Nov 072018
 

Teodoro Martín Martín.

(R. S. G.)

Resumen.

El objetivo de esta comunicación es llevar a cabo una reflexión personal sobre lo realizado por mí en lo que a investigaciones sobre la región extremeña se refiere. Tras una breve introducción los contenidos se estructuran en tres capítulo, más una coda provisional. Comienza con mi primer artículo, que se remonta a 1972, para concluir con los llevados a cabo en el pasado más reciente. Creo que reflexiones de este tipo, muy alejadas del autobombo sirven para, tras echar la vista atrás, evaluar lo que se ha realizado. También poner en conocimiento de otros investigadores temas y épocas ya estudiadas para complementarlas y si es necesario superarlas.

Introducción

Era costumbre entre los antiguos que cuando se llegaba a una cierta edad en su evolución vital, volviendo la vista atrás, hicieran un balance de lo que habían realizado en todos los ámbitos de su existencia. Mi propuesta aquí no tendrá ese alcance, solo intentará mostrar, con toda modestia, una faceta que me ha entretenido a lo largo de mi vida: Mi obra histórica relacionada con Extremadura.

Lejos de mi la intención de mostrar algún tipo de vanidad u orgullo por ello, todo lo contrario. Mi propósito con esta reflexión es hacer una evaluación de lo realizado para proseguir y mejorar mi trabajo. Pero a la vez proporcionar a los extremeños que les interese y a otros estudiosos de la región, qué es lo que he hecho sobre la Historia en nuestra comunidad. En esta relación solo aludiré a trabajos científicos y no a colaboraciones ocasionales en periódicos o revistas divulgativas.

El concepto confesión de autor lo tomo en homenaje a la tertulia que, dirigida por el llorado escritor Manuel Andújar, teníamos hace ya años en el cafetín Croché de San Lorenzo de El Escorial. En ella aprendí lo bueno y brillante que tenían nuestras letras en los años ochenta y noventa del pasado siglo, con ocasión del paso por dicha tribuna de lo mejor de la literatura y el pensamiento español.

Si es cierto el aserto de que es de bien nacidos ser agradecidos debo dejar constancia de la obra benefactora que llevaron a cabo seres normales como Manolo Míguez y Kiky González. Además de los múltiples conferenciantes que pasaron por allí, sin duda lo más granado de nuestro mundo cultural. Su mención sería pretenciosa e injusta dada la brevedad de esta introducción.

Primeros intentos

Mi primera aportación a la historia de Extremadura se remonta a 1972. En ese año ya aludí a los efectos que el fenómeno de la desamortización tuvo en la comarca de la Vera[1]. Fue una extensión del estudio de esta temática que inicié con mi tesis de licenciatura en el Viejo Estudio salmantino. Al citado trabajo le siguieron otros dos titulados; La Desamortización en Extremadura en el Trienio Liberal (1820-1823)[2] y la Desamortización en Extremadura (1836-1895).[3] La pretensión de los mismos era adquirir, a la altura de los años setenta del pasado siglo, una visión general a través de estadísticas globales. No era su cometido abordar con fuentes primarias una profundización en la cuestión, cosa que afortunadamente han hecho ya otros investigadores vinculados a nuestra Universidad. Pienso en los trabajos de los profesores García Pérez, Naranjo Sanguino y Roso Díaz.

Consciente de que había que ahondar en espacios y tiempos concretos llevé a cabo estudios específicos que se plantearon las causas y las consecuencias de la exclaustración. En este caso limitados a la comarca de la Vera. En esta línea se contemplan los artículos siguientes: Conflicto y desamortización en la Vera[4] y Desamortización y élites locales en la Vera de Plasencia[5]. También abordaron esta temática los que dediqué en concreto a nuestro más querido cenobio y que fueron: La exclaustración en el Monasterio de Yuste[6], la Desamortización en Yuste[7], Ruina y abandono en Yuste[8], el Expolio de Yuste[9] y también Crisis y resurrección en Yuste[10].

De igual modo hice una aproximación a la situación de los conventos de la Vera, estudiando su dominio territorial en vísperas del proceso desamortizador, que se plasmó en un artículo con dicha denominación[11]. Todos estos trabajos me sirvieron para ahondar más en esta problemática pero ya fuera de nuestra región: Salamanca, Madrid; o con otro enfoque, como fueron la desaparición de las capillas musicales o las bibliotecas y pinacotecas conventuales.

De estos primeros años es también el análisis de la reforma provincial y eclesiástica que tiene lugar en Extremadura en el Trienio Liberal que se plasmó en otro trabajo[12]. A este periodo histórico le dedique más tarde otras dos colaboraciones. La primera sobre la reforma de los conventos[13] y la segunda sobre la actividad política de un personaje destacado de la Extremadura de comienzos de siglo XIX, Francisco Fernández Golfín[14]. Así mismo en estos mis primeros años de investigación deben situarse los comentarios que hice sobre el catálogo inventario de los documentos del Monasterio de Guadalupe, obra de Luís de la Cuadra Escrivá de Romaní en 1976[15]. La percepción de la gran mole de Gredos desde nuestra región también fue analizada por mí en La imagen de Gredos[16].

Otra temática que me preocupó y que ha dado pié a múltiples artículos míos es el monasterio al que decidió retirarse en 1555 el Emperador Carlos V. En 1999 inicié una aproximación a su historia para mí tan querida. No me olvido que nací en Aldeanueva de la Vera a cinco mil metros del cenobio. Fruto de ella fue un artículo sobre las fuentes documentales para su estudio[17]. A este le siguieron, a parte los ya citados en el apartado de la desamortización, los que se mencionan a continuación y cuyo título expresa fielmente su contenido.

El Dominio territorial del Monasterio de Yuste[18], el Alcaide de Yuste[19], Yuste en la poesía de Álvaro Valverde[20], Carlos V en las Doloras de Campoamor[21], Carlos V según Carlos Mª Esquivel[22], Luís de Santa María monje de Yuste[23], Yuste en 1656[24], El Monasterio de Yuste fundación y bienhechores[25], la Vida en Yuste según las actas capitulares de la orden jerónima[26] y Noticia de Yuste[27].

Cuadro 1. Monasterio de Yuste

Este último vino a poner de manifiesto la existencia de un manuscrito hallado por mí en la Real Biblioteca de Palacio en Madrid. En él el autor francés Félix Desvignes, se aproxima a la abdicación, retiro y muerte de Carlos V en Yuste. Se escribió en 1861 en francés y está dedicado a la Reina Isabel II. Se halla inédito y pretendemos hacer una edición bilingüe del mismo, dado su interés y novedad en algunos de sus planteamientos. Para Desvignes Carlos V imita a Diocleciano en su actitud de renuncia a la vida pública. Es posible que los planteamientos de autores como W. Sterling Maxwell, A. Mignet, A. Pichot o C. A. Saint Beuve deban ser reinterpretados a la luz de este novedoso trabajo.

Consolidación de un tema

A partir del año 2000 se produce en mí un evidente interés por las cuestiones históricas que atañen a Extremadura. Ello fue compatible con seguir trabajando en otros temas como jardines, la acción exterior de España o conventos y monasterios a nivel nacional. También la herencia hispana en ciudades como Lovaina, o temas relacionados con Salamanca, ciudad donde cursé mis estudios universitarios o Madrid ciudad en la que resido.

De esta inquietud surgió lógicamente aproximarme a la problemática histórica de mi lugar de nacimiento. Así apareció el artículo sobre El Convento de Santa Catalina de Siena a finales del Antiguo Régimen[28]. Al que le siguió otro sobre Las fuentes para su estudio[29]. Y sobre todo el libro El Convento de Santa Catalina de la Vera (1445-1845)[30]. Más tarde aparecería La huella dominicana en Aldeanueva[31], con lo que cerraba el ciclo sobre este cenobio aldeanovense.

No así el interés por la orden de predicadores en nuestra región, siguiendo el proyecto del padre Barrado, extremeño, de llevar a cabo un amplio estudio sobre la huella de los hijos de Santo Domingo en Extremadura. Fruto de este proyecto aún vivo han sido otras tantas colaboraciones como son: El Convento dominico de la Fuente Santa de Galisteo (Cáceres): Fuentes para su estudio[32], más El Convento de Santa Ana en Belvis de Monroy[33]. Aún no publicado pero sí concluido puede citarse el titulado Las dominicas de la Encarnación en Puebla de Sancho Pérez.

Un personaje que me ha preocupado y ocupado de manera persistente ha sido don Pedro de Godoy, último representante de la Escuela de Salamanca, catedrático de Teología en su Universidad y obispo de Osma y Sigüenza, ciudad donde está enterrado. Este personaje, natural de Aldeanueva, ha sido, por razones obvias, un acicate para mí en la investigación del tema de las biografías. El resultado de este esfuerzo son los siguientes trabajos citados en orden cronológico de aparición. El libro Dos escritores de la Vera en el siglo XVII Pedro de Godoy y Martín de la Vera[34]. Pedro de Godoy confesor de Felipe IV[35]. La imagen de Pedro de Godoy en Sigüenza[36]. Licentia docenti por Salamanca[37]. El testamento de Pedro de Godoy[38] y la voz Pedro de Godoy[39]en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia.

Cuadro 2. Obispo Godoy

Otra biografía que me interesó fue la del 15º prior del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, fray Martín de la Vera. Este personaje, autor de una singular obra escrita, había nacido en Garganta la Olla. Murió desterrado por el poder político del momento, el valido Conde Duque de Olivares, en el convento de Ávila en 1637. Su recia personalidad, fue además discípulo de Arias Montano y del padre Sigüenza, me fascinó y de esta atracción surgieron los artículos: Dos imágenes y una figura fray Martín de la Vera[40] y Biografía de fray Martín de la Vera [41]. La investigación inserta en el libro: Dos escritores de la Vera en el siglo XVII completó lo hecho por mí a cerca de esta figura privilegiada de la orden jerónima.

Sobre personajes extremeños relevantes debo citar los siguientes trabajos: Recuerdos de Carmelo Solís desde la Vera[42] y Vargas Carvajal un obispo del Renacimiento[43]. Sobre el militar Francisco Fernández Golfín, héroe de la libertad en España, aparte del ya citado al hablar del Trienio Liberal, cabe mencionar el estudio Francisco Fernández Golfín en la Real Academia de la Historia[44], donde abordo su discurso de ingreso en aquella Docta Institución a fines del siglo XVIII. Del también político liberal José María Calatrava Pintado, natural de Mérida y autor del primer código penal español, realicé estos dos trabajos: El pensamiento político de José Mª Calatrava[45] y José Mª Calatrava liberal desventurado[46]. Fue también presidente del Gobierno de España y presidente de su Tribunal Supremo, una figura paradigmática del primer liberalismo hispano.

Cuadro 3. Benito Árias Montano

Son también mencionables dentro de este género de las biografías abiertas el estudio sobre Arias Montano y la Universidad de Lovaina[47], en el siglo XVI o el referido a Luisa de Carvajal y Lovaina[48]. Por último sería digno de reseñar la aproximación biográfica que hice hacia la figura de mi paisana Juana Valleros Mateos, maestra y doctora ejemplar en la ciudad del Tormes[49].

Como era previsible el acercamiento a mi pueblo de nacencia había de ocupar parte de mis esfuerzos investigadores. Comencé con un breve artículo titulado Aproximación a la Historia de Aldeanueva[50], al que le siguieron La fuente del boticario[51] y Las coladas ganaderas de Aldeanueva[52]. El libro titulado Aldeanueva de la Vera un pueblo con Historia[53], supuso la primera visión sintética en la evolución del municipio y sus gentes desde los orígenes prehistóricos hasta nuestros días. Proseguí después con otras cuestiones interesantes en trabajos como: Alfonso XIII en Aldeanueva[54], Aproximación a la Educación en Aldeanueva[55], Crimen y violencia social en la Vera[56], Aldeanueva industrial[57], Dos alcaldes de Plasencia oriundos de Aldeanueva[58] y Aldeanueva de la Vera a fines del Antiguo Régimen[59]. Creo que todos ellos proporcionan una visión bastante cercana a lo que ha sido la evolución histórica de los pencones, gentilicio con el que se conoce a los habitantes de mi pueblo.

Consciente de la personalidad y el protagonismo que tienen los pueblos de nuestra región en su devenir histórico he llevado a cabo aproximaciones a algunos de ellos para conocer su singularidad. Sean un ejemplo los trabajos titulados: Trujillo en el siglo XVII[60], El Guijo de Santa Bárbara una retrospectiva histórica[61] y la Fuente del Maestre a fines del Antiguo Régimen[62].

A lo largo de mi vida ha habido otros temas abordados por mí y que también tenían como preocupación o como fondo poblaciones extremeñas. Sean ejemplos de ello mis impresiones sobre la ciudad del Jerte en mi etapa de alumno en el colegio de San Calixto y que expresé en mi artículo Vivencias en el tiempo[63]. Me aproximé a la importancia y regulación de las rentas decimales en la diócesis placentina en el siglo XVII a través de un artículo titulado El diezmo en la diócesis de Plasencia[64]. Muy tangencialmente me ocupé de la importancia de las instituciones de caridad en: Fuentes para el estudio de las cofradías en el Antiguo régimen con ejemplos en La Vera y Madrid[65]. El cometido y transcendencia que tuvo el colegio de la orden alcantarina en la universidad salmantina lo analicé en el trabajo: El colegio de la Orden de Alcántara en Salamanca[66].

Cuadro 4. Escudo de la Orden de Alcántara

Hacia un jardín deleitoso

Desde mis años de estudiante en Salamanca y después, desarrollando mi vida profesional en Barcelona y Madrid, siempre he concebido a nuestra región como un jardín delicioso. Un lugar a donde volver para disfrutar, recrearme y reflexionar sobre lo que se tercie, a veces meras banalidades. Es un poco la visión que hoy día se tiene de Extremadura como espacio ecológico. La falta de industrialización y sus peculiaridades geográficas han hecho de ella un lugar sin excesos medioambientales provocados por un perverso desarrollismo.

Estas dos concepciones sobre la región extremeña, la personal mía y la social o colectiva, han generado en mí un especial interés por el tema de la Naturaleza. Contemplada esta en sus dos vertientes: la salvaje y espontánea; pero también la naturaleza ordenada por el hombre, no otra cosa es lo que hoy llamamos jardines. Estos son espacios donde la mente y el espíritu humano son capaces de relajarse, pensar, sentir y a la vez gozar de lo más inmediato que nos ofrece el planeta Tierra en el que habitamos.

Por todo lo dicho se puede desprender que los jardines hayan sido uno de mis temas favoritos. Ya lo mostré en mi trabajo sobre el jardín musical de la Casita del Infante don Gabriel en San Lorenzo de El Escorial (2011). O en el que dediqué al estudio de la idea de jardín en La Constancia de Justo Lísio (2014). También lo he intentado plasmar en el territorio extremeño. Sean una prueba de ello los siguientes estudios:

En primer lugar el libro sobre un jardinero catalán del siglo XVI, perteneciente a la orden jerónima. Fue un personaje peculiar que sirvió a los dos grandes monarcas hispanos de aquella centuria. Me estoy refiriendo a fray Marcos de Cardona, jardinero de Carlos V en Yuste y de Felipe II en El Escorial [67]. En este lugar se halla enterrado, poniendo de manifiesto las antiguas y profundas conexiones de Cataluña con el resto de España, tan en cuestión en estos últimos años. El hallazgo de este personaje y su obra fue reconocido por la histórica villa de Cardona, que en el año 2009 me invitó a pronunciar una conferencia sobre su antepasado el día de San Jordi y puso el nombre de Marc de Cardona a su Biblioteca Municipal.

A este libro le siguieron otras investigaciones con la misma temática como son: Los jardines de Aldeanueva[68], donde analizo y describo dos curiosos espacios ajardinados de origen privado, existentes en mi pueblo. La imagen que de otro jardín histórico extremeño, hoy lamentablemente desfigurado, tuvieron diez visitantes que desde el siglo XVI lo contemplaron, la expreso en Visiones de la Abadía[69]. Dos jardines señoriales que pertenecieron a los Manrique de Lara en Pasarón y a los condes de Oropesa en Jarandilla los estudio en Jardines señoriales en la Vera de Plasencia[70]. Por último hice una aproximación a algunos jardines de Cáceres y Badajoz en la centuria pasada en el artículo que lleva por título Sobre jardinería extremeña en la primera mitad del siglo XX[71].

Estos temas sobre la naturaleza organizada son sin duda un campo abierto y sugerente por donde pueden deambular nuevas investigaciones. Animo a los jóvenes historiadores e investigadores en general, a proseguir en el análisis y profundización en esta tierra, que aún tiene mucho que decir y demandar para lograr ser conocida, después de lo cual podrá ser oída y reconocida. En esto último queda mucho por andar. Yo seguiré caminando por una senda que hasta ahora me ha dado muchas satisfacciones.

A modo de coda provisional

De lo expuesto en las páginas precedentes no ha de concluirse que cierro mi ciclo de investigaciones sobre la región extremeña. Todo lo contrario. Mientras goce de salud y buen ánimo proseguiré en mi empeño por conocer más y mejor el lugar donde nací. Además hago mía la frase de Marie Curíe de que no hay que pensar nunca en lo que se ha hecho, sino en lo que queda por hacer. Si además este trabajo te produce satisfacciones y puede ser compartido por colegas y estudiosos del saber más que mejor.

El lector que haya seguido con atención lo hasta aquí expuesto habrá observado mi interés por determinados temas como son: El diezmo, el Trienio Liberal, la desamortización y la exclaustración de regulares, La Vera y el Monasterio de Yuste o la orden de predicadores. Además de los que directamente afectan a mi pueblo natal: Historia de Aldeanueva, el Convento de Santa Catalina de Siena y el Maestro Pedro de Godoy. También me han preocupado notables biografías como las de: Arias Montano, Martín de la Vera, Fernández Golfín y José María Calatrava. Los jardines y su problemática han sido también uno de mis gozos en esta labor de estudio, que pienso proseguir y que hasta ahora lo que he hecho es un provisional balance.

Es mi deseo personal con esta comunicación a los XLVII Coloquios Históricos de Extremadura, que se celebran todos los años en la encantadora ciudad de Trujillo, unirme a las conmemoraciones del VIII Centenario del VIEJO ESTUDIO SALMANTINO. Para los que somos doctores por Salamanca y antiguos alumnos de su Universidad es siempre un honor y a las vez un privilegio poner de relieve estas vinculaciones y más si se hacen desde nuestra tierra tan deudora de esta ALMA MATER hispana.

[1] Revista de Estudios Extremeños Volumen XXVIII nº 2. Badajoz 1972.

[2] Revista de Estudios Extremeños Volumen XXXI nº 1. Badajoz 1975.

[3] Revista de Estudios Extremeños Volumen XXXIV nº 3. Badajoz 1978.

[4] Boletín de la Real Sociedad Geográfica Volumen CXXVI-CXXVII Madrid 1991-92.

[5]Actas de los XXX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2001.

[6] Actas de los XXX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2001.

[7] Actas de los XXXIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2004.

[8] VIII Congreso de Estudios Extremeños. Badajoz 2007.

[9] Simposio sobre La Desamortización. San Lorenzo de El Escorial 2007.

[10] La Comarca de la Vera nº 20. Jaraíz de la Vera 2008.

[11] Alcántara nº 192. Cáceres julio-septiembre 1978.

[12] Revista de Estudios Extremeños Volumen XXIX nº 3. Badajoz 1973.

[13] Actas de los XL Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2011.

[14] Actas de las IV Jornadas históricas de Tierra de Barros. Almendralejo 2013.

[15] Alcántara nº 177. Cáceres octubre-diciembre 1974.

[16] Boletín de la Real Sociedad Geográfica. Volumen CXXXIII. Madrid 1997.

[17] Simposio sobre la orden jerónima y sus monasterios. Volumen II. San Lorenzo de El Escorial 1999.

[18] Boletín de la Real Sociedad Geográfica Volumen CXXXIX-CXL. Madrid 2003-04.

[19] La Comarca de La Vera nº 5. Jaraíz de la Vera 2004.

[20] Revista La Vera nº 83. Jarandilla de la Vera mayo 2005.

[21] La Comarca de la Vera nº 10. Jaraíz de la Vera 2005.

[22] Actas de los XXXIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2005.

[23] Actas de los XXXVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2007.

[24] La Comarca de la Vera nº 18. Jaraíz de la Vera 2007.

[25] Actas de los XXXVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2007.

[26] Actas de los XXXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2010.

[27] Revista Cultural Pencona nº 13. Aldeanueva de la Vera 2017.

[28] Actas de los XXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2000.

[29] Archivo Dominicano Volumen XXII. Salamanca 2001.

[30] Editorial San Esteban. Salamanca 2002.

[31] La Comarca de la Vera nº 25. Jaraíz de la Vera 2009.

[32] Archivo Dominicano Volumen XXXVII. Salamanca 2015.

[33] Actas de los XLVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2017.

[34] Editorial Asociación Obispo Manzano. Jaraíz de la Vera 2003.

[35] Revista La Vera nº 72. Jarandilla junio 2004.

[36] Actas de los XXXIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2004.

[37] Papeles del Novelty nº 13. Salamanca 2006.

[38] Revista Cultural Pencona nº 3. Aldeanueva de la Vera 2007.

[39] Voz en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia Volumen VIII. Madrid 2010.

[40] Simposio sobre El Escorial y la pintura. San Lorenzo de El Escorial 2001.

[41] Actas de los XXX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2001.

[42] Actas de los XXXI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2002.

[43] Actas de los XXXV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2006.

[44] Actas de las V Jornadas históricas de Tierra de Barros. Almendralejo 2014.

[45] Monografías ASPUR nº 5 .Madrid 2008.

[46] La Aventura de la Historia nº extraordinario. 25 españoles para la libertad. Madrid noviembre de 2014.

[47] Boletín de la Real Academia de Extremadura Volumen XXIII. Trujillo 2015.

[48] Actas de los XLIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2014.

[49] La Comarca de la Vera nº 14. Jaraíz de la Vera 2006.

[50] Revista Cultural Pencona nº 1. Aldeanueva de la Vera 2005.

[51] Revista Cultural Pencona nº 2. Aldeanueva de la Vera 2006.

[52] Revista Cultural Pencona nº 4. Aldeanueva de la Vera 2008.

[53] Editado por El Ayuntamiento de Aldeanueva de la Vera 2009.

[54] Revista Cultural Pencona nº 7. Aldeanueva de la Vera 2011.

[55] Revista Cultural Pencona nº 8. Aldeanueva de la Vera 2012.

[56] Actas de los XLII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2013.

[57] Revista Cultural Pencona nº 10. Aldeanueva de la Vera 2014.

[58] Revista Cultural Pencona nº 12. Aldeanueva de la Vera 2016.

[59] Actas de los XLV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2016.

[60] Actas de los XXXVIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2009.

[61] Actas de los XLI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2012.

[62] Actas de las VIII Jornadas históricas de Tierra de Barros. Almendralejo 2016.

[63] Revista La Vera nº 57 y 60. Jarandilla marzo y junio de 2003.

[64] Revista de Estudios Extremeños Volumen LX nº 2. Badajoz 2004.

[65] Simposio sobre la Iglesia y las instituciones de caridad. San Lorenzo de El Escorial 2006.

[66]Primer Congreso Nacional de las Ordenes Militares en Extremadura. Ed. Extremadura Histórica. Garrovillas 2015.

[67] Editorial Cocheras del Rey. San Lorenzo de El Escorial 2008.

[68] Revista Cultural Pencona nº 9. Aldeanueva de la Vera 2013.

[69] Actas de las VI Jornadas históricas de Tierra de Barros. Almendralejo 2014.

[70] Actas de los XLIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2015.

[71] Actas de las VII Jornadas históricas de Tierra de Barros. Almendralejo 2015.

Dic 072017
 

Teodoro Martín Martín (UNED).

 

Introducción

 

Situado a la entrada de esta población del Campo Arañuelo por la carretera de Casas de Belvis, perteneció a la orden de Santo Domingo en su rama femenina. Fue fundado en la segunda mitad del siglo XVI y permaneció abierto hasta la exclaustración del siglo XIX.

Para su estudio nos hemos servido de las siguientes bases documentales:

  1. Fuentes:

.Archivo General de la Orden de Predicadores en Roma. Serie IX carpeta 60.

.Archivo Diocesano de Plasencia. Sección Pleitos civiles caja 418; sección Capellanías caja 833; sección Conventos exclaustrados: Relación de fincas del año 1847.

.A.H. N. Madrid. Clero regular, legajo 1404 expediente 2 (años 1495-siglo XVIII). Contiene información preferentemente económica.

.Lamentablemente hay bastante documentación de Santa Ana de Belvís dispersa por el territorio nacional. Sea una prueba de ello que en mayo de 2017 salió a la venta en una librería de antiguo en Madrid: “una escritura de convenio y concordia otorgada por Santa Ana de la villa de Belvís con fecha 30 de julio de 1660, 3 folios con un sello de 78 maravedís”. Al interesarme por el documento me dijeron que había sido adquirido por la Junta de Extremadura.

.Actas de los capítulos de la provincia de España (1595-1998).

.Biblioteca Nacional: Libro antiguo registro de la provincia de España. Orden de Predicadores 1758-1777, mss.7424.

.Bullarium Ordinis Fratum Predicatorum. Roma. 1729-1740. 8 volúmenes.

.Catastro de Ensenada. Respuestas Generales, pregunta 39 de Belvis de Monroy. Leg. 152 en A. G. Simancas.

.Catastro de Ensenada. Libro de propiedades de religiosos en Aldeanueva de la Vera, sito en el Archivo Parroquial de esta localidad de la provincia de Cáceres.

.Censos de población de España; de 1589 (obispos) y 1591 (millones).

.Contribución de los conventos de la provincia de España, Orden de Predicadores, a la aportación de 7 millones de reales en 1796. En Martín Martín Teodoro: El convento de Santa Catalina de la Vera. Ed. San Esteban, Salamanca 2002, apéndices.

.Hernández Martín Ramón: Libro registro de la provincia de España, orden de predicadores. En Archivo Dominicano (II). Salamanca 1981.

.Hernández Martín Ramón: Actas de los capítulos de 1581, 1585, 1587, 1591, 1593 y 1595. En Archivo Dominicano nº 35 y 36. Salamanca 2014 y 2015.

.Hernando del Castillo: Historia de Santo Domingo y su Orden de Predicadores. Valladolid 1612; 1ª y 2ª parte.

.Hoyos Manuel Mª de: Registro historial de la provincia de España. Orden de Predicadores. 3 vol. Madrid 1966-68.

.Hoyos Manuel Mª de: Registro documental de la provincia de España. Orden de Predicadores. 3 vol. Madrid 1961.

.López Juan: Historia de Santo Domingo y de su Orden de Predicadores. Valladolid 1621; 3ª 4ª y 5ª parte.

.Salvador y Conde José: Historia de la provincia dominicana de España. Ed. San Esteban. Salamanca 1991, 3 vol.

.Salvador y Conde José: Índice alfabético de los conventos dominicos que aparecen en las actas capitulares de la provincia de España de la orden de predicadores (1250-2000). Madrid 1998.

  1. Bibliografía

-Sobre Extremadura

.Alonso Fernández Fray: Historia y anales de la ciudad y obispado de Plasencia. Ed. de 1627 Facsimil Plasencia 2006.

.Barrantes Vicente: Aparato bibliográfico para la Historia de Extremadura. Madrid 1875 3 volúmenes.

.Extremadura por don Tomás López. Año 1798. Edición de Gonzalo Barrientos. Mérida 1991.

.García Pérez José: La desamortización eclesiástica y civil en la provincia de Cáceres. El Brocense .Cáceres 1994.

.González García Francisco: Los obispos de Plasencia. Ayuntamiento de Plasencia. 2008.

.Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. Partido de Plasencia. Edición de Gonzalo Barrientos. Mérida 1994.

.López Sánchez-Mora Manuel: Plasencia siglos XVI y XVII. Plasencia s. a.

.Martín Martín Teodoro: La reforma de conventos en Extremadura en el Trienio Liberal. XL Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2011.

.Pérez-Coca Sánchez-Matas Carmen: Derecho, ideas y costumbres en Plasencia y su diócesis en los siglos XV y XVI. Universidad de Extremadura. Cáceres 1994, 2 volúmenes.

.Rodríguez Grajera Alfonso: La Alta Extremadura en el siglo XVII. Universidad de Extremadura. Cáceres 1990.

.Sánchez Loro Domingo: Historias placentinas inéditas. Cáceres 1982, 3 volúmenes.

.Timón García Francisco Javier: Belvis de Monroy: Señorío y villa. Ayuntamiento de Belvis de Monroy 1992.

.Timón García Francisco Javier: Don Manuel Talaván Mateos (1757-1813). El cronista accidental. XLIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2015.

.Velo y Nieto Gervasio: Castillos de Extremadura: Cáceres. Madrid 1968.

-General

.Adámez Antonio: El convento de San Benito de Orellana la Vieja. Historia de su fundación. Madrid 2008.

. Atienza López Ángela: Tiempos de conventos. Marcial Pons Madrid 2008.

.Barrado Barquilla José: Las dominicas de San Sebastián el Antiguo. Ed. San Esteban. Salamanca 2001.

.Casillas García José Antonio: El monasterio de San Blas de la villa de Lerma. Ed. San Esteban. Salamanca 2008.

.Duby Georges y Perrot Michelle: Historia de las mujeres en Occidente. Ed. Círculo de Lectores. Barcelona 1992, 5 volúmenes.

.Madoz Pascual: Diccionario Geográfico Estadístico de España. Madrid 1847, vol. IV.

.Martín Martín Teodoro: La desamortización textos jurídico políticos. Madrid 1973.

.Martínez Ruíz Enrique: El peso de la Iglesia: 4 siglos de Órdenes Religiosas en España. Actas Editorial. Madrid 2004.

.Miura Andrades José María: Milagros, beatas y fundaciones de conventos. En Religiosidad Popular. Antropos. Barcelona 1989, 3 volúmenes.

.Ponz Antonio: Viajes por Extremadura. Ed. Universitas. Badajoz 1983, Vol. I.

 

Orígenes y Fundación

 

La génesis de este cenobio, por los datos que nos proporcionan las fuentes consultadas, es producto de dos iniciativas: De una parte la existencia de un beaterio previo, de otra una fundación específica hecha por el abad de Cabañas, hijo del séptimo señor de Belvis y primer conde de Deleitosa.

El padre Alonso Fernández nos dice al respecto. “En tiempos del obispo Francisco Tello de Sandoval (1578-1580) se fundó en la villa de Belvis un monasterio de monjas de la orden de Santo Domingo, que se llamó Santa Ana. Fue patrón don Fernando de Monroy, hijo del primer conde de Deleitosa, don Francisco de Monroy y le dotó de su hacienda. Es bien edificado y acabado, con buena iglesia, oficinas, dormitorios, claustro y todo lo que un convento ha menester. Es grande la observancia con que viven las religiosas, y la clausura y encerramiento; y así tienen grande opinión y crédito de su santidad en toda aquella tierra. Ha sido priora doña Francisca Monroy y Zúñiga, hija del fundador, casi cuarenta años y de algunos años a esta parte es vicario de este monasterio el prior del convento de San Vicente de la orden de predicadores de Plasencia”.[1]

  1. J. Timón García, cronista de la villa, señala que el fundador era hijo natural de don Francisco de Monroy y Zúñiga, primer conde de Deleitosa. Fue creado en 1586 por testamento del ya citado don Fernando. Al morir este dejó como único heredero al convento.[2] Este autor lo localiza en los restos conocidos popularmente como La Henera, pues hoy mismo son utilizados como pajar o almacén de heno. Se conserva parte de una gran iglesia, a la que se accedía por un precioso arco de medio punto, formado por grandes dovelas, aún conservado. En la fachada aparecen restos de decoración esgrafiada. Este arco era la entrada principal a la nave de la iglesia, cubierta por un tejado a dos aguas, aunque de ella solo quedan algunos muros de mampostería más la fachada y arco referidos. La nave estaba separada del ábside por un arco de medio punto, hoy tapiado, siendo esta cabecera la parte mejor conservada. En su interior, y en el paño frontal, aparecen interesantes restos de decoración esgrafiada, distinguiéndose un guerrero armado bajo cuyos pies aparece otra figura. Esta parte estaba iluminada por una estrecha ventana lateral. Refuerzan el conjunto dos contrafuertes, uno a cada lado de la cabecera. En uno de ellos aparece el escudo de los Monroy. Las dependencias del convento estarían adosadas a este conjunto aunque ya han desaparecido.[3]

El padre Manuel Mª de los Hoyos también nos proporciona información sobre nuestro convento. Tras señalar que el fundador era hijo del conde de Deleitosa y señor de la villa de Belvis, nos recuerda que de esta dependían 5 aldeas: Mesas de Ibor, Valdecañas, Valdehúncar, Campillo y Casas de Belvis. “Don Fernando fue capellán mayor y testamentario de la princesa doña Juana de Austria, hermana de Felipe II. Posteriormente tras la muerte de ésta fue capellán del propio Rey. Consta la fundación por dos escrituras fechadas en Belvis, una el 7 de octubre de 1572, la otra el 21 de abril de 1586. Recabó autorización don Fernando del padre maestro general, fray Serafino Caballi y de los padres provinciales de España, Esteban Coello y Juan de las Cuevas. Tuvo así mismo el consentimiento del obispo de Plasencia y la licencia del nuncio Sega, como consta en un breve fechado en Madrid el 28 de abril de 1580, octavo año del pontificado de Gregorio XIII”.[4]

Es posible que una copia de la segunda escritura sea la que hemos hallado en la sección clero del A. H. N. de Madrid. Es un documento sin fecha y ante 13 monjas reunidas en capítulo, en el que el escribano Alonso Arias, les lee la dotación y donaciones que les hizo don Fernando de Monroy. Se testifica también ante los padres Diego de Contreras y Pedro Lozano, prior y vicario del convento de Santa Catalina de la Vera.[5] Todos ellos aceptan la fundación en nombre del padre Juan de las Cuevas, provincial de España. Están presentes como testigos dos criados de don Fernando y el citado escribano de la villa de Fresnedoso, sitos en la villa de Belvis. Las condiciones son 7.[6]

.Por costumbre las que profesaren serán limpias de sangre y no de moros o judíos, de buena fama y se haga información previa.

.No sean viejas y si lo son sean de gran calidad y linaje.

.El número de religiosas sea 33 y no más y lleven su dote cada una.

.Se reserva el fundador incorporar 2 monjas sin dote.

.Las monjas sin dotes las elegirá el fundador de donde quiera, pero que sean en este orden: de la Abadía de Cabañas de la Peña[7], Deleitosa, Fresnedoso y Belvis por este orden de pueblos.

.Nombra priora perpetua a Francisca de Monroy.

.El monasterio ha de estar y permanecer para siempre en Belvis y no puede ser trasladado; y si se destruyese fuere recuperado en el mismo lugar.

Fernando de Monroy vivía en Roturas y Berzocana y fue abad de Cabañas hasta su fallecimiento el 17 de abril de 1590. Le sucedió en la abadía entre 1591 y 1593 Juan del Castillo, obispo de Cuba.

Hemos señalado la existencia de un beaterio previo al convento fundado por el abad. Así lo manifiesta Vicente Barrantes cuando habla de la fundación del convento de Santa Ana, que dice fue promovido por la venerable Juana de San Francisco. Esta era de Casatejada y creó el cenobio que andando los días pasó a poder de las religiosas dominicas.[8] Pero es que además hemos hallado un manuscrito, en el legajo 1404 del A. H. N. que consta de tres páginas, en el que hace su ingreso como beata Francisca de Santa María, está fechado en Belvis el 7 de septiembre de 1579.[9]

Por esta carta de obligación la mencionada beata entrega todos sus bienes a favor “de la casa de señoras de Santa Ana y digo que por cuanto las demás beatas mis hermanas hicieron donación a este monasterio de señoras de Santa Ana de la orden de Santo Domingo con ciertas condiciones”. Una de las cuales es que si se muriese dentro de dos años, su marido disponga de ellos a no ser que hubiese muerto. Renuncia a todo tipo de derechos en favor del monasterio y lo firma en Belvis ante dos testigos y ante el escribano Juan de Ayala.

Estas referencias nos hacen pensar que en sus orígenes aquel fue un beaterio en el que profesaban, bajo ciertos votos, determinadas señoras de estos lugares y que lo que hace don Fernando de Monroy es integrarlas bajo una misma comunidad; pero ya como convento sometido a la segunda regla de la orden dominicana, que él dota y promueve. Ahora bien, previamente existía esta casa de señoras, también denominada Santa Ana.

“Los beaterios femeninos, caracterizados todos ellos por una extrema pobreza, tuvieron que enfrentarse al recelo de lo oficial, temerosos de fomentar en estas rebeldes nuevas experiencias religiosas susceptibles de escapar a una regularidad disciplinar”.[10] El mundo de los beaterios es muy complejo. No es cierto que en su totalidad se parecieran a los beguinatos de Bélgica. En su gran parte estos beaterios estaban dependiendo de órdenes religiosas, de concejos, incluso a veces eran independientes.[11]

La ofensiva enclaustradora postridentina fue realmente notable. En muchas casas de beatas se resistieron con mayor o menor empeño al encerramiento. Pero también hubo casos de beaterios que se presentan más espontáneos y naturales, y que no parecen condicionados por intervenciones de terceros, ni intermediaciones algunas. La diversidad marcó los comportamientos.[12] Pero también hay que señalar que con las reformas del Concilio de Trento los conventos se convirtieron en verdaderos institutos de perfección, alejados de injerencias familiares y sociales. Al desaparecer estos vínculos la función del confesor adquirió mayor protagonismo en la vida personal y comunitaria de los conventos. Sobre todo en la confesión y en la dirección espiritual.[13]

El 8 de septiembre de 1579 tomaron posesión del convento las religiosas, dice el padre Hoyos. Estas fueron las siguientes: Madre Francisca de Monroy y Zúñiga[14], religiosa profesa del convento de San Blas de Cifuentes, era de la casa del fundador y fue priora perpetua por condición impuesta por este. La madre Catalina de los Ángeles y la madre Ángela de Santa Ana para cantoras. Esta murió presto y vino en su lugar la madre María de Hermosilla. También entraron en dicho día, por petición de la condesa de Deleitosa, doña Beatriz, 14 beatas de la orden de San Francisco, que vivían en comunidad en una casa llamada de San Miguel de dicha localidad. Fueron admitidas al hábito conforme a la antigüedad que tenían en el beaterio.

En documento que se conserva en el Archivo General de Roma figuran los nombres y orígenes de estas primitivas religiosas. También se halla una enumeración completa de las reliquias que en el convento se guardaban, como igualmente una descripción del sepulcro del fundador, que desde luego no tenía apariencia de suntuoso, puesto que se hallaba a ras de tierra en el centro de la capilla mayor de la iglesia. Así mismo se conserva una lista de los vicarios primitivos que tuvo la comunidad. Se hace particular mención de una talla muy devota del Santo Cristo de los Dolores. Todos estos datos los especificó en 1668 el vicario del monasterio, padre Dionisio Ruíz. Se dice también que en las actas del capítulo provincial de 1581, celebrado en Valladolid, se encuentra por primera vez mencionado este convento con ocasión de asignarle un confesor que lo fue el hermano Juan Díaz.[15]

Comprobamos por otras historias de cenobios femeninos el paralelismo en la problemática de su fundación. Por ejemplo, las dominicas de San Sebastián el Antiguo de la capital donostiarra también fue iniciativa de unos fundadores y de la preexistencia de un grupo de beatas, mujeres sencillas, pobres, analfabetas, pero muy religiosas. Este será el embrión del convento.[16] Algún parecido en sus orígenes hallamos en otra institución dominicana de la rama femenina, véase al respecto el trabajo sobre el convento de Orellana la Vieja.[17]

 

Vida en común

 

La vida conventual se desarrolló a lo largo de casi tres siglos bajo la dirección de la priora, la cual regía la existencia religiosa en el interior del claustro y actuaba en los asuntos legales, económicos y de representación, siempre bajo la tutela de la Orden de Predicadores. Hemos hallado las siguientes prioras y subprioras en los distintos documentos utilizados: Francisca de Monroy y Zúñiga, desde 1579 es superiora casi cuarenta años a perpetuidad. Regía el convento en 1627 Isabel del Corpus Christy. En 1637 lo es María de San Francisco y como subpriora Benita de la Concepción. En 1669 lo era Catalina de San Raimundo, que muere con opinión de virtud. En 1689 muere la subpriora María de Santa Teresa. En 1690 es priora Magdalena de Santa Inés. En 1698 Francisca de San Jerónimo es priora y Ana Mª de Jesús subpriora. Ya a fines del siglo siguiente fue priora de 1798 a 1802 Mª de la Cruz de Santa Rita.

A son de campana se reunían los capítulos del convento. Además de la superiora y la subpriora había una depositaria y la maestra de novicias. Aunque no tenemos datos al respecto es de suponer que la vida interior del claustro se desarrollaría con sosiego y orden, salvo algún acontecimiento exterior o alguna rencilla, esto último inherente a toda vida en comunidad.

Estaba estipulado que el ingreso de las novicias tuviera lugar antes de los 19 años; la duración del noviciado era de 12 meses prorrogables. La toma de hábitos podía hacerse al empezar el noviciado, durante el mismo o el día de la primera profesión. En esta se prometía obediencia y consagración a Dios, con los votos correspondientes. Además eran figuras importantes en todo convento femenino:

  1. a) El vicario nombrado, a propuesta o con el visto bueno de la comunidad, en el capítulo provincial o por el provincial. Su duración era de dos años prorrogables. Su tarea era dirigir espiritualmente a las religiosas, trasmitir el espíritu de la orden y las orientaciones de los capítulos.
  2. b) El procurador que colaboraba con el vicario. Se ocupaba de la administración de los bienes materiales que estaban fuera de la clausura, los censos, propiedades, rentas, etc. y del trato con las gentes en toda clase de asuntos.
  3. c) El confesor dirigía la conciencia de cada una de las monjas. A veces este cometido lo desempeñaba el vicario. Poco a poco este personal se fue reduciendo e incluso algunos de ellos desaparecerán de los conventos.[18]

“La superiora era la imagen de autoridad suprema dentro del recinto claustral…Sin embargo ella es solo mera referencia, puesto que el convento femenino depende siempre de las comunidades masculinas de la misma orden. En el entramado de subordinación y obediencias debidas, la figura del confesor adquiere una importancia especial. Su papel no es el de mero veedor, ni vigilante, pero es indudable que se convierte en el eje del universo claustral femenino…Fueron muchas las mujeres que por consejo de sus confesores escribieron sus memorias y obras literarias…En síntesis podemos decir que la salud mental de la comunidad femenina pasa a depender, casi de forma directa, del confesor, que ayuda a paliar la rigurosa exigencia de clausura y encerramiento formulada por el Concilio de Trento”.[19]

Las actas de los capítulos de la provincia de España que hemos consultado nos proporcionan bastante información, sobre estos nombramientos de sacerdotes dominicos para colaborar con las comunidades femeninas. Hasta el capítulo de 1581, celebrado en Valladolid, no hallamos referencias a Santa Ana. Ese año se nombra como primer confesor del mismo a Juan Díaz, del convento de Atocha de Madrid. En el de 1585 se nombra confesor y también vicario a Pedro Lozano del convento de la Vera. Dos años después ambas responsabilidades recayeron en Juan de Manzaneda del convento de Cáceres.[20]

He aquí algunas muestras de nombramientos para Santa Ana, que hemos hallado en las actas de la provincia citada desde 1591:[21]

Año            Capítulo               cargo                    persona                 procedencia

1591           Burgos        Vicario y confesor    Domingo Salinas     Medina del Campo

1593         Ocaña                     Vicario             Juan Román             Ocaña

1595         Segovia                   Vicario             Domingo Salinas   Medina del Campo

1601         Madrid         Vicario y confesor     Martín de Ugarte   Azpeitia

1623         Burgos       Confesor y procurador Ildefonso Gómez   Plasencia

1625     Benavente   Confesor y procurador Ildefonso Gómez   Plasencia

1627           Toro         Confesor y procurador Gabriel González   Orellana

1629     Benavente   Confesor y procurador Luis de Escobedo   Yepes

1651           Toro               Vicario             Jacinto de Montemayor Potes

1653      Benavente           Vicario                Pedro de Salinas         Plasencia

1655           Toro                 Vicario             Francisco Gómez         Plasencia

1659           Toro               Vicario             Ambrosio de Spínola Monbeltrán

1681     Benavente           Vicario             Gaspar Vivas                Segovia

1681     Benavente       Procurador     Benedicto Gutiérrez      Segovia

1683           Toro               Vicario           Martín de León        Sto. Domingo Madrid

1683             Toro           Procurador     Benedicto Gutiérrez    Segovia

1695             Toro             Vicario           Andrés Gutiérrez           Valverde

1695             Toro          Procurador     Francisco Fernández       Mérida

1697     Benavente           Vicario         Gaspar Flóres                   Mérida

1707         Toledo               Vicario       Domingo Rubio              Salamanca

1707          Toledo           Procurador   Juan de Villaseñor        Valladolid

1709       Benavente         Vicario          Domingo Rubio              Valladolid

1709       Benavente     Procurador     Juan de Villaseñor          Valladolid

El libro Antiguo Registro de la provincia de España, orden de predicadores, se formó en 1777 y comprendía desde el año 1758. En él hemos hallado los siguientes datos de nombramientos para Santa Ana:[22]

En 1772 vicario a José Piqueras de Plasencia

En 1773 procurador a Pedro Sierra de Salamanca

En 1773 vicario a Manuel Vicente de Segovia

En 1775 vicario a Pedro Rodríguez Arroyo de Galisteo.

El último capítulo en el que se nombra vicario y confesor de Santa Ana es el de Toro de 1801, el cargo recae en Gabriel Toledo. A partir de entonces y en los sucesivos capítulos de Benavente, Valladolid, Trianos y Palencia (dos) no hay nombramientos para Belvis.

Sin embargo en la relación de miembros de la junta de Guerra de Belvis, creada el 26 de junio de 1808, aparecía como miembro de la misma el vicario del convento de Santa Ana, fray Miguel Martín de Plasencia. Y en 1810, según el libro de casados de la parroquial de Belvis, actuó como párroco fray Alonso Rodríguez Blanco de la orden de predicadores y vicario de las monjas de nuestro convento.[23]

Durante la guerra de la Independencia, Timón García nos señala que en diciembre de 1808 las monjas de Santa Ana huyeron y la soldadesca se acomodó en los conventos del pueblo. Este saqueo se repitió el 4 de agosto de 1809, tras la batalla de Talavera.

Las actas antes referidas nos señalan también el número de fallecimientos de monjas de Santa Ana y algunos rasgos de los mismos. Veamos algunas muestras: En 1629 2, en 1631 3, en 1633 1, en 1637 1, en 1646 2, en 1647 1, en 1651 2, en 1653 3, en 1655 3, en 1661 3, en 1662 3, en 1665 6, en 1669 4, en 1671 2, en 1673 1, en 1675 4, en 1677 3, en 1679 2, en 1681 3, en 1683 1, en 1685 2, en 1687 3, en 1689 1, en 1691 4, en 1693 2, en 1695 1, en 1697 3, en 1701 3, en 1703 1, en 1705 1, en 1707 2 y en 1709 2 religiosas.

Si bien el número de 33 religiosas era elevado en el siglo XVI, poco a poco va descendiendo hasta los 10 o 12 de media que había en el siglo XVIII. En el siglo anterior, el XVII, su media rondaría las 15 monjas. Teniendo en cuenta el posible índice de mortalidad que nos dan los datos de las actas, deduciríamos que el convento se mantuvo bastante poblado en aquella centuria. Los picos de mayor mortalidad se dieron en los decenios de los sesenta con 14 fallecimientos, seguido de los setenta con 12, los ochenta con 10 y así en línea descendente. Comprobamos como las crisis en el siglo del Barroco también tiene incidencia al menos numérica en los conventos femeninos.

En cuanto a la edad de los decesos algunas son jóvenes novicias, a veces llamadas laicas, pero la mayoría son de edad avanzada, unas septuagenarias otras octogenarias. Bastantes de las mismas “cum opinione virtutis”. Otras c. o. v. “quae mortem suam predixit”.

Cabe reseñar lo que se dice de una de las 4 que fallecen en 1691 Magdalena de Santa Inés: “Cum magna opinione virtutis. Nam septenio completo religionem imgressa, usque ad quinquagessimum secundum aetatis suae in quo vitam finivit, intra clautra vixit, & in statu religioso mirifice profecit. Nam regularis observantia exactissima custos religionis iura ad unguem usque fervavit: quim infirmitates, quibus continuo vexabatur illam a sequela Chori, aliisque pietatis operibus dimoverent. Immo illas ita constanter ferebat, ut inter maiores dolores illud crebius usurparet: Domine hic feca, hic non parcas ve in aeternum parcas”.[24] Que en síntesis viene a resaltar la observancia regular y continua que esta religiosa llevó a cabo en todas las actividades conventuales, coro incluido. También las muchas flaquezas y enfermedades que la atormentaron, las superó y probaron su amor y devoción por el Señor, el cual la premió con una muerte digna y el gozo de una resurrección eterna.

Las actas capitulares del siglo XIX apenas nos dan referencias de nuestro convento. Solo hemos hallado en las del capítulo de Valladolid de 1815 noticias del fallecimiento de 4 religiosas, dos octogenarias, una de 40 y otra de 34, esta era laica. Todas ellas cum opinione virtutis.

Las monjas de Santa Ana no estuvieron libres de pleitos. Por ejemplo en 1627 ingresa con una dote de 200 reales al año Ana Iñiga de Villagutierre, natural de Pasaron de la Vera. Así lo establece su padre Alonso Lázaro. Pues bien los herederos, a la altura de 1655, se niegan a pagar la dote y esta falta de pago ascendía en la dicha fecha a 1750 reales. La orden tiene que recurrir a la amenaza de excomunión ante la reiteración de no pagar hecha por los herederos del donante.[25]

 

 

 

Economía conventual

 

Los conventos de dominicas, al contrario que sus homónimos de hombres, tenían que tener un patrimonio económico, ya que no podían solicitar limosnas en las calles, ni obtener ingresos por oficios religiosos. La subsistencia económica de un monasterio se basaba mucho en el trabajo de las monjas dentro de la casa, pero sobre todo en las dotes de las que entraban, en las donaciones de diversa índole y en las limosnas, parcas o espléndidas. Unido a ello fue la austeridad de vida, el ahorro y una buena gestión administrativa lo que ayudó al colectivo a seguir adelante.[26]

No se conserva la escritura de donación que llevó a cabo el abad de Cabañas, don Fernando de Monroy. Por ello no podemos conocer de su patrimonio inicial, que entendemos no debió ser muy nutrido. Pero sí tenemos un estadillo de los censos que tenía el convento el 6 de marzo de 1696. En función del mismo Santa Ana ingresaba:[27]

Población                         Nº de Censos   Importe por réditos

———————————————————————————

Belvis                                       49                   1.685,24   reales

Casatejada                               24                   1.929       reales

Valverde de la Vera                   4                     638,10 reales

Puente del Arzobispo               3                     605,30   reales

Mesas de Ibor                                                     568,04   reales

Villanueva de la Vera                                        556,13   reales

Viandar de la Vera                                             536,30   reales

Almaraz                                       6                     513,31   reales

Navalmoral de la Mata             11                     454,15   reales

Le seguían 8 en Casas de Belvis, 6 en Saucedilla, 3 en Peraleda, 2 en Millares y otros en Torrijos, El Gordo, Calzada, Deleitosa, Valdecañas, Valdehúncar, Frenedoso, Castañar, Candeleda, Madrigal de la Vera, Robledillo, Cuacos, Aldeanueva de la Vera y otros lugares. Importaba el total de ingresos por censos 11.494 reales y 26 maravedís. Si tenemos en cuenta que la media de ingresos del convento a lo largo de estos años era de 15.000 reales de renta, deducimos que la mayor parte de los ingresos procedían de censos.

La época de esplendor de los censos se sitúa entre mediados del siglo XVI y los años cincuenta del siguiente siglo, cuando los tipos de interés eran altos. En el XVIII estos bajaron. Para muchos conventos de monjas la inversión en rentas mobiliarias, censos consignativos y títulos de la deuda, fue preferida a otras modalidades de inversión, dada su fácil administración y su aparente seguridad al llevar la garantía de un inmueble. La mayor parte de los censatarios de los conventos femeninos eran pequeños propietarios agrarios, como vemos por las localizaciones de los antes citados.[28]

Por todo ello deducimos que los excedentes de los conventos femeninos no debieron ser muy abundantes, no adquiriendo lógicamente nuevas propiedades y tendiendo a la supervivencia y mantenimiento exclusivo de la comunidad. No es cierto que los censualistas pretendieran apropiarse de los bienes territoriales hipotecados al suscribir el censo. En Extremadura, Rodríguez Grajera[29], señala que la cuantía de los préstamos dados al censatario era escasa y los réditos anuales muy bajos. El interés se mantuvo en el 5% (20.000 al millar). Un ejemplo puede ser ilustrativo. En el libro de propiedades de eclesiásticos del Catastro de Ensenada, en Aldeanueva de la Vera, Santa Ana tenía un censo. Era de 588 reales y 8 maravedís de principal que obligaba a Bernardo Fontiveros, vecino de la localidad, como censatario a pagar 17 reales y 22 maravedís al año.[30] Ello nos confirma lo diminuto de esta forma de préstamos a campesinos de las comarcas circundantes, Campo Arañuelo, la Vera, Ibor, etc.

Los problemas económicos de la comunidad se agudizaron en determinadas épocas. Por ejemplo el 21 de abril de 1766 piden y la orden les concede licencia al mes siguiente para obtener un censo de 10.000 reales para “atender a las necesidades inminentes del citado convento”.[31]

En 1798 la priora sor Mª de la Cruz de Santa Rita, hace un estudio de los ingresos del convento para el comisionado regio de la diócesis de Plasencia. De esta relación obtenemos el siguiente estadillo de sus posesiones: [32] Una heredad al Malagón de 20 fanegas con 45 olivos y morales, un aprovechamiento en los Melonares de la Vega que produce 1.802 reales, un olivar a los Mártires con 130 olivos y morales, otro al Cristo con 106 olivos, la huerta de la casa con 35 olivos, 11 heredades en distintos pagos, 5 prados y cercas, más 2 olivares y 2 viñas. Todo ello en Belvis y su tierra.

Poseía también 8 suertes de tierra en Campillo de Deleitosa y Fresnedoso, heredades en Millares, 3 castañares en Madrigal de la Vera, un cañal en la ribera del Tajo y un molino de aceite o lagar en Belvis que rinde al año 1060 reales.[33] Ahora bien, toda esta hacienda, señala la priora arriba citada, tiene contra ella 2 censos de 10.000 reales a favor de las agustinas de La Calzada y la Pía Memoria que en Trujillo fundó doña Jerónima de Monroy, que importaban 600 reales de réditos.

Señala también que es preciso deducir los gastos de 1.040 reales que importaban las 230 misas, que tiene de carga este convento, las 115 rezadas, más la limosna de 14 reales que debe abonar por compromiso previo. Todo ello hace que de la renta inicial de ingresos que asciende a 17.701,31 reales le deducimos 1.796,09 reales de gastos contraídos nos dan un líquido para aquel año de 15.905 reales y 26 maravedís. En nota marginal señala la religiosa: “He empleado en este inventario seis días”.

A lo largo de estos años la documentación empleada nos habla de la adecuación del patrimonio original a la nueva situación económica rentista. Por ejemplo el 30 de agosto de 1582 el convento vende una casa en Berzocana, donada por su patrón el abad de Cabañas, pero compra otra casa en 1622 en Belvis. En 1632 compra un olivar en Casatejada y un herrenal en Belvis. Dos olivares en esta población en 1637 y en 1698. Ya en 1786 adquieren un huerto y un herrenal a la Fuente de Zabayo en la misma villa. En 1798 venden parte de un batán en Jarandilla.

Los cambios son continuos; por ejemplo el 20 de abril de 1769 se dio licencia a la priora para vender dos herrenales en Fresnedoso, de una fanega y media de cabida, para comprar otro mayor en Belvis. El 22 de febrero de 1772 se otorgó autorización al convento para que hiciese un trueque con un vecino de Millares, dando la comunidad la hipoteca que tiene en dicho lugar y el sobredicho vecino la que tiene en nuestra villa, junto a la heredad de nuestro convento.[34] Este trasiego de propiedades tiene como meta acercar el patrimonio conventual a Belvis.

Las dotes de ingresos por profesión que llevarían las postulandas también serían objeto de adecuación, bien en forma de rentas dinerarias, las menos, o de tierras, las más. Respecto a los censos la tendencia en el siglo XVIII es asegurarse los más “vivos” o rentables. En una nota marginal la autora de uno de los escritos dejará esta frase: “No puedo escribir de tanto frío como tengo”. Este apunte es de 1698.

En el legajo 1404 hay también una relación de gastos de mantenimiento de comienzos del siglo de la Ilustración. El cual nos dice por ejemplo: por dos religiosas 2.200 reales, “por 21 monjas que hay hoy” 19.162,17 reales, por dos donadas 1.500. Al mayordomo cobrador se le dan 1.460, un ama y su muchacha 1.232,17 reales, un aperador 994,17 reales, un gañan 918, un carretero 670, un pastor 670, un muchacho guarda cerdos 522, un hortelano 912,17, un mozo para la huerta 533 reales y así sucesivamente.

Bien el fundador o posteriores concesiones regias otorgaron privilegios específicos a las religiosas de Santa Ana. Por ejemplo, una provisión real de 15 de noviembre de 1581 establece que en ninguna ciudad, villa o lugar puedan embargar o tomar por el tanto de trigo ni las demás cosas necesarias para el sustento de este convento. Disposición firmada por Pedro Zapata de la Cámara de Su Majestad. Otra disposición de 8 de septiembre de 1615 establecía que nuestro cenobio tiene el privilegio de no pagar la cuarta funeral por el maremagnum, dictaminado en el concilio de Trento, lo cual está rubricado y por escrito en los libros de privilegios.[35] Precisamente el privilegio que tenía el convento de estar exento de pagar las sisas municipales en las cantidades precisas para su manutención, hace que de 1694 a 1699 mantengan un pleito con el Ayuntamiento de Belvis. Este se zanjará por un auto de 1699 que reduce a 70 arrobas de vino y 40 de aceite lo exento por la llamada “moderación del señalamiento de la reflacción” de estos productos.[36]

 

Evolución histórica del convento

 

Como ya hemos señalado Santa Ana permaneció abierto como comunidad de dominicas hasta la exclaustración de 1836. Sin duda sus mejores años fueron los de la primera centuria en que las rentas ofrecidas por el fundador y las vocaciones colmaron las posibilidades del mismo. Los años de crisis de mediados del seiscientos hicieron meya en su vida. Aunque se observa un cierto renacer en la primera mitad del siglo XVIII la decadencia se vuelve a manifestar en los últimos años del siglo de la Ilustración y sobre todo en la centuria del liberalismo.

El censo de Castilla de 1591 nos da una población total para la villa de Belvis y Casas de 262 vecinos, de los cuales 244 eran pecheros, 6 hidalgos y 6 clérigos. El número de religiosas de Santa Ana era de 25.[37] Este era uno de los 116 conventos femeninos existentes en las cuatro provincias dominicanas españolas. La de España a la que pertenecía tenía 45, uno de ellos era el de Belvis.[38]

Las respuestas generales del Catastro de Ensenada de 1752 nos dan para esta villa los siguientes datos: Es una población de señorío perteneciente al condado de Oropesa. Tiene tres conventos, uno de franciscanos, otro de franciscanas y el de dominicas. “Este se llama de Santa Ana y se compone de 13 religiosas de coro, dos novicias, la una lega y dos legas profesas, con dos criadas para su asistencia, dos religiosos sacerdotes, el uno vicario el otro procurador. Cuyo convento no tiene número fijo de religiosas en su fundación.”[39]

En la visita de 1761-62 que hace el padre general Juan Tomás Boxadors se nos dice que en Santa Ana de Belvis viven 19 monjas, y que su renta asciende a 10.164 reales al año.[40] Antonio Pons en su viaje de España también menciona de pasada el convento pero nada nos dice sobre sus habitadoras y rasgos artísticos.[41]

En la distribución que la provincia hace en 1796 para colaborar en la guerra contra Francia, consistente en el reparto de 7 millones de reales entre los conventos de aquella, le correspondían pagar a Santa Ana 258 reales y 32 maravedís, ya que su renta o cantidad subsidiable se estimaba en 13.520 reales anuales. [42]

El Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1791 nos indica que el convento tenía 10 religiosas de las 33 de su fundación, correspondiendo su mantenimiento de réditos de censos y fincas raíces de pan llevar, olivos y viñas, y una acción por vida de nuestro monarca el señor don Carlos IV de 7.500 reales anuales, en cuyo convento se paga de dote al recibir las monjas 800 ducados…En ninguno de los tres cenobios de la localidad se enseña pública ni privadamente, si no es en el de franciscanos del Berrocal, pero solo a sus estudiantes del curso de Moral. [43]

Por una nota advertencia firmada en Belvís de Monroy el 9 de septiembre de 1851 por el párroco Antonio Narciso Díaz, obtenemos la siguiente información: “Por disposición del gobierno las religiosas dominicas de Santa Ana se trasladaron al de la Encarnación Plasencia el año 1836. Todos los principales bienes del convento que son de bastante mérito los posee don Felipe Lozano, vecino de Navalmoral, a excepción de dos viñas que posee doña Camila Sánchez Yáñez de Casatejada, y algunas de inferior calidad que no se vendieron las posee la Nación”[44].

Sabemos de la exclaustración de las religiosas en 1836, no en anteriores épocas revolucionarias como el Trienio Liberal. Las leyes de Mendizábal expropiaron sus rentas y derechos, que pasaron a particulares. Sus bienes, en forma de pequeñas propiedades y censos, suponemos que serían compradas por pequeños propietarios locales de los pueblos comarcanos. Los grandes propietarios de la zona, el notario Urbano González Corisco, el XV duque de Frías, el Marqués de la Romana, don Pedro Caro, por poner algunos ejemplos, no creo que se beneficiaran del pequeño patrimonio de Santa Ana. Al menos nada hallamos en los trabajos hoy existentes sobre la desamortización en Cáceres.[45]

A la altura de 1847 quedaban por vender pequeñas propiedes de Santa Ana. Por ejemplo: Tres heredades en distintos pagos, más una casa habitación del vicario y un cañal de pesca sobre el río Tajo. También prados a la Carnicería, los Campillos, los Malagoncillos, las Hoyas, las Mondongalas, Pajonal, Cordova, El Tejar o la Risca entre otros. Al no ser vendidas en el año precitado salen en arriendo en subasta pública, varias de ellas no tuvieron ni siquiera oferta de arriendo.[46]

Pascual Madoz en su célebre Diccionario de 1849, ya tras la desamortización, en la voz Belvis nos dice lo siguiente: Existen dos conventos de monjas, uno de la orden de Santo Domingo, fundado por don Fernando de Monroy, y otro de San Francisco, ambos suprimidos y casi arruinados.[47]

Ya redactado este artículo he tenido conocimiento de la presentación en los XXIII Coloquios Históricos del Campo Arañuelo, en año 2016, de un artículo de Francisco Javier Timón García sobre nuestro tema. Su título es “Aproximación a la historia del convento de Santa Ana de Belvis (1586-1836)”. Desconozco su contenido, pero conste aquí su existencia como propuesta a tener en cuenta.

 

Coda

 

Por todo lo expuesto anteriormente, deducimos que las dominicas de Santa Ana en la villa de Belvis fue uno más entre los muchos conventos femeninos que inundaron la geografía española en el Antiguo Régimen. Su origen estuvo en un beaterio, al que se suma la fundación llevada a cabo por don Fernando de Monroy. La vida conventual se caracterizó por el silencio, la oración y una vida activa, en la que lo material siempre estaba sometido a la regla fundada por Santo Domingo de Guzmán y que se remonta al siglo XIII en Prulla.

Sus bases económicas estaban en una economía censal y algunas propiedades en Belvis y comarcas colindantes. Fueron desamortizadas en el periodo de Mendizábal y Espartero al no contar con 20 religiosas profesas.[48] La exclaustración de la misma época las alejó de su convento y éste, tras ser vendido en subasta pública, inició un lento pero progresivo deterioro. Su actual estado, dada su historia anteriormente expuesta, precisaría de una cierta protección histórico artística, que evite una mayor ruina y con ello la desaparición de la memoria de una institución importante en la historia de Belvis de Monroy.

 

 

 

[1] Alonso Fernández: Historia y anales de la ciudad y obispado de Plasencia. Plasencia 2006 pág. 233.

[2] Timón García F. Javier: Belvis de Monroy; señorío y villa. Belvis de Monroy 1992 pág. 57.

[3] Timón García F. Javier: Ob. Cit. pág. 57 y 58.

[4] De los Hoyos Manuel Mª: Registro historial de la provincia de España. Orden de Predicadores. Madrid 1966-68 Vol. II pág. 171-173.

[5] Sobre este convento véase la obra de Martín Martín Teodoro, publicada en Salamanca en 2002 por la editorial San Esteban.

[6] A. H. N. Madrid. Sección clero regular. Legajo 1404 expediente 2. Comienza “Mª de Santa María…”

[7] La Real Abadía de Cabañas la integraban las localidades de Solanas, Roturas, Retamosa y Cabañas, más otros pequeños núcleos. Agrupaba las iglesias de estas localidades. Fue del Patronato Real al que estaba agregada. El rey nombraba abad entre una terna propuesta por el obispo de Plasencia. A este abad correspondían los diezmos mayores y menores de este estado. La real abadía era de tipo religioso, los señores jurisdiccionales de Cabañas lo fueron los Monroy y luego los Oropesa. El censo de los obispos de 1589 daba a este territorio 6 pilas (parroquias) y 339 vecinos. Según Sánchez Loro Domingo, la abadía rentaba cada año 2.000 ducados de oro. Historias inéditas placentinas. Vol. A. Cáceres 1984 pág. 215.

[8] Barrantes Vicente: Aparato bibliográfico para la Historia de Extremadura. Madrid 1873. Vol. I pág. 336.

[9] A. H. N. Madrid. Clero regular. Leg. 1404 exp. 2. Comienza: “Sepan cuantos esta…”.

[10] Duby Georges y Perrot Michelle: Historia de las mujeres. Barcelona 1992. Vol. III pág. 581. Sobre este tema y el de los beguinatos europeos son interesantes los demás volúmenes de esta clásica obra.

[11] Atienza López Ángela: Tiempos de conventos. Marcial Pons. Madrid 2008 pág. 95.

[12] Atienza López Ángela: Ob. Cit. pág. 96.

[13] Duby G. y Perrot M.: Ob. Cit. Vol. III pág. 191.

[14] Esta religiosa, después de muchos años de regular observancia, fue escogida para ser la fundadora del convento de Belvis. Fue tenida siempre como modelo de superioras. Estaba en su punto siempre la observancia y el recogimiento. La pobreza era estrechísima. A ninguna permitía dádivas o distinciones. La jerga de sus hábitos se tejía en el monasterio de lana vasta. Los tocados eran gruesos y toscos. Se molía y amasaba el pan en el convento, trabajando las monjas en común. Así lo expresan Manuel Mª de los Hoyos y José Antonio Casillas García en las obras mencionadas en la bibliografía.

[15] Hoyos Manuel Mª de los: Registro historial de la Provincia de España. Orden de Predicadores. Madrid 1966-68. Vol. II pág. 171-173. La documentación de Santa Ana, sita en el convento de Santa Sabina de Roma, sede del Archivo General de la orden, se remonta a 1512, posible fecha del beaterio integrado en la fundación del posterior convento. Véase la reseña del capítulo de 1581 que hace Ramón Hernández Martín en Archivo Dominicano nº 35. Salamanca 2014 pág. 13.

[16] Barrado Barquilla José: Las dominicas de San Sebastián el Antiguo. Ed. San Esteban. Salamanca 2001.

[17] Adámez Antonio: El convento de San Benito de Orellana la Vieja. Madrid 2008.

[18] Salvador y Conde José: Historia de la provincia dominicana de España. Ed. San Esteban. Salamanca 1994. Vol. III pág. 61 y 62.

[19] Duby G. y Perrot M.: Ob. Cit. Vol. III pág. 575-577.

[20] Hernández Martín: Ramón: Actas capitulares de la provincia de 1581, 1585 y 1587. En Archivo Dominicano nº 35 pág. 13, 29 y 47.

[21] Actas de los capítulos de la provincia de España, Orden de Predicadores, que van de 1591 a 1998. Varios tomos. En Archivo del Convento de San Esteban de Salamanca. Agradezco al padre Lázaro Sastre la ayuda que me proporcionó en el citado centro documental.

[22] Libro Antiguo Registro de la Provincia de España, Orden de Predicadores. Biblioteca Nacional. Madrid mss. 7424.

[23] Timón García F. Javier: Don Manuel Talaván Mateos (1757-1813). El Cronista accidental. XLIV Coloquios históricos de Extremadura. Trujillo 2015. pág. 620 y 635.

[24] Actas del Capítulo de Toro de 1691 pág. 33.

[25] Archivo Diocesano de Plasencia. Pleitos civiles caja 418.

[26] Así se expresa el padre Barrado Barquilla en su obra antes citada, pág.73.

[27] A. H. N. Madrid Sección Clero Regular Leg. 1404 exp. 2.

[28] Martínez Ruíz Enrique: El peso de la Iglesia; 4 siglos de órdenes religiosas en España. Actas Editorial . Madrid 2004. pág. 346 y siguientes.

[29] Rodríguez Grajera Alfonso: La Alta Extremadura en el siglo XVII. Cáceres 1990 pág. 195 y siguientes.

[30] Archivo Parroquial de Aldeanueva de la Vera. Libro de propiedades de religiosos del Catastro de Ensenada pág. 134.

[31] Archivo Diocesano de Plasencia. Sección Pleitos civiles caja 418.

[32] A. H. N. Clero regular leg. 1404 exp. 2.

[33] La respuesta 17 del Catastro de Ensenada efectivamente nos dice que de los 5 molinos de aceite de una viga que existían en Belvis, uno de ellos era de Santa Ana, el cual muele 60 días al año y rentaba 1020 reales.

[34] Libro Antiguo Registro de la Provincia de España. Biblioteca Nacional mss. 7424.

[35] A. H. N. Clero regular leg. 1404 exp. 2.

[36] Archivo Diocesano de Plasencia sección Pleitos civiles caja 418.

[37] Censo de Castilla de 1591. I. N. E. Madrid 1984-86 2º volumen pág. 780.

[38] López Juan: Historia de Santo Domingo y de su orden de predicadores. 4ª parte. Valladolid 1615 pág. 988.

[39] Catastro de Ensenada. Respuestas generales de Belvis de Monroy. Legajo 152 pregunta 39.

[40] Archivo General de la Orden de Predicadores. Roma. Serie IX carpeta 60.

[41] Viajar por Extremadura. Editorial Universitas. Badajoz 1983, Vol. I pág. 86.

[42] Martín Martín Teodoro: El convento de Santa Catalina de la Vera. Ed. San Esteban Salamanca 2002. Apéndices.

[43] Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. Partido de Plasencia. Ed. Asamblea de Extremadura. Mérida 1994 pág. 126.

[44] Archivo Diocesano de Plasencia. Capellanías caja 833.

[45] García Pérez José: La desamortización eclesiástica y civil en la provincia de Cáceres. El Brocense. Cáceres 1994. Sánchez Marroyo Fernando: Dehesas y terratenientes en Extremadura. Ed. Asamblea de Extremadura. Mérida 1993.

[46] Archivo Diocesano de Plasencia. Conventos exclaustrados. Año 1847.

[47] Madoz Pascual: Diccionario geográfico estadístico e histórico de España. Madrid 1847. Vol. IV pág. 149.

[48] Martín Martín Teodoro: La desamortización textos político jurídicos. Ed. Narcea. Madrid 1973 pág. 99 y siguientes.

May 222016
 

Teodoro Martín Martín.

(Catedrático y A. Correspondiente de la Real Academia de la Historia)

 

Introducción

 

Dentro del proyecto de estudio que llevo a cabo y que pretende catalogar los espacios ajardinados construidos por la nobleza en el oeste de España a lo largo de la Historia se hallan estos dos ejemplos, existentes en esta comarca cacereña. Se trata de los jardines de Pasarón y Jarandilla de la Vera.

En pleno siglo XVI, e imitando a la realeza, en la mayoría de los países europeos el estamento nobiliar decide construir mansiones campestres en las que manifestar su poderío y a la vez concentrarse en épocas de holganza o descanso. Surgen así estos castillos o palacios rurales en los que intentan emular las pautas establecidas por los poderosos y potentes señores italianos de aquel siglo.

Con más o menos éxito tratan de llevar a cabo en sus dominios aquello que estableció Palladio (1508-1580) sobre la arquitectura y su integración en el paisaje. Decía este célebre artista italiano en su libro Architectura: “Aunque es muy conveniente para un caballero tener una casa en la ciudad, donde no podrá dejar de ir alguna vez, ya porque tenga un cargo en el gobierno, o para atender sus asuntos particulares, de todas maneras su mayor rendimiento y placer se lo proporcionará su casa en el campo, donde gozará en ver la tierra aumentando su riqueza o ejercitándose en paseos a pie o a caballo y donde conservará su cuerpo fuerte y sano, y su mente reposará de la fatigas ciudadanas, ya quietamente, aplicándose al estudio, ya contemplando la Naturaleza”.

Con este exordio Andrea di Pietro trataba de justificar la casa de campo ideal que ejemplifica en Villa Rotonda, cerca de Vicenza. Sin pretender tanto la nobleza española, muy sometida a la influencia italiana, tratará de realizar otro tanto en algunas de sus posesiones. Es lo que pretendemos analizar en este trabajo, pero centrándonos sobre todo en los jardines que rodeaban o complementaban estas residencias nobiliares.

 

La Casa de los Manrique de Lara en Pasarón

 

  1. Fuentes consultadas

Lamentablemente no existen documentos manuscritos que nos hablen de la construcción y diseño del jardín que embellecía esta casa. Por ello nos hemos limitado consultar la bibliografía existente sobre la población o sobre la provincia de Cáceres. Merecen destacarse las siguientes obras:

-Sánchez Prieto José Antonio: Estudio de un municipio de la Vera. Pasarón de la Vera 1971.

-Velo y Nieto Gervasio, médico y Correspondiente de la Real Academia de la Historia, escribió para la revista Hidalguía, nº 10, mayo-junio de 1955 un artículo titulado Señores de Pasarón, páginas 361-380. Este complementaba lo que un año antes en 1954 había escrito para el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 1-4º Trimestre, con una extensión de 14 páginas. Este último se llamaba El Solar de los Manrique de Lara en la Villa de Pasarón. Una síntesis de ambos la llevó a cabo con la edición en 1956 de su libro “Señores de Pasarón”. Colección Sierra de Gata. Madrid 1956. Consta de 92 páginas. Alguna referencia a nuestro tema plantea este autor en su trabajo “Castillos de Extremadura: Cáceres”, editado en Madrid en 1968.

-Inventario artístico de la Provincia de Cáceres. Ministerio de Cultura. Madrid 1989, tomo I, páginas 370-371.

-El Viaje de España de don Antonio Ponz y el informe que el párroco de Pasarón eleva a don Tomás López para su Interrogatorio no hablan para nada del palacio ni de los jardines que lo contorneaban. Tampoco hallamos datos en las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada de 1751.

-Herrero Leandro: El monje del Monasterio de Yuste. Editado por el Apostolado de la Prensa en Madrid en 1923.

-Ximénez de Sandoval Felipe: Romancillo de Pasarón. Diario ABC de Sevilla de 20 de abril de 1958, página 35.

Estas dos últimas obras hablan de los jardines pero de una forma fantaseada, eso sí dejando constancia desde la literatura de la existencia de jardines como complemento del palacio.

-El Catálogo Monumental de la Provincia de Cáceres de don José Ramón Mélida, publicado en Madrid en 1924, no hace referencia ni siquiera al palacio, mucho menos a los jardines que lo embellecían.

-El sistema SIGPAC, vía Internet, nos ha servido para complementar y perfilar datos de dimensiones y configuraciones topográficas del lugar en el que encuentra la edificación. La visita a pie tanto al palacio como a los jardines y huertas colindantes han sido básicas para hacernos una idea de cómo podría haber sido este espacio verde, construido en el siglo XVI. Este método de observación de campo es el que ha terminado de rematar nuestro trabajo.

 

  1. b) El palacio y sus señores

La villa de Pasarón se halla situada al norte de la provincia de Cáceres, dentro de la comarca natural de la Vera. A una altitud de 596 meros, se encuentra enmarcada por la garganta Redonda y el arroyo Godino, que desembocan en el río Tiétar. Su extensión superficial es de 38,45 kilómetros cuadrados.

Desde los tiempos de la Reconquista fue aldea dependiente de Plasencia, perteneciendo a su Comunidad de Villa y Tierra. Pronto, hacia 1331, se formó un señorío con la aldea de Torremenga, que Alfonso XI cedió a un hijo de los Infantes de la Cerda. Tras una serie de cambios de dominio en 1531 don Garci Fernández Manrique de Lara se convierte en Señor de Pasarón. Era a la vez tercer Conde de Osorno y Señor de Galisteo.

Garci Fernández, casado con María de Luna, estuvo al lado del Emperador en su coronación en Bolonia. “Su viaje a Italia contribuyó a que se aficionase por el Renacimiento italiano, tan en boga en aquel tiempo, y al regresar a la patria decidió dar comienzo a la casa palacio de Pasarón, residencia preferida por los descendientes de su hijo Alonso, progenitor de la segunda rama de los Manrique de Lara, que se perpetuó por varonía hasta mediados del siglo XVIII”[1].

El complejo residencial se empezó a construir en 1531. ”Se levanta en un altozano dominando el municipio. También pertenecen al palacio los bancales de regadío que le rodean por su parte posterior, en otro tiempo jardines”[2]. Estaba terminado hacia 1544.

“Está constituido por tres pisos, aunque por la fachada principal parece que solo tiene dos. Esta tiene tres cuerpos, con portada de cantería adintelada en el central. Dicha portada tiene encima el escudo de los señores de Pasarón y remata en una galería abalaustrada, con columnas de orden jónico, también adintelada… A la derecha de la portada existe una curiosa ventana con un antepecho de balaustres y dos columnas en las jambas.

Por encima del tejado se pueden admirar dos monumentales chimeneas, a las que hay que añadir las otras tres de que dispone el palacio. Todas ellas imitan formas fantásticas de castillos y son de de sabor manierista e italianizante.

En el lado sur, por donde el edificio tiene más altura dado el desnivel del terreno, con tres pisos, nos presenta una gran loggia, dividida en cuatro vanos adintelados con pilares cuadrangulares y cajeados, rematados en capitel con zapatas, que son del más puro estilo renacentista. Encima carga el entablamento decorado con cinco medallones de cabezas humanas de relieve…

En el ángulo noroeste del edificio, en la zona que se abre a los jardines, se superponen dos elegantes balcones de esquina, con parecidos capiteles, pilastras y zapatas a los del lado sur. A ellos se añaden unas interesantes gárgolas. También en la parte central de la fachada que da a los jardines hay una loggia de dos pisos…

En el interior, junto a la puerta principal y hacia la izquierda, se observa una noble escalera renacentista…Tiene el edificio grandes sótanos con bóveda de cañón que se destinan a bodegas y a otros servicios de la casa. Hay que destacar el salón llamado de los azulejos, que tiene un buen artesonado de madera, y la capilla, cubierta con una pequeña bóveda de crucería”[3].

Este palacio fue habitado en los meses veraniegos por los condes de Osorno según nos dice el padre Alonso Fernández en su obra sobre el obispado de Plasencia. El hecho de que siempre tuviera vida quizás influyó en su conservación a lo largo del tiempo. “En 1851, el último descendiente del señorío se lo vendió a Simón Sánchez, vecino de Pasarón y arrendatario del palacio y su huerta. Esta venta se plasmó en escritura pública ante el escribano de Plasencia el día 19 de junio del citado año, por la cantidad de 14.666 reales 22 y 2/3 de maravedises. Después pasaría al farmacéutico Tarsicio Lozano y de este a sus descendientes actuales”[4].

Aunque los autores que hemos citado no aluden a ello, se observa en la construcción dos momentos. Uno más antiguo que correspondería a la parte este del palacio frente a la plaza. Contiene elementos pertenecientes a un posible edificio sede de los regentadores del señorío anterior a 1531. Tiene esta parte un cierto estilo goticista final y es de menores dimensiones y contextura que el segundo, correspondiente al lado sur y oeste, de tres pisos, con una imponente loggia ya descrita.

Sin documentación que lo avale y con toda la provisionalidad que es menester en estos casos hallaríamos pues dos construcciones, la primitiva más sencilla y enriquecida con el balcón a la parte oriental, de claro influjo renacentista. En cambio la mayor parte del bloque que se orienta al sur es plenamente renacentista, correspondería al periodo constructivo de 1531-1544. La decoración interior y las chimeneas son posteriores y con cierto gusto manierista.

De la observación del terreno y la disposición general de la mansión nos parece intuir la existencia de una segunda vía de acceso al palacio. Esta se realizaría desde la actual calle de la Magdalena. En la fachada oeste y separando el edificio de la huerta es visible una gran portada con dos grandes pilastras de granito, hoy cegada. Creemos que este podría ser otro itinerario de entrada por el oeste al palacio pasando por el jardín. Entendemos que por la misma se llegaría a la mansión a caballo o en comitiva. Ello justificaría los dos elegantes balcones de la esquina noroeste, que sin este acceso no tendrían mucho sentido.

Agradezco las facilidades y la información que sobre estos temas me proporcionó la familia Lozano, propietaria de la finca hoy día. Sus atenciones y precisiones artísticas, así como detalles que en un principio no percibíamos, son de agradecer para todo investigador digno de tal nombre.

 

  1. La zona ajardinada

Con más o menos extensión todas las fuentes consultadas nos hablan de la existencia de unos jardines y huertas complementando el conjunto. A este respecto Velo y Nieto señala: “A la dicha casa solar de los Manrique de Lara pertenece la fértil tierra de regadío que la rodea por los lados noroeste; y en ella se trazaron, en otros tiempos, jardines caprichosos y se cultivaron flores y arbustos en profusión. A excepción de una pequeña parcela cubierta de emparrados donde aún sus propietarios cuidan flores y plantas olorosas y fragantes, es hoy extenso olivar, que asciende al altozano, y pródiga huerta poblada de frutales que facilita sabrosas y variadas hortalizas”[5].

También Ximénez de Sandoval nos habla de esta casa palacio de estilo renacimiento “rodeada de jardines, hoy desaparecidos”[6].

La literatura en clave de novela histórica o de romance popular también nos habla de estos jardines. La obra de Leandro Herrero alude a ellos en multitud de ocasiones. “El pequeño jardín encerrado, dentro de los pardos muros de la altiva morada señorial, ostentabase ya radiante de belleza, presentando a sus dueños las primicias del florido mes. Las plantas erguían sus tiernas corolas hasta besar las ramas de los árboles y estos parecían inclinar sus brazos amorosamente hasta las plantas para recibir sus inocentes caricias y confundirse con ellas en ósculos de misteriosa ternura.

Junto al albaricoque, cargado ya con el peso de sus frutos dorados, crecía el gallardo cerezo de racimos de carmín, y cerca de ellos mecían sus verdes coronas en las nubes el naranjo y el limonero, saturando los aires de azahar y de ambrosía.

Brillaba el rojo alelí de hojas de terciopelo cerca de la azucena de albas vestiduras y seno de oro; crecía el clavel de pétalos encendidos cerca de la humilde violeta, que ofrece al hombre su perfume escondiéndose de su vista; inclinaba el lirio su flexible tallo sobre el liquido espejo de las fuentes para verse retratado en sus aguas, y el tierno botón de la rosa salía de sus verdes cárceles para recibir orgulloso los homenajes del pensil, completando la atmósfera balsámica del odorífero panorama”[7].

Y más adelante inserta este diálogo:

“Abuelo querido, respondió Magdalena, ¿no os refrescan estas brisas perfumadas?, ¿no os encantan estas dulces flores?… Vamos a sentarnos en aquel cenador rodeado de mirtos y laureles y entoldado de verdes parrales”[8].

Hay una leyenda en Pasarón que nos habla de los amores de Jeromín en 1557 con una hija de los señores de la villa. Se trataría de Magdalena, descendiente de don Alonso Fernández Manrique de Lara, hijo segundo de don Garci Fernández. Esta leyenda no solo sirvió de base argumental a la novela que Leandro Herrero escribió en 1883, también al Romancillo de Pasarón, que Ximénez de Sandoval editó hace algunos años. El mismo se halla inserto en la obra de Sánchez Prieto. En él hay una estrofa que dice:

Estanques de rica pesca,

jardines con lindas flores,

nadando en el agua fresca

de rientes surtidores[9].

La visita que llevamos a cabo al jardín y huerta nos posibilitó la realización de fotos y mediciones sobre la actual estructura de las zonas verdes. De todo ello dedujimos que lo que es la zona llana, donde se ubica la mansión y sus dependencias tendría unos 4.200 metros cuadrados. De ellos 800 corresponderían al edificio, 600 al jardín y la zona de huerta y huerto unos 2.800 metros cuadrados. Hoy en el jardín se pueden contemplar una fuente en el ángulo noroeste, y un gran seto de boj que le separa por el lado norte. Emparrados, dos grandes palmeras y otros arbustos junto al cuidado césped completan lo que actualmente es este espacio ajardinado.

En un ordenado cuartel de forma rectangular ocupando el norte y oeste de la casa palacio podríamos encontrar en el siglo XVI un ejemplo de pensil italianizante. En él hallaríamos un jardín cerrado, con un cenador y emparrado complementario. A su alrededor flores de alelí, azucenas, claveles, violetas, lirios y rosas, además de laureles y arrayanes. También un huerto en el que se cultivasen el albaricoque, el cerezo, el naranjo y el limonero, junto a otros frutos propios de las condiciones edafológicas y climáticas de la región verata. La huerta surtiría de frescas y suculentas hortalizas a sus propietarios. Estanques con sus fuentes y surtidores ayudarían a completar este espacio que sin ser idílico, si era un remanso de paz, donde el sosiego y la meditación fueran posibles[10].

 

El castillo de los Oropesa en Jarandilla

 

  1. Fuentes consultadas

Carentes de documentación manuscrita a cerca del diseño y construcción de los jardines que rodeaban esta residencia hemos utilizado la observación directa, el trabajo de campo y el método comparativo a la hora de llevar a cabo nuestro cometido.

Las fuentes documentales del siglo XVIII, Respuestas Generales del Catastro de Ensenada y el Interrogatorio de don Tomás López, nada nos dicen sobre este castillo residencial. Por ello la bibliografía que citamos, junto a las visitas al lugar, han sido las fuentes más importantes consultadas. De aquellas citamos las siguientes:

-Salvador Andrés Ordax: Monumentos artísticos de Extremadura. Ed. Regional. Mérida 1988.

-Luís Merchán y Valentín Soria: Jarandilla de la Vera. Ed. La Vera. Jaraíz 1996.

-José Ramón Mélida: Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres. Volumen II. Madrid 1924.

-Gervasio Velo y Nieto: Castillos de Extremadura: Cáceres. Madrid 1968.

-Fernanda Castelao: Monografía: Historia del castillo de Jarandilla. Revista del Centro de Estudios Extremeños. Badajoz 1936.

-Federico Ruíz: Vista del palacio castillo del Emperador en Jarandilla. Madrid 1862. Estampa en la sala Goya de la Biblioteca Nacional.

-Francisco Quirós Linares: Las ciudades españolas a mediados del siglo XIX. Planos de Francisco Coello. Ed. Ámbito Valladolid 1991.

-Gabriel Azedo de la Berrueza: Amenidades y florestas de la Vera. Madrid 1891.

-Aquilino Camacho Macías: Gabriel Azedo de la Berrueza. “Alminar” nº 46, Badajoz, junio 1983.

-Alfonso Franco Silva: El condado de Oropesa. “Cuadernos Abulenses” nº 35. Ávila 2006.

 

  1. El castillo y sus castellanos

El señorío de Jarandilla hunde sus raíces en los conflictos entre la nobleza y la monarquía en la Baja Edad Media. En 1366 Enrique II comenzaba su reinado otorgando todo tipo de mercedes a los que apoyaron su ascenso al trono[11]. Fue exactamente el 11 de mayo del citado año cuando el precitado monarca castellano concedió un juro de heredad de 50.000 maravedises, más las villas de Oropesa, Jarandilla y Tornavacas, entre otras, a don García Álvarez de Toledo, primer señor de los mencionados lugares. Le sucedió su hijo Fernando, y fue el sucesor de este, otro García Álvarez de Toledo, el que bajo Enrique III y Juan II utilizó por primera vez el título de Señor de Jarandilla. El IV señor de Jarandilla lo fue don Fernando Álvarez de Toledo y Zúñiga que sirvió fielmente a los Reyes Católicos. El nuevo título de conde de Oropesa se lo concedió a este la reina Isabel en 1475.

Ya en el siglo XVI le sucedió en el título su hijo don Francisco Álvarez de Toledo y Pacheco, segundo conde de Oropesa, que sirvió y bien a Carlos V [12]. La línea sucesoria en el condado y señoríos adyacentes continuó en la figura de don Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa, III conde de Oropesa y VI señor de Jarandilla y otras villas. Este fue el que acogió a Carlos V en 1556 alojándole en su castillo durante el tiempo en que se daba remate a las obras del palacio de Yuste. Su escudo expresa en dos campos los símbolos de las cinco hojas de higueras y el jaquelado característico de la casa de los Álvarez de Toledo en Oropesa[13].

Juan Álvarez de Toledo y Monroy (Oropesa 1550-Jarandilla 1619) sucedió a su padre Fernando en 1572. Le correspondieron los títulos de IV conde y VII señor de las villas antes citadas. Se había casado en 1570 con Luisa Pimentel y Enríquez, hija de los duques de Benavente. Por orden de Felipe II le correspondió el traslado de los restos del Emperador de Yuste al Monasterio del Escorial. Nos hallamos pues con una saga nobiliar muy vinculada a la Corona desde los tiempos de los Trastamara y que se reafirma con la nueva dinastía Habbsburgo.

“Separado del pueblo por la carretera de Oropesa, descubrimos la Aliseda, como los jarandillanos denominan la finca y castillo, antigua residencia de los condes, debido sin duda a la gran cantidad de alisios que la pueblan”[14].

Según Luís Merchán y Valentín Soria, la fortaleza se comenzó a levantar a mediados del siglo XV, exactamente el 30 de agosto de 1447 por orden de don Fernando Álvarez de Toledo y para convertirla en su residencia de verano. Estos autores se apoyan en un documento publicado por Domingo Sánchez Loro en sus Historias placentinas inéditas. En esa fecha la ciudad de Plasencia protesta ante el conde por haber comenzado la edificación en tierras de la jurisdicción de la ciudad del Jerte[15].

Se trata de una enorme construcción de planta rectangular y torres cilíndricas en los ángulos. Del 12 de noviembre de 1556 al 3 de febrero del siguiente año aquí estuvo alojado el Emperador Carlos V. “Ocupó una confortable habitación, situada en la parte baja y lado izquierdo del palacio, a partir de la puerta principal, que da a un lado del jardín y disponía de útil y bien emplazado mirador que la permitía admirar la bella lejanía del monasterio”[16].

Esta residencia veraniega tenía tres recintos cuadrangulares concéntricos, fabricados en mampostería y sillería, prevaleciendo la regularidad en su trazado.

“Del recinto exterior solo son visibles escasos restos, constituyéndose a modo de muro de contención en los flancos occidental y meridional, con gran altura dado el desnivel existente.

En el segundo recinto pueden destacarse los lienzos del flanco septentrional, jalonados con cubos cilíndricos. Así mismo se aprecian muros de escasa altura en el oriente y mediodía. En la confluencia de estos destaca una interesante estructura constituida por dos cubos o torrecillas cilíndricas, entre las que se abre la puerta de acceso de este recinto. Se conservan también aquí restos del primitivo foso, el cual se superaba originariamente con un puente levadizo.

El recinto interior es de forma rectangular, organizado en torno a un patio central, flanqueados en todos sus lados por edificaciones adosadas a los lienzos, consta de dos plantas, completándose con torres en los ángulos, cilíndricas al mediodía y prismáticas al norte. La puerta de acceso se abre en el lienzo del mediodía. En el ala septentrional se encuentran los pabellones más nobles, abiertos al patio a través de una atractiva galería, con cuatro arcos escarzanos sobre pilares octogonales en la planta baja y otros tantos arcos carpaneles en la superior, protegida esta última por una balaustrada de tracería gótica”[17].

Como ya dijimos la construcción es de mampostería y sillares de granito, y las torres se coronan con doble hilera de canecillos de cantería y lo mismo la muralla del occidente[18]. F. Castelao en su obra incorpora un croquis del castillo en la página 19. Lo mismo hace Velo y Nieto en la página 283 del trabajo que citamos.

Tras la crisis del Antiguo Régimen el castillo sufrió un largo periodo de abandono y desidia que parecía anunciar su inminente ruina. Fueron providenciales las modificaciones que en 1911 llevaron a cabo los arquitectos Lorite y Cuartero que, aunque en parte algo lo deformaron, apuntalaron su conservación. En 1966, siendo aun propiedad de los duques de Frías, fue restaurado como parador nacional, uso que hoy día sigue teniendo.

A lo largo de los siglos XIX y XX esta fortaleza ha sido objeto no de estudio pero sí de contemplación. Conservamos un plano de Jarandilla, obra de F. Coello y su equipo, a escala 1/20.000. Es de 1849. En la zona junto al castillo se observa una parte ajardinada o al menos cercada y cultivada, tanto por el este como por el norte y el oeste. En la parte delantera, la meridional, hallamos una gran alameda y delante de la misma lo que el documento cartográfico denomina paseo de la Corredera[19].

En una estampa a plumilla, realizada en 1862, se observa el castillo desde el oeste, por el lado del mirador del Emperador. Es palpable la situación de abandono en que se halla, dado el estado de los muros y torreones. Al no existir la actual carretera Alcorcón-Plasencia, que hoy le circunda, todo este frente aparecía lleno de vegetación, sobre todo de grandes árboles y arbustos. También el patín o terraza llamado huerto de los naranjos (hoy olivar con piscina)[20].

El trabajo de Fernanda Castelao de 1936 incorpora varias imágenes del fotógrafo Díez, en las que se ve la fuente gótica que se hallaba en el centro de la plaza de armas, debió de ser del tiempo de la construcción de las dos galerías del norte. En otra  vista desde el norte se observan, delante de las dos grandes torres cuadradas y de los tres cubos redondos del segundo recinto, varios árboles, arbustos y un gran muro que está frente al estanque. Este se divisa parcialmente y se percibe un personaje sobre un puente o rampa de acceso al estanque[21].

El autor de este artículo conserva diez fotografías en blanco y negro que gentilmente le donó Valentín Soria y al que desde aquí manifiesto mi agradecimiento más sincero. Son de antes de la construcción del parador y de cuando se estaba comenzando a acondicionar. Todas ellas reflejan esa situación de abandono y la gran profusión de arbolado que por los cuatro puntos cardinales le contorneaban, produciendo una impresión fantasmagórica y de tiempos recios.

En los años cincuenta del siglo pasado Velo y Nieto se expresaba así: “A día de hoy ha desaparecido casi totalmente su cerca exterior, como así mismo sus preciosos jardines, huertas y otros anejos a la finca, que habían convertido a las tierras circundantes en auténtico vergel[22]. Veamos como era este remanso de paz en tiempos históricos.

 

  1. Un jardín de recreo

Para la descripción de las zonas verdes del castillo de los condes de Oropesa en Jarandilla nada mejor que transcribir lo que nos apunta Azedo de la Berrueza, jarandillano de pro y conocedor del sitio, ya que vivió en el siglo XVII y nos legó una obra básica para interpretar la comarca en aquel tiempo. Nos estamos refiriendo a “Amenidades y Florestas de la Vera”, editada en Madrid en 1667. La misma reza así:

“Está sito este famoso castillo en lo más eminente de la villa, algo apartado, aunque poco distante de ella, pues solo le media, aunque con subida levantada, un espacioso llano que tiene con dos ordenadas carreras de frondosos castaños que le hacen calle y hermosean… Así como se entra en la puerta del principal del castillo de quien vamos tratando, se descubre una hermosa y espaciosa plaza, acompañada de altos y famosos cuartos de casa, con buen pozo que tiene y unos hermosos naranjos que le adornan. Tiene mucha vivienda y famosos terrados, desde donde, por la parte septentrional, se descubre un grande y famoso estanque, con mucha pesca que tiene de anguilas y tencas, que hizo el señor don Juan Álvarez de Toledo”[23].

Sobre esta zona Fernanda Castelao nos dice lo siguiente: “Próximo a los muros del castillo hay un hermoso estanque que sirve de espejo a la airosa silueta del edificio, y a los dueños de él de recreo y expansión, distrayendo sus ocios con la pesca, entonces en boga. Es de forma rectangular, y en el centro tiene un cenador, donde, según la tradición, cenaba el Emperador cuando el tiempo lo permitía, siendo también tradicional que en dicho lugar se celebró un consejo de ministros.

Por si los accidentes naturales fueran pocos a defender el castillo, le rodean frondosos jardines poblados de corpulentos arboles, variados arbustos y delicadas flores, que le envuelven como un manto protector y dificultan su vista a gran distancia. El aroma de sus vergeles perfuma el ambiente y los surtidores y fuentes dan frescura en abundancia”[24].

Pero es Azedo el que se muestra más detallista a la hora de describirnos las zonas ajardinadas del castillo. Dice así: “Tiene el Marqués (?) dentro de su castillo y palacio hermosos jardines y grandiosas huertas con mucha diversidad de arboledas, que llevan regalados frutos. Son los jardines muy entretenidos por los muchos y diversos surtidores que tienen de burlescas aguas y diversidad de cuadros enlazados y entretejidos unos con otros de verdes murtas, olorosos arrayanes, y de otras muchas y diversas flores y odoríferas hierbas que la generosidad de la tierra produce, animadas con las dulces y regaladas aguas de las alabastrinas fuentes que las riegan. En medio de estos jardines está el referido estanque, con su cenador en medio de las aguas, a donde los señores muchas tardes se entretienen surcando las aguas de una parte a otra con su barco, y allí pescan y meriendan.

Sus márgenes por de fuera son cuatro calles que le circundan y todas pobladas y adornadas de muchos frondosos árboles. Allí se topa el oloroso limón, la hermosa cidra, el apetitoso ceotí, las dulces limas y hermosas toronjas. Allí los hermosos claveles, las castas azucenas, las minutisas, los tulipanes, la peonía, el alelí, con otras muchas diversidades de plantas, flores y rosas.

Tiene formados en sus calles, de la murta y arrayanes que hay en ellas, muchos monstruos y animales que, a la primera faz, unos meten horror y otros causan mucha alegría. (Hallamos por primera vez en la Vera una referencia al arte topiario, tan abundante hoy día en los pueblos veratos).

Está una sierpe al arrimo de la testera del dicho estanque, como mirando sus aguas, que ella misma si se mirara tuviera miedo de sí misma si se viera; y a no conocer que era aborto de una rama, cualquiera la temiera: tal es su fingimiento y ferocidad. Está puesta en carrera y a los alcances de un oso que, amedrantado, huye al sagrado de su cueva, y a cualquiera engaña”[25].

Castelao apunta que “gustaba mucho el Emperador pasear por los floridos jardines del castillo, y sobre todo en un huerto llamado de los naranjos, que tiene la puerta junto al puente levadizo y al cual dan sus habitaciones”[26].

Si ello fuera así debemos pensar que al menos parte de los jardines de esta casa existirían antes de 1556. Lo cual no es extraño por cuanto ya otros nobles hispanos, sometidos al gusto y estética italiana, habían construido o estaban a punto de iniciar atractivas zonas ajardinadas que embellecerían sus mansiones campestres. El caso de los duques de Frías en Cadalso de los Vidrios, el de Béjar en su Parque, los Manrique de Lara en Pasarón o los Alba en Abadía confirman esta proposición. Era de buen tono para el estamento nobiliar rodearse de residencias para el boato y el esparcimiento, donde manifestar su poder y holgar en tiempos de ocio. Los citados anteriormente son muestras en modo alguno poco comunes.

Hemos llevado a cabo varias visitas de estudio a los contornos de este castillo, tratando de contractar lo que nos dicen los textos con lo que hoy permanece. Todo ello aplicando algún tipo de método arqueológico sobre lo hoy existente. La adaptación del castillo a parador transformó ostensiblemente algunas zonas de arbolado en el segundo recinto, sobre todo en sus lados este y norte. Menos transformación experimentó por el lado meridional la zona de arboleda y en el oeste el llamado jardín de los naranjos, hoy convertido en un olivar con piscina.

Un gran paseo con dos fuentes modernas de piedra berroqueña separa el castillo del estanque por el lado norte. Este sigue teniendo su cenador y dos pasarelas de acceso. Sus calles siguen pobladas de frutales, olivos preferentemente, también eucaliptos y otros árboles. Como podemos comprobar bastantes transformaciones respecto a lo que sería en el siglo XVI este vergel y bosquejo encantador. El agua provenía de un depósito existente donde hoy se halla la sede de la Universidad de Verano por el lado norte, y muy cerca del llamado camino ganadero o La Manga. El patio de armas también ha sufrido cambios, hay un pequeño estanque de factura moderna y cuatro palmeras, más una arizónica en lugar de los tradicionales naranjos de la Vera.

Hemos calculado por Internet, a través del SIGPAC cuál sería la extensión de toda la zona residencial alrededor del actual parador, incluyendo el estanque y el parque municipal de la Aliseda. Nos da una posible extensión de 3,668 hectáreas, lo que equivaldría a 36.680 metros cuadrados. Si la zona del castillo ocupaba unos 2.224 metros cuadrados, el resto sería espacio ajardinado o bosque, con una extensión de 34.456 m2.Por supuesto estos datos están sometidos a revisión si hallamos documentación más precisa sobre el espacio que tratamos.

A modo de coda

 

Estos dos espacios ajardinados, situados en la comarca de la Vera, nos recuerdan que “primero fue el jardín y el hombre su habitante. Un paraíso donde el ser humano se enfrenta por primera vez con su propio destino”[27]. En la tradición judeocristiana el jardín precisa la imagen del paraíso perdido sin entrar en descripciones, añadidas después por la imaginación poética o la nostalgia.

Hay dos aspectos básicos que normalmente caracterizan a los jardines históricos, y estos de la Vera sin duda lo son: Primero el estar compuestos por elementos naturales, en segundo lugar que estos elementos estén ordenados por el hombre[28].

Otra singularidad hallamos en estas dos casas y es la práctica inexistencia de frontera entre el huerto y el jardín, entre lo útil y lo bello. El establecimiento de espacios productivos es compatible con el disfrute de los sentidos. El jardín es lugar de mucho embeleso, en el que el alma se solaza y se pone a buscar armonías esenciales. Floral ornamento que es lenguaje esencial para el amor y las artes. El huerto es el espacio en el que la naturaleza condescendiente con el ser humano, se hace alimento en frutos de exquisito sabor, botica vegetal para milagrosas medicinas, productoras de pócimas que calman o avivan la pasión.

Posiblemente nuestros dos jardines puedan catalogarse como manieristas. “La primera característica de este tipo de jardines es que son obras de arquitectura. Es como una gran proyección en el suelo de una de las fachadas de la casa. El jardín va a anexionarse a la casa… Un simple aficionado podría trazar un jardín del Renacimiento. Pero para el jardín manierista se necesita un arquitecto, que debe ser también especialista en hidráulica… Lo mismo que la arquitectura el agua es también una característica fundamental de este tipo de jardines”[29].

 

 

 

 

 

 

[1]Velo y Nieto Gervasio: Castillos de Extremadura: Cáceres. Madrid 1968 páginas 252-254. También del mismo autor Señores de Pasarón. Madrid 1956 página 23.

 

[2]Sánchez Prieto José Antonio: Estudio de un municipio de la Vera. Pasarón de la Vera 1971 página 64.

 

[3]Inventario artístico de la provincia de Cáceres. Ministerio de Cultura Madrid 1989, tomo I páginas 370-371. Gervasio Velo y Nieto describe el palacio en su obra Señores de Pasarón, páginas 33 a 37 y 72 a 83.

 

[4]Sánchez Prieto J A.: Ob. cit. página 27. También G. Velo y Nieto: Señores de Pasarón, Madrid 1956.

 

[5]Velo y Nieto G.: Señores de Pasarón, página 34.

 

[6]Ximénez de Sandoval Felipe: Romancillo de Pasarón. ABC de Sevilla, 20 abril 1958, página 35.

 

[7]Herrero Leandro: El monje del Monasterio de Yuste. Apostolado de la Prensa. Madrid 1923, páginas 120 y 121.

 

[8]Herrero Leandro: Ob. Cit. página 128. También hay citas del jardín en las páginas 90 y 127 de esta novela.

 

[9]Sánchez Prieto J. A.: Ob. Cit. El apéndice ocupa las páginas 123 a 126. Esta estrofa se halla en la página 123.

 

[10]Sobre las posibilidades reflexivas de los jardines puede verse mi estudio: “La idea de jardín en la Constancia de Justo Lipsio”. Revista La ciudad de Dios. Volumen CCXXVII número 1. San Lorenzo de El Escorial, enero-abril 2014, páginas 161-178.

 

[11]Rivero Isabel: Compendio de Historia Medieval Española. Istmo, Madrid 1982, página 240.

 

[12]Merchán, Luís y Soria, Valentín: Jarandilla de la Vera. Jaraíz 1996, página 18.

 

[13]Velo y Nieto G.: Castillos de Extremadura: Cáceres. Página 284 y siguientes. También J. Ramón Mélida: Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres. Página 241 y Alfonso Franco Silva: “El condado de Oropesa”. Cuadernos Abulenses, número 35, Ávila 2006, páginas 85-224.

 

[14]Castelao Fernanda: Historia del Castillo de Jarandilla. Revista de Estudios Extremeños Badajoz 1936, páginas 8 y 9.

 

[15]Merchán, Luís y Soria, Valentín: Ob. Cit. Páginas 29 y 30.

 

[16]Velo y Nieto G.: Castillos de Extremadura: Cáceres. Página 294.

 

[17]Andrés Ordax Salvador: Monumentos artísticos de Extremadura. Editora Regional. Mérida 1988, páginas 342 y 343.

 

[18]Mélida J. R.: Ob. Cit. Página 241.

 

[19]Quirós Linares F.: Las ciudades españolas a mediados del siglo XIX. Planos de F. Coello. Ed. Ámbito Valladolid 1991. Página 203.

 

[20]Ruíz Federico: Vista del castillo del Emperador Carlos V en Jarandilla. Madrid 1862. Estampa en la sala Goya de la Biblioteca Nacional de Madrid.

 

[21]Castelao F.: Ob. Cit. Varias páginas.

 

[22]Velo y Nieto G.: Castillos de Extremadura: Cáceres. Página 292.

 

[23]Azedo de la Berrueza Gabriel: Amenidades y florestas de la Vera. Madrid 1891. Páginas 91 y 92. Es posible que el estanque se hiciera imitando el que frente a su palacio tenía Carlos V e Yuste. Véase mi obra: Fray Marcos de Cardona jardinero de Carlos V y Felipe II en Yuste y el Escorial. Cocheras del Rey San Lorenzo del Escorial 2009.

 

[24]Castelao F.: Ob. Cit. Página 10.

 

[25]Azedo de la Berrueza G.: Ob. Cit. Páginas 93 y 94.

 

[26]Castelao F.: Ob. Cit. Página 13.

 

[27]López Barxas Francisco: “Lisboa, ciudad de jardines escondidos”. Revista Album, número 40. Madrid 1994, página 52.

 

[28]Fundación Casas Singulares: Jardines históricos privados. Actas de las jornadas celebradas en Madrid en el año 2000. Madrid 2002, página 15.

 

[29]Tablate Miquis Jesús: “El jardín manierista”. Revista Album, número 34. Madrid 1993, página 56.

 

Mar 312015
 

 

Teodoro Martin Martín.

UNED

1. Introducción

Aprovechando la celebración del IV Centenario de la muerte de Luisa de Carvajal y Mendoza, ocurrida en Londres en 1614, hemos tratado de acercarnos a una faceta nueva de su vida. Esta, junto a su obra, ya ha sido estudiada por diferentes especialistas. Nuestro propósito aquí es abordar un aspecto poco conocido, cual es su vinculación a la ciudad y la universidad de Lovaina.

En nuestro reciente trabajo sobre esta ciudad belga[1], no hallamos rastro alguno sobre la citada conexión y por ello en el estudio aquella no aparecía. De hecho doña Luisa nunca visitó Lovaina. No obstante, sí merece relacionar este espacio geográfico con nuestro personaje, por cuanto fue ella la que patrocinó la fundación en aquella urbe de un centro de formación para sacerdotes jesuitas ingleses.

Este pues va a ser el objetivo que nos trazamos en esta comunicación, el por qué, cómo y qué evolución tuvo la fundación, con el dinero de su herencia, de un Noviciado de jesuitas en aquella ciudad. Para ello nos hemos propuesto consultar todos aquellos libros, documentos y manuscritos sobre nuestra autora, existentes en los distintos archivos y bibliotecas españolas.

Seguidamente estableceremos unos criterios de valoración de aquellas fuentes documentales, para poder calibrar con precisión y acertamiento cuáles fueron las motivaciones que la llevaron a patrocinar aquella institución. ¿Por qué los jesuitas? ¿No existían entonces otras órdenes reformadas? ¿Qué destino y desarrollo tuvo la creación del Noviciado? También veremos la evolución posterior del mismo hasta su localización en Saint Omer.

Entiendo que aunque este es un tema muy puntual, nos sirve para adentrarnos en la rica personalidad de Luisa de Carvajal. Una mujer extraordinaria, excepcionalmente “rara” para aquellos tiempos, pero con unas convicciones tan lúcidas y determinantes que hacen de ella un personaje singular. Contradictorio y complejo sí, pero a la vez eminente. Todo ello sin entrar a valorar su obra literaria en forma de cartas y poesías. Sin duda alguna estas están entre lo más granado de la creación ascética y espiritual de aquel tiempo.

Luisa de Carvajal y Mendoza renunció a toda una serie de comodidades que le proporcionaba su origen y posición social, entregándose a las profundidades de un mundo oscuro y peligroso. Ello fue posible por sus firmes convicciones religiosas, muy arraigadas ya desde su primera juventud. A ellas va a dedicar la mayor parte de su existencia, aunque ello le suponga sinsabores y conflictos mil. A todos ellos se enfrentó y venció porque como ha dicho algún tratadista de su vida y obra NO PODÍAN CON ELLA.

2.Fuentes y Bibliografía

2.1. Documentos

Hemos consultado las siguientes fuentes archivísticas:

a)  En el Archivo General de Palacio, en Madrid, se conservan, procedentes del Monasterio de la Encarnación, 178 cartas; así como otros manuscritos de nuestro personaje. Así mismo el testamento de Luisa de Carvajal. También el Proceso de beatificación, en forma de 38 respuestas a un interrogatorio predeterminado de 47 preguntas.

b) En la Real Biblioteca de Palacio se halla la Librería particular del Conde de Gondomar. De esta procedencia existen también una colección de 18.000 cartas privadas. Relacionadas con doña Luisa hay catalogadas 33, que van de 1611 a 1615.

c) En la Biblioteca Nacional hemos consultado la mayor parte de los libros que mencionamos en el apartado de bibliografía. Además en aquella hallamos la estampa retrato de doña Luisa, obra de Jean de Courbes y publicada en Madrid en 1632.

Figura 1b

d) En la Biblioteca de la Real Academia de la Historia es posible acceder al interrogatorio de preguntas para la información sobre la vida, virtudes y santidad de la sierva de Dios y Venerable Luisa de Carvajal y Mendoza, elaborado por el doctor Juan Doyega de Mendieta, Madrid 1626; consta de 11 hojas. Existen así mismo, diversas cartas de doña Luisa, de don Rodrigo Calderón, del padre Miguel Valpolo y de don Diego Sarmiento. Todas ellas en la colección Salazar y Castro, signatura N-28.

e) En el Monasterio de la Encarnación es posible contemplar el cofre con los restos de doña Luisa, sitos en el relicario del citado convento. También una pintura anónima que representa en actitud orante a nuestra biografiada, se halla en una saleta que precede al coro de las monjas agustinas recoletas.

Figura 2b

f) En la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial no hallamos manuscritos, pero sí diferentes libros sobre las poesías y el epistolario de doña Luisa de diferentes años y ediciones.

g) En el Archivo del Colegio de San Albano de Valladolid (vulgo Los Ingleses) existe, en la serie II, el libro 8, en el que es posible consultar diferentes documentos referidos a nuestro tema. Agradezco la información que sobre este centro me proporcionó el profesor Javier Burrieza de la Universidad vallisoletana.

h) La iglesia de Saint James (Santiago), en Londres, recuerda el paso por aquella ciudad de doña Luisa mediante una inscripción epigráfica sobre una gran lápida y en la parte superior un escudo con las armas de Carvajal y Mendoza.

 

2.2.Bibliografía

Para obtener información sobre Luisa de Carvajal, además, hemos recurrido a los siguientes trabajos sobre la misma, que ordenaremos siguiendo un criterio de edición cronológica:

-Licenciado Luís Muñoz: Vida y virtudes de la Venerable Virgen doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Su jornada de Inglaterra y sucesos en aquel reino. Incorpora una estampa de doña Luisa obra de Jean de Courbes (1592-1641). Imprenta Real. Madrid 1633.

-Georgina Fullerton: The Life of Luisa de Carvajal. Burns and Oates, Londres 1873.

-Poesías espirituales de la Venerable doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Muestra de su ingenio y de su espíritu. Texto impreso por Antonio Izquierdo en Sevilla en 1885. Se trata de una edición de 48 poesías espirituales a cargo de don Manuel Pérez de Guzmán, marqués de Jerez de los Caballeros, sin presentación ni introducción.

-Antonio Rodríguez Moñino y María Brey Aparicio: Luisa de Carvajal (poetisa y mártir). Apuntes bibliográficos. Artes Gráficas Municipales, Madrid 1933.

-Jesús González Marañón y Camilo María Abad: Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. Volumen 179 de la Biblioteca de Autores Españoles. Atlas, Madrid 1965.

-Camilo María Abad: Una misionera española en Inglaterra: Doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Universidad Pontificia de Comillas, Santander 1966.

-Escritos autobiográficos (Texto Impreso) de Luisa de Carvajal y Mendoza. Introducción y notas de Camilo María Abad. Colección Espirituales Españoles. Editor Juan Flors, Barcelona 1966.

-Teodoro Fernández Serrano: IV Centenario de doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Revista “Alcántara” nº 147, Cáceres, julio-diciembre 1966.

-Teodoro Fernández Serrano: Una extremeña hacia los altares. Diario “Hoy” de Badajoz, domingo 9 de abril de 1967.

-Valeriano Gutiérrez Macías: Doña Luisa de Carvajal y Mendoza, una mártir de la fe de Cristo y poetisa del amor divino. En el volumen II de su obra Mujeres Extremeñas. Cáceres 1977. Incluye una selección de versos.

-Aquilino Camacho Macías: Doña Luisa de Carvajal y Mendoza (1566-1614). Revista “Alminar” nº 8, Badajoz, octubre de 1979.

-Poesías Completas de Luisa de Carvajal y Mendoza. Texto Impreso. Edición a cargo de Mª Luisa García Nieto Onrrubia. Colección Clásicos Extremeños nº 1.  Diputación de Badajoz, 1990.

-Anne J. Cruz: Luisa de Carvajal y Mendoza y su conexión jesuita. “Asociación Internacional de Hispanistas”. Volumen II. Universidad de California, Irvine 1994. Tengo noticias, gracias a Leticia Sánchez Hernández, de que Anne J. Cruz acaba de editar este mismo año un libro titulado The Life and Writings of Luisa de Carvajal y Mendoza. Publicado por el Centro de Estudios para la Reforma y el Renacimiento. Victoria University, Toronto 2014.

-This Tight Embrace. Luisa de Carvajal. Edición de Elisabeth Rhodes. Marquette University Press, Milwaukee 2000.

-María de las Nieves Pinillos Iglesias: Hilando Oro. Vida de Luisa de Carvajal y Mendoza. Ediciones del Laberinto, Madrid 2000.

-M. García Verdugo: Luisa de Carvajal en sus contextos: aventurera y escritora. En “Espéculo” nº 26, Revista de Estudios Literarios. Universidad Complutense, Madrid 2004.

-Adelaida Cortijo y Antonio Cortijo Ocaña: Correspondencia entre Luisa de Carvajal y el Conde de Gondomar (1612-1614). Universidad de California, Santa Barbara 2005.

-Luisa de Carvajal y Mendoza. Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Por Manuel Mañas Núñez. Volumen XII. Madrid 2010.

-The letters of Luisa de Carvajal y Mendoza. Edición de Glyn Redworth. Pickering and Chatto. Londres  2010, 2 volúmenes.

Christopher J. Henstock: Luisa de Carvajal: Text, context and selfidentity. University of Manchestyer. Tesis doctoral 2012.

Otros trabajos consultados:

  1. Padre Bartolomé del Alcázar: Chrono-historia de la Compañía de Jesús en la provincia de Toledo y elogio de sus varones ilustres, fundadores y bienhechores. Madrid 1710, 2 volúmenes.
  2. Carmen Manso Porto: Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar (1567-1626). Xunta de Galicia. Santiago de Compostela 1996.
  3. José Antonio Maravall: Poder, honor y élites en el siglo XVII. Ediciones Siglo XXI, Madrid 1984.
  4. Teodoro Martín Martín: El concepto de jardín en la Constancia de Justo Lipsio. En “La Ciudad de Dios”, San Lorenzo de El Escorial, volumen CCXXVII, nº 1, enero-abril de 2014.
  5. Teodoro Martín Martín y Alejandro Martín Romo: Visiones Hispánicas de Lovaina. “Cuadernos de Investigación Histórica” nº 29. F.U.E. Madrid 2012.
  6. Geoffrey Parker: Felipe II. La biografía definitiva. Planeta, Barcelona 2010.
  7. Ciriaco Pérez Bustamante: La España de Felipe III. Volumen XXIV de la Historia de España de don Ramón Menéndez Pidal. Espasa Calpe, Madrid 1983.
  8. Wenceslao Ramírez de Villaurrutia. La embajada del conde de Gondomar en Inglaterra en 1613. Madrid 1913.
  9. Oscar Ruíz Fernández: Las relaciones hispano-inglesas entre 1603 y 1625. Diplomacia, comercio y guerra naval. Tesis leída en la Universidad de Valladolid el año 2012.
  10. Reinhold Schneider : Philipp der Zweite oder Religion und Macht. Frankfurt a M. und Hamburg. 1966.
  11. Eduard Van Even: Louvain dans le passé et dans la prèsent. Edición de Auguste Fonteyn. Lovaina 1895.

3. Breve apunte biográfico

Luisa de Carvajal y Mendoza nació en Jaraicejo (antigua provincia de Extremadura) el 2 de enero de 1566. Era hija de Francisco de Carvajal y Vargas, caballero nobilísimo y de María de Mendoza y Chacón, primogénita de los condes de Monteagudo. Por su origen era doblemente aristócrata. Quedó huérfana a los seis años pasando a vivir con su tía María de Chacón en las Descalzas Reales de Madrid. A los diez muere su tutora y parte para Almazán con su tío materno, Francisco Hurtado de Mendoza, al cual seguirá a Pamplona cuando este sea nombrado virrey de Navarra.

En aquel siglo de espiritualidad tremendista, “los métodos educativos que su tío le impuso pecaron de rigurosos con una niña de trece años”[2]. Seguramente de él heredó también el gusto por la poesía. Esta y su dedicación a Dios y su religión fueron el norte que guió su vida desde los diecisiete años. Después de una breve estancia conviviendo con su tío en Madrid, a la muerte de este en 1592, decide rodearse de unas amigas y establecer en su propia casa una auténtica comunidad monástica, que perduró doce años. Funda así un pequeño beaterio en compañía de aquellas tres o cuatro criadas de la mansión de su tío que la habían seguido.

Se ubicaron en una casa de la calle de Toledo, no muy lejos del colegio de la Compañía, que había patrocinado la Emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II, a su vuelta a Madrid. Allí Luisa hizo una serie de votos: De perpetua pobreza en 1593, de obediencia y mayor perfección ambos en 1595 y el de martirio en 1598.

Figura 3b

 Esta fase de su existencia en el beaterio de Madrid fue crucial en su vida. Así nos lo relata su más que amiga, hermana y fiel compañera, Inés de la Asunción. Esta fue una de las cuatro criadas que la siguieron en la desafiante aventura de entregarse a Dios de un modo por lo demás insólito. Ella, como dice Nieves Pinillos, allí “ya no era sino una compañera más y juntas habían de vivir como pobres y del trabajo de sus manos…Al decidir Luisa vivir del trabajo de sus manos escogió la muerte social, ser el oprobio del mundo, pero también conseguiría, aunque a alto precio, ser bastante más libre”[3].

Esta forma de vida habría tenido bastante parecido con la de un beaterio si no fuese por la introducción revolucionaria y rebelde del trabajo para sustentarse y de la frecuentación de lo más despreciado de la sociedad…Recogían prostitutas enfermas y las traían a casa para atenderlas[4].

“Sintió simpatía y cariño por los católicos ingleses. Supo por una carta del embajador de España, Juan de Mendoza, que había sufrido martirio el padre Eduardo Campiano, valeroso soldado de la Compañía de Jesús. Creció mucho este pensamiento con una relación que le llegó de la vida y martirio del padre Enrique Valpolo, de la misma orden religiosa, el cual fue ejecutado en el año 1595 en Londres”[5].

Entre 1603 y 1605 permanece en Valladolid para seguir de cerca el complicado proceso de recuperar su hacienda. En la citada ciudad se había instalado la Corte y con ella los consejos que la asesoraban. Ella tenía problemas para heredar, dado que según el testamento paterno ello solo era posible si contraía matrimonio o ingresaba en un convento. Ninguna de las dos situaciones reflejaba su modus vivendi. Conseguido su propósito de obtener sus derechos hereditarios en 1605 decidió lo siguiente: “Ya sabe vuestra merced que la hacienda ha de ser de la Compañía, como lo es su dueño, y lo será mientras viviere, que a esto se les ofrece tan pobre en la ofrenda y posibilidad, cuanto rica de voluntad y afición verdadera”[6]. La hacienda por voluntad expresa de Luisa se destinaba a la fundación de un Noviciado para la misión de los padres jesuitas en Inglaterra.

A finales de enero de 1605 parte para Londres a cuya capital llega, poco antes de que en noviembre del mismo año se produjera la Conspiración de la pólvora, intento por parte de algunos radicales católicos de hacer volar por los aires el parlamento inglés con su rey Jacobo I dentro. En la mencionada ciudad inglesa sostiene públicas controversias con gentes del común y teólogos protestantes, creando a su alrededor una pequeña comunidad femenina católica. Su labor de apostolado, en un ambiente hostil, la hace objeto de persecución, sufriendo dos veces prisión, una en 1608 y otra en 1613.

Sus nueve años de estancia en Londres supusieron un esfuerzo extraordinario para una mujer con delicada salud, bajo un clima con un sempiterno mal tiempo; “todos estos meses no hace otra cosa el cielo sino llover”, decía en una de sus cartas. El idioma también fue una barrera al principio ya que lo desconocía, pero poco a poco, según señalaba, “ya voy suelta en hablar inglés”. Es cierto que siempre contó con el apoyo de los tres embajadores españoles que conoció en Inglaterra, pero el ambiente adverso siempre la acompañó en su periplo británico. “La Iglesia y la Monarquía Española eran las únicas lealtades terrenales ante las que se inclinaba Luisa”[7].

El 2 de agosto de 1613 llegó a Portsmouth el nuevo embajador de España, don Diego Sarmiento de Acuña. Coincidió con la publicación ese mismo año, por el padre Francisco de Suarez de la Compañía de Jesús, de la obra “Defensa de la fe católica contra los errores del anglicanismo”. Esta fue muy mal recibida por el monarca inglés y en general por la iglesia anglicana, dado que defendía la teoría del tiranicidio en el caso de situaciones como la existente en Inglaterra. En ese ambiente tiene lugar la detención, en octubre, de Luisa y sus compañeras de beaterio, las cuales fueron llevadas a la cárcel pública. La habilidad y las gestiones del nuevo representante diplomático español debieron ponerse a prueba. Logró al fin la liberación de las encausadas con la condición de que salieran del país[8].

Sin embargo tal premisa no se va a cumplir por cuanto Luisa, nada más salir de la cárcel, se sintió enferma y falleció de neumonía el mismo día que cumplía 48 años, es decir, el 2 de enero de 1614. El 4 de agosto de 1615 salieron por fin de Inglaterra sus restos los cuales, tras hacer puerto en San Sebastián, se depositaron en el relicario de las madres agustinas recoletas del Real Monasterio de la Encarnación en Madrid. Fue una disposición adoptada por el propio rey Felipe III para con esta institución, fundada por el mismo monarca y su esposa Margarita de Austria unos año antes. En este convento reposan hoy día con la dignidad y el aprecio que le dedican sus religiosas.

De Luisa de Carvajal nos ha quedado “su ejemplo de hija de la Iglesia, de católica militante sin complejos ni miedos, su limpia prosa, sus bellos versos místicos y su forma de ser mujer en un mundo en que serlo no era ni ventajoso ni fácil, y mucho menos si se desafiaba lo establecido y se ejercía el derecho impensable a la libertad de elección”[9].

 

3.1. Su decisión testamentaria

 

El fallecimiento de su tío y tutor espiritual en 1592 coincide con la decisión de Luisa de Carvajal de independizarse y poner en ejecución sus convicciones religiosas. Su instalación en la calle Toledo de Madrid supone una actitud clara y diáfana acerca de cuál va ser su estilo de vida.

En este modo de vida auto elegido la pobreza y el trabajo eran sus parámetros básicos; en consecuencia, una de las preocupaciones que la embargó en estos años fue la obtención de la herencia que le correspondía de sus padres y su aplicación a los fines benéficos que ella consideraba más apropiados.

El ambiente existente en España después del desastre de la Armada Invencible en 1588 y las lecturas que nuestra autora llevó a cabo a cerca de la persecución y martirio de católicos ingleses, hizo que Luisa no abandonara nunca las esperanzas de que Inglaterra volviera a ser de nuevo un país católico. Por ello, a lo largo del pleito que sostuvo con su hermano por conseguir la herencia paterna, la “misión de Inglaterra” estaría siempre presente. Esta se llevaría a cabo de dos formas: una mediante su compromiso personal de marchar a aquel país, la otra aplicando sus bienes a una fundación con igual propósito de combatir la herejía anglicana.

Así pues, “rebelándose contra la tradicional pasividad femenina, y a pesar de sus votos de pobreza y obediencia, Carvajal inicia un pleito por derechos de herencia primero contra los ejecutores y después contra su hermano. Para ello se ve obligada a trasladarse con la Corte a Valladolid en 1603, donde vivirá al lado del colegio jesuita de San Albano y conoce a los jesuitas Richard Walpole (Walpolo) y Joseph Creswell, vicerrector de la misión inglesa”[10].

La autora del anterior texto sostiene el gran influjo que los discípulos de San Ignacio tuvieron en su toma de posición. Siendo cierta esta influencia, hablar de una conjura jesuítica es menospreciar la capacidad de decisión de Luisa. Contra viento y marea nuestra protagonista tiene la clara convicción de cuál es su misión  y a ella encamina sus recursos económicos y sus energías personales. Las conveniencias políticas del momento, paz con Inglaterra de 1604 o los consejos de reflexión y prudencia por parte de los propios superiores jesuitas antes de partir para Inglaterra, nos hablan de una voluntad decidida de evangelización. Que esto fuera un despropósito histórico es otra cuestión, pero lo que si se desprende de toda su actuación es la firme determinación que tiene y a ella enfoca todas sus energías.

En carta al Duque de Lerma, firmada en Londres el 20 de noviembre de 1613 le dice: “Puedo asegurar a vuestra excelencia de que la vocación de venir a Inglaterra que desde que era muchacha tuve, conforme a la doctrina de la Santa Iglesia, ha sido muy probable y clarísima vocación de Dios y con los sucesos (dos prisiones) se ha confirmado de día en día. Y sin muy especial ayuda suya, no fuera posible haberme conservado tanto tiempo entre aquesta gente en la manera en que ello ha sido”[11].

Resuelta a su favor la petición hecha al consejo de recibir la parte de la herencia que le pertenecía, decide firmar testamento en Valladolid el 7 de enero de 1605, con un añadido del 26 de mismo mes, con su letra esmerada y renglones rectos, en el que dispone:[12]   1º que se cobren los 19.000 y pico ducados con los réditos que hubieren corrido a la mayor brevedad (ella ya no puede dilatar más su viaje). 2º Que a continuación se le den a su hermano don Alonso los 5.000 ducados estipulados en la sentencia real. 3º Que con el resto se paguen todas sus deudas de las que deja una memoria. 4º Que si es posible se vaya buscando en qué emplear el dinero que sobre para cuando esté disponible. 5º Que el dinero que se cobre se deposite en el Colegio inglés, para que el padre Ricardo Walpolo y el vice prefecto de la misión, bajo conciencia, lo empleen en lo dicho anteriormente… 7º Que el dinero que sobre después de pagado todo, se emplee sobre alcabalas poco cargadas o juro de segura cobranza libre de pleitos y marañas…” Además del dinero quedante de su herencia para la fundación de un Noviciado inglés, establece que el ajuar de su casa y los libros sean para el mismo destino, igual que el crucifijo que era de su tío, con el lignum crucis que tiene, que ha de ponerse en un relicario pequeño de oro. (Véase el Archivo del Colegio de Ingleses de Valladolid;  Serie II, libro 8, documento 104).

Figura 4b

 Aspiraba ella que bien colocada su hacienda pudiera rentar al año 1.500 o 2.000 ducados, con los cuales podría sustentarse un número conveniente de novicios. En 1550 el beato Juan de Ávila calculaba que con 2.000 ducados se podían mantener 48 seminaristas. Hay que subrayar que el padre general de los jesuitas, Claudio Aquaviva, aceptó la fundación de un seminario para sacerdotes ingleses el 25 de junio de 1605 y otorgó a la fundadora carta de hermandad con la Compañía[13].

Por todo lo anterior “hizo donación de todo el derecho que por ella le tocaba a favor de la misión de Inglaterra, para que se fundase un Noviciado en Flandes, donde se criasen naturales de aquel Reino, que sacerdotes doctos y virtuosos volvieran a su patria a conservar en muchos la Religión Católica… Ha sido la fundación de estos seminarios calificada por obra de las más gloriosas que ha habido desde los Apóstoles acá, y uno de los mayores blasones en materia de fe y religión que tiene España”[14].

 

3.2. ¿Por qué en Lovaina?

Luisa de Carvajal partió de Valladolid, donde seguía la Corte, el 27 de enero de 1605, camino de Inglaterra. En Vizcaya visitó la casa de San Ignacio prosiguiendo después su viaje hacia Paris. Desde aquí salió hacia Ruan, dejando el camino derecho de Bruselas, llegando a Saint Omer, donde se detuvo un mes en casa de la cuñada del padre jesuita Personio. A principios de mayo del precitado año desembarcaría en Dover, iniciándose con su marcha a Londres el último periplo de su vida.

Aunque se trasladase a las Islas, Luisa no se desentendió de su fundación, pero sí dejó que la misma la llevase a cabo la orden jesuita y alcanzase sus cometidos fundacionales. Estableció también que la decisión de donde ubicar el Noviciado correspondiera a los hombres de la Compañía. Esta por esas fechas se hallaba en un proceso de constitución y desarrollo de colegios y seminarios por todos los países católicos. Se iniciaron con los de Douai en 1568 y Roma en 1576, ambos por el padre William Allen. El padre Robert Parsons fundaría el de Valladolid en 1589, el de Sevilla en 1592 y en 1593 el de Saint Omer. El colegio de Madrid fue obra del padre Joseph Creswell y ya en 1622 el de Lisboa lo gestionó William Newman. Citamos solo algunos de los que tienen relación con nuestro estudio.

El Noviciado inglés comenzó en Lovaina en 1606, gracias a los fondos que aportó Luisa de Carvajal. Allí permanecería hasta 1612 en que se traslada a Watten. Esta población está a diez kilómetros al norte de Saint Omer y se aprovecharon las instalaciones de la antigua abadía de Saint Bertín, originaria del siglo XIV.

El Noviciado inglés fundado en Lovaina y luego trasladado a Watten es diferente, pues, del colegio jesuítico de Saint Omer, del cual aun hoy podemos contemplar su monumental fachada barroca, con cinco niveles o pisos, construida con piedra blanca y ladrillo. Fue obra del arquitecto jesuita Jean Du Blocq y su planta constaba de una sola nave con seis tramos, sin transepto, más un ábside poligonal.

Figura 5b

Por el contrario el noviciado de Watten, del cual hoy no quedan más que ruinas y heredero del de Lovaina, tuvo un tipo de organización a la inglesa, si bien varios de los primeros rectores eran españoles. En él se establecieron cinco clases de humanidades superiores, con cursos de Filosofía y Teología. Este Noviciado al igual que el colegio de Saint Omer pasó a Francia en 1677 y desapareció un siglo después  con la disolución de la Compañía de Jesús.

En la universitaria Lovaina los padres de San Ignacio aparecieron a mediados del siglo XVI, logrando fundar una casa en 1563, sita en la calle de los Orfelines. Dada la precariedad de esta primera fundación en 1595, por una suma de 10.000 florines, adquieren tres grandes casas linderas en la calle del Mayeur (hoy San Miguel). En años posteriores adquieren otros solares cercanos y van componiendo lo que será el gran Colegio de San Miguel, del cual hoy permanece su impresionante iglesia barroca. Los edificios claustrales complementarios fueron levantados en gran parte en torno a 1610; eran muy extensos, con un amplio jardín y huerta. La biblioteca del colegio era de las más ricas y más preciosas del país, la misma se iba incrementando constantemente con donaciones, entre ellas la del sabio Justo Lipsio[15]. Este colegio fue suprimido por bula de Clemente XIV en 1773[16].

La obra de Van Even recoge entre las páginas 492 y 493 un excelente grabado del colegio de los jesuitas de Lovaina en 1725. En él se puede visualizar la amplitud del complejo y el carácter imponente de su iglesia, hoy afortunadamente conservada. Es en esta sede donde se asentó el Noviciado para sacerdotes ingleses patrocinado por Carvajal y que se trasladaría en 1612 a las cercanías de Saint Omer. Coincide pues la construcción del colegio de San Miguel con la donación hecha por nuestra biografiada. Allí pues se alojarían los novicios de la fundación hasta su posterior traslado a Watten. El epistolario de doña Luisa refleja muy bien las inquietudes y dificultades que tendrá aquel en la sede de la calle San Miguel, esquina a la de Namur, de la urbe brabantina.

Figura 6

 Todos los autores que hemos consultado reflejan que la primitiva fundación de Carvajal fue en Lovaina[17]. Robert Parsons en nombre de la Compañía y por disposición de la fundadora dispuso que los 14.000 ducados de la donación se aplicaran al fin establecido en el testamento. El Noviciado abrió sus puertas en 1606 con seis sacerdotes, dos escolares y cinco hermanos coadjutores. El primer maestro y rector fue el padre Tomás Talbot. En 1609 era enviado desde Roma para trabajar en el Noviciado de Lovaina el padre Juan Gerard[18]. El Noviciado de Luisa de Carvajal rápidamente adquirió una notoriedad parecida a la de los fundadores. Pronto sería una  preocupación particular tanto de los ministros de Jacobo I en Londres como de la Corte de Bruselas[19].

La ubicación en Lovaina de la fundación tenía sentido si recordamos el prestigio de que gozaba el Alma Mater Lovaniensis en aquella época, siendo considerada como la Atenas del Norte. La proximidad a las islas era otra razón más para su ubicación. No se descartaba tampoco el apoyo que los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia otorgarían al nuevo Noviciado. Esto último sin duda no tuvo lugar. La expansión y crecimiento del colegio de San Miguel en estos años contaría con los fondos dispuestos por Luisa de Carvajal. ¿En qué cuantía? Este es un tema de difícil concreción, dada la inexistencia de documentación al respecto.

El traslado a Saint Omer en 1612 es la explicación de que los distintos testigos que responden al interrogatorio del Proceso de Beatificación hablen del Noviciado de Flandes, sin especificar la ciudad. Téngase en cuenta que el citado Proceso se inicia en 1625 y que por tanto aquel ya no se halla en la capital brabantina sino en la más cercana a Calais, exactamente en Watter near Saint Omer[20].

3.3. Vicisitudes de la Fundación

En el epistolario de doña Luisa puede seguirse la maternal solicitud con la que ella siempre se interesó por el Noviciado para sacerdotes ingleses de Lovaina. Veamos algunos ejemplos en sus cartas, todas ella escritas desde Londres:

En carta a Magdalena de San Jerónimo, amiga desde la infancia y que formó parte del séquito de Isabel Clara Eugenia en los Países Bajos, le dice el 2 de febrero de 1606: “Lo de Lovaina suplico a Vuestra Merced favorezca, pues ve la extrema necesidad que estas almas tienen de aquella ayuda, y la Santa Iglesia de que este rico pedazo de muro, que contra tantas violencias se ha sustentado en pié, no caiga en tierra; y en razón de estado para Flandes y lo demás de la Iglesia”[21]. Y el 2 de marzo la vuelve a decir: “Y no olvide lo de Lovaina, le suplico humildemente”[22].

En otra misiva dirigida a la condesa de Miranda el 7 de mayo del referido año le pide que “el Rey se haga patrón del Noviciado que se hace con los dineros que yo dejé para eso, que no tienen ninguno; y la necesidad del amparo del Rey es grande y sin costalle nada podrá honralle y aumentalle. Confío que vuestras excelencias, saliendo o no saliendo, nos harán esta merced”[23].

El 18 de enero de 1607 nueva carta a Magdalena de San Jerónimo.”No se olvide vuestra merced de los pobrecitos de Lovaina y de la suma necesidad que estas almas padecen y tienen de socorros; y a Su Alteza suplico humildemente lo mismo”[24]. En otra dirigida a esta religiosa el 3 de marzo del mismo año insiste en las dificultades de la fundación de Lovaina[25].

Figura 7b

El 12 de agosto de 1607 se dirige a Joseph Creswell, antiguo rector del colegio jesuítico de Roma y residente por estos años en Valladolid, y le dice: “El mejor camino es por el padre Baulduino (agente de negocios de la misión inglesa en Flandes), en compañía de los dineros que se enviaren al noviciado de Lovaina; y entretanto que se envían, los puede vuestra merced guardar, están del todo seguros”[26]. Unos días más tarde el 22 de agosto y al mismo  destinatario le señala:

“Y digo, señor, que en lo de la casica mía, yo no he ofrecido darla al colegio ni a nadie por tiempo de mi vida; quedó en la donación para el Noviciado de Lovaina, incluida en lo general, ya he escrito que, en conciencia y justicia, no debo réditos”.

“En cuanto a los dineros de la señora doña Ana María, suplico a vuestra merced los ponga en la renta del Noviciado, por cuenta del mismo Noviciado y como dinero suyo; quítele vuestra merced el nombre de dinero de las monjas de Bruselas; que si falta el padre Baulduino, podrá estar en peligro de ser tenido suyo de ellas; y sin comparación esto que digo; y lo que rentare esa cantidad júntelo vuestra merced con el mismo dinero del Noviciado para ellos, que yo no quiero renta…Y yo no pediré nada de estos 500 ducados; hasta que me falten dineros de otras limosnas; y hasta entonces mejor me los guardará vuestra merced o el mesmo Noviciado, que nadie en el mundo… No lo sepa la mesma señora que lo dio porque veo que sienten devoción mayor en darme a mí que a esa obra. Y aunque yo lo he excusado en algunas cartas y he querido anteponer la necesidad del Noviciado a la mía, no he podido trocar su ánimo”[27].

En una segunda carta dirigida al padre Creswell el mismo día le comunica: “Mucho deseo que el Rey Nuestro Señor se haga patrón del Noviciado y que no tenga otro patrón sino él y esto querría suplicar a la Reina Nuestra Señora. Avíseme vuestra merced en qué forma lo haré, y escribiré a su Majestad y a mi prima doña Inés y a su marido. En el alma me holgaré que salga vuestra merced con lo de los 40.000 ducados; bien lo han menester”[28].

Nueva misiva al padre Creswell el 31 de agosto de 1607 diciéndole: “Mientras no se envía el dinero con lo de Lovaina o semejante ocasión, puede correr por Lovaina si los Fúcares dieren algo de interés por lo que se detiene en su poder”[29]. El 16 de diciembre inmediato en nuevo escrito al referido jesuita le ordena: “Para mis libros tome vuestra merced de los dineros que han dado o dieren para mí, que no quiero consentir sean del Noviciado inglés de Lovaina, que si vuestra merced trata de eso, ni tomaré libros, ni jamás pediré otra ninguna cosa. Si Nuestro Señor Dulcísimo se sirve de que se den esos 40.000 ducados al Noviciado y que el Rey se haga patrón, quedará muy bien puesto. Y puede hacerse patrón, porque no se sabrá jamás, siendo el secreto guardado entre personas tales como vuestra merced y el padre Personio (Parsons) y los semejantes”[30].

De nuevo el destinatario de la carta del 29 de junio de 1608 es el padre Creswell. “Dígame vuestra merced si podríamos alcanzar del piadosísimo pecho del Rey Nuestro Señor, por medio del duque (Lerma), y del Duque por el Señor don Rodrigo (Calderón), que Su Majestad se hiciese patrón del Noviciado de Lovaina, pues tiene la mitad o más de la renta de patronazgos de la Casa de Austria, por lo cual no se le pudo dar al obispo sin aprobación del Archiduque, a lo que he entendido. Y sin dar Su Majestad nada, será gran lustre para aquella santa y devota casa, y espero crecería a su gran consuelo y gloria de Nuestro Señor”[31].

A la madre Mariana de San José, religiosa agustina recoleta y futura priora de la Encarnación de Madrid, le escribe el 5 de julio de 1609. “Siempre ando pensando por do poder entrar a dar principio a la fundación de esa recolección en Flandes, que deseamos. En Lovaina, do está el Noviciado inglés, ha habido un monasterio de San Agustín, de monjas flamencas e inglesas”[32]. A la monja agustina Inés de la Asunción le pide, el 22 de noviembre de 1609, “oraciones por lo de Lovaina o cualquiera otro cabo; que si es gusto de Dios, oración lo ha de hacer todo”[33].

La última carta que hemos hallado en su epistolario, donde menciona a Lovaina, es la que dirige al padre Creswell el 15 de octubre de 1611. “Voy hablando muy razonablemente inglés, sin maestro, a puro trabajo de mi cabeza…El libro contra la proclamación y leyes últimas pienso que será de gran provecho en inglés para animar y fortalecer a los católicos… Si vuestra merced envía uno de estos libro a mí o a Mr. Rich, a Lovaina, podrá ser se imprima en inglés”[34].

El relato que da sentido a todas estas cartas denota la preocupación constante y esforzada de Luisa por el Noviciado que ha patrocinado en Lovaina. Sus gestiones para la obtención de nuevos fondos y el anhelado patronazgo regio de Felipe III son sus dos grandes preocupaciones. Estas sabe trasmitirlas a sus distintos interlocutores, sean gentes de la nobleza, jesuitas o religiosas.

Luisa conoció de los frutos espirituales de su Noviciado, ya que Tomás Garnet, sobrino de Henry Garnet, fue ejecutado en 1608, siendo el primer mártir de la institución jesuita que esta mujer ayudó con su fortuna a fundar en Lovaina. Varios siglos después Tomás Garnet, Henry Walpole y otros mártires ingleses fueron canonizados en Roma el 25 de octubre de 1970.

Lo que no lograron los novicios de Lovaina fue un deseo expresado por Luisa de Carvajal en 1612. En aquella fecha dejó dicho que, “si yo fuere mártir y se pudiese recoger mi cuerpo, vuestra señoría le ponga donde fuere servido, dando alguna parte al Noviciado de la Compañía de Jesús inglés, que está en Lovaina. Fundóse de la pobre renta que les dejé, y es el primero que jamás ha habido de esa nación. No siendo mártir no merezco entierro”[35].

3.4. Una mujer singular

Aunque en nuestro trabajo nos hemos limitado a analizar las vinculaciones de Luisa de Carvajal y Lovaina, de las mismas, de su propia biografía y de su obra literaria se desprende que nos hallamos ante una figura eminente de nuestro ayer. Un personaje nada común, con una fuerza interior que la lleva a tomar decisiones poco frecuentes en la España de los Austria. Por todo ello merece figurar como una protagonista señera dentro de nuestro rico pasado histórico.

No es nada extraño que el estudio de sus cartas y poesías haya sido lo que más ha preocupado a los estudiosos de su obra. Ya en 1885 y en Sevilla, don Manuel Pérez de Guzmán, marqués de Jerez de los Caballeros, hizo una edición de 48 poesías espirituales de Luisa. En las mismas se puede observar el alma auténticamente mística de la autora. En ellas y en su propia vida “lo que más vivamente aflora es el amor divino que espontáneamente sigue a la contemplación infusa… Tales son los sentimientos que vibran en las poesías de Silva, nombre pastoril en que ella ha trocado el nombre propio. Acaso los más hondos son el del tormento de la ausencia y el del anhelo del martirio”[36].

“La poesía de doña Luisa se adscribe a un tipo de mística marcada por inconfundibles rasgos jesuíticos” señala García Nieto Onrubia, que prosigue más adelante, “Se vale del instrumento de la metáfora y de la imagen, que sobresalen en su corpus poético, por encima de otros recursos literarios hasta configurar el eje central de su poesía”[37]. Mañas Núnez califica su poesía “como religiosa, espiritual y de exaltación del amor místico con Dios. En ella el alma es como un jardín”[38]. El conjunto de su obra poética asciende a 50 poemas.

En el año 2012 Glyn Redworth realizó una edición en inglés de su epistolario. Ascendía el número de cartas a 179, con una breve introducción a cada una de ellas. La primera escrita desde Madrid es de 1598 y estaba dirigida a su prima Isabel Velasco. La última desde Londres es de noviembre de 1613 e iba dirigida al duque de Lerma. En esta edición se añade una del Rey de España Felipe III, firmada en Madrid en mayo de 1613 y dirigida a Luisa de Carvajal. Cuando redacto estas líneas no ha llegado a mis manos la nueva edición inglesa de su vida y obra hecha por Anne J. Cruz, desde la Victoria University de Toronto en 2014.

En la vida de Luisa de Carvajal es paradigmático su periplo y estancia en Londres. Allí conoció a tres embajadores españoles ante la Corte de Jacobo I. En sus cartas hace un retrato muy preciso, de gran profundidad y calado a cerca de estos representantes. Tras la embajada extraordinaria del Condestable de Castilla, don Juan Fernández de Velasco, duque de Frías, que fue el que logró la firma del tratado de paz de 1604, le sucedieron don Pedro de Zúñiga Cabeza de Vaca (1605-1609), don Alonso de Velasco (1610-1612) y don Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar(1613-1618). Este repetiría de 1620 a 1622.Por ejemplo de don Alonso de Velasco dice Luisa de Carvajal que “era poco inteligente y que carecía del despejo, valor y gracia de don Pedro de Zúñiga”[39].

Figura 8b

 Al hábil embajador conde de Gondomar le correspondería lidiar con los últimos meses de estancia de Luisa en Londres. “A iniciativa personal de don Diego se debe en 1613 la puesta en libertad de doña Luisa de Carvajal, piadosa señora que ayudaba a los religiosos perseguidos y a la conversión de herejes, y había sido detenida por orden del arzobispo de Canterbury. Por si fuera poco, la osadía de don Diego fue aun más lejos al decirle al Rey Jacobo I que doña Luisa no había cometido ningún delito para ser expulsada del reino, pero si ordenaba que saliese, él estaba dispuesto a acompañarla. Así logró que la mujer se quedase en el palacio de la embajada, donde falleció. Desde allí gestionó el traslado de sus restos a España”[40].

Cuando se planteó lo anterior el prestigio de doña Luisa era tal que todos los a ella vinculados en vida pretendieron hacerse con sus restos. En dos cartas, una de 24 de abril de 1614 y otra de 28 de mayo de 1615, el padre Miguel Valpolo escribía al conde de la Oliva y marqués de Siete Iglesias, don Rodrigo Calderón, solicitando que parte de su cuerpo se quedara en Londres, donde ella había vivido y sufrido. En las mismas escribía así mismo, “como también a Lovaina,  a donde está la casa que reconoce a la Santa Señora por la primera y principal bienhechora”[41]. Pero ni siquiera la pretensión del marqués de Siete Iglesias de llevar el cadáver de Luisa a su fundación de Porta Coeli de Valladolid tendrá lugar. En aquel mismo año 1615 el propio Rey Felipe III, es posible que a instancias de la priora de la Encarnación, Mariana de San José, gran amiga de Luisa, disponga que sus restos reposen en esta Real Fundación madrileña, donde hoy día permanecen.

La lectura del Proceso de Beatificación de Luisa de Carvajal, iniciado en 1625, es un buen documento para resaltar su vida y obra. Dentro del alambicado y a veces repetitivo lenguaje de la época se obtienen datos muy valiosos a cerca de la consideración y estima que se la tenía en los años posteriores a su fallecimiento. Fueron en total 38 los testigos que contestaron a las 47 preguntas formuladas en una causa de la que fue juez Juan Doyega de Mendieta, vicario general de la villa de Madrid. El interrogatorio se cerró en 1627. En el Archivo de la Encarnación se conserva el original del referido documento[42].

Figura 9a

Figura 9b

 [1] Martín Martín Teodoro y Martin Romo Alejandro: Visiones Hispánicas de Lovaina. “Cuadernos de Investigación Histórica”.  F. U. E. Madrid 2012.

[2] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Hilando Oro. Vida de Luisa de Carvajal. Ed. Laberinto. Madrid 2000, pág. 34.

[3]      “          “         Mª     “       : Ob. Cit. pág. 62.

[4]      “          “         Mª     “       : Ob. Cit. pág.67

[5] Muñoz Luís: Vida y virtudes de la Venerable Virgen doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Madrid 1633. Pág. 95.

[6] Abad Camilo Mª: Escritos autobiográficos de Luisa de Carvajal y Mendoza. Juan Flors. Barcelona 1966 páginas 37 y 38.

[7] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. pág. 190.

[8] Para ahondar en las relaciones hispano inglesas en la época de Felipe III véase el capítulo XVIII del volumen XXIV de la Historia de España de don Ramón Menéndez Pidal. Espasa Calpe Madrid 1983. Es obra de Ciriaco Pérez Bustamante. Sobre el Conde de Gondomar remito a la espléndida obra de mi compañera en la Real Academia de la Historia, Carmen Manso Porto: Don Diego Sarmiento de Acuña Conde de Gondomar (1567-1626). Xunta de Galicia. Santiago 1996.

[9] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. pág. 224.

[10] Cruz Anne J.: Luisa de Carvajal y Mendoza y su conexión jesuítica. “Asociación Internacional de Hispanistas”. Volumen II. Universidad de California Irvine 1994 pág. 99.

[11] Rodes Elisabeth Ed.: This tight embrace. Marquette University Press. Milwaukee 2000 pág. 292 y siguientes.

[12] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. páginas 108 y 109. El testamento de Luisa esta también en el libro III de la obra de Luis Muñoz páginas 99-101.

[13] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. Atlas. Madrid 1965. Biblioteca de Autores Españoles 179, pág. 33.

[14] Muñoz Luís: Ob. Cit. pág. 99.

[15] Sobre este personaje puede verse mi artículo El concepto de jardín en la Constancia de Justo Lipsio. Publicado en “La Ciudad de Dios”, volumen CCXXVII nº 1. San Lorenzo de El Escorial, enero marzo de 2014 página 161 y siguientes.

[16] Van Even Eduard: Louvain dans le passé et dans le prèsent. Louvain 1895, pág. 489 y siguientes.

[17] Muñoz Luis: Ob. Cit. pág. 99. Abad Camilo Mª: Una misionera española en la Inglaterra del siglo XVII. Pág. 411. Camacho Macías Aquilino: Luisa de Carvajal y Mendoza. “Alminar” nº 8, Badajoz octubre de 1979. Pag. 2.

[18] Abad Camilo Mª: Escritos autobiográficos de Luisa de Carvajal y Mendoza. Página 248 nota 7.

[19] Rodes Elisabeth ed.: This tight embrace. Pág. 15.

[20] Véanse las respuestas al interrogatorio del Proceso del cual hay una copia en microfilm en el Archivo General de Palacio de Madrid. En especial las respuestas a la pregunta número 15.

[21] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. BAE 179 pág. 156.

[22]     “                “                “                   “                   “           “             “     161.

[23]     “                “                “                   “                   “           “             “     170.

[24]     “                “                “                   “                   “           “             “     205.

[25]     “                “                “                   “                   “           “             “     207.

[26] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. BAE 179. Pág. 224.

[27]     “                “                 “                   “                 “             “             “     236 y 237.

[28]     “                “                 “                   “                 “             “             “     237.

[29]     “                “                 “                   “                 “             “             “     226.

[30]     “                “                 “                   “                 “             “             “     234.

[31] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y Poesías. BAE 179. Pág. 250.

[32]     “                “                  “                    “               “            “              “     289.

[33]     “                “                  “                    “               “            “              “     295.

[34]     “                “                  “                    “               “            “              “     333.

[35] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. pág.173.

[36] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y Poesías. BAE 179. Pág. 421.

[37] García Nieto Onrubia Mª Luisa: Poesías completas de Luisa de Carvajal y Mendoza. Colección Clásicos Extremeños nº 1.Diputación de Badajoz 1990, páginas 22 y 24.

[38]Mañas Núñez Manuel: Voz correspondiente al volumen XII, página 34, del “Diccionario Biográfico Español” de la Real Academia de la Historia. Madrid 2010.

[39] Pérez Bustamante Ciriaco: La España de Felipe III. En la Hª de España de Menéndez Pidal. Espasa Calpe. Madrid 1983 pág. 368.

[40] Manso Porto Carmen: Ob. Cit. pág. 22 y 23.

[41] Archivo de la Real Academia de la Historia. Colección Salazar N-28, folios 73 y 91.

[42] Proceso de Beatificación de Luisa de Carvajal sito en Monasterio de la Encarnación. Existe en microfilm en el Archivo General de Palacio de Madrid. Fondo de Luisa de Carvajal y Mendoza.