Oct 011987
 

Julián Mora Aliseda.

El término municipal de Don Benito es uno de los de mayor extensión de la región extremeña con 55.846 hectáreas. La parte Norte y Centro del término se extienden por las Vegas Altas del Guadiana, es ésta la zona más fértil, conformada en su mayor parte por suelos aluviales y regosuelos sobre arenas. La zona sur tiene un relieve más movido, conformado por alineaciones de serratas por donde se encauza el río Guadamez, por lo que desde el punto de vista edafológico estos terrenos tienen una vocación de aprovechamiento forestal y pastos.

Para tratar explicar la configuración y transformaciones que se produjeron en el paisaje del citado término durante el siglo XVIII nos hemos servido de varias fuentes de capital importancia, tales son:

  1. Las Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada. Año de 1752.
  2. El “Memorial Ajustado”, hecho en virtud de Decreto del Consejo, del expediente consultivo, que pende en él, en fuerza de Real Orden, comunicada por la Secretaría de Estado y del despacho universal de Hacienda, con fecha en San Ildefonso de 20 de julio del año 1764. Entre don Vicente Paino y Hurtado, como diputado de las Ciudades de Voto en Cortes, Badajoz, Mérida, Truxillo, y su Sexmo, Llerena, el Estado de Medellín y Villa de Alcántara, por si, y toda la provincia de Extremadura y el Honrado Concejo de la Mesta general de estos Reinos: en que intervienen los señores fiscales del Concejo y don Pedro, Manuel Sáenz de Pedroso y Ximeno, procurador general del reino. Sobre en que se pongan en práctica los diecisiete capítulos o medios que en representación puesta en las reales manos de S. M. propone el Diputado de las ciudades y provincias de Extremadura, para fomentar en ella la agricultura y cría de ganados y corregir los abusos de los ganados trashumantes. Madrid, 1771.
  3. El “Viaje de España” de don Antonio Ponz, el tomo dedicado a “Extremadura, de cuya provincia se sabe menos que de otras”. Así iniciaba el prólogo de este tomo el autor. Esta fuente es del año 1784.
  4. Las Respuestas dadas por las autoridades municipales y eclesiásticas al Interrogatorio que efectuó el Magistrado de la Real Audiencia de Extremadura.

A mediados del siglo XVIII, como queda dicho, la fuente que nos ofrece una imagen más clara y completa del paisaje natural de Don Benito en estos momentos, es el Catastro del Marqués de la Ensenada[1].

Como visión general, nos informa de que en el término de Don Benito hay tierras de sembradura de secano, viñas; huertas de regadío y olivares, huertas de secano y arboledas, dehesas de pasto y labor, montes obscuros e inútiles, baldíos con montes de encina y matorrales. A estas tierras las clasifica en categorías según su productividad agropecuaria: por un lado, las tierras de primera, segunda y tercera calidad en sus especies respectivas, a excepción de las huertas de regadío y olivares que no se pueden dividir en calidades; y por otro, las que son inútil por naturaleza y las que son por desidia e imposibilidad de los dueños[2].

Los árboles frutales “regularmente están puestos en las viñas, huertas de secano y zercados de la circunferencia…[3] tales árboles son hicieras, olivos, granados, perales y “otros de corta consideración” que están plantados sin orden[4].

En total se contabilizan para el término de Don Benito 114.044 fanegas de tierras de todas las especies, en la forma reflejada en el cuadro siguiente:

Total Término Municipal: 144.044 fanegas
Dehesas sólo de pasto, 104.766 fanegas repartidas entre: Fanegas / celemines Calidad
18.829
25.058
26.231
34.648 Inútiles (Montes pardos)
Dehesas de labor, 682 fanegas repartidas entre: Fanegas / celemines Calidad
275
127
280
Tierras de secano, 6.467 fanegas y 9 celemines repartidos entre: Fanegas / celemines Calidad
714 / 6
2.634
2.881
238 Inútiles (rendimiento físico nulo)
Tierras cercadas, 523 fanegas repartidas entre: Fanegas / celemines Calidad
38 / 9
164 / 5
310 / 1
Viñas, 1.609 fanegas repartidas entre: Fanegas / celemines Calidad
113 / 9
731 / 5
763 / 10
Olivares, 4 fanegas y 3 celemines de igual calidad.
Huertas de regadío, 2 fanegas de igual calidad

Distribución de los usos del suelo en el término de Don Benito en el ano 1752.

Este estado que presenta el paisaje agrícola y natural del término de Don Benito a mediados del siglo XVIII se va a ver sensiblemente transformado durante los años que siguen, hasta finalizar la centuria, motivado por un incremento de la extensión de los cultivos y una mayor intensificación de los mismos, consecuencia en gran manera del aumento de la población que experimentó esta villa. Este crecimiento de la población se detecta claramente en las fuentes; así el mencionado Catastro, asigna para Don Benito 1.609 vecinos, es decir, unos 6.918 habitantes[5] obtenidos de aplica a los vecinos el coeficiente 4,3 que defiende Bustelo García; mientras que el Censo de Floridablanca del año 1787 recoge 8.197 habitantes[6]; y la Visita del Magistrado de la Audiencia dice que “tendrá cerca de nueve mil”, en el año 1791[7].

Por el contrario, el resto de la región, salvo en lugares concretos, sufría una acusada despoblación de la que se hace eco Antonio Ponz, escribiendo que se reduce a cien mil vecinos, quedándose este autor asombrado “de que una Provincia, acaso la mas fértil de España, y de las mejores de Europa… tenga menos vecinos que una sola ciudad de las principales de Europa”[8]. Esta despoblación explica en cierto modo el abandono de los campos, pues si no fuese por esto:

“¡Quántos lugares no podría y debía haber en una tierra tan buena, y tan desiertal! …. Todos los días va á mas la destrucción de esta bella, y pingüe Provincia de Extremadura; y si no se pone remedio, vendrá á reducirse á un desierto, según el paso que lleva. Los pueblos están quatro, cinco, y seis leguas distantes en los mas parages: destruida casi totalmente la industria en toda la Provincia: reducida su población á una sombra de lo que fue, y podría ser: convertidos sus dilatados campos en espesos montes encinares, y de alcornoques; y lo peor de todo en Yarales, y arbustos inútiles”[9].

Siguiendo con Don Benito, decíamos que era una villa que aumentaba su población, dedicada mayoritariamente a la agricultura, contabilizándose en 1764, 550 yuntas, de las cuales 300 eran de bueyes y 250 de caballerías. Este elevado número de yuntas es la causa de que las roturaciones sean excesivas a pesar de que anualmente se labraban en Don Benito la mitad de tierras de las que podrían labrarse con respecto al número de yuntas existentes, según declaraciones del Alcalde Mayor[10], ya que la mayor parte de las tierras estaban dedicadas a la ganadería y esto daba lugar a una enorme falta de tierras de cultivo, no pudiendo, “esperarse otros efectos que los muy malos que se experimentan, pues con la ansia de sembrar no dejan monte ni breña que no acometan, habiendo alguno que se dilata a cuatro y cinco leguas, gasta el sudor de muchos días en desmontar un pedazo de tierra, la beneficia en cuanto alcanza, y, depositando en ella su caudal, le corresponde desagradecida con cortas utilidades; y no llegando sus fuerzas á poder buscar segunda vez alivio, suele con este primer ejemplar desalentarse; otras de esta clase salen de apruebo y con ellas entretienen sus vidas muchos pobres, aunque a mucha costa”.

No obstante, los terrenos con suelos más fértiles seguían en estos momentos sin cultivar, siendo la parte norte del término “tierra llana, y muy pobre de árboles, aunque cubierta de ganado merino, que pasta en las feracísimas vegas del Guadiana”[11]. Sin embargo,”a pesar de tanta feracidad, una gran parte de este llano está inculto hasta Medellín”[12], debido a que las dehesas “se hallan las más ocupadas por ganados, uno de sus dueños forasteros y otros trashumentes, que es el mayor número, así lanares como vacunos”. Todo ello expresa palpablemente la necesidad que este pueblo tenía tanto de tierras en que aumentar sus labores, como de dehesas en que mantener sus granjerías para fomentarlas[13]. Por consiguiente, es comprensible esta roturación de tierras que“aunque inútiles o poco fructíferas, les ha hecho reducir a labor en los valdíos de monte pardo de este término a distancia de dos, tres, y cuatro leguas (se refieren las autoridades interrogadas a las zonas por donde se encauza el río Guadamez, es decir, la Merchana, el Mesto, la Záfrilla, etc.) cuyas labores les son poco útiles y muy costosas”.

En todo lo que hemos apuntado se encuentra la explicación de la acusada deforestación se llevó desde mediados del siglo XVIII en los montes del sur del término de Don Benito, siendo la principal causa la inexistencia de tierras en propiedad de los vecinos, dado que los campos más fértiles -los comprendidos entre los ríos Guadiana y Ruecas y los que limitan con los términos de Miajadas, Madrigalejo y Rena- están ocupados por los trashumantes.

Son los mesteños los culpables de la alteración sufrida en la zona norte citada, baste decir que aquí se alimentan 25.015 cabezas de ganado lanar, 1.948 de cerda, 3.249 de cabra, 703 de vacuno y 120 yeguas[14], todas propiedad de los trashumantes que quintuplicaban en número a las cabezas que estaban en poder de los naturales de la villa.

De tal modo resulta, según se desprende de la respuesta a la pregunta número 41 que “de los terrenos incultos que ai en este término se hallan reducidos a cultura todos los que son útiles para ella”, excepto, “los montes que hay en este condado de Medellín que son comuneros a todos los pueblos de él i como uno de ellos a esta villa no se reparte parte alguna a los vecinos por suerte (parcela) ni en otra forma para rozar”[15].

En la respuesta 44, se obtiene información sobre las especies que componen estos bosques, así como el uso que se hace del mismo y la asistencia que tienen. Respecto a las especies naturales dice que “los montes huecos son de arboleda de encina y los pardos (monte espeso) están vestidos de charneca, brezo, jara, lentisco, guaperos, madroños, romeros y otros iguales arbustos en los baldíos comunes de este mismo condado”. Sobre el uso del monte, refiere que “… las arboledas de encina son para mantener con su fruto el ganado de cerda durante el tiempo de la montanera y sostener con sus maderas los pertrechos de labor, molinos harineros y huertas de regadío de vecinos de este condado, las casas de campo para las labores y tinados, y también en parte aunque corta a los hogares”. En cuanto a los montes pardos, dice que su fin “es la manutención de ganados cabríos y surtido de los hogares, y de carbón par las fraguas”pues “no se tiene noticia de que en unos ni otros montes aiga algunas yerbas medicinales”. Después especifica que la leña que se puede sacar de dichos montes, sin deteriorarlos, además de las maderas que se cortan anualmente para las labores, es poca con respecto a la que necesita todo el número de vecinos del condado. Tampoco “se hace descas que alguno”. Termina esta respuesta diciendo que “dichos montes se hallan bien cuidados y custodiados”. Sin embargo, a pesar de esto último se observa en la lectura de la respuesta 46 que “se han experimentado algunos fuegos en los referidos montes, ya causados en ellos, ya introducidos de otros de los comuneros, con ruina de algunas porciones de encina”.

Todos los daños infringidos al bosque de uno u otro modo no pueden repararse, según se deduce de la respuesta 51; ya que “no hay plantíos algunos ni semilleros, ejecutados en virtud de Reales Órdenes”. En una respuesta puntualiza sobre la escasez de alguna especie vegetal como el acebuche[16], diciendo que la porción de terrenos ocupados por éstos no es de consideración “para poder enjertar de olivos más que el llamado la vega de San Antón i el vatán de Guadiana que cojerá de cavida como medio millar de tierra, distante tres leguas de esta villa, el cual sitio está comprendido en el monte de la Jarilla propio de este condado”. No obstante, “el sitio que este término ai mas propósito para poder hacer plantíos útiles de olivos los vecinos de este pueblo es, el de la Sierra de Ortiga distante una legua de él”, ya que “comprende una circunferencia de dos leguas; extensión reducida con respecto a tiempos pasados que estava povlado de robustos acebuches que han sido descuajados para el huso de los hogares de este vecindario por la escasez que havía y ai de leña de otra clase”.

También se obtiene en este interrogatorio una valiosa información sobre la fauna; así afirma que en “todos los ríos (a los que enumera) pesca en abundancia y no tiene dueño privativo” y viene a decir que las Reales Ordenanzas de caza y pesca no se aplican con rigor, dado que “por la veda se experimenta en este pueblo y su término el perjuicio de que la caza hace considerables daños en las sementeras, especialmente en las que están en los baldíos contiguas a los montes pardos”[17]; precisando en la respuesta número 53 que hay caza en este término de jabalíes, ciervos, conejos, liebres, perdices, pitorras, patos y otras diferentes aves de pluma. Asimismo, se encuentra la explicación de la inexistencia de ciertas especies, como el oso y el lobo, pues “anualmente en los tiempos señalados se sale a extinguir a las fieras en este término y por cada cabeza o piel que se presenta en este Ayuntamiento se pagan de premio, siendo loba ocho ducados, por el lobo cuatro, por el lobezno dos, por cada zorro diez reales y cada zorruelo cuatro” matándose ese año de forma oficial 86 animales.

En definitiva, son este cúmulo de actividades humanas que hemos señalado en estas páginas las que produjeron graves alteraciones ecológicas sobre el medio geográfico de las Vegas Altas del Guadiana durante el siglo XVIII.


NOTAS:

[1] Catastro del Marqués de la Ensenada. Respuestas generales, Archivo General de Simancas. Libro 140.

[2] Ibídem, respuesta quinta.

[3] Ibídem, respuesta séptima.

[4] Ibídem, respuesta sexta.

[5] MORA ALISEDA, J.: “Notas sobre la evolución de la población de Don Benito”, en: diario HOY (provincia de Badajoz), 8 de septiembre de 1987.

[6] Censo español executado por orden del Rey comunica da por el Excmo. Sr. Conde de Floridablanca, primer secretario de Estado y del Despacho, en el año 1737, Madrid. Imprenta Real.

[7] A.P.C.: Sec. Real Audiencia, Legajo 10. Visita del Magistrado de la Real Audiencia de Extremadura.

[8] PONZ, Antonio: “Viaje de España”. Badajoz: Universitas Editorial, 1983 (edición facsímil de la 1ª). Carta quinta, t. II pág. 190.

[9] Ibídem, t. II, pág. 94.

[10] Memorial Ajustado…, fol. 175 r y vº.

[11] PONZ, A.: Op. cit., Carta séptima, t. I pág. 185.

[12] BOWLLS, G.: Introducción a la Historia Natural y a la Geografía Física de España. Madrid. 1872.

[13] Visita del Magistrado de la Real Audiencia. Año 1791. Respuesta núm. 36.

[14] Visita del Magistrado… Respuesta a la pregunta núm. 35.

[15] Ibídem, respuesta a la pregunta núm. 42.

[16] Ibídem, respuesta a la pregunta núm. 43.

[17] Ibídem, respuesta a la pregunta núm. 38.

Oct 011987
 

Julián Mora Aliseda y  José Luis Suárez de Venegas Sanz.

Esta zona del Guadiana fue objeto de un temprano influjo de Roma, que adquiere gran intensidad con la fundación de Medellín por parte de Cecilio Metelo en el año 78 a. C., como campamento en la guerra Sertoriana, y es por estas fechas cuan do toma el rango de “colonia romana”. Pero será en época imperial cuando tenga lugar la verdadera romanización, que supone el establecimiento de numerosos asentamientos con el fin de explotar los recursos- agrícolas, que era la principal fuente de riqueza de la zona.

En base a las prospecciones realizadas en el término de Mengabril, poco estudiado hasta la fecha, apuntamos una serie de factores geográficos y económicos que influyeron en la ocupación y organización del territorio, durante el Alto y Bajo Imperio.

PROSPECCIÓN Y METODOLOGÍA EMPLEADA

Hemos trabajado mediante un sistema de prospección “selectiva”, partiendo de itinerarios prefijados sobre el mapa, rastreando) zonas de posible interés arqueológico: márgenes de ríos, cerros, altozanos, etc. Los yacimientos localizados se seUialan en la cartografía, se fotografían y se examinan detenidamente para efectuar una más intensa recogida de materiales, y la toma de datos geográficos-ambientales.

El trabajo de campo sin información previa ha supuesto un alto porcentaje de hallazgos. Un pequeño número de localizaciones fueron posibles gracias a comunicaciones verbales de agricultores.

Son evidentes las limitaciones que se derivan del método de prospección selectiva, ante la imposibilidad de rastrear el marco espacial en su totalidad, y en orden, a una valoración correcta de las cuestiones relacionadas con la distribución y relaciones del hábitat.

En nuestro caso, algunas zonas despobladas no han de significar una ausencia de asentamientos, sino que pueda ser el caso de una menor intensidad prospectora; debido a su utilización actual como cultivo de regadío y secano, lo que obstaculiza las tareas de prospección una buena parte del año entre la siembra y la recolección.

La inmensa mayoría de los yacimientos localizados se utilizan como campos de cultivo. Esto incide negativamente en su estado de conservación. Tanto el cultivo de virio (labor profunda en la plantación de vides) como la introducción de maquinaria moderna en el cultivo de cereal, suponen una destrucción parcial de su estratigrafía Y elementos constructivos. Esto se puede comprobar por la presencia en los linderos de los campos, sillares de distinto tamaño, arrancados y desplazados por los arados.

EL PAISAJE GEOGRAFICO

Morfología y topografía

Esta zona que estudiamos, situada al Sur del Guadiana, va evolucionando imperceptiblemente elevándose hasta formar amplias llanadas o aplastadas lomas, que sobrepasan como media los 255 metros partiendo de las vegas del Guadiana que ocupan la zona noroeste del término y su altitud queda comprendida entre 228-246 metros.

Morfológicamente, en el término de Mengabril se pueden distinguir tres zonas claramente diferenciadas, que comprenden cinco tipos de materiales geológicos:

– Valles: Ocuparían los terrenos adyacentes a los ríos que limitan el término, en una anchura próxima a los 400-600 metros, excepto el valle del Guadiana que sobrepasaría los 3 kilómetros de anchura.

Se caracterizan por tener una pendiente casi nula (0,6%). El terreno de estos valles son los más recientes, pues geológicamente pertenecen al cuaternario, denominados “vegas”. Su origen es fluvial, proveniente del arrastre erosivo de los ríos en las comarcas altas del sur, en el caso del Ortigas y el Guadamez, y de las comarcas del Este en relación al Guadiana.

– Llanuras sedimentarias: Se extenderían por la mitad Norte del término, ocupando unas 2.500 Has. La edad de los materiales que conforman estas llanuras, la podemos centrar entre 6 y 4 millones de años, por tratarse de materiales pliocenos. La pendiente en estas llanuras es también escasa, aunque superior a la de los valles, pues está en torno al 3%.

El origen de estos materiales no está del todo dilucidado, pero nosotros nos atrevemos a pensar que pueden responder a la actuación de dos agentes distintos:

  • Por un lado, hemos de considerar la tesis de Hernández Pacheco, según la cual, esta zona de las “Vegas Altas”, fue un gran lago. Por, tanto, debieran desembocar en él numerosos riachuelos que no tendrían desagües en otros ríos importantes ya que esto es una “cuenca endorréica”. Así, se depositarían en el fondo del lago capas de sedimentos de varios metros de espesor.
  • Y por otro, creemos que al estar esta zona hundida respecto a las más próximas, la erosión “eólica” arrastraría hacia aquí, los materiales más finos de la vertiente Sur de los Montes de Toledo y de la vertiente Norte de las serratas del Sur (Sierra de la Trancha, Sierra de la Utrera, etc.).

– Cuestas: Los terrenos que configuran este área trazan una especie de escalón inclinado que pone en contacto las serratas del Sur (que quedan fuera del término) con las llanuras sedimentarias y el valle del Guadiana. Dicho escalón está compuesto de largas y tendidas lomas, con pendientes por lo general entre el 6 y el 10%.

Los materiales geológicos que ocupan estas cuestas son en su mayoría “barros miocenos”, a excepción de un pequeño manchón granítica al Sur de “Los Novilleros” y una de las estribaciones de un digital de raña.

Todo lo que se ha tratado hasta el momento en cuanto a materiales geológicos y topografía, queda bien reflejado en el mapa geológico que adjuntamos.

Mapa Geológico de Mengabril

(ILUSTRACIÓN: Término municipal de Mengabril, mapa geológico).

LOS ASENTAMIENTOS EN FUNCION DE LA FERTILIDAD DEL SUELO

Si comparamos el mapa de suelos con el de Geología obtenemos que los distintos tipos de suelos se corresponden en extensión con el tipo de material geológico.

Pasamos a realizar una explicación sucinta de los distintos tipos de suelos del término de Mengabril:

-Suelo Aluvial: Está formado por sedimentos fluviales muy recientes (cuaternarios), con un perfil poco desarrollado del tipo (A) /C. Aunque químicamente no son muy ricos, sin embargo, poseen buenas propiedades físicas, con textura areno limosa y una muy buena aireación. Es por ello, que estos suelos son los de mayor productividad agrícola.

– Regosuelo sobre arenas: El desarrollo de este tipo de suelo está en gran parte influenciado por la naturaleza de la roca subyacente (arena suelta) que tiene una alta proporción de sílice, lo que hace que su disgregación y meteorización sea muy lenta.

Según Delgado y Monturiol, su perfil es sencillo: Ap/C/Dg. Siendo “Ap” el horizonte antrópico; el horizonte “C” es de textura arenosa sin cimentación; el “Dg” es una arcosa algo arcillosa, de aquí su impermeabilidad que permite un gran almacenamiento de agua que en verano asciende por capilaridad hasta la arena que tiene encima.

Por tener pocas sustancias nutritivas es más pobre que el anterior, sin embargo es un suelo ideal para las plantaciones de viñas, cultivo éste que se ha utilizado desde siempre, con buenos rendimientos en uva de mesa.

– Vertisuelo con estructura fina en superficie: La situación de este tipo de suelo viene a ser la misma que la de los “barros miocenos” (Sur del término). Por su textura arcillosa el agua no suele infiltrarse con facilidad y por otra parte favorece la escorrentía.

Por lo general suelen tener una buena proporción de C03Ca. y una gran soltura que permite que penetren las raíces sin dificultad al igual que el arado. También suelen tener muchas sustancias nutritivas y retienen bien el agua, por lo cual su riqueza cerealística es enorme.

Por representar una extensión tan ínfima dentro del término, no vamos a dar explicación de estos dos tipos de suelos:

  • Planosuelo sobre rañas.
  • Xeroránker en roca intrusiva.

Después de haber hecho este repaso general a los suelos de mayor extensión en el término municipal en cuestión, vamos a ver que influencia tienen en la atracción o repulsa de yacimientos romanos.

Como se puede constatar en el mapa de suelos los asentamientos más numerosos están localizados en suelos aluviales, representando un 55% del total. Esto se debe a dos motivos fundamentales:

  1. Alta productividad de estas tierras.
  2. Accesibilidad del agua por la proximidad de los ríos.

Mapa de Suelos de Mengabril

(ILUSTRACIÓN: Término municipal de Mengabril, mapa de Suelos).

Además el asentamiento de estas “villae” (1, 3, 4, 5, 6 y 7), aunque se ubiquen en suelos de vegas hay que tener en cuenta que están casi en la zona de contacto con los regosuelos sobre arenas, lo que quiere decir que obedecen a la recomendación de los teóricos agrónomos latinos, que sostenían la conveniencia de asentarse en las transiciones de distintas clases de terrenos para así poder cultivar varias productos, contar con zonas de pasto y bosque, a fin de diversificar el riesgo meteorológico en la explotación agraria, y contar con el mayor número de las materias primas necesarias ganando la explotación de esta manera, en autosuficiencia y seguridad material.

En los suelos sobre arenas (regosuelos) se asienta los yacimientos (2, 10 y 11) que representan el 27% del total. La acusada diferencia en el número de asentamientos en estos suelos con respecto a las vegas, responde a la menor fertilidad de los regosuelos.

Respecto a los vertisuelos se puede apreciar cómo a pesar de su gran extensión ocupan a un reducido número de yacimientos (8 y 9), que no representan ni el veinte por ciento. La causa principal de esta escaso poblamiento se debe a la ausencia de recursos hídricos, algo normal en este tipo de suelo (berros) por las razones comentadas, a pesar de ser unos excelentes campos cerealistas.

En los planosuelos y xeroránker, por tener una extensión muy reducida, las posibilidades de contar con algún yacimiento son muy escasas. Teóricamente tienen una zona bastante apreciada en contacto con los tipos de suelos antes citados lo que podría suponer una distribución de los cultivos. No obstante, no aparece ninguna “villae”.

Suelos Orden de fertilidad Asentamientos %
Aluvial 1 1, 3, 4, 5, 6, 7 55
Regosuelo 3 2, 10, 11 27
Vertisuelo 2 8, 9 18
Planosuelo y Xero. 4 0
Total 100%

TOPOGRAFIA

Lo más destacable en principio es la ausencia de un auténtico nivel de terrazas, tanto en el Guadiana como en los dos afluentes (Ortigas y Guadamez), pues sólo existe una llanada amplia, uniforme y monótona que pasa sin tránsito al lecho mayor, igualmente de gran uniformidad en el Guadiana.

Las zonas más bajas por supuesto van a ser las vegas con una altitud de 235 a 240 metros. Las llanuras sedimentarias se extienden entre 240 y 270 con escasa pendiente como ya dijimos. Las altitudes más elevadas se encuentran sobre las tendidas lo más, alcanzando su máxima cota en el digital de rañas con 352 metros en la finca de “Las Gameras”.

En general el término es predominantemente llano, elevándose paulatinamente de Norte a Sur del Guadiana.

Atendiendo a la altitud de los asentamientos podemos hacer la siguiente clasificación:

Entre 235 y 238 se sitúan los yacimientos 1 y 3, que representan el 18% del total. A 240 m, tenemos el asentamiento núm. 2 (9%). Dentro de las curvas de nivel 240 y 260 se ubican los yacimientos núms. 4, 5, 11 y 7. Entre 260 y 280 están los números 6, 8 y 10. Y por último, el yacimiento núm. 9 está entre 300- 320 m.

Altitud Asentamiento nº. %
220-240 1, 2, 3 27
240-260 4, 5, 7, 11 36
260-280 6, 8, 10 27
280-300 0
300-320 9 10

A la vista de los resultados podemos deducir que son asentamientos eminentemente agrarios, con una finalidad productiva y en ningún caso defensiva. El mayor porcentaje de “villae” está ubicado en las altitudes más próximas a la media predominante, entre 250 y 280. Aquí podemos comprobar el seguimiento de la recomendación de los agrónomos latinos que aconsejaban la construcción de la villa en un sitio bien ventilado, por razones de sanidad e higiene, si bien algo protegidos de los vientos dominantes. Esto se manifiesta en el poblamiento cuando aparecen los asentamientos en las laderas Sur y Este, de las pequeñas elevaciones que caracterizan este territorio.

El hecho de que los asentamientos núms. 1, 4 y 7 que representan casi el 30%, se sitúen tan cerca de los ríos, prácticamente sin diferenciación en la altitud, es un dato más que nos confirma el marcado carácter agrícola de estos asentamientos, ya que están ubicados en sitios muy fértiles, pero donde se corre el riesgo con cierta frecuencia, de las inundaciones.

LITOLOGIA

Es la fuente de una parte muy importante de las materias primas de la construcción. Hemos de suponer la aplicación de la “ley del mínimo esfuerzo”, según la cual se utilizaran las canteras más próximas en detrimento de las más lejanas por comodidad y economía.

Podemos citar dos probables focos de extracción de granito que es la piedra más utilizada en estas construcciones. Un foco seria el “Manchón de Valdetorres”[1]que penetra una pequeña parte en término de Mengabril hacía el suroeste. Se compone este manchón de dos tipos de granito, uno de ellos microgranulado, pero claramente porfídico. Ambos son de color muy claro, y aparecen a veces profundamente alterados. No obstante, en grandes manchones aflora la roca madre inalterada. En los dos tipos abunda la mica negra y los cuarzos en cristales gruesos redondeados.

La otra zona granítica queda también muy cerca del límite sureste del término sin llegar a penetrar en él, en la orilla derecha del río Ortigas. Tiene granos muy gruesos de tipo porfiroide, dando lugar en algunos casos a manchones en los que el feldespato se presenta en cristales de dos y tres centímetros de longitud.

Por la “ley del mínimo esfuerzo” a que antes aludíamos podernos pensar que los asentamientos situados en la zona occidental se abastecerían en el manchón de Valdetorres y los orientales en el de Ortigas, si bien estos últimos cuando se tratase de recubrimientos o elementos decorativos o constructivos más elaborados deberían ir a otro lado al no ser idóneo para estos fines el del manchón de Ortigas, por sus granos gruesos.

Los manchones graníticos aparecen en torno a los ríos Guadamez y Ortigas, lo cual puede distorsionar le distribución al ser atraídos estos asentamientos por los ríos y no por el granito. De cualquier forma, dado que el relieve no supone graves dificultades para el transporte, la litología es un capítulo poco decisivo en cuanto a la localización del asentamiento.

RECURSOS HÍDRICOS

El agua es el elemento más esencial para las necesidades físicas y humanas, y como complemento de una economía agraria, ha condicionado totalmente la distribución de los yacimientos estudiados.

El régimen hidrográfico está íntimamente relacionado con la climatología dominante. Por consiguiente, si tenemos en cuenta que el tipo climático de esta área tiene un régimen térmico denominado “subtropical cálido” y un régimen de humedad del tipo “mediterráneo húmedo”, por coincidir la estación lluviosa con el invierno y la seca con la época estival. Por tanto, sé puede decir que entre mediados de primavera y mediados de otoño se produce un déficit de agua en los ríos, que llegan incluso a encharcarse. Sin embargo en invierno son frecuentes las “riadas”[2].

Se pueden distinguir tres zonas en cuanto a la riqueza hídrica y aprovechamiento del agua. La primera zona serían las cercanías de los ríos Guadiana, Guadamez y Ortigas, que atraen una buena parte de los asentamientos (el 40% aprox.), están sobre materiales cuaternarios (vegas), y son abundantes en aguas por la proximidad de los ríos citados, por lo que muy bien podrían ser considerados como los asentamientos más preciados.

La segunda zona la constituirían los terrenos pliocenos que tienen abundantes aguas subterráneas al poseer una primera capa de arena que permite la infiltración del agua de lluvia, y una segunda capa de arcilla que por su impermeabilidad permite un almacenamiento importante de agua, de gran valor en las épocas estivales cuando es más potente la evapotranspiración. Esta capa freática tiene un espesor entre 2 y 3 metros y se encuentra a una profundidad de 2 a 6 metros, según el espesor del manto de arena.

La tercera zona estaría ocupada por los barros miocenos. De los cuales se indicó que por ser tan compactos apenas retienen agua, la cual se escapa por escorrentía superficial, con lo que son bastante deficitarios en agua, de aquí su escaso poblamiento. Los arroyuelos sólo corren un par de meses al año, y solamente en aquellas áreas donde el estrato mioceno es más estrecho o el material granítico está más cerca de la superficie, se puede encontrar agua mediante perforaciones de pozos, esta es la causa de la ubicación de las villas núms. 8 y 9, que como se puede comprobar en el mapa tienen pozos.

Situación Asentamiento %
Orillas de los ríos 1, 4, 6, 7 40
Terrenos pliocenos (pozos) 2, 11, 3, 10 40
Barros miocenos (pozos) 8, 9 20

FACTORES ECONÓMICOS Y HUMANOS

– Vías de comunicación: La vía más importante que probablemente pasaría por la zona objeto de estudio, sería el “Iter per Lusitania AB EMÉRITA CAESAR AUGUSTA Núm. 29”. Partiendo de Medellín y dirigiéndose al sureste, entraría en el término de Mengabril por su extremo noreste, siguiendo su linde al cruzar el río Ortigas y seguir paralelo a este río por la antigua “Vereda de los moros” hasta Magacela, identificada con la “mansio” Contosolia romana, distante XV millas desde Medellín. Sería una clara herencia de una posible vía natural utilizada anteriormente. Esta vía sería el río Ortigas que une dos asentamientos muy importantes de la época orientalizante: Medellín situado en su desembocadura y Cancho Roano, cerca de su nacimiento.

Los autores clásicos recomendaban situar les asentamientos rurales lo suficientemente lejos de la vía como para no sufrir los desperfectos que ocasionan los transeúntes, y lo suficientemente cerca para que el transporte de persones y mercancías sea lo más fácil posible. Tratando este tema nos encontramos con el mismo problema que tuvimos al analizar la posible influencia de la litología. Como la calzada discurre paralela al río Ortigas esto ha podido distorsionar el poblamiento al haber atraído este hacia sí, a los yacimientos 4, 5, 6, y 7, o sea, a un 40% del total, si bien la movilidad del transporte, al no existir obstáculos topográfico de importancia es relativamente fácil el acceso de todos los asentamientos a la calzada[3].

– Dimensiones Y Jerarquización: En el estado actual del deterioro de los asentamientos es muy difícil estimar su extensión e importancia. Los indicios que nos permitirían hacer una clasificación serían restos materiales como cerámica y algunos elementos suntuarios y constructivos.

Al no estar excavados nuestros datos son muy reducidos. Partiendo de algunos materiales recogidos en una prospección a flor de tierra, podemos distinguir algunas diferencias que nos pueden aclarar posibles jerarquías.

M. Ponsich, en su estudio de los asentamientos romanos del bajo Guadalquivir, intenta una clasificación basada en la calidad de los materiales de superficie. En un orden decreciente distingue:

  1. Grandes aglomeraciones o ciudades
  2. Villas romanas,
  3. Granjas.
  4. Refugios y cabañas.

Des este modo, los primeros se caracterizan por su mayor extensión, la aparición de elementos arquitectónicos de cierta lujo y la presencia de restos de cerámica de importación; “granjas” y “refugios” son poco extensos y los materiales de prospección se reducen a es casos y pobres materiales, “tegulae”, “dolia”; etc.

Según los restos que hemos encontrado en superficie podemos aventurarnos a identificar los asentamientos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 10 y 11 dentro del grupo “b” de Ponsich, al encontrar cerámicas de importación, Sigilada y de Paredes finas, inscripciones, fragmentos de recubrimientos de mármol, sillares graníticos bien escuadrados, etc.

Incluiremos a los yacimientos 7, 8 y 9 en la clase “c”, al encontrar “tegula” y “dolia”, y molinos de mano, a la vez que faltan objetos de lujo.

Esto es la expresión lógica del asentamiento en los diferentes terrenos. Los asentados en las zonas más productivas alcanzaran un más alto nivel de vida, mientras los asentados en las zonas más pobres no podrán acceder a estos materiales.

FUNCIONALIDAD DEL HABITAT

Varios son los factores que influyen en la elección de un lugar como asentamiento de un poblado. Dependerá en gran medida de la función o funciones previstas.

Sin duda al encontrarnos en una época y una zona de es casa actividad bélica, se explica que la mayoría de los yacimientos se relacionen enteramente con la actividad económica, singularmente la explotación agraria media. Opinamos que esto ha quedado sobradamente demostrado a lo largo de la exposición.

BIBLIOGRAFÍA:

  • HERNÁNDEZ PACHECO, E. y ROSO DE LUNA, I.: Explicación del Mapa Geológico de España 1/50.000, hoja núm. 778. Don Benito. Madrid. 1951.
  • MORA ALISEDA, J.: “El medio ambiente en el término de Don Benito” (En prensa). 1987.
  • NAVARRO DEL CASTILLO: Historia de Mérida y de los pueblos de su comarca. Cáceres, 1974, t. I.
  • PONSICH, M.: (1974) Implantatíone rurale antigua sur le bas-Guadalquivir. Serié “Archealogie”, Fasc. II. Publicaciones de la Casa de Velázquez. Madrid-Paris.
  • SUAREZ DE VENEGAS, J. L.: “El origen de Don Benito probablemente romano”, en: diario HOY 21 de febrero de 1986.

NOTAS:

[1] Vid: H. PACHECO, 1951.

[2] Vid: MORA ALISEDA, 1987.

[3] SUÁREZ DE VENEGAS, 1986.