Oct 011988
 

Gregorio Carrasco Montero.

La Sierra de Gata no suficiente, menos sistemáticamente, estudiada tiene dos especiales características que la hicieron escenario de hechos y anécdotas durante el periodo de la Guerra de la Independencia:

  1. Por su parte más occidental tiene muchos kilómetros de frontera con Portugal y esta cercana al eje formado por las sitiadas y martirizadas ciudades, salmantina y portuguesa, de Ciudad Rodrigo y Almeida.
  2. Por su elevada e intrincada orografía en la que encontramos picos de respetabilísimas alturas como La Nave con 1279 metros; El espinazo con 1332; La Jañona con 1367. Sobre todos destaca Jálama con 1.492 metros.

Pero mientras en la ciudad charra se han realizado simposios y están saliendo al público documentadísimos estudios sobre asedios, guerrilleros, etc., en esta comarca cacereña apenas se ha hecho, no digo una serie investigación, si no la más elemental.

Queremos recoger en esta aportación algunas anécdotas, hechos o datos que hemos encontrado en archivos, visto casi diluidas en estudios de envergadura y oído en referencias fidedignas, además de recalcar que por sus cercanías con Portugal es visitada frecuentemente por jefes y patrullas de uno y otro bando, francés e inglés.

Digamos primeramente que como prematuro aviso de incursiones, incendios, latrocinios y asesinatos, el general francés Lapisse bajó por el puerto de Santa Clara rozando Jálama, y llegó a San Martín de Trevejo y avasalló el convento de los padres capuchinos de San Miguel supra Tagum entre el 20 y 21 junio 1801.

Este mismo general, que regresó de las primeras sierras cacereñas para acuartelarse de nuevo en tierras mirobriguenses, desciende por el Puerto de Perales y atraviesa Perales del Puerto para dirigirse al puente de Alcántara a partir del 27 de marzo de 1809.

Perales del Puerto: pueblo que estuvo situado desde su fundación a orillas de la Calzada de la ¿Dalmacia? –carreteras a nivel del puente de Guadancil a Ciudad Rodrigo-. La iglesia parroquial fue incendiada dos veces por los franceses ¿sería la primera por el mismo Lapisse?, salvándose sólo dos libros de su archivo parroquial. Uno, que quedó muy deteriorado, empezó en 1559, y otro de finales del siglo XVIII.

Hoyos: de todos, creo, es conocido el fusilamiento del obispo cauriense el Excmo. Sr. D. Juan Álvarez de Castro. Desde distintos ángulos ha sido ya trataba aquí la figura de este mártir de la independencia por el P. Abad y por mí mismo. Escribíamos entonces: “temiendo cualquier brutalidad de los ilustrados soldados, al menor aviso, al obispo se le oculta en la Sierra, llevado hombros de mocetones serranos”. Este verano he podido contemplar con emoción el sillón de recia madera, no muy pulida, con sus canillas de hierro para meter los barales y llevarlo como a pontífice en rústica silla gestatoria. Vimos también el salón que hacía de capilla y sus dependencias particulares. También algunos objetos. Todo amablemente enseñado por la señora de Moreno de Acevedo que ha rescatado del desván el citado sillón y que tiene colocado, casi con sentido religioso, en su asiento un cuaderno manuscrito sobre Álvarez de Castro copiado a mano por uno de sus mayores. Termina dicho cuaderno así: “datos históricos del Ilmo. Obispo de Coria don Juan Álvarez de Castro, martín de la independencia española, asesinado en el palacio de la calle Derecha Alta núm. 4 de la villa de Hoyos (Cáceres)”.

La calle se llama hoy obispo Álvarez de Castro. La casa se llamó palacio desde que empezó a morar en ella el obispo. Éste vivía allí preferentemente en otoño. Empezó a fijar su residencia en esta villa ya muy enfermo y agobiado por la muerte de su sobrino M. I. D. Antonio Martín Montero, tesorero de la catedral de Coria, que ocurrió el 28 de marzo de 1804. Se trasladará temporalmente en junio de 1805 y se hospeda en esa casa-palacio de su sobrina doña María Montero Álvarez casada con don Tomás Valencia y Godoy. Enfermo y casi ciego dictaba desde aquí circulares y normas a la diócesis. Estoy buscando las dos que dictó exhortando a la lucha contra los franceses.

Gata: el abad de la abadía premostratense de la ciudad de Ciudad Rodrigo, burla a los franceses acuartelados en los mismos espacios abaciales y traslada a la villa de Gata el tesoro sacro litúrgico de la abadía. Al notar su ausencia, un destacamento se pone en marcha para averiguar su paradero. Con extorsiones encuentran pistas del camino del abad. Al llegar al pueblo salmantino de El Bodón se topan con el pobre abad que viene de regreso de la Villa que da nombre a toda la serranía. Le propinan tal paliza que el monje tiene que desandar el camino y a empujones es llevado al escondite donde se apropian de los objetos litúrgicos.

Aquí mismo matan a una o dos personas que se oponen con escopetas a los gabachos.

En la misma Villa, en casa de doña Teresa Guillén, por la cadena de sucesiones y herencias, se encuentra ahora era anillo episcopal de Álvarez de Castro.

Villanueva de la Sierra: después de pasar por el Puerto y por Perales el general Lapisse, a Álvarez de Castro se le alejan de la inmediata zona de influencia de esa vía tan usada por los franceses y consta que en Villanueva de la Sierra se hallaba el 29 de abril de 1809, pero regresaría algún tiempo después a Hoyos porque se siente mucho más enfermo y agotado.

Villamiel: se robó bastante cantidad de plata entre lámparas, cálices, alguna custodia, relicarios, etc. El obispo fray Benito Uría y Valdés, con la diócesis prácticamente invadida, hace la visita pastoral entre 1809 y 1810. Por ello se encuentra en Villamiel y comienza las confirmaciones de varones el día 4 de mayo de 1809 y el día 5 confirma hembras y a todos los de Trevejo, anejo de Villamiel, a donde se les convocó.

El secretario de la visita dejó con su redacción constancia de la situación cuando escribe el acta de la visita pastoral y entre los mandatos se encuentra el tenor del siguiente párrafo: “Item, no permitiendo las inquietas circunstancias del tiempo examinar de espacio, ni tener en disposición el libro de Colectoria (sic) de misas, cumplimiento de vínculos, aniversarios y capellanías, dejo facultad en debida forma al beneficiado rector para que si Dios nuestro señor se sirve cambiar tiempo más tranquilo vea, examine y advierta en sus respectivos lugares los que estén cumplidos y las advertencias conducentes a lo que se halle cumplido. Así lo mandó y proveyó su S. I.”. Firma fray Benito, obispo de Ciudad Rodrigo, el secretario don José Medrano levanta acta ya en San Martín de Trevejo, donde se fechaba el 12 de mayo de 1809.

De Villamiel era el canónigo que sería elegido V. capitular en el mismo San Martín por haber muerto el obispo durante el asedio y estar la sede vacante. Y en Villamiel, finalmente se acantonó la segunda división de llamado Ejército de la Izquierda.

San Martín de Trevejo: aparte de lo dicho con relación a su convento de San Miguel supra Tagum, nunca tenemos que añadir que en esta villa establece el Duque del Parque su cuartel general. Y que fue el último que visitó de los seis que en Sierra de Gata tenía el citado obispo mirobriguense.

En este mismo pueblo, en otra rama de los señores Moreno de Acevedo, de donde son originarios y por las mismas razones de herencias se conserva el báculo pastoral de Álvarez de Castro.

En él se reunió por dos veces el cabildo de Ciudad Rodrigo dominada ya por los franceses la pequeña ciudad episcopal y en la primera de esas reuniones se elegiría como Vicario capitular al canónigo villamelano don Andrés Xerez.

Elijas: se sabe que también estuvo acontanada en esta villa otra división del Ejército de la Izquierda. También fue visitada en estos días de mayo de 1809, cargado de zozobras, por el mismo obispo mirobriguense.

Julián Sánchez, alias el charro: este célebre guerrillero, luego Brigadier, de las mismas raza y entrega que don Jerónimo Merino, estimadísimo de Wellington, tuvo las bendiciones de Álvarez de Castro, pues, a su disposición estaba el palacio episcopal de Lagunilla (Salamanca), entonces posesión de la diócesis cauriense.

En tierras extremeñas sabemos, primero, que atravesó muchas veces los caminos de Sierra de Gata; segundo, que estuvo las puertas de Coria para dar un golpe que no pudo ejecutar por las circunstancias adversas; tercero, pretendió una emboscada a un destacamento francés que había robado la platería de la catedral placentina recuperándola toda y devolviéndola al cabildo; y, cuarto, que fue nombrado jefe de las guerrillas que operaban entre el Tajo y el Durero. Y casi seguro que se entrevistó en Hoyos con don Juan Álvarez de Castro.