Jul 252016
 

Fernando Moreno Domínguez, Francisco Pérez Solís, Alberto Durán Sánchez, Gregorio Francisco González. (Provisional)

Pocas ciudades aúnan un conjunto patrimonial de valores históricos, artísticos, arqueológicos y paisajístico tan impresionante como el de Trujillo. Historia y entorno natural se funden de modo armónico, creando escenarios que sorprenden por su estado de conservación, diríase como anclados en el tiempo. Sin embargo, si el patrimonio urbanístico y arquitectónico es apabullante, el valor de la ciudad también puede medirse con otra escala, de menor dimensión, que lamentablemente suele pasar desapercibida al turista apresurado o, incluso, a los propios moradores de la muy noble y muy leal. Nos referimos a un inabarcable conjunto de elementos singulares de la historia de Trujillo que, como las teselas de un mosaico, por sí solos o en conjunto reflejan escenas pasadas de la vida cotidiana o acontecimientos históricos de nuestra ciudad. La epidermis granítica de Trujillo ha recibido y conservado la pátina del tiempo en forma de grabados e inscripciones que, in situ o reubicadas, pueden encontrarse por todo el conjunto histórico y su entorno aledaño.

Nuestra comunicación aprovecha estos recursos para proponer un recorrido temporal, desde los tiempos prehistóricos hasta los tiempos modernos. Hemos realizado una selección de algunos elementos significativos, grabados o inscritos en la piedra, de carácter funerario, lúdico, conmemorativo o religioso. Para rastrear los tiempos prehistóricos nos alejaremos del núcleo urbano para adentrarnos en el berrocal, formación geológica que caracteriza el entorno circundante de Trujillo. En este berrocal, pedrizas, bolos, canchos y lanchas (la roca en su estado natural) forman una unidad paisajística indisoluble junto con muros, torres y casas fuertes (la roca antropizada). Conforme nuestro recorrido avance en el tiempo, traspasaremos los muros de la villa para recorrer sus calles detenidamente, atentos a los detalles que sólo se muestran a aquellos que saben mirar sin prisas, aguardando con paciencia el momento preciso en que los grabados, jugando con la incidencia de la luz, deciden mostrarse.

La mayor parte de estos hallazgos se publican por primera vez, habiendo sido localizados gracias a la infatigable labor investigadora de Francisco Pérez Solís.

  

  1. Los tiempos prehistóricos.
  2. Grabados del Palacio del Carneril.

            Para iniciar nuestro recorrido nos alejamos unos kilómetros de la ciudad de Trujillo, aunque la entidad del hallazgo justifica de sobra el desplazamiento. El palacio del Carneril se sitúa en el borde oriental del berrocal, junto al camino que conducía de Belén a Madroñera. El paraje está dominado por la imponente casa fuerte que ostenta un pequeño y desgastado escudo de la familia Chaves. No obstante, esta construcción debió asentarse sobre una villa tardorromana, tal y como evidencian algunos elementos propios de estos asentamientos (contrapeso y lapis pedicinus, ambas piezas de una prensa de aceite) que se encuentran reutilizados en sus muros. Al mismo asentamiento cabría asociar quizás algunas de las tumbas rupestres situadas junto al palacio. Sin embargo, el poblamiento de este enclave aún puede remontarse hasta etapas prehistóricas, bien representadas en tres paneles de grabados rupestres, situados al norte y al sur del palacio.

            El panel n.º 1 es el más pequeño de todos, con unas dimensiones aproximadas de 4 m. × 2 m. Se sitúa unos 100 m. al norte del palacio, en la vega de un arroyuelo de aguas estacionales, junto a una antigua fuente. Los elementos más significativos del panel son tres cruces cuadradas, o griegas, dispuestas en un eje con dirección nordeste-suroeste. Los trazos tienen una longitud media de 37 cm. y una profundidad de 4 cm. Junto a la cruz más septentrional, se disponen cinco pequeñas cazoletas, con un diámetro comprendido entre 4 cm. y 6 cm. Una sexta cazoleta, de mayor tamaño, alcanza los 9 cm. de diámetro.

El panel n.º 2 se localiza junto al anterior. Uno de sus lados es bañado por el arroyo durante las estaciones húmedas. Con unas dimensiones de 13 m. × 8 m., el panel presenta tres grupos distintos de cazoletas. De sur a norte: 1) en la parte más baja del cancho encontramos tres pequeñas cazoletas (5 cm. de diámetro de media), aparentemente sin relación entre ellas, más una cuarta (de gran tamaño, 21 cm. de diámetro, y sección cóncava) que se realizó aprovechando una grieta natural de la roca. 2) Hacia el norte, en la parte más elevada de la roca, encontramos el segundo grupo, que se articula en torno a una gran cazoleta de 18 cm de diámetro pero que apenas alcanza los 2 cm. de profundidad. Esta se encuentra rodeada por el sur y por el este por otras seis cazoletas de diverso tamaño. 3) Por último, junto al segundo grupo, también en la zona más elevada del afloramiento, se sitúa el conjunto más llamativo del panel. Consta de un total de 18 cazoletas, dispuestas alrededor de un eje central constituido por tres cavidades de gran tamaño (de este a oeste: 16 cm. de diámetro y 10 cm. de profundidad, 25 cm. de diámetro y 12 cm de profundidad y 18 cm. de diámetro y 10 cm. de profundidad; las dos últimas se comunican mediante un ancho canalillo, vide fig. n.º1). El resto de cazoletas presentan un diámetro de entre 10 cm. y 3 cm. Al norte de la cazoleta central, encontramos otras dos unidas por un canal de 6 cm. de longitud y dos más dispuestas de forma tangencial.

Figura n.º 1. Panel nº 2 del Palacio del Carneril (1)

Figura n.º 1: Detalle del panel 2.3 del Palacio del Carneril.

El panel n.º 3 presenta la composición más compleja de todo el yacimiento. Se sitúa a una distancia de 350 m. respecto a los anteriores, al sur del palacio. Con forma alargada, dirección nordeste-suroeste, y unas dimensiones de 13 m. × 8 m, pese a sus reducidas dimensiones se trata de la roca más prominente de su emplazamiento. Se compone de casi un centenar de cazoletas.

Tal y como ocurre en el panel nº 2, en este tercero también se observa cierta preeminencia de dos cazoletas de mayor tamaño (unos 20 cm. de diámetro, aunque apenas 2 cm. de profundidad) que se localizan, además, en el punto más alto de la roca, casi en el extremo meridional del panel. Unos 40 cm. al norte de estas dos cavidades, aún en la zona más elevada, confluyen tres líneas grabadas que dibujan en planta una gran letra F. El pie de esta letra tiene una longitud de unos 2 m. y desciende hasta la base de la roca, con dirección este. Los dos brazos siguen una orientación nordeste, con una longitud de 1 m, y, al igual que el anterior, descienden por el plano inclinado de la roca. De los dos, el que se observa con mayor nitidez es el brazo superior, que en realidad está formado por una serie de nueve cazoletas dispuestas a modo de sarta.

El resto de cazoletas del panel n.º 3 se distribuye por la superficie de la roca, con formas, tamaño, profundidad y agrupaciones muy variadas. En ocasiones, apenas presentan 1,5 cm. de diámetro y se agrupan en pequeños ramilletes. En otros puntos, se observan alineaciones o incluso, entre las dos cazoletas mayores y las líneas grabadas, llegan a formar una cuadrícula de 4 × 3 cazoletas.

La situación de este tipo de grabados en zonas periféricas de los berrocales graníticos, con especiales condiciones hidrográficas y edafológicas, ya ha sido apuntada en otras localidades cacereñas, caso de Navalmoral de la Mata[1]. Por otro lado, las cazoletas grababas en la roca constituyen uno de los motivos más habituales del arte rupestre de nuestra región. Por sí solas, cuando no pueden vincularse a ningún poblamiento concreto, suponen elementos de difícil interpretación debido a la amplia cronología de su ejecución, desde la más remota prehistoria hasta la Edad Media. Este sería el caso de los paneles del Carneril, puesto que, sin lugar a dudas porque no se ha realizado una prospección arqueológica adecuada, no hemos advertido en el paraje materiales cerámicos y/o líticos significativos ni otras estructuras que pudieran relacionarse con los paneles. Sin embargo, presentan ciertas características comunes con otros grabados que han sido situados en periodos calcolíticos o de la edad del bronce en nuestra región. Nos referimos a la distribución aparentemente aleatoria de las cazoletas, la representación jerarquizada de las mismas según su distinto tamaño y posición dentro del panel, la asociación entre ellas mediante canalillos o, por último, la disposición a modo de sartas sobre planos inclinados de la roca. No obstante, en un futuro, la cronología de los grabados de El Carneril deberá ser establecida con mayor precisión con los debidos trabajos de campo. En cuanto a su función, hasta el momento la asociación de cazoletas y canalillos se suele relacionar con espacios cultuales en los que se llevaban a cabo rituales que entrañaban manipulación y vertido de líquidos.[2]

Figura n.º 2. Panel nº 3 del Palacio del Carneril.

Figura n.º2: Detalle del panel 3. En el centro de la imagen las dos cazoletas mayores.

Cercanos a la ciudad de Trujillo encontramos otros yacimientos con paneles con cazoletas, especialmente en el poblado del Avión[3] (neolítico-calcolítico), con cuatro conjuntos situados en espacios protegidos o aviserados. Del mismo modo, también en la lancha que sirve de suelo a un refugio de pastor, en el entorno de la Cueva de los Frailes, se observan algunas pequeñas cazoletas de distribución aparentemente aleatoria.

Por otro lado, las cruces nos parecen en este caso exógenas al yacimiento prehistórico. La presencia, un kilómetro al sur del palacio, en el mismo borde del camino, de una cuarta cruz de idéntica tipología a las visibles en el panel n.º 1, apunta claramente a una función delimitadora del territorio como marca de propiedad o deslinde.[4] Habrían sido realizadas, quizás, en tiempos bajo medievales cuando esta costumbre está bien documentada.[5] Este tipo de cruz, griega y grabada profundamente, es visible en otros yacimientos cacereños, de los que quizás el más conocido sea el altar rupestre de la Peña Carnicera de Mata de Alcántara, aunque allí ha sido interpretada con sentido religioso, como elemento cristiano que intentaba neutralizar un antiguo santuario pagano.[6]

El yacimiento del Palacio del Carneril no ha sido objeto, hasta la fecha, de una prospección arqueológica sistemática, por lo que en absoluto debe descartarse la existencia de más paneles de grabados en el entorno.

  1. Los tiempos romanos.
  2. Pulvino monumental.

Empotrado en el alzado exterior de la muralla, en su ángulo suroeste, en las proximidades del Arco del Triunfo, dirección al Espolón tras sobrepasar la primera torre, encontramos un fragmento de pulvino monumental en granito. La pieza tiene una longitud máxima conservada de 56 cm. y una altura máxima de 37 cm. De factura tosca, debido en parte al grano grueso de la piedra, se trata de un pulvino con alargamiento lateral y, seguramente, con perfil superior cóncavo, el tipo más común en los territorios lusitanos. Corresponde al lateral derecho del altar. La cabecera está decorada con ocho radios con botón central, inscritos en una circunferencia de 28 cm. de diámetro. El estado de conservación es malo, puesto que el relieve sólo se aprecia de forma satisfactoria con luz rasante. No obstante, justo en la fractura del alargamiento lateral, se aprecia una forma redondeada (de 11 cm. de diámetro) que pudiera corresponder a una pátera en relieve.[7]

Se trata del primer pulvino monumental identificado con seguridad hasta la fecha en la antigua Turgalium, aunque, quizás, habría que incluir como precedente la pieza descrita por Pérez Holguín a finales del s. XVII, situada en el fondo de la alberca:[8]

«en la alberca que está junto a la Vera Cruz y las estrías sobresalientes de medio relieve y el otro circulo los esta tambien levantado con una forma de tetilla y esta en la alberca que va dicho. Por la parte de adentro en la pared de los ultimos escalones, fue obra de romanos, según tradicion, y conocese por unas piedras de canteria de muy gran magnitud que estan en ellas atravesadas unas sobre otras».

Pese a que el autor la consideraba como estela anepígrafa y la dibujó con cuerpo rectangular, la cabecera circular (con una elaborada rosácea de doce pétalos, seis de ellos intercalados) y la presencia de un elemento redondeado (quizás, de nuevo, una pátera) podrían apuntar a un pulvino monumental. No obstante existen estelas funerarias con formas muy semejantes documentadas en la cercana Campo Lugar.[9] Sólo el análisis directo de la pieza, cuando se realicen de nuevo trabajos de limpieza en la alberca, podrá dilucidar el problema.

En la provincia cacereña, otras ciudades de origen romano han proporcionado sendas colecciones de pulvinos, en especial Coria (Caurium) con 7 ejemplares localizados hasta la fecha. En concreto, nuestro pulvino presenta notables semejanzas con el hallado en la C./ Hornos en el año 1996, actualmente depositado en el patio del Ayuntamiento en la Plaza de S. Pedro.[10] Estas piezas coronaban mausoleos funerarios en forma de altar, un monumento de tradición itálica que se desarrolló en la Península durante el alto imperio (s. I-II d. C).[11] Los mausoleos romanos se situaban junto a las puertas de entrada a las ciudades, jalonando los márgenes de los caminos de acceso.

Figura n.º 3 Pulvino romano y reconstrucción idealizada de su mausoleo.

Figura n.º 3: Pulvino romano de Trujillo y reconstrucción idealizada del mausoleo.

  1. Estela de Filumenus en Santa María la Mayor.

Cortada y usada como alfeizar en una ventana del camarín de la Iglesia de Santa María la Mayor, podemos encontrar un fragmento de estela. Pese a su destacada posición, visible desde el exterior del templo, ha pasado inadvertida hasta el momento. Realizada en granito rubio, la altura de la ventana impide tomar medidas sin los medios adecuados. Los trazos de las letras, en capital cuadrada, son finos y han sido repintados en color rojo. Se conservan las tres últimas líneas de la inscripción, correspondientes a las fórmulas funerarias habituales y a la mención del dedicante. Se ha perdido, por tanto, la parte inicial donde se expresaría el nombre del difunto y su edad. Las dos letras finales presentan mayor altura que las anteriores y se sitúan centradas en el ancho de la inscripción. La V de la segunda línea es de menor tamaño y se superpone en parte a la letra L.

[H(ic)] S(itus) E(st). S(it) T(ibi). T(erra) [L(evis)] / [–]RIS FILV[menus/e]/ F.(aciendum) C(uravit)

“…..aquí yace. Séate la tierra leve. ….ris Filumenus/e[12], procuró hacerlo.”

Filumenus/e es una de las formas latinizadas del nombre griego Philoumenus. Es muy poco frecuente en la Península, aunque está documentado en algunos epígrafes de Córdoba, Mértola o Barcelona.

Hasta el momento no se ha localizado ninguna necrópolis de época romana en la ciudad de Trujillo, aunque la colección epigráfica, conocida hasta el momento, de esta época supera con creces el centenar de piezas.[13]

Figura n.º 4. Estela romana en camarín Sta. María (1)

Figura n.º 4: Estela romana del camarín de Santa María.

Figura n.º 5. Estela en C. Naranjos

Figura n.º 5: Estela en C./ Naranjos.

  1. Estela de Fuscus en la C./ Naranjos.

Se localiza en el segundo peldaño de una escalera que facilita el acceso al jardín del Palacio Chaves, en la pequeña plazoleta que se abre en la C./ Naranjos frente al palacio de los Hinojosa-Calderón. Quizás esta situación recóndita ha facilitado, conjuntamente con el grado de erosión de la pieza, que haya pasado inadvertida hasta el momento. El bloque ha sido recortado en dos de sus lados para su reutilización como material constructivo. De resultas, presenta unas medidas de 83 cm. de longitud máxima conservada por 34 cm. de anchura máxima visible, con un canto de 18 cm. Se observa, rehundido y enmarcado, el campo epigráfico con unas dimensiones de 44 cm. × 25 cm., que alberga cuatro líneas de texto, más parte de una quinta línea en la que no se observa la altura completa. Las letras son capitales cuadradas con una altura media de 8 cm.

El grado de desgaste de la inscripción y su estado fragmentado dificultan su correcta lectura.[14] Ignoramos si debajo del peldaño siguiente pudiera conservarse parte del texto (en el lateral de la escalera no parece que la pieza sea mucho más larga, pese al enfoscado). No se distingue ningún carácter de la primera línea, en la que seguramente figuraba el nombre del finado. Además, la cuarta línea ha sido regrabada en la primera V y en la C.

[—–] / M. F(ilius) [ — AN(orum) –] / X[–] H(ic).S(itus). [E(st) —]/ FVSCV[s] / P(onendum) C(uravit) [—]

“….. hijo de M., deaños, aquí yace. Fuscus procuró ponerlo.”

El padre del difunto bien pudiera ser Marcus, uno de los nombres latinos más frecuentes. En cuanto a Fuscus es también un nombre de origen latino, etimológicamente “moreno“, “oscuro“, siendo muy frecuente en la Península Ibérica. En nuestra región está bien representado en lugares como Villamiel, Cerezo, Alía, Ibahernando, Alconchel, Burguillos del Cerro, en 5 inscripciones de Mérida u otras tres de Coria.[15] Por último, en la misma ciudad de Trujillo, en la segunda mitad del s. XVIII, José Cornide vio un ara dedicada por Publius Aelius Fuscus[16] en “la almena de una torre que mira al oriente, que cae al medio de la cortina” así como la lápida de Fusca[17] en el patio de la casa de los señores Ulloas de Cáceres. Encontramos también la variante Fuscilla en la estela que se guardaba en la casa de D. Alfonso Naharro.[18]

  1. Posible tabula lusoria.

            Se trata de un pequeño bloque de granito cuadrangular (39 cm. × 39 cm.) reutilizado en los maltrechos restos de la muralla, entre el castillo y la desaparecida puerta del Norte. Es visible en el alzado sur del paramento, a unos 25 m. de distancia del mirador habilitado sobre el muro. Pese a su pequeño tamaño, presenta grabadas un total de 22 cazoletas de desigual diámetro (5 cm. las dos mayores y 2 cm. las menores). Se disponen en dos círculos concéntricos, de 29 cm. de diámetro y 10 cazoletas el exterior y 15 cm. de diámetro y 6 cazoletas el interior.

Existe una gran variedad de tabulae lusoriae de forma circular en el mundo romano, incisas o formadas por cazoletas, grabadas en distintos soportes pétreos. Suelen situarse en espacios públicos de especial concurrencia. Así en la ciudad de Mérida se han localizado un total de 8 ejemplares repartidos en el teatro, el anfiteatro o el foro.[19] El objetivo del juego parece ser situar las fichas en línea, al modo del tres en raya. El jugador que iniciaba el juego colocaba su pieza en el centro del tablero y, puesto que esta posición estratégica estaba bloqueada desde el inicio de la partida, seguramente se daban por válidas las líneas realizadas en los arcos de la circunferencia.

            Somos conscientes de que nuestro grabado carece de ciertos requisitos propios de las tabulae lusoriae documentadas hasta la fecha: la ausencia de una cazoleta central, la total falta de simetría en el diseño o la presencia de, al menos, 5 cazoletas que no es posible inscribir en las circunferencias (que debieran explicarse bien como errores en el diseño, bien como ejecuciones posteriores). Por otro lado, en la bibliografía consultada no hemos encontrado ningún ejemplar que presentase el mismo diseño. Pese a todo, en el grabado trujillano se distinguen claramente siete posibles alineaciones radiales de tres en raya (sin contar con las de los arcos) que permitirían el desarrollo del juego tal y como se expone en el párrafo anterior. Posiblemente las irregularidades del grabado sean producto de una ejecución tosca, de carácter popular, salida de manos poco expertas. En la ciudad de Itálica, con la mayor colección de tabulae conocida de Hispania, se ha documentado al menos un ejemplar circular que también presenta siete radios.[20]

Reutilizados en los muros del castillo se pueden observar otros grabados de cazoletas dispuestas de forma circular, aunque ninguna de ellas completa. La ciudad de Trujillo, como veremos a continuación, cuenta con una de las colecciones más importantes de la Península de tableros de juego medievales, siendo quizás este el precedente romano de todos ellos.

Figura n.º 6. Posible tabula lusoria (1)

Figura n.º 6: Posible tabula lusoria.

Figura n.º 7. Diseño posible tabula lusoria.

Figura n.º 7: Diseño de la posible tabula. Circunferencias y alineaciones de tres en raya.

            III. Los tiempos medievales.

  1. Estela visigoda.

Estela de grandes dimensiones 159 cm. × 40 cm. ×23 cm. de canto, que sin embargo no se conserva completa, quedando únicamente las dos últimas líneas del texto. Desconocemos su procedencia. Actualmente se conserva en los aparcamientos del hotel NH habilitados al pie del lienzo de muralla que flanquea la entrada principal del castillo, en su lateral sur.

Claramente las formas de la A y la M apuntan a cronologías altomedievales aunque el tipo esteliforme siga aún patrones romanos. En concreto, el trazo transversal de la letra A se dobla en ángulo, según algunos autores,[21] a mediados del s. V. Esta forma se consolida a finales del s. VI y perdurará hasta la primera mitad del s. VII d.C.

Figura n.º 8. Estela visigoda

Figura n.º 8: Estela altomedieval.

Las letras presentan una altura de entre 8 cm. y 10 cm.

[—–]/.S.OEA/ MOREV

            Por el momento no hemos podido identificar en la inscripción ninguna de las fórmulas habituales de la epigrafía visigoda. La forma de estela apuntaría a una inscripción de tipo funerario.

  1. Tableros de juego medievales.

La ciudad de Trujillo cuenta con una de las colecciones más extensas y variadas, conocidas hasta la fecha en nuestro país, de tableros de juegos medievales tanto rupestres como realizados en sillares u otros bloques de piedra granítica.

Figura n.º 9. Tres en raya. Escaleras del depósito de aguas.

Figura n.º 9: Tres en raya en escalera trasera del depósito de aguas.

Figura n.º 10. Alquerque y mancala en C. Convento de las Jerónimas

Figura n.º 10: Alquerque y mancala en C./ Convento de las Jerónimas.

            A los 39 tableros, que hasta el momento han sido publicados, y que referenciamos en la tabla nº1, hay que añadir ahora otros diez ejemplares inéditos que damos a conocer.[22]

Tres en raya: pequeño bloque de granito reutilizado en el segundo peldaño (desde abajo) de las escaleras situadas en la calle trasera del depósito de aguas. No parece estar completo (está cubierto en parte por las juntas de cemento). Corresponde al tipo de tablero de 3 en raya más habitual. Medidas máximas visibles: 14 cm. × 12 cm. El trazo es grueso, con técnica piqueteada, (1 cm. de media) e irregular. Estado de conservación: malo.

Alquerque de nueve y mancala: grabados en un afloramiento granítico de la C./ Convento de las Jerónimas, frente a la casa-museo de los Pizarro. El alquerque presenta unas medidas de 16 cm. × 14 cm., de trazado fino de sección en V, de entre 0,3 cm.- 0,8 cm. de anchura. En el centro se dispone una cazoleta somera, ovoide, de 1,7 cm. de diámetro. Corresponde al tipo común de triple recinto. Estado de conservación: muy bueno. Por su parte la mancala corresponde al tipo A, sin depósitos laterales, de acuerdo a la tipología establecida por Cosín y García.[23] Está formada por dos líneas paralelas de cuatro cazoletas no equidistantes. La línea occidental está mejor conservada, distinguiéndose con dificultad algunas de las orientales. Dimensiones: 17 cm. × 12 cm. Diámetro cazoletas: 4,5 cm. – 2,9 cm. Se encuentra separada del alquerque unos 18 cm. Estado de conservación: Regular

Alquerque de nueve: situado en una pequeña lancha al pie de la muralla del flanco occidental del castillo, entre las torres albarranas. De forma cuadrangular (31 cm. × 33 cm.), el trazo piqueteado (entre 2 y 1.8 cm. de anchura) destaca por su irregularidad, de forma que algunas de las esquinas del alquerque son redondeadas e incluso tiene el lado oeste curvado. En el centro se sitúa una cazoleta de 3 cm. de diámetro. La erosión de la lancha sólo permite distinguir con claridad los dos recintos exteriores. Estado de conservación: Malo.

Mancala: en un sillar de la torre que flanquea la esquina noroeste del patio de San Pablo, en el alcázar trujillano. Para poder observarlo es preciso traspasar los restos de la Puerta del Norte y bajar unos 90 metros por el camino empedrado que bordea el castillo por la ladera del cerro. Se sitúa junto al esquinazo de la torre, en la hilada onceaba (contando desde arriba), en un sillar que destaca por un orificio rectangular para engarzar la tenaza que permitió elevarlo hasta su posición. Se trata de una mancala tipo A, con dos filas de cuatro cazoletas dispuestas actualmente en vertical. La altura a la que se sitúa impide tomar medidas exactas. Es visible cuando el sol incide lateralmente en la cara de la torre (según la estación mediodía o primera hora de la tarde). Estado de conservación: Bueno.

Alquerque de doce: situado en el palacio de Lorenzana, sede de la Real Academia de Extremadura, en el zaguán de entrada, frente a la puerta, en un banco corrido que rodea el recinto. El alquerque presenta forma cuadrangular (27 cm. × 29 cm.) y está realizado con trazo fino de 0,5 cm. de media. En el centro del alquerque, y marcando el cuadrado interior, se observan un total de cinco cazoletas poco profundas. Algunas de las líneas interiores se encuentran muy borradas. Estado de conservación: Regular.

 Figura n.º 11. Alquerque en el lateral oeste del castillo

Figura n.º 11: Alquerque en el lateral oeste del castillo.

Figura  n.º 12.  Mancala en torre

Figura n.º 12: Mancala en una torre del castillo.

Alquerque de nueve grabado en un mampuesto de granito reutilizado en la tapia trasera del Palacio de los Duques de San Carlos, al inicio de la C./ San José. Se sitúa a unos 2 metros de altura del suelo. Presenta la superficie bien alisada. Con posterioridad a su uso lúdico, la piedra ha sido recortada hasta darle forma rectangular (24 cm. × 57 cm.), de forma que parte del alquerque se ha perdido. La figura se ha realizado mediante el piqueteado, con un grosor en la línea de entre 1,4 cm. y 0,6 cm. El trazado de alguna de ellas no es regular y la ejecución es bastante tosca. En el centro se sitúa una cazoleta profunda de 3,5 cm. de diámetro. Estado de conservación: Regular.

Alquerque de doce grabado en un bloque reutilizado como peldaño en la escalera de acceso al piso superior del palacio de Santa Marta (actualmente hotel NH). Esta posición ha provocado el desgaste del grabado del que sólo se conserva algo más de la mitad. Sólo uno de los lados se observa completo, con 26 cm. de longitud por unos 17 cm de anchura máxima conservada. El trazo es inciso, profundo cuando se conserva, de 0,4 cm. de anchura media. Estado de conservación: Malo.

Alquerque de doce situado en la misma escalera que el anterior. En esta ocasión el alquerque se conserva entero y presenta la particularidad de que cada intersección está señalada con una pequeña cazoleta de entre 1 y 2 cm. de diámetro. Sigue, por lo tanto, el mismo diseño que el alquerque situado en el alzado de la pared del atrio de S. Martín, en la Plaza Mayor trujillana. El alquerque es cuadrangular de 22 cm. × 24 cm. La línea es incisa, muy desgastada, de 0,6 cm de anchura media. El peldaño está cubierto en parte por una lechada de mortero que dificulta el análisis del grabado. Estado de conservación: Regular.

Alquerque de doce situado en uno de los sillares del poyo semicircular que sirve de escalón de acceso a la casona solariega de los Sanabria-Bejarano, en la C./ Lanchuela. Se trata de un cuadrado de 24 cm. por cada lado, uno de los cuales no se ve de forma completa. Las líneas, incisas, de 0,4 cm. de anchura media, están muy borradas, de modo que algunas no se llegan a identificar. Estado de conservación: Malo.

 

Localización Soporte Tipo Número Referencia
Villeta del Azuquén. Rupestre. Alquerques de 9. 21 González Cordero, 1999-2000, p. 367.
Plaza de Toros

(en una escalera[24])

Sillar. Alquerque de 9. 1 González Cordero, 1999-2000, p. 369.
Casa Casco. Rupestre. Alquerque de 9. 1 González Cordero, 1999-2000, p. 369
Puerta de Santiago. Al pie de torre oeste, exterior. Rupestre. Alquerque de 9. 1 Hidalgo Cuñarro, blog. 14/4/2008.
Jardines del Castillo. Junto a puerta Palomitas. Bloque en escalera. Alquerque de 9. 1 Hidalgo Cuñarro, blog. 13/4/2008.
Cerca de Polo. Rupestres. Alquerque de 9. 3 Moreno, Pérez, Durán, Francisco, 2015.
C./Convento Jerónimas. Rupestre Alquerque de 9. 1 Inédito.
Castillo. Lateral Oeste. Rupestre Alquerque de 9. 1 Inédito.
C./ San José. Mampuesto Alquerque de 9. 1 Inédito.
         
Cerca de Polo. Rupestre. Tres en raya. 2 Moreno, Pérez, Durán, Francisco, 2015.
Escalera trasera Depósito. Mampuesto Tres en raya 1 Inédito.
         
Cerca de Polo. Rupestre. Mancala. 4 Moreno, Pérez, Durán, Francisco, 2015.
Castillo. Sillar. Mancala. 1 Inédito.
C./Convento Jerónimas. Rupestre. Mancala. 1 Inédito.
         
Pared de la terraza del atrio de San Martín. Sillar. Alquerque de 12. 1 Hidalgo Cuñarro, blog. 14/4/2008.
Posada 2 Orillas. Sillar. Alquerque de 12. 1 Hidalgo Cuñarro, blog. 14/4/2008.
Dependencias municipales. Procede de la muralla. Sillar. Alquerque de 12. 1 Hidalgo Cuñarro, blog. 13/4/2008.
Calabozos del palacio de la Conquista. Bloque. Alquerque. 1 Hidalgo Cuñarro, blog. 14/4/2008.
Palacio Lorenzana. Bloque. Alquerque de 12. 1 Inédito.
Palacio de Santa Marta. Bloque. Alquerque de 12. 2 Inédito.
Casa de los Sanabria-Bejarano. C. /Lanchuela. Sillar. Alquerque de 12. 1 Inédito.
Casa Casco. Rupestre. Damero. 1 González Cordero, 1999-2000, p. 369.

            Tabla n.º 1: Tableros de juego, publicados hasta el momento, en Trujillo(Cáceres).

Estos diez tableros de juego inéditos corresponden a los tipos medievales más comunes que, como vemos en la tabla, ya habían sido documentados con anterioridad en la ciudad de Trujillo o su término municipal. Entre ellos el alquerque de doce es el tablero con un diseño más complejo. Su origen no está del todo claro aunque sus primeras referencias documentales se sitúan en el s. XIII,[25] especialmente el Libro de los juegos del rey Alfonso X (1283). Para algunos investigadores el alquerque de doce habría dado lugar, a partir del s. XV, al juego de las damas. Este tablero toma forma de cuadrado dividido en secciones triangulares por 6 líneas perpendiculares y otras seis líneas diagonales, de modo que forman 25 intersecciones o casillas, 5 en cada lado del cuadrado. Cada jugador adquiere una mitad del tablero donde coloca sus 12 piezas, dejando la casilla central libre. En cada turno el jugador mueve su pieza siguiendo las líneas del alquerque, hasta situarla en una casilla vacía. Si para ello debe saltar una pieza del contrario, esta queda capturada. Si, por el contrario, en su turno no captura una pieza contraria disponible, es su oponente quien se la arrebata. Al final del juego gana quien se quede con mayor número de piezas.[26]

Otra modalidad que se puede practicar en el alquerque de doce es el juego conocido como “cercar la liebre”, también descrito en el libro de Alfonso X el Sabio. En esta modalidad el centro del alquerque es ocupado por una ficha, que es rodeada por doce (u once, o diez) del color contrario. Cada vez que la “liebre” salta por cima de una pieza del contrario se la arrebata, mientras que el adversario intenta encerrarla de forma que no tenga posibilidad de saltar más.[27]

En cuanto al alquerque de nueve (cada jugador dispone al inicio del juego de nueve fichas o trebejos) se trata de un tablero extraordinariamente frecuente y versátil, hallado en todo tipo de ambientes y soportes, debido a su amplísima cronología que abarca desde tiempos romanos hasta el siglo XVI. La figura clásica del alquerque de nueve se corresponde con tres cuadrados o rectángulos concéntricos (de ahí que habitualmente reciba el nombre de “triple recinto“) con una cazoleta central y dos líneas rectas que se cruzan perpendicularmente. Se puede jugar con o sin dado y el objetivo de la partida es colocar tres piezas en línea recta en una misma fila. Al inicio del juego cada jugador va colocando una pieza por turno y, cuando están todas colocadas, continúa moviéndolas hacia las intersecciones contiguas. Cuando un jugador hace tres en línea puede retirar una pieza del adversario. La partida termina cuando uno de los jugadores se encuentra con todas sus piezas bloqueadas o se queda con sólo dos (sin posibilidad, por tanto, de hacer un tres en línea).[28]

El tres en raya es el único de estos juegos que pervive en la Península en nuestros días y sus reglas apenas han variado. Ya se jugaba en tiempos romanos. El tipo de tablero más habitual se reconoce como un cuadrado con cuatro líneas rectas, dos perpendiculares y dos diagonales. Cada jugador posee tres fichas y el que inicia la partida debe colocar la primera en el centro del tablero. Gana el que consigue colocar tres fichas en raya.

Por último las mancalas son quizás el juego más desconocido en la Península, aunque posiblemente muchas de ellas hayan pasado desapercibidas al ser confundidas con otro tipo de manifestaciones rupestres. Se describen aquí por primera vez en el casco urbano de Trujillo, aunque no en su término municipal. Reciben este nombre los grupos de cazoletas (de cuatro a doce) dispuestas en dos líneas paralelas.[29] Se trata de un juego de gran antigüedad representado ya en el antiguo Egipto. A la Península habría llegado desde Oriente a través de la población islámica. En la actualidad el juego de la mancala (o awalé) sigue siendo muy popular en países musulmanes de Oriente Próximo y África. Cada jugador se hace con la fila de cazoletas situada frente a él y en cada una de ellas coloca cuatro o cinco fichas (granos, legumbres o piedrecitas). Por turno, cada jugador debe tomar los granos de una de sus cazoletas y los va sembrando, uno a uno, en el sentido acordado. Si el último grano cae en una cazoleta del adversario, el jugador se queda con todas las que hubiera. Si por el contrario el último grano cae en una cazoleta propia, se quedan en ella. Gana el jugador que finalmente adquiere la mayor parte de los granos.[30]

Figura n.º13. Alquerque del Palacio Lorenzana

Figura n.º 13: Alquerque del palacio de Lorenzana.

Figura  n.º 14. Alquerque en la C. S. José

Figura n.º 14: Alquerque en C./ San José.

 Los tiempos modernos.

  1. ¿Una alegoría de los Reyes Católicos?

Pequeño sillar de granito dispuesto en la jamba izquierda del portón de acceso principal a la casa de los Hinojosa Calderón (s. XV) en la C./ Naranjos. Medidas: 37 cm. × 53 cm. × 23 cm de canto. El grabado se realizó mediante una incisión profunda, de sección en V.

Refleja claramente un motivo arquitectónico, una puerta monumental de la muralla o de la alcazaba. Se trata de un airoso arco de medio punto realizado con dovelas de sillares, flanqueado por dos torres. La torre derecha presenta fábrica maciza (los sillares se delimitan mediante una cuadrícula poco realista) y en su base, erosionada, se adivina una letra X. Por su parte la torre izquierda, de mejor factura, muestra un vano esquemático, también de arco de medio punto, en cuyo centro se observan grabadas las letras SR. Ambas torres aparecen como desmochadas, con terminaciones redondeadas a modo de cúpula. En el centro de la puerta, inscritas en una circunferencia, se presentan las divisas de los Reyes Católicos, el conocido yugo y dos flechas dispuestas diagonalmente, como sostenidos por una línea de apoyo que se prolonga hasta la misma base del arco. Al menos la flecha izquierda conserva una ostentosa punta triangular, que sobrepasa los límites de la circunferencia, visiblemente desviada del eje del astil. En el lateral izquierdo del arco se observa la letra H. El borde del sillar está biselado, lo que afecta a la torre derecha (que es sensiblemente más estrecha). Además, la torre izquierda sobrepasa los límites del sillar, lo que nos indica que, o bien se trata de un elemento reutilizado o, quizás, dado el carácter popular de la representación, el ejecutor no tuvo en cuenta el tamaño del soporte al iniciar el grabado.

Tradicionalmente se atribuye la creación de la divisa del yugo entrelazado con las correas (o coyundas), propia del rey Fernando, al humanista Antonio de Nebrija inspirándose en el famoso nudo gordiano que cortó Alejandro Magno. En el caso del haz de flechas anudadas por un cordón, emblema de la reina Isabel, han suscitado menos interés aunque se han apuntado diversas hipótesis. Se ha dicho que simbolizan la unidad de los reinos,[31] o, por otro lado, el programa de hazañas políticas que la monarca pensaba llevar a cabo.[32] Es inusual que se representen sólo dos flechas, puesto que habitualmente solían ser cinco, siete o diez, apuntando hacia el suelo, abatidas.[33] Sin embargo, recientemente otros autores[34] han optado por una interpretación conjunta de ambos emblemas, yugos y flechas, llegando a la conclusión que simplemente representan la voluntad de rendir a los enemigos de los reyes bien por las armas (flechas) bien por la adhesión (yugo) Dejando de lado su profundo simbolismo, ambas divisas representaban un gesto de mutua galantería cortesana[35] puesto que los dos elementos se ajustaban a las iniciales de ambos monarcas (F, Y).

Los Reyes Católicos tuvieron una intensa relación con la ciudad de Trujillo y gran amistad con algunos de sus habitantes, especialmente con Luis Chaves el Viejo, en cuya casa fuerte los monarcas acordaron firmar, de allí en adelante, todos sus documentos con las rúbricas de ambos, dando lugar al famoso lema Tanto Monta Monta Tanto,[36] que suele acompañar a las flechas y al yugo. Por otro lado, los diversos intentos de señorialización de la ciudad de Trujillo a favor de los Condes de Plasencia desde 1465, contaron con una férrea oposición que provocó que el castillo fuera sede de rebeldes por más de diez años, hasta que, finalmente, fue tomado por los partidarios de la reina Isabel el 24 de junio de 1477. Pero, además, también en nuestra ciudad la reina Isabel firmó el tratado de Alcaçovas, que ponía fin al conflicto con el país vecino el 27 de septiembre de 1479. Como vemos, cualquiera de estos importantes acontecimientos, o quizás otro acaecido en la decena de ocasiones que los Reyes Católicos visitaron Trujillo, pudo haber dado lugar a la ejecución del grabado alegórico que transmitiría, según esta interpretación, la presencia y potestad de los monarcas en la ciudad trujillana.

Figura n.º15. Alegoría de los Reyes Católicos. 

    Figura n.º 15: Grabado del palacio Hinojosa-Calderón.

No obstante, es bien sabido que las divisas de los Reyes Católicos fueron reutilizadas durante el siglo XX por las JONS, la Falange y, posteriormente, por la dictadura franquista y, por ello, no podemos descartar que la ejecución del grabado fuera realizada en el último siglo como alegoría de estos movimientos. Pese a todo, debido a la pátina y a la erosión de la piedra, nos inclinamos por considerarlo como antiguo.

  1. A modo de conclusión.

Como habrá observado el lector, nuestro objetivo principal, a la hora de abordar esta comunicación, no era realizar un estudio pormenorizado de cada elemento presentado, sino simplemente darlo a conocer de forma general, a la espera de que cada uno de ellos reciba en un futuro la atención especializada que merece, por parte de prehistoriadores, epigrafistas, o medievalistas. No es esta una publicación pensada para el especialista sino para el público en general. En él pretendemos promover una nueva forma de visitar la villa de Trujillo, puesto que es posible recorrer sus calles, desprovistos de las prisas que habitualmente nos acompañan. Así detenidamente, deleitándonos con cada detalle, dejaremos hablar a las piedras que nos transmitirán sus historias desde pavimentos y paredes. Inscripciones, calvarios, rosáceas, cazoletas, bolas, cruces, tableros de juego… mil y una formas, que en Trujillo se antojan inagotables, sólo están esperando a ser descubiertas.

No queremos terminar sin agradecer profundamente a los propietarios y personal de los inmuebles, en los que se localizan algunos de los grabados, todas las facilidades mostradas para acceder a ellos.

Por último, no podemos dejar de llamar la atención sobre la fragilidad de estos elementos, que queda especialmente expuesta durante las obras de pavimentaciones, acondicionamientos, revestimientos u enfoscados de fachadas, apertura de caminos (en el caso de suelo rústico) u otras tantas actuaciones, habitualmente consideradas menores, que suelen llevarse a cabo en los conjuntos históricos. En ocasiones, y por desgracia, el daño que hacen estas actuaciones es irreparable y sólo se puede prevenir conociendo en profundidad el medio en el que se pretende intervenir.

 

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[1] González Cordero y Barroso Bermejo, 1996-2003, p. 92.

[2] González Cordero y Barroso Bermejo, 1996-2003 , p. 86.

[3] Rubio Andrada, M., 2001 y 2001b.

[4] González Cordero y Barroso Bermejo, 1996-2003 , p. 97.

[5] González Cordero y Barroso Bermejo, 1996-2003 , p. 97.

[6] Martín Bravo, A.M., 1999, p. 252.

[7] En los pulvinos lusitanos son frecuentes las representaciones de objetos litúrgicos en el alargamiento lateral: páteras, urceus, lituus etc…

[8] Gimeno, H., Stylow, U., 1993, p. 135; Beltrán Fortes, J., Baena del Alcázar, L, 1996, p.116; Beltrán Fortes, J., 2004, p. 115.

[9] Esteban Ortega, E., Salas Martín, J., 2003,p. 51.

[10] Sánchez Albalá, J.I.; Vinagre Nevado, D., 1997, p. 108.

[11] Beltrán Fortes, J., Baena del Alcázar, L., 1996, p.113.

[12] Agradecemos la ayuda prestada en la lectura del antropónimo al profesor Joaquín L. Gómez-Pantoja.

[13] 124 en el Corpus de inscripciones latinas de Cáceres. II Turgalium (Esteban Ortega, 2012, pp. 221-286)

[14] Debemos agradecer de nuevo su ayuda al profesor Joaquín L. Gómez-Pantoja.

[15] Sánchez Albalá, J.I.; Vinagre Nevado, D., 1997, p. 54, p. 64 y p. 82.

[16] Esteban Ortega, 2012, p. 234.

[17] Abascal , J.M., Cebrián, R., 2009, p. 328; Esteban Ortega, 2012, p. 260.

[18] Esteban Ortega, 2012, p. 241.

[19] Hidalgo Cuñarro, blog. 4/3/2008.

[20] Bendala Galán, M., 1973, p. 265.

[21] Mateos Cruz, P., 1990, p. 216.

[22] Sea un total de 48 tableros de juegos. La cifra no es definitiva, sin ir más lejos tenemos noticias de un nuevo alquerque y mancala situados juntos en el palacio de las Viñas, junto al Castillo, que no hemos podido documentar.

[23] Cosín Corral, García Aparicio, 1998.

[24] Agradecemos la referencia de su situación a Vicente Pastor.

[25] Westerveld, G. 2014 pp.132-133.

[26] Cosín Corral, García Aparicio, 1998, p. 42.

[27] Fernández Pérez, Gavilanes Ruano, Gil Herrero, Gil Moro, 2012

[28] Cosín Corral, García Aparicio, 1998, p. 42.

[29] No se deben confundir con las tabulae lusoriae de cazoletas de época romana. Bendala Galán, M, 1973, p.267.

[30] Cosín Corral, García Aparicio, 1998, p. 42.

[31] López Poza, S., 2012, p. 12.

[32] Ortega Lamadrid, P., 1951, p. 113.

[33] Narganes Quijano, F., 2008, p. 17.

[34] López Poza, S., 2012, p. 13.

[35] López Poza, S., 2012, p. 3-7.

[36] Ramos Rubio, J.A. Los Reyes Católicos.