Oct 112013
 

Manuel Rubio Andrada.

 INTRODUCCION

      En realidad el título de este trabajo debe ser: “La Sirena de Monfragüe, ¿antítesis de las fuentes de un mito?.

 Actualmente las fuentes del mito transcrito por Homero en la Odisea son tenidas por relatos populares griegos que unificados por Homero, fueron transmitidos al resto del mundo conocido a través de las colonias griegas. Esta es la tesis. La antítesis que yo propongo es que ese mundo exterior es quien también facilitó, a través de las relaciones, los temas que Homero unificó en la Odisea para conocimiento del mundo griego.

 Comienzo recordando brevemente el mito de las Sirenas narrado por Homero en la Odisea, según todos los indicios, en la segunda mitad del S. VIII.

 Ulises, rey de Ítaca, en una de sus numerosas aventuras, al regreso de la guerra de Troya charla con la diosa Circe que le previene de los peligros que le acecharán si se acerca a la isla poblada por las Sirenas; le recomienda que, si desea oír sus cantos dulces, aunque pérfidos, debe ser atado en su embarcación y sus compañeros taponar sus oídos con cera para no caer en la inclinación terrible de acercarse a la isla donde moran. En efecto, al acercarse, Ulises oye de aquellos extraordinarios seres los temas familiares que deseaba oír y ordena dirigir el rumbo hacia ellas, sus compañeros no pue­den oírle; reman presurosos y consiguen alejarse de los temibles escollos que habían acabado con los navíos de imprudentes navegantes; sus huesos dijo la venerada Circe, pueblan la playa de la isla maldita.

 Desde entonces, cuando alguien nos cuenta dulcemente lo que deseamos oír puede que esté iniciando “un canto de sirenas” que nos puede arrastrar al nau­fragio personal si persistimos en ver lo que deseamos por encima de la realidad.

No obstante lo dicho debemos reseñar que en el medievo su morfología se trasformó y pasó de ser ave-mujer a pez-mujer. En nuestra cultura actual el contenido de las sirenas también ha variado, siendo benéfico; un ser tan bellamente imaginado fuese incapaz de realizar maldades y sí sufrirlas.

 El descubrimiento en un covacho del parque Natural de Monfragüe de una pequeña pintura bastante naturalista representando a una sirena pez-mujer, posibilita quizás la existencia de un mito en esta co­marca cacereña en tiempos próximos aunque quizás algo posteriores a su inclusión en la Odisea en el cual era protagonista esa forma reinventada en la Edad Media (Lám 1, fig 1 ).

 Tal fue la conclusión que hice tras su descubrimiento hace ya más de una década; lo comenté con algunos profesionales y aficionados serios, cuyo silencio me pareció que era bastante indicativo; decidí archivar el descubrimiento en espera de mejor ocasión en espera de nuevas aportaciones que clarificaran más este hecho, es decir, otros descubrimientos con los que poder establecer relaciones más allá de lo estilístico (1).

Lámina I

 Lámina I.- La Sirenita de Monfragüe.

Figura 1

Figura 1- Dibujo de la Sirenita de Monfragüe.

 OTROS MOTIVOS RELACIONABLES

Entre las cerámicas de influencia ibérica encontradas en el castro de La Coraja, AI­deacentenera – Torrecilla (Cáceres), apareció un fragmento que mostraba la pintura en rojo vinoso de un caballero guerrero y su cabalgadura; lleva en su cintura espada afalcatada; un pequeño escudo redondo porta en su mano izquierda. Su estilo naturalista aunque estático, bien pudiera pertenecer a una  pintura rupestre de finales del estilo levantino.  Aunque con temas tan distantes su estilo encaja con el de nuestra Sirenita, ya que ambos están realizados con un tosco naturalismo sin que atinen a trasmitir movimiento; también a ambos apuntan su distribución centrada. Por el arma que presenta el caballero y el entorno donde aparece el fragmento, señalan claramente un horizonte cercano al s. IV antes de C.

Lámina III

 Lámina II.- Los posibles motivos acuáticos de algunas cerámicas de del poblado de la Coraja.

 Un motivo acuático parecido al empleado en Monfragüe muestra la decoración de unos  fragmentos de cerámica del mismo poblado, pertenecientes a un gran recipiente hallado en el relleno de una gran rampa –hoy arrasada-, que descendía hacia el arroyo Moro, el del oeste, en dirección a la necrópolis. (Lám II).

 La sirena fue pintada centralmente ordenada y esta distribución tiende a alejarla de las obras muy primitivas, tratando un  tema (mujer-pez) que por ahora parece que único dentro del arte esquemático  y que nosotros situamos de manera provisional en la cultura inmediata prerromana.

 

 BIBLlOGRAFIA

 (1) Rubio Andrada, M.: (1992). “La pintura rupestre en el Parque Natural de Monfra­güe”, Cáceres, Pág. 69 Y ss.