Oct 012002
 

José Ramón González Cortés.

INTRODUCCIÓN

En la línea del sindicalismo moderno orientado a dar una mayor cobertura a sus afiliados en todos los ámbitos de su vida, la UGT asumió un conjunto de fines y actuaciones más allá de los objetivos meramente sindicales, y ello le convirtió en el centro de una red de servicios y de un sistema de relaciones políticas, económicas y culturales. Entre estos fines, el desarrollo de una cultura de la clase obrera se tornó una de las principales inquietudes del sindicalismo socialista, atento siempre a todo cuanto supusiese una mejora en el nivel cultural de la clase trabajadora.

Nuestra aproximación a este fenómeno de la cultura de la clase obrera se realiza desde una concepción de la cultura como saber o conocimiento que incluye los instrumentos y mecanismos para acceder a ella, y tendremos muy presente la instrumentación ideológica de muchas iniciativas. No se puede desdeñar el carácter político que la cultura poseía en los planteamientos socialistas, pues éstos la entendían como instrumento de liberación del proletariado: la cultura era el cauce de la toma de conciencia de su situación y de la necesaria superación del capitalismo por una sociedad más igualitaria.

De modo que según tales postulados los conceptos de “cultura”, “educación” y “ocio” están insertos dentro del más amplio de “cultura de la clase obrera”. Hay que tener en cuenta que los socialistas empleaban indistintamente las nociones de “cultura” y “educación” para referirse a la formación intelectual, moral y política del obrero. Sin embargo, para una mejor exposición de estas ideas, se ha estimado conveniente emplear el concepto de “cultura” para las actividades formativas informales y la noción de “educación” para aquellas actuaciones formativas de carácter reglado[1].

Tampoco son fáciles de deslindar los conceptos de “ocio” y “cultura”. Pero denominaremos “ocio” a ese conjunto de actividades voluntarias que proporcionan un estado de satisfacción personal y que son decisivas en cuanto a los mecanismos de consenso, reproducción y estabilización social[2].

Como se apuntó arriba, el sindicalismo socialista se encaminó a mejorar la formación, educación y entretenimiento de los trabajadores, por supuesto además de preocuparse por la conquista de mejoras materiales como la reducción de la jornada laboral o el aumento de los salarios para la clase obrera.

A partir de mediados de la segunda década del siglo pasado las organizaciones social-ugetistas comenzaron a desarrollar múltiples actos culturales, casi siempre con una evidente carga político-sindical y de identificación con los principios básicos del ideario social-ugetista. En definitiva, se trataba de prácticas socializadoras de reunión, confraternización y debate a través de las cuales se difundían ideas, se formaban pautas de conducta y era reforzada la conciencia de grupo. Se aspiraba así a establecer una cultura de la clase obrera, alternativa a la oficial.

Todos estos actos y actividades solían celebrarse en las Casas del Pueblo. Estaban concebidas como la base física de la propaganda social-ugetista: eran un lugar de reuniones y un foco de formación y conciencia ideológico-política para sus asociados. Se celebraban incluso conferencias promovidas por organismos ajenos al movimiento socialista siempre que versaran sobre asuntos de interés común y pudiesen contribuir a mejorar la formación y educación de los obreros.

Éste fue el caso de la Casa del Pueblo de Cáceres surgida en 1913, si bien hasta años después no alcanzaría cierta madurez político-asociativa: el 7 de diciembre de 1918[3] se integraron en la misma la Federación Local Obrera, la Agrupación Socialista Cacereña y las diversas sociedades de oficios varios adheridas a la UGT, mientras que la Federación Provincial Obrera de Cáceres se integraría en 1919. A partir de este momento, dichas organizaciones fomentaron diversas actividades culturales y así se hace constar en sus estatutos. Por poner un ejemplo, en el artículo 4º de éstos la Federación Local Obrera de Cáceres expresaba su pretensión del “mejoramiento moral y material de sus afiliados[4].

Asimismo, en junio de 1931 se crearon las Juventudes Socialistas de Cáceres, organización que también se integró en la Casa del Pueblo y en la que desarrolló durante el periodo republicano una intensa actividad cultural, pues recayó sobre sus jóvenes militantes la organización de gran parte de las tareas educativo-formativas. Además a todas estas organizaciones, hemos de recordar que desde finales de 1932 se creó una fracción comunista dentro de la Casa del Pueblo, y sus militantes desarrollaron durante todo el periodo republicano numerosas actividades de este tipo.

II. LA CASA DEL PUEBLO DE CÁCERES.

La Casa del Pueblo de Cáceres, sita en la calle Olmo número 9, se convirtió en el referente material de los obreros de la capital y de parte de la provincia, al encontrarse integrada en su seno la Federación Provincial Obrera. Desde la misma se desarrolló una visible preocupación por erradicar la ignorancia entre los trabajadores cacereños, y se aprovecharon las posibilidades existentes para ofrecerles unos bienes y servicios que entonces eran patrimonio casi exclusivo de algunas minorías. No se olvide que el atraso formativo de las clases trabajadoras estaba estrechamente relacionado con la deficiencia de escuelas y centros culturales en la ciudad de Cáceres. La capital padecía un bajo nivel de instrucción elemental.

En este sentido, los datos del censo de población de 1930 -el último antes de la instauración de la República- nos muestran un panorama poco halagüeño, y con toda seguridad responde a las mismas directrices el momento de constitución de la Casa del Pueblo en 1913. Según dicho registro, de los 25.869 habitantes censados en la ciudad en 1930, sabían escribir 14.234 y no sabían leer 10.844 habitantes[5].

Nos encontramos por tanto ante un bajo nivel cultural: la alta tasa de analfabetismo rondaba el 47% en las mujeres y el 36% en los hombres. De esta forma el control de la oligarquía cacereña sobre la clase trabajadora se facilitaba notablemente, pues a la dependencia económica se añadía la supeditación ideológica de la segunda con respecto a la primera[6].

Ante estas deficiencias educativas (que no sólo se daban entre los afiliados de base, sino también entre gran parte de los dirigentes de las organizaciones que componían la Casa del Pueblo), esta entidad tuvo a bien desarrollar campañas, iniciativas y actividades encaminadas a aumentar y mejorar la formación político-sindical y cultural de sus miembros.

A esta finalidad respondió una temprana iniciativa cultural, la creación de una biblioteca en la Casa del Pueblo, cuyo objetivo fundamental fue fomentar el hábito de la lectura entre los obreros[7]. Dicha actividad resultó tan exitosa que en los estatutos de 1923 se incorporaba como miembro de pleno derecho del Comité Ejecutivo Local al bibliotecario[8]. De hecho, Antonio Canales, uno de los más destacados dirigentes del social-ugetismo cacereño fue uno de sus primeros bibliotecarios.

Como puede suponerse, la biblioteca se surtió en principio de obras provenientes de donativos de militantes a las que se irían agregando luego folletos propagandísticos y publicaciones periódicas como Unión y Trabajo, El Socialista o El Boletín de la UGT[9]; también es posible la presencia de algunos ejemplares de Mundo Obrero dada la integración de los comunistas cacereños en la Casa del Pueblo.

Consecuencia de este peculiar proceso de recopilación de libros y materiales, no faltan en las fuentes consultadas las referencias a unos fondos bibliográficos “inadecuados” para las necesidades intelectuales de los obreros cacereños. Las obras disponibles se caracterizaban por su fuerte heterogeneidad, tanto en materias como en autores; predominaban las obras literarias, y las materias sociales y políticas[10]. Como la biblioteca tenía una sección circulante (un servicio a domicilio[11]), no podemos descartar la existencia de algún grupo de lectura, seguramente muy pequeño e inestable.

Como ya hemos señalado con anterioridad, a la Casa del Pueblo llegaba la prensa obrera. Además esta organización gozaba desde sus inicios de una importante tradición periodística que le llevó a editar El Socialista Extremeño, primera muestra de la prensa obrera en Cáceres y antecedente de Unión y Trabajo. Aparecido en 1915 y editado por la Minerva Cacereña, terminaría consolidándose como el órgano de expresión de la Casa del Pueblo con una tirada aproximada de 4.000 ejemplares[12].

Si bien Unión y Trabajo tenía una periodicidad semanal, la dirección de la Casa del Pueblo era consciente de “la importancia de tener un periódico diario que contrarrestara la información aportada por las derechas”[13], y por ello aspiró a convertir el semanario en diario, aunque dichos intentos no fructificaron[14].

En cuanto prensa obrera que era, este periódico ejerció una importante influencia al divulgar los planteamientos ideológicos defendidos por las organizaciones social-ugetistas. Con esta labor de propaganda se pretendía, por un lado, orientar a aquellos afiliados cuyos ideas y actitudes no siempre estaban en consonancia con la línea estratégica mostrada por el movimiento socialista y, por otro, atraer a nuevos militantes[15]. Pero Unión y Trabajo actuó también como difusor de las actividades formativas organizadas por la Casa del Pueblo. En sus páginas se observa una gran preocupación por los temas culturales, y desde éstas se incita a la asistencia a una considerable cantidad de conferencias, mítines y manifestaciones.

La difusión provincial de dicho periódico permitía al mismo tiempo cohesionar a las diferentes organizaciones social-ugetistas, repartidas por toda la provincia y alejadas geográficamente, y en ocasiones se tornó en el único nexo de unión entre algunas de estas sociedades y la dirección. Esta circunstancia viene a reforzar la idea del importante papel ideológico y educativo de la Casa del Pueblo de Cáceres no sólo sobre la capital sino sobre el resto de los afiliados provinciales de la UGT.

Otra actividad de gran relevancia fue la creación en la Casa del Pueblo de una escuela mixta para los hijos de los trabajadores y de clases para los adultos. Resultó un sustitutivo de la educación oficial, y se puso especial empeño en destacar su carácter racionalista y laico[16].

A las clases de mayores, organizadas en horario vespertino o nocturno, asistían mayoritariamente los adultos analfabetos y jóvenes obreros ugetistas con un mayor grado de instrucción. Además de la educación obrera, en las mismas se desarrollaba una labor de alfabetización y se impartían conocimientos profesionales o de cultura general como la gramática y geometría. Además, y dada la existencia en Badajoz de grupos esperantistas que impartían clases del idioma internacional y cultura general, no parece desatinado imaginar la posibilidad de que esta experiencia también tuviera lugar en Cáceres.

Esta enseñanza abarcaba distintos niveles: educación política y partidaria, instrucción primaria y alfabetización, formación profesional y cultura general. Dado la concepción de los dirigentes locales de la UGT, la educación debía tener como componente principal el obrerismo: no por casualidad las clases se impartían en la Casa del Pueblo, y los maestros y maestras procedían de las bases socialistas[17].

Como se puede suponer, la concepción instrumental de la educación impedía toda tentativa de autonomizar el trabajo cultural de la ideología. No obstante conviene indicar que la incidencia real de esta escuela (conformada seguramente por una sola aula, sería muy limitada), debido a la precariedad de sus medios económicos y al escaso número de alumnos que asistirían a ella[18].

A pesar de ello la importancia que las organizaciones social-ugetista daban a la pedagogía motivó que en los estatutos de la organización local obrera de 1923 se recogiera la necesidad de atender al sostenimiento de la escuela. Pero la exigua cuota de los afiliados -0´40 pesetas los hombres y 0´20 las mujeres- y la amplitud de los objetivos y los servicios determinó que el centro educativo se viera abocado a la precariedad económica y a la provisionalidad operativa[19].

La celebración de conferencias, charlas y mítines constituye otro tipo de manifestación a medio camino entre lo cultural y lo educativo. Se pretendían con éstas elevar el “nivel moral e intelectual”de los socios y ampliar, en lo posible, su educación sindical[20]. Las actividades iban desde la simple e improvisada conversación o discusión hasta la organización metódica de reuniones a la que eran invitados destacados dirigentes foráneos.

Una clase frecuente de actos lúdico-recreativos, nunca exentos de connotaciones propagandísticas[21], fueron las veladas artísticas, las representaciones de obras teatrales y los números musicales. Las actuaciones corrían a cargo del Cuadro Escénico de la Casa del Pueblo. Así, este grupo era el encargado de amenizar las conmemoraciones de las grandes fechas republicanas (el Primero de mayo, del aniversario de la Comuna) y de los homenajes a destacados militantes, como el celebrado a finales de noviembre de 1933 para conmemorar la muerte de Pablo Iglesias[22].

La Casa del Pueblo de Cáceres también fomentó la creación de un Grupo deportivo, pues el deporte era entendido como una actividad de ocio y elemento de regeneración moral[23].

Tras todas estas actividades latía la idea de que bastaba con dotar al ocio de un contenido ideológico adecuado para que la simple participación o asistencia a un espectáculo o manifestación deportiva se transformara en un acto de afirmación política o sindical. Resulta evidente que tras la labor desarrollada por la Casa del Pueblo en el sentido que venimos viendo se pretendía ensanchar su base militante, además de consolidar una conciencia de grupo y fortalecer la cohesión del mismo[24].

Por otro lado, no sería extraño que en este clima de interés por la formación y la “mejora moral y material de las condiciones de vida de los obreros cacereños” se dieran actuaciones tendentes a la superación de situaciones extemporáneas. Son un buen ejemplo de ello las campañas moralizadoras promovidas por la Casa del Pueblo, contrarias a la existencia de tabernas en los centros obreros y al consumo excesivo de alcohol por parte de los trabajadores. En esta línea, se publicó un artículo en agosto de 1934 que con el epígrafe “Voces de los Pueblos. El error de las Organizaciones Obreras” exponía que muchos centros obreros tenían su sede en una taberna y en otros una taberna era su sede, siendo necesario “luchar para convertir esos centros en Centros de cultura, escuelas y bibliotecas, que permitan una buena educación”[25].

Pero, si en las cantinas o cafés de las Casas del Pueblo siempre se permitió la venta de alcohol, no es menos cierto que los socialistas siempre mostraron una condena radical del consumo inmoderado de alcohol. Ello motivaría el rechazo de muchos dirigentes social-ugetistas hacia las tabernas, consideradas como lugares de embrutecimiento y pasividad frente a las injusticias sociales. Así, para unos eran “hediondos tugurios en el que aniquilan sus energías y envenenan su espíritu los trabajadores”[26], mientras para otros se trataba de lugares donde “consumían su vida los obreros”[27].

De todos modos, y a pesar de los muchos esfuerzos realizados por la Casa del Pueblo para ampliar la cultura de la clase obrera cacereña, esta -salvo contadas excepciones- debió de ser insuficiente por la escasa formación y el ambiguo grado de compromiso de la mayor parte de los militantes de base y de algunos de sus dirigentes. En este sentido, no debemos pasar por alto la estrecha relación existente entre el atraso cultural y el analfabetismo y la ausencia de de conciencia política. Ello se traduciría en el desarrollo de un notable control ideológico y en la realidad de una evidente apatía abstencionista.

La causa de este estado se sitúa en los muchos problemas por los que atravesó el movimiento obrero español, en general, y el cacereño en particular. Nos referimos a dificultades de supervivencia, crecimiento, creación, división o clandestinidad[28], que hicieron que asuntos de tipo educativo y lúdico ocupasen un lugar secundario, pese a las declaraciones formales en sentido contrario. La necesidad de priorizar los aspectos esenciales de la lucha política o sindical en una ciudad como Cáceres explica también la obligada subsidiariedad de cuestiones culturales entre los militantes de la Casa del Pueblo. Las reivindicaciones sobre problemas salariales o de jornada laboral, la articulación de unos mínimos mecanismos asistenciales y protectores y la democratización de los aparatos y vida del Estado consumieron mucho tiempo y energía.

BIBLIOGRAFÍA.

  • Arbeola, V.M., Las Casas del Pueblo, Madrid, Mañana, 1977.
  • Censo de población de España. 1930. Ministerio de Trabajo. Dirección General del Instituto Geográfico, Catastral y de Estadística, Madrid, 1932, tomo I.
  • Devois, J.M., “Historia de la prensa: el recurso del método”, en J.L. García Delgado (coord.), La crisis de la restauración en España, entre la primera guerra mundial y la II República, Madrid, Siglo XXI, 1986.
  • Gómez Carbonero, S., “El ocio y la cultura como factores de socialización política”, en S. Castillo y J.M. Ortiz de Orruño (coords.), Estado, protesta y movimientos sociales, Bilbao, Asociación de Historia Social, U.P.V., 1998
  • Guereña, J.L., “Las Casas del Pueblo y la educación obrera a principios del siglo XX”, en Hispania, (Madrid), vol. LI, núm. 178, 1991.
  • Luis Martín, Francisco de, “Las respuestas obreras a la cultura oficial en la España del primer tercio del siglo XX”, en Cincuenta años de cultura obrera en España. 1890-1940, Madrid, Fundación Pablo Iglesias.
  • Luis Martín, Francisco de, y Arias González, L., Las Casas del Pueblo socialistas en España (1900-1936). Estudio social y arquitectónico, Barcelona, Ariel.
  • Pérez Ledesma, M., El Obrero consciente, Madrid, Alianza Editorial, 1987
  • Sellers de Paz, G., La prensa cacereña y su época (1810-1990), Cáceres, Institución Cultural “El Brocense”, 1982.
  • Tuñón de Lara, M., “Prensa obrera como fuente histórica”, en VVAA., Prensa obrera en Madrid, 1855-1936, Madrid, Consejería de Cultura, 1987, pp. 23-31.

NOTAS:

[1] F. de Luis Martín, “Las respuestas obreras a la cultura oficial en la España del primer tercio del siglo XX”, en Cincuenta años de cultura obrera en España. 1890-1940, Madrid, Fundación Pablo Iglesias, pp. 3-8.

[2] Sobre los diversos conceptos y contenidos del ocio pueden verse los diversos trabajos aparecidos en

VV.AA., “Dossier: La mercantilización del ocio”, en Historia Socia (Valencia), núm. 41, 2001, pp. 65-167.

[3] Véase V.M. Arbeola, Las Casas del Pueblo, Madrid, Mañana, 1977, p. 62.

[4] “Reglamento de la Federación Local Obrera de Cáceres”, Archivo Histórico Provincial de Cáceres. Sección Asociaciones. Caja 9. 24-I-1923.

[5] Censo de población de España. 1930. Ministerio de Trabajo. Dirección General del Instituto Geográfico, Catastral y de Estadística, Madrid, 1932, tomo I, pp. 63 y ss.

[6] Aun avanzado el periodo republicano y tras dos años de gobierno municipal de la Agrupación Socialista, las carencias culturales de la clase trabajadora seguían siendo significativas. Buen ejemplo de ello lo constituyen algunas de las peticiones que en la festividad del 1º de mayo de 1933, realizó la Casa del Pueblo a la corporación municipal, referida a la necesidad de construcción de escuelas en las barriadas de San Mateo, Santiago y Plaza de América y a la creación e instalación de una biblioteca municipal. Véase Extremadura, 4-V-1933.

[7] Según Luis de Martín la biblioteca de la Casa del Pueblo de Badajoz llegó a tener aproximadamente, unos 1.000 volúmenes. Por eso pensamos que la de Cáceres debió tener cuanto menos de 500 o 600 ejemplares. Véase F. de Luis Martín y L. Arias González, Las Casas del Pueblo socialistas en España (1900-1936). Estudio social y arquitectónico, Barcelona, Ariel, p. 56.

[8] Véase “Reglamento de la Federación Local Obrera de Cáceres”, Archivo Histórico Provincial de Cáceres. Sección Asociaciones. Caja 9. 24-I-1923, p. 3.

[9] La existencia de este tipo de material no sería extraño puesto que un destacado dirigente de la Casa del Pueblo y presidente de la Federación Provincial, Felipe Granado, llegó a manifestar “que, para hacer la revolución, los obreros lo primero que tienen que hacer es pasar por las bibliotecas para ilustrarse”.

[10] Por desgracia, no contamos con ningún catálogo de obras aunque el de otras bibliotecas nos puede dar una idea de los fondos. Así, no sería extraño que se encontraran en la biblioteca de la Casa del Pueblo, además de las ya mencionadas publicaciones internas, libros de historia, filosofía, ciencia política, religión, ciencias puras y aplicadas. En cuanto a los autores, seguramente abundaban los escritos de líderes socialistas nacionales como Pablo Iglesias, Largo Caballero, Araquistain, Fernando de los Ríos o Andrés Saborit, además de las obras clásicas de Marx, Engels, Lenin y Trosky. En cuanto a los “literatos” posiblemente habría trabajos de Zola, Tolstoi, Víctor Hugo, Gorki, Galdós o Blasco Ibáñez. Por último, en relación con los trabajos de divulgación filosófica y científica, cabría destacar a autores como Darwin, Voltaire o Rousseau.

[11] V.M. Arbeola, Las Casas del Pueblo…, op. cit, p. 61.

[12] V.M. Arbeola, Las Casas del Pueblo…, op. cit, p. 62.

[13] No debe olvidarse que el surgimiento del movimiento obrero coincidió en el tiempo con los inicios de la cultura de masas, un proceso sociológico en el que la prensa adquirió un papel fundamental que llevaría al propio movimiento obrero a convertirlo en una herramienta esencial para su actuación. Véase M. Tuñón de Lara, “Prensa obrera como fuente histórica”, en VVAA., Prensa obrera en Madrid, 1855-1936, Madrid, Consejería de Cultura, 1987, pp. 23-31.

[14] Véase, G. Sellers de Paz, La prensa cacereña y su época (1810-1990), Cáceres, Institución Cultural “El Brocense”, 1982.

[15] La importancia de la prensa no debe desdeñarse como conformador de opinión y formación, llegando algunos autores a manifestar que “es el medio privilegiado de expresión de ideologías y como tal, es hoy testigo de lucha entre quienes la utilizaban como pieza clave del aparato de persuasión que les servía para asentar la dominación de clase y quienes precisamente ponían en entredicho esta dominación”. Véase J. M. Devois, “Historia de la prensa: el recurso del método”, en J.L. García Delgado (coord.), La crisis de la restauración en España, entre la primera guerra mundial y la II República, Madrid, Siglo XXI, 1986, p. 350 y ss.

[16] Precisamente, la defensa del carácter laico del Estado, la sociedad y la educación por parte de la Casa del Pueblo, propiciaría durante el periodo republicano la multiplicación de actos de carácter laico, siendo habituales los enfrentamientos con las autoridades eclesiásticas. Buen ejemplo de ello, serían las polémicas por la secularización del cementerio municipal en enero de 1932, o la prohibición por parte del Gobernador Civil de que se publicara en las páginas de Unión y Trabajoun manifiesto laico y anticapitalista que llevaba por título “Al monoteísmo capitalista, el socialismo universal”. Para esta circunstancia, puede verse Unión y Trabajo, 31-III-1934.

[17] No siendo extraño que fueran mujeres las encargadas de la educación de los niños escolarizados en la escuela de la Casa del Pueblo.

[18] Guereña señala que en 1927, esta escuela tendría 60 alumnos. Véase Jean-Louis Guereña, “Las Casas del Pueblo y la educación obrera a principios del siglo XX”, en Hispania, (Madrid), vol. LI, núm. 178, 1991, p. 660.

[19] Era muy frecuente durante el periodo republicano, la aparición en Unión y Trabajo de numerosas colectas para el sostenimiento de la Escuela y la aparición de las listas de los donantes.

[20] En esa línea iban los actos de propaganda que tuvieron lugar entre septiembre y octubre de 1934 para informar sobre las ventajas del cooperativismo, coincidiendo con el impulso que desde la Casa del Pueblo se quiso dar a la Cooperativa de Casas Baratas. Véase Unión y Trabajo, 8-IX-1934.

[21] Todos estos acontecimientos de carácter lúdico no dejaban de ser un gran escaparate público que la Casa del Pueblo aprovechaba para mostrar su capacidad de movilización y organización. Caso paradigmático de lo anterior sería la celebración de la fiesta del trabajo del Primero de mayo

[22] Unión y Trabajo, 26-XI-1932.

[23] Tenemos constancia de la existencia del grupo deportivo y del cuadro escénico, si bien no conocemos la fecha de constitución de los mismos. Véase V.M. Arbeola, Las Casas del Pueblo…, op. cit, p. 61.

[24] En esta línea se manifiesta Sonsoles Gómez cuando defiende la tesis de que despertar y canalizar sentimientos y placeres con la práctica de cualquier actividad de recreo pueden ser concebidos como un medio para la consecución de objetivos más trascendentales. Véase S. Gómez Carbonero, “El ocio y la cultura como factores de socialización política”, en S. Castillo y J.M. Ortiz de Orruño (coords.), Estado, protesta y movimientos sociales, Bilbao, Asociación de Historia Social, U.P.V., 1998, pp. 447-448.

[25] Unión y Trabajo, 11-VIII-1934.

[26] M. Pérez Ledesma, El Obrero consciente, Madrid, Alianza Editorial, 1987, pp. 247-248.

[27] Unión y Trabajo, 17-VIII-1935.

[28] La Casa del Pueblo de Cáceres permaneció clausurada como consecuencia de los sucesos de octubre, entre el 5 de octubre de 1934 y comienzos de mayo de 1935. Véase Unión y Trabajo, 11-V-1935.