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Fernando Ortiz Martínez.

Si entre 1580 y 1640 los reinos de Portugal y Castilla estuvieron regidos por un mismo monarca y su frontera quedó técnicamente diluida, la Guerra de Separación de Portugal (conocida también como Guerra de la Independencia, Secesión o Restauración de Portugal, 1640-1668), volvió a situar Badajoz en el centro de una región en guerra. Su duración, la acción continua de bandas dedicadas al pillaje y la concentración de efectivos y operaciones en la frontera extremeño-alentejana provocaron la devastación de los pueblos situados en este espacio, mientras que la propia ciudad de Badajoz se convertiría en la principal plaza de armas contra Portugal. En ella se estableció el grueso del Real Ejército de Extremadura y su Capitán General.

Pero también el ejército portugués le concedió gran importancia a esta ciudad, pues su conquista fue la empresa a la que se dedicó con mayor insistencia. Unas veces lo intentó mediante ataques por sorpresa, otras con la colaboración de traidores y otras sometiéndola a sitio.

Este artículo se centra en el último de ellos, el de 1658, que contó con mayores recursos, se extendió durante más tiempo y posiblemente determinó a los portugueses a no volver a intentarlo.

image002Lám. 1. Badajoz sitiada en julio de 1658, detalle de la “Tomada do Forte S. Miguel”,

Palacio del Marqués de Mascarenhas. (Detalle).

1. AMBIENTACIÓN

Con la Monarquía Hispánica en franca decadencia, envuelta en la Guerra de los Treinta Años y tratando de sofocar la rebelión de Cataluña, sus súbditos portugueses consideraron llegado el momento de recuperar la independencia bajo una nueva dinastía de origen portugués, la Casa de Bragança. Los motivos de esta nueva rebelión habría que buscarlos en la política centralista del valido de Felipe IV, el Conde Duque de Olivares, con sus incrementos de cargas fiscales y la obligación de contribuir con tropas a las constantes guerras del Imperio.

De este modo, el 1 de diciembre de 1640 se produjo el asalto al palacio real de Lisboa, con el secuestro de la virreina, la infanta Margarita de Saboya, y el asesinato de su secretario Miguel de Vasconcelos, para aclamar al nuevo rey João IV de Portugal.

La noticia de la apertura de este nuevo frente conmocionó a la Corte de Madrid, pero pocas fueron las medidas efectivas que pudieron tomarse debido a la grave carencia de recursos económicos y a tener a la mayoría de las tropas ocupadas en los conflictos ya iniciados.

1.1.  Una guerra olvidada

Aunque de inmediato se iniciaron los planes para la invasión de Portugal, la importancia y número de los frentes abiertos y el deplorable estado de sus fuerzas hizo desistir al Conde Duque de Olivares de una entrada en fuerza en territorio rebelde.

Y ello a pesar de que, gracias a la adecuada obtención de información, el inicio del conflicto se había previsto con varios años de antelación y se había dado comienzo a la constitución del Real Ejército de Extremadura:

Las inquietudes en algunos lugares del Reyno de Portugal han llegado a término que no habiendo podido las justicias y gente noble sosegarla [el rey ha ordenado la formación] de cuerpo de infantería y caballería que siendo necesario pueda entrar en aquel reyno1.

Pero el escaso interés mostrado por la nobleza, cansada de costear los gastos de las campañas, y la prioridad otorgada por Felipe IV a la recuperación de Cataluña provocó la postergación del frente portugués, que sería visto durante las dos décadas siguientes como un asunto lejano y poco prioritario para desesperación de sus generales que nunca contaron con los fondos y apoyos necesarios.

1.2.  La guerra en la frontera

Tras la unificación peninsular de 1580 la frontera hispano-portuguesa pasó a ocupar una posición de retaguardia en la dinámica bélica de la Monarquía Hispánica. Mientras los intercambios económicos, sociales y culturales aumentaban, se llegó al práctico abandono de las labores de fortificación de las plazas de la frontera. “El conflicto bélico que se inicia a finales de 1640 sorprende a estas localidades con sus defensas obsoletas, caídas o descuidadas” (Testón y Sánchez Rubio, 2004, 66)

Así, el capitán general de Badajoz, don Juan de Garay insistía en la necesidad de fortificar la ciudad de Badajoz “en la más breve y buena forma que se pueda” (ápud Cortés, 1985, 67) y en sus informes remitidos a la corte entre noviembre de 1641 y septiembre de 1642 iba describiendo los progresos de las obras2.

La escasez de recursos de las tropas españolas3 y la falta de atención del gobierno central permitió que los portugueses llevasen la iniciativa en forma de rápidas incursiones de pillaje, casi siempre acompañadas de incendios y destrucciones, lo que provocó la pérdida de muchas pequeñas poblaciones que, o bien fueron ocupadas por los portugueses o destruidas y despobladas.

image005Lám. 2. Estado de la fortificación de Badajoz durante el asedio de 1658. Obsérvese la muralla medieval con algunas medias lunas de protección en las puertas así como en obras exteriores (Detalle del plano del Archivo Militar de Estocolmo, Suecia).

Una excepción a esta tónica general fue la batalla de Montijo, librada el 26 de mayo de 1644 en las proximidades de dicha localidad pacense, cuando un ejército portugués de más de 6.000 infantes y 1.000 caballos, liderado por Matías de Alburquerque, en labores de saqueo fue sorprendido por fuerzas españolas algo superiores enviadas por el marqués de Torrescuso, y obligado a retirarse dejando atrás gran número de bajas.

1.3.  Asedios portugueses a Badajoz

Si los españoles habían considerado importante poner la antigua fortificación medieval de Badajoz en estado de defensa y habían elegido esta ciudad como guarnición para el Ejército de Extremadura que se pretendía constituir, los portugueses tenían muy claro que ésta era el centro de gravedad del conflicto, ya que proporcionaba a los españoles el acceso más directo a Lisboa, tal como hiciera el Duque de Alba en 1580, y “si los portugueses se hicieran dueños de ella, en poco tiempo podrían llegar hasta las puertas de Madrid” (Testón y Sánchez Rubio, 2004,65)

Así pues, mientras para el monarca español, este era un conflicto secundario, los portugueses volcaban todo su interés en ocupar la ciudad extremeña, por cualquiera de los medios a su alcance.

Ya en fecha tan temprana como 1643, el propio rey João IV estableció su cuartel general en Évora y desde Olivenza lanzó en septiembre una invasión contra territorio español que, tras ocupar Valverde de Leganés se dirigió a cer- car Badajoz, aunque desistió pocos días después al no contar con fuerzas suficientes.

Sin contar la mencionada batalla de Montijo de 1644, librada en las cercanías de la ciudad pero con objetivos distintos, los portugueses trataron de tomar la ciudad en 1645 mediante un ataque por sorpresa (31 de julio), en 1646 cuando su ejército fue derrotado tras la ocupación del arrabal fortificado de Telena, a escasos 10 kms, (18 de septiembre), en 1652 mediante la utilización de traidores que les abriesen las puertas de la ciudad y en 1657, mientras el ejército español asediaba la cercana Olivenza, trataron un nuevo ataque en fuerza el 15 de mayo que resultó un completo fracaso.

2. EL ASEDIO DE 1658

Después de tantos intentos infructuosos Portugal se propuso el paso definitivo. Aprovechando el levantamiento del bloqueo que la flota holandesa había puesto a Lisboa, lo que le permitía recuperar la tranquilidad en su capital, reunió el mayor ejército que le era posible y lo puso bajo el mando de sus mejores generales para establecer un cerco a Badajoz que no se levantaría hasta que obtuviera el resultado propuesto.

2.1.  Fuerzas en presencia

Pero en el bando castellano la desastrosa situación había comenzado a cambiar. A la paz en la sublevada Cataluña desde 1652 se sumaba la debilitación de Francia (que llevaría a la Paz de los Pirineos en 1659), lo que permitía pensar en desplazar tropas al olvidado frente extremeño y, además:

El 6 de noviembre de 1656 falleció D. Joao IV, dejando como sucesor a su hijo D. Afonso, un niño de trece años con síntomas de desequilibrio psíquico. La regencia quedó en manos de la reina Luisa Francisca […] Felipe IV vio una ocasión que no iba a ignorar. (Valladares, 1998, 161)

El ejército de Extremadura se incrementó, como citaba Jerónimo Barrionuevo en sus Avisos:

Madrid y enero 17, 1657… El jueves se parte a Badajoz Totavila, duque de San Germán, y se dice se harán 1.600 infantes y 4.000 caballos para la entrada de Portugal que, con los que llegaron, serán suficientes y que llevará 400.000 ducados para los sueldos4 (ápud Meléndez, 2008, 117)

Esto permitió a San Germán iniciar las operaciones ofensivas en mayo de 1657, en las que conseguiría la ocupación de Olivenza y Mourão. A finales de ese año, la entidad del ejército era de unos 4.000 infantes y 3.000 caballos5. Al mayor número de soldados se sumó la elección de un capitán general designado entre los hombres que constituían la élite militar, Gaspar Téllez-Girón y Sandoval, Duque de Osuna, que el 10 de marzo de 1658 se hizo cargo del mando del ejército.

Las fuerzas portuguesas que se fueron agrupando en la fronteriza ciudad de Elvas sumaban “14.000 infantes, 3.000 caballos, 20 piezas de artillería, 2 morteros y todos los instrumentos necesarios para la expugnación de las murallas” (Ericeira, 1946, 99). Las fuentes españolas incrementan los datos de la infantería enemiga hasta los 18.000 y unos 2.500 caballos, en cualquier caso, más que suficiente para establecer un asedio en toda regla6.

2.2.  Despliegue y maniobra

El 12 de junio de 1658 salió el ejército portugués de Elvas amagando dirigirse hacia Olivenza (en poder de los españoles desde el año anterior), lo que hizo que se destacaran tropas y víveres para reforzar esta población. Así, cuando al día siguiente el ejército cruzó la frontera y se acuarteló en las alturas de Santa Engracia la guarnición se encontraba disminuida.

En un primer momento el plan portugués consistía en tomar el Fuerte de San Cristóbal para lanzarse después a la conquista de la ciudad7. Los zapadores portugueses comenzaron el día 14 los aproches en las alturas cercanas, aunque sus trabajos progresaban lentamente debido a la naturaleza rocosa del terreno.

Un intento de asalto la madrugada del día 19 trató de simplificar la situación, pero solo consiguió que fuese rechazado y que los españoles reforzaran con 400 infantes más la guarnición del fuerte, así como que realizaran trabajos de fortificación en la cabeza del puente y el camino que lo unía con el fuerte.

El siguiente asalto, ya con 3.000 hombres, fue la noche del 22, y estuvo más cerca de tener éxito, pues ocupó hasta el amanecer las obras exteriores, así como parte del camino cubierto que unía el fuerte con el puente, llegando incluso a colocar escalas en las murallas. Ya al amanecer fueron expulsados por la guarnición del fuerte reforzada con dos tercios de la Armada llegados de la plaza.

Este nuevo fracaso persuadió a los portugueses de las dificultades de conquistar San Cristóbal, aunque hasta principios de julio continuaron los aproches contra el fuerte, que serían definitivamente abandonados el 14 de julio. Se realizaría un asedio formal de la plaza, para lo que era necesario rodear Badajoz con una línea de circunvalación que impidiese la entrada de suministros y a la vez cubriese al ejército sitiador ante la llegada de un posible ejército de socorro.

Se inició con la ocupación del vado principal del río aguas abajo de la ciudad (el Vado del Moro) y a partir de él se construyó a media legua de la plaza una trinchera reforzada con reductos cuadrados de 50 pasos de lado, capaces para 200 hombres y separados unos de otros a tiro de arcabuz. En las elevaciones del terreno se construyeron fortines estrellados de mayor tamaño y tres grandes cuarteles para el grueso de las tropas con sus cuarteles generales.

Mientras tanto, los españoles mejoraban las obras defensivas: protegieron el otro vado, aguas arriba (el Vado del Mayordomo), construyeron el fuerte de San Miguel en un otero aislado que dominaba el camino hacia Madrid y una línea fortificada a tiro de carabina de la muralla entre el Guadiana y la puerta sur de la ciudad (Puerta de Santa Marina). Con esto, además de proteger los puntos más vulnerables obligaron a los sitiadores a trazar su línea de circunvalación más alejada de la plaza, por lo que tardarían más tiempo en completarla y requeriría más tropas para protegerla8.

Durante otro mes los trabajos de cerco fueron progresando pese a las salidas españolas para destrucción de las obras que supusieron enfrentamientos con bajas por uno y otro bando.

El 20 de julio comenzaron los ataques contra el fuerte de San Miguel, único obstáculo serio que impedía el cierre del cerco. A los bombardeos de los dos primeros días siguieron asaltos en fuerza que no resolvían nada al estar el fuerte comunicado por la plaza a través de una larga línea fortificada que permitía la llegada de refuerzos.

Así pues, los ataques se dirigieron contra esta línea, que una vez cortada y empleando el mayor número de fuerzas hasta el momento consiguieron la capitulación del fuerte una vez aislado de la plaza pese a los intentos de recuperación españoles.

A partir de este momento y tras el abandono del vado fortificado del Mayordomo, el cerco se completó, aunque de vez en cuando conseguían atravesarlo algunos correos y convoyes de suministro (24, 27 y 28 de julio, 2 de agosto).

El 8 de agosto se produjo la rotura del cerco por parte de los duques de San Germán y Osuna, con otros importantes jefes, al frente de 1.000 caballos y con el apoyo de importante artillería y zapadores, para contactar con un posible ejército de socorro y ponerse al frente de las unidades que se organizaran.

Durante dos meses más los portugueses fueron estrechando el cerco para aproximar sus cañones a la ciudad, destruyen las aceñas, y realizan intensos bombardeos. Los españoles, por su parte realizaron hasta seis salidas más en las que causaron bajas y destrucción de los trabajos y capturaron prisioneros. Aún así, las líneas enemigas se aproximaban tanto a los muros de la ciudad que se planificó la construcción de líneas interiores de defensa para el caso de que llegasen a abrir brecha.

Su construcción no fue necesaria, ya que el 10 de octubre los portugueses comenzaron a levantar el cerco ante la inminente llegada del ejército de refuerzo dirigido por Don Luis Méndez de Haro. El 13 de octubre las últimas unidades portuguesas incendiaban sus puentes de barcas y cuarteles, cruzando los vados en dirección a la frontera. Al día siguiente entraba el ejército de socorro en Badajoz.

image008Lám. 3. Tomada do Forte de São Miguel, Palacio del Marquês da Fronteira, Lisboa (detalle).

Llegó el Sr. Don Luis de Aro, el Duque de San Germán con toda la Corte por la tarde a esta plaza, y fueron a desmontar a la Iglesia Cathedral donde con el Santissimo manifiesto, se cantó el Te Deum con toda solemnidad.  (Relación de la campaña…, Mascareñas, folio 38)

2.3.  Resultado y bajas

Tras cuatro meses de asedio, con tres ataques al fuerte de San Cristóbal, choques en Talavera, rechazando las salidas españolas que dificultaban los trabajos, los combates en el fuerte de San Miguel y los bombardeos, el ejército portugués se había empeñado a fondo para conquistar la ciudad, pero los resultados habían sido bastante mediocres.

El primero de los fuertes no se había tomado y a las numerosas bajas sufridas en estos ataques se suma el tiempo perdido en iniciar el cerco de la ciudad que fue aprovechado por los españoles para avituallarse y recibir tropas de refuerzo.

image009Lám. 4. D. Luis Méndez de Haro, Marqués del Carpio, (Galeria Uffizi, Florencia).

Hasta el 23 de julio no lograron cerrar la circunvalación, pero las obras exteriores de la ciudad les habían obligado a hacerlo a una distancia tan grande que difícilmente tenían tropas suficientes para impermeabilizarla. Así los correos no tenían dificultad para atravesarla de noche y los convoyes de suministros estuvieron entrando hasta el 5 de agosto.

Hasta el 24 de agosto que consolidaron sus baterías en el Cerro del Viento no bombardearon la ciudad, y con escasos resultados. No sería hasta el 13 de septiembre al disponer de baterías más cercanas (ermita de San Lázaro) cuando consiguieron aproximar sus fuegos que ya empezaban a provocar algunos daños y el temor de la población, sobre todo a partir del 2 de octubre cuando las obras se aproximaron evidenciando el intento de llegar a las murallas de la ciudad para la apertura de brechas, lo que no llegaron a conseguir por las continuas salidas de los defensores y la oportuna llegada del ejército de socorro del Don Luis de Haro.

Las fuentes españolas son muy poco precisas en cuanto a las bajas producidas en los combates. Son frecuentes las expresiones “y causáronle mucho daño” o “matando e hiriendo a muchos”, deteniéndose tan solo para citar los nombres de aquellos jefes importantes que destacaban en alguna acción y luego resultaban heridos o muertos.

Más concreto resulta el cronista portugués, el Duque de Ericeira, que da una prolija lista de muertos y heridos en los combates por la ocupación del fuerte de San Miguel9, y que al finalizar el asedio relata que “cuando los portugueses se vieron obligados a levantar el sitio faltaban más de 12.000 soldados entre muertos, heridos, enfermos, huidos, etc” (Ericeira, 1946, 130)

3. CONSECUENCIAS DEL COMBATE

El asedio portugués a Badajoz de 1658 fue el que contó con más recursos y se extendió por más tiempo de toda la guerra. Su resultado posiblemente persuadió a los portugueses para no intentar un nuevo asalto, ya que sufrieron un elevado número de bajas sin llegar a alcanzar los muros de la ciudad y atrajeron sobre sí el mejor ejército castellano que desde el comienzo de la guerra se había acercado a Badajoz, dirigido por el propio valido de Felipe IV.

Lo que se puede considerar un éxito táctico, el levantamiento del cerco con escaso número de bajas, fue seguido de un notable error estratégico que en pocos meses se tornaría en desastre: el ejército que sitiaba Badajoz era prácticamente el mayor esfuerzo que los rebeldes portugueses habían podido realizar por sí mismos. Tras el asedio había quedado muy maltrecho (hasta 12.000 bajas cita Ericeira), pero en su acelerada marcha hacia Portugal no fue perseguido y aniquilado por el ejército de don Luis de Haro, que tardó tres días en presentarse ante Elvas, ciudad a la que puso sitio, pero cuando ya los restos del ejército se habían dispersado y sus jefes iniciaban el levantamiento de un nuevo ejército en Estremoz, que le vencería meses después, el 14 de enero de 1659, en la batalla das Linhas de Elvas, primer hito en el camino de la independencia definitiva de Portugal.

4. CONCLUSIÓN

El planeamiento de las operaciones y la decisión de ocupar Badajoz por parte de los rebeldes portugueses parece acertada para los momentos iniciales de la guerra, en que tanto su reducida guarnición como el estado de sus fortificaciones la hacían vulnerable.

Pero una vez que esta ciudad se refuerza y mejora sus anticuadas murallas con obras exteriores hubiera requerido un asedio más estricto para forzar a la población a rendirse por hambre o para evitar los sufrimientos de un intenso bombardeo.

Al no ser éste el caso, parece que el desenlace de atraer sobre ellos un ejército más numeroso de socorro era sólo cuestión de tiempo. El que las consecuencias no resultaran al final desastrosas para los portugueses se debió a la ineptitud de los altos mandos españoles, más expertos en maniobras en la Corte que en los campos de batalla.

La gran perjudicada fue la ciudad de Badajoz que padeció la tala y ruina de sus campos, la destrucción de sus poblaciones y que seguiría manteniendo durante diez años más el peso de los ejércitos que combatían en el país vecino.

5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CORTÉS CORTÉS, Fernando, (1985), El Real Ejército de Extremadura en la Guerra de Restauración de Portugal (1640-1668), Cáceres. Ediciones de la Universidad de Extremadura.

ERIÇEIRA, Conde de, (1946), Historia de Portugal restaurado, Vol. III, Porto, Livraría Civilizaçao, série régia, Biblioteca Histórica.

MELÉNDEZ TEODORO, Álvaro, (2008), Apuntes para la Historia Militar de Extremadura, Badajoz, Editorial 4 Gatos.

PARKER, Geoffrey (2006), La crisis de la Monarquía de Felipe IV, Barcelona, Editorial Crítica.

TESTÓN NÚÑEZ, Isabel y SÁNCHEZ RUBIO, Carlos y Rocío, (2004), Planos, Guerra y Frontera, Mérida, Gabinete de Iniciativas Transfronterizas, Junta de Extremadura.

VALLADARES, Rafael, (1998), La Rebelión de Portugal 1640-1680, Vallado- lid, Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura.

6. FUENTES DOCUMENTALES

Sucesos del año 1658. Relación de la campaña de Extremadura durante el año 1658 (Biblioteca Nacional de España, Colección Mascareñas, Manuscrito 2386, Folios 9 al 45).

Reproducción de los planos 27a. y 27b. del sitio de Badajoz de 1658, del Krigsarkivet. Utlandska Krigsplaner, Estocolmo, (ápud Testón y Sánchez Rubio, 2004,74 y 80) [Anexo I].

Tomada do Forte de São Miguel, mural de azulejos del S.XVII, Sala das Batalhas del Palacio del Marquês da Fronteira, Lisboa, Portugal. [Anexo II].

7. ANEXO Iimage012

Lám. 5. Plano de Badajoz de 1658 (Archivo Militar de Estocolmo, Suecia).

8. ANEXO II

image014Lám. 6. A tomada do forte de S. Miguel , Palacio del Marquês da Fronteira (Lisboa, Portugal) , 1658.

image009

1    Del Libro de Acuerdos Capitulares, de 3 de diciembre de 1637. Archivo Municipal de Badajoz (ápud Cortés, 1985, 8)

2    En su informe de noviembre de 1641, Juan de Garay dice que “Badajoz era casi toda abierta”, mientras que casi un año después, en septiembre de 1642 “va acabándose de cerrar”, aunque como se prevé que sea el centro de operaciones propone una serie de obras exteriores para su mejora. (Cortés, 1985, 67)

3  La penuria económica que acompaña todas las actuaciones del ejército en todo el desarrollo de la lucha dificulta y retrasa el abastecimiento de armas precisas. “Los concejos han de comprometerse a costear las armas utilizadas por los vecinos que han sido obligados a servir como soldados” (Cortés, 1985, 73)

4  Francisco de Tutavila y del Tuffo, duque de San Germán, capitán general de Extremadura entre 1650 y 1663. Entre 1661 y 1663 actuó como segundo jefe de D. Juan José de Austria en el Real Ejército de Extremadura en sus operaciones en Portugal.

5  “Madrid, 7 de noviembre, 1657 […] Dícese sale el Duque de San Germán, en Badajoz, en campaña con 4000 infantes, milicianos, que ha juntado y 3000 caballos” (ápud Meléndez, 2008, 118)

“Caso que por ser tan numeroso el exercito que pasava de 18000 infantes y 2500 cavallos dezian que estaban con resolución de ganar el fuerte o perderse”. Relación de la campaña…, Mascareñas, folio 14r.

7  El Fuerte de San Cristóbal, situado en la margen derecha del Guadiana, frente a la Alcazaba, fue la primera fortificación abaluartada de Badajoz y ya estaba finalizada en 1658. Desde ella se domina la ciudad por lo que los diversos ejércitos que asediaron Badajoz a lo largo de la historia centraron su interés en controlarlo.

8  Para seguir las obras de uno y otro bando se dispone de dos planos de la época conservados en el Archivo Militar de Estocolmo, uno anónimo, realizado por los sitiados y otro firmado por João Nunes Tinoco, auxiliar del ingeniero francés al servicio de Portugal Nicolás de Langres, que planificó el asedio. Una reproducción de este último se incluye como anexo.

9   En el combate por el fuerte de San Miguel resultaron heridos el duque de Cadaval, el teniente general Dinis de Melo de Castro, los capitanes de caballería Francisco Correia da Silva, Francisco da Silva Moura, Jorge de Melo, Manuel de Paiva Soares y el capitán de infantería Jorge de Sousa. En el capítulo de los muertos se encontraban los capitanes de caballería Álvaro Miranda Henriques y Francisco Sodré Pereira y el capitán de infantería António da Franca, tres tenientes y 300 soldados. (Ericeira, 1946, 119)

Oct 012011
 

Fernando Ortiz Martínez.

 

1.  INTRODUCCIÓN

El mariscal de campo don Rafael Menacho murió defendiendo la plaza de Badajoz, cuyo gobierno le había sido encomendado en los turbulentos años de la guerra de la Independencia. El cumplimiento de su deber hasta las últimas consecuencias le hizo acreedor de la gratitud de los pacenses que, aún hoy día, lo consideran como uno de los personajes más destacados de la historia de la ciudad. Un airoso monumento lo recuerda en el baluarte de la muralla donde cayó, el 4 de marzo de 1811. Sus restos reposan en un hermoso mausoleo en el claustro de la catedral y la calle comercial más importante lleva su nombre, como también lo llevaron un teatro, un cuartel y en la actualidad una base militar.

Pero de las circunstancias concretas de su muerte pocos saben algo más que el que fuera abatido por un cañonazo. La plaza estaba sitiada y días después sería ocupada por el enemigo, mientras que la noticia de la muerte de su gobernador militar, que todos vinculaban con la posterior rendición, se extendía por la provincia mezclada con rumores que completaban imaginativamente los detalles de los que se carecían.

Doscientos años después de aquellos hechos, Badajoz ha vuelto a rendir homenaje a sus héroes. Tras las formaciones, desfiles, discursos y conferencias se han seguido escuchando dispares opiniones sobre su muerte.

Pero ahora las circunstancias no son las mismas. A la escasez de información de aquellos días se opone la existencia de importantes documentos fiables en los archivos, aunque no debidamente explotados. Darlos a conocer es la finalidad de este trabajo.

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 Lam. 1. Obelisco levantado en 1893 por las unidades de la guarnición de Badajoz en el Baluarte de Santiago.

2. AMBIENTACIÓN

Tras el espejismo inicial de las primeras acciones bélicas favorables a los españoles en la guerra de la Independencia (primer sitio de Zaragoza, Bailén) y la entrada de Castaños en Madrid se produjo la intervención directa de Napoleón en la Península Ibérica al frente de la Grande Armée, que llevaría a la práctica ocupación de casi todo el territorio continental español.

Los restos del Ejército de Extremadura, uno de los primeros que se enfrentaron al Emperador en la batalla de Gamonal (10 de noviembre de 1808) y después en Somosierra (30 de noviembre), llegaron en su repliegue hasta tierras extremeñas donde trataron de frenar al invasor en la línea del Tajo.

Mientras tanto, el entonces coronel Rafael Menacho, tras haber participado en Bailén a las órdenes de Castaños, se batía al mando de su regimiento de Campo Mayor en la desgraciada batalla de Uclés, (13 de enero de 1809), donde tras la derrota de las armas españolas, se replegó con un batallón a través de la artillería francesa, a la que inutilizó algunos cañones, acción por la que fue felicitado.

2.1.  La guerra en Extremadura a principios de 1811.

Tras más de dos años de guerra, Extremadura ya había sufrido el paso de los ejércitos de uno y otro bando: los franceses, tras su victoria en Medellín (29 de marzo de 1809) y su avance hacia Andalucía, campaban por el norte de Cáceres y hacían incursiones por el sur de la provincia de Badajoz, y los aliados, que también habían colaborado en el agotamiento de sus recursos durante en el avance británico sobre Talavera de la Reina (28 de julio de 1809), mantenían las dos divisiones que el Ejército de Extremadura había dejado para su defensa cuando partió hacia La Mancha para reforzar al Ejército del Centro, una de ellas al mando de Menacho, que había sido ascendido a brigadier por los méritos conseguidos en Medellín.

El año de 1810 había sido de continuos encuentros entre destacamentos de ambos bandos, ninguno de ellos decisivo: Cantalgallo, Fuente de Cantos… Incluso el 11 de febrero el general Mortier se había llegado a presentar ante la plaza de Badajoz, intimando su rendición. Sin fuerzas suficientes para cercarla, tras unos combates en las afueras de la ciudad, se retiró hacia Llerena.

Al finalizar la campaña de 1810, el mariscal Soult […] general en jefe del ejército del sur de España, había recibido la orden de ocupar la alta Extremadura con todas las tropas que tenía disponibles, a fin de realizar una diversión a favor del mariscal Massena […] que mandaba el de Portugal (Lamare, 1821, p.7)

1811 sería, por tanto, el año de la ocupación completa de Extremadura por el ejército francés, y con ella su capital, Badajoz1, vería como un ejército francés de más de 20.000 hombres establecía un asedio en toda regla para obtener el control de esta plaza, imprescindible para asegurar el acceso a Portugal2.

2.2.  Menacho en Badajoz. Nombramiento de comandante militar de la plaza

Menacho, gaditano de nacimiento y formación, conocía Badajoz desde los tiempos de la Guerra de las Naranjas (1801) y posterior campaña de Portugal (1807), y había combatido en la defensa de la provincia desde que se hiciera cargo de la 3.ª División del Ejército de Extremadura en el Puente del Arzobispo y en Mérida3, pero la forma en que los ciudadanos de Badajoz lo conocerían incrementaría su fama de resolutivo y líder en el que se podía confiar, aún en las situaciones más desesperadas:

Habiendo recibido Menacho oficio del Marqués de la Romana para que hiciese por auxiliarlo, pues se hallaba en Badajoz sin guarnición para su defensa, en fuerza de muchos trabajos, días y rodeos, siempre perseguido por mayo- res tropas francesas, consiguió entrar en la plaza a media noche, sin haber perdido un bagaje, saliéndole a recibir el mencionado Marqués […] a tan incómoda hora (Cróquer, 1912, p.13).

Tras esta primera entrada en la ciudad a finales de enero de 1810 le encargaron la defensa de la plaza de Olivenza, y posteriormente participó en acciones en apoyo de la capital de Andalucía hasta quedar cercado y sin víveres en la localidad de Salvatierra de los Barros, el 10 de febrero. Habiendo recibido la orden de regresar en apoyo de Badajoz, que estaba amenazada por el enemigo

Maniobró hábilmente, y el 11 atravesó la línea francesa, que circundaba la plaza, logrando feliz arribo, entrando en ella la madrugada del día 12, entre las aclamaciones del pueblo, reforzando la guarnición con su ya bien acreditada y valiente división. (Cróquer, 1912, p.14)

En menos de quince días había entrado por dos veces en la ciudad mandando las tropas de rescate, y siguió participando en acciones de defensa de la plaza (salida del 27 de abril para desalojar a los franceses de las alturas de San Cristóbal) y de la provincia (Cantalgallo, Jerez, Aracena…), hasta que el Consejo de Regencia lo promovió al empleo de mariscal de campo, asignándole el gobierno militar de la plaza:

El Consejo de Regencia de España e Indias ha nombrado a D. Rafael Menacho por gobernador militar y político de la plaza de Badajoz, y en atención a sus méritos y buenos servicios, le ha concedido el ascenso de mariscal de campo. (ápud Gómez Villafranca, 1908, parte segunda, p.344).

image004Lám. 2. Retrato de Menacho como Mariscal de Campo, obra de Manuel Roca, 1811.

2.3.  Asedio francés.

El ejército francés del mariscal Soult inició los trabajos de sitio de Badajoz el 28 de enero de 1811 tras haber ocupado la vecina plaza de Olivenza donde estableció su cuartel general y sus almacenes.

Pese a lo inadecuado de la época del año en la que las frecuentes lluvias dificultaban los trabajos de asedio, éstos avanzaban a buen ritmo. Para evitarlo Menacho organizó hasta ocho salidas en las que sus tropas trataron de entorpecer los trabajos, inutilizar la artillería y causar el mayor número de bajas al enemigo4.

El ejército de refuerzo mandado por Mendizábal, que con 10.000 hombres y 200 caballos portugueses restableció las comunicaciones con Portugal y proporcionó esperanzas a la población, fue completamente derrotado en una brillante acción por sorpresa de Soult la mañana del 19 de febrero, en que al abrigo de la niebla cruzó los ríos Guadiana y Gévora sorprendiendo a los españoles en una posición que consideraban segura (batalla del Gévora)5.

Perdidas las posibilidades de recibir refuerzos en breve plazo y con el cerco completado, Menacho volvió a rechazar las ofertas de rendición de Soult, continuando con las obras de defensa de la plaza y con las salidas al campo enemigo (aún hizo dos más), y animando a militares y civiles al trabajo conjunto y al sacrificio en defensa de la Patria.

3. MUERTE DEL GENERAL

La tarde del cuatro de marzo de 1811, con ocasión de una exitosa salida de la guarnición contra las obras de zapa francesas en las que trataban de preparar la batería de brecha definitiva, el general Menacho moría al batir la artillería enemiga el baluarte desde el que la dirigía (Baluarte de Santiago).

La situación tuvo que ser confusa en extremo. Las tropas y paisanos arengaban desde los parapetos a los soldados que regresaban victoriosos tras haber inutilizado numerosos cañones y herramientas, causando muchas bajas enemigas y capturado algunos prisioneros:

Conseguido el fin que se deseaba se retiró nuestra bizarra tropa a la estacada, en donde los soldados entraban cargados de despojos del enemigo en tal manera, que muchos apenas podían con los efectos que conducían, presentando varios de ellos palas, picos y azadas que recogieron en las trincheras; algunos cogieron divisas de oficiales, sus espadas, relojes y buenas cantidades de metálico; el encarnizamiento fue cruel y solo consiguieron refugio cinco franceses que condujeron prisioneros6.

Cuando una descarga de artillería batió los terraplenes y la gente se puso a cubierto. En ese momento fue alcanzado el gobernador militar y llevado por sus ayudantes al lugar a cubierto más próximo, donde falleció en pocos minutos.

De allí su cuerpo sería trasladado a la catedral y depositado en la capilla de la Soledad del claustro, donde se mantuvo entre el estupor de los numerosos civiles que se habían refugiado en las naves del templo mientras se decidía el destino final del cuerpo, que sería inhumado en el panteón de canónigos, sin dato alguno en la lápida para evitar posibles profanaciones en el caso de que los franceses ocuparan la ciudad, como así ocurrió días después.

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Lám. 3. Baluarte de Santiago y tramo de cortina de la muralla donde estaban abriendo brecha los franceses en marzo de 1811.

Murió sin testar el cuatro de marzo del mismo, en la muralla, de una bala de cañón. Era marido de D.ª Dolores Calogero, y se sepultó en el panteón del Cabildo Catedral, con asistencia del mismo y del Cabildo Municipal7.

El mando de la guarnición recayó en el brigadier José de Imaz, segundo en el mando de Menacho, que en el momento de la muerte se encontraba en otro de los baluartes próximos (Baluarte de San José), colaborando también en el control de la salida.

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Lám. 4. Cripta de Canónigos de la Catedral de Badajoz donde reposaron los restos de Menacho durante 69 años.

3.1.  Relato tradicional

La confirmación oficial de la muerte del gobernador militar de la plaza sitiada no llegaría al cuartel general del 5º Ejército hasta el día 9 de marzo, con la correspondencia oficial de su sucesor:

Muy gloriosa ha sido esta acción para las armas españolas si a ellas no hubiera seguido la muerte del valeroso, del bizarro, del digno gobernador el Mariscal de Campo don Rafael de Menacho […] el cual poniéndose en uno de los flancos fue atravesado por una bala de cañón y muerto en el mismo momento8.

Pero la tremenda noticia se había extendido ya antes por la región con rapidez, con las inexactitudes y exageraciones propias de los rumores. El general Carlos de España, que estaba actuando de enlace con la Junta Suprema de Extremadura, le dirigió a ésta una carta el día 8, en la que al mencionar la muerte del general Menacho dice:

El Gobernador Menacho perdió la vida, hallándose animando a sus tropas sobre las murallas. Una bala de cañón le quitó la cabeza. (ápud Gómez Villafranca, 1908, parte segunda, p.369)

No se ha encontrado ninguna otra fuente que cite la decapitación de Menacho entre todas las consultadas, tanto contemporáneas a la guerra como poste-iores, pero lo cierto es que entre la población actual de Badajoz se encuentra enraizada esta creencia hasta tal punto que, en la primera edición de la Historia de Badajoz, redactada por el cronista oficial de la ciudad, don Alberto González Rodríguez, en fecha tan cercana como 1999, mientras que en el texto describe “cuando el heroico general Menacho seguía desde el baluarte de Santiago el resultado de una salida que había ordenado contra la batería del Cerro del Viento, una bala de cañón le ocasionó la muerte” (González, 1999, p.329), se acompaña con una ilustración que representa a Menacho de pie sobre el parapeto y una bala de cañón impactando en su cabeza9.

Otros autores han incluido sus particulares versiones, como la nota incluida por Fernando Valdés Fernández en su traducción de las Memorias de Soult: “Una bala de metralla le alcanzó en el pecho durante la defensa de Badajoz y le causó la muerte” (Valdés, 2003, p.64).

Aunque la mayoría de los autores que tratan el sitio de Badajoz, si bien citan el motivo que llevó al gobernador hasta la muralla esa tarde, no entran en detalles de cómo se produjo la muerte exactamente: “El cuatro de marzo, observando desde el muro una salida, en que se causó bastante daño al enemigo, cayó muerto de una bala de cañón” (Conde de Toreno, 1835, p.437)

Por último, otro origen de confusiones para trabajos posteriores resultó la publicación del relato del asedio por parte del jefe de ingenieros del ejército francés, coronel Lamare, que si bien realiza una descripción aceptable, sobre todo teniendo en cuenta que se encontraba al otro lado de las líneas: “El general español Menacho […] fue muerto por una granada momentos después de asomarse al parapeto para observar el efecto de la salida” (Lamare, 1821, p.74), equivoca el día en que esta acción tuvo lugar, situándola el tres de marzo, error que se perpetuaría y difundiría al tomarse como fuente para la realización de una placa conmemorativa colocada en 1864 en el baluarte de Santiago y posteriormente sustituida por otra en 1890 con la siguiente inscripción: “Al insigne general Menacho. Murió por la Patria el 3 de Marzo de 1811, defendiendo a Badajoz. La guarnición de 1864 y la de 1890 le dedican esta Memoria”10.

3.2.  Las fuentes definitivas

Vista la disparidad de versiones sobre un hecho tan concreto se considera inexcusable acudir a las fuentes primarias que relatan esta acción, que en el caso de un militar en activo en el momento de su muerte no puede ser mejor que su hoja de servicios. La de don Rafael de Menacho y Tutló se encuentra en el Archivo General Militar de Segovia y dice lo siguiente:

La cuarta salida que, con la brecha abierta en la plaza, ejecutó el día 4 de marzo de 1811, en la que se clavaron varias piezas al Enemigo y desbaratándole baterías. Estando sobre las murallas, disponiendo y animando sus tropas, fue muerto por una bala de metralla de cañón que le entró por el vientre, habiendo hablado en esta situación como de cinco a siete minutos, profiriendo sentía no poder ser más útil a su Patria11.

Esta hoja de servicios lleva un informe adjunto del coronel Juan de Moya y Morejón, quién durante el sitio de Badajoz era sargento mayor del Regimiento Campomayor y siempre había estado a sus órdenes, que con respecto a la muerte del gobernador dice:

En cuyo sitio fue muerto sobre la muralla por una bala de metralla que le penetró el vacío derecho, en el acto de la salida que hicieron los Granaderos de todos los Cuerpos de la Guarnición para clavar la Artillería y destruir las baterías del Enemigo, el 4 de marzo del expresado año de 181112.

En ambos documentos se detalla que lo que causó la muerte de Menacho fue el impacto con penetración de una bala de metralla en el abdomen, el segundo de ellos concreta la zona lateral derecha de la cavidad abdominal que corresponde con parte del intestino delgado y del colon.

image011Lám. 5. Imagen descriptiva de los proyectiles dispersadores de metralla disparados por los cañones de principios del S.XIX. Uno de estos granos de metralla de 280 grms causó la muerte del general Menacho.

Las balas de metralla, también denominadas en la época como “granos de metralla”, eran bolas de plomo de más de 200 gramos de peso, que se disparaban agrupadas en “saquillos” o botes de hojalata con el efecto de la actual munición rompedora para causar bajas sobre concentraciones de tropas enemigas.

Que la artillería de las tropas francesas dispararan una munición que habitualmente se utilizaba sobre unidades a campo abierto puede explicarse por el hecho de que Menacho se encontraba en el baluarte, junto al parapeto, es decir a la vista del enemigo, y dirigiendo la salida de las tropas propias, para lo que tendría que utilizar banderas o señales que, además de permitir la comunicación con los suyos le convertía en un blanco rentable:

Este Héroe que incesantemente velaba sobre la heroica defensa de esta Plaza, se precipitó al horrible fuego que el enemigo hacía desde Pardaleras con dirección a las baterías de San Josef y Santiago: en la primera dava sus disposiciones el Mariscal de Campo Dn Josef Ymas, y en la 2ª aquel dignísimo xefe, el qual poniéndose en uno de los flancos fue atravesado de una bala de cañón y muerto en el mismo momento13.

En la tarde del 4 de marzo hizo una salida la guarnición de la plaza. Menacho desde los muros mandaba la acción por medio de señales […] corroboraba su constancia debajo de la bandera que tremolaba sobre los muros de Badajoz (Castro, 1858, p.750).

Si las descripciones que aparecen en su hoja de servicios deberían considerarse como la versión oficial de la muerte, se dispone de un documento para contrastarlas de la forma más científica posible con los medios del siglo XIX.

Con la finalidad de trasladar los restos de Menacho desde su anónima tumba en el Panteón de Canónigos de la catedral de Badajoz a un lugar más destacado en el claustro de la misma, el ayuntamiento de la ciudad autorizó su exhumación el 22 de diciembre de 1879, acto que se realizó el 3 de marzo de 1880, víspera del aniversario de su muerte, y del que se levantó acta notarial cuyo texto se incluye íntegro:

Hecha la apertura de la bóveda por el maestro alarife D. Antonio Valentín Núñez, se encontró la armadura de una caja mortuoria y dentro de ella el esqueleto de un hombre; una gorra militar de paño con insignias; una faja militar de seda de color hoy indefinido, por efecto de la acción del tiempo, con borlas; un bastón de mando; una espada; un calzón de punto; restos de una casaca militar, y un par de botas altas, todo lo que acreditaba, según opinión de personas com- petentes, ser un Gefe Militar de la categoría del que se trata. Dicho esqueleto se hallaba en posición de cubito supina con todos sus huesos completos en un estado normal a excepción del húmero derecho que estaba fracturado en su tercio inferior, a unos ocho centímetros de la articulación del codo, siendo la acción casi regular y como si hubiese sido producida por un cuerpo contundente de gran violencia que destruyera toda la masa hosea que se presentara a su paso, resultando de esto un acortamiento de dicho hueso comparado con el opuesto: en el húmero izquierdo había vestigios de una antigua fractura, ya bien consolidada y también a la altura de unos ocho centímetros de la articulación húmero embital, sin que hubiera otra lesión en el resto del esqueleto. Sobre la cara anterior del Sacro se encontró un proyectil de forma esférica, de hierro fundido, análogo a los granos de metralla de mayor volumen. Este proyectil estaba solamente posado y sin adherencia ninguna a dicho hueso, notándose tan solo la impresión que su presencia había producido, por encontrarse allí antes de la putrefacción y acomodarse a su alrededor los detritus, formando estos una cavidad igual al dicho proyectil; deduciéndose que siendo el proyectil mayor que los espacios intercostales, tenía necesariamente que haber practicado alguna costilla si su entrada hubiera sido por el pecho, pues como las costillas están íntegras, hay que suponer que su entrada fue por la pared del vientre, y tal vez después de haber chocado en un cuerpo no muy duro como tierra o madera, pues que no tenía impresión ninguna, pero que le quitó la fuerza necesaria para no atravesar el cuerpo del finado y si solo penetrar en la cavidad del vientre donde por la acción de la gravedad buscó el punto más declive, que fue el sitio donde se le halló. Recogidos los huesos que constituían dicho esqueleto, se encerraron en una caja pequeña de cinc, de figura rectangular y pintada de color verde, con la siguiente inscripción: “Restos del Excelentísimo Señor D. Rafael Menacho14.

De los datos expuestos en el acta resulta probado que la muerte del general se produjo por un grano de metralla de gran volumen que le perforó la pared del vientre, quedando alojado en el mismo, y no por impacto directo de una bala de cañón, que hubiera producido necesariamente fracturas óseas. En el examen de sus restos las únicas fracturas que se localizaron pertenecían a traumatismos en los brazos anteriores a la fecha de su muerte, consecuencia de las numerosas heridas de guerra sufridas por este militar que jamás rehuyó el puesto de mayor riesgo y fatiga.

4. CONSECUENCIAS. ENTREGA DE LA CIUDAD A LOS FRANCESES

La muerte de Menacho supuso el inicio de la pérdida de la ciudad. Hasta sus propios enemigos, en las memorias del asedio, reconocen tanto sus méritos como la influencia que tuvo su pérdida para la caída de la ciudad:

El General español Menacho, dueño de una actividad y terquedad heroicas, que desde el comienzo del asedio se mostraba digno de seguir las huellas de los más célebres gobernadores que la historia recuerda, fue muerto por un impacto de bala de cañón en el momento en que se asomaba a las murallas para evaluar el efecto de la salida.

Su muerte se conoció enseguida y sumergió a la guarnición y los habitantes en el dolor y el espanto. Para los aliados fue vista como la causa principal que aceleró la rendición de la plaza de Badajoz. (Lamare, 1821, p.74)

Y es que su sucesor en el mando, José de Imaz, no tenía ni las aptitudes ni el carácter de Menacho, aunque inicialmente hizo una encendida declaración de intenciones:

Nada omitiré de cuanto sea necesario a cumplir las obligaciones espinosas del empleo, en cuio obsequio hare como mi antecesor todos los sacrificios q.e las circunstancias exixan15. (ápud Gómez Villafranca, 1908, 2ª parte, p.368)

Seis días después, y con una brecha en la cortina de las murallas apenas practicable recibió a un parlamentario del ejército francés que le instó a la rendición, y en lugar de despedirlo como había hecho Menacho incontables veces, sometió su propuesta a una junta de defensa constituida con los jefes de las unidades y servicios de la plaza.

Las circunstancias no habían cambiado demasiado en esa semana. La plaza contaba con suficientes víveres y municiones, se habían iniciado trabajos interiores para continuar la defensa mediante cortaduras y barricadas en calles y plazas, abriendo troneras en los muros… La guarnición era tan suficiente en número como días antes, y los fuegos de su artillería no habían cesado. Se sabía que un ejército británico se acercaba en socorro de la plaza.

Mas aún así, contando con autoridad suficiente para decidir por sí mismo en todo momento lo que estimase lo mejor para la plaza, decidió reunir la junta en la que muchos optaban por la rendición. Imaz, aunque realizó una declaración en tonos heroicos en la que manifestaba su parecer de defender la plaza hasta la muerte, decidió seguir la opinión de la mayoría.

La plaza se rindió a los franceses la tarde del día 10 de marzo tras la firma de una capitulación en la que se rendían honores al valor combativo de los defensores, motivo por el que se les concedía el salir desfilando por la brecha abierta. Salir, salieron a tambor batiente, pero no por la brecha ya que ésta no era practicable.

La conducta de Imaz sería investigada por el Consejo de Regencia, aunque las vicisitudes de la guerra y la necesidad de mandos con suficiente formación para un ejército tantas veces derrotado y reconstituido hicieron que no se tomaran medidas contra él.

5. CONCLUSIÓN

Parece clara la relación entre la muerte del general Menacho y la capitulación pocos días después de la plaza ante el enemigo. Es imposible saber si, de haber seguido con vida, la defensa se hubiera podido prolongar lo suficiente para permitir la llegada del ejército británico de rescate, al mando del general Beresford, cuyas primeras unidades alcanzaron la vecina población portuguesa de Campo Mayor el 25 de marzo, quince días más tarde.

La plaza de Badajoz, que había estado luchando valientemente bajo sus órdenes, que el mismo día en que murió celebraba con alegría las victoriosas salidas y que fue obligada a rendirse16, sufrió casi un año de ocupación francesa y tres asedios más, esta vez por parte de las fuerzas aliadas, que incomprensible e injustificadamente, tras tomarla por asalto el 6 de abril de 1812, la saquearon.

Es lógico, por tanto, que se ensalce la figura de Menacho como ejemplo de virtudes en las que se veían reflejados la tropa y los ciudadanos a los que man- daba y que se honre su memoria, en este caso dando a conocer los detalles existentes sobre su heroica muerte.

image013Lám. 6. Mausoleo de Menacho en el claustro de la Catedral de Badajoz, con guardia de honor del Regimiento Castilla 16 en el Bicentenario de su muerte en combate (4 de marzo de 2011)

6. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BALDUQUE, (1908, julio), “Restos del General Menacho”, Revista Archivo Extremeño n.º 6, Badajoz.

CASTRO, Adolfo de (1858), Historia de Cádiz y su provincia desde los remotos tiempos hasta 1814. Cádiz, Imprenta de la Revista Médica.

CRÓQUER CABEZAS, Emilio (1912), Noticia genealógica y biográfica del Mariscal de Campo, ilustre gaditano, defensor de la plaza de Badajoz, Rafael Menacho. Cádiz, Tipografía Comercial.

GÓMEZ VILLAFRANCA, Román (1908), Extremadura en la guerra de la Independencia. Memoria histórica y colección diplomática. Badajoz, Uceda hermanos.

LAMARE, Coronel (1821), Relación de los sitios y defensas de Olivenza, de Badajoz y de Campo-Mayor en 1811 y 1812 por las tropas francesas del ejército del mediodía en España, traducción de Enrique Segura, 1934, Badajoz, La Alianza.

SOLAR Y TABOADA, Antonio del (1911, diciembre), “Don Rafael de Menacho y Tutlló”, Revista Archivo Extremeño n.º 12, Badajoz.

TORENO, Conde de (1835), Historia del levantamiento, guerra y revolución en España. Tomo XIV. Edición de Joaquín Varela Suanzes-Carpegna, 2008. Madrid, Centro de estudios políticos y constitucionales.

VALDÉS FERNÁNDEZ, Fernando (2003), La guerra de la Independencia en Badajoz. Fuentes francesas. Ia. Memorias. Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz.

7. REFERENCIAS DOCUMENTALES

Hoja de servicios de don Rafael Menacho, Archivo General Militar de Se- govia, sección 1.ª, división 1.ª, legajo M-2637.

Diario del sitio de la plaza de Badajoz desde el día 17 de enero al 7 de marzo, Archivo Histórico Nacional, Diversos-Colecciones, 99, N.2.

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1  Badajoz se había mantenido como sede de la Junta Suprema de Extremadura y cuartel general del Marqués de la Romana hasta su salida en septiembre de 1810 por la proximidad de las tropas francesas.

2  El ejército de Soult se componía de unos 19.000 infantes y 4.000 caballos, 54 piezas, un tren de sitio, convoy de provisiones y auxilios (Toreno, Conde de, 1835, tomo III, p.427)

3   Hoja de servicios de don Rafael Menacho, Archivo General Militar de Segovia, sección 1.ª, división 1.ª, legajo M-2637.

Diario del sitio de la plaza de Badajoz desde el día 17 de enero al 7 de marzo, Archivo Histórico Nacional, Diversos-Colecciones, 99, N.2.

5  Lamare, 1821, p.54.

Diario del sitio de la plaza de Badajoz desde el día 17 de enero al 7 de marzo, Archivo Histórico Nacional, Diversos-Colecciones, 99, N.2.

7  Anotado en el libro 3º de defunciones de la jurisdicción castrense en el folio 22, cara y vuelta, correspondiente a 1811, Archivo de la Catedral de Badajoz, que empieza el 24 de febrero de 1802 y termina el 19 de diciembre de 1864.

8   El cuartel general de Mendizábal, de quien seguía dependiendo militarmente la plaza de Badajoz, se hallaba situado en la ciudad portuguesa de Estremoz, distante 65 kilómetros. A ella remitían, inicialmente Menacho y posteriormente Imaz, cartas conteniendo las copias de varios días del diario de operaciones de la guarnición. Estas cartas se copiaban a su vez y se remitían al ministro de la guerra, José de Heredia. El conjunto de todas ellas componen el documento Diario del Sitio… de las referencias 4 y 6.

9    En la edición de 2010 se ha sustituido esta ilustración por una foto del mausoleo en que está enterrado el general, en el claustro de la catedral de Badajoz.

10  Esta placa de mármol se conserva en la actualidad en el edificio del cuartel general de la Brigada de Infantería Mecanizada “Extremadura” XI, en la base militar “General Menacho” de Bótoa, Badajoz.

11  Hoja de servicios de don Rafael Menacho, Archivo General Militar de Segovia, sección 1.ª, división 1.ª, legajo M-2637.

12  Íbidem.

13  Diario del sitio de la plaza de Badajoz desde el día 17 de enero al 7 de marzo, Archivo Histórico Nacional, Diversos-Colecciones, 99, N.2.

14  Texto del acta de exhumación del artículo “Don Rafael de Menacho y Tutlló”, de Del Solar y Taboada en la Revista Archivo Extremeño n.º 12, Badajoz, diciembre de 1910.

15  Notificación de la muerte de Menacho por D. José de Imaz al Ilmo. Sr. Venerable Deán y Cabildo de la Sta. Iglesia de Badajoz, el 5 de marzo de 1811.

16  “dicen que nuestros soldados pateaban la noche antes y decían que era una picardía, que por qué se había de entregar la plaza, cuando no se estaba en estado de hacerlo”. Carta de Espinosa de los Monteros a la Junta Suprema de Extremadura el 13 de marzo de 1811, (ápud Gómez Villafranca, 1908, 2ª parte, p.373)