Oct 011987
 

Montaña Pulido Cordero.

Los primeros conocimientos que tuve de Sorapan de Rieros, se los oí a mi padre, digo se los oí porque era el tema de charla favorito con su médico.

Entonces me llamó la atención la sonoridad del apellido, que causo un verdadero impacto en mi memoria. Hoy, es un personaje al que admiro profundamente.

La bibliografía existente sobre este extremeño es escasa, voy a enumerar a grandes pasos aquellos investigadores que han buceado en su vida al fin de aportar datos concretos sobre su figura.

Pascual Madoz, en el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico”, en el artículo correspondiente a la villa de Logrosán (en tiempos de Sorapán, lugar de la jurisdicción de Trujillo), correspondiente al tomo X (año 1847), se dice: “… que este pueblo es patria de Don Juan Sorapán de Rieros, que redujo los preceptos de la medicina española a proverbios vulgares”. Puede ser que el corresponsal de Madoz exagerase un tanto al generalizar tan sensiblemente esa modesta y recogida reducción, pero no deja de pensarse, que ese corresponsal o quien fuese, no dejó de estimar y reconocer en el Doctor Sorapán, cierto mérito personal, digno de tenerse en cuenta.

En las mismas fechas de Madoz, D. Francisco de Paula Mellado, en su “España Geográfica, estadística y pintoresca” (Madrid, 1b45) escribe en la página 253 lo mismo que Madoz y exactamente con las mismas palabras, por lo que hay que atribuir a Mellado la primicia, entre ambos, de este anodino juicio, que vino a colocar a Sorapán en un lugar destacado dentro de una especialidad médico-literaria-folklórica.

Pero el artículo que consagró al doctor Sorapán en la Revista de Extremadura se debe a D. Mario Roso de Luna, en el cuaderno correspondiente al mes de enero de 1900, fija el lugar de nacimiento de Sorapán en la villa de Logrosán, el día 28 de marzo de 1572, fecha que tramite de la partida de nacimiento, por lo Que la fecha real debe ser dos o tres días antes.

Como dato también importante cita la fecha de la fundación por el doctos Sorapán y su mujer, dona María de Linares, de una capellanía en la Iglesia de Logrosán (parroquia de San Mateo), cuando transcurría agosto de 1630, agregando que por entonces vivía en Cáceres.

Roso dedica a Sorapán un comentario en el que el análisis y la crítica tienen su principal parte, en el que, si bien no lo muestra como un genio, sus postulados son tan oportunos, discretos y fundamentados que nos denuncian su gran cultura y excepcional talento.

Don Vicente Barrantes, en su “Aparato Bibliográfico para la historia de Extremadura”, se ocupa (Tomo 24, pág. 155) poco de la obra de Sorapán. En realidad muestra que tenía muy pocos antecedentes y formación de juicio sobre el doctor extremeño. Ello no tiene otra explicación que la de que su figura, hoy poco más relevada que hacia 1875, fecha en que se publicó ese segundo tomo, careció casi siempre de la notoriedad necesaria para dedicarle estudios y atenciones que, en realidad, todavía están por hacer en cualquiera de sus facetas, derivadas, bien de su profesionalismo científico, bien, de su particularismo en cuanto al orden interior de su vida social y moral.

Por cierto que Barrantes alude a una segunda obra de Sorapán, aunque solo por referencia que encuentra en el Padre Tovar. Esta obra, la titula “Escritores de Extremadura” por Juan Sorapán de Rieros, médico y familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena y Granada y su Real Chancillería. Es posible que tal obra no exista y solo sea alguna separata o impreso aparte en el que se reproduzcan las paginas que dedica a extremeños ilustres o sean primicias de escritor, antes de escribir los Proverbios.

D. Nicolás Díaz y Pérez, hombre de talento e historiador ameno y despreocupado, lleno de aciertos y lleno de errores, en su voluminosa obra “Diccionario… de autores, artistas y extremeños ilustres” (Pérez y Boix, Madrid, 1884), tiene en cuenta a Sorapán, si bien, es poco interesante lo que dice en su corta referencia. Lo hace natural de Llerena y reproduce, con la tacha de errónea, la versión de Don Pedro José Pidal que lo hizo granadino.

Algo nuevo, sin embargo, aporta el autor (que tratándose de Díaz y Pérez…). Cita cierto pleito que sostuvo largos años con su hermano que parece ser fue el motivo de ir a Granada, donde se estableció en el año 1610. Algún año más cita, pero no merece la pena tener en cuenta pues Díaz y Pérez no tiene acostumbrados a inventar sistemáticamente en estos aspectos, aunque generalmente sale del paso ante la ausencia de esta clase de datos.

Don Teodoro Fernández, publicó en la Revista de Guadalupe (número de marzo-abril de 1965) una nota biográfica del doctor Sorapán, de la que tomo lo siguiente, que es casi todo:

“Juan Riero Sorapán o Xarapán, hijo de Gonzalo Riero y María – González, nació en Logrosán el 25 de marzo de 1572, bautizólo dos días después el párroco de San Mateo don Francisco Martínez, según el Libro 12 de Bautismos hoy existente y al que en 1520 se trasladaron oficialmente los datos del libro original de 1520, por deterioro de este.

Estudió en las Escuelas de Guadalupe, donde lo cita Nicolás Pérez Jiménez como uno de los que tuvieron mayores éxitos en analizar las fuentes medicinales (Cfr. Virgen y Mártir, I, l77).

En fecha ignorada casó con doña María de Linares y con ella fundó en 1630 una capellanía en Logrosán”.

Y prosigue el Sr. Fernández: “Encomendándole el César delicados cometidos. Médico de la Inquisición en Llerena. A los 42 años profesor en Granada, donde escribió su libro, impreso en 1616 y reeditado en Madrid en 1876.

Luego, residió en Cáceres algún tiempo, (como prueban los documentos presentados a los Coloquios del pasado año), y el 7 de noviembre de 1638 otorgó testamento en Trujillo y falleció en esa misma fecha, creemos que en su pueblo natal, donde se encontrarán sus cenizas”.

Tomás Pulido en un trabajo titulado “Algunas noticias biográficas sobre Sorapán de Rieros”, opina que no es posible testar en Trujillo el 7 de noviembre y fallecer en esa misma fecha en Logrosán. Casi podría afirmarse que testando en Trujillo, hallándose en salud, pudo morir días, meses o años adelante, falleciendo en Logrosán, y, claro es, ser enterrado allí. Pero lo probable es que si Sorapán testó estando enfermo, la experiencia de Tomás Pulido al haber visto miles de testamentos de esta época, casi garantiza su fallecimiento inmediato.

De ello se puede deducir que murió en Trujillo, y aquí recibiría sepultura, cosa fácil de comprobar. En Trujillo se encuentran seguramente los documentos fehacientes del caso que nos ocupa.

Como se puede observar no deja de haber noticias, incluso perfectamente documentadas, sobre la vida del doctor Sorapán. Solo falta una mano de investigador que bucee en los archivos y saque a la luz las conclusiones que este insigne medico extremeño merece.