Feb 272014
 

Alonso José Corrales Gaitán.  

En homenaje a  Luis Chamizo,

 Poeta Extremeño, en el primer

 centenario   de  su  nacencia

 (1.894 – 1.994) 

         En el mes de enero del año 1.993, salía a la luz mi libro relativo a un tema que a pesar de estar latente en Cáceres ciudad y en otras muchas localidades extremeñas, no había sido tocado en profundidad hasta el momento por ningún investigador. Por primera vez se descubría al lector una serie de construcciones que han permanecido durante siglos ocultas a los ojos humanos: mazmorras, aljibes, galerías, etc…

 

 

         Las investigaciones las había iniciado años atrás, concretamente en la primavera del año de 1.986 como consecuencia de haber encontrado diversas menciones del pasadizo por el cual se reconquistó Cáceres en el año 1.229, iniciándose así para mi un interés (que aun hoy me dura) por este apasionante tema, el cual he sabido contagiar a familiares y amigos, que en definitiva son mis primeros colaboradores a la hora de descender bajo el suelo de mi milenaria ciudad natal.

 

 

         Hasta este preciso instante he estudiado mas de una treintena de estas construcciones solamente existentes en Cáceres, así mismo he llevado mis investigaciones a las localidades de Plasencia, Hervás, Alcántara, Coria, Trujillo, Badajoz, Mérida, así como a determinadas de la vecina Portugal.

 

 

         Dada la limitación lógica que debe tener esta comunicación, voy a tratar en ella solamente determinados casos, que para mi son los más representativos de todos los que hasta el momento conozco.

 

 

 

         Construcciones aquí tratadas:

 

– Palacio de los Gaitán. (A).

– Palacio de los Mayoralgos. (B).

– Oratorio / Enfermería / Convento de S.         Pedro de Alcántara. (C).

– Palacio Episcopal. (D).

– Ermita de la Magdalena. (E).

– S.I.Concatedral de Sta. María La Mayor. (F).

 

 

 

A.-  En la actualidad se la conoce como Casa-Solar de los Aldanas. Está situada en la cuesta del mismo apellido, cerca del templo de San Mateo y unida a la casa de los Sandes o del Aguila.

     La historia nos dice que Rodrigo Alvarez de Aldana vino a Cáceres en el siglo XIV, casando con Doña Inés Fernández de la Cámara y Sotomayor comprando a Don Alfón Pérez Gaitán (regidor del Ayuntamiento), la casa en que vivía, quedando así constituido el solar de los Aldanas.

     En el actual siglo sufre este edificio todo tipo de castigos: primero y durante varios años se encontró sumido en un total abandono, para pasar a convertirse en vivienda, volvió a cerrarse la parte baja por algún tiempo para seguidamente ser transformada en restaurante. Era el final de la década de los años ochenta. Pero curiosamente durante todo este tiempo, la zona existente debajo de la planta baja, lo que podemos denominar el sótano, permaneció invariable durante al menos una centuria.

     No es hasta el 16 de Enero de 1.991 cuando pude acceder por primera vez a estas construcciones subterráneas, habiendo empleado con anterioridad unos quince días en sacar con una motobomba los miles de litros de agua que inundaban esta zona. Después de descender por media docena de escalones observé dos pisos muy diferenciados y separados por un pequeño muro de albañilería. En primer término y a mano derecha según se desciende, me encontré con dos habitaciones, una al lado de la otra. La primera más pequeña y baja. La segunda es bastante más espaciosa y en dos de sus laterales conserva unos pollos de mampostería, así como ciertos orificios en la pared y argollas metálicas. En la planta baja observé una amplia zona que parecía un enorme depósito de agua, hecho en la propia roca y con pequeñas cavidades (al parecer realizadas por la mano humana), al frente un muro que fue levantado no hace muchos años para separar ésta de la zona subterránea de la denominada popularmente como Casa del Aguila. Pero continuando a mano derecha de este enorme depósito, es decir, prácticamente debajo de las dos habitaciones anteriormente descritas, localicé lo que parecían ser dos entradas de pasadizos con dirección a la Casa del Mono, con una inclinación de unos sesenta grados.

 

     A los pocos días pude realizar una segunda y tercera visita a aquel lugar y más detenidamente estudiar cada una de las zonas de tan peculiar construcción. Encontré huesos que posteriormente me indicaron que son de asno, cordero y gato, así como pequeños fragmentos de barro y cristal. Acompañado por un colaborador (mi cuñado), nos introducimos en las supuestas entradas a las galerías que iban dirección a la Casa del Mono, después de un incómodo recorrido a los pocos metros nos vimos obligados a interrumpir nuestro “paseo”, ya que un derrumbamiento nos impidió continuar. La humedad era considerable lo cual nos dificultaba la respiración. No hay que olvidar que esta construcción permanece prácticamente todo el año inundado por el agua que emana de las dos cavidades hechas en el suelo de esta estancia, así como por varias filtraciones del pozo que existe en las proximidades.

     Unos dos años después dos colaboradores bajaron al pozo del antiguamente denominado Museo del Mono, hoy biblioteca Alonso Zamora Vicente, localizando tal y como era de esperar, lo que quedaba de una antigua comunicación subterránea con los palacios de los alrededores que llevaban dos direcciones: una hacia el palacio de los Aldanas o Gaitán y otra hacia la Facultad, para muy posiblemente salir del recinto amurallado a los pies de la Torre del Horno (siglo XII); desgraciadamente y como consecuencia de las toneladas de escombros vertidas dentro del pozo cuando se realizó la restauración del edificio en su última fase (principio de los ochenta), dificultaron notablemente el poder recorre la totalidad del pozo y por consiguiente las comunicaciones subterráneas.

 

B.-  En julio de 1.988 y acompañado por varios colaboradores (según invitación hecha por los entonces dueños de dicho palacio), accedimos al patio interior donde se nos enseñó lo que aquella familia había considerado en los últimos cien años como el brocal de un pozo en desuso, lo que había motivado que se vertiese en él gran cantidad de desperdicios. Hecho el oportuno estudio llegamos a nuestra particular opinión de que aquello no había sido nunca un pozo, motivo por el que solicitamos de sus dueños el permiso necesario para intentar vaciar todo lo allí encontrado.

     Después de un mes de agotador trabajo en el que siete personas ayudadas por varios cubos, palas y cogedores, sacamos una nada despreciable cantidad de escombros y desperdicios, vertiendo posteriormente varios miles de litros de agua, lo que facilitó el acceso a aquella estancia en el mes de Septiembre del mismo año.

     Varias fueron las personas que pudieron descender unos tres metros por debajo del suelo actual, entre los que desgraciadamente no puedo incluirme por mi peso y altura (no podemos olvidar que se bajaba a los voluntarios a pulso con una cuerda de alpinismo). Estos primeros afortunados se encontraron en una habitación de unos siete metros de largo por cuatro de ancho y casi tres de altura, con el techo de medio cañón a ladrillo descubierto.

 

     En estas condiciones se realizaron al menos media docena de visitas, efectuando las correspondientes mediciones, así como no pocas fotografías, al tiempo que se seguía trabajando en el vaciado de la habitación hasta llagar a sacar el 50 % de su contenido.

     En el mes de Septiembre encontramos otro acceso a mencionada habitación, también por el techo, encontrando otro orificio a unos tres metros de distancia del primero y ligeramente más pequeño que aquel; lo realmente curioso es que se encuentra exactamente debajo del muro que divide el patio en dos distintas alturas. Lo que vino a demostrar que los accesos a la estancia subterránea tenían por lo menos entre doscientos y trescientos años de antigüedad.

     Desgraciadamente nos vimos obligados a abandonar la tarea de investigación a medias por la llegada de las primeras lluvias en el mes de Septiembre.

     No fué hasta el verano del año 1.990 cuando pudimos volver al Palacio de los Mayoralgos. Por el nuevo acceso pude bajar a la estancia descubierta en 1.988 junto con un colaborador y una escala. Tras un minucioso estudio descubrimos grandes fragmentos del lucido primitivo de la mencionada estancia, un zócalo pintado de color rojo oscuro, y la existencia de unos toscos restos de dibujos que representaban figuras humanas y grandes ojos.

     Al extremo contrario del primer acceso, localizamos lo que consideramos escalones, que podían llevar a otra u otras habitaciones situadas debajo de ésta y que su ubicación podría muy bien estar bajo los Adarves, es decir, saliendo del recinto amurallado. No podemos olvidar que este Palacio fué levantado en el siglo XIV sobre doce viviendas que ocupaban aquel terreno, lo que nos da a pensar que esta habitación subterránea es parte de una de aquellas viviendas, con sus correspondientes tomas de aire.

     Por desgracia para nosotros en el verano de 1.992 es vendido el Palacio, lo que nos impidió llevar a término nuestra investigaciones.

 

C.-  Después del fracaso de dos intentonas, logré acceder en el mes de Julio de 1.991, y gracias a la atención de los obreros que allí estaban en aquel momento trabajando, a este edificio religioso en sus orígenes y que está situado frente a la Audiencia Territorial de Extremadura.

     Por encima de todos los tejados de esta zona que aparecen ahogar a este noble edificio, sobresale la cúpula de una capilla desconocida para la gran mayoría de los cacereños. Una vez dentro del patio descubrimos restos de aquellas edificaciones inauguradas el 5 de Agosto del año del Señor de 1.718, sobre un terreno donado por Don Juan Sánchez Digán, según testamento realizado en 1.668, edificio donde residieron durante muchos años la Comunidad de Franciscanos Descalzos que existió en Cáceres, lo que provocó abundantes enfrentamientos entre las distintas órdenes religiosas establecidas en esta ciudad, teniendo incluso que intervenir el propio Obispado.

 

     A pesar de acceder a mencionado edificio en una época en el que estaba lleno de andamios, ladrillos y escombros, así como todo tipo de muebles repartidos por habitaciones y pasillos, además de la Capilla, (debido a las profundas obras de rehabilitación que allí se estaban realizando), pudimos apreciar la gran belleza que debió tener en los primeros tiempos de su construcción, hoy desgraciadamente profundamente transformado.

     Lo que me llamó profundamente la atención fue el descubrir que lo que hoy es simplemente un pasillo, localizado bajo la capilla, ha permanecido inexplicablemente, durante los últimos cincuenta años, oculto (Galería subterránea), en medio del cual se descubrió un pozo que según nuestras notas se comunica con un amplio aljibe por donde a su vez se podría acceder al Palacio de Justicia, antiguo Hospital de la Piedad (siglo XVII). En esta primera visita se estudió la posibilidad de descender a mencionado pozo para poder localizar mencionado lugar, tarea que se abandonó para mejor ocasión.

     De igual modo localicé y visité estancias que habiendo permanecido ocultas o disimuladas en los últimos años, ahora transformadas, en sus orígenes iban a ser utilizadas para muy distintos fines: trasteros, leñera, despensa, etc. pero que fueros hechas como depósitos de cadáveres, o lugar donde tener a los enfermos incurables. Todas estas pruebas y otras descubiertas posteriormente, vienen a darnos la razón de que debajo del actual suelo existen dependencias que no han sido restauradas por no aumentar los gastos de las obras.

     En el verano de 1.992 intenté realizar una segunda visita a este edificio pero las religiosas propietarias del mismo no me autorizaron a ello y menos con cámara fotográfica.

     Queremos pensar que tal vez en la próxima rehabilitación los propietarios de este antiguo Convento se decidan a profundizar más en los cimientos y así poder encontrarnos con elementos muy interesantes para estudiar las construcciones ocultas cacereñas.

 

D.-  En este edificio he encontrado dos tipos de construcciones ocultas muy distintos; la primera se refiera a un gran aljibe que en sus orígenes ocupaba todo el actual patio y por el cual se accedía por una ventana  a una pequeña estancia, que fue construida hace bastante tiempo para que en caso de inminente peligro poder esconder todo aquello que se considerase de valor.

     El Obispo Galarza llegó a ver dicho aljibe en su práctica totalidad y el investigador local Don Miguel A. Ortí Belmonte le dedicó no poco tiempo para su localización exacta y posterior estudio.

     Cuando el Obispo Don Manuel Llopis Iborra realiza las obras de acondicionamiento en dicho Palacio, vuelve a salir a la luz este aljibe, pero el tema es rápidamente olvidado por considerara muy costoso su arreglo y manutención.

 

 

 

 

     Es muy posible que si estudiásemos detalladamente este Palacio, nos encontraríamos con restos de numerosas construcciones de muy variados tipos. La primera obra de edificación se remonta al año 1.261, cuando se construyen las por entonces denominadas “Casas Episcopales”. En 1.418 nuevas obras de remodelación llevadas a cabo bajo la dirección del entonces Obispo de nuestra Diócesis, Fray García de Castronuño, que construye gran parte del edificio que hoy podemos apreciar, produciéndose en 1.544 nuevas e importantes obras, añadiéndose al Palacio el terreno de casas colindantes.

     La otra construcción subterránea localizada en este Palacio es un pasadizo que fue descubierto hace unos veinte años, y que según la información, llegaba hasta el Palacio de Galarza o casa de los Trucos (pasadizo), situado en la Plaza de la Concepción. En sus primeros metros fue visitado por un sacerdote hoy fallecido, manifestando que se encontraba en muy buen estado de conservación a pesar del elevado grado de humedad allí reinante.

     Existe, no obstante, otra información respecto a este pasadizo que dice lo siguiente: “Al realizarse unas obras en la Plaza Mayor, en las proximidades a la Torre de Bujaco (siglo XII), se cortó un pasadizo que unía el Palacio Episcopal con la casa de los Trucos, encontrando así mismo otro que debe ser el que llega hasta el conocido Paseo Alto” (según declaraciones del investigador cacerense del siglo XVIII Don Simón Benito Boxoyo).

     La llamada popularmente Casa de los Trucos fue comprada por el Obispo de Coria Don García de Galarza a la familia Dávila, quienes la habían adquirido a los Cohen, hebreos, cuando estos fueros expulsados por los Reyes Católicos de toda España en el año 1.492, siendo residencia aquel Palacio del insigne rabino cacereño Sargas Cohen.

     Se da la curiosa circunstancia que fue este Cohen un gran entusiasta  del mundo subterráneo de Cáceres, llegando a visitar algunas de estas construcciones, incluso a crear algunas, principalmente en casa de sus hermanos de raza, así como en su propia casa. Siendo incluso uno de sus descendientes quién se aventuró a realizar un plano de toda esta red pensando tal vez en que con el tiempo podrían llegar a ser estas peculiares construcciones tan importantes como los propios edificios que las ocultaban.

 

E.-  Hoy no existe en Cáceres ningún edificio con este nombre. La fábrica así llamada fue construida en el siglo XIII por Don Fernán Pérez Gallego, Maestre de la Orden de Alcántara, siendo nombrado en aquel lugar y en acto solemnísimo en 1.335 Don Gonzalo Martínez Oviedo como nuevo Maestre. El terreno que dicha ermita ocupaba es el que hoy tiene el jardín, el cementerio y parte del propio Convento de San Pablo, ubicado en la zona más alta del recinto amurallado de Cáceres, cerca de la Iglesia de San Mateo.

     Estuvo abierta al culto hasta mediados del siglo XIV, en el que se igualó el terreno y se construyó el beaterio y posterior convento anteriormente mencionado.

     En los años cuarenta un matrimonio que tuvo al cuidado el jardín del mencionado Cenobio de religiosas, aprovechando la enorme sequía que hacía días sufría Cáceres, y observando que el pozo no tenía ni gota de agua decidieron bajar en busca de monedas, para lo cual fabricaron una rudimentaria escalera de palos, pero apenas llegaron a la mitad de la misma cuando el jardinero observó que allí abajo existía comunicación entre varias habitaciones, y al carecer de luz, contactaron con el Director del Museo Provincial (Sr. Ortí Belmonte), posponiendo para mejor ocasión la visita, la cual se realizó a la semana siguiente, bajando un total de tres personas, descubrieron dos habitaciones que aún contenían en sus paredes los símbolos de los primeros cristianos; las cubiertas de las estancias eran de medio cañón. Se encontraron restos de columnas y capiteles, así como dos monedas y un puñal.

     Ya en la década de los años sesenta las propias religiosas, como consecuencia de ciertos arreglos de albañilería realizados en el jardín, vieron en varias ocasiones habitaciones con arcos y algunas columnas. Con posterioridad se han vertido toneladas de tierra por aquel lugar para así poder plantar gran variedad de flores y árboles, lo que ha transformado notablemente el jardín.

F.-  En lo referente a este templo habría que hablar largo y tendido, pues en los años que llevo estudiándolo (desde el verano de 1.984) he descubierto infinidad de motivos para llenar gran número de folios: enterramientos antiquísimos, zonas huecas, escaleras tapiadas, pinturas casi desaparecidas, etc… En esta ocasión tan solo hago referencia  a lo que desde el momento de su descubrimiento se ha bautizado como cripta del Cristo Negro.

     En el hoy lejano verano del año 1.989 y como consecuencia de haberse partido la losa que cubría la entrada de la cripta de los enterramientos existentes en el suelo de la capilla de los Blázquez de mencionado Templo, entre el Altar Mayor y la Sacristía Mayor (hoy convertida en museo), fui llamado por el entonces Obispo Don Jesús Domínguez Gómez a fin de que descendiese allí para ver lo que había en dicho lugar a los pies de la Imagen de un Crucificado del siglo XIV conocido popularmente como Cristo Negro.

     Entre Agosto y Septiembre realizamos tres bajadas a una habitación de algo más de 170 cm  de alta por poco más de ancha y unos tres metros de larga. Allí estaban los huesos de al menos siete personas, adultos, que aunque en un principio creímos se trataban de antiguos miembros de la Hermandad, posteriores investigaciones demostraron que eran restos de las familias nobles cacerenses: Blázquez, Ovando y otras, cuyos escudos aparecen en los laterales de la capilla. También encontré en aquel mismo lugar, suelas de sandalias, clavos, maderas de las cajas, pequeños pedazos de telas de las ropas y un rudimentario cordón. Tras minucioso estudio observamos en siguientes visitas, que el suelo de la mencionada cripta era artificial, es decir, que no era el autentico ya que se encontraba relleno de tierra. Por estas mismas fechas antiguos sirvientes me informan del pasadizo que los Ovando construyeron en el siglo XVI-XVII entre el Palacio de su propiedad, (hoy de los descendientes del Conde de Canilleros) y este Templo. Hasta este preciso momento no ha sido aun localizado. Creemos como más lógico, que de existir verdaderamente este pasadizo, que sale de la leñera de mencionado edificio hasta el Templo, lo lógico sería que se comunicase con la Capilla que fue construida por dicha familia y que han poseído durante siglos. Para respaldar esta afirmación hubiese bastado con haber vaciado el suelo de la cripta, pero la inesperada enfermedad del Sr. Obispo y su posterior fallecimiento provocó unos repentinos trabajos de albañilería para acoger a quien en vida fue Don Jesús Domínguez Gómez, Obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres, al aldo de los otros siete restos humanos que gozan de tan espacial lugar de enterramiento.

     Pero no quisiera finalizar este rápido repaso a un tema tan interesante en nuestra ciudad, sin referirme brevemente a la que considero la galería modelo de cuantas conozco en Cáceres, es la galería por donde se reconquistó la ciudad en el año 1.229 y que los cacereños bautizaron como Galería de la Victoria y que fue descubierta en marzo de 1.942 por el entonces Director del Museo Provincial de Cáceres, D. Miguel A. Ortí Belmonte, gracias a los datos recopilados durante años por Don Juan Sanguino Michel y Don Publio Hurtado Pérez, dos investigadores locales que dedicaros muchos momentos de sus vidas a su localización, como consecuencia del inesperado hundimiento del muro sur del jardín de dicho edificio. Se descubrió una escalera de caracol, así como una muy pronunciada rampa debido al gran desnivel existente entre la entrada y la dirección de la galería llegando a recorrer un tramo de algo más de doce metros. La salida de mencionado túnel se descubre a bastante distancia del Museo, concretamente en la muralla, a los pies de la denominada Torre del Gitano (siglo XII), salida que en los últimos treinta años se encontraba disimulada por la existencia de una casa. Aparece con estos vestigios perfectamente determinada la galería de la Victoria, siendo romana en la entrada, y árabe y cristiana en el resto. Esta antiquísima construcción por la que entraron las tropas de Alfonso IX para reconquistar la ciudad, tiene bóveda de cañón. En la actualidad y como consecuencia de las innumerables e incontroladas construcciones que se han realizado sobre el terreno por el que transcurre la galería, es muy posible que la inmensa mayoría de la misma haya sido destruida, salvo el tramo que se encuentra bajo el museo y en las proximidades de la mencionada torre.

     Es mi particular opinión que con un mínimo esfuerzo económico llevado a cabo por nuestras autoridades podríamos recuperas y mantener un gran número de estas construcciones, contando con la inestimable colaboración de los propios profesionales responsables de la rehabilitación de estos edificios, para lo cual a su vez sería necesaria la información que pudiesen aportar los dueños de estos, así como los estudiosos del tema.

 

         Evidentemente el presente estudio no finaliza aquí, ni mucho menos, pues existen infinidad de construcciones ocultas por mi estudiadas y que están repartidas por prácticamente toda la ciudad monumental de Cáceres y alrededores, así como por toda la provincia. A las que deberíamos sumar aquellas que nosotros aún no conocemos y que sin duda también deben ser una cantidad considerable.

 

 

         Sirvan de claro ejemplo de lo que estamos diciendo las construcciones ocultas registradas en los lugares que seguidamente relaciono:

 

– Palacio de los Toledo-Moctezuma.

– Casona de la Duquesa de Fernán Núñez o Casa del Tesoro.

– Convento de la Compañía de Jesús.

– Cámara de Comercio e Industria.

– Palacio de Rodrigo de Ovando.

– Palacio de Ulloa.

– Palacio de la Duquesa de Valencia.

– Casa del Sol

– Casona de Don Gonzalo de Ulloa Ramírez de Aros.

– Palacio de los Sandes (del Aguila).

– Gobierno Militar.

– Excma. Diputación Provincial.

– Golfines de Abajo.

– Golfines de Arriba.

– Proximidades del Santuario de la Montaña. etc…

 

 

         Pudiendo continuar con lo que nosotros denominamos zonas huecas, tales como: El Calerizo; calle de San Francisco el Real; Plazuela de la Concepción; calle Pizarro; Calle Torremochada; Rivera del Marco; etc…

 

 

 

Alonso José Corrales Gaitán.

Oct 012003
 

Alonso J. Corrales Gaitán.

Recuerdo perfectamente que la primera vez que tuve conocimiento de la existencia de este incansable investigador, fue en pleno año 1980, ello como consecuencia de unas consultas que realicé sobre la Virgen de la Montaña, patrona de Cáceres, y su cofradía, allí aparecía mencionado numerosas veces D. Miguel A. Orti Belmonte y sus obras.

Además de esto, en mis esporádicas incursiones a distintas bibliotecas para conocer más y mejores datos sobre la historia de mi ciudad, siempre me encontraba con alguna mención sobre los trabajos del Sr. Orti Belmonte.

De esta manera casi sin darme cuenta fui adquiriendo unos conocimientos fundamentales sobre la minuciosa tarea de tan sobresaliente personaje que dedicó toda su vida a descubrir infinidad de información que se había perdido por el paso del tiempo.

Pero si todo esto fuera poco y como no creemos en la casualidad, en el año 1997 en mi primera visita a la ciudad de Córdoba, lugar de nacimiento de mi admirado investigador, intenté seguir sus pasos y recuerdo por la creciente admiración que su persona me había despertado.

No es hasta el año siguiente, cuando encontrándome preparando mi publicación sobre hijos ilustres de Cáceres, cuando verdaderamente consigo profundizar en la vida y la obra de D. Miguel Ángel Orti Belmonte (1891-1973), especialmente en el periodo en que vivió en Cáceres de treinta y cuatro años, pero lamentablemente y dadas las características de aquella obra, donde aparecen reseñas biográficas y bibliográficas de cien personas, no podemos extendernos todo lo que queremos sobre nuestro admirado personaje.

Por todo lo cual en los últimos meses del año 2002, comprobando que en enero del 2003 se cumple el treinta aniversario de su fallecimiento, comienzo a realizar una detallada investigación sobre la vida y la obra de tan incansable seguidor de la historia local. Para lo cual contacto en repetidas ocasiones con una de las hijas de D. Miguel, Doña Concepción Orti Belmonte, que muy amablemente me atiende y me facilita numerosos datos familiares y fotografías, todo lo cual me sirve de mucha ayuda a la hora de conocer perfectamente a figura tan destacada en el atractivo mundo de la investigación, y me descubre a un mas que sensible hombre, declaradamente enamorado de Cáceres.

Con todo lo obtenido, e independientemente de la posible publicación que aparecerá en los próximos meses, en sincero y justo homenaje a mente tan extraordinaria, he decidido presentarles aquí y ahora un pequeño resumen de todo lo que he conocido y que sin duda sentó las bases para que posteriores generaciones conociesen mucho mejor tanto a mi ciudad, como a la propia provincia, gracias a la vida que desarrollo el Sr. Orti Belmonte en clara dedicación hacia los demás.

SU VIDA.-

Nació en Córdoba el 8 de septiembre del año 1891, como cuarto hijo del matrimonio formado por D. Vicente Orti Muñoz, natural de Marmolejo (Jaén), y por Doña Dolores Belmonte Müller. Siendo su padre médico cirujano, que ejerció con notable profesionalidad en Córdoba, despertando admiración y respeto ante todos los que lo conocieron o trataron. También era nieto y biznieto de médicos, todos dotados de grandes inquietudes científicas, puestas siempre al servicio de los demás.

Se da la circunstancia que su bisabuelo, D. Vicente Orti Criado, hizo público el primer análisis al agua de Marmolejo y un interesante examen filosófico sobre sus aplicaciones terapéuticas. En el campo de las técnicas quirúrgicas, su abuelo D. Vicente Orti Lara, fue el primer cirujano que utilizó en Córdoba el cloroformo. La tradición familiar cuenta que a la puerta de la casa del enfermo se situaron unos médicos esperando la muerte del operado, como era de esperar por los familiares más allegados y los amigos íntimos, la operación resultó un completo éxito. Y su padre, D. Vicente Orti Muñoz destacó entre los cirujanos de España, por los resultados obtenidos en su técnica de la extracción de cálculos de vejiga, a su consulta acudían enfermos de muy diferentes y distantes puntos del país.

Su madre, Doña Dolores Belmonte, era dama de ilustre linaje, pertenecía a una familia en la que durante generaciones abundaron pintores, poetas y apasionados a la música. De esta rama heredaría la sensibilidad para los goces del espíritu y de la belleza. De las dos los encantos de la entrega a su trabajo, a traspasar a sus alumnos el interés por el estudio y el conocimiento, y las excelencias de formar y educar a los jóvenes, y el contentarse con la satisfacción del deber cumplido. Que en el camino los honores quedasen en otras manos no le hizo mella.

Entre los Belmonte, sobresalieron sus tíos: D. Mariano Belmonte de Vacas, pintor romántico de paisajes y retratos, conservándose en el Museo de Bellas Artes de Córdoba dos interesantes muestras de su pintura. Y D. Guillermo Belmonte Müller, delicado y exquisito poeta, sin olvidarnos de su faceta de dibujante de la sierra cordobesa, además de retratista familiar.

En lo referente a su rama materna, su abuela Doña Elisa Müller Stone, era una consumada pianista, que por simple gusto y afición participaba activamente en la vida cultural cordobesa reuniendo en su casa, a intelectuales y artistas en veladas literarias y conciertos musicales. Se cuenta que cuando el gran y famoso compositor húngaro, Liszt, visitó Córdoba, manifestó su intención de participar en un de los conciertos de los que dicha señora era organizadora.

En su prolífica vida se le conocía en determinados círculos como: “el trabajador infatigable”.

Los primeros estudios los realizó en el Instituto de su ciudad natal, Córdoba. Los dos primeros cursos de Filosofía y Letras los hizo en Granada, pero al carecer aquella ciudad de la sección de Historia, decidió trasladarse a Madrid, donde terminaría en el año 1913 con sobresaliente de nota media.

Y es a su regreso a su ciudad natal, cuando su padre sensibilizado con el destino de su hijo, realiza todos los trámites oportunos para que este desempeñase el cargo de Archivero Bibliotecario del Ayuntamiento, para el que fue nombrado en el año 1914.

No es ningún secreto, que en muchas de las decisiones de aquellos años de estudiante de D. Miguel, fuese su padre su más decidido quía y apoyo, como ocurrió a la hora de elegir ciudad una vea aprobada la cátedra de Historia para Escuelas Normales, dejando Las palmas y tomando por consejo de su señor padre, la de Cáceres. Para lo cual había pedido la excedencia como Archivero de la Biblioteca del Ayuntamiento de Córdoba.

En el año 1916 obtuvo por oposición la Cátedra de Historia de la Escuela de Magisterio de Cáceres, tomando posesión el 14 de junio de dicho año, después de pedir la excedencia de Archivero Bibliotecario del Ayuntamiento de Córdoba. En dicha escuela de nuestra ciudad. Llegó a desempeñar el cargo de Director, también impartió clases en el Instituto Nacional de Enseñanza Media.

Y es a partir de este momento, cuando toda una serie de combinaciones de circunstancias hacen posible que D. Miguel desarrolle una gran variedad de actividades culturales en beneficio de la ciudad de Cáceres, producto del incansable trabajo que desempeña durante treinta y cuatro años (1916 a 1950). Entre todas estas cabe destacar: la enseñanza, la investigación histórica, arqueología, heráldica, tradiciones, leyendas, artes, etc.

Ya establecido de quieto en nuestra ciudad, contrae matrimonio en el año 1920 con Doña María Alcántara Alcántara, natural de Almendralejo (Badajoz) y sobrina del catedrático D. Antonio Silva Núñez, gracias a las visitas que Doña María realiza a Cáceres a casa de sus tíos, conoce a D. Miguel. Tan cristiano enlace dio el fruto de siete hijos: Francisco, Miguel Ángel, Vicente, Antonio, Mª Piedad, Dolores y Concepción, siendo todos ellos cacereños de nacimiento, los cuatro primeros nacieron en la Calle Ancha, las tres ultimas en el Museo o Casa de las Veletas. Hijos que supieron dar al matrimonio todas las alegrías deseadas tanto en el ámbito profesional como familiar.

Tal y como indicamos al principio de la presente obra, es muy difícil, casi imposible presentar aquí todo lo realizado por D. Miguel Orti Belmonte, en el largo periodo de tiempo que permaneció trabajando en nuestra ciudad, pero vamos al menos a referirnos a los acontecimientos más significativos para Cáceres.

Según afirman algunos estudiosos de su figura, D. Miguel ha dejado a lo largo y ancho de nuestra geografía española unos treinta mil alumnos, de los cuales aproximadamente la mitad se han hecho maestros. Todo un claro ejemplo de la magnífica tarea educativa que desarrolló a lo largo de tan ejemplar y enriquecedora existencia.

En 1923 se doctoró en Historia obteniendo Premio extraordinario por su tesis: “Córdoba durante la Guerra de la Independencia (1808-1813)”. Trabajo que en años posteriores (1924, 1926, 1928 y 1930), era publicado en el Boletín de la real Academia de Córdoba. En este año se le hizo en Cáceres, correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Por aquellos tiempos no sólo los legajos dormían en paz y tranquilidad en los archivos familiares de la nobleza cacereña, gran parte de la ciudad vivía descuidada de cuantos tesoros guardaban sus históricas piedras. Una apatía y preocupante desidia contra las que luchó con todas sus fuerzas D. Miguel Ángel, desde el preciso momento en que aquí se estableció. Siendo su primera gran tarea, la necesaria creación de un Museo de Bellas Artes, a la vista de los cientos de objetos que se amontonaban en manos de particulares, y que cada mes eran sacados a la luz, en simples actividades accidentales. Lo que afortunadamente para nuestra ciudad consiguió después de no pocos años en los que realizó ímprobos trabajos de búsqueda, investigación y catalogación, produciéndose su inauguración en el año 1933.

En 1932 había sido nombrado Secretario de la Comisión de Monumentos de Cáceres, a propuesta de D. José Ramón Mélida Alinari (1849-1933).

De igual manera innumerables fueron los cargos que desempeñó en su vida, seguidamente relacionados algunos de ellos: Archivero Bibliotecario del Ayuntamiento de Córdoba; Profesor de la Escuela Normal y en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Cáceres, Director de la Escuela Nacional de Magisterio, Director del Museo Provincial de Bellas Artes de Cáceres, Cronista Oficial de la ciudad de Cáceres (octubre de 1949), Doctor en Filosofía y Letras, Director de la Normal de Magisterio de Córdoba, Presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Córdoba, Académico correspondiente de las Reales Academias de la Historia de las Bellas Artes de San Fernando, de la Academia del Mediterráneo de Palermo y del Instituto Bouchard de Estudios Históricos Navales de Buenos Aires, Socio de honor de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz, etc

En los treinta y cuatro años que permaneció viviendo y trabajando en nuestra ciudad de Cáceres, muchas fueron las personas que escribieron sobre él y sobre su incansable trabajo divulgativo. Así hemos encontrado menciones de: D. Publio Hurtado, D, Juan Sanguino, D. Miguel Muñoz de San Pedro, D. Carlos Callejo, D. Vicente González y de D. Antonio Floriano Cumbreño, entre otros, quienes coinciden en afirmar que denominador común de las tareas del Sr. Orti Belmonte, eran su profesionalidad y seriedad histórica en todo cuanto hacía.

Hay que destacar los significativos comentarios que han llegado hasta nuestros días, realizados por el Sr. Floriano Cumbreño y el Conde de Canilleros, entre otros, y reflejados en algunas de sus obras, así como en conferencias y discursos, en los que no escatiman elogios para el Sr. Orti por sus magníficos trabajos de investigación, respaldados siempre por una amplia documentación.

Algunas de sus cualidades eran su sencillez y modestia con las que trataba todos sus innumerables trabajos y logros. Dado a apartarse de los ambientes de admiración que su trabajo de investigación y tarea de profesor le habían hecho acreedor. No aceptaba que le ofrecieran homenajes, en su despedida de Cáceres no encontró manera alguna de oponerse, y de aquel acto que asistió “todo Cáceres”, sólo le gustaba recordar la asistencia al mismo del cartero de su distrito, pues le llevó siete de sus publicaciones para que se las dedicara.

A mediados del año 1951 se traslada a Córdoba, su ciudad natal, para hacerse cargo de la Dirección de la escuela Normal de Magisterio, e impartir clases en el Instituto Nacional de Enseñanza Media.

En el año 1962, viviendo en Córdoba, el Pleno del Colegio Nacional de Colegios Oficiales de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras, y Ciencias, le concedió el premio nacional de colegiales distinguidos, otorgándole la Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, elevada a Encomienda. Por todo lo cual se le tributó un entrañable homenaje en el salón de actos de la facultad de veterinaria de Córdoba, acto en el que estuvieron presentes muchas personalidades y un elevado número de sus antiguos alumnos.

En nuestros días sorprende, como una persona con una familia tan numerosa (siete hijos), dedicase tanto tiempo a la enseñanza y a la investigación, todo perfectamente ordenado, sin dejar de lado la profunda convicción religiosa, que queda manifiesta en sus asistencias a los correspondientes cultos, además de las oportunas publicaciones que realizó. Todo un ejemplo difícil de imitar, incluso en los tiempos actuales con todos los medios técnicos que tenemos a nuestro alcance.

En los cerca de veinte años que vivió con su familia en la Casa de las Veletas, siendo Director de dicho Museo de Bellas Artes desde el 25 de mayo de 1921 hasta 1943, llegó a conocer prácticamente todas y cada una de las piedras, y rincones de dicho histórico edificio, realizándole unos profundos trabajos de acondicionamiento y mejora, dada la continua incorporación de piezas de tipo a dicho Museo, destacando especialmente la colección numismática de mas de seis mil piezas que dejó clasificadas e inventariadas.

No quiso que ninguno de sus hijos continuaran sus pasos profesionales (Filosofía y Letras), pero sí que todos se preparasen adecuadamente tanto en el aspecto familiar como profesional, sin olvidar por supuesto lo religioso, algo que D. Miguel tuvo muy en cuenta a lo largo de toda su existencia.De esta manera sus hijos, admiradores y obedientes seguidores de las enseñanzas y consejos de su progenitor, realizaron todos sus correspondientes estudios de Magisterio, además de elegir cada uno su oportuna carrera, lo que llenó de gozo y satisfacción a tan feliz y cristiano matrimonio.

El 8 de enero de 1973, fallecía Doña María Alcántara Alcántara y dos días después, es decir el 10, fallece en Córdoba D. Miguel Ángel Orti Belmonte, rodeado de sus familiares y amigos.

Siempre estuvo arropado y animado por el aliento, el cuidado y el fervor de la gran compañera de toda su vida de trabajo, su esposa, que desde la sombra y con la garantía del amor correspondido, vivió entregada solícitamente a procurar el ambiente necesario para su actividad y dedicada a sus hijos, a los que transmitió la adoración y admiración que por su marido y su labor sentía.

SU OBRA Y HERENCIA CULTURAL

De una mente tan incansable como la que estamos tratando y con una obra tan amplia y variada, es verdaderamente imposible referirnos a su vida y tratar detalladamente su trabajo investigador, ya que para ello tendríamos que contar con cientos de páginas y por consiguiente mas tiempo para su realización.

Pero considerando que hoy vamos a referirnos a tres casos muy concretos de sus investigaciones y que a nuestro modesto entender no han alcanzado la justa valoración, ni mucho menos el autor de los mismos, es decir D. Miguel.

Además de los trabajos aquí seguidamente detallados, nuestro protagonista colaboró estrechamente en las siguientes publicaciones: Diarios regionales Hoy y Extremadura; Revista Literaria Cristal; en Norba, Revista del Archivo Municipal de Cáceres; en el Boletín de Educación; así como en la Revista Alcántara de los Servicios Culturales de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres; en el Santuario de la Montaña, revista de la Cofradía de la Patrona de Cáceres, y otras revistas de asociaciones e instituciones locales. Sin olvidar un elevado número de conferencias y charlas que dio siempre de manera desinteresada en diferentes centros de la ciudad, así como en asociaciones culturales y caritativas.

Sus trabajos escritos superan el medio centenar y del mas variado contenido cultural, relacionados al final del presente estudio.

Y una de las cosas que más poderosamente nos ha llamado la atención, es que en repetidas ocasiones explicó a familiares y amigos, así como discípulos, que durante su estancia en Cáceres, hubo tres emociones en el campo histórico que vivió, difícilmente comparables con otras.

  • La primera es la identificación y recuperación del denominado Tesoro de Aliseda.
  • La segunda se refiere, dentro de los oscuros pasajes de la historia, a la muerte de Enrique IV de Castilla, su posible envenenamiento, y su lugar de enterramiento.
  • Y la tercera y última, a la localización y estudio de los huesos del que fue Camarero de la reina Isabel la católica. Restos encontrados en una rudimentaria caja dentro de un armario de la familia.

Tres momentos que recordaba con contenida emoción, reviviendo cada detalle sin acritud y sin mostrar nunca públicamente ninguna protesta por el trato injusto que recibió, a pesar de ser él quién llevó la iniciativa de dichos trabajos.

Algo que por desgracia ha ocurrido y ocurre con demasiada frecuencia aquí en nuestra tierra.

Por distintas fuentes de información, conocemos que nuestro protagonista era investigador de las tradiciones y leyendas populares, en las cuales creía pero opinando que con el paso del tiempo habían sufrido toda una serie de adulteraciones o transformaciones, por parte de los propios ciudadanos en su continua transmisión oral. Tanto unas como las otras, las consideraba “la historia no oficial”, pero que podían servir para arrojar mucha luz sobre las características de pasadas épocas, en este caso de nuestra ciudad.

Así es justo que destaquemos brevemente, a uno de sus mas firmes trabajos de investigación, la localización física de una de las mas tradicionales leyendas existentes en Cáceres, la denominada: “Galería de la Reconquista”.

“Una tradición cacereña, a la que propiamente puede aplicársele el tópico de que se pierde en la noche de los tiempos, cuenta que las tropas de Alfonso IX tenían cercada la ciudad, y el rey envió una embajada al jefe moro intimándole a la rendición; que entre los emisarios figuraba un capitán que vio a una hija del Alcaide, de la que se enamoró, siendo correspondido, y que todas las noches, saliendo por una oculta galería, llegaba a las proximidades del campo real, al lado de la actual Fuente del Concejo. La mora proporcionó las llaves de la galería al capitán y por ella entraron las tropas leonesas y castellanas hasta el Alcázar, (era el 23 de abril del 1229), en cuyo interior se rió la batalla, mientras otras fuerzas penetraban en el recinto amurallado por la Puerta del Socorro, hoy llamada Puerta de Coria y Arco del Socorro, en la Plazuela del mismo nombre: La leyenda añade que la mora por su traición, fue encantada por el padre, convirtiéndola en gallina, que vive permanentemente en esta galería y que cada año, a las doce de la noche del día de San Juan recobra su forma humana y recorre silenciosa y tristemente las calles de la ciudad. Un escritor cacereño, Fulgencio García Osma, ha llevado al teatro en una obra en verso, la leyenda de l conquista de Cáceres (años veinte del siglo XX).

Siempre he creído que las leyendas históricas tienen un fondo de verdad más o menos adulterado, y desde que el Museo se instaló en las Veletas busqué la entrada de la galería. Tenía datos de que la galería había quedado al descubierto, al producirse un hundimiento en el muro Sur del jardín en 1902 (Sr. Sanguino Michel: “la boca de este subterráneo, se encontraba cegada por orden de D. Pedro López Montenegro, cuando allí vivía como administrador de la Casa Ducal de Fernán Núñez, para evitar que cayeran los niños por su boca, que se abría peligrosamente en el suelo”); dato que registró cuidadosamente D. Juan Sanguino Michel y copió D. Publio Hurtado Pérez, historiadores de Cáceres. Con estos datos me autorizó el arquitecto Señor González Valcarcel, para que se hicieran algunas excavaciones y se tuvo la suerte de encontrar, en marzo de 1942, la entrada a la Galería, a la que la prensa local bautizó pomposamente con el nombre de Galería de la Victoria. … … … … … …”

Y realizada esta discreta mención, recordamos aquellos tres temas históricos que emocionaron a nuestro protagonista:

A) Vamos a referirnos a un tema que habiendo sido catalogado como un suceso sensacional en el mundo de la arqueología, “El Tesoro de Aliseda”, siendo nuestro admirado D. Miguel A. Orti Belmonte el principal protagonista de que dicho hallazgo no se perdiese, las autoridades de la época no le hicieron justicia con un agradecimiento oficial y merecido, que ahora con el paso del tiempo debería hacerse.

“El día 20 de enero de 1920, señala un hito importante en mi vida profesional y cultural. Cavando para sacar tierra con objeto de hacer tejas en un terreno comunal del Ayuntamiento de Aliseda (Cáceres), se encontró el hoy llamado Tesoro de Aliseda. Quienes lo encontraron fueron a Cáceres a venderlo. Un alumno mío –hijo del Secretario del Ayuntamiento—me habló sobre ello y un platero al que habían visto me dijo que eran alhajas de Ceclavín o de Torrejoncillo. Con las referencias que me daban yo pensé que el hallazgo era antiguo y tenía positivo valor. Como se había encontrado en el terreno propiedad del Ayuntamiento pudiera ocurrir que fuese vendido y cobrar el Secretario del Ayuntamiento los atrasos de las pagas que se le adeudaban.

Yo le indiqué que presentaran una denuncia en el Juzgado y así lo hicieron. Me entrevisté con el Juez, quién me enseñó las alhajas entregadas y, como no apareciera el resto, el Juez dijo al platero comprador de las alhajas que lo pasearía por Cáceres con las manos encadenadas. Al día siguiente un religiosos franciscano entregó bajo secreto de confesión el resto de las alhajas.

Las estudié en el mismo Juzgado, clasificándolas como Tesoro Arqueológico Feno-Púnico. Sobre el importantísimo hallazgo publiqué dos artículos en “El Noticiero de Cáceres”. Incluso llegaron a llamarme loco, obstinados en la opinión de que se trataba de alhajas de Torrejoncillo o de Ceclavín. Se reunió al efecto la Comisión de Monumentos. Su Secretario, Sanguino Michel, mantuvo una opinión conforme con la mía. Telegrafié a mi maestro de Arqueología, D. José Ramón Mélida Alinari (1849-1933), que a la sazón dirigía las excavaciones del Teatro Romano de Mérida. Este señor ostentaba los cargos de catedrático de la central, Director del Museo Arqueológico Nacional y Académico de las de la Historia y de San Fernando.

Don Publio Hurtado Pérez –ilustre figura cacereña—escribió también y la llegada de Mélida a Cáceres hizo cambiar las cosas. Las alhajas fueron depositadas en el Banco de España y D. José Ramón regresó a Madrid. La visita que efectuó el Ministro de Instrucción Pública trajo como consecuencia que las alhajas fuesen declaradas propiedad del Estado Español. El día 25 de septiembre volvió Mélida a Cáceres y regresó a Madrid llevando las alhajas, protegidas con la presencia de la Guardia Civil. Actualmente se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional, expuestas al público docto o curioso. Las alhajas fueron tasadas en un valor monetario de 15.000 pesetas. Una mitad correspondía a los obreros que las habían encontrado. La otra, para el dueño del terreno. Pero, al ser este comunal, el Ayuntamiento no podía percibir nada.

Como consecuencia de lo referido el Ministro de Instrucción Pública me dio las gracias por mi gestión y la Academia de Bellas Artes de San Fernando, a propuesta de D. José Ramón Mélida, me nombró Académico Correspondiente en Cáceres”.

Pero tal y como en su momento apuntaba el Conde de Canilleros, D. Miguel Ángel no solamente recogía rosas, también tuvo que sufrir las espinas, la actuación de Mélida no fue muy correcta. Lo relativo al rescate del tesoro y su estudio detallado, lo realizó con ímprobos trabajos y sacrificios el Sr. Orti Belmonte, dado que las joyas se habían dispersado. A él corresponde íntegro el mérito de que tan importante hallazgo se salvara de la pérdida y pueda ser admirado hoy en el Museo Arqueológico Nacional.

Cuando todo estaba hecho, Mélida vino a Cáceres, para emprender el retorno a Madrid con el tesoro y presentarlo como mérito propio en su informe a la Real Academia de la Historia y en sus publicaciones D. Miguel Orti Belmonte, hombre extraordinariamente preparado, pero muy tímido y sencillo, quedaba en la penumbra, siendo el verdadero protagonista del episodio.

D. José Ramón Mélida Alinari, en un gesto de generosidad hacia quién rescatara el tesoro que nos ocupa, le regaló un folleto de treinta y dos páginas, titulado:“Museo Arqueológico Nacional –Tesoro de Aliseda—Noticia y descripción de las joyas que lo componente por José Ramón Mélida. Fotocopias de Hauser y Menet. Madrid, 1921”. Apareciendo la siguiente dedicatoria: “A D- Miguel A. Orti Belmonte. Recuerdo afectuoso de José Ramón Mélida”.

Es justo apuntar, que no pocos investigadores tanto locales como nacionales durante muchos años envidiaron el buen hacer y resultado del trabajo de D. Miquel Orti, un hallazgo de estas características no es fácil conseguirlo. Desgraciadamente y tal como ocurre en todos estos casos, no fue hasta décadas posteriores, incluso después del fallecimiento del Sr. Orti Belmonte, cuando las autoridades correspondientes comprendieron el verdadero valor de las piezas encontradas y recuperadas por tan insigne investigador cordobés- cacerense.

Descripción del Tesoro de Aliseda (Cáceres)

Numerosas y variadas piezas aparecieron en lo alto de un pequeño cerro, que en la actualidad ha desaparecido por la ampliación del mismo pueblo que se encuentra a treinta kilómetros de Cáceres, dirección a Valencia de Alcántara y Portugal, por la carretera nacional 521. Dicho tesoro está formado por una veintena de piezas de oro, plata, bronce, vidrio y algunos fragmentos de cerámica.

Fue encontrado en un tejar cuando allí se encontraban trabajando: los hermanos Jesús y Victoriano Rodríguez Santano, acompañados por Jenaro Vinagre Rodríguez, que entonces tenía ocho años de edad.

En la actualidad se conserva una lápida conmemorativa en el número 61 de la calle del tesoro de dicha localidad. Además de la sala de exposiciones que en este año 2003 se ha inaugurado, donde se conserva una réplica del mismo.

De oro están hechas una diadema y parte de otra, brazaletes, un torques, cinturón formado a partir de diversas placas, dos pendientes, piezas de collar, un cuenco, sellos giratorios, varias sortijas y anillos.

De plata se rescató un pequeño braserillo y algunos recipientes sin determinar.

De bronce un artístico espejo.

De piedra se encontró un posible afilador.

Y de vidrio había una botella completa, siendo también distintos fragmentos de cerámica.

El conjunto de las joyas de oro, tiene un peso total de 1 Kg. Y 100 gr., mientras que las de plata ascienden a los 2 Kg. Y medio. Todo encontrado en un lóculo funerario y no en un recipiente.

Según palabras de D. Martín Almagro Gorbea, son extraordinarias las técnicas empleadas tanto de filigranas como de repujado, con infinidad de detalles ornamentales figurados junto a lo geométrico. Aparecen muchos elementos vegetales (rosetas y palmetas), sirviendo de eje a pequeños halcones, animales fantásticos, escenas de lucha entre el hombre y el león, que aparecen repetitivamente en el cinturón encontrado.

De igual modo se pueden observar varias cabezas decorativas de serpientes, de halcón, el dios egipcio Horus, divinidades sedantes, orantes, jinetes, quedando incrustado al reverso un escarabajo tallado en piedras semipreciosas que dan suficientes pistas artísticas de su indudable procedencia sirio-fenicia.

Además aparecen unos brazos humanos esquemáticos labrados en las asas del braserillo y los jeroglíficos decorativos que rodean el contorno de la botella de vidrio. Todo este preciado conjunto convierte a este tesoro en el máximo ejemplo de la orfebrería oriental importada en el Mediterráneo Occidental.

La única inscripción jeroglífica del tesoro, se conserva en el vaso de vidrio, donde se repite la frase siguiente: “consagrado a Dios”, “consagración agradable a Dios”.

El Sr. Almagro Gorbea defiende que el origen de realización del mencionado tesoro es occidental y más concretamente de las proximidades de la ciudad de Cádiz, pero basado en las delicadas y puras técnicas de orfebrería, además de la iconografía oriental.

La fecha de fabricación la sitúan en el año 625 a de C., resultando ser uno de los conjuntos de su clase, más representativos dentro del periodo orientalizante de la Península Ibérica, en lo que a la cultura tartésica se refiere. Incluso del continuo intercambio comercial de esta zona con otras del Mediterráneo oriental.

Lo que muchos cacereños lamentamos es, que tan extraordinario tesoro, aparecido aquí en Extremadura, permanezca expuesto o guardado fuera de nuestra tierra. Debería iniciarse una campaña cultural a favor de que el tesoro de Aliseda quede depositado aquí en Cáceres, en el Museo Provincial de la Casa de las Veletas. Es de justicia y un derecho histórico, situaciones parecidas han vivido otras Autonomías y ciudades en lo referente a su patrimonio artístico y cultural.

B) “Exhumación de la momia de Enrique IV de Castilla”.- Con este tan atractivo y misterioso título, nuestro protagonista aglutinó un elevado número de datos y dio varias conferencias, para perpetuar una de sus investigaciones más misteriosas e inolvidables.

Se conocía la pobreza y mezquindad con la que se hicieron los funerales del Rey, su traslado casi en secreto al Monasterio de San Jerónimo del Paso y luego al de Guadalupe de Cáceres, y su anunciado deseo de descansar el sueño eterno debajo de su madre. Pero se desconocía el lugar exacto.

En las continuas investigaciones realizadas por D. Miguel, sobre la figura de la Reina Isabel la Católica en los archivos de la nobleza y especialmente en los del Duque de frías, había ido tomando notas que se referían a Enrique IV, pero en su decidido afán por tener mas datos que los aparecidos en los documentos históricos tan distantes, optó pos desplazarse hasta Guadalupe.

Obteniendo la información correspondiente del Padre Villacampas, que Enrique IV estaba momificado, algo por otra parte conocido en determinados círculos del propio Monasterio.

La búsqueda incansable de varios años, dio un feliz resultado, cuando en el año 1945, un alumno suyo hijo del médico de Guadalupe, le comunicó que había encontrado el ataúd del rey (perdido) y el de su madre.

Inmediatamente se presentó en Guadalupe el Sr. Orti y cuando comprobó y verificó el hallazgo y se convenció de la certeza, en su obligación de Correspondiente de la real Academia de la Historia envió su detallado informe. Nombrando la Academia una comisión, formada por D. Manuel Gómez Moreno y el doctor D. Gregorio marañón, para que con los permisos eclesiásticos pertinentes, se trasladaran a Guadalupe.

Actuando D. Miguel como secretario de dicha comisión, procedieron a examinar los ataúdes, estudiar los cadáveres, fotografiándolos y midiéndolos, tomando todas las necesarias notas, para una vez finalizado el estudio dejar todo tal y como estaba.

Y así inexplicablemente en el informe oficial presentado por los Sres. Gómez Moreno y marañón Posadillo a la Academia, no se hace mención alguna al Sr. Orti Belmonte, solamente se menciona al fotógrafo Sr. Calparsoro.

Particularmente ante lo interesante que nos pareció todo lo aquí recordado sobre la localización de la momia de Enrique IV (1425-1474), decidimos buscar mas información al respecto y una vez mas optamos por contactar con el Guardián del Monasterio de Guadalupe y así el padre Sebastián García, nos envió una copia del folleto publicado en su día con toda la información al respecto.

“Los restos de Enrique IV de Castilla”, bajo este título se publicó en el año 1947 por la Imprenta y editorial Maestre, de Madrid, un detallado trabajo que ahora recordaremos en algunos de sus fragmentos más atractivos.

“Noticiosa esta Real Academia, por conducto de la Comisión de Monumentos de Cáceres, de que la sepultura del rey Enrique IV de Castilla, en el Monasterio de Guadalupe, no se conserva con el honor debido, acordó que una comisión de su seno, constituida por los abajo firmantes, procediese a su reconocimiento, dando cuenta a la misma de la información obtenida.

En consecuencia, previa autorización de las autoridades eclesiásticas, Arzobispo de Toledo y Provincial de la orden franciscana, y con la intervención eficacísima y por todos conceptos acogedora, del susodicho P. Provincial y de la comunidad usufructuaria del monasterio, procedió al reconocimiento de dicho sepulcro, en la noche del 19 de octubre último, cuyo resultado, con las ilustraciones oportunas, exponemos a la consideración de la Academia.

Era notorio que Enrique IV, en la disposiciones verbales con que, al parecer, cerró sus cuentas en este mundo, dispuso que fuera sepultado su cuerpo debajo del de su madre la reina doña maría, primera esposa de Juan II, en el Monasterio de Guadalupe, del que ella fue devota y también favorecido por el rey su hijo … … … … … .

De ropas quedan solamente las mangas de la túnica, que era de terciopelo morado liso, y fragmentos casi deshechos de lienzo basto, residuos de la camisa u otras prendas interiores. Bien conservadas, una polainas de cuero recio, que llegan por delante hasta encima de las rodillas y por detrás hasta las corvas, y son de color oscuro y completamente lisas, al parecer. Nótese que las crónicas hacen constar cómo el pobre rey se echó en la cama a medio vestir, con miserable túnica y calzados unos borceguíes moriscos, que le dejaban los muslos al aire. Aún consta que así los llevaba de continuo sobre los zapatos. Estos faltan, y todo inclina a creer que se dejó el cadáver sin ceremonia de lavado ni mortaja ni accesorio alguno: caso tan miserable de incuria quizás nunca se haya visto.

El paño de brocado a que antes se aludió, no va puesto como capa, sino extendido, y es a un lado donde se le aprecia una escotadura muy abierta, como para el cuello; mas de la forma y tamaño no pudimos hacernos cargo; sólo que carece de forro y de guarnición. Es pieza de gran etilo; terciopelo verde aceitunado, destacando sobre fondo raso un ramaje ondulado con florones, ya provistos de núcleo central tejido con oro, ya enteramente de esta misma labor en oropel u oro de Chipre, dispuesto con espolines y circunscrito, por consiguiente, a sus campos exclusivos. En conjunto resulta una composición perfectamente equilibrada y bellísima, a golpe de florones en posición alternada y brotando de troncos nudosos con algo de hojas, y cuyo vellutado opulento resalta sobre el campo raso y más débil de entonación, aunque también verde: un sentido semioriental semigótico presidió en esta magnífica obra.

El ancho de la tela alcanza a 62 centímetros, sin las orillas, que llevan dos fajas de colores blanco y rubio en labor de sarga. Es probable que esta prenda fuese ya vieja cuando se la empleó aquí, pues aparecen otras de arte análogo en pinturas italianas de la primera mitad del siglo XV, así como es notorio que hacia 1470 eran ya lo corriente otros brocados a base de flores de cardo y con grandes desarrollos .Telas de este mismo estilo, aunque sin oro, se adjudican a los talleres venecianos, y de ellos saldría el ejemplar nuestro.

Si fue capa, como parece verosímil pudo servirle de atadero una cinta, que apareció suelta por encima de la cabeza. Su largo, cerca de un metro; ancho 13 milímetros; su labor exactamente como las cintas de los sellos en diplomas castellanos del siglo XIV. Va tejida a mano, formando cadenetas falsas, con hilos torcidos de lino, pardos, rojos, blancos, amarillos y azules, rematando por un extremo en borla hecha con los mismo hilos, a partir de un nudo en que se entrelazan cordoncillos verdes y rojos. Al parecer, esta cinta iba prendida por su mitad en dos cabos de a 80 centímetros, incluyendo la borla.

Y ahora, unas palabras sobre el cuerpo de los reyes:

El de Doña María es la momia de una mujer de talla media, sin nada que anotar. Aquella pobre señora, muerta joven, agobiada de sinsabores y con sospechas de haber sido envenenada, es hoy una carroña como las demás, amputadas las piernas para acomodarla a un féretro reducido.

La momia de su hijo está, como antes se ha dicho, bastante bien conservada. La desecación de los tejidos blandos ha borrado los caracteres propiamente vitales del rostro y del cuerpo, dependientes de la frescura de los tegumentos; pero las proporciones y el aspecto general del organismo se pueden observar casi tales como en vida fueron. Una momia es un esqueleto que se mantiene armado por el forro de la piel apergaminada y permite estudiarla en su conjunto.

Lo primero que destaca en la momia de Enrique IV es su corpulencia. El féretro es mucho más largo que el de la reina madre y no se pudo extraer de su tumba por el estrecho ventanal abierto en el retablo. Fue preciso examinarlo entrando nosotros, como pudimos, en el interior de la cripta.

A esto se debe la imperfección del retrato de conjunto, que, a pesar de la habilidad del Sr. Calparsoro, no se pudo lograr más que en proyección forzada y con mala luz.

La cabeza, espontáneamente desprendida del tronco, como es frecuente en los cuerpos momificados, se sacó a la iglesia y, colocada en el altar mayor, sobre uno de los trozos de paño que envolvían el cadáver, pudo ser fotografiada con más holgura y perfección.

La talla actual de la momia es de 170 centímetros. Se calcula que la momificación completa disminuye la talla del vivo en 12 o 15 centímetros, al desecarse los discos intervertebrales y el resto de los tejidos. Si a ello se une en nuestro rey el desprendimiento de alguna de las vértebras cervicales que ligaban la calavera a los hombros, puede, sin temor a errar, calcularse en mas de un metro y ochenta centímetros la talla que don Enrique tuviera en vida.

La cabeza y tronco son muy recios: la anchura del diámetro superior del vasto pecho alcanza a 50 centímetros, igual que la de cualquier varón robusto vivo, y la anchura de las caderas es igual a la del tórax. EN la fotografía de la momia se aprecia bien este detalle, que se acentúa y corrobora por la exagerada convergencia de los muslos, más parecida a la disposición de la mujer que a la del varón, en el que, por ser la pelvis menos ancha, las líneas de los muslos descienden casi paralelamente.

Las piernas son notoriamente largas en proporción a la altura del tronco, según puede comprobarse en la fotografía correspondiente aún con el descuento a que obliga la forzada proyección con que fue tomada. Ningún detalle puede anotarse respecto de los brazos, cruzados para el descanso eterno sobre la parte baja del pecho, ni respecto de las manos, con dedos que aparecen recios y largos en cuanto deja ver la destrucción del tiempo, así como en los pies. Lo que queda de éstos muestra una inclinación exagerada hacia fuera, en la posición llamada pie valgo. … …

Anotemos ahora, con satisfacción de historiadores, el perfecto acuerdo entre estos datos directos y los que nos comunicaron los cronistas y viajeros sobre la figura viva del último Trastamara. Prescindimos de los retratos plásticos, balbucientes y quizás inspirados, más que en la realidad, en el recuerdo, y trazados bajo la sugestión de la mitología egregia: tal, el más conocido, del códice de Stuttgart, publicado en la relación del viaje de Jorge Ehigen, inserto en el libro de Fabié y después reproducido innumerables veces.

Muchos más valores tienen las descripciones literarias, y sobre todo la de la Crónica de Enrique del Castillo y su variante de la biblioteca de El Escorial que publicó: Rodríguez Villa. Enrique del Castillo, contemporáneo del rey y su capellán y cronista, nos dejó una admirable silueta de su señor, de la que un ilustre compañero nuestro escribió, con razón, que partiendo de ella “podría hacerse un acabado estudio fisiológico, psicológico y hasta clínico de aquel monarca”. Los datos que proporciona el otro gran cronista del reinado, Alonso de Palencia, no difieren en lo fundamental de los de Enrique del castillo, ni tampoco los detalles sueltos que, al pasar, apuntan los viajeros que visitaron la corte de Trastamar …

Madrid, 28 de marzo de 1947”.

Y finaliza la presente publicación, con la copia literal del acta que se levantó con motivo de la localización de tan histórico enterramiento:

“En el Real Monasterio de la villa de Guadalupe, en la noche del diez y nueve de octubre de mil novecientos cuarenta y seis, y previa autorización del Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo y M.R. P. Provincial de la seráfica Provincia de Andalucía, los Académicos de la Historia, Excmo. Srs. Don Manuel Gómez Moreno y D. Gregorio Marañón Posadillo y el Correspondiente en Cáceres D. Miguel Orti Belmonte, y en presencia del M.R. P. Provincial, Fr. Francisco S. Zuloaga, PP. Julio Elorza, Claudio López, Arcángel Barrado y Enrique Escribano, se personaron todos en la Iglesia de Nuestra Señora para abrir los sepulcros donde se encuentran los restos de la Reina doña María de Aragón y enrique IV de Castilla.

Quitada la tabla medio-relieve que se encuentra debajo del cuadro de la Anunciación, en el lado del Evangelio del altar mayor, quedó al descubierto una galería, con bóveda de medio cañón y arco apuntado, donde había dos cajas de madera, lisas, del siglo XVII. En una de ellas se encontraban los restos momificados, pero muy destruidos, de la Reina Doña María, envueltos en un sudario de lino, cuya momia no ofrecía materia de estudio. En la otra caja, los restos de Enrique IV, envueltos en un damasco brocado del siglo XV, sudario de lino, restos de ropa de terciopelo, calzas y borceguíes. Se procedió a la medición antropológica de la momia y examen de las telas, retirando un trozo pequeño de damasco para su estudio, el cual pasará al Museo de telas y bordados del Real Monasterio.

Terminados de tomar los datos necesarios para la redacción del informe a la Real Academia de la Historia, se procedió otra vez al cierre de la galería, colocando la tabla medio-relieve del retablo y firmando este Acta los Padres franciscanos y los miembros de la Comisión y testigos, cuyas firmas aparecen a continuación.

De todo cual, yo como Secretario, certifico en Guadalupe, fecha ut supra.- Fr. Francisco S. Zuloaga Fumin, Prior.- Fr. Julio Elorza.- Fr. Claudio López, párroco.- Arcángel Barrado.- G. Marañón.- M. Gómez Moreno.- Reynaldo do Santos.- A. F. Araoz.- R. Calparsoro.- Philip Bonsal.- Sebastián Miranda.- Gerardo Hernández.- Miguel Muñoz de San Pedro.- Miquel Orti Belmonte, secretario”.

Pero tanto la momia de la Reina de Aragón, Doña María, así como la de su hijo D. Enrique, se habían estudiado, no tan detalladamente, con anterioridad.

En los inicios del siglo XX, cuando ya no vivían allí los jerónimos y los franciscanos aún no habían llegado, observando el párroco de Guadalupe D. Antonio de la Paz Gutiérrez, que un mas que desagradable olor procedía de detrás del retablo, causado muy posiblemente por la muerte de algún gato, de los muchos que por allí pululaban, solicitó que algunos parroquianos descendieran hasta aquella zona y retiraran al causante de tan nauseabundo aroma.

De esta manera y sirviendo como improvisado guía, el por entonces sacristán del templo Pedro Rivas Gonzalo, seguido de varios decidios hombres de la localidad, no sin cierta dificultad, llegaron hasta la parte trasera del magnífico retablo. Encontrándose con una puerta cerrada, por la que una vez abierta accedieron a una pequeña estancia donde vieron dos grandes cajas de madera, cuidadosamente cerradas, y al destaparlas pudieron descubrir asombrados, las momias de los reyes.

Descripción literal de algunos de lo testigos:

“Se encontraron las momias en perfecto estado de conservación, solamente la reina tenía algo desmoronada la nariz; la momia del rey representa a un hombre de gran estatura y recia complexión, se haya vestido de todas sus armas y sendas botas de montar en los pies. Se hallaban cubiertos ambos cadáveres con una tela de seda, sencillamente festoneada con labores de hilillo de oro, ya bastante ajeada; y, debajo del brazo izquierdo da cada una de las momias, las células realizadas por el Padre Prior Fray Juan de la Serena, el 19 de julio de 1618, detallando su identidad y cuando fueron trasladadas”.

Cuando el 8 de noviembre de 1908, los franciscanos tomaron posesión de este Monasterio, aún se conserva el recuerdo del hallazgo de las momias, lo que facilitó a que no pocos visitantes pudiesen acceder fácilmente hasta allí y contemplar los cuerpos e incluso tratar de extraer pedazos de los mismos, lo que obligó a los frailes a cerrar el acceso al lugar, llegando con el paso del tiempo a olvidarse de lo que allí se guardaba.

Según distintas fuentes documentales, mencionadas momias reales habían sido trasladadas hasta aquel lugar el 19 de julio de 1618, y colocadas en este lugar con bóveda que desde muy antiguo sirvió de paso al camarín y el trono de la Virgen de Guadalupe, espacio labrado dentro del muro que forma parte del ábside.

Con anterioridad, es decir el 28 de julio de 1616, se habían realizado los preparativos para la construcción de un retablo, así como toda una serie de remates de los que inexplicablemente carecían tan reales enterramientos. Los maestros de cantería contratados eran: Bartolomé de Abril y Joan Baptista de Semeria, vecinos de Valencia del Cid, residentes en Toledo, interviniendo como es lógico en el contrato de dichas obras, el maestro mayor de la corona Joan Gonzáles de Mora, además del propio prior del Monasterio Fray Bernabé de Loxa.

Finaliza el contrato de la siguiente manera:

“20.- La qual dicha obra empecaremos luego que se rrattiique esta dicha escriptura por el dicho convento, y no alcaremos mano della y la tendremos acabada dentro de vintidos meses primeros siguientes que corran desde el dia que se nos notificare la dicha rratificación; esto por precio y quantia que nos den y paguen ocho mil y quinientos ducados, que suman e balen tres quentos y ciento y ochenta y siete mil quinientos mavs; los quales, nos an de pagar en esta manera. …. …. …. “.

(La mencionada escritura está realizada en diez hojas de papel que miden 305 por 210 mms.).

Pero lo atractivo y desconocido de todo este tema para la gran mayoría, nos obliga a profundizar aún mas en la presente historia y recordar que los monarcas D. Juan II de Castilla y su esposa la reina Doña María de Aragón, acompañados por su hijo el príncipe D. Enrique, que con el paso del tiempo se convertiría en el IV, visitaron el Monasterio de Guadalupe en el año 1435, permaneciendo en aquel extraordinario lugar bastantes días, como si de un retiro espiritual se tratase. De esta sencilla manera conocieron y se familiarizaron con el Priorque hacía el número cinco de orden del mismo, Fray Pedro de Valladolid, conocido popularmente como “Padre Cabañuelas”. Siendo tanta la admiración que sintió la reina por el religioso jerónimo, que pidió que en el momento de su óbito, sus restos fuesen sepultados cerca de los de aquel más que bondadoso hombre de Dios, quién fallecería en el año 1441.

No olvidemos que los jerónimos permanecieron administrando el Monasterio desde el año 1389 hasta su expulsión de 1835.

En el año 1445 siendo el séptimo Prior, Fray Juan de Zamora, fallecía la Reina, siendo enterrada en el Monasterio de Guadalupe, tal y como en su día manifestó.

Enrique IV, fallecería en 1474, siendo enterrado inicialmente en el Monasterio del Paso, que cinco años después se convertiría en San Lorenzo del Escorial.

Hasta bien entrado el año 1518 no pudieron estar juntos los restos mortales de la Reina y de sus hijo, y cerca de los del admirado “Padre Cabañuelas”, tal y como disponían los oportunos documentos, todo ello como consecuencia de las profundas reformas que se realizaron en Guadalupe, en los años inmediatamente siguientes a estos reales fallecimientos.

Vendría posteriormente el periodo de gobierno de los Reyes Católicos, los cuales visitaron el Monasterio que aquí nos ocupa, en la siguientes fechas: 13 de septiembre de 1475; 2 de mayo de 1477; enero de 1479 y en octubre de 1482, enriqueciendo en todos los aspectos el patrimonio de dicho lugar, además de despertar en tales regios visitantes una profunda devoción hacia la Virgen de Guadalupe, que manifestaron y defendieron a lo largo de toda su vida. Gracias a lo cual se llevaría dicha advocación hasta las tierras descubiertas de América.

C) En el año 1955 publicó D. Miguel Ángel, la obra titulada: “Cáceres bajo la Reina Católica y su Camarero Sancho Paredes Golfín”. Donde se hace un detallado estudio de Isabel La Católica, pero sobre todo de su protegido Sancho Paredes (1467-1546), y su familia. Tercera emoción histórica vivida por nuestro protagonista aquí en Cáceres.

Trabajo que ha sido consultado numerosas veces por los promotores de la beatificación de la Reina Isabel, como consecuencia de su amplio e interesante contenido, con documentos hasta aquel momento inéditos, y datos desconocidos para la gran mayoría de los historiadores e investigadores.

Dicho estudio está centrado sobre la familia Golfín, identificada popularmente como Golfines de Abajo, junto a la plaza de Santa María, actualmente junto al Palacio de la Excma. Diputación Provincial, que hasta el siglo XIX era el Convento de Santa María de Jesús, de las religiosas jerónimas.

No debemos olvidar, que dicho cacerense siendo enterrado inicialmente en el Convento de Santa María de Jesús, como el resto de sus familiares, cuando la Desamortización de Mendizábal (siglo XIX), fueron sacados sus restos mortales y depositados en un pequeño arcón, siendo ubicados en diferentes lugares tanto en Cáceres como en Madrid, esperando recibir el descanso eterno y definitivo. Tantos traslados llegaron a sufrir, que en determinados momentos llegaron a estar verdaderamente perdidos o al menos olvidados de sus propios cuidadores y descendientes, hasta que se inician las oportunas investigaciones por varios interesados en el tema.

Las fuentes que habitualmente consultaba nuestro protagonista eran las siguientes:

  • El Fuero de Cáceres.
  • Memorial de Ulloa (D. Pedro Ulloa Golfín 1627-1679).
  • Archivo del Conde de Canilleros y del Marquesado de Ovando.
  • Archivo de la familia Golfín.
  • Archivo Municipal de Cáceres.
  • Documentación facilitada por D. Daniel Berjano Escobar (1853-19318).
  • Archivo de D. Antonio Rodríguez Moñino (1910-1970).
  • Documentación facilitada por D. Gabriel Llabrés Quintana (1858-1928).
  • Archivo y notas de D. Simón Benito Boxoyo (1739-1807).
  • Notas de D. Claudio Constanzo Aparicio (1774-1835).

Con relación a este extraordinario personaje histórico, el Sr. Orti Belmonte apunta lo siguiente:

“Sancho Paredes era hijo de Alonso Golfín, Señor de Torrearias y de casa Corchada, Regidor del Concejo de Cáceres y de doña Mencia de Tapia, dama trujillana, hija de Sancho Paredes y hermana por tanto del afamado Sansón Extremeño, Diego García de Paredes.

Siendo muy joven, vinieron los Reyes Católicos a Cáceres en 1477 y 1479 para apaciguar a los dos bandos existentes y ordenar definitivamente el gobierno de la villa, observando los monarcas la fidelidad mostrada por Alonso Golfín se instalaron en dicho palacio de los Golfines de Abajo, conociendo así al joven Sancho.

Pasando inmediatamente bajo la protección de los monarcas, en el año 1479 fue incorporado como miembro de la guardia personal de los monarcas; en el año 1498 era nombrado camarero Mayor de la Reina, cargo que también desempeñó con el infante primero y posteriormente monarca D. Fernando, así hasta su muerte. En el año 1504 recibió gran cantidad de recompensas y reconocimientos por sus servicios prestados a la corona. Fue Regidor perpetuo de Cáceres. El infante le había concedido previamente la colocación de siete cañones de guerra para que los colocase en dicha casa, por real cédula firmada de S.A., cuyo documento original se conservaba en el archivo de sus descendientes, además de todos los libros de recibo y pago de la cámara real, títulos de consejero, de tenencias de varias fortalezas con vasallaje, y demás.

Real Cédula:

El Infante. Sancho paredes, mi camarero. Yo os mando, que dos tiros de pólvora de hierro, que quedaron en Madrid, y otros cinco que están en el Colegio de Valladolid, de metal, que son de vuestro cargo, que los toméis para vos, por cuanto yo os hago merced de ellos, para que los tengáis para vuestra casa; y mando que por esta mi cédula vos sean recibidos y pasados en cuenta: fecho: El Infante.

Se casó con doña Isabel Coello, dama de la reina, teniendo un total de dieciocho hijos (11 varones y 7 hembras), siendo aquellos debidamente empleados en la Corte como: pajes y camareros, y damas de compañía las hembras, menos las tres que decidieron ingresar en el Convento de Santa maría de Jesús. Destacando en servicios tan nobles, los hijos: Alfón Golfín, Francisco de Paredes Golfín, Martín Coello, Juan de Ulloa, Hernán García de Ulloa y Martín de Paredes.

Después de incansables horas y días de estudios en los principales archivos familiares de Cáceres, así como en bases heráldicas y en especial en el archivo de la familia Golfín, pudo localizar restos óseos, además de interesante documentación referida a Sancho Paredes Golfín, que fueron debidamente colocados en lugares seguros para general conocimiento de futuras generaciones.

“… el frente de los sepulcros de Alonso Golfín y de Sancho Paredes, que se encontraban en el Convento de Santa María de Jesús, fueron trasladados en los años cincuenta del siglo XX, al patio principal del palacio de los Golfines de Abajo, además de los escudos de Tapia, Sánchez, Blasco, Ximeno y Agüero, así como la inscripción que había junto a ellos en dicho cenobio, y que dice:

AQUÍ ESPERAN LOS GOLFINES EL DIA DEL JUICIO.

A principios de la década de los años sesenta del siglo XX, fruto también del trabajo realizado por D. Miguel Ángel y con el total respaldo de D. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, entre otros nobles e historiadores cacerenses, además de autoridades religiosas y civiles, fueron trasladados los restos de D. Sancho Paredes Golfín a la capilla de San Miguel en la S. I. Concatedral de Santa María, donde queda perpetuada una lápida con la siguiente inscripción:

AQUÍ ESPERA EL
JUICIO DE DIOS
SANCHO DE PAREDES
GOLFIN CAMARERO
DE LA REINA DOÑA
ISABEL LA CATOLICA

AÑO DE 1545

“Bajo la inteligente dirección de Sancho Paredes se le realizaron a su casa palacio infinidad de arreglos y mejoras, destacando la fachada principal plateresca que en la actualidad se puede contemplar, siendo contratado para ello Pedro de Ibarra, así como la denominada sala de los linajes donde aún en la actualidad se conservan los distintos escudos de armas de las familias que fueron entroncando con los Golfines, y los distintos artesonados del edificio. Así como la incorporación de determinadas casuchas de los alrededores, para engrandecer el edificio principal.

Además de las propias visitas de nuestros monarcas, y del servicio que prestaron los hijos de Sancho Paredes, mantienen los historiadores que durante años existió una amplia correspondencia entre ambas partes, escritos y documentos que deben conservarse en el Archivo de los descendientes de Sancho Paredes Golfín, aquí en Cáceres.

Queriendo inmortalizar, el vínculo de amistad existente entre los monarcas y su familia, colocó en la fachada principal la inscripción: FER DE FER, que algunos han querido interpretar: Fernando su nieto, a Fernando el monarca.

La generosa reina concedió a doña Isabel Coello el portazgo de Cáceres y su tierra, por vía de dote, cuando casó con el Camarero, y para sus herederos y sucesores, por privilegio el 24 de octubre de 1484, que estaba confirmado hasta por Felipe IV en 19 de diciembre de 1639.

Tanta importancia alcanzó dicho noble, que se convirtió en uno de los testigos que signaron el testamento de la Reina Católica en 1504.

Dotó el camarero Sancho de paredes una memoria de misas por los reyes Católicos, en la capilla mayor del convento de religiosas con la advocación de Santa María de Jesús, de esta villa, en que, con sus padres y otros de su familia, estaban sepultados en propios sepulcros, habiendo fabricado su padre Alonso Golfín u Holguín, la referida capilla, como consta en su bendición, por testimonio de notario, celebrada por el Ilustrísimo Señor D. Francisco de León, Obispo de Fez, en 14 de julio de 1498, tal y como se guarda en el mencionado archivo familiar … … … …”.

Sorprende como a lo largo de todo el presente estudio que realiza D. Miguel A. Orti Belmonte, referido a Sancho Paredes Golfín (1467-1546), va apuntando el magnífico archivo familiar que posee dicha familia en su palacio de los Golfines de Abajo, documentación que evidentemente trata una amplia época de la historia de la propia ciudad de Cáceres. Así sus investigaciones sobre el camarero de los Reyes Católicos, resulta relativamente fácil por la fuente prácticamente inagotable que allí existe al respecto.

Lo que en aquel momento desgraciadamente desconocía nuestro autor, es que casi dos décadas después de la aparición del presente estudio histórico, mencionado archivo familiar saldría casi en secreto, de la ciudad de Cáceres, para siempre. Tal y como desgraciadamente ha ocurrido poco a poco con otros archivos y bibliotecas que durante siglos aquí estaban acomodadas.

Tal y como ya hemos señalado anteriormente, lo hasta aquí apuntado no es mas que una insignificante muestra de la amplia y variada obra de investigación que realizó D. Miguel A. Orti Belmonte a lo largo de su enriquecedora vida. Se da el dato curioso de que ni sus propios descendientes saben a ciencia cierta la totalidad de trabajos que pudo realizar, es muy posible que se acerquen al centenar, llegando a la mitad los referidos a Cáceres y provincia, los más conocidos o al menos los publicados están relacionados al final del presente estudio.

En honor a la verdad, y en una obra de estas características no podía pasar por alto el valor que nuestro autor concedía a la amistad, junto con la familia eran dos de los pilares fundamentales del ser humano, según sus propias palabras. Durante su permanencia en Cáceres, hizo muy buenos amigos, con la mayoría de los cuales continuó tratándose una vez establecido definitivamente en Córdoba, muchos de los cuales compartían con nuestro protagonista un elevado número de inquietudes investigadoras. Por cuestiones de limitaciones de espacio y tiempo, nos vamos a limitar a relacionar las amistades más conocidas que mantuvo:

  • D. Tomás Martín Gil (1891-1947).
  • D. Juan Sanguino Michel (1859-1921).
  • D. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros (1899-1972).
  • D. Ciriaco Ismael del Pan Fernández (1889-1968).
  • D. Gabriel Llabrés Quintana (1858-1929).
  • D. Antonio Rodríguez Moñino (1910-1970).
  • D. Antonio C. Floriano Cumbreño (1892-1979). Etc.

Con unos intercambio conocimientos, con otros mantuvo provechosa correspondencia y con una gran cantidad pudo participar de enriquecedoras tertulias, de moda en tiempos pasados. Todo un privilegio.

Cualquier persona interesada en el estudio de este personaje ilustre cacerense, podrá adquirir en los próximos meses la obra titulada: “Un cacerense venido de Córdoba”, donde recordamos ampliamente una veintena de sus trabajos mas relevantes de investigación relacionados con Cáceres y sus gentes.

Ojalá que todos estos trabajos sirvan para recordar a tan entrañable y equilibrada persona, así como concienciar a quienes corresponda y rendirle un justo y público homenaje.

APROXIMACIÓN A LA BIBLIOGRAFÍA DE D. MIQUEL A. ORTI BELMONTE.- (Artículos y publicaciones).

  • Testamento de Ambrosio de Morales al profesar en el Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso (1914).
  • Oposición del Cabildo Municipal de Córdoba a la construcción del crucero en la Mezquita (1914).
  • El Fuero de Córdoba (1915).
  • El Fuero de las cabalgadas (1915).
  • Historia del Gran Capitán, escrita en el siglo XVII por el Padre Alfonso García de Morales S. J. Granada (1916).
  • Nuevas notas al Fuero de Córdoba. Madrid (1917).
  • La sillería del Coro de la Catedral de Córdoba. Madrid (1919).
  • Catálogo de la exposición Eucaristía de la Diócesis de Coria en 1921. Cáceres (1922).
  • El tesoro fenicio de Aliseda (conferencia). Córdoba (1924).
  • Córdoba durante la Guerra de la Independencia 1808-1813. Córdoba (1930).
  • Extremadura artística e industrial (1931).
  • Los Ovando y Solís de Cáceres. Badajoz (1932).
  • La bandera española. Cáceres (1936).
  • Traje típico de la provincia de Cáceres (1936).
  • Memoria de los Museos Arqueológicos Provinciales. Volumen V. (1944).
  • El culto mariano en Cáceres y la Virgen de la Montaña. Cáceres (1946).
  • Recensión de la Biografía de Diego García de Paredes, por D. Miguel Muñoz de San Pedro.
  • Guadalupe en la historia (1947).
  • Las reconquistas de Cáceres y su Fuero latino anotado. Badajoz (1947).
  • Juan de Vega. Embajador de Carlos V en Roma, por el Marqués de la Vega (1947).
  • Una hija de Hernán Cortés, Leonor Cortés de Moctezuma (1947).
  • La muerte de D. Tomás Martín Gil (1947).
  • La Asunción y Mediación de María en el arte y la literatura regional (Trabajo premiado).
  • Fundaciones Benéficas Provinciales antes de 1850 (Investigación Histórica). Cáceres (1949).
  • La vida en Cáceres en los siglos XIII y XVI al XVIII. Cáceres (1949).
  • Historia del culto y del Santuario de la Virgen de la Montaña. Patrona de Cáceres. (dos tomos). 1949.
  • Prelados de Coria en la Corte Pontificia (1950).
  • Ofrendas y costumbres en los entierros cacereños (1950).
  • El Cáceres que vio la Reina Isabel. En revista Alcántara nº 44 (1951).
  • Monográfico de la Casa de las Veletas. Cáceres (1951).
  • Guía Artística de Cáceres y su provincia (1954).
  • Glosas a la legislación sobre los judíos en las Partidas (1955).
  • Biografía de Gonzalo de Ayora, creador de la infantería española (1956).
  • Biografía de D. Ángel de Saavedra Ramírez de Baquedano. Duque de Rivas (1958).
  • Informe sobre el pendón y el escudo de armas de Córdoba (1958).
  • Episcopologio Cauriense. Cáceres (1959).
  • Metodología de la Historia.
  • Los Golfines y Sancho de Paredes Golfín, el Camarero de la Reina Católico y su palacio.
  • Historia de D. Álvaro de Sande, por Hugo Foglietta (1962),
  • Exhumación de la momia de Enrique IV. Guadalupe.
  • Breve biografía de Osío, Obispo de Córdoba.
  • Córdoba Romana y Séneca, estilista de genio y originalidad deslumbrante.
  • La ciudad de Córdoba en tiempos de Juan de Mena.
  • Aportación a la vida y obras de Juan de Mena y su época.
  • Biografía de D. Lope de Hoces y Córdoba. Almirante del Océano y Capitán General (1961).
  • El irlandés Conde de O’Reylly, Teniente General de los ejercicios españoles de Carlos III y Carlos IV.
  • Nuevos datos para la biografía de D. Vicente de los Ríos.
  • Nuevas notas al Fuero de Córdoba, reedición de 1917 (1966).
  • San Eulogio. Glosas a la legislación sobre los judíos en las partidas.
  • Córdoba monumental, artística e histórica. La ciudad antigua. Iglesias y Conventos.
  • La Catedral antigua. Mezquita y Santuarios Cordobeses.
  • El apellido Orti en la historia y la cultura (1971).
  • Visión cacereña (Diario Córdoba). 1971.
  • Valor educativo de la enseñanza de la historia. (Diario Córdoba).
  • Historia del municipio de Córdoba. Tomo IV. Desde la reconquista hasta la casa de Borbón.
    Este último trabajo fue entregado en la década de los años setenta al Ayuntamiento de Córdoba para su publicación y no se ha sabido nada de él.
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Alonso J. Corrales Gaitán.

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En el nombre de la Santísima Trinidad
Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Un solo Dios verdadero, para honra y
Reverencia de Jesús Crucificado, muerto y resucitado.

Para general conocimiento, comprensión
Y salvación de todos los creyentes,
En necesaria observación silenciosa y respetuosa.
De su impresionante imagen retorcida,
Siendo una unidad con el madero,
Y un todo con quienes lo contemplan.

Ello por los tiempos pasados,
Los presentes y los futuros”.

Amén

Poco más de un siglo de reposo, ha servido para recuperar una devoción muy arraigada entre los cacereños desde remotos tiempos.

Lamentablemente en la actualidad, la mayoría de la gente únicamente ve el montaje externo, pero existen toda una variedad de elementos que son ajenos a quienes hasta él se acercan.

Por esto y por una profunda devoción que siento hacia tan impresionante imagen, me ha decidido a compartir con todos ustedes estos instantes y ojala que al finalizar mi modesta disertación, sientan por el Cristo Negro al menos algo de lo que yo siento desde el preciso momento en que lo descubrí.

Para un mejor entendimiento vamos a ir profundizando en el tema paso a paso.

En una materia como esta, es muy difícil separar lo religioso de lo cultural o lo social, incluso de lo tradicional o del aspecto propio de la leyenda. En todo fenómeno que tiene más de seis siglos de antigüedad, todos los elementos juegan un papel esencial.

El Cristo Negro ha superado la barrera meramente religiosa para convertirse en un fenómeno social y caritativo dentro de la ciudad de Cáceres, e incluso sus alrededores.

La imagen.-

Desde el punto de vista artístico, es decir desde la seria y cualificada opinión de los expertos en arte, estamos ante una talla considerada perfecta, es sencillamente un Cristo Crucificado equilibrado.

Son opiniones de varios imagineros y restauradores, que en los últimos años y por diferentes motivos han observado detalladamente esta obra.

Según criterios de todos estos expertos y estudiosos, tan magnífica imagen fue realizada en el siglo XIV, por autor hasta ahora desconocido, coinciden quienes han observado minuciosamente la obra referida, que su autor no pudo ser un principiante dado que todos los detalles del Crucificado son perfectos, es una obra con un notable conocimiento de anatomía, logrando que espectador aunque no sea creyente, conozca claramente este momento histórico de la Pasión. Tanta es la personalidad del autor que ni siquiera las restauraciones de siglos posteriores a la de su creación, a pesar de que algunas hallan sido hechas con muy poco acierto técnico, como decíamos ni siquiera esos trabajos, le han quitado a la obra original, belleza y equilibrio en todo este tiempo.

Estudiando las primeras familias que se relacionan con la imagen, los Ovando, que posteriormente y con el paso del tiempo se convertirían en Blázquez, se descubre que son los auténticos mecenas de dicha creación, no podemos olvidar a Juan Ovando que abonó 1.300 maravedíes por su elaboración.

En lo referente al lugar de origen de tan magnifica talla, se barajan distintas posibilidades, es posible que fuera traída de distintos lugares de Europa, tales como Castilla, Alemania o incluso Italia.

A la hora de nombrar al autor de tan magnífica talla, no podemos contar con documento alguno, únicamente introducirnos en el mundo de las especulaciones e incluso de las eliminaciones, y así y con muchas dudas indicar a Paulus o Pablo de Colonia como posible autor del Cristo Negro, magnífico artista que realizó interesantes trabajos en el Monasterio de Guadalupe, entre otros lugares.

Hoy muchos devotos se preguntan ¿Y quién fue el modelo que sirvió de inspiración para tan especial imagen? ¿Por qué de rasgos negroides?

Lo más probable es que la respuesta adecuada no la encontremos nunca, pero podemos intentar localizar otras lógicas, que no se encuentren muy alejadas de la misma. Dado que en otros lugares de la ciudad aparecen representaciones de personas de raza negra, esclavos traídos de otros continentes por la nobleza cacerense. Es muy posible, que el autor de esta talla observara un equilibrio anatómico en una de estas personas, y la utilizará para su inspiración en tan magnífica obra.

Incluso no podemos pasar por alto que alrededor del Crucificado referido se han encontrado varios símbolos y signos originarios de la religión hebraica, que durante décadas existió en Cáceres, lo que sin duda puede explicar todo esto.

Según parece, la realización del Cristo Negro fue para acomodarlo en una capilla propiedad de un reducido grupo de devotos, situada en un palacio de las proximidades de Santa María, pero la intervención del Prelado de la Diócesis hizo que al final se colocase en el primero beatario y posterior Convento de Santa María de Jesús, religiosas bajo las reglas de San Jerónimo, que estaba situado en el lugar que en la actualidad es el palacio de la Excma. Diputación Provincial.

Inmediatamente toda la zona próxima a dicho lugar experimenta una creciente devoción hacia tan peculiar Crucificado, realizándose innumerables actos y cultos en su honor, en los que por supuesto también participan los correspondientes Prelados. Algunos de los cuales pidieron ser enterrados a sus pies o cerca de él. Lo mismo ocurrió con distintos miembros de la nobleza cacerense.

Otra de las preguntas que sin duda se han hecho muchos devotos y se continúan haciendo, aún en la actualidad, es: ¿Qué color tenía originariamente este Cristo?

A la vista de las diferentes pruebas que se le han podido hacer a dicha imagen, se puede afirmar que el Cristo Negro fue creado con una tonalidad marrón oscura, color que con el paso del tiempo y con el humo de las miles de velas que han estado colocadas cerca de él, la ha convertido en una imagen casi negra.

Pero a tan peculiar devoción de Cristo crucificado, como es de suponer no se le pudo poner limitaciones, por lo cual las capas más humildes de aquella lejana sociedad cacerense, también comenzaron a sentir una especial atracción hacia imagen tan extraordinaria.

Y fueron toda una serie de circunstancias sociales y devocionales las que provocaron la creación de la Cofradía del Santo Crucifijo de Santa María.

La cofradía.-

Según consta en los correspondientes documentos tanto del Obispado como de la propia cofradía, esta se funda el 3 de mayo del año 1490, dos años antes del Descubrimiento de América.

Los promotores de tan magnífica idea fueron quince hijosdalgos cacerenses, pero inmediatamente se les incorporaron un número indeterminado de vecinos de muy diferentes orígenes, pero todos con un mismo fin: la devoción pública hacia el Cristo Negro.

Para evitar posibles errores tengo que decir que originariamente dicha cofradía no fue fundada con carácter penitencial, sino meramente de devoción y culto, realizando distintos actos públicos en honor de su imagen. Con la cual realizaban una procesión claustral por el interior del templo donde estaba expuesta, primero en el mencionado Convento de las religiosas, posteriormente en la Iglesia de Santa Maria la Mayor, hoy Concatedral. En muy contadas ocasiones procesionó visitando algún otro templo.

Y en lo referente a sus actividades, además de las propias religiosas, efectuaban sus miembros otras de carácter caritativo, tales como recoger a enfermos, darles comida y alojamiento y pagar el entierro o literalmente sepultar a personas que no contasen con medios económicos suficientes o ajusticiados.

Existe una nada despreciable teoría de motivación para la aparición de talla tan especial, por su color oscuro y sus características fundacionales.

Tiene una clara influencia de las órdenes de caballería que por aquel lejano siglo XIV actuaban por esta zona, y en especial los restos de la que fue Universal Orden del Temple, desaparecida oficialmente el 13 de marzo del año 1314.

No podemos olvidar que a pesar de su injusta destrucción, en determinados países de Europa continuó funcionando respaldada por determinados monarcas u órdenes creadas expresamente para ‘‘maquillar’’ a los caballeros templarios supervivientes.

Esto ocurre claramente en la cercana Portugal, donde se crea la Orden del Cristo en el año 1319 por el rey Donis (Dioni), encabezada por caballeros templarios, así como la Orden de Pereiros, que en Extremadura se transforma en la Orden de Alcántara.

Todos estos acontecimientos favorecieron notablemente la aparición en Cáceres de la Santa Hermandad del Cristo Negro, así como en otros lugares de la provincia e incluso de la región de otras cofradías por el estilo.

En estos argumentos, tampoco podemos pasar por alto, el hecho que por norma general se daba en las principales ciudades de España y de Europa, de que donde aparecía un fragmento del denominado Lignum Crucis, una Virgen Negra o incluso un Crucificado, también de color negro, allí de una manera u otra estaba presente la Orden del Temple como tal o con algunos de sus perseguidos miembros, y Cáceres no fue una excepción en este tema.

Si hacemos caso a la escasa documentación existente de aquella época, el aspecto económico fue el menos preocupante en esta cofradía ya que en poco tiempo y según nos demuestran sus inventarios, la cofradía se hizo con una elevada cantidad de casas y tierras, productos de numerosos donativos de cofrades y devotos de tan impresionante imagen. El verdadero problema fue el fenómeno humano. No es de extrañar en una sociedad con tantas carencias esenciales, elevada mortandad por enfermedades, epidemias y continuos conflictos bélicos, en lo que a los siglos XV, XVI y XVII se refiere, no fuesen multitudinarios los seguidores tal y como hoy pudiésemos pensar.

Este pudo ser uno de los principales motivos, para consentir que la mujer formase parte activa en mencionada cofradía, aunque para ello debieran pagar el doble que los hombres, especialmente en cera, moneda o especies.

Tal y como ya afirmamos en 1990, como consecuencia de presentar públicamente por primera vez la historia de esta imagen y su asociación, la documentación que ha llegado hasta nuestros días, mejor dicho que hoy se puede consultar, es muy limitada ya que por desgracia existe no poca documentación que está en poder de particulares sin posibilidad inminente de poder ser consultada públicamente, lo que dificulta localizar infinidad de datos al respecto.

El Cabildo rector se constituye con un Alcalde Mayordomo, dos Alcaldes y cuatro diputados o contadores, así como tres sustitutos de éstos, un clérigo y un escribano público que hacía las veces de secretario.

En el año 1547 contaba la cofradía con unas rentas anuales de 2.530 maravedíes.

El lugar habitual de las reuniones del Cabildo, era la denominada por entonces Puerta del Sol, hoy convertida en entrada a la Capilla del Santísimo de Santa María, la Concatedral. Por el contrario las reuniones del capítulo general, se celebraban en casa del Alcalde Mayordomo.

Juan Blázquez que vivió a finales del siglo XIV y principios del XV, a su fallecimiento dejó para la cofradía la finca denominada “Suertes de Santa María”, situada en la carretera de Cáceres a Trujillo a pocos kilómetros de la capital de provincia. Este magnifico terreno con sus numerosos rebaños de ovejas y vacas, fue propiedad de la mencionada cofradía, hasta la Desamortización de Mendizábal, en que fue dividida en seis fincas totalmente independientes, la mayor de las cuales pasó a propiedad de la Excma. Diputación Provincial.

Tal repercusión social alcanzó este colectivo religioso, en la ciudad de Cáceres, que se le concedieron las siguientes “gracias”, por mediación del Sr. Prelado de la Diócesis y el respaldo multitudinario de la población:

– En el año 1611, Bula Pontificia por el Papa Paulo V.

– El 27 de agosto de 1714, Indulgencias plenarias a las ánimas de los difuntos, por el Papa Clemente XI.

– El 22 de enero de 1727, Benedicto XIII otorgó Bula Pontificia a los cofrades y devotos de esta imagen.

Pudiendo lucrarse todos los cofrades de la gracia de siete años y siete cuarentenas de perdón, desde las vísperas precedentes a la fiesta principal, y durante todo el día festivo.

Facultaba además el Sumo Pontífice a los cofrades para que eligiesen cuatro días festivos, previa aprobación del Obispado de la Diócesis, para ganar los mismos privilegios espirituales.

Como consecuencia el Cabildo de esta cofradía propuso al Prelado los cuatro días siguientes, que fueron aprobados como era de esperar con fecha de noviembre de 1727:

– Fiesta de San José.

– Fiesta de San Jorge.

– Fiesta de San Juan Bautista.

– Fiesta de San Pedro de Alcántara.

El 24 de mayo de 1627, D. Gaspar de Saa, Visitador General de la Santa Iglesia Catedral de Coria, viendo la gran devoción que la villa de Cáceres procesaba a tan magnífica imagen de crucificado, dispone que sea hecho un rico confalón o pendón, con las insignias de la cofradía, para acompañar a la imagen en todos sus actos, importando la vara de madera 50 reales, el damasco empleado en el mismo fue un regalo de varias personas piadosas.

Durante mucho tiempo dicho pendón participó en infinidad de actos de todo tipo, relacionados con la cofradía que nos ocupa, conservándose el mismo hasta mediados del siglo XX, en que fue desechado por su lamentable estado.

En capítulo general, celebrado el 1 de agosto de 1651, siendo Mayordomo D. Francisco Martín Madmuelo, a propuesta suya, es aprobado por unanimidad que la mujer participe de manera activa en todos los acontecimientos de la cofradía. Dándose no obstante una cierta diferencia entre las esposas o hijas de cofrades, y las que no lo son.

En el siglo XVII es sacada la imagen en procesión al menos en cinco ocasiones, como consecuencia de distintas epidemias y calamidades que asolan a la ciudad de Cáceres, colocándose en otras tantas ocasiones en el altar mayor para que todos los devotos le puedan rendir honores.

En este mismo siglo es reparado el altar y retablo que el Santo Crucifijo tenía desde hacía algún tiempo. Es restaurada la propia imagen por personas desconocidas documentalmente.

Aún en la actualidad poca información podemos dar en lo referente al primer retablo que tuvo el Santo Crucifijo, únicamente conocemos que era también de tonalidad oscura, que fue pagado por Alonso Golfín en 1498, destruido por las propios monjas en el año 1742 para sustituirlo por uno churrigueresco, que fue brutalmente destruido en la Desamortización. Allí se había colocado en el año 1679, un bello cuadro que representaba a la Virgen María y a San Juan Evangelista, costando 347 reales.

Hasta nuestros días ha llegado un curioso Inventario que fechado en el año 1557, contiene lo siguiente:

– Un paño de terciopelo negro, muy antiguo, utilizado para los entierros.

– Un arca para guardar los hachones y velas, con su llave, ésta había sido regalada a la cofradía por uno de sus miembros en el año 1510.

– Una pala y un azadón para la sepultura de los difuntos, herramientas que han existido hasta bien entrado el siglo XX.

– Un crucifijo de madera, con su estuche, de un metro de largo.

Durante la segunda mitad del siglo XVII, el pintor Mateo Urones realizó varios trabajos en la imagen del Cristo negro, en especial sobre sus dedos de manos y pies.

En el año 1704, se realiza una nueva reforma de los reglamentos, referente a la cuota de entrada de los cofrades y por sufragio de muerte.

En 1723, el Mayordomo D. Tomás Guerra, hijo, pagó al maestro que hizo el retablo del Cristo y otros trabajos, la cantidad de varios cientos de reales. Y por una cruz arbórea que trajo de Salamanca, al estar la primera podrida, 60 reales, así como pagó 43 reales por el Sermón y el regalo del día en que se colocó al Señor en el retablo principal.

Por decreto de 5 de noviembre de 1727, se establece la fiesta principal de la cofradía por el Prelado D. Sancho Antonio de Velunza y Corcuera.

En la fiesta principal, colgaduras de damasco cubrían todas las paredes del templo, el altar y la capilla se llenaban de numerosos ramos de flores y toda la iglesia se adornaba con cientos de velas y candelas sobre lámparas de plata. Estaban presentes dos cuadros propiedad de la cofradía y el Cabildo de la misma presidía todos los actos sentado sobre los bancos que también eran propiedad de la cofradía.

El estandarte ondeaba frente a todos los presentes, que llenaban completamente la iglesia.

En el momento en que los cofrades movían al Santo crucifijo, todos los presentes se arrodillaban en señal de respeto y reverencia sin atreverse a levantar la mirada hacia él.

En el año 1798, el entonces Mayordomo pagó al pintor Tomás Hidalgo, 240 reales por haber renovado la efigie del Cristo, acondicionándola según el estilo de los tiempos actuales.

Al coincidir la fiesta principal de esta cofradía con la de la Vera Cruz, el Sr. Obispo de la Diócesis, dispone que la del Cristo Negro sea trasladada a otro día, quedando al final el 14 de septiembre tal y como en la actualidad se celebra.

Institucionalizando desde entonces, que una vez que se celebren los actos propios de la festividad, se cante una misa por el eterno descanso del alma del Presbítero y Licenciado D. Juan Domínguez Talavera, sacerdote que fue de Santa María y bienhechor de la cofradía, según quedó dispuesto en su testamento realizado ante el escribano público D. Benito Vega, con una cantidad anual de 500 reales.

Por acuerdo del Cabildo, de 14 de junio de 1818, siempre que se descubriese la imagen del Cristo, deberían encenderse dos velas, y una si se quitase de su lugar habitual de culto. Así como rezar un Padre Nuestro cada vez que se le bajase o subiese de su lugar habitual de culto.

Durante el siglo XIX fueron sus mayordomos: José Cortés, Juan Calbelo, Juan Jiménez, Benito Balhondo Digan, Francisco González, Rafael Vivas, Pedro González, Antonio Gracia, Vicente Alemán, Isidro Rico y Agustín Escallón, que desempeñó su cargo desde el 5 de mayo de 1870, hasta mayo de 1879. Presidiendo este Sr. la última reforma de los Estatutos.

Y es a partir de este momento, cuando la cofradía deja de realizar todo tipo de actividad pública, manteniéndose alguna reunión, según queda constancia en el libro de actas correspondiente.

Signo y símbolo. 

El 30 de agosto del hoy lejano año de 1985, cuando mis ojos se fijaron en tan impresionante imagen, colocada en una capilla lateral del templo de la Santa Iglesia Concatedral de Santa María la Mayor, no pude imaginarme lo que iba a suponer esta en mi vida y en la de otros muchos ciudadanos cacerenses y creyentes en general, tal y como ha ocurrido en todo este tiempo.

Inmediatamente comencé una decidida búsqueda de cualquier dato que me arrojase luz y conocimiento sobre la imagen y todo lo que ella representaba, la tarea fue agotadora pero muy enriquecedora, al menos esto es lo que para mi ha significado.

Dadas las características del lugar donde está expuesto el Cristo, una capilla poco alumbrada, y el tono oscuro de la imagen, habían logrado que durante años la gente se fijase poco en tan magnifica talla, y quién lo hacía o conocía al Crucificado se acercaban hasta él con no poco temor. Ello motivado por las innumerables leyendas y extrañas historias que la tradición popular había creado alrededor de dicha imagen.

Todo lo cual, contrariamente a despertarme algún temor, sirvió para animarme aún más y dedicar todo el tiempo posible a investigar todo lo relacionado al Santo Crucifijo de Santa María, conocido desde hace muy poco tiempo como Cristo Negro.

Apoyado por mi familia, amigos y un reducido grupo de compañeros de trabajo, así como cofrades, comenzamos a darle forma a la reaparición de tan espectacular talla con su cofradía.

La primera medida que tomo es formar la Junta Directiva, para lo cual realizamos la oportuna visita al Sr. Prelado, D. Jesús Domínguez Gómez, y le manifestamos nuestra intención de procesionar con el Cristo en la Semana Santa Cacereña pero al mas puro estilo medieval, tal y como se hacía en los siglos XIV, XV y XVI. Lo que es aceptado dada la austeridad de la propia imagen, para lo cual se realiza el correspondiente compromiso por escrito con el Obispado y el Cabildo.

Una vez recuperada toda la información posible, se redactan las normas por las que se regirá nuestra hermandad penitencial y se solicita ocupar el miércoles santo, con salida procesional a las 24 h. de Santa María.

Para lo cual creamos todo un amplio ritual, ajustándonos escrupulosamente a los orígenes de la cofradía y a sus antiguas normas y ordenanzas:

Participamos en la procesión penitencial cincuenta miembros de ambos sexos, mas los nueve que forman la junta directiva o cabildo todos portando un hachón o antorcha; nuestra túnica o hábito es de color negro y con capucha, evitando que se puede ver el rostro, con cíngulo de esparto a la cintura, guantes, zapatos y calcetines negros, evitando que se puedan ver los pantalones; al cuello medalla distintivo con cordón.

Antes de comenzar la procesión, todos los cofrades deberán hacer un juramento de obediencia y silencio delante de la imagen de rodillas y a puerta cerrada, acto que nadie más puede presenciar.

¡Que salga la hermandad del Cristo Negro, Dios lo quiere así!

Después de pronunciar esta frase, mero ritual de los caballeros medievales a la hora de enfrentarse con los enemigos de la religión, el Alcalde-Mayordomo dará tres golpes con el llamador de la puerta y abriéndose la misma, comenzará a salir el cortejo penitencial. Y miles de personas concentradas en la Plaza de Santa María, en completo silencio contemplan un espectacular desfile penitencial, como si de la Edad Media se tratase.

Además de la propia imagen puesta sobre unas andas metálicas y con una inclinación de 600, llevando como únicos adornos hiedra y un austero centro de varios cientos de lirios morados, con la única iluminación de dos hachones, uno a cada lado, la procesión está formada por una cruz de guía, una esquila, tres cofrades que llevan sobre tres cojines los símbolos de la Pasión (clavos, mazo y corona), también se procesiona un incensario que pesa mas de cien kilos, y delante de la imagen se porta el estandarte o pendón, detrás del Cristo se irá haciendo sonar un timbal destemplado como única música, imitando los latidos del corazón.

En lo referente al recorrido de esta procesión, será exclusivamente por el interior del barrio monumental de nuestra ciudad, es decir sin salir de las murallas bajo ningún concepto.

Esta cofradía reaparece nuevamente en Cáceres, en la Semana Santa del año 1986, la expectación es extraordinaria, el resultado no puede ser mejor, participamos en esa procesión un total de treinta y siete personas, por no querer apuntarse mas, cuando finaliza la misma se supera el centenar.

En pocos meses se despierta en toda la ciudad una devoción callada hacia el Cristo Negro, tal y como lo demuestran las numerosas altas, las limosnas recibidas y la gran cantidad de velas y flores que durante todo tiempo se van colocando a los pies de la imagen. Pero su reaparición transciende mas allá de nuestras propias fronteras municipales, provinciales e incluso regionales, poco a poco se va dilatando la devoción y la expectación hacia un Crucificado extraño, de facciones negroides y de tonalidad oscura que durante un siglo ha permanecido silencioso, casi oculto a miradas y rezos.

A pesar de la rápida recuperación de tan espectacular devoción, se procura mantener a la imagen y todo su significado, rodeada de una austeridad y seriedad más propia de los años de su creación, que no de finales del siglo XX. El resultado no puede ser mas positivo.

Para aquellos que tenemos el enorme honor de formar parte del séquito que acompaña a tan peculiar imagen, por unas empinadas, estrechas y tortuosas calles llenas de historia, es indescriptible el placer que esto nos produce.

El Juramento de Obediencia y Silencio antes de las 24 horas, la solemne salida observada por miles de curiosos y docenas de cámaras; la primera saeta que ya es tradicional que se le cante antes de pasar el Crucificado por debajo de la puerta de

Santa maría; la espectacular subida por los Adarves; la llegada a la una en punto a la Plazuela de San Mateo, guardando cuantos allí se encuentran, un sepulcral silencio; la penitente bajada por la Cuesta de la Compañía, donde los cientos de espectadores intentan tocar, rozar o sentir cerca al Cristo Negro, acariciar su sombra u oler su aroma de siglos; el escuchar el respirar cansino de los penitentes cofrades que descendiendo por dificultosos escalones portan a sus hombros imagen tan misericordiosa, llegando con esos cuerpos sudorosos pero firmes junto al Arco del Cristo, donde una voz anónima comparte con los allí concentrados una profunda reflexión; la estampa inenarrable de la imagen pasando por debajo del Arco del Socorro, o la llegada a la Plaza de Santa María y la entrada silenciosa de los cofrades en el templo, para el rezo ante el Cristo Negro, triste anuncio del final del desfile, son momentos inolvidables a pesar de su repetición de cada año.

Y es que en cualquier momento de su recorrido, observando el rostro retorcido del Crucificado, sus manos, sus pies y el profundo recogimiento de algún devoto espectador, o el oír alguna saeta, han precipitado en más e una ocasión las lágrimas en mis ojos, y ha aparecido en mi garganta un nudo que me ha impedido gritar con todas mis fuerzas:” JESÚS, TE SEGUIRE HASTA EL FINAL DE MIS DÍAS”.

Luego al finalizar el desfile, todos silenciosamente metidos en la Sacristía, despojándonos de nuestras respectivas túnicas, y algunos tratando de ocultar el rostro, por la vergüenza de que puedan ver que nos hemos emocionado, sentimos un poco de tristeza por haber concluido tan pronto lo que llevamos un año preparando.

Pero antes de salir del templo y compartir un desayuno de hermandad, uno a uno por breves instantes cada cofrade nos hemos ido despidiendo del Cristo Negro, cuidadosamente colocado a los pies del altar mayor, pidiéndole salud para nuestra familia.

De esta manera pasaron los años 1986, 1987, 1988 y 1989.

El 12 de septiembre de 1988, es nombrado y reconocido como hermano de honor D. Isidoro Gozalo Dacal, Sacristán de la Concatedral.

En el año 1989 como consecuencia de profundas investigaciones que realizo en lo referente a los Prelados que tuvo la diócesis de Coria-Cáceres, encuentro datos que apuntan que a los pies del Santo Crucifijo de Santa María se enterraron en su día:

– Obispo nº 50, Fray Juan V Ortega (1479-1485).

– Obispo nº 79, Diego VI López de la Vega (1658-1659).

– Obispo nº 89, Miguel Pérez de Lara (1704-1709).

Información que pone de relieve la importancia que en siglos pasados alcanzó la impresionante imagen de Crucificado que aquí estamos tratando, entre todos los habitantes de Cáceres, sin importar su nivel social.

Y es también en este año 1989 cuando realizamos nuestra primera petición al Obispado para la necesidad de una pronta y profunda tarea de limpieza a una talla que evidencia sus seis siglos de antigüedad. Sin obtener respuesta alguna al respecto.

No podemos olvidar que a lo largo del año, dos son los actos públicos que realiza esta Hermandad, el primero la propia procesión de Semana Santa, el otro y no menos importante la fiesta de la imagen el día 14 de Septiembre, y por consiguiente el de la Hermandad, donde después de realizar los miembros activos sus turnos de escolta de la imagen, cuantos creyentes así lo desean, asisten a la misa que se celebra en su honor en la Iglesia de Santa María y posterior besa imagen con procesión claustral, para finalmente y una vez colocado el Cristo en su capilla, rezar todos los presentes un Padrenuestro por el descanso eterno de los cofrades difuntos de todos los tiempos.

Con el inicio de una nueva década, toda una serie de variados acontecimientos van a servir para que la ciudadanía se sienta aún mas identificada con nuestra imagen.

En los primeros meses del lejano año 1990, volvemos a repetir nuestra petición de limpieza para el Crucificado, siendo en esta ocasión respondidos por el Obispado, motivo por el que se realiza la oportuna obra en Coria por la Licenciada en Bellas Artes Doña María Antonia González Luceño, ascendiendo dicho trabajo a la nada despreciable cantidad de 175.000 pts. Aportando 75.000 pts. la siempre generosa Excma. Diputación Provincial; 25.000 pts. el por entonces sacristán de Santa María D. Isidoro Gozalo Dacal, y el resto la propia cofradía.

La imagen es limpiada, se le realizan levantamientos de repintes, desinsección, ajuste de piezas, reintegración del soporte, consolidación de los pliegues del perizoma, reintegración de la película pictórica con técnicas acuosas reversibles y tratamiento protector en la totalidad de la talla, son los procesos a los que es sometido durante poco mas de un mes, allí en la ciudad de Cona.

Pero otros acontecimientos de carácter extraordinarios, ocurridos en dicho año, iban a dar a nuestra imagen una impensable popularidad que llegaría a traspasar todas nuestras fronteras y demostrar la devoción que miles de personas iban sintiendo por el Cristo Negro.

En este año de 1990 sale como cartel oficial anunciador de la Semana Santa de Cáceres, una fotografía del Cristo Negro realizada por D. Serafín Martín Nieto.

En el mes de mayo se conmemoró y celebramos el Quinientos Aniversario de fundación de la Hermandad del Cristo Negro de Cáceres, para lo cual se realizó el correspondiente programa de actos variados, al no poderse hacer a partir del día 3 por encontrarse en la Concatedral la Virgen de la Montaña, en su visita anual, se trasladaron los correspondientes actos a los días 9, 10, 11 y 12.

Todo Poderoso Señor, te damos gracias en este día tan especial, por permitirnos el encontrarnos aquí y ante ti, y de alguna manera ser los elegidos, para acompañarte en esta noche, para escoltarte en silencio una vez más, dando a cuantos nos contemplan un claro ejemplo de amor hacia ti, sintiéndonos así un poco más cerca de los que sufren y de los necesitados. Y es por todo esto, por lo que te pedimos, Que nunca nos abandones Y que nos des cada día mil razones para seguir luchando, Y que renovemos cada instante Nuestro amor hacia ti.
Amén Alonso J.R Corrales Gaitán.

Tal y como teníamos previsto en el programa oficial, en el que de portada en blanco y negro reproducimos una foto de los años cincuenta en la que aparece el Cristo Negro dentro de un pequeño altar y sobre un dosel que según la historia era de terciopelo rojo, conjunto que desapareció a principios de la década de los setenta, como decimos como primer acto de este programa el día 9 de mayo de aquel lejano año de 1990 a las 24 horas iniciamos nuestra penitencial procesión por la ciudad monumental, el número de espectadores es menor que en semana Santa, pero así todos disfrutamos más, los cofrades y el público por no existir tanto agobio.

Llegamos hasta la Calle del Olmo, al Convento de las religiosas Jerónimas y entramos en su capilla, donde las monjas interpretan cánticos de alegrías y gracias, permanecemos allí por unos instantes para salir y continuar con nuestro recorrido, hasta llegar al templo de Santa Maria y dar por finalizado este extraordinario desfile penitencial. El sábado día 12 finaliza el programa con la solemne subida de la imagen a su lugar de culto en la Capilla de los Blázquez. Son unos días realmente inolvidables para cuantos tuvimos la enorme suerte de vivirlos tan cerca de tan impresionante imagen.

Pero otros acontecimientos muy diferentes a los que estamos acostumbrados a vivir, iban a darle a este crucificado un mayor protagonismo.

Coincidiendo con el día de la Exaltación de la Cruz, el 14 de septiembre, era operado en Sevilla con carácter de urgencia, el que era nuestro Prelado, D. Jesús Domínguez Gómez. Traído a los pocos días a Cáceres, tuvo que ser ingresado en el Hospital Provincial, donde falleció el miércoles día 26.

Como impresionante muestra de su cariño y devoción hacía la imagen que nos ocupa, públicamente demostrado desde el momento que esta cofradía reaparecía en 1986, el Sr. Obispo dispuso ser enterrado en la cripta que se encuentra a los pies de tan fervorosa imagen, por todo ello el Cabildo de la Hermandad acordó realizar distintos actos públicos en sincero agradecimiento hacía quién fue tan profundo devoto del Cristo Negro.

¡Quién pudiera querido Obispo, dormir el sueño de la muerte, a la sombra de este Crucifijo!
(Antonio Polo Bejarano).

– Nombrarle Hermano de Honor y Perpetuo, en acto público en su capilla ardiente con presencia de la Junta Directiva, familiares y autoridades.

– Participar, por expresa decisión del finado, nuestra Junta Directiva en la procesión fúnebre que condujera su cadáver desde el Palacio Episcopal al templo de Santa María, portando el pendón de la Hermandad.

– Tal y como nuestra cofradía penitencial hizo durante siglos, dimos cristiana sepultura los restos mortales del fallecido Prelado, a los pies del Cristo Negro.

Por tan especial circunstancia, durante varios días el Nuncio Apostólico de Su Santidad, el Arzobispo de Toledo, distintos Arzobispos de España, Obispos y varios cientos de autoridades tanto religiosas, civiles como militares pudieron rezar a los pies del Cristo Negro y conocer los detalles más relevantes de tan impresionante imagen, todo gracias a la voluntad de quién fue nuestro Obispo.

De esta manera quedarían para siempre unidos el, inolvidable recuerdo de D. Jesús Domínguez Gómez y nuestro Crucificado, tal y como en otros tiempos ocurrió con otros Prelados que también se enterraron a sus pies.

Pero otro acontecimiento mas ocurrido en el año 1990, daría a esta imagen un nuevo respaldo popular. El 11 de diciembre, a las 12 horas, dos empleados de una empresa nacional de seguridad y transporte, traslada al Crucificado a la Sala de Exposiciones de la casa de los caballos, quedándose allí depositada formando parte de una interesante exposición de objetos sagrados, organizada por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, hasta mediados del mes de enero siguiente.

Lo que hizo posible que miles de personas llegadas de todos los rincones de nuestra Región, pudiesen contemplar más de cerca la sorprendente talla del Cristo Negro, además de quedar perpetuada en el correspondiente catálogo. Primera exposición en la que participa el Cristo Negro, con el desacuerdo unánime de la Junta Directiva, por considerarlo una obra demasiado seria para ello.

El 3 de enero de 1991 aparecería una interesante publicación, realizada por D. José Sendín Blázquez, titulada “Tradiciones extremeñas”, en la que hace un amplio e interesante reportaje de nuestro Cristo negro, así se iniciaba una tarea de amplia y generosa bibliografía en la que se hace detallada mención a esta talla y que aún continua en nuestros días, llegando a cerca del centenar de publicaciones.

Pero además de esto, comenzaron a aparecer mensajes anónimos, notas y poemas, colocados la mayoría de las veces por manos anónimas, a los pies del Cristo negro, muchas procedentes de otras tierras y localidades, otras simplemente pidiendo comprensión ante la perdida de un ser querido.

En distintas épocas han llegado hasta la capilla de los Blázquez expertos en imaginería y religiosidad, relacionados con ordenes religiosas europeas o descendientes de sefardíes pobladores de Cáceres, que han ratificado la evidente importancia alcanzada por los Cristos de tonalidad oscura, tal y como ocurre con las vírgenes, y la notable antigüedad del denominado popularmente como Cristo negro, al que aquí y ahora nos estamos refiriendo.

Por parte del Vicario General de la Diócesis se hace entrega a nuestra cofradía de una de las mitras usadas en vida por el difunto Obispo, para incorporarla al patrimonio de esta, lo que es gratamente agradecido y la cual sale en procesión el Miércoles Santo de ese año 1991.

Y así va pasando la década de los años noventa, cada vez son mas las personas que acuden a ver los actos públicos de este Crucificado, pero también son mas los fieles que se postran a sus pies y depositan flores o velas, o sencillamente una sentida oración. Incluso la lista de cofrades va superando los varios cientos de cientos, hombres, mujeres y niños son miembros de una hermandad humilde, caritativa y penitencial, conceptos tan necesarios en una sociedad puramente tecnológica y materialista.

ME PIDIO UNA VELA

Siempre que me acerco hasta allí, me olvido de todo. Dejo de escuchar para perderme en el silencio, en el sonido de aquel silencio tan descriptivo, tan íntimo, tan necesario la mayoría de las veces.

Por unos instantes siento que me encuentro completamente solo, estando frente a EL

Pero en esta ocasión fue distinto, desde mi discreta y precipitada llegada, sentí que alguien me observaba, alguien permanecía expectante. Yo realicé prácticamente los diarios movimientos, como si estuviesen estudiados y me perdí en el placer de aquel sonido del silencio, del olor a nada. Y poco a poco una pequeña y anónima sombra se me acercó y con una voz tremendamente sensible me pidió una vela, me suplicó un poco de luz, necesitaba ofrecer algo para también pedir algo.

Con ojos tristes y llorosos me hizo participe de su desesperación, de la pena que no le dejaba vivir.

En su casa, dentro de su familia había entrado el mal, disfrazado de vicio, enfermedad y por último muerte. Y él había escuchado en su barrio que el único que les podía ayudar era Aquel que estaba junto a nosotros, el silencioso amigo. Pero no tenía dinero para ofrecerle luz, y casi le faltaban las fuerzas para pedirle era tanto lo que necesitaba.

Inmediatamente me olvidé por completo de mí y de mis tontas peticiones, le di mi luz para que la hiciera suya y allí de rodillas los dos pedimos por su familia.

Y obtuve una enorme e inesperada compensación, en la puerta, al despedirnos me regaló una sonrisa. No he vuelto a verlo, pero he sabido que aquel chiquillo vive y que piensa seguir los pasos del silencioso amigo.

Estoy convencido que cualquier mañana coincidiremos poniendo luz en aquel rincón tan especial, tan lleno de silencio, de olor, de esperanza y de vida. Allí donde se encuentra el auténtico amigo: El Cristo Negro.

Alonso J. Corrales Gaitán.

Mientras, varios directores de cine solicitan utilizar a nuestra devota imagen para películas nacionales e internacionales, a lo que tanto el Obispado como la propia Junta Directiva no acceden, tal y como era de esperar. Además cadenas de la televisión extremeña, andaluza, catalana, americana y alemana, gravan en varias ocasiones fragmentos de nuestra procesión penitencial. Incluso varios pintores plasman detalles de la imagen y de algunas escenas más descriptivas de la propia procesión.

Desde el año 1989 se vienen haciendo cada año, unas estampas de la imagen para regalarlas a los asistentes en los distintos actos en los que participa la misma, realizándose la cantidad de dos o tres mil, quedando las mismas agotadas de un año para otro.

El 27 de marzo de 1990, miércoles santo, el Obispado pone a la venta dos modelos de postales del Cristo Negro, sobre fotografías realizadas por un fotógrafo profesional de la ciudad y la otra por el autor de este trabajo. En la actualidad se llevan vendidos más de diez mil ejemplares.

Cada año la popularidad de la imagen propiamente y de cualquier actividad que realiza la misma, va en aumento, tanto es así que en lo referente al desfile penitencial de Semana Santa desde 1990 es necesario utilizar medio centenar de vallas metálicas para facilitar la salida de los cofrades de la iglesia de Santa María, dado que para contemplarlo, desde cerca de dos horas antes se concentran varios miles de espectadores de todas edades y venidos de infinidad de lugares. Lo que también nos ha obligado a tomar una serie de medidas de carácter extraordinario en evitación de posibles incidentes, tales como reforzar el servicio de la policía local y nacional destinada a la procesión, o la estratégica colocación en lugares del recorrido, de dos ambulancias con su personal correspondiente.

Es sorprendente el cambio experimentado en general en nuestra cofradía desde el preciso momento en que el difunto Obispo decidió enterrarse a los pies del Santo Crucifijo, ya que no pocas personas han decidido escribir distintos trabajos refiriéndose al Cristo Negro o realizar tesis y tesinas sobre el mismo.

Dado que por motivos ajenos a nuestra voluntad, nos vimos obligados a prescindir en la procesión penitencial, del uso de la Cruz de Guía, con la que hasta ahora lo hacíamos, procedente de Granadilla. Acordamos encargar la elaboración de una al imaginero sevillano D. Francisco Berlanga de Ávila, que es fiel copia del Cristo Negro, y cuyo importe asciende a la cantidad de 375.000 pts.

Al presentarse el nuevo Administrador Apostólico en la diócesis, D. Santiago Martínez Acebes, Obispo de Plasencia, el 4 de noviembre es presentada por el Mayordomo de esta hermandad, quién suscribe el presente trabajo, la nueva Junta Directiva de la misma.

Ya metidos en el año 1992 llega a Cáceres el nuevo Prelado, D. Ciriaco Benavente Mateos, a quién de manera protocolaria se le presenta nuestra cofradía penitencial con la recepción de la Junta Directiva, invitándosele a participar en nuestra procesión penitencial a la que gustosamente asiste, mostrando su agradecimiento en unas palabras que nos dirige una vez concluida la misma, delante de la imagen del Cristo Negro.

Nuestra hermandad penitencial, de origen medieval quiere también participar en la conmemoración del descubrimiento de América, para ello realiza diferentes actos culturales y religiosos y publica un folleto tríptico con los datos más relevantes de esta cofradía, así como con fotografías curiosas, de la imagen, de la Virgen Santa Maria de Jesús titular del desaparecido convento de la religiosas jerónimas, y del Cristo Negro en la procesión. Se hacen tres mil ejemplares que se reparten entre creyentes y turistas que se acercan hasta la ciudad.

Debemos decir que desde el año de su reestructuración (1986), teníamos guardadas las andas del Cristo Negro en el palacio de la familia Mayoralgo, aquellos Ovandos y Blázquez que durante siglos protegieron hasta limites insospechados a tan impresionante imagen, pero ahora nos vemos obligados a sacar las andas pues el palacio ha sido vendido, desde entonces hasta la actualidad las andas y otros objetos de nuestra hermandad se guardan en el actual Convento de las religiosas jerónimas, situado en la calle del Olmo.

Un nuevo e interesante acontecimiento cultural y religioso vendría a dar a la ciudad de Cáceres y a esta cofradía tan peculiar unos días de extraordinaria publicidad, el V Encuentro Nacional de Cofradías Penitenciales, que se celebró los día 18, 19 y 20 de septiembre. Asistiendo al mismo un total de doscientos representantes de las cofradías de toda España, quienes compartieron con los cofrades cacereños unas interesantes jornadas donde se intercambiaron conocimientos, experiencias e infinidad de datos que nos han permitido mantener una serie de contactos en todos estos años.

Y fue en este Encuentro Nacional, en el que participaron las autoridades civiles y religiosas de Cáceres, cuando al realizar una visita obligada a la ciudad monumental pudieron los congresistas conocer y admirar a la extraordinaria talla del Santo Crucifijo de Santa Maria conocido popularmente como Cristo Negro, algo que en posteriores Encuentros y Congresos nacionales ha servido para estudiar las tallas negras de Crucificados existentes en la geografía española, así como la visita a nuestra ciudad de catedráticos y especialistas en arte para poder admirar in situ a nuestra imagen.

De esta manera tan sencilla el Cristo Negro ha salido en una veintena de publicaciones de tirada nacional, así como ha conseguido que cada año al llegar Semana Santa vengan muchos mas visitantes a ver y participar con su recogimiento en tan peculiar desfile procesional.

Curiosamente en todos estos años hemos ido recogiendo una lista interminable de anécdotas, curiosidades y de pretendidos milagros, todos actos extraordinarios realizados por la imagen que aquí tratamos y veneramos, siendo sus protagonistas personas de todas las escalas sociales y de los más distantes lugares. Las miles de estampas donde aparece esta piadosa imagen han llegado a todos los continentes gracias a cientos de laicos y religiosos que en muchas ocasiones las han pedido para que les acompañen en su vida cotidiana o en su enfermedad.

Del mismo modo tengo que decir que los donativos de los miembros de la hermandad, así como otros muchos anónimos van llegando a nuestra Hermandad y de esta manera vamos poco a poco creando un modesto pero necesario patrimonio, el resto es utilizado anualmente en obras de caridad. Pero a diferencia de lo que hacen otros colectivos de nuestra ciudad, estas obras de caridad son totalmente anónimas y bajo ningún concepto son dadas a conocer a los medios de comunicación para su difusión, Practicamos así el lema “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” .

Viene ahora a nuestra memoria lo ocurrido en el año 1993 como consecuencia de una importante sequía que se dio en la ciudad y alrededores, lo que hizo que un importante número de personas solicitasen a la hermandad que el Cristo Negro procesionara en rogativa por la llegada de la necesitada lluvia.

La mentalidad de los cacereños va cambiando poco a poco con relación a la imagen del Crucificado, tanto es así que en bastantes bodas, los novios depositan su ramo de flores a los pies del Cristo, además de solicitar una fotografía del mismo, para que les acompañe el resto de sus vidas, esto a pesar de tratarse en muchas ocasiones de vecinos de otras localidades. A tales niveles esta llegando la devoción de la gente que muchos pretenden entrar en el apartado de titulares, cargando así con tan piadosa imagen, para lo que no dudan en ofrecer importantes sumas de dinero.

Los padres apuntan a sus hijos, se dan casos de hasta tres generaciones apuntados como cofrades del Cristo Negro. Algunos pretenden apuntar a sus hijos antes de ser bautizados, incluso unos días u horas antes de nacer

ESPIGAS DE VIDA

Ahora en aquel lugar, donde la piedra y la madera forman un único ser, donde el silencio y el aroma a incienso te hacen reflexionar de inmediato, un simple manojo de doradas espigas han asumido casi sin pretenderlo un papel fundamental en rincón tan entrañable, el acompañar a un Crucificado impresionante en el diario momento del consuelo.

Allí en la capilla del Cristo Negro desde hace unos años, esas anónimas espigas sirven para que cuantos hasta EL se acerquen, comprendan lo insignificante que puede resultar el ser humano frente a tan majestuosa imagen.

Se trata de un adorno sin pretensiones, pero de algo tan eterno como la propia vida, tan sensible como la caricia humana y tal especial como la existencia divina.

Y en aquel mágico lugar, todas las mañanas observo a emocionados visitantes que postrados ante El, sustraen una espiga y se la llevan en respetuoso e inolvidable recuerdo.

No pocos inspirados creyentes, se han permitido en titular a este austero adorno “espigas de vida”, y por eso aquí y hoy lo anoto.

Y tan delicado fruto de la tierra, se estira silenciosamente para poder tocar los pies de nuestro Cristo Negro, y la antigüedad de la talla manifiesta su alegría, dejando ver una discreta tonalidad dorada, la del rey de reyes, la del que ha sido, es y será eternamente EL MISMO.

Parece como si dentro de silencio tan profundo, se escucharan unas lejanas notas, unos ilocalizables pasos e imperceptibles susurros de tiempos que ya pasaron por este momento. Y mientras, imagen tan misericordiosa observa cuanto a su alrededor ocurre, padeciendo su Pasión y la nuestra.

Espigas presentes desde siempre en nuestras vidas, producto in tempore de la inteligente Naturaleza, hoy vinculadas al Padre Eterno. Símbolo de vida, de la terrenal y de la verdadera.

En aquel peculiar rincón, en aquella histórica capilla donde huele constantemente a incienso y se respira renovadora vida, acuden a diario fieles anónimos, que aprovechando la oscuridad del lugar, presentan sus respetos, sus carencias y penas, a talla tan singular. Recibiendo comprensión, paz y misericordia, a la vez que se renueva un vinculo sagrado de eterna amistad entre el Nuestro Señor y la visita, siendo testigos de ello las silenciosas espigas.

Agradezco a la mano humana que un día colocó en lugar tan preferente, ese magnífico manojo de doradas espigas, pues su situación las ha convertido en “símbolo de vida”.

A.J.R.C.G. abril del 2000.

En los primeros años de existencia de esta reestructurada hermandad, es decir entre los años 1986 a 1996 fue el Director Espiritual de la misma el Vicario de Laicos, pero a partir de este año es nombrado como Consiliario al Superior de los Religiosos Franciscanos de la Cruz Blanca, lo que nos agrada notablemente dada la especial dedicación que dicha orden presta a los mas necesitados, además de la relación que esta Hermandad ha mantenido desde su creación con los enfermos y mas humildes de la ciudad. De alguna manera es volver a nuestros remotos orígenes.

Desde el preciso instante en que esta cofradía medieval vuelve a salir a la luz, muchas son las personas que comienzan a desarrollar una especial devoción hacia el Cristo Negro, llegando cada año a desplazarse desde su distante lugar de residencia, para poder presenciar el cortejo penitencial, entre estos se encuentra el insigne fotógrafo e ilustre cacereño D. Valentín Javier García, casado con la extraordinaria actriz Doña Ana Mariscal, llegando dicho amigo a realizar un impresionante reportaje fotográfico de varios centenares de escenas, conseguidas durante todos estos años, regalando generosamente algunas de estas al autor del presente trabajo.

Durante la década de los años ochenta utilizamos en la procesión un total de tres incensarios de barro, con un peso de unos cincuenta kilos cada uno, pero dada la elevada temperatura que estos alcanzan, al quedar profundamente dañados nos vemos obligados a encargar el actual, en el año 1994, que es metálico extraordinariamente envejecido y que pesa algo mas de cien kilos, un elemento muy vistoso de nuestro desfile penitencial y que fue regalado por el Secretario de la hermandad.

El día 26 de febrero de 1994 viene a Cáceres el imaginero sevillano D. Francisco Berlanga de Ávila, para entregar a la hermandad la Cruz de Guía que nos ha hecho, fiel replica del Cristo Negro, utilizando únicamente para ello media docena de fotografías, el acto se realiza protocolariamente en la capilla de dicha imagen, en presencia de la Junta Directiva y varios cofrades

El 8 de marzo de 1994, en el salón social de Caja Extremadura, presentamos por primera vez la historia de esta cofradía medieval, en la titulada: “Historia y Curiosidades de la Santa Hermandad del Cristo Negro “, asistiendo al mismo medio centenar de invitados, entre los que cabe destacar al Sr. Obispo, representantes de las distintas cofradías penitenciales de la ciudad, así como un representante del Ayuntamiento, el autor de dicho libro es quién hoy está presentándoles este trabajo y se hicieron un total de mil ejemplares.

En este mismo año, participamos en la Primera Muestra de las Cofradías Penitenciales Cacereñas, que se celebra durante un mes en las dependencias del Palacio Carvajal, sede del Patronato de Turismo y Artesanía de la Diputación Provincial. Para ello aportamos: la recién estrenada Cruz de Guía, el incensario, una horquilla de las nuevas y la vara distintivo del Alcalde Mayordomo, una medalla y un libro de la historia de nuestra Hermandad.

Recordar que en las procesiones magnas, realizadas en los últimos años en la ciudad de Cáceres, es decir en el año 1989 y 1994, puesto que la del año 2000 se suspendió, como digo en estos dos desfiles magnos, nuestra Hermandad participó con el pendón y tres cofrades, dado que según nuestros estatutos la imagen no puede procesionar fuera del recinto amurallado.

En la década de los años noventa, se conocen a varias cofradías de reciente aparición en nuestra región, que adoptan como hábito el propio de la nuestra del Santo Crucifijo, además de portar a su Crucificado tal y como nosotros llevamos al Cristo Negro, lo que evidentemente no llega en absoluto a garantizar la multitudinaria popularidad alcanzada por la talla guardada en Cáceres.

Dado que el tríptico realizado por la propia hermandad en el año 1992, se ha agotado, se solicita a la Diputación Provincial la realización de uno nuevo, con datos actualizados, lo que es aprobado en el año 1996.

En todos estos años hemos hecho también en dos ocasiones llaveros con el distintivo de la cofradía, están agotados. Y a petición de los miembros de la misma, en su día se hicieron insignias, se han vendido varios cientos. Todo esto nos da una idea de la popularidad de esta imagen.

En esa lista interminable de personas de ambos sexos y de todas las edades que en estos años se están vinculando estrechamente con la hermandad y mas concretamente con la magnífica imagen del Cristo Negro, es justo que también mencionemos a D. Juan J. Ramos Silva, persona que en su momento se ofreció voluntario para participar en la procesión tocando el timbal destemplado y desde entonces ya han transcurrido catorce años, todo un ejemplo de devoción, teniendo en cuenta la hora de la procesión y que para ello debe de prescindir de acompañar a su familia.

Se da la curiosidad de que contrariamente a lo que ocurre en todas las localidades donde se realizan los desfiles penitenciales, en los que se considera la procesión oficial la del Santo Entierro, que es donde acuden las principales autoridades de la ciudad, aquí en Cáceres desde hace una docena de años en la procesión del Cristo Negro coinciden mas autoridades y representaciones que en la considerada como oficial, resultando este actuar como un serio respaldo a procesión tan peculiar tanto en su escenificación como fondo penitencial.

Queremos ahora hacer especial recuerdo a lo acontecido en el año 1998 con relación a nuestro colectivo, por la gran variedad de benéficas casualidades.

El día 7 de abril, el artista placentino D. Vicente Macias realizó una interesante exposición de una treintena de dibujos del Cristo Negro, hechos a plumilla tomando la referencia de los dos últimos años.

El Instituto del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, en su revista oficial “Mando”, publicó a finales del mes de junio, un amplio artículo en tres páginas, con varias fotografías, referente a la imagen del Cristo Negro, gracias a la pluma del insigne escritor cacereño D. Luis Martínez Terrón.

En el mes de agosto, salía publicada la obra de D. Antonio Luceño Rubio, titulada: “Cáceres, el rumor de sus piedras”, donde se incluían siete páginas relativas al Cristo Negro y sus leyendas.

El 24 de octubre de 1998, éramos gratamente sorprendidos por la aparición en la Lotería Nacional del cupón que llevaba una fotografía en primer plano del rostro de nuestra sagrada imagen, algo que sirvió para difundir aún mas en toda España a tan majestuoso Crucificado.

Tanto en los años 1998, como 1999 y también en el 2000, la historia así como diferentes fotografías y el dibujo de cómo es el traje del cofrade de esta hermandad ha salido en varias ocasiones en la revista independiente de tirada nacional “Pasos”, además de la regional titulada “Senderos de Extremadura”.

Consciente el autor de este trabajo y Alcalde Mayordomo, de lo que esta hermandad está significando para la propia ciudad de Cáceres en lo que a atracción turística se refiere, crea el reconocimiento oficial de la misma, denominado “Muñidor del año”.

Aquí en Cáceres, el titulo de muñidor se remonta al siglo XIV, se trata de un cofrade que iba anunciando a viva voz por calles y plazas el acto propio de su cofradía, ayudándose para ello con una esquila o carraca.

Durante los siglos XIV, XV y XVI principalmente, los cargos de muñidores eran desempeñados por la misma persona por un periodo no superior al año. Por tal tarea recibían una cantidad de dinero considerada suficiente para cubrir sus necesidades mas imperiosas.

En tiempos posteriores el cargo de muñidor fue desempeñado de manera voluntaria por los propios miembros de la cofradía, por lo que recibían una cantidad simbólica, generalmente satisfecha por el propio Mayordomo.

Por la hermandad que nos ocupa, en estos más de cinco siglos de existencia que lleva han pasado varios cientos de muñidores, la gran mayoría anónimos.

En el año 1986 fue rescatado en esta cofradía penitencial el cargo de muñidor, utilizando para dicha tarea una pesada esquila de algo más de 2 kilos, realizada en el siglo XIX en la localidad cacerense de Montehermoso. En la actualidad es la única cofradía extremeña que tiene dicho cargo.

El 7 de febrero del año 1998, a propuesta de quien les habla, la Junta de Gobierno o Cabildo crea el título de Muñidor de honor, reconocimiento que públicamente se entrega a cuantos particulares, instituciones, asociaciones u organismos destacan a lo largo del año por su especial devoción al Cristo Negro.

El nombramiento se efectúa anualmente en acto público, en fecha cercana a Semana Santa, delante de la capilla donde está expuesta dicha imagen, con la entrega al galardonado de una estatuilla de 24 cm. realizada en barro por el artista cacerense D. Joaquín Cordero Valle, y que representa a un cofrade de esta hermandad, que lleva en su mano derecha una pequeña esquila y en la izquierda una copia de los Reglamentos.

Hasta este momento han sido distinguidos con dicho reconocimiento:

  • En 1998.- Religiosas jerónimas del Convento de Sta. María de Jesús.
    D. Guillermo Morcillo Gómez.
  • En 1999.- Religiosos franciscanos de la Cruz Blanca.
  • En 2000.- Obispado de Coria-Cáceres, al Sr. Obispo.
  • En 2001.- Cofradía del Stmo. Cristo de las Batallas.

Ya existen varias propuestas, de quienes podrán recibir dicho título en los próximos años.

En marzo de 1999 eran repartidos de manera gratuita por establecimientos de la provincia, varios miles de ejemplares de la revista realizada por Eshalohu S. L., empresa dedicada a la publicidad, llevando en la portada a todo color un momento de nuestra procesión.

El día 20 de marzo del año 1999, a propuesta del Mayordomo de esta Hermandad, aprovechando el acto de entrega del Muñidor, se hermanan las dos cofradías penitenciales que están ubicadas en la 5. 1. Concatedral de Santa Maria la Mayor de Cáceres, es decir la del Cristo de las Batallas y Virgen de los Dolores y la del Cristo Negro, dándose la particularidad que el mayordomo de ambas es la misma persona, así como los directivos de las dos cofradías son los mismos en un cincuenta por ciento y que los cofrades titulares del Cristo Negro lo son también de las Batallas, además de otra infinidad de motivos imposibles de enumerar en este reducido espacio.

Este acuerdo de hermanamiento es respaldado por infinidad de actividades de todo tipo, que afortunadamente cada año va en aumento, así como objetos de diferente uso que ambos colectivos compartimos.

También en el mes de marzo del hoy lejano año 1999, a propuesta del Alcalde Mayordomo, se inician los trámites correspondientes para hacer en Cáceres un monumento a la Semana Santa. El primer paso que se da es reunirse con las principales autoridades de la ciudad, es decir: el Excmo. Sr. Obispo, Ilma. Presidenta de la Diputación Provincial, e Ilmo. Sr. Alcalde, los cuales manifiestan su completo interés y apoyo en la realización de tan justa tarea en esta ciudad donde la Semana Santa se viene celebrando desde hace mas de seis siglos y que en la actualidad es un colectivo formado por unas quince mil personas de todas las edades, además de ser la conmemoración que más turismo atrae a Cáceres, con el consiguiente beneficio económico para la ciudad.

El segundo paso es contactar con los directores de Caja Extremadura, Caja Duero, Caja Sur y Caja Badajoz, los dos primeros contestan satisfactoriamente prometiendo un respaldo adecuado, las otras dos entidades bancarias ni siquiera responden a nuestra petición.

Inmediatamente los medios de comunicación locales se hacen eco de tan inesperada noticia, consiguiendo un amplio respaldo popular la ubicación en nuestra ciudad de un monumento a la Semana Santa.

En los meses siguientes mantenemos varias reuniones con el Alcalde y Concejal de Cultura, además de los técnicos municipales, para estudiar detalladamente el lugar definitivo de su ubicación, así como el estilo de dicho monumento.

En honor a la verdad debo decir que los únicos inconvenientes que nos surgen sobre este tema, vienen de determinada persona relacionada con el propio Obispado, así como otra cofradía penitencial por cuestiones únicamente de celos.

No es menos verdad, que si hasta este preciso momento no se ha instalado el tan esperado monumento es sencillamente por que hace poco mas de un mes que se iniciaron las obras de transformación del lugar donde el Ayuntamiento quiere colocar el mismo, es decir en la Plaza de San Juan, junto a la zona amurallada y lugar por donde transcurren la mayoría de las procesiones penitenciales cacereñas.

Esperamos que a lo largo del año 2002 sea un hecho la inauguración del tan estudiado monumento a la Semana Santa cacereña.

Y ya metidos en este año 2000, cuando estábamos realizando los preparativos de nuestra procesión penitencial del pasado Miércoles Santo, observamos que el estado del Crucificado era bastante malo con relación a la última bajada del año anterior. Además de la excesiva suciedad acumulada en la totalidad de su superficie, los desconchones eran numerosos y bien visibles, igualmente se observaban nuevos ataques de xilófagos y carcoma, así como zonas inexplicablemente oscurecidas con la pérdida de la propia encarnadura de la talla.

Todo lo cual nos llevó a la rápida decisión de iniciar los trámites Oportunos para la restauración del Cristo Negro lo antes posible.

El primer paso fue contactar con un insigne imaginero y restaurador, el mencionado con anterioridad en esta obra, D. Francisco Berlanga de Ávila, quién muy amablemente y a pesar de sus muchos trabajos, no dudó en desplazarse en el mes de junio del año 2000 para poder valorar personalmente el trabajo a realizar en la talla del Crucificado mencionado.

Inmediatamente mantuvimos una reunión con el Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis, informándole de todo el tema, D. Ciriaco manifestó su conformidad para la realización de la pronta restauración. La Hermandad se comprometió a pagar dicho trabajo, ello a pesar de que el propietario es el Obispado, pero entendíamos que era nuestra obligación moral y así de esta manera nos evitábamos muchos contratiempos con el Cabildo Catedralicio.

Puesta al corriente la Junta general de cofrades, se acordó dar una cuota mínima obligatoria de 1000 pts. cada uno. Además de iniciar los contactos con las principales entidades bancarias de la ciudad. Todo ello sin perjuicio de poder colocar un cepillo a los pies de la propia imagen, en su capilla, para que los devotos que lo deseasen pudiesen echar su donativo o limosna.

Tal y como se había previsto se fueron dando todos los pasos, comenzó a llegar el dinero, surgieron los principales inconvenientes presentados por parte del Cabildo, se hizo un seguro de transpone y de estancia, pagado también por la hermandad, se tomaron todas las medidas lógicas en un transporte de estas características, y se señalaron las fechas idóneas. Es el mes de mayo del año 2001.

Y en el momento de dar las explicaciones precisas de toda esta magnifica tarea, en los medios de comunicación, una simple llamada telefónica realizada en nombre de la Consejería de Patrimonio de la Junta de Extremadura paraliza tajantemente toda la operación.

Hoy cuando ya han transcurrido cuatro meses desde entonces, después de innumerables contactos de todo tipo entre las tres partes implicadas, es decir:

Propietario de la talla (Obispado); quienes pagaran la restauración (Cofradía) y la propia Administración Autonómica, no se ponen de acuerdo para restaurar una de las imágenes más emblemáticas de la provincia de Cáceres.

Mientras el Cristo Negro continúa con toda una serie de males, que pueden llegar a dañar peligrosamente su integridad, de más de seis siglos de antigüedad.

Contrariamente a su devoción, que cada día va más en aumento.

“Quiero descolgarte de la cruz, y compartir tu sufrimiento, deseo al morir, ser enterrado a los pies de mi Cristo Negro”.
Alonso J. Corrales Gaitán.

La Cruz del Crucificado:-

Muy a propósito, he decidido dejar para el final el estudio del soporte físico de tan histórica talla.

Evidentemente en la observación actual de mencionado Crucificado, es en lo que se basan la gran mayoría de los estudios existentes, pues nadie o casi nadie se ha puesto a analizar o incluso estudiar el estado en que se encontraba el Cristo Negro varios siglos atrás (XIV, XV o XVI), lo cual sin duda puede arrojar muchísima luz sobre el auténtico origen de tan impresionante imagen.

Tal y como ya hemos indicado en varias ocasiones, la cruz actual que posee la talla es la segunda (1723) y gracias a una mas que mermada documentación, así como a pruebas meramente técnicas realizadas en la espalda del propio Crucificado, nos han descubierto que la primera cruz era de las denominadas de forma de“tau”, o de t mayúscula y rústica.

Esto quiere decir, que si hacemos caso a las distintas clases de crucificados que se han dado en la historia, los de estas características fueron utilizados fundamentalmente en Centro Europa por los pueblos más remotos según se fueron convirtieron a nuestra religión.

Las distintas clases de Crucificados, son las siguientes:

– El Cristo Crucificado, denominado de cruz normal, es decir cruz latina, simboliza al iniciado que está en el camino de alcanzar su total elevación.

– Mientras que el Crucificado sobre “una pata de oca”, es decir que los brazos laterales de la cruz tienen la forma de Y griega, y el palo vertical se prolonga hasta la altura de dichos brazos. La cruz conocida popularmente como “de pata de oca”, representa al hombre que ha trascendido a su propia elevación, habiendo alcanzado el Reino de la Vida Eterna

– Así pues el Crucificado de una cruz “tau” representa al iniciado que ha alcanzado la plenitud de su evolución.

Curiosamente en esta segunda cruz donde está actualmente clavado el Cristo Negro, que tal y como ya hemos indicado con anterioridad fue traída en el siglo XVIII de Salamanca, como decimos esta segunda cruz es del tipo denominado iconográficamente como “cruz de gajos”, es decir de los maderos semejan troncos de árbol sin labrar, a los que simplemente el leñador ha despojado de sus ramas secundarías sin que pasaran luego por las manos del carpintero, apreciándose fácilmente los nudos y rugosidades de la corteza así como los tocones de las ramas cortadas.

¿Puede significar esto, todo un mensaje de sus realizadores o protectores?

La respuesta es rotundamente

Lástima que en un posterior trabajo de carpintería, utilizando evidentemente muy poca sensibilidad artística, allá por los años sesenta del pasado siglo XX se serraran los cuatro brazos de la citada cruz, para posteriormente, es decir en la década de los años setenta alargarse la parte inferior de la cruz en unos setenta centímetros, empleando para ello un simple palo redondo, de los utilizados habitualmente para la construcción, sin la realización de ningún tipo de tratamiento para así evitar posibles daños a la madera más antigua o por mera cuestión de estética.

A partir de estas breves anotaciones, se puede profundizar en un tema tan apasionante como es el simple significado del soporte físico del Cristo Negro, así como sus características anatómicas, además de las notables variaciones realizadas a la propia imagen, según la moda de las distintas épocas por las que ha pasado nuestra imagen, tales como la transformación del cabello, el paño de pureza o incluso la colocación de las piernas.

Pero todo esto si me lo permiten, lo dejaremos para otra ocasión.

Al mismo tiempo, mención a parte merecería el apartado de Leyendas y Curiosidades del Cristo Negro, historias que han ido surgiendo alrededor de tan impresionante imagen en todos estos años y las cuales hemos ido recopilando gracias a la memoria y colaboración de los devotos de esta talla.

En la actualidad, cuando ya han pasado 511 años desde la fundación de la Hermandad y 15 de su reaparición, amoldados perfectamente al siglo XXI, un esperanzador tiempo de devoción envuelve a las actividades públicas de esta cofradía penitencial y por consiguiente a la impresionante imagen del conocido popularmente como Cristo Negro.

La gente, el espectador en general ha entendido perfectamente la intención de este colectivo, es un mensaje religioso, cultural, pero también tradicional y por supuesto caritativo y social.

Pretendemos con nuestro hacer, recuperar un recuerdo histórico, de cómo eran estas asociaciones religiosas en la Edad Media, trasladando todo aquel espíritu al tiempo actual.

Este ha sido a grandes rasgos un sencillo repaso a una devoción que prácticamente se había perdido en la ciudad de Cáceres y que en la actualidad se encuentra en una progresiva recuperación.

Todo esto debido a la impresionante imagen de Crucificado, sobre la que está basada mencionada devoción.

“Non nobis domine, non nobis
sed, nomine tuo, da glorian “.

Nada para nosotros Señor, Nada para nosotros, Sino para dar gloria de tu nombre.

En la Muy Noble y Leal ciudad de Cáceres, patrimonio de la Humanidad a quince días del mes de agosto del año del Señor del dos mil uno. Año 2039 de la Era Hispánica.

Alonso 1. R. Corrales Gaitán.
Investigador.

“Un pequeño crucifijo inicia el cortejo, el silencio de la noche es su único compañero. Una esquila de destemplado acero, llama al creyente al recogimiento, Hermandad del Santo Crucifijo, conocida por el pueblo como Cristo Negro, que recorre históricas calles, que se mete en mil pensamientos, dejando en nuestros frágiles cuerpos, aroma a pureza, olor a incienso. Y es que ante la proximidad de su presencia, el corazón multiplica sus latidos, ayudado por un timbal de recio cuero. Pero por encima de todo sentimiento un silencio mas profundo que cualquier otro silencio, me pone carne de gallina, y la sangre fluye precipitadamente al cerebro. Se aproxima el Crucifijo, estoy ante el Cristo Negro, el oidor de miles de lamentos, el que concede al arrepentido perdón eterno. Y hoy a media noche saldré de nuevo a verlo, a escuchar su silencio, y renovaré mi compromiso con el viejo amigo: MI CRISTO NEGRO.

BIBLIOGRAFIA:

  • Libros fundacionales del Beatario y posterior Convento de las religiosas Jerónimas de Santa Maria de Jesús. (siglo XV-XVI).
  • Libro de Inventario del año 1833.
  • Libro de Ordenanzas, acuerdos y elecciones. (año 165 1-1874.
  • Libro de asientos de hermanos, acuerdos y cuentas (año 1639-1705).
  • Libro de Ordenanzas e Indulgencias.
  • Libro de Cuentas, acuerdos y asientos. (año 1547-1639).
  • Artículos periodísticos de la primera mitad del siglo XX.
  • Trabajo inédito de O Teodoro Fernández Sánchez.
  • Libro de Actas de la Hermandad del Cristo Negro (año 1985-2001).
Oct 011999
 

Alonso J. Corrales Gaitán.

Investigador.

Antes de comenzar a desgranar los datos referidos a este insigne investigador cacerense, he de confesar a todos los presentes que es mi investigador preferido. Sí, D. Publio ha sido para mí durante todos estos años una auténtica enciclopedia del saber de nuestra tierra, lo admiro profundamente y he leído todo cuanto de él se puede leer, lo publicado y lo inédito. Prácticamente todos mis temas de investigaciones tienen un apoyo documental en los trabajos que en su día realizó el Sr. Hurtado.

Mi amistad con dos de sus descendientes, D. Alfonso Artero Hurtado y D. Miguel Hurtado Urrutia, me ha ayudado especialmente en muchas de mis tareas, y ha servido para que amplíe notablemente mis conocimientos sobre esta tierra.

Tanta admiración siento por D. Publio Hurtado Pérez, que mi anterior libro titulado: “Ermitas cacerenses”, decidí dedicárselo a él, a quién tal y como ha ocurrido con otros tantos investigadores o artistas en vida, no se le ha dado el valor que merece, ni prestada la atención que necesita.

Este admirado cacerense nació el día 21 de enero de 1850, siendo el mayor de cinco hijos, tres varones y dos hembras, que tuvo el matrimonio formado por D. Antero Hurtado Valhondo, Relator de la Real Audiencia de Extremadura, y Doña Rosalía Pérez Sandoval, los dos naturales de esta ciudad.

Nació en la por entonces Calle de Grajas, hoy Donoso Cortés, lugar donde con el paso del tiempo se levantó la que por muchos años fue la sede de Correos y telégrafos, y que desde hace algunos años ocupan unas dependencias primero de la Universidad de Extremadura y después de la Junta. Fue bautizado D. Publio el 25 de enero de 1850 en la Iglesia parroquial de San Juan Bautista, por el sacerdote D. Blas Gómez Durán, siendo su padrino el abuelo paterno, D. Ignacio Hurtado y Grande de Vegas, y por costumbre de la época, le impusieron los siguientes nombres: Publio, Fructuoso, Ignacio, Ramón y Antonio.

En honor a la verdad hay que decir que según sus calificaciones, parece que no fue un estudiante brillante aunque no es menos cierto que solía aprobar las asignaturas en junio, sin tener necesidad de examinarse en septiembre. Y se da la circunstancia de que obtenía las mejores notas en Ciencias que en Letras.

En 1864 contrajo unas denominadas fiebres nerviosas, que tardaron bastante tiempo en curar, pero que le dejaron secuelas durante toda su vida. Esto le complicó bastante el finalizar sus estudios, pero no 9impidió que se dedicase casi plenamente a la lectura, e investigación además de escribir algunos poemas.

Su primer trabajo en verso aparecería en el año 1866, titulado “Ilusiones de una noche”. Cursó Estudios de derecho en Salamanca y Madrid. Después de no pocas interrupciones como consecuencia de sus continuas fiebres, consigue el grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico el 26 de enero de 1872. Tal y como era de esperar dado su interés por todo lo que significa cultura, durante su estancia en Salamanca participó en cuantas tertulias pudo, escribiendo y dirigiendo el periódico “El Independiente”. Una vez finalizados sus estudios regresa a Cáceres incorporándose al Colegio de Abogados el 3 de febrero de 1872. En el mes de junio de dicho año es nombrado Vice-Cónsul de Portugal en la provincia de Cáceres, cargo que debió desempeñar con gran clase, dado que el monarca lusitano le nombró por ello Caballero de la Real Orden Militar de Nuestro Señor Jesucristo, primer galardón que recibía.

Como otros muchos ciudadanos, es llamado a filas por estar desarrollándose en aquellos momentos la tercera guerra carlista, pese a sus fiebres y a su gran miopía le dan aquí en Cáceres apto para el servicio de armas, pero afortunadamente en un nuevo reconocimiento que se le realiza en Badajoz es dado definitivamente por no apto, con fecha 20 de noviembre de 1874. Y es en este mismo año cuando edita una obra en Lisboa, titulada “Amor y Martirio”.

En el año 1877 contrae matrimonio con Doña María del Sagrario Muro y Muro, pasando a vivir la recién formada pareja a la casa con el número 10 de la Plaza de la Concepción. Pero dada la pequeña fortuna que había logrado reunir D. Publio Hurtado, le permitió comprar una casa en el año 1881 a la Duquesa de Fernán Núñez, ubicada en la denominada Plazuela de las Piñuelas Altas, dicha compra ascendió a la nada por entonces despreciable cantidad de 40.000 reales, allí viviría hasta el día de su fallecimiento en el año 1929.

Ya en su hogar, es nombrado por el Ayuntamiento como Cronista de la venida a Cáceres de los monarcas de España y Portugal, con motivo de la inauguración del ferrocarril Madrid-Lisboa. Todo lo que sucedió fue magníficamente narrado y detallado por D. Publio, fue un acontecimiento muy importante para nuestra ciudad y sus vecinos.

Y es a partir de este año 1881 cuando se intensifica la actividad literaria de nuestro insigne cacerense, apareciendo tanto obras literarias incluidas en revistas de tirada nacional como algunos poemas. Pero a toda esta creación se van uniendo poco a poco trabajos de investigación que sin duda es lo que más le gusta a nuestro protagonista, todo esto motivado por la relativa facilidad que tiene para poder acceder a los archivos tanto públicos como privados, ojeando todo papel que cae en sus manos, dándose la particularidad que llegó a anotar los extractos de los libros de acuerdos existentes hasta el año 1837, algo que hoy es imposible de hacer por haber desaparecido parte de los correspondientes tomos. Otra de las prácticas que solía utilizar con bastante frecuencia era el interrogar a cuantas personas mayores vivían por entonces en nuestra ciudad, quienes les facilitaron muchos de sus datos por haberlos vivido en primera persona.

Casi paralelo a la aparición de sus obras, le fueron dados los distintos nombramientos, tales como: Académico Correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Académico de la Historia, Vocal de la Junta Promotora del IV Centenario del Descubrimiento de América, y es aquí donde presenta su primer trabajo serio titulado: “Indianos cacereños”. Que fue premiado y publicado por la Diputación Provincial de Cáceres.

En 1905 presentaría su obra titulada “Los extremeños en América”, que quedó sin publicar y que ha salido a la luz en 1993, gracias al empeño de sus herederos D. Alfonso y D. Miguel. Pero junto a la aparición de estas obras, continúan los malestares de D. Publio, por lo que las visitas a los balnearios es algo habitual, además de aparecerle otras complicaciones tanto externas como internas. En el año 1894 escribe la novela titulada “Alonso Golfín”.

Fue D. Publio Hurtado Pérez uno de los promotores y fundadores de la Revista de Extremadura, lo que ocurría en febrero de 1899, en estos años de existencia de la mencionada Revista, comienzan a aparecer los trabajos literarios que ascienden a mas de una docena, pero además va dando a conocer poco a poco sus investigaciones como por ejemplo “Historia de Cáceres”, “Suscripciones Extremeñas”, “Alonso Ramos o un poeta concepcionista”. De la primera obra mencionada, decir que en la actualidad permanece inédita, ya que por aquel tiempo se limitó a presentar un simple apéndice titulado “Los carvajales”; otra obra también escrita en su día, pero no publicada es “Recuerdos cacereños del siglo XIX”, que hoy se encuentra en preparación, y posiblemente salga a la luz a finales del año 1999.

Luego vendrían las obras “Tribunales y Abogados cacereños (1910)”; “Castillos, torres y casas fuertes de la provincia de Cáceres”, cuya primera edición apareció el año 1912, siendo la segunda edición mas completa y salvando los errores correspondientes que vería la luz en el año 1927. En febrero del año 1915 puso a disposición del Ayuntamiento una gran obra de investigación que durante cinco años había realizado en el Archivo Municipal, esta se llamó “Ayuntamiento y familias cacerenses”, en la actualidad se ha convertido en un auténtico tesoro bibliográfico imposible de encontrar un original, pero que durante muchos años los ejemplares que sobraron, se utilizaban por el personal del Ayuntamiento para encender las estufas, motivo por el que desaparecieron mas de una veintena de los mismos, así como para calzar las mesas y armarios, claro nos estamos refiriendo a hace mas de cincuenta años. A partir de estos momentos, tanto por su avanzada edad, así como por la variedad y riqueza de sus obras, que comienza a ser llamado por todos “Patriarca de las Letras Extremeñas”.

La Real Academia de la Historia le encargó en el año 1912 la reorganización de la Comisión de Monumentos, lo que aceptó de muy buen agrado hasta el año 1920, coincidiendo con el descubrimiento del llamado tesoro de Aliseda.

En 1914 D. Publio Hurtado fue nombrado Académico Correspondiente de la Real Academia de Declamación, Música y Buenas Letras de Málaga, y en 1918 de la de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, ya era desde 1915 Presidente de la Junta Provincial de Turismo, y en 1917 lo era como Presidente de la Junta del Patronato del Museo de Bellas Artes.

Pero continúan las publicaciones con la obra “La Parroquia de San Mateo y sus agregados”, aparecida en 1918, según nos cuentan sus descendientes, los datos aquí aparecidos venían de una obra inédita de D. Publio, y a la que dedicó prácticamente toda su vida, titulada “Cáceres histórico monumental”; en 1920 aparecía “Extremadura en Toledo”.

La figura de tan insigne investigador, había calado tanto en la sociedad cacerense de aquella época, que sus habitantes solicitaron a la Corporación Municipal un reconocimiento oficial hacia su figura, bautizando con su nombre la plazuela donde estaba su casa, al mismo tiempo que se solicitaba a la Diputación Provincial la concesión de la medalla al Mérito Provincial, actos estos promovidos fundamentalmente por el escritor y amigo del protagonista de nuestra biografía, D. Federico Reaño García (1878-1927).

Poco después era creado el Ateneo de la ciudad de Cáceres, el cual comenzó sus actividades el lunes 12 de octubre de 1925, y fue en aquel mismo día cuando se descubrió una bella placa hecha en azulejos, que afortunadamente hoy se conserva, por la cual se daba el nombre de D. Publio Hurtado Pérez, a aquella plazuela llamada hasta entonces como de las Piñuelas. Acto al que acudió todo el vecindario y autoridades de Cáceres bajo la presidencia del Sr. Alcalde D. Arturo Aranguren, agradeciéndole emocionado D. Publio desde uno de los balcones de su casa con unas entrañables palabras. Por la tarde en el salón de actos de la Diputación Provincial se inauguraba el Ateneo y se imponía la medalla al Mérito Provincial al gran cacerense “Patriarca de las Letras Extremeñas”, quién ya por entonces estaba medio ciego, presidía el acto el Presidente de la Diputación Provincial D. Gonzalo López Montenegro y Carvajal.

En señal de agradecimiento hacia las autoridades y todos sus paisanos, el Sr. Hurtado dedicó la fantasía mitológica “El Cinturón de Afrodita”, primero en el periódico local El Noticiero y posteriormente en separata. Y fue en este mismo año de 1925 cuando la Comisión Provincial de Monumentos propuso que se le concediese el ingreso en la Orden Civil de Alfonso XII, lo que fue secundado por la Excma. Diputación y el Ayuntamiento de Cáceres, así como los doce periódicos de la época, por lo cual se le concedió dicho galardón el día 22 de enero de 1926.

A partir de estos momentos tan felices, su trabajo va decreciendo como consecuencia de su falta de vista así como su elevada edad, pero a pesar de ello concluye el trabajo titulado “Apodos Cacereños”, además de pronunciar algunas conferencias y atender tal y como siempre hizo en su casa, a cuantas personas inquietas culturalmente hablando, quieren saber algo relacionado con nuestra ciudad. En 1928 aparecería su obra titulada “Nobleza cacereña”, lo que ocurre en la revista malagueña Blasón.

Junto a su familia pasa los últimos años de su vida en su casa, realizando pocas actividades y aún menos viajes. En uno de estos marcha en 1928 a Badajoz, para pasar unos días con su hijo Manuel, donde contrae una fuerte gripe, la cual continua padeciendo a su regreso a Cáceres, sin que los médicos consigan recuperarle, lo que precipita su fallecimiento el día 3 de enero de 1929.

Así fallece el insigne D. Publio Hurtado Pérez, pero los cacereños continuarían varios meses después, recordándole tal y como lo demuestran distintas actividades culturales que se realizaron en nuestra ciudad, de todo tipo.

Hoy, habiendo transcurrido ochenta años desde su fallecimiento, afortunadamente se le sigue recordando y si cabe se le valora cada día más. Sus libros son verdaderas piezas documentales, muy apreciadas por los investigadores incluso por los bibliófilos.

A la vista de todo lo expuesto y de infinidad de datos inéditos, que aún permanecen guardados en su archivo y biblioteca, podemos afirmar rotundamente que la influencia cultural que ha ejercido D. Publio Hurtado en Cáceres y provincia, e incluso me atrevería a decir que en toda Extremadura, es enorme.

Es mas que probable que en los próximos años, salgan publicados algunos trabajos que en su día fueron realizados por este fructífero investigador, y que en la actualidad se conservan inéditos gracias a la especial dedicación de su biznieto D. Alfonso Artero Hurtado, quién guarda tan impresionante fondo documental en Huelva, su lugar habitual de residencia desde hace muchos años.