Abr 142014
 

Manuel Rubio Andrada y Francisco Javier Rubio Muñoz

 

1. INTRODUCCIÓN

Mchos de los trabajos que se vienen haciendo sobre biografÍas en general y de los conquistadores en particular contienen una narración de los hechos del personaje en los cuales no está ausente la subjetividad propia de la admiración o rechazo de los hechos narrados que pueda producir el autor.

 

Muchos de esos trabajos suelen ocuparse muy secundariamente, de las actuaciones menos llamativas de los protagonistas en relación con otros personajes más secundarios que nosotros entendemos como muy importantes a la hora de acercarnos a la reconstrucción completa de la historia del individuo objeto de la biografía.

 

Ya manifestamos esta opinión en nuetro trabajo sobre Francisco de Orellana, fray Gaspar de Carvajal y Gonzalo Pizarro[1]. Esto nos sirvió para darnos cuenta de cuáles eran las intenciones de los dos primeros con respecto al tercero a lo largo de buena parte del famoso viaje e intentar conocer mejor la difícil tarea de clarificar la trama de su inesperado desenlace.

 

La conducta de Francisco Pizarro en las biografías de Vasco Núñez de Balboa y viceversa se ven por lo general, devaluadas, cuando no deformadas, inclinando la balanza a favor de uno u otro personaje según corresponda el sentir de la circunstancia. En general, se suele pasar de forma superficial sobre esas relaciones ciertamente conflictivas, quedando así la conducta entre ambos deformada o al menos imprecisa.

 

2. LAS FUENTES

Para realizar este trabajo nos hemos servido principalmente de las

Biografías sobre Vasco Núñez que en 1914 realizó D. Angel Altolaguirre[2] mientras que de Francisco Pizarro hemos tomado como guía la publicación de D. José Antonio del Busto[3]. Ellos nos han señalado la ruta en la que ambos personajes coincidieron en años concretos de sus vidas.

 

Estos dos autores se acercan al tema desde posiciones distintas. Para

Altolaguirre el centro del sistema social en el que se desenvolvieron no siempre estuvo ocupado por Vasco, en esto fue  realista; no lo fue, empero, en su juicio final sobre Balboa, el cual como veremos, también transgredió en numerosas ocasiones e hizo de las suyas.

 

Del Busto intentó ascender siempre a Francisco Pizarro en la escala

del poder social colocándole en ocasiones en su relación con Balboa en posiciones que en muy pocos momentos podemos sospechar que ocupó.

 

Completamos esa ruta marcada grosso modo por los autores citados

logrando mayor precisión con los numerosos datos que nos facilitan los cronistas, principalmente con Bartolomé de las Casas[4], Gonzalo Fernández de Oviedo[5] y en menor cuantía, Antonio de Herrera[6].

 

3. ANTECEDENTES

Vasco Núñez de Balboa y Juan de la Cosa acompañaron a Rodrigo de la Bastida cuando zarpó en 1501 del puerto de Cádiz. Descubrieron las costas de Colombia, las bahías de Santa Marta, Cartagena y Cispatá; atravesó el golfo de Urabá, llegaron hasta las costas panameñas en los puertos de Retrete y Nombre de Dios desde donde volvieron a La Española en 1502. Vasco Nuñez permanece en La Española donde tiene repartimientos de indios en Salvatierra de las Çabanas[7]. Allí permanece en torno a siete años, hasta poco después de la salida del tercer viaje de Ojeda, el 10 de noviembre de 1509.

 

Francisco Pizarro había partido de San Lúcar de Barrameda el 13 de febrero de 1502, en la expedición de Nicolás de Ovando; también va en esta expedición Bartolomé de las Casas, nuestro cronista. Durante los años que Ovando recaló en La Española impuso la política de conquista y colonización diseñada por los Reyes Católicos; para ello realizó numerosas guerras de apaciguamiento en las que Francisco participó activamente. Ovando fue sustituido por Diego Colón y regresó de La Española en 1509.

 

Pizarro está en La Española como militar bajo las órdenes de Nicolás de Ovando, desde 1502 a 1509, en ese año marcha con la tercera expedición de Alonso de Ojeda. Al menos en algunos momentos nuestros personajes debieron coincidir en La Española, entre los años 1502 y 1509, es decir durante siete años. Ambos eran solteros y veintiañeros.

 

Alonso de Ojeda fue un experimentado conquistador que comenzó sus viajes al Nuevo Mundo en 1493 en el segundo viaje de Colón. Inició su primera expedición con autorización de los Reyes Católicos, el 18 de mayo de 1499, a espaldas del virrey Cristobal Colón. En ella fue acompañado de Juan de la Cosa y Américo Vespucio. Recorrieron la costa venezolana: el golfo de Paria, las islas de Trinidad y Margarita, hasta el cabo de Vela. Regresó a La Española el 5 de septiembre de 1499.

 

Tras un segundo viaje por la costa venezolana, Ojeda emprende una tercera aventura junto con Diego de Nicuesa: capitulan en la ciudad de Burgos el 9 de junio de de 1508. Mediante ella el primero obtiene la gobernación de Nueva Andalucía y el segundo la de Veraguas. Como límites de ambas gobernaciones se fijaba el centro del golfo de Urabá.

 

Para llevar a efecto su cumplimiento Ojeda parte de La Española en su  expedición el 10 de noviembre de 1509; llevaba 300 hombres y tenía como fin la conquista y colonización de Nueva Andalucía[8].Uno de los militares que le acompaña es Francisco Pizarro[9].

 

La expedición de Nicuesa se retrasó al 22 de noviembre del año 1509, llevó 700 soldados y su fin era conquistar y colonizar la gobernación de Veraguas. Ambas expediciones debían completarse con un navío; el de la expedición de Ojeda estaría bajo el mando del bachiller Martín Hernández Enciso y el de Nicuesa por el capitán Rodrigo Henríquez de Colmenares[10].

 

Ojeda desembarca en Cartagena y tras diversos infortunios abandona aquella costa. Buscaba mejores condiciones y  dirigiéndose hacia el golfo de Urabá, en el sureste, funda en enero o en febrero de 1510 la ciudad de San Sebastián de Urabá, en la parte oriental de este golfo.

 

En San Sebastián no hay sosiego. Los indios continúan hostigándolos continuamente con sus temibles flechas envenenadas, los abastecimientos escasean, pasan hambre y la nave con  refuerzos, capitaneada por Hernández Enciso, no llega. Ojeda intenta regresar a la Española en busca de nuevas ayudas; para ello en el mes de mayo de 1510 no duda en embarcarse en la nave del corsario Bernardino de Talavera[11].

 

Como hemos dicho, Francisco Pizarro había embarcado en esta expedición de Alonso de Ojeda que había partido en noviembre del año de 1509. Ahora, en ausencia de Ojeda, queda como capitán en  San Sebastián de Urabá;  tenía la “provisión” de esperar la llegada de refuerzos durante cincuenta días. Se esperaban éstos bien por el regreso de Ojeda o por la llegada de la nave de Enciso, el “socio” de Ojeda y alcalde mayor de la expedición que, como dijimos, retrasó su partida desde Santo Domingo[12].

 

Pasados los 50 días, es decir sobre finales de agosto o primeros de septiembre de 1510 ni había vuelto Alonso ni llegaba Enciso. En este momento Francisco Pizarro determina cumplir las órdenes y regresar, haciéndolo en los dos bergantines que tenían. Al mando de uno se puso él, mientras que el otro naufragó en el regreso por el golfo de Urabá rumbo al puerto de Cartagena.

 

 

4. EL ENCUENTRO ENTRE VASCO NÚÑEZ DE BALBOA Y FRANCISCO PIZARRO

 

Al entrar en este puerto coincide con la nave de Hernández Enciso, debió ser a mediados o finales de septiembre de 1510; llevaba los ansiados refuerzos. Entre los 150 hombres que portaba esa nave iba Vasco Núñez de Balboa que según los cronistas las Casas y Oviedo había embarcado sin autorización, es decir como polizón[13].

 

Fray Bartolomé aprovecha para enviarnos su lugar de nacimiento, retrato y actividades en la isla de La Española.

 

Asi lo narró fray Bartolomé:

“…Este Vasco Nuñez era uno de los que muchas deudas debía, vecino del postrero pueblo destas islas, al Occidente, llamado Salvatierra de las Çabanas, donde tenía indios de repartimiento, natural de Badajoz. Era mancebo de treinta y cinco o pocos más años, bien alto y dispuesto de cuerpo y buenos miembros y fuerzas y gentil gesto de hombre muy entendido y para sufrir mucho trabajo; este había venido a la tierra firme, cuando vino a descubrir y rescatar Bastidas,…” [14]

 

No fueron bien recibidos Pizarro y los suyos, Enciso les acusó de haber desertado del resto de la expedición de Ojeda, Pizarro no debió olvidar esta afrenta con facilidad; muestra las ordenes de Ojeda y entonces Enciso comprende y acepta su versión.

 

Durante la navegación, también Vasco Núñez había sido humillado por Enciso; fue aceptado al fin por sus conocimientos del medio natural en el que se iban a desenvolver ya que había estado anteriormente en su viaje con Rodrigo de la Bastida.

 

5. VASCO NÚÑEZ DE BALBOA Y FRANCISCO PIZARRO BAJO LAS ÓRDENES DEL BACHILLER HERNÁNDEZ DE ENCISO

 

Es pues en las proximidades del puerto de Cartagena, a finales de verano o comienzo del otoño de 1510, cuando las crónicas hacen coincidir a nuestros dos personajes por segunda vez: Pizarro queda como segundo en la escala bajo el mando del alcalde mayor Hernández Enciso y Balboa va en el último lugar como un soldado “sin papeles”.

 

Poco después, a principios de ese otoño, Hernández de Enciso y sus hombres se trasladan desde las inmediaciones de Cartagena a San Sebastián de Urabá. Tras desembarcar, observan las ruinas de la ciudad, su visión se une a los malos recuerdos de Pizarro y los suyos. Los estragos causados por las flechas envenenadas de los nativos, diversas desgracias posteriores -hundimiento del buque con todo lo que portaba-, sirvieron para sustentar la opinión de atravesar cuanto antes el golfo de Urabá hacia su costa occidental.

 

Dice así Las Casas sobre Pizarro y los suyos:

“…, y es de creer que Francisco Pizarro y los de su compañía zaherirían e acusarían su porfía de venir a ella al bachiller Anciso; ayudaba la opinión que la dejasen, haber ya quemado los indios la fortaleza que Ojeda hizo, y treinta casas que los españoles allí tenían…”

 

Balboa fomenta muy oportunamente la tentación, también él aconseja atravesar el golfo hacia poniente y allí promete mejores y más ricos territorios. Pero aquellas costas eran tierras de Veragua ya en la demarcación del gobernador Nicuesa.

 

Las Casas narra así lo dicho por Balboa:

“…Yo me acuerdo de los años pasados, viniendo por esta costa con Rodrigo de Bastidas a descubrir, entramos en este golfo, y en la parte de occidente, a la mano derecha, según me parece, salimos en tierra y vimos un pueblo de la otra banda de un gran río, y muy fresca y abundante tierra de comida, y la gente de lla no ponía hierba en sus flechas…”[15]

 

Es muy probable que las relaciones entre Pizarro y Balboa, en estos últimos días de verano o comienzos del otoño de 1510, fueran muy buenas por la ayuda mutua que se habían prestado ante las complicadas relaciones con Enciso. Los dos unen criterios con motivo de no fijar residencia en San Sebastián de Urabá; pero a partir de ese momento algo debió comenzar a sopesar la cabeza del trujillano; la expedición de su inmediato superior Martín Hernández Enciso comenzaba a trasgredir los límites de la legalidad.

 

Posiblemente en los finales de septiembre o comienzos de octubre de 1510 ya están en el lado opuesto: han seguido el consejo de Balboa.

 

En el Darién están en la ciudad y tierra del cacique Cemaco con el que pelean duramente y obtienen su primera victoria; como consecuencia obtienen un aprciable botín: Vasco comienza a ser un valor en alza.

 

Inmediatamente, otoño de 1510, Enciso y sus hombres pueblan la ciudad indígena a la que ponen por nombre Santa María la Antigua del Darién[16].

 

Santa María la Antigua, como se ha dicho, era territorio de la gobernación de Veragua perteneciente al gobernador Cristóbal de Nicuesa. Estaba en un lugar todavía poco precisado, próximo a la desembocadura del río Atrato, en el occidente del golfo de Urabá. Su climatología es ecuatorial siendo una región de gran pluviometría; esto determina una vegetación selvática con su correspondiente fauna y la destrucción de las construcciones realizadas por lo general con materiales pobres.

 

Alonso de Ojeda no regresa. La prohibición de Enciso de rescatar oro con los indios sin su intervención, so pena de muerte, convierte esta expedición en una empresa privada de Enciso. Esto produce una crisis y comienzan a surgir complicados conflictos sociales con sus naturales divisiones. Balboa había fomentado la transgresión legal de cruzar el golfo de Urabá que les había facilitado el enriquecimiento en el nuevo lugar. Como veremos ahora fue más allá en esta crisis.

 

Unos, entre los que se encuentra Vasco Núñez de Balboa, piensan que al estar en otra gobernación, la Veragua de Nicuesa, el cargo de alcalde mayor que ostentaba el bachiller Enciso por concesión del gobernador de Nueva Andalucía, Alonso de Ojeda, había perdido su valor.

 

Posteriormente aunque cercana a la fundación de la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, se producen elecciones para nombrar dos alcaides y los regidores de la nueva ciudad; no hubo sorpresas: Vasco Núñez de Ballboa y el vizcaino Martín Çamudio ocupan los dos puestos claves.

 

Lógicamente la fundación de esta ciudad era un hecho necesario para que Balboa se alzase con el poder, si no hay ciudad no hay alcaldes ni regidores.

 

Acto seguido detienen a Enciso, lo procesan, confiscan sus bienes y lo encarcelan temporalmente… finalmente acordaron enviarlo a Santo Domingo.

 

Si desde que llegan al Darien, en los finales del verano hasta los comienzos del otoño de 1510, el puesto de capitán de Pizarro se tambaleaba. La detención de Enciso recién pasadas las elecciones, presionaba aún mas su posición de capitán subordinado al mando legal, existiendo sin dudas una difícil situación entre Balboa y Pizarro. Ademáshay que tener en cuenta que los seguidores de Balboa no eran la totalidad, también Enciso tenía sus partidarios.

 

En el mismo otoño de 1510 entra en escena un personaje al que ya antes mencionamos: se trata del capitán Colmenares. Llega a Santa María la Antigua en noviembre de 1510; va con una nave en busca de su jefe Diego de Nicuesa.

 

Colmenares se mostró desprendido repartiendo alimentos y enseres que llevaba y a la vez fortalecía la voluntad de algunos residentes en Santa María. Con su llegada surge un nuevo grupo: los que piensan a favor de situarse bajo las órdenes del gobernador de aquel territorio Diego de Nicuesa. Un grupo que añadir a los partidarios de Balboa y de Enciso.

 

Pasados unos días Colmenares continuó costeando hacia el norte en busca de Nicuesa. Iba acompañado de varios emisarios, según fray Bartolomé fueron dos emisarios, según Oviedo cuatro; le relatarían la situación de los hombre de Ojeda en su territorio y el acatamiento de la  recién fundada Santa María la Antigua de Darién y su gobierno.

 

Mal lo había pasado Nicuesa y sus hombres, de 785 hombres que salieron de la Española le restaban vivos algo menos de 100. El capitán Colmenares los halla en el recién creado fuerte de Nombre de Dios; el encuentro  con su gobernador fue desilusionante. Las peripecias pasadas, el hambre, las muertes, la conducta del gobernador para con su gente… Regresar a Santa María era la única esperanza de ambos.

 

Todos regresan en el invierno de 1511 y Nicuesa intentará desembarcar.

 

Hemos visto anteriormente que Nicuesa era muy deseado en Santa María por un grupo que pedía legalizar la situación, por diversas cuestiones también Nicuesa deseaba ir a la nueva ciudad. Evidentemente los fines de Nicuesa y Balboa no coincidían.

 

En general la gente de Nicuesa y los de Enciso deseaban, ante todo, el oro que pudieran obtener de los indígenas. Antes Enciso y ahora Nicuesa prohibieron todo trato con los indios en este sentido: el oro ante todo debía amortizar la inversión, los gastos de la expedición. Para amortizar sus grandes inversiones en este viaje  lleva la intención de castigar y prohibir la tenencia y rescate de oro con los indios.

 

El mismo Nicuesa facilitó la llegada de este mensaje. Ante esto nos narra el padre Las Casas que surge en Santa María una nueva idea: no dejar desembarcar al gobernador; Vasco Núñez era uno de los que más insistía en esta pretensión como solución.

 

Para acercarnos al ambiente que allí se vivía, narremos el suceso que ocurrió en la ciudad de Santa María con este motivo.

 

Dice así el cronista Fernández de Oviedo:

…É para esto, teniéndolo muy bien masados los de su opinión, y en la iglesia de San Sebastián pusieron al pié del altar una manta o tapete en tierra é una almohada de cama y ençima una cruz, como se suele hacer el jueves de la Çena o Viernes santo quando se andan las estaciones; é juraron allí solemnemente sobre aquella cruz que no reçibirían á Diego de Nicuesa por gobernador…”[17]

 

Los cronistas narran de distinta manera la pintoresca y dramática llegada de Nicuesa a Santa María la Antigua. Su desenlace es siempre el mismo: Nicuesa, con 16 o 17 de los suyos, navega con rumbo incierto desde la ciudad de Santa María la Antigua, nunca más de él se supo. Era marzo de 1511.

 

Poco más de un mes después, el 4 de abril de 1511, Balboa va completando su vocación de caudillo. Envía embarcados en un mismo navío a Enciso que va como exiliado, a Çamudio, su compañero en la alcaldía, y al regidor Valdivia, van como procuradores ante las autoridades de la Española y la Corte.

 

Quizás el más significativo que quedaba era Francisco Pizarro, en esos momentos era capitán subordinado a un Capitán General o a su lugarteniente[18]. De él guardan silencio las crónicas durante todos los acontecimientos narrados. Ante la posterior marcha forzada de su legalmente inmediato superior Hernández Enciso, su poder se diluía, no tenía otras posibilidades que acatar a Balboa como nuevo jefe.

 

Pero su obediencia al nuevo caudillo no se le debió  presentar clara. Debía sopesar mucho los pros y contras de su acatamiento a Balboa ante la forma, tan trasgresora por democrática, con que éste había llegado al poder y sobre todo por el proceder contra el gobernador Nicuesa y el alcalde Enciso.

 

¿Qué ocurriría si regresaban  Hernández de Enciso, Alonso de Ojeda u otro personaje con nombramiento real?. Al fin y al cabo Vasco Núñez, era un ilegal que se había alzado con el poder por una práctica ilícita  en el Antiguo Régimen: la vía democrática.

 

6. Francisco Pizarro capitán a las ordenes de Vasco Núñez de Balboa

 

Durante estos acontecimientos y según la lógica de los hechos sus relaciones debieron atravesar momentos de cierta tensión, quizás difíciles ya que según todas las crónicas Francisco tendía a ser un legalista convencido.

 

Pero sabemos que como capitán terminó acatando a Vasco Núñez de Balboa, incluso antes de llegar el nombramiento de éste como gobernador.

 

El envío de los dos emisarios de Balboa, Zamudio y Valdivia, a La Española con los papeles del proceso de Enciso y las pasadas andanzas de Nicuesa, relatadas por el veedor real Quincedo, produjeron sus frutos: a partir de la respuesta recibida por Balboa nadie podía ya objetar ilegalidad en la nueva posición de Vasco.

 

Éste, una vez liberado de sus inmediatos superiores en la primavera de 1511, señaló el turno de Francisco al que encomendó una misión de reconocimiento ciertamente peligrosa.

 

Algunos  nativos les venían lanzando el señuelo del oro y las riquezas, esta vez localizados en la provincia de Cueba, distante 30 leguas de Santa Maria.

 

Nos narra las Casas que, poco después de las deportaciones del gobernador Nicuesa y el bachiller Enciso, Vasco encomienda una difícil misión a Francisco Pizarro; junto con  seis compañeros debe marchar río arriba -posiblemente el actual Astato- en territorio del cacique Cemaco y su gente, cuya ciudad y propiedades los españoles habían confiscado, tras el desembarco, hacía más o menos un año, en aquella operación el mismo Cemaco había sido torturado.

 

Andadas tres leguas los españoles sufren la acometida de los indios con su jefe; heridos por flechas y piedras huyen y retroceden a refugiarse en Santa María; uno de ellos no ha podido seguirlos. Francisco llega herido pero junto con otros, es obligado por Balboa a regresar a por su compañero; así lo hacen y todos regresan. Es posible que Balboa no esperara ese final.

 

El padre Las Casas lo narra así:

“…Acordó Vasco Núñez enviar a Francisco Pizarro con seis hombres, para que fuese a descubrir por allí la tierra; salidos el río arriba, tres leguas, salieron 400 indios con su señor Cemaco…y dan en Francisco Pizarro y en sus seis compañeros, con muchas flechas y piedras, de manera que a todos descalabraron y hirieron…los españoles arremeten contra los 400, y desbarrigan con las espadas dellos, 150 sin muchos otros que hirieron…Todavía uno de los seis, llamado Francisco Herránz, y los demás, todos muy heridos, volvieronse a su pueblo; desque Vasco Nuñez los vido, recibió pesar grandísimo, y mayor desque le dijeron que Francisco Herránz aún quedaba vivo; y en pena de lo haber dejado, mandó a Francisco Pizarro, no embargante que venía malherido, que tornase por él con cierta gente, y así lo trujo…”

 

Nos fijamos en la frase que incluye las Casas sobre la actitud de Balboa al concluir la primera parte de la operación: “…recibió pesar grandísimo…”. En la misma página las Casa nos recuerda la posición parecida que adoptó tras la expulsión de el gobernador Nicuesa “…Tornose desde a pocos días al pueblo del Darién, y dijeron algunos que traía proposito de, si hobiese Nicuesa vuelto, dalle la gobernación y sometérsele, y debía platicarlo así, por resguardo de complimiento si acaso volviese, porque su entendimiento a esto y a mas que esto se extendía…”[19]

 

Tras la deportación del alcalde mayor Enciso, lo resolvió en la misma línea y de esta manera:

“…Todavía, estando ya embarcado Anciso, antes que se hiciesen a la vela, fueron ciertos de aquellos vecinos, por ventura movidos por el Vasco Núñez, a rogalle que saliese en tierra y no se fuese, que ellos se ofrecían a intervenir  para que fuesen amigos él y Vasco Núñez y que lo dejarían usar el oficio de alguacil mayor, como pretendía, y lo demás que le pudieron ofrecer; pero él nunca quiso….”[20]

 

Una de las finalidades de estos  arrepentimientos, tan característicos de la conducta de Balboa y aparentemente poco naturales, era arreglar algo las malas cosas recientemente hechas: iban destinadas esas acciones por una parte ante sus vecinos opositores en esas cuestiones y por otra a suavizar futuras actuaciones de la justicia sobre él, que, como sabemos, acabo siendo implacable.

 

Estos sucesos determinan una nueva forma de relación entre el gobernador Balboa y el capitán Pizarro en la que éste aparentemente pierde protagonismo bélico. En las operaciones siguientes diseñadas por Balboa no se menciona el nombre de Francisco Pizarro, su lugar como capitán subordinado fue ocupado por otros personajes.

 

Esas operaciones militares fueron intensas y duras; veamos como sucedieron:

Lámina 2

 Lámina 2.- Esquema del primer viaje de Balboa desde Santa María la Antigua del Darién.

 

La primera de estas expediciones comienza en julio de 1511. Balboa se mueve hacia el norte del golfo de Urabá. Su objetivo es doble: primero repatriar a los españoles que Nicuesa dejó en el fuerte de Nombre de Dios y  segundo, ya con esos refuerzos prospectar nuevas conquistas y requisamientos (Lám 2).

 

Entre septiembre y noviembre de 1511 realiza simultáneamente ambos objetivos: el territorio del cacique Careta es invadido y saqueado. Después llega a un compromiso político con él para entablar posteriores expediciones desde su territorio contra otro cacique: Ponca. Por el momento aplaza ésta por falta de recursos y decide cambiar de rumbo.

 

Por sus anteriores viajes bajo las ordenes del gobernador Nicuesa es muy posible que en esta doble marcha, el capitán  Rodrigo Colmenares,  prestara oportunos servicios. Balboa debió observarlo y aceptarlo de forma positiva para sus planes, al menos por algún tiempo.

 

De regreso  a Santa María la Antigua en noviembre de 1511, Vasco Nuñez de Balboa se encuentra con la buena noticia que ha traído el regidor Valdivia desde La Española: la respuesta que antes mencionamos, era su nombramiento por el virrey Diego Colón, como gobernador interino del Darién. Contra el pronóstico de algunos este nombramiento fue ratificado por el rey en Zaragoza el 23 de diciembre de 1511[21].

Lámina 3

 Lámina 3.- Segundo viaje de Balboa desde Santa María la Antigua del Darién.

 

No pierde el tiempo y organiza una segunda expedición; ahora van hacia el sur, posiblemente por donde ya estuvo Francisco Pizarro con sus seis compañeros. No tenemos fechas exactas del inicio de esta expedición logicamente fue después de noviembre de 1511 (Lám 3).

 

Ascienden por el actual río Astrato y alguno de sus afluentes; como casi siempre buscan oro y comida. Las crónicas no dejan ya dudas que allí fue Rodrigo de Colmenares como capitán a las ordenes directas de Balboa[22].

Lámina 4

Lamina 4.- Esquema de la tercera expedición de Balboa desde Santa María la Antigua del Darién.

Tras el regreso de esta fructífera expedición a Santa María, ya con oro y comida, Vasco Nuñez organiza la tercera gran salida: es una marcha hacia el norte. Van por territorio en parte ya conocido: el pretexto fue castigar al cacique Ponca enemigo del ya aliado Careta (Lám 4). Se reanudaba así la expedición aplazada tras la invasión y posterior pacificación del territorio de este cacique[23].

 

Por noticias del padre Las Casas sabemos que Rodrigo de Colmenares fue también en esta ocasión como lugarteniente de Vasco.

 

Dice así fray Bartolomé:

“…Mostrada la casa y las cosas della, manda traer Comogre ciertas piezas de oro muy ricas en la hechura y en la fineza, que pesarían 4.000 pesos, y 70 esclavos, y daselos a Vasco Núñez y a Colmenares, conociendo ser los principales…”[24]

 

El territorio del cacique Ponca fue invadido, saqueado y él puesto en fuga. Vasco Núñez de Balboa entabla posteriormente relaciones amistosas con un nuevo grupo social al frente del cual estaba el cacique llamado Comogre y su familia directa. De Panquiaco, uno de los hijos de Comogre, reciben la noticia de la existencia de otro mar y de un territorio más al sur con mucho oro y riquezas; también le asesora del elevado número de soldados necesarios para su conquista. Son las primeras noticias del Perú.

 

La noticia del nuevo mar y la posterior existencia de un país tan rico caló hondo en la expedición y todos deciden regresar a Santa María para preparse ante una empresa de mayores dimensiones.

 

La expedición a tierras de Ponca y Comogre ya había concluido en octubre de 1512. Tras ella fueron enviados como procuradores, primeramente a la isla Española y después a España, al veedor Juan de Quincedo y, por elección, al capitán Rodrigo Colmenares. Debían informar de esas grandes noticias y llevar el quinto real de lo ya conseguido.

 

Siguiendo al padre las Casas podemos afirmar que no fue cómoda la espera de nuevos refuerzos en Santa María la Antigua donde Balboa hubo de dominar varias conjuras contra su persona; la astucia y la política fueron como casi siempre sus mejores aliados a la hora de completar sus acciones para resolver estos problemas.

 

A los numerosos enemigos que con sus acciones, Balboa se iba creando en Santa María, se sumaron las de sus procuradores Colmenares y  Quincedo, que recien llegados a la Corte, cambiaron de bando. Todos estos consiguieron su sustitución como gobernador interino de Tierra Firme del Darién. Poco antes del 18 de junio de 1513 D. Pedro Arias Davila fue nombrado Capitán General de Castilla del Oro, nueva denominación que se dio a este territorio.

 Lámina 5

 Lámina 5.- Cuarta expedición de Vasco Nuñez de Balboa desde Santa María la Antigua del Darién.

Vasco Núñez sospechó esa maniobra de sus enemigos y tras la llegada de dos navíos con viveres y 150 soldados desde la Española, decide dos cosas: una, enviar a la Corte para su defensa a Sebastián de Ocampos y la segunda no esperar más y organizar una cuarta salida hacia el noroeste en busca del nuevo mar y sus ricos territorios (Lám 5).

 

El 1 de septiembre de 1513 embarca en Santa María la Antigua con 190 españoles y varias centenas de indios; navegan primeramente hasta el puerto de Acla, en territorio del cacique Careta, llegan el 4 de septiembre. Allí deja los barcos. Tras recibir guías de este cacique, el 6 de septiembre de 1513 pasa al territorio de Ponca. No sin serias dificultades consigue una alianza con Ponca por la que éste facilta guías para trasladar a Vasco y su gente a territorio de un cacique enemigo de Ponca, Torecha según unos cronistas o Guarequa según otros. Para llegar a estos territorios debían atravesar un terreno difícil, lleno de dificultades naturales y siempre acechados por los nativos.

 

A pesar de todo esto Vasco Núñez de Balboa se alzó victorioso y llegó a un acuerdo político con Torecha/Guarequa, facilitando éste los guías necesarios para ascender a la cordillera inmediata. Por indicación de los recientes guías, allí, desde una meseta, a las 10 de la mañana del 25 de septiembre de 1513, Balboa avista el nuevo mar al que puso por nombre Mar del Sur.   Sus objetivos inmediatos son recabar precisas informaciones sobre este nuevo mar y el rico país que guardan sus orillas.

 

Transcurrido el canto del Te Deum y la posterior elevación de una cruz, Balboa ordena que el escribano real levante acta la cual recoge el nombre de los asistentes; afortunadamente nos ha llegado a través del cronista Fernández de Oviedo.

 

En ella primero figura el nombre de Vasco Núñez de Balboa, en segundo lugar el clérigo Andrés Vera y en el tercero Francisco Pizarro, hasta completar sesenta y siete nombres[25].

 

Recordemos que nuestros hombres están divisando el mar desde una lejana meseta, para acercarse a la orilla y planear nuevos movimientos Balboa debe resolver un serio problema que añadir a la invasión del territorio: se trata de la resistencia del cacique Chiapes. El ruido de los disparos de los arcabuces y la vista de los perros azuzados al encuentro logran, una vez más, la desvandada de los indios y el posterior ofrecimiento político de paz a cambio de oro y colaboración en la empresa. Destacado protagonismo tenía en estas campañas Leonçico, el perro de Balboa que le proporcionaba buenos beneficios a su amo ya que generalmente estos perros de guerra ganaban como un compañero más.

 

Entonces, en el territorio del cacique Chiapes,  selecciona tres hombres con un grupo de doce soldados cada uno. Al mando de uno de los tres grupos seleccionados va Francisco Pizarro, los otros dos van bajo el mando de Juan de Ezcaray y Alonso Martín. Les encomienda hallar un camino para acercarse a la orilla del nuevo mar recien avistado. Alonso Martín y su grupo tuvieron la suerte de encontrarlo primero.

 

Vueltos donde Vasco estaba, el 29 de septiembre de 1513 desciende éste en compañía de veintiseis hombres. Llegados al nuevo mar, Balboa penetró en él y tomó posesión en nombre de los Reyes de Castilla levantando acta Andrés de Valderrábano, el escribano real. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo también nos trasmitió los nombres de los veintiseis participantes, igualmente Francisco Pizarro figura en tercer lugar[26].

 

Por ser el día de San Miguel dio este nombre a aquel golfo. Después regresaron al poblado de Chiapes donde aguardaban los demás. Ya en Chiapes, Vasco entabla conversación con el hermano del cacique Chiapes quien le facilita noticias de la existencia de un conjunto de islas, ricas en perlas; deben navegar mar adentro en el recién visitado golfo de San Miguel.

 

No era tiempo propicio para navegaciones en aquellas aguas pero Balboa no se detiene y recaba información más precisa en tierras cercanas de un nuevo cacique: Cuquera.

 

Organiza la expedición con sesenta hombres que salen hacia el archipielago el 17 de octubre de 1513; navegaron distribuidos en ocho canoas. Desencadenada una tempestad se ven obligados a refugiarse en un islote, pierden los víveres y las canoas han sufrido importantes daños: se impone el forzado regreso.

 

Al regresar a tierra lo hacen en territorios del cacique Tumaco que le confirma la existencia del archipielago de las Perlas y la existencia de riquìsimas tierras situadas más al Sur. El mismo cacique le ofrece como presentes oro y doscientas cuarenta gruesas perlas.

 

Con el fin de preparar nuevas expediciones decide regresar a Santa María la Antigua el 3 de noviembre de 1513. Comienzan tomando un nuevo camino; sin muchas dudas su objetivo era proseguir con la economía depredadora que habían iniciado.

 

Con los nuevos caciques que entabla relación realiza la política persuasoria que tan buenos resultados le había dado. La expedición se acercó al ya conocido territorio de los caciques aliados Comogre, Ponca y Careta. Embarcan en los bergantines y regresan a Santa María el 19 de enero de 1514.

 

El oro y las perlas que traían los expedicionarios llenó de alegría a los residentes; entre estos estaba Pedro de Arbolancha que había llegado a santa María con la secreta misión de informar al rey sobre los asuntos de aquella gobernación y preparar la llegada del nuevo gobernador. Ante la narración de los sucesos de esta última expedición y la visión de las riquezas reunidas, Arbolancha se vuelve un apasionado defensor de Vasco.

 

Reunido el cabildo de la ciudad acuerda solicitar al rey la continuidad de Vasco Núñez como gobernador del Darién. Arbolancha se traslada con este requerimiento primero a la Española donde Pasamonte, el Tesorero Real, cambia igualmente de posición e informa directamente al rey en favor de la continuidad de Vasco.

 

Después Arbolancha continúa hasta España y notifica al rey estos sucesos tan positivos para Balboa. Pero  a pesar de la celeridad de las gestiones de Arbolancha, el tiempo había pasado en su contra. Pedrarias Dávila, nombrado capitán general y gobernador  de Castilla del Oro -nuevo nombre que se dió a aquella gobernación- había partido de San Lucar el 11 de abril de 1514; iba al mando de una gran expedición que según las Casas llegaba a los 1200 hombres[27].

 

El 30 de junio de 1514 desembarcaba Pedrarias en Santa María la Antigua del Darién en un cortejo formado por él y su mujer, su séquito y sus soldados. Entre ellos regresan dos viejos concidos de Vasco Núñez: el bachiller Enciso y el capitán Colmenares. Serios presagios cubrirían la mente de nuestro conquistador.

 

A través de las crónicas sabemos que durante el periodo de tiempo que empieza con la elección de Balboa como alcalde mayor y acaba con la llegada del nuevo gobernador, tres años y siete meses, las numerosas actuaciones de Balboa y sus compañeros se caracterizan entre otras cosas por el protagonismo de Vasco. En las cuatro grandes expediciones que realizó en esta época es evidente también, que en las tres primeras el capitán Colmenares fue su segundo en el mando y en la cuarta se perfila a Francisco Pizarro como el sucesor en el cargo de Colmenares.

 

Su presencia como tal, solamente puede sospecharse por las listas mencionadas, facilitadas por Oviedo; su nombre ocupa un lugar preeminente: el tercero inmediato después de Balboa y el clérigo Andrés de Vera. También es algo significativa la pequeña salida que Balboa le encomendó en esta misma expedición, en busca de la orilla del mar.

 

Ya vimos como según las Casas, Pizarro ya había sufrido el embite de Balboa en su primera salida cuando, recién elegido alcalde mayor, le mandó ir con seis soldados en una misión, ya narrada, ciertamente peligrosa.

 

Francisco sabía cual había sido el destino de los anteriores jefes y lugartenientes de Balboa, de una u otra manera les había apartado de su empresa.  Con la prudencia como arma, con el oido bien dispuesto, debería mantenerse pasivo, dócil y poco significalitivo: por el momento solo debía ganar algo de oro, informarse y aguardar mejores tiempos.

 

7. Balboa y Pizarro a las ordenes de Pedrarias

El 19 de enero de 1514 se produjo el regresó triunfal de la cuarta gran expedición de Balboa y desde esa fecha hasta el 6 de junio de ese mismo año  que desembarca el nuevo gobernador Pedrarias Dávila, unos cinco meses, nuestros personajes con el resto de españoles, permanecen en Santa María la Antigua consolidando el descubrimiento de la ruta entre los dos grandes mares; ahora para ello Vasco ocupa al capitán Andrés de Garabito.

 

Pero una vez más Balboa tiene que ocuparse de defender ante el Poder Real, su posición de caudillo. El sabía que los futuros embites vendrían de sus ya conocidos enemigos y de otros nuevos.

 

En esos momentos puede engrandecer su  reputación ante el favor real, los hechos realizados y las grandes riquezas obtenidas. Así intentó hacerlo.

 

Llegó Pedrarías con sus soldados, que sobrepasaban en mucho el millar, a Santa María donde estaban quinientos quince hombres; naturalmente la población se llenó de hombres sedientos de inmediatas riquezas. Las narraciones llegadas a la península habían disparado la fantasía hasta extremos difíciles de admitir.

 

Obtenida de Balboa rápida información de lo hallado y su localización, Pedrarías comienza una nueva conquista preferentemente con los hombres que él había llegado relegando a puestos carentes de relevancia a Balboa y a la mayor parte de los residentes.

En el periodo posterior que comienza con la llegada de Pedrarias, Balboa tiene que enfrentarse a una pesquisa y a un juicio de residencia que le impide salir de Santa María la Antigua; en este periodo continuó su inactividad bélica que se extendió hasta su puesta en libertad, al menos hasta finales de noviembre de 1514. El juicio de residencia que se le hizo reconoció la culpabilidad colectiva de los habitantes de Santa María la Antigua, en las actuaciones contra el gobernador Nicuesa.

 

El 20 de marzo de 1515 Vasco recibe la agradable sorpresa de las mercedes que le habían prometido: su nombramiento por la reina Dª Juana como Adelantado del Mar del Sur y Gobernador de las provincias de Panamá y Coiba[28].

 

Sin embargo da la impresión que las condiciones de este nombramiento en realidad pretendían complicar la situación para que nada avanzara: en el futuro su actividad en el territorio de su provincia debía estar bajo la obediencia de Pedrarías y éste debía dar plena libertad a Balboa en las cosas de su nueva gobernación. ¿Qué ocurriría en el caso de que Pedrarias silenciara sus respuestas a los deseos de Balboa?.

 

Poco después de esas fechas, Pedrarias propuso a Vasco Núñez organizar una expedición a Dabaybe, posiblemente en el verano de 1515. Aunque estos míticos territorios no eran de su gobernación ya le eran parcialmente conocidos desde su segunda gran salida; Vasco aceptó la propuesta y emprendió la marcha con 190 hombres distribuidos en cinco barcos. Esta expedición hubo de regresar a la Antigua a los treinta días y fue un rotundo fracaso.

 

En ese tiempo y por el fracaso de esa expedición como motivo, Pedrarías y sus allegados comienzan una nueva campaña de desprestigio y calumnia contra Vasco. Sus fines esencialmente son dos:  en la Corte, conseguir que el rey le quite a Balboa  los beneficios otorgados en el otorgamiento de su gobernación; en Santa María la Antigua desprestigiarle y restarle seguidores.

 

A su vez Vasco y sus allegados reclaman una y otra vez sus derechos. Solicita a Pedrarias que se le permita llevar 150 hombres del Darien para organizar una nueva expedición a los territorios de su gobernación. Ante la ausencia de respuesta, Vasco organiza la llegada desde Cuba de una pequeña expedición de 50 hombres al mando de Andrés de Garabito lo que ocurrió ya en los primeros meses de 1516.

 

La realización de este hecho sin autorización indignó a Pedrarias y tomó preso a Vasco.

 

Una vez preso, ambos llegan a un acuerdo: Vasco obtuvo la libertad a cambio del matrimonio por poder con una de las hijas del gobernador y de hecho, éste renuncia a los beneficios de su Gobernación aunque no a sus nombramientos[29].

 

La nueva expedición que tras este pacto se acuerda con Vasco, ya bajo las ordenes de su gobernador y suegro Pedrarias tenía dos objetivos: uno, terminar la construcción de la ciudad y puerto de Acla y el segundo realizar la construcción de cinco naves para marchar a la isla de las Perlas y seguir descubriendo en la costa del mar del Sur, siempre bajo la autorización del gobernador Pedrarias.

Conseguido su primer objetivo, organizó el nuevo municipio y se nombraron los miembros del Ayuntamiento. Después regresó a Santa María con el fin de preparar la construcción de la flota para la nueva expedición proyectada.

 

Regresó Vasco desde Santa María la Antigua a Acla con 200 hombres y pertrechos para la contrución de los navíos. Organiza el traslado de las maderas y materiales a través de la fuerte serranía hasta el río de las Balsas, ya en la vertiente del mar del Sur. Pero la dificultades que encuentra en el translado retrasan la operación y se pasa el tiempo de concesión de la capitulación; al fin consigue una prórroga de cuatro meses que cumplió el  24 de junio de 1518 y a partir de ella el gobernador Pedrarias ni se la renueva ni se la negaba[30].

 

En realidad los planes de Pedrarias eran bien distintos. Casi todos  ignoraban sus nuevos manejos en la Corte. Se trataba de desprestigiar a Balboa acusándole, entre otras cuestiones, de escasa actividad. Pasar a Diego de Albitéz los permisos especiales para fundar ciudades y descubrir los territorios que, años atrás, ya se habían concedido a Balboa.

 

La Real Cédula de concesión de esos beneficios a Albítez tiene fecha de 23 de marzo de 1518. Su regreso debió ser en los comienzos del verano de ese mismo año, justo cuando cumplía la prorroga de la autorización dada a Balboa para la construcción de las naves.

 

La actitud silenciosa de Pedrarias en esos días debía producir fundadas sospechas de que algo importante tramaba. Avisado Vasco Núñez por Hernando de Argüello, su emisario en Santa María la Antigua, de parte de estas maquinaciones, éste le aconsejó que siguiese con su expedición por el mar del Sur, que así lo recomendaban también los padres jerónimos -sucesores de Diego Colón en el mando de la Española-.

 

El proceso de destitución de Pedrarias Dávila y el nombramiento de D. Lope de Sosa como nuevo gobernador de Castilla del Oro comenzó a finales del verano de 1518. Hacia los finales de ese año ya se pudo y debió conocer en Santa María la noticia de su próxima marcha pero hasta mediado el mes de Mayo de 1520 no llegó a Santa María el barco con el nuevo gobernador D. Lope de Sosa; le acompañaba su familia y allegados. En ese preciso día D. Lope falleció.

 

Según el sistema social al que se pertenecía en Santa María la Antigua (de Vasco o de Pedrarías), eran numerosas y variadas las conjeturas que se hacían ante la próxima y espectante llegada del nuevo gobernador: su llegada, sus propositos, la partida de Pedrarias…

 

Los allegados a Balboa suponían con buen criterio, que D. Lope de Sosa reemplazaría a Balboa en el mando de la nueva flota que tanto esfuerzo les estaba costando terminar; les parecía que Pedrarias Dávila, al fin de cuentas suegro de Balboa, les posibilitaría de alguna forma continuar su deseada expedición por el mar del Sur.

 

Para informarse de todas estas cuestiones y conseguir de una vez la ansiada prórroga de las naves, Balboa y sus allegados acuerdan enviar al capitán Francisco Garavitos a la ciudad de Acla -en los últimos tiempos personaje en alza en la esfera de Balboa-. Allí “casualmente” en aquellos días se había trasladado el todavía gobernador Pedrarias.

 

Poco después de conocer la noticia de su próxima destitución, Pedrarias trató de suprimir a su molesto competidor y determinó para ello acercarse a Acla donde tendría lugar la muerte de Balboa. Este asesinato estuvo motivado por varias cuestiones entre las que se ofrece como más destacables la venganza personal de Pedrarias por su cese como Gobernador, en el que Balboa y sus seguidores tanto tuvieron que ver por la presión que, desde hacía varios años, venían ejerciendo sobre él en la Corte.

 

Pero en aquel momento concreto, verano de 1518, lo que motivó el cese fue la presión que ejercieron las cartas que fray Pedro de San Román hizo llegar a la Corte a través de fray Bartolomé de las Casas, sobre los excesos realizados en la expedición del licenciado Espinosa, alcalde mayor  de Pedrarias en Santa María[31].

 

Para llevar a efecto la legalización de la muerte de Balboa, según los cronistas Bartolomé de las Casas y Fernández de Oviedo, Pedrarias se sirvió de la traición de varios de sus compañeros entre ellos destacan a uno: el capitán Andrés de Garavitos, el mensajero enviado por Vasco cuya delación le salvó la cabeza[32].

 

Aparentemente Pedrarias recibió tergiversadas informaciones de las acciones que se proponía realizar Balboa en el sentido de siempre: sus detractores le acusaban de la pretendida marcha hacia el sur con la nueva flota y sin permiso. Tras estos comentarios, el gobernador Pedrarias determinó  llamar a Vasco y a sus compañeros más cercanos, posteriormente su apresamiento, juicio y muerte ocurrida el 12 de enero de 1519.

 

El ajusticiamiento se justificó  en la posibilidad real de que, libre ya de  la tutela de Pedrarias por el próximo cese de éste como gobernador, Balboa marcharía en nueva peripecia, a explorar los territorio situados más al sur del golfo de San Miguel.

 

Francisco Pizarro fue encargado por Pedrarias de dirigir el grupo de soldados que apresó a Balboa. Veamos como sucedió este hecho según nos lo contó el padre Bartolomé de las Casas.

 

Nos lo narra de esta manera:

“…Topó a Francisco Pizarro que iba con gente, que le iba a prender, y díjole: ¿Qué es esto, Francisco Pizarro? no soliades vos así salirme a rescibir…”[33]

 

Cabe preguntarnos por la causa que tuvo Pedrarias Dávila para elegir a Francisco Pizarro, residente y antiguo allegado de Balboa, para realizar esta delicada misión.

 

Sin duda Pedrarias eligió a Francisco por tener plena confianza en que cumpliría sus órdenes. Para confiar en Pizarro éste debía haber demostrado tener una serie de condiciones: debía ser un soldado con fama de cumplidor de órdenes y en aquellos momentos debía hacerse patente un alejamiento de Pizarro del entorno de Vasco Nuñez.

 

Veamos como se llegó a esta última condición.

 

Las palabras de Balboa referidas a Pizarro “…no soliades vos así salirme a rescibir…” hacen mención a una situación en la que Pizarro estaba pasivo de unas acciones militares que Balboa venía realizando.

 

Actitud que sospechamos se dio también durante las expediciones primera, segunda y tercera de Balboa en las que el capitán Colmenares aparece como su lugarteniente; también en las posteriores a la cuarta en las que vimos a Andrés Garabito como segundo de Balboa.

 

No ocurrió esa situación en su famosa cuarta expedición pues ya vimos que, tras la marcha de Colmenares, Francisco Pizarro lo acompañó en puesto cercano. Tras el descubrimiento del mar del Sur, ambos se acercan a las islas de las Perlas, adentrándose en el golfo de san Miguel; después regresan a Santa María.

 

Cabría esperar que, tras este acercamiento entre Balboa y Pizarro, evidente en la cuarta gran expedición, Francisco ocupara el puesto de lugarteniente de Balboa, pero según los relatos de las crónicas, no fue así. La llegada del nuevo gobrnador alteró el sistema social de Balboa, la sustitución de Francisco por el capitán Garavitos nos hace suponer con lógica que Francisco Pizarro se excluyó de él en espera de nuevos acontecimientos.

 

Tras la llegada de Pedrarias a Santa María la Antigua el 30 de junio de 1514, comienzan bajo sus órdenes, las expediciones de conquista, saqueo y exterminio. En general, en las primeras salidas, la mayoría de los soldados que estaban en Santa María participaron poco, pues eran considerados por Pedrarias sospechosos de desobediencia, posibles traidores, ya que habían sido y muchos seguían siendo seguidores de Balboa, entonces retenido por el juicio de residencia acusado de la muerte del gobernador Nicuesa.

 

Nada sabemos de Francisco Pizarro en el año y medio que va desde su regreso a Santa María, tras la cuarta expedición de Balboa, mediado el mes de enero de 1514, hasta su salida con Gaspar de Morales en los comienzos del verano de 1515.

 

Según las crónicas no hay noticias de que Francisco Pizarro participara en las primeras expediciones organizadas por el gobernador Pedrarias inmediatas a su llegada a Santa María la Antigua; mandadas la una por Luis Carrillo que fue al río Ánade y a la tierra de Abrayba, la otra por Juan de Ayora; ambas se movieron por territorios ya conocidos por las diversas exploraciones de Balboa y su gente.

 

Tampoco aparece su nombre en las que mandaron el sobrino del gobernador primero y después el bachiller Enciso al río Cenú; al menos la primera realizada inmediatamente después  de la de Juan de Ayora.

 

Igualmente está ausente Pizarro de la narración que las crónicas nos ofrecen sobre la salida de Vasco Núñez por el rio Darién en busca de las riquezas del mítico dios Dabaiba.

 

Es en el preciso lugar donde lo dejó Balboa, en el archipielago de las Perlas, donde las crónicas sitúan a Pizarro en los comienzos de esta fase de su vida bajo el nuevo gobernador; sucedió sobre la primavera o el verano de 1515. Ya va con las tropas de Pedrarias y bajo las órdenes de Gaspar de Morales. En ese preciso lugar encuentran la famosa perla llamada Peregrina.

 

Así lo cuenta el padre las Casas:

“…saltó Gaspar de Morales con la mitad de los españoles en ciertas canoas grandes y Francisco Pizarro en otras con los demás…”

 

“…Metiólos en la casa la cual dijeron que era maravillosamente hecha y muy más que otras de caciques señalada; hizo sacar una cesta de vergas muy lindas hecha, llenas de perlas que pesaron 110 marcos, todas muy ricas, y entre ellas una que pocas parece haberse hallado en el mundo tan grandes ni tales; era como una nuez pequeña (otros dijeron que como una pera cermeña), la cual llevó a España la mujer de Pedrarias y la presentó a la Emperatriz, e dijeron que le mandó dar 4000 ducados por ella….[34].

 

Entre las numerosas expediciones que organizó Pedrarias con su gente en este periodo las Casas menciona las de Francisco Vallejo, Francisco Becerra, Tello de Guzmán, Diego de Albítez y Gonzalo de Badajoz[35].

 

Tampoco hay noticias por los cronistas de la participación de Pizarro en las crueles expediciones de Gaspar de Espinosa a las tierras de Comogre y Pocorosa que duraron desde 1515 hasta 1517 aunque algunos historiadores  sitúan en esos momentos el inicio de su relación con Pizarro.

 

Tenemos noticias de la participación de Pizarro en la expedición que organizó Juan de Tavira, una vez más a las tierras del dios Dabayba. Tras la muerte de Juan de Tavira en esta expedición Francisco Pizarro fue elegido jefe por sus compañeros y organizó el regreso a Santa María la Antigua.

 

Lo narra así fray Bartolomé:

“…La gente, viéndose sin capitán, eligieron a Francisco Pizarro que los capitanease hasta el Darién, y asi se volvieron…”[36]

 

Ya en 1518, e inmediatamente después de la expedición anterior, se observa un mayor acercamiento entre el gobernador y Francisco Pizarro: le encomienda directamente al mando de cincuenta soldados una expedición al Abrayme; en ella Francisco va como capitán jefe a las órdenes directas de Pedrarias, esta expedición resultó un fracaso.

 

Dice así la narración de las Casas:

“…y que él quería dallesa Francisco Pizarro por capitán, quetornasen a la otra demanda, que era también rica, convene a saber, de abrayme,…”[37]

 

Era la primera vez que había llegado a este escenso como capitán independiente. Aunque había pasado por situaciones parecidas: recordemos su actuación en San Sebastián de Úraba, entonces en ausencia del mando de Ojea e igualmente en su primera salida ya con Vasco Núñez como alcalde de Santa María del Darién.

 

Poco después de esta expedición, en la que ya se ve con claridad el acercamiento e inclusión de Pizarro en la órbita del gobernador Pedrarias, Francisco Pizarro recibió la orden de apresar a Balboa y por lo dicho esta cuestión no debió disgustar al trujillano pues ya hacía tiempo que deseaba progresar con Pedrarías.

 

Basado en todas las tramas vividas entre Balboa y su suegro Pedrarias, es muy posible que Pizarro no supiera con certeza el fin último que Pedrarias tenía destinado a su yerno Vasco Núñez. Pero la rápida marcha del gobernador, desde Santa María a Acla, cuando ya sus días como político y militar parecía que se agotaban, podía con lógica inducir a Pizarro a suponer lo peor. No obstante Francisco era un soldado de los que no discuten las órdenes.

 

Conclusiones

Debemos comenzar estas conclusiones afirmando que Francisco Pizarro jamás se sumó a favor o en contra de las acusaciones o defensas de Balboa o Pedrarias. No intervino en la vida “política”.

 

Es cierto que las relaciones de Balboa con Pizarro aunque superficialmente cordiales no habían ofrecido nunca las perspectivas que sin duda Pizarro deseaba, su ascenso social como militar  y como persona.

 

Con la llegada de Pedrarias el futuro era poco alagüeño para ambos. Las probabilidades de una nueva “escapada” de Balboa no le ofrecían a Francisco un claro proyecto vital por su aparente fobia a lo ilegal. Por otra parte Balboa le había estancado demasiado tiempo en su progresión personal como militar. En consecuencia Pizarro, como hemos apuntado, procuró dejar la orbita de su paisano y aproximarse a la del gobernador.

 

Aunque con incierto porvenir, al lado de Pedrarías Francisco había comenzado a expresar su valía. Ahora con la orden, tan comprometida y  arriesgada de cumplir, Pizarro enseguida se dio cuenta que el gobernador Pedrarías le acercaba más aun en su órbita de poder; le estaba demostrando que Francisco era ya un hombre de su total confianza. De todo ello deducimos que la orden de apresamiento de Vasco no la debió ejecutar Pizarro de muy mala gana; por la vorágine social de aquellos días debió suponer la posibilidad de un fatal desenlace pero la realidad es que ignoraba el fin de Balboa.

 

Efectivamente, según la lectura de todas las crónicas, tras la detención de Vasco, se produjo la entrada de Francisco Pizarro en el selecto grupo formado por los miembros más cercanos al gobernador Pedrarias que, por circunstancias imprevistas, siguió en el poder de Castilla del Oro, ya con un sistema social único en el que Pedrarias ocupaba el centro. La buena adaptación económica y militar de Pizarro en ese sistema tiende a confirmar lo expuesto a lo largo de este trabajo.

 

 

APÉNDICE NÚMERO 1

 

Real cédula nombrando a Vasco Núñez de Balboa Gobernador interino del Darién. (Archivo de Indias, 139-1-4, libro 3, folio 203 vto). Transcrito por Ángel Altolaguirre y Duvale (1914): Vasco Núñez de Balboa, pág 9. Madrid.

 

El rey.- Por la presente entre tanto que mandamos prohuer de gouernador e justicia de la provincia del darien ques en la tierra firme de las yndias del mar oceano es mi merced e voluntad acatando la suficiencia e avilidade fidelidad de vos vasco nuñez de valboa entendiendo que cumple asi a nuestro servicio que seays nuestro gobernador e capitande la dicha provincia del darien e que tengais por nos y en nuestro nombre la gobernación e capitanía de la dicha ysla e provincia e juzgado della e por esta mi cedula mando a cualquier persona de cualesquier estado o condicion preheminencia o dignidad que sea que están o estuvieren en la dicha provincia del darien que durante el dicho tiempo vos ayan e tengan e resciban por nuestro capitan e gobernador della e vsen con vos en todos los casos al dicho oficio de gobernador anexas e pertenecientes e que como a nuestro governador en todo vos traten e cumplan e obedescan vuestros mandamientos que para vasar el dicho cargo en la forma susodicha e para la ejecución e cumplimiento dello vos doy poder cumplido por esta mi cedula con todas sus yncidencias e dependencias anexidades e conexidades e los vnos ni los otros no fagades en deal fecha en zaragoza XXIII dias de diciembre de de DXI años yo el rey por mandato de su alteza / lope conchinos señalada del obispo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

APÉNDICE NÚMERO 2

 

Los caballeros è hidalgos y hombres de bien que se hallaron en el descubrimiento del mar del Sur con el magnífico y muy noble señor el Capitán Vasco Núñez de Balboa, Gobernador por Sus Altezas en la Tierra firme, son los siguientes: (FERNÁNDEZ DE OVIEDO Y VALDÉS, Gonzalo (1853): Historia General y Natural de las Indias. Tomo 2.2, libro XXIX, cap III, pág. 11 y 12. Real Academia de la Historia Madrid.)

 

Primeramente el Señor Vasco Núñez y el fue el que primero de todos vido aquella mar e la enseño a los infrascriptos.

 

Andrés de Vera, clerigo; Francisco Piçarro; Diego Albitez; Fabian Pérez; Fernandino de Morales; Diego de Texeira; Chrpistobal de Valdebuso; Bernardino de Cienfuegos; Sebastián de Grijalba; Francisco de Ávila; Johan de Espinosa;  Benito Durán; Andrés de Molina; Antonio de Barcaldo; Pedro de Escobar; Chipstobal Daça; Francisco Pesado; Alonso de Guadalupe; Hernando Muñoz; Hernando Hidalgo; Juan Rubio de Malpartida; Álvaro de Bolaños; Alonso Ruiz; Francisco de Luçena; Martín Ruiz; Pascual Rubio de Malpartida; Francisco Gonzalez de Guadalçama; Françisco Martín; Pedro Martín de Palos; Hernando Díaz; Andrés García de Jaen, Luis Gutierrez; Alonso Sebastián; Jhoan Vegines; Rodrigo Velazquez; Johan Camacho; Diego de Montehermoso; Johan Matheos; Maestre Alonso de Sanctiago; Gregorio Ponce; Francisco de la Tova; Miguel Crespo; Miguel Sánchez; Martín García; Cripstobal Robledo; Cripstobal de León, platero; Johan Martínez; Valdenebro; Johan de Bras Loro; Johan Ferrol; Johan Gutierrez de Toledo; Johan de Portillo; Johan García de Jaen; Matheo Locano; Johan de Medellín; Alonso Martín, esturiano;Johan García, marinero; Johan Gallego; Françisco de Lentin, siciliano; Johan del Puerto; Pedro Fernández de Aroche, Nuflo de Olano, de color negro; Pedro de Orduña; Francisco de Arias; Andrés de Valderrabano, escribano de sus Altezas, en su corte y en todos sus reinos y señorios estuve presente y doy fec dello, e digo que son por todos sessenta y siete hombres estos primeros cripstianos que vieron la mar del sur con los quales yo me halle e cuento por uno dellos: y este era de Sanct Martín de Valdeiglesias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]  RUBIO ANDRADA, Manuel y RUBIO MUÑOZ, Francisco Javier (2011): Aproximación histórica a la relación entre Gonzalo Pizarro, Francisco de Orellana y fray Gaspar de Carvajal en su viaje a la Canela y el Dorado. XL Coloquios Históricos de Extremadura, pp 61-89.Trujillo.

[2]  ALTOLAGUIRRE Y DUVALE, Ángel (1914): Vasco Núñez de Balboa. Madrid.

[3] DEL BUSTO DUTHURBURU, José Antonio (2000): Pizarro, tomo I. Lima.

[4] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Historia de las India., Tomos II y III. México.

[5] FERNÁNDEZ  DE OVIEDO Y VALDÉS, Gonzalo (1851-1855): Historia general y natural de las Indias…Vol II. Academia de la Historia, Madrid.

[6]  HERRERA Y TORDESILLA, Antonio (1601): Histria General de los Hechos de los Castellanos… Décadas I y II. Imprenta Real Madrid.

[7] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit.,. Tomo II, capítulo LXII, pág 408.

[8] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit.,.Tomo II, cap, LXII, pág, 377.

[9] HERRERA Y TORDESILLA, Antonio (1601): Op. cit.. Década I, libro VII, cápitulo XIV, pág 197.

[10] HERRERA Y TORDESILLA, Antonio (1601): Op., cit.. Década I, libro VII, cap., VII, pág 214.

[11]DE LAS CASAS, Bartolomé (1065): Op., cit., Tomo II, cap. LX, pág 401.

[12] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op., cit.,. Tomo II, cap., XL, pág. 401 y cap., XLII, pág. 408.

[13] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op., cit.. Tomo II, cap. LXII, pág., 408. / FERNÁNDEZ DE   OVIEDO Y VALDÉS, Gonzalo (1855): Op., cit.. Vol. 2.1., libroXXVII, cap. IV, pág., 427. / Para acercarse al lugar de nacimiento de Vasco puede consultarse : ALTOLAGUIRRE Y DUVALE, Ángel (1914): Op. cit.. pág  XIII. Madrid. 

[14]  DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op., cit.. Tomo II, cap. XXXIX, pág. 565.

[15] LAS CASA, Bartolomé (1965): Op., cit.. Tomo II, cap.LXIII, pág 411.

[16] LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op., cit.. Tomo II, cap. XXXIX, pág. 565.

[17] FERNÁNDEZ OVIEDO y VALDÉS, Gonzalo (1852): Op. cit.. Vol. II-I, libro XXVIII. cap. III, pág 474. Real Academia de la Historia. Madrid.

[18] DEL BUSTO DATHURBURU, José Antonio (2000): Op. cit. Tomo I, pág 101. Ediciones COPÉ. Lima.

 

[19] LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit. Tomo II, libro III, capítulo XXXIX, pág. 567.

 

[20] LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit..Tomo II, cap.  XXXIX, pág 566.

[21] Ver apéndice nº 2.

[22]  DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op., cit.. Tomo II, cap. XLIII, pág. 577.

[23]  Hay confusión en la ordenación de estas expediciones en el padre las Casas. No se encuentran en Fernández de Oviedo y si en las Décadas de Pedro Martir de Anglería; hemos seguido el orden de estas expediciones siguiendo las indicaciones encontradas en  ALTOLAGUIRRE Y DUVALE, Ángel: Op. cit., pp XIL-L.

[24]  DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op., cit.. Tomo II, cap. XLI, pág 573.

[25] FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo (1855): Op. cit. Vol. II-II, libro XXIX, cap. III, pág 11.

Apéndice nº 2.

[26] FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo ( 1855): Op. cit. Vol. II-II,  libro XXIX , cap. III, pág 14.

[27] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit. Tomo III, capítulo XLIII, pág 15. Fondo de Cultura Económica. México.

 

[28]  Nombramiento de la reina Dª Juana por Real cédula de 23 de septiembre de 1514. ALTOLAGUIRRE DUVALE, Angel (1914 ): Op. cit. Apéndice documental número 25, pág 59.

[29] FERNÁNDEZ DE OVIEDO Y VALDÉS, Gonzalo(1855): Op. cit.. Vol. II-II,  libro XXIX , cap. XII, pág. 57. DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit.. Tomo III, libro III, cap. LXXIV, pág. 77.

[30]  DE LAS CASAS, Bartolomé (1965):Op. cit.Tomo III, libro III, cap LXXV, pág. 81 ss..

[31] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit.. Tomo III, cap. LXXII, pág. 73.

[32] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op.cit.. Tomo III, cap. LXXVI, pág 85.

FERNÁNDEZ DE OVIEDO Y VALDÉS, Gonzalo (1855): Op. cit. Vol. II-II,  libro XXIX , cap. XII, pág. 59.

[33] DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit.. Tomo III, cap. LVI, pág. 85.

[34]  DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Opus cit..Tomo III, libroIII, cap. LXV, pág 49 y 50. México.

[35] Para consultar el desarrollo de estas expediciones ver: LAS CASAS, Bartolomé (1965): Opus cit. Tomo III, cap. LXII y ss.

[36]  DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit.. Tomo III, cap. LXXVIII, pág 88.

[37]  DE LAS CASAS, Bartolomé (1965): Op. cit.. Tomo III, cap. LXXVIII, pág 88.

Nov 082013
 

Manuel Rubio Andrada y Francisco Javier Rubio Muñoz. 

Introducción

 Las obras que estudian este mismo tema lo hacen de manera general, es decir, estudian el Ejército de Extremadura encuadrado en los diferentes hechos de la Guerra de la Independencia de España -en realidad Peninsular-.

  Otras obras limitan su actuación en aquella guerra, inscribiendo sus hechos de manera más bien secundaria en los sucesos bélicos de la provincia de Extremadura, sin insertarlos adecuadamente en el contexto de las grandes operaciones militares peninsulares, para estos trabajos son los sucesos de tal o cual ciudad u otros hechos notables lo que mayormente acapara el estudio. En ambos casos el Ejército de Extremadura no tiene el papel protagonista que nosotros desearíamos ofrecer.

  Corríamos el riesgo de caer en lo contrario, es decir, ceñirnos demasiado al tema de nuestro ejército silenciando las actuaciones generales y particulares del contexto de la guerra en la que tanto participó.

  Por ello hemos intentado equilibrar estas cuestiones. Desde luego no hemos renunciado a describir muy brevemente las operaciones generales donde se insertaba la invasión de nuestro territorio, ni hemos silenciado las actuaciones de nuestro ejército más allá de los límites provinciales o en su interior, por muy perdedor que, en general, pueda ser considerado. Hemos tenido muy en cuenta que, en la mayoría de las ocasiones que el francés nos invadió, Extremadura era una pieza, de variable tamaño y valor, según las campañas proyectadas por Napoleón, sobre todo para la conquista de Portugal.

  Parecido panorama presentan los estudios de los demás Ejércitos provinciales surgidos tras la marcha y abdicación de los reyes a Francia. Aunque hay excepciones, no  cuentan con monografías a ellos dedicadas, pienso que, quizás la causa sea el panorama sombrío que suelen transmitir a nuestro “necesario” idealismo. En este sentido no somos esta vez la excepción.

  Nos llamó pues la atención  que Extremadura careciese de un estudio particularizado sobre su Ejército y para contribuir a llenar la ausencia del mismo decidimos realizar este pequeño estudio a la vez que nos servía para ofrecer de esta manera nuestro homenaje a todos los militares y civiles participantes en aquella contienda.

  Como bien indica el título, no se trata de una obra terminada, es solo un bosquejo, es decir los trazos fundamentales de un trabajo que debe ampliarse y completarse sobre todo con más documentación de primera mano, a ser posibles de fuentes directas. No obstante pensamos que es un trabajo histórico que merece ser conocido y aprovechado.

  El eje de nuestras consultas han sido las publicaciónes sobre la Guerra de la Independencia en Extremadura. Una, la del general D. José Gómez de Arteche y Moro, titulada Historia Militar de España.1808-1814, editada en Madrid 1868, que fue parcialmente impresa en 1898 por la Revista Extremadura para conmemorar el primer centenario; ahora la Diputación de la provincia de Cáceres ha digitalizado esos capítulos para conmemorar el segundo.

 Otra obra es la titulada Extremadura en la Guerra de la Independencia. Memoria histórica, de Ramón Gómez Villafranca y reeditada por Muñoz Moya Editores Extremeños en el año 2004.

 En ambas se observa cierto temor y huída ante los episodios con signos de evidente derrota acudiendo a la mala suerte o al silencio casi total. Es en este aspecto donde procuramos clarificar más las actuaciones.

 Para completar esos relatos hemos unido noticias encontradas en numerosas biografías de personajes de cierto relieve, participantes en aquella contienda, narraciones de batallas, historias del hecho en diferentes localidades etc.

 Hemos añadido una documentación gráfica que, a veces no nos ha sido posible averiguar su autoría y propiedad.

 1. Creación del Ejército de Extremadura.

 Como antecedente a la denominación de este Ejército puede tomarse el existente en la Guerra de Restauración de Portugal (1640 – 1668) estudiado por Fernando Cortés Cortés y editado por la Universidad de Extremadura en 1985.

  El denominado Ejército de Extremadura, de nuestra Guerra de la Independencia,  fue fundado en Badajoz, en los primeros días del mes de junio de 1808, por mandato de la recién constituida Junta Suprema de Extremadura, en su sección de defensa.

   Se había recibido el aviso del alcalde de Móstoles el 4 de mayo de 1808 y, posteriormente, se tomaron medidas para luchar contra el ejército francés muy presente en el cercano Alentejo portugués; en total eran unos 10.000 soldados. Al pueblo, el esfuerzo bélico del marqués de  Torre del Fresno, recién nombrado Gobernador Mariscal de Campo de Extremadura, debió parecerle equívoco e insuficiente -la turba le acusaba de traidor-, y caería asesinado en el levantamiento antifrancés, medio militar medio popular, ocurrido en Badajoz, el día de S. Fernando de ese mismo año -30 de mayo de 1808-.

 Tras el asesinato del gobernador, dadas las especiales circunstancias que atravesaba la monarquía española, hubo un vacío de poder. Se solucionó con toda celeridad     creando la Junta Suprema de Extremadura, de carácter provincial, a semejanza de las fundaciones de otras Juntas de ámbito similar surgidas en las demás provincias. No hemos dado con la denominación clara e inequívoca del título del cargo de primer Presidente, da la impresión que en los documentos se elude la escritura de este título. Sabemos que en ella se creó la sección de Guerra (1) presidida por D. Juan Nieto Aguilar, II Marqués de Monsalud y por el general D. José Galluzo, éste fue aclamado por el pueblo General Jefe del Ejército de Extremadura, por esto, según la normativa vigente, le correspondía también la jefatura política de la presidencia.

  En el verano de 1808 se organiza el primer contingente del Ejército de Extremadura al que, sin conseguirlo, se intentó completar con las fuerzas de élite desplazadas a Portugal como apoyo al ejército francés mandado por el duque de Abrantes, Andoche Junot.

  Todavía no se había estructurado el ejército adecuadamente cuando tuvo su primera acción participando, junto a los portugueses, en el asalto a los fuertes de Élvas y Campomayor, a la sazón defendidos por franceses, el 2 de julio de 1808 (2).

  Durante todo el verano de 1808 los reclutados acudieron a las poblaciones más importantes de la provincia, que en la práctica eran las convocantes directas del llamamiento a filas. A veces la estancia de los reclutados en ellas aumentó las tensiones entre los seguidores de las diferentes tendencias políticas -de Fernando VII, de Godoy, liberales patriotas y liberales afrancesados etc.- buen ejemplo de ello fueron los denigrantes sucesos de Plasencia (3). Para sostenerse a si misma y para alimentar y pertrechar toda esta tropa la Junta Provincial Suprema de Extremadura hubo de organizar, con toda rapidez, una economía que casi siempre resultó deficitaria moviéndose en la estrechez y la carencia.

 La noticia de la victoria del general Castaños en la batalla de Bailén el 17 de julio de 1808, sobre el ejército francés del general Dupont, debió despertar la euforia en todo el país. Sabemos por un estudio publicado en el Diario de Jaen el 19-7-2008 que en esta batalla participó una milicia de Trujillo formada por 290 hombres puestas bajo el mando del marqués de Coupigny. La posterior marcha de José I de Madrid hacia la frontera francesa, siguió inflando, ya de manera generalizada, nuestra valoración y nuestras posibilidades militares.

2. Batalla de Gamonal (Burgos).

  Lamina I Esquema de la batalla de Gamonal

Lám. 1.- Batalla de Gamonal, Burgos

A primeros de septiembre de 1808 ya estaba formado el Ejército de Extremadura compuesto por un total de 12.904 soldados: 11.970 de infantería, 1.150 de caballería y 684 artilleros  (4).

  El 25 de septiembre de 1808, ya ausente el rey José Bonaparte de Madrid, se constituyó en Aranjuez, la Junta Suprema Central Gubernativa, presidida por Floridablanca; ésta, unos días después, a primeros de octubre, ante los rumores de una gran contraofensiva francesa, comunica a la ya solamente Provincial de Extremadura la movilización del Ejército extremeño hacia el norte, solo cuatro meses después del comienzo de su reclutamiento.

 El último día de julio de 1808 el general inglés John Moore salió de Inglaterra para completar un potente ejército inglés en Portugal. La segunda derrota del ejército francés en el verano de 1808 la sufrió el general Junot en Portugal –batalla de Vimeiro, dada el 21 de agosto de 1808- a cargo de Wellesley, futuro lord Wellington; el 31 de agosto de 1808 se firmó la Convención de Sintra; el 6 de octubre de 1808 John Moore se encontró al mando del poderoso ejército inglés en Portugal, unos 38.000 hombres. Poco después, ansiando gloria, según Charles Esdaile, desobedece las indicaciones de sus superiores políticos y busca el cuerpo a cuerpo con las tropas francesas adentrándose hacia el centro de la peninsular.

Terminado el verano, Napoleón, que debía tener noticias exactas de estos movimientos, decide resolver directamente los problemas militares de la Península Ibérica. Pasa la frontera el 4 de noviembre de 1808 y el 8 está en Vitoria; marcha decidido al mando de 200.000 hombres; sin duda su objetivo era doble: uno la reconquista de Madrid, el otro la derrota del ejército inglés. Así quedarían lavadas las derrotas de Bailén y Vimeiro.

  A primeros de octubre, el 7 de octubre de 1808, nuestro Ejército, mandado por el general Galluzo y en número de unos 10.000 soldados se dirigen al norte; vía Madrid pasan a defender Burgos. El marqués de Monsalud queda en Badajoz organizando la reserva. En el trayecto son notorias las quejas de Galluzo a la Junta Suprema Central sobre las deficiencias de equipamiento, armas y demás de su ejército (documento nº 1). En los días finales de esta marcha, una orden de la Junta Central sustituye el mando de Galluzo por el del conde Belveder, que marchaba al servicio de Gallazo y era hijo del marqués de Castelar a la sazón Capitán General en Madrid quién tenía como segundo a D. Francisco Palafox a la sazón en la Sección de Guerra de la Junta Suprema Central (5).

 

 Nuestros soldados están acantonados el 8 de noviembre en Burgos. El día 10 de noviembre de 1808, Napoleón envía a combatirlos al experimentado mariscal Soult, manda unos 20.000 hombres. Ante la proximidad del ejército francés, el conde Belveder decide adelantarse y presentar batalla, muy cerca de Burgos, en la llanura de Gamonal; indeciso, retrocede tras un corto y positivo combate. Apenas continuado el siguiente día, los franceses ponen en fuga desordenada a Belveder y sus soldados. Éste, prosiguió por Lerma y Aranda hasta Segovia, donde recaló con su 3ª división; la mayor parte del resto fue acuchillada o pudo llegar a Burgos junto a las tropas francesas que les perseguían. Hubo unas 2.500 bajas aunque no faltaron algunos gestos de heroicidad por parte española. Burgos capituló (Lám I).

 

 Muy pronto la Junta Central Suprema tuvo conocimiento del resultado negativo de las batallas de Espinosa y Gamonal, libradas el mismo día por distintos ejércitos provinciales. La Junta sustituyó sus mandos: el conde Belveder lo fue por D. José de Heredia en el Ejército de Extremadura y el general Blake, en el de Galicia o de la Izquierda, por el marqués de La Romana a la sazón llegado de Dinamarca el mismo día 10 (6).

 

 Parece ser que, a escala militar -políticamente no oficial-, lo previsto era que los dos ejércitos mencionados, el ejército del Centro o de Andalucía, mandado por el general Castaños, más las tropas británicas mandadas por Moore, deberían haber luchado juntas contra las fuerzas napoleónicas, pero una mala coordinación entre ellos y las órdenes de la Junta Suprema Central desviando de este proyecto al general Castaños hicieron imposible su realización (7) (documento nº 2). Desde luego la falta de prudencia y una milicia poco preparada debió ser un factor importante a la hora de enjuiciar el resultado de esta primera batalla.

 

 Hemos dejado a la mayoría de los restos del ejército de Extremadura, que participó en la batalla de Gamonal, retirados en Segovia esperando como reservas el resultado de la batalla de Somosierra, decisiva para la reconquista de Madrid por los franceses.

 

Entre ambas batallas tiene lugar el asesinato del marqués de Perales en Madrid, el 23 de noviembre del 2008. La batalla de Somosierra, dada el 30 de noviembre de 1808, enfrentó a las tropas mandadas directamente por Napoleón y las españolas dirigidas por el general español Benito Sanjuán; aunque menos cruenta que Gamonal, su resultado fue parecido: huida en desbandada hacia Segovia donde se reunieron con el resto de las extremeñas allí estacionadas. Desde Segovia, siempre perseguidos por los franceses, se trasladaron ambos generales al Escorial. Tras tener noticias de la capitulación de la capital, Madrid, retrocedieron más al sur con los restos de sus atemorizados ejércitos y en medio de una cruel anarquía, llegaron a Talavera de la Reina, donde el general Benito Sanjuán fue asesinado por uno de los soldados el 7 de diciembre de 1808. Fue el triste final del Ejército de Extremadura en esta desafortunada campaña (8).

 

3. La primera defensa del puente de Almaraz.

 Así las cosas; todos huyendo hacia el sur, por el camino real,  todos llenos de pavor, con el ejército napoleónico pisándoles los talones. Entre ellos va también la Junta Central Suprema, acompañada de los numerosos asuntos que proporciona el cuidado de la patria y en medio de un desprestigio creciente por las recientes derrotas.

 

 Ante este panorama, la Junta de Extremadura intenta salvar lo que resta de su ejército y vuelve a encargar al general Galluzo de reunir y disciplinar, en lo posible, aquella tropa, la dé ánimos y regrese. El alférez Morillo, futuro jefe de guerrillas, contribuye eficazmente a devolverles algo la moral, ante el anuncio de la llegada de su antiguo jefe, tan injustamente apartado del mando por la Central.

 

En éste, su segundo mandato, el general Galluzo tenía un primer e inmediato objetivo militar, muy concreto: defender, desde su margen izquierda, el paso del río Tajo; pero a la vez debió ocuparse de reunir, alimentar, vestir, pertrechar y dar moral a su defraudada tropa.

 

 Para llevar a buen fin la operación mencionada, dividió su Ejército. Había que defender cuatro puentes: el puente del Arzobispo, -desvío del camino real por Oropesa-; el del Conde -vía Talavera la Vieja-; Almaraz y el del Cardenal en el enlace Trujillo- Plasencia.

 

 El objetivo principal era mantener el puente de Almaraz, ya que era el único que permitía el paso, con facilidad, de la artillería pesada y ofrecía posteriormente un trazado mejor mantenido y recto hacia las ciudades más importantes del centro y sur de Extremadura. Supuso bien, sin duda debía ser el que los enemigos uitilizarían. A su defensa quedó el mismo general, con la mayor parte de su ejército; ordenaba la defensa del puente del Cardenal al batallón de las guardias Walonas y a un escuadrón; al general Trías le encomendó defender el puente del Conde y cortar el del Arzobispo.

 

 Todo inútil, la caballería francesa al mando de Sebastiani había pasado ya este último puente y se adentraban por la sierra a cortar las tropas de Galluzo por su flanco derecho. El 25 de diciembre de 1808, el Ejército de Extremadura recibe la orden del general Galluzo de retirarse hacia el sur, hasta Zalamea de la Serena (9).

 

 De haber presentado batalla abierta en las inmediaciones del río Tajo para defender su paso, dados los diferentes efectivos de ambos contendientes y las especiales circunstancias de nuestro ejército, se habría expuesto a un probable aniquilamiento, pero como veremos, por el momento no era ese el objetivos de los franceses del IV cuerpo.

 

 Otra de las posibles razones que alegó Galluzo era la protección de la Junta Suprema Central, a la sazón huida en Mérida desde el 10 de diciembre de 1808; atemorizada y dudosa entre su establecimiento en su primer destino, fijado en Badajoz o, en vista de los acontecimientos militares, proseguir hacia Sevilla, en territorio más seguro. Finalmente se siguió esta opción.

 

 La Junta Provincial de Extremadura debió juzgar una conducta negligente en Galluzo y lo cesó. Es significativo observar que el general Sebastiani hacia su entrada en Plasencia el 24 de diciembre de 1808 (10), justo cuando se perdió el puente de Almaraz, así pues poco pudo perseguir al general Galluzo y nuestro Ejército por tierras del centro y sur de Extremadura. No era ese su objetivo.

 4. D. Gregorio García de la Cuesta, Capitán General del Ejército de Extremadura.

 La Junta Suprema Central, tras su paso por Trujillo, estaba detenida y duvitativa en Mérida. Entre los asuntos pendientes tenía  la causa abierta contra el afamado general cántabro D. Gregorio García de la Cuesta, al que llevaba detenido, acusado por apresar al almirante Antonio Valdés, delegado de la Junta del Reino de León.

 

 Cuesta era de feliz memoria para los militares extremeños ya que había tenido destino en Badajoz y marchado en 1793 con fuerzas de esta provincia, a luchar en la guerra de la Convención, en el sur de Francia.

 

Como anillo al dedo. La Junta Suprema Central fue reticente en un principio al deseo de la Provincial de Extremadura, que significaba dar carpetazo a la detención de Cuesta,  las circunstancias se impusieron y ante la necesidad de proseguir el viaje a Sevilla, Floridablanca accedió al canje: viaje expedito a Sevilla a cambio de la rehabilitación del general. Cuesta fue nombrado de esta manera Capitán General de Extremadura y comandante de su ejército el 29 de diciembre de 1808 (11).

 

No tardó excesivamente el nuevo Capitán General del Ejército de Extremadura, D. Gregorio García de la Cuesta en tener un ejército organizado y fija su cuartel general en Badajoz; después, emprende la reconquista del territorio extremeño ganado por los franceses en la margen izquierda del río Tajo en  su primera incursión por tierras extremeñas.

 

 El general Henestrosa, veterano en todas las campañas del Ejército de Extremadura desde su participación en la batalla de Gamonal, conquista Trujillo al mando de una división de 5.000 hombres. Cuesta hacía lo propio con el puente de Almaraz el 29 de enero de 1809 (12).

 

 Según estos relatos narrados por Gómez de Arteche, llama la atención en el ejército francés, su repentina pérdida de acometividad; dando signos de retroceso militar,  pierde un precioso terreno; no figura el nombre de ningún mando francés de ninguna categoría, ni el número de muertos, heridos o prisioneros de esta rápida campaña. Esto nos hace sospechar que su número debió ser muy corto y su significado militar sobradamente inflados por Arteche y otros autores. Sin embargo, no cabe dudas que el ejército de Extremadura, con estas victorias locales, cobra moral, ¿pero que hechos pueden haber influido también en el cambio de actitud del invasor francés?.

 

 La composición del ejército francés en esta primera aparición por Extremadura estuvo, a cargo principalmente del IV Cuerpo del Ejército Imperial a cuyo mando estuvo, según algunos, el general Lefebre. Según otras biografías, ya antes de la batalla de Gamonal, Napoleón sustituyó a Lefebre de su puesto por su segundo, el general Sebastiáni, como jefe de este IV Cuerpo (13).

 

 Hemos apuntado que la mayor parte de este Cuerpo del ejército francés no tenía intención de conquistar tierras por debajo del río Tajo y se dirigió a Plasencia en donde estuvo desde el día 28 de diciembre de 1808 -día de la llegada del General Galluzo a Zalamea, recién perdido el puente de Almaraz-, hasta el 1 de enero de 1809 que marcharon hacia el norte, hacia Castilla.

 

 Como bien menciona el mismo autor, aunque muy brevemente,  el objetivo primordial de esta primera invasión del territorio extremeño era  impedir cualquier  refuerzo o unión con las tropas británicas del general sir John Moore quién, penetró en España por Extremadura, parte de su ejército sigue el camino Real desviándose finalmente hacia Salamanca. Después pasa a los alrededores de Tordesilla donde parecía querer presentar batalla. Hasta el día 26 de diciembre no decide claramente retroceder hacia Galicia dirigiéndose por Benavente, con toda rapidez, antes que el mariscal Jean de Dieu Soult le cortara la retirada por el norte. Es entonces cuando las tropas francesas del IV Cuerpo, al mando de Sebastiani, abandonan Plasencia siguiendo hacia el norte en esa misma dirección. Los problemas inmediatos para los franceses como se ve, estaban en otra parte.

 

 No pudo el general Soult aniquilar al ejército británico que llegó a embarcar en La Coruña, pero acabó con la vida de su jefe Moore, en la batalla de Elviña, el 16 de enero de 1809 (14). Embarcado con la mayor rapidez el ejército inglés en La Coruña y alejado de las costas españolas, Soult debía proseguir su plan que no era otro que la reconquista de Lisboa. La llegada del ejército británico había alterado los planes de Napoleón que, tras la reconquista de Madrid era conseguir la invasión del territorio portugués por el centro-este. Ahora, la nueva situación de Soult en Galicia, le aconsejó iniciar la invasión de Portugal desde el norte. Éste, tras la conquista de la mayor parte de Galicia, entró en Portugal a partir del 4 de marzo de 1809; en Oporto, Soult lo hacía victorioso el 29 de marzo de 1809 (15).

  Siguiendo los planes de Napoleón, con intención de imponer definitivamente su poder en Portugal; el mariscal Víctor, al mando del I Cuerpo, lo invadiría algo después. Primero conquistaría la provincia de Extremadura; después penetraría en Portugal por el centro, siguiendo el camino Real, hasta unir sus fuerzas  a las de Soult que bajaría desde Oporto y ambos se apoderarían de Lisboa. Más tarde se conquistaría Andalucía.

 

5. La segunda defensa del Puente de Almaraz

Lamina II Voladura del puente de Almaraz

Lám. 2.- Voladura del puente de Almaraz

 Una vez desembarazados del ejercito británico de Moore, a mediados de enero de 1809, los franceses prepararon enseguida la invasión por Extremadura. El mariscal Victor al mando del I cuerpo del Ejército francés, unos 20.000 hombres, ha de adentrarse en el centro de Extremadura para proseguir después hacia Lisboa unido a las tropas de Soult que descenderían desde Oporto. Nuestro Ejército detecta una avanzadilla de reconocimiento que había penetrado por el Puente del Arzobispo el 19 de febrero de 1809, la milicia allí destacada, al mando del general Trías, entabla con ella una lucha. Los franceses, a pesar de ser hostigados, avistan Guadalupe y después retroceden.

 

 Debieron ser momentos duros y de gran inquietud en la comarca trujillana donde, recordemos, el día 13 de marzo de 1809 fallecía el teniente Ruiz de Mendoza.

 

 Tenemos noticias por la prensa de Badajoz de aquella época -Almacén Patriótico nº 2-, de que el teniente Ruiz, herido el 2 de mayo de 1808, defendiendo el Parqur de Artillería en Madrid, pudo huir muy pronto y aún convaleciente de sus heridas llegó a Badajoz donde le aguardaba su nuevo destino militar. Su llegada es muy temprana, en el mes de julio de 1808; la noticia del citado periódico cuenta su estancia y su estado convaleciente: menciona la presencia al menos de dos heridas, una de ellas en el costado infectada -purulenta dice el citado artículo-.

 

 Podemos suponer con lógica, que con notable mejoría pudo subir desde Badajoz con las tropas del general Cuesta para acometer la reconquista y defensa posterior del puente de Almaraz o bien que, agravada su salud, se retiró a Trujillo donde tenía familiares militares. Su estado no debía ser del todo bueno a finales de invierno; quizás el esfuerzo de su debilitado cuerpo en el camino, si es que lo recorrió entonces, pudo motivar la recaída y posterior muerte del héroe, a mediados de marzo en Trujillo. Su desaparición y el entierro  debió ser un acontecimiento en nuestra población repleta entonces de militares para los que, especialmente era un héroe. Ante la inminente llegada de los franceses se inflamaría la moral de ciertos militares, pero en la de otros, ya sacudidos por la derrota, debió ser un mal presagio (16) (Documento 3 y 4).

  

  Hemos mencionado que no tardaron en volver los franceses; el 15 de marzo de 1808 Leval y Lasalle -nuevamente y por sitio parecido-, pasan el río Tajo más al oeste del puente de Almaraz,  por Talavera de la Reina -un puente por encima del Arzobispo que no había sido utilizado en su anterior campaña-. Practican una acción envolvente por la derecha, muy semejante a la practicada contra el general Galluzo, menos de tres meses antes. Entablaron un combate ciertamente poco afortunado para el Ejército de Extremadura mandado por  Cuesta, quien, voló el puente de Almaraz el 15 de febrero de 1809 (17), (Lám II). No fue obstáculo para que el mariscal Victor pasara el río Tajo con el grueso del I cuerpo de su ejército. Cuesta se repliega ordenadamente, primero hacia Trujillo y luego más al sur, vía Sta Cruz de la Sierra, hacia Medellín. En esta retirada no faltan escaramuzas entre nuestra retaguardia, mandada por D. Juan de Henestrosa y los grupos de la vanguardia francesa de Lasalle. Entre ellas se mencionan las del berrocal, ya pasado Bajondo y la librada en las proximidades de Miajadas, ambas nos fueron favorables.

 

 Espoleado por estas pequeñas victorias, cierto que poco cruentas, Cuesta decide presentar nuevamente batalla. La ocasión se le presenta favorable cuando el mariscal Víctor decide separar sus fuerzas; unos van a Mérida y otros a Medellín.

 

  6. Batalla de Medellín.

Lamina III Esquema de la batalla de Medellin

Lám. 3.- Esquema de la batalla de Medellín

El ejército de la Mancha al mando de D. José María de la Cueva y de la Cerda, XIV duque de Alburquerque, nos prestó su ayuda con 4.000 hombre, de los que 200 eran de caballería; el Ejército de Extremadura aportaba unos 15.000 soldados. Tras su entrevista con Cuesta, en Villanueva de la Serena, el 27 de marzo de 1809, decidieron presentar batalla inmediatamente.

 

 Ya reagrupados los franceses, ambos Ejércitos avanzaron resueltamente el 28 hacia Medellín con un  número de tropas parecido. Todo inútil. Nuestro ejército, tras varios kilómetros de marcha, sufrió otro tremendo descalabro: 10.000 bajas, algo más del doble que el ejército francés; después se dispersó para volver a concentrarse en los alrededores de Monesterio. Por esta vez La Junta Suprema Central se mostró agradecida con la labor de Cuesta y sus mandos pero se le prohibió realizar, de momento, combates abiertos (18) (Lám III).

 

 A pesar de todo, por difícil que parezca, muy pronto Cuesta puede disponer de 14.000 hombres  con los que proseguir la lucha. En la consecución de tan nutrida representación de los pueblos de Extremadura, es necesario destacar el trabajo del II marqués de Monsalud, quién, como dijimos al comienzo, fue, junto con el general Galluzo, encargado de la Sección de Defensa en la Junta de Extremadura ocupando también el cargo de vicepresidente. Monsalud, según su biógrafo, estuvo moviéndose por toda la provincia, recabando pertrechos, hombres, cuestiones dinerarias etc. (19)

 

 Durante los meses siguientes, el ejército francés estuvo estacionado en el centro de Extremadura; desde el río Tajo, las inmediaciones de Trujillo, a las cercanías de Mérida.

 

 Cuesta y sus hombres les molestaban cuanto podían quizás ajenos a la causa de esta inmovilidad. Sin duda Victor esperaba noticias positivas de la marcha de Soult desde Oporto a Lisboa. Como es sabido esta marcha no se llegó a producir.

 

 El 22 de abril, Arthur C. Wellesley había desembarcado en Lisboa con más refuerzos británicos; estos, unidos a las tropas portuguesas, acometieron directamente a los franceses en Oporto el 12 de mayo de 1809. Soult con su ejército hubo de emprender rápida retirada hacia la frontera española por la parte de Lugo. Ante esta inesperada retirada de Soult, Wellesley pudo realizar una ofensiva por Extremadura para tantear liberar Madrid.

 

A tal efecto se puso en comunicación con el general Cuesta a través del coronel Bourke, quien debía intentar, entre otras cuestiones, lograr cierta cooperación entre ambos ejércitos, el anglo-portugués y el Ejército de Extremadura.

 

 Ante estas noticias, tan desagradables para los franceses pues suponían renunciar al segundo plan de Napoleón para la conquista de Portugal, y el anuncio de que Wellesley estaba cruzando Portugal, descendiendo desde Oporto hacia Extremadura, el general Víctor temió que su posible retirada hacia el norte fuera cortada y con sus tropas abandona con rapidez las posiciones del centro de Extremadura para cruzar de nuevo el río Tajo por el puente de Almaraz y por la margen derecha, aguas arriba, se estaciona entre este puente y el del Arzobispo. Cuesta con nuestro ejército le sigue en su retirada y establece su cuartel general en la margen derecha, muy cerca del puente citado; sus tropas vuelven a pasar con comodidad por ambas márgenes por los puentes citados.

 

7. Batalla de Talvera.

Lamina IV Esquema de la batalla de Talavera

Lám. 4.- Esquema de la batalla de Talavera

 El día 20 de julio de 1809 se reunieron Cuesta y Wellesley en Oropesa, se ultimaron los planes generales para dar la batalla; entre los dos reunían un formidable ejército de cerca de 55.000 hombres -siguiendo a Arteche Moro-.

 Ya el 21 de julio de 1808 hubo alguna escaramuza con iniciativa de parte francesa entre Oropesa y Talavera. La batalla decisiva se dio en las proximidades de esta ciudad el 27 y 28 de julio de 1809. Días antes, el 23, Cuesta a punto estuvo de caer en una encerrona de estrategia francesa. Tras la victoria hispano-inglesa de Talavera, Cuesta con el ejército extremeño sostuvo estas posiciones de la entonces provincia extremeña, pero Wellesley, lod Wellington, optó por regresar a la frontera portuguesa por el sur, en la margen izquierda del Tajo; siguió a toda prisa el camino Real hacia Badajoz, alegó  escasez de víveres y la imposibilidad de salvaguardar con seguridad tan extenso territorio. Puso de manifiesto su equilibrio entre valor y prudencia (Lám IV).

 

 No era para menos, los informes le debieron anunciar que el  ejército francés se acercaba forzando máquinas y hombres; rápidamente descendían desde León y Zamora. En efecto el día 1 de agosto de 1809, Soult, Ney y Motier con los restos de sus tropas entraban en Plasencia -solamente dos días tras la batalla de Talavera-. Allí permanecieron 6 días, los justos para comprobar que el ejército inglés se había replegado completamente hacia la frontera portuguesa; continúan después hacia Talavera de la Reina (20).

 

 Cuesta nunca se entendió bien con Wellington, los desencuentros fueron evidentes como se desprende de la lectura de su célebre manifiesto dirigido a la Europa… El ejército de Extremadura se sintió abandonado por los ingleses en estos momentos que Cuesta debió juzgar decisivos. No debió verlo así la Junta Central.  Ésta, tras la batalla de Talavera, concedió a Wellington el título de Capitán General; su gobierno –el gobierno inglés- el título de lord vizconde Wellington de Talavera; Cuesta alcanzó la Gran Cruz de Carlos III y hacia lo propio con el IV Duque de Alburquerque ascendiéndole además a Teniente General (21).

 

 Es evidente que Cuesta en un principio intentó mantener las conquistas de la margen derecha; su deseo posible hubiera sido que ambos ejércitos siguieran atacando a los franceses hasta reconquistar Madrid. Pero Wellington era consciente de las limitaciones económicas, la escasez de todo tipo que había en las poblaciones; muy pronto los víveres faltaron, como bien sabía el británico. Realmente no había comida en aquellas poblaciones y nuestro ejército hubo de fijar la frontera de nuevo hacia el sur, en la margen izquierda del  río Tajo.

 

 El temor a una nueva invasión francesa por los puentes de Almaraz y el Arzobispo, tras los regresos de Soult, Ney y Motier, pesó de nuevo sobre la moral de nuestro ejército. El general Cuesta abrumado por todo esto y sobre todo por su desencuentro con Wellingtón y por la opinión que de él iba manifestando éste  en el sentido de su imprudencia y temeridad le hizo dimitir. Posteriormente en Mallorca escribió su célebre manifiesto dirigido a la Europa justificando sus actos (documento nº 5). De todo lo ocurrido notificó a la Junta Central desde la ciudad de Trujillo.

  El mando del ejército de Extremadura pasó entonces al general Eguía, el 12 de agosto de 1809.

  Vimos que, ante la imposibilidad de cortar la retirada del ejército británico mandado por Weslesley en la batalla de Talavera -por muy poco-, el 7 de agosto de 1808, los franceses de Soult, Ney y Motier habían marchado desde Plasencia al valle central del río Tajo. Soult, el rey José, el mariscal Victor, y demás jefe del ejército francés que habían escapado de Portugal y Talavera, buscaban un nuevo planteamiento de la guerra.

 

 La vuelta de los citados mandos a Plasencia el día 10 de agosto de 1809, una vez reconquistados los territorios de la margen derecha del río Tajo, pone de manifiesto  la inutilidad objetiva de la victoria aliada de Talavera y, a nuestro entender, justifica el acierto de Cuesta en cuanto a su dimisión. Una vez en Plasencia, Ney y Motier con sus respectivos cuerpos del ejército, marcharían hacia Salamanca; el mariscal Soult quedó en esta ciudad con el suyo, observa expectante y atento durante casi dos meses.

 

 

8. La batalla de Ocaña.

 Lamina V Esquema de la batalla de Ocaña

Lám. 5.- Croquis de situación de la batalla de Ocaña

El ejército de Extremadura durante estos meses queda en las mismas posiciones. Sin embargo, muy pronto la Junta Central Suprema decide dividir este ejército. Ya comenzado septiembre de 1809, quedan en defensa de Extremadura 12.000 hombres, al mando del duque de Alburquerque y, según nuestros cálculos a partir de los soldados que intervinieron en la batalla de Talavera,         marchan hacia el SE en sierra Morena, al menos otros 20.000. Eguía es nombrado por la Junta Central Suprema, capitán general de los agrupados ejércitos del Centro; tiene a su mando de 51.689 hombres y, a primeros de octubre de 1809 fija su cuartel general en Daimiel.

 

 Soult, establecido en Plasencia desde agosto, conoció muy pronto estos movimientos de alejamiento de gran parte del ejército de Extremadura, ahora al mando del general Eguía, y posiblemente también, de las intenciones de la Junta Central Suprema de reconquistar Madrid. El día 1 de octubre de 1809 abandona la ciudad placentina, en dirección al centro de España, concretamente hacia los alrededores de Aranjuez -salió de Plasencia solamente unos días después de salir Eguía hacia Sierra Morena-. Está presente como Mayor General con parte del cuerpo de su ejército el 19 de noviembre de 1809 en Ocaña, acompaña al rey José y a Sebastiani; Víctor con el 1 cuerpo quedó algo más a retaguardia.

 

Ante la presencia de los 1 y 4 cuerpos militares de Víctor y Sebastiani, pronto manifestó el Capitán General Eguía su prudencia, dudas o temor retirándose con su numeroso y bien pertrechado ejército, a lugar seguro algo más al sur, en Sierra Morena. Este hecho fue tomado por la Junta Central Suprema quizás como cobardía o al menos como indecisión. Sus deseos eran  marchar hacia Madrid forzando con la mayor rapidez la máquina de guerra; por ello fue sustituido rápidamente en el mando.

 

 El nuevo mando de este gran Ejército  recayó en el veterano general Areizaga desde el 22 de octubre de 1809. La batalla se libró el 19 de noviembre de 1809.

 

 Alburquerque con los restos del Ejército de Extremadura también debía colaborar en este macroplán de intentar reconquistar Madrid tras lograr otro “Bailén” en Ocaña y, siguiendo las órdenes de la Junta Central Suprema, simula una nueva invasión de la margen derecha del río Tajo el 25 de octubre de 1809 adentrándose por Almaraz y el puente del Arzobispo; se intenta hacer creer al enemigo que un potente ejército británico acompaña nuestra retaguardia y así atraer parte del ejército francés situado en el centro.

 

 Deberían contar con buena información los franceses pues la maniobra no surtió efecto y el ejército francés siguió reagrupado en torno a Aranjuez.

 

Ya hemos apuntado el resultado desastroso de la batalla de Ocaña donde el número de nuestras bajas fue muy elevado, unos autores dan el número de 18.000 bajas entre muertos y prisioneros, otros una cifra aún mayor. Nuestros 25.000 hombres presentes en el agrupado ejército del Centro casi desaparecieron (Lám V).

 

 Al general Areizaga, gestor de aquel desastre, se le atribuye la siguiente conversación en plena batalla y transferida por uno de sus ayudantes.

 

 Subido trabajosamente al campanario de la torre de la iglesia de Ocaña conversaba:

    –   ¿Quiénes son aquellos que asoman allí?.

          Mi general, son los franceses del cuerpo del ejército del mariscal Víctor.

          ¡ Buena se va a armar!, contesta el general, sin tomar decisión alguna.

          ¿Y aquellos que vienen por allí?.

          Son los cuerpos del ejército del mariscal Jourdán.

          ¡Buena se va a armar!, repetía el general.

Tras la retirada de nuestras tropas Areizaga comentó:

    –    Ya lo decía yo!. ¿No les decía a ustedes que se iba armar una? (23).

 

Después de Ocaña, el general Areizaga, al mando de los restos del ejército del Centro, hostigó, aunque más bien poco, a los franceses en su invasión de Andalucía.                   

 

 Resumiendo: El plan de la Junta Central Suprema, situada en Sevilla, de formar dos  grandes Ejércitos españoles para marchar a la reconquista de Madrid fracasaron en las batallas de Ocaña y de Alba de Tormes dada el 30 de noviembre de 1809. Las cuantiosas pérdidas humanas y de material bélico dejaron al Ejército español, muy debilitado y en una dificilísima situación.

 

 Los franceses fueron conscientes de ello y obraron en consecuencia; dadas las claras posibilidades que ofrecía decidieron conquistar Andalucía.

 

 El mariscal Soult concibe un plan para su conquista con un nuevo contingente de tropas distribuidas en varios cuerpos a las órdenes del rey José y los mariscales Víctor, Portier y Sebastiani.

 

 Víctor manda el cuerpo del Ejército francés situado más al oeste y, a través de Almadén, deberá conquistar Córdoba y después dirigirse a Sevilla. El 12 de enero de 1810 comenzó a acometerse este plan. Con su cuerpo de ejército de 20.000 hombres, Víctor se lanzó a la conquista de Almadén.

 

 El general español Zerain con 1.500 hombres defendía esta plaza; su inferioridad era manifiesta y pidió ayuda urgente el siguiente día -13 de enero de 1810- al ejército de Extremadura a las ordenes del recién nombrado Teniente General de nuestro ejército, Duque de Alburquerque.

 9. Marcha del Ejército de Extremadura a Cádiz en defensa de la Junta Central Suprema

 Gran parte de los 12.000 hombres que componían el grueso de este ejército se hallaba en la zona central, entre Mérida y Don Benito y sin dilación Alburquerque movilizó su ejército hacia Almacén. No había cruzado este ejército la comarca de la Serena cuando se recibieron noticias de la pérdida de dicha ciudad.

 

Tras estos sucesos el Duque de Alburquerque debió tener la seguridad de que los franceses intentaban de nuevo conquistar Andalucía. El mariscal Víctor, con su ejército, una vez conquistada Córdoba se encargaría de adueñarse de Sevilla y deponer a la Junta Suprema Central donde entonces residía.

 

 Sin pérdida de tiempo quedó 4.000 hombre para defender Extremadura al mando de D. Juan Senes y Contreras y el brigadier D. Rafael Menacho. Él, con la mayor parte del Ejército de Extremadura, unos 8.000 hombres, dividido en dos cuerpos, marchó hacia Sevilla; uno seguía el Camino Real a través de Santa Olalla; el otro lo hacia más al este por Guadalcanal. Pasada esta población y situados en el Pedroso se recibieron ordenes de la Junta Suprema Central de dirigirse a Sevilla con la mayor urgencia.

 

 Bajaron a Cantillana , al este de Sevilla, cambiaron de margen cruzando el río Guadalquivir. Nuevas contraórdenes de la Suprema Central desde Sevilla en el sentido de marchar a defender Córdoba. Alburquerque viendo la imposibilidad de cumplir este cometido decide enviar un mensajero a Sevilla para que exponga su situación y posteriormente recibir nuevas órdenes. A su regreso, éste le pone de manifiesto el caos que vive la ciudad de Sevilla y la huida de la Junta Central Suprema hacia Cádiz.

 

 Los 10.000 soldados que formaban entonces el Ejército de Extremadura al mando de Alburquerque, deciden descender algo más y se establecen en Carmona, el 26 de enero de 1910; desde allí se enviaron destacamentos  a Marchena, Fuentes de Andalucía y Écija; en esta última ciudad nuestros hombres entran en contacto con la caballería de la vanguardia del mariscal Víctor. Nuestras tropas, viendo que la cercana Sevilla era indefendible entre otras cosas por nuestra inferioridad numérica, abandonaron Carmona y se dirigieron a marchas forzadas al sur, hacia Cádiz, para sumarse a la defensa de esta ciudad donde residía ya el gobierno de España en aquel momento todavía La Junta Central Suprema.

 

 Todos los cuerpos del Ejército francés empleados en el plan de conquistar Andalucía cumplieron sus primeros cometidos. El 28 de enero el mariscal Víctor y su ejército se apoderaron de Carmona y su zona; el 1 de febrero de 1810 pactó Sevilla su rendición; rápidamente forzaron la marcha en su intento de impedir que Alburquerque y su ejército llegaran a Cádiz.

 

 El Ejército de Extremadura en dos jornadas avanzó desde Utrera a Jerez de la Frontera -74 km- donde llegaron el 31 de enero de 1810. Continuaron sin apenas descanso hacia Puerto Real siendo ya hostigados por la caballería de vanguardia de Víctor. Por fin, el 4 de febrero de 1808 nuestras tropas llegaron a Cádiz   Hombres y animales estaban demacrados, hambrientos, descalzos… recibieron la ayuda, los aplausos y vítores de los gaditanos; más tarde quedaron enrolados en las fuerzas que defendían la ciudad, todos bajo el mando de Alburquerque (24) -el Consejo de Regencia, presidida por el general Castaños, había sustituido a la Junta Central Suprema el 2 de febrero de 1810 y el 3, de ese mismo mes y año, los franceses iniciaron la conquista de Extremadura por el sur -.

 

 La ciudad de Cádiz era ya la capital de la España patriótica y esta prudente y obligada retirada del Ejército de Extremadura a la ciudad, tuvo una gran importancia en el posterior desarrollo de la guerra ya que su refuerzo, añadido a las fuerzas y defensas de todo tipo que ya tenía la ciudad, supuso la imposibilidad de su conquista por los franceses y la inmovilidad del cuerpo del Ejercito francés mandado por el mariscal Víctor quien posteriormente recibiría otros refuerzos. El mismo 9 de febrero de 1810, Víctor,  lanzó sin éxito su primer ataque ( 24); no levantaría el sitio hasta el 25 de agosto de 1812 tras la batalla de los Arapiles (22 de julio de de 1812); el 12 de agosto de 1812 Madrid había sido nuevamente tomado por las tropas aliadas mandadas por el duque de Wellington.

 

10. Invasión de Extremadura por el sur.

 Los siguientes meses de 1810 no fueron precisamente de calma para el disminuido Ejército de Extremadura. Recordemos que de los 40.000 soldados que reuniera el general Eguía, más de la mitad marcharon a combatir a Ocaña; 8.000 descendieron a Cádiz, con el ahora Capitán General del Ejército del Sur, Duque de Alburquerque. Restaba una guarnición de 4.000 hombres; de estos una división quedó al mando del brigadier Menacho defendiendo Badajoz; la otra, al mando del brigadier Contreras se distribuyó de forma variable por el centro y sur de Extremadura.

 

 Numerosos soldados más había en la fecha indicada, distribuidos en la guerrilla; aunque  el estudio de ésta, no es objeto de este trabajo, si queremos mencionar por sus rasgos pintorescos la constituida por la Leal Legión Extremeña, formada por el irlandés Juan Downie el 21 de enero de 1810 y que según narra el conde de Toreno fue el depositario de la espada de Pizarro, por donación de la marquesa de la Conquista.

 

  A estas cortas defensas hay que añadir la ayuda prestada por el Marqués de la Romana con un mayor ejército, aunque ya mermado tras la derrota de Alba de Tormes el 28 de noviembre de 1809, procedente del Ejército de Izquierda o de Galicia que estaba establecido, desde comienzos de 1010, en el norte de la actual provincia de Cáceres.

 

  Soult, tras la marcha de Alburquerque y sus hombres, se dio cuenta enseguida de la falta de protección de Extremadura y el mismo 3 de febrero de 1810, dos días después de la capitulación de Sevilla y uno antes de recalar Alburquerque en Cádiz, envió al mariscal Mortier, con el V cuerpo, a conquistar o al menos tantear la conquista de  Extremadura por el sur; en especial la ciudad fortificada de Badajoz. Ante sus muros  se presentó el francés Mortier con su ejército pidiendo la rendición, el 10 de febrero de ese mismo año. Sin embargo, dadas sus carencias, no juzgó oportuno el asedio, pidió refuerzos a Sevilla y, en espera de ellos, se retiró con la mayor parte de su ejército, algo más hacia el sur, a la zona de Llerena. Hasta el 2 de agosto no le llegó una división al mando del general Girard.

 

 Ante esta situación, el marqués de la Romana decide intervenir y comienza el descenso con sus hombres desde sierra de Gata en el norte de la actual provincia de Cáceres; se le suma a la acción la división del Ejército de Extremadura bajo el mando del brigadier Contreras, quedando encuadrada ahora, muy a su pesar, bajo las órdenes del general Ballesteros. Ambos distribuyen su numerosos personal en varios puntos del sur de nuestra región.

 

 La estancia en Badajoz del marqués de La Romana, con el resto del Ejército de la Izquierda o de Galicia, entre 20 y 30.000 soldados, más las divisiones de Contreras y Menacho, protegiendo nuestro territorio, no significó, como se creía por su elevado número, una garantía para repeler a las tropas de Napoleón. La Romana fue derrotado en Cantaelgallo, 11 de septiembre de 1810, y Fuente de Cantos el 15 de septiembre de ese mismo mes y año. 

 

 El brigadier Contreras, por las mismas fechas, lo fue en Constantina siendo sustituido en el mando de los restos de nuestro ejército, por el brigadier Imaz. Menacho con su división quedó defendiendo Badajoz. 15 de agosto de 1810.

 

 Por tercera vez Napoleón intentó conquistar Portugal; formó un  ejercito de 80.000 soldados, “La Armée de Portugal”, a su mando colocó al experimentado mariscal Massena.

 

 Inmediatamente después de los hechos relatados, el marqués de la Romana marchó a Portugal a unir sus fuerzas a las del ejercito anglo-portugués de Wellington, en la línea de Torres Vedras. Así las cosas, la puerta de Extremadura por el sur, quedaba de nuevo abierta y Soult no lo ignoró. En enero de 1811 subió de Andalucía con un potente ejército para socorrer a Massena, se hacia imprescindible conquistar Extremadura, especialmente Badajoz y las demás plazas fuertes fronterizas con el fin de no dejar enemigos en la retaguardia.

 

 La nueva situación de Regencia como forma de gobierno nacional, desde el 13 de enero de 1810,  nombró al veterano general D. Juan de Henestrosa, el 13 de abril de 1810 para dirigir y organizar -en lo posible aumentar- el exiguo ejército extremeño; por ello fue ascendido a Capitán General; dados los aires centralizadores, lógicamente también se le nombra presidente de la Junta Provincial de Extremadura el 22 de mayo de ese mismo año.

 

 Ante el peligro de la pronta invasión francesa, en las últimas semanas de septiembre de 1810, La Romana había ordenado el traslado de la Junta Provincial de Extremadura a Valencia de Alcántara; como Presidente con parte de la misma marchó D. Juan de Henestrosa; el brigadier Don Rafael Menacho, ahora ascendido a Mariscal de Campo, quedó como jefe militar en Badajoz; ante la marcha de su capitán general, los restos del Ejército de Extremadura preparados para la defensa de Badajoz, quedaron bajo su responsabilidad y mando.

 

La ciudad de Badajoz estaba guarnecida por el resto de los 4.000 a 5.000 hombres dejados por Alburquerque. A la división de Menacho se debieron unir los restos de la división de Contreras, que, derrotada en Constantina era ahora mandada por Imaz que, como veremos, se hallaba en Badajoz. También había diversos militares de otros cuerpos hasta completar el número de unos 10.000 hombres.

 

 Hasta 1811 el ejército francés procedente de Sevilla, al mando de Soult y dotado de la correspondiente artillería, armas, caballería etc. no formalizó los sitios de Olivenza y Badajoz (25).

 

 Aunque tarde para Massena, el ejército francés actuó: Olivenza cayó en su poder el 22 de enero de 1911. Como consecuencia de ello parte del ejército de la Izquierda o de Galicia volvió desde Portugal en ayuda del corto ejercito extremeño, ya sitiado en Badajoz y otras plazas fronterizas; a su mando venía el general Mendizabal pues el Marqués de La Romana había fallecido el 23 de enero de 1811.

 

  Conquista francesa de Badajoz.

Lamina VI Sitio francés de Badajoz

Lám. 6.- Croquis del sitio francés de Badajoz.

 El sitio de Badajoz y con él, los restos del Ejército de Extremadura que la defendían, comenzó a finales de enero de 1811. Tras la heroica muerte del mariscal D.. Rafael Menacho el 4 de marzo, le sucedió el brigadier D. José Imaz en el puesto de mando quién, admitió la posibilidad de rendición; ello le llevó a autorizar una consulta democrática con sus colaboradores inmediatos. El 10 de marzo del 1811, el ejército francés al mando del mariscal Soult logró la capitulación, sin duda demasiado precipitada. Los restos del Ejército de Extremadura quedaron prisioneros de los franceses y se encaminó hacia Talavera de la Reina (26). El general Philippon quedaría al mando de la plaza. Otras fortificaciones fronterizas cercanas, se rendirían en días sucesivos.

 

 Muy pronto, el 16 de mayo de 1811 se daría la batalla de Albuhera un importante triunfo aliado en el que el Ejército de Extremadura no llegó ya a participar como tal.

 

 En el invierno de 1812, el Consejo de la Segunda Regencia nombró a Wellington Generalísimo de todos los ejércitos hispanos (27)  y  toma el mando único del ejército en la Península Ibérica. El 19 de enero de ese mismo año tomó Ciudad Rodrigo que significó claramente el inicio del declive napoleónico en la Península Ibérica.

 

 Esta tendencia a unificar el mando de los diferentes ejércitos españoles ya se venía notando con distintas realizaciones como la unificación de los ejércitos correspondientes al antiguo reino de Aragón bajo el mando de D. Joaquín Blake en la primavera de 1809. Es posible que el marqués de la Romana también lo fuera del Ejército de la Izquierda y el de Extremadura. Su comportamiento absolutamente dominador en su paso por esta provincia es notorio en sus órdenes a la Junta Provincial y a D. Juan de Henestrosa, nombrado ya Capitán General del Ejército de Extremadura desde el 13 de abril de 1810.

 También en 1810 el general Blake rehace el Estado Mayor.

  El  V Ejército al mando del general Castaños fue situado al centro-oeste de Extremadura, cerca de la frontera portuguesa, ya en gran medida bajo mando del general inglés Wellington. Pensamos que la denominación de este V Ejército por algunos autores como verdadero Ejército de Extremadura, por lo menos es dudosa; el contar con cuerpos extremeños entre sus variados componentes, debe ser entendido como una integración de los restos del Ejército extremeño en el mismo (ver documentos 5 y 6 del apéndice). Las fuentes que hemos consultado como proclamas, numerosas narraciones de segunda mano etc. no lo mencionan así y sí como V Ejército. Denominación centralista hacia la que evolucionaron los ejércitos provinciales, como antes se apuntó, y que, más marcadamente se notó, tras la recreación de su Estado Mayor (28).

 

 

CONCLUSIONES

 Para terminar y como conclusión cabe preguntarse cada cual a manera de reflexión, si tanto sacrificio de nuestro Ejército había sido fructífero o estéril para la marcha de la guerra.

 

 En primer lugar debemos destacar la indudable contribución que los 10.000 hombres de Alburquerque prestaron a la defensa de   Cádiz, en un momento clave y, posteriormente facilitando las tareas de gobierno de Juntas, Regencias y Cortes. Bajo nuestro punto de vista, este hecho puede unirse en categoría estratégica militar a la defensa de Lisboa por la línea fortificada de Torres Vedras ya que fueron los dos objetivos inalcanzados de Napoleón.

 

 Cabe señalar, como hemos señalado, el retraso que supuso dicha defensa a la hora de poder contar con el ejercito sitiador francés en otros puntos especialmente en el retraso de la ayuda de Soult al mariscal Massena atascado ante Torres Vedras. A este retraso debe añadirse otras obstaculizaciones menores que se llevaron a efecto indirectamente.

 

 Fuera de estas cuestiones el Ejército de Extremadura, como el resto de los ejércitos provinciales, tuvieron una actuación en general bastante deficiente, acentuada a partir del desastre bélico que supuso para España la batalla de Ocaña. Tras ésta, la aspiración de la primera Regencia, significaba una vieja esperanza política hecha realidad entonces, a partir de la mencionada derrota que tanto desprestigio ocasionó a la Suprema Junta Central.

 

 Se seguía improvisando demasiado, ni estaban previstas situaciones posteriores; a veces da la impresión de sacrificar vidas de militares y civiles, el pueblo al fin, sin la menor valoración. Mejor aspecto militar ofrecen nuestras guerrillas produciendo, como en el resto de la Península Ibérica, una alteración continua en el engranaje del ejército francés.

 

 En fin, esperemos que cada cual haga sus propias valoraciones con suficiente objetividad.

 

 

 

 

 

 

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Documento nº 1

 

   En vista del oficio de V. E. de 10 del actual, la Suprema   Junta ha determinado se equipen y armen con toda prontitud las tropas del Exercito del mando de Vuestra Excelencia proporcionandolas quantos auxilios sean necesarios para que no carezcan de quanto sea preciso a su subsistencia tomando las providencias mas activas y energicas para su realización.

   Dios guarde a Vuestra Excelencia mas altisima. Badajoz 12 de Octubre de 1808.   

 

 

Documento nº 2

 

  “ Ya tengo dicho a Vuestra Excelencia de orden de la Suprema Junta quan urgente hera el que ese Exercito en el mayor numero posible de tropas de Infantería y Caballeria, se dirigiese a unirse con el del General Castaños. Por momentos crece la precision de que esta marcha se verifique sin perder un momento, pues los enemigos van a ser eforzados, y deben ser atacados antes que llegue aquel caso, y podran serlo si Vuestra Excelencia, aunque sea por diversas rutas marcha con su Exercito hacia Agreda, que es donde se halla dicho general, y si hubiese sobre este punto alguna variación se avisara a Vuestra Excelencia. La Patria debe ser socorrida prontamente. Cualquiera detencion la mas pequeña podria traer perjuicios irremediables y asi espera que convencido Vuestra Excelencia de tal situación  se apresurara a librarla de los peligros que la amenazan. Todo urge, urge mucho la Caballeria y la Artilleria con muchas municiones de toda especie cuias armas deberan marchar todavía con mas viveza, y avisara Vuestra Excelencia del dia de la salida del todo del Exercito para las providencias ulteriores que convenga tomar. De orden de la Junta lo aviso a Vuestra Excelencia para su inteligencia y gobierno, y cumplimiento; y con el mismo extraordinario me mandara Vuestra Excelencia aviso de su recibo.

 

   Y lo paso anoticia de Vuestra Excelencia en cumplimiento de mis deberes, y a fin de que se activen los medios de y auxiliársete Exercito, en termino de cubrir su desnudez, y que no falte para su subsistencia; y al General Don Antonio Arce prebengo lo conveniente al efecto.

 

   Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Trujillo 10 de Octubre de 1808.-Excelentisismo Señor-Josef Gallazo.-Excelentisimos Señores Vocales de la Suprema Junta de Gobierno de esta Provincia de Extremadura.”       

 

 

Documento nº 3

 

Excelentisimo Señor, Presidente, y demas Vocales de la Junta Suprema.

   Don Jacinto Ruiz y Mendoza, Primer Teniente del Real Cuerpo de Guardias Walonas con el respeto devido hace presente: Que a su llegada a esta Plaza desde Madrid donde se hallaba, en la curación de las heridas que recivio el dia 2 de Mayo en la defensa del Parque de Artilleria, no hizo precente á Vuestra Excelencia ni su cerito en aquella accioón, ni los deseos que le asistian de llevar un distintibo que lo autorizare á la vista del Publico. Por el Gefe del Estado Mayor se le pasó un aviso para que así el, como todoslos Oficiales y Soldados de su cuerpo que llegaron a tiempo, pudieran llebar el Escudo concedido á los profugos de Portugal.  

   No solicita el exponente ser preferido a nadie ni hacer ostentación de un Servicio que cualquiera otro Oficial huviera hecho en iguales circunstancias, ni tampoco manifestar que la grave herida que aun tiene abierta, fue efecto de otra cosa que de las vicisitudes de la cosa Militar, pero si desearia que Vuestra Excelencia como tan justo, recto y generoso, (y á quien tantos motivos tiene para vivirle agradecido,) se dignase mandar que se le habilite una orden, Certificación o cualquier otro documento, para autorizarle a llebar á aquel distintivo, o cualquier otro que Vuestra Excelencia quisiera señalarle en consideración á acreditar el deseo de sacrificarse por la Nacion, el Rey, Religión y esta Provincia.

   Cuartel General de Badajoz 4 de Octubre de 1808.- Excelentisimo Señor =Jacinto Ruiz y Mendoza.     

 

 

Documento nº 4

 

   Librese la certificación del Primer Teniente de Reales Guardias Walonas Don Jacinto Ruiz y Mendoza diciendo se le ha concedido, por esta Supreme Junta el mismo Escudo de distinción, señalado a todo Militar fugado de Portugal hallandose prisionero de los Franceses por el Amor y Patriotismo, con que huió de Madrid, luego que las graves heridas que recivió tan gloriosamente, el dia 2 de Mayo en aquella Corte, le permitieron dejar la cama, con las cuales abiertas aun se presentó a alistarse entre los defensores de esta Provincia, por cuio motivo, y el distinguido Merito que contrajo en el Parque de Artilleria, le señala la misma Suprema Junta otro nuebo Escudo de distinción com premio del valor, del cual deberá usar antes de aquel. Ese Escudo sera una Corona de Laurel y en la circunferencia dira. Por Fernando 7º y la defensa del Parque de Artilleria el dia 2 de Mayo de 1808.

   Badajoz 4 de Octubre de 1808=Josef Galluzo.

              

 

Documento nº 5

 

“MANIFIESTO QUE PRESENTA A LA EUROPA EL CAPITÁN GENERAL DE LOS REALES EGERCITOS DON GREGORIO GARCIA DE LA CUESTA SOBRE SUS OPERACIUONES MILITARES Y POLITICAS DESDE EL MES DE JUNIO DE 1808 HASTAEL 12 DE AGOSTO DE 1809 EN QUE DEJO EL MANDO DEL EGERCITODE EXTREMADURA”

 

 

Documento nº 6

 

“EL CAPITAN GENERAL DE LOS REALES EXERCITOS Y XEFE DEL 5º DE OPERACIONES D. FRANCISCO XAVIER CASTAÑOS: A LOS LEALES Y CONSTANTES CASTELLANOS, MANCHEGOS Y EXTREMEÑOS, QUE COMPRENDE EL DISTRITO DE SU MANDO.”

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

TEXTOS

 

(1) Bullón y Gómez Vallugera, Alfonso (1986): Historia Político-Militar de la Baja Extremadura en el s. XIX. Historia de la Baja Extremadura, t. II. Real Academia de Extremadura de las Letras y de las Artes.

 

(2) Muñoz Maldonado, José (1908): Efemérides de julio. 1808 Sublevación del Alentejo Badajoz. R. de E. vol 10.

 

(3) Paredes, Vicente (1908): Los franceses en Plasencia en 1808 y 1809: entrada primera. R. de E., vol X.

 

(4) Bullón. Op. cit.

 

(5) Guerra de Independencia española 1808-1814. Noviembre. 10-11-1808. La batalla de Gamonal.

file://Guerra de Independencia española 1808-1814 A.htm

 

(6) Guerra de Independencia española 1808-1814. Noviembre 10-11-1808. La batalla de Gamonal. Op. cit.

 

(7) Esdaile, Charles: El general y el gobierno: La intervención británica en España en 1808. mhtml:file://E:\El general y el gobierno: La intervención británica…

 

(8) Guerra de Independencia española 1808-1814. Noviembre 10-11-1808. La batalla de Gamonal. Op. cit.

 

(9) Gómez de Arteche y Moro, José. (1908): La guerra de la Independencia en Extremadura: efemérides de enero: 1809 acción del puente de Almaraz. R. de Ex., vol. 10.

 

(10) Paredes, Vicente (1908): Op. cit.

 

(11) Rodríguez Gómez, José Manuel: Talavera 1809. Gregorio García de la Cuesta. http://www.geocities.com/pentagon/barracks/9049/bio_cuesta.html?20085

 

(12) (Gómez de Arreche y Moro, José: 1908). Op. cit.

 

(13) Rodríguez Gómez, José Manuel: Talavera 1809. Horace-Fançoi-Bastien Sebastiani.

htpp://wwwgeocities.com/pentagon/barracks/9049/bio-

 

(14) Sir Jhon Moore Simson http://www.1808-1814.org/personin/moore.html.

 

(15) Richard, J. (11 de marzo de 2008), el mariscal Soult la invasión de Portugal, 1809, htpp://www.historyofwar.org/articles/campaign_soult_portugal.html).

 

(16) Baeza Herrasti, Alberto (1983): Jacinto Ruiz, hijo de Ceuta, héroe de España. Caja de Ahorro y Monte de Piedad de Ceuta.

 

(17) Comunicación del 16-2-1809 del General Cuesta al Presidente de la Junta de Gobierno de la Provincia de Badajoz.

Mhtml:file://F\Fecha%20de%20de%20la%20destrucción.mht

 

(18) Gómez de Arteche y Moro. José. (1908): Efemérides de marzo. 1809 batalla de Medellín. R de Ex. Vol 10.

 

(19) Maestre, Luis. “htpp://es.wikipedia.org/wiki/IIMarq%C3%A9sdeMonsalud”.

 

(20) Sánchez Alzás, Carlos J.: La presencia francesa en Plasencia en la guerra de la Independencia (1808-1812).

 

(21) Rodríguez Gómez, José Manuel.

http.//www.geocites.com/pentagon/barracks/9049/bio_wellington.html’20082

 

http.//www.1808-1814.org/batallas/btalaver.html

 

(22) http.//www.1808-1814.org/batallas/btalaver.html

 

(23) Solís, Ramón (1873): La Guerra de la Independencia Española. Editorial Moguer. Barcelona.

 

(24 ) Miguel Santillana en la retirada del Duque de Alburquerque.

Htpp://www.fundaciondosdemayo.es/media/docs/relato%20FAMILIAR_%20Miguel%de%20Santillana%20en%20la%retirada%20duque%20de%20Alburquerque1.pdf.

 

(25) Gómez Villafranca, Román (2004): Extremadura en la Guerra de la Independencia. Memoria histórica. Muñoz Moya Editores Extremeños. Brenes.

 

(26) http://www.1808-1814.org/persones/albur.html

 

(27) 1811. Guerra de la Independencia Española (IV):

http://servicios.elcorreodigital.com/especiales/guerra-de-la–independencia-1808/pdfs-anuales/1812.pdf.

 

(28) Canales, Esteban (2000): Militares y civiles en

la conducción de la Guerra de la Independencia: La visión de Francisco Javier Cabanes. Congreso Internacional sobre la Guerra de la Independencia. Zaragoza, diciembre 1997.

 

GRABADOS Y LÁMINAS

 Lamina I Esquema de la batalla de Gamonal

Lám I.- Batalla de Gamonal (Burgos)

 Lamina II Voladura del puente de Almaraz

Lám II.- La voladura del puente de Almaraz

Lamina III Esquema de la batalla de Medellin

Lám III.- Esquema de la batalla de Medellín

Lamina IV Esquema de la batalla de Talavera

Lám IV.- La batalla de Talavera

Lamina V Esquema de la batalla de Ocaña

Lám V.- Croquis y situación de la batalla de Ocaña

Lamina VI Sitio francés de Badajoz

Lám VI.- Croquis del sitio francés de Badajoz