Oct 011980
 

Jesús Bermejo Jiménez C.F.M.

En esta comunicación pretendemos abordar, desde una visual en cierto modo nueva y original, la personalidad de D. Eladio Mozas Santamera, fundador de la Congregación de Hnas. Josefinas de la Stma. Trinidad.

Podemos comenzar formulando una pregunta no ociosa ni estéril: ¿Cuáles son los principales elementos que configuran la personalidad intelectual, humana y cristiana de un sabio, de un artista, de un santo, de un fundador o de un apóstol? Las raíces, lógicamente, son muchas y se entrecruzan  a veces en una red inextricable, difícil de clarificar. El paisaje interior y aún exterior  de una persona queda configurado por la herencia psicosomática, la tierra nativa con su idiosincrasia, el ambiente, la educación, las lecturas,  las amistades y otros muchos factores que, en mayor o menor grado, colaboran al enriquecimiento interior y a la misma fisonomía exterior de cada persona.

En el caso de D. Eladio Mozas Santamera, los influjos recibidos ya desde la más tierna infancia se armonizaron de una forma tan perfectamente dosificada y equilibrada, que nos produce admiración la riqueza humana y espiritual de esta figura procer de la Iglesia placen tino-extremeña.

La personalidad de D. Eladio, enriquecida ya por la naturaleza, se vio ulteriormente colmada por el influjo familiar -una familia en la que hubo una verdadera floración de vocaciones sacerdotales- y definitivamente plenificada por el estudio y la experiencia mística, sobre todo en los últimos años de su vida.

En el ámbito de los influjos familiares o, mejor, parafamiliares, conviene recordar uno que nos parece decisivo en la evolución vocacional de D. Eladio. Nos referimos al de su tutor, D. Santiago Yañez, Canónigo de la Sta. I. Catedral de Plasencia.

¿Quién fue este hombre y en qué medida su experiencia, su consejo, su discreta capacidad de persuasión fueron determinantes en momentos decisivos para el joven Eladio, especialmente en la profunda crisis vocacional sufrida en Madrid a finales de 1.863 y en los primeros meses de 1.864? ¿Cuáles fueron los rasgos más acuciados de la personalidad de D. Santiago y cómo se desarrollaron sus relaciones, sobre todo cuando D. Eladio, inspirado por Dios y confirmado por el Papa Pío IX, fundó su Congregación en Plasencia?

DATOS SOBRE D. SANTIAGO YAÑEZ RIAZA.

Su vida coincide con el siglo XIX. Nació en Sigüenza (Gualajara), el día 25 de Julio de 1.800, en el seno de una familia de honrados carpinteros. Apenas nacido, recibió de manos del cirujano Dr. Juan Francisco Martínez el bautismo de urgencia, debido a su precaria salud. Más tarde, el 1º de Agosto siguiente, el Párroco Don Juan Francisco Ángel completó solemnemente las ceremonias bautismales.

Y el 3 de Abril de 1.801 fue confirmado por el Obispo Gobernador Eclesiástico de Sigüenza, Dr. Joaquín Blas Álvarez de Palma.

Poco conocemos de la vida de D. Santiago Yáñez Riaza. Hay notas sueltas en los Archivos del Ayuntamiento y Parroquias de Sigüenza, como son las relacionadas con Censos de población; Libros de Matrícula municipal y parroquial. Asimismo, en los Archivos catedralicio y diocesano de Plasencia, Boletín Ecco. del tiempo, etc. se habla de sus actividades como Sacerdote y Canónigo. En el Archivo H. Nacional, Sección de Universidades, Universidad de Sigüenza: Libro de Matrícula 1269 F, aparece “Santiago Yáñez, natural de Sigüenza, edad 15 años, pelo castaño, ojos pardos y blanco de rostro. Se matriculó en esta Universidad para cursar el primer año de Filosofía, con la protesta de presentar certificación de aprovechamiento de Gramática…”

En la misma Universidad de San Antonio de Sigüenza cursó 22. y 39. de Filosofía y cinco años de Teología. “Durante sus estudios asistió con puntualidad a las respectivas academias, donde arguyo y defendió siempre que le correspondió y otras veces voluntariamente”.

En el Archivo Histórico Diocesano de Sigüenza se encuentra el expediente que se inició para pedir la primera clerical tonsura: En 3 de Novbre. de 1.823 solicita ser ordenado de primera clerical tonsura, a Título de la Capellanía de Ntra. Sra. de la Orta de la Ciudad de Zamora. Con fecha 1 de Marzo de 1.824 solicita ser ordenado de Grados (0. Menores) y Subdiaconado a Título de Patrimonio. En 18 de Agosto solicita ser ordenado de Diácono en las Témporas de S. Mateo. Y en 22 de Novbre. siguiente solicita ser ordenado de Presbítero en las Témporas de Sto. Tomás; lo recibió el 18 de Diciembre de 1.824.

Por disposición del Obispo Dr. Fraile sirvió con puntualidad durante dos años como ecónomo la parroquia de Guijosa y un anejo suyo. Otros dos años estuvo en las parroquias de Esplegares y Valmaces .

En 1.830 fue nombrado por Su Majestad el Rey Fernando VII Racionero de la Catedral de Sigüenza. De este cargo se posesionó en julio del mismo año y lo desempeñó con exactitud y celo hasta Agosto de 1.852, en que pasó a ser beneficiado, en conformidad con lo establecido en el Concordato de 1.851. El citado Concordato decía: “Las canonjías de oficio se proveerán, previa oposición, por los prelados y cabildos. Las demás dignidades y canonjías se proveerán, en rigurosa alternativa, por S. M. y los respectivos arzobispos y obispos” (art. 18). En el n2. 17 se establecía que la diócesis de Plasencia tuviera 16 capitulares y 12 beneficiados. Durante seis años, D. Santiago fue, además, obrero de la fábrica catedralicia de Sigüenza, y procurador de la misma.

Por medio de una señora de la nobleza madrileña, conocida suya y amiga de Isabel II, D. Santiago Yáñez consiguió con fecha 13 de Marzo de 1.857 una canonjía en Plasencia, vacante por traslado a Jaén de D. Francisco de Paula Queso y Partal. La reina declaraba que D. Santiago es presbítero de buena vida y costumbres y sana doctrina. La renuncia a la canonjía de Sigüenza fue presentada el 3 de Junio de 1.857. La Corporación le dio las gracias y le concedió la hermandad que él solicitó.

El Archivo catedralicio de Plasencia guarda el expediente de posesión de la Canonjía. Recoge la Real Cédula de S. M. la Reina por la que se otorga a D. Santiago Yáñez, Beneficiado de Sigüenza, la Canonjía vacante en esta Catedral por traslado de D. Francisco de Paula Queso y Partal a otra de Jaén. Tomó posesión D. Santiago en Plasencia el miércoles 1-. de Julio de 1.857. Hay también un certificado  en el que consta que D. Santiago presentó su documentación (Partida  de Bautismo, Título de Presbítero) que de nuevo recogió dicho Sr. Yáñez, firmando su recibo. Hay nota detallada de las cuotas y derechos abonados, en total 391 rs., 14—.  Obispo de Plasencia era entonces el Dr. D. José Ávila y Lamas.

Y en la ciudad del Jerte permanece D. Santiago Yáñez durante el resto de su vida hasta el 25 de Abril de 1.884, en que falleció santamente. De castellano afincado en Extremadura podemos calificar a este sacerdote ejemplar, que vivió en Plasencia durante los 27 últimos años de su vida, la etapa tal vez más rica y sazonada de su existencia.

INFLUJO DE D. SANTIAGO YAÑEZ SOBRE D. ELADIO.

En realidad no existieron relaciones de consanguinidad entre ambos, por línea directa. Sí indirectamente: una hermana de D. Santiago llamada Rufina, estuvo casada con Eulogio Santamera, tío carnal de Eladio. Este entronque afectó profundamente a toda la familia Santa-mera; de hecho, D. Santiago se relacionó íntimamente con ella asistiendo a muchos acontecimientos sociales y presidiendo otros de carácter religioso y sacramental. Doña Mónica, madre de D. Eladio, le nombró su testamentario y tutor de Eladio.

Ya desde su niñez Eladio había sido confiado a los cuidados de D. Santiago -entonces Racionero en Sigüenza-, quien desempeñó el cargo de tutor hasta que Eladio recibió la ordenación sacerdotal en 1.865. Desde su entrada en el Seminario hasta 1.856 todo transcurrió con normalidad y D. Santiago se limitó a seguir la trayectoria vocacional del joven seminarista impulsándole a su ideal y animándole discretamente a superar las pequeñas dificultades que iba encontrando.

El Curso escolar 1.856-1.857 fue particularmente duro para Eladio. La última y delicada enfermedad de su madre le quitó tiempo y salud. El la atendió día y noche con infinita delicadeza y abnegación filial durante más de un año hasta que, a la edad de 62 años, entregó su preciosa alma al Señor. Eladio se vio solo, triste, falto de fuerzas físicas y espirituales; su debilidad fue motivo de preocupación para toda la familia; también D. Santiago se preocupó profundamente y para que pudiera aliviarse y superar la honda crisis, le hizo ingresar como interno en el Seminario, para que tomara parte en los recreos y horas de descanso establecidos en el Reglamento. Tras dos años de calma, la crisis se agudiza en 1.860, año en que Eladio se traslada a Madrid decidido a probar fortuna, haciendo una carrera brillante.  Aquí la crisis afecta al mismo tiempo a su vocación y a su porvenir, y aquí es donde la influencia de D. Santiago es decisiva. Y no es que D. Santiago en esta ocasión intentara inclinar a Eladio a abandonar su carrera civil, pues esperaba que por su brillantez Eladio había de dar gran lustre y altura a la familia. Con  su frecuente correspondencia intentaba estimular al joven Eladio hacia el estudio y evitar se pervirtiese con malas compañías. Por eso también D. Santiago rogaba y rogaba a sus amigos de Madrid se ocuparan de Eladio , recibiendo con satisfacción inmejorables impresiones sobre su conducta social y cristiana. Eladio le escribía a Plasencia hablándole de sus estudios, de sus proyectos, de sus inquietudes. D. Santiago, consciente de su responsabilidad, sobre todo desde que joven es huérfano también de madre, le presta ayuda económica y moral. En cierta ocasión le envió la cantidad de 1.500 reales, una cifra bien significativa en aquella época, y Eladio le escribe agradeciéndoselo.

Los consejos de su tutor, con enorme sabiduría y prudencia, debieron de ser eficaces a la hora de tomar la decisión de volver a la senda perdida. En 1.864, tras el fracaso sufrido en las Oposiciones, decide Eladio recibir las Ordenes Sagradas y acude, como siempre, a su tutor para que exponga el caso al Obispo de Plasencia, Dr. D. Gregorio Mª López y Zaragoza, recién llegado a la Diócesis. El hecho de elegir Plasencia como destino definitivo de su vida y apostolado sacerdotal se debió, sin duda, a la presencia de D. Santiago en la ciudad del Jerte. El Canónigo placentino era una sombra propicia y providencial para el joven Eladio, lleno de ilusiones y esperanzas .

Una vez terminado este período de tutoría, las relaciones, ahora más íntimas y profundas, si cabe, se desarrollaron a otro nivel superior; D. Santiago se convirtió en el mejor amigo y consejero de Eladio.

El 27 de Julio de 1.866 el Párroco de San Esteban de Plasencia comisionó a D. Santiago para introducir a D. Eladio en la toma de posesión  de la parroquia de S. Nicolás, que había ganado por oposición .

A partir de este momento vivirán juntos bajo el mismo techo, compartiéndolo todo entre sí y con sus familiares, todos pertenecientes a la familia Santamera: un grupo que oscilaba entre cuatro y seis personas.

TENSIÓN CRITICA Y ULTIMA CONVERSIÓN DE D. SANTIAGO

Durante muchos años la convivencia fue pacífica y amable. La estima recíproca y el espíritu de oración y sacrificio por parte de todos hacía cicatrizar las pequeñas heridas o divergencias que pudieran surgir; pero D. Eladio -hombre de gran amabilidad y dulzura-  tenía un temple diamantino. Por encima de toda consideración humana ponía la gloria de Dios y el bien de las almas; y su espíritu compasivo le llevaba a extremos no comunes. Comenzó por hacerse amigo de los pobres, llegando incluso a albergarlos en su misma casa. Apenas conoció que era voluntad de Dios que fundara una Congregación, puso manos a la obra sin que nada ni nadie le arredrara; y no cejó nunca ante las críticas dirigidas por muchas personas, incluso piadosas, de Plasencia a él y a sus Religiosas.

La situación llegó a hacerse insostenible, sobre todo para aquellas personas que, aun siendo buenas, carecían de la capacidad de sufrimiento del Fundador de las Hermanas Josefinas de la Santísima Trinidad.

D. Santiago, que estimaba y amaba al perseguido, llegó a alarmarse; no podía tolerar que se hablase mal de D. Eladio en la población, al verle rodeado de pobres por las calles, y sobre todo por su tenacidad en llevar adelante la Fundación.

Llegó un momento, hacia el año 1.880, en que el choque se hizo inevitable y se convirtió en fuente de amarguras y sinsabores. La tensión afligía profundamente a ambos Sacerdotes y a toda la familia. ¿Qué hacer? ¿Qué decisión tomar? La solución era fácil, pero

comprometida: D. Eladio, dada su condición de Párroco de S. Nicolás, podía separarse de D. Santiago y poner casa propia. Pero esta solución hubiera tenido más intención de corte justiciero que de caridad que acepta la cruz con todas sus consecuencias. Consciente de que esta solución iba a enconar aún más las heridas, prefirió seguir sufriendo antes que romper definitivamente con su antiguo tutor. En lo más profundo de su alma tenía la seguridad de que la verdad límpida y pura había de triunfar; y esperó con paz y perseverancia, confiado en el Señor. Esta lenta agonía familiar duró más de dos años. Pero al camino del Calvario siguió la primavera de la Pascua de Resurrección .

¿Qué fue lo que sucedió en el corazón de D. Santiago? Lo ignoramos. Pero al fin, por caminos misteriosos, su alma quedó iluminada por el fulgor de la verdad. Una mañana de Agosto de 1.882, acompañado por el niño de 11 años, José Mª Santamera, más tarde Párroco de Navaconcejo y Béjar -aquí Arcipreste-, D. Santiago, anciano ya 82 años, se dirigió a la Casa y Comunidad de las Religiosas Josefinas; hacía mucho tiempo que no quería saber nada de ellas; más aún, deseaba que la Congregación se deshiciera para que cesaran las infundadas habladurías que corrían por la ciudad. Las Religiosas al verlo quedaron como petrificadas; pero con gran sorpresa oyeron de sus labios que iba a pedirles perdón por su conducta para con ellas y para con su Fundador. Quiso después ver las obras que estaban haciendo y les prometió su ayuda. Antes de despedirse les dijo que amaran a su Fundador porque estaba convencido de que era un santo. Al regresar a casa no dijo nada a D. Eladio; quería que las mismas Religiosas le comunicaran la alegría de su arrepentimiento. Esta fue su última conversión, tal vez, y acaso la más profunda.

¡Con cuánto júbilo debió recibir D. Eladio la ansiada noticia, tras las amarguras sufridas! Podemos imaginar el abrazo estrechísimo que selló definitivamente una amistad antigua que había pasado, para hacerse aún más fuerte, por el crisol de la incomprensión y del sacrificio. Dos años más tarde, el 25 de Abril, como hemos dicho, D. Santiago moría piadosamente en los brazos de aquél a quien él mismo había calificado como santo.

CONCLUSIÓN

Las dos personalidades de la Iglesia Placentina, cuyos despojos mortales reposan en la Ciudad del Jerte, quemaron sus mejores años de santidad y apostolado en Extremadura. Fueron castellanos recios, cuyas vidas quedaron suavizadas por la dulzura de nuestra luz y de nuestra tierra y, sobre todo, por la obra  que Dios realizó en sus almas y a través de ellos.

La lección que nos ofrecen a través de la trama de sus vidas es, al mismo tiempo, una lección de humanismo y una lección de santidad.