Oct 312018
 

Manuel García Cienfuegos.

Cronista Oficial de Montijo y Lobón.

Resumen.

El estudio de la ponencia que presento en esta edición de los Coloquios Históricos de Extremadura tiene como temática la epidemia de la gripe española que tiñó de luto nuestros pueblos y ciudades, al cumplirse este año el centenario de la propagación de la misma. En “La epidemia de la gripe española (año 1918) en Montijo, Puebla de la Calzada y Lobón”, se focaliza y analiza las consecuencias que ésta tuvo sobre tres poblaciones de la comarca de las Vegas Bajas del Guadiana, en la provincia de Badajoz.

Para ello he realizado recuentos sobre 2.200 partidas de defunciones en el período 1916-1920. Estudiando 622 de ellas, pertenecientes a 1918, año de mayor penetración de la epidemia. Así mismo he practicado recuentos sobre 505 partidas de bautismos con la finalidad de estudiar el crecimiento vegetativo, utilizando en el vaciado documental fuentes civiles y eclesiásticas.

La gripe española se cebó especialmente con la población joven, entre 16 a 40 años, falleciendo en este segmento de edad prácticamente la mitad de los afectados, teniendo en los meses de octubre y noviembre los de mayor frecuencia de óbitos inscritos.

El estudio analiza las condiciones higiénicas en las que vivía la población. Las Tasas Brutas de Mortalidad (TBM), Mortalidad Específica (TME) y Crecimiento Vegetativo (TCV), la edad de los finados, en la que se refleja una elevada mortandad en los párvulos. Las zonas más afectadas por la epidemia en la población, los funerales, los acuerdos municipales que se tomaron desde las Juntas de Sanidad y Beneficencia, entre las que destaca la urgencia en la construcción de nuevas sepulturas en los cementerios. Siendo estudiada, en un apartado especial, la causa de la muerte en adultos y párvulos.

El contexto social en el que se desarrolló la epidemia de la gripe se ve inserto en la I Guerra Mundial (1914-1918) que, a pesar de la neutralidad española, ocasionó una fuerte inflación, erosionando el poder adquisitivo de los salarios, junto a la falta de trabajo, creando un malestar social de por sí ya intenso en nuestros pueblos. Tiempos en los que tomaron protagonismo el asociacionismo, las reivindicaciones y la lucha colectiva como una vía de actuación pública en defensa de los intereses de la clase obrera.

 

INTRODUCCIÓN

 

La gripe es una enfermedad aguda muy contagiosa que se propaga rápidamente, produciendo serios problemas en términos de morbilidad y mortalidad que ha afectado al hombre a lo largo de la historia[1]. Descrita por Hipócrates en el año 412 antes de Cristo, encontramos explicaciones sobre catarros epidémicos unidos a épocas estacionarias, las cuales posiblemente sean episodios de lo que hoy conocemos como gripe.

España sufrió epidemias en 1833 y 1834, en 1854, 1865 y 1885, convirtiéndose en el gran asesino de la población española, pues se calcula en cerca de 800.000 las víctimas causadas por la cadena de epidemias de cólera sufridas a lo largo del siglo XIX[2]. Una vez más, el clasismo era uno de los criterios de expansión de la enfermedad. Ya lo había sido con la tuberculosis que afectaba menos a los bien alimentados y a los que vivían en mejores condiciones; con la fiebre amarilla pasaba lo mismo, pues quien podía alejarse de la costa e ir a vivir al interior también se libraba de ella. En el caso del cólera, los barrios que disponían de una mejor red de aguas y cuya densidad de usuarios, era menor, tenía menor incidencia de afectados[3].

La gripe española provocó un número inusual de muertes debido probablemente a que causaba una tormenta de citoquinas en el cuerpo. El virus H1N1 de la gripe española infectaba las células pulmonares, lo que provocaba una sobreestimulación del sistema inmune a través de la liberación de citoquinas en el tejido pulmonar. Esto conducía a una amplia migración de leucocitos hacia los pulmones que causaba la destrucción de los tejidos pulmonares y la secreción de líquido dentro del órgano[4].

 

1.- LA GRIPE ESPAÑOLA

Algunos autores sugieren que la Peste de Atenas, narrada por Tucídides[5], podría corresponder a una epidemia de gripe. En el siglo XIV, esta enfermedad, comienza a ser denominada en Florencia como ‘influenza’ (di freddo, influencia del frío, di stelle, influencia de las estrellas), en Francia, posteriormente, fue denominada ‘grippe’, término del que se traduce al español: atrapar, agarrar. En Alemania se le conoce como grupen, que significa temblar de frío. La enfermedad se puede manifestar de diversas formas: esporádica, epidémica y pandémica. A lo largo del siglo XX, cuatro pandemias de gripe[6] causaron la muerte de un importante número de personas.

La epidemia más grave del siglo XX, la gripe, se propagó con rapidez ante la inoperancia gubernamental para atajar aquel azote. Aquella plaga, que se desencadenó en la primavera de 1918, llevó a la tumba a cerca de 40 millones de personas[7]. En España, sus repercusiones fueron espantosas: murieron 300.000 personas a pesar de que las cifras oficiales redujeron las víctimas a sólo 147.114. Pero el país más castigado fue la India, donde fallecieron 15 millones de los afectados por la epidemia, alcanzando la mortalidad, en ciertas zonas, al 20% de la población.

En la virulencia de la epidemia gripal de 1918 se aunaron varios factores que provocaron más del doble de víctimas que la Gran Guerra. En primer lugar, la específica mutación del virus gripal de ese año. Existe la teoría de que fue el resultado de una recombinación genética entre un virus animal, concretamente la gripe porcina, y otro humano, ante la cual la memoria inmunológica de la humanidad era inexistente.

Aparte de las complicaciones pulmonares conocidas, esta gripe afectaba especialmente al sistema neurológico, provocando la llamada encefalitis de Von Economo, (encefalitis letárgica o epidémica)[8], la Gran Guerra fue decisiva para su expansión. Los primeros casos aparecieron en Kansas, el 4 de marzo de 1918, entre soldados del ejército norteamericano que esperaban acuartelados su traslado a Europa. Es curioso que, a pesar de este claro origen norteamericano -en EE.UU. causó unas 600.000 muertes-, la enfermedad fuese conocida como gripe española[9].

El hecho de que la epidemia de 1918 siga conociéndose como gripe española se debe a que los periódicos europeos no incluían ninguna noticia sobre la enfermedad para no sembrar la alarma entre las tropas entonces inmersas en la I Guerra Mundial[10], donde imperaba la censura. Los periódicos de España, al margen de la contienda, sí daban cuenta de la epidemia. Por eso las referencias que se tienen procedían de fuentes españolas.

 

2.- TRES ETAPAS

La gripe en España tuvo tres etapas: en la primavera de 1918 (pandemia normal), el otoño del mismo año (pandemia asesina) y primavera de 1919 con una disminución de los efectos negativos. El comienzo de la pandemia se produjo en el frente occidental y se ocultó para mantener la moral de los ejércitos. En esa misma época habían aparecido gripes de alta virulencia en África Occidental (Sierra Leona) y en China, y fueron posiblemente trabajadores chinos quienes la exportaron a Estados Unidos y de ahí por medio de los soldados americanos a Europa a través de Francia durante la guerra.

Una vez en Francia, la expansión mundial de la gripe fue muy sencilla. Los transportes masivos exigidos por la guerra estimularon el tránsito de hombres y mercancías, con lo que barcos y ferrocarriles se convirtieron en vías de transmisión. Ello hizo que, rápidamente, se extendiese por los países neutrales. Si a ello se añaden los graves problemas alimenticios que sufrían, gran parte de las poblaciones y las limitaciones que aún tenía la medicina, se comprenderá la gravedad de la epidemia[11].

 

3.- PRIMERA OLEADA. CONTEXTO SOCIAL

La primera oleada de la gripe llegó a España en mayo de 1918, en los trenes que transportaban obreros españoles y portugueses de regreso de Francia, afectando sobre todo a Extremadura, Madrid, Andalucía y puntos de Castilla León[12].

En Madrid coincidió con las fiestas de San Isidro cuyos festejos, con gran participación popular, favorecieron el contagio. Los cuarteles con su hacinamiento y sus deficientes condiciones higiénicas se convirtieron en los focos más virulentos.

Aquel 1918 fue el primer año del llamado, por su efervescencia social, trienio bolchevique. Inflación, escasez de carbón, alimentos y medicamentos provocaron gran malestar social, plasmado en cientos de huelgas. El campo sufría aún más esta situación, lo que suscitó una masiva emigración hacia las ciudades, contribuyendo al contagio.

La neutralidad de España en la I Guerra Mundial produjo, de una parte, un excepcional boom económico a ciertas economías (vasca, asturiana y catalana), pero sumió, a la economía española en un círculo inflacionista sin precedentes en su historia.

Los precios de los productos de primera necesidad se duplicaron entre 1914 y 1919, beneficiando a las clases más pudientes y grandes propietarios, provocando el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores quedando reflejada esta grave situación en la oleada de reivindicaciones huelguísticas que estalló a partir de 1914. En ese año hubo 212 huelgas, 463 en 1918 y 1.060 en 1920, la unidad moral y social del país sufrió un deterioro muy grave[13].

A partir de 1917 el panorama obrero y campesino cambió de forma notable, comenzaron a surgir asociaciones, círculos y agrupaciones socialistas, con una inspiración cada vez más radicalmente marxista y revolucionaria[14]. En Montijo, en 1918, se fundó en la Casa del Pueblo[15] la Agrupación Socialista. Su reglamento fue redactado por Sebastián Gabardino, Francisco Zambrano y Pablo Martín[16]. En Puebla de la Calzada se crearon la sociedad Unión Obrera que años más tarde pasó a llamarse La Defensora del Derecho, con sede en la Casa del Pueblo, en la calle Nueva, y el Sindicato Agrícola[17].

Fueron tiempos de fuertes tensiones sociales con manifestaciones y huelgas, en las que la clase trabajadora pedía reducir la jornada laboral y mejoras salariales. Lobón contó con el Círculo de Unión Obrera, que en 1920 se transformó en la Casa del Pueblo, sede de la UGT y de la Agrupación Socialista[18], y el Sindicato Católico Agrario.

A mediados de año se desata en Lobón, al igual que en otros pueblos de la comarca y de Extremadura, el conflicto con los segadores portugueses que llegan para trabajar en la recolección. El alcalde, Joaquín Chorot de Coca[19], manifiesta en el pleno del 18 de junio “algunos obreros han pretendido que no se dejara entrar en el pueblo ni en el término a los portugueses para segar, por el perjuicio que habían de proporcionar a los obreros del pueblo y quizás a la salud pública”. Expresando “que su pretensión no podía ser atendida, pero les prometí reconocer las cartas de sanidad que tuviese y si alguno no la tenía ordenar su expulsión”. El alcalde, ante algunos rumores en contra de los obreros portugueses, dirigió un oficio al Gobernador pidiéndole fuerza de la Guardia Civil en prevención de alteración del orden público, llegando a Lobón una pareja que fue enviada por el teniente de línea del puesto de Montijo[20].

En el campo político la crisis de los grandes partidos era cada vez mayor, tanto que Alfonso XIII amenazaba con abdicar y la sombra de un golpe militar era cada vez más afilada. El ambiente político y social se había deteriorado y la violencia en las calles era constante. El otoño comenzó con una larga huelga de panaderos, a la que siguió la de cocheros y la de carteros. El medio millón de españoles que regresaban de la vendimia francesa y los soldados portugueses repatriados tras la guerra se encargaron de extender la enfermedad por las estaciones del ferrocarril[21]. Por este motivo, la propagación de la enfermedad se vio favorecida por factores propios e inherentes al conflicto como fueron el hacinamiento, la desnutrición, la falta de higiene, la falta de medicinas, las migraciones, los desplazamientos masivos de personas, etc.[22].

 

4.- SEGUNDA OLEADA

Al igual que en primavera, el Gobierno trató de ganar tiempo; tranquilizaba a la población negando la epidemia o subestimándola, esperando que desapareciese por sí sola. Por ello, hasta el 27 de septiembre, nadie se atrevió a decretar oficialmente el estado de epidemia. En cientos de pequeños pueblos los enfermos se quedaron sin asistencia por muerte o huida de los médicos. Familias enteras enfermaron sin que nadie les atendiera o alimentara. En el mundo rural, donde el atraso, la pobreza y la malnutrición eran factores crónicos, la gripe causó importantes estragos.

Cuando el 23 de noviembre se pudo, por fin, debatir el tema en las Cortes, los diputados socialistas Besteiro y Largo Caballero denunciaron el atraso de la asistencia médica, así como las nefastas condiciones de vida de la población que había contribuido a la mortandad. Maura pagó parte de la factura de la gripe y, a principios de ese mes había abandonado el poder[23].

 

5.- LA GRIPE EN EXTREMADURA

La causa de la muerte en la Extremadura de la Restauración continuó siendo obviamente diversa, pero en buena parte mantenía una estrecha dependencia de las ancestrales situaciones de desnutrición y miseria, siendo presa fácil tanto de los brotes epidémicos, como de cualquier otra enfermedad infectocontagiosa. A finales del siglo XIX tuvieron lugar las dos últimas invasiones coléricas. La de 1885 en Extremadura, según las estadísticas oficiales, fue muy exigua. La epidemia del cólera en 1890 fue aún mucho más débil y tuvo en Llerena, donde se produjeron algunos fallecimientos, uno de sus focos más importantes. Si el cólera dejó de significar en esta etapa el factor de muerte que había sido en la época de Isabel II, otras enfermedades protagonizaron la mortalidad catastrófica, bien entrado ya el siglo XX. Entre ellas hay que destacar la gripe. La epidemia gripal de 1918 tuvo funestas consecuencias demográficas, causando una fuerte elevación de las tasas de mortalidad.

El quinquenio 1916-1920 supuso una parada en la tendencia decreciente que afectó a la serie. Mientras en los otros cuatro años de ese lustro la media de fallecimientos en Extremadura fue de 26.800, en 1918 hubo 38.132. Teniendo en cuenta el número de fallecimientos que por término medio en un año normal producía la gripe, podemos calcular en unas 12.000 las víctimas que originó la epidemia en la región en los últimos meses de 1918. Aproximadamente uno de cada cien extremeños falleció a consecuencia de la gripe ese año[24].

La pirámide poblacional de la provincia de Badajoz sufrió la entalladura correspondiente a la mortalidad de 1918 ocasionada por la gripe, especialmente acusada en la capital, junto a una elevada mortalidad infantil[25]. Es la crónica del diario independiente Correo de la Mañana, que se editaba en Badajoz, la que informa el 1/X/1918 que “de varios pueblos de la provincia se reciben noticias de haberse extendido rápidamente la epidemia de la gripe”[26].

Las causas habituales de la muerte que afectaban duramente a la población extremeña para el período estudiado eran y por orden cuantitativo: Enteritis, tuberculosis, paludismo, fiebres tifoideas, viruela, sarampión, difteria, tifus… Las crisis agrarias y de subsistencias agravaban los crónicos estados de desnutrición de las clases más desfavorecidas por la falta de trabajo[27].

Más que la inanición como causa directa de la muerte, la repercusión demográfica más trascendental era el debilitamiento general de los organismos que quedaban con menos defensas y fácilmente expuestos a los efectos letales de los agentes patógenos. En este estado, el movimiento obrero y campesino extremeño conoció una expansión sin precedentes. En ambas provincias se alcanzó un importante grado de movilización que afectó a los trabajadores de todos los sectores productivos. Las causas de la expansión de asociaciones obreras son múltiples.

Junto al ambiente de crisis generalizada de todo el sistema político-social, característico de aquellos años, hay que situar en primer plano los efectos y las repercusiones de la I Guerra Mundial en España, a pesar de su neutralidad, como anteriormente indicamos. La inflación galopante erosionó el poder adquisitivo de los salarios, lo que incrementó un malestar social de por sí ya intenso en la región[28].

La acción colectiva apareció como una vía de actuación pública muy operativa para defender los intereses de la clase trabajadora, frente al latifundismo, rentistas y oligarcas. Se puede decir que se desató una verdadera fiebre de asociacionismo que afectó a todos los estamentos de la comunidad[29].

 

6.- LA GRIPE EN MONTIJO

Para estudiar la repercusión que la gripe tuvo en Montijo se ha consultado para la elaboración y cuantificación de los datos, el archivo de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, utilizando para ello los Libros de Defunciones números XI (1907-1917) y XII (1917-1926).

Durante el quinquenio 1916-1920 se producen en Montijo 1.137 fallecimientos, correspondiendo a los adultos 659 (57,9%) y a los párvulos[30] 478 (42,1%). La tabla nos informa de la distribución por años.

 

Año Adultos Párvulos Total %
1916 103 91 194 17,07
1917 132 96 228 20,05
1918 206 130 336 29,56
1919 115 72 187 16,45
1920 104 88 192 16,87
TOTAL 659 478 1.137 100,00

 

La mayor cuantía de fallecimientos se concentra en el año 1918, con 336, perteneciendo 171 a los hombres (50,8%) y 165 (49,1%) a las mujeres. Vemos ahora cómo estos 336 fallecimientos se distribuyen por meses, obteniendo que durante octubre y noviembre se registran un total de 82 y 78 defunciones respectivamente, prácticamente la mitad de los óbitos producidos de la totalidad del año.

 

Meses Adultos Párvulos Total %
Enero 11 7 18 5,36
Febrero 10 5 15 4,46
Marzo 7 4 11 3,27
Abril 8 5 13 3,87
Mayo 8 4 12 3,57
Junio 7 11 18 5,36
Julio 11 12 23 6,85
Agosto 9 16 25 7,44
Septiembre 10 14 24 7,14
Octubre 60 22 82 24,40
Noviembre 55 23 78 23,22
Diciembre 10 7 17 5,06
TOTAL 206 130 336 100,00

 

La causa de esta elevada mortandad para octubre y noviembre está representada en la gripe, a causa de ella hay registrados 82 fallecimientos[31], significando el 24,4% del total de los fallecidos del año, correspondiendo 66 defunciones a los adultos y 16 a los párvulos. En el siguiente cuadro reflejo la comparativa entre la mortandad total y la tipificada por causa de la gripe.

 

Mes Fallecidos Fallecidos por gripe %
Octubre 82 34 41,46
Noviembre 78 47 60,25
Diciembre 17 1 1,22
TOTAL 177 82 46,32

 

De los 177 fallecimientos que se registran para los meses de octubre-diciembre de 1918 en Montijo, 82 son debidos a causa de la gripe, el 46,3% del total de los registros. El resto de los fallecidos se reparten entre las enfermedades del aparato digestivo (gastroenteritis, enteritis y enterocolitis), aparato respiratorio (tuberculosis, pulmonía, bronquitis, asma y catarro), otras infecciones (fiebres infecciosas, meningitis, gangrena y paludismo), enfermedades cardiovasculares y desgaste orgánico.

La gripe hizo su aparición en Montijo el 15 de octubre de 1918 con la muerte de una mujer, María Campos Cerezo, casada con Alonso Cerezo Pajuelo, de 40 años, hija de Telésforo y Bernarda, viviendo en la calle Méndez Núñez[32]; al día siguiente está en la calle Alameda, cuatro días después llega a la calle Senador Piñero, Puerta del Sol, Huertas, San Gregorio, Arriba, Badajoz, Mártires, Hernán Cortés, López de Ayala, Carrera, Plaza de Jesús, Moreno Nieto… En poco menos de doce días la gripe estaba extendida prácticamente por todo el casco urbano.

El anotador parroquial, Juan Pérez Amaya, párroco de San Pedro Apóstol, al registrar los fallecimientos a causa de la gripe y siguiendo los partes de los facultativos, emplea la siguiente terminología: gripe, bronconeumonía gripal, fiebre gripal, infección gripal, pulmonía gripal, neumonía gripal, bronquitis gripal, edema pulmonar gripal, pleuritis purulenta gripal.

La zona oeste del casco urbano de Montijo fue la más castigada por la gripe ya que en ella se producen 33 fallecimientos (40,2%) registrados en las calles Conde, Cervantes, Plazuela de Jesús, Piñuela, Badajoz, Valle, Mártires, Huertas, Espronceda, Muñoz Torrero y Bailén. Mientras que la zona este de Montijo, calles de San Gregorio, Arriba, Nueva, Puerta del Sol, Moreno Nieto y Méndez Núñez, hay 21 fallecidos (25,6%). En ambas zonas es donde se distribuían las clases populares, en las que vivían jornaleros y braceros[33].

Esta distribución por áreas geográficas del casco urbano tiene también un reflejo similar con los enterramientos denominados de caridad, produciéndose dieciocho a lo largo del año[34], correspondiendo, once a los párvulos y siete para los adultos, repartidos por las calles Conde, Mártires y Huertas con tres entierros en cada una de ellas; dos para Moreno Nieto y San Gregorio y uno para Bailén, Valle, Piñuela, Hernán Cortés y San Antonio.

 

7.- ESTADO HIGIÉNICO-SANITARIO

La situación higiénico-sanitaria fue determinante, en buen grado, para la aparición de condicionantes en el desarrollo de enfermedades y epidemias. Muchas zonas de la población servían de basureros y vertederos, apenas existía red de saneamiento, las calles poco empedradas y sucias por los excrementos de los animales y las inmundicias que sobre ellas se arrojaban eran verdaderos focos de infección muy perjudiciales para la salud pública.

El agua empleada para la higiene y el consumo provocaba la extensión de enfermedades que encontraba en ella una importante vía de difusión al surtirse el vecindario de aguas insalubres. En las casas, algunas habitaciones no tenían ventilación directa, solían vivir dos y tres familias en la misma casa, causando un problema de hacinamiento. Muchas viviendas contaban en sus corrales con graneros y pajares, alojándose los animales que se utilizaban en las labores agrícolas, aves de corral y cerdos, conviviendo así el hombre con éstos, siendo muy frecuentes los estercoleros. Otra incidencia negativa eran las aguas estancadas que proliferaban por la población.

Los productos habituales de consumo no aportaban todos los componentes que el cuerpo humano necesitaba. La dieta alimenticia era desequilibrada, de mala calidad, generalmente escasa, y ocasionalmente inexistente, perjudicando a los mecanismos de defensa del cuerpo. Junto a ello, los enfermos no encontraban en la asistencia médica la solución a sus males.

El atraso en el que estaba inmersa la medicina de la época y el escaso número de profesionales que la ejercían eran las causas de esta situación. Téngase presente que la penicilina no fue descubierta por el escocés Fleming hasta el año 1928, pero su utilización terapéutica no se inició hasta el año 1943[35]. Cualquier infección hacia verdaderos estragos en los pacientes.

El aumento de la esperanza de vida ha sido el resultado, en primer lugar, de un decrecimiento de la mortalidad infantil, que a su vez está relacionada con el nivel de pobreza, la higiene, la disponibilidad de una alimentación adecuada y muchos otros factores sociales, económicos y culturales[36].

En cuanto al desarrollo de la higiene, las medidas más importantes relacionadas a la disminución de la enfermedad, como son: la ventilación de las habitaciones, el lavado del cuerpo y de la ropa, la higiene de los alimentos, alcantarillado, pavimentación y la disposición de los cementerios, entre otras. Enfermedades como el cólera, el sarampión, la viruela, la tuberculosis, la fiebre tifoidea… eran una amenaza constante para la población[37].

En Montijo ejercían la medicina los facultativos Esteban Amaya Moro y Manuel Zúñiga. Las medicinas que prescribían se expendían en las farmacias de Francisco Alonso Llinas y Juan Camacho Pichardo[38]. Entre la diversidad terapéutica empleada para cortar la gripe destacaron las sales de quinina, opio y sus derivados, yodo y yoduros, digital y sus derivados, acetato y carbonato amónicos, antipirina, aspirina, entorina, piramidón, esparteína y sus sales, cafeína y sus sales, estricnina y sus sales, adrenalina, colesterina, benzoato sódico, alcanfor, salicilato sódico, novocaína, desinfectantes y sueros[39].

El Correo de la Mañana, diario pacense, informa que se aplicaba para los más necesitados: leche condensada, caldos, cloruro, quinina, junto con calderas de agua hirviendo para desinfectar ropas y enseres[40].

Mucho y bueno fue lo que ayudaron las instituciones de la Iglesia como la Conferencia de San Vicente de Paúl, que regentaba el Hospital Municipal, junto con los desvelos que pusieron en ayudar a las clases más desfavorecidas los párrocos de Montijo, Puebla de la Calzada y Lobón, Juan Pérez Amaya, Constantino Lázaro y Álvaro Martín Núñez. El obispo de Badajoz, Adolfo Pérez Muñoz[41], concedió, a varias poblaciones, donativos destinados a las clases más desfavorecidas[42]. Asimismo, el prelado pacense publicó una pastoral elogiando el comportamiento del clero durante la epidemia de gripe, en la que hizo constar el fallecimiento de veintiún sacerdotes a consecuencia del contagio[43].

 

8.- LA GRIPE EN PUEBLA DE LA CALZADA

En la cercana villa de Puebla de la Calzada se inscriben durante 1912-1918 un total de 857 actas de defunciones. 470 adultos (54,84%) y 387 párvulos (45,16%)[44]. La siguiente tabla informa de la distribución de las defunciones por años.

 

Año Adultos Párvulos Total %
1912 49 41 90 10,50
1913 55 52 107 12,48
1914 38 61 99 11,55
1915 55 37 92 10,73
1916 62 51 113 13,18
1917 69 58 127 14,82
1918 142 87 229 26,73
TOTAL 470 387 857 100,00

 

La mayor cuantía de fallecimientos se concentra en el año 1918, con 229, perteneciendo 125 a los hombres (54,59) y 104 (45,41%) a las mujeres. Vemos ahora cómo estos 229 fallecimientos se distribuyen por meses, obteniendo que durante octubre y noviembre se registran un total de 70 y 48 defunciones respectivamente, la mitad de los óbitos producidos de la totalidad del año.

 

Meses Adultos Párvulos Total %
Enero 10 3 13 5,68
Febrero 4 2 6 2,62
Marzo 1 1 2 0,87
Abril 1 7 8 3,49
Mayo 1 17 18 7,87
Junio 8 8 16 6,98
Julio 7 9 16 6,98
Agosto 4 6 10 4,36
Septiembre 7 3 10 4,36
Octubre 53 17 70 30,58
Noviembre 41 7 48 20,97
Diciembre 5 7 12 5,24
TOTAL 142 87 229 100,00

 

La causa de esta elevada mortandad para octubre y noviembre está representada en la gripe, a causa de ella hay registrados 80 fallecimientos, significando el 34,94% del total de los fallecidos del año, correspondiendo 71 defunciones a los adultos (88,75%) y 9 a los párvulos (11,25%). En el siguiente cuadro se refleja la comparativa entre la mortandad total y la tipificada por causa de la gripe.

 

Mes Fallecidos Fallecidos por gripe %
Julio 16 1 6,25
Agosto 10 1 10,00
Octubre 70 43 61,42
Noviembre 48 33 68,75
Diciembre 12 2 16,66
TOTAL 156 80 51,28

 

La llegada de la gripe a Puebla de la Calzada se produce de manera incipiente en el verano, el 14 de julio[45] y 27 de agosto[46], para llegar con gran intensidad en los meses de octubre y noviembre, con porcentajes superiores al sesenta por ciento de los óbitos inscritos[47]. Los días 28 y 29 de octubre fueron los de mayor virulencia, registrándose siete y ocho fallecidos por gripe. En similitud con los datos de Puebla se encuentra la ciudad de Zafra pues el mayor registro de muertes por gripe se inscribe en octubre, llegando a darse cinco fallecidos por día[48].

Si comparamos los datos de los óbitos producidos en Puebla de la Calzada con los registrados en Montijo la conclusión es esclarecedora en tanto que la Tasa Bruta de Mortalidad[49] es de 35,36 ‰ para Montijo, 49,78 ‰ para Puebla de la Calzada y 51,81 ‰. para Lobón. Montijo duplica en población a Puebla de la Calzada y los fallecidos por gripe registran un total de 82 y 80 casos respectivamente. En este sentido, la Tasa de Mortalidad Específica[50] (TME) reafirma aún más el análisis de las cifras ya que Montijo presenta una TME del 8,63 ‰, Puebla de la Calzada registra una TME del 17,39 ‰ y Lobón del 3,63‰; este último dato nos dice el bajo índice de la TME, al registrase solamente cuatro casos de gripe en los fallecidos.

Si equiparamos estos datos con los de la población de Los Santos de Maimona, en el que la pandemia de la gripe de 1918 se hizo notar, ésta presenta una TBM del 31 por mil, con una TME del 7 por mil[51], tasas muy por debajo de las que se producen en Montijo. Con los datos obtenidos sobre las tres poblaciones estudiadas en el año de la gripe ha sido elaborada la siguiente tabla.

 

Concepto Montijo Puebla Lobón
Núm. habitantes 9.500 4.600 1.100
Núm. fallecidos 336 229 57
Fallecidos por gripe 82 80 4
TBM 35,36 49,78 51,81
TME 8,63 17,39 3,63

 

El anotador parroquial de Puebla de la Calzada, Constantino Lázaro, cuando inscribe las 229 actas de defunción[52], detalla los funerales que se le hacen al difunto que iban desde los considerados de primera clase hasta los de caridad. Se registran 14 funerales de primera, segunda y tercera; 191 de cuarta y quinta, y 24 de caridad. Percibiéndose por las cifras anterior reseñadas las desigualdades sociales de la época.

La gripe española se cebó especialmente con la población joven, de entre 11 a 40 años, falleciendo más de la mitad de los afectados por esta epidemia. El cuadro que a continuación se inserta asevera esta información.

 

EDAD MONTIJO PUEBLA LOBÓN TOTAL %
0-7 15 8 1 24 14,46
8-10 1 3 4 2,41
11-15 5 5 10 6,02
16-20 7 7 14 8,43
21-30 14 17 1 32 19,28
31-40 18 19 1 38 22,90
41-50 9 8 1 18 10,84
51-60 5 8 13 7,83
61-70 6 2 8 4,82
71-80 2 2 4 2,41
81-90 1 1 0,60
TOTAL 82 80 4 166 100,00

 

9.- LA GRIPE EN LOBÓN

La Corporación Municipal, en el final del verano, adopta dos acuerdos; el primero ordenando la vigilancia en las eras para impedir que se hiciesen extracciones de grano, especialmente de trigo. El otro acuerdo preveía que antes de que comenzasen las lluvias y los plazos de la siembra, se procediera al empedrado de las calles, comenzando por la calle Madrid, calle principal que atraviesa el casco urbano, que estaba en muy mal estado[53]. Un recuento por las actas del Registro Civil de Lobón nos ofrece el número de inscripciones por fallecimientos que se producen en el quinquenio 1916-1920[54].

 

Año Adultos Párvulos Total %
1916 18 18 36 17,48
1917 25 22 47 22,81
1918 27 30 57 27,67
1919 18 11 29 14,08
1920 18 19 37 17,96
TOTAL 106 100 206 100,00

 

Las cifras reflejan una mayor frecuencia en la mortalidad para el año 1918. Así mismo queda reflejada la aproximación entre el número de adultos y párvulos fallecidos. El 51,45% para los primeros y el 48,55%. En este sentido las cifras de Montijo son del 57,05% para los adultos y 42,05 en los párvulos. Para Puebla de la Calzada los adultos representan el 54,84% y los párvulos el 45,16%.

En 1918 el libro de defunciones de la iglesia parroquial de Lobón registra 57 fallecidos (27 adultos y 30 párvulos). En el vaciado documental de las partidas inscritas solamente se han localizado tres casos cuya causa de la muerte es bronconeumonía gripal. Tres defunciones que se producen en un mismo día, el 25 de octubre[55]. Son cifras muy insignificantes si las comparamos con las poblaciones cercanas de Montijo y Puebla de la Calzada.

 

10.- ACUERDOS MUNICIPALES SOBRE LA EPIDEMIA DE GRIPE

Se estudian los acuerdos que toman las Corporaciones Municipales de los pueblos afectados por medio de los informes que emiten las Comisiones de Sanidad y Beneficencia. En este sentido la Corporación Municipal de Lobón acuerda en la sesión del 22/X/1918, tres días antes de producirse los primeros óbitos, autorizar al alcalde para que con los informes del médico Paulino García Ronquillo y los demás que crea oportunos, “socorra con los elementos de alimentación que sean necesarios a los pobres de solemnidad y sus familias que se encuentran enfermos por la gripe muy fuerte que hay en esta villa, con cargo al apartado de Beneficencia”[56].

En Puebla de la Calzada se repartían trescientos litros de caldo sustancioso gratis a los enfermos pobres, pidiéndose medicamentos, leche condensada y huevos desinfectados al Gobernador Civil; destacándose la labor de ayuda del farmacéutico Francisco Hernández Piñero y de los facultativos Sancho Nevado y Vicente Gragera que asistían a más de doscientos enfermos cada uno. Y de forma muy destacada la incansable labor del párroco Constantino Lázaro por el reparto realizado de muchos cientos de pesetas[57].

El Ayuntamiento de Montijo “en vista del desarrollo que tiene la epidemia reinante en algunos pueblos de la provincia y principalmente en el inmediato pueblo de La Garrovilla[58] y haberse presentado algunos casos, ninguno de carácter leve en esta localidad consideraba oportuno constituir una Junta de Socorros para en caso de que se extendiera la epidemia poder auxiliar a las familias pobres con su inscripción que se abriera al efecto y la cual debía encabezar el Ayuntamiento en primer término”.

La Corporación por unanimidad acordó “se constituya dicha Junta y que el sr. alcalde en unión del Cura Párroco, Juan Pérez Amaya, designe las demás personas que han de componerla y que el Ayuntamiento se inscriba con doscientas cincuenta pesetas que se abonarán en vista de la urgencia y lo agotado de los respectivos capitulares del presupuesto de la partida cuarta del artículo segundo del Capítulo segundo en el cual resultara sobrante de su consignación”[59].

Los integrantes de la Corporación Municipal de Montijo vuelven a tratar la epidemia de la gripe española en la sesión que celebra el Día de los Difuntos, 2/XI/1918, en la que el alcalde, Francisco Rodríguez Cavero, manifiesta que “en virtud del excesivo número de defunciones que están ocurriendo con motivo de la epidemia reinante, están para agotarse los nichos construidos en el Cementerio[60] y en previsión de ello y no haber consignación en el presupuesto había tratado del particular por la urgencia que implicaba con el Maestro de Obras que construyó los últimos, el cual se comprometía a efectuarlo por el precio y condiciones de los construidos y esperar a percibir su importe al ponerse en vigencia el presupuesto del año próximo, lo que ponía en conocimiento de la Corporación para el acuerdo conducente”[61].

La Corporación por unanimidad y en virtud de lo urgente del asunto acordó que se construyan los necesarios en las condiciones expuestas por el alcalde. Así mismo y “viendo necesario emplear algunos jornaleros en abrir sepulturas por no bastar las que puede hacer el sepulturero por sí solo, se acordó que durante las circunstancias actuales se ocupen los necesarios para la regularización de dicho servicio pagándose su importe con cargo a la consignación respectiva y caso de agotarse ésta del capítulo de imprevistos”[62]. En los últimos días de diciembre se acordaba “datar al Depositario de la cantidad de trescientas pesetas por jornales invertidos en la apertura de sepulturas durante la epidemia de la gripe con cargo al capítulo de imprevistos por no haber consignación para dicho objeto”[63].

La Junta Provincial de Badajoz dispuso clausurar los establecimientos públicos y privados de enseñanza de la provincia y de los espectáculos públicos en local cerrado, junto con la supresión de ferias y mercados[64]. En este contexto destaca el telegrama enviado por el ministro de la Gobernación al Gobernador Civil, notificándole el acuerdo de prohibir la entrada de todas las personas en el cementerio el Día de Difuntos[65].

 

11.- CAUSA DE LA MUERTE EN MONTIJO

Tras el vaciado de las 336 actas de defunción que se inscribieron, en 1918, en la Parroquia de San Pedro Apóstol, se ha estudiado la causa de la muerte para el año de la gripe en Montijo que ofrecemos en el siguiente cuadro.

 

Causa de la muerte Adultos Párvulos Total %
Aparato digestivo 11 38 49 14,58
Aparato respiratorio 26 16 44 13,09
Otras infecciones 23 22 45 13,39
Total enfermedades infecciosas  

60

 

76

 

138

 

41,07

Aparato digestivo 10 2 12 3,57
Aparato respiratorio 67 23 90 26,79
Total enfermedades sin un claro carácter infeccioso  

 

77

 

 

25

 

 

102

 

 

30,15

Enfermedades cardiovasculares y del sistema nervioso central  

 

47

 

 

2

 

 

49

 

 

14,28

Traumatismos 1 1 2 0,59
Otras causas 21 26 47 13,91
TOTAL 206 130 336 100,00

 

Dentro de las enfermedades infecciosas relacionadas con el aparato digestivo se incluyen: gastroenteritis, enteritis y enterecolitis. Las del aparato respiratorio las forman: bronconeumonías, bronquitis, tuberculosis, pleuresía, pulmonía y asma. Y en otras infecciones las identificadas con meningitis, fiebres perniciosa e infecciosa, hipertermia, septicemia, paludismo, gangrena, carbunco, viruela y escarlatina.

En las enfermedades sin un claro carácter infeccioso se han incluido las del aparato digestivo, entre las que se encuentran la úlcera de estómago y gastralgia, hernia, cirrosis, cólico hepático y hemorragia intestinal; junto con los del aparato respiratorio: anginas de garganta, catarro y gripe.

Las enfermedades cardiovasculares y del sistema nervioso central son las catalogadas por la asistolia, angina de pecho, paradas cardiacas, miocarditis, colapsos, insuficiencias, lesiones del corazón; más las relacionadas con las arterias: arterosclerosis, ateroma, aneurisma y hemorragia cerebral, neurobiosis, apoplejía y hemiplejia.

En los traumatismos solamente se han localizado dos casos: ingestión de sosa y herida por arma de fuego. En la primera se trata de un párvulo de veintinueve meses en la calle Muñoz Torrero y en la segunda un hombre casado de treinta y cuatro años en la calle del Conde. Y en otras causas se reflejan en los adultos: desgaste orgánico, consumición por senectud, carcinoma (cáncer) anemia, aborto e ictericia; y en los párvulos raquitiquismo, falta de desarrollo, miseria fisiológica, debilidad congénita y atrepsia.

La causa de la muerte en 1918 estuvo determinada en Montijo para los adultos, en las enfermedades sin un claro carácter infeccioso, influidas por la gripe. Sin ella, los montijanos fallecían mayoritariamente de tuberculosis, bronconeumonía, pulmonía, gastroenteritis, fiebres tifoideas, infecciosas, meningitis y gangrena, y un segundo sector representado en las enfermedades del corazón y del aparato circulatorio.

Los niños morían principalmente de gastroenteritis, enteritis y enterocolitis, seguidas por meningitis, fiebres infecciosas, bronquitis y bronconeumonías[66]. En el apartado de enfermedades sin un claro carácter infeccioso, incide los dieciséis fallecimientos por la gripe, los catarros y las anginas de garganta. Por último, en otras causas se reflejan el raquitiquismo, la falta de desarrollo, la debilidad congénita y la atrepsia (atrofia general de los recién nacidos).

Conozcamos a qué edad fallecían los habitantes de las tres poblaciones estudiadas en el año de la gripe.

 

EDAD MONTIJO PUEBLA LOBÓN TOTAL %
0-7 131 87 30 248 39,89
8-15 27 14 1 42 15,79
16-20 11 8 2 21 3,38
21-30 29 21 4 54 20,30
31-40 22 21 2 45 7,24
41-50 17 13 2 32 5,14
51-60 19 16 35 5,63
61-70 30 20 1 51 8,20
71-80 27 22 11 60 9,65
81-90 22 7 3 32 5,14
91-100 1 1 2 0,32
TOTAL 336 229 57 622 100,00

 

En Montijo, la primera oleada se produce en la población infantil, ya que desde el nacimiento hasta la edad de siete años fallecen 131, lo que representa el 39,89 % del total de los fallecimientos del año, diciéndonos claramente las dificultades ante la expectativa de vida que había[67].

La segunda abarca las edades entre 21 y 60 años, en los que se registran 87 fallecimientos (25,89%); si bien está cifra para el año 1918, no es demostrativa ya que 41 de ellos son a consecuencia de la gripe. La tercera y última oleada es razonable al coincidir con edades avanzadas. Otro tanto ocurre en Puebla de la Calzada[68]. En Lobón el número elevado de párvulos alcanza el 52,63% sobre el total de los finados[69].

 

12.- CRECIMIENTO VEGETATIVO Y TASA ANUAL

Se analiza, en el final de este estudio, la repercusión que la gripe española dejó en el crecimiento vegetativo en las tres localidades estudiadas. El crecimiento vegetativo o natural de la población es la diferencia entre el número de nacidos y el número de fallecidos en un lugar durante un año, dividido por el número de habitantes y expresado normalmente en tantos por cien. Es positivo cuando el número de nacidos supera al de fallecidos; es negativo cuando las muertes superan a los nacimientos.

 

POBLACIÓN NACIMIENTOS DEFUNCIONES CRECIMIENTO VEGETATIVO

%

Montijo 296 336 -0,42
Puebla de la Calzada 165 229 -1,39
Lobón 54 57 -0,27
TOTAL 515 622 -0,70

 

En las sociedades preindustriales, caracterizadas por unas altas tasas de natalidad contrarrestadas por otras igualmente altas de mortalidad, el crecimiento natural era muy bajo, situándose entre el 0,5 y el 1 %. En ello intervenían de manera decisiva las periódicas crisis de subsistencia que ocasionaban hambre y enfermedades de carácter epidémico, cuyo resultado era una mortalidad catastrófica.

La Tasa Anual de Crecimiento Vegetativo es la diferencia entre las tasas de natalidad y mortalidad, referida a mil habitantes.

 

POBLACIÓN TASA BRUTA DE NACIMIENTOS TASA BRUTA DE

DEFUNCIONES

TASA DE

CRECIMIENTO VEGETATIVO

 

Montijo 31,15 35,36 -4,21
Puebla de la Calzada 35,87 49,78 -13,91
Lobón 49,09 51,81 -2,72

 

La rotundidad de las cifras resume el drama que los ciudadanos de estas tres poblaciones padecieron a causa de la epidemia de la gripe española de 1918.

 

13.- CONCLUSIÓN

Las convulsiones de 1917 y los acontecimientos que, como consecuencia, en gran medida, al impacto de la I Guerra Mundial se desarrollan entre aquella fecha y el verano de 1923, supondrán la quiebra definitiva de la monarquía liberal parlamentaria. La Dictadura del general Primo de Rivera, la caída de la propia monarquía y la proclamación de la II República, constituyen las principales derivaciones de dicha quiebra[70].

Aunque España se mantuvo neutral en el conflicto bélico mundial, su actitud no impidió una subida exagerada de los precios de los alimentos y de los productos agrícolas, apareciendo una fuerte inflación, beneficiando de manera notable a las clases más pudientes y a los grandes poseedores de tierra, no sufriendo ningún incremento ni mejoras los jornales de la clase trabajadora. En esos años se crearon en Montijo varias industrias: bodegas y almazaras, elaboración del corcho, la Banca Porras, la Sociedad Anónima la Electro-Harinera[71], junto con la construcción del edificio de la Comunidad de Labradores[72].

El período comprendido entre 1918-1921 es conocido en la historiografía española como Trienio Bolchevique, por, entre otros aspectos, las expectativas que entre los obreros habían suscitado el trienio bolchevique en Rusia, produciéndose importantes conflictos sociales en nuestro país, con protestas, manifestaciones y huelgas, donde la clase trabajadora reivindicaba mejoras en sus condiciones laborales. Nuestros pueblos no fueron ajenos a estos acontecimientos.

La gripe de 1918 tiñó de negro luto las casas de nuestros pueblos. Las condiciones higiénicas no eran las más favorables para frenarla. La carencia de fármacos apropiados y de profesionales sanitarios, jugaron también un papel determinante. La gripe española se cebó especialmente con la población joven, de entre 16 a 40 años, falleciendo prácticamente la mitad de los afectados por la gripe, teniendo en octubre y noviembre[73] los meses más cuantiosos por los óbitos que se producen.

Cuando las familias apenas habían salido del dolor producido por la enfermedad y la muerte, el invierno de finales de 1918 y comienzos de 1919 zozobraba aún más a la sociedad en aquellos días: “Igualmente, y en virtud de la crisis obrera por que se atraviesa por consecuencia de los temporales se acordó por unanimidad se proceda a dar ocupación al mayor número de obreros posible en el arreglo de calles y caminos y demás trabajos que sean susceptibles el utilizarlos y que se invite a la Comunidad de Labradores de esta villa a que cooperen en lo que le sea posible a aliviar dicha crisis en reparaciones de caminos de este término Municipal de Montijo”[74].

Aquella generación que vivió durante la epidemia de la gripe y sobrevivió a ella, tuvo que padecer, dieciocho años más tarde, las graves secuelas que dejó en la sociedad española la Guerra Civil (1936-1939), más la dureza de la posguerra.

 

FUENTES DOCUMENTALES

Archivo Municipal de Montijo: Libro de Actas Sesiones, 1918-1919. Archivo Parroquia de Montijo: Libros de Defunciones números XI, 1907-1917 y XII, 1917-1926. Registro Civil de Montijo: Libros de nacimientos. Tomo IVL, 1917-1918 y Tomo VL, 1918-1919. Archivo Parroquia de Puebla de la Calzada: Libro X Difuntos, años 1912-1918. Registro Civil de Puebla de la Calzada: Libro de nacimientos. Tomo IVL, 1917-1919. Archivo Municipal de Lobón: Legajos 85,1 y 86,2. Archivo Parroquia de Lobón: Libro de Defunciones, Tomo XI (1907-1926). Registro Civil de Lobón: Libros de defunciones. Tomo XV, 1915-1918, Tomo XVI, 1918-1920 y Tomo XVII, 1920-1923. Libros de nacimientos. Tomo XX, 1916-1920.

 

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SANTOS RAFAEL, E.: Mortalidad y gripe en Llerena en 1918. Actas XIII Jornadas de Historia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Producida por un virus respiratorio, del cual se pueden hallar varios tipos y cepas que varían con frecuencia de un año a otro. Es muy contagiosa y se distribuye de forma pandémica, epidémica o esporádica. Se caracteriza por fiebre más o menos alta, malestar general, dolores articulares y musculares, disminución del apetito y alteraciones de las vías aéreas superiores.

[2] En Montijo, en los meses de junio y julio de 1855 fallecieron 136 adultos y 64 párvulos. En igual período, fallecen en Puebla de la Calzada 36 adultos y 6 párvulos. Conf. GARCIA CIENFUEGOS, M: La epidemia del cólera morbo en asiático en Puebla de la Calzada. Actas de los IV Encuentros de Historia en Montijo. Montijo 2001, pp. 145-148. En Lobón se registran para igual período 16 actas de defunciones por cólera morbo, sobre 56 defunciones totales para 1855. Conf. GARCÍA CIENFUEGOS, M: Lobón en su historia. Parlamento de Extremadura. Badajoz 2014, p. 267.

[3] LOSADA ÁLVAREZ, J.C.: Las grandes plagas. De la peste de Atenas a la gripe española. Portadoras de la muerte. En http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/10/07/

[4] SANTOS RAFAEL, E.: Mortalidad y gripe en Llerena en 1918. Actas XIII Jornadas de Historia en Llerena. Llerena 2013, p. 363.

[5] Tucídides, II, 48. Considerado como el padre de la Historiografía científica.

[6] La española, la asiática, la de Hong Kong y la gripe rusa.

[7] El país más castigado fue la India, donde fallecieron quince millones de los afectados por la epidemia, alcanzando la mortalidad en ciertas zonas al 20% de la población.

[8] Constantine Von Economo, fue el encargado de identificar esta enfermedad y describirla, basado en la epidemia que se desarrolló en Viena en 1916.

[9] LOSADA ÁLVAREZ, J.C.: La gripe española: la epidemia más grave del siglo XX. La Aventura de la Historia, núm. 56, año 2003, pp. 36-43.

[10] En su momento, la epidemia de gripe no tuvo una importancia relevante porque el mundo estaba inmerso en una contienda que iba a reestructurar de forma temporal las fronteras del viejo continente. Conf. NEILA MUÑOZ, C.M.: La epidemia de gripe de 1918 en las ciudades de Cáceres y de Plasencia (Extremadura). Actas XLIII Coloquios Históricos de Extremadura, año 2014, p. 510.

[11] LOSADA: La epidemia más grave del siglo XX… Op. cit. pp. 36-43.

[12] En Montijo apenas tuvo repercusión, tan sólo he localizado un fallecimiento que se produce el día 4 de julio, tipificado como neumonía gripal, en una mujer de 86 años en la calle Méndez Núñez. Conf. ARCHIVO PARROQUIA MONTIJO (APM). Libro XII Difuntos, años 1917-1926, fol. 30 vto. Lo mismo ocurre en Puebla de la Calzada, al registrarse la defunción de una mujer de 74 años debido a una neumonía gripal. Conf. ARCHIVO PARROQUIA PUEBLA DE LA CALZADA (APPC). Libro X Difuntos, años 1912-1918, fol.159.

[13] FUSI, J.P. y PALAFOX, J: España: 1808-1996. El desafío de la modernidad. Madrid 1998, p. 185.

[14] CARDALLIAGUET QUIRANT, M.: Historia de Extremadura. Badajoz 1993, p. 251.

[15] Que tenía como objetivo agrupar a los trabajadores de todos los oficios con el fin de mejorar sus condiciones y luchar por la emancipación de su clase. Conf. MOLANO GRAGERA J.C.: Miguel Merino Rodríguez. Dirigente obrero y alcalde de Montijo (1893-1936)”. Badajoz 2002, p. 44.

[16] CAÑETE RUBIO, R.M.: La Casa del Pueblo de Montijo. Vanguardia del movimiento obrero. Badajoz 2010, p. 49.

[17] MOLANO GRAGERA, J.C.: La izquierda en Puebla de la Calzada (desde mediados del s. XIX hasta mediados del s. XX). Autoedición. Badajoz 2014, pp. 32, 40 y 42.

[18] ARCHIVO MUNICIPAL DE LOBON (AML). Legajo 85, Carpeta 1.

[19] También presidente del Círculo de Recreo (casino) y presidente del Sindicato Católico Agrario.

[20] AML. Legajo 86, Carpeta 2. La fuerza de la Guardia Civil estaba formada en Lobón por un cabo y cuatro guardias.

[21] Medina del Campo, enclave vallisoletano donde los trenes rumbo a Portugal cambiaban de vías, sufrió especialmente el azote de la gripe.

[22] NEILA MUÑOZ: La epidemia de gripe de 1918… Op. cit. p. 510.

[23] Para el período analizado (1917-1920) los gobiernos se sucedían uno tras otros en cortos períodos de tiempo: García Prieto, Antonio Maura, Romanones y Eduardo Dato. Conf. COMELLAS, J.L.: Historia de España moderna y contemporánea”. Madrid 1989, p. 355.

[24] SÁNCHEZ MARROYO, F.: La restauración en Extremadura: predominio oligárquico y dependencia campesina. En Historia de Extremadura Tomo IV, Badajoz 1985, pp. 918-920. La Tasa Bruta de Mortalidad en 1916-1920, fue del 26,0 para Badajoz, 31,1 en Cáceres, 28,0 en Extremadura y 24,6 en España. El CORREO DE LA MAÑANA informaba el 9/XI/1918 que la estadística de la Inspección Provincial de Sanidad, faltando aún algunos pueblos donde había focos de infección, se habían registrado 60.000 invasiones de gripe, habiendo fallecido 2.000 atacados en la provincia pacense. Conf. Núm. 1.551.

[25] ROSIQUE NAVARRO, F.: Historia civil y procesos económicos-sociales. En Historia de la Baja Extremadura. Tomo II. Badajoz 1986, p. 1.241.

[26] Diario CORREO DE LA MAÑANA, Año V, núm. 1.517.

[27] Situación que se trasladaba a los hijos debido a una falta de alimentación adecuada. En Montijo, durante 1918 fallecen 17 párvulos, de los 131 registrados, por raquitismo, falta de desarrollo y miseria fisiológica. En Puebla de la Calzada fallecen 8 párvulos de atrepsia. Lobón registra 4 defunciones de párvulos por atrepsia y anemia.

[28] En el trabajo de SÁNCHEZ DE LA CALLE, J.A.: Mortalidad infantil, crisis económicas, bélicas y epidemiológicas en los ámbitos urbanos y rurales del norte de Extremadura, 1800-1970, refiere las quejas por el elevado precio de las materias primas alimenticias, debido a las exportaciones masivas destinadas a las potencias europeas contendientes en la I Guerra Mundial, se produjo una carestía de la vida. El trigo, el aceite y la carne fueron algunos de los artículos que acabaron siendo racionados al menos en Cáceres y Plasencia. Conf. Actas de los IV Encuentros de Historia en Montijo. Montijo 2001, p. 156.

[29] SÁNCHEZ MARROYO. La restauración en Extremadura… Op. cit. p. 985. En la cercana villa de Lobón, el alcalde, Joaquín Chorot de Coca informó a las concejales en la sesión del 18/VI/1918 que algunos obreros se le habían acercado con la pretensión de que no se dejara entrar en el pueblo ni en el término a inmigrantes portugueses para segar, por el perjuicio que habían de proporcionar a ellos y quizás a la salud pública. Conf. AML. Legajo 86, Carpeta 2.

[30] La consideración de párvulo se toma a los niños que nacen hasta la edad en la que cumplen siete años.

[31] Son los meses de más elevada mortandad ya que en diciembre sólo se registra un óbito a causa de una pulmonía gripal, una joven de trece años que vivía en la calle del Conde.

[32] APM. Libro XII de Difuntos, años 1917-1926, fol. 46.

[33] Otras calles que se ven afectadas por defunciones debido a la gripe fueron las de Cervantes, Espronceda, Mérida, Moreno Nieto, Virgen de Barbaño y las plazuelas de Jesús y Mendizábal, con un total de siete fallecimientos.

[34] Representando el 5,3% sobre el total de los fallecimientos. Para aquella época y de acuerdo con la capacidad económica del difunto y su familia existieron entierros de primera a quinta clase y de caridad, que se correspondían con aquellos pobres de solemnidad, cuyas exequias solía sufragar la Conferencia de San Vicente de Paúl, institución de caridad de la Iglesia. Estas diferencias sociales en las exequias quedaron suprimidas con la llegada del Concilio Vaticano II.

[35] CURTIS, BARNES, SCHNEK, MASSARINI.: Curtis Biología. Sección 5/la diversidad de la vida. 2008, p. 468.

[36] La esperanza de vida en el año de la gripe era de 40,9 años en los hombres y 42,6 en las mujeres. Conf. NICOLAU NOS, R.: Población, salud y actividad. En Estadísticas históricas de España. S. XIX y XX. Volumen I. Fundación BBVA, 2005, p.86

[37] PINEDA NÚÑEZ, L.F. y PERAL PACHECO, D.: Años de mayor mortalidad y principales epidemias ocurridas en Los Santos de Maimona durante los siglos XIX y XX. Revista de Estudios Extremeños, año 2009. Tomo LXV, núm. III, p.1.272.

[38] El 22 de agosto de 1918, a dos meses de que comenzará la epidemia de gripe en Montijo, falleció el farmacéutico Hermenegildo Bautista Guzmán. Conf. APM, Libro XII Defunciones, años 1917-1928.

[39] PORRAS GALLO, M.I.: Sueros y vacunas en la lucha contra la pandemia de la gripe de 1918-1919 en España. En Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, vol. LX, núm. 2, 2008, p. 270. Desde el diario el CORREO DE LA MAÑANA, se aconsejaba emplear para la desinfección, al penetrar los gérmenes de la enfermedad por la boca y la nariz, la utilización de Etymentol (seis gotas) con agua templada en seis cucharadas soperas, junto con agua caliente y la toma de inhalaciones. Conf. Núm. 1.538, 25/X/1918.

[40] Conf. Núm. 1.529, 15/X/1918.

[41] Su pontificado en la diócesis pacense fue desde 1913 hasta 1920.

[42] Algunas de estas poblaciones fueron La Garrovilla, Villalba de los Barros, Cabeza la Vaca, Calera de León, Barcarrota, Santa Marta y Olivenza. Conf. Diario CORREO DE LA MAÑANA, números 1.529 (15/X/1918), y 1.553 (12/XI/1918).

[43] Ibidem. núm. 1.564, 24/XI/1918.

[44] APPC. Libro X de defunciones, años 1912-1918.

[45] APPC. Libro X de defunciones años 1912-1918, fol. 160 vto.

[46] Ibidem, fol. 163.

[47] El 20 de octubre se informa desde el diario CORREO DE LA MAÑANA que ha surgido la gripe en Puebla de la Calzada. Conf. Núm. 1.534.

[48] CALDERÓN MORALES, M.T.: La salud pública en Zafra entre 1900 y 1925. En Cuadernos de Çafra. Zafra 2003, p. 149.

[49] La Tasa Bruta de Mortalidad (TBM) es la relación entre el número de defunciones de un año concreto y la población media de dicho año. Expresa el número de fallecidos por cada mil habitantes.

[50] La Tasa de Mortalidad Específica (TME) es la proporción de personas que mueren en una población por una causa concreta en un período, pudiendo expresarse en defunciones por mil habitantes.

[51] PINEDA y PERAL: Años de mayor mortalidad y principales epidemias ocurridas… Op. cit. p.1.282.

[52] APPC. Libro X de defunciones años 1912-1918. Recuento realizado sobre las actas inscritas.

[53] AML. Legajo 86, Carpeta 2. Sesiones del 30 de agosto y 10 de septiembre.

[54] REGISTRO CIVIL DE LOBON (RCL) Libros de defunciones Tomo XV, 1015-1918, Tomo XVI, 1918-1920 y Tomo XVII, 1920-1923.

[55] Los finados vivían en las calles Derecha, Ventosilla y Madrid. ARCHIVO PARROQUIA DE LOBÓN (APL) Libro de Defunciones, Tomo XI (1907-1926). Fols. 125 vto. y 126. En el Registro Civil, no obstante, aparecen inscritos estos tres óbitos y otro más producido en párvulo de tres años. Conf. RCL. Libro XVI de Defunciones, 1918-1920, fol. 32.

[56] AML. Legajo, 86, Carpeta 2.

[57] Diario CORREO DE LA MAÑANA. Núm. 1.539, 26/X/1918.

[58] El 10 de octubre la Junta Provincial de Sanidad informa que existía epidemia gripal en esta población cercana a Montijo. Un día después las noticias hablan de 400 personas atacadas por gripe -la población contaba con 1.500 habitantes- encontrándose entre los atacados los médicos y farmacéutico, no habiendo quien visite a los enfermos ni despache medicamentos. El alcalde, Bartolomé Pérez Codes, comunica que la gripe se había extendido entre los empleados del Ayuntamiento y del Juzgado Municipal. Al día siguiente, el Gobernador Civil, Ricardo Aparicio, visitaba La Garrovilla organizando una Junta de Socorros, entregando latas de leche y elaborando caldos para los afectados. El 15 de octubre se informa que se registran de diez a once defunciones diarias debido a la gripe. Conf. CORREO DE LA MAÑANA. Números 1.525, 1.526 y 1.529.

[59] ARCHIVO MUNICIPAL DE MONTIJO (AMM). Libro de Actas 1918-1919. Sesión celebrada el 12/X/1918, fol. 45 vto.

[60] Inaugurado en 1914 según proyecto del arquitecto provincial Ventura Vaca, construido por el maestro de obras Modesto Cabezas de la Riva en el precio de 25.600 pesetas La construcción de los primeros nichos fue adjudicada a José Marín Rodríguez a finales de abril de 1915. El primer sepulturero fue José Arnela Pavón, al que el Ayuntamiento le ajustó un salario diario de dos pesetas.

[61] El importe fue aprobado en la sesión del 3/V/1919, abonándose al maestro de obras José Marín Rodríguez la cantidad de 2.014 pesetas por la construcción de 19 grupos de nichos en el Cuartel de la Virgen del Carmen, y 2.016 pesetas por 21 grupos de nichos en el Cuartel de la Virgen de Barbaño del Cementerio Municipal Católico. Conf. AMM. Libro de Actas 1918-1919. Fol. 78 vto.

[62] AMM. Libro de Actas 1918-1919, fol. 48 y vto.

[63] Ibidem. Sesión municipal del 30/XII/1918. Fol. 56 vto.

[64] Diario CORREO DE LA MAÑANA. Núm. 1528, 13/X/1918.

[65] Ibidem. Núm. 1539, 26/X/1918.

[66] En este apartado se ha incluido también la viruela y la escarlatina, con dos casos para cada una de ellas. No hay ninguna inscripción de muerte en los párvulos por sarampión durante 1918.

[67] Ese año de 1918, en los 131 óbitos registrados, 38 corresponden a niños en los que la causa de la muerte era: gastroenteritis, enteritis y enterocolitis.

[68] Los párvulos en Puebla de la Calzada fallecen de enteritis y gastroenteritis: 27 casos (31,0%), junto con 17 de bronquitis (19,54%) y 12 de meningitis (6,41).

[69] De los 30 fallecimientos inscritos, 19 mueren de enteritis, gastroenteritis y diarreas.

[70] LUIS MARTÍN, F: La quiebra de la monarquía (1917-1923). Historia contemporánea de España, Tomo II. Barcelona 2000. p. 431.

[71] Los terrenos fueron cedidos por el Ayuntamiento el 13/I/1919. Conf. AMM. Libro de Actas 1918-1919, fol. 60 vto. 61 y vto. En su construcción intervinieron los maestros Modesto Cabezas, Antonio Cabezas, José Marín, Cristóbal Sánchez y Antonio del Viejo.

[72] Al que se le concedía licencia de obras el 1/II/1919. Conf. AMM. Libro de Actas 1918-1919, fol. 65 vto.

[73] PORRAS GALLO, M.I.: Las repercusiones de la pandemia de gripe de 1918-1919 en la mortalidad de la ciudad de Madrid. Boletín de la Asociación de Demografía Histórica, XIV, I, 1996, p.80.

[74] AMM. Libro de Actas 1918-1919. Sesión celebrada el 15/II/1919, fol. 68 y vto.