la cárcel y paguen un real, por segunda vez, la pena doblada y por tercera vez, 60 azotes públicamente”.

Observamos que las penas aplicadas son muy importantes, ya que las penas de cárcel y de azotes no eran corrientes en estas Ordenanzas, se imponían muy pocas veces, como hemos podido ver en los diferentes Artículos.

En otro artículo, se les prohibía “usar el oficio” durante la Cuaresma, así dice: “…que ninguna mujer pública use el oficio desde el domingo de Lázaro (Primer domingo de Cuaresma), hasta pasados los tres días de Pascuas, pen- sando en la Pasión de Nuestro Salvador…so pena que le sean dado 60 azotes…y pena de 200 mrs”.

En el Artículo 4 se dan órdenes a los cristianos sobre cuándo pueden entrar en las mancebías, además de cumplir con sus obligaciones religiosas: “…que los cristianos sean obligados a comulgar y confesar el día de Pascua de Resurrección… y es razón que para estos se aparten mucho del pecado”. A continuación, enumera los días prohibidos para entrar en la mancebía: “…desde el domingo de Lázaro hasta ser pasado los tres días de Pascua de Resurrección, so pena que la primera vez que lo contrario hicieren, estén tres días en la cadena e, por la segunda, la pena doblada e, por la tercera, sean traídos a la vergüenza y desterrados tres meses”. También se prohíbe “ejercer el oficio” a las mujeres que tuvieran enfermedades contagiosas y no podían tener sirvientas, ni solteras ni casadas, ni siquiera para acompañarlas, “so pena de sesenta azotes a cada una de dichas rameras”.

Los hombres casados no podían entrar en las mancebías, según el Artículo 7, que dice: “…que ningún hombre que sea casado que no sea osado de entrar en la ramería…so pena que por primera vez sean presos en la cárcel diez días e, por segunda vez, la pena doblada e, por tercera sean traídos en vergüenza y desterrados un mes, más tres reales de pena para el alguacil”.

Observamos en estos artículos el sentido de moralidad pública que intentan conseguir con estas normas, aunque se puede percibir una gran discriminación entre los castigos que se imponen a las mujeres públicas que no cumplan las órdenes con respecto a los que se imponen a los hombres. Vemos, además, cómo se obliga al cumplimiento de los preceptos religiosos a toda la población sin exclusiones, lo que demuestra, una vez más, el poder de la Iglesia en el Antiguo Régimen.

5. CONCLUSIONES.

Después de haber estudiado estas Ordenanzas en las dos Ponencias que comprende este trabajo, tituladas “La Economía de Plasencia y su Tierra, según las Ordenanzas Municipales del siglo XVI”, que ya expusimos y “El Concejo de Plasencia: Instituciones, Usos y Costumbres”, de los actuales Coloquios, hemos llegado a los siguientes conclusiones:

1.- Estas Ordenanzas constituyen un documento imprescindible para el estudio de la historia de Plasencia y su Tierra durante el Antiguo Régimen en sus diferentes facetas: económicas, sociales, políticas…etc.

2.- Se observa en todas las normas, en general, un gran sentido de equidad, justicia y nobleza, que, con razón, conseguiría que se la calificara con la denominación de la “Muy noble, muy leal y muy benéfica ciudad de Plasencia”.

3.- Se advierte una gran potenciación de la economía, tanto en la agricultura con cultivos de regadíos y secano, como en el fomento de la ganadería, con la selección de razas y, también, el impulso dado al comercio en los mercados y ferias, que tanta riqueza proporcionaron a la ciudad.

4.- Muy importante es también el empeño por conseguir una convivencia pacífica entre los distintos grupos de población, así como entre todos los vecinos, ciudadanos y aldeanos, procurando el mayor bienestar de todos y en un intento de evitar las posibles hambrunas entre las clases menos favorecidas, como fue la creación de la Alhóndiga.

En estas Ordenanzas se refuerzan y ponen al día los objetivos del rey Alfonso VIII cuando fundó la Ciudad: UT PLACEAT DOMINI ET OMINIBUS (Para que agrade a Dios y a los hombres).

Por todo esto, esperamos que toda la grandeza cultural, social y económica de Plasencia y, especialmente, su belleza artística sean reconocidas a niveles internacionales con el nombramiento de “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”, juntamente con su otra ciudad hermana, esta monumental, magnífica y bellísima ciudad de Trujillo, como ya expresamos el pasado año.

Oct 012010
 

Martiria Sánchez López.

1.  INTRODUCCIÓN

Durante este año 2010 está celebrando la diócesis de Plasencia el Jubileo Berzocaniego por concesión del Santo Padre Benedicto XVI, después de la solicitud cursada por el Sr. Obispo Monseñor Amadeo Rodríguez Magro a la penitenciaría apostólica de Roma. El año jubilar comenzó el 3 de Octubre del año 2009 y terminará el 26 del mismo mes del 2010. En él se conmemora el cuarto centenario del patronazgo de San Fulgencio y Santa Florentina en la Diócesis de Plasencia.

Este acontecimiento es de gran transcendencia religiosa y espiritual para la Diócesis, ya que une a todos los fieles ante la veneración de los Santos Patronos con la obtención de Indulgencias para los que cumplan con los requisitos necesarios del Jubileo, entre los que destaca la peregrinación al templo de Berzocana, población situada en Las Villuercas, ya que allí se encuentran las reliquias de los Santos Patrones.

Por este motivo hemos hecho un estudio de la vida y obra de estos Santos para el que nos hemos basado, fundamentalmente en los datos que nos refiere el historiador placentino del siglo XVI Fray Alfonso Fernández en su libro “Historia y Anales de la ciudad y obispado de Plasencia”. Además de otros textos hemos tenido también presente la Carta Pastoral publicada por Monseñor Amadeo Rodríguez Magro titulada “San Fulgencio y Santa Florentina. Año Jubilar Berzocaniego”.

2. EL MARCO HISTÓRICO DE LOS SANTOS.

San Fulgencio y Santa Florentina vivieron en el siglo VI, en la época de la España visigoda. Los visigodos se establecieron en la Galia, en el siglo V, con su rey Alarico, después de la caída del Imperio Romano de Occidente, desde donde pasaron a España. Uno de sus sucesores, Eurico, conquista gran parte de la Península y funda el reino visigodo español, cuya capital fue Toledo. Hay que distinguir dos etapas: la arriana y la católica. En la primera etapa se dificulta la fusión de razas por el problema religioso, ya que los dominadores visigodos eran arrianos y los dominados, los hispano-romanos, eran católicos y más numerosos. Durante la segunda etapa, la católica, se fusionan, y constituyen el pueblo cristiano medieval que luchó durante ocho siglos contra los musulmanes.

Uno de los reyes más importantes de la monarquía visigoda fue Leovigildo (572-586), contemporáneo de nuestros Santos. Aparte de sus conquistas, organizó la Corte y el Oficio Palatino o Consejo, así como la Administración, por lo que se le considera el verdadero fundador de la monarquía visigoda. Sin embargo, no resolvió el problema religioso sino que lo agudizó provocando una guerra civil. Leovigildo se casó en primeras nupcias con Theodosia, católica y hermana de nuestros Santos, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos: Hermenegildo y Recaredo. A su muerte, Leovigildo se casó con Goswintha, que era arriana, y fue entonces cuando quiso unificar su reino convirtiéndolo al arrianismo, pero fracasó porque se sublevó contra él su hijo Hermenegildo. Este había sido nombrado por su padre “Dux” de Hispalis (Sevilla) y allí se convirtió al catolicismo gracias a la influencia de su primo Leandro y de su esposa Ygunda, princesa católica, hija del rey Sigeberto de Austrasia. Esto provocó una guerra civil al levantarse contra su padre, siendo vencido Hermenegildo y muriendo mártir.

El problema religioso lo resolvió Recaredo (586-601) al convertirse al catolicismo ya que se dio cuenta de que la población dominada, la hispano-romana, era más numerosa y, además, era católica, mientras la dominadora, arriana, era menor, lo que representaba una constante amenaza para la monarquía. En el III Concilio de Toledo (589) el rey Recaredo abjuró públicamente del arrianismo y proclamó como religión oficial el Catolicismo.En los reinados de Leovigildo y Recaredo vivieron San Fulgencio y Santa Florentina y sus hermanos San Leandro y San Isidoro, por lo que estos hechos influirán en ellos, y serán protagonistas de las conversiones de San Hermenegildo y de Recaredo, con todo su pueblo, ya que estuvieron en el III Concilio de Toledo.

3. LA FAMILIA DE SAN FULGENCIO Y SANTA FLORENTINA.

Nuestros Santos Patronos eran descendientes de la nobleza hispano-romana y de la realeza goda.

Su padre fue capitán general de la provincia de Cartagena: el Ilmo Sr. Severiano. Su madre, Theodora, era una princesa goda, hija del rey de los ostrogodos Teodorico el Grande, que se había establecido en Italia después de la caída del Imperio Romano de Occidente. Estos Santos tuvieron otra hermana, Theodora, que fue reina de España al casarse con el rey visigodo Leovigildo, de cuyo matrimonio nacieron Hermenegildo y Recaredo, como ya hemos referido.

Sus otros dos hermanos, Leandro e Isidoro escribieron páginas gloriosas en el santoral y en la cultura hispano-goda. Los dos fueron obispos de Sevilla y fundadores de la escuela monástica de esta ciudad. Fueron grandes oradores y escritores, especialmente Isidoro, quien escribió gran cantidad de obras de todas las disciplinas, destacando las famosas Etimologías, compendio enciclopédico de todas las ciencias clásicas legadas por la antigüedad, con la de los Santos Padres. Leandro fue un gran orador que intervino en el III Concilio de Toledo. Entre las obras que escribió destaca una para su hermana Florentina: Menos precio del mundo y de la instrucción e institución de las santas vírgenes.

4. BIOGRAFÍA DE  SAN FULGENCIO.

Nuestros Santos nacieron en Cartagena, pero vivieron en Sevilla con sus hermanos. Fulgencio siguió la vida sacerdotal y fue nombrado presbítero en Sevilla. El rey Leovigildo lo desterró a África, donde, según el cronista Pérez de Guzmán en su Historia Eclesiástica, “fue nombrado obispo de Tánger por su santidad y letras siendo muy estimado”. En el año 592 fue nombrado obispo de Cartagena y, posteriormente, en el año 600 fue obispo de Écija, donde murió.Fray Alfonso Fernández, el historiador placentino del siglo XVI dice de San Fulgencio que “era varón doctísimo” y que dominó cinco lenguas: griega, hebraica, latina, siriaca y arábiga. Además escribió un libro llamado Las mitologías.Juan Vasco dice de él que “escribió sobre los Evangelios, sobre el Penthateuco y el Libro de los Reyes, sobre Isaías y doce Apóstoles”. También dice el texto que “estuvo junto con San Leandro en el III Concilio de Toledo donde fue condenada la herejía arriana”.

Sigue el cronista aportándonos detalles de su vida y de su santidad, “consigo usaba notable rigor y aspereza de ayunos y penitencias”. También nos habla de la labor que realizó con sus clérigos, siendo rigurosos con ellos, con el fin de que cumplieran los mandatos religiosos lo mejor posible, “los decretos de los sagrados Concilios”; así mismo nos comenta las buenas obras que realizó a lo largo de su vida. Después, el cronista nos da detalles de su muerte y nos dice “que tuvo lugar en Écija a los 66 años de edad y fue llevado su sagrado cuerpo a la ciudad de Sevilla y sepultado junto a San Isidoro, su hermano”.

El historiador nos habla también del traslado de sus restos mortales a las sierras de Guadalupe, que comentaremos en capítulo aparte.

5. BIOGRAFÍA DE SANTA FLORENTINA

Lo primero que dice el cronista de Santa Florentina es que “era hermosísima y por esa causa la llamaron Florentina, aunque se llamaba Florencia”. Esta bellísima joven, desde muy tierna edad, hizo votos de castidad, “dedicándose a Cristo, su esposo, en un monasterio, donde le sirvió con tan gran afecto y fervor, dando tan grande olor de santidad y perfección”. (Fray Antonio Yepes, Centuria de la Orden de San Benito, C 10, fol. 411). Refiere, además, el texto que “profesaba la regla de San Benito” y que “tuvo cuarenta monasterios de religiosas debajo de su gobierno y disciplina”. Añade que hacía grandes penitencias y “ayunos de pan y agua…que no comía carne ni bebía vino, ni vestía lienzo…”, “derramaba continuas lágrimas porque Dios la conservase el don de la virginidad”.

Como ya hemos dicho, su hermano San Leandro la dedicó y escribió un libro titulado Menosprecio del mundo y de la instrucción e institución de las santas vírgenes. Este libro, según el cronista, “hizo gran aprovechamiento en la santa y en las religiosas de sus monasterios, que llegaron a mil esposas de Cristo”. Según el texto, de los cuarenta monasterios que gobernaba, el más importante era el de Écija, llamado Santa María del Valle y situado en la ribera del río Genil. Aquí era donde ella residía junto a trescientas religiosas. En este convento murió “el 20 de Junio y en la ciudad de Écija la tienen por patrona y a su hermano San Fulgencio, como en las de Murcia y Cartagena”.

Como vemos, el historiador nada dice de la Diócesis de Plasencia, ya que será a partir del año 1610 cuando se les considere sus Patronos.

Es muy interesante lo que el cronista nos comenta de la “santidad” de Santa Florentina, que “quedó asentada” en sus monasterios hasta el punto de que sus religiosas prefirieron sufrir el martirio antes que perder su virginidad. Así nos lo expresa el texto: “Cuando los moros destruyeron España, mostraron su santidad y el valor de su gloriosa madre (Sta. Florentina), porque, conociendo que los moros querían acometer a su monasterio, y temiendo perder el tesoro de su virginidad […], determinaron hacerse aborrecibles dándose muchas heridas en el rostro[…], con ello vencieron a los moros, triunfando dellos, quedando entera su pureza luego que las vieron tan afeadas”. Pero después que los moros se enteraron de lo que habían hecho, se indignaron y “a todas las pasaron a cuchillo, con lo cual a la aureola de la virginidad se les juntó la del martirio que todas padecieron”.

Este precioso texto nos demuestra hasta qué punto la santidad de Santa Florentina y su amor por la virginidad, como esposa de Cristo, influyó en todas sus religiosas que prefirieron morir mártires antes de perder su virginidad.

6. LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS Y SU DESCUBRIMIENTO

Según los documentos consultados, San Fulgencio y Santa Florentina fueron enterrados en Sevilla, junto a sus hermanos San Leandro y San Isidoro, siendo venerados sus restos por su santidad. Pero en el siglo VIII, cuando los musulmanes comienzan la conquista de España, después de la batalla de Guadalete, en el 711, muchos cristianos emigran hacia el norte del país. Fue entonces cuando algunos de ellos se llevaron las reliquias o restos mortales de nuestros santos y los enterraron en los monasterios cercanos a Guadalupe, como nos cuenta el cronista: “…cerca del río Guadalupe y los montes donde nace, en la pérdida de España, habían fieles temerosos de los moros, esconden los sagrados cuerpos de San Fulgencio, obispo de Écija, y de Santa Florentina.” (Fray Gabriel de Talavera, Historia de Guadalupe, T.I, C, 15).

Posteriormente, cuando estas tierras fueron reconquistadas en el siglo XIII, en tiempos de Fernando III, se van a ir repoblando con nuevos cristianos que fundaron sus aldeas y villas, como fue Berzocana. Según la tradición, parece que fue en tiempos de Alfonso XI, el rey de la batalla de Salado, cuando se descubrieron los restos de nuestros Santos. Así lo narra el texto: “Por este tiempo se descubrieron y hallaron y los llevaron a la villa de Berzocana, que está cerca del río Guadalupe y es lugar deste obispado de Plasencia, donde han estado estas sagradas reliquias veneradas de la devoción de los fieles.”

Fue entonces cuando las santas reliquias se depositaron en el templo de Berzocana. Más tarde, en el siglo XVI, con la ayuda e impulso de los obispos Don Gutierrez Vargas de Carvajal y Don Pedro Ponce de León, se levantará un bello templo de hermosas proporciones en el que, en la actualidad. se veneran las reliquias en una capilla-relicario construida por los donativos de los vecinos berzocaniegos.

7. EL TEMPLO DE BERZOCANA

Es impresionante llegar a la villa de Berzocana y encontrarse con este monumental y magnífico templo, que con razón se le ha comparado con una pequeña catedral. Es un monumento realmente extraordinario, cuyos elementos arquitectónicos constituyen un conjunto de armonía y belleza muy difícil de describir. Estamos ante una edificación del siglo XVI, perteneciente al estilo Gótico flamígero, donde todos sus elementos han adquirido ya su plenitud para darnos un conjunto de enorme perfección.

Su planta es rectangular y está dividida en tres naves de la misma altura por preciosas arcadas sostenidas por robustos pilares. Dichos pilares recogen los nervios de las complicadas y bellísimas bóvedas estrelladas, en cuyas claves se unen los sectores de los nervios que forman las estrellas. El ábside es poligonal y está cubierto también por otra preciosa bóveda estrellada.

En el lateral del Evangelio está la capilla dedicada a las reliquias de San Fulgencio y Santa Florentina, realizada ya en el siglo XVII y terminada en el año 1610, en época de Felipe III, según la inscripción del dintel. Consta de dos plantas cuadrangulares sostenidas por columnas; en la inferior se encuentran dos hornacinas formadas por arcos solios donde están las imágenes de San Fulgencio y Santa Florentina. En la planta superior es donde se encuentran los bellísimos Relicarios que contienen las Reliquias de los Santos Patronos, muy veneradas por todos los fieles.

Al templo se accede por la Puerta del Perdón, que es de estilo plateresco, formada por un arco de medio punto y con decoración plateresca.

Llama la atención la sencillez exterior del templo, que contrasta sobremanera con la magnificencia del interior. La torre se levanta a los pies del templo, en la fachada de poniente. Se caracteriza por su esbeltez y altura, con una sencilla portada que da acceso al interior.

En fin, este impresionante monumento constituye un precioso y valiosísimo joyero que contiene el tesoro más preciado y querido por todos los berzocaniegos y extremeños: las Reliquias de nuestros Santos Patronos: San Fulgencio y Santa Florentina.

8. FELIPE II Y LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS. EL PATRONAZGO DE LA DIÓCESIS DE PLASENCIA.

En el siglo XVI, en tiempos del rey Felipe II, surge el llamado Pleito de los Santos, en cuya solución intervendrá el mismo rey. En esta época, especialmente después del Concilio de Trento, hay un resurgir, entre los católicos, de la veneración de los santos y sus reliquias, que los protestantes habían negado. Fue entonces cuando el Obispo de Cartagena, Don Sancho Dávila, deseaba tener las reliquias de San Fulgencio y Santa Florentina, alegando que habían nacido allí y los tenían como patronos. Por este motivo, solicitan las reliquias a la villa de Berzocana y al Obispo de Plasencia, Don Juan Ochoa de Salazar según el texto: “que les diesen parte de los sagrados cuerpos de los Santos para la iglesia de Cartagena y Murcia”.

Aunque, de momento, los de Berzocana se negaron y opusieron gran resistencia y, también, el Obispo de Plasencia, no tuvieron más remedio que acceder a ello, pues recurrieron al rey Felipe II para que actuara en su favor, como cuenta el cronista: “…y aunque los de Berzocana hicieron resistencia y también el obispo de Plasencia, mandólo su Majestad Felipe II con sobrecarta, sacaron cuatro huesos, huesos de los mayores y el obispo se los entregó al prior de Guadalupe. De allí los llevaron al rey, a San Lorenzo el Real, y reservando para este gran monasterio los dos, hizo merced de los otros dos a la santa iglesia de Cartagena”.

A continuación, nos explica el texto el recibimiento tan apoteósico de que fueron objeto las reliquias de los Santos cuando llegaron a Cartagena y la cantidad de festejos, arcos de triunfos, altares…que hicieron para recibirlos y venerarlos. Nos dice el texto que fueron los brazos de San Fulgencio y Santa Florentina los que se llevaron y los depositaron “al lado del altar mayor, en un tabernáculo con su capilla labrada y dorada”.

Ante todos estos acontecimientos, los vecinos de Berzocana se volcaron en venerar aún más y dar mayor culto a sus Santos Patronos. Fue entonces cuando recogieron donativos, exclusivamente de los berzocaniegos, y construyeron una preciosa capilla para depositar las sagradas Reliquias.

El traslado de las sagradas Reliquias tuvo lugar “el 3 de Octubre de 1610, siendo Santo Padre Paulo V y Rey de España, Felipe III y Obispo de Plasencia, Enrique Enríquez”, según consta en una inscripción que se puede leer en el entablamento de la capilla en su parte interior. En el exterior aparece inscrito lo siguiente: “A la honra y gloria de Dios, esta iglesia con las limosnas de los vecinos de esta Villa hizo esta capilla de San Fulgencio y Santa Florentina”.

A partir de estos momentos, la devoción y veneración a los Santos Patronos se acentuó enormemente y se extendió a toda la Diócesis placentina, convirtiéndose San Fulgencio y Santa Florentina en Patronos de toda la Diócesis, aunque no haya constancia documental.

Por este motivo, según las palabras de Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, celebramos el Año Jubilar al cumplirse el cuarto centenario de dicho Patronazgo. La declaración oficial de este patronazgo tuvo lugar en 1867 por el Papa Pío IX, previa petición a Su Santidad por parte del Obispo placentino López y Zaragoza, quedando establecida la fiesta de San Fulgencio el día 16 de Enero y la de Santa Florentina el día 20 de Junio.

9. CONCLUSIÓN

Después de haber estudiado la vida y la obra de San Fulgencio y Santa Florentina y haberlos tenido como patronos de la Diócesis de Plasencia durante cuatro siglos, debemos sentirnos orgullosos de nuestro pasado histórico y religioso, no sólo de aquellos extremeños que escribieron la gesta americana y que año tras año estudiamos y recordamos en estos Coloquios, sino también de aquellos otros antepasados nuestros que escribieron esas páginas gloriosas de su fe cristiana, evitando que el preciado tesoro religioso, como eran las reliquias de sus Santos, fueran profanadas. Ellos prefirieron esconderlas en nuestras montañas para que, con el auxilio de la Divina Providencia, otros extremeños, los berzocaniegos, tuvieran la suerte de hallarlas y poderlas venerar a través de los siglos, y así transmitir ese precioso legado de generación en generación.

Pero no sólo lo legaron a los extremeños, sino que hicieron partícipes de este precioso tesoro a otros fieles, como los de Cartagena y Murcia, así como también a su monarca, el rey Felipe II, para que todos ellos también recibieran las gracias espirituales a través de las Reliquias de nuestros Santos Patronos.

Este año 2010 es un año Jubilar para la Iglesia española, pues además de Año Jubilar Berzocaniego, se celebran otros años Santos, como el de Santiago de Compostela y el de Caravaca de la Cruz. En esta ciudad murciana se encuentra un “lignum crucis”, es decir, un trozo de madera de la Cruz de Cristo, que llegó a esta localidad, de modo milagroso, en 1231, procedente de Jerusalén; por eso allí se celebra un año Jubilar cada siete años y esta vez coincide con el nuestro. Pero esto no es un obstáculo para que los fieles murcianos peregrinen a Berzocana para rendir homenaje a las reliquias de san Fulgencio y Santa Florentina, sus patronos también y a los que un día cedieron parte de su preciado tesoro los fieles extremeños.

El Año Santo Compostelano comenzó el 31 de Diciembre con la apertura de la Puerta Santa por su Arzobispo. Como todos sabemos, es uno de los centros de peregrinación más importante de Europa y se espera que atraviesen la puerta del Perdón unos seis millones de peregrinos llegados de todos los lugares por una de las seis rutas del Camino de Santiago. Una de esas rutas es la Vía de la Plata, que a través de Extremadura conduce a los peregrinos del Sur hacia Compostela. Invitamos a todos los que peregrinen por la Vía de la Plata que hagan un alto en el camino compostelano y descansen en Berzocana, donde también allí recibirán las gracias e indulgencias del Jubileo Berzocaniego.

Terminamos expresando nuestro más sincero agradecimiento al Sr. Obispo de Plasencia, Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, por la celebración de este Año Jubilar Berzocaniego que tantos bienes espirituales reportará a todos los que peregrinen a Berzocana y cumplan con los preceptos de Jubileo.

Oct 012008
 

Martiria Sánchez López.

  1. INTRODUCCIÓN

En los Coloquios XXXVI del pasado año, hicimos un estudio de la Ciudad en el Nuevo Mundo basándonos en las Ordenanzas de 1573. Pero estas Ordenanzas además de comprender la parte dedicada a las ciudades, están integradas por otras dos partes, por lo que ahora completaremos este trabajo con el estudio de las restantes.

… debido a lo extenso de este artículo, se ha procedido a convertirlo en archivo para descargarIcono pdf

Oct 012007
 

Martiria Sánchez López.

Resumen.

Esta comunicación es un estudio de la ciudad en el Nuevo Mundo basado en las Ordenanzas dadas por Felipe II el 13 de Julio de 1573, cuyo original se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla. Después de una introducción, hablamos de las normas que se dan en las Ordenanzas para la “Fundación y localización” de las ciudades. A continuación tratamos el tema de los fundadores y de los pobladores de las ciudades, de los requisitos que han de cumplir para ello y de los privilegios que les otorga. En el capítulo IV estudiamos la morfología urbana, y a continuación el régimen municipal, además de hablar en otro apartado de la economía basada en la agricultura, ganadería y minería según las Ordenanzas. Terminamos con un capítulo dedicado a la ciudad como foco de cultura y evangelización.

 

1º INTRODUCCIÓN.

 

Estas Ordenanzas están dadas por Felipe II el 13 de Julio de 1573 cuyo original se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla. Su titulación es la siguiente:

“El Orden q sea de thener en descubrir y poblar”.

Su objetivo fue regular los nuevos descubrimientos, pero sobretodo dotar a los Indias de una organización política, administrativa y repobladora, ya que este va a ser el gran problema con el que se va a enfrentar Felipe II.

En efecto, la época de los grandes descubrimientos y primera ocupación de las tierras corresponde a los reinados de los Reyes Católicos y de Carlos V. Felipe II ha de organizar, poblar, pacificar, etc, etc, el mundo americano. De aquí la promulgación de estas Ordenanzas, en cuya introducción el Rey justifica su finalidad de la siguiente forma: “Para que las tierras que están por descubrir, poblar y pacificar se haga con más facilidad y como conviene al servicio e Dios y nuestro y bien de los naturales, entre otras cosas hemos mandado lo siguiente”:

Estas ordenanzas están divididas en tres apartados.

El primero abarca todo lo referente a los descubrimientos y descubridores, comprendiendo 31 artículos.

El segundo es el más amplio, ya que expresa con detalle todo lo referente a repoblación, fundación de ciudades, administración, el régimen municipal, economía, etc, etc. El tercer apartado es el más importante porque se expresa todo lo referente a la pacificación de  los Indias

En este trabajo estudiamos fundamentalmente el segundo apartado titulado “El asentamiento de Nuevas Poblaciones” que se refiere a todo lo relacionado con la ciudad: fundación, localización, urbanismo, bases económicas, etc, etc. Abarca 105 artículos que van desde el 31 hasta el 137.

 

2ª FUNDACIÓN Y LOCALIZACIÓN DE CIUDADES

Fundación y localización de ciudades en los Indias tuvo un desarrollo extraordinario desde el primer momento, ya que la ciudad era imprescindible para la consolidación de la conquista y al mismo tiempo era foco de irradiación de cultura y religiosidad, así como centro de todos los demás objetivos políticos y económicos de la corona.

Según el cosmógrafo del Consejo de Indias Juan López de Velasco en su libro “Geografía y descripción universal de las Indias “ habría ya un gran número de ciudades en la época de Felipe II; y precisa que en 1586 se habrán fundado mas de 227 ciudades, unos años después de ser publicadas estas Ordenanzas.

 

Los núcleos poblacionales no solo fueron ciudades, villas o lugares de españoles en los que habrá también barrios para indios, sino que también se crearon los pueblos de indios, con semejantes características que las otras poblaciones.

 

En cuanto a la localización, las Ordenanzas dan una serie de normas para elegir el lugar idóneo  para la fundación de los núcleos urbanos, pues de esto dependía en gran parte su desarrollo o su abandono como pasó con muchas ciudades que se fundaron en los primeros tiempos y luego se abandonaron por las dificultades que suponía vivir en ellos.

En primer lugar, según estas Ordenanzas, hay que elegir una zona o provincia que este bien situada, que tenga buen clima, con tierras fértiles y demás condiciones físicas que se puntualizan en el art. 35”. Las tierras que sean fértiles y abundante de todos frutos y mantenimiento y buenas tierras para sembrarlas y para criar ganado…”

Además, prevee también que en la zona hubiera agua y materiales de construcción para las edificaciones tanto públicas como privadas por lo que sigue puntualizando:” “que hay montes y arboledas para leña y materiales de las casas y edificaciones. Y de muchas y buenas aguas para beber y para regadíos”. Ya que el agua era imprescindible tanto para la vida de la  población como para la economía.

 

Sigue hablando en el art. 37 sobre la situación que ha de cumplir para que este bien comunicada tanto por el mar como por caminos interiores con el “fin de facilitar el comercio y el gobierno y la defensa”. Otra característica fundamental para la fundación de las ciudades era que la zona estuviera habitada por indios con el fin de evangelizarla como dice el art.36 :” “Que sean  poblados de indios y naturales a quien se pueda predicar el evangelio, pues este es el principal fin para el que mandamos hacer los nuevos descubrimientos y poblaciones.” Observamos una vez más como uno de los fines principales de la corona era la evangelización del Nuevo Mundo según estas ordenanzas.

 

Una vez elegida la zona , habrá de procederse a la localización de los lugares más idóneos para la fundación de las poblaciones según ordena el articulo 39 que dice.. “Los sytios y las plantas de los pueblos se elijan en parte donde tenga el agua cerca…  y el que tenga cerca los materiales que sean necesarios para los edificios y las tierras que han de labrar y cultivar..” En los artículos siguientes, 40 y 41 sigue dando consejos para que los sitios que se elijan tengan buen clima y que no estén junto al mar excepto los que sean buenos puertos y “principales” y sigue advirtiendo que “destos se pueblan los que fuesen necesarios para la entrada del comercio y defensa de la tierra”.

 

Todas estas recomendaciones pretendían evitar los errores cometidos por los primeros colonizadores, ya que muchas ciudades tuvieron que ser abandonadas porque no reunían las condiciones necesarias para vivir en ellas, como hemos dicho ya.

 

3º LOS FUNDADORES Y POBLADORES DE LAS CIUDADES.

 

Aparte de la localización idónea era muy importante la elección de los vecinos que debían habitarlo, tanto el número de ellos como  otras particularidades.

Según el art. 89, debía haber al menos treinta vecinos para poder fundar un pueblo o ciudad y además cada uno de ellos debían tener lo siguiente”: una casa, diez vacas de vientre, cuatro bueyes.. una yegua de vientre y seis gallinas, veinte ovejas de vientre de Castilla.” Pero los habitantes de otras ciudades no podían abandonarlas  para asentarse en las nuevas fundaciones de no ser que “no tuvieran solares ni tierras de labor” como dice el art. 45, para evitar que “se despueble lo que esta poblado”.

 

También son admitidos en las nuevas poblaciones los indios sin obligarles “con tal que lo hagan por su propia voluntad “ (Art. 50)” y que “ no estén asentados en otros lugares”. Era imprescindible que “hubiera un clérigo para atender a la iglesia y a los Sacramentos”.

Todos los nuevos pobladores debían ser inscritos por el escribano del concejo. Después se procedía a la elección del juez y los regidores y demás cargos municipales, que eran los que debían repartir los solares , las tierras y los indios. ( Art. 45,46,47)

 

El término municipal debían repartirlo según el art. 90 de la forma siguiente: “Saquearse primero una parte para los solares del pueblo y el escido competente y dehesa para pastar el ganado. El resto del termino se divide en cuatro partes, una para el fundador y las tres partes restante se repartirá entre los 30 vecinos.”

 

También esta regulada las dimensiones de los solares. Los habrá de distintos tamaños: las llamadas “peonixas” eran solares que median 50 pies de ancho por 100 pies de largo. Mas amplios eran los denominados “caballería” ya que median 100 pies de ancho por 200 de largo.

 

El exido y la dehesa “debían tener gran extensión para que pudieran pastar abundantemente el ganado de los vecinos. Los pastos eran comunales excepto los de la dehesa Boyal y concejil.

 

A parte de  los solares para las casas a cada vecino se le daban: “500 fanegas de labor para trigo o cebada, 50 para maíz,  10 huebras  de tierra para huerta, 40 huebras para plantar árboles de secano, tierra de pastos para 50 puercas de vientre, 100 vacas, 20 yeguas, 500 ovejas  y 100 cabras”. (art.106)

 

Los fundadores de las ciudades o los que las Ordenanzas les denominan generalmente Adelantados estaban obligados a firmar una Capitulación por lo que se comprometían a fundar en una provincia al menos una ciudad metropolitana y dos sufraganeas en un tiempo determinado. (Art. 53)

 

En estas Ordenanzas, unas de las cosas que más llaman la atención es la cantidad de privilegios que se les otorga a estos fundadores, detallados entre los artículos 56 y 88 así el art.56 se le concede “Título de Adelantado y de gobernador y capitán por su vida y de un hijo o heredero”. Art. 57. Se le dará salario de la Haciendareal” Art. 58 “Puedo encomendar indios  vacos o que  vacasen…” Art.59 “Concederle el alguacilazgo mayor para el y su hijo heredero. Art.60 “Puedo hacer hefortalezas con tenencia perpetua para sus sucesores…” Art.61” Pueden escoger para si un repartimiento de indios… “Art. 62 “Puede abrir marcas y punzones que marquen metales. ARt. 63 “pueden tener los indios que le estuviesen encomendados en otra provincia poniendo en ello un escudero. Art. 65 “Puede librar de la hacienda real para suprimir cualquier rebelión “Art. 66” pueden hacer ordenanzas  para gobernación de tierras y minas” Art 68” el y su hijo heredero tenga jurisdicción civil y criminal…”

 

Seria demasiado extenso transcribir todo el articulado referente a privilegios, pues aparte de los descritos, están las exenciones de impuestos, la concesión de titulos con vasallos a perpetuidad, etc, etc.

 

¿ Podemos pensar que aquí están las bases para que esta economía de tipo feudal se mantenga y prospere? ¿ Están aquí los gérmenes de todo-poderoso hacendado pese al deseo protector del monarca hacia los indios que se observan en estas ordenanzas?

 

4º MORFOLOGÍA URBANA

 

Las primeras ciudades americanas que se fundaron no contaban con ningunas normas generales para su construcción, pero generalmente seguían los modelos de las nuevas ciudades renacentistas, con predominio de las formas cuadriculares de calles, rectas , bien trazadas paralelas y perpendiculares. Contaban, además, con otros elementos de tradición medieval, como soportales la plaza-mercado y otras plazas a demás de la mayor, las defensas entre otros.

 

Aunque no se dan instrucciones explicitas sobre la morfología de las ciudades y su trazado urbano hasta que no se publican estas Ordenanzas, la mayor parte de ellas son geométricas, con gran perfección en el trazado de sus calles y plazas.

 

Algunos estudiosos del tema, como D.Francisco de Solano, sostienen que fue debido a que influyeron en los conquistadores los manuales clásicos  de arquitectura como la edición romana de Vitrubio traducida por el español Diego Sagrado en sus “Libros de Arquitectura” publicado en 1526. Asi , Ovando aplica desde el primer momento este modelo en el Caribe siendo un ejemplo de ciudad regular Sto Domingo. También Hernán Cortes, aplica este modelo en las ciudades que funda en Mexico, que según  J E Ardoy, se extendió rápidamente por todas partes debido a ciertas afinidades que este tipo de construcciones tenían con el urbanismo azteca que era también de trazado regular.

 

Al principio, los primeros conquistadores fueron los que construyeron ellos mismos las ciudades juntamente con sus soldados, hasta que van llegando los primeros alarifes y más tarde los grandes arquitectos desde la península para levantar la catedral y demás monumentos. Así nos lo cuenta el cronísta Bernal Díaz del Castillo cuando nos narra la fundación de Vera-Cruz por  H. Cortes donde dice que el propio Cortes trabajó en la construcción junto a los soldados:” trazada iglesia plaza y atarazados… hicimos fortalezas.. y hechas troneras  y cubos y barbacana dimos tanta priesa que desde Cortes que comenzó el primero a sacar tierra a cuesta y piedra… como todos los soldados…”

 

 

Trabajamos para la acabar presto”….2

 

Son en estas  Ordenanzas de 1573, donde se dan las primeras normas de construcción de nuevas poblaciones, además son muy detalladas tanto en su trazado como en las dimensiones de sus plazas, solares , edificios.

 

También advierte que debían trazarse con “El compás y el cordel” desde la plaza mayor El Articulo 112 es donde se dan las proporciones de la plaza así como su situación que ha de ser en medio de la población dice así: “La plac,a sea en cuadro prolongado, que por lo menos tenga de largo una vez y media de ancho…” En el art, 113 constan las medidas: “Que no sea menor de doscientos pies de ancho y trescientos de largo, ni mayor de ochocientos pies de largo y 530 pies de ancho…”

 

De la plaza debían partir las 12 calles principales, una de cada lado y dos de cada esquina, según el Art.115. También manda que la plaza y las cuatro calles, principales tengan portales “porque son de mucha comodidad para los tratantes” (Art.115). En el Art. 113 se advierte que en las poblaciones de indios, la plaza ha de ser más grande debido a que la  población puede aumentar más, aunque no debe  pasar de los ochocientos pies”… y así se hará la elección de la plac,a teniendo presente que la población puede  crecer..” ( Art. 113).

 

En cuanto a la construcción de los edificios más importantes las normas son muy explicitas, teniendo siempre en cuenta la monumentalidad y nobleza que ha de tener. Sobre la Iglesia dice que ha de sobresalir entre las demás edificios por su monumentalidad, señalando para ella el primer solar de la ciudad de tal manera que este exenta y no haya ninguna edificación junto a ella”… que ningún otro edificio se le arrime (Art.120). Si la ciudad estaba junto al mar allí debía construirse la iglesia Mayor como un bastión del puerto, de tal maneras que se vislumbrava por todos los navegantes que se acercaban , como dice el Art. 120” Se debía ver como defensa del mismo puerto”

 

Si la ciudad no era puerto, la iglesia debía levantarse en la plaza mayor en el centro de la ciudad como manda el Art. 126”.

“En la plac,a no se dan los solares para particulares, decise para la fabrica de la Iglesia y casas reales y propios de la ciudad”. Por tanto, después de señalar el solar del templo, debía procederse a situar la casa real, la casa del cabildo y del Consejo; también habla de las atarazanas y su situación junto al puerto. En cuanto al “hospital para enfermos no contagiosos” dice que este situado junto a la iglesia, pero con respecto al “hospital de enfermedades contagiosas “advierte”: que se ponga en parte que ningún viento contagioso… vaya a herir a la demás población “Art. 121). En el articulo siguiente se señalaban los lugares idóneos donde han de situarse las pescaderías, carnicerías. Tenerías…” y las demás oficinas (tiendas) que causan inmundicias” para evitar molestias a los vecinos.

 

Los fundadores de las ciudades han de procurar la armonía y la calidad y belleza constructiva del conjunto urbano por los que dice que  “ procuren que los edificios sean de una forma, por el ornato de la población; que esto se cumpla por los ejecutores y alarifes y las personas que estén al cargo de la construcción “Añade también que las casas han de ser espaciosas “por ser mejor para la salud e higiene” (Art.133)

 

Todas estas normas dadas por la Corona en estas Ordenanzas tienen como finalidad fundar ciudades además de higiénicos y confortables, que sean monumentales y de gran belleza artística.

 

5º ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y ADMINISTRATIVAS EN LAS ORDENANZAS: EL RÉGIMEN MUNICIPAL.

 

Para poder imponer los monarcas su poder absoluto en las colonias americanas tuvieron que instaurar el mismo sistema institucional que en Castilla, dotándolas de los organismos necesarios para que pudieran quedar bajo el control de las corona.

 

Al Consejo de Indias se le dan amplias competencias, igual que a la Casa de Contratación. La máxima autoridad de las nuevas tierras la representaban los Virreyes, por lo que se dividían en Virreinatos; de estos dependían las Audiencias, divididas en Gobiernos y estos en Corregimientos con ciudad metropolitana, ciudades sufraganeas, villas y lugares.

 

El régimen municipal esta basado en el de los municipios españoles. Dependiendo de la categoría de la población, así serán las instituciones municipales y la asignación de los cargos públicos correspondientes.

 

Por este motivo el Artículo 43 manda que se especifique primero el tipo de población que se  va a fundar para proceder después a los respectivos nombramientos. Por eso dice que  “declare el pueblo que se ha de fundar, si ha de ser ciudad, villa o lugar, y que conforme a lo que declare se forme el concejo  republica y officiales y miembros Della”.

 

Dentro de los tipos de ciudades, las principales eran las Metropolitanas y luego estaban las llamadas “Sufraganeas” por lo que los cargos eran diferentes y los miembros que los desempeñaban. Primero ennumera los de las ciudad metropolitana de la siguiente forma:”… si es ciudad metropolitana tenga un juez con título y nombre de adelantado o gobernador o alcalde Mayor, tres oficiales de hacienda del rey, doce regidores, dos fiscales ejecutores, dos jurados de cada parroquia, un procurador general, un mayordomo, un escribano del Concejo y dos escribanos públicos uno de minas y registro, un pregonero mayor, un corredor de lonja, dos porteros.”

 

Para las ciudades Sufraganeas apenas especifica los cargos y miembros del Consejo solo dice lo siguiente: “tienen que tener ocho regidores y los demás oficiales perpetuos”.

 

Para las villas y lugares manda que estén gobernadas por los siguientes cargos:” un alcalde ordinario, cuatro regidores, un alguacil, un escribano de concejo y público y un mayordomo.”

 

Los cargos eran electivos y duraban generalmente un año, celebrandose las elecciones en cabildos. Los regidores tenían gran responsabilidad que debían atender al abastecimiento de la ciudad, a las obras públicas, a los bienes de Propio, entre otros asuntos.

 

Apartes de los cargos electivos estaban  los llamados “Oficiales de oficio para la república”, que eran  los que cobraban un salario público o de las arcas municipales.

 

Este régimen municipal se fue introduciendo poco a poco en los pueblos de indios, aunque con gran dificultad y de manera desigual, ya que este régimen chocaba con el cacique y con la aristocracia indígena.

 

 

6º LA ECONOMÍA DE LAS CIUDADES SEGÚN LAS ORDENANZAS: AGRICULTURA, GANADERÍA Y MINERÍA.

 

La base de la economía de las ciudades fue la agricultura y la ganadería. También fue muy importante la Minería, ya que el oro  la plata fueron los principales alicientes que impulsaron a los conquistadores a la aventura americana y especialmente la Corono estuvo muy interesada en su desarrollo. Aunque el comercio fue importantísimo en las ciudades portuarias en estas Ordenanza no hay normas que aludan a ello, ni a otra clase de actividades.

 

Sin embargo en estas Ordenanzas se fomenta la producción agrícola y ganadera con la aclimatación de plantas y ganado europeo, aparte de los cultivos indígenas.

 

Hay una serie de artículos que preveen el cultivo de los campos y el fomento de la ganadería en la fundación  de las ciudades. Hemos visto como en el artículo 90, cada vecino debía tener un número determinado de vacas, novillos, bueyes, ovejas, gallinas, etc, para poder fundar las poblaciones. En el término municipal de cada ciudad se da gran importancia al Ejido y a la Dehesa Boyal, para el pasto de la ganadería además de la tierra de labor y cultivo. Ya hemos comentado que en el artículo 105 se manda que cada vecino “ debe poseer 500 fanegas de labor para trigo o cebada, 50 para maíz 10 huebras para plantas árboles de secano, tierra de pasto para 50 puercos de vientre, 100 vacas, 20 yeguas, 500 ovejas y 100 cabras”.

 

En el art.130 se dice que si hay tierra de regadío, se repartan proporcionalmente. En el Art.131 se insiste en que estas tierras han de ser sembradas lo más pronto posible:” En las tierras de labor repartidas luego inmediatamente siembran los pobladores todas las semillas que llevaron…”

 

Se pretendía asegurar el abastecimiento de as poblaciones con la producción de estos cultivos especialmente pan, vino, aceite, carnes, etc, cuyo control era regulado por el regidor. Pero sabemos que en muchas ciudades estos  productos no podía cultivarse por las características adversas de los diferentes tipos de clima, por lo que existía un intenso comercio de ellos con las Península para su importación como advertimos en nuestra Ponencia sobre el Testamento del Padre Juan de Escobar. Este misionero jaraiceño que murió en Cuzco, controló la importación del trigo, el vino y las ovejas de Castilla para el abastecimiento de la ciudad de Cuzco a través del puerto de Chaba-Supa, a finales del siglo XVI.

 

La minería en las Ordenanzas también esta reflejada en algunos artículos, ya que el oro y la plata fueron el principal pilar económico de la Corona para la financiación de la política europea de los Austrias. Ya Carlos V se había reservado el derecho de la obtención de metales preciosos, pero autorizó la explotación minera a los particulares, motivo por el cual sometieron a un grado de mayor servidumbre a los indios.

 

Felipe II sigue la misma línea en estas Ordenanzas, reservándose un quinto de todos lo que se obtuviera como impuesto. Así  lo vemos en el Artículo 98 que dice “Item les concedemos las minas de oro y plata y otros minerales y salinas y pesquerías de perla que oviese en dicho termino… con tal de que el poblador y moradores de dicho pueblo o otra cualquier persona den y peguen para nos y nuestros sucesores el quinto de todo lo que sacasen….”

 

 

 

 

7º LA CIUDAD COMO FOCO DE CULTURA Y EVANGELIZACIÓN.

 

La ciudad va a ser el foco fundamental de la pacificación, evangelización  culturización americana en el que la Iglesia jugara un papel de primer orden.

 

El clero secular, pero principalmente las Ordenes religiosas serán las que lleven a cabo esta ingente labor. Dominicos, franciscanos, agustinos, mercedarios, jesuitas…. Levantaron sus conventos, colegios, universidades etc, en las ciudades, donde desarrollaron su labor evangelizadora y cultural. Así vemos como a finales del s. XVI, en la ciudad de Cuzco (según el Testamento de P. Juan de Escobar, misionero del Perú que murió en Cuzco y del que hicimos una investigación) se habían fundado ya los siguientes colegios y conventos: el de Sto Domingo, el de San Francisco, el de San Agustín, el de Ntra Señora de la Merced, el colegio de los padres de la Compañía de Jesús…” aparte del Seminario, que pertenecía al clero secular.

 

Felipe II da una serie de medidas en estas Ordenanzas para la evangelización y culturización de los indios siempre con medios pacíficos y de respeto a sus derechos. El Art.39 dice: “Traten de amistad con ellos, mostrando mucho amor…. En el Art.140 advierte que “ los predicadores con mayor solemnidad empiezen a persuadir que entiendan la fé católica… usando los medios más suaves que pudieran..”

 

En distintos artículos se estimula la fundación de iglesias y monasterios como focos de irradiación cultural por lo que en muchas ciudades se fundaron colegios de enseñanza superior y escuelas primarias para indios. En el Art.143 se dan ordenes para la enseñanza, y en el Art.142 se ordena que “se podía traer a los hijos de los caciques a la población de españoles enseñándole a vestir, regalar etc.

 

Estos colegios que venían funcionando desde la época de Carlos V y preparaban una selección india, se vera truncada cuando en el s. XVII estos colegios fueron ocupados por la clase criolla, y los indios solo tendrán acceso a las escuelas  primarias.

 

 

 

 

8º CONCLUSIONES.

 

Por tanto, la ciudad como hemos visto jugó un papel importantísimo en todas las facetas: repoblación, desarrollo agrícola y ganadero y económico en general en la evangelización y expansión de la cultura española, pacificación, etc.

 

Pese a que los ideales de la Corona chocaron con los de los colonizadores cuyo afán era enriquecerse en estas Ordenanzas se observa como se garantiza la protección del indio, su desarrollo, la formación de una élite local, el deseo de crear una economía saneada, aunque de tipo feudal, su acceso a la cultura europea y su integración sobre una base de igualdad con los blancos.

 

Todo esto cambiará de signo con Felipe III y sus sucesores, que no les va a interesar América más que por su rendimiento fiscal, desprotegiendo por completo a la población india y dejándola a merced de las vejaciones de los criollos. Estos criollos terminaron por constituir una aristocracia holgazana e inculta sometida a la española que acaparará todos los cargos. Los indígenas quedarán definitivamente separados de la comunidad en que Carlos V y Felipe II con el apoyo de la Iglesiase habían esforzado en crear sobre una base de igualdad con los blancos, como vemos en estas Ordenanzas, donde el Rey Felipe II justifica su finalidad como dijimos al Principio de la siguiente forma”. Para que las tierras que estén por descubrir, poblar  y pacificar se haga con más facilidad y como conviene al servicio de Dios y nuestro, y bien de los naturales….”

Oct 012006
 

Martiria Sánchez López.

Profesora e investigadora.

INTRODUCCIÓN

Este estudio está basado en el Fuero de Plasencia otorgado por el rey Alfonso VIII y confirmado por sus sucesores, Sancho IV en 1290 y Fernando IV en 1207, después de la fundación de la ciudad en 1186.

Cuando los reyes castellanos reconquistan los territorios situados entre los valles del Duero y del Tajo, tuvieron que organizar estos espacios, por lo que crearon los concejos y les dieron unos marcos jurídicos. Por este motivo fue necesario la otorgación de fueros a los distintos concejos que iban fundando, ya que esto suponía la consolidación de los mismos. El fuero es pues el elemento básico de la ordenación del territorio, según E. Portela donde se dan una serie de ventajas jurídicas para los nuevos habitantes de las ciudades. En primer lugar, a estos pobladores se les otorga una serie de libertades frente a la nobleza y Ordenes Militares, ya que depende directamente del rey. Por otra parte se les exime de ciertos impuestos y tributos, que son los llamados privilegios. Pero además, el Fuero regula la vida económica de la ciudad y su término. Por tanto el Fuero refleja perfectamente la vida de la ciudad y sus habitantes, los grupos sociales con sus derechos y deberes, el gobierno municipal y los distritos y Sexmos, las jurisdicciones, la administración de justicia, los cargos, etc.

La vida económica está reflejada con una gran precisión, por lo que nos hemos basado principalmente en este interesante documento para hacer el estudio de las diferentes facetas económicas de Plasencia y su Tierra en este periodo: Agricultura, Artesanía y Actividades Comerciales, Ganadería, Caza y Pesca.

Antes de entrar en el tema propiamente dicho es imprescindible recordar la reconquista de estas tierras por el rey Alfonso VIII fundador de Plasencia cuyo lema es “UL PLACEAT DEO ET HOMINIBUS” “para agrandar a Dios y a los hombres” según mandato de su rey; También recordaremos a sus pobladores, protagonistas de todas las actividades que se realizan en la ciudad y su Tierra.

RECONQUISTA Y REPOBLACIÓN DE PLASENCIA Y SU TIERRA

A finales del s. XII y principios del s. XIII la Alta Extremadura fue conquistada por los reyes castellanos leoneses. Alfonso VII, el llamado emperador, dividió el reino a su muerte entre sus dos hijos, debido a su sentido patrimonial de la Corona. A su hijo Sancho III le dejo Castilla y a Fernando II León. Por este motivo Extremadura quedó dividido en dos zonas cuyo límite era la Vía de la Plata; la zona del Oeste correspondió a León y la del Este a Castilla, por lo que Plasencia y su Tierra quedó incluida dentro del reino castellano.

A la muerte de Sancho III le sucedió su hijo Alfonso VIII que fue el conquistador de toda la Tierra de Plasencia y fundador de la ciudad en 1.186 como un enclave político y militar que no solo sirviera de base al Rey en su lucha contra el Islam, sino también como centro político contra el gran poder que tenían las Ordenes Militares de Santiago y Pereiro, ya que dominaban gran parte de Extremadura (J. Gonzáles “El Reino de Castilla en la época de Alfonso VIII) Pronto Plasencia llegó a convertirse también en un enclave religioso, pues en 1.189 se constituiría en Sede Episcopal en virtud de la Bula otorgada por el papa Clemente III y confirmado posteriormente por distintos pontífices.

Debido a estas circunstancias, el Rey asignó a Plasencia un extenso término o “alfoz”, además de concederle sus famoso Fuero, con gran cantidad de privilegios y franquicias. Después de la incursión almohade, en la que se apoderan de la ciudad, fue definitivamente conquistada en 1.196 y el Rey mandó entonces construir esos enormes e impresionantes murallas, que hoy todavía podemos admirar, para evitar cualquier clase de peligro a la población.

El alfoz placentino se dividió en demarcaciones rurales, llamadas Sexmos, que eran los siguientes; el Sexmo de la Vera, el del Campo Arañuelo, el del Valle y Transierra.

La ciudad y su término se irán repoblando poco a poco con los cristianos procedentes de los reinos castellanos y leoneses, estos se unieron a los musulmanes que quedaron en el término en calidad de mudéjares, juntamente con una importante población judía, procedente de las tierras ocupadas por los almohades, que huían de las persecuciones que sufrieron por fanatismo de este pueblo. Así irán naciendo la mayor parte de las aldeas del “alfoz” a lo largo del s. XIII, aumentando la población tanto de la ciudad como de las aldeas en los siglos siguientes ya que los nuevos pobladores que se establecían aquí se acogieron a los privilegios que les otorgaba el Fuero, con la seguridad de que vivirían tranquilos sin tener que “responder” por “ninguna cosa” que hubiesen hecho (o delito cometido) como dice el Fuero en el Art: “Otorgo que todo poblador que a Plasencia viniese a poblar de qual parte que quisiese, quier judio, quier cristiano o moro o siervo, vengan seguros et non respondan por ninguna cosa que fiziesse”.

El incremento de la población fue espectacular en el s. XV, pues e duplico la población, según afirma Paredes Guillen en su libro “Los Zuñigas, señores de Plasencia”.

Los tres tipos de pobladores: cristianos, mudéjares y judíos van a convivir de una manera pacífica hasta el 1.492, año en que los judíos fueron expulsados por los R. Católicos de toda España. Esta convivencia está expresamente regulada por el Fuero, donde se dan una serie de leyes para evitar cualquier fricción o ruptura entre ellos.

Los cristianos fueron los pobladores con todos los derechos, denominados vecinos, quienes, en virtud de las franquicias y privilegios contenidos en el Fuero, tendrán una intervención fundamental en la vida municipal que les será vedada a los demás pobladores. En estos recaerán todas las funciones político o administrativas del concejo.

La población musulmana, que el Fuero denomina mora, fue aumentando en los siglos siguientes debido a los avances de la frontera cristiana. Estos se encontraban en situación de dependencia de los cristianos generalmente, aunque también habrá moros libres con distintas categorías y algunos derechos y privilegios defendidos por el Fuero, así el Art. 63 dice: “Todo hombre que a moro de paz hiriere o matare, pague por él como cristiano”; y Art. 64 defiende la integridad de la mujer musulmana. “Todo hombre que a mora forzase, pague 5 maravedies” Los musulmanes en situación de dependencia procedían del botín obtenido por las luchas o por la compra de estos cautivos, según comprobamos en el Art. 22 del Fuero. “Otorgo que todo hombre cristiano o judío que en almoneda de Plasencia moro o mora comprare dé el precio de siervos” y podían ser azotados según el Art. 737.

La población musulmana fue muy importante en la economía de la tierra de Plasencia, ya que eran excelentes huertanos y trabajadores, especialmente en los cultivos de regadío que muchos de ellos fueran introducidos por estos pobladores.

La población judía era tan importante en Plasencia y su Tierra, que el Fuero alude constantemente a ella, ya que participaba en distintas actividades de la vida del concejo. Estas actividades fueron principalmente económicas, tanto de mercadería como crediticias. Los oficios de mercaderías eran muy variados y los regula el Fuero que les denomina menestrales: zapateros, ferreros, veinero, olleros… etc. Otra serie de oficios que desempeñaron tanto judíos con cristianos eran: carpinteros, orfebres, sastres, boticarios… etc.

Aparte de estos oficios, siempre desempeñaron un papel en materia crediticia, el Fuero regula la usura en varios Artículos, así en el 343 dice que solo pueden percibir el doble del dinero prestado en un año.

La presencia judía en Plasencia y su tierra está reflejada a lo largo de todo el Fuero directa o indirectamente. Hemos contabilizado quince artículos seguidos referentes a la población hebrea a fin de evitar conflictos con los otros pobladores, moros o cristianos para que la convivencia fuera lo más normal posible, incluso está regulado el uso de los baños públicos al que se refiere el titulo 442, ya que cada población tenía asignado un día a la semana para la utilización de estos baños públicos; a los judíos se les asignó el viernes.

LA AGRICULTURA

La economía de Plasencia y su Tierra durante la Baja Edad Media estaba basada fundamentalmente en actividades del sector primario aunque también se desarrollaron las actividades artesanales y mercantiles.

La Agricultura y la Ganadería se desarrollaron a lo largo de todos estos siglos, alcanzando gran esplendor en el s. XV. Los cultivos y los productos agrícolas y ganaderos estuvieron regulados y protegidos por el Fuero.

Entre los productos de secano destacan la vid y los cereales. Los viñedos fueron muy abundantes ya que el vino era consumido por todos los habitantes, tanto cristianos como judíos y moros. Las aldeas de los distintos Sexmos tenían obligación de abastecer a la ciudad. Debido a esta importancia, el Fuero dedica unos veinte artículos a proteger los viñedos, tanto del daño que pudieran provocar los animales, como del hurto por parte de cualquier vecino; así el Art. 563, “Si can (perro) o puerco (cerdo) la viña dañare por cada una vide el señor dello peche (pague) V muros” También regula la vendimia, fijando su fecha y poniendo una multa si alguno comenzara antes de la fecha estipulada. Art. 574 “Todo onine queagraz vendiere antes que las viñas sean vendimiadas peche 1mrs sea cristiano, judio o moro”.

En el Art. 574 se fija la fecha de la vendimia. “Mandamos que nadie non vendimie hasta la fiesta de S. Miguel, y si alguno antes comenzare a vendimiar peche X mrs”.

Se creó un cargo para guardar la viña llamado el guardador de viñas, que estaba protegido por el Fuero en el Art. 566 “Todo omne qui al guardado de viñas fieriere o matare… peche cuanta calonna finiere doblada”.

Los cereales se produjeron en todos los sexmos, pues el tipo era la base de la alimentación humana y los demás cereales de la ganadería. El Fuero dedica unos catorce artículos para su protección y regulación. También aquí se creó un cargo para guardar las mieses, llamado “el meseguero” que debía jurar su cargo antes de comenzar su actuación. Su trabajo duraba desde febrero hasta mediados de julio, más o menos hasta que se recogía la cosecha. Si las mieses eran dañadas sin que el guarda lo denunciara, tenía éste que pagar una multa al dueño de la mies “Si el señor su mies fallare dañada el messeguero peche todo el daño, si el dañador no diere manifiesto” Art. 543.

Los dueños de los animales que entraban en las siembras y las estropeaban tenían que pagar una multa en especie; “Si el messeguero cavallo o mula, buey o asno o puerco de día en la mies fallare, prende por cada uno medida en la mies fallare, prenda por cada uno media emina de pan de gual la tierra fue sembrada”.

También se establecen multas de X mrs, para los que robaran o segaran las mies ajenas, y sí había algún vecino sospechoso de haber causado daños en la mies ajena, debía jurar antes cien vecinos su inocencia si el daño causado era durante el día, y ante doscientos vecinos si era de noche. En este mismo artículo se sigue dando distintas normas para proteger bien las cosechas.

Los cultivos de regadíos también tuvieron mucha importancia, especialmente en algunos sexmos, como en el Valle y en la Vera. Los musulmanes habían introducido en la zona muchos cultivos de regadío y habrán construido presas, canales, norias, etc, que ahora se irán perfeccionando. Por este motivo Alfonso VIII regula el uso de las aguas, la construcción de presas, etc en distintos artículos del Fuero.

Los principales cultivos de regadíos fueron las plantas textiles y los productos hortofrutícolas. Entre las plantas textiles, destaca el lino, y también el cáñamo. A este respecto el Art. 577 dice: “Todo homne que huerto el fino o cañamo u otro fruto de Tierra regase después que la oviere temida, al río non lavase…”

El artículo siguiente penaliza al que se apodera del agua del vecino: “Todo omne que agua en vez ajena prendiere… peche II mrs”. También regula el agua de los manantiales en el Art. 580 “Toda agua de huerto o de viña, o de otra rayz manare, vaya por las heredades de los selgueros por lograr que non faga danno…” Además protege a los hortelanos en el Art. 579 “Todo omne qui de noche a ortelano firiere o matare en su huerto peche cuanto calonna finiere doblada”.

Los árboles frutales tuvieron mucha importancia por lo que dedica ocho artículos para su protección, así en el Art. 584 establece que “Todo omne que árbol taiare agen que levare fruto peche XXX mars.” El 588 dice que “Todo omne que fruto de arbol cogiere fuera de la vinna … peche X mrs.” También protege a los nogales, castaños, alcornoques etc, el Art. 586 dice “Todo omne que nogal u otro arbol decortezase peche X mrs.”

La seda fue uno de los productos textiles que más importancia tuvieran en algunos Sexmos, como en la Vera, donde fue el principal producto de exportación hasta el s. XIX Por este motivo se protege en varios artículos a las morales y moreras, cuyas hojas constituían el alimento del gusano de seda, así dice el Art. 586: “Todo omne que de día hoja de moral ajena cogiera peche 1 mrs…”

Como podemos comprobar por toda la importancia que el Fuero de a todos estos productos, la Agricultura fue uno de los pilares básicos de la economía de Plasencia y su Tierra.

LA GANADERÍA

La ganadería fue muy importante debido a la gran cantidad de pastos que tenía el “alfoz” placentino, tanto en las dehesas como en los montes. Las principales especies ganaderas fueron las ovejas y las cabras, aunque también había vacas y bueyes de tiro, cerdos, aves de corral y las caballerías – caballos, mulos y asnos – dedicados principalmente a los trabajos agrícolas y al transporte tanto humano como de mercancías.

El Fuero dedica catorce artículos para proteger y regular la ganadería, así el Art. 428 dice “todo omne que cabanna quebrantase, peche como por casa quebrantada et poblada…” Otros artículos regulan la relación entre amos y pastores o cuidadores de ganado, estableciendo lo que han de percibir por su trabajo: Art. 425 “La soldaba del pastor sea fasta el diezmo de los corderos y el diezmo de la lana de las ovejas…” Se hace distinción entre el pastor de ovejas y el de vacas, al que llama “vaquerizo” al de cabras “cabrerizo”, al de cerdos “porquerizo”, etc. Cada uno de estos pastores percibe un salario diferente, así, el sueldo de cabrerizo era de un séptimo de la leche y de los cabritos; el de los porquerizos era: “VI dineros por cada puerco o una cuartilla de trifo” al años, etc.

Las aves de corral también son protegidas por el Fuero, que dedica dos artículos a ello, el 674 y el 675. El primero dice “Todo omne qui gallina agena matare peche VIII dineros… por pavo, medio maravedi…” y así va enumerando los demás animales, incluidos las palomas, a la que dedica el Art. 675. También se dan órdenes contra los que roban la paja o incendian el pajar tan importante para la alimentación de la ganadería. Un factor imprescindible para la cabaña ganadera es el perro, por lo que el Fuero dedica siete artículos para su protección y regulación, pues algunos se refieren también a los daños que puedan causar sus mordeduras y demás motivos que puedan perjudicar a los vecinos, como el Art. 671. El Art. 667 dice: “Todo omne que podenco ageno matare peche II mrs…” Distingue entre distintas razas, así, si es galgo, se paga más por su muerte que si es podenco, ya que también ciertas razas tenían mucha importancia para la caza.

LA CAZA Y LA PESCA

La caza y la pesca fueron también importantes para la economía placentina. La caza menor estaba constituida por liebres, conejos y perdices principalmente.

El precio de estas carnes le impone el Fuero. “La carne de liebre vendan III dineros, carne de conejo II dineros, la perdiz II dineros…” También prohíbe la venta de ellas en las casas propias o fuera de los mercados.

La caza mayor tuvo siempre mucho relieve debido a la gran cantidad de montes y dehesas que poseía Plasencia, ya que eran famosos en todo el país por la gran cantidad de especies que había en sus montes, por lo que venían con frecuencia los reyes a practicar su deporte favorito. Hay cinco artículos referentes a la caza mayor, refiriéndose principalmente al venado, pero también habla del gamo, de la “ejebra” del jabalí, entre otros. La caza de estos animales, se solía hacer con arco ayudado de los perros. A los cazadores de venados se les llama venadores y los venados eran tan abundantes que con frecuencia se acercaban a las aldeas, por lo que el Fuero da normas para el reparto de la piel y de la carne del animal entre los vecinos.

La pesca también tuvo importancia tanto en las gargantas como en los ríos. Las especies que más citan los textos eran los barbos, truchas y anguilas. Se solía pescar con redes y escudrias y se imponían multas a los que rodaban las redes y los pescados: “Todo omne qui rede de pescador o pescado de rede o de escudría furtare, peche el danno como ladron” Art. 652.

LA ARTESANÍA

La artesanía fue desarrollándose a medida que va aumentando la población. Gran parte de los productos artesanales eran derivados de la agricultura, como el vino, aceite, cueros, lienzos, etc. Pero además habrá una gran variedad de productos realizados por los “menestrales” o “minestrailes” como los llama el Fuero; este regula la gran variedad de oficios de los artesanos: herreros, zapateros, carpinteros, albañiles, orfebres, sastres, constructores de tejas y ladrillos, etc a los que siempre se les exige calidad en los productos y en el trabajo. El Art. 639 trata de los herradores y de las herradura, oficio tan importante en aquel mundo rural: “Si el ferrador de bestias ferrare, et ante de IX días la ferradura cayese, el ferrador la peche (page)…” Además indica el precio que dependía del animal herrado: “Por mula VIII dineros, por asnar VI dineros… etc”.

El Fuero también protege a los vecinos del trabajo mal hecho de los menestrales, como carpinteros, albañiles y otros oficios, que dice “si mala labor ficiere, enmien de la epeche el danno”. Para los zapateros establece una serie de normas, como son las multas si engañan al cliente, utilizando un material por otro:“Zapatero que zapato carneroram (de piel de carnero) por cabruno (de cabra) vendiere, peche II mrs…” También establece una multa si el zapatero no tiene los zapatos hechos para el día acordado; y si el comprador no paga a su debido tiempo, este pierde la señal y el zapatero puede venderselo a otro vecino. Hay, además una garantía de calidad ya que zapatero tiene que coser bien el zapato de tal manera que: “… la costura non se descosa fasta que la suela sea rota”… En los de más oficios también se establecen una serie de medidas de calidad y precios, por ejemplo, sobre los maestros de tejas dice: “fagan las tejas de palmo en luengo, et en ancho palmo et medio… Vendan el millar de tejas por 1mrs.”

Dentro de este artesanado se observa un incipiente sistema gremial que se ira desarrollando en los siglos posteriores, en varios artículos se establecen una serie de derechos y deberes de maestros y aprendices, como el que penaliza el maestro si atca o hiere al aprendiz.

Los productos alimenticios, como el vino, también debían someterse a las normas de calidad, así nos dice el Art. 660… “Todo tabernero que vino aguado vendiere peche II mrs”

La artesanía harinera era imprescindible para el desarrollo de la vida de cualquier comunidad, ya que el pan fue siempre el elemento fundamental de la alimentación de la población. La harina se obtenía en los molinos harineros que eran muy abundantes en todo el “alfoz” de Plasencia debido a la gran cantidad de agua que habrá tanto en las gargantas como en los ríos. El Fuero dedica varios artículos a la construcción y funcionamiento de los molinos, así como de los hornos para la obtención del pan y de sus artesanos los horneros.

Los molinos funcionaban con la energía hidráulica por lo que se construían en los márgenes de las gargantas y de los ríos. Se dan en el Fuero una serie de normas para su construcción y también para la realización de presas; el Art. 593 dice: “Todo omne qui en su heredat molino fiziere, haya tres pasos la carrera d’el en ancho y aya molino espacio aderredor IX passos, si non non vala (valga)”; y el Art. 595 protege los molinos construidos primero para evitar que otros que se construyan con posterioridad perjudiquen el funcionamiento de los anteriores: “Todo omne, que molino fiziere nuevo, cote que non empezca (entorpezca) a algún molino que primero fuese fecho…”

Aclara a continuación que las presas y cauces que se hagan nuevos, tampoco deben entorpecer a los que ya había construidos, por eso dice con rotundidad que hay que destruirlos… “derribelos et non vala (valga)”. Hay otros artículos que regulan la fabricación del pan en los hornos, titulado “de cozer el pan” en el que se dan órdenes a los horneros para calentar el horno y cocer el pan y dice que tienen que cocer XXXII panes (Art. 483), además de otras normas.

La artesanía tuvo mucha importancia no solo en la ciudad, sino también en las aldeas, lo que supondrá una base importante para el desarrollo de la actividad comercial.

LA ACTIVIDAD COMERCIAL

La actividad comercial fue importante, no solo entre las aldeas del Alfoz y la Ciudad, sino también en lo que se refiere al comercio exterior. Por este motivo en el Fuero vemos una serie de artículos que regula toda la actividad comercial, desde el establecimiento de las ferias y mercados hasta el control de impuestos, calidad de los productos o la práctica de la usura.

El Art. 29 establece unas ferias importantes ya que se entienden durante todo el mes de Septiembre… “otorgo a honor et a provecho de la ciudad que duren desde’l primero día de septiembre fasta la f’esta de Sant Mígale…” dice también que puedan acudir seguros los tanto los cristianos como los judíos y moros.

Además de las ferias se establece un merado semanal en la ciudad todos los martes. A este famoso mercado acudían los aldeanos a la ciudad con sus productos y se les eximía del pago del impuesto o portazgo, Art. 9 También se eximia del portazgo a los que llevaban a la ciudad pan o vino: Art. 708 … “que cualquier omne que viniere a Plazencia con pan o con vino non de’portadgo…”

Todos los artesanos tenían obligación de acudir al mercado con los productos de su trabajo; el Fuero cita a gran cantidad de menestales para que abran sus tiendas en este mercado semanal: peleteros, zapateros, pañeros, ballesteros, olleros… etc. También tienen obligación de vender en el mercado los carniceros y los dedicados a la venta de pescado.

Las mercancías que se especifican son variadísimas: productos de la ganadería y sus derivados, productos artesanales, incluso hasta los moros. Por la venta de estos productos tenían que pagar un arancel que se estipula en el artículo 709… “de carga de panno… V.SS” De carga de lino… Iss” “De carga de lana Iss… “ “De carga de quesos Iss… “De tocino Id” “De buey Id” “De moro que se vendiere Is” etc, etc.

La calidad de los productos estaba garantizada por el Fuero, como hemos visto cuando hemos hablado del vino y de las multas que imponían si estaba aguado; o también sobre la calidad de los zapatos, así como de los demás productos especificados e los artículos 650 y 664. Así mismo se vigilaban también los pesos y las medidas para evitar cualquier engaño. La usura se controlaba en el Art. 343 donde se afirma que en un año no se podía pasar del doble del valor del producto“…que la usura non debe crecer si non doblando en cabos del anno…”

El mercado semanal de los martes arraigó tanto en la vida de la ciudad, que siglo tras siglo se ha ido manteniendo hasta llegar a ser todavía en la actualidad importante, especialmente en productos hortofrutícolas y artesanales. Todos los años se celebra el Martes Mayor en el mes de Agosto, donde el Ayuntamiento placentino, con buen criterio, organiza una serie de festejos, ya con fines turísticos, más que comerciales.

Plasencia permanece fiel a su historia y a su economía, pues sigue siendo el centro comercial de muchas de las comarcas que formaron parte de su Tierra o Alfoz., como son el Valle o la Vera.

Oct 012005
 

Martiria Sánchez López.

Profesora de Historia.

1. INTRODUCCIÓN

En nuestra ponencia titulada “Conquista y Evangelización del Nuevo Mundo. Aportación de Jaraíz de la Vera: El Padre Juan de Escobar” que presentamos en los XX Coloquios Históricos dimos a conocer por primera vez, aquí, a un evangelizador perteneciente al clero secular denominado Juan de Escobar, natural de Jaraíz que murió en Cuzco.

Después de estudiar el magnifico trabajo de D. Pedro Borges sobre los misioneros de la Diócesis de Plasencia titulado “Aportación misionera a América y Filipinas” nos dimos cuenta que nuestro religioso no estaba incluido en los religiosos misioneros de la Vera, por tanto no pertenecía a ninguna Orden religiosa.

Otros trabajos de gran interés a este respecto, publicados en las Actas del Congreso de Guadalupe de 1988 titulado “Extremadura en la Evangelización del Nuevo Mundo”, como el de Roció Sánchez Rubio sobre “Eclesiásticos extremeños en las Indias” no incluía a nuestro protagonista, pues cita a treinta clérigos pertenecientes principalmente a Trujillo, a Cáceres y a Plasencia y a algún otro pueblo.

Por tanto no se conocía nada de este misionero jaraiceño, que murió en Cuzco, hasta que transcribimos un documento de mi archivo particular donde consta su existencia. El documento es un Censo del año 1688, en el que se cita una fundación que hizo en su pueblo natal el Padre Juan de Escobar, de cuyo documento hay una fotocopia en la biblioteca de esta Casa-Museo de Coria.

En aquella ocasión solo pudimos citar una de las obras pías que se fundó llamada “Memoria de Dottes” que dio origen al citado Censo.

Ahora hemos investigado en el Archivo Parroquial de la Iglesia de San Miguel y hemos encontrado el testamento del Padre Juan de Escobar, cuyo estudio y comentario es el objetivo de nuestra ponencia.

2. MISIONEROS DEL CLERO SECULAR EN AMÉRICA

El Padre Juan de Escobar fue un evangelizador del clero secular que estuvo en el Perú a finales del siglo XVI y murió en Cuzco en el año 1617, por tanto corresponde su estancia americana a parte del reinado de Felipe II. Este monarca dio prioridad a los religiosos, no solo para la tarea evangelizadora del Nuevo Mundo sino también como pacificadores y culturizadores, ya que edificaron por todas partes iglesias, conventos, colegios, universidades, irradiadoras de cultura.

Este mandato lo podemos comprobar en el capitulo 147 de las Ordenanzas del 13 de Julio de 1573 dadas por Felipe II para el Nuevo Mundo que dice: “En las partes que bastasen los predicadores del Evangelio para pacificar a los indios, convertirlos y traerlos de paz, no consienta que entren otras personas”.

No obstante, la Corona prefirió al clero regular, según Borges Moran, para la tarea misionera, a los que le pagaban el viaje, mientras los clérigos seculares iban a América pagándose el viaje ellos mismos y debían conseguir la licencia pertinente del Consejo de Indias, y cumplir los demás requisitos requeridos a los pasajeros comunes.

Todos los investigadores del tema están de acuerdo en que la contribución del clero secular a la evangelización americana fue muy importante y eran muy numerosos los sacerdotes que partieron a las Indias, puesto que las instituciones eclesiásticas se implantaron inmediatamente en América, ya que el Papa León X, a petición de los Reyes Católicos nombró un Patriarca de Indias, recayendo el cargo en el arzobispo de Sevilla.

En el siglo XVI sabemos que se habían fundado tres archidiócesis: la de México, Lima y Sta. Fe de Bogotá, lo que supuso la creación de diócesis, cabildos, catedrales, obispados y parroquias. Esto motivó que la presencia del clero secular fuera muy importante en las Indias.

Por el Testamento del Padre Juan de Escobar podemos darnos una idea del gran número de misionero que había solamente en Cuzco, pues su testamento nos dice que asistieron unos 46 sacerdotes a su entierro, especificando los que pertenecían al Seminario y a la Catedral.

Dice así “Ítem declaró que treinta clérigos sacerdotes que se hallaron en su entierro de dicho difunto, le dijeron en la Santa Catedral al día siguiente de su entierro treinta misas rezadas…” Aparte de estos sacerdotes dependientes del Obispado que realizaban todas las actividades pastorales estaban los responsables del Seminario, donde formaban tanto al clero indígena como a los españoles, de ahí el gran número de profesores que había, como dice el texto “Ítem declaró que le acompañaron dos colegiales del Colegio y Seminario del Sr. San Antonio Abad y dieciséis clérigos sacerdotes…”

Todos estos clérigos van a desempeñar unas importantes tareas pastorales, como hacían en la Península, a las que hay que añadir la tarea de evangelización de los indios; de aquí que debían ser hombres de una fuerte vocación religiosa y misionera, muy valientes y dispuestos a entregar la vida por sus ideales, ya que la mayoría de las veces iban a lo desconocido, con viajes largos e inseguros, a sitios de clima distinto con toda clase de incomodidades y hostilidades. Sin embargo, el resultado de esta doble tarea, juntamente con la del clero de las órdenes religiosas, fue de unas dimensiones inmensas tanto en el orden religioso como en el cultural y de pacificación de los indígenas, como todos sabemos.

3. LA OBRA MISIONERA Y RELIGIOSA DEL PADRE JUAN DE ESCOBAR

Hemos estudiado los antecedentes familiares de este religioso jaraiceño y hemos encontrado entre ellos importantes capitanes y mercaderes que habían intervenido en la Conquista americana, por lo que es fácil explicarse que este clérigo quisiera seguir la tradición familiar, enrolándose en la aventura indiana como misionero. Los cronistas nos dicen los siguiente al respecto… “se sabe que a las conquistas de los imperios de Méjico y Perú salieron de esta Villa (Jaraiz) algunos soldados famosos, como fueron los Carvajales… Lo Sosas los Escobares…” (Ar. B. IV) Otro familiar suyo era el mercader Xeronimo de Escobar, del que dice en varias ocasiones que era su cuñado y le encomienda algunas actividades.

Con respecto a la labor religiosa y misionera desempeñada por el Padre Juan de Escobar, las conclusiones que hemos sacado están basadas en su testamento depositado en el Archivo Parroquial de la iglesia de San Miguel, aunque, como es un documento más bien de tipo económico, no refleja con nitidez sus actuaciones religiosas y misioneras.

Nuestro protagonistas debió ser una personalidad muy importante en Cuzco, tanto a nivel religioso como social y económico a juzgar por las honras fúnebres que se le hicieron a su muerte, en las que estuvieron presentes la mayor parte del clero de la ciudad y representaciones de las distintas ordenes religiosas y de las distintas instituciones, para las que tuvo un recuerdo económico en sus últimas voluntades. También se le enterró en un sitio destacado dentro de la Catedral, como afirma su testamentario “Ítem declaro que el cuerpo de dicho difunto fue enterrado y sepultado en la Sta. Iglesia Catedral de dicha ciudad, al pie del arco toral de la Capilla Mayor” A continuación habla de los sacerdotes y personalidades que acompañaron y participaron en el entierro y las misas cantadas y rezadas que dijeron por su alma, de las que hablaremos más adelante.

Aunque pasó sus últimos días en Cuzco, donde murió, vivió y desempeñó su actividad pastoral como sacerdote y misionero en un pueblo de la costa peruana denominado Chala-Supa., del que dice el texto “… el Padre Juan de Escobar, clérigo presentero, ya difunto, cura y beneficiado que fue del pueblo y repartimiento de Chala-Supa provincia de Canes, obispado de dicha ciudad…”.

Este texto nos confirma su doble tarea, la pastoral al cuidado espiritual de los españoles de Chala-Supa y la tarea evangelizadora, difundiendo la fe y culturizando a los indios.

Como vemos, tuvo a su cargo uno de los Repartimientos de Indios, que eran grandes latifundios al frente de los cuales estaban los encomenderos, donde enseñaban a trabajar a los indios los campos y a explorar la ganadería a cambio de un salario y Comida. Todos sabemos las injusticias que los encomenderos cometían con los indígenas, por lo que los religiosos, encargados de evangelizarles, defendían sus derechos.

Los indios que vivieron en este Repartimiento debían ser muy queridos por nuestros protagonistas a los que además de evangelizarles, les dejó, según su testamento“mil trescientas ovejas de Castilla”, una buena cabaña para la economía india. Además de esto les dejo “quinientos pesos de a ocho reales cada uno” un capital también importante, ya que venía a ser unos cuatro mil reales.

La religiosidad del Padre Juan de Escobar la observamos entre otros de detalles, en la intranquilidad que tenía por la salvación de su alma, como la mayor parte de los cristianos de su época. Esta inquietud la va a solucionar asegurando una gran cantidad de misas para que se ofrezcan por su alma en los distintos centros religiosos, tanto en Indias como en Jaraiz y con la fundación de una Capellanía en su pueblo natal con la que aseguraba los sufragios en perpetuidad.

Así lo afirma su testamentatario Sebastián Díaz “Ítem mando que al dicho difunto se le digan doscientas misas rezadas. Las sesenta se han de decir en la Sta. Catedral, en el altar del Sto. Crucifijo Y los cientos cuarenta se han de decir en los conventos de Sto. Domingo, de S. Francisco, S. Agustín, el de Nª Sª de la Merced, en cada uno de ellos se response y se de limosna a peso de a ocho reales”.

También manda que se digan cuarenta misas por sus padres en Jaraiz y otras “doscientas por dicho difunto en su pueblo de Jaraiz…” sigue diciendo que“treinta clerigos sacerdotes que se hallaban en el entierro de dicho difunto le dijeron al día siguiente de su entierro treinta misas…” además de la Misa cantada, con responso y vísperas del día de su defunción.

Esta religiosidad se va a traducir en su sentido de caridad y en la atención a obras benéficas, ya que legó limosnas a las instituciones de beneficencia que había en Cuzco y también a los pobres.

Dice el texto “Ítem mando al Hospital de los españoles desta ciudad diez pesos de a ocho reales” “Ítem mando al Hospital de los naturales desta ciudad otros diez peso…” Observamos por este texto como a finales del s. XVI funcionaban ya allí dos tipos de hospitales, uno para los indios y otro para los españoles ¿se debería esto a una segregación racial o a distinto tipo de enfermedades entre indígenas y españoles?

También otorgó limosnas a los necesitados “Ítem mando a los pobres de la Cárcel diez pesos de a ocho reales” Además perdonó alguna deudas a los que no podía pagarle, como fue el caso de Luis Gómez del que dice “que no se cobre ninguna cosa por ser amigo mío y pobre”.

Debió estar muy unido a la labor de los religiosos de todos los conventos y colegios de Cuzco, ya que a todos les lego donativos: “Mando a los Padres de la Compañía de Jesús veinte pesos… de limosna” “Mando a nuestra Sra. de la Soledad, cuya cofradía está fundada en el Monasterio de la Merced, diez pesos…” “…al monasterio de monjas de Nª Sª de los Remedios de esta ciudad, veinte pesos…”. Esta cita es muy interesante, pues demuestra que junto a los misioneros hubo también misioneras en la evangelización con americana, de las cuales se habla poco, y debieran desempeñar también una gran labor en todos los aspectos.

También al Seminario le dejó ocho pesos y a cada sacerdote, profesor se les dio cuatro pesos por ir al entierro. Hemos comentado ya que a los conventos de los Dominicos. Franciscanos, de S. Agustín y de la Merced le serán encargados ciento cuarenta misas dando de “limosnas un peso” de a ocho reales cada una.

La religiosidad del Padre Juan de Escobar también la vemos plasmada en su devoción a la Stma. Virgen, no solo por su invocación en el testamento, sino en el hecho de que mandó hacer una corona de plata en Sevilla para la Virgen de Gracia de un pueblo “Mando que se haga una corona en Sevilla con diez marcos de plata blanca para la imagen de Nª Sª de Gracia y se envié a mi pueblo de Jaraiz para dicha imagen” Además, dejó otra donación para dorar el Retablo Mayor de la iglesia de S. Miguel de Jaraiz.

4. LA OTRA ACTIVIDAD DEL PADRE JUAN DE ESCOBAR Y SUS BIENES

Una de las cosas que mas llama la atención del testamento de este sacerdote es la gran fortuna en metálico de que disponía y de la cantidad de deudores que tenía. Hemos pensado que este capital debió obtenerlo de actividades relacionadas con el tráfico de mercancías con la Península a través de los puertos de Chala-Supa, lugar del que era misionero y que era el puerto más cercano de Cuzco.

Los productos que más se citan en el testamento son el trigo, el vino y la ganadería ovina. Por los textos deducimos que el compraba los productos que traían los mercaderes hasta el puerto de Chala-Supa y luego los distribuía o vendía en Cuzco. En una cita dice que el mercader Juan de la Cerda estaba a “sus ordenes” y que le vendió treinta y una carga de trigo… En otro apartado habla de unos corderos que estaban en el puerto de Chala-Supa, que se los habían comprado y tenían que llevarlos a Potosi. De uno de los deudores, Pedro Fernández de Vivero, dice que le debía “ciento doce botijas de vino” y que el Padre Baltasar Fonseca le quedó debiendo “cuatro botijas de vino” En otros puntos sigue citando que tiene en su casa de Cuzco diez botijos de vino y junto a la iglesia de Chala-Supa otras veinte y “mando que los vendan”.

Aparte de las 1300 ovejas que dejó a los indios, tenían otras “doscientas ovejas en los pastos de Chala-Supa, machos y hembras” Todas estas cabezas de ganado se las legó a sus servidores y sacristán y a la iglesia de Chala-Supa, además de algunas vacas y cerdos.

Por estas citas podemos pensar que el trigo, el vino y las ovejas eran los productos que distribuían en Cuzco y en Chala-Supa.

También llama la atención la cantidad de deudores que declara en su testamento para que les cobren las deudas; pertenecientes a todas las clases sociales, comenzando por el Arcediano de la Sta. Iglesia Catedral que le debía “quinientos y ochenta pesos” Hemos contado unos 17 deudores y manda que se cobre todos menos a uno que es pobre.

El capital en metálico que declara en distintos apartados de su testamento es muy elevado, lo que va a permitirle fundar dos Obras Pías en Jaraiz, donde perdurará su memoria hasta finales del s. XIX. Antes de morir había enviado a su pueblo cuatro mil ducados para invertir en fincas, dice así: “Declaro que tengo en mi pueblo de Jaraiz cuatro mil ducados de Castilla en poder de Martín Garrido y le di orden para que compre unas huertas… y sin esto, tengo el patrimonio que heredé de mis padres…”

Para las Fundaciones dejo “diez mil pesos” para la Memoria de Dotes y “mil ducados” para la Capellanía, aparte de otros mil pesos que dejó a sus parientes de Jaraiz.

Además contaba con gran cantidad de objetos de plata tanto en su casa de Cala-Supa como en Cuzco. Hemos contabilizado alrededor de cuarenta, entre ellos están: “veintiséis platillos de plata medianos, una fuente de ocho marcos labrada a mano, dos candelabros, dos jarras de pico”… etc, etc. También habla de un poco de oro que “esta en un barril.”

Se puede apreciar, por todo esto que disponía de un gran capital.

5. LAS FUNDACIONES: LA CAPELLANÍA Y LA MEMORIA DE DOTES

La Capellanía: Este gran capital le permitió fundar en su pueblo natal estas dos instituciones piadosas. Este tipo de fundaciones eran muy frecuentes en esta época, pues en Jaraiz hemos contabilizado unas cincuenta capellanías en los Archivos Parroquiales y también varias Memorias.

Para la fundación de la Capellanía el Padre Juan de Escobar dejó “Mil ducados de a once reales cada uno”, es decir once mil reales, que era un gran capital.

Estas Capellanías tenían como fin el que se dijeran por el alma de su fundador y sus familiares misas perpetuas con la renta que produjera el capital; así lo afirma el texto: “para que se digan perpetuamente por mi ánima de mis padres, hermanos y parientes las misas rezadas que cupieren en la renta de ellos…” Sigue diciendo que nadie, ni el obispo ni el papa pueden quitar dicha capellanía.

A continuación nombra Capellán a un sobrino llamado Juan Gallego “hijo de Juan Gallego y Catalina, mi hermana…” y patronos de la Capellanía a sus hermanas:

“Isabel Díaz y María Díaz… vecina de dicho pueblo de Xaraiz y a sus hijos y herederos…”

Los mil ducados serán invertidos en fincas y censos, cuyas rentas se emplearan en la misas. Hemos consultado libros de Cuentas de algunas Capellanías y en ellas se contabilizaban los réditos obtenidos de los Censos y las rentas de las heredades. La del P. Juan de Escobar no la hemos localizado en el Archivo Parroquial pero funcionaban todas iguales. Todo el dinero obtenido de las rentas se aplicaba para misas.

La Memoria de Dotes.

Las Memorias de Dotes eran otras instituciones religiosas que tenían como objetivos el proporcionar una dote a los jóvenes que contraían matrimonio. El Padre Juan de Escobar fundó una Memoria de Dotes para “casar a sus parientas y mozas pobres del pueblo” según consta en el Censo familiar de nuestro archivo particular.

El Censo era sobre unos parrales y otras heredades del vecino Juan García Herrero. Los Censos eran unos créditos hipotecarios sobre los bienes de vecinos, que podían renovarse años tras año y siglo tras siglo. Este es el Caso del Censo referido, que se hizo en 1688 y no fue redimido hasta 1881.

Para la fundación de esta Memoria, el Padre Juan de Escobar invirtió diez mil pesos, como lo confirma en su testamento: “Mando que de mis Bienes de saquen diez mil pesos de a ocho reales y se echen en la renta en mi pueblo de Xaraiz… y con la renta de ellos se casen mis sobrinas… que por lo menos se les de quinientos pesos de dicha renta…” Después dice que igual dote se les de si alguna quisiera ser monja. Añade también que se de la dote a los descendientes de sus parientas y “a falta de descendientes se gaste la mitad de dicha renta… en casar huérfanos pobres de dicho mi pueblo y la otra mitad sea para la redención de cautivos”.

Nombró como Patronos de la Memoria a sus cuñados y hermanas y a los que ellos nombraren en su testamento.

El testamento se cumplió y se llevó a cabo la fundación de esta Memoria como lo acreditan varios documentos depositados en el Archivo Parroquial.

Entre los que destacamos el titulado “Ejecutoria de La Memoria de Dote del P. Juan de Escobar” donde consta la legalización de la Fundación necesaria para comenzar su funcionamiento. Los diez mil pesos se invirtieron en fincas y Censos, de los que se obtendrán los réditos y las rentas necesarios para su funcionamiento. Pensamos que debido a que el capital invertido y las rentas producidas eran muy elevadas, esta institución tuvo casi tres siglos de vigencia, hasta que la Desamortización terminó con este tipo de instituciones.

6. INDÍGENAS EN JARAIZ

Según distintos investigadores, era frecuente que tanto algunos conquistadores como evangelizadores trajeran indios americanos a sus respectivas poblaciones. Este fue el caso del P. Juan de Escobar, el cual mandó en su testamento que fueran enviadas a Jaraiz dos niñas para que vivieran con sus familiares. A estas niñas las dotaba de unos recursos importantes para su mantenimiento y para cuando tomaran estado.

Lo manifiesta en el testamento de la siguiente forma:

“Ítem declaro que tengo obligación a dos niñas llamadas María, de edad de siete años hija de María Paipa, la otra de edad de cinco años hija de María tobo, natural de dicho pueblo de Chala-Supa, a las cuales mando para su alimentación y tomen estado. A la dicha María ochocientos ducados de Castilla de a once reales cada uno y a la otra dicha setecientos ducados de la misma moneda y costeada a mi costa en España y a ellas le hagan la costa hasta mi pueblo; les mando esta manda con que vayan a España con el dicho Xeronimo de Escobar, mi cuñado y es mi voluntad que si las susas dichas o cualquiera de ellas muriere antes de tomar estado vuelvan los dichos mil y quinientos ducados a mis herederos y sean administrados por el tutor de ellas Martín Garrido, mi cuñado y a falta de él la persona idónea de dicho pueblo de Jaraiz”.

Su testamentario afirma que cumplió su voluntad enviando a las niñas con su cuñado Xeronimo de Escobar.

El testamentario era: “Sebastián Díaz, mercader”.

7. CONCLUSIÓN

Este testamento es un documento de gran interés que demuestra una vez más la gran aportación de Extremadura al descubrimiento, conquista y evangelización del Nuevo Mundo, donde, en este último aspecto, el clero secular desempeñó un gran papel, como fue el caso del P. Juan de Escobar, junto a otros muchos sacerdotes misioneros extremeños.

Demuestra, a su vez, que la mayor parte de las poblaciones de donde procedían estos capitanes y misioneros seculares se vieron beneficiadas por los capitales que estos hombres trajeron de América, con los que fundaron gran cantidad de Obras Pías y obras de Arte que perpetuarían su memoria.