Oct 012010
 

Juan Fernando Gómez Izquierdo.

1.  A MODO DE INTRODUCCIÓN:

Tal y como anticipamos en la anterior edición nº XXXVIII de estos Coloquios Históricos de Extremadura, a través de las siguientes páginas pretendemos ofrecer un análisis, valoración e interpretación histórica del contenido informativo del Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, centrándonos en algunos de sus municipios, que forman parte en la actualidad de varias comarcas extremeñas, y que tal y como aparecen reflejados en dos de los tomos del mencionado Interrogatorio, corresponderían entonces al denominado Partido de Trujillo. Al mismo tiempo, la información extraída será puesta en relación con los temas de muy diversa naturaleza: actividad económica y estructura socioprofesional, bienes económicos, producción y productividad, aspectos educativos y vida cultural, etc. Se persigue con ello complementar la visión de la realidad histórica del ochocientos para esta notable comarca cacereña, que en el trabajo anterior tuvimos ocasión de analizar sólo en parte.

2. ESTRUCTURA SOCIO-PROFESIONAL Y ACTIVIDAD ECONÓMICA

A la hora de ofrecer una visión acerca de cómo estaría distribuida la población conforme a su dedicación profesional hemos de atender a las cuestiones referidas en el Interrogatorio a cerca de la población de cada uno de los núcleos que componen cada partido, en ellas, además del número concreto de vecinos, se nos hace una división o clasificación de dicha población conforme a su dedicación profesional.

Como más adelante nos referiremos, y en cualquier caso, hemos de tener presente que la actividad y fundamento de todos los pueblos era la agricultura y secundariamente la ganadería y a ella se dedicaban los propietarios (labradores) y los jornaleros que en muchos pueblos los superaban en número y cuyos salarios se ajustaban entre ellos.

De los datos obtenidos exponemos pues que la agricultura va a convertirse en la actividad económica primordial y en definitiva la que mayor peso va a tener en la población, ya que en la mayor parte de las cuantificaciones efectuadas la gran mayoría de los vecinos se van a dedicar a estas actividades. No obstante, constituía esta actividad de la agricultura una de las preocupaciones fundamentales de los reformadores ilustrados, preocupación que se materializa en el intento de poner en cultivo terrenos que hasta entonces habían permanecido incultos, rozas y roturaciones en determinados espacios y terrenos marginales, iniciativas éstas destinadas a la obtención de una mayor productividad.

No obstante, a pesar de las diferentes iniciativas, va a ser la agricultura una actividad que se va a ver limitada por la expansión de la ganadería o por la reducción de los terrenos de cultivo como consecuencia de que grandes latifundios y dehesas, que con anterioridad se dedicaban a la explotación agrícola, ahora se van a destinar sólo al pastoreo. Es por ello que en la mayor parte de las localidades del Partido de Trujillo, se señala un franco retroceso en las coceas. En este sentido, la ausencia de terrenos para el cultivo va a constituir un grave problema estructural que se va a poner de manifiesto en las diferentes localidades.

Siguiendo muy de cerca de la actividad agraria, se va a mantener la dedicación ganadera de buena parte de la tierra, este aspecto junto con la dedicación agrícola, ha sido interpretado como una manifestación de la permanencia de una sociedad tradicional carente de perspectivas de expansión.

Tal es el caso de Acedera, donde de los 25 vecinos útiles que se registran se van a dedicar a las labores del campo dichos 25 y los restantes lo harán a la ganadería y a jornaleros exclusivamente, o el caso de Alcollarín, donde se señala que todos los vecinos se dedican a la labranza y a la granjería. Situación similar se experimenta en Aldeacentenera, Casas de Don Pedro o en Berzocana, donde va a tener especial peso la dedicación a los trabajos bajo jornal. También van a sobresalir las actividades ganaderas y agrícolas en Herguijuela y en Robledillo. Especial peso tendría el sector de los labradores en Cañamero, La Cumbre y Zorita. Constituye una queja mínima por parte de los ayuntamientos el que los jornaleros no trabajan de sol a sol y no rendían lo suficiente. El oi- dor- visitador recogiendo el sentir de esas corporaciones- formadas exclusivamente por propietarios- propone las siguientes medidas de obligado cumplimiento para los jornaleros:

  • Que trabajen incesantemente de sol a sol sin contar los traslados.
  • Que quedaran obligados a terminar la actividad motivo del contrato.
  • Que no pudieran ser contratados fuera del pueblo.
  • Que no se permitiera el rebusco en olivares y en rastrojeras.
  • Que no se les permitiera el uso excesivo del tabaco de humo en la jornada laboral.
Con estos medios indirectos-concluye-podrá compensarse el exceso que se nota en los jornales sin coartar la libertad de los jornaleros ni escasearlos el premio de sus trabajos.De igual modo, va a destacar la práctica inexistencia de actividades artesano- industriales más allá de los ámbitos puramente locales, y que sólo de forma esporádica conseguirán alcanzar mercados comarcales o regionales-regionales.Caso especial es el de la Puebla del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, donde bajo la protección y la financiación del cenobio extremeño, la actividad artesanal e industrial va a presentar un especial desarrollo. En Guadalupe nos encontramos con:
  • 24 Cardadores.
  • Tejedores de lanas, peinadores, bataneros y tundidores.
  • 18  Tejedores de lienzo.
  • 6  Cocineros.
  • 1 Guardicionero.
  • 5 Comerciantes.
  • 2  Mesoneros.
  • 10 Herreros.
  • 10 Caldereros.
  • 12 Carpinteros.
  • 8 Curtidores.
  • 1 Fabricante de Pelegrina.
  • 6 Herradores.
  • 24 Labradores.
  • 20 Jornaleros.

La variedad de los oficios va a ser múltiple, además de estos aparecerían otros;  en aldea del Obispo aparecen sirvientes, herreros, etc. Además se señala que éstos trabajarían demasiadas horas. En Alía aparecen alfareros, tejedores de lienzo, alarifes, zapateros, molineros, todos ellos no regidos ni por gremios ni por ordenanzas. En Berzocana nos aparece una actividad que a nosotros se nos antoja peculiar: un chocolatero.

En Cañamero va a destacar la presencia de cardadores y de caldereros, pero en un porcentaje muy pequeño. Otra de las actividades de escasa repercusión va a ser la de los criadores de la seda.

Consecuencia inmediata de todo esto va a ser que los mercaderes y con ello las actividades mercantiles no parecen constituir un grupo socio-económico significativo o de especial relieve, es quizá por ello que las corrientes mercantiles fundamentales, en el caso de que existan, van a ser gestionadas por mercaderes foráneos.

No se van a documentar ni ferias ni mercados en: Acedera. Alcollarín. Aldeacentenera. Aldea del Obispo. Alía (por su proximidad con Guadalupe). Berzocana. Cabañas. Campolugar. Cañamero. Casas de Don Pedro. Conquista. La Cumbre. Herguijuela. Ibahernando. Madrigalejo. Madroñera. Puerto de Santa Cruz. Robledillo. Santa Ana. Santa Cruz de la Sierra. Santa Marta de Magasca y Zorita.

Si en cambio se van a celebrar en Guadalupe, donde se registran una feria coincidiendo con la festividad de Santa María de Guadalupe, en el mes de septiembre, y otro mercado franco de periodicidad semanal.

En el caso de Trujillo nos vamos a encontrar con un mercado semanal que se celebra cada jueves, en el que se venden granos, frutas, legumbres y pescado seco, paños bastos, jergas, lienzo y lino. Una feria en junio de ganado y comercio de todo género de telas y se señala además la celebración de otro más el día de Santiago, celebración  esta que ya ha desaparecido.

Todo esto va a contribuir a la existencia de una burguesía débil que más bien nos atreveríamos a sospechar inexistente, con lo cual Extremadura carece de elementos dinámicos que al menos planteen la posibilidad de desarrollo.

Un elemento que podríamos considerar estaría estrechamente relacionado con las actividades mercantiles, pero que a su vez podría ser incluido dentro de cuestiones tales como las infraestructuras, las obras públicas o las vías de comunicación, serían aquellos aspectos relacionados con la red de caminos. Los caminos constituirían, además de un medio importantísimo para la comunicación, el intercambio y el desarrollo, un medio sumamente importante para que las actividades mercantiles pudieran fluctuar a través de los diferentes territorios. En general podemos afirmar que la situación de los caminos en el partido de Trujillo para este momento es regular, se detecta la presencia de caminos que están en muy malas condiciones, son peligrosos o inseguros y que por tanto favorecen la incomunicación y el aislamiento de los lugares en que se detectan, y también se constata la presencia de vías en bastante buen estado.

En Acedera se señala la necesidad de la construcción de un puente sobre el río Gargáliga, en el camino que cruza con Madrigalejo. Caso similar es el que se vive en Alcollarín, donde a pesar de que los caminos se encuentran en buen estado, se eleva en súplica al visitador Sanchoyerto la necesidad de la construc- ción de un puente sobre el río de su mismo nombre, pues se advierte que ya se han sucedido numerosas desgracias cuando los vecinos han intentado cruzarlo cuando éste presentaba crecidas, para poder atender a las tierras de labor que se encuentran al otro lado de dicho río, además se señala el mucho bien que se favorecería a la recién creada Audiencia de Extremadura, al ser éste un camino de suma importancia y que al favorecerse la comunicación se conseguirá un importante beneficio para la zona. En Alía los caminos están angostos y agrestes por la orografía, sobre todo se destaca el camino que va hacia Guadalupe y el del puerto de San Vicente. De Berzocana se afirma ser esta una ciudad bastante mal comunicada, que necesita con suma necesidad un arreglo de sus ca- minos. Caso similar se produce en Cabañas o en Cañamero, donde se señala que el camino que va a Guadalupe está en bastante mal estado y se necesita un puente que atraviese el río ruecas.

En Conquista de la Sierra los caminos son de paso difícil y peligrosos, similar situación se vive en Herguijuela. En Trujillo se señala que el camino que va para Lisboa se encuentra en bastante buen estado, pero se producen robos porque el terreno está muy montuoso y despoblado, por ello se estima conveniente la necesidad de la creación de nuevos municipios a lo largo del camino.

No obstante, todos los casos no van a ser negativos, en Aldea del Obispo los caminos están en buen estado y son regulares, sólo el que va hacia Trujillo necesitaría de un arreglo. En La Cumbre, los caminos también son buenos y sin peligro, en los de Puerto de Santa Cruz, Robledillo y Santa Ana la situación de sus vías de comunicación también va a ser óptima.

Otro aspecto estrechamente vinculado con la red de caminos y con los servicios ofrecidos por parte de los diferentes núcleos poblacionales en cuanto a la presencia de mesones o posadas.

En los pueblos situados en estos caminos carreteros y carreros y arrieros habría mesones y posadas bastante descuidados y sin comodidades de alojamiento y comida, algunas carecían hasta de camas. Eran sin embargo espaciosas las cuadras donde los arrieros alojaban sus caballerías, hasta el punto que el oidor se sorprenda y considere:

“Muy notable que en los mesones de España se mire la comodidad de los animales cuando se descuida enteramente el bien estar de los hombres”. En Aldea del Obispo, por ejemplo, se advierte que la posada está en mal estado y que sería necesario repararla por el gran tránsito de viajeros”.

En Alía, Cañamero e Ibahernando, destacan por la comodidad de sus caballerías, hemos de tener en cuenta que era común entre arrieros dormir en una gran sala en las posadas sobre los aparejos de sus caballerías.

3. PRODUCCIÓN Y PRODUCTIVIDAD

Hablar de producción en el Partido de Trujillo a finales de los tiempos modernos, es hacer nuevamente mención a las actividades principales que copaban la estructura socio-profesional a la que hacíamos mención en los epígrafes anteriores: la agricultura y la ganadería. De este modo, en la pregunta número 35 del Interrogatorio se establece:“Que cosechas y de qué tipo de frutos se crían en el término de cada pueblo, por quinquenio, para lo que se reconocerán las tazmias de los diezmos, explicando si hay algunas cosechas de las cuales no se acostumbra a pagarlos, si hay frutos sobrantes, como se benefician y cual suele ser su precio correspondiente procurando averiguar a que ascienden, quien o quienes son los preceptores de los diezmos y si de algunos años a esta parte se ha notado aumento o disminución y en que especies.”Una realidad que se nos hace aún más lógica y convincente si entendemos que, en la configuración del terrazgo, a finales del siglo XVIII, hay un predominio de tierras de labor; son tierras del común que se dividen en hojas y se reparten entre los vecinos y tierras de propiedad particular. La extensión de la superficie del terrazgo dedicada a pasto aparece encubierta bajo la denominación de pasto y labor.Como tónica general comprobamos que esa agricultura va a estar basada en la siembra y recolección de cosechas de secano, este tipo de cultivos y cosechas se correspondería con las condiciones tanto de suelo como de climatología del espacio territorial que comprende nuestro partido objeto de estudio. Se trataría de terrenos más bien llanos y bastantes pobres, a estas características se añadirían la constante siempre presente de la irregularidad de las aguas de lluvia y el contraste entre las duras y adversas condiciones invernales y las altas temperaturas y las sequías que se producirían durante el estío.

tabla 13-1

* (Con el signo x se detecta la presencia de estos productos, pero no se especifica su cuantía)(Cantidades de los cereales y leguminosas en fanegas, el resto en arrobas).

Como bien se aprecia en la tabla adjunta, el trigo va a ser el producto más abundante, tanto en cantidad como en superficie cultivada, seguido bien de cerca por la cebada y por la avena. Se tratarían éstos de plantíos de año y vez, no obstante estas plantaciones se complementarían con otras, especial peso van a tener las leguminosas, donde el garbanzo, elemento de gran importancia y peso en la dieta de este momento, va a estar prácticamente presente en los núcleos poblacionales que hemos analizado. Del mismo modo, pero con menor intensidad, destacaría el cultivo de otras especies como las habas.

De especial interés por parte de los oidores de la Real Audiencia de Extremadura va a ser el conocimiento de las técnicas y maquinaria de cultivo utilizado, así como el empleo de determinados ganados para la realización de estas tareas. Se va a tratar no obstante de una agricultura de base extensiva en la que se emplean materiales tan rudimentarios como el arado romano, el abonado va ser prácticamente inexistente y si se realiza se va a efectuar con estiércoles, y para la labor se va a emplear fundamentalmente a los bueyes.

Al igual que en el caso de las técnicas y maquinarias empleadas para el cultivo, los oidores de la Real Audiencia van a mostrar una especial preocupación por otro aspecto que favorecerá una mayor productividad, los plantíos y los semilleros. No obstante tratándose ésta de una actividad muy poco representativa se van a registrar únicamente los casos de Madrigalejo, de Guadalupe y de Berzocana, donde van a constatarse los plantíos de olivos, los cuales se dice que en un futuro darán mucho fruto.

A la hora de realizar una estimación a lo que constituiría la situación de la actividad agrícola en este periodo de tiempo de finales de los Tiempos Modernos, tanto para el caso del Partido de Trujillo, como en el resto de los partidos que constituirían la provincia de Extremadura se estima que se trataría de una actividad en franco retroceso. La presión de los ganados sobre la tierra trajo como repercusión una importancia cada vez mayor de la actividad mesteña, institución que favorecería la reducción del terrazgo considerablemente. La ganadería se vería como consecuencia favorecida con el franco retroceso de la agricultura.

La necesidad de tierras para cultivo va ser una constante en todos los lugares. En Alcollarín por ejemplo en 1778 ante la existencia de pocas tierras para la labor se produce una queja, por parte de los vecinos de dicha población, ante el consejo Real de su Majestad, y como consecuencia de todo ello se van a cercar una serie de determinadas tierras. En Santa Ana, se señala que la reducción de tierras de cultivo a pasto supone un grave perjuicio para la actividad agrícola. En Aldea del Obispo y La Cumbre, se suplica que para el fomento de estos pueblos en la labranza se necesita se les aplique terrenos de dehesas, especialmente las más próximas, con las que se ha de progresar tanto en las cosechas como en la cría de los ganados. En Madrigalejo sucede un tanto de lo mismo, se ve necesario aumentar en 70 yuntas de labor, ya que el pueblo no puede crecer más por la estrechez del término municipal. O en Puerto de Santa Cruz, donde se señala la necesidad de acaparar las dehesas contiguas al término municipal al igual que en Santa Marta de Magasca.

Tabla 1. Dehesas reducidas a pasto.

  tabla 13-2

Consecuencia de esta situación, habrá que contar en la producción agrícola con los denominados terrenos inútiles en los cuales no existe ninguna posibilidad de aprovechamiento laboral ni de recursos, pero que si se ponen en cultivo favorecerán a un aumento de la productividad consecuencia de un aumento de la extensión del terreno cultivable.

En Acedera se responde que existen unas 150 fanegas más o menos que se podrían roturar, en Aldeacentenera no existirían dichos terrenos incultos, pero sí los habría trashumantes que serían muy propios para la labor y que se podrían repartir. Del mismo modo también se hace referencia a la existencia de terrenos de olivar y de monte que son muy poco productivos y que se podrían repartir en situación de suma necesidad. Aldea del Obispo también presenta terrenos incultos, pero se señala de manera especial que se han producido cercamientos de tierras por parte de los vecinos de Trujillo, las cuales son utilizadas para pasto, perjudicando con ello al vecindario que era privado de su aprovechamiento. En Cabañas del Castillo se señala la presencia de un terreno despoblado denominado “Mancho del Jaramillo”, del que se señala que para su desmonte habría primero que quemarlo. En Cañamero existen unos terrenos incultos en el sitio denominado de la “Higueruela”, con una extensión de unas 1189 fanegas. También se detectan terrenos sin roturar en Berzocana, Casas de Don Pedro, Herguijuela y en Robledillo.

Siguiendo en importancia a la agricultura, la ganadería se va a presentar como la otra actividad fundamental. Las especies animales que se van a producir van a ser variadas, así como también variados van a ser los beneficios que de esta actividad se van a obtener. De los ganados se obtiene por ejemplo, un alimento tan preciado como puede ser la carne, del ganado ovino se obtendrá la lana, un bien muy preciado en las sociedades de este tiempo, la leche y sus derivados también constituirán otro aporte fundamental.

Se trata esta actividad de la ganadería de una dedicación que va en progresivo aumento, una situación que se vería favorecida por la importancia de la institución mesteña.

Tabla 2. Productividad ganadera.

tabla 13-3

Dentro de la producción, otro elemento fundamental va a ser el aceite, a este respecto y en pro de fomentar el aumento y la productividad de este producto tan preciado en estas sociedades de finales de la modernidad, se va a hacer mención en la pregunta número 5 del Interrogatorio sobre la existencia de terrenos con plantaciones de acebuches u olivos salvajes y su posible reaprovechamiento mediante injerto, para la producción de aceite. En este sentido, se va a detectar la presencia de acebuches en Acedera, donde se registran 50 fanegas localizadas en la “Solana del Jaroso”, del mismo modo se señala su presencia en la villa de Cabañas, pero se señala que serían de difícil cultivo. En Cañamero hay acebuches en el sitio denominado de “los Valles”, lugar que por la abundancia de agua y por la calidad de las tierras sería más propia su utilización para la siembra y la recolección de frutales.

En Casas de Don Pedro hay presencia de olivos silvestres en la denominada “Vega del Criadero” con una extensión de 40 fanegas más o menos, pero que por las limitaciones del señor de la villa, no pueden ser aprovechados. En Herguijuela existe un acebuchal en “La Sierrecilla” que se podría convertir en olivar, al igual que en Madrigalejo, en la denominada Dehesa de Talarrubias. Por último habría también acebuches, pero no serían aprovechables en Puerto de Santa Cruz, Santa Marta o Zorita.

La transformación del aceite se efectuaría a través de las prensas o molinos destinados para ello, se aprecia no obstante la necesidad y creación de nuevos, debido a su carencia. No existen molinos en Acedera, Alcollarín, Aldeacentenera, Aldea del Obispo, Alía, Cabañas, Campolugar, Conquista, La Cumbre, Madroñera, Puerto de Santa Cruz, Robledillo, Santa Ana, Santa marta y Zorita.

En Cañamero habría tres, dos en Casas de Don Pedro, dos también en Herguijuela de los cuales uno pertenecería a los Dominicos de Trujillo y otro a los de Santa Cruz, uno en Ibahernando, uno que funciona a tiempo parcial en Madrigalejo, uno propiedad del Conde de Miranda en Santa Cruz de la Sierra, uno también en Guadalupe y por último otro en Trujillo.

Un complemento más a los productos cerealísticos, al aceite y a las leguminosas sería el relacionado con la práctica de la horticultura. La huerta se va a convertir en el único ejemplo de agricultura intensiva que podríamos constatar para el Partido de Trujillo de este periodo cronológico, y sería una actividad que vendría determinada por múltiples factores, el principal de ellos sería la existencia de terrenos destinados para ello, aunque la presencia y riqueza de aguas también será un condicionante importante al que no podremos eludir.

En Acedera, donde se detecta la presencia de un río, va a destacar la existencia de huertas de las que se obtienen coles, cebollas, tomates y pimientos, en Alía, donde se localizan los ríos Guadalupejo, Guadarranque, Haliguela y Silbadillos, también existen, obteniéndose melones, tomates, pepinos y frutales como los ciruelos o los melocotones, pero son de corta extensión ya que la disponibilidad del agua es escasa, ya que los ríos se secan en los tiempos más menesterosos y sus aguas no se pueden almacenar ni distribuir por medio de canales y de acequias. En Berzocana, donde el agua sería muy abundante debido a la presencia del río y a la gran abundancia de fuentes y pantanos, las frutas y verduras serían muchas y abundantes: guindas, cerezas, peras, ciruelas, uvas, castañas y melocotones, pero a causa de la inexistencia de canales y acequias, y de que no se deja utilizar el agua más que para el abrevadero de los ganados, se secan las legumbres y la fruta se cae.

En La Cumbre hay una sola huerta, la correspondiente a su señor Vicente Hijar de Sotomayor y Barrantes. En Madrigalejo se destaca la presencia de abundantes huertas de riego, destacando como las más productivas y las mejor cuidadas las pertenecientes al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe.

No obstante la presencia de superficies destinadas a las prácticas hortícolas no va a ser una realidad constatable en todos los lugares. En Conquista de la Sierra se señala la inexistencia de huertas, pero la posibilidad de haberlas si se redujera la extensión de terreno dedicado al cultivo del trigo.

En Alcollarín se advierte que en su día sí existieron, pero a causa de las crecidas del río Alcollarín y a que las huertas estaban al otro margen de dicho río, los vecinos no las podrían atender, del mismo modo, como consecuencia del padecimiento de numerosos robos por parte de los vecinos de las localidades cercanas, su cultivo se ha desestimado.

En Madroñera y Robledillo, se señala su posible creación, en Santa Ana no existen huertas ni posibilidad de haberlas por la escasez de agua. En Santa Cruz se aprecia una regresión, ahora sólo hay dos cuando antiguamente existían catorce. En Trujillo el cultivo de los huertos va en disminución, porque por la falta de agua se dedican a pastos, como es el caso de las denominadas Huertas de la Magdalena, que ha pasado al aprovechamiento de sus pastos por parte de los ganados.

Otra actividad complementaria sería la apicultura, de donde se obtendrían dos productos preciados como serían la miel y la cera. Así pues en la pregunta número 54 se establece:

“ Si hay colmenas, su número poco más o menos, como se crían y se conservan, la cosecha de miel y de cera, de que flores se alimentan y si dejando de aplicarse los naturales a estas industrias por los robos que sufren, o por otro motivo, y como se cree que se podría adelantar en este importante ramo”.

 Tabla 3. Presencia de colmenas en el Partido de Trujillo.

tabla 13-4

Los apicultores estiman como respuesta al cuestionario que se trata esta de una actividad en notable retroceso, se merman por los incendios y por los excesivos desbroces del monte y en la mayoría de los casos se señala que son robadas por los ceclavineros o vecinos de Ceclavín. Destacarían los núcleos de Cañamero y Alía, donde el número de colmenas es considerable. En otros lugares como Robledillo o Madrigalejo, su número no se podría ampliar debido a la estrechez del término.

Las flores de las que las abejas se alimentarían serían la jara, el brezo, el tomillo o la propia flor de la encina. Las cantidades de miel o cera que se producirían resultan inestimables debido a que se trataba esta actividad, la de la miel, en una producción donde no se pagaban ni diezmos ni tazmias, y por tanto, por ello no lo podemos cuantificar.

Otro importante aporte va a ser los bienes conseguidos a través de prácticas tales como la caza y la pesca.

En Acedera se señala la presencia de un río con abundante pesca, además se afirma que la caza de pluma y pelo también sería importante. En Alcollarín, en el río de su mismo nombre se crían bogas y cachuelos. En Aldeacentenera se advierte de la importancia de su caza menor, Aldea del Obispo destaca por la caza de Gamos, liebres, perdices y conejos, en Alía, añadiéndose a las anteriores, se cazarían venados, jabalíes y gamos, además de sus cuatro ríos obtendría abundante pesca. En Campolugar del río Alcollarín y del arroyo Levosilla, se obtendrían peces como las bogas y los cachuelos. En Casa de Don Pedro hay caza de todo tipo y debido a su abundancia estropean y hacen sumo daño a los sembrados. Además del río Guadiana se obtendría pesca como barbos, bogas, carpas, anguilas y galápagos.

Un importante complemento a los productos agrarios va a constituir los aportes que va a propiciar el bosque y el monte. Del bosque se obtiene principalmente la madera, frutos como la bellota, la nuez, materiales como el corcho y otros elementos de vital importancia para este hombre de finales de los tiempos modernos. Es por ello que esta importante fuente de riqueza va a ser objeto de preocupación por parte de los oidores de la Real Audiencia, de ahí que se pregunte por su existencia, su correcto aprovechamiento y su descasque.

En Trujillo, ciudad cabeza de partido, se hace alusión a la presencia de montes de encina y roble, de los cuales se saca carbón y leña, del mismo modo se cría la gualda, un importante tinte para la industria textil. Aquí en Trujillo, se advierte que los montes están deteriorados por una mala utilización, por ello se aconseja controlar los cortes y las quemas que se hacen, se aduce que existen muchos incendios a causa de las rozas, práctica que no es castigada pero que resulta muy dañina.

En Acedera se detecta la presencia de un monte provechoso, hay encinares para la cría de cerdos y se saca importante cantidad de madera para la construcción y para leña, pero no obstante se localizan muchos montes sin rozar y por ello hay numerosos y dañinos incendios. En Aldeacentenera hay montes de encina y de roble, de los cuales se recoge el fruto de la bellota, madera para edificios y para leña. En Alía hay alcornoques, fresnos, alisos y robles, de los cuales se señala, se podrían aprovechar para la producción de leña y carbón. En Cabañas los montes se han dado para el descasque, actividad ésta que se ha realizado siempre de acuerdo a la ley. En Cañamero los montes están incultos, llenos de alcornoques, robles y castaños, los cuales no se cultivan y sólo se aprovechan para el carbón, por lo tanto los árboles no se descascan. En Berzocana se señala la presencia de montes que están esquilmados a causa de los numerosos incendios, situación similar es la que se vive en Santa Cruz de la Sierra, donde se señala que al producirse la roza y el descasque se perjudica a la encina.

Dentro de la productividad, habría que hacer referencia a las actividades secundarias, éstas van a tener escaso peso en la sociedad de finales del setecientos. En el caso del partido de Trujillo únicamente se va a detectar la presencia de fábricas para los casos de Aldeacentenera, donde hay fábricas de pequeño tamaño de manufactura de telas y paños, Berzocana, donde se localiza una fábrica de hilo, La Cumbre, donde existe una pequeña fábrica de lana y de lino, Zorita, donde la dedicación de las fábricas es a carreteros, cernaderos y fabricadores de lienzos, Guadalupe, donde la fábrica de cuero y la de lana son dependientes del Real Monasterio y por último Trujillo, donde se constata una fábrica de alfareros, a la que se señala habría que fomentar para no tener que depender ni de Talavera, ni del Puente del Arzobispo.

Otro aspecto a tener en cuenta es el relacionado con las explotaciones de carácter mineral, hay que señalar que va a ser esta una actividad bastante restringida, pero no obstante aparece constatada en diversas localidades. En Guadalupe por ejemplo se constata la presencia e canteras de cal, importante mate- rial empleado en las técnicas de construcción. Caso similar es el que se da en Casas de Don Pedro.

4. REALIDAD EDUCATIVA Y CULTURAL

A la hora de realizar una primera aproximación al ámbito educativo y cultural para este periodo histórico, es de de obligada mención hacer alusión a que uno de los factores justificativos de la preocupación del Estado absoluto ilustrado a finales del siglo XVIII es la atención e interés por la educación y la enseñanza. En tal sentido, como acción informativa para el ejercicio útil y eficaz de gobierno, los temas referidos a la enseñanza impartida, distribución del tipo de estudios, quienes desarrollan esa función y práctica docente, cuales son las dotaciones, rentas y salarios, constituyen cuestiones prioritarias y esenciales a plantear por casi todas las encuestas. Por tanto, el Interrogatorio de la Real Audiencia en su pregunta número 27 de manera específica, aunque en otras también se obtienen datos, puede ser fiel reflejo de lo que estamos indicando:

“Si hay escuela de niños o niñas de primeras letras, estudios de gramática u otros, su dotación y de qué efectos se saca y quien cuida de su arreglo. Caso de no haber ni uno ni otros si se experimenta necesidad de establecerla y los medios”

 Entre todos los elementos de utilidad que contribuyen al buen gobierno y administración de los pueblos, éstos destacan la necesidad de cambios y transformaciones en el sistema educativo: crear escuelas de primeras letras en todas las localidades del partido; elegir a buenos maestros y competentes, con suficiente dotación y mantenimiento; lograr una educación gratuita para todos los niños y obligatoria hasta cierta edad y, al mismo tiempo, procurar la promoción y estímulo de la felicidad y bienestar de cada individuo a través de la instrucción, lo cual propiciará la satisfacción general del Reino.

No es pues extraño que esta enseñanza e instrucción pública sea considerada en el mismo Interrogatorio como una de las actividades más interesantes para todo el conjunto de Extremadura:

“Es doloroso hablar de la educación y de la juventud de Extremadura, y haber de decir que generalmente está abandonada y que la mayor parte de los naturales de esta Provincia mueren como nacen, sin adquirir casi otras ideas que las que les hacen formar los objetos materiales”

Es el mismo Meléndez Valdés quien escribe también para invitar a sus coetáneos a la toma de conciencia de que Extremadura y, en cada caso, sus numerosos pueblos, se hallan en la necesidad de recibir la instrucción ilustrada pro- puesta por los Borbones y participar en ese afán reformista y regenerador del dichoso siglo de las luces:

“(…) Pero Extremadura ha sido hasta aquí en el Imperio español una provincia tan ilustre y rica como olvidada, aunque nunca le hayan faltado hijos insignes que pudieron darle su parte en la administración pública, como otras la han tenido. Todo está por crear hoy en ella y se nos confía a nosotros.

(…) No es culpa suya, no, esta escasez de luces. Enclavados, por decirlo así, en lo postrero de España, en un ángulo de ella poco frecuentado; sobrados en su suelo y sus hogares, sin deseos vivos de satisfacer por medio de la instrucción, y sin colegios ni estudios públicos donde recibirla dignamente, no se les ha dado otra cosa, ni aquella activa impaciencia de la necesidad, superior a los estorbos, que todo lo allana y lo sojuzga”

Para el caso del Partido de Trujillo, nos vamos a encontrar con la presencia de escuelas de primera enseñanza en Aldeacentenera, donde de los Propios y Arbitrios se le pagan al maestro 160 reales, además de que la cantidad monetaria y el bollo de pan de que los escolares tienen que hacer entrega. Situación similar se va a producir en los diferentes núcleos. La situación se expresa en la siguiente tabla:

Tabla 4. Distribución de escuelas de primeras letras en el Partido de Trujillo.

 tabla 13-5

No obstante la presencia de estos núcleos de enseñanza no se va registrar en todas las localidades. En Acedera no existen escuelas de ningún tipo, al igual que en Alcollarín, donde existe para el maestro una dotación de 200 reales, cuya plaza no se ocupa por lo corto de la cantidad, dándose con ello una situación de suma necesidad de la presencia de escuelas. El mismo panorama se vivirá en Cabañas, donde también se hace advertencia de su suma necesidad. En Conquista de la Sierra no se puede hablar de una escuela propiamente dicha, sino de un maestro que imparte las clases a tiempo parcial debido a su escaso sueldo, del mismo modo no hay escuela de niños debido a la escasez de Propios en Santa Marta, dedicándose una mujer por cuenta propia a ello. En otros casos, a pesar de su existencia, se demanda una mayor dotación, tal es el caso de Alía, donde el maestro cobra tan sólo 55 reales y se solicita se le ascienda la soldada a 200. Situación similar se dará en Campo Lugar, donde el maestro cobra 150 reales y se solicita se le ascienda a 500.

En el Puerto de Santa Cruz se demanda la necesidad de creación de una escuela de niñas que no existe y de la cual hay suma necesidad. En Santa Cruz de la Sierra, a pesar de la existencia del convento de Agustinos Recoletos, un cenobio compuesto por 17 sacerdotes y 4 legos, no existen estudios de gramática y si suma necesidad de ellos al igual que de la dotación de una escuela para niñas.

Las denominadas “enseñanzas mayores” únicamente se registrarían en el único seminario documentado para todo el Partido, se trata del correspondiente al real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Se trataría de un centro dotado con 40 becas, donde se imparten clases de gramática y escritura en letra gótica.

Una institución considerada hoy como fundamental del saber, las bibliotecas, a penas van a tener presencia en las poblaciones del Partido. El único caso que se registra se corresponde, una vez más, con el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, donde se guarda importante documentación, codicilos en letra gótica, las Crónicas de los reyes Enrique II y Pedro y abundante documentación relacionada con los Reyes Católicos.

El otro caso donde nos vamos a encontrar con la presencia de documentos abundantes lo va a constituir Berzocana, donde se señala el manuscrito que nos narra la vida de Sor María de Jesús y los papeles de las reliquias de los patronos San Fulgencio y Santa Florentina-

Uno de los aspectos esenciales dentro de lo que denominamos como cultura popular, serían aquellos aspectos relacionados con las diversiones, los juegos y las fiestas. Podemos establecer una asombrosa uniformidad en todos los núcleos analizados con respecto a este tema, pues en la mayoría de los casos los entretenimientos más frecuentes van a ser el juego de naipes y el denominado de “la calva”, con respecto a las fiestas destacarían las celebraciones religiosas, las romerías y los bailes.

5. BIBLIOGRAFÍA

–  BARRIENTOS ALFAGEME, G. (ed.) La Provincia de Extremadura al final del siglo XVIII (descripciones recogidas por Tomás López) Asamblea de Extremadura. Mérida, 1991.

–  DIAGO HERNANDO, M.: Mesta y trashumancia en Castilla (siglos XVIII a

XIX) Arco libros, Madrid 2002.

–  KLEIN J; La Mesta. Alianza Universidad, 1979.

–   MELÉNDEZ VALDÉS, J: Discurso de apertura de la Real Audiencia de Extremadura. Asamblea de Extremadura. Mérida, 1991.

–  NARANJO ALONSO C: Trujillo, sus hijos y monumentos. Madrid, 1983.

–   PEREIRA IGLESIAS J L y MELÓN JIMÉNEZ M A: la Real Audiencia de Extremadura. Fundación y establecimiento material. Asamblea de Extremadura. Mérida, 1991.

–   RAMOS RUBIO, J. A.; El retablo mayor de la Iglesia Parroquial de Santa María de Trujillo. Badajoz 2007. .

–   RODRÍGUEZ CANCHO M y BARRIENTOS ALFAGEME G: Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. Partido de Trujillo. Tomos I y II. Asamblea de Extremadura. Mérida, 1994.

Oct 012009
 

Juan Fernando Gómez Izquierdo

  1. 1.  A MODO DE INTRODUCCIÓN

A través de las siguientes páginas pretendemos ofrecer un análisis, valora- ción e interpretación histórica del contenido informativo del Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, centrándonos en algunos de sus municipios, que forman parte en la actualidad de varias comarcas extremeñas, y que tal y como aparecen reflejados en dos de los tomos del mencionado Interrogatorio, corresponderían entonces al denominado Partido de Trujillo. Al mismo tiem- po, la información extraída será puesta en relación con los temas de muy diver- sa naturaleza. Se persigue con ello complementar la visión de la realidad his- tórica del ochocientos para esta notable comarca cacereña, que en la presente edición de estos Coloquios Histórico- Culturales, por su extensión, tendremos ocasión de analizar sólo en parte.

 

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Oct 012007
 

 Juan Fernando Gómez Izquierdo.

Licenciado en Historia.

 Introducción:

 El carácter fronterizo de la región extremeña ha condicionado desde tiempos bastante lejanos en buena medida el devenir de los extremeños a lo largo de su historia.  La frontera supone olvido, lejanía de los centros de decisión política,  en ocasiones también exclusión, enfrentamientos con el vecino y,  por qué no,  en determinadas ocasiones estrecha colaboración y solidaridad.

 

El carácter fronterizo y marginal de la Provincia de Extremadura  se hizo más marcado y violento durante el largo periodo de las guerras con Portugal[1]

 

En el caso de  la Edad Moderna, periodo cronológico en el cual enmarcamos  el presente estudio, una de cuyas características es la violencia y la conflictividad casi permanentes como consecuencia, entre otros factores, de las tensiones que genera la dinámica de relaciones entre el centro y las periferias; la situación de Extremadura, junto a una de las fronteras más conflictivas de este tiempo, como es la lusitana, influyó decisivamente sobre nuestra región, tanto en los aspectos económicos, como en los demográficos, sociales y de comportamiento.

 

Dos momentos resultan especialmente graves, por lo negativo de sus repercusiones para Extremadura a lo largo de la Edad Moderna: nos referimos por un lado,  a la guerra  contra Portugal o Guerra de Restauraçao, librada durante 28 años. Entre 1640 y 1668, conflicto que finalizaría con la independencia portuguesa y su reconocimiento oficial por la monarquía hispánica, y por otro lado, al conflicto sucesorio que se desató en toda la península tras el fallecimiento sin heredero del último monarca de la dinastía Habsburgo, Carlos II, y que como consecuencia de las diversas alianzas internacionales que intervinieron en la guerra, también hicieron que Extremadura se convirtiera en teatro de las operaciones militares.

 

La larga guerra de independencia portuguesa fue el resultado de un prolongado periodo crítico en el que la Monarquía  Católica- como entidad política territorial- estuvo a punto de quedar desintegrada. Las fuerzas centrífugas de la sociedad hispana vivieron entonces las últimas secuencias históricas del “patrimonialismo” territorial de los viejos esquemas post feudales. Por otra parte, las difíciles circunstancias en que se desarrolló la guerra[2], con más de veinte años de saqueos, asaltos, robos de ganado y destrucción de cosechas, desconcierto militar a una y otra parte de la frontera. etc.[3] provocaron el desinterés económico por el territorio.

 

Con objeto de centrarnos en la cuestión que verdaderamente nos atañe, y para no abusar de nuestro tiempo,  no vamos a entrar en consideraciones generales entorno a los problemas derivados de la fragilidad de la unión castellano- portuguesa que había tenido lugar en 1580 bajo la monarquía de Felipe II, así como tampoco en aquellos otros que aglutinaron los intereses portugueses, perfectamente diferenciados de los castellanos, entorno al duque de Braganza, dando como resultado la efectiva proclamación de su independencia  y la entronización de Juan IV, eso lo analizaremos en la conclusión final. Ahora nos interesan sobre todo las características de ese enfrentamiento entre dos pueblos que a partir de 1640 pasan a considerarse enemigos. De igual manera, como antes hemos anunciado, nos interesa poner de manifiesto cuales fueron las repercusiones que ese conflicto tuvo para los extremeños y que secuelas dejaría en la región. Especialmente vamos a analizar el caso de un pequeño núcleo extremeño; el lugar de Alcollarín, población enmarcada geográficamente en el Partido Judicial de Trujillo, y por lo tanto alejada de la frontera, del teatro de operaciones militares, pero que por ello no se libró como tantos otros lugares de les secuelas de la guerra, sobre todo en un aspecto netamente interesante como es el incremento notabilísimo de la mortalidad como consecuencia de dicho conflicto, aspecto que aún, junto a otros notables factores condiciona su devenir histórico al quedar anquilosada demográficamente y constituir aún hoy en la actualidad, como en el caso de multitud de lugares,  una localidad con escaso número de moradores.

 

 

 

La Guerra de Independencia de Portugal.

 

 

 

Transcurridos sesenta años desde la incorporación del Reino de Portugal y su Imperio a la monarquía Hispánica, el día 1 de Diciembre de 1640 fue depuesto en Lisboa Felipe IV, a la vez que era aclamado como nuevo rey el duque de Braganza, con el nombre de Joao IV de Portugal. La conjura fue el inicio de una larga guerra de nefastas consecuencias para las zonas rayanas de Portugal y Castilla, especialmente para la Extremadura española y los territorios portugueses del Alentejo y Beira Baixa, principales escenarios del conflicto.

 

La guerra ponía fin a una dilatada etapa de tranquilidad en ambos lados de la Raya. Durante décadas, hombres y mercancías ignoraron la presencia de una frontera política y militar, que ahora se dibujaba de nuevo con rotundidad. El portugués y el castellano, antes amigos, vecinos y súbditos de una misma monarquía, se convertían en enemigos irreconciliables a partir de 1640, separados por una frontera militar que el tiempo, los hechos y las armas y los acuerdos políticos se encargarían de redefinir y de afianzar.[4]

 

Sin duda alguna, como bien acabamos de mencionar,  uno  de los problemas más graves del enfrentamiento castellano- portugués de mediados del siglo XVII fue su extraordinariamente larga duración: mantener una guerra durante 28 años exigía un esfuerzo considerable, que una situación económica de crisis como la que se vivió durante la mayor parte de la centuria del Seiscientos no estaba en condiciones de soportar. Pero no solo supuso un desgaste económico continuado, impidiendo la recuperación que otros territorios  peninsulares comienzan a vislumbrar en estos años, sino también un desgaste psicológico que hace mella en los comportamientos, mentalidad y actitudes de los extremeños.

Ciertamente hemos de considerar que ninguna batalla vale la vida  de una sola persona y la eliminación de la guerra debería ser el objetivo prioritario de la Humanidad. Desde el punto de vista ético, el recurso a la violencia representa el fracaso más absoluto del ser humano en la resolución de conflictos. Pero, desde el punto de vista de la construcción de los países, de los Estados tal y como hoy están configurados, hay que preguntarse  en qué medida los conflictos bélicos han condicionado la realidad actual. Tanto para los vencedores como para los derrotados, probablemente hubo batallas concretas que condicionaron su realidad[5].

En el caso de la Guerra de Restauraçao, la larga duración del conflicto se debió en gran parte a que no era el único frente que la monarquía hispánica tenía abierto en estos años, entre los que destaca por su importancia el catalán. El enfrentamiento con Portugal es considerado de interés menor, por lo cual, como bien señala A. Rodríguez Sánchez, se permite que sobre Extremadura “se asiente la escoria de los ejércitos, y sin duda mucho peor, unos jefes inoperantes, probablemente productores de fracasos, a quienes les importa mantener la situación de guerra porque ello les enriquece”[6]Las críticas al ejército asentado en  Extremadura son una constante durante los años en los que dura la guerra; se dirigen tanto a los altos mandos militares, considerados ineptos y corruptos, como a los soldados: la indisciplina – en 1645 sus propios hombres asesinaron al Maestre de Campo, D. Luis de Zúñiga y Sotomayor-, la desobediencia de las órdenes que se les impartían, la cobardía, la deserción y el robo son algunos de los calificativos que para este tiempo numerosos autores para nada dudan en señalar.

 

 

En las guerras, siempre ha salido vencedor quien ha tenido mayor capacidad de volcar recursos económicos en ellas, o por disponer de un mayor volumen demográfico, una superior tecnología armamentística y militar, o unos soldados más motivados o entrenados; la victoria se debe, casi siempre, a una combinación de parte de estos factores.

El ejército castellano que se asienta en Extremadura está formado por reclutas obligatorias, levas, y por tropas mercenarias extranjeras- napolitanos, irlandeses y alemanes-. Las levas de soldados fueron una de las exacciones más duras que sufrieron los extremeños como consecuencia del conflicto. Para el caso de Alcollarín como el de bastantes poblaciones, la leva supondrá mortalidad, ausencia de mano de obra, bajada en la tasa de fecundidad y todas aquellas consecuencias que ello conlleva. Son bastante numerosas las noticias que hacen referencia a las huidas de sus domicilios de aquellos mozos que estaban en condiciones de ser reclutados para una guerra que no entendían y que les obligaba a dejar trabajo y familia. Pero esa situación no era individual, sino que afectaba a toda la unidad familiar porque como denunciaban los Padres Jesuitas a poco de iniciarse el conflicto “cuando no los pueden prender, prenden a las mujeres y a los padres, hasta que  parezca el soldado”[7]. Para evitar estos problemas, muchos ayuntamientos de la región debieron tomar decisiones drásticas ante la llegada de los reclutadores a quienes tenían la obligación de servir. El de Mérida, en 1660, hubo de hacer lo siguiente:

 

“La ciudad dijo que está en ella un alférez reformado del tercio del Sr. Maestro de campo don Juan de Zúñiga, por la muda de la dotación que esta su ciudad tiene obligación a dar, y por ser del servicio de Su Majestad, acordó el que los caballeros y comisarios ajusten el que se dispongan siete mozos solteros y que los alguaciles, para mayor seguridad, los pongan en la cárcel para que desde allí se entreguen al alférez”[8]

 

Pero era frecuente que en el trayecto a sus asentamientos definitivos muchos de ellos desapareciesen. Tanto los que van en tránsito de un lugar a otro como los fugados,  no dejan pasajero, arriero o casa de campo que no roben, por lo cual, ni se atreven a salir de los pueblos los propios  naturales al beneficio de sus heredades y hacienda. Como denunciaba el concejo cacereño en 1643.

 

Entre los que quedaban, la falta de motivación, la escasez de medios y la ausencia casi absoluta de preparación militar eran la nota dominante, lo que conducía  a derrotas como las de las tropas de  D. Juan de Austria en Estremoz

 

“y  hallé que toda nuestra gente  se iba descubriendo y acercando al río, sin haber dado ninguna orden para ello… de que se originó que el enemigo nos estropease con la artillería cincuenta o sesenta hombres

 

No eran sólo los soldados castellanos- procedentes de nuestra región o de zonas próximas- quienes resultaban conflictivos: también los mercenarios extranjeros eran fuente de enfrentamientos y disputas, relacionadas sobre todo con las faltas de pago de sus soldadas- la llegada puntual del dinero para este menester es una de las principales preocupaciones de los altos mandos del ejército de Extremadura-; porque como bien afirma en numerosas ocasiones F. Cortés, otro de los graves problemas de este ejército fue su escasez  de medios, la dificultad para financiarse, dando con ello como resultado a una triple financiación: nacional- con aportaciones de Extremadura muy superiores a la s de otros territorios-, municipal- gravando determinados productos y rentas para costear los gastos del ejército, lo que repercutiría de forma directa en la población extremeña- y, la  menos importante, la que procedía de los portugueses residentes en  Extremadura. No obstante, siempre fue escasa y la llegada de los fondos tardía, lo que contribuía a agravar los problemas como los señalados.

 

Junto a las tropas regulares se formaron en las localidades más próximas a la frontera milicias urbanas que velaban por la seguridad de los vecinos ante posibles incursiones del enemigo. Su creación no estuvo exenta de problemas, derivados de la escasez de gente, hasta el punto que el ayuntamiento cacereño en 1648, se vio obligado a decir que “suplan los viejos a los mozos y los niños a los viejos, sin excusarse nadie de cumplir con las obligaciones con que nacieron a su Rey y señor natural”

 

Otra característica de este conflicto fue su carácter de guerra de posiciones, casi estático, en el que los grandes enfrentamientos – que no obstante los hubo como la batalla de Montijo- fueron más bien escasos. La guerra se reducía a la temporada climatológicamente  favorable- las operaciones se paralizaban durante el invierno- y las acciones más significativas eran el pillaje y saqueo que buscaba tanto abastecerse de lo necesario como minar los recursos del enemigo. Este tipo de acciones, que no exigían la concentración de grandes efectivos, sino grupos reducidos de gran movilidad, se realizaban fundamentalmente a ambos lados de la frontera, por lo que la presencia efectiva de la guerra- no sus consecuencias en otros aspectos- se redujo a la franja de terreno más próxima a la frontera. Ángel Rodríguez Sánchez ha sistematizado las acciones que de este tipo se llevaron a cabo. Las localidades afectadas, muchas de ellas en diversas ocasiones, fueron, entre otras, las siguientes: Alburquerque, Bancarrota, Villar del Rey, Jerez de los Caballeros, Alcántara, Fregenal, Badajoz, Arroyo de la Luz, Montijo, Calaveruela, Coria, Moraleja; Cáceres, Galisteo y Mirabel.[9]

 

Otro tipo de operaciones, los sitios, que sí exigían una mayor concentración de tropas, quedaron reducidos a las plazas fuertes más importantes de la región, Badajoz y Olivenza fundamentalmente del lado castellano. Los sitios, que suponían una presencia masiva de soldados, se concentraron en las plazas fuertes más importantes de la región: Badajoz, Valencia de Alcántara y Olivenza, recuperada por las tropas castellanas en 1657, pero que pasaría a manos portuguesas en virtud del Tratado de Lisboa que puso fin  a las hostilidades.

Las Consecuencias de la guerra.

El enfrentamiento bélico es siempre la expresión de un choque, no sólo de dirección política, sino sobre todo, de capacidad económica, científica, tecnológica, demográfica e incluso psicológica entre dos bandos. Y vence, siempre, el que ha sabido movilizar más y mejor los recursos necesarios. Analizar, por tanto, las causas de una victoria militar es analizar las sociedades que se enfrentado a toda complejidad y globalidad. Pero es, también, analizar a la población que sufre más directamente en la guerra, a los soldados que matan o mueren porque se lo ordenan, sus condiciones de vida, sus temores, sus sufrimientos, su agotamiento físico, sus heridas, su muerte… En definitiva, analizar aquellas circunstancias terribles que hacen vivir y sufrir, como nunca en su vida, al ser humano. Como decía Terencio:”Nada humano me es ajeno” y, por desgracia, pocas cosas hay  más humanas que la guerra.[10]

Una actividad tan limitada, pero tan prolongada, unida a la falta de acuartelamientos permanentes llevaba a la población a mantener que hacerse cargo de los alojamientos de los soldados, que permanecían en esa situación durante largos periodos de tiempo, lo que suponía una carga añadida de enormes repercusiones para los vecinos, que al aumento de las contribuciones extraordinarias debían sumar la alimentación y cuidado de la tropa, con lo que ello suponía de sobrecarga económica y de dejación de sus actividades habituales.

 

Es evidente que no todas las localidades extremeñas, ni todos los grupos sociales sufrieron en la misma medida las repercusiones de los alojamientos. Fueron las más cercanas a la línea fronteriza las que en mayor grado hubieron de soportarlos y, en estas, los más humildes quienes hubieron de hacerse cargo de este ingrato servicio a la Corona, porque los miembros del estado eclesiástico, los hidalgos y las viudas estaban excluidos.

 

La guerra contra Portugal tuvo repercusiones considerablemente negativas en Extremadura, que fue su principal teatro de operaciones, y, dejó secuelas que tardarían largo tiempo en borrarse. Con frecuencia se la ha considerado la principal responsable de la despoblación de la que nos hablan las numerosas fuentes de la época, pero el que muchos de estos testimonios- como el remitido por el Administrador de Rentas Reales del Partido de Trujillo en 1690, o los girados durante los años del conflicto por un gran número de municipios extremeños- sean esgrimidos para solicitar condonación de tributos nos lleva a mirarlos con cierta cautela.

 

Ya de por sí el siglo XVII podría ser definido como un periodo de decadencia y de retroceso en el comportamiento de la población. Tras la gran epidemia de 1596-1602, la población castellana se debilitaría e iniciaría una evolución de signo negativo. Como bien lo demuestran B. Vicent y V. Pérez Moreda[11]diferentes zonas extremeñas se verían afectadas por la incidencia de las pandemias, sobre todo en la primera mitad de la centuria del seiscientos. Similar visión nos ofrecerá Tomás González en el siglo XIX para 1591 y 1646 en sus cifras de vecinos, donde se pone de manifiesto una importante disminución demográfica para algunas ciudades extremeñas (Badajoz, Jerez de los Caballeros y Alcántara) al igual que sucede en el resto del territorio castellano.

 

Al admitir este descenso demográfico que caracteriza al siglo XVII, conviene preguntarse por los diferentes factores que influirían negativamente sobre la población. De este modo, podemos establecer que los más importantes serán las incidencias de los pastos, epidemias y enfermedades contagiosas, la presencia del conflicto bélico contra Portugal que afectó de manera particular al territorio extremeño, así como las crisis de subsistencias, que provocan escasez, carestías, hambre, desolación y desnutrición en la población.

 

Para nuestro caso concreto, la guerra contra Portugal supone en Extremadura una auténtica realidad catastrófica desde 1640 a 1668 aproximadamente. El conflicto va a tener en el territorio extremeño un escenario principal debido a su carácter fronterizo, esta sería, según afirma Rodríguez Sánchez, A. [12] el factor primordial que explicaría y definiría una realidad de despoblación, miseria y corrupción que afectaría a todos estos territorios. Aspectos negativos que, como indica H. Kamen [13]  se dejan sentir con su máxima dureza en las calcinadas y estériles llanuras extremeñas…”

 

Para el caso de Alcollarín, la situación sería aún más nefasta, la problemática de la despoblación vendría desde tiempo atrás;  ya que como bien afirma Miguel Rodríguez Cancho[14]:  aunque la población extremeña de la Edad Moderna manifiesta para el siglo XVI una tendencia al auge, sobre todo en los núcleos de población que se corresponderían con la Tierra de Trujillo, Cáceres, Alcántara, Badajoz, Plasencia, Magacela, Santibáñez y a los Partidos de Mérida, Llerena y Montánchez, no obstante,  y en casos concretos se aprecian cierto retroceso: Herguijuela, Garcíaz, Cañamero, Berzocana, y el propio Alcollarín.

 

Para el caso de la contienda luso- castellana los datos que hemos extraído referentes a la mortalidad en Alcollarín, corresponden a los libros de difuntos, más concretamente los libros de colecturía, que hasta principios del siglo XVIII recogerían las mandas y los testamentos de las personas que fallecían. Cierto es que la información que se nos proporciona en los registros parroquiales es sumamente importante, pues de no contar con ellos, muy poco es lo que sabríamos de la población en la época pre-estadística, no obstante algunos dudan de su exactitud  y consideran poco oportuna su utilización a la hora de proceder a la realización de recuentos verdaderamente estadísticos; nosotros en este caso hemos de señalar, en contra de lo que suele afirmarse, que es raro que no se anotaran en ellos a los pobres, a los que se dedica una escueta leyenda en la que el sacerdote refiere que, tanto el entierro como alguna misa rezada y otras oraciones, los hizo cumpliendo con el más elemental de los preceptos cristianos, el de la caridad.

 

Las fuentes concretas utilizadas son el Libro de Colecturía de 1620 a 1680, en el que se señala en portada “copia, se contienen en este cuaderno varias partidas de colecturía para difuntos bastante antiguas”, con lo cual hemos de señalar que la información que se nos va a proporcionar es bastante sesgada, y por último el libro de colecturías de1680 a el 14 de junio de 1721, mucho más completo y detallado.

 

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Alcollarín. Retablo de las Benditas Ánimas. Siglo XVII. La actitud ante la muerte es uno de los pilares básicos de la religiosidad del momento, un tiempo repleto de guerras y calamidad.

 

 

La relación de alcollarinejos fallecidos en el conflicto luso- castellano es la siguiente:

 

Juan Díaz Muriel.

Pedro, hijo de Joana Cano.

Juan Muñoz Blázquez.

Pedro Muñoz.

Juan Sanpedro Chico.

Diego Úbeda.

Mateo Flores.

Francisco de Aguilar.

Fernando Mina.

Alonso Tardío.

Pedro García Izquierdo.

Andrés González

Pedro Corral.

Francisco Corrales.

Toribio Muñana.

Francisco Izquierdo.

Francisco de Aguilar.

José Márquez.

Juan Fernández.

Joseph Chamizo.

Francisco Fernández.

Juan Rodríguez

Alonso Texada

Alonso Moreno

Fernando Martín Largo.

Joseph García Blázquez.

Fulgencio Martín.

Diego Franco.

Francisco Bote.

Juan Jerez.

Domingo Martín de Gonzalo.

Domingo Bote.

Martín Ximenez.

Bernardo González Grande.

Esteban González

García Díaz de Céspedes

Miguel Chamorro

Diego Sánchez Acedo.

Juan Fernández.

Manuel López.

Juan Cimbreño

Juan Ruiz Palomo, y posiblemente alguno que otro más que debido a los avatares de la documentación no quedaron  reflejados en dichos registros[15].

La manera en la que se especifica la defunción es prácticamente similar en todos ellos:

En treynta y uno de mayo de mill y seiscientos y cincuenta falleció en la guerra Alonso Texada, vezino de este lugar, no pudo recibir mas de el santo sacramento de la extremaunción  y auxente y pribado de habla y conocimiento tras un accidente repentino, ni testó y dexo dos hijos, sus herederos y con su mujer Catalina Martín compuse que se enterrase con oficio común de tres lecciones y misa cantada (…) El párroco Bartolomé Garzón.[16]

 

Demasiadas muertes para un núcleo tan pequeño traerían consigo graves repercusiones a lo largo de los tiempos en el poblamiento. No podemos especificar exactamente cuantos habitantes había en aquel tiempo concreto, disponemos de los datos correspondientes al censo de 1591[17], en el cual se registraron 72 vecinos, al igual  que disponemos de la relación de éstos que  se nos proporciona en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura elaborado casi un siglo después del fin de la contienda en el que se nosofrecen los datos correspondientes al partido de Trujillo.[18] Como podemos comprobar el poblamiento es bastante escaso.

 

 

Localidad Número de vecinos
Acedera 47
Alcollarín 53
Aldeacentenera 150
Aldea del Obispo 120
Alía 472
Berzocana 220
Cabañas 20
Campolugar 69
Cañamero 281
Casas de Don Pedro 157
Conquista 40
La Cumbre 211
Guadalupe 750
Herguijuela 125
Ibahernando 190
Madrigalejo 150
Madroñera 300
Puerto de Santa Cruz 112
Robledillo 140
Santa Cruz de la Sierra 120
Santa Marta de Magasca 5
Santa Ana 120
Trujillo 968
Zorita 432

Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. Partido de Trujillo. Poblaciones y Nº de vecinos en 1790.

Junto a la enfermedad y la guerra, la escasez y el hambre que vienen determinadas por la sequía, las malas cosechas, los desajustes económicos y las crisis de subsistencia en general, completan la interacción de variables críticas y accidentales que actúan a lo largo del seiscientos, sobre una población ya demasiado esquilmada

Las noticias sobre sequías, malas cosechas, escasez de cereal, necesidad de importar trigo para poder abastecer a los núcleos extremeños y plagas, se encuentran frecuentemente en torno a los años 1600-1605, 1616-1623, 1630-1633, 1659, 1684-1686 y 1694-1695 en numerosos lugares. Dicha situación de escasez y carestía se reflejará en la progresiva evolución de las defunciones entre 1616 y 1623. [19].

 

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Alcollarín. Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría. Libro de colecturía o de difuntos. Siglo XVII.

En definitiva, con una población debilitada por la repetición de variables cíclicas y accidentales no pueden sorprender que el siglo XVII se defina como un periodo de depresión, mortandad y estancamiento demográfico a nivel general y en igual sentido, para el ámbito extremeño.

 

Para el resto de Extremadura es indudable, pese a ello, que si bien no en enfrentamientos directos, dado el carácter de la contienda, muchos lugares quedaron arruinados. Una gran parte de los extremeños se vieron desplazados de sus lugares habituales de residencia, sobre todo cuando ésta  se encontraba en las proximidades de la raya; se huía de la posibilidad de ser reclutado, se huía de los alojamientos, de los crecidos gravámenes fiscales, de los saqueos, robos y vejaciones de los soldados- tanto enemigos como sobre todo castellanos-; se huía, en definitiva, de una situación insostenible a la par que incomprensible.

 

La mayor parte de estos movimientos provocaron una redistribución de la población sobre el territorio, hacia zonas relativamente alejadas del teatro de operaciones; pero también los hubo definitivos, y no sólo a esas zonas, sino que muchos acudieron a los puertos de Sevilla y Cádiz con el fin de embarcarse.

 

Junto a la disminución de la población de muchos lugares, la ruina y el empobrecimiento de los extremeños fue otra de sus más drásticas repercusiones. Una parte considerable de la riqueza ganadera, que era la presa más apetecible de las incursiones enemigas, aunque imposible de cuantificar en su totalidad, se perdió.

 

El subsector ganadero en Extremadura durante la Edad Moderna es una parte fundamental de la economía regional, tanto si se considera su carácter de actividad complementaria de la agricultura- fuerza de trabajo en el campo, abonado y estercolado de la tierra-, como su incidencia en la alimentación humana- quesos, carne y leche, que completaban y diversificaban la dieta alimenticia, o su vinculación con el comercio y el transporte – obtención de  excedentes comercializables y fuerza de tiro del transporte de mercancías.

 

La Guerra contra Portugal a lo largo de 28 años hizo que se perdiera buena parte de la riqueza ganadera regional, especialmente la de las localidades más próximas a la frontera.

Aunque tras la finalización del conflicto comienza a vislumbrarse una cierta recuperación de las cabañas estantes, como demuestra, entre otros aspectos, el incremento de la producción de centeno, lo cierto es que hasta pasada la Guerra de Sucesión, que supone un nuevo retroceso de la cabaña ganadera regional, no tiene lugar un crecimiento notable del número de ganados.

 

En el mismo sentido, durante los años del conflicto, muchas dehesas destinadas al pasto del ganado trashumante situadas en las proximidades de la frontera- por ejemplo los ricos pastizales de la orden de Alcántara, dejaron de arrendarse. La creciente presión fiscal y las contribuciones extraordinarias que por los más diversos conceptos recayeron sobre los extremeños empobrecieron aún más sus ya depauperadas economías, tanto más si tenemos en cuenta que al disminuir la población, las cargas impositivas habían de ser satisfechas por los que se quedaron.

 

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La Guerra contra Portugal a lo largo de 28 años hizo que se perdiera buena parte de la riqueza ganadera regional, especialmente la de las localidades más próximas a la frontera.

 

 

Las actividades comerciales transfronterizas, que ya fueran por métodos legales o por el contrabando habían supuesto un modo de vida de muchas poblaciones extremeñas, quedaron paralizadas. Y no sólo en este caso: en general todo el comercio regional se resintió, habida cuenta de la inestabilidad generada por la guerra y la frecuencia de asaltos y agresiones.

 

También la labor de los campos sufriría las consecuencias de la guerra. Uno de los términos que más se utiliza en estos años es el agotamiento: decir que Extremadura está agotada se convierte en lugar común de las quejas emitidas por todos aquellos  que de una forma u otra, como actores o como propios espectadores, se ven involucrados en la guerra. Pero ese agotamiento no es sólo de hombres y de recursos. Es también cansancio producido por el miedo y la angustia, que se hacen insufribles, hasta el punto que las propias autoridades municipales  emeritenses, conscientes del problema, no dudan en tratar de ponerle remedio:

 

La ciudad dijo que sus vecinos están con los aprietos de la guerra con pena y congoja, y para aliviarlos y que tengan algún refrigerio y entretenimiento de alegría, y que ha más de diez y seis años que no viene a esta ciudad compañía de comediantes, y que asiste una en la ciudad de Badajoz, y que dándole alguna ayuna de costa vendrán” [20]

 

 

 

 

A modo de conclusión. .

 

 

 

En lo político, la firma de la paz con Portugal en febrero de 1668 no supondría el cierre del largo proceso de separación entre Lisboa y Madrid.  Los tanteos nunca cesaron, hasta el punto de que sólo la Guerra de Sucesión (1702- 1714) y la alianza anglo- portuguesa que trajo consigo, lograron separar a Portugal del resto de la península.

 

El conflicto de 1640 no fue ni principal, ni esencialmente un enfrentamiento horizontal (nacional) entre españoles y portugueses, sino más bien vertical entre los distintos grupos sociales lusos sometidos a una corona solo circunstancialmente encarnada por los Austrias  de Madrid entre 1580 y 1640.

 

Los asedios de Badajoz y Elvas de 1658 y 1659, respectivamente, protagonizados por ambos ejércitos, suponen el cierre de una larga etapa en la que este conflicto fue considerado como asunto de segundo orden. Sólo cuando el resto de los frentes bélicos se cerraron (Revuelta de Cataluña y las Guerras contra las Provincias Unidas y  con Francia), las energías de la Monarquía Hispánica, ya muy debilitadas, pudieron concentrarse en la “empresa de Portugal” para intentar retornar este Reino al seno de la Monarquía. A partir de la Paz de los Pirineos, firmada con Francia en 1659, Felipe IV vivirá obsesionado por recuperar el trono usurpado, canalizando todas sus energías en ello. Sólo a partir de ese momento se apostó por llevar a cabo una guerra ofensiva. Ordenó el traslado de tropas desde Flandes, Italia y la Península a la frontera extremeña donde decidió alojar hasta 12000 nuevos soldados y 3000 caballos. Por fin llegó el turno de Portugal.

 

Pero la reacción de Madrid se produjo demasiado tarde, tanto que desde el inicio de esta guerra ofensiva se produjo una importante reacción del ejército luso. Las alianzas que Portugal había logrado tejer con otras naciones europeas decidieron la balanza a su favor, y así la ayuda anglo- francesa a los Bragança se volcó en que Felipe IV recuperase Portugal.

 

Esta explicación de por qué Portugal se escindió del tronco de la Monarquía Hispánica, permite desarrollar una lectura más completa de las causas que precipitaron el fin del imperio español. En realidad, aunque los enemigos exteriores de los Austrias no perdieron ocasión para debilitar a Madrid, fueron los problemas internos de la Monarquía los que más dañaron su estructura. Las rebeliones de los Países bajos, Cataluña, Portugal o las varias sucedidas en el Nápoles y la Sicilia españoles, así lo confirman, pero la de Portugal resultó definitiva en cuanto a potencial mortífero: no sólo se produjo en un momento de acumulación de conflictos  y disminución de recursos, sino que además afecto al centro mismo de la  estructura imperial hispánica: La Península Ibérica y el Ultramar colonial.

 

Por ser este el verdadero origen del problema, el régimen Bragança repitió muchos de los modelos de gobierno utilizados por los Habsburgo, y con resultados a veces similares.

 

De este modo, la incapacidad de los Felipes, como después la de los Bragança, para imponer su proyecto autoritario en Portugal, expresó la dificultad de aplicar una sola jurisdicción en una sociedad corporativa, atomizada en instituciones, poderes y privilegios, como era habitual en el Antiguo Régimen.

 

No es extraño que la escisión lusa dejara profundas huellas en la memoria de los españoles y los portugueses, aunque unos y otros trataron siempre de disimularlo. El iberismo al igual que el anti- iberismo, han existido siempre a ambos lados de la frontera pero las repercusiones de esta guerra fueron aún más negativas.

 

En lo económico y en lo social la guerra, tanto con sus efectos directos como indirectos, constituyó una rémora muy importante para la población extremeña entre 1640 y 1668. La saca de soldados mediante levas provocó un desequilibrio en las cohortes de edad con la pérdida, en muchas ocasiones definitiva, de numerosos jóvenes en edad reproductiva cuya ausencia crea un importante vacío demográfico. Por otro lado, la presencia de soldados contribuyó a un mayor deterioro de la ya de por sí maltrecha situación económica de la población extremeña. Tales factores ahondaran más profundamente en la mencionada crisis y retrasaran la recuperación.

 

Un tanto diferente va a ser la evolución de la población extremeña para el setecientos, pues se experimenta una tendencia a salir del estancamiento demográfico que caracterizó a esa evolución de la población extremeña en el seiscientos.

 

Las razones de dicha recuperación progresiva se debe fundamentalmente a factores positivos como la reducción de la mortalidad catastrófica en relación con las dos centurias anteriores, a la existencia de un alza constante en los nacimientos, a la menor incidencia e intensidad de epidemias y enfermedades contagiosas, así como a la reducción y discontinuidad de las crisis productivas, a pesar de que también existen factores negativos que lo condicionen.

 

 

Apenas treinta años después  de finalizada la contienda luso- castellana, las tierras extremeñas se vieron nuevamente inmersas en otro conflicto que sin duda alguna volvería a hipotecar su desarrollo,  la denominada Guerra de Sucesión, pero este sería ya otro capítulo aparte que en otra ocasión tendremos el gusto de analizar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

Obras impresas:

 

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Obras manuscritas:

 

A.M. Mérida. Libro de Acuerdos, 1655- 1660.

 

A.M. Mérida. Libro de Acuerdos de 1649- 1654.

 

Libro de Colecturía 1600- 1680. Copia “se contienen en este cuaderno varias partidas de colecturía para difuntos bastante antiguas” Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría.

 

Libro de colecturías de1680 al 14 de junio de 1721

 

 

 

 

 

 

Agradecimientos:

 

A la Fundación Valhondo Calaff, que mediante su programa de  becas y ayudas para la investigación a  postgraduados contribuyen a promover la realización de este tipo de trabajos.

 

Al Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría de Alcollarín.

 

A los miembros del proyecto “La Arenga, el discurso militar en la historiografía desde la Antigüedad hasta el Renacimiento “de la UEX, por su inestimable ayuda.

 

 

 

 



[1] CORTÉS CORTÉS, F: Guerra en Extremadura 1640-1668. (1982), Badajoz. Este mismo autor tiene publicados numerosos estudios, artículos y ensayos sobre las consecuencias y planteamientos  de la Guerra Portuguesa en la Rev de ESTUDIOS EXTREMEÑOS y en otras revistas especializadas. REY VELASCO, F: Historia económica y social de Extremadura a finales del Antigua Régimen (1983). Badajoz.

[2] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A y otros: Historia de Extremadura. Tomo III: “Los Tiempos Modernos” (1986). Badajoz

[3] CARDALLIAGET QUIRANT, M: Historia de Extremadura. (1988) Badajoz.

[4] TESTÓN NÚÑEZ, I.; SÁNCHEZ RUBIO, C.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Planos, Guerra y Frontera. La Raya Luso- Extremeña en el Archivo Militar de Estocolmo. Mérida. 2003.

[5] LOSADA MALVAREZ, J. C: Batallas decisivas de la Historia de España. Madrid, 2004. pp 23-35

[6] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.: “Guerra, miseria y corrupción en Extremadura, 1640- 1668”. Estudios dedicados a Carlos Callejo Serrano. Cáceres. 1979, pp 625- 645

[7] VALLADARES, R.:La Rebelión de Portugal 1640- 1680. Guerra, conflicto y poderes en la Monarquía Hispánica.  p 71.

[8] A. M. Mérida. Libro de Acuerdos, 1655- 1660

[9] SÁNCHEZ MARROYO, F (coord.). Extremadura, la historia. Tomo II . Mérida, 1997. pp 334-339

[10] LOSADA MALVAREZ, J.C.: opus cit. Pp 25- 26

[11] VICENT, B.:” la peste atlántica de 1596-1602” en Ascrepio, XXVIII, 1976.PÉREZ MOREDA, V.: la crisis de mortalidad en la España interior. Siglos XVI-XIX. Siglo XXI. Madrid, 1981.

 

[12] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.:”opus cit” pp  605-625

[13] KAMEN, H. La España de Carlos II. Crítica. Barcelona, 1981

[14] RODRÍGUEZ CANCHO, M.” El número de extremeños en los tiempos modernos” en Historia de Extremadura. Los tiempos modernos. Tomo III. p 489

[15] No se considera necesario añadir la fecha exacta del óbito dado que se trata de un recuento general.

[16] Libro de Colecturía 1600- 1680. copia “se contienen en este cuaderno varias partidas de colecturía para difuntos bastante antiguas” Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría. Alcollarín. Folio 59

[17] este censo fue publicado en 1984- 1986 por el INE, a partir de los datos conservados en el Archivo General de Simancas, DGT, inventario 24.

[18] RODRÍGUEZ CANCHO M y BARRIENTOS ALFAGEME, G.: Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. Partido de Trujillo. Tomos I y II . Asamblea de Extremadura. Mérida, 1994.

 

[19] PESET, J L y M. “Epidemias y sociedad en la España del Antiguo Régimen” en Estudios de Historia Social. 4. 1978

[20] A.M. Mérida. Libro de Acuerdos de 1649- 1654.