Oct 012011
 

Jesús Ruiz Moreno.

 

1.  REFERENCIAS AL EMPLEO DEL MONTANTE POR PARTE DEL SANSÓN

Diego García de Paredes fue un valentísimo soldado y de tantas fuerzas naturales (…) que puesto con un montante en la entrada de un puente detuvo a todo un innumerable ejercito que no pasase por ella” (“El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha” – Miguel de Cervantes Saavedra)

Muchas fueron las hazañas y aventuras que vivió Paredes a lo largo de su vida, desafíos y batallas en las que su valor y fortaleza siempre fueron señaladas. Ceriñola, Garellano y Gaeta conocieron de sus proezas. Recuerdos que no se perdieron en el olvido, su nombre pasó a ser adjetivo de valentía y esfuerzo, y en su memoria fueron numerosas las poblaciones que dieron su nombre a alguna de sus calles, como Trujillo, Cáceres, Badajoz, León, Córdoba, Motril o la propia capital de España, Madrid.

Entre las armas que utilizó, tanto en batalla como en los numerosos duelos singulares y desafíos en los que participó, destacan los “montantes” o espadas de dos manos.

En el relato de Thomas Tamaio de Vargas, el montante es mencionado en manos del Sansón en varias ocasiones. Una de ellas durante el asedio a Barletta, en el que hubo un desafío entre caballeros franceses y españoles.

Los franceses se burlaban de los hombres de armas españoles, decían que éstos no sabían luchar a caballo, a lo que los españoles respondían que no solo eran buenos caballeros, sino que aún superiores a los franceses, porque éstos, pasado el primer ímpetu, no perseveraban en la batalla y siempre enflaqueciendo, mientras a los españoles siempre les crecía el esfuerzo, y perseveraban hasta el final. El asunto alcanzó tal cariz que el 19 de Septiembre de 1502 se produjo un acuerdo de encuentros entre ambas partes, donde los principales paladines de los dos ejércitos, en número de once por cada uno, defenderían el honor de su patria. Concertado el desafío, se hicieron los preparativos, eligiendo campo neutral para celebrarlo, en la villa de Trani, ciudad que el rey Fernando el Católico había empeñado a los venecianos. El acuerdo fue que el vencido pagase cien ducados además de ceder sus armas y el caballo al vencedor. Los franceses dedicaron ciento cincuenta caballeros a un activo entrenamiento, de los cuales habría de salir los once campeones. En el campo español no hubo preparación alguna, el asunto estaba en las manos del Gran Capitán, quien se encargaría de designar a sus paladines. La exaltación de ánimos era tan grande, que tres días antes del combate se inició en el campamento español una gran reyerta, entre quienes debía ser los elegidos, pelea que llegó a tal punto, que Paredes “tuvo necesidad de meterse en medio con un montante”, para detener el ímpetu de tanta gente. Metido entre los combatientes, quitando armas y pegando golpes logró al fin aquietarlos, pero a costa de tres heridas que le atormentaron mucho la cabeza (Tamayo, 1621: 48).

En otra ocasión, relata también Tamaio, durante los combates en el Garellano, los franceses consiguieron cruzar el rio y hacerse con una cabeza de puente en territorio español. La situación se hizo desesperada, y Paredes propuso al Gran Capitán una arriesgada maniobra que, mediante una retirada simulada, permitiría ganarles las partida a los franceses. Pero don Gonzalo no entendió bien la operación y le respondió: “Diego García, pues no puso Dios en vos el miedo, no lo pongáis vos en mi”. La respuesta quedó desconcertado al Sansón, dolido por haber sido mal interpretadas sus palabras tomó “un montante al hombro” (Tamayo, 1621: 81) y se dirigió hacia las líneas enemigas, el solo, resuelto a dejar bien alto su honor de caballero español. Llegó al puente controlado por los franceses y tras retarles a todos a duelo, comenzó a esgrimir su arma dando mandoblazos a diestro y siniestro, desbordando a los guardias y refuerzos que iban llegando para intentar contener la furia del “Sansón”. Los compañeros de Paredes corrieron en su ayuda, pero la inferioridad numérica era aplastante. Los españoles retrocedían incapaces de contener a los franceses, pero Paredes se mantenía impasible girando su montante, trazando círculos de muerte a su alrededor, todos los que intentaban cruzar aceros con él salían malheridos o muertos, llegó un momento en que nadie quiso entrar a combatir con el Sansón, y al final, convencido por sus compañeros, se retiró del puente, habiendo elevado la moral de su campo y habiendo producido gran quebranto en la del enemigo. Tamaio habla de quinientos enemigos muertos, “que o cayeron a su montante, o en el rio huyendo de sus manos” (Tamayo, 1621: 84)

Baste como botón de muestra, estas dos citas en las que se menciona el uso del montante o espada de dos manos por el Sansón Extremeño.

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Lám. 1. Fotomontaje de la hazaña del puente sobre el rio Garellano, sobre oleo de Manuel Rubio.

2. PAREDES Y LOS DOBLESUELDOS

Los ejemplares que actualmente se adjudican al “Sansón” son de filos más o menos paralelos, aunque no es descartable que también pudiera haber utilizado los “Zweihänder Schlachtschwerter” (Espadas de batalla de dos manos), también denominadas actualmente como Bidenhänder o Bihänder, del modelo conocido como “flammards”, cuya hoja de bordes ondulados imitan las llamas del fuego. Este tipo es conocido por algunos coleccionistas con el término menos exacto de flamberge. Espada utilizada por los “Doblesueldos” (Doppelsöldners), tropas de élite de los lansquenetes alemanes ((landsknechts). Los Lansquenetes, según Tim Collins en su historia visual del combatiente “Soldado” eran tropas alemanas profesionales, que aparecieron hacia 1486. Sus armas principales eran: la pica y el arcabuz, aunque existían unidades especiales, los “doppelsöldner” (doblesueldo, por recibir una paga doble) que portaban espadas de dos manos y alabardas, como podemos observar en los grabados de Erhard Schön, Niklas Stör, y Hans Bugkmair, entre otros.

Algunos de ellos formaban las unidades “Blutfahnen” (bandera de sangre) especializados en misiones de alto riesgo, en ataques contra las posiciones enemigas y defensa de brechas abiertas en las fortalezas (Collins, 2009: 112). Para Hale, fue este tipo de combate tan arriesgado y temerario, junto con la gran cantidad de bajas que sufrían en cada enfrentamiento lo que les hizo labrarse una buena reputación y el mayor de los respetos entre todas las fuerzas de infantes que combatían en la Europa de principio del siglo XVI (Hale, 1990: 60).

Debido a ello, en ocasiones, los voluntarios para esgrimir los montantes no fueron suficientes, incluso ni con los incentivos de la “paga doble”, por lo que se acudió a alistar a los condenados a muerte, con la promesa de redención de sus culpas. Formando grupos donde el mayor valor y la más profunda desesperación se daban la mano. Por ello se le les conocía como “Verlorener Haufe” (Compañías perdidas), dado el incuestionable fin al que se exponían sus miembros (Koch, 1998: 134).

Douglas Miller, en su estudio “The Landskenechts”, anota además que formaban la vanguardia y la retaguardia en la marcha de los ejércitos, así como la primera línea de ataque contra los cuadros de piqueros enemigos, cortando las astas de las picas de los contrarios, y alguna tibia, lo que permitía abrir las formaciones de los piqueros enemigos, dando paso a que sus compañeros terminaran con el resto. Con este movimiento se intentaba “ablandar” la resistencia del enemigo  y desmoralizarlo, antes siquiera de haber entrado en el cuerpo a cuerpo de piqueros (Edge & Paddock, 1995:149) Entre sus misiones también estaba la defensa y protección de la bandera de su unidad, así como la de los comandantes o personas principales de la misma (Clements, 1988: 248).

Encontramos un ejemplo de lo que pudieron ser estos choques entre infanterías suizas y de lansquenetes en el dibujo de Hans Holbein “el joven”, pintado alrededor de 1530 y que se encuentra en el Kunstmuseum de Basilea. En él se muestra a un “doblesueldo” esgrimiendo un montante en plena batalla. “Doblesueldos” que también aparecen entre las tropas que desfilan en una acuarela del siglo XVI de la colección de la Biblioteca Nacional de Madrid, en la que se representa el “Triunfo de Maximiliano” (Triumphzug Kaiser Maximilians). Del mismo modo podemos observar a los “doblesueldo” en acción en el cuadro de la batalla de Pavía (1525) de autor desconocido, pero contemporáneo a los hechos, que se haya expuesto en la Royal Armouries de Leeds. En el que se puede observar un par de lansquenetes con montantes, uno portándolo al hombro antes de entrar en combate y el otro esgrimiéndolo en plena refriega.

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Lám. 2. Doppelsöldner en combate. Fotomontaje sobre grabado de Hans Holbein

Diego García de Paredes combatió junto a estas fuerzas en dos ocasiones. Primero bajo el mando del Gran Capitán, en la campaña de Italia, 2000 lansquenetes contratados al emperador Maximiliano I, con los que se trataba de compensar el empuje de los piqueros suizos al servicio de las fuerzas francesas. Y en una segunda ocasión bajo las órdenes directas del emperador de Austria, Maximiliano, en la Liga de Cambrai. Coalición en la que también se encuadraban fuerzas de Francia, el Papado, y España, contra la República de Venecia.

Durante su permanencia en el ejército alemán, siguió Paredes cosechando triunfos. El emperador le nombró Maestre de Campo, poniendo bajo su mando a dos mil infantes y trescientos caballeros. Con los cuales realizó nuevas proezas en la defensas de la ciudad de Verona contra los venecianos. Las acciones de Paredes al lado de los lansquenetes debieron ser importantes, pues Maximiliano premió sus servicios con un privilegio firmado en Inspurg, el 8 de noviembre de 1511 en el que se elogiaba sus hazañas y se le concedía nuevos cuarteles para su escudo heráldico, pudiendo mostrar desde entonces una cruz roja en campo de plata y un león de oro en campo de gules.

Razones de camaradería que permiten pensar que el Sansón pudiera conocer de primera mano y esgrimir las armas propias de los Doblesueldos, los Zweihänder, por lo que en este estudio daremos unas breves pinceladas sobre ambos modelos

3. EVOLUCIÓN HACIA LA ESPADA DE DOS MANOS

Los montantes o espadas de dos manos son los máximos exponentes en la evolución de este tipo de armas que necesitan de las dos manos para ser esgrimidas. Si comenzamos por la típica espada medieval “de una mano” clasificada por Oakeshott en los tipos XI-XII principalmente, en su ”Records of the Medieval Sword”, con unas dimensiones aproximadas de 80 cm de hoja y peso próximo a 1 Kg, el siguiente paso podría ser las del tipo denominada “de mano y media” (longswords), de uso generalizado a partir del siglo XIV, que llega a alcanzar los 100 cm de hoja y 1,500 Kg de peso, también conocidas como “espadas de arzón”, según el “Glosario de Voces de Armería” (1912) de D. Enrique de Leguina, por ser más largas que las habituales y llevarse sujetas al arzón del caballo (Leguina, 1912: 385). Denominación que también pudieron compartir con el de “tajadoras”, por ser su función principal la acción de los tajos sobre las estocadas (Sotto y Montes, 1968 :119). El montante, como punto final, llega a medir por término medio los 120 cm de hoja y llega a superar con facilidad los 3 kg.

Estas dimensiones y pesos se ven sobrepasados en algunos ejemplares ceremoniales (Paratschwert), citados por Neil Melville en “The Origins of the Two-Handed Sword”, tales como el “Sempill Sword” de Escocia, que llegaban a medir 255 cm de largo y pesar alrededor de 10,5 kg. O la espada que aparece en manos de un lansquenete en el tercer tapiz flamenco de la Batalla de Pavía (1531), basado en los dibujos de Bernaert van Orley.

No obstante, las espadas de dos manos no fueron exclusivas de los países europeos. Cameron Stone en su “Glosario de Armas y Armaduras”, expone que este tipo de arma también fue utilizada en China, India y otros países orientales, sobre todo para ejecuciones.

La utilización de una espada con las dos manos ya se nos muestra en “el Salterio Tenison”, a finales del siglo XIII (OAKESHOTT; 2000, 98) pero más bien parece un empuñamiento realizado sobre una espada de mano media (Longsword) o una espada de una mano, con el único fin de aumentar el esfuerzo realizado en el corte.

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Lám. 3. Comparación entre espada de una mano, espada de mano y media y espada de dos manos

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Lám. 4. Dibujo basado en el caballero del Salterio de Tenison

Suceso que se repite en las ilustraciones sobre la batalla de Aljubarrota (1385) que realizó Jean de Wavrin a mediados del siglo XV, en su “Crónica de Inglaterra”.

En algunos casos, las ilustraciones que no son contemporáneas con el evento que tratan de representar, pueden reflejar anacronismos, como los montantes que aparecen en una ilustración de la batalla de Sempach (1386), basada en la Crónica de Lucerna (Schilling Luzerner, 1513) en la que los suizos derrotaron y mataron al duque Leopoldo III de Austria. Se cuenta que en el momento más crítico de la batalla, un suizo planteó un acción suicida tras la cual sus compañeros podrían abrir una brecha en las filas enemigas. Antes de ello pidió a sus compañeros que se encargasen de proteger a su mujer e hijos, entregó su arma (espada de dos manos) y se abalanzó contra las lanzas del enemigo, agarrando contra su pecho el mayor número de ellas, con lo que logró abrir un hueco por el que sus compañeros pudieron rebasar a los austriacos, aunque a costa de su vida (Miller, 1996: 10)

Otro caso singular es la obra titulada “Jura de Santa Gadea” (1864) que se exhibe en el Palacio del Senado de Madrid. Lienzo de Giráldez de Acosta en el que se muestra, en el lado derecho del mismo, un soldado de guardia portando una espada de dos manos de tal tamaño que hace poco probable que dicha arma realmente existiese en aquella época (siglo XI) pareciendo, más bien, que el autor se ha dejado influir por los montantes del siglo XVI.

Pese a las imprecisiones comentadas, lo que sí está documentado es que el término “espada de dos manos” ya aparece en “el Victorial o Crónica de don Pero Niño”, redactado en la primera mitad del siglo XIV (Martín de Riquer, 1999: 250). Gago-Jover en su “Vocabulario militar castellano de los siglos XIII al XV” recoge el mismo término “espada de dos manos” referido en el libro de la “Historia de la linda Melosina” (1489) (Gago-Jover, 2002: 170).

Del mismo modo, podemos encontrar algunas pruebas arqueológicas de la existencia de “espadas de dos manos”, desde etapas bastante temprana, como la hoja de 141 cm que se conserva en un museo de Viena, que data de finales del siglo XIII, o el ejemplar completo encontrado en Dinamarca, fechado en torno a 1450, y clasificado por Oakeshott como del tipo XVIIIe, en su trabajo “The sword in the age of  chivalry”.

Ashdown opina que estas espadas de dos manos ya eran portadas desde el siglo XIV en el arzón de los caballeros, utilizándose como arma de reserva en el caso de tener que combatir a pie (Ashdown, 1995: 337), ejemplo que podemos observar en la película norteamericana, “los caballeros del rey Arturo” (Knights of the Round Table), rodada en 1953 por Richard Thope.

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 Lám. 5. Espada de dos manos. Cortesía del Museo Lázaro Galdiano. Copyright Museo Lázaro Galdiano.

Pero pese a las pruebas de la existencia más o menos generalizada de espadas utilizadas con las dos manos (longsword) desde la Edad Media, John Clements en su “Medieval Swordsmanship” opina que verdaderamente las “espadas de dos manos” (Two-handed sword) son más propias del Renacimiento que del Medievo. Debiendo su existencia a la necesidad de disponer de armas que pudiera hacer frente a las formaciones cerradas de piqueros, fuerzas que dominaban el teatro bélico europeo por aquel tiempo. No obstante, Clements también hace notar que en países como Alemania e Inglaterra, entre otros, también existieron escuelas donde se enseñaba su uso para combates singulares. (Clements, 1988: 248). Como los mostrados en 1539 en el grabado de Heinrich Steyner, “Duelo con Flambergen” (Hull, 2008: 162). Probablemente utilizando técnicas muy influidas por los maestros de la esgrima de espada de mano y media (longsword) como Talhoffer (Rector), Sigmund Ringeek´s (Lindholm y Svärd, ó Tobler), Liechtenauer (Tobler) o Fiore dei Liberi (Price).

El empleo del “Montante” no solo fue objeto de los “doppelsolder”, también la nobleza (Leguina, 1912: 655), como la realeza fueron instruidas en su manejo. Existe un grabado del emperador Maximiliano, tomado del “Weiss Kuning”, crónica que narra la vida y el reinado del rey blanco (Maximiliano I), en el que se muestra el aprendizaje y manejo de la espada de dos manos por parte del mismo. Esgrima de la que también era aficionado el rey Enrique VIII, según indica Sir Guy Francis Laking en “A Record of European Amour and Arms” (1921). O el propio Emperador Carlos V, del que cuenta Pérez de Mendoza que uso un montante durante la batalla de Argel (Leguina, 1912: 390). También conocemos de la existencia de otros caballeros españoles que esgrimieron montantes. Martín Gómez en su publicación sobre “Los hombres y armas en la Conquista de Méjico” cita a Pánfilo Narváez como uno de sus esgrimidores en el Nuevo Mundo (Martín Gómez, 2001: 85), y la Crónica del soldado Bernal Díaz del Castillo cita otro montante esgrimido contra los aztecas (García Cano, 1994:15). En opinión de Ada Bruhn de Hoffmeyer, las espadas grandes y tajantes (montantes) fueron junto con las lanzas y picas las armas más importantes con las que contaban las tropas de Cortés y Pizarro, en la lucha contra los indios (Bruhn de Hoffmeyer, 1963: 5).

4. USO DE LAS ESPADAS DE DOS MANOS

Las espadas de dos manos fueron armas muy versátiles en combates en campo abierto, tanto contra la infantería como contra la caballería, cortando las patas de los caballos de un tajo (Sach, 1999: 48). También fueron utilizadas con notable éxito en la defensa de posiciones y pasos estrechos (Ashdown, 1195: 337), así como para impedir el asalto a los muros de las poblaciones sitiadas (Demmin, 1911: 372). Lugares donde la defensa con el escudo era menos útil que contar con un montante (Cowper, 1906: 149). En ocasiones los defensores contaban con un montante y un escudo, denominado tarja, que se suspendía del cuello, para dejar las manos libres en el momento de echar mano del montante (Leguina, 1912: 355), de forma similar a las imágenes que se muestran de un duelo singular sometido al juicio de Dios, Miniatura de las Conquëtes de Charlemagne. Manuscrito del siglo XV, que se encuentra en la Biblioteca de Bruselas, donde dos contendientes luchan con espadas de dos manos, manteniendo sus escudos colgados por sus respectivos tiracoles.

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Lám. 6. Dibujo basado en la miniatura de las Conquistas de Carlomagno.

Los montantes también fueron utilizados por las milicias urbanas de algunas zonas de Alemania e Italia para desalojar puntos “calientes” y preservar la seguridad de los vecinos, siendo conocidas por las limpiacallejones”, por su facilidad de poderse enfrentar a varios oponentes al mismo tiempo.

Para Steve Hick, el Montante pudo haber sido el arma base en el estudio de la esgrima en los reinos peninsulares ibéricos desde el siglo XV, al ser su disciplina considerada superior a la de la espada, porque junto con el mangual son las únicas armas con las que uno puede enfrentarse con éxito a varios contrarios a la vez. Caso que, según se cuenta, sucedió al maestro de armas Francisco Añasco. Esta opinión es compartida con el maestro Giacomo di Gras en su tratado “El Verdadero Arte de la Defensa” (1570) en el que resalta la capacidad de la espada de dos manos para oponerse, ella sola, a numerosos atacantes, y que por ello es utilizado en las ciudades contra los malhechores, haciéndolas girar en un círculo completo, de tal forma que mientras la espada con su estocada solo puede afectar a un hombre cada vez, la circunferencia de muerte que provoca “la dos manos” con su movimiento de corte puede hacer frente a mu- chos. Con este fin, como arma para imponer el orden, encontramos una referencia pictórica en el fresco del martirio de Santa Clara, obra de Lorenzo de Lotto pintado en 1524 en la capilla Suardi, en Trescore (Bérgamo). En el que se aprecia una pareja de guardias manteniendo el orden en la plaza de una ciudad, uno de ellos portando una alabarda y el otro un montante. En esta misma representación puede observarse la forma de transportar dicha arma. Aunque algunos autores opinan que en las marchas, el montante era portado transversalmente a la espalda por medio de una correa (Miller, 1995:11). Otros autores discrepan de tal afirmación, a excepción de las espadas de dos manos utilizados en Escocia. Apoyándose en las fuentes pictóricas contemporáneas, Laking interpreta que los montantes raramente tuvieron vainas y que lo común es verlos transportados al hombro, de forma similar a como se hacía con las alabardas (Laking, 1921:270)

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Lám. 7. Dibujo basado en el fresco del martirio de Santa Clara.

Sobre la esgrima de este arma conservamos un manual escrito en 1651, “el Memorial de la práctica del Montante de Diogo Gomes de Figueyredo”, estudiado por Eryc Myers y Steven Hick. En dicha investigación se explica como al montante, al igual que a la mayoría de las espadas de dos manos, no puede aplicarse las técnicas de la espada de mano y media (longswords), tiene su estilo propio, y según Clements en su artículo “The Weighty Issue of Two-Handed Greatswords”, al ser un arma más pesada, y por ello más lenta, la mayoría de las guardias son más verticales que las utilizadas con las espadas de “mano y media”, requiriendo su empleo más fuerza y más tiempo, pero una vez alcanzado el objetivo, el golpe es mucho más poderoso. Su esgrima conlleva amplios giros, lo que puede ofrecer aperturas de ataque al contrario durante dichas ma- niobras, por lo que su técnica implica el desplazamiento de pies en cada golpe para evitarlo.

5. MONTANTES Y MANDOBLES

En España, el Glosario de Leguina indica que el montante también es conocido como espada de dos manos o mandoble, por la necesaria utilización de las dos manos (mano doble) para su esgrima (Leguina, 1912: 389). Pero Dueñas Beraiz, en su estudio sobre las espadas españolas del siglo XVI y XVII, puntualiza que el término de mandoble nunca fue utilizado para designar a este arma, hasta el siglo XIX (Dueñas Beraiz, 2004: 214). La palabra mandoble si era conocida, pero con otro significado. López Vallejo en su tesis doctoral “Historia del léxico militar en el español áureo” recoge dicho término como golpe o corte que se ocasiona manejando un arma blanca con ambas manos, citado ya en el siglo XVI (López Vallejo, 2008: 922) . Así aparece en el Quijote: “No por esto dejaba de menudear Don Quijote, cuchilladas, mandobles, tajos y reveses” (Leguina, 1912 : 624)

El término correcto, por tanto es el de “Montante”, y como tal aparece mencionado en manos de un soldado en la “Crónica de Adramón”, obra anónima de finales del siglo XV (López Vallejo, 2008 : 957). El mismo vocablo es mencionado por Sánchez de Carranza en su “Filosofía de las armas” (1569), y por Antonio Trillo en la “Historia de la rebelión y guerras de Flandes” (1592) en las que habla de hombres que servían con montantes (López Vallejo, 2008: 957). Término que también se utiliza, como apunta Leguina, en la información remitida al rey Felipe III tras la expulsión de los moriscos de Valencia, operación en la que se habían incautado numerosas armas, entre ellas 6 montantes (Leguina, 1912: 224)

Existía hasta una denominación particular para el soldado que luchaba con el montante, “Montantero”. Denominación que se recoge en los “Diálogos militares” de García Palacios en 1583 y en “Persiles y Sigismunda” de Rojas Zorrilla en 1633 (López Vallejo, 2008: 958). En relación con lo anterior D. Enrique de Leguina recoge en “El Glosario de Voces de Armería” (1912) que se decía “Montantear” a la práctica con el montante (Leguina, 1912, 655). Posteriormente el término “Montante” también fue utilizado, según el Glosario del Catálogo de la Real Armería de Madrid (1849) para designar una espada de hoja ancha y larga, con grandes gavilanes que usaban los maestros de esgrima como símbolo de su saber. Así como “herramienta” para imponer respeto y separar a sus discípulos en el acaloramiento de los asaltos, por ello quedo la expresión “echar el montante” como dicho popular para detener una pelea (Leguina, 1912: 624). Los montantes, anota Dueñas Beraiz, también fueron utilizados por dichos maestros en exhibiciones públicas con motivo de fiestas. Estas demostraciones recibían el nombre de “florear” (Dueñas Beraiz, 2004: 221).

6. DESCRIPCIÓN DE LAS ESPADAS DE DOS MANOS

Steven Hick define el montante como una espada de dos manos de origen ibérico, algo más pequeño que el Zweihänder alemán, de una longitud total que supera los 120 cm, y que tiene una empuñadura que ronda los 30 cm, con un gran pomo que equilibra el conjunto. Para Pacheco de Narváez, en su “Nueva Ciencia” (1672), debían medir dos varas, es decir ocho palmos, seis de cuchilla y dos de puño (Leguina,1912 : 390).

Realmente, la denominación de “Two-handed swords” o “espada de dos manos”, no solo significaba que su empuñadura tuviera capacidad para ser asida por las dos manos, lo normal es que su longitud de unos 30 cm permitiera el agarre por tres y cuatro manos. Sino que, como indica el profesor Melville, al contrario que las espadas de mano y media, que pueden ser esgrimidas con una o ambas manos, el peso y las dimensiones de la “Two-handed” hace obligatorio su uso con las dos manos.

Sus gavilanes suelen ser rectos o ligeramente curvados y suelen acompañarse de un anillo en uno o ambos lados, para proteger la mano contra los golpes de las armas de asta, y de esta manera compensar la falta de agilidad en adoptar una guardia defensiva, dado la lentitud que implicaba el peso y las dimensiones de dichas armas (Clements, 1988: 248).

Ada Bruhn Holffmeyer es de la opinión que dichos elementos defensivos se hicieron necesarios para detener los golpes de corte del adversario, por ello los gavilanes se hicieron más largos y en ocasiones con forma de S en un plano perpendicular a la hoja, probablemente antes de mediados del siglo XV (Bruch Holffmeyer, 1963: 28).

Gavilanes curvados que aparecen en la representación de San Pablo en el medallón que se muestra en la escalera dorada de la Catedral de Brugos mandada construir en 1519.

Gavilanes curvos que también se muestran en una escena de un duelo entre el emperador Maximiliano y un caballero alemán, que aparece en “Le Moyen Age et la Renaissance“, de Paul Lacroix, Ferdinand Séré and A Rivaud, Volume I (Paris, 1849) ilustración basada en un manuscrito del siglo XV “Aventures du Chevalier a la Roue, ou de Tewerdanck”. Y en algunas representaciones de doblesueldos de Jost Amman.

Por las mismas fechas también aparecerían anillos horizontales, en ocasiones solo en el lado exterior de la hoja, en otras uno a cada lado (Bruch Holff- meyer, 1963: 28). Bernalte Sánchez puntualiza en su estudio “Mandobles, montantes y estoques” que algunos ejemplares están provistos de una cruceta ó “falsaguarda”, formada por unos rebordes de forma apuntada, también conocidos como “Parrierhaken” o “ganchos de parada” (CLEMENTS, 1988: 249). Para Melville, ambos accesorios de defensa adicional (anillos y falsaguarda) ya aparecen de forma independiente durante el siglo XV, no siendo hasta el XVI, cuando ambos elementos se hacen más o menos comunes, a la vez, en las espadas de dos manos.

Estas falsaguardas estaban situadas en el tercio fuerte de la hoja, por debajo del recazo, con el fin de proteger la mano de los tajos ceñidos a la hoja (Leguina, 1912: 475), cuando el arma se esgrimía con la técnica alemana denominada “de media espada” (half-sword), Técnica similar a la que puede observarse en los trabajo de esgrima para la espada de mano y media (longsword) de Talhoffer (Rector. 2000: 15), en el Fechtbuch de Sigmund Ringeek´s (Lindholm y Svärd, ó Tobler) o los versos “ Fighting Tradition” de Liechtenauer (Tobler). Tratados en los que la mano izquierda agarraba el recazo, que en ocasiones iba forrado de cuero (Wilkinson, 1978: 83). Como la espada de dos manos que esgrime el actor Mel Gibson, al interpretar a William Wallace en la película Brave Heart. Con esta acción se alargaba el empuñamiento y permitía que el arma fuera más maniobrable en las distancias cortas, así como al realizar ataques de estocada, utilizando el montante a modo de lanza, como si tuviera un asta de metal (Dougherty, 2010: 114).

La hoja podía ser recta de dos filos, presentando en algunas ocasiones uno o varios vaceos, pero también se fabricaban con hoja ondulante o flamberge, con falsaguardas de media luna puntiagudas. Este modelo muy abundante entre las fuerzas de Lansquenetes, era producido principalmente en Suiza y Alemania, aunque también fueron realizadas en las fraguas españolas, como indica Dueñas Beraiz. Investigador para quien este diseño, también conocido como de hoja flamígera o llameante, fue censurado por la Iglesia, debido a su similitud con la serpiente como símbolo del mal (Dueñas Beraiz, 2004: 217). Aunque es de resaltar que, en algunas ocasiones, dicha hoja ondulada o “de fuego” fuera la esgrimida por las huestes angélicas. Y en ocasiones por el propio arcángel San Miguel, en las representaciones que de éste se hacía en su lucha contra el diablo (Burton, 1987: 237). Prueba de ello tenemos la escultura de la fuente de San Miguel, que representa la victoria del arcángel sobre el dragón, en la plaza de Saint Michel, en el barrio Latino de París, o el vitral de San Miguel Arcángel, situado en la iglesia de San Juan Bosco en París, entre otras.

Según Clements, en su estudio “The Weighty Issue of Two-Handed Greatswords” las espadas de fuego (Flammenschwer, flammard o flambards, también conocidas como flamberges entre los anticuarios) aunque tienen un diseño visualmente muy agresivo, en realidad no son mucho más eficaces en el corte que la de los filos rectos. Para Viollet le Duc, por el contrario, en su “Encyclopédie Médiévale” expresa que los bordes ondulados de estas hojas están diseñados para arrancar pedazos de la armadura del contrario y dificultar el deslizamiento de las picas y otras armas cuando las formaciones cerradas entraban en el cuerpo a cuerpo (Viollet le Duc, 1995: 308).

7. MONTANTES ATRIBUIDOS A DIEGO GARCÍA DE PAREDES

Las armas del Sansón español fueron guardadas por sus descendientes, hasta que en 1764, algunas fueron donadas a la Real Armería del rey Carlos III, cedidas por Doña Antonia de Eraso, Tapia y Paredes, dama de honor de la reina. Entre ellas un montante. Dicha espada, atribuida a Diego García de paredes, estaba signada con el número 1620 en el Catálogo de la Real Armería de 1854, y según la descripción del mismo se trataría de un montante de origen valenciano, con guarnición negra de hierro, cruz con brazos derechos que terminan en botones, y de la caja de la cruz saldrían dos puentes, recazo con filetes y dos aletas. La longitud desde el pomo hasta la punta 2 varas menos 4 pulgadas. Pero dicho montante es recogido, tiempo después, en el Catálogo del Conde Vdo. De Valencia de Don Juan (1898), con la signatura G-16, junto con otros 6 montantes existentes en la Real Armería de Madrid (signaturas: G-15, G-16, G-17, G- 18, G-19, G-20), pero con la aclaración de que dicha espada no perteneció nu ca al Sansón, siendo un error su anterior atribución, ya que dicho montante se trataba de una espada procedente de la Armería del emperador Carlos V, citado en la Relación de Valladolid. Opinión que comparte Quintana Lacaci, en su estudio sobre la Armería del Palacio Real de Madrid (Quitana Lacaci, 1987: 101). Por lo que el verdadero montante de Diego García de Paredes se encontraría actualmente en paradero desconocido.

Posteriormente, en 1853, se entregaron otros dos montantes al Museo de Artillería.  Armas que pasaron a ser custodiadas en el Museo del Ejército (Madrid). “Hierros” que actualmente se guardan en el actual Museo del Ejército (Toledo), con las signaturas 35.366 y 35.367. Según el Catálogo Bermúdez de Castro estas espadas de dos manos o espadones, son ambas de dos filos, y sus empuñaduras de madera son alargadas y elípticas. La guarnición es de gavilanes rectos, con una esfera hendida en el centro en sus extremos, y se acompañan de una doble asa lisa y con forma elíptica.

El primero de los montantes mencionados (35.366) se exhibe en la exposición permanente “Sala de la Monarquía Hispánica”. Este arma no lleva falsaguarda y sus dimensiones son 1,560 m y 2,161 kg y según Bernalte Sánchez pudiera ser de producción italiana.

Mientras que el segundo (signado como 35367), similar al anterior, lleva en la hoja dos rompepuntas curvados y sus dimensiones son 1,640 m y un peso de 2,638 kg, bastante parecido al comentado por el doctor Soler del Campo en “Antigüedades siglos XVI-XX” , permanece en los almacenes del Departamento de Armas.

8. DECLIVE EN EL USO DEL MONTANTE

El “montante” estuvo vigente hasta principios del siglo XVII. Como prueba de ello tenemos un cuadro de “San Pablo” pintado por el Greco entre 1610 y 1614, sosteniendo en su mano derecha un montante muy similar al tipo denominado de García de Paredes con salvaguarda.

Otro aparece en el cuadro “Recuperación de Bahía de Brasil”, obra de Juan Bautista Maino sobre 1634 en el que el Conde Duque de Olivares porta también un montante.

En estas fechas, según Clements, las “espadas de dos manos” dejaron de ser prácticas, la aparición generalizada de las armas de fuego, y el costo de adquirir y aprender el uso del montante no compensaba, el tiempo dorado en el que las “Two handed” esgrimidas por los lansquenetes fuera un arma decisiva en las batallas había pasado, lejos quedaron las hazañas del regimiento de la “Banda Negra” renegados al servicio de francisco I, que en la batalla de Pavía (1525) se enfrentaron a los Imperiales, sacrificando hasta el último hombre cuando ya el resto del ejército francés había huido.

El declive de su fama había comenzado, siendo en algunos caso despreciados incluso por los comandantes que les contrataban. El duque de Alba comentó, en cierta ocasión, que los contrataba no porque fueran decisivos en el combate, sino para que no lucharan a favor del enemigo (Collins, 2009: 113). De idéntico parecer es la opinión descrita en la obra: “Milicia, discurso, y regla militar”(1592) del alférez Martín de Eguíluz quien escribe que: “En ningún esquadrón se ha de consentir para ser perfecto otras armas que picas y arcabuzes (…) que alabardas y otras armas de asta corta, ni montantes, como los usavan otras naciones, no sirven sino para estorvar (…) y antes enflaquecen que fortalecen el esquadrón”(López Vallejo, 2008: 957). Poco a poco fue desapareciendo del campo de batalla y pasó a convertirse en un arma ceremonial con carácter simbólico (Sach, 1999: 49), como los montantes papales, espadas bendecidas por el Papa, que fueron regalados a los reyes y personas muy principales por los servicios prestados a su causa (Leguina, 1912: 391). Normalmente estos obsequios solo se concedieron a particulares, con una única excepción, la espada que el Papa Julio II concedió en 1511 al pueblo Suizo por sus esmerados servicios como su guardia personal, la Guardia Suiza, ejemplar que puede observarse en el Landesmuseum de Zurich (Weland, 1995: 27). La costumbre de regalar espadas bendecidas parece ser que comenzó en el siglo XI, y se mantuvo hasta el XIX, siendo la última la concedida por el Papa León XII en 1823 al duque de Angulema, por el apoyo a la causa del rey español Fernando VII. Prueba de ello son los Montantes papales que se conservaban en la Real Armería de Madrid. Según el Catálogo de 1854 existían ejemplares enviados a Juan II de Castilla por el Papa Eugenio IV en 1446, Erique IV remitido por el Papa Calisto en 1458 Carlos V por ClementeVII en 1529, a Felipe II por los Papas: Clemente VIII en 1593, Pio IV en 1562, Paulo III en 1547 y Felipe III por Gregorio XIV en 1590, Felipe IV por Paulo V en 1615.

De los ejemplares de montantes que actualmente se conservan, según la opinión de Laking, las fabricadas por los armeros italianos y españoles son las de formas más bellas y finas, con sus arriaces simples y cuyo temple de sus hojas las hace muy superiores a las del resto de espadas de dos manos europeas (Laking, 1921:270)

La esgrima con montante no se ha perdido en el tiempo, actualmente es una de las armas que se estudian en la Asociación Española de Esgrima Antigua (AEEA), espada a la que se dedican seminarios en las Academias Internacionales que organiza la misma. Clases impartidas por el maestro de Armas Alberto Bomprezzi, en colaboración con el preboste Rodrigo González.

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