Mar 042014
 

 José Manuel Sánchez Martín

Dpto. de Geografía y Ordenación del Territorio

Universidad de Extremadura

 1.- Reflexiones preliminares.

 Normalmente, las propuestas que se efectúan para potenciar el turismo interior en Extremadura están basadas en una serie de aspectos, como los grandes recursos medioambientales que posee esta Comunidad Autónoma, pero también en los artísticos, culturales y folklóricos.

 Esta circunstancia motiva que tan sólo se conozca, aunque sea de forma muy detallada, las características u opciones turísticas que ofrecen las áreas rurales extremeñas, aspecto éste muy conocido.

Sin embargo, los análisis turísticos que se han efectuado sobre esta zona, se limitan a esto, sin intentar profundizar más en el mismo, lo que indudablemente se traduce en una falta de meticulosidad, pues, está claro que el turismo interior, en cualquiera de sus vertientes, no es una actividad que pueda desempeñarse de forma continuada a lo largo de todo el año.

Para terminar con estos aspectos que contribuyen a un desconocimiento e indefinición en temas tan importantes como el diseño de una oferta turística en zonas interiores como Extremadura, proponemos, como un paso apriorístico, un somero análisis climático de esta área, lo que indudablemente contribuirá a mejorar la oferta turística que se realice, dando a conocer a los posibles usuarios de esta oferta los periodos más adecuados para practicar las diferentes modalidades turísticas en las áreas interiores, adecuando sus necesidades a a las potencialidades que posee Extremadura, no ciñéndonos a mostrar los principales atractivos de la Comunidad.

Con ello se conseguirá que el posible visitante no sufra una decepción al desplazarse a un lugar que puede no ser el óptimo para sus preferencias, dándole la posibilidad de elegir entre otros espacios, aún dentro de nuestra Comunidad Autónoma.

Esta reflexión es necesaria debido a las peculiaridades y variabilidades climáticas que tiene la zona analizada, ya que incluso en una misma estación es posible optar por diferentes zonas, incluso con parecida riqueza medioambiental, cultural, etc… pero con una gran diferencia climática.

Por este motivo, pensamos que un breve análisis o descripción climática de los diferentes espacios en los que se quiere potenciar el turismo rural debe ser de obligada inclusión en la oferta turística de estos lugares, para ampliar la gama turística y proveer al visitante de la suficiente información para que quede satisfecho con la elección, ya que de ello depende el grado de éxito turístico en zonas en las que esta actividad económica se realiza de forma incipiente.

Por lo tanto, si efectuamos este análisis previo tendremos suficientes parámetros para orientar las campañas de promoción turística a determinados periodos, lo que redundará en una mayor satisfacción de los potenciales turistas.

Teniendo en cuenta todas estas reflexiones vamos a realizar una oferta turística interior en Extremadura, hecho que servirá de base para la realización de una serie de guías turísticas, en las que el posible visitante pueda elegir el destino de sus vacaciones, según sus intereses.

 

2.- El turismo en la montaña extremeña.

 

Las diferentes zonas de montaña con que cuenta Extremadura tienen una riqueza medioambiental bastante importante, ya que el paisaje que la caracteriza es de indudable belleza, tanto que cualquier visitante quedaría satisfecho con una estancia en las mismas.

Sin embargo, no todas las zonas de montaña de Extremadura tienen las mismas características. En este sentido, es posible elegir entre lo que podría conocerse como una montaña pura, ubicada en el norte de la provincia de Cáceres, con unas altitudes bastante importantes, ya que en algunos casos se superan con creces los 2000 m.

Eso provoca que, además de la increible riqueza paisajística y medioambiental, se caracterice por un rigor climático en determinadas épocas, aspecto éste que limitará o fomentará su oferta turística durante los meses invernales, ya que la nieve, el frío y la lluvia pueden hacer desistir a más de un turista en su empeño. Pero, al contrario, podrá estimular la visita de los amantes de este tipo de características, climáticas y paisajísticas.

A todo ello debemos añadir que dicha área, posiblemente sea una de las más ricas en folklore de toda la Comunidad, con fiestas de relevante interés, sobre todo en la zona de La Vera.

Sin embargo, esta montaña en su sentido más estricto posee algunos limitantes o condicionantes físicos, como son la elevada altitud, las fuertes pendientes, el clima riguroso, etc… Esto contribuye a que pueda no ser apetecible para determinados sectores, pues, si queremos disfrutar al máximo de este paisaje privilegiado será necesario hacer frente a todos estos condicionantes pero, a cambio, tendremos acceso a una de las zonas más bellas de toda Extremadura, en la que por doquier surgen multitud de valles encajados por la acción erosiva de enormes gargantas, elevados picachos que ofrecen una visión espectacular de una vasta área, etc…

Pese a ello, esta zona no es la única de montaña con que cuenta nuestra Comunidad, sino que existen otras, también de considerable riqueza e interés paisajístico, folklórico y cultural, pero con un rigor climático menos marcado. Se trata de la zona de Villuercas, caracterizada también por elevadas cotas, arroyos tumultuosos, etc.. pero todo ello combinado con un clima mucho más apacible, durante el invierno, pero más caluroso en verano.

Ello se traducirá, nuevamente, en que sea factible visitarla por un sector bastante más amplio que el anterior, ya que tendremos una indudable riqueza medioambiental, pero menor rigor climático.

Por último, en la variedad de montaña, tan sólo nos queda señalar a las estribaciones de Sierra Morena, al sur de la provincia de Badajoz, área de gran extensión y riqueza paisajística, pero con una tipología climática mucho más bonancible y, por tanto, apetecible por otro sector de turistas, que prefieren disfrutar d la naturaleza con una climatología más adecuado a sus gustos.

Como podemos comprobar, existen tres variedades importantes de montaña en Extremadura, cada una de ellas caracterizada por una climatología diferente, aunque, no nos llamemos a engaño, la riqueza medioambiental también lo es, ya que ni en Villuercas ni en Sierra Morena, tendremos un paisaje tan rico y variopinto como en el sector extremeño del Sistema Central, pero a cambio, podemos disfrutar de una climatología bien diferente, sobre todo en las estaciones extremas, verano e invierno.

En este sentido, es posible mencionar que existe un comportamiento dicotómico entre sendas estaciones y las diferentes áreas montañosas que hemos señalado. De ese modo, los inviernos más suaves y menos lluviosos se registran en la zona extremeña de Sierra Morena y los más crudos en el sector extremeño de la Sierra de Gredos, ocupando una posición intermedia el macizo de Villuercas. Por el contrario, la situación es diferente en el verano, pues, los más suaves se encuentran en la zona norte de la provincia de Cáceres y, los más rigurosos en el sur de Badajoz.

A todo esto debemos añadir que esta oferta de turismo rural en su faceta medioambiental está enriquecido por otros aspectos, a veces tanto o más importantes, como son los artísticos y culturales de las zonas de interés turístico.

Este aspecto está muy bien representado en cualquiera de estas tres áreas de montaña extremeña, por lo que la decisión de orientarse por una zona o por otra estará en función de los aspectos paisajísticos y climáticos.

A pesar de toda esta gama de posibilidades turísticas en la montaña extremeña, es preciso incluir otras, sobre todo en montañas o serranías de menor entidad, pero de indudable atractivo paisajístico, artístico y cultural. Se trata de los espacios que se ubican en el interior de las enormes penillanuras y, por lo tanto, son relieves de tipo residual o intrusivo, que conjugan a la perfección una suavidad climática y hermosura paisajística, pero indudablemente, de menor entidad que las principales áreas que hemos señalado.

Entre ellas podemos citar algunos ejemplos notables como la Sierra de Hornachos, con alturas inferiores a los 1000 m., la Sierra de San Pedro, etc…

Como podemos observar, existe una importante cantidad de espacios montañosos en Extremadura, cada uno de ellos con sus especiales características, lo que multiplica enormemente las posibilidades de elección de diferentes espacios de ocio.

 

3.- El turismo en la penillanura extremeña.

 

Otra de las zonas susceptibles de desarrollar una actividad turística rural son las vastas penillanuras con que cuenta Extremadura.

Estas áreas no tienen los grandes atractivos paisajísticos con que cuentan las zonas de montaña, pero a cambio ofrecen un clima mucho más apetecible durante el invierno, aunque son muy calurosas durante el verano.

Teniendo en cuenta estos aspectos, tan sólo nos queda una oferta turística por ofrecer, son los atractivos artísticos y culturales que las caracterizan, ya que en ellas se insertan algunos pueblos y ciudades de enorme interés turístico, pero quedan fuera de lo que puede considerarse turismo rural.

En este sentido, debemos señalar que el único interés paisajístico que tienen estas áreas radica en la existencia de determinadas especies cinegéticas, muy frecuentes en los espacios adehesados, como son los venados, el jabalí, etc… Es por ello que la oferta de turismo rural en estos territorios debe circunscribirse a una actividad íntimamente relacionada con el turismo rural, la caza, con todo lo que ello lleva aparejado.

Por consiguiente, el turismo rural en las enormes penillanuras, como la trujillano-cacereña, debe ceñirse a este aspecto y, por lo tanto, su oferta debe estar orientada a las épocas de caza de estas especies, hecho por el cual el clima no es un factor decisivo, tal como sucedía en el turismo de montaña y, además, debemos tener en cuenta que su oferta irá dirigida a otro sector.

Sin embargo, las penillanuras y sobre todo las zonas adehesadas pueden potenciar su actividad turística rural mediante rutas ecuestres u otro tipo de itinerarios, por lo que también es necesario tener en cuenta un análisis climático, para decidir cual es la época idónea para desempeñar esa actividad.

En este sentido, es posible señalar que en dichas áreas el clima no es muy riguroso durante el invierno, aunque el verano se muestre tremendamente caluroso, siendo las estaciones idóneas para desarrollar y potenciar la actividad turística la primavera y el otoño, estaciones que se caracterizan por unas temperaturas muy agradables, a excepción de algunas épocas en las que se producen lluvias y fríos intensos.

Sin embargo, estos episodios son relativamente reducidos, si los comparamos con otros espacios, lo que incide naturalmente, en que estos espacios puedan optar a una potenciación turística.

Además, en estas áreas se encuentran multitud de aves que pueden ser atractivas para el visitante, como las grullas, la avutardas, cigüeñas, rapaces, etc…

Teniendo en cuenta todo ello, será posible potenciar el turismo de estas zonas en épocas muy concretas, que como ya se ha señalado son la primavera y el otoño, que debido a su especial climatología reúnen todas las condiciones para efectuar una atractiva oferta turística.

 

4.- El turismo en el valle extremeño.

 

Extremadura posee numerosas zonas montañosas ente las que se insertan numerosas valles por los que discurren ríos y arroyos de distinta entidad, como sucede en el norte cacereño, área en la se insertan valles de gran riqueza paisajística, como el Ambroz, Jerte, etc…, que pese a que se hallan muy antropizados poseen una indudable riqueza medioambiental, por lo que son susceptibles de ofrecer una importante oferta turística rural. De hecho, ya existen determinados periodos en los que se practica esta modalidad turística, aunque mal planificada, ofreciendo rutas como la del cerezo en flor, entre otras.

A estas zonas debemos añadir otras, en las zonas de los grandes ríos que, además, ofrecen grandes espacios de agua embalsada, tanto en el Tajo, como en el Guadiana, lo que contribuye, aún más a diversificar la oferta de turismo rural con que cuenta Extremadura.

En este sentido, es posible señalar que dichos espacios se caracterizan por tener un clima bastante riguroso durante el verano y con niebla durante el invierno, por lo que la oferta turística debe orientarse hacia las estaciones intermedias, como la primavera o el otoño.

Sin embargo, teniendo en cuenta que en estas zonas existen importantes láminas de agua, constituidas por los embalses, es posible reorientar su oferta hacia los meses estivales, ya que sin duda, estas masas de agua pueden atraer a numerosos visitantes.

Este hecho contribuirá a mejorar la oferta turística rural de estas zonas, por lo que su presencia debe ser tenida en cuenta en cualquier diseño de oferta turística.

 

5.- El turismo en los parque naturales extremeños.

 

Indudablemente, el turismo en los parques extremeños merece una dedicación especial dadas sus especiales características, en las que la oferta turística debe estar regulada por los responsables de los mismos, con independencia del clima.

Esto se debe, naturalmente, a que posee una riqueza faunística y paisajística fuera de toda duda, que es necesario preservar a toda costa, regulando las visitas de forma exhaustiva, prohibiendo incluso su actividad en determinadas épocas, como las de reproducción de las especies que allí habitan.

Por lo tanto, en este sentido, poco se puede hacer con el diseño de la oferta turística, pues los intereses faunísticos deben estar por encima de todo, tal como se deduce de las normas de visita de los mismos.

 

6.- El turismo en pueblos y ciudades.

 

Indudablemente, cuando se pretende efectuar una oferta turística en las áreas interiores, debemos tener muy en cuenta los enormes atractivos con que cuentan los pueblos y ciudades de esta Comunidad.

Estos espacios ofrecen una serie de aspectos sociales, culturales, artísticos, etc… que pueden ser de interés para los posibles visitantes de Extremadura. Por consiguiente, creemos necesario incluir unas pequeñas reflexiones sobre el mismo.

En este sentido, podemos señalar que estas zonas pueden visitarse en cualquier época del año, debido a que la climatología no es tan decisiva como cuando se pretende practicar turismo rural.

Teniendo en cuenta esta circunstancia, no cabe duda de que el turismo en las ciudades y pueblos de interior debe ofrecerse bien como alternativa al turismo rural, bien como complemento.

En el primer caso, debe considerarse que durante cualquier época del año se puede practicar esta modalidad turística, por lo que cuando el tiempo o, más propiamente, la temperie no sea adecuada para otras modalidades turísticas se puede ofrecer como opción.

En el segundo caso, puede ofrecerse como complemento aprovechando los equipamientos lúdicos que puede ofrecer al turismo rural.

Como se ha señalado anteriormente, es factible intentar potenciarlo a lo largo de cualquier época del año, teniendo en cuenta que la riqueza artística se complemente, en numerosas ocasiones, con fiestas populares, lo que indudablemente atraerá a un mayor número de visitantes.

 

7.- Conclusiones.

 

Tras las breves reflexiones que hemos efectuado sobre el diseño de una oferta de turismo interior en Extremadura, basada en la combinación de los aspectos paisajísticos, artísticos, folklóricos y climáticos, podemos obtener una conclusión bastante importante.

El clima de Extremadura es tan variable en el espacio y en el tiempo que permite diseñar una amplia oferta turística, sobre todo si consideramos que en una misma época se puede disfrutar de espacios muy diferentes, tanto a nivel paisajístico como climático, dando como resultado un diseño de oferta turística que se adecúa a los gustos de cualquier tipo de visitante que le guste dedicar su tiempo a tener un contacto directo con la naturaleza.

En esta misma línea, podemos señalar que los amantes de la montaña pueden disfrutar de la misma en espacios con una climatología bien diferenciada, tal como lo muestra la existencia de zonas montañosas con un clima riguroso, en el norte de la provincia de Cáceres, u otro más suave, como sucede en el sur de la provincia de Badajoz.

Pero igualmente se puede observar este comportamiento dicotómico en otras modalidades de turismo rural, como ocurre en las penillanuras o los valles.

Por consiguiente, la principal conclusión que obtenemos es que el clima no debe entenderse como un factor limitante para el turismo rural en Extremadura, sino más bien como un factor diversificador de la oferta turística, ofreciendo una amplia gama de contraste en esta Comunidad Autónoma.

Teniendo en cuenta todo ello, tan sólo nos resta señalar que la actividad o modalidad turística rural está supeditada al gusto del visitante, que no ha de ceñirse exclusivamente a las características paisajísticas de un espacio, sino que debe completarse con una información climática que permita al posible visitante orientarse por una zona u otra.

 

8.- Bibliografía.

ADENEX (1990). Parque Natural de Monfragüe. Parque Natural de Cornalvo. Consejería de Turismo, Transportes y Comunicaciones. Junta de Extremadura. Mérida.

ALVARADO CORRALES, E. (1992). La actividad cinegética en Extremadura. Agricultura y Sociedad, nº 58. MAPA. Madrid.

BARDON FERNANDEZ, E. (1990). Consideraciones sobre el turismo rural en España y medidas para su desarrollo. Estudios turísticos, nº 108. Secretaría General de Turismo. Madrid.

BESANCENOT, J. P. (1991). Clima y Turismo. Masson. Barcelona.

RENGIFO GALLEGO, J. I. (1991). Turismo y oferta hotelera en la provincia de Cáceres. Situación actual, diagnosis y potenciación. Cámara Oficial de Comercio e Industria de Cáceres.

SANCHEZ MARTIN, J. M. (1993). Breves reflexiones sobre el desarrollo turístico en Extremadura. III Jornadas sobre turismo. Mallorca.

Ibidem. (1995). Atlas climático de Extremadura. Inédito.

 

Mar 042014
 

Dr. José Manuel Sánchez Martín

Dpto. de Geografía y Ordenación del Territorio

Universidad de Extremadura

 1.- Evolución de las precipitaciones.

 Como todos sabemos, las precipitaciones se erigen en la variable climática más mutable a lo largo del tiempo y, por consiguiente, son susceptibles de ser analizadas de forma evolutiva.

Así obtenemos que en el observatorio de base que tomamos (Cáceres) las precipitaciones siguen una evolución que dista bastante de la homogeneidad. Por ello, nos encontramos con un comportamiento muy peculiar, a veces preocupante.

Se trata de la enorme disminución que se aprecia en los registros pluviométricos durante varios meses a lo largo de todo este siglo, aunque, durante algunos otros se observa lo contrario, un aumento, si bien normalmente es poco acusado.

Pese a todo, es preciso señalar de forma apriorística que la evolución que experimentan las precipitaciones en el observatorio de Cáceres pueden ser extrapoladas a espacios aún mayores, como Extremadura y, sobre todo, debemos tener presente que esta tendencia se produce en un contexto de irregularidad manifiesta, por lo que los resultados obtenidos no siempre implican una variación absoluta de las precipitaciones, sino que muestran la tendencia que siguen, siempre a grandes rasgos.

Sin lugar a dudas, esta afirmación se entenderá mejor con el siguiente cuadro explicativo, en el que se refleja la alteración que experimentan las precipitaciones de este observatorio y, en general de Extremadura, desde comienzos de siglo hasta nuestros días.

Cuadro I

Meses                        Prec. media      Variación pluviométrica

Enero                              55,8 mm.                                  0,0 mm.

Febrero                           59,9 mm.                              -20,0 mm.

Marzo                              64,2 mm.                              -43,0 mm.

Abril                                40,6 mm.                                14,0 mm.

Mayo                               39,7 mm.                                  2,0 mm.

Junio                              26,5 mm.                                  2,0 mm.

Julio                                  3,9 mm.                                  3,0 mm.

Agosto                              6,5 mm.                                 -3,0 mm.

Septiembre                    25,5 mm.                                 -4,0 mm.

Octubre                          52,5 mm.                              -12,0 mm.

Noviembre                     65,8 mm.                                 -5,0 mm.

Diciembre                      66,2 mm.                                 -5,0 mm.

Anual                           507,0 mm.                              -90,0 mm.

Tras haber realizado un somero análisis de la tendencia pluviométrica que se detecta en el observatorio de Cáceres, durante cada mes y, en el conjunto del año, se impone una profunda reflexión.

Es necesaria debido a la importancia tan desmesurada que poseen los resultados que arrojan las diferentes regresiones simples efectuadas y, máxime, si se tiene en cuenta la posible existencia de un cambio o, al menos, una mutación pluviométrica.

Nos atrevemos a realizar esta afirmación, con toda la cautela posible, por supuesto, ya que a lo largo de casi todos los meses han ido apareciendo importantes variaciones en las precipitaciones registradas durante este siglo.

Ello puede hacer pensar en la posible presencia de un determinado cambio, si no climático, sí pluviométrico. Pese a ello, debemos mostrarnos cautelosos si consideramos que los datos han sido obtenidos en diferentes épocas, con distintos aparatos y, además, ha cambiado la situación de dicho observatorio.

No obstante, pensamos que el cambio contabilizado es lo suficientemente importante como para que lo atribuyamos a cambios de emplazamiento, puesto que las precipitaciones no varían sustancialmente en un espacio homogéneo y reducido. Pese a ello, este hecho debe señalarse debido a la importancia tan trascendental que posee en las aspectos climáticos.

Sin embargo, y dejando al margen este tipo de circunstancias atenuantes, es preciso señalar que las precipitaciones registradas en el observatorio de Cáceres han experimentado una variación sustancial, de casi el 18% para el conjunto anual. Ello implica un aspecto a tener muy en cuenta, pues esta reducción pluviométrica se ha producido en un tiempo breve, menos de un siglo.

De todo esto se deduce un aspecto de considerable interés, el volumen de precipitaciones se está reduciendo, paulatinamente, a lo largo de este siglo, lo cual puede significar que se está produciendo una variación climática de mayor importancia de la que pensábamos en un principio.

Así observamos cómo las precipitaciones anuales se reducen bruscamente, unos 90 mm. durante todo el periodo analizado. Mientras tanto, las mensuales experimentan, asimismo, alteraciones en sus registros. En la mayor parte de los casos se trata de mutaciones negativas, es decir, descensos pluviométricos, en algunos meses muy acusados.

Estos cambios se están produciendo a la largo de este siglo y, durante buena parte del mismo es posible apreciar en el observatorio de Cáceres y en otros de Extremadura un marcado descenso pluviométrico, aunque todo ello debe encuadrarse en un contexto de irregularidad.

Las causas que provocan esta alteración son muy difíciles de analizar, máxime si se pretende realizarlo de forma científica y comprobada, dadas las enormes dificultades que existen.

El desconocimiento de las causas que provocan esta alteración climáticas es comprensible si se tiene en cuenta la enorme complejidad que presenta el sistema climático y la imposibilidad de establecer, con total certeza, todas las variables que pueden intervenir en este cambio, para de ese modo crear un modelo climático multidimensional. Pese a ello, no trataremos las posibles causas que provocan estas alteraciones, sino que incidiremos en los cambios y los posibles efectos que provocan.

La reducción pluviométrica que se detecta es un indicio bastante objetivo de la mutación en los registros de precipitaciones y, por consiguiente, nos permite hablar con cierto rigor de una tendencia a la aridez progresiva del territorio.

Se trata de una afirmación bastante grave, pero los datos y gráficos que elaboramos son bastante clarificadores al respecto, aunque todo ello debe tomarse con cierta cautela.

Es preciso, por lo tanto, que consideremos el descenso de las precipitaciones en un contexto muy específico, en el que domina una enorme variabilidad a lo largo del tiempo.

Pese a ello, resulta un hecho evidente el progresivo descenso pluviométrico que se registra en toda Extremadura. Este descenso está mucho más marcado en algunos meses, como febrero y marzo, donde se alcanzan unos niveles muy preocupantes. En el caso de marzo, las precipitaciones se han reducido al 50% de los valores registrados a comienzos de siglo. En cambio, febrero y octubre presentan descensos moderados, de 20 y 12 mm. respectivamente. Por su parte, abril ve incrementado sus registros pluviométricos en 14 mm y, hasta agosto, se registran leves aumentos.

De todo ello se deduce que las precipitaciones invernales experimentan un descenso en sus registros, mientras las estivales aumentan su cuantía. Este hecho puede tener una importancia mucho más negativa de lo que parece, ya que los periodos más lluviosos están comenzando a adquirir un matiz de aridez, fruto de la reducción pluviométrica que se produce.

En cambios, los meses menos lluviosos (estivales) aumentan las precipitaciones, de lo cual se deduce que está aumentando el carácter convectivo de las mismas.

Esta circunstancia dicotómica es bastante interesante ya que una época se caracteriza por el aumento pluviométrico y otra por el descenso. Además esto puede servir para establecer algún otro parámetro que esté provocando la mutación climática que nos encontramos, teniendo en cuenta los efectos que provoca.

No obstante, la posibilidad de establecer un parámetro que provoque estos cambios es bastante reducida, por la complejidad intrínseca que posee el sistema climático. Pese a ello, es preciso señalar que poseemos una nueva pauta de comportamiento, el descenso pluviométrico desde agosto hasta marzo, excepción hecha de enero, en el que se aprecia una estabilización de la pluviometría. A esto hay que añadir otro aspecto fundamental, las precipitaciones aumentan desde abril hasta julio, meses en los que tradicionalmente se recogen pocas precipitaciones, sobre todo en los últimos.

Sin embargo, un problema tal vez mayor es la acumulación de años en los que se registra un marcado descenso pluviométrico, puesto que esta circunstancia dará lugar a uno de los peores fenómenos climáticos que afecta a Extremadura, la sequía.

 

2.- La sequía en el ámbito extremeño.

 

Como hemos señalado anteriormente, la sequía es el mayor desastre climático que afecta a Extremadura, sobre todo porque afecta a buena parte del territorio pero, además, porque tiene un carácter temporal muy dilatado, lo que acaba con las reservas de los pantano, y provoca enormes pérdidas en la mayor parte de los cultivos.

Esta situación no es nueva, es más se produce inexorablemente cada determinado número de años, aspecto que no debe sorprendernos porque es una característica inherente al propio clima mediterráneo que se da en España.

Sin embargo, la situación se agrava aún más cuando tenemos en cuenta la reducción pluviométrica que se detecta durante este siglo, aspecto ya analizado.

Si tenemos en cuenta, pues, que las precipitaciones se reducen y, además, se producen periodos de sequía muy marcados, nos percataremos de la gravedad de la situación.

Este fenómeno tan perjudicial se produce por diferentes motivos, que no vamos a analizar, para basarnos en otro aspecto de mayor interés inmediato, la posibilidad de preveer cuándo se van a producir estos periodos secos para, a partir de ellos, establecer una política de consumo hídrico adecuada.

Para intentar preveer con determinada exactitud cuándo se producen los periodos de sequía se utilizan múltiples técnicas, desde las más simples a las más complejas, a las que dedican sus esfuerzos los investigadores climáticos de diversos ámbitos del país.

Nosotros en este punto nos decantamos por buscar ritmos o ciclos pluviométricos, ya que es una técnica muy sencilla y ofrece unos buenos resultados, sobre todo porque corroboran la existencia de una marcada reducción de las precipitaciones y se detectan unos ciclos pluviométricos, en los que se alternan periodos secos con otros húmedos.

El objetivo de buscar ritmos en las precipitaciones es bastante claro. Se pretende calcular los registros pluviométricos del futuro, al menos con un año de antelación, lo que se traducirá en un ajuste de la disponibilidad hídrica a los cultivos, al consumo humano, etc…

Para ello es preciso que se conozca a la perfección la cantidad de agua disponible y, esto no es posible si no tenemos en cuenta la posible existencia de ciclos pluviométricos.

A pesar de todo, es necesario considerar que las precipitaciones siguen un ritmo, bien claro, cuando nos referimos al conjunto anual. Es decir, se observa una presencia de estaciones, de ritmos, en los que la lluvia es más abundante y otros en los que escasea.

Sin embargo, las variaciones están muy claras, durante el verano, las posibilidades de lluvia son muy reducidas, con pocos milímetros aunque, a veces, tienen una componente más torrencial si se dan las circunstancias convectivas propicias. Pese a ello, la probabilidad de lluvia en esta estación es sensiblemente inferior a la que posee el invierno.

Todo esto nos hace pensar que si realmente es cierto que durante el año existen ritmos en las precipitaciones, más o menos regulares, también es posible que existan a lo largo del tiempo, teniendo en cuenta, asimismo, el carácter de mayor o menor irregularidad.

Es por ello que hemos creído conveniente intentar descubrir si en el devenir temporal se detectan ritmos en las precipitaciones, con unos periodos de mayor humedad y con otros de menor.

Esto se consigue mediante la utilización de una técnica estadística compleja: la regresión polinómica. Esta consiste en obtener el mejor ajuste posible entre las precipitaciones registradas a lo largo de los diferentes intervalos temporales (meses o años) y una curva trazada a tal efecto y definida por un polinomio complejo, del mayor grado posible.

De este modo se obtiene una curva con el mejor ajuste posible y, además, un polinomio que permite el cálculo del siguiente valor que tomará la curva.

Se trata, como vemos, de aplicar una técnica estadística compleja para intentar descubrir la presencia de ciclos o ritmos encubiertos en las precipitaciones a lo largo del tiempo. Para esto es preciso efectuar diferentes regresiones polinómicas y observar el orden del polinomio que más se adecúa a nuestros propósitos.

De este modo, efectuamos diferentes operaciones para tratar de ajustar las precipitaciones a la curva, por lo tanto, mientras más elevado sea el grado del polinomio utilizado, tanto mayor será el ajuste obtenido con respecto a los registros pluviométricos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los ritmos pluviométricos están encubiertos, en la mayor parte de los casos, en una enorme variabilidad de registros, por lo que es necesario recurrir a la aplicación de esta técnica para intentar descubrirlos.

De este modo, podemos conseguir, no sólo verificar la presencia de ciclos o ritmos en las precipitaciones, sino que también es posible analizar el periodo de retorno, tanto de los periodos secos como de los húmedos.

Teniendo en cuenta que se busca el mejor ajuste posible entre las precipitaciones y la curva de regresión, es preciso aumentar constantemente el grado del polinomio que define la curva hasta llegar al máximo que nos permita el software utilizado.

Nosotros aplicamos un polinomio de noveno grado, lo que permite obtener un ajuste muy pobre entre la gran variabilidad de registros pluviométricos y la curva de regresión, pero es perfectamente válido para corroborar la existencia de unos ciclos pluviométricos encubiertos, en los que se alternan periodos secos con otros húmedos.

Este es el objetivo fundamental que se consigue con esta técnica, la detección de ciclos pluviométricos, aunque sea de manera muy poco ajustada, ya que aplicando un método de desarrollo propio, podemos eliminar esta heterogeneidad de registros, homogeneizándolos, lo que permitirá volver a aplicar esta técnica, pero esta vez con resultados mucho más ajustados a los reales.

 

3.- Ciclos pluviométricos.

 

Una vez que hemos detectado la presencia de estos ciclos, aunque sea de manera encubierta, proponemos la depuración y homogeneización de los datos pluviométricos, para obtener el mejor ajuste entre los valores y la curva de regresión que tracemos al efecto.

Cuando aplicamos el método que hemos construido observamos un hecho de sumo interés. Por una parte, nos permite establecer previsiones pluviométricas a medio plazo, con una duración máxima de tres años, en los cuales es posible apreciar una serie de puntualizaciones, tales como:

a) observar la tendencia que siguen las precipitaciones y calcular la que tendrá en un tiempo futuro.

b) averiguar, de forma aproximada, el tiempo que tardará en remitir el fenómeno de la sequía o, por contra, de abundancia hídrica.

c) estimar, aunque sea de forma muy genérica, cual será el comportamiento de las precipitaciones a más largo plazo, en función de las ondas que describen los periodos de recurrencia.

Todos estos aspectos derivados de la previsión pluviométrica a media y más largo plazo, tienen un considerable interés, ya que se conocerá, de forma aproximada, la cantidad de lluvia que cabe esperar y, sobre todo, si los años venideros será secos o, por el contrario, húmedos.

Como podemos suponer, este tipo de análisis nos permitirá una planificación de los recursos hídricos muy ajustada a la disponibilidad de agua que tengamos. Por lo tanto, será posible decidir la política hidrológica más adecuada para cada momento, así como recomendar cultivos alternativos al regadío en épocas de sequía o, contrariamente, potenciarlos.

Por otra parte, con la aplicación del método que hemos desarrollado, será factible conocer, con una fiabilidad elevada, una serie de aspectos de sumo interés entre los que destaca:

a) la cantidad de lluvia que se espera recoger durante cada mes, con una anticipación importante, un año.

b) el momento exacto en que se invertirá la tendencia pluviométrica, dando paso un ciclo húmedo a otro seco y viceversa.

c) conocer qué mes o meses son más idóneos para la plantación de determinados cultivos.

Como tenemos ocasión de comprobar, con estas simples anotaciones, es realmente fácil conocer el comportamiento futuro de las precipitaciones e intentar adecuar la disponibilidad hídrica a las necesidades que posean.

Pese a todo, para que no todo quede en pura teoría, creo necesario realizar una serie de puntualizaciones sobre los resultados que hemos obtenido hasta el momento para el año 1995.

En primer lugar, creemos necesario destacar que el comportamiento pluviométrico que se ha previsto para este año es bastante ajustado a lo que ha sucedido hasta marzo. De ese modo, podemos señalar que las precipitaciones tienden a un descenso progresivo, como efecto derivado de encontrarnos en este momento en un ciclo amplio de sequía, que se produce cada 25 años, aproximadamente.

En segundo lugar, tenemos la capacidad de aumentar la predicción pluviométrica a varios años, eso sí, reduciendo en dos o tres enteros el porcentaje de fiabilidad. Pese a ello, podemos adelantar que el ciclo en que nos encontramos parece llegar a su fin, con lo que presumiblemente, durante 1996, las precipitaciones comenzarán a aumentar, con lo que se dará inicio al comienzo del periodo húmedo.

Para ilustrar toda esta exposición hemos incluido una serie de gráficos de indudable interés que van a demostrar sucesivamente la variabilidad pluviométrica, la detección de los ciclos secos y húmedos de forma encubierta y, la posibilidad de efectuar previsiones pluviométricas.