Oct 012010
 

Esther González Solís, Juan de Orellana y Pizarro José Luis Sánchez Abril.

1.  INTRODUCCIÓN. ESCUDOS PINTAN ESCUDOS…
En la España del Emperador la venta de lugares, villas y aldeas era una fuente de ingresos segura para la Corona, y que alguien como el poderoso obispo placentino don Gutierre de Carvajal se interesase por la creación de un potente señorío jurisdiccional en una zona estratégica como la Tierra de Trujillo era natural y comprensible, como también lo era la reacción que tuvo el Concejo de la ciudad, que no iba a quedarse como espectador mudo de un proceso de venta que mermaba su poder territorial y jurisdiccionalmente1. Para una villa ganadera perder la jurisdicción sobre una buena parte de sus lugaress y aldeas dependientes significaba perder privilegios y recursos reduciendo aprovechamientos, además de las disputas que podían darse con el obispo, o sus sucesores, por este motivo. Pero en el centro de la acción no se encuentra únicamente la ambición, pues era eso lo que movía al anciano señor, un alto prelado. No, ni mucho menos. Ésta había sido el catalizador, un pretexto para los intereses de un grupo de hidalgos más o menos bien posicionados, indianos, unos; descen- dientes de linaje real, otros; deudos, parientes y servidores, todos. Los beneficiarios de esta maniobra son Alonso Ruiz, en Madroñera; Diego de Vargas, en el Puerto, Diego Pizarro de Hinojosa, en Torrecillas, Juan de Vargas y los Tapias, en Plasenzuela, Álvaro de Loisa, en Marta, y Pedro Barrantes, en La Cumbre. A partir de este momento el objetivo de los nuevos señores será mantener la legitimidad de la compra y perpetuar su linaje.

La pequeña nobleza castellana, al igual que ocurría con la aristocracia, fundamentaba su poder en la preservación de su patrimonio. Mayorazgo y alianzas matrimoniales2 serán siempre la clave para asegurar la consecución de este objetivo. Así, el matrimonio se convertía en la vía más segura de protección y transmisión de bienes y privilegios y, del mismo modo, se convierte en el principal hilo conductor de nuestra investigación. El caso del señorío de la Madroñera es un buen ejemplo de como funcionan estos mecanismos y del insospechado resultado que pueden tener en la herencia de los bienes.

Madroñera, como hemos dicho, está dentro del lote de enclaves dependientes de la ciudad de Trujillo que compra en un principio el obispo de Plasencia. Hasta ese momento su vinculación con esta ciudad es indudable. Tal es así que en el siglo XV3 Trujillo le había otorgado unas ordenanzas a esta villa. En su magnífico trabajo sobre el proceso de señorialización de estas tierras, Rocío y Mª Ángeles Sánchez Rubio4 han dejando claro que había sido un proceso más complicado y polémico de lo que presuponía aquella supuesta donación que defendía Tomás López5, según el cual, a la muerte del obispo en 1559, éste le habría cedido el señorío a don Alonso Ruiz de Albornoz, que fuera regidor de la ciudad de Trujillo. La realidad es que, al igual que ocurriría con el Puerto o Plasenzuela, Madroñera había sido comprada específicamente para ser vendida a uno de los deudos de don Gutierre6.

Alonso Ruiz de Albornoz había hecho fortuna en las Indias y a su regreso se había convertido en miembro del Concejo. Durante doce años disfruta de su adquisición libremente. Pero, en el momento de su fallecimiento, lo que debía ser una sucesión natural se complica. De su matrimonio con Isabel Martínez, hermana de Lucas Martínez de Vegaso, había nacido Isabel Ruiz, que a su vez se había casado con Pedro López de Avilés, con quien había tenido tres hijos, Pedro, Alonso y Catalina. Sin embargo, la temprana muerte de su yerno había hecho que Alonso se hiciese cargo de los menores. Ya en 1572 su viuda se convierte en la cuarta señora de la villa. Los momentos en los que la titularidad de este señorío recaiga sobre una mujer serán períodos de transición.

El primogénito de los nietos de Alonso es Pedro Ruiz de Avilés, quien una vez superada su minoría se emplea a fondo en el gobierno de la villa. Considerando el señor y el Concejo que es necesario dotar a Madroñera de unas ordenanzas propias éstas se redactan en 15927. don Pedro estaba casado con doña María de Sanabria, pero de esta unión no nacería ningún hijo, lo que provocó que a la muerte de don Pedro8 la línea directa de sucesión se rompiera y nuevamente quedase el mayorazgo en manos de la viuda, quien, como cónyuge, debía heredarlo en ausencia de cualquier otro tipo de sucesión, por no tener el difunto descendencia ni parientes que pudieran reclamarlo. En los siguientes siete años la cuestión se zanjará buscando a los herederos entre los parientes más cercanos de doña María.

La nueva señora tenía tres hermanas, Mencía, Teresa e Isabel. Mencía, casada con Blas de Santa Cruz, había muerto ya en 1617 y su sucesor era un muchacho llamado Alonso de Santa Cruz, que por ser huérfano de padre y madre había quedado bajo la tutela de su tío paterno, el bachiller Pedro Alonso de Santa Cruz. Teresa debía de ser la mayor de las hermanas supervivientes, por lo cual iba a heredar el señorío. Isabel, la menor, había vivido siempre a la sombra de sus hermanas, era soltera, y tras la muerte de María y de Teresa continuaría viviendo con su sobrino en la casa solar como lo había hecho siempre. En la partición de los bienes9 dejados por doña María, además de una compensación económica, le tocarán en suerte algunos muebles, vestidos y una esclava.

La muerte de doña María debió ocurrir en 1617 y la partición de sus bienes se hace en 161810. En su testamento había nombrado herederos a su hermana Teresa y a su sobrino Alonso. Esta situación no iba a durar mucho, ya que doña Teresa Carrillo moría en 1621 dejando al joven Alonso como único señor. Será en esta línea familiar en manos de quien permanezca el señorío durante todo el Siglo de Oro.

2. LA FUNDACIÓN DEL MAYORAZGO DE LOS SANTA CRUZ Y LA CONSOLIDACIÓN DEL SEÑORÍO DE LA MADROÑERA

Con la muerte de doña Teresa Carrillo de Albornoz se produce un cambio de linaje dentro del señorío, tras esta breve etapa de transición que va a culminar con la consolidación del señorío. La unión indisoluble de los derechos, las cargas, el patrimonio y la jurisdicción al apellido y las armas de los Santa Cruz se hará por medio de la fundación de un mayorazgo .

Tres serán los varones que gobiernen durante el siglo XVII este señorío, tres hombres muy diferentes, que tienen como denominador común el apego a su casa solar y a la tierra de la que obtienen todos su beneficios.

2.1.  Don Alonso de Santa Cruz

Alonso de Santa Cruz no fue soldado de fortuna como lo fueron otros pequeños hidalgos extremeños en aquella Europa de las Guerras de Religión, como tampoco lo serían ni su hijo Blas ni su nieto Francisco, aunque sí fue un hábil negociante que dejó a sus hijos un buen patrimonio y un cómodo pasar. El padre de Alonso, Blas de Santa Cruz, debió de morir a comienzos de siglo, al igual que su esposa, y por eso quedaría al cuidado de su tío Pedro Alonso, que era clérigo. Estos Santa Cruz eran naturales de Trujillo descendientes de Juan Álvarez de Santa Cruz, era ésta una familia de escribanos notable que había sido testigo de todo el proceso de las ventas de tierras de realengo.

Aunque a mediados de 1620 ya es el único señor de la villa, no es hasta 1621 cuando instituye el mayorazgo. La mayoría de edad de Alonso es una realidad. Debió ser entonces cuando contrajo matrimonio con Juana Altamirano Meneses, y poco tiempo después nacerían los hijos, Blas y Sebastiana. En el vínculo se escrituran, además de la jurisdicción, otras propiedades como casas, cercas y lagares. Como se verá en el inventario de bienes que se hace en 164211 a su muerte, el listado completo de los bienes que el mayorazgo comprende es el siguiente:

(…)Primeramente, el señorío de esta villa de la Madroñera con su juris- dicción, alcabalas,penas de sangre, cámara, calumnias, y demás rentas jurisdiccionales.

Y una casa en la dicha villa con sus asientos, corrales, trascorrales y caballeriza que alinda con la plaza de esta villa, y casa de Martín de Aragón, y cerca de los Valencias.

Y una cerca en el término de esta villa que alinda con …. y las calles reales, y el ejido.

Y otra cerca en el dicho término cerca de la dicha calle la medio, junto a los Charcones, que alinda con cercas de Juan de Ávila y Bartolomé Sánchez de Ávila, su hermano, y con otra cerca de Francisco Villar y con el ejido de la dicha villa.

Y otra cerca en el dicho término cerca de las casas de Francisco Jiménez de Guadalupe, y que alinda con la calle que va al molino de Martín González, y por otra parte con cercas de Juan Sánchez Borreguero y con Calles Reales .

Y un lagar en este término, que llaman el lagar de la Torre, con todos sus asientos, y dos cercas de pan llevar,y una viña que alindan con el dicho lagar, y la una con el ejido de esta villa por una parte, y por la otra parte con viña de los herederos de Diego de Ávila y majuelo de María Alonso, y con el alijar que parte esta dicha viña; esta en el alijar que alinda con el apoyo de las viñas de la Sierra de la Madroñera y camino que va a las viñas.

El juro de Sevilla que son treinta y ocho mil setecientos y sesenta y seis maravedíes cada un año a razón de treinta mil el millar (…)”

Por regla general, la relación del Concejo de la villa con el señor es fluida, igual que lo será con sus herederos durante todo el siglo XVII, para ir haciéndose más difusa en cuanto a su constatación documental en el comienzo del siglo siguiente12, una vez que los titulares del mayorazgo dejen de residir en la localidad. Pese a esto se conservan dos pleitos contra vecinos de la villa, uno de ellos por intento de robo del ganado de don Alonso13, y otro en 1620 por el poco respeto mostrado a la muerte de doña Teresa de Carrillo14. Ninguno se trata de ataques personales al señor, y son castigados conforme a la ley con la confisc ción de bienes y el pago de las costas del proceso.

Su patrimonio le reporta a Alonso ciertos beneficios pero, como le ocurre a otros hidalgos, en la década de 1630, para evitar apuros económicos llega a varios acuerdos con las justicias de la villa. La potestad manifiesta sobre las alcabalas le había permitido en 1635 fijar el arrendamiento de las mismas que le correspondían a don Alonso en favor del Concejo, a cambio de un pago de “ mill reales en cada uno de los dichos cuatro años”15. Este contrato sustituía a pagos como el que se reparte en 1630 entre los vecinos con ganado de la villa, que asciende a ”(…) quatro mill y quinientos y quarenta y ocho maravedíes que se pagan al señor don Alonso este año y diez reales de una carretada de leña(…)”. La aceptación de estas medidas por parte del Concejo indican que había un interés por aligerar las cargas de los pecheros para con el señor y, a su vez, por conseguir un beneficio en la recaudación de estas alcabalas que revir- tiese directamente en el Concejo. Era una manera de satisfacer tanto a unos como a otros.

Don Alonso tenía el respeto de los principales miembros de la oligarquía, por ello cuando en 1642 se produce el deceso de su señor, los miembros del concejo se ocupan de hacer cumplir sus últimas voluntades y de velar por los intereses de su hijos, que como menores están desamparados, hasta la ejecución del testamento.

2.2.  Don Blas de Santa Cruz y Altamirano

Don Blas de Santa Cruz puede considerarse el personaje más oscuro dentro de la saga, su presencia documental casi siempre es indirecta, y salvo en su declaración de vecindad de 167416 y el pleito con Francisco de Herrera Santa Cruz17, el único sobresalto de su existencia que nos ha llegado es una aventura amorosa de juventud. Tras la muerte de su padre, por ser ambos hermanos menores de edad, se les nombrará un curador, que por decisión del alcalde mayor18 de la villa, Juan de Ávila, será Alonso González de Trejo, hermano de Martín y Domingo Gonçález de Trejo, ambos miembros del Concejo19. Este nombramiento, aunque pueda parecer sorprendente, se hace por un motivo justificado, y es que don Alonso había testado ese mismo año de 1642 poco antes de fallecer ante un escribano trujillano llamado Andrés de Rosales, quien en el momento de realizar la partición de bienes se encuentra ausente.

Este hecho, que en principio pudiera parecer trivial, impide la apertura del testamento cerrado del hidalgo, lo que provoca la imposibilidad de llevar a cabo el cumplimiento de las voluntades del difunto, ya que es el Concejo quien debiera ser el ejecutor de las mismas no tiene acceso al contenido del documento y las desconoce. El Concejo en pleno, con el alcalde a la cabeza, decide nombrar un curador y hacer inventario de los bienes del señor para regularizar la situación y poner en orden el patrimonio que han recibido los menores. El proceso no tendrá una resolución inmediata, y las últimas cuentas se presentan dos años después en 1644, cerrando algunas ventas y saldando viejas deudas de don Alonso.

Entre 1652 y 1653 es cuando sucede el único escarceo amoroso que se le conoce fuera del matrimonio, o al menos el único que ha dejado rastro documental. El objeto de la pasión del joven señor había sido una moza soltera trujillana, Lorença Ximénez. Este romance era conocido por los miembros más destacados de la oligarquía de Madroñera, que dan su aprobación a esta pasajera relación asistiendo al bautizo de la niña que nacerá fruto de esta “locura de juventud”, bien como testigos, en el caso del curador Alonso González de Trejo, bien como padrinos, Diego Galeano y Juan de Ávila. Se le puso por nombre Juana, por su abuela paterna. Quedaba así la niña legitimada y la actitud del joven Blas perdonada, asumida con naturalidad por quienes le rodean, lo cual no es de extrañar pues ocurría con frecuencia la aparición de uno o varios hijos naturales tanto de hidalgos, grandes nobles e incluso de obispos y sacerdotes20. Su propio hijo será un buen ejemplo.

Para cuando ocurre todo esto la viuda de Alonso de Santa Cruz, Juana Altamirano y Meneses ya ha muerto, y su hermana doña Sebastiana ya se ha casado con don Juan Romero Macotela, vecino de Cáceres y consultor del Santo Oficio21. No había sido una mala decisión consentir aquella unión. Sebastiana, con su dote, salía de la casa paterna y dejaba de ser una carga para Blas. Además, a su cuñado también le conviene esta alianza matrimonial pues reforzaba su posición social, ya que la condición de hidalgo la había ganado su padre, también Juan Romero Macotela, familiar de la Inquisición, hacía pocos años 22.

En 1656 hará buen matrimonio con doña Juana María de Carvajal y Rojas, con la que comparte un parentesco en tercer y cuarto grado de consanguinidad. Juana María era hija de Diego de Santa Cruz y nieta de Pedro Alonso de Santa Cruz, y por lo tanto era tía del propio Blas y prima de don Alonso. Ese mismo año nacería María, su primera hija; le seguirían Alonso, en 1658; Francisco, en 1664; Blas, en 1666, y Gregoria en 1673.

Alonso debió de morir joven, pasando el señorío a su hermano don Francisco de Santa Cruz Altamirano. Por el silencio documental podemos suponer que María debió de correr una suerte parecida. Mientras que Gregoria, que adoptará el Carvajal materno, se casará con don Luis Francisco de Chaves y Mendoza, hijo de Luis Francisco de Chaves y Leonor de Mendoza, y nieto de Cristóbal de Chaves y Juana de Orellana. Esto supone el entronque con dos familias trujillanas importantes. El matrimonio se celebra el seis de julio de 1689, parece que con cierta premura, pues la primera hija nace en agosto de ese mismo año. Durante los primeros años de matrimonio, serán vecinos de la villa, situación que se alargará hasta despues de 1707, consumada la partición de los bienes de doña Juana de Rojas, lo que explica la aparición en 1711 como vecinos ya de la ciudad de Trujillo.

La última aparición de Blas, con cierta importancia, en la documentación, tras su declaración de 1674, es en el pleito que Diego Casco de Toro y su familia estan litigando para conseguir el reconocimiento de su condición de hidalgos, que da inicio en 168323. Murió un año después en 1684 y recibió sepultura en Santa María de Trujillo.

2.3.  Don Francisco de Santa Cruz

Si nos ceñimos de una forma literal a los escasos datos que proporciona la documentación sobre Francisco de Santa Cruz y Carvajal, poco podríamos decir de su persona. Su condición de señor de una pequeña villa o la de familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena no le hacen diferente de muchos de sus parientes, y mucho menos en la Tierra de Trujillo.

Don Francisco Agustín, que éste había sido su nombre completo de pila, no era precisamente un hombre fácil, y aunque el Concejo nunca pareció tener queja alguna y se limitó a acatar sus decisiones, en la sociedad trujillana del momento no parecía ser muy apreciado. Ni siquiera la relación con su hermana y su cuñado se mantendrá en buenos términos al final de su vida. Pese a esto, cuando una mañana de 1688 mandó reunir al Concejo de Madroñera, los alcaldes y regidores de la villa debieron de preguntarse qué se proponía su señor, o quizás alguno lo sabía o lo imaginaba, tales eran los usos en ésta y en otras villas de señorío. Eran labradores y ganaderos, parte importante y representante de una pequeña oligarquía local, modesta, sí, pero que gracias a su patrimonio pecuario controlaba la economía del municipio. El propósito de su señor era que reconocieran otro más de los privilegios y honores de los que le había dotado su condición de hidalgo destacado. don Francisco era ahora también familiar de la Inquisición. Habiéndose convertido, como lo hizo, en la cabeza de la familia y en señor de la villa a partir de 1687, este último nombramiento como familiar del Santo Oficio será un espaldarazo más, un seguro y una excusa para su conducta posterior.

Tenía entonces veinticuatro años y parecía el momento ideal para sentar la cabeza y garantizar la sucesión. Heredero de un mayorazgo debidamente dotado debía haber sido fácil para él hacer un matrimonio conveniente. Sin embargo, no hay constancia ni siquiera de unas capitulaciones fallidas. Tras la muerte de su padre, no buscó sellar una alianza con ninguna de las familias dueñas de los señoríos vecinos, ni entre las casas de lo hidalgos de Trujillo, Medellín y Cáceres, por el contrario, permaneció soltero el resto de su vida, manteniendo una o varias relaciones24 fuera del vínculo conyugal, que dieron como fruto tres hijos, todos reconocidos y criados en la casa del padre, Blas Lucas (1688), Diego Manuel (1689) y Juana (1690)25.

De Blas Lucas presumimos que debió de morir en la infancia porque no se tiene constancia alguna de su supervivencia. Diego Manuel de Santa Cruz se ordenó sacerdote. De Juana, que había recibido el nombre de su abuela paterna, algo que parecía haberse convertido en tradición para las hijas ilegítimas de esta familia, sólo sabemos que, desgraciadamente, la vida de la pequeña fue muy breve y quien se convirtió en la niña de la casa, no habría de sobrevivir a su abuela y a su padre. Se apagó sin haber cumplido los quince años de edad el tres de febrero de 1705. Como era de esperar, recibió entierro como hija de familia. Su abuela, doña Juana María Carvajal y Rojas, moriría poco después en mayo del año siguiente. Dos pérdidas significativas en la vida de un hombre que ya no era tan joven. A esto se va a sumar el traslado definitivo de su hermana y su cuñado a Trujillo, ya que por motivos económicos, tras la muerte de doña Juana María, la relación entre Francisco y su cuñado Luis Francisco de Chaves se deteriora26. Los siguientes serán años de soledad para el señor de Madroñera.

En los años finales de su vida, cuando ya pasa la cincuentena, Francisco disfruta de la compañía de su hijo Diego Manuel, que está a punto de cumplir treinta años, y que tras ser ordenado ha regresado a la casa paterna. Entre 1717 y 1727 encontramos al sacerdote como padrino de algunos de los hijos de la oligarquía ganadera de la villa. En 1718 don Francisco inicia un pleito por un censo con los herederos de Pedro Pizarro Carvajal y en 1720, por una razón similar, lleva a Beatriz Pizarro frente a los procuradores de Granada. Combativo y con un patrimonio mermado por las consecuencias de la Guerra de Sucesión, la muerte le llega en Trujillo a punto de cumplir los sesenta años.

3. LOS CHAVES MENDOZA Y LOS PIZARRO DE CARVAJAL. LA SUCESIÓN EFÍMERA

Tras la muerte de Francisco será su sobrino, Luis Francisco José de Chaves y Orellana quien se convierta en señor de la villa, por ser hijo de doña Gregoria Santa Cruz y el único nieto varón legítimo de don Blas de Santa Cruz. La salud de Luis Francisco, como su fortuna, está maltrecha y no le permitirá disfrutar de su nueva condición demasiado tiempo. Murió en diciembre de 1723, sin hijos, dejando como heredera del señorío, junto con sus pocos bienes y sus muchas deudas27, a su hermana doña Gregoria.

La llegada de esta herencia a manos de doña Gregoria de Chaves fue fortuita. Era la hija menor, había nacido en 1694, en una familia más o menos numerosa, en la que habían alcanzado todos los hermanos a la edad adulta, por lo que nada parecía indicar que se convertiría en la única heredera. Pero era la última hija que don Luis Francisco de Chaves y doña Gregoria tenían aún en el siglo. Sus hermanas doña Juana María y doña Josefa, pese a ser mayores que ella, habían profesado como monjas en sendos conventos de Trujillo. La prime- ra, en 1711 como religiosa del Convento de San Antonio, renunciado a cualquier derecho que le correspondiese en vida de sus hermanos y sus herederos. La segunda era una de las hermanas del convento de San Miguel y Santa Isabel, y consentiría en la renunciación en abril de 1724. En él llegará a ser priora años después.

Gregoria, que a comienzos de 1724 todavía es soltera, no tardará en casarse con don Alonso José Pizarro de Carvajal y de las Casas, noveno señor de Alcollarín28. Alonso tiene en ese momento veinticuatro años y es miembro de la Cofradía del Espíritu Santo de los Caballeros de Trujillo. El matrimonio será breve, pues Gregoria morirá en julio de 1728 de sobreparto pocos días después del alumbramiento de su tercer hijo, Pedro. Será entonces, y por la corta de edad de su hijo José Antonio, cuando el señorío de Madroñera quede bajo la administración de don Alonso.

Don José Antonio Pizarro Carvajal tenía apenas seis años cuando murió su padre, lo que le convertiría en el titular de dos señoríos y daría trabajo a su curador don Antonio Vicente de las Casas y Orellana, primer Marqués de Marta y su tío. Parece tener un prometedor futuro y muchos intereses en juego, incluso litiga por el mayorazgo de Gonzalo Pizarro. Pero su salud es mala y la vida se le escapa con tan sólo veintitrés años. En 1749, sabiendo próximo su fin hace testamento por poderes. Como albacea, su inseparable tío, don Antonio, que había cuidado de los negocios del joven hidalgo durante toda su vida, y como heredera universal su hermana, todavía seglar, retirada en el convento de San Miguel al cuidado de su tía Sor Josefa María de Santo Domingo.

4. EL SEÑORÍO EN MANOS ECLESIÁSTICAS

La temprana muerte de don José Antonio Pizarro Carvajal hace que el señorío de Madroñera pase a su hermana, Juana María, quien retirada del mundo dispone ese mismo año curadores y representantes legales para todos, principalmente el pleito por el señorío de la Casa Fuerte de Alcollarín, de la que únicamente conseguirá la administración, y en el que todavía está embarcada cuando le sorprende la muerte. doña Juana María sobrevivirá a su hermano tres años. Una vez más la desaparición de una línea de sucesión directa se convierte en un momento crítico para el señorío, cuya única solución es dar un salto generacional hacia atrás, que deja el mayorazgo en manos de la tía de la difunta, Sor Josefa María, nieta legítima de Blas de Santa Cruz, y sobrina de Francisco, que ahora es la priora del convento de San Miguel, y quien se ha ocupado desde la muerte de su hermana de velar por la joven.

En 1756 se alza ante la Real Chancillería de Granada la voz airada de Juan Romero Altamirano29, nieto de doña Sebastiana, la hermana menor de Blas de Santa Cruz. Hasta este momento no había hecho acto de presencia esta rama secundaria de la familia, cuya actividad se había desarrollado plenamente en Cáceres. Este Juan Romero, el tercero en la saga30 desde aquel familiar del Santo oficio cacereño, era un sacerdote combativo, un litigante nato. Ante el favorable panorama que se le presenta por haber recaído la titularidad del señorío en Sor Josefa María, que amén de religiosa es una anciana, el clérigo decide reclamar el reconocimiento de su condición de legítimo sucesor, y las prebendas que ello traiga aparejado, beneficios que hasta ahora disfruta el convento de San Miguel. Y sabiendo que las dominicas no estaban dispuestas a renunciar a un sólo real de los doscientos ducados anuales que por el señorío se ingresaban en sus arcas, el sacerdote no duda en pintar ante el tribunal un penoso, y posible- mente fícticio, panorama económico. La demanda le resultó costosa ya que el pleito se falló en su contra, pues “no probó su acción y demanda bien cumplidamente como probar le convino”31, por lo que se le impone “silencio perpetuo” y se libera a la institución religiosa de responder a cualquier petición suya. Pese a lo que pudiera parecer no fue éste el punto y final a sus pretensiones, la salud de la priora se quiebra en 1759 y el mayorazgo llega a manos de don Juan, quien toma posesión rápidamente y se convierte en el decimoquinto señor de la Madroñera.

Poco dura su tranquilidad, pues sólo cuatro años después, un clérigo de Almodóvar del Campo presenta en Granada una demanda similar a la suya contra las dominicas, sólo que esta vez, y aunque crea poder probar que se trata de una reclamación improcedente, el desenlace no será el mismo.

5. DE TRUJILLO A CIUDAD REAL

En el Interrogatorio de la Real Audiencia32, en 1791, se nos dice que el señorío se encuentra en manos de don Juan Carlos Calderón Lasso, vecino de Almodóvar del Campo. Más de doscientos kilómetros separaban entonces al poseedor del señorío de la casa solar y los bienes raíces del mismo. Un lector profano podría preguntarse qué habría ocurrido con la estirpe de los Santa Cruz y de los Pizarro Carvajal en todo este tiempo. Ambas ramas estaban extintas, igual que la tercera línea de sucesión de los Romero Macotela Santa Cruz. El problema que se nos presentaba en este punto de la investigación era averiguar cuál era el nexo de unión entre los Santa Cruz y los Calderón Lasso, era la única forma de explicar este salto hacia tierras manchegas. Como al principio de la investigación, la clave estaba en doña María de Sanabria, o mejor dicho, en su familia. Nos encontramos de nuevo con un salto hacia atrás en la sucesión, los derechos de los Calderón Lasso se fundamentan en la persona de Leonor de Sanabria, esposa de Francisco Ramiro. Esta Leonor era tía carnal de doña Teresa, y por lo tanto de la quinta señora de la Madroñera, doña María, de manera que una vez extinguida toda posibilidad de sucesión por parte de los descendientes de sus hermanas, los derechos retroceden una generación para recaer en otra rama de la familia.El marido de Leonor, Francisco, era natural de la villa de Salvatierra de Santiago, y allí había fundado el hidalgo un vínculo que habría de pasar a sus descendientes. En algún momento del último tercio del siglo XVI una parte de la familia se había trasladado a tierras manchegas, ya que su hijo, Juan Ramiro de Sanabria, aparece afincado en Chillón en 1589, siendo en esta villa donde crezca y se consolide este linaje33. La nieta de Leonor, Teresa de Sanabria contraerá matrimonio con el licenciado Bartolomé Díaz Calderón en 1616, tres años antes de que consiga la carta ejecutoria de hidalguía. Sus descendientes adoptarán como primer apellido el de Calderón Lasso de la Vega.

6. LOS CALDERÓN LASSO

Como ocurre con otros pequeños linajes dilucidar su origen no resulta fácil, y hay quien se ha sentido tentado de buscar lazos con grandes apellidos donde no los hay, es esto lo que puede provocar una mayor confusión y lo que nos puede llevar a error. Ese Lasso o Laso de la Vega que llevan los descendientes del Licenciado Bartolomé Díaz Capilla Calderón Lasso, no es aquel otro Laso famoso de la Vega de Granada34 35. No es más que una maniobra más dentro del proceso de ennoblecimiento que llega de la mano de la ejecutoria de hidalguía que le conceden en 1619. Por lo tanto, hablar de un entronque más elevado de esta familia se nos antoja disparatado.

Por otro lado, ésta es una familia de probada nobleza que cuenta entre sus miembros, parientes cercanos y deudos, con personajes que por el desempeño de varios cargos han gozado de cierto prestigio en las tierras del priorato de Almadén. Así, entre todos los cargos, encontramos un abogado de los Reales Consejos, un prior de la Orden de Calatrava, varios militares, un familiar del Santo Oficio, un Regidor perpetuo del Concejo. Y por último, y esto es lo que más nos interesa, con tres señores de Madroñera.

El interés de la familia Calderón Lasso por sus derechos a la sucesión de este señorío pudiera parecer extraño tratándose de posesiones tan alejadas a su residencia habitual, pero era algo muy frecuente entre la nobleza castellana, debido a la extensión de las parentelas y a las muchas alianzas matrimoniales establecidas. En el caso de doña Agustina, este interés se activó con la muerte de su madre, doña Catalina Barrera Calderón Lasso y Santa Cruz, pues era su única heredera. Es en 1763 cuando se decide a reclamar y poner en orden todo lo referente al vínculo su antepasado Francisco Ramiro de Almaraz había fundado en Salvatierra de Santiago36. Diez años antes su primo, el clérigo Fernando Calderón Lasso había comenzado a interesarse por la sucesión de Madroñera.

En 176437, una vez concluído el pleito entre Juan Romero Altamirano y Sor Josefa de Santo Domingo es este don Fernando Calderón Lasso quien se hace eco de la sentencia que había obtenido el sacerdote cacereño, interpone una demanda para conseguir que se le reconozca como sucesor y se le den los alimentos. Ésta no era la primera reclamación que don Fernando interponía en la Chancillería contra un titular del señorío. La primera había sido en 1752 contra doña Juana María Pizarro de Carvajal38. Este primera demanda fue desestimada, igual que iba a serlo la segunda, pero el testarudo clérigo no ceja en su empeño. En 1765, ya siendo parte implicada también en el pleito su prima, y posteriormente cuñada, Agustina Cecilia, se embarcará en una nueva reclamación39. Una vez más las pruebas aportadas por don Fernando no son suficientes y su pretensión es desestimanda definitivamente. No ocurrirá lo mismo con su cuñada, que será la que finalmente obtenga los privilegios reclamados y la que acabe heredando el señorío, ya que en su persona estaban depositados los derechos de los dos nietos de Leonor de Sanabria, Fernando y Antonio Calderon Laso, y el sacerdote únicamente desciende de una de las dos ramas. La respuesta de Juan Romero a la resolución se hizo esperar cuatro años. Había acatado la sentencia, pero seguía siendo el señor de Madroñera, de manera que podía hacer uso libre de sus recursos. Como contrapartida reintegra las alcabalas de la villa a la Real Hacienda, por lo que recibe 9.375 rs. por el capital. El aliciente económico para los Calderón se reduce considerable- mente. Todavía será señor de esta villa otros nueve años, murió en Cáceres en 1778, momento en el que se cumplirá la totalidad de la sentencia, siendo doña Agustina su legítima heredera.

La relación de los Calderón Lasso con sus posesiones trujillanas es meramente accidental, de modo que el traspaso de la posesión del señorío a esta familia no deja incidencias documentales en la villa, ni produce impresión alguna en el concejo de Madroñera. Hace tiempo que se han acostumbrado a la ausencia de sus titulares, y era ya ésta una situación más parecida a una transacción financiera que al ejercicio de poder jurisdiccional. Para la familia supone un aumento del patrimonio y de las rentas, un elemento de prestigio, y con el paso del tiempo una pequeña carga. La distancia es excesiva para preocuparse por los pormenores cotidianos de una localidad desconocida, además sus preocupaciones se centran en los bienes y cargos que tienen repartidos entre Chillón y Almodóvar. Aunque no tienen un afán político excesivo, estos Calderon son gentes tenaces y de carácter, como ya había demotrado don Fernando ignorando la imposición de silencio perpetuo a la que la Chancillería le había se tenciado, por lo que protagonizaran sonados encontronazos con sus convecinos. Así, tanto el citado Juan Carlos Calderón Lasso, como su segundo hijo, Juan Eusebio, eran hombres de temperamento y se vieron envueltos en algunos altercados violentos a lo largo de su vida40. Una vez clarificada la herencia y conseguido el objetivo del reconocimiento de la sucesión el interés por Madroñera se enfría, mucho más después de la mencionada reintegración de las alcabalas a la Hacienda Real. Pasarán casi treinta años hasta que un Calderón se ocupe de un asunto familiar en tierras de Trujillo.

A la muerte de doña Agustina Cecilia su marido y sus hijos quedan como herederos. Así es como don Juan Carlos Calderon figura como señor de la Madroñera en el Interrogatorio. Cinco años después su hijo Francisco ya ejerce como titular del mayorazgo. Será el último señor de la villa.

7. 1811, EL FINAL DE UNA ÉPOCA

El último señor de la Madroñera tenía vocación militar, igual que la tendría su hermano Juan, Caballero guardiamarina, que acabaría siendo alferez de fragata retirado desde 1803, y visitador general de las rentas de la provincia de Cuenca. Su ingreso en el ejército había sido muy temprana, en 1787 ya era cadete, con tan sólo 16 años41. Era dispuesto pero inconstante, aunque no estaba falto de valor, lo que le permitió destacarse al final de su carrera en varias acciones militares durante la Guerra de las Naranjas, que le llevarían a tomar parte en los cercos de Juromenha y Campo Maior. Reducida la renta anual que percibía por el mayorazgo trujillano, y en virtud de una real provisión, en vigor desde 1788, para la venta de solares arruinados y su reedificación, en 1797, con veinte años se desplaza hasta Madroñera, en un viaje relámpago para poder solucionar la venta de un solar a Diego Rodríguez.

Retirado desde 1805, nunca volverá a pisar tierras extremeñas. Se había casado con María Ruiz 1802. Sabemos que no tuvieron hijos, debido a la falta de los parroquiales para las dos décadas siguientes no tenemos muchos más datos, salvo que todavía estaba vivo hacia 1825.

Con la abolición de los señoríos en 181142, tras dieciocho titulares y más de doscientos cincuenta años de historia, el pequeño señorío de la Madroñera que tantos quebraderos de cabeza había dado a Alonso Ruiz de Albornoz y que Alonso de Santa Cruz había consolidado dejó de existir, reintegrándose la villa a la jurisdicción de realengo.43

8. APÉNDICE DOCUMENTAL

Listado cronológico de Señores que tuvo la villa de Madroñera

1.  Don Gutierre de Carvajal Obispo de Plasencia (1506-1559)

2. Don Alonso Ruiz de Albornoz (- 1572?)

3.  Isabel Martínez (viuda) (señora desde 1572)

4.  Don Pedro Ruiz de Avilés (muerto entre 1604 y 1610)

5. Doña María de Sanabria (viuda) (-1617)

6.  Doña Teresa Carrillo de Albornoz (- 1621)

7.  Don Alonso de Santa Cruz y Sanabria (-1642)

8. Don Blas de Santa Cruz Altamirano (-1684)

9. Don Francisco Agustín de Santa Cruz (1664-1721)

10. Don Luis Francisco de Chaves Mendoza y Orellana (1690-1723)

11. Doña Gregoria de Chaves y Mendoza Santa Cruz (1694-1728)

12. Don José Antonio Pizarro Carvajal y Chaves(1726-1749) (murió soltero)

13. Doña Juana María Pizarro de Carvajal y Chaves (1725-1752) (religiosa)

14. Doña Josefa María de Chaves Carvajal (1689-1759) (religiosa)

15. Don Juan Romero Macotela y Santa Cruz (1708-1778) (sacerdote)

16. Doña Agustina Cecilia Calderón Lasso y Santa Cruz (1735-1792)

17. Don Juan Carlos Calderon Lasso (1734 -)

18. Don Francisco de Paula Calderón Lasso y Santa Cruz (1771-)

Documento IAHPC. Protocolos, 4585. Diego Martín de Araujo. Fragmento.Quenta y partición de los bienes que fueron de Doña María de Sanabria entre Don Alonso de Santa Cruz y Doña Theresa Carrillo. Año 1618.El Licenciado Pedro Alonso de Santa Cruz, curador de la persona y bie- nes de don Alonso de Santa Cruz y Senabria, mi sobrino, y doña Teresa Carrillo, hermana y heredera de los bienes de doña María de Senabria, señora que fue de esta uilla de la Madroñera, juntamente con el dicho menor de edad que por fin y muerte de la dicha doña  María, su hermana y tía quedaron bienes muebles y rayces  y tenemos necesidad de contadores y partidores para disponer de los dichos bienes como herederos que somos pedimos y suplicamos vuestra merced mande dar su mandamiento atento que no ay otro eredero y que se divida y parta, pedimos justiçia y para ello etcétera.

Otrosí decimos que a nosotros como sus herederos lejitimos nos conuienen y pertenen los dichos bienes de la dicha Doña María, nos conuiene hacer la dicha partición y nombrar contadores. A vuestra merced pedimos a los partidores que nonbraremos los compela y apremie a que hagan la dicha partición jurídicamente adjudicando a qualquiera de las partes la que le conuenga, pedimos justicia y para ello etcétera.

El Bachiller Pedro Alonso de Santa Cruz  // Doña Teresa Carrillo de Al- bornoz”

Documento II

AHPC. Munip. Madroñera Caja 1. Fragmento.

“En la villa de la Madroñera, en veinte y nuebe días del mes de março de mil y seizientos y quarenta y dos años, su merced, Juan de Ávila, alcalde mayor de la dicha villa = dixo que a su notiçia a venido que Don Alonso de Santa Cruz y Sanbria, señor que fue de esta villa y es difunto y pasado de esta presente vida, otorgo su testamento cerrado ante Andrés de Rosales escribano del número de la Ziudad de Trujillo, y por estar aussente de esta villa no se puede abrir para saber lo dispuesto de el dicho difunto, o si quedó nombrado curador de Don Blas de Santa Cruz y Sanabria y Doña Sebastiana, sus hijos, y para que se hagan los autos que conuengan con forma a derecho en fauor de los dichos menores nonbrará en nombró procudor a liten de los dichos menores por ser lo de edad cumplida para nombrarse Alonso González de Trexo, vecino de esta villa al qual mando se le notifique e lo acepte y paresca ante su merced a hacer los juramentos necessarios y ansí lo proveyó y mandó y por no saber firmar hiço por señal el yerro de su ganado= Siendo testigos El Licenciado Diego Sevillano de Robles y Pedro de Villegas y Cuebas y Juan de Ábila y Christóbal Martín.”

Documento III

AHM Trujillo Protocolos. Declarazión que hiço Don Blas de Santa Cruz Altamirano.

“En la çiudad de Truxillo, en veinte y siette días del mes de Junio de mill y seysçientos y settenta y quatro años, ante mí el escrivano público e testigos paresçió Don Blas de Santa Cruz Altamirano, Señor de la villa de la Madroñera, y dijo que desde el tiempo que a que administra y gouierna sus bienes y azienda a dezmado y diezma de los fruttos y esquilmos de ellos en la iglesia parrochial de la dicha villa de la Madroñera, a donde está bautiçado y así mismo lo están sus hijos y en dicha villa tiene su domiçilio nattural y es feligrés en dicha yglessia y por estas raçones y por sser señor de dicha villa a dezmado como dicho es en dicha villa sin que aia mudado vezindad ni feligresía porque siempre a sido y es feligrés de dicha villa y tiene boluntad de serlo como lo fue don Alonso de Santa Cruz, su padre, y para que en todo tiempo conste donde convenga lo confiessa y declara assí y juro por Dios nuestro señor y una cruz ser ciertto y verdadero todo lo referido y así lo dijo y declaró y pidió a mi el dicho escrivano se lo de por testimonio y a todas las demás personas que lo pidieren siendo partes lexítimas para ello y lo frimo a que doi fe conozco. Siendo testigos Don Juan Piçarro de Carvajal, Cavallero de la Orden de Calatrava; Don Rodrigo Bejarano de la Çerda y Antonios Santos, vezinos desta dicha çiudad.

Don Blas de Santa Cruz Altamirano        Ante mí Francisco Márquez”

Documento IV

“Yo, Pedro de Rodas Serrano escribano del (……) público y del numero de esta Ciudad de Trujillo y su tierra por merced del Real Monasterio de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe certifico y doy fe que por el señor corregi- dor de esta ciudad y por ante mi el dicho escribano se despacho requisitoria dirigida a la justicia de la villa de la Madroñera a pedimento, de Doña Gregoria de Chaves Carvajal y Santa Cruz en vista de información y otros autos y diligencias que precedieron, para que se la diese o a quien su poder hubiere la posesión real actual corporal del mayorazgo que de dicha villa de la Madroñera su jurisdicción (…) y otros bienes fundaron Doña Teresa Carrillo de Albornoz y Don Alonso de Santa Cruz y Sanabria su sobrino, por haber justificado pertenecerla su goce y sucesión por muerte de Don Luis Francisco de Chaves y Orellana su hermano, la cual dicha requisitoria en cuatro de este mes se pre- sento ante Pedro de Torres alcalde ordinario de dicha villa y ante Gaspar González de Mendoza escribano de ella que la mando cumplir y en su cumplimiento, en el mismo día se dio por dicho alcalde ante el referido escribano la posesión de dicha villa de la Madroñera y de otros bienes tocantes a dicho mayorazgo y señorío al padre Fray Francisco de la Rubia religioso/del orden de Señor Santo Domingo y a Gabriel de Sosa Vargas procurador del numero de esta ciudad en nombre de la dicha Doña Gregoria de Chaves y en virtud de su poder especial otorgado ante mi el escribano en veintinueve de diciembre del año próximo pasado de mil setecientos y veinte y tres la cual tomaron quieta y pacíficamente sin contradicción alguna= Como lo referido consta y parece de dicha requisitoria y posesión que (…) quedan por ahora en mi oficio a que me remito y de pedimiento de la parte de dicha Doña Gregoria de Chaves di el presente y los signe en Trujillo en doce días del mes de enero de mil setecientos y veinte cuatro=

Pedro de Rodas Serrano”

9. GENEALOGÍAS 

 

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10. BIBLIOGRAFÍA

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España dividida en provincias e intendencias y subdivididas en partidos, corregimientos, alcaldías mayores, gobiernos políticos y militares, así realengos como de órdenes, abadengos y señoríos. 1785.

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– SÁNCHEZ RUBIO, Mª A. Y R.  “Para vos e para vuestros herederos”. Señorialización  en la Tierra de Trujillo a mediados del siglo XVI.Badajoz, Extremeña de Comunicación y Producciónes, 2007.

– SORIA MESA, E. La nobleza en la España Moderna. Madrid, Marcial Pons, 2007.

– TESTÓN NÚÑEZ, I. Amor, sexo y matrimonio en Extremadura. Badajoz, Universitas Editorial, 1985.

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1 Ver Mª A. Y R SÁNCHEZ RUBIO,“Trujillo y su tierra en el siglo XVI: Conflictos territoriales y políticos” en La Tierra de Trujillo en el Renacimiento (1500-1600). Congreso sobre la Tierra de Trujillo. Trujillo, RAEX, 2005

2 Así lo han visto autores como E. SORIA MESA, que en su obra La nobleza en la España Moder- na. Madrid, Marcial Pons, 2007, dedica un capítulo entero a caracterizar los usos matrimoniales de la alta y baja nobleza castellana (pp.123-212); o A. GIL SOTO que en Deudos, parciales y consor- tes. Estrategias familiares y sociales de la oligarquía rural extremeña (siglos XVI y XVII). Cáceres, Universidad de Extremadura,2003 (pp. 33-64), también habla de la importancia de los condicionan- tes y pone como ejemplo las estrategias empleadas por varias familias hidalgas del sur de Extremadura para conseguir no sólo un enriquecimiento patrimonial, sino la acumulación de cargos por medio de extensas parentelas.

3  Hay una controversia sobre la fecha exacta del documento.

4 SÁNCHEZ RUBIO, Mª A. y R. “Para vos e para vuestros herederos”. Señorialización en la Tierra de Trujillo a mediados del siglo XVI. Badajoz. Ed. Extremeña de Comunicaciones y Producciones con el patrocinio de D. José Mª Pérez de Herrasti y Narváez. 2007.

5  Vid. T. LÓPEZ. La provincia de Extremadura a finales del siglo XVIII. Descripciones recogidas por Tomás López. Año 1798. Asamblea de Extremadura. Servicio de Publicaciones. Mérida, 1991.

6  Esta intención la pone de manifiesto en un documento que parcialmente reproduce la obra Rocío y María Ángeles SÁNCHEZ RUBIO. “Para vos e para vuestros … Op. Cit. p.42.

7  Archivo Histórico Provincial de Cáceres (AHPC) Ayuntamiento de Madroñera, Caja

8  La última referencia de don Pedro con vida que tenemos es su mención en el inventario de bienes que se hace tras la muerte del Capitán Mendo (1604). En 1611, doña María ya aparece como señora de la villa.

9  Se trata de bienes libres de los que doña María podía disponer a su albedrío, y no bienes ligados al señorío, pues hasta 1621, con la creación del mayorazgo por parte de don Alonso, no los habrá .

10 AHPC Protocolos 4585. Diego Martín de Araujo.

11 AHPC. Ayto. Madroñera Caja 1. “Memorial de bienes vinculados al mayorazgo que dejó Don Alonso de Santa Cruz y Sanabria(…)”

12 Dejan de aparecer las constantes referencias al señor de la villa en la documentación aunque el señorío se mantiene. En el Interrogatorio de la Real Audiencia se afirma que la villa “es de señorío y que es su señor Don Juan Calderón Laso, vecino de Almodovar del Campo,” a quien pertenecen las penas de cámara”, pero por no poder acreditar esta pertenencia “ está encabezada la villa con la Real Hazienda en la cantidad de treinta reales.” Por el momento desconozco en que momento del siglo XVIII se produce este cambio de señor y por que motivos.

13 1633. Se confiscaron los bienes del ladrón .

14  El pleito fue contra unos mozos que “con poco temor de Dios” estuvieron formando “músicas y algarazas” a la puerta de la casa de don Alonso durante el periodo de luto. AHPC. Protoc. Leg.3492

15 AHPC. Protoc. Leg.3476. “ (…)y yo, el dicho Don Alonso de Santa Cruz y Senabria asiguro el dicho arrendamiento de la alcabala vala los dichos quatro años al dicho quento; y no le será quitado por mi ni por otra persona en mi nombre (…)”

16 AHM Trujillo. Nº 191- 192. Francisco Márquez, 1674 f. 582 r. Apéndice documental, documento 2.

17 Real Academia de la Historia (RAH). Colección Salazar y Castro. T-2 f. 174-230. Memorial del hecho del Pleito que es entre don Blas de Santa Cruz Altamirano, vezino de la ciudad de Truxillo. Con Francisco de Herrera Santa Crúz, vezino de la dicha ciudad sobre la tenuta de mayorazgo que fundó Florencio de Santa Crúz, escribano público.

18 El alcalde como justicia mayor de la villa podía tomar este tipo de decisiones de forma legal sin que fueran contestadas. Las atribuciones los diferentes cargos municipales pueden verse con más detalle en trabajos como el de A. HIJANO,  El pequeño poder. El municipio en la Corona de Castilla, siglos XV al XIX .Madrid , 1992; o el de A.C. MERCHÁN FERNÁNDEZ, Administración municipal y poder local en el Antiguo Régimen. Madrid, Tecnos, 1988.

19 Domingo González de Trejo será alcalde en 1638, y Martín lo será en dos ocasiones, la primera en 1643 y en 1648.

20 Este tema y su presencia documental lo ha analizado en profundidad para el caso extremeño I.TESTÓN NÚÑEZ en su libro Amor, sexo y matrimonio en Extremadura. Badajoz, Universitas Editorial, 1985.

21 AHM Trujillo. Protocolos. Nº 133. Diego Adame 1647. Capitulaciones de matrimonio entre don Juan Romero Macotela y doña Sevastiana Altamirano Villalobos. Folio 106 r-106v.

22  RAH. Pellicer 9/4055. f. 806 r. 18 de febrero de 1630. En dicho dia su Magestad declaró por hixodalgo a Juan Romero Macotela, vezino de la villa de Cazeres, y a sus descendientes, sirvió con 40 ducados. (Este servicio de 40 ducados es una merced que se le hace, hablamos pues, de una concesión por parte del rey no de un pago por la hidalguía)

23 A.R.CH.GR . 4684-121.

24 Esta joven en ningún momento es identificada, costumbre propia de la época que servía para proteger el honor del noble implicado en este tipo de relaciones.

25 Con la documentación disponible el seguimiento vital de don Francisco Santa Cruz Altamirano llega hasta el año 1705, no habiendo encontrado referencias a su matrimonio o muerte en los libros de Matrimonio 3 (1645-1744), y de Difuntos 3 (1705-1736) del Archivo Parroquial de Madroñera.

26  AHM Trujillo Protocolos Nº 248. Antonio Cantero. 1711. Protesta que otorgó don Luis Francisco Joseph de Chaves y Orellana. f. 9 r – 10 v. Luis Francisco había vivido durante quince años de los bienes de su cuñado. No se le conoce actividad, beneficio o cargo alguno, y aunque en su protesta pedía que se hiciesen las cuentas “amigables y sin reyertas”, ya que quería conservar su vivienda en la villa, parece que Francisco no debía encajar demasiado bien los términos en que se le exigía el reparto, fueran estos justos o no. Lo cierto es que la relación parece haberse roto en ese momento y la enemistad culminada con la marcha del matrimonio a Trujillo.

27  Luis Francisco estaba arruinado, tanto es así que en su partida de defunción el párroco había indicado “Otorgó testamento pero por haver dejado más deudas que bienes no se le pudo decir misas algunas.” Parroquia de San Martín (Trujillo) Defunciones 1709-1764, 1º (1709-1741), f.103 r.

28  Sobre los señores de la casa fuerte de Alcollarín puede encontrarse más información en la obra de J. M. DE MAYORALGO Y LODO  Y J. GOMEZ DE OLEA Y BUSTIZA  “Los condes de Torrejón”. Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Vol.5, 1998-1999. pp. 231-232.

29    Archivo de la Real Chancillería de Granada.(A.R.CH.GR.) 219-002 . Pleito entre Juan Romero Altamirano, con el convento de San Miguel y Santa Isabel Orden de Santo Domingo, de Trujillo, sobre un mayorazgo.

30  Este sacerdote era nieto de don Juan Romero Macotela y doña Sebastiana Altamirano Meneses y Sanabria, e hijo de don Alonso Romero Macotela “el mudo” (1655-1711) y de doña Juana Romero Velázquez y Tovar.

31  A.R.CH.GR . 219-002 f. 20 r.

32      RODRÍGUEZ CANCHO, M.; BARRIENTOS ALFAGEME, G. Interrogatorios de la Real Audiencia de Extremadura a finales de los Tiempos Modernos, Partido de Trujillo. Tomo I. Mérida, Asamblea de Extremadura, 1993-1996.

33    No obstante, la pérdida de contacto con la familia de Leonor no es total, de manera que todavía nos encontramos, para nuestra sorpresa, que García Ramiro, hijo de Francisco y Leonor, había sido el testamentario que había intervenido en la partición de los bienes de doña María de Sanabria y más tarde de su hermana doña Teresa Carrillo.

34    Esto es lo que parece mantener E. AGOSTINI en su obra Historia de Almodovar del Campo y glosa de su antiguo archivo municipal.Ciudad Real,Instituto de Estudios Manchegos, 1972.p. 276.   35 Tampoco parece haber relación con los Calderón de Aldeacentenera, ya que la familia del Licenciado Díaz Capilla Calderón procede de la Puebla de Alcocer en donde eran vecinos sus padres Fernando Díaz Calderón y María Díaz Lasso. Esta hipótesis que hemos desechado, la menciona J. PLAZA RODRÍGUEZ en “La familia Calderón en Aldea Nueva Centenera”, en XXXIV Coloquios Históricos de Extremadura: Dedicado a la memoria de don Miguel de Cervantes en el IV centenario del Quijote : Trujillo, 19-25 de septiembre de 2006. pp. 595-606.

36   El vínculo lo fundó en 1551 junto a su hermano Sancho Moñino. A.R.CH.GR. 4784-007.

37  Lamentablemente este pleito no se ha conservado.

38 A.R.CH.GR 219-007.

39 A.R.CH.GR 9116-014.

40E. AGOSTINI. Op. Cit. Pp 335.

41 AGM Segovia Sec.1 Leg. C454. Expediente del Capitán don Francisco Calderón Lasso.

42 “Desde ahora quedan incorporados a la Nación todos los señoríos jurisdiccionales de cualquier clase y condición que sean.” Art. 1º.Decreto LXXXII del 6 de agosto de 1811.

43  No podemos concluir el trabajo sin agradecer en estas líneas su inestimable ayuda al señor José Miguel de Mayoralgo y Lodo, que nos ha proporcionado algunos datos y sugerencias de gran valor.

Oct 012006
 

Francisco Sanz Fernández, Miguel Sanz Salazar y Juan de Orellana-Pizarro.

img01Esgrafiado de la casa de los condes de Valdelagrana, Trujillo, 2ª mitad del s. XVI.

“Estas pátinas suelen interpretarse,
desvirtuadas, como procesos
naturales de cromatización o depósitos
de la contaminación atmosférica y, por esto,
habrá que volver a explicar que los recubrimientos
son normales en la arquitectura histórica”

José María Cabrera, Obra Completa.

Aún cuando la mayoría de los estudios sobre nuestra arquitectura histórica se refieren todavía a la primera de las artes liberales sin analizar los muchos condicionantes y estímulos sensoriales que las propiedades y limitaciones de los materiales imponen, y, aún cuando ignoran también que es imposible juzgar con objetividad una obra de arte sin comprender previamente el proceso técnico que la ha llevado a presentarse como pintura, escultura o edificio terminados[1], lo cierto es que en las últimas décadas se ha avanzado sensiblemente en el conocimiento de algunas de las cualidades intangibles y olvidadas de nuestro patrimonio histórico gracias, sobre todo, al proceso de ensayo-error y aprendizaje logrados con la actividad restauradora; de la que ha surgido una literatura especializada en la difusión y compilación de los usos y costumbres, las técnicas y criterios, que han guiado este camino hacia la recuperación de nuestra memoria secular.

Algunos de estos textos, extraordinariamente ricos en reflexiones, fórmulas y métodos de trabajo artesanales que se habían ido perdiendo a lo largo del pasado siglo, especialmente tras la revolución de materiales – vigas de hormigón, morteros Pórtland – impuesta por los arquitectos del movimiento modernocomo los de Enrique Nuere Matauco – sobre nuestra carpintería de Armar -, Ignacio Gárate Rojas – sobre las cales, yesos, colores y técnicas de ornamentación arquitectónica -, José Merino de Cáceres – sobre los usos metrológicos antiguos -, Carlos Palacios Gonzalo y Enrique Rabasa Díaz – acerca de los cortes de cantería -, José María Cabrera – sobre el análisis físico-químico de materiales – y Carlos Aymat – relacionados con la arquitectura en barro -, merecen una mención especial, sin olvidar tampoco los discursos salidos de la Editorial de los Oficios de León[2], por cuanto han contribuido a trasladar a modernos y manejables prontuarios esta suerte de experiencias y técnicas históricas fundamentales para sacar del olvido permanente y la paulatina destrucción el patrimonio erróneamente considerado menor o de escasa entidad.

Huelga decir que tal apreciación, todavía hoy perceptible en no pocos estratos de la sociedad civil y, lo que es más peligroso, de la administración pública, ha contribuido a la ruina, abandono y transformación de una parte o de la totalidad de numerosos espacios y edificios con un valor paisajístico, histórico o arqueológico singulares. Entre estos patrimonios olvidados se encuentran los esgrafiados que Giorgio Vasari denominaba “il graffito vero e propio”[3], es decir, aquellos morteros de cal grasa ejecutados a uno o varios tendidos y en uno o varios colores sobre un muro para imitar paramentos de sillería y mallas romboidales; motivos arquitectónicos y heráldicos; o complejos programas iconograficos a modo de frisos corridos.

En estos términos se expresaba recientemente Alessandro Sartor, miembro del Dipartamento di Reppresentazione e Relievo de la Universidad de la Sapienza (Roma), al afirmar que la destrucción de los esgrafiados se debía a la errónea “convinzione che tali forme di decorazione, considerate manifestazione artistiche minori, non fossero essenziali per l’architetura dell’edificio di cui facevano parte”[4].

Son muchas las preguntas e incognitas que, todavía hoy, encierra cualquier aproximación o interpretación a las técnicas de esgrafiar paramentos empleadas en la Península Ibérica desde que se convirtieron en un recurso ornamental, perspectivo y de conservación propios de la arquitectura, que los personaliza fuertemente, durante la dominación Hispano-musulmana. Desde entonces y hasta nuestros días, la imitación con esgrafiados de cal grasa apagada de materiales pétreos en la edilicia menor tuvo la finalidad de ahorrar costes innecesarios, mejorar los tiempos de terminación de las obras y, sobre todo, proteger de la degradación provocada por los agentes atmosféricos los muros de fachadas; generando así los que Baldi, Cordaro y Mora dieron en llamar “superficie di sacrificio”, es decir, una capa de protección condenada a desaparecer por el ataque continuo de la contaminación, que modifica su color debido a los procesos naturales de cromatización[5]. Así mismo, contribuyó a mejorar el aspecto arquitectónico general de un edificio, articulando sus paramentos verticales y favoreciendo su lectura y percepción individual o como parte del todo que conformaba la escena urbana en que aquél se integraba. Finalmente, fue “una manera decorosa y noble de cubrir los muros pobremente construidos” [6].

Entre estos interrogantes, que cobran relevancia cuando nos referimos a los esgrafiados extremeños, pues son cuantiosos y apenas han sido objeto de interés para eruditos, particulares y técnicos, al no haber sido catalogados y sí, en cambio, frecuentemente destruidos, podemos proponer algunos, muy sencillos, referidos a su composición y técnica de ejecución, o a su utilidad; y otros, más complejos, pero sin duda igualmente importantes para desvelar su valor patrimonial, sometidos necesariamente a una metodología positivista y relacionados con las tipologías o modelos, los lugares del edificio donde se emplearon, el marco geográfico en que alcanzaron una mayor difusión o los valores estéticos y estilísticos que atesoraron.

La finalidad de esta investigación, inédita en lo que al estudio de Extremadura se refiere, es contribuir a desvelar algunos de estos interrogantes auxiliados de las hipótesis que pudimos formular tras la observación directa de más de un centenar de conjuntos conservados en la Alta Extremadura – Berzocana, Cáceres, Casas de Miravete, Plasencia, Toril, Trujillo, Valdefuentes, etc. – e Italia – Florencia, Siena, Pienza y Roma -, para, según el coloquial uso lingüístico repetido en los foros de especialista en restauración, “poner en valor” un patrimonio que se agota; que se extingue y termina por su fragilidad, por su progresiva opacidad, por su costosa recuperación. Pues no podemos olvidar que siempre será más fácil picar un paramento deteriorado o parcialmente descortezado que limpiarlo, consolidarlo y rehacerlo allí donde el criterio y el sentido común lo permitan.

Huelga decir, por tanto, que no pretendemos sino alzar la voz y reclamar una actitud responsable de la administración y de particulares hacia esta forma tan peculiar de ornamentar edificios, para contribuir así, gradualmente, a la catalogación de los conjuntos conservados y a su ulterior recuperación. Una tarea, de todos, a la que nosotros hemos dedicado parte de los últimos cinco años, durante los cuales hemos viajado por numerosos pueblos de Extremadura e Italia; examinado infinidad de casas -populares y monumentales -, palacios o iglesias; disparado más de dos mil fotografías; sufragado los costes de los análisis químicos – cromatografías, espectroscopía, microscopía óptica y de barrido – de los morteros de varios edificios; o recabado el consejo y la experta opinión de consumados especialista como los doctores Ignacio Gárate y José María Cabrera, a quienes nos gustaría recordar desde estas indoctas letras.

img02Capilla del Reposo, iglesia parroquial de San Martín, Trujillo, 2ª mitad del s. XVI.

¿Qué son y qué utilidad tuvieron los esgrafiados?

Decíamos al comienzo de nuestra intervención que el esgrafiado es una técnica decorativa utilizada para revestir paramentos exteriores e interiores basada en la superposición de capas de revoques con distinto color – blanco, amarillo, rojo, negro – sobre las que, aún frescas, se aplica una lechada de cal, o de yeso y cal – trabadillo – que sirve de base a un dibujo trasladado al muro – estarcido – mediante plantillas de cartón o de zinc[7]. Este dibujo permanece en relieve tras el rascado de las zonas desornamentadas, que dejan ver la coloración de las capas de mortero inferior, creando un intenso juego de matices cromáticos y perspectivos, a veces, acentuado por un acabado posterior realizado con pequeñas incisiones o rayados paralelos – grabado – o con pinceladas de cal – matices en grisalla -.

En lo que a la finalidad se refiere, se han señalado ya las ventajas económicas, estéticas y de conservación que procuraban a toda fábrica, mejorando los principios vitruvianos del orden y la euritmia o proporción, de tal modo que contribuían a dar a todas las partes del edificio su magnitud justa. Recordemos ahora que, al margen de estas cualidades, los esgrafiados son una fuente arqueológica para la documentación histórica de cualquier edificio, pues aportan datos cronológicos sobre el mismo al funcionar como un estratigrafía mural de los períodos en que se ha intervenido o modificado un muro. De este modo es frecuente encontrar esgrafiada la fecha exacta de terminación de una obra o la heráldica que identifica a los promotores que la patrocinaron. Así ocurre con los esgrafiados de la iglesia de San Blas en Toril (Cáceres), ejecutados el año 1531; el conjunto de la casa número cinco de la plaza Mayor de Trujillo – AÑO DE 1772 -, ignominiosamente destruido hace tres años; o en la fachada septentrional de las casas de los Hinojosa Rol Bejarano, en la misma ciudad, sobre uno de cuyos balcones de fachada puede leerse inscrito en una cartela ANO D 1764.

¿Cómo se preparaba y aplicaba un esgrafiado?

Las materias primas y los utensilios fundamentales para preparar y aplicar un esgrafiado eran cal, arena, agua, cola animal, pigmentos, una llana, cartones o moldes de zinc, rasquetas, punzones y pinceles.

En lo que a la cal grasa se refiere, material fundamental para la conservación del esgrafiado por sus cualidades hidrófugas, su bajo contenido en sales y su progresiva dureza, sabemos, por los resultados de la analítica que solicitamos al Dr. Enrique Parra de los esgrafiados del palacio de La Conquista, que se mezclaba en unas proporciones de 2:3 con áridos grisáceos ricos en cuarcita, siguiendo pues las indicaciones propias de la época y que quedaron recogidas en tratados como el de Cristóbal de Rojas – Teórica y práctica de fortificación, conforme las medidas y defensas destos tiempos, repartida en tres partes -: “Para hazer mezcla que sea buena, se tendra esta quenta: sifuere el arena sacada de cantera, y la cal piedra dura, y espessa, se mezclara echando dos partes de arena, y una de cal, y si fuese arena del rio, se mezclara á dos espuertas de cal tres de arena…”[8].

En Trujillo era frecuente comprar la cal a los caleros y areneros de Cáceres, como atestiguan varios protocolos de su Archivo Municipal: “Francisco Gonzalez Mogollon y Alonso Fernández Telloso, caleros y areneros vecinos de caceres dijeron que llevaron cal a trujillo para las obras de la iglesia de san antonio de las descalzas y el claustro de san francisco”[9].

img03Preparación de un esgrafiado de encintado simple en la iglesia de San Blas, El Toril (Cáceres).

Una vez se habían mezclado con agua la arena y la cal, ya apagada, se aplicaba con palas un mortero de base o repellado, sobre el que más tarde se tiraban entre dos y tres capas nuevas pigmentadas con almagra, negro carbón o tierras naturales – el ocre amarillento fue usado con cierta frecuencia en el monasterio de Yuste -. Cada una de estas capas disminuía progresivamente de grosor y se terminaba con una llana y una brocha mojada en agua con la que aquéllas se humedecían. Aún fresca esta última capa, en los esgrafiados renacentistas y de la primera mitad del siglo XVII, se aplicaba una lechada de cal o un temple aglutinado con cola animal sobre el que se trasladaba el dibujo, previamente realizado sobre un cartón o una chapa de zinc que el esgrafiador reutilizaba habitualmente para otros proyectos[10]. Una vez concluidos estos pasos, realizados como los frescos antiguos por jornadas, se cortaban a bisel con una rasqueta las zonas del mortero que permanecían en blanco, dejando ver así en relieve el dibujo y, en una tonalidad más oscura, la capa de base pigmentada. Finalmente, el modelado de los repertorios que reproducían animales fantásticos o motivos vegetales se terminaba con pinceladas de cal pigmentada o a base de un rallado de líneas paralelas, cortas y espaciadas practicado sobre el muro con un punzón o instrumento de grabador.

Por último, recordemos que la textura final del esgrafiado jugaba también un papel primordial en esta búsqueda del volumen, variando en función de la granulometría de los áridos empleados o del grado de abrasión con que se aplicase la rasqueta.

¿Quiénes eran los esgrafiadores?

La ausencia de documentos referidos a la protocolización de contratos entre esgrafiadores y promotores, ya sea en Italia o en Cataluña, Segovia o Trujillo, entre otras localidades españolas conocidas por la calidad y magnitud de sus conjuntos, se debe principalmente a la rapidez y el bajo coste que tenían estos trabajos[11], por más que suntuosa fuese su apariencia final. Ello explica el anonimato que ha envuelto a estos alarifes, relacionados en Italia con el gremio de los pintores y en Cataluña con el de doradores, estofadores y encarnadores; de cuyos trabajos “menores” o de ornamentación de retablos, techumbres e instancias interiores tampoco se conserva mucha información. No obstante, conocemos el nombre de uno – Maestro Ramos – que trabajó en Extremadura, concretamente en la pequeña población de Toril, en el Campo Arañuelo, gracias a una pequeña inscripción esgrafiada sobre la clave del arco triunfal de su iglesia (San Blas), recientemente restaurada por el arquitecto Carlos Clemente San Román. Este dato – “Ramos, 1531” -, imposible de agregar a una mínima biografía que reconstruya su trayectoria artesanal – recordemos que el esgrafiador se limitaba normalmente a trasladar sobre el muro las plantillas dibujadas previamente por un pintor -, nos ilustra, sin embargo, sobre la consideración personal que de sí mismos tenían ya los integrantes de este oficio a comienzos del siglo XVI[12], y nos permite también vincular a su “escuela” una serie de trabajos realizados en localidades cercanas al Toril como Belvís de Monroy, en cuyo castillo se repite el modelo de falsos sillares doblemente encintados con damero en los encuentros y rosetas inscritas que exorna también la sacristía de la citada iglesia de San Blas.

Conocidos son también los diseños catalanes de Joaquim Juncosa i Domadelí y Salvador Mayol o los segovianos de Daniel Zuloaga, así como los ejecutados por el arquitecto Pedro de Brizuela a comienzos del siglo XVII para engalanar algunos de sus trabajos[13], si bien estos datos resultan desalentadores e insuficientes para avanzar en cualquier tipo de catalogación sobre sus obras o particularidades estilísticas; circunstancias que no impiden, empero, proponer una compilación de modelos formales – forma geométrica, color, granulometría,…- y técnicas históricas empleadas – uno o dos tendidos, de cal o cemento,…-.

img04Friso esgrafiado del Salón de Linajes de las casas principales de Diego González Altamirano en la plaza Mayor de Trujillo, finales del s. XVI.

¿En qué zonas del edificio se emplearon?

A pesar de que el propio Vasari, haciéndose eco de la experiencia italiana, señalase que el esgrafiado “non serve ad altro che per ornamenti di facciate di case e palazzi”[14], lo cierto es que en España – salvo en Cataluña – esta forma de ornamentación y ordenación de paramentos se empleó también como acabado de estancias interiores; hasta el punto de ser allí, donde, dada la dificultad del dibujo y la complejidad de las propuestas iconográficas empleadas, alcanzase un mayor valor artístico y plástico.

El esgrafiado se empleó pues indistintamente para cubrir los paramentos exteriores de fachada de casas populares, edificios religiosos o monumentales conjuntos de edilicia mayor, como también para sugerir falsas arquitecturas de interior, o, a modo de friso, repertorios de motivos renacentistas – tritones, putti, roleos, ovas, laureas, tondi, etc. -.

No obstante, esta diversidad de zonas espaciales cobrará mayor o menor trascendencia, es decir, se esgrafiarán preferentemente unas zonas u otras del edificio, en función del periodo histórico de que se trate; como también variarán los repertorios formales dependiendo de las particularidades estéticas y las influencias artísticas de una u otra época. De tal manera que si durante los siglos XVI y XVII será frecuente esgrafiar grandes superficies exteriores con trazados de mallas geométricas, incorporando incluso falsas arquitecturas, conforme nos acercamos al siglo XIX, las superficies esgrafiadas se limitarán a zonas muy concretas de la fachada – zócalos y extremos -, y desaparecerán los grandes frisos interiores. No obstante, el modelo más sencillo, el de encintado simple que imita despiezados de sillería, se mantendrá hasta nuestros días.

Pero quizás una de las zonas que se esgrafiaban con mayor frecuencia y a la que apenas se refiere la historiografía era el paramento exterior de los tiros o caminos de las chimeneas de casas y palacios de los siglos XVI y XVII – palacios de San Carlos y La Conquista en Trujillo; Obispal en Plasencia; de los condes de Osorno en Pasarón de la Vera -. Los ejemplos extremeños son numerosos a pesar de lo cual están a punto de perderse. La variedad de motivos vegetales y geométricos que exornan estas chimeneas, unido al valor artístico de las tipologías constructivas empleadas – de procedencia franco-flamenca e italiana (Véneto) -, las convierte en uno de los signos de identidad de nuestra arquitectura.

Es importante recordar finalmente, que el lugar del edificio elegido para la imitación de un paramento con esgrafiados impuso toda una serie de dificultades de ejecución que el esgrafiador había de resolver emulando las soluciones empleadas por canteros y cortistas, especialmente cuando se trataba de imitar un aparejo de piedra. Dado que no sería lo mismo esgrafiar un muro ordenado por huecos rectangulares que por arcaturas, ni tampoco un sencillo zócalo que una ventana rematada por un frontón, los esgrafiadores, en su intento de acercarse al “ideal isodomo” o de perfección a que aspiraban los trabajos de cantería, imitaron las soluciones que aquéllos habían hallado para mejorar el encuentro entre las juntas de los sillares. De este modo, resolverán los problemas derivados de los engatillados o cortes irregulares de la piedra, reproducirán los despiezados radiales en haz de juntas convergentes de los arcos rectos y salvarán las jambas, dinteles y cornisas adaptando las hileras de sillería a los cambios que la realización de éstos imponía.

¿En qué marco geográfico tuvo un mayor desarrollo esta técnica?

Respecto del marco geográfico en que se ejercitó esta técnica en nuestro país, es muy complejo deslindar un espacio concreto, debido, en nuestra opinión, a que la fragilidad del material ha contribuido a la pérdida de una gran parte de las obras esgrafiadas. No obstante, sabemos de la importancia concedida a los esgrafiados segovianos y catalanes, de su variedad y antigüedad, pero estas apreciaciones se deben al interés que aquellas zonas han despertado entre eruditos y estudiosos y no a una realidad cuantitativa y cualitativa que demuestre su mayor importancia, como ha venido señalando la historiografía, frente a los de Andalucía o Extremadura; donde podemos hallar ininterrumpidamente trabajos de esgrafiadores desde la Alta Edad Media hasta nuestros días, lo que no ocurre ni en Cataluña ni en Castilla.

Y ésta es otra de las razones que nos animaron a emprender esta investigación, que – creemos – demostrará la extensa variedad de modelos formales y técnicas de ejecución o la riqueza iconográfica de los esgrafiados extremeños, los grandes desconocidos.

¿Cuáles son las influencias estilísticas de que derivan los esgrafiados extremeños?

En cuanto al esgrafiado de ornamento geométrico y arquitectónico, debemos considerar una serie de influencias foráneas y autóctonas que contribuyen, tal cual ocurría aquellos siglos en otras disciplinas artísticas – pintura, escultura,…-, a consolidar y prolongar el adorno epidérmico mudéjar, la tradición flamenca y nórdica[15] y los repertorios decorativos “al romano” en una suerte de crisol de tradiciones artísticas, artesanales y decorativas que dará como resultado un conjunto de propuestas de gran valor. De este modo si la técnica del esgrafiado era conocida y se había llevado a la práctica durante la dominación hispano-musulmana[16], los repertorios geométricos romboidales – losanges – y cuadrangulares a dos colores de procedencia flamenca se habían consolidado ya en tierras extremeñas, como puede comprobarse en la fachada del monasterio de Yuste o en la sacristía de la desacralizada iglesia de Santo Domingo en Trujillo (Cáceres), la primera mitad del siglo XVI[17]; momento a partir del cual, irrumpirán también, si bien antes en forma de pintura al fresco que de esgrafiado, algunos repertorios arquitectónicos italianos inspirados, sobre todo,“all’opera laterizia antica” [18].

No obstante, esta última influencia sobre los esgrafiados extremeños, probablemente también sobre algunos ejemplos segovianos, ha sido desdeñada en favor del influjo de lo propiamente flamenco y mudéjar, hasta el punto de haberse ignorado que los muchos ejemplos conservados en la Toscana – Florencia, Pienza o Siena, entre otras ciudades – y los escasos hallados en Roma – casa in via del Goberno Vecchio o casa in via degli Amatriciani[19]-, guardan asombroso parecido con los encontrados en la mayor parte de los palacios trujillanos y placentinos, como puede comprobarse en los dibujos de la obra de Maccari y Jannoni (Graffiti e chiaroscuri esistenti all’esterno delle case di Roma), publicada en 1867. Parece imposible, desde luego, vincular directamente con documentos esta reformulación de repertorios a los conjuntos extremeños, tanto más si consideramos que allí se ejecutaban para paramentos exteriores – especialmente para modificar la escala de los edificios[20]– y aquí para revestir estancias interiores, a veces sustituyendo incluso a los tradicionales tapices de Flandes; no obstante, no debemos obviar la presencia en Italia, ya desde la segunda mitad del siglo XV, de jerarcas de la iglesia y, en misiones diplomáticas y militares, de gran número de nobles vinculados con Trujillo – don Álvaro Pizarro Loaysa, don Diego García de Paredes, don Gaspar Cervantes de Gaete -, Cáceres – don Álvaro de Sande y Carvajal -, Plasencia – don Bernardino de Carvajal – o Zafra – don Lorenzo Suárez de Figueroa -, que, a la vuelta de sus viajes, demandaban la construcción de inmuebles incorporando algunas innovaciones foráneas – capiteles itálicos, tipos caustrales, superposiciones de órdenes, elementos decorativos, etc.-. Circunstancia que, unida a la circulación de libros impresos en Venecia y a la demanda de numerosos objetos y elementos arquitectónicos traídos directamente de Génova a los mercados castellanos[21], pudo ser determinante.

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Esgrafiados con ornamentos geométricos en punta de diamante y losanges rematados con frisos de grutescos. Sacristía de la iglesia parroquial de Santo Domingo (Trujillo), finales del s. XVI y Gelateria Dolce Sosta, Pienza (Italia), 1ª mitad s. XVI.

¿Qué modelos se utilizaron en Extremadura?

No resulta fácil, desde luego, hacer una clasificación de la totalidad de propuestas ejecutadas en Extremadura y, concretamente, en la ciudad de Trujillo; tanto más si comprendemos que son numerosos los ejemplos que por su complejidad podrían integrarse en categorías distintas. Esta problemática, de la que adolece cualquier compilación formalista, no debe impedir, empero, una primera aproximación a su estudio y sistematización. Desde esta perspectiva, hemos querido establecer una clara diferenciación entre los esgrafiados que recrean exclusivamente motivos geométricos o arquitectónicos y aquellos en los que, por el contrario, predomina la figuración de motivos heráldicos, vegetales, animalísticos y humanos – grutescos, ordenaciones a candelieri -, como resultado de complejas propuestas iconográficas; la mayor parte de las cuales no serán objeto de análisis aquí, dado que desbordarían la finalidad primera de este texto. En este último grupo, aunque escasos, integraremos algunos de los ejemplos más relevantes del panorama regional: los esgrafiados que reproducen episodios del Nuevo Testamento, aunque en ocasiones la iconografía se ayuda de ciertas prefiguraciones del Antiguo que desvelan, parafraseando a San Agustín, los contenidos novotestamentarios. Tal es el caso de la representación del Calvario de Cristo que encontraremos en la fachada septentrional del convento de San Francisco o en la Capilla del Reposo en la parroquia de San Martín de Trujillo.

Pero de igual modo cabría hacer una categorización atendiendo a la técnica de ejecución o a la variedad de colores empleados; por no mencionar otra paralela que atendiera a la cronología, el espacio geográfico, o, finalmente, al estilo histórico. Hemos elegido una clasificación formal, por ser ésta, en nuestra opinión, la que mejor simplifica y da coherencia al todo que conforman los modelos utilizados. No por ello hemos renunciado, sin embargo, al análisis crítico de cuantos datos estilísticos, cronológicos o técnicos fuesen necesarios para profundizar en ella.

1. ESGRAFIADOS CON FORMA DE MALLA ORNAMENTAL Y QUE IMITAN MATERIALES PÉTREOS O LADRILLO

1.1 Esgrafiados con trama romboidal, en punta de diamante y de octógonos o círculos entrelazados.

En lo que a los esgrafiados quinientistas que imitan “il bugnato a punta di diamante” o los motivos romboidales en losanges es necesario señalar, aún cuando al comienzo de nuestra intervención afirmábamos, en un intento de sembrar la duda en el oyente, “que procedían de la tradición flamenca”, la dificultad que implica concretar su origen, dado que se ha repetido hasta la saciedad cómo la reiteración de un mismo motivo decorativo en el arte español de la Edad Moderna se debía exclusivamente al adorno epidérmico mudéjar; adjudicando así a su influencia las puntas de diamantes o las conchas de algunos palacios de nuestro primer Renacimiento ornamentado. Esta consideración positivista que redundaba en la idea de la castellanización de las corrientes foráneas germanas e italianas de nuestra arquitectura con aportaciones raciales o nacionales, obviaba paradójicamente que en Flandes, en el Medio Rin, en Suiza o en el centro-norte de Italia era muy habitual también esta forma de copar la planta o la superficie en alzada buscando impresiones de horror vacui. Así, desde los pavimentos geométricos de las tablas de los primitivos flamencos a los aparejos de ladrillo antiguos y el opus reticulatum, o la decoración de armaduras del cuatrocientos y quinientos en la Toscana o en Roma (Trastevere), los losanges y las puntas de diamantes se usaron reiteradamente como recurso para redefinir el volumen y la perspectiva de pinturas y edificios. Esta intencionalidad, junto a las posibilidades decorativas y económicas anteriormente citadas, explica que se emplearan también como motivos para revestir muros pobremente construidos en forma de esgrafiados; en otras incluso, caso de la cubierta de cerámica esmaltada de la catedral de Basel (Suiza)[22], que sirvieran para culminar la escenografía cromática de un edificio medieval, normalmente abocado a la búsqueda de recursos que acrecentaran sus valores metafísicos.

En la ciudad de Trujillo son numerosos los ejemplos de esgrafiados a dos, tres o cuatro tendidos con trama romboidal, bien pigmentados en negro carbón, bien con el color natural de la cal y el árido de granito característico de la penillanura trujillano-cacereña[23]. Al ya citado ejemplo del zócalo interior de la sacristía de la extinta parroquia de Santo Domingo, obra de Francisco Becerra, con losanges en marrón y blanco que buscan efectos de claroscuro muy similares a los hallados en Roma en la fachada de un edificio sito en la vía in vincolo Cellini nº 13 o en la Casina del Curato en Valle Iulia, hay que sumar el de la capilla de las casas principales de los Chaves-Cárdenas en la plaza Mayor, con doble encintado y ajedrezado en los vértices, con seguridad obra ya del siglo XVII; también, los de la torre principal de la Casa de Señorío de los Altamirano en Orellana la Vieja (Badajoz).

Así mismo, en el recinto amurallado, entre los sublimes muros de la iglesia de San Andrés – mal llamada de la Vera Cruz -, parcialmente destruidos a finales del s. XIX por la colmatación del recinto con varias tumbas del cementerio municipal, se localiza una trama de esgrafiados en punta de diamante concebida a la manera italiana del primer y último Renacimiento, según puede comprobarse en la fachada del patio de la casa del Bucardo en Roma o en Pienza (Toscana), en la fachada de la Gelateria Dolce Sosta.

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Esgrafiados con ornamentos geométricos en punta de diamante. Capilla Mayor de la extinta parroquia de  la Vera Cruz, Trujillo, finales s. XVI y dibujo de la facha de la Casina del Curato en Villa Iulia, Roma (Italia).

Más escasos son los esgrafiados que imitan octógonos entrelazados, una vez más debidos a la huella que dejaron en nuestras fronteras los tejidos y repertorios decorativos hispano-musulmanes. Baste mencionar el conjunto (s. XVII) del ya citado castillo de Belvís de Monroy, que reviste el intradós de la bóveda de cañón de uno de los ambulacros del edificio.

De procedencia toscana, aunque típico también del Lacio, será el esgrafiado de motivos circulares entrelazados que podemos encontrar en el patio del Palazzo Ricci y que reproduce Sebastiano Serlio en el Libro IV de su tratado[24]. Se trata de un modelo muy sencillo, empleado indistintamente en el diseño de alfarjes y revestimientos murales – esgrafiado, estucados, etc.-, que hallamos también en la capilla trujillana del Reposo, tras del templo de San Martín, sobre la hornacina de la Virgen[25]. Esta nueva reformulación de repertorios italianos en el Renacimiento trujillano no debe extrañarnos dado que, además de ser sobradamente conocido en la ciudad el texto del boloñés en el momento de ejecución de la capilla[26], era frecuente la circulación de libros iluminados y grabados con imágenes y figuraciones “al romano” entre mecenas y diletantes.

Por último, cabría englobar aquí un conjunto de esgrafiados de bellísima factura y compleja trama de clara ascendencia gótico-mudéjar, pero con escasa representación en la Alta Extremadura: me refiero a todos aquellos que siguen el llamado “modelo segoviano” y que reproducen motivos geométricos y vegetales entrelazados. Podríamos citar como ejemplos los esgrafiados de la parroquial de Berzocana (Cáceres) y, especialmente, los de las torres del pabellón externo de la antigua librería del Monasterio de Guadalupe[27].

1.2 Esgrafiados de trama rectangular y cuadrangular con encintado simple o doble

Obviamente las puntas de diamante y las tramas de losanges no representan los únicos modelos geométricos manejados como patrón ornamental o imitación de materiales para esgrafiar grandes superficies en paramentos exteriores. Antes al contrario, era más común cubrir las fachadas con morteros que reproducían los tradicionales aparejos de sillares rectangulares – opus quadratum – y ladrillos – opus latericium -. Entre los primeros, el más repetido desde la Edad Media a nuestros días es el de encintado sencillo que imita piezas rectangulares, bien para recrear un zócalo, bien como límite de los extremos de una fachada, en cuyo caso se dibuja formando piezas escalonadas a modo de adarajas. Se trata de un esgrafiado de cal a un tendido (1,5 cm. aprox.) acabado con la llana sobre una superficie previamente repellada – el testadirigere vitruviano -. Normalmente presenta la coloración del árido y la cal empleados, si bien su aspecto podía matizarse mediante la aplicación de tierras naturales, tal como se ha hecho recientemente en la casa de los Sanabria junto al Altozano en Trujillo. El rascado que da lugar al esgrafiado se realiza con la cal aún fresca, dejando en relieve un encintado liso o parcialmente rehundido por un lápiz o punzón, en cuyo caso deja ver un delineado negro. Este modelo, frecuentemente reproducido desde el pasado siglo con cementos Pórtland, solía acompañarse de algún remate a modo de cenefa en el que se representaban motivos geométricos de círculos tangentes, roleos o rombos. Son típicos en la ciudad de Valdefuentes (Cáceres) y, especialmente, en la capital cacereña, donde se han convertido en un signo de identidad de su arquitectura popular desde el siglo XVIII[28]. El más antiguo de cuantos se han hallado en Trujillo permanece oculto bajo el holladero del portal de la Carne en el costado meridional de la plaza Mayor: un ejemplo interesantísimo que pudimos descubrir junto a la arqueóloga Cristina Lázaro en el transcurso de los sondeos realizados en el palacio de La Conquista el año 2003. Hablamos de un esgrafiado de cal grasa pigmentado en un tono gris-azulón cuyo mayor valor, a parte de su extraña coloración, reside en que se fabricó para proteger un muro de sillería y ocultar los engatillados de la piedra producidos por el reaprovechamientos de materiales en la construcción del palacio y de las antiguas Carnicerías Municipales a él anexas.

Un tercer modelo, empleado indistintamente en la ornamentación de paramentos exteriores e interiores, lo compondrían todos aquellos esgrafiados a uno o varios tendidos con efectos de claroscuros[29] que describen una malla rectangular o cuadrangular enmarcada por un doble encintado, frecuentemente rematado en las esquinas por un sencillo damero. En nuestra opinión, esta trama se debe a una simplificación-imitación de los repertorios de lazo mudéjares, siendo muy típica de los años finales del s. XVI y la totalidad de la dos siguientes centurias. Los ejemplos conservados, muchos de ellos guarnecidos entre seculares capas de enjalbegados – de ahí el peligro de destrucción en que se hallan – son incontables, aunque no por ello debemos despreciarlos. En Trujillo deben señalarse, entre otros, los esgrafiados del coro de la iglesia parroquial de San Martín, en la plaza Mayor, y la fachada principal del Hospital de los Agustinos en el camino de Garciaz, si bien el más antiguo – finales del s. XV -, que imita los característicos paños de Sebka almohades, se encuentra en la sacristía de la parroquia tardorrománica de Santiago. También se conservan en la facha de la ermita de la Salud en Plasencia[30] y en los muros interiores del presbiterio de la iglesia de San Blas en Toril.

En la sacristía de este último templo, copando la totalidad de la bóveda esquifada que cierra su perímetro centralizado, y en los salones del castillo de Belvís de Monroy (Cáceres), hoy parcialmente arruinado, localizamos esgrafiados cuadrangulares de doble encintado con decoraciones de rosetas inscritas, ejecutados en la primera mitad del siglo XVII. Similar a éstos, aunque con motivos romboidales que sustituyen los citados ornamentos florales, es el es esgrafiado que reviste los muros de ladrillo del cimborrio de la iglesia conventual de San Francisco en Trujillo, parcialmente descortezado, cuya mayor originalidad reside en la disposición a mata juntas de los cuadrados que configuran la malla; rompiendo así con la innecesaria monotonía que hubiera provocado en un espacio de grandes dimensiones una ordenación ortogonal.

Una nueva reinterpretación de este modelo de doble encintado, más compleja y espectacular, la encontramos en la fachada occidental de la iglesia parroquial de Monroy (Cáceres), donde los ángulos de las piezas que componen la red se colman con cuartos de circunferencia que provocan un diálogo de repercusiones geométricas entre las formas cuadrangulares y circulares. Debió realizarse en el siglo XVIII a juzgar por la tipología de la ventana que se alza sobre el frontón de la portada, a la que enmarca y recerca el esgrafiado.

Finalmente, el conjunto más completo de este tipo que hemos podido localizar en Extremadura, a saber, se encuentra en las habitaciones interiores y en el patio de las casas principales de los Orellana, en el costado sureste de la plaza Mayor de Trujillo. Este edificio, iniciado la última década del siglo XVI por don Diego González Altamirano[31], un perulero descendiente del primer linaje trujillano, es una de las construcciones civiles inexploradas del Renacimiento altoextremeño, muy a pesar de conservar en su interior una de las propuesta espaciales y decorativas mejor resueltas aquel siglo. Su alzada, de cinco alturas y apenas ocho varas de ancho, sirve de telón a una serie de habitaciones dispuestas en derredor de un falso patio oblongo de cuatro pandas esgrafiadas con sillería doblemente encintada, sobre la que se sitúan un conjunto de arquitecturas fingidas – balaustradas de candelabros, frisos de arcaturas sobrepuestas, escudos, guardapolvos, etc.-.

1.3 Esgrafiados que reproducen ladrillo

Entre los modelos reiteradamente empleados en la edilicia menor desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX[32], se encuentran las imitaciones de ladrillo realizadas con un mortero de cal grasa coloreado con mazarrón o almagra. Se trata, ahora sí, de un procedimiento típicamente mudéjar que, sobre una capa de mortero fresco, obligaba a los esgrafiadores a aplicar un revoquillo pigmentado y muy fino para, más tarde, delimitar con una regla las verdugadas o tendeles, que quedaban al descubierto mediante un raspado o llagado. Esta técnica la encontramos en edificios extremeños desde los primeros años del siglo XV, como puede verse en los arcos túmidos del claustro del palacio de los duques de Alba en Abadía (Cáceres)[33] o en la parroquial de Casas de Miravete, también en la Alta Extremadura; hasta el pasado siglo, según comprobamos en diversas viviendas historicistas del casco urbano trujillano -calles Encarnación, San Antonio, Tiendas,…-.

2. ESGRAFIADOS QUE IMITAN ARQUITECTURAS

Este tipo de grafitto vero de clara procedencia italiana, pues deriva de los estilos pompeyanos, cobra importancia en tierras extremeñas, especialmente placentinas y trujillanas, ya desde la primera mitad del siglo XVI. Su finalidad no fue otra que la de imitar a un bajo coste económico una suerte de elementos arquitectónicos, a veces insostenibles y carentes de toda capacidad portante, que funcionaran como improvisados retablos, ordenaran la disposición de una fachada o fingieran una portada o balaustrada.

Son pocos los ejemplos que han llegado a nosotros, siendo en su mayor parte esgrafiados a varios tendidos policromados con negro extraído de carbón de encina; pigmento que contribuía a redefinir las relaciones de masa y volumen del paramento intervenido, mejorando su percepción. Entre ellos, caben citarse, aunque someramente, los esgrafiados de las casas del conde de Valdelagrana en la calle del Dr. Parra, realizados la última década del siglo XVI; los ya citados de la casa de los Orellana en la plaza Mayor (s. XVI); los de la capilla de las casas principales de los Chaves-Cárdenas (s. XVII); y el altar de la sacristía de la iglesia de Santo Domingo (s. XVI).

En la casa de los condes de Valdelagrana se conservan: una falsa balaustrada de candelabros que servía de cierre a una escalera que comunicaba la última planta del edificio con las cubiertas; un frontón triangular que ordenaba y coronaba uno de los huecos de fachada; y, cercenado, un retablo de hechura renacentista que pudo formar parte del repertorio heráldico de los propietarios del edificio. Pieza ésta última, en lo que nos ha llegado, compuesta por un frontón triangular, un entablamento exornado con ovas y dentellones y dos flameros apeados sobre esbeltos plintos.

En la plaza, junto a las casas Consistoriales, sobresalen las arquitecturas fingidas de la casa de los Orellana, donde los muros del patio recrean – en dos de sus cuatro lados – un orden de pilastras sobre el que se elevan, a modo de arquitrabe, dos frisos de arcaturas sobrepuestas de inspiración serliana, más dos huecos de ventana cerrados con barandillas que imitan trabajos de forja. Ya en las estancias interiores, frisos con guardapolvos y nuevas arcaturas o bóvedas hemiesféricas completan este teatro arquitectónico, del que participa también un conjunto de corredores, escaleras en husillo y vanos capialzados en cantería.

En la sacristía de la iglesia trujillana de Santo Domingo, a la que nos hemos referido ya en varias ocasiones, reclama su protagonismos, en tanto vértice de la pirámide visual del repertorio esgrafiado, una arquitectura renacentista que hace las veces de improvisado retablo, al albergar en su interior un calvario nórdico-flamenco que reinterpreta el modelo eyckiano difundido por Schongauer, del que difiere, empero, al renunciar a la representación de la luna y el sol como unión simbólica entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, sustituido aquí por una representación del Padre Eterno. Iconografía que se repite en el presbiterio del templo de San Andrés, en la misma ciudad.

El esgrafiado reproduce una arquitectura adintelada que soportan sendos pares de columnas pareadas. Una cornisa exornada con ovas y palmetas sirve de apoyo a un frontón rematado con flameros y un tondo.

Otra de las arquitecturas fingidas, reiteradamente reproducida en patios, escaleras y zócalos, será la balaustrada de candelabros, de la que se conservan interesantes ejemplos en el convento de Agustino Recoletos de Valdefuentes[34], en el cenobio franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles en la Moheda (Cáceres)[35] – a tres colores – y, a modo de ático, en el oratorio de la casa de los Chaves-Cárdenas en Trujillo.

3. ESGRAFIADOS CON REPERTORIOS DE MOTIVOS HERÁLDICOS, VEGETALES, ANIMALÍSTICOS Y SERES ANTROPOMORFOS Y FANTÁSTICOS.

En este grupo de esgrafiados hemos querido recoger una serie de diseños renacentistas “al romano” que comenzaron a utilizarse en tierras extremeñas, desde los primeros años del siglo XVI, hasta la primera mitad de la centuria siguiente, por la influencia que provocó entre diletantes y artífices la circulación en los mercados castellanos de libros alemanes e italianos con repertorios decorativos de la antigüedad – Scriptoris vere catholici ecclesiasticae Historia [Referencia Butsch, lám. 167-169][36] – o de animales, como la traducción latina de El Fisiólogo – Phisiologus Epiphani – hecha por el humanista español Gonzalo Ponce de León en tiempos del Papa Sixto V y editado en Roma en 1587 y 1601.

Constituye una de las tipologías menos conocida por hallarse ocultos la mayor parte de sus ejemplos entre capas seculares de enjalbegados en los interiores de construcciones de edilicia mayor, y podrían considerarse también los de una mayor riqueza iconográfica.

Se ha dicho ya, sin embargo, que entre los objetivos prioritarios de este texto no se halla encontrar explicación al sentido iconográfico de estos frisos, acaso porque los repertorios de animales, monstruos y seres fantásticos que recogen habían perdido ya parte de la significación alegórico-moralizantes que tuvieron a lo largo de la Edad Media[37], y se repetían ahora en numeroso libros, junto a angelotes, laureas, guirnaldas y plantas entrelazadas, como meros compendios de adornos “al romano” que servían luego de inspiración a pintores, escultores o esgrafiadores. Es muy probable, por tanto, que los esgrafiados del palacio de La Conquista, de las casas de Diego González Altamirano o del Alcázar de estos últimos, intramuros de la villa de Trujillo, tengan solo una intención decorativa. Es por ello, dado que según señalaba San Ambrosio “los ejemplos persuaden más que las palabras”, que nos limitaremos a describir su forma y aspecto, recordando que: encerrasen o no significaciones secundarias, por encima de éstas, dado el lugar en que se ubicaron – salones de linajes -, se hallaban las propiamente nobiliarias y heráldicas.

img09Esgrafiado con las armas de los Torres, Sotomayor, Mendoza de la Vega, Calderón y Altamirano en la casa-fuerte de estos últimos, Trujillo, finales del s. XVI.

Tres son las características principales que comparte estos esgrafiados: de un lado se realizan exclusivamente para revestir paramentos interiores, especialmente salones, zaguanes y alcobas, cuyos muros superiores recorren en forma de grandes frisos corridos; de otro, son esgrafiados a tres o cuatro tendidos pigmentados con carbón de encina; así mismo, pertenecen en su mayoría a la segunda mitad del siglo XVI, momento en el cual parece razonable proponer que hubo en Trujillo y Plasencia importantes cuadrillas de artesanos que, de algún modo, conocían los modelos y las técnicas de esgrafiar típicos de la Toscana.

En lo que a los repertorios utilizados se refiere, es muy común que describan una ordenación simétrica de motivos vegetales entrelazados en forma de roleos, de los que afloran agrupaciones de seres fantásticos y antropomorfos, como tritones – que sujetan modernos escudos acolados con lambrequines -, putti, arcángeles, cabezas de sátiro, leones o grifos; de igual modo, es frecuente también que copen la casi totalidad del espacio elegido un elenco de bestias y animales como elefantes, leones, monos, avestruces, pavos, peces, abejas, llamas, dragones y demonios. Por último, no faltarán caballos y ciervos bicéfalos.

Los conjuntos principales que hemos podido localizar en Trujillo, a saber, son: en el palacio de La Conquista, los esgrafiados del Salón de Linajes, donde destacan las armas concedidas por el Emperador Carlos V a don Francisco Pizarro por sus hazañas en la toma del Perú; en el edificio contiguo – casas de Diego González Altamirano – los frisos con leones afrontados e indianos de los salones principales; en la casa de los Chaves Cárdenas y las antiguas casas de Pesos y Medidas, las bandas, muy deterioradas, de las estancias oblongas que asoman a la plaza Mayor; en la iglesia de Santiago, los repertorios con tritones y medallones de la sacristía, financiados con seguridad por el obispo Pedro Ponce de León; en el Alcázar de los Altamirano, intramuros, los esgrafiados del Salón de Linajes, donde destaca un repostero con las armas familiares – Torres, Sotomayor, Mendoza de la Vega, Calderón y Altamirano -; finalmente, en las casas popularmente llamadas de Francisco de Orellana, junto a la Parroquia de Santa María, una fajas con sencillos ornamentos vegetales y heráldicos que recorren la planta primera.

4. OTROS MODELOS

En esta última categorización nos gustaría incluir una serie de piezas de menor entidad que, por lo general, aparecen aisladas sobre los dinteles, jambas y cornisas de paramentos exteriores, y entre las que cabría señalar las que reproducen motivos geométricos con forma de esvásticas, trísqueles o medias lunas; frecuentemente insertos en cuadrados o círculos.

Los ejemplos son tantos que sería difícil recogerlos en estas breves líneas. No obstante, debido a la mínima atención que se los concede, parece obligado referirse siquiera sucintamente a las cruces en aspa halladas en la casa de los Carrasco Saldaña, junto al viejo camino de Garciaz, y a las medias lunas de la casa de Diego González Altamirano, ambas en la ciudad de Trujillo.

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img11Friso con leones alados y heráldica en las casas principales de Diego González Altamirano en la plaza Mayor de Trujillo, finales del s. XVI, y grifos con heráldica de palacio Venecia en Roma (Italia).

Conclusiones

Entre las conclusiones principales de esta investigación nos gustaría señalar:

  1. En primer lugar la importancia que la técnica de esgrafiar adquirió en Extremadura, especialmente en la Diócesis de Plasencia, durante el siglo XVI, momento al que pertenecen los conjuntos de mayor valor artístico.
  2. Seguidamente, la escasa atención que la administración pública ha prestado a catalogar, consolidad, recuperar y dar a conocer los repertorios regionales, que, como señalábamos más arriba, pueden clasificarse entre los más ricos de cuantos se diseñaron en España.
  3. También, que más de un 80% de los conjuntos aquí recogidos corren serio peligro de ser destruidos los próximos años si no tomamos medidas y asumimos nuestra responsabilidad con el legado histórico heredado de las generaciones pasadas y que estamos obligados a preservar para las venideras.
  4. Por último, que entre las fuentes iconográficas foráneas de que bebieron esgrafiadores y pintores, las italianas del primer y último Renacimiento fueron numerosas y principales; lo que no se había propuesto hasta el momento.

NOTAS:

[1] SOBRINO GONZÁLEZ, M., La piedra como motivo para la arquitectura, Cuadernos del Instituto Juan de Herrera, E. A. T. S. M., nº, XVII, 2002, Madrid, p., 6.

[2] NUERE MATAUCO, E., Nuevo tratado de la carpintería de lo blanco, Munilla-Lería, Madrid, 2001. AA.VV., Patologías y técnicas de intervención. Elementos estructurales, Tomo III, Munilla-Lería, Madrid, 1999. PALACIOS GONZALO, J. C., Trazas y cortes de cantería en el Renacimiento español, Munilla-Lería, Madrid, 2003; La cantería en la construcción del Renacimiento andaluz. Biblioteca de Arquitectura del Renacimiento Andrés de Vandelvira, Jaén, 1992. RABASA DÍEZ, E., Forma y construcción en piedra. De la cantería medieval a la estereotomía del siglo XIX, Akal, Textos de Arquitectura, Madrid, 2000. AA. VV., Guía práctica de la cantería, Editorial de los Oficios, León, 1999.

[3] Para el arquitecto italiano el esgrafiado era:“… un’altra specie di pittura, ch’è disegno e pittura insieme, e questo si domanda sgraffito e non serve ad altro che per ornamenti di facciate di case e palazzi, che più brevemente si conducono con queste spezie e reggono alle acque sicuramente. Perché tutti i lineamenti, invece di essere disegnati con carbone o con altra materia simile, sono tratteggiati con un ferro dalla mano del pittore. Il che si fa in questa maniera: pigliano la calcina mescolata con la rena ordinariamente, e con la paglia abbruciata la tingono d’un scuro che venga in un mezo colore che trae in argentino, e verso lo scuro un poco più che tinta di mezo, e con questa intoniaco la facciata. E fatto ciò e pulita col bianco della calce di travertino, la imbiancano tutta, et imbiancata ci spolverano su i cartón, o vero disegnano quel che ci vogliono fare. E di poi agravando col ferro, vanno dintornando e tratteggiando la calce, la quale essendo sotto di corpo nero, mostra tutti i graffi del ferro come segni di disegno”. VASARI, G., Le vite de’ più eccellenti architetti, pittori et scultori (Introduzione Cáp. XXVI Pittura, “De gli Sgraffiti delle case, che reggono l’acqua; quello che si adoperia fargli e come si lavorano le grottesche nelle mura”), Torino, Einaudi, 1991, pp., 72-73.

[4] Acerca del esgrafiado italiano véanse: SARTOR, A., “Il rilievo delle pareti grafitte”, in Disegnare idel inmagini, nº 12, Anno VII, p., 25. ERRICO-STELLA, V. M., FINOZZI, S., GIGLIO, I., “Ricognizione e schedatura delle facciate affrescate e graffite a Roma nei secoli XV e XVI”, in Bolletino d’Arte, nº. 33-34, 1985.

[5] BALDI, P., CORDARO, M., MORA, P., MORA, L., “Arquitecture-Coleur”, ICCROM, Roma, 1981, p., 133. Cfrs. etiam CABRERA GARRIDO, J. M., “Fábricas de piedra”, en Conservación y restauración en Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, Valladolid, 1987; Obra completa, Ars Sacra, 2006, p., 114.

[6] En estos términos se expresaba el marqués de Lozoya al referirse a los esgrafiados segovianos. LOZOYA, marqués de, La casa segoviana, Caja de Ahorros y Monte de la Piedad, Segovia.

[7] Un buen ejemplo de lo dicho, según se desprende de los análisis químicos efectuados por el Dr. Enrique Parra, son los esgrafiados a tres tendidos policromados con carbón vegetal y acabados con un temple rico en cal del Salón de Linajes del palacio del marqués de La Conquista en Trujillo. Véase: PARRA CREGO, E.,Análisis químico y estudio de la superposición de capas de mortero y pintura de las antiguas casas principales de Hernando Pizarro en Trujillo (Cáceres), Laboratorio de análisis para la restauración y la conservación de obras de arte, Villanueva de la Cañada, 2003, p., 3.

[8] ROJAS, C., Teórica y practica de fortificación, conforme las medidas y defensas destos tiempos, repartida en tres partes, Madrid 1598, en casa de Luis Sánchez, Tercera Parte, Cáp. II, Biblioteca Nacional de Madrid, R/12093, f., 89v.

[9] A.P.T. Juan de Vega, 22/1/1628, protocolo nº, 4425.

[10] Esta circunstancia, similar a la que frecuentemente nos encontramos en los alicatados de cocinas y cuartos de baño actuales, explica las asimetrías que provocaron los esgrafiadores en el acabado de las esquinas de numerosos edificios, como puede comprobarse en la sacristía de la iglesia de San Blas en Toril, donde los medallones que exornan la parte superior de los muros doblan sin ningún orden la pared contigua.

[11] ERRICO-STELLA, V. M., FINOZZI, S., GIGLIO, I., “Ricognizione e…”, art. cit., p., 57.

[12] Es importante recordar en este sentido que era el esgrafiador quien normalmente concertaba los trabajos para, posteriormente, subcontratar la ejecución de los cartones con un pintor. Estos moldes de papel o chapa metálica solía reutilizarlos más tarde el esgrafiador para otros proyectos, como ocurrió con los frisos de grutescos de la sacristía del templo de San Blas de Toril (Cáceres), provocando frecuentemente con ello un enfrentamiento con el pintor, que reclamaba así su propiedad intelectual sobre la idea. Véase: GÁRATE ROJAS, I., Artes de la cal, Instituto Español de Arquitectura-Universidad de Alcalá, Munilla-Lería, Madrid, 2002, p., 193.

[13] Ibidem.

[14] VASARI, G., Le vite de’ più eccellenti architetti…, op. cit.,pp., 72-73.

[15] Son famosos los conjuntos alemanes de Silesia, Wutemberg, Sttugart y Ulm.

[16] Un buen ejemplo de ello sería el fragmento califal de Medina Elvira (s. IX) con motivos romboidales insertos en círculos tangentes, y que se conserva en el museo arqueológico de Granada.

[17] Sobre la reciente restauración del Monasterio de Yuste, véase: PONCE DE LEÓN, P., “La intervención en el Monasterio de Yuste. El silencio del Emperador”, Ars Sacra, 26-27, Madrid, 2003, pp., 71-85.

[18] SARTOR, A., “Il rilievo delle…”, art. cit., p., 25.

[19] Quiero agradecer este dato al profesor Diego Maestri, Catedrático de la Universidad de la Sapienza (Roma), que me brindó, durante mi estancia en la Escuela Española de Arqueología e Historia en la Ciudad Eterna, su tiempo y hospitalidad.

[20] GOLZIO, V., ZANDER, G., L’arte in Roma nel secolo XV, Cappelli, Bologna, 1968, pp., 171-ss.

[21] Destaquemos entre otras piezas la lauda sepulcral de bronce de don Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador en tierras italianas en tiempos de los RR.CC., así como el bajorrelieve de mármol representando a la Virgen con Niño del museo catedralicio de Badajoz, atribuido a Desiderio da Settignano.

[22] Véase: DE LA RIESTRA, P., Gotik. Die gotische Architektur in der Schweiz, Rothus Verlag, Solothurn, 2002, p., 67.

[23] Esta cuestión no resulta baladí, pues de la misma manera que Philibert de l’Orme advertía en el capítulo XVI de su tratado sobre las virtudes que suponía rellenar los tendeles de las hiladas de piedra caliza con cal extraída de la misma cantera, en Trujillo hemos podido comprobar mediante análisis petrológicos que los granitos se disponían sobre morteros aglutinados con áridos ricos en cuarcita. DE L’ORME, P., Architecture (1567) ed. 1648, en Mardaga, Bruselas, 1981. Cfrs. etiam el informe emitido por el Centro de Estudis del Patrimoni Històric de la Universidat de Barcelona sobre el palacio del marqués de La Conquista: VENDRELL, M., GIRÁLDEZ, P., “Palacio del marqués de La Conquista. Materiales de construcción, patologías y mecanismos de degradación”, en AA. VV.,Proyecto de rehabilitación y restauración del palacio del Marqués de La Conquista, Trujillo (Cáceres), Memoria de Maestría, Master en Rehabilitación y Restauración del Patrimonio de la Universidad de Alcalá de Henares, 2003, anexo de petrología, inédita.

[24] SERLIO BOLOÑES, S., Tercero y qvarto libro de architectura, Toledo 1552, en casa de Iván de Ayala, Biblioteca Nacional de Madrid, R/ 10246, f., 297.

[25] Podemos datar esta capilla en la segunda mitad del siglo XVI, según se desprende del contenido de varias Actas Municipales fechadas en 1585, si bien el edículo con arco conopial que aloja la imagen de la Virgen debió realizarse a comienzos del citado siglo. Véase: TENA FERNÁNDEZ, J., Trujillo Histórico y Monumental, Salamanca, 1988, p., 246.

[26] A ello nos hemos referido en distintos trabajos. Véase: SANZ FERNÁNDEZ, F., “La piedra como motivo para la arquitectura I. Trazas y cortes de cantería en el Renacimiento trujillano”, Actas del XV Congreso Nacional de Historia del Arte, Palma de Mallorca, 2004, en prensa.

[27] Una reconstrucción de su primigenia fisonomía la encontramos en: AA.VV., Guadalupe. Siete siglos de fe y cultura, Ediciones Guadalupe, Madrid, 1993, p., 324.

[28] Sobre el esgrafiado popular extremeño véase: GARCÍA MERCADAL, F., “La casa popular extremeña”, Revista Arquitectura, 1920.

[29] No deben confundirse con los morteros coloreados con carbón vegetal, pues la bicromía de éstos es artificial y surge de la pigmentación voluntaria del esgrafiador, mientras la de aquéllos es el resultado de un proceso físico-químico que se produce al rascar el mortero una vez enlucido: de tal manera que la zona en relieve quedará más blanca que la rascada.

[30] ORANTOS GONZÁLEZ, J., “Recuperación de los esgrafiados de la fachada de la Ermita de la Salud de Plasencia”, Ars Sacra, 26-27, Madrid, 2003, pp., 101-105.

[31] “Item declaro que yo he edificado estas casas en que vivo que son en la plaza de esta ciudad de Trujillo, linde con casas de la justicia y casa de Hernando Pizarro, lo cual he hecho después que vine a España de las provincias del Pirú…”. Doc. cit. en SALINERO, G., Trujillo d’Espagne une ville entre deux Mondes, 1529-1631. Les relationes des familles de la ville avec les Indes, Tesis Doctoral, tomo II, La Sorbona, París, 2000, pp., 546-553.

[32] Al arquitecto Pedro de Brizuela pertenecen las imitaciones de ladrillo del convento segoviano de Santa Clara, obra del siglo XVII.

[33] Véase: MOGOLLÓN CANO-CORTÉS, P., “El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe y la arquitectura mudéjar en Extremadura” en Arte mudéjar en Aragón, León, Castilla, Extremadura y Andalucía [(Coord.) Carmen Lacarra Ducay], Institución “Fernando el Católico” (C. S. I. C.), Zaragoza, 2006, p., 214.

[34] Sobre la ciudad de Valdefuentes véase nuestro trabajo: SANZ FERNÁNDEZ, F., “El palacio del marqués de la Piovera, don Álvaro de Sande, y la plaza Mayor de Valdefuentes”, Boletín de Arte, Universidad de Málaga, Málaga, en prensa.

[35] DÍEZ GONZÁLEZ, Mª C., Arquitectura de los conventos franciscanos observantes en la provincia de Cáceres (s. XVI y XVII), Colegio Oficial de Arquitectos de Extremadura / Universidad de Extremadura, Cáceres, 2003, p., 274.

[36] Véase: HUIDOBRO, C., Grabados alemanes de la Biblioteca Nacional, Ministerio de Educación y Cultura, Madrid, 1997, p., 117.

[37] Es sobradamente conocido que desde Herodoto a los phisilogi y bestiarios medievales son muchos los textos que se han ocupado de difundir y compilar las noticias más pintorescas del mundo animal, incluyendo una suerte de animales reales y fantásticos o de monstruos. Aristóteles – Historia Animalium -, Plinio el Viejo – Historia Naturalis -, San Isidoro – Etimologías – o Vicente de Beauveais – Speculum Naturale – recogieron igualmente numerosas descripciones, a veces fabuladas. Véase: SESBASTIÁN, S., El Mensaje Simbólico del Arte Medieval, Encuentro, 1994, pp., 229-ss. MATEO GÓMEZ, I., Temas profanos en la escultura gótica española. Las sillerías de coro, Instituto Diego Velázquez, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1979.

Oct 012005
 

Juan de Orellana-Pizarro, Francisco Sanz Fernández y Miguel Sanz Salazar.

Un año más, queremos hablarles de Trujillo y de su patrimonio, si bien en esta ocasión no les proponemos una investigación arquitectónica, urbanística o pictórica de sus monumentos desde el análisis de una obra o período histórico concretos, sino, muy al contrario, una reflexión sobre el valor intrínseco, como legado patrimonial que tienen en su conjunto los bienes muebles, inmuebles, urbanos y paisajísticos conservados en la ciudad, y que los años pasados y venideros han sido y serán reformados con criterios muy dispares; algunos de los cuales han contribuido ya a la destrucción de un conjunto de matices -colores, texturas, esgrafiados, revocos de cal, carpinterías de lo blanco, etc.- y cualidades intangibles que diferenciaban nuestra ciudad de otros entornos monumentales. Estos matices -los esgrafiados de numerosas fachadas; el color a la cal de muros y revestimientos; los pavimentos y enlosados de granito, rollo y pizarra de calles y zaguanes; el arbolado, etc.- y elementos, imperceptibles para la mayoría -pensemos en las pátinas o deslustres, entre otros, de espacios tan característico de nuestro entorno como la fachada de San Martín o las sublimes ruinas de la extinta parroquia de Santo Domingo-, pero cuya defensa enarbolamos, aun a riesgo de ser desairados por aquellos insensibles e ignorantes que los destruyen a diario o por quienes puedan considerarlos pura evocación ruskiniana y decimonónica, constituyen una de las razones principales por las que Trujillo ha sido y aún es, aunque ya en mucho menor grado, admirado y recordado en las evocaciones y nostálgicas tribulaciones, escritas o dialogadas, de eruditos, viajeros y nativos. John Ruskin, uno de los padres de la teoría de la restauración o de la no restauración, según consideremos su legado, escribía en su obraLas Siete Lámparas de la Arquitectura, allá por la segunda mitad del siglo XIX, que “sólo hay dos fuertes conquistadores de la desmemoria: la Poesía y la Arquitectura…podemos vivir sin ellas y adorar sin ellas pero no podemos recordar sin ellas”[1]. ¿Qué sería del espíritu humano -señores- si le desposeyéramos del poder evocador de la memoria y el recuerdo, del testimonio de lo que fueron y lograron nuestros ancestros, cualidades tan significativas para un pueblo como el trujillano, del que -en la lectura menos romántica posible- podemos afirmar: vive del turismo que generan las obras de arte y el legado construido por aquéllos? Si resultan tan importantes para la ciudad, y hoy nadie lo duda desde perspectivas tan dispares como la histórica o la meramente pecuniaria sus museos, sus alcázares, su plaza Mayor, su castillo y sus hoteles con encanto histórico, por qué, en cambio, nadie se interroga sobre la salud de estos monumentos, por la idoneidad de las reformas antigua o recientemente realizadas ó, y este es el aspecto más preocupante, por la durabilidad de esta fuente de riqueza que explotamos a diario. ¿Por qué callamos y consentimos todo tipo de reformas sin informarnos sobre la experiencia y capacidad de las empresas que las realizan, sobre la preparación de los técnicos y políticos que las promueven o sobre la verdadera necesidad de intervenir ciertos monumentos y espacios cuyos estados de conservación resultan aparentemente óptimos? ¿Acaso no buscamos siempre el asesoramiento necesario cuando debemos acudir a un médico, comprar una casa o solicitar un viaje de placer? ¿Qué ocurre, entonces? ¿Quizás que no valoramos en su justa medida la importancia del entorno en que vivimos o, tal vez ,que la vorágine que nos asfixia alimenta nuestra desidia por todo aquello que no resulta prioritario en nuestra consumista escala de valores? Cada día estamos más seguros de que Trujillo tiene hoy lo que se merece, como defendía en una visión cargada de amargura nuestro amigo Alfonso Naharro, tan odiado como admirado y uno de los pocos, junto a Matilde Muro, que han sido capaces los últimos años de manifestarse contra las injusticias promovidas y ejecutadas durante la autarquía y la democracia en esta ciudad, granjeándose así la enemistad de no pocos trujillanos.

Con todo, Trujillo tiene un patrimonio arquitectónico y paisajístico extenso que ha impedido o, cuando menos, maquillado el terrible resultado de muchas de las malditas y poco respetuosas intervenciones que ha sufrido en el siglo XX, pero, como cualquier otra ciudad, tiene un límite de saturación que cada día se encuentra más cercano y amenaza, cual espada de Damocles, con el inicio de un punto de inflexión, a partir del cual, en nuestra particular psicostasia, el peso de la memoria y el recuerdo nostálgico de lo ya perdido sean superiores al de su patrimonio conservado.

La sola mención de edificios tan emblemáticos de nuestra historia como el Humilladero, la Sinagoga, la capilla de la Virgen de la Victoria, la Plaza de Abastos, los soleadores de los conventos de San Francisco y de la Encarnación, las fachadas de las casas de Fieles y Veedores y de los Chaves-Orellana o las recientemente derribadas casas de Gabriel Pentiero y de la Avenida de Monfragüe, por citar tan solo algunos destruidos en un abanico de años que abarca los siglos XIX, XX y XXI, resulta suficiente para: constatar lo numerosa e importante que ha resultado la desmemoria, la despreocupación y la desidia exhibida , desde entonces y hasta hoy -al margen de los años sesenta y setenta- , por políticos y particulares; así como para aclarar que el patrimonio perdido desde el siglo XIX no se debe exclusivamente a la ya tópica y utópica intervención de los franceses y de los desamortizadores Madoz y Mendizábal.

I. De la autarquía a la democracia: criterios y sensibilidades.

Pero no todos estos años se han resuelto con intervenciones desacertadas, ni durante todo este tiempo el patrimonio trujillano ha sido menoscabado o destruido, muy al contrario, han sido muchas las recuperaciones promovidas desde las administraciones -Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de la Vivienda, etc.- y la acción particular -Cristina de Arteaga y Falguera o la Asociación de Amigos de Trujillo- que han contribuido a aderezar y maquillar el legado recibido, facilitando así la recuperación del uso de numerosos inmuebles, algunos de los cuales, como la Capilla de la Virgen de la Victoria, los palacios Carvajal Vargas y Orellana-Pizarro o el convento de franciscanas reales de La Coria son hoy el testimonio de las distintas tendencias restauradoras empleadas en España durante la Autarquía. Tendencias que con el tiempo generaron corrientes estéticas y estilísticas, a la par que falsos históricos en muchos casos, basadas en la exaltación de ciertos valores patrios, hoy difícilmente aceptables, y en la calidad de los materiales tradicionales del entorno. Fue entonces también, es decir durante la dictadura, cuando Trujillo contó con una nómina de importantísimos arquitectos y eruditos, desde Valcárcel y Feduchi al profesor Xavier de Salas y la Madre Cristina de Arteaga, que dedicaron muchos esfuerzos a la recuperación de la ciudad desde una visión de conjunto, que atendía no sólo a la mirada parcial de un edificio emblemático, sino a la importancia del entorno en su totalidad, del que participaban también pequeñas viviendas con encanto, espacios ajardinados e históricas perspectivas[2]. Una labor encomiable, que quedó inconclusa y cuyo testigo no supieron recoger las administraciones de la democracia, muy a pesar de que, hoy, los medios técnicos y económicos superen en mucho los de aquella etapa de nuestra historia, tan razonablemente denostada en otros aspectos de la vida social. Pensemos, por ejemplo, en los numerosos documentos conservados en el Archivo Municipal de Trujillo que demuestran los esfuerzos realizados por el cabildo y la administración central por proteger las panorámicas y vistas de la ciudad desde el Pradillo y la hoy avenida de la Coronación :“Visto el proyecto elevado por el Ayuntamiento de Trujillo (Cáceres), para construir en un terreno correspondiente al espacio nº 5 del Plan de Ordenación de la vía de enlace entre Trujillo y Huertas de Ánimas. Esta dirección General, de conformidad con el informe emitido por los Servicios Técnicos de la misma, ha resuelto denegar la autorización… a fin de conservar las perspectivas actuales de la zona de enlace…reservada para Parque Público”[3]; en las labores de consolidación ejecutadas en la plaza Mayor; en las numerosas manifestaciones populares en defensa de la prohibición de instalar antenas en el conjunto histórico: “En contestación al escrito del Excmo. Ayuntamiento de Trujillo, referente a la posibilidad de suprimir las antenas de televisión que afectan a la silueta de la ciudad, existe la solución de colocar….”[4]; en el ajardinamiento del convento de la Coria; en los arrestos de don Julián García de Guadiana y Artaloytia por conseguir la primera restauración del Altar Mayor de Santa María, obra de Fernando Gallego y su taller; en la necesidad de estudiar el yacimiento arqueológico del Azuquén de la Villeta; o, en fin, en las recuperaciones de los palacios de Orellana, Chaves-Cárdenas, San Carlos, Luis de Chaves “el Viejo” o de las iglesias de San Francisco, Santa María, etc.

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Convento de La Coria antes y después de su restauración

No pretendemos, desde luego, defender las prácticas restauradoras de la autarquía, pues resulta evidente que el nuestro fue el único país europeo en el que la “Carta de Venecia” de 1964[5] fue ignorada, provocando resultados irreversibles en numerosos monumentos y el nacimiento de un patrimonio reinventado e historicista -pensemos nuevamente en la capilla de la Virgen del Victoria inspirada en la arquitectura de las puertas mozárabes de la muralla toledana, en la fachada del Ayuntamiento Viejo o en la plaza de Armas que Hernández Gil construyó en el Alcázar de los Altamirano[6]-, tampoco amparar esa arquitectura de los Paradores con suelos de barro, puertas de cuarterones y paredes blancas de gotelé, pero sí constatar que, a pesar de los avances científicos y esfuerzos alcanzados durante los años de la democracia, algunos conjuntos históricos como Trujillo han perdido, al compás y bajo el amparo constitucional de las descentralizaciones de las administraciones central y regionalla efectividad de muchos de los métodos de control que fiscalizaban y velaban por la conservación de su patrimonio, y ello a pesar de las calidad de los textos jurídicos de protección del patrimonio español, nacional y regional, con que contamos (pongamos como ejemplos las muchas dificultades que la familia Pablos Mateos encontró en los años sesenta para construir, mientras presidía la alcaldía don Manuel Pablos Mateos, una nueva vivienda en la calle de Sofraga, que tras cuatro años de luchas administrativas terminó por edificarse según los dictámenes de la Dirección General de Bellas Artes y no como los promotores pretendían[7]; o la paralización de las obras de rehabilitación del Alcázar de Luis de Chaves los años setenta a instancias de la Real Academia de San Fernando. Y pensemos ahora, quién ha velado por impedir los últimos años la escalofriante intervención en el palacio de Santa Marta, en la plaza Mayor o la destrucción del conjunto cerámico de la torre del Alfiler). Hoy resulta incuestionable, por más que la ignorancia popular -fácilmente impresionable con la cantidad y no con la calidad de las reformas promovidas-, tan proclive al remozado de las calles y plazas de su entorno, a la reestructuración incontrolada de sus casas que consideran por encima de su valor artístico e histórico un patrimonio propio y del que pueden sacar beneficio demoliendo, segregando o transformando una parte o su totalidad -pensemos en las casas del afamado arquitecto trujillano del siglo XVII Gabriel Pentiero, recientemente derribadas-, sancione y ratifique como extraordinarias cualesquiera intervenciones urbanas, que ciudades como la nuestra han perdido gran parte de las señas de identidad y carácter que hicieron de ellas espacios paisajísticos y arquitectónicos reiteradamente admirados -. Los caprichos de hosteleros y promotores de obras, “las necesidades del turismo” y las políticas propagandísticas han modificado paulatinamente la fisonomía y la impronta de muchas ciudades que tardaron siglos en ser modeladas y diseñadas.

Esta realidad que hoy les transmitimos no es una visión diseñada al azar, ni busca castigar políticamente lo que durante décadas han hecho e hicieron políticos y gobernantes; tampoco pretende enjuiciar a quienes por desconocimiento o desidia ignoraron el valor de los monumentos y espacios que intervenían, pero sí es una reflexión con la que pretendemos remover la conciencia de los trujillanos y alertarlos humildemente sobre las obligaciones que tienen para con su ciudad, aquella que disfrutan y explotan a diario, como si de una fuente inagotable de agua y recursos se tratase. – ¡Señores! -, el patrimonio no es un recurso inagotable, ni su valor histórico, artístico y paisajístico, son los mismos tras una mala intervención. Muy al contrario, es éste, como bien sugieren las nuevas acepciones planteadas en la “Carta de Cracovia de 2000”[8]un símbolo de la autenticidad, identidad y memoria de los pueblos, del que somos meros garantes y gestores y cuya conservación estamos obligados a promover[9]. Es pues una obligación de todos los particulares, como señala el artículo 3º de la ley 2/1999 de 29 de marzo del Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura, que observen peligro de destrucción o deterioro en nuestros monumentos, promover con los mecanismos legales a su alcance -desde auditar las partidas dedicadas a la gestión y conservación de nuestros monumentos hasta incoar expedientes administrativos o manifestarse públicamente- la transmisión de este patrimonio en condiciones de reversibilidad óptima, como mínimo, a las generaciones futuras. No obstante, exigir unas condiciones de reversibilidad óptima, puede resultar una ambición conformista y negativa que asume ex antes cualquier intervención, que ésta no será lo correcta que sería de esperar, pero tal es la práctica restauradora exhibida los últimos años en Trujillo, que no podemos sino conformarnos con tan exigua aspiración.

Con todo, no está de más recordar otros mínimos exigibles que pocas veces, a fuer de ser sinceros, se han tenido en cuenta los últimos tiempos en las intervenciones promovidas en la ciudad por políticos y particulares, excepción hecha de la reciente restauración del Altar Mayor de Santa María, dirigida por el I.P.H.E.; algunas de las recuperaciones promovidas por don José Mª Pérez de Herrasti en el palacio de la Conquista -puerta principal, forjados y esgrafiados-; o de las obras de acondicionamiento recién terminadas en las casas de los Barrantes-Cervantes, marqueses de Sofraga. Nos referimos a aspectos tan extendidos en la práctica restauradora y en la intervención sobre el patrimonio, que su sola mención para cualquier experto en la materia no sería sino mera obviedad. Les hablamos de la organización y estructuración del trabajo científico que exigen toda restauración y rehabilitación antes, durante y después de la intervención, es decir, de los conocimientos históricos, documentales, artísticos, físicos, químicos y arqueológicos, entre otros, que nos sirven de aproximación al diagnóstico del problema real que esconde el espacio a recuperar. Sin esta fase previa, no siempre necesaria, desde luego, en todos los aspectos referidos, resulta incomprensible toda ejecución de la obra; como imprudente será también su realización sin una dirección facultativa, aunque paradójicamente no todas las direcciones facultativas están preparadas, y pluridisciplinar que la dirija y conozca de modo responsable en sus siempre complejas y múltiples variantes. Y por supuesto, debemos exigir también que los espacios y monumentos intervenidos lo sean por empresas especializadas y con una amplia experiencia en el campo de la recuperación de monumentos y no por cuadrillas de inexpertos constructores. Qué decirles también de la necesidad de que antes y durante las intervenciones estén claros los criterios restauradores que se van a seguir y que estos sean acordes a los principios que marcan las leyes y las cartas de restauración[10]. Finalmente, parece exigible a todos, una cualidad que no es fácil hallar ni en políticos, ni en particulares: sentido común, ese que Miguel de Cervantes calificó como el menos común de los sentidos y que combinado con ciertas dosis de buen gusto garantiza, en la mayor parte de las obras, resultados razonables.

II. La problemática entre el contenido fragmentario de la normativa actual y su compleja aplicación. Las intervenciones de los últimos años.

El Trujillo de los últimos treinta años ha visto colmatado su casco histórico de viviendas de nueva planta que han modificado los volúmenes originales de sus calles y transformado con ello la perspectiva y fisonomía de la ciudad, cuales son los casos, entre otros varios, de la casa de los Mayans, junto al castillo; o de las nuevas estructuras levantadas junto a la muralla en las traseras del palacio de las Casas Bejarano, hoy hotel NH Palacio de Santa Marta. Intervenciones que no han contado a pesar de su cercanía con el alcázar califal, zona arqueológica prioritaria del conjunto trujillano, con estudios arqueológico sistemáticos que alumbraran algo de luz siquiera sobre uno de los períodos más ignotos de la historia trujillana.

Al margen de los espacios reseñados, fundamentales para la visión de conjunto del recinto amurallado, cabe señalar también la pérdida de carácter de numerosas calles y casas particulares que han perdido todo principio regulador en sus fachadas con la desaparición de las líneas de imposta y cornisa o los zócalos esgrafiados, ahora sustituidos por revestimientos continuos de cemento Pórtland y placados de moderno granito, cuando no por descortezados de mampostería retomada con cemento, que paradójicamente pretenden evitar humedades por capilaridad[11]. Las normas subsidiarias restringen la gama cromática de acabados para fachadas a una mínima cantidad de colores que ni siquiera forman parte de aquellos empleados históricamente en la ciudad, ignorando también toda referencia a la importancia de aplicar capas de sacrificio o lechadas de cal.

La normativa aplicable en el casco histórico, a la espera de la aprobación del Plan Especial de Protección del Casco Histórico Artístico de Trujillo (P.E.P.C.H.A), sin duda mejor que las sucintas normas subsidiarias, permite e invita a la realización de cornisas de ladrillo visto, que imitan las del viejo edificio de la avenida de Monfragüe, paradójicamente destruido el año pasado, cuando jamás, salvo en el citado edificio y en el cimborrio de la iglesia de La Sangre, carecieron de su preceptivo enlucido de cal. Los colores de fachadas se establecen, sin el estudio estratigráfico previo aplicable para cada caso, según una insólita definición cronológica que considera como blancos a todos aquellos anteriores al último cuarto del siglo XIX, ignorando así la policromía original de numerosas fachadas del siglo XVI o anteriores, como las de Santa María o el palacio de la Conquista. La composición de los huecos de fachada, según la citada normativa, han de tener un predominio de la vertical sobre la horizontal, ignorando nuevamente que son muchos los huecos de edificios de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, entre otros períodos, en los que las ventanas se hacían también cuadrangulares (un único paseo por los barrios de San Clemente y de la Morería -calle Nueva- resultan esclarecedores). En cuanto a las chimeneas sólo se permiten las troncopiramidales y paralelepípedas, pero en cambio, se consiente, en tanto en cuanto la normativa se aplica a gusto del consumidor, la destrucción de las antiguas y se prohíben las circulares, tan características de Trujillo. Y qué decir de las fachadas de piedra vista, permitidas y promovidas a pesar de que constituyen una moda nueva, acientífica, patológica y que obliga a la destrucción de los paramentos de cal impuestos en otro apartado de la norma.

Todo esto nos lleva a dudar sobre la idoneidad de tener una nueva normativa, tan paradójica y contradictoria, por otro lado. Es evidente que la necesitamos, pero también lo es que ésta debe ser flexible y efectiva y que no puede servir de amparo para defender posturas razonablemente acientíficas y que carecen de fundamento.

Tampoco podemos olvidar que son muchos los activos con valor histórico, artístico y arqueológico que no se hallan protegidos ni inventariados en las normas subsidiarias, cuales son los casos del Hospital de Espíritu Santo, el Matadero Viejo, la Ermita de Santa Ana o la iglesia de Santo Domingo, por citar tan solo algunos. Es evidente que la categoría de estos edificios impediría en la mayor parte de los casos su total destrucción, pero no es menos evidente que al hallarse sin inventariar resultan más vulnerables y carecen de la atención conservadora necesaria.

Los dos últimos años hemos contemplado impasibles como se destruían, a diario, antiguos acerados de granitos de grano ancho y tez patinada, algunos como los de la calle Gurría y la plaza del Azoguejo de muy antigua factura, por modernos e incómodos adoquines que han alterado la gama de colores del entorno. También se han producido varias unificaciones de fachadas en edificios como el Hotel Isla del Gallo y el Hostal la Emilia, en los que se han introducido modificaciones de volumen por encima de la cornisa original, nuevos huecos y falsas molduras barrocas en los guardapolvos de las ventanas, dando lugar a lecturas erróneas y falsos históricos. Qué decir de esa moda a caballo entre un neorenacimiento y un western-style que descubrimos en algunas viviendas de la Avenida de Monfragüe y la calle Pardos, donde modernas logias con balaustres de escayola compiten con elegantes e históricas construcciones como las casas de los Higuero o el convento de San Antonio, hoy hotel Meliá.

Este es el panorama constructivo y renovador que, poco a poco, contribuye a robar y menoscabar nuestra memoria histórica, al tiempo que introduce en la localidad esa estética del terrace house más propia de una ciudad dormitorio que de un conjunto declarado Monumental e Histórico Artístico[12]. Paralelamente comprobamos, como la distribución original de muchos interiores se altera sin criterio alguno con modificaciones o derribos de antiguas ventanas, escaleras, bóvedas tabicadas, pavimentos de barro o armaduras y forjados inclinados de madera, ahora sustituidos por huecos sin recercados, escaleras de ladrillo hueco, suelos de ferro-gres y recias cubiertas con vigas de hormigón pretensado. No menos desalentador resulta comprobar cómo los esgrafiados de fachadas e interiores se demuelen y arruinan y los contenedores de obra se engalanan con restos de solados hidráulicos (que tanto recuerdan a los pavimentos de trama geométrica de nuestros pintores castellano flamencos) y azulejería decimonónica de Pickman, cuando no de piezas sevillanas del cuatrocientos de recorte y cuenca y arista, como las de la torre del Alfiler. No quiero olvidarme tampoco de las recientes destrucciones de otros elementos patrimoniales que forman parte del encanto de nuestras calles y plazas, cuya percepción desgraciadamente está al alcance de unas pocas sensibilidades, como los colores, texturas y olores de los jardines. La destrucción de los suelos pardo-anaranjados de la plaza mayor, exponentes de la mejor herencia legada por los arquitectos-restauradores del movimiento moderno, como Valcárcel, que lograron así equilibrar la arquitectura y el urbanismo de espacios históricos como la plaza Mayor de Cáceres o la explanada cercana al acueducto de Segovia, ha supuesto una perdida irreparable. El espíritu cromático de un recinto antaño exornado con escudos policromados en lapislázuli y azul de azurita, conjuntos cerámicos sevillanos o fachadas y chimeneas esgrafiadas tuvo en este proyecto su mejor adalid; un proyecto que supuso también la ordenación definitiva del recinto placero a partir de un conjunto de pavimentos simbólicos que establecían un diálogo con los documentos cromáticos históricos y adquiridos como pátinas biológicas; con las diagonales de los huecos esquinados de los palacios de San Carlos y de la Conquista y con el palacio de los Orellana-Toledo, que estaba precedido de un espacio placero secundario, regular y acotado, que hallaba sus orígenes en recursos propios del urbanismo renacentista[13].

La última reforma de la plaza Mayor, si bien necesaria en lo relativo a la modernización de ciertas infraestructuras como alcantarillado, iluminación o cableado, ha supuesto, en cambio, la destrucción de un proyecto urbanizador que había resuelto con cierta brillantez las dificultades que imponía un espacio condicionado por constantes desniveles y tensiones perspectívicas. El resultado final ha supuesto una pérdida de comunicación y diálogo entre el pavimento y los edificios adyacentes, la destrucción de la paleta de colores existente, además de la introducción de un repertorio de materiales y acabados inadecuados e incorrectamente diseñados.

La situación actual que atraviesa la ciudad de Trujillo en relación con la conservación de su patrimonio presenta pues muchos interrogantes, algunos de las cuales nos obligan a reflexionar sobre la verdadera necesidad de intervenir en edificios y espacios que se encuentran en un estado razonable de conservación, tanto más si atendemos a los mecanismos legales locales de que disponemos para garantizar una buena recuperación, como hemos planteado, insuficientes y científicamente mal redactados; o si consideramos la labor realizada por la administración local los últimos años, en muchos aspectos más deficiente que la realizada durante la Autarquía.

ESPACIOS Y PATRIMONIOS PERDIDOS.

  1. Fachada principal del palacio de los Chaves-Orellana, casas de la Cadena (Construida en la ½ del s. XVI – Destruida en 1828)
  2. Fachada principal de la casa de Fieles y Veedores (Construida en la 2ª mitad del s. XVI – Destruida en la ½ mitad del s XX)
  3. Galería Sur o soleador del convento de dominicos de la Encarnación (Construida en la 2ª mitad del s. XVI – Destruida a finales del s. XIX)
  4. Galería Sur o soleador del convento de San Francisco (Construida en la 2ª mitad del s. XVI – Destruida a finales del s. XIX).
  5. Corral de comedias (Construido en la ½ s. XVII- Destruido en ¿…?)
  6. Humilladero (Construido en el s. ¿? – Destruido en ¿?)
  7. Cruces de la calle Cruces (Construidas en el siglo XVI – Destruidas en el s. XX).
  8. Sinagoga (Construida a finales del s. XV – Destruida en ¿…?).
  9. Capilla de la Virgen de la Victoria (Construida por Sancho de Cabrera en 1548 – Destruida entre 1912 y 1951
  10. Plaza de Abastos (Construida por Eduardo Herbás en 1896 – Destruida en 1962). Magnífico conjunto neoárabe, cuyos elementos estructurales de hierro se encuentran repartidos entre la finca de un antiguo alcalde trujillano y en una plaza cercana a la Albuera.
  11. Fachadas principales del Ayuntamiento Viejo (Construidas: 1ª en la ½ mitad del siglo XVI; 2ª por Sebastián Rebollar a finales del s XIX – Destruidas: 1ª a finales del s. XIX; 2ª en 1957)
  12. Ermita de Guadalupe (Construida en el s. XVIII?- Destruida en 2004)

PATRIMONIOS OLVIDADOS Y ESPACIOS DE TITULARIDAD PRIVADA O MUNICIPAL DESCUIDADOS O CUYA POSESIÓN NO DETENTA EN LA ACTUALIDAD EL AYUNTAMIENTO

  1. Casa nº 4 de la Calle Sillerías (Construidas la primera década del s. XVI)
  2. Barrio de San Clemente, donde al menos se conservan una decena de casas de la primera mitad del siglo XVI.
  3. Plazuela de Guadalupe, uno de los centros vitales de la ciudad durante la modernidad en los que se han realizado intervenciones muy dudosas.
  4. Corralada de la calle Sillerías, cuyo pavimento ha sido recientemente intervenido.
  5. Casa nº 13 de la calle Nueva (Construidas en la 2ª mitad del s. XVI).
  6. Casas del Obispo de Plasencia (s. XV) y de los Martínez en la calle Parra.
  7. Matadero Viejo (finales del siglo XV), edificio fabril en peligro de ruina y catalogado fuera de la zona de protección del casco histórico.
  8. Casa de los condes de Valdelagrana
  9. Casas de los Orozco-Saldaña en el camino de Garciaz
  10. Casa de los Sanabria, segregada y en lamentable estado de conservación.
  11. Iglesia de San Andrés en el cementerio, en la que se conserva todavía un magnífico repertorio iconográfico esgrafiado.
  12. Ermita de Santa Ana, situada entre la Cañada Real Leonesa-Occidental y el Camino Real a Sevilla, zona de especial relevancia dentro del paisaje urbano trujillano, hoy colmatada con cobertizos para ganado vacuno e inmuebles fabriles.
  13. Convento de franciscanos alcantarinos de la Magdalena, segregado y empleado en la actualidad como cobertizo
  14. Ermita de Loreto y basílica mozárabe, situadas junto a la Puerta de Coria.
  15. Callejas y cañadas que rodean la cerca amurallada, algunas de las cuales cercan espacios de gran valor arqueológico que pueden ser destruidos con el trazado urbano de la nueva autovía Trujillo-Cáceres.
  16. Pinturas rupestres de tipo esquemático (época protohistórica) del Pradillo.
  17. Entorno de las plazuelas de Burgos y del Azoguejo, donde aún son visibles importantes edificios civiles de los siglos XVI y XVII, muchos de ellos parcialmente reformados o destruidos en los últimos diez años.
  18. Ermita del Reposo en el ábside de la parroquia de San Martín. Tiene un magnífico conjunto de motivos ornamentales esgrafiados de finales del siglo XVI, además de una hornacina e imagen de Nuestra Señora también de ese siglo.
  19. Antigua calle de Olleros, situada en las traseras del palacio de la Conquista
  20. Palacio de los Orellana en la plaza Mayor: interesante conjunto civil con repertorios esgrafiados; elementos ingenieriles y excelentes muestrarios de cortes de piedra en escaleras de caracol en usillo, troneras, etc.
  21. Casa nº 1 de la calle Tintoreros en cuyo interior se hallan los restos de la Ceca Trujillana. Destacan sus bóvedas de medio cañón y sus puertas en rincón y esquina y en viaje.
  22. Conjunto cerámico de Nuestra Señora realizado en Talavera a mediados del s. XVI, emplazado en lo que actualmente es el restaurante Chíviri en la calle Sillerías. Edificio en el que destacan también sus forjados de cintas y saetinos, su portada principal y la panda de un claustro no concluido.
  23. Numerosos escudos de la ciudad, que debieron pertenecer a edificios municipales como los hallados en la zapatería Trenado o en la casa de la calle del Pavo.
  24. Conjunto de pinturas y motivos ornamentales barrocos de la iglesia de San Francisco y de la Sangre, estos últimos ejecutados por los maestros Pentiero y Sebastián Prieto autores de la decoración de la Sacristía de del Monasterio de Guadalupe.

LA MEMORIA ROBADA: BIENES PARCIALMENTE DESTRUIDOS O QUE HAN DESAPARECIDO DE LA CIUDAD.

  1. Iglesia de la Sangre, segregada, transformada y parcialmente destruida a mediados del s. XX.
  2. Busto romano de mármol hallado y perdido en el convento de las Jerónimas.
  3. Laudas sepulcrales, estatua orante del s. XVI (vendida a un anticuario de Mallorca) y puerta principal del templo conventual de San Pedro.
  4. Libros de Fábrica de Santo Domingo y Protocolos notariales referidos a la estancia de Fray Gabriel Téllez en el Convento de la Merced, desaparecidos o robados hace menos de una década.
  5. Tabla hispano-flamenca y ajuar argénteo de la parroquia de San Martín.
  6. Tres tablas del Altar Mayor de Santa María pertenecientes a la mano de Fernando Gallego y a la de artista de su taller.
  7. Puerta principal de madera del convento de La Merced (destruida durante las obras recientes de acondicionamiento del edificio como Museo del Queso y el Vino).
  8. Pavimentos y solados simbólicos de la plaza Mayor realizados por Valcárcel.
  9. Conjuntos cerámicos de la torre del Alfiler, de los tipos llamados de recorte y de cuenca y arista (ss. XV-XVI)
  10. Revestimientos de cal esgrafiada del palacio de Santa Marta
  11. Suelos y pavimentos de granito del Azoguejo y la calle Gurría.img2

Plaza Mayor tras la intervención de 1960

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Paseo Ruiz de Mendoza a comienzos del s. XX y en la actualidad

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Torre de Alfiler antes de su parcial destrucción y con el escudo nuevo de azulejería


NOTAS:

[1] RUSKIN, John, Las siete Lámparas de la Arquitectura, Cuadernos de Restauración V, cuadernos del Instituto Juan de Herrera de la Escuela de Arquitectura de Madrid, Madrid, 1998, p., 13.

[2] En este sentido, aquellos intelectuales promovieron la defensa del paisaje y del conjunto histórico de Trujillo de un modo global como un todo coherente, adelantándose así a los principios defendidos años después en el artículo 3º de la Carta de Nairobi de 1976.

[3] A.M.T. 6 de febrero de 1964. Carta firmada por el director general de Bellas Artes, don Gratiniano Nieto

[4] A.M.T. 3 de febrero de 1969.

[5] Carta de Venecia de 1964. Hemos utilizado el texto publicado por el Instituto Juan de Herrera de la Escuela Técnica superior de Arquitectura de Madrid.

[6] Sobre las intervenciones ejecutadas en estos dos edificios véase nuestro trabajo: SANZ FERNÁNDEZ, Francisco, “El paisaje urbano trujillano en el siglo XX (1940-1980). Intervenciones en el patrimonio histórico-artístico”, Mérida, Ciudad y Patrimonio, Revista de Arqueología, arte y urbanismo, nº. 6, Mérida, 2002, pp., 367-383. Cfrs. etiam, FERNÁNDEZ MUÑOZ, Yolanda, “Evolución y restauraciones sufridas en el castillo de Trujillo durante el siglo XX, Norba-Arte, XX-XXI, Cáceres, 2000, pp., 155-157.

[7] A.M.T. 26 de marzo de 1963.

[8] RIVERA BLANCO, Javier (2001), De Varia Restauratione. Teoría e historia de la restauración arquitectónica, R&R, Restauración & Rehabilitación, Valladolid, 2001, pp., 188-190.

[9] La convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la UNESCO, celebrada en París el año 1972, sugiere acerca de los deberes de políticos, civiles y gestores sobre la conservación del patrimonio que estamos “obligados a identificarlo, protegerlo, conservarlo, rehabilitarlo y transmitirlo a las generaciones futuras”Cfrs. CASTILLO, M. Ángel et alter (2000), Ciudades Históricas: conservación y desarrollo, Visor, Madrid, 2000, p., 168.

[10] No obstante, entendemos que no todos los principios emanados de las cartas de restauración – Cartas de Atenas, Venecia, del Restauro, Parías, Ámsterdam, Nairobi, Toledo, Ravello o Cracovia – se han mostrado eficaces, si bien los textos más recientes solventan algunos de los errores planteados en los primeros postulados.

[11] Esta execrable moda que poco o casi nada tiene de tradición histórica entre las técnicas constructivas de tipo civil llevadas a cabo en el alfoz trujillano, al margen de estructuras militares y arquitecturas populares, es hoy el paradigma de los falsos rústicos. Día a día comprobamos como en muchas construcciones trujillanas del siglo XIX, los muros interiores y de fachada son picados y descortezados -pensemos, por ejemplo, en el interior de Pillete, en la plaza Mayor-, desprovistos de sus morteros originales de cal que los protegían de humedades, arenizaciones y exfoliaciones. En otras ocasiones, el picado de la fachada se reduce exclusivamente al zócalo, manteniendo los revocos en las restantes plantas, cuales son los casos de las casas de los Pérez Aloe en la calle San Antonio o en la Casa de los Barbado en la plaza de la Encarnación, lo que genera estampas inauditas con dobles lecturas que intentan combinar la elegancia y sencillez de nuestra arquitectura decimonónica con ciertos resabios neorústicos y populares, que imitan modelos y maquetas decorativas de una mala revista de interiorismo.

[12] La declaración de la ciudad como Conjunto Monumental e Histórico Artístico tuvo lugar el año 1962. Véase el documento guardado en el A.M.T. leg., 1918/5.

[13] Acerca del cromatismo de la plaza mayor véase nuestro trabajo: SANZ FERNÁNDEZ, F., “Las casas principales de Hernando y Francisca Pizarro. Del documento escrito a las miradas intangibles”, Actas de los XXXIII Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2003.