Oct 312018
 

Manuel García Cienfuegos.

Cronista Oficial de Montijo y Lobón.

Resumen.

El estudio de la ponencia que presento en esta edición de los Coloquios Históricos de Extremadura tiene como temática la epidemia de la gripe española que tiñó de luto nuestros pueblos y ciudades, al cumplirse este año el centenario de la propagación de la misma. En “La epidemia de la gripe española (año 1918) en Montijo, Puebla de la Calzada y Lobón”, se focaliza y analiza las consecuencias que ésta tuvo sobre tres poblaciones de la comarca de las Vegas Bajas del Guadiana, en la provincia de Badajoz.

Para ello he realizado recuentos sobre 2.200 partidas de defunciones en el período 1916-1920. Estudiando 622 de ellas, pertenecientes a 1918, año de mayor penetración de la epidemia. Así mismo he practicado recuentos sobre 505 partidas de bautismos con la finalidad de estudiar el crecimiento vegetativo, utilizando en el vaciado documental fuentes civiles y eclesiásticas.

La gripe española se cebó especialmente con la población joven, entre 16 a 40 años, falleciendo en este segmento de edad prácticamente la mitad de los afectados, teniendo en los meses de octubre y noviembre los de mayor frecuencia de óbitos inscritos.

El estudio analiza las condiciones higiénicas en las que vivía la población. Las Tasas Brutas de Mortalidad (TBM), Mortalidad Específica (TME) y Crecimiento Vegetativo (TCV), la edad de los finados, en la que se refleja una elevada mortandad en los párvulos. Las zonas más afectadas por la epidemia en la población, los funerales, los acuerdos municipales que se tomaron desde las Juntas de Sanidad y Beneficencia, entre las que destaca la urgencia en la construcción de nuevas sepulturas en los cementerios. Siendo estudiada, en un apartado especial, la causa de la muerte en adultos y párvulos.

El contexto social en el que se desarrolló la epidemia de la gripe se ve inserto en la I Guerra Mundial (1914-1918) que, a pesar de la neutralidad española, ocasionó una fuerte inflación, erosionando el poder adquisitivo de los salarios, junto a la falta de trabajo, creando un malestar social de por sí ya intenso en nuestros pueblos. Tiempos en los que tomaron protagonismo el asociacionismo, las reivindicaciones y la lucha colectiva como una vía de actuación pública en defensa de los intereses de la clase obrera.

 

INTRODUCCIÓN

 

La gripe es una enfermedad aguda muy contagiosa que se propaga rápidamente, produciendo serios problemas en términos de morbilidad y mortalidad que ha afectado al hombre a lo largo de la historia[1]. Descrita por Hipócrates en el año 412 antes de Cristo, encontramos explicaciones sobre catarros epidémicos unidos a épocas estacionarias, las cuales posiblemente sean episodios de lo que hoy conocemos como gripe.

España sufrió epidemias en 1833 y 1834, en 1854, 1865 y 1885, convirtiéndose en el gran asesino de la población española, pues se calcula en cerca de 800.000 las víctimas causadas por la cadena de epidemias de cólera sufridas a lo largo del siglo XIX[2]. Una vez más, el clasismo era uno de los criterios de expansión de la enfermedad. Ya lo había sido con la tuberculosis que afectaba menos a los bien alimentados y a los que vivían en mejores condiciones; con la fiebre amarilla pasaba lo mismo, pues quien podía alejarse de la costa e ir a vivir al interior también se libraba de ella. En el caso del cólera, los barrios que disponían de una mejor red de aguas y cuya densidad de usuarios, era menor, tenía menor incidencia de afectados[3].

La gripe española provocó un número inusual de muertes debido probablemente a que causaba una tormenta de citoquinas en el cuerpo. El virus H1N1 de la gripe española infectaba las células pulmonares, lo que provocaba una sobreestimulación del sistema inmune a través de la liberación de citoquinas en el tejido pulmonar. Esto conducía a una amplia migración de leucocitos hacia los pulmones que causaba la destrucción de los tejidos pulmonares y la secreción de líquido dentro del órgano[4].

 

1.- LA GRIPE ESPAÑOLA

Algunos autores sugieren que la Peste de Atenas, narrada por Tucídides[5], podría corresponder a una epidemia de gripe. En el siglo XIV, esta enfermedad, comienza a ser denominada en Florencia como ‘influenza’ (di freddo, influencia del frío, di stelle, influencia de las estrellas), en Francia, posteriormente, fue denominada ‘grippe’, término del que se traduce al español: atrapar, agarrar. En Alemania se le conoce como grupen, que significa temblar de frío. La enfermedad se puede manifestar de diversas formas: esporádica, epidémica y pandémica. A lo largo del siglo XX, cuatro pandemias de gripe[6] causaron la muerte de un importante número de personas.

La epidemia más grave del siglo XX, la gripe, se propagó con rapidez ante la inoperancia gubernamental para atajar aquel azote. Aquella plaga, que se desencadenó en la primavera de 1918, llevó a la tumba a cerca de 40 millones de personas[7]. En España, sus repercusiones fueron espantosas: murieron 300.000 personas a pesar de que las cifras oficiales redujeron las víctimas a sólo 147.114. Pero el país más castigado fue la India, donde fallecieron 15 millones de los afectados por la epidemia, alcanzando la mortalidad, en ciertas zonas, al 20% de la población.

En la virulencia de la epidemia gripal de 1918 se aunaron varios factores que provocaron más del doble de víctimas que la Gran Guerra. En primer lugar, la específica mutación del virus gripal de ese año. Existe la teoría de que fue el resultado de una recombinación genética entre un virus animal, concretamente la gripe porcina, y otro humano, ante la cual la memoria inmunológica de la humanidad era inexistente.

Aparte de las complicaciones pulmonares conocidas, esta gripe afectaba especialmente al sistema neurológico, provocando la llamada encefalitis de Von Economo, (encefalitis letárgica o epidémica)[8], la Gran Guerra fue decisiva para su expansión. Los primeros casos aparecieron en Kansas, el 4 de marzo de 1918, entre soldados del ejército norteamericano que esperaban acuartelados su traslado a Europa. Es curioso que, a pesar de este claro origen norteamericano -en EE.UU. causó unas 600.000 muertes-, la enfermedad fuese conocida como gripe española[9].

El hecho de que la epidemia de 1918 siga conociéndose como gripe española se debe a que los periódicos europeos no incluían ninguna noticia sobre la enfermedad para no sembrar la alarma entre las tropas entonces inmersas en la I Guerra Mundial[10], donde imperaba la censura. Los periódicos de España, al margen de la contienda, sí daban cuenta de la epidemia. Por eso las referencias que se tienen procedían de fuentes españolas.

 

2.- TRES ETAPAS

La gripe en España tuvo tres etapas: en la primavera de 1918 (pandemia normal), el otoño del mismo año (pandemia asesina) y primavera de 1919 con una disminución de los efectos negativos. El comienzo de la pandemia se produjo en el frente occidental y se ocultó para mantener la moral de los ejércitos. En esa misma época habían aparecido gripes de alta virulencia en África Occidental (Sierra Leona) y en China, y fueron posiblemente trabajadores chinos quienes la exportaron a Estados Unidos y de ahí por medio de los soldados americanos a Europa a través de Francia durante la guerra.

Una vez en Francia, la expansión mundial de la gripe fue muy sencilla. Los transportes masivos exigidos por la guerra estimularon el tránsito de hombres y mercancías, con lo que barcos y ferrocarriles se convirtieron en vías de transmisión. Ello hizo que, rápidamente, se extendiese por los países neutrales. Si a ello se añaden los graves problemas alimenticios que sufrían, gran parte de las poblaciones y las limitaciones que aún tenía la medicina, se comprenderá la gravedad de la epidemia[11].

 

3.- PRIMERA OLEADA. CONTEXTO SOCIAL

La primera oleada de la gripe llegó a España en mayo de 1918, en los trenes que transportaban obreros españoles y portugueses de regreso de Francia, afectando sobre todo a Extremadura, Madrid, Andalucía y puntos de Castilla León[12].

En Madrid coincidió con las fiestas de San Isidro cuyos festejos, con gran participación popular, favorecieron el contagio. Los cuarteles con su hacinamiento y sus deficientes condiciones higiénicas se convirtieron en los focos más virulentos.

Aquel 1918 fue el primer año del llamado, por su efervescencia social, trienio bolchevique. Inflación, escasez de carbón, alimentos y medicamentos provocaron gran malestar social, plasmado en cientos de huelgas. El campo sufría aún más esta situación, lo que suscitó una masiva emigración hacia las ciudades, contribuyendo al contagio.

La neutralidad de España en la I Guerra Mundial produjo, de una parte, un excepcional boom económico a ciertas economías (vasca, asturiana y catalana), pero sumió, a la economía española en un círculo inflacionista sin precedentes en su historia.

Los precios de los productos de primera necesidad se duplicaron entre 1914 y 1919, beneficiando a las clases más pudientes y grandes propietarios, provocando el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores quedando reflejada esta grave situación en la oleada de reivindicaciones huelguísticas que estalló a partir de 1914. En ese año hubo 212 huelgas, 463 en 1918 y 1.060 en 1920, la unidad moral y social del país sufrió un deterioro muy grave[13].

A partir de 1917 el panorama obrero y campesino cambió de forma notable, comenzaron a surgir asociaciones, círculos y agrupaciones socialistas, con una inspiración cada vez más radicalmente marxista y revolucionaria[14]. En Montijo, en 1918, se fundó en la Casa del Pueblo[15] la Agrupación Socialista. Su reglamento fue redactado por Sebastián Gabardino, Francisco Zambrano y Pablo Martín[16]. En Puebla de la Calzada se crearon la sociedad Unión Obrera que años más tarde pasó a llamarse La Defensora del Derecho, con sede en la Casa del Pueblo, en la calle Nueva, y el Sindicato Agrícola[17].

Fueron tiempos de fuertes tensiones sociales con manifestaciones y huelgas, en las que la clase trabajadora pedía reducir la jornada laboral y mejoras salariales. Lobón contó con el Círculo de Unión Obrera, que en 1920 se transformó en la Casa del Pueblo, sede de la UGT y de la Agrupación Socialista[18], y el Sindicato Católico Agrario.

A mediados de año se desata en Lobón, al igual que en otros pueblos de la comarca y de Extremadura, el conflicto con los segadores portugueses que llegan para trabajar en la recolección. El alcalde, Joaquín Chorot de Coca[19], manifiesta en el pleno del 18 de junio “algunos obreros han pretendido que no se dejara entrar en el pueblo ni en el término a los portugueses para segar, por el perjuicio que habían de proporcionar a los obreros del pueblo y quizás a la salud pública”. Expresando “que su pretensión no podía ser atendida, pero les prometí reconocer las cartas de sanidad que tuviese y si alguno no la tenía ordenar su expulsión”. El alcalde, ante algunos rumores en contra de los obreros portugueses, dirigió un oficio al Gobernador pidiéndole fuerza de la Guardia Civil en prevención de alteración del orden público, llegando a Lobón una pareja que fue enviada por el teniente de línea del puesto de Montijo[20].

En el campo político la crisis de los grandes partidos era cada vez mayor, tanto que Alfonso XIII amenazaba con abdicar y la sombra de un golpe militar era cada vez más afilada. El ambiente político y social se había deteriorado y la violencia en las calles era constante. El otoño comenzó con una larga huelga de panaderos, a la que siguió la de cocheros y la de carteros. El medio millón de españoles que regresaban de la vendimia francesa y los soldados portugueses repatriados tras la guerra se encargaron de extender la enfermedad por las estaciones del ferrocarril[21]. Por este motivo, la propagación de la enfermedad se vio favorecida por factores propios e inherentes al conflicto como fueron el hacinamiento, la desnutrición, la falta de higiene, la falta de medicinas, las migraciones, los desplazamientos masivos de personas, etc.[22].

 

4.- SEGUNDA OLEADA

Al igual que en primavera, el Gobierno trató de ganar tiempo; tranquilizaba a la población negando la epidemia o subestimándola, esperando que desapareciese por sí sola. Por ello, hasta el 27 de septiembre, nadie se atrevió a decretar oficialmente el estado de epidemia. En cientos de pequeños pueblos los enfermos se quedaron sin asistencia por muerte o huida de los médicos. Familias enteras enfermaron sin que nadie les atendiera o alimentara. En el mundo rural, donde el atraso, la pobreza y la malnutrición eran factores crónicos, la gripe causó importantes estragos.

Cuando el 23 de noviembre se pudo, por fin, debatir el tema en las Cortes, los diputados socialistas Besteiro y Largo Caballero denunciaron el atraso de la asistencia médica, así como las nefastas condiciones de vida de la población que había contribuido a la mortandad. Maura pagó parte de la factura de la gripe y, a principios de ese mes había abandonado el poder[23].

 

5.- LA GRIPE EN EXTREMADURA

La causa de la muerte en la Extremadura de la Restauración continuó siendo obviamente diversa, pero en buena parte mantenía una estrecha dependencia de las ancestrales situaciones de desnutrición y miseria, siendo presa fácil tanto de los brotes epidémicos, como de cualquier otra enfermedad infectocontagiosa. A finales del siglo XIX tuvieron lugar las dos últimas invasiones coléricas. La de 1885 en Extremadura, según las estadísticas oficiales, fue muy exigua. La epidemia del cólera en 1890 fue aún mucho más débil y tuvo en Llerena, donde se produjeron algunos fallecimientos, uno de sus focos más importantes. Si el cólera dejó de significar en esta etapa el factor de muerte que había sido en la época de Isabel II, otras enfermedades protagonizaron la mortalidad catastrófica, bien entrado ya el siglo XX. Entre ellas hay que destacar la gripe. La epidemia gripal de 1918 tuvo funestas consecuencias demográficas, causando una fuerte elevación de las tasas de mortalidad.

El quinquenio 1916-1920 supuso una parada en la tendencia decreciente que afectó a la serie. Mientras en los otros cuatro años de ese lustro la media de fallecimientos en Extremadura fue de 26.800, en 1918 hubo 38.132. Teniendo en cuenta el número de fallecimientos que por término medio en un año normal producía la gripe, podemos calcular en unas 12.000 las víctimas que originó la epidemia en la región en los últimos meses de 1918. Aproximadamente uno de cada cien extremeños falleció a consecuencia de la gripe ese año[24].

La pirámide poblacional de la provincia de Badajoz sufrió la entalladura correspondiente a la mortalidad de 1918 ocasionada por la gripe, especialmente acusada en la capital, junto a una elevada mortalidad infantil[25]. Es la crónica del diario independiente Correo de la Mañana, que se editaba en Badajoz, la que informa el 1/X/1918 que “de varios pueblos de la provincia se reciben noticias de haberse extendido rápidamente la epidemia de la gripe”[26].

Las causas habituales de la muerte que afectaban duramente a la población extremeña para el período estudiado eran y por orden cuantitativo: Enteritis, tuberculosis, paludismo, fiebres tifoideas, viruela, sarampión, difteria, tifus… Las crisis agrarias y de subsistencias agravaban los crónicos estados de desnutrición de las clases más desfavorecidas por la falta de trabajo[27].

Más que la inanición como causa directa de la muerte, la repercusión demográfica más trascendental era el debilitamiento general de los organismos que quedaban con menos defensas y fácilmente expuestos a los efectos letales de los agentes patógenos. En este estado, el movimiento obrero y campesino extremeño conoció una expansión sin precedentes. En ambas provincias se alcanzó un importante grado de movilización que afectó a los trabajadores de todos los sectores productivos. Las causas de la expansión de asociaciones obreras son múltiples.

Junto al ambiente de crisis generalizada de todo el sistema político-social, característico de aquellos años, hay que situar en primer plano los efectos y las repercusiones de la I Guerra Mundial en España, a pesar de su neutralidad, como anteriormente indicamos. La inflación galopante erosionó el poder adquisitivo de los salarios, lo que incrementó un malestar social de por sí ya intenso en la región[28].

La acción colectiva apareció como una vía de actuación pública muy operativa para defender los intereses de la clase trabajadora, frente al latifundismo, rentistas y oligarcas. Se puede decir que se desató una verdadera fiebre de asociacionismo que afectó a todos los estamentos de la comunidad[29].

 

6.- LA GRIPE EN MONTIJO

Para estudiar la repercusión que la gripe tuvo en Montijo se ha consultado para la elaboración y cuantificación de los datos, el archivo de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, utilizando para ello los Libros de Defunciones números XI (1907-1917) y XII (1917-1926).

Durante el quinquenio 1916-1920 se producen en Montijo 1.137 fallecimientos, correspondiendo a los adultos 659 (57,9%) y a los párvulos[30] 478 (42,1%). La tabla nos informa de la distribución por años.

 

Año Adultos Párvulos Total %
1916 103 91 194 17,07
1917 132 96 228 20,05
1918 206 130 336 29,56
1919 115 72 187 16,45
1920 104 88 192 16,87
TOTAL 659 478 1.137 100,00

 

La mayor cuantía de fallecimientos se concentra en el año 1918, con 336, perteneciendo 171 a los hombres (50,8%) y 165 (49,1%) a las mujeres. Vemos ahora cómo estos 336 fallecimientos se distribuyen por meses, obteniendo que durante octubre y noviembre se registran un total de 82 y 78 defunciones respectivamente, prácticamente la mitad de los óbitos producidos de la totalidad del año.

 

Meses Adultos Párvulos Total %
Enero 11 7 18 5,36
Febrero 10 5 15 4,46
Marzo 7 4 11 3,27
Abril 8 5 13 3,87
Mayo 8 4 12 3,57
Junio 7 11 18 5,36
Julio 11 12 23 6,85
Agosto 9 16 25 7,44
Septiembre 10 14 24 7,14
Octubre 60 22 82 24,40
Noviembre 55 23 78 23,22
Diciembre 10 7 17 5,06
TOTAL 206 130 336 100,00

 

La causa de esta elevada mortandad para octubre y noviembre está representada en la gripe, a causa de ella hay registrados 82 fallecimientos[31], significando el 24,4% del total de los fallecidos del año, correspondiendo 66 defunciones a los adultos y 16 a los párvulos. En el siguiente cuadro reflejo la comparativa entre la mortandad total y la tipificada por causa de la gripe.

 

Mes Fallecidos Fallecidos por gripe %
Octubre 82 34 41,46
Noviembre 78 47 60,25
Diciembre 17 1 1,22
TOTAL 177 82 46,32

 

De los 177 fallecimientos que se registran para los meses de octubre-diciembre de 1918 en Montijo, 82 son debidos a causa de la gripe, el 46,3% del total de los registros. El resto de los fallecidos se reparten entre las enfermedades del aparato digestivo (gastroenteritis, enteritis y enterocolitis), aparato respiratorio (tuberculosis, pulmonía, bronquitis, asma y catarro), otras infecciones (fiebres infecciosas, meningitis, gangrena y paludismo), enfermedades cardiovasculares y desgaste orgánico.

La gripe hizo su aparición en Montijo el 15 de octubre de 1918 con la muerte de una mujer, María Campos Cerezo, casada con Alonso Cerezo Pajuelo, de 40 años, hija de Telésforo y Bernarda, viviendo en la calle Méndez Núñez[32]; al día siguiente está en la calle Alameda, cuatro días después llega a la calle Senador Piñero, Puerta del Sol, Huertas, San Gregorio, Arriba, Badajoz, Mártires, Hernán Cortés, López de Ayala, Carrera, Plaza de Jesús, Moreno Nieto… En poco menos de doce días la gripe estaba extendida prácticamente por todo el casco urbano.

El anotador parroquial, Juan Pérez Amaya, párroco de San Pedro Apóstol, al registrar los fallecimientos a causa de la gripe y siguiendo los partes de los facultativos, emplea la siguiente terminología: gripe, bronconeumonía gripal, fiebre gripal, infección gripal, pulmonía gripal, neumonía gripal, bronquitis gripal, edema pulmonar gripal, pleuritis purulenta gripal.

La zona oeste del casco urbano de Montijo fue la más castigada por la gripe ya que en ella se producen 33 fallecimientos (40,2%) registrados en las calles Conde, Cervantes, Plazuela de Jesús, Piñuela, Badajoz, Valle, Mártires, Huertas, Espronceda, Muñoz Torrero y Bailén. Mientras que la zona este de Montijo, calles de San Gregorio, Arriba, Nueva, Puerta del Sol, Moreno Nieto y Méndez Núñez, hay 21 fallecidos (25,6%). En ambas zonas es donde se distribuían las clases populares, en las que vivían jornaleros y braceros[33].

Esta distribución por áreas geográficas del casco urbano tiene también un reflejo similar con los enterramientos denominados de caridad, produciéndose dieciocho a lo largo del año[34], correspondiendo, once a los párvulos y siete para los adultos, repartidos por las calles Conde, Mártires y Huertas con tres entierros en cada una de ellas; dos para Moreno Nieto y San Gregorio y uno para Bailén, Valle, Piñuela, Hernán Cortés y San Antonio.

 

7.- ESTADO HIGIÉNICO-SANITARIO

La situación higiénico-sanitaria fue determinante, en buen grado, para la aparición de condicionantes en el desarrollo de enfermedades y epidemias. Muchas zonas de la población servían de basureros y vertederos, apenas existía red de saneamiento, las calles poco empedradas y sucias por los excrementos de los animales y las inmundicias que sobre ellas se arrojaban eran verdaderos focos de infección muy perjudiciales para la salud pública.

El agua empleada para la higiene y el consumo provocaba la extensión de enfermedades que encontraba en ella una importante vía de difusión al surtirse el vecindario de aguas insalubres. En las casas, algunas habitaciones no tenían ventilación directa, solían vivir dos y tres familias en la misma casa, causando un problema de hacinamiento. Muchas viviendas contaban en sus corrales con graneros y pajares, alojándose los animales que se utilizaban en las labores agrícolas, aves de corral y cerdos, conviviendo así el hombre con éstos, siendo muy frecuentes los estercoleros. Otra incidencia negativa eran las aguas estancadas que proliferaban por la población.

Los productos habituales de consumo no aportaban todos los componentes que el cuerpo humano necesitaba. La dieta alimenticia era desequilibrada, de mala calidad, generalmente escasa, y ocasionalmente inexistente, perjudicando a los mecanismos de defensa del cuerpo. Junto a ello, los enfermos no encontraban en la asistencia médica la solución a sus males.

El atraso en el que estaba inmersa la medicina de la época y el escaso número de profesionales que la ejercían eran las causas de esta situación. Téngase presente que la penicilina no fue descubierta por el escocés Fleming hasta el año 1928, pero su utilización terapéutica no se inició hasta el año 1943[35]. Cualquier infección hacia verdaderos estragos en los pacientes.

El aumento de la esperanza de vida ha sido el resultado, en primer lugar, de un decrecimiento de la mortalidad infantil, que a su vez está relacionada con el nivel de pobreza, la higiene, la disponibilidad de una alimentación adecuada y muchos otros factores sociales, económicos y culturales[36].

En cuanto al desarrollo de la higiene, las medidas más importantes relacionadas a la disminución de la enfermedad, como son: la ventilación de las habitaciones, el lavado del cuerpo y de la ropa, la higiene de los alimentos, alcantarillado, pavimentación y la disposición de los cementerios, entre otras. Enfermedades como el cólera, el sarampión, la viruela, la tuberculosis, la fiebre tifoidea… eran una amenaza constante para la población[37].

En Montijo ejercían la medicina los facultativos Esteban Amaya Moro y Manuel Zúñiga. Las medicinas que prescribían se expendían en las farmacias de Francisco Alonso Llinas y Juan Camacho Pichardo[38]. Entre la diversidad terapéutica empleada para cortar la gripe destacaron las sales de quinina, opio y sus derivados, yodo y yoduros, digital y sus derivados, acetato y carbonato amónicos, antipirina, aspirina, entorina, piramidón, esparteína y sus sales, cafeína y sus sales, estricnina y sus sales, adrenalina, colesterina, benzoato sódico, alcanfor, salicilato sódico, novocaína, desinfectantes y sueros[39].

El Correo de la Mañana, diario pacense, informa que se aplicaba para los más necesitados: leche condensada, caldos, cloruro, quinina, junto con calderas de agua hirviendo para desinfectar ropas y enseres[40].

Mucho y bueno fue lo que ayudaron las instituciones de la Iglesia como la Conferencia de San Vicente de Paúl, que regentaba el Hospital Municipal, junto con los desvelos que pusieron en ayudar a las clases más desfavorecidas los párrocos de Montijo, Puebla de la Calzada y Lobón, Juan Pérez Amaya, Constantino Lázaro y Álvaro Martín Núñez. El obispo de Badajoz, Adolfo Pérez Muñoz[41], concedió, a varias poblaciones, donativos destinados a las clases más desfavorecidas[42]. Asimismo, el prelado pacense publicó una pastoral elogiando el comportamiento del clero durante la epidemia de gripe, en la que hizo constar el fallecimiento de veintiún sacerdotes a consecuencia del contagio[43].

 

8.- LA GRIPE EN PUEBLA DE LA CALZADA

En la cercana villa de Puebla de la Calzada se inscriben durante 1912-1918 un total de 857 actas de defunciones. 470 adultos (54,84%) y 387 párvulos (45,16%)[44]. La siguiente tabla informa de la distribución de las defunciones por años.

 

Año Adultos Párvulos Total %
1912 49 41 90 10,50
1913 55 52 107 12,48
1914 38 61 99 11,55
1915 55 37 92 10,73
1916 62 51 113 13,18
1917 69 58 127 14,82
1918 142 87 229 26,73
TOTAL 470 387 857 100,00

 

La mayor cuantía de fallecimientos se concentra en el año 1918, con 229, perteneciendo 125 a los hombres (54,59) y 104 (45,41%) a las mujeres. Vemos ahora cómo estos 229 fallecimientos se distribuyen por meses, obteniendo que durante octubre y noviembre se registran un total de 70 y 48 defunciones respectivamente, la mitad de los óbitos producidos de la totalidad del año.

 

Meses Adultos Párvulos Total %
Enero 10 3 13 5,68
Febrero 4 2 6 2,62
Marzo 1 1 2 0,87
Abril 1 7 8 3,49
Mayo 1 17 18 7,87
Junio 8 8 16 6,98
Julio 7 9 16 6,98
Agosto 4 6 10 4,36
Septiembre 7 3 10 4,36
Octubre 53 17 70 30,58
Noviembre 41 7 48 20,97
Diciembre 5 7 12 5,24
TOTAL 142 87 229 100,00

 

La causa de esta elevada mortandad para octubre y noviembre está representada en la gripe, a causa de ella hay registrados 80 fallecimientos, significando el 34,94% del total de los fallecidos del año, correspondiendo 71 defunciones a los adultos (88,75%) y 9 a los párvulos (11,25%). En el siguiente cuadro se refleja la comparativa entre la mortandad total y la tipificada por causa de la gripe.

 

Mes Fallecidos Fallecidos por gripe %
Julio 16 1 6,25
Agosto 10 1 10,00
Octubre 70 43 61,42
Noviembre 48 33 68,75
Diciembre 12 2 16,66
TOTAL 156 80 51,28

 

La llegada de la gripe a Puebla de la Calzada se produce de manera incipiente en el verano, el 14 de julio[45] y 27 de agosto[46], para llegar con gran intensidad en los meses de octubre y noviembre, con porcentajes superiores al sesenta por ciento de los óbitos inscritos[47]. Los días 28 y 29 de octubre fueron los de mayor virulencia, registrándose siete y ocho fallecidos por gripe. En similitud con los datos de Puebla se encuentra la ciudad de Zafra pues el mayor registro de muertes por gripe se inscribe en octubre, llegando a darse cinco fallecidos por día[48].

Si comparamos los datos de los óbitos producidos en Puebla de la Calzada con los registrados en Montijo la conclusión es esclarecedora en tanto que la Tasa Bruta de Mortalidad[49] es de 35,36 ‰ para Montijo, 49,78 ‰ para Puebla de la Calzada y 51,81 ‰. para Lobón. Montijo duplica en población a Puebla de la Calzada y los fallecidos por gripe registran un total de 82 y 80 casos respectivamente. En este sentido, la Tasa de Mortalidad Específica[50] (TME) reafirma aún más el análisis de las cifras ya que Montijo presenta una TME del 8,63 ‰, Puebla de la Calzada registra una TME del 17,39 ‰ y Lobón del 3,63‰; este último dato nos dice el bajo índice de la TME, al registrase solamente cuatro casos de gripe en los fallecidos.

Si equiparamos estos datos con los de la población de Los Santos de Maimona, en el que la pandemia de la gripe de 1918 se hizo notar, ésta presenta una TBM del 31 por mil, con una TME del 7 por mil[51], tasas muy por debajo de las que se producen en Montijo. Con los datos obtenidos sobre las tres poblaciones estudiadas en el año de la gripe ha sido elaborada la siguiente tabla.

 

Concepto Montijo Puebla Lobón
Núm. habitantes 9.500 4.600 1.100
Núm. fallecidos 336 229 57
Fallecidos por gripe 82 80 4
TBM 35,36 49,78 51,81
TME 8,63 17,39 3,63

 

El anotador parroquial de Puebla de la Calzada, Constantino Lázaro, cuando inscribe las 229 actas de defunción[52], detalla los funerales que se le hacen al difunto que iban desde los considerados de primera clase hasta los de caridad. Se registran 14 funerales de primera, segunda y tercera; 191 de cuarta y quinta, y 24 de caridad. Percibiéndose por las cifras anterior reseñadas las desigualdades sociales de la época.

La gripe española se cebó especialmente con la población joven, de entre 11 a 40 años, falleciendo más de la mitad de los afectados por esta epidemia. El cuadro que a continuación se inserta asevera esta información.

 

EDAD MONTIJO PUEBLA LOBÓN TOTAL %
0-7 15 8 1 24 14,46
8-10 1 3 4 2,41
11-15 5 5 10 6,02
16-20 7 7 14 8,43
21-30 14 17 1 32 19,28
31-40 18 19 1 38 22,90
41-50 9 8 1 18 10,84
51-60 5 8 13 7,83
61-70 6 2 8 4,82
71-80 2 2 4 2,41
81-90 1 1 0,60
TOTAL 82 80 4 166 100,00

 

9.- LA GRIPE EN LOBÓN

La Corporación Municipal, en el final del verano, adopta dos acuerdos; el primero ordenando la vigilancia en las eras para impedir que se hiciesen extracciones de grano, especialmente de trigo. El otro acuerdo preveía que antes de que comenzasen las lluvias y los plazos de la siembra, se procediera al empedrado de las calles, comenzando por la calle Madrid, calle principal que atraviesa el casco urbano, que estaba en muy mal estado[53]. Un recuento por las actas del Registro Civil de Lobón nos ofrece el número de inscripciones por fallecimientos que se producen en el quinquenio 1916-1920[54].

 

Año Adultos Párvulos Total %
1916 18 18 36 17,48
1917 25 22 47 22,81
1918 27 30 57 27,67
1919 18 11 29 14,08
1920 18 19 37 17,96
TOTAL 106 100 206 100,00

 

Las cifras reflejan una mayor frecuencia en la mortalidad para el año 1918. Así mismo queda reflejada la aproximación entre el número de adultos y párvulos fallecidos. El 51,45% para los primeros y el 48,55%. En este sentido las cifras de Montijo son del 57,05% para los adultos y 42,05 en los párvulos. Para Puebla de la Calzada los adultos representan el 54,84% y los párvulos el 45,16%.

En 1918 el libro de defunciones de la iglesia parroquial de Lobón registra 57 fallecidos (27 adultos y 30 párvulos). En el vaciado documental de las partidas inscritas solamente se han localizado tres casos cuya causa de la muerte es bronconeumonía gripal. Tres defunciones que se producen en un mismo día, el 25 de octubre[55]. Son cifras muy insignificantes si las comparamos con las poblaciones cercanas de Montijo y Puebla de la Calzada.

 

10.- ACUERDOS MUNICIPALES SOBRE LA EPIDEMIA DE GRIPE

Se estudian los acuerdos que toman las Corporaciones Municipales de los pueblos afectados por medio de los informes que emiten las Comisiones de Sanidad y Beneficencia. En este sentido la Corporación Municipal de Lobón acuerda en la sesión del 22/X/1918, tres días antes de producirse los primeros óbitos, autorizar al alcalde para que con los informes del médico Paulino García Ronquillo y los demás que crea oportunos, “socorra con los elementos de alimentación que sean necesarios a los pobres de solemnidad y sus familias que se encuentran enfermos por la gripe muy fuerte que hay en esta villa, con cargo al apartado de Beneficencia”[56].

En Puebla de la Calzada se repartían trescientos litros de caldo sustancioso gratis a los enfermos pobres, pidiéndose medicamentos, leche condensada y huevos desinfectados al Gobernador Civil; destacándose la labor de ayuda del farmacéutico Francisco Hernández Piñero y de los facultativos Sancho Nevado y Vicente Gragera que asistían a más de doscientos enfermos cada uno. Y de forma muy destacada la incansable labor del párroco Constantino Lázaro por el reparto realizado de muchos cientos de pesetas[57].

El Ayuntamiento de Montijo “en vista del desarrollo que tiene la epidemia reinante en algunos pueblos de la provincia y principalmente en el inmediato pueblo de La Garrovilla[58] y haberse presentado algunos casos, ninguno de carácter leve en esta localidad consideraba oportuno constituir una Junta de Socorros para en caso de que se extendiera la epidemia poder auxiliar a las familias pobres con su inscripción que se abriera al efecto y la cual debía encabezar el Ayuntamiento en primer término”.

La Corporación por unanimidad acordó “se constituya dicha Junta y que el sr. alcalde en unión del Cura Párroco, Juan Pérez Amaya, designe las demás personas que han de componerla y que el Ayuntamiento se inscriba con doscientas cincuenta pesetas que se abonarán en vista de la urgencia y lo agotado de los respectivos capitulares del presupuesto de la partida cuarta del artículo segundo del Capítulo segundo en el cual resultara sobrante de su consignación”[59].

Los integrantes de la Corporación Municipal de Montijo vuelven a tratar la epidemia de la gripe española en la sesión que celebra el Día de los Difuntos, 2/XI/1918, en la que el alcalde, Francisco Rodríguez Cavero, manifiesta que “en virtud del excesivo número de defunciones que están ocurriendo con motivo de la epidemia reinante, están para agotarse los nichos construidos en el Cementerio[60] y en previsión de ello y no haber consignación en el presupuesto había tratado del particular por la urgencia que implicaba con el Maestro de Obras que construyó los últimos, el cual se comprometía a efectuarlo por el precio y condiciones de los construidos y esperar a percibir su importe al ponerse en vigencia el presupuesto del año próximo, lo que ponía en conocimiento de la Corporación para el acuerdo conducente”[61].

La Corporación por unanimidad y en virtud de lo urgente del asunto acordó que se construyan los necesarios en las condiciones expuestas por el alcalde. Así mismo y “viendo necesario emplear algunos jornaleros en abrir sepulturas por no bastar las que puede hacer el sepulturero por sí solo, se acordó que durante las circunstancias actuales se ocupen los necesarios para la regularización de dicho servicio pagándose su importe con cargo a la consignación respectiva y caso de agotarse ésta del capítulo de imprevistos”[62]. En los últimos días de diciembre se acordaba “datar al Depositario de la cantidad de trescientas pesetas por jornales invertidos en la apertura de sepulturas durante la epidemia de la gripe con cargo al capítulo de imprevistos por no haber consignación para dicho objeto”[63].

La Junta Provincial de Badajoz dispuso clausurar los establecimientos públicos y privados de enseñanza de la provincia y de los espectáculos públicos en local cerrado, junto con la supresión de ferias y mercados[64]. En este contexto destaca el telegrama enviado por el ministro de la Gobernación al Gobernador Civil, notificándole el acuerdo de prohibir la entrada de todas las personas en el cementerio el Día de Difuntos[65].

 

11.- CAUSA DE LA MUERTE EN MONTIJO

Tras el vaciado de las 336 actas de defunción que se inscribieron, en 1918, en la Parroquia de San Pedro Apóstol, se ha estudiado la causa de la muerte para el año de la gripe en Montijo que ofrecemos en el siguiente cuadro.

 

Causa de la muerte Adultos Párvulos Total %
Aparato digestivo 11 38 49 14,58
Aparato respiratorio 26 16 44 13,09
Otras infecciones 23 22 45 13,39
Total enfermedades infecciosas  

60

 

76

 

138

 

41,07

Aparato digestivo 10 2 12 3,57
Aparato respiratorio 67 23 90 26,79
Total enfermedades sin un claro carácter infeccioso  

 

77

 

 

25

 

 

102

 

 

30,15

Enfermedades cardiovasculares y del sistema nervioso central  

 

47

 

 

2

 

 

49

 

 

14,28

Traumatismos 1 1 2 0,59
Otras causas 21 26 47 13,91
TOTAL 206 130 336 100,00

 

Dentro de las enfermedades infecciosas relacionadas con el aparato digestivo se incluyen: gastroenteritis, enteritis y enterecolitis. Las del aparato respiratorio las forman: bronconeumonías, bronquitis, tuberculosis, pleuresía, pulmonía y asma. Y en otras infecciones las identificadas con meningitis, fiebres perniciosa e infecciosa, hipertermia, septicemia, paludismo, gangrena, carbunco, viruela y escarlatina.

En las enfermedades sin un claro carácter infeccioso se han incluido las del aparato digestivo, entre las que se encuentran la úlcera de estómago y gastralgia, hernia, cirrosis, cólico hepático y hemorragia intestinal; junto con los del aparato respiratorio: anginas de garganta, catarro y gripe.

Las enfermedades cardiovasculares y del sistema nervioso central son las catalogadas por la asistolia, angina de pecho, paradas cardiacas, miocarditis, colapsos, insuficiencias, lesiones del corazón; más las relacionadas con las arterias: arterosclerosis, ateroma, aneurisma y hemorragia cerebral, neurobiosis, apoplejía y hemiplejia.

En los traumatismos solamente se han localizado dos casos: ingestión de sosa y herida por arma de fuego. En la primera se trata de un párvulo de veintinueve meses en la calle Muñoz Torrero y en la segunda un hombre casado de treinta y cuatro años en la calle del Conde. Y en otras causas se reflejan en los adultos: desgaste orgánico, consumición por senectud, carcinoma (cáncer) anemia, aborto e ictericia; y en los párvulos raquitiquismo, falta de desarrollo, miseria fisiológica, debilidad congénita y atrepsia.

La causa de la muerte en 1918 estuvo determinada en Montijo para los adultos, en las enfermedades sin un claro carácter infeccioso, influidas por la gripe. Sin ella, los montijanos fallecían mayoritariamente de tuberculosis, bronconeumonía, pulmonía, gastroenteritis, fiebres tifoideas, infecciosas, meningitis y gangrena, y un segundo sector representado en las enfermedades del corazón y del aparato circulatorio.

Los niños morían principalmente de gastroenteritis, enteritis y enterocolitis, seguidas por meningitis, fiebres infecciosas, bronquitis y bronconeumonías[66]. En el apartado de enfermedades sin un claro carácter infeccioso, incide los dieciséis fallecimientos por la gripe, los catarros y las anginas de garganta. Por último, en otras causas se reflejan el raquitiquismo, la falta de desarrollo, la debilidad congénita y la atrepsia (atrofia general de los recién nacidos).

Conozcamos a qué edad fallecían los habitantes de las tres poblaciones estudiadas en el año de la gripe.

 

EDAD MONTIJO PUEBLA LOBÓN TOTAL %
0-7 131 87 30 248 39,89
8-15 27 14 1 42 15,79
16-20 11 8 2 21 3,38
21-30 29 21 4 54 20,30
31-40 22 21 2 45 7,24
41-50 17 13 2 32 5,14
51-60 19 16 35 5,63
61-70 30 20 1 51 8,20
71-80 27 22 11 60 9,65
81-90 22 7 3 32 5,14
91-100 1 1 2 0,32
TOTAL 336 229 57 622 100,00

 

En Montijo, la primera oleada se produce en la población infantil, ya que desde el nacimiento hasta la edad de siete años fallecen 131, lo que representa el 39,89 % del total de los fallecimientos del año, diciéndonos claramente las dificultades ante la expectativa de vida que había[67].

La segunda abarca las edades entre 21 y 60 años, en los que se registran 87 fallecimientos (25,89%); si bien está cifra para el año 1918, no es demostrativa ya que 41 de ellos son a consecuencia de la gripe. La tercera y última oleada es razonable al coincidir con edades avanzadas. Otro tanto ocurre en Puebla de la Calzada[68]. En Lobón el número elevado de párvulos alcanza el 52,63% sobre el total de los finados[69].

 

12.- CRECIMIENTO VEGETATIVO Y TASA ANUAL

Se analiza, en el final de este estudio, la repercusión que la gripe española dejó en el crecimiento vegetativo en las tres localidades estudiadas. El crecimiento vegetativo o natural de la población es la diferencia entre el número de nacidos y el número de fallecidos en un lugar durante un año, dividido por el número de habitantes y expresado normalmente en tantos por cien. Es positivo cuando el número de nacidos supera al de fallecidos; es negativo cuando las muertes superan a los nacimientos.

 

POBLACIÓN NACIMIENTOS DEFUNCIONES CRECIMIENTO VEGETATIVO

%

Montijo 296 336 -0,42
Puebla de la Calzada 165 229 -1,39
Lobón 54 57 -0,27
TOTAL 515 622 -0,70

 

En las sociedades preindustriales, caracterizadas por unas altas tasas de natalidad contrarrestadas por otras igualmente altas de mortalidad, el crecimiento natural era muy bajo, situándose entre el 0,5 y el 1 %. En ello intervenían de manera decisiva las periódicas crisis de subsistencia que ocasionaban hambre y enfermedades de carácter epidémico, cuyo resultado era una mortalidad catastrófica.

La Tasa Anual de Crecimiento Vegetativo es la diferencia entre las tasas de natalidad y mortalidad, referida a mil habitantes.

 

POBLACIÓN TASA BRUTA DE NACIMIENTOS TASA BRUTA DE

DEFUNCIONES

TASA DE

CRECIMIENTO VEGETATIVO

 

Montijo 31,15 35,36 -4,21
Puebla de la Calzada 35,87 49,78 -13,91
Lobón 49,09 51,81 -2,72

 

La rotundidad de las cifras resume el drama que los ciudadanos de estas tres poblaciones padecieron a causa de la epidemia de la gripe española de 1918.

 

13.- CONCLUSIÓN

Las convulsiones de 1917 y los acontecimientos que, como consecuencia, en gran medida, al impacto de la I Guerra Mundial se desarrollan entre aquella fecha y el verano de 1923, supondrán la quiebra definitiva de la monarquía liberal parlamentaria. La Dictadura del general Primo de Rivera, la caída de la propia monarquía y la proclamación de la II República, constituyen las principales derivaciones de dicha quiebra[70].

Aunque España se mantuvo neutral en el conflicto bélico mundial, su actitud no impidió una subida exagerada de los precios de los alimentos y de los productos agrícolas, apareciendo una fuerte inflación, beneficiando de manera notable a las clases más pudientes y a los grandes poseedores de tierra, no sufriendo ningún incremento ni mejoras los jornales de la clase trabajadora. En esos años se crearon en Montijo varias industrias: bodegas y almazaras, elaboración del corcho, la Banca Porras, la Sociedad Anónima la Electro-Harinera[71], junto con la construcción del edificio de la Comunidad de Labradores[72].

El período comprendido entre 1918-1921 es conocido en la historiografía española como Trienio Bolchevique, por, entre otros aspectos, las expectativas que entre los obreros habían suscitado el trienio bolchevique en Rusia, produciéndose importantes conflictos sociales en nuestro país, con protestas, manifestaciones y huelgas, donde la clase trabajadora reivindicaba mejoras en sus condiciones laborales. Nuestros pueblos no fueron ajenos a estos acontecimientos.

La gripe de 1918 tiñó de negro luto las casas de nuestros pueblos. Las condiciones higiénicas no eran las más favorables para frenarla. La carencia de fármacos apropiados y de profesionales sanitarios, jugaron también un papel determinante. La gripe española se cebó especialmente con la población joven, de entre 16 a 40 años, falleciendo prácticamente la mitad de los afectados por la gripe, teniendo en octubre y noviembre[73] los meses más cuantiosos por los óbitos que se producen.

Cuando las familias apenas habían salido del dolor producido por la enfermedad y la muerte, el invierno de finales de 1918 y comienzos de 1919 zozobraba aún más a la sociedad en aquellos días: “Igualmente, y en virtud de la crisis obrera por que se atraviesa por consecuencia de los temporales se acordó por unanimidad se proceda a dar ocupación al mayor número de obreros posible en el arreglo de calles y caminos y demás trabajos que sean susceptibles el utilizarlos y que se invite a la Comunidad de Labradores de esta villa a que cooperen en lo que le sea posible a aliviar dicha crisis en reparaciones de caminos de este término Municipal de Montijo”[74].

Aquella generación que vivió durante la epidemia de la gripe y sobrevivió a ella, tuvo que padecer, dieciocho años más tarde, las graves secuelas que dejó en la sociedad española la Guerra Civil (1936-1939), más la dureza de la posguerra.

 

FUENTES DOCUMENTALES

Archivo Municipal de Montijo: Libro de Actas Sesiones, 1918-1919. Archivo Parroquia de Montijo: Libros de Defunciones números XI, 1907-1917 y XII, 1917-1926. Registro Civil de Montijo: Libros de nacimientos. Tomo IVL, 1917-1918 y Tomo VL, 1918-1919. Archivo Parroquia de Puebla de la Calzada: Libro X Difuntos, años 1912-1918. Registro Civil de Puebla de la Calzada: Libro de nacimientos. Tomo IVL, 1917-1919. Archivo Municipal de Lobón: Legajos 85,1 y 86,2. Archivo Parroquia de Lobón: Libro de Defunciones, Tomo XI (1907-1926). Registro Civil de Lobón: Libros de defunciones. Tomo XV, 1915-1918, Tomo XVI, 1918-1920 y Tomo XVII, 1920-1923. Libros de nacimientos. Tomo XX, 1916-1920.

 

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SANTOS RAFAEL, E.: Mortalidad y gripe en Llerena en 1918. Actas XIII Jornadas de Historia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Producida por un virus respiratorio, del cual se pueden hallar varios tipos y cepas que varían con frecuencia de un año a otro. Es muy contagiosa y se distribuye de forma pandémica, epidémica o esporádica. Se caracteriza por fiebre más o menos alta, malestar general, dolores articulares y musculares, disminución del apetito y alteraciones de las vías aéreas superiores.

[2] En Montijo, en los meses de junio y julio de 1855 fallecieron 136 adultos y 64 párvulos. En igual período, fallecen en Puebla de la Calzada 36 adultos y 6 párvulos. Conf. GARCIA CIENFUEGOS, M: La epidemia del cólera morbo en asiático en Puebla de la Calzada. Actas de los IV Encuentros de Historia en Montijo. Montijo 2001, pp. 145-148. En Lobón se registran para igual período 16 actas de defunciones por cólera morbo, sobre 56 defunciones totales para 1855. Conf. GARCÍA CIENFUEGOS, M: Lobón en su historia. Parlamento de Extremadura. Badajoz 2014, p. 267.

[3] LOSADA ÁLVAREZ, J.C.: Las grandes plagas. De la peste de Atenas a la gripe española. Portadoras de la muerte. En http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/10/07/

[4] SANTOS RAFAEL, E.: Mortalidad y gripe en Llerena en 1918. Actas XIII Jornadas de Historia en Llerena. Llerena 2013, p. 363.

[5] Tucídides, II, 48. Considerado como el padre de la Historiografía científica.

[6] La española, la asiática, la de Hong Kong y la gripe rusa.

[7] El país más castigado fue la India, donde fallecieron quince millones de los afectados por la epidemia, alcanzando la mortalidad en ciertas zonas al 20% de la población.

[8] Constantine Von Economo, fue el encargado de identificar esta enfermedad y describirla, basado en la epidemia que se desarrolló en Viena en 1916.

[9] LOSADA ÁLVAREZ, J.C.: La gripe española: la epidemia más grave del siglo XX. La Aventura de la Historia, núm. 56, año 2003, pp. 36-43.

[10] En su momento, la epidemia de gripe no tuvo una importancia relevante porque el mundo estaba inmerso en una contienda que iba a reestructurar de forma temporal las fronteras del viejo continente. Conf. NEILA MUÑOZ, C.M.: La epidemia de gripe de 1918 en las ciudades de Cáceres y de Plasencia (Extremadura). Actas XLIII Coloquios Históricos de Extremadura, año 2014, p. 510.

[11] LOSADA: La epidemia más grave del siglo XX… Op. cit. pp. 36-43.

[12] En Montijo apenas tuvo repercusión, tan sólo he localizado un fallecimiento que se produce el día 4 de julio, tipificado como neumonía gripal, en una mujer de 86 años en la calle Méndez Núñez. Conf. ARCHIVO PARROQUIA MONTIJO (APM). Libro XII Difuntos, años 1917-1926, fol. 30 vto. Lo mismo ocurre en Puebla de la Calzada, al registrarse la defunción de una mujer de 74 años debido a una neumonía gripal. Conf. ARCHIVO PARROQUIA PUEBLA DE LA CALZADA (APPC). Libro X Difuntos, años 1912-1918, fol.159.

[13] FUSI, J.P. y PALAFOX, J: España: 1808-1996. El desafío de la modernidad. Madrid 1998, p. 185.

[14] CARDALLIAGUET QUIRANT, M.: Historia de Extremadura. Badajoz 1993, p. 251.

[15] Que tenía como objetivo agrupar a los trabajadores de todos los oficios con el fin de mejorar sus condiciones y luchar por la emancipación de su clase. Conf. MOLANO GRAGERA J.C.: Miguel Merino Rodríguez. Dirigente obrero y alcalde de Montijo (1893-1936)”. Badajoz 2002, p. 44.

[16] CAÑETE RUBIO, R.M.: La Casa del Pueblo de Montijo. Vanguardia del movimiento obrero. Badajoz 2010, p. 49.

[17] MOLANO GRAGERA, J.C.: La izquierda en Puebla de la Calzada (desde mediados del s. XIX hasta mediados del s. XX). Autoedición. Badajoz 2014, pp. 32, 40 y 42.

[18] ARCHIVO MUNICIPAL DE LOBON (AML). Legajo 85, Carpeta 1.

[19] También presidente del Círculo de Recreo (casino) y presidente del Sindicato Católico Agrario.

[20] AML. Legajo 86, Carpeta 2. La fuerza de la Guardia Civil estaba formada en Lobón por un cabo y cuatro guardias.

[21] Medina del Campo, enclave vallisoletano donde los trenes rumbo a Portugal cambiaban de vías, sufrió especialmente el azote de la gripe.

[22] NEILA MUÑOZ: La epidemia de gripe de 1918… Op. cit. p. 510.

[23] Para el período analizado (1917-1920) los gobiernos se sucedían uno tras otros en cortos períodos de tiempo: García Prieto, Antonio Maura, Romanones y Eduardo Dato. Conf. COMELLAS, J.L.: Historia de España moderna y contemporánea”. Madrid 1989, p. 355.

[24] SÁNCHEZ MARROYO, F.: La restauración en Extremadura: predominio oligárquico y dependencia campesina. En Historia de Extremadura Tomo IV, Badajoz 1985, pp. 918-920. La Tasa Bruta de Mortalidad en 1916-1920, fue del 26,0 para Badajoz, 31,1 en Cáceres, 28,0 en Extremadura y 24,6 en España. El CORREO DE LA MAÑANA informaba el 9/XI/1918 que la estadística de la Inspección Provincial de Sanidad, faltando aún algunos pueblos donde había focos de infección, se habían registrado 60.000 invasiones de gripe, habiendo fallecido 2.000 atacados en la provincia pacense. Conf. Núm. 1.551.

[25] ROSIQUE NAVARRO, F.: Historia civil y procesos económicos-sociales. En Historia de la Baja Extremadura. Tomo II. Badajoz 1986, p. 1.241.

[26] Diario CORREO DE LA MAÑANA, Año V, núm. 1.517.

[27] Situación que se trasladaba a los hijos debido a una falta de alimentación adecuada. En Montijo, durante 1918 fallecen 17 párvulos, de los 131 registrados, por raquitismo, falta de desarrollo y miseria fisiológica. En Puebla de la Calzada fallecen 8 párvulos de atrepsia. Lobón registra 4 defunciones de párvulos por atrepsia y anemia.

[28] En el trabajo de SÁNCHEZ DE LA CALLE, J.A.: Mortalidad infantil, crisis económicas, bélicas y epidemiológicas en los ámbitos urbanos y rurales del norte de Extremadura, 1800-1970, refiere las quejas por el elevado precio de las materias primas alimenticias, debido a las exportaciones masivas destinadas a las potencias europeas contendientes en la I Guerra Mundial, se produjo una carestía de la vida. El trigo, el aceite y la carne fueron algunos de los artículos que acabaron siendo racionados al menos en Cáceres y Plasencia. Conf. Actas de los IV Encuentros de Historia en Montijo. Montijo 2001, p. 156.

[29] SÁNCHEZ MARROYO. La restauración en Extremadura… Op. cit. p. 985. En la cercana villa de Lobón, el alcalde, Joaquín Chorot de Coca informó a las concejales en la sesión del 18/VI/1918 que algunos obreros se le habían acercado con la pretensión de que no se dejara entrar en el pueblo ni en el término a inmigrantes portugueses para segar, por el perjuicio que habían de proporcionar a ellos y quizás a la salud pública. Conf. AML. Legajo 86, Carpeta 2.

[30] La consideración de párvulo se toma a los niños que nacen hasta la edad en la que cumplen siete años.

[31] Son los meses de más elevada mortandad ya que en diciembre sólo se registra un óbito a causa de una pulmonía gripal, una joven de trece años que vivía en la calle del Conde.

[32] APM. Libro XII de Difuntos, años 1917-1926, fol. 46.

[33] Otras calles que se ven afectadas por defunciones debido a la gripe fueron las de Cervantes, Espronceda, Mérida, Moreno Nieto, Virgen de Barbaño y las plazuelas de Jesús y Mendizábal, con un total de siete fallecimientos.

[34] Representando el 5,3% sobre el total de los fallecimientos. Para aquella época y de acuerdo con la capacidad económica del difunto y su familia existieron entierros de primera a quinta clase y de caridad, que se correspondían con aquellos pobres de solemnidad, cuyas exequias solía sufragar la Conferencia de San Vicente de Paúl, institución de caridad de la Iglesia. Estas diferencias sociales en las exequias quedaron suprimidas con la llegada del Concilio Vaticano II.

[35] CURTIS, BARNES, SCHNEK, MASSARINI.: Curtis Biología. Sección 5/la diversidad de la vida. 2008, p. 468.

[36] La esperanza de vida en el año de la gripe era de 40,9 años en los hombres y 42,6 en las mujeres. Conf. NICOLAU NOS, R.: Población, salud y actividad. En Estadísticas históricas de España. S. XIX y XX. Volumen I. Fundación BBVA, 2005, p.86

[37] PINEDA NÚÑEZ, L.F. y PERAL PACHECO, D.: Años de mayor mortalidad y principales epidemias ocurridas en Los Santos de Maimona durante los siglos XIX y XX. Revista de Estudios Extremeños, año 2009. Tomo LXV, núm. III, p.1.272.

[38] El 22 de agosto de 1918, a dos meses de que comenzará la epidemia de gripe en Montijo, falleció el farmacéutico Hermenegildo Bautista Guzmán. Conf. APM, Libro XII Defunciones, años 1917-1928.

[39] PORRAS GALLO, M.I.: Sueros y vacunas en la lucha contra la pandemia de la gripe de 1918-1919 en España. En Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, vol. LX, núm. 2, 2008, p. 270. Desde el diario el CORREO DE LA MAÑANA, se aconsejaba emplear para la desinfección, al penetrar los gérmenes de la enfermedad por la boca y la nariz, la utilización de Etymentol (seis gotas) con agua templada en seis cucharadas soperas, junto con agua caliente y la toma de inhalaciones. Conf. Núm. 1.538, 25/X/1918.

[40] Conf. Núm. 1.529, 15/X/1918.

[41] Su pontificado en la diócesis pacense fue desde 1913 hasta 1920.

[42] Algunas de estas poblaciones fueron La Garrovilla, Villalba de los Barros, Cabeza la Vaca, Calera de León, Barcarrota, Santa Marta y Olivenza. Conf. Diario CORREO DE LA MAÑANA, números 1.529 (15/X/1918), y 1.553 (12/XI/1918).

[43] Ibidem. núm. 1.564, 24/XI/1918.

[44] APPC. Libro X de defunciones, años 1912-1918.

[45] APPC. Libro X de defunciones años 1912-1918, fol. 160 vto.

[46] Ibidem, fol. 163.

[47] El 20 de octubre se informa desde el diario CORREO DE LA MAÑANA que ha surgido la gripe en Puebla de la Calzada. Conf. Núm. 1.534.

[48] CALDERÓN MORALES, M.T.: La salud pública en Zafra entre 1900 y 1925. En Cuadernos de Çafra. Zafra 2003, p. 149.

[49] La Tasa Bruta de Mortalidad (TBM) es la relación entre el número de defunciones de un año concreto y la población media de dicho año. Expresa el número de fallecidos por cada mil habitantes.

[50] La Tasa de Mortalidad Específica (TME) es la proporción de personas que mueren en una población por una causa concreta en un período, pudiendo expresarse en defunciones por mil habitantes.

[51] PINEDA y PERAL: Años de mayor mortalidad y principales epidemias ocurridas… Op. cit. p.1.282.

[52] APPC. Libro X de defunciones años 1912-1918. Recuento realizado sobre las actas inscritas.

[53] AML. Legajo 86, Carpeta 2. Sesiones del 30 de agosto y 10 de septiembre.

[54] REGISTRO CIVIL DE LOBON (RCL) Libros de defunciones Tomo XV, 1015-1918, Tomo XVI, 1918-1920 y Tomo XVII, 1920-1923.

[55] Los finados vivían en las calles Derecha, Ventosilla y Madrid. ARCHIVO PARROQUIA DE LOBÓN (APL) Libro de Defunciones, Tomo XI (1907-1926). Fols. 125 vto. y 126. En el Registro Civil, no obstante, aparecen inscritos estos tres óbitos y otro más producido en párvulo de tres años. Conf. RCL. Libro XVI de Defunciones, 1918-1920, fol. 32.

[56] AML. Legajo, 86, Carpeta 2.

[57] Diario CORREO DE LA MAÑANA. Núm. 1.539, 26/X/1918.

[58] El 10 de octubre la Junta Provincial de Sanidad informa que existía epidemia gripal en esta población cercana a Montijo. Un día después las noticias hablan de 400 personas atacadas por gripe -la población contaba con 1.500 habitantes- encontrándose entre los atacados los médicos y farmacéutico, no habiendo quien visite a los enfermos ni despache medicamentos. El alcalde, Bartolomé Pérez Codes, comunica que la gripe se había extendido entre los empleados del Ayuntamiento y del Juzgado Municipal. Al día siguiente, el Gobernador Civil, Ricardo Aparicio, visitaba La Garrovilla organizando una Junta de Socorros, entregando latas de leche y elaborando caldos para los afectados. El 15 de octubre se informa que se registran de diez a once defunciones diarias debido a la gripe. Conf. CORREO DE LA MAÑANA. Números 1.525, 1.526 y 1.529.

[59] ARCHIVO MUNICIPAL DE MONTIJO (AMM). Libro de Actas 1918-1919. Sesión celebrada el 12/X/1918, fol. 45 vto.

[60] Inaugurado en 1914 según proyecto del arquitecto provincial Ventura Vaca, construido por el maestro de obras Modesto Cabezas de la Riva en el precio de 25.600 pesetas La construcción de los primeros nichos fue adjudicada a José Marín Rodríguez a finales de abril de 1915. El primer sepulturero fue José Arnela Pavón, al que el Ayuntamiento le ajustó un salario diario de dos pesetas.

[61] El importe fue aprobado en la sesión del 3/V/1919, abonándose al maestro de obras José Marín Rodríguez la cantidad de 2.014 pesetas por la construcción de 19 grupos de nichos en el Cuartel de la Virgen del Carmen, y 2.016 pesetas por 21 grupos de nichos en el Cuartel de la Virgen de Barbaño del Cementerio Municipal Católico. Conf. AMM. Libro de Actas 1918-1919. Fol. 78 vto.

[62] AMM. Libro de Actas 1918-1919, fol. 48 y vto.

[63] Ibidem. Sesión municipal del 30/XII/1918. Fol. 56 vto.

[64] Diario CORREO DE LA MAÑANA. Núm. 1528, 13/X/1918.

[65] Ibidem. Núm. 1539, 26/X/1918.

[66] En este apartado se ha incluido también la viruela y la escarlatina, con dos casos para cada una de ellas. No hay ninguna inscripción de muerte en los párvulos por sarampión durante 1918.

[67] Ese año de 1918, en los 131 óbitos registrados, 38 corresponden a niños en los que la causa de la muerte era: gastroenteritis, enteritis y enterocolitis.

[68] Los párvulos en Puebla de la Calzada fallecen de enteritis y gastroenteritis: 27 casos (31,0%), junto con 17 de bronquitis (19,54%) y 12 de meningitis (6,41).

[69] De los 30 fallecimientos inscritos, 19 mueren de enteritis, gastroenteritis y diarreas.

[70] LUIS MARTÍN, F: La quiebra de la monarquía (1917-1923). Historia contemporánea de España, Tomo II. Barcelona 2000. p. 431.

[71] Los terrenos fueron cedidos por el Ayuntamiento el 13/I/1919. Conf. AMM. Libro de Actas 1918-1919, fol. 60 vto. 61 y vto. En su construcción intervinieron los maestros Modesto Cabezas, Antonio Cabezas, José Marín, Cristóbal Sánchez y Antonio del Viejo.

[72] Al que se le concedía licencia de obras el 1/II/1919. Conf. AMM. Libro de Actas 1918-1919, fol. 65 vto.

[73] PORRAS GALLO, M.I.: Las repercusiones de la pandemia de gripe de 1918-1919 en la mortalidad de la ciudad de Madrid. Boletín de la Asociación de Demografía Histórica, XIV, I, 1996, p.80.

[74] AMM. Libro de Actas 1918-1919. Sesión celebrada el 15/II/1919, fol. 68 y vto.

 

Nov 102017
 

Manuel García Cienfuegos.

Cronista Oficial de Montijo y Lobón.

Cuando nos asomamos a la sociedad española del siglo XVIII uno de los rasgos que más concita nuestra atención es la presencia visible de las mujeres en muchos planos de la realidad de los que había estado ausente hasta el momento; un dato muy significativo,

además de revelador, de los cambios y transformaciones que hicieron avanzar a nuestro país por la senda del reformismo. Hubo, sin duda, singulares mujeres que fueron adquiriendo notoriedad en distintos terrenos. La actuación decidida de algunas de ellas a favor del progreso de la nación, su compromiso personal con la sociedad que les tocó vivir, su interés por la cultura, o su preocupación por la condición de su sexo, no solo generó asombro entre los miembros masculinos de su entorno, sino que llegaría a deslumbrarlos ante la solidez de sus argumentaciones, ya que no estaban habituados a compartir con ellas asuntos y cuestiones de interés general.

Una de las más sobresalientes fue la Condesa de Montijo, cuya singular personalidad supo desarrollar una actividad constante en aras de la pública felicidad, como se decía entonces, mediante un compromiso firme con el progreso social desconocido hasta entonces, especialmente entre las mujeres de su estamento social. Su trayectoria vital responde a ese modelo femenino acorde a los nuevos aires traídos por la Ilustración que permitieron no solo una cierta renovación de la sociedad española, anclada en la tradición y tan reacia a los cambios, sino también a la emergencia de mujeres con una gran proyección pública[1].

 

1.- CONDADO DE MONTIJO

La villa de Montijo perteneció al linaje de los Portocarrero desde mediados del siglo XVI. Fue vendida con su fortaleza, jurisdicción civil y criminal, vasallos, casas y otros edificios, términos, dehesas, diezmos y primicias, rentas pechos y derechos, escribanías, patronatos y otras cualesquiera cosas que la Orden de Santiago tuviera en la villa a don Pedro Portocarrero y Osorio, II marqués de Villanueva del Fresno[2], hijo de don Juan Portocarrero y Cárdenas, I marqués de dicha villa y de doña María Osorio y Bazán, por el entonces príncipe don Felipe el 11 de septiembre de 1551 por el precio de 28.607.378 maravedís. Su padre, el emperador Carlos V aprobó esta venta en Metz el 25/XII/1552[3].

El condado de Montijo fue instituido a favor de don Juan Manuel Portocarrero y Villena, mayordomo del rey el 13/XII/1599[4], y la Grandeza de España le fue concedida el 6/XII/1697 al IV conde don Cristóbal Portocarrero Guzmán, marqués de la Algaba, Ardales y Valderrábano, conde de Fuentidueña y Teba.

Don Cristóbal Portocarrero Guzmán nació en Montijo el 25 de noviembre de 1638[5] y falleció el 31 de octubre de 1704[6]. Fue Maestre de Campo, General del Ejército de Extremadura y Capitán General de su frontera[7], Comisario General de Infantería de España, Consejero de Estados y del Supremo de guerra, Gentil-hombre de Cámara de S.M. con ejercicio, y Mayordomo mayor de Carlos II que le concedió la Grandeza de España.

El IV Conde de Montijo construyó la casa-granero sobre la antigua parroquia y después ermita de San Isidro. Levantó en el año 1685 de nuevo el beaterio de Ntra. Señora de los Remedios o de la Piedad, casa que fue trocada en convento de religiosas clarisas franciscanas el 7 de octubre de 1704, bajo la advocación de Nuestro Señor del Pasmo[8].

Casó tres veces, con Úrsula de la Cerda y Leyva, con Victoria de Toledo y Benavides y con María Regalado Funes de Villalpando y Monroy, de la cual tuvo su sucesor: don Cristóbal Portocarrero y Funes de Villalpando, V Conde de Montijo, que nació el 12 de marzo de 1692, bautizado en la parroquia de San Pedro Apóstol[9], tuvo por padrino a Fray Francisco Urbina, de la provincia descalza de San Gabriel, lector en Sagrada Teología. Examinador sinodal en Coria y Badajoz por nombramiento episcopal. Calificador del Santo Oficio y del Consejo Supremo y predicador del rey[10].

Fue el V Conde de Montijo[11], abuelo paterno de María Francisca de Sales Portocarrero, gentil hombre de cámara del rey, caballero del Toisón de Oro, embajador extraordinario en Inglaterra, palafrenero mayor de la reina, presidente del Consejo de Indias. Poseedor de la Orden siciliana de caballería. Plenipotenciario para representar a España en las Dietas de Frankfurt y Ratisbona. A sus cargos palaciegos hay que añadirles sus habilidosas dotes diplomáticas que fueron reconocidas por el rey de Francia, Luis XV, que le nombró caballero de la Orden del Santo Espíritu y de San Miguel[12].

Dos órdenes se disputaron las preferencias religiosas del V conde de Montijo: la de los franciscanos observantes y la orden de San Bernardo. El nacimiento de su hijo Cristóbal Antonio Portocarrero, VI marqués de Valderrábano[13], bautizado el 13 de marzo de 1728 en la madrileña iglesia de Santiago, fue la causa para manifestar su amor a Dios, por lo que erigió en Montijo un hospicio regido por franciscanos de la Observancia, deseando verlo transformado en convento, porque decía que la población montijana, cada día más populosa, adolecía de alimento religioso. En 1753 el hospicio religioso de Nuestro Padre San Francisco observante, era asistido por cuatro religiosos, uno lego y tres sacerdotes con un donado[14].

Don Cristóbal Antonio, marqués de Valderrábano, hijo del V conde de Montijo, casó muy pronto, el 2 de abril de 1747, a los diecinueve años, con doña María Josefa de Zúñiga Girón y Pacheco[15], de catorce años, hija de don Antonio López de Zúñiga, XIII conde de Miranda del Castañar y doña María Teresa Pacheco y Girón.

 

2.- MARIA FRANCISCA DE SALES PORTOCARRERO (1754-1808)

El marqués de Valderrábano vivió con su esposa en casa de sus padres, en la vasta mansión de las Visitillas de San Francisco. Muy pronto los jóvenes esposos se encontraron solos con la compañía del conde de Montijo, ya que la condesa falleció en febrero de 1748. Transcurrieron siete años sin que se divisara la menor esperanza de descendencia, hasta que llegó al mundo, el 10 de junio de 1754, María Francisca de Sales Portocarrero y López de Zúñiga, bautizada, dos días después, en la madrileña iglesia de San Andrés. Fue su padrino el franciscano recoleto fray Francisco Izquierdo.

Cuatro años después de su nacimiento, su padre, don Cristóbal Antonio Portocarrero, marqués de Valderrábano, encontró la muerte el 2 de noviembre de 1757, cuando tenía veintinueve años de edad. El óbito ocurrió en unas de sus visitas al monasterio de Ntra. Señora de Valbuena, a causa de la caída de un caballo. Esta muerte accidental sumió a su esposa, doña María Josefa de Zúñiga Girón y Pacheco, en una grave depresión que trastocó su vida hasta el punto de ser incapaz de sobreponerse a la desgracia, decidiendo abandonar las actividades palaciegas para ingresar en el convento de las Baronesas de Madrid, hasta su muerte, en 1796. Profesó el 14 de noviembre de 1762, festividad del Patrocinio de Nuestra Señora.

 

2.1.- Su formación en las Salesas Reales (1758-1768)

Por esta desaparición prematura, quedaba interrumpidas las esperanzas de sucesión masculina del V conde de Montijo, que entonces contaba con sesenta y cinco años. Su único descendiente era una niña de tres años. Así, María Francisca de Sales Portocarrero se encontraba huérfana paterna, siendo confiada a su abuelo, el conde de Montijo, que decidió su ingreso en un pensionado femenino, donde recibiría la educación adecuada a su rango; un hecho que quizás explica los rasgos más acusados de su carácter: la independencia, la fortaleza y la gran seguridad en sí misma, así como su elevada cultura[16].

Dicho pensionado no era otro que el Real Monasterio de la Visitación de Madrid, el mejor colegio femenino de los existentes en España; había sido creado por esos años merced a la iniciativa de Bárbara de Braganza con el propósito de procurar educación a las niñas de la nobleza.

Para garantizar el nivel, buscó una de las órdenes religiosas que se habían creado con ese fin, siendo elegida la orden salesa, fundada a principios del siglo XVII por Juana Fremiot de Chantal, con la aquiescencia y ayuda de San Francisco de Sales, de ahí el nombre de salesas.

Fue una colegiala responsable, aplicada siempre al estudio durante los diez años de su permanencia; en las aulas pudo adquirir toda una serie de conocimientos que le proporcionó una buena base cultural para seguir cultivándose, así como el saber de la lengua francesa, que le facilitó el camino para aplicarse en el ejercicio de la traducción. También se inició en el estudio de los clásicos y recibió sus primeras lecciones de música y pintura.

En realidad, fue su verdadero hogar, donde logró moldear su personalidad y consolidar sus afectos; el lugar donde iría tejiendo lazos de amistad con otras mujeres que conservaría el resto de su vida; solo lo abandonaría al cumplir catorce años, tras haberse negociado su matrimonio con Felipe Palafox Croy de Havre[17].

Se conserva en el palacio de Liria[18] un retrato de María Francisca de Sales, fechado en 1765, que coincide con su internado en las Salesas, atribuido al pintor Andrés de la Calleja Robredo, óleo sobre lienzo, 1,69×1,32 m. En el retrato la niña muestra su traje de educanda de las salesas, con una expresión viva e inteligente, con el pequeño loro, de color rojo y verde muy vivo, en su mano izquierda y las flores en la derecha. El traje negro sedoso, y el velo, la toca y los encajes son blancos. Adornada con pendientes de perlas en forma de pera y una cruz sobre el pecho. El cabello, rubio y la carnación, clara. El fondo es gris, con ausencia de muebles y cortinones. La factura de las telas y la falta de fondo manifiestan la herencia del retrato español del siglo XVII. En la parte superior tiene la inscripción: “La Exma. Sra. Dª. María Fracª de Sales Portocarrero y Zúñiga, Condesa de Montijo Educanda en el Real Monasterio de la Visitación de esta Corte de Madrid año de 1765”[19].

 

2.2.- Matrimonio con don Felipe Palafox

Como el hijo primogénito del V conde de Montijo, falleció seis años antes que él, dejó sucesora legal a su única hija, doña María Francisca de Sales Portocarrero, que sucedería en las mercedes nobiliarias a su abuelo paterno, en representación de los derechos de su padre fallecido. Del abuelo paterno[20] recibió a la edad de nueve años todas las ricas posesiones familiares y por derecho de representación del último poseedor le fueron transmitidos los títulos nobiliarios, convirtiéndose a su temprana edad en una de las casas más ricas y titulada de la nobleza española.

El pretendiente de la condesa, Don Felipe Palafox y Croy d’Havré (1739-1790) era de noble linaje. Su familia, de origen aragonés, pertenecía a la primera grandeza de España. Hijo de don Joaquín Antonio Palafox Centurión y Córdoba (1702-1775), VI marqués de Ariza y doña Marie Anne Charlotte de Croy d’Havré. Fue don Felipe Palafox, brigadier de los Real Ejército de S.M., capitán del Regimiento de sus Reales Guardias de Infantería Valona[21], gentilhombre de Cámara, mariscal de Campo de los Reales Ejércitos. Capitán de las Real Compañía de Alabarderos y Teniente General y collar de la Orden de Carlos III.

El matrimonio se había concertado al uso de la costumbre imperante en los grandes linajes nobiliarios, donde el objetivo principal era reforzar los vínculos existentes entre sí mediante calculadas estrategias matrimoniales encaminadas a perpetuar y acrecentar el patrimonio material existente; en su caso, fue una pareja bien avenida en la que debió haber afecto y cierta sintonía intelectual y religiosa, además de un gran respeto mutuo, habida cuenta de la actividad pública que desarrolló la condesa en todos esos años, sin interferencia alguna por parte de su marido.

El contrato matrimonial se celebró el 24 de octubre de 1768 en el convento donde se encontraban la novia, asistiendo su madre, la Marquesa viuda de Valderrábanos. El conde consorte de Baños, esposo de la VIII Condesa de Baños, prima-hermana de los padres de la novia, actuando como testigo y en representación de otro primo-hermano y tutor legal de ésta, el cardenal-arzobispo de Toledo, don Luis Fernández de Córdoba y Portocarrero, conde de Teba y de Ardales. En el contrato matrimonial, se establecieron cláusulas que especifican que el contrayente tendrá que adoptar el nombre y las armas de la Casa de Portocarrero, titular del condado extremeño de Montijo y otros feudos. Si los bienes aportados por el novio son valorados en 330.796 reales, los de la novia son mucho más considerables: 1.775.709 reales sin contar los mayorazgos y sus rentas, sus pertenencias de uso doméstico, joyas, carruajes y vestidos; en total, su fortuna es estimada en 2.337.411 reales.

 

2.3.- La herencia de su abuelo. VI Condesa de Montijo

Tras el fallecimiento de su abuelo paterno (1763), de su tío-abuelo el Arzobispo de Toledo (1771) y de su tía la Condesa de Baños (1792), María Francisca de Sales de Portocarrero de Guzmán Luna y López de Zúñiga se convierte sucesivamente en la VI Condesa de Montijo, XVI Condesa de Teba, IX Condesa de Baños, V Condesa de Fuentidueña, VII Marquesa de Valderrábanos, VI Marquesa de Osera y de Castañeda, X Marquesa de Villanueva del Fresno y de La Algaba, XI Marquesa de Barcarrota, Marquesa de Martorell, de Ardales, de Algava, de Molina y de Ugena, Condesa de Ablitas, Señora del Adelantazgo Mayor de Murcia, dos veces Grande de España de primera clase, Condestablesa de las Indias, Mariscala Mayor de Castilla, y de un sinfín de señoríos menores[22]. Más tarde, a toda esa lista de dignidades y títulos nobiliarios se sumarían, también por herencia, el condado de Miranda de Castañar y el ducado de Peñaranda de Bracamonte que, a la postre y a través de una de sus nietas, pasarían a engrosar el patrimonio de la Casa de Alba y de Berwick.

En los primeros años de vida conyugal, María Francisca de Sales dará a luz a ocho hijos, de los que solo sobrevivieron seis[23]: cuatro mujeres y dos varones; la futura XVI Duquesa de Medina Sidonia[24], los futuros VII y VIII Condes de Montijo[25], la futura XVI Marquesa de Bélgida[26], la futura VI Condesa de Parcent[27], y la IV Marquesa de Lazán[28]. El Museo del Prado conserva tres cuadros pintados (hacia 1805) por Alonso del Rivero de las tres hermanas Gabriela, Ramona y Tomasa Palafox Portocarrero.

La condesa y su esposo formaron un matrimonio bien avenido, de ideas marcadamente reformistas y liberales en una España abierta a las ideas de la Ilustración. Los ilustrados fueron un grupo social culto formada por nobles, funcionarios, burgueses y algunos clérigos, que se interesaron por reformar y trasformar la vieja sociedad tradicional modernizándola por medio de la ciencia, también aumentando el nivel de cultura y conocimientos para que el pueblo saliese de la ignorancia, la superstición y la creencia ciega en la religión, pretendiendo sustituirla por el valor de la ciencia y la razón.

El reformismo les llevó a enfrentarse con la Iglesia, con la mayor parte de la aristocracia y con el pueblo llano siempre fiel a las tradiciones. Cambiar la mentalidad de la sociedad es siempre un proceso lento y difícil. Los dirigentes ilustrados lo intentaron durante el siglo, pero la mayor parte de la sociedad se resistió al cambio.

Algunas reformas más importantes que los ilustrados plantearon fueron: cambios en la Administración con un modelo centralizado, unificación de Justicia y Tributos, reforma de la Marina y el Ejército, cambios en la gestión de las colonias, nuevas infraestructuras, la creación de un nuevo cuerpo de funcionarios para ocuparse de la Hacienda Pública y la instauración de un pequeño impuesto a nobles y clero.

Criticaban la sociedad tradicional, los privilegios, el clero y la iglesia, el absolutismo… Creían en la igualdad, convencidos de que el hombre debe ser libre, y apostaban por la cultura como único medio para conseguirlo. Este movimiento se sostenía en siete pilares: ciencia, naturaleza, progreso, virtud, felicidad, crítica, utilidad y, sobre todo, razón. Por ello esta época es conocida como el Siglo de las Luces.

 

2.4.- Traduce la obra del francés Nicolás Letourneux, “Instrucciones cristiana del sacramento del matrimonio”

Cuando la condesa contaba con veinte años de edad, en 1774, realiza su primera experiencia traductora. Llevaba casada seis, siendo su matrimonio a los ojos de los que la conocían un verdadero modelo conyugal, un espejo donde se miraban muchas parejas[29]. Por aquél entonces, una de las controversias públicas más sonadas en la sociedad española giraba alrededor del descrédito del matrimonio y el aumento del celibato, el fracaso de numerosas parejas y la resistencia de muchos hombres a formar una familia.

Parecía ser el momento adecuado para elegir el matrimonio como tema de reflexión; eso al menos debió pensar el obispo ilustrado de Barcelona, don Josep Climent, cuando le hizo el encargo, como asiduo visitante de su casa y contertulio habitual de su salón, del ejemplo conyugal que constituía su matrimonio. Así pues, María Francisca de Sales Portocarrero se inició en los trabajos literarios con la traducción de la obra francesa de Nicolás Letourneux, Instrucciones cristianas sobre el sacramento del matrimonio y sobre las ceremonias con el que la Iglesia lo administra. Obra en el que el prelado Climent, considera en el prólogo a Letourneux como uno de los sacerdotes más sabios y ejemplares en Francia del siglo XVII.

La condesa aceptó el encargo de este trabajo cuando se encontraba con su familia en Barcelona, donde su marido, oficial de Guardias Valonas, estaba de guarnición. Obra, por la que se vio inquietada por el Santo Oficio por una inclinación hacia los postulados jansenistas[30] como veremos más adelante. A pesar de que la obra había obtenido licencia del inquisidor ordinario de Madrid, don Gavino de Valladares y Mesía, otorgada el 11/II/1774, en la que precisa que nada se advierte en ella en contra de la ortodoxia de la fe y de las buenas costumbres[31].

 

3.- VISITA A LOS ESTADOS DE MONTIJO. AÑO 1776

Desde su matrimonio, Felipe Palafox se ocupa activa y personalmente de la gestión de sus bienes. Supervisa a sus administradores, adquiere tierras nuevas en torno a Montijo, desarrolla la cría de yeguas reproductoras en Barcarrota, Montijo[32] y Teba. En relación al ganado equino, don Pedro Álvarez Vadillo, administrador en Montijo y Puebla de la Calzada de la condesa y teniente corregidor, declara haber adquirido ejemplares a nombre de sus señores, de don Francisco Suero Lobato de Badajoz, al conde Cheles, don Pedro Gragera Asensio de Montijo y don Isidro Martín de Saavedra de Badajoz.

Dos años después, don Pablo Esteban, teniente coronel del Regimiento de Dragones de la Reina y don Fernando Mondragón, capitán del, comisionados por el Real Supremo Consejo de la Guerra, realizaban diligencias sobre el ganado yeguar y caballar que había en Montijo. En la relación figuran los del conde, declarados por el administrador Álvarez Vadillo; las yeguas con los nombres de Dorada, Corsita, Clavellina, Coronela y Cigüeña; junto con Brillante, caballo padre[33].

Con los rigores del estío extremeño, a finales de agosto de 1776[34], don Felipe Palafox visita las villas de Montijo y Puebla de la Calzada. Un acta del concejo poblanchino, de la que da fe el escribano público, don Diego Machado y Medina, ofrece detalles de la misma. Los componentes del Concejo se declaran “en lo espiritual, como en lo temporal, leales vasallos” de su señoría. Acordaron obsequiarlo con “seis carneros capados, seis pavos, doce gallinas, seis jamones de Montánchez y seis cajas de dulces del más exquisito que se encuentre”. Así mismo aprobaron el gasto de 300 reales para el refresco de dicha visita. Determinaron los ediles “pasar a la villa de Almendralejo, a esperar en ella a dicho excmo. señor. Que el vecindario ponga luminarias a las puertas y ventanas de sus casas; como también que se quiten y no echen estiércol en las calles y queden limpias y barriadas de toda basura, pena de seis reales y seis días de cárcel al que así no lo hiciera. Luego que dicho excmo. señor de vista al río Guadiana se repiquen las campanas durando dicho toque hasta que su excelencia llegue al Palacio que tiene dicho excmo. señor en su referida villa del Montijo”[35].

Un año antes de la visita a las villas de Montijo y Puebla de Calzada, había fallecido el padre del conde consorte, don Joaquín Felipe Antonio Palafox y Centurión, VI marqués de Ariza, quien poseía 734 fanegas de tierra en el término municipal de Lobón, convirtiéndolo en el mayor propietario, junto con la duquesa del Arco y el duque de Feria, según se cuantifica en 1753 el Catastro de Ensenada.[36]. Las tierras estaban repartidas por Los Lomos (300 fanegas), Las Pulgosas (224), Valdealcalde (100), y 110 en El Cotorrillo[37].

María Francisca de Sales Portocarrero había descargado en su esposo todas las preocupaciones materiales, encargándose ella de la crianza de sus hijos, para posteriormente lanzarse a la vida pública, al fundarse la Junta de Damas, adscrita a la Real Sociedad Económica de Madrid.

 

4.- SECRETARIA DE LA JUNTA DE DAMAS

La Junta de Damas de Honor y Mérito es la asociación femenina no religiosa de carácter filantrópico más antigua de España. A lo largo de su historia la Junta de Damas ha sido precursora en reivindicar la igualdad y los derechos de las mujeres, abriéndose camino, a base de trabajo, en sus inicios en una sociedad entonces muy tradicional y cerrada.

La Junta constituyó algo más que un capricho impuesto por la moda de las damas aristócratas madrileñas ilustradas, puesto que no desmereció nunca la decisión de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, cuna de la Ilustración y el liberalismo, de promover su fundación. Rápidamente fueron capaces de tomar la iniciativa y demostrar su capacidad. Ellas supieron ganarse a pulso el respeto de las autoridades, la opinión pública y el digno y sincero aprecio del pueblo de Madrid por la dedicación y responsabilidad que demostraron en todas las tareas.

Constituyeron una pionera manifestación feminista, en favor de los derechos de las mujeres, que han continuado sus sucesoras durante más de dos siglos con admirable constancia y voluntad de trabajo. En algunos períodos de su dilatada historia fue foro de discusión y debate al estilo de las academias científicas ilustradas. Sin perder de vista el compromiso cívico, en sus sesiones se debatían las novedades culturales y científicas, especialmente en medicina y educación.

La Junta de Damas no fue nunca ajena a la realidad social y evitando los proyectos utópicos irrealizables, con la mira puesta en la protección de las mujeres más desfavorecidas, contribuyó a mejorar, con sus escasos medios, la sociedad. En cierta manera, el asociacionismo femenino de origen ilustrado cubrió, por primera vez, en centros ajenos a la Iglesia, todos los espacios vitales femeninos: el embarazo y el parto, el cuidado a la infancia, las niñas desvalidas, la educación de las jóvenes, el trabajo de las mujeres y las ancianas enfermas y pobres. Sin olvidar tampoco a otros colectivos marginados como las presas, a las que intentaban sacar de la pobreza y la delincuencia[38].

A lo largo del siglo XVIII y principios del siglo XIX las figuras femeninas más importantes de la Ilustración española formaron parte del catálogo de socias: desde escritoras y artistas, a animadoras de la vida cultural madrileña y mecenas, en su mayoría aristócratas ilustradas, protectoras de las luces.

 

4.1.- En las Escuelas Patrióticas y frente al gasto de la moda femenina

Constituida la Junta de Damas, el 22 de septiembre de 1787[39], por dieciséis socias fundadoras, entre las que se encontraban: María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, hija de los condes de Oñate, que había sido nombrada doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Alcalá de Henares y, poco después, miembro de la Real Academia Española,  la condesa-duquesa de Benavente, María Josefa Alfonso-Pimentel y Téllez-Girón, que contaba con el respeto de todos por su talento y su vocación por el reformismo ilustrado, Josefa Amar y Borbón, la más destacada intelectual española de la época, que replicó a los dos socios de la Matritense con su Discurso en defensa del talento de las mujeres, y la VI condesa de Montijo, María Francisca de Sales Portocarrero, quien en la sesión del 5 de octubre fue nombrada secretaria de la Junta Damas. Cargo en el que estuvo dieciocho años, desde 1787 hasta 1805.

La condesa de Montijo se distinguió por su espíritu de decisión y de iniciativa, por su firmeza de opinión. Su asiduidad fue notable. Sólo la enfermedad, los dramas familiares o su obligación en la Corte le alejaron alguna vez, y temporalmente, de sus funciones.

María Francisca de Sales Portocarrero, lee el acta de la reunión anterior, presenta los expedientes, instancias y memorias que previamente ha estudiado, haciendo un resumen claro y crítico de cada de ellos. Lee la correspondencia recibida, así como las minutas preparadas para someterlas a su aprobación. Organiza los exámenes de las Escuelas Patrióticas, pasa órdenes a los maestros y a las instructoras. Participa en los tribunales de exámenes de las Escuelas Patrióticas[40], impulsando la educación física, moral e intelectual de las mujeres. Cumpliendo de forma sobresaliente todos los cometidos inherentes al puesto, además de someter a discusión numerosas iniciativas y propuestas que revelan una personalidad enérgica, brillante, reformista y con conciencia social.

En la Real Orden de la Fundación de la Junta de Damas, el soberano manifestaba en ella la satisfacción que le producía su creación, subrayando su esperanza de que la nueva institución, entre otros objetivos “cortase el lujo, que, al paso que destruye las fortunas de los particulares, retrae a muchos del matrimonio, con perjuicio del Estado”. Así, pues, las damas se encontraban con una línea de conducta y un programa de trabajo perfectamente definidos.

La cuestión del lujo les atañía directamente. Todas ellas, en diversos grados, seguían los costosos imperativos de la moda, ya que su origen o su rango social las obligaba a tomar parte activa en la vida mundana. La condesa de Montijo desempeñó un papel primordial en el debate. Al hacerse cargo en nombre de la Junta, reveló en su manera de tratarlo mucho de su carácter, o sea, mucho carácter[41]. Su intervención fue muy decisiva en un asunto tan curioso como el intento, por parte del Gobierno del conde de Floridablanca, de imponer a la mujer un traje nacional con visos a uniformarlas y a controlar el gasto que suponía la moda femenina de entonces. Su réplica surtió tal efecto en el ministro que éste retiró el proyecto, abandonándolo en un cajón.

Desde su intervención sobre la represión del lujo, empresa que se reveló compleja y espinosa, quedó definido el papel de la condesa de Montijo. Su firmeza de carácter y de tono hicieron de ella una secretaria estimada y temida en La Matritense. Las damas, al elegirla, habían sabido encontrar la aliada y defensora que iba a proporcionales peso y prestigio a los ojos de sus colegas masculinos, del Estado, y muy pronto de la nación.

 

4.2.- Comisión de Educación Moral y empleo de mano de obra femenina

En enero de 1788, cuando la Junta de Damas había recorrido su primer trimestre, María Francisca de Sales Portocarrero, a petición de la Junta, estudió la situación de las mujeres en la industria. Preocupada por la promoción de las mujeres, la condesa de Montijo, redactó una memoria en esa dirección. Dio lectura a un borrador en la sesión del 25 abril. Su texto fue aprobado sin reservas. La condesa decía en su instancia que convendría dar algún otro paso por el camino de la liberación que el rey había abierto mediante varias cédulas y romper así las últimas trabas que se oponían al empleo de la mano de obra femenina en numerosas ramas de la industria[42].

La Junta de Damas, en septiembre de 1794, dispuso la conveniencia de la creación de dos Comisiones de Educación Femenina (Educación Moral y Educación Física) con la finalidad de poner en marcha las disposiciones del título 8, artículos 1 y 2 de sus Estatutos. Pues la educación era asunto que ilustraba el lema de La Matritense, Socorre enseñando[43]. Fue en la comisión de Educación Moral donde se integró la condesa de Montijo. María Francisca de Sales, un mes después, presentó unas meditaciones sobre esta materia, preguntándose: “Qué suma de conocimientos de la constitución civil y negocio públicos se debe dar a las mujeres en la educación”.

Al iniciarse 1796 la condesa de Montijo informaba a la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, sobre varias memorias acerca de la importancia de la religión en la educación de las mujeres y de cuánto importa para la política y economía doméstica que las mujeres estén bien educadas. Se había tratado los inconvenientes que ocasionaría el darles conocimientos de la constitución civil y negocios públicos; principios más convenientes para librarse de los perjuicios de lujo sin faltar a la decencia.

La VI condesa de Montijo asumió la dirección de la Escuela de San Andrés que formaba parte de las Escuelas Patrióticas. Era una de las más florecientes, contaba con noventa y seis alumnas, que en el año que cerraba la centuria del dieciocho habían cosido mil doscientas cuarenta y dos piezas de lencería francesa y española y ejecutado veintiséis modelos de punto.

 

4.3.- Reformadora de las cárceles de mujeres

La Junta de Damas no fue nunca ajena a la realidad social, evitando los proyectos utópicos irrealizables, con la mira puesta en la protección de las mujeres más desfavorecidas, contribuyó a mejorar, con sus escasos medios, la sociedad. En cierta manera, el asociacionismo femenino de origen ilustrado cubrió, por primera vez, en centros ajenos a la Iglesia, todos los espacios vitales femeninos: el embarazo y el parto, el cuidado a la infancia, las niñas desvalidas, la educación de las jóvenes, el trabajo de las mujeres y las ancianas enfermas y pobres. Sin olvidar tampoco a otros colectivos marginados como las reclusas, a las que intentaban sacar de la pobreza y la delincuencia.

Desde su creación, año 1787, la condesa de Montijo se vio acaparada por las responsabilidades y cuidados inherentes a su cargo de secretaria de la Junta. Se ocupa de sus hijos, el mayor de catorce años y el más pequeño de tres. Vigila la educación de éstos, sometiéndose a las exigencias sociales y cortesanas que le impone su rango. No obstante, Paula de Demerson en su obra sobre María Francisca de Sales Portocarrero señala que el papel de una cristiana debe reservar un puesto en su existencia al ejercicio de la caridad. La condesa tiene un alma sensible, compasiva. Contribuye con donativos a socorrer a los menesterosos. Pero esta caridad, fácil cuando se poseen los medios de practicarla, no es suficiente a sus ojos.

María Francisca de Sales Portocarrero propuso al Gobierno que la Junta de Damas se hiciera cargo de la penosa situación de las presas de la cárcel de La Galera. Las condiciones miserables en que se debatían las reclusas en aquella prisión hacían que muchas de ellas envejecieran y murieran antes de que se celebrara el juicio[44].

Lejos de limitarse al papel de directora, la condesa también trabajó como simple enfermera en las dependencias carcelarias. Por otro lado, creó una asociación que se ocupara de enseñar a la detenidas oficios que les permitieran conseguir pequeños ingresos[45], y prepararlas para afrontar el momento de volver a pisar la calle, buscar trabajo y poder vivir dignamente. De este modo nació la Asociación de Presas de La Galera que constituyó una novedad sin precedentes en toda España[46].

La Asociación que profesó ideas modernas, pensando que la finalidad de las cárceles no debía ser castigar, sino corregir, pretendió humanizar los centros penitenciarios, que carecían de la higiene más elemental.

Una de las primeras preocupaciones de la Asociación de Caridad de las cárceles madrileñas fue dotar a cada penal de una enfermería decente. La higiene alimentaria fue también objeto de los cuidados de la Asociación. Intervinieron también en la lucha contra los abortos e infanticidios que se practicaban comúnmente en las cárceles, y contra la muerte por abandono o falta de cuidados de los pobres niños traídos al mundo en aquellos presidios[47].

La condesa de Montijo a quien hemos visto como enfermera de la cárcel de la Corte, estuvo afectada durante dos años a aquellas salas. Su actividad en el seno de la Asociación es una de las más variadas. Participa en todos los acontecimientos mayores o menores que afectan a la vida de las reclusas.

La condesa de Montijo perteneció a aquel puñado de mujeres intrépidas que fueron las instigadoras de aquella obra de regeneración humana en favor de las reclusas. Conoció todos los resortes de la organización, sirvió en todos los puestos que le confiaron. Por su experiencia y dedicación se convirtió en uno de los elementos de peso en la Asociación de Caridad de las tres cárceles de mujeres de Madrid. Además, María Francisca perteneció a la Congregación del Hospital de Pasión, que atendía a las enfermas incurables. Cada domingo, junto a sus hermanas de Congregación, se revestían con una especie de saco y pasaban a las salas de las enfermas donde hacían las camas, las aseaban y repartían alimentos y limosnas. Al morir, pidió la condesa que le amortajaran en aquel tosco hábito, el saco[48].

 

4.4.- Su labor en la Inclusa de Madrid. Curadora de expósitos

Es cierto que la condesa de Montijo se preocupó para reformar las prisiones de mujeres, porque vivían en condiciones miserables, pero no podía dejarse conmover por la lastimosa situación en la que se encontraban los más pequeños, a los que conocemos por expósitos, niños abandonados. En este terreno, su actividad, particularmente eficaz y notable, se ejerció gracias a la institución benéfica de la Inclusa[49].

Entre 1794 y 1799, la Inclusa dependía de la parroquia de San Ginés. Las cifras de mortandad de los expósitos eran alarmantes. En Madrid la tasa de fallecimiento en los expósitos llegaba al ochenta por ciento.

La condesa de Montijo no podía ignorar el mal funcionamiento de la Inclusa, su mala gestión económica, los abusos cometidos por el personal, la deficiente alimentación, junto con las nulas condiciones higiénicas y sanitarias en detrimento de millares de inocentes. Conmovida por el relato de tantas miserias soportadas por los niños, alarmada por la elevada proporción de fallecimientos, concibió el proyecto de interesar a la Junta de Damas en aquel doloroso problema. Al encontrar en ellas un eco favorable, se dirigió entonces, el 3 de julio de 1789, a la Junta, proponiéndole tomar a su cuidado la crianza de los niños expósitos. No fue una tarea fácil.

No sería hasta el 13 de septiembre de 1799, cuando Carlos IV entregó la dirección de la Inclusa a la Junta de Damas, ante la persistencia de María Francisca de Sales Portocarrero. El rey puso las bases en sus decretos, a fin de hacer posible los objetivos deseados como era por entonces, mejorar la eficacia en la gestión, tan deteriorada, encomendando su gestión a la Junta de Damas. La cual, primero tuvo que hacer frente a la parte económica, demandada por el sustento inminente de los niños[50].

La condesa de Montijo fue nombrada curadora de expósitos. Logró poner orden en el centro e invertir la situación tan negativa con la que se había encontrado. En 1800 y tras doce meses de hacerse cargo la Junta de Damas de la Inclusa, la mortalidad se había reducido hasta un 46% y, en 1801, al 36% lo que probaba holgadamente la eficacia e inteligencia de esas damas al frente de la institución cuando asumieron su gerencia y dirección. Sin embargo, María Francisca tuvo que dejar la Junta de Damas en septiembre de 1805 al ser desterrada de la Corte.

 

5.- LA TERTULIA DE LA CONDESA. SUS AMIGOS

La condesa de Montijo quedó viuda el 24 de octubre de 1790. Don Felipe Palafox había sucumbido quizá a los ataques repetidos de unas fiebres malignas, ante las que la medicina de su tiempo se revelaba impotente y causaban más estragos que cualquier otra enfermedad. Fue enterrado, siguiendo sus deseos, en la parroquia de San Martín, sin honores militares y en secreto, rechazando cualquier acompañamiento ostentoso. Tenía entonces la condesa treinta y seis años. La desaparición de Felipe Palafox dejó sumida a María Francisca de Sales en un profundo desconcierto.

El matrimonio había abandonado la residencia de la plazuela de los Afligidos para instalarse en un palacio situado en la calle del Duque de Alba. Allí habría de casar a cinco de sus hijos[51].

Tras la muerte de don Felipe Palafox, la condesa se mantuvo viuda durante cinco años, al cabo de los cuales decidió contraer segundas nupcias. Se encontraba entonces en plena madurez, y esta vez su elección seguiría su propio criterio buscando establecer un vínculo personal satisfactorio, al margen de cualquier convencionalismo, a pesar de tener que sortear varios obstáculos en su camino, puesto que el elegido poseía un rango social inferior al suyo.

En consecuencia, contrajo uno de esos matrimonios desiguales que no estaban permitidos por la legislación vigente; por ello, quizás no sea demasiado aventurado afirmar que, posiblemente, se tratara de un matrimonio por amor, al estilo de los que estaban abriéndose paso y ganando terreno en la sociedad europea de la época.

El futuro cónyuge era su gran amigo desde hacía tantos años, Estanislao de Lugo-Viña y Molina[52], un reputado erudito con el que tenía en común afinidades de todo tipo, ideológicas, intelectuales y religiosas; indudablemente, debió ser su personalidad la que le hizo ser tan atractivo a sus ojos, después de conocerle durante largo tiempo, ya que era uno de los contertulios habituales de su salón. Matrimonio que precisó la necesaria aprobación real, dada su pertenencia a la grandeza de España. Esta vez, como la anterior, la condesa fue nuevamente afortunada al disfrutar de un matrimonio muy bien compenetrado; era el año 1795. Desde entonces permanecieron juntos, siendo su fiel compañero en todo momento, confortándola en los sucesos difíciles que le tocó vivir, acompañándola a los diferentes destinos a donde la arrastró el destierro, y estando a su lado cuando se produjo su muerte, en 1808.

La proyección pública como aristócrata comprometida con la política reformista de los gobiernos ilustrados, de la VI condesa de Montijo, le hizo irradiar una gran autoridad entre sus contemporáneos hasta el punto de ser reconocida a lo largo de su vida con diferentes honores, entre los que destaca la condecoración que obtuvo de la Banda de la Orden de María Luisa, en 1795[53], año en la que se casó en secreto con Estanislao de Lugo.

Mujer de su tiempo, supo adoptar y adaptarse a las prácticas de sociabilidad ilustrada, manteniendo un salón en su domicilio al que concurrían como visitantes y contertulios los personajes más significativos de la escena política del momento, desde servidores del estado a escritores y eclesiásticos. Anfitriona de su salón, conductora de la conversación y agente de mediación entre los tertulianos.

Como ejercicio instructivo, formando parte de la educación materna, solía llevar consigo a sus hijas, que pronto se acostumbraron a frecuentar estos círculos, y que luego

reproducirían[54]. Situado en su palacio del centro de Madrid, en la Calle del Duque de Alba, fue el único de los salones madrileños que no se permitió ninguna frivolidad ya que las preferencias de los temas tratados en las conversaciones que se realizaron giraban en torno a una variada temática, pero siempre en relación con la filosofía, la moral, la religiosidad, la actividad política, la asistencia a los necesitados, el arte, las matemáticas y la física.

Llegó a ser uno de los círculos más representativos de la sociedad madrileña, además de los más polémicos ya que sus asistentes representan al sector jansenista o al grupo de diaristas congregado alrededor del periódico El Censor; allí solían acudir gran número de eclesiásticos ilustrados, desde la alta jerarquía como su cuñado, Antonio Palafox, obispo de Cuenca y Antonio Tavira y Almazán, obispo de Salamanca y miembro de la Real Academia Española de la Historia y de la de Bellas Artes, canónigos de San Isidro como Baltasar Calvo y otros miembros del clero medio como Juan Antonio Rodrigavárez, incluso algunos religiosos como el dominico Fray Antonio Guerrero y el Padre Estala; altos funcionarios como Jovellanos, Llaguno y Amírola, Samaniego, y Urquijo, además de artistas, escultores y pintores, como Selma, Carmona, Bayeu, Vicente López, Esteve, Goya y Manuel Álvarez, magistrados como Meléndez Valdés, y marinos como Martín Fernández de Navarrete y José Vargas Ponce, Lorenzo Villanueva, José Yeregui. Así mismo asistían a ella ilustres escritores como López de Ayala, Forner o los Iriarte. Muchos de ellos serán acusados de profesar ideas jansenistas y sufrirán diversos castigos, incluida la anfitriona, como después veremos[55].

Resulta verosímil, asegura la historiadora Paula de Demerson que sus protectores habituales Jovellanos o el obispo Tavira, fueron quienes presentaron al extremeño Meléndez Valdés a la familia Montijo. Pero el ribero Juan Meléndez Valdés fue más que un amigo de la condesa. Fue otro extremeño, Bartolomé José Gallardo, bibliógrafo, erudito y escritor, el que afirmó que “los amigos de la condesa de Montijo fueron todos los hombres eminentes que en su tiempo hubo en España: Jovellanos, Cabarrús, el ilustrísimo Tavira, y sobre todo mi paisano Meléndez, que fue su tierno amigo, y más que amigo. De sus labios y de los del sabio Tavira oí en Salamanca mil elogios de esta dama”[56].

 

6.- EL LADO JANSENISTA DE LA CONDESA

Fue un hecho que le llevó a conocer las penalidades del destierro, teniendo que abandonar la Corte y su entorno familiar, sus amistades y conocidos, y sus tareas en la Junta de Damas, abocándola al ostracismo en el que vivió sus últimos años. Los motivos aducidos para el castigo se enmarcan en la represión desatada contra el grupo de los llamados neojansenistas o filojansenistas, al que supuestamente se hallaba vinculada la condesa. Los problemas comenzaron en 1801 cuando la reacción ultramontana[57] desarrolla una fuerte ofensiva contra los ilustrados, especialmente dirigida contra Urquijo, a propósito de los famosos decretos eclesiásticos de 1799.

La Inquisición pone al obispo Tavira en su punto de mira y acepta la denuncia contra el autor de los citados decretos; poco después se produce la destitución de Urquijo[58], al que le sigue su confinamiento en Pamplona, junto con la detención de Jovellanos. En pocos meses la red neojansenista y especialmente la tertulia de la condesa queda desmantelada y sus miembros dispersados o reducidos a la impotencia[59].

La acusación de jansenista a la condesa no era nueva, pudiéndose remontar a su labor de traductora de la obra del francés Nicolás Letourneux, Instrucciones cristianas sobre el sacramento del matrimonio y sobre las ceremonias con el que la Iglesia lo administra. Dicha traducción, con el paso del tiempo, fue la causa de que se le atribuyera un papel de primer plano dentro del grupo jansenista español.

Posteriormente se sumarían otros cargos como el de haber mantenido correspondencia con el francés Clément, que sumaron un total de cuatro cartas en cuatro años. También se le reprocharía haber dirigido otras dos misivas a Bonnet, el editor de Nouvelles Ecclesiastiques; una publicación que había criticado duramente en sus páginas la estricta censura ejercida por la Inquisición sobre la cultura española, y sus negativas consecuencias, donde parece ser que tuvo alguna colaboración la condesa.

En realidad, fue una verdadera lucha por el poder entre los distintos grupos de la política española del momento: ultramontanos e ilustrados, donde habría que insertar el doble juego de Godoy, primero cercano a ellos y después sumándose a sus opositores. El carácter religioso de las acusaciones no logró enmascarar lo que fue una batalla frontal política e ideológica entre facciones.

María Francisca de Sales Portocarrero fue una cristiana comprometida. Sin embargo, la historiografía sólo se ha fijado en el lado jansenista de la condesa, sí es que alguna vez tuvo tal lado, y no pasó de ser una para-jansenista. Muchos[60] cercenaron la verdadera dimensión de la condesa por haber traducido una obra jansenista, viéndose inquietada por el Santo Oficio y luego perseguida y desterrada de la Corte.

Los llamados para-jansenistas españoles, que se reunían en el salón de la condesa de Montijo, no tenían otra mira y meta que irradiar un programa de renovación cristiana, y de regeneración espiritual de la nación española. No se supo comprender el espíritu de la reforma religiosa, que pretendían los llamados jansenistas, se la desfiguró y malinterpretó.

Las aspiraciones de los para-jansenistas españoles fueron traicionadas por el Estado, o para ser más exactos, por el favorito Manuel Godoy. Demasiados adelantados para su época, quedaron incomprendidos y fueron ferozmente perseguidos[61]. Fue la destitución de Urquijo, secretario de Estado durante el reinado de Carlos IV (1798-1800), enemigo ministerial de Godoy, la que precipitó la persecución inquisitorial contra los jansenistas[62].

 

7.- EL DESTIERRO EN MONTIJO Y LOGROÑO

En septiembre de 1805, la noticia llegó al seno de la Junta de Damas, se desterraba de la Corte a la condesa de Montijo. Aquella mujer que había animado con su inteligencia, su autoridad, su energía, su empuje al grupo de las Amigas del País durante dieciocho años; que había sacrificado al bien de la nación y de sus semejantes su propia vida personal, que había tenido fe en un ideal de vida más justo y más humano[63].

María Francisca de Sales Portocarrero formó parte, y muy activamente del movimiento femenino de la segunda mitad del siglo XVIII español, que pretendía salir del ostracismo en el que siempre estuvo condenado el mal llamado sexo débil.

La Real Orden de fecha el 7 de septiembre precisa que el rey se halla informado que la condesa habla más de lo que debiera, que está faltando en cierto modo al respeto debido al monarca; que sus actividades e intrigas son contrarias al servicio del rey, y que es voluntad que abandone Madrid en el plazo de tres días. El 9 de septiembre acató la orden del destierro y emprendió la retirada a sus tierras en los Estados de Montijo, en las que durante largos meses residió con su esposo, Estanislao de Ligo y su numerosa servidumbre en el palacio que poseía en Montijo.

Este acontecimiento que pudiera parecer un hecho aislado dentro de la historia de la villa, pone si embargo de manifiesto, el enrarecido ambiente político que se vive en los años que preceden al estallido contra el invasor francés. Pues ese ambiente convulso afecta a todas las esferas de la vida política de principios del XIX, incluso a niveles municipales de carácter local, ya que Godoy siguió muy de cerca todos los movimientos que María Francisca de Sales Portocarrero realizó en su destierro[64].

La llegada de María Francisca de Sales Portocarrero alteró de alguna manera la vida cotidiana de las villas de Montijo y Puebla de la Calzada, ambas eran “pueblos de señorío perteneciente a la excelentísima Señora Condesa del Montijo, en consecuencia, de lo cual pone los alcaldes ordinarios y presenta el beneficio curado”[65].

Previo a la llegada al destierro de la condesa de Montijo, las tierras de los Estados de Montijo habían padecido plagas de langostas que obligaron a los labradores a roturar los campos. Fueron años de sequía y con ella escasez y malas cosechas[66]. Un pan de trigo costaba entonces seis reales. En cuanto a las enfermedades que padecían los vecinos “la endémica es la terciana, y solo se cura con potazión de muchas orozas de quina, la dominante es la thisis inmutable”[67].

María Francisca de Sales Portocarrero y su esposo Estanislao de Lugo se instalaron en el viejo palacio donde habían nacido su abuelo y bisabuelo[68]. Era una vasta fábrica, baja y ancha, de una sola planta, con un elegante, aunque modesto portal dominado por el escudo de armas del IV conde Montijo. En su interior una fuente de mármol, una columna romana y una amplia cocina con una inmensa campana era lo más destacado[69].

La vida de María Francisca de Sales Portocarrero se reorganizó. La condesa se encontró con su administrador, Manuel Flores Calderón, de quien documentalmente sabemos que había llegado a la villa el año anterior. Estableció relaciones con las autoridades municipales y eclesiásticas, vecinos y colonos. Visitó sus haciendas, revisó las cuentas y comprobó la lista de los morosos y los incumplimientos sobre el diezmo de granos, semillas y ganados que tenía por un privilegio real.

Eran años en los que la villa de Montijo ofrecía escasos recursos en el terreno de lo social o intelectual. Suponemos que alguna que otra saludable tertulia haría con el cura párroco, don Gonzalo Vélez de Guevara, de la orden de Santiago[70], el alcalde Juan Gutiérrez Gragera. Pedro Gragera y Cristóbal Amores, miembros del Consistorio municipal. Don Diego Machado y Medina, secretario del Ayuntamiento. Junto con algunos miembros de la nobleza montijana, agricultores y ganaderos acomodados, como don Alonso Bootello de San Juan y don Vicente Bérriz Donoso. Como cristiana comprometida debió desvelarse por la Obra Pía de los pobres de la villa de Montijo a la que dispensaba frecuentes donativos.

Uno de los asuntos que trató en sus tertulias fue la construcción del cementerio, con la finalidad de abandonar la costumbre de enterrar en la iglesia parroquial. Pedían que fuese en un lugar ventilado y capaz para una población que llegaba a mil vecinos, a veces azotada por las epidemias, y que tuviese una capilla[71].

No faltarían las visitas al convento de religiosas clarisas franciscanas, edificio que levantó en 1685 su bisabuelo don Cristóbal Portocarrero de Guzmán, erigido en 1704 bajo la advocación del Santo Cristo del Pasmo, pues la condesa y de Montijo y sus predecesores eran patronos de él con la facultad de presentar dos candidatas sin dote[72]. Documentalmente consta que María Francisca de Sales Portocarrero ejerció tal derecho, presentando a María Antonia Vara del Rey y Botello, natural de Alburquerque, y a María Ramos Escobar, natural de Montijo, en 1769 y 1789[73].

Dos meses antes de la llegada de la condesa a Montijo, el 13 de julio, la comunidad de religiosas había tenido capítulo ordinario, siendo elegida abadesa, sor Orosia de la Concepción[74]. Frecuentes fueron también las visitas al convento-hospicio de franciscanos observantes que había fundado su abuelo, don Cristóbal Portocarrero y Funes de Villalpando, V conde de Montijo, del que era asiduo a sus tertulias en su casa palacio el religioso franciscano Antonio Calvo.

La apacible y tranquila vida en Montijo no pudo con los deseos de actividad de María Francisca de Sales Portocarrero, pues a finales de junio de 1806 se encontraba instalada en la ciudad de Logroño, para hacer una cura de aguas termales en la localidad de Arnedillo, donde pudo contactar con antiguas amistades. En esta ciudad recibió la noticia que hablaba de la participación de su hijo y sucesor, Eugenio Eulalio Palafox Portocarrero, entonces conde Teba, en los acontecimientos ocurridos entre el 17 y 19 de marzo en Aranjuez, en el que su hijo fue un destacado animador al frente del motín bajo el apodo del tío Pedro, que acabó con Godoy.

Tras el motín de Aranjuez, uno de los primeros sonidos de la agonía del Antiguo Régimen, Fernando VII levantó el destierro a la condesa, que ilusionada inicia los preparativos para su vuelta a Madrid. No llegó a hacerlo porque le entró una calentura aguda inflamatoria, de la que nada pudieron hacer los médicos para su curación, falleciendo el 15 de abril de 1808 cuando tenía cincuenta y cuatro años[75]. La ilustrada condesa de Montijo fue integrante de la parte más sana, más digna y más admirable del siglo XVIII español[76]. Antes de morir pidió le amortajaran con el saco que tantas veces se revistió para socorrer a las enfermas incurables que atendía en la madrileña Congregación del Hospital de Pasión.

 

8.- MANUEL FLORES CALDERÓN

Manuel Flores Calderón nació en Peñaranda de Duero (Burgos) el 23 de diciembre de 1775, en el seno de una familia de labradores de los más ricos de Peñaranda. Con trece años ingresó en el Seminario de Santo Domingo de Guzmán perteneciente a la vieja Universidad del Burgo de Osma, en el que obtuvo el bachillerato en Artes, la licenciatura en Teología y la cátedra de Filosofía en 1796. Durante cuatro años, el joven catedrático, impartió clases en la Universidad de Santa Catalina[77].

Flores Calderón contrajo matrimonio, el 10/IV/1799, con Isabel García Marcos, una jovencita a la que conocía desde niña, hija de una acomodada familia de profesionales del derecho. Para su boda, la condesa de Montijo regaló a la novia un valioso aderezo de esmaltes y piedras preciosas montadas sobre plata.

Flores Calderón, a comienzos de 1800, se presentó a dos oposiciones en el Real Seminario de Nobles de Madrid, una de Lógica Metafísica y otra de Filosofía Moral, consiguiendo el grado de bachiller en leyes y más tarde el título de abogado.

El ambiente de la Universidad de Santa Catalina del Burgo de Osma, repercutió en la personalidad, formación e ideas de Manuel Flores Calderón. La presencia de varios obispos ilustrados había renovado el ambiente científico y cultural del centro, permitiendo la entrada de corrientes afrancesadas, admitiendo la llegada a las aulas de catedráticos, licenciados y canónigos cada vez más fieles a las teorías de la Ilustración; quienes asumían planteamientos no muy lejanos a los defendidos aquellos años por la corriente jansenista.

De todo ello no permaneció ajeno Flores Calderón, profesor de filosofía, y por lo tanto observador privilegiado de la labor de los enciclopedistas franceses, tomando partido por el sector del claustro más comprometido con los postulados libertarios, bajo los auspicios de su íntimo amigo y lejano familiar, José Esteban Marrón.

La saludable amistad entre María Francisca de Sales Portocarrero, VI condesa de Montijo, con el antiguo obispo de la diócesis de Osma, don Antonio Tavira Almazán[78], que era asiduo miembro de las tertulias de la condesa en su palacio, posibilitaría una relación próxima de Manuel Flores Calderón con la condesa. El peñarandino decidió abandonar la docencia a causa del pobre salario que recibía. Acababa de casarse, tenía dos niños pequeños y aspiraba alcanzar una posición suficiente. Estos debieron ser los motivos para que en 1803 fuese contratado como administrador de la condesa para sus posesiones en sus Estados de Montijo.

 

8.1.- Administrador de la VI condesa de Montijo

Flores Calderón se batió en la arena universitaria y en el mundo de la política desde la razón y el bien público. Trató con los más brillantes poetas y artistas de su tiempo. Fue un idealista sensato y honesto. Coherente con sus ideas, quien en su rebeldía consciente y contra corriente, le llevó hasta el punto de sacrificar su propia vida.

Los documentos hablan que Manuel Flores Calderón, en 1804, estaba en Montijo, pues el 10 de agosto de ese año, le nacía al matrimonio el tercero de sus hijos, a quien pusieron por nombre Lorenzo. Un parto que presentó algunas dificultades, teniendo que intervenir el cirujano Pedro Domínguez. El nuevo neófito fue bautizado el 3 de septiembre en la parroquia de San Pedro Apóstol, del que fue padrino el párroco don Gonzalo Vélez de Guevara, y testigos don Alonso Bootello de San Juan y don Vicente Bérriz Donoso, dos notables hacendados y miembros de la nobleza de Montijo[79].

Alojado en la casa-palacio que la condesa tenía en Montijo, la vida del administrador transcurría con normalidad. Sin embargo, un suceso inesperado cambió la vida de la familia Flores Calderón a mediados de 1805. La condesa María Francisca de Sales Portocarrero había sido desterrada de Madrid por Carlos IV, bajo la influencia de Manuel Godoy, eligiendo ésta pasar una temporada en sus posesiones de Montijo, como hemos narrado anteriormente.

La marcha de la condesa, meses después, hacia sus estados de Logroño, trajo la normalidad a la casa-palacio de Montijo. Isabel García Marcos se quedó nuevamente embarazada, trayendo al mundo, el 23 de abril de 1807, un nuevo vástago. Una niña al que pusieron por nombre Paula. Fueron sus padrinos Norberto, el hermano menor de Manuel Flores Calderón, y su amigo de toda la vida, José Esteban Marrón[80]. Esta vez la madre no se recuperó del parto satisfactoriamente y murió tres semanas más tarde, el 14 de mayo de 1807[81].

Flores Calderón quedó viudo y con cuatro hijos pequeños: Benito, Isabel María, Lorenzo y Paula, viviendo apesadumbrado, alejado de los suyos, deambulando por la casa ancha y baja, encalada de blanco y presidida por el escudo de armas de los Montijo, a quien la noticia luctuosa del fallecimiento en Logroño, de la condesa, le entristeció aún más.

El título y propiedades de la Casa de Montijo fue heredado por el hijo de mayor de la condesa, don Eugenio Eulalio Portocarrero y Palafox, un personaje singular, cuyos devaneos políticos perturbaron en más de una ocasión a su madre.

Alineado ideológicamente en el partido aristocrático, Eugenio Eulalio Portocarrero defendió activamente la candidatura del príncipe Fernando[82]. Actitud que le llevó a participar en componendas y conspiraciones palaciegas. Participando en el motín de Aranjuez, cuyos promotores deseaban destronar a Carlos IV y relevar del cargo de primer ministro Manuel Godoy.

 

8.2.- Un quinquenio monstruoso

Los acontecimientos políticos y militares se precipitaron irremisiblemente, inaugurándose un período al que Manuel Flores Calderón llamará años más tarde, el quinquenio monstruoso, en clara alusión a la Guerra de la Independencia.  Las sublevaciones populares contra el ejército francés que desde noviembre de 1807 ocupaba, de modo pactado, España, se multiplicaron.

El levantamiento popular madrileño del 2 de mayo alertó a muchos españoles convencidos del cariz que había tomado la invasión napoleónica. El 29 de junio de 1808, el cura párroco de Montijo, don Gonzalo Vélez de Guevara, desde el púlpito, enardeció el ánimo a sus feligreses y los conminó a defender la patria, la religión y la monarquía que había sido usurpada por los franceses[83].

La recién organizada Junta de Extremadura ordenó la requisa de todo tipo de artículos, víveres, caballerías… que permitieran la resistencia armada. El conde de Montijo hizo entrega de sus granos y pertenencias en Extremadura, por lo que la administración de la hacienda dejó de tener sentido. Además, una tropa de más de 4.800 hombres y un escuadrón de caballería de 800 caballos se alojaron en Montijo durante el verano de 1809. Manuel Flores Calderón con sus cuatro hijos tuvieron que refugiarse en Badajoz.

Ambos, conde y administrador, protagonizan en el mes de agosto de 1809 -con motivo de la entrevista mantenida del primero con el General Wellington- en el que el Conde de Montijo, en un gesto patriótico entregaba lo que le quedaba de su renta y lo poco que aún no había recogido de su cosecha. A pesar de ello, fue apresado, tal y como se desprende de la carta escrita por Manuel Flores Calderón desde Badajoz, el 30 de agosto de 1809: “en medio de esta triste situación de que me hallo, como toda mi familia y el Señor Conde de Montijo, no puedo menos dirigirme a usted. El Conde, mi señor, ha sido mandado arrestar, los papeles de Montijo, inventariados, recogidos, y con toda mi familia, al principio, puestos en la calle; aún tenemos la bondad del señor Comandante Federal interino”[84]. Meses más tarde, Flores Calderón marchó a Peñaranda de Duero con el propósito de proteger a su familia.

 

8.3.- Flores Calderón en el Trienio Liberal. Presidente del Congreso de los Diputados

Terminada la guerra, Flores Calderón reinició su relación con el conde de Montijo, trasladándose a Segovia, provincia en la que don Eugenio Eulalio Portocarrero poseía un importante patrimonio. La proximidad a la capital de España le permitió conocer gente influyente y participar cada vez más intensamente en los conciliábulos madrileños a través de la masonería[85], vehículo imprescindible para formar parte, desde la clandestinidad en la política nacional. Reinstaurada, en 1820, la Constitución gaditana, el administrador de los Montijo era entonces vecino de Segovia y residente en Madrid.

La relación de amistad que dispensaba el conde de Montijo a Manuel Flores Calderón no era la de un subalterno cualquiera. El Administrador gozaba de la plena confianza del Grande de España y, a pesar de ciertas diferencias de carácter, les unía una indudable sintonía ideológica[86].

No debe resultar extraño que Flores Calderón perteneciera, como el conde de Montijo, a la masonería. En los papeles reservados del rey Fernando VII, en los que se adjuntan informes sobre los masones de 1823 obtenidos por la policía, se le cita, apareciendo con el nombre masónico de Emmanuel.

Manuel Flores Calderón trabajó intensamente durante el denominado Trienio Liberal (1820-1823), participando en reuniones y cafés, a los que acudía a veces con su paisano, Juan Martín, “El Empecinado”. Con algunos compañeros de ideas fundó el Ateneo de Madrid y fue nombrado secretario de la recién creada Dirección General de Estudios, presidida por el afamado escritor Manuel José Quintana.

Una de sus mayores preocupaciones fue, según dejó constancia en varios ensayos, “la falta de escuelas, el mal estado de los edificios, la ausencia de fondos para pagar a los maestros, la inexistencia de aulas para niños”. Por estas fechas pronunció una conferencia en el Ateneo madrileño sobre “El método que debe seguirse en la educación”. En línea con el pensamiento ilustrado francés, creyó que mediante la educación la sociedad española de mediados del XIX se encaminaría por la línea del progreso y el bienestar. Flores Calderón fue elegido diputado a Cortes por la circunscripción de Burgos entre 1822 y 1823, siendo nombrado presidente de las mismas en febrero de 1823[87].

 

8.4.- Exilio en Londres. Fusilado en Fuengirola

Con la entrada en España de los Cien Mil Hijos de San Luis se vio obligado al destierro al igual que otros muchos liberales. Como otros muchos diputados que en 1823 votaron la destitución de Fernando VII fue condenado a muerte. Manuel Flores Calderón huyó a Gibraltar. Como José María Blanco White, romántico y desarraigado que abandonaría aquella ingrata España reaccionaria, encontrando refugio en Londres.

En esta ciudad se constituyó un gobierno provisional en el exilio que nombró a Manuel Flores Calderón y al general Torrijos representantes de los liberales españoles. En el barco en el que se trasladó hasta Londres viajaba junto a Manuel Flores Calderón el Duque de Rivas. Durante su exilio en Londres comenzaría los preparativos de una expedición que según sus previsiones llevaría a cabo, con los necesarios apoyos interiores, el desembarco en España, el levantamiento insurreccional y la toma del poder.

Manuel Flores Calderón, hijo de la Constitución de 1812, con sus ideales se adelantó a su época. Su exilio marcó el camino que habrían de seguir muchos españoles durante los siglos XIX y XX. Defensor de la modernidad frente a los que anclados en el pasado luchaban por sus privilegios medievales. La rebelión encabezada por el general José María de Torrijos y Manuel Flores Calderón fue el resultado de los cambios que vivía la sociedad española en su lucha por acabar con el absolutismo de Fernando VII.

Flores Calderón se exilió en Londres, junto a su hijo Lorenzo. Nueve años después, avalado por la autoproclamada Junta de Londres y acompañado por un puñado de patriotas consiguió dirigir, junto al general Torrijos, un pronunciamiento que devolviera la libertad a España. Intento baldío porque en la madrugada del 11 de diciembre de 1832[88], en la playa malagueña de San Andrés de Málaga fueron fusilados Torrijos, Manuel Flores Calderón y otros cuarenta y siete sublevados[89]. Entre los ejecutados se encontraba un niño de quince años que se había embarcado como grumete con ellos. Un fraile franciscano, fray Joaquín de Santa Teresa, asistió a los condenados a muerte[90].

Manuel Flores Calderón rogó al fraile, en aquella última confesión que pintó Antonio Gisbert en 1881, que es un alegato en defensa de la libertad y un grito contra el autoritarismo, que no se olvidara su justa causa: “nosotros no somos traidores, que nos trajo aquí el amor de nuestro país, el deseo de libertarlo de la esclavitud que sufre, de la ignominia que lo cubre, y que lo único que queremos es el bien y la felicidad de la patria”.

Sin embargo, fue devorado por los acontecimientos, pues como otros muchos perdedores construyó un paraíso tentado por lo imposible. Abrazó la Constitución gaditana como el sueño patriótico y liberal de una sociedad que se había ganado el derecho de entrar en nuevos valores, muy distintos a los del viejo sistema, pues todo aducía por la renovación del país y la libertad de los españoles.

 

 

 

 

FUENTES DOCUMENTALES

 

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ARCHIVO PARROQUIA SAN PEDRO APÓSTOL DE MONTIJO (APSP). Libro II de Bautismos. Años 1620-1641. Libro IV de Bautismos. Años 1673-1703. Libro XII de Bautismos. Años 1799-1807. Libro XIII de Bautismos. Años 1807-1815. Libro I de Defunciones. 1807-1835. Libro de cuentas de la cofradía de Ntra. Señora de Barbaño (1795-1833).

ARCHIVO MUNICIPAL DE MONTIJO (AMM). Catastro Marqués de la Ensenada. Libro de Respuestas Generales. Año 1753. Legajo 3, Carpeta 24: Libro registro de caballos, yeguas y potros. Año 1775. Legajo 4, Carpeta 85. Año 1808.

ARCHIVO MUNICIPAL DE PUEBLA DE LA CALZADA (AMPC). Legajo 3, Carpeta 13. Legajo 3, Carpeta 18. Año 1776. Legajo 3, Carpeta 13.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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[1] FRANCO RUBIO, G.A.: Una vida poco convencional en la España de las Luces: La Condesa de Montijo (1754-1808). Madrid 2011. p. 79. En la obra de Emilio Palacios Fernández, Veintiséis estudios sobre el siglo XVIII español.

[2] El marquesado de Villanueva del Fresno fue concedido el I/XI/1544 a don Juan Portocarrero y Cárdenas, señor de Villanueva del Fresno y Moguer, I señor de Barcarrota, caballero de la Orden de Santiago.

[3] ALONSO y LOPEZ, A. y otros: Elenco de grandezas y títulos nobiliarios españoles. Madrid 1976. p. 346. También NAVARRO DEL CASTILLO, V.: Montijo, apuntes históricos de una villa condal. Cáceres 1974. pp. 31-38

[4] Al fallecimiento de su tía, doña María Enriquez de Ribera, heredó agregado al Estado de Montijo la villa de Puebla de la Calzada. Conf. NAVARRO: Montijo, apuntes… Op. cit. p. 40.

[5] ARCHIVO PARROQUIA SAN PEDRO APÓSTOL (APSP). Libro II de Bautismos. Años 1620-1641. Hijo de don Cristóbal Portocarrero y Enríquez, III marqués de Valderrábano, e Inés de Guzmán y Córdoba, VII marquesa de La Algaba. Fue bautizado por don Gómez Silvestre, cura del hábito de Santiago. Fue su padrino su abuelo, don Cristóbal Portocarrero y Luna.

[6] No disponemos de su partida de defunción al no conservarse los libros de Defunción para ese período en el Archivo Parroquial de Montijo. El primer Libro de defunciones comienza en 1807.

[7] Su escudo de armas aparece en las puertas llamadas del Pilar, inaugurada en 1692, y la de San Antonio de las murallas de Badajoz, construidas en el nuevo sistema abaluartado del s. XVII.

[8] ARÉVALO SÁNCHEZ, A.: Las clarisas de Montijo. Historia del Monasterio Santo Cristo del Pasmo. Cáceres 2007. p. 33. El escudo del IV conde de Montijo está en la casa-granero, Puerta del Perdón de la parroquia de San Pedro y en el convento de las clarisas. También en una casa de la plaza de España de Villanueva del Fresno.

[9] APSP. Libro IV de Bautismos. Años 1673-1703. Fue bautizado el 19 de marzo por el cura párroco de la Orden de Santiago, don Rodrigo Alfonso Barrena y Gragera.

[10] FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, T.: Escritores franciscanos de Extremadura. Revista de Estudios Extremeños. Diputación de Badajoz. Tomo XLI, número 1, año 1985. p. 47.

[11] Contrajo matrimonio con su sobrina, doña Dominga Fernández de Córdoba, hija de su hermana doña Catalina Portocarrero de Guzmán, condesa de Teba y de don Antonio Fernández de Córdoba y Figueroa. Fue doña Dominga dama de la Princesa de Asturias.

[12] DEMERSON, PAULA: María Francisca de Sales Portocarrero, condesa del Montijo. Una figura de la Ilustración. Madrid 1975. pp. 21 y 22.

[13] Instituido el 9/IX/1614 a favor de don Francisco Enríquez de Almansa y Manrique de Ulloa, virrey de Nueva España, caballero de la Orden de Alcántara.

[14] ARCHIVO MUNICIPAL DE MONTIJO (AMM). Catastro Marqués de la Ensenada. Libro de Respuestas Generales. Pregunta trigésimo novena, fol. 27. 28/III/1753.

[15] Fue dama de la reina María Amalia de Sajonia.

[16] La historiadora Paula de Demerson señala que, en el testamento del padre de María Francisca de Sales, éste dispone que su hija fuese admitida en el convento de la Visitación. Añadiendo que el nombre de la futura condesa obedece a la devoción que la familia Montijo profesaba a San Francisco de Sales. Y tal vez a la intervención directa de su tío Luis Antonio Fernández de Córdoba Portocarrero, XIII conde de Teba, cardenal-arzobispo de Toledo, que por aquellas fechas era protector del convento de la Visitación, quien visitó a la condesita durante su internado en las Salesas. Conf. PAULA: María Francisca de Sales Portocarrero… Op. cit. p. 37.

[17] FRANCO RUBIO: Una vida poco convencional en la España de las luces… Op. cit. pp. 81-82

[18] En el segundo piso, salón amarillo.

[19] MORALES PIGA, M.L.: Andrés de la Calleja. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Departamento de Historia del Arte Moderno II. Madrid. 2016. pp. 66-67

[20] Don Cristóbal Portocarrero y Funes de Villalpando, falleció en Madrid el 15/VI/1763. En las venas de la condesa se mezclaba la sangre de los Fernández de Córdoba con la de los López de Zúñiga que le surtieron de los derechos para ostentar el ducado de Peñaranda, y con la de los Pacheco, Portocarrero y Téllez Girón, biznieta materna del V duque de Uceda. Sin olvidar la ascendencia de su condado de Fuentidueña en el condestable Álvaro de Luna y en los Pimentel.

[21] ARCHIVO MUNICIPAL DE PUEBLA DE LA CALZADA (AMPC). Legajo 3, carpeta 18, folio 9. 21/VIII/1776.

[22] Entre los que se encuentran las villas de La Adrada, Puebla de la Calzada, Huétor Tájar, Codesal, Ablitas, Vierlas, Los Palacios y Romanillos. Conf. AMPC. Legajo 3, carpeta 13, folio 1.

 

[23] Los dos fallecidos fueron María del Patrocinio e Ildefonso.

[24] María Tomasa de Palafox y Portocarrero (1780-1835), contrajo matrimonio con Francisco de Borja y Álvarez de Toledo y Gonzaga, XVI duque de Medina Sidonia.

[25] Eugenio Eulalio (1773-1834), casado con María de Ignacia Idiáquez Carvajal, y Cipriano (1784-1839). Contrajo matrimonio con María Manuela Kirkpatrick Grivegnée, padres de la XV Duquesa consorte de Alba, y de la Emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo.

[26] María Benita Dolores de Palafox y Portocarrero (1782-1818), casada con Antonio Ciriaco Belvis de Moncada Álvarez de Toledo.

[27] María Ramona de Palafox y Portocarrero (1777-1823). Contrajo matrimonio con José Antonio Cerda Marín de Resende

[28] María Gabriela de Palafox y Portocarrero (1779-1820). Casó con su primo Luis Rebolledo de Palafox y Melzi.

[29] Los Montijo vivieron en la madrileña Plazuela de los Afligidos núm.1. Llamada así por el convento de San Joaquín de los Premostratenses, construido en 1635, y en cuyo interior se encontraba una imagen de Ntra. Señora de los Afligidos.

[30] El jansenismo era una doctrina que pretendía limitar la libertad humana partiendo del principio de que la gracia se otorgaba a algunos seres desde su nacimiento, y a otros se les negaba. Surgió en el s. XVI a raíz de la polémica sobre la noción de la gracia divina que enfrentó a los que otorgaban mayor poder a la iniciativa divina contra los que concedían primacía a la libertad humana. Conf. J.M. GRES-GAYER: Jansenismo, en J.Y. LACOSTE (Dir.), Diccionario crítico de Teología, Madrid 2007. pp. 630-632.

[31] DEMERSON: María Francisca de Sales Portocarrero… Op. cit. p. 247.

[32] Con escusas en las fincas Fresnillo, Fresno Pinel, Satisfoya de Hoces, parte de la antigua Vara y Sarteneja. Junto con el Rincón de Gila, Las Mesas, Las Lapas y Las Canchorras.

[33] AMM. Libro registro de caballos, yeguas y potros. Año 1775. Legajo 3, Carpeta 24.

[34] Año en el que don Felipe Palafox recibió el nombramiento de Mariscal de Campo.

[35] AMPC. Legajo 3, carpeta 18. Folio 9. 21/VIII/1776.

[36] ARCHIVO PARROQUIA DE LOBÓN (APL). Libro de Seglares, fols. 78-80.

[37] GARCÍA CIENFUEGOS, M.: Lobón en su historia. Mérida 2014. p. 161

 

[38] JUNTA DE DAMAS. http://juntadedamas.org/quienes-somos/historia

[39] Real Orden de 26/VIII/1787, comunicada por Floridablanca.

[40] Fundadas en 1775 por la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Conf. PALMA GARCÍA, D.: Las escuelas patrióticas creadas por la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País en el siglo XVIII. Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea. Universidad Complutense de Madrid. p.40.

[41] DEMERSON: María Francisca de Sales Portocarrero… Op. cit. p. 149.

 

[42] Ibídem. p. 165

[43] De esta manera, alimentando día a día el espíritu de la Ilustración, La Matritense promovía la educación como herramienta de desarrollo en beneficio de todos, convencidos de que el acceso a la cultura es el único camino para alcanzar la libertad.

 

[44] retratosdelahistoria.blogspot.com

[45] Consistían en labores manuales, siendo sus trabajos ejecutados en medias, calcetas, hilado de lino y estambre, mitones, camisas finas, cordones, cadenetas, sábanas, camisas, fundas de colchón, hilado y cardado, madejas de lana y alfombras.

[46] Asociación de Caridad de las tres cárceles de Madrid: La Galera, en la calle de Atocha; la Cárcel de Corte, en la plazuela de la Provincia, frente al palacio de Santa Cruz, y la Cárcel de la Villa, en la plaza de la Villa. En las que las mujeres se hallaban confinadas.

[47] DEMERSON: María Francisca de Sales Portocarrero… Op. cit. pp. 192-193.

[48] Ibidem. p. 200.

[49] Creada por la cofradía de Ntra. Señora de la Soledad y las Angustias, estuvo en la Puerta del Sol, entre la calle Preciados y la del Carmen.

[50] ESPINA PÉREZ, P.: Historia de la Inclusa de Madrid. Vista a través de los artículos y trabajos históricos. Madrid 2005. p. 163

[51] DEMERSON: María Francisca de Sales Portocarrero… Op. cit. p. 88.

[52] Nacido en La Orotava (Santa Cruz de Tenerife). Jurista y erudito; había sido preceptor del primogénito del infante don Luis. Posteriormente ingresó como oficial en la Secretaría del despacho de Gracia y Justicia, llegando a oficial quinto. Secretario del Rey; Académico de Bellas Artes; Caballero de la Orden de Carlos III, consejero del Consejo de Indias y, quizás su cargo más querido, director de los Reales Estudios de San Isidro, donde permaneció durante dieciocho años, atendiendo especialmente a su biblioteca. A la llegada de José I se hizo afrancesado, formando parte del Consejo de Estado. Con Fernando VII se exilió en Francia, afincándose en Burdeos, hasta su muerte, sobrevenida en 1833, cuando contaba ochenta años.

[53] La Real Orden de María Luisa, creada por Carlos IV en 1792 a instancia de su esposa, la reina María Luisa, para recompensar a las mujeres nobles que se distinguieran por sus servicios o cualidades.

[54] Su hija María Tomasa de Palafox y Portocarrero, esposa del XVI duque de Medina Sidonia, siguiendo los pasos de su madre, tuvo también un salón y, con el tiempo fue presenta de la Junta de Damas de la Matritense en los años de la Guerra de la Independencia.

[55] FRANCO RUBIO: Una vida poco convencional en la España de las luces… Op. cit. p.84.

[56] Bartolomé José Gallardo estudió filosofía en Salamanca y fue protegido del obispo Antonio Tavira Almazán.

[57] Término utilizado para referirse al integrismo católico que defendía la autoridad de la Santa Sede sobre la Corona, sosteniendo posiciones tradicionalistas dentro del catolicismo romano.

[58] Fue reemplazado por Manuel Godoy.

[59] DEMERSON: María Francisca de Sales Portocarrero… Op. cit. p. 299.

 

[60] Entre los que se encuentran, Vicente de la Fuente, Menéndez Pelayo, Coloma y Ángel Salcedo.

[61] OLAECHEA, R.: Dos casos de “Literatura” femenina en el XVIII español. Cuadernos de Investigación. Universidad de La Rioja. Tomo VII. Fasc. I y II. Año 1981. p. 117.

[62] ROMERO PEÑA, A.: Caída y persecución del ministro Urquijo y de los jansenistas españoles. Revista Historia Autónoma. Núm. 2. 2013. p. 90.

[63] DEMERSON: María Francisca de Sales Portocarrero… Op. cit. p. 243.

[64] Ibidem. p.328. El 13 de septiembre desde Madrid enviaban al Administrador de Correos de Badajoz que interceptase cualquier misiva dirigida a la condesa y a Estanislao de Lugo, lo mismo en Montijo que en Mérida, para remitirla al Administrador General de Correos de Madrid que sabía lo que tenía que hacer.

[65] LÓPEZ, T.: La provincia de Extremadura a finales del s. XVIII. Asamblea de Extremadura. Mérida 1991. pp. 316-320.

[66] “Mil quinientos sesenta y tres reales, importe de los recaudado en el novenario que se hizo de rogativas por las lluvias a Ntra. Señora”. Cargo del año 1802. APSP. Libro de cuentas de la cofradía de Ntra. Señora de Barbaño (1795-1833).

[67] LÓPEZ: La provincia … Op. cit. Montijo, respuesta a la décimo tercera pregunta. p.318.

[68] Edificado sobre la antigua Casa de la Encomienda de la Orden Militar de Santiago.

[69] La piqueta la demolió a mediados de los años setenta del pasado siglo. Construyéndose sobre ella y su huerta la urbanización de viviendas conocida como Huerta del Conde (calles Extremadura, América y Conquistadores).

[70] Era obispo prior de la Orden de Santiago, con residencia en Llerena, el fuentecanteño don José Casquete de Prado y Bootello.

[71] El cementerio se construyó en el Cerro de La Cruz. Fue inaugurado el 28/VI/1807, permaneciendo en servicio hasta 1914, en el que las autoridades acordaron hacer uno nuevo. Sobre su solar está el Parque Municipal.

[72] ARÉVALO: Las clarisas de Montijo… Op. cit. p. 48

[73] Ibídem. p. 64.

[74] Ibídem. Presidido por el párroco y juez comisario don Gonzalo Vélez de Guevara. p. 133.

[75] FRANCO RUBIO: Una vida poco convencional en la España de las luces… Op. cit. p.87.

[76] OLAECHEA: Dos casos de… Op. cit. p. 119.

[77] Los datos de este capítulo están basados en la obra de IGLESIA BERZOSA, J.: Vida de Manuel Flores Calderón. El compromiso heroico de un revolucionario. Revista Biblioteca, núm. 12, Aranda de Duero 1997. pp. 53-90.

[78] Fue prior del convento de Uclés, obispo de Canarias, Osma y Salamanca, profesor de las Universidades de La Laguna y de Salamanca (recibió el encargo de Campomanes para acometer su reforma), además de académico de la Real Academia de la Lengua, de la de Bellas Artes de San Fernando y de la de Historia.

[79] APSP. Libro XII de Bautismos. Años 1799-1807. Fol. 251.

[80] APSP. Libro XIII de Bautismos. Años 1807-1815.

[81] APSP. Libro I de Defunciones. 1807-1835. Fol 3 vto. Faltaba algo más de un mes para inaugurar el nuevo cementerio católico, por lo que Isabel fue enterrada en el interior del templo parroquial de San Pedro Apóstol

[82] Sin embargo, su hermano Cipriano abrazó el partido de José I, teniendo que expatriarse y regresar a España a finales del primer tercio del siglo XIX.

[83] AMM. Legajo 4, Carpeta 85.

[84] GÓMEZ VILLAFRANCA, R.: Extremadura en la Guerra de la Independencia. Sevilla 2008. p. 156.

[85] Eugenio Eulalio Portocarrero Palafox, VII conde de Montijo perteneció a la masonería. Su nombre masónico era Muley Abhim, tenía el grado veintinueve, era primer vigilante y el segundo entre los grandes dignatarios.

[86] En 1818 el conde le otorgó a su administrador un poder amplísimo para que éste le representara sin limitación alguna en todos sus estados.

[87] Nombrado presidente por 114 votos, de un total de 129. Del 25 de febrero al 22 de marzo las Cortes se reunieron en Madrid. Del 23 de marzo hasta el 1 de mayo lo hicieron en Sevilla.

[88] Fueron apresados y fusilados en las playas malagueñas por el delito de alta traición y conspiración contra los sagrados derechos de la soberanía de S.M., tras unos días de infructuosa resistencia, y sin celebrarse previamente juicio alguno.

[89] Entre los que se encontraba el almendralejense Francisco Fernández Golfin, hijo del IV marqués de la Encomienda.

[90] CALVO PÉREZ, J.J.: Manuel Flores Calderón: un ribereño hijo de la Constitución de 1812. Revista La Vela, IES Vela Zanetti, Aranda de Duero 2005. p. 34.

Dic 062016
 

 Manuel García Cienfuegos.

Cronista Oficial de Montijo y Lobón

 

“La Puebla de la Calzada, llamada así por la vía militar de los Romanos, que iba por allí desde Mérida a Lisboa, tiene cuatrocientos, y dista un quarto de legua de Montijo, que está poblado de ochocientos; y ambas villas pertenecen al Excelentísimo Conde de Montijo; así en la una como en la otra hay porción de bellísimas huertas de frutales, cáñamos, hortalizas y otras cosas. Su riego se hace con norias, y el agua está muy superficial, siendo lucroso dicho cultivo, y de no poco recreo para los vecinos. Estas huertas podrían extenderse por aquella dilatadísima llanura algunas leguas antes, y después de Montijo, y la Puebla, hasta Badajoz, y Portugal, y haber en aquel territorio unas quantas poblaciones, si la desgracia (como decía un vecino) de las dehesas, y los cotos no lo impidiese”[1].

 

1.- LA VISIÓN DE ANTONIO PONZ

 

Así escribía don Antonio Ponz Piquer (Bechí 1725 – Madrid 1792), secretario de la Real Academia de San Fernando, académico de la Real Academia de la Historia y de las Reales Sociedades Vascongadas y Económica de Madrid, en su voluminosa obra Viaje de España que emprendió en 1771, en la que dio a conocer la riqueza artística de nuestro país, la crónica que en el último cuarto del siglo XVIII (año 1784) vivían las tierras de la hoy conocida comarca de las Vegas Bajas, visionando el proyecto de lo que sería en el siglo XX el Plan Badajoz.

En el prólogo de su Tomo VIII, este tratadista, con rotundidad, sentenciaba la Extremadura de aquellos años, pobre, huérfana y olvidada: “Este tomo y el antecedente tratan de Extremadura, de cuya provincia se sabe menos que de otras; y creen algunos que hay allí muy poco que observar en obras de buen gusto, suponiendo que toda ella está destinada a dehesas, cotos y rebaños”[2].

El viajero Antonio Ponz, deja Montijo y Puebla de la Calzada, cruza el Guadiana sobre la barca en el lugar que en la II República se construyó el conocido Puente de los Suspiros, cuyo propietario era el duque de Uceda, que también lo era del Señorío de Lobón. Tras detenerse en esta villa, por la que entonces transcurría la Carrera Real, por sus calles Derecha y Madrid, con la finalidad de dirigirse a Talavera la Real y llegar a Badajoz, aprecia la situación del momento que viven las tierras de la orilla izquierda del Guadiana:

“Entre Lobón y Talavera se pasa un arroyo llamado Guadaxira, intransitable, y peligrosísimo en los inviernos, en que la falta de un puente es causa de muchas desgracias, y de notable detención de correos, y pasageros: gran falta en un camino tan principal como éste. Se encuentra en todo él desde Mérida a Badajoz grandísimas llanuras, reducidas a pastos. Se trabaja con empeño en la construcción del camino real de Extremadura, y podemos esperar que sea uno de los mejores de España, mediante las providencias que se han tomado”[3].

Abundaba tan ilustre viajero sobre la realidad geográfica que percibieron sus ojos: Se encuentra en todo él desde Mérida a Badajoz grandísimas llanuras, reducidas a pastos. Años antes, a mediados de la centuria dieciochesca, el Catastro del Marqués de la Ensenada de Montijo, Lobón, Talavera la Real y Aldea del Conde informaba de las superficies destinadas de sus respectivos términos municipales para pastar el ganado. Así, Montijo destinaba el 55,34%, Talavera la Real el 45,8%, Aldea del Conde el 63,71% y en Lobón el 44,83%, del que el 73,20 estaba ocupado por la cabaña ganadera trashumante.

 

2.- EL INTERROGATORIO DE TOMÁS LÓPEZ

 

Cuando fenecía el siglo XVIII, es la obra del geógrafo y cartógrafo Tomás López de Vargas y Machuca, titulada Geografía Histórica de España, la que describe la situación de la comarca señalando que el río Guadiana: “prosigue su deszenso desde Mérida a Badajoz por el spazio de 9 leguas por una puente hermosa i una vega pingüe i fertilísima, pero despoblada e inculta, en el intervalo tiene dos barcas de madera que dan transito una a la villa de Lobón i otra a la de Talabera”[4].

A este panorama despoblado, ocupado por dehesas y cotos, de rebaños y pastos, de apenas sin cultivos, hay que añadirle el grave problema de la posesión de la tierra, que originó disputas, solicitando reformas que sacaran a aquella sociedad de la postración y de los abusos en la que se encontraban; reivindicando, por ello, el principal soporte de la economía: la tierra.

Los labradores y pequeños campesinos abrumados por las cargas de la nobleza o la iglesia, pendientes siempre del clima, sin otro hábito que el trabajo y el hambre, vivían en la miseria y en la necesidad de comenzar a vender su fuerza de trabajo. Dos factores actúan para llevarlos a esa situación: los privilegios de la Mesta y los labradores hacendados, oligarcas locales que dominaban la administración municipal[5].

Tomás López es concluyente en su descripción sobre la villa de Puebla de la Calzada “pues aunque toda esta tierra es de campiña, como va dicho, y propia para la labor están las más adehesadas y destinadas para la cabaña de ganaderos trassumantes, sin dejar a los pobres labradores lo necesario para la agricultura, lo que tiene arruinada esta provincia y mucho más a este pueblo, que por la escasez referida se ven obligados sus naturales a dedicarse al trato, ya lícito ya de ilícito, comercio con Portugal, como tan próximo, de que se origina la ruina de muchas familias, castigadas sus cabezas ya en cárceles, ya en presidios, ya con multas que no pueden soportar”[6].

Estos sentimientos y el contagio de un espíritu ilustrado fue la causa a la que llevó, el 14 de septiembre de 1798, a Diego Dorado, Procurador Síndico Personero del Concejo de Lobón, a alzar su voz en este manifiesto: “Que referido común que represento se compone de Pobres Labradores, único Trato y comercio de ella. Que mediante a que las tierras Labrantías y de superior calidad que hay en este término son todas o también partes propias de Forasteros, los cuales las tienen Arrendadas a otros de extraña Jurisdicción, se ve dcho mi común precisado a Arar las inferiores y salirlas a buscar a suelos extraños, de lo que sigue a éste un total aniquilamiento no tan solamente con la falta a las tierras referidas, sino también con los perjuicios que el forastero causa con sus ganados en las mieses del vecino y pastos de su término, motibo por que se han seguido, y aún en el día se experimentan las mayores desavenencias, cuestiones y criminalidades”[7].

En 1790 se había creado la Real Audiencia de Extremadura, tribunal que recibiría desde sus comienzos un aluvión de denuncias contra los ganaderos trashumantes que significaría un duro golpe para la actividad ganadera foránea, pero también para las economías de las oligarquías, que basaban una parte considerable de sus ingresos en las rentas que obtenían por la explotación indirecta de sus propiedades en beneficio de los ganaderos[8].

La notable cabaña ganadera que pastaba en la comarca, especialmente del ganado ovino y con él, una significativa producción de lana, hizo que en la décima pregunta del interrogatorio de Tomás López sobre Montijo, se afirme que “hay una fábrica de tejer lana, que construie en el discurso del año sobre 10.000 baras de gerga y costal”[9].

A pesar de la riqueza industrial derivada de la elaboración de la lana, el Catastro del Marques de Ensenada hecho en Montijo, no deja dudas sobre dónde estaba la riqueza no explotada, puesto que para producir una arroba de lana que valía ochenta reales se empleaban siete fanegas y media de tierra, las cuales, si fueran destinadas a la agricultura, tendrían un rendimiento de ochocientos diez y ocho reales.

Los limitados recursos de la centuria del XIX, empobrecida y trastornada por invasiones extranjeras, persecuciones políticas y guerras civiles, hicieron que apenas se realizaran planes y proyectos hidráulicos[10].

 

3.- PRIMEROS ANTECEDENTES TÉCNICOS Y SOCIALES PARA LA REGULACION Y COLONIZACIÓN DE LA CUENCA DEL GUADIANA

 

Fue ciertamente la influencia de los regeneracionistas, especialmente de Joaquín Costa, la que animó en casi todas las regiones a los ingenieros y políticos locales a plantear obras de regulación y aprovechamiento de los ríos. En Extremadura sería Joaquín Castel el encargado de sacar a luz estos temas, iniciando sus publicaciones con un trabajo sobre “Hidrografía de Extremadura y medios de mejorarla”, que vería la luz en uno de los primeros números de la Revista de Extremadura (año 1899).

El plan general de canales que propugnó Joaquín Costa fue la base ideológica del primer Plan Nacional de Obras Hidráulicas redactado por Gasset en 1902. Dicho Plan asignó al Estado la construcción y financiación de las obras hidráulicas, significándose así como punta de lanza del intervencionismo estatal en política de regadíos que culminaría en la Ley de 1911.

En abril de 1902, los ingenieros de la División Hidrológica del Guadiana presentan un anteproyecto basado en la construcción de un embalse en el portillo de Cíjara, del que se derivarían dos canales por sendas márgenes con los que se habrían de regar unas 120.000 has.

El Plan de Obras Hidráulicas, el famoso Plan Gasset, de ese mismo año plantea casi medio centenar de grandes obras hidráulicas, entre pantanos y canales, para el conjunto de la cuenca; en Badajoz se proponía llegar a regar más de 150.000 has (todo ello en las Vegas Altas, pues sólo mucho más tarde se plantearía el riego de las Vegas Bajas), en base al citado pantano de Cíjara.

En cualquier caso el Plan Gasset no pasaba de ser un inventario de obras posibles y de buenas intenciones. Así, el Plan Nacional de Obras Hidráulicas hacía desaparecer de la programación el embalse del Cíjara, rehabilitando los embalses de Proserpina para regar 500 hectáreas y Cornalvo, para 700 hectáreas, y construir el pantano de Alange, con el que se regarían 9.000 hectáreas, curiosamente uno de los últimos pantanos que se han construido[11].

Fue preciso esperar a la Dictadura del General Primo de Rivera para que desde el poder se adquiriera conciencia de la necesidad de efectuar una decidida política hidráulica y de institucionalizar los órganos idóneos para realizarla, a cuyo fin, siendo Ministro de Fomento el Conde de Guadalhorce[12], asistido por el número uno de la promoción de Ingenieros de Caminos de 1903, Manuel Lorenzo Pardo, por Decreto de 5 de marzo de 1926, crea las Confederaciones Hidrográficas, como órganos de actuación conjunta y armónica de los intereses públicos y privados en materia de aprovechamiento de aguas[13].

Tras la Dictadura de Primo de Rivera, el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo es llamado en 1932 por el ministro Indalecio Prieto para hacerse cargo del Centro de Estudios Hidrográficos y redactar un Plan Hidráulico Nacional. En este proyecto concedió preferencia a la cuenca atlántica, con la finalidad de ayudar a resolver problemas sociales y económicos locales, especialmente para los valles del Guadiana, Guadalquivir y Duero.

Las ideas de Joaquín Costa encontraron en Manuel Lorenzo Pardo el profesional del agua que en la Cuenca del Ebro, como responsable de la Confederación Hidrográfica, plasmó en proyectos técnicos y ejecuciones de obras, los principios ideológicos del regeneracionismo.

Pardo fue precursor de la moderna planificación hidrológica en España con la redacción del Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933. Hasta ese momento, todos los planes de obras hidráulicas habían sido meros catálogos de proyectos más o menos coherentes, mientras que en el Plan de 1933 ya se puede encontrar una visión integradora de la planificación hidrológica.

En febrero de 1932 se reunió la Junta nombrada por el Ministerio de Obras Públicas para estudiar el Plan de Obras Hidráulicas de la provincia de Badajoz, considerándose como obras hidráulicas de inmediata urgencia las de los pantanos de Cijara, Lácara, Piedra Santa, Alange y Valuengo. Los asistentes hacían constar que “con las obras hidráulicas no puede resolverse la crisis obrera durante los meses de primavera y verano del año actual, pidiendo, por consiguiente, al ministro, se continúe la reparación urgente de carreteras y construcción de ellas, durante el período de transición hasta comenzar las hidráulicas”[14].

Para el pantano de Lácara se presupuestaba 260 km2 de área para la cuenca alimentadora, 22,7 millones de m3. La presa tendría 14,5 metros de altura, fabricada con tierra y con una cubicación de 73.600 m3, afectaría a los términos municipales de Montijo, La Garrovilla y Puebla de la Calzada, con una superficie de 3.800 has de zona regable, y un presupuesto de 2.709.600 pesetas.

Pero fue la Ley de Obras de Puesta en Riego de 1932, la que por primera vez se plantea decididamente la actuación integral del Estado en la transformación de regadío y colonización, con la que definitivamente las obras del pantano del Cíjara se pondrían en marcha.

La Ley de 10 de mayo de 1932 autorizaba la ejecución por el Estado de las obras incluidas en los planes de Mancomunidades o en los confeccionados por el Servicio de Planos de Obras Hidráulicas, en virtud de ello, por acuerdo del Consejo de Ministros y a propuesta del Ministro de Obras Públicas, se decretó la ejecución por el Estado del proyecto del pantano del Cíjara, en el Guadiana, dentro de las condiciones establecidas por el artículo 1º de la Ley de 10 de mayo de 1932[15].

Al fin, el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933 definió para el Guadiana las grandes líneas de lo que luego ha sido el Plan Badajoz. Plan impulsado desde el Ministerio de Obras Públicas, del que fue responsable el socialista Indalecio Prieto (15/XII/1931 al 9/IX/1933).

Para realizar este vasto programa nacional de obras hidráulicas, Prieto decidió transformar las Confederaciones Hidrográficas (administradoras de las obras hidráulicas desde 1926) en Mancomunidades ligadas entre sí por vínculos económicos, y controladas por el Estado como coordinador de las obras hidráulicas dentro de un plan nacional cohesionado y coherente.

Indalecio Prieto creó a tal efecto un organismo especial al que llamó Obras y servicios del Cíjara, cuyo objetivo era estudiar, proyectar y construir las obras en el embalse en el Guadiana y sus afluentes[16], los aprovechamientos eléctricos y los sistemas de riego entre el Portillo de Cíjara[17] y la frontera portuguesa.

El brazo derecho del ministro fue el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo, hombre adicto a la Monarquía que había trabajado con Primo de Rivera. A pesar de sus ideas contrarias a las de Prieto, realizó su labor de principal asesor del recién fundado Centro de Estudios Hidrográficos con una eficacia asombrosa. Desde este Centro partieron todas las iniciativas tendentes a efectuar cambios decisivos en la agricultura española: regadíos, repoblaciones forestales, electrificación, etc., que, por otro lado, servirían para la realización de la Reforma Agraria sin tantas dificultades[18].

El Plan de Nacional de Obras Hidráulicas del año 1933 proponía la transformación de 108.000 has en la cuenca[19]. Entretanto, las obras de Cíjara proseguían, así como los trabajos y estudios del OSC (Obras y Servicios del Cíjara), que en 1934 presentó lo que, aunque sólo se denominase de este modo a partir de los años cincuenta, habría de ser el Plan Badajoz. Éste se basaría en los pantanos de Cíjara, Zújar, Alange y Puerto Peña, además del azud de derivación de Montijo para el riego de las Vegas Bajas[20].

Manuel Díaz-Marta describió así el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933: “Por primera vez en nuestro anales, se basó un Plan de esta clase en un concienzudo estudio de las realidades y previsiones económicas, armonizándose éstas con el probable desarrollo general del país”[21].

El 19 de febrero de 1933, Indalecio Prieto llegó a Badajoz, recibiendo a las autoridades provinciales y alcaldes de los pueblos de la provincia, con motivo de la inauguración de las obras del Pantano del Cíjara[22].

 

4.- PLAN DEL CÍJARA

 

Un estudio realizado por Obras y Servicios del Cíjara, bajo el título Las obras hidráulicas en la provincia de Badajoz, publicado en el año 1934[23], dedicado al entonces ministro de Obras Públicas, Rafael Guerra del Río (1885-1955)[24], que había nombrado director general de Obras Hidráulicas al ingeniero Manuel Lorenzo Pardo, autor del Plan Hidráulico Nacional, durante el mandato del ministro socialista Indalecio Prieto. Ambos, Guerra del Río y Lorenzo Pardo, fueron elegidos diputados nacionales por la circunscripción de Las Palmas de Gran Canaria, por el Partido Republicano Radical, desde el 5/XII/1933 hasta 07/I/1936[25].

Este estudio señala que el Plan del Cíjara comprende todas las obras a ejecutar para el aprovechamiento del río Guadiana y sus afluentes entre el Pantano de Cíjara hasta la frontera portuguesa.

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En el desarrollo del plan hay dos clases de obras: unas las de regulación de los ríos y otras las de aprovechamiento de los caudales regulados. Lo primero se consigue mediante los pantanos que figuran en el plan y lo segundo mediante los canales derivados y las redes de acequias, brazales de riego, etc.

El Plan del Cíjara decía ser el siguiente: En el Portillo de Cíjara, a la entrada del río Guadiana, en la provincia de Badajoz, se está construyendo el pantano que da nombre al conjunto de las obras hidráulicas de la región, que más tarde sería utilizado en el Plan Badajoz. Este pantano, de 1.080 millones de metros cúbicos de capacidad, permitía regular los caudales del Guadiana de tal manera, que se aseguraba una disponibilidad anual útil de 540 millones de metros cúbicos para su inversión en el regadío de las tierras de aguas abajo[26].

Se construirían tres presas de derivación con canales de riegos. Frente a Orellana la Vieja que regaría las vegas de los ríos Ruecas y Búrdalo, llegando a 40.000 hectáreas de los términos municipales de Rena, Villar de Rena, Santa Amalia y parte de los de Miajadas, Escurial y San Pedro de Mérida.

Más abajo de Mérida, sobre kilómetro y medio después de la desembocadura del río Aljucén, se están comenzando las obras de la derivación de las aguas del río Guadiana para el riego de las Vegas Bajas. Con este proyecto se regarán, por la margen derecha, 25.000 hectáreas de los términos municipales de Mérida, La Garrovilla, Torremayor, Montijo, Puebla de la Calzada y Badajoz, y por la margen izquierda, 12.000 hectáreas de los términos de Mérida, Arroyo de San Serván, Lobón, Talavera la Real y Badajoz[27].

El Plan de Cíjara, Obras hidráulicas en la provincia de Badajoz, explica las obras que comprende y los beneficios económicos que éste reportará a la región[28]. Valora las riquezas actual y creada[29], los beneficios sociales, el coste del plan[30] y tiempo necesario para su implantación, los beneficios para el Estado[31]. Compara la repercusión de la zona regable extremeña con otras ya establecidas y ofrece lo que será Extremadura con sus riegos.

 

5.- EL INGENIERO MANUEL DÍAZ-MARTA

 

Nació en Toledo el 22 de abril de 1909. Estudió el bachillerato en Toledo, en 1924 se trasladó a Madrid para preparar el ingreso en una academia de acceso a la Escuela de Caminos. Finalizó la carrera en enero de 1932, permaneciendo en Madrid dando clases de matemáticas hasta conseguir su primer empleo como ingeniero en la División Hidráulica del Guadiana en Ciudad Real. Poco después fue trasladado a Mérida, donde ingresó en el PSOE y trabajó en la construcción del pantano de Cíjara, uno de los proyectos más importantes del Plan Nacional de Obras Hidráulicas impulsado por Indalecio Prieto desde el Ministerio de Obras Públicas en 1933. Consiguió una beca de ampliación de estudios que realizó en Suiza y Alemania.

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Durante la guerra civil prestó servicio en la Confederación Hidrográfica del Ebro, residiendo en Monzón (Huesca), posteriormente se incorporó al Regimiento de Caminos nº 2 y al Batallón de Obras y Fortificaciones nº 38, donde alcanzó el grado de comandante de ingenieros. Fue herido en el frente del Ebro. Finalizada la guerra se exilió en Francia, siendo internado en el campo de concentración de Sept-Fonds hasta que pudo embarcar en el Mexique rumbo a México, donde llegó en julio de 1939.

Colaboró en las revistas Las Españas de México e Ibérica de Nueva York. Residió en México hasta 1961, dedicándose a la docencia y a la actividad profesional, donde destaca su participación en las obras de abastecimiento de aguas en Acapulco y la construcción del viaducto y los nuevos muelles de Veracruz. Desde 1962 a 1977 fue consultor hidráulico en la Organización de Naciones Unidas y en la Organización de Estados Americanos, teniendo que residir por cuestiones de trabajo en Washington, Nueva York, Buenos Aires y Asunción.

Desenmascaró la propaganda del franquismo sobre el Plan Badajoz con la publicación de folletos y un libro donde explicaba el origen de dichas obras en los planes impulsados por la Segunda República: El franquismo se adorna con plumas ajenas (1955); La propaganda franquista pretende ocultar iniciativas y realizaciones de la República (1957) y Las obras hidráulicas en España: antecedentes, situación actual, desarrollo, datos y comentarios (1969)[32]. Regresó a España a comienzos de 1977, ejerciendo como jefe de la Sección de la Confederación Hidrográfica del Guadiana hasta su jubilación en 1979. Fue elegido diputado del PSOE por Toledo en las elecciones generales de 1977 y senador por la misma provincia en 1979 y 1982. Falleció en Madrid el 6 de diciembre de 1998[33].

 

6.- INGENIEROS EN LAS OBRAS Y SERVICIOS DEL CÍJARA

 

El gobierno de la II República, como hemos señalado anteriormente, abordó las obras del Cíjara. Para llevarla a cabo constituyó un organismo especial, al que llamaron Obras y Servicios del Cíjara, cuyo objetivo era estudiar, proyectar y construir las obras del embalse en el Guadiana y sus afluentes, los aprovechamientos hidroeléctricos y los sistemas de riego entre el Portillo del Cíjara y la frontera con Portugal. Se trataba de un proyecto presentado por el ingeniero Rafael de la Escosura, de 50 metros de altura y cerca de 500 millones de m3 de capacidad de embalse. Así lo describe el ingeniero Manuel Díaz-Marta el 11 de diciembre de 1969 en el periódico Le Socialiste, con el artículo La obra hidráulica en la República[34], con ocasión de haber publicado el libro Las obras hidráulicas en España. Antecedentes, situación actual, desarrollo datos y comentarios, editado por la Agrupación Europeísta de Méjico.

Continúa diciendo Díaz-Marta[35]: “posteriormente  se preparó un nuevo proyecto de la presa del Cíjara con mayor capacidad: 1.100 millones de metros cúbicos. En el Gobierno, el impulsor más entusiasta de los obras del Cíjara fue el ministro Prieto, secundado en un principio por el director de Obras Hidráulicas Antonio Sacristán[36], al que sustituyó Demetrio Delgado de Torres[37]. El director técnico del grupo del Cíjara en los primeros años fue Rodrigo Catena[38]. El subjefe era Juan Hereza García, autor además del proyecto de la presa del Cíjara[39]. Había además un grupo de ingenieros jóvenes, entre los destacaban José Castro y Raúl Celestino[40]”.

Manuel Díaz-Marta Pinilla entra a formar parte del equipo de ingenieros del Proyecto Cíjara a comienzos de 1933, siendo, afirma, el encargado de realizar el proyecto de una presa de derivación y un canal cuya finalidad era el riego de la vega de Montijo, que comenzó en el mes de marzo. Proyecto, según confiesa, para el que se contaba con datos ya elaborados, quedando ultimado en un tiempo récord ya que en julio lo había finalizado[41].

He localizado en el Archivo Municipal de Lobón un librito bajo el título Riegos de las Vegas Bajas de Extremadura. Canal de Montijo publicado por Obras y Servicios del Cíjara, hecho en Artes Gráficas Diana de Madrid, que recoge el texto de una conferencia pronunciada en Radio Badajoz por el ingeniero Manuel Díaz-Marta, en la que presenta el Proyecto de Riegos de las Vegas Bajas del Guadiana y el Canal de Montijo.

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7.- PROYECTO DEL INGENIERO MANUEL DÍAZ-MARTA SOBRE LOS RIEGOS DE LAS VEGAS BAJAS Y EL CANAL DE MONTIJO

 

Comienza Díaz-Marta señalando que apenas existen antecedentes históricos del riego en las fértiles vegas de la provincia de Badajoz, situadas a orillas del Guadiana.

A primera vista resulta inexplicable que durante las dominaciones romana y árabe, tan constructivas, no se realizasen trabajos para poner en riego unos terrenos cuya fertilidad, clima y condiciones son tales, que hubieran podido competir sin desventaja con las feraces huertas levantinas. Tampoco quedan vestigios de obras de riego ejecutadas durante el resurgimiento español del s. XVI, o más modernamente, en la época de Carlos III, de gran actividad en toda clase de obras públicas.

La misma fecundidad de la Naturaleza en esta zona de Extremadura, fue sin duda, una de las causas de que las generaciones anteriores no pensasen en aumentar la producción de las tierras mediante el riego. La tierra era lo bastante pródiga para que existiesen gran número de ciudades romanas, algunas muy populosas, solamente con la agricultura de secano.

Se conservan, no obstante, pantanos de esta época, los llamados Proserpina y Cornalvo, pero se destinaron al abastecimiento de poblaciones y solamente debieron utilizar algún sobrante en el cultivo de algunas quintas o villas de recreo. Tiene también explicación el hecho de que los árabes no establecieran regadíos en esta comarca como lo hicieron en casi todas las de climas y condiciones análogas[42].

Más aficionados a las filigranas constructivas que a realizar obras de gran consistencia, fueron poco competentes en construcciones para embalsar y regular el agua; en cambio, dominaban el arte de desviarla de los ríos conduciéndola a la tierra por canales y acequias; pero el Guadiana, por sus prolongados y fuertes estiajes, se adapta muy mal, sin una regulación previa, a la clase de obras concebidas y ejecutadas por este pueblo[43].

 

7.1.- Los terrenos regables

 

Abandonemos por ahora los cálculos de disponibilidades hidráulicas para examinar los terrenos que por su mayor rendimiento probable y menor coste de las obras por su más adecuada topografía son más indicados para la implantación de regadíos.

Existen principalmente dos amplísimas vegas correspondientes a antiguas formaciones lagunares del Guadiana, bautizadas por el ilustre geólogo don Eduardo Hernández Pacheco[44] con los nombres de Sereniana y Augustana. La primera llanura donde están enclavados los pueblos de Villanueva de la Serena, Don Benito, Villar de

Rena, Rena, etc., comprende una extensión a ambos lados del Guadiana no muy inferior a 65.000 hectáreas.

La terraza Augustana (llamada así por estar situada entre Emérita Augusta y Pax Augusta) es una espléndida llanura de unas 40.000 hectáreas, en la cual se asienta Montijo, Puebla de la Calzada, Talavera la Real y Badajoz, entre otros pueblos menos importantes.

Una zona de esta última vega -la llamada en el mapa zona I (foto-4)- se ha escogido, por ser la más poblada y mejor comunicada de todas ellas, como punto de partida para el establecimiento del riego en las zonas reseñadas. La vega de Montijo y Puebla de la Calzada, cuyos habitantes gozan fama de excelentes cultivadores en toda la comarca, es la que ha de servir de ensayo para los trabajos sucesivos de extensión del regadío a las demás zonas, y en la que hoy ciframos todas nuestras esperanzas.

 

7.2.- Canal de riegos de la vega de Montijo

 

Este canal es el primer objetivo del plan de obras después del pantano del Cíjara; su construcción y la de la red de acequias complementarias, deben de llevarse de tal modo que sirvan para utilizar el caudal regulado por el pantano del Cíjara, apenas la presa alcance altura suficiente para comenzar la regulación.

La vega que denominamos de Montijo tiene una extensión de 15.200 hectáreas, todas en terreno llano y de excelente calidad[45], pertenecientes a los términos de Mérida, La Garrovilla, Torremayor, Puebla de la Calzada y Badajoz. El primer proyecto de canal se ha circunscrito, por tanto a la zona I (foto-4)  que estamos hablando.

La zona II (foto-4) se pondrá en riego mediante la prolongación posterior de este canal por otro trozo que comprenderá desde la ribera de la Alcazaba a la frontera portuguesa. La zona III (foto-4) de la margen izquierda se dominará con un canal que arranque de la misma presa de derivación del canal de Montijo.

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FOTO NUM. 4

 

7.3.- Distribución de cultivos

 

En el avance de distribución de cultivos señalado en el proyecto se han destinado extensiones considerables al cultivo del maíz que se importa anualmente por valor de más 80 millones de pesetas, e igualmente al de otras plantas forrajeras, en la seguridad de obtener un elevado rendimiento de estos cultivos y fácil mercado para sus productos por la importancia ganadera de esta región, abundante en pastos durante la primavera, pero escasísima en el verano, y a veces en otras épocas.

Se ha señalado un 20 por ciento de la extensión total para el cultivo de plantas industriales: algodón, tabaco, remolacha, etc. (el cultivo de las dos primeras ha dado buenas resultados en algunos puntos de Extremadura).

Por último, se destina a huerta una extensión quizás grande por tratarse de riegos de nueva creación, pero que está justificada por el consumo de hortalizas que puede suponerse a la comarca circundante de bastante población y riqueza, donde hoy escasean[46].

Los nuevos cultivos de regadío elevarán el valor de la producción anual de estas 15.000 hectáreas hasta la cifra de 40 ó 50 millones de pesetas, según cálculos realizados, partiendo de precios y producciones medias de cada cultivo.

Una buena parte estará destinada a jornales, lo que unido a la mayor variedad y mejor distribución de cultivos y a la segura aparición de industrias derivadas e incremento del comercio y transportes, resolverá de plano la crisis de trabajo que hoy azota a esta comarca, y aún absorbería el excedente de brazos de muchos pueblos de la región.

 

7.4.- Descripción de la obra

 

La presa de derivación. Se proyectó una presa constituida por un aliviadero de 150 metros de longitud que ocupa la parte central y una serie de compuertas de desagües adaptadas a las irregularidades del río, cuyo objeto es evacuar las crecidas sin que se produzca en el remanso una elevación superior a un metro.

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Las dos primeras compuertas de la derecha, de seis metros de anchura por cuatro de profundidad, sirven para la limpieza de los sedimentos que se depositan ante el canal de Montijo; a continuación hay tres compuertas de 8 x 8, emplazadas en la parte más profunda del cauce, y otras tres alzas automáticas cubriendo vanos de 20 x 3,50. En la izquierda hay situadas dos compuertas de limpia de 6 x 4,50, iguales a las de la derecha, ante la toma de agua del canal correspondiente.

El arranque de este canal de la margen izquierda es una de las mayores dificultades a vencer. En los primeros 300 metros tiene que atravesar un terreno muy movido, formado por acarreos muy erosionables, en el que queda la huella de un cauce antiguo del río. Se ha resuelto esta dificultad, asegurando la obra contra crecidas y arrastres, por medio de un canal cubierto, que en el paso de la parte más baja de esa depresión se convierte en vertedero y aumenta así la capacidad de desagüe de la presa.

Ambas tomas de agua, las de los canales de la derecha y la izquierda, se realizan por medio de un bocal de admisión, una cámara de sedimentación y regulador compuesto de cinco compuertas en el de Montijo y de dos en el canal, aún no proyectado, de la izquierda[47].

El canal. Tiene una capacidad inicial de 14,26 m3/s y pendiente de 0,000013. La sección es trapezoidal, con calado uniforme de 2,50 metros, banquetas de 0,50 y taludes en general de 1×1. En el origen tiene una anchura en la base de 6,50 metros que va disminuyendo a medida que necesita transportar menos caudal. El canal discurre siempre por el contacto de la planicie que constituye la vega con el terreno más inclinado de formaciones geológicas anteriores.

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FOTO NUM. 7

Como el terreno es de buena consistencia se construirá la sección sin revestimientos, con la capacidad suficiente para las necesidades actuales, aunque algo aumentada en los últimos kilómetros, con el fin de que estas secciones, cubierta con un revestimiento liso que aumente la velocidad del agua conducida, sirvan para el transporte de los caudales mayores que han de necesitarse cuando se construya la prolongación del canal para regar la zona II (foto 7).

Al mismo tiempo que el canal se construirá con los productos de la excavación un camino de servicio de cuatro metros de anchura, paralelo e inmediato a él, de gran utilidad para las reparaciones, obras e inspecciones, y que servirá además como una nueva vía comercial de la zona.

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FOTO NUM. 8

El trozo actual de este canal tiene como única obra importante la del paso del Lácara, con acueducto enterrado. Es en esencia una galería cubierta de 1.329 metros de longitud, que pasa por debajo de todos los brazos en que se divide el río Lácara al extender por una depresión muy llana. El acueducto se continuará por un túnel, que traviesa una loma situada inmediatamente después de la vega del Lácara. Se prefirió esta solución de paso subterráneo del Lácara para poner el canal a cubierto de cualquier avería que podría tener lugar si se construyeses terraplenes de tan grande extensión.

Las otras obras, salvo la de paso del arroyo Salado, de alguna importancia, son sólo pasos de caminos o cruces de vaguadas que no merecen especial mención.

El trozo del canal cuyas particularidades hemos descrito sucintamente tiene 30 kilómetros de longitud desde la presa hasta el punto en que vierte en la ribera de la Alcazaba donde termina, 15 kilómetros después del paso por las inmediaciones de Montijo[48].

 

7.5.- Conclusión

 

Hemos querido dar en estas notas un avance de lo que serían los futuros regadíos de la provincia de Badajoz, cuyos núcleos radicarían en las dos vegas de la Serena y de Montijo y Badajoz, y una idea esquemática en cuanto al aspecto técnico del canal de la vega de Montijo, de más inmediata construcción. Pero la resolución técnica, con ser muy importante, no lo es todo. Es al mismo tiempo lo más difícil, puesto que sólo se preocupa de la resolución de las dificultades, y lo más fácil de conseguir por la cantidad de medios que se acumulan ante estos problemas y la organización que se les enfrenta.

Aún, suponiendo resueltos totalmente en los dos aspectos: técnico y económico, el nervio del gran problema que hemos querido plantear en estas líneas, quedan la infinidad de problemas derivados: acequias, constitución de Comunidades de regantes, enseñanza agrícola, constitución de entidades de crédito, organización comercial, creación de industrias complementarias, construcción de nuevos poblados y de vías de comunicación, etc. Y, sobre todo, el sin número de pequeñas cuestiones que han de presentarse ante la implantación de los más remuneradores cultivos y métodos, pero también más costosos y exigentes, al propietario, al labrador, al colono, al simple peón…, para cuya resolución sin vacilaciones ni desmayos es necesario que todos nos sintamos colaboradores o propagandistas de esta gran obra y que procedamos a crear al ambiente de emoción y fe intensa en el porvenir, en el que se han gestado todas las grandes creaciones de los pueblos.

En suma, he aquí esbozada una vasta empresa que puede y que debe absorber las energías de todos los hijos y habitantes del país que quieran morir con la satisfacción de haber contribuido al engrandecimiento de la comarca en que vivieron y trabajaron y a la resolución de los angustiosos problemas económicos que hoy la agobian[49].

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FOTO NUM. 9

 

8.- EPÍLOGO

 

            Manuel Díaz-Marta señala que el túnel de desviación del Cíjara estaba en funcionamiento desde 1934, y en 1936, al producirse la guerra civil, el cuerpo de la presa se elevaba sobre el terreno alrededor de unos veinte metros. En el canal de Montijo se trabaja también con actividad. Las excavaciones del canal llegaban cerca del pueblo de Torremayor. Si bien la presa de derivación no se había iniciado y naturalmente no había zonas de riegos, se estaba preparando su construcción, así como las de otras auxiliares para el regadío[50].

Finalizada la guerra civil, el 20 de diciembre de 1940 el Diario Hoy ofrecía a los lectores esta noticia “en menos de tres años estará construido el canal de Montijo. Tendrá 30 kms y se invertirán 18 millones ptas. La ejecución se emprenderá con las Colonias Penitenciarias”[51]. La noticia desarrollaba la propaganda franquista del momento: “El Consejo de Ministros ha declarado de urgencia la obra, cuya construcción se va a acometer con las Colonias Penitenciarias Militarizadas, esa magnífica obra de redención que tan importantes construcciones está llevando a cabo bajo el Patronato directo del Caudillo”[52].

En este contexto el ingeniero Manuel Díaz-Marta señalaba que “las discordancias entre la política hidráulica del segundo tercio del s. XX y las del primero, pueden explicarse teniendo en cuenta los condicionamientos de la época: El gran impacto de la política hidráulica del primer tercio del siglo y del Plan Nacional de Prieto en los que dirigieron esa política desde el año 1940, porque los ejemplares del Plan fueron arrojados a las llamas. Poco después, los que quedaron, fueron considerados como la Biblia para lo que quedaba por hacer”[53].

Manuel Díaz-Marta Pinilla, residiendo en México tuvo noticias de la difusión internacional del Plan Badajoz propiciado desde la dictadura del general Franco, publicando en el país azteca, en 1969, Las obras hidráulicas en España, con el fin de aclarar los orígenes de este Plan, debido al gobierno de la República. Las saludables intenciones de tan prestigioso ingeniero han sido las que me han llevado a estudiar y divulgar su obra que ha sido arrinconada y silenciada durante años.

El informe del Plan del Cíjara afirmaba, en septiembre de 1934, con ello concluyo este trabajo, que lo proyectado durante la II República, auguraba lo que años más tarde el Plan Badajoz recogió: “cuando cada parcela sea un vergel donde habite una familia que sienta la emoción insuperable de saber que la hectárea que cultiva le dará todo lo necesario para satisfacer su sustento, y tenga una casa al lado de la tierra que labore; cuando nuestras líneas férreas se vean surcadas por largos trenes de mercancías que en las épocas de recolección lleven esos productos a los centros de consumo o exportación, y las carreteras, con un trajinar constante, vomiten camiones de productos agrícolas en las fábricas aquí establecidas, para la manufactura de los productos derivados de la nueva agricultura; productos elaborados aquí, en fábricas establecidas al calor del mayor poder adquisitivo de la región; cuando los pueblos con Ayuntamientos más ricos y con habitantes viviendo en casas higiénicas ejecuten obras de urbanización que hoy desecharíamos por ostentosas; cuando, en fin, sea la gama del verde la que entone el paisaje extremeño, entonces, tal vez, haya perdido Extremadura un aspecto de la poesía que nos hablaba de sus campos bermejos, pero España habrá conquistado para la sociedad a los hombres de Extremadura y habrá cancelado la deuda que con ellos contrajo cuando los hombres de Extremadura conquistaron un nuevo mundo para España”[54].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] PONZ, A: Viajar por Extremadura II. Badajoz 2005.  p. 155.

[2] PONZ: Viajar… Op. cit. Nota del editor.

[3] Ibídem. p. 158.

[4] LÓPEZ, T.: La provincia de Extremadura a finales del siglo XVIII. Mérida 1991. Entiéndase las acepciones pingüe como grande y abundante, y la inculta como terreno que no está cultivado.

[5] REY VELASCO, F.: Historia económica y social de Extremadura a finales del Antiguo Régimen. Badajoz 1983. pp. 127-128.

[6] LÓPEZ: La provincia de… Op. cit. p. 360

[7] Archivo Municipal de Lobón. Legajo 5, Carpeta 1.

[8] MELÓN JIMÉNEZ, M.A.: Ilustrados y reformistas en Extremadura a finales del Antiguo Régimen. Entre un nuevo orden y el volver las cosas al ser antiguo. Extremadura y la modernidad. Badajoz 2009. p. 57.

[9] LÓPEZ: La provincia de… Op. cit. p. 317.

[10] DIAZ-MARTA PINILLA, M: Evolución de las políticas hidráulicas españolas desde la Ilustración hasta nuestros días. Congreso Ibérico sobre gestión y planificación de aguas. Zaragoza 1998.

[11] BAIRAGORRI, A.: El Plan Badajoz. Conferencia en el CEP-MEP de Badajoz, 1996. pp. 4-5.

[12] Se trata de Rafael Benjumea y Burín (Sevilla 1876-Málaga 1952). Fue ministro desde 3/XII/1925 hasta el 30/I/1930.

[13] ACEDO CASTILLA, JOSÉ F.: La política hidráulica en el valle del Guadalquivir. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae. 1977.  p.110.

[14] DIARIO LA LIBERTAD. Badajoz. 6/II/1932. La Junta estaba presidida por el ingeniero jefe de Obras Públicas de la provincia, junto con el presidente de la Diputación provincial, los alcaldes de Badajoz, Zafra, Jerez de los Caballeros y Mérida, tras ingenieros de Caminos, señores Catena, Ansorena y Díaz Ambrona; y dos abogados, Hermida y Bardají.

[15] Decreto de fecha 3/X/1932. Gaceta de Madrid núm. 279, 5/X/1932. pp. 66-67. Siendo presidente de la República Niceto Alcalá Zamora y Ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto.

[16] Según informe del ingeniero Manuel Díaz-Marta Pinilla.

[17] Situado en un estrechamiento entre las sierras de La Lobera y La Rinconada.

[18] RUIPÉREZ, M.: Indalecio Prieto: Entre la República y el Socialismo. Revista Tiempo de Historia núm. 13, diciembre 1975.

[19] En el año 1932 el número de hectáreas de cultivos y aprovechamientos de la provincia de Badajoz era de 2.178,4 millones, de las que 1.284,7 millones era montes, dehesas y pastos. Conf. INE. Anuario Estadístico de España.

[20] BAIRAGORRI: El Plan Badajoz… Op. cit. p. 5.

[21] MERINO, M. del M.: Manuel Lorenzo Pardo (1881-1953). Revista Ambienta. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Año 2001, núm. 2. p. 64.

[22] Archivo Municipal de Lobón. Legajo 87, Carpeta 1. 18/II/1933. Archivo Municipal de Montijo. Registro Actas de Sesiones (1932-1933) Tomo X. Sesión celebrada el 18/II/1933, fol. 24. Por Lobón asistió Esteban Muñoz María, primer teniente de alcalde. En Montijo lo hizo el alcalde Miguel Merino Rodríguez

[23] Fechado en septiembre, en la ciudad de Mérida.

[24] Miembro del Partido Republicano Radical. Fue ministro de Obras Públicas entre septiembre de 1933 y octubre de 1934.

[25] Conf. www.congreso.es Histórico de Diputados.

[26] OBRAS Y SERVICIOS DEL CÍJARA: Las obras hidráulicas en la provincia de Badajoz. Año 1934. p.9.

[27] Ibídem. p. 10.

[28] Agrupándolos en tres clases: Los generados por el paso de cultivo de secano a regadío. Los producidos por la creación de industrias derivadas por la nueva agricultura y ganadería. Beneficios resultantes de industrias no relacionadas con las anteriores. Ibídem. p. 12.

[29] Ascendiendo a un total de 2.315,3 millones de pesetas. Ibídem. p. 20.

[30] Cifrado en 212 millones de pesetas. Ibídem. p. 23.

[31] Estimados por el canon de obras a los regantes, por el exceso de la contribución de las tierras de regadío sobre las mismas tierras de secano, y por las contribuciones indirectas percibidas por industrias, transportes y demás elementos que nazcan del estado de cosas por el regadío. Ibídem. pp. 24-25.

[32] También en el periódico EL SOCIALISTA, AÑO XIII, núm. 5.890, 29/VII/1957. p. 4, editado en Toulouse (Francia).

[33] Notas extraídas de la Fundación Pablo Iglesias (Diccionario biográfico), y DIAZ, J.A.: Aproximación al exilio republicano: Castellanos sin Mancha. Exiliados castellanos- manchegos tras la guerra civil. Revista Añil núm. 19, Universidad Castilla La Mancha. Año 1999, p. 8. También en Cátedra del Exilio. Proyecto Exiliados en México. Política y Sociabilidad. CIHDE/UNED.

[34] Le Socialiste se editaba en Francia. La redacción estaba en 12, Cité Malasherbes-Paris, 9, su director era Georges Brutelle. Se trata del número 406 de su octavo año. En una de sus cabeceras se insertaba este anuncio: “Se ha prohibido El Socialista y nosotros os devolvemos Le Socialiste. Queremos sencillamente restituiros, como hermanos, algo al menos de los medios que tan vergonzosamente os acaban de quitar”.

[35] Páginas 4 y 5 de Le Socialiste. También puede consultarse el artículo de Julián Leal en el Diario HOY, 18/IX/1996, con ocasión de participar Díaz-Marta en el Aula Hoy de Badajoz.

[36] Catedrático de Derecho Mercantil (Madrid-1902-México 1986). Fue, a finales de junio de 1931, diputado por Cáceres por el partido Acción Republicana. Fue nombrado por Indalecio Prieto director general de Aduanas y director general de Obras Hidráulicas. Sería depurado en 1937. Se exilió en Paris y en México D.F., donde fue profesor de Teoría del Derecho Económico y Teoría Monetaria, en la Universidad Nacional Autónoma. Conf. Universidad Carlos III de Madrid. Diccionario de catedráticos españoles de Derecho (1847-1943)

[37] Ingeniero Agrónomo. Fue delegado del gobierno en las Mancomunidades Hidrográficas del Duero y el Guadalquivir.

[38] Sobre él afirma Díaz-Marta: “Trabajador infatigable, al que se debe más que a nadie la disciplina de trabajo y alta eficacia con la que actuó aquel grupo”. Conf. Le Socialiste. 11/XII/1969, núm. 406. p. 4.

[39] La Presidencia de la Junta Técnica del Estado, publicaba en el suplemento del BOE núm. 37, Año II, el 13/II/1937, “Examinado el expediente instruido por el Ingeniero Director de Obras y Servicios del Cíjara, expediente ampliado después por el Ingeniero Jefe de Obras Públicas de Badajoz contra el Ingeniero de Caminos don Juan Hereza García, afecto a aquellos servicios, de lo cual resulta que el expedientado no solamente era hombre de ideas políticas disolventes, sino que las llevó a la práctica, contribuyendo a la formación de las milicias rojas que se constituyeron en el Pantano de Cíjara, Vista la propuesta de V.E., el Decreto 108 de la Junta de Defensa Nacional y el Decreto-Ley de 5/XII/1936, esta Presidencia ha dispuesto la separación del servicio del citado funcionario y su baja definitiva en el escalafón de su Cuerpo”.

[40] Presidente de la Comisión del Patronato de la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, y presidente de la Fundación Agustín de Betancourt. Publicó varios trabajos que analizan los sistemas de abastecimiento romano.

[41] Le Socialiste, Op. cit. 11/XII/1969. p. 4

[42] Conferencia pronunciada en Radio-Badajoz por el ingeniero Manuel Díaz-Marta. Obras y Servicios del Cíjara. p.4. Díaz-Marta probablemente dio esta conferencia en 1933, una vez que finalizó el proyecto.

[43] Manuel Díaz-Marta y José A. García-Diego publicaron el trabajo “Las obras hidráulicas españolas y su relación con las americanas”, en la Fundación Juanelo Turriano, en el que detallan las presas extremeñas de la Edad Moderna, mencionando la Presa de Trujillo, también llamada Albuera de San Jorge, construida por Francisco Becerra en el año 1577.

[44] Geólogo, paleontólogo y arqueólogo (Madrid 1872-Alcuéscar 1965). Su tesis doctoral la realizó sobre “Estudio geológico de la Sierra de Montánchez”.

[45] Un año después de la realización del proyecto, Díaz-Marta afirmaba sobre la Vega de Montijo, que era fértil, con densidad de población agrícola y abundancia de medios de comunicación, haciéndola una de las mejores zonas de España para la implantación del regadío. Conf. DIAZ-MARTA, M: “El Canal de riegos de la Vega de Montijo”. Revista de Obras Púbicas. Núm. 2.658. 1/XII/1934. p. 434.

[46] Se destinaban 3.040 has. a cereales de invierno, 3.648 para praderas artificiales, 2-380 has para maíz y segundas cosechas. 912 para forrajes y legumbres. 3.040 a plantas industriales, 1.368 para huerta y cultivo hortícola, y 760 has. para cultivos arbustivos y arbóreos. Conf. Conferencia pronunciada en… Op. cit. p. 8.

[47] Que permitían la admisión de 22 m3/s, en el canal de Montijo, y en el de la izquierda (luego llamado canal de Lobón) capacidad para 8 m3/s. Conf. DIAZ-MARTA, M: “El Canal de riegos… Op. cit. p. 435.

[48] Conf. Conferencia pronunciada en… Op. cit. p.14.

 

[49] Conf. Conferencia pronunciada en… Op. cit. pp. 15 y 16.

[50] Le Socialiste, Op. cit. 11/XII/1969. p. 4.

[51] En las Vegas Bajas del Guadiana, concretamente en Montijo, se creó la Segunda Agrupación de Colonias Penitenciarias Militarizadas donde los prisioneros, llegados de toda España, la mayoría condenados a treinta años, llevaron a cabo el trabajo más duro en la construcción del canal de Montijo a cambio de obtener la libertad condicional en tres o cuatro años. Conf. “La represión republicano-franquista en la provincia de Badajoz”. GUTIERREZ CASALÁ, J.L. p. 236, en Memoria Histórica y Guerra Civil: Represión en Extremadura, coord. por CHAVES PALACIOS, J. Badajoz 2004.

[52] Diario Hoy. También en: El Plan Badajoz: entre la modernización la propaganda política. RIESCO ROCHE, S. y RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, F.J. International Conference, Lisbon, ISCTE-IUL, 27-30 January 2016, p.8.

[53] DIAZ-MARTA: Evolución de las políticas hidráulicas… Op. cit. p. 11

[54] Conf. OBRAS Y SERVICIO DEL CÍJARA: Las obras hidráulicas… Op. cit. pp. 29 y 30.