Oct 012002
 

Marcela Martín Jiménez.

Las Congregaciones e Instituciones Religiosas desde sus orígenes han funcionado como comunidad de emociones y no tanto comunidad intelectual. En los conventos, se entraba en ocasiones, sin formación alguna. Se daba la paradoja de ver dando clases a personas que no estaban tituladas para ello e incluso atendían a los enfermos sin conocimientos previos.

Empleaban el lenguaje emocional para hacer llegar el mensaje y así la comunidad de discípulas y discípulos, se constituía no en torno a una doctrina, o a un sistema filosófico ni tampoco a las enseñanzas de un maestro o de un sabio, sino en torno a una experiencia que daba sentido a la historia y ordenaba el caos de la injusticia: la llegada del Reino de Dios, la Resurrección, estas son las claves, comunicación emocional de la fe.

En Extremadura, como en el resto de las regiones españolas, las Congregaciones Religiosas han sido parte de las vivencias de nuestros antepasados, de las nuestras y hoy podemos afirmar que existen en la Provincia de Badajoz catorce Arciprestazgos con un total de trece Congregaciones Religiosas masculinas y noventa y cinco femeninas. En la Provincia de Cáceres hay dieciséis Congregaciones Religiosas masculinas y cincuenta y siete femeninas lo que hacen un total de ciento ochenta y una.

Como dato curioso, en la provincia de Cáceres las Congregaciones Religiosas masculinas se quedan en catorce al existir una Congregación en Cáceres, otra en Guadalupe y otra en Pedroso de Acín. Las Congregaciones Religiosas femeninas son cuarenta y cuatro: Hermanas Carmelitas de la Caridad se encuentran en Cáceres y Miajadas. Hermanitas de los Pobres en Cáceres Plasencia y Trujillo. Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Cáceres, Coria, Membrio, Plasencia, Torrejoncillo y Valencia de Alcántara. Josefinas de la Santísima Trinidad en Cáceres, Cabezuela del Valle, Hervás y Plasencia. Hijas de la Virgen para la formación cristiana en Alcuescar y Valencia de Alcántara. Misioneras de Acción Parroquial en Casar de Cáceres y Huetre (Hurdes).

Como podemos ver se repiten como ya lo indico anteriormente y el total general cambia a cincuenta y ocho Congregaciones de ambos sexos.

En Badajoz ocurre otro tanto.

Ahora pasamos al estudio de algunas de estas congregaciones que nos ayudará a conocer aunque sólo sea unas simples pinceladas de su obra.

COMPAÑÍA DE JESÚS

San Ignacio de Loyola (1491-1556) Fundador de la Compañía de Jesús (Los Jesuitas). Iñigo López de Recalde nació en la casa solariega de Loyola, en Guipúzcoa (España). En su juventud fue militar, herido gravemente en un combate contra las tropas francesas; hubo de pasar muchos meses convaleciendo en Loyola y para mitigar su aburrimiento, abrió un volumen de las vidas con los Santos. Inmediatamente experimentó un gran cambio. Abandonando sus sueños de proezas caballerescas, decidió emprender una peregrinación a Jerusalén tan pronto como estuviera en condiciones para ello. Vestido de mendigo, asistió a las vísperas de la Anunciación en la capilla del Monasterio de Montserrat (1522), y allí colgó sus armas en señal de que abandonaba las glorias terrenales y se entregaba al combate espiritual. Después de muchos sinsabores visitó Jerusalén, donde predicó, con muy poco éxito, el Evangelio a los turcos. Regresó a España y estudió en Salamanca a fin de prepararse para la carrera que había elegido. Poco después se trasladó a París y allí fundó con cinco compañeros, la Compañía de Jesús (1534). Como su intención original de ir a Tierra Santa se vio frustrada por la guerra, los jesuitas decidieron consagrarse a combatir la Reforma. En 1539, San Ignacio pasó a Roma y al año siguiente consiguió que el Papa aprobara la Regla que había instituido. Permaneció en Roma como primer General de su Orden y allí murió, agotado por las penitencias y el exceso de trabajo. Fue canonizado en 1622 Jesuitas, la Sociedad o Compañía de Jesús es una Orden de clérigos regulares fundada por San Ignacio de Loyola. La Regla redactada por San Ignacio, no ha sido modificada nunca. Los jesuitas hacen los votos usuales de castidad, pobreza y obediencia, a los que se añade un cuarto voto: obediencia al Papa. El lema de la Compañía es Ad Maiorem Dei Gloriam. “A la mayor Gloria de Dios”

Hay cuatro grados en la orden: los profesos, que han pasado por todas las etapas preliminares (lo que requiere por lo menos diez años); los coadjutores, algunos de los cuales han recibido las sagradas órdenes y ayudan a los profesores en su obra espiritual, en tanto que otros son hermanos legos y ejecutan los trabajos meniales; los escolásticos, que se dedican al estudio y la enseñanza, y los novicios quienes después de dos años de prueba como postulantes, pasan otros dos en ejercicios espirituales y en preparación disciplinaria

La historia de la Compañía ha sido rica en vicisitudes; el triunfo de los primeros años fue seguido, en muchos países, por un periodo de represión (debido a la sospecha de que los Jesuitas se dedicaban a intrigas políticas), pero la orden resurgió y recobró sus antiguos prestigio e influencia. En el campo de la educación católica los jesuitas han alcanzado una señalada preeminencia. La compañía es una “autocracia” gobernada por un General electo. Los jesuitas están distribuidos por todo el mundo y cuentan más o menos con 25.000 miembros, repartidos en treinta y dos provincias, cada una bajo la dirección de un Provincial.

La Fórmula del Instituto, aprobada por los Papas Paulo III en 1540 y Julio III en 1550, dice: “Cualquiera que en nuestra Compañía quiera ser soldado para Dios… tenga entendido que forma parte de una Compañía ante todo… para emplearse en la defensa y dilatación de la Santa fe católica, en ayudar a las almas en la vida y doctrina cristiana, predicando, leyendo públicamente y ejercitando los demás oficios de enseñar la palabra de Dios, dando los ejercicios espirituales, instruyendo a los niños y a los ignorantes en la doctrina cristiana, oyendo las confesiones de los fieles y administrándoles los demás sacramentos para espiritual consolación de las ánimas. También es instituida para pacificar a los desavenidos, para socorrer y servir con obras de caridad a los presos en las cárceles y los enfermos en los hospitales, según sea necesario para gloria de Dios y el bien universal.

Este ideario ha movido durante cinco siglos la Compañía de Jesús.

Desde el siglo XVI, la Compañía e Jesús ha sido internacional en su composición, es decir desde sus orígenes.

Hay que destacar cuatro puntos como características de la espiritualidad ignaciana.

  1. Buscar y hallar la voluntad de Dios sobre sus vidas.
  2. Ensanchar el corazón a las dimensiones del mundo.
  3. Conocer la realidad de si mismos, cada uno.
  4. Discernir a la luz de la oración y de la razón iluminada por la fe para hacernos más evangélicos. Encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos con Dios en la oración.

Decía Pablo VI y lo ha repetido Juan Pablo II, “aún en los campos más difíciles… allí están presentes los jesuitas.” Los jesuitas están abiertos al diálogo con los no católicos y con las grandes religiones mundiales y en el deber de encarnar la dimensión social del Evangelio mediante el amor preferencial por los pobres, anunciando la Justicia del Reino y denunciando las injusticias del mundo. En resumen, la misión de los jesuitas es el servicio de la fe.

CONGREGACIÓN DE SACERDOTES DE LA MISIÓN DE SAN VICENTE DE PAÚL

San Vicente de Paúl nació en la Gascuña en 1581, de padres pobres. Fue ordenado en 1600. Durante un viaje de Toulouse a Narbonne fue capturado por piratas berberiscos y enviado como esclavo a Túnez. En 1607, logró escapar y, después de pasar algún tiempo en Roma y en París, fundó la Congregación de Sacerdotes de la Misión, que llegaron a ser famosos con el nombre de lazaristas en 1625 y restablecida en 1832 en el Colegio de San Lázaro de París. Se les conoce también como paules o vicencianos; son sacerdotes seculares ligados por votos simples, y tienen misiones, seminarios, etc. en todas partes del mundo.

Falleció en San Lázaro en 1660 y canonizado en 1737. Su fiesta es el 19 de Junio.

Fundó también las Hermanas de la Caridad, siendo su gran colaboradora Santa Luisa de Marillac y la Hija de la Caridad (como son conocidas) es la sierva de los pobres, que tiene por monasterio las casas de los enfermos; por celda, cuarto de alquiler; por capilla la Iglesia Parroquial; por claustro, las calles de la ciudad y las salas de los hospitales; por clausura, la obediencia; por rejas, el temor e Dios; por velo, la santa modestia. Se consagran a la unión con Dios para servir a los pobres.

MISIONEROS OBLATOS DE MARÍA INMACULADA

Anunciar a Jesucristo en el tercer milenio.

En Aix de Provenza (Francia), el 25 de Enero de 1816. San Eugenio de Mazenod, “figura gigante del movimiento misionero moderno” (Juan XXIII), “apasionado por Cristo e incondicional de la Iglesia” (Pablo VI), fiel a un ideal que le llevaría a una aventura evangélica cuyo desarrollo no se atrevería ni a soñar él mismo a causa de los mil obstáculos que surgieron en su camino” (Juan Pablo II), fue su fundador.

Eugenio, nacido en el seno de una familia noble, sufre en sus carnes, desde muy niño, los zarpazos de la Revolución francesa. Con solo 9 años se ve obligado a huir al destierro con su familia. Cuando regresa a los 20, muchas cosas habían cambiado sustancialmente en Francia. También en la Iglesia. A los 25, deslumbrado por el amor de Dios, que descubre en un Viernes Santo al adorar la Cruz, lo ve todo con ojos nuevos: el abandono del pueblo de Dios, escasos sacerdotes decrépitos física y espiritualmente, le empujan a optar por ser “el servidor y sacerdote de los pobres.” Quiere “enseñar a todos quien es Jesucristo”

Desbordado por la magnitud de la empresa, reúne en torno a si a algunos sacerdotes animados de su mismo celo ardiente y los impulsa a vivir “unidos por los lazos de la más íntima caridad, teniendo un solo corazón y una sola alma.” El prototipo de esa “comunidad apostólica” será Jesús con los apóstoles. Formados en esa escuela evangélica, los lanzará a los cuatro vientos para evangelizar a los pobres.

“Quisiera enviar misioneros a todo el mundo. Así nació un nuevo instituto religioso-misionero”.

“Incondicional a la Iglesia,” aceptará más tarde el episcopado. Primero como titular de una diócesis desaparecida en Argelia. Después debe regir la populosa y difícil diócesis de Marsella. Mazenod se entrega con pasión a su nueva diócesis; pero se desvela al mismo tiempo, como San Pablo, “por todas las iglesias” a donde ha enviado a sus oblatos.

“El oblato es, ante todo, el hombre de Jesucristo. Un día fue alcanzado por Cristo. Escuchó su invitación a dejarlo todo y a seguirlo. Dejó sus bienes, su familia, las posibilidades de situarse en el mundo, y se puso a seguir a Jesús viviendo su vida y participando en la misión. Se siente impulsado a decir a los hombres, sobre todo a los pobres, quién es Jesucristo.

El oblato es también el hombre de los pobres. Tiene los ojos muy abiertos al dolor del mundo y se siente muy afectado por el grito de los pobres.

El oblato es también el hombre de la Iglesia. Jesús y la Iglesia se identifican.

El oblato es el hombre de la Virgen María. Siguiendo a Cristo ha encontrado a María su Madre, la Inmaculada.

Reunidos todos estos “el oblato es,” hacen con su totalidad un verdadero oblato. Comparte con otros lo que les cautiva, comparte con otros su carisma.

Están trabajando en los cinco Continentes.

HERMANAS MISIONERAS FRANCISCANAS DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN

Es una Congregación poco numerosa, unas 400 hermanas y de poco renombre. Son un don del Espíritu Santo en la Iglesia. Su Carisma es seguir el Evangelio según lo veía San Francisco de Asís, conviven en fraternidad y tratando de producir en sus vidas a Cristo, Obediente, Pobre…

Desde sus comienzos pusieron a la Congregación bajo el patronazgo de la Purísima Concepción de María. Es su modelo y referencia imitándola en sus cualidades de Virgen Madre.

La Fundadora es la Madre Paula de Jesús Gil Cano que nace en Vera (Almería) el 2 de Febrero de 1849. De niña está acogida en la Casa de la Misericordia, en Cartagena. Siente la necesidad de prestar ayuda a los niños sin padres de la riada murciana de 1879.

Inicia una vida comunitaria con una responsabilidad tan llena de amor al servicio de las huerfanitas que es conocida por todos. El Obispo de Cartagena D. Mariano A. la aconsejó que hablara y se pusiera bajo la dirección del Franciscano P. Manuel Malo, y de sus manos reciben el hábito y les da la Regla Franciscana y crean los primeros Estatutos.

En vida de la Fundadora el Papa León XIII aprobó la Congregación el 6 de Julio de 1901 pasando a ser de Derecho Pontificio y en 1903 aprobadas las Constituciones por el Papa San Pío X. Madre Paula falleció en Murcia el 18 de Enero de 1913; el 14 de Octubre de 1995 se abrió el Proceso Diocesano de su Canonización en Murcia y se clausuró el 11 de Octubre de 1997, para continuarlo en Roma.

Carisma.

Servicio al pueblo, siendo lo más destacado de su apostolado vivir en verdad, sencillez y alegría, la vida del Evangelio. Sirviendo a los niños en Casas-Hogares y como principal hecho lo concerniente a la educación y a la labor de pastoral catequética con las parroquias y lugares de misión.

Son tres los Continentes en los que ejercen su servicio y entrega, Europa, América y África. Tienen 57 Casas. La Congregación está constituida por tres provincias, 2 en América y 1 en Europa.

MISIONEROS CLARETIANOS, SAN ANTONIO MARÍA CLARET

En 1849, cinco jóvenes sacerdotes, con el Padre Claret al frente, se lanzaron a crear una Congregación misionera. Era el 16 de Julio de 1849 cuando comenzó la Santa Congregación en una sencilla celda del Seminario de Vich (Barcelona). Los comienzos eran con escasez de medios y pocos componentes. Lo que si tenían muy claro es que su ideal sería ARDER, ABRASAR y ENCENDER. Para extenderse, para romper fronteras… Al escribir estas palabras arder, abrasar y encender, por unos instantes pensé deberían cambiarse los términos, primero encender, después arder y por último abrasar, esto en cuanto a una supuesta lógica más si lo analizamos como nos lo presenta el Padre Claret lo que nos está diciendo es que hay que arder en el amor de Dios, abrasarse en él y encender a otras personas, que el fuego multiplique. ¿Debería ser esta la definición de un misionero? Se ha dicho esto y creo que es esencial para poder llegar a ser realmente un misionero, al arder no te importa lo tuyo, te entregas hasta abrasarte para seguidamente encender a otros, y digo otros, porque no sólo serán esa media docena de personas las que vivirán ese carisma sino que a lo largo de los 152 años transcurridos, eso se ha realizado bajo la inspiración del Espíritu Santo y no solo en seminaristas como cuando empezaron, incluso hoy día están las mujeres sirviendo a los demás desde una entrega misionera, desde su ser sacerdotes, religiosas o simplemente laicos. El perfil misionero es de la persona que más se acerca a los valores del Evangelio, lo hace Palabra, lo hace vida y se encarna en él la verdad que todos buscamos. Porque todos tenemos un deseo grande de encontrar lo que nos colme y nos llene. La vida de un misionero suele estar llena, colmada, frente al vacío actual de quienes solo se preocupan por una vida más confortable y cómoda.

Nosotros no entendemos lo que es la humildad, esta palabra sencilla, la confundimos con necesitado y se puede ser humilde y ser lo más importante, precisamente por ello. ¿No podría ser esta, otra definición de misionero?

CONGREGACIÓN DE LOS SALESIANOS

San Juan Bosco, sacerdote de Turín (Italia) (1815-1888), fundó la Congregación de los Salesianos en 1861 para educar a la juventud y, luego, los Cooperadores Salesianos con este mismo fin. Estableció en 1876 la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora, a las que confió las muchachas. Fue canonizado por Pío XI el 1º de Abril de 1934.

San Juan Bosco es uno de los Santos que más han “soñado.” Es decir que Dios le manifestaba en sueños su voluntad y le decía muchas cosas. Su primer sueño fue a los 9 años. Bajo la alegoría de una turba de animales feroces, que se convierten en corderos y algunos en pastores, se le indica su misión en el mundo: educar la juventud, convertir a los no creyentes, perfeccionar a los buenos. Nacido de estas circunstancias Juan se hace sacerdote. Cuando era seminarista reunía a los niños para enseñarles a rezar.

Huérfano de padre, para ayudarse en sus estudios y el sostenimiento de la casa, se hace mozo de granjas, y en cafés, trabaja de sastre, zapatero, carpintero, herrero y sacristán, sin olvidar su apostolado. Para atraer a chicos y mayores al catecismo, se hizo hábil titiritero, atleta e ilusionista.

Siendo sacerdote, al ver a los chicos huérfanos y vagabundos por las calles, concibió la idea de crear los “oratorios,” lugares en los que se refugiaban los chicos y eran cuidados y educados. Pronto se le sumaron otros sacerdotes y con ellos fundó la Congregación de Padres y Hermanos Salesianos. Creó por la Santa Sede la “Pía Unión de los Cooperadores Salesianos,” que viene a ser como una Orden Tercera. A ella quiso pertenecer el mismo Papa Pío IX, quien aprobó las reglas de los Salesianos.

Carisma.

Estos religiosos se dedican por medio de sus miembros, sus iglesias y sus escuelas profesionales, a la educación de la juventud por todo el mundo. Apostolado que puso bajo la tutela de María Auxiliadora.

La actividad pastoral de San Juan Bosco abarcó además el campo de la prensa, con diversas publicaciones fijas y periódicas. Siempre tenía en sus talleres profesionales imprenta. Hasta llegó a fundar una fábrica de papel, la primera que funcionó en Piamonte (Italia).

Su fama se extendió muy rápida por todos los lugares así como el poder de hacer milagros.

Falleció en Turín el 31 de Enero de 1888. San Pío X lo declaró venerable. Lo beatificó el Papa Pío XI en 1929 y le canonizó el día de la Pascua de Resurrección, 1 de Abril de 1934.

Es Patrono del Cine, de las Escuelas de Artes y Oficios y también de los ilusionistas.

CONCLUSIÓN

Una vez hecho un estudio aproximado de las Congregaciones Religiosas, podemos destacar que son complementarias unas de otras, es decir, que entre todas forman el proceso a seguir para comprender y entender la llegada del Reino de Dios, y como decíamos al principio la Resurrección, siendo estas las claves esenciales para la comunicación emocional de la fe.