Oct 012008
 

Luis Vázquez Fernández , O. de M.

Aventurando sus vidas / han   hecho lo no pensado,/ hallar lo jamás hallado,/ ganar tierras no sabidas.

Francisco de Jerez

Un Pizarro jamás perdona una ofensa.

Ordóñez

Hasta aquí tiró la suerte/ cuanto su poder alcanza,/ que no pasa la venganza /los límites de la muerte

Tirso de Molina

  1. INTRODUCCIÓN

Cuando uno se acerca, desinteresadamente, a los documentos originarios y a las diversas crónicas primeras, no puede menos de cuestionarse ciertos con- vencimientos parciales, carentes de exactitud, y contemplar la verdad desnuda. Y esta verdad se impone por sí misma. Sólo ella nos interesa en cuanto investi- gadores o amantes de esa “verdad que nos hace libres”, según expresión evan- gélica.

 

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Oct 012006
 

LUIS VÁZQUEZ FERNÁNDEZ, O. de M.

I. HERNANDO PIZARRO SEGÚN FERNANDO PIZARRO ORELLANA (1639)

Pretendo ofrecer un trabajo sencillo, muy sintético, con ciertas aportaciones de primera mano y originales sobre las fuentes de la economía de Hernando Pizarro el año exacto de 1565, en la segunda parte. Y empiezo exponiendo, en primer lugar -como acercamiento a su imagen oficial 74 más tarde- la visión, a ojos vistas parcial, justificativa y desbordadamente generosa, que nos ofrece, como historiador, sobre él, en su magna obra, Fernando Pizarro y Orellana, su familiar historiador, Caballero de Calatrava, Comendador de Vétera, del Consejo de Órdenes y del Real Supremo de Castilla, en la Corte de Felipe IV. ¿Finalidad? Dejar constancia de cómo una misma realidad histórica puede ser contemplada de muy diversas, e incluso opuestas, valoraciones. Respecto a los demás Cronistas de la conquista peruana, que a todos nos son conocidos en diversos grados, el familiar Fernando lleva el agua a su propio molino: ¡Al ensalzar, sin matizaciones, a Hernando, nos deja la sensación de cuán relativa es su palabra como historiador, que debía buscar la verdad, por muy quemante que fuese! Podremos, acaso, comprenderlo como respuesta a las exageradas, permanentes e implacables acusaciones, también reales, de sus adversarios, los almagristas!

Iré, pues, añadiendo “contrapuntos” a las afirmaciones de Fernando, para hacerlas más acordes con la objetividad subjetiva que actualmente conocemos y nos parece real. Partiendo del valor y otras virtudes, debe quedar constancia asimismo de sus excesos, los que son casi inevitables en una conquista en la que, además, participan los cuatro hermanos y multitud de trujillanos, que buscaban gloria, poder y riquezas. No todos tuvieron realmente las mismas oportunidades que Hernando.

Éste, al percibir el peligro que su vida podría correr en el Perú, vuelve a España, ya conquistado -aunque no muy pacificado- todo el Alto Perú. Hernando reconoce que las riquezas que aportó a la Corona la familia Pizarro eran “poderosísimas”.

Da cuenta a su Majestad de ellas, e intenta justificar la muerte dada a Almagro el Viejo. Juzga que las acusaciones de sus enemigos no prevalecerán contra sus astuciosos argumentos. Sin embargo, no puede menos de reconocer que Hernando tuvo que purgar sus crueldades con una prisión de más de 20 años, unos meses en el Alcázar de Madrid, y el resto en el castillo de la Mota de Medina del Campo.

¿Cuáles fueron los delitos que causaron su tan prolongada prisión preventiva?

Según Fernando – lo que nos resulta, al menos, sorprendente- es su afirmación de que el más principal consistió en haber “dado libertad a Mango Inga, quitándole las prisiones; que dezían fue causa de todos los levantamientos de los Indios, y de haber sucedido tantas muertes, y grandes gastos de los Quintos de su Majestad, y de los particulares”.[1]

Los abogados de Hernando le defendían afirmando que eso había sido llevado a cabo por orden del Marqués, en cuyo nombre gobernó. Insistían también en que no fue causa del levantamiento de los Indios, “porque ya estaba la mayor parte alterada; antes se entendió que, como nacía del mal trato que los de Almagro les hacían, y de haber tenido preso a Mango Inga, con darle libertad y hacer confianza dél, regalándole y acariciándole, se había de aquietar: pues los dones y el buen trato suelen aquietar a las fieras”.[2]

Esta defensa jurídica ayudó a Hernando en su “pleito criminal”. Y el mismo Fernando Pizarro opina que “no pudo tener cosa de mayor honra para acreditar la Conquista que haber tratado a Mango Inga con mansedumbre y regalo; procurando que en esto se le hiciese buen pasaje: que, en esto, y en haber sus Indios las amistades con los Españoles, intentando echarlos de las tierras, y dando crueles muertes a los que podían…, todo junto fue causa bastantísima para acreditar y justificar la Conquista”.[3]

A continuación alude dicho autor a los “milagros visibles” -sin duda “legendarios”, o frutos de instantes de alta tensión bélica “visionaria”-, premio a su actitud bélica, que, después de dar principio a las conquistas, logró consolidarlas, pese al número ingente de Indios que les hacían frente.

Justifica, asimismo, la conquista por ser Atahualpa bárbaro y quebrantar la ley natural, al estar casado con su hermana. (Es bien sabido que, entre los Incas, era preceptivo, ya que no existía la ley del “incesto” para la familia real, como en otros pueblos de la vieja Europa oriental y occidental; y aquí en España nuestros reyes se casaban entre “primos”, con dispensa papal, justificado el hecho por la llamada “razón de Estado”). Con su sobrina va a contraer matrimonio justamente Hernando, previa dispensa de Roma, aunque le había prometido hacerlo a Isabel Mercado, la madre de su hija, Francisca Pizarro Mercado; y luego hará -como bien sabemos- que Isabel sea Monja en Trujillo, pagándole la dote. Y él no podía ignorar que la promesa de matrimonio creaba un vínculo de validez antes del Concilio de Trento. No, Hernando, en éstas como en otras materias, no era un hombre nada “escrupuloso”. Logró lo que pretendía: juntar dos grandes fortunas. ¿Logró la felicidad con la Yupanqui? Lo único que nos consta es que, fallecido Hernando, ella abandona rápidamente su viudez, casándose con don Pedro Arias Portocarrerro en la iglesia de Santa María de Trujillo, a la vez que abandona alegremente el tan costoso Palacio, donde convivió y tuvo sus hijos con Hernando, para trasladarse luego a la Corte madrileña.

Hernando queda, en la obra de su familiar, libre de cualquier delito, culpa y castigo. Al contrario, sería merecedor de los mayores premios. Sus guerras fueron virtuosas, e insiste en que la prueba más evidente es que fueron “calificadas de justas con visibles apariciones de Nuestra Señora y del Glorioso Apóstol Santiago” (premonición celeste de que llegaría a ser miembro de la Orden Militar de Santiago).

b) ¿De qué fue, además, acusado? Pues nada menos que de “haber hecho cortar la cabeza a Almagro”. Juzgo que Francisco jamás hubiera cometido tamaña crueldad con quien había sido su amigo, a pesar de las luchas posteriores, y haber tenido prisioneros a Gonzalo y a Hernando, a quienes permite fugarse. Fernando, una vez más, lo justifica diciendo que le autorizaba a ello el ser Gobernador y Adelantado de la Nueva Toledo, “igual en oficios y Gobierno con el Marqués don Francisco Pizarro, su hermano”. Afirmación no fácil de probar, dado “que ejecutó esto sin embargo de apelación”. Agranda el delito el hecho de “haber firmado las paces y jurado de no venir uno contra otro, pena de 50.000 ducados”.[4]

De hecho, el Fiscal pedirá a Hernando dicha cantidad. Sus abogados buscan atenuantes por ser “Lugarteniente del Marqués”. A nosotros hoy, insisto, nos parece que el mismo Marqués no hubiera hecho tal muerte y que Hernando era mucho menos compasivo que Francisco.

c) En tercer lugar se hace cargo a Hernando de “no haber confiscado los bienes de don Diego de Almagro…, por haber entrado con mano armada en el Cuzco”. ¡Extraña acusación, sin citar nunca el arbitrio y dictamen oficial del anciano Provincial de la Merced, el P. Francisco de Bovadilla, con poderes regios para ello, sobre la propiedad del Cuzco! Fernando no es historiador parcial, evidentemente. Y justifica lo que quiere, en función, claro, de los lazos de sangre que le unían con los Conquistadores del Perú que estudia. ¿Dónde, nos preguntamos todos, está aquí la objetividad? Y, sin embargo, todo historiador debe buscarla, en la medida en que le sea posible. Fernando tenía gran capacidad jurídica: La utiliza en función de sus pretensiones. Si cualquier historia es relativa, ésta deja patente su parcialidad. Se puede comprender, pero no es posible justificarla del todo.

No pudo, ciertamente, Fernando menos de reconocer que “lo que a Hernando Pizarro desdoró sus hechos fue haberse quitado el Hábito de Santiago; porque le llevaron dos o tres veces la pena, y le estorbaban proseguir los grandes pleitos que traía sobre sus repartimientos. Y estuvo desacreditada su descendencia, juzgando que, por la sentencia que contra él se dio, estaban privados sus descendientes de gozar destas honras…, hasta que el año pasado de1605, en el despacho del hábito de su nieto Juan de Orellana Pizarro, se vio el Proceso y sentencia original, y no comprendía sino solamente a los hijos; y así todos los nietos y descendientes que deste insigne varón viven ahora están honrados con estas insignias”.[5]

Otra gran inexactitud del autor de Varones ilustres del Nuevo Mundo es afirmar: “Diole Dios, por todo, el premio mayor desta vida, pues fue tan larga que excedió de cien años”.[6] Afirmación mendaz, que ciertos autores siguen reiterando, contra toda verdad documental.

Finalmente, acaba este “elogio y defensa a ultranza de los hechos reprobables de Hernando”, llamándole Grande a Felipe IV, de quien el autor recibió grandes mercedes, lo mismo que Juan Francisco Pizarro, al serle otorgado, al fin, lo que venía solicitando; pues, bajo la influencia de Fernando Pizarro Orellana, movió al Rey , a través del Conde-Duque de Olivares, a que se otorgara lo que largamente venía reclamando para su hermano: El título de Marqués de la Conquista “y siete mil ducados de renta en Indios vacos”.[7]

Juzgo que, aunque a nada alude Fernando, no es ajeno a esta recuperación de la honra “en entredicho” de la familia Pizarro, nuestro gran dramaturgo fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, Comendador de la Merced de Trujillo y autor de las tres obras teatrales, enaltecedoras de Francisco, Hernando y Gonzalo Pizarro, según viene reconociendo la crítica más seria.[8]

II. LAS FUENTES ECONÓMICAS DE HERNANDO PIZARRO A FINALES DEL AÑO 1565

INTRODUCCIÓN

Nadie ignora que Hernando Pizarro -ya casado con su sobrina Francisca Pizarro Yupanqui, fuera del Castillo de la Mota, y en La Zarza- tuvo que basar su magna obra de la construcción del Palacio de la Conquista en Trujillo (Cáceres) en su personal economía sólida, consolidada en las minas del Perú.

El contenido de los cuatro documentos originales que hoy presento a estos “Coloquios”, que ya crearon historia, vienen a aportar nuevas pruebas fehacientes de ello.

A partir de los datos documentales se puede ir pergeñando, año tras año, la actividad organizativa de Hernando respecto a su recepción de la plata venida del Perú.

SÍNTESIS DEL PRIMER DOCUMENTO

Hernando se persona en la corte madrileña para otorgar su poder jurídico al mayordomo personal Antonio de Figueroa, con el fin de que pueda vender fincas y chácaras que tiene en la ciudad de los Reyes y sus términos y en el Cuzco y su término, provincia del Perú, en Nueva Castilla., así como en la villa de Arique y alrededores, lo mismo que en la villa de Plata y su término en el Reino del Perú y Provincia de Toledo. Lo cobrará al contado, “y no de otra manera”.

Para ello, que se hagan las cartas de pago e finiquito necesarias. Todo ello será enviado a estos Reinos de Castilla, registrado en Madrid.

Firmado allí, a 13 días del mes de agosto del año 1565. Fueron testigos: Felipe Fontes, Bartolomé González Carrasco y Pablo Pérez, criados del propio Hernando Pizarro. Hernando lo firmó de su nombre y registró.

Pasó ante el escribano Francisco Hortiz, siendo por ambos firmado y rubricado.[9]

SÍNTESIS DEL SEGUNDO DOCUMENTO

El 30 de agosto del mismo año vuelve Hernando Pizarro al notario Francisco Hortiz y otorga nuevamente su poder cumplido a su mayordomo sevillano, Antonio de Figueroa, para que, en su nombre, pueda vender casas y solares, tierras, chácaras, tiendas y huertas que tiene y le pertenecen en la ciudad de los Reyes y su término, así como en Arequipa, sus términos y jurisdicción y en la villa de Plata, en las provincias del Perú, llamadas Nueva Castilla y Nuevo Toledo: Todo, por supuesto, percibido al contado en dineros, oro o plata, que enviará a Hernando directamente.

Testigos: Pedro Bote, Felipe Fontes y Pablo López, criados suyos.

Hernando lo firmó y rubricó ante el escribano Francisco Hortiz.[10]

SÍNTESIS DEL TERCER DOCUMENTO

Otorga carta de poder a su criado Marcos Díez, en la Corte de Madrid, para que compre de su Majestad, y de los Señores de su Muy Alto Consejo, cualquier lugar que le parezca, con sus alcabalas y tercias y diezmos y dehesas, en el término de Trujillo como del Maestrazgo de Santiago.

Fecha: El 10 de septiembre de dicho año 1565. Firmado y rubricado por Hernando Pizarro, ante el dicho escribano Francisco Hortiz. [11]

SÍNTESIS DEL ÚLTIMO DOCUMENTO

En Madrid, a 25 días del mes de septiembre del mismo año, de nuevo Hernando Pizarro, ante escribano público y testigos, hace saber que él y su esposa doña Francisca Pizarro Yupanqui, otorgaron poderes a Sebastián Rodríguez, procurador real de las Indias, sobre casas, cosas y causas ya señaladas, que ambos in solidum tienen allí. Estaban presentes Pascual de Villarreal, Bartolomé González y Carrasco, criados de Hernando Pizarro, quien firma y rubrica, ante el escribano público Francisco Ortiz. [12]

CONCLUSIÓN

Hernando y su sobrina-esposa, Francisca Pizarro Yupanqui, logran que lleguen a su poder y posesión sus múltiples bienes, convertidos en dinero –plata y oro-que les pertenecían, y habían quedado en el Perú, fallecida ya toda su familia cercana. Ello será la fuente abundante, irrestañable un tiempo, que subvencionará las obras del “Palacio de la Conquista”, en Trujillo. Después Francisca manda construir sus últimos palacetes, tan bellos como cómodos, en la calle del Príncipe, Corte de Madrid, cuando, viuda y casada en segundas nupcias, con don Pedro Arias Portocarrero, Conde de Puñoenrrostro, abandona el Palacio de Trujillo y pasa a residir en la Corte de su Majestad: En la misma calle donde existía el Teatro de la Comedia donde manda construir un par de casas-palacio: Uno para ella y su esposo y otro para la familia Portocarrero, que había venido a menos. Nada de esto hubiera sido posible sin la enorme cantidad de dinero que, además de Hernando, también Francisca Pizarro Yupanqui hizo venir de sus minas, fincas y posesiones del Perú.

En suma: Tanto Hernando como Francisca disfrutaron de un capital inaudito durante su vida, que hizo posible enriquecer y embellecer Trujillo y la misma calle del Príncipe en la Corte de Felipe IV, viviendo ella el final de sus días en la proximidad donde se representaban, constantemente, comedias de Lope, Tirso, Mira de Amescua, del mexicano Juan de Alarcón, Moreto, del portugués Mato Fragoso, Calderón y demás comediógrafos de la época. ¡Sin duda que debió de presenciar más de una de las famosas comedias de estos famosísimos ingenios, que llenarían de placidez su vida de peruana, trasplantada a la España de los conquistadores de tierras y mujeres del llamado Nuevo Mundo, para ella su Patria nativa, que imaginamos no podría menos de llevar oculta en su desdoblado corazón mestizo!


NOTAS:

[1] Fernando Pizarro y Orellana, Varones ilustres del Nuevo Mundo, Madrid, Diego Díaz de la Carrera, 1639, p.338.

[2] Ibídem, p.339.

[3] Ibídem, ibídem.

[4] Ibidem, pp.339-340.

[5] Ibídem, fols.340-341.

[6] Ibídem, 342.

[7] Ibídem, 343.

[8] Puede consultarse al respecto mi conocido trabajo “Los Pizarros, la Merced, el convento de Trujillo (Cáceres) y Tirso”, Estudios, 146-147, 1984, pp.203-427. (Sale como libro, ampliado, bajo el título de Tirso y los Pizarro. Aspectos históric-documentales, en Reichenberger, Kassel 1993).

[9] Comunidad de Madrid, Archivo Histórico de Protocolos, nº 449, fols. 603r-604r.

[10] Ibidem, fols. 616r-617r.

[11] Ibídem, fols. 625r-625v.

[12] Ibídem, fols. 632r-632v.

Oct 012005
 

Luís Vázquez Fernández, O. de M.

De la Real Academia de Doctores de España

Sentí de ajeno yugo la gran carga,
y en las manos sacrílegas malditas
dos años ha que mi dolor se alarga.
Bien sé que mis maldades infinitas
y la poca atrición que en mí se encierra,
me tiene entre estos falsos ismaelitas.

Estas cosas volviendo en mi memoria,
las lágrimas trajeron a los ojos,
movidas de desgracia tan notoria”.

CERVANTESEpístola a Mateo Vázquez, mi señor

“Y así ¿qué podrá engendrar el estéril, y mal cultivado
ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado,
antojadizo, y lleno de pensamientos varios, y nunca
imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró
en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento,
y donde todo triste ruido hace su habitación?”.

CERVANTES, Prólogo al “Quijote”, Iª parte (1605)

1. Introducción general: Cervantes, la libertad y otros enigmas

Todo ser humano, sensible y dueño de sí, ama la libertad, ese don inapreciable que el Creador nos otorgó en exclusividad, respecto al resto de los seres vivos de la creación, que, si tienen algo de ella, está de tal modo condicionada a sus sentidos, que apenas se puede llamar tal. Sólo la mujer y el hombre, creados -según el Génesis- a “imagen y semejanza de Dios”, gozan del llamado “libe albedrío”, la capacidad de elegir, en la encrucijada de la vida, el camino que bien le parezca. Sólo nosotros podemos decir sí o no, elevarnos hasta las alturas místicas, o degradarnos hasta las cavernas infrahumanas. Y los genios, cual Miguel de Cervantes, suelen ser los más excelsos modelos de la libertad, en su vida y en sus escritos. El poeta e investigador -prematuramente fallecido-Luís Rosales escribió un grueso volumen sobre Cervantes y la libertad. Y podríamos seguir filosofando o haciendo ensayos literarios sobre ello. Pero aquí nos interesan, sobre todo, los datos históricos. Cervantes, gran amante de la libertad, le va a tocar -por destino vital- pasar cinco años cautivo en Argel, y muchas prisiones y calabozos en su etapa de liberado, por Andalucía, ante todo. De ahí el título que he dado a este trabajo: “Enigmas a descifrar en su libertad encadenada”. Es la paradoja de una vida que le llevó por derroteros insospechados. Es, asimismo, el ejercicio de su libre albedrío, no siempre debidamente orientado. En la vida de Miguel de Cervantes vamos a constatar hasta qué punto el “destino”, y su libertad en ejercicio, han jugado con él, de tal manera lo han zarandeado, que sus anhelos juveniles se vieron pronto, en cierto modo, frustrados, por los aconteceres de su existencia. Y ha surgido la duda que él mismo llevaba en su interior sobre su patria chica. ¿Es alcalaíno o cordobés? ¿Por qué sus dos declaraciones contrapuestas? Y, remontándome a los orígenes ancestrales del linaje Cervantes, ¿vislumbró, al menos, Miguel que su estirpe Cervantes hundía sus raíces en lejanos orígenes de la céltica Lugo, emparentada con el francés Lyon (Lugduni en genitivo latino), subyacente en su inconsciente colectivo – de una etnia que residió asimismo en Córdoba-, mucho antes de sentirse mozárabe?

2. Origen ancestral galaico; bautismo de Miguel y sus hermanos: afirmación alcalaína

2.1. Comarca y Linaje de los Cervantes de Lugo.

Quiero partir de una afirmación transparente previa: Los “Cervantes” proceden de una zona de la provincia de Lugo que sigue llevando su nombre actualmente. Y el apellido “Saavedra” es común asimismo en Galicia. Cervantes es un Municipio de la provincia de Lugo, enmarcado por la sierra de Los Ancares y sus estribaciones, en medio de cuyos promontorios se abre paso el extenso valle denominado Cervantes. Limita al N. Con Navia de Suarna; con Os Nogais, Pedrafita do Cebreiro y la provincia de León, al S.; por el E. también con tierras leonesas; y con los términos de Becerreá y As Nogais por el O. Comprende una extensión de 276 km2. Tiene un asentamiento de unos 4.294 habitantes, repartidos en varias parroquias, como es común en Galicia: Ambas vías, Castelo, Castro, Cereixedo,Cervantes (S. Pedro y S. Román), Donís, A Dorna, Lamas, Mosteiro, Noceda, Pando, Quindous, Ribeira, San Tomé, Vilapún, Vilaquinte, Vilarello, Vilasante, Vilaspasantes y Vilaver.

La Capital del Municipio es San Román de Cervantes, y dista 54,5 km. de Lugo.

Cervantes es topónimo etimológicamente ligado a la raíz cer, tierra de Cervos; yevoca un posible culto prehistórico a este animal con cornamenta bella. El motivo pasó al campo de la heráldica, como se pone de manifiesto en el escudo nobiliario de los Cervantes – señores que dominaron estas tierras-, con cuyo linaje parece estar emparentado el autor del Quixote. Las armas de este apellido muestran, sobre fondo verde, dos ciervos con la siguiente divisa, que un poeta versificó:

Dos ciervas en campo verde,
la una pare, la otra duerme.
La que pare, paz augura;
la que duerme la asegura.

También en Vilarello da Igrexa existió, desde fecha muy anterior al nacimiento de Miguel de Cervantes, el Linaje de los Saavedra; lo que daría -de confirmarsela hipótesis de su origen cervantega- el segundo de los apellidos del preclaro escritor.

Se conserva en Cervantes (Lugo) el Castillo de Doiras. Aquí se originó el linaje Cervantes[1].

A medida que comienza la reconquista en el sur, debieron de emigrar los Cervantes hasta Andalucía. El autor del Quijote probablemente no era consciente de sus más radicales antepasados del noroeste peninsular. Y yo no voy a hacer más indagaciones al respecto. Pretendo, tan sólo, dejar constancia de ello.

2.2. La familia de Miguel de Cervantes y su hipotético origen de Alcalá de Henares

De los siete hijos que don Rodrigo de Cervantes, “zurujano”, tuvo con su esposa Leonor de Cortinas, el cuarto, nacido en 1547, fue llamado Miguel, y se da por hecho que la partida bautismal de Santa María la Mayor de Alcalá es la suya. Dice así, modernizada en parte la escritura:

Año de 1547 + Domingo, nueve días del mes de octubre, año del Señor de mill e quinientos e quarenta e siete años, fue bautizado mi [fuera de línea y con letra distinta, que sin duda es posterior: Miguel] hijo de Rodrigo de Çarvantes (sic) e su muger doña Leonor, fiaron sus compadres[a] Juan Pardo. Baptizole el reverendo señor bachiller Serrano, cura de nuestra Señora, testigos Baltasar Vázquez, sacristán // E yo que le baptizé e firmé de mi nombre//

El bachiller Serrano [Firma y rúbrica]”[2]

Aunque en esta partida la madre únicamente aparece como “Leonor” -lo que podría ser otra homónima-, sin el “de Cortinas”, y resulta extraño el que le pongan de nombre “Miguel”, cuando no hay ninguno entre sus antepasados; ni existe parroquia de San Miguel en Alcalá, ciertamente apuntala la afirmación de ser de Alcalá de Henares la declaración personal del mismo Miguel de Cervantes, que -en facsímil del original transcribo-, y se autoproclama “Miguel de Çerbantes, natural de Alcalá de Henares”.

He aquí el documento en cuestión: “Ilustre señor – 1399 Miguel de Çerbantes, natural de Alcalá de Henares, residente en esta corte, digo: que a mi derecho conbiene probar y aberiguar, con ynformación de testigos, de cómo yestado cabtivo en la ciudad de Argel y cómo soy rescatado, y lo que costó mi rrescate y lo más lo quedo a dever dél, y cómo yo salí a pagallo a cierto tiempo: a vuestra merced pido e suplico mande que los testigos que presentare se examinen al tenor deste pedimento, y lo que dixeren y depusieren, scrito en limpio, en pública forma, en manera que haga fee, me lo mande dar para en guarda de mi derecho, pido jueces para la aplicar.

Miguel de Cervantes [Firma y rúbrica][3]

Los siete hermanos Cervantes, incluido Miguel, son los siguientes: Andrés -bautizado en Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, el 12-12-1543-; Andrea – no hay demasiada certeza sobre la fecha de su nacimiento: Según declaración de 6-3-1565 habría nacido el año 1548; pero el 30-6-1605 declara tener 50 años, lo que supone haber nacido en 1555, sin embargo figura bautizada en la dicha iglesia alcalaína el 24-11-1544, luego tendría 20 y 60 años respectivamente: Es una prueba más de las imprecisiones de declaraciones de edad en el Siglo de Oro-; Loisa-bautizada en la misma iglesia de Alcalá el 25-8-1546[4]-, Miguel, Rodrigo -bautizado en dicha iglesia de Alcalá el 23-6-1550- Magdalena[5] y Juan[6].

3. ¿Miguel de Cervantes cordobés? (Miguel Muñoz, 1996)

¿En qué se basa esta nueva afirmación? En escritos documentados e inéditos que se hallan en Archivos de Córdoba. Abandonadas las hipótesis de Alcázar de San Juan, y la de Consuegra, pues ni las fechas ni los nombres se corresponden, quedaba todavía por analizar documentos de Córdoba, que compiten con los de Alcalá de Henares. Es lo que ha llevado a cabo el Académico numerario de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, M. Muñoz.

3.1. Documentos sobre Alcalá de Henares imprecisos

Para Alcalá, además de lo ya sugerido, existen la declaración de Rodrigo Cervantes, padre de Miguel, en defensa suya, siendo cautivo en Argel, al afirmar que “en el año 1580 tenía su hijo 31 años de edad”. Esto supone que habría nacido en 1549. Asimismo, la propia declaración de Miguel de Cervantes dice “que en el año 1580 tenía 32 años”. Tomada a la letra afirmaría haber nacido en 1548. La Partida de Alcalá señala el año de bautismo como el de 1547. El mismo año 1580, su mismo redentor trinitario, fray Juan Gil dice haber rescatado “a Miguel de Cervantes natural de Alcalá de Henares, de edad de treinta y un años, hijo de Rodrigo de Cervantes y de doña Leonor de Cortinas, vecinos de la villa de Madrid”.

Tampoco es exacta la edad. Sin embargo -a mi juicio-estos argumentos, de no existir otros, no tienen especial valor argumental, pues es bien sabido que las declaraciones de edad, en aquellos años no eran exactas, sino “poco más o menos”, aunque aquí no se exprese así. Hay que contabilizar, además el mes del bautismo: 9 de octubre de 1547. En la declaración de fray Juan Gil se trata del 19 de septiembre de 1580. En rigor tendría 32 años, 11 meses y 10 días. ¡No, esto no es lo que puede poner en crisis su fecha bautismal de Alcalá!

3.2. Documentos cordobeses sobre la familia Cervantes

Sin embargo, otros argumentos son de mayor fuerza. Ya hace años, algún gran investigador riguroso, como don Francisco Rodríguez Marín, había descubierto en Protocolos de Córdoba a Juan de Cervantes, abuelo paterno de Miguel. Halla también, en el Archivo Notarial de dicha ciudad andaluza, a un tal Rodrigo de Cervantes, en una escritura de arrendamiento. Llega incluso al Licenciado Juan Rodríguez Cervantes, y a Diego de Cervantes, en otra escritura ya de 3 de marzo de 1605. Más tarde, el señor Adamuz Montilla encuentra en Córdoba a Juan de Cervantes, padre de Rodrigo de Cervantes y abuelo paterno de Miguel de Cervantes Saavedra.

3.3. Nuevas investigaciones y descubrimientos sobre los Sservant, antecesores de Cervantes (M. Muñoz)

Pero no investigaron, hacia atrás, las raíces familiares cordobesas de esta familia. Y esto es lo que nos ofrece precisamente Miguel Muñoz, convencido del origen cordobés del autor de Don Quixote de la Mancha. En los Archivos de los Clérigos de la Universidad de Córdoba y el Archivo de Jurados, así como el Archivo Catedralicio halló -allá por los años de 1945- lo que ahora ofrece, completado con nuevas investigaciones. Afirma que tanto los “SServant” (nombre) como el posterior apellido (Cervantes) cordobeses descienden de los mozárabes, “de la rama de los hispanos visigodos que habitaban en el Barrio de los Sederos primeramente; y, cuando S. Fernando entra en Córdoba (siglo XIII), y se convierte el monasterio de San Zoylo sito en él, en la iglesia Parroquial de San Andrés, toma ésta el mismo nombre del citado Barrio de los Sederos”. Nobles mozárabes de origen visigodo se denominan “SServant”. Y de dicho nombre derivan, años después, los apellidos “Çervantes” = “hijos de Servant”. Estos vivieron en el barrio de los Sederos en Córdoba y en Terruñuelos, afueras de la ciudad en el Norte; pero también junto a la Mezquita mayor. Los documentos de los “SServants” más antiguos se encuentran en Córdoba ya en el año 1313 y siguientes.

Veamos los nombres de los antepasados de los Cervantes cordobeses. Córdoba, 23 de agosto de 1313: “Don Rodrigo Sservant e nieto de don Sservant, vecino de la collación de Santa María de Córdoba (…), linde con casas de don Sservant mi abuelo”.[7] Se trata de un mozárabe de origen hispano-visigodo, no usan estos nombres propios los de origen hispano-romano.

De hecho, este historiador de la Real Academia de la Historia, de la ciudad de Córdoba, ha defendido -en su estudio documentado- que existe otro documento donde Miguel de Cervantes afirma ser natural de Córdoba. En realidad, se corrobora en dos ocasiones, lo cual le hace afirmar a J. Ftzmaurice-Kelly, que “tiene fuerza a favor de las pretensiones de Córdoba”. Se trata, en el primer documento, fechado en Sevilla el 4 de junio de 1593, de Miguel de Cervantes, que aparece descrito como un “criado que dixo ser de su Majestad y ser vezino de Madrid, y natural de Córdoba”. Y en otro documento, seis días posterior, fechado el 10 de junio del año 1593, asimismo en Sevilla, se reitera: “Miguel de Cervantes Saavedra, criado del Rey nuestro señor, e vezino de la villa de Madrid, y natural de la ciudad de Córdoba”. Según él, fue bautizado en la iglesia de San Miguel, un año o dos después de la partida de Alcalá. (El acta bautismal de Córdoba no existe hoy día, aunque quedan referencias a ella en otros documentos). Siempre nos referimos al bautismo, dado que no existen hasta la época de Napoleón “Partidas de nacimiento”.

Volvamos a retomar lo de sus ancestros, llamados “Çerbant”, como nombre; que vivían en un barrio donde todos eran “mozárabes”. A partir del abuelo, el apellido “Cervantes”, derivado del nombre, era literalmente “Çerbantes”, que debería ser “Çerbantez” -según la normativa general-, pero la fonética andaluza convierte la -z en -s. Ya el mismo Rodríguez Marín -como dejé señalado más arriba- había reproducido un par de documentos, sobre el padre y sobre su abuelo, don Juan de Cervantes, que fallece y es enterrado en su ciudad de Córdoba, de donde eran originarios.[8]

Sabemos, por otro lado, que el 10 de julio de 1551 Juan de Cervantes fue propuesto para que se le nombrase letrado de Córdoba[9]; y de hecho fuenombrado el 4 de diciembre de 1551[10]Se le recibió formalmente cinco días más tarde; y su nombre aparece frecuentemente en los Archivos de Córdoba, los años 1552-1555. Muere el 11 de marzo de 1556.[11](Constatamos cómo Miguel siempre firmó con “b”: Miguel de Cerbantes; en ocasiones “Çerbantes”). Habrá que tener en cuenta, ciertamente, su posible, e incluso probable, origen cordobés, y su condición de mozárabe. Acaso explique ciertos “enigmas” todavía sin descifrar, como por ejemplo el que su amo, cruel argelino renegado, le haya perdonado sus reiterados intentos de fuga.

3.4. Siguen los Çervan/Çervant /Sservant [todavía “nombres”] en la Córdoba del siglo XV

Rodríguez Marín y Adamuz Montilla habían desvelado ciertas raíces de los Saavedra en Córdoba. Ahora Miguel Muñoz nos entrega documentación inédita, que no puede menos de dar origen a nuevos argumentos que hay que tener en cuenta a la hora de las afirmaciones biográficas documentadas.

Diego de Çerban (Córdoba, 28-2-1480), Pedro Çerban (Córdoba, 16-3-1480), Gonzalo Çerban y Bartolomé de Çerbantes (Ibidem)[12] demuestran que ya a finales del siglo XV se creó el apellido “de Çerbantes”. Por vez primera nos encontramos con un “hijo de Sserbant” en Córdoba, coexistiendo con el nombre “Çerban” -a veces suprimen la “t” final-, antecesores, sin duda, del genial escritor, creador de El Quijote. Otro documento cordobés del mismo año 1480 recoge un nuevo nombre y apellido: Gonzalo de Cervantes, nieto del anterior Bartolomé, que se traslada de Córdoba a otro lugar, como sedero: Probablemente a León o Cordobilla del Pisuerga (Palencia), donde se traficaba con la seda entonces, al emigrar muchos sederos por causa de la epidemia andaluza. Esto acabó produciendo una gran escasez del gusano de seda en toda Andalucía, y en la ciudad cordobesa, de modo especial, que pasó a ser de gran productora de gusanos de seda y la elaboración de este producto, a dar un bajón enorme, al resentirse de la salida de multitud de vecinos a otras ciudades del reino.

Es entonces cuando la Reina doña Juana, hija de los Reyes Católicos, otorga, en una “Pragmática”, que quienes se trasladasen a habitar a Córdoba -dada la despoblación a causa de la penuria que padecía de gusanos de seda, de donde surgía una de las industrias atractivas-les serían otorgados ciertos privilegios y “excepciones de cargas fiscales”.[13]

3.5. Después de un tiempo fuera, regresan los “Cervantes” a Córdoba en la segunda parte del siglo XVI

He aquí la razón por la que Gonzalo de Cervantes y su familia, regresan a Córdoba, en torno a este año de la pragmática, y se aposentan en el barrio de las “Azonaicas”.[14] En Córdoba las susodichas “azonaicas” y su barrio, comprendían las actuales collaciones de San Miguel, Santo Domingo de Silos y San Salvador, que seguían denominándose “Barrio de las Azonaicas”. Pues bien, con Gonzalo Cervantes viene su hermano Juan de Cervantes, que alcanzaría después la Licencia en Cánones. Ambos eran hijos de Rodrigo de Cervantes, y nietos de Bartolomé de Cervantes, el fabricante de tela de seda: ¡El primero que, de esta familia, dio el pasó del nombre al apellido “Cerbantes”! Van llegando estas familias entre los años 1553 a 1570.[15]

Un Gonzalo de Cervantes[16], hijo del anteriormente señalado, será el primero que añada un segundo apellido: Saavedra. De él lo va tomar preciamente Miguel de Cervantes Saavedra, a partir de la primera Parte de El ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha (Madrid, 1605). Todavía en La Galatea(Alcalá, 1585) figura como “Compuesta por Miguel de Cervantes” únicamente.

El citado Juan de Cervantes, abuelo de Miguel de Cervantes Saavedra, tomó por esposa a doña Leonor Fernández de Torreblanca. Tuvieron cinco hijos. Sólo se encuentran en los documentos cordobeses Alexo de Cervantes y Rodrigo de Cervantes, el padre de nuestro escritor. De los otros tres las noticias están fuera de Córdoba. Andrés, por ejemplo, nace el 13 de mayo de 1533. Su padre Juan de Cervantes residía en Guadalajara en 1528: Era Oidor en el Consejo del Duque del Infantado. Martín de Mendoza, bastardo del Duque, Arcediano de Guadalajara y de Talavera, tiene una hija con María de Cervantes, la otra hija de Juan. Mientras, el hermano de María, Alexo de Cervantes vivía en Córdoba, en la calle principal del barrio de las Azonaicas[17]. Allí se hospeda su hermano Rodrigo de Cervantes, cuando llega a Córdoba desde Valladolid, ciudad en que tuvo pleitos que le llevaron a la cárcel, de donde logró librarlo su esposa doña Leonor Cortinas: Ella y su primer hijo Andrés se aposentaban en casa de su hermano Alexo. Afirmación importante: Los padres de Miguel de Cervantes viven en Córdoba, al menos este par de años: 1548-1549.

3.6. El padre de Miguel de Cervantes, Rodrigo, ante el Procurador de cautivos de la Merced de Córdoba (26.1.1580)

Existe, en el Archivo de la Universidad de los Clérigos de Córdoba, actualmente en la Iglesia parroquial de San Pedro de Córdoba, una nota que nos hace saber que “ los fondos históricos pertenecientes al Convento de la Merced de Córdoba, antiguo Monasterio de Santa Olalla, y primeramente Monasterio mozárabe de origen visigodo hispano-romano, 27 años después de la exclaustración de Mendizábal (1863), se repartieron entre el Archivo de Hacienda Provincial y el Archivo del Convento de San Francisco, en Córdoba”. En dicho Archivo de San Francisco, donde se halla también lo referente a los Jurados de Córdoba, se halla un documento del P. Procurador[18] (que no Prior, como transcribe M. Muñoz, cargo inexistente en la Merced de Andalucía y Castilla) del convento de la Merced de Córdoba. Dice así: “En el día de hoy, 26 de enero del año de 1580, recibimos declaración de Rodrigo de Cervantes y de su hijo Miguel de Cervantes, por la que, efectuada por Rodrigo de Cervantes en dicha fecha, hace constar que, en 1580 tiene su citado hijo Miguel 31 años; y en declaración del referido Miguel de Cervantes, que, en este mismo año de 1580, tiene cumplidos 32 años. Lo que fue notificado a los Padres Mercedarios, que siguen con el propósito de liberarlo de la prisión de Argel, y a otros compañeros. Córdoba, 26 de enero de 1580. El procurador del Convento de la Merced en Córdoba Fray Alonso Ruiz de los Moroz”[19].

Por cierto que este documento no lo conoce el recopilador de Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra, K. Sliwa, ya citado[20]. Tomadas a la letra estas declaraciones de edad, se deduce que Miguel de Cervantes debió de nacer en los años en que se documentan sus padres residiendo en Córdoba. Lo que postularía su nacimiento en Córdoba, el año 1548/9.

3.7. Declaración personal de Miguel de Cervantes afirmando ser natural de Córdoba (4 y 10 de junio de 1593)

Si bien es cierto que en dos o tres momentos, siendo testigo, Miguel de Cervantes firmó como “natural de Alcalá de Henares”. Su interés era servir a un amigo suyo. Aquí cabía la imprecisión.

Pero, en una muy precisa ocasión, tratándose de un Proceso de Tomás Gutiérrez contra la Cofradía y Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario de la Catedral de Sevilla, Miguel, ya maduro y sensato, declara oficialmente y firma, los días 4 y 10 de junio de 1593 “ser vesino de la villa de Madrid y natural de la ciudad de Córdoba”. Importante escrito, hallado por don Adolfo Rodríguez Jurado, y publicado, por vez primera, por él mismo. Esta declaración es de gran interés, pues en ella Miguel de Cervantes se enfrentaba a la Iglesia y a la Inquisición, y su declaración debía ser precisa y verídica. Además, ya había sido encarcelado tres veces, y estaba escarmentado de sus veleidades.

3.8. Posibilidad de su bautizo en San Miguel de Córdoba (1548/9). Dudas fundadas de la partida bautismal de Alcalá (9.10.1547)

Ya hemos visto cómo 1548/9 son los años en que sus padres viven en Córdoba. También se nos descubrió su hasta hace poco inédita declaración, todavía ignorada, en general, por los cervantistas. No es vana tampoco la consideración de que, no llevando el nombre de Miguel ninguno de sus antepasados, ni existiendo parroquia alguna de San Miguel en Alcalá, se le haya puesto el nombre de Miguel. Y lo ya afirmado de que el nombre de “Miguel” no se lee, sino una sencilla “m con un . y una tilde superior”. Al no figurar el apellido de la madre, ¿es obligado leer en dichos rasgos “Miguel”? Pudiera ser “Manuel”, por ejemplo. Y el padre Rodrigo de Çarvantes” (sic) no es exactamente “Cervantes”; y su mujer doña Leonor ¿es “doña Leonor Cortinas”? Porque no se deducía claramente que se tratase de la Partida bautismal del autor de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, es añadido más tarde, con letra muy distinta, como puede comprobarse en la Partida adjunta a este trabajo y fuera de la vertical de las líneas, en el lado opuesto, el nombre “Miguel”: Y eso es, ciertamente, muy sospechoso.

En Córdoba existe una parroquia de San Miguel, desde el año 1238. A ella pertenecía parte de la feligresía del Barrio de las Azonaicas, donde residieron sus padres, Rodrigo de Cervantes y doña Leonor Cortinas, con su hijo Andrés los años 1548-1549. Suponemos que es la probable fecha del nacimiento del hijo Miguel. De haber venido al mundo el año 1548, ese año fue el jueves, 29 de septiembre. Posiblemente le bautizaron en la iglesia de San Miguel de Córdoba. Pero no existe el Libro de bautizos de esos años. Si nació en Córdoba, sin duda allí sería bautizado[21].

4. La familia Cervantes se traslada de Alcalá a Valladolid (marzo de 1551), y Rodrigo vuelve a Córdoba, probablemente con Miguel (1553)

Estamos ante una familia andariega, amante de cambio de ciudades: Córdoba, Alcalá, Valladolid ahora, “haciendo borrón y cuenta nueva del pasado” (Canavaggio). A primeros de abril se encuentra ya en la ciudad del Pisuerga, Corte de un Carlos V ausente desde hacía tres años. Gobiernan su hija, la regente doña María y su yerno Maximiliano. ¿Era Rodrigo de Cervantes un aventurero? ¿Buscaba experiencias nuevas? Tenía Valladolid 35.000 habitantes, y era próspera, como indican los romances: “En Valladolid, la rica…”. El destino les va a ser adverso, también aquí. En noviembre, Rodrigo solicita un “préstamo” de 40.000 maravedís para satisfacer la deuda contraída con un acreedor, llamado Gregorio Romano, usurero. Al no poder cumplir el plazo breve de la entrega, es encarcelado el 2 de julio de 1552. Le embargan, además, sus bienes. El abuelo paterno de Rodrigo, como sabemos, tenía descendencia en Córdoba. Pero no llegan ayudas financieras. Dice Canavaggio, muy significativamente, en este momento oscuro de su vida: “Su silencio sobre sus orígenes cordobeses, su negativa a indicar el propio oficio, esbozan una penumbra que turba al historiador”[22].

Los Cervantes tienden a vivir varios años alejados de sus esposas. Le pasó a Juan de Cervantes con Leonor de Torreblanca; le pasó a Rodrigo Cervantes (padre) con Leonor Cortinas, en sus largas ausencias de cárceles, y desplazamientos, por insolvente; más tarde le va a pasar a Miguel de Cervantes con su esposa de Esquivias, Catalina de Palacio. Vuelve a insistir Canavaggio: “Nos gustaría saber cómo fueron los reencuentros del licenciado y su hijo. Si Leonor de Torreblanca (que terminará sus días en Córdoba) hizo también el viaje, Juan de Cervantes, rodeado de los cuidados de su gobernanta, apenas habrá apreciado la reaparición de una esposa de la que se hallaba separado hacía tanto tiempo[23]”. Rodrigo, en el otoño, abandona Valladolid, y la familia, y se pone en camino a Córdoba. Gracias a Astrana Marín sabemos que el 30 de octubre de 1553 estaba en la ciudad originaria de Córdoba. Y Leonor de Cortinas, su esposa, se hallaba, en varias ocasiones, en Alcalá con algunos de sus hijos. No sabemos si Miguel, muy joven, estaba con ella.

Es casi seguro que el último hijo del “cirujano” Rodrigo, Juan como el abuelo, nació en Córdoba, hacia 1554. Recuerda, oportunamente, Canavaggio -a quien sigo, en esta etapa cervantina-que “orgullosa de su pasado glorioso, Córdoba, que vio nacer a Séneca, y cuya célebre mezquita todavía recuerda que fue capital de la España musulmana, se encontraba demasiado lejos de Sevilla para ejercer una influencia directa sobre sus actividades”[24]. La gente cordobesa emigró a Málaga, a Granada y a América. Tenía, con todo, en estas fechas 50.000 habitantes. Pasa Rodrigo en Córdoba varios años “en la cuna de sus antepasados”. Muy probablemente le acompaña ahora Miguel. Allí descubre la escuela, el teatro y la picaresca. A sus 6/7 años, Miguel aprende a leer en la Academia de un pariente suyo, Alonso de Vieras. Pudo incluso haber frecuentado el Colegio de Santa Catalina. Sus biógrafos dan todo ello por muy probable. ¿Contempló el teatro de Lope de Rueda, que pasa por Córdoba en 1556? Córdoba era ciudad donde proliferaban los “pícaros”, mozos de cuerda y marmitones. Mendicidad lícita, que llena de inquietudes al pueblo. En La ilustre fregona, Cervantes va a tener de esos marginales o parásitos una presencia consciente.

Fallece, el 11-3-1556 el Licenciado Cervantes, alcanzada la edad excepcional de más de 80 años. Al año siguiente muere su esposa, Leonor de Torreblanca, después de vender un esclavo suyo. Los esposos no debieron de reconciliarse, según se deduce de los testamentos. Y “perdemos el rastro, durante 7 años, de Rodrigo Cervantes. ¿Se reunió, en Cabra, con su hermano Andrés? ¿Estuvo con él Miguel, a ese feudo del Duque de Sessa? Desde luego, le protegerá en Lepanto. Es la época en que se retira a Yuste Carlos I/V, después de reinar más de 40 años. Fallece un par de años después, seguramente de “fiebres tifoideas”. Su hijo, Felipe II recibirá un reino más centrado en el Mediterráneo. Castilla dominará, desde la corte de la Villa de Madrid. Se casa con Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia. El Escorial se empezará a fabricar en 1563, lugar nuclear del reinado inmenso de Felipe II.

5. Residencia de Rodrigo Cervantes en Sevilla, estancia en Córdoba, y Madrid (1564 – 1568): Le acompañó Miguel a la Corte.

El 30 de octubre de 1564 Sevilla es la residencia de Rodrigo, en San Miguel, barrio popular. Le acompaña Andrea. Pero no nos consta que la familia, incluida Leonor, su esposa, y Miguel, su hijo, haya residido en Sevilla. De ser cierto, Miguel habrá proseguido allí los estudios iniciados en Córdoba. Dirá, en labios de su personaje de ficción: “Desde muchacho fui aficionado a la carátula, y en mocedad se me iban los ojos tras la farándula”. También confiesa haberse acordado, al final de su vida, de haber visto representar a Lope de Rueda, a quien tenía por uno de los grandes comediógrafos del momento. Era nacido en Sevilla, como es bien sabido. ¿Dónde lo vio actuar Miguel? ¿En Sevilla? ¿En Alcalá? ¿En Madrid? Lo importante es su afirmación.

Se sabe que Rodrigo acude al Carmelo de la Concepción en Alcalá, para la profesión de Loisa, en febrero de1566. De Miguel se descubre una juvenil composición poética, cuando tenía 20 años: ¡La primera creación conocida! Se debe a Foulché-Delbosc[25]. A la muerte de Isabel de Valois escribe un soneto y diez quintillas, y una elegía[26] al cardenal Don Diego de Espinosa, en 65 tercetos (3-10-1568), que recoge su maestro madrileño López de Hoyos[27], quien llama a Miguel de Cervantes “mi amado discípulo”. He aquí el soneto, como muestra de su digna manera de poetizar, ya de joven, sin que llegue a las cimas de Lope, Tirso y Calderón, ni Mira de Amescua:

Aquí el valor de la española tierra,
aquí la flor de la francesa gente,
aquí quien encontró lo diferente,
de oliva coronando aquella guerra;
aquí en pequeño espacio veis se encierra
nuestro claro lucero de occidente;
aquí yace encerrada la excelente
causa que nuestro bien todo destierra.
Mirad quién es el mundo y su pujanza,
y cómo de la más alegre vida
la muerte lleva siempre la victoria.
También mirad la bienaventuranza
que goza nuestra Reina esclarecida
en el eterno reino de la gloria.

En una escritura de donación (9 de junio de 1568) aparecen miembros de la familia Cervantes en Madrid, residentes hacía ya algún tiempo[28]. Al menos Andrea de Cervantes y su padre Rodrigo de Cervantes residen en la Villa y Corte[29]. Madrid, reciente corte con Felipe II, contaba, por las fechas en que aparece Rodrigo de Cervantes, con unos 35.000 habitantes, que irán en aumento, a medida que las “casas a la malicia” vayan desapareciendo. A finales del siglo XVI tenía como expansión de la familia real, la “Casa de Campo”, existente hoy día, una red de calles tortuosas, en general sucias, con su “agua va” por las noches, sus farolas cuya luz mortecina caía sobre una pavimentación terrera, y un río, el más pequeño entre las ciudades principales de España (Sevilla, Córdoba, Valladolid, Salamanca, Tordesillas, etc.), y objeto de burlas y vejámenes entre los poetas de la época. Había 14 iglesias parroquiales. ¿Dónde se instaló la familia Cervantes? No existen datos al respecto.

Por un acta notarial, sabemos que el 2-12-1566 ya residía la familia en Madrid: Rodrigo Cervantes otorga un nuevo poder a Leonor Cortinas, durante el tiempo de la “liquidación de la sucesión de doña Elvira”. Dos semanas más tarde, su esposa Leonor vende una viña, sita en Arganda, por 7.000 maravedís, la cual figuraba en dicha sucesión. Ciertamente que los recursos del “zurujano” no eran muchos. Debió de abandonar el oficio y dedicarse a otro. Gracias a las herencias de Leonor Cortinas, Rodrigo pudo hacer algún préstamo, como el que se documenta a un tal Pedro Sánchez de Córdoba, de 800 ducados. No es improbable que se haya dedicado a hospedar gente, según se deduce de algunos documentos notariales. Ciertos italianos, con quienes se relaciona Andrea y Rodrigo Cervantes, como el genovés Francesco Locadelo, que, el 9-6-1569- concede a Andrea , “en agradecimiento a los cuidados recibidos de Rodrigo y de su hija”, una no despreciable donación. Ella se convirtió en enfermera. Andrea ya podría contraer matrimonio de manera honorable. Nace en 1567 la infanta Catalina Micaela, y este fausto acontecimiento regio se celebra solemnemente. Getino es el encargado de organizar los festejos. Entre los poemas, para medallones ornamentales, figura el segundo soneto conocido del joven Miguel de Cervantes: “Serenísima reina en quien se halla / lo que Dios pudo dar al ser humano…” De nuevo vemos a Cervantes, como poeta, digno tan sólo, no genial. Escribe otro soneto -se ve que empezó por este género de composición poética de 14 versos, añadiéndole en el de Sevilla, al túmulo de Felipe II, un “estrambote”- a López Maldonado, editado en el Cancionero de 1586. Lo reproduzco por no ser muy conocido:

El casto ardor de una amorosa llama,
un sabio pecho a su rigor sujeto,
un desdén sacudido y un afeto
blando, que el alma en dulce fuego inflama;
el bien y el mal a que convida y llama
de amor la fuerza y poderoso efeto,
eternamente en son claro y perfeto
con estas rimas cantará la fama,
llevando el nombre único y famoso
vuestro, felice López Maldonado,
del moreno etiope al cita blanco;
y hará que en balde del laurel honroso
espere alguno verse coronado,
si no os imita y tiene por su blanco.
[30]

López de Hoyos era Vicario de la parroquia de San Andrés, y el 12-1-1568 es nombrado, por concurso, Rector del “Estudio de la Villa”, un colegio municipal, que se remontaba ya a los Reyes Católicos. Los Jesuitas le hicieron gran competencia, y casi desaparece. Pero López de Hoyos, elegido por un tribunal de profesores de la Universidad de Alcalá, y, con la protección del Cardenal Espinosa, inaugura su apertura magisterial en enero de dicho año. Se preguntan todos sus biógrafos cómo llega a ser su alumno Miguel de Cervantes. Supuesta -según dejamos señalado-su formación anterior cordobesa, y acaso alcalaína, y sevillana, con sus flamantes 20 años, Miguel creó amistad con este Vicario-escritor. Muy poco, con todo durará su discipulado: Menos de un año. Abandonó Madrid antes de que sus cuatro poemas, escritos para la Relación de las exequias de la Reina, a sus 23 años (1568), hubieran salido de los tórculos.

6. Miguel huye de Madrid (septiembre de 1569) a Roma

Empieza, inesperadamente, el exilio de Miguel y el desgaje de sus padres y familiares. Su libertad en entredicho, Miguel debió de sentirse ya encadenado a sus 20 años. Los cervantistas ocultaron, durante muchos años, un documento hallado en el Archivo de Simancas (Valladolid), referente a una provisión real que ordenaba al alguacil Juan de Medina la prisión de un estudiante acusado de haber herido en duelo a un tal Antonio de Sigura, maestro de obras, posiblemente iletrado. El culpable huye a Sevilla, y es condenado por rebeldía a que le corten públicamente la mano derecha, y a ser desterrado, por 10 años, del Reino. Su nombre era Miguel de Cervantes. El documento está fechado a 15 de septiembre de 1569. Mientras no se demuestre la existencia entonces de un homónimo suyo, tendremos que afirmar que se trata de nuestro ilustre personaje. No existe ninguna dificultad cronológica que impida identificarlo.

Es la comedia cervantina El gallardo Español, dedicada al Conde de Lemos, y fechada hacia 1581, la más antigua seguramente de tema morisco, en relación con su viaje a Orán, misión encomendada estando Felipe II en Portugal, de “la que constan las cédulas de pago”. En ella se mezcla lo autobiográfico, al parecer, con la fantasía. El protagonista es don Fernando de Saavedra -que tiene algo de Cervantes e incluso de Don Quixote-, y Margarita, vestida de hombre, identificándose con don Fernando de Saavedra, declama estos versos, que muy bien pudieran ser una reminiscencia autobiográfica de Cervantes:

Quedé, si mal no me acuerdo,
en una mala respuesta,
que dio mi bizarro hermano
a un Caballero de prendas.
El qual, por satisfacerme,
muy mal herido le dexa:
Ausentose, y fuese a Italia,
según después tuve nuevas
[31].

Ciertamente que no es prueba fehaciente una cita literaria; pero, puesto que -en esta obra primeriza de Cervantes hay bastantes elementos autobiográficos-viene a ser como un indicio confirmatorio del documento, que, con gran probabilidad se refiere a él, y así lo reconocen los mejores especialistas imparciales de Cervantes. ¿Cómo explicar, si no, su ida a Roma, a esa edad, y que le acoja como camarero el cardenal Acquaviva? De hecho, Monseñor Julio Acquaviva, hijo del Duque de Atri, era un año mayor que Miguel. Una vez allí, es más fácil que alguien le haya introducido ante este monseñor, a dos pasos de ser revestido de la púrpura de cardenal.

El mismo Cervantes afirma el hecho en la dedicatoria de la Galateaal abate (más tarde cardenal) Ascanio Colonna, Abad de Santa Sofía, diciendo, entre otras razones: “Y, si por esto no lo mereciese, merézcalo, a lo menos, por haber seguido algunos años las vencedoras banderas de aquel sol de la milicia, que ayer nos quitó el cielo delante de los ojos, pero no de la memoria de aquellos que procuran tenerla de cosas dignas della, que fue el excellentíssimo padre de V.S. Illustríssima. Juntando a esto el effecto de reverencia que hacían en mi ánimo las cosas que, como en profecía, oí muchas veces decir de V.S. Illustríssima al cardenal de Acquaviva, siendo yo su camarero en Roma”[32]. En realidad Acquaviva no era todavía cardenal cuando llega a Roma Cervantes, pero se hablaba ya de su promoción cardenalicia. Lo será, de hecho, a partir del 15 de mayo de 1570.

Cervantes, fue, pues criado de un jerarca eclesiástico, llamémosle, más bien, “ayudante de cámara”. Y esto no le ilusionó demasiado al joven Miguel. Una vez más, citemos un par de afirmaciones suyas, tomadas de dos de sus obras: “Sepa el señor Licenciado Vidriera que un gran personaje de la Corte le quiere ver y envía por él. A lo cual respondió: Vuesa merced me excuse con ese señor, que yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear[33]. Y es bien conocido su “elogio de la libertad”, justamente en su gran obra de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha: en él resuena su hermoso grito liberador, expresivo en sí mismo: “¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!”.

7. La aventura de Lepanto: enfermo de malaria, es herido y pierde el juego de la mano izquierda

Los turcos, después del fracaso de Oran y Malta (1564-1565), suspenden las expediciones navales de riesgo. Pero, con Selím II -que sucede a Solimán el Magnífico-se dirigen a las posesiones venecianas del Mediterráneo oriental.

Cervantes, que abandona al cardenal, después de ciertos meses a su servicio, al enterarse de la Liga contra los Turco, se hizo soldado -que no marino: en las galeras no se confundía nunca al marinero con el soldado; y Miguel nunca dijo que haya sido marino, sino soldado-, y lo fue en el Tercio de Nápoles. Al año siguiente se le une su hermano Rodrigo a la batalla de Lepanto. Formaban la Liga el Papa, de origen dominico, Pío V, la Señoría de Venecia y el Rey de España. Se publica y organiza el 20 de mayo de 1571. Don Juan de Austria, hermano de Felipe II, fue nombrado Generalísimo de las tropas, que salieron en julio del puerto de Barcelona con 37 galeras el 20 de julio abandonan España. Llegan el 8 de agosto a Nápoles. Iban a bordo entusiastas, alistados en España: Pedro Laynez, L. Maldonado, amigos de Cervantes, y otros escritores como Rey de Artieda, Cristóbal de Virués. Su hermano Rodrigo se unió en Italia, pero algo más tarde, al desembarcar allá en julio de 1571, con la compañía de Diego de Urbina. A sus órdenes estarán combatiendo en Lepanto los hermanos Cervantes. Antes de unírsele Rodrigo, Miguel habría vivido en Italia 18 meses largos. En total se juntan en Sicilia 208 galeras, 57 fragatas, más de 300 navíos, yendo a bordo 80.000 hombres. Las galeras venecianas no estaban en buen estado. Don Pedro Portocarrero está vinculado con la familia Cervantes, y sus dos hijos en Madrid se relacionan con las hermanas Cervantes, Andrea y Magdalena, la más joven.

La “Marquesa” iba a las órdenes de Francisco de San Pedro, y empieza la batalla de Lepanto el día 7 de octubre. Miguel, con fiebre, abandona su yacija y busca un lugar en primera fila. Hay -como es previsible-escenas de pánico, muerte, naufragio, destrucción, arden barcos. Las aguas del golfo “se tiñen de sangre humana”. F. De San Pedro manda a Miguel que se retire, pues enfermo como estaba y con fiebre, poco podía combatir, pero él exclama: “¡Qué se diría de mí! He servido siempre muy bien a su Majestad; y así, ahora, no seré menos, aunque esté enfermo y con calenturas. ¡Más vale pelear en servicio de Dios y de Su Majestad y morir por ellos, que bajarme so cubierta!”. Nadie puede dudar del valor de Cervantes. “La batalla fue en este punto tan sangrienta y horrible, según un testigo ocular, que se hubiera dicho que el mar y el fuego no eran sino uno”. Las pérdidas de La Marquesafueron 40 muertos, incluido el capitán, Francesco de Sancto Pietro, y más de 120 heridos. Cervantes recibe tres disparos de arcabuz: Le alcanzaron pecho los dos primeros, y el último inutilizó su mano izquierda. El ve, en una galera cristiana, clavada en una pica la cabeza de Alí Bajá. Cervantes, entre sangre propia de su pecho y su mano, alienta a sus arcabuceros. Los testigos serán unánimes en el elogio a su valor. Pero mejor será escucharlo de sí propio en tercetos rememorativos, que nos desvelan su sano orgullo por haber luchado en Lepanto:

Helóseles la sangre que tenían,
cuando en el son de la trompeta nuestra,
su daño y nuestra gloria conocían.
Con alta voz de vencedora muestra,
rompiendo el aire claro, el sol mostraba
ser vencedora la cristiana diestra.
A esta dulce sazón, yo, triste, estaba
con la una mano de la espada asida,
y sangre de la otra derramaba.

El pecho mío de profunda herida
sentía llagado, y la siniestra mano
estaba por mil partes ya rompida.
Pero el contento fue tan soberano,
que a mi alma llegó, viendo vencido
el crudo pueblo infiel por el cristiano,
que no echaba de ver si estaba herido,
aunque era tan mortal mi sentimiento,
que, a veces, me quitó todo el sentido:
y en mi propia cabeza el escarmiento
no me pudo estorbar que el segundo año
no me pusiese a discreción del viento.

Valor mostramos al principio y brío,
pero después, con la experiencia amarga,
conocimos ser todo desvarío.
Sentí de ajeno yugo la gran carga,
y en las manos sacrílegas malditas
dos años ha que mi dolor se alarga…
[34]

Como vemos, el terceto final ya conecta con su “cautiverio” bajo sus terribles jefes en Argel, sin cerrar todavía sus llagas de Lepanto. Por cierto que su “manquedad” no significó que haya perdido un brazo -acepción primera del vocablo-, sino lo que él afirma: perdió el juego y movimiento de la mano izquierda, sin sufrir mutilación ninguna. Miguel -pura libertad en acción- parece haber nacido para vivir encadenado. Es un aspecto de su vida que me llama mucho la atención, y a él me acerco con sensibilidad que intenta desvelar la pura verdad documentada.

8. Cinco años de dura cautividad en Argel (26.9.1575 – 19.9.1580)

Cervantes quedó herido gravemente. Ayudado por su hermano Rodrigo -que estuvo como él en Lepanto, pero salió ileso- y por los médicos, el 31 de octubre de 1571 Miguel se interna en el hospital de Mesina con otros muchos heridos. Convaleciente durante varios meses. Podemos afirmar únicamente que, entre enero y marzo de 1572, recibe, como sus compañeros convalecientes, por tres veces, una ayuda de 20 ducados, para pagar sus curas. Después de 6 meses hospitalizado, el 24 de abril, curado de sus heridas del pecho, puede abandonar el hospital, si así podemos llamarle. Le queda como secuela el no poder utilizar su mano izquierda. Se reincorpora al servicio como soldado, acaso con un sueldo mensual de 3 ducados. Pronto pasará a las órdenes del capitán Manuel Ponce de León, del tercio de López de Figueroa. La “Santa Liga” pierde a su inspirador, el Papa Pío V, fallecido el 1 de mayo (tenía 68 años). Gregorio XIII no logrará aunar voluntades. Cervantes figura entre quienes, a las órdenes de Marco Antonio Colonna, abandona Mesina, con las 150 galeras que salen de Mesina, pues así lo determinó Felipe II. Era el 7 de julio de 1572. El 1 de septiembre las dos escuadras aliadas se dirigen a Modón, suroeste de la península, no lejos de Navarino, ya sin plan preciso.

En el aniversario de la batalla gloriosa, don Álvaro de Bazán logra apoderarse de La Loba de la Presa, mandada por el nieto de Barbarroja. Mientras los dirigentes de las acciones militares por mar contra los turcos organizan su acción, con opiniones contrapuestas, Cervantes vuelve a embarcarse con Figueroa. Y en Nápoles recibe 60 escudos de paga (febrero-marzo de 1574). Cervantes debió de enterarse que Acquaviva había muerto a finales de julio: ¡Tenía tan sólo 26 años! Resumiendo mucho esta etapa, diré que Miguel estuvo en Túnez y en La Goleta. Fallece también Portocarrero, de pena, prisionero de los Turcos, en un viaje a Constantinopla. Cervantes pasa en Sicilia el otoño y el 15 de noviembre está en Palermo. Desde allí se va a Nápoles junto a su hermano Rodrigo. En El viaje del Parnaso, La Galatea, Las Novelas ejemplares y El Persiles y Sigismunda, dejó el escritor mucha experiencia vivida en Italia. Pero se junta la fantasía, como es normal, a la realidad, sin sernos fácil delimitar campos. Roma y Nápoles dejaron mucho poso intelectual y artístico en la sensibilidad a flor de piel de Miguel de Cervantes.

En este final de su vida de soldado, recibe noticias de su familia: Sus padres carecen de dinero. Andrea y Magdalena siguen con sus relaciones poco ejemplares con los hijos del malaventurado Gobernador de La Goleta, Alonso y Pedro Portocarrero. Ellos se ven insolventes para pagar deudas y compromisos. Miguel toma la decisión de regresar a España, después de obtener de don Juan y del Duque de Sessa cartas de recomendación, apoyando su “hoja de servicios”. ¿Está sobreseída su condena por las heridas causadas a aquel Sigura el año 1568? Juzgaría que sus 7 años de exilio y las acciones heroicas habrían de anular cualquier castigo. De hecho, no se volverá a sacar a cuento esa condena.

A primeros de septiembre, con su hermano Rodrigo y algunos amigos, se embarca en la galera El Sol, mandada por Gaspar Pedro de Villena, rumbo a Barcelona.

La mala suerte vuelve a ensañarse con los Cervantes: Mientras tres de las galeras, dispersas por una tempestad, al cabo de tres días llegan a puerto felizmente, El Sol es atacada por unos corsarios berberiscos y todos sus pasajeros son llevados cautivos a la ciudad de Argel. El que mandaba a los corsarios era un renegado albanés, Arnaut Mamí. Los españoles hacen resistencia varias horas, pero perece el capitán con un buen grupo, y los demás tienen que rendirse, atados de pies y manos, son llevados a los navíos berberiscos. Al aparecer el resto de la flotilla cristiana, ellos huyen apresuradamente. Sólo 3 días les llevó llegar a Argel a las galeras de Arnaut Mamí.

Los hermanos Cervantes son llevados al mercado de cautivos, pero los entregan a otro amo, Dalí Mamí, quien tenía por apodo “El Cojo”. Fue un privilegio, sin duda, al descubrirle a Miguel las cartas prestigiosas de recomendación[35]. Cree tener en sus manos a un personaje muy importante, y va a solicitar por él 500 ducados en oro. ¿Cómo vivió Cervantes esta experiencia en su interior, en su sensibilidad? Esto sería lo que más nos interesaría saber. Documentación externa tenemos suficiente sobre esta etapa de cautividad, que para Miguel duraría 5 largos años, mientras sólo un par de ellos para su hermano Rodrigo, redimido por los Mercedarios de Valencia. En el Cautivo, relato, sin duda muy autobiográfico, incrustado en su Quixote nos deja entrever detalles íntimos[36].

Todos eran maltratados, encadenados y apaleados, a veces; pero también gozaban de cierta libertad de movimiento, e incluso les permitían, cuando había presbítero, celebrar la eucaristía. Cuanto más humildes de condición, peor tratados eran. Naturalmente que los de cierta condición social eran objeto de transacciones y especulaciones, cuando venían los redentores a rescatarlos. A Cervantes cautivo más que su situación le impresionaba el trato que recibían otros, condenados a una muerte, a todas luces, injusta y reveladora de la crueldad de aquellos amos suyos sin entrañas. Insiste, en El cautivo, sobre la actuación de su dueño: “Cada día ahorcaba el suyo, empalaba a éste, desorejaba a aquél; y esto, por tan poca ocasión, y tan sin ella, que los turcos conocían que lo hacía no más de por hacerlo, y por ser natural condición suya ser homicida de todo el género humano”[37].

Miguel, durante los primeros meses de cautividad, gozó de cierta libertad controlada, aunque estuvo confinado en el baño, se supone que habrá logrado licencia para ir y venir por la ciudad de aquel Argel, tan variopinto, y lleno de gentes de usos y costumbres que le resultaban novedosos y extraños. Cervantes no pudo menos de interesarse por el tipo de organismos socio-políticos: La misma organización de un Bajá, delegado del Sultán, asistido por los Consejeros, que forman lo que llaman Diwán, supone la masa de los Odjaq, milicia de los jenízaros, y la Taifa de los raïs , corporación de corsarios, organizaciones feudales que se reparten el poder real en Argel. En la cumbre, los Turcos, directores de lo organizativo y militar. Y los Corsarios, que provenían de la cuenca del mediterráneo, exponentes de “todas las naciones cristianas” para ellos. Y la “masa de cautivos” -25.000, según Haedo, a fines del siglo XVI-, añadiendo a esto los “esclavos negros”. Y todavía otras colectividades, tales como moriscos, tenderos renegados, mercaderes cristianos y redentores de cautivos -que aparecían con regularidad, para rescatar a los cristianos que le era posible, a través de las dos Órdenes redentoras cristianas, La Trinidad y La Merced, fundadas la primera en París a finales del siglo XII; y la segunda en Barcelona a principios del siglo XIII; la primera clerical; la segunda laical; la primera gastando un tercio de sus bienes; la segunda todo lo que tenían, y quedando en “rehenes” con cierta frecuencia, cumpliendo su “cuarto voto”-, y el resto: jornaleros cabilas y colonias judías. Entre todas estas comunidades existían relaciones diversas. Cervantes alude a muchas de ellas en sus obras de ficción, con base experiencial.

Cervantes se mantiene como fiel cristiano, dentro de sus deficiencias naturales. Sin duda que pensó en su rescate. Pero él sabía que su familia era pobre, que no sería capaz de enviarles, a él y a su hermano el dinero necesario para su liberación. Por eso intenta la “fuga”, hasta 4 veces, acompañado de otros cristianos. Pero nunca logró su cometido, pues solía ser delatado por “renegados”, o por vigilantes que les espiaban. Por fin, se decide, en abril de 1576 y en febrero de 1577, e intenta recuperar 800 ducados que le debía el licenciado Pedro Sánchez de Córdoba, desde hace 10 años. Y escribe al Consejo de Castilla y al Real, más tarde, pidiendo ayuda. Pero no es escuchado. Mientras, su madre, Leonor de Cortinas, se dirige al Consejo de la Cruzada, y a Su Majestad, haciéndose pasar por “viuda”. Y logra que el 5 de diciembre de 1576 por Cédula Real se conceda a Leonor de Cortinas un “préstamo” de 60 escudos, bajo condiciones, para redimir a sus hijos cautivos, después de una primera negativa en petición anterior[38]. El receptor de Cruzada, San Juan de Izaguirre libra 60 escudos a Leonor de Cortinas para el rescate de sus hijos Rodrigo de Cervantes y Miguel de Cervantes en la fecha señalada. Son recibidos por Leonor, quedando constancia de ello[39]. Luego su esposo, don Rodrigo de Cervantes presenta un pedimento y cuestionario de preguntas sobre los servicios de su hijo Miguel de Cervantes, cautivo en Argel, y lo hace en Madrid, 17 de marzo de 1578[40].

8.1. Los Mercedarios redimen a Rodrigo Cervantes y a otros 104 cautivos en Argel: 27 de abril y 1 de septiembre de 1577

Los padres de los Cervantes cautivos entregan el dinero para la redención de sus hijos al Comendador de la Merced de Madrid, fray Jerónimo Villalobos, después de parlamentar con el Comendador de la Merced de Córdoba. Debían ser enviados a Hernando de Torres, y éste entregarlos a los redentores mercedarios en Valencia, preparados para salir rumbo a Argel a redimir cautivos. Así lo hizo a finales de 1576 o principios de 1577. De hecho los recibe fray Jorge de Olivar, Comendador de Valencia -que iba al frente de dicha salida redencional-; y con él iban los Padres fray Jorge Ongay, Comendador de Pamplona y Definidor por Navarra, y fray Jerónimo Antich, Comendador de Mallorca. Se embarcan el 30 de marzo del año 1577 en el puerto de Valencia. Unas goletas corsarias de Bugía les atacan y apresan la embarcación, echando mano de los redentores y de su dinero. Es entonces cuando el intrépido, virtuoso, y experimentado fray Jorge de Olivar les presenta el salvoconducto que llevaban de Argel. Aunque ellos le responden no estar bajo su jurisdicción, fray J. De Olivar insiste en sus derechos. Al ver que ellos no hacen caso, él cambia de estrategia: Con vigor les arenga primero, y luego, con dulzura se acerca a ellos y les entrega víveres y mucho vino, así como algunas alhajas. Ante esta actitud del mercedario, el Arraez les dejó libres. Al llegar a Argel, se dirigen a las autoridades, con su salvoconducto, y comienzan a gestionar las redenciones de cristianos cautivos, uno a uno. Generalmente, existía un precio común, excepto para personalidades especiales, y ciertos jovencitos, sanos y robustos, o niñas. Hacen, día a día, sus redenciones, después de saludar, en el baño, a los hermanos Cervantes, a quienes prometen redimir al final, con el dinero recibido y algo que ellos añadían. Cuando ya han gastado sus dineros, redimiendo a 105 exactamente, se deciden a redimir a los hermanos Cervantes. Logran hacerlo con Rodrigo, por un coste razonable de 300 ducados, que señala el Bajá. Pero por Miguel exigen, por orden de Dalí Mamí500 escudos en oro. ¡Y no los tenían! Miguel, sin vacilar muestra su categoría y dice a los frailes que, redimido su hermano Rodrigo, él se queda, tramando un plan de fuga, que les precisó. Y así lo hacen. ¿Por qué valoran más a Miguel? Es bien sabido: Por cartas que les encontraron, que juzgaron de alta política, creyéndole, por lo tanto, un personaje de gran categoría. Según Navarrete, Miguel tiene su propio plan de fuga: “…y para mejor efetuar esto, se favoreció del favor de don Antonio de Toledo y de Francisco de Valencia -Caballeros del Hábito de San Juan, que entonces estaban en este Argel cautivos, los quales le dieron [a Rodrigo de Cervantes] cartas para los Visorreyyes de Valencia y Mallorca y Ibiça, encargándoles y suplicándoles favoreciesen el negocio…”[41]. Novedad para Miguel: El mercedario redentor fray Jorge de Olivar se queda con él en Argel. ¿Por qué? Porque, a última hora, estando ya todos embarcados, llega un joven cristiano gritando: “¡Si no me lleváis con vosotros, me hago moro!”. Era el 24 de agosto cuando salieron de Argel los redimidos, con un par de mercedarios redentores. El que, a última hora, un joven pidiese libertad, bajo amenaza de renegar, solía suceder con cierta frecuencia. Compadecido fray Jorge de Olivar, le manda subir, y él se queda en su lugar, en rehenes, con el visto bueno de los moros[42]. Se quedó jugándose la vida, pues al descubrir el plan de fuga de Miguel, le acusan al fraile de haberlo tramado. Gracias a la valentía de Miguel -que dijo:”Sólo yo soy el culpable”-se libró de una muerte cruel.

8.2. Los tres últimos años de Miguel, sin Rodrigo, en cautividad, hasta el 24-10-1580

Rodrigo, al llegar a Mallorca, al cabo de un mes, empieza a organizar el plan de Miguel: Se arma una fragata, la manda un ex – cautivo, a quien llaman Viana. Cervantes y un grupo de cautivos españoles esperan su llegada el 28 de septiembre, el día acordado; pero la nave no llega. ¿Riesgo? ¿Miedo de los mallorquines? ¿Fueron avistados? ¿Serían acaso capturados? Miguel se inquieta. Enigma resuelto: Uno de los que lo sabían, tuvo miedo: Se llamaba el Dorador y corre a contárselo a Hasán. Miguel y la compañía, sorprendidos por los turcos, al amanecer del día 30, en una gruta, a orillas del mar, se quedaron de hielo. Miguel toma la palabra y declara ante todos que él, y sólo él, es el único culpable. Los demás siguieron sus consejos e instrucciones. Esa es su declaración ante el Bajá, pese a insultos y amenazas furiosas de muerte. De esta manera, logra librar a sus compañeros y a fray Jorge de Olivar, que, no sólo se lo agradecen, sino que quedan asombrados ante la valentía y ánimo viril de Cervantes.

¿Quién fue la víctima en semejante asunto? El jardinero, a quien colgarán el 3 de octubre, y muere en medio de tremendos sufrimientos, como es natural. ¡Los más débiles -¡ya quedó dicho!-, en este mundo argelino, pagan el pato!. A Cervantes simplemente lo cargas de grilletes y cadenas, y lo encadenan 5 meses en el baño del rey. ¡Qué asombrosa mansedumbre para un renegado veneciano! A Hasán le impresionó su “sangre fría”, digna de un español que reta a la muerte.

Pasados los 5 meses repite su experiencia, en marzo de 1578: Manda a Orán a un moro, con carta para el señor Marqués Martín de Córdoba, general de Orán y de sus fuerzas, pidiendo alguna persona o espías, de fiar -claro está-que con el moro viniesen a Argel, y liberasen a él y otros caballeros cristianos que el rey en subaño tenía. ¿Resultado? Nuevo fracaso. En Orán le cogen otros moros, y sospechando de lo que por las cartas podían imaginar, le prenden y traen a Argel, al mismísimo Hazán Bajá, quien, al ver las cartas con la firma de Cervantes, mandó empalar al moro, y a Miguel ordenó le dieron 2.000 palos.¡A eso se llama justicia argelina! ¿Es posible que aguantara tal cantidad de palos Miguel? Nos dirá un testigo: “Si no le dieron, fue porque hubo buenos terceros”. ¿Qué santo protege a Miguel que, por tercera vez salva su cabeza? Y otro testigo añade: “[Azán Agá] jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le dijo mala palabra; y por la menor cosa de muchas que hizo teníamos temíamos todos que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez”.

Repetimos, ante Hasán de Dalí Mamí, capitán ahora del mar, Cervantes era un cautivo de valor. Hubo quizá otras razones diplomáticas. Hubo gestiones secretas con Felipe II, a través de intermediarios, como un mercedario redentor, conocido de Cervantes, fray Rodrigo de Arce; el Virrey de Valencia; y don Martín de Córdoba. ¿Sería Cervantes introducido en la intimidad del chaúz como informador oficioso? ¡Sólo así se comprende que haya sido perdonado reiterativamente por Hasán, el cruel!

Sus padres insisten, y sus hermanas “sacrifican sus dotes por salvarle”. Y la madre, Leonor de Cortinas, sigue pensando en la libertad de su hijo, y despliega la mayor actividad para ello. El 29 de junio de 1578 los padres de Cervantes y su hija Magdalena entregan 1.077 reales al Comendador de la Merced de Madrid, fray Jerónimo de Villalobos; y Andrea, la hermana de Miguel, se compromete a dar 200 ducados más para rescatar a Miguel. El Mercedario entrega el dinero todo al mercader valenciano Hernando de Torres, decidido a rescatarlo, pues no había entonces redención oficial organizada; pero se frustró el proyecto[43]. Leonor de Cortinas insiste, y solicita oficialmente la devolución de la cédula de 60 escudos, que se habían entregado al Comendador de la Merced de Madrid, a través del Secretario de la Cruzada, Juanes[44].

Finalmente, debo resaltar la decisión noble de Cervantes y otros testigos de calidad que hacen un Memorial a favor de fray Jorge de Olivar, el mercedario en rehenes. Es el año 1580, poco antes de ser redimido Miguel. Va dirigido al Papa Gregorio XIII (1572-1585), el de la “reforma del calendario”, al Colegio Cardenalicio, al Auditor General de la Cámara Apostólica, a todos y a cada uno de los Prelados de las Iglesias, Patriarcas y Arzobispos. Dicen, entre otras cosas: “Testificamos cómo es verdad que el R. Padre fray Francisco Maldonado, General de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, redención de Cautivos[45], año 1577, envió a la Ciudad de Argel tres Religiosos de la Provincia de Aragón, doctos, experimentados, buenos en todo género de virtud, y en honestidad claros. Los quales vinieron con gran copia de dinero, y otros medios de mercadurías… […]Y, como muchos que aquí quedaron los viesen dispuestos a dexar la Fe santísima Cristiana, luego el Maestro fray Jorge del Olivar, Comendador de Valencia, que era uno de los tres, libre y espontáneamente se ofreció a quedar por ello esclavo y ejecutar este acto sanctísimo de caridad[…], y estuvo 13 meses cautivo en rehenes”. Dan fe de ello: Miguel Cervantes Saavedra y otros 28 ilustres cautivos, entre ellos los hay Doctores, clérigos, capitanes, capuchinos, dominicos, carmelitas, franciscanos, ermitaños de San Agustín, Mercedarios…, todos ellos cautivos, muy edificados del fervor activo del Mercedario en rehenes[46]. Poco conocemos de Cervantes entre marzo de 1578 y septiembre de 1579. Intentan liberar a fray Jorge de Olivar, y hacen una petición a Hasán. Cervantes tuvo que pasar por momentos de desánimo y prueba. Pero su alma no es objeto de la historia. Tras un nuevo intento de fuga, tras ser traicionado, una vez más, si logra salvar la vida, esta vez le encarcelan en el propio Palacio del Rey durante 5 meses. Un testigo nos dirá que Cervantes debió la vida a un amigo del Bajá, el corsario murciano Morat Raïs, apodado Maltratillo. ¡También fue acusado de falta de moralidad, y ceder ante presiones sentimentales! Nunca se ha podido demostrar tal sospecha. El “eros cervantino” lo ignoramos, pero las hipótesis circulantes no convencen.

Por fin, tras prorrogarse la siguiente redención de la Merced, la Trinidad organiza una redención a Argel. Leonor de Cortinas, con el dinero devuelto por el Comendador de la Merced, y el que haya puesto la Trinidad, va a ser liberado Miguel de Cervantes. La madre entregó al redentor trinitario que le libera la cantidad de 300 ducados, “para el rescate de mi hijo, que es de edad de 33 años, manco de la mano izquierda y barbirrubio”. El 29 de mayo de 1580, fray Juan Gil llega a Argel, con fray Antón de la Bella. Logran rescatar un centenar de cautivos, sin que figure todavía Cervantes. Hasán fija su rescate en 500 ducados, como estaba previsto antaño. (Por Jerónimo de Palafox pide 1.000 ducados). El 19 de septiembre de 1580 fray Juan Gil, trinitario, entrega a Hasán los 500 ducados, y logra liberar a Miguel de Cervantes. Pero no quiere abandonar Argel sin dejar clara su honradez, puesta en duda por el renegado Juan Blanco de Paz, comisario de la Inquisición[47]. A partir del 10 de octubre manda organizar una serie de informes sobre su conducta, los que conocemos actualmente, y resultan todos positivos. Son de una docena de testigos, entre los que están Benavides y el doctor Sosa. Tratan “sobre el cautiverio vida y costumbres de Miguel de Cervantes”. Nos suministran, a la vez, datos muy precisos sobre su vida en cautividad, su relación con los demás cautivos, el trato con personas de criterio, sacerdotes o religiosos; y la defensa de los redentores, que iban a ofrecerles la soñada libertad, y eran eficaces en su empeño.

Definitivamente, Cervantes se embarca el 24 de octubre de 1580, con otros 5 redimidos, en un navío del maese Antón Francés. El 27 avista ya las costas de España: Su cautiverio duró, pues, 5 años y 1 mes. Ciertamente Cervantes quedó “marcado de por vida” por su larga experiencia de cautivo. Lo reflejará en sus obras dramáticas y en el Quixote, al incrustar la vida del Cautivo.

9. Cervantes, libre, en Madrid, se casa en Esquivias, fracasa en Andalucía; y conoce por dentro, también en España, prisiones y calabozos: Muere pobre, un sábado de la primavera de 1616

Llega Madrid a mediados de diciembre, después de 12 años de ausencia, una ausencia que le hizo “madurar”, pero, a la vez, dejó “arrugas” prematuras en su ser más profundo. Su madre Leonor, cansada de luchar contra un “destino adverso”, tuvo que inventar mentiras, que le resultaban molestas: ¡Es inenarrable el abrazo entre madre e hijo, tan ausente y cautivo, ambos llenos de años dolorosos, de sinsabores y desvelos continuos! Magdalena seguía con sus relaciones irregulares. ¿Cómo encuentra a los suyos? Su padre, “cargado de años y de deudas”, le abraza, emocionado. Su hermano Rodrigo se marchó a Flandes, como soldado. Andrea vivía con un protector, cuyo nombre es Juan Pérez de Alcega, escribano de la reina Ana de Austria, y ahora se hace llamar “doña Magdalena Pimentel de Sotomayor”. Todos se alegran de su llegada, y la alegría es el mejor banquete del día, que sin duda no debió de faltar.

Miguel, a estas alturas de su vida y experiencias, se ha hecho muy realista. Sólo llegar, dirige al Consejo de Castilla la demanda que quisiera presentar hace cinco años. Se supone que la respuesta del Consejo fue negativa. Cervantes era visto como un antiguo combatiente, entre miles, que pedían recompensas. Se les daba la callada por respuesta, o se contestaba con palabras sin contenido real. Se supone, en general -sin fundamento-que Cervantes mantuvo una gran amistad con Mateo Vázquez. La Epístola“es probablemente apócrifa”, afirma Canavaggio. Si tuvieron relaciones, sería a través de Ovando, “el antiguo amante de Andrea Cervantes”. Muerto Espinosa, Mateo Vázquez pasó al servicio de Felipe II, acaparado por múltiples obligaciones. Adversario de Antonio Pérez, denuncia sus maniobras y decide su desgracia. El Rey no está ya en Castilla, sino se encuentra en Portugal. Las solicitudes de Cervantes para pasar al nuevo Mundo con un cargo reciben respuesta negativa. No tiene ánimos para hacer ninguna carrera intelectual. Escribe La Galatea(Madrid, 1585) y se relaciona con amigos en el mundo literario: Francisco de Figueroa -que vive en Alcalá-, Gálvez de Montalvo, Pedro de Padilla, Juan Rufo, Luís de Vargas Manrique, Gabriel López Maldonado, Lucas Gracián Dantisco. Y asimismo con los poetas líricos, imitadores de sus antepasados: Siguen usando redondillas, quintillas, romances, sonetos, elegías, y canciones petrarquistas. Desde 1583 casi todos los libros de sus amigos llevan un soneto de Cervantes. Él tiene conciencia de escribir poemas dignos, pero de segunda categoría. Así lo afirma en su Viage del Parnaso (1614): Yo, que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo…”. Pero llega a hacer romances de calidad, admirados por muchos poetas de la época.

Citaré tan sólo sus grandes obras: Novelas ejemplares (1613), Comedias y Entremeses (1615), Don Quixote (1605), con su Segunda Parte (1615) provocada por el Quixote de Avellaneda (1614) -probablemente de Tirso[48], aunque haya otros candidatos actuales, como Pasamonte, Navarrete, etc., con menos fundamento-, y la obra póstuma Persiles y Sigismunda (1617), patrocinadas y dedicadas la mayoría a Don Pedro Fernández de Castro, VII Conde de Lemos, Virrey de Nápoles. La mayor libertad de Cervantes se refleja en sus obras literarias, siendo, en realidad, una “vocación tardía”. Estando Miguel en Toledo, fallece su hermano Rodrigo el 2 de julio de 1600 en la batalla de Dunas, ganada por Mauricio de Nassau contra el archiduque Alberto, sin haber ascendido más que a alférez. Su padre, por amor a los mercedarios, manda enterrarse en la iglesia de la Merced de Madrid. Sin duda que, al venir a la Corte, Miguel visitaría su tumba. ¿Cómo excluye a Tirso de los poetas en su Viaje del Parnaso, y cita a Remón, otro mercedario, inferior en calidad, llamándole “un mercedario de un ingenio inmenso?”. Nuevo enigma sin descifrar. ¿De qué vivió Cervantes, después del matrimonio con su esposa Catalina de Salazar y palacios, 18 años menor que él, en Esquivias? Se casan el 12-12-1584. De hecho, su matrimonio no le dio la felicidad. Él tenía que buscar un oficio, y pronto se separa físicamente de ella. La madre de Miguel fallece el 13 de junio de 1585. ¿Estaba Cervantes en Madrid? Lo ignoramos. Es nombrado en Sevilla “Comisario del proveedor de las galeras reales”. Se entrega a los negocios, trafica en cartas de pago, libranzas y valores. No logró con su pluma lo necesario para vivir. Y tuvo que andar de cobrador de alcabalas. Pero parece que en Sevilla, sobre todo, frecuentaba los garitos, y se aficionó al juego. Se hizo lo que hoy llamaríamos un “ludópata”. De ahí su frecuencia en cárceles y calabozos, por no pagar lo recibido. Bajo este punto de mira fue un fracasado uno de los mayores hombres de letras de la literatura universal. Dirá: “Tuve otras cosas en qué ocuparme; y dejé la pluma y las comedias”[49]. Y el amante de la libertad poco disfrutó de ella. Probablemente el mismo Quijote lo inició en una prisión infame de Sevilla. Anduvo también por Écija, Granada, Teba, Málaga, por embargos de grano. Secuestró trigo de manera ilegal. Tuvo problemas morales por sus hermanas, que vivían con él en Valladolid. ¡Miserias humanas! No tenía paciencia para manejar los números. Y el dinero se le iba de las manos. Incluso sufrió una excomunión. Si su vida de esposo no fue fructífera, tuvo una “hija natural” con Ana de Villafranca, o de Rojas, llamada Isabel de Cervantes y Saavedra. El mercedario fray Juan de Villafranca, era hermano de la madre de la hija de Cervantes. Otra relación con la Merced. Cervantes asistirá a la boda de su hija en Madrid (8-9-1608). Isabel de Cervantes y Saavedra hace testamento en Madrid el 4-6-1631. Se declara abiertamente hija de Miguel de Cervantes Saavedra, casada con Luis de Molina, a quien redimen los mercedarios de cautividad.

En sus postreros años es cuando edita sus obras literarias, fruto de su experiencia vital, y su genio innato, que no pudo menos de salir a luz. Pero podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que su magna figura -vista desde su Quijote-en la vida real está llena de grillos y cadenas. ¡Cervantes es, ciertamente, la pura libertad encadenada; y el enigma que sobrevuela los siglos, siempre sin descifrar! Al verse sin aliento, adapta unas coplas antiguas[50], y escribe sus últimas palabras, en este trance, conmovedoras, dirigidas al Conde de Lemos, a punto de abandonar Nápoles:

Puesto ya el pie en el estribo,
con las ansias de la muerte,
Gran señor, esta te escribo.

Lo que habían sido canciones amorosas del caballero a su dama, se convierten ahora, ante su muerte inminente -más que presentida en su interior- en unos tercetillos octosílabos, pregnantes de conmovedora palabra última a su protector. Supo guardar lo esencial y así transformar su sentido en el tristísimo trance de su muerte[51]: Los tres versos son como un susurro trialogal: él, Lemos y la verdad, en el definitivo desplome de Cervantes.


NOTAS:

[1] Tomado de Gran Enciclopedia Gallega, t. VI, Vitoria, 1974, págs.141-143. Reproduzco fotocopias tanto de la zona Cervantes lucense, como del Castillo, originario del linaje Cervantes.

[2] Iglesia parroquial de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, lib.1º de Bautismos, fol. 192ν. Puede verse otra transcripción en K. Sliwa, Documentos de Miguel de Cervantes Saavedra [basada en Astrana Marín, 1:217], Eunsa, Pamplona, 1999, p. 37. Tiene ligeras variantes: “fueron”, lo que no parece tener consistencia, al citar sólo a una persona, Juan Pardo; además, el texto dice claramente: “fiaron”. También: “bar.e = Bartolomé”. Juzgo que es “bachiller”, como firma. En cuanto a “Çarvantes”, así está en el original. Puede ser una abertura vulgarizadora de la -e, convertida en -a, contagiada por la otra -a siguiente, que conservo.

[3] Madrid, Rodrigo de Vera, año 1580, fol. 1.399 Mi transcripción difiere en vocablos de la de Pérez, 1:65.

[4] Ingresó en las Carmelitas descalzas de la Concepción, o de “La Imagen”, en Alcalá de Henares. Según datos, que sintetizo, de la Priora del convento, en 1882, “en 1565 toma el hábito con el nombre de Sor Luisa de Belén y Cervantes. A sus 25 años de edad, y 8 de su ingreso asiste, siendo ya religiosa, a la Visita canónica; 3 años después es nombrada sacristana; desde 1585 firma Clavaria, y es nombrada Tornera al año siguiente; fue elegida Subpriora del convento en 1596,cargo ejercido un trienio (1599), quedando de Clavaria hasta 1602: Este año es elegida Priora , y reelegida (1605-1608); vuelve a Clavaria hasta 1611, Subpriora; de nuevo Clavaria (1614); y reelegida Priora (1620)… Fue una de las Religiosas de mayor nombradía en el monasterio”. Sus cargos manifiestan su madurez, prudencia y virtud.

[5] Expone, en su Testamento de 11-X-1610, “que era natural de Valladolid” (P. Pastor, Documentos cervantinos, vol II, p. 285). Sin embargo en la Partida de defunción se dice ser natural de Madrid. Tampoco nos consta del año de nacimiento; parece que puede situarse entre 1553 y 1557.

[6] Aparece citado en el Testamento paterno como hijo suyo y de su esposa Leonor de Cortinas. No sabemos más.

[7] Archivo Catedralicio de Córdoba, C.E., nº 72.

[8] Síntesis del documento paterno: “Rodrigo de Cervantes [padre de Miguel de Cervantes Saavedra] en compañía de los suyos, se reúne en Córdoba con su padre, el licenciado Juan de Cervantes. Allí firma, el 30 de octubre de 1553, una escritura de obligación a favor del mercader Alonso Rodríguez”.- Córdoba, Archivo de Protocolos, Luís Martínez, oficio 12, fol. 558 (Astrana, 1:286-287). -Y el documento del abuelo:”Muere Juan de Cervantes [abuelo paterno de Miguel de Cervantes Saavedra], según se deduce del nombramiento, el 17 de marzo de 1556, de un nuevo letrado de la ciudad de Córdoba”. Córdoba, Archivo Municipal, Actas capitulares (Rodríguez Marín, 174).

[9] Véase James Fitmaurice-Kelly, Miguel de Cervantes Saavedra, México, D.F., Dirección de Difusión Cultural, 1987, p.7. Afirma, en nota, que Rodríguez Marín “conjetura que Cervantes estuvo en la escuela de los jesuitas en Sevilla en 1564-1565”. Tomás González, profesor que fue de Retórica en Salamanca, aseguró a Navarrete que había encontrado el nombre de Cervantes matriculado, como estudiante de filosofía, en esa Universidad durante un par de años, viviendo entonces en la calle de Los Moros de Sevilla. En el Coloquio de los perros, dice Berganza a Cipión: “Paréceme que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla, y en su matadero, que está fuera de la Puerta de la Carne…” Y describe infinidad de detalles del matadero… Y acaba el párrafo afirmando, como quien conoce bien Sevilla: “Oí decir a un hombre discreto que tres cosas tenía el Rey por ganar en Sevilla: La calle de la Caza, la Costanilla y el Matadero”.

[10] Véase Revue Hispanique, París, 1899, vol. VI, páginas 508-509.

[11] Véase Cristóbal Pérez Pastor, Bibliografía madrileña…, siglo XVI, Madrid, 1891, págs. 10-11.

[12] Archivo de Jurados de Córdoba, Libro 16, nº 26.

[13] Ávila, 10 de agosto de 1530.

[14] Azonaicas, azonicas, sazonaicas, azoni: lugares en las ciudades que no tienen “zonas ciertas”, o “collaciones” (Raimundo de Miguel, Diccionario Latino).

[15] Expediente de la primera solicitud de Hijodalgo por parte de Alejo y Gonzalo de Vercantes, su hermano, conservado en el Archivo Municipal de Córdoba.

[16] Aunque ya se empieza a escribir Cervantes, todavía el autor del Quijote firma Miguel de CerbantesY a su hermano de cautiverio, en las declaraciones a su favor, le llaman Rodrigo de Serbantes.

[17] Así aparece en el Archivo parroquial de la Compañía de Córdoba.

[18] P. Procurador: Era el encargado oficialmente para la obra de la Redención de Cautivos en la Orden de la Merced.

[19] Este Padre mercedario fray Alonso Ruiz de los Moroz era natural de Montalbán de Córdoba. Había tomado el hábito de la Merced, en su ciudad, el año 1572, y profesó “16 Kalendas Decembris Anno 1572”, o el 16 de noviembre, siendo Comendador el P. Diego de Illana, y Provincial de Castilla y Andalucía el M.R.P. Juan de Cobarrubias, Maestro en Sagrada Teología. Nos lo confirma el extracto del Libro de Profesiones de Córdoba, manuscrito del P: Maestro Ostos -que llegó a ser Arzobispo de Salero en Italia- y cuya copia había realizado el P. Fray Vicente Gutiérrez, que residió en Madrid a finales del siglo XVIII. Está anotada por el P. Mercedario, Cronista General, Agustín de Arques Jover. Véase Fragmentos de la Provincia de Andalucía, en Archivo Curia Provincial de la Merced de Castilla (ACPMC), Madrid, fol. 60.

[20] Pamplona, Eunsa, 1999. Debería figurar en la p.67.

[21] Véase M. Muñoz Vázquez, “Escritos documentados e inéditos sobre el origen y naturaleza de Miguel de Cervantes Saavedra en Córdoba en el barrio de las Azonaicas”, en Boletín de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, julio-diciembre 1996, año LXVII-Número 131, págs.131-151.

[22] Canavaggio, p.39.

[23] Ibídem, p. 41.

[24] Ibídem, ibid.

[25] Véase Revue Hispanique, París, 1899, vol. VI, págs.508-509.

[26] James Fitzmaurice-Kelly, incorrectamente, dice haber escrito “una copla” y “cuatro redondillas”; y Ángel Valbuena y Prat le llama asimismo “redondillas” a las “quintillas”. ¿Cómo han podido confundir la redondilla -4 versos con rima abba– con estas quintillas -5 versos: abbab y ababa– tales expertos profesores y eruditos en literatura?

[27] López de Hoyos, Historia y relación del tránsito y exequias de la reina Doña Isabel de Valois, Madrid, 1569

[28] Véase Pérez Pastor, Documentos cervantinos, vol. I, págs.8-17.

[29] Se trata de una carta de donación a favor de doña Andrea de Cervantes y de su padre, por parte de un tal Juan Locadelo, por haberle “regalado y curado muchas veces algunas enfermedades que he tenido”. Ibídem, p. 8.

[30]López Maldonado, Gabriel: Es probable que López sea nombre propio, pues ni él mismo y sus ilustres amigos, nunca le llaman Gabriel, como aparece en ciertos repertorios. Acaso era de Toledo; y vino a Madrid antes de 1585. Fallece hacia 1615, después de editar en Barcelona una Relación sobre los avisos que Felipe III dio a su hija: Es un gracioso romancillo. En 1586 publicó el citado Cancionero, que recoge el soneto de Cervantes. Su nombre pasó, sobre todo, a la historia literaria, porque lo cita “el cura en el escrutinio del Quixote, elogiando su capacidad para cantar y leer versos”. Véase Ricardo Gullón, Diccionario de Literatura española e Hispanoamericana, A-M, Madrid, Alianza Editorial, 1993, p. 913. Recordemos que los Maldonado eran oriundos de Galicia.

[31] Comedia citada, versos 1-8 del romance primero de la Tercera Jornada.

[32] M. De Cervantes, La Galatea, Primera parte, dirigida al Illustríssimo señor Ascanio Colonna, Abad de Sancta Sofía. Alcalá, Impresa por Juan Gracián, 1585, “Dedicatoria”, fols.1r-1v.

[33] M. de Cervantes, “El Licenciado Vidriera”, de Novelas ejemplares, dirigido a Don PedroFernández de Castro, Conde de Lemos…, Madrid, Por Juan de la Cuesta, 1613, fol. 117v.

[34] M. de Cervantes, Epístola, hallada entre varios manuscritos curiosos, en el Archivo del Excelentísimo señor Conde de Altamira. Editada en sus Obras completas, Madrid, Aguilar, 1943, págs.17-20; 19 en esta cita.

[35] Gabriel de Castañeda y Beltrán del Salto y de Castilla vieron esas cartas, siendo ambos camaradas de prisión de Cervantes en Argel.

[36] Dice, en un pasaje interesante: “encerrado en una prisión o casa que los turcos llaman baño, donde encierran los cautivos cristianos, así los que son del rey como de algunos particulares, y los que llaman del almacén, que es como decir cautivos del concejo que sirven a la ciudad en las obras públicas que hace y en otros oficios, y estos tales cautivos tienen muy dificultosasu libertad”. La razón que da es porque no tienen amo preciso. “Otros, añade, son de rescate, porque allí los tienen holgados y seguros, hasta que venga su rescate”. Los Cervantes van a ser de éstos últimos, felizmente, dentro de su infortunio.

[37] Véase, de nuevo, su relato El Cautivo, aspecto autobiográfico de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, I, la famosa Historia del cautivo, cap. XXXIX.

[38] Simancas, Negociado de la Cruzada, leg. 260 (Astrana, 2: 517-519). A la cabeza del traslado, izquierda de la hoja, se lee lo siguiente, saltado por P. Pastor: “Doña Leonor de Cortinas viuda desta Villa .Traslado de la Cédula de su Majestad por la qual le hace merced de LX escudos de oro para ayuda al rrescate de Miguel y Rodrigo de Cervantes sus hijos que están cautivos en Argel”. A la derecha: “Doña Leonor de Cortinas”.

[39] El Pardo, 16-12-1576.- Simancas, Contaduría de Cruzada, leg. 326.

[40] Ya Rodrigo estaba redimido por la Merced. – Sevilla, Archivo General de Indias, (Torres Lanzas, 347-348).

[41] Martín Fernández de Navarrete, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, 1800, p. 322.

[42] Archivo de Simancas, Contaduría de Cruzada, Legajo 326. (Recogido también por C. Pérez Pastor en Documentos cervantinos hasta ahora inéditos, II, Madrid, 1902, doc. Nº XIII, págs. 41-46.- L. Vázquez, “Documentos Cervantino-Mercedarios”, en Boletín de la P. de Castilla, Madrid, 1986,año XXIV, nº 83, págs. 66-70; “¿Qué relaciones hubo entre la familia Cervantes y la Orden de la Merced? (Documentos probatorios y poco conocidos),”, en Estudios, Madrid, 2005, nº 228, págs. 75-79); el trabajo ocupa las págs.59-103.

[43] Madrid, Francisco de Yepes, rotulado; años 1581-1583. Archivo de Protocolos de Madrid, nº 2.514 (Pérez, I: 53-55 -Vázquez, parcialmente, documentos transcritos, “Boletín”: 70-71; “Estudios”: 83-84.

[44] Simancas, Contaduría de Cruzada, Leg. 326 (Pérez, 2: 53-54; K. Sliwa, 62).

[45] El P. Maestro General Maldonado lo fue de la Merced desde el 10 de junio de 1576 hasta el 5 de mayo de 1582.

[46] Fray Francisco de Neyla, Mercedario, lo recoge íntegro en su obra Gloriosa fecundidad de María en el campo de la católica Iglesia, Barcelona, 1698, págs. 190-193.

[47] ¿Quién era este personaje siniestro, que crea a Cervantes, ya redimido, un “calvario por sus acusaciones”? Juan Blanco de Paz: Había nacido en torno a 1533/1535 en Montemolín, junto a Lerena, del Maestrazgo de la Orden de Santiago (León). Hijo de Juan Blanco y de Juana Gómez, ingresa en San Esteban de Salamanca. Se doctora en Teología. Es nombrado comisario titular del Santo Oficio, el 31-1-1575. Era un “calumniador nato”. Al venir de Roma, le apresan y conducen a Argel, el 7 de agosto de 1577, quedando en poder de Azán Bajá. Será redimido por el Padre Trinitario fray Antón de la Bella, en 1.000 escudos de oro, el 19 de enero de 1592. Tenía entonces 54 años. Declaraciones de testigos hacen un negro retrato suyo: “revoltoso, enemistado con todos, nunca dijo misa, ni le han visto rezar horas, ni confesar, ni consolar, ni visitar enfermos en cautiverio, dio un bofetón a un cautivo y una coz a otro”. El testigo que redacta esto lo califica sobradamente con ese vocablo caballar. ¡Vaya imagen de un comisario del Santo Oficio! Al enterarse de que Cervantes, de vida intachable, iba a ser redimido, y él no, le calumnia abiertamente. No pudo mostrar títulos de Comisario de la Inquisición, que decía poseer en Argel. Se los exige Antonio de Sosa, quien le reprocha su despreciable proceder.

[48] L. Vázquez, “Tirso de Molina, probable autor del Quijote de Avellanaeda”, en Actas del V Congreso de la Asociación Internacional Siglo de Oro. ,Edtadas por Christph Strosetzki, Münster, Iberoamericana Vervuet, 1999, págs.1296-1305.

[49] He aquí el gran “desencanto” de Cervantes, el llamado por Tirso “nuestro español Boccaccio”, en Cigarrales de Toledo, aunque dé a entender que sus novelas no eran muy ejemplares, y además iban “unas detrás de otras como procesión de disciplinantes”.

[50] A Miguel de Cervantes se le grabaron en la mente estas estrofas: las había citado ya en La ilustre fregona. Las identificó y publicó -con un par de glosas-Foulché-Desbosc en la Revue hispanique, París, 1899, vol. VI, págs.319-321. La primera es ésta: “Puesto ya el pie en el estrivo /con las ansias de la muerte / señora, aquesta te escrivo, / pues partir no puedo vivo, / quanto mas tornar a verte”.

[51] Fallece en Madrid el sábado 23-4-1616. Mandose enterrar en las Trinitarias, calle Cantarranas, hoy Lope de Vega. Su Partida de defunción se conserva en la Parroquia de S. Sebastián de Madrid, fol.270 del Libro IV.

Oct 012002
 

Luis Vázquez Fernández.

Documentos inéditos.

1. INTRODUCCIÓN

Por tercera vez presento a estos “Coloquios” un aspecto vital, inédito, de este Caballero de Calatrava, Comendador de Bétera (Valencia), intelectual, jurista, más tarde del Consejo de su Majestad Felipe IV, ministro del Consejo Supremo de Castilla -siéndolo ya de Las Órdenes-, recopilador de las Leyes del Reino, e historiador, con su obra eximia Varones ilustres (1639), destacada gloria de los selectos hombres de pluma -junto a los múltiples de espada- de la familia Pizarro. Fue asimismo Alférez Mayor de la ciudad de Trujillo, Alcaide de su fortaleza y Patrón del convento de la Merced de dicha ciudad. A lo largo de su existencia, como administrador de justicia, desempeñó cargos relevantes en Sevilla, Granada y en la Corte de Madrid.

Natural de Trujillo (Cáceres), don Fernando Pizarro y Orellana era hijo segundo de don Fernando de Orellana y de doña Francisca Pizarro Mercado -la hija de Hernando Pizarro, tenida de Isabel Mercado en el castillo de la Mota-[1], pero pasó a disfrutar, por gracia, del privilegio de primogénito, así querido por su abuelo materno Hernando Pizarro. No le defraudó.

Después de una vida consagrada al estudio y la alta política, hace Testamento en Madrid, el 22 de enero de 1651, y un Memorial de cinco hojas más, hecho y firmado por él, en Madrid también, el 13 de agosto de 1651. Fallecerá el 21 de enero de 1652. Anda, pues, muy impreciso -con más de un siglo de “despiste”- el autor de la síntesis biográfica de Fernando Pizarro y Orellana de la gran Enciclopedia Universal ilustrada Europeo-Americana, cuando afirma: “murió en Madrid después de 1549″[2].

Don Clodoaldo -antes incierto, al considerar fallecida Isabel Mercado, cuando se casa Hernando con su sobrina-, ahora, sin embargo, está en lo cierto, al señalar que “el comendador de Bétera (…), por ser llamado por su abuelo a la sucesión del patronato del Hospital o Colegiata, antepuso el apellido Pizarro y luego vino a seguir la línea del marquesado de la Conquista”[3]. Hay otro caso similar, referido al mayorazgo, pues “en 1557, autorizados por una Real Provisión, fechada en San Lorenzo del Escorial, a 27 de mayo, Hernando Pizarro y su mujer doña Francisca Pizarro, instituyeron un mayorazgo en favor de su hijo segundogénito, Juan Pizarro (y no en el de su primogénito Francisco Pizarro, por las razones que en su lugar dirán; y a dicho mayorazgo afectaron el tercio y quinto de los bienes que poseyeron en España e Indias (…) Disponen asimismo que los sucesores en este mayorazgo y tercio y quinto, para siempre jamás, se llamen Hernando Pizarro, de nuestro nombre, y apellido de Pizarro, y traigan nuestras armas a la mano derecha y en el más prominente lugar”[4]. El Comendador de Bétera[5] no tuvo descendencia. Y así con él fenece la consagración a las letras, que Hernando Pizarro valoraba, hasta el punto de llamarle a su mayorazgo y darle el nombre de Fernando, anteponiéndole a sus hermanos mayores, como él mismo reconoce cual fineza de su abuelo.

2. CAPITULACIONES MATRIMONIALES Y DOTE ENTRE DON FERNANDO PIZARRO Y ORELLANA Y SU SEGUNDA ESPOSA DOÑA LORENZA DE SEPÚLVEDA (3-3-1628 Y 13-5-1628)

2.1. SUCESIVAS ESPOSAS

Diré, ya de entrada, que don Fernando Pizarro y Orellana estuvo casado tres veces: La primera, en su juventud, con doña Estefanía de Barrantes, fallecida en los primeros meses de 1628; la segunda -que es la que hoy nos interesa- con doña Lorenza Fernández de Sepúlveda, que fallecerá el día de Reyes del año 1635; y, finalmente, se casa en septiembre de 1635, matrimonio que resulta ser el de mayor duración, más de 16 años: Es la tercera y última vez, con doña Teresa de Velasco. En su Testamento, hecho en Madrid el 15 de abril de 1651, cita a sus sucesivas esposas. Manda se digan 500 misas “por las ánimas de Dª Estefanía de Barrantes y de Dª Lorenza de Sepúlveda, mis dos primeras, y que se pague por limosna de cada una, a real y medio”[6]. Naturalmente, no se olvida de la que entonces convivía con él: Recuerda sus capitulaciones matrimoniales, hechas el 14 de septiembre de 1635, con doña Teresa de Velasco, hija de los señores Condes de Rivilla. Le llama “mi Señora y querida mujer”. Y le había prometido 6.000 ducados. Ahora, en su decisión final, manda “se le paguen en primer lugar y se cumpla lo contenido en la dicha escritura”. Le añade 106.000 ducados más “de renta de viudez”, junto a otras partidas, y la declara patrona y administradora de la “Obra pía” que deja a los pobres de Trujillo, “con intervención y asistencia del dicho P. Maestro fray Gerónimo de Valderas, mi confesor”, mercedario Comendador del convento trujillano, a quien seguirán, en el mismo cargo, los sucesivos Comendadores de la Merced. Asimismo otorga poder a doña Teresa de Velasco para que pueda vender y rematar todos sus bienes, con D. Pedro de Salcedo, del Consejo de su Majestad, y el Maestro mercedario fray Gerónimo de Valderas.

2.2. CAPITULACIÓN MATRIMONIAL (3-3-1628)

Pero vengamos ya a la Capitulación matrimonial de don Fernando Pizarro y Orellana. Era él entonces Caballero de la Orden de Calatrava y Comendador de Bétera, del Consejo de su Majestad en el Real de las Órdenes y Sucesor en el Mayorazgo instituido por su madre, doña Francisca Pizarro Mercado. Capitula con doña Laurencia -o Lorenza- Fernández de Sepúlveda, hija legítima y única heredera de los señores Juan Fernández de Plaza y doña Justa Sepúlveda, poseedora del Mayorazgo que instituyeron don Francisco González de Sepúlveda y doña Micaela Gabriela, tíos de la susodicha. Todo ello se realiza “en razón del matrimonio que han de contraer él y doña Lorenza Fernández de Sepúlveda”.

Dicen, pues, en primer lugar, ambos contrayentes que dan su fe y palabra uno a otro, al presente para el futuro próximo, de desposarse dentro de 15 días, habiendo precedido las “moniciones cançónicas”, mandadas por el Concilio tridentino, so pena de pagar 2.000 ducados.

Se compromete don Fernando Pizarro a traer al matrimonio -además de los frutos del Mayorazgo y Encomienda- el capital suyo de 40.000 ducados, y hará inventario jurídico a partir de otros 5.000 ducados.

Por su parte, doña Lorenza se obliga a traer su propio capital, que suma 44.000 ducados, en menajes, joyas, censos y dinero contante y sonante. También hará inventario por 2.000 ducados. Y heredará el caudal de sus padres: Unos 20.000 ducados, sin contar los frutos del mayorazgo heredado de sus tíos.

Don Fernando se obliga a otorgar carta de pago y recibo de dote en favor de su esposa, como bienes dotales.

Ambos otorgantes, además, se obligaron con sus juros y rentas, derechos y acciones, presentes y futuras, a cumplirlo, y dieron el poder debido a los jueces de su Majestad, en general, y en especial a los señores Alcaldes de Corte, Corregidor y Tenientes de esta Villa “para ser apremiados -precisan- a todo lo susodicho, como por sentencia definitiva, pasada en cosa juzgada, renunciando a las leyes en su favor. Lo otorgaron en la Villa de Madrid, a tres días del mes de marzo de mil seiscientos veintiocho. Fueron testigos Juan Pablo Bonet, secretario y Caballero del Hábito de Santiago, y el señor don Juan Pizarro y don Juan de Orellana[7]y Pizarro,

Caballero del Hábito de Santiago, residentes en la Corte. Lo firman y rubrican Doña Lorenza de Sepúlveda y don Fernando Pizarro y Orellana, ante el notario Juan de Béjar[8]

2.3. CARTA DE PAGO Y DOTE DE DON FERNANDO

RECIBIDOS DE DOÑA LORENZA (13-5-1628)

Declara don Fernando, ante el escribano Juan de Béjar, hacer recibido ya de su prometida más de lo esperado: 48.574 ducados. Se especifican los orígenes de sus aportaciones: en censos y réditos:

Ocho quentos cuatrocientos treinta y cuatro mil seiscientos cincuenta maravedís; en joyas de oro y plata, dos cuentosnovecientos ochenta y seis mil quinientos noventa y seis maravedís; en ropa blanca, trescientos ochenta y siete mil novecientos cuarenta y cuatro maravedís; en pinturas y cuadros, trescientos treinta y siete mil cuatrocientos seis maravedís; en vestidos de mujer, ochocientos dieciseis mil quinientos doce maravedís; en media casa, huerta y cerca, dos cuentos seiscientos veinte mil maravedís; en otras cosas -colgaduras, camas, tafetanes, deudas, cofres, sillas, taburetes, y demás objetos de madera y de cocina, hierro y cobre, y muchas menudencias-, dos cuentos cuatrocientos ochenta y tres mil quinientos treinta y cuatro maravedís. En suma: La cantidad señalada anteriormente en la escritura. Don Fernando hizo un Memorial, donde consta la verdad de lo dicho, y le dio carta de pago a su futura esposa. Y lo firmó y rubricó, siendo a ello presentes los testigos Francisca Blanco, Gregorio de Castro y Pedro de Cepeda, residentes en la Corte de Madrid, ante el escribano Juan Béjar, quien firma y rubrica todo[9].

Esta carta de pago y dote, en favor de doña Lorenza, por don Fernando, prueba documentalmente haber recibido la cantidad señalada, prometida por ella como aportación de bienes matrimoniales.

2.4. DOTE DE DOÑA LORENZA, QUE LLEVÓ CON DON FERNANDO (MEMORIAL)

En este Memorial doña Lorenza Fdez. de Sepúlveda especifica, muy detalladamente, todo lo que aportó, y yo resumo del amplio documento notarial:

  • Un censo contra la Villa de Madrid, sus propios e sisas, de cuantía de 70.000 ducados en plata doble, por escritura de 44.000 ducados, a saver, de los señores doctor Francisco González de Sepúlveda y su mujer, ante Diego Ruiz de Tapia, escribano del número de Madrid, y los 24.000 ducados son del mayorazgo que los dichos señores hicieron, por si están vinculados, y los 20.000 libres son de la dicha doña Lorenza, por la donación que los dichos señores sus tíos le hicieren a ella y al doctor Matías Fernández de Sepúlveda, cuya parte heredó, en virtud de testamento del suso dicho. Sobre estos 20.000 ducados hay 1.000 de censo al quitar en favor de los herederos del Diego Ruiz, y así 7 cuentos 125.000 que dan los 19.000 ducados.
  • En la media casa de la plaza, que la otra media está vinculada al dicho mayorazgo, tasada la media en 12.00 ducados. Tiene de censo al quitar 11.000 ducados, en favor de las memorias del Inquisidor General 375.000, y así se ponen a 105.000 ducados.
  • Un censo de 300 ducados de principal contra Francisco de Castro, 112.500, vecino de esta Villa de Madrid.
  • Otro censo contra don Pedro de la Barrera, vecino de esta Villa, de cuantía de 600 ducados de principal, y aunque el dicho censo es de 225.012 ducados, la mitad es suyo y la otra mitad de doña María de Sepúlveda.
  • Otro censo perpetuo de 400 maravedís cada año, sobre una casa de Alonso de Parara y su mujer, vecinos de esta Villa, que vale 31.050 cada año. Etc.

Sigue el documento, que sobrepasa los diez folios, especificando y valorando censos, casas, cercas, objetos diversos, camas de carmesí, arrobas de aceite, barros, tafetanes, colgaduras, alfombras, joyas de oro, brazaletes, cadenas con piezas valiosas, sortijas con diamantes, rosarios y cruces de oro, cadenillas, braseros, candeleros, escudillas, placas, salerillas de plata, candeleros grandes de plata, bujías, platos grandes, medianos y pequeños, pomos de olor, de plata, vinajeras, salvas despabiladeras con cadenilla de plata, salvillas de plata también, saleros, azucareros, pimenteros, de plata dorada, cálices dorados, jarros de pie de tres molduras, fuentes doradas, pilas de agua bendita, cajuelas doradas y grabadas, tres docenas y media de servilletas, cincuenta sábanas gordas y almohadas, tablas de manteles, peinadores, toallas, colchas, pinturas enmarcadas : de Santa María, de Santo Domingo, de María con el Niño y san José, san Miguel, san Roque, santa María Magdalena, países, tablas de pájaros, retratos, pintura de Hércules con un dragón, Judith con la cabeza de Holofernes, Pontífices, Santa Leocadia, la Virgen con el Niño, san Francisco, imágenes diversas de tema religioso, Ecce Homos, cuadro del P. Rojas, Trinitario, Cristo a la columna, etc.. También vestidos, ropa diversa de raso y tafetán, basquiñas de tabí, polleras de chamelote, jubones verdugados de damasco, de tafetán y carmesí, ropa de felpa y seda, manteos de lana encarnada y otras materias, de diversos colores, etc. De nuevo, aparecen pinturas e imágenes variadas: La Santísima Trinidad, María en sus misterios, como la Inmaculada Concepción, san Juan evangelista, santa Catalina, Cristo ajusticiado, el Niño Jesús, de plata, Cristo Crucificado, san Blas, san Felipe, retablos, relicarios, láminas de santa Teresa y otros santos…

En total se valora todo lo aportado y declarado por la novia en 18 millones 166. 742 maravedís. Lo firma y rubrica don Fernando Pizarro y Orellana.[10]

No hay duda ninguna sobre la calidad y estamento social de doña Lorenza Fernández de Sepúlveda. Esta segunda esposa -como las demás- del Pizarro intelectual y político destacado, pertenecía a la clase alta, como correspondía a quien ostentaba títulos de Caballero de la Orden de Calatrava, Comendador de Bétera y del Real Consejo de Órdenes de su Majestad, en este momento en que decide tomar nueva esposa. Por el escueto recuento de sus bienes -muy sintetizado por mí, del documento notarial, hasta ahora inédito, según creo- podemos darnos cuenta de su alcurnia.

2.5. PEDIMENTO, AUTO Y MEMORIAL DE BIENES, QUE LLEVÓ AL MATRIMONIO CON DOÑA LORENZA FERNANDO PIZARRO, COMENDADOR DE BÉTERA

(13-mayo-1628)

2.5.1. Para que en todo tiempo conste el capital de los bienes que yo he traído, míos y propios, al matrimonio que he contraído con la señora doña Lorenza de Sepúlveda, mi mujer, y para cumplir con el capítulo de la capitulación matrimonial, que, al tiempo que se hubo de efectuar el dicho concierto, otorgamos, ante el presente escribano, en tres de marzo de este año de seicientos y veinte y ocho, presento ante vuestra merced este Memorial, y le pido y suplico interponga su autoridad y decreto judicial a lo susodicho, y que se me dé por testimonio, para en guarda de mi derecho. Pido justicia, y para ello, etc.

Lo firma y rubrica Don Fernando Pizarro y Orellana.

(A continuación viene el Memorial de bienes).

2..5.2. Pero le precede el testimonio del escribano, que dice: “ Realmente sea por presentado el Memorial de bienes por parte del señor don Fernando Pizarro, al cual su merced interpone su intervención judicial, y mandó a mí, el presente escribano le ponga en mi reglamento y protocolo, y que desde hoy se presenten, que dicho auto y memorial dé las copias auténticas y en manera que hagan fe que el dicho don Fernando pidiere, porque en todo tiempo conste el capital que él trujo al matrimonio con la señora doña Lorenza de Sepúlveda; que a la dicha copia o copias que se le dieren interpone la dicha intervención judicial. Para que haga la fe que hubiere lugar de derecho, el señor Licenciado Pantoja, teniente de esta Villa de Madrid, lo proveyó, en efecto, en trece de mayo de mil seiscientos veintiocho”.

Firmado y rubricado por Juan Pantoja, ante el escribano Juan de Béjar, que asimismo puso su firma y rúbrica.[11]

2.5.3. Memorial del inventario de bienes que el señor don Fernando Pizarro y Orellana, Caballero del Orden de Calatrava, Comendador de Bétera, del Consejo de su majestad y su Oydor en el Real Consejo de Las Órdenes, llevó, al tiempo que casó con mi señora doña Lorenza de la Plaza y Sepúlveda, con los seguimientos y con los bienes libres de vínculos, con la carga de censo que adelante irá declarado

  • La mitad de la Capilla y entierro del Santo Cristo en la iglesia parroquial de San Martín, de la Ciudad de Trujillo, en 102. 850 maravedís, en que le adjudico en partición.
  • Más tiene su merced, que le debe la hacienda del señor don Juan Fernando Pizarro, Alférez Mayor de la Ciudad de Trujillo, 850. 476 maravedís, como consta de la hijuela de partición.
  • Más la misma hacienda del señor don Juan Fernando Pizarro 3. 718.912 maravedís, de la dote de mi señora doña Estefanía de Orellana, como consta de la partición.
  • Más una casa en la Ciudad de Trujillo, en la calle de Los Vivancos, en 1.500 reales.
  • Más la Alcaydía de la Cárcel Real de la Ciudad de Trujillo, 600.000 maravedís en plata, que hacen 17.647 reales y 2 maravedís, y del premio de la plata, a cuarenta por ciento, hoy en 7.058 reales: Todo junto, 24.705 reales.
  • Más un Regimiento en la Ciudad de Trujillo, que costó 2.500 ducados, en plata 27.500 reales, hacen 935.000 maravedís[12].
  • Más debe la hacienda de Don Pedro de Orellana, vecino de la Ciudad de Trujillo, 46.875 maravedís, que debe por haberlos lastado[13]y pagado por él, como consta de la hijuela de partición.
  • Más debe el susodicho 22.176 maravedís, que pagó Diego de Vega por él, y los ha de pagar el dicho don Pedro.
  • Más ha pagado Juan Sánchez por el dicho don Pedro 2.000 reales, que se han de cobrar de su hacienda, que de todo hay cartas de pago y lastos.
  • Más la dehesa de la Bonillesa, que se compró del señor don Luis de Paredes, que alinda con la Bonillesa, vinculada del mayorazgo del señor don Fernando y con Almaracejo, en territorio de Trujillo, en 1.166. 214 maravedís.
  • Más las haciendas que se compraron de Ovando, que alinda con la Manchuela, vinculada del dicho señor don Fernando, en término de la Villa de Alharife, que son 150 ferrados de tierra, en 1.000 ducados, 374.000 maravedís.
  • Más la dehesa de Martín Truyo, término de la ciudad de Trujillo, que alinda con Martín Truyo, del mayorazgo de la Villa de la Cumbre, y con ejidos de la Villa y con el trío Gibraneco, en 2 .500 ducados. Está arrendado a pasto y labor por nueve años, en 1.550 reales.
  • Más 800 ovejas, poco más o menos, las 500 y más paridas, con su lana y cría, en 2.000 ducados.
  • Más 839 fanegas y media de trigo, que están en la Villa de la Jarza, a 18 reales cada fanega, 15.111 reales, hacen 4.808.093 maravedís.
  • Más de cientos labradores del Cortijo de la Manchuela, 1.400 reales de todo dinero prestado, que hacen 47.600 maravedís.
  • Más de tres libranzas de penas de Cámara, 137. 900 maravedís.
  • Más se de vender la Encomienda, 17. 000 reales, hacen 578.000 maravedís.
  • Más se deben 6 años, poco más o menos, el salario de Alcayde de la Cárcel de la Ciudad de Trujillo, 20.000 maravedís en cada un año, 120.000 maravedís.
  • Más 620 reales, en dos escrituras, la una entra Fernando Munio, cochero, y su mujer de 250 reales, y la otra de 370 reales entra Antonio Aguado, vecino de la Vellaverde de Tresto, de 150 fanegas de cebada, que se le repasaron 21.080 maravedís.
  • Más 10.200 ducados que debe don Pedro Barrantes, y su mayorazgo de la Villa de la Cumbre, conforme a las cuentas de partición y por realeja de Granada y sobre los réditos de ellos hay pleito en Granada, hacen 110.000 reales, son 3. 740.000 maravedís.
  • Una colgadura de brocateles blancos y dorados, en doce piezas que hay 46 piernas con sus cenefas y fluecos[14], 800 ducados, 299.200 maravedís.
  • Una colgadura de terciopelo carmesí, bordada con rasos bordados de carmesí y naranjado, con sus frisos y fluecos, en 16.000 reales, 578.000 maravedís.
  • Una atapuerca de las fuerzas de Hércules, 300 ducados, 112.200 maravedís.
  • Otros paños del Robo de Helena, 200 ducados, 74.800.
  • Otra atapuerca de boscaje de verduras, 200 ducados, 74.800.
  • Tres reposteros de armas, 600 reales, 20.400 maravedís.
  • Otra colgadura de telilla de Abalía, bordados, 500 reales, hacen 17.000 maravedís.
  • Una cama de damasco carmesí, con fluecos y alamares[15] de oro, con sobremesa de lo mismo, y la madera de la cama, dorada y con sus armas a la cabecera, 7.000 reales, hacen 238.000 maravedís.
  • Una cama de catalufa[16] blanca y encarnada, con las goteras[17], con fluecos y alamares de oro, 2.000 reales, 68.000 maravedís.
  • Otra cama de palmilla[18] azul, con las goteras de brocatel [19], 800 reales, hacen 27.200 maravedís.
  • Un pabellón[20] de gasa azul celeste, con manga de perciopelo y fluecos de oro, 400 reales, 13.600 maravedís.
  • Una colcha de tafetán blanco, aforrada en tafetán tornasolado, bordada de oro y sedas de matices, 200 ducados, 74.800 maravedís.
  • Otra colcha de pita[21], comenzada a bordar, 400 reales, 13.060 maravedís.
  • Una colgadura de tafetán carmesí y amarillo de Granada, doscientas varas, en diecisiete paños con cincuenta piernas[22], a 9 reales la vara, 1.800 reales, 61.2000 maravedís.
  • Diez sillas: Las nueve bordadas, y otra de terciopelo carmesí, llana, a 300 reales cada una, 3.000 reales, 102.000 maravedís.
  • Dos taburetes bordados, a 200 reales cada uno, 400 reales, 13.600 maravedís.
  • La Librería con lo a él perteneciente, en 2000 ducados, 22.000 reales, 748.000 maravedís. Una carroza con dos frisones[23], en 1.200 ducados, 13.200 reales, hacen 448.800 maravedís.
  • Un tapete de estrado, 150 reales, hacen 5.100 maravedís.
  • Una esclava, que se llama Lucrecia, en 100 ducados, 37.400 maravedís[24].
  • 6 paños de la conquista y su historia del Perú, en 1.500 reales, 51.000 maravedís.
  • De menaje[25] de casa, 8 sillas de baqueta de Moscovia, bufetes, escritorios y camas, colchones y ropa, así de trenes[26] como de lana, y vestidos de su merced, 4.000 reales, hacen 136.000 maravedís.

Plata blanca labrada

  • 6 platos grandes, con sus armas, pesan 22 marcos[27] y 2 onzas[28] y 4 ochavas[29], 1.450 reales, 49.300, y de hechura, 4 ducados.
  • 16 platillos, con sus armas, 28 marcos y 6 ochavas, 1.856 reales, 63.104 maravedís, y 56 reales de hechura.
  • 2 candeleros, 4 marcos, 4 onzas y 4 ochavas, hacen 296 reales y 105/2, 10. 080 maravedís, y de hechura, 4 ducados.
  • 4 escudillas, con sus pies y asas, 4 marcos y 4 ochavas, hacen 264 reales, 8. 976 maravedís, y de hechura, 4 ducados.
  • Otros 4 candeleros más pequeños, 7 marcos y 1 onza, 465 reales, 15. 810 maravedís, y hechuras, 4 ducados.
  • 2 frasqueras[30] con sus tapadores, pesan 13 marcos y 1 onza y 6 ochavas, 859 reales, hacen 29. 206 maravedís, y de hechura, 429 reales.
  • Una cantimplora, con su tapador y cadena, 5 marcos, 325 reales. La plata son 265. Hacen 9.010, y 60 reales de hechura.
  • 4 cuchares[31] y 4 tenedores y 1 cuchar y tenedor grande, pesan 1 marco y 6 onzas y 7 ochavas, hacen 120 reales 105/2, 4. 096 maravedís, y de hechuras 20 reales.
  • 2 candiles, uno redondo con cuatro mecheros, y otro triángulo, con tres mecheros, 3 marcos y 1 ochava, 196 reales, 6. 664 maravedís, y hechura 12 reales.
  • Una salvilla de espabilar, con su cadena lisa y con tijeras, 2 marcos y 6 onzas y 6 ochavas, 184 reales, 6. 256 maravedís, de hechura 12 reales.
  • Un jarrito pequeño y un tapador de una confitera y una papelinica[32]ochavada, pesan 5 marcos y 106 ochavas, 327 reales, que son 11.118 maravedís, hechuras doce reales.
  • Un azafate, con su pie levantado de figuras de montería y calado[33], pesa 8 marcos, 2 onzas y 5 ochavas, 551 reales, 280 reales de hechura, hacen 18.734 maravedís la plata sola.

Plata blanca dorada

  • Una fuente blanca y dorada, pesa 9 marcos y 4 onzas y 3 ochavas, con un esmalte en medio, 734 reales 105/2; y se entiende en esta plata y hechura a 7 reales el marco, 24.972 maravedís.
  • Otra fuente blanca y dorada, 4 marcos y 6 onzas con 106 ochavas, hacen, a 74 reales el marco, plata y hechura, 252 reales, que valen 8.568 maravedís.
  • Salero y azucarero y pimentero estriado, y el salero cuadrado, pesan 5 marcos y 6 onzas, hacen 404 reales, 13.736 maravedís.
  • Una salvilla, con su pie, blanca y dorada, pesa 2 marcos, 5 onzas y 4 ochavas, hacen 189 reales, hacen 6.426 maravedís.

Plata toda dorada

  • Un jarro de pico, con su asa hueca volteada, con ocho gallones[34], el pico con un mascarón y su moldura en medio, cercado con 6 óvalos, y en el asa 2 mascaroncillos y 1 óvalo, pesa 4 marcos a 100 reales, 400 reales, 13.600 maravedís.
  • Una salva ovada, con sus sobrepuestos de cartones a la orilla, cercada y con 4 óvalos levantados, y un bernegal[35] aovado, con 6 esmaltes en medio, con sus asas, delfines y 1 óvalo en medio, esmaltado, pesaron las dos piezas 5 marcos, 3 ponzas y 3 ochavas, a 100 reales el marco, 534 reales, 18.156 maravedís.
  • 2 salvillas, con sus pies, la una lisa y la otra cercada, 5 marcos y 106 ochavas, hacen, a 7 ducados y ½ el marco, 414 reales y 105/2, 14.092 maravedís.
  • Una pieza de bocados[36], diez bocados con sus asas y pie, 105 marco y 3 onzas, a 7 ducados el marco, 105 reales, 3.570 maravedís.
  • Un taller[37], con su salero, azucarero y pimentero, aceitera y vinagera, pesó 16 marcos, 1 onza y 5 ochavas, 105.616 reales, 54.944 maravedís.
  • Dos cucharas, los cabos torneados, 2 onzas y ½ ochava, 23 reales, 782 maravedís.
  • Más de hechuras de la plata blanca, que es la que pone esta margen, porque la dorada va en sus aprecios puesta, 1.047 reales, hacen 35.592 maravedís.
  • Más del premio de 11.505 reales y 20 maravedís que hay en plata, a razón de a 40 %, 4.600 reales, hacen 156. 400 maravedís.
  • Un bufete de plata, con figuras aovado, en 3.000 reales en plata, y el premio 1.200 hacen 4.200, y de hechura, 800 reales, hacen 5.000 reales, hacen 170.000 maravedís.
  • Más una cama, con su cobertura de colores, en 1. 200 reales, es nueva, 40.800 maravedís.
  • Un relox, con todo su aderezo y campana, 500 reales, 17.000 maravedís.
  • De cuadros, 500 reales.
  • Demás de lo dicho, pesó una vacía de plata, de barbero 3 marcos, 5 onzas y 4 ochavas, 239 reales, y del premio, 97, y de hechura 16, hace todo 352 reales, 11. 968 maravedís.

Los cuales dichos bienes tienen las cargas siguientes.

  • A la buena memoria del Cardenal Cervantes, de Gaeta se debe 123. 417 maravedís de suerte principal, y se pagan de réditos, en cada un año, 6.175 maravedís, a razón de a 20.
  • A la buena memoria de Garcí Pizarro de Olmos, en la Ciudad de Trujillo, 4.044.770 maravedís por dos escrituras, la una de 187..157, encada un año, a razón de a 20, otorgada ante Alvar González Becerra, escribano que fue de la Ciudad de Trujillo, en 11 de diciembre del año 1608, y la otra de 15. 081 maravedís, cada un año, a razón de a 20 por escritura, ante el mismo escribano, en 20 de abril de 1612 años.

Monta todo. 14. 297.020 maravedís.

Firmado y rubricado por don Fernando Pizarro y Orellana.[38]

3. CONCLUSIÓN

He presentado los documentos de dote y bienes que aportan al matrimonio doña Lorenza Fernández de Sepúlveda, de modo sintetizado, y más detalladamente -conforme a los escritos originales inéditos- el Memorial de don Fernando Pizarro de Orellana, realizados ambos oficialmente, y transcriptos ahora de las actas notariales, para que conste la calidad de las mutuas aportaciones en las capitulaciones matrimoniales, tenidas en la Villa y Corte de Madrid, a principios de marzo y mediados de mayo del año 1628. Este ilustre Pizarro, destacado en leyes y en su gestión política en el Consejo de Felipe IV, no tuvo descendencia, que sepamos, a pesar de haberse casado tres veces. Estos documentos de primera mano nos revelan que tanto él como su segunda consorte gozaban de una posición social elevada, y disponían de gran cantidad de bienes muebles e inmuebles, que aportan al matrimonio. Estefanía, primero; ahora Lorenza, y, finalmente, Teresa, han sido las tres mujeres legales de este destacado familiar de la familia Pizarro.

Él logró describir la vida y hechos gloriosos de sus antepasados en la conquista y gobernación del Perú, en aquellos decisivos primeros momentos en que los extremeños españoles substituyen al gran Atahualpa, después de luchas increíbles contra la indómita naturaleza y las tribus belicosas, domeñadas por el Inca, a quien aprisionan y dan muerte, en el tiempo justo antes de la probable caída en sus redes, nada inocentes, según sabemos hoy día. Después vendrían las luchas intestinas entre Pizarros y almagristas, con fatales consecuencias. ¡Flaquezas de la naturaleza humana y sus ambiciones!

Fernando obtiene fama como escritor, sin ser guerrero. Pero se sabe heredero de los cuatro hermanos, sobre todo de Hernando, que juntó la pluma con la espada.

Quiero recordar, a este propósito, lo que Fernando Pizarro Orellana cita de la obra versificada de don Luis de Zapata, Carlos famoso: Una octava real, quealude a Hernando Pizarro, de cuyas gestiones con el Emperador procede, en gran medida, la fama pizarrista, como único sobreviviente, al quedarse en España -aunque tenga que sufrir la larguísima prisión del castillo de la Mota-, siempre sagaz e inteligente para salir a flote y lograr, en cada momento, la solución mejor a sus problemas.. El rey, al fin -casado ya con su medio sobrina, la joven mestiza doña Francisca Pizarro Yupanqui, llegada a España con su hermanito, que fallecerá- le otorga la libertad, pese a las presiones almagristas, y a un no disimulado deseo de sus jueces, e incluso de la corona, de quedarse con sus innumerables bienes. Pero no podemos olvidar que una de sus mayores riquezas fue haber tenido una hija, que reconoce y le da su apellido, Francisca Pizarro Mercado, de quien descienden los actuales Pizarro, a través de ella, precisamente, casada con don Fernando de Orellana y Tapia. Hernando aseguró doblemente la descendencia de los Pizarro. Antes fue “embajador” de Francisco ante el Emperador y la Emperatriz. A esto alude el poeta Luis de Zapata:

En Barcelona Carlos Quinto estando,
manteniendo en gran honra su alto estado,
con nuevas del Perú llegó Fernando
Pizarro, Caballero muy nombrado:
el cual, y sus hermanos, peleando,
habían multitud de Indios ganado,
y de los que usan ídolos de barros
ganaron el Perú los tres Pizarros.
[39].

Acabo, finalmente, rindiendo pleitesía a tres mujeres -bastante olvidadas-, sin cuyo apoyo moral y humano no hubiera sido posible la realidad del pasado, con sus sombras y luces, actualizada en el presente histórico. Entre ellas, destaco hoy a Isabel Mercado, la que tuvo el mérito de asumir un futuro imprevisto, de vida consagrada y claustral, viéndose inducida a abandonar, definitivamente, ante su opositora Yupanqui, la posibilidad de haber sido la esposa de Hernando Pizarro, después de haberle dado una hija. Luego es justo exaltar a doña Francisca Pizarro Mercado, cuya sangre corre por las venas de sus descendientes. Al fin, la segunda esposa de don Fernando Pizarro Orellana, doña Lorenza Fernández de Sepúlveda, que supo, sin duda, hacer más llevadera la vida cortesana de este Consejero de su Majestad en la Villa y Corte de Madrid, desde 1628 hasta 1635: ¡Casi siete años de amorosa compañía en la soledad interior de este hombre de Estado!

No deja de ser curiosa asimismo, por su coincidencia, la similitud entre dos extremeños célebres, respecto a haberse casado tres veces: Se trata del pintor-escultor Francisco de Zurbarán y Fernando Pizarro Orellana, escritor, jurista e historiador, por vocación, y hombre de Estado, como queda reiterado. En ambos cada fallecimiento de su esposa supuso una “crisis”; pero en ambos, se resolvía no en quedarse anclados en el dolor y la soledad, sino en búsqueda feliz de nueva compañía. Y en ambos tenemos la impresión de que las bodas no eran de mera “conveniencia”, sino fruto de un auténtico amor compartido.

En nuestro caso, estas segundas nupcias fueron las más breves de cuantas llevó a cabo el Pizarro cortesano. Pero todo da a entender que fueron de las que mayor alegría le ocasionaron: Aunque la felicidad no reside únicamente en la cultura y la riqueza, ésta, indudablemente, suele ayudar, cuando va unida a la sabiduría y prudencia de una mujer que sabe que la vida de dos en común suele ser la vocación mayoritaria de los seres humanos, según revela el mismo Génesis, y aquellos tiempos -dentro de sus limitaciones- estaban fundamentados en el sentido de los valores familiares y esponsales, así como en la vida contemplativa, aunque -como el caso de Isabel Mercado, o de una Sor Juana Inés de la Cruz, la mejicana que llevó a clausura el Virrey- no haya sido, en sus inicios, elegida por la interesada, pero sí asumida luego, y vivida con dignidad.


NOTAS:

[1] Hernando -al ver que su sobrina Francisca Pizarro Yupanqui venía del Perú y llegaba a Medina del Campo el 1-11-1551, manifestando ser mayor de 18 años – cambió la decisión primera que había tenido de casarse con Isabel, la madre de dos hijos suyos, un niño, fallecido en tierna edad, y una niña, Francisca Pizarro Mercado, a la que “legitimó”, casándola, a su debido tiempo, en Trujillo con el señor de Magazquilla; mientras, a su madre la metía de Monja en el Convento de La Coria. Isabel sobrevivirá, en su retiro claustral, a doña Francisca Pizarro Yupanqui. Aparece, en un Protocolo de Trujillo, el 2 de marzo de 1598, entre nueve monjas de “San Francisco el Real”, después de “doña Ana de Sande y doña Catalina de Chaves, como doña Isabel de Mercado”. Esto desmiente la afirmación de Clodoaldo Naranjo Alonso, Trujillo, sus hijos y monumentos, Madrid, Espasa-Calpe, 1983, 274:”Fallecida doña Isabel antes de su salida de prisiones, según la opinión más probable, casó en 1553 con su sobrina”. Sí, casó con su sobrina, con dispensa de Roma, mientras Isabel quedó recluida en clausura. Hernando, con todo, le pagó una cuantiosa dote.

[2] Espasa-Calpe, Madrid – Barcelona, tomo XLV, página 186.

[3] Ob. cit., p. 277.

[4] Cf. Rómulo Cúneo-Vidal, Vida del Conquistador del Perú Don Francisco Pizarro, y de sus hermanos Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro y Francisco Martín de Alcántara, Barcelona, Casa Editorial Maucci, s/l ni año, pp. 611 y 612.

[5] Es bien sabido que Bétera es la villa valenciana de este nombre con el barrio Mallorca y varias casas de campo. Pueblo con historia, libró una famosa batalla el 30 de diciembre de 1347 “entre las tropas de los unidos, acaudilladas por Gilaberto Dalmau de Cruilles, y las de don Pedro IV de Aragón, dirigidas por don Pedro de Ejérica. Los de la Unión vencieron al ejército real, haciéndole gran número de muertos y heridos, y tomando sus estandartes, que fueron llevados triunfalmente a Valencia” (Enciclopedia Universal ilustrada, Espasa-Calpe, t.VIII, p. 507.

[6] Véase el Testamento de Don Fernando Pizarro de Orellana en mi obra Tirso y los Pizarro. Aspectos histórico-documentales, Teatro del Siglo de Oro, Estudios de Literatura 20, Kassel, Fundación Obra Pía de los Pizarro, Trujillo (Cáceres) / Kassel, ed. Reichenberger 1993, pp. 431-548, sobre todo p.437.

[7] El texto del amanuense escribe “Arellano”.

[8] Archivo Histórico de Protocolos de la Comunidad de Madrid (AHPCM), signatura 4.461, ff. 429r – 430v.

[9] AHPCM, signatura 4.461, ff. 962r – 964v.

[10] AHPCM, signatura 4.461, ff.965r – 975v.

[11] AHPCM, signatura 4.461, ff. 1.183r -1.183v.

[12] Esto es lo que señala, correctamente, en cifras. El texto está equivocado, pues dice:”nueve mil trescientos cincuenta maravedís”.

[13] Lastado: ‘suplido lo que debe pagarse con el derecho de reintegrarse’ (DRAE).

[14] Fluecos: flecos, en castellano actual.

[15] Alamares: caireles, adornos.

[16] Catalufa: tafetán doble labrado.

[17] Goteras: cenefas de adorno que cuelgan del cielo de la cama.

[18] Palmilla: paño de calidad, labrado especialmente en Cuenca.

[19] Brocatel. brocado,

[20] Pabellón. colgadura plegadiza que cobija y adorna una cama.

[21] Pita: hilaza de esta planta, oriunda de México.

[22] Pierna: desigualdad en el corte de los tejidos.

[23] Frisones: caballos fuertes, muy anchos de pies, propios para carrozas.

[24] Hoy nos parece alarmante el hecho de que a una joven se le ponga precio en calidad de bien aportado al matrimonio, en medio de objetos diversos, como uno más. Así fue la realidad secular hasta fechas no lejanas, en las familias y personas pudientes. (Esta esclava, Lucrecia, va inventariada entre un tapete de estrado y seis paños de la conquista).

[25] o menaje en el original. ¿Será reminiscencia de la lengua galaico-portuguesa, en que “o” es “el”?

[26] trenes: ostentaciones, lujos.

[27] marco: la mitad de una libra.

[28] onza: la duodécima parte de una libra.

[29] ochava: la octava parte de una onza.

[30] frasqueras: las cajas en que se guardan los frascos, que están hechas con diferentes divisiones, en que entran ajustados, para llevarlos de una parte a otra, sin que se maltraten (Autoridades. A partir de ahora, Aut).

[31] cuchares: así en el original. ¿Síntoma del origen familiar asturiano?

[32] papalinica: así aparece en el original. Ligera deformación lingüística de papelinica: copa pequeña para el vino.

[33] Azafate: fuente o bandeja, en este caso de metal y con pie.

[34] gallones: adornos del jarro de plata.

[35] bernegal: en el ms. pone “bernagal”, según la vacilación vocálica que estoy notando en este memorial; significa una taza para beber, ancha de boca y de forma ondeada (DRAE).

[36] bocados: “son los tacos que se hacen de filástica -hilos sacados de cables viejos- para las piezas” (Aut).

[37] taller: vinagreras para el servicio de la mesa.

[38] AHPCM, signatura 4.461, ff. 1.183r – 1.188r.

[39] Don Luis Zapata, Carlos famoso, canto 36, cit. por Hernando Pizarro Orellana, ob. cit., 293.Corregí algún verso con erratas.

Oct 011999
 

Luis Vázquez Fernández.

1. Breve noticia previa de la egregia personalidad de este Pizarro aurisecular

Hace un par de años presenté, a estos ya “históricos” Coloquios históricos de Extremadura, un trabajo sobre este Pizarro intelectual, Don Fernando Pizarro Orellana, en el que valoraba -sobre todo- su selecta y bien nutrida Biblioteca. Este Caballero de Calatrava, se especializó en Derecho en la Universidad salmantina, de la que fue, más tarde, eximio Profesor. Como intelectual que era, no sólo se dedicó a la enseñanza, sino que escribió una obra importante, con este título floridamente barroco: “Varones ilustres del Nuevo Mundo, descubridores, conquistadores y pacificadores del opulento, dilatado y poderoso Imperio de las Indias occidentales: Sus vidas, virtud, valor y hazañas y claros blasones, ilustrados en los sucesos destas vidas con singulares observaciones políticas, morales, jurídicas y misceláneas, y razón de Estado; para mayor autoridad de la Historia, y demonstración della, y su utilíssima Lección. Con un discurso legal de la obligación que tienen los Reyes a premiar los servicios de sus vassallos; o en ellos, o en sus Descendientes. Dedicado al Augustíssimo Monarca Felipe IV, el Grande, Nuestro Señor Rey de las Españas, y entrambas Indias. En manos del Excelentíssimo Señor Conde Duque de Sanlúcar, Gran canciller de las Indias, etc.En Madrid, por Diego Díaz de la Carrera. Año M. DC. XXXIX.[1]

Firma la dedicatoria como “El Licenciado D. Fernando Pizarro y Orellana”. No llegó a hacer el Doctorado, pues pronto se consagró a la “alta política”, en la que tuvo puestos de máxima responsabilidad. Quisiera señalar que el licenciado Don Pedro González de Salcedo, Abogado de los Consejos, abre la obra con una “Oración panegírica”, en la que deja constancia de que estos varones ilustres, le ilustraron a Don Fernando Pizarro, justamente cuando él los declara ilustres. Reconoce que le vieron las Escuelas, cuando era alumno; y, ahora, ya maestro, el mundo codiciaba su doctrina. Acaba de comunicársela. Y quiso mostrar que no sólo era experto en leyes, sino asimismo en historia, en política, y en precisos preceptos militares. Esta obra le valió reconocimiento, y todos comprendieron que era una luz que alumbraba a sus propios antepasados, reflejándose sobre él mismo. Por algo Felipe IV le comprometió “en el mayor Tribunal del Mundo”: ¡España tenía entonces conciencia de su puesto sobresaliente entre los mayores imperios! Elevado a la categoría de Ministro del Consejo Supremo de Castilla, Fernando Pizarro Orellana, gozaba de los privilegios del corazón mismo de la Monarquía, de cuyos latidos vive todo el inmenso imperio hispánico. Sirvió a su Príncipe en las letras. Sus antepasados fueron “heroicos en las armas”, él lo es siendo “docto en las glorias de su Patria”, que sabe ensalzar, mientras orienta el vivir cotidiano, con su consejo sabio, prudente y de altas miras.

(Algún día sería bueno destacar su descripción de los “varones ilustres”, sus antepasados, y discernir lo que pueda haber de “desmedido” en el afecto familiar, y lo que haya de exactitud histórica, contrastándolo con otros cronistas e historiadores).

El poeta latinista Juan Francisco de Prado le dedica un poema de “encomio”, cuya primera y última estrofa canta sus glorias, con sabor clásico:

Dum Cantu Fernande paras monumenta virorum
Tempora quae superunt, marmoreumque decus,
Ecce tuum nomen tollit super aethera fama
Laudibus egregiis, dum nova secla manent.

Hic Lector carpit flores de vertice Pindi,
Doctrinasque patrum, sacra que jura legit.
Accipies meritas grato pro munere laudes,
Nunc redimire caput serta decora petunt.

Traducido a “romance”, guardando el hipérbaton poético, diría:

“Mientras que en el canto, Fernando, recreas las glorias de los antepasados,
que trascienden los tiempos y el esplendor marmóreo,
he aquí que tu nombre se eleva sobre lumínica fama,
con alabanzas egregias, mientras las nuevas generaciones persisten.
(…)
Aquí el lector coge las flores de la cima del Pindo,
y las doctrinas de los padres, y los sagrados derechos escoge.
Recibas merecidas alabanzas por el grato trabajo:
¡Ahora piden ceñir tu cabeza con bella guirnalda!

Con barroca elegancia escribe Fernando Pizarro Orellana Los varones ilustres del Nuevo Mundo. Y en el “prefacio” recuerda a Arias Montano, “mayor -dice- en divinas y humanas letras, e insigne español extremeño, de la Orden del señor Santiago, a quien imitó, en estos tiempos, el Padre Maestro Márquez, en suGobernador cristiano”.[2]

Su obra trata, ampliamente y con visión personal, sobre los personajes más destacados de la gran conquista, pacificación y repoblación del Nuevo Mundo: Cristóbal Colón, primer Duque de Veraguas; el Capitán Alonso de Ojeda; Hernán Cortés, Primer Marqués del Valle de Oaxaca; Francisco Pizarro, Marqués de los Atabillos; el Mariscal y Adelantado Diego de Almagro; el insigne español Hernando Pizarro, hermano del Marqués don Francisco; Juan Pizarro, el Bueno, hermano del Marqués don Francisco; el valiente Gonzalo Pizarro, hermano natural del Marqués: tan insigne en sus hazañas, como desdichado en su fortuna, y, en su opinión, injustamente; el Maese de Campo Diego García de Paredes, el Invencible.¡Nueve esclarecidos varones, émulos de los nueve de la fama! Promete unTomo segundo -si la salud le diere lugar, precisa muy serenamente-, en el que hablará de las hazañas y méritos de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Pirú; Hernando de Soto, conquistador de La Florida; Alonso de Alburquerque y Duarte Pacheco, conquistadores de las Indias de Portugal; don Juan de Silva, el de Las Filipinas; y las de otros insignes e intrépidos Capitanes… Por lo demás, en la “Historia de las Órdenes” -escrita con “su asistencia”- reconoce que “no se sacaron razones de Estado”, que, a ser sólo suya lo hubiera hecho. Escribió también unos “Emblemas”, al estilo de Alciato, muy leídos y estimados; así como “El Discurso Militar y Legal, y el Apologético en favor de las Órdenes Militares”; y el de “Las Estafetas, y por la Orden de Calatrava sobre la Encomienda de Bétera, que su Majestad le hizo”. Promete otros libros de “Jurisprudencia”.

Como podemos comprobar, Fernando Pizarro Orellana -en medio de sus tareas de Gobierno- supo encontrar horas extra para sus escritos, que son los que permanecen, y nos revelan su magna cultura y sus criterios, casi siempre certeros, aunque -reconozcámoslo- matizados por el amor a “los suyos”, cosa, por lo demás, natural y propia de quien, desde el afecto familiar, adquiere una “visión de tierna miopía”, como díría Dámaso Alonso.[3]Pero, en general, es ecuánime y objetivo, sobre todo en el relato y valoración de las hazañas, vistas -claro está- siempre “desde esta ladera”, que es la visión de los conquistadores. De modo que, en él, se da doble motivo para el elogio de los “Varones ilustres del Nuevo Mundo”: su condición de hermano y de español. (En ciertos casos condicionará su estudio el ser trujillanos, o, en todo caso, extremeños: ¿Quién podrá lanzar la “primera piedra” con tales presupuestos?).

2. Hallazgo del “Memorial” de Fernando Pizarro Orellana, y su encuadre económico-social

En ocasión privilegiada de investigación y búsqueda, he podido adquirir un manuscrito inédito, revelador de una faceta ignorada de este gran Pizarro, hasta el momento presente, aunque muy unida a su condición de “Miembro calificado del Consejo de Castilla”, con Felipe IV. Esta “Memoria” se incluía en la comisión que se dio al Regidor de Ávila, Don Fernando Tello de Guzmán, “para cobrar dicho donativo que pidió el Rey a sus vasallos, a fin de sufragar los gastos de guerra”, en su ciudad, el año 1635″.

El Conde Duque de Olivares, gran valido de Felipe IV, mantuvo una economía de guerra, que provocó malestar en la población. Dice un historiador serio: “Naturalmente que una economía de guerra total no podía permanecer al margen de aquel conjunto de ´´ expedientes´´ del que habían echado mano los gobiernos anteriores. Como la velocidad del gasto era muy superior a la de exacción, cualquier método que aliviara, aunque fuese provisionalmente, las exhaustas arcas regias era acogido como providencial, utilizándose sin el menor recato (…) De 1635 a 1637, en cuyo trienio se trocaron forzosamente más de dos millones; 1636 con préstamo obligado de 800.000 ducados, que se repitió al año siguiente por cuantía de sólo medio millón”.[4]

Las sátiras en verso -que circulaban, anónimas, de mano en mano- se unían a las “Cartas de los Jesuitas”, los “Avisos de Pellicer”, los “Registros de Novoa”. En la Biblioteca Nacional de Madrid existen muchos manuscritos “críticos” a la Monarquía en este momento. Un ejemplo, entre otros, que revela la opinión del gran valido:

Manda el señor don Gaspar
de Guzmán, mayor privado,
que ninguno sea osado
del Gobierno murmurar.
[5]

Ya Villamediana, Quevedo, y el mismo Tirso, hicieron letrillas satíricas, de las que el público conservaba en su fresca memoria, y repetía a coro por las calles de la Villa y Corte. Pero figuraron siempre como “anónimas”. Los interesados no tenían interés alguno en dar sus nombres, que podían comprometerlos. De hecho, Quevedo saldrá malparado. Y Tirso -en visita oficial del Vicario General- es “desterrado” a Cuenca, por “escribir letras satíricas contra gente del Gobierno”, según se deduce de las “Actas de visita” del que había sido Provincial suyo pocos años antes. La visita la hace en 1640, durante la “guerra de Cataluña”, cuando el General se hallaba incomunicado, y no podía visitar los conventos de Castilla, delegando para este menester al Vicario Salmerón. Tirso acudirá, desde Cuenca, al Nuncio de Su Santidad, quejándose, y pidiendo penas para el Visitador.

¿Qué obras se publican, en torno a cuestiones de gobierno, en la Salamanca del XVII, conocidas, sin duda, por Fernando Pizarro Orellana? La carestía de los precios y sus causas reales, así como la huida de los metales preciosos preocupa a los teóricos y corresponsables del gobierno de España. Tomás de Mercado (+ 1575) había dado a la imprenta su obra de Tratos y contratos , que tuvo una segunda edición en 1571, en Sevilla, en la calle de la Sierpe famosa. Se la imprime Hernando Díez, impresor de Lisboa. El Doctor navarro, Martín de Azpilcueta(1491-1586) –emparentado con san Francisco Xavier, graduado por Alcalá y Toulouse, y profesor en la universidad de Cahors (Francia), es luego Rector de la Universidad de Coimbra, durante 16 años, hasta que es llamado a Roma como canonista extraordinario- publica otra magna obra: Comentario resolutorio de cambios, Salamanca, 1566.

Después de ellos, varios “arbitristas” ofrecen literatura abundante, constatando el declive de la economía y la gran inquietud reformadora en esta materia.[6]Justamente el 29 de enero de 1638 se quiere frenar la inflacción, retirando la moneda de vellón de cobre puro, sustituyéndola por otra de plata:¡Duró 6 años esta operación financiera y política! Para ello, el Reino votó la concesión de un millón de ducados por cada año. ¿Resultado? Un puro fracaso. A los tres años se paró esta experiencia. Eran, sobre todo, los gastos militares y su retención por los especuladores los causantes del mal económico de España.[7] En este contexto, pues, vive y desarrolla su acción política don Fernando Pizarro Orellana, que estaba bien al corriente de la situación reinante.

3. Transcripción de la “Memoria” de gracias otorgadas por don Fernando Pizarro Orellana

Memoria de las gracias que se conzeden por el Señor Don Fernando Pizarro, Caballero de la Horden de Calatrava, Comendador de Bétera, del Consejo Real de Castilla, en virtud de la Comisión que de Su Majestad tiene.[8]

  • Veintiquatrías[9], Regimientos, Curadurías[10], Escrivanías, Procuraçiones, Alferazgos, Thesorerías y todos los demás offiçios de que se aya de despachar nuevo Título, así por renunçiaçión como por nombramiento y por vacaçión, y el balor de los tales offiçios se han de reputar conforme passaren entre los demás que los tienen ya algo, menos supplimientos de no haber vivido los renunçiantes los veinte días de la ley, y de los demás defectos, y otros; y, en caso destos, se abrá de atender a qué cossa se sujete y qué offiçio es, suplimientos de hedad para subalternos, y procuradores, y perdón de las penas en que huvieren yncurrido, al que para examinarse de Secretario, o de otro offiçio, ha hecho ymformaçión ynçierta, aunque esté en po[sse]ssión[11], juntamente con lizençia para usarle quieta y pacíficamente, y otros suplimientos de algunos años de estudio para los diez que an de tener para ser avogados y juezes. Y también de los cinco de pasantes para ser Alcaldes Mayores.
  • Perdones de muertes, Remissiones de Galeras y destierros por qualesquier delitos, y de suspensiones y privaçiones de offiçios, y perdón de las penas en que huvieren yncurrido por haberlos ussado durante la suspensión.—-
  • Facultades para hazer Mayorazgos de bienes libres, y otras para bender bienes vinculados, subrogando otros en su lugar, y otras para tomar a zenso cantidades de maravedís sobre mayorazgos y bienes vinculados.—-
  • Lizençias para andar en coches y sillas de manos, y es forzoso la ayan de tener. Lizençia a Clérigos para dejar alimentos a sus hijos, señalando la cantidad, y para que puedan gozar de las honrras y preeminenzias que los legítimos, y tener offiçios Reales, Conzexiles y públicos.—-
  • Lizençias para traer descubiertos los ávitos de San Jorje, san Mauriçio, san Estevan, y los demás prohibidos.—-
  • Lizençia para mançipar hijos[12], y sacarlos del poderío paternal de su padre: es árbitro.—-
  • Lizençias a Clérigos Letrados para que puedan avogar.—-[13]
  • Lizençia a Letrados y Procuradores para nombrar Personas que sirvan sus offiçios, haviendo caussas, o por ausençia o enfermedad, y las biudas que por muerte de sus maridos les pertenezen o a sus hijos.—-
  • Lizençias para ser Alguaçiles Mayores de qualesquier lugares, no embargantes que sea natural dél, o esté cassado con muger que lo ssea.—-
  • Ligitimaçiones a hijos bastardos y naturales para heredar y gozar de honrras y offiçios, y las demás preheminençias que los legítimos.—-
  • Naturalezas a estranjeros para gozar de todo lo que gozan los naturales, exçeptuando Rentas eclesiásticas, tratar y contratar en Yndias, y en lanas, y boz y voto en los Ayuntamientos.—-
  • Merçed de los bienes que dejan los Clérigos a sus hijos, por tácito y fide Comiso[14], para que después de sus días se los den los que quisieren dar.—-
  • Merçed de los bienes que dejan los que mueren abintestato[15], sin dejar herederos forzosos—-
  • Merçed de las restituçiones que algunos dejan a Su Magestad, por testamento o por otra manera.—-
  • Restituçiones de honrras a los que estuvieren excluidos dellas, por qualesquier caussas, y liçençias para usar de los offiçios que tuvieren.—
  • Comfirmaçiones de Previlegios antiguos y modernos, y suplimientos de no haverlos comfirmado de los Señores Reyes antezesores.—-
  • Previlegios de hidalguías.—-
  • Exempçiones de jurisdiçiones, y hazer Villas a algunos lugares.—-
  • Perpetuar offiçios de qualquier calidad que sean.—-
  • Facultades para rompimientos, acotar baldíos o dehesas, y benderlas, para el desempeño de alguna Çiudad, Villa o lugar.—-
  • Conzesión de mercados y ferias.—-
  • Preeminençias de servir por Teniente offiçios, en ausençia o enfermedad, y que goze de las mismas exempçiones, preheminençias, salarios o aprovechamientos, y también lo pueda nombrar, estando en el lugar, con tanto que el propietario, ussando su Theniente, no ha de usar él, ni entrar en el Ayuntamiento, ni llevar aprovechamiento alguno.—-
  • Conzede también la Cámara, por calidad de algunos offiçios, que si suzediere ser electos por Alcaldes hordinarios de hermandad, o otros, algún Regidor, sin tener obligaçión de renunçiar su offiçio de tal regidor, puede usar el de Alcalde, etc. Con que no tenga boz ni boto por razón de offiçio de Regidor.—-
  • Yndultar a los scrivanos de un partido, para que no sean residençiados, ni se les vissiten los papeles, ni baya Juez por tiempo limitado.—-
  • Relevar a los Cavalleros hijos de algo[16] que no salgan con sus armas y cavallos a las fronteras con su Magestad que se les mandara salir presto, pena de perder las preeminençias, y que a costa de su hazienda yrá otro en su lugar.—-
  • Lizençia para vivir juntos dos, que uno es Alcalde y otro Regidor, que tengan offiçios de Gobierno, como si dijésemos padre e hijo.—-
  • Lizençias para mejorar hijas en terçio y quinto, para efecto de casarlas.—-
  • Merçed del derecho que Su Magestad tiene a qualquier offiçio u otra cossa.—-
  • Comutaçiones de unas vidas en otras, para offiçios y otras cossas.—-
  • Prorrogaçión de los 60 días para tomar Posesión.—-
  • Lizençias para tomar possesión por Procurador, y jurar qualquier offiçio.—-
  • Çédula de Su Magestad para que, en los lugares que son de 500 vezinos abaxo, no se aloxen soldados de los de la Guarda del Reyno.—-
  • Provissiones para que el Corregidor ponga en libertad a un noviçio o novizia[17], por ocho días; y, si no quiere ser religioso o religiosa, se dexe yr libremente, a pedimento de qualquier pariente.–
  • Dásele facultad al señor don Fernando Pizarro para que pueda consumir offiçios[18], de qualquier jénero y calidad que sean, y dar medios y facultades y arbitrios para su paga, o que tomen zensos sobre los propios, o se benefiçie algún efecto.—-
  • Puede relevar, por tiempo limitado, a los Voticarios de la bisita jeneral que se ymbiará muy presto.—-
  • Puede relevar algunas Villas de que bayan juezes pesquisidores a las quentas de propios y pósitos[19], offreziendo darlas en la Corte quando aya querellante, y que los puedan oy[r]][20] por procurador.—-
  • Puede ansí mesmo prorrogar la bisita de Cortas y talas, relevándolos de juez, por tiempo limitado.—-
  • Puede, en los lugares de su Señorío, bender las Varas de Alcaldes y los offiçios de Regidores, y otros que han tenido por permissión o tolerançia, y darle a la Villa la jurisdicción que siempre ha ussado, y las escrivanías, como no tengan benta dellas el señor, aunque tenga costumbre de nombrar.
  • Véndese esto a los mimos lugares o señores los que primero llegan a comprar, y asimismo en jeneral tiene su comisión e ynstruçión que haga otras qualesquier dispensaçiones y grazias.—
    (Rúbrica )[21]

4. Conclusión

Queda patente que don Fernando Pizarro Orellana, en cuanto Miembro cualificado del Consejo Real de Castilla, tenía poderes regios para otorgar gracias y facultades muy amplias a los más diversos estamentos de la sociedad de su tiempo, que iban desde el perdón de muertes, galeras y destierros; pasando por las facultades para hacer mayorazgos de bienes libres y vender bienes vinculados, las relativas a los “hijos de clérigos” como “legítimos”, etc.; hasta restituciones de honras, privilegios de hidalguías, el poder poner en libertad a novicios y novicias, y devolverlos a sus parientes, si ellos así lo desean, e incluso legitimar a “hijos bastardos y naturales”, pudiendo así heredar y gozar de los mismos privilegios y honras que los legítimos.

Conocíamos este cargo en el Gobierno; sabíamos que conllevaba ciertas prerrogativas; pero no habíamos encontrado documento alguno -que yo sepa- que nos especificara, tan al detalle, los poderes de que gozaba en la Corte de Felipe IV. En 1635, cuando aparece fechado este documento en relación con las comisiones del otro homónimo, Fernando Tello, suceden hechos notables en la Corte. Citemos algunos acontecimientos, señalados por los cronistas y las “Gacetas” de la época: Fallece, el 6 de enero, doña Lorenza de Sepúlveda, mujer de don Fernando Pizarro, “Caballero de la Orden de Calatrava y Oydor del Consejo Real”. Como sabemos, se volverá a casar en segundas nupcias, con cuya segunda esposa vivirá feliz unos 17 años.

El día 7 nombraron Predicador real al jesuita P. Fariñas, hijo de don Fernando Ramírez Fariñas, del Consejo y Cámara de Su Majestad..

Feliz acontecimiento el del día 16 de enero de este año 1635: Después del mediodía “parió una hija” la Reina, nuestra señora:¡Había estado poco antes en nuestra Señora de Atocha! Hubo esa misma noche grandes más caras y festejos.

El mismo día falleció un mendigo portugués. ¿Por qué se destaca este acontecimiento? Porque, habiendo pasado su vida pidiendo en la calle del Arenal, en nombre del “Seráfico Padre san Francisco”, le hallaron 6000 ducados en oro y plata. ¡Picaresca madrileña, la de ayer como la de hoy!

El día 25, la Marquesa de la Hinojosa, esposa de don Rodrigo Pimentel, ingresó en las Huelgas de Burgos, de por vida. ¡No era inusual el que gente de la nobleza ingresara en monasterios!

Entró en la Corte, a caballo – viniendo de Flandes y Alemania- don Diego Mejía, Marqués de Leganés. Salió a recibirle la Corte en pleno, “con botas y espuelas”, a la puerta de Fuencarral. Llovía a cántaros, y la entrada fue deslucida. Se apeó en Palacio, y besó las manos de Felipe IV.

El 29 llegó buena noticia de Alemania: La Infanta doña María “parió una hija”. Hubo Te Deum laudamus y luminarias nocturnas.

Comenzó el mes de febrero con el bautizo solemne, el día dos, Purificación de Nuestra Señora, de la Infanta recién nacida. Se bautizó en la misma Capilla Real de Palacio. Ministró este primer sacramento el Cardenal Espínola, Arzobispo de Santiago y Capellán Mayor de su Majestad, que lleva el curato en Palacio. Le pusieron varios nombres, según costumbre regia: Mariana, Antonia, Dominica, Jacinta. Llevóla en brazos la Condesa de Salvatierra, viuda, dentro de una silla de cristal, portada por reposteros de Cámara, engalanados para este acontecimiento. La apadrinaron el Príncipe y la Condesa de Olivares, su Aya. La noche ardió en luminarias, para celebrar este evento, real, aunque femenino.¡A los Príncipes se les festejaba doblemente!

Viviendo su esposo -con licencia del Papa- tomó el hábito de dominica, en santa Catalina de Siena, doña Damiana de Astorga, mujer del Secretario don Pedro de Berberana, Caballero de Calatrava. Se tuvo por “cosa muy nueva en los que son grandes señores”, señala el cronista oficial. (No debieron de faltar maldicientes, que ironizaban acerca de las no demasiado buenas relaciones entre ambos cónyujes).

El día 7 hubo una muerte violenta: Don José de Pellicer de Salas -¡un poeta!- y su hermano quitaron la vida a don Diego de Atienza y Santander. ¿Razón? Por no querer casarse con una hija de los Pellicer.

¡Qué lejos, y qué cerca -a la vez- de los sucesos “feministas” actuales! Aunque hoy los poetas suelen ser menos apasionados.

El 17 llegó una nueva, sorprendente: El Duque de Lerma, en los Estados de Tréveris, degolló 1600 franceses, que tenía en presidio. Señala el cronista:”Nueva de mucho gusto para España”.

El 28 tomó posesión de Alcalde de “Casa y Corte”, don Gregorio López de Mendizábal, Caballero del Hábito de Santiago. Llamó mucho la atención, por ser el primer Alcalde de Hábito.

Pasando por alto otras noticias, finalizaré con algunas de mayor relieve: Hubo varios asesinatos “sin confesión”, como el Burlador de Sevilla, de Tirso de Molina: Tanto en la realidad como en la ficción teatral, entonces se consideraba como camino casi seguro de condenación. (Conste que el “Don Juan” pide confesión, lo que supone arrepentimiento:¡Tirso lo mandó al purgatorio!).

En el mes de junio se les secuestran los bienes a todos los franceses que residen en la Corte.

Porque estaban en guerra Francia y España. ( Parece que el Rey de Francia había hecho cosa semejante con los españoles en París: ¡Regía la “ley del talión”, por lo que se ve! A esta guerra se deben los privilegios y gracias que otorgó nuestro don Fernando Pizarro Orellana, según dejamos puesto de relieve, gracias al documento inédito y manuscrito, recién “aparecido”.

El 19 de julio llegan malas noticias de Sicilia y Génova: Perecen en el mar 2000 españoles, que venían en 36 galeras del Marqués de Santa Cruz. También en Flandes “degollaron a 1000 españoles”.

Sin embargo, no todas fueron calamidades. El 25 llega correo de Alemania con la buena nueva de “haberse hecho las paces entre el Emperador y el Duque de Sajonia”. El mismo Emperador casó una hija con el Duque de Babiera. Y España no podía menos de alegrarse. En Madrid se caso, por poderes, el Marqués de Ferreira, portugués, con doña Juana Pimentel, Dama de la Reina, y hermana del Marqués de Tábara. El día 2 de julio concedió el Reino a su Majestad nueve millones, pagaderos en tres años. ¡También el Rey “mendigaba” a los nobles e hidalgos, y al pueblo simple y labriego!

El 19 de julio -¡cosa extraña, siendo el río tan menguado!- se ahogó en el Manzanares el Regidor don Juan Calderón, al bañarse. No dejó hijos, pero sí 70 mil ducados de hacienda.

El 1 de agosto se propuso para el Obispado de Vigévano al Maestro General de la Merced,el P. fray Marcos Salmerón. (De hecho no llega a realizarse la consagración. Lo será, más tarde, en 1654, otro mercedario, Fray Gabriel Adarzo de Santander, madrileño, y Catedrático en Salamanca y de Alcalá, Definidor Provincial de Castilla, Predicador real y Consejero de Felipe IV: Aquí el “gacetero mayor del reino” anduvo equivocado).

Es en agosto de 1635, el 27 exactamente, cuando fallece el gran Lope de Vega. Le enterraron en la parroquia de “San Sebastián” (donde se bautizó Gabriel Téllez). Celebró sus honras el Duque de Sessa -de quien había sido “secretario”-, quien convidó a la Corte, incluidos los Grandes y Caballeros. Debió, por lo tanto, de asistir don Fernando Pizarro Orellana. Predicó un agustino célebre, el Padre Maestro fray Ignacio de Vitoria. Tuvieron sus honras los “Representantes” -por ser dramaturgo-, los “Clérigos naturales de Madrid” -por pertenecer a su gremio-, y los “Familiares del santo Oficio”, pues Lope lo era. (Sin embargo, el de Sessa no le hizo “panteón”, como le había prometido; y sus cenizas acabaron esparcidas, sin que quede huella de sus restos mortales).

El 18 de noviembre, entraron en Francia los españoles y degollaron a más de 6000 franceses. De nuevo, el autor de la “Gaceta diaria” anota:”Hubo gran regocijo en la Corte de España, y el Rey nuestro señor salió luego a su Capilla a oyr el Te Deum laudamus”. ¡Esa era la sensibilidad del momento, que hoy nos choca, en su directo “realismo”![22]

He querido señalar algunos de los sucesos significativos de la vida madrileña de 1635, para que cobremos conciencia del ambiente que rodeaba a don Fernando Pizarro Orellana, profesor e intelectual -como dejé demostrado en otra ocasión-, pero también hombre cortesano y de Gobierno, con amplios y extraordinarios poderes, según nos descubre este documento inédito, seguramente anterior a la fecha de 1635, que aparece en relación con el Regidor de Ávila, don Fernando Tello de Guzmán. Don Fernando Pizarro Orellana había tomado ya posesión de la “Fiscalía del Consejo de Órdenes” el día 14 de julio de 1623, siendo del Hábito de Calatrava hacía tiempo.[23] Y su ascensión en la Corte de Felipe IV fue en aumento. Era uno de los más fieles, y capacitados, servidores de su majestad. Sin llegar a poseer los “poderes” de un valido, como el Conde-Duque de Olivares[24], llegó a ser uno de los Miembros del Consejo Real de Castilla más honrado y eficiente, nunca objeto de “vejámenes”, como sucedió con Franquesa, el Conde-Duque, Rodrigo Calderón, y otros, que cayeron en “desgracia”.¡ Don Fernando Pizarra Orellana fue, sin lugar a dudas, una de las mayores honras que la familia Pizarro-Orellana ha tenido a lo largo de los siglos![25]

Podríamos calificarlo como el Pizarro que tuvo mayor parte en el Gobierno de España, y con máximo encomio de todos, a lo largo de los siglos. A él le tocó, ciertamente, un momento estelar en la política del Imperio español, aunque ya se veía venir la “decadencia”. Experto, como era, en Derecho, tuvo parte muy principal en las determinaciones reales, a partir de sus decisiones en el seno del “Consejo Real de Castilla”, que era escuchado personalmente por su Majestad. ¡Lástima que Felipe IV se dejara “manejar”, durante veintidós años -desde su tierna juventud- por Olivares! Hasta que el 20 de enero de 1643, en carta al Gobernador de los Países Bajos, don

Francisco de Melo, Felipe IV escribe, tajante y decidido:”Yo tomo el remo”.[26] Es de suponer que todo el “Consejo Real de Castilla” respirara, liberado. Entre sus miembros, don Fernando Pizarro Orellana. ¡Aunque el futuro -ya sombrío- no iba a ser demasiado halagüeño ni florido!

Los compromisos que el Conde-Duque de Olivares, durante tantos años de Gobierno, como “Valido absoluto”, había ido creando; las decisiones, no siempre acertadas; las relaciones internacionales; el sistema de “guerra a ultranza”, mantenida a costa de los dineros de nobles y plebeyos; todo eso había ido minando la posible política moderada y eficaz, y cuando Felipe IV -presionado, sin duda, por multitud de “arbitristas”- toma la seria y definitiva decisión de prescindir del prepotente Olivares, y dirigir él mismo las riendas de España y sus Virreinatos, ya era demasiado tarde.

Es de suponer que sus “Consejos”, y entre ellos, de un modo especialísimo, el “Consejo Real de Castilla”, hayan manifestado entonces sus opiniones al Rey. Con toda seguridad don Fernando Pizarro Orellana – dada su condición de “jurista”- en multitud de ocasiones debió de expresar su criterio de gobierno, recogiendo también el sentir de la nobleza y del pueblo llano. El Conde-Duque de Olivares mantuvo su poder omnímodo durante demasiado tiempo. Ahora, faltaba -entre otras cosas- juventud emprendedora, y Felipe IV no será capaz de regir todo un imperio, a pesar de la ayuda de sus Consejeros.

A Don Fernando Pizarro Orellana le quedaban tan sólo nueve años de vida. Su experiencia de gobierno era preciosa, pero su capacidad de Consejero se iba debilitando con el correr de los años. En todo caso, nunca aparecerá él como quien tome las principales decisiones. Le bastaba ser buen Consejero. Y lo fue, ciertamente. Pero los imponderables de la Historia han hecho que la etapa de gobierno de Felipe IV sin el Conde-Duque de Olivares no haya colmado las expectativas provocadas por su regia decisión. El Gobierno y sus “Consejos” siguieron viendo los problemas. ¡Fueron, sin embargo, incapaces de solucionarlos, acaso porque ya estaban mal planteados, y faltaba el “hombre emprendedor”, capaz de re-creaciones originales!


NOTAS:

[1] Forma parte del título, naturalmente, su autor, que se autonomina así: “ Escrive Don Fernando Pizarro y Orellana, Cavallero de la Orden de Calatrava, Comendador de Vetera, del Consejo de Ordenes, y aora del Real Supremo de Castilla”. Y todavía añade: “Lleva seis Indices, o Sumarios: Uno de Autores: Otro de Leyes: Otro de Capítulos: Otro de Observaciones: Otro de Lugares de escritura: Y otro de Cosas memorables; para más fácil comprehensión de toda la Obra. Con Privilegio”. ¡Todo un frontispicio sembrado de aclaraciones, que vienen a ser la síntesis de la obra en sí!”. Un original, perfectamente conservado, y lujosamente encuadernado, se conserva en la Biblioteca del Monasterio de Poio (Pontevedra), que se enriqueció culturalmente con la donación de la espléndida Biblioteca del poeta y bibliófilo don Antonio Rey Soto. He podido manejarlo y consultarlo en varias ocasiones.

[2] Véase Prefación periódica historial y moral a las vidas de los varones ilustres del Nuevo Mundo Occidental: descubierto, conquistado y sujeto -por sus invencibles armas, y virtud heroica- al blando yugo del Soberano del Imperio de los Sacros Reyes de Castilla, Mayores monarcas del Orbe. ¡No hay duda de que Pizarro Orellana, al igual que otros escritores célebres de la época, veían en esta heroica hazaña del “descubrimiento” una providencia divina otorgada a nuestros Monarcas, que venían a ser como los sustitutos de los Reyes del Pueblo sagrado, cuya misión adquiría tintes de universalidad y de gloria suprema! No es éste el lugar para ampliar este aserto. Quede, tan sólo, enunciado.

[3] Es bien conocida la obra poética de Dámaso Alonso: Prólogo a “Hombre y Dios”, Poesía y otros textos literarios, Gredos, Madrid, 1998, p. 361.Comienza su soneto “Mi tierna miopía”:
Disuélveme, mi tierna miopía,
con tu neblina suave, de este mundo
la dura traza, y lábrame un segundo
Mundo de deshilada fantasía…

Podemos afirmar que este “Segundo Mundo” o Nuevo Mundo lo cantó, en prosa solemne, y elegante, Fernando Pizarro y Orellana, con “tierna miopía”, cuando se refiere a sus hermanos.

[4] Véase Miguel Avilés, Siro Villas y Carmen María Cremades, Historia de España, 9, La crisis del siglo XVII bajo los últimos Austrias( 1598-1700), Gredos, Madrid, 1988, p. 173.

[5] BNM, ms 2.311,. fols. 240 y ss.

[6] Citemos obras como la de Sancho de Moncada: Restauración política de España, Madrid, 1619; Pedro Fernández Navarrete: Conservación de Monarquías y Discursos políticos, Madrid, 1626; Miguel Caja de Leruela: Restauración de la antigua abundancia de España, Nápoles, 1631. Y, finalmente, los que teorizan sobre la inminente “decadencia”: Francisco Martínez de la Mata, en Memoriales (…) En razón del remedio de la despoblación y esterilidad de España, Madrid, 1656. La salvación estará en la industria, dice. Baste este muestrario de publicaciones para hacernos idea de la preocupación por la “decadencia” y la posible causa de sus remedios.

[7] Puede consultarse, a este respecto, la obra dirigida por V. Vázquez de Prada, Historia económoca y social de España, III: Los Siglos XVI y XVII, Madrid, 1978.

[8] Destacamos los títulos de don Fernando Pizarro. – Comendador: El Caballero que tiene Hábito y Encomienda, en este caso, en la Orden de Calatrava. Se llamó así porque las rentas que tenía se las dan en encomienda, y no en título, por ser Caballero y Seglar, incapaz de tener prebendas eclesiásticas coladas. Y así las rentas que tiene, por consistir en diezmos y primicias, se llaman “Encomiendas”. – Orden de Calatrava: Orden Militar de Caballería en España, fundada el año 1158, bajo el reinado de Don Sancho III, Rey de Castilla, que -habiendo conquistado el Castillo de Calatrava- se lo dio a los Templarios, quienes, no atreviéndose a defenderlo, se lo devolvieron; y san Raimundo, Abad de Fitero, acompañado de personas de prestigio, se ofreció a defenderlo, con lo cual se lo dio el Rey; y, por enero de 1158, se otorgó la escritura en que se le concedía a este Abad la Villa de Calatrava la vieja, para defenderla a su costa. Esta sociedad estableció el Orden, que aprobó Alejandro III, el año 1164; y la confirmó Inocencio III, en el de 1198, bajo la Regla del Císter. La insignia que traen los Caballeros y Freiles es una Cruz encarnada, con los cuatro brazos iguales, en el hombro izquierdo de la capa. Con el tiempo se adornó alrededor con algunas labores de torzal de seda del mismo color. Y los Caballeros traen la misma Cruz en una venera colgada del pecho. Tomó el nombre el origen que tuvo en la villa de Calatrava . –Comendador de Vetera: Castillo de la población que lleva el mismo nombre, en Valencia. Ahí se libró una batalla, el 30-12-1347 entre los unidos, acaudillados por Gilaberto Dalmau de Cruilles y los seguyidres de don Pedro IV de Aragón, dirigidos por don Pedro de Ejérica. Vencieron los de la unión al ejército real. –Consejo Real de Castilla: Es el Supremo de Castilla, que tiene como subalternos al de Indias, Órdenes, Hacienda, etc. El primer fundador fue Juan I. Felipe III, por real cédula de 20-1-1608, formó una Sala para asuntos de gobierno, con 5 Consejeros y el Presidente, y dividió los 11 restantes en Tres Salas. El 18-2-1617 dispuso que bastasen 2 Jueces para causas civiles, que no excediesen de 1000 ducados.Ser del “Consejo Real de Castilla” significaba tener máxima autoridad en cuestiones de gobierno. Fernando Pizarro Orellana gozaba de este título real.

[9] Veintiquatrías: Cargo de Veinticuatro, o Regidores.

[10] Curadurías: cargos del cuidado de menores o dementes.

[11] El original “possion”. Se supone abreviatura, o errata.

[12] Mancipar hijos: sujetarlos y rendirlos a la voluntad propia (Aut).

[13] Abogar: defender como abogados en juicio las causas y pleitos, y alegar de la justicia, o derecho de las partes, que se valen de ellos para este fin. (Aut).

[14] Fide Comiso: Fideicomisso: Especie de disposición testamentaria, en que el testador deja su hacienda, o parte de ella, encomendada a la fe de alguno, para que se ejecute su voluntad. Viene del latín Fideicommissum. (Aut).

[15] Abintestato: sin testamento.

[16] Relevar: exonerar de algún peso o gravamen. Hijosdalgo: Hidalgos.

[17] Novicio/a: Quien, en Religión, no ha hecho todavía la Profesión de sus regla, constituciones y votos, conforme a lo regulado en cada una.

[18] Consumir oficios: extinguirlos.

[19] Propios: usado en plural, significa heredades, dehesas, casas, u otro cualquier género de hacienda que tienen alguna ciudad, villa o lugar, para los gastos públicos (Aut).
pósitos: las casas en que se guarda el trigo que, en las ciudades, villas y lugares, se tiene de repuesto y prevención, pra usar de él en tiempo de necesidad y carestía (Aut).

[20] En el original: “oy”. Juzgo que es errata por “oyr” (oír).

[21] A la vuelta: 1635. + Comisiones para pedir donatibo en nombre de Su Magestad, dadas a don Fernando Tello, que a executado conforme a ellas.

[22] Véase Don Gerónimo Gascón de Torquemada, Secretario del Rey nuestro señor, Gaçeta y nuevas de la Corte de España, desde el año 1600 en adelante. Continuada por su hijo Don Gerónimo Gascón de Tiedra. La publica Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Marqués de la Floresta. Real Academia Matritense de Heráldica Y Genealogía, Madrid, MCMXCI.

[23] Ibidem, p. 165.

[24] Sobre este personaje, discutido y discutible, pueden verse: G. Marañón, El Conde-Duque de Olivares, la pasión de mandar, Espasa-Calpe, Madrid, 1980; J.H. Elliott, El Conde-Duque de Olivares, Editorial Crítica, Barcelona, 1990; Varios, La España del Conde-Duque de Olivares, Secretariado de Publicaciones, Universidad de Valladolid, Salamanca, 1990.

[25] Lo más original de este trabajo se basó en el documento ya señalado: Memoria de las gracias que se conceden por el Señor don Fernando Pizarro, Cavallero de la horden de Calatrava, Comendador de Betera, del Consejo Real de Castilla, en virtud de la Comission que de Su Majestad tiene. Ms. inédito, adquirido recientemente, y que obra en mi poder.

[26] Memorial histórico Español (13-19, Cartas de algunos Padres de la Compañía de Jesús), 16, p. 502.. Cit. Por Elliott, ob. cit., p.629.

Apéndice documental

2. Transcripción documental

2.1. Primer documento

 

   Sepan quantos esta carta de pago e lasto e poder en causa propia vieren cómo yo Hernando Piçarro, de la zibdad de Truxillo, estante al presente en esta Villa de Madrid, Corte de su Magestad, por mi mysmo, y en nonbre e como marido e conjunta persona que soy de doña Francisca Piçarro, mi muger,, e como tutor e curador que soy de la persona e bienes de Francisco Piçarro, my menor, probeydo por Juez conpetente, por los quales presto cauçión de rrato en forma de derecho, e me obligo que abrán poder bueno, rrato, grato, estable e valedero; y questarán e pasarán por lo que yo en esta escritura hiziere e otorgare en su nonbre, so obligaçión que ago de lo pagar por my persona e vienes: Digo que, por quanto Juan de Alfaro, vezino de la zibdad de Sevilla, fue fiador de Juan Hurtado en çiertos partidos de que fue rrecaudador, de moneda forense, año pasado, de myll e quinientos e zinquenta e quatro años, me a dado e pagado çiento e cinquenta e quatro myll e tresçientos e nobenta e quatro maravedís de prinçipal, e más tres myll maravedís de costas que, en la cobrança dellos, se hizieron. Los quales el dicho Juan Hurtado me avía de dar e pagar, por tres libranças que de su Magestad tenýamos yo y la dicha doña Francisca Piçarro, e don Françisco Piçarro, libradas de sus contadores mayores en el dicho Juan Urtado, el qual, por no las pagar, nos fueron dadas sobre cartas dellas, para cobrar del dicho Juan Hurtado y del dicho Juan de Alfaro, como tal su fiador, los dichos maravedís que las dichas libranças son: la una de quarenta e siete myll e tresçientos e nobenta e çinco maravedís, que a my se me debían, librada en el partido de Córdoba; y la otra de nobenta e quatro myll e çiento e  ochenta maravedís, que fueron librados a la dicha doña Françisca Piçarro, my muger, en el dicho partido de Córdoba ; e la otra de doze myll e ochoçientos e veinte maravedís, que fueron librados de dicho don Françisco Piçarro, my menor, en el partido de Cartajena, que todas montan los dichos çiento çinquenta e quatro myll e tresçientos e nobenta e çinco maravedís.

 

   Por lo qual todo a my pedimyento fue hecha execuçión en la zibdad de Sevilla, en la persona e bienes de vos, el dicho Juan de Alfaro, como tal fiador que fuistes del dicho Juan Hurtado. E sobrello se hizo proçeso , e por él me fue dada y entregada la posesión de unas casas que vos avéis e tenéis en la dicha zibdad de Sevilla, que agora vos, el dicho Juan de Alfaro, como tal fiador que fuistes del dicho Juan Hurtado, me avéis dado e pagado los dichos çiento e çinquenta e quatro myll e tresçientos e nobenta e quatro maravedís, con más tres myll maravedís de costas que en la dicha causa se hizieron; los quales me avéis dado e pagado en esta manera que distes

 e pagastes a Juan de Guzmán, my criado, por my poder que para ello tuvo çinquenta ducados, que montan diez e ochomyll e seteçientos e çinquenta maravedís = xviiiUdccc L.

 

– Yten que distes e pagastes a Gerónimo de Argüello, my criado, e por my poder, que para ello le di, çien ducados, que montan treinta e siete myll e quinientos maravedís =cccviiU d

 

– Yten que distes e pagastes otros veinte myll maravedís, en vezes, a criados myos, del alquiler de la casa = xx U.

– Que monta todo lo susodicho setenta y seis mill ochozientos e çinquenta maravedís, de los quales soy e me otorgo por contento y entregado a mi voluntad, y en rraçón del entregamyento dellos, que de presente no paresçe, rrenunçio la eceuçión de la non numerata pecunia, e las dos  leyes que ablan sobre las pruebas de las pagas, como en ellas se contiene. E, para cunplimiento de las dichas çiento e çinquenta e siete myll e trsçientaos e nobenta e çinco maravedís, me avéis dado e pagado por mano de Francisco López, vuestro criado, ochenta e un myll e çiento e quarenta e çinco maravedís, en dineros contados, en presençia del escrivano público e testigos desta carta, en rreales de a quatro y de a dos e veynte maravedís en quartos, que lo sumó e montó mill e un maravedís, de la qual paga y entrega a my yo, el dicho escrivano, doy fee que se hizo en my presençia e de los dichos testigos, que las dichas monedas, y el dicho señor Hernando Pizarro corresçibió e pasó a su parte e poder. E, porque ahora el dicho Juan de Alfaro me pidió dello, le di e otorgué carta de pago e lasto, para que lo pueda cobrar del dicho Juan Hurtado, e

 

sobre sus bienes, e le dexe la dicha casa, que para ello me fue entregada, dando por ningunos codiçilos, autos  e proçeso que sobre ello pasaron. E yo, viendo que dello soy obligado, otorgo e conozco, por esta presente carta, que me doy por contento e pagado de vos, el dicho Juan de Alfaro, de todos los dichos maravedís desuso declarados, por quanto, como dicho es, me los avéis pagado e lastado como tal fiador del dicho Juan Hurtado. E, por la dicha rrazón, vos cedo e rrenunçio e traspaso los derechos e açiones que a la dicha casa que, por la dicha rraçón. fue entregada, tengo yo e la dicha doña Francisca Piçarro,my muger, e don Francisco Piçarro, my menor, e vos doy poder conplido para que, sin enbargo de la dicha execuçión e fe mýa, sirva de rremate e posesión que della tengo, la podáis entrar e tomar e hazer della y en ella como de cosa vuestra propia, como si nunca se obiera executado ny dádome la dicha posesión, ny hecho el dicho proceso, execuçión e todos los autos dél, e posesión de la dicha casa tengo, como si a cosa alguna dello nunca se obiera hecho ny pasado; e vos doy poder conplido, libre, llenero, e bastante, según que yo le he y tengo, e de derecho mejor puede y debe baler, a vos, el dicho Juan de Alfaro, e a quien vuestro poder oviera, para que por my y en my nonbre, e para vos mysmo en vuestra causa propia podáis demandar, rresçibir, aver e cobrar, en juizio e fuera dél, del dicho Juan Hurtado,e de otra qualquier persona que por él lo aya de pagar, y de sus bienes, los dichos çiento e çinquenta e siete myll e tresçientos e nobenta e çinco maravedís que por él me avéis pagado e lastado, como dicho es. E, por la dicha rraçón, vos doy, çedo, rrenunçio e traspaso los derechos e açiones útiles, mystas y nesçesarias, que contra él y sus bienes, por la dicha rraçón yo y la dicha  my muger, e menor, avemos e tenemos e nos pertenesçe, en qualquier manera.

   E, para que de lo que rresçibiere dél o cobrare dél, podáis dar e otorgar vuestras carta o cartas de pago e de fin e quito,  las quales valan e sean firmes, como sy yo e la dicha my muger, e menor, las diésemos e otorgásemos, e lo que dicho es rresçibiésemos e cobrásemos. E, para que, si fuere neésario, sobre la dicha cobrança o parte della, entrar en pleyto o contienda de juizio, podáis paresçer, e parescáis ante todas e qualesquier justiçias de su Magestad, de qualesquier partes que sean, e ante ellos, e qualquier dellos, poner qualesquier demandas, pedimyentos, rrequerimyentos, enbargos, secrestos, zitaçiones, autos e diligençias; pedir entregas, excençiones, presiones, ventas e rremates de vienes, o la jurar en my ánima, y otro qualquier juramento nesçesario.

   Y, en prueba, presentar testigos, escripturas e probanças, e rreprobar e contradezir las contrarias en dichos e personas, e tomar posesión de qualesquier vienes e cerca dellos e de cada cosa, e parte dellos hazer, e agáis, en juizio e fuera dél, todos los otros autos e diligençias, judiçiales y estrajudiçiales, a los que convengan e sean nesçesarios deshaçer, e que yo mysmo e la dicha my muger, e hijo, haríamos; e hazer podríamos, presente sesiendo, aunque sean tales que rrequieran nuestro más espeçial poder e mandado, e presençia personal, que, quan conplido poder yo tengo para lo que dicho es, e cada cosa dello, otro tal e tan conplido bastante, y aquel mysmo, doy e otorgo a vos, el dicho Juan de Alfaro, con todas sus ynçidençias e dependençias, anexidades e conexidades; e con libre e general admynystraçión en lo que diho es, e para la firmeza de lo que hiziéredes, autuáredes y enjuiziáredes, obligo mys bienes e rrentas, e vos rreelevo en forma de derecho.

 

   Que fue fecha e otorgada en la Villa de Madrid, a treze días del mes de agosto de myll e quinientos e sesenta e dos años. Testigos que fueron presentes a lo que dicho es: Hernando de Hinojosa e Marcos Díaz, e Guyllermo Borgoñón, criados del señor Hernando Piçarro, el qual yo conozco; e lo firmó de su nonbre en el rregistro.

   Va entre rrenglones corregido: “ mº e un maravedís”. Vala”. E va testado corregido: “Iten ochenta e un myll e çiento y qua” E corregido: “E más los dichos tres myll mrs de las dichas costas”. E corregido: “hiço”. Pase por testado”.

   Hernando Piçarro (f y r)   –    Pasó ante my, Francisco Hortiz, scrivano (f y r)[9]

 

2.2. Segundo documento

 

   Sepan quantos esta carta vieren cómo yo, Hernando Piçarro,, vezoino de la zibdad de Truxillo, estante al presente en esta Villa de Madrid e Corte de Su Magestad, digo que, por quanto Juan de Alfaro, de la zibdad de Sevilla, fue fiador de Juan Hurtado en çiertos partidos de que fuere contador de la moneda forera, el año pasado de myll e quinientos e çinquenta e quatro años, como tal me dio e pagó noventa e quatro myll e çiento y ochenta maravedís, que en el dicho Juan Hurtado fueron libradas a  doña Francisca Piçarro, my muger, por Su Magestad, de lo qual yo, como marido e conjunta persona de la dicha doña Francisca Piçarro, my muger, le di y otorgué librar del dicho Juan Hurtadoe sus bienes, juntamente con otras dos libranças, que en el susodicho fueron hechas por Su Magestad , e por sus Contadores Mayores, las quales di e otorgué por ante escribano ynfraescrito, en treze días del mes de agosto de myll e quinientos e sesenta e dos años, y agora los dichos Contadores Mayores de Su Magestad no pasan quenta al dicho Juan de Alfaro, como tal fiador del dicho Juan hurtado, los dichos nobenta e quatro myll e çiento y ochenta maravedís, que así me pagó, e yo dél rresçebí, en nonbre de la dicha doña Francisca Piçarro, my muger, dyziendo que yo no tenía poder espeçial de la dicha doña Françisca Piçarro, my muger, para los rezebir; e , porque en rrealidad de verdad yo tengo rrescebido los dichos nobenta y quatro muyll e çiento y ochenta maravedís, como paresçe por la dicha carta de pago que desuso se se haze mençión, a que me rrefiero, por ende otorgo e conozco por esta presente carta que doy e otorgo liçençia e facultad, quan conplida e bastante de derecho se rrequiere, a la dicha   doña Francisca Piçarro, my muger, espeçialmente para que rratifique e apruebe esta dicha carta de pago que yo di e otorgué ante el presente escribano en los dichos treze días del mes de agosto de myll e quinientos e sesenta e dos años. E, si fuere nesçesario, la otorgue de nuebo, de berbo ad berbum, como en ella se contiene, e dello haga e otorgue e libre la escritura o escrituras que dello fuere nesçesario, por ante qualesquier escribano o escribanos, con todas las fuerças e firmezas, e rrenunçiaçión de su propio fuero,  e de todas e qualesquier leyes que para su balidaçión sean nesçesarias, que, ansí como por ella fueren fechas e otorgadas, yo desde agora para entonzes la rretifico, e asy apruebo y é por buenas. E me obligo de no lo contradezir, aora ny en tienpo alguno, ny por alguna manera, so obligaçión que para ello hago de my persona e vienes e rrentas. E firmélo de my nonbre. Que fue fecha e otorgada en la Villa de Madrid, a veinte e tres días del mes de octubre de myll e quinientos e sesenta e dos años.

   Testigos que fueron presentes a lo que dicho es: Francisco López, estante en Trtruxillo,e Antonio de Villafaña e Antonio de Escobar, criados del dicho señor Hernando Piçarro, que yo, el dicho escrivano,  conozco. Lo firmó de su nonbre en el rregistro.

   Va entre rrenglones: corregido: “para los rrezibir”. Vala e va testado. Corregido: “entre”. Pase por testado.

            Hernando Piçarro (f y r)   – Pasó ante mí, Francisco Hortiz, escrivano (f y r)[10]

  

 

2.3 Tercer documento

   Sepan quantos esta carta de poder vieren cómo yo, Hernando Piçarro, veçino de la zibdad de Truxillo, estante al presente en esta Villa de Madrid y Corte de Su Magestad, otorgo y conozco, por esta presente carta que doy e otorgo todo my poder cunplido, libre, llenero y bastante, según  que yo le he y tengo, e de derecho mejor puede y deve valer, a vos, Marcos Díaz, my criado:

 

Generalmente, para en todos mis pleitos y causas ceviles y criminales, movidos y por mover, en demandando y en defendiendo. Esto, si menester fuere, para ante Su Magestad e Señores de su Muy Alto Consejo, Presidente e Oidores de sus Audiençias e Chançillerías, Alcaldes y otras Justiçias, Eclesiásticas e Seglares, que de los dichos mis pleitos puedan conoçer, ante los quales, o qualquier dellos, podáis çitar, demandar, rresponder, defender, negar, conoçer, rreplicar, triplicar, rrequerir, concluir, e juresdiçión declinar. Y lo prorrogar, y, en mi ánima, jurar juramento o juramentos de calunia e de çesorío y verdad dezir, e pedir ser fechos por las otras partes, y en prueva presentar testigos y escripturas, cartas e ynstrumentos, e toda otra manera de prueva. E rreprovar e contradezir las contrarias, en dichos e personas; e tomar posesión de qualesquier bienes, y ganar qualesquier cartas e mandamientos, e provisiones neçesarias; y enbargar y contradezir las pedidas e ganadas, o que se quisieren ganar en contrario; y rrazonar sobre dicho enbargo; y rrazonar sobre el dicho enbargo, e concluir e çerrar rrazones; pedir e oír sentençia o sentençias, ynterlocutorías difinitivas, e las consentir e apelar y suplir, y lo seguro dar quien lo siga. E para pedir e protestar costas, y las jurar y rreçivir la tasaçión dellas y çerca dello y de cada cosa, y parte dello; hazer, e hagáis, todos los otros ávitos y diligençias judiçiales y estrajudiçales que convengan e sean neçesarios de se hazer, y que yo mismo haría e hazer podría,

presente seyendo, aunque sean tales que rrequieran más mi epeçial poder y mandado y presençia  presonal[11], que quan cunplido poder yo tengo, para lo que dicho es y cada cosa dello, otro tal, y tan cunplido bastante,m y aquél mismo, doy e otorgo a vos, el dicho Marcos Díaz, my criado, con sus ynçidençias e dependençias, y con libre e general administraçión, en lo que dicho es.

   E para que podáis sostituir un pro[12] dos o más, e los rrevocar e hazer de nuevo; e a vos dellos vos rrelievo en forma de derecho e, para la firmeza de lo que hiziéredes, obligo mi persona e bienes, avidos y por aver. Que fue fecha y otorgada en la Villa de Madrid, a doze días del mes de nobienbre de myll e quinientos e sesenta y dos años.

   Testigos que fueron presentes a lo que dicho es: Antonio de Escobar e Francisco Carrasco e Benyto Garzía, criados del dicho señor Hernando Piçarro, el qual lo firmó de su nonbre en el rregistro.

                Hernando Piçarro (f y r). – Pasó ante my, Francisco Hortiz, scrivano (f y r)[13]

 



[9] Archivo Histórico de Protocolos de Madrid  ( AHPM), Comunidad,  Pº  446,   fols. CX r – CXII v.

[10] AHPM, Comunidad, Pº 446, fols. CCVI r – CCVI v.

[11] presonal: metátesis, por contagio del vocablo anterior, “presencia”, ´personal´.

[12] De nuevo metátesis, o latinismo, ´por´.

[13] AHPM, Comunidad, Pº 446, fol. 388 v.