Oct 011977
 

Juan Pedro Vera Camacho.

Una síntesis en pequeño de la flora europea se encuentra localizada en la Siberia Extremeña, entre los pueblos de Helechosa, Villarta y Herrera del Duque, y más concretamente en el enclave del Puerto de los Carneros.

La afirmación no es nuestra, sino del catedrático de Botánica de la Universidad de Madrid don Salvador Rivas Goday, criado en Serradilla (Cáceres), de donde sus padres eran oriundos, que así nos lo manifestó en una entrevista que hace algunos años le hicimos para “HOY”, de Badajoz.

Nos produjo tal impacto la noticia, que en nuestras continuas visitas a estas tierras extremeñas, en uno de cuyos pueblos hemos nacido, nos interesamos por comprobar “de visu” la realidad de tal circunstancia. Y ello ha dado como resultado, este modesto trabajo que sobre el particular, con simple afán de ofrecer noticia vulgarizada, pues no somos expertos en la ciencia Botánica, ofrecemos al lector.

Tomando el agua muy arriba, y puesto que el clima condiciona grandemente la vegetación y los cultivos así como el “hábitat” en general, hemos de consignar que parte de Extremadura se formó, geológicamente hablando, al igual que Galicia, en la Era Arcaica; es decir, que éstos son los terrenos más antiguos de España. De aquí de una similitud de plantas y árboles extremeño-galaicos como son el cerezo, castaño y otros más, que también inciden, por la misma circunstancia, en la provincia de Ávila, en el entorno de la sierra de Gredos, límite con Extremadura. Las isotermas de verano, de invierno y del año, así como las isobaras y la pluviosidad, son casi iguales en la provincia de Lugo y Bierzo leonés que en la Vera de Plasencia y el Valle del Jerte, en la provincia de Cáceres. Y en los alrededores de Guadalupe. Aparte de esto, también en la Siberia Extremeña existen terrenos de clima subtropical y aún desértico, así como mediterráneo, lo que puede ser premisa fundamental para esta diversidad de flora que en los pueblos de la comarca se da, y que es, en conjunto, una síntesis de la flora europea, que abarcan desde plantas de origen galaico e irlandés, reminiscencias de la época glacial, hasta el mirto de Brabante, con el de los alemanes conservaban la cerveza antes de hacerlo con el lúpulo.

La zona a que nos referimos está situada entre los ríos Guadiana y Zújar, a mitad de camino pelo más o menos de ambos ríos, en el ámbito geográfico llamado “de los Montes” por lo accidentado del terreno. No olvidemos que tres pueblos pacenses –Helechosa, Villarta y Fuenlabrada- añaden a su nombre el apelativo de “de los Montes”. Y que en sus términos municipales se encuentra esta flora tan rica, hasta el límite con Garbayuela.

UN EXPERIMENTO ALECCIONADOR

Se realizó hace años cerca Puerto de los Carneros, a la orilla de la carretera de Fuenlabrada a Talarrubias. Se sembró arroz, y a pesar de la sequedad del clima, nació y creció, dando una calidad que según nos aseguraron era pareja a los arroces de Levante, y en ciertos aspectos, superior a estos. Poco más allá proliferan los naranjos abundantemente, otro total típicamente levantino. Como el granado y la higuera chumba. Debido a la gran cantidad de flores existentes en la comarca, se incrementó en los últimos años masivamente la apicultura, hasta el punto de que en algunos pueblos como Fuenlabrada es base hoy y de la economía, sin desdeñar otras aportaciones como el olivo, los cereales y la ganadería, muy florecientes. Hubieron de ser los valencianos precisamente los que desarrollaron primeramente la apicultura en estos pueblos extremeños, con técnicas modernas, sustituyendo los antiguos “corchos” por “cajas”, y que los habitantes de la zona asimilaron con perfección y eficacia.

BOTONES DE MUESTRA DE LA VARIEDAD FLORAL:

Existen aquí plantas alpinas y nórdicas, como el pino piñonero y maderero; mediterráneas, como la encina, el alcornoque, la jara, retama, tomillo, romero y espliego (que aquí llaman poleo y que años ha incrementó grandemente la economía de estos pueblos, en los que se recogió en cantidades masivas para fabricar esencias y otros derivados, exportándolo fuera); setas, que este mismo año de 1976-77, han producido con su venta solamente en Fuenlabrada, cerca de los dos millones pesetas en poco más de una semana; el quejigo, el chaparro, etc, etc.

Entre las plantas subtropicales, aparte de la higuera chumba, se crían palmeras y plantas de tipo desértico, con fuertes pinchos. Hay plantas medicinales como el llantán, al que se atribuyen por el vulgo efectos anticancerosos, manzanilla, azahar, carquesa, té y cornezuelo, del mejor que se conoce. Hay lirios, celedonias, “pan y quesito”, “chirivitas” y amapolas. Árboles de similitud galaica, como queda dicho anteriormente, y olivos, endrinos, higuera corriente, perales, manzanos, nogales, álamo blanco y negro, eucaliptus, laurel, esparragueras, achicorias, “collejas”, “toquillas”, y hasta trufas.

Entre las plantas industriales abundan los juncos y mimbres para hacer cestos, espuertas y serillos y aguadaras; esparto y lino (base éste último de una industria artesanal de la que salían, tejidas en los telares de la comarca, sábanas y ropa interior para el uso de los hombres labradores. Hay hierbas de todas clases, incluido el trébol. Se dan asimismo toda clase de plantas no útiles económicamente, como la ortiga y el jaramago. Y algunas para condimento, como los cardillos.

Desde los árboles más clásicos como el melocotonero, almendro, membrillo, ciruelo y morera, sin olvidarse de la planta de la vid (por la proliferación de esta última se llamó a Fuenlabrada antiguamente La Manchuela), hasta los más salvajes como el espino y el acebuche, casi todas las representaciones florales europeas se encuentran en este trozo de tierra, de aproximadamente 200 kilómetros cuadrados de extensión, de la Siberia Extremeña, en la provincia de Badajoz. Allí nace casi de todo, y allí se aclimata con facilidad todo lo que se siembre y es consustancial al continente europeo y parte de África. Desde la flora subtropical y mediterránea se pasa en unos cientos de metros a la nórdica, húmeda y fría, en la que ha abundan musgos y líquenes y los clásicos helechos, de los que por su cuantía, tomó nombre el pueblo de Helechosa de los Montes.

Hay también gran número de raíces comestibles variadísimas, de las que es una prueba la “macuca”, especie de trufa que nace en los terrenos de sierra donde abundan las “casqueras” de cantos. Las macucas son difíciles de coger por la delgadez y longitud de sus tallos, que entre cantos, nos llevan a la raíz, que es lo comestible.

La variedad de hongos es grande, y también se crían en esta zona plantas venenosas como el beleño y la cicuta, planta esta última con la que se envenenó el filósofo griego Sócrates.

Las plantas olorosas son muchas, como el sándalo, los rosales silvestres, la hoja morisca, el orégano, el tomillo de Italia y el sansero, los alhelíes blancos y amarillos de las orillas de los arroyos, madreselvas silvestres y ruda (esta última huele muy mal, a diferencia de las antedichas).

En algunos sitios húmedos se crían embudillos, hiedra y acederas.

Los habitantes de la comarca son por experiencia sabedores de la variedad floral, de la que siempre se aprovecharon para cuidar sus enfermedades, a base de infusiones herbáceas; o para la alimentación de su ganado, doméstico o no (lanar, cabrío de cerda o abejas, muy abundantes todos). Nunca se han ocupado, empero, de industrializar esta riqueza arbórea y herbácea, aunque a veces, por serles solicitada de fuera, les ha supuesto buenas ganancias económicas (casos citados de poleo y setas). Los apicultores sí se han dado cuenta de la enorme importancia de esta flora múltiple, y la aprovechan “mudando” sus colmenas de un lado a otro según la época del año, para que las abejas no pierdan las mejores floraciones.

Hay que resaltar las repoblaciones forestales de pinos y eucaliptus por el Estado, que abarcan miles de hectáreas.

CONSECUENCIAS FINALES:

Se deduce de todo lo escrito, la riqueza floral de la Siberia Extremeña, que aún podría ser mayor de no abundar tanto en ella los rebaños de cabras. Nos dijo el doctor Rivas Goday en la entrevista antes citada, que las cabras son el peor enemigo de los bosques, porque se comen los brotes tiernos de las plantas, arruinándolas; y porque los cabreros, muchas veces, para obtener mejores pastos, queman el monte. Esperemos que con los nuevos adelantos agrícolas y la mejor solidaridad del vecindario, podamos mantener y aumentar esta riqueza variada y atractiva.

Juan Pedro Vera Camacho