Dic 022017
 

Beatriz Maestro Mateos.

 

INTRODUCCIÓN

En una Extremadura carente de todo y disidente de nada, donde dominaban los caciques que controlaban los caminos polvorientos que conformaban localidades con térreas iglesias, sumergidas en la monotonía que suscitan las tabernas y el campo, luchaban los pueriles infantes, sucios y harapientos, por aprender algunas de las letras que componían sus nombres. Durante el periodo de tiempo comprendido entre finales del siglo XIX y el siglo XX, la educación escolar suponía un verdadero lujo para los hijos de aquellos jornaleros que únicamente se preocupaban de que todos llevasen algo a casa y la comida no faltase en el puchero. Esta situación se convirtió en endémica en los municipios que conforman la Sierra de Gata, donde el hambre de tierras y la supremacía de las familias dominantes provocaban que unos desamparados aldeanos no pudiesen firmar por ellos mismos.

A este lamentable escenario social se unían, para empeorar aún más la situación del desmesurado analfabetismo en Extremadura, las rivalidades entre Iglesia y Estado por controlar la educación. A principios del siglo XIX la Iglesia argumentaba que tenía el mandato divino de enseñar, mientras que el Estado afirmaba que los fines de una y otra institución eran diferentes: “una tenía la vista fija en el más allá y el otro en el más acá”[1]. Tras la creación del Plan Pidal en el año 1845 la secularización de las escuelas comenzó a ser una realidad y la Educación quedó en manos del Estado, quien procuró crear una amplia red de institutos de segunda enseñanza[2]. Como consecuencia, se iniciará un fenómeno de concentración del conocimiento en las grandes ciudades, quedando cada vez más marginadas las zonas rurales. El siglo XIX comenzó con una tasa de escolarización en torno al 23% para la población juvenil de los seis a los trece años[3], en Extremadura y fundamentalmente en la Sierra de Gata, esta cifra no alcanzó siquiera dicha cota. Por otro lado, la mayoría de los maestros que se destinaban a las zonas rurales deprimidas eran simples aficionados con remuneraciones mezquinas.

Los enfrentamientos entre Iglesia y Estado continuarán en el siglo XX, con idas y venidas sobre el control de la educación en las escuelas, ralentizando aún más el proceso de escolarización del país. Las buenas intenciones por aumentar el nivel cultural de los hijos de jornaleros sirvieron de poco, era imposible maquillar con pinceladas de cultura a un pueblo mayoritariamente analfabeto. Por otro lado, el Estado no fue capaz de competir en medios e instalaciones con los colegios confesionales, donde se formaban los alumnos más selectos[4], por lo que en resultados nada o poco había cambiado desde el siglo pasado.

En la Sierra de Gata, lugar de montañosa orogenia y soplo cristalino, se encuentran agrarios municipios donde la tierra estaba vilmente repartida, y donde los ricos tenían cada vez más y los pobres cada vez menos. Con el transcurrir de los años fue aumentando en esta comarca el número de escuelas públicas a cargo de los Ayuntamientos, y con ellas el número de maestros y maestras de primeras letras. El siglo XIX finalizará con un hálito esperanzador para los pueblos del norte de Extremadura, donde los gobiernos regeneracionistas intentarán poner remedio a la ignorancia jornalera y al abuso caciquil. Sin embargo, las escuelas, cuyas blancas paredes se veían adornadas únicamente por enormes grietas y humedades, y el mobiliario que contenían se basaba casi exclusivamente en bancos y pupitres derrengados, se veían sumergidas en un absentismo escolar que comenzaba generalmente cuando los alumnos alcanzaban la temprana edad de siete u ocho años, cuando se encontraban capacitados para las labores del campo o el cuidado de los animales. Asimismo, la situación que vivían los maestros no era mucho mejor, donde en algunas localidades, para poder vivir modestamente, debían someterse a las pretensiones del alcalde o cacique de turno.

En este trabajo, se pretende abordar el contexto histórico y social que acaecía en los municipios que conforman la fastuosa Sierra de Gata, analizando las causas del enorme analfabetismo que existía, y explicando la realidad social que sumergía a los serragatinos en la desdicha de una vida obcecada en hallar primero pan, y luego cultura.

 

 

LAS ESCUELAS DEL SIGLO XIX

El proceso de secularización de la enseñanza en España se inició con ahínco en la segunda mitad del siglo XVIII, acompañado de la secularización de la vida pública. De entre los cambios y reformas que se pretendieron llevar a cabo, la educación cobró un protagonismo primordial. Sin embargo, a pesar de algunos intentos constitucionales por desarraigar el analfabetismo que predominaba en todo el país, la falta de interés que demostraban las autoridades y políticos extremeños por la educación de los infantes se podía percibir en las escuelas que habilitaban para el desempeño de la docencia. En la mayoría de los casos se facultaban escuelas en desvanes, conventos inhabitables, bodegas, subterráneos húmedos, suelos con permanentes charcos y locales sin ventilación[5]… en el mejor de los casos, en el peor, directamente se carecía de escuela.

A principios del siglo XIX Extremadura poseía los peores aularios de una España pobre y escuálida. Sin embargo, y a pesar de esta circunstancia, allá por el año 1835 se llevó a cabo una inspección por todo el partido de Gata a cargo del alcalde mayor D. Ignacio González Olivares. De este examen se obtuvo como conclusión que en la localidad de Hoyos, tanto los alumnos como el profesor particular de la escuela, D. Gabriel Luis de la O, excedían las expectativas de quienes allí se presenciaban[6]. Desconocemos los motivos por los cuales esta escuela y sus individuos gozaban de la admiración de las autoridades y los inspectores que la examinaron, probablemente las instalaciones exhibían un mejor aspecto que las escuelas colindantes, se llevaba un mayor control de los exámenes realizados a los alumnos, y el nivel cultural de los mismos superaba las expectativas del alcalde mayor. En cualquier caso, la localidad de Hoyos comenzaba a destacar intelectualmente por encima del resto de pueblos serragatinos, hecho que se verá consumado en el siglo XX.

La situación general que sufrían los maestros no era, en algunos casos, muy diferente de la de sus alumnos, no sólo porque el lugar de trabajo era el mismo, sino porque en ciertos lugares los maestros podían ser considerados como parias que sufrían las torpezas de los Ayuntamientos, los cuales abonaban al docente un mísero sueldo, cuando lo abonaban. Así, los maestros, sumidos a veces en la miseria, descuidaban su labor y desahogaban su frustración contra unos inocentes alumnos que centraban su atención más en la vara que en la lección. En el año 1853 se localizaban vacantes en las escuelas de instrucción de casi toda la comarca de la Sierra de Gata: en Trevejo se ofrecía una vacante por 300 reales más la retribución correspondiente, en Acebo la vacante pertenecía a la escuela de niñas e incluía un suelo de 1386 reales, el alquiler de una casa, la retribución que se designase y 300 reales para útiles[7]. Como se puede ver, a pesar de encontrarse muy próximas ambas localidades, las condiciones de vida de un maestro o maestra en una y otra eran muy diferentes.

Otras localidades serragatinas ofrecían también vacantes con el fin de poder procurar una educación que librase del analfabetismo a los infantes, tal es el ejemplo de Villamiel, Torre de Don Miguel, Moraleja y Santibáñez el Bajo, donde las condiciones de trabajo eran semejantes pero con un sueldo ligeramente inferior a Acebo[8]. Las dotaciones de todas estas escuelas se abonaban en metálico, con fondos municipales y por trimestres. Los aspirantes debían remitir la solicitud para optar a la vacante acompañada de una serie de documentos, entre los cuales destacaban la fe de bautismo legalizada, demostrar tener más de veinte años de edad, y una certificación del ayuntamiento y del cura párroco del pueblo donde residía para acreditar su buen comportamiento[9].

Como incentivo a la problemática social, es necesario destacar que el salario de un maestro era bastante superior al salario de una maestra, así ocurría en San Martín de Trevejo. En el año 1882, el maestro de la escuela de niños de la localidad, Julián Muñoz Pacheco, cobraba una dotación de 85 pesetas con 93 céntimos al mes por su labor. Sin embargo, la maestra de la escuela de niñas de instrucción primaria, Candela Gordillo Gómez, obtenía la modesta retribución de 57 pesetas con 29 céntimos[10] por llevar a cabo la misma labor. Eran sueldos moderados que, comparados con el de los jornaleros serragatinos a quienes no se les llegaba a pagar una peseta por jornal, podían permitir a sus beneficiarios disfrutar de una vida alejada de la miseria. Para hacernos una idea del nivel económico de la zona, mencionamos que en el municipio de Eljas los precios de los productos básicos oscilaban entre los 20 céntimos y las 3 pesetas. A finales del siglo XIX un kilo de arroz costaba 0,75 pesetas, mientras que el kilo de tocino alcanzaba la desmesurada cantidad de 2.20 pesetas[11]. Teniendo en cuenta que el kilo de patatas valía 0.20 pesetas, nos hacemos una idea de la alimentación que los infantes serragatinos estilaban.

Para la selección de profesores se recurrió, en un primer momento, al sistema de oposición basado en la previa convocatoria de la Dirección General de Estudios (más tarde convertida en la Dirección General de Instrucción Pública). En ellas se exigía presentar y defender un programa, con indicación de textos y autores, y posteriormente se sometía el opositor a las preguntas orales que llevaba a cabo el tribunal[12]. Sin embargo, la falta de maestros opositores obligó a colocar en las zonas rurales más deprimidas los conocidos como “maestros improvisados”, pues a falta de profesionales, mejor era que un aficionado sacase del analfabetismo a unos infantes condenados a vivir en la ignorancia. El censo general de estadísticas del año 1864 afirmaba la existencia de un 81% de analfabetismo para la provincia de Cáceres[13], con estos datos, se puede percibir el elevado nivel de analfabetismo de Extremadura con respecto a otras regiones de España.

En ocasiones, los mismos padres que sufrían al ver el hambre en las miradas de sus hijos y las durezas de sus pies descalzos eran adversos a los buenos deseos del maestro, pues es preciso destacar que la escuela era inútil donde no se había comido. La mayoría de los días el número de alumnos que asistía a clase era mucho menor del total de matriculados en la escuela, el maestro olvidaba incluso los rostros de algunos pupilos y a mitad de curso descubría otros nuevos. En San Martín de Trevejo, la lista de niños matriculados en la escuela elemental completa durante el curso correspondiente a los años 1889-1900 ascendía a un total de 87 niños: Valentín Domínguez Gómez, Leocadio Baile Perera y Agustín Aparicio Paino son algunos de los pupilos que asistían irregularmente al aula del profesor Felipe Martín[14], cuyas dependencias correspondían a cualquier edificio del municipio en desuso que no se encontraba destinado a ningún fin concreto.

Sin embargo, el entorno laboral de los maestros de esta localidad, y probablemente de la mayoría de municipios que conformaban el partido judicial de Gata[15] (denominado a partir de 1840 partido judicial de Hoyos), mostraban ciertas ostentaciones en comparación con otros lugares de la región, debido a la cortesía de las autoridades de la zona, quienes otorgaban un moderado presupuesto para las escuelas. En el libro de cuentas del año 1882 que redactó la maestra de la escuela pública de niñas de San Martín de Trevejo, Felicitas Elena del Rey, aparece la cantidad de 103 pesetas y 12 céntimos como suma otorgada por el Ayuntamiento para gastos materiales del segundo semestre de dicho año, gastos que fueron distribuidos e invertidos de la siguiente manera[16]:

  • Tres cargas de cisco para templar el local (4 pesetas y 50 céntimos).
  • Una resina de papel pintado y media de blanco (14 pesetas y 25 céntimos).
  • Varillas de hierro puestas a las ventanas de la escuela (4 pesetas).
  • Aseo y limpieza del local (6 pesetas).
  • Géneros de trabajo y demás utensilios empleados en cortinas para balcones y ventana de la escuela (9 pesetas).
  • Un libro de contabilidad, otro de visitas para inspección, otro de correspondencia, seis libros titulados “Flora o la educación de una niña” doce libros de “Principios de lectura” y por plumas y tinta (27 pesetas y 50 céntimos).
  • Trabajo y materiales empleados en blanquear la escuela (9 pesetas y 90 céntimos).
  • Un cuerpo de carpintería (20 pesetas).
  • Derechos de habilitación en el semestre (8 pesetas y 94 céntimos).
  • Para jubilaciones (10 pesetas y 31 céntimos)La imposición de la disciplina y la labor moralizante que se llevaba a cabo en las escuelas era desarrollada por la figura del maestro. Situado su prestigio por detrás del cura, el farmacéutico y el médico de la localidad, el maestro gozaba de cierta reputación en la villa donde ejercía, pero no de demasiada autoridad. Su superioridad con respecto al resto de habitantes quedaba reflejada en el agradecimiento que los padres de alumnos le mostraban por su incesante labor mediante ofrendas de productos de huertas y granjas, en la medida de lo que buenamente podían. Como norma general, eran los maestros quienes decidían el horario de comienzo y finalización de las clases, por lo que en una misma villa era muy probable que las jornadas lectivas de niños y niñas fuesen muy diferentes, eso sí, armonizaban conjuntamente en las obligaciones religiosas. A pesar del espíritu innovador que se germinó con la constitución de 1868, lo cierto es que en los municipios de la Sierra de Gata la actividad religiosa se perpetuaba como quehacer principal por encima de la educación escolar. La secularización de la actividad educativa no había logrado el laicismo de las mentes serragatinas, quienes otorgaban una primacía desmesurada a las festividades y deberes religiosos. Así ocurrió en el año 1889, cuando los pueblos de la zona vivieron un resurgir del espíritu religioso mediante misiones llevadas a cabo por la Compañía de Jesús[20]. Mientras que en el resto de lugares la Iglesia había ido perdiendo terreno a medida que la sociedad civil se hacía cargo de las principales funciones de una comunidad, en la Sierra de Gata del siglo XIX reinaba nuevamente un fervor religioso que atrás dejaba la estela de la razón y las luces, y es que, por aquel entonces, España contaba con unos 160.000 religiosos que disfrutaban de 9.093.400 fanegas de tierras, sin olvidar las ganancias procedentes de propiedades inmuebles, ganados y censos[23]. La Iglesia se aferraba a sus últimos reductos y mediante el control de la educación ambicionaba renacer de sus cenizas.
  • Para concluir este apartado, en el siguiente cuadro[24] resumimos el panorama educativo de la Sierra de Gata a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Como se puede observar, había cierta homogeneidad con respecto al tipo de emplazamiento educativo existente en prácticamente todas las localidades, a excepción de una minoría que destacaban por la tenencia de clases auxiliares o de clases/escuelas incompletas de ambos sexos. Estas últimas, se caracterizaban fundamentalmente por la sucesión de una larga lista de inconformes maestros, los cuales, en ocasiones, o bien no llegaban a ocupar el cargo, o bien cobraban un salario pobre que componía una dotación económica muy inferior al resto de maestros de la comarca.
  • Para hacer alegoría del éxito de la reevangelización de estos lares, se organizó por orden del obispo una peregrinación al pueblo de Acebo por parte de todos los municipios misionados con el fin de celebrar la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Esta peregrinación fue acogida con entusiasmo en toda la comarca, por lo que los quebrantados caminos de la sierra se vieron plenamente concurridos, sintiendo sus altas montañas el eco repetido de los coros, que entonaban durante el trayecto devotos cantares. Se calcularon un número aproximado de 6000 peregrinos procedentes de Gata, Torre de Don Miguel, Valverde del Fresno, Villasbuenas, Hoyos, Perales, Cadalso, Cilleros y San Martín de Trevejo[21]. Los peregrinos de dichos lugares colmaron las calles de Acebo en dirección a la casa del Cura para recibir la bendición del mismo[22]. Niños y adultos de estas localidades participaron en tal festividad demostrando la primacía de los corazones católicos sobre los pensamientos liberales que entendían como corrompidos, la Sierra de Gata continuaba siendo un fuerte bastión de la Iglesia, donde la educación llevada a cabo por maestros laicos se encontraba en un segundo plano a pesar de los esfuerzos de las autoridades civiles.
  • Los castigos estaban a la orden del día, pero también los premios. En San Martín de Trevejo, en el año 1894, se redactaba un escrito donde el maestro explicaba a la Junta local los premios y castigos que se llevaban a cabo por aquel entonces como método de enseñanza para sus alumnos[17]. De entre los premios de la escuela de niños de ese año se encontraba la entrega de vales correspondientes a puntos del uno al diez que se tendrían en cuenta en el examen general, nombrar inspector del orden en una o más clases a quien fuese un alumno destacado, además de presentarle a los demás como modelo ejemplar. Otra forma de premiar era proponer a la Junta Local los hijos de padres pobres que mejor asistencia y comportamiento habían tenido[18]. Por otro lado, los castigos consistían en retirar los vales conseguidos o colocar a los indisciplinados un tiempo de rodillas, así como encerrar a los reincidentes. Las reprimendas públicas y la prohibición de disfrutar del recreo eran cotidianas. Cuando el comportamiento de los infantes sobrepasaba los límites de conducta que el profesor consideraba desmesurados se procedía a expulsar al alumno temporal o definitivamente con aprobación de la Junta Local[19]. Con estos datos, se percibe el afán interventor de unas autoridades que comenzaban a preocuparse por el trato otorgado a los alumnos, interés que desembocaría en una agitada actividad legislativa llevada a cabo en el siglo XX.
  • Con todos estos gastos semestrales podemos deducir las óptimas condiciones de las que gozaba la escuela pública de niñas por aquel entonces, donde una sala bien blanqueada, limpia, ventilada y vestida acogía a unas alumnas que contaban con un total de dieciocho libros que compartían en dicha aula mientras las adoctrinaban para convertirse en dóciles esposas e inmejorables amas de casa.
 

PUEBLOS

(S.XIX-XX)

Escuela elemental niños Escuela elemental niñas Clase elemental niños Clase auxiliar niños Clase/escuela incompleta ambos sexos
Acebo X X
Cadalso X
Cilleros X X X
Descargamaría X X
Eljas X X
Gata X X
Hernán Pérez X
Hoyos X X
Perales X X
Robledillo X X
S. Martín de Trevejo X X
Santibáñez el Alto X X
Torrecilla de los Ángeles X
Torre Dº Miguel X X
Valverde del Fresno X X
Villasbuenas X X
Villamiel X X
Villanueva de la Sierra X X

Cuadro 1. Fuente: Pérez Parejo et al. (2013). Catálogo para el estudio de la educación primaria en la provincia de Cáceres durante la segunda mitad del siglo XIX. Universidad de Extremadura

  

LOS PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XX

Con la contienda librada entre Iglesia y Estado, se inicia un nuevo siglo que arrastrará muchos de los problemas sociales y políticos heredados de la época anterior. En el año 1900 existió un movimiento renovador urgido por poderes tanto intelectuales como políticos que fomentaron la secularización progresiva y sin retorno en el ámbito de la enseñanza[25]. Sin embargo, la Iglesia continuaba respaldada por la posesión de numerosos centros de educación primaria y sería ardua tarea despojarla del poder casi absoluto que la izaba desde siglos pasados. A comienzos del siglo XX el número de analfabetos comenzó a disminuir insensiblemente[26] mientras que existía un gran déficit de maestros y maestras, la causa directa puede encontrarse en que para continuar el sistema productivo existente no se necesitaba el aprendizaje de la lectura y la escritura por parte de la mano de obra, pues las técnicas de trabajo se aprendían por vía oral[27]. En definitiva, la realidad no era otra que la existencia de un índice de analfabetismo desmesurado a comienzos del nuevo siglo: en el municipio de Eljas, que contaba en el año 1910 con 1798 habitantes[28], el analfabetismo aglutinaba a la mayor parte de la población en un porcentaje del 72,32%, siendo únicamente superado en la Sierra de Gata por la localidad de Trevejo, que contaba con un porcentaje del 75,5% de población analfabeta[29].

El interés de las instituciones por la enseñanza se traduce en el aumento de control legislativo de la misma, claro ejemplo de ello es el decreto promulgado en el año 1913 con la intención de prohibir definitivamente los castigos corporales y los azotes, que, si bien se venían controlando desde hacían algún tiempo, este sería un claro intento de renovar las viejas usanzas de maestros que día tras día se apegaban a la vara. La inspección y regulación de la educación incluía también la ordenación del magisterio y de sus actividades, así, se exigía a los maestros de toda la España el envío por correo de sus datos personales, el sueldo que recibían, el pueblo y la provincia donde ejercían su labor y la antigüedad que poseían en el servicio de la docencia para elaborar una lista general en el año 1906[30]. Cabe decir, que la participación de los maestros en este reclamo fue más bien escasa y se demandaron reiteradamente los datos mencionados a los maestros de la mayoría de los pueblos de la Sierra de Gata: Acebo, Perales, Eljas, Gata, San Martín de Trevejo, Torre de Don Miguel y Moraleja[31]. Los instructores prefirieron hacer caso omiso al reclamo, convirtiéndose la provincia de Cáceres en una de las zonas con menos participación en el proyecto de toda España.

Sin embargo, estos maestros sí participaban en requerimientos para mejoras del mobiliario de sus aulas, así se demuestra en el hecho acontecido en el año 1915, donde se dotó de nuevos materiales a las escuelas nacionales de nueva enseñanza que solicitaron con insistencia estas reformas. Robledillo de Gata fue uno de los municipios amparados donde los infantes que acudían a la escuela nacional de niños pudieron disfrutar de mesas-pupitres bipersonales de nuevo uso[32]. Los arrojos, el ahínco y la constancia de los maestros de la comarca de la Sierra de Gata por mejorar las condiciones materiales del entorno donde ejercían su labor se tradujeron, en San Martín de Trevejo, en una carta redactada por el alcalde y los concejales que conformaban el Ayuntamiento en el año 1917 en la cual se ensalza la labor del maestro de la villa, quien desempeñó su labor durante más de veinticinco años, y en la fecha citada abandonaría San Martín para ascender al cargo de inspector de primera enseñanza que había adquirido mediante oposición. El objetivo expresado en dicho comunicado era lograr el nombramiento del estimable maestro como hijo predilecto de la villa, y otorgarle a una de las calles principales de la misma su nombre[33]. De este modo, consideraba el Ayuntamiento rendir digno homenaje a un maestro por sus esfuerzos educadores e instructores.

Parece ser, que la vocación que caracterizaba a ciertos profesores de la comarca trascendía más allá de los agradecimientos por parte del vecindario. Durante la segunda década del siglo XX el activismo del profesorado de Sierra de Gata se tradujo en arduas luchas intestinas por lograr la regeneración pedagógica tal y como se había llevado a cabo ya en casi todo el magisterio cacereño. Una sagaz decisión llevada a cabo por maestros de Eljas y Hoyos, basada en la creación de un círculo pedagógico para este partido judicial, logrará iniciar un importante proceso reformador educativo que sería llevado a cabo en la zona. Diez maestros y tres maestras, procedentes estas últimas de Eljas, Valverde del Fresno y Hoyos, se esforzarán por conseguir la actualización pedagógica que tanto hacía falta en la comarca, para ello consideraron imprescindible dividir el partido en cuatro secciones integradas por Descargamaría, Robledillo, Torre de Don Miguel y Cadalso la primera; Torrecilla de los Ángeles, Hernán Pérez y Santibáñez el alto la segunda; Gata, Villasbuenas, Acebo, Perales y Hoyos la tercera; y Cilleros, Trevejo, Villamiel, San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde la última de ellas[34].

A pesar del aparente desinterés que las autoridades mostraron en un primer momento ante este proyecto, las reuniones del círculo de maestros de toda la Sierra de Gata continuaron produciéndose, organizadas fundamentalmente por los maestros de Eljas y Hoyos, quienes fomentaban incansablemente este espíritu educativo renovador entre el magisterio rural. Las batallas libradas con las autoridades y las numerosas reuniones que los maestros tuvieron concluyeron con un exitoso final para las aspiraciones del magisterio serragatino: el día 3 de octubre de 1929 comenzó a funcionar una nueva escuela en la localidad de Perales[35], dotada de modernas infraestructuras. A partir de este momento, proliferarían las escuelas de nueva plata en toda la Sierra de Gata.

Sin embargo, a la par que se presentían las ansias de remodelación y progreso que presagiaban la II República, los reductos monárquicos que encontraban cobijo en la Sierra de Gata bajo el manto de la Iglesia se esforzaban por continuar adoctrinando a unos infantes que acudían inocentemente a los actos públicos que en honor a la reina regente se organizaron en la comarca con motivo de la súbita defunción de ésta en el año 1929. Así ocurrió en San Martín de Trevejo, donde el cura párroco de la villa organizó un acto por el alma de María Cristina al que asistieron los miembros del Ayuntamiento, el juez municipal, el Comité de Unión Patriótica, los Somatenes, y el Sindicato Agrícola. Entre todos ellos, se encontraban los niños de las escuelas, quienes fueron llevados al acto portando banderas enlutadas[36]. Durante el evento, el cura párroco se encargó de recordar las excelsas virtudes de la reina como modelo a seguir por todas las madres. Acto seguido, el alcalde telegrafió al mayordomo mayor de palacio comunicándole lo acontecido y reiterando su inquebrantable adhesión a la monarquía[37]. San Martín de Trevejo se posicionaba férreamente a modo de precaución ante acontecimientos venideros.

 

 

 

LA EDUCACIÓN DURANTE LA II REPÚBLICA

La cuestión educativa, fundamentalmente en todo lo concerniente a la educación primaria, causó enormes desasosiegos a todos los gobiernos republicanos. En el año 1931 había un total de 32,4% de personas analfabetas con respecto a los 25 millones y medio de españoles que existían[38]. Asimismo, el porcentaje de mujeres analfabetas superaba con creces al de hombres, debido a la formación que como amas de casa recibían las niñas desde sus primeros años de vida. Para lograr la obtención de datos reales se enviaban, como en épocas anteriores, telegramas a todas las localidades que poseían escuelas, gracias a lo cual se calculó para el año 1932 un total de 32680[39] colegios en todo el país.

La tasa de analfabetismo en más de la mitad de las poblaciones serragatinas era superior al cincuenta por ciento, por ende, la administración se centró en la creación de centros de primera enseñanza en todas las localidades que carecían de ellos. Para ello, el Ministerio trazó un plan quinquenal por el que se crearían 5000 escuelas cada año, exceptuando el primero, donde se instaurarían alrededor de 7000[40]. Consecuencia de ello fue la rápida propagación de escuelas de nueva planta en la Sierra de Gata, donde destacó fervientemente el colectivo de maestros de primera enseñanza, quienes desde un primer momento apoyaron la laicidad del estado y la universalización de la educación, ideales que apuntalaron con gestos como la eliminación de imágenes del rey en las aulas. En el año 1930 ya se había creado en Villasbuenas de Gata un edificio con destino a dos escuelas unitarias, una para niños y otra para niñas, mediante la concesión de una subvención de 18000 pesetas[41]. Ese mismo año se concedió la dadivosa subvención de 16000 pesetas para la construcción de dos escuelas unitarias, una de niños y otra de niñas en la villa de Gata[42]. Este sería el comienzo de un largo periodo de renacer de los centros educativos serragatinos, que, si bien fue satisfactorio a nivel numérico, no lo fue tanto con respecto al primer objetivo de la República: erradicar el analfabetismo endémico de las zonas rurales.

Como medidas de erradicación el Gobierno dispuso una serie de ordenaciones para organizar el proceso de construcción de nuevas escuelas fundamentalmente, y para la reforma y mejora de las ya existentes. El 16 de septiembre del año 1932 se promulgó el decreto por el que cada pueblo debía contribuir a la creación de sus centros en función de la riqueza que poseía cada ayuntamiento. El hecho de abrir una escuela requería tanto la posesión de un local como la existencia de un maestro, lo primero debía facilitarlo el ayuntamiento, mientras que lo segundo era tarea del Estado. San Martín de Trevejo fue una de las villas más beneficiadas de este impulso pedagógico: en el año 1932 se creó una escuela de niños y otra de niñas[43] y tan sólo tres años después se dictaminó la creación de nuevos edificios escolares[44], concretamente, se aprobó la creación de un edificio de nueva planta con destino a cuatro escuelas unitarias, dos para niños y dos para niñas por una cantidad de 95610 pesetas con 67 céntimos[45]. Un año antes ya se había aprobado una subvención al ayuntamiento de Moraleja para la construcción de nuevas escuelas[46].

La República elevó la jerarquía del maestro dentro de la escala de prestigio social de la localidad donde desempeñaba su labor, hecho aparejado al aumento económico de los sueldos de los mismos, sin embargo, podemos considerar este acto como un incentivo a la labor del docente quien a partir de ese momento debía hacerse merecedor de su salario. Para asegurarse de ello, el Gobierno instó a los inspectores a vigilar escrupulosamente los libros de texto y las normas pedagógicas que en cada escuela se empleaban, a fin de cerciorar el laicismo en el aulario[47]. Los maestros y maestras de la Sierra de Gata solían tener un carácter itinerante dependiendo de los resultados de la oposición a la que se habían presentado, así, el 19 de septiembre de 1932 se nombró a María Mercedes Montero como maestra en propiedad de la escuela nacional unitaria número dos de niñas de la villa de Gata, con el haber anual de 3000 pesetas, al haber quedado la número 752 de la segunda lista supletoria de las oposiciones convocadas en el año 1928, siendo tenido muy en cuenta para la baremación la realización de las prácticas que llevó a cabo en la escuela de niñas de Monte Arruí, en Marruecos[48].

Como se puede observar, la creación de escuelas unitarias en la Sierra de Gata fue una de los grandes propósitos de este periodo, con el objetivo de fomentar una educación primaria laica, gratuita y obligatoria donde los maestros se encontrasen en la posición de funcionarios públicos. Sin embargo, la Iglesia interpretó como un ataque hacia las escuelas católicas la acción de incluir los principios de la escuela única en la Constitución de 1931. De este modo, se hizo un reclamo a los profesores y maestros católicos para alertarlos contra la escuela única, proclamando que ésta era una escuela comunista, y se encontraba impuesta por la masonería. Para los católicos, la escuela única era la absorción total de la enseñanza privada por la oficial[49]. Mientras las tradicionales rivalidades entre Estado e Iglesia sobre el control de la educación se endurecían, sobrevino la Guerra Civil y sus pavorosas consecuencias para aquellos que tanto se habían implicado en una época anterior de progreso y libertad, así ocurrió con los maestros de primera enseñanza de la Sierra de Gata, donde un gran número de ellos poseían valores republicanos, y sufrieron la depuración de posguerra[50]: Pedro Rivero Ramos, maestro de San Martín de Trevejo fue fusilado en 1937, corrió la misma suerte que Enrique González Obregón y Vicenta González Llano, de Valverde del Fresno.

Se iniciaba así una etapa de dura represión en una comarca que desde tiempos pretéritos se había considerado fuertemente monárquica y declarado públicamente su fidelidad a los sucesivos soberanos del pasado. La Sierra de Gata se encontró prácticamente desde el inicio de la contienda sometida al bando nacional.

 

 

 

DICTADURA Y ANALFABETISMO

Una vez finalizada la Guerra Civil, los vencedores comprendieron muy bien que la educación podía convertirse en un importante instrumento propagandístico de la política que pretendían instaurar: era necesario desmantelar el espíritu y la obra anterior, para lo que se hacía necesario crear un nuevo soplo educativo al servicio del Régimen. El nacionalcatolicismo sería la pedagogía reinante en las aulas, donde se hacía imprescindible colocar una serie de maestros que tuvieran como principal objetivo redirigir el futuro de la educación y la patria. El nuevo modelo educativo debía adaptarse fielmente a las premisas del Régimen para difundir una nueva ideología totalmente opuesta a todo lo que existía anteriormente, y este privilegio difusor sería repartido entre la Iglesia y la Falange.

A partir del año 1950 se intensificó la creación de una red de escuelas nacionales de enseñanza primaria acompañada de la dotación de modernos aularios y nuevas plazas para maestros y maestras, siendo la Sierra de Gata uno de los focos de interés para este proyecto. Consecuencia de ello fue la implantación de una escuela de párvulos en el casco del Ayuntamiento de San Martín de Trevejo[51], donde el nuevo espíritu nacional, en ocasiones, calaba con dificultad en los infantes que ayudaban a sus padres en las labores del campo. Se denominaba a estos discentes “niños del agua”, alumnos víctimas del absentismo escolar, que únicamente acudían a la escuela los días de lluvia, cuando no era posible ir al campo a trabajar y el aulario se encontraba prácticamente abarrotado. En el censo escolar de párvulos de San Martín de Trevejo del año 1955 se contaba con un total de 54 alumnos, los cuales asimilaban la nueva formación religiosa que caracterizaba al clima escolar del momento.

Un importante aspecto a destacar de la educación que se llevó a cabo en Sierra de Gata durante el periodo de la Dictadura, fue su incansable lucha contra el analfabetismo, que, si bien esta actitud fue recogida de épocas anteriores, los métodos para erradicar este persistente problema de la sociedad española serían ahora bien diferentes. En San Martín de Trevejo la preocupación por el analfabetismo se centró tanto en adultos como en infantes, así, el tres de agosto del año 1963 se elaboró una relación de todos los analfabetos de la villa que se encontraban entre los doce y los veintiún años de edad recogiéndose un total de veintiún jóvenes víctimas del analfabetismo, en algunos casos, se puede apreciar a todos los hijos miembros de una misma familia incluidos en esta lista.

Un tiempo después, en el año 1966 el alcalde anunció un comunicado para que todos los varones de edades comprendidas entre los 14 y los 60 años se presentasen en el ayuntamiento para inscribirse obligatoriamente en la clase para adultos que se había habilitado en el municipio, si no se sometían a este precepto, deberían abonar una multa. Para las mujeres de entre 14 y 50 años también se aplicaba este comunicado[52].

Como resultado de esta iniciativa se compuso el veinte de enero de 1966 un padrón con el número de habitantes analfabetos que habían respondido a este llamado. Este censo se encontraba compuesto por un total de cuarenta y cuatro personas, divididos en tres secciones en función de la edad y el sexo, tal y como observamos en el siguiente cuadro[53]:

 

 

 

 

Analfabetos 1966 DE 14 A 21 AÑOS DE 21 A 45 AÑOS DE 45 A 60 AÑOS DE 45 A 50 AÑOS
HOMBRES 8 16 0
MUJERES 8 11 1

   Cuadro 2. Fuente: elaboración propia a partir de AHM de San Martín de Trevejo (Caja 3.8 Educación)

 

Analizando estos datos, obtenemos la conclusión de que a muchos de estos habitantes les interesaba mayormente abonar una sanción económica antes que perder su rutina diaria de trabajo agrícola. Todos estos mañegos, como se denomina a los habitantes de San Martín de Trevejo, fueron inspeccionados por la Comisión examinadora de alfabetización constituida por los miembros de la Junta Municipal de Enseñanza Primaria. La encargada de esta Escuela Especial de Alfabetización fue la maestra María del Carmen Barrantes Pérez, quien se hizo cargo de la preparación para las pruebas de lectura y escritura a las cuales deberían someterse los alumnos[54]. Superadas las pruebas estos pupilos adquirían la categoría de alfabetizados.

Y así transcurrieron los años de la Dictadura, a caballo entre el afán pedagógico por el patriotismo y el catolicismo y la lucha contra el analfabetismo como problema intestino de la sociedad española. Esta última actividad comenzó a intensificarse en las zonas rurales a partir de los años cincuenta y puede deberse a la incipiente diligencia obrera y estudiantil que se vivía en las ciudades, junto con el desgaste de la familia tradicional que hasta entonces había sustentado con pies de plomo el Régimen. Sin embargo, durante toda la Dictadura, los libros escolares pasaban por el filtro de los poderes eclesiásticos en todo lo relacionado con la doctrina religiosa, y en las escuelas se integraron instituciones como la Santa Infancia o las Misiones[55]. Para que esta maquinaria nacional-católica se mantuviese vigente fue necesario que los maestros demostrasen un respeto filial a la Iglesia con el consecuente adoctrinamiento de unos infantes, que, a pesar de la pobreza, asistían a una escuela que poco o nada podía hacer para liberarles de la miseria.

Parvulitos de Valverde del Fresno en el año 1964.

Fuente: álbum familiar

 

CONCLUSIÓN

En definitiva, podemos destacar que, con el transcurrir de los años, fue aumentando en la comarca de la Sierra de Gata el número de escuelas públicas a cargo de los Ayuntamientos, y con ellas el número de maestros y maestras de primeras letras.  El siglo XIX finalizó para la Sierra de Gata con un total de treinta y cinco escuelas, dentro de las cuales se ausentaban las de nivel superior y de párvulos. Hasta bien entrado el siglo XX estas últimas no comenzarán a expandirse por la comarca.

Sin embargo, los enormes esfuerzos y las grandes inversiones económicas que las autoridades serragatinas llevaron a cabo, nunca fueron suficientes para lograr la desaparición del analfabetismo endémico que caracterizaba a esta zona. Quizá, la fuerte influencia que la doctrina católica ejercía desde tiempos inmemoriales en todas las localidades, unida a la constante rivalidad Iglesia-Estado que se mantenía por el control de la educación en todo el país, influyeron, o no, en que la Sierra de Gata se posicionase durante los siglos XIX y XX como una de las zonas con mayor tasa de analfabetismo de Extremadura.

La realidad fue que, a pesar de poder disfrutar de numerosas y acondicionadas escuelas, los infantes serragatinos debían su existencia a unos padres generalmente jornaleros, quienes para llevar alimento al hogar necesitaban de la ayuda de sus hijos en las faenas agrícolas. La lectura y la escritura no saciaban las hambres, y no las saciaría nunca, pues al terminar la escuela elemental estos trabajadores no podían ofrecer a sus hijos la posibilidad de continuar con sus estudios. Así, los serragatinos se encontraban, por ende, desde temprana edad, sumidos en la desdicha de tener que hallar, primero pan, y luego cultura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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Frades Gaspar D. (1985): A Divina Pastora. Notas sobre um-a ermita y devoción. (Manuscrito personal del autor)

López Martín R. et all. (1999): Estudios sobre la política educativa durante el franquismo. Universidad de Valencia, Valencia.

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Ruiz Berrio J. et all. (1994): Historia de la educación en la España contemporánea: 10 años de investigación. Centro de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid.

 

[1] Delgado Criado B. et all. (1994): Historia de la educación en España y América. Volumen 3: La educación en la España contemporánea (1789-1975). Ediciones SM, Madrid.

[2] Ibídem

[3] Ruiz Berrio J. et all. (1994): Historia de la educación en la España contemporánea: 10 años de investigación. Centro de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid.

[4] Delgado Criado B. et all. (1994): Historia de la educación en España y América. Volumen 3: La educación en la España contemporánea (1789-1975). Op. Cit.

[5] Chamorro V. (1983): Historia de Extremadura. IV Desterrada. De 1900 a la dictadura de Primo de Rivera. Cabe-Carde S.A, Valladolid.

[6] La Revista española (Madrid). 23/8/1835, página 3.

[7] La Esperanza (Madrid. 1844). 9/3/1853, página 4

[8] Ibidem

[9] Ibidem

[10] Archivo Histórico Municipal de San Martín de Trevejo (en adelante AHM de San Martín de Trevejo): Caja 3.8 Educación.

[11] Frades Gaspar D. (1985): A Divina Pastora. Notas sobre um-a ermita y devoción. (Manuscrito personal del autor)

[12] Delgado Criado B. et all. (1994): Historia de la educación en España y América. Volumen 3: La educación en la España contemporánea (1789-1975).Ediciones SM, Madrid.

[13] Chamorro V. (1983): Historia de Extremadura. IV Desterrada. De 1900 a la dictadura de Primo de Rivera. Cabe-Carde S.A, Valladolid.

[14] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[15] Tras disolverse la Orden de Alcántara en 1591 se conformó el partido judicial de Gata, que incluía las localidades de Acebo, Cadalso, Cilleros, Descarga-María, Eljas, Gata, Hernán-Pérez, Perales, Robledillo, San Martín de Trevejo, Torrecilla, Torre de Don Miguel, Trevejo, Valverde del Fresno, Villamiel, Villas-Buenas y Hoyos, convertido en la cabeza del partido a partir del año 1840.

[16] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[17] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[18] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[19] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[20] El Siglo futuro: 23/10/1889, N. º 4.392, página 3.

[21] El Siglo futuro: 23/10/1889, N. º 4.392, página 3.

[22] El Siglo futuro: 23/10/1889, N. º 4.392, página 3.

[23] Pérez Galán M. (1988): La enseñanza en la Segunda República. Mondadori España S.A. Madrid.

[24] Archivo Histórico de la Universidad de Salamanca, LR 282, Cáceres. Provisión de escuelas desde el 1 de enero de 1882.

[25]Delgado Criado B. et all. (1994): Historia de la educación en España y América. Volumen 3: La educación en la España contemporánea (1789-1975). Op. Cit.

[26] Luzuriaga L. (1919): El analfabetismo en España. Madrid

[27] Pérez Galán M. (1988): La enseñanza en la Segunda República. Op. Cit.

[28] Frades Gaspar D. (1985): A Divina Pastora. Notas sobre um-a ermita y devoción. Op. Cit.

[29] Rodríguez Arroyo J.C.: II República, movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, 1931-1939. Grupo de estudio de Historia Contemporánea de Extremadura.

[30] Suplemento a La Escuela moderna. 6/1/1906, n.º 949, página 16

[31] Suplemento a La Escuela moderna. 6/1/1906, n.º 949, página 16

[32] Suplemento a La Escuela moderna. 23/6/1915, N. º 1.936, página 5.

[33] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[34] Diario de la Provincia de Cáceres. Año IV Número 828, 6/5/ 1929.

[35] Diario de la Provincia de Cáceres. Año IV. Número 695, 15/10/1929.

[36] La Nación (Madrid). 8/4/1929, página 10

[37] La Nación (Madrid). 8/4/1929, página 10

[38] Pérez Galán M. (1988): La enseñanza en la Segunda República. Op. Cit.

[39] Ibidem

[40] Pérez Galán M. (1988): La enseñanza en la Segunda República. Op. Cit.

[41] Suplemento a La Escuela moderna. 3/9/1930, Nº 3.512, página 3.

[42] El Sol (Madrid. 1917). 29/8/1930, página 2

[43] Suplemento a La Escuela moderna. 321932, n.º 3.658, página 7

[44] Diario La Voz (Madrid). 29-11-1935, pp. 3.

[45] La Construcción moderna. 15121935, n.º 24, página 6

[46] Suplemento a La Escuela moderna. 1/8/1931, n.º 3.605, página 1

[47] Pérez Galán M. (1988): La enseñanza en la Segunda República. Op. Cit.

[48] Suplemento a La Escuela moderna. 1/10/1932, n.º 3.727, página 8

[49] Ruíz Rodrigo C. (1993): Política y educación en la II República (Valencia, 1931-1936). Universitat de Valencia, Valencia.

[50] Rodríguez Arroyo, J.C. (2010): Movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata (1931-1936). Muñoz Moya, Editores Extremeños.

[51] Boletín oficial de la provincia de Cáceres, Nº 4. 5-1-1951.

[52] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[53] Ibidem

[54] AHM de San Martín de Trevejo: Caja 3.8 Educación.

[55] López Martín R. et all. (1999): Estudios sobre la política educativa durante el franquismo. Universidad de Valencia, Valencia.

Dic 132016
 

Beatriz Maestro Mateos.

Lic. en Historia.

Máster Antropología Social.

Universidad de Extremadura.

 

 

  • INTRODUCCIÓN

 

En medio del estupor y fervor religioso que fue sentido y vivido en nuestro país durante el siglo XVI, tendrá lugar, fruto de una próspera economía y de una población cada vez más en aumento[1] (la población española pasará de 5,3 millones a 8 millones de habitantes), un acontecimiento sin precedentes para el estudio de la sociedad española del pasado: la expansión geográfica de las hermandades y cofradías.

Esto es debido a que las cofradías durante la Edad Moderna se caracterizarán por ser un fenómeno que engloba todos los estamentos que participen de una religiosidad común, asimismo, debemos tener en cuenta, que los estratos más altos de la sociedad se preocuparán de crear corporaciones exclusivas con el fin de consolidar aún más su predilecta condición.

Ya en el año 1771 se contabilizaban en nuestro país aproximadamente unas 25.000 cofradías[2], existiendo, en opinión de algunos autores, diferencias entre las que se conformaron en la Baja Edad Media y las que cobraron forma durante la Edad Moderna. En la actualidad, de los piadosos fines que algunas de ellas perseguían y de la cerrada estructura que otras poseían, se mantienen como prácticas comunes los ejercicios de obras de caridad, la promoción del culto público y el ímpetu por lograr entre sus socios una vida cristiana más perfecta.

La realización de este trabajo se encuentra motivada por el fin de contribuir con una nueva comunicación a la escasa bibliografía existente con respecto a este tema en nuestra comunidad autónoma. La villa elegida para ello es San Martín de Trevejo, un pequeño y fastuoso municipio ubicado en la Sierra de Gata (norte de la provincia de Cáceres, Extremadura), colindante con Portugal al oeste y la provincia de Salamanca al norte, más conocido por el uso y práctica de un particular dialecto, a fala, que por su intrépida y fascinante historia. Esto último, motivo de su elección como única población objeto de estudio para este trabajo, tiene como propósito hacer eco en nuestra sociedad del rico patrimonio cultural e histórico de esta zona, que si bien es también lingüístico, no lo es únicamente.

San Martín de Trevejo, cuyo principal rasgo a destacar es la nutrida vegetación que posee, cuenta en la actualidad con unos 800 habitantes aproximadamente; siendo palmario realzar que perteneció hasta el año 1833 a la provincia de Salamanca y hasta el año 1958 a la diócesis de Ciudad Rodrigo. Actualmente, tan solo una de las cofradías estudiadas y expuestas a continuación perdura, muy al contrario que la figura del mayordomo, la cual continúa gozando de gran prestigio, y la pasión religiosa perpetua que siempre caracterizó a este lugar.

                               Imagen 1.  Fachada con motivos gremiales en San Martín de Trevejo.                          Fuente: Elaboración propia.

 

En definitiva, la tradición religiosa perteneciente a los lugareños de San Martín de Trevejo, aún visible en los místicos vestigios arquitectónicos que se eternizan en el tiempo, no puede disociarse de la cultura popular que tanto ha distinguido al pueblo español durante centurias pasadas y que aún hoy en día perdura. Las cofradías y hermandades son una buena muestra de ello.

Asimismo, cobra protagonismo el concepto de religiosidad popular, el cual nosotros lo definiremos aquí como el conjunto de expresiones religiosas existentes a nivel local, no coincidentes en muchos casos con la religión oficial, pero que responden a unos esquemas de actuación semejantes en casi todos los lugares.

No pasa desapercibido el hecho de que la cultura popular (dentro de la cual englobamos el aspecto religioso) es hoy en día el centro de atención de numerosos investigadores, convirtiéndose la microhistoria, como consecuencia de ello, en la metodología referente para antropólogos e historiadores, y también en la metodología tipo para este trabajo. El padre de la microhistoria, Carlo Ginzburg, expone sus argumentos sobre la cultura popular afirmando que ésta es el conjunto de actitudes, creencias y patrones de comportamiento propios de las clases subalternas. Para este autor, con la Contrarreforma (tan influyente en la evolución de las hermandades) se inicia una época altamente jerarquizada, el adoctrinamiento paternalista de las masas, la erradicación de la cultura popular, y la marginación más o menos violenta de las minorías y grupos disidentes[3].

En nuestro caso, y a pesar de que ciertamente las autoridades españolas, tanto políticas como eclesiásticas, se opusieron en ciertos periodos de tiempo a la creación y mantenimiento de hermandades y cofradías[4], incitados por fines económicos y de control social, la mayoría de las cofradías que vamos a desarrollar en este estudio fueron fundadas “desde arriba”, es decir, por orden del obispo de Ciudad Rodrigo. Sin más dilaciones, procedemos a descender en la escala social la luz de nuestro foco para, a través de la microhistoria, adentrarnos en un breve relato sobre las cofradías de la villa San Martín de Trevejo.

 

 

 

 

 

 

  • LUCES Y SOMBRAS EN LA HISTORIA DE LAS HERMANDADES Y LAS COFRADÍAS.

 

Para comprender el complejo cosmos de las cofradías es necesario que nos remontemos a su origen, siempre teniendo en cuenta la presencia del elemento evolutivo en las mismas a lo largo de los siglos. Es indudable, en la actualidad, que el espumoso espíritu de asociación que caracterizaba al pueblo romano sembró el germen para la formación de las corporaciones de trabajadores, de este modo, el fin mutualista unido al religioso, pueden considerarse como la causa vital que induce en su origen a los Colegios de artesanos romanos[5]. Asimismo, encontramos en Hispania un origen más riguroso y un mayor paralelismo de las cofradías con el cariz religioso en las Diaconías cristianas, que fueron fundadas para la práctica de la caridad.

Con el triunfo del Cristianismo muchas de estas asociaciones romanas, dado el matiz pagano que tenían, desaparecieron o evolucionaron hacia la cofradía de influencia cristiana, nacida en el seno de la Iglesia[6]. Así, la preocupación de los emperadores por regular este tipo de asociaciones, conscientes de su cada vez mayor expansión y su poder económico, se pone de manifiesto en el Digesto, donde se describe un apartado sobre asociaciones y corporaciones:

“Se ordena a los gobernadores provinciales, en algunos mandatos imperiales, que no toleren la existencia de asociaciones de cofrades (…)[7]

Dado el carácter tempestuoso que este tipo de corporaciones poseía, y que en cierto modo no se inhibieron las reuniones con fines religiosos siempre que no se hicieran contra el senado consulto que prohibía las asociaciones ilícitas, se fueron permitiendo con el tiempo, a la vez que eran relacionadas siempre con propósitos económicos comunes por parte de sus socios, pues era habitual socorrer al afiliado con dinero y frente a riesgos de enfermedad o muerte.

“No se concede a cualquier poder constituir una sociedad, un colegio, u otra corporación semejante porque esto se haya regulado por las leyes (…). En muy pocos casos han permitido tales corporaciones. Los que pueden constituirse como colegio, sociedad o cualquier otra corporación tienen, como si fueran una ciudad, bienes comunes, caja comunes y un apoderado o síndico”[8].

En estas mismas leyes de Justiniano, ya se hace alusión al término “cofradía” y se dicta con respecto a ellas lo siguiente:

“Son cofrades los que pertenecen a una misma asociación, que los griegos llaman hetaireia. La ley les permite establecer los pactos que quieran con tal de no infringir la ley pública”[9].

Durante la Edad Media el término “cofradía” aparece inexorablemente mancomunado al de “gremio”. El espíritu religiosos benéfico se unió al interés de grupo de quienes realizaban un mismo oficio y deseaban auxiliarse mutuamente frente a los riesgos de la vida, dando lugar a la denominada cofradía gremial[10]. Si bien es cierto que, en algunos casos, el ambiente de espíritu religioso y benéfico de la época dará lugar a agrupaciones de hombres indistintamente de su clase o profesión conformando una cofradía de índole únicamente caritativa y asistencial, por norma general se puede afirmar que durante la Edad Media la cofradía y el gremio eran la misma cosa.

Por otro lado, el contexto histórico que envuelve a este periodo, hace entendible la aparición de cofradías penitenciales, pues la serie de fatalidades que arrasaron Europa durante estos siglos (Peste Negra, Guerra de los Cien Años…) provocaron una angustia colectiva que acentuó el sentimiento de lo trágico dentro del catolicismo popular y el culto de la Pasión de Cristo[11].

En el periodo de tiempo que comprende la Edad Moderna, se producirá un momento de renovación de las cofradías, debido principalmente a los ataques a la Iglesia Católica, las herejías, el protestantismo, ante lo cual se siente una necesidad de defensa de la verdad católica y de agrupamiento[12]. Así, podríamos afirmar que las cofradías posteriores al Concilio de Trento (como es el caso de las que vamos a estudiar a continuación) poseían el germen de la Contrarreforma, dando prioridad a la solidaridad ante la muerte (haciéndose cargo de los entierros), la enfermedad…

La realidad histórica que concierne a la creación de las cofradías en nuestra población objeto de estudio, San Martín de Trevejo, pertenece a la Edad Moderna y se extiende hasta principios de la Edad Contemporánea. Mientras que para la mayoría de los territorios españoles se producía una época de crisis y parón de las cofradías, en esta villa se ordenaba su creación. La época de la Razón y de las Luces despertó la sombra en muchas de estas congregaciones, que sufrieron un afán depurador religioso el cual exigía la legalización de su situación y la extinción de las que no lo hicieran. Por ello, es preciso tener en cuenta la factible ocultación de algunas corporaciones ilícitas en las zonas rurales, donde les era a los asociados más cómodo ocultar su situación ilegal que rendir cuentas ante el obispado.

De manera ordinaria, la actitud de las altas jerarquías eclesiásticas ante las cofradías fue de comprensión, aunque obispos como el de Ciudad Rodrigo, el mismo que efectuaba las visitas a San Martín de Trevejo, se lamentasen en reiteradas ocasiones de los atropellos que realizaban algunas de ellas[13]. Sin embargo, y debido al complemento salarial que suponían las cofradías, en muy pocas ocasiones se tomaron medidas drásticas contra las ellas.

En definitiva, a través de los siglos, las diferentes formas de agrupación que han llevado a cabo los individuos y que han sido anteriormente descritas (colegios romanos, gremios, cofradía-gremial…) darán lugar, a través de la evolución, a una serie de cofradías y hermandades que se perpetúan hasta nuestro tiempo. Es actualmente indiscutible, que se ocultan bajo su manto la devoción y el misticismo, pero también los fines económicos que desde un primer momento marcaron sus paradigmas. En nuestro municipio, rodeado de hercúleas montañas que lo mantuvieron durante épocas pasadas aislado en gran medida del exterior, tendrán lugar una serie de acontecimientos que pondrán de manifiesto la aparición de las cofradías como consecuencia indudable del espíritu humano de sociabilidad.

 

  • EL FENÓMENO COFRADIERO EN SAN MARTÍN DE TREVEJO

 

San Martín de Trevejo, esta villa a la cual la naturaleza ha querido hermosear con paisajes capaces de satisfacer al más exigente turista, dotada de un cielo diáfano, temperatura agradable, hermosos y sorprendentes castaños que rodean las sólidas casas de piedra, fértiles valles de pradera que fecundizan sus arroyos de cristalina agua, cuenta con un fervor religioso procedente de tiempos lejanos, el cual encontró su máxima expresión en los siglos XVII, XVIII y XIX a través de las cofradías creadas en torno al año 1648 y 1680, siendo éstas: la Cofradía del Santísimo Entierro, el Dulce Nombre de Jesús, Nuestra Señora del Rosario, Santa Vera Cruz, Nª Señora de la Concepción, San Sebastián y Ánimas del Purgatorio. Un año más tarde, en el 1681, se tendrá constancia de la existencia de la Cofradía del Santo Rosario.

Centrándonos, primordialmente, en la arquitectura histórica religiosa de esta villa con el fin de entender los núcleos de confluencias devotas en el pasado de la misma, cabe indicar que antes del año 1680 existían un total de diez ermitas: la ermita del Santo Cristo y las ermitas de San Pedro, San Juan, San Amaro, San Sebastián, San Lázaro, Santa Clara, San Blas, San Gregorio y Nª Señora de Torrelamata. En la actualidad, únicamente existen la Iglesia parroquial de San Martín de Tours, cuya creación se remonta al año 1653 y en la cual se conservan tablas del pintor Luis de Morales, la ermita de la Cruz Bendita, la ermita del Nazareno o Cordero y la ermita del cementerio. Aunque sin duda, la más ilustre y notoria edificación de esta villa es el Convento de San Miguel.

Atendiendo a toda esta arquitectura religiosa, que envolvía a una población de aproximadamente 2.500 habitantes, se entiende el fragoso éxito de la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio. Esta congregación, que tendrá cabida en esta localidad desde el siglo XVII, se encontraban muy ligada a la vida parroquial;  asimismo, respondía a un sentido religioso más profundo que el que despertaban otras devociones, pues el culto eucarístico y los sufragios por el alma de los difuntos eran sus objetivos fundamentales[14].

Otra de las Cofradías que convivió en San Martín de Trevejo fue la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario. El rosario constituye una estructura religiosa y mental trascendental en la España Moderna, en el sentido de que aporta una referencia salvífica que se manifiesta en la cotidianidad mediante actitudes y formas, que forjadas en parte por la pastoral clerical, conforman una forma de vivir y morir[15].

Ambas cofradías, fundadas por orden de la diócesis de Ciudad Rodrigo, cohabitaron en San Martín de Trevejo desde el siglo XVII. Si existieron porfías y desasosiegos entre los hermanos de ambas se desconoce, lo que sí es bien sabido es el carácter asistencial de ambas, donde a falta de la presencia de un cementerio (tenemos constancia de que en el año 1816 aun no se había creado un camposanto en esta villa[16])  los enterramientos se hacían en el interior de las iglesias, ermitas, o en un campo adyacente. De este modo, las cofradías que participaban en los entierros se diversificarán con el paso del tiempo. En un primer momento las antigua cofradía de  las Ánimas del Purgatorio y Vera Cruz serán las más solicitadas, sumándose tiempo después a los testamentos otras advocaciones, muchas de ellas marianas, tales como el Rosario [17].

Otra Cofradía notable fue la ya mencionada Cofradía de la Vera Cruz. Este tipo de congregaciones se caracteriza por su austeridad y disciplina en sus procesiones, siendo sus primeras hermandades fundadas en conventos, hospitales y ermitas, como es el caso de nuestra villa. Contaba con una privilegiada posición en esta localidad y también con el refuerzo de las autoridades locales.

 

El triunfo indiscutible de estas tres cofradías fundadas tras el Concilio, y que han prevalecido en San Martín desde el siglo XVII hasta el siglo XX, se debe irrefutablemente a la devoción de la sociedad intensamente creyente y devota que habitaba la villa en unos tiempos donde la asistencia entre hermanos era necesaria, y la solidaridad entre convecinos poseía un carácter universal.

 

 

 

  • Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio en San Martín de Trevejo.El único libro de cuentas de la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio de San Martín de Trevejo que se conserva en el Archivo Diocesano se inicia en el año 1766 y abarca hasta el año 1847, sin embargo, comienza con el resultado de cuentas anteriores, lo cual demuestra la existencia de otro libro más antiguo de la cofradía. No están conservados los primeros documentos sobre la fundación, ni tampoco sobre el número de afiliados, sin embargo, el libro concluye con un inventario de lo que tienen las Benditas Ánimas en el Patronazgo a fecha de 3 de febrero del año 1769, redactada por el Beneficiado Rector del momento. El éxito de esta cofradía en la villa de San Martín de Trevejo se debió, sin duda, a la seguridad que ofrecía después de la muerte a todos sus hermanos de sangre, garantizándoles un entierro digno y unos sufragios determinados. Ya en la primera mitad del siglo XVI, la mayor parte de los testadores indicaban sencillamente que una vez enterrados se les dijese las vigilias y oficios acostumbrados (solía decirse un novenario con ofrenda en día y medio, tres o nueve días, que culminaban con una vigilia y misa réquiem). Sin embargo, con el trascurso del tiempo, aumentó la preocupación por detallar las misas cantadas que se debían decir el día del entierro o en los inmediatamente posteriores. Son las misas sueltas las que mayor número aparecen en los testamentos, con finalidad de rogar por el propio testador. Por su parte, el entierro conllevaba unos gastos que dependían del nivel económico, los deseos de aparentar y las ansias de salvación del difunto[21].Hemos observado que las cuentas son revisadas uniformemente y de manera anual por el Beneficiado Rector de la iglesia parroquial y en presencia del mayordomo. Además, eran inspeccionadas también anualmente por el obispo de Ciudad Rodrigo durante sus visitas a la villa, aunque hemos comprobado que, en ocasiones, se dan intervalos de tiempo intermitentes entre una visita y otra, desconociendo las causas que provocaron esta circunstancia. Observamos además en las Ánimas, la presencia de unas rentas procedentes de los censos, que si bien en la mayoría de las ocasiones no presentaban un gran aporte económico (51 reales con 12 maravedís en el año 1766)[22] sí contribuían de igual manera a acrecentar las cuentas de la hermandad. Aunque a menudo solía ser la cofradía la que invertía a cambio de una renta permanente, en el caso de esta congregación se trataban principalmente de donaciones testamentarias. Como veremos a continuación, los bienes de las Ánimas no procedían únicamente de rentas urbanas (casas y bodegas que poseían), sino también de terrenos agrarios tales como donaciones de prados y ventas de castaños.Por otro lado, cabe destacar que gracias a la visita del obispo de Ciudad Rodrigo, Pedro Manuel Ramírez de la Piscina, el 24 de octubre del año 1816, podemos conocer la crisis de organización por la que atravesaba esta cofradía, al exigir este prelado que se registrasen las cuentas de nuevo sin faltas ni errores, tras comprobar indisciplinas en la tardanza de la distribución de 2.483 reales en misas por las Benditas Ánimas y también “los 500 reales de Dº Domingo Sánchez y 1370 reales de Lorenzo Frade Bayle, ya que ambos debían haber pagado estas deudas al habérseles socorrido ya su necesidad[25] (no especifica cuál).                        

 

  1. La totalidad de estos datos aparecen reflejados en el libro de cuentas de la cofradía anteriormente mencionado, donde a través del sistema de cargo y data se pretendía dar cuentas a un tercero, el Obispo de Ciudad Rodrigo, a quien este método le permitía ejercer un precisado control económico sobre las Ánimas Benditas. De este modo, hemos podido comprobar cómo los ingresos de la cofradía experimentaron una serie de altibajos económicos que partían contra la misma y a favor del mayordomo en el año 1766[23], y concluían con un resultado de alcance cero en el año 1846[24].
  2. En cualquiera de los casos, las limosnas eran el principal método para sufragar los a menudo escasos recursos que poseían las hermandades rurales, teniendo esta fuente de ingresos un origen muy diverso. La cuota de entrada que debían abonar los hermanos al incorporarse a la organización, y los ya mencionados ingresos procedentes de los entierros, no sólo por las misas dadas sino también por la asistencia de los cofrades que acudían portando un estandarte, son algunas de las más comunes.
  3. Por lo que respecta a la vida económica de la Cofradía de las Ánimas, cabe decir que prosigue las mismas pautas que las demás cofradías. Las limosnas en metálico, (recogidas en las festividades de la cofradía y en otras), las limosnas en especie, y donaciones de lotes de tierras o fincas urbanas mediante testamentos son algunas de las fuentes de ingresos de esta hermandad. Por otro lado, esta cofradía era propietaria de censos cuyos réditos proporcionaban una retribución segura.
  4. De entre los nombres que desempeñaron este cargo de Beneficiado Rector durante los años citados anteriormente destacan: Cayetano Blanco Arroyo (desde el año 1766 hasta el 1768), Thomas Aparicio Sandín (adoptó este cargo en el año 1774 y en el año 1775) Josef Valentín Piñero (año 1794) y Felipe Collado (año 1837)[18], entre otros. Junto a esta figura, fue de gran importancia y prestigio la efigie del mayordomo. Elegido anualmente, sobre él recaía el gobierno y la administración de la hermandad, a la vez que ostentaba la máxima representación de la misma al contraer la responsabilidad económica cuando era necesario emprender las funciones propias de la cofradía[19] (misas, sermones…). Únicamente existieron en esta hermandad mayordomos y no madrinas, destacando Antonyo Baile (años 1766, 1774, 1775, 1779), y Josef Valentín Piñero (año 1794)[20].
  5. Es bien sabido que las Cofradías de Ánimas, como hemos mencionado con anterioridad, manifestaban un sentido religioso más hondo que otras devociones, al revelar el culto eucarístico y los sufragios del alma de los difuntos dentro de su carácter de corporación abierta, el cual impulsaba a los feligreses a participar vivamente en este fenómeno.
 

Cuadro Nº 1: San Martín de Trevejo

 

Evolución económica de la Cofradía de las Benditas Ánimas[26].

Año 1767 Alcance: 82 reales y 2 maravedís
Año 1768 Alcance: 861 reales y 3 maravedís
Año 1869 Alcance: 1367 reales y 7 maravedís
Año 1774 Alcance: 1136 reales y 3 maravedís
 Año 1775 Alcance: 385 reales y 32 maravedís
Año 1778 Alcance: 86 reales y 32 maravedís
Año 1779 Alcance: 6401 reales y 27,5 maravedís
Año 1794 Alcance: 2378 reales
Año 1846 Alcance. 000 reales

                                     Cuadro Nº. 1

 

Inventario de lo que tienen las Benditas Ánimas en el Patronazgo a tres de febrero del año 1769)[27]

  • Una casa en la calle de la Ciudad con alto y bajo que linda por la parte de arriba con casa de la escobala y por la parte de abajo con casa de Pedro Fernandez.
  • Y otra casa por bajo de la plaza con un lagar que linda con casa de la Monica por la parte de abajo, por la otra con Pila de Dª Francisca Ferrazón.
  • Una bodega bajo de la Casa de la Monica, mas otras bodegas fuera y adentro bajo de la casa de Joseph. Otra bodega que linda con casa de Juan Corbalan y bajo de la casa de Fernando Bascone.
  • Dos castaños que lindan con castaños de Juan dela Peña y Castaños de Ana Folgoso.
  • Y una hera que la hizo Antonio Bascone y la cedió a las Ánimas con escritura para el oficio de las Ánimas Benditas.
  • Y una escritura de Zenso que le dejo Francisco Chamorro y producía 9 reales al año –la pagan los herederos de la viuda.
  • Y otra que paga María Baile. Y otra de 12 reales y 12 maravedís que paga Blas Lozano. Y otra que paga Olalla Saabedra viuda de Juan Rodriguez.            Este inventario de bienes, firmado por el Beneficiado Rector Dº Cayetano Blanco Arroyo, coincidía con los primeros momentos de la cofradía que se describen en el libro de cuentas citado durante este trabajo. Muy probablemente, se mantuvieran estos bienes durante los años siguientes en mayor o menor medida, pues las ventas que se realizasen (en el año 1766 se poseían 4 castaños, de los cuales dos fueron vendidos ese mismo año por cuatro reales) se verían contrarrestadas con las sucesivas donaciones de los fieles.

 

  • En la actualidad, se conserva en la Iglesia parroquial San Martín de Tours una obra de arte dedicada a las Benditas Ánimas donde, con dificultad debido a su estado de deterioro, se pueden identificar las almas del Purgatorio envueltas en llamas para ocultar sus rostros. Asimismo, y de manera permanente, hay un cirio encendido junto al altar dedicado a las ánimas, a la mencionada pintura, y a la imagen para velar por las almas difuntas.
  •  
  • Cofradía del Santo Rosario de San Martín de TrevejoLlama la atención la cantidad de veces que se refundó esta congregación. Aunque probablemente estos vaivenes fueran causados por los conocidos desacuerdos entre estas organizaciones y el obispo de Ciudad Rodrigo, al cual afligían, como veremos a continuación, los atropellos que estas cometían, lo cierto es que la primera referencia oficial encontrada en la cual se hace referencia a su fundación data del año 1816, donde el obispo Pedro Manuel Ramírez de la Piscina en su visita del 20 de octubre de dicho año dicta en su noveno mandamiento:                        Traspapelado entre una serie de documentos y hojas sueltas, encontramos un documento del catorce de septiembre de 1883, dónde el cura párroco de la Iglesia de esta villa expone: “que con el Santo fin de fundar en esta parroquia la Cofradía del Santísimo Rosario pidió y le fueron concedidos por el Excelentísimo padre general las letras correspondientes de agregación con fecha 18 de octubre de 1879. Y como por ellas se ordene que se pidan al Ordinario del lugar letras testimoniales de su asentimiento y licencia (…)[29]“Por lo que nos toca concedemos nuestra autorización y licencia al párroco para establecer en la Iglesia de San Martín de Trebejo la Cofradía del Santo Rosario, y ordenamos al mismo nos sean presentadas las bases o estatutos por que ha de seguirse la asociación para la aprobación si la mereciese[30]”.“Autor y fundador del Rosario: Ilustrísimo padre Cipriano Sáenz de Buruaga del Sagrado orden de Predicadores.            De esta organización sí se conserva un listado de cofrades efectuado el día 7 de octubre del año 1883, cuando se fundó íntegramente la cofradía del Santo Rosario en esta villa, donde aparecen un total de sesenta hermanos donde se incluye al párroco Bernabé García. En el mismo documento se añadirán en el año 1899 un total cincuenta y ocho nuevos cofrades[32], anotando junto a los nombres de la primera lista la categoría de difunto cuando correspondía. Entre los nuevos hermanos destaca la existencia de varios miembros pertenecientes a una misma familia dentro de la cofradía:. Dº Francisco Mora                                      . Excma. Dª Petronila Godínez de Paz. Dª Encarnación Mora Guarilla                     . Dª Feliciana Ojesto Godínez de Paz. Dº Hilario Mora Guarilla                        Parece que tras años de desavenencias y discordancias entre el obispado y esta cofradía, donde se disolvería nuevamente la congregación, se pedirá una vez más la restauración de la hermandad del Santo Rosario en el año 1899[33].             Con respecto al nombramiento de cargos, destaca desde un primer momento, no sólo la existencia de mayordomos sino también de madrinas, así, en el año 1765 fueron elegidos mayordomos Juan Alonso de Franco y Juan López Rubio, y como madrinas Cathalina Frade Ciprián y María Donoso Bayle[34]. Anualmente se harán nuevos nombramientos de mayordomos y madrinas, si bien algunos nombres se repiten en el tiempo, en la mayoría de las ocasiones se van relevando. En el año 1804 aparecen más detalles de las responsabilidades que los mayordomos y madrinas tenían, así, siendo Diego Rodríguez el Beneficiado Rector de la Iglesia parroquial y Dº Alejo de la Peña y Figueroa el Abad, se nombrará por mayordomos a Cándido de la Peña y Ángel Franco, quienes debía llevar la arroba de cera; y por madrinas a Christina Domínguez y Joaquina Franco con la obligación de “alumbrar la lámpara y engalonar las handas de la imagen cada vez que salga de procesión, y llevar un hacha cada una el día de la festividad[35].  

 

    1.             El último nombramiento de mayordomos y madrinas que aparece en el libro de Nuestra Señora del Rosario se realiza en el año 1830. Sin embargo, en documentos sueltos se puede analizar la última lista de mayordomos conservada con fecha de 1958, vencimiento compartido por la anteriormente descrita Cofradía de Ánimas.
    2.             En este nuevo documento, se conservan los usos y costumbres que se establecieron con el objetivo de que existiese uniformidad en las funciones, y para que tuviesen conocimiento de la actividad de la congregación los hermanos de nuevo ingreso. Así, hay un total de seis mandatos en este testimonio, donde el primero de ellos establece la obligatoriedad para todos los cofrades de ambos sexos de asistir al Rosario de cada mes, a no ser que una causa razonable les excusase de ello. En el resto de normas se recoge la obligación de hacer una procesión mensual con el estandarte, el cual tendrán derecho a llevar todos los hermanos por orden de antigüedad, y la obligatoria exposición ante el presidente de las causas de ausencias y quejas que pudieran tener los cofrades.
    3. . Dº Nicolás Mora Guarilla
    4. . Dª Martina Mora Guarilla                            . Dª Luisa Ojesto Godínez de Paz
    5. Fundé esta Cofradía en la Iglesia de San Juan Evangelista en la que señalé por altar de esta Cofradía al segundo lado derecho de dicha Iglesia. Asimismo declaré al párroco y vecino de este lugar que haría esta fundación con la precisa condición de que si la orden de predicadores llegase algún tiempo a tener convento en este lugar desde luego y desde ahora para entonces se entiende trasladada y fundada en el dicho convento esta Cofradía. Sólo el párroco tiene facultad de admitir en esta Cofradía a los fieles y que estos ninguna obligación tienen a dar casa alguna por ser admitidos (…) Todos los cofrades del Rosario están admitidos a la especial participación de todas las buenas obras, a saber: oraciones, limosnas, Ayunos que todos los religiosos y religiosas del Orden de Predicadores hacen por todo el mundo (…) Se hace solemne la procesión por este lugar llevando en ella la imagen de Nuestra Señora del Rosario por aquellas partes que es costumbre hacer otras procesiones a siete de octubre de 1883 día de la festividad.[31]
    6. Existen otros dos documentos sobre la fundación del Santo Rosario con fecha ambos de 7 de octubre de 1883 donde se explica que por orden del obispo de Ciudad Rodrigo, Don Cipriano Sáenz de Buruaga, perteneciente a la orden de los Dominicos, se debe fundar en la Iglesia parroquial de San Martín de Trevejo esta cofradía. Es más, existe un tercer documento con la misma fecha (7 de octubre de 1883) donde el propio obispo redacta la carta oficial fundacional de la hermandad donde se exponen una serie de normativas y condiciones para los cofrades por las cuales han de regirse:
    7.             De este documento, podemos deducir, que debido a la gran devoción popular que existía entre los mañegos por el Rosario, se solicita desde la propia villa la licencia para la reinstauración de esta cofradía desde el año 1879. La respuesta a esta carta se obtuvo un día después desde Salamanca, el quince de septiembre del año 1883, donde por fin se ven atendidas las peticiones que el párroco de San Martín llevaba haciendo desde años anteriores como hemos mencionado:
    8. “(…) Pronunciará el Párroco y demas Eclesiásticos, que se pague la Bula para establecerse en esta Parroquia la Cofradia del Santo Rosario, y que desde luego se forme una congregación entre los Eclesiásticos y personas devotas para que se rece el Santo Rosario[28]
    9.             De igual manera que la hermandad anteriormente descrita, de la Cofradía del Santo Rosario se conserva un único libro de cuentas que comienza en el año 1765 y se extiende hasta el año 1829, sin embargo, se hace referencia en un documento aparte sobre la existencia de un libro anterior de misas del Rosario que comienza en el año 1681, donde se detallan las misas celebradas en el convento y en la parroquia.
  • Cofradía de la Vera Cruz en San Martín de Trevejo            A lo largo de sus añejas páginas, podemos comprobar cómo eran frecuentes las multas en dinero o en especies a los mayordomos por el descuido en entierros o misas de cofrades. Además, se tiene constancia de la inclusión en el mismo de un inventario de los bienes de la cofradía, y el número de cofrades que asistían a la reunión anual del Domingo de Ramos celebrada en la ermita de San Sebastián, la cual se situaba extramuros de la villa. Debido al carácter de población agrícola que poseía San Martín, aparece detallado la Bendición anual de campos se llevaba a cabo en la ermita de San Gregorio.            En un segundo libro de esta cofradía, aparecen los acuerdos, nombramientos cuentas y asientos de cofrades desde el año 1743 al año 1857[37]. En él, se detalla la Santa Visita del 25 de agosto de 1814, donde el tesorero de la catedral de Ciudad Rodrigo visita la villa con motivo de la plaza episcopal vacante del momento. Al revisar este libro de cuentas, dicho tesorero (Bernardino Valcárcel), muestra su descontento al comprobar unas enumeraciones poco claras, y en ocasiones ausentes, en las cuales no aparecen detallados ni el cargo ni la data. El tesorero propondrá como solución la reposición de este libro de cuentas por uno nuevo donde se detallarán los expendios y bienes de la hermandad, dejando al Beneficiado como total responsable de zanjar los abusos que se estaban produciendo. Don Bernardino Valcárcel expone lo siguiente:            Es esencial destacar que en los años posteriores se continuará haciendo las cuentas con la misma irregularidad y desobediencia de años anteriores, siendo la autoridad del tesorero y sus dictámenes ignorados. Lo único que aparece desde un primero momento reflejado como fuente única de ingresos de esta organización son las limosnas.            Se conserva asimismo el documento que recoge el “Auto de Buen Gobierno de la Cofradía”, del 29 de mayo de 1814, donde se decretaba que cualquier persona que se negase a servir debidamente la mayordomía de la Ver Cruz, se verán negados del acompañamiento del Bendito Christo y sus insignias, viéndose también afectados la mujer, hijos y criados del insolente. A continuación se detalla una lista de las personas que han faltado, ascendiendo a un total de ocho hermanos que quedarán deshonrados de dicha mayordomía. Las ya explicadas y citadas desavenencias entre las cofradías de San Martín de Trevejo y las autoridades eclesiásticas del obispado, serán escuchadas por un interesado rey Carlos III, quien el 17 de marzo de 1779 redactará una carta donde se explica el desorden existente en las cofradías de los pueblos de la diócesis de Ciudad Rodrigo, donde se llevaban a cabo irregularidades en los gastos de las mismas y en “la ruina que estos ocasionaban a los vecinos”. El rey Carlos III exige, en consecuencia, que en todos los pueblos de la diócesis se reduzca el número de cofradías y que se comprueben los gastos que no pertenecen al Culto, prohibiendo las comilonas y las comedias, y permitiéndose únicamente los que sean precisos de la liturgia.  

 

  1. Los desórdenes, irregularidades y desobediencias que han caracterizado a esta Cofradía de la Vera Cruz desde sus comienzos, no impidieron que su vida se prolongase hasta año 1959 según los documentos conservados, y que continúe vigente en la actualidad, gracias a la gran devoción que sienten los mañegos por la imagen de esta congregación: a Cru Bindita. Igualmente ocurrirá con la Cofradía de Ánimas y del Rosario, que si bien no perduran hoy en día, si sobrevivieron hasta épocas no tan remotas.
  2.             En las últimas páginas del vetusto libro quedan esclarecidas las desavenencias entre los propios cofrades, y la nefasta organización que acompañó a la hermandad desde un primer momento. mediante un escrito enviado desde el obispado, ordena D. Cayetano Antonio Quadrillero y Mora: “que aviendonos enterado de las discordias y distensiones que aveis tenido en las Juntas y Cabildos que de costumbre celebráis con el título de disponer y determinal lo que conviene al gobierno de vuestra Cofradía, y que en ellas divididos en parcialidades los hermanos cofrades insistiendo con porfiada temeridad cada uno de sus partidos en hacer prevalecer su dictamen y boto, daban ocasión a que muchos animos senturbasen en perjuicio de los estrechos santos vínculos de la confraternidad y mutuo amor que nos inspira el Santo temor de Dios, no pudiendo por otra parte tolerar que en estas Juntas forméis acuerdos ni tengáis estatutos nuebos sin nuestra licencia y aprobación(…)[40]
  3.             De este modo, parece ser que el principal sustento económico de la Vera Cruz eran las limosnas procedentes de los días de Jueves Santo, Domingo de Ramos, Día de Pascua y Día de la Ascensión. En el Domingo de Ramos (día santo de los cofrades) del año 1745 se recaudó un total de 23 donativos que reunieron la cantidad de 73 reales. Entre los caritativos destacaron hermanos como Alonso de Prado (6 reales), Martín y María, hijos de Francisco Matheos (4 reales), y Manuel Tabares Portugués junto a Águeda Fonseca, su mujer, y Antonio y Rosa, sus hijos (8 reales en total). En los años siguientes tenemos datos de limosnas de Domingos de Ramos de cantidades considerablemente menores: en el año 1790 se reunieron un total de 27 reales; en 1794 recaudaron 12 reales y 32 maravedís; y en el año 1805 la cantidad de 16 reales[39].
  4. “Sospecho de que se recivan los intereses desta Cofradía y no se sepa de su inversión (…) y mando que el caudal existente delos 746 reales que están en poder de los mayordomos de los años 1809, 1813 y de 1814 se reimbiertan en componer la capilla del mismo Cristo, esto es, lo más preciso, como son puertas y alguna otra cosa de mayor necesidad, y lo restante en una lámpara”[38].
  5.             Por otro lado, tenemos conocimiento de la existencia de una mayor antigüedad en esta cofradía, pues dado el carácter asistencial de la misma, fue fundada una Obra Pía en el año 1576 por el Beneficiado Miguel Fernández, posteriormente regulada en el 1603. En el testamento de este Beneficiado y fundador, tras señalar las misas que se habían de decir, dejó su capital con el objetivo de someterlo a censo y así poder dotar a las huérfanas para su casamiento. Se especifica además, la normativa de que en el caso de ser dos mujeres quienes solicitasen dicha dote, tendría preferencia la que menos recursos económicos portase, y si existiera igualdad de condiciones, la de más avanzada edad sería la privilegiada. Sin embargo, si algún año no fuese solicitada esta dote por ninguna huérfana, la recaudación sería destinada a los pobres.
  6.             El libro más pretérito del cual se tiene conocimiento sobre esta hermandad en San Martín abarca un periodo de tiempo comprendido entre el año 1658 y 1743[36]. En él se recoge un procedimiento idéntico en casi todos los años: nombramiento de alcaldes de la cofradía, uno de los cuales tenía que ser también alcalde de la villa, nombramientos de de oficiales, procuradores y mayordomos. También se da cuenta de las limosnas recogidas en los días de Pascua, Ascensión y en algunos casos el Corpus.
  • CONCLUSIONES

 

Siendo plenamente conscientes de la dificultad existente para delimitar el concepto de religiosidad popular, queremos destacar que para este trabajo ha sido preciso tener en cuenta que las cofradías y hermandades forman parte de ella, sin embargo, las cofradías pertenecientes a San Martín de Trevejo fueron creadas “desde arriba” mediante mandatos de obispos; entonces, y expresándonos en lenguaje cervantino: ¿Cuál es la razón de tamaña sinrazón? El ardoroso debate sobre la relación y coexistencia entre religiosidad popular y religión oficial podría abarcar todo un estudio, a partir del cual, llegaríamos muy probablemente a la conclusión de que ambas formas deben explicarse conjuntamente para analizar los condicionantes sociales que las originan y mantienen.

Sin duda alguna la perdurabilidad de estas tres cofradías en la villa de San Martín de Trevejo se debe a razones extrínsecas e intrínsecas, donde la devoción juega un papel fundamental pero no es el único: los comportamientos sociales y las mentalidades colectivas jugarán un papel primordial. De este modo, definimos las cofradías como verdaderos lazos de solidaridad familiar y vecinal que contribuían a salvaguardar el orden público en las zonas rurales.

Para comprender la conducta de aquellos moradores que en los siglos XVI, XVII y XVIII decidieron en San Martín de Trevejo crear las cofradías del momento, hemos de considerarles como miembros de un sistema social que pretendía unificar a los individuos en un grupo a través del cual llegasen a ser capaces de desarrollar su propia conducta colectiva.  En consecuencia, las relaciones de los miembros de estas Cofradías tienden a estabilizarse, organizarse y regularse mediante el desarrollo de un sistema de diferencias de roles, normas y valores compartidos que prescriben las creencias, actitudes y conducta en cuestiones relevantes para el grupo[41]. Este hecho determina su condición de perennidad en el tiempo.

El dolor y la penitencia son los dos mandatos que dominaban la piedad popular de San Martín de Trevejo, donde el dolor de los pecados haciendo penitencia por ello era lo único que aseguraba la salvación eterna, por lo tanto, se hacía necesario crear órganos que facilitasen a los laicos un servicio de identificación con el dolor: las cofradías[42]. Por ello, el inducido miedo a la muerte y a la condenación eterna será una de las razones por las que todo individuo pretérito querría formar parte del fenómeno cofradiero, pues era imprescindible contar con un entierro digno. Mediante esta práctica proliferaron desmesuradamente el número de misas que se obraban en honor al difunto.

Mediante estas circunstancias queda esclarecido el por qué de la perdurabilidad de las cofradías y hermandades de San Martín de Trevejo en el tiempo. El interés político que ha suscitado siempre este tipo de asociaciones, donde el provecho del capital que aportaban las hermandades y el necesario mantenimiento del orden social que suponen, han sido esgrimidos a lo largo de su historia por las altas jerarquías eclesiásticas y políticas, y permitidas por una sociedad temerosa de la herejía que encontraba en estas formas de agrupación la defensa y protección necesaria contra el mal y las desgracias venideras, pero que también les satisfacía sus ansias de estimación social. Por último, sostenemos que la angustia que suscita el miedo a lo que sucederá después de la muerte explica notoriamente el comportamiento que el pueblo mantuvo durante siglos pasados, y, también, la profusión del fenómeno cofradiero en la singular villa de San Martín de Trevejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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VENTURA GRACIA M. (2010): “Las Cofradías del Santísimo Sacramento”. Córdoba: Servicio de Publicaciones, Universidad de Córdoba.

 

 

 

 

 

[1] Lisón Tolosana C. expone en su obra “Demonios y Exorcismos en los Siglos de Oro” la soberanía de Felipe II sobre unos 6 millones de habitantes en la corona de Castilla, y un millón y medio de habitantes en Aragón. Es preciso detallar que más del 80% de la población era rural, compuesta principalmente de arrendatarios y braceros.

[2] ARIAS DE SAAVEDRA ALÍAS I. et all. (20002): “La Religiosidad popular. Crítica y Acción contra las Cofradías en la España del siglo XVIII”. Granada. Universidad de Granada.

[3] GINZBURG, Carlo (1997): El queso y los gusanos. Barcelona: Muchnik Editores S.A.

[4] A lo largo de este trabajo utilizaremos el término “hermandad” y “cofradía” indistintamente, si bien somos conscientes de que el primero es de carácter más amplio que el segundo, puesto que por “cofradía” se entienden únicamente las hermandades penitenciales (que ejercitan obras de piedad y caridad).

[5] RUMEU DE ARMAS Antonio (1981): “Historia de la Previsión Social en España. Cofrades, Gremios, Hermandades, Montepíos”. Barcelona: Ediciones El Albir S.A.

[6] Ibidem

[7] DIGESTO: tomo III, ley I, parte séptima, libro 47, título 22.

[8] DIGESTO: tomo I, ley I, libro III, título IV.

[9] DIGESTO: tomo III, ley IV, parte séptima, libro 47, título 22. Esta ley parece copiada de la ley de Solón que dicta: “si no se oponen a las leyes públicas, sea válido lo que convienen entre sí para sus fines los de un pueblo o fratría, los socios para un culto, los comensales, los cofrades de sepultura o religión”.

[10] RUMEU DE ARMAS Antonio (1981): “Historia de la Previsión Social en España. Cofrades, Gremios, Hermandades, Montepíos”. Barcelona: Ediciones El Albir S.A.

[11] BOROBIO Dionisio (1998): “Hermandades y Cofradías: Entre pasado y futuro”. Barcelona: Centre de Pastoral Litúrgico.

[12] Ibidem.

[13] MIRA CABALLOS Esteban (2002): “Hermandades y Cofradías en Badajoz y su Partido a finales de la Edad Moderna”. Badajoz: Junta de Extremadura, Consejería de Cultura.

[14] ARIAS DE SAAVEDRA ALÍAS I. et all. (20002): “La Religiosidad popular. Crítica y Acción contra las Cofradías en la España del siglo XVIII”. Granada. Universidad de Granada.

[15] ROMERO MENSAQUE C.J. (2014): “Un Paradigma de la Religiosidad Popular Moderna en España: La Devoción del Rosario y sus Cofradías”. Murcia. Universidad de Murcia.

[16] Archivo Histórico Diocesano de Cáceres (en adelante A.H.D.C): Libro de cuentas, inventarios y otros de la Cofradía de las Benditas Ánimas. Año 1766-1847.

[17]MARTÍNEZ GIL F. (2000): “Muerte y Sociedad en la España de los Austrias”. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla la Mancha.

[18]A.H.D.C: Libro de cuentas, inventarios y otros de la Cofradía de las Benditas Ánimas. Año 1766-1847.

[19] ARIAS DE SAAVEDRA ALÍAS I. et all. (20002): “La Religiosidad popular. Crítica y Acción contra las Cofradías en la España del siglo XVIII”. Granada. Universidad de Granada.

[20] A.H.D.C: Libro de cuentas, inventarios y otros de la Cofradía de las Benditas Ánimas. Año 1766-1847.

[21] ARIAS DE SAAVEDRA ALÍAS I. et all. (20002): “La Religiosidad popular. Crítica y Acción contra las Cofradías en la España del siglo XVIII”. Granada. Universidad de Granada.

 

[22] A.H.D.C: Libro de cuentas, inventarios y otros de la Cofradía de las Benditas Ánimas. Año 1766-1847.

[23] Siendo obligada la hermandad a satisfacer el referido alcance de 331 reales con 21 maravedís a Antonio Bayle, mayordomo del momento, cuando hubiese fondos.

[24] A.H.D.C: Libro de cuentas, inventarios y otros de la Cofradía de las Benditas Ánimas. Año 1766-1847.

[25] Ibidem.

[26] A.H.D.C: Libro de cuentas, inventarios y otros de la Cofradía de las Benditas Ánimas. Año 1766-1847.

[27] Ibidem

[28] A.H.D.C: Libro de visitas de la Parroquia de San Martín de Trevejo, año 1788, Nº 67 del inventario.

[29] A.H.D.C: Libro de Nuestra Señora del Rosario. Nombramiento de mayordomo y cuentas de la Cofradía del Rosario. San Martín de Trevejo, Caja 52-54. Nº 66 del inventario.

[30] A.H.D.C: Libro de Nuestra Señora del Rosario. Nombramiento de mayordomo y cuentas de la Cofradía del Rosario. San Martín de Trevejo, Caja 52-54. Nº 66 del inventario.

[31] Ibidem

[32] Ibidem

[33] A.H.D.C: Libro de Nuestra Señora del Rosario. Nombramiento de mayordomo y cuentas de la Cofradía del Rosario. San Martín de Trevejo, Caja 52-54. Nº 66 del inventario.

[34] Ibidem

[35] A.H.D.C: Libro de Nuestra Señora del Rosario. Nombramiento de mayordomo y cuentas de la Cofradía del Rosario. San Martín de Trevejo, Caja 52-54. Nº 66 del inventario.

[36] Ibidem

[37] A.H.D.C: Libro de Acuerdos, Nombramientos, Cuentas, Asientos de Cofrades y otros de la Cofradía de la Vera Cruz. San Martín de Trevejo, Caja 52-54, Nº 66 del inventario.

[38] Ibidem

[39] A.H.D.C: Libro de Acuerdos, Nombramientos, Cuentas, Asientos de Cofrades y otros de la Cofradía de la Vera Cruz. San Martín de Trevejo, Caja 52-54, Nº 66 del inventario.

[40] Ibidem

[41] ARIAS DE SAAVEDRA ALÍAS I. et all. (20002): “La Religiosidad popular. Crítica y Acción contra las Cofradías en la España del siglo XVIII”. Granada. Universidad de Granada.

[42] VENTURA GRACIA M. (2010): “Las Cofradías del Santísimo Sacramento”. Córdoba: Servicio de Publicaciones, Universidad de Córdoba.

Mar 012015
 

Autor: Beatriz Maestro Mateos

Licenciada en Historia

Universidad de Extremadura

 

Y  es hoy aquel mañana de ayer…Y España toda,

con sucios oropeles de carnaval vestida

aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda;

mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

 Antonio Machado.

 

 

INTRODUCCION

La II República española sobrevive como un recuerdo histórico, en nuestra memoria, atrayendo a muchos, aún hoy, como la gran esperanza de progreso y libertad. En un tiempo donde la comarca de la Sierra de Gata era una de las zonas más deprimidas de España, se hallaba la demografía de esta tierra por encima de la media de la provincia de Cáceres. La conflictividad social, el analfabetismo que abarcaba más de la mitad de la población, y la amenaza del hambre y la necesidad, eran los rasgos más característicos de estos lares. Otro de los graves problemas que acuciaba la precaria situación de la población de la Sierra de Gata en estos años, era el paro. Elevadas cifras de desempleo que se veían vinculadas principalmente a la agricultura, puesto que era la actividad económica más desarrollada.

Sumergido en todo este ambiente de pobreza, crisis y violencia, se encontraba el hermoso y arbolado municipio de San Martín de Trevejo. Con 1.492 metros sobre el nivel del mar, se muestra rodeado de castaños y robles, entre otras especies. Hasta el año 1833 perteneció a la provincia de Salamanca y a la encomienda de Trevejo, contando cien años después –concretamente en 1930– con unos 1688 habitantes, que se caracterizaban por su actividad agrícola (principalmente basada en el olivo), y ganadera (caprina casi en su totalidad). Lamentablemente, otra de las características que los mañegos –como se denominan los habitantes de esta localidad– tenían, era una tasa de analfabetismo superior al 57%. Cabe decir a este respecto, que en la Sierra de Gata dicha cifra podía considerarse como intermedia, siendo Trevejo y Eljas con un 75,5% y un 72,32%  respectivamente, los índices más altos de esta zona.[1]

Se ha elegido dicha localidad para este trabajo, no únicamente por la belleza del entorno y lo desconocido del lugar, sino también por los lazos familiares y culturales que a ella me unen. El objetivo del trabajo es introducir y acercar al lector a la historia de esta villa, concretamente, al periodo de tiempo comprendido entre 1930 y 1939.

1  LA VILLA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA

 1.1. Desempleo y conflictividad social

Para hacernos una idea del contexto socioeconómico de San Martin de los vinos –cómo se conocía en el pasado al municipio– y en general de la Sierra de Gata, es necesario destacar su gran dependencia del sector primario. El exceso de mano de obra escasamente cualificada, sería la primera causa de que la estructura productiva arcaica se mantuviese, y no fuera posible una modernización agrícola[2]. Para empeorar esta situación, los terratenientes acaparaban las tierras de cultivo, quedando los trabajadores a merced de sus patronos, hecho que provocará una serie de tensiones entre los moradores de esta villa, como veremos a continuación.

Por otro lado, altos índices de alcoholismo y violencia harán eco en una población víctima de su tiempo, donde la imagen más común en la mayoría de las localidades de la provincia eran los continuos enfrentamientos y agresiones entre vecinos. El motivo más popular de los conflictos eran las diferencias políticas, aunque los actos violentos podían desencadenarse por cualquier asunto banal: un tropezón al doblar una esquina o el arranque de un cartel colocado en un muro.[3]

El ya mencionado problema del paro, transformó el mercado laboral en un mercado conflictivo. Esto es debido a que con el fin de afrontar dicha cuestión, las sociedades obreras apoyarán una serie de prohibiciones acerca de la contratación de obreros extranjeros. Tal y como afirma Julián Chaves:

 

“En una provincia agraria como la de Cáceres, era la clase patronal de este sector la que más participaba en reuniones destinadas a establecer pactos entre desempleados y patronos.”

 

Los alcaldes solían ser los intermediarios de estos encuentros, donde a medida que transcurrían el tiempo y los acontecimientos, los terratenientes comenzaron a adoptar una actitud más perniciosa y negativa a las peticiones de los parados. Frente a esta situación, se promulgó el 1º Decreto de 28 de abril de 1931, también llamado Ley de Términos Municipales, que obligaba a los patronos agrícolas a emplear en primer lugar a los obreros del propio término municipal. A pesar de ello, los terratenientes mañegos continuaron contratando a obreros extranjeros pese a la indignación de los locales, hecho que favorecería y facilitaría en gran medida la Restauración agrícola que los sublevados llevarían a cabo con posterioridad.

 

Como consecuencia, en San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, llegaron incluso a producirse amenazas y agresiones a los trabajadores portugueses que eran contratados por los patronos de su localidad. Mujeres y hombres moradores de estas tres localidades, empleaban una serie de instrumentos triviales como palos y piedras[4] para ahuyentar a los trabajadores del país vecino, al considerar que éstos les quitaban el trabajo.

La mencionada Ley de Términos Municipales[5], publicada en La Gaceta el 30-IV-1931 dictaba lo siguiente:

 

“Artículo 1º: En todos los trabajos agrícolas los patronos tendrán la obligación de emplear preferentemente a los braceros que sean vecinos del Municipio en que aquellos hayan de realizarse”

 

“Artículo 2º: en los Municipios donde existen Delegaciones locales del Consejo de Trabajo, por la secretaría de estos organismos se abrirá un registro en el que podrán inscribirse los obreros agrícolas que no tengan colocación. Donde no existen las indicadas Delegaciones, llevará a cabo dicho registro la Secretaría del Ayuntamiento respectivo”

 

Artículo 3º: Dicho registro estará a disposición del público, y en él podrán los patronos elegir los obreros que hayan de emplear”

 

 

Artículo 4º: Las infracciones serán castigadas con una multa de 25 pts. y  50 pts. En caso de reincidencia”

 

Las organizaciones sindicales obligarían a los patronos al cumplimiento de estos artículos, presionando para que fueran contratados los desempleados que aparecían en los censos obreros y despedidos los que no estuviesen en dicha relación. Pero a pesar de ello, y de lo descrito en el artículo 4º del Decreto, los incumplimientos por parte de los terratenientes eran una constante. Por ello, con el transcurso del tiempo se llevarían a cabo una serie de modificaciones en las mencionadas normas para satisfacer a los patronos y favorecer una mayor disposición de los mismos.

 

En definitiva, lo que esta Ley de Términos municipales tenía como objetivo era, no sólo reducir la problemática del desempleo, sino también limitar a los caciques de las localidades en la práctica de su principal instrumento político: dar trabajo a todos aquellos cuyos ideales y tendencias políticas les fueran gratos. Pero asimismo, los propios campesinos se vieron también afectados ya que su migración habitual hacia zonas donde el trabajo era más abundante quedaría a partir de ahora revocada.

 

Para acrecentar aun más la rigidez del ambiente en San Martín, llegaría el 7 de mayo de ese mismo año, 1931, el Decreto-ley sobre Laboreo Forzoso[6] que dictaba el carácter obligatorio para todos los cultivadores rústicos de llevar en sus explotaciones las labores necesarias y estipuladas con el fin de obtener un aprovechamiento máximo. Este hecho iba enlazado con la asignación obligatoria de trabajadores asalariados a todos aquellos terratenientes que no alcanzasen este nivel máximo de explotación en sus tierras.

 

Lo dispuesto violentó cuantiosamente a los terratenientes, ya que procuraban ante todo contratar una mano de obra barata y escasa para obtener los mayores beneficios posibles. Como consecuencia de la usurería que pretendían llevar a cabo estos patronos, y de la situación de paro permanente, se daban en ocasiones incluso casos de servidumbre donde los campesinos mañegos trabajan únicamente a cambio de recibir alimento diario.

En San Martín de Trevejo, además de los conflictos que tenían lugar entre patronos y obreros, se producían a la par rivalidades entre terratenientes, que veían la luz mediante disputas por el repartimiento de los trabajadores desempleados. La Ley de Términos Municipales parecía no poder instaurarse plenamente en esta localidad, por lo que se  firmarán unas bases laborales entre la sociedad obrera La Redentora y los propietarios locales el 13 de noviembre de 1932[7]. Entre las mismas quedaba estipulado que durante la recogida de la aceituna era obligatorio dar empleo a obreros comarcales y la asignación del sueldo femenino, que como aun hoy en día no sorprende, era inferior al masculino.

Fig.1

Lám. 1. Víctor Berjano encabezando la campaña electoral de Cáceres.

Fuente: Periódico ABC, 16-XI-1933. Página 6.

  Estos problemas simultáneos entre terratenientes, y entre patronos y jornaleros, se sucederán en el tiempo provocando huelgas generales en San Martín desde el año 1933 hasta el año 1936. Pero, como en todo, estas huelgas tenían sus detractores y sus partidarios, puesto que paralizar totalmente la actividad laboral de todo un pueblo no siempre era favorable para todos los trabajadores, sobre todo para aquellos que tenían comercios o tabernas, que aunque ambos eran escasos en la localidad, abundaban más los segundos que los primeros.

 

En medio de todo este clima de crispación, el Gobierno decide promulgar el 28 de julio de 1933 la Ley de Orden Público, una ley, que tal y como indica su artículo primero, tenía como objetivo lograr el aseguramiento por parte de las autoridades competentes de “las condiciones necesarias para que ninguna acción externa perturbe la función de aquellas instituciones  y para que tales derechos se ejerciten normalmente en la forma y con los límites que prevengan las leyes”. Por otro lado, en su artículo segundo, se detalla qué tipo de actos serían considerados como actos que afectaban al orden público: “los realizados por colectividades cuando transciendan a la vida pública ciudadana” y “los que se cometen o intenten cometer con explosiones”.[8]

 

A pesar de lo dispuesto, las huelgas y altercados se siguieron produciendo, y aún si cabe, con más énfasis, siendo necesario destacar el carácter especial de la huelga que se llevó a cabo no sólo en este municipio, sino en toda España, en noviembre de 1934 puesto que fue catalogada como huelga de tipo revolucionario. Los agentes realizarán en esta localidad varias

 

detenciones de vecinos socialistas, comunistas y anarquistas para frenar este proceso revolucionario, aunque todo ello supusiese que la violencia física acaparase un lugar primordial y las tensiones y la animadversión entre los propios vecinos mañegos fuesen incrementándose a pasos agigantados.

 

Las autoridades municipales intentarán dar solución a esta situación, mediando entre ambas partes (terratenientes y obreros) con una serie de medidas de carácter temporal que se verán olvidadas en la mayoría de los casos. La solución más socorrida para contentar tanto a parados como a patronos, era la creación de puestos de empleo fomentando la puesta en marcha obras públicas.  De este modo, se propuso al alcalde de la localidad vecina, Valverde del Fresno, que contratase a los obreros en paro de San Martín para mejorar así el desempleo a través de la construcción de la carretera Valverde-Portugal[9]. Cabe decir, que en la mayoría de los municipios no se disponía del suficiente presupuesto para que estas proposiciones vieran la luz.

 

En conclusión, los distintos decretos y disposiciones legislativas elaboradas por el Ministerio de Trabajo y Previsión, a pesar de estar caracterizados por una condición únicamente reformista, afectarían en gran medida a las prácticas tradicionales de explotación unidas a las relaciones laborales que mantenían la burguesía agraria y los jornaleros, no sólo en San Martín de Trevejo, sino también en toda la Sierra de Gata.

 

 1.2. Agitación política

Como era natural, el devenir político de la localidad de San Martín, de la comarca de la Sierra de Gata y de la provincia de Cáceres, serían un claro reflejo de la situación política que se vivía a nivel nacional. Considero digna de mención, la repercusión que dicha agitación tuvo en el convento de San Miguel, caracterizado tanto por su belleza actual como por su importancia en el pasado de esta villa.

Este histórico convento[10], situado a 500 metros de San Martín de Trevejo, se encontraba ocupado en 1931 por Jesuitas portugueses provenientes de Guimarães hasta que con la proclamación de la II República Española sus bienes fueron incautados, encontrándose entre ellos dicho convento, que se convertiría a partir de entonces en un preventorio infantil antituberculoso.

 

Por lo que a los actos políticos respecta, cabe decir que serán numerosos desde los primeros momentos de instauración de la República, siendo los de orientación derechista minoritarios en un principio para posteriormente aumentar su sucesión en el tiempo.

A medida que en el año 1933, las segundas elecciones generales de la Segunda República Española para las cortes avanzaban, la campaña propagandística de los partidos se hacía más intensa. El periódico semanal Unión y Trabajo muestra la agitación política de la provincia cacereña, animando al voto (con terminologías marxistas) tanto femenino como masculino, de la candidatura socialista:

 

“Camaradas: pocos días quedan para que los españoles ejercitemos el derecho sagrado e inviolable, de depositar la papeleta electoral en las urnas. Nuestra papeleta será el arma con la cual, sin violencias ni luchas estériles, daremos la batalla decisiva a la clase capitalista.”[11]

 

Otro tipo de ensalzamiento al voto socialista queda reflejado en dicha campaña a través de mensajes de unión para el pueblo:

FIG. 2

Lám. 2. Leoncio Mateos junto a su hija Paulina Mateos, procedentes de San Matín

de Trevejo, detenido y posteriormente encarcelado, disfruto de mejor suerte

que sus vecinos saliendo con vida de prisión. Fuente: álbum familiar.

“Debemos unirnos como una piña y votar como un solo hombre a la candidatura socialista”[12]

A pesar de la intensa campaña llevada a cabo por los socialistas, los comicios electorales de este año darán la victoria a los partidos de derecha, relacionando este triunfo con las coacciones que la oligarquía agraria ejercía en la comarca.

 

Estos partidos de derecha, además, ejecutaron también una intensa campaña electoral en toda la provincia cacereña, incluyendo naturalmente la Sierra de Gata, donde destaca el terrateniente Víctor Berjano Gómez[13], integrante de la CEDA y procedente de San Martín de Trevejo.

 

Un ambiente enrarecido comenzaba a gestarse desde 1935, donde los extremistas tanto de derechas como de izquierdas mostrarían su lado más radical. La sensación general de los campesinos mañegos era de desencanto al comprobar que sus demandas se procesaban con lentitud mientras rara vez se cumplían. La situación de la población empeoraba y sus problemas eran cada vez más deficientes.

 

A partir de junio y julio de 1935, los actos de propaganda socialista se celebrarán nuevamente de manera intensa hasta comienzos de la próxima campaña electoral a través una serie de oradores que recorrían los núcleos rurales.  En San Martín de Trevejo, el Frente Popular era la fuerza política del momento a pesar de no contar con un núcleo organizado de dirigentes que estimulasen la labor política en el municipio[14].

 

Como consecuencia de la radicalización cada vez mayor de la sociedad española, se produjeron incluso fraudes electorales como el acontecido en las elecciones de febrero de 1936. En Cáceres, se acusó a partidarios de izquierda de abrir la caja de la Diputación donde se encontraban las actas para el posterior escrutinio, colocando actas falsificadas para los resultados de los pueblos de la provincia donde la derecha tenía mayoría de votos[15].

 

Será en julio de este mismo año cuando los sublevados comenzaron a expandirse por toda la provincia cacereña, siendo Jesús Corbín el delegado gubernativo que se encargará de coordinar la insurrección en la Sierra de Gata. El pueblo mañego responderá a esta ofensiva armados con escopetas y armas blancas con el fin de proteger el gobierno constitucional. El 22 de julio este grupo de moradores, ante la victoria de los golpistas, decidieron huir a la Sierra de Jálama[16]. El suceso culminará con detenciones por parte de los propios falangistas del municipio y de la Guardia Civil.

 

Con el estallido de la Guerra Civil, los pueblos de la Sierra de Gata se verán sumergidos en una recóndita represión que tendrá como consecuencia la desaparición de numerosas personas no afines al bando sublevado. En concreto, a partir del mes de julio de 1936, comenzarán a producirse en San Martin de Trevejo las primeras defunciones.[17]

 

Los falangistas locales comenzaron a perseguir a los vecinos mañegos refugiados tanto en la sierra como en Portugal. Los detenidos serían trasladados en su gran mayoría a la prisión de Coria, donde la falta de higiene y las condiciones de vida infrahumanas provocaban entre los reclusos enfermedades infecciosas que se propagaban rápidamente. Estas detenciones solían tener un triste desenlace para la mayoría de los arrestados: el fusilamiento sobre el puente de Alconétar.

 

Todo ello, no era más que el inicio de una brutal y sanguinaria represión, caracterizada por los fusilamientos sin juicio derivados de las acusaciones que los propios moradores mañegos llevarían a cabo contra sus vecinos, bajo una histeria colectiva de sospecha comunista.

  2. LA GUERRA CIVIL Y SU REPERCUSIÓN EN SAN MARTÍN DE TREVEJO

Los días posteriores al alzamiento, los sublevados se marcaron como propósito la rápida extensión por toda la provincia cacereña, siendo instrumento principal para ello el abastecimiento y aprovisionamiento tanto de armas como de combustible, principalmente.

 

El bando sublevado, además, contaba con la colaboración portuguesa a través de la ejecución de un estricto control sobre los republicanos españoles, que pretendían pasar a través de los puestos fronterizos, siendo detenidos y posteriormente entregados a los insurgentes.[18]

 

Cobraba entonces ahora la figura del contrabandista, caminando en la oscura noche solo o en grupos reducidos con mochilas cargadas de armamento y munición. Existían numerosos puestos de la Guardia Civil con cuerpos especializados en la represión del contrabando en Valverde del Fresno y Eljas. Debido a la proximidad de estos dos municipios con San Martín, los vecinos mañegos utilizaban los caminos de estas localidades para dicho fin. Entre estas rutas destacaban “El corral de Fidalgo” y “La Eriña” en Valverde del Fresno, siendo a travesadas ambas por pequeñas veredas o campo a través con el objetivo de saltear los mencionados puestos.

 

San Martín de Trevejo y la Sierra de Gata en general, se encontraron rápidamente bajo el mando nacionalista, y en consecuencia, bajo el manto de la Falange Española como organización primordial en la zona. La ya mencionada histeria y el nerviosismo se extendieron con igual celeridad entre una población caracterizada por la miseria, donde las rencillas personales, las enemistades y la participación política pasada, desembocaban ahora en acusaciones de traición a las fuerzas sublevadas entre los propios vecinos mañegos, tal y como se ha comentado ya con anterioridad.

 

La tensión entre los moradores de esta villa seguirá acrecentándose y prolongándose en el tiempo, continuando los problemas entre terratenientes y jornaleros como en periodos anteriores, con la diferencia de que ahora los primeros se negaban a contratar a los excombatientes mañegos no afines a la ideología de dichos patronos.

 

Por otro lado, a partir de 1936 se manifiesta una voluntad de la restauración de las cosas a su estado anterior a 1931, cobrando principal protagonismo la materia agraria. En San Martín de Trevejo el problema de la devolución o no a los antiguos propietarios de los terrenos  expropiados no tuvo gran envergadura como en otras zonas de la provincia cacereña, debido a que los terratenientes conservaron prácticamente en su totalidad los territorios como consecuencia de la gran influencia que siempre tuvieron en el municipio. Asimismo, considero conveniente destacar, que este afán de restauración del Régimen Franquista, no entorpeció la creación de nuevas organizaciones que paliasen el creciente déficit de productos de primera necesidad entre la población.

 

Debido al inminente estado de escasez, hambre y miseria en el cual se encontraban los moradores mañegos, y en general todas las localidades cacereñas que soportaron la Guerra Civil, tuvo gran repercusión la organización de socorro humanitario denominada Auxilio Social[19]. Este proyecto, en sus inicios conocido como el Auxilio de Invierno, surgió como un intento por paliar las necesidades derivadas de la sublevación y de la guerra en el sector más vulnerable de la sociedad: los niños huérfanos cuyos padres habían muerto en el campo de batalla.

 

Así, la Delegación Nacional de Auxilio Social se convertiría en una ostentosa obra que el Caudillo reservó para los más necesitados, siendo muestra de ello su estructuración en tres secciones en el año 1938: Auxilio a Poblaciones Liberadas, el ya mencionado Auxilio de Invierno, y la Obra Nacional Sindicalista de Protección a la Madre y al Niño.

 

Los fondos de este Auxilio Social tenían diversa procedencia, siendo una de ellas la recaudación del día del Plato Único[20]. Creada el 30 de octubre de 1936 y llevándose a cabo los días 1 y 15 de cada mes en un primer momento, pasaría a celebrarse semanalmente en el mes de julio del 37. San Martín de Trevejo se encontraba desde comienzos del conflicto bajo la dirección de los sublevados, por lo que se hallaba desde su creación dentro de esta dinámica del Plato único, primeramente, para incluirse también más adelante en el Día Sin Postre. Los habitantes mañegos se encontraban divididos en el padrón del Día del Plato Único y Día Sin Postre del uno de septiembre del año 1939 en dos sectores o secciones: un sector norte que contaba con 84 vecinos, y un sector sur compuesto por 65 vecinos.[21]

 

 

Por lo que respecta al servicio de Auxilio a Poblaciones Liberadas, creado con el fin de suministrar víveres a las poblaciones de las ciudades conquistadas por las tropas franquistas, cabe decir que no se reclamó la ayuda de San Martín de Trevejo hasta el dos de febrero de 1939, con motivo de la liberación de Barcelona, tal y como indica el Secretario del Gobierno al alcalde de dicha villa:

 

“Sírvase comunicarme por teléfono si dispone de medios para transportar a esta Capital,

 los víveres recogidos para acudir en Auxilio de Barcelona y poblaciones liberadas.

EXPIDASE.”[22]

 

Los días 28, 29, 30 y 31 de enero los vecinos mañegos contribuyeron a la causa a través de donativos en efectivo y en especies, mientras que el 21 de febrero los suscritos aportaron únicamente ayudas en metálico, ascendiendo la cantidad acumulada a 1,512’90 pst, cantidad muy superior a las recolectadas en los días anteriores, siendo ingresada dos días después de su recaudación en la Delegación Provincial de Auxilio Social.[23] Los donativos más destacados (tanto en metálico como en especies) corresponden en su totalidad a las familias más pudientes del municipio: los terratenientes. El Resto de la población aportaba lo que buenamente podía, oscilando dicha cantidad entre las 0’20 pst y 0’50 pst.

 

Cuadro nº.1. Donativos en metálico de suscriptores como ayuda a las poblaciones liberadas.

Día y año 28 enero 1939 29 enero 1939 30 enero 1939 31 enero 1939 21 febrero 1939
Número de vecinos suscritos al donativo x 95 59 39 239
Cantidad total recaudada 562’50 pst 209’25 pst 185’50 pst 449’65 pst 1512’90 pst
Principales contribuciones Santos Agero Merino: 100 pst. Ángeles Peralta: 40 pst Ángel Gil Jorge: 60 pst Carlos de Ojesto y Godínez de Paz: 300 pst. Carlos de Ojesto y Godínez de Paz: 300 pst.Juan Delgado Berjano: 100 pst.

 uente: Elaboración propia a partir de AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

 

Cuadro nº 2. Porcentajes de contribución en especies (año 1939).

Cuadro 2

Fuente: Elaboración propia a partir de AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

 

 

Otro tipo de Beneficencia llevada cabo en la época eran los subsidios otorgados a las familias de los combatientes de esta localidad. Para poder recibir dichas ayudas la familia del soldado debía justificar que carecía de ingresos, o bien justificar que el combatiente se encontraba herido, fallecido o que se había convertido en un inválido de guerra. En el periodo de tiempo comprendido entre los años 1937 y 1939 se suceden los diversos padrones de combatientes y sus familias correspondientes a cada mes, con el fin de recibir el ya mencionado subsidio al combatiente. Las Juntas Municipales eran las encargadas de elaborar el censo de las familias beneficiarias a partir de los datos aportados por las declaraciones juradas presentadas por los interesados.[24]

 

Concretamente, el padrón de San Martín de Trevejo perteneciente al 4 de enero del 37 se compone de 60 beneficiados[25], de los cuales más de la mitad son las esposas e hijos de los soldados, seguidos de las hermanas o nietos de los mismos. El número de beneficiados de este subsidio disminuía en el tiempo, siendo un total de trece a fecha de 11 de octubre del 39, para conformar un conjunto de once bonificados tan sólo dos meses después. El importe diario que recibían los empadronados en el denominado año de la victoria rondaba las 30 pesetas diarias, alcanzando las 900 pesetas mensuales[26], destacando el hecho común de que en todos los padrones mencionados aparece la firma del secretario vigente por aquel entonces en el municipio: David López Serrano.

 

A pesar de los mecanismos ideados para que prosperase la precaria situación social que la guerra había fomentado, la realidad fue que el hambre y la miseria se prolongaron durante dos décadas en la región extremeña, sin olvidar los daños psicológicos y morales que este infausto conflicto causó en la población. Por otro lado, es preciso tener en cuenta que las detenciones arbitrarias, las purgaciones, los fusilamientos, y las víctimas en combate de ambos bandos desembocaron en un elevado número de pérdidas humanas entre la población extremeña.

 

3. CONCLUSIÓN

Debo reconocer, que en algunos momentos durante la realización de este trabajo, se apoderaba de mí un gran desconsuelo al comprobar durante la recapitulación e interpretación de información y datos, cómo las víctimas de este conflicto fratricida no eran únicamente los fallecidos en combate o en actos de violencia (fugas, palizas…) sino la población entera en general, que soportaría durante años las atrocidades de la guerra, y aún peor, las calamidades de la posguerra. Me embarga el desasosiego al revelar cómo la población mañega iba descalza, y la aflicción al rememorar cómo mis antepasados carecían de lo más básico en estas zonas rurales. A consecuencia de ello, un gran número de vecinos de San Martín de Trevejo optaría por la emigración hacia países como Argentina con la esperanza de mejorar su calidad de vida.

En definitiva, considero que la Guerra Civil no debe interpretarse por el pueblo español como una batalla con final positivo o negativo dependiendo de los prejuicios de cada uno, sino como una guerra con un desenlace trágico, atroz y traumático que hizo mella en una población que aún hoy, envejecida y cansada, recuerda con dolor el drama sufrido en este conflicto.

4. BIBLIOGRAFÍA

 

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RIESCO ROCHE, S.: La Reforma Agraria y los orígenes de la Guerra Civil. Cuestión yuntera y radicalización patronal en la provincia de Cáceres, 1931-1940. Madrid, Biblioteca Nueva. 2006.

RODRÍGUEZ ARROYO, J.C: Movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, (1931-1936). Muñoz Moya Editores Extremeños. 2010

RODRÍGUEZ ARROYO, J.C: II República, movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, 1931-1939. Grupo de estudio de Historia Contemporánea de Extremadura.

SÁNCHEZ JIMÉNEZ, J.: La España contemporánea III: de 1931 a nuestros días. Ediciones Istmo S.A, Madrid 2004.

[1] Rodríguez Arroyo, J.C: II República, movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, 1931-1939. Grupo de estudio de Historia Contemporánea de Extremadura.

 

[2]  Rodríguez Arroyo, J.C: Movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, (1931-1936). Muñoz Moya Editores Extremeños. 2010

 

[3] Jackson, G.: La República Española y la Guerra Civil (1931-1939). Barcelona, Orbis, 1987.

[4]  Chaves Palacios, J.: Violencia política y conflictividad social en Extremadura. Cáceres en 1936. Diputación Provincial de Badajoz, Departamento de Publicaciones, 2000.

 

[5] Diario La Gaceta de Madrid, 30-4-1931. Nº 120, pp.415.

 

[6] Decreto Ley de 7 de mayo de 1931 sobre Laboreo Forzoso de tierras por causa de utilidad pública, en Gaceta de Madrid el 8 de mayo de 1931. Convertido en ley el 23 de septiembre de 1931 y publicado en Gaceta de Madrid el 25 de septiembre de 1931.

[7] Rodríguez Arroyo, J.C: Movimiento Obrero y Represión  Franquista en Sierra de Gata, (1931-1936). Muñoz Moya Editores Extremeños. 2010.

 

[8] Diario La Gaceta de Madrid, 30-VII-1930. Nº211, pp.682.

 

[9] Rodríguez Arroyo, J.C: Movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, (1931-1936). Muñoz Moya Editores Extremeños. 2010

 

[10] Hacia 1451 frailes franciscanos tomaron la decisión de fundar dicho convento, caracterizado por numerosas transformaciones físicas a lo largo de su historia, y convertido actualmente en una hospedería.

 

[11] Periódico semanal Unión y Trabajo, 4- XI- 1933.

 

[12] Periódico semanal Unión y Trabajo, 4- XI- 1933

 

[13] Diario ABC, 16- XI-1933. Página 6.

 

[14] Ayala Vicente, Fernando: La vida política en la provincia de Cáceres durante la II República. Institución cultural El Brocense.2002, Jaraíz de la Vera.

 

[15] Diario ABC,  21- II-1936. Edición de la tarde, pp. 29

 

[16] Chaves Palacios, J.: Violencia política y conflictividad social en Extremadura. Cáceres en 1936. Diputación Provincial de Badajoz, Departamento de Publicaciones, 2000.

 

[17] Chaves Palacios J.: La Represión en la Provincia de Cáceres durante la Guerra Civil (1936-1939). Universidad de Extremadura. Servicio de publicaciones, Mérida. 1995

 

[18] Chaves Palacios J.: Guerra Civil  en Extremadura. Operaciones militares (1936-1937). Editorial Regional de Extremadura, 1997

[19] Creada durante la Guerra Civil y englobada con posterioridad dentro de la sección femenina de la Falange Española. Su fundadora fue Mercedes Sanz Bachiller, esposa de Onésimo Redondo, uno de los fundadores de las JONS (grupo fusionado con la Falange Española en 1934).

 

[20] Diario ABC (Madrid), 30- VII-1939. Edición de la mañana, página 19.

 

[21] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante AHP de Cáceres) Expediente: Padrón del Día de Plato Único y sin Postre (1939). Sección Beneficencia. B/A/267.

 

[22] AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

[23] AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

[24] García Ruipérez, M.: La ayuda a las familias de combatientes franquistas durante la Guerra Civil Española. Juntas y Comisiones Municipales. PDF, pp. 2.

 

[25] AHP de Cáceres, Expediente: Padrones de Combatientes y familias, subsidio al combatiente. Sección Beneficencia, B/A/330.

 

[26] AHP de Cáceres, Expediente: Padrones de Combatientes y familias, subsidio al combatiente. Sección Beneficencia, B/A/330.