Oct 012000
 

Manuel José Bazaga Ibáñez.

Tratando de descubrir los orígenes de este convento, tenemos que situarnos en Trujillo, siglos XV y XVI. El descubrimiento de América atrajo a más de 500 trujillanos, exactamente hay nominados 586. Trujillo en aquel entonces recoge a los que regresando de América traen ricas haciendas que allí atesoraron, restaurando las empobrecidas arcas para volver a sus orígenes trujillanos. Entre los que regresaron, la mayoría fijan sus metas en levantar un palacio y colaborar al engrandecimiento de su pueblo, tanto monumental como espiritualmente. En estos siglos, sobre todo en XVI se produce una verdadera exaltación religiosa y se levantaron la mayoría de los templos parroquiales o colaborando en otras obras religiosas. Se fundan Conventos llegando a ser hasta diez los Conventos que existieron en Trujillo: Cuatro de frailes y seis de Religiosas. Las principales Ordenes Religiosas aparecen y fundan sus Conventos con ayuda de los nuevos ricos. Sin duda la influencia de San Pedro de Alcántara influyó en muchos de los que hicieron las Américas, despertando sus antiguos ancestros. La vida de este Santo fue decisiva, maravillando con su predicación y santidad de vida a sus contemporáneos, sembrando en ellos de nuevo la semilla espiritual que les plantaron en su mocedad. La vida irregular que muchos realizaron en tierras americanas, los mueve al volver a sus antiguos hogares y quieren la redención de sus faltas y colaboran a levantar Conventos e Iglesias desde, donde personas consagradas, intercedan por ellos y logren el perdón divino.

Entre los que se erigieron hemos de destacar al de San Antonio, en Trujillo, ya que sus orígenes no fueron nada fáciles y llenos de problemas económicos. La santidad de vida, sus votos de pobreza y entrega al prójimo de sus Religiosas, pronto le hicieron famoso por las muchas mercedes que se alcanzaron por su intercesión.

Este Monasterio vivió 262 años desde su fundación hasta su abandono año 1836.

Dos personajes, desconocidos para la mayoría de los trujillanos fueron los que promovieron y se entregaron a la idea de que en Trujillo se levantara el Monasterio para Religiosas de la Orden Clarisas Descalzas de la 1ªRegla de Santa Clara, Orden fundada por Francisco de Asís, que alcanzó los altares juntamente con su paisana y parienta Clara. Quizás les movió a esta elección la pobreza o austeridad de esta Orden, ya que conociéndola, pensaron que seria quizás la única que podía aceptar su ofrecimiento para encargarse de la pobre fundación que pretendían.

Los personajes citados: Padre Cueva, sacerdote secular y el devoto trujillano llamado Francisco Sánchez, iniciaron sus gestiones y consultaron sus deseos con personas doctas y autorizadas, que enteradas de sus proyectos los alentaron, aunque haciéndoles saber las dificultades que encontrarían para hacer realidad sus proyectos de contar con una Congregación de Religiosas, que tratasen del espíritu a imitación de las que en Extremadura había fundado San Pedro de Alcántara.

Desplazado el Padre Cuevas a Madrid, se lo propone al Padre Comisario de la Orden de Clarisas Descalzas de la 1ª Regla de Santa Clara y en principio obtiene la aprobación necesaria, subordinándola al visto bueno de la Superiora del Convento de las Descalzas de Princesa, casa Madre de la Orden. Estas no ponen grandes impedimentos a los proyectos de los dos Trujillanos, pero les aconseja que vayan recabando los medios necesarios para la Fundación, y entonces ella destinaría a las Religiosas para empezar su funcionamiento, pues estimaba que con lo poco que contaban hacia necesaria la espera para que, aunque poco, algo tenia que estar dispuesto para alojar a las Religiosas. El Padre Cueva confiando en la Divina Providencia, las dice que tienen una gran Protectora (La Virgen Maria) y que ella se encargara de proveer lo necesario.

A su regreso de Madrid el Padre pasa por Plasencia y logra traerse a dos Hermanas Beatas, a las que había preparado e instruido San Pedro de Alcántara. Ilusionadas y con grandes deseos de servir a Dios, en lugar que puedan poner a prueba su vocación y sacrificio, aceptan venir al nuevo Convento.

Tiempos difíciles tuvieron que soportar estas dos Religiosas, que se acomodaron en lo poco que se había realizado y en dos pequeñas viviendas lindantes, que habían donado dos devotas trujillanas para el Convento.

Con las limosnas que iban obteniendo y aportaciones que conseguían poco a poco fueron dando forma al Cenobio y aquí se instalaron las monjas que acudieron para formar la 1ª Comunidad, estimando que aún era bastante para su alta pobreza deseada, lo poco que podía ofrecérseles.

Creciendo el Convento en el sitio que hoy ocupan sus ruinas, finales de la calle San Antonio, con fachada a la Plaza del Campillo, en aquel entonces extramuros de la Ciudad. Este lugar fue señalado por la Divina Providencia a los dos promotores, que no admitieron trasladarse de sitio, a pesar de que los ofrecidos presentaban mejores condiciones para el futuro Convento. Un día orando el Padre Cueva y su colaborador Francisco, vieron un globo de luz que bajaba del Cielo, y según ellos señalaba el lugar por ellos elegidos para el Convento. Con este hecho que ellos relataron a sus vecinos empezaron a fluir ayudas económicas y donaciones, cada vez más numerosas, más cuando las Religiosas daban muestras de su vocación, y espíritu de sacrificio y pobreza.

La Ciudad empezó a considerar al Convento como fuente de bienes espirituales y Divinos, ya que por intermedio de las Monjas, obtuvieron solución a los problemas que les presentaban y pronto quisieron que el Convento se consolidara. Escribieron al Obispo de Plasencia, bajo cuya jurisdicción estaba y este, Fray Martín de Córdoba, de la Orden de Santo Domingo, con fecha 18 de agosto de 1574 dio licencia y prestó ayuda para rematar la construcción del Convento, con la autorización solicitada.

Estando ya corriente la Fundación, el Padre General y las Madres Descalzas de Madrid, no dudaron en enviar a las que habían de ser las fundadoras oficiales, con lo que ya se podía inaugurar oficialmente el Convento: Sor Francisca de la Cruz, hija de importante personaje navarro y sobrina del Duque de Gandia, fue nombrada Abadesa, Sor Leonor de Jesús, Vicaria y Sor Luisa de la Madre de Dios, Maestra de Novicias.

A estas siguieron nobles doncellas, entrando la nueva Comunidad en el sencillo Monasterio el día 8 de septiembre de 1574, bendiciéndose la casa y Convento el 29 del mismo mes y año, bajo la advocación de San Antonio de Padua, tomado como modelo de santidad y pobreza. Confirmó la licencia eclesiástica el Obispo y el Vicario de los Clérigos, el Padre Provincial Fray Antonio Altamirano, con la alegría y aplausos de toda la Ciudad, que recibieron a las Religiosas como Angeles del Cielo.

Numerosas revelaciones y hechos milagrosos se produjeron en este Monasterio, elegido por la Divina Providencia, con lo que se aumentaron y fortalecieron la fe y devoción de los trujillanos que siguieron aportando ayudas para la terminación de las obras, que ya alcanzaron algún realce y esplendor, dando dignidad a la vivienda de las Religiosas acogidas en sus muros. Restaban las obras para la construcción de la Iglesia que duraron más de 16 años, pero pudo alcanzarse la dignidad requerida para los actos que en ella se celebraron.

Muchas y estimadas reliquias llegaron a guardarse en el Relicario del Templo donadas por insigne personalidades, tantas que seria prolijo de reseñar, solamente diremos algunas de las que cobraron mayor devoción y a las que acudían los devotos para alcanzar el logro de sus peticiones materiales o espirituales: Una copa con sangre y agua del costado de Cristo, derramada en su Crucifixión, Huesos de numerosos mártires y Santos .Leche cuajada de Nuestra Señora. Túvose por caso milagroso que habiéndose prendido fuego en este Relicario de la Iglesia, las reliquias no sufrieron daños, si las cajas y joyas que las contenían

Como antes dijimos fueron numerosas las personalidades que ayudaron a este Convento: Felipe II y su esposa Ana hicieron donaciones importantes en joyas y objetos religiosos. El Rey Felipe III a su paso hacia Portugal, donde acudía a la jura de su hijo donó, 2.000 ducados para la Iglesia. Felipe IV ordenó entregaran a este Convento, cálices, mantos y otras reliquias. El Concejo trujillano figuró entre los donantes con importantes limosnas. El Obispo placentino, en 1619, legó 3.000 ducados, también para la Iglesia.

Ante las halagüeñas perspectivas y una vez asegurada la supervivencia del Convento, llegaron a reunirse en él hasta 24 Monjas y todas se distinguieron por su piedad, despego de todo lo humano y renuncia a lo que no fuera oración sacrificada y pobreza deseada.

Terminada la Iglesia, de estilo neoclásico, traza rectangular, con bóvedas de cañón y rematada en pináculos, con lucernarios. La fachada, arcos de medio punto, dovelados y en ella un pequeño templete de granito con un relieve del Santo Patrón, que todavía perdura.

Cosas curiosísimas, inexplicables para toda razón humana y fuera de toda lógica ocurrieron a estas Religiosas y en este Convento.

No podemos relatar todos los hechos extraordinarios y confirmados, ocurridos dentro de este Convento, donde siempre fueron protagonistas estas humildes Religiosas, pero no podemos por menos de relatar algunos de ellos: Cierto día se descubrió en los muros y suelos de la Casa una plaga de pequeños insectos, conocidos como corianas o cucarachas, que por las noches se extendían por todas partes. Las Monjas intentaron de hacerlos desaparecer, pero todos los remedios utilizados eran ineficaces. Quemaron montones de estos insectos, pero parecía que de las cenizas revivían inundando con su presencia todos los lugares del Convento. Aburridas y no sabiendo ya que medios disponer para luchar contra ellos, decidieron sacar en procesión a las imágenes de los siete mártires de la Orden que tenían en su Iglesia, y fue maravilla que desde entonces no volvieron a ver a ninguno de estos animalillos.

No podemos hacer distinciones sobre los hechos que acontecieron sobre las mismas Religiosas o hechos que ellas mismas merecieron por su elevado espíritu y entrega al Todo Poderoso. Los frutos de santidad se dieron en todas ellas:

Sor Mariana de Jesús escribió algunos libros de espiritualidad que utilizaron las Monjas en sus devociones. Esta Religiosa nació en Alemania. Allí entró al servicio de una Dama de la Reina Ana, casada con Felipe II, y con ella vino a España, ingresando en las Descalzas de Trujillo. Estando una vez en oración se sintió elevada del suelo, según testimoniaron las monjas que estaban presentes, tanta era su devoción que la elevaron sobre todo lo terreno, por unos instantes.

Sor Francisca de la Cruz, tenia tal desprecio a las cosas humanas que no llegó a saber el valor de las cosas materiales y nunca distinguió el dinero, si era de plata o de oro las monedas que la presentaban, solo preguntaba y pocas veces, si era rubiecito o blanquito, como ella distinguía las monedas.

Otra monja enterrada en el huertecillo del Convento, a los pocos de estar sepultadas, nació sobre ella unas florecitas blancas de 5 hojas, no conocidas por las Religiosas.

Sor Maria Luisa de la Madre de Dios, supo y dijo a las otras monjas con bastantes días de antelación de la derrota que había sufrido la flota española de la llamada Armada Invencible, noticia que tardó algún tiempo en saberse en España.

Los hechos acontecidos a principios de la guerra de la Independencia, al paso de las tropas francesas por Trujillo, tuvieron desastrosa consecuencia para este Convento, que arrasaron destruyendo gran parte del Convento, aunque todavía permanecieron en él algunas Religiosas, que se negaron a abandonarle.

Más tarde y a consecuencia del Decreto de Isabel II, de 19 de febrero de 1836, conocido como la Desamortización de Mendizábal, ya que este como Presidente lo firmó, las Congregaciones y Bienes de la Iglesia pasaron al Estado y muchos tuvieron que abandonarlos. La Masonería también alentó las ideas antirreligiosas y las Monjas viendo que les era imposible seguir en el Convento, tuvieron que dejarle las pocas que subsistieron a estos avatares, y se refugiaron las seis últimas que quedaron en el Convento conocido en Trujillo de Santa Clara, que se libró de los efectos del Decreto, sin duda por la fuerte influencia que tuvieron en su defensa las familias y personajes importantes que le fundaron, bien relacionadas con las Ordenes Militares, Papa Clemente VIII y otros bienhechores principales en la Corte.

Estas Religiosas visten el hábito de la Concepción, y profesan su Regla, siendo por tanto ser de verdad de la Concepción de la Orden de Santa Clara, de la Regla de San Francisco

Abandonado el Convento se pensó en destinarle para instalar una Sección de Caballos Sementales, que no llegó a realizarse.

Divido en lotes, fue vendido por Venta JUDICIAL. Dos terceras partes las compró D. Bartolomé de Arteaga, casado con Doña Gumersinda Fernández Lavin. De este matrimonio tiene dos hijos Margarita y Mariano Arteaga y Fernández Lavin. Fallecido D. Bartolomé y Doña Gumersinda, heredan los hijos nombrados. Doña Margarita casada con D José Díaz Quijano, permanece soltero D. Mariano y al fallecimiento de este hereda la parte del Convento comprada por D. Bartolomé su hija Doña Margarita Arteaga y Fernández Lavin , llegando mas tarde al hijo de este matrimonio D. Mariano Díaz Quijano y Arteaga junto con Las fincas Las Alberguerías y parte de las Carboneras.

La otra parte del Convento adquirida por Doña Josefa Carrasco Robles, fue heredada por su hija Josefa Martínez Carrasco juntamente con la parte de la familia Arteaga Fernández Lavin, que adquirió por compra. Casada la mencionada Josefa Martínez Carrasco con Juan Mediavilla Martínez y por sucesivas herencias pasó a los hijos de Doña Josefa Vidarte Mediavilla, últimos propietarios.

Actualmente parece que está restaurándose esperando que nuevamente este Convento pueda ofrecerse a Trujillanos y visitantes en todo su esplendor.

Oct 011995
 

Manuel José Bazaga Ibáñez.

Por haberse cumplido hace unos meses los 75 años de la inauguración del Colegio de Santiago y Santa Margarita en Trujillo, nos ha parecido oportuno dedicar unas líneas a su ilustre Fundadora, la Excma. Sra. Doña Margarita de Iturralde y Arteaga. Desde la antigüedad se distinguió Trujillo por haber tenido innumerables benefactores que se sentían preocupados por los problemas que acuciaban a la Ciudad y quisieron proporcionar a sus habitantes alivio a los problemas, fundando para ello numerosas obras benéficos-sociales pudiendo mencionar entre ellas la Fundación del Hospital, Obra de los Pizarros, Fundación Guillen Cano-Bote, para niñas huérfanas o de familia necesitada, Patronato Juan Fernández Paredes, que proporciona viviendas a familias que carecen de ellas y que sus ingresos les hicieran difícil adquirirlas por escasez de medios. Entre todos estos benefactores debemos destacar a Doña Margarita de Iturralde Arteaga, por las obras que dotó a sus expensas.

Tan ilustre dama, Hija Predilecta de Trujillo, nació en un pueblecito de la provincia de Santander, llamado GUALDA, pero su asentamiento en Trujillo y su inmensa labor social la hicieron acreedora a que se la considerara como trujillana y trujillana de pro, ya que grandes cantidades de dinero las dedicó para tratar de mitigar los problemas que venían padeciendo los trujillanos. Ella no tuvo capital propio, pero si reunió una importante fortuna, con las rentas que proporcionaban los bienes de su hijo político, prematuramente fallecido, D. Mariano Díaz Quijano, casado con su hija Doña Jacoba, prematuramente fallecido, dejó su capital a su esposa y ésta también murió antes que Doña Margarita, pero otorgando en su testamento la libre disposición y usufructo de la herencia de D. Mariano, a su madre, con plena libertad para disponer de las rentas.

Si nos pusiéramos a considerar una por una las obras que realizó Doña Margarita, pecaríamos de prolijos y sin duda alguna se quedaría olvidada, pero si hemos de resaltar las más conocidas o importantes.

En la finca Las Alberguerías, cerca de Trujillo y por todos conocida, D. Mariano Díaz Quijano, fundó y donó para tal fin la finca, instituyendo la Fundación denominada ASILO DE SAN JOSÉ Y SANTA MARGARITA. Doña Margarita, dadas las circunstancias de que ni el Fundador ni su esposa, pudieron poner en marcha el Asilo, fue la encargada de acelerar las obras de adecuación y ponerlo en funcionamiento, y no quiso Doña Margarita de dejar su granito en la Fundación y por ello hizo una donación de 46.900 ptas, en Octubre de 1925 como dotación para una Escuela que funcionará dentro del Asi1o, encargando de la dirección a una de las religiosas que regían el Asilo. A esta Escuela acudían los niños de la finca Las Alberguerías y próximas a ella llegando a contar con hasta 35 alumnos, los que además de recibir la enseñanza primaria, se les proporcionaba el material didáctico necesario. Al llegar a la edad en que hacían la Primera Comunión les preparaban y recibían allí mismo, en la Capilla del Asilo el Sacramento.

No cabe duda que Doña Margarita se adelantó en su tiempo a lo que más tarde se llamaría Transporte Escolar y su Escuela estuvo funcionando hasta el año 1975, cuando el Ministerio de Educación se hizo cargo de trasladar a los niños diseminados por las fincas a las Escuelas Públicas de los pueblos cercanos.

Intentando solucionar los graves problemas, que tanto sanitarios, como familiares presentaba la temible enfermedad, la tuberculosis, hizo dotación suficiente para reservar dos plazas en el Sanatorio Antituberculoso de Valdelatas, en la cercanía de Madrid, de las que se disponía para enfermos trujillanos.

Sintiendo también que muchas familias con escasos ingresos no disponían de vivienda digna, hizo que a sus expensas se construyeran, en la carretera de Plasencia, en su salida de la población, un grupo de casas y el día 19 de marzo de 1929 se bendijeron y entregaron a la Sociedad LA PROTECTORA, Sociedad de Socorros Mutuos, para su distribución entre sus asociados. De tal inauguración quedó constancia en la placa que se puso en una de las fachadas de las viviendas. Como curiosidad hemos de decir que cada una de estas magnificas viviendas costaron alrededor 5.000 ptas.

La Parroquia de San Martín de Trujillo, carecía de vivienda propia para su Párroco, y adquirió, adecuando para vivienda la antigua Iglesia de la Sangre, cerca de la Plaza Mayor, invirtiendo en esta obra aproximadamente 25.000 ptas. (Los jornales de albañiles, canteros y otros cualificados difícilmente excedían de 1 peseta)

No se puede ignorar que la obra predilecta y mimada de Doña Margarita de Iturralde, fue “su Colegio”, erigido sobre terrenos del antiguo Colegio Preparatorio Militar, que funcionó en Trujillo, durante 13 años. Por la importancia que tuvo para la Fundadora y por otras circunstancias, de las que trataremos, creemos oportuno dedicar unas líneas a su historia y vicisitudes por las que pasó este grupo de terrenos y edificaciones.

En el año 1466, los frailes dominicos levantaron un pequeño cenobio en el berrocal trujillano, que pusieron bajo la advocación de Santa Catalina de Siena y en él estuvieron hasta 1499, en que construyeron otro más amplio y mejor dotado en las afueras de la Ciudad, frente al actual paseo de Ruiz de Mendoza, al que llamaron de la Encarnación, nombre que adoptaron de una imagen de la Virgen que con esta titulación recibieron como regalo de un Obispo que pasó por el Convento.

Numerosas reformas y modificaciones recibió este lugar de recogimiento, siendo las más importante la que se realizó a expensas de Fray Francisco Lasso de Vega en 1732, mereciendo estos frailes, por la meritoria labor realizada en la Ciudad, cuantiosos donativos del Municipio y fieles trujillanos, así como numerosos privilegios y distinciones tanto Eclesiásticas como Reales, correspondiendo la Congregación con la aportación de numerosos y beneméritos dominicos, muchos de los cuales recibieron sepulturas entre sus muros.

En 1811, con motivo de su paso hacia Portugal del ejército inglés, le dedicaron a Cuartel para sus tropas, destruyendo y expoliando todas sus dependencias, habiendo previamente expulsados a los dominicos, que no volvieron a ocuparlo.

Más tarde y como consecuencia de la Desamortización de los bienes de la Iglesia, fue vendido lo que quedaba del convento y sus dependencias en pública subasta, sacando por su huerta 6.400 reales de vellón, y por el edificio conventual y su Iglesia 56.250 reales. Ya el Ayuntamiento en 1888 compró: edificio, huerta y cerca del exconvento en 40.000 ptas. para destinarlo a la construcción del Colegio Prepatorio Militar, concedido por el Ministerio de la Guerra a la Ciudad, Colegio que funcionó solamente 13 años, como ya se dijo. Una vez desaparecido el Colegio, todo fue abandonado desentendiéndose las Autoridades Trujillanas de él, influidas por razones políticas no muy claras, llegando hasta negar su cesión a la Compañía de Jesús, que quiso arrendarlo por 99 años, para dedicarle a Colegio de Segunda Enseñanza.

Como consecuencia del abandono y falta de interés de los trujillanos fue destinada la Iglesia a Taller Mecánico y otras funciones menos decorosas.

Nuevamente son sacados a subasta por el Ayuntamiento los terrenos, que dividieron para su venta en 4 lotes, de los que 2 compró Doña Margarita de Iturralde, la Iglesia en 30.500 ptas. y el otro lote en 8.000. Los restantes fueron adquiridos por particulares.

Restaurado todo el conjunto de las edificaciones y dependencias fue dedicado a Colegio para la educación de niños de Trujillo y su Comarca. En la restauración no se escatimó nada para dotarle de todo lo necesario y más. Mencionamos que el altar Mayor de la Iglesia y Capillas laterales corrió a cargo de famosos artistas, destacando entre ellos el Taller de Félix Branda, de Madrid, que se encargó personalmente de la decoración del Altar Mayor. Un fresco representando la Anunciación de la Virgen fue ejecutado en el frontispicio del mismo Altar por el pintor francés Carlos Baruteau. En ornamentos sagrados como en mobiliario, tanto la Iglesia como el Colegio fueron dotados con esplendidez, pudiendo todavía disfrutarse de todo ello.

El Colegio empezó a funcionar el día 19 de enero de 1920, aunque la inauguración de la Iglesia, se hizo solemnemente el día 20 de mayo de 1923. Todos estos actos e inauguraciones, a las que asistieron Autoridades Eclesiásticas y Civiles, fueron recogidos con todo detalle por el Semanario LA OPINIÓN, a los que dedicó elogiosos artículos.

Deseando dar consistencia al recién inaugurado Colegio, el 20 de septiembre de 1928, le dio forma legal protocolizando la escritura de una Fundación Benéfico Docente, que se llamaría Fundación Colegio Santiago y Santa Margarita, dotándola de un capital de 1.061.300 ptas. en láminas de Deuda Perpetua Interior al 4%. El 4 de febrero de 1930 incrementa este capital con otras 125.000 ptas y encarga formalmente de la dirección del Colegio y como Patronos de la Fundación a los Padres Agustinos de El Escorial, de la Provincia Agustiniana Matritense del Sagrado Corazón.

Las cargas fundacionales de la Fundación, recogidas en sus Estatutos son: Enseñanza en clases diurnas y nocturnas, conservación del edificio, material y mobiliario.. En el día de la Primera Comunión de los niños del Colegio, se les proporcionaba traje y calzado, si lo necesitasen, así como el desayuno para ellos y sus familiares.

Con la marcha de los Padres Agustinos, que tuvieron que abandonar el Colegio y renunciar al Patronato de la Fundación y con arreglo a lo dispuesto en los Estatutos, se formó un nuevo Patronato, figurando como Presidente el Sr. Obispo de Plasencia y como miembros el Arcipreste de Trujillo y un familiar de Doña Margarita, y en defecto de esta persona idónea, propuesta por los miembros restantes.

También figura como obligación de la Fundación el mantenimiento del culto en la Iglesia; creación de una Mutualidad Escolar, que proporcionaba una dote a los alumnos al cumplir los 20 años, para ayuda a los gastos de boda o a la instalación de un pequeño negocio.

Dentro de los fines fundacionales estaba el proporcionar becas a los alumnos que la mereciesen, para estudiar una de las entonces llamadas Carreras Cortas: Correos, Telégrafos, Teneduría de Libros, etc.

Dentro del Colegio funcionó un Comedor Escolar que facilitaba gratis la comida del mediodía a los alumnos necesitados. Para el mantenimiento de este Comedor fue dotado con un capital de 100.000 ptas. y la renta permitía el sostenimiento del mismo; proporcionar comida a 50 alumnos durante el curso escolar costaba unas 4.500 ptas.

Si la experiencia ha demostrado que Doña Margarita de Iturralde ya presumía que el coste de la vida iba disparándose, y que sus dotaciones quedarían cortas para mantener el funcionamiento, vemos como periódicamente, incrementaba los capitales fundacionales o constituía fondos diferentes para dotar sus obras, el Colegio sintió el problema por lo que hubo de acogerse a las disposiciones oficiales que le permitieran subsistir y se formalizó como Colegio Privado Concertado.

Parece ser que este Colegio siempre ha tenido que luchar y sufrir graves inconvenientes para su normal funcionamiento: Los dominicos fueron expulsados, el Colegio Preparatorio Militar tuvo vida efímera y el Colegio Santiago y Santa Margarita, como tal, primero sufrió la marcha de los Agustinos, más tarde de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, luego de los Claretianos y por fin la Cooperativa de Padres tuvo que cerrarlo por habérsele negado las subvenciones, que le permitieron subsistir algunos años. Esperemos que los trujillanos sacudamos alguna vez nuestra pereza y encontremos los medios para obras que tanto bien nos han proporcionado no desaparezcan, como ya ha pasado con bastantes de las crearon nuestros antepasados.

Muerta Doña Margarita en Trujillo, el día 5 de marzo de 1933, sus restos fueron inhumados en el Panteón familiar de Las Alberguerías y más tarde, 26 de septiembre de 1982, a instancia del Patronato y Cooperativa de Padres, fueron trasladados al Mausoleo que ella misma mandó erigir en la Iglesia del Colegio.

Los Trujillanos como homenaje póstumo y a iniciativa del Sr. Parrilla, Director del Periódico ENSAYOS, de vida efímera, solo se publicó durante un año, dedicaron una estatua, con su busto y alegoría de su obra, en el Paseo de Ruiz de Mendoza, enfrente de su Colegio, busto esculpido por el escultor Gabino Amaya, realizando el basamento, el cantero trujillano Antonio Guerrero y como aprendiz Francisco Serván, en piedra berroqueña de Ruanes.

BIBLIOGRAFIA:

  • Clodoaldo Naranjo, Trujillo sus hijos y Monumentos.
  • Juan Tena, Trujillo Histórico y Monumental.
  • El Patrimonio Artístico de Extremadura
  • Salvador Andrés Ordax
  • F. Javier Pizarro Gómez.
  • Semanario La Opinión.
Oct 011988
 

Manuel José Bazaga Ibáñez.

Hace algún tiempo que quería dedicarme a repasar con algún detenimiento algunos datos que en un día el azar puso en mis manos. Siempre me ha gustado hojear revistas y periódicos de otros tiempos, pues raro es que en ellos no encontremos personajes, curiosidades o noticias, que merecen nuestra atención, y tampoco es raro que algunos de ellos pudieran extrapolarse en estos tiempos, ya que parece no perdieron actualidad.

Hoy, y con motivo de los Coloquios, quisiera traer y poner en ellos alguno de los personajes, artículos o comentarios de la Prensa Trujillana de finales del siglo XIX y principios de XX. Siempre parece ser que fuimos inclinados a desahogar en la letra impresa periódica nuestras inquietudes, comentarios o críticas con mejor o peor intención. En este periodo del que vamos a ocuparnos, aparecen y desaparecen de la vida pública, personajes o publicaciones con rapidez y algunas veces sin otra trascendencia que la anecdótica de sus efímeras vidas.

Una de estas publicaciones y por orden de antigüedad, es el panfleto, ya que de otra manera seria demasiado atrevimiento denominarla, titulado “Mi Lagarrero y yo”. Ya en principios de 1886 se distribuía, por los datos conocidos, entre un reducido número de lectores que frecuentaban 1as tertulias de casino o rebotica, y que prestaban atención a los editoriales o columnas rebosantes de críticas más o menos encubiertas a quienes en aquél entonces regían nuestro pueblo, solicitándoles noticias sobre las promesas que hicieron para obtener el poder, pero que no cumplieron a pesar de estar en sus programas: Carretera de Plasencia, la dejó como la encontró; ¿Traídas de aguas? Ha sido obstáculo; cual un juego de prendas, ni sí, ni no; en ferrocarril le hemos escuchado en las sesiones de la Gestora y no parecía propicio a ello.

El lema de “Mi Lagarrero y yo, justicia, pan y trabajo”, subtitulándose como Revista Republicana de Necesidades Sociales. Su director fue D. José Villarreal y editado en la Imprenta de E. López, donde se admitían suscripciones y anuncios. Esta imprenta estaba instalada en Horno de los Corrales, número 2 (Actual Plazuela de Alvarado).

Se publicaba dos veces al mes al precio de una peseta por trimestre, repartida a domicilio. Número suelto 0,40 de pesetas.

De vez en cuando aparecían colaboradores con tan sugestivos nombres como: un Cavador, un Podador de viñas, el Temporero, -todos seudónimos conocidos sin duda por los lectores de la pequeña hoja que podían convivir en los lugares de moda de aquellos tiempos: Lagares del Pago de San Clemente.

En Marzo de 1986 aparece otra publicación, con mas hojas y contenido en ellas que la reseñada anteriormente, también con más larga vida y alguna más seriedad en sus colaboraciones. Se publicaba semanalmente y estaba consagrada a la defensa de los intereses de la Comarca, según rezaba en su cabecera. Su director, D. Francisco Jiménez Luengo y su administrador D. Manuel Corrales Lozano, que también lo fuera de “La Opinión”. La redacción ocupaba el número 1 de la Plazuela de San Miguel. Su precio de suscripción 1,50 al trimestre, número suelto 10 céntimos. Sin duda su mayor difusión le permitían estos lujos, ya que la otra que hemos comentado se vendía a 0,40 el número suelto. Estaba editado en la Tipografía “La Perfección Trujillaua”.

Sin duda ente periódico ya mereció este nombre y, si bien también en sus páginas aparecieron columnas con bastante mala uva, su redacción merecía tenerse en cuenta como más ecuánime o aunque tampoco eludía sus ataques, más o menos frontales, tanto a sus enemigos políticos u otros porque estas publicaciones, con mayor o menor descaro, estaban protegidas por personajes con influencias políticas y por partidos que vertían en ellos sus doctrinas, programas o también sus diatribas contra los que ejercían un mandato público, con la aceptación de más o menos lectores.

Por aquel entonces regía los destinos municipales trujillanos D. Modesto Crespo Michel. Tan mal les parecía su gestión a los redactores de “La Región” que llegaron a publicar una columna con una Silueta del Alcalde, que obligó a éste, quizás excediéndose en sus atribuciones, a secuestrar la publicación y llevar a los Tribunales a su Director D. Francisco Jiménez. Larga fue la porfía y largo el pleito, pero al fin la justicia estimó que la citada silueta no constituía delito y por ello fue absuelto de toda culpa. Ya la democracia de aquellos tiempos permitía decir lo que se quisiera de cualquier personaje que se pusiera a tiro, con alguna razón y a veces sin ella.

Otra noticia que apreció en sus páginas, de las que ocupó bastantes, fue con motivo de la instalación del alumbrado público en nuestra ciudad y de las posteriores aplicaciones de la energía eléctrica, entonces en pañales. Si bien el alumbrado de nuestras calles mereció en general beneplácito, no ocurrió así con la fábrica de harinas que quiso montarse para aprovechar la energía sobrante en sus instalaciones.

Corría más que mediado el año 1898, agosto, septiembre, cuando la Sociedad Durán y Compañía, que ya disfrutaba de la distribución de la electricidad que producían sus motores, instalados en la calle García de Paredes núm. 2, deciden aprovechar la fuerza sobrante de ellos, para la fabricación de harinas, instalando los oportunos mecanismos (hasta entonces estas faenas se realizaban en los molinos del Tajo o de La Albuera). En su solicitud al ayuntamiento, para su autorización, se hacen las oportunas consideraciones sobre la utilidad y economía que supondría para la población trujillana esta instalación, llegando incluso a ofrecer un precio para su trabajo de molienda: se cobraría por esta operación medio celemín por fanega, en toda clase de grano. Celebrada la sesión en el ayuntamiento, fue aprobada por la mayoría de sus miembros, pues hechas las cuentas, sólo se pagarían cinco fanegas diarias. Si se seguía haciendo como antes, entre molienda y transportes habrían de pagarse 30 fanegas, por lo tanto entre una forma u otra había una diferencia de 25 fanegas al día. Considerando que el precio en aquel entonces de la fanega de trigo era de 52 reales (unas 13 pesetas), la ciudad y sus arrabales habrían de soportar un coste adicional de 1.300 reales diarios, alrededor de 325 pesetas diarias, en areciéndose por tanto en esta cantidad el precio del pan. Este acuerdo mayoritario de la corporación, fue suspendido al poco tiempo, pues a petición de parte del señor alcalde, tuvo a bien dejarlo en suspenso, ya que en la demanda se argumentaba la peligrosidad de la industria y que el acuerdo de aprobación fue votado favorablemente por un concejal que no tenía capacidad para hacerlo por ser deudor de las arcas municipales. Nuestro periódico, razonablemente. se puso del lado de la fábrica y se dijo en él todo lo que se podía decir y más del alcalde y de sus seguidores, enconándose la disputa a deshacerse que el reclamante estaría dispuesto a cesar en su demanda, si se accedía a permutar una casa de su propiedad, lindante con la fábrica, y propiedad de su esposa, por otra en la plaza mayor, que ya tenía ojeada. Por fin en marzo de 1899, se dio por zanjado el pleito y la fábrica funcionó sin impedimento.

Si seguimos repasando las hojas del periódico podríamos encontrar anuncios tales como el de una academia docente que ofrecía a los que acudieran a sus clases, que no cobraría nada por ellas si no aprobaban las asignaturas que preparasen. Otro de un señor, de nacionalidad francesa, que se ofrecía en matrimonio a señorita de buena presencia y que pudiera aportar alguna cantidad al matrimonio. También es digno de leerse un suelto por el que se hacían consideraciones sobre lo que costaba el mantener la Escuadra de aquel entonces, estábamos en la guerra de Cuba: un crucero, con una dotación de 150 hombres, costaba mensualmente el mantenimiento de este personal 5.000 pesetas; un acorazado con 600 hombres, costaba 21.000 pesetas; un disparo de cañón, 510 pesetas; y el carbón consumido en el acorazado 1.400 pesetas diarias. Naturalmente se hacía la consideración de que estos gastos no podían ser soportados por España, lo mismo que ahora pero con ínfimas cantidades comparativamente.

También de vez en cuando aparecían en sus artículos, personajes que en aquella época gozaron de cierto prestigio y popularidad. Entre otros podemos destacar a: “Tovarito”, Inmaculado Vate de Plasenzuela”, Manuel Tovar de Vega. Si bien su lugar de residencia era la cita la población de Plasenzuela, – su fama trascendió hasta merecer el que periódicamente aparecieran hojas impresas difundiendo sus hazañas o peripecias: “Tovar en la corte”, “Un viaje a Roma”, “La chica”,“El vate de Plasenzuela”, “Adiós Figueira”, etc. Sin tratar de asuntos serios, sus prosas o versos aparecieron en los periódicos, sobre todo en éste ,y su humor fresco, con ligeros escarceos políticos, podían leerse a pesar de todo. Se decía que este personaje podía hacer y deshacer diputados, por sus buenas relaciones en la Corte.