Oct 011999
 

El hombre, sin saber cómo se inclina siempre del lado del vencido;
el infortunio le parece más bello que la victoria.

DONOSO CORTÉS. Ensayo sobre el catolicismo.

Francisco Rivero.

Cronista Oficial de Las Brozas
(Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara)

Todos le conocemos como Donoso Cortés, pero su verdadero nombre era Juan Francisco María de la Salud Donoso Cortés, que con el tiempo sería el primer Marqués de Valdegamas. Nació el 6 de mayo de 1809 en la localidad pacense de Valle de la Serena, un pueblo situado al sur de Don Benito, en la comarca de la Serena, (algunos biógrafos consideran equivocadamente que nació en Villanueva de la Serena, me supongo que por similitud del nombre. Donoso murió en París el 5 de mayo de 1853, aunque fue enterrado en el Pabellón de Hijos Ilustres de la Sacramental de San Isidro de Madrid junto al literato extremeño Juan Meléndez Valdés, el pintor Francisco de Goya y Leandro Fernández de Moratín, autor de “El sí de las niñas”. ¿Qué ocurrió en esos 44 años de apretada y densa vida?.

Lo primero que hay que decir es que fue un político, un pensador que está de lleno en la historia de España en sus dos vertientes: La vida pública y el pensamiento. Sus ideas fueron primero liberales moderadas y después conservadoras, siguiendo la línea marcada por Gaspar Melchor de Jovellanos o Jaime Balmes y que continuaron después Antonio Cánovas del Castillo y Marcelino Menéndez Pelayo.

La razón de que Donoso naciera en la localidad del Valle se debe a que su familia, procedente de Don Benito, dejó esta población debido a los desmanes ocurridos durante la Guerra de la Independencia y se afincó en el cercano pueblo de la misma comarca. El Valle, para los que no lo conocen, está situado muy cerca de Zalamea, del que fue dependiente hasta el pasado siglo.

Su padre, don Pedro Donoso Cortés, abogado de los Reales Consejos, alcalde de Don Benito y descendiente del conquistador Hernán Cortés, y su madre doña María Elena Fernández Canedo, embarazada aún de él, tuvieron a su hijo en la cercana localidad de Valle de la Serena, muy cerca de la finca de Valdegamas, porque las tropas napoleónicas ya había ocupado la cercana población de Medellín y amenazaban con arrasar Don Benito. La familia se había ido allí con criados, familiares y amigos.

Con motivo del primer centenario de su muerte, en 1953 hubo una dura polémica entre ambos pueblos por ver y decidir en cual de los dos era el lugar del nacimiento del pensador y político. Ganó definitivamente Valle, después de publicar en una circular diversos documentos referentes a Donoso, como la partida de nacimiento, la partida de matrimonio, la defunción de su esposa y la del nacimiento y defunción de su hija.

La partida de nacimiento de Juan Donoso Cortés comienza de la siguiente manera: “En la villa de Valle, a ocho días del mes de mayo de este año de mil ochocientos nueve, yo Gaspar Matías Obrero, cura propio de la iglesia de la villa de Don Benito… bauticé y ungí al óleo y chrisma santo a Juan Francisco Manuel María de la Salud, el que nació a la hora de las cinco de la mañana del día seis de cinco mes y año…”

El bautizo tuvo lugar en la parroquia de la Purísima Concepción de Valle de la Serena. Su madre lo ofrendó a Nuestra Señora de la Salud, Patrona de la localidad, de la cual lleva el nombre y a la que Donoso profesó a lo largo de su ida una gran devoción. Pese a todo, la familia Donoso Cortés vive y reside en Don Benito, aunque el apellido es originario de Aragón. El escudo familiar de los Cortés ostenta palos de gules sobre cuartel de oro.

VALLE DE LA SERENA

Según la historia, Valle de la Serena fue fundada en el siglo XIII por el VI Maestre de la Orden de Alcántara, Frey Pedro Yáñez, que fue la máxima autoridad de los caballeros alcantarinos durante 20 años, desde 1234 hasta 1254. Fue este un hombre batallador, que ayudó a los reyes Fernando III el Santo y a su hijo Alfonso X el Sabio a reconquistar buena parte del sur y sureste peninsular. Así ayudó en la batalla de Córdoba, que cayó en manos cristianas en 126 y como castillo de dominó fueron cayendo Morón, Baena, Cabra, Zafra, etc. También llegó a reconquistar Lorca, Cartagena, incluso Alcantarilla, nombre que le puso el príncipe Alfonso al cederla a la Orden de Alcántara.

Después de la conquista de estos territorios por las tropas cristianas llega la tercera repoblación, tras la romana y musulmana. Esta será la que configure el territorio desde 1232 fecha en que el quinto maestre Fray Arias Pérez conquistó Trujillo, Zalamea de la Serena y Magacela, donde existen bellísimas fortalezas.

Los principales monumentos de Valle de la Serena son dos: El dolmen de la finca de don Damián, que está formado por una galería y una cámara circular y la iglesia parroquial de la Purísima Concepción. Se trata de una obra del siglo XVI y reconstruida en el XX. Posee una sola nave con cabecera poligonal, capillas laterales y sacristía. Del exterior destaca su torre, que está situada a los pies del templo y que sirve al mismo tiempo de fachada, similar al estilo mudéjar, tan imperante en la zona. Las puertas son muy sencillas, sobresaliendo la portada de la epístola por estar abierta entre estribos.

LA ETAPA EXTREMEÑA

Donoso vivió sus primeros años de vida de pleno en una zona rural de nuestro país, viendo los duros trabajos de los hombres y mujeres por ganarse diariamente el pan para sí y para sus hijos. Sin duda alguna, esto le debió marcar. Con el tiempo veremos como se desarrollaba la vida en esta zona de nuestra tierra. Durante esos años hubo malas cosechas, la guerra contra los franceses, falta de trabajo y una alta mortalidad.

Don Pedro Donoso hizo llevar desde Madrid a Don Benito, tras el regreso a la casa familiar, un profesor especial para su hijo Juan. A los diez años, Juanito dio por terminado sus estudios primarios, recibiendo una cuidada educación. Era tan aplicado en ella que el maestro le dijo a su padre que ya podía dar clase el alumno al profesor. A los once años marchó a Salamanca para continuar sus estudios y donde destacó en el estudio de la lógica y metafísica, pues nuestro joven era de espíritu especulativo y curioso, ya que desde siempre se interesó por la filosofía y la historia. Leía todo cuanto caía en sus manos. En 1821 ingresó en el Colegio de San Pedro de Cáceres, similar a una Universidad provincial, donde estudió Ética, Lógica y Metafísica, pus su padre pertenecía a la Sociedad Económica de Amigos del País de la Provincia de Cáceres, una entidad de ideas progresistas y liberales. Dos años más tarde toma unos días de vacaciones en el pueblo pacense de Cabeza del Buey, donde conoce al líder poético del liberalismo español Manuel José Quintana, al que le unirá una gran amistad.

Manuel José Quintana (Madrid 1772 – Madrid 1857) estudió Derecho Civil y Canónico en Salamanca. Fue discípulo del poeta extremeño Juan Meléndez Valdés y mantuvo una estrecha relación con Jovellanos. Durante la Guerra de la Independencia, tomó el lado de luchar a favor de los españoles. Fue Académico de la Española y de San Fernando. Se le procesó por la Inquisición. Durante la época absoluta de Fernando VII se le desposeyó de todos sus títulos y cargos, volviéndoseles a restaurar durante el trienio liberal (1820 – 1823. Tras la reacción absolutista de este último año se le destierra al pueblo extremeño de Cabeza del Buey donde conoce al joven Donoso Cortés. Aquí permaneció durante cinco años, hasta 1828. A la muerte de Fernando VII se le nombra prócer del reino, senador vitalicio, presidente de Instrucción Pública y ayo de la reina Isabel II, indudablemente por la influencia de Juan Donoso Cortés, que por entonces ya tenía un puesto importante en la Corte. Se trataba de un hombre de educación liberal, aunque con los años se moderó en su pensamiento.

Pero retrocedamos a los 14 años de nuestro biografiado y no adelantemos acontecimientos. A esa edad realizó en Sevilla, donde comenzó a estudiar Jurisprudencia, un trabajo sobre historia universal que asombró a sus maestros y mayores. Estamos en 1824. A la temprana edad de 19 años acabó sus estudios de Leyes. Tras sus estudios se instala en Madrid donde se pone en contacto con grandes personajes literarios y políticos, como Larra y Zorrilla, que le enriquecen en los campos del saber y de la poesía. A pesar de todo, no se desenvuelve bien en la capital de España y regresa a la casa paterna en Don Benito.

Y como aún no tenía edad para ejercer Derecho, regresa al Colegio Mayor de San Pedro de Cáceres para trabajar como profesor de la Cátedra de Estética y Literatura, todo por recomendación de su amigo y protector Manuel José Quintana. Bien es verdad que la aceptó sin mucho entusiasmo.

Veamos qué escribe el propio Donoso de este asunto: “… estos malditos oidores de Cáceres están empeñados en que yo sea catedrático de Humanidades, y yo en no serlo, porque no quiero ninguna especie de obligaciones; ya hace tres correos que el fiscal de la Audiencia escribió a mi padre sobre este asunto y no le he contestado todavía ¿Cómo le he de responder que sí, si no quiero? ¿ Y cómo le he de responder que no cuando hacen ellos más en proporcionármelo que yo en admitirlo”

Sus clases tienen muy poco éxito. A ellas acuden sólo dos alumnos y que después fue sólo uno, su amigo y discípulo Gabino Tejado, quien en los años de 1854-1855 publicará las obras completas de Donoso Cortés y una biografía de su maestro. En esa biografía escribió Gabino sobre estas clases: “Muchas veces pienso qué idea le movía o qué sentimiento le sustentaba cuando haciéndome acudir diariamente y con puntualidad al aula espaciosa donde estaba su cátedra. Me tenía sentado sobre el banco hora y media, pronunciándome un discurso didáctico del cual puede figurarse el lector lo que le alcanzaría a un chico de diez años”. Claro que Donoso no tenía más allá de los veinte.

Sus cuadernos de notas, archivados en Don Benito, hablan de que fue un hombre que gustaba de lecturas de escritores liberales: Rousseau, Maquiavelo, Voltaire, Chateaubriand, Byron. Su cultura se iba ampliando con las ideas de los grandes librepensadores.

SU BODA

Al año siguiente, en 1830 se casa con la mujer que será el único amor de su vida, doña Teresa García Carrasco. Pertenecía a una rica familia cacereña: la de García Carrasco y Gómez Benítez, que tenía negocios con su padre. También el Ayuntamiento de Valle de la Serena investigó hacia el año 1953 sobre la partida de matrimonio de Juan Donoso para esclarecer definitivamente sobre su lugar de nacimiento. La partida está tomada del archivo parroquial de la iglesia de San Juan Bautista de Cáceres, concretamente del Libro de Casados, número V, folio 328 vuelto. Allí se dice: “… En la villa de Cáceres en veinte días del mes de Enero del año mil ochocientos treinta años. Casé yo Blas Gómez Duran, cura rector de la Parroquia de San Juan Bautista de esta villa, y en la casa havitacion de la Contrayenta, a D. Juan Donoso Fernández, de estado soltero, natural de Valle de la Serena, hijo legítimo del Licenciado D. Pedro Donoso y de Dª María Elena Fernández, naturales de Don Benito, con Dª Teresa García Carrasco, …”. Ese mismo año su mujer le da una hija, María Josefa Rafaela Petra, quien muere a los 24 meses. Su vida familiar fue efímera y marcada por tristes hechos.

También en 1830, Donoso escribe su “Elegía a la duquesa de Frías” que se publicó en la “Corona fúnebre en honor de la excelentísima señora doña María de la Piedad Roca de Togores”, donde también hubo trabajos y poemas de Larra, Quintana, Estébanez Calderón y Martínez de la Rosa. Una vez más, se retira a Don Benito para ayudar a su padre en su bufete de abogado. Un certificado de don Pedro indica que trabajó desde el 1 de septiembre de 1829 hasta el 1 de octubre de 1831.

EN MADRID

Al año siguiente se instala en Madrid, donde ya había permanecido unos años antes sin que le gustara mucho el ambiente de la capital, a pesar de que contactase con los círculos literarios, artísticos y políticos. En su segunda etapa empieza a tomar parte de la política activa, apuntándose al liberalismo, oír su relación con la familia de su mujer. Se hizo conocer repentinamente en la capital, tras la publicación de su “Memoria sobre la situación actual de la monarquía”, dirigida al rey Fernando VII. En ella manifiesta ya su liberalismo conservador. Se trataba de una defensa de la monarquía y un duro ataque al realismo, donde llegaba a decir que la clase media era el sustento de la nación y también del sistema monárquico. Sin duda alguna apoyará a la reina Isabel en contra de las aspiraciones de los carlistas.

En agradecimiento, Fernando VII le nombró en 1833 oficial quinto de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias. Un gran éxito profesional para un joven de tan sólo 24 años. Se fue a vivir con su esposa a la madrileñísima calle de Atocha y sigue con sus relaciones con los poetas Larra, Lista y el extremeño José de Espronceda. Escribe el poema épico “El cerco de Zamora”. Fue miembro honorario de la Real Academia de las Buenas Letras y la Sociedad Económica de Cáceres le nombró corresponsal en Madrid. Con el tiempo alcanzaría el cargo de secretario del Gabinete de la Presidencia del Gobierno que ostentaba Mendizábal, que con el tiempo fuera el desamortizador de los bienes religiosos. Pese a todo, Donoso, como hombre católico, no quiso hacerse con los bienes desamortizados de las órdenes religiosas.

EL PERIODISTA

Es el momento en que comienza su actividad periodística con el fin de difundir sus ideas liberales en las publicaciones como “La Abeja” (1834 – 36), “El Porvenir” (1837), “El Correo Nacional” (1838), “El Piloto” (1839). Fue también colaborador de la “Revista de Madrid”, “La Época” y “La Coalición”, de Badajoz.

En esos primeros años de su vida profesional fue un sobresaliente periodista en la redacción del rotativo “El Español”, junto a Antonio Ríos Rosas y Luis González Bravo, diario que dirigía el maestro de periodistas Andrés Borrego. Este rotativo, junto a otros dos madrileños “El Mundo” y “El Eco del Comercio”, más dos oficiales “La Gaceta” y “Diario de Avisos” a los que había que sumar dos extranjeros, se llevaban, por suscripción al gabinete de lectura que poseía el primer Casino de Madrid en la antigua calle de la Visitación, esquina de la actual Plaza de Santa Ana con la calle del Príncipe, donde antiguamente había un antiguo convento de monjas donde tomó el nombre la estrecha calle. Estamos en el año de 1836. No en balde, Donoso había sido uno de los 56 socios fundadores del Casino del Príncipe (hoy Casino de Madrid, sito en la calle de Alcalá, 15), junto a personalidades de la banca, de las armas, de la política, de las letras o de la aristocracia. Nombres como el conde de Montijo, el alcalde – regidor de Madrid, el marqués de Casa Pontejos, el banquero Nazario Carriquirri, el escritor Serafín Estébanez Calderón, el político Alcalá Galiano, el duque de Rivas. Nuestro biografiado se unió a este elenco de personalidades debido a la fama que había conseguido recientemente por su “Memoria” a Fernando VII y la situación de la Monarquía.

También colaboró en la revista del Romanticismo “No me olvides”, aparecida el 7 de mayo de 1837. Su fundador fue Jacinto de Salas y Quiroga. Duró muy poco tiempo, solo hasta el 11 de febrero del año siguiente. Entre sus colaboradores estaban además de Donoso, Zorrilla, Hartzenbusch, Campoamor, etc. Allí se publicarían versos, narraciones históricas, cuentos, críticas, modas, colaboraciones diversas. Su ideario es el siguiente, en palabras de su director. “Si entendiéramos nosotros por Romanticismo esa ridícula fantasmagoría de espectros y cadalsos, esa violenta exaltación de todos los sentimientos, esa inmoral parodia del crimen y la iniquidad, esa apología de los vicios, fuéramos nosotros ciertamente los primeros que alzáramos nuestra débil voz contra tamaños abusos, contra tan manifiesto sarcasmo de la literatura. Pero sí, en nuestra creencia, es el Romanticismo un manantial de consuelo y pureza, el germen de las virtudes sociales, el paño de lágrimas que vierte el inocente, el perdón de las culpas, el lazo que debe unir a todos los seres, ¿cómo resistir al deseo de ser predicadores de tan santa doctrina, de luchara brazo partido por este dogmas de pureza?”.

En las enciclopedias se lee que Donoso fue un literato inmerso en la política en la que entre otros puestos destacados ocupó el de diputado por Cádiz en las Cortes de 1837. Donoso Cortés propugnó la vuelta al más puro sistema absolutismo monárquico – religioso, dentro del llamado neocatolicismo, Fue un orador brillante y discutido, siempre apasionado, denunció la ceguera de una sociedad que pretendía vivir de espaldas a Dios y a sus postulados. Las obras completas del escritor no aparecen publicadas hasta que se interesan por ello su hermano Manuel y su discípulo Gabino Tejado.

EL ATENEÍSTA

Donoso Cortés fue, asimismo, un destacado ateneísta, no en balde fue el primer secretario de la institución con el Duque de Rivas como primer presidente. Hoy cuelga entre sus paredes el famoso cuadro de Madrazo que todos conocemos donde se ve su figura con una banda con la señera española y en su pecho colgada una gran cruz. Del 22 de noviembre de 1836 al 21 de febrero de 1837, nuestro biografiado pronunció una serie de diez conferencias, todo un curso de Derecho Político, cuyos títulos dicen mucho de sus jóvenes e inquietas preocupaciones:

  • En la sociedad y el gobierno (22 de noviembre de 1836)
  • En la soberanía de la gente (29 de noviembre de 1836)
  • Teoría del despotismo (6 de diciembre de 1836)
  • Despotismo y su realización en la historia (20 de diciembre de 1836)
  • La identidad de los dos principios de la reacción: La soberanía de la gente y de la derecha de los reyes (3 de enero de 1837)
  • En la autoridad absoluta y limitada (10 de enero de 1837)
  • En la soberanía de la inteligencia en la historia (dos partes)
    • 24 de enero de 1837
    • 31 de enero de 1837
  • En la soberanía de la inteligencia confirmada por la autoridad de los filósofos (14 de febrero de 1837)
  • La importancia de las reformas políticas (21 de febrero de 1837).

Con estas conferencias la junta directiva del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid quería dar a conocer entra la clase culta las líneas directrices del Derecho Político español, así como la primera formulación del liberalismo francés.

Estas diez charlas han sido traducidas al inglés hace pocos años – en 1991 – por el profesor Vincent McNamara y publicada en los Estados Unidos con el fin de conocer parte del amplio pensamiento político español del siglo pasado. Es la primera vez que se hace esta traducción, lo que significa que existe una corriente de pensamiento que busca conocer con detenimiento la posición liberal española y una mayor comprensión del fermento social y político de la España del siglo XIX y, por supuesto, del XX. “Este libro – en palabras del profesor McNamara – proporciona una fuente segura de conocimientos para los cursos de la Ciencia Política, la Filosofía Política y la Historia.

Justo ese año de 1837 conseguía el acta de diputado en las Cortes por Cádiz. Poco tiempo después fue desterrado a París por el ambicioso general Baldomero Espartero (1840 – 1843) y en cuya época tuvo lugar la famosa Desamortización de Mendizabal, con el consiguiente enfado de las autoridades vaticanas. De nuevo en España, fue nombrado por la regente María Cristina director de estudios de su hija Isabel, quien como sabemos fue proclamada soberana de España a la temprana edad de trece años en 1843.

Con el tiempo, Donoso llegó a ser ministro en el Gabinete del general Ramón María de Narváez, tomando así el poder la plana mayor del partido moderado un 3 de mayo de 1844. Otro integrante del equipo ministerial fue el también extremeño Juan Bravo Murillo, que en 1850 conseguiría la presidencia del Consejo de Ministros y gracias a él cuenta Madrid con la magnífica red de aguas: el Canal de Isabel II. Más tarde, Donoso Cortés alcanzó el rango de embajador en Alemania (184) y en Francia, muriendo en París al poco tiempo de su toma de posesión, en 1853.

LIBERAL Y CONSERVADOR

Como hombre de la política se afilió primero al Partido Liberal, colaborando activamente en la regencia de María Cristina, consiguiendo el puesto de secretario particular. Este hecho hizo que la siguiera en su destierro en París. A su vuelta a España, se encargó de los estudios de la nueva reina, Isabel II. Tal vez su cambio de liberal a moderado se deba a la idea de que el liberalismo triunfante no se apoyaba en los derechos de la soberanía del pueblo y si este no le apoyaba llevaba en sí mismo una contradicción. El liberalismo imperante en la etapa de los gobiernos liberales era sólo libertad de comercio, libertad de negocio, de producción, de transportes, de precios, de márgenes de beneficio, pero el pueblo español era sólo el sufridor de tales excesos liberales, siguiendo las corrientes francesas de la Revolución: “Dejar hacer, dejar pasar”. Con el tiempo fue un hombre moderado. En la corriente de este partido estuvo dentro de la facción llamada neocatolicismo. En sus correctos escritos y con su brillante oratoria buscaba un absolutismo monárquico, de origen religioso, pero dotado de formas nuevas.

Para entender la filosofía y actuación de Donoso Cortés como hombre político hay que encuadrarle dentro del pensamiento del régimen moderado, que el profesor José María Jover lo establece en cuatro grandes apartados: La promulgación de la nueva Constitución de 1845, que sustituye a la de 1837; la centralización de la vida política española, siguiendo una idea de origen francés; el eclecticismo político y la constante oposición progresista, radicalizada en tres levantamientos: 1848, 1854 y 1868. Donoso solo vivirá el primero y con bastante miedo, como dirá su correligionario Cánovas del Castillo.

EL ECLECTICISMO

Pero veamos que es eso del eclecticismo que tanto practicó nuestro biografiado. El diccionario de la Real Academia Española lo define como “Escuela filosófica que procura conciliar las doctrinas que parecen mejores, aunque procedan de diversos sistemas”. Aunque la idea filosófica surge en Grecia, no es hasta el siglo XIX cuando el francés Víctor Cousin explica que la historia del pensamiento se mantiene con las ideas que se han ido sucediendo a lo largo de la historia. Y que la verdad se encuentra en la unión positiva de todas ellas bajo la guía concreta del sentido común, por lo que no había que excluir las ideas antiguas, sino incorporarlas a las actuales. Bien es verdad, que el eclecticismo es el pensamiento de todos los grandes filósofos y pensadores, como puede ser en este caso Donoso Cortés.

El eclecticismo entra en España de la mano de Tomás García Luna, quien en 1843 dio una conferencia en el Ateneo de Madrid con el título “Lecciones de filosofía ecléctica”, quien después publicó su obra en dos tomos. El eclecticismo duró en España hasta la llegada del krausismo, que es la corriente seguidora en Alemania y que llegó a nuestro país Julián Sanz del Río (1814-1869) y propagada por Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), fundador de la Institución Libre de Enseñanza, que tanto aportó a la cultura española antes de la Guerra Civil.

La Revolución Francesa de 1848 tuvo un reflejo débil en España con algunos sucesos en marzo en Madrid y en mayo en Madrid y Sevilla. Los moderados se opusieron a los continuos levantamientos progresistas, lo que hizo que el general Narváez diera un viraje y promulgara una dictadura que duró nueve meses. Curiosamente, la dictadura fue defendida con un famoso discurso en el Congreso de los Diputados por Donoso Cortés. Con ello se consiguió que los gobiernos conservadores de Europa como Austria y Prusia apoyaran la monarquía de Isabel II.

Hubo un hecho trascendental en su vida: La muerte de su hermano Pedro María Vicente de Jesús a los 37 años, con una esplendorosa vida profesional dedicada al Derecho. Esto le marcó de tal manera que le produjo una gran conmoción interna. Le llevó a reflexionar y a pensar sobre el misterio del destino humano. Dejó el liberalismo; se aferró al ideal más ortodoxo católico y siguió un pensamiento similar al del filósofo y matemático catalán Jaime Balmes (1810 – 1848) y por tanto coetáneo de él. Donoso llegó a ser un gran polemista en sus arrebatados escritos. Por ellos se han interesado en todas las culturas: Pensadores alemanes, franceses, portugueses, suecos o húngaros, entre otros, han escudriñado y desmembrado su pensamiento.

En 1851 publicó su conocido “Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo”, una obra que tradujo su amigo el periodista Luis Veuillot e influyó, como ya se ha dicho, en toda Europa. Nuestro biografiado fue miembro de la Real Real Academia Española, siendo sustituido a su muerte en 1853 por el venezolano Rafael María Baralt (1810 – 1860), el primer hispanoamericano en entrar en la docta academia. Baralt estuvo empeñado en la pureza del idioma, escribió su “Diccionario de Galicismos”, reputado como muy severo. Además de filólogo, Baralt fue un inspirado poeta, prosista de alto vuelo y castizo estilo, historiador y ensayista. Murió en Madrid como ciudadano español a los siete años de tomar posesión como académico.

Después de la publicación de su gran obra, Donoso Cortés se desplaza a Berlín y a París como embajador de España. Otras obras suyas fueron: “Clasicismo y romanticismo”, “De la monarquía absoluta en España”, “Consideraciones sobre la diplomacia”.

HOMBRE ROMÁNTICO

Como hombre del Romanticismo, Donoso Cortés triunfa en su individualismo, empleándolo para expresar sus reacciones ante la sociedad o ante la naturaleza. Expresa directamente sus puntos de vista, sin que nada ni nadie se lo impida. Por supuesto, combatirá aquellas ideas en las que no crea. Pero por encima de todo busca trasmitir su mensaje al público para que le siga en sus ideas. En nuestro caso concreto, Juan Donoso Cortés buscará expresar el pensamiento tradicional español.

Ya se sabe que se exalta las ideas más tradicionalistas de la patria. En el país hay cosas buenas y muy buenas, alabando la historia propia, por lo que no es necesario acudir a ejemplos de otros países. Eso conlleva a un espíritu idealista que si no acepta la realidad ha de provocar otra que busque la perfección en los ideales propuestos. El Romanticismo en los primeros momentos fue un movimiento católico, conservador, tradicionalista. Posteriormente surgirá un Romanticismo más puro, más liberal, más revolucionario; es el Romanticismo de los suicidios, de la desesperación y de la angustia.

Claro que en este mundo del romanticismo hay veces que se dan bromas y chirigotas. Se dice que Donoso Cortes y otro escritor extremeño, José de Espronceda iban a la misma tertulia en Madrid, concretamente a la del Café del Príncipe. Mientras el primero era conservador, el segundo era liberal y revolucionario. Este último, junto al poeta romántico por excelencia, Mariano José de Larra, más conocido con el seudónimo de Fígaro, bromistas de la Partida del Trueno, pintaron por completo de otro color el coche de caballos del Duque de Alba, mientras este estaba en palacio, y el cochero esperaba dormitando en el pescante. Al salir del palacio, el duque no pudo reconocer su coche, hasta que no vio encima dormido al conductor. En una segunda ocasión, el extremeño Espronceda no tuvo otra ocurrencia que atar a un coche de caballos una cuerda y el otro extremo en el fogón metálico donde una castañera asaba sus castañas. Hay que imaginarse el estruendo y el asombro del dueño del coche, de la mujer y de los paseantes. Eran tiempos del romanticismo y… de las gamberradas. Nuestro biografiado era más modoso, no en balde figuraba en el grupo de tertulianos más tranquilo, más serio y también más conservador.

Precisamente una persona de su misma línea política como fue don Antonio Cánovas del Castillo, que fuera seis veces presidente del Consejo de Ministros habló de Donoso Cortés en una conferencia el 31 de enero de 1884 en el Ateneo de Madrid titulada “De los cursos y maestros que más han enriquecido desde la Cátedra del Ateneo la Cultura Española”. Allí explicó los temores que tenía Donoso por el liberalismo. Asimismo contó que el hombre romántico que era excitó la hilaridad del público la primera vez que habló como diputado al defender sus presupuestos ideológicos con un énfasis exagerado y extravagante. Apuntó Cánovas, que Donoso se asustó de la Revolución de 1848 en la que se quebraron hondamente todos los poderes. Creía nuestro biografiado que esta nueva corriente iba a romper la civilización cristiana de España, cuando ya el cristianismo había superado las difíciles pruebas de las luchas religiosas del siglo XVI y de la Revolución Francesa.

Claro que Cánovas era un hombre pragmático como lo demuestran las palabras pronunciadas en mayo de ese mismo año “la política es el arte de aplicar en cada época de la Historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible”. Cánovas entró en el Ateneo de Madrid con un discurso en abril de 1849 sobre “Crítica de los cartesianos”, en lugar de elegir un tema de Derecho político como hizo Cortés.

Décadas atrás, un pensador como Leopoldo Eulogio Palacios elogia a nuestro biografiado en su libro “Filosofía del saber”, publicado en 1962, como modelo de sensatez, frente a posturas que le consideran un energúmeno del pensamiento.

En nuestros días, Enrique Tierno Galván, historiador de la cultura, hombre de izquierdas y reconocidísimo y popular alcalde de Madrid desde 1979 a 1986, habló sobre Donoso en la Universidad norteamericana de Princenton diciendo que fue el personaje que introdujo en España las ideas del tradicionalismo francés y del catolicismo superficial de los literatos. Asimismo, Joaquín Ruiz Giménez, que fuera Ministro de Educación con Franco y después hombre de la oposición moderada democrática, de pensamiento cristiano, en su libro “Del ser de España”, publicado por la editorial Aguilar en 1963, escribe sobre nuestro biografiado al que considera un hombre extraordinario, pero a veces exagerado en su manera de exponer sus criterios. También trabajó sobre Donoso otro de nuestros hombres de letras, el filólogo Antonio Tovar, sobre el tema del imperio y los problemas de España. Tovar había estudiado antes las relaciones de otro extremeño, Francisco Sánchez de las Brozas y sus problemas con la Inquisición.

Fue tal la popularidad de Juan Donoso Cortés en su tiempo que el famoso príncipe de Metternich le brindó su amistad y al que le recibió con el agasajo más cumplido. En esa ocasión le dijo: “Yo soy un libro voluminoso en donde están consignados todos los grandes hechos de este siglo; cuando usted quiera, me pongo a su disposición para que me hojee desde la primera a la última hoja”. Esto lo sabemos por una carta que escribió el 1 de mayo de 1851 desde París el propio Juan Donoso a su amigo y discípulo Gabino Tejado.

Tal fue la fama y honra de Donoso en toda Europa que los grandes hombres de su tiempo querían estar cerca de él y recibir sus enseñanzas, cuando no contrastar sus ideas. Ese fue su gran mérito por el que nuestro paisano ha pasado a la historia del pensamiento europeo. Muchas gracias.

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    Presupuestos metafísicos en la filosofía social y política de Donoso Cortés
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