Oct 011995
 

Manuel José Bazaga Ibáñez.

Por haberse cumplido hace unos meses los 75 años de la inauguración del Colegio de Santiago y Santa Margarita en Trujillo, nos ha parecido oportuno dedicar unas líneas a su ilustre Fundadora, la Excma. Sra. Doña Margarita de Iturralde y Arteaga. Desde la antigüedad se distinguió Trujillo por haber tenido innumerables benefactores que se sentían preocupados por los problemas que acuciaban a la Ciudad y quisieron proporcionar a sus habitantes alivio a los problemas, fundando para ello numerosas obras benéficos-sociales pudiendo mencionar entre ellas la Fundación del Hospital, Obra de los Pizarros, Fundación Guillen Cano-Bote, para niñas huérfanas o de familia necesitada, Patronato Juan Fernández Paredes, que proporciona viviendas a familias que carecen de ellas y que sus ingresos les hicieran difícil adquirirlas por escasez de medios. Entre todos estos benefactores debemos destacar a Doña Margarita de Iturralde Arteaga, por las obras que dotó a sus expensas.

Tan ilustre dama, Hija Predilecta de Trujillo, nació en un pueblecito de la provincia de Santander, llamado GUALDA, pero su asentamiento en Trujillo y su inmensa labor social la hicieron acreedora a que se la considerara como trujillana y trujillana de pro, ya que grandes cantidades de dinero las dedicó para tratar de mitigar los problemas que venían padeciendo los trujillanos. Ella no tuvo capital propio, pero si reunió una importante fortuna, con las rentas que proporcionaban los bienes de su hijo político, prematuramente fallecido, D. Mariano Díaz Quijano, casado con su hija Doña Jacoba, prematuramente fallecido, dejó su capital a su esposa y ésta también murió antes que Doña Margarita, pero otorgando en su testamento la libre disposición y usufructo de la herencia de D. Mariano, a su madre, con plena libertad para disponer de las rentas.

Si nos pusiéramos a considerar una por una las obras que realizó Doña Margarita, pecaríamos de prolijos y sin duda alguna se quedaría olvidada, pero si hemos de resaltar las más conocidas o importantes.

En la finca Las Alberguerías, cerca de Trujillo y por todos conocida, D. Mariano Díaz Quijano, fundó y donó para tal fin la finca, instituyendo la Fundación denominada ASILO DE SAN JOSÉ Y SANTA MARGARITA. Doña Margarita, dadas las circunstancias de que ni el Fundador ni su esposa, pudieron poner en marcha el Asilo, fue la encargada de acelerar las obras de adecuación y ponerlo en funcionamiento, y no quiso Doña Margarita de dejar su granito en la Fundación y por ello hizo una donación de 46.900 ptas, en Octubre de 1925 como dotación para una Escuela que funcionará dentro del Asi1o, encargando de la dirección a una de las religiosas que regían el Asilo. A esta Escuela acudían los niños de la finca Las Alberguerías y próximas a ella llegando a contar con hasta 35 alumnos, los que además de recibir la enseñanza primaria, se les proporcionaba el material didáctico necesario. Al llegar a la edad en que hacían la Primera Comunión les preparaban y recibían allí mismo, en la Capilla del Asilo el Sacramento.

No cabe duda que Doña Margarita se adelantó en su tiempo a lo que más tarde se llamaría Transporte Escolar y su Escuela estuvo funcionando hasta el año 1975, cuando el Ministerio de Educación se hizo cargo de trasladar a los niños diseminados por las fincas a las Escuelas Públicas de los pueblos cercanos.

Intentando solucionar los graves problemas, que tanto sanitarios, como familiares presentaba la temible enfermedad, la tuberculosis, hizo dotación suficiente para reservar dos plazas en el Sanatorio Antituberculoso de Valdelatas, en la cercanía de Madrid, de las que se disponía para enfermos trujillanos.

Sintiendo también que muchas familias con escasos ingresos no disponían de vivienda digna, hizo que a sus expensas se construyeran, en la carretera de Plasencia, en su salida de la población, un grupo de casas y el día 19 de marzo de 1929 se bendijeron y entregaron a la Sociedad LA PROTECTORA, Sociedad de Socorros Mutuos, para su distribución entre sus asociados. De tal inauguración quedó constancia en la placa que se puso en una de las fachadas de las viviendas. Como curiosidad hemos de decir que cada una de estas magnificas viviendas costaron alrededor 5.000 ptas.

La Parroquia de San Martín de Trujillo, carecía de vivienda propia para su Párroco, y adquirió, adecuando para vivienda la antigua Iglesia de la Sangre, cerca de la Plaza Mayor, invirtiendo en esta obra aproximadamente 25.000 ptas. (Los jornales de albañiles, canteros y otros cualificados difícilmente excedían de 1 peseta)

No se puede ignorar que la obra predilecta y mimada de Doña Margarita de Iturralde, fue “su Colegio”, erigido sobre terrenos del antiguo Colegio Preparatorio Militar, que funcionó en Trujillo, durante 13 años. Por la importancia que tuvo para la Fundadora y por otras circunstancias, de las que trataremos, creemos oportuno dedicar unas líneas a su historia y vicisitudes por las que pasó este grupo de terrenos y edificaciones.

En el año 1466, los frailes dominicos levantaron un pequeño cenobio en el berrocal trujillano, que pusieron bajo la advocación de Santa Catalina de Siena y en él estuvieron hasta 1499, en que construyeron otro más amplio y mejor dotado en las afueras de la Ciudad, frente al actual paseo de Ruiz de Mendoza, al que llamaron de la Encarnación, nombre que adoptaron de una imagen de la Virgen que con esta titulación recibieron como regalo de un Obispo que pasó por el Convento.

Numerosas reformas y modificaciones recibió este lugar de recogimiento, siendo las más importante la que se realizó a expensas de Fray Francisco Lasso de Vega en 1732, mereciendo estos frailes, por la meritoria labor realizada en la Ciudad, cuantiosos donativos del Municipio y fieles trujillanos, así como numerosos privilegios y distinciones tanto Eclesiásticas como Reales, correspondiendo la Congregación con la aportación de numerosos y beneméritos dominicos, muchos de los cuales recibieron sepulturas entre sus muros.

En 1811, con motivo de su paso hacia Portugal del ejército inglés, le dedicaron a Cuartel para sus tropas, destruyendo y expoliando todas sus dependencias, habiendo previamente expulsados a los dominicos, que no volvieron a ocuparlo.

Más tarde y como consecuencia de la Desamortización de los bienes de la Iglesia, fue vendido lo que quedaba del convento y sus dependencias en pública subasta, sacando por su huerta 6.400 reales de vellón, y por el edificio conventual y su Iglesia 56.250 reales. Ya el Ayuntamiento en 1888 compró: edificio, huerta y cerca del exconvento en 40.000 ptas. para destinarlo a la construcción del Colegio Prepatorio Militar, concedido por el Ministerio de la Guerra a la Ciudad, Colegio que funcionó solamente 13 años, como ya se dijo. Una vez desaparecido el Colegio, todo fue abandonado desentendiéndose las Autoridades Trujillanas de él, influidas por razones políticas no muy claras, llegando hasta negar su cesión a la Compañía de Jesús, que quiso arrendarlo por 99 años, para dedicarle a Colegio de Segunda Enseñanza.

Como consecuencia del abandono y falta de interés de los trujillanos fue destinada la Iglesia a Taller Mecánico y otras funciones menos decorosas.

Nuevamente son sacados a subasta por el Ayuntamiento los terrenos, que dividieron para su venta en 4 lotes, de los que 2 compró Doña Margarita de Iturralde, la Iglesia en 30.500 ptas. y el otro lote en 8.000. Los restantes fueron adquiridos por particulares.

Restaurado todo el conjunto de las edificaciones y dependencias fue dedicado a Colegio para la educación de niños de Trujillo y su Comarca. En la restauración no se escatimó nada para dotarle de todo lo necesario y más. Mencionamos que el altar Mayor de la Iglesia y Capillas laterales corrió a cargo de famosos artistas, destacando entre ellos el Taller de Félix Branda, de Madrid, que se encargó personalmente de la decoración del Altar Mayor. Un fresco representando la Anunciación de la Virgen fue ejecutado en el frontispicio del mismo Altar por el pintor francés Carlos Baruteau. En ornamentos sagrados como en mobiliario, tanto la Iglesia como el Colegio fueron dotados con esplendidez, pudiendo todavía disfrutarse de todo ello.

El Colegio empezó a funcionar el día 19 de enero de 1920, aunque la inauguración de la Iglesia, se hizo solemnemente el día 20 de mayo de 1923. Todos estos actos e inauguraciones, a las que asistieron Autoridades Eclesiásticas y Civiles, fueron recogidos con todo detalle por el Semanario LA OPINIÓN, a los que dedicó elogiosos artículos.

Deseando dar consistencia al recién inaugurado Colegio, el 20 de septiembre de 1928, le dio forma legal protocolizando la escritura de una Fundación Benéfico Docente, que se llamaría Fundación Colegio Santiago y Santa Margarita, dotándola de un capital de 1.061.300 ptas. en láminas de Deuda Perpetua Interior al 4%. El 4 de febrero de 1930 incrementa este capital con otras 125.000 ptas y encarga formalmente de la dirección del Colegio y como Patronos de la Fundación a los Padres Agustinos de El Escorial, de la Provincia Agustiniana Matritense del Sagrado Corazón.

Las cargas fundacionales de la Fundación, recogidas en sus Estatutos son: Enseñanza en clases diurnas y nocturnas, conservación del edificio, material y mobiliario.. En el día de la Primera Comunión de los niños del Colegio, se les proporcionaba traje y calzado, si lo necesitasen, así como el desayuno para ellos y sus familiares.

Con la marcha de los Padres Agustinos, que tuvieron que abandonar el Colegio y renunciar al Patronato de la Fundación y con arreglo a lo dispuesto en los Estatutos, se formó un nuevo Patronato, figurando como Presidente el Sr. Obispo de Plasencia y como miembros el Arcipreste de Trujillo y un familiar de Doña Margarita, y en defecto de esta persona idónea, propuesta por los miembros restantes.

También figura como obligación de la Fundación el mantenimiento del culto en la Iglesia; creación de una Mutualidad Escolar, que proporcionaba una dote a los alumnos al cumplir los 20 años, para ayuda a los gastos de boda o a la instalación de un pequeño negocio.

Dentro de los fines fundacionales estaba el proporcionar becas a los alumnos que la mereciesen, para estudiar una de las entonces llamadas Carreras Cortas: Correos, Telégrafos, Teneduría de Libros, etc.

Dentro del Colegio funcionó un Comedor Escolar que facilitaba gratis la comida del mediodía a los alumnos necesitados. Para el mantenimiento de este Comedor fue dotado con un capital de 100.000 ptas. y la renta permitía el sostenimiento del mismo; proporcionar comida a 50 alumnos durante el curso escolar costaba unas 4.500 ptas.

Si la experiencia ha demostrado que Doña Margarita de Iturralde ya presumía que el coste de la vida iba disparándose, y que sus dotaciones quedarían cortas para mantener el funcionamiento, vemos como periódicamente, incrementaba los capitales fundacionales o constituía fondos diferentes para dotar sus obras, el Colegio sintió el problema por lo que hubo de acogerse a las disposiciones oficiales que le permitieran subsistir y se formalizó como Colegio Privado Concertado.

Parece ser que este Colegio siempre ha tenido que luchar y sufrir graves inconvenientes para su normal funcionamiento: Los dominicos fueron expulsados, el Colegio Preparatorio Militar tuvo vida efímera y el Colegio Santiago y Santa Margarita, como tal, primero sufrió la marcha de los Agustinos, más tarde de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, luego de los Claretianos y por fin la Cooperativa de Padres tuvo que cerrarlo por habérsele negado las subvenciones, que le permitieron subsistir algunos años. Esperemos que los trujillanos sacudamos alguna vez nuestra pereza y encontremos los medios para obras que tanto bien nos han proporcionado no desaparezcan, como ya ha pasado con bastantes de las crearon nuestros antepasados.

Muerta Doña Margarita en Trujillo, el día 5 de marzo de 1933, sus restos fueron inhumados en el Panteón familiar de Las Alberguerías y más tarde, 26 de septiembre de 1982, a instancia del Patronato y Cooperativa de Padres, fueron trasladados al Mausoleo que ella misma mandó erigir en la Iglesia del Colegio.

Los Trujillanos como homenaje póstumo y a iniciativa del Sr. Parrilla, Director del Periódico ENSAYOS, de vida efímera, solo se publicó durante un año, dedicaron una estatua, con su busto y alegoría de su obra, en el Paseo de Ruiz de Mendoza, enfrente de su Colegio, busto esculpido por el escultor Gabino Amaya, realizando el basamento, el cantero trujillano Antonio Guerrero y como aprendiz Francisco Serván, en piedra berroqueña de Ruanes.

BIBLIOGRAFIA:

  • Clodoaldo Naranjo, Trujillo sus hijos y Monumentos.
  • Juan Tena, Trujillo Histórico y Monumental.
  • El Patrimonio Artístico de Extremadura
  • Salvador Andrés Ordax
  • F. Javier Pizarro Gómez.
  • Semanario La Opinión.