Oct 012007
 

 Antonio Bravo Fernández.

 Antonio Bravo Fernández. 

Les expuse en la edición de estos Coloquios del 2005, como en los siglos 18-19-20, les decía claramente todos mis conocimientos, que durante varios años conseguí, como se hacia un dorado nada fácil de hacer, pero si difícil de aprender.

 

Darles a conocer dicho proceso de cómo se desarrollaba un trabajo perfecto, con todos sus  ingredientes y utensilios para poder dorar un género fabricado total y manualmente en Trujillo.

 

Hacer dorado es convertir oro sólido en liquido por medio de una parte de ácido nítrico, y dos partes de ácidocloridico, que con los dos juntos se consigue el agua regia, que es la que hace que se convierta el oro sólido en liquido, lo cual ya no podemos separar.

 

El dorado lo mismo que se hace con oro fino de 24 kilates, también se puede hacer con oro de menor calidad o ley, pero teniendo en cuenta que tanto la calidad, el color, y el resultado no es igual, respecto al dorado con oro de 24 kilates.

 

En el color de los dorados de menos ley, influye según haya sido la aleación que contenga el oro empleado, puede ser Rojizo, Amarillo claro, o amarillo fuerte.

 

El color rojizo lo da si ha sido ligado solo con cobre.

El color amarillo claro si ha sido ligado con plata.

El  color amarillo rojizo claro si ha sido ligado con plata y cobre.

El color amarillo fuerte si ha sido ligado con metal amarillo.

 

El dorar no solamente abarca a los metales, de la Joyería, Platería y Orfebrería, también se aplican a la Madera, Vidrios, y otros metales muy distintos a los referidos anteriormente.

 

Las técnicas son muy diferentes, según sean los artículos a dorar, las fundamentales, son las doraduras al fuego, por aplicación de hojas, a la pasta, y por electroquímica, (todo es cubrir con oro la superficie de un objeto o cosa) como ejemplo, Retablos, Cuadros, Imágenes Etc.

En el dorado hay tres fases donde el género recibe en teoría tres baños iguales, pero distintos entre si uno de otros, como es el Emblanquimiento primero de los tres, seguido del Plateado, y por ultimo y definitivo el Dorado.

 

Cuando el dorado se encuentra dispuesto para cumplir su cometido, comenzamos a preparar todo cuanto se necesita. Teniendo todo dispuesto comienza la jornada, porque se prevé un día largo y ajetreado, no teniendo que olvidar, que comenzar es terminar a la hora que sea.

 

Encendemos la fragua, ponemos una cacerola con agua a calentar lentamente, añadimos un poco de ácido nítrico, y un puñado de sal común a lo que llamamos Emblanquimiento, este es el primero de los baños, aquí el género recibe su primer color blanco aunque un poco nítido, al ser el género de cobre, y al estar las piezas soldadas con soldadura de plata limada, al entrar en contacto con el agua y el ácido recibe su primera capa de blanco, todo lo que estaba cubierto de soldadura, dejando al descubierto con el color rojizo del cobre lo que no cogió soldadura.

 

Con el género emblanquecido, se saca, se aclara, y se friega con agua y jabón con un cepillo de gratas de metal todas las piezas, se aclaran para que desaparezca las grasas y el jabón, mientras se hace este trabajo se pone al fuego un nuevo recipiente con el plateado, para que lentamente se caliente y coja los grados necesarios para recibir de nuevo al género.0

 

En el recipiente con el liquido caliente se introduce el género, se cubre todo de plateado y se espera diez o quince minutos, se comprueba si el género está o no plateado, si el color es el optimo para poderlo sacar, lo apartamos del fuego y comprobamos que ha quedado correcto para que se enfríe y el género reciba el fregado para su paso a la tercera y ultima fase, con todo correcto repasamos una por una todas las piezas para tener la seguridad de que no tienen nada que pueda dañar tanto al dorado como al género, así pasamos a la tercera y ultima fase,

 

Dorar con un dorado nuevo recién hecho, con cuidado y el esmero que requiere un trabajo de este tipo era una gran alegría para todos, pero como en todas las profesiones siempre hay algo oculto que en principio no se ve, no es que se haga mal, no, solo que por cualquier imprevisto nos encontramos con graves y serios problemas que hay que subsanar lo antes posible.

 

Cuando un trabajo que teóricamente está perfectamente hecho con una experiencia de muchos años, y cuando el resultado es totalmente negativo, con un rendimiento poco habitual es algo que no

Funciona.

 

En la fragua, en un recipiente se encuentra el dorado que lentamente va calentándose, introducimos las piezas plateadas, y en 10-o-15 minutos, al alcanzar los veinte o treinta grados centígrados, observamos como no cubre su objetivo, cosa que no esperábamos, se aparta del fuego, lo pasamos a otro recipiente limpio y vemos que apenas  aparece el color oro, se piensa que puede haber pasado o donde está el fallo.

 

Pensamos que la materia prima no es porque era oro fino de 24 k, lo cual queda descartado, el  pulsiato, dio rápidamente los destellos amarillos entre el color marrón, el subcarbonato de sosa y el cianuro potásico fueron comprados en la farmacia, no podemos saber el tiempo que llevan en los frascos, y al no tener fecha de caducidad estamos como al principio, tampoco podemos añadir ninguno de los productos, porque se alteraría todo, cosa que no obtendríamos resultado positivo y si muchos inconvenientes.

 

Pensando durante minutos, nos damos cuenta que lo que el dorado necesita es aumentarle la fuerza, es decir darle más corriente,

porque tanto el subcarbonato de sosa como el cianuro potásico no se la dieron

 

Para dar más fuerza es preciso darle corriente, pero  la corriente que nos pide, no es una corriente de 125- ó 220 vatios, no

tenemos que olvidar que tanto el liquido  como el cobre son dos grandes conductores de corrientes eléctricas, lo cual por un lado nos

abrasaría el dorado saltando por la estancia, y por otro al género le causaría graves problemas, incluidos los que allí nos

encontráramos.

 

Para subsanar este percance, se comprueban las  notas del proceso, y dice que con una corriente pequeña se puede resolver, con

una pila de linterna de petaca plana, sacamos los dos polos, y haciendo un taladro en las puntas de cada uno fijamos un hilo de cobre, lo

soldamos con tinol, un estaño en limadura  con sus ácidos que suelda a muy baja temperatura.

 

En el polo positivo se coloca el hilo más largo, y en el negativo el más corto, por medio de una varilla de cristal, subimos el

género sobre la mitad, introducimos el hilo positivo, y el negativo se introduce encima del género siendo cubierto por el liquido,

durante 10- 15 minutos  al recibir la corriente de los 12 vatios de la pila, ejerce una reacción quedando el dorado perfecto.

 

También nos puede ocurrir, que de echo ocurre, que la corriente no sea la necesaria y necesite más fuerza, tenemos que recurrir a

dar más corriente, para ello ponemos una pila usada, no se puede dar, al menos no se debe darle una corriente igual a los 12 vatios,

pero sí de 4 a 6 vatios que permite la ayuda.

 

Los problemas no terminan, otra vez que el dorado no dora, una vez visto el resultado  no nos coge el color, tomamos el tiempo

necesario, pasamos el dorado a un recipiente limpio, sacamos el género, y  ver  que pudo pasar, estando todo correcto observamos que

el oro no fue comprado en la Sociedad, sino afinado por nosotros mismos, lo que nos indicaba que no estaba en la ley de los 24 kilates.

 

Con el oro que sobró después de afinado, lo fundimos , lo tocamos en la piedra de toque y nos dio como resultado oro de 18

kilates

 

En el aquilatamiento cuando un artículo contiene metal de dos calidades diferentes, por ejemplo oro de 20 y de 18kilates, el

aquilatamiento se aplica únicamente el de menor calidad, ignorando siempre al mayor.

 

De inmediato, se afinó más oro pero nos preguntamos ¿ que pudo pasar?, las prisas, y lo mal que se hizo, lo raro es que hubiera

salido bien, se hizo todo nuevo hasta que se consiguió quedarlo en la ley de los 24 k.

 

Al estar el oro afinado y su ley, como queda en partículas muy pequeñas casi como en polvo hay que fundirlo de nuevo, con la

barra que se obtiene, y para no caer en el mismo error, lo tocamos en la piedra, y conseguimos ver que el oro está en la ley de los 24

kilates.

 

Haciendo de nuevo dorado, con el género preparado, se dora y ahora conseguimos el color de oro fino.

 

Tenemos que ser  consciente que tanto hacer dorado, como el dorar no es fácil nos encontramos con varios inconvenientes y

sorpresas , siempre a ultima hora, y cuando menos lo esperas, y digo esto porque.

 

Recuerdo que en una ocasión, tuvimos en un dorado la mayor sorpresa nunca vista por nosotros, con el género dentro del

recipiente y pasando los 15- 20 minutos, observamos como encima del género había una capa muy fina que cubría todo el género, con

una varilla de cristal subimos parte del género, y nos encontramos que estaba completamente blanco sin nada de color, la sorpresa fue

mayúscula cuando al tocar las piezas sacadas, nuestros dedos se llenaron de color amarillo.

 

Lo apartamos, sacamos las piezas, blancas y se empezó a ver que había pasado nunca nos pasó nada igual, lavamos las piezas, y

con un colador se coló todo el dorado, no se filtró porque ya se hizo en su momento, y comenzó la búsqueda del error que duró varias

horas.

 

¿Por qué el dorado nos hizo semejante faena? Comprobando todos y cada una de los productos, se pudo averiguar, que no tenia cianuro potásico, producido por un error, cogió un paquete, de pulsiato amarillo creyendo que era el del cianuro potásico, por eso decimos que el cianuro es el producto que fija el dorado  a las piezas.

 

Se decía cuando se hizo el dorado, que el cianuro se machacaba en un papel de estraza pero por error no se hizo, ese fue el fallo,

de echar un mismo producto dos veces.

 

Aquí no acaba el proceso del dorado, una vez que se da por finalizado el dorar, se sacan las piezas, y en un recipiente aparte se aclaran a grifo abierto durantes varios aclarados hasta que estén limpias y desengrasadas, una vez escurridas, se introducen en una caja con serrín y las movemos durante unos minutos, el motivo no es otro que una vez cubiertas  se sequen tanto por una como otra parte, absorbiendo todo lo mojado en el interior  como en el exterior, para ello necesita varias horas, nada mejor que emplear las horas de la noche.

 

A la mañana siguiente con el género completamente seco, lo sacamos de la caja y con un cepillo de pelos fino, vamos quitando el serrín y observamos como queda transformadas dando un color distinto al que salió del dorado con un pequeño brillo, ya que el brillo fuerte es el que se produce a través de bruñido.

 

Acto seguido comenzamos con el bruñido, cuando las piezas están secas y limpias, con  paño limpios y con  el bruñidor frotamos a la pieza con mucho cuidado sin apretar para no rayarlas y  se las saca el brillo, nos encontramos con aquellas piezas que en el primer baño no cogieron el color, quedando el rojizo del cobre, que por medio del bruñido las damos el brillo fuerte.  El motivo de usar  paños limpios y secos,  que al tener que sujetar las piezas con los dedos para poder bruñirlas, es para que no cojan la grasa producidas  por el sudor y no tener que hacer reiteradamente el lavado de las manos.

 

Cuando expuse hacer el dorado decía que los recipientes tenían que recibir el fuego muy lentamente, tanto el liquido como los

género, porque se corría el riesgo de perderlo, por otro lado los recipientes no se pueden tapar, primero porque se va viendo las

evoluciones que tomas los tres baños, segundo al ser más fuerte el fuego. El carbón de la fragua despide unas chispita rojas que se

apagan en el aire y al caer inunda el liquido de impurezas que dañan seriamente tanto al dorado como al género en cualquiera de los

baños, por ese motivo el fuego lento juega un gran papel en todo el proceso.

 

Aparte de lo dicho anteriormente, al ser el fuego más fuerte no encontramos que los recipientes sometidos a mayor

temperatura las porcelanas corren el riesgo de saltarles  el esmalte,   los productos perjudican al hierro no solo de los recipientes,

también a la fragua por corrosión quedando en poco tiempo inservible.

 

El hacer dorado y dorar, es el principio del  final, de un proceso de trabajo de varios meses, con personas que consiguieron

una serie de objeto elaborados en el taller dando forma a los metales, creado con paciencia, cariño, y amor, grandes series de piezas de

la Orfebrería Trujillana.

 

Para darles a conocer con toda clase de detalles, he tenido  retroceder muchos años atrás, con muchas horas, días, meses,

recordar un proceso tan largo, tan complejo y delicado como es recopilar mentalmente datos y detalles, después de años sin hacer  esta

clase de trabajo.

 

Trabajo que no se hace a diario, solo una vez al año, pero a la hora de recomponer todo necesitas tiempo, concentración, y

como no un gran esfuerzo mental.

 

Con bloc y bolígrafo en mano, cuando los recuerdos afloran en la mente, copiar con rapidez lo recordado, recopilar nuevos

datos, consultar los anteriores, sacar datos nuevos tanto positivos como negativos, pero todos valederos, refrescar la memoria después

de tantos años, no es tarea  fácil, teniendo en cuenta que en aquellos años no existían libros que hablaran de cómo hacer el dorado ó

como dorar para mí, es un gran triunfo tanto personal como profesional, aparte de una gran  alegría  el haber podido conseguirlo.

 

La satisfacción, el haber podido recuperar un trabajo olvidado y extinguido después de varias décadas.

 

En aquellos años donde  solo existían apuntes, aunque les puedo asegurar, y lo aseguro que nunca los vimos, ni estuvieron a nuestro alcance, fuimos cinco aprendices, y todos sabíamos que tanto en el hacer dorado como en algo más nos estaban ocultando, ya nos dijeron aquella celebre frase, (hacer dorado no se enseña, se aprende.)

 

Una cosa es no querer enseñar, otra es querer aprender, yo personalmente tuve la suerte o la fortuna , de que bien por mañas o por amor propio, a fuerza de recordar y anotar todo cuanto me venia a la mente, unas veces acertadas y otras no, he conseguido mi objetivo.

 

Hoy por hoy después de muchos años de trabajo, y con todo el dolor de mi corazón he visto agonizar una profesión como es la Orfebrería, Trujillo pierde una vez más algo grande, que durante muchos años hizo embellecer a la mujer trujillana con sus clásicos aderezos de Pascuas de Resurrección, algo que generaciones venideras no conocerán.

 

Pero en compensación quiero darles a todos ustedes, mi satisfacción particular de que conozcan en un espacio corto de tiempo, lo que a mi me costo durante muchos años aprender.

Oct 012005
 

Antonio Bravo Fernández.

Tanto en la orfebrería como en la platería, incluso en la joyería, el pasar de los años ha traído consigo innovaciones tecnológicas como no podía ser de otra manera. En este campo, la tecnología ha tenido un acusado desarrollo, tanto en cuanto, el avance técnico ha permitido a esta disciplina expandirse fuera del terreno meramente artesanal.

Uno de los apartados que más avances ha sufrido dentro de esta disciplina ha sido “el dorado”. Es precisamente este aspecto de la orfebrería el que vamos a tratar ya que su impetuoso avance y su casi imprescindible utilidad hace de él uno de los elementos más importantes de la orfebrería.

Este trabajo contempla la realización del dorado tal y como se ha venido desarrollando prácticamente desde la implantación, por parte de los moros, de la orfebrería tal y como se conoce en la actualidad en España y por añadidura en Extremadura de una manera totalmente artesanal, donde todo lo utilizable había que prepararlo en el propio taller y de forma manual, se trata del llamado “Dorado a fuego”.

Este capítulo de la orfebrería conlleva no poca dificultad a la hora de resumir su proceso, por lo complejo de su realización y por los numerosos pasos que transcurren desde que comienzan los preparativos hasta llegar a su finalización.

El dorado tiene por objeto recubrir los metales comunes de una capa de oro puro, mediante una serie de baños al cual se llega a través de diferentes procedimientos como son el chapado, al fuego, por vía húmeda, por procedimiento galvánico y por medio de corrientes eléctricas o electrolisis.

Este proceso comienza con una revolución a modo de zafarrancho en el taller cuando nos disponíamos a dorar. Una simple y rutinaria labor se convertía en todo un ritual que comenzaba con los preparativos y con una cuestión indispensable para tal hecho: el oro con el que se va a contar, eso era de capital importancia, puesto que si no se cuenta con la cantidad suficiente habría que afinar más cantidad o por el contrario solicitarlo a la Sociedad.

Lo primero y prioritario era dar por finalizado el género que había que dorar y a continuación comenzaban los preparativos de la interminable

lista de útiles que se tenían que utilizar…. desde un simple baño, cacerolas y palanganas de porcelana impecables, ya que bajo ningún concepto beberían tener el esmalte saltado, hasta las más “sofisticadas” copelas[1] de pedernal[2], bombonas y embudos de cristal, varillas de vidrio etc….

Otro apartado a organizar era lo referente al material y productos que se usan para tal efecto como las sales, los ácidos, filtros de papel y demás sustancias químicas que se utilizarían para tal proceso.

Una de las cuestiones más importantes y donde se debe poner el máximo empeño es en que tanto las cacerolas como las palanganas de porcelana no estén defectuosas ya que al tener el esmalte saltado queda al descubierto la chapa con la que están realizadas, dicha chapa al recibir el líquido del dorado con todo sus componentes, ácidos, sales etc…, al entrar en contacto con el latón o el hierro con el que están fabricadas sería corroído por las citadas sustancias con lo que daría al traste con todo el proceso, llegando incluso a afectar al género que se tiene que dorar.

Otro aspecto a tener en cuenta es la calidad del oro. El oro debe de ser oro fino, es decir, oro cuya ley sea de 24 Kilates ya que sus características tanto químicas (por su composición) como físicas (por su grado de dureza) lo hacen más apropiado.

Este oro se comportará de mejor manera que el oro de una ley menor puesto que entre otras razones al disolverse mejor nos garantiza un dorado de mayor calidad incluso utilizando para ello menor tiempo.

Tal y como he comentado anteriormente, si no había suficiente oro fino para la realización de este proceso había que pedirlo a la Sociedad.

Se trata de la Sociedad Española de Metales Preciosos, empresa estatal, es decir, propiedad del estado, y la única en España que está autorizada oficialmente para la venta de metales preciosos tales como el oro, la plata, el platino, el paladio etc… con sede en Madrid y sucursales en Barcelona, Valencia y Córdoba. Para recurrir a esta sociedad es necesario ser profesional en la materia y evidentemente cumplir con las obligaciones fiscales que ello conlleva.

Tanto el oro del que disponemos como el mandado por la Sociedad requieren una preparación previa. El oro que nos envía tiene las características propias de la peculiaridad de la sociedad y es que prácticamente en ninguna de las ocasiones en las que se recurre a ella disponen el género en su peso exacto al requerido, y tiene una explicación ya que al mandarse el oro “al corte” nunca coincide en su exactitud con el peso solicitado, si a esto le sumamos que la sociedad nunca añade o reduce el peso del material cortado nos encontramos con la circunstancia de que el peso, aunque aproximado, nunca será el exacto.

El oro suministrado viene generalmente en láminas de aproximadamente unos 2 centímetros de largo por unos 3 o 4 milímetros de espesor.

Estas dos circunstancias, el peso y la hechura hacen que dicho material se deba de alterar en su forma para hacerlo más manipulable y todo ello se realiza antes del inicio del proceso del dorado.

Esta alteración consiste en reducir el grosor del material laminándolo de forma que quede lo más fino posible, en ocasiones hasta mucho menos de un milímetro, junto a esto se trocea en numerosos pedazos con lo que la actuación de los ácidos se hace más efectiva y rápida. Ni que decir tiene que para este proceso sí se requiere contar con una rigurosa exactitud en el peso.

Volviendo al dorado a fuego, suponiendo que el género que tenemos para dorar sea de 1.500 gramos necesitaremos para ello 3 gramos de oro fino, puesto que cada gramo de oro de 24 kilates tiene por sí mismo y evidentemente tras el proceso al que se ve sometido, capacidad para dorar 500 gramos de género.

La jornada de trabajo comienza con el encendido de la fragua, tras lo cuál pondremos los tres gramos de oro fino que hemos preparado en una copela a la que añadiremos ácido nítrico en cantidad suficiente como para que toda la cantidad de oro que estamos utilizando quede completamente cubierta.

La utilización de una copela de pedernal se debe a que está realizada con un material de comprobada dureza que no se ve alterado ni atacado por ninguna sustancia química o ácidos de los que utilizaremos y que su comportamiento al fuego lento es el óptimo.

Ya con el oro fino y el ácido nítrico en cantidades suficientes dentro de la copela lo ponemos a fuego lento hasta que alcance una temperatura elevada pero no permitiendo en ningún momento que hierva.

Paralelamente a esto dispondremos también de una cacerola con agua que pondremos a calentar. La cantidad a utilizar será de un litro por gramo de oro por lo tanto para este caso será de tres litros. Lo ideal es utilizar agua destilada pero si no se dispone de ella se podrá utilizar agua corriente.

El oro que hemos introducido en la copela permanecerá intacto en su forma inicial ya que al estar libre de impurezas no se verá atacado por el ácido nítrico.

A la copela que contiene el oro y el ácido nítrico le añadiremos dos partes de ácido clorhídrico cuya mezcla de ambos ácidos denominaremos “agua regia”.

Valiéndonos de una varilla de vidrio removemos los ácidos para que en un corto espacio de tiempo actúen de forma que disuelvan el oro de una manera eficaz, de esta manera el agua regia convertirá el oro sólido en líquido por lo que en este momento en la copela dispondremos de una amalgama de sustancias líquidas indisolubles.

Esta mezcla la vaciaremos en la cacerola de agua, la cual se encuentra aproximadamente entre unos 30 y 40 grados centígrados de temperatura. Removeremos con una nueva varilla de vidrio hasta que dicha mixtura quede completamente consolidada cuestión que será percibida porque justo en ese momento adopta un color marrón claro.

El nuevo paso consistirá en añadir, tras permanecer algunos minutos en reposo, 10 adarmes[3] de Pulsiato amarillo en escama, para de esta manera volver a remover una y otra vez durante aproximadamente 10, 12 minutos hasta observar que el color marrón claro que obtuvimos anteriormente se oscurece sensiblemente como consecuencia de la mezcla obtenida.

Pasados unos 15 minutos añadiremos de nuevo 32 adarmes de Subcarbonato de Sosa por lo que el color obtenido quedará aún más oscurecido, adoptando un color casi negro. Cuando existe la seguridad de que la mezcla es perfecta y bien disuelta se le agrega el Cianuro potásico.

Esta sustancia, por su peligrosidad, debía de ser manipulada con una extrema precaución, para ello se utilizan los fuelles de la fragua y se colocaba en papeles de periódicos o de estraza, que por su grosor nos garantiza una relativa seguridad.

La cantidad venía determinada por el tamaño de las bolas que presentaba esta sustancia, por lo que en función del tamaño de las mismas se utilizaba una o dos.

Estas se envolvían en los citados papeles y con un mazo de madera se trituraban para una vez trituradas agregarlas a la mezcla dispuesta en la cacerola.

La razón de triturar el Cianuro Potásico es porque su solubilidad se ve afectada al introducirse en un líquido caliente si su estado es sólido. Al estar triturado, a pesar de que sigue en estado sólido, se le facilita mucho su mezcolanza con las demás sustancias, cuestión que se verá beneficiada tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo.

Es este el momento en el que el dorado comienza a emitir pequeños destellos. El agua con las sustancias incorporadas, al recibir al Cianuro potásico, siempre removiendo con nuestra varilla de cristal, irá perdiendo ese color negruzco para ir incorporando el color dorado a medida que dejamos de remover facilitando con ello que los posos se precipiten al fondo y a su vez que el dorado aflore a la superficie.

Este compuesto obtenido con todas las sustancias utilizadas llega a ser tan espeso que se necesitarán entre 4 y 5 horas para que el precipitado de las partículas de menos peso vayan al fondo haciéndolo de una manera muy lenta. Este descenso de las partículas junto al ascenso del dorado en sí se dejará reposar durante toda una noche para que bien reposado se proceda a su filtrado.

Tal y como se dispuso en los preparativos, en la bombona de cristal y valiéndonos de un embudo también de cristal al que hemos añadido un filtro, y de un vaso de cristal con asa comenzaremos a trasvasar el líquido obtenido en la superficie de la mezcla de la cacerola a través del embudo de cristal provisto del filtro a la bombona ya citada.

Al principio este trasvase se realiza de una manera cómoda y rápida pero a medida que vamos trasvasando se va acumulando en el filtro del embudo mas materia en estado sólido por lo que el goteo se vuelve más lento y comienza a ser más dificultosa la tarea, momento en el que se procede a cambiar el filtro, nunca a su limpieza.

Este proceso se efectúa de la misma manera hasta que se filtra la totalidad de la mezcla dorada existente en la cacerola.

Con todo el dorado en la bombona de cristal procederemos a la destrucción tanto de los papeles utilizados para el cianuro como de los filtros encargados de tamizar las impurezas de la mezcla y lo haremos quemándolos en la fragua hasta verse reducidos a cenizas.

Con esto estaremos en disposición de comenzar a dorar nuestras piezas elegidas.

He de decir que este dorado solo mantiene sus propiedades intactas para una ocasión, lo que no quiere decir que no lo guardáramos para darles a las piezas que había que dorar la vez siguiente un primer baño, pero nunca el definitivo. De igual manera y bajo ningún concepto se mezclaba la antigua mezcla con la nueva, puesto que la primera al degradarse podía hacer perder sus propiedades al nuevo dorado.

Este dorado era y es sólo útil para piezas fabricadas en oro, plata o cobre. La razón es que no admite otro tipo de metal como pueda ser el estaño, el hierro o el plomo enemigos vigorosos de la orfebrería y de la joyería. Mucho nos cuidábamos de que ninguna de las piezas elegidas llevase, por pequeña cantidad que fuera, alguno de estos elementos ya que se revisaban muy minuciosamente puesto que la inclusión de alguno de estos metales en las piezas podía dar al traste con todo el proceso y causarnos serios problemas.

Este proceso expuesto en esta breve locución se remonta al siglo XIII-XIV (13/14) donde los antiguos maestros de la alquimia preparaban de forma artesanal todas las sustancias necesarias, destacando de entre todos los alquimistas de la cultura árabe, si bien tal y como se lo he referido en el día de hoy y con toda su exactitud se tiene constancia del desarrollo de esta manera de dorar en Extremadura allá por el siglo XVIII (18) donde varias generaciones anteriores a mi maestro Don Hipólito Chanquet Soria ya lo practicaban con todo tipo de detalle.

Esta enmarañada forma de dorar hoy día no tendría cabida puesto que la complejidad de su realización lo haría casi una utopía, no ya por el coste que supone la adquisición de todos los elementos, sustancias etc.. a utilizar sino también por la dificultad que hoy día entrañaría la adquisición de determinados productos químicos esenciales para tal trabajo y que sin su inclusión sería imposible de realizar.

El dorado de hoy día no tiene nada que ver con el explicado anteriormente, es otra cosa. Son dorados de laboratorio, más puros, más duraderos, más sofisticados y con una característica impensable para el tipo de dorado que nos ocupa, permite dorar otros metales que aunque nobles son de menor pureza que los comentados anteriormente.

Como decía al principio los tiempos cambian, el progreso y las técnicas avanzan de tal manera que los talleres han de renovarse para seguir el ritmo impuesto por el tiempo en el que vivimos. Perfectamente equipados, disfrutan de unos medios impensables en nuestro tiempo que van desde una serie de cubetas acondicionadas a los distintos baños ya sean dorados, plateados, rodinados, cobreados, chapados o niquelados hasta las más sofisticada maquinaria donde no falta desde secadoras, hasta pulidoras, pasando por abrillantadoras o de lavado eléctrico, todas y cada una de ellas controladas mediante un ordenador y que sustituyen a aquellas cubetas de pedernal, a los mazos de madera con los que triturábamos el cianuro o a la novedosa para aquella época bombona de cristal.

Con todo ello se obtienen unos resultados que rozan lo impensable para aquellos tiempos, donde cada pieza recibe su particular medida de dorado con una celosa exactitud.

Hoy después de 60 años siento verdadera admiración por los talleres donde se realizan estos dorados, por su perfección en los trabajos muy bien acabados, por la forma de hacer dorados perfectos, donde las piezas tratadas gozan de unos dorados que rozan la perfección, bien es verdad que se realizan en auténticos laboratorios pero se gana en eficacia, en optimización del tiempo, sin embargo se ha perdido en encanto, en romanticismo y sobre todo en la personalización de los trabajos realizados que marca el sello personal.

El movimiento continuo de la vida nos ha permitido progresar en la mayoría de los aspectos de la vida siendo, como no podía ser de otra manera, en la joyería, platería y en la propia orfebrería donde se han acusado de una manera más acentuada.

Pero sin renunciar a lo práctico, a lo beneficioso e incluso a la calidad de lo tecnológico, también hay que valorar el trabajo del artesano, que desprovisto de ciertos medios, ha adquirido gracias a su trabajo a su tesón y por supuesto a su observación unos conocimientos que le han llevado a elaborar verdaderas obras de arte con sus propias manos y con un componente que ninguna de las máquinas que nos invaden hoy día poseen y que es el amor a la profesión y el afán de superarse enfrentándose cada día que pasa a un reto nuevo, a un desafío que le permita descubrir nuevos caminos para poder seguir avanzando en su larga e interminable carrera.

A la vista está que la artesanía no pasa por uno de sus mejores momentos, se va perdiendo a pasos agigantados y nosotros nos sentimos en la obligación de perpetuarla a través de nuestros trabajos y sobre todo a través de nuestros testimonios.

“El dorar no se enseña, el dorar se aprende”


NOTAS:

[1] Copela: Vaso en forma de cono truncado, hecho con ceniza de huesos calcinados y donde se purifican los minerales de oro y plata

[2] Pedernal: Piedra de suma dureza en cualquier especie. Variedad de cuarzo que se compone de sílice y muy pequeña cantidad de agua y alumina

[3] Adarme: Cantidad o porción mínima de una cosa. Antigua medida de peso española que equivalía a 179 centígramos. Variaba ligeramente en diferentes provincias y su uso se extendió a algunos países de América.