Sep 202013
 

José Luengo Blázquez.

Continuando con mi trabajo sobre la poesía trujillana, este año he querido recordar y con ello, a la vez que sirviera de homenaje, a uno de los hombres y que según los que le conocieron y por los escritos que nos ha dejado, se volcó y ayudó en cuanto pudo a sus semejan­tes. Al cual muy joven, a los 36 años de edad y le cor­taron su vida y su vena poética, aquellos que respaldándose en la política y en la Guerra Civil, por envi­dia, les vino la ocasión para asesinarle.

Este hombre, fue y es, ya que muchos, aún los que no le conocimos, le tenemos presente por su obra. Manuel Gómez Sánchez, natural de Madroñera y de ubi­cación Trujillano.

Manuel Gómez Sánchez nació en el cercano pueblecito de Madroñera, el día 10 de febrero de 1900, fiesta de Santa Escolástica. Por lo que al nacer ese día y su padrino llamarse Domingo se le puso en la pila bautismal el nom­bre de Manuel Domingo Escolástico.

Era hijo de Juan Gómez y Ana Sánchez, humildes pastores vecinos de Madroñera. Juan además de dedicarse al cuidado de su rebaño, aprovechaba el tiempo que podía en su ma­jada, en labrar pieles para hacer zahones, zamarras, etc. De donde le vino en este oficio, que en una mano le salió un carbunco, estuvo seis días enfermo declarándose la can­grena y muriendo de esto. Quedando la madre de Manuel viuda con cuatro hijos pequeños: Dámaso, José, Antonia y Manuel que sólo contaba la edad de diez meses. Por lo que la viuda para ganar el sustento de sus hijos tuvo que ponerse a ser­vir y Manuel que era el más pequeño, lo quedaba bajo el cuidado de la señora Teresa Sánchez, que tenía una hija, Emiliana (la cual actualmente vive en esta ciudad en la calle Afuera núm. 3) de la misma edad y a la vez que cuidaba y alimentaba a su hija, igual hacía con Manuel.

Así fue desarrollándose la vida de este niño con suma pobre­za, pero que siendo muy joven se distinguían en él mucha afición a los libros y estudios, más no tenía medios lo que le impedía hacer una carrera. No obstante, por sí solo se dio a la poesía, estudiando retórica y poética, mecanografía, etc.  

Casados sus hermanos, (excepto José, que murió en Melilla, cumpliendo el servicio militar, en un accidente que hubo y se hundió el techo donde él y sus compañeros estaban cobijados), para ayudar a su pobre madre, se mar­chó a Madrid, buscando alguna colocación que remediara sus deseos, pero nada de lo que allí vio le llenó; y re­gresó Madroñera. Donde el señor Adrián Sánchez Barquilla, hijo de una íntima amiga de su madre, la señora Alfonsa Bar­quilla (o Mérida como la distinguían en el pueblo), se había casado con una de Conquista de la Sierra, y puso un co­mercio de comestibles, telas, etc., y se llevó a Manuel de dependiente y ayuda. Y además del mucho aprecio que de él cogió, le quería como a uno de sus hijos y éstos como un hermano más.

Y es aquí, en Conquista de la Sierra, donde conoce a María Rita Loro, con la que pasado algún tiempo contrajo matri­monio el 3 de Septiembre de 1927.

            Pero un año antes de su boda, ya había publicado su pri­mer libro titulado “Juan el pastor”, un poema sencillo (como el mismo dice) en tres actos, en el que nos narra con una maestría y lleno de belleza la vida de su padre. Este libro o libreto fue impreso en Trujillo en la imprenta de Benito Peña (1926).

Cuando Manuel se casó, ya hacía algún tiempo que vivía en Trujillo, administrando muy sabiamente el comercio de Doña Dolores Aparicio, que había enviudado de su esposo D. Juan Peña. Y ya al casarse sin perder la amistad con esta señora y seguir prestando su ayuda siempre que la necesitaba, se es­tableció por sí mismo y puso su comercio en la Calle de San Miguel, que era propiedad de D. Narciso Corrales (donde posteriormente instaló el suyo el Sr. Blanco “Cabezota”), hasta que algún tiempo después trasladó su casa y su industria a la calle Margarita de Iturralde (antes Nueva) a la altura del número 7. Donde hoy se encuentra la frutería de Juan Miguel y la librería de Sobrino de Benito Peña, que entonces esta in­dustria ocupaba las dos casas antes citadas y la de donde reside y tiene su estudio el fotógrafo Cancho. Solamente que tenía en vez de cuatro puertas, dos.

El carácter abierto y amable de Manuel sobresalía tanto, que pronto con su simpatía y servicialidad su comercio de la “Idea”, como se llamó, fue lleno de muy continuos clientes.

En su vida, y según nos han podido indicar las personas que le conocieron, no hubo un vicio de vino, tabaco, etc. Su ilu­sión eran su esposa y su madre y sus hijos y su comer­cio de ultramarinos y comestibles y ¡sus poesías! Estas no las perdonaba porque en sus composiciones Dios le había dota­do de un talento perspicaz y a la vez con esto había ido creciendo en una cultura e inteligencia como no tenían muchos aristócratas y de carrera.

Cuando se fundó el Ateneo Regional en Trujillo, fue elegido Presidente del mismo y no faltaba a la reunión que tenían fijada. Estaba situado en la Calle San Miguel. En el desapa­recido semanario local “La Opinión” siempre traía alguna novedad de tan buen colaborador (poesías, artículos, etc.).

Estuvo en contacto muy estrecho, siempre, con escritores de su época, como fueron D. Juan Tena, Luís Chamizo, Ángel Mariana y Sánchez Mora “Yo-Fu”, con el astrónomo y poeta extre­meño Mario Roso de Luna.

Pero al hablar de su vida, no podemos dejar de hablar de aquello que junto con la envidia le llevaría a la muerte: la política. Sí, que le gustaba la política más que nada por el amor que sentía hacía los pobres, ya que él lo había sido desde su cuna. Por lo tanto no podía tolerar el que un rico pasará la vida regaladamente, abusando se sus pobres criados, que a duras penas, muertos de trabajo, no tuvieran ni cinco pesetas para comer o ir a la farmacia. Así se hizo y declaró, como nos lo muestra en una de sus poesías y la cual se ad­junta al presente trabajo, de izquierda republicana.

En su etapa política llegó a alcanzar escaños en el ayun­tamiento de esta ciudad, siendo cuando estalló la Guerra Civil segundo de alcalde y concejal. Aunque salió elegido por sus com­pañeros alcalde, renunció a ello quedándose en el puesto antes mencionado.

Fue uno de los pilares principales para los trámites y pos­terior consecución y construcción de los dos grupos escolares que, aún en la actualidad, tenemos en Trujillo y el de la carre­tera de Cáceres y Plasencia.

Sus ideas políticas no le impidieron que toda su vida fuera un buen cristiano. A las Hermanitas de los ancianos desamparados, a cuya Obra elogia en varios de sus poemas, las visitaba frecuen­temente junto con su esposa y sus hijos.

Durante los años 1922 y 1923, época en que reside en Madrid, como queda dicho antes, no se detuvo en su vena poética parti­cipando con sus artículos y poemas en varios periódicos de la capital, como lo refleja en un manuscrito que se conserva actualmente.

En su vida literaria, participó en varías veladas y concur­sos tanto de ámbito local, como nacional. Ganando el primer premio de Cortesía en los juegos florales de Málaga, en el año 1922 con su poema “Saludo”. Por esta época es cuando publica en el “Nueva vida de Madrid” varios artículos como el de: “Ha llegado el momento de ir decididos contra la guerra de Marruecos”.

En 1930, cuando estaban los RR.PP. Agustinos en Trujillo, se celebró con motivo del XV Centenario de la muerte de San Agustín, un concurso literario en el que participó con su poe­ma “Éxtasis de fe” ganando el primer premio sobre el tema sexto del concurso, recibiendo por ello dos ánforas.

Un hijo y dos hijas le regalaron el Señor: Manolo, Adela y María Rita, esta era muy pequeña cuando él murió (2 años). Pero con los otros dos después de la comida, los sábados, les leía los Evangelios y charlaba con ellos. Adela enseguida que tuvo edad comenzó a ir al colegio de las Hermanas Carmelitas. Fue muy devoto del Santísimo Cristo de la Salud (el de la ermita de San Lázaro) y de la Virgen de la Victoria y de la Morenita (Virgen de Guadalupe) a las cuales hace referencia y dedica varios de sus poemas.

Su amistad era igual con todo el mundo: ricos y pobres; e igual tuvo buenas relaciones con sacerdotes (ya difuntos) que con maestros, presidentes políticos. En su casa cabían todos.

Pero llegado el año 1936, cuando la tirana Guerra Civil ya comenzaron a aparecer sus contrarios o envidiosos que veían que Manuel con su trabajo y honradez sobresalía tanto que no pudieron soportar aquel comercio tan bien montado en Trujillo. ¡Como no había otro en aquellos tiempos!

El día 17 de Julio de 1936, Manuel regresa de Madrid a donde había ido a visitar a uno de sus familiares que se en­contraba enfermo. Un día más tarde estallaría la Guerra.

El día 19 de agosto del mismo año, se presentan en su casa dos falangistas, cuyos nombres prefiero no citar, a comunicar­le que antes de la tarde debe abandonar la Ciudad. Colocando en la puerta de su casa, una pareja de guardias civiles y otra de falangistas, haciendo guardia. Personas que vivieron junto con ellos este día nos han manifestado que no fueron capaces de comer nada.

Al comienzo de la tarde y alrededor de las 15,30 ó 16,00 horas, deciden trasladarse a Logrosán ha pasar unos días pa­ra ver si los acontecimientos del momento cambiaban o se cal­maban, a casa de un sacerdote de este pueblo amigo de la fam­ilia, D. Donato M. Sánchez Campo, párroco de esta localidad de Logrosán.

Ya en Logrosán, el día 23 de Agosto y tras salir de misa y al ir a despedir a unos sobrinos del sacerdote que los había acogido en su casa, se les acerca al matrimonio Gómez una pa­reja de la guardia civil, invitando a Manuel a que les acompa­ñe siendo de esta forma detenido.

María Rita, su mujer, llama a sus padres a Conquista de la Sierra, los cuales envían a unos primos de esta (Adrián con un coche particular a recogerla y de esta forma se junta con sus hijos, que desde el 14 de agosto estaban en Conquista con los abuelos).

El día 24 al mediodía paran a comer en Conquista un grupo de falangistas de Trujillo que se dirigían a por los presos que tenían en Logrosán. Al conocer esta noticia María Rita, y suponiéndose lo que más tarde pasaría, pide a su primo que era jefe local de los falangistas en Conquista, que viera a un señor, cuyo nombre tampoco citaré por encontrarse aún vivo, gallego de nacimiento, y que actualmente vive en Logrosán (médico en aquel entonces de Conquista) y que era hermano del que le había acusado de revolucionario, contestando este que no podía hacer nada, sin ni siquiera haberlo intentado (este señor debía bastantes favores Manuel, ya que siempre que iba a Trujillo se hospedaba en su casa).

            La noche del 24 al 25 pasan de nuevo los falangistas de regreso a Trujillo, y a la altura de la dehesa de Y Matabacas, en un trozo que lo llamaban “El Peral”, en el termino mu­nicipal de Conquista de la Sierra, junto con otros 15 compañe­ros, también traslados de la cárcel de Logrosán, es fusilado y posteriormente quemado su cuerpo con gasolina. Manuel, según testigos presenciales, ya que uno de los 16 pudo escapar, había pedido los Santos Sacramentos y no quisieron dárselos.

Avisados los vecinos de Conquista por el fuego de los cadáveres, acuden al lugar y haciéndose cargo los falangistas de darles cristiana sepultura junto al cementerio y en una fosa común, la cual estaba hecha de sacar el sepulturero la tierra para tapar las sepulturas de aquellos vecinos que eran enterrados en el suelo. Y allí aún reposan los restos de Manuel Gómez Sánchez.

No contentos con darle muerte, asaltan su casa y comer­cio apoderándose de sus bienes, quedando a su mujer e hijos con la ropa que tenían puesta y cobijados con los abuelos y familiares de Conquista de la Sierra.

En una de sus poesías al preguntarse él mismo ¿Quién soy yo?, se contestaba:

 

La vida parece

para mi una cosa vulgar y sencilla:

Se nace, se crece,

y al fin todo es nada, ¡pedazos de arcilla!

 

Ignoro quién soy

porqué nada es todo lo que hay en el mundo.

¡Lo que somos hoy,

no existe mañana; es flor de un segundo!

 

Para terminar diciendo:

 

Por eso os decía

que ignoraba fuera nada de este mundo;

que la vida mía

era como todas, ¡flores de un segundo! .

 

Madroñera, 1920.

 Así acabo su vida Manuel Gómez Sánchez, pero para nosotros y para los que le conocieron sigue aún vivo, pues como se dice, el hombre muere pero queda su obra.

NOTA. Por su extensión no hemos publicado el apéndice documental que puede consultarse libremente poniéndose en contacto a través de nuestras direcciones.