Oct 012001
 

Fernando Ayala Vicente.

El trabajo que presentamos hoy en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura, es el fruto de diez años de minuciosa y exhaustiva investigación, emprendida con el apoyo, al que reitero mi agradecimiento, del Doctor Fernando Sánchez Marroyo.

Iniciado con la ilusión del que emprende una fascinante aventura intelectual, muchos han sido los momentos de satisfacción, que han llenado de optimismo la dura tarea de recopilar datos, de fuentes muy variadas y dispersas, pero que nos han permitido ir completando, analizando e interpretando, la compleja imagen de una época, que presenta para la provincia de Cáceres algunas cuestiones originales, y por lo tanto, inéditas, que hemos tratado de desvelar.

Quisiera, en primer lugar, hacer mención especial, a la importancia de la tipología de la documentación consultada. Ésta ha estado determinada por las peculiares características de los archivos históricos visitados, tanto a nivel provincial, como en el plano nacional.

Junto a las fuentes tradicionales existentes en los archivos usuales, hay que resaltar la incorporación de acervos documentales hasta ahora vedados al historiador, y por ello escasamente utilizados, como son:

determinadas series procedentes del Gobierno Civil, del Ministerio del Interior o de archivos de partidos políticos.

Ciertamente es necesario reseñar la especificidad que ha conferido a nuestro trabajo la consulta de los fondos archivísticos originarios del Gobierno Civil de Cáceres y que nos han permitido incorporar una documentación en principio inexistente en archivos históricos de similares características. Todo ello ha hecho posible que esta investigación se enriquezca plenamente con el análisis de legajos de documentos que hacían principalmente referencias a:

– constitución y configuración de Sociedades (cargos directivos, fechas de presentación de Reglamentos…)

– orden público (conflictividad social, huelgas, manifestaciones, partes diarios de la Guardia Civil, correspondencia entre ministro y Gobernador…)

– administración local (vida cotidiana de los ayuntamientos, devenir de sus autoridades, trayectoria de comisiones y Gestoras…).

– Así mismo, hemos realizado un recorrido por las distintas convocatorias electorales (antecedentes, candidaturas, campañas, correspondencia, resultados…).

Aunque, si bien, parte de esta documentación proporciona una información habitualmente obtenida en archivos provinciales (como por ejemplo el de la Excma. Diputación), hay que precisar, que una vasta colección de documentos, con atención primordial a la conflictividad social en todo el período, aún sin catalogar, fueron analizados por primera vez durante varios meses en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres, pero que provienen del Gobierno Civil.

En el plano concreto de la lucha electoral hay que resaltar el hecho de haber encontrado una duplicidad de información referente a las elecciones de febrero de 1936, para las que, en atención a la trascendencia posterior, inducimos con gran sorpresa, que los resultados extraídos de dicha documentación no coincidían con los publicados oficialmente. Por lo tanto, pretendemos contribuir con el aporte de toda la información posible a la clarificación de dichos comicios, interpretando con los datos hallados lo que pudo suceder.

Hemos de destacar, por otra parte, la consulta de los archivos municipales de muchas localidades de la provincia, que nos han permitido reconstruir el devenir político de los ayuntamientos. Del mismo modo, a pesar, de que el núcleo central de nuestra investigación, han sido los temas electorales y la vida política, fue de gran utilidad tener acceso a documentación complementaria: estadísticas de población, cuestiones económicas… que conjugadas logran dar mayor entidad a nuestras tesis.

Por lo que respecta a los archivos nacionales, en particular el Archivo Histórico Nacional de Madrid, he de destacar la consulta dentro de los Fondos contemporáneos de una serie de expedientes policiales, provenientes de los Archivos Centrales de la Dirección General de Seguridad y de la Dirección Nacional de la Policía, que han resultado sumamente interesantes. En la documentación estudiada se puede describir la trayectoria política de un amplio abanico de personajes relevantes en la vida política cacereña durante la Segunda República, incluyendo en algunos casos sus antecedentes y un seguimiento posterior a 1936, información que no hubiera sido posible encontrar en archivos provinciales.

Otra parte importante consultada ha sido la documentación procedente del Ministerio de Gobernación, que hace especial referencia a la información enviada a Madrid desde la provincia sobre cuestiones electorales y orden público.

No podemos obviar las visitas al Archivo General de la Administración del Estado en Alcalá de Henares o al Archivo Histórico Nacional de Salamanca. En el primero resaltamos la amplísima documentación que existe sobre la Administración local y en Salamanca pudimos encontrar, entre otras muchas cosas, un variado repertorio epistolar de personajes cacereños. Destacamos la correspondencia a los ministros Giral y Lerroux, que, sobre todo, en el caso de Giral nos ha permitido reconstruir el entorno clientelar que había tejido en una buena parte de las poblaciones de la provincia, vertebradas fundamentalmente en torno a los profesionales del mundo sanitario, que por su dedicación tan bien conocía.

La consulta de archivos de instituciones o entidades como el de la Fundación Pablo Iglesias, hizo posible conocer los vericuetos internos del comportamiento de determinadas fuerzas políticas, que en muchos casos no se hacían de manera expresa públicos en la provincia. Fue muy interesante, por ejemplo el análisis de las Actas de la Ejecutiva Nacional del PSOE, ya que hizo posible que conociéramos todos los detalles del polémico debate dentro del partido, sobre las candidaturas a las elecciones generales de noviembre de 1933.

En el caso del Archivo del Partido Comunista de España, nos ha posibilitado un conocimiento, tomado con la prudencia que merecen este tipo de fuentes, de la significación cuantitativa y cualitativa del movimiento obrero durante estos años.

En el Archivo y en la Biblioteca del Congreso de los Diputados hemos accedido, por un lado, a la consulta de referencias sobre los resultados electorales, así como a las iniciativas presentadas por los diputados cacereños. Aunque la documentación de mayor relevancia ha sido el seguimiento que hemos realizado, de las intervenciones de los parlamentarios de la provincia en las Cortes, gracias al Diario de Sesiones. Esta información ha sido completada con documentación existente en el Departamento de Derecho Político de la Universidad de Extremadura, así como en la Hemeroteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad.

A todo ello unimos la indagación realizada en un amplio espectro de fuentes hemerográficas, algunas con colecciones prácticamente completas para toda la Segunda República, que desde muy diversos puntos de vista, nos han ayudado a interpretar numerosas variables. Unidos a éstas hemos procurado consultar un variado repertorio bibliográfico, incluyendo tanto obras clásicas sobre la temática y el período objeto de estudio, como una referencia nacional y regional, lo más actualizada que nos ha sido posible.

Evidentemente había que estructurar esta vastísima información, y nos pareció que la forma más adecuada, sería utilizar los instrumentos puestos a nuestro alcance por las nuevas tecnologías. De esta forma, iniciamos el proceso de creación de varias bases de datos, que conexionadas nos han posibilitado contar con una amplísima disposición de contenidos, de utilidad fundamental para la redacción de este trabajo. En este sentido es pertinente destacar el hecho de la elaboración de bases de datos relacionales que permiten tener permanentemente actualizada la información.

Así, tenemos información muy completa de cerca de 2.000 Sociedades, de los resultados habidos en todos los pueblos de la provincia en las convocatorias electorales, tanto municipales como generales, de datos estadísticos de población y de distribución de la riqueza o las aproximadamente 6.000 fichas de individuos que tuvieron una cierta trascendencia pública o significación política.

Para el tratamiento de la información, especialmente los resultados electorales, hemos confeccionado distintas hojas de cálculo, así como nos hemos servido de diferentes fórmulas matemáticas y programas de cálculo, para mostrar una serie de indicadores, coeficientes o índices que contribuyan a mejorar el entendimiento e interpretación de los comicios. Por otro lado, los aspectos gráficos presentados permiten reconstruir detalladamente el análisis de la realidad descrita. Por último hemos de resaltar el tratamiento de inmediatez dado a la imagen, aprovechando los recursos que ponen a nuestro alcance las nuevas tecnologías en el tratamiento de la información y que nos ha posibilitado una minuciosa reconstruccióncartográfica de la realidad política y social del periodo analizado.

La parte central de nuestro trabajo está dedicada a la vida política y a cuestiones electorales. Así hemos partido a la búsqueda de algunos objetivos como la interpretación, no únicamente del resultado final de una elección, sino también del proceso que lo ha desencadenado: alianzas de fuerzas políticas, tensiones internas, distribución de puestos y/o cargos, el papel del abstencionismo, la construcción de redes clientelares…

De la misma forma hemos intentado correlacionar el voto con determinados factores sociales, en el caso de la provincia de Cáceres nos hemos decantado por utilizar el número de jornaleros y el de mujeres para comprobar si existe una relación directa entre la participación de ambos y el voto a cada una de las fuerzas políticas o al menos demostrar si hay tendencias. En este sentido podemos decir que seguimos el modelo establecido por la escuela francesa de sociología electoral y que lo intentamos basar en la interdisciplinariedad, en la relación entre cuestiones íntimamente vinculadas al Derecho Político a las Ciencias Políticas y a la Sociología.

Las conclusiones obtenidas gracias a la utilización de esta metodología y a los instrumentos o herramientas de trabajo que pone a nuestro alcance la informática, ha desmontado en parte, y para la provincia de Cáceres, el tópico que vinculaba, por ejemplo, la incorporación del voto a la mujer en las elecciones generales de 1933 con la conservadurización de estos resultados, decantándose nuestra tesis por desconectar ambas variables.

Hemos procurado analizar un tipo de elecciones que han obtenido un tratamiento muy minoritario en la mayoría de los estudios consultados, como son las elecciones municipales de mayo de 1931(convocadas en 159 poblaciones, tras anularse las del 12 de abril) o las parciales que vinieron a continuación, haciendo especial mención a los ayuntamientos proclamados por el artículo 29 de la ley electoral y a la constitución de Comisiones Gestoras. También hemos pretendido sintetizar los resultados en la provincia de Cáceres de las elecciones para el Tribunal de Garantías Constitucionales del 3 de septiembre de 1933 y las elecciones de Compromisarios para elegir al Presidente de la República, el 26 de abril de 1936.

Si bien una buena parte de la provincia está considerada como zona eminentemente rural, no pueden tener la misma percepción de la vida política y de los fenómenos electorales núcleos con grandes disparidades en el número de habitantes o en las características económicas y sociales (latifundismo o minifundismo, distribución de la riqueza, estructura socio-profesional…), por lo tanto nos ha parecido interesante detenernos a diferenciar los comportamientos electorales de acuerdo a estos parámetros.

Con estos argumentos los planteamientos generales de la obra así como sus objetivos pretenden reconstruir a escala provincial en simetría con lo que era la circunscripción electoral, el devenir político en torno a abril de 1931 y julio de 1936.

Para ello comenzamos por analizar las características del marco espacial en el que nos vamos a desenvolver a través de sus bases demográficas y económicas, con una relación entre la población y la riqueza existente y la estructuración de las mismas. Todo ello imbricado en la comarca, espacio que hemos elegido para la parcelación de nuestro estudio, por entender que reúne condiciones similares en los núcleos que la componen, lo que permite la ponderación de las medias con unos resultados más satisfactorios y/o fiables. Dentro de esta primera parte, nos ha parecido interesante recordar cuáles fueron los antecedentes socio-políticos que se han utilizado como punto de partida.

Hemos analizado cómo se produce la llegada de la República comprobando las consecuencias del cambio de régimen y demostrando que, en consonancia con lo que sucede en el resto de España, se desarrolló en medio del júbilo popular y con escasos incidentes en cuanto al orden público.

Como hemos señalado, una parte prioritaria de nuestra investigación es el análisis de las fuerzas políticas. El objetivo principal que nos planteamos es el conocimiento de su importancia tanto en el número de efectivos como en el de comités locales y en significación de sus líderes. Hemos enfocado su estudio a través de dos apartados, por un lado las existentes antes de abril de 1931, viendo como afectó el fenómeno de la disolución de los viejos partidos dinásticos y en segundo lugar hemos tratado de analizar más profundamente la ideología, el proyecto político y la estructura provincial de aquellos que tuvieron repercusión en la vida pública cacereña durante la Segunda República. Para ello lo dividimos según el modelo propuesto por el profesor Miguel Artola (en su conocida obra: Partidos y programas políticos. 1808-1936. Aguilar. Madrid. 1974) en cuatro bloques: derechas, republicanos, regionalistas y nacionalistas y proletarios.

Un apartado con autonomía propia lo constituye el análisis de las peripecias políticas cotidianas, en este sentido, quisimos averiguar cómo se desarrolló la vida interna de los partidos, sus reuniones y debates políticos, su presencia en la escena pública. Toda esta información la insertamos en la celebración de mítines y manifestaciones, para culminar con un detenido estudio de la trayectoria municipal en las principales localidades de la provincia.

Otros temas que resaltamos son: el tratamiento dado por las autoridades y su aceptación o no por la población de cuestiones tan candentes como el paro obrero, el problema agrario, la cuestión religiosa, las obras públicas, la enseñanza, el regionalismo…, que en su conjunto nos deben llevar a comprender mejor una vida cotidiana tan intensa como la que se produjo en el período analizado.

La movilización de las masas, así como el impresionante interés por la ‘‘cosa pública’’ que se adquirió durante toda la II República en la provincia de Cáceres, es una muestra de lo apasionante que resultaron estos años, con una constante dinamización de la actividad política, social y cultural.

El orden público debido a su trascendencia con el consiguiente deterioro de las relaciones personales y el entorpecimiento continuo de la vida política, con sus constantes alteraciones, dio lugar a numerosos problemas. Nos planteamos comprender de una manera minuciosa la posible relación existente entre cambio político y desorden público o bien entre la acción de los distintos poderes y la aceptación o no por parte de los administrados. El resultado ha permitido aseverar que fueron los momentos de modificación de las estructuras de poder los que vieron incrementar el índice de conflictividad social. Asociado a este parámetro estaría el sello de interinidad e inestabilidad continua que vivieron las instituciones.

Un apartado importante lo constituye el análisis de la incidencia en la política nacional de los diputados cacereños, para ello hemos investigado cuáles fueron los cargos desempeñados por éstos durante su presencia en el Parlamento. Destacamos, por ejemplo, el paso por el ministerio de Marina de Gíral, o Pascual Cordero, que llegó a ser Subsecretario de Instrucción Pública, así como procedimos al pormenorizado estudio de cada una de sus intervenciones, viendo los temas más recurrentes y el tratamiento dado por diputados de distintas ideologías.

Evidentemente no todos tuvieron una similar presencia en la Cámara, dándose el caso de algunos a los que ni siquiera se les escuchó su voz, frente a otros, como Juan Canales o Díez Pastor, quienes adquirieron un inusitado protagonismo en los debates parlamentarios.

Para la comprensión de la dinámica política ha sido fundamental la consulta de la rica legislación producida durante toda la Segunda República y no sólo en lo concerniente a la temática electoral, con las variaciones producidas a lo largo del tiempo, sino también en lo referente sobre todo al orden público. Por ejemplo la promulgación de la Ley de Defensa de la República en octubre de 1931 o la Ley de Orden Público en julio de 1933. Que duda cabe que fueron de la misma forma fundamentales y en ocasiones determinantes para el normal desarrollo de la vida cotidiana en la provincia de Cáceres otro tipo de leyes como fue el caso de la de Reforma Agraria o la de Términos Municipales.

Como ya se ha apuntado, el estudio de los fenómenos electorales ha ocupado buena parte de nuestras pretensiones. Comenzamos con una tipificación de la legislación electoral para adentramos de lleno en el análisis en primer lugar de las elecciones municipales. Antes de indicar las consecuencias del cambio producido el 12 de abril de 1931 vimos la constitución de los ayuntamientos proclamados por el artículo 29 de la ley electoral y la constitución de Comisiones Gestoras, con la intención de demostrar si existía una gran desmovilización del electorado y en qué tipo de localidades era más frecuente la ausencia de listas alternativas a la única presentada.

El resultado ha sido francamente significativo, un elevadísimo número de ayuntamientos accedieron a estos comicios por el artículo 29 (tenemos documentado 94 localidades) y en gran parte de la provincia se tuvo que nombrar Comisiones Gestoras para velar por el correcto funcionamiento administrativo de sus poblaciones, precisamente en muchos lugares donde se dudaba de la pureza del proceso (hemos conseguido datos de un total de 138 pueblos).

Las elecciones tratadas son: en el plano municipal las del 12 de abril de 1931, las del 31 de mayo de 1931 y las parciales de 1932 y 1933 en algunas poblaciones. Por lo que se refiere a las generales: las de junio de 1931, las celebradas en octubre de 1931 para elegir una vacante, las de noviembre de 1933 y las de febrero de 1936. Por último otras elecciones analizadas fueron las celebradas para elegir a los miembros del Tribunal de Garantías Constitucionales el 3 de septiembre de 1933 y las de Compromisarios para elegir al Presidente de la República, el 26 de abril de 1936. Tanto un tipo de elecciones, municipales, como el otro, nacionales, han sido analizadas teniendo siempre como punto de referencia el contexto y la coyuntura de lo que sucedía en el resto del país, observando su discurrir, su evolución y llegado el caso su matiz diferenciador.

Con respecto a la evolución del voto a lo largo de las distintas convocatorias electorales vemos como se producen sustanciales transformaciones que en lo fundamental seguían la coyuntura vivida en el resto del Estado. Así, en las elecciones de junio de 1931 se produjo la llegada al poder de republicanos y socialistas con el estrepitoso fracaso de las derechas. En noviembre de 1933 asistimos a un espectacular cambio con el triunfo clamoroso de la CEDA coaligada con el PRR y el hundimiento de socialistas que sólo obtienen las actas de las minorías, mientras que los republicanos de izquierdas no consiguen representación parlamentaria.

Por último las elecciones de febrero de 1936 escenifican la polarización de la sociedad cacereña y española, con un equilibrio entre dos grandes bloques que sin embargo no se traduce, debido a la ley electoral, en simetría de fuerzas con presencia en las Cortes. Sobre estas elecciones parece demostrado que el FP consiguió la victoria honestamente en el conjunto de España, si bien y como hemos pretendido comprobar para las elecciones de Cáceres, aquí se produjo una modificación en los momentos del recuento que alteraría decididamente el resultado final.

En efecto, el factor relevante que determinó que hiciéramos hincapié en el estudio de las elecciones generales de febrero de 1936, fue el comprobar como desde un primer momento estuvieron sustentadas en la polémica. Así la discusión que en el Parlamento tuvo lugar sobre la idoneidad de las Actas, estaría precedida de un oscuro tratamiento de los resultados finales, en un reducido número de localidades de la provincia. Procuramos pues, exponer, como, al margen de las publicaciones oficiales, se extendió, razonablemente la sombra de la duda sobre la veracidad de los resultados. Mucho más cuando el sistema electoral permitía que por un estrechísimo margen se pudiera pasar de 7 diputados a 2. Todo ello unido con las disensiones internas de la candidatura oficialmente perdedora, uno de cuyos diputados electos retiró las protestas, enrareciendo la clarificación de los hechos. Sorprende, por consiguiente, al historiador descubrir los auténticos motivos para aceptar unos resultados que presumiblemente aparecían viciados.

Sobre la interpretación de estos cambios se han apuntado numerosas causas: desmovilización de las fuerzas de la derecha en 1931; incorporación del voto femenino en 1933 o el deterioro ocasionado por funestas prácticas en el poder por ejemplo el sucedido a los radicales en las elecciones de 1936. Si bien hemos de precisar que algunas de estas razones deberían justificarse con la suficiente profundidad, asunto en el que hemos pretendido avanzar algunas conclusiones. Por ejemplo con las correlaciones entre número de votos a determinadas formaciones políticas y número de mujeres o jornaleros en el censo electoral.

Para todas las convocatorias electorales hemos estructurado el análisis en varios bloques. En primer lugar el estudio de las candidaturas, su composición y cómo se llega en ocasiones a su proclamación. En segundo lugar el desarrollo de la campaña electoral: incidentes, mítines, mensajes más frecuentes… y por último los resultados, utilizando como ya indicamos un marco general de estudio, la circunscripción provincial, donde tratamos de ver los resultados desde distintos indicadores: la indisciplina, las diferencias de voto entre los miembros de una misma candidatura pero de diferente significación política, el abstencionismo encubierto, la competitividad electoral, los máximos y las medias de voto, las victorias de cada fuerza en las distintas localidades, la correlación entre voto y factores sociales…, para culminarlo con un estudio por pueblos según el número de habitantes y por último el análisis global por comarcas. Mención aparte merece el tratamiento dado a los resultados en la capital de la provincia.

El estudio de las élites políticas, ha sido posible con un repaso por la trayectoria de personajes político-sociales divididos en tres apartados:

anteriores a la Segunda República, personalidades sociales y políticos, éstos últimos subdivididos en: diputados, alcaldes y dirigentes de partidos y personajes de relevancia. Destacaron, por un lado, los diputados a Cortes que llevaron la voz de Cáceres al resto de España utilizando como plataforma el Parlamento; los gobernadores civiles que tuvieron un enorme papel protagonista en la escena política provincial y, junto a ellos, los presidentes de la Diputación provincial, los alcaldes y los líderes de las distintas formaciones, que con sus actuaciones e intervenciones en la escena pública contribuyeron a que el análisis del periodo republicano en la provincia de Cáceres presente un panorama sumamente rico para la interpretación histórica.

Todo ello permite completar la interrelación entre el espacio geográfico y el comportamiento de sus gentes, sobre la que se articuló el devenir y la acción política en la provincia, caracterizado desde el prisma de la variedad, si bien hacemos constar cómo por primera vez adquieren protagonismo un elevado elenco de personajes populares y de capas sociales tradicionalmente desfavorecidas.

La provincia de Cáceres presentaba en los albores de los años 30 un perfil predominantemente agrario, con un fuerte desequilibrio en la estructura de la distribución de la propiedad de la tierra y de la riqueza, que obviamente marcaron su posterior evolución y en cierto modo habían venido determinando su orientación política, al estar estrechamente vinculadas las opciones que resultaban triunfantes con una tupida red de clientelas.

En este sentido durante la Segunda República asistimos a un profundo cambio en el reparto del poder que tradicionalmente había dejado de lado a las corrientes y personajes más innovadores o progresistas y que ahora van a adquirir un rotundo protagonismo. A todo ello contribuyó el desmantelamiento, en buena medida, de la secular desmovilización social, que con las sucesivas emisiones del sufragio se manifestó y decantó por la demanda de cambios.

De todos modos apuntaremos que dicha dinámica de reivindicaciones superó enormemente las posibilidades del sistema legal, asistiendo a lo largo de todo el periodo, como hemos tratado de demostrar, a un incesante proceso de deterioro del orden público, que si bien iba en ocasiones al socaire de la coyuntura nacional (huelgas campesinas, revolución de octubre, levantamientos anarquistas….) en muchas otras adquiría una singularidad específica.

Por otra parte, es preciso señalar que los nuevos responsables políticos intentaron perpetuar, aunque ahora con otros mecanismos menos coercitivos, el sistema de redes clientelares, para garantizarse una base sólida de apoyo. Esta situación la vimos en el caso de Giral, que supo atraerse al personal sanitario, o bien lo apreciamos en el seguimiento de la vida municipal, donde las autoridades locales, que tanta influencia tuvieron sobre sus paisanos, iban en ocasiones en sintonía con los mandatarios provinciales. Por último, y como hemos observado en el seguimiento de las actas de votación, el ascendiente que muchos personajes públicos tuvieron sobre la zona donde habían nacido.

Un detalle significativo es que a pesar de la gran efervescencia política que se vivió durante aquellos años, existió un profundo desequilibrio entre el número de comités locales de los distintos partidos, algunos extendidos por toda la provincia, y el índice de afiliación que fue bajísimo, como prueba la documentación aportada por las memorias de los Congresos de algunos de ellos, por ejemplo el partido socialista (maticemos en este sentido que fue muy bien distinta la afiliación a las Sociedades obreras sindicales, donde fue mucho más numerosa) o el examen de las actas de reunión de otras.

La adscripción electoral fue, así mismo, objeto y fruto de un discurrir evolutivo paralelo a lo sucedido en el resto del Estado, si bien con las peculiaridades propias de la mentalidad profundamente rural cacereña (caracteres socio-económicos, importancia de las fuerzas en pugna, representatividad de sus líderes…). Todo ello dio como resultado una transformación de las jerarquías provinciales y locales, resultando complejo buscar una orientación de la tendencia, pues si en el primer bienio fueron republicanos de izquierdas y socialistas los predominantes, serían durante el segundo, conservadores y radicales (ahora muy moderados), para culminar en febrero de 1936 con una polarización de bloques de derechas e izquierdas en situación de gran equilibrio.

Para concluir queremos insistir en le hecho de cómo se frustró lo que apareció lleno de tantas expectativas. Un tapiz que comenzó repleto de ilusiones y de esperanzas y sobre el que se dibujaron numerosas deseos de mejora de las condiciones de vida de un pueblo que, como el cacereño, acostumbrado a vivir secularmente sometido a los tradicionales sistemas de dominación social, pugnaba por romper estas dependencias. El aprendizaje democrático, más en un curso tan acelerado como fueron los años republicanos, fue duro e intensivo. En su haber tenemos el adelanto en bienestar social que se alcanzó en muy poco tiempo (creación de escuelas, realización de obras públicas, incremento de la participación y de la organización de sus habitantes…); en su debe, el hecho de que por circunstancias muy ajenas a su voluntad, se viera truncado un proyecto que generó tantas adhesiones y que se vio plagado de una ingente cantidad de obstáculos por todas partes.

Oct 011996
 

Fernando Ayala Vicente.

La Segunda República española, época pródiga en acontecimientos, presenta una vertiente, que si bien ha sido objeto de numerosas investigaciones, que la han analizado, sistematizado y difundido, para el público en general se ha presentado como un maremagnum de generalidades, sujeta a continuas imprecisiones y repleta de interferencias y/o confusiones. Nos estamos refiriendo, como se puede deducir del encabezamiento de esta Comunicación al apartado de las ideas políticas y a su concreción: los partidos políticos.

Sería una tarea ardua, exponer en tan sólo unas breves páginas, el vasto contenido de los distintos mensajes, por lo tanto nos fijaremos otros objetivos, que puedan ser fiel reflejo de la realidad estudiada y que sirvan para dar a conocer de una manera clara y a la vez precisa las variadas opciones políticas de la época.

Así pues, no nos detendremos en aspectos locales[1] y pasaremos a presentar el contenido de nuestro trabajo. Será por lo tanto una visión somera, un recorrido rápido por el espectro político en la provincia de Cáceres durante la II Reública[2].

En primer lugar haremos una serie de reflexiones sobre la indiosincracia de los partidos. Hay que hacer constar, que a pesar de que nos estamos refiriendo al plano provincial, evidentemente las connotaciones ideológicas son válidas para el resto del Estado, ya que en su mayoría son organizaciones de ámbito estatal.

Partimos de la base de que los partidos políticos en la coyuntura española de los años 30 seguirán siendo instrumentos de poder, es decir, servirán para poner en práctica la tutela de las minorías sobre las mayorías.

Muchos autores han teorizado sobre lo que se ha venido denominando el sistema de partidos, característico de la II República española, señalando algunos que era un pluralismo polarizado, con muchos, débiles y enfrentados[3], algunos incluso antisistema. Aunque hemos de reconocer que no contaban con muchos afiliados y que había una gran zona de centro que podían determinar las reglas del juego, sin embargo tenían escasa propensión a los pactos. También es conveniente señalar la existencia de un sindicato anarquista, la CNT, que actuará muchas veces en realidad como un partido antisistema ( por ejemplo con la convocatoriade huelgas generales).

Como conclusión a esta breve introducción, Santos Juliá llega un poco más allá, añadiendo que debido a las dificultades para consolidarse y a los discontinuos comportamientos, estima que no llegó a ser un auténtico sistema de partidos.[4]

Ajenos a todas estas polémicas vamos a tratar de mostrar cuál era la estructura política en Cáceres durante la II República, caracterizando brevemente a sus partidos.

En primer lugar vamos a destacar la falta de continuidad con los partidos de la monarquía[5] y la escasa afiliación, siendo la mayoría de los partidos grupos de minoritarios.

Para su estudio nos vamos a servir de la clásica división que realizó Miguel Artola[6] entre derechas, republicanos, regionalistas y nacionalistas y partidos proletarios:

1.- PARTIDOS DE DERECHAS

a.- Monárquicos tradicionalistas

Van a tener escasa implantación en la provincia de Cáceres, se presentan como nostálgicos de épocas pasadas, anticomunistas y su programa se podría resumir en el lema “Dios, Patria y Rey”.

b.-Monárquicos alfonsinos

Representados por el partido Acción Nacional, quien tras su fracaso dio lugar a Renovación Española y que en noviembre de 1933 se presentó en coalición con los tradicionalistas. Su lider será Calvo Sotelo. Suponían una transición del conservadurismo al fascismo, con gran apoyo entre la aristocracia y escasa implantación popular. En noviembre de 1934 se crearía el Bloque Nacional, al que se adhieren numerosos carlistas. Son defensores de la monarquía, pero no de la liberal, sino bajo los símbolos de la Tradición: la Corona y la Cruz. El líder en Cáceres era Luis Pérez Córdoba.

c.- Derecha Regional Agraria

Partido confesional, se integrará posteriormente en la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Su líder nacional era Gil Robles y en Cáceres podemos destacar a Víctor Berjano, Fernando Vega Bermejo, Eduardo Silva, Adolfo Fernández, Jacinto Carvajal Jiménez y Juan Zancada del Río. Contaban con una poderosa organización juvenil, la JAP (Juventudes de Acción Popular), muy combativa, una organización obrera, Acción Obrerista, de escasa implantación entre el proletariado y una sección femenina, que era la más importante de todos los grupos políticos.

En Cáceres contaban con un órgano periodístico que era el “Extremadura” y un efímero defensor, que fue el diario “Cáceres”. Presentaban distintas tendencias, que abarcan desde un sector demócrata-cristiano, hasta uno pseudofascista. Entre sus principios más importantes, destacamos la defensa de la Religión, de la unidad de la Patria, de la familia y de la propiedad privada. Sobre el tipo de régimen político destacaremos el accidentalismo, es decir, la ambigüedad a la hora de pronunicarse en favor o en contra del régimen republicano.

d.- Falange Española

Partido fascista liderado por José Antonio Primo de Rivera, mientras que en Cáceres destacan dirigentes como José Luna, Manuel Mateos, Alfonso Bardají o Manuel Medina, que se preocuparon por extender la ideología falangista, fundamentalmente durante 1936. Es necesario destacar que a partir de estas fechas se va a polarizar y a extremar la división entre los distintos grupos políticos, siendo numerosos los enfrentamientos por ejemplo entre socialistas y falangistas.

Contaban con una organización universitaria, el SEU y una central sindical, la CONS.Sobre su ideología destacamos la lucha por un estado totalitario, la nacionalización del crédito, la denuncia de la ineficacia de la táctica parlamentaria… Sobresale la gran juventud de sus militantes.[7]

II.- LOS REPUBLICANOS

a.- Partido Republicano Radical

Liderado por Alejandro Lerroux, destacando en Cáceres hombres como Teodoro Pascual Cordero ( que se pasó en 1936 a la CEDA), Mariano Arrazola Madera, Luciano Escribano Lozano ,Fulgencio Díez Pastor o Martín Duque Fuentes. En Cáceres contaban con un órgano propio de prensa, “El Radical”. De su ideología hay que precisar que sufrirá una evolución, partiendo de posturas críticas y progresistas para desembocar en unas posiciones nada dudosas de derechismo, todo ello encaminado a la consecución del Poder ( que lo obtendrán en 1933 en alianza con la CEDA). En la provincia la división entre sus militantes fue aumentada con la escisión que sufrió el partido en mayo de 1934, cuando Martínez Barrios, no contento con la línea derechista del partido,se da de baja y funda el Partido Radical Demócrata en el que se integró el diputado radical por Cáceres, Fulgencio Díez Pastor, decisión muy criticada en Cáceres y al que acusaron de buscar el medro personal. Más tarde se unirán el Partido Radical Demócrata con el Partido Republicano Radical Socialista, dando lugar a un nuevo partido: Unión Republicana. Por último apuntaremos algunas de las ideas del PRR más destacadas: el anticlericalismo, federalismo, el considerarse los herederos del republicanismo histórico y el carecer de una base doctrinal fija.

b.- Acción Republicana

Liderada por Manuel Azaña y en Cáceres por José Giral, quien llegó a ser ministro en varias ocasiones. En la provincia de Cáceres eran un grupo minoritario, compuesto por personas de clase media, intelectual y económicamente bien considerados. Entre su programa destaca el laicismo, la reforma de la sanidad, del ejército y de la enseñanza. En 1931 se habían unido al Partido Republicano Radical para formar la Alianza Republicana, que en 1932 no funcionará.

En 1933 en Cáceres formaron un bloque de centro-izquierda con el Partido Republicano Radical Socialista, pero tuvieron muy escasa acogida. A partir de esta fecha, se tiende hacia la formación de un partido único republicano de izquierdas, que será Izquierda Republicana, formada por Acción Republicana, el Partido Republicano Radical Socialista Independiente y el Partido Republicano Gallego, bajo la dirección de Manuel Azaña. De cualquier manera en Cáceres siguen siendo escasos sus seguidores, faltándoles el carácter popular y masivo de otras organizaciones y destacando personajes como Santiago Sánchez Mora que llegó a ser Presidente de la Diputación cacereña.

c.- Partido Republicano Radical Socialista

Su principal dirigente a nivel nacional era Gordón Ordax, destacando en la provincia de Cáceres, Antonio de la Villa Gutierrez y Angel Segovia Burrillo, que desplegaron una notable actividad. Contaban con un órgano periodístico denominado “Izquierda Republicana”. Se van a caracterizar por un todavía mayor anticlericalismo que el partido de Azaña y por una fuerte crítica al caciquismo. No se oponen a la propiedad privada, mientras ésta mantenga una función social. Es decir, era lo que se puede considerar como un partido reformista.

También aquí nos vamos a encontrar con tensiones entre sus principales líderes, materializadas desde un primer momento en la división entre Gordón Ordax (antigubernamental) y Marcelino Domingo (gubernamental), quien en 1931 se da de baja y funda el Partido Republicano Radical Socialista Independiente, que logró atraerse más diputados que la sección ortodoxa. En Cáceres se adscribe a este partido, Antonio de la Villa.

Por lo que respecta a los comités locales, se creó un gran confusionismo. En Cáceres, a finales de 1934, el partido Unión Republicana ( nacido de la fusión entre el Partido Republicano Radical Socialista y el Partido Republicano Demócrata), consiguió implantar un buen número de comités locales e incluso, dos de sus principales líderes, Fulgencio Díez Pastor y Faustino Valentín Torrejón, obtendrán en 1936, acta de diputado.

d.- Agrupación al Servicio de la República

Partido constituido por un grupo de intelectuales y notables, como Ortega y Marañón, intentaron fusionarse, sin éxito con Acción Republicana. En 1932 se disuelven. En Cáceres en las elecciones a Cortes constituyentes de junio de 1931 consiguieron un diputado de la mano de José Fernando González Uña.[8]

III.- AUTONOMISTAS

Tendrán durante la Segunda República en la provincia de Cáceres un sentido testimonial, contando con un escasísimo numero de seguidores encabezados por Juan Luis Cordero.

Desde Cáceres la cuestión regional se veía con recelo, ya había habido intentos de relanzar el tema autonomista con poco éxito, ahora y empezando con la aprobación del Estatuto de Cataluña, lo que fundamentalmente se va a provocar seránmanifestaciones de repulsa, permaneciendo solamente la idea de región sojuzgada.[9]

IV.- PARTIDOS Y ORGANIZACIONES PROLETARIAS

a.- El Partido Socialista Obrero Español

Considerado como una auténtica organización política de masas, contará con sectores dentro del partido que evolucionarán en su división a lo largo de todo el periplo republicano y entre los que señalaremos la sección más radical, liderada por Largo Caballero y otra más moderada encabezada por Prieto. En la provincia de Cáceres estas divisiones también se reflejan en personalidades opuestas como pueden ser Luis Romero Solano o Antonio Canales.

Tienen un gran sindicato, la Unión General de Trabajadores, destacando en Extremadura su sección la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra y una importante organización juvenil, las Juventudes Socialistas.También disponían de órganos periodísticos muy luchadores, como son “Unión y Trabajo” en Cáceres o “Avance” en Plasencia.

De la plasmación práctica de su ideario, habría que diferenciar las posturas reformistas y revolucionarias, que serán a la postre la sección mayoritaria del partido, con su programa de nacionalizaciones, separación de Iglesia-Estado, la lucha por conseguir el objetivo de la revolución socialista y por lo tanto la impugnación del régimen democrático como sistema político y como instrumento de poder, infravalorando a los republicanos y criticando la colaboración de los sectores reformistas del partido con éstos. Algunos autores consideran que estaban sometidos a la UGT, que de hecho tenía muchísimos más afiliados.

b.- El partido comunista

A nivel nacional podemos destacar a algunos personajes como Bullejos, Adame, Pasionaria y Arroyo, mientras que en Cáceres sus dirigentes más significativos son Joaquín Martín (a) Parapar, Benito Sánchez, Máximo Calvo, Francisco Cordero Bazaga y Antonio Villarroel Villarroel. A comienzos de la República contaban con pocos militantes, multiplicándose en 1936 ( se calcula en torno a unos 4.000), gracias al proceso de divulgación de sus doctrinas, al deterioro de algunos sectores socialistas cuyos afiliados fueron perdiendo confianza en el partido o al acercamiento hacia las Juventudes Socialistas. De todas formas, siguen sin ser un partido de masas y en la provincia de Cáceres no obtendrán ningún acta de diputado en las sucesivas convocatorias electorales, aunque se podría matizar que contó con importantes apoyos en determinados pueblos ( como Aldea del Cano).

Sobre su doctrina destacaremos la defensa de la dictadura del proletariado, la creación de repúblicas socialistas soviéticas, los ataques a la Iglesia o las nacionalizaciones. Contaban con una organización juvenil, la Unión de Juventudes Comunistas de España, y un organismo de solidaridad, el Socorro Rojo Internacional.

c.- Los grupos anarquistas

Destacaremos a la Central Nacional de Trabajadores (CNT) y a su sector más radical, la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Sus principales líderes son Pestaña, Federico Urales o Isaac Puente. En la provincia de Cáceres sólo sobresalen en determinadas zonas como en Navalmoral de la Mata, la Vera y Plasencia, caracterizándose por ser bastante activos.

Van a tener alguna escisión, como la del Partido Sindicalista, creado por Pestaña y diferentes opiniones acerca del anarquismo, que van desde la inexistencia de programas previos ( lo importante es el comunismo libertario) hasta la vertiente sindicalista, que reclama la elaboración de un plan de actuación política. Sus medios de actuación serán la acción directa y la huelga general, niegan la participación en la política a la que consideran una actividad propia de los burgueses.[10]

Como conclusión a nuestro trabajo vamos a señalar el número de comités locales de cada organización, si bien matizaremos, que éste no es determinante para conocer la importancia de cada grupo, ya que habría que atender a los datos de afiliación ( que era muy escasa), así como al origen de los votos, que en muchas ocasiones venía de organizaciones afines como son los sindicatos. Además, algunas organizaciones eran reticentes a la hora de inscribir a sus asociaciones en el Registro ( como por ejemplo la CNT). Por último en determinadas coyunturas políticas ( como fue tras la represión del movimiento revolucionario de octubre de 1934), se produce un importante repliegue de los distintos grupos políticos de izquierdas, que con el cierre de sus sedes y órganos, vivirán varios meses prácticamente en la clandestinidad.

Hemos utilizado como fuente una Circular del Gobierno civil, publicada en el Boletín Oficial de la Provincia el 14 de febrero de 1936, con lo que sólo nos puede servir para conocer las agrupaciones fichadas en aquella fecha. En la actualidad contamos con nueva documentación[11] , pero estamos en proceso de elaboración de una detallada Base de datos que nos servirá para compararlos[12]. Así pues, tomaremos los siguientes con prudencia:

  1. Los agrarios, tenían comités locales en 101 pueblos de la provincia, en 11 tienen secciones de la Juventud católica y Sección Femenina, en 7.
  2. Izquierda Republicana cuenta con 99 comités locales.
  3. La Agrupación socialista se extiende por 23 pueblos, estando las Juventudes socialistas representadas en 38[13].
  4. Unión Republicana tendrá 27 comités locales.
  5. El Partido Republicano Radical se situaría en 12 comités locales y su sección juvenil en 6[14] .
  6. El Partido comunista de España, de su organización local inferior, denominada Radio, están documentadas 80.
  7. Falange Española y de las JONS, en esta fecha tendría 5 comités locales.
  8. Renovación Española, 1 comité local.
  9. Tradicionalistas, 3 comités locales.
  10. Al Servicio de la República, 1 comité local.

Para concluir señalaremos, como se apuntó al principio, que el objetivo de este trabajo ha sido meramente el de dar a conocer las distintas opciones que debatían sus ideologías en el marco de la Segunda República. El tratamiento dado a cada una de ellas, requeriría un mayor detenimiento, de cualquier forma profundizaremos en su estudio en posteriores investigaciones.


NOTAS:

[1] Que son objeto de un estudio mucho más pormenorizado y que darán a luz el fruto de una posterior tesis doctoral en ciernes.

[2] Un estudio más detallado se encuentra en la Memoria de Licenciatura que bajo el título “La vida política en Cáceres durante la II República. Elecciones y partidos políticos”, fue presentada por Fernando Ayala Vicente en la Universidad de Extremadura en febrero de 1989.

[3] Santos Juliá en el número monográfico que dedica la Revista Ayer (Nº 20,Madrid, Marcial Pons.1995) a la política en la Segunda Republica y en uno de sus artículos “Sistema de partidos y problemas de consolidación de la democracia” pp111-139, cita a distintos autores que han tratado de analizar este aspecto: Sartori, Michels, Linz, Panebianco o Pareto.

[4] Santos Juliá,op.cit.

[5] Discontinuidad la denominará J.L.Linz: El sistema de partidos en España. Madrid. Narcea.1976.

[6] Miguel Artola:Partidos y programas políticos 1808-1936. Aguilar. Madrid. 1974.

[7] Para el estudio de la ideología de los partidos políticos de este apartado, hemos consultado entre otras, las obras ya citadas de Miguel Artola y de J.L. Linz, así como las de Santiago Galindo Guerrero:Los partidos monárquicos bajo la Segunda República. Rialp. Madrid.1956. Javier Tussel:Historia de la democracia cristiana en España I:Los antecedentes. La CEDA y la II República. Edicusa. Madrid. 1974.Stanley G.Payne: Falange. Historia del fascismo español. Ruedo Ibérico. 1965.

[8] Para la consulta de la ideología de los grupos políticos de este apartado, hemos utilizado entre otras las obras de Octavio Ruiz Manjón: El Partido Republicano Radical:1908-1936.Giner. Madrid.1976.Eduardo Espín: Azaña en el poder: el partido de Acción Republicana. CIS.Madrid.1980.Juan Avilés Farré: la izquierda burguesa en la II República. Espasa-Calpe. Madrid.1985.Libro de Oro del Partido Republicano Radical:1864-1934. Niguel Townson (ed):El republicanismo en España (1830-1977). Alianza Univesidad.Madrid. 1994.

[9] Para la consulta de los avatares del movimiento regionalista extremeño en la Segunda República se pueden consultar, entre otros, los trabajos de Fernando Sánchez Marroyo: Los nacionalismos en la España de la II República:”La cuestión regional en Extremadura durante la Segunda República” pp451-486. Siglo XXI.1991. Juan García Pérez:Entre la frustración y la esperanza. Una historia del movimiento regionalista en Extremadura (1830-1983). Consejo Ciudadano de la Biblioteca Pública Municipal Juan Pablo Forner.Mérida 1990.

[10] Para la elaboración de las notas ideológicas de este apartado, nos hemos basado fundamentalmente en las obras de: Manuel Contreras: “El Partido Socialista: la trayectoria de un conflicto interno” en Estudios sobre la Segunda República española. Tecnos. Madrid. 1975.Andrés de Blas: El socialismo radical en la Segunda República. Madrid. Túcar. 1978.Santos Juliá: Historia del socialismo español (1931-1939).Conjunto Editorial SA. Barcelona. 1989. José Hinojosa Durán: El PCE en Extremadura durante la Segunda República. Memoria de Licenciatura.Universidad de Extremadura. Facultad de Filosofía y Letras.Cáceres. Mayo de 1995. Eduardo Comín Colomer: Historia del Partido Comunista de España. Madrid. Editora Nacional. 1965.Antonio Bar Cendón: “La Confederación Nacional del Trabajo” frente a la Segunda República” en Estudios sobre la Segunda República española. Tecnos. Madrid. 1975.

[11] Procedente de una Sección de Sociedades del Gobierno civil, en el Archivo Histórico Provincial.

[12] Recientemente hemos hallado en el Archivo Histórico Provincial algunos documentos (aún sin clasificar) que nos podrían servir para completar los datos que aquí se muestran, así como puede ser también de utilidad el Inventario, por pueblos, de los bienes propiedad de sociedades, partidos y agrupaciones pertenecientes al Frente Popular, objeto de incautación, reflejado por Julián Chaves Palacios en: Sublevación militar, represión “sociopolítica” y lucha guerrillera en Extremadura. La guerra civil en la provincia de Cáceres (1936-1955).4 volúmenes. Tesis doctoral. Universidad de Extremadura. Facultad de Filosofía y Letras. Cáceres. Septiembre de 1992.

[13] Según el profesor Fernando Sánchez Marroyo, Agrupaciones socialistas habría en 48 localidades y Juventudes socialistas en 68. Estos datos los hemos tomado de su trabajo:”Las organizaciones obreras en Extremadura durante la II República”:Revista de Investigaciones históricas, 10 pp142 y 144.1990. Por nuestra parte matizaremos, que al igual que sucede con otros grupos políticos, en el Boletín Oficial de la Provincia aparecen recogidas y de ahí se ha hecho la estadística, con una determinada denominación, mientras que podría haber muchas más sociedades de esa ideología pero con otro nombre. Por último, otra fuente consultada, el Censo Social del Ministerio de Trabajo con fecha de 30-12-1933 refleja la existencia de un total de 281 sociedades obreras que agrupaban a 27.031 socios.

[14] Hay autores como Octavio Ruiz Manjón que consideran que existían muchos más comités locales ( prueba de ello es que según el Libro de Oro del Partido Republicano Radical, esta agrupación política estaría implantada en 1934 en 225 poblaciones de la provincia). Precisaremos, no obstante, que la fuente utilizada, como hemos señalado anteriormente, tiene fecha de 14-2-36, cuando el partido está muy debilitado.