Oct 012006
 

Isidro García Barriga.

Geógrafo

INTRODUCCIÓN.-

El 27 de enero de 1896, la corporación municipal del Ayuntamiento de Brozas, presidida por su alcalde, D. Julián Colmenero Vivas, aprobaba por unanimidad una propuesta formulada por el párroco de Santa María Mayor de la Asunción, D. Carlos Barriga, para rescatar del olvido la abundante prole de hijos ilustres nacidos en esta villa y, de este modo, posibilitar que “sus paisanos les honrasen y admirasen y para que, estimulados por sus ejemplos, procurasen como ellos, dar días de gloria a la localidad”[1]. Dicha propuesta se basaba en “hacer que las calles y plazas llevasen por nombre el de algunos brocenses notables”[2], a lo que se unió la idea del concejal D. Martín López de encargar al Arcipreste de la Catedral de Coria, D. Eugenio Escobar Prieto, un libro en el que se recogiese la biografía de los ilustres nacidos en esta villa.

Cinco años después, a finales de 1901, y tras varios intentos fallidos (debido a la escasez de recursos económicos del Ayuntamiento), salía a la luz la obra “Hijos Ilustres de la Villa de Brozas”, en la que se recogía la biografía de noventa y tres brocenses de mayor o menor importancia histórica, entre militares, escritores, religiosos, arquitectos, cerrajeros y bienhechores. Junto a ello, el autor realizaba un recorrido por la historia de Brozas, acompañado de la descripción de algunos monumentos, haciendo especial hincapié en la grandeza de los linajes broceños y la importancia de la villa, mermada casi definitivamente en la fecha de publicación de la obra.

Así mismo, en el año 1902 el Ayuntamiento procedía al cambio de denominación en algunas calles y plazas del pueblo, utilizando catorce de los personajes más ilustres citados en el libro de Escobar; de este modo, aparecen en el callejero local los nombres del Brocense, Nicolás de Ovando, Bartolomé Pelayos, Capitán Herrera, Juan Escandón, Padre Felipe Gilete Amado, Manuel Amado, Cipriano Cabrera, Mauricio Vinagre, Juan Cayetano Polo, Juan Pico Domínguez, Pedro Ordóñez Flores, Antonio Gómez y Francisco Lizaur, nombres que se mantienen vigentes en la actualidad.

Resulta evidente la gran labor de recuperación y difusión de la historia broceña efectuada en aquellos momentos tanto por Escobar Prieto como por el sacerdote Carlos Barriga, una labor que tendría continuación en los años sesenta en la figura de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, autor del prólogo de la 2ª edición de “Hijos ilustres de la Villa de Brozas”, que completa la obra con la inclusión de seis nuevas biografías y una descripción pormenorizada de monumentos y linajes históricos locales. Sin embargo, y a pesar de todos estos esfuerzos llevados a cabo por personas amantes de la Historia y preocupadas por el pasado y el futuro de Brozas, no puede dejar de sorprendernos la escasez de información y el insignificante papel otorgado en este proyecto al arquitecto Juan Bravo, al que apenas se dedican veinte líneas (en un libro con más de 225 páginas) y que no recibe el nombre de ninguna calle[3]; una sorpresa que casi se torna en incredulidad si tenemos en cuenta que este personaje, nacido en Brozas hacia 1530, se convertirá en uno de los principales arquitectos de la Orden de Alcántara en el S. XVI, interviniendo en los tres monumentos principales de Brozas (las iglesias de Santa María y los Santos Mártires y el castillo-fortaleza), así como en decenas de iglesias, castillos y edificios civiles de los partidos de Alcántara, Gata, Valencia de Alcántara, Brozas y la Serena; un personaje que alcanzará el título de Maestro Mayor de Obras de la Orden de Alcántara y de la Catedral de Coria y que puede compararse, sin ningún género de dudas, con el arquitecto más reconocido de la Extremadura del Siglo XVI, Pedro de Ybarra.

Por todo ello, y en un intento por recuperar la figura de Juan Bravo, al que podemos denominar con toda razón “el hijo ilustre olvidado”, hemos redactado este artículo en el que se recogen datos sobre las principales obras del arquitecto brocense, mostrando especial interés en las efectuadas en Brozas, pueblo que sin duda debe señalarlo como uno de sus más importantes hijos ilustres.

EL CONTEXTO HISTÓRICO.-

Para poder entender la trayectoria y la importancia de la obra de Juan Bravo, resulta fundamental estudiar el contexto político, demográfico y económico de la Extremadura del mil quinientos, un siglo que podemos considerar cómo de gran esplendor, lo que se traducirá en la construcción y ampliación de innumerables edificios civiles, religiosos y militares favoreciendo, sin duda, la labor de numerosos arquitectos, canteros, alarifes y maestros artesanos.

Desde el punto de vista político, Extremadura vivirá en el S. XVI un período de estabilidad muy importante, sobre todo si lo comparamos con los conflictos sufridos durante el S. XV. De especial relevancia negativa para la principal zona de trabajo de Juan Bravo, la Orden de Alcántara, había sido la guerra civil desarrollada entre 1464 y 1474, dentro de la “situación de anarquía generalizada vivida en estos años críticos en la Corona de Castilla”[4]; un conflicto que enfrentará al Maestre Gómez de Cáceres y al Clavero Alonso de Monroy y que supondrá un grave deterioro demográfico y económico para las principales poblaciones de la Orden alcantarina (Brozas, Alcántara, Valencia de Alcántara, etc.)

Superado este conflicto y con la política de fortalecimiento del poder real de los Reyes Católicos, que desde 1495 se harán con el control directo de las Órdenes Militares, los problemas políticos y las luchas entre facciones nobiliarias por el poder se verán prácticamente eliminadas lo que favorecerá, sin duda, el desarrollo demográfico y económico de la zona.

En el plano poblacional, el intenso crecimiento detectado en Extremadura desde la 2ª mitad del S. XV, se vera reforzado e impulsado durante el S. XVI, sobre todo a partir del año 1528. Tal y como afirma el profesor Melón Jiménez, “desde el punto de vista territorial, el crecimiento más fuerte se corresponde con el que tiene lugar en las zonas de Órdenes Militares (Alcántara y Santiago), ligeramente superior al 90 por ciento; en el censo de 1528 más de la mitad de la poblaciones de Órdenes responden que viven en una cierta prosperidad: un territorio amplio, de reciente repoblación, con abundantes recursos y escasamente poblado es un notable estímulo para el establecimiento humano y el desarrollo demográfico, como demuestra también el mayor incremento del número de bautizados en esta zona. Del mismo modo, el crecimiento afectó en mayor medida a las entidades de mayor tamaño, que contaban con mayores recursos y se convirtieron además en centros de atracción de individuos procedentes de las aldeas y los pueblos más pequeños”[5]. Asistimos, por tanto, a un importante crecimiento demográfico que se corresponde básicamente con la trayectoria vital de nuestro personaje (1530-1596), y que nos ayuda a comprender el levantamiento de iglesias, ermitas, palacios y castillos en nuestra zona de estudio.

En último término, junto a la estabilidad política y el crecimiento demográfico, el siglo XVI extremeño se caracterizará por un importante desarrollo económico, basado fundamentalmente en la agricultura y, sobre todo, la ganadería. En estos años, la bonanza meteorológica permitirá un mayor rendimiento de las cosechas de cereal, a lo que se unirá la roturación de nuevas tierras y la expansión de cultivos como el viñedo y el olivo. Los pósitos de trigo cobrarán especial relevancia a partir de esta centuria, como garantes del sistema agrario y algunos estamentos campesinos (pequeños propietarios, yunteros) experimentarán un notable desarrollo socioeconómico.

Al mismo tiempo, y gracias a la adopción de leyes favorables y el aumento de las exportaciones de lana, la ganadería se convertirá en el sector económico más boyante. En torno a la oveja merina se desarrollará todo un sistema de rebaños estantes y trashumantes, arrendamientos de pastos, construcción de abrevaderos y comercio de lanas, lo que se traducirá en grandes beneficios para los propietarios de tierras y ganado y la consolidación de un conjunto de oficios (pastores, esquiladores, carreteros, lavaderos) asociados a esta actividad.

El desarrollo agroganadero supondrá, del mismo modo, la expansión de ferias y mercados. Desde finales del S. XV, el volumen comercial se incrementará de forma constante y ferias como las de Gata, Brozas, Ceclavín, Zarza la Mayor y Valencia de Alcántara se consolidarán como referencia en el ámbito comarcal. En estos centros, las principales producciones (vinos, aceites, ganados) se intercambiarán por trigos castellanos y tejidos de Priego, Toledo o Barcelona, además de toda clase de productos que, de forma legal o mediante contrabando, llegaban desde Portugal o América.

EL TERRITORIO.-

Junto a las características políticas, demográficas y económicas de la Extremadura del siglo XVI, la cantidad y calidad de los trabajos realizados por Juan Bravo se encuentran directamente relacionadas con el ámbito territorial en el cuál trabaja el arquitecto, un territorio que desde la Edad Media se encuentra bajo el poder de dos potentes instituciones: la Orden Militar de Alcántara y el Obispado de Coria.

Desde su fundación en el año 1218, la orden de Alcántara iniciará un proceso de expansión territorial y económica que se traduce en el dominio a finales del S. XV de un gran conjunto de posesiones, lugares y villas, abarcando la Sierra de Gata, el partido de Alcántara, las tierras de Valencia de Alcántara y el partido de la Serena, territorios que, con excepción de este último, presentarán la característica común de formar parte de la frontera entre los reinos de Castilla y Portugal, lo que repercutirá en la creación, modificación, ampliación y rehabilitación de numerosos edificios militares y defensivos (sobre todo a partir de 1530)

Tabla 1: Intervenciones arquitectónicas conocidas en las fortalezas de la Orden Militar de Alcántara (partidos de Gata, Brozas, Alcántara y Valencia de Alcántara)

Fortalezas 1530 – 1550 1551 – 1575 1576 – 1600 1601 – 1625 Total
Alcántara 2 1 3
Azagala 3 1 4
Almenara 1 1
Brozas 1 1 2
Eljas 4 4
Herrera de Alcántara 3 4 7
Mayorga 6 3 1 10
Moraleja 2 2 4
Peñafiel 2 2
Piedrabuena 2 3 2 7
Portezuelo 4 4
Santibáñez el Alto 1 1 1 3
Valencia de Alcántara 4 2 6
TOTAL 27 18 7 5 57

Fuente: Navareño Mateos, A.: Arquitectura Militar en la Orden de Alcántara.

El carácter fronterizo y estratégico de los territorios de la Orden militar de Alcántara mostrarán sus efectos negativos a partir del año 1640, fecha en la que se inicia la Guerra de Restauración portuguesa y que finalizará veintiocho años después con la independencia del país lusitano; no obstante, en el período de acción de nuestro estudio, la frontera vivirá un momento de calma lo que, unido al crecimiento demográfico y económico generalizado, favorecerá la aparición de focos de atracción urbanística y artística en la orden alcantarina, entre los que destacan el conventual de San Benito, el proyecto de mayor magnitud de los emprendidos en este territorio; las iglesias de Santa María la Mayor de Brozas y la Iglesia de Nuestra Señora de Rocamador en Valencia de Alcántara; diferentes construcciones palaciegas en Alcántara, Brozas, Zarza la Mayor y Valencia de Alcántara; así como la ampliación y remodelación de las casas y castillos de las diferentes encomiendas: Azagala, Almenara, Brozas, Piedrabuena, la Zarza, Herrera de Alcántara, etc. Nos encontramos, por tanto, en un territorio en auge, con importantes recursos económicos y varios poderes fácticos (iglesia, orden, nobleza) interesados en construir y edificar centros religioso, castillos y palacios lo que beneficiará de modo especial el trabajo de Juan Bravo y otros arquitectos que se establecen en este territorio.

Junto a la Orden Militar, el territorio en el que desarrollará todo su trabajo nuestro personaje se encuentra ligado estrechamente al Obispado de Coria, una de las tres diócesis existentes en la Extremadura del mil quinientos y que, bajo la dirección de obispos como Francisco de Mendoza y García de Galarza, emprenderá la creación, rehabilitación y ampliación de un gran número de edificios religiosos, lo que supondrá la presencia de “más de doscientos artífices relacionados con el mundo de la construcción eclesiástica en la diócesis de Coria del S. XVI”[6], atraídos por las obras de la sede catedralicia, la construcción de Santa María en Cáceres, la ampliación de Santa María de Almocóvar en Alcántara, el levantamiento de las iglesias de los Santos Mártires y Santa María en Brozas, así hasta un total de 70 centros religiosos en los que se emprenderán diversos procesos constructivos en esta centuria.

TRAYECTORIA PERSONAL.-

La escasez de datos bibliográficos y de documentación histórica nos impiden realizar una descripción exhaustiva sobre la vida de Juan Bravo. Diversas hipótesis sitúan la fecha de nacimiento de nuestro personaje hacia 1530 en Brozas, donde varios miembros de su familia (entre ellos su padre Juan) trabajan como alarifes y canteros, lo que repercutirá hondamente en su vocación profesional. De este modo, en 1561, en las Averiguaciones de alcabalas del partido de Alcántara[7] Juan Bravo aparece como vecino de Brozas, morador en la Calle Umbría (actualmente Cipriano Cabrera) y de profesión cantero. Es la primera referencia documental sobre nuestro personaje que, con apenas 30 años, se encuentra inmerso de lleno en el mundo de la arquitectura, dentro de un territorio donde obras como el conventual de San Benito, la Catedral de Coria y la Iglesia de Santa María en Brozas aparecen en pleno desarrollo y donde sobresale la figura de Pedro de Ybarra como Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y de la Santa Catedral de Coria.

A partir de este momento, las colaboraciones entre Juan Bravo y el gran arquitecto serán continuas y muy estrechas, convirtiéndose en su discípulo más aventajado y, consecuentemente, en el continuador de su obra a la muerte de Pedro de Ybarra (1570) tomando a su cargo el título de Maestro de la Catedral de Coria y su Obispado, al que se añadirá el de Maestro Mayor de la Orden Militar de Alcántara tras la muerte de Sebastián de Aguirre, en 1575. De este modo, Juan Bravo alcanzará un prestigio personal y profesional de gran calado, al ostentar los dos cargos simultáneamente, lo que le permitirá participar en innumerables obras civiles, religiosas y militares.

Sin embargo, durante más de una década, nuestro personaje deberá probar en varias ocasiones ante las autoridades su valía como arquitecto y lo razonable de su nombramiento como Maestro Mayor alcantarino debido a la causa que contra dicho nombramiento inicia Juan de la Puente, el cuál reclamará ante el Consejo de Órdenes la realización de una prueba objetiva y justa para la designación del cargo de Maestro Mayor como consecuencia de las manifiestas irregularidades habidas, según su versión, en la elección de Juan Bravo para ostentar tan importante título.

El desarrollo de este largo pleito impedirá que Juan Bravo detente con todos los derechos y de forma efectiva el cargo de Maestro Mayor pero no frenará su labor como arquitecto de la Orden de Alcántara, a través de constantes visitas e inspecciones a los castillos, casas de encomiendas, murallas y demás posesiones de la Orden en los partidos de Gata, Alcántara, Brozas, Valencia de Alcántara y la Serena, donde realiza tasaciones y proyectos para reformas, mejoras y ampliaciones. Además, como Maestro del Obispado de Coria recorrerá incansablemente templos y ermitas, otorgando especial consideración a la Catedral cauriense y a las iglesias de Santa María y los Santos Mártires en Brozas.

En 1584, en la visita que Don Francisco de Córdoba realiza a Brozas, se habla de “la casa del Maestro Mayor Juan Bravo, sita en la parte norte de la iglesia de los Santos Mártires, haciendo límite con el camposanto”[8]. Nos encontramos, pues, ante un personaje de reconocido prestigio en la sociedad brocense, que habita en las cercanías del templo de los Mártires y que sigue siendo vecino de Brozas, a pesar de ostentar cargos en villas tan importantes como Coria, Alcántara o Valencia de Alcántara.

En 1590, las autoridades judiciales fallan a favor del nombramiento de Juan Bravo, desestimando finalmente el pleito interpuesto por Juan de la Puente. Llega, por tanto, el momento del nombramiento oficial de nuestro personaje como Maestro Mayor de la Orden Militar de Alcántara, cargo que ejercía de hecho pero no de derecho, lo que supondrá el reconocimiento objetivo y público del grado de maestría y sabiduría alcanzado por el arquitecto brocense. Y será precisamente, a partir de este momento, cuando Juan Bravo desarrolle tres de sus proyectos más ambiciosos, que le ocuparán prácticamente hasta su fallecimiento: la ampliación de la Casa de la Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara en Brozas (1593), el trazado de la capilla para el enterramiento del Obispo García de Galarza (1595) y la creación de la Sala Capitular y el Archivo de la Catedral de Coria (1596).

Dentro del repartimiento de alcabalas, fechado en 1594[9], volvemos a encontrar a Juan Bravo, de profesión Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y vecino de Brozas; será una de las últimas referencias documentales acerca de nuestro personaje que fallece en 1596, siendo enterrado en la Iglesia de los Santos Mártires y dejando en su trayectoria profesional más de 100 intervenciones documentadas en edificios religiosos, civiles y militares.

LA OBRA.-

Puede afirmarse, casi sin ningún género de dudas, que la obra de Juan Bravo aparece estrechamente ligada a su relación con Pedro de Ybarra. La presencia de este gran arquitecto en el territorio extremeño supondrá la creación de una escuela, de un estilo genuino a medio camino entre el arte consolidado, el Gótico, y el arte nuevo, el Renacimiento, estilo que se plasmará en obras tan importantes como la Catedral de Coria o el Conventual de San Benito en Alcántara. En este contexto, nuestro personaje irá descubriendo las claves del trabajo de Pedro de Ybarra, primero con su trabajo como cantero y, posteriormente, como discípulo del arquitecto salmantino que, gradualmente, irá depositando su confianza en Juan Bravo hasta convertirlo en “heredero” de su saber y su obra.

Tabla 2: Intervenciones conocidas de Juan Bravo como Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y el Obispado de Coria (1570-1595)

NOMBRE FECHA UBICACIÓN TIPOLOGÍA OBRAS
Castillo 1570-1573 Mayorga Militar Informe y tasación
Santa María la Mayor 1570-1595 Brozas Religiosa Continuación de obras
Castillo 1571 Vª de Alcántara Militar Inspección de obras
San Pedro 1572 Gata Religiosa Continuación de obras
Iglesia de la Asunción 1573-1580 Aliseda Religiosa Continuación de obras
Catedral de la Asunción 1575 Coria Religiosa Reconocimiento del edificio
Ntra. Sra. de Rocamador 1576-1585 Vª de Alcántara Religiosa Continuación de obras
Iglesia de la Asunción 1577 Montehermoso Religiosa Proyecto para la torre
1579 Valverde del Fresno Religiosa Proyecto de reparación
Iglesia parroquial 1579 Cilleros Religiosa Informe estado del templo
San Andrés 1581-1583 Zarza la Mayor Religiosa Finalización de obras
Casa encomienda 1583 Moraleja Militar – civil Informe y tasación
Santos Mártires 1584 Brozas Religiosa Proyecto de finalización
Castillo 1585 Mayorga Militar Condiciones de obra
Ntra. Sra. del Olmo 1587 Ceclavín Religiosa Proyecto de sacristía
Encomienda 1589 Esparragosa Militar – civil Informe y tasación
Encomienda 1593 Piedrabuena Militar Tasación y condiciones
Encomienda 1593 Brozas Militar Proyecto de murallas
Encomienda 1593 Brozas Civil Ampliación del palacio
Capilla Obispo Galarza 1595 Coria Religiosa Proyecto y tasación
Archivo 1595 Coria Religiosa Proyecto
Sala capitular 1595 Coria Religiosa Proyecto

Fuente: Navareño Mateos, A.: Arquitectura militar en la Orden de Alcántara; Arcos Franco, José María: Aportaciones a la historia de la arquitectura de la orden de alcántara: maestros mayores de obras en la serena; Elaboración propia

De especial relevancia para nuestro trabajo resulta el proceso constructivo del templo de Santa María la Mayor en Brozas. Según Sánchez Lomba, la edificación de esta iglesia “supone el testamento artístico de Pedro de Ybarra”[10], esto es, recoge en su construcción todos los elementos técnicos y estéticos que ha ido descubriendo y experimentando durante más de 40 años de profesión. El resultado será el diseño de un templo majestuoso, prácticamente único en el Obispado de Coria, que Pedro de Ybarra deja inconcluso (al fallecer en 1570) y cuyo continuador será, de ahí la relevancia del dato, su discípulo Juan Bravo. Así, durante más de veinte años nuestro personaje tomará a su cargo la dirección del templo brocense, edificando uno de los tramos de la bóveda diseñada por Pedro de Ybarra. Sin embargo, la falta de medios económicos y la grandiosidad del proyecto suponen la paralización de la obra a principios del S. XVII, como así queda reflejado en diferentes escritos de los Visitadores de la Orden de Alcántara. Las últimas investigaciones afirman que la terminación de la iglesia correrá a cargo de Larra Churriguera hacia 1725[11], que termina de levantar las bóvedas siguiendo el estilo gótico-renacentista inicial, lo que confiere a este templo una unidad arquitectónica de gran valor.

Junto a su participación en Santa María la Mayor, Juan Bravo deja su impronta como arquitecto en los Santos Mártires. Desde mediados del S. XVI las obras de este templo, erigido sobre una antigua ermita dedicada a San Fabián y San Sebastián, quedan paralizadas debido a la falta de medios económicos. En 1584, nuestro personaje realiza un informe de la iglesia, el estado de la obra y las intervenciones necesarias para su finalización; un minucioso estudio que nos revela los conceptos estéticos que maneja Juan Bravo y su meticulosidad a la hora de elegir materiales, trazar planos y construir muros y bóvedas.

Mapa 1: Distribución territorial de las principales obras de Juan Bravo

img01En primer lugar, en el documento aparecen una referencia al “medio punto con su proporción y arte”, clara alusión al estilo renacentista que Pedro de Ybarra incorpora en varias de sus obras y que Juan Bravo aplicará en la mayoría de sus proyectos. En segundo término, se detecta en este escrito los conocimientos en el uso de materiales por parte del arquitecto, reseñando que “quede cerrada la capilla de la pila del bautismo en el alto del andar del coro con sus dos crucerillos de cantería, arco de ladrillo y cal cortado e pincelado y cubierto encima de texa ensopada en cal e texado doblado de buenas pizarras de Alcántara”. Así mismo, es destacable la meticulosidad y pormenorización con la que el Maestro Mayor describe el desarrollo de la nueva obra, fundamental para poder tasar los trabajos y adjudicar la construcción a los distintos postores.

Diversos problemas presupuestarios y financieros impedirán la finalización del templo en época de Juan Bravo; sin embargo, los informes trazados por nuestro personaje servirán de manera especial para que, hacia 1955 y a través de la colaboración de todo el pueblo, consiga terminarse la iglesia de los Santos Mártires, una de las obras más importantes del patrimonio broceño.

La tercera gran obra de la que tenemos constancia en Brozas es la ampliación y remodelación de la Casa de la Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara, conocida popularmente como “El Palacio”. De origen medieval, se trata de una casa Fuerte, residencia a partir del S. XIV del Comendador Mayor y que, después de la Guerra Civil en el S. XV y la toma del control de las órdenes por parte de los Reyes Católicos, entra en claro proceso de deterioro. En el año 1590, el Comendador Cristóbal de Moura, valido de Felipe II, plantea la necesidad de remodelar y ampliar la Fortaleza como centro administrativo de importancia y punto militar estratégico en la frontera.

Por este motivo, en 1593 Juan Bravo como Maestro Mayor realizará dos proyectos, en que se fijan y tasan las condiciones del encasamiento (el palacio) y lo fuerte (las murallas), por cantidades que ascienden a 1.140.000 maravedises y 1.270.000 maravedises, lo que supondrán las mayores cantidades invertidas en una fortaleza de la Orden Militar de Alcántara.[12]

Al igual que para finalización de los Mártires, nuestro arquitecto realiza un completo

y detallado informe acerca de las necesidades, modelos y formas constructivas del nuevo edificio. La idea general se basa en construir un patio de armas, de forma cuadrangular, con columnas de cantería y arcos de medio punto, desde el cuál se accediese al “cuarto viejo” y a las nuevas dependencias o “cuarto nuevo”. También se proyecta la ampliación de caballerizas, el aljibe de la fortaleza y las dependencias

administrativas (graneros, establos), todo ello utilizando materiales muy concretos; por ejemplo, la piedra para las caballerizas debía ser de la vecina localidad de Aldea del Rey “… las piedras de cantería para estos pesebres han de ser de la dehesa de la aldea del rey de buen grano y dura y no blanda y sin pelos…”[13] El resto de la cantería que se gastara en la obra sería del mismo término de la villa de Brozas, también de buen grano, tomada de determinadas canteras que, al parecer, venían funcionando con carácter permanente y sistemático: “… la piedra de cantería que se gastase en la dicha obra ha de ser de piedra barroqueña del término de la villa de las brozas de las canteras de Luis Alonso, Hacho, Juana Gómez, Tapia y Reales y no de otra parte la qual ha de ser de buen grano…”[14]

En cuanto a las murallas, Juan Bravo plantea el levantamiento de un muro de piedra que rodee toda la Fortaleza, intercalando una serie de cubos hemisféricos, que sirvan como garitas defensivas, con buzones para las armas de fuego, de piedra berroqueña, cubiertos con bóveda de ladrillo y adornados con una bola de granito. En el lienzo oriental de la muralla, en dirección a la Iglesia de Santa María, se proyecta abrir la portada principal, consistente en un arco de medio punto con dovelas de piedra labrada y dos cubos flanqueando la puerta, en los que se ubicarán los escudos del monarca Felipe II y el Comendador Mayor, Cristóbal de Moura.

La magnitud del proyecto nos señala el grado de experiencia y sabiduría alcanzado por Juan Bravo a lo largo de su trayectoria profesional. Nos encontramos ante una obra de gran magnitud, en la que se unen elementos civiles con elementos militares, a los que nuestro personaje otorga soluciones arquitectónicas efectivas y sencillas. Desafortunadamente, el edificio proyectado por el Maestro Mayor nunca verá la luz.

Problemas de corrupción en los artífices de la obra (algunos de los cuáles acabarán en prisión) impiden el desarrollo normal de los trabajos. En 1595, Juan Bravo actúa como testigo en el derrumbe de parte de la nueva obra, levantada al margen de los criterios y condiciones elaboradas por el arquitecto. El resultado final será la paralización de las obras palaciegas (el patio queda inconcluso, no se construyen las caballerizas) y la escasa consistencia del recinto amurallado, al cuál se le añadirán baluartes en el S. XVII y que será testigo de frecuentes enfrentamientos bélicos con portugueses y franceses.

CONCLUSIONES.-

A lo largo de este pequeño estudio hemos tratado de poner de manifiesto la relevancia artística y constructiva de Juan Bravo, la importancia de su obra y la diversidad de proyectos que ejecutó a lo largo de su actividad profesional. Nos encontramos, por tanto, ante un personaje que interviene en varios de los monumentos histórico-artísticos de mayor valor en la Extremadura renacentista, que trabaja al lado de grandes maestros como Pedro de Ybarra y Sebastián de Aguirre y que, al final de su vida, y después de muchos años de trabajo y aprendizaje será reconocido como Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y de la Catedral de Coria, lo que demuestra el saber y la importancia de este brocense al que podemos otorgar, sin ningún género de dudas, el calificativo de “hijo ilustre olvidado”.

ANEXO 1: Informe de Juan Bravo sobre la finalización de la Iglesia de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián (1584)

“Y las condiciones que se an de guardar en el hacer de la obra de la yglesia de los Mártires son las siguientes:

Primeramente se ha de acavar de erixir la obra de la dicha yglesia lo que le falta en el cuerpo della a los pies de la dicha yglesia, con torre y escalera de cantería dentro della sobre su macho de cantería hasta en el alto que combenga para la entrada del coro y andar dél, y a la parte del norte se erixirá una capilla para la pila del batismo, como va señalado en la planta, y ansí conforme a ella se subirán las paredes y estrivos y torre del grueso que van elexidas y fundadas y cerradas en la planta, quedando cerrada la capilla de la pila del bautismo en el alto del andar del coro con sus dos crucerillos de cantería, arco de ladrillo y cal cortado e pincelado y cubierto encima de texa ensopada en cal e texado doblado de buenas pizarras de Alcántara, como quede en buena corriente, de manera que más se quisiere por parte la yglesia y se le pondrán dos gárgolas en los rincones que sean de cantería para que viertan el agua fuera y quedarán vaxos en los dichos rincones.

Ytem las paredes de esta capilla de la pila del bautismo serán de cantería por la parte de afuera, conformando las yladas con la obra que viene fecha de la dicha, y por las salas della y por la parte de a suelo como está dicho conformará con lo alto de las dichas yladas y obras susodichas, y por la parte de adentro hirán de piedra de mampuesto y cal y arena y rrevocadas y pinceladas y subirán en el alto del dicho andar del coro o lo que más convenga, quedando cerrado medio punto con su proporción y arte; y por la parte de afuera quedará hechdo su tablamento de cantería labrada con la moldura que para ello se le señalara al cavo de las condiciones y dentro de la dicha capilla quedarán sus vanos y alhacenas de cantría labrada del tamaño que se las pidieren para el servicio de la dicha capilla .

Yten en esa capilla a la entrada de ella se cerrará un carco de cantería que será de diez pies de hueco y de grueso a de llevar tres y de ancho con sus chaflanes y su artesón de moldeuras en el medio bien ordenado y cerrado; debaxo de la forma del coro que ha de parar porcima dél a de ser de vuena piedra de la dehesa de Aldea del rye, de buen grano y porque este arco no toma el grueso de la pared encima del arco de ladrillo que llevará esta capilla del vautismo a de llebar un arco de cantería que gane el grueso de la pared que sea fuerte de buen grueso y de pillas enteras que hagan la pared de a fuera i carquen en el arco de la entrada de la dicha capilla y tengan de grueso dos pies menos quarto de pie.

Yten en esta pared que hace esta capilla donde junta el dicho arco con ella se quedará un enxaraz de cantería volado, lo que combenga, para que el agua no pase por las juntas de las paredes, como quede vien fecho, y el agua no se le vuelva ni rezuma y en eesta capilla del vautismo se ha de hacer una luz de cantería labrada por dentro y fuera del grandor que baste necesario para dar claridad y rasgada y con rexa de yerro espesa, yente a la dicha luz su caxa para que se pueda poner su marco y puertas por la parte de adentro.

Luego ansimismo se hirán alzando las paredes de la dicha yglesia la pared de cantería quedando en ella cerrada la portada primera e conforme a la planta y montea que se le diere porque se le removerá de otra manera lo que va elixida va de mucha costa y adelante se declara en capítulo de por sí como se ha de hacer y subir con las dichas paredes y estribos i torre; tornando a fundar el estribo de la pared del norte que cahe en el crucero que está endido y raxado y se ha de derrivar y tornarlo a fundar de nuevo como salga fuerte. Y la torre fundarla sobre buen cimiento firme del grandor de la planta, y ansí servirá todo incorporado, todo paredes y estrivos y torre conforme a la dicha planta, todo de cantería labrada por de fuera y dentro como agora viene erixida y fundada la obra del cuerpo de la yglesia, guardando en las paredes de la capilal de los pies de la yglesia que quedan aasentadas jorjamentos y responsiones a la trivuna y cerradas formas por la forma que agora vienen fechas y comenzadas en la obra que viene fecho todo ello cerrado en el alto que combenga, guardando la orden de la montea y planta que agora tiene fecha en los dos xarxamentos que están fechos en las dos paredes del norte y medio día, y prosiguiendo y guardando los pies derechos de los rincones que agora van fundados, y en la pared de los pies de la yglesia subirán hasta el piso el nivel de los capitles que están sentados en la dicha obra para responsión del coro.

Yten llegados a las paredes a este alto de los xarxamentos del dicho coro y quedando fechas las dichas responsiones han de subir las dichas paredes y estribos y torre a dar en lo alto de los capiteles de los que agora están sentados en la capilla del crucero que lacra esta puerta enxarxamentos a este alto subidas conforme a la planta y gruesos que llevan con sus pies derechos en los medios pilares de las molduras.

Yten destaxándose y desmembrándose la obra por partes de el edificio viexo que está en el medio de la dicha yglesia se ha de derrivar y quedar la dicha yglesia limpia y desembarazada, y que el oficial en que se rematare la obra sea obligado a ello, sea que rematándose la una capilla de el crucero de por sí y en un destaxo como se declara el tal oficial u oficiales estén obligados a derrivar aquella parte e partes del dicho edificio viexo que cayere dentro de su destaxo y destaxos, y quedarlo limpio y desembarazado…”

“En la villa de las Brozas a diez y siete días del mes de abril de mil y quinientos y ochenta e quatro años, ante el dicho visitador general y en presencia de mí el dicho escribano pareció el dicho Juan Bravo, maestro maior de las obras de la orden, e dixo que por mandado del dicho señor visitador general ha hecho trazo y condiciones con que se debe hacer y rematar la obra de la yglesia parroquial de los Mártires de esta villa, que ante su merced presenta, que son las atrás contenidas, el dicho señor visitador general, haviendo visto la dicha traza y condiciones, mandó que conforme a ellas se pregone la dicha obra; si alguna persona ai que quiera hacer postura en ella, parezca ante su merced que se la mandará recibir en lo que justo fuere, e que por sello se den los pregones que combengan en esta villa de las Brozas y en las ciudades, villas y lugares comarcanos parra que venga a noticia de los maestros de albañilería y cantería que en ella huviere y para ello se dé mandamiento en forma y señalaba y señaló el remate de la dicha obra para el domingo de la Trinidad que viene de este presente año. Testigos, Pedro de los Reies, Juan de Mesa alguacil y fiscal por ante mí Matheo de Mesa escrivano”.


NOTAS:

[1] BARRIGA, C.: Prólogo a la 1ª Edición de la obra de ESCOBAR PRIETO, E.: Hijos Ilustres de la Villa de Brozas. Cáceres, 1901.

[2] BARRIGA, C.: ib. Op. Cit.

[3] Juan Escandón y Bartolomé Pelayos, arquitectos como Juan Bravo si recibirán el nombre de dos calles de Brozas.

[4] VV.AA.: Extremadura, la Historia. Volumen I, pág. 210. Ed. HOY Diario de Extremadura. Badajoz, 1997.

[5] MELÓN JIMÉNEZ, MIGUEL A.: Historia Moderna de Extremadura en Extremadura, la Historia. Volumen I, página 264. Ed, HOY Diario de Extremadura. Badajoz, 1997.

[6] SÁNCHEZ LOMBA, M.: Iglesias caurienses del Milquinientos. Institución Cultural “El Brocense”. Diputación de Cáceres, Salamanca 1994.

[7] Archivo General de Simancas, Expedientes de Hacienda, legajo 4 (Averiguaciones de alcabalas del partido de Alcántara), padrón calle-hita de la villa de las Brozas, 1561

[8] Archivo Histórico Diocesano de Coria-Cáceres. Parroquiales. Parroquia de los Stos. Mártires de Brozas, libro 46, visita de Don Francisco de Córdoba, año 1584, s/f.

[9] Archivo General de Simancas, Expedientes de Hacienda, legajo 16 (Repartimiento de alcabalas de la villa de Brozas), 1594

[10] SÁNCHEZ LOMBA, M.: op. Cit.

[11] MARTÍN NIETO, D.A.: Intervención de Manuel Larra Churriguera en Santa María de Brozas y Santa María de Almocóvar de Alcántara.

[12] NAVAREÑO MATEOS, A.: Arquitectura Militar en la Orden de Alcántara. Cáceres, 1984.

[13] A.H.N.: “Condiciones quese deven facer para Casa de la Encomienda Mayor de la Villa de las Broças”. 1593.

[14] A.H.N.: op. Cit.

Oct 012003
 

Isidro García Barriga.

Licenciado en Geografía

1. Introducción: el agua ha influido siempre en el desarrollo de la sociedad. Las primeras civilizaciones avanzadas surgieron allí donde los grandes ríos, el Tigris y el Éufrates, el Nilo, el Indo o el Amarillo permitían al hombre regar sus campos configurándose, en torno a la posesión del agua, todo un sistema económico, social, político y cultural de primera magnitud. Al mismo tiempo, el agua se constituye como clave dentro de las creencias religiosas. Las teogonías antiguas le atribuyen cualidades divinas siendo engendradora de dioses[1]; en la Grecia presocrática, Tales de Mileto la consideraba como el símbolo de la materia; dentro de las tradiciones cristianas e islámicas, el agua simboliza la pureza y se utiliza como medio de catarsis o renovación.

En el entorno del Mediterráneo, el agua se convierte en elemento fundamental para el control y explotación del territorio. La irregularidad pluviométrica y la presión demográfica y económica ejercidas en algunas zonas da lugar a que las diversas civilizaciones e imperios superpuestos a lo largo del tiempo (griegos, cartagineses, romanos[2], bizantinos, árabes) creen una “cultura del agua” asociada a la captación, encauzamiento, conducción, acumulación y explotación del líquido elemento, lo que permite el desarrollo de actividades y el florecimiento de las ciudades.

Dentro de Extremadura, el papel predominante del agua cobra, si cabe, mayor importancia, como consecuencia de las características peculiares de la geografía extremeña. Así, la irregularidad en las precipitaciones típica de las zonas mediterráneas se ve complementada por un factor muy importante: la posición estratégica y defensiva. “Tratando de satisfacer sus necesidades primarias, el hombre se instala en el espacio extremeño, primero con un carácter nómada y, más tarde, sedentario, en poblados y ciudades. Parece aceptable suponer que estas necesidades se muestran en torno a la supervivencia, conjugando seguridad y nutrición. De ahí la elevada correlación entre emplazamientos elevados y manantiales”[3]. Durante diferentes épocas, el espacio regional se convierte en lugar de frontera con un alto poder estratégico. En este contexto, los principales núcleos urbanos extremeños se constituyen en torno a un río (Mérida, Badajoz, Medellín, Plasencia, Coria, Alcántara) asegurando el abastecimiento de agua, o en zonas elevadas (Cáceres, Trujillo, Brozas) lo que les confiere un control exhaustivo sobre el territorio circundante. Por este motivo, las diferentes civilizaciones y pueblos que dominan y explotan el territorio extremeño superponen sus asentamientos en las áreas estratégicas, abandonando aquellos núcleos alejados del agua e imposibles de defender.

Teniendo en cuenta los elementos precedentes, a través de este pequeño estudio pretendemos demostrar la importancia del agua en la evolución geográfica e histórica de una de las principales villas de Extremadura en la Edad Moderna, Brozas, mediante el análisis de un conjunto de elementos ambientales, estratégicos, defensivos, económicos y sociales asociados a la captación, posesión y explotación del agua en esta localidad.

2. Localización: El municipio de Brozas se encuentra al Sudoeste (SO) de la provincia de Cáceres. La extensión de su término es de 39.700 Hectáreas, lo que le convierte en el sexto más amplio de la provincia (sólo superado por Cáceres, Trujillo, Alía, Alcántara y Valencia de Alcántara). Estas dimensiones son consecuencia del reparto de tierras en la Reconquista, por el cual la Orden Militar de Alcántara entró en posesión de los territorios colindantes con la raya portuguesa en la Alta Extremadura. En este contexto Brozas, como Encomienda Mayor de la orden, recibió el área situada entre los ríos Tajo y Salor, compuesta por inmensos llanos dedicados al pasto de las ovejas mesteñas. En cuanto a los límites, estos se sitúan en: Hacia el Norte, Alcántara; por el Sur, Herreruela y Cáceres; en el Este, Cáceres, Arroyo de la Luz y Navas del Madroño; y por el Oeste, Villa del Rey y Alcántara.

El núcleo urbano ocupa, con respecto al término municipal, una posición excéntrica, situándose en el NO. No obstante, su emplazamiento elevado (se extiende sobre una altura superior a 400 m) le confiere una amplia panorámica, abarcando la casi totalidad de su territorio. Las coordenadas geográficas, tomando como referencia el vértice geodésico, son: 39º 36´ 53´´ N, 6º 46´ 47´´ O.

Con respecto a su localización dentro del marco comarcal, provincial y regional, Brozas se encuentra en el centro de la comarca de Alcántara, a 15 Km de la localidad alcantarina y a 47 Km de Cáceres. Al mismo tiempo, se sitúa a tan sólo 34 Km de la frontera portuguesa, posición ventajosa para el establecimiento de relaciones comerciales con el país vecino.

3. Factores geográficos: a la hora de definir la importancia del agua en los asentamientos humanos, resulta imprescindible analizar dos elementos, geología y climatología, claves para descubrir las formas de acumulación, extracción y circulación de los acuíferos.

Desde el punto de vista topográfico, el término de Brozas se encuentra inserto en la penillanura Trujillano-Cacereña, una vasta extensión de terreno con tres características muy bien definidas: la antigüedad de su formación (alrededor de 600 millones de años), el origen de los materiales que la conforman (pizarras y cuarcitas metamórficas, granitos tectonizados) y el comportamiento de estos materiales frente a la influencia climática, dando lugar a superficies de erosión.[4]

Dentro de esta descripción general, la geología de Brozas presenta dos unidades básicas, con caracteres propios y que condicionan de forma notoria la hidrografía y la vegetación de nuestro término[5]. Nos referimos, por un lado, al complejo esquisto-grauváquico, que ocupa la zona Este y Sur del municipio y que se conoce con el nombre de “Llanos de Brozas” y, por otro, al área de influencia granítica, que se extiende por el Norte y el Oeste, formada por el Batolito Brozas-Mata de Alcántara y la zona de contacto con el Batolito de Cabeza de Araya. [6]

La primera de estas unidades aparece compuesta por una serie de materiales muy antiguos, esquistos, pizarras y cuarcitas, procedentes de arcaicas profundidades marinas y que son elevados en el Carbonífero, debido a la orogenia Hercínica[7]. A partir de este momento, la acción continuada de los diversos agentes meteorológicos (lluvia, viento, altas y bajas temperaturas, hielo, etc.) ha originado un proceso erosivo de gran magnitud con tres consecuencias principales: por un lado, la desaparición de materia orgánica en la mayor parte del territorio, dejando al descubierto el sustrato original y lastrando el desarrollo agrícola; por otro, la conformación de una vasta red hidrográfica superficial, compuesta por pequeños arroyos, regueros y riveras, que excavan los materiales menos resistentes. En último término, “… la baja o nula permeabilidad del área precámbrica tanto por origen como por fracturación, ya que las diaclasas suelen encontrarse selladas, impidiendo el alumbramiento de aguas subterráneas”[8]

Por su parte, el área de influencia plutónica se encuentra dividida en dos zonas perfectamente definidas: el Batolito de Cabeza de Araya y el Batolito Brozas-Mata. La primera de estas unidades se sitúa en la zona oriental del término, conformando un espacio con diferentes facies graníticas y que se extiende, además, por los municipios de Navas del Madroño, Arroyo de la Luz, Casar, Malpartida, Cáceres y Garrovillas. En cuanto al Batolito Brozas-Mata, que se encuentra separada de la zona anterior por un estrecho pasillo de pizarras, tiene forma alargada, con un eje máximo equivalente a la distancia que separa ambas poblaciones, es decir, 14 kilómetros. Las dos unidades presentan un comportamiento similar en tres cuestiones: cuentan con un metamorfismo muy elevado en las zonas de contacto con la penillanura, originando suelos bastante fértiles para la producción agrícola; la resistencia de los materiales graníticos dificulta la presencia de una amplia red hidrográfica superficial; al mismo tiempo, la alteración y disgregación del granito en amplias zonas permiten el alumbramiento de aguas subterráneas, lo que unido a la porosidad y la fracturación de las rocas plutónicas posibilitan la existencia de numerosos depósitos freáticos.

Mapa 1: Áreas geológicas básicas. Distribución de la red hidrográfica superficial y puntos de agua subterráneos. Brozas

map1

Fuente: elaboración propia.

Desde el punto de vista climatológico, Brozas presenta unos rasgos muy definidos, basados en las constantes oscilaciones termométricas, la irregularidad en las precipitaciones y, como consecuencia de ambos factores, en la presencia de un régimen hídrico deficitario, condicionando la hidrografía, la vegetación y las actividades humanas. Así lo expresa BARRIENTOS ALFAGEME“… si hubiéramos de jerarquizar los factores hostiles, que dificultan la instalación de la especie humana en Extremadura, creo que la irregularidad climática debería ocupar el primer lugar. Partícipe de los caracteres mediterráneos, se produce un marcado desajuste entre las precipitaciones y las temperaturas en lo que a balance hídrico se refiere”.[9]

Cuadro 1: Datos termométricos. Brozas (1956-2001)

Mes E F M A My J Jul Ag S O N D Año
T. media 7 9,5 11,5 13,9 18,2 24 27,5 26,5 23,2 16 8,5 7,7 16,1
T. máxima m 12,1 15 18,9 21 25,7 32 37,9 35,2 31,6 25,9 14,2 12,2 24,2
T. mínima m. 1,7 3 4,1 5,8 9,3 14,1 17,6 17,3 15 10,8 5,7 2,4 8,9
Días Tª < 0º 12,6 5,5 3,4 1,1 0 0 0 0 0 0 2,7 8,8 34
Días Tª > 25º 0 0,8 5,4 9,5 17 26,3 30,6 30,3 27,5 18,2 2,3 0 168

Fuente: Instituto Nacional de Meteorología

Si analizamos el cuadro termométrico de Brozas, comparándolo con poblaciones cercanas, encontramos un elemento concluyente: la elevada temperatura media. En la serie histórica 1956-2001, la estación meteorológica de Brozas registró una media de 16,1ºC lo que supone casi 1ºC más que localidades limítrofes como Alcántara, Herreruela o Aliseda. Este dato, que demuestra la influencia climatológica en las actividades bióticas y antrópicas, aparece reforzado por otros tres factores: el número de días en los que la temperatura supera los 25 ºC (168), el brusco descenso térmico que se produce en el otoño (15 ºC entre Septiembre y Noviembre), y la altísima oscilación térmica manifestada en las diferencias termométricas anuales (más de 18ºC entre Enero y Julio), mensuales (este mes cuenta con una amplitud media de más de 19ºC) e incluso diarias (provocando nieblas y heladas); en definitiva, toda una serie de factores que configuran un proceso de oscilación anual escasamente beneficioso para la cubierta vegetal y la permanencia de los acuíferos superficiales.

El segundo elemento que debe destacarse se corresponde con la irregularidad en el régimen pluviométrico. El estudio del cuadro histórico de lluvias en la estación de Brozas arroja dos datos significativos: por un lado, el total de precipitaciones se sitúa en 498 mm, convirtiéndose en la localidad con menor pluviosidad de toda la zona, con diferencias de más de 100 mm respecto a las estaciones de Aliseda, Herreruela o Mata de Alcántara. Esta escasez queda confirmada de manera patente al comprobar que el número de días de lluvia se sitúa en 84,2[10] y que las jornadas con precipitaciones superiores a 10 litros quedan reducidas a 23,2.

Cuadro 2: Datos pluviométricos. Brozas (1956-2001)

Mes E F M A My J Jul Ag S O N D Año
Precipitac. 54,9 58,2 49,7 46,1 38,3 19,6 3,3 5,1 32 65 68,7 58,2 498
Días lluvia 10,4 10,3 8,4 8 7,6 5,8 1,8 1,2 4,1 9,2 9 8,6 84,2
D. pr>10 L. 3,3 3,3 2,3 2,2 1,4 1,3 0,4 0,1 0,8 2,9 2,5 2,8 23,2

Fuente: Instituto Nacional de Meteorología.

Por otro lado, debemos resaltar la irregularidad lluviosa, en dos niveles: estacional, provocando diferencias intermensuales de 65 mm entre Julio y Noviembre y plurianual, dando lugar a sequías que abarcan varios años y que en los últimos lustros se están haciendo más frecuentes, originando un serio problema para el mantenimiento de unas condiciones mínimas de humedad, lo que unido a la escasa capacidad de retención del suelo, provoca serios inconvenientes ante la falta de agua para el ganado, la escasez de pastos e, incluso, el abastecimiento de agua potable para la población.

Como consecuencia de un régimen termométrico oscilante y la escasez e irregularidad pluviométrica, el régimen hídrico de Brozas presenta un déficit de humedad y agua bastante elevado. Durante cuatro meses (Junio, Julio, Agosto y Septiembre), la Evapotranspiración potencial[11] supera a las precipitaciones, lo que genera un agotamiento del agua superficial y, por consiguiente, un proceso de sequía estival. Este proceso comienza a paliarse con las lluvias otoñales, que hacen su aparición en octubre, superándose el período seco en diciembre, cuando se rellenan los acuíferos y aparece la escorrentía. En años normales, el volumen sobrante de humedad comienza a desvanecerse a partir de mayo, fechas en las cuales se inicia un descenso brusco de precipitación (el agua acumulada durante ocho meses se evapora en dos), provocando la aparición de una nueva estación seca. Estos procesos se plasman en una serie de valores anuales, que muestran el desfase entre ETP y ETR, así como la importancia de la escorrentía en climas semiáridos como el que estudiamos.

Cuadro 3: Régimen hídrico anual. Brozas (1956-2001)

MES S O N D E F M A My J Jul Ag Año
ETP 97 42,1 29,8 17,4 21,8 22,3 34 35,9 84 113 180 144 821,44
ETR 32 42,1 29,8 17,4 21,8 22,3 34 35,9 84 65,2 3,2 5,1 392,75
Reserva 0 22,9 61,8 100 100 100 100 100 45,6 0 0 0
Variación reserva 0 +22,9 +38,9 +38,2 0 0 0 0 -54,4 -45,6 0 0
Escorrentía 0 0 0 2,55 33,1 35,9 15,7 10,3 0 0 0 0 97,49

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del I.N.M.

Gráfico 1: Balance hídrico anual. Brozas (1956-2001)

graf1Fuente: elaboración propia.

4. Asentamientos y agua: una vez analizadas las relaciones entre los caracteres geográficos y la existencia de acuíferos en nuestra zona de estudio, demostrando la importancia de la geología y la climatología en la creación de una red hidrográfica superficial y subterránea, debemos proceder a enumerar aquellos elementos que permitan establecer la influencia del agua en el devenir histórico, económico y social de Brozas a través del estudio de los asentamientos humanos, los diversos sectores productivos y las relaciones agua-sociedad.

La primera cuestión que debemos plantear se corresponde con la localización de los diferentes asentamientos hallados en el término municipal de Brozas. En este sentido, pretendemos efectuar un recorrido histórico, a través de las etapas prerromana y romana, tratando de comprobar la evolución del poblamiento y su relación con la presencia de diversas formas de agua.

Mapa 2: Distribución de los asentamientos humanos. Brozas
Edad del Bronce (II milenio a.C.)

map2Fuente: elaboración propia.

Tras la escasa documentación de los períodos paleolítico y neolítico en la zona de estudio y en grandes áreas de Extremadura, a partir del II milenio a.C. se inicia un proceso de control y explotación territorial muy importante en la región, contabilizándose un gran número de asentamientos con diversa importancia. ENRÍQUEZ NAVASCUES lo considera como “…una nueva reorganización de los distintos ámbitos culturales (poblamiento, economía, mundo funerario, estructura social) que cristaliza en la fase plena de la Edad del Bronce”[12] Dentro del contexto comarcal, esta reorganización se ve plasmada en la aparición de numerosos poblados en las inmediaciones del Tajo y la Sierra de San Pedro, con el Tesoro de Aliseda como máximo exponente de la prosperidad de esta zona.

En el ámbito territorial de Brozas, aparecen documentados trece asentamientos, lo que demuestra un intenso ritmo de “colonización” del espacio local, asociado a tres factores fundamentales: la explotación de la agricultura y la ganadería, el factor estratégico de algunos yacimientos y, por supuesto, la presencia de agua.

El análisis detenido del mapa anterior permite establecer tres zonas de poblamiento prerromano en el término municipal de Brozas. Así:

  1. Área de influencia del Salor: hacia la zona Sur del término, la presencia del Salor, afluente del Tajo, posibilita la instalación de varios asentamientos, que aprovechan los numerosos arroyos que vierten sus aguas desde la penillanura hacia este río. La existencia de fuertes pendientes y la escasa calidad del suelo dificultan el laboreo encontrándonos, de este modo, sociedades ganaderas que al mismo tiempo controlan una vía de comunicación importante, que conectaría las llanuras broceñas con la Sierra de San Pedro.
  2. Poblamiento en la penillanura: en segundo término, encontramos una serie de asentamientos enclavados a orillas de pequeños arroyos o en la cercanía de pozos y que basarían su riqueza en la explotación agrícola (cereales). Diferentes pruebas polínicas y faunísticas realizadas en áreas similares a la que estudiamos[13], confirman la presión ejercida por el hombre sobre el territorio en esta época. De este modo, se iniciaría un proceso de “roza y quema”, eliminando el primitivo bosque de encinas para ser sustituido por un ecosistema arbustivo, de matorral y pastos, mucho más efectivo para el laboreo y el pastoreo. El resultado es la presencia en Brozas de grandes áreas desarboladas, conocidas como “Los Llanos” y que conforman un espacio de secular aprovechamiento cerealícola y trashumante.
  3. Emplazamientos elevados: en último término, existen dos yacimientos enclavados en cerros, que cuentan con una abundante presencia de agua, a través de la explotación de pozos subterráneos y que presentan un carácter estratégico fundamental. Nos referimos a los asentamientos de Brozas y Cabeza de Araya, situados a 439 y 521 metros, respectivamente, y que se corresponderían con un salto cualitativo en la tipología del poblamiento, ya que, además de unas mejores condiciones defensivas, inherentes a la topografía del lugar, dispondrían de un control visual directo sobre el territorio circundante, así como el dominio estratégico sobre los vados más importantes del Salor y otros afluentes del Tajo. En definitiva, condiciones muy adecuadas para el dominio de importantes producciones agrícolas y ganaderas, así como para el control de un territorio cada vez más articulado.

A partir de la llegada de los romanos a la Península, se producen cambios fundamentales en la organización del territorio. En primer lugar, las luchas entre los pueblos indígenas y las legiones de Roma originan la destrucción y el abandono de numerosos enclaves. De este modo, si observamos el mapa 3, podemos comprobar que, de los trece asentamientos catalogados como pertenecientes a pueblos prerromanos en el término de Brozas, solamente cinco muestran restos de la dominación romana: Brozas, Cercados del Hacho, San Gregorio, Araya y Aldonza.

Mapa 3: Distribución de los asentamientos humanos.
Brozas, dominación romana (S. I a.C.- S. IV d.C.)

map3Fuente: elaboración propia.

El segundo elemento que debe destacarse es la aparición de nuevos poblamientos, asociados a la creación de una calzada, que atraviesa el área de estudio en dirección SE-NO, y que formaría parte de la vía de comunicación entre Norba Caesarina y Olisipo[14]. La aparición de esta ruta supondría la construcción de mansiones y stationes, pequeños núcleos distribuidos a lo largo de la calzada con el objetivo de ofrecer reposo a los viajantes y abrevadero a los animales[15]. En este contexto, dentro del término de Brozas aparecen documentados cinco asentamientos dispuestos a lo largo de la vía, que se localizan en las cercanías de arroyos y pozos y que muestran restos de sillares, muros, molinos, ímbrices, tégulas, monedas, etc.

El abandono de antiguos asentamientos, la superposición de algunos poblados y la aparición de nuevos enclaves en la época de dominación romana obedece a tres factores básicos: la posibilidad de encontrar fuentes de agua permanentes, el control estratégico del territorio, y la potenciación de la ganadería, fundamentalmente la cría de caballos. El primero de estos aspectos se pone de manifiesto si comparamos los mapas de asentamientos. De los cinco poblados indígenas “colonizados” por los romanos, tres de ellos se localizan en la zona de influencia granítica, con abundantes recursos hídricos; mientras otros siete yacimientos, localizados en la penillanura desaparecen o son abandonados, como consecuencia de la escasez y la intermitencia de las precipitaciones, que provocan el agotamiento de los acuíferos superficiales, impidiendo el desarrollo de las actividades humanas.

La explotación del agua juega, asimismo, un papel fundamental en el carácter defensivo de algunos asentamientos y en el desarrollo de la ganadería. Así, los romanos mantienen el enclave de Brozas como medio para controlar el territorio, sirviéndose de su posición elevada y la presencia de un gran número de pozos y fuentes subterráneas en la población.[16] En cuanto a la ganadería, “el caballo lusitano desempeñó un determinante papel en las explotaciones pecuarias debido sobre todo a la importancia alcanzada por la caballería en un momento de luchas frecuentes a partir del Bajo Imperio”[17]. Así, las tierras de Brozas, junto a las de otras zonas extremeñas, serán utilizadas para la cría de caballos, concentrándose en las dehesas del Norte del término, donde se han encontrado restos de lo que parece ser una villa agropecuaria, asociándose esta actividad a la explotación de las aguas subterráneas y, sobre todo, a la posible existencia de una charca en las inmediaciones de Brozas, construida por los romanos y que serviría como abrevadero a las grandes yeguadas[18].

A partir de la desaparición del Imperio Romano de Occidente, se produce un abandono generalizado de grandes zonas de la geografía extremeña, como consecuencia de la inseguridad en las zonas rurales y la ubicación de los invasores visigodos en zonas más fértiles. De igual modo, la falta de pruebas documentales y arqueológicas impiden comprobar el nivel de poblamiento existente en la zona durante la dominación árabe, aunque algunos indicios permiten aventurar el mantenimiento de una fortaleza musulmana en Brozas[19].

Este panorama de desconocimiento se rompe a partir de la Reconquista, acaecida a principios del S. XIII durante el reinado de Alfonso IX de León, que se plasmará en dos acontecimientos fundamentales para el devenir histórico de Brozas: por un lado, la creación de la Orden Militar de Alcántara, a la que el rey leonés concederá la zona Oeste altoextremeña; por otro, la creación de un núcleo estable de población en el área de estudio, convertido en Encomienda Mayor de la Orden a finales del S. XIII, y que permitirá el desarrollo demográfico, urbano, económico y territorial de Brozas hasta convertirla en una de las principales agrovillas de la Extremadura moderna.

5. Agua, economía y sociedad: el proceso de expansión a partir de la Reconquista citado en el punto anterior tiene su base, indudablemente, en el aprovechamiento de los recursos económicos existentes. En este proceso el agua juega un papel fundamental, ya que su extracción, almacenamiento y aprovechamiento son claves en el desarrollo de la agricultura y la ganadería, bases de la economía local, la aparición de algunas actividades industriales y, por supuesto, el régimen alimenticio y las condiciones higiénico-sanitarias de la población brocense del Antiguo Régimen.

Por este motivo, dentro de este punto trataremos de determinar la influencia del agua en los principales sectores económicos, así como su relación con dos aspectos básicos para las sociedades pre-industriales, la alimentación y la salud, incidiendo especialmente en la aparición de un proceso de control y almacenamiento de aguas en charcas y lagunas, proceso que permitirá incrementar la presión demográfica y económica sobre el territorio al asegurar, de forma casi continua, el abastecimiento para la ganadería, la industria y las fuentes de alimentación.

5.a) Agua y subsistencia: la primera cuestión que debemos abordar en este apartado se basa en el estudio de las relaciones existentes entre el agua y tres productos básicos: el pan, las hortalizas y el pescado fresco, los cuales, junto a la carne, compondrán la dieta alimenticia del Antiguo Régimen en el área de estudio. Si durante la Edad Media el componente cárnico jugaba un papel fundamental en la aportación de calorías, a partir del S. XVI se produce un trasvase a favor de los cereales, proceso que continuará hasta mediados del S. XIX. Según GARCÍA-DIEGO, “…el consumo total en Extremadura será inferior a 1800 calorías (el de París en 1786 no superaba las 2.300), y de ellas más del 60% en forma de hidratos de carbono”[20] Por este motivo, en torno a la fabricación del pan aparece todo un proceso de producción, almacenamiento y transformación del trigo, proceso en el que el agua juega un papel fundamental como base para el funcionamiento de los molinos.

Dentro del territorio brocense, la escasez de cursos de agua permanentes dificulta la instalación de industrias harineras, planteándose un problema de abastecimiento particularmente grave. Así lo expresa la Copia de la Real Facultad concedida en 20 de marzo de 1755 a favor de C. Antonio Vicente de Arce: “…reconociendo la escasez de aguas y cuan ordinaria falta que había en ellas en esa villa y su término así para las personas como para los ganados, molinos, legumbres y huertas al igual que para los ganados de labor y demás vacuno de cría que entraban a pastar la dehesa de invernadero que se llama de Vaqueril.”[21] En este documento se constatan los problemas de la población brocense para acceder a los alimentos básicos, sobre todo el pan, así como las dificultades existentes para el desarrollo de la cabaña ganadera en una de las principales dehesas boyales de Brozas, El Vaqueril, como consecuencia de la falta de masas de agua permanentes, tan alejadas del pueblo que: “…Se veían precisados a buscar el agua para beber a distancia de dos o tres leguas, y que en cuanto a las moliendas sucedía lo propio por estar el río Tajo a distancia de tres leguas largas de camino muy penoso; teniendo la incomodidad de caminar seis leguas de ida y vuelta y detención algunas veces de tres y cuatro días con el riesgo de faltarles el sustento del pan y de contando la pérdida de mucho tiempo que se consumía y gastaba en esa distancia…”[22]

Se pone de manifiesto, por tanto, la necesidad de crear una serie de fuentes de abastecimiento permanentes, que garanticen la producción harinera para la población. Así se resuelve en la citada Orden: “…ante los problemas expuestos habían resuelto expender su caudal en beneficio del público para evitar estos inconvenientes sin perder por este medio sus intereses edificando y fabricando una alberca o charca con tres molinos harineros en el sitio que llaman la fuente del Zahar y regato de Jumadier; que solo corre cuando llueve término y jurisdicción de esta villa ocupando de cincuenta a sesenta fanegas de Baldío casi inútiles y de poca importancia y que pertenecían a esa referida Villa y a la de Navas…; con lo que se conseguía el tener los molinos harineros necesarios, a distancia de una legua de Brozas y poco más de media de las Navas de camino llano inmediatos a las haciendas de muchos vecinos de ambos pueblos y que podían hacer sus moliendas…”[23]

El resultado de esta Orden será la construcción de dos charcas, denominadas Arce de Arriba y Arce de Abajo que forman parte del conjunto de lagunas construidas en el término de Brozas, lagunas que se convertirán en el principal medio de acumulación y explotación de los recursos acuíferos en nuestra zona de estudio, garantizando el abastecimiento de pan y, por consiguiente, el mantenimiento de la población.

Junto al pan, los productos hortícolas, verduras y legumbres constituyen el elemento esencial dentro de la dieta mediterránea, dificultando la aparición de enfermedades y diversificando el aporte de vitaminas y minerales. La importancia de este tipo de alimentos se plasma en la preocupación de los gobiernos ilustrados, que en diversos informes y cuestionarios inciden en el estado del abastecimiento de hortalizas a la población. Es el caso del Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, que presenta una cuestión (la número XXXVI) en la que se requiere información sobre “si hay huertas que se rieguen, y qué especies de legumbres se suelen sembrar, o plantas si están arboladas de que árboles, qué frutas abundan, su calidad, o la causa de no estarlo”[24]. Tradicionalmente, en áreas de secano como la que estudiamos, las zonas de huertas se localizan alrededor del casco urbano, basando su explotación en la presencia de ríos y arroyos o la extracción de aguas subterráneas. En este contexto, la existencia de un gran número de pozos y fuentes en Brozas debería favorecer la aparición de grandes zonas de huertas y el abastecimiento continuo de productos vegetales; sin embargo, la realidad parece ser bien distinta, a tenor de la respuesta recogida en el Interrogatorio: “no ay huertas de riego perenne con que surtirse el pueblo de legumbres y frutas, sólo ay algunas que se riegan a brazo de fuentes de pozos de poco agua y huertas de regadío en las dos riberas de Jumadier y Greña por las presas o charcas que ay en ellas”[25] Se pone de manifiesto, por tanto, que la escasez de recursos hídricos debe ser subsanada mediante la explotación de las charcas y lagunas refiriéndose, en este caso, a la creación de zonas de riego y el abastecimiento de productos vegetales frescos para la población broceña.[26] Así se recoge en la Copia de la Real Facultad concedida en 20 de marzo de 1755 a favor de C. Antonio Vicente de Arce, referente a las charcas de la ribera de Jumadier “…y además hacer una huerta cercada de hortalizas y frutales en el terreno suficiente del mismo Baldío que se riegue con las propias aguas(…) con lo que se consigue que el pueblo tenga el abasto suficiente de hortaliza y frutos sin que carezca de estas especies sin que tengan la penalidad de acarrearlas de otros pueblos…”[27]

La presencia de espacios lagunares en nuestra zona de estudio permite, en último término, contar con una fuente muy importante de pescado fresco, fundamentalmente tencas y pardillas. En el Antiguo Régimen, las autoridades locales velaban por el abastecimiento para sus lugares de los productos de consumo básicos: granos, carne, aceite, vino, jabón y pescado. En el caso del pescado, el gran consumo era debido, además de por su valor nutricional y gastronómico por razones morales. Según BRAUDEL “…el pescado es tanto más importante cuanto que las prescripciones religiosas multiplican los días de vigilia (166 al año, entre ellos la Cuaresma de un extremado rigor). Durante estos días, sólo a los enfermos puede venderse carne, huevos o aves y ello con un doble certificado del médico y el cura…, lo que produce una enorme necesidad de pescado fresco, ahumado o salado”[28]

Como ocurre en el caso de las hortalizas, los diferentes informes elaborados por el Estado reflejan la importancia del abastecimiento de pescado fresco. En el caso del Interrogatorio de la Real Audiencia, la cuestión XXXVIII hace referencia a “si hay ríos, fuentes o pantanos, y si se cría alguna pesca en ellos, a quién pertenece…”[29] En este contexto, la presencia en Brozas de varias charcas, dedicadas entre otras funciones a la extracción de peces y, sobre todo, la existencia de la Laguna de Propios, perteneciente al Concejo y localizada a menos de 1 kilómetro del núcleo urbano debiera permitir el abastecimiento de pescado fresco. La respuesta no deja lugar a dudas: “en esta jurisidizión no ay río perenne, pantano o fuente abundante, sólo las dos charcas en las riberas referidas, cuia pesca de tencas y pardillas es pribativa de sus dueños, y la charca de propios mediata al pueblo que sirve de abrebadero a los ganados y su pesca pertenece a los propios”[30] De este modo, vuelve a ponerse de manifiesto la importancia de embalses y lagunas en el desarrollo de las actividades económicas broceñas constituyéndose en torno a la explotación de la tenca todo un sistema de producción, pesca y consumo.[31]

5.b) Agua y ganadería: junto al abastecimiento de productos básicos, los recursos hídricos han ejercido una notable influencia en el desarrollo de las actividades agrarias. La irregularidad climatológica y la escasa profundidad de los suelos broceños condicionan las prácticas agrícolas, que se basarán en la siembra de cereales destinados al autoabastecimiento y un descanso continuo en los sistemas de cultivo, para evitar la degradación de los suelos. La falta de rendimientos óptimos en la agricultura, unido a la concentración de propiedades en manos de unas pocas familias y las políticas de fomento de la ganadería originan el auge de esta actividad, que se convertirá en el motor principal de la economía broceña durante varios siglos, a través del desarrollo de las prácticas trashumantes y la explotación de charcas y lagunas, imprescindibles para abrevar a miles y miles de cabeza de ganado.

Tabla 4: Distribución de la cabaña ganadera. Brozas, 1752-1856

Cabaña 1752 1790 1856
Vacuna 2645 3501 4856
Ovina 26929 27797 35000
Caprina 5516 2500 2756
Porcina 4158 4000 4165

Fuente: MELÓN JIMÉNEZ, M.A.: Extremadura en el Antiguo Régimen. Economía y sociedad en Tierras de Cáceres, 1700-1814. 1989, Mérida.

Como podemos observar, a finales del S.XVIII se concentran en los campos de Brozas más de 30.000 cabezas de ganado, principalmente ovejas, pertenecientes a ganaderos trashumantes de Madrid, Segovia o La Rioja, así como a los grandes terratenientes locales. Junto a los rebaños lanares, encontramos cabras, con un componente industrial muy importante (curtidos y pieles), cerdos, fundamentales para completar la dieta alimenticia de la población y vacas, dedicadas fundamentalmente a las labores agrícolas.

La presencia en Brozas de una cabaña ganadera tan importante origina la necesidad de crear un sistema de abastecimiento perenne, fundamental para el mantenimiento tanto de las reses trashumantes como de las estantes. Como se ha descrito con anterioridad, la irregularidad pluviométrica y la falta de corrientes de agua cercanas a la población dificultan el desarrollo de las actividades ganaderas. Así se expresa en la Orden de 1755: “y por este motivo los ganados de labor y demás vacuno de cría que entraban a pastar la dehesa de invernadero que se llama de Vaqueril, se veían precisados a buscar el agua para beber a distancia de dos o tres leguas, en ida y vuelta aniquilándose el tiempo preciso para el pastoreo a unos y a otros sin poderse fecundar sus crías”[32]De este modo, resulta imprescindible construir una serie de puntos de abastecimiento que eliminen el problema de los largos recorridos y favorezcan el incremento y mejora de la ganadería. En el caso de Brozas, el problema se solucionará mediante la construcción de charcas, embalses artificiales utilizados como abrevaderos, función que han conservado hasta nuestros días y que se localizan en distintas partes del término municipal, en dehesas boyales (como es el caso de las Charcas de Arce, fundamentales para el abastecimiento del ganado de labor), en las inmediaciones de cañadas y cordeles trashumantes (particularmente interesante es el caso de la charca de Brozas, situada en uno de los descansaderos que jalonan la Cañada Real de las Merinas) o en las grandes propiedades (como la charca de Araya, situada en una de las encomiendas de la Orden de Alcántara)

Mapa 4: Localización de las principales vías de comunicación, asentamientos humanos y charcas. Brozas (S. XIII-XIX)

map4Fuente: elaboración propia.

5.c) Agua y salud: en último término, una vez analizada la influencia del agua en los asentamientos y en el desarrollo económico local, es necesario establecer las relaciones entre los acuíferos y las condiciones de salubridad de la población brocense haciendo referencia, fundamentalmente, a las aguas estancadas de la Charca de Propios, situada a menos de 1 kilómetro del casco urbano y que ha jugado un papel determinante en el desarrollo de las actividades cotidianas de la zona de estudio.

Las condiciones climáticas que soporta Extremadura durante buena parte del año, junto con la necesidad de mantener lagunas en las dehesas y ejidos vecinos como abrevadero del ganado, facilitaba la presencia de fiebres palúdicas en la mayoría de la región, convirtiéndose con ello en uno de los componentes principales de la morbilidad. Aun cuando se conocían los efectos perniciosos que la presencia de aguas estancadas tenía sobre la salud de una población, la teoría miasmática vigente hasta el siglo XIX era errónea; como ejemplo significativo es el informe elaborado en 1803, coincidiendo con un temporal de lluvias, por el médico titular de la villa, d. Judas Navarro, acerca de los peligros derivados de la laguna: “Las miasmas que producen de un modo universal la calentura, son las que por la acción del calor se levantan de los pantanos, lagunas o charcas, o de territorios húmedos (…) Las sustancias vegetales engendradas en las lagunas se pudren, cuando por falta de renovación de agua y calores continuadas se ha reducido el agua a mui poca cantidad; perecen los peces porque el agua, elemento de su conservación, adquiere impureza y qualidad contraria. Puesta en este estado el agua, vegetales (monte en este país), y los peces muertos, pueden formar el miasma, que comunicado a la atmósfera produzca una epidemia. La charca de Brozas presenta en el día alguna impureza en sus aguas, pues se ve que se mueren los peces: los vegetales han adquirido degeneración pútrida, luego debemos recelarnos de los efectos anunciados. Para evitarlos se presentan dos medios:

primero, dar corriente o extinguir el agua; segundo, disminuir el pábilo de vegetales y peces. El primero es impracticable, y su evacuación daría origen a más calamidades, pero el segundo puede asegurarse disminuyendo el monte con instrumentos a propósito y de modo que no se revuelva el cieno, sacando todos los días las tencas muertas y enterrándolas; pescando todos los días hasta aniquilar todo animal, si es posible[33].

Como podemos comprobar, la cercanía de una masa de agua estancada supone, a juicio de los facultativos de la época, un peligro para la salud pública. En este sentido, si observamos las causas de mortalidad de la población brocense entre 1841 y 1860, podemos comprobar que el 28,4% se asocian a enfermedades infecciosas, fundamentalmente las denominadas “intermitentes” (calenturas, continuas, intermitentes, inflamatorias, pútridas, convulsivas, etc. en las anotaciones parroquiales) A pesar de que, en un primer momento, la clasificación de este tipo de dolencias pudiera parecer difícil, es bastante probable que gran parte de los casos registrados se debiesen al paludismo que, aunque no aparece con tal nombre en ninguna de las defunciones anotadas, afectaría a buena parte de la población brocense de forma endémica, por la cercanía de la gran laguna de la villa, foco de proliferación de los mosquitos anopheles, responsables del contagio de las fiebres palúdicas[34].

La importancia de esta enfermedad y su influencia en la población queda reflejada en el siguiente texto: “hombres que deben ser vigorosos por su contextura y que aparecen demacrados, anémicos y con el triste, sucio y terroso color característico de esta enfermedad. Mujeres todas feas, oscurecida su tez por igual razón, ajadas prematuramente e incapaces, éstas lo mismo que aquéllos, para sostener el vigor de una raza, y muy aptos en cambio para degenerarla”[35] Se confirma, de este modo, que la cercanía de la laguna de propios con respecto al núcleo poblacional supondrá una influencia perniciosa para la salud pública, influencia que no se superará hasta bien entrado el S. XX, cuando las actuaciones de las Juntas de Sanidad y los avances higiénico-sanitarios permitan erradicar el paludismo de las zonas rurales extremeñas.


NOTAS:

[1] En la mitología egipcia Osiris resucita saliendo de las aguas del Nilo, cuyo guardián es Khum. En la religión asiria, Ea es la diosas de los ríos, formando parte junto a la tierra y el cielo de la trilogía sagrada. Los griegos cuentan con Poseidón, dios de los mares y Afrodita, surgida de las aguas y representante de la belleza y el amor.

[2] La importancia del agua en el mundo romano se manifiesta claramente en el tratado de Arquitectura de Vitrubio, que en el Capítulo 6 del Libro 8 establece:“Pero si no hay fuentes donde poder conectar los conductos del agua, es preciso cavar pozos… Y si el terreno es muy duro, o las venas de agua se hallan a mucha profundidad… entonces hay que recoger la cantidad de agua procedente de los techos y de los lugares elevados”. Al mismo tiempo, Frontino en su obra Los Acueductos de Roma, recoge el carácter público del agua manifestando “que ningún particular ensucie con mala intención el agua allí donde sea de uso público. Si alguien la ensucia, que se le imponga una multa de 10.000 sestercios”.

[3] BARRIENTOS ALFAGEME, G. :“Geografía de Extremadura” en Extremadura, la Historia. Volumen I. Mérida, 1997.

[4] RODRÍGUEZ AMELIA, D.: La penillanura Cacereña. Tesis Doctoral. Universidad de Extremadura. Cáceres, 1985.

[5] MAPA 1

[6] JULIVERT et Alt.: Mapa tectónico de la Península Ibérica y Baleares. Servicio de publicaciones IGME. Madrid, 1974

[7] Diversos estudios geológicos ponen de manifiesto que la zona Oeste de la Península Ibérica es, junto a Irlanda y el Norte de Europa, el primer territorio emergente en el continente europeo hace más de 400 millones de años.

[8] VV.AA.: Mapa Geológico de España. Hoja 677, Brozas. Escala 1/50.000. Instituto Geológico y Minero de España. Madrid, 1984.

[9] BARRIENTOS ALFAGEME, G.: op. cit. pág. 22

[10] El número de días lluviosos es un dato muy importante a la hora de definir la situación climatológica de una estación. En este sentido, las zonas oceánicas cuentan con una media de 225 días de lluvia al año, dato que contrasta con los 123 días del clima mediterráneo y, por supuesto, los 83 de la estación de Brozas, que se encuentra muy cerca de la influencia continental, con apenas 75 fenómenos de precipitación al año.

[11] La ETP es la cantidad de agua que debería evaporarse en función de una insolación y unas temperaturas determinadas. Esta cantidad es ficticia, ya que en muchos meses el nivel de agua existente es menor al evaporable. De este modo, incluimos el término de ETR (Evapotranspiración Real), cantidad de agua que realmente se evapora.

[12] ENRÍQUEZ NAVASCUES et Alt.: La Prehistoria. De los orígenes al contacto con el mundo romano en Extremadura, la Historia. Volumen I. Mérida, 1997.

[13] Dentro del conjunto extremeño, los estudios sobre la importancia de los asentamientos en la Edad del Bronce se basan en el yacimiento del Cerro del Castillo de Alange, estableciéndose diversos análisis polínicos y paleoantracológicos que demuestran un proceso de degradación vegetal, una presión del pastoreo sobre zonas boscosas y el incremento de las tierras de cultivo en la margen derecha del Guadiana.

[14] A pesar de que esta calzada pertenece a la red secundaria de comunicaciones dentro de la Lusitania, cuenta con uno de los mayores monumentos del arte romano, el Puente de Alcántara, construido en el S. I d.C. por el arquitecto Julio Lácer en honor del emperador Trajano. Dentro del puente aparece una lápida conmemorativa nombrando a los pueblos indígenas que sufragaron y construyeron esta obra de ingeniería, entre los que podemos encontrar a Tongobriga y a Mapalia que, según diversos indicios, se corresponderían con los primeros pobladores de Brozas.

[15] Dentro de las calzadas, cada mansión se localizaba a la distancia de una jornada de viaje, mientras las stationes se ubicaban a media jornada.

[16] CARRASCO MONTERO en su obra “La Catedralina de Santa María de la Asunción” considera posible que la evangelización del territorio brocense se efectuase a partir de la superposición de la iglesia de Santa María sobre un antiguo templo dedicado a la diosa de las aguas, basándose en la presencia del Pozo de la Virgen en las inmediaciones de la parroquia, un pozo que a pesar de las frecuentes sequías de los últimos lustros, no se ha secado nunca. De este modo, puede constatarse la existencia de un núcleo de población en Brozas durante la dominación romana.

[17] ESTEBAN ORTEGA et Alt.: La Romanizaciónen Extremadura, la Historia. Volumen I. Mérida, 1997.

[18] Aunque no existen pruebas arqueológicas que demuestren la antigüedad de la charca de Brozas, la aparición de objetos en las inmediaciones de la laguna, la importancia histórica de este espacio como abrevadero y la existencia de una pared primitiva nos permite aventurar la teoría del origen romano de esta obra.

[19] Entre los indicios más consistentes encontraríamos la aparición de un núcleo musulmán en Alcántara que se utilizaría, junto a Brozas y otras fortificaciones paralelas, para la defensa de la línea del Tajo.

[20] GARCÍA-DIEGO, José A.: Presas antiguas de Extremadura. Fundación Juanelo Turriano, 1994.

[21] A.H.P. de Cc. sec. municipal de Brozas: Copia de la Real Facultad concedida en 20 de marzo de 1755 a favor de C. Antonio Vicente de Arce para construir las charcas y molinos harineros llamados de Arce, radicando en este término jurisdiccional de Brozas.

[22] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 1

[23] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 1

[24] RODRIGUEZ CANCHO, M. et Alt.: Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Alcántara.Asamblea de Extremadura, 1993. Mérida.

[25] RODRÍGUEZ CANCHO, M. et Alt.: op. cit. pag. 246

[26] En este contexto, desde mediados del S. XIX se desarrollará un espacio de regadío aprovechando las aguas de la charca de Greña, a 3 kilómetros del núcleo urbano, que mantendrá su actividad hasta 1960.

[27] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 2

[28] BRAUDEL, F.: Civilization materielle et capitalisme. Armand Colin, 1963. París.

[29] RODRÍGUEZ CANCHO, M. et Alt.: op. cit. pag. 16

[30] RODRÍGUEZ CANCHO, M. et Alt.: op. cit. pag. 245

[31] Sobre la explotación de la tenca en Brozas recomendamos la lectura del trabajo de GARCÍA BARRIGA, F.: Aguas estancadas y pesca en la Extremadura moderna: los casos de Brozas y Arroyo de la luz (Cáceres) presentado en los XXXI Coloquios Históricos de Extremadura, trabajo que obtuvo el premio en la categoría de jóvenes investigadores y que ilustra de modo acertado las condiciones ambientales, económicas y sociales de la pesca en las poblaciones de Brozas y Arroyo de la Luz.

[32] A.H.P. de Cc. sec. Municipal de Brozas: op. cit. Pág. 1

[33] A. H. P. de Cc. sec. Municipal de Brozas, Libros de Actas Capitulares, nº 92 (1803).

[34] A pesar de la influencia perniciosa de la charca en la salud local, la importancia económica de la laguna evitó cualquier propuesta de drenaje, al que si se vieron sometidas las charcas de Alcántara y Garrovillas situadas, al igual que la de Brozas, en las inmediaciones del casco urbano.

[35] CORTEZO, V.Mª.: Algo sobre paludismo. en “Siglo Médico” Madrid, 1905, pp. 510

Oct 012002
 

Isidro García Barriga.

Licenciado en Geografía por la Universidad de Extremadura

1. INTRODUCCIÓN

A mediados del siglo XX, un grupo de científicos comienza a acuñar el término “Geografía del poder”, tratando de demostrar la importancia que esta disciplina ha tenido en la aparición y desaparición de las principales civilizaciones e imperios. De este modo, se inicia una revisión profunda de los más significativos escritos y geógrafos de la Historia, con un triple objetivo: poner de manifiesto la relación de la Geografía con los diversos estados del poder; mostrar la importancia de la información geográfica en los procesos económicos, políticos, demográficos y ambientales; y, por último, recalcar cómo el procesamiento de dicha información por los grupos poderosos supone un mayor desequilibrio, si cabe, entre países ricos y pobres, entre estamentos nobiliarios y el pueblo llano, en definitiva, entre los grupos privilegiados y los no privilegiados.

En este contexto, las obras de Estrabón, Plinio, Julio César o Ptolomeo en el Imperio Romano; el papel de la Escuela de Sagres de Enrique el Navegante; las compañías holandesas e inglesas para la colonización de las Indias; la obra de Vidal de la Blache en Francia o las proyecciones cartográficas deMercator, Petersy Midway son consideradas elementos fundamentales en el apogeo de sus civilizaciones respectivas, permitiendo la acumulación de datos e información geográficas en beneficio de los estamentos dominantes, que utilizan estos trabajos para establecer proyectos de expansión económica y territorial y, en numerosas ocasiones, como instrumentos de opresión social.

Dentro de nuestro país, la tenencia y uso de la información geográfica se convertirán en elementos clave para el desarrollo de las diversas administraciones, sobre todo a partir de la instauración de los Borbones en el trono español, con la clara intención de establecer las bases para la construcción de un Estado moderno, en función del conocimiento de los caracteres demográficos y socioeconómicos de la población hispana. De este modo, comienzan a elaborarse censos, catastros, interrogatorios, diccionarios regionales, es decir, toda una amalgama de estudios y proyectos que desembocarán, a mediados del S. XIX, en el Diccionario Geográfico-Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, elaborado por Pascual Madoz entre 1845 y 1850, que se constituye como la primera gran obra de carácter estadístico existente en el estado español, y que sirve como referencia marco a lo que podríamos llamar la Geografía del poder en España. Así lo expresa el propio Madoz en el prólogo de su obra: “La ciencia de gobernar es tan antigua como la sociedad misma… Desde aquella época, los jefes del poder público, los legisladores, los generales, principiaron a calcular las fuerzas, los recursos y el poder del Estado, no por la valentía de sus soldados… sino por la extensión del territorio, por el aumento de su población, por el desarrollo de su riqueza. Tal fue el origen de la geografía…”[1]

A través de este pequeño estudio pretendemos poner de manifiesto los principales aspectos geográficos elegidos por Madoz y los gobiernos reformistas del S. XIX, aspectos fundamentales, según su criterio, para el control y desarrollo del territorio. Al mismo tiempo, es imprescindible recalcar algunos elementos científicos y formales de la obra, tales cómo los diversos sistemas de medición empleados, la interacción de disciplinas, etc., que nos permiten corroborar el incipiente grado de desarrollo en el que aún se encuentra la Geografía moderna durante la centuria decimonónica. Con este fin, hemos elegido el artículo referente a la ciudad de Trujillo, en la provincia de Cáceres, cabeza de partido judicial y una de las más importantes poblaciones de Extremadura, cuyo análisis ofrece interesantes elementos de debate y discusión.

2. CONTEXTO HISTÓRICO EN LA OBRA DE MADOZ

Desde principios del S. XIX, España se ve sometida a una serie de enfrentamientos bélicos que suponen la destrucción de numerosas infraestructuras y continuos enfrentamientos políticos y sociales, lastrando cualquier posibilidad de desarrollo económico y demográfico importantes, que permitieran a la sociedad española equipararse a la británica, francesa o belga, plenamente integradas en un proceso de revolución industrial.

En este contexto de miseria y desolación, agravado por las diferencias entre absolutistas y liberales y el levantamiento carlista, comienzan a establecerse las primeras bases para la regeneración del país, asentándose en la obra de algunos eruditos y políticos españoles que, siguiendo las corrientes filosóficas y universitarias europeas, emprenden la tarea de lograr una Universidad moderna, un estado fuerte y centralizado y una administración eficiente, que permitan el buen gobierno y el desarrollo económico de España. De esta manera, se crean las primeras cátedras de Ingenieros de Caminos y Obras Públicas, se instituye la titulación de Geografía y se ofrece un fuerte impulso a las Matemáticas y las Ingenierías agronómicas; al mismo tiempo, se inician los trabajos para el levantamiento de diversos mapas geológicos, realizándose, a su vez, un estudio para la implantación del ferrocarril y la restauración de los caminos públicos; y se acometen una serie de reformas económicas que, aunque insuficientes, permiten el despegue económico de algunas áreas y el nacimiento de una incipiente burguesía industrial.

Dentro de este conjunto de personalidades, Pascual Madoz (1806-1870) ocupa un destacado papel, tanto por su obra política (Ministro de la Gobernación durante el 2º Bienio progresista, autor de la Desamortización de 1855, impulsor de la red radial de ferrocarriles) como científica, con dos obras fundamentales, el Diccionario Geográfico Universal (1833-1835) y, sobre todo, el Diccionario Geográfico-Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845-1850) obras en las que se recogen “los adelantos de la época …” y se ofrece “a la parte geográfica y estadística toda la importancia que estas ciencias reclaman en los tiempos modernos…”, con un objetivo fundamental “…el dar a conocer con la extensión posible lo que es, lo que en su día podrá ser, y lo que fue en otro tiempo el país que se describe, cosa que no puede conseguirse sino por medio de la geografía, de la estadística y de la historia …” [2]

3. ANÁLISIS CIENTÍFICO DEL ARTÍCULO

La primera parte del análisis del artículo sobre Trujillo se basa en el estudio de las características formales y las técnicas (más o menos racionales) utilizadas por el autor, que nos ayudarán a valorar el grado de veracidad de las opiniones vertidas y establecerán la capacidad científica del método empleado por Madoz en su obra. Debe contemplarse, en primer lugar, la existencia de un guión, confeccionado por el escritor y expuesto en el prólogo del Diccionario Geográfico-Estadístico; así: “… Convencido de que en los artículos de un Diccionario, se necesita un método rigurosamente seguido, no tan sólo para que el lector pueda encontrar el pueblo que desee, sino en su descripción la parte misma que busca… he procurado dividir los artículos de alguna importancia en el orden siguiente: Nombre del pueblo, sus dependencias y distancias; Situación y clima; Interior de la población y sus afueras; Término; Calidad del terreno; Caminos; Correos y diligencias; Como dato estadístico, producciones; Ídem, industria; Ídem, comercio; Ídem, población, riqueza y contribuciones; Historia.”[3]

Desde este punto de vista, podemos comprobar la amplitud de materias y elementos recogidos en la obra, si bien debe efectuarse un importante matiz: a lo largo del texto referente a Trujillo, se observa una especial atención sobre temas urbanísticos[4], monumentos, caracterización del término municipal, comunicaciones y ferias; mientras, las condiciones climatológicas, las calidades del terreno, el estado sanitario de la población o las variables demográficas apenas si son mencionadas. Encontramos así un primer signo de apriorismo o irracionalidad en el texto, basado en el distinto tratamiento de los temas. Singular es el caso de las enfermedades existentes en la población “…pulmonías en invierno, inflamatorias en primavera y verano, e intermitentes en otoño…”[5], que nos confirma el escaso interés del autor por las características higiénico-sanitarias de la villa, a pesar de la tremenda morbilidad causada por las epidemias de cólera a lo largo del S. XIX.

Este signo se ve reforzado con un segundo elemento a tener en cuenta: la escasa división de disciplinas (Geografía, Historia, Arqueología, Arte,…) que, aun contando con numerosas similitudes, deberían ser tratadas por separado, evitando la confusión de datos y el salto de capítulos y, en definitiva, permitiendo una mejor lectura e interpretación de los elementos expuestos. Así, durante la descripción del término, establecido con un sentido catastral evidente, se introducen constantes datos arqueológicos, referentes a antiguos poblados, monasterios, castillos, casas y bóvedas aparecidas, que responde a un ejercicio arqueológico notable.

El tercer factor reseñable es el uso de dos medidas de longitud, la legua y el paso, y otras dos de superficie (fanegas y varas cuadradas), utilizadas en nuestro país desde la Edad Media, que originan un doble problema: dificultades a la hora de comparar con otras obras, en las cuales las medidas pueden expresarse en kilómetros, millas, hectáreas, pies, etc. y los errores de conversión con el Sistema Métrico Decimal[6], ya que tanto leguas, pasos, fanegas y varas tienen un valor u otro dependiendo del lugar en que se utilicen[7]. Así, en el texto de Madoz encontramos: “Ciudad con ayunt. en la prov. y aud. terr. de Cáceres (8 leguas), part. jud. de su nombre, dióc. de Plasencia (14), c.g. de Estremadura (Badajoz, 22)… situada sobre una colina, la más elevada de su circunferencia, en el radio de 2 leguas y en el centro de un inmenso berrocal, que hay que atravesar por espacio de 4 leguas por cualquier punto que se vaya… En las afueras hubo muchas ermitas, pero hoy sólo existe la de San Lázaro, de la que es patrono el Conde de Canilleros, sit. al S. de la ciudad a 400 pasos de ella… el término se estiende 48 leg. de E. a O., 40 de N. a S. y comprende 443.213 fanegas de a 6.400 varas cuadradas; en esta inmensa estensión se hallan los arrabales de la c., distantes 1 y 2 leguas de ella”.[8]

En último término, el análisis formal del artículo sobre Trujillo arroja, en su conjunto, un dato significativo: el predominio de la descripción sobre la explicación, muestra evidente del escaso avance de la Geografía científica en la España decimonónica. A pesar de que la obra de Madoz se encuentra inspirada en las corrientes regionales francesas y naturalistas alemanas, aun teniendo en cuenta la estancia del autor en París y su eminente erudición, el texto adolece de cierto simplismo racional, adentrándose en una descripción pormenorizada de conventos, iglesias, dehesas y ferias, evitando ofrecer explicación a determinados fenómenos demográficos, económicos, geográficos o sociales. Nos encontramos, por tanto, ante una evidente falta de rigurosidad y contraste de datos, a pesar del continuo uso de la estadística, tal y como expone el propio Madoz: “… Sin la estadística no puede saberse si una nación es rica o pobre, puesto que la riqueza y la miseria tienen también sus apariencias engañosas; si es ilustrada o ignorante; si es feliz o desgraciada; si es virtuosa o corrompida; si es poderosa o débil; sin la estadística no es posible averiguar si las comunicaciones admiten mejoras; si los territorios incultos son susceptibles de cultivo; si puede aumentarse la población… Es en fin la estadística, para decirlo en pocas palabras, la balanza del poder de las naciones…”[9]; falta de rigurosidad, por tanto, que impide un mayor reconocimiento científico al Diccionario Geográfico-Estadístico.

4. ESTUDIO CUALITATIVO DEL ARTÍCULO

Tras el análisis formal de la obra, debemos proceder a enumerar aquellos elementos que permiten establecer los términos de la Geografía del poder en la España liberal. Pascual Madoz aporta toda una serie de datos clarificadores respecto a los asuntos determinantes en el gobierno y desarrollo de la nación, en el control poblacional y social, y en el aprovechamiento económico de los recursos trujillanos. A su vez, establece las bases de un sentimiento de identidad nacional (antifrancés), reafirma las estructuras del poder vigente (civil, militar, eclesiástico y aristocrático) y vislumbra la necesidad de crear un modelo de instrucción pública, necesario en una población con más del 80% de analfabetismo.

En primer lugar, Madoz traza la localización de Trujillo de manera exhaustiva, relacionando la ciudad con las principales urbes de Extremadura y los principales poderes (civil, militar y religioso), evitando cualquier conflicto administrativo y reafirmando la validez de las estructuras elegidas. Así: “Ciudad con ayuntamiento en la provincia y audiencia territorial de Cáceres (8 leguas), part. jud. de su nombre, diócesis de Plasencia (14), c.g. de Estremadura (Badajoz, 22), cabeza de arciprestazgo y de part. Administrativo, con comandancia de armas.”[10]

En segundo término, elabora un importante estudio del núcleo urbano, incluyendo el número de calles, plazas, casas, plazuelas, iglesias, conventos, etc. con un claro sentido contributivo: conociendo el número de hogares, pueden establecerse impuestos sobre solares, fachadas, vecindad, obras, etc. todo un conjunto de tasas fundamentales para los ingresos municipales. Aparte del sentido recaudatorio, el estudio urbano se realiza con un objetivo militar evidente, con el fin de organizar la defensa de la villa frente a posibles ataques (léase franceses, carlistas, etc.) o de controlar posibles revueltas populares (campesinos, jornaleros, guerras civiles). De ahí la inclusión de un plano a escala 1:20.000, obra de Coello, que facilitará el control de la expansión urbana de Trujillo y la realización de importantes obras en la ciudad.

La tercera misión de Madoz es comprobar el estado del poder municipal dentro de la villa; para ello, establece la descripción del Ayuntamiento “…Hay casa de Ayuntamiento, con sala muy decente para sus acuerdos, reedificada y dorada por los años 1585 al 90; cárcel bastante segura, pero mal sana por su poca ventilación; archivo, que fue destrozado por los franceses y arreglado después en lo posible; alhóndiga con almacenes para provisiones y granos del pósito; su fachada principal es de hermosa cantería bien labrada…”[11]; se pretende así valorar la situación de las instituciones civiles, que jugarán un papel fundamental a lo largo del Siglo XIX, tanto en el control político de las ciudades y pueblos como en el desarrollo de las medidas puestas en marcha por el gobierno central. Esta valoración se reafirma con los siguientes datos: “…Presupuesto municipal: 436.860 del que se pagan 9.888 a las aldeas del Obispo y Centenera, para cubrir sus presupuestos; 43.250 a los facultativos, 8000 al secretario y se cubre con los ingresos de propios, que ascienden próximamente a 160.000 reales y consisten en las citadas deh. de Caballerías, Yeguas y Caballos, la charca de La Albuera y otros aprovechamientos. En todos aquellos cálculos están incluidos los arrabales”.[12] Encontramos en estas líneas una primera aproximación a la cuestión desamortizadora, reflejada en la especial atención a las dehesas y bienes comunales, principales fuentes de ingreso del ayuntamiento trujillano, que verá mermada su capacidad económica a partir de la ley promulgada por el propio Madoz en 1855.

Junto al poder civil, se comprueba el estado de las órdenes religiosas, claramente deterioradas tras la Desamortización de Mendizábal de 1835; así, Madoz efectúa un detenido análisis del número, nombre y estado de los conventos de religiosos y religiosas de la villa, el actual paradero de los inquilinos y la misión que contemplaban dentro de Trujillo, en un intento por evaluar los efectos del proceso de supresión de órdenes. De igual manera, realiza un amplio recorrido por las iglesias y ermitas del núcleo y los arrabales, analizando la provisión de los curatos y la procedencia de los feligreses, todo ello con un claro objetivo: resaltar la importancia del poder eclesiástico en Trujillo y su labor de control de las conciencias y mentalidades de la población.

A lo largo de todo el artículo, se vierten alusiones sobre la destrucción de la ciudad por parte de los ejércitos napoleónicos. En este sentido, “…fue arruinada casi en su totalidad por los franceses en el año 1809, quedando sólo algunas casas de mucha solidez…”; “…archivo, que fue destrozado por los franceses y arreglado después en lo posible…”; “…los conventos de mercenarios y descalzos fueron destrozados a excepción de las igl., en el año 1809 por las tropas francesas; y los de dominicos y observantes padecieron también bastante daño…”; “…San Andrés, sit. también en la muralla, fue arruinada por los franceses, y aunque se reparó en parte sirve hoy puramente de adorno en el cementerio…”; “…camino desde esta ciudad hasta Plasencia, pero en malísimo estado por la falta de reparos desde la Guerra de la Independencia…” [13] Teniendo en cuenta el contexto de la obra, con los desastres de la guerra en la memoria de muchos habitantes, es previsible que la inclusión de todas estas “acusaciones” se deban al interés por crear un sentimiento de unidad nacional frente a Francia y sus ansias imperialistas, sentimiento que permita la aparición de un Estado español unido, centralista, capaz de afrontar con garantías cualquier invasión de un país extranjero.

Desde el punto de vista económico, Madoz incluye en la obra una amplia gama de elementos fundamentales para conocer las posibilidades de desarrollo del municipio; en primer lugar, alude a los recursos hídricos de Trujillo: ríos, fuentes y charcas. En las sociedades actuales, la existencia y gestión del agua puede ocasionar graves conflictos, sobre todo en aquellas zonas con alta demanda e insuficientes recursos. Desde este punto de vista, la posesión de información geográfica acerca de la localización, caudal y potabilidad de manantiales se convertirá en un instrumento de primer orden. En este contexto, con unas técnicas y un análisis menos precisos, pero interés similar, Madoz incluye “…Se surte Trujillo de aguas potables en las muchas fuentes que hay dentro y fuera de la población pero de todos se necesita sacar agua a mano; en años secos suele escasear y hay que acudir a las más lejanas para los usos necesarios, siendo todas buenas y saludables…” “el Almonte limita el término al N.; le cruzan en diferentes direcciones el Tozo, Magasca, Magasquilla, Gribanzo yBúrdalo, y existen las charcas de… Runel, Matarratas y La Albuera: la primera es propiedad del marqués de la Matilla; dista 3 leguas de la c., conserva agua todo el verano y tiene cuatro molinos; la segunda, también de dominio particular, tiene dos molinos, que regularmente cesan a fin de julio por falta de agua; La Albuera pertenece a los propios; se halla a un tiro de bala de la c., conserva agua todo el verano y surte a tres buenos molinos; forma parte del muro de la deh. de Yeguas, y puede regar una gran parte del terreno de ésta; pero sus aguas, desde que surten al último molino, son perdidas, o sirven sólo para abrevadero. Esta escelente charca fue construida por la c., a espensas de sus propios, por los años 1676 al 78”[14]. Puede observarse, de este modo, la importancia de los abrevaderos naturales y, especialmente, los artificiales tanto para la expansión de la agricultura como para las prácticas artesanas y manufactureras, en un espacio donde las aguas superficiales (ríos y arroyos) no sobreviven a los calurosos estíos.

Una vez analizada la presencia del agua en Trujillo, el autor nos conduce a una descripción detallada de las fincas y dehesas del término municipal, las producciones básicas y la superficie adehesada, de pasto y labor, terrenos cercados, viñas y huertas, el monte de encinas y los aprovechamientos comunes. Aparece, por tanto, el control sobre la tierra, elemento básico en las sociedades pre-industriales y que en Trujillo cobra especial importancia, como uno de los grandes términos de la región. La descripción de casas de campo y dehesas resulta, sencillamente, abrumadora; se efectúa un reconocimiento general de producciones y cabidas, se establecen cálculos de calidad de los terrenos: “…las aldeas de Aldea del Obispo y Aldeanueva de Centenera, el berrocal y Alijares de Trujillo: el primero de 5.450 cabezas lanares de cabida o 4.088 vacas, y 1.965 fanegas de sembradura; los alijares de Madroñera, Pela, Canchal y Parrilla tienen de 4 á 5000 fanegas de ínfima calidad; permanecen incultos de 14 á 15.000, y el resto es de tierras adehesadas y de dominio particular; las 120.000 se disfrutan a pasto y labor; sobre 15.000 son de terreno cercado, ya para pasto, ya para heredades de cultivo, como viñas, huertas, etc. 70.000 de monte de encinas en las dos montarancias de Ruecas y Tozo, en las cuales hay ciertos aprovechamientos comunes para los vecinos de esta c. y pueblos de su sexmo…”[15]; en resumen, Madoz establece las bases para el proceso desamortizador, catalizado a través de la ley promulgada en Mayo de 1855, que supondrá la desaparición de los terrenos comunales, la concentración del territorio trujillano en manos de ricos terratenientes y nobles y, por supuesto, el inicio del conflicto jornalero en Extremadura.

El tercer aspecto económico sobre el que se incide en el artículo se relaciona con el estado de las comunicaciones. Durante el Antiguo Régimen, la movilidad geográfica de la población, aunque existente, encontraba una dificultad manifiesta: la mala situación de los caminos y medios de transporte. En este sentido, la organización de una red de carreteras moderna y eficiente, y la construcción del ferrocarril se convertirán en función primordial de los gobiernos reformistas decimonónicos, con un triple objetivo: enlazar las áreas agrarias con las industriales, unir el campo con la ciudad, y establecer un control exhaustivo de los movimientos demográficos, desplazando tropas hacia las áreas conflictivas (fronteras, zonas de rebelión) y permitiendo la emigración hacia zonas industrializadas, como válvula de escape para evitar conflictos e insurrecciones[16]. En este sentido, Madoz establece en Trujillo un nudo principal de comunicaciones, “…se halla esta c. en la carretera de Madrid a Badajoz; en la misma población se une a ésta la carretera que viene de la cap. de la prov., la cual se hallaba en péximo estado; pero actualmente se está trabajando en la construcción de un buen camino y en los puentes necesarios, que facilitará las comunicaciones con dicha capital; hay también camino de mucho tránsito de arriería, desde esta c. hasta Plasencia, pero en malísimo estado por la falta de reparos desde la Guerra de la Independencia; se encuentra en esta dirección el famoso Puente del Cardenal, sobre el Tajo, entre los puertos de Las Corchuelas y La Serrana, cortado en aquella época, y habilitado con madera…”[17] estableciendo un triángulo de comunicaciones Cáceres, Plasencia, Trujillo, fundamental para el desarrollo económico de la provincia cacereña y que, en la actualidad, se ha desplazado hacia el Sur, englobando Mérida, Trujillo y Cáceres, máximos exponentes del turismo patrimonial en Extremadura.

El cuarto elemento económico al que Madoz alude es el sistema de ferias y mercados de la ciudad, instrumentos clave para conocer el grado de boyantía económica de una población. Destaca en este aspecto, la feria de Junio, uno de los principales centros comerciales en la Extremadura moderna y que, según el autor, reunía“…generalmente en este feria sobre 50.000 cabezas lanares30.000 de cerda10.000 de vacuno, y abunda también el caballar y mular. Concurren compradores y tratantes de todas las provincias del reino, y esportan a las suyas respectivas los ganados de este país escesivamente productor. Concurren igualmente a hacer ventas por mayor casas respetables de Madrid, Toledo, Talavera, Badajoz, Cáceres y otros puntos; hacen sus ventas a plazo, y proveen de toda clase de artículos al comercio de la provincia, cobrando el importe de la feria de Junio en la de Diciembre, y los de ésta en la de Junio; se presenta por último platerías de Córdoba y todo género de labranza, comestibles, dulces y chucherías”.[18] Encontramos en esta descripción un elemento fiscalizador de primer orden, acompañado de un estudio pormenorizado de los flujos comerciales de la época, fundamentales para averiguar las vías de comunicación más usadas, el sistema de ciudades, etc. De igual manera, Madoz contabiliza el número de establecimientos comerciales al por mayor y minoristas; las principales producciones y exportaciones, la celebración de un mercado franco concedido por Carlos I, etc. el número de cabezas de ganado, elementos todos ellos encaminados a controlar el sistema económico trujillano.

En último término, debemos aludir a un elemento de claro interés social que Madoz, como liberal progresista, incluye en el texto: la preocupación por la instrucción pública y el grado presupuestario de la escuela; así: “…hay una escuela de niños dotada con 6.220 rs. de los fondos públicos; otra de niñas con 2.925; otra de niños en el arrabal de Ánimas, dependiente de esta ciudad, con 3.100; otra de lo mismo en el de Belén, con 480; otro en el de la Magdalena con 720…”[19]La idea de un sistema de educación pública comienza a forjarse durante la Ilustración y será a partir de 1857, con la Ley Moyano, cuando comience a aplicarse en España. Sin embargo, desde el punto de vista de la Geografía del poder, la unificación del sistema educativo se establece en un claro sentido de control pedagógico: uniformar las mentalidades y pensamientos, permitiendo la formación académica de la población en función de las necesidades profesionales del país imbuyendo, a su vez, procesos de identidad nacional, espíritu religioso y obediencia cívica. Desafortunadamente, la falta de presupuestos y de personal cualificado, el escaso nivel de bienestar económico de las zonas rurales y las continuas prácticas caciquiles, no permitieron el éxito en la aplicación de la nueva ley, lastrando las posibilidades de progreso de grandes capas de la población española.

5. CONCLUSIONES

A través de este pequeño estudio, hemos pretendido poner de manifiesto las principales características de la Geografía del poder en la obra de Madoz. En un país con grandes recursos naturales, los avatares históricos y el desequilibrio entre los grupos privilegiados y los no privilegiados no permitieron un desarrollo sostenido y constante de la economía, la población y la cultura. Por este motivo, a partir de la obra de algunos reformistas del S. XIX, Madoz entre ellos, comienzan a sentarse las bases de la Ordenación del Territorio en España, pretendiendo la prospección y el control del territorio, sus gentes, sus pueblos y ciudades, en cinco puntos básicos: reafirmar los poderes establecidos (civil, militar y religioso); elaborar un estudio de geografía urbana para conocer la capacidad contributiva y militar de las ciudades; crear un sentimiento de unidad patriótica, que permitiese al Estado impulsar la creación de las infraestructuras de desarrollo; controlar los elementos económicos primordiales (agua, tierra, caminos y mercados) en aras de la mayor producción y una mejor fiscalización; y conocer el estado de la educación, permitiendo la creación de un sistema público de enseñanza que permitiese la uniformización de pensamientos y mentalidades en la población española.

Para finalizar, nos gustaría destacar la importancia que, a nuestro juicio, posee la Geografía a la hora de analizar y valorar los procesos económicos, demográficos, sociales y ambientales, una importancia que debe ser clave en el conocimiento del pasado, la gestión del presente y las proyecciones del futuro de nuestros pueblos y ciudades.

ANEXO 1

Artículo Sobre Trujillo en El Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico (1846) Volumen Xv, Pp. 169-171

Ciudad con ayunt. en la prov. y aud. terr. de Cáceres (8 leguas), part. jud. de su nombre, dióc. de Plasencia (14), c.g. de Estremadura (Badajoz, 22), cab. de arciprestazgo y de part. Administrativo, con comandancia de armas.

SITUACIÓN Y CLIMA: situada sobre una colina, la más elevada de su circunferencia, en el radio de 2 leguas y en el centro de un inmenso berrocal, que hay que atravesar por espacio de 4 leguas por cualquier punto que se vaya; es de clima templado y muy sano; reinan frecuentemente los vientos de N. y O. en años secos y fríos; E. y S. en los lluviosos y templados y se padecen pulmonías en invierno, inflamatorias en primavera y verano, e intermitentes en otoño.

INTERIOR DE LA POBL. Y SUS AFUERAS: se divide la ciudad en antigua y moderna: la primera parte lleva el nombre de villa; fue arruinada casi en su totalidad por los franceses en el año 1809, quedando sólo algunas casas de mucha solidez, las igl. de Santiago, Santa María, San Andrés, Veracruz y el conv. de la Concepción; estaba amurallada y en su estremo NE. se halla un fuerte castillo que estaba muy deteriorado cuando vivíamos en paz, pero que repararon los franceses, y que fue mejorado en 1837, hallándose en buen estado; la pobl. moderna se halla en la falda de la anterior al E. y ambas componen 800 casas de 2 y 3 pisos, antiguas generalmente y de pocas comodidades por esta razón, aunque también las hay bastante buenas y de excelente aspecto; forman 24 calles anchas generalmente, bien empedradas todas y con regulares aceras; 6 plazuelas bastante capaces, y la Plaza de la Constitución edificada entre las pobl. antigua y nueva, grande, cuadrada, con espaciosos portales embaldosados y cómodos; en ella se ven edificios que llaman la atención, singularmente la casa del Marqués de la Conquista, la del Duque de San Carlos o la igl. de San Martín. Hay casa de Ayuntamiento, con sala muy decente para sus acuerdos, reedificada y dorada por los años 1585 al 90; cárcel bastante segura, pero mal sana por su poca ventilación; archivo, que fue destrozado por los franceses y arreglado después en lo posible; alhóndiga con almacenes para provisiones y granos del pósito; su fachada principal es de hermosa cantería bien labrada; en el mismo edificio se hallaba el teatro, que también fue arruinado, pero aún se conservan las bóvedas, que sirven para almacén de provisiones; en su reemplazo se ha construido y concluido en el mes de marzo de 1848, otro teatro a espensas de una sociedad, el cual, aunque no es de grande capacidad, tiene muy buenos adornos y decoraciones, comodidad de las localidades, extensión del escenario y espacioso salón de café; también el Marqués de la Conquista está haciendo construir a sus espensas una buena plaza de toros, que estará en breve concluida; hay una escuela de niños dotada con 6.220 rs. de los fondos públicos; otra de niñas con 2.925; otra de niños en el arrabal de Ánimas, dependiente de esta ciudad, con 3.100; otra de lo mismo en el de Belén, con 480; otro en el de la Magdalena con 720; 5 conventos de frailes, a saber: dominicos, mercenarios, observantes, descalzos y enfermería de agustinos; los de mercenarios y descalzos fueron destrozados a excepción de las igl., en el año 1809por las tropas francesas; y los de dominicos y observantes padecieron también bastante daño, pero tanto éstos como el de descalzos fueron reparados después, quedando inútil el de mercenarios aunque se conserva su escalera y magnífico claustro; del de dominicos merece atención se magnífica iglesia; fue concluida por los años 1660, costeada por el Ilmo. Sr. Laso de la Vega, ob. de la dióc. auxiliado por la ciudad en grandes sumas, la cual obtuvo el derecho de patronato; por la supresión de comunidades religiosas, quedó abandonado el convento y la igl. fue profanada, habiendo sido enagenados después uno y otra; el de observantes y su suntuosa igl. en la que se halla hoy la parr. de San Andrés se concluyó por los años 1562; contribuyó la ciudad con un gran donativo y obtuvo igualmente el patronato; el de los descalzos sólo se conserva la igl. que por su situación apenas permite sacar utilidad de ella, y la enfermería de agustinos ha sido enagenada, y se ha reducido a casa particular. De religiosas había también 6 conventos, a saber: San Francisco el Real, Concepción Gerónima, San Pedro, San Miguel, Sta. Clara y Descalzas de San Antonio; nada había de notable en ellos, si se esceptúa el de Sta. Clara, cuyo claustro es igual al de los frailes observantes, y de la misma época: en este existen hoy reunidas las monjas del mismo y las de San Antonio, cuyo conv. se halla ruinoso; el de San Miguel sirvió como hospital militar, está habitado por familias pobres y su igl. para parroquia; lo mismo sucede con el de San Pedro, cuyas religiosas fueron trasladadas con las de San Francisco el Real a los conv. de Plasencia; éste último está situado en la muralla de la población ant. y por su proximidad al cast. se emplearon sus materiales en la reparación de la fortaleza, en el año 1837. La Concepción Gerónima conserva sus religiosas y algunas más trasladadas. PARROQUIAS: hay 5; Santa María la Mayor: su igl. de construcción gótica muy sólida, tiene 3 naves sostenidas por fuertes columnas de cantería: el cuadro de la Asunción fue costeado por el marqués de Santa Marta, en el año 1817; hay en esta igl. diferentes sepulcros de hombres distinguidos, y entre ellos el de García de Paredes. San Martín, notable también por su construcción sólida y hermosa, es de una sola nave, la cual se apoya en un medio arco que tiene a su espalda, de gran mérito artístico. Santiago, edificio pequeño pero muy antiguo, sit. en la muralla de la Villa. San Andrés, sit. también en la muralla, fue arruinada por los franceses, y aunque se reparó en parte sirve hoy puramente de adorno en el cementerio; su felig. se sirve en la suntuosa igl. de observantes; Santo Domingo, extramuros de la ciudad, fue igualmente arruinada, su felig. se componía en la mayor parte de moradores de los arrabales y habiéndose erigido la parr. de San José, del arrabal de Ánimas, quedó reducida a muy corto número, celebrándose los oficios parr. en la igl. del conv. de monjas de San Miguel, en el centro de la ciudad. Los curatos son todos de provisión ordinaria con arreglo al concordato, con la categoría de término, los de Santa María, San Martín y Santo Domingo; de primer ascenso el de Santiago, y de entrada el de San Andrés. En las afueras hubo muchas ermitas, pero hoy sólo existe la de San Lázaro, de la que es patrono el Conde de Canilleros, sit. al S. de la ciudad a 400 pasos de ella; las de San Juan, los Mártires, La Piedad, Loreto y Santa Ana, sit. alrededor de la población han sido arrasadas durante las guerras de este siglo; la última fue fundada en1660, y en frente de ella hizo construir el citado Sr. Laso una casa que servía de depósito de granos, con los cuales el mismo Sr. auxiliaba a los labradores; en medio de estos dos edificios construyó también un hermoso Humilladero de cantería, que fue trasladado a la Plaza Mayor de la ciudad en 1843. Se surte Trujillo de aguas potables en las muchas fuentes que hay dentro y fuera de la población pero de todos se necesita sacar agua a mano; en años secos suele escasear y hay que acudir a las más lejanas para los usos necesarios, siendo todas buenas y saludables.

TÉRMINO: confina al N. con los de Plasencia, Jaraicejo y Deleitosa; E. Puebla de Alcocer (Badajoz), Guadalupe y Cabañas; S. con Miajadas y pueblos del citado de Medellín; y O. Cáceres y partido de Montanches; estendiéndose 48 leg. de E. a O., 40 de N. a S. y comprende 443.213 fanegas de a 6.400 varas cuadradas; en esta inmensa estensión se hallan los arrabales de la c., distantes 1 y 2 leguas de ella, llamados Ánimas, Belén, S. Clemente y La Magdalena; las aldeas de Aldea del Obispo y Aldeanueva de Centenera, el berrocal y Alijares de Trujillo: el primero de 5.450 cabezas lanares de cabida o 4.088 vacas, y 1.965 fanegas de sembradura; los alijares de Madroñera, Pela, Canchal y Parrilla tienen de 4 á 5000 fanegas de ínfima calidad; permanecen incultos de 14 á 15.000, y el resto es de tierras adehesadas y de dominio particular; las 120.000 se disfrutan a pasto y labor; sobre 15.000 son de terreno cercado, ya para pasto, ya para heredades de cultivo, como viñas, huertas, etc. 70.000 de monte de encinas en las dos montarancias de Ruecas y Tozo, en las cuales hay ciertos aprovechamientos comunes para los vecinos de esta c. y pueblos de su sexmo., las casas de campo de Las Infantas o Los Llanos, Mohedillas, Palacio Viejo, Torreherrera, Torremuriel, Girondas, Bañis Pedro, Camovilla, Casarones de Tozo, en la que hay indicios de un antiguo poblado; Merlinejo, Carrascal del Marqués de Campo Real, en donde se halla la primera parada de postas de Trujillo a Madrid; Torreaguda, construida recientemente; Bonillejas, Burdallo, Casa de Doña Catalina, Casillas, Pozuelo, Cantera, Galocha, Provisoras, Casa de Casco, Rongil, Magasquilla, Martín-Rubio, Venta de la Matilla, Matilla del Rollán, Matilla de los Almendros, Solanilla y Coronada, cont. a un ant. conv. de templarios; los castillos y fortalezas ant. denominados Castillejos, en las alturas del r. Almonte y camino que va desde Aldea Centenera a Solana, solo existen pequeños restos de él; Castillejo de la Coraja, en la deh. del mismo nombre e izq. del mismo río, a 1 ½ leguas más bajo que el anterior y a la der. del camino que va desde Torrecillas a Deleitosa; Torre de la Coraja, en la deh. del mismo nombre y en el interior de los Montes de Tozo, a la izq. del camino de Trujillo a Jaraicejo y der. del r. Tozo; hay restos de una casa fuerte, y se conserva una torre de bastante solidez, y algunas bóvedas de cantería en las habitaciones bajas; la Villeta, en la deh. denominada Azuquen de Villavieja, en la confluencia de los r. Tozo y Almonte; se conserva casi toda la muralla antigua, forma un cuadrilongo de E. á O. y dentro de él se advierten restos de casas y otros edificios; el cerco podría contener una pob. de 400 vecinos; y torre de Gonzalo Díaz en la deh. de Torrecilla, en el camino de Trujillo a los puentes de D. Francisco sobre el r. Almonte; se advierten restos de una muralla formando cuadros, y sus esquinas fortificadas con cubos ó torres redondas, y á su alrededor indicios de población; y por último, infinito número de deh., que unas se disfruta a solo pasto, y otras a pasto y labor, y que sería obra pesada espresar los nombres y estensión de ellas. Se encuentra además una mina plomiza en las inmediaciones de Aldea Centenera, cerca del camino desde este pueblo hasta Cabañas, en la deh. denominada Ahijón; se está trabajando en ella por una sociedad hace más de 6 años, y aunque produce mucho mineral, que se supone de plomo argentífero, no compensa los gastos de elaboración; y finalmente la inmensa cantera de los berrocales, que rodea la c., en la cual se saca piedra de granito más o menos fino, según los sitios de donde se toma, y se encuentra cantería finísima que se cincela con facilidad.

RÍOS: el Almonte limita el término al N.; le cruzan en diferentes direcciones el Tozo, Magasca, Magasquilla, Gribanzo y Búrdalo, y existen las charcas de que hablaremos más adelante.

CAMINOS: se halla esta c. en la carretera de Madrid a Badajoz; en la misma población se une a ésta la carretera que viene de la cap. de la prov., la cual se hallaba en péximo estado; pero actualmente se está trabajando en la construcción de un buen camino y en los puentes necesarios, que facilitará las comunicaciones con dicha capital; hay también camino de mucho tránsito de arriería, desde esta c. hasta Plasencia, pero en malísimo estado por la falta de reparos desde la Guerra de la Independencia; se encuentra en esta dirección el famoso Puente del Cardenal, sobre el Tajo, entre los puertos de Las Corchuelas y La Serrana, cortado en aquella época, y habilitado con madera.

CORREOS: hay administración principal, de la que dependen las subalternas de Cáceres, Serena, Guadalupe, Siruela y Montanches. Se reciben y despachan diariamente por los conductores de la dirección, los de Madrid, Badajoz y Cáceres; los demás de las líneas transversales se reciben y salen tres veces por semana.

PRODUCCIONES: abundan los cereales, carne, lana y ganado de cerda; tiene también las legumbres necesarias como son garbanzos, habas y hortalizas; hay escelente vino, buen aceite, frutos de verano, melones, sandías y criadillas de tierra, y se cría mucha caza mayor y menor.

INDUSTRIA: una fab. de curtidos, moderna; veinte de loza ordinaria vidriada y sin vidriar; muchos molinos harineros en los ríos, que sólo muelen de invierno; para el verano se hace uso de las charcas de Runel, Matarratas y La Albuera: la primera es propiedad del marqués de la Matilla; dista 3 leguas de la c., conserva agua todo el verano y tiene cuatro molinos; la segunda, también de dominio particular, tiene dos molinos, que regularmente cesan a fin de julio por falta de agua; La Albuera pertenece a los propios; se halla a un tiro de bala de la c., conserva agua todo el verano y surte a tres buenos molinos; forma parte del muro de la deh. de Yeguas, y puede regar una gran parte del terreno de ésta; pero sus aguas, desde que surten al último molino, son perdidas, o sirven sólo para abrevadero. Esta escelente charca fue construida por la c., a espensas de sus propios, por los años 1676 al 78. Hay además varias fab. de chocolate, una platería y los oficios mecánicos para las necesidades de la población.

COMERCIO: hay siete tiendas y casas de comercio, en las que abundan toda clase de géneros de quincalla, paños, tejidos de seda y algodón, hilo y estambres; otras siete al por menor, bien surtidas de los artículos de más uso en el país; se esporta para Sevilla y Portugal el sobrante de trigo y centeno; pero sucede frecuentemente carecer de estracción para esos puntos y entonces los granos decaen considerablemente de precio. Se estrae también mucho ganado vacuno y carneros para Madrid, y de cerda para Castilla.

FERIAS: se celebran dos cada año, en 2 de Junio y 8 de Diciembre: la primera es indudablemente de las más concurridas del reino. La buena estación en que se celebra, la abundancia en ella de los campos y las buenas proporciones que se han procurado para comodidad de los ganados, atrae un inmenso número de éstos, cuya reunión presenta un aspecto interesante; baste decir que se calcula generalmente en este feria sobre 50.000 cabezas lanares, 30.000 de cerda, 10.000 de vacuno, y abunda también el caballar y mular. Concurren compradores y tratantes de todas las provincias del reino, y esportan a las suyas respectivas los ganados de este país escesivamente productor. Concurren igualmente a hacer ventas por mayor casas respetables de Madrid, Toledo, Talavera, Badajoz, Cáceres y otros puntos; hacen sus ventas a plazo, y proveen de toda clase de artículos al comercio de la provincia, cobrando el importe de la feria de Junio en la de Diciembre, y los de ésta en la de Junio; se presenta por último platerías de Córdoba y todo género de labranza, comestibles, dulces y chucherías, en términos que, atraídos los concurrentes y disfrutando de los espectáculos y diversiones que la c. ofrece en aquellos días, con sus corridas de toros, comedias y bailes, es la época de mayor gozo. La feria de Diciembre es poco concurrida, presentándose solo el comercio, como feria de plazos; hay también mercado franco todos los jueves concedido por D. Carlos I.

POBLACIÓN, RIQUEZA Y CONTRIBUCIÓN: 4.100 vecinos, 6026 almas. CAP. PROD.: 53.385.200 reales. IMPUESTOS: 2.864.260. CONTRIBUCIÓN: 384.440 reales 8 maravedíes. Por el nuevo sistema ha satisfecho en el año 1847, sólo por la tierra y pecuaria 434.800 reales. Presupuesto municipal: 436.860 del que se pagan 9.888 a las aldeas del Obispo y Centenera, para cubrir sus presupuestos; 43.250 a los facultativos, 8000 al secretario y se cubre con los ingresos de propios, que ascienden próximamente a 160.000 reales y consisten en las citadas deh. de Caballerías, Yeguas y Caballos, la charca de La Albuera y otros aprovechamientos. En todos aquellos cálculos están incluidos los arrabales.

BIBLIOGRAFÍA

  • Capel, Horacio (1981): Filosofía y Ciencia en la Geografía Contemporánea. Barcanova, Barcelona.
  • Gómez Mendoza, J.; Muñoz, J. y Ortega, N. (1982): El pensamiento geográfico. Estudio interpretativo y antología de textos (de Humboldt a las tendencias radicales). Alianza Editorial, Madrid. 2ª edición 1998.
  • Lacoste, Yves (1977): La Geografía, un arma para la guerra. Ed. Anagrama, Barcelona.
  • Vila Valentí, Juan (1990): El conocimiento geográfico de España. Geógrafos y Obras Geográficas (165 pp.) Editorial Síntesis, Madrid.
  • VV.AA. (1997): Extremadura, la Historia. Caja de Badajoz.

NOTAS:

[1] MADOZ, P.: A) Prólogo del Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, Tomo 1º, 2ª ed. 1846. Pp. VII-XII

[2] MADOZ, P.: A) op. cit., pp. XXIII-XXIV

[3] MADOZ, P.: A) op. cit., pp. XXIV-XXV

[4] No debe olvidarse que la obra de Madoz se convierte en el primer estudio urbanístico de las ciudades españolas, complementado mediante los planos elaborados por Francisco Coello a escala 1:20.000, y que constituyen la base de los posteriores planes de ensanche, expansión y gestión urbanos

[5] MADOZ, P.: B) Diccionario Geográfico-Estadístico e Histórico de España… Tomo XV, 1846. Pp. 169

[6] La unificación de longitudes y superficies comienza a ponerse en marcha en la Francia de 1790, con la definición del metro como “la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre”. A partir de ese momento, los países europeos (a excepción de Inglaterra) adoptan el Sistema Métrico Decimal como símbolo del avance técnico y científico de la época. Desafortunadamente, la obra de Madoz aún no recoge este avance, encontrándonos con un evidente elemento acientífico.

[7] En este sentido, la legua varía entre los 4000 y los 5.600 metros en función del país; de igual manera, mientras la vara castellana equivale a 0,8359 metros, la portuguesa se corresponde con 1,1 metros. La misma circunstancia se aplica a la fanega, medida de superficie equivalente a 55,5 áreas en España, 137,2 en Argentina, 400 en Costa Rica,…

[8] MADOZ, P.: B) po. Cit. Pág. 169

[9] MADOZ, P.: A) op. cit. Pág. XXV

[10] MADOZ, P.: B) op. cit. pág. 169

[11] MADOZ, P.: B) op. cit. pág. 170

[12] MADOZ, P.: B) op. cit. pág. 171

[13] MADOZ, P.: B) op. cit. pp. 169-171

[14] MADOZ, P.: B) op. cit. pp. 170-171

[15] MADOZ, P.: B) op. cit. pp. 169-170

[16] La adopción de este planteamiento supondrá, a lo largo de todo el S. XX, la existencia de una corriente migratoria fortísima, que en Trujillo afectará al 40% de la población, en gran parte campesinos y jornaleros, trazando un futuro desalentador para la ciudad.

[17] MADOZ, P.: B) op. cit. Pág. 170

[18] MADOZ, P.: B) op. cit. Pág. 170

[19] MADOZ, P.: B) op. cit. Pág. 169