Oct 012003
 

Rocío Periáñez Gómez.

Las fuentes documentales utilizadas para el estudio del fenómeno esclavista en la España Moderna son muy variadas, si bien han sido tradicionalmente las de carácter notarial las preferidas en los trabajos centrados en este tema. No obstante, los investigadores han recurrido al empleo de otro tipo de fuentes alternativas- parroquiales, municipales, judiciales, literarias, inquisitoriales, epistolares…- con la finalidad de ahondar en el conocimiento de un fenómeno tan complejo como es la esclavitud. La consulta de cada una de ellas se convierte en imprescindible según el punto de vista desde el que se quiera abordar el fenómeno esclavista. De forma que si pretendemos conocer la evolución a lo largo del tiempo del volumen de personas esclavizadas es preciso acudir a los libros parroquiales, puesto que, además de ser fundamentales para los estudios demográficos, son al mismo tiempo una valiosa fuente para el conocimiento de los efectivos esclavos en una población, especialmente en esta etapa en que apenas existen censos u otro tipo de fuentes macro demográficas que incluyan a las personas sometidas a esclavitud. No debemos olvidar que los esclavos, aunque tratados en general como seres de inferior categoría, se les consideraba dotados de alma inmortal y por tanto debían ser bautizados como el resto de la población.

La utilización de los libros sacramentales ha dado resultado satisfactorios en el estudio de la esclavitud en poblaciones concretas de la geografía española[1]. Para el espacio extremeño contamos con numerosos trabajos que muestran la viabilidad del manejo de esta fuente, bien sean investigaciones de carácter demográfico más amplios, donde dada la representatividad del grupo esclavo se les dedica algún apartado específico[2], o trabajos centrados esencialmente en esta minoría[3].

El objeto de nuestro estudio será la villa de Cáceres en las últimas décadas del siglo XVI, considerando la esclavitud a través de la información que al respecto nos ofrecen las partidas de bautismo de las cuatro parroquias cacereñas existentes: las hidalgas, situadas intramuros de la villa, de San Mateo y Santa María, y las pecheras, ubicadas extramuros, de San Juan y Santiago[4]. Con ello pretendemos observar la extensión de la institución esclavista en Cáceres, realizando así una pequeña contribución a su conocimiento para el espacio del norte de Extremadura, donde desgraciadamente son muy escasas las investigaciones que se han ocupado del tema[5]. Hemos optado por centrarnos en el siglo XVI porque es cuando se asiste en la Península Ibérica al auge de la esclavitud y creemos interesante conocer cómo se desarrolla el fenómeno en la villa durante esta época. De esta forma veremos la evolución a lo largo del tiempo del número de esclavos comparándolo con lo que ocurre en otras poblaciones extremeñas, al tiempo que nos detendremos en analizar las características de esclavos y propietarios a partir de las noticias ofrecidas por esta fuente.

Antes de entrar en la cuestión queremos señalar algunos aspectos referentes a los libros de bautismos, ya que en ellos se apoya nuestro trabajo. Como hemos señalado anteriormente, los esclavos eran llevados a bautizar por los amos puesto que, según la Iglesia, era su deber integrar a sus dependientes a la fe cristiana[6]. Cuando recibían las aguas bautismales, los párrocos realizaban la partida correspondiente registrando una serie de datos entre los que se incluyen: el día de la recepción del bautismo, el nombre del niño bautizado, de quien eran hijos- lo cual suele estar limitado al nombre de la madre y a veces simplemente a especificar su condición-, a quien pertenece y el nombre de los padrinos. En algunas ocasiones se incluye otro tipo de información adicional referida a aspectos como el color de los esclavos, su procedencia, profesión de los dueños…

A partir de estas anotaciones se puede contabilizar el número de esclavos que reciben el bautismo y compararlos con el resto de los niños bautizados para conocer la representatividad que la minoría esclava tenía para el conjunto de la población. Dada la dificultad de fijar con exactitud el volumen de efectivos esclavos en una localidad determinada, las fuentes parroquiales son de inestimable valor para hacernos una idea de hasta qué punto el fenómeno esclavista estaba asentado en ella. No obstante, hay que tener en cuenta en todo momento de que se trata de una mera aproximación, puesto que los libros de bautismos no nos informan de todas las personas esclavizadas que viven en un lugar. Primeramente porque en la mayoría de los casos las anotaciones responden a esclavos nacidos en la población y no tanto a los adultos que llegan a través del comercio y que ya habían recibido las aguas bautismales, aunque encontremos algunos casos excepcionales[7]. Además, el número de esclavos dependerá de otras circunstancias al margen de los nacimientos de esclavos, como la actividad del mercado esclavista. Por otra parte, las personas sometidas a esclavitud estaban sujetas a una movilidad forzosa derivada de cambio de dueño a través de las compra-ventas, herencias, donaciones u otro tipo de transmisiones de bienes que implica en ocasiones cambios de residencia a otras localidades. Pero ante la carencia de medios más directos, las noticias suministradas por los libros sacramentales son de gran utilidad para aproximarnos al volumen de esclavos en una población.

En lo que se refiere a la villa de Cáceres, los libros de bautismos no se inician en el mismo año en todas las parroquias. El más antiguo corresponde a la de San Mateo, y ya desde las primeras partidas encontramos registrados bautismos de esclavos. Sin embargo no es hasta 1560 cuando contamos con información para todas las parroquias, por tanto ese será el año de partida de nuestro trabajo. A partir de ahí hemos procedido a contabilizar el número de niños bautizados, al tiempo que nos hemos detenido en aquellos asientos en los que se inscribía el bautismo de una persona, fuera niño o adulto, de la que se hacía constar su condición esclava, recopilando todos los datos de interés contenidos en ella, lo que nos ha permitido llegar a los siguientes resultados.

1. Evolución de los bautismos en Cáceres

En el periodo de tiempo comprendido entre 1560 y 1599 se bautizan en Cáceres, según hemos podido ver en los libros de bautismos de sus parroquias, un total de 8.622 niños de los cuales 112 eran esclavos. En el gráfico I podemos ver la evolución general de los bautismos comparada con la de los esclavos. Se puede apreciar que cada una de las curvas revela comportamientos distintos al menos desde 1560 hasta 1580, lo cual evidencia que las condiciones que afectan a la natalidad de los libres no son iguales a las que influyen en la minoría esclava, al menos en esos momentos. Pasando a analizar cada una por separado vemos que la que representa a los bautismos totales muestra una dinámica general creciente, que se ve interrumpida hacia mediados de los años 80. Según señala Ángel Rodríguez, en el crecimiento influirán aspectos como las secuelas de la Guerra de Granada que conllevó la recepción de los inmigrantes moriscos, si bien pronto se darán circunstancias que conducirán al cambio de signo de la natalidad, como epidemias, plagas y malas cosechas[8]. A partir de ahí se aprecia un descenso del número de bautismos que se mantendrá hasta el final de la centuria manifestándose los primeros síntomas de la crisis que afectará a la villa durante el Seiscientos. Por el contrario, los bautismos de esclavos presentan una disminución paulatina a lo largo de todo el periodo[9] salvo en la primera mitad de la década de los 80, años en que los que se observa una leve recuperación paralela al incremento de los bautismos totales[10]. Además de compartir ese breve momento de euforia, las dos variables seguirán una trayectoria similar de decrecimiento hasta finales del siglo XVI, que como ya hemos dicho, supone el cambio del signo positivo de la tendencia demográfica que había dominado esta centuria anunciado la crisis que marcará el siglo XVII.

graf1Fuente: Libros de bautismos de Cáceres. Elaboración propia

En el cuadro I podemos ver la distribución de los bautismos de esclavos, incluidos los adultos[11], en relación con los libres por periodos de cinco años. En cada uno de los quinquenios el porcentaje de esclavos va disminuyendo progresivamente, llegando a sus cotas más bajas en la última década del XVI.

CUADRO I: BAUTISMOS EN CÁCERES (1560-1599)

AÑOS BAUTISMOS
TOTALES
BAUTISMOS
DE ESCLAVOS
% BAUTISMOS
DE ESCLAVOS
1560-1564 985 24 2,4
1565-1569 1079 23 2,1
1570-1574 1030 16 1,5
1575-1579 1091 13 1,2
1580-1584 1034 9 0,9
1585-1589 1254 12 0,9
1590-1594 1102 9 0,8
1595-1599 1047 6 0,6
TOTAL 8622 112 1,3

Fuente: Libros de bautismos de Cáceres. Elaboración propia.

Para todo el periodo, el porcentaje de esclavos con respecto al total de bautismos realizados en las cuatro parroquias cacereñas representa el 1,3 %. Si comparamos esta cifra con las de localidades del sur de Extremadura, debemos decir que se trata de una proporción relativamente baja. Así, para el tiempo comprendido entre 1575-1700 en la ciudad de Jerez de los Caballeros, la proporción se sitúa un punto por encima de la cacereña, en un 2,3%, mientras que para todo el siglo XVI, en la misma ciudad, es bastante superior, pues supone un 4,5%[12]; en Zafra el porcentaje de esclavos representa sobre el total de bautizados en la segunda mitad del Quinientos un 6,6 %[13], mientras que en Almendralejo, Francisco Zarandieta obtiene para el periodo comprendido entre 1571-1600 un 3,39 %[14]. En Mérida por los mismos años, según los datos de José Antonio Ballesteros, los bautismos de esclavos adultos y niños nacidos allí consituían el 3,76 %[15] . Badajoz es la población que muestra cifras más similares a las de Cáceres, si bien levemente superiores, pues los bautismos de esclavos suponen con respecto al total un 1,85%[16].

A pesar de la disparidad de cifras entre unos sitios y otros hay que decir que la tendencia de los bautismos de esclavos, independiente de la evolución de la población libre, es en todos los lugares la misma: una disminución progresiva que va acentuándose a medida que transcurre el tiempo. En este sentido, Cáceres, donde los bautismos de esclavos registrados en los primeros años de la década de 1560 suponen un 2,4 % con respecto al total de bautismos y descienden en el último quinquenio del siglo a un 0,6 %, no resulta una excepción a la norma. Y si bien el volumen de esclavos en la villa es inferior al de otras localidades extremeñas, la evolución de sus efectivos presenta el mismo comportamiento que se puede advertir en el resto de ellas.

Lo expuesto hasta ahora confirma la idea de que el desarrollo de la esclavitud en Cáceres fue menos intenso que en otras zonas de la región. No obstante debemos considerar ciertos aspectos que matizan esta idea. En primer lugar que, a pesar de la representatividad de estas cifras, y sirviéndonos como indicador del desarrollo esclavista, no pueden tomarse de forma absoluta, puesto que el número de esclavos existentes en la ciudad no puede reducirse a estos números. Al mismo tiempo debemos tener presente que entre los principales propietarios de esclavos se encuentran miembros de las clases privilegiadas, como tendremos ocasión de comprobar en el análisis de sus rasgos sociológicos. En este sentido, los dueños de esclavos solían gozar de una situación económica que les permitía, entre otras cosas, disponer de propiedades en las afueras de Cáceres, a donde acudían eventualmente acompañados de sus sirvientes, criados libres o esclavos. Su presencia en poblaciones próximas a la villa, como Casar o Malpartida, puede constatarse consultando los libros parroquiales de estos lugares, en cuyas iglesias son bautizados, confirmados y enterrados algunos esclavos pertenecientes a la oligarquía cacereña. Por poner algún ejemplo, en 1592 se bautiza en Casar de Cáceres a Jerónima, hija de Ana, esclava del cacereño don Álvaro de Aldana o en Malpartida se bautiza en 1621 un niño al que se pone el nombre de Antonio, hijo de una negra de una tal doña Jerónima que, igual que el anterior, es vecina de Cáceres[17]. Seguramente estos esclavos nacidos fuera de la villa volverían a ella acompañando a sus amos a sus residencias principales y formarían normalmente parte de los efectivos esclavos de Cáceres. Un aspecto más a tener en cuenta a la hora de tratar de realizar estimaciones sobre el volumen de esclavos en la villa y que se convierte también en una dificultad añadida en el desempeño de dicha tarea.

2. Los propietarios

Las partidas de bautismos suelen indicar el nombre de los amos de los esclavos, sin embargo, no siempre señalan su profesión, con lo cual resulta difícil determinar la extracción socioprofesional de la mayoría de los dueños[18]. Pese a todo, el cuadro siguiente que presenta la distribución de los bautismos de esclavos en las cuatro parroquias cacereñas nos permite hacernos una idea sobre quienes eran los principales propietarios de personas esclavizadas.

CUADRO II: DISTRIBUCIÓN DE LOS BAUTISMOS EN CÁCERES POR PARROQUIAS (1560-1599)

PARROQUIAS T. BAUTISMOS ESCLAVOS % ESCLAVOS
S. MATEO 846 34 4
STA. MARÍA 1506 34 2,3
S. JUAN 2522 17 0,7
SANTIAGO 3748 27 0,7
TOTAL 8622 112 1,3

Fuente: Libros de bautismos de Cáceres. Elaboración propia.

Como se puede apreciar, existen diferencias en cuanto al volumen de esclavos bautizados entre unas parroquias y otras. Especialmente se observa un gran contraste entre las parroquias hidalgas, San Mateo y Santa María, con respecto a las pecheras de San Juan y Santiago. Estas últimas registran un mayor número de bautismos pero en contra menor proporción de esclavos. Indudablemente esto hay que relacionarlo con la extracción social de los dueños de esclavos. A pesar de que la posesión de personas esclavizadas no estaba restringida a los grupos privilegiados, es por otro lado cierto que los miembros de la nobleza y el clero destacaban como los principales propietarios. No hay que olvidar que los esclavos eran “un producto de lujo”, ya que su precio era elevado y su adquisición no estaba al alcance de todos[19].

Sólo hay que observar los nombres de los propietarios, precedidos del tratamiento de señor o señora y don o doña, con apellidos como Ulloa, Ovando, Paredes, Espadero, Aldana, Rol, Golfín, pertenecientes todos ellos a la élite cacereña, algunos de cuyos miembros detentan cargos en el cabildo de la villa. También encontramos a individuos pertenecientes al estamento eclesiástico, destacando entre ellos el obispo de Coria, don Pedro García de Galarza, quien lleva a bautizar a su esclavo Pedro en 1579[20].

A parte de éstos, hemos podido encontrar entre los propietarios personas de diferentes oficios desde las profesiones liberales, sean médicos, como el doctor Bernáldez o escribanos, como Pero Pérez, hasta artesanos, como el albardero Lope Lorenzo o mercaderes, como Diego Pérez de Herrera, lo que da cuenta de la variedad socioprofesional de los dueños.

Otro aspecto interesante es conocer el número de esclavos que poseía habitualmente una de estas personas.

CUADRO III: DISTRIBUCIÓN DE PROPIETARIOS SEGÚN EL NÚMERO DE ESCLAVOS

DUEÑOS ESCLAVOS
% %
Con 1 esclavo 12 15,4 12 6,7
Con 2 esclavos 43 55,1 86 48,1
Con 3 esclavos 12 15,4 36 20,1
Con 4 esclavos 10 12,8 40 22,3
Con 5 esclavos 1 1,3 5 2,8
TOTAL 78 100 179 100

Fuente: Libros de bautismos de Cáceres. Elaboración propia.

Para realizar este cuadro hemos tenido en cuenta la totalidad de esclavos presentes en las partidas. De modo que hemos contabilizado tanto a los niños nacidos como a sus madres, por eso no es extraño que la mayor parte de los propietarios tenga al menos dos esclavos, entendiéndose que se trata de la madre y el hijo que ha tenido. Esa era la situación más normal, de hecho, uno de los motivos por los que las esclavas se cotizaban más en el mercado, especialmente las jóvenes, era por la posibilidad que tenían los amos de incrementar su patrimonio con los hijos habidos por ellas[21].

Debemos considerar otra cuestión y es que los propietarios con mayor número de esclavos se encontraban en parroquias hidalgas, hecho por parte lógico, puesto que al contar con mayor capacidad económica podían adquirir más de un esclavo que además se convertía en un signo de ostentación, una muestra de su poder adquisitivo que les daba prestigio social[22].

3. Los esclavos

Los párrocos cacereños fueron muy parcos en sus anotaciones, por lo que apenas tenemos otras noticias de los esclavos que no sean su nombre, el de sus madres, amos y padrinos de bautismos. De hecho, características como el color de la piel, la edad y procedencia, o la actividad a la que se dedicaban, especialmente en lo que se refiere a los casos de adultos o a las madres de los niños que reciben el bautismo, apenas aparecen reflejadas. Por ejemplo, de los 14 adultos, sabemos que la mayoría, nueve, son varones y el resto mujeres. De ellos conocemos únicamente la procedencia de María, esclava de doña María de Reinoso, de la que se declara que ha sido traída de Indias y que es hija de negros, por tanto el color de su piel será el mismo que el de sus progenitores[23] o el color de Isabel y Antonio, esclavos negros de Isabel Becerra, viuda de Pedro Carrillo, quienes reciben el bautismo el día de Nochebuena de 1570 en la parroquia de san Juan[24]. Las pocas veces que se señala el color de alguna de las madres de los esclavitos bautizados, se precisa de ellas que su color es negro o moreno.

Como señalábamos, la mayoría de los esclavos bautizados son niños nacidos en la villa que heredan la condición de sus madres. Una de las características de estos niños que nacen en la casa de sus dueños es su carácter ilegítimo. Tal y como destacaba Ángel Rodríguez Sánchez en su trabajo dedicado a Cáceres, dentro de las diferentes tipologías de la natalidad ilegítima de la villa, la representada por los hijos de esclava y padre no conocido mostraba unos elevados porcentajes, especialmente en las parroquias hidalgas. En estas colaciones los niños nacidos de madre esclava suponían 43,97 % con respecto al resto de ilegítimos y en las parroquias pecheras el porcentaje se reducía al 18,13%[25].

CUADRO IV: LA ILEGITIMIDAD EN LOS NACIMIENTOS DE ESCLAVOS

HIJOS DE ESCLAVAS Y… NÚMERO PORCENTAJE
Padre desconocido 78 80,4
Padre atribuido 18 18,6
Padre legítimo 1 1
TOTAL 97 100

Fuente: Libros de bautismos de Cáceres. Elaboración propia.

Como podemos ver en el cuadro, la ilegitimidad de los esclavos nacidos en Cáceres no sólo se derivaba del desconocimiento de la identidad del padre, si bien esta era la circunstancia más frecuente. De hecho en el 80,4 % de los casos los párrocos o bien omiten cualquier referencia acerca de la paternidad o declaran que no conocen de quien se trata con frases como “no se supo el padre”“no sabían quien fuese su padre “, “su padre no supe quién era” o “padre incierto”. Estos niños eran a veces fruto de encuentros sexuales ocasionales, pero muchas otras se debían a los abusos a los que las esclavas eran sometidas por parte de la población libre[26].

Aún en los casos en los que existe una atribución paterna, las criaturas conservan la filiación ilegítima, pues no se especifica que sus progenitores estén casados. Las atribuciones se producen en 18 ocasiones y se basan en la propia declaración de la madre o en lo que se dice en la calle, como Mateo, hijo de Antona, esclava de Rui Pérez de Osma, del que “dixeron que era de Mateo Gutiérrez”[27]. Como vemos el niño suele recibir el nombre de su supuesto padre.

Un caso llamativo, es el del tejedor llamado Francisco Calvo, al que adjudican la paternidad de dos niños hijos de esclavas distintas. En 1567 aparece como presunto padre de Francisco, hijo de Lucrecia, esclava de Sancho de Figueroa y un año después de Francisca, hija de una esclava de Pedro Pérez llamada Antona Pérez[28].

Curiosamente, es en las parroquias pecheras donde más atribuciones paternas encontramos. Los presuntos padres habitualmente pertenecen a los estratos más humildes, dedicándose, según las noticias de las que disponemos, a oficios como los de albañil, sastre o tejedor. Por ejemplo, de Alonso, esclavo de don Pedro de Ovando, cuya madre era Catalina Sánchez, “dixeron era su padre Alonso Martín, hijo de Nufrio Martín, albañil”[29]. El hecho de que se conozca el nombre del progenitor permite deducir que la esclava había establecido con él una relación de carácter más o menos estable.

En general, los propietarios no eran proclives a que sus dependientes contrajeran matrimonio, entre otros motivos porque creían que al contar con una familia, el esclavo no podía dedicar todo su tiempo al servicio prestado a sus dueños y por tanto esto le ocasionaba un perjuicio en cuanto al rendimiento obtenido de su trabajo. Por otro lado, como los esclavos debían contar con la aprobación de los amos si querían casarse, y como hemos señalado éstos se mostraban reticentes a ello, obstaculizando todo lo posible que sus esclavos lo hicieran[30], eran muy pocos los que llegaban a contraer matrimonio[31]. De modo que la única salida que les quedaba para formar lo más parecido a una familia era mantener este tipo de relaciones al margen del sacramento del matrimonio, que sus amos si bien no aprobaban, consentían, pues les ocasionaba menos inconvenientes que el hecho de que los esclavos se casasen.

Por ello, era una práctica común entre las personas esclavizadas, especialmente entre las mujeres, los amancebamientos con personas libres, quizás con la esperanza de conseguir la libertad y de que sus hijos tuvieran mayores oportunidades para ser libres[32]. No obstante, también tenían contactos carnales con personas con las que compartían condición. Es el caso de Inés, esclava de doña Francisca Picón, quien en 1584 tiene un hijo al que ponen por nombre Lucas, habido de su relación con un negro llamado Antonio[33].

Sólo en una ocasión hemos hallado que existe un vínculo matrimonial entre los progenitores de un esclavo. Se trata de Lucía y Alonso García, “criados y esclavos”del corregidor de Cáceres quienes llevan a bautizar a su hijo en 1585 a la parroquia de San Juan [34].

Además de lo expuesto, la información proporcionada por los libros de bautismos nos permite aproximarnos a otro rasgo propio de la natalidad esclava, la capacidad reproductora de las mujeres sometidas a esclavitud que residen en Cáceres, como podemos ver en el cuadro V.

CUADRO V: NÚMERO DE HIJOS POR ESCLAVA

Nº DE HIJOS ESCLAVAS HIJOS
NÚMERO %
1 49 69 49
2 14 19,7 28
3 8 11,3 21
TOTAL 71 100 97

Fuente: Libros de bautismos de Cáceres. Elaboración propia.

Tal y como se puede apreciar en el cuadro, la inmensa mayoría de las esclavas no solían tener más de un niño salvo en casos excepcionales. Aunque tradicionalmente se ha visto a las esclavas como meras productoras de hijos – niños que pasaban a incrementar el patrimonio del amo- los datos obtenidos contradicen esta idea de elevada fecundidad. Más bien las mujeres esclavizadas se encontraban en una situación poco adecuada para concebir, por diversas razones entre las que podían pesar las escasas expectativas de mantener una familia estable o el hecho de que sus hijos estarían condenados a estar privados de libertad como ellas[35]. De hecho, esa es la tónica dominante, pues como señala Manuel Lobo Cabrera, en general, la media de hijos que tenían las esclavas se situaba en torno al 1,5% y 2[36].

Sin embargo, uno de los motivos que llevaba a los compradores de personas esclavizadas a preferir la adquisición de mujeres frente a los hombres, pagando además por ellas cantidades más elevadas, era el hecho de que éstas podían tener hijos que luego podían ser vendidos, por ello buscarían que sus esclavas tuvieran al menos un hijo para poder rentabilizar su inversión.

En este sentido resulta significativo que la parroquia de Santiago sea donde las esclavas son más prolíficas, pues tienen de dos a tres hijos cada una, lo que quizás tenga relación con lo expresado anteriormente sobre la búsqueda de rentabilizar la compra de una esclava convirtiéndola en productora de nuevos esclavos. Así, entre las esclavas que más hijos tienen en esta parroquia se encuentran María, negra de Pedro de Sande que fue bautizada en 1560, y que llevará a la pila a sus tres hijos- Alonso, Diego y Magdalena- entre 1564 y 1571[37]; o un caso más elocuente, el Antonia Pérez, esclava del Pedro Pérez, el escribano citado anteriormente, quien da a luz entre 1560 y 1571 a Francisca, María y Francisco, de los que se conoce la filiación paterna de dos de ellos, tratándose de personas distintas, lo cual puede ser muestra de la permisividad del amo en que la esclava mantenga este tipo de conductas siempre que suponga un beneficio para él[38].

No obstante, encontramos esclavas igual de fecundas en las parroquias hidalgas, así Sebastiana, esclava del Licenciado Espadero, quien tiene tres hijos Antonio, Francisco y Pablo, bautizados en la parroquia de San Mateo los años 1580, 1583 y 1586 respectivamente[39].

Se advierte en los casos mencionados que existe un intervalo temporal amplio en la concepción por parte de las esclavas más fértiles, lo que se puede interpretar como que los niños son productos de encuentros sexuales esporádicos más que el resultado de relaciones permanentes, pero también se aprecia la escasa predisposición de las mujeres sometidas a esclavitud a tener hijos por los motivos antes expuestos

En definitiva, los libros parroquiales son una importante fuente para el estudio de la esclavitud puesto que aportan datos sobre aspectos que otros documentos no nos ofrecen. A pesar de todo, lo más adecuado y por supuesto más difícil, es cruzar la información que nos facilitan las distintas fuentes documentales, para poder conocer mejor el fenómeno esclavista y aproximarnos a la figura de los esclavos y a su trayectoria vital.

Aplicando lo dicho, hemos combinado la información de las partidas bautismales con la de los protocolos, lo cual nos ha permitido acercarnos a la vida de algunos de estos esclavos, como pueden ilustrar los ejemplos siguientes: en 1571, Rodrigo de Mesa, recibe de manos de su madre Juana García, los bienes que le pertenecen por la muerte de su padre Esteban Hernández, entre los que se encuentran dos esclavos mulatos pequeños, que se llaman Diego y Lucas[40]. Realmente eran unos niños que tenían 7 y 4 años respectivamente, hijos de Bárbola, esclava de su padre y cuyos bautismos están registrados en la parroquia de San Juan[41]. Unos meses después de recibir los esclavos, Rodrigo de Mesa vende a Diego por 40 ducados al señor Alonso de Loaysa, vecino de Trujillo[42].

En 1571 el doctor Bernaldo de Quirós, médico otorga carta de libertad a su esclava blanca llamada Juana, que cuenta en ese momento con dos años de edad, hija de María Perera, también su esclava. En la escritura de ahorría señala que concede la manumisión a la niña en atención a que es cristiana,- de hecho fue bautizada en la parroquia de San Juan el 13 de noviembre de 1569[43]– por servicio de Dios y por los muchos y buenos servicios que ha recibido de la madre de la criatura a la que libera[44].

Esto es simplemente una muestra de las posibilidades que permite el cruce de distintas fuentes documentales, ofreciéndonos una visión más cercana a la vida de los esclavos.

En conclusión, la consulta de los libros de bautismos del siglo XVI de las cuatro parroquias cacereñas nos ha permitido obtener diferentes datos acerca de la minoría esclava que vivía en la villa. De esta forma, hemos intentado aproximarnos al volumen de esclavos que existía en Cáceres, donde podía representar valores cercanos al 1,3 % con respecto al resto de la población libre. Por otra parte, sabemos que los principales propietarios pertenecían a los grupos privilegiados y que poseían entre dos y tres esclavos como media. Que los hijos de las esclavas eran, en la mayoría de los casos, niños habidos de relaciones al margen del sacramento del matrimonio, fruto de amancebamientos o de la explotación sexual de la que eran objeto muchas esclavas, desconociéndose hasta el nombre de sus progenitores paternos, y que esas mismas esclavas no solían tener demasiados hijos puesto que apenas tenían posibilidades de formar una familia estable y probablemente se resistían a ofrecer a sus hijos las mismas perspectivas de vida que tenían ellas, como seres privados de libertad.


NOTAS:

[1] MARCOS MARTÍN, A.: “La esclavitud en la ciudad de La Laguna durante la segunda mitad del siglo XVI a través de los registros parroquiales”, en De esclavos a señores, Estudios de Historia Moderna, Valladolid, 1992, pp. 11-42; SÁNCHEZ-MONTES GONZÁLEZ, F.: “La esclavitud en Granada en el siglo XVII. Su reflejo en las fuentes parroquiales”, Crónica nova, nº 15, 1986-1987, pp. 289-300; TORRES SÁNCHEZ, R.: “La esclavitud en Cartagena en los siglos XVII y XVIII”, Contrastes nº 2, Murcia, 1986, pp. 81-101; LOBO CABRERA, M.: “La población esclava de Telde en el siglo XVI”, Hispania, nº 150, 1982, pp.47-89; LARQUIÉ, C.: “Les esclaves de Madrid à l’époque de la décadence (1650-1700)”, Revue Histórique, 1970, pp. 41-74.

[2] CORTÉS CORTÉS, F.: La población de Zafra en los siglos XVI y XVII, Badajoz, 1983 y La ciudad de Badajoz en los siglos XVI y XVII (Demografía y Sociedad ), Tesis Doctoral inédita, Cáceres, 1984; ZARANDIETA ARENAS, F.: Almendralejo en los siglos XVI y XVII, Almendralejo, 1993; MUÑOZ GIL, J.:La villa de Feria, Badajoz, 2001; BALLESTEROS DÍEZ, J.A.: “Bautismos, confirmaciones y matrimonios en la historia social de Mérida en la segunda mitad del siglo XVI”, Revista de Estudios Extremeños, LVIII, vol III, 2002, pp. 941-989.

[3] Entre los trabajos más recientes: NARANJO SANGUINO, M. A.: “La esclavitud en Miajadas durante la Edad Moderna” Revista de Estudios Extremeños,LVI, vol. II, Badajoz, 2000. pp. 505-521; PÉREZ GUEDEJO, J.J.: Esclavos en Almendral ( siglos XVI-XIX), Barcarrota, 2000; PERIÁÑEZ GÓMEZ, R.: La esclavitud en Jerez de los Caballeros durante la Edad Moderna. Trabajo de Grado (Inédito), Cáceres, 2002.

[4] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.: Cáceres. Población y comportamientos demográficos en el siglo XVI. Cáceres, 1977.

[5] Realmente es mucho lo que falta por conocer sobre la esclavitud en nuestra región, además existen grandes desigualdades espaciales pues parece que el ámbito meridional ha atraído más a los estudiosos del tema que el norte. En cuanto a los trabajos publicados sobre la esclavitud en territorio cacereño debemos referir, junto al trabajo ya citado de Miguel Ángel Naranjo, los de SÁNCHEZ RUBIO, R. y FERNÁNDEZ MÁRQUEZ, A.: “El fenómeno esclavista en la sociedad trujillana del siglo XVI”, XVII Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 1988; SALINERO, G.: Maîtres, domestiques et esclaves de Trujillo. La dépendance domestique au siècle d’or. (En prensa); ARAGÓN MATEOS, S. y SÁNCHEZ RUBIO, R.: “La esclavitud en la Alta Extremadura, proceso de auge y decadencia”, Norba, 7, 1986. pp. 93-109.

[6] TORRES SÁNCHEZ, R.: Op. cit. pp. 85-86.

[7] En algunas ocasiones, ante la duda de que los esclavos no hayan recibido el bautismo, los amos los llevan a bautizar pero la ceremonia se hace subconditione (MARCOS MARTÍN, A. Op.cit. p. 18). No es el caso de los esclavos cacereños, que aparentemente llegan a la ciudad ya bautizados, como se desprende del hecho de que los que aparecen en las escrituras notariales tengan nombres cristianos, y los dueños no parecen albergar dudas acerca de su bautismo. Los escasos adultos que aparecen en las partidas de las parroquias de Cáceres son bautizados normalmente y no bajo condición.

[8] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.: Op. cit. pp. 93-94.

[9] No se aprecia en este momento la incidencia de la llegada de granadinos en el grupo esclavo como ocurre para el conjunto de la población. Esto a pesar de que, tal como consta en los recuentos efectuados por la Corona para los años 1582 y 1589, sí había en el grupo morisco algunos individuos que habían sido sometidos a esclavitud como consecuencia de la Guerra de Granada. Sin embargo, los bautismos no reflejan un incremento notable del número de adultos esclavos de procedencia granadina como se aprecia en otros lugares en la década de los 70 (PERIÁÑEZ GÓMEZ, R.: Op. cit. p. 41-42.).

[10] Es probable que este incremento esté relacionado con un mayor volumen en las compras de personas esclavizadas que muchas veces se traduce en un aumento de los nacimientos esclavos (PERIÁÑEZ GÓMEZ, R.: Op. cit. p. 36). No obstante, habría que realizar un estudio sobre la actividad del comercio esclavista en Cáceres para comprobarlo.

[11] De los 112 esclavos bautizados en Cáceres, sólo hemos hallado 14 adultos, el resto son niños, hijos de esclavas.

[12] PERIÁÑEZ GÓMEZ, R.: Op. cit. pp. 38-40.

[13] CORTÉS CORTÉS, F.: Esclavitud en la Extremadura meridional. Siglo XVII. Badajoz, 1987. p. 96.

[14] ZARANDIETA ARENAS, F.: Op .cit. p. 342.

[15] BALLESTEROS DÍEZ, J.A.: Op. cit. p. 979.

[16] CORTÉS CORTÉS, F.: Esclavitud en…. Op.cit. p. 96.

[17] Estos datos nos han sido proporcionados por Felicísimo García Barriga, quien está llevando a cabo un estudio demográfico de esta zona, al cual agradecemos la información que nos ha brindado. Archivo Diocesano de Cáceres (en adelante ADC), Casar de Cáceres, Libro de Bautismos II, f. 38v, 31-5-1592; Malpartida de Cáceres, Libro de Bautismos III, f. 6v, 20-5-1621.

[18] Hemos intentado averiguar a qué se dedicaban algunos de los propietarios cruzando las noticias que ofrecen los libros de bautismos con la que nos proporcionan los protocolos notariales, de ahí que contemos con algunos datos más.

[19] En el siglo XVI el precio medio que se pagaba por un esclavo varón en Cáceres era de 767 reales, mientras que las mujeres esclavizadas llegan a alcanzar un valor medio de 832 reales. ARAGÓN MATEOS, S. y SÁNCHEZ RUBIO, R.: Op. cit. p. 103.

[20] ADC, Cáceres, parroquia de Santa María, Libro de Bautismos I, f. 24v, 22-10-1579.

[21] Fernando Cortés señala para el caso de Zafra que el empleo biológico de las esclavas como “productoras” de esclavos era una conducta consciente y programada. CORTÉS CORTÉS, F.: La población de Zafra… Op. cit. p. 134.

[22] CORTÉS LÓPEZ, J.L. La esclavitud negra en la España peninsular del siglo XVI, Salamanca, 1989. pp. 102-103.

[23] ADC, Cáceres, parroquia de Santiago, Libro de Bautismos I, f. 161v, 25-4-1585.

[24] ADC, Cáceres, parroquia de San Juan, Libro de Bautismos I, f. 94v, 24-12-1570.

[25] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.: Op. cit. pp. 109-118.

[26] MARTÍN CASARES, A.: La esclavitud en la Granada del siglo XVI, Granada, 2000. pp.255-256. A esto habría que añadir que los niños podían nacer también como consecuencia de otro tipo de explotación llevada a cabo por los amos, quienes a veces alquilaban o vendían a las esclavas a las casas de las mancebía. En otras ocasiones eran las esclavas quienes se prestaban a ello con permiso de sus amos, para poder así obtener el dinero que les permitiera pagar el rescate por su libertad. LOBO CABRERA, M. “La mujer esclava en España en los comienzos de la Edad Moderna”, Baética, 15, 1993. pp. 306- 310.

[27] ADC, Cáceres, parroquia de Santiago, Libro de Bautismos I, f. 81v, 29-7-1575.

[28] ADC, Cáceres, parroquia de Santiago, Libro de Bautismos I, f. 44, 4-3-1567 y f. 54, 4-10-1568.

[29] ADC, Cáceres, parroquia de San Mateo, Libro de Bautismos II, f. 20, 26-2-1594.

[30] MARTÍN CASARES, A.: Op. cit. pp.366-370.

[31] Esta era la tónica general en la Península Ibérica según señala Bernar Vincent en su artículo: “La vie affective des esclaves de la Péninsule Ibérique XVIe-XIXe siècle” en Familia y mentalidades, RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A. y PEÑAFIEL RAMÓN, A. (eds.), Murcia, 1997, pp. 31-39.

[32] LOBO CABRERA, M. Op. cit. p. 307.

[33] ADC, Cáceres, parroquia de Santiago, Libro de Bautismos I, f. 154, 16-6-1584.

[34] ADC, Cáceres, parroquia de San Juan, Libro de Bautismos I, f. 164, 2-1-1585.

[35] LOBO CABRERA, M. Op. cit. p. 299.

[36] LOBO CABRERA, M. Op. cit. p. 311.

[37] ADC, Cáceres, parroquia de Santiago, Libro de Bautismos I, fs. 3v, 9-11-1560, f. 25, 3-2-1564, f. 41v, 1-10-1566, f. 70v, 18-5-1571.

[38] ADC, Cáceres, parroquia de San Mateo, Libro de Bautismos I, f. 3, 15-9-1560, f. 54, 4-10-1568, f. 69v, 25-3-1571.

[39] ADC, Cáceres, parroquia de San Mateo, Libro de Bautismos I, f. 124 , 9-1-1580, f. 134, 22-1-1582 y Libro de Bautismos II, f. 2, 24-5-1586.

[40] AHPC, Protocolos notariales, Leg.3933, s.f., 31-8-1571.

[41] ADC, Cáceres, parroquia de San Juan, Libro de Bautismos I, f. 69, 18-12-1564 y f. 78v, 26-10-1567.

[42] AHPC, Protocolos notariales, Leg.3827, s.f., 29-12-1571.

[43] ADC, Cáceres, parroquia de San Juan, Libro de Bautismos I, f. 88.

[44] AHPC, Protocolos notariales, Leg.3636, s.f., 29-5-1571.