Ene 072014
 

Manuel Rubio Andrada.

III LOS GRABADOS DEL CERRO DE S. CRISTOBAL (ALMOHARÍN)

 1. LOCALIZACIÓN

       Si visitamos este monumento desde el pico de Cancho Blanco (953 m), lugar donde se ubica la estación de radar y concluye la carretera que accede al mismo, luego debemos dirigirnos en sentido S al próximo cerro de S. Cristóbal (845 m), para ello tomaremos el deslinde de fincas que corre por el cambio de aguas en ese mismo sentido. Su situación en el mapa topográfico 1/25000, hoja 730-III, latitud 39º 12 ´ 17´´ y longitud 6º 02 ´ 24´´. 

         Pasado el pequeño puerto comenzaremos la ascensión y enseguida dejamos a nuestra izquierda los grabados de este collado; el lindero que nos ha servido de referencia termina al llegar al cerro de S. Cristobal. En sus inmediaciones nos sorprenderá un un pequeño talud que rodea las inmediaciones de la cresta, corresponde a los restos de un poblado prehistórico sin estudiar cuya descripción dejamos para otra ocasión. Los restos de una pequeña edificación rectangular, bastante noble, están muy próximos al pico, que desprenden un sabor a vieja ermita.

       En el mismo pico confluyen límites de tres términos municipales: Zarza de Montánchez, Almoharín y Valdemorales; la roca dode se grabó está en el término de Almoharín, en el punto más alto e inmediato a un cercado de piedra mirando hacia el E pero ya en la vertiente S.

 2. GENERALIDADES

      El terreno que lo rodea es granítico formando algunos cerros de altura semejante aunque prolongándose y decreciendo hacia el S; son la parte E del pequeño puerto de Valdemorales que comunica la penillanura Cacereña con la zona central del valle del río Guadiana en la provincia de Badajoz; por todo ello es un lugar privilegiado de  defensa y observación hacia el S.

 3. EL SOPORTE

       La roca granítica donde se realizó no presenta ninguna característica especial pero ofrece hacia el E un plano inclinado decreciente de unos 22º cuya superficie tiende a formar un rectángulo de 1,90 cm de alto y 1,10 cm de ancho; está bastante lisa y clara, desprovista de líquenes. En ella se realizaron unos signos que presentamos en un único conjunto dada su proximidad.

 4. LOS GRABADOS

      La profundidad de estos grabados oscila entre los 4,5 del cruciforme central y el 1,5 cm del signo gráfico de la izquierda; su forma general es en U muy irregular presentando un acabado liso en el que se observan numerosos piqueteados.

 CONJUNTO I

 Fig I-1.- Corresponde a una figura realizada en la parte superior. Es una elipse grabada en ancha U irregular; sus ejes poco diferenciados miden 17 y 18 cm; el espacio eliptico interior no grabado mide 9 y 7,4 cm; exteriormente, en la parte superior del lado derecho, se apuntaron dos radios con dos pequeños tracitos (Fig 1. Lám I).

 Fig I-2.- Esta figura se localiza 4 cm bajo la anterior, en su parte izquierda y corresponde a un signo gráfico en A con dos trazos en su ángulo inferior; mide de alta 40 cm y 33,5 cm de ancha; el trazo superior se realizó a 5 cm del vértice, es muy ancho, horizontal y mide 28 cm; el inferior, igualmente grueso, ofrece forma de ángulo muy abierto en V, tiene una longitud de 13,4 cm y su vértice está a 12 cm del trazo anterior.

Fig I-3 y 4.- Corresponden a dos figuras circulares tangentes, una bajo otra, de trazado semejante a la número I-1; fueron situadas 6 cm a la derecha de la figura I-2. La superior mide 15 cm de diámetro externo y la inferior 8 cm.

 Fig I-5.-ontinuando hacia la derecha otros 7 cm se observa un trazo de tendencia horizontal de 18 cm.

Fig I-6 y 7.- Estas dos figuras son de pequeño tamaño y se realizaron inmediatamente bajo la abertura de la forma de A descrita. La número I-6 es una cazoleta de 6,5 cm de diámetro y la I-7 es un cruciforme de brazos iguales –cruz griega-, cuyas medidas rozan los 9 cm.

 Fig I-8 y 9.- Corresponden a dos cruciformes de características parecidas situados 13,5 cm a la derecha de la forma descrita. El I-8 tiene su brazo vertical de 16 cm y 15 cm el horizontal, se siguen cortando en su parte central. Muy próximo en el mismo sentido está el número  I-9 que ya presenta una mayor diferencia, 23 cm el de tendencia vertical y 17 el horizontal aunque se siguen cortando hacia su parte central; esta figura se realizó algo elevada en la parte derecha.

 Fig I-10.- En una línea inferior continuando por la izquierda esta figura es semejante a la I-2 por lo tanto es una forma de A con dos trazos centrales, mide de alta 21 cm y de ancha 19 cm; el trazo superior es un arco cóncavo hacia arriba y el inferior se realizó con un ángulo de unos 130º hacia la parte inferior.

 Fig I-11.- Unos 8 cm a su derecha hay realizado un grueso cruciforme de forma parecida a los anteriores aunque más irregular; su brazo vertical mide 28,5 cm y 26,5 el horizontal; estos trazos se cortan algo desviados a la derecha y superiormente al centro.

 Fig I-12.- En una línea inferior muy próxima se comenzó por la izquierda con una figura de A parecida a las reseñadas; tiene 23 cm de alta y 20,6 de ancha; en esta ocasión solamente se acompaño de un trazo central en ángulo muy abierto.

 Fig I-13.- Unos 20 cm hacia la derecha hay trazado un grueso círculo como los descritos, su diámetro externo es de 19 cm.

 Fig I-14.- A igual distancia se situó un cruciforme de brazos centrados; el vertical mide 16 cm y 14 cm el horizontal.

Fig I-15.- Bajo la parte derecha de la figura anterior e inmediata a ella hay un nuevo cruciforme de brazos iguales y centrados que miden respectivamente 7,5 cm.

Fig I –16 y 17.- En la última línea inferior, a 17,7 cm del límite de la roca, hay dos circulos semejantes a los decritos pero tangentes en su parte superior derecha; el más pequeño mide de diámetro externo 8 cm y es el realizado en la parte superior; el situado inferiormente tiene de diámetro 18 cm.

 Fig I-18.- Continuando la línea, unos 10,3 cm a la derecha de la figura anterior, hay otro círculo semejante que tiene 19 cm de diámetro exterior.

RELACIONES, CONCLUSIONES Y CRONOLOGÍA

    Los anchos círculos aquí representados son formalmente relacionables con la única figura del conjunto II del collado de S. Cristóbal y la número 5 del conjunto IV del mismo grupo de grabados. Como ocurría con ellos podemos establecer conexión directa con las figuras semejantes del mundo cristianizante.  Las diversas variedades de círculos semejantes a estos no son excesivamente abundantes;  vimos que ellos y las cruces fueron empleados en pintura esquemática y en decoraciones megalíticas, la diversidad en ese sentido es una de sus características.

     También la única cazoleta grabada en este grupo es un elemento que nos resulta algo extraño; nos indica una larguísima perduración de sus contenidos, o parte de ellos, hasta la época histórico-cristiana en la que se realizó este conjunto y su exiguo número apunta posiblemente una perdida de su uso como valor iconográfico

        Debemos añadir las tres figuras en A que apuntalan de forma inequívoca su pertenencia a esa cultura histórica. Estos  últimos signos pudieran ser alfas griegas, representación simbólica del principio absoluto, es decir de Dios, muy abundantes en las inscripciones latinas paleocristianas (Salas, 1997).

                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Queda !Queda hallar paralelismos a las figuras asociadas tangeciales circulares lo cual de nuevo nos devuelve a la pintura esquemática, en concreto a la cara W de la sierra de San Serván. Allí, entre los numerosos conjuntos que guarda, hay uno en igual disposición tangencial, nosotros le atribuimos la posibilidad de ser utilizado como calendario por su indudable semejanza formal con el esquema del calendario maya (León, 1983; Rubio, 1992). Nuevamente hacemos mención de los dos tracitos apuntados en la figura circular número 1 de este conjunto del cerro de S. Cristóbal, concretamente en el cuadrante superior derecho; indicarían una división radial; su realización es exigua pero no debemos dudar de que intentan sugerir algo. La expresión temporal basada en la relación Sol-Luna, que para nosotros es casi evidente en S. Serván, actúa como soporte de nuestros razonamientos; nos atrevemos a suponer pintada una figura circular con dos tracitos -igual que la realizada aquí- pero inmediata al conjunto pacenses. Diríamos que, con mucha  probabilidad, sería la representación contigua de uno de los dos protagonistas del esquema del calendario, es decir: el Sol o la Luna; tal atribución estelar creemos que encaja aquí para este tipo de representaciones.

      Si nos basamos en la magnitud de formas, el conjunto ofrece una clara jerarquía dentro de los tipos empleados: la A número 2, la gran cruz número 13 y los círculos 13, 17 y 18 son los mayores y más profundamente grabados. No hemos encontrado razón alguna que aclare estas variaciones que suponemos no son casuales.

    En cualquier caso la mezcla de estas formas circulares de posible contenido estelar, las cruces representación directa de Cristo y las grafías símbolos de Dios principio absoluto ofrecen una apariencia desorganizada e incluso caótica que parecen expresar unos problemas teológicos quizás producto de intentar conciliar una cultura tradicional de raíces muy primitivas,  basada de alguna manera en cultos o al menos creencias astrales, con otra cristiana y, nuestro grabado no parece ofrecer una nítida solución al conflicto.

 APÉNDICE GRÁFICO III CERRO DE SAN CRISTÓBAL

3lam1

Lámina I.- Cerro de San Cristóbal, Almoharín, conjunto I

Cerro de S. Cristóbal Fig 1

Figura 1.- Cerro de San Cristóbal, Almoharín, conjunto I

 

 BIBLIOGRAFÍA

Abelanet, Jean  (2003): Les roches à entailles ou pseudo-polissoirs des Pyrenées Catalanes et leur rapport avec style rupestre linéaire. Actes del I Congrés Internacional de Gravats Rupestres i Murals. Homenatge a Llúis Diez-Coronel, Institut d’Etudio Ilerdencs. Diputació de Llerida

 Beltrán Lloris, Miguel (1973): Estudios de Arqueología cacereña. Monografías Arqueológicas XV. Zaragoza.

 Calzado Palacios, Marcial (s/f). Resultado de la prospección de 20 yacimientos arqueológicos. Trabajo Mecanografiado, UNEX.

Canturri Montanya, Pere (2003): Els gravats prehistórics de les Valls d’Andorra. Actes del I Congrés Internacional de Garvats Rupestres i Murals Homenatge a Llúis Diez-Coronel Institut d‘Etudio Ilerdencs. Diputació de Lleida.

 Civantos Mayo, Elena (1988): La cerámica ibérica gris y con barniz rojo de la necrópolis de La Coraja, Aldeacentenera, (Cáceres).

 Enriquez Navascués, Juan Javier (1990): El Calcolítico o Edad del Cobre de la cuenca extremeña del Guadiana: Los poblados. Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, Publicaciones 2. Editora Regional de Extremadura.

 Esteban Ortega, Julio (1993): El poblado y la necrópolis de “La Coraja”, Aldeacentenera, Cáceres. El proceso histórico de la Lusitania Oriental en época prorromana. Cuadernos Emeritenses, 7. Museo Nacional de Arte Romano, Mérida (Badajoz).

García Alén, Alfredo y de la Peña Santos Antonio (1963): Grabados rupestres de la provincia de pontevedra. Fundación “Pedra Barrié de la Maza, Conde de FENOSA” y Patronato del Museo de Pontevedra. Pontevedra.

 González Cordero, Antonio (1985): Carta arqueológica del  Partido de Montánchez. Memoria de Licenciatura. Biblioteca del Museo Provincial de Arqueología, Cáceres.

 León Gil, M.; García Verdugo, R.: 1983. Pintura rupestre esquemática en Mérida. Sierra de San Serván, San Serván, Badajoz. Departamento Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz. Mérida.

Martínez García Julián  (2003): Grabados rupestres en soportes megalíticos. Su influencia en los estudios del arte rupestre.  I Congrés Internacional de Gravats Rupestres i Murals. Lleida.

 Peña Santos, A. de la y Vázquez Varela, J. M. (1979): Los petroglifos gallegos. Grabados rupestres prehistóricos al aire libre en Galicia. Cuadernos del Seminario de Estudios Cerámicos de Sagardelos, nº 30. La Coruña.

Redondo  Rodríguez José Antonio (1987): Regio Turgaliensis, Tesis Doctoral, Universidad de Extremadura.

Rubio Andrada, Manuel (1992). Semejanzas entre calendarios del México precolombino y del Bronce extremeño. XXI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, Cáceres.

                      (1998-2000): Tres poblamientos prehistóricos del berrocal trujillano. XXVII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo (Cáceres).

                           (1999): El grabado rupestre del Cándalo. XXVIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. Cáceres. Zephyrus LII. Salamanca.

                           (2000): Los grabados prehistóricos del río Tejadilla, Madroñera, Garciaz y Aldeacentenera (Cáceres). XXIX Coloquios Históricos de Extremadura: Trujillo. Cáceres.

                            (2001): El grabado rupestre de Valdehonduras. XXX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. Cáceres.

                            (2003): Los grabados rupestres de Boticojos ,Torrecilla de la Tiesa; Collado y Cerro de S. Cristobal, Zarza de Montánchez y Almoharín, (Cáceres). XXXII Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, Cáceres.

 Salas Martín, J.; Esteban Ortega, J.; Redondo Rodríguez, J. A.; Sánchez Abad. J.L.: (1997). Inscripciones romanas y cristianas del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz. Editora Regional de Extremadura. Badajoz.

Sevillano S. José, María del Carmen (1991): Grabados rupestres en la comarca de Hurdes, (Cáceres). Ediciones de la Universidad de Salamanca.

Sobrino Buhigas, Ramón (1935): Corpus Petroglyphorum Gallaeciae. Seminario de Estudos Galegos. Compostellae,. Gallaecia.

 

 

 

 


Ene 072014
 

  Manuel Rubio Andrada

   II LOS GRABADOS RUPESTRES DEL COLLADO DE S. CRISTÓBAL ZARZA DE MONTÁNCHEZ (CÁCERES)

 1.      LOCALIZACIÓN Y GENERALIDADES

        El conocimiento de estos monumentos fue debido a la visita que realizamos desde el cerro Blanco, donde se encuentra la estación de radar, al cerro próximo hacia el sur señalado en el mapa topográfico 1/25000, hoja número 730-III, latitud 39º 12´ 18´´ y de longitud 6º 02 ´ 24´´, con los restos de la ermita de S. Cristóbal, intuíamos que tal vez allí habría un nuevo poblamiento. Transcurrimos hacia el S pared abajo; llegamos al collado y comenzamos después a ascender hacia el cerro de S. Cristobal, por la derecha del muro de linde; pasados unos 50 pasos del collado observamos a la izquierda la tierra removida y excavada con precipitación en torno a unos bloques de granito, especialmente en sus caras este, nos acercamos y vimos que contenían los grabados que ahora presentamos. Continuamos el paseo y llegamos al cerro que contenía restos de un castro, ruinas de un edificio –posiblemente una ermita- y otro grabado.

       En sentido amplio este lugar comunica las dos partes de la Submeseta Sur. Por el N la penillanura Cacereño-Trujillana y por el S el valle del río Guadiana a la altura de Valdemorales y Almoharín. Es un amplio paso de terrenos esencialmente graníticos que presenta ondulaciones suaves alternadas con algún picacho más elevado. El cultivo preferente actual es el olivo; la ganadería es poco numerosa siendo la ovina, bovina y la caprina las observadas; actualmente la caza escasea.

       Los picos más destacables son el de Montánchez en el W, con sus 994 m y el del Cancho Blanco, en el E del puerto, con 953 m. El pico de S. Cristóbal llega a los 845 m observándose desde él hacia el S toda la margen derecha de las Vegas Altas del río Guadiana; hacia el E y W la visión es más reducida por el relieve y por el N es francamente limitada.

 2. EL SOPORTE

    Están formados por granitos distribuidos en formas prismáticas irregulares formando series concatenadas y paralelas de dirección W-E; sus cortes longitudinales indican con bastante precisión la dirección N-S –no magnéticos-. Por lo general la parte superior presenta una ligera inclinación W de 10º – 15º con respecto a la vertical y, tanto sus caras E como la W tienen superficies mayores de tendencia rectangular. No destacan  del resto de las formaciones graníticas en cuanto a textura, composición, coloración y distribución; esporádicamente presentan salientes de unos 2 m de altura afloran unos 2 m hasta crestear con mayor afloramiento.

3. METODOLOGÍA

    Para la descripción nos situamos en la parte E de las superficies que es por lo general la excavada y por ello damos frente al W. La enumeración se hace de arriba a abajo y de izquierda a derecha.

4. LOS GRABADOS  

CONJUNTOS I Y II

    Hemos dicho que, en general,  las rocas que sirven de soporte se encuentran distribuidoas en formas prismáticas alineadas de W a E, siendo las del W algo más elevadas decreciendo en los 3 o 4 m que tienen de extensión hacia el E; sus superficies superiores suelen ser irregulares aunque no faltan las perfectamente lisas de tendencia horizontal y rectangular. En una de las más elevadas -unos 2 m del suelo-, por tanto situada más al W y sirviendo de base al muro de piedras que separa las fincas se realizaron estos dos conjuntos (Fig 1. Lám I y II).

      El conjunto I está formado por la figura 1, grabada en tosca V de ancho irregular -hasta 5,5 cm-; su profundidad ronda llega a los 4,5 cm. Se formó un cruciforme compuesto cuyos brazos, bastante regulares, miden 26,5 cm, y de alto tiene 35,7 cm; en la parte inferior del trazo vertical de la cruz se realizó un círculo de 13,8 cm de diámetro; esta figura está bien centrada en un espacio de tendencia irregular de 35 cm de ancha y 44 cm de alta.

      El conjunto II se situó 17 cm a la izquierda del I y en una superficie de parecidas características físicas, está también bajo la linde de las fincas. Esta vez predomina el picado en gruesa U en su realización. Su única figura es un círculo que por su anchura puede considerarse una corona circular cuyos diámetros miden 7 cm el interior y 15 cm el exterior.

 CONJUNTOS III

       En una alineación granítica situada inmediatamente hacia el E, algo más baja y fuera ya del deslinde se situaron dos nuevos conjunto. El conjunto III ocupa la cara E de una superficie triangular irregular de tendencia isósceles, situada a la izquierda; la base de este triángulo se sitúa al N y mide unos 45 cm, su altura casi coincide con la horizontal y mide 88 cm. Las figuras parece que se realizaron por incisión en U muy débil y su grado de conservación es muy malo; están bien distribuidas centralmente en posición lineal horizontal (Fig 1. Lám II).

 Fig III-1 y 2.- Son las primeras por ese lado; la figura 1 nos muestra una corta línea de unos 4 cm, inclinada hacia la derecha con un ángulo superior de algo más de 45º. La segunda, muy dudosa, se trata de un círculo que se acercaría a los 8,5 cm de diámetro del que nos ha llegado solamente un pequeño arco de la parte superior izquierda; este trazo se confunde con un posible racheado natural de la roca.

Fig III-3.- Continuando la línea se observa una forma de U, cuyos brazos miden 11,5 cm de alto, la separación interna de los mismos es de 4 cm; el trazo es algo irregular, mide de ancho desde 1 cm a 2,5 cm y su profundidad está en torno a los o,5 cm.

Fig III-4.- Continuando hacia el mismo lado se observa un nuevo círculo de 12,6 cm de diámetro aunque la amplitud del trazado en U está en torno al centímetro y su profundidad tiene unos milímetros.

 Fig III-5.- Hacia la derecha se observa un ancho círculo de 5 o 6 cm de lado, su diámetro es semejante al anterior y la profundidad del trazo está en torno al medio centímetro.

CONJUNTO IV

        El conjunto IV se realizó en la continuación de esta superficie hacia el N, pasado un racheado natural de la roca. Este  espacio tiende a una forma rectangular de 65 cm de anho y 57 cm de alto. Consta de tres figuras centradas superiormente cuyo trazado en U, tosco e irregular, mide por lo general 6 cm de ancho y 4 cm de profundidad. La superficie presenta una rotura en la parte superior que afecta a la figura central (Fig 2. Lám I y II).

 Fig IV-1.- Es una forma en Z, realizada mediante piqueteado; está situada en la parte derecha del espacio ocupado; el trazo superior mide 3,5 cm, el central 14 cm y el inferior 6 cm.

Fig IV-2.- Corresponde a un antropomorfo en doble cruciforme; su trazo central mide 34,4 cm y sus brazos, 24 cm el superior y 30 cm el inferior; esta forma parece terminada en U por gruesa y profunda incisión aunque en ocasiones está presente el primitivo deslascado.

 Fig IV-3.- El espacio izquierdo comprendido entre los dos brazos, se aprovechó para representar un círculo de 14,5 cm de ancho.

      Este conjunto parece mostrarnos un antropomorfo en cuya mano derecha porta la representación de un rayo; va acompañado de la representación de un escudo en su parte izquierda; su distribución recuerda a la estela de Almoroquí (Beltrán, 1975 ).

CONJUNTO V

       Más hacia el E los prismas de granito son más bajos y su longitud está en dirección N-S; suelen presentar la parte superior plana y horizontal. Inmediatamente delante de los conjuntos anteriores hay un espacios rectangular que mide 100 cm de largo y 28 cm de ancho; esta superficie presenta en su parte inferior izquierda un pequeño hueco quizás piqueteado, tiene también un racheado en el segundo tercio derecho. Este plano se corta hacia el N con otro en ángulo inferior de unos 45º. Las figuras que contienen ambos espacios las consideramos en un mismo conjunto que dividimos en dos subconjuntos A y B, el A está ocupado por cazoletas y el B por trazos descendentes (Fig 3. Lám III y IV).

SUBCONJUNTO A

Fig V-A-1 y 2.- Son dos cazoletas, muy próximas, situadas en la parte superior izquierda del espacio estudiado. La realizada a la derecha está algo más elevada llegando escasamente a 1 cm del límite superior; ambas miden  2,4 cm de diámetro y menos de1 cm de profundidad.

Fig V-A-3.- Siguiendo en la parte superior, unos 5 cm a la derecha de la segunda forma descrita hay otra cazoleta de características semejantes.

 Fig V-A-4 y 5.- Unos 3 cm bajo las cazoletas 1 y 2 hay realizada otra algo mayor, de unos 4 cm de diámetro aunque de profundidad parecida.. Tiene muy próxima en su parte inferior derecha una de 9,2 cm de diámetro y más de 2 cm de profundidad.

Fig V-A-6 y 7.- Inferiormente, a 6,3 cm a la derecha se observan dos más; la primera tiene 5,3 cm de diámetro y la segunda 5,2 cm; sus profundidades están próximas al centímetro.

Fig V-A-8.- En la parte media derecha, a 5 cm de la cazoleta 7 hay una de 3,3 cm cuya profundidad es de 0,5 cm.

Fig V-A – 9 – 10 – 11 y 12.- Superiormente a la derecha de la anterior cazoleta, a 7,6 cm, hay realizado otro grupo de cuatro figuras semejantes cuyos diámetros miden 6,6 cm – 3,5 cm – 1,2 cm y 3,8 cm; sus profundidades oscilan desde 0,3 cm de la inferior a algo más del centímetro la de mayor tamaño.

Fig V-A-13.- Pasado un racheado que divide la roca de E a W continúan  las cazoletas. Hacia el N. La primera que puede ser doble, dista del mismo 6,5 cm, se realizó en la parte inferior derecha y a 3,3 cm del límite inferior de la roca; miden 5,2 cm de diámetro y la profundidad es próxima al centímetro.

 Fig V-A-14.- La número 14 está situada superiormente a 8 cm del rachón y 4 cm del límite superior; su diámetro tiene 5,6 cm y la profundidad es de 1,2 cm.

 Fig V-A-15.- Esta cazoleta está 3,8 cm a la derecha de la anterior en realidad son dos cazoletas unidas por un corto pero grueso trazo situado en la parte inferior derecha de la primera y unida a la situada inferiormente por su parte superior izquierda; sus diámetros están en 7,2 cm; la profundidad pasa del centímetro.

 Fig V-A-16-17 y 18.- Entre la cazoleta número 13 y el trazo que une la compuesta número 15 hay otras tres situadas a  3 – 1,7 y 0,7 cm una de otra; sus diámetros miden 4,5 – 4 y 3 cm y las profundidades se sitúan próximas al centímetro.

 SUBCONJUNTO B

Fig V-B-1 y 2.- La cazoleta número 15 fue realizada muy próxima al límite N de la superficie, ya hemos dicho que hacia esa parte el prisma presenta una cara inclinada con un ángulo próximo a los 45º, en ella se realizaron bastante centrados, dos trazos paralelos, fig 1 y 2,  cuyos extremos superiores apuntan las cazoletas y los inferiores el suelo; sus longitudes están en los 16 y 17 cm y la anchura en los 4 cm; la profundidad es escasa, solamente unos milímetros.

 CONJUNTO VI

   Este conjunto se realizó en un nuevo volumen semejante al anterior,  algo adelantado a los descritos y separado 1 m hacia el S. En esta forma prismática se aprovecharon las caras superior y E para realizar un nuevo conjunto de cazoletas y trazos que hemos dividido en dos subconjuntos A y B según la cara que ocupen. La superior mide 63 cm de larga y unos 25 cm de ancha y está dividida por un rachón a los dos tercios de su límite N; la cara que da al E tiene una longitud semejante y su altura es de unos 65 cm. Ambas forman un ángulo de 90º (Fig 4. Lám V).

 Fig VI-A-1.- Es la situada más al S y corresponde a una gran cazoleta oval cuyos ejes miden 14 cm y 22,5 cm, su profundidad es de 9 cm.

 Fig VI-A-2.- Continuando 5,5 cm a la derecha está esta nueva cazoleta que es circular y se realizó con un diámetro de 15 cm siendo su profundidad de 9 cm. A su derecha, en la parte inferior hay una pequeña oquedad de unos milímetros de profundidad y solamente 3 cm de diámetro que podría corresponder a otra forma semejante aunque bastante más irregular; no la reseñamos como figura por no tener seguridad.

 Fig VI-A-3.- Pasado el racheado hay otra cazoleta circular, algo más pequeña; mide de diámetro 9 cm y solamente 2,5 cm de profundidad.

SUBCONJUNTO B

Fig VI-B-1 a 18.- La cara E del prisma está ocupada por trazos pulidos de tendencia vertical que ocupan toda su extensión y están escasamente separados unos de otros. El número de trazos es de dieciocho, divididos por el racheado en dos grupos de catorce y cuatro; su ancho es bastante regular oscilando entre 2,5 cm y 3 cm; las longitudes de izquierda a derecha son: 24,5 – 35,6 – 45,5 – 22,3 – 14 – 48 – 52 – 51,5 – 54,5 – 22,5 – 51 – 59 – 45,5 – 26,6 – 30 – 36 – 40 y 20 cm. Hay que destacar que los números 9 – 10 11 y 12 llegan hasta la arista superior, el resto queda a no más de 5 cm y también la unión intencionada con dos cortos trazos horizontales y próximos situados en la mitad inferior de los números 12 y 13.

 CONJUNTO VII.-  Continuando hacia el N un metro y delante del conjunto V, encontramos un nuevo volumen de granito; como el anterior tiene forma de prisma irregular aunque de marcada tendencia rectangular con sus caras mayores al E y W. La superficie superior mide  aproximadamente 1 m de larga y 13 cm de ancha y en ella se realizaron numerosas cazoletas que pertenecen al subconjunto I; el espacio que mira al E mide algo más del metro de longitud ya que la cara N dobla en plano inclinado de unos 55º; su altura es de unos 55 cm. Se ocupó con trazos – subconjunto B- semejantes a los del conjunto anterior pero en esta ocasión varios se unieron a una cazoleta de la parte superior (Fig 3. Lám III y IV)

SUBCONJUNTO A

      Como ya se ha mencionado está formado por unas dieciseis cazoletas que nos han llegado con una profundidad casi perdida, en torno a 0,5 cm.  Están distribuidas sin orden aparente en el espacio superior; éste se encuentra dividido hacia su mitad por una profunda hendidura en V desde la parte W que llega hasta su centro, siete de ellas se trazaron en el espacio de la izquierda y diez en su derecha.

Fig VII-A-1 a 7.- Las medidas de los diámetros de las cazoletas de S a N y según la numeración del gráfico son: 3 – 5 – 4,5 cm; la cuarta cazoleta es doble y los diámetros de las cazoletas que la forman están en los 3,5 cm; los demás miden 2,5 – 5,5 y 3 cm.

 Fig VII-A-8 a 16.- Las cazoletas situadas a la derecha de la hendidura central, según su número en el gráfico, miden de diámetro 6,5; la novena y la decima están muy próximas y tienen 4 – 4,5cm;  igualmente próximas están la undécima y duodécima de 1,5 y 2 cm; continúan las siguientes con 4 – 3,5 – 4,5 y 4,5 cm.

 SUBCONJUNTO B

     En la cara E se distribuyeron regularmente por toda la superficie trazos rectos de tendencia vertical semejantes a los descritos en el conjunto V y VI; su ancho oscila entre 2,5 y 3 cm; su profundidad media actual es de 0,7 cm y la separación entre ellos oscila entre 6,5 y 1 cm.

    Por razones de orden en la descripción enumeramos primeramente los trazos que están a la izquierda de la hendidura de la superficie superior.

Fig VII-B-1-2-3-4-5-6-7 y 8.- Estos ocho primeros trazos miden de izquierda a derecha: 51,5 – 51 – 28 – 27,5 – 43 – 49,5 – 45,6 y 41 cm; van unidos a la cazoleta superior que los corresponde mediante una prolongación en esa cara los números 1 –2 – 6 y 7; el número 8 se prolongó por la cara superior hasta el vértice de la hendidura.

Fig VII-B-9–10–11–12–13–14 y 15.-Esta númeración comprenden siete trazos situados continuando hacia la derecha hasta una forma arqueada que describiremos más adelante; sus longitudes son: 41,5 – 39,5 – 36,5 –39 – 38 – 35,3 y 28,5 cm; los tres primeros de ellos terminan en el espacio superior aunque sin formar claramente una cazoleta; el cuarto y el quinto rematan en ese tipo de figuras mediante una prolongación.

Fig VII-B-16.- Continuando 2 cm a la derecha se realizó con el mismo acabado una forma porticada realizada con el contorno incompleto de un trapecio de 20 cm de altura, cuya base mayor mide 13,6 cm y superiormente la inferior, que no se trazó, mide 12 cm; en los extremos de está, se realizó un arco carpanel de 5 cm de alto. La figura representa el contorno de una puerta con acabado superior circular.

 Fig VII-B-17-18-19 y 20.- Hacia la derecha de la forma anterior, pasada la forma porticada, hay otros trazos de ejecución y disposición semejantes aunque más cortos; el primero mide de largo 23 cm, los otros tres nos es imposible reseñar sus medidas dado el alto grado de deterioro, pero por lo observado debían ser semejantes.

CONJUNTO VIII

     Este conjunto ocupa un volumen de granito menor y más irregular que los anteriores situado unos decímetros hacia el N, en él solamente se grabó la cara E; ésta se encuentra dividida por un fino racheado desde la parte superior a la inferior, hacia su centro (Fig 2).

Fig VIII–1-2-3-4 y 5.- En la superficie descrita se realizaron cinco trazos de características semejantes a los anteriores aunque más separados. Los dos primero miden de longitud 41 y 44,5 cm y se situaron a la izquierda del racheado; los tres restantes lo hacen a la derecha y se distribuyeroncon tendencia formar una flecha con sus prolongaciones superiores; miden 39,5 – 43,5 y 44 cm.

 CONJUNTO IX

    El soporte lo forma una roca de igual material que presenta dos caras relativamente planas: una hacia el E en forma de trapecio cuya base inferior mide 90 cm,  la superior unos 35 cm y su altura no pasa de los 30 cm; la otra hacia el N es inclinada formando un ángulo de unos 45º (Fig 2).

 Fig IX-1-2-3-4-5 y 6.- En esa cara se encuentran grabados igualmente en U seis trazos , separados como los anteriores y verticales; miden 14 – 18,2 – 19 – 15,2 – 7 y 7 cm.  

 Fig IX-7.- En la cara inclinada que da al N se realizó marcando su altura un único trazo de 37 cm y de características semejantes a los demás.

5. RELACIONES

      La figura correspondiente al conjunto I tiene una gran semejanza con algunos grabados peninsulares y extrapeninsulares (Martínez, 2003), el parentesco más cercano conocido por nosotros esté en algunos petroglifos gallegos, destaquemos los de Eira dos Mouros, en San Xurxo de Sacos, Cotobades, Pontevedra, fig 5  (García, 1963) donde pierde su individualidad pues está acompañado de cruciformes de igual longitud de brazos,  otros de forma latina con círcunferencias en su base, numerosos cuadrados etc, todo ello en yustaposición desordenada. También puede considerarse relacionable con el realizado en Petra Escorregadeira da Reposeira, en Campo, fig 6 (Sobrino, 1935), donde se encuentra acompañado de circunferencias y cuadrados de vértices redondeados con cruces griegas inscritas.

     La única figura del conjunto II encuentra también paralelismos en tierras gallegas donde acompaña a variadísimos motivos: trazos, cruciformes, laberintos, círculos concéntricos, svásticas, estelares, serpentiformes etc, vale como ejemplo el grupo I de Portela da Laxe, Viascón en Cotobade, Pontevedra, fig 6 (García, 1963). Igualmente ocurre con las circunferencias de tamaño semejante aunque de línea más estrecha y otras, con marcado punto central; a nuestro entender pueden considerarse simplemente una variedad del mismo signo y según las formas a las que acompañen  pueden tener un significado u otro aunque también pueda tratarse de un solo contenido con diferentes matizaciones. Según lo señalado no ayuda a fijar una cronología por su diverso y largo empleo.

    El conjunto III, realizado con orden lineal, tiene mayor variedad de signos. Los dos primeros nos han llegado muy deteriorados por lo que no se pueden relacionar; el tercero es una forma en U y también tiene su paralelismo entre los trazos gallegos, concretamente en uno de los grabados de Borna, Santa Olalla de Meira en Moaña, Pontevedra donde se asoció a cruciformes y puntuaciones, fig 6 (García, 1963).

      Continuamos hacia la derecha con dos signos circulares que hemos visto como por el momento sus contenidos son imprecisos. Parte de sus variadísimas relaciones las hemos enumerado al tratar la única figura del conjunto II, en el caso que nos ocupa, su asociación al signo U implica una nueva relación y por ello debemos alejarle de los trazos similares que acompañan a algunos serpentiformes realizados en ortostatos dolménicos; por esto su cronología debe ser mucho más reciente.

      Inmediatamente a la derecha está la roca que contiene en su cara E al conjunto IV; recordemos que estaba constituido por un doble cruciforme centrado con una forma en Z en la extremidad superior derecha y un círculo entre los trazos superior e inferior de su parte izquierda. El conjunto, a primera vista, puede considerarse una nueva versión de las estelas del SW ya que representa a un guerrero con sus armas; es comparable a la que descubrimos en Almoroquí (Beltrán, 1973), sin embargo algunos detalles técnicos nos hacen desechar  que pertenezca a ese grupo de monumentos. Le alejan el soporte, la tosquedad y la profundidad de su grabado. La distribución centrada en la superficie que ocupa es solo comparable a la mencionada estela de Madroñera, Cáceres –también discordante de las demás en este sentido-; el arma que porta es un claro símbolo que posiblemente represente al rayo, cuestión insólita en aquellos monumentos; tampoco el esquema utilizado para la representación humana, doble cruciforme es propio de esas estelas; ni la representación del escudo es tan simple ya que se suelen grabar varias circunferencias concéntricas frecuentemente acompañadas de escotadura en V. Como hemos apuntado, a pesar de todo esto, no deja de ofrecer algunas dudas debido a que el contenido general que muestra es propio de la mayoría de las estelas del SW: guerrero, arma ofensiva y arma defensiva.

         Los conjuntos restantes realizados en este collado están formados por diferentes cazoletas y los trazos a ellas asociados para los que hemos encontrado paralelismos localizados en dos zonas: una, no muy amplia, del centro-este de Extremadura; la otra, en plenos Pirineos, no nos es conocida de primera mano por lo que no debemos realizar su estudio (Abelanet 2003) y (Canturri 2003).

        Su forma de múltiple representación tiene gran semenjanza con el conjunto II del grabado de Boticijos en Torrecilla, presentado por esta razón en este mismo trabajo; también ofrecen relación con aquellos otros en los que estos signos –cazoletas y trazo asociado- están presentes aunque sea de forma testimonial; el mismo Boticojos ofrece otros conjuntos con esta característica, también Tejadilla XI en Aldeacentenera y Valdehonduras en Santa Marta de Magasca (Rubio, 2000 y 2001).

     No podemos olvidar la representación en forma de puerta que nos ofrece la figura 16 del conjunto VII, introduce un tema novedoso y en cierto aspecto discordante con los otros conjuntos que nos tienen acostumbrados a la representación de algún tipo de primitiva arma metálica, lo que facilita su cronología.

6. EL ENTORNO ARQUEOLÓGICO

     Hacia el W, pasado el murete que deslinda las fincas, hay restos caracterizados por un gran amontonamiento de piedras relativamente pequeñas que no parecen indicar orden ni estructura alguna pero que por su gran cantidad y volumen denotan falta de naturalidad en el contexto y pienso que deberían ser objeto de un primer estudio.

        Más arriba en el cerro, se encuentran los restos de un poblamiento. No hemos tenido suerte a la hora de observar en él cerámicas que presenten marcadas carácteristicas de una época determinada; se encuentran en bastante número en su ladera N y alguna de ellas pueden apuntar incluso un pasado neolítico, en el resto predominan las escasamente tipificables que, se confunden incluso con las de épocas históricas faltando los fragmentos de borde y decorados lo que indica una ausencia anómala..

        Algo alejado hacia el N está la cueva de Atambora  en Zarza de Montánchez, que arroja escasas pero muy interesantes cerámicas del Bronce (González 1985). En la misma dirección pero más al E se encuentra el poblado del Bronce Final de Robledillo de Trujillo con indudables muestras de cerámica de esa época (Calzado, s/f). Hacia el W, en el batolito montanchego hay numerosos restos prehistóricos esparcidos en abrigos poco profundos y poblamientos al aire libre (González 1985). Hacia el S son varios los restos calcolíticos esparcidos en las Vegas Altas (Enríquez, 1990).   Es también una zona donde están presentes las estelas del SW con ejemplares cercanos en Almoharín, Zarza de Montánchez e Ibahernando entre otros.

      En resumen, a pesar de no existir estudios profundos de los yacimientos cercanos, se puede afirmar que estos grabados ocupan un lugar geográfico situado en una zona privilegiada arqueológicamente hablando y que, desde el Neolítico hasta época histórica, este espacio presenta numerosos restos con los que poder relacionarlos.

 7. CONCLUSIONES Y CRONOLOGÍA

        En un intento de adentrarnos en los contenidos de estos monumentos diremos que por las relaciones aportadas son al menos de dos épocas. Como se ha visto, los conjuntos I, II, III y IV presentan unos signos facilmente asociables con algunos petroglifos gallegos y alguno de ellos están presentes a veces en conjuntos con ambiente cristianizante. Es cierto que los cruciformes, círculos y algunas asociaciones de formas a ellos próximas pueden ser también propios de la pintura esquemática o del megalitismo pero la asociación al signo en U en el collado y éste a cruces latinas latinas en los gallegos dejan pocas dudas sobre su interpretación y cronología histórico-cristiana (García, 1963). Iguales conclusiones pueden servirnos para el resto de los trazos que les acompañan en esos conjuntos.

       Una atención especial merece el conjunto IV. De todo lo enumerado sobre él se deduce que lo más probable es que esta representación, situada en un lugar algo más elevada que las anteriores por su elevación, no se corresponda con la cronología de las estelas del SW a pesar de tener su mismo contenido general. Un guerrero eminente que, en nuestro caso es dominador del rayo, lo que le confiere un carácter sagrado; la representación del círculo de la derecha tal vez al Sol aluda al Sol como escudo completando así el más potente armamento imaginable. Ciertamente parece la representación de un Dios guerrero, portador de un arma potente y letal: el rayo y protegido por un impenetrable escudo: el disco solar.

         Estas cuestiones no son extrañas a las pasadas oraciones cristianas, llamadas Trisagios, sobre todo en ambientes rurales cristianos Hace 50 años debían rezarse cuando había tormentas, en ellas se invocaba a Dios como señor de esos fenómenos naturales. Recordemos como las coronas radiantes que ornamentan determinadas imágenes son una directa alusión solar.  

      Como ya se ha apuntado, debemos suponer una imprecisa época histórica cristiana para  momentáneamente ir fijando su cronología.   

      A los conjuntos formados por cazoletas y trazos rectos asociados les venimos dando contenidos cósmicos relacionados con el mundo estelar del que los trazos serían una proyección terrestre. En el caso del conjunto VII la representación de la puerta podría indicarnos idealmente la entrada y salida a un volumen hueco -una vez más simbólico-; en la parte superior del mismo están los cuerpos representados por las cazoletas de las que se desprende –¿alguna forma de energía?- hasta llegar a la Tierra. Con esta interpretación toda esta pequeña roca debía adquirir para sus coetáneos el valor, tan actual, de vivienda terrestre globalizada. 

         Cronologicamente debemos situarlos en un abanico que iría desde el Calcolítico Final hasta el Bronce Medio; dentro de este periodo de tiempo nos inclinamos por una época temprana debido a la ausencia de representación de armas de bronce, sobre todo hojas y alabardas que acompaña al resto de los grabados en que estos motivos están presentes -Boticojo, Valdehonduras y Tejadilla XI-. Los ahora estudiados serían los más antiguos del grupo. 

         Obsérvese que no existe un intento de destrucción de los signos primitivos y por lo tanto debemos suponer un respeto hacia sus misteriosos contenidos, tal vez por que eran sabedores o al menos intuía aspectos poco dispares en los mismos.

 APÉNDICE GRÁFICO  II, COLLADO DE SAN CRITÓBAL

 1lam1

Lámina I.- Collado de San Cristóbal, conjuntos I al IV

1lam2

Lámina II.- Collado de San Cristóbal, conjunto VII

1lam3

Lámina III.- Collado de San Cristóbal, conjunto VI

Collado de S Cristóbal Fig 1

Figura 1.- Collado de San Cristóbal, conjuntos I, II y III

Collado de S Cristóbal Fig 2

Figura 2.- Collado de San Cristóbal, conjuntos IV, VIII y IX

Collado de S Cristobal Fig 3

Figura 3.- Collado de San Cristóbal, conjunto VII

Collado de S Cristóbal Fig 4

Figura 4.- Collado de San Cristóbal, conjunto VI

Collado de San Cristóbal Fig 5

Figura 5.- Grabados de Eira dos Mouros, San Surxo de Saco, Cotobade y de Borna, Santa Olalla de Meira, Moaña (Galicia)

Collado de San Cristóbal Fig 6

Figura 6.- Collado de San Cristóbal.- Detalle del grabado de Laxe, Viacón, Cotobade, Galicia y grabado de la Petra Escorregadeira da Reposeira, Campo (Galicia)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ene 052014
 

     Manuel Rubio Andrada.

 LOS  GRABADOS  RUPESTRES  DE  BOTICOJO, TORRECILLA  DE  LA  TIESA (CÁCERES)                                                                   

      El conocimiento de este monumento y su posterior estudio ha sido posible gracias a las facilidades que nos han proporcionado los señores D. José Durán y Sra, actuales dueños de la finca donde se encuentra el monumento, les expresamos con estas líneas nuestro agradecimiento.

1. LOCALIZACIÓN Y GENERALIDADES

     Estos grabados están en el término de Torrecilla de la Tiesa y se sitúan  en el mapa 1/50000, hoja número 680, denominada Aldeacentenera, 1ª edición del Instituto Geográfico y Catastral, Madrid; en un punto muy próximo al formado con una latitud de 39º 33´ 40´´ y 2º 01´ 45´´ de longitud W con respecto al meridiano de Madrid.

     Los grabados de Boticojos están situadas en la margen derecha de un pequeño arroyo, muy cerca de su nacimiento, junto con otros cursos próximos forman el  del Charco de las Lavanderas, afluente del río Tozo en el que desemboca poco antes de llegar a la autovia de Extremadura. Su distancia a esa población es de 1,7 km y se sitúa a unos 200 m  de la carretera, en su parte izquierda y en sentido de la Aldeacentenera.

     El terreno en general es muy plano y poco profundo; está formado por pizarras y arcillas –propio de la penillanura Cacereño- Trujillana-; no obstante, en las proximidades del arroyo, se observa una mayor profundidad y tonalidad ligeramente rojiza, son también abundantes las rocas de cuarzo muy fragmentadas. Actualmente se encuentra desforestado siendo explotado con agricultura de secano y pastoreo; la caza escasea y es notable la presencia temporal de avutardas en las inmediaciones.

2. El SOPORTE

      La roca que les sirve de soporte es una pizarra de color gris oscuro bastante dura; en el E ofrece superficies lisas y discontinuas en diferentes planos que se sitúan a derecha e izquierda, de una mayor rectangular. Esta mide 73 cm de ancha y 100 cm de larga y es bastante irregular en su límite exterior; el plano que ofrece está inclinado de E a W con un ángulo de unos 30º con respecto a su lado mayor.

       La apariencia externa de la roca, toda ella cubierta de líquenes de variados tonos grises, poco destaca de las demás del entorno; ofrece, como las otras, superficies picudas trucadas en su mayoría; a veces en el límite del suelo o cerca de él hay este tipo de superficies planas, posiblemente logradas por el desprendimiento de la parte superior de un racheado natural que en posición natural,  a veces presenta la roca.

3. METODOLOGÍA

        La naturaleza de los trazos, en general rectas y semiesferas, facilita su descripción; la dificultad surge al intentar describir su situación en el plano ya que, al no corresponderse su distribución con las coordenadas geográficas habituales debemos recurrir a otras. Para fijar estas debemos  intentar acercarnos a las  que el autor utilizó en el ordenamiento de su trazado ya que al realizar los necesarios movimientos de vaivén se colocó en general, dando su frente a los lados mayores –E y W- del conjunto mayor, la línea correspondiente a este movimiento es nuestro eje vertical y la perpendicular a éste trazada en la base es la otra coordenada. Prescindimos de este eje horizontal en la enumeración pues no nos sirve de mucho ya que no necesitamos situar las formas matemáticamente en el plano pues los dibujos y fotografías nos facilitan seguir y completar la descripción.

      Por simplificar, los trazos que parten de las cazoletas los denominamos maestros enumeramos con el mismo dígito que éstas;  los trazos próximos a ellos nos ha llevado a considerar un apartado en cada figura que denominamos “trazos accesorios ” por dar la impresión que dependen de los primeros.

 4. LOS GRABADOS    

 4.1 CONJUNTO I

      En general los trazos utilizados son pulidos en V. Se situó en la parte izquierda del conjunto mayor a 1,55 m y ocupa una pequeña superficie lisa que allí ofrece la roca. Consta de tres figuras agrupadas y próximas (Fig 3).

Fig I-1.- Es la primera por la izquierda y corresponde a un ángulo algo mayor de 90º con abertura superior izquierda; el lado de esa parte pasa ligeramente de la vertical W-E unos 15º,  se encuentra grabado con intensidad y mide 10 cm ; el otro lado del ángulo es más fino y tiene 14 cm de longitud. Próximo a la bisectriz aunque ligeramente elevado hay otro de 7 cm.

FIG I-2.- Hacia el centro del espacio angular inferior que determina la bisectriz, hay  dos nuevos ángulos rectos adyacentes con abertura hacia la parte superior izquierda; están formados por una línea de 6 cm y la perpendicular a ella de sólo 2,5 cm y trazada a 1 cm de su extremo derecho.

 FIG I-3.- Hacia el E, a 33 cm, hay  una línea de 12 cm cercana a la posición N-S.

 4. 2. CONJUNTO II

Corresponde al realizado en el mayor espacio rectangular casi todo él con trazos de tendencia recta y cazoletas; estas últimas se realizaron por lo general en la parte E, en un plano horizontal, cerca del límite normal de la roca aunque hay algunas que se desplazaron hacia el centro del espacio. Éste se encuentra dividido de este a oeste por un tosco racheado  que divide las formas en dos subconjuntos bien delimitados (Fig 1. Lám I).

 SUBCONJUNTO II-A. Hacia esa parte izquierda, en la superficie que encierra el  racheado, se encuentran grabadas tres cazoletas acompañadas de trazos, algunos parecen partir radialmente de ellas y otros completan el espacio sin otra relación que la dirección y proximidad a las formas mencionadas.

 Fig II-A-1.-   Corresponde a una cazoleta situada en la parte central derecha de este espacio; tiene de diámetro 4,5 cm y su profundidad es de 0,5 cm. De ella sale con un ángulo de unos 25º, un trazo de 12,5 cm hacia la parte opuesta al observador.

Trazos accesorios a la figura II-A-1

Fig II-A-1-a.Hacia la izquierda del trazo enumerado se realizó otro de 16 cm confluyendo con el anterior en su extremo superior, el otro extremo fue realizado a 5,5 cm de la cazoleta.

Fig II-A-1-b. Otro segmento de 8 cm se situó entre ambos y ocupa una posición muy próxima a la bisectriz; su extremo superior se detiene a unos milímetros del vértice. Entre estos tres trazos se puede observar el contorno de una alabarda reforzada.

Fig. II-A-2.- Esta cazoleta mide 4 cm de diámetro y 0,5 cm de profundidad; está situada en la parte inferior izquierda del espacio.

     En su parte superior hay realizados cinco trazos. El primero por la izquierda mide 18 cm de largo y marcha en sentido superior desviado hacia la izquierda unos 20º, llega hasta la zona media de este espacio. El segundo por esa parte mide 36 cm, es más grueso y profundo; su extremo inferior parte de la cazoleta con un ángulo de unos 10 o 15º, hacia la mitad del espacio dobla hacia la derecha con el fin de confluir superiormente con los trazos de la cazoleta anterior II-A-1 deteniéndose como ellos unos milímetros. Continúa inmediato por la derecha un tercer trazo vertical de 21 cm, su extremo inferior parece detenerse unos centímetros antes de coincidir con el segundo al salir la cazoleta. El cuarto y quinto trazos miden 16 y 12 cm de largo y sus extremos inferiores salen unidos del cuadrante superior derecho de la cazoleta; el situado más a la izquierda parece vertical y su compañero se desvía superiormente a la derecha con un ángulo de unos 20º.

 Fig II-A-3.- Tiene esta cazoleta de diámetro 2,5 cm y de profundidad 0,3 cm; se situó en la parte inferior derecha de este espacio.

       Dos nuevos trazos parten hacia la zona superior. El situado más a la izquierda mide 20 cm, es el más grueso y profundo, se dirige hacia la parte superior izquierda en un ángulo de cerca de 40º. El segundo trazo mide 14 cm, es próximo a la vertical y su extremo superior fue desviado unos milímetros para no cortar a la parte derecha de la cazoleta superior.

 Trazos accesorios a la figura II-A-3

Fig II-A-3-a.- Es un trazo de 9 cm situado en posición paralela del trazo izquierdo de esta cazoleta y a 2,5 cm de su zona media superior.

 Fig II-A-3-b.- Corresponde a un trazo  fino de 5 cm, paralelo al segundo de la cazoleta número 3 y situado a 1,5 cm de su parte superior izquierda.

 Fig-II-A-3-c.- Mide 11 cm, se dispuso en posición vertical y se situó en la zona media, a la derecha.

 Fig II-A-3-d.- En la mitad del espacio situado entre las cazoletas 2 y 3 fue realizado con una inclinación derecha de unos 15º un trazo que mide 9 cm; parte inferiormente de la misma base que sirvió de referencia para realizar la mayoría de las cazoletas.   

 SUBCONJUNTO II-B

Está situado a la derecha del anterior sobre una superficie completamente lisa, pasado el racheado natural que sirve de separación de estos dos subconjuntos –ya mencionado-. Un fino racheado la divide de izquierda a derecha cerca de su zona media aunque no llega al extremo de esa parte, éste no ha influido aparentemente en la distribución de las formas por lo que puede suponerse originado por algún movimiento orogénico posterior. Comenzamos su catálogo desde la parte superior a la inferior y de izquierda a derecha.

Fig II-B-1.- Esta figura está formada por una cazoleta muy superficial, de tendencia oval, situada cerca del límite derecho de su zona media; mide de diámetro unos 4,5 cm y su escasa profundidad esta cerca de 0,3 cm.

     De su parte superior salen dos trazos que traspasan el racheado mencionado; el situado más a la izquierda tiene 26 cm de largo y se realizó con un ángulo superior izquierdo de unos 20 º; el otro, de igual longitud, comienza más a la derecha y ronda la vertical. La cazoleta posee inferiormente otro trazo de 10 cm, realizado a partir de su zona inferior derecha con un ángulo de unos 30º en la parte superior izquierda.

 Trazos accesorios a la figura II-B-1

Fig II-B-1-a.- Es un segmento de 14,5 cm situado a 5 cm del límite izquierdo superior del conjunto y paralelo, a 7 cm, del trazo mencionado en esa misma parte de esta figura.

 Fig II-B-1-b.- Corresponde a un trazo de 11 cm paralelo al anterior y situado 4 cm a su derecha; tiene el extremo superior muy cerca del fino racheado central.

 Fig II-B-1-c.- Este nuevo trazo tiene 8 cm y se situó 2 cm a la derecha del realizado en la misma parte superior de la cazoleta; fue trazado con un ángulo superior de unos 20º  y está a 4,3 cm del trazo maestro; el inferior roza la parte superior del racheado central.

 Fig II-B-2.- Esta nueva cazoleta mide 3,5 cm de diámetro y su profundidad es escasa, 0,2 o 0,3 cm y presenta un mal acabado; se situó a un par de centímetros a la derecha de la anterior, algo elevada hacia el E. Posee en su parte inferior un trazo de 12 cm realizado con un ángulo superior izquierdo de unos 20º.

 Fig II-B-3.- Corresponde a una cazoleta de unos 4 cm de diámetro y 0,3 cm de profundidad situada en la zona media y a unos 5 cm del límite izquierdo.

     Tiene dos trazos maestros en su parte superior: el mencionado anteriormente cuyo extremo superior parte de la cazoleta B-2 y otro de 31,5 cm que parte a la derecha de aquel en una posición cercana a la vertical. Inferiormente tiene otro de 10 cm, situado hacia la derecha y con un ángulo superior izquierdo quizás menor de 20º; su extremo inferior termina en una pequeña cazoleta secante de otra por su derecha.

 Trazos accesorios a la figura II-B-3

Fig II-B-3-a-b-c-d y e.-  La línea a está situada en la parte inferior derecha de este gran espacio, a 4 cm de su límite izquierdo y mide 5,5 cm de larga; su posición es ligeramente inclinada hacia la izquierda con un ángulo superior de unos 20º. La b mide 11 cm y es paralela a 1,4 cm a la derecha de la anterior. La línea  c mide 4,3 cm y se situó a su derecha; el extremo superior está muy próximo a la zona media del trazo b. Hacia la derecha superior continúa una zona en la que se ven peor los trazos, el d mide 9 cm y su extremo superior dista 2,5 cm del extremo de esta parte del b, su ángulo de trazado es algo mayor rondando los 40º. A su derecha está el e, también de 9 cm y algo más elevado que el anterior, su extremo superior está a 4 cm del d y el inferior a 3 cm siendo el ángulo superior algo inferior. Le trazo e mide 12,5 cm y está en la parte superior, escasamente a 1 cm a la derecha del trazo vertical de la cazoleta y muy cerca del extremo W de la superficie; mide 12,5 cm

Fig II-B-4.- Corresponde a una cazoleta que tiene de diámetro 3 cm y 0,8 cm de profundidad, está aislada muy cerca del límite E de la roca y a 11 cm del S.

 Fig II-B-5.- Esta figura está compuesta por dos cazoletas unidas longitudinalmente, la situada a la derecha mide de diámetro 2,5 cm y de profundidad 0,3 cm; la de la derecha es algo ovalada y tiene un eje mayor de 4,5 cm y 0,3 cm de profundidad.

     De la cazoleta enumerada en primer lugar parte un trazo maestro hacia la número 3 – ya descrito-; de la oval sale otro de 31,5 cm en posición próxima a la vertical y hacia su mitad sufre una ligera flexión hacia el lado derecho.

Trazos accesorios a la figura II-B-5

Fig II-B-5-a-b-c-d-e-f y g.- La línea a es un grueso trazo de 8 cm de longitud realizado con un ángulo hacia la izquierda próximo a los 20º, fue situado superiormente a 5,7 cm de la unión de las cazoletas. La forma b es una línea  de 5,5 cm, paralela a la anterior y situada superiormente a la misma; los extremos inferiores de ambas distan del trazo superior de la cazoleta, aproximadamente 0,5 cm. El trazo c mide 24,3 cm, es de tendencia vertical aunque la parte correspondiente a la zona superior del fino racheado  se realizó algo desviada hacia la derecha; dista del trazo de la cazoleta un par de centímetros. Este trazo tiene muy cerca de su extremo superior, en la parte derecha y verticalmente, otro muy fino de 7,4 cm, es la figura d. Las formas e y f  son dos paralelas horizontales de 2 cm, muy tenues, situadas  2,5 cm una encima de la otra y muy próximas al extremo superior de la línea d. El trazo g tiene unos 28 cm y es paralelo por la derecha -a 1,7 cm- del trazo que sale directamente de la cazoleta número 3.

 Fig II-B-6.- Corresponde esta figura a una doble cazoleta, la de la izquierda se une en el cuadrante inferior izquierdo de la derecha. La izquierda tiene 4 cm de diámetro y 0,5 cm de profundidad, la formada a la derecha es algo mayor ya que tiene 4,5 cm de diámetro y 1 cm de profundidad.

 De la enumerada en primer lugar sale un trazo en sentido izquierdo con una ángulo superior próximo a los 35º, mide 42 cm de largo; a los 17 cm dobla hacia la vertical. La otra cazoleta, la mayor, presenta en su cuadrante superior izquierdo dos trazo: uno de 13 cm en sentido parecido al mencionado aunque con un ángulo próximo a los 45º; otro, el trazo mayor, mide 57 cm de largo, 3 cm de ancho y 2 cm de profundidad, fue realizado en la parte central superior de la cazoleta y sale con una desviación izquierda de 35º pero, hacia su mitad se curva, parece que con la intención de lograr la vertical cuestión que alcanza en los últimos centímetros.

 Trazos accesorios a la figura II-B-6

Fig II-B-6-a-b-c y d.- El trazo a mide 7,5 cm y está situado 2,5 cm a la derecha del primer trazo de la izquierda. Entre los trazos central y derecho hay uno, el b, de 5,5 cm con una inclinación izquierda de unos 40º; su extremo superior se detiene unos milímetros antes de llegar al central, exactamente a 4 centímetros de su extremo superior. El trazo c tiene 16,5 cm, parte de la zona media central y continúa con tendencia paralela al trazo mayor -el situado a la derecha-, su extremo superior corta al izquierdo pocos centímetros antes de llegar al fino racheado de la zona media superior. El segmento d es muy fino y solamente tiene 3,5 cm, su extremo inferior está situado en la zona media, a la derecha del c, y el superior a 0,5 cm del gran trazo.

 Fig II-B-7.- Esta figura presenta diversas excepciones a tener en cuenta: una característica es su pequeñez, tiene 1 cm de diámetro y  sólo 0,3 cm de profundidad; otra es su situación ya que está próxima al límite W -solamente a 9 cm-. La distancia al  trazo maestro por la derecha de la gran cazoleta B-6 es de 1,8 cm.

     Sale de esta cazoleta en su parte inferior dos trazos, el situado más a la izquierda tiene 26 cm y lo hace con un ángulo superior izquierdo de unos 20º para doblar en sus 5,5 cm inferiores hacia la derecha en ángulo próximo a los 45º. Más a la derecha la pequeña cazoleta tiene otro trazo de 14,5 cm y se dirige en dirección parecida ya que su ángulo es de 30º.

 Trazos accesorios a la fig II-B-7

Fig II-B-7-a-b-c-d-e y f.- La línea a corresponde a un trazo de 6 cm que ocupa la zona central del espacio situado entre el gran trazo de la figura II-B-6 y el situado más a la izquierda de la figura II-B-7; su ángulo de inclinación superior izquierda es de unos 25º. El trazo b es muy fino, tiene 7,5 cm y se situó unos milímetros a la derecha del segundo de la cazoleta B-II-7. El c mide 6 cm y es igualmente fino, está situado 1 cm a la derecha siendo paralelo al b. El trazo d es más grueso y también paralelo a los dos anteriores; mide 8,7 cm y se separó 1,5 cm; su extremo superior se realizó a la misma altura que la pequeña cazoleta. El segmento e mide 5,5 cm y se hizo superiormente a los mencionados con un ángulo superior izquierdo de 45º. El trazo f mide 28 cm, sus 16 cm inferiores parten en sentido vertical después flexiona hacia la izquierda para terminar en ángulo de 15º con la vertical. Su extremo superior dicta 5,5 cm del límite E de la superficie y 8 cm a la derecha del gran trazo de la fig II-B-6.

 Fig II-B-8.- Esta figura está formada por una gran cazoleta de 4,5 cm de diámetro y 1,5 cm de profundidad; se situó en la parte superior derecha, a 3,3 cm de la anterior.

        En su límite superior central la cazoleta tiene dos trazos separados unos 36º. Ambos tienen una angulación superior cercana a los 15º pero en sentido diferente; el de la izquierda mide de 10 cm y se inclinó hacia esta parte; el de la derecha tiene 43 cm y se hizo hacia ese mismo lado, éste último es también muy ancho y profundo, ambas medidas están próximas a los 2 cm.

 Trazos accesorios a la figura II-B-8.

Fig II-B-8-a-b-c-d-e-f-g y h.- El trazo a mide 22 cm y se realizó muy cerca del extremo superior del trazo descrito en primer lugar en la fig B-II-8, se extiende hacia la parte superior derecha en ángulo superior de  unos 20º. El b tiene 12 cm y es paralelo al primer trazo maestro mencionado en la cazoleta. El c es paralelo al a y situado en la zona media entre éste y el segundo de la cazoleta, mide 15,5 cm y tiende a equidistar de ambos. El segmento d tiene 13,6 cm y se realizó superiormente con un ángulo  izquierdo de unos 40º. El e tiene unos 6 cm y es perpendicular por el centro izquierda al d confluyendo en ese punto también con el a y formando además con él otros dos ángulos adyacentes. El f  tiene 5 cm, es de tendencia paralela a la derecha del a  y corta al e no perpendicularmente formando inferiormente dos nuevos adyacentes. La figura g es una forma triangular de marcada tendencia isósceles ya que sus lados mayores miden 6 y 5,7 cm, ambos forman un ángulo próximo a los 23º en disposición SW; el tercer lado mide poco más de los 2 cm; se situó a 6,2 cm del límite W de la superficie.

Fig II-B-9.- Esta cazoleta se situó a 9,8 cm del límite E y a 5,3 cm a la derecha de la cazoleta B-II-8. Tiene 3,55 cm de diámetro y 1 cm de profundidad.

     En su cuadrante inferior izquierdo se realizaron dos trazos: el situado superiormente a la izquierda, mide 7 cm de largo; el que ocupa el lugar inferior tiene 9 cm y ambos presentan una angulación de 45º.

 Trazos accesorios a la fig II-B-9

Fig II-B-9-a y b.- En la zona central comprendida entre los extremos inferiores de los dos trazos descritos se realizaron dos pequeños perpendiculares: el trazo a mide 5 cm es de tendencia vertical y está situado a la izquierda;  en su centro por la derecha corta al b que mide 3,2 cm, ambos forman dos adyacentes.

 Fig II-B-10.- Esta figura está formada por una cazoleta que mide de diámetro 3 cm y tiene una profundidad de 0,9 cm; se situó 2,8 cm a la derecha de la cazoleta B-II-8. Tiene un trazo de 31,5 cm realizado en posición vertical en el centro de su parte superior.

 Fig II-B-11.- Corresponde a una cazoleta de 3 cm de diámetro y 0,9 cm de profundidad, está situada en la parte superior derecha a 2,7 cm. Un trazo de 31 cm fue realizado en su límite superior, éste es paralelo al realizado en la B-II-10 en sus 18 primeros centímetros para ambos doblar levemente hacia la convergencia superior con el segundo de la cazoleta II-B-8.

 Trazos lineales anexos a la fig II-B-11

Fig II-B-11-a-b-c-d y e.- Estos trazos son muy finos y se situaron en la parte superior derecha, a 1 cm, del trazo mencionado en esta cazoleta, justo donde el mencionado segmento dobla a izquierda; a excepción del situado más a la derecha, son paralelos al mismo y por tanto también entre ellos; la distancia que los separa es de un par de milímetros. El primero por la izquierda es el a que mide 3 cm; le siguen el b y el c con 1 cm; el d tiene unos 6 cm y continúa unos milímetros más a la derecha; finalmente el segmento  e está inclinado hacia la izquierda unos 20º y mide 3 cm; su extremo superior roza por el centro derecha al d a 3 cm de su extremo superior.

 Fig II-B-12.-Corresponde a una pequeña cazoleta de poco más de 1 cm de diámetro y escasa profundidad, situada a 3 cm del extremo superior derecho del trazo correspondiente a la cazoleta B-11.

 Fig II-B-13.-Esta cazoleta fue realizada a 2,3 cm a la derecha de la número B-II-10; mide de diámetro 4 cm y 0,7 cm de profundidad. Tiene un trazo de 39,5 cm en la parte superior siendo paralelos a los maestros realizados en las B-II-10 y B-II-11; su extremo superior dobla ligeramente hacia la izquierda los últimos centímetros.

 Fig II-B-14.- Esta nueva cazoleta nos ha llegado muy tenue, tiene 2,5 cm de diámetro y unos milímetros de profundidad; se situó 2,3 cm inferiormente a la B-II-13. Esta  cazoleta se acompañó de un pequeño trazo de 5 cm desprendido inferiormente con un ángulo de 45º hacia la parte inferior izquierda.

Fig II-B-15.- Es la última cazoleta descrita en este subconjunto; mide 4 cm de diámetro y 0,8 cm de profundidad, se situó a 1,3 cm en la parte superior derecha del trazo correspondiente a la cazoleta B-II-13 y a unos centímetros del límite N de este espacio.     Un trazo de 33,3 cm fue realizado en su parte superior, también de tendencia paralela a los de las B-II-10 – 11 y 13; sus 12 últimos centímetros de la parte superior doblan hacia la izquierda.

 Trazos lineales anexos a la figura II-B-15

Fig II-B-15-a-b-c-d-e-f y g.- El trazo a es de tendencia vertical y paralela al anterior, mide 12 cm y se situó 1,2 cm a su derecha en el comienzo de la mitad superior. El b se situó 1,6 cm a la izquierda del trazo maestro, en la zona central alta y mide 9,5 cm. El segmento c es muy fino y tiene 6 cm, se situó a 3 cm de la parte superior de la cazoleta cazoleta cortando al segmento maestro, fue realizado con un ángulo superior izquierdo de unos 75º. El d mide 6 cm, fue realizado con un ángulo izquierdo de unos 45º y se situó próximo por la derecha del maestro. En la parte inferior derecha de la cazoleta se trazaron los tres trazos que restan. El e mide 8 cm, su extremo superior está a 1,4 cm a la derecha de la cazoleta siendo paralelo a los mencionados en las cazoletas de esta parte. Bajo él está el f que mide 9 cm y trazado con una angulación superior derecha de unos 38º; su parte izquierda central está a escasamente 1 mm del extremo inferior del e. Finalmente el g mide 8 cm y fue realizado con un ángulo superior de unos 15º; está situado unos milímetros a la derecha de los dos anteriores.

 4. 3. CONJUNTO III

   Este nuevo conjunto se situó en una pequeña superficie contigua por la derecha inferior, en el mismo plano horizontal que se realizaron las cazoletas. Esta nueva superficie presenta también tendencia rectangular, tiene de largo 25 cm y de ancho 15 cm estando igualmente alisada y limitada por rachones naturales; su sentido longitudinal está próximo al N-S (Fig 3. Lám II).

 Fig III-1.- Este número corresponde a un trazo de 4 cm realizada con un ángulo superior derecho de nos 40º; se situó a 1 cm del límite S de esta superficie.

Fig III-2-3-4-5-6 y 7.- El número 2 es otro trazo de 9,5 cm, realizado en dirección próxima a la vertical y cuya zona central esta situada un par de milímetros a la derecha del extremo superior del trazo 1. El número 3 mide 9 cm, fue realizado con tendencia paralela 0,7 cm a la derecha del anterior estando sus extremos superiores al mismo nivel. La línea número 4 mide 13,4 cm, tiene un ancho de 1 cm y una profundidad semejante y esta situada 1 cm a la derecha de las anteriores siendo también paralelas; comienza 2 cm por encima de las dos anteriores. Continúa a la derecha un nuevo segmento, el número 5, que mide 5 cm y es también paralelo. El trazo número 6 mide 10 cm y es igualmente vertical. El 7 mide 7 cm y se realizó inclinado hacia la izquierda con un ángulo de 45º, parte del extremo superior del trazo anterior y forma con él un ángulo de unos 45º en la parte inferior derecha.

 Fig III-8.- Esta figura es un cruciforme cuyo grueso brazo vertical mide 7,8 cm y el horizontal 8,2 cm, ambos se cortan a 2,2 cm del extremo superior. En los dos ángulos inferiores que determinan se realizaron cuatro segmentos de 7 , 5, 5,5 y 6,2 cm que tienden a determinar cuatro ángulos agudos de unos 20º.

Fig III-9.- Esta figura corresponde a una pequeña cazoleta de 3 cm de diámetro y 0,3 cm de profundidad, fue situada 1 cm más abajo del extremo inferior del cruciforme.    Un trazo de 6,2 cm fue realizado desde el cuadrante inferior izquierdo de la cazoleta formando un ángulo con la vertical próximo a los 45º.

 4.4. CONJUNTO IV

    Fue realizado en una superficie contigua por la derecha a la utilizada para realizar el conjunto II; el plano resulta elevado en unos 18 cm del anterior y se extiende hacia el lado derecho unos 20 cm y otros tanto hacia la parte inferior donde también desciende otro escalón; la parte E –posición del observador- tiene la roca elevada e irregular (Fig 2. Lám III).

 Fig IV-1.- La primera figura está situada a la izquierda de esta superficie en el límite de la roca. Es una cazoleta claramente elíptica cuyo eje mayor mide 7,5 cm y 6,5 el menor; el primero se realizó en dirección NW-SE..

   Esta figura tiene en su parte inferior tres trazos equidistantes, bien centrados y de tendencia radial. El primero por la derecha, el más superior; mide 12 cm y tiene adosada en su extremo inferior otra pequeña cazoleta de 3 cm de ancha y  0,5 cm de profundidad. El trazo central mide 16 cm y tiene hacia su parte central una cazoleta de 2,4 cm y 0,4 cm. El tercer segmento es de 15 cm y tiene en su extremo inferior una cazoleta de 3,5 cm de diámetro y 0,3 cm de profundidad.

 Fig IV-2.- Corresponde a una nueva cazoleta situada escasamente 1 cm a la izquierda de la última descrita en la figura anterior; mide de diámetro 3 cm y es 0,3 cm su profundidad.

Fig IV-3.- Este número corresponde a una figura algo más compleja. Una cazoleta IV-3-a, de 3 cm de radio y 0,4 cm de profundidad, fue situada  10,5 cm a la derecha de la cazoleta elíptica. De ella salen tres trazos: el primero parte de la parte derecha, tiene unos 12 cm, es convexo hacia el W y termina en horquilla; otro sale de la parte central de su cuadrante inferior izquierdo y señala la dirección NW-SE, mide 22,3 cm y corta en su parte media inferior a los tres segmentos radiales de la fig IV-1; el tercero segmento mide 12,5 cm y sale de la parte inferior derecha de la cazoleta reseñada; de su extremo parte un trazo perpendicular al segundo –central- de la última cazoleta que completa con los anteriores una forma triangular de alabarda; hay otra cazoleta, la IV-3-b, de 3 cm de diámetro y 0,5 cm de profundidad, cuya posición apunta la unión de estos últimos segmentos pero no llegando a ellos.  En la parte derecha de la cazoleta IV-3-b, se realizó otro de 19 cm que corta también de forma perpendicular al segundo trazo central de la cazoleta IV-3-b y termina en los extremos de la forma de horquilla mencionada al describir el primero de estos trazos. Parecen hacer alusión a un arco rudimentario –forma arqueada en la parte superior derecha- que lanzaría una alabarda sin refuerzo central.

 4.5. CONJUNTO V

    Este nuevo conjunto se grabó en un pequeño plano liso situado a la derecha del número IV, tras ascender un escalón de 3,5 cm hacia el N; el pequeño espacio en su zona E está algo deteriorado por lo que no se puede precisar si en él hay algún tipo de realización (Fig 3).

Fig V-1 y 2.- Corresponden a dos trazos de 3 y 5,2 cm y se realizaron hacia el centro de la zona. El 2 ocupa una posición horizontal y el número 1 fue realizado superiormente.

Fig V-3.- Es un trazo de 6,5 cm realizado 3 cm bajo la parte derecha del número 2 su posición se logró con un ángulo superior izquierdo de unos 15º.

 Fig V-4.- Este nuevo segmento mide 6,4 cm; se realizó 1 cm a la derecha del extremo inferior del número 3 y con un ángulo superior derecho de unos 15º; de su parte central derecha sale hacia la parte inferior un trazo de 4,3 cm logrando con él una forma horquillada de unos 15º.

 Fig V-5.- Un nuevo trazo de 3 cm fue situado 2,5 cm a la derecha de la zona central del anterior siendo paralelo al mismo.

 Fig V-6.- Ya cerca del límite derecho inferior de este espacio se observa una línea fina de 4,4 cm cuyo extremo izquierdo está a 1 cm de la zona media superior del número 5; presenta una angulación hacia la derecha de unos 75º.

 4.6. CONJUNTO VI.- Este conjunto se realizó próximo al extremo derecho de la roca. Para su trazado el autor debió cambiar de posición y, por lo general, colocarse en el lado N ya que los  la mayoría de los trazos cambian de dirección pasando de estar próximos a la E-W a indicar el N-S; de esto se desprende que por lo general las figuras obtenidas pasan a tender a la horizontalidad con respecto al observador situado como antes en el E (Fig 2. Lám III).

        La superficie sobre la que se realizó este conjunto salva un pequeño escalón superior de 0,8 cm y tiene las mismas características naturales que los anteriores ocupando los líquenes cenicientos su superficie; ellos dificultan la visión de los grabados pero también les protege.

Fig VI-1.- Esta figura corresponde a una cazoleta situada en la parte superior, tiene 2,5 cm de ancha y 0,8 cm de profundidad; en su parte izquierda se realizó un trazo de 9 cm con tendencia horizontal.

Fig VI-2.- Fue situada 3 cm más abajo del extremo izquierdo de la figura 1. Corresponde a una forma lanceolada con refuerzo central, su ancho máximo tiene 6 cm y el largo es de 16,8 cm; la hoja comienza a 4,2 cm del extremo izquierdo, su sentido es el N y la posición es horizontal con respecto al observador que debe seguir en el lado E. La parte inferior de esta figura tiene peor un acabado titubeante y más impreciso.

 Fig VI-3-4 y 5.- Corresponden a tres trazos cuyas medidas comenzando por la izquierda están próximas a los 3,8 – 5 y 1,6 cm; fueron situados muy próximos, formando un desligado y ligero zigzag escasamente situadas un par de centímetros bajo la forma lanceolada.

Fig VI-6.- Esta figura es compuesta, está formada por un trazo de 14,5 cm realizado 1,8 cm bajo los anteriores y en posición horizontal. Bajo él, a 2 cm hay otro paralelo de 13,6 cm. Del extremo izquierdo del primero y cortando al segundo se observa otro de 8 cm que forma dos ángulos con los anteriores de 45º hacia la parte inferior derecha.

Fig VI-7 y 8 .- En un pequeño espacio que hay entre estas figuras y el límite izquierdo de la roca se realizaron dos trazos de 4 y 6 cm, fueron ejecutados tendiendo a indicar un ángulo agudo de unos 30º de abertura superior.

Fig VI-9.- Corresponde a un trazo de 15,5 cm realizado en la parte inferior de todos los anteriores, construido con un ángulo de unos 45º, su extremo derecho corta a los dos paralelos de la figura número 6.

   Bajo esta última figura hay un espacio algo deteriorado que pudiera haber contenido alguna figura actualmente se observan solamente con claridad uns finos racheados de apariencia natural.

Fig VI-10.- Esta figura se realizó 3,8 cm a la derecha de la número 9, es una forma de ángulo agudo de unos 35º, adosada por la derecha a un fino racheado resultando una forma triangular.

 Fig VI-11.- Es otra gruesa línea de 13,5 cm realizada 1,2 cm bajo la forma anterior y ocupa el centro de la superficie siendo la disposición parecida a la número 9.

Fig VI-12.- Un nuevo trazo de 7 cm fue realizado a unos 2 cm bajo el anterior y en ángulo superior derecho de unos 15º.

   A 5 o 6 cm hacia la parte derecha de este segmento quizás pueda reseñarse una cazoleta pero su superficialidad nos impide ofrecer dimensiones con claridad.

 4.7. CONJUNTO VII.- Este conjunto presenta escasa figuras y fueron realizadas de forma discontinua, hay que trasladarse hacia la derecha a unos 30 cm y a la misma altura de la figura 1 del conjunto VI. La superficie es menos lisa (Fig 4).

 Fig VII-1.- Es una figura angular semejante a la número 10 del conjunto VI, los lados miden 7 y 7,4 cm siendo ligeramente cóncavos hacia el exterior, también se dispusieron adosados a la izquierda a un fino racheado que allí presenta la roca.

 Fig VII-2-3 y 4 y 5.- Corresponden a cuatro trazos de tendencias horizontal y paralela; de arriba abajo miden 3,5 – 9 – 6 y 9,8 cm; se dispusieron muy cerca del extremo natural de la roca y 25 cm bajo la figura 1.

4.8. CONJUNTO VIII

       El conjunto se realizó en una roca situada un par de metros hacia el E, algo alisada por el centro donde se encuentran los trazos(Fig 4. Lám IV).

Fig VIII-1.- Corresponde a una línea en posición horizontal, de unos 12 cm, situada cerca del extremo W de la roca.

Fig VIII-2.- Bajo la figura anterior, pasado unos 20 cm de un racheado,se realizó con el mismo tipo de incisión un ángulo agudo de unos 45º; sus lados miden 10 cm y el superior es de tendencia horizontal.

Fig VIII-3.- Unos 20 cm a la izquierda de los extremos de los lados de la figura anterior y cerca del límite de la roca se observa finamente trazada una forma de flecha con peciolo central rematado por la izquierda con una pequeña cazoleta; toda la figura mide unos 12 cm.

 Fig VIII-4.- Corresponde esta numeración a un trazo horizontalde unos 16 cm realizado inferiormente a la izquierda a unos 30 cm de la figura anterior y cerca del límite E de la roca.

 5. El ENTORNO ARQUEOLÓGICO

       El E de la penillanura no ofrece restos arqueológicos destacables en las inmediaciones. Tenemos noticias de una azuela pequeña de cuarzo común rosado, pulimentada, hallada en un impreciso lugar de una finca próxima llamada Vallispedro, hoy este material se halla en paradero desconocido.

        Hay que separarse unos 7 u 8 km para encontrar los poblados de Almoroquí y El Tercio-La Coraja. El primero no ha sido excavado y tanto las cerámicas como la inscripción del SW, halladas en superficie, nos remiten a un particular comienzo de la Edad del Hierro. La estela de guerrero y la inscripción del SW pueden remitirnos a épocas  próximas (Beltrán 1973).

      El poblado del Tercio-La Coraja ha sido excavado muy parcialmente y no se ha publicado una memoria completa de los numerosos materiales encontrados. Solamente existen estudios parciales  referentes a la Edad del Hierro. Sin embargo este asentamiento posee datos suficientes para saber que su existencia debe remontarse a épocas muy anteriores: la alineación de ortostatos desmontados y reubicados en su interior, una punta de flecha de silex observada por nosotros en los residuos superficiales procedentes del cribado, algunas cerámicas pulidas cuya tradición se puede remontar a la Edad del Bronce, la potencia de varios metros de espesor en la parte central del yacimiento… A nuestro juicio este poblado merece un estudio mucho más profundo. (Redondo 1987; Civantos 1988; Esteban 1993).

       Algo más distantes, entre 10 y 12 km, están los grabados del río Tejadilla (Rubio 2000) y a mayor distancia aún los del Cándalo (Rubio 1999 y 2000), Valdehonduras (Rubio 2001) y Collado de S. Cristóbal, Zarza de Montánchez (Rubio 2003) -presente en este mismo trabajo por los grandes paralelismos que tiene con el de Boticojos; con el resto de grabados mencionados se pueden establecer relaciones mas distantes.

       Finalmente la punta de alabarda o puñalón de cobre endurecido hallada en el berrocal trujillano (Rubio 1992) y un número de pulimentados no elevado encontrados en esa misma zona así como sus poblamientos Calcolíticos y de primeras fases del Bronce (Rubio 1998 y 2003) completan el panorama arqueológico que en general es común a todas estas series de grabados.

6. RELACIONES

     Todos estos monumentos y algunos más del N de la provincia, en la comarca de Hurdes -al menos los de Puerto del Gamo en Casar de Palomero y Peña Rayá en Huetre (Sevillano 1991)-, tienen en común la presencia de trazos, cazoletas, ángulos…, en ellos también se representaron armas de metal por lo general del Bronce Inicial y Medio, desde luego anteriores a la Edad del Hierro. Pero debemos señalar que solamente presentan trazos unidos a cazoletas los grabados denominados Tejadilla XI, Valdehonduras y los del collado de S. Cristóbal.

      En Tejadilla XI lo veíamos al menos en tres ocasiones, en concreto los  números 40 del conjunto IV; el 3 del conjunto III y el número 5 del conjunto V, en ésta con cazoleta oval. Valdehonduras ofrece numerosos ejemplos de esta relación aunque en él, a veces, las conexiones entre las dos formas es más compleja. Como veremos el collado de S. Cristóbal ofrece entre sus grabados una numerosa representación con la misma siplicidad que en Boticojos y, por lo general, a cada cazoleta le corresponde un trazo descendente, cuestión que no queda convenientemente expresada en su representación en los demás grabados apuntados por estar realizados en un solo plano.

      No conocemos relaciones intermedias peninsulares y hemos de marchar al Pirineo para encontrar unas series de grabados que guardan cierta semejanza en cuanto a las cazoletas asociadas a trazos profundos en forma de carena de barco, unas están en los Pirineos Catalanes y otras fueron ejecutadas en los valles de Andorra (Abelanet 2003), (Cantauri 2003).

 7. CONCLUSIONES Y CRONOLOGÍA

       Los grabados realizados en Boticojos se distribuyeron intencionadamente en varios conjuntos y la temática que encierran debe ser variada. El primer conjunto poco puede aportar dada la escasez de trazos. El segundo está dividido en dos partes y ocupa dos planos que se cortan en ángulo obtuso –cuestión poco común- pero que también ocurrirá en el collado de San Cristóbal. Denotan una temática relativa al significado de la cazoleta con trazo concatenado descendente, sin que intervengan otro tipo de realizaciones que pudieran interferir lo expresado; la amplitud del espacio utilizado en relación con el total disponible de éste nos informa del valor e importancia de esta comunicación. Ésta se repite entre 15 y 20 veces substancialmente de forma machacona por lo semejante pero también indicando una gran pluralidad de objetos aunque es verdad que cada grupo de figuras tiene su matización.

       Deben ser tomado como signos y con ellos hacer mención a algúnos cuerpos de forma circular –expresado mediante las cazoletas-, que llenan de momento aquí, un doble espacio –ya veremos como en el collado de S. Cristobal se completan las tres dimensiones que indican una representación en volumen-. Deben ser numerosos y tener energía para que de ellos  se desprenda individualmente hacia una parte inferior -las cazoletas ocupan la parte más alta del espacio y los trazos descienden hacia la más baja-, estos, aquí en Boticojos, alcanzan su plenitud en profundidad y grosor en una distancia indeterminada de la zona central.

       El conjunto III parece hacer mención al único elemento humano, radiado en su parte inferior, esto le puede comunicar un carácter sagrado, de alguna manera con parentesco solar tal y como apuntamos en los contenidos del conjunto XI de Tejadilla. Su representación es coincidente con la forma estelar radiada del conjunto IV, sin que podamos añadir más dado la simpleza de los demás trazos. Debemos mencionar también la cazoleta con trazo adherido tal y como ocurría en Tejadilla, aquí en lugar próximo al sexo. Parecen hacer alusión a una jefatura sacralizada con algúna relación solar que era patente en el S peninsular en épocas pretartesicas y que en nuestra zona se comienza a percibir por estos grabados mucho tiempo antes.

     El conjunto IV ofrece en el W la única cazoleta oval de este grabado y por los tres radios que emite hacia el saliente parece aludir, con poca dudas, a una representación astral, apunta con claridad al Sol. El resto de los trazos y cazoletas, por su complejidad, nos acerca a algunos del grabado de Valdehonduras, en síntesis hace una nueva referencia sideral y armamentista introduciendo un arco novedoso y posiblemente ideal. Su composición no tan simple, ni repetitiva como en el conjunto II.

       Pasamos al conjunto VI dado que el V presenta unos cuantos trazos lineales que poco pueden aportar. En el conjunto la cazoleta con trazo parece presidir la escena -si nos situamos en el E-, el resto de trazos amplía algo más el relato. En él se realizó con claridad una hoja de lanza cuya tipología es muy amplia como vimos al estudiar el grabado del Cándalo, el resto de representación de armas que la acompañan en los conjuntos II-A, II-B, VII y VIII nos hace asegurar una fecha de ejecución durante la Edad del Bronce Inicial o Medio.

      Finalmente en los conjuntos VII y VIII se incluyeron formas angulares unidas a un fino racheado de la roca que indica con claridad formas de alabarda sin refuerzo central semejante a la representada en el subconjunto B del conjunto II y una forma de flecha cuya cazoleta indica el punto donde la fuerza la impulsa, posición que denota energia, entendida ésta como capacidad de realizar  fuerza.

     Si tomamos la figura angular con bisectriz realizada en el subconjunto A del conjunto II comouna representación de alabarda reforzada es este figura quién principalmente debe marcar la cronología, ella apunta en este entorno una fecha de comienzos del Bronce Medio el resto de las formas armamentistas pueden señalar tiempos ligeramente anteriores.

 APÉNDICE GRÁFICO 1: BOTICOJO 

Boticojo Fig 1

                                    Figura 1.- Grabado de Boticojos, conjunto 2

Boticojo Fig 2

Figura 2.- Grabado de Botijos, conjunto III

Boticojo Fig 3

 Figura 3.- Grabados de Boticojos, conjuntos I – III y V 

Boticojo Fig 4

Figura 4.- Boticojos, conjuntos VII y VIII

2lam1

Lámina I.- Boticojos, conjunto 2

2lam2

Lámina II.- Boticojos, conjunto III

2lam3

Lámina III.- Boticojos, conjuntos IV y VI

 

 

 

Oct 172013
 

Manuel Rubio Andrada.

 SITUACION Y GENERALIDADES

     Este poblamiento se localiza en el mapa topográfico 1/50000, hoja 705 denominada Trujillo, 1ª edición de la Dirección general del Instituto Geográfico y Catastral de 1958. Tiene de latitud 39º 25´ 37´´ y de longitud 2º 11´ 30´´ del meridiano de Madrid.

 

        Para visitar este yacimiento hay dos caminos: uno parte por la carretera N-V en dirección al río Magasca; dando ya vistas al río parte, a la izquierda, una calleja que actualmente está en mal estado, llega a la autovía y dobla hacia el N, continuad por ella hasta la primera mesetilla de granito; allí está el poblado. Otro camino es tomar el de las ruinas de la ermita de Sta Ana; pasadas éstas, pronto llegareis a la autovía, seguid por el camino de servicio que marcha por la derecha en sentido de Mérida, justo en la terminación del berrocal se encuentra la citada mesetilla con el  poblamiento.

 

     Como en el caso de los poblados anteriores el lugar elegido es una pequeña elevación flanqueada por pequeñas formaciones de granito con amplia visión hacia el S, las partes N, E y W no presentan un panorama despejado dada la escasa altura del terreno. Tampoco están presentes los grandes bolos de granito de formas caprichosas que suelen encerrar volúmenes propicios para fijar hábitat primitivos. En sus cercanías, hacia el sur, existe la fuente natural más importante de todo el entorno, no excesivamente caudalosa pero si constante aun los años de mayor sequía.

 

     El poblamiento ocupaba una superficie pequeña que pasa poco de la hectárea; carecía de otras defensas que las naturales y desde el N era fácilmente abatible por un cerrete de altura superior; en este lugar también se excavó apareciendo algunos restos romanos hoy perdidos. Dentro del poblado, hacia el E y coincidente con la entrada actual a la derecha, existe una formación de granito de no más de 10 m de largo, otros tanto de ancho y como 1,5 m de alto que presenta en su parte superior en sentido N-S unas vetas de cuarzo acompañado de minerales, a ambos lados de éstas y en el mismo sentido hay horadadas unas zanjas de unos 50 centímetros de ancho y unos 40 centímetros de profundidad; en una de estas zanjas es evidente que el cuarzo y los minerales que le acompañan se agotó pero en la situada más hacia el W aún presenta alguna potencia. De cualquier modo este tipo de zanjas está presente en otros lugares de nuestro berrocal y casi siempre suelen coincidir con la dirección N-S.

   

     El yacimiento fue localizado al comienzo de la década de los 80. Al presentarme un cazador de la localidad unos cuantos restos líticos pulimentados, dibujé estos y me personé en las inmediaciones ya que el lugar exacto no me había sido facilitado. Pronto puse en conocimiento del hallazgo al museo provincial de Cáceres. A los pocos años hubo una excavación en la mesetilla que le sirve de soporte, fueron trazadas dos cuadrículas de 4 X 4 m en su centro-oeste, su profundidad, que rondaba los  50 cm, llegó hasta la roca; los resultados de ésta excavación, dirigida por personal de la Universidad de Extremadura y financiada por la correspondiente Consejería de la Comunidad Autónoma, no se han concretado.

 

   Años posteriores se iniciaba el trazado de la Autovía Madrid-Lisboa cuyas señalizaciones impactaban de lleno en el pequeño poblamiento, hice gestiones a través de la correspondiente Consejería sobre su posible desvío y el arqueólogo de Patrimonio me contestó en sentido positivo.  Por ésta u otras cuestiones, pasado el río Magasca y  circulando hacia Madrid se nota un desvío hacia el W.

 

       Una mañana que visitaba las inmediaciones observé que todo el poblado estaba enterrado; la mayoría de su superficie quedaba bajo varios metros de rocas y tierra producto de las necesarias nivelaciones; un pequeño espacio, cerca de donde estaba la excavación soportaba unicamente unos decímetros de escombros. Me acerqué a los obreros y capataces… cumplían ordenes. Mis cartas la Dirección General de Patrimonio sólo recibieron buenas palabras…;actualmente se encuentra cubierto por la capa de piedras y tierras antes mencionadas que, en la mayor parte del espacio, ocupa varios metros de espesor en otras solo decímetros.

 

      Bueno, me dije, si está excavado podremos saber algo, esperemos la publicación de los resultados; la espera de la publicación de los resultados de una excavación se hace eterna. Armado de paciencia pasaron  más de diez años hasta que comencé a hacer mis propias gestiones para su estudio. Me acompañé de los correspondientes permisos. Averigüe que  los materiales no se encontraban en los almacenes del museo de Cáceres como afirmaba su excavadora; según se me dijo habían aparecido en los vestuarios de un conocido equipo de fútbol de nuestra provincia y de allí fueron trasladados al museo por otro arqueólogo más celoso de su profesión.

 

   Por fin llegó el día esperado en el que, tras concertar numerosas entrevistas, me enfrentaría a una importante parte de los secretos de nuestro pasado. Todo estaba dispuesto, el laboratorio del museo a mi disposición, la caja de cartón con los restos colocada en la mesa de trabajo; al fin todo parecía comenzar a aclararse…pero la realidad fue bien diferente. Al abrir la caja aparecieron cuatro bolsas de plástico etiquetadas, dos mayores y dos francamente pequeñas que me ofrecieron de manera muy incompleta los materiales que quedaban de la excavación.

 

 

LOS MATERIALES PROCEDENTES DE LA EXCAVACIÓN

 

 LAS CERAMICAS

 

  Ya dijimos anteriormente que los materiales procedentes de la excavación no se encuentran en su totalidad depositados en los almacenes de nuestro museo provincial o al menos no parecen haber sido localizados. También hay que reseñar algún error en la enumeración de los materiales de la bolsita etiquetada Aguas Viejas 86-3/12  -se repite el número 8-, ello hace  que el resto de los objetos tengan una catalogación errónea que yo he procurado subsanar añadiendo el número correcto dentro de un paréntesis. Los materiales observados por mí años antes de la excavación, proceden de la superficie y  poseen diferente nomenclatura, ello es por coincidir las dos primeras letras A. V. de Aguas Viejas con A. V. del yacimiento del Avión. En los materiales excavados en 1986 mantengo las iniciales puestas por su excavadora pero en las presentadas por  mí llevan las iniciales AG. V..

 

    Los materiales excavados y depositados en el museo están en cuatro  bolsas de plástico; de ellas, las dos mayores tienen los fragmentos más toscos procedentes de las paredes y otras dos pequeñas guardan diversos materiales de mayor personalidad.

 

    La primera bolsa está etiquetada:  Aguas Viejas / D 3 – 2 / Nivel I que contiene 59 piezas de cerámica sin decorar pertenecientes a paredes; su color es pardo, sólo tres fragmentos son grises; tienen factura manual, la mayoría con desgrasantes de pequeño tamaño; el ancho está comprendido entre 20 mm y 6 mm y exteriormente presentan por lo general un alisado algo deficiente, en el interior parecen estar cubiertos casi todos ellos  de un pigmento de color muy oscuro. La segunda es de mediano tamaño etiquetada: Aguas Viejas / A 3 – 1 / Nivel II y contiene 166 piezas semejantes; su color predominante es el pardo, hay algunas pardo rojizo y una minoría son grises; tienen factura manual con numerosos y gruesos desgrasantes, a veces de muy grueso tamaño; su grosor oscila entre 22 y 5 mm  hay un claro predominio de cerámicas gruesas; su acabado es con mal alisado. Dos fragmentos presentan una carena muy abierta. Hay un fragmento bien bruñido por ambas caras y tres con acabado semejante aunque algo más deficiente. Algunos  presentan en la cara interior una especie de engobe negro. Una tercera bolsa, más pequeña se etiqueto con Aguas Viejas 86-4/10 piezas y tiene los materiales siguientes:

 

Ref. AV – 86/2.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes finos y en mayor número de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho  9 y 13 mm, desconociéndose el diámetro del recipiente al que perteneció; sus caras se presentan alisadas. Es un fragmento de asiento (fig. 12).

 

Ref. AV – 86/3.- Fragmento de cerámica de color pardo al exterior y gris en el interior con algunos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta e irregular; tiene de ancho  15 a 19 mm, desconociéndose el diámetro del recipiente al que perteneció; sus caras se presentan alisadas. Es un fragmento de asa (fig. 12).

 

Ref. AV – 86/7.- Fragmento de cerámica de color gris en el interior y medio, siendo más oscuro en las caras, va acompañado de desgrasantes de pequeño tamaño; su realización fue manual y la cocción reductora aunque irregular; tiene de ancho 5 mm y aunque se desconoce el diámetro del recipiente al que pertenecía, éste debió ser grande; sus caras se terminaron de manera alisada. Es un fragmento de borde de un vaso esférico con la parte superior vuelta hacia la vertical, terminación superior esférica y algo de rebaje en la cara externa (fig. 12).

 

Ref. AV – 86/10.- Fragmento de cerámica de color pardo con muchos desgrasantes de mediano y gran tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 9 mm y desconocemos el diámetro del recipiente al que perteneció, posiblemente fue grande; las dos caras se presentan mal alisadas. La parte superior del borde se realizó de manera redondeada. Este fragmento perteneció posiblemente a un cuenco, vaso o plato (fig. 12).

 

Ref. AV – 86/11.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes de mediano tamaño y numerosos pequeños; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 6,5 mm y se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció; sus caras nos han llegado muy rodadas. Su terminación superior es redondeada. Posiblemente perteneció a un cuenco,  vaso o plato (fig. 12).

 

Ref. AV – 86/16.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes grandes y medianos; factura manual y cocción mixta; tiene un ancho máximo de  10-11 mm y se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció; sus caras se terminaron mal alisadas. La parte superior se terminó de manera redondeada. Pudo pertenecer a un cuenco, vaso o plato (fig. 12).

 

Ref. AV – 86/20.- Fragmento de cerámica de color gris y pardo con muchos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 7 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció nos es desconocido; sus caras nos han llegado alisadas y rodadas. Su forma no nos permite saber el tipo de recipiente al que perteneció aunque parece fue un plato, cuenco o vaso (fig 12).

 

Ref. AV – 86/23.- Fragmento de cerámica de color pardo con algún desgrasante de gran tamaño; realización manual y cocción mixta; tiene de ancho 7 mm y el recipiente al que pertenecía tenía un diámetro comprendido entre 18 y 23 cm; sus caras se terminaron de forma alisada. La parte superior del borde se terminó de forma redondeada con algo de rebaje en la parte interior. Posiblemente perteneció a un cuenco (fig. 12).

 

Ref. AV – 86/25.- Fragmento de cerámica de color pardo oscuro con abundantes desgrasantes de pequeño tamaño y algunos medianos; factura manual y cocción preferentemente reductora; tiene de ancho de 7 a 8 mm y su diámetro era grande; las caras se presentan de manera alisada. Este fragmento parece que pudo pertenecer a un vaso cuya terminación superior se realizó de manera plana acompañada de aristas laterales redondeadas y ondulantes por presentar una decoración formada por pequeños hoyuelos realizados posiblemente por ligera presión de la yema de algún dedo (fig. 12).

 

Ref. AV  – 86/35.- Fragmento de cerámica de color gris oscuro con escasos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción reductora; su ancho oscila entre 4 y 5 mm, se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció; las dos caras se presentan bruñidas. El borde se realizó volviendo ligeramente hacia el exterior el último centímetro   y, rebajando un poco la cara interna, se redondeo la parte superior. Pudo pertenecer a un vaso globular u ollita de cuello apuntado (fig. 12).

 

OBJETOS LITICOS

 

   La cuarta, de pequeño tamaño, fue etiquetada: Aguas Viejas 86-3/12 piezas.

 

Ref. A-V. 86-1.- Útil de piedra, posiblemente gabro, de forma tendente a la prismática rectangular -89 X 29 X 23 mm-, está parcialmente pulimentada en una de sus caras menores (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-2.- Lasca de silex pardo translúcido, mide 25 X 15 X 4 mm; está denticulada en una cara del lado horizontal. Es un diente de hoz (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-3.- Lámina de cuarzo blanco de sección trapezoidal, mide 20 X 8 X 1,5 mm (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-4.- Punta de flecha de silex de color gris rosado de base ligeramente convexa, anverso y ambas aristas de los extremos laterales bien retocados. Tiene de medidas 18 X 22 X 1,5 mm (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-5.- Lasca de silex de color pardo y gris, curvada y de sección trapezoidal; mide 20 X 18 X 2 mm (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-6.- Lasca de silex de color pardo y gris. Tiene de medidas 17 X 11 X 1 (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-7.- Lasca de silex de color gris con tres gruesos retoques. mide 15 X 10 X 2 mm (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-8.- Lasca blanca, sección trapezoidal con retoques laterales por una sola cara. Tiene de medidas 15 X 10 X 2,5 mm (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-8 “9”.- Lasca de silex de color gris, sección trapezoidal y extremos retocados por una sola cara; mide 20 X 9 X 2,5 mm (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-9 “10”.- Lasca de cuarzo blanco en forma de punta con los extremos superiores finamente retocados por una cara. Tiene de medidas 27 X 17 X 9 (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-10 “11”.- Lasca de cuarzo blanco, sección triangular, y forma de pequeñísima punta con algunos retoques laterales, mide 11 X 8 X 1,5 mm (fig. 12).

 

Ref. A-V. 86-11 “12”.- Lámina de cuarzo blanco, sección trapezoidal y retoques laterales en una sola cara; mide 28 X 11 X 3 mm (fig. 12).

 

    fragmento de cuarcita rosa, de forma aparentemente natural, está sin nomenclatura; mide 28 X 22 X 3 mm (fig. 12).

 

 

LOS MATERIALES OBSERVADOS EN SUPERFICIE

 

LAS CERAMICAS

 

 

 

Nº 1.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción preferentemente reductora; tiene de ancho 6 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba comprendido entre 20 y 30 cm; la cara interna está muy rodada y la externa alisada. La parte superior del borde se terminó levemente redondeada. El fragmento puede pertenecer a un vaso o a un cuenco (fig. 13).

 

Nº2.- Fragmento de cerámica de color pardo con escasos desgrasantes de tamaño mediano y pequeño; factura manual y cocción preferentemente reductora; tiene de ancho de 7 a 5 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía estaba entre 20 y 30 cm; su cara interna está bien alisada y la externa se terminó con mayor simpleza. La parte superior del borde se terminó ligeramente redondeada (fig. 13).

 

Nº 3.- Fragmento de cerámica de color pardo con algún desgrasante de gran tamaño; factura manual y cocción preferentemente reductora; tiene de ancho de 6 a 10 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre 20 y 30 cm; las dos caras se terminaron de manera alisada. El borde se realizó disminuyendo algo el espesor de la pared y volviéndola ligeramente hacia el exterior. El fragmento podría pertenecer a un vaso de paredes bastante rectas (fig. 13).

 

Nº 4.- Fragmento de cerámica de color pardo claro con escasos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 6-7 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre 20 y 30 cm; las dos caras se presentan alisadas. El borde se realizó disminuyendo algo la cara interna y redondeando la parte superior con un ligero hundimiento, desde 5 mm,  para indicar el borde (fig. 13).

 

Nº 5.- Fragmento de cerámica de color pardo claro con algunos desgrasantes de tamaño pequeño y mediano; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho de 7 a 10 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre 20 y 30 cm; las dos caras se terminaron de manera alisada. El borde se realizó disminuyendo algo la cara interna y redondeando la parte superior con un ligero hundimiento desde 5 mm (fig. 13).

 

Nº 6.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de tamaño pequeño y algunos grandes; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 7 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía estaba entre 20 y 30 cm; sus caras se presentan alisadas. El borde se hizo disminuyendo el espesor de la pared por la parte interna y volviéndola algo al exterior; la parte superior se terminó de manera redondeada. Parece que perteneció a un vaso globular con el borde algo vuelto al exterior (fig. 13).

 

Nº 7.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes de pequeño y mediano tamaño; factura manual y cocción mixta con predominio reductor; su pared tiene de ancho 9 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció tenía sobre 20 cm. Su cara interior se presenta mal alisada y la externa mejor acabado. El borde se realizó disminuyendo algo la parte externa y redondeando la parte superior. El recipiente al que perteneció debió ser un vaso globular; se observa a 2 mm del borde y paralelo al mismo un aro ligeramente inciso (fig. 13).

 

Nº 8.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene un ancho de 10 mm y perteneció a un recipiente que tenía de diámetro 22-27 cm; sus caras se presentan con un alisado muy elemental. El borde se terminó de manera afilada (fig. 13).

 

Nº 9.- Fragmento de cerámica de color gris en el interior y pardo rojizo al exterior con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta e irregular; tiene de ancho su pared 12 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció debía ser de unos 35 cm; la cara interna se presenta alisada y con mayor deficiencia se presenta la externa. El borde se construyó rebajando ligeramente las paredes y terminando de manera plana la parte superior; ésta se presenta decorada por sucesivas presiones digitales leves alternando con espacios libres. A 45 mm del borde presenta un  pequeño orificio realizado por abrasión cónica, tanto interna como externa (fig. 13).

 

Nº 10.- Fragmento de cerámica de color castaño con numerosos desgrasantes de mediano tamaño y algunos grandes; su factura fue manual y la cocción bastante reductora aunque irregular; tiene de ancho 11 mm y el recipiente al que perteneció tenía un ancho próximo a los 30 cm; la cara interna presenta un alisado muy irregular y la externa un acabado más deficiente. El borde se presenta con la parte superior plano y decorado con presiones digitales alternativas (fig. 13).

 

Nº 11.- Fragmento de cerámica de color pardo claro acompañado de numerosos desgrasantes de pequeño tamaño y algunos medianos; factura manual y cocción mixta aunque con predominio oxidante; tiene de ancho su pared 11 mm y el recipiente al que perteneció tenía un diámetro cercano a los 35 cm; las dos caras se presentan alisadas. El borde se realizó disminuyendo la pared a 7 mm desde 1 cm y se remató superiormente de forma redondeada. Este recipiente presenta a 1 cm del borde y paralelo al mismo, un relieve de 11 mm; este cordón de unos 2 cm de alto, tendente a la forma rectangular tiene unas incisiones verticales rectas pero irregulares situadas a 1 cm unas de otras; el cordón rectangular se unió en la parte inferior con inclinación sin duda para reforzar su posición antes de la cocción. Algo más abajo, en la cara, existe al menos una serie de puntos incisos, separados como 1 cm y siempre paralelos al borde (fig. 13).

 

Nº 12.- Fragmento de cerámica de color gris en el interior y pardo rojizo en el exterior de sus caras con numerosísimos desgrasantes de pequeño y mediano tamaño y algunos mayores; factura manual y cocción mixta e irregular; tiene de ancho 19 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció tendría sobre 35 cm; sus dos caras se presentan deficientemente alisadas. El borde se realizó con la parte superior alisada y decorada mediante alternativas presiones dactilares; inferiormente, a unos 16 mm, se colocó un cordón paralelo al mismo y decorado con sucesivas presiones semejantes a las anteriores (fig. 13).

 

Nº 13.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; se desconoce el ancho de la pared y el diámetro del recipiente al que perteneció; sus caras presentan un simple alisado. El fragmento es un asa en pequeño mamelón cónico de 10 mm que presenta una “espiga” cilíndrica de otros 10 mm de longitud y unos 7 mm de diámetro en la parte posterior para ser insertado en la pared del recipiente (fig. 14).

 

Nº 14.- Fragmento de cerámica de color pardo en el interior y naranja en el exterior con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño y algunos medianos; factura manual y cocción mixta; el recipiente al que pertenecía tenía 13 mm de ancho ignorándose el diámetro del recipiente al que perteneció. Es un asa en mamelón de forma ovalada de 14 mm (fig. 14).

 

Nº 15.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño y algunos medianos; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 13 mm y se desconoce la medida del diámetro del recipiente al que pertenecía; sus caras se terminaron de manera alisada. Es un asa en mamelón oval de 13 mm, fracturado transversalmente (fig. 14).

 

Nº 16.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de mediano tamaño y algunos mayores; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 8 mm y se desconoce el diámetro del recipiente al que pertenecía. Es un asa en mamelón cónico de 15 mm (fig. 14).

 

Nº 17.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de mediano tamaño y algunos grandes; factura manual y cocción mixta; tiene su pared de ancho 12 mm y se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció; su cara interna se presenta alisada y la externa bastante descuidada. Es un asa en mamelón oval de 17mm (fig. 14).

 

Nº 18.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos fragmentos de mediano tamaño y bastantes grandes; factura manual y cocción mixta; su pared tiene de ancho 13 mm ignorándose el diámetro del recipiente al que perteneció; las dos caras se presentan alisadas. El fragmento es un asa en mamelón de tendencia cónica y tamaño grande; su longitud es de 28 mm (fig. 14).

 

Nº 19.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño y algunos medianos; factura manual y cocción mixta; el ancho de la pared es de 7 a 11 mm y el recipiente al que pertenecía tenía un diámetro bastante grande; las dos caras se presentan alisadas. El borde se realizó de forma redondeada. Este fragmento ofrece a 28 mm del borde una carena; pudo ser una fuente o un plato carenados (fig. 14).

 

Nº 20.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 4-5 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro era mediano; las dos caras se presentan muy bien alisadas, casi bruñidas. Este fragmento es de un recipiente fino, de uso posiblemente extraordinario y presenta una carena muy marcada. No presenta borde (fig. 14).

 

Nº 21.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; sus paredes tienen un ancho de 10 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció tenía un diámetro grande; sus caras se presentan alisadas. El fragmento, sin muestra del borde, presenta una carena muy marcada (fig. 14).

 

Nº 22.- Fragmento de cerámica de color pardo; factura manual y cocción mixta; el ancho de su pared va de 8 a 12 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía era grande; las dos caras se presentan normalmente alisadas. El fragmento, sin muestra del borde, presenta una carena algo señalada (fig. 14).

 

Nº 23.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; se ignoran el ancho y el diámetro del recipiente por estar fragmentado; la cara externa está alisada. Presenta una decoración en relieve conseguida por un cordón cilíndrico en el que se presionó alternativamente por dactilación; es paralelo al borde que no se conserva (fig 14).

 

 

 

 

 

OBJETOS METALICOS

 

Nº 24.- Barrita o punzón de metal con pátina verdosa, por su dureza y colorido parece tratarse de cobre arsenicado, tiene 84 mm de longitud y 3,5 mm de sección media; esta comienza en un extremo de forma cuadrada y, poco a poco, se hace circular en el centro para terminar aplanada por el otro extremo donde se encuentra fracturada (fig. 14).

 

Nº 25.- Barrita o lezna metálica, por el color de su pátina -algo más claro que el caso anterior- y su dureza posiblemente tenga mayor proporción de cobre, tiene de longitud 45 mm y 3 mm de sección. Un extremo  se ofrece aguzado, poco a poco la parte central se hace cilíndrica para terminar plana en el otro extremo (fig. 14).

 

 

OBJETOS LITICOS

 

Nº 26.- Lasca de silex de color claro, de forma trapezoidal, sin retoques; mide 11 X 10-5 X 2 mm (fig. 14).

 

Nº 27.- Fragmento de gabro, color gris verdoso perteneciente a un útil de forma prismática rectangular de 30-24 X 55 X 6-7 mm. Presenta una base bien afilada por pulimento en las dos caras desde unos 5 mm; la otra base está fragmentada de manera oblicua lo que nos impide conocer su terminación; las pequeñas caras laterales podrían haber sido ligeramente biselados (fig 14).

 

Nº 28.- Fragmento de gabro gris verdoso, perteneciente a un útil -posible cincel-, mide 93    X 39 X 15 mm. Una de sus bases inferiores presenta un buen afilado en ambas caras por pulimentación (fig. 14).

 

Nº 29.- Fragmento de gabro gris verdoso fracturado; mide 50 X 37 X 7 mm y presenta una forma de prisma triangular por fracturación de uno de sus lados; los dos menores son circulares y afilados por pulimento de una de sus caras. Este utensilio  es posiblemente un pico (fig.14).

 

Nº 30.- Hacha de gabro  gris verdoso, sección oval y talón redondeado; mide 100 X 55 X 26 mm; se afiló por pulido en ambas caras de una de sus bases (fig. 15).

 

Nº 31.- Hachita de gabro gris verdoso, tendente a la forma tronco cónica, tiene sección oval y talón redondeado; mide 45 X 26 X 18 mm y se afiló por pulimentación en ambas caras de su base mayor (fig. 15).

 

 

 

CONCLUSIONES

 

    El etiquetado del repertorio de cerámicas comunes procedentes de la excavación nos ofrece dos niveles pero su escasa tipificación poco contribuye a sacar conclusiones. Se evidencia  la escasez de cerámicas grises y abundancia de tonos pardos rojizos dando la impresión general de una buena cohesión de la pasta a pesar de su tosquedad.

 

   La bolsita que contiene diez fragmentos de cerámica más fina ofrece seis -AV-86 / 10, 11, 16, 20, 23 y 25 -fig. 12-, que, aunque pertenecen a bordes, por su pequeñez, no permite definir con claridad la forma del recipiente original; la tradición de este tipo de formas y materiales se remonta al Neolítico y pervive más puntualmente hasta épocas tardías por esto tampoco puede contribuir a fijar otros datos que la continuidad en ciertas habilidades técnicas en la construcción de recipientes y en los hábitos alimenticios y culinarios; una excepción es el fragmento AV – 86 / 25 que presenta una sencilla decoración en el remate plano del borde que, como otras decoraciones de este yacimiento, señalan más bien la época del Bronce. Los fragmentos AV-86 / 7 y 35 -fig. 12-, pertenecieron a dos recipientes cuyas formas igualmente desconocemos, posiblemente fueron ollitas,  técnicamente  presentan un excelente acabado; de ellas, la AV-86/ 35, está perfectamente bruñida; sus características no aparecen generalizadas en nuestra Comunidad hasta yacimientos de finales del Bronce aunque dicha técnica es evidente en poblados calcolíticos importantes como La Pijotilla, Zambujal, Valencina, Los Millares etc.

 

 

    Los restos de cerámicas observadas en superficie años antes de comenzar la excavación ofrecen una proporción escasa de fragmentos que puedan considerarse  útiles de consumo directo, platos, cuencos, vasos, quizás los T-AG.V./1 y 2 -fig. 13-; ello puede indicar una baja población con mucha necesidad de almacenar víveres durante bastante tiempo del año por lo menos al finalizar la vida en el poblado. Los demás  T-AG.V./3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12 -fig. 13-pertenecen a diferentes tipos de ollas de diversos tamaños, destaca por su buen volumen la número 12 que se realizó, como la mayor parte de todos los recipientes, con una pasta poco fina que presenta mucha cohesión quizás por haber alcanzado una elevada temperatura en su cocción; ésta pueda ser posiblemente una variación técnica con respecto a las cocciones de épocas anteriores. La preponderancia de este tipo de bordes de vasijas también indica un claro predominio de los recipientes de almacén sobre los de consumo cotidiano como antes señalé. Hay que añadir a todo esto los numerosos mamelones; los fragmentos de acentuadas carenas; destacar las sencillas decoraciones que adornaban los bordes de los recipientes o sus proximidades acentuándose el fenómeno en las vasijas de mayor tamaño. Todas estas últimas cuestiones son claros indicios de una modificación de las formas, y un cambio, aunque no en lo substancial, con respecto a los tiempos y calcolíticos a la vez que se nota una progresión en las formas y maneras que caracterizan la Edad del Bronce.

 

    Los objetos metálicos presentados, T/AG.V.-25 y 26 -fig. 14-, por sus características físicas parecen ser de cobre endurecido -posiblemente con arsénico- sus paralelismos con otros semejantes son fáciles de establecer siendo presentados unas veces como objetos de cobre, cual es el caso del citado dolmen de Guadalperal, Peraleda de la Mata, Cáceres ( 1) y otras como construidos de bronce como ocurre en el poblado de Alarilla, Alarilla, Guadalajara ( 2). Parece que su naturaleza dependiera , quizás demasiado sugestivamente,  de los demás materiales a los que acompañe, sobre todo los cerámicos. También están presentes en el valle medio del río Guadiana, como lezna de cobre y acompañando a materiales campaniformes es presentada en La Palacina, Alange, Badajoz ( 3). De estas cuestiones que he enumerado muy someramente se puede deducir que es un objeto que perdura largo tiempo desde el Calcolítico hasta bien entrada la Edad del Bronce. 

 

 

    Las publicaciones sobre esta Edad  parecen estar comprometidas exclusivamente con las variaciones cerámicas y la aparición del bronce, enumeran muy   puntualmente los objetos líticos que siguen siendo semejantes a los de las etapas anteriores y en ocasiones parecen mucho más arcaicos cual es el caso de La Solana del Castillo de Alange ( 4). Ello nos habla de una marcada escasez de objetos metálicos en los yacimiento de esta época en nuestra Comunidad, donde su aparición es casi excepcional y una marcada continuidad general en los medios de producción e incluso una regresión en los mismos aunque esto último parece que con carácter particular.

 

     Si se observa el número de objetos líticos tanto pulidos como tallados, tanto en superficie como en excavación y se compara con los restos cerámicos y sobre todo con el número de  vasijas que representan estos, se puede deducir que no eran escasos y sus funciones muy variadas.

 

       Su paralelismo es general con los materiales calcolíticos de las culturas con las que hemos establecido relaciones  anteriormente, no así con el cercano poblado del Avión en cuya superficie no aparece este tipo de restos; los pulimentados son especialmente semejantes en cuanto a variedad formal, tamaño, material etc. con los que ofreció el megalito de Guadalperal, Peraleda de la Mata, Cáceres, bien datado por las cerámicas campaniformes que tenía en los finales del  Calcolítico ( 5). Los materiales líticos pulidos son igualmente frecuentes en otros yacimientos de esa época de la sierra de Plasenzuela (  6) y en los Barruecos de Malpartida de Cáceres (  7) aunque la ausencia de una clara descripción de los mismos impide relacionarlos con certeza. Panorama parecido ofrecen los yacimientos de la cuenca del Guadiana medio estando presente entre otros lugares en los materiales superficiales, por tanto del Calcolítico final, de La Palacina, Alange, Badajoz, pero su falta de pormenorización acarrea la misma dificultad (  8).

 

    Los objetos líticos tallados como son la punta de flecha de base cóncava y el diente de hoz, de uso generalizado,  presentan un panorama parecido aunque se encuentran mayores descripciones y algunos dibujos en las obras citadas.

 

    Mayor escasez de materiales líticos pulidos ofrecen los yacimientos de la Edad del Bronce de nuestra Comunidad y limítrofes con nuestra zona ya que en las publicaciones existentes falta la enumeración de estos materiales tanto con lo que respecta a los poblados como a los enterramientos en cistas; testimonial parece ser en la Solana del castillo de Alange, Alange, Badajoz. Mayor perduración presentan en algunas motillas como en Los Palacios, Daimiel, Ciudad Real (  9).

 

        En cuanto a la presencia de objetos líticos en los ajuares que acompañan a los restos funerarios de las cistas la época del Bronce, la ausencia de materiales pulidos parece total aunque perduran muy individualizados los objetos en piedra tallada. Se puede decir que, a medida que nos adentramos en la época del Bronce, la industria lítica parece diluirse.

 

 

    En resumen, el poblamiento de Aguas Viejas, en sus momentos finales, ha ofrecido unos materiales pertenecientes a una pequeña población de economía diversificada -agrícolas, caza y actividades diversas-, cuyas cerámicas ofrecen variaciones formales, decorativas y técnicas con respecto a las cerámicas del Calcolítico y son propias de la Edad del Bronce aunque faltan elementos claros definitorios de las particulares de esta época. A su vez presenta un marcado continuismo con respecto a los materiales líticos e incluso metálicos, esta cuestión hace que por el momento me decante más bien por el Bronce inicial como la época de vida de este poblamiento.

 

     Con respecto al predominio de los recipientes de almacén, la ausencia de defensas y su ubicación cerca de la mejor fuente natural del entorno hay que intuir en ello una mayor sequedad en el ambiente natural con mayor dificultad en el acarreo cotidiano de provisiones que desde luego necesitaban ser conservadas durante bastante tiempo. Igualmente denota una ausencia de peligros exteriores quizás debido a un claro despoblamiento de la zona y sobre todo a la pérdida de  importancia de la ruta ruta N-S que une la cuenca media del Guadiana con la del Tajo medio y en la que desde finales del Neolítico nuestros poblamientos habrían sido un punto de referencia de cierta importancia.

APÉNDICE GRÁFICO

        Tres poblados III Fig 2  Tres poblados III Fig 1

  Tres poblados III Fig 3  Tres poblados III Fig 4

Tres poblados III Fig 5  Tres poblados III Fig 6

Tres poblados III Fig 7 Tres poblados III Fig 8

Tres poblados III Fig 9

    Tres poblados III Fig 10

  Tres poblados III Fig 11Tres poblados III fig 12

         Tres poblados III Fig 13Tres poblados III Fig 14

Tres poblados III Fig 15

BIBLIOGRAFIA

( 1) González Cordero A. y Quijada González D. (1991): Los origenes del Campo Arañuelo y La Jara cacereña y su integración en la Prehistoria regional, pág 81 ss. Ayuntamiento de Navalmoral, Cáceres.

 

( 2) Méndez Madariaga A, y Velasco Stelgrad: La muela del Alarilla. Un yacimiento de la Edad del Bronce en el valle medio del río Henares. R. A. nº 37, pág 6 ss.

 

( 3) Enríquez Navascués J. J. (1990): El Calcolítico o Edad del Cobre en la cuenca extremeña del Guadiana: Los poblados, pág 225. Museo Arqueológico Provincial de Badajoz. Publicaciones, 2.

 

( 4) Pavón Soldevilla Ignacio (1994): Aproximaciones al estudio de la Edad del Bronce en la cuenca media del Guadiana: La solana del castillo de Alange (1987), pág 101 ss. Diputación Provincial de Cáceres.

 

( 5) González Cordero A. y Quijada González D. (1991): Obr. cit.

 

( 6) González Cordero A., Castillo Castillo J. y Hernández López M. (1991): La secuencia estratigráfica en los yacimientos calcolíticos del área de Plasenzuela (Cáceres). E. A. II, pág 14. Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura. Universidad de Extremadura.

 

( 7) Sauceda Pizarro M. I. (1991): La secuencia cultural de Los Berruecos. Malpartida de Cáceres. E. A. II, pág 39. Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura. Universidad de Extremadura.

 

( 8) Enríquez Navascués J. J. (1990). Obr. cit.

 

( 9) Nájera T, Molina F., Aguayo P. y Sáez L. (1975): Excavaciones en las motillas del Azuer y los Palacios (Ciudad Real). XIV C.N.A. Vitoria 1975, pág 511.

 

                                                           Manuel Rubio Andrada                  6-6-1998

 

 

     

 

 

 

Oct 172013
 

Manuel Rubio Andrada.

Dedicado a la memoria de mi buen amigo Elías Diéguez Luengo: paisano, maestro, historiador e Hijo Predilecto de Valencia de Alcántara

INTRODUCCION

En un trabajo de estas características resulta necesario hacer una relación de las obras y los autores que se han referido a la Prehistoria de Trujillo; prácticamente han sido todos los que han relatado su pasado; generalmente este periodo de la Historia ha sido tratado de manera poco extensa por la falta de datos; a falta de enumeraciones de objetos arqueológicos todos usaron la suposiciòn como herramienta y así suplieron el vacio existente. Debía parecerles poco estético, históricamente hablando, que no tuviésemos Prehistoria.

En nuestra ciudad y su entorno, berrocales incluidos, las excavaciones arqueológicas han tenido lugar en escasas ocasiones,  a mi juicio insuficientes para arrojar  datos concluyentes que pudieran demostrar hipótesis; debían ir arrojando pequeños descubrimientos que podrían contribuir a confirmar teorías más amplias. Igualmente aquí encontramos el vacio; cuando han tenido lugar, o no se han hecho memorias o éstas no se han publicado -sospecho que lo primero-.; de ello podemos conjeturar que los datos aportados no debían ser espectaculares, quizàs descorazonadores para el excavador, en cualquier caso estos deberían haber hecho sus trabajos y de una u otra manera haber intentado su edición para que otros, -profesionales o aficionados -,  puedan sintetizar contenidos donde ellos no supieron verlos o no los dieron suficiente valor. Por unas u otras razones, en la que casi siempre aparece la negligencia como factor comùn, no tenemos nada concreto.

Sirvan como ejemplo tres intervenciones, que quizàs de manera indirecta, ha realizado la Universidad de Extremadura a través de su profesorado con diferentes tipos de financiación entre ellas la pública. En la década de los 70 se excava una pequeña cuadrícula en la parte N extramuros de la ciudad, externamente se observaba un pequeño ábside y cercanos a él había varios sillares, los resultados de la excavación no se han publicado. En el año 1986 tuvo lugar otra excavaciòn “cientìfica” en el berrocal trujillano a cargo de otra profesora de la U. E., en una mesetilla cercana a la finca de Aldeanueva de Mordazos -ella equivocó el nombre de la finca señalando su localización en una finca inmediata por el N, Aguas Viejas-; la memoria de  excavaciòn no se ha hecho. En septiembre de 1997 otro profesor de la U. E. dirige una nueva excavación esta vez  intramuros, en un punto alto de nuestra ciudad, concretamente en la Plazuela de los Moritos, los resultados no se han divulgado, ¿habrán sido hechos?… con mucha suerte dormirán los materiales en el abigarrado almacén de nuestro museo provincial. Si esta forma de trabajo ha sido la  habitual de nuestros arqueólogos parecida suerte han tenido las excavaciones realizadas en el marco de otras Universidades; concretamente en el recinto N de nuestro castillo… los  resultados desconocidos. De ello se puede deducir, como antes se indicó, que los materiales encontrados no presentaban  razones significativas para las espectativas aparentemente más personales que científicas, de sus excavadores.

 

Ante el panorama de la Arqueología oficial en nuestra ciudad, creo que está justificado que los  aficionados  intentemos rescatar con toda la seriedad que nos es posible los datos ofrecidos por la excavación. Esta postura que no debe entenderse como marginal en el sentido peyorativo del término, puede servir para revisar muchas acciones que sin estas desinteresadas colaboraciones dormirían en el “limbo” arqueológico a las que parece ser las destinaron; las piezas allí depositadas ni pasan  a la  “gloria ” de las vitrinas ni están en su paisaje terrenal propio.

 

En pasadas épocas, comencé mi tarea prospectora visitando los cerretes de nuestro berrocal en cuyas proximidades hubiese una fuente de agua que no se secase ni en pleno estío los pasados años de intensa sequía de comienzo de la década de los 90. De los materiales superficiales que podía encontrar solamente me serían válidos aquellos que presentaran cierta personalidad dentro de la Prehistoria desechando los lugares que no presentaran esta condición. Prácticamente he trasteado todo el berrocal y no voy a enumerar, por prolijo, los puntos donde se encontraron  cerámicas a torno o manuales pero en tan escaso número y tan impersonales que a mi entender poco aportan.

 

Todavía es posible hallar en nuestro berrocal algún objeto lítico bien tallado o pulimentado que, fuera de contexto, nos hablan de la existencia de una población primitiva que combinaría el nomadismo con el sedentarismo propio de la Edad Neolítica; las piezas observadas por mí son escasas, se limitan a unas lascas de silex, un diente de hoz, un perforador de cuarcita y un par de hachas de gabro pulidas (fig. 15, A, B, C, D, E, F y G). Hemos localizado tres lugares donde la población se estableció de una manera estable.

 

El límite temporal cercano es la Protohistoria -Edad del Hierro-, época en la que los numerosos castros que contiene nuestro término municipal presentan unos materiales propios para acometer excavaciones en cada uno de ellos; por pequeña que esta fuera, aportaría datos sobre su origen vida y destrucción. Así pues este trabajo comienza en el Neolítico y termina con la Edad del Bronce.

 

 

POBLAMIENTO DEL ACEBUCHE

 

Se localiza en la cresta situada más a mediodía en la cerca denominada Canchera de D. Pedro en la zona S del  berrocal trujillano. Tiene por coordenadas 39º  25´  50´´ de latitud N y  2º  9´  50´´ de longitud W; hoja 706 denominada Madroñera, 1ª edición del Instituto Geográfico y Catastral, Madrid 1963.

 

Los restos de este poblamiento se encuentran en torno a unos bolos de granito de forma redondeada e irregular de no excesivo volumen no diferenciándose mucho de otros próximos de esta parte del berrocal; en su parte más alta luce un precioso acebuche que ha desafiado al tiempo y al fuego rebrotando varias veces en un rachón. El vallecillo de la derecha proveniente de los cercones de Tercera Orden  ofrece una fuente natural cerca del poblado, con escasez de agua  en los años de mayor sequía; hacia el  S el valle del río Magasca presenta una pequeña zona de terreno sedimentario muy apto para la agricultura; en el W otra fuente menos caudalosa; algo más alejado el  valle de Vajohondo, igualmente fértil y muy apto para la ganadería.; hay que señalar igualmente que es un terreno muy apto para la caza menor .

 

Los restos mencionados están en un corto espacio más o menos circular de unos 30 m de diámetro; en superficie la mayor parte de las cerámicas se encuentran en pequeños racheados y en los encajes rocosos. En la parte S de estas rocas e inmediato a una con una bella hornacina natural de regular tamaño, se aprecian los restos de un pequeño murete realizado con piedra fácilmente manejable en talud exterior; construcción complementaria a las formadas naturalmente por las rocas que, a la vez de taponar el vano fortifica el lugar. Exteriormente a esta pared hay un desnivel de cerca de 1 m lo que hace sospechar que interiormente pueden encontrarse resto al menos en esa potencia.

 

El espacio, como se desprende de lo dicho, es muy  reducido y puede ser el  asentamiento de una amplia familia. Es también un lugar de visión privilegiada de toda la parte S, cerca del camino natural que proviene de la cuenca media del río Guadiana y por  Sta Cruz de la Sierra se acerca al cerro de Cabeza de Zorro, donde se asienta la ciudad de Trujillo. Como no se conoce bien la estructura social que fundamenta estos poblamientos, dado su pequeño tamaño, podemos suponer también una función militar, una avanzadilla de un poblado de mayor entidad ya que desde el mismo se divisa perfectamente el cerro donde se asienta  el castillo árabe de la ciudad aunque desde luego faltan materiales para decantarnos por este cometido.

 

INVENTARIO DE MATERIALES OBSERVADOS EN SUPERFICIE

 

 

FRAGMENTOS DE CERAMICA

 

Los fragmentos observados en superficie no son  escasos y suficientemente dotados de personalidad para ser perfectamente clasificados y relacionados. Pertenecen a unos recipientes que he agrupado según la proporción i/h=100/d.e.; según este índice se clasifican en platos, si el índice es inferior a 20; cuenco si está entre 30 y 50 y se denomina  vaso a los recipientes con un índice mayor de 50.

 

Para calcular la altura -h- y el diámetro exterior -d.e.- de los fragmentos he tomado cálculos aproximados -no puede ser de otra manera dada su pequeñez- por lo que cabe la posibilidad de error en alguna clasificación formal.  La forma de los bordes  ofrece mayor veracidad a la hora de reconocer el recipiente y establecer las pertinentes relaciones por lo que los posibles errores de clasificación poco tendrán que ver en las conclusiones finales.

 

PLATOS

 

Nº 1.- Fragmento de cerámica parda con desgrasante de mediano tamaño; factura                                                                                                                          manual y cocción mixta -participación de una atmósfera reductora con otra oxidante-; perteneció a un recipiente que tenía unas paredes de 10-12 mm de espesor y más de 35 cm de diámetro; el acabado de sus caras se presenta alisado. Su borde se reforzó engrosando desde unos 5 cm en elipse de 11 mm de eje y vuelto ligeramente hacia el interior (fig. 1).

 

Nº 2.- Fragmento de cerámica naranja con desgrasante grueso; realización manual y cocción bastante oxidante; sus paredes presentan un ancho próximo a los 15 mm y el diámetro de su boca debió pasar de los 35 cm; sus dos caras se presentan alisadas. El borde se doblo ligeramente hacia el interior redondeando las esquinas (fig. 1).

 

Nº 3.- Fragmento de color pardo y desgrasante variado; factura manual y cocción en atmósfera bastante reductora; el ancho de sus paredes está en torno a los 9 mm y el diámetro de su boca pasó los 35 mm; sus dos caras se presentan  muy poco alisadas. Superiormente el recipiente se terminó reforzando y ensanchando poco a poco el borde desde 10 mm; termina en un labio logrado con abultamientos tanto al interior como al exterior, la parte superior está completamente plana y las esquinas redondeadas (fig. 1).

 

Nº 4.- Fragmento de color pardo naranja con desgrasante de medio tamaño; factura manual y cocción mixta; sus paredes tienen 8 mm de espesor correspondiendo a un recipiente de más de 35 mm de diámetro; sus caras se presentan alisadas. El borde se reforzó desde 10 mm con ensanchamientos redondeados a ambos lados de las esquinas, el abultamieto exterior  presenta una curvatura algo más amplia que en el interior (fig. 1).

 

Nº 5.- Fragmento de cerámica de color pardo naranja acompañado de desgrasante grande y mediano; factura manual y cocción mixta; sus paredes tienen un espesor de 17 mm, el diámetro del recipiente pasó de los  35 mm; su terminación  interna y externa es poco alisada. El borde, un poco doblado hacia el interior, ofrece un ligerísimos abultamientos en ambas caras desde un par de cm (fig. 1).

 

Nº 6.- Fragmento de color pardo naranja con desgrasante de mediano tamaño;  factura manual y cocción mixta; tiene de grueso unos 10 mm y corresponde a un recipiente de más de 35 cm de diámetro; el acabado de sus paredes es alisado. Superiormente presenta un borde redondeado y algo doblado hacia el interior, se reforzó con un sencillo engrosamiento por ambos lados, la cara superior sufrió un pequeño rebaje hacia la parte interna (fig. 1).

 

Nº 7.- Fragmento de cerámica de color pardo-naranja acompañado de desgrasante medio y grande;  factura manual, el color denota claramente que sufrió una cocción reductora y oxidante; el ancho de las paredes oscila entre 8 y 13 mm perteneciendo a un recipiente que debió pasar de 35 cm de diámetro; su terminación interna y externa es simplemente alisado. El borde se reforzó con un abultamiento anular casi redondo de 15 mm de diámetro (fig. 1).

 

Nº 8.- Fragmento de cerámica de color pardo con escaso desgrasante grande y mediano; factura manual y  cocción mixta que debió ser a alta temperatura por presentar una masa muy compacta y dura; las paredes tienen 8 mm de grueso y el diámetro de su boca pasaba de los 35 cm; se acabaron sus caras con un buen alisado y la parte interna se cubrió con un engobe negro. El borde presenta un refuerzo de perfil almendrado (fig. 1).

 

Nº 9.- Fragmento de cerámica de color pardo al exterior y gris en el interior con desgrasante medio y grande; factura manual y cocción mixta, ésta debió ser deficiente por su mala textura; el ancho de sus paredes oscila entre 10 y 16 mm y el diámetro de su boca pasa de los 35 cm; ambas caras presentan un acabado alisado. Superiormente se remató con un borde reforzado doblándole levemente hacia el interior y logrando un ensanchamiento de forma trapezoidal de unos 2 cm de ancho y algo menor de alto con las esquinas superiores redondeadas (fig. 1).

 

CUENCOS.

 

Todos los fragmentos observados presentan forma de casquete esférico redondeando la terminación superior que, en ocasiones, se dobló ligeramente hacia el interior; su factura es siempre manual variando el grosor en proporción al diámetro del recipiente; las pastas de las que se realizaron son por lo general bastante elementales con numerosos y variados desgrasantes igualmente parecida es su cocción predominando la atmósfera reductora; la terminación de estos recipientes es alisada. Pertenecen a cuencos de uso cotidiano.

 

Nº 10.- Fragmento de color gris con desgrasante grueso y mediano; factura manual y cocción reductora; tiene 5 mm de grueso y perteneció a un recipiente que tenía de diámetro entre 20 y 25 cm; fue acabado alisando las dos caras. Superiormente acaba con un borde engrosado unos milímetros y doblado levemente hacia el interior desde unos 2 cm; la cara superior termina de forma redondeada (fig. 1).

 

Nº 11.- Fragmento gris con desgrasante menudo; factura manual y cocción reductora; tiene un ancho de 4 mm y el recipiente al que perteneció poseía un diámetro entre 20 y 25 cm; se acabó alisando las dos caras. El borde, apenas doblado internamente, es ligeramente elíptico desde unos 3 cm y la terminación superior se afiló ligeramente (fig. 1).

 

Nº 12 .- Fragmento de color pardo anaranjado acompañado de fino desgrasante micáceo; factura manual y cocción mixta; tiene un espesor de 8 mm y 20-30 cm de diámetro;  el acabado de sus caras esta poco alisado. El borde se doblo hacia el interior desde 4 cm engrosándose unos mm, la curvatura es algo más pronunciada en la cara externa que en la interna, el labio superior es redondeado y algo afilado (fig. 1).

 

Nº 13.- Fragmento pardo – naranja con variado desgrasante; factura manual y cocción mixta; presenta un grosor de 9 mm y perteneció a un recipiente que tenía entre 20 y 30 cm de diámetro; ambas caras presentan un acabado alisado. El borde se dobló ligeramente al interior con un abultamiento redondeado de escasamente un par de mm en la cara externa; la parte superior es lisa con las esquinas redondeadas (fig. 1).

 

Nº 14.- Fragmento de cerámica de color gris con desgrasante de tamaño variado; factura manual y cocción reductora; el grosor de esta pieza es de 7 mm y perteneció a un recipiente que tenía de diámetro entre 20 y 30 cm de diámetro; su acabado interno y externo es alisado. La parte superior acaba en un borde ligeramente afilado con la terminación  redondeada (fig. 1).

 

Nº 15.- Fragmento de cerámica de color gris con desgrasante variado; factura manual y cocción reductora; tiene unos 5 mm de grosor y perteneció a un recipiente que tenía entre 20 y 30 cm de diámetro; su cara externa está bien alisada no así la interna que nos ha llegado deteriorada. Su borde se realizó escasamente afilado y la parte superior aparece bien redondeada (fig. 1).

 

Nº 16.- Fragmento de cerámica de color gris con trozos pardo rojizos en la cara externa y variado desgrasante; se realizó con factura manual y su cocción denota una atmósfera reductora con algo de ventilación; tiene 8 mm de grueso y perteneció a un recipiente cuyo diámetro sitúo entre 20 y 30 cm; su acabado interno  y externo es simplemente alisado. La terminación superior se estrechó y  finalmente se redondeó (fig. 1).

 

Nº 17.- Pequeño fragmento de cerámica de color gris en el interior y pardo en el exterior, con fino desgrasante; factura manual y cocción mixta; tiene 5 mm de grosor y perteneció a un recipiente cuyo diámetro sitúo entre 20 y 30 cm de diámetro; el acabado interno y externo es alisado. El borde, algo doblado hacia el interior, se terminó superiormente redondeándolo (fig. 1).

 

Nº 18.- Pequeño fragmento de color pardo con variados desgrasantes; factura manual y cocción mixta; tiene 7 mm de grosor y perteneció a un recipiente de 25-30 cm de diámetro; se terminó con un alisado bastante simple, El trozo de borde que nos ha llegado se presenta algo afilado con la terminación superior redondeada (fig. 1).

 

Nº 19.- Numerosos fragmentos de un pequeño cuenco de cerámica  de color pardo acompañado de fino desgrasante; realización manual y cocción mixta; tiene unos 6 mm de grosor, 10-12 cm de diámetro y una altura de 5 cm; el acabado interno y el externo es alisado. Se terminó superiormente redondeando el borde con irregularidad (fig. 1).

 

VASOS GLOBULARES.

 

Nº 20.- Fragmento de cerámica de color pardo rojizo, acompañada de fino desgrasante; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 10 mm y corresponde a un recipiente cuyo diámetro debió estar entre los 15 y 20 cm; el acabado de sus caras es alisada. El borde es algo afilado y la terminación superior redondeada. Presenta una decoración formada por cuatro incisiones ungulares cerca del extremo superior distribuidas de forma  paralela al mismo (fig 1).

 

Nº 21.-  Fragmento de cerámica de color pardo rojizo acompañada de fino desgrasante; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 8 mm y perteneció a un recipiente que debió tener de diámetro entre 15 y 20 cm; su acabado interno y externo es alisado. El borde termina escasamente afilado y la terminación superior es redondeada (fig. 1).

 

Nº 22.- Fragmento de cerámica de color castaño acompañada de desgrasante de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 8 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro desconocemos dada la pequeñez del fragmento; la cara interna presenta un alisado corriente mientras que la externa se realizó con mayor delicadeza. El borde se rebajó en la parte superior interna desde 1 cm y la terminación es redondeada. Presenta una línea incisa y paralela al borde en la parte rebajada (fig 1).

 

Nº 23.- Fragmento de cerámica pardo con desgrasante fino y alguno de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene un ancho de 10 mm y dada su pequeñez no se puede calcular ni aproximadamente el diámetro del recipiente al que perteneció; sus caras se terminaron con simple alisado. El borde es ligeramente engrosado y levemente vuelto hacia el exterior (fig. 2).

 

Nº 24.- Fragmento de cerámica pardo rojizo acompañada de finos desgrasantes; factura manual y cocción mixta; tiene un ancho de 7 mm y su diámetro es igualmente indeterminado; las dos caras se terminaron con un alisado corriente. El borde ligeramente engrosado y vuelto al exterior termina de forma afilada y redondeada (fig. 2).

 

Nº 25.- Fragmento de cerámica de color pardo rojizo acompañada de fino desgrasante y algún grano de cuarzo de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 7 mm y perteneció a un recipiente que tuvo de diámetro entre 15 y 20 cm. El borde se terminó con el extremo ligeramente afilado y vuelto al exterior (fig. 2).

 

Nº 26.- Fragmento de cerámica de color gris acompañada de grueso desgrasante; realización manual y cocción reductora; tiene de ancho 7 mm y perteneció a un recipiente que debía tener de diámetro entre 15 y 20 cm; el acabado externo de sus caras nos ha llegado sin alisar. Presenta en la parte superior un pequeño cuello de unos 2 cm con la terminación redondeada (fig. 2).

 

Nº 27.- Fragmento de cerámica de color gris acompañada de finos desgrasantes; se realizó con factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 10 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció se situaría entre los 15 y 20 cm; la cara interna nos ha llegado con un buen alisado y la externa sin alisar. La parte superior presenta un pequeño cuello desde unos 2 cm y un borde vuelto hacia el exterior en ángulo recto con su terminación redondeada y decorada con pequeñas líneas incisas, oblicuas y paralelas (fig. 2).

 

Nº 28.- Fragmento de cerámica de color pardo claro con numerosos desgrasantes de mediano tamaño y algunos mayores; su factura es manual y la cocción mixta; presenta un ancho de 8 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro debía tener sobre 30 cm; sus caras se terminaron de manera alisada. El borde presenta en la parte externa un engrosamiento circular de 19 mm de diámetro. Formaba parte de una vasija esférica de almacén de  30-35 cm de altura o quizás mayor (fig. 2).

 

 

 

 

OTROS FRAGMENTOS

 

 

Nª 29.-  Fragmento perteneciente a la línea de carena de un recipiente, poco marcada, su color es gris-castaño; se acompañó de desgrasante de tamaño grueso; la factura es manual y tiene mala cocción; el ancho está entre 10 y 12 mm y el alisado que remata sus caras es muy elemental, sobre todo en la cara interna (fig. 2).

 

Nº 30.- Fragmento elíptico de cerámica de color pardo, cocción mixta y factura manual; tiene 4 cm de eje menor y mide aproximadamente 6 cm el mayor, su grueso es de 1,5 cm (fig. 2).

 

Nº 31.- Fragmento de cerámica de color pardo claro con desgrasantes de mediano tamaño y cocción mixta, su pared tiene un ancho de 8 mm; su presentación interna y externa es por simple alisado. Externamente presenta una decoración incisa a base de puntos realizados con un punzón de mediano tamaño  (fig. 2).

 

OBJETOS LITICOS

 

Nº 32.- Fragmento en forma de punta realizado en roca muy blanda de color ocre claro con brillo céreo bastante apagado. Sus caras aparecen perfectamente pulidas y los bordes finamente dentados. Debió pertenecer a una albarda de carácter votivo ya que el material de la que está realizada se fragmentaría  con los mínimos golpes. Su uso debió estar muy restringido ya que no conozco relaciones al menos dentro de nuestra Comunidad (fig. 2).

 

Nº 33.- Fragmento de lasca realizado en roca bastante blanda aunque no tanto como la anterior; presenta color gris en el exterior y ocre claro en el interior, brillo  céreo apagado. Sus filos aparecen ligeramente retocados (fig. 2).

 

Nº 34.- Fragmento perteneciente a un hacha pequeña, de color gris y realizada en pizarra dura; solamente se pulimento en las proximidades del filo (fig 2).

 

Nº 35.- Fragmento de pizarra de color pardo al exterior y gris verdoso en el interior cuya forma tiene tendencia cilíndrica; mide 38 mm de alto y los ejes de su sección tienen 22 X 18 mm; uno de sus extremos presenta el color pardo general del exterior mientras que el otro lo tiene en el gris del interior, ello demuestra su posterior fragmentación (fig. 2).

 

Nº 36.- Fragmento de pizarra de color gris verdoso, cuya forma tiene tendencia trapezoidal; su base mayor, que se encuentra fracturada de manera oblicua, mide 73 mm y la inferior 55, de alto tiene 75 mm y 10 de espesor. La particularidad de esta pieza es mostrar las aristas no fracturadas de manera biselada por pulimentación pudiendo ser el soporte de un ídolo placa que no se llegó a trazar (fig. 2).

 

 

RELACIONES Y CRONOLOGIA

 

Los escasos fragmentos de platos con el borde engrosado y almendrado presentes en la superficie de este yacimiento constituyen el guía más fiable para establecer relaciones ya que tanto los cuencos como los vasos, son generalmente  utilizados por el hombre en diversas épocas y culturas y, aunque indudablemente presentan diferencias, éstas son mínimas y difíciles de precisar. En general en el Calcolítico pleno y dentro de la denominada cultura del SW a la que parece pertenecer este poblado, se observa un desarrollo de los platos y un deseo de reforzar sus bordes mediante ensanchamientos, molduraciones en forma de perfil almendrado etc.

 

Un problema con el que nos encontramos al buscar relaciones próximas con la época de nuestro yacimiento, es la carencia de publicaciones que, en el ámbito provincial, vayan más allá de la reseña arqueológica; en general es muy escasa la enumeración, dibujo  y pormenorizaciones de materiales lo que atenúa la calidad científica de los mismos que, casi siempre, resultan incompletos.

 

Los platos con borde engrosado y almendrado parecen ser semejantes a los encontrados en el área de la sierra de Plasenzuela en el poblamiento del cerro de La Horca ( 1) enmarcado su nivel en el Calcolítico pleno, yo también los he observado en la superficie del cercano poblamiento de La Pepa, situado en el mismo batolito y  datado por sus excavadores en el Calcolítico inicial, ello simplemente indica una prolongación de su vida durante el Calcolítico medio o pleno. También aparece reseñado este momento cultural en Los Berruecos, Malpartida de Cáceres ( 2) y El Jardinero, Valencia de Alcántara ( 3). No aparecen restos de este tipo entre los materiales observados en Campo Arañuelo y La Jara en las proximidades de Navalmoral por lo que la relación de aquellas zonas cacereñas con el Calcolítico medio propio del SW de la península debió ser más débil ( 4). En la provincia de Badajoz son numerosos los poblados con cerámica de este tipo siendo el más importante La Pijotilla. Algo más alejados en la cuenca baja del río Guadalquivir se encuentra Valencina de la Concepción en las proximidades de Sevilla y en Huelva en el poblado del Cabezo de los Vientos. Su cronología viene situándose entre el 2500 y el 2000 a. C. de acuerdo con las dataciones de C-14 realizadas en La Pijotilla y Valencina entre otras ( 5).

 

Los fragmentos nº 29 y 31 pertenecen igualmente a este momento cultural pero su uso fue mucho más restringido y menos generalizado. Semejantes se observan: el nº 29 entre los materiales del cerro de La Horca, Plasenzuela, Cáceres; en el de Araya, Mérida, Badajoz y el nº 31 en el Apeadero, Zarza de Alange, Badajoz ( 6).

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

( 1)  González Cordero A., de Alvarado Gonzalo M., Municio González L. y Piñón Varela F. (1988): El poblado del Cerro de la Horca (Plasenzuela, Cáceres). Datos para la secuencia del Neolítico Tardío y la Edad del Cobre en la Alta Extremadura. T. P. 45, pág 87.

 

( 2) Sauceda Pizarro M. I. (1991): La secuencia cultural de “Los Berruecos” Malpartida de Cáceres (Cáceres). E. A. II, pág 34.

 

( 3) Bueno P., Mauricio L., de Alvarado M. y González A. (1988): El yacimiento del Jardinero (Valencia de Alcántara) E. A. I, pág 91.

 

( 4) González Cordero A  y Quijada González D. (1991): Los orígenes del Campo Arañuelo y La Jara Cacereña y su integración en la Prehistoria regional. Navalmoral de la Mata.

 

( 5) Enríquez Navascués J. J. (1990): El Calcolítico o Edad del Cobre de la cuenca extremeña del Guadiana: Los poblados. Museo de Badajoz, nº 2. Badajoz.

 

( 6) Enríquez Navascués, J. J. (1990): Obr. cit., pág 118 y 142.

Oct 172013
 

 Manuel Rubio Andrada.

 EL  POBLAMIENTO  DEL  AVION

 

SITUACION Y GENERALIDADES

    Se localiza en el mapa topográfico 1:50000, hoja 705 correspondiente a Trujillo, edición de 1958.  Tiene de coordenadas con respecto al meridiano de Madrid: longitud W 2º 10´ 30´´ y de latitud N 39º 25´ 35´´.

     Para visitar los restos de este poblamiento hay que marchar desde Trujillo al río Magasca por la carretera N-V; pasado éste se toma el camino que parte inmediatamente y remonta el valle  por su margen izquierda; llegados a la autovía continuareis el camino hasta el cordel donde podéis dejar el vehículo; un bello puentecillo os ayudará a cambiar de margen; ascended brevemente hacia el N; enseguida a vuestra derecha veréis una puerta que da entrada a la finca del Avión; ya dentro, si continuáis por el camino de la casa, podréis observar a vuestra izquierda una pequeña elevación salpicada de numerosos bolos graníticos; en la parte que mira al S, más que verse se intuyen las ruinas del recinto defensivo.

 

    Su descubrimiento, como en el caso anterior, fue debido a una de las muchas prospecciones familiares que hicimos por esta solana del berrocal trujillano hace ya algunos años. Nos llamó la atención una extensa superficie de granito que contenía una vieja cantera y tras ella unos soberbios bolos de la misma materia; entre estos observamos unas cuantas cerámicas de factura manual que nos alertaron del emplazamiento en una mesetilla casi escondida de la parte alta.  El lugar presenta numerosos factores que determinaron su asentamiento: una pradera ribereña de inmejorables tierras tanto para pastos como para cultivos, el amplio valle de Bajohondo proyectado hacia el interior del berrocal que como siempre ofrece abundante caza menor, una fuente de agua muy próxima en la finca de La Viña -a la otra parte del cordel-; sobre todo, es un punto de control inmediato de la vía natural de comunicaciones proyectada de N a S por el valle medio del río Guadiana. Sus restos no se ven fácilmente desde el exterior por estar la mesetilla que le sustenta en una zona granítica de caprichosa distribución, un tanto laberíntica, lo que despista en las primeras visitas.

 

 

LAS DEFENSAS

 

    Su construcción se llevó a cabo sobre la parte superior de una de las enormes masas graníticas que emergen en esta parte del berrocal trujillano en dirección próxima al N-S, las  irregularidades, fragmentaciones y espacios huecos fueron cuidadosamente nivelados con piedras y tierra hasta lograr una meseta rectangular bastante uniforme situada a 6 u 8 metros de altura que permitía la construcción del hábitat en dos terrazas a diferente nivel; la situada más al S ocupa un plano unos 2 metros más baja, por esto, en zonas reducidas, el relleno debe alcanzar varios metros.

 

    Ya he dicho que este espacio está inmerso en la parte alta de una gran masa granítica fragmentada superiormente de forma bastante caótica y ocupada también por algunos bolos que allí se depositaron; estos constituyen una irregularidad que suele facilitar los asentamientos elementales. En su adaptación al medio el hombre hubo de variar el tamaño y forma de sus construcciones ayudándose parcialmente de la roca, el espacio así logrado resulta demasiado pequeño para un poblado; la docena de chozas parece incluso un número excesivo ya que cada cabaña necesita externamente de una superficie mínima donde desenvolverse. Estas observaciones inducen a suponer algún tipo de construcción colectiva o bien que la superficie fortificada estuviera reservada a un grupo especial del poblado o que este fuera solamente una parte de un complejo defensivo mayor. Una buena excavación quizás podría aclararnos algo más en estos sentidos.

 

     Actualmente el sistema defensivo que posee no se extiende por la parte N en donde no hay dificultades naturales para su acceso. Fue levantado en general con piedras de granito cuya masa supone solamente un trabajo individual muy pequeño -tal vez mujeres y niños- cuyo número supongo no fue muy grande, entre 25 y 50 personas. En ocasiones se recurre a apuntalar con grandes piedras cuyo movimiento presupone un trabajo mas fuerte y  colectivo ayudándose para su colocación posiblemente de la palanca, pequeñas rampas etc. (fig 3).

 

    La superficie nos ha llegado completamente arrasada y no es posible ver a simple vista su técnica de construcción; puede observarse una tendencia general a lograr superficies rectangulares; excepto en el N, el talud exterior fue realizado con piedras generalmente pequeñas aunque no faltan las medianas; ya indiqué que en lugares muy puntuales se sostuvo esta fábrica con grandes piedras para impedir los deslizamientos desde la parte alta. Todo aparece alineado con mucha perfección. El resultado es un castillete perfectamente defendido, excepto en la parte N, donde el poblado parece se presenta menos definido,  aquí su vulnerabilidad es manifiesta por ser el mismo nivel que el terreno externo  y resulta una cuestión difícil de explicar salvo que posteriores manipulaciones hubieran retirado los materiales de allí. El enorme esfuerzo de elevación en la mayoría del recinto, su nivelación, etc, son soluciones que en el punto N y NE no tienen aplicación; aquí sería necesario la elevación artificial del terreno acompañado o no de un foso externo cuestiones poco aplicadas en la época de su construcción. Ello evidencia que los ataques eran esperados preferentemente desde el SE, S y W, en general desde la línea que ocupa el cordel, en la zona que mira hacia la cuenca del río Magasca. En términos de hipótesis podemos admitir la existencia de un poblado mayor en la zona central de los berrocales,  donde hoy se asienta la ciudad de Trujillo, que no es visible desde allí. De este poblado mayor sería esencialmente un arrabal y una avanzadilla de control militar con una ostentosa muralla hecha entre otras finalidades  para impresionar a los viajeros del S y situada a no más de media hora de carrera del poblado principal. Por el momento la realidad solamente nos ofrece su pequeñez y parcial indefensión.

 

LAS CERAMICAS

     La parte situada en el NE tiene una pequeña zona que ofrece mayor facilidad para la defensa natural por existir diferentes volúmenes de granito con los que habría sido posible conseguir un talud exterior, observándose una corta diferencia de nivel aparentemente natural que induce a considerar este espacio como integrado en las defensas; es aquí donde más restos de cerámicas se observan y donde presentan mayor personalidad. Cabe preguntarse si era un basurero en una zona en proyectada expansión, en donde cotidianamente se vertían tierra, piedras, desperdicios etc, con el fin de elevar interiormente el terreno.

 

CAZUELAS CARENADAS

 

   Siguiendo con el mismo índice utilizado en el poblamiento del Acebuche los restos de cerámica observados aparentemente no presentan ninguna variedad de platos de borde almendrado, su lugar está ocupado por fragmentos de otro tipo de recipientes denominados cazuelas carenadas que son generalmente de poca altura, gran diámetro y una carena bien marcada situada  algo superiormente a la parte central de la pared lateral.

 

Nº 1.- Es un fragmento de color pardo con poco desgrasante de mediano tamaño siendo su factura manual y la cocción mixta; el ancho es de unos 7 mm siendo algo mayor en el ángulo de carena, el diámetro debía estar entre 20 y 30 cm y las superficies de sus caras se alisaron algo. El borde se terminó afilándose un poco y la parte superior termina de forma redondeada (fig 4) .

 

Nº 2.- Fragmento de cerámica de color pardo con escaso desgrasante de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tienen de ancho sus paredes en torno a los 10 mm siendo algo mayor en el ángulo de carenación, el diámetro debía estar entre los 20 y 30 cm terminándose externamente sus caras con un buen alisamiento. Para realizar el borde se disminuyó un poco el grosor y se redondeó su extremo superior (fig 4).

 

Nº 3.- Fragmento de cerámica de color pardo; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 11 mm y perteneció a un recipiente de diámetro muy ancho -más de 30 cm-, sus caras se terminaron con un buen alisado. Acaba superiormente con un borde afilado en la cara interna y redondeado en la parte superior (fig 4).

 

Nº 4.- Fragmento de cerámica de color pardo acompañado de poco desgrasante de pequeño y mediano tamaño; su factura fue manual y la cocción mixta; el ancho de sus paredes estaba en torno a los 10 mm perteneciendo a una vasija de gran diámetro más de 30 cm, sus caras se terminaron con un alisado corriente. El borde superior se terminó disminuyendo un poco la cara externa y redondeando la parte superior (fig 4).

 

Nº 5.- Fragmento de color pardo algo claro acompañado de poco y pequeño desgrasante;  factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 10 mm perteneciendo a un recipiente de diámetro bastante grande, su caras se terminaron por un alisado. El borde es algo disminuido y superiormente termina de forma redondeada (fig 4).

 

Nº 6.- Fragmento de cerámica de color pardo algo claro con poco y pequeño desgrasante; factura manual y cocción mixta; tiene de grueso 8-12 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro era muy grande, la parte externa de sus caras se alisó con esmero. El borde se consiguió por disminución y más afilado en la parte interna, la parte superior se remató de forma redondeada (fig. 4).

 

Nº 7.- Fragmento de color pardo claro con poco y mediano desgrasante; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 10-11 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía era muy grande, sus caras se terminaron externamente con un mal alisado en la parte interna  y algo mejor en la externa. Se hizo un borde disminuido e interiormente más afilado, la parte superior se acabó de forma redondeada (fig. 4).

 CUENCOS

Nº 8.- Fragmento de color gris-pardo con poco y mediano desgrasante; factura manual y cocción eminentemente reductora; su ancho es de 5 mm y perteneció a un recipiente que debía tener entre 12 y 18 cm de diámetro de abertura, sus caras se acabaron algo alisadas. El borde se realizó muy afilado y con la terminación superior redondeada (fig. 4).

 

Nº 9.- Fragmento de cerámica de color gris-pardo con escaso y menudo desgrasante; factura manual y cocción mayormente reductora; tiene de ancho unos 5 mm y perteneció a un recipiente que debía tener entre 8 y 12 cm de diámetro en su boca, las caras se terminaron muy bien alisadas. El borde se realizó afilando un poco las paredes del recipiente y redondeando la terminación superior (fig. 4).

 

Nº 10.- Fragmento de cerámica de color pardo rojizo con algunos desgrasantes gruesos y pequeños, de factura manual y cocción mixta; su ancho es de 5 mm y debió pertenecer a un cuenco cuyo diámetro superior estaría entre 12 y 18 cm, sus caras se acabaron con un simple alisado. La parte superior se remató con un borde algo afilado y su terminación superior redondeada (fig. 4).

 

Nº 11.- Fragmento de cerámica de color gris acompañado de pequeño desgrasante, realizado con factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 5 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro debía tener entre 12 y 18 cm, sus caras se terminaron algo alisadas. El borde superior se terminó de forma afilada, algo doblado hacia el interior y la parte superior redondeada (fig. 4).

 

Nº 12.- Fragmento de cerámica de color pardo rojizo con pequeño y escaso desgrasante; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 6 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre los 12 y 18 cm. Sus caras se terminaron de algo alisadas. El borde se terminó simplemente redondeando la parte superior (fig. 4).

 

Nº 13.- Fragmento de color castaño con pequeño y escaso desgrasante, realizado manualmente y posiblemente con cocción mixta; tiene de ancho 6 cm y el diámetro del recipiente al que perteneció debía tener unos 20 cm de diámetro, sus caras se terminaron por un alisado bastante simple. La parte superior del borde acaba de manera plana y redondeada (fig. 4).

 

Nº 14.- Fragmento de cerámica de color pardo rojizo acompañado de escaso y pequeño desgrasante; se realizó manualmente y su cocción debió ser mixta; el ancho es de 7 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba sobre 20 cm, sus caras se terminaron con un alisado normal. El borde se terminó algo afilado al interior y con la parte superior algo redondeada (fig. 4).

 

Nº 15.- Fragmento pardo rojizo con escaso y pequeño desgrasante; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 5 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro desconocemos, sus superficies se presentan bien alisadas. La parte superior se terminó de manera plana con los ángulos redondeados (fig. 4).

 

Nº 16.- Fragmento pardo rojizo acompañado de poco y pequeño desgrasante; tiene factura manual y cocción mixta aunque parece predominar una atmósfera oxidante; el fragmento presenta un ancho de 6 mm y su diámetro nos resulta desconocido, las dos caras se presentan alisadas. Se realizó el borde afilando ligeramente la superficie exterior y redondeándole (fig. 4).

 

Nº 17.- Fragmento de color pardo y gris con escaso y pequeño desgrasante; tiene factura manual y cocción predominantemente oxidante, el ancho es de 7 mm y perteneció a un recipiente que debió tener 15-20 cm de diámetro, las caras se presentan alisadas. El borde se terminó recto y superiormente redondeado (fig. 4).

 

Nº 18.- Fragmento de cerámica de color gris en el interior y pardo claro en el exterior con escaso y pequeño desgrasante; factura manual y cocción mixta. Su ancho es de 6-7 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro debía ser de 15-20 cm, las caras se terminaron de manera alisada. Superiormente se terminó algo afiladas sus caras y redondeando la parte superior (fig. 4).

 

Nº 19.- Fragmento de cerámica de color gris-pardo en compañía de desgrasante escaso y pequeño; factura manual y cocción mixta, tiene de ancho 6 cm y su diámetro tiene 15-20 cm , ambas caras se terminaron alisadas. El borde se realizó afilando algo sus caras y redondeándola parte superior (fig. 4).

 

Nº 20.- Fragmento de color gris con algún desgrasante de tamaño mediano; factura manual, la cocción fue realizada en atmósfera reductora; tiene de ancho este fragmento 6 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre 12 y 18 cm, la cara interna se terminó bien alisada algo más deficiente se presenta la parte externa. Para realizar el borde se adelgazó un poco las caras y se redondeó la parte superior (fig. 4).

 

Nº 21.- Fragmento de color pardo claro con desgrasante muy fino y escaso; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 8-9 mm y su diámetro debió estar muy próximo a los 20 cm, la cara interna se alisó con normalidad y la externa con mayor fineza. El borde se terminó afilando un poco la cara interna y redondeándolo superiormente (fig. 4).

 

Nº 22.- Fragmento pardo y gris con escaso y pequeño desgrasante, de factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 6 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro debía tener entre 18 y 25 cm, sus caras están alisadas aunque la externa presenta un mal acabado. El borde se realizó adelgazando algo la parte interna y redondeando la parte superior (fig. 4).

 

Nº 23.- Fragmento pardo rojizo acompañado de numerosos y pequeños desgrasantes; su factura es manual llena de irregularidades y la cocción es bastante oxidante; el ancho de sus paredes no pasa de los 6 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció debía estar en los 25 cm, el acabado de sus paredes es alisado. El borde superior se terminó redondeando la terminación superior (fig. 4).

 

Nº 24.- Fragmento de color gris acompañado de pequeños desgrasantes; su factura es manual con bastante irregularidades y la cocción es reductora; tiene de ancho 9 mm y pertenecía a un recipiente cuyo diámetro rondaba los 20-25 cm, ambas caras se presentan mal alisadas. El borde se terminó algo afilado y redondeado (fig. 4).

 

Nº 25.- Fragmento de cerámica de color pardo con poco y grueso desgrasante, de factura manual y cocción eminentemente reductora; el ancho es de 10 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía era de unos 25 cm, se terminaron ambas caras con buen alisado. El borde se realizó afilando ambas caras y dejando la parte superior de forma lisa (fig. 4).

 

Nº 26.- Fragmento de cerámica de color pardo grisáceo acompañado de pequeños y medianos desgrasantes, de factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 7 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro tenía sobre 20 cm, ambas caras están alisadas. El borde se realizó sencillamente con la parte superior redondeada (fig. 4).

 

Nº 27.- Fragmento de cerámica de color pardo con escasísimos y pequeños desgrasantes; fue realizado de forma manual y cocción mixta; el ancho no pasa de los 7 mm y el diámetro está sobre 20-25 cm; la cara interna está muy rodada y la externa se presenta alisada. El borde se realizó rebajando algo la cara interna y terminándolo superiormente de manera redondeada (fig. 4).

 

Nº 28.-Fragmento de cerámica de color gris, aparentemente sin desgrasante, de factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 7 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaría entre los 20-25 mm, la superficie de la cara interna está muy rodada y la externa presenta un buen alisado. El borde se realizó rebajando algo la cara externa y redondeando la parte superior (fig. 4).

 

Nº 29.- Fragmento de cerámica de color pardo con pocos y pequeños desgrasantes; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 10 mm y su diámetro debió ser más bien grande, sus caras se terminaron con un buen alisado. El borde se realizó rebajando la cara interna y la parte superior redondeada (fig. 4).

 

Nº 30.-Fragmento de cerámica de color pardo rojizo acompañada de pocos y pequeños desgrasantes; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 9 mm y desconocemos el diámetro del recipiente al que perteneció, sus caras se terminaron bien alisadas. El borde se realizó disminuyendo escasamente la parte superior y redondeándolo (fig. 4).

 

Nº 31.- Fragmento de cerámica de color gris con pocos desgrasantes de tamaño mediano; factura manual y cocción principalmente reductora; tiene de ancho 7 mm y perteneció a un recipiente de unos 10 o 12 cm de diámetro, la terminación de ambas caras es simplemente alisadas. El borde se realizó con la parte superior redondeada (fig. 4).

 

Nº 32.-Fragmento de cerámica de color gris con algunos granos gruesos de desgrasantes; factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 7 mm y su diámetro parece que fue grande, las dos caras se presentan alisadas. Se terminó superiormente de forma redondeada (fig. 4).

 

Nº 33.- Fragmento de cerámica de color gris con algunos desgrasantes de mediano tamaño, de factura manual y cocción eminentemente reductora; tiene de ancho unos 8 mm y su diámetro parece que fue grande, las caras se terminaron de forma alisada. Se realizó el borde con un buen afilado desde un par de centímetros (fig. 4).

 

Nº 34.- Fragmento de cerámica de color gris con abundantes y pequeños desgrasantes; factura manual y cocción principalmente reductora; tiene 8 mm de ancho y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre 15 y 20 cm, sus caras se terminaron por alisado. El borde se realizó disminuyendo la pared por ambas caras y redondeando la parte superior (fig. 4).

 

Nº 35.- Fragmento de cerámica de color pardo acompañado de desgrasantes de variado tamaño, su factura es manual y la cocción mixta; tiene de ancho 11 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro tenía entre 20 y 25 cm de diámetro, la cara interior se alisó normalmente y la externa presenta peor acabado. El borde se realizó disminuyendo algo la cara exterior y redondeando la superficie superior (fig. 4).

 

Nº 36.- Fragmento de cerámica de color gris acompañada de escasos desgrasantes de variado tamaño; la factura fue manual y la cocción esencialmente reductora; tiene de ancho 10 mm y perteneció a un recipiente que tenía entre 20 y 25 cm de diámetro, las superficies se terminaron por alisado. El borde se realizó afilando un poco las paredes y redondeando ligeramente la parte superior (fig. 4).

 

Nº 37.- Fragmento de cerámica de color pardo acompañada de desgrasantes de variado tamaño; tuvo una factura manual y su cocción fue mixta; el grueso es de 9 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro desconocemos pero que intuyo fue de más de 20 cm. El borde se realizó redondeando simplemente la parte superior (fig. 4).

 

Nº 38.- Fragmento de cerámica de color gris acompañadas de pequeños desgrasantes; su factura fue manual y la cocción fue esencialmente reductora; tiene de ancho 10 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía era de 15-20 cm, sus caras se terminaron por alisado. El borde se terminó redondeando la superficie superior (fig. 4).

 

Nº 39.- Fragmento de cerámica de color naranja con escasos desgrasantes de mediano tamaño;  factura manual y cocción predominantemente oxidante; tiene de ancho 10 mm y el recipiente  al que perteneció tenía de diámetro entre 25 y 30 cm, la cara interna se terminó bien alisada peor acabado presenta la cara externa. El borde se realizó reduciendo ligeramente el grueso de la pared y redondeando la parte superior (fig. 5).

 

Nº 40.- Fragmento de cerámica de color pardo claro en el interior y castaño en las partes externas acompañado de gruesos desgrasantes; fue realizado con factura manual y cocción irregular; tiene de ancho 11 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro era muy grande, sus caras se terminaron muy bien alisadas. El borde se realizó disminuyendo un poco la parte externa y redondeando la superficie superior (fig. 5).

 

Nº 41.-Fragmento de cerámica de color variado entre pardo y gris con abundantes desgrasantes de tamaño mediano; fue realizado con factura manual y cocción irregular aunque con claro predominio reductor; tiene de ancho 10 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro era muy grande, sus caras se terminaron bien alisadas. El borde se terminó simplemente redondeando la superficie superior (fig. 5).

 

Nº 42.- Fragmento de cerámica de color pardo rojizo acompañado de desgrasantes de mediano tamaño; se realizó con factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 10 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro desconocemos aunque intuimos que era muy grande, su cara interna se terminó alisada, peor acabado muestra la externa. El borde se realizó disminuyendo la pared desde 2 cm y redondeando la superficie superior (fig. 5).

 

Nº 43.- Fragmento de cerámica de color pardo en el exterior y gris en el interior, con pocos desgrasantes de mediano tamaño; su realización fue manual y la cocción irregular,  preferentemente reductora; el ancho de su pared es de 4 mm y el diámetro de 13 cm, la cara interna está muy bien alisada y peor acabado ofrece la cara externa. El borde se realizó disminuyendo escasamente la pared y redondeando la superficie superior (fig. 5).

 

Nº 44.- Fragmento de cerámica de color gris en el interior y pardo rojizo en las caras con numerosos desgrasantes de mediano tamaño; fue realizado en factura manual y cocción irregular; tiene de ancho 12 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció debía tener entre 20 y 25 cm; su cara interna está simplemente alisada estando muy rodada la superficie externa. El borde se realizó redondeando la parte superior (fig. 5).

 

Nº 45.- Fragmento de cerámica de color pardo claro con algunos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 6 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba entre 12 y 18 cm, la cara interior se realizó muy bien alisada y la exterior está simplemente alisada. El borde se hizo disminuyendo algo la pared interna y redondeando la parte superior (fig. 5).

 

Nº 46.- Fragmento de cerámica de color rojizo en la parte interna y pardo claro en la externa con abundante material desgrasante de mediano tamaño; tiene factura manual y la  cocción fue mixta; el ancho de su pared es de  6 mm y perteneció a un recipiente que tenía entre 12 y 18 cm de diámetro, su superficie interna esta algo alisada y la exterior rodada lo que no presenta problema para observa una decoración consistente en siete líneas circulares, separadas entre si unos 4 mm y paralelas al borde, realizadas con la técnica de punto en raya. El borde se realizó disminuyendo algo las paredes y con la superficie superior redondeada y oblicua a la parte interna (fig. 5).

 

Nº 47.- Fragmento de cerámica de color pardo con caras externas claras y acabado a la “almagra” con pocos desgrasantes de tamaño medio; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 11 mm y desconocemos el diámetro del recipiente al que perteneció; ambas caras se alisaron finamente antes de ser pintadas. El borde se realizo con un rebaje de los dos cm superiores de la pared, algo más marcado en la cara externa, la superficie superior redondeada (fig. 5).

 

Nº 48.- Fragmento de cerámica de color pardo-castaño acompañada de algo de desgrasantes de mediano y pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 15 mm y su diámetro estaba entre los 35 y 45 cm, su cara interna está muy bien alisada y la externa se acabó con menor esmero. El borde es simplemente la terminación plana  con un engobe o quizás pintura negra. Fue un gran cuenco o plato (fig. 5).

 

Nº 49.- Fragmento de cerámica de color pardo con abundantes desgrasantes de tamaño grande; factura manual y cocción eminentemente reductora; tiene de ancho 13 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba comprendido entre 25 y 35 cm, sus caras se terminaron de manera alisada. El borde superior se terminó de manera plana. Fue un plato o cuenco grande (fig. 5).

 

VASOS

 

Nº 50.- Fragmento de cerámica de color ocre claro en la parte interna y naranja en las caras externas con algunos  desgrasantes de mediano y pequeño tamaño; aparentemente tiene factura manual y cocción preferentemente oxidante; el ancho de sus caras es de 6 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro era de 8 o 10 cm, ambas caras se terminaron muy bien alisadas. El borde se hizo afilando la parte superior y redondeando la cara superior (fig. 5).

 

Nº 51.- Fragmento de cerámica de color pardo-gris con muy escasos desgrasantes de tamaño fino; factura manual y cocción  preferentemente reductora; su cara tiene de ancho 7 mm como máximo y su diámetro estaba en los 10-14 cm, sus caras se terminaron bruñidas. El borde se acabó afilando el extremo superior. El fragmento parece pertenecer a un vaso de forma globular (fig. 5).

 

Nº 52.- Fragmento de cerámica marrón con las caras claras y escasos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción en atmósfera predominantemente reductora; tiene de ancho 5-6 mm y el recipiente al que perteneció tenía de diámetro 5-7 cm, sus paredes se terminaron con un buen bruñido. El borde se realizó a partir de un cuello doblando al interior desde 3 cm; su parte superior busca la vertical terminando de forma redondeada con pequeño rebaje interior. El recipiente debió ser un vaso hemisférico con pequeño cuello (fig. 5).

 

Nº 53.- Fragmento de cerámica de color pardo con desgrasantes de mediano tamaño y algunos grandes; factura manual y cocción reductora; el ancho de sus caras es de 6-7 mm y el diámetro del recipente  tuvo sobre 12-16 cm de diámetro, sus caras se terminaron por un alisado bastante simple. Se realizó el borde disminuyendo el grosor de la pared y volviéndola ligeramente al exterior; la parte superior se realizó de forma redondeada. Perteneció seguramente a un vaso de forma globular y cuello apuntado (fig. 5).

 

Nº 54.- Fragmento de cerámica de color ocre claro en el interior y  caras naranjas con pocos desgrasantes de pequeño tamaño, de factura manual y cocción preferentemente oxidante; tiene de ancho 6,5 mm y el recipiente al que perteneció tenía unos 8-10 cm de diámetro, sus caras se terminaron bien alisadas aunque la cara externa nos ha llegado bastante rodada. Para conseguir el cuello se dobló la parte superior hacia el interior y  después buscando  la vertical, finalmente se redondeó después de afilar un poco la pared (fig. 5).

 

Nº 55.- Fragmento de cerámica de color marrón con abundante desgrasante de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; el ancho es de 4 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció tiene un valor desconocido, sus caras se remataron por alisado. El borde se realizó engrosando ligeramente la pared desde 1 cm y redondeando la parte superior con ligera disminución en la cara externa (fig. 5).

 

Nº 56.- Fragmento de cerámica de color marrón claro y caras anaranjadas con algún  desgrasante de tamaños muy grueso y pequeño; factura manual y cocción preferentemente mixta; tiene de ancho 7 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba entre 12 y 15 cm, sus caras se acabaron de manera alisada. El borde se terminó de manera redondeada (fig. 5).

 

Nº 57.- Fragmento de cerámica de color pardo con bastantes desgrasantes de variados tamaños; factura manual y cocción mixta, su ancho oscila entre 3 y 7 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre 12 y 18 cm, ambas  caras se terminaron mal alisadas. El borde se realizó de manera afilada por rebaje de la cara interna (fig. 5).

 

Nº  58 .- Fragmento de cerámica de color pardo acompañada de pequeños y medianos desgrasantes; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 6,5 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro estaba entre 12 y 16 cm, las dos caras se terminaron externamente de manera alisada. El borde fue realizado con la parte superior redondeada y la cara interna algo disminuida (fig. 5).

 

Nº 59.- Fragmento de cerámica de color gris con algunos desgrasantes de tamaño grande y pequeño, de factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 9,5 mm y el diámetro de recipiente al que perteneció aparenta tener 10-14 cm, sus caras se presentan alisadas. El borde se realizó con la parte exterior algo disminuida y la superficie superior redondeada (fig. 5).

 

Nº 60.- Fragmento de cerámica de color gris con algunos de desgrasantes de pequeño y gran tamaño; su factura es manual y la cocción reductora; el ancho oscila entre 4 y 6 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba comprendido entre 14 y 18 cm, tanto la cara interna como la externa se presentan muy rodadas. El borde se realizó ligeramente vuelto, engrosado y redondeado desde unos 8 mm (fig. 5).

 

Nº 61.- Fragmento de cerámica de color marrón con algunos desgrasantes de pequeño y mediano tamaño; factura manual y cocción predominantemente oxidante; tiene de ancho 7,5 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro  era de 11-15 cm, las dos caras se presentan alisadas. El borde se hizo con la parte superior redondeada (fig. 5).

 

Nº 62.- Fragmento de cerámica de color naranja con algunos de desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción oxidante; tiene de ancho 7 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció medía entre 13 y 16 cm , la cara interna se presenta bien alisada y la externa muy bien alisada. El borde se realizó sencillamente por la terminación superior redondeada (fig. 5).

 

nº 63.- Fragmento de cerámica de color pardo-gris muy alterado con abundantes desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción predominantemente reductora; por deterioro su ancho oscila entre 4 y 11 mm, tenía un diámetro de 10-14 cm; la cara interna se presenta alisada y la externa muy deteriorada. El borde se consiguió redondeando la parte superior (fig. 5).

 

Nº 64.- Fragmento de cerámica de color gris y pardo con numerosos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 7 mm y desconocemos el diámetro del recipiente al que pertenecía, las caras se presenta alisadas. El borde está ligeramente vuelto al exterior, disminuido  y redondeada su parte superior (fig. 5).

 

Nº 65.- Fragmento de cerámica de color pardo claro, algo rojizo con numerosos desgrasantes de tamaño grande; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 9-10 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía es de 18 cm, sus caras se terminaron de manera alisada. El borde se realizó con la parte superior redondeada (fig. 5).

 

Nº 66.- Fragmento de recipiente de color pardo con algunos de desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 7 mm y el diámetro de recipiente estaba entre 24 y 28 cm, sus caras se presentan alisadas. El borde se realizó simplemente con la parte superior plana (fig. 5).

 

Nº 67.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes de tamaño grande y varios medianos; factura manual y cocción mixta; su ancho es de 8 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció era de 20-25 cm, ambas caras se alisaron externamente. El borde se realizó de forma redondeada con ligero abultamiento al exterior (fig. 5).

 

Nº 68.- Fragmento de cerámica de color pardo y gris con abundantes desgrasantes de mediano y pequeño tamaño; factura manual y cocción preferentemente reductora; tiene de ancho 10 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba entre 28 y 32 cm, la cara interna nos ha llegado mal alisada y algo mejor la externa. El borde fue realizado de forma redondeada con rebaje de la parte interna y un ligerísimo abultamiento al exterior marcado de manera muy tenue desde 1 cm (fig. 5).

 

Nº 69.- Fragmento de cerámica de color naranja con escasos desgrasantes de muy pequeño tamaño; factura manual y cocción oxidante; tiene de ancho 7 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció era de unos 16-20 cm, sus caras se presentan alisadas. El borde se realizó de manera redondeada desde 5 mm. Este fragmento presenta una decoración irregular por ungulación en torno a la boca (fig. 5).

 

Nº 70.- Fragmento de cerámica de color naranja con algunos desgrasantes de mediano tamaño y numerosos más pequeños; su factura es manual y la cocción oxidante; tiene de ancho 10 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba comprendido entre 18 y 24 cm, sus caras se presentan mal alisadas. El borde se realizó algo afilado y con la parte superior redondeada. Presenta una decoración por ángulos en torno a la boca (fig. 5).

 

Nº 71.- Fragmento de cerámica de color gris en el interior y naranja oscuro en sus caras con numerosos desgrasantes de mediano tamaño y algunos grandes y medianos; factura manual y cocción irregular; tiene de ancho 11 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba entre 16 y 20 cm, sus superficies se presentan alisadas. El borde se realizó afilando la cara externa desde unos tres cm y con la parte superior redondeada. Este fragmento presenta un pequeño mamelón cerca del filo del borde (fig. 6).

 

Nº 72.- Fragmento de cerámica de color pardo con pequeños y medianos desgrasantes; factura manual y cocción mixta; tiene 8 mm de grueso y el diámetro estaba entre 28 y 32 cm, sus caras están alisadas. El borde se realizó afilando externamente la pared desde 5 mm. Presenta un pequeño mamelón cerca de la boca (fig. 6).

 

Nº 73.- Fragmento de cerámica de color gris, castaño y pardo con abundantes desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción irregular; su ancho oscila entre 9 y 11 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció era grande, ambas caras se presentan alisadas. El borde se realizó redondeando la parte superior (fig. 6).

 

Nº 74.- Fragmento de cerámica de color castaño  con abundantes desgrasantes de mediano tamaño y algunos mayores; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 11-12  mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía era grande, su cara interna está algo bruñida aunque mayor perfección presenta la externa. El borde se realizó afilando algo al exterior desde unos 8 mm y redondeando la parte superior (fig. 6).

 

Nº 75.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño y algunos grandes; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 10-15 mm y el diámetro del recipiente al que pertenecía  estaba entre 16 y 20 cm, sus caras se terminaron de manera alisada. El borde se realizó afilando algo sus caras desde 1 cm y redondeando la parte superior (fig. 6).

 

Nº 76.- Fragmento de cerámica de color gris, pardo en la cara exterior, con algún desgrasante de mediano tamaño y muy numerosos más pequeños; factura manual y cocción irregular aunque preferentemente reductora; tiene de ancho 12-14 mm y el recipiente al que pertenecía debía tener de diámetro más de 35 cm, ambas caras se terminaron de manera alisada. El borde se realizó con ligero abultamiento en las dos caras y la parte superior plana (fig. 6).

 

Nº  77.- Fragmento de cerámica de color gris con algún desgrasante de mediano tamaño y numerosos más pequeño; factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 13-14 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció debió pasar de los 35 cm, ambas caras se presentan alisadas. El borde se terminó de forma redondeada en la parte superior con algo de rebaje en la cara interna desde 1 cm; la cara externa ofrece una incisión muy superficial en torno al borde y desde esa misma distancia (fig. 6).

 

Nº 78.- Fragmento de cerámica de color gris con numerosos desgrasantes de mediano tamaño acompañados de algunos grandes; factura manual y cocción predominantemente reductora; tiene de ancho sobre 10 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció tenía entre 18 y 24 cm, ambas caras están muy mal alisadas. El cuello está señalado por un estrechamiento y vuelta al exterior de la parte superior de la pared desde unos 5 cm y se acentúa en el último centímetro, la terminación superior es redondeada. Presenta un mamelón situado a unos 6 cm del labio superior (fig. 6).

 

Nº 79  Fragmento de cerámica de color oscilante entre el pardo y el rojo con escasos desgrasantes de pequeño y mediano tamaño, de factura manual y cocción irregular; su ancho oscila entre los 10 y 12 mm, el diámetro del recipiente al que pertenecía era de más de 30 cm, la cara interna está mal alisada y algo mejor la externa. Este fragmento pertenece a un recipiente tendente a tener una forma esférica. El borde está vuelto al exterior desde el último centímetro bajando un poco de la horizontal, su parte superior es redondeada. Tiene una decoración incisa formada por una banda situada a 1 cm del borde y paralela al mismo; ésta contiene cinco líneas, dos superiores y tres inferiores con un espacio intermedio de unos dos cm; en éste se trazaron series alternante de cuatro  tracitos verticales de 4 y 8 mm. La línea inferior de esta banda se ve limitada por una serie de zig-zag que forman con ella triángulos de unos 4 cm de altura, estos se rellenaron de líneas verticales separadas unas de otras un par de milímetros. Pertenece a un recipiente de almacén, posiblemente una tinaja. (fig. 6).

 

Nº 80.- Fragmento de cerámica de color pardo aparentemente sin desgrasantes, de factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 5 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció estaba entre 12 y 16 cm, sus caras están externamente mal alisadas. Este fragmento nos ha llegado sin borde, se observa una incisión gruesa y superficial posiblemente cerca y paralela al mismo (fig. 6).

 

Nº 81.- Fragmento de cerámica de color gris con escasos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 5-6 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció debía ser pequeño, la cara interna esta muy bien alisada y la externa se terminó con mayor simpleza. El fragmento no presenta borde pero por la curvatura se puede afirmar  que es un pequeño recipiente con un cuello bien marcado (fig. 6).

 

 

FRAGMENTOS CAMPANIFORMES

 

Nº 82.- Fragmento de cerámica de color gris y pardo en su cara externa con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 3 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció era  de 20 a 25 cm, sus caras están bien alisadas. El borde se realizó afilando y redondeando la parte superior de sus caras. La decoración ofrece una banda formada por tres circunferencias horizontales próxima al labio; bajo ella comienza otra formada por tres líneas en zig-zag, de éstas, la superior es un inciso muy superficial y lleno de tracitos verticales, todo ello muy borroso. Este fragmento presenta también una línea igualmente incisa en la parte inferior. Esta decoración es campaniforme Ciempozuelos (fig. 7).

 

Nº 83.- Fragmento de cerámica de color gris acompañada de algún desgrasante de mediano tamaño y numerosos pequeños, de factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 7 mm y perteneció a un recipiente que tenía un gran diámetro, la cara interna nos ha llegado rodada y la externa alisada . Desconocemos la forma del borde. Su decoración puntillada está formada por una banda de tres circunferencias horizontales; una línea superior en zig-zag inmediatamente por la parte de arriba e inferiormente otra semejante pero con los zig-zag más extendidos (fig. 7) .

 

Nº 84.- Fragmento de cerámica de color pardo con algunos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 5 mm y no sabemos la medida del diámetro del recipiente al que pertenecía, sus caras se acabaron por alisado. Desconocemos la forma del borde.  Ofrece parte de una decoración puntillada a base de dos ángulos, posible banda en doble zig-zag, y en la parte superior cinco tracitos verticales (fig. 7).

 

Nº 85.- Fragmento de cerámica de color pardo en el interior y naranja en el exterior, aparentemente sin desgrasantes, de factura manual y cocción predominantemente oxidante; presenta un ancho de 5 mm y el diámetro del recipiente al que perteneció nos es desconocido, sus caras se presentan alisadas.  Se desconoce la forma de su borde. Su decoración por incisión presenta una serie de cinco bandas paralelas formadas por cuatro circunferencias (fig. 7).

 

Nº 86.- Fragmento de cerámica de color gris con numerosos desgrasante de mediano tamaño; factura manual y cocción reductora; tiene un ancho de 5-6 mm y se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció, su  cara interna se presenta alisada y la externa algo rodada. Desconocemos la forma del borde.  Se observa una decoración puntillada formada por una banda de seis circunferencias y un zig-zag superior (fig. 7).

 

Nº 87.- Fragmento de cerámica de color gris con algunos desgrasantes de mediano tamaño; factura manual y cocción reductora; tiene su pared un ancho de 11 mm y se desconoce su diámetro, sus caras se alisaron. Desconocemos la forma del borde.  En cuanto a su decoración se observa una banda formada por cuatro circunferencias horizontales realizadas por puntillado (fig. 7).

 

Nº 88.-  Fragmento de cerámica de color castaño con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho entre 5 y 10 mm, se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció, sus caras se alisaron. Se desconoce la forma de su borde. Su decoración consta de una banda formada por tres circunferencias horizontales por puntillado (fig. 7).

 

Nº 89.- Fragmento de cerámica de color pardo y gris en la cara interna con algunos desgrasantes de gran tamaño y numerosos finos; factura manual y cocción mixta; tiene un ancho de 8 mm y se desconoce su diámetro, la cara interna se terminó con un buen espatulado y la externa se alisó. Desconocemos la forma del borde superior. En su decoración puntillada se observa una banda formada por cuatro circunferencias horizontales y paralelas (fig. 7).

 

Nº 90.- Fragmento de cerámica de color pardo con algúnos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual  y cocción mixta; tiene de ancho 3 mm y desconocemos la medida del diámetro del recipiente al que perteneció, sus caras se terminaron de manera alisada. Se desconoce la forma del borde. Se observa una decoración puntillada formada por un zig-zag superior e inferiormente dos líneas circulares (fig. 7).

 

Nº 91.- Fragmento de cerámica de color gris -pardo en la cara externa-, con numerosos y pequeños desgrasantes; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 3 mm y perteneció a un recipiente cuyo diámetro desconocemos, sus dos caras se presentan externamente alisadas. Desconocemos la forma del borde. Su decoración ofrece dos franjas alternantes con otra lisa, la superior ofrece líneas oblicuas y paralelas y la inferior un reticulado; la técnica empleada es el puntillado (fig. 7).

 

Nº 92.- Fragmento de cerámica de color pardo en la parte interna y rojizo en las caras, se observan algunos desgrasantes de tamaño pequeño; su factura es manual y la cocción fue mixta; tiene de ancho 5 mm y desconocemos la medida de su diámetro, las caras se terminaron de manera alisada. Se desconoce la forma del borde. Su decoración consta de dos líneas incisas, bastante gruesas, en zig-zag paralelos (fig. 7).

 

Nº 93.- Fragmento de cerámica de color pardo siendo algo más claro en la cara interna con algúnos desgrasantes de mediano tamaño y numerosos más pequeños; fue realizado  de manera manual siendo su cocción mixta; tiene un ancho de 7 mm y se desconoce su diámetro, las caras se terminaron de manera alisada. Su decoración está formada por los restos de una banda formada por siete circunferencias horizontales y realizadas con la técnica del puntillado (fig. 7).

 

Nº 94.- Fragmento de cerámica de color gris en el interior y pardo en sus caras, aparentemente sin desgrasantes; factura manual y cocción preferentemente reductora; tiene de ancho 6 mm y se desconoce su diámetro, las dos caras se terminaron por alisado. No sabemos la forma del borde. La decoración que nos ha llegado esta formada por una banda de al menos tres líneas circulares y paralelas al borde y un zig-zag inferior (fig. 7).

 

Nº 95.- Fragmento de cerámica de color pardo con numerosos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 6 mm y se desconoce su diámetro, sus caras se terminaron de manera alisada. Desconocemos igualmente su borde. Consta su decoración de cinco líneas circulares y paralelas, como siempre muy próximas; las dos superiores en zig-zag y las tres inferiores horizontales (fig. 7).

 

Nº 96.- Fragmento de cerámica de color pardo en el que no se observan desgrasantes, de factura manual y cocción mixta; tiene de ancho de 7 a 9 mm y se desconoce su diámetro, las dos caras se terminaron muy bien alisadas especialmente la interna. Desconocemos la forma del borde. Su decoración presenta tres bandas: una  puntillada superior formada por tres circunferencias horizontales; centralmente otra lisa e inferiormente una más compuesta por cinco líneas paralelas formadas en zig-zag. Se observan restos de pasta blanca (fig. 8).

 

Nº 97 Fragmento de cerámica de color gris y pardo claro en la cara interna, no se observan desgrasantes; su factura fue manual y la cocción mixta; tiene de ancho 5 mm y se desconoce su diámetro, ambas caras se acabaron de manera alisada. Se desconoce la forma del borde. Su decoración está formada por una línea incisa horizontal e inmediatamente bajo ella seis puntos horizontales (fig. 8).

 

Nº 98.- Fragmento de cerámica de color pardo y gris en la cara interna con algunos desgrasantes gruesos y numerosos pequeños; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho unos 5 mm y se desconoce su diámetro, sus caras se terminaron de manera alisada -la externa nos ha llegado rodada-. Desconocemos la forma del borde. Su decoración se realizó con una serie de cuatro líneas incisas y convergentes, las más internas forman un ángulo agudo (fig. 8).

 

Nº 99.- Fragmento de cerámica de color pardo en el interior y algo más claro en sus caras,  con numerosos y medianos desgrasantes, de factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 11 mm y su diámetro nos es desconocido, las dos caras se presentan alisadas. Su borde se realizó rebajando la parte alta de la cara interna y redondeando la parte superior. La decoración que nos ha llegado consta de dos líneas puntilladas horizontales (fig. 8).

 

Nº 100.- Fragmento de cerámica de color pardo, algo más claro en la cara interna, no se observan desgrasantes; su factura es manual y la cocción es mixta y su diámetro nos es desconocido, ambas caras se terminaron de manera alisada. Se desconoce la forma del borde. Este fragmento nos ha llegado muy rodado y solamente nos ofrece dos líneas puntilladas y horizontales (fig. 8).

 

 Nº 101.- Fragmento de cerámica de color pardo con escasos desgrasantes de pequeño tamaño; factura manual y cocción mixta; tiene de ancho 6 mm y se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció, sus caras se terminaron de manera alisada decorándose la parte externa; el fragmento presenta tres bandas: una superior, puntillada, formada por tres circunferencias horizontales; en los 29 mm de la banda central se realizaron por incisión cuatro líneas en zigzag circulares y paralelas al borde denotando con ello un perfecto dominio del espacio; en la banda inferior fueron trazadas cuatro circunferencias igualmente puntilladas (fig. 8).

 

CERAMICA A LA ALMAGRA

 

Nº 102.- Fragmento de cerámica de color gris con algún desgrasante muy pequeño; factura manual y cocción reductora; tiene de ancho 8 mm y se desconoce el diámetro del recipiente al que perteneció, su cara interna se presenta muy deteriorada y la externa se pinto a la almagra. El borde del cuenco se realizó afilando la pared lateral desde un par de centímetros y se remató de forma redondeada (fig. 8).

 

 

INDUSTRIA OSEA

 

Nº 103.- Fragmento de hueso tendente a la forma prismática triangular -posible costilla-, de 55  X 15 X 10 mm, fue decorado en su cara menor por una serie de incisiones de 9 mm, alternativamente horizontales e inclinadas hacia el lado izquierdo (fig. 8).

 

INDUSTRIA LITICA

 

     Se caracteriza por su escasez y poca definición formal lo que traduce aparentemente una corta personalidad en este sentido.

 

Nº 104.- Lasca de forma irregular, color negro brillante. Parece ser un fragmento de un bello cuchillo trapezoidal (fig. 8).

 

Nº 105.- Lasca de cuarzo blanco tendente a la forma triangular rectangular con un cateto dentado por retoque de una de sus caras (fig. 8).

 

Nº 106.- Canto rodado en forma de esfera de cuarcita de 43 mm de diámetro (fig. 8).

 

Nº 107.- Fragmento de canto rodado de cuarcita de 68 mm de alto; presenta forma de pico aunque no tenemos testimonio de su utilización como tal (fig. 8).

 

Nº 108.- Fragmento de canto rodado de cuarcita de 77 mm de alto; presenta forma de pico aunque no sabemos si fue utilizado (fig. 8).

 

 

 

CAZOLETAS

 

      Los volúmenes de granito más significativos, cercanos al poblado, ofrecen en algunas superficies de su base numerosas cazoletas cuyos dibujos ofrezco en las figuras 9, 10 y 11 . Estos grabados acompañan algunos  poblados de  nuestra Comunidad de cultura semejante aunque  no hay publicación alguna sobre ellos. Parece ser que no tienen una cronología muy definida; en nuestro caso veremos que no son propias del Calcolítico pleno y si pueden serlo de sus inicios o finales ( 1).

 

    Las cazoletas fueron realizadas en cuatro espacios distintos siendo el común de ellos el estar protegidos de manera aviserada por los grandes bolos de  granito que forman pequeños abrigos o covachas destacando  por su aspecto caprichoso, su volumen etc.

 

    El soporte sobre el que se realizaron es de granito con una variedad muy granulosa, dura y bastante compacta. El primero de ellos, grupo A, está situado en el W del poblado a unos 200 pasos; la superficie sobre la que se asienta ofrece una clara fragmentación en la parte N lo que nos hace suponer que el conjunto de cazoletas no nos ha llegado completo. Este  está formado unicamente por cuatro cazoletas de profundidad y tamaño diferentes. La nº 1 tiene de diámetro 80 mm y 20 mm de profundidad; la nº 2, 75 mm x 12 mm; la nº 3, 57 mm x 15 mm y la nº 4,  55 mm x 10 mm, todas situadas de manera más o menos paralela al racheado límite de la fragmentación (fig. 11).

 

     El segundo grupo es el B, se situó en una superficie  bajo otro enorme bolo  que se encuentra  90 pasos al N del poblamiento, en este caso las cazoletas parecen estar completas aunque la erosión pueda haber terminado con algunas; el conjunto lo forman 69 unidades habiendo significativas diferencias entre ellas. La más llamativa ocupa la parte  alta de la superficie que tiene una ligera inclinación; tiene de dimensiones 65 mm x 25 mm y presenta un perfecto acabado interno gozando el granito de un fino pulido. Solamente dos cazoletas están situadas más al S de la enumerada, que parece ser la principal por los motivos apuntados; el resto se extiende por la parte situada al N y NW como puede apreciarse en el dibujo de la figura 10; sus dimensiones son de 35-50 mm X 0.5-25 mm. Todas las cazoletas se agrupan pareciendo formas estelares aunque sin aparente relación con las constelaciones actuales (fig. 9).

 

     Los grupos 3º y 4º, grupos C y D, se observan en dos superficies bajo el mayor bolo granítico de esta zona que está situado unos 85 pasos al E del reseñado anteriormente. La enorme roca se encuentra sostenida caprichosamente en tres lugares dejando bajo ella un espacio hueco muy propicio para ser aprovechado como pequeño hábitat, al parecer no fue así ya que no se observan restos significativos en sus inmediaciones. Esta enorme roca rezuma agua inferiormente durante algunos días posteriormente a haber llovido observándose algunas grietas hacia el N que terminarán arruinándola. Para realizar los grupos de cazoletas se eligieron dos rocas de la base en granito bastante granuloso; la situada a la izquierda tiene 19; dos de ellas son doble; otras dos son algo mayores 60 mm X 20 mm, y están situadas al N y E del grupo; la última de la izquierda -en sentido N- es claramente de inferior tamaño, 35 mm x 10 mm; el resto presenta unas dimensiones semejantes comprendidas entre 45-50 mm x 10-15 mm (fig. 11).

 

     El cuarto grupo se realizó sobre otra superficie rocosa situada a la derecha del mismo covacho; está formado por 43 cazoletas;  hay una muy pequeña de sólo 30 mm x 10 m; el resto tiene unas dimensiones comprendidas entre 40-80 mm x 10-35 mm. En este último conjunto aparecen las cazoletas en grupos mejor definidos por existir un mayor distanciamiento entre ellos. Algo separadas del grupo anterior, hacia el S se distingue un subconjunto de 9 cazoletas (fig. 10).

 

    En la parte N del interior del poblado se hicieron tres orificios cilíndricos en la roca del suelo, de unos 25 cm de ancho por 30 de profundidad, que debieron ser utilizados como morteros para machacar, triturar e incluso moler. Su corto número indica cierto colectivismo en su uso.

 

 

CONCLUSIONES

 

    Los fragmentos del 1 al 7 pertenecen a un tipo de vasijas denominadas cazuelas  carenadas; por sus diámetros, casi siempre grandes, deducimos que eran recipientes de uso común bien para la presentación de los alimentos y su posterior distribución en otros más pequeños como puedan ser los cuencos. La poca altura que poseen estos recipientes ha hecho que sean considerados como verdaderas paelleras, nombre con el que también son conocidos, pudiendo realizarse en ellos un buen número de platos cocinados generalmente a fuego lento. También puede utilizarse como recipiente de pequeño almacenamiento, tueste, secado, etc. La manufactura y acabado nos habla de su pertenencia a una vajilla modesta pero cuidada, posiblemente de uso cotidiano.

 

    Su  número aunque escaso es muy  significativo ya que constituyen un tipo de recipiente común en numerosos poblados del SW. En el espacio provincial están presentes en la sierra de La Pepa, La Cumbre, Cáceres ( 2), en Los Barruecos de Malpartida de Cáceres, Cáceres ( 3), faltando en el Campo Arañuelo y La Jara cacereña     ( 4). Su uso tampoco está generalizado entre los poblados de la provincia de Badajoz estando presentes en los poblados de Araya, Sta Engracia, Camino de Meriendas, Carrascalejo y El Lobo ( 5); todos ellos englobados en una cultura más amplia imperante , como antes se dijo, en el SW peninsular de la que uno de los poblados conocidos más representativos es posiblemente el de Papas Uvas en Huelva ( 6).

 

      Por los  estratos inferiores de Zambujal, en los que aparecen cazuelas carenadas, sabemos con certeza que sus comienzos fueron muy prematuros, antes quizás del tercer milenio a. C., tendiendo a finalizar su uso en torno al 2.600-2.500 a. C. ( 7). Pero además se conservan dos fragmentos de cerámica a la almagra, nº 47 y 102, y uno decorado con punto y raya -fig 8, nº 46-, los tres de claro apogeo tardo neolítico, por lo que la filiación temprana, Neolítico final-Calcolítico inicial, de todas estas cerámicas ofrece escasas dudas.

 

    Los cuencos, casi todos de diámetro inferior a 25-30 cm, nos indican que son de uso individual a excepción de los fragmentos representados en los nº 48 y 49 -el primero con pintura negra en su borde- y un excelente acabado interior que pertenecen a grandes platos de un diámetro mayor, ambos parecen más propios del Calcolítico medio y están  presentes en el poblamiento del Acebuche, ya enumerado; su fragmento número 8 corresponde al borde almendrado de un gran plato con un tipo  de pintura semejante al ahora reseñado con el número 48. Por otra parte el fragmento número 2 de aquel poblado es formalmente semejante al número 48 de aquí. Es decir, aunque en corto número, hay correspondencias culturales que nos indican claramente el cambio de hábitat a la parte alta a comienzos del Calcolítico pleno.

 

    Todos los cuencos son recipientes de uso general por lo que resulta muy difícil asegurar por ellos la cronología del poblado; sus acabados, en general algo más toscos, denotan igualmente su pertenencia a una vajilla de uso cotidiano.

   

   Los vasos como los cuencos no suelen señalar con claridad una cronología, los observados en este poblado presentan dentro de la unidad de su forma una gran variedad. Hay dos fragmentos -51 y 52-, que presentan un buen bruñido en pastas bastante cuidadas, aunque la cocción del número 51 parece ser muy buena, la del 52 no lo es tanto; ambos hubieron ser objetos de cierta estima. Pese a la pequeñez de los fragmentos, la mayoría pertenecen a vasos de forma redondeada, globulares. Los números 50, 51, 56, 58, 59, 61, 62, 64, 65, 66, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76,77, y 79 no tienen cuello, ni siquiera su inicio, mientras que en los 52, 53, 54,  55, 60, 67 y 78 se observa más o menos desarrollada la estrechez correspondiente; el resto, por su deterioro, no permite clasificarlos debidamente. Unicamente los números 78 y 79 de la fig. 6, nos informan de verdaderos recipientes de almacén y ambos parecen señalar épocas tardías quizás muy próximas a la Edad del Bronce.

                                         

    Ya he reseñado la importancia de la decoración de Boquique -punto en raya- de la forma 46, fig.8, para datar los comienzos del poblado hacia el Neolítico final. Hay también un corto número de vasos globulares, nº 69 y 70, que aparecen decorados con una  serie pequeña de motivos incisos muy populares y por ello comunes a diversas  épocas; fueron realizados a base de ungulaciones logrando formas circulares paralelas a la boca y muy cerca de ella; estos poco pueden aportar a fijar cronologías generales aunque si pueden contribuir a  comparaciones de unos poblados con otros dentro del área que ahora estudiamos para buscar semejanzas tendentes a igualar o separar  fenómenos sociales, culturales etc.

 

   Resultado diferente ofrecen los fragmentos procedentes de vasos campaniformes que contribuyen a fijar una cronología firme en cuanto a su aparición y posterior abandono, esto debió coincidir con el fin de la habitabilidad de este poblamiento. Este tipo de cerámicas está representado por las formas número 82, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 98, 99, 100 y 101. Dentro de la clasificación que de ellas se hace -Marítimo, Palmela y Ciempozuelos-, solamente los números 82 -Ciempozuelos- y 91 -Marítimo- ofrecen una pureza técnica y decorativa para poder ser debidamente agrupadas, el resto de las decoraciones de esos fragmentos, la mayoría también por su pequeñez, me obliga a clasificarlos como híbridos de las diferentes tipologías.

 

  Fragmentos campaniformes se encuentran también en el batolito de Plasenzuela, en el poblamiento del cerro de La Horca, prácticamente de todas las tipologías ( 8); también he observado un fragmento de cuenco campaniforme inciso, rellenado de pasta blanca en la superficie del “Fortín” cercano al poblamiento del Castillejo  por lo que hay que suponer que éste debe poseer dicha cerámica de finales del Calcolítico si bien los estudios que hay sobre el mismo no  reseñan nada semejante ( 9). En Los Barruecos de Malpartida de Cáceres apareció el campaniforme marítimo en los niveles superficiales prehistóricos (10). Desconozco si en la parte de Valencia de Alcántara apareció ésta cerámica en el poblado del Jardinero debido a la poca divulgación que su excavación ha tenido. En los numerosos poblamientos de la Jara cacereña y Campo Arañuelo, no aparece este tipo de cerámica aunque si está presente en  enterramiento -solo en el famoso dolmen de Guadalperal, Peraleda de la Mata, Cáceres (11)-.

 

    Entre los poblamientos de la provincia de Badajoz, en su zona central cercana a Mérida encontramos fragmentos semejantes en La Pijotilla,  Badajoz; La Palacina, Alange; y una presencia superficial de tipo testimonial avalada por escasos fragmentos  en Vista Alegre y Los Corvos en Villagonzalo; El Apeadero, Zarza de Alange. En la zona de Llerena se observan en Huerta de Dios, Casas de Reina; El Pedrosillo, Llerena; Cerro Cabril, Valencia de las Torres y Los Palacios en Valverde de Llerena (12). De los 71 yacimientos calcolíticos localizados en la provincia de Badajoz solamente nueve o diez tienen cerámica campaniforme que, por sus esmeradas características debían ser  un producto de lujo en esta época; de esos nueve o diez poblados siete u ocho tienen una presencia testimonial con uno o dos fragmentos en superficie. De los que tienen buena presencia de campaniforme sólo dos están en el Guadiana medio, el gran poblado de La Pijotilla, de más de dos km de diámetro -parcialmente arrasado en el verano de l996 por el trazado del gaseoducto (13)-, y el más modesto de La Palacina. Por lo tanto nuestro asentamiento, junto con el cerro de La Horca en Plasenzuela tiene unas características, al menos de pervivencia, que les une a los más impotantes yacimientos de finales del Calcolítico peninsular como puedan ser Los Millares, Santa Fé de Mondujar,  Almería;  Valencina de la Concepción, Sevilla;  Zambujal, Torres Vedras, Portugal, etc. Es en la época final de estos grandes poblados cuando el nuestro también parece agonizar;  en ella parece que la mayoría de esos setenta y un poblamientos de la provincia de Badajoz ya habían dejado de estar habitados ya que sus cerámicas no evolucionaron y parecen detenerse en momentos precampaniformes. Cabe reseñar la ausencia de cerámicas repujadas en nuestros poblamientos -cronológicamente le correspondería al Acebuche- presentes en los coetáneos de la sierra de Plasenzuela (14), La Pijotilla (15) y en La Jara cacereña (16).

 

     La escasez de objetos procedentes de la industria o sea y lítica poco puede aportar ya que son objetos que se utilizan durante largo tiempo en algunos yacimientos dando la impresión que cada grupo humano buscaba solucionar sus problemas cotidianos mediante una forma determinada a veces incluso muy elemental cual es el caso de las puntas de cuarcita que la proximidad del río Magasca surtiría de estos útiles de apariencia tan tosca y primitiva; semejante cuestión ocurrió en el poblado del Lobo en un ambiente cultural del Calcolítico pleno (17) e incluso en la solana del castillo de Alange de la época del Bronce (18).

 

    En cuanto a las cazoletas poco se puede decir en lo referente a sus contenidos, ni tan siquiera su filiación a una determinada cultura ya que son comunes a diferentes poblaciones en épocas muy diversas. Una tríada de ellas se encuentra en nuestro campo de S. Juan, en la parte S del edificio correspondiente al mercado regional de ganados; otras son fácilmente visibles en la parte  alta de la sierra de Sta Cruz, Sta Cruz de la Sierra, Cáceres. También se asocian a algunos poblados de La Jara cacereña como los de Navaluenga y el Castillo; falta su reseña en los trabajos de la sierra de Plasenzuela, Malpartida de Cáceres y Valencia de Alcántara. Igualmente están ausentes en las descripciones de los materiales correspondientes a los poblados de la provincia de Badajoz que cito a lo largo de este estudio. De ello se deduce que su valoración ha debido ser oscilante aunque conocidos sus contenidos durante largo tiempo, tal vez hasta época medieval; hoy no nos queda ningún vestigio para saber sus fondos.

 

    Con la anterior panorámica la cronología del Avión estaría comprendida entre un Neolítico final-Calcolítico inicial representado esencialmente por el fragmento de punto en raya, las decoradas a la almagra y los fragmentos de cazuelas carenadas con una fechas de comienzo en torno al 3000 a. de C. y un término del 2600-2500 a. de C.; es manifiesta la ausencia de cerámicas que representen al Calcolítico pleno por lo que debemos admitir su despoblamiento entre estas fechas y el 2000 a. de C.  Renace de nuevo más o menos a partir del -2000, en los finales del Calcolítico -época campaniforme-. Posiblemente pervivió un poco durante el Bronce;  la existencia, aunque escasa, de grandes recipientes de almacén, ver los nº 78 y 79, y sobre todo la decoración de este último que parece una decoración tipo Ciempozuelos aplicado a recipientes no campaniformes parece apuntar una época tardía, no pudiendo dar fechas aproximadas para esta finalización pero que debió ser anterior al 1500 a. de C.

 

BIBLIOGRAFIA

 

( 1) González Cordero A. y Quijada González D. (1991): Los orígenes del Campo Arañuelo y La Jara Cacereña y su integración en la Prehistoria Regional, pág 148 y 149. Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata, Cáceres.

 

( 2) González Cordero A., Castillo Castillo J. y Hernández López M. (1991): La secuencia estratigráfica en los yacimientos calcolíticos del área de Plasenzuela (Cáceres). E. A. II, pág 20. Consejería de Educación y Cultura  de la Junta de Extremadura y Universidad de Extremadura.

 

( 3) Sauceda Pizarro M. I. (1991) : La secuencia cultural de “Los Barruecos”. Malpartida de Cáceres. Cáceres. E. A. II, pág 34.  Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura. Universidad de Extremadura.

 

( 4) González Cordero A. y Quijada González D. (1991): Obr. cit., pág 126.

 

( 5) Enríquez Navascués J. J. (1990): El Calcolítico o Edad del Cobre en la cuenca extremeña del Guadiana: Los poblados., pág 194. Museo Arqueológico Provincial de Badajoz. Publicaciones 2. 

 

( 6) Martín de la Cruz J. C. (1985): Papas Uvas I, Aljaraque, Huelva. Campaña 76-79. E. A. E. 136, pág 183.

 

( 7) Enriquez Navascués J. J. (1990): Obr. cit., pág 192.

 

( 8) González Cordero A., de Alvarado Gonzalo M., Municio González L. y Piñón Varela F. (1988): El poblado del cerro de la Horca (Plasenzuela, Cáceres). Datos para la secuencia del Neolítico tardío y la Edad del Cobre en la Alta Extremadura. T. P. 45.

 

( 9) González Cordero A. y otros (1988): Obr. cit.

 

(10) Sauceda Pizarro M. I. (1991):Obr. cit.

 

(11) González Cordero A. y Quijada González D. (1991): Obr. cit., pág 81.

 

(12) Enríquez Navascués J. J. (1990): Obr. cit., pág 187 y ss.

 

(13) Aroca J. L. (1996): Diario Hoy, 20-8-96.

 

(14) González Cordero A. y otros (1991): Obr. cit., pág 19.

 

(15) González Cordero A. y otros (1988): Obr. cit., pág 98.

 

(16) González Cordero A. y Quijada González D. (1991): Obr. cit., pág.

 

 

 

 

    

 

 

 

 

Oct 162013
 

 Manuel Rubio Andrada

 Talarrubias I, Cueva de la Panda: un conjunto paleolítico en el Guadiana medio

La finca de la Panda se sitúa en el término municipal de Talarrubias, Badajoz. Ocupa una zona montañosa de la margen izquierda del río Guadiana en el lago artificial formado por la presa de García Sola. Se localiza en la hoja 756, denominada Herrera del Duque del mapa topográfico editado en 1953 por el Instituto Geodésico y Catastral, Madrid. El lugar donde se encuentra tiene una latitud 39º 09´25´´ y de longitud 1º 27´10´´.

Para visitarla hay que marchar desde la presa del mencionado pantano en dirección a la población de Peloche, pasado medio camino se observa a la derecha la puerta de la finca perfectamente denominada; siempre se encuentra abierta y aunque no existe aparente limitación para pasar, es conveniente acercarse a la casa y pedir autorización. Desde el comienzo del camino se ven los boquetones de las cuevas en la sierra de enfrente. Tomado este, pronto dobla hacia la derecha, continuad rectos avanzando hacia el valle que nos cae delante; pronto un nuevo ramal hacia la derecha, no le sigáis y ascended poco a poco por el camino del valle, no tardareis en localizar a vuestra derecha el inicio de una gran vereda hoy ocupada por unos centenares de colmenas, es el momento de dejar el vehículo y comenzar la subida a pie; ésta no es larga aunque llena de dificultad por el espeso jaral. para tomar los inicios de la antigua vereda, debéis atravesar las colmenas a lo largo, en hora de baja actividad –con poca temperatura o al comienzo del día-, cuando terminan continúa más estrecha y en el mismo sentido hasta un pequeño amontonamiento de arcilla rojiza, diez o doce pasos más y dobla en ángulo recto la empinada pendiente hasta los restos de un chozo realizado con piedras –hay varios en esta falda de la sierra-. Aquí la vereda desaparece, hemos de sortear las jaras hasta ascender un poco más en dirección de las cuevas, pronto la base del eucaliptal que está desprovisto de vegetación nos acercará a la base de los primeros riscos. Una vez aquí ascenderemos el resto del ya corto camino, sin grandes dificultades.

LA CUEVA

En la misma base de la sierra aunque algo más baja, se abren otras oquedades que no parecen presentar restos, hay que subir levemente y doblar hacia la izquierda un esquinazo. Allí se abre un rachón que asciende hacia el NE 10 ó 15 m., su subida no está exenta de problemas sobre todo en época de lluvia ya que se ve coronada por otra abertura que permite el arrastre del agua deslizándose hacia las superficies inferiores parcialmente ocupada por las pinturas que sufren gran deterioro; otras filtraciones de las rocas superiores y el viento que sopla suavemente desde la entrada inferior, completan esencialmente el cuadro erosivo agravado particularmente por al naturaleza caliza de las rocas inferiores.

LAS PINTURAS

Las pinturas se distribuyen en tres paneles claramente separados; ya ha sido catalogadas aunque de manera muy superficial y escasamente pormenorizado, a mi entender merecen mejor tratamiento ( 1 ).

ZONA A

Está a nuestra izquierda según entramos en al cueva y la forman las cuarcitas que de diferentes tipos constituyen la pared de estos enormes farallones; ligeramente inclinadas hacia el SE, su parte interna muestra una superficie bastante lisa aunque diferentes manchones de diversa naturaleza la recubren imposibilitando en ocasiones saber si ocultan restos de pintura. Su superficie no fue aprovechada totalmente habiendo espacios sin pintar.

El conjunto I (Fig 1), se encuentra cerca de la entrada de la corta sala antes de comenzar el ascenso de la cueva en chimenea. El soporte es la cuarcita bastante lisa, de color claro que apenas presenta limitaciones por racheados. El color es de tendencia naranja y su trazo bastante grueso e irregular –desde 1 cm. a 2 cm.-. La figura 1 es un pectiniforme; su parte superior, de unos 23 cm. es horizontal; solamente nos han llegado seis apéndices inferiores, decrecientes de izquierda a derecha –el mayor tiene 19 cm. y 3 cm. el menor-. La figura 2 es otro pectiniforme semejante al primero aunque algo más corto, sus apéndices inferiores –nos han llegado 8-, son mucho más regulares –entre 2 y 3 cm. de longitud-; una pátina negra cubre por la izquierda de estas dos figuras. Algo más abajo se ven tres formas arqueadas hacia la parte superior, son las figuras 3, 4 y 5.

Este conjunto hay que clasificarlo como abstracto; por ello sus contenidos no pueden conocerse con plena seguridad aunque dentro de ese lenguaje, al que se ha llegado por múltiples supresiones, las figuras 1 y 2 pueden indicar cuadrúpedos ostentosos, la 3, 4 y 5 deben hacer mención al arco de caza. De esta manera tan simple nuestro querido antepasado pudo reflejar una escena cinegética.

El conjunto II (Fig 1), se pintó algo más interior y 0´50 cm. por encima del conjunto I, está formado por dos figuras de color naranja, su trazo no llega al medio cm. de grosor. La número 1 es una forma angular aguda –sobre 45º-, más bien ganchuda, abierta hacia abajo y sus lados está próximos a los 5 cm. de longitud. la figura número 2 es un antropomorfo de 9 cm. de altura y realizado con dos triángulos; el superior es un isósceles cuyos lados mayores rondan los 2´5 cm. y 2 cm. el inferior; corresponde a la cabeza siendo la base del triángulo la parte próxima al cuello. Sobre el centro de ella comienza el vértice superior de un triángulo de igual clase y disposición pero con 3´5 cm. de lado y 2´5 cm. de base inferior; corresponde al tronco. No se observa restos correspondientes a las extremidades superiores ni a las inferiores; tal vez el falo se encuentra señalado por unos tracitos discontinuos realizados verticalmente a partir del centro de la base del triángulo.

La figura humana presentada de esta manera es una realización singular no así el gancho que la acompaña en la parte superior; éste está presente en numerosos conjuntos tanto de manera independiente –cueva del Caballo, Berzocana, Cáceres-; acompañando a otras figuras se le puede observar en el conjunto de Torrejón I-B-II, en Monfragüe e incluso formando parte de numerosas figuras le encontramos en el gran panel de Zarza de Alange; de todo ello se puede deducir que debe tener un significado variable, aunque un trabajo monográfico sobre este signo esté por realizar. Los triangulares dobles unidos centralmente por el vértice son tenidos por representaciones sacras de carácter femenino; no dudo de este significado en algunos lugares pero en nuestros paneles creo que es una forma abstracta y sencilla de representar el esquema humano, generalmente puede que solo sea femenino; no parece corresponder a ese sexo nuestra figura que parece dotada de falo, claro que ésta no pertenece a la misma tipología ya que la unión de ambos triángulos no es por el vértice.

El conjunto número III (Fig 1), está situado inferiormente entre los conjuntos II y IV. Está formado por una única figura antropomorfo de color rojo y trazo medio –en torno a 0´5 cm.- se realizó en estilo esquemático. La cabeza es completamente redonda de 1.8 cm. de diámetro; un trazo de 4´5 cm. indica el tronco y las extremidades se realizaron en ángulos próximos a los 45 º; la parte correspondiente a los pies fueron apuntadas doblando hacia el interior; algunos trazos de igual tonalidad se encuentran cercanos a la figura en la parte inferior izquierda.

El conjunto número IV (Fig 1), se observan unos 10 cm hacia el interior y a 1´5 cm de altura del conjunto III. En el se pueden observar unas pinturas en la parte izquierda que son de color rojo vinoso poco trabajadas, muy deterioradas; alguno de los trazos que nos han llegado son de apariencia dactilar. Entre las formas imprecisas destaca la figura número 1 que corresponde a un ancoriforme simple, claramente inclinado hacia la izquierda. Este tipo de formas representa a la figura humana; el resto de la figuras nos ha llegado muy descompuestas por lo que resulta imposible saber su contenido. Su cronología aunque prehistórica es imprecisa.

El conjunto número V (fig 1), se situó inmediatamente a la derecha; nos ofrece un colorido parecido aunque con un matiz más granate.

La figura 1 es un manchón de formas poco precisas; 3 cm. por encima del mismo y 2 cm. a su derecha se encuentra dibujada con tendencia naturalista una pareja humana. La figura número 2 es la primera de la izquierda y se logró con un círculo para la cabeza de 1´5 cm. de diámetro; una fina rayita de 3 mm. de ancho sirve para marcar el cuello y el tronco hasta la cintura completando otro cm. de largo; allí comienza una forma semioval que corresponde al faldón que tiene unos 2´1 cm. de largo y 1´2 cm. de ancho en la parte inferior; aquí el color se ha perdido parcialmente apuntándose las piernecillas por un par de finos tracitos; las extremidades superiores fueron realizadas con líneas angulares de grosor semejante al tronco; el vértice que correspondería al codo o tal vez a la muñeca, apunta la parte inferior siendo muy corto el lado perteneciente a la terminación del brazo. La figura 3 fue dibujada algo superiormente, trazada con el mismo esquema, inmediata a su derecha y ligeramente inferior. Un círculo representa la cabeza –esta vez de 1 cm. de diámetro-; continúa el cuello de manera semejante a la figura 2 y el tronco se formó con dos formas de tendencia triangular con marcada cintura en su parte central; se señaló un corto falo y a ambos lados de la base inferior dos tracitos indican simplemente el inicio de las extremidades inferiores; las superiores fueron realizadas de la manera angular descrita en la figura 2 pero con las terminaciones algo más largas.

Se nos quiso mostrar a una pareja humana en las que están de manifiesto notables desproporciones, sobre todo la cabeza de la figura 1. ella iba vestida con una larga falda que no llegaba hasta los pies, parece que terminaba debajo de la rodilla. El varón por el contrario parece estar desprovisto de todo ropaje. Está particularidad y su menor tamaño hace que sea identificado como una mujer adulta seguida por un joven quizás un niño. Su cronología es incierta ya que estilísticamente no hay formas parecidas con quien relacionarlos; las cabezas y la disposición por parejas recuerda lejanamente algunas figuras del Canjorro de Peñarrubia, Baños de la Encina, Jaén, de claro ambiente Neolítico. El largo faldón que porta la mujer le acerca estilísticamente a algunas pinturas naturalistas de nuestro Levante, entre otras variadas se ven en el Val del Charco del Agua Amarga, Alcañiz, Teruel. En mi opinión hay que tomar nota de esta singularidad, en la que están ya muy marcados los signos esquemáticos, por si en un futuro se conociesen formas con parecidas características que posibilitasen con más certeza su cronología que en cualquier caso debe ser posterior al Paleolítico por ausencias obvias, temáticas, estilísticas, etc., y anterior al Calcolítico en la zona dada la ausencia de un claro geometrismo y abstracción.

El conjunto número VI (Fig 1), está situado en la misma pared unos decímetros hacia el interior; se observan dos cuadrúpedos que parecen mirar hacia la entrada; realizados en color rojo y trazo grueso –más de 1´4 cm.-. La figura número 1 nos ha llegado bastante deteriorada e incompleta, solo es visible la mitad delantera del animal; la cabeza casi perdida luce dos grandes apéndices en ángulo recto, el de la izquierda supera los 5 cm. y 3 cm. el de la derecha. En la misma línea horizontal y a un par de dm. se puede ver la figura 2 que corresponde a un animal de trazo semejante; toda la figura tiene 25 cm. de largo y 11 cm. de alto, salvo la zona central,, nos ha llegado completa. En la cabeza esta vez las orejas se muestran más verticales y cortas –2´5 cm.-; las patas cortas y anchas –3 ó 4 cm.-; el tronco alargado se ve rematado en la derecha por una larga cola de 6´5 cm. que parcialmente nos ilustra sobre el tipo de animal que se trata; muy posiblemente dos asnos. Entre las dos figuras se observan manchas de forma poco precisa.

El conjunto VII, (Fig 1) se situó más alto y en mitad de la pared del mismo lado por lo tanto para observarle hay que ascender cuidadosamente la pared del frente y sobre la mitad girar la cabeza hacia la izquierda allí se ve sin dificultad varios manchones que nos han llegado de color kaki, su grosor es próximo al cm. Entre ellos se ve con facilidad la figura número 1 que corresponde a una línea zizagueante de tendencia vertical, su extremo superior se encuentra rematado ligeramente hacia la derecha por una forma triangular con marcado ángulo agudo en el extremo. A su lado derecho se observa otro manchón de forma poco definida. Muy próxima a la izquierda de su base se trazó otra línea en corto zig-zag cuya parte superior se ensancha levemente para terminar de manera redondeada cerca de la zona media de la figura anterior; su parte izquierda termina inferiormente en afilada cola. Unos 5 cm. más abajo se observan unos manchones que poco concretan la escena.

Indudablemente se trata de dos serpentiformes enfrentados; la número 1 se nos muestra de frente, erguida, en clara postura de ataque mientras que la 2 aparece de espalda y con cierto sometimiento. Su estilo naturalista poco nos dice sobre su cronología ya que los ofidios pintados en este tipo de pintura y en el área estudiada  son ejecutados de manera muy detalladamente así ocurre en el conjunto de la cueva del Cabrito en Berzocana, Cáceres. Por ello puede interpretarse como un enfrentamiento natural o provocado por el hombre que serviría esencialmente para distracción de quienes las reunían y quienes las querían ver al igual que existen las peleas de gallos, escorpiones, etc., la narración de su recuerdo daría lugar a relatos orales de tipo literario popular. Este tipo de enfrentamientos animales ha sido muy popular en ambientes rurales, todos ellos culminan en la lucha entre el hombre y el bóvido.

ZONA B

En la nota 1 ponía de relieve que las pinturas de esta cueva y otra inmediata ya fueron publicadas, los autores al llegar a la descripción de la zona central observar este conjunto y no atinan a enumerar los elementos que lo forman a pesar de estar aceptablemente bien conservado y que en la figura 5 de su publicación transcribe la mayoría de las formas; lo califican de enormemente complicado. A pesar de la complicación que indudablemente posee, se puede apreciar en la zona media, con toda nitidez, el perfil trianguliforme de una cabeza de cuadrúpedo mirando hacia la derecha y en su parte superior una pata naturalista bien definida, inmediato a ella, ya con más dificultad, el perfil figurado de un cérvido. Posteriores reflexiones a todos los estudiados y que, desde luego se trata de una exhibición de trofeos de caza. Ante estas cuestiones decidí hacer nuevas visitas y acometer su estudio con minucia.

La roca que le sirve de soporte no es una cuarcita como las que forman los riscos de estas sierras cuyas bases internas sirvieron para realizar los conjuntos de la zona A. En su parte central interna ofrece a veces una roca y otras un tipo de arenisca, ambas de mayor facilidad erosiva; son las causantes de algunas formaciones que han determinado algunas cuevas inmediatas en la parte baja de la ladera aparentemente de escasa entidad. La cueva que ahora estudiamos participa de ambas formaciones cuarcítica en la parte izquierda –zona A, ya descrita- y caliza en el centro y la derecha –zonas B y C-, éstas presentan las típicas hornacinas de ese tipo de rocas.

Por no perder orden en la exposición voy a presentar un conjunto externo a la hornacina central e inmediato por la izquierda en la parte media; se trata del conjunto VIII (fig 3), su tonalidad actual es granate oscuro oscilando el grosor entre los 2 cm. del eje central y 1 cm. de los apéndices laterales; se trata de cuatro figuras cuya posición tiene tendencia a la verticalidad.

La figura número 1, primera de la izquierda, es un tracito de un par de cm. y tiene el color casi perdido. La siguiente por la derecha, la número 2, tiene 20 cm. de altura; es un extraño ramiforme formado por un eje central ligeramente inclinado hacia la derecha; presenta dos trazos de 1 cm. a la izquierda de su parte superior; en la parte derecha tienen otros cinco trazos con una disposición y tamaños parecidos; el superior comienza donde termina el lateralmente opuesto y a partir del tercero hay un espacio en hueco; el cuarto se prolongó hasta donde parece estar el apéndice que falta; más abajo se dibujó el quinto que es algo menor; este ramiforme termina inferiormente en cuatro radiales de algo más de un cm. de largo. La figura número 3 está inmediatamente a la derecha y su color nos ha llegado muy desvaído, el trazado es semejante aunque por lo general se puede apreciar menor proporción tanto en el ancho como en lo alto –no debía pasar de los 10 cm.-; está forma tiene bien marcados tres apéndices del lado izquierdo, el menor de los cuales toca “la punta” desprendida de la figura 1; un poco más abajo la figura se prolongó hasta la número 4 que se trazó a la derecha a distancia parecida y solamente nos presenta en la parte izquierda tres tracitos menores, cuadrados y equidistantes. Más allá del conjunto la roca se ofrece manchada pudiendo observar con dificultad solamente dos trazos en el lado derecho del eje.

La representación de ramiformes dentro de la pintura esquemática es variada y numerosa al menos desde el Calcolítico, el dolmen de Magacela y un ramiforme de la cueva de Rosa en Cañamero, con terminación inferior parecida a la de al figura 2 son, entre otros muchos, dos de los ejemplos que podemos señalar de esa época; pero dado el estilo y la forma, este conjunto parece reclamar un autor muy próximo al realizador del grupo siguiente; el color, la disposición de los ejes de los ramiformes, la forma rectangular de trazar las puntas son cuestiones que tienden a comunicarnos una parecida autoría o quizás la misma. Por los elementos empleados el tema parece narrar un relato simple a nuestra técnica gráfica pero muy propio en la cultura de cazadores que ellos se movían; un “asta” grande entrega una punta a un “asta” más pequeña tal vez para que creciese y se hiciese como ella o quizás este ideograma encierre un relato mayor con contenidos mucho más amplios ya que la Literatura debió estar presente en el hombre primitivo lo mismo que otras artes y es seguro que algunas realizaciones encierren fondos literarios bajo ropajes tan sencillos como el que ahora he presentado.

Figura 2 Talarrubia I La Panda I Zona B, conjunto IX

Figura 2 A.-  La Panda I, zona B, conjunto número IX

Una hornacina destaca por su claridad en la parte media central del covacha. Todo su entorno se encuentra ennegrecido por la pátina negruzca propia de algunas formaciones calizas; su forma es parecida a la valva de un mejillón; tiene unos ejes cercanos a 1´30 cm. para el vertical y 0´40 para el horizontal profundizando unos 25 cm. hacia la parte inferior. Sin duda alguna este soporte, tan característico del arte paleolítico, fue una importante motivación para realizar las pinturas del conjunto IX (Fig 2 , lám I y II). Éste fue ejecutado en color semejante al conjunto anterior, recordemos granate oscuro, aunque presenta la mayoría de las figuras con gran palidez sobre todo las de la parte inferior; su trazo es variable aunque normalmente sobrepasa el cm. La figura número 1 corresponde a la forma figurada de un asta de ciervo y está formada por un largo trazo de unos 40 cm., su tendencia es vertical y suavemente curvado hacia la derecha; presenta hacia esta parte 6-7 gruesos trazos de tendencia rectangular, algo inclinados hacia la parte inferior del mismo lado, los superiores indican claramente el más alto candil. Termina inferiormente en una forma triangular afilada hacia abajo en clara correspondencia con la cabeza.

La forma número 2 se situó algo a la derecha corresponde sin lugar a dudas a los dos tercios inferiores de la pata de un cuadrúpedo; están minuciosamente realizadas la rodilla o codillo y el pie, unos tracitos que proyectados hacia la derecha dan la impresión de corresponder a una indicación de la pezuña; tiene 12 cm. de alta y es una de las figuras mejor conservadas.

La número 3 está formada por un trazo grueso, recto y algo inclinado hacia la derecha cuya parte superior está limitada por la mancha negra que invade esta parte de la hornacina; este trazo se construyó lateralmente de manera almenada con dos series de pequeños cuadrados, seis se ven en la parte izquierda y solo cuatro nos han llegado en la derecha. En el ambiente que refleja este conjunto debe corresponder a la visión frontal figurada y distorsionada de las astas de una cuerna de ciervo; tiene 20 cm. de longitud.

En la parte inferior de esta figura comienza una gran mancha rojiza muy tenue que pudo ser un emborronamiento realizado por el autor ante una realización que no le satisfizo o bien un depósito de color de las figuras superiores. Es la figura número 4.

La parte superior izquierda del manchón se prolongó hacia un pequeño hoyuelo de la roca de forma triangular con el vértice más agudo proyectado hacia la derecha, el lado opuesto es de forma redondeada; en la parte superior de éste triángulo tan especial se trazaron dos óvalos semejantes a rondeadas orejas construyendo con ello una pequeña cabeza; su parte inferior se encuentra manchada con un corto reborde circular hacia abajo y con el color casi perdido. Es la figura número 5.

A la derecha de la parte inferior de la gran mancha número 4 comienza la figura número 6, que tiene unos 8 cm. y corresponde a la cerviz y cabeza de un cuadrúpedo en posición horizontal y estilo naturalista; sus orejas o pequeña cuerna se pintaron redondeadas, el hocico de tendencia triangular y afilado hacia la derecha, el cuello perfectamente conseguido.

En la parte central inferior de la anterior figura está la número 7 que se puede hacer corresponder con la terminación figurada de un asta con tres puntas; su colorido nos ha llegado muy claro. Se realizó inclinándola hacia la izquierda y la punta que indica la parte superior está situada en la parte baja del cuello de la figura 6 pudiendo relacionarse por estos motivos con la cabeza a la que acompaña; indudablemente es un asta que cae de la cabeza; tiene 10 cm. de longitud.

Continuando hacia la izquierda, algo superiormente, se observa la figura número 8 que tiene 20 cm. de longitud y corresponde a la cabeza y parte media –dos puntas- de un asta realizada en estilo figurado. Una forma angular continúa superiormente, es la figura 9. En el corto extremo de la forma angular está el resto del asta –tres puntas-, figura 10 (Fig 3 – Conjunto IX – 8, 9 y 10). Ello nos lleva a pensar que al intentar pintar la larga cuerna de al menos cinco puntas no había espacio, solución ponerlo inmediatamente al lado con un signo angular que parece indicar el camino donde se pintó el resto del asta, lámina 3, conjunto IX, figuras 8, 9 y 10.

La figura 11 tiene 18 cm. de alta y corresponde al cuello y la cabeza de un animal; ésta, notablemente deformada, fue realizada con un gran befo o hinchazón de la parte inferior, correspondiente al hocico, motivo que, aunque dificulta su identificación, también nos marca como un equino o un bóvido.

La figura 12 está formada por un trazo grueso de 12 cm. de largo, su disposición es casi horizontal; sigue la misma dirección que un fino racheado que allí tiene la hornacina. Del extremo superior derecho de este trazo surge casi perpendicularmente un trazo de 15 cm. Muy cerca por su izquierda hay otro semejante en cuanto a su disposición pero de terminación superior cada vez más ancha acabando en ángulo recto y con el vértice ligeramente desviado hacia la izquierda. Pasado el centro del trazo inferior hay una larga línea de 35 cm. y ligeramente curvada hacia la derecha aunque con la misma tendencia vertical; este largo trazo se interrumpe en el cuarto inferior continuando con un punto de igual grosor, continúa la línea más allá hasta alcanzar la base. En el extremo izquierdo de ésta se realizó un último y corto trazo de unos 2 cm., su disposición es semejante y de igual extensión que el pequeño segmento del gran trazo descrito anteriormente.

Hacia la izquierda hay un fino racheado que parte de un hoyuelo situado en la parte media del borde superior de la hornacina –inmediato a al izquierda del hocico de la figura número 8-. Hacia la izquierda el resto de las figuras están con escaso colorido que las hace casi imperceptible, no obstante se pueden ver las formas en determinadas condiciones de luz y humedad.

La figura 13 (Fig 3 – Conjunto IX – 13) corresponde a la forma de un gran arpón con propulsor, lámina 3. Comienza la punta por la izquierda bajo un pequeño liquen gris que la cubre, el eje horizontal continúa unos 23 cm. hasta el fino racheado; allí dobla y continúa hacia abajo uniéndose por la izquierda al mismo –parece emplearse una solución semejante al problema espacial surgido en las figuras 8. 9 y 10-; la punta tiene al comienzo de la parte izquierda un tremendo gancho hábilmente doblado hacia la derecha; unos cm. más y continúan otros dos más pequeños en la misma disposición; enseguida viene la angulación hacia la parte inferior y en el mismo lado fueron pintados tres dientes triangulares crecientes; la figura posee superiormente en la parte derecha y justo donde acaban los dos ganchos menores pero en sentido contrario, un manchón de tendencia oval con un cuello que, doblado hacia la derecha, lo une al resto de la figura; esta mancha se interrumpe al llegar al racheado. Debe tratarse de un arpón con propulsor incorporado en una sola pieza; los dientes finales facilitarían la captura del animal una vez herido.

Delante del mismo hay otro manchón de tendencia triangular; es la figura 14.

La figura 15 parte de la terminación inferior de la figura arponada y por tanto del racheado; corresponde a la expresión figurada de una cuerna con cinco puntas. Se realizó trazando un arco circular ligeramente convexo hacia abajo e inclinado hacia la izquierda en ángulo próximo a los 45 º con respecto a la racha; las puntas, igualmente rectangulares, se realizaron en la parte izquierda. La figura tiene unos 25 cm. de longitud.

Todavía se puede observar una forma más, la número 16; ésta fue trazada en el racheado que sirve de base a todas estas figuras –desde la número 12-; está unos 25 cm. a la izquierda de la base de la figura 15 y es una forma de cuerna realizada en el mismo estilo y con disposición almenada, de unos 10 cm. de altura, se trazó algo inclinado al racheado de la base.

Fuera de la hornacina en la parte de la izquierda de su zona media, a unos 10 cm., se observa una figura ganchuda muy aguda con su abertura hacia abajo; el lado de la derecha tiene 6 cm. y termina de manera afilada; algo mayor es el de la izquierda, 8 cm., y su terminación es roma; superiormente el vértice es de forma arqueada; el color es idéntico. Cerca de la terminación inferior del trazo angular, en su parte izquierda, se observa un pequeño y grueso segmento en posible correspondencia con la terminación correspondiente de la forma ganchuda; es la figura 17.

Siguiendo por esta parte de la roca se aprecian restos de pinturas en la misma tonalidad. La figura 18 es una mancha con tres o cuatro dientes de sierra en la parte derecha. La 19 semeja la cabeza de un insecto con sus antenas y aparato bucal chupador y finalmente la figura número 20 es una puntuación de apariencia dactilar.

El conjunto que acabo de presentar encierra estilísticamente una singularidad sin precedentes dentro de las realizaciones del arte prehistórico. Si a ello añadimos la especial forma de solucionar los problemas de espacio impuestos por la limitada superficie de la hornacina es muy normal que los observadores estudiosos de este conjunto prácticamente pasasen de largo, aunque resulta difícil comprender como no entraron en una mayor pormenorización. la hornacina que de manera clara destaca en la mancha negra formada en la roca de la parte central, fue, una vez más, el motor de la inspiración de nuestro antepasado y este, con su realización, apunta un oficio muy determinado, la caza. Pero un problema parece que pudo confundirle, ¿cómo pintar sus trofeos más codiciados, armas y algún conocimiento esencial cinegético en un lugar tan escaso? Aquí veis la solución, por no irrumpir en pinturas ya realizadas dobla astas y armas cuando es necesario y recurre al símbolo geométrico para indicar cabezas y cuernas facilitando con ello la representación. No cabe duda, se trata del “pabellón” de trofeos y armas de un cazador muy sobresaliente.

El resultado es un estilo figurativo y ello indica una ruptura estilística con las realizaciones de los finales de la pintura paleolítica que al representar la parte por el todo iba en claro camino hacia la expresión simbólica; cuestión evidente al suprimir las formas del cuerpo menos definitorias. Aquí en la zona B de la Panda I se da un paso más sustituyendo a veces la parte por la figura geométrica que la representa solucionando los problemas de espacio con acertado ingenio.

Aunque nos acerca al Cubismo veréis que no se puede hablar de esto en sentido estricto ya que, sobre todo, el volumen no hace acto de presencia en la obra de nuestro autor. Si tienen en común la sustitución ocasional de formas naturales por figuras geométricas, el abigarramiento y el primitivo anarquismo que respira le dan ciertos aires picassianos, cuestión que no es de extrañar por la influencia del arte primitivo en parte de la obra del genial pintor malagueño.

Otra cosa es su calidad como artista, sobre todo en esos befos –figuras 8 y 11-, colocados en perfiles distorsionados, cuyas siluetas poco concretan sobre el animal representado pero que se puede sospechar corresponden a un equino o un bóvido. Mejor solución se observa en la pintura del prótomo número 6.

La temática cinegética que presenta, los contenidos faunísticos que encierra, su distribución constreñida, los perfiles de prótomos 6 y 11, el soporte y la pintura del arpón con propulsor incluido –arma novedosa dentro de los arpones y propulsores que independientemente caracterizan el Magdaleniense Final ( 2 )-, señalan con bastante claridad unos tiempos cercanos a los grabados de la cueva de la Mina de castañar de Ibor (3 ), esto es un momento del Paleolítico Final. La forma original de pintar algunos motivos, sobre todo las puntas de las astas de los ciervos, aparentemente le apartan del estilo propio del Magdaleniense Final; también lo hace el arma –arpón y propulsor eran en realidad dos partes de un mismo arma indudablemente anteriores al descubrimiento del arco y la flecha en época posterior- ( 4 ). Pienso que esta marginación estilística de nuestro artista es producto de su monótonas y poco sugestivas que por lo general caracterizan las pinturas y grabados del Paleolítico Final.

ZONA C

Esta zona ocupa la parte derecha de la cueva compuesta igualmente por roca caliza aunque, tiene menores superficies claras para ser pintadas. En ella hay tres conjuntos; el conjunto X (Fig 3), es el situado más a la izquierda y se realizó a 3 m. de altura en una pequeña hornacina irregular; su color es rojo, algo claro y consta de dos figuras, la número 1 corresponde al dorso de un bóvido de 18 cm. de longitud situado horizontalmente por encima del manchón negro que presenta la roca; en su parte izquierda y hacia arriba, tiene dos afilados cuernos curvados hacia atrás, de unos 7 cm. de longitud; ellos definen perfectamente al animal. La figura 2 se realizó en color un poco más tinto sobre la mitad el dorso y corresponde a un antropomorfo completo, de pie, ligeramente abiertas las piernas y con sus brazos en cruz; hace equilibrio sobre la espalda del animal. Su estilo es bastante natural.

Cerca de esta figura, unos 40 cm. a su derecha y en la misma hornacina clara, se observa una mancha roja que corresponde al conjunto número XI (Fig 3), es la forma de otro cuerno semejante a los ya enumerados, con trazo y color muy parecido. Observado pacientemente se ve que los pigmentos de éste han penetrado en la roca sin cubrir la superficie de manera plana y pueden corresponder a una formación natural que caprichosamente tomó esa forma curvada.

La cronología de las pinturas de bóvidos apuntan momentos muy tempranos, durante el Magdaleniense Final, cercanos a la realización del conjunto central número IX; posteriormente se añadió el antropomorfo en una época ya plenamente ganadera. Este tipo de exhibiciones se suelen encontrar muy raramente entre la pintura esquemática pero con formas naturalistas como las mostradas en este conjunto parecen únicas. Como se verá las fiestas del toro tienen una vieja tradición en esta área –véase el conjunto VI de la cueva de la Panda II-, de aquí que sea difícil señalar una fecha para su realización, lo probable es que coincidiera con la realización del citado conjunto VI –el personaje parecido-. Posteriormente la abstracción parece invadirlo casi todo y su realización es poco probable, estilísticamente hablando.

Todavía nos ofrece la cueva un conjunto más, el número XII (Fig 3); se situó en la parte derecha, al mismo nivel que el conjunto central y a unos 2 m. del mismo; nuevamente se aprovechó una pequeña hornacina de 2 ó 3 cm. de profundidad como soporte; el color es el mismo que los conjuntos centrales y el grosor de los trazos parecido, más de 1 cm.; está casi oculto por la pátina negra de la roca. La figura 1 es un punto, se situó en la parte izquierda y nos ha llegado incompleto por un desconchado. La figura 2 es un trozo irregular corto y grueso que poco sugiere. A penas 1 cm. a la derecha comienza la figura número 3, es una línea quebrada que comienza simplemente con forma de cuatro y continúa horizontalmente un par de cm.; dobla oblicuamente hacia la izquierda inferior y en su parte baja central presenta dos salientes angulares. La figura 4 se trazó en la parte baja, comienza su parte inferior a 2´5 cm. de la forma 3, es una línea angular de 6 cm. de longitud el lado derecho y solamente se ve 1 cm. del derecho, el ángulo formado debe estar próximo a los 60º y su abertura es inferior. Dada la naturaleza abstracta de este conjunto poco se puede decir sobre sus contenidos. No deberíamos hablar estilísticamente de un conjunto del Paleolítico Final pero el trazado, color y soporte señalan una autoría muy próxima para los conjuntos VIII, IX, X y XI.

 

CUEVA DE TALARRUBIAS II

LA PANDA II

Para visitar la segunda cueva hay que descender unos metros de la primera y tomar una vereda inmediata que asciende con suavidad hasta la entrada situada a unos 40 metros de distancia, antes de llegar a un espléndido enebro que cubre el camino, se divisan en la pared rocosa y como a 15 o 20 m. de altura unos boquetones y pequeñas cornisas en cuyo techo aparecen apreciarse al menos un conjunto de pinturas; su situación es un tanto peligrosa y motivo que no las pudiera estudiar. Tras pasar bajo la copa del enebro pronto divisareis la entrada a la izquierda. Este se abre frontalmente unos 4 ó 5 m. para doblar en ángulo recto hacia la izquierda; allí asciende un par de m. debido a que un gran peñasco de cuarcita lo tapona habiendo creado interiormente un depósito próximo al metro y medio de espesor; desde allí, como antes se dijo, profundiza lateralmente formando un hueco prismático de unos 10 m. de largo y otros tanto de alto, siendo su anchura próxima a los 2 m.

Las rocas que forman la parte más interna parecen ser de arenisca descomponiéndose con facilidad ello es la principal causa de que el suelo de la cueva tenga una capa de finísima arena, tierra y piedras al igual que ocurre en las inmediaciones exteriores. A pesar de que aparentemente tiene buenas condiciones para la habitabilidad no se observan restos de útiles humanos en superficie, tal vez una excavación podría poner al descubierto capas más internas fértiles en ese aspecto.

LAS PINTURAS

Se realizaron exclusivamente en la parte derecha de la zona más externa sobre una cuarcita abombada en forma de gran hornacina de unos 3 m. de ancha y 2´9 m. de alta, su profundidad ronda los 30 cm. Originalmente clara presenta parcialmente la misma descomposición que ya apunté al estudiar el risco de Paulino en su conjunto II; paulatinamente la capa más externa va perdiendo blancura hasta volverse de color marrón claro rojizo, posteriormente van saltando pequeñas escamas que lentamente descomponen mayores espacios que cada vez se hacen mayores volviendo a aparecer una capa blanca más interna de la roca –debe ser un largo proceso de oxidación superficial-. A esto hay que añadir los manchones negros de la parte alta que provienen de la pared exterior cubierta de líquenes cenicientos y negros; el agua al caer disuelve parcialmente esta coloración, un tanto grasienta, y la deposita más abajo en medio del panel donde están las pinturas; allí es absorbida por la roca y fosiliza. También es posible que la mano humana haya intervenido en algún lugar de este espacio produciendo algún deterioro; a pesar de todo esto su estado actual de conservación es bastante bueno.

El conjunto número 1(Fig 4 – a y b. Lámina III), se sitúa en la parte derecha, su color es rojo medio en ocasiones muy tenue y en otras con tendencia a la tonalidad oscura. La figura número 1 se situó en la parte superior izquierda aprovechando un hueco de forma irregular que la cuarcita formo por diversas fracturaciones; nos ha llegado en color rojo oscuro y su trazo no llega al cm.; es un antropomorfo de 14 cm. de alto y 6´8 cm. de ancho; está realizado con dos triángulos equiláteros unidos centralmente por dos de sus vértices; sus superficies internas están sin colorear y el lado más superior presenta a formarse; externamente, unos cm. a la izquierda de la base del mismo lado, se realizaron una línea vertical algo arqueada e inferiormente entre ella y la figura, dos puntuaciones verticalmente ordenadas; en la parte derecha esta figura muestra superiormente una forma muy compleja, semeja un pequeño trapecio con base angular provista de pequeños alerones; termina con un coto y grueso tracito en su parte más inferior; toda la figura tiene unos 3 cm.; adheridos a la derecha de la figura principal hay tres tracitos horizontales en la parte superior y una forma angular con su vértice externo en la inferior.

La figura 2 se situó 24 cm. a la derecha, algo superiormente; es otro antropomorfo construido de manera semejante pero en esta ocasión se cubrieron los triángulos de pintura; superiormente se tocó con un semicírculo igualmente coloreado en cuyo centro superior se trazaron unos diminutos penachos.

Bajo estas figuras el autor debió buscar el centro para continuar su composición si bien la disposición de la roca le hizo desviarse algo a la derecha debido a un potente cambio de altura que hay por la izquierda en el soporte, éste se hace un poco menos gris que en la parte superior. Aproximadamente los 25 cm. superiores de esta zona se encuentran muy desvaídos y solo se observan tenuemente unos tracitos horizontales, serían la figura número 3, de ellos no se puede decir que estén como se realizaron o si son restos dado el grado de palidez. La figura número 4 está en su parte inferior izquierda y la forman una serie de 7 puntuaciones crecientes de arriba abajo y distribuidas en arco ligeramente cóncavo hacia la derecha, rozan por ese lado un viejo saltando de forma trapezoidal de 14 cm. de alto y 11 cm. en su parte inferior. La figura 5 es un tracito vertical que se realizó dentro del bajo relieve indicado, muy cerca del lado con el que limitan externamente la serie de puntos.

Las formas número 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12 constituyen una serie de formas realizadas como las figuras 1 y 2 –doble triángulo unidos centralmente por un vértice-, pero ahora isósceles de 6´5 cm. de altura el mayor y unos 4´7 cm. el menor, su ancho está sobre los 4 cm. Se dispusieron horizontalmente menos la número 12 que se inclinó ligeramente hacia la derecha rozando un racheado y muy próxima a la puntuación inferior de la serie anteriormente citada. Inmediatamente bajo ellos aparece la figura 13 que corresponde a un doble pectiniforme cuyo trazo central tiene 17 cm., está dispuesto horizontalmente, su parte izquierda termina hábilmente de forma horquillada; tiene en su parte superior 17 tracitos verticales, ondulados y muy finos; la inferior se dispuso igualmente pero con un trazo menos; la parte derecha de esta figura traspasa un fino racheado que allí presenta la roca no observándose la cabeza. Bajo el pectiniforme descrito se observa otro realizado de forma muy parecida pero que presenta alguna particularidad, es la figura número 14; posee cinco tracitos superiores y seis inferiores realizados de manera semejante en su tercio posterior; al llegar al tercio central se dobló la figura muy brevemente por no tropezar con un racheado y se realizaron dos nuevos tracitos ondulados, uno hacia arriba y otro hacia abajo, éste mucho más largo; ya pasada su mitad, se quiebra inferiormente y progresivamente dos veces formando ángulos muy próximos a los 90ª; en la terminación de esta parte se dibujó con notable habilidad una cabeza frontal en la que parecen apreciarse el acabado de befos de los que salen numerosos filamentos radiales, semejando estar enfurecido; superiormente se remató la cabeza con dos cuernos igualmente ondulados; numerosas líneas, muy finas, indican los movimientos de la cabeza como lo harían actualmente un buen dibujante de cómic. Inmediatamente bajo esta parte de la figura 14 está la número 15 que es la representación esquemática de un cuadrúpedo que mira hacia la izquierda, opuestamente a las dos figuras anteriores, lleva rectos cuernos, el derecho ligeramente apalado en su parte superior, y tiene exageradamente marcado el sexo masculino. A la derecha de estas tres figuras hay una zona manchada de rojo sin apariencia de trazado e inferiormente a la izquierda se dispuso una serie de antropomorfos doblemente triangulados como los ya descritos aunque menos lineales. El que está delante del último animal, figura 16, no posee las formas triangulares sino más bien ovaladas; presenta una cintura poco marcada y su parte inferior lateralmente redondeada; su parte superior quizás en posición de esquivar al cuadrúpedo. A su izquierda el bitriangular número 17. Las figuras 18, 19 y 20 se colocaron debajo; a la derecha de esta comienza un saltado que rompe la figura en su parte baja, como éste asciende unos cm. más a la derecha y aparecen dos nuevos motivos, una corta barrita horizontal, figura 21, y un pectiniforme, figura 22, de aspecto filamentoso, con un trazo central y siete apéndices inferiores, debe representar a un animal secundario en la escena. Inmediatamente a la derecha hay dos triángulos dobles, claramente isósceles, y de mayor altura –7´5 cm.-, aunque igualmente anchos –2´2 cm.-, son las figuras 23 y 24.

Inferiormente, a ambos lados se dispusieron dos nuevos antropomorfos; el número 25 está formado inferiormente por un rectángulo de unos 6 cm. de longitud; en mitad de su base superior se realizó un tracito de poco más de 1 cm.; la parte superior, hábilmente doblada hacia la izquierda, termina con un trapecio invertido y de base inferior cóncava. La figura número 26 se hizo en la parte inferior derecha bien pasado el desconchado antes mencionado y tiene de altura unos 5 cm.; la cabeza está formada por un círculo, de proporciones algo grandes, está unido inferiormente a un tracito algo oblicuo sin articular, serían las extremidades superiores y la parte correspondiente al tronco se realizó con una forma de tonel cuya base termina de manera algo más afilada. El personaje llevaba un largo faldón.

He descrito las figuras del primer conjunto que retrata una sociedad ganadera, en ella dos personajes superiores que, por su mayor tamaño, su disposición en la composición y los atributos que portan –en especial la figura 1- hay que atribuirles algún aspecto de prestigio. Debajo hay una zona confusa ocupada por líneas y quizás algún triángulo pero todo en extrema palidez que poco o nada aportan. Hay un camino señalado con el conjunto de puntos crecientes que nos muestra donde está lo cerca y lo lejano, él comunica esta zona superior con la zona central marcadamente terrenal.. Esta se ocupa esencialmente con tres cuadrúpedos que son los protagonistas de la narración central; el situado en la parte superior es identificado como una hembra por la especialísima horquilla que ocupa la parte posterior de su tronco; delante de ella otro cuadrúpedo de la misma especie, posiblemente macho, ataca furibundo con sus cuernos a un cérvido macho que se acerca olisqueando las inmediaciones; el pueblo o parte del pueblo contempla estáticamente la escena rodeándolos. Finalmente otra pareja de individuos de otra categoría, asiste desde un puesto quizás más seguro por lo distante.

Esta composición presenta un relato eminentemente lúdico que por la rigidez en la distribución de sus formas bitriangulares parece tener cierta solemnidad. Podía y puede ser tomado como una alegoría en la que subyace un problema ético sobre la debida estabilidad familiar base de una fructífera natalidad. La lucha natural a favor de su defensa puede ser buena lección con la cual se intente exhortar a los jóvenes en edad de fecundar a que se decidan por la formación familiar teniendo como base la fidelidad a su familia y la defensa a ultranza de la misma como base de la estructura social.

La figura triangular está muy extendida en el área que estudiamos –en sentido amplio el Guadiana Medio-, entrar a describir las distintas relaciones y sus situaciones geográficas parece propio de otro trabajo de aspecto monográfico sobre este signo que ahora no se comete. Sitúo esta composición al menos en el Calcolítico y ello es debido a la presencia de numerosas figuras antropomorfas formadas con dos triángulos unidos centralmente por sus vértices, su semejanza con algunas decoraciones neolíticas de recipientes y de ídolos-placa encontrados en poblamientos y necrópolis de esas épocas, sí lo demuestran ( 5 ).

El panel de cuarcitas continúa inferiormente; unos 15 cm. a la derecha hay cuatro superficies de tendencia cuadrada bien limitadas por finos racheados, se extiende oblicuamente de izquierda a derecha en sentido ascendente; están ocupadas por distintos conjuntos. El conjunto II (Fig 5 –a y b. Lám IV), es el situado más inferior a la izquierda y está formado por tres figuras bitriangulares como las indicadas, figuras 1, 2 y 3; su color está muy desvaído y son de unos 6 cm.. Otra situada a la derecha tiene 7´5 cm., es la figura 4. Ambas categorías de altura vienen a coincidir con las figuras 23, 24 y el resto de las formas bitriangulares del conjunto I.

Continuando hacia la derecha está otra superficie de las señaladas y ocupada por el conjunto III (Fig 5 – a y B. Lám IV); es otro bitriangular como los anteriores, de tamaño intermedio pero dispuesto oblicuamente –sigue paralelo al racheado que le sirve de base.

La tercera superficie se ocupó con un pectiniforme simple, conjunto número IV (Fig 5 – a y b. Lám IV), que está formado con un trazo horizontal superior de unos 11 cm., de él se desprenden seis inferiores; de estos, los cuatro de la derecha son iguales y paralelos –7 cm.-, el cuarto está separado inferiormente hacia la izquierda y el quinto ocupa poco más de 1 cm. cerca del extremo.

La  cuarta superficie tiene el conjunto número V (Fig 5 – a y b. Lám IV), que  está formado por el comienzo superior de cinco formas que parecen ser bitriangulares pero por estar perdida su prolongación inferior nada puede asegurarse. Estos cuatro conjuntos nos muestran aisladamente o en pequeños grupos, formas ya estudiadas en el conjunto anterior; cronológicamente deben pertenecer a esa época y sus contenidos no deben ir más allá del retrato. Por su posición en el panel pueden pertenecer al conjunto siguiente.

Debajo está el conjunto VI (Fig 5 – a y b. Lám IV), lo limita superiormente un racheado profundo y más allá, hacia la derecha la superficie comienza a ser cada vez más rojiza hasta llegar en el centro de la mitad derecha a una franja vertical más intensa y de aspecto natural que ha deteriorado las figuras por este lado; superiormente a la derecha hay un saltado que muestra un color gris rojizo semejante a los conjuntos anteriores.

La figura número 1 es un bitriangular semejante en tamaño y ejecución al número 1 del conjunto I pero de 12  cm. de alto, posee algunos adornos o atributos, en la parte izquierda una pequeña forma ganchuda y externamente a la derecha dos pequeñísimas formas complejas; en su parte superior se encuentran centralmente unos diminutos penachos semejando una coleta; la parte baja se ve oculta por una mancha rojiza de la roca. A su izquierda está el desconchado de la roca que tiene color gris, en él se dibujó la figura número 2 que es un antropomorfo masculino de 17´5 cm., muy esquemático; la parte perteneciente a la cabeza presenta una melena enmarañada; inferiormente e inmediatos están los brazos formados por una línea horizontal de 4 ó 5 cm. cuyos extremos aparecen doblados el izquierdo hacia arriba y el derecho de manera más escasa; hacia abajo el tronco realizado con una larga línea sutilmente contorneada deja patente el falo erecto; unos cm. más y termina el tronco con una serie de pequeñas elipses concatenadas. La figura presenta a un bailarín con el pelo agitado por violentos movimientos circulares, saltos etc, es sin duda una danza fálica. Entre estas dos figuras –la 1 y la 2- está centralmente la banda roja señalada y al lado izquierdo de la misma se observan restos pequeños de formas poco precisas, serían la figura 3; a la derecha de la mancha rojiza hay una línea en claro zig-zag que remata inferiormente en círculo, figura 4. Unos cm. más abajo y ligeramente a la izquierda está la figura 5 que es un pctiniforme formado por trazo horizontal de unos 4 cm. y al menos cinco inferiores de 6 cm; en la ejecución de está figura el autor ha dejado el testimonio de las finisimas cerdas que formaban uno de sus pinceles. A su derecha está la figura 6 que está formada por al menos 7 tracitos horizontales y paralelos, muy próximos; de ellos solamente son visibles unos cuatro centímetros de longitud pues a su derecha está el manchón natural; a la derecha de éste se observa la continuación  derecha de al menos tres, el superior uno medio y el inferior, es de suponer que el resto continuase igualmente. La serie de líneas se ve cortada por otra algo más gruesa que verticalmente se dispuso en el lado izquierdo. A la derecha se encuentra un pequeño antropomorfo de 5´5 cm. de altura, es la figura número 7; su cabeza es casi imperceptible; le sigue el trazo del brazo izquierdo, en ángulo, con vértice inferior; el tronco recto y las piernas, algo gruesas, en ángulo recto. Muy próximo por su derecha  hay un cudrúpedo igualmente esquemático que tiene 6´5 cm. de longitud y solo 3 cm. de alto mirando hacia la izquierda; en su afilada cabeza no se ven orejas ni cuernos; las patas y el tronco se ejecutaron del mismo grosor, quizás este crece un poco hacia la parte posterior; su final roza un racheado por lo que no se parecía la cola; es la figura 8.

Debajo de esta serie de figuras hay una racha no excesivamente ancha que divide la superficie en sentido horizontal e inmediatamente debajo a la izquierda comienza un grupo formado por nueve formas bitriangulares como las descritas, son las figuras 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16 y 17; en general su distribución no es tan rígida como en el conjunto I aunque están en posición tendente a la verticalidad. Algunas de estas figuras tiene algunas particularidades que tienden a antropofizarlas perdiendo posibilidad de tener el carácter sacro que la mayoría de los autores la atribuyen; se trata de la figura 13 que tiene la terminación inferior circular y de la 14 que se remató superiormente con un tracito que cae hacia la izquierda a manera de melena. El conjunto continúa a la derecha de esta parte y algo más elevado con cuatro halteriformes colocados verticalmente; sus círculos superiores son más pequeños que los inferiores que por su proximidad aparecen unidos. Este signo, de clara procedencia oriental, ( 6 ) se encuentra también presente en el área estudiada, sobre todo en el abrigo de la Viña en Zarza de Alange ( Badajoz ). Aunque es menos numeroso se toma en sus orígenes como una representación sacralizada de la fecundidad, en este caso creo que es simplemente una forma de expresión de personajes. Son las figuras 18, 19, 20 y 21.

Al igual que el conjunto I refleja una pequeña sociedad visiblemente jerarquizada, con una presidencia. Posiblemente se ha dibujado el elemento femenino por participar más pasivamente en la fiesta. Como se puede apreciar, en esencia sus diversiones no diferían de las actuales, fiesta de toros y baile.

Se trata del primer cartel “publicitario” de un festejo ¿taurino?. –capeas-, con todos los ingredientes del mismo, la res, el recortador, el coso con los tendidos repletos, la presidencia, etc. El mozo cita a uno de los cuadrúpedos cerca de una empalizada que le sirve de protección. El lazo de la parte superior nos indica que la fiesta termina con la captura del animal de manera incruenta. El dibujo del bailarín erótico situado en la parte superior en un desconchado llamativo bien limitado del resto de las figuras sugiere que otra parte del programa sería una danza “fálica” semejante a las repesentadas en Cogull, ( Lérida ) y los Grojos, Cieza ( Murcia ).

Cronológicamente hay pocas dudas sobre su ejecución en el Calcolítico, época en la que el valle medio del río Guadiana estuvo habitado con cierta densidad. La ausencia de testimonios arqueológicos del Bronce en las proximidades y de triángulos en la decoración  hace muy difícil situar su realización en tiempos posteriores.

La derecha de esta zona se ve limitada por un rachón que se extiende casi verticalmente, más allá la roca presenta una superficie cada vez más rojiza que casi no permite ver las figuras por la escasa diferencia de color; a medida que nos acercamos a la entrada la superficie se encuentra saltada ofreciendo el color gris interior, es el mal de las cuarcitas ya mencionado; también debieron observar estas condiciones nuestros artistas primitivos que ya huyeron de expresarse en una fondo que ofrecía tan escaso contraste y corta supervivencia de tal manera que solamente unas cuantas figuras aisladas fueron depositándose en el transcurrir del tiempo.

El conjunto VII (Fig 6), está formado por un ancoriforme simple situado 17´5 cm. a la derecha del “bailarín”; solamente nos ha llegado su parte derecha.

Unos 35 cm. debajo de esta figura hay un espacio rectangular bien limitado y ocupado por una figura de tendencia cuadrada muy compleja, ella es el conjunto VIII (Fig 6).

A partir de aquí hacia la derecha comienza la zona ennegrecida por el pigmento formado con la disolución de los líquenes de la pared y hemos de pasar por la parte superior 70 cm. para encontrar en una pequeña superficie limitada y algo clara la silueta esquemática de un zorro, conjunto IX (Fig 6); su cabeza y tronco se realizaron con una horizontal, en la parte delantera superior se dibujaron exageradas orejas, la posterior se remató con su clásica cola en “jopo”.

Si continuáis hacia el exterior encontrareis a 9 cm. una pareja de ancoriformes simples acéfalos, conjunto número X (Fig 6); el primero de la izquierda es la figura 1 que tiene unos 7 cm. de alto y se trazó su cintura escapular de manera horizontal para doblarla brevemente en sus terminaciones; la figura 2 situada unos cm. a su derecha es semejante pero de menor tamaño.

Continuando por el mismo lado hay un espacio claro que casi no se utilizó, únicamente en su parte superior aparece algo borrosa una figura en doble Y de 12 cm. de alta, figura 1, y a 5 cm. un trazo vertical de 5 cm. que es la figura 2 del conjunto XI (Fig 6).

Superiormente 35 cm. hacia fuera se observa el conjunto XII (Fig 6), que está formado en su parte izquierda por un doble ancorado con apuntada cabeza y bien marcado falo, es la figura 1; a su derecha 7 cm. se encuentra la figura 2 que es un ramiforme de 20 cm. de alto; está formado por un trazo vertical y diez tracitos paralelos y equidistantes situados en la parte izquierda e inclinado de arriba abajo.

Pueden observarse un par de conjuntos más situados inferiormente a estos, unos 50 cm. bajo el conjunto XI –de doble Y-; es el conjunto XIII (Fig 6), lo forman una figura humana que tiene su cabeza, tronco y pene realizados de un solo trazo; las extremidades superiores formando un cruciforme y las inferiores ancoradas; su extremidad inferior derecha aparece repintada y prolongada hacia abajo hasta alcanzar los 14 cm.; superiormente a esta figura se ve un pequeño ángulo. Finalmente se observa el conjunto XIV (Fig 6), que está formado por dos pectiniformes muy toscos; el número 1 tiene un trazo central de 5 cm. y cuatro paralelos en su parte inferior; el número 2 se situó algo más abajo y tiene 4 cm. la línea superior y tres inferiores.

La simplicidad de estos últimos conjuntos hace innecesaria su situación temporal, es de suponer que fueron realizándose cuando los conjuntos I y II ya estaban terminados.

 

CUEVA DE TALARRUBIA II

Hace ya más de 2 décadas fui invitado por un grupo juvenil de Trujillo a visitar esta cueva en la que habían descubierto pinturas rupestres; sucesivas visitas completaron aquellos primeros descubrimientos; el resultado actual es un alto grado de suciedad y degradación cubriendo las paredes imnumerables señales de carbón con las típicas dedicaciones de nuestro  tiempo que, no has respetado los trazados ya existentes; estos eran escasos, es cierto, pero no hay causa para destruir lo existente.

Situación

Como las otras cuevas está situado en el término municipal de Talarrubias ocupa el punto determinado por 39º 08´10´´ de latitud y 1º 29´de longitud, hoja número 756 denominada Herrera del Duque, edición de 1953.

Para llegar a la cueva hemos de pasar la presa en dirección a Peloche, a escasamente 1 km. se encuentra un amplio aparcamiento, al entrar en él, a la derecha, parte un camino que podemos tomar en coche; transcurridos unos metros se bifurca en dos, uno que marcha en dirección a la presa y otro en sentido contrario; tomemos éste. En sus comienzos trancurre paralelo a la carretera hasta un merendero que atraviesa por la parte alta, enseguida comienza a elevarnos por un camino bastante malo y lleno de piedras sueltas; a poco más de un km. el camino dobla bruscamente hacia poniente buscando los pinachos de la sierra, dejaremos el coche cuando ya no se pueda transitar y seguiremos el resto a pie por una excelente vereda actualmente muy hollada. Ya en altura, a ambos lados la vegetación es exuberante haciendo intransitable cualquier recorrido fuera de la vereda; imnumerables pajarillos pueblan la ladera llena de variadísima vegetación mediterránea húmeda; las huellas de jabalí son bastante numerosas y algún buitre leonado puede sorprendernos  con su vuelo. Habrá de transcurrir aproximadamente media hora para que la vereda, que continúa hacia el risco más alto, nos deje a las puertas de la cueva a la que ascendermos sin otros problemas.

El boquetón tiene de ancho 12 m. y de alto 4 ó 5, su profundidad ronda los 15 m. Interiormente es horizontal y amplia, abrigada en invierno y fresca en verano; en lo más hondo siempre suele tener una fuentecilla producto de la filtración de una piedra que alguien excavó en la roca del collado superior depositándose en ella el agua de la lluvia.

LAS PINTURAS

Las pinturas no eran abundantes, hoy casi han desaparecido o están ocultas por los rayones de carbón. A poco más de medio metro por la derecha de la entrada y a unos 2 m. de altura había dibujado el conjunto I (Fig 7); lo formaban una pareja de ofidios aparentemente en lucha, la composición ocupaba una superficie de 10 cm. de alto y 7 de ancho; las figuras 1 y 2 eran de color rojo claro y fueron trazadas con sendas líneas curvas en zig-zag de arriba abajo y de unos 8 mm. de grueso; la parte superior estaba presidida por las cabezas, una de ellas parecía comenzar a doblegar a la otra.

El tema de los ofidios no es muy corriente dentro del esquematismo pero ya se vio al hablar de las pinturas de la cueva de la Panda I en el conjunto VII también están presentes. Ejecutadas siempre en estilo naturalista no parecen presentar otros contenidos que el mero retrato de una escena de lucha entre esos animales. Por el momento su cronología es imprecisa.

Esta pared ofrecía sobre su mitad restos de pintura muy deteriorada por el agua que no concreto. Pasemos a la techumbre, más bien hacia la derecha y a unos 10 m. de la entrada se veía el conjunto II (Fig 7), formado por dos figuras bitriangulares de color naranja con cuello apuntado; los triángulos eran isósceles y su altura total era de 12´8 cm. y 2´8 cm. de ancho; fueron situados uno rozando al otro y su ejecución era perfecta.

Este tipo de formas es muy abundante en el área estudiada llegando por el N hasta la cueva del Santuario de Monfragüe. Su situación temporal en términos generales es durante el Calcolítico por los motivos señalados a lo largo de este trabajo al enjuiciar los conjuntos que poseen este tipo de formas en la cueva de la Panda II.

Igualmente en el techo pero algo más externo estaba el conjunto III (Fig 7); fue realizado con tonalidad rojo claro, trazo grueso y escasa rectitud; lo forman unas líneas verticales; de ellas la central fue terminada inferiormente con un trazo curvo indicativo de las extremidades inferiores prolongando el tronco para formar el falo.

Algo más hacia el exterior se observa el conjunto IV (Fig 7), formado por otra serie de líneas en trazo y color semejantes. Se empleó como signo la barra tendente a la verticalidad doblemente agrupadas. Su simpleza imposibilita cualquier atribución de contenidos más allá de la suposición; por la figura central del anterior conjunto podemos conjeturar que se trata de un grupo humano ignorándose los aspectos relativos a su situación temporal.

Cerca de la entrada, en la pared derecha, se ven los restos de otro conjunto, el número V (Fig 7), formado por dos nuevos ofidios esta vez construidos con zig-zag horizontales; su color es rojo claro y el trazo está en torno a los 5 mm.; el grado de deterioro era muy elevado y solo se conservan parte de los cuerpos habiéndose perdido las cabezas.

A la derecha de la entrada hay un imponente zarzalón que ha permitido la conservación del conjunto número VI (Fig 7); está situado a unos 3 m. de altura habiéndose realizado con color rojo claro, trazo algo grueso y titubeante. Esta formado por una figura antropomorfa cruciforme simple cuyos brazos se curvaron ligeramente hacia abajo; en su mano derecha parece portar un palo. Su cronología es imprecisa.

Con la descripción de este conjunto llegamos al final de nuestro estudio sobre las pinturas rupestres en la zona. Una vez descritas sus formas y visto en lo posible sus contenidos podemos enjuiciar y valorar particularmente todas estas pinturas.  Siempre sugieren varios temas, entre estos os he propuesto algunos que por su coherencia con las formas y su distribución en los paneles no deben diferenciarse mucho con los lejanos fondos que nuestros milenarios antepasados nos hicieron llegar a través del color. Independientemente de la valoración particular que hagamos debemos respetar siempre sus formas y con ellas los mensajes tan plenos de vitalidad que encierran.

  

 

BIBLIOGRAFIA

( 1 ) GAVILÁN CEBALLOS, B. Y VAQUERIZO GIL, D: ( 1988-89 ): Un nuevo conjunto de pinturas rupestres en la provincia de Badajoz: Las cuevas de la Panda, Talarrubias. Revista Eifigenia V-VI, pág. 9 Cordoba.

( 2 ) GOMEZ-TABANERA, J. M. ( 1980 ): La caza en la Prehistoria, pág. 186 y ss. Ediciones Istmo. Madrid.

( 3 ) RIPOLL LOPEZ, S. Y COLLADO GIRALDO, H. ( 1996 ): Una nueva estación paleolítica en Extremadura. Los grabados de la cueva de la Mina de Ibor ( Castañar de Ibor, Cáceres ). Revista de Estudios Extremeños, t. LII, núm. II, pág. 383.

( 4 ) GOMEZ TABANERA, J. M. ( 1980 ): Obra citada, pág. 195.

( 5 ) MORAN CABRE, J. A. ( 1973  ): Las decoraciones primarias en la cerámica neolítica próximo oriental, su significación y paralelismos hipánicos. XII C. Número A. Zaragoza.

( 6 ) ACOSTA, P. ( 1968 ): La pintura rupestre esquemática en España, pág. 84. Facultad de Filosofía y Letras. U. de Salamanca.

APÉNDICE GRÁFICO

Lámina I Talarrubia I La Panda I Zona B

Lám I.-La Panda I, zona B, conjunto IX

Lámina II   parte inferior Talarrubia I La Panda I Zona B

Lám II.- La Panda I, zona B, conj IX, parte inferior 

Lámina III Talarrubia II La Panda II Conjunto I

Lámina III.- La Panda II, conjunto 1

Lámina IV Talarrubia II La Panda II Conjuntos II al VI

Lám IV.- La Panda II, conjuntos II al VI

Figura 2-b Talarrubia I La Panda I Zona B Reconstrucción

Figura 2 B.- La Panda I, zona B reconstruida

 Figura 1 Talarrubia I La Panda I Zona A Conjuntos I al VII

Fig 1.- Conjuntos de La Panda I, zona A, conjuntos I  al VII

Figura 3  Talarrubia I La Panda I Zonas C y B Conjuntos VIII, a XII

Fig 3.- Conjuntos de La Panda I, zona B (detalles) y C

Figura 4 Talarrubia II La Panda II Conjunto II

Figura 4 A .- La Panda II, conjunto I

Figura 4-b Talarrubia II La Panda II Conjunto I Recontrucción

Figura 4 B.- La Panda II, conjunto I reconstruido

Figura 5 Talarrubia II La Panda II Conjunto I al VI

Figura 5 A.- La Panda II, conjunto II al VI

Figura 5-b Talarrubia II La Panda II Conjunto II al VI Rconstrucción

Figura V B.- La Panda II, conjuntos II al VI (reconstruido)

Figura 6 Talarrubia II La Panda II Conjuntos VII al XIV

Figura 6.- La Panda III, conjuntos I al VII

Figura 7 Talarrubia III Conjuntos I al VII

Figura 7.- Talarrubias II, conjuntos I al VII

.

Oct 152013
 

Manuel Rubio Andrada.

Las pinturas rupestres del risquillo de Paulino fueron descubiertas hace algunos años por D. Paulino Tejero Aparicio, natural de Berzocana, Cáceres, quien lo comunicó a D. Antonio González Cordero, gracias a cuya amabilidad pudimos visitar y posteriormente realizar este estudio. Se deben añadir a las ya conocidas desde hace muchos años en la sierra de Berzocana donde las cuevas de los Morales, del Cabrito y del Caballo jalonan la base W de la barrera de las Sábanas; en sentido amplio serían conjuntadas con las existentes en las cadenas montañosas que forman las Villuercas.

Las pinturas contenidas en las cuevas de los Morales y del Caballo arrojan un variable número de formas independientes; los Cabritos presentan una mayor conjunción. En todas ellas se utilizó el estilo lineal abstracto resultante del esquemático por eliminación  de aquellos trazos que no fuesen absolutamente imprescindibles –la excepción es una perfecta figura de ofidio naturalista en uno de los conjuntos de la cueva del Cabrito-. Los temas son muy diversos.

Por lo dicho se desprenden por lo menos dos cosas; la primera que sus autores tienen una forma de expresión comunicativa bastante uniforme, la podríamos titular esquemática radial, esto los unifica e incluye en una misma fase de desarrollo gráfico; la segunda atiende a su variación temática y tiende a separarles temporalmente ya que el espacio en el que se desenvolvían debió ser próximo, algo muy diferente nos cuentan las culturas en las cuales estaban inmersos y que se sucedieron por estas bellas sierras.

Estas dos características pueden rastrearse de manera general en el resto de las pinturas realizadas en la sierra de las Villuercas aunque además muestran realizaciones naturalistas, esquemáticas puras y también más abstractas; en cuanto a los temas siguen siendo muy variados. Estas cuestiones son persistentes entre las diferentes zonas de la Geografía peninsular.

Los conjuntos representados en el Risquillo de Paulino contribuyen aun más a marcar esta individualidad cultural. Es decir que temáticamente hablando no parecen tener paralelismo cultural en su tiempo. Entre autor y autor hay 400, 500, 1000 años o quizás mucho más y en el tiempo intermedio nada ni nadie parece haber pintado. Esta cuestión les diferencia, aun más, de las pinturas naturalistas sobre todo en su fase dinámica donde los temas cinegéticos y de luchas grupales abarcan buen número de fondos.

CONSERVACIÓN

Las pinturas existentes en la sierra de Berzocana fueron realizadas en el interior de pequeñas cuevas formadas naturalmente de maneras diferentes pero que por lo general han servido para resguardarlas de los meteoros. El soberbio barrerón de las Sábanas decrece hacia el S apareciendo de vez en cuando algún esporádico crestoncillo a media ladera ( 1 ). En uno de los situados más al S se encuentran los conjuntos que ahora estudiamos. Se situaron en forma diferente, es decir, los paneles se hallan sin protección, covijo o bisera natural contrariamente a los covachos anteriormente enumerados; es cierto que la orientación de la roca, resguardada de los vientos del N, constituye una importante defensa. La superficie es una capa delgada y pardo rojizo que en grandes zonas ha saltado, sobre todo el lado izquierdo; deja ver un espacio interior muy claro. Las causas de este deterioro deben ser naturales –no se observan piqueteados-. De todo esto se desprende la ineludible protección, además de por una inaccesible verja de hierro, alguna protección lateral izquierda y superior. Es un esfuerzo que, las instancias correspondientes, deben incluir en sus agendas. Hasta tanto esto llega y ante posibles deterioros su publicación nos permitirá contemplarlas de manera impresa aunque por ello más imprecisa.

LOCALIZACIÓN

Se localiza en el mapa topográfico 1/50000, edición de 1963, hoja nº 707 denominada Logrosán, tiene una latitud 39º 25´50´´ y su longitud con respecto al meridiano de Madrid es de 1º 45´.

La publicación de estas pinturas la realizó A. González Cordero en la R. A. nº 143  en una enumeración poco pormenorizada dado su carácter divulgador, ahora completo aquella breve exposición.

Para visitar este abrigo se puede partir de la población de Berzocana en dirección a Cañamero. Pasado el cruce de Solana debemos rodar aproximadamente un par de km hasta una buena explanada situada a la derecha; dejad aquí el auto y ascended por la parte opuesta hasta los primeros crestones que emergen en plena ladera no lejos de la carretera. Si queréis eludir las jaras debéis ascender más bien hacia la derecha, han de bastar 15 o 20 minutos.

Llegados a la base del crestoncillo veréis con facilidad las pinturas en una superficie bastante lisa a la izquierda de las cuarcitas; el suelo inmediato se encuentra invadido de gruesas piedras muy derrumbadas de lo que debió ser una cabreriza, hoy esta forma natural de apriscar el ganado no se utiliza habiendo descendido y acomodado las faenas. Hacia el S hay un pequeño valle unicamente abierto a poniente…hacia los recios robledales y el interminable encinar. Así, los vientos del N no llegan a este roquedo siendo caldeada su estancia incluso los días más rigurosos; castaños, robles, encinas y pinos visten las laderas de esta bella rinconada; algún rabilargo nos riñe desde los rebollos, más allá un milano cazusquea entre los pinos…, la fauna es pues más bien escasa.

LAS PINTURAS

Como se ha dicho las pinturas se situaron en la parte izquierda de la superficie de la roca y por lo general fueron realizadas con trazo medio; su colorido es rojo, blanco y granate.

 CONJUNTO I. (Fig 1, lám I).    

Si comenzáis por el ángulo superior izquierdo encontrareis un pequeño conjunto algo separado del gran panel; está formado por tres figuras realizadas con notable abstracción. La primera de la izquierda, figura 1, se puede considerar como un ancoriforme simple al que no se dibujó su extremidad superior izquierda. La figura central número 2 es una línea de tendencia vertical y ligeramente cóncava hacia la izquierda y otra inclinada a su derecha, ambas convergen hacia la parte superior estando unidas cerca del vértice por un tracito de tendencia horizontal suavemente caído hacia la derecha. hacia esta parte hay otro vertical e intermitente en su parte superior, constituye la figura número 3. Están muy próximas y equidistantes lo que les viene a integrar dentro de los mismos contenidos los cuales, por la aparente naturaleza abstracta de las formas número 2 y 3, no pueden ni siquiera intuirse.

 

CONJUNTO II. (Fig 1, Lám I).

     escanear0025

Pasado un racheado de cierta profundidad comienza la superficie lisa y rojiza que antes mencioné, la alternancia de tonalidades las he presentado en el dibujo con espacio punteado para la superficie parda y sin puntear para el tono claro; ésta no posee pinturas la parda y superficial sí; como se ha dicho, el fenómeno de la destrucción de la capa superficial de la roca es mucho más acusado por su parte derecha. La superficie puede considerarse limitada a derecha e izquierda por los racheados si bien los acotamientos son ocasionales y no tan generalizados como en otros paneles cacereños.

El conjunto es muy numeroso, en torno a las cuarenta figuras, y presenta en su parte superior un alineamiento con tendencia horizontal de figuras algo mayores. Si comenzamos por la izquierda veremos dos líneas paralelas, algo inclinadas hacia la izquierda que no numero, dada su simplicidad. Enseguida la figura número 1 que corresponde a un cruciforme sencillo; cerca del final de sus extremidades superiores se ven aunque de manera borrosa, dos pequeñas formas ancoradas simples. Inmediatamente a su derecha hay un nuevo ancorado realizado de manera simple, acéfalo, figura 2, su tamaño es mayor y se inclina hacia el cruciforme; las dos figuras se encuentran limitadas artificialmente por el saltado de la roca. Superiormente, unos 15 cm a la derecha, se observa la figura número 3 que puede considerarse un antropomorfo doblemente ancorado aunque sus extremidades tienen tendencia cruciforme; el trazo vertical se alargó inferiormente más allá del tronco; la parte correspondiente a la extremidad superior izquierda y la cabeza se encuentran invadidas por el resalte de la roca pero es de suponer su continuidad por allí; esta figura, algo aislada en este contexto, veremos que tiene paralelismos siempre un poco independientes, así en Serrejón I, Serrejón, Cáceres; en el abrigo del Refugio en la sierra de San Serván, Arroyo de San Serván, Badajoz; Nuestra Señora del castillo, Almadén, Ciudad Real; valle del río Batuecas, Salamanca etc.

Unos centímetros a la derecha se encuentra la figura número 4 que es otro ancorado acéfalo, semejante en colorido y grosor pero de tronco más alargado y esbelto; su parte inferior se dobla suavemente hacia la derecha para presentar sus dos extremidades inferiores. Aquí continúa la parte superior de un ancoriforme roto por los desconchados en la parte media del tronco, es la figura número 5. La figura número 6 es un ramiforme de cuatro trazos en la parte derecha y solamente uno inferior en la izquierda. Muy cerca por la derecha está la figura número 7 que es otro ancorado formado por tres pares de extremidades, la cabeza solamente apuntada y un tronco que se prolongó inferiormente hacia la izquierda siguiendo la línea del racheado, se continúa por dos líneas paralelas e inmediatas en la misma dirección, figura 8; éstas descienden unos centímetros hacia la zona central del conjunto. Algo separada por la derecha está una figura realizada en un tenue color blanco, la número 9; es de mayor tamaño y grosor habiéndose relaizado con gran titubeo; formalmente es un ramiforme de múltiples brazos, al menos cuatro  o cinco pares; la figura se encuentra rematada  superiormente con un tocado en forma de irregular lira,  la parte inferior está perdida por la derecha y en su izquierda semeja una desproporcionada extremidad; esta figura nos ha llegado muy deteriorada y parece salirse del contenido tanto por el colorido, el grosor, el trazo tembloroso e incluso la temática siendo la única figura que aparece tocada. A la derecha hay otro grupo formado por tres formas muy próximas; superiormente hay un pequeño ancorado de doble tronco, figura número 10, y bajo él dos acéfalos de largo tronco y cortas extremidades estando perdidas las dos líneas inferiores izquierdas; a la altura  de la cintura del antropomorfo de la derecha, hay un tracito en su lado izquierdo ligeramente doblado hacia abajo; la otra figura presenta dos semejantes pero realizados en el lugar contrario, son las figuras número 11 y 12. Bajo ellas hay otros rasgos y como desprendiéndose una corta línea vertical, figura 13.

Inferiormente se trazaron otras formas en igual grosor y colorido pero que en general son de mayor tendencia abstracta lineal; su impreciso contenido se acentúa al considerar los desconchados de la roca. Si comenzáis por la izquierda, la figura número 14 está compuesta por tres líneas inclinadas hacia ese mismo lado y están atravesadas en su parte central por una horizontal que continúa por la derecha más allá de las paralelas estando  rotos sus extremos por el desconchado. Continuando inferiormente este primer gran conjunto ofrece una forma de báculo segmentado por tracitos de corta prolongación externa, figura 15. Muy cerca, por la izquierda, aparecen dos fragmentos con parecida inclinación a los de la figura 14, inferiormente parecen confluir hacia la prolongación de la figura abastonada; es la figura 16. Próximos por la derecha hay una serie de 9 trazos con tendencia vertical que confluyen inferiormente en varias series más allá de una zona muy saltada de la roca. Se unen inferiormente, comenzando por la izquierda, la 1ª con la 2ª; la 3ª, 4ª, 5ª y 6ª; la 7ª, 8ª y 9ª; terminan superiormente en puntos las líneas 1ª, 4ª y 6ª. Todo esto nos ha llegado en un estado de descomposición muy grande siendo denominado como figura número 17.

La figura 18 ocupa un pequeño trapecio naturalmente bien limitado situado en la zona media central, a la derecha de las líneas, es un cruciforme simple; en los extremos de sus brazos tiene dos tracitos que semejan aguzados puñales y comunican sentido trágico a toda la escena. Muy parecida debió ser la figura 19 que se situó algo inferiormente a la derecha en un espacio sin limitación natural; nos ha llegado algo deteriorada por la izquierda, no obstante es visible un pequeño trazo de su terminación aguzada por esta parte. La forma de rematar las extremidades superiores con esta agresividad punzante tiene escaso paralelismo dentro de nuestras realizaciones rupestres, se hace mención en el personaje central del Cancho  de los Letreros en Vélez Blanco, Almería; por allí un personaje destacado fue rematado con las dos terminaciones de las extremidades superiores en forma de hoz. Estas dos formas cruciformes está en línea diagonal con el número 1 que ya dijimos parecía portar un pequeño ancoriforme en la mano derecha  estando más borrosa la terminación de la izquierda.

Continúan inferiormente tres ancoriformes simples de cabeza claramente señalada e incluso algo separada del tronco, su tamaño es parecido al de los dos e incluso algo separada del tronco, su tamaño es parecido al de los dos últimos cruciformes; el número 20 se encuentra encajado en un pequeño espacio triangular perfectamente limitado y a la izquierda del gran racheado central que divide al panel; pasada ésta y bajo el cruciforme más inferior, fueron situados los ancorados simples correspondientes a las figuras número 21 y 22.

Hacia la derecha hay un extenso desconchado que destruyó los contenidos de esa parte, inferiormente deja todavía una nueva serie de líneas largas rectas, algo inclinadas hacia la izquierda y confluyentes en la parte inferior al igual que ocurría en la figura 17; es la figura número 23.

Bajo estas formas hay otro gran destrozo y en un espacio inferior os sorprenderá la figura número 24 que pertenece a un rostro, posiblemente varonil; un único trazo de mediano grosor indica la cabellera y la barba, dos puntos indican los ojos y un tracito su boca; la parte derecha se dibujó con fuerte ángulo añadiendo sensaciones de fortaleza a la mandíbula. A su izquierda la figura 25 recoge al menos tres ensayos del inicio de su realización.

En la parte central e inmediatamente bajo la figura del ancorado número 6 y las líneas paralelas que inferiormente de él parecen desprenderse hay realizadas, un poco confusamente, dos formas manuales positivadas, la superior está muy alterada por los resaltes de la roca, son visibles de ella tres dedos y la parte superior de la palma; es la figura 26. Inferiormente de manera inmediata aparece otro positivado de una mano derecha bastante completa, es la figura 27. La figura 28 es una línea vertical que se situó en la parte derecha de la mano superior.

A la derecha de todas estas figuras continúa la zona; su parte superior se encuentra triangulada caprichosamente por los racheados de la roca, tiene aproximadamente unos 0,60 m. de lado; en ella se dibujaron otras dos manos con las dos falanges terminales de los pulgares amputadas. El dibujo de la mano derecha se efectuó en la parte izquierda y la izquierda en el derecho, esto indica posiblemente una adaptación de la funcionalidad de dichas manos por la carencia del  pulgar realizándose muchas más operaciones con las dos manos. Su apariencia es de unas manos infantiles de individuos que actualmente tendrían de 8 a 10 años. Son las figuras 29 y 30.

En nuestra cultura las representaciones de manos son muy escasas, dentro de la pintura esquemática aparecen en un conjunto del frontón del Clarillo, sierra de Quesada, Jaén ( 1 ); el grabado tiene su representación en el Pedroso, Trabazos, Zamora ( 2 ). Para encontrar mayor representatividad o miembros mutilados hay que remontar el tiempo hasta las realizaciones paleolíticas en donde la cueva de Maltravieso en Cáceres ofrece un ejemplo bastante cercano en el espacio, otras se presentaron en el Castillo, Santander; Gargas, Altos Pirineos, Francia ( 3 ). A la derecha de la figura número 30 se ve la línea vertical, figura 31, y entre las formas manuales hay diversas puntuaciones aparentemente  distribuidas de forma caprichosa, figura 32. Bastante más abajo, en esta misma zona hay varios trazos imprecisos, verticales y ligeramente convergentes hacia la parte inferior que corresponden a la figura 33.

Continuando un poco más, hacia la mitad del panel en su parte derecha, hay restos de pintura poco claros y difíciles de apreciar a simple vista; parecen verse dos ancorados acéfalos, uno simple y otro doble ambos al lado derecho de una forma angular; son las figuras 24, 35 y 36. Algo superiormente termina este espacio central con tres formas ovales de tendencia vertical que apuntan formas ancoradas en las cuales se inició su contorno suavemente con un grafito rojo muy fino, el interior de estas formas no llegó a cubrirse de pintura, esto nos indica el cuidadoso dibujo y los ensayos que algunas figuras de este panel deben tener por simples y elementales que parezcan; son las figuras 37, 38 y 39.

Este conjunto en su parte nos muestra un grupo de ancoriformes acéfalos con variado número de extremidades que muestran en ocasiones supresiones laterales, figura 6; otras veces parece que por necesidad de espacio se trasladaron algo superiormente caso del antropomorfo 12; esto nos habla de su liberalidad en este tipo de trazos aunque no quiere decir que no fueran exigentes en otras cuestiones como puede ser la prohibición de representar la cabeza, el rostro, de las personas adultas; el pudor o cualquier otro tipo de prohibición debió influir en ello siendo común a otros conjuntos en los que se repiten estas formas como los de la pedrera del Joyú en la sierra de la Madrastra; cancho de la Burra, Cañamero, Cáceres; risco de S. Blas, Alburquerque, Badajoz; Bonete del Cura, Ciudad Rodrigo, Salamanca etc. Este conjunto ofrece una trasgresión en este asunto, es el dibujo de un rostro adulto en la parte inferior, un lugar que bien se puede corresponder con  la firma del autor. Lo más destacable en esta primera línea pudiera ser los pequeños ancorados que parecen llevar en sus manos la figura cruciforme número 1; esta cuestión puede mencionar también la forma manual que resta tras la amputación de los dedos meñique y pulgar o índice y corazón. Como ídolo ancorado se repite en la figura número 4 del conjunto de Torrejón I-B-VIII, abrigo del santuario en la sierra de Monfragüe ( 4 ); allí la figura también es un cruciforme de extremidades inferiores en ángulo y porta en su mano derecha, pero en sentido opuesto, un ídolo ancorado de gran tamaño. Los de pequeño tamaño parecen corresponder a épocas megalíticas tempranas mientras las grandes formas ancoradas tuvieron su influencia a mediados del Bronce ( 5 ).

En la zona central las formas se abstraen en medio de grandes deterioros de la roca que poca superficie nos ha dejado sin alterar, pintada; son notorios por la derecha algunos trazos lineales de tendencia no petrogliforme. Generalmente estos están formados por reticulados, escaleriformes, espirales, laberintos etc, que a veces son complementados con gravados de armas, pediformes etc; las formas que ahora estudiamos son distintas líneas que, a pesar del deterioro de la roca se ve con claridad que, al menos parcialmente, confluyen hacia la parte inferior formando diversos grupos. Se incluyen en esta zona central un par de antropomorfos cruciformes en los que cerca de los extremos de sus extremidades superiores o en los mismos extremos se realizaron hacia abajo trazos afilados, punzantes, que pueden corresponder a la representación de cuchillos o bien a un reguero de sangre coagulada proveniente de alguna herida manual, tal vez la amputación de falanges.

En la parte inferior están presentes esquemas de ancorados simples y de tamaño menor, con cabeza apuntada y completados con otras líneas que nada nos aclaran; e inferiormente a la derecha se observan más trazos de color muy tenue, casi perdido. También es visible el comienzo de uno de ellos, no numerado, bajo el ramiforme blanco número 8 que aparece claramente superpuesto al mismo. Esa figura, la 8, hemos visto que se realizó con trazo más grueso, algo tembloroso y de color blanco estando tocada con una terminación liriforme; pocas veces entre los conjuntos formados por ancorados semejantes a estos aparecen superiormente tocados y cuando lo hacen presentan de forma sencilla unos simples tracitos que parecen indicar un adorno de plumas  como ocurre en el risco de S. Blas en Alburquerque, Badajoz ( 6 ); en un personaje situado entre ancorados ramiformes en el Bonete del Cura, Ciudad Rodrigo, Salamanca ( 7 ) y también los abrigos 1 y 2 del valle del río Lera, La Alberca, Salamanca ( 8 ). Nuestro ramiforme por el contrario muestra un tocado superlativo parecido  al que lleva un individuo aislado del puerto de las Gradas en la sierra de los Cordoneros, Almadén, Ciudad Real ( 9 ) y sobre todo es semejante a algunos cascos liriformes representados en nuestras estelas de finales del Bronce –Fuente de Cantos, Magacela y S. Martinho I (10)-; por todas estas cuestiones hemos de suponer su realización, con bastante fundamente, en épocas muy posteriores.

El autor representó un grupo humano que estaba compuesto de 20 a 30 individuos y lo dividió en dos categorías. En la parte superior los ancoriformes mayores, acéfalos, con tendencia a formar entre ellos variados ramiformes reflejo de unos atuendos o características personales variadas dentro de la uniformidad propio de una sociedad primitiva muy igualitaria. La inferior ocupada por ancorados simples, de cabeza claramente señalada, de menor tamaño y sin diferenciación ornamental u otra característica alguna que indique una mayor individualidad dentro de la sociedad a la que pertenecen. Entre ellos nos han llegado los lineales abstractos- de tendencia ramiforme-; las manos infantiles mutiladas al menos en ocasiones y los cruciformes de terminaciones punzantes que en sentido transversal parecen articular los dos grupos; de estos es la figura número 1 quien está en la zona de los más vetustos portando de una u otra manera ídolos ancorados en sus manos.

Las manos amputadas –mutilaciones que posiblemente fueron representadas en mayor número en el centro del panel-, y las figuras de terminaciones laterales punzantes parecen retocar el tema especial de la reunión. Este debe ser el retrato de un ritual iniciático de un grupo infantil en la edad adulta mediante determinada amputación o amputaciones de falanges.

Las características sociales señaladas anteriormente junto a la marcada ausencia de elementos de prestigio personal –armas, objetos suntuarios etc.- que realizarían la individualidad personal; la representación del primitivo y pequeño ídolo ancorado con ausencia de representaciones de otros idoliformes de raíz calcolítica; hacen que este tipo de realizaciones deba alejarse de la edad del Bronce debiendo ser situadas en el Neolítico o comienzos del calcolítico. Al fin de cuentas los restos óseos funerarios encontrados en dólmenes, tholoy, etc no han sido descritos con la suficiente pormenorización como para saber si sus dedos u otra parte del cuerpo presentan alguna amputación.

El ramiforme número 8 es un signo de origen megalítico que por el singular tocado que muestra y por mucho que nos extrañe su supervivencia debió añadirse a finales de la edad del Bronce con el fin de completar la escena con un personaje religiosamente superior. Ello prueba que los contenidos de la escena debieron ser comprendidos en el sentido que ahora indicamos a pesar de que el panel debe estar ahora mucho más deteriorado que cuando el extraño personaje fue dibujado en color blanco.

 

CONJUNTO III. (Fig 1, lám I).    

En la parte  inferior derecha del gran conjunto hay un corto pero bien marcado racheado y enseguida una zona ocupada por pinturas en igual color aunque muy desvaídas. Superiormente se observa un antropomorfo triplemente ancorado, acéfalo en cuya extremidad superior izquierda porta un pequeño objeto de representación lineal; la figurilla, señalada con el número 1, aparece con su extremidad inferior derecha prolongada,. En la parte más inferior de este conjunto se ven cinco o seis trazos verticales muy próximos; la cuarta línea comenzando por la izquierda aparece rematada superiormente en un cruciforme de cortos brazos y algo inclinados hacia arriba. A todas ellas las he numerado con la figura 2 debido a su proximidad.

Aparentemente este conjunto es una prolongación inferior del número I-II y debe hacer mención a algún aspecto que complete o extienda los contenidos del primero a esta nueva figura no obstante su grado de deterioro es tan grande que cualquiera de los aspectos enumerados puede considerarse como dudoso y por ello decidí no mezclarle con el número II cuya visión de lo conservado es en general buena.

 

CONJUNTO IV (Fig 2). 

Fig 2   

La zona central de la superficie rocosa de este paredón está ocupada por cuarcitas muy quebradas y oscuras que solamente se aprovecharon para pintar unos conjuntos formados por un par de figuras.

De estos, el que ahora os presento posee dos pectiniformes muy bajos realizados en color rojo oscuro y trazo bastante grueso. La figura número 1 se trazó con una línea ondulada hacia arriba  y de tendencia horizontal; los trazos muy cortos y en número de diez ocupan la parte inferior, -el cuarto comenzando por la izquierda aparece visiblemente doblado hacia la derecha. bajo esta figura está la número 2 que, como ya se ha dicho es otro pectiniforme parecido al enumerado aunque solamente tiene cuatro trazos centrales faltando la realización en los extremos lo que interpreto como una abreviación en el trazado del esquema al igual que ciertas supresiones accesorias en la escritura no impiden reconocer las palabras y sus significados.

Este tipo de formas se repite con mucha asiduidad en el Bronce Final aunque el trazado de más o menos apéndices de lo real informan de manera infantil, troncos lineales representantes de cuadrúpedos en conjuntos realizados muy tempranamente; como ejemplo nos puede servir los dibujos en el conjunto VI de este mismo panel. De todas estas cuestiones se deduce que por su forma no se puede precisar la fecha de su realización

 

CONJUNTO V  (Fig 3).  

Fig 3

Como a un metro de distancia hacia la derecha del anterior conjunto se encuentra este otro realizado con trazo igualmente  rojo y grueso. Representa de manera sumamente esquemática a dos cuadrúpedos. El número 1 se dotó de larga y gruesa cola, muy erguida; en la parte derecha del tronco, no muy voluminoso, parece señalada la cabeza en la que es visible un tupido manchón correspondiente a amplias orejas; en la parte inferior un afilado hocico; las extremidades, en número de dos, largas y gruesas.

La figura número 2 se halla dibujada inmediatamente a la izquierda y por la ejecución resulta aun más abstracta. El animal posee bien señaladas las orejas, que son grandes y puntiagudas, la boca abierta, el tronco grueso y corto, la cola baja y torcida hacia la izquierda muy cerca del hocico de la figura número 1; las extremidades aun más toscas y desproporcionadas.

En este conjunto se plasmó uno de los preludios rituales previos al apareamiento entre dos mamíferos cuadrúpedos. La ejecución se realizó con especial tosquedad lo que impide su clasificación. El hecho, aunque parece corresponder a grandes perros, no tiene paralelismos y desde luego fue realizado con una gran tendencia a la abstracción.

 

CONJUNTO VI  (Fig 4).   

Fig 4

Algo hacia la derecha y veréis un nuevo conjunto formado por numerosas figuras. Si se comienza por la parte superior vemos una gruesa barra bastante alargada y ligeramente inclinada hacia la derecha, su colorido es rojo semejante al de los conjuntos 1, 2 y 3; su trazo bastante grueso sobre todo hacia la parte central. Muy próximos a su derecha hay dos pectiniformes muy rectilíneos, figuras 2 y 3; ambos parecen querer confluir en su centro inclinado levemente hacia abajo el trazo superior; el número 2 tiene cuatro apéndices cortos y decrecientes hacia la derecha y seis el número 3; los cinco de la izquierda de éste son ligeramente ondulados. Cerca de su extremo inferior hay cinco puntuaciones, figura 4, de color algo más oscuro algo semejante al de otro pectiniforme situado en la parte inferior del conjunto y con cierta correspondencia cromática con él –figura 13-; las puntuaciones se extienden horizontalmente bajo la anterior figura y coinciden con el número de apéndices en clara correspondencia espacial.

Allí comienza la figura número 5, está compuesta por un reticular sujeto en su parte izquierda por una especial raqueta formada con un trazo vertical acabado superiormente en horquilla; de ahí sale hacia la derecha un fino tracito y otro más grueso y visiblemente ondulado en la parte media del trazo vertical de este mismo lado; el reticulado de este especialísimo artilugio rectangular termina inferiormente en ángulo agudo semejando un pequeño embudo; aun posee la figurita un tracito en la derecha que se realizó en la zona central algo más abajo del arranque de la línea ondulada. Inmediatamente a la derecha, la figura 6 que corresponde a un fino arquito con inicios de reticular. Entre estas figuras hay dos puntuaciones unidas y dudosas. A la izquierda nuevos puntos acompañan a una pequeña forma ancorada simple, figura 7.

En el centro, la figura número 8; fue realizada inmediatamente bajo el eje sustentador de la forma de red y en colorido semejante, parece como la huella de otra mano enormemente mutilada, falta totalmente el dedo pulgar y las falanges terminales de los dedos índice y medio y las dos terminales del anular y meñique. La extensión de estas mutilaciones, que ya he relacionado con otros paneles del Arte Paleolítico, tienen claro paralelismo en la cueva francesa de Gargas en el Alto Pirineo (Fig 5), allí si son visibles múltiples amputaciones parecidas a las representadas en este conjunto ( 11 ).

Hay a su derecha cuatro trazos verticales que se unen inferiormente a una mancha roja, horizontal y bastante ancha con la parte inferior confusa por pérdida del color; parece los restos de otra representación manual con algún dedo amputado, figura 1. A su izquierda, algo inferiormente, un antropomorfo de tendencia doblemente ancorada, de cuello apuntado y tronco visiblemente prolongado, figura número 10. Bajo él, a su izquierda, otra figura humana doblemente ancorada de esquema semejante, su cuello aparece tenuemente apuntado y sus extremidades inferiores fueron realizadas con extraordinaria timidez, figura 11. La número 12 está a la derecha de estas dos formas en un espacio ocupado por un emborronamiento rojizo de formas  imprecisas . Más allá la figura número 13 que es un nuevo pectiniforme de trazo horizontal bastante rectilíneo con cinco tracitos inferiores, paralelos y perpendiculares al eje central superior; aunque el grueso es semejante a los descritos anteriormente su colorido es algo más oscuro, semejante a las puntuaciones representadas en la figura número 4.

Un cuarto de metro bajo el antropomorfo número 11 y algo a la izquierda se observa una nueva figura, la número 14, que corresponde a un ancorado simple, acéfalo, de mayor tamaño que los demás, realizado con trazo más grueso y de color marrón-granate; la figura tiene tendencia a la rectitud en las formas lo que la añade alguna personalidad con respecto a las demás. Bajo ella, a su izquierda, hay una serie de puntos rojos sin distribución regular, figura número 15.

Entre las formas de este último conjunto destaca el curioso objeto portador de una red; la herramienta parece destinada a capturar vivo algún tipo de animal. Interpreto el trazado de los pectiniformes cercanos como una representación inconcreta de la generalidad de los grandes mamíferos que integran la caza mayor; por su posición los dos superiores parecen dispuestos para linchar a testarazos, cosa normal entre los machos de determinadas especies; el otro pectiniforme, situado aparentemente en al red, parece más estático y pudiera ser un reclamo -¿hembra en celo?-; los personajes humanos, incluyo el representado por las manos, parece observar la escena a cierta distancia desde la izquierda y prestos a intervenir en la captura viva del animal; un personaje aparentemente más vetusto, el número 14, parece contemplar la escena desde la lejanía… En cualquier caso se puede afirmar que narra una escena venatoria de captura incruenta de un animal mediante una trampa con red; no portan armas ofensivas ni defensivas. Aunque de forma diversa, la captura de tipo incruenta  se nos manifiesta aquí nuevamente, recordemos los conjuntos de Cañamero IV-II, Cañamero V-I Torrejón I-A-II ( 12 ).

Este conjunto nos ofrece la visión de la actividad cazadora propia de un pequeño colectivo que como expuse en otra ocasión ( 13 ) debe situarse en épocas anteriores a la utilización del arco y la flecha como arma de caza. De ello y de la representación mutilada de las manos deduje su inclinación en épocas epipaleolíticas o neolíticas tempranas ( 14 ).

 

CONJUNTO VII (Fig 6). 

Fig 6     

Este nuevo conjunto está situado más o menos  un metro hacia la derecha algo superiormente. Su trazo es bastante grueso y el colorido es oscuro tirando a violáceo. Consta de dos figuras, la número 1 es un ramiforme conseguido con un ancorado simple de cuello apuntado al que se han añadido inferiormente tres pares de trazos más cortos que el superior lo que indica un sincretismo de las formas ancoradas con las ramiformes; su parte inferior presenta una alteración en las extremidades más bajas; la izquierda se dobló en semicírculo hacia abajo traspasando el eje central para terminar enseguida formando tres cortos escalones; el par correspondiente a la parte derecha se dibujó algo más arriba del eje central y muy corto. Cerca de su terminación derecha se trazó la forma abastonada irregular número 2; su lado superior está en clara correspondencia con la parte sin pintar que deja la extremidad izquierda al finalizar el semicírculo y doblar hacia la extremidad izquierda al finalizar el semicírculo y doblar hacia abajo. En la parte baja del lado izquierdo se ven muy tenues unas formas lineales en número escaso, de ellas destaca una vertical y alguna puntuación, constituyen la forma número 3.

Pocos comentarios se pueden hacer de esta forma ramiforme evolucionada claramente a partir de un ancorado múltiple –cuestión que parece perdida en el ramiforme blanco del conjunto III-; el aspecto laberíntico de su parte inferior parece indicar una localización genital que como siempre en este tipo de formas queda imprecisamente señalado; tal es el caso de otros arboriformes con extraña terminación inferior; así el de Cañamero II-I, cueva de Rosa, termina en un semicírculo radiado; mayor simplificación tienen el de Malpartida de Cáceres I-III, canchal de los Berruecos. Este signo parece de tradición megalítica como lo confirma el grabado en el dolmen de Magacela ( 15 ); formalmente no desentonan de una representación esquemática del Arbol de la Vida; en el caso que ahora os presento es evidente una asociación entre ancorados y ramiformes que pueden indicar algún tipo de sincretismo entre estas dos divinidades.

 Lámina Ia

Lámina I.- Gran panel del Risquillo de Paulino

BIBLIOGRAFÍA

( 1 ) Beltrán, Antonio. (1994): “Ensayo sobre la significación de la mano en el arte prehistórico  y referencia a las del abrigo de Clarillo en Quesada”, Boletín de Estudios Gienenses, nº 153, t. II. Jaén.

( 2 ) Gómez Barrera, José A. (1992): “Arte Rupestre Prehistórico en la Meseta Castellano-Leonesa”. Consejería de Cultura y Turismo. Junta de Castilla y León. Página 203 y ss.

( 3 ) Almagro Gorbea, Martín. (1960): “Las pinturas rupestres cuaternarias de la cueva de Maltravieso en Cáceres”. Excelentísima Diputación Provincial de Cáceres. Instituto Español de Prehistoria del CSIC. Madrid.

( 4 ) Rubio Andrada, Manuel. (1991): “La pintura rupestre en el Parque Natural de Monfragüe (Cáceres). Edición del Autor. Cáceres. Página 45.

( 5 ) Almagro Basch, Martín (1966): “Las estelas decoradas del suroeste peninsular”. Biblioteca Prehistórica Hispana. Vol. VIII, página 133 y ss. Madrid.

( 6 ) Breuil, Henri (1935): “Les peintures rupestres eschematiques de la Peninsule Iberique”. Vol. II, lám XXXIX. Lagny.

( 7 ) Bécares Pérez, J.; Rivero de la Higuera, María C.; Gómez Fuentes, A. y Civietas Rojas, C. (1980): “Pinturas rupestres esquemáticas del Bonete del Cura, Ciudad Rodrigo, Salamanca” Zephyrus XXX-XXXI, pág 131-146.

( 8 ) Gómez Becerra, José A. (1992): Ob. cit. Pág 149-154.

( 9 ) Breuil, Henri (1935): Ob. cit.. Vol II. Lám V-II.

( 10 ) Almagro Basch, Martín (1966): Ob. cit. Pág 170-174.

( 11 ) Ripoll, Eduardo (1989): “El Arte Paleolítico”. Historia del Arte. Historia 16-3. Madrid, pág 52 y 79.

( 12 ) Rubio Andrada, Manuel (1995): “Reflexiones en torno a cuatro escenas de contenido cinegético representadas en la pintura rupestre esquemática de la provincia de Cáceres”. XXXIII Congreso Nacional de Arqueología. Elche, Alicante.

( 13 ) Rubio Andrada, Manuel (1995): Ob. cit. Elche, Alicante.

( 14 ) Arias González, L. Jiménez González, C. (1992): “Puntas de flecha líticas en el Calcolítico Ibérico”. Revista de Arqueología nº 133. Madrid.

( 15 ) Bueno Ramírez, P. y Piñón Varela, F.: (1985) “Los grabados del sepulcro megalítico de Magacela (Badajoz)”. Series de Arqueología Extremeña I. Universidad de Extremadura. Cáceres, pág 65 y ss.

 

 

 

Oct 142013
 

Manuel Rubio Andrada.

SITUACIÓN Y GENERALIDADES

El paso de Pablo se localiza en el mapa topográfico 1/50000 del Instituto Geográfico y Catastral, edición de 1963, hoja 681 denominada Castañar de Ibor; sus coordenadas son: longitud 10 48′ y de latitud 390 32′ 35″ del meridiano de Madrid.

 El diario Hoy del 8 de junio de 1992 notifica su descubrimiento e informa algo os­curamente sobre su situación en entrevista realizada a D. Antonio González Cordero por el corresponsal del citado periódico en Navalmoral de la Mata, Cáceres. En el escrito solamente se bautiza la apretura donde se encuentran las pinturas como “Paso de Pa­blo» dejando su localización en un impreciso lugar de la sierra de Roturas, quizás dando vista al valle de Santa Lucía. Sin duda D. Antonio, que gusta actuar de maestro oficiante en el bautismo de pasos, collados y cuevas, dejó sin localizar científicamente el hallazgo por temor a los estúpidos destrozos. Localizar estas pinturas parecía cosa fácil, hice va­rias tentativas y finalmente hube de ponerme en comunicación con su descubridor quien gustoso me facilitó los datos para su conocimiento y estudio.

 Aunque esta parte de la sierra de la Ortijuela pertenece al término municipal de Ca­bañas del Castillo es en la población de Roturas donde se debe tomar el camino para su visita. Parte frente al cementerio y desciende con rapidez hacia un puentecillo sobre el río Almonte; sin doblar hacia la izquierda, nos conduce al extremo N del valle de Sta. Lucía; remontad este valle por el camino, en sentido opuesto al que traíamos hasta fal­dear el pico del Ahorcado -un par de kilómetros desde que entramos en este valle-. Justo en la base de su cara W avistaréis una tupida masa de helechos, verde en alta primavera y marrón en otoño e invierno.

 Dejado el vehículo en su base, si es posible cerca de una maravillosa e inacabable fuentecita, os aguardan 25 o 30 minutos de una dura ascensión. Debéis acometerla más bien hacia la parte izquierda eludiendo si podéis la pedriza y el jaral; éste hace poco que se quemó, lo que permite subir con cierta facilidad, cuando crezca será imposible tomar esta vía de ascenso. Recomiendo tantear las tenues veredas de la saca del cor­cho que busca los grupos de alcornoques, ellas os ascenderán con evidente rapidez. Al llegar a la base izquierda de las primeras rocas subid y cruzadlas por arriba; tantear igualmente la pedriza para pasar ascendiendo hacia la derecha por encima del helechal; una vez allí hay que gatear aún unos metros y pronto se abre el paso que buscamos. Es el primero por encima de los helechos.

 

 Los dos paredones que lo forman son casi verticales en dirección próxima al N-S y ligeramente inclinados hacia el E, poseen curiosísimos restos fósiles de vida paleo­zoica. Sin mucha dificultad observaréis las pinturas en su base interior derecha. El opuesto paredón de la izquierda es mayor y vertical hasta lo alto, ofrece cobijo a una nutrida colonia de buitres leonados, cernícalos, cuervos, palomas, perdices … , algunos insectívoros completan el avifauna con poca pero selecta representatividad. La flora es la típica mediterránea extremeña.

 

El panel ocupa una superficie muy próxima a 1 m. de alto y 0,50 m. de ancho y está ocupado por unos once conjuntos en diversas tonalidades; su distribución en tan escaso espacio se debió a la comodidad que la naturaleza ofrece; allí, en su base, a la derecha, se puede observar los restos de pintura en un hoyuelo utilizado como recipiente; enfrente, muy cerca, las cuarcitas sirven de apoyo para pintar sen­tado con cierta aunque punzante comodidad. Estas buenas condiciones motivaron que, sin duda por no levantarse, las figuras en ocasiones se entremezclen dificul­tando el estudio de los conjuntos. La inclinación de la pared rocosa es motivo de cierta dificultad para fotografiar las partes inferiores, igualmente dificultan las natu­rales rugosidades fósiles, los colores de la roca, sus fragmentaciones, etc.; el sol alumbra únicamente unas horas antes y hasta mediodía. En general su estado de conservación es bueno y los diferentes cromatismos con los que fueron pintados intencionadamente facilitan su particular distinción (Fig 1).

escanear0020

Figura 1.

Figura 2

Figura 2.- Conjunto 1

  CONJUNTO I (Fig 2)

Un primer conjunto se dispuso en la parte superior izquierda; está formado por dos series de gruesos puntos. La superficie que los contiene presenta en la derecha dos finísimas líneas en alto relieve formando cuartos de Luna; nueve puntuaciones estiliza­das los adornan externamente a modo de cortos rayos. La serie de la izquierda completa hacia el mismo lado con siete puntos; caprichoso abultamiento que además allí ofrece la cuarcita.

 

Las series de puntos que conozco por lo general se distribuyen en superficies de tendencia rectangular aunque hay algunos casos que siguen organizaciones aparen­temente más liberadas entorno a un caprichoso racheado u otro motivo, aquí no parecen tener otra finalidad que lo meramente ornamental completando los finos segmentos cir­culares de origen fósil. Su cronología parece tardía por todas estas cuestiones.

CONJUNTO II (Fig 3)

Figura 3

Figura 3.- Conjunto 2

El segundo conjunto comienza algo inferiormente, unos 10 cm. a la derecha; fue realizado en color rojo parecido al del conjunto 1 y trazos de grueso medio. En su parte superior, la figura número 1 ofrece una forma de palmera; consta de un grueso tronco en cuya parte superior surgen armoniosamente pequeños arquitos de circun­ferencia distribuidos algo elemental mente. Este arbolito presenta a ambos lados de su base líneas circulares con tendencia a formar semicircunferencias concéntricas; son visibles cuatro en el lado izquierdo y tres en el derecho, estas últimas conse­guidas con perfecta ejecución. Este dibujo está realizado en los dos tercios derechos de una línea recta y horizontal que, a la altura media de su tercio izquierdo, fue alzada con pequeña curva superior; es indicio de no pretender confundir los contenidos que ofrecen los aguzados tracitos realizados en otra colocada paralelamente bajo ella; constituyen la fig. núm. 2.

 

Próximos a esta zona comienzan los bien marcados cuernos de un bóvido; el animal, figura 3, mira hacia la izquierda y presenta una cabeza rectangular sin pormenorizar; continúa el cuello alargado y muy deteriorado en su parte inferior. El tronco tiene su­periormente dos marcados abultamientos -anterior y posterior- y un hundimiento muy acusado en la zona dorsal; acaba en larga cola. Las extremidades son pequeñas, tos­cas y algo desproporcionadas. Este animal tiene una atadura bastante recta en la parte superior de su hocico y termina unos 2 cm. más abajo en una pieza arqueada que fue perfilada con mucha meticulosidad, constituye la figura número 4.

 

La número 5 pertenece a otro animal de dimensiones más pequeñas. Su voluminosa cabeza presenta un redondeado hocico que tiene la arqueada pieza de la atadura; está rematada superiormente con tres pequeños tracitos apuntados con decisión, pueden indicar tres cuernecillos. Este hecho extraordinario debió ser motivo fundamental del re­lato ya que el cuerpo de este animal se trazó con perspectiva muy diferente resultando el tronco un tanto distorsionado por la necesidad de presentar en “primer plano” la ca­beza con sus tres nacientes pitones. Sus extremidades superiores comienzan en un so­lo trazo para separarse en dos al llegar a un pequeño hoyuelo de la roca; las traseras parecen estar representadas por una línea algo más gruesa y tosca. En este mismo es­pacio hay otra vertical y paralela, algo separada, a la derecha de la figura que puede corresponder a una representación elemental de lo que no se ve por estar tapado por la especial posición, esto es la otra extremidad o bien la cola.

 

Este conjunto nos muestra en la parte superior un pequeño paisaje. En el centro un árbol semejante a una palmera completa la decoración; los arcos concéntricos que de­coran su base -por esto debe tomarse como un dibujo realista con marcada tendencia figurista-; puede ser indicativo de una vegetación propia del clima más cálido -actual­mente conseguir una palmera en estas alturas es sin duda tarea muy difícil-. Todo este dibujo se limitó inferiormente con una recta que se presenta respetuosamente curvada en la parte izquierda aparentemente para no “dañar>’ los tracitos afilados inferiormente en otra paralela colocada inmediatamente debajo; estos tracitos debieron ser de gran valoración para el autor por la meticulosidad y pormenorización de su factura; con es­casas dudas parecen mencionar las piezas de un arado.

 

La forma de los dos bien marcados cuernos nos indican con claridad que se trata de un bóvido, el cual se trazó con dos exageradas gibas en la parte superior de sus ex­tremidades acompañadas de un peculiar hundimiento dorsal; pudo tratarse de un animal muy longevo y, en cualquier caso, debió ser utilizado en múltiples funciones entre éstas como animal de carga, e incluso de monta, de eso le podría venir la deformidad ver­tebral. La atadura ofrece muy pormenorizada en el hocico del ternero una pieza rígida cuya naturaleza se nos escapa aunque pudiera ser metálica -no hay que descartar la madera-, en cualquier caso su ejecución real es artificiosa pues ha de funcionar como pinza o, en el peor de los casos, como anilla, lo que conduce con facilidad al rasgado del tejido nasal y la consiguiente posibilidad de pérdida del ternero; llegar a su cons­trucción denota una necesidad y experiencia poco elemental.

 

El gusto por la combinación de líneas rectas y curvas, su organización y sobre todo el empleo de los semicírculos concéntricos como temas en su decoración recuerdan contenidos y estilo figuristas propios de algunas vasijas ibéricas en cuyo momento cul­tural lo encuentro más encajado y desde luego se aleja de las composiciones anteriores en las que la ambientación decorativa es prácticamente inexistente.

CONJUNTO III (Fig 4)

 Figura 4

Figura 4.- Conjunto 3

Muy próximo a la parte baja del conjunto anterior se dibujó este otro en color granate, trazo grueso -10 o 12 mm.- y sin aparente limitación.

 La fig. núm. 1 de este conjunto está formada por un ramiforme compuesto por un trazo de tendencia vertical acabado superiormente en pequeño óvalo. A la altura media de lo que llamaré tronco, ofrece por la izquierda un trazo elevado y, en la misma zona del lado opuesto, otro algo simétrico; el tramo inferior tiene otra ramificación de tamaño e inclinación parecidos. Hacia la derecha continúan las figuras 2, 3 Y 4, son tres gruesas y pequeñas líneas equidistantes e inclinadas hacia este lado; la núm. 4 se remató su­periormente en gancho.

    Este conjunto continúa debajo a la izquierda con la fig. núm. 5. Consta de dos tracitos cortos y gruesos co­locados en la parte superior. La figura 6 está formada por uno indicativo de la cabeza y dos inferiores para el tronco, el de la izquierda se interrumpió al llegar a un profundo racheado realizándose otro a su lado, éste acaba en un sexo simplemente apuntado. Las extremidades superiores tienen en su parte izquierda dos ra­mificaciones, de ellas la inferior está curvada a manera de pinza y posee un muñón pe­queño en su parte superior; la extremidad del lado opuesto dobla hacia abajo a la altura de lo que sería el codo y termina en un ángulo recto hacia arriba.

 Estas figuras son la tosca representación de dos individuos posiblemente masculinos enfrentados; uno portaba en su mano derecha un objeto y en la iz­quierda otro de tamaño inferior, se adornaba o protegía con un tocado o casco. El otro individuo trazado superiormente, parece caer.

 El conjunto tiende a la desproporción, a la tosquedad, al excesivo grosor de los tra­zos … y en esa línea corresponde relacionarle con el situado en Las Marías, Cabañas del Castillo 1; más distante sería el de Monfragüe, Torrejón (6) y otros de estilo menos tosco pero de parecido ambiente. Todos ellos se oponen a las realizaciones en grupo cuyo desenvolvimiento en el espacio rocoso no presenta los pro­blemas que aquí, por ello es de suponer que su trazado corresponda a épocas diferen­tes aunque imprecisas.

 CONJUNTO IV (Fig 5)

Figura 5

Fig 5.- Conjunto IV

Este conjunto está a la izquierda del anterior, pasado un fino racheado que divide diagonal mente la superficie de izquierda a derecha; su trazo es de grueso variable os­cilando entre 5 y 10 mm.; el color rojo es bastante más claro que el granate del conjunto 111 y parecido al empleado en el conjunto 11 de los bóvidos.

 

La figura 1 pertenece a la forma esquemática de un cáprido que mira hacia el lado izquierdo. Su cabeza posee bien marcada cuerna, algo inclinada hacia atrás; en su par­te inferior se dibujaron con meticulosidad dos finísimos penachos indicativos de la bar­ba. Tras la triangular cabeza continúa una línea estrecha indicativa del tronco. Sus ex­tremidades anteriores rectas y toscas. Las posteriores se sustituyeron por una mons­truosa forma bípeda y acéfala que posee apuntados en la parte superior tres pequeños trazos; esta forma se proyecta hacia la cuerna del animal con un grueso trazo.

 

Situados a la derecha de un fino racheado y a la altura de la parte superior de la fig. 1, hay tres trazos en igual tonalidad, de unos 7 mm. de grueso e inclinados, cons­tituyen la figura número 2. Bajo ellos, algo hacia la derecha se pintó la fig. 3 que per­tenece a un gancho en igual tonalidad y de diferente grueso -la parte izquierda tiene 7 mm. de grueso y la terminación derecha no sobrepasa los 10 mm-.

 

Esta última figura puede relacionarse con otras semejantes, no muy numerosas y casi siempre independientes, esparcidas por esta serranía; así se manifiesta en la cueva del Caballo, Berzocana. En otras latitudes más bajas, valle del río Guadiana, su ejecu­ción individual es escasa perteneciendo a figuras algo más complejas que muestran idéntico acabado superior en gancho, hay que destacar las numerosas figuras del gran panel del Zarza de Alange, Badajoz, indicativos de algún contenido parcial dentro del más general que tiene las figuras en sus respectivos conjuntos. Igualmente se observan muy parecida a la de Zarza de Alange en algunas figuras del Morrón del Pino, Quintana, Fuencaliente, Ciudad Real (1). Su estudio está por sistematizar, como en la mayoría de los signos, por lo que no se puede determinar con certeza los diferentes contenidos que pueda tener pero dados los contextos donde se encuentran y las formas que suelen completar, parecen apuntar contenidos semejantes.

 

La realización de la cabrita con formas esquemáticas, aunque con algún pequeño detalle naturalista, debe relacionarse con otras semejantes, la más cercana está repre­sentada en la cueva de la Rosa, valle del Ruecas, Cañamero (2). Su continuación pos­terior por formas bípedas coronadas con tres cuernecillos parece informar de la extraña paternidad bípeda de un tricornio. Lo probable es que con el hecho reflejado se intentara explicar mediante alguna narración tosca pero fantástica el extraño fenómeno evidente en el conjunto número 11. Tal vez se pretenda explicar de forma particular la causa ge­neral del nacimiento de animales con tres cuernos. Si nos fijamos el cardinal de los tra­citos coincide con el de los cuernecillos por lo que bien puede mencionar estos; el gan­cho final, como he dicho, parece subrayar fondos masculinos; unos y otro remarcan abs­tractamente, de forma casi gráfica, la misma cuestión.

 

El estilo esquemático naturalista con el que fue realizada la cabra y el estilo abstracto -gráfico- no tienen porque apuntar cronologías diferentes ya que ambos recursos fue­ron utilizados tanto en obras muy tempranas como en otras más tardías, los conjuntos de la Pedrera del Joyu, río Ruecas, Cañamero, son un ejemplo entre otros de lo aquí indicado. Hecha esta salvedad y dada su integración en el mismo conjunto IV puede interpretarse el tema como una cláusula causal de los que expone el conjunto 11 -del ternero tricorne-, por ello hay que admitir su realización en épocas p’róximas de la Edad del Hierro debido a los motivos decorativos que aquél muestra.

CONJUNTO V (Fig 6)

Figura 6

Figura 6.- Conjunto 5

La figura número I aparece bajo la forma caprina del conjunto IV; aparentemente só­lo es visible una mancha negra, muy tenue y algo discontinua que corresponde a la re­presentación naturalista de un magnífico venado trotando hacia la derecha. Sabido es que la pintura naturalista levantisca no tenía relaciones conocidas en nuestro entorno -hay que subir al valle del río 8atuecas, Salamanca, donde sí se realizaron- (3). Dado el grado de visibilidad debería dudarse de su existencia de no haber sacado González Cordero y Alvarado Gonzalo su extraordinaria colección de fotografías (4). De la cabeza apenas nos han llegado unas manchitas y se situó a la derecha inmediatamente pasado el fino racheado, da la impresión que se utilizó un pequeño hueco que la roca ofrece para lograr su factura en bajorrelieve; hacia la parte superior se dispuso una larga pero finísima cuerna siendo escasamente visibles sus puntas. Hacia la izquierda se extiende con nitidez el tronco. Se conserva una extremidad delantera y muy tenuemente un frag­mento de la otra; las inferiores son parcialmente detectadas entre el deslizamiento in­ferior de la pintura negra. Finamente lanzadas dotan de movimiento esta pequeña re­presentación naturalista de unos 8 cm. de alzado.

 

Cerca de ella, en la parte superior izquierda, está la figura número 2. Puede obser­varse, con la misma tonalidad y finura, la diminuta e incompleta forma de otro cuadrú­pedo de sólo unos 2 cm. de alzado; su ejecución es aparentemente de tendencia es­quemática aunque las cortas líneas se realizaron con estilización. Solamente son visi­bles el tronco, cuello y dos finísimas extremidades superiores.

 

En general, la inclusión de la figurita de apariencia esquemática no debe restar an­tigüedad general al naturalismo que informa la forma del venado y puede ayudar a re­lacionar con otros conjuntos en los que está presente esa misma forma de composición.

 

El especial deterioro de la roca en la parte baja de estas formas descomponiéndose lentamente en forma granulosa es un proceso erosivo que naturalmente había comen­zado cuando se pintaron nuestros ciervos, pues hay espacios saltados impregnados de

pintura, pero hay otros contiguos, minúsculos, en los que falta, añádase a esto cierta impregnación del tono rojizo que del conjunto inmediatamente superior ha ido super­poniéndose; todo esto hace que hoy las figuras sean casi imposibles de reconocer en condiciones normales de luz y humedad y puede considerarse que el conjunto debió com­pletarse con otras formas hoy desaparecidas.

 

   Sin duda, no es necesario mirar a Levante con demasiada meticulosidad para en­contrar algún paralelismo. Ejemplos semejantes se observan entre las realizaciones de la fase IV según Beltrán o fase C estilizada dinámica de Ripoll. Concretamente nuestro venado tiene parecido con alguno de los realizados en la cueva de Minateda, en cueva de La Vieja, Alpera y en el abrigo VI-A, cavidad derecha del Torcal de Bojadillas, Nerpio. Albacete. El pequeño e incompleto cuadrúpedo, aunque aparece bastante estático, no constituye problema a la hora de su datación pues figuras esquemáticas semejantes acompañan a las formas naturalistas en la fase apuntada y muy evidente en el citado abrigo del Torcal de Bojadillas.

   Este tipo de formas viene situándose en el área levantina desde el 3500 al 2000 años a.C . (5) y estimo que, a pesar de las limitaciones cuantitativas, debe incluirse por el mo­mento en ese amplio horizonte cronológico en espera que hallazgos futuros puedan completar lo aquí simplemente esbozado.

                       CONJUNTO VI (Fig 7)

Figura 7

Figura 7.- Conjunto VI

   A la derecha del conjunto anterior e inmediatamente a la izquierda del número 3, aparecen un grupo de formas realizadas en una tonalidad naranja; hay motivos que se distinguen con nitidez, otros no.

 

   Coincidiendo con el trazo izquierdo de la figura 1 del conjunto 111 se observan dos puntuaciones en mi opinión superpuestas a dicho trazo; una más, algo alargada, con­tinúa por la izquierda. Bajo esta fila horizontal existe otra de cuatro puntuaciones se­mejantes, fig. 2, Y se colocaron en la parte superior de un relieve fósil, lineal y arqueado superiormente: Hacia la parte derecha inferior descienden dos trazos lineales y para­lelos no muy gruesos, cortados en su zona media por uno horizontal que se prolonga hasta la base de la fig. I del conjunto 111, es la fig. 3. Todavía se ven inferiormente otras formas bastante borrosas de tendencia cuadrangular.

 

   Parcialmente el conjunto completa unas formas foliares que se extienden por la par­te superior de la ramita fosilizada; hacia la derecha el conjunto se pierde en una crea­ción bastante inconcreta por lo desvaído del color. Recordemos que fósiles parecidos fueron la causa de la ejecución del conjunto 1; las puntuaciones colocadas encima de cela ramita» presentan una estilización igualmente semejante por lo que su autor bien pudo ser el mismo. Su cronología resulta también imprecisa.

                                              CONJUNTO VII (Fig 8)

Figura 8

El color de este conjunto es rojo, semejante al del número 11. La primera figura por la izquierda es un ramiforme con forma de palmera parecida al del mencionado conjunto aunque más pequeña; su parte superior se encuentra claramente interrumpida por la pintura negra del vientre del ciervo naturalista del conjunto V; por esta razón sólo se dis­pusieron tres ramitas en el lado izquierdo y dos en el derecho; el tronco descansa en dos finos trazos paralelos de tendencia horizontal, fig 3. Superiormente una pequeña forma rectangular, gruesa, corta y en sentido vertical fig. 3, arriba remata en un triángulo equi­látero que posee otro concatenado en su parte derecha más achaparrado; ambos están muy borrosos, son la figura número 4. En mi opinión, fueron pintados parcialmente sobre la forma de hacha del conj. VI. Bajo las líneas paralelas se extiende la figura 5 que está compuesta por dos formas circulares ligeramente inclinadas hacia la izquierda y com­puestas cada una por tres círculos concéntricos y secantes; sus semicírculos inferiores traspasan un racheado extendiéndose muy tenuemente hacia la derecha.

 Estas formas, como el pequeño arboriforme, recuerdan la organización y tema del dibujo de la parte superior del conjunto II de este mismo panel, aunque más pequeño y de peor acabado.

 

La ejecución de este pequeño grupo debe encajarse en la misma época que el con­junto número II ya que presentan una temática parcialmente semejante siendo el color idéntico. En ese ambiente el contenido naturalista de los triángulos debe estar fuera de dudas y representarían sencillamente un fondo serrano.

 Dada la interrupción superior de arbolito al llegar al vientre del venado se puede su­poner que ya existía éste cuando se pintó.

 

Por todo lo ahora expuesto sabemos que los semicírculos concéntricos que decoran figurativamente el conjunto número II pueden tener contenidos semejantes a éstos y for­malmente parecidos a las decoraciones de algunos recipientes ibéricos. Su ejecución debe ser cronológicamente aproximada una fase avanzada del Hierro es el horizonte cronológico con más probabilidades.

 

CONJUNTO VIII (Fig 9)

Figura 9

Figura 9.- Conjunto VIII

Este conjunto se dibujó en la zona media de la superficie pintada; se encerró en una pequeña superficie rectangular perfectamente limitada por un racheado; su color rojo claro está casi perdido, a su derecha la roca está fracturada faltando algunas pinturas.

 

Lo componen pequeños puntos distribuidos en dos superiores. Por la derecha, en un espacio triangular contiguo, se observan otros dos distribuidos de forma parecida. Su color y forma de trazado recuerdan los conjuntos I y VI de este panel; no evidencia otros contenidos de los que puramente ornamentales y matemáticos; la carencia de otros datos impregna igualmente su cronología.

CONJUNTO IX (Fig 10)

Figura 10

Figura 10.- Conjunto IX

Un racheado corta casi horizontalmente la superficie. Las pinturas que contiene esta parte inferior son de tres colores, granate, negro y rojo claro. El conjunto que ahora pre­sento está compuesto por las figuras de color granate parecido al empleado en la rea­lización del conjunto III.

 

La figura número 1 y 2 se dibujaron en la parte superior derecha; el núm. 2 es un cuadrúpedo de pequeña cabeza que ofrece su boca abierta, de orejas cortas y gruesas; su tronco es voluminoso y termina en larga y gruesa cola, muy erguida; sus extremi­dades son cortas. Donde la cola termina comienza la figura número 1 que es parecida, de tendencia simétrica aunque su cola está algo más doblada; de este animal solamente se ve la mitad posterior del cuerpo y, tras un erosionado, algo de la casi perdida cabeza.

 

Bajo ellas hay un espacio con una forma de color negro que estudio más adelante y enseguida otras dos; la número 3 tiene la parte inferior del cuerpo “oculto» por un racheado y sólo deja ver la parte superior de un cuadrúpedo de formas muy parecidas a las anteriores; en la cabeza, orejas y hocico cortos trazados con mayor minucia, lo que permite ayudar a reconocer en ellos un mustérido -posiblemente nutrias-. Muy pronto a la derecha, comienza la parte posterior de un cáprido del que faltan sus ex­tremidades superiores, su tamaño es semejante. El estilo naturalista con el que fue realizado es algo tosco e inacabado pero permite observar que el mustérido con la boca cerrada, olfatea la parte sexual del cáprido.

 

Por tener el mismo color incluyo en este conjunto la figura número 5 situada en la parte media del panel y corresponde a una pequeña forma triangular de lados extremadamente gruesos; su color está diluido externamente.

 

En la parte inferior del panel hay otras formas con la misma tonalidad. La figura  número 6 corresponde a una herramienta u arma compuesta por un eje central, vertical, de unos 6,5 cm.; en su tercio superior izquierdo surge un trazo que presenta hacia arriba, con toda crudeza, doce largos y afilados “dientes»; en la parte más alta del vástago central se trazó hacia la derecha un arco en media circunferencia, superiormente cóncavo, y aparentemente sujeto al eje central por un refuerzo ensamblado en el eje vertical a la altura del temible brazo izquierdo.

 

Inferiormente a la derecha hay otras dos formas en color parecido aunque algo más tenue y de trazo bastante grueso. La número 7 es un cuadrúpedo compuesto por un eje central que presenta inferiormente cinco trazos pequeños, crecientes hacia la derecha; en la parte superior uno muy cerca del extremo izquierdo suavemente doblado hacia la derecha representa la cuerna. Bajo ella hay otra más pequeña, la número 8, que per  tenece a otro pectiforme de composición parecida pero sin el trazo superior y solamente con tres inferiores.

 

Si atendemos exclusivamente a los temas que encierran las primeras figuras veremos· que, en sí mismos, son escasamente cinegéticos. La primera pareja de mustéridos jugue­tean, muy próximos, con sus colas erguidas… realizan un ceremonial próximo al aparea­miento haciendo ostentación de su fuerza. Es ese hecho y no otro lo que plasmó el autor, quien sin gran interés por otras partes del cuerpo, retrató el animal de la izquierda visible­mente incompleto tras el oscuro manchón. Posiblemente otra faceta del mismo tema se menciona con la pareja de animales colocada debajo, uno olisquea -así parece expresar­lo la disposición de su achatada cabeza-la parte genital de un cáprido, macho o hembra (es cosa que poco parece importar), lo que aquí se pone de relieve es el comportamiento juguetón de unos mustéridos posiblemente durante sus apetencias sexuales.

 

Si pertenece al mismo conjunto el terrible arma de la parte inferior, nos puede añadir concreción sobre su utilidad en la captura, al final la narración cambia e introduce un importante giro hacia lo cinegético.

 

Lo que se pudo plasmar en el panel con las figuras 7 y 8, formas bastante abstractas, por el momento se escapa a mi conocimiento aunque parecen añadir contenidos cir­cunstanciales referidos al último predicado de naturaleza venatorio: a mi entender poco añaden a la esencia de los temas expuestos en las tres «oraciones».

 

En resumen, si a las formas naturalistas se le añade el arma inferior, estas formas pueden apuntar una economía preagrícola y ganadera y extrañaría mucho situarlas en épocas posteriores al uso habitual del arco y la flecha como arma revolucionaria de las técnicas cinegéticas.

CONJUNTO X (Fig 11)

Figura 11

Figura 11.- Conjunto X

Este conjunto está formado por una serie de figuras en color negro situadas en la parte central del conjunto anterior. La forma número 1 presenta la parte posterior de un tronco con cola erecta y de medio grosor; en su parte inferior se ven con claridad las extremidades posteriores. Estas formas parecen perte­necer a un cánido.

 La figura número 2 mira igualmente hacia la derecha y fue realizada más abajo que la anterior alternando con los mustéridos del conjunto granate -número IX-, pertenece, a juzgar por los cuernos, a la figura esquematizada de un cáprido. Tanto estos como la parte inferior de las extremidades del animal están sobre una mancha roja reseñada en el conjunto anterior.

 Continúan hacia la izquierda las figuras 3 y 4 que pertenecen a ramiformes coloca­dos horizontalmente; la núm. 3 tiene al menos tres brazos en la parte superior de un eje horizontal y cuatro en la parte inferior. Próximo está la núm. 4 que es del mismo tono pero algo más fino, de trazos más cortos y próximos se inclinaron inferiormente hacia la derecha; posee superiormente cinco tracitos bastante desiguales y solamente son vi­sibles tres inferiores en la disposición habitual -verticales y paralelos-; dada su proxi­midad, puede suponerse un intento de continuar la figura 3.

 Inferiormente bajo la figura del cáprido está la número 5, de ella solamente es visible un grueso trazo con dos pequeñísimos apéndices inferiores.

 Bajo el temible artilugio rojo está la figura 6 formada con un grueso trazo horizontal semejante al número 5; se apuntaron superiormente en él dos pequeños y finos tracitos en los extremos, otros dos en la parte central; inferiormente se dispusieron cuatro: uno en el extremo izquierdo, otro en la zona media y los otros dos en la parte inferior derecha.

Muy cerca por la derecha se pueden observar unas líneas muy borrosas entre las que destacan al menos cuatro de tendencia vertical; constituyen la figura número 7.

En este conjunto son visibles la asociación de formas naturalistas estáticas de animales con sig­nos abstractos, ramiformes. Parecida cuestión ya se ofrece en los conjuntos IV y X de este mismo panel y es igualmente conocida en algún conjunto de Monfragüe, Torrejón el Rubio; Berzocana; valle del río Ruecas y Cañamero entre los más cercanos. No es necesario resaltar mucho que la inclusión de los signos abstractos dificulta la compre­sión de los contenidos.

 

Frecuentemente los ramiformes semejantes a éstos, pero realizados en posición vertical, pueden encerrar contenidos religiosos emparentados con los ídolos-placa, pero cuando su expresión es en posición horizontal la significación parece ser di­ferente. Su realización es escasa dentro del repertorio de pinturas esquemáticas pero puede rastrearse su representación en la roca 7 de la Virgen del Castillo, Chillón, Ciudad Real (7); en la Cueva de los Arcos y Vacas de Retamoso, Aldeaquemada, Jaén (8), o en la Submeseta N aparece grabada en el dolmen de Cubillejos de Lara, Burgos (9). En todos estos casos predomina su asociación a cuadrúpedos siendo un tema interesante para realizar una monografía al respecto, cuestión que ahora no se aborda.

 

Así las cosas, cabe decir que su significado se escapa debido a la naturaleza abs­tracta de algunos signos siendo igualmente incierta su cronología.

BIBLlOGRAFIA

(1) BREUIL, H.: «Les pintures rupestres schemátiques de la Peninsule Iberique», vol. 111, Lám XXII. Lagny 1933.

(2) GARCIA ARRANZ, J.J.: «La pintura rupestre esquemática en la comarca de las Villuercas (Cáceres)>>. Salamanca, 1990.

(3) BREUIL,H.: Opus cit., vol. 1.

(4) GONZALO CORDERO, A. Y DE ALVARADO GONZALO, M.: «Nuevas pinturas rupestres en Extremadura». Revista de Arqueología n.º 143, Madrid, 1993.

(5) BELTRAN, A.: «El arte rupestre del Levante español». Encuentro Ediciones. Madrid,1982. pág 82.            .

(6) RUBIO ANDRADA, M.: «La pintura rupestre en el Parque Natural de Monfragüe, Cáceres». Cáceres, 1993.

(7) CABALLERO KLlNG, A,: «La Pintura Rupestre Esquemática de la vertiente sep­tentrional de Sierra Morena (provincia de Ciudad Real) y su contexto arqueológico». Es­tudios y Monografías n.º 9, Museo de Ciudad Real, 1983.

(8) LOPEZ PAYER, M. G. Y SORIA LERMA, M. (1988): «El Arte Rupestre en Sierra Morena Oriental, Jaén, España». La Carolina, Jaén, págs. 63 y 97.

(9) GOMEZ BARRERA, JA (1993): «Arte Rupestre en la Meseta Castellano Leo­nesa, Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, Pág. 233.