Oct 012002
 

Luís Miguel García Domínguez.

Licenciado en Historia

1. Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo contribuir, desde un enfoque analítico e interpretativo, al estudio de una realidad histórica que si bien para el caso extremeño no ha sido tratado con la profundidad requerida, no por ello deja de ser un aspecto de vital importancia no sólo para la mejor comprensión del movimiento obrero extremeño sino también para la ampliación y limitación de los horizontes culturales de la Extremadura de principios de siglo.

Dicho esto, abordaremos la cuestión a partir de un acercamiento lo suficientemente riguroso y conciso a las manifestaciones de cultura obrera, pero no desde el estudio concreto y pormenorizado de los espacios, modalidades y contenidos de esa cultura (lo cual se haría imposible por razones espaciales), sino desde el análisis de la actividad que en este campo concreto de estudio realizó una organización obrera de singular importancia en Extremadura, a saber: La Sociedad Germinal Obrera de Badajoz. Para ello, realizaremos una aproximación conceptual al término de cultura obrera, ajustándolo a nuestro esquema de interpretación, que sin duda nos será de gran utilidad para el desarrollo de nuestro trabajo.

2. Aproximación conceptual

A la hora de afrontar cualquier trabajo en donde el concepto cultura adquiera especial protagonismo, ya sea desde una perspectiva general o en algún aspecto sectorial como es el caso que nos ocupa, hay que ser conscientes de la inevitable polisemia que el concepto posee.

Así, y de acuerdo con lo dicho por G. L. Mosse, trataremos de definir cultura como un estado de la mente,[1] aludiendo a cómo percibimos la sociedad y el lugar que ocupamos en ella, referido a su vez, a la percepción que tenemos de la realidad y a las acciones que en ella desempeñamos. De esta manera, los movimientos culturales, no sólo captan, sino que ayudan a conformar esos estados de la mente con respecto a la realidad, con lo que esos estados mentales o ideas acaban determinando la visión que del mundo tenemos y las acciones que en ella realizamos. Como señalaba Ortega y Gasset, cultura es el “sistema vital de las ideas” [2].

Desde esta perspectiva, consideramos que el debate cultural es indisociable del debate social, en el que todo tiende a asignar a los diversos grupos sociales implicados una cultura concreta que los especifique y los encierre en esa especificidad.

Así pues, el proceso de construcción de la cultura obrera pasa por la reivindicación de unos espacios y de un tiempo propio tanto como por la asunción de un lenguaje y difusión de unos valores también específicos. Se daban así los primeros pasos en la elaboración de un sistema de valores adecuados al nuevo horizonte social en el que la clase obrera basaría sus esperanzas y anhelos de emancipación. De este modo cuando nos referimos al término cultura obrera, no nos estamos refiriendo únicamente a la noble y necesaria apetencia de saber o de superar la desigualdad intelectual con respecto a otras clases sociales, ni tampoco a la instrucción o educación escolar, sino más bien a la elevación intelectual, moral y política de la clase obrera.

Después de este acercamiento exegético al concepto de cultura obrera, que sin duda nos ayudará a comprender en sus justos términos el desarrollo del trabajo, nos vemos en la obligación de realizar un breve recorrido histórico por la significación y origen de este concepto. Así, hacia el siglo XVIII, nos encontramos pequeños grupos de obreros que leían y escuelas dominicales y otras instituciones filantrópicas que impartían una instrucción limitada a la clase obrera, aunque sólo una minoría aprendían a leer y a escribir. No obstante, uno de los puntos de partida en la educación del proletariado fue el proyecto de Fourier para la creación de laécole-atelier, en la cual se combinaría el aprendizaje de oficios manuales con el de disciplinas intelectuales.[3] También en Inglaterra durante la Revolución Industrial, proliferaron los coffee-houses, donde se organizaban las lecturas de noticias, y aunque esta cultura era fundamentalmente autodidacta, fue madurando de manera dispersa entre los trabajadores que acabarían formando bibliotecas.

De esta manera, la educación de la clase obrera, allí donde primero cuajó la Revolución Industrial, fue motivo de reflexión incluso entre los representantes burgueses, encontrándonos con partidarios de una educación de las clases populares controlada por el Estado, una especie de cultura y coerción (educación y Estado). El máximo representante de este pensamiento será M. Arnold, quien entiende que la educación es el camino de la clase obrera hacia la cultura, que supone civilizarla para su subordinación y explotación. Arnold ve las escuelas elementales y primarias como instrumentos de civilización en un continente oscurecido por el barbarismo de la clase trabajadora.[4]

Por el contrario, en el polo opuesto, se situarían aquellos que ni siquiera compartirían esta idea de educación tutelada y paternalista, ya que entienden que la cultura debería ser sólo accesible a la minoría que guía la civilización, actitud que sin duda estuvo motivada por la cantidad de ejemplares vendidos de Los derechos del hombre de Thomas Paine (200.000 ejemplares) en la década de los noventa del siglo XVIII, lo cual encendió la alarma del radicalismo social que podía conllevar la instrucción de las clases populares.

Poco a poco, irían proliferando organizaciones y actitudes por toda Europa, bajo la tutela de los partidos progresistas o de los sindicatos, que tratarían de generar una cultura obrera alternativa a los valores y costumbres de la sociedad burguesa y del Estado. Así, esta posición alternativa hacia el Estado e instituciones oficiales, fue fruto de la indiferencia de las autoridades y de la sociedad en general por la educación y desarrollo cultural del obrero. Consecuentemente, existirá un rechazo generalizado a la educación oficial tachándola de autoritaria, domesticadora, clerical y servidora de los intereses capitalistas. Se la acusaba de su inhibición en el fomento de la educación y la cultura de los obreros, contribuyendo al dramático problema de la desescolarización y analfabetismo, de haber desarrollado una interesada política educativa y cultural de corte clasista, instrumentalizando ideológicamente la enseñanza al ponerla al servicio de la perpetuación del régimen imperante.

Ante esta situación, se fue consolidando una creciente preocupación y un enorme interés por parte de la clase obrera organizada en relación con la educación y cultura, términos que se usaban indistintamente para referirse a la misma realidad, es decir, la formación intelectual, moral y política del obrero.

Pero lo que realmente importa subrayar es que según estos planteamientos, la educación y la cultura, entendidas como instrumentos de liberación de la clase obrera, y por tanto, como factores transcendentales en el proceso de toma de conciencia proletaria, se convierte en norma táctica para superar al capitalismo, es decir, en la vía o una de las vías hacía la futura sociedad igualitaria.

3. Labor cultural de la Sociedad Germinal Obrera.

A la hora de realizar este punto, debemos comenzar señalando que la existencia de manifestaciones culturales en el mundo obrero extremeño sobrepasa obviamente el ámbito reducido de una única asociación. La elección de la Germinal obedece a la indudable trascendencia que ésta tuvo para el movimiento obrero de la región, ya que según las palabras de Fermín Rey Velasco – posiblemente el autor que más y mejor ha estudiado esta sociedad – la Germinal inaugurará la etapa que representa la ruptura con la protesta espontánea y con el movimiento obrero débil y esporádico de épocas anteriores. En ella se manifiestan, por primera vez, rasgos contemporáneos tanto en su ideología como en su actividad y es el punto de partida del asociacionismo posterior[5]

Dicho esto, las primeras noticias que tenemos de la creación de un Centro Obrero en Extremadura la encontramos en 1892, en Badajoz. Así, López Casimiro nos asegura que en septiembre de este año, funcionaba en Badajoz un Centro Obrero situado en la calle Hernán Cortés, con un marcado carácter instructivo y de ayuda mutua. Su finalidad era instruir a los obreros y librarlos de las garras de la usura. La Junta Directiva estuvo formada por Eduardo Domínguez, Presidente; Benito Ferrer, Vicepresidente; Vicente Ruiz, Secretario primero; Cándido Yerto, Secretario segundo; Francisco Durán, Contador; Manuel Cáceres, Tesorero; Juan Reino, Andrés Trujillo, Miguel Blanco Pedro Macias, Vocales. La cuota sería de una peseta, aunque algunos pensaban que no debía exceder de 50 cts., por la mala situación en que se encontraba por aquellas fechas la clase obrera.[6]

La relación de su Junta Directiva tiene su interés para comprobar como algunos miembros del Centro Obrero, como fue el caso de Francisco Durán, aparecerán entre la Directiva de la Germinal Obrera.

Junto a todo lo dicho, cabe señalar que las primeras noticias que encontramos referidas a la cultura y educación obrera, para el caso de Badajoz, lo encontramos en 1883, cuando un grupo de socios de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, formado por José González, Miguel Pimentel y Ramón González, presentaron un proyecto para crear una Escuela de Artes y Oficios que pudiera difundir conocimientos teóricos y prácticos a la clase obrera. La idea quedó en el aire hasta 1892, año en el que el propio Ayuntamiento se encargaría de la redacción del texto. Las ideas de progreso y modernidad para la clase obrera debían ser el eje central de este nuevo centro académico y desde esa perspectiva se delimitaron las enseñanzas a impartir, la creación de talleres, bibliotecas e incluso de un museo para la exposición de obras de los propios alumnos. Su instalación la encontramos en la calle san Pedro de Alcántara, nº 34, quedando constituido el primer claustro en 1894, por Ventura Vaca, Felipe Checa e Ignacio Santos Redondo entre otros.[7]

Observamos como este claustro está formado por personalidades importantes dentro de la cultura local de Badajoz, miembros de la burguesía liberal del momento, lo que denota un cierto aire paternalista hacia la instrucción del obrero de esta franja social, como también lo muestra las intenciones del Ateneo Científico Literario, creado en 1902, que dedicaría ciclos de conferencia para ilustrar a la clase obrera, fruto de la existencia de un espíritu ilustrado referido a la necesidad de que estas clases populares pudieran acercarse a la cultura, impartiéndose cuatro asignaturas una vez por semana cada una y acordándose que la matrícula fuera gratuita para asegurar así al acceso de las clases obreras.[8]

Consecuentemente, la inquietud por la formación del obrero auspiciada por el mundo burgués, chocaba con la ejercida por las propias asociaciones obreras que gozarían de cierta autonomía a la hora de realizar su labor cultural, creando tanto sus propios órganos de instrucción como de expresión. De hecho, la Germinalcontó con un órgano de expresión propio llamado El Obrero, semanario difusor de las ideas de la asociación desde 1899, en donde aparecen los ejes fundamentales de sus reivindicaciones y sus actividades. De esta manera, como muestra de la autonomía descrita, nos encontramos con la celebración del 1º de mayo de 1898, posiblemente la primera celebración de este tipo en Extremadura de la que se tenga constancia, realizada en el Centro Obrero de Badajoz y en la que de entre los múltiples discursos pronunciados, destacamos el del “compañero Vicente Martínez -quien- expuso la necesidad de la enseñanza del obrero, poniendo varios ejemplos que fueron aplaudidos[9]

Pero centrándonos en el caso de la Germinal, bien podíamos comenzar señalando la pertinencia de un nombre como el elegido por esta sociedad, del todo recurrente en las sociedades y publicaciones de talante progresista y reivindicativo. Sin duda, la elección de esta emblemática denominación de Germinal, nombre del mes de abril del calendario revolucionario francés y título de la novela de E. Zola de mayor impacto en el mundo obrero, denota una perfecta imbricación de los componentes de la sociedad en la realidad societaria y cultural de la época.

Desde 1897, nos recuerda López Casimiro, la existencia en Madrid de la Revista Germinalen la que colaboraban republicanos y socialistas. Entre sus colaboradores destacan Joaquín Dicenta, Blasco Ibáñez y Felipe Trigo, que también colaborarían en el periódico republicano pacense La Región Extremeña. De este modo, podemos encontrar una primera relación entre los orígenes de la Germinal obrera, allá por 1899 y su inicial filiación republicana. Así, llegamos al primer gran acto de índole cultural y política de la Germinal y de extraordinaria relevancia para la Extremadura de fines del XIX. De esta manera, en perfecta sintonía con el sentir de la intelectualidad española de la época, la Germinal celebrará un mitin para pedir la revisión del proceso de Montjuich.

La trascendencia de este hecho reside en que los sucesos de Montjuich han sido comparados por diversos autores españoles con lo ocurrido en Francia a partir delaffaire Dreyffus, es decir, con el nacimiento de una intelectualidad consciente, comprometida socialmente y caracterizada por la utilización de distintos medios (conferencias, mítines, artículos periodísticos etc) para expresar sus ideas.

En este contexto, las más destacadas figuras del mundo intelectual español[10] van a mostrar su disconformidad con las torturas que se infligen en Montjuich a los anarquistas detenidos tras el atentado contra la procesión del Corpus en la calle de Cambios Nuevos de Barcelona, en 1896. Se pedirá el indulto de los condenados que se les supone inocentes, como el caso de Pere Corominas, y reclamarán la revisión de todo el juicio.

De este modo, el 19 de septiembre de 1899, asistimos en Jerez de los Caballeros a las celebraciones del acto en el que tomaron la palabra varios ponentes. De lo allí dicho se hizo eco el periódico pacense La Región Extremeña, de lo que destacamos lo siguiente:

“En un amplio patio del vetusto edificio nominado el “Casafón”, sito en el llano de Santa María, se celebró en la tarde del domingo 17 un meeting revisionista, organizado por la agrupación republicana “Germinal” establecida en esta ciudad y que tan dignamente preside el joven republicano Don Francisco Chaves.

Ante la numerosísima concurrencia que llenaba el local se leyó como prólogo el número de Vida Nueva en que detallaba los horribles tormentos a que fueron sometidos las víctimas de Montjuich; lo cual produjo gran impresión en el ánimo de los concurrentes. Después leyeron adhesiones de varios correligionarios.

(…) Antonio Contreras tuvo momentos felices y dijo con una serenidad asombrosa su valiente peroración, atacando al clericalismo y al régimen imperante, (…). El presidente comparó las naciones que tienen república con las que no la tienen, dando a entender las ventajas que hay de una y otra forma de gobierno.

Aprobáronse después las conclusiones siguientes:

  • Revisión del proceso de Montjuich.
  • Castigo a los culpables
  • Indemnización a las familias de las víctimas por el Gobierno, y demolición de dicho castillo.

Asistieron representaciones del partido republicano. A la salida se dieron vivas a la Libertad, a la Justicia y a “Germinal”. Durante el acto reinó el mayor el orden.” [11]

Varios son los aspectos que podemos destacar de la crónica aparecida en La Región Extremeña En primer lugar, se muestra de forma explicita la filiación política de la Germinal, al referirse a ella como “agrupación republicana Germinal”, lo que nos hace pensar en una radicalización de sus postulados a la altura de 1900 que conllevará el cambio de su Junta Directiva, como tendremos ocasión de ver más adelante. En segundo lugar, llama la atención el dinamismo del mitin, en donde se leen párrafos de la revista Vida Nueva — sin duda una de las revistas más comprometidas y contestatarias del momento, compuesta por varios de los miembros que formaron la Revista Germinal—también se leen adhesiones de correligionarios, se asiste a la participación de varias personas con una importante capacidad de oratoria etc. Por último, el carácter crítico de la sociedad se hace presente no sólo en la petición de revisión del caso Montjuich, sino también en las proclamas anticlericales y antimonárquicas, lo cual define su clara y abierta militancia republicana.

En este sentido, la celebración de mítines y conferencias fue una constante en el Badajoz de fines de siglo, lo que denota el activismo no sólo político y societario sino también cultural que la capital badajocense poseía en esos momentos. Así, por las mismas fechas, podemos leer el siguiente llamamiento en La Región Extremeña

“A los Republicanos, Socialistas y Librepensadores de Badajoz: se les invita a una reunión que se verificará el día 22 del corriente a las ocho horas de la noche, en el local republicano, Montesino 5, para tratar de las medidas que hayan de emplearse a fin de celebrar un meeting en el que tome parte la ilustre propagandista librepensadora Doña Belén Sárraga de Ferrero y alguna otra personalidad de importancia en las ideas progresivas. La Comisión”[12]

Unos días más tarde, leemos en el mismo periódico el siguiente llamamiento:

“Grande ha sido la satisfacción de todos los demócratas en general y de esta Comisión en particular al ver el inmenso entusiasmo, la inexplicable alegría con que se acogió el proyecto de que en la reunión del día 22 en el Casino republicano, se dio cuenta, siendo buena prueba de ello la importancia que reviste la suscripción. (…) Esta Comisión, interpretando los sentimientos de todos los demócratas, no duda en dirigirse a ellos, invitándolos a cooperar pecuniariamente a fin de celebrar varios meetings, entre ellos, el primero revisionista, en el que tomará parte la valiente propagandista Doña Belén Sárraga y otras personalidades de reconocidos méritos, tales como Lerroux, Blasco Ibáñez y Demófilo. A este fin, se ha abierto suscripción voluntaria, recogiéndose los donativos en el Casino Republicano (…) y en las redacciones de los periódicos de La Coalición, La Región Extremaña y El Obrero.”[13]

Belén Sárraga no llegará hasta octubre de 1901 y para entonces la Germinal ya se había convertido en una auténtica sociedad de resistencia. Así, el 14 de enero de 1900, podemos leer la siguiente reseña:

“Anteanoche celebró su primera junta general la nueva sociedad “Germinal” en su domicilio Chapín, 10. La presidió el nombrado interinamente, José Robles. (…) Se leyó el reglamento, que ha sido ya presentado al Gobierno Civil y en el que se indican las clases que han de establecerse para la instrucción de los obreros, los socorros que a estos han de prestarse en determinadas ocasiones etc. (…). Se procedió al nombramiento de Presidente definitivo, Tesorero y Secretario General, resultando elegido. Presidente: Agustín Ríos; Secretario: Francisco Durán y Tesorero: Julián López (…).[14]

Lo que merece la pena destacar de esta reseña es la descripción de los fines que persigue. Aspecto de gran valor documental, habida cuenta de las dificultades existentes para consultar el Reglamento de la sociedad. Con esto, nos podemos componer una idea más o menos ajustada de los fines que perseguía, combinando la finalidad instructiva con la mutualista, un hecho muy frecuente en las sociedades de la época, que tratarían de defender en todo momento los intereses materiales de sus afiliados (enfermedad, muerte, vejez,).

La evolución ideológica definitiva no se conseguirá, según nos explica Rey Velasco, hasta su participación en el Congreso Regional de Sociedades Obreras, celebrado en Madrid en Octubre de 1900 y convocado por El Porvenir del Trabajo, sociedad de albañiles de ideología anarquista. El representante de la Sociedad Germinal en el Congreso fue Antonio Apolo, un escritor anarquista residente en Madrid y que propondrá a la asamblea los siguientes puntos para su aprobación: 1) estudiar el medio de que el obrero se haga dueño de la producción; 2) estimular la creación de escuelas laicas y centros de propaganda científicos y societarios y 3) promover la cultura y emancipación de la mujer. La importancia de la participación en este Congreso no es otra que la asunción por parte de laGerminal de los principios anarquistas que proclaman las sociedades de la época, lo que se pondrá de manifiesto tanto en la estructura organizativa (se constituye en una federación formada por gremios de albañiles, panaderos, agrícolas y oficios varios) como en sus actividades.[15]

De este modo, no nos debe sorprender la puesta en funcionamiento de una escuela laica, acorde con el anticlericalismo propio de su ideología. Prueba de su actividad es esta nota que encontramos de igual modo en La Región Extremeñacon motivo de la celebración del 1º de mayo de 1902:

“los manifestantes, entre los que formaban parte los alumnos de la escuela laica establecida por la germinal y que sumaban más de dos mil -alguien cree que pasaban de tres mil-, recorrieron diferentes calles llevando una bandera con inscripciones alusivas a la aspiración de los obreros respecto a las jornadas de ocho horas”[16]

El encargado de la escuela sería el maestro Francisco Pérez Vilaplana, según nos informa López Casimiro.[17]

Pero si importante fue la labor de la Germinal en el ámbito de la instrucción, no lo será menos su participación en la Comisión que consiguió traer a Badajoz a la propagandista Belén Sárraga.

El 31 de octubre de 1901 llegó la ilustre librepensadora con su marido a Badajoz. La Comisión organizadora invitaba, a través de una nota en La Región Extremeña, a todos los que profesasen ideas radicales a acudir a esperarlos a la estación[18]. A esta convocatoria asistieron una representación de la Germinal y otra de republicanos.[19]

En lo referido a Belén Sárraga, podemos apuntar que se trataba de una incansable militante y propagandista de las reivindicaciones del movimiento obrero, cercana a los ambientes libertarios.

El 1 de noviembre se celebró el tan esperado mitin en el local donde estuvo instalado El fomento de las Artes. El acto lo presidió Isidoro Osorio, a la sazón Director de La Región Extremeña. Presentó a los invitados recordando los servicios prestados por el matrimonio a la causa de la república y de la libertad de expresión. También hicieron uso de la palabra Vicente Martínez, Antonio Valor y Pedro Gómez. El primero señaló que bajo la forma de gobierno de la república, pueden ver realizadas sus aspiraciones los obreros.[20]

El señor Ferrero, entre las muchas reflexiones que proporcionó al público asistente, señaló que:

“ (…) se hace necesario la unión de todos los trabajadores, los del taller y los del campo con los intelectuales, que sin la república no serán satisfechas sus aspiraciones, (…) que es preciso decir a los trabajadores que defiendan su dignidad, que hay que desarrollar por medio de la instrucción los gérmenes de la inteligencia, (…) que la república hará hombres dedicando a la instrucción los40 millones de pesetas que hoy percibe el clero (…) que la república realizará la separación de la Iglesia y el Estado, (…)” [21]

Por su parte, Belén Sárraga, entre una tempestad de aplausos, expuso entre otras, las siguientes ideas:

“(…) asegura que los republicanos y los librepensadores no combaten a los hombres sino a las ideas contrarias y que los republicanos y los librepensadores están dispuestos a razonar y a discutir, mientras los católicos no pueden razonar ni sentir por sí mismos. Da la bienvenida a los que con el riesgo de una excomunión han ido a escucharla (…) que más allá de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad y de la justicia, no cabe más, que los obreros no deben luchar sólo por el presente sino que deben luchar por dignificarse, que hoy no se respeta la dignidad sino las riquezas (…) afirma que las religiones sólo pueden vivir con su aliada la monarquía (…). A su juicio, los clericales siguen, por medio de la conciencia, dominando en las familias y en el país (…). Considera a la mujer como el mayor enemigo, siquiera lo sea inconscientemente, de las libertades públicas, expresa que en España se desprecia a las que han aprendido algo por medio del estudio y que sin contar con la mujer no se conseguirá jamás el triunfo (…).[22]

Llegada la noche, intervendrán de nuevo en una velada organizada en la sede de la Germinal que al parecer estuvo muy concurrida. El señor Ferrero, según leemos en La Región Extremeña, habló de la necesidad de la asociación mientras que la señora Belén Sárraga:

“(…) dijo a los obreros grandes verdades, les aconsejo que se instruyeran a semejanza de lo que hacen los de Cataluña, quienes tienen escuelas laicas y magníficas bibliotecas, les habló de las casas llamadas del pueblo que poseen en Bruselas los obreros asociados, casa en que hay hermosos jardines y hasta un teatro para recreo de los socios (…), explicó lo que son las escuelas laicas, de las que se tiene formada una idea errónea (…). fue aplaudida con entusiasmo.[23]

Sin lugar a dudas, la contundencia expresiva de la activa propagandista no dejaba lugar a dudas.

Con todo lo expuesto, bien podemos entender el interés de la Comisión por traer al matrimonio Ferrero, pues sus reflexiones llenarían de satisfacción las inquietudes de todos aquellos que en Badajoz profesaban ideas progresivas.

Los pilares básicos de los discursos expuestos se fundamentan en las ideas anticlericales, la emancipación del obrero y de la propia mujer a través de la educación, referencias estas comunes en el movimiento obrero de la época, aunque quizás sea conveniente realizar algunos matices, ya que la reivindicación expresa acerca de la emancipación de la mujer en estas fechas tan tempranas, denota a las claras las simpatías que Belén Sárraga mostraba por el ideario ácrata. Así, podemos entroncar sus afirmaciones con las hechas por personalidades de la talla de Soledad Gustavo cuando a la altura de 1902 afirmaba en un artículo publicado en Tierra y Libertad “en la revolución futura, las mujeres irán a la conquista de su derecho”. En este sentido, apreciamos hasta qué punto, la cuestión de la mujer conmovía la sensibilidad del anarquismo.

En la misma línea, su crítica feroz a las religiones en general y a la Iglesia católica en particular, sitúa a la propagandista en posiciones cercanas al pensamiento libertario pues su crítica no la debemos entender únicamente desde una perspectiva neutra o improductiva, sino más bien desde una toma de posición activa que propiciará la llegada del hombre nuevo, renacido, emancipado. Existe sin duda una firme voluntad de virtud en todo el discurso ácrata de la época y en este sentido jugará un papel fundamental la educación y la instrucción, como así se percibe en las reflexiones de Belén Sárraga.

Significativo también resulta el aspecto retórico del discurso. De este modo, los contenidos de los mismos poseen una gran carga propagandística destinada a originar una transformación cualitativa en la base de toda valoración y de toda consideración ideológica. Consecuentemente, estos discursos se mueven en el terreno de lo que en lenguaje aristotélico se denomina “retórica deliberativa”, por estar destinado al convencimiento de una multitud conjunta, o de individuos, pero considerados como miembros de un colectivo. Es así como los contenidos de esos discursos se constituyen en una verdadera arma de la revolución con un lenguaje llano y sencillo, propio del pueblo, pues es en éste donde se busca causar un impacto transformador por la vía social de la retórica, de la palabra, de la cultura, como elemento dinámico de una transformación cualitativa de la estructura social.

3. A modo de conclusión.

Varias son las reflexiones que podemos realizar después de lo expuesto. Quizás, merece ser destacado el extraordinario dinamismo y la enorme actividad que tuvo el asociacionismo en el Badajoz de finales del siglo XIX y principios del XX. De esta manera, este dinamismo tendrá su plasmación no sólo en las actividades puramente políticas sino también, como hemos visto, en el plano de la cultura y la instrucción.

De otra parte, destaca el esfuerzo realizado por parte de los organizadores de los eventos descritos para traer a una personalidad como Belén Sárraga. Desde luego el grado de influencia de sus ideas en el ámbito obrero y republicano pacense nunca lo podremos cuantificar, pero sí podemos observar de manera cualitativa el grado de trascendencia que para una región como Extremadura tuvo la visita de esta propagandista y el interés de sus informaciones acerca de las escuelas laicas o las casas del pueblo de Bruselas, en una época en la que no era en absoluto frecuentes el tratamiento de esos temas. Así, con la visita de Belén Sárraga, podemos afirmar que Badajoz se situó a la vanguardia de todo lo relacionado con la cultura obrera no sólo en el ámbito nacional sino también internacional.

Junto a ello, también debemos destacar como en Badajoz existieron inquietudes burguesas, con una clara orientación paternalista, encaminadas a redimir al obrero de su triste situación pero sin aspirar a una verdadera transformación del orden social imperante. De este modo, podemos señalar que la actividad de la Germinal, propició una verdadera cultura obrera en tanto se diferenciaba de los anhelos redentores de la burguesía, debido en gran parte a su carácter eminentemente transformador, a su vocación universalista, a su extraordinario didactismo y a su búsqueda de una identidad a través de nuevas categorías valorativas y de un nueva moral, basada en la emancipación del obrero a través de la educación. En consecuencia, trató de expresar una cosmovisión y una concepción del mundo diferente a la enunciada por la élite burguesa con su sesgo paternalista, provocando con ello una dualidad de visiones que no pueden ser entendidas sino dentro de las relaciones dialécticas de enfrentamiento y complementariedad que existen entre ambas.

Bibliografía

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  • SERRANO, C., Y SALAÜN, S., 1900 en España. Madrid, Espasa-Calpe, 1991.

NOTAS:

[1] Mosse, G.L., La cultura europea del siglo XX. Barcelona, Ariel Historia, 1997, p. 3

[2] Fusi, J., Un siglo de España. La cultura. Madrid, Marcial Pons Historia, 1999, p.11

[3] Lida, C., “Educación anarquista en la España del ochocientos”, en Revista de Occidente, nº 98, 1971, p. 33

[4] Picó, J., Cultura y modernidad. Seducciones y desengaños de la cultura moderna. Madrid, Ciencias Sociales Alianza Editorial, 1999,p. 53.

[5] Rey Velasco, F., “El movimiento obrero en Extremadura en el tránsito del siglo XIX al XX”, en Revista de Estudios Extremeños. Nº II. Badajoz, Diputación de Badajoz, 1998, p. 685

[6] López Casimiro, F., Masonería y republicanismo en la Baja Extremadura. Badajoz, Diputación Provincial, 1992, p. 277

[7] Araya, C., “Badajoz en el siglo XIX”en Apuntes para la historia de la ciudad de Badajoz. Mérida, Editora Regional, 1999, p. 52

[8] Araya, C., “Exposiciones artísticas en Badajoz. Ateneo pacense 1904 – 1938”, en VIII Congreso Español de Historia del Arte.Cáceres, 1990, p. 400.

[9] “En el Centro Obrero 9º aniversario de la fiesta del trabajo. 1º de mayo de 1898” (…). El compañero Agustín Ríos, expuso consideraciones entre el obrero y el vago, después habló de la guerra de Estados Unidos y sucintamente de los fines que deben seguir las sociedades obreras”. La Región Extremeña, 3-V-1898. Merece la pena reseñar que el compañero mencionado, Agustín Ríos se convertirá dos años más tarde en el presidente de la Germinal Obrera, como tendremos ocasión de observar.

[10] Joaquín Costa, Unamuno, Leopoldo Alas Clarín y tantos más, intervienen en nombre del derecho y de la equidad para exigir que frente a los militares, a la justicia sumisa y, en definitiva, a la razón de estado, se haga verdadera justicia. En este sentido, es indudable que Pérez de la Dehesa tenía razón cuando subrayaba la importancia del affaire Montjuich en la historia cultural de España. En Serrano, C., y Salaün, S., 1900 en España. Madrid, Espasa Calpe, 1991, p. 86. Fruto de la campaña realizada nacerá la emblemática publicación libertaria La Revista Blanca.

[11] La Región Extremeña, 23-IX-1899

[12] Ibidem., 20-IX-1899

[13] Ibidem, 8-X-1899. Es preciso destacar que entre las suscripciones realizadas al efecto, aparecieron desde personas a título individual hasta una comisión de feministas y otra de panaderos. El resultado de las suscripciones se publicaron periódicamente en La Región Extremeña.

[14] Ibidem .16-I-1900. Llama la atención la formación de su Junta Directiva, de esta manera, el presidente tomó la palabra en la celebración del 1º de mayo de 1898, como ya vimos. Junto a él, Francisco Durán ya formó parte del Centro Obrero de 1892, en calidad de contador y a Julián López y José Robles (el nombrado presidente interinamente), los podemos encontrar colaborando económicamente en las listas de suscripción abiertas para la celebración de los mítines ya reseñados. Todo ello nos indica como los cuadros se van sucediendo a lo largo del tiempo, cobrando protagonismo un grupo determinado de obreros.

[15] Rey Velasco, F., op.cit., p., 687

[16] La Región Extremeña2-V-1902

[17] López Casimiro, F., Masonería, Prensa y política (Badajoz, 1875-1902). Granada, Universidad de Granada, 1992, p.167

[18] “La Comisión gestora de la venida de Doña Belén Sárraga a esta capital, ha publicado una hoja invitando a todos los que profesen ideas radicales, para que acudan a esperarla a la estación del ferrocarril esta tarde a la llegada del correo de Sevilla”. La Región Extremeña 31-X-1901.

[19] “En el tren correo llegaron anoche a esta capital Doña Belén Sárraga, directora de La Conciencia Libre y su esposo el Sr. Ferrero. En la estación les esperaban una comisión del Circulo Germinal y otra de republicanos.” Ibidem. 1-X-1901.

[20] Ibidem 2-X-1901. Cabe destacar que el mencionado Vicente Martínez ya tomó la palabra en la celebración del 1 de mayo de 1898, al referirse a la necesidad de la enseñanza del obrero.

[21] Ibidem 2-X-1901

[22] Ibidem 2-X-1901

[23] Ibidem. 2-X-1901.