Dic 222014
 

Jacinto J. Marabel Matos

Asesor Jurídico.

Consejo Consultivo de Extremadura

En 1809 y durante treinta días trescientos hombres resistieron el asalto de un ejército de más de cinco mil infantes. Entre las ruinas del Conventual Santiaguista de Mérida y dirigidos por el coronel holandés Adriaan Willem Storm de Grave, esta pequeña guarnición se enfrentó a la vanguardia del Ejército de Extremadura comandada por el  brigadier José de Zayas, que encontró en el paso del Guadiana su particular Termópilas.

Muy poco se sabe de aquel heroico hecho de armas, aunque a nuestro juicio resultara crucial  para comprender el desarrollo de gran parte de las operaciones militares de la Guerra de la Independencia en Extremadura. Las defensas de Badajoz, brillantemente ejecutadas por Menacho y Philippon, así como las sangrientas  batallas de Medellín y La Albuera, ensombrecieron otros notorios sucesos de este conflicto en nuestra región, como el combate de Mesa de Ibor o la defensa de la plaza de Mérida, ambos  esenciales para la estrategia desplegada por las tropas francesas durante la campaña de 1809.

Desde que Herodoto legara para la Historia la heroica e inmortal resistencia desplegada por Leónidas y sus espartanos, cuando han sucedido otros de estos escasos actos de valor colectivo, la literatura de los respectivos países donde se han producido los ha elevado e incorporado al grado de mitología nacional.

Por citar tan sólo alguno de los más conocidos, rápidamente acude a la memoria el ejemplo de El Álamo, trasladado y extendido al imaginario colectivo occidental por la hegemonía cultural estadounidense que, a mi juicio y durante las últimas décadas, ha socavado gran parte de las conciencias nacionales. En este caso existen reiteradas versiones cinematográficas en las que los estadounidenses han reinterpretado su versión de la batalla de El Álamo, ocurrida en San Antonio de Béjar y en la que  doscientos secesionistas texanos resistieron hasta el límite las acometidas del ejército mexicano[1]. El 6 de marzo de 1836, después de trece días de resistencia, más de cuatro mil soldados del general López de Santa Anna asaltaron a sangre y fuego la antigua misión española; sufrieron novecientas bajas que no les sirvieron para ganar esta guerra y el sacrificio de las milicias texanas se convirtió en símbolo de su independencia. En la actualidad El Álamo es el monumento más visitado de Texas.

Otro ejemplo, paradigma del valor y la resistencia colectiva consignado en los anales de la historia militar británica, fue el conocido combate de Saragarhi, librado el 12 de septiembre de 1897, paradójicamente no por súbditos de Su Majestad, sino por sus entonces aliados sijs. La UNESCO declaró esta batalla entre los ocho mayores ejemplos de valentía colectiva de la humanidad. El hecho fue que aquel día, 21 sijs se enfrentaron a más de diez mil pastunes de las tribus orakzai y afridi lashkars en la aldea de Saragarhi, situada en el macizo del Hindukush, a escasos kilómetros de la actual frontera con Pakistán. En este punto y para controlar la accidentada orografía, el ejército británico se vio obligado a construir un torreón fortificado que sirviera de enlace y comunicación con las dos guarniciones adelantadas de los fuertes Lockhart y Gulistan, defendidos por cinco compañías del 36º regimiento de infantería de Bengala. En la torre de Saragarhi, un pequeño destacamento a las órdenes del sargento Havildar Ishar Singh, resistió durante siete horas el asalto de diez mil pastunes sabiendo que no iban a recibir refuerzos; pero vendieron cara su muerte y dejaron sobre el terreno más de quinientos enemigos. La Corona británica les concedió a título póstumo el más alto reconocimiento que nunca más ha vuelto a otorgar por una sola acción destacada y, en aquel lugar, un memorial recuerda desde entonces a los héroes del orgullo nacional sij.

Más allá de la cultura anglosajona y en precario equilibrio de ser engullida por ésta, el panteón de los héroes extremeños no es menor. Buena parte del mismo lo ocupan los conquistadores, muchos de ellos anónimos, que formaron parte de la epopeya americana, baste recordar a Hernán Cortés y los suyos en la Noche Triste. Pero antes y después los ejemplos son numerosos.

De entre los más cercanos se me ocurre destacar al capitán Francisco Neila y Ciria, natural de la localidad pacense de Santa Marta. El conocido como Héroe de Cascorro, defendió al mando de sus ciento setenta hombres la aldea de dicho nombre, situada a 63 kilómetros de Puerto Príncipe, en Cuba. Rodeados de cinco mil insurrectos a las órdenes de Máximo Gómez, “el Chino Viejo” y sufriendo el fuego tres piezas de artillería, resistieron durante trece días, hasta que el 4 de octubre de 1896 llegó una columna de refuerzo. Milagrosamente tan sólo hubo cuatro muertos y diecisiete heridos, pero la mayor parte de la guarnición enfermó de disentería, tifus, malaria o sarna, y muchos murieron tras ser evacuados[2]. A pesar de la heroicidad, apenas se recuerda su gesta.

Tras estos ligeros apuntes, debemos volver a la Guerra de la Independencia Española, donde sin duda hubo ocasión para muchos actos de valor semejantes a los anteriores. Sin embargo, en este trabajo queremos destacar especialmente el del coronel  Adriaan Willem Storm de Grave, un holandés que luchó al lado de los franceses durante el conflicto y al que, precisamente por pertenecer a un pequeño contingente aliado, ninguno de los grandes historiadores que escribieron sobre el mismo le dedicaron unas líneas. Por el contrario y a nuestro juicio, su acción merecería un capítulo importante en el desarrollo de la Guerra de la Independencia Española.

Así, hay que señalar que el transcurso de los primeros meses de 1809 había dejado aniquilado al Ejército de Extremadura. La victoria de Medellín permitía al ejército francés continuar el camino real hasta Sevilla prácticamente sin oposición alguna. Sin embargo, el mariscal duque de Belluno, Claude-Victor Perrin, detuvo la marcha de sus tropas  acantonándolas en la comarca de Tierra de Barros hasta tener noticas del mariscal duque de Dalmacia, Nicolas Jean de Dieu Soult, que debía avanzar desde Galicia conquistando Portugal.  Ambos debían converger en Badajoz, pero mientras el I Cuerpo de Victor había alcanzado su objetivo, el II Cuerpo de Soult continuaba en Oporto. Ambos mariscales tenían dificultades en comunicarse, puesto que la columna móvil del general  William Carr Beresford, dispuesta a lo largo de la frontera, interceptaba los correos.

Esta situación era muy peligrosa para Victor, puesto que su flanco derecho se encontraba desprotegido, el izquierdo amenazado por el Ejército de La Mancha y el frente, que tras Medellín parecía expedito, ocupado ahora por el recompuesto Ejército de Extremadura, de tal manera que las avanzadas hostigaba a los franceses  a la altura de Fuente de Cantos[3]. Por tanto, lo más razonable era acantonar las tropas a la espera de información precisa y estableció el cuartel general en Mérida, con guarniciones adelantadas en Tierra de Barros, contentándose durante el mes de abril y gran parte de mayo de 1809, “a gallardear ante Badajoz, a saciar torpes apetitos en los pueblos pequeños y a continuar sus movimientos progresivos tanto como les fuese posible, corriéndose por Alcántara hasta Alburquerque y por Mérida hasta Almendralejo[4].

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 Vista de Mérida desde el margen izquierdo del río Guadiana. LABORDE, Alexandre. “Vue génerale de Mérida.” (Planche CXLV). Voyage Pittoresque et Historique de L’Espagne. Tomo I. Segunda Parte. Paris, 1811.

Durante este tiempo, el territorio ocupado entre ambos ríos extremeños era sostenido por las plazas de Mérida, cuartel general de la avanzada, y Trujillo, que mantenía abierta las comunicaciones con Madrid a la espera de nuevas órdenes. Éstas llegaron cuando el rey José supo que un ejército angloportugués dirigido por Arthur Wellesley, que había desembarcado en Lisboa el 22 de abril, se dirigía a enfrentarse a Soult a la altura de Oporto, donde sería derrotado el 12 de mayo. Como Beresford cerraba la posibilidad de una retirada hacia el este, el mariscal Victor debía realizar una diversión para atraerlo hacia Alcántara y evitar que el II Cuerpo fuera exterminado.

Sin embargo con este plan se arriesgaba también la supervivencia del I Cuerpo, puesto que la marcha hacia la frontera entrañaba descuidar la retaguardia y la posibilidad de ser copado por el recompuesto Ejército de Extremadura. Pero no había otra alternativa: las tropas de Victor también podían llegar a ser destruidas, aisladas y rodeadas de fuerzas muy superiores en número, si el II Cuerpo de Soult sucumbía al norte de Portugal. La única posibilidad era una distracción para facilitarle la retirada hacia España. Es decir, había que ganar tiempo.

A su vez, tiempo era lo que necesitaba Victor para mantener a los españoles en la orilla izquierda del Guadiana. Debía fijar las posiciones del ejército de Cuesta mientras realizaba la incursión hasta Alcántara. La plaza de Mérida era indefendible, pero permitía que una pequeña guarnición resistiera algunos días estorbando el paso del río. Quizás eso era todo lo que bastaba, por lo que reuniendo al grueso de sus tropas, emprendió la marcha hacia el oeste, dejando un ridículo destacamento de sus aliados de la Confederación del Rin en Mérida, al  mando del coronel holandés Storm de Grave.

Durante treinta días la suerte de dos Cuerpos de la Grande Armée estuvo en manos de trescientos hombres encerrados en la centenaria alcazaba emeritense. Esta guarnición, formada en su mayor parte por holandeses, sostuvo una heroica resistencia que permitió al Duque de Belluno realizar satisfactoriamente su diversión sobre Alcántara. Poco tiempo después, una vez reunidos en Talavera ambos Cuerpos franceses, los mariscales Victor y Soult estuvieron en disposición de frenar el avance sobre Madrid de los ejércitos angloportugueses y españoles. El resultado hubiera sido muy distinto si estos últimos hubieran conseguido cruzar a la orilla derecha del Guadiana y amenazar la retaguardia del I Cuerpo.

Sin embargo, la minúscula guarnición de Mérida extremando una resistencia sobrehumana, consiguió fijar las posiciones del ejército español el tiempo suficiente para que sus aliados franceses pudieran reorganizarse y pasar a la ofensiva. Su gesta, similar a los escasos ejemplos que se han dado en la Historia, fue silenciada y relegada al olvido por quienes glosaron la Guerra de la Independencia Española, en uno u otro bando, acciones menos honrosas de sus ejércitos[5]. Todos ellos tienen una deuda que saldar con Adriaan Willem Storm de Grave.

El coronel holandés era un curtido veterano de las campañas napoleónicas con una larga estirpe castrense en sus genes y casi cuarenta años de servicios[6]. Había entrado en España con un regimiento de infantería de línea del Rey de Holanda a mediados de octubre de 1808. Este contingente, enviado por Luis Napoleón a solicitud de su hermano, se puso al mando del general David Hendrik, barón de Chassé[7] y estaba formado por el primer batallón del segundo regimiento de infantería holandés y el segundo batallón del cuarto. En total 1723 infantes, a los que se añadieron 204 artilleros con el respectivo tren de campaña. El rey de Holanda auxilió además a los ejércitos franceses, durante la Guerra de la Independencia Española, con cuatro escuadrones del tercer regimiento de húsares formados por 493 efectivos[8].

Estas fuerzas fueron integradas en la llamada División alemana, sumándose a los contingentes del Gran Ducado de Baden, que aportó su cuarto regimiento de infantería de línea además de una compañía de artillería montada, el Ducado de Nassau, que dispuso su segundo regimiento y un escuadrón, el Principado de Fráncfort que envió un batallón, y el Gran Ducado de Hesse-Darmstadt, con su cuarto regimiento y una compañía de artillería a caballo. Bajo el mando del general Leval, los alemanes formaron las dos primeras brigadas de la división y los holandeses la tercera, integrándose en el IV Cuerpo que dirigió, formalmente hasta finales de marzo de 1809,  el mariscal duque de Danzig Francois Joseph Lefebvre[9].

El coronel Storm de Grave tuvo un destacado protagonismo en todos los combates librados por la División alemana, desde la batalla de Zornoza a la ocupación de Bilbao, donde los holandeses fueron acusados de saqueo y otros crímenes de guerra. Si bien no constan testimonios directos de sus acciones, puesto que el coronel no llevó un memorádum que reflejara su estancia en España, conocemos ciertos detalles a través de la memoria que consignó su hijo mayor, Antonie Johan Pieter, que estuvo a sus órdenes como teniente del mismo batallón[10].

La obra de éste, publicada tres años después de la muerte de su padre y dedicada a su memoria, pertenece al género de los diarios escritos por veteranos de guerra habituales entre los combatientes del conflicto peninsular y, como en gran parte de ellos, el rigor histórico se entremezcla con capítulos repletos de tópicos e interpretaciones subjetivas sobre los usos y costumbres españolas. Sin embargo, la primera parte del libro supone una fuente fundamental para conocer el desarrollo de las operaciones en las que intervino el contingente holandés.

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 2. Retrato anónimo de Adriaan Willem Storm de Grave. 3. Uniformes de oficial, fusilero y granaderos de los regimientos de infantería de línea del Rey de Holanda. El uniforme del coronel Storm de Grave era similar al del oficial aquí representado, perteneciente al segundo regimiento de infantería de línea. KNÖTEL, Richard. “Die Holländische Armee unter Köning Ludwig”. Uniformenkunde. Lámina XXXIII. Tomo V. Berlin, 1890.

No obstante, hay que señalar que Antonie Johan Pieter Storm de Grave fue separado de su regimiento para servir como ayudante del general Leval, por lo que las primeras acciones de la campaña de Extremadura por el control de los puentes del Tajo no fueron glosadas por el joven. Por el contrario, el capítulo undécimo de su obra recoge el diario del asedio sufrido por Mérida, tal y como fue escrito por el coronel cuando, a finales de junio de 1809 ambos se reencontraron en Toledo y “mi padre puso en mis manos parte de la verdadera historia de esta batalla, anotada en su diario, el resto la conseguí a través del mayor Schönstadt, el meritorio oficial que le servía en aquellos momentos como ayudante[11].

Estos papeles, consignados en su literalidad en el mencionado capítulo undécimo, no forman un diario al uso como el que legaron los comandantes de ingenieros o de artillería franceses que defendieron cercos semejantes[12]. En realidad se trata de un sucinto informe de la defensa de la plaza llevado a cabo cada jornada. Hay días en los que no sucede nada y nada se consigna, y otros, decisivos para el desenlace, despachados en escasas líneas. Sin embargo, no cabe reprocharle al coronel que detallara cada una de las operaciones de defensa o de los movimientos del enemigo, puesto que a buen seguro tenía ocupaciones más urgentes que cubrir. Por ello, para superar ciertas lagunas, hemos creído conveniente completar el diario con las escasas referencias que algunos de sus contemporáneos dedicaron al capítulo del sitio de Mérida.

En primer lugar, Berthold Andreas Daniel Schepeler, quien dedica unas líneas a la heroica defensa del coronel holandés en su obra sobre la Guerra de la Independencia Española, certificando la veracidad del diario[13].  También algunos apuntes, tomados de Franz Xaver Rigel, oficial del regimiento de Baden que tuvo conocimiento del episodio a través de sus camaradas de la División alemana que formaron parte de la guarnición de la plaza[14]. Por último,  Johannes Bosscha, quien consagrará un importante capítulo de su obra sobre los héroes del panteón nacional holandés, al coronel Adriaan Willem Storm de Grave[15].

Éste, destacado recientemente en la batalla de Medellín[16], había sido acantonado junto a la mayor parte de la brigada holandesa en Trujillo. Aquí, el general Chassé recibió la orden de enviar a Mérida un destacamento de ciento cincuenta hombres que, encabezados por el coronel Storm de Grave llegaron a su destino el 25 de abril[17]. Los franceses se encontraban entonces muy ocupados reparando las defensas de la plaza: “Sus fuertes muros, habían sido reforzados recientemente con un profundo y amplio foso, así como doble empalizada, además de seis cañones, [Mérida fue] suficientemente suministrada de proyectiles, madera, sacos de arena, lana e hilo[18].

Unos días más tarde, el Duque de Belluno reunió al grueso de sus tropas y el 11 de mayo inició los preparativos para marchar hacia Alcántara. Un pequeño destacamento de la División alemana fue escogido para defender el paso del Guadiana mientras tanto, por lo que el jefe del Estado Mayor General del I Cuerpo, Jean Baptiste-Pierre Semellé[19], envió una carta al comandante de los holandeses con las siguientes instrucciones:

“Señor Coronel,

El Cuerpo del Ejército dejará Mérida para realizar una incursión en Alcántara. Mañana por la noche, las tropas de vanguardia cruzarán hacia el margen izquierdo del Guadiana y, al día siguiente, deberá ejecutar las órdenes que le han sido asignadas. A partir del día 13 por la mañana asumirá el mando de la guarnición. Deberá procurar que los hombres no abandonen la fortaleza y que, aquellos que deban salir a la ciudad, lo hagan con la completa seguridad de no correr ningún riesgo; sólo se podrá salir para buscar provisiones”[20].

12 de mayo. Las tropas francesas evacúan Mérida, dejando algunos heridos al cuidado del cirujano de tercera clase Carel George Eduard Mergell y trescientos veintitrés soldados para su defensa: de estos, ochenta y siete holandeses, entre los que destacan además del coronel Storm de Grave, el teniente Schaestaedt ayudante mayor de éste, los capitanes Van de Nyvenheim y Van Liebergn, así como los tenientes Herckenrath y De Mohr; setenta y tres hombres de una compañía del regimiento de Nassau dirigidos por el teniente Keim; treinta y dos del regimiento de Hesse-Darmstadt dirigidos por el teniente Kullman; ochenta del regimiento de Baden y treinta y cuatro del batallón de Fráncfort, además de diecisiete artilleros franceses al mando del capitán Hugon, que contaban con seis piezas de artillería[21].

Inmediatamente, los observadores españoles informaron al general Cuesta que Victor, “misteriosa y apresuradamente fue desalojando las posiciones que tenía en Tierra de Barros con dirección a Mérida, de donde también salió con presteza el mismo día 13[22].

El general Cuesta ordenó adelantar hasta Fuente del Maestre el cuartel general de Monesterio. Además, envió a la caballería del Marqués de Monsalud a Lobón y a la vanguardia del ejército, comandada por el brigadier José de Zayas, cuya valerosa participación en la batalla de Medellín como coronel al frente de una columna de granaderos del regimiento le valió la promoción al generalato,  hasta las mismas puertas de Mérida, situando su centro de operaciones en Calamonte.

13 de mayo. Tras la salida de los franceses, la guarnición se dedicó a hacer acopio de alimentos y madera.

14 de mayo. El general Zayas adelantó un fuerte destacamento hasta la orilla  izquierda del Guadiana: “Al tener noticia de estos hechos, la población se amotinó y un soldado holandés recibió seis puñaladas de uno de los habitantes, aunque afortunadamente sus heridas no fueron de consideración[23].

15 de mayo. El ejército de vanguardia consiguió reagrupar unos 10.000 soldados de infantería y caballería al otro lado del río. Muy pronto, la mayor parte de los efectivos comenzaron a atravesar el Guadiana mediante pontones y, antes de caer la noche, los españoles tomaron Mérida a tambor batiente. La guarnición, cercada en el Conventual Santiaguista, recibió a un emisario intimando la capitulación:

 “Abandonado por el Exercito Francés, solo puede V.M. esperar su salvación en la generosidad que caracteriza a la Nación Española. La humanidad y el sacrificio inútil, que con sus cortos medios de defensa V.M. puede ofrecerle, intima a V.M. se rinda en el término de un quarto de hora a las armas Españolas. Si V.M. contra todas mis esperanzas se obstina en sostenerse, declaro a V.M. Señor Comandante, que al primer cañonazo disparado no deberá esperar otras condiciones, que las que deben concederle hombres tan justamente provocados, la muerte.

Quartel Gral. de Mérida, 15 de Mayo de 1809.

  1. Josef de Zayas, Comandante de la Vanguardia del Exercito de Extremadura”[24].

La respuesta, en francés, no se hizo esperar:

El Caballero Storm de Grave, Coronel al servicio de Su Majestad el Rey de Holanda, Comandante de la fortaleza de Mérida.

Sr.

Sería indigno de ostentar el nombre de soldado e indigno de la confianza que S.E. Monseñor Duque de Belluno ha depositado en mí, que rindiera cobardemente la plaza que mis camaradas y yo hemos jurado defender y resistir hasta el límite de nuestras fuerzas.

Reciba testimonio de mi mayor estima[25].

16 de mayo. Con los primeros rayos de Sol, los españoles abrieron fuego desde el margen izquierdo del Guadiana con cuatro piezas de artillería y un obús. Tras sostener un intenso bombardeo durante toda la mañana, a mediodía se envió de nuevo al parlamentario para que instara la rendición incondicional:

Al Señor Comandante de las tropas Francesas encerradas en el convento de san Gerónimo (sic).

Señor Comandante,

La consideración, que debo a este lastimoso pueblo, que tan mal tratado a sido de las tropas Francesas, a suspendido por un momento mis operaciones; pero biendo que contra todos los limites, que prescribe el derecho de la humanidad, trata de resistir, sacrificando a esos desgraciados intimo en diez minutos rinda las armas al Excercito Español, siendo esta última comunicación, que pueda haber entre los dos.

Soy con consideración de V.M. el atento servidor.

Quartel Gral. de Mérida, 16 de Mayo de 1809. 

  1. Josef de Zayas”[26].

A las tres de la tarde y por toda respuesta, la guarnición abrió fuego de artillería contra una batería que los españoles trataban de establecer en el cerro de San Albín, destinada a enfilar el sector oriental de la muralla de la alcazaba. Durante una hora, la lluvia de proyectiles que cayó sobre esta posición no pudo estorbar que finalmente se establecieran en la altura dos piezas de campaña que, de inmediato, respondieron al fuego del Conventual. El intenso bombardeo de ambas partes concluyó a las seis de la tarde, cuando uno de los cañones del cerro de San Albín salió ardiendo y los españoles tuvieron que volver al margen izquierdo del río. No obstante, la artillería había cumplido su cometido, derrumbando por este lado parte de la muralla de la alcazaba y abriendo una brecha por la que podían pasar hasta doce hombres de frente. El asalto, por tanto, era practicable[27].

Sin embargo, las bajas de los defensores fueron escasas y tan sólo contaron un muerto y dos heridos. Durante toda la noche parte de la guarnición estuvo ocupada en las tareas de desescombro y de reparación de la brecha, mientras el resto establecía un camino cubierto para enlazar con los corrales del ganado y con el huerto. Además, abrieron aspilleras en la parte que daba a la ciudad, para responder al fuego que se les hacía desde los edificios más próximos, especialmente desde la torre de la iglesia, donde se habían apostado tiradores que continuamente hostigaban el Conventual[28].

17 de mayo. Aquel día cesó el fuego de los españoles. El general Zayas estableció una tregua para recibir a dos edecanes del mariscal Victor, que trataron de persuadirle para que levantara el cerco informándole sobre la retirada de las tropas austriacas y el avance imparable de Napoleón en Europa. Los españoles no se dejaron convencer y respondieron a los emisarios que la Grande Armée sería derrotada muy pronto en el Danubio, por lo que las tropas de la Confederación del Rin que sostenían la defensa de Mérida, libres de su compromiso con los franceses, abandonarían la plaza para regresar a sus respectivos territorios[29].

18 de mayo. Los españoles intentaron establecer cuatro piezas de campaña en el puente romano, pero una salida que se hizo desde la plaza les obligó a retroceder. Este mismo día, a las cinco de la tarde, inician de nuevo una aproximación, que también es rechazada por la descarga de fusilería que se le hace desde la muralla de la alcazaba. Más éxito tuvieron los tiradores apostados en los tejados próximos al Conventual, pues gracias al fuego sostenido durante todo el día, lograron silenciar la artillería de los defensores. Al final de la tarde y debido a las fuertes rachas de viento, se ordenó a los hombres que hostigaban el Conventual desde las alturas que bajaran de los tejados. Gracias a su esfuerzo, se consiguió establecer nuevamente la batería del cerro de San Albín.

19 de mayo. A las tres de la tarde, los españoles dirigieron todas sus baterías contra la plaza. Los recientes informes señalaban que Victor regresaba de su expedición a Alcántara con el grueso de las tropas, por lo que era urgente instar la capitulación de la plaza[30]. Se inició un intenso fuego desde la otra orilla, con tres piezas de campaña y dos obuses de ocho pulgadas, desde la ciudad con otros tres obuses, y desde el Cerro de San Albín, con los tres cañones restantes. Pero el resultado no fue completamente satisfactorio, puesto que las construcciones adyacentes al recinto defensivo impedían que los proyectiles impactaran contra los muros. Tan sólo se lograron algunos daños de consideración en la torre del claustro, abriendo grietas en la cara este y en la meridional. Los defensores tuvieron cinco heridos.

20 de mayo. A la vista de los escasos resultados, el general Zayas ordenó el repliegue hasta el cuartel general de Calamonte, confiando a tres escuadrones de caballería las labores de observación y enlace.

21 de mayo. Reagrupadas las tropas españolas más allá del margen izquierdo del Guadiana, la jornada transcurrió sin novedades,

22 de mayo. A las once de la mañana, un destacamento de cincuenta dragones franceses consiguió burlar el cerco. La caballería española los persiguió hasta la entrada del puente romano, pero la descarga de fusilería que se les hizo desde la alcazaba les obligó a retirarse. Los dragones entraron en la plaza con una carta dirigida al coronel:

Cuartel General de Torremocha, 21 de mayo de 1809.

Sr. Coronel

Hemos recibido noticias de vuestra defensa de Mérida. El Ejército se encuentra a tan sólo un día de marcha, por lo que recibiréis auxilio en caso extremo. Por otro lado, podéis estar tranquilo de las maniobras del enemigo, pues no son más que meras distracciones y es  incapaz de  pasar al ataque.

Deberá realizar un informe detallado de lo ocurrido en Mérida desde el día de nuestra partida; en el mismo deberá incluir toda la información sobre el cerco del enemigo y las posiciones que ocupa en estos momentos. Esta información es necesaria para que su Excelencia decida sobre las operaciones de auxilio a la plaza.

El General en Jefe del Estado Mayor General, Semellé.

P.D.: Un regimiento de dragones se encuentra en Mirandilla, para mantener las comunicaciones y tomar el relevo.

Al señor Coronel Storm de Grave, Comandante de la fortaleza de Mérida”[31].

23 de mayo. La jornada transcurrió sin novedades. La caballería española se limitó a recorrer el margen izquierdo del  río, vigilando los movimientos de la plaza. Un soldado de la compañía de Baden desertó.

24 de mayo. El mariscal duque de Belluno envió un parlamentario al general Cuesta para negociar el levantamiento del cerco, sin ningún resultado.

25 de mayo. A las diez en punto de la mañana, el general Zayas al frente de trescientos jinetes realizó un reconocimiento del terreno. Por la tarde, las tropas españolas comenzaron a tomar posiciones al otro lado del Guadiana.

26 de mayo. Bien entrada la noche, un fuerte destacamento de españoles avanzó hacia el puente romano. El coronel Storm de Grave comisionó a Pacheco, miembro de la Junta nombrada por los franceses el 3 de mayo[32], para que se entrevistara con el general Zayas. Pacheco y su familia, según el diario del holandés, eran las personas más íntegras y gentiles que uno pudiera encontrarse[33], y debió lograr su misión, puesto que el enemigo acabó retirándose.

27 de mayo. Esa noche, el comandante de la plaza permitió que una delegación de la Junta Suprema de Extremadura accediera al Conventual. Habían solicitado reunirse con los comisionados juramentados para resolver sobre la legitimidad de ambos ejecutivos.

28 de mayo. En el cuartel general de Torremocha, el duque de Belluno estaba preocupado por el abastecimiento de las tropas y así se lo hizo saber al mariscal Jourdan. La región había sido arrasada y no encontraba alimentos para los soldados, ni forraje para los caballos. Los imperiales, impedidos de avanzar hacia Andalucía, veían amenazado su flanco derecho por el ejército angloportugués, por lo que decidieron abandonar el valle del Guadiana urgentemente, pues “en toda la provincia de Extremadura, tan sólo la parte de Plasencia y Coria pueden proporcionar las necesidades del I Cuerpo por unos pocos días; el resto, en toda la extensión que abarca la orilla izquierda del Tajo, está completamente agotada y casi desierta[34].

Sin embargo, Victor necesitaba otra vez ganar tiempo para reunir el grueso de las tropas y evacuar la región hacia el norte. El mariscal Jourdan está de acuerdo con estos planes, pero consideraba que “si a la fortaleza de Mérida le es posible resistir diez o doce días, no habría ningún problema para continuar ejecutando el movimiento de Alcántara; pero si [Victor] estima que la fortaleza sucumbiría antes de recibir auxilios, entonces sería mejor evacuar inmediatamente la plaza[35].

Finalmente decidió que Mérida podía resistir otros diez días.

29 de mayo. A las siete de la mañana, los efectivos posicionados en la plaza iniciaron una escaramuza contra el Conventual que no obtuvo resultado alguno. Media hora más tarde, el general Zayas se aproximó a la orilla izquierda, posicionando el resto de la vanguardia frente a la alcazaba de Mérida. Esa noche, distintos destacamentos de caballería ocuparon la plaza.

30 de mayo. Al medio día, más de cinco mil infantes y jinetes completaron el cerco sobre el Conventual. El coronel Storm de Grave comisionó de nuevo a Pacheco con dos cartas dirigidas al general Cuesta. Se estableció una tensa tregua de dos días a la espera de respuesta y los efectivos se retiraron más allá del puente romano. Mientras tanto, los observadores habían informado que algunos escuadrones de dragones del general Latour-Maubourg acantonados en Mirandilla y Aljucén para apoyar la posible evacuación de Mérida, se encontraban desprotegidos y aislados del resto de regimientos. El general Zayas, a la cabeza de la vanguardia situada en Calamonte, inició esa noche junto a ochocientos jinetes, un movimiento envolvente en busca de los dragones franceses.

31 de mayo. Al amanecer, la caballería de Zayas rodeó Mirandilla dispuesta para cargar, pero los dragones ya no se encontraban en la localidad. Más suerte tuvo el destacamento enviado a Aljucén, donde los escuadrones franceses fueron sorprendidos y reducidos por los españoles[36].

1 de junio. A las tres de la tarde, un emisario del general Cuesta fue recibido en el Conventual con la respuesta remitida con Pacheco. Llevaba dos cartas dirigidas al mariscal Victor y un periódico en español con noticias de la derrota de Soult en Oporto y de la incursión del ejército de Wellesley en España. Envalentonados, algunos destacamentos vuelven a tomar las calles de Mérida.

2 de junio. El día transcurre sin novedades.

3 de junio. Aparecen impresos por toda la ciudad en los que se alienta a desertar del bando francés en cinco idiomas, incluidos holandés y alemán. El comandante de la plaza ordenó quemarlos todos, pero no pudo evitar que dos días más tarde desertara un hombre de su propia compañía.

4 de junio. El juramentado Pacheco fue enviado de nuevo a parlamentar con el general Cuesta, pero éste se negó a recibirle. Se encontraba proyectando junto al estado mayor y dos coroneles británicos que debían dirigir las operaciones, el asalto definitivo al Conventual Santiaguista[37].

5 de junio. La jornada pasó sin incidencias destacadas.

6 de junio. Nuevamente los españoles intentaron establecer las piezas de artillería en la entrada del puente romano, pero desde la alcazaba se realizó una descarga de fusilería que les obligó a retirarse. En su lugar, un escuadrón de caballería se posicionó al final del mismo preparado para cargar. Esa noche desertaron otros dos soldados de la compañía de Nassau.

7 de junio. A las cuatro y media de la mañana se inició el que debía ser el ataque definitivo para tomar el Conventual. Una columna de infantería cruzó el río y ocupó las calles de Mérida mientras se producía el asalto a la brecha de la alcazaba. Durante las casi diez horas que duró el intercambio de descargas, tan sólo resultaron heridos dos defensores[38]. Finalmente, los españoles se replegaron a las dos de la tarde llevándose las reservas de trigo y harina de los almacenes situados en el recinto de la alcazaba[39]. La caballería, que había rodeado la plaza y tomado el alto de Alcuéscar, cubrió la retirada.

A partir de entonces y ante la inanidad de los asaltos, las fuerzas de Zayas se dedicaron a esperar que, ante la falta de alimentos, los defensores forzaran la capitulación.

8, 9, 10 y 11 de junio. Los días transcurren sin novedades[40].

12 de junio. Desertó uno de los dragones que había burlado el cerco días antes. Ante la falta de alimentos, el coronel ordenó una salida de cuarenta hombres para que se aprovisionaran en un molino cercano. Aunque fueron recibidos con una fuerte descarga, finalmente lograron su propósito y regresaron con varios sacos de harina.

A las nueve de la noche se recibió la orden de evacuar Mérida:

Cuartel General de Torremocha,  11 de junio de 1809.

Sr. Comandante, 

Tengo el honor de informarle que, de conformidad con las órdenes del Mariscal Duque de Belluno, deberá evacuar la fortaleza de  Mérida la noche del 12 al 13.

Le remito las  disposiciones adoptadas por su excelencia:

Diecisiete carros serán necesarios para sacar las piezas hasta Mirandilla. Mañana, doce de junio, el General Latour-Maubourg con cuatro regimientos de dragones y el noveno de infantería ligera llegará a Mirandilla. Esa noche partirán, por lo que usted deberá desalojar la guarnición de Mérida con los diecisiete carros durante la noche del 12.

Mientras los artilleros cargan las piezas de campaña, la guarnición deberá destruir las obras de defensa para procurar que la plaza quede desguarnecida.

Tan pronto como las piezas y la munición estén listas, deberá informar al General Latour-Mauborug y ponerse en marcha hacia Albalá. Aquí, el General le dará las instrucciones precisas.

Deberá tomar todos los víveres que se encuentren en la fortaleza y ocultar los preparativos de la marcha al enemigo; para ello se evacuará de forma rápida y silenciosa.

Tengo el honor, etc.

El General en Jefe del Estado Mayor General, Semellé”.

13 de junio. A las cuatro de la mañana, la guarnición salió de Mérida habiendo destruido o arrojado al Guadiana todo aquello que pudiera servir al enemigo. A una legua de la plaza les esperaban cuatro regimientos de dragones que harían de escolta. Cuando tan sólo había transcurrido media hora, apareció un destacamento de caballería española que, de inmediato, fue puesto en fuga por una carga de los dragones. Por la tarde llegaron a Albalá, donde los holandeses recibieron nuevas órdenes del ya próximo cuartel general de Torremocha para que continuaran la marcha hasta Trujillo, donde les esperaba una compañía de su regimiento[41].

17 de junio. Una vez reunido el destacamento holandés en Trujillo, el coronel Storm de Grave asumió el mando y emprendió la marcha hacia hacia Almaraz, donde debían reunirse con el grueso de la División alemana que defiendía el paso del puente[42]. A los pocos kilómetros, el teniente Holtius-Lans y sus veintidós fusileros, fueron sorprendidos y rodeados en una aldea por doscientos campesinos armados: trece de los holandeses fueron torturados y asesinados, mientras que los otros nueve pudieron escapar en un descuido de los asaltantes, dejando atrás todas sus pertenencias[43].

Después de una marcha ininterrumpida de tres días, los holandeses se agruparon con su regimiento. Tras ellos seguirían el grueso de las tropas francesas que comenzaban a  agruparse para hacer frente a los españoles en Talavera. Días después de esta trascendental batalla, el coronel recibirá la noticia de su ascenso a general de brigada y la siguiente carta elogiando su comportamiento:

Cuartel General de Daimiel, 21 de agosto de 1809

Mi valeroso Coronel Storm de Grave,

Desde el momento en que la División Alemana se reunió con el resto del Cuerpo del Ejército, ésta ha continuado la marcha. Esta circunstancia me ha impedido trasmitirle la carta que su Excelencia el Duque de Belluno me ordenó escribirle, trasladándole el impresionante testimonio y satisfacción que ha tenido su comportamiento en este Cuerpo y, especialmente, en lo relativo a Mérida, donde destacó. Reciba el agradecimiento de su Excelencia:

Sr. Coronel,

El comportamiento que ha mantenido al frente de las tropas holandesas en el sitio de Mérida, está por encima de toda alabanza. Abandonados a sus propios recursos, consiguió  defender con valor y tenacidad la plaza.

El Mariscal Duque de Belluno, Comandante en Jefe, comunicó a Su Majestad el Rey de España y de las Indias, que habéis servido en esta circunstancia de excelente manera; en consecuencia su Excelencia tiene el agrado de comunicarle una información que será de su satisfacción.

El Mariscal eleva en el informe a su Majestad el reconocimiento de los capitanes Nyvenheim, Liebergen y Hugon, así como el de los tenientes Herkenrath, Mohr y Schönstadt, su excelente asistencia en la defensa de la fortaleza de Mérida, para que haya obtenido este fin.

Tengo el honor tenerle en completa estima,

El General en Jefe del Estado Mayor General, Semellé”[44].

Sin embargo, pese al reconocimiento del mariscal Victor, la memorable defensa de Mérida pronto sería relegada en el transcurso de las grandes operaciones militares de la Guerra de la Independencia Española. Por esta razón, el hijo del coronel Storm de Grave creyó necesario glosar esta gesta y dedicar un capítulo completo de su obra a “narrar la heroica defensa de unos pocos valientes, que resistieron durante treinta días abandonados y sin recursos, recibiendo una lluvia diaria de proyectiles, frente a un ejército de cinco mil hombres[45].

Este episodio, que forma parte de la historia de nuestra región, merecería al menos una inscripción en el propio Conventual Santiaguista de Mérida, evocando la gesta de estos hombres en un edificio tan emblemático como el que en la actualidad ocupa la sede de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Extremadura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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STORM DE GRAVE, Antonie Johan Pieter. Mijne herinneringen uit den Spaanschen veldtogt, gedurende de jaren 1808 en 1809. Amsterdam, 1820.

 

 

[1] Esta historia fue muy pronto llevada al cine y, ya en 1915, Christy Cabanne dirigió Mártires de El Álamo. A este trabajo siguió, en 1952, la película de Budd Boetticher El desertor de El Álamo y, en 1960, la más reseñable El Álamo, dirigida y protagonizada por John Wayne. Existen otras menores y más recientes como la de 1983, Última noche en El Álamo, de Eagle Pennell, la de 1987, El Álamo: trece días para la gloria, de Burt Kennedy, y la más reciente de 2004, El Álamo: la leyenda dirigida por John Lee Hancock.

[2] La determinación del capitán Neila y sus héroes de Cascorro, quedó reflejada en la nota remitida a los insurrectos cubanos cuando les intimaron rendirse, contestándoles al respecto que había “admitido al parlamentario que me envía V.d porque creía que habiéndose desvanecido todas vuestras ilusiones de triunfar, y aprovechando la bondad de España, veníais a acogeros al indulto. Nosotros no nos rendimos nunca” MELÉNDEZ TEODORO, Álvaro. Apuntes para la Historia Militar de Extremadura. Cuatro Gatos. Badajoz, 2008; p. 528.

[3] El general Cuesta cuenta que “después de la batalla me retiré, envuelto en un fuerte temporal que sobrevino en aquel momento, herido y estropeado, con los restos del ejército, a Monesterio, último pueblo de Extremadura sobre el camino real a Sevilla; y a pesar de los defectos de aquella posición, de la proximidad del enemigo, y de las insinuaciones de la junta central para que estableciese mi cuartel general en Santa Olalla, tuve la constancia de mantener el puesto dentro de la provincia de Extremadura, para que no desmayasen los leales y bizarros extremeños, extendiendo mis avanzadas hasta Fuente de Cantos a fin de observar al enemigo.” GARCÍA DE LA CUESTA, Gregorio. Manifiesto que presenta á la Europa el capitán general de los Reales Egércitos Don Gregorio García de la Cuesta, sobre sus operaciones militares y políticas desde el mes de junio de 1808 hasta el día 12 de agosto de 1809, en que dejó el mando del Egército de Estremadura. Mallorca, 1811; p. 40.

[4] GÓMEZ VILLAFRANCA, Román. Extremadura en la Guerra de la Independencia Española. Memoria Histórica y Colección Diplomática. Badajoz, 1908; p. 121

[5] Pese a todo, hay que señalar que el episodio de la defensa de Mérida se encuentra recogido en la historia del 125º regimiento de infantería de línea francés, ordinal con el que fue renombrado el segundo regimiento del Rey de Holanda comandando por Storm de Grave, cuando Napoleón decidió integrar en la Grande Armée los ejércitos de este país, ante la negativa de su hermano Luis a aportar efectivos para combatir a Gran Bretaña. Al mismo hemos acudido para corroborar los datos que se contienen en el diario del coronel. ROULIN, Louis Léon Christophe. Historique du 125ème régiment d’infanterie.  Orleans, 1890; pp. 80-83.

[6] Adriaan Willem Storm de Grave, nació en nació en Hattem, el 13 de octubre de 1763 y murió en Breda el 23 de enero de 1817. Entró al servicio como cadete con diez años de edad en el regimiento que comandaba su padre donde, con diecisiete años fue nombrado capitán. Con este grado participó en la Campaña contra la Convención. En 1788 se casó con Maria Cornelia de Laver (1760-1814), con quien tuvo tres hijos y una hija. Cuando las Provincias Unidas cayeron bajo la influencia francesa, se integró en la División de Daendels y, en 1799 fue nombrado comandante de batallón. Hizo la guerra contra Gran Bretaña y en 1805 ascendió a mayor, comandando el primer batallón del segundo regimiento de infantería de la línea. En 1806 hizo la Campaña de Prusia y, al año siguiente, la de Pomerania, destacándose en el sitio de Straldson. En agosto de 1808 el batallón de Storm de Grave fue movilizado para participar en la Guerra de la Independencia Española. Tras destacarse en la batalla de Zornoza, fue promovido a coronel, cuyo nombramiento se hace efectivo el 10 de diciembre de 1808. En la Campaña Española se destacó fundamentalmente por la defensa del Conventual Santiaguista de Mérida. En agosto de 1809 abandonó España, siendo nombrado general brigada en la División Dumonceau. En 1810 Francia se anexionó definitivamente Holanda y sus regimientos fueron integrados en la Grande Armée; Storm de Grave pasó a desempeñar la prefectura del Ródano y del Loira, hasta que en 1812 fue reasignado de nuevo a la Península, donde participó en las batallas de Salamanca y Vitoria. En esta última fue herido de gravedad en una pierna, por lo que estuvo convaleciente durante algunos meses. Se retiró del servicio, en marzo de 1814 y el 28 de abril de 1815 se casó en segundas nupcias con Susanna Maria Nering Bögel (1783-1827). Al año siguiente fue nombrado teniente general en la reserva. El 23 de enero de 1817 muere en Breda. MOLHUYSEN, Philip Christiaan. Nieuw Nederlandsch biografisch woordenboek. Tomo V. Leiden, 1921; pp. 822-826.

[7] David Hendrik, barón de Chassé. Nació en Tiel, 18 de marzo de 1765, y murió en Breda, el 2 de mayo de 1849). Puede consultarse su biografía en MULLIÉ, Charles. Biographie des célébrités militaires des armées de terre et de mer de 1789 à 1850.Volumen I. Paris, 1851; pp. 304-305.

[8] Este número importante de fuerzas, quedó reducido al  inicio de la campaña de Extremadura, a 1653 hombres, de los cuales 602 holandeses se encontraban hospitalizados en Toledo desde enero de 1809.COSTA DA SERDA, Émile. Opérations des Troupes Allemandes en Espagne, de 1808 a 1813. Paris, 1874; p. 33.

[9] Referencias a la Confederación del Rin y la División alemana. Vid. MARABEL MATOS, Jacinto Jesús. “GroB und Erbprinz (I): Badajoz o el honor de Hesse-Darmstadt”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXIX nº 3. Diputación de Badajoz, 2013; pp. 1739-1766.

[10] Antonie Johan Pieter Storm de Grave también nació en Hattem, el 12 de agosto de 1788, y murió en Roermond, el 18 de enero de 1864. Hijo primogénito del coronel, se unió al batallón que comandaba su padre el 17 de agosto de 1801. Con él hizo la Campaña contra Rusia, Prusia y Pomerania, así como el sitio de Stralsond. Siguió al primer batallón del segundo regimiento en España. El 11 de febrero de 1809 fue separado temporalmente de su padre para ejercer de ayudante del general Leval, asistiendo a todas las batallas en las que este participó. Cruzó la frontera francesa el 23 de diciembre de 1809 al frente de una columna de 22.000 prisioneros, regresó a Holanda donde fue nombrado ayudante de campo del ya por entonces general Storm de Grave. Ambos vuelven a España y participan en la batalla de Salamanca. Tras la caída de Napoleón en 1814, abandona el servicio y, tras la muerte de su padre, decide publicar los recuerdos de la Campaña Española. Vuelve después al ejército y es nombrado comandante de la sexta región militar, finalmente alcanza el grado de coronel el 1 de febrero de 1863, retirándose en 1875 con este grado. Muere tres año más tarde. Se casó con Caroline Wilhelmine Antoinette van den Heuvel con quien tuvo un hijo, Emile Willem Carel Cornelis. MOLHUYSEN, P.C. Nieuw Nederlandsch…, ob.cit ; pp. 827-828.

[11] STORM DE GRAVE, Antonie Johan Pieter. Mijne herinneringen uit den Spaanschen veldtogt, gedurende de jaren 1808 en 1809. Amsterdam, 1820; p. 138.

[12] Vid. Por todos, LAMARE, Jean-Baptiste Hippolyte. Relation de la deuxième défense de la place de Badajoz en 1812, par les troupes françaises de l’armée du midi en Espagne, contre l’armée anglo-portugaise. Paris, 1821. Relation des sièges et défenses d’Olivença, de Badajoz et de Campo-Mayor, en 1811 et 1812, par les troupes françaises de l’armée du Midi en Espagne. Paris, 1825. Relation des sièges et défenses de Badajoz, d’Olivença et de Campo-Mayor, en 1811 et 1812, par les troupes françaises de l’armée du Midi en Espagne, sous les ordres de M. le maréchal duc de Dalmatie. 2e édition, augmentée d’observations critiques et suivie d’un projet d’instruction à l’usage des gouverneurs des places fortes. Paris, 1837.

[13] El coronel Schepeler fue ayudante del general José de Zayas, con el trabó una gran amistad, tuvo un protagonismo crucial en los acontecimientos, por lo que con seguridad reflejó la opinión del español en su obra. SCHEPELER. Berthold Andreas Daniel. Geschichte der Revolution Spaniens und Portugal und besonders des daraus enistandenen Krieges. Volumen  II. Berlín,1827; pp. 402-403.

[14] RIGEL, Franz Xaver. Der Siebenjährige Kampf Auf Der Pyrenäischen Halbinsel Vom Jahre 1807 Bis 1814. Darmstadt, 1820; pp. 257-268.

[15] BOSSCHA, Johannes. Neerlands Heldendaden te Land, Van de Vroegste Tijden af to op Onze Dagen. Volumen III. Leeuwarden, 1856; pp. 238 – 242.

[16] Según el informe que el mariscal Victor dirige al rey José. COSTA DA SERDA, E. Opérations…, op.cit.; p. 51.

[17] BOSSCHA, J. Neerlands Heldendaden…, op.cit.; pp. 237-238.

[18] RIGEL, F.X. Der Siebenjährige…; op.cit.; pp. 257-258.

[19] Jean Baptiste-Pierre Semellé, nació en Metz el 16 junio de 1773 y murió en el castillo de Urville, cerca de Courcelles-Chaussy, el 24 de enero de 1839. Entró en España como jefe del Estado Mayor del I Cuerpo, con el que hizo toda la Campaña de Extremadura. El 31 de julio de 1811 fue ascendido a general de división, y el 10 de octubre se le asignó al IV Cuerpo del general Sebastiani. En 1812 pasó al ejército de Andalucía y dirigió el sitio de Cádiz hasta el 25 agosto. En enero de 1813 regresó a Francia. Su nombre está grabado en el lado oeste del Arco del Triunfo. Estos apuntes biográficos pueden ampliarse en BÉGIN, Émile Auguste. Biographie de la Moselle. Volumen IV. Metz, 1832; pp. 218-228.

[20] La guarnición, encerrada en la alcazaba, se aisló de la ciudad, por lo que, para contener en la medida de los posible un asalto a sangre y fuego de los españoles, el general también autorizó a retener dentro de la misma a algunos de los más distinguidos habitantes de Mérida. Esta fue la causa que provocó, con toda probabilidad, que el general Zayas no se atreviera a destruir completamente el Conventual Santiaguista donde resistía Storm de Grave y los suyos, y que se despacharan parlamentarios durante casi todo el tiempo que duró el cerco para negociar la salida de los ilustres ciudadanos. En este sentido, el general Semellé otorgó al coronel Storm de Grave plenos poderes para mantener la defensa de Mérida durante todo el tiempo que fuera posible: “Usted, como comandante de la plaza, podrá reclamar paisanos para emplearlos [en los trabajos de la fortaleza]. Trujillo y Mérida son los dos pivotes sobre los que el Cuerpo del Ejército debe maniobrar. Ambas plazas aseguran el suministro de alimentos y municiones, así como el depósito y auxilio de los heridos y enfermos. Así pues, señor coronel, podrá tomar las medidas que considere oportunas para mantener la fortaleza de Mérida que, junto a la de Trujillo, nos permitirá mantener el paso del Guadiana. Se le confía la defensa de la misma, pues Su Excelencia el Mariscal Duque de Belluno está persuadido de no elegir mejor, en tanto le precede la fama en la dirección de las tropas en las distintas batallas en las que ha participado. En cualquier circunstancia adversa, el Cuerpo del Ejército podrá acudir a su auxilio en el tiempo preciso. Tengo el honor de tenerle, mi querido coronel, en la más grande estima. El General en Jefe del Estado Mayor, Séméllé.” STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, ob.cit.: pp. 115-117.

[21] BOSSCHA, J. Neerlands Heldendaden…,op.cit; p. 239. Los nombres de los comandantes de las compañías deNassau y Hesse-Darmstadt son aportados por SMITH, Digby. Napoleon’s German Division in Spain. Huntingdon, 2012; pp. 75-76.

[22] GÓMEZ VILLAFRANCA, R. Extremadura…, op. cit.; p. 138.

[23] STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, op.cit; p. 116.

[24] RIGEL.F.X. Der Siebenjährige…, op.cit.  pp. 258-259.

[25] ROULIN, L.L.C. Historique…;  op.cit.; p. 83.

[26] RIGEL.F.X. Der Siebenjährige…, op.cit.; p. 260.

[27] STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, op.cit; p. 121.

[28]Ibid.; p. 121.

[29] Parece que respecto a este asunto, efectivamente, las interpretaciones de ambos bandos podía derivar del tipo de información que les hubiera llegado de la Campaña del Danubio, pues si bien a mediados de abril de 1809 la iniciativa era de las tropas austriacas, que habían ocupado Baviera comprometiendo seriamente a Berthier, posteriormente, a mediados de mayo y pese a que Napoleón tomó el mando de las operaciones, los franceses fueron derrotados en Aspern y Essling, como Zayas había vaticinado. Sin embargo, la derrota definitiva de los austriacos se produciría, una vez recompuesto el ejército francés, no mucho más tarde, entre el 5 y el 6 de julio de 1809.

[30] El 18 de mayo, las tropas francesas comenzaron a evacuar las posiciones de Alcántara. Como Mérida continuaba cercada, Victor estableció el cuartel general en Torremocha, con guarniciones en Alcuéscar y Montánchez, a medio camino de Mérida y Trujillo. Desde aquí escribió a Jourdan el 21 de mayo: “El propósito de nuestra marcha hacia Álcantara se ha cumplido, porque he conocido que el enemigo ha avanzado hacia nosotros facilitando la situación del Duque de Dalmacia; tras esto tuve que regresar rápidamente al Guadiana para recibir al ejército de Cuesta, que ha tomado el gusto de seguirnos.” DU CASSE, Albert. Mémoires et Correspondance Politique et Militaire du Roi Joseph. Volumen VI. Paris, 1854; p. 163.

[31] STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, op.cit; pp. 125-126.

[32] La Junta afín al rey José, que disputaba la legitimidad de la homónima Suprema de Extremadura, estaba formada por los juramentados Rivas, Otazo, Hernández, Berrocal, Pacheco, Cordero y Collado, actuando de secretario Pedro Antonio Carril. Constituida el 3 de mayo de 1809 elevaron el siguiente acta de acatamiento a los ocupantes: “Hace treinta y nueve días que el Ejército victorioso en Medellín tiene su cuartel general en esta ciudad y ocupa la Provincia, y cuando la mayor parte de las demás del Reino se hallan dominadas y han dado su obediencia a V.M., Mérida no debe diferirla ni dar motivo a ser tenida en el número de los pueblos obstinados y rebeldes. Ahora lo manifiesta a V.M. por  medio de esta reverente carta acordada en Junta de los jueces y diputados representantes de la ciudad y pueblos del partidos, reservando enviar un diputado luego que lo permitan las circunstancias, a besar la Real mano de V.M. y si es cierto que Mérida hasta ahora ha sido fiel al anterior gobierno, esto mismo será ante la penetración de V.M. la mejor prenda de que será igualmente fiel y leal a su nuevo Soberano, de cuya paternal beneficencia espera que se digne a tener en consideración, a una capital y partido que ha sufrido extraordinarios sacrificios e irremisibles daños por la dilatada estancia de ejército en este país. Dios guarde la C.R.P. de V.M. dilatados años para restablecer y elevar la Monarquía a su felicidad y gloria se lo rogamos. Mérida, 3 de mayo de 1809. S.A.L.R.P. de V.M. Fue acordado y que se comunicase por su inteligencia y cumplimiento a los pueblos del partido. Rivas, Otazo, Hernández, Berrocal, Pacheco, Cordero, Collado y Pedro Antonio Carril, Secretario.”. GOMÉZ VILLAFRANCA, R. Extremadura…, op. cit.; pp. 209-210. II Parte.

[33] STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, op.cit; p. 128.

[34] Carta de Victor a Jourdan desde Torremocha, de 29 de mayo de 1809.   DU CASSE, A. Mémoires…; pp. 178-180.

[35] Carta de Jourdan a Victor desde Madrid, de 1 de junio de 1809. Ibid.p. 184.

[36] MUÑOZ MALDONADO, José.  Historia Política y Militar de la Guerra de la Independencia de España contra Napoleón Bonaparte, desde 1808 a 1814.Tomo II, Madrid, 1833; pg. 185. Maldonado consigna en 400 los dragones franceses situados en Aljucén y 600 los de Mirandilla. No debieron ser tantos, puesto que la acción, poco conocida, fue ensalzada por el propio general Cuesta en su memorial y el número de bajas del enemigo que refiere es mucho menor: “el ataque de Aljucén por el comandante de la vanguardia D. José de Zayas, [resulta] más digno que otros muchos de haberse publicado… pues mató a 50 o 60 de la caballería enemiga, hiriendo a mayor número y quedando dueño del puesto todo el tiempo que juzgó conveniente”. GARCÍA DE LA CUESTA, G. Manifiesto…, op. cit; p. 50.

[37] STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, op.cit; p. 130.

[38] Uno de ellos, el capitán Van Liebergen, evacuado junto al resto de heridos, morirá el 12 de julio siguiente en el hospital de Toledo. ROULIN, L.L.C. Historique…, op. cit.; p.84.

[39] La acción es referida por algunos periódicos. Así, en el Atalaya Patriótico de Málaga nº XIX, 17 de junio de 1809, se recoge la noticia recibida desde Zafra el 9 de junio anterior: “Antes de ayer D. Josef de Zayas con un fuerte destacamento vadeó el Guadiana y acometió a los franceses de Mérida obligándolos a encerrarse en el convento, contra el que mantuvo un vivo fuego, mientras se tomaban 600 fanegas de trigo y 100 de harina que los franceses tenían en aquel punto para auxiliar a una división que carecía de bastimentos, y lo cual no pudieron impedir los enemigos”. También GÓMEZ VILLAFRANCA hace mención al episodio cuando señala que el 7 de junio, don Manuel de Soto y Valderrama, informa desde Mérida: “los franceses no bajan a Mérida hace dos días en partidas de descubierta desde Mirandilla, como lo han acostumbrado antes. Esta mañana han venido a Mérida como 1.000 infantes y 500 caballos de la Vanguardia de nuestro Ejército que está en Calamonte, y han extraído de esta ciudad todo el trigo y harinas del Pósito que había de repuesto, encaminándolo para nuestras tropas a aquel punto. En el tiroteo suscitado con este motivo, se sabe de positivo ha sido herido un capitán francés en el mismo Conventual” GOMÉZ VILLAFRANCA, R. Extremadura…, op. cit.; pp. 141-142.

[40] El diario del coronel tan sólo refiere la detención el día 9 de junio de tres paisanos, acusados de haber dado muerte a un soldado, que fueron encarcelados pendientes de ser enviados al cuartel general para enjuiciarlos. STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, op.cit; p. 131.

[41] No obstante, el tren de diecisiete vagones con la artillería se queda en Torremocha, al mando del coronel Bouchu. Ibid.; pp. 136-137.

[42] ROULIN, L.L.C. Historique…, op. cit.; p.85.

[43] BOSSCHA, J. Neerlands Heldendaden…,op.cit; p. 234.

[44] STORM DE GRAVE, A.J.P. Mijne…, op.cit; p. 140-143.

[45] Ibid.; p. 138.