Ene 292018
 

Felipe Lorenzana de la Puente

Sociedad Extremeña de Historia

felilor@gmail.com

XLVI COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA

Lección inaugural. Trujillo, 2017

RESUMEN: Trujillo continuaba presidiendo en el siglo XVIII uno de los cuatro grandes partidos de realengo de Extremadura. Su relieve institucional radicaba en la administración de la herencia recibida, sobre todo en el hecho de haber sido la primera ciudad en representar a la provincia en las Cortes, a mediados del siglo anterior, y constituirse en su primera capital, lo cual revalorizó los oficios municipales e incrementó el control por la Corona. Este control se ejercía a través de los corregidores y alcaldes mayores, de nombramiento real, que tenían enormes responsabilidades políticas y administrativas en el extenso partido trujillano, si bien habían de lidiar con las actitudes no siempre colaborativas de un cabildo de regidores donde se hallaban representadas las principales casas nobiliarias de la ciudad. Las reformas del Despotismo Ilustrado afectaron a la hacienda municipal e introdujeron nuevos oficios en el regimiento, pero coincidieron con una etapa de declive urbano, también en el ámbito de la política municipal. La dinámica institucional no se circunscribió al gobierno local y del partido, sino que se proyectó hacia toda la monarquía gracias a la participación de Trujillo en las Cortes y en la Diputación de los Reinos.

  1. EL AYUNTAMIENTO EN SU ENTORNO

“Esta ciudad, centro de Extremadura, tan escasa de medios para el cultivo racional como abundante de héroes que la ilustran…”[1].

La frase que introduce la petición elevada en 1783 por el Ayuntamiento de Trujillo a Madrid para que se le permitiese crear una universidad contiene tres afirmaciones que vienen a resumir el devenir de la ciudad durante el siglo XVIII. En primer lugar, asume su importancia geohistórica, pues el ser el centro de Extremadura no refiere tan solo a su posición medular en la provincia sino también a su protagonismo en la vertebración histórica del territorio; en ese mismo sentido, Trujillo nunca omitió en cuanta documentación emitió a instancias superiores que era una de las ciudades de voto en Cortes, y en alguna ocasión se define también como la “llave” de Extremadura desde su supuesta fundación por Julio César, el lugar estratégico desde el cual aquella podía ser dominada[2]. En segundo lugar, la ciudad refiere con orgullo a su pasado épico como cuna de personajes ilustres (“abundante de héroes que la ilustran”), una clara alusión a su protagonismo en el descubrimiento y conquista de las Indias. La defensa que hacía siempre la ciudad de su relevancia histórica era tal que en 1735 se querelló contra Don Benito para que borrase del memorial que entregó al rey encaminado a convertirse en villa que entre sus servicios se contaba el haber venido sus vecinos a “conquistar esta ciudad”, frase que se consideraba en Trujillo injuriosa a su honor y falsa en su narrativa[3]. En tercer lugar, y como contraste a todo lo anterior, Trujllo reconoce escasez de medios para desenvolverse en estos nuevos tiempos que imponen, por ejemplo, una mayor dedicación a la instrucción pública o “cultivo racional”. Aquí radicaba el problema y él será el hilo conductor de este trabajo que se sitúa temporalmente entre 1701 y 1808.

Se puede decir, pues, que Trujillo era en el siglo XVIII una ciudad abrumada por su propia historia, de modo que su dinámica institucional se instala en un precario equilibrio entre las reponsabilidades heredadas que debe asumir, más las presentes, y la precariedad de medios humanos y materiales para estar a la altura de los tiempos. Todo ello en un espacio urbano con tendencia al estancamiento demográfico y económico, lo que vino a agravar la situación. Su población en 1712 sumaba 717 vecinos, la mitad de los que tenía a finales del siglo XVI; según algunas fuentes, acusó un incremento significativo hacia mediados del siglo, si bien el propio Concejo fija su número en 825 vecinos en 1752; en todo caso, en 1791 repetía prácticamente la cifra primigenia: 720 vecinos[4], un comportamiento que en realidad difiere poco del observado en otros núcleos que pudiéramos considerar urbanos en la Extremadura del Setecientos[5]. Sumaba la ciudad, según cuentas del propio cabildo municipal, algunos vecinos más en 1798, pero lo hacía con comentarios tan desazonadores que dan a entender con claridad que son más que los que podían soportar sus recursos: “el total número de vecinos de esta antigua y ruinosa población es de 777”, de los que 304 son exentos y no contribuyen, y en cuanto a los demás son “tan miserables la mitad de éstos que tocan en la clase de mendigos”; el caserío se hallaba, según esta misma fuente, entre la cortedad y la ruina, con buena parte de la población viviendo en caserías y chozos de campo[6].

La riqueza económica dependía en gran medida de la gestión concejil, pues su inmenso patrimonio rústico en forma de dehesas y pastizales de uso común, al que haremos después referencia, era la principal fuente de trabajo de los menos afortunados. No obstante, los sectores laborales presentan en Trujillo porcentajes más equilibrados que en el conjunto de Extremadura. Aunque los jornaleros son más de la mitad de quienes conforman la estructura socio-profesional a finales del XVIII y comienzos del XIX, la abundancia de eclesiásticos, comerciantes, profesiones liberales y letrados dan cierto sentido al sector terciario, aunque destaca muy por delante de los demás el personal doméstico (18% en 1825); mientras que los artesanos suponen una proporción que, según la fuente y el año, se sitúa entre 20 y 36% de la población activa, en cualquier caso una de las más elevadas de la provincia[7].

Aunque el testimonio de 1798 sobre la decadencia de la población que hemos visto arriba forma parte de una petición encaminada a librarse de un alojamiento militar, lo que induce a pensar que los regidores exageraban en sus apreciaciones, lo cierto es que existen estudios que vienen a confirmar que la ciudad apenas creció durante los siglos XVII y XVIII y que la zona de la villa presentaba ya ruinas destacables[8]. Conservaba sus cinco iglesias y nueve conventos, pero habían tenido que cerrarse dos de sus cuatro hospitales. La pérdida de población eclesiástica y nobiliaria incrementaron las dificultades de conservación de sus imponentes edificios, y estas ruinas llamaron poderosamente la atención del más ilustre viajero del siglo, Antonio Ponz, así como de otros visitantes extranjeros y del oidor de la Real Audiencia de Extremadura que visitó Trujillo en 1790[9]. Las fuentes extienden las ruinas a establecimientos concejiles como la cárcel, el archivo de los escribanos, la alhóndiga o Casa de Comedias, las casas de corregimiento e incluso las consistoriales, por no hablar de los viales: “las calles están hechas un asco”, decía el diputado del común Joseph Pajares en 1791[10]. No menos llamativa era la situación de la cárcel ya a la altura de 1718, de la que los presos se escapaban sin gran esfuerzo por el mal estado del edificio y por la falta habitual de un alcaide responsable[11].

La conciencia de decadencia que tenía la ciudad de sí misma se manifiesta con frecuencia en la documentación finisecular. Sus palabras de 1798 aludiendo a “esta antigua y ruinosa población” que hemos visto párrafos atrás pretendían liberar a los vecinos de alojar a casi ochocientos oficiales del ejército que debían reunirse en un congreso sobre nuevas tácticas militares ordenado por el rey. Se agradeció la elección pero se propuso trasladar el cónclave a Don Benito y Villanueva de la Serena, entre otras cosas por estar más habitadas y ser sus vecinos “ricos porque cuasi todos se ejercitan en la agricultura y han florecido por los altos precios de los granos”[12]. En el siglo de la Fisiocracia, el Ayuntamiento de Trujillo sabía que el futuro estaba en la agricultura, pero al mismo tiempo tenía que proteger los intereses ganaderos de la oligarquía y por eso se negaba a facilitar los terrenos de labor prescritos en la legislación del Consejo de Castilla paralela al pleito de Extremadura contra la Mesta[13]. Hay más contradicciones de esta guisa que impedían evolucionar al compás de la nación. También sabía, por ejemplo, que el futuro estaba en las políticas de fomento y por ello abrazó con ilusión la erección de una Sociedad Económica en 1787, pero la misma acabó siendo monopolizada por los grupos tradicionales y se extinguió sin pena ni gloria a la altura de 1802[14]. También sabía que el futuro estaba en la educación y por eso solicitó en 1783 una universidad literaria, que gozaría para su financiación (una propuesta que mejor parece un monumento local al regalismo) de las rentas de cofradías y hospitales suprimidos, sobrantes de obras pías y un beneficio curado de la parroquia de Santa María; y sin embargo, proyecto tan ilustrado encontró un rechazo más propio del arbitrismo barroco por parte de los famosos fiscales de Castilla: “la muchedumbre de personas que dedican sus hijos a la carrera literaria … defrauda en mucha parte la aplicación a las artes, oficios y aún la cultura de los campos, en que no menos se interesa el estado. Y lo que merece mayor consideración es el que, acostumbrándose a este destino … quedan con poca aptitud para dedicarse a trabajos corporales”[15].

Volvamos a la realidad. Las casas consistoriales continuaban ubicadas en la Plaza Mayor, donde se levantaron a finales del siglo XV en plena expansión urbana, pues ya por entonces se había rebasado el límite de las antiguas murallas[16]. Estaban adosadas a ellas otras dependencias concejiles como la casa del peso real y la carnicería. El gobierno municipal estaba en manos de un conjunto de regidores perpetuos pertenecientes a oligarquía local, presididos por el corregidor, que contaba con la ayuda de un alcalde mayor, ambos agentes reales. Las dos partes, regimiento y corregimiento, cuerpo de ciudad y cabeza, trasunto del binomio reino/rey que se juntaba en las Cortes, confluyen o se ayuntan en forma de concejo celebrando dos cabildos semanales, o plenos, a son de campaña tañida, según establecían las ordenanzas locales de 1676. Con el tiempo, y en paralelo a la disminución de capitulares, los cabildos se reducirán a uno a la semana, los viernes, aunque en la práctica no solían convocarse más de dos al mes, como luego veremos.

El trabajo diario correspondía a los dos agentes reales como responsables del gobierno político y de la administración de justicia, a los regidores organizados en comisiones y a los oficiales del municipio. Para determinar las comisiones y la identidad de los oficiales había una fecha clave en el calendario local: el 30 de noviembre, día de San Andrés, en torno a la cual se celebraba –aún se hace- en la ciudad la feria ganadera, una de las más importantes de la provincia. En el pleno de ese día, y según vemos en los libros de Acuerdos, los regidores hacían correr el turno para ejercer la vara de alcalde por el estado de los hijodalgo y la de alcalde por el estado general, y también para elegir a los guardas de montes. Se sorteaban a continuación comisiones de dos capitulares para las tareas de gobierno habituales: administrar las posturas de los abastos esenciales (vino, aceite, pescado, jabón y velas, a veces también el de tocino), portar las llaves del archivo, la correspondencia, el arriendo de los propios y arbitrios, y además salían elegidos dos regidores por mes para evacuar los asuntos cotidianos. Finalmente, y también por sorteo, cada uno de los concejales elegía a los oficiales ordinarios, en número variable conforme transcurre el siglo, que desempeñaban en los empleos municipales: procurador síndico del común, mayordomo de propios, responsable de pesos y medidas, alcalde de la dehesa de los Caballos, alcalde de la dehesa de las Yeguas, capellán, alarife, fieles, receptores de rentas, repartidores de la alcabala, porteros, veedores, alcalde del peso de la harina, depositario del trigo, del pósito, de bellotas, receptor de cortes y quemas, de bulas, marcador y contraste, responsable de la alberca, sellador de paños… Andando el siglo, algunos de estos oficios y comisiones desaparecen al perder la ciudad sus competencias o quedarse obsoletos (como la comisión de propios, o el oficio de guarda mayor, no pocas veces acusado de venderse a los poderosos), y aparecen otros nuevos como el preceptor de Gramática o el maestro de primeras letras. El día de San Andrés también se irá apagando y muchos oficiales serán nombrados en otros momentos del año. Los más decisivos en la dinámica concejil, además del mayordomo, eran los escribanos, en número de dos o tres, pero estos oficios habían sido enajenados y eran propiedad del monasterio de Guadalupe desde 1386; la ciudad, a pesar de intentarlo en repetidas ocasiones, nunca logró recuperarlos[17].

Existían otros oficiales cuyo nombramiento no se hacía por San Andrés ni se renovaban anualmente, bien por ser muy cualificados, bien por requerir de cierto tiempo para sintonizar con la idiosincrasia concejil. Se trata del abogado, el procurador, los médicos, el cirujano, el relojero, el alguacil mayor, el clarinero y el pregonero. Especial importancia tenían el agente de la ciudad en Madrid, cuya misión principal era intermediar entre el concejo y la burocracia cortesana y, junto al abogado, llevar a buen término los negocios y pleitos capitulares. Estas funciones también podían ser cometidas a regidores de la ciudad que residían en la capital y estaban bien situados en la red polisinodial, o por quienes recibían una comisión especial. Pero la constante complejidad que adquiere el mundo de la administración y de la justicia hace que esta práctica entre en desuso en la segunda mitad del XVIII y los regidores sean definitivamente sustituidos por profesionales. Eran tan decisivos que, además del salario ordinario (1.350 reales al año en 1800), eran agasajados con productos locales cuando se aproximaban las navidades o cuando se entraba en la fase decisiva de un contencioso y era preciso disponer voluntades. En 1711, por ejemplo, se mandaban a Madrid “dos arrobas de azúcar esponjado, doce jamones y doce docenas de chorizos para que pueda regalar y obsequiar a las personas que intervienen en dicha dependencia”[18].

El día de San Andrés se practicaba también la costumbre de abonar a los regidores que estuvieran en ejercicio sus salarios, lo que se hacía en especie, en forma de gallinas vivas, costumbre que la ciudad remontaba a una facultad de los Reyes Católicos de 1487, aunque su práctica es anterior[19]. Dependiendo del rendimiento de las dehesas de propios, había más o menos gallinas. Por ejemplo, en 1719 se repartieron 1.512 gallinas entre 17 regidores, mientras que en 1750 fueron 878 y entraron en el reparto, además de los nueve regidores en activo, el corregidor, el alcalde y los oficiales concejiles más relevantes (contadores de rentas, escribanos, contador de propios, abogado); durante algún tiempo (años 1754 y 1755) también se repartieron carneros, en torno a cincuenta. Hechos los repartos, lo que sobraba se entregaba a los conventos y a los pobres. Estos gajes, siempre muy criticados, y que divertían de los propios 6.600 reales anuales en torno a 1764, fueron suprimidos este año por la Contaduría General, pero se logró establecer en su lugar una asignación de 300 reales a cada regidor en activo (había doce) y una ayuda de costa a los oficiales antes reseñados, con lo cual el ahorro fue mínimo y lo único que se logró fue convertir una renta variable en otra fija[20].

Las finanzas locales acusaban a comienzos de siglo un déficit con la hacienda real muy elevado, en torno a los 300.000 reales[21], que no hará sino empeorar por las continuas exigencias de la Guerra de Sucesión. Por una cantidad similar se solicitó un crédito sobre sus rentas en 1706[22], lo que no libró a la ciudad de recibir la clásicas visitas de la tropa armada para cobrar las deudas[23], un procedimiento ya conocido durante la guerra anterior contra Portugal, origen por cierto del brutal endeudamiento que se padecía. La guerra presente duplicó el débito con Hacienda, dejó los propios empeñados y el patrimonio concejil mermado (se cedió a la Corona la dehesa comunal de Mata Bodiona a cambio de una transacción con la deuda fiscal y se tuvieron que vender las andas de plata de la custodia del Corpus)[24]. Su conclusión apenas permitió aliviar el estado de las arcas, que presentaban en 1721 un alcance de 729.763 reales, por lo que no quedó más remedio que plantear la venta de la dehesilla de la Carnicería. La solución, sin embargo, fue solicitar más créditos contra los propios[25], que estaban gravados en 1725 ya con 981.843 reales en virtud de distintas facultades reales; los réditos anuales ascendían a 29.455 reales. La asfixia económica, sin embargo, no impedía que se gastasen cantidades muy crecidas en fiestas y limosnas piadosas, más de mil ducados al año. El intendente se desesperaba por la inoperancia de los capitulares en la gestión de la deuda y les amenazaba con represalias sobre sus personas y haciendas[26], pero esta actitud solo servirá para alentar la desafección de los poderosos por el ayuntamiento.

La deuda total no se va a incrementar mucho en las décadas siguientes, pero tampoco se logró reducirla. Cuando se elaboró en 1763 el Reglamento de Propios, ascendía a 1.064.947 reales; este mismo reglamento estimaba el valor de los propios en 152.435 reales, que procedían del arriendo de treinta y ocho dehesas situadas en el sexmo y dos casas, aunque faltaba por añadir lo procedido por la renta del aguardiente y las penas de cámara; la ciudad quedó autorizada para un gasto de 93.438 reales (generándose, pues, un sobrante de 58.996) y quedó por ello bastante descontenta. Los salarios absorbían el 45% del presupuesto y los corridos de los censos el 34%. El gasto autorizado para fiestas (San Gregorio, San Roque, los patronos San Hermógenes y Santo Donato, la Candelaría y el Corpus) y limosnas (lámpara de Nuestra Señora de la Victoria, la Coronada, la Asunción, cinco conventos, el Hospital de la Caridad y los presos de la cárcel) quedó establecido en 5.335 reales, de los que la mayor tajada se la llevaba el Corpus con 3.000. Los funcionarios mejor pagados, por encima incluso del salario nominal del corregidor, eran los dos médicos (6.000 reales cada uno) y el cirujano (3.300), a continuación el mayordomo (quince por mil del producto de propios, en torno a 2.300) y el guarda mayor de montes (2.200). El salario del preceptor de Gramática quedaba en 1.500 y el del maestro de primeras letras tan solo en 400, y aún los había más pobres[27].

La hacienda local quedó mejor administrada gracias al Reglamento, pero las deudas seguían imponiendo fuertes restricciones en el gasto, lo que impedía pagar con puntualidad a los oficiales y aún a los censualistas, y menos aún afrontar una política de inversiones que adecentara la imagen de la ciudad y la viabilidad de sus infraestructuras. En 1793 el corregidor proponía varias soluciones: solicitar a Madrid una nueva tasación de las dehesas de propios (que podrían rendir más) descargar a los propios de ciertas contribuciones y repartirlas entre los vecinos y forasteros, y por último vender los sobrantes de pastos de las dehesas de los Caballos y de las Yeguas, con lo que podría suprimirse el siempre polémico oficio de guarda mayor de montes y también el de alguacil de campo[28].

Estas propuestas, sin embargo, fueron recibidas con escaso entusiasmo entre quienes, en cambio, no tenían el menor empacho en cargar sobre los fondos públicos los impuestos de los que ellos hubieran sido principales contribuyentes, o vender el patrimonio que pertenecía a todos[29], y que fueron señalados repetidamente como causantes del mal estado de las finanzas locales: los regidores. Ya en los cargos de residencia de 1749 se hicieron variadas referencias a su liberalidad y descontrol en el despacho de los dineros[30], y en 1792 un comisionado por el fiscal de la Cámara de Castilla y el intendente Uztáriz emitió un informe demoledor, al que luego volveremos, en el que se acusaba a los poderosos de gestionar tan mal los propios que éstos rendían menos de lo que debieran; tan solo el arbitrio de la bellota, con la que se engordaban 30.000 cerdos, produciría en justa subasta un valor de 140.000 reales; el archivo para comprobar las cuentas era un desastre y el Reglamento de propios se violentaba continuamente con gastos no autorizados como la compra de cabezas de gigantes, organizar rogativas para el agua, comprar unas nuevas andas de plata, etc.; en lugar de los sobrantes de propios acumulados, que deberían ascender a 450.000 reales, lo que había encontrado en las arcas era un agujero de 1.124.674 reales. En fin, como vemos, la deuda total apenas se había incrementado, pero no deja de llamar la atención la cifra en la que el comisionado estimaba el valor de los ingresos anuales si se diera el justo valor a las fincas y frutos y tuviesen una gestión correcta: 424.000 reales, casi tres veces lo que en realidad se recaudaba[31].

Como vemos, la aplicación de las políticas centralizadoras de los Borbones despojó al ayuntamiento de su autonomía en el manejo del presupuesto, pero la falta de controles seguía dotando al regimiento de suficiente capacidad de maniobra. La instauración de la intendencia extremeña en 1711 apenas aportó novedades, si acaso redoblar la fiscalización sobre las rentas reales que recaudaba el Ayuntamiento, tarea que previamente habían desempeñado los administradores provinciales y los superintendentes. Apenas existían otras instancias de poder con las que el municipio tuviera que compartir su soberanía. Alguna vez se tuvieron diputas jurisdiccionales con el personal de la administración de rentas, pero no parece que fueran muchas[32].

El Ejército de Extremadura y sus exigencias se convertían en una pesadilla en tiempos de guerra, mientras que en tiempos de paz la calamidad se centraba en los alojamientos de tropas, de los que Trujillo, por su ubicación en el camino real, se sentía especialmente agraviado, tanto que su principal reivindicación durante este siglo, aunque frustrada, fuera contar con un cuartel con capacidad suficiente. La instalación de los regimientos de milicia tuvo en la ciudad un éxito sorprendente, tanto que sus novecientos voluntarios la convirtieron en la segunda mitad del siglo en la tercera ciudad extremeña (tras Badajoz y Alcántara) con mayor número de individuos acogidos al fuero militar[33], lo cual, por otra parte, dificultaba la aplicación de la jurisdicción ordinaria encarnada en el corregidor. Por su parte, la Iglesia, un factor de distorsión en la vida política municipal siempre considerable en las ciudades episcopales, tuvo un peso menor en Trujillo. Los mandatarios quedaban lejos, en Plasencia, y aunque no faltaron los roces y pleitos con el obispado (sobre todo los relacionados con los diezmos de las hierbas de los predios municipales y con el uso del grano de las cillas trujillanas del deán y cabildo placentino)[34], y más aún con el poderoso monasterio de Guadalupe (sus términos eran limítrofes, reclamaba su parte en los aprovechamientos concejiles, era arrendador habitual de los propios, participaba en los abastos públicos, suministraba trigo, era propietario de todas las escribanías de la ciudad y no renunciaba a incrementar sus posesiones en ella[35]), las relaciones con el clero local no fueron malas: de hecho, sacerdotes y frailes se citan a veces en las actas capitulares en calidad de mediadores y abogados[36], y los conventos (el de franciscanos en especial) como prestamistas.

Pero era en la jurisdicción donde se manifestaba realmente el señorío de la ciudad y su relevancia en el contexto extremeño. Dicha jurisdicción no es en el Antiguo Régimen un tema fácil de analizar, pues es una realidad cambiante, la terminología confusa, el apoyo cartográfico muy débil y la documentación a veces contradictoria. Se manifestaba a través de círculos concéntricos en los que la autoridad de la capital se ejercía bajo distintas formas. El primer círculo correspondería a la propia ciudad y sus arrabales, en los que el poderío del concejo era absoluto y exclusivo; a continuación estaba la tierra o sexmo, que era el espacio económico conjunto de Trujillo y sus aldeas, muchas de ellas convertidas ya en villas, y donde su jurisdicción era con unos absoluta y con otros acumulativa, y en cualquier caso contestada y litigiosa; el tercer círculo era el del partido o espacio judicial, el término hasta donde llegaba la autoridad del corregidor, que no necesariamente de la ciudad, como representante de la jurisdicción ordinaria, segunda instancia judicial y subdelegado de varios ramos: guerra, montes, etc.; y el cuarto y más extenso círculo era el de la tesorería de rentas o espacio fiscal, que conformaba el distrito en el que se recaudaban los efectos reales que se centralizaban en las arcas trujillanas y se ponían a disposición de la hacienda real o del reino.

Como decimos, la tierra o el sexmo es, usando palabras y términos literales, “jurisdicción y directo dominio” de la ciudad, donde radican sus intereses económicos y los de sus vecinos (dehesas de propios y tierras comunales). Aquí es donde nace lo que el profesor Ladero Quesada ha llamado “vocación de capitalidad”, citando a Trujillo como parte de una consolidada red de núcleos urbanos del centro de Castilla que actuaban como polos de atracción de los entornos rurales circundantes[37]. Se componía su tierra de veinticinco entidades de población, ya fueran lugares o villas[38]. A diferencia de otras sexmerías extremeñas como la de Plasencia, la de Trujillo nunca alcanzó un cierto nivel de institucionalización, con juntas regulares y oficios propios con plena capacidad, lo que no significa que no se reuniesen sus poblaciones para defender sus intereses frente a las imposiciones de la ciudad, siendo la más repetida de éstas intentar cargar sobre las tierras compartidas los tributos y gravámenes que creía pertinentes[39]. Cualquier decisión que tomaran las villas y lugares, como poner un guardia o establecer una multa, debía ser ratificada por la ciudad, mientras que el sexmero y los diputados que nombrara la tierra debían jurar sus cargos en el Ayuntamiento de la capital. Su opinión era siempre que los montes “son privativos de esta ciudad” e incluso se oponía a que el corregidor tomara parte en los contenciosos con la tierra[40]. En efecto, los pleitos fueron continuos, pero los mayores medios e influencias de Trujillo jugaron en su favor; cuando esos medios e influencias dejaron de existir ante la falta de regidores, a la altura de 1803-1804, y el sexmero pudo acceder por fin al archivo municipal a recoger munición para el enésimo contencioso, la tierra ganó el pleito decisivo y la ciudad tuvo que renunciar al arbitrio sobre las treinta y seis dehesas caballerías, un privilegio que disfrutaba desde 1672[41].

El partido sí que era responsabilidad del corregimiento. La identificación entre ambos era tal que, cuando el agente real se despedía de la ciudad, no cesaba su autoridad hasta tanto no hubiera abandonado el último pueblo del partido[42]. Se componía de 56 poblaciones en 1655 y 61 en 1741 (la diferencia estriba en el cómputo o no de ciertas aldeas). Trujillo fue uno de los cuatro grandes corregimientos de realengo de Extremadura junto a Badajoz, Cáceres y Plasencia. Las ventas de lugares y la concesión de villazgos a lo largo de la Edad Moderna fueron muy numerosas[43] y limitaron el alcance de la autoridad corregimental, sobre todo en la elección de las autoridades locales y la primera instancia judicial, pero ésta siguió desarrollándose con normalidad en las competencias delegadas (guerra, hacienda, montes, etc.) y como tribunal de apelaciones. Logrosán fue el último lugar en eximirse en 1792, propósito que la ciudad, ya muy debilitada, conocía desde cinco años antes sin que hiciera mucho por evitarlo[44]; tiempo atrás hubiera desencadenado una guerra.

Finalmente, la Tesorería o espacio fiscal marca los límites de la influencia territorial de la ciudad. Aunque el Ayuntamiento en su momento y la mayoría de los lectores en la actualidad piensen que el relieve histórico de Trujillo estriba en sus hombres ilustres, la verdad es que ninguna otra circunstancia histórica como la capitalidad de este distrito le ha conferido tanta significación. En los comienzos de los tiempos modernos, Trujillo era uno de los dos partidos fiscales (también denominados impropiamente provincias), junto a San Marcos de León, con capital en Llerena, en los que se dividía lo que luego va a ser la provincia de Extremadura, lo que significa que centralizaba las arcas del servicio ordinario y extraordinario y la alcabala. Cuando se creó la provincia de Extremadura en 1655, separándose de Salamanca, se formaron las tesorerías de millones, en torno a las cuales acabarán con el tiempo centralizándose todas las demás rentas. Trujillo logró tres cosas importantes con el voto en Cortes: primero, ser una de las seis ciudades de la provincia con capacidad para nombrar procuradores; segundo, tras el sorteo del turno provincial, ser la primera en hacerlo, por lo que le correspondió la tesorería provincial de millones, la cual mantuvo hasta finales del siglo XVII, lo que viene a significar (en la aún balbuciente organización provincial castellana) el haber sido la primera capital que tuvo Extremadura; tercero, incrementar los límites de su partido con la agregación a su tesorería de otras poblaciones, en concreto las diez del partido de Medellín (entre ellas Don Benito, segunda entidad poblacional extremeña en el XVIII tras Badajoz) y otras ocho procedentes del partido de Plasencia; más adelante se le agregaron las tres del condado de Belalcázar. En el siglo XVIII el partido se diluye en la tesorería, refundiéndose ambos distritos e incrementando las capacidades de los gobernantes trujillanos. En total, con 77 poblaciones, que serán 82 al establecerse la Real Audiencia de Extremadura en 1790, incluyendo desde entonces a Guadalupe y a otras poblaciones orientales, era el partido fiscal más extenso de la provincia (Fig. 1)[45]. No olvidemos, además, que el fisco era un poderoso instrumento de control social y político, y que permitía obviar las jurisdicciones exentas. Ahí tenemos, por ejemplo, al alcalde mayor y corregidor interino D. Joaquín de Tapia y Valcárcel (1728-1731) procediendo contra las justicias y poderosos del estado de Medellín en la averiguación de diversos delitos[46].

Fig. 1: Mapa de Extremadura de 1790 (elaboración propia)

2. CORREGIDORES Y ALCALDES MAYORES

Desde fecha temprana, segunda mitad del siglo XIII, tuvo Trujillo corregidores; la presencia de arcas reales, la importancia económica del término, la magnitud de sus distritos y la circunstancia arriba descrita de ser una de las ciudades de voto en Cortes y primera tesorería provincial, de la que era responsable último el corregidor a falta de administrador, no hicieron sino incrementar durante los siglos XVI y XVII el celo de la Corona por asegurar el nombramiento de corregidores y alcaldes competentes, mucho más teniendo en cuenta el poderío del regimiento trujillano que habían de presidir[47]. Recordaba el intendente de Extremadura a los regidores en 1718 la imagen idílica de “el cuerpo que resulta de la unión de VS con su corregidor, ser éste cabeza según el ministerio en que el rey le ha puesto y enseñar la naturaleza que cuando la parte principal padece, los demás miembros acuden inmediatamente a su socorro para libertarla del riesgo que amenaza”[48]. Poco caso le hicieron.

Un total de 29 corregidores pasaron por Trujillo entre 1702 y 1808, ejerciendo durante tres años y diez meses de media cada uno, un tiempo ligeramente superior al registrado en la segunda mitad del siglo anterior; no olvidemos que a partir de 1784 el empleo pasó de ejercerse durante un trienio a hacerlo durante un sexenio[49]. El tiempo real de ejercicio es menor: el cálculo está hecho tomando como intervalo las fechas de posesión, pero lo normal es que el corregidor cesante, como veremos, abandonase la ciudad antes de que llegase el nuevo. Tan sólo uno fue prorrogado en el empleo, D. Bernardo de Torrejón y Velasco (1752-1759), oficial que había cosechado excelentes informes en sus destinos anteriores y que incluso escribió un libro[50], al tiempo que otros cuatro terminaron el mandato antes de tiempo por fallecimiento (D. Pablo Antonio Becerra en 1744, D. Manuel de Silva en 1745, D. Miguel Crespo en 1752 y D. Antonio de Zambrana en 1764). Otros dos también se fueron pronto: A D. Pedro Varona lo cesaron en 1706 cuando se evaporó “intempestivamente” ante la cercanía del ejército austracista durante la Guerra de Sucesión, y D. Urbano de Ahumada cesó al año de su nombramiento (1728) para integrarse en el Consejo de Hacienda. Aparte de los titulares también ejercieron otros seis corregidores provisionales; dos de ellos fueron jueces de residencia, abogados, que llegaron a presidir algún pleno, y los cuatro restantes regidores habilitados oficialmente para desempeñar funciones de corregidor ante la desaparición o marcha del titular. Estos últimos casos se dieron en su totalidad antes de 1739, cuando Trujillo disponía aún de un regimiento poderoso y sus miembros, al parecer, eran preferidos al alcalde mayor para estas funciones, si bien éste tenía la facultad de sustituir al corregidor en cualquier momento. En todo caso, los corregidores provisionales tan sólo ejercieron una media de cuatro meses.

Todos los corregidores titulares excepto dos fueron de capa y espada. Su extracción social era bastante afín a la de los regidores, predominando la pequeña nobleza y los oficiales medianos del ejército. Así, tenemos a siete militares, dos de ellos coroneles (D. Joseph de Avellaneda y el marqués de Espinardo, 1710 y 1736 respectivamente) y los otros cinco capitanes de caballería. En comparación a lo ocurrido en la segunda mitad del XVII, destaca ahora la abundancia de militares, si bien se trata de un fenómeno propio de la primera mitad del XVIII, pues el último corregidor castrense llegó en 1744; en plena Guerra de Sucesión, los regidores solicitaron el grado de coronel para el corregidor para así poner orden en los alojamientos militares, pues los alojados “se adelantan con el motivo de decir que no es su juez el señor corregidor”[51]. La nobleza titulada tan sólo tuvo un exponente, el ya referido marqués de Espinardo, pero hay siete caballeros de hábito y tres señores de vasallos. En cuanto a los oficios desempeñados con anterioridad, además de los corregimientos, se computan cinco regidores, dos antiguos procuradores de Cortes, un diputado y cinco individuos relacionados con la burocracia cortesana (un gentilhombre del rey, un caballerizo de la reina, un consejero honorario de Hacienda, un oidor de la Chancillería de Santa Fe y un miembro de la Contaduría Mayor de Hacienda). El hecho más significativo que constatamos es que el perfil socio-profesional de los corregidores de la primera mitad del siglo es bastante más elevado que el de la segunda mitad: acumulan más títulos y oficios y éstos son más relevantes, lo cual puede entenderse como un síntoma de la pérdida progresiva de reputación del Ayuntamiento trujillano en el contexto castellano, o bien como una prueba de la apuesta de la Cámara por un tipo de oficial en el que se valoraban otras cualidades distintas al abolengo y la milicia. Refuerza la primera hipótesis el hecho de que la vara trujillana fuera considerada de primera clase o de entrada en la reforma de 1784 (la inferior de las tres categorías), por lo que a partir de entonces los agentes reales no proceden ni serán destinados a ciudades importantes, lo cual sí ocurría antes.

En cuanto a los corregidores letrados, los dos que tuvo Trujillo son los que cierran el listado (D. Manuel Pérez de los Ríos, 1801-1807; D. Antonio Martín Rivas, 1807-1808), ambos con las titulaciones de doctor en Derecho y abogado, y en el caso del primero también la de profesor de la Universidad de Salamanca. La ciudad había solicitado en 1796 reunir en una sola persona las dos varas de corregidor y alcalde por la imposibilidad de mantener sus dotaciones con un mínimo de decoro; el personero, que lideraba esta iniciativa, propuso que la vara resultante fuera letrada, pero los ediles preferían que se mantuviese la clase de capa y espada porque la ciudad ha estado siempre mejor gobernada con los corregidores “de conocido lustre”, y también por prestigio, por creerse “análogo a la de ser una de las de voto en Cortes”, dejando entrever que la ignorancia que los caballeros manifestaban de las leyes no era un impedimento, antes bien, solían despachar con mayor prontitud que los alcaldes los asuntos del juzgado[52]. Posiblemente sea ésta una opinión interesada, pero no es la única que hemos hallado alusiva a que el juzgado del corregidor funcionaba mejor que el del alcalde. La Cámara, como era lógico, prefirió nombrar a partir de 1801 letrados, una situación novedosa en la ciudad y que se saldará con continuos conflictos entre las partes constituyentes de la corporación[53], tanto que la ciudad volverá a pedir la reinstauración de las dos varas (“aunque fuesen malos, se temían, se refrenaban mutuamente y formaban un equilibrio del poder muy favorable a la libertad de los vecinos”[54]) Esta fue la puntilla al declive del corregimiento trujillano.

Las delegaciones más usuales cometidas a los corregidores fueron las de capitán de guerra y superintendente (desde 1791 subdelegado) de rentas; no nos consta que fueran lo primero cinco corregidores: los dos letrados ya citados, D. Manuel de Silva (quien era en todo caso capitán de caballería), D. Martín de Rojas y D. Manuel de Vega (consecutivos entre 1776 y 1784); no nos consta que fueran lo segundo otros cinco: los tres corregidores que sirvieron entre 1705 y 1709 (D. Pedro de Varona, D. Tomás Moreno y D. Enrique Ponce), D. Manuel de Vega y D. Juan Cervera (consecutivos entre 1780 y 1791). En algunos casos es posible que se omita citar o insertar los títulos de las delegaciones en los libros de Acuerdos y realmente tuvieran estas competencias. La delegación de montes aparece algunas veces en los títulos a partir de 1762 (en tres en concreto); en otras ocasiones se cita al gobernador de Almadén como subdelegado de montes con jurisdicción en el partido de Trujillo, e incluso se cita al superintendente general de montes y plantíos, en Madrid, como persona competente para confirmar los nombramientos de guardas en los años ochenta y para nombrar en derechura al guarda mayor. Otro ejemplo de cómo la centralización fue vaciando de funciones al Ayuntamiento.

Tampoco suele referirse la procedencia de los corregidores y su destino después de servir en Trujillo, por lo que los datos disponibles se han obtenido de noticias indirectas y de consultas bibliográficas variadas. Conocemos hasta el momento diez procedencias y trece destinos y aparecen en ellos las ciudades de voto en Cortes un total de diecisiete veces (Cáceres o Plasencia se repiten en siete ocasiones), siempre antes de 1784. Esto significa, como antes hemos comentado, que con antelación a la clasificación efectuada entonces de la vara trujillana como de entrada, ésta participaba de una especie de circuito privilegiado formado por las capitales provinciales, primando generalmente un criterio de proximidad.

El análisis de los alcaldes mayores siempre es más sencillo por la homogeneidad que presenta el grupo, pues todos fueron licenciados en Derecho y abogados. Su formación académica e intelectual era superior a la de la mayoría de los corregidores, pero habían de estar sujetos a sus dictados, lo que no todos, como veremos, acataron. Hasta la supresión de esta vara en 1799 y su agregación a la de corregidor pasaron por Trujillo veintiocho alcaldes, uno de ellos interino, y un teniente de alcalde. El nombramiento de este teniente, en 1728, estuvo motivado por la circunstancia de tener que asumir el alcalde titular el corregimiento durante casi dos años tras el traslado precipitado de D. Urbano de Ahumada al Consejo de Hacienda. Hubo otros cuatro alcaldes que fueron nombrados corregidores interinos debido al fallecimiento o cese del titular, sin que volviera a recurrirse a la figura del teniente. Como ya hemos dicho, el alcalde podía sustituir en cualquier momento al corregidor cuando éste se ausentaba temporalmente; la diferencia es que, si obtenía el título de corregidor interino cobraba el salario del titular, mucho más jugoso.

Los alcaldes confirieron estabilidad y consistencia legal al gobierno local, pues le asesoraban en todas las cuestiones legales y garantizaban la continuidad de la autoridad real, pues se ausentaban menos que los corregidores. Hubieron de ser también más jóvenes, pues hay menos noticias de achaques y licencias por enfermedad, y sólo dos de ellos fallecieron mientras ejercían. El tiempo medio de mandato se ha calculado en tres años y cinco meses; recordemos que hasta 1749 fueron nombrados por el corregidor y sus ejercicios corrían en paralelo; desde entonces serán nombrados por la Cámara de Castilla y su ejercicio no tenía por qué ir necesariamente asociado al de los corregidores. Al igual que éstos, desde 1784 serán nombrados para un mandato de seis años. De los dieciocho destinos y procedencias conocidos, las ciudades de voto en Cortes aparecen también con frecuencia (once veces), mientras que las ciudades y villas extremeñas lo hacen en seis ocasiones.

El criterio de proximidad a la hora de nombrar y remover corregidores y alcaldes no incluía a vecinos de la ciudad, pues como es lógico se intentaba evitar individuos que congeniasen (o estuvieran enfrentados por cualquier causa) con los regidores. Tan sólo nos consta que esta regla se rompiese una vez, y fue con el nombramiento del licenciado D. Pedro Tomás de Alcoba y Medina como alcalde mayor interino en 1753, cesando al año siguiente con la llegada del titular; su carrera profesional es digna de narrativa: había sido alcalde de Cáceres (1740), de Plasencia (1744) y de Tortosa (1751), el primero no catalán que ejerció en esta ciudad, a la que volvió tras la experiencia trujillana si damos por buena la fecha que se ha ofrecido de su cese, 1755[55]; experiencia que no hubo de desagradarle, pues al año siguiente adquirió un título de regidor en Trujillo por seis mil reales. De la jurisdicción de la ciudad, en concreto de Garciaz, procedía D. Diego Sánchez de León, alcalde entre 1724 y 1728, y que lo había sido antes de Badajoz. Y de la provincia fueron los corregidores D. Matías Crespo Suárez (Badajoz), 1717-1720; D. Diego de Tenza Vera y Fajardo (Mérida), 1736-1739; D. Pablo Antonio Becerra Monroy (Cáceres), 1740-1744; y D. Manuel de Silva Figueroa (Badajoz), 1744-1745. Estos dos últimos fallecieron en Trujillo. Alcaldes extremeños, además de Alcoba y Sánchez de León, lo fueron también D. Antonio Moriano (Mérida), 1736-1737, y D. Joseph García de Peñalosa (Montánchez), 1737. Finalmente, la aportación de la nobleza y los letrados trujillanos al gobierno de otras ciudades extremeñas a lo largo del siglo XVIII se concretó, según nuestras fuentes, en cuatro casos: los corregidores D. Antonio de Orellana y Tapia y D. Fernando de Mendoza Híjar (ambos destinados a Plasencia en 1707 y 1744 respectivamente[56]), el alcalde D. Diego Quílez de Castro, nombrado por Orellana para acompañarle a Plasencia, y el juez de residencia D. Pedro Vicente de Ullauri, destinado a Cáceres en 1762. De nuevo volvemos a una constante, cual es el menor interés que tiene la segunda mitad del siglo, siendo notoria entonces la ausencia de extremeños en la administración territorial, algo que hemos constatado también en los listados de agentes reales de otras ciudades, una tendencia que sólo cambiará con la llegada de D. Manuel Godoy al valimiento[57].

El salario nominal del corregidor al nacer el siglo era de cien mil maravedíes, y la mitad el del alcalde[58], lo mismo que cincuenta años antes. Sin embargo, derechos sobre condenaciones y otros de carácter judicial, dietas, visitas, administración de rentas, reparto de gallinas y otras ayudas de costa podían hacían incrementar bastante esas percepciones. Lo difícil es saber cuánto, y también cuándo se cobraban. Por ejemplo, en 1718 se reducen estas percepciones dentro del programa de minoración de gastos, de forma que el alcalde se quedó sin su ayuda de costa general y el corregidor se la redujo a la mitad (eran otros cien mil maravedíes para el corregidor y treinta mil para el alcalde)[59]. Pero sabemos que este recorte no duró mucho. El reglamento de propios de 1763 establece el salario fijo del corregidor en 2.947 reales y 6 maravedíes, y el del alcalde en 2.176’16[60], por lo que comprobamos que apenas se habían incrementado, sobre todo el del corregidor; está claro que ahí no se incluyen sus complementos, porque no se explica que cobren menos que los médicos y que el cirujano. Datos posteriormente consignados nos dicen que su salario fijo ascendía a 5.550 reales sobre los propios, más trescientos por adealas o gallinas, más otro salario de cuatro mil reales que le satisfacía Hacienda como subdelegado de rentas del partido, más una tercera nómina de 7.958 reales en caso de encabezamiento de las rentas de la ciudad y el trabajo de registrar los ganados que acudían a la feria de junio, y una última percepción de 1.500 reales por el registro del ganado de cerda que entraba en los comunales de todo el sexmo, y que le pagaban los granjeros. En total, 19.258 reales, una cantidad más acorde a la de un alto funcionario de la monarquía. Al alcalde sí se le reconocía en el reglamento como salario fijo la ayuda de costa de treinta mil maravedíes, pero no las adealas, que cobraría aparte, y aún así el guarda mayor estaba mejor pagado que él. Las quejas del antequerano Miguel Fernández de Zafra ante el Consejo, y el hecho de que el juzgado apenas le dejase dividendos, entre otras cosas porque se los quedaba impropiamente el corregidor, como más de una vez se denunció, motivaron que en 1767 se le subieran sus haberes en 1.470 reales y 20 maravedíes (total, 3.647 reales) menos de la mitad de lo que estimaba justo para igualar lo percibido en su anterior destino, Gerona, pero más de lo que le hubiera gustado gastar a la ciudad[61], que ya hemos visto pedirá el consumo de la vara a finales de siglo. La Cámara de Castilla acabó fijando en los títulos de nombramiento de estos oficiales el salario que debían percibir para evitar equívocos. El último alcalde de Trujillo, según consta en su título, debía cobrar 4.400 reales sobre los propios más los derechos inciertos que le correspondieran[62].

Si los salarios fueron durante todo el siglo un motivo de discusión entre corregidores, alcaldes y regidores, no menos lo fueron las fianzas que los dos primeros estaban obligados a ofrecer en cuanto tomaran la posesión a fin de cubrir sus responsabilidades en los juicios de residencia. Fieles a los códigos de honor caballerescos, los agentes reales consideraban un desafuero que la ciudad se las exigiera (el alcalde Juan Antonio Aguiar expresaba en 1752 que pedírselas era “sonrojarle”), y ésta no solía hacerlo como muestra de confianza, pero se guardaba bien las espaldas: ni hacía constar esta anuencia en los libros de Acuerdos ni tampoco dudaba en exigirlas en cuanto ambas partes tenían el primer percance, y es en ese momento cuando surgía el conflicto[63]. El procedimiento no había cambiado a la altura de 1805: obligado el corregidor Pérez de los Ríos por la Audiencia a presentar fianzas tras un tortuoso gobierno, el marqués de la Conquista, alférez mayor y primer voto en el regimiento, depositario de los códigos de honor aristocráticos, las admitió sin verlas, pero los regidores añales las examinaron a conciencia y las rechazaron tras observar varias irregularidades, por lo que hubo de presentar otras nuevas[64]; tres años antes, la ciudad le había dicho “que jamás fue su ánimo exigírselas … por ser de costumbre inmemorial no haberlas exigido a sus antecesores … y que desde luego se hacían cargo de cualquiera responsabilidad que les pudiese sobrevenir por no exigirlas, mediante a la conducta y desinteresado manejo con que se portaba su señoría”[65]. En más de una ocasión, las fianzas fueron utilizadas como armas arrojadizas contra aquellos alcaldes y corregidores que se empeñaban en fiscalizar la labor de los capitulares.

Los Acuerdos nos informan de que catorce de los corregidores (la mitad de todos los que ejercieron) y seis de los alcaldes (el 20%) vivieron situaciones conflictivas con los regidores e incluso entre sí. Esto último estaba motivado por la confusión de competencias; el corregidor era la primera autoridad pero los alcaldes, como expertos en leyes, sabían que la jurisdicción de ambos era la misma y difícilmente divisible. Bien claro se lo dijo el licenciado D. Joseph de Perete al alférez mayor, el marqués de la Conquista, cuando éste quiso preferirle y sentarse junto al corregidor en 1778: “[ambos] forman una cabeza y que su jurisdicción, autoridad y representación es la misma”[66]. Y también el alcalde Marcos González a su corregidor en 1794, al indicarle que no era “un juez pedáneo suyo”; claro que su exceso de celo para hacerse respetar le granjeó la enemiga de los escribanos y alguaciles, a los que pretendía alejar del corregidor, y que le acusaron de estar siempre “perturbado del vino”; por su parte, el corregidor señalaba que el origen de los males, o “de su ojeriza”, era que los vecinos acudían a su tribunal y no al del alcalde[67]. Los casos de disputa entre ambos agentes reales son relativamente frecuentes, y por lo general era el alcalde, con menos apoyos, el que llevaba las de perder.

En los conflictos con el regimiento, el tema de las fianzas, como hemos visto, era el motivo más frecuente, pero casi siempre formaba parte de otro más grave. Lo peor que podían hacer los agentes del rey era cometer abusos de autoridad o alterar los inveterados procedimientos de los regidores en el gobierno urbano. Seleccionemos algunos episodios. El corregidor Íñigo de Aranguren se granjeó la enemiga del capítulo al mandar encarcelar en 1705 al regidor D. Antonio de Tapia cuando más necesario era en los menesteres bélicos; y su alcalde D. Juan Bautista Banfi hizo lo propio ese mismo año cuando ordenó disparar, causándole la muerte, a un vecino que intentaba huir cuando era llevado preso, hecho que produjo un motín popular; para calmar los ánimos de los vecinos, el corregidor encarceló al alcalde y posteriormente fue enviado a Madrid[68]. Su sucesor, Ponce de León, fue acusado en 1709 de injerencias en la administración de alcabalas en perjuicio de la libertad que habitualmente habían tenido los regidores comisionados. Al alcalde Aguiar (1752) se le ocurrió husmear en las cuentas del pósito y rápidamente fue reprobado y sus fianzas exigidas. El corregidor D. Bernardo de Torrejón recibió en su posada, en 1757, la visita intempestiva (“acudieron de tropel”) de un grupo de regidores descontentos por haber mandado librar unos dineros al alcalde sin preceder acuerdo de la ciudad, acusando aquel a su vez a los regidores “que tenían bastante que disimular”; antes habían discutido por un reintegro al pósito, la facultad de nombrar alguacil mayor y la concesión de licencias de cortes y labores en los montes. D. Martín Joaquín de Rojas (1778) se enfrentó a toda la bancada capitular cuando quiso sustituir al abogado, que consideraba apasionado del regidor decano y propicio a encubrir corruptelas. Y D. Manuel Pérez de los Ríos (1802-1805) se negó a ejecutar la orden de que se procediera a la elección de regidores anuales para poder gobernar sin oposición; fue un conjunto de siete vecinos los que le denunciaron por sus arbitrariedades y lograron su suspensión por la Real Audiencia.

También existió la acusación inversa, esto es, la de connivencia de los agentes reales con los regidores para que estos pudieran actuar con absoluta libertad; lo que ocurre es que rara vez se denuncia esto en los Acuerdos, al menos hasta que llegaron los diputados del común y el síndico personero en 1766. De forma que el personero de 1772 acusó al corregidor D. Domingo Adorno de estar coaligado con los capitulares para no permitirle desempeñar el cargo con independencia y poder denunciar las corruptelas. Lo que estaba claro era que los corregidores necesitaban la infraestructura material y funcionarial del Ayuntamiento para poder gobernar, pues medios propios no tenían para hacerlo, y aquella dependía del regimiento, por lo que no era buena idea fomentar querellas y disensiones[69]. Una vez desatado el conflicto, los capitulares podían contar con la complicidad de los otros caballeros y de los vecinos, pero los corregidores se quedaban solos. Un instrumento de organización de los regidores y caballeros que utilizaban para coaccionar a los corregidores que no se avenían a sus deseos eran las juntas, tal como se explicaba en el caso que vamos a ver a continuación, las cuales se convocaban “para cualquier cosa que se les ofrece a cualquiera de ellos, así fuera como dentro del ayuntamiento, empeñándose con las justicias de tal suerte que cualquiera juez que corre con cualquiera de los de la junta corre con todos y consiguen del todo lo que ellos quieren”.

El conflicto más grave, y que resume a la perfección los motivos y las tramas de implicados en los conflictos entre corregidor y regimiento, ocurrió durante del gobierno de D. Matías Crespo (1717-1720), a quien se le imputaron múltiples desafueros en su forma de gobernar, como nombrar oficios que no le correspondían, minorar los sueldos de los oficiales y regidores, intentar fiscalizar las cuentas de propios, etc. En definitiva, que era una persona severa en el cumplimiento del deber y honrada: “estando bien querido el dicho corregidor de todos los pobres, están opuestos a él los caballeros porque no lo han manejado como a otros corregidores … lo han perseguido y le han tenido grande odio por ser el dicho corregidor muy recto en la administración de justicia”. Se hicieron las consabidas juntas, “todos parientes y regidores”, según un testigo. La reacción del público, animado por algunos regidores, por la nobleza local (en la que destacaba el marqués de Sofraga), por miembros del clero, letrados, etc., fue organizarle a la una de la madrugada un “fuego de la mariquilla con cencerros” a las puertas de sus casas, una especie de escrache moderno, “que se reduce a prorrumpir en voces infamatorias contra el honor de ese ministro”, algo que al parecer formaba parte de la tradición: “un estilo antiguo en esa ciudad, practicado con suma libertad de sus vecinos con otros corregidores y ministros de justicia”. El regidor que señalan todos los testigos como más “bullicioso” era D. Antonio de Eraso, líder del numantinismo capitular durante casi toda la primera mitad del siglo, del que se decía que “lo que intenta o quiere dentro y fuera del ayuntamiento, lo consigue … y que en esta ciudad se teme en disgustarle por la mano y el poder que tiene”. Lo curioso del caso fue que los regidores acusaron al corregidor de haber inducido al altercado por su comportamiento, y todo hace pensar que los sospechosos de mayor postín, a pesar de la investigación abierta por jueces foráneos, entre ellos el intendente, a quien no le cabían dudas de la implicación de los regidores, salieron incólumes. De hecho, ya se ocuparon los regidores de convencer al alcalde para que se abstuviera en las investigaciones y de apartar del lado del corregidor a cualquier vecino que le sirviera; uno de ellos relataba así las amenazas que tuvo que oír: “porque el corregidor se iría y el testigo se quedaría odiado del pueblo por haberle asistido”[70].

Por otra parte, los regidores tenía una facilidad tremenda para anular las medidas del agente real que no le agradaban una vez se despedía éste de la ciudad. La minoración de salarios del corregidor de la “mariquilla”, D. Matías Crespo, fue derogada en 1720, y el abogado que nombró el corregidor Rojas en 1778 fue despedido después por unos capitulares “resentidos” que no habían aprobado su designación, acusándole de no haber defendido a la ciudad en una causa que tenía contra el anterior mayordomo, suegro suyo; en su lugar nombraron como abogado al actual mayordomo, un caso clamoroso de incompatibilidad[71].

Finalmente, tenemos que indicar que el procedimiento de relevo de los corregidores no estaba reglamentado, lo que permitía que cada uno hiciera lo que estimase oportuno. Lo normal era abandonar la ciudad al cumplir el trienio o conocer el nuevo destino, sin esperar a su sustituto, incluso a veces solían pedir licencia para retirarse a sus casas durante un intervalo. La ciudad no ponía inconvenientes siempre que estuviera afianzado o no hubiera sospecha de irregularidades que pudieran comprometerle en un juicio de residencia. Sin embargo, los alcaldes no podían hacer lo mismo porque necesitaban licencia del corregidor para abandonar la ciudad, más bien les tocaba sustituirlos hasta la llegada de un nuevo titular, que podía tardar semanas, incluso meses. Sobre la identidad del nuevo solía dar noticia, y algún juicio de valor, el agente de la ciudad en Madrid, por lo que los regidores ya sabían lo que les esperaba[72]; era en la corte donde en teoría habían de jurar el cargo, pero si suponía mucho trastorno podían solicitar hacerlo ante el obispo de Plasencia. Llegado a la ciudad, le recibían dos regidores “que a su nombre y con la decencia que corresponde a la misma ciudad, le visiten, cumplimenten y asistan”; si el corregidor saliente permanecía en la ciudad, éste invitaba a comer o a cenar, dependiendo de la hora de llegada, y si no era la ciudad quien se ocupaba de ello. Cuando el corregidor o el alcalde fallecían en Trujillo, la ciudad, normalmente sensibilizada por sus presuntas estrecheces y amplia parentela a su cargo, se hacía cargo de los gastos de entierro y en alguna ocasión consta que se organizaba un funeral por todo lo alto, con la asistencia del cabildo eclesiástico y varias comunidades de religiosos[73]; sin embargo, e independientemente de lo que hiciera cada capitular, el protocolo no contemplaba la presencia del regimiento, esto es, de la ciudad como corporación, quizá por su afán de mantener las distancias con el delegado regio incluso más allá de la muerte[74].

 

 

 

III. LOS REGIDORES

Trujillo tenía entre treinta y tres y treinta y cinco -según la fuente y el cálculo- oficios de regidores perpetuos al comenzar el siglo XVIII, y sin embargo cien años después no se podían celebrar plenos por falta de asistentes, constituyendo otro ejemplo -extremo en este caso- de la decadencia a la que se vieron abocados muchos de los concejos españoles de esta centuria, sobre todo en su segunda mitad. Vayamos con los datos y luego intentaremos explicar el fenómeno.

Entre 1701 y 1808, y obviando las lagunas documentales (faltan libros de Acuerdos de catorce años y los de otros ocho están incompletos), se presentaron en el pleno del Ayuntamiento un total de setenta y dos títulos de regidores, pero si descontamos los que no pertenecen a ese grupo de treinta y tantos, es decir, los que no son perpetuos y fueron designados por causas excepcionales (regidores de providencia y regidores anuales), el total de títulos se reduce a cuarenta y uno; el ritmo va decreciendo conforme avanzamos en el siglo, de forma que a partir de 1766 sólo se anotan seis. Como los títulos son de propiedad privada, el regidor que cesa tiene libertad para transmitirlo; algunos, pero pocos, van de padres a hijos (ocho casos), otros entre hermanos (cinco), entre familiares diversos (nueve), y en el resto (diecinueve) aparentemente no hay relación de parentesco entre titular y anterior.

Hay que diferenciar entre la propiedad y el ejercicio del oficio, pues a veces el propietario no es quien lo ejerce, lo que ocurre en la mitad aproximada de los casos, de lo que se deduce que la mitad de los regidores trujillanos no eran dueños del oficio, sino que lo detentaban por el tiempo de la voluntad de aquellos. Esta circunstancia se relaciona con la forma de transmisión: son traspasos definitivos y por tanto se cede en ellos la propiedad cuando media una herencia (quince casos), una compraventa (un caso), o una renuncia formal ante notario (tres casos); y son traspasos provisionales cuando el propietario tiene facultad de nombrar un teniente que sirva por él (un caso), cuando lo renuncia reservándose la propiedad (suelen ser alquileres encubiertos, lo que era ilegal; tenemos diez casos) o cuando el propietario es menor o mujer y cede el oficio a otra persona hasta tanto el niño alcanza la mayoría de edad o bien la mujer se casa y entonces pasa, en teoría, al marido (son los llamados traspasos por incapacidad, tenemos once casos y también aquí puede haber cesión lucrativa). Un regidor interino, sin embargo, puede pasarse toda la vida sirviendo un oficio del que no es dueño, dada la falta de interés del propietario por recuperarlo, e incluso continúan ejerciendo una vez fallecido o alcanzada por aquel la mayoría de edad[75]; de hecho, en Trujillo el tiempo medio de ejercicio de los interinos (veinticinco años y siete meses) es superior al de los regidores propietarios (veinte años). En cualquier caso, es mucho tiempo y denota una clamorosa falta de renovación del consistorio, que además de corto estaba muy envejecido[76].

A diferencia de otras ciudades como Badajoz o Plasencia, en Trujillo apenas había oficios preeminentes. Los que fue ofertando la Corona durante el siglo anterior los fue consumiendo la ciudad con su propio dinero y de esta forma evitó crear distinciones en el interior de un regimiento muy propicio ya de por sí a la división. Tan sólo tenemos al alferazgo mayor, propiedad de los marqueses de la Conquista por compra que de él hiciera en 1566 D. Francisco Pizarro por 2.812.500 maravedíes, el segundo más caro de los que se vendieron entonces, por debajo del de Sevilla y por delante del de Madrid[77]; su titular se sentaba a la derecha del corregidor o alcalde en las sesiones plenarias, tenía derecho a entrar en ellas con armas, a nombrar teniente y a tremolar el pendón de la ciudad cuando viniera al caso. Debido a estas prelaciones y a la soberbia con la que las exhibían, los marqueses tuvieron muchos roces con otros ediles, sobre todo con los alcaldes mayores y los regidores decanos, con los que disputaba lugar preferente en los actos públicos y el derecho a sustituir al corregidor. La toma de posesión del alférez D. Pedro Pizarro Godoy en 1735, tras heredar de su tío un oficio que llevaba mucho tiempo sin inquilino, fue contradicha por enviar a un apoderado a cumplimentar el trámite en lugar de hacerlo en persona, y tampoco se le permitió entrar con espada; dieciocho años después, cuando el oficio recayó en D. Fernando María de Orellana y Pizarro, éste fue instado a justificar documentalmente sus preeminencias. Había otro oficio, aunque acabó vacando, que tenía también el derecho a nombrar teniente: el de depositario general con voz y voto en el Ayuntamiento, propiedad del ducado de Peñaranda[78].

La mayoría de los regidores trujillanos pertenecía al estamento nobiliario. Destaca la fuerte presencia de títulos de Castilla: el marqués de San Miguel (posesión en 1702), el duque de Peñaranda (y otros siete títulos más, y el señorío de cuarenta y ocho villas y valles, posesión en 1703, aunque ejerció mediante teniente), el marqués de Lorenzana (1713, 1751), el de la Conquista (1735, 1760), el de Santa Marta (1747, 1759), el de la Matilla (1747) y el conde de Oliva (1736, 1777); cuatro de ellos lograron traspasar el oficio al menos una vez a lo largo del siglo y los otros tres fueron absentistas natos. Además de estos, otros cuatro regidores eran señores de vasallos (D. Pedro Joseph de Chaves, señor de Maderal y Castroverde; D. Fernando Joseph de Orellana Pizarro, señor de La Cumbre; D. Fernando de Mendoza Híjar, señor de la Casa de Ribera; y D. Antonio de Eraso, señor de Plasenzuela, Guijo y Abilillas). Tenemos también seis militares: un brigadier (D. Pedro de Loaisa, marqués de la Matilla), un coronel (el primer marqués de Lorenzana) y cuatro capitanes (los ya citados D. Pedro Joseph de Chaves y el conde de Oliva, más D. Jacinto María Saz y D. Antonio Risel). Como se sabe, la identificación entre la nobleza y la milicia formaba parte de las consignas mentales y simbólicas en la representación de la sociedad estamental, pero en realidad el espíritu marcial estaba de capa caída, mucho más en localidades alejadas de la frontera como Trujillo[79]. Sirva como ejemplo la convocatoria obligatoria para ayuntamiento en 1707, en plena Guerra de Sucesión, para organizar la remisión por los propios regidores de hombres de socorro y de hidalgos a la frontera, al que no acudió ninguno, alegando indisposiciones variadas o bien no tener el vestuario adecuado (“hallarse en traje indecente por haber transportado sus vestidos”)[80]. El siguiente grupo destacado sería el de los altos funcionarios, tanto de capa y espada como letrados, como los ya referidos Orellana, Quílez, Mendoza Híjar y Alcoba, y finalmente un puñado de abogados, aunque éstos empiezan realmente a destacar con la implantación de las regidurías anuales en 1805, junto a otros oficios inéditos en las casas consistoriales, por más que fueran abundantes puertas afuera, como labrador y comerciante. En 1736, cuando tomaron posesión ocho regidores de providencia, la idea había sido introducir caras nuevas pero mantener el monopolio aristocrático; se puede decir que en 1805 los regidores anuales cambiaron el panorama sociológico del ayuntamiento trujillano, pero lo cierto es que cuando entraron al mismo ya apenas quedaban regidores perpetuos.

La hidalguía adscrita al ayuntamiento quiso mantener la ficción de la antigua división del consistorio entre nobles y ciudadanos, que tiene su origen en la venta de oficios durante la etapa de los Austria y la introducción de nuevos propietarios procedentes de la burguesía financiera o del mundo de las letras, aunque también de familias nobiliarias pero distintas a las que habían venido ejerciendo el monopolio capitular[81]. Eran también parte de la oligarquía (y no pocos acabaron fundiéndose con la otra), pero de una oligarquía digamos que advenediza. De hecho, en el XVIII ya no se distingue entre nobles y ciudadanos, sino entre “regidores de preeminencia” o “precedencia” por una parte y “regidores perpetuos” por otra. Los nobles de siempre quisieron mantener en el siglo XVII las diferencias de clase en el seno del cabildo atribuyéndose prelaciones que los nuevos rechazaron de plano, pero que sí se observaron en ciertos protocolos; igual ocurre en el siglo XVIII, de forma que en la visita real de 1729 aparecen diferenciados ambos grupos: en el primer grupo aparecen Herrera Loaisa, Orellana Tapia, Eraso, de las Casas Orellana, Orellana Pizarro y Quiñones, esto es, la nobleza titulada, señores de vasallos y apellidos ancestrales, mientras que en el segundo estaban los Cervantes, Orozco y Camargo, apellidos de menos prosapia[82]. La solución de compromiso fue que la distinción se mantendría en los actos honoríficos, pero no en la mecánica institucional: por ejemplo, los regidores de preeminencia se sentaban en bancos diferentes en la sala de cabildos, pero en las votaciones el orden de intervenir y de formar comisiones sólo lo establecía la antigüedad. Eso no significa que no hubiera problemas a la hora de considerar un acto como honorífico/público o político, por ejemplo sustituir al corregidor en ausencia del alcalde[83]. El corregidor de 1752 declaró que desconocía los motivos de esta diferenciación entre precedencia y sin ella, no había hallado papel alguno sobre eso y además en los propios títulos reales no se establecía ninguna categoría[84].

El coste de una regiduría continuaba siendo elevado, pero no tanto como en el siglo anterior. Las informaciones que nos han llegado proceden de tasaciones en expedientes de partición de bienes, y los precios fluctúan entre los 22.500 y los 29.700 reales. Pero se trata claramente de sobrevaloraciones, ya que a D. Pedro Tomás de Alcoba tan sólo le costó 6.000 mil reales el oficio que adquirió en 1756, un oficio que no se servía desde el siglo anterior y que le había costado a su primer propietario 22.000 reales en 1651, siendo adjudicado poco después a uno de los herederos por 30.000[85]. El mercado de regidurías se movía poco por falta de interés por los oficios; de haberlo habido, la ventaja hubiera estado en la gran oferta existente, pero la dificultad estribaba en que la mayoría estaban sujetos a vinculaciones y por tanto eran inalienables (el 73% de los que se traspasaron eran bienes de mayorazgo).

El problema más grave que tuvo el Ayuntamiento de Trujillo en este siglo fue, por tanto, la falta de regidores, un problema que tiene dos variantes: la menguada asistencia a los cabildos y la gran cantidad de oficios vacos. Teniendo en cuenta que el total de regidurías perpetuas, como ha quedado dicho, era de 33, la evolución del fenómeno se presenta en el siguiente cuadro, que contiene una muestra de diez años:

CUADRO I: REGIDURÍAS EN EJERCICIO Y ASISTENCIA A LOS CABILDOS[86]

AÑO REGIDORES EN ACTIVO SESIONES CONVOCADAS MEDIA DE ASISTENTES
1710 21 81 6’5
1720 17 73 5’1
1731 12 42 4’7
1740 15 59 6’6
1751 9 35 4’4
1763 12 28 6
1775 5 28 3’6
1788 8 27 3’7
1800 4 30 2’2
1807 6 29 3’5

En las tres columnas tenemos la evolución descendente de la actividad concejil: cada vez hay menos regidores con el título habilitado, por lo que cada vez asisten menos a los cabildos, y en consecuencia cada vez se convocan menos sesiones. Cierto es que la asistencia a los cabildos podría ser más elevada, pues en el primer año de la muestra todavía hay un número muy respetable de regidores en activo y sin embargo sólo van por término medio 6’5 de ellos a cada sesión plenaria, el 31%, pero este no es un problema de aquí ni de ahora. La nobleza, a la que, como decíamos, estaba adscrita la mayoría de los oficios, era absentista por naturaleza, no percibía la regiduría como un servicio público sino como un instrumento de prestigio y lucro, de ahí que la asistencia a las sesiones ordinarias sea raquítica y sin embargo el día de San Andrés, cuando se repartían las comisiones y las gallinas, o en la procesión del Corpus, no faltase casi nadie. Aparte de esto, se trata de individuos ocupados en la gestión de sus negocios, oficios (burocracia, milicia) y patrimonio, a menudo lejos de Trujillo[87]. Sin olvidar los problemas asociados a la edad, que presumimos elevada, como ha quedado expuesto antes. Si un regidor se jubilaba pero quería mantener la propiedad del oficio (y por tanto los honores subsiguientes en los actos públicos) había de obtener la llamada “cédula de preeminencia”, a la que la ciudad se oponía, si bien la superioridad concedía de forma invariable[88].

El problema de fondo era que los propietarios de los oficios no sacaban el título y por tanto no podían servirlo aunque fuera muy de cuando en cuando. ¿Por qué? La respuesta al interrogante tiene que ver con los vicios asociados al sistema de los oficios perpetuos, que habían recaído en un grupo reducido de familias, las cuales a su vez los habían sujetado a su patrimonio vinculándolos a mayorazgo. Cuando ellos no quisieron o no pudieron servirlos, nadie más pudo hacerlo en su lugar. Las fuentes coetáneas, comenzado por el fiscal del Consejo de Castilla, tenían claro que la patrimonialización de las regidurías había motivado la parálisis de los ayuntamientos[89]. La política matrimonial endogámica de la hidalguía local hizo el resto: cada vez había más oficios concentrados en pocos propietarios, y éstos perdieron el interés por ellos por causas diversas: por no residir en Trujillo, por los costes que conllevaba la expedición del título y la media anata y por la política fiscalizadora de la Corona (incompatibilidades, controles, burocratización de la labor capitular, etc.)[90]. En el cuadro II podemos ver una muestra de las relaciones de parentesco que se observan en el Ayuntamiento; como decimos, la costumbre de traspasar los oficios sin salir de estos circuitos tan restringidos fue un obstáculo a la renovación del consistorio:

CUADRO II: RELACIONES DE PARENTESCO EN EL AYUNTAMIENTO

1708 Francisco y Joseph de las Casas Orellana hermanos
1708 Francisco y Andrés de Herrera y Loaisa padre e hijo
1709 Antonio Vázquez y Joseph Sedeño de Tapia tío y sobrino
1710 Diego y   Miguel Quílez de Castro hermanos
1730 Joseph y Nicolás de Orozco hermanos
1730 Los anteriores y Diego Esteban de Camargo hermanastros
1730 Los anteriores y Matías de Orozco tío y sobrinos
1736 Antonio y Vicente de Eraso Tapia y Paredes padre e hijo
1736 Marqués de Sofraga y los anteriores tío/cuñado y sobrinos
1736 Juan Joseph y Fernando María de Orellana Pizarro padre e hijo
1736 Antonio de Eraso y Fernando Contreras hermanastros
1736 Fernando Contreras y Antonio de Torres primos hermanos
1736 Vicente de Eraso y el marqués de Sta. Marta primos
1736 Antonio de Torres y Vicente de Eraso tío y sobrino
1736 Juan de Orellana y Antonio de Torres primos hermanos
1752 Juan de Orellana y Pedro J. de Vargas cuñados
1752 Juan de Orellana Pizarro y Antonio de Torres primos
1770 Nicolás Francisco y Joseph Vicente de Orozco hermanos
1788 Nicolás Francisco y Jacinto María Orozco tío y sobrino

No obstante, aunque la Corona tuviera cada vez más vigilados a los regidores y éstos tuvieran menos posibilidades de lucrarse, tampoco conviene despreciar las ventajas que conllevaba la posesión de un oficio. Como hemos visto, las gallinas y los carneros no eran una propina despreciable (en ningún otro concejo extremeño, que se sepa, se cobraba tanto[91]), aparte el ejercicio de ciertas comisiones, y si bien las cuentas de propios quedaron muy controladas desde 1763 -y aún así ya hemos visto la desidia que presidía su gestión, según el informe del comisionado del intendente de 1792- la riqueza que representaba la inmensidad de tierras comunales estaba prácticamente expedita a sus intereses, que como ya se sabe son intereses mayormente ganaderos[92]. En ese informe, de hecho, se dice que en los repartos anuales los poderosos se reservaban las mejores parcelas y “a los pobres solo les resta sembrar entre peñascos”, lo que motivaba como efecto añadido el descenso en la recaudación de los diezmos, porque tampoco es que fueran labradores demasiado eficientes; además, construían o permitían los cercados, ampliaban las parcelas adjudicadas, se apropiaban de los abrevaderos, fuentes y caminos públicos, y además subarrendaban lo obtenido. El comisionado nos ofrece como conclusión la siguiente frase lapidaria: “me es doloroso a la verdad haber visto aumentos considerables en caudales particulares con detrimento y menoscabo de estos fondos, usurpando la sangre de los pobres”[93]. La solución que proponía era mandar más comisionados y dotar de más facultades a los intendentes, esto es, más centralización, la cual devoraba la autonomía que les quedaba a unos ayuntamientos ya suficientemente castigados por la inoperatividad y la corrupción.

El problema del absentismo y de los oficios vacos, repetimos, se padecía en toda la monarquía; la diferencia es que en Trujillo se manifestó temprano y de forma muy aguda. La Guerra de Sucesión dañó enormemente las economías familiares[94] y muchas casas nobiliarias comenzaron desde entonces a abandonarse. El dinero y la gloria de las Indias, fermento de la nobleza trujillana moderna[95], eran cosa del pasado. Los palacetes vacíos que viera Ponz sobre 1768 llevaban ya mucho tiempo así: “alrededor de este lugar fuerte [las murallas] están las casas de la mucha y distinguida nobleza que antiguamente vivía en Truxillo”[96]. Al comenzar los años treinta, la situación comenzaba a ser crítica, con dos tercios de los oficios vacos y una asistencia a los cabildos por debajo de cinco capitulares como media. Según el corregidor, había dos enfermos incurables (los marqueses de la Conquista y de Lorenzana, ambos enfrentados para más inri), otros dos muy mayores, otro enfermo circunstancial, otro que residía a tres leguas… Sólo los hermanos Orozco, su hermanastro Diego Esteban de Camargo, un tío carnal de todos ellos, Matías, viejo y sordo, y Juan Quiles Cervantes estaban más o menos en condiciones. Pocos en número y en nobleza (de los llamados “de precedencia” sólo quedaba D. Juan de Orellana, y también estaba enfermo) y además emparentados. La alta nobleza urbana estaba a un paso de su extinción como poder local[97].

El Consejo de Castilla intervino entonces, a petición del corregidor, ordenando por providencia interina que entrasen a servir como regidores diez caballeros de la ciudad, que luego se quedaron en ocho y arribaron al pleno a finales de 1736[98]. Sus apellidos son bien conocidos: Contreras, Calderón, Eraso, Orellana, Mendoza Híjar, Quiñones, Torres y De las Casas. El marqués de Sofraga y D. Antonio Eraso (Señor de Plasenzuela, Guijo y Abilillas) fueron también propuestos pero no nos consta que tomaran posesión; no obstante, al menos Eraso sí continúa apareciendo en los Acuerdos[99]. Se trata de hidalgos en cuyas familias había oficios de regidor en propiedad (varios, en algún caso) que no habían activado, y sin embargo no les importa convertirse ahora en lo que se conocerá como “regidores de providencia económica”, la tercera categoría, pues, de regidor, pero no necesariamente los terceros, pues en teoría entraban en igualdad de condiciones que los que ya servían y además eran más próximos sociológicamente a los de preeminencia, primera categoría, razón por la cual acabaron por preferir a los de la segunda (los perpetuos de origen plebeyo) en actos públicos como las procesiones[100]. La diferencia entre ser propietario y regidor de providencia estaba en que éstos se ahorraban los gastos de expedición y conservación del título[101]; otra cosa será que quienes sí lo habían hecho permitieran que estos nuevos regidores estuvieran en igualdad de condiciones a la hora de cobrar salarios y ser admitidos en comisiones lucrativas u honoríficas (“útiles y de esplendor”, usando sus palabras) como las derivadas del voto en Cortes.

Aunque la providencia del Consejo se entendía provisional, hasta que se lograra que los propietarios sacasen sus títulos, estos nuevos regidores continuaron de por vida ocupando los oficios, con lo que la ratio de asistencia mejoró (6’6 de media en 1740) y los regidores disponibles volvieron a superar la quincena. Pero a la altura de 1751 sólo quedaban tres de providencia y la renovación de los perpetuos seguía fallando, por lo que la convocatoria de plenos y la asistencia tornaron a registros harto exiguos: 35 y 4’4 respectivamente. Decía entonces el corregidor que “de día y de noche nos falta tiempo para los negocios públicos”[102]. Sin embargo, al año siguiente fueron cesados los regidores de providencia que quedaban a instancias del siempre crítico marqués de Lorenzana, y esta circunstancia parece que animó a éstos y también a otros propietarios a sacar reglamentariamente sus títulos, por lo que en los cinco años siguientes se presentaron ocho a tomar posesión; de ahí que en el año de muestra de 1763 se refleje una mejora de las cifras. Pero no fue sino el canto del cisne, el primero.

La solución universal adoptada por el gobierno central por auto acordado de 3 de junio de 1766, a la vista de la generalización del problema del abandono de los ayuntamientos, fue introducir diputados del común y síndicos personeros extraídos del pueblo. La medida supuso una mejora importante en la representatividad social del concejo y un mayor control y eficiencia de sus tareas cotidianas, sobre todo las de abastecimiento. Pero, al menos en Trujillo, distanció aún más a los regidores en activo, y sobre todo a los potenciales, del Ayuntamiento; esta nueva crisis ya venía manifestándose desde antes, pues en los nueve años anteriores al auto acordado sólo se había presentado un nuevo título de regidor, en 1765, pero es que ahora tardaremos veinte años en ver anotado el siguiente en los Acuerdos. Influyó en esta nueva retracción el hecho de que en 1768 se prohibiera por Real Cédula que los oficios fueran servidos por individuos distintos a los propietarios, a fin de evitar los arriendos. En 1769 son los propios representantes del común los que piden solicitar al rey que providencie alguna solución al problema de haber tan sólo cinco oficios en ejercicio y ser menos aún los que asisten a las sesiones, propuesta que apoyan los incombustibles hermanos Orozco, D. Joseph y D. Nicolás, capitulares del banco de los ciudadanos, quienes apuntillan que ellos eran los únicos que asistían con regularidad; tenían más de sesenta años, estaban achacosos y llevaban cuarenta y treinta y dos años de ejercicio respectivamente [103]. El problema estaba ahora en que los regidores perpetuos, sobre todo los nobles, ni querían codearse con la plebe en lo que había sido hasta ahora su espacio distintivo, ni mucho menos querían sentirse fiscalizados por los nuevos componentes del cabildo, con los que entraron en guerra nada más pusieron éstos los pies en el Ayuntamiento.

Pero el caso es que tampoco tenían efectivos para ganar esa guerra. En 1775 seguían esos cinco regidores en activo, eso sí, bastante cumplidores, pues la asistencia media estaba en 3’6 por sesión. Notamos cierta recuperación entre 1785 y 1789, con la presentación de cinco títulos, posiblemente animados por las posibilidades que ofrecía la nueva legislación agraria en el aprovechamiento de los términos municipales. Fue el segundo canto del cisne, pues de aquí hasta 1808 sólo hemos visto un título de regidor. Como podemos apreciar en el Cuadro II antes insertado, en 1800 se había tocado fondo: cuatro regidores en activo (uno con cédula de preeminencias y dos sirviendo como militares), de los que sólo asistía la mitad. Sabe el intendente que ha habido veces que no se pudo reunir el Ayuntamiento por no haber ni un solo capitular en la ciudad. No quedó más remedio que recurrir a lo que ya en otras partes se estaba experimentando, y que no era sino volver a los orígenes medievales del concejo: la introducción de regidurías anuales[104]. Pero la discusión de este proyecto llevó al Ayuntamiento trujillano a una crisis sin precedentes.

La medida fue propuesta por el regidor perpetuo y noble D. Joaquín Paz de Loaisa en este mismo año de 1800, al indicar que la falta de capitulares impedía que el Ayuntamiento atendiese al real servicio y a sus obligaciones con los vecinos, “porque uno no puede hacer como dos”, y que si no se obligaba a los propietarios a activar sus títulos habría que elegir o nombrar regidores añales; y el corregidor añadió que esto mismo lo había representado al Consejo de Castilla dos años atrás a fin de que autorizase el nombramiento todos los años de “doce personas honradas y de buenas prendas”[105]. El Consejo libra providencia el 10 de febrero de 1803 para que se elijan cuatro vecinos para servir como regidores anuales siguiendo el procedimiento establecido para los diputados del común y personero. No obstante, ni el corregidor ni los regidores perpetuos quisieron aplicarla, incluso prefirió el primero suspender la actividad concejil, de forma que entre 1803 y 1804 nos encontramos ante un hecho insólito: no se celebró ningún cabildo, fue como si el Ayuntamiento se hubiera evaporado[106]. Las consecuencias no tardaron en advertirse. Así, durante este intervalo el sexmero aprovechó para entrar en el archivo y obtener documentación para ganarle un pleito a la ciudad, al tiempo que el corregidor abandonaba la administración de justicia, los abastos, la policía y tenía “apurada la paciencia del vecindario”, incluso le acusaron de provocar incendios en las dehesas para facilitar las carreras de galgos; el fondo del pósito desapareció y los labradores y ganaderos tuvieron que crear una junta de beneficencia para la asistencia y socorro del vecindario[107].

Siete vecinos, como ya habíamos adelantado, elevaron sus quejas a la Audiencia de Extremadura y ésta determinó en 1805 la suspensión del corregidor y el embargo de los títulos de los regidores[108], y a continuación procedió a nombrar a los primeros cuatro de carácter anual, que serán ocho a partir de 1806. El corregidor amparaba su inacción aduciendo que nadie quería servir los oficios, pero los siete vecinos rebatían que no se trataba de “convidarles” sino de obligarles, pidiéndole al alto tribunal cacereño que nombrase ella a los cuatro elementos antes de que el corregidor eligiera a los menos convenientes. Lo significativo es que los siete vecinos quejosos no querían que el procedimiento electoral fuera igual que el usado para los diputados y personero, al entender que el electorado de las parroquias se componía de gentes humildes y pobres “sin inteligencia ni conocimiento”, a resultas de lo cual habían salido elegidos últimamente oficiales un tanto modestos (se referían a un zapatero y a un chocolatero)[109]. Eligió finalmente el regente de la Audiencia a Corral Atalaya, Chaves Vargas, Tamayo Vélez y Lospitao. Sus apellidos son casi todos inéditos. Los dos primeros eran del grupo de los siete vecinos; el segundo, de nombre Juan Capistrano, será nombrado en 1810 diputado de Extremadura para las Cortes, aunque murió cuando se encaminaba a Cádiz[110]. De los dieciséis que sirvieron entre 1806 y 1807, sólo podría adscribirse a la vieja oligarquía un tal Rodrigo Paredes.

La entrada de los añales reanimó por completo el Ayuntamiento, volvieron los plenos semanales, el orden del día repleto de puntos que tratar, se renovaron las ordenanzas municipales sobre el uso de los términos comunes y hasta se llevaron a cabo por fin algunas adjudicaciones de terrenos incultos según la normativa de 1793[111]; incluso se recuperó la tradición de la asistencia de los ediles a las fiestas religiosas. Los pocos perpetuos que había antes de su suspensión recobraron sus títulos y por supuesto exigieron la precedencia sobre los añales[112]. La entrada de caras nuevas en el viejo salón de plenos, sin embargo, tuvo lugar gracias a un procedimiento –su elección por el regente de la Audiencia- nada democrático. El siguiente episodio fue, como era lógico, una disputa entre la ciudad y el regente arrogándose ambos el derecho a nombrar a estos regidores, alegando la primera querer el segundo apropiarse de un derecho de la ciudad (bien reciente, desde luego), por lo que finalmente se ordenó volver a la idea original: había que elegirlos al modo de los diputados y personeros. El rechazo a lo popular se advierte de nuevo en las expresiones del clan de los siete: “atendida la costumbre de apandillarse el pueblo bajo para semejantes nombramientos…”, resulta que salieron electos cuatro menestrales, lo que consideraban “poco decoro de tan alto ministerio”[113]. Otro episodio más en 1818 con sabor medieval: el marqués de la Conquista y otros tres regidores perpetuos piden -y logran- que en las elecciones de anuales se practique la mitad de oficios. Se argumenta que antes todos los regidores de Trujillo eran nobles y ahora no queda casi ninguno, y que el sistema actual se parece mucho a eso que el rey absoluto quiere desterrar a toda costa:

“Este tránsito que puede decirse ha sucedido en Trujillo de una forma aristocrática a la democrática, tiene su raíz en estos últimos tiempos en que las novedades de esta especie han prevalecido. Mas aunque desapareciesen todos los oficios perpetuos, no por eso dejan de existir muchas familias del estado noble quienes, conforme al orden generalmente observado y más particularmente al lugar que la nobleza ha ocupado en Trujillo, no parece justo se hallen repentinamente confundidos y en igualdad de circunstancias con el estado llano y general”

Esta nueva defensa de la historia local tradicional chocaba, no solo con la paradoja de que Trujillo, como el resto de España, ya había tenido una primera experiencia de gobierno constitucional (1812-1814), sino con una evidencia demográfica de la que da cuenta el secretario municipal en 1820: había 1.029 vecinos de los que nobles sólo eran 34 (de los cuales 18 se apellidaban Alvarado, estando el resto también emparentados), individuos, añade ahora el Ayuntamiento en acuerdo mayoritario, “a quienes da mérito su nacimiento y no sus cualidades”. Si se siguiera una regla proporcional, aducen, la nobleza sólo tendría derecho a uno de los ocho regidores cada cinco años y cuatro meses. Todavía en 1830, con menos nobles aún entre el vecindario, pretendían éstos preservar su derecho a la mitad de oficios, sin reparar en que, por entonces, para acceder a un cargo público había que estar purificado y demostrar la posesión de caudales suficientes para afrontar posibles responsabilidades. Les daba igual; la nobleza, aún escuálida, nunca renunciará a sus privilegios hasta que se suprima definitivamente la figura del regidor perpetuo por decreto de 23 de julio de 1835. Pero tampoco pensemos que los concejales anuales que rechazaban en 1820 -todavía no se había restablecido la Constitución- y de nuevo en 1830 la petición de los nobles eran muy amigos del gobierno del pueblo: “que si la nobleza procura evitar la democracia, es por establecer la aristocracia. Los dos son males y no se sabe cuál es el peor”[114]. Estamos, en definitiva, ante una oligarquía de nuevo cuño contraria a los privilegios estamentales que intenta sustituir a la de viejo cuño; pero oligarquía a fin de cuentas por actitud y mentalidad, y en eso precisamente consistió en España la transición al Liberalismo.

 

  1. LOS REPRESENTANTES DEL COMÚN

Aunque en principio todos los oficios municipales representaban a la ciudad y velaban por los intereses del común de vecinos, existen algunos de ellos concebidos específicamente para llevar al Ayuntamiento la voz del pueblo. Ni en Trujillo ni en general en el resto de Extremadura se instituyó nunca, como sí ocurrió en ciertas ciudades de la Corona, el cabildo de jurados, un cuerpo paralelo al de los regidores para cuyo ingreso había menos exigencias de índole social. Sí existía la figura del síndico o procurador del común, concebida en origen para promover los intereses del pueblo, defender sus derechos y quejarse de los agravios que padecía, pero ya muy desnaturalizada por las ansias acaparadoras de los regidores, al igual que ocurría en otros concejos similares de la provincia[115]. De hecho, en Trujillo era un cargo sin ejercicio hasta que la ciudad fue conminada en 1696 por Real Provisión a que lo proveyese[116]. Solía hacerse el día de San Andrés junto a los demás oficios y comisiones, y normalmente recaía en sujetos de escaso relieve o en otros próximos a los capitulares a fin de que no molestasen en exceso; así, el síndico elegido en 1752 decía que antes de tomar posesión “quería dar cuenta a los Excelentísimos Señores conde de Miranda y marqués de San Juan, a quienes estaba sirviendo, para que les constase o le ordenasen lo que fuese de su agrado”[117]. Su presencia en los plenos, a los que tenía que pedir permiso para acceder, fue meramente testimonial y sus intervenciones poco relevantes[118]. No casualmente este oficio recupera el interés de los regidores a partir de 1766, año de implantación de los diputados del común y personeros, en un intento de contrarrestar la labor de éstos utilizando un cargo que aquellos podían controlar; fue contradicho por los nuevos representantes, hubo pleito y deja de nombrarse desde 1771, si bien se rescató en ocasiones puntuales, como en 1784, ante la falta temporal de personero[119].

La práctica del concejo abierto había caído también en el olvido hasta que en el reinado de Carlos III se hicieron obligatorios para decidir si una ciudad quería encabezarse de las rentas provinciales; al de 1764, por ejemplo, acudió un centenar de vecinos y representantes de los arrabales de la ciudad (Aldeanueva de Centenera, Aldea del Obispo, Huertas de Ánimas y la Magdalena)[120]; la asistencia fue menguando y ya dejaron de convocarse sobre 1777 al decidirse por Hacienda que las rentas entrasen en administración. Que los trujillanos no habían olvidado esta tradición y estaban deseosos de recuperarla en cuanto fuera posible, lo demuestra el sorprendente número de miembros de la Junta local constituida al comenzar la Guerra de la Independencia: 171 individuos[121].

Con lo cual, la representación popular se redujo a los oficios aprobados por el Auto Acordado de 1766: los diputados del común, dos, y el síndico personero. Los Acuerdos nos informan de la elección entre aquella fecha y 1808 de cincuenta y dos diputados y cuarenta y un personeros. Son muy pocos los datos personales que se apuntan como para hacernos una idea del perfil sociológico de estos representantes; tan solo sabemos que dieciséis de ellos están relacionados con la abogacía y la burocracia y ocho con los oficios mecánicos y el comercio; no pocos conocían la dinámica concejil pues aparecen en la relación de proveedores de la ciudad, e incluso algunos fueron prestamistas suyos (Jerónimo Alia, Jerónimo Cantero, Pedro Lanot, Juan Zabala). Pero de la mayoría no sabemos gran cosa; la ausencia de títulos y oficios explícitamente reseñados puede ser considerada un indicio del origen popular de estos oficiales, que es por otra parte lo que se pretendía con el Auto Acordado.

En páginas anteriores hemos referido a varias actuaciones suyas que nos han ayudado a entender la importancia que tuvieron estos nuevos oficios en la revitalización de la vida municipal y en la apuesta por una gestión más honesta y transparente. Una de las limitaciones más importantes para el desempeño de sus funciones era la escasa duración del cargo (los diputados eran elegidos por un año hasta 1770 y para dos desde entonces; los personeros siempre fueron anuales), insuficiente para acometer un programa mínimamente ambicioso, razón por la cual algunos solicitaron una prórroga hasta ver fenecidos los asuntos pendientes, y no pocos repitieron en el empleo, en concreto el 28% de los electos ya lo había sido antes. Una segunda limitación era la escasa colaboración, cuando no enfrentamiento radical, que obtuvieron del regimiento. La desconfianza que profesó el Ayuntamiento hacia estos empleos se manifestó desde el principio, 1766, cuando el corregidor se citó con 125 vecinos y salieron elegidos como primeros diputados del común el marqués de Santa Marta y el marqués de Sofraga (ambos emparentados con varios regidores, lo que era contrario a las instrucciones), que por supuesto no acudieron a ninguna sesión plenaria. Aunque se trató de justificar elección tan elitista aludiendo a la fuerza de la costumbre (“el pueblo tampoco está entendido de que estos empleos pueden recaer promiscuamente en nobles y plebeyos”), la manipulación de la voluntad popular había sido tan evidente que las elecciones tuvieron que repetirse a finales de año, aunque no se inserta en las actas el resultado de las mismas, ni tampoco las del año siguiente[122]. A partir de 1768 conocemos sus identidades porque se les da posesión en el primer cabildo del año, y desde entonces también se recogen sus intervenciones. La más destacada en este primer año de visibilidad fue la pretensión del diputado D. Pedro Sanguino de viajar a Madrid a procurar una reivindicación histórica de la ciudad: la construcción de cuarteles para las tropas en tránsito, solicitando el apoyo del regimiento para actuar “unidamente y a voz de ciudad”, así como una ayuda de costa. Las dos cosas se le negaron a pesar de reconocerse la importancia del asunto, pero estaba claro que el Ayuntamiento no admitía ser representado por oficios plebeyos y advenedizos[123]. Un detalle más sobre ello: los electos sin tratamiento de “don” (según las actas de las elecciones), sí aparecen con él en las actas plenarias, de lo que se infiere que el regimiento reconocía la dignidad inherente al cargo, o más bien intentaba evitar que se resintiese su propia dignidad dando entrada a gente humilde sin oropeles de ningún tipo. En todo caso, la adquisición de esta “gracia” pudo estimular a muchos vecinos deseosos de ascender en el escalafón social a presentarse como candidatos.

Los diputados y personeros no se amilanaron ante los regidores. La ausencia y apatía de éstos les llevará en breve a ser los concejales más activos. Desde luego, fueron bastante más cumplidores que aquellos, pues en los muestreos realizados resulta que los diputados asistieron de media al 90% de las sesiones y los personeros al 75%. Además, sus intervenciones no se limitaron al tema de los abastos, su especialidad, sino que también opinaron sobre montes, rentas y cualquier otro asunto de interés municipal, hasta darse la paradoja de haber sido ellos quienes más se quejaron de la falta de regidores (como ya hemos visto que hicieron en 1769), en teoría sus enemigos, llevándoles su celo incluso a fiscalizar la labor de los agentes reales: en 1770 solicitaba el diputado Constantino de Quirós al alcalde mayor testimonio -se le negó- del número de ayuntamientos convocados y de las cuentas del encabezamiento, afeándole las continuas e injustificadas ausencias que hacía de la ciudad[124]. Otro caso próximo a éste: en 1772 los regidores protestaban por haber apresado el corregidor al personero en la sala capitular, privilegio exclusivo de aquellos, y pedían que lo llevase a la cárcel; le acusaban de fraudes y deudas, pero aún más les dolía que acudiera a los plenos sin ropa adecuada (llevaba gorro y no peluquín) y se empeñara en ocupar un asiento que también era exclusivo de la justicia, declarando cuando le pidieron que se levantase “que la ciudad o sus caballeros comisarios no hacían falta alguna”. En realidad, el problema era que el personero había pedido ver las cuentas del municipio desde 1763 (tuvo que recurrir para ello al intendente) y en lugar de los 47.000 reales de sobrantes de propios que esperaba ver se encontró con un alcance de 240.000; finalmente denunció una confabulación entre el corregidor, cuatro ediles y el mayordomo: “se han tragado todas las cantidades del sobrante de propios y son capaces de tragarse a los vecinos”[125]. La lista de casos de corrupción de los regidores y de los poderosos locales, siempre cómplices, que exhibía un personero posterior, Francisco de Soria, era bastante completa: invadir los lugares del sexmo, deber trigo y dinero al municipio, apropiarse de espacios públicos, cometer irregularidades en las cuentas del fisco… Cuando le afeó al marqués de la Conquista, alférez mayor, que se apropiara de un cercado en el arrabal de Belén, en perjuicio de un vecino que tenía preferencia, aquel respondió “que no correspondía a sus cualidades ni debía igualarse con los sujetos de la mayor categoría” [126].

Lo más significativo del caso anterior quizá sea la afirmación del personero de que algunos antecesores suyos habían sufrido represalias por hacer frente a los poderosos, aduciendo casos concretos, lo cual eleva a la categoría de proeza la labor que desempeñaron estos modestos oficiales frente al poderío decadente de los muy antiguos e impenetrables regidores perpetuos de Trujillo[127]. Además, ellos fueron la cantera de los futuros dirigentes urbanos, pues buena parte de los regidores anuales establecidos desde 1805 y de los concejales del primer ayuntamiento constitucional de 1812[128] habían ejercido con anterioridad la diputación o la sindicatura.

 

  1. PROYECCIÓN POLÍTICA.

“La muy noble y muy leal ciudad de Truxillo, en Extremadura, una de las de voto en Cortes…”

Este era el encabezamiento que solía utilizar la ciudad en sus documentos más solemnes. Trujillo era una de las capitales extremeñas capacitadas para extender su influencia al ámbito nacional gracias a la posesión del privilegio del voto en Cortes desde 1655, siendo, como ha quedado dicho, la primera que nombró procuradores y detentó la administración provincial de rentas, que perderá en beneficio de Badajoz a finales del XVII[129]. El voto extremeño era colegiado entre seis ciudades y villas y se ejercía por turnos de dos; desde 1698 el turno se renovaba cada seis años, que era lo que duraba la prorrogación de los servicios de millones que concedían las ciudades de voto en Cortes en ausencia de éstas, que no volvieron a reunirse para cosas importantes desde 1664. Sí lo hicieron seis veces en el XVIII para jurar y tomar el juramento de reyes y príncipes, y a veces también para ser consultadas sobre ciertas materias; pues bien, Trujillo y su compañera de turno, Mérida, asistieron a tres de esas convocatorias: las de 1709, 1724 y 1760.

En la primera, cuya misión era el juramento del príncipe Luis, la ciudad estuvo representada por su regidor D. Fernando de Orellana Pizarro, señor de La Cumbre, tras haberse efectuado nombramientos y sorteos previos de hasta cuatro individuos que excusaron su participación. Para pagar los gastos del procurador en tiempos tan calamitosos hubo de recurrirse al crédito de varios particulares y reunir doscientos doblones de a dos escudos de oro (doce mil reales de vellón), amén de comprometer varios rendimientos del fondo de propios. Eso sí, la ciudad tenía en su representante un embajador de lujo para gestionar otros asuntos ante los Consejos centrales de la monarquía; a Orellana le cometieron lograr facultades para imponer arbitrios con los que erigir el ya mencionado cuartel militar. A su retorno a Trujillo refirió como uno de sus méritos el haber logrado preferir en los actos al diputado de Mérida[130].

Las Cortes de 1724 fueron convocadas para jurar al príncipe Fernando y tratar otros asuntos si se propusiesen. Fue elegido procurador por Trujillo, con no pocas irregularidades de por medio, uno de sus más carismáticos regidores, nuestro ya conocido D. Antonio de Eraso Tapia y Paredes, Señor de Plasenzuela, Guijos y Abilillas y patrono de la cofradía de San Lázaro y San Blas de los Caballeros de la ciudad. También en este caso se aprovechó su estancia en la Corte para cometerle asuntos de gravedad: había de pedirle al rey que suspendiera la aplicación en Trujillo de la pragmática recientemente aprobada sobre fomento de la cría de yeguas por tener comprometidas las dehesas que se requerían para ello. Presentó además un memorial al rey solicitándole facultad para vender la dehesa de las Yeguas con sus tres molinos y la albuhera a fin de salir la ciudad de los atrasos en los que se hallaba desde la última guerra, y poco después se le encomienda que solicite un arbitrio del que obtener sus propios honorarios como procurador (doce mil reales)[131]. Los procuradores reunidos en Madrid fueron despedidos en enero de 1725 cuando tan sólo habían efectuado el juramento y no se habían abierto las Cortes propiamente dichas; la correspondencia entre Trujillo y Mérida (ambas ciudades se hallaban por entonces ideando una iniciativa de carácter provincial contra la Mesta) deja entrever que el motivo residió en la imprudente actitud de algunos representantes, que hizo que la Corona decidiera no asumir riesgos[132].

De nuevo estaban Trujillo y Mérida en turno cuando se convocaron las Cortes de 1760 para jurar al futuro Carlos IV y tratar otros asuntos como el patronato de la Inmaculada Concepción. Duraron sólo unos días y su contenido político fue nulo. Ejerció de procurador en esta ocasión D. Joseph de las Casas Herrera y Loaisa, hijo del marqués de Santa Marta, quien pidió al rey como merced por su asistencia a los actos el título de gentilhombre de cámara sin ejercicio. No tenemos constancia de que se le concediera. Los gastos fueron más o menos los mismos que en las anteriores convocatorias: 12.600 reales, pero tuvo que justificarlos con detalle[133]. Se había iniciado como regidor un año antes de ir a las Cortes y ya sobre 1765 desaparece del Ayuntamiento, donde su labor había sido más que discreta. También hubo de serlo en Madrid, pues en este caso fue el emeritense quien mostró en su ciudad la satisfacción de haber preferido a su compañero de Trujillo en todos los actos[134].

Aún tuvo Trujillo una oportunidad añadida de participar en unas Cortes tradicionales, y fue con motivo del juramento de la reina Isabel II en 1833, punto de partida, además, de la primera Guerra Carlista. En esta ocasión fueron elegidos dos representantes de distinto origen, fruto de los cambios operados en el consistorio local en los estertores del Antiguo Régimen: D. Lesmes Bravo, regidor perpetuo, y D. Antonio Espina, regidor anual[135]. Peor suerte tuvo la ciudad a la hora de entrar en la Diputación, la institución que funcionaba en el hueco de Cortes y cuyas cuatro plazas para representantes castellanos se sorteaban cada seis años; el único que tuvo Trujillo fue el médico y regidor D. Manuel Malo de Molina, quien ejerció, primero como diputado y después como secretario de la Diputación de los Reinos, entre 1818-1820 y 1827-1834. Se trata de un personaje que vivió todas las vicisitudes habidas en Trujillo y en España desde 1808 hasta bien entrados los años cuarenta, y que sin duda merece una atención más detallada.

Además de elegir procuradores y diputados, las ciudades con voto en Cortes también ejercían otras funciones en nombre de su distrito, que en el caso de Trujillo –siempre en su turno- era la provincia de Extremadura; se trataba de funciones propias de la asamblea hasta 1664, y nunca después desempeñadas. La principal era sin duda la prorrogación cada seis años (más o menos) de los servicios de millones, el más cuantioso tributo recaudado en Castilla (perduró hasta 1845). A Trujillo le tocó consentir en la prórroga, según ha quedado anotado en sus Acuerdos, en 1710, 1722, 1739, 1760, 1775, 1793 y 1817. Nunca puso el menor inconveniente, es más, con motivo de la última, y puesto que los millones y todo lo que oliese a Cortes tradicionales, en contraposición a las Cortes constitucionales, era mirado con simpatía en los ayuntamientos de la restauración absolutista, la ciudad los aprobó con notorio alborozo: “puestos de pie y unánimes … rebosando de júbilo los corazones de cada uno, con las expresiones más afectuosas y tiernas al servicio y amor hacia nuestro amado soberano … y la necesidad urgente mayor que en otras épocas de mantener con esplendor la dignidad real, sus derechos y expugnación de los enemigos exteriores…”[136]. Más irregulares y algo confusas en el cumplimiento de los turnos provinciales fueron las prórrogas del impuesto sobre el crecimiento de la sal, establecido en 1695, y que también precisaban del acuerdo favorable de las ciudades de voto en Cortes, correspondiendo a Trujillo las de 1695, 1698, 1700, 1704 (en dos ocasiones), 1706, 1710, 1717, 1721, 1724 y 1749. Tan sólo hubo vacilaciones a la hora de conceder la segunda de 1704, no estando muy claro que lo hiciese, y en 1717 acompañó a su acuerdo favorable una queja sobre su “miserable estado a que la han conducido sus repetidos empeños para ocurrir a su real servicio en las urgencias de la pasada guerra”[137].

Tener voto en Cortes implicaba también disfrutar en exclusiva de otros privilegios que en la época estaban cargados de solemnidad y simbolismo, proyectando el prestigio de la ciudad hacia el exterior y patentizando su relación aventajada con la Corona, tales como tremolar el pendón con la proclamación de los reyes, organizar funerales a su muerte o hacer rogativas por el feliz alumbramiento de las reinas preñadas y celebrarlo a continuación[138]. Igualmente era competencia del Reino el consentimiento para naturalizar extranjeros y fundar establecimientos eclesiásticos, pues para ello era necesario dispensar las condiciones de millones que lo prohibían, algo que sólo podían hacer las Cortes o, en su ausencia, las ciudades con voto. Trujillo fue requerida entre 1669 y 1818, que nos conste, a conceder veintinueve naturalizaciones y catorce autorizaciones para abrir conventos o colegios religiosos, sin que en ningún caso pusiera tampoco en esto ningún inconveniente. En la autorización dada en 1816 para erigir un colegio de padres escolapios en Sabadell y en Calella, la ciudad volvió a exhibir su espíritu ilustrado (“cuyo ejemplo ojalá imitaren otras pobla­cio­nes de la monarquía para desterrar de nuestro suelo la estúpida ignorancia y otros vicios opuestos a los progresos…”) y quizá volvió a recordar cómo en su día le negaron un instrumento para tal progreso como era la universidad.

Finalmente, y sobre todo, el voto en Cortes también se manifestó en la creación de una diputación virtual extremeña formada por sus capitales, y que fueron capaces de poner en funcionamiento, aunque con ritmos variables, un sistema de comunicación interna que les permitió compartir información y afrontar proyectos de cooperación. Esta problemática tiene el interés y las complejidades suficientes como para merecer una monografía, por lo que sólo podemos establecer aquí su enunciado[139]. Trujillo fue, precisamente, la ciudad que, según nuestros datos, y al menos en la primera mitad del siglo, mayor preocupación mostró en mantener los contactos con las otras capitales y que mayor número de iniciativas propuso para su defensa en mancomún ante los poderes centrales. Su propio declive concejil le impedirá sostener el liderazgo provincial en la segunda mitad, pero a pesar de ello nunca faltó a las citas fundamentales. Como productos más destacados de esta concurrencia de ciudades tenemos el pleito que toda la provincia le puso a la Mesta en 1764, dirigido por D. Vicente Paíno y Hurtado, y la consecución en 1790 de la institución civil más importante creada en Extremadura durante el Antiguo Régimen, y que subsiste en la actualidad: la Real Audiencia. Fueron, sin embargo y por desgracia, productos tardíos:

“Si esto se hubiera hecho doscientos años hace y los habitadores entonces de esta provincia hubieran advertido que la Mesta lo hacía contra ellos, no hubiera logrado tantas ventajas, que las más han sido por carecer de defensas y tratar un formidable y unido cuerpo con particulares que no han querido abandonar sus caudales por todos”[140]

 

[1] Archivo Histórico Nacional, Consejos (AHN, Cons.), lg. 905, s/f.

[2] “Señora, los trujillanos son los depositarios de las llaves de Extremadura desde que Julio César fundó la villa con el nombre de Torre Julia 48 años antes de nuestra redención. Así, ellos cerraron las puertas a los infantes de Aragón D. Pedro y D. Enrique, que pretendieron tomarla en deservicio de su legítimo rey D. Juan I, y ellos las abrieron a la reina Dª Isabel la Católica reconociéndola por su señora a pesar de las turbulencias que agitaban la España en el año de 1466”: carta de felicitación remitida por el Ayuntamiento a Isabel II: Archivo Municipal de Trujillo (AMT), libro de Acuerdos de 1833, f. 73.

[3] Ibídem, Acuerdos, sesión del 29-XII-1735.

[4] Datos procedentes de las series de BLANCO CARRASCO, J.P. Demografía, familia y sociedad en la Extremadura moderna, 1500-1860, Cáceres, 1999, pp. 438, 448 y 458. El dato de 1752, en AHN, Cons., lg. 210, s/f.

[5] Como se sabe, el crecimiento demográfico experimentado por Extremadura en esta centuria fue básicamente de índole rural: MELÓN JIMÉNEZ, M.Á. Extremadura en el Antiguo Régimen. Economía y sociedad en tierras de Cáceres, 1700-1814, Mérida, 1989, pp. 39-42.

[6] AMT, Acuerdos, sesión del 25-VI-1798.

[7] MELÓN JIMÉNEZ, M.A. “La industria en Extremadura a mediados del siglo XVIII. Una aproximación a su estructura a través de los Estados Generales del Catastro de Ensenada”; LLOPIS AGELÁN, E. “La formación del ‘desierto manufacturero’ extremeño: el declive de la pañería tradicional al final del Antiguo Régimen”, ambos estudios en ZAPATA BLANCO, S. (Ed.) La industria de una región no industrializada: Extremadura, 1750-1990, Cáceres, 1996, pp. 69-91 y 93-113 respectivamente. Vid. también BLANCO CARRASCO, J.P. Demografía, familia…, p. 326, y TOVAR PULIDO, R. “Mercado laboral en un núcleo urbano de la España de finales del Antiguo Régimen: la ciudad de Trujillo”, Chronica Nova, 42, 2016, pp. 367-397.

[8] PIZARRO GÓMEZ, F.J. Arquitectura y urbanismo en Trujillo (Siglos XVIII y XIX), Cáceres, 1987, pp. 28-31 y 80-96; RAMOS RUBIO, J.A. y MÉNDEZ HERNÁN, V. El patrimonio eclesiástico de la ciudad de Trujillo, Jaraíz de la Vera, 2007, p. 26.

[9] Cit. En PIZARRO GÓMEZ, F.J. Arquitectura y urbanismo…, pp. 31-34, y en RAMOS RUBIO, J.A. “Referencias a la ciudad de Trujillo en viajeros y cronistas en el siglo de las Luces”, en ORTIZ MACÍAS, M. y PEÑAFIEL GONZÁLEZ, J.A. (Coords.) Actas de las Jornadas Juan Pablo Forner y la Ilustración, Mérida, 2007, pp. 295-319.

[10] AMT, Acuerdos, sesión del 10-I-1791.

[11] Llevaban años el corregidor y los regidores derivándose entre sí el nombramiento de alcaide porque nadie quería asumir las responsabilidades por las fugas de presos. La propiedad de la alcaidía había recaído, por obra y gracia de las enajenaciones de oficios públicos, en el convento de religiosas del Sacramento de Madrid. La ciudad hubo de obligar a los vecinos a que se hiciesen cargo de la alcaidía en grupos de cinco, que se turnarían cada ocho días: Ibídem, 7-VI-1718.

[12] AMT, Acuerdos, sesión del 25-VI-1798.

[13] AHN, Cons., lg. 1.027: “El sexmero y diputados de los pueblos del partido de Trujillo, que se les conceda facultad para sacar de los propios 15.000 reales para costear recursos contra la ciudad sobre pastos de tierras de labor”.

[14] DEMERSON, P. “Las Sociedades Económicas de Extremadura en el siglo XVIII”, Revista de Estudios Extremeños, XXVIII, 1972 (pp. 579-596), p. 585; SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á., TESTÓN NÚÑEZ, I., SÁNCHEZ RUBIO, R. y ORELLANA-PIZARRO, J.L. (DE) Trujillo y la Guerra de la Independencia. Un triste monumento de una ciudad desgastada, Badajoz, colec. Ciudades en Guerra (1808-1812), 2008, p. 43.

[15] AHN, Cons., lg. 905, exp. 5. También sobre este y otros proyectos universitarios, vid. ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza extremeña en el siglo XVIII, Mérida, 1990, p. 616; PÉREZ GONZÁLEZ, F.T. “Enseñanza e Ilustración en Extremadura”, Alcántara, época III, nº 29, 1993 (pp. 7-35), pp. 14-15; RODRÍGUEZ GRAJERA, A. “La Ilustración en Extremadura”, en ORTIZ MACÍAS, M. y PEÑAFIEL GONZÁLEZ, J.A. (Coords.) Actas de las Jornadas Juan Pablo Forner…, (pp. 67-92), pp. 78-80.

[16] Según noticia que debemos (y agradecemos) a José Antonio Ramos, el traslado del Ayuntamiento al edificio actual, que era la alhóndiga, se produjo en 1888.

[17] SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á. El concejo de Trujillo y su alfoz en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, Badajoz, 1993, p. 142.

[18] AMT, Acuerdos, sesión del 28-VII-1711.

[19] SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á. El concejo de Trujillo…, p. 126.

[20] Todas las informaciones sobre las comisiones y sorteos anuales, así como las de las gallinas, se han obtenido de los libros de Acuerdos. La noticia de la facultad de 1487 se inserta en las elecciones de San Andrés de 1718. El arreglo de salarios de 1764, en la sesión del 17-IX. También sobre los oficios, comisiones y salarios en Trujillo, vid. ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza extremeña…, pp. 540-543.

[21] Según alegato de la propia ciudad: AMT, Acuerdos, sesión del 20-VIII-1703. El corregidor se sorprendía de ello teniendo en cuenta que los propios rentaban 44.000 reales y los gastos apenas subían de los 30.000: ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, p. 552.

[22] AMT, Acuerdos, sesión del 5-I-1706. El hecho llamó la atención del Consejo de Castilla, que convocó al corregidor para recibir explicaciones.

[23] Ibídem, 3-VIII-1712: “por parte del sr. intendente de esta provincia se despachan tropas a la cobranza de lo que esta debiendo de su encabezamiento de alcabalas y cientos, servicio ordinario y extraordinario y otros débitos y valimientos…”

[24] Ibíd., 1-IX, 17-XI-1712 y 22-II-1718.

[25] Ib., 21-II-1721.

[26] Ib., 9-XI-1716.

[27] Ib., 17-VI-1763.

[28] Ib., 15-XII-1793. La pérdida de interés por el oficio de guarda mayor se explica por que su nombramiento ya no dependía de la ciudad ni del corregidor.

[29] Ambas prácticas volvieron a producirse con motivo del donativo de 1798, que se pagó vendiendo una lámpara de plata: RODRÍGUEZ CANCHO, M.; MELÓN JIMÉNEZ, M.Á.; RODRÍGUEZ GRAJERA, A. y BLANCO CARRASCO, J.P. “Política bélica y desobediencia fiscal. El donativo de 1798 en Extremadura”, en GUIMERÁ, A. y PERALTA, V. (Coords.) El equilibrio de los imperios: de Utrech a Trafalgar, Madrid, 2005 (pp. 295-316), p. 305.

[30] ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, pp. 553-554. En opinión de este autor, “si los nobles no se preocupaban gran cosa de ahorrar, como gestores del dinero público se mostraban aún más atolondrados”.

[31] AHN, Cons., lg. 1.465, s/f.

[32] En 1778 se suscitó un conflicto de competencias entre el alcalde mayor y el administrador de rentas cuando el primero prendió a un fiel cobrador: Ibídem, lg. 1.265, s/f.

[33] Ibíd., lg. 20.284, exp. 1, pieza 15.

[34] Otra cuestión que molestaba era la arrogancia de los jueces diocesanos, razón por la cual la ciudad ganó repetidas veces a lo largo del siglo provisiones reales para que los provisores del obispado de Plasencia no citasen a su tribunal a los legos trujillanos.

[35] Razón por la cual Trujillo había ganado ejecutoria, a la que se refieren los capitulares en 1724, que impedía al monasterio de Guadalupe seguir adquiriendo heredades y bienes raíces en la jurisdicción: AMT, Acuerdos, sesión del 4-II-1724.

[36] En 1703 fue enviado a Madrid el presbítero D. Luis de Paredes para negociar un sorteo de soldados, y en 1707 se nombró como abogado al doctor Juan Durán Montesinos, cura de Santa María: Ibídem, 26-IX-1703 y 22-III-1707.

[37] LADERO QUESADA, Manuel F. Las ciudades de la Corona de Castilla en la Baja Edad Media (siglos XIII al XV), Madrid, 1996, p. 14.

[38] Una relación completa de ellas la tenemos en AMT, Acuerdos, sesión 8-I-1707. Los lugares se convertían en villas cuando compraban su jurisdicción, dotándoselas entonces de un concejo y un término independientes de la ciudad, lo que no significa que dejaran de pertenecer a la tierra y renunciaran a sus aprovechamientos; a principios del XIX sólo quedaban 9 lugares, habiéndose eximido los demás: SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á. y SÁNCHEZ RUBIO, R. “Jurisdicciones en venta: la tierra de Trujillo en los siglos XVII y XVIII”, en La tierra de Trujillo desde el Barroco al Neoclasicismo, siglos XVII y XVIII, Badajoz, 2007 (pp. 11-97), pp. 75-88.

[39] En 1703, por ejemplo, quiso costear los 140.000 reales que valía una compañía de cincuenta caballos con la venta de la bellota de tres montaracías compartidas, dejando incólumes las otras tres dehesas comunales que aprovechaban en exclusiva los vecinos de Trujillo: AMT, Acuerdos, sesión del 18-II-1703.

[40] Así se dice y así se hace en 1740 en un pleito sobre daños en los montes: Ibídem, 22-X-1740.

[41] Ibíd., 9-VIII-1805.

[42] Véase por ejemplo el comentario con el que se marchó el corregidor Vega Meléndez: “entendiéndose esta despedida en lo económico y político y no en lo jurisdiccional, puesto era visto no dejarla hasta tanto que se verificase haber salido su señoría del partido y la sargentía”: Ib., 12-II-1784.

[43] SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á. y SÁNCHEZ RUBIO, R. “Para vos e para vuestros herederos”. Señorialización en la Tierra de Trujillo a mediados del siglo XVI (Madroñera, El Puerto, Torrecillas, Plasenzuela, La Cumbre y Marta), Badajoz, 2007; CILLÁN CILLÁN F. Venta de Santa Cruz de la Sierra, un lugar del alfoz de Trujillo, Garrovillas de Alconétar, 2012.

[44] AMT, Acuerdos, sesión del 22-II-1787.

[45] Todos los aspectos relativos al voto en Cortes y a la tesorería de Trujillo proceden de nuestro libro, en prensa: Extremadura, voto en Cortes. El nacimiento de una provincia en la España del siglo XVII.

[46] BARRANTES, V. Aparato bibliográfico para la historia de Extremadura, Madrid, 1875, Badajoz, eds. de 1977 y 1999, vol. III, p. 464.

[47] Sobre el origen y actuación de los corregidores y alcaldes mayores en el tiempo precedente, vid. LORENZANA DE LA PUENTE, F. “Corregidores y alcaldes mayores de Trujillo en la segunda mitad del siglo XVII”, Revista de Estudios Extremeños, LXXII-I, 2016, pp. 527-562.

[48] AMT, Acuerdos, sesión del 29-IV-1718.

[49] Los datos alusivos a la segunda mitad del siglo XVII que se insertan en este texto refieren siempre al artículo de nuestra autoría citado más arriba. Las cuantificaciones que aparecen en este epígrafe y en los siguientes son elaboraciones propias procedentes de la lectura de los libros de Acuerdos de 1701 a 1808; también de aquí proceden los datos cualitativos que se citan, si no se indica otra cosa. Aunque tenemos elaborada nuestra propia relación, existe un listado de corregidores que ejercieron en Trujillo entre 1700 y 1800 en ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, pp. 765-766.

[50] Su título: Avisos importantes a toda la juventud y a los que siguen la profesión militar, en el que recordaba a los jóvenes sus obligaciones patrióticas para resucitar las glorias de España, según consta en GIMÉNEZ LÓPEZ, E. “El corregimiento de Teruel en el siglo XVIII”, en Franch Benavent, R. y Benítez Sánchez-Blanco, R. (Eds.) Estudios de Historia Moderna en Homenaje a la profesora Emilia Salvador Esteban, Valencia, 2008, t. I (pp. 229-247), p. 237.

[51] AMT, Acuerdos, sesión del 12-I-1708.

[52] Ibídem, 6-VIII-1796, 21-I-1799 y f. 15 del libro de Acuerdos de 1800. AHN, Cons., lg. 2.057, exp. 4.

[53] El avance de los letrados en el siglo XVIII se ha constatado también en otras ciudades españolas: GIMÉNEZ LÓPEZ, E. “Caballeros y letrados. La aportación civilista a la administración corregimental valenciana durante los reinados de Carlos III y Carlos IV”, Revista de Historia Moderna. Anales de la Uni­ver­sidad de Alicante, 8-9, 1988-1990, pp. 167-182; HIJANO PÉREZ, Á. El pequeño poder. El municipio en la Corona de Castilla. Siglos XV al XIX, Madrid, 1992, p. 120; ÁLVAREZ CAÑAS, M.L. “Los corregidores de letras en la administración territorial andaluza del siglo XVIII”, Revista de Historia Moderna. Anales de la Universidad de Alicante, 13-14, 1995, pp. 123-149; GONZÁLEZ FUERTES, M.A. “La reestructuración de la administración judicial local en la Corona de Castilla (1700-1749)”, en DUBET, A. y RUIZ IBÁÑEZ, J.J. (Eds.) Las monarquías española y francesa (siglos XVI-XVIII). ¿Dos modelos políticos?, Madrid, 2010, pp. 131-141.

[54] SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á. et. al. Trujillo y la Guerra de la Independencia…, p. 33.

[55] Cerro NargáNez, R. “Los alcaldes mayores de Cataluña: una evolución desigual y conflictiva (1717-1808)”, Hispania, 207, 2001, p. 298.

[56] La carrera de Orellana fue progresando: corregidor de Segovia, intendente de Salamanca en 1711, corregidor de Valencia entre 1716 y 1718 y de Ronda con posterioridad. Sobre su actuación en Valencia, vid. GIMÉNEZ LÓPEZ, E. Militares en Valencia (1707-1800). Los instrumentos del poder borbónico entre la Nueva Planta y la crisis del Antiguo Régimen, Alicante, 1990, pp. 124-125.

[57] Los datos contenidos en este párrafo referentes a corregidores y alcaldes de otras ciudades extremeñas proceden de la lectura de los libros de Acuerdos correspondientes. Sobre la carrera profesional de los corregidores, vid. también ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, pp. 489-505.

[58] AMT, Acuerdos, sesión del 26-VI-1702.

[59] Ibídem, 7-X-1718.

[60] Ibíd., 17-VI-1763.

[61] Ib., 4-II-1767. Sobre la extensa carrera de Fernández de Zafra en la administración territorial, vid. GIMÉNEZ LÓPEZ, E. Militares en Valencia…, p. 146.

[62] Ib., 13-IV-1795.

[63] En plena guerra con el alcalde y el regimiento, el corregidor Matías Crespo obligó al escribano a asentar en los Acuerdos que la ciudad “no quiere ni pide ni pedirá en ningún tiempo a dicho señor corregidor fianzas algunas por no necesitarlas, satisfecha la ciudad de sus arreglados procedimientos”: Ib., 3-X-1718.

[64] Ib., 23, 24 y 26-X-1805.

[65] Ib., 12-VIII-1802; también en AHN, Cons., lg. 2.132, exp. 13, s/f.

[66] AHN, Cons., lg. 947.

[67] Ibídem, lg. 1.666, exp. 4, s/f.

[68] AMT, Acuerdos, sesión del 4-VII-1705.

[69] Algunos corregidores, en su afán por congraciarse con los capitulares, llegaron a adelantar de su dinero la compra de trigo (D. Joseph de Avellaneda, 1710), el pavimentado de las calles (D. Matías Crespo, 1718) o una corrida de toros (D. Juan Fernández de Bazán, 1724): ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, pp. 492 y 698.

[70] Ibídem, 7-X-1718 y 29-IV-1719; AHN, Cons., lg. 20, s/f.

[71] AHN, Cons., lg. 947, s/f.

[72] ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, pp. 489-490.

[73] Así se hizo tras la muerte de D. Miguel Crespo: AMT, Acuerdos, sesión del 17-VI-1752. También dos corregidores anteriores, D. Pablo A. Becerra y su sucesor D. Manuel de Silva, fueron sepultados a costa de la ciudad: Ibídem, 21-VI-1744 y 15-XI-1745 respectivamente. Con el alcalde D. Juan González se tomó este mismo acuerdo ante la inminencia de su muerte y estrechez de medios: Ibíd., 5-V-1761.

[74] Esta práctica se rompe en 1818 con ocasión de la muerte del corregidor D. Alfonso Astudillo con este argumento: “Que sin embargo de no ser de ley la asistencia del ayuntamiento al entierro y demás duelos del difunto corregidor, en honor al cadáver de su presidente, acuerda unánimemente que la corporación en cuerpo asista a todos los actos del funeral” (Ib., 17-I-1818).

[75] Esta circunstancia no pasó desapercibida para quien puso una demanda en 1768 en la Chancillería de Granada para que fuesen cesados los regidores que ocupaban oficios cuyos propietarios hubiesen fallecido o hubieran alcanzado la mayoría de edad, decisión que afectó a tres individuos: Ib., 27-VII-1768.

[76] Todos los cálculos ofrecidos son de elaboración propia a partir de la lectura de los títulos de regidores insertados en los libros de Acuerdos entre 1701 y 1808. Santiago ARAGÓN, utilizando fuentes parroquiales, ha establecido que la edad media al tomar posesión de la regiduría era de 34 años, siendo más elevada la de los tenientes y regidores de providencia: La nobleza…, p. 511.

[77] CUARTAS RIVERO, M. “La venta de oficios públicos en el siglo XVI”, Actas del IV Symposium de Historia de la Administración, Madrid, 1983 (pp. 225-260), p. 238.

[78] Además de voz y voto en el cabildo, el depositario general, que fue un oficio acrecentado a mediados del siglo anterior, tenía como atributo custodiar los depósitos, embargos y secuestros judiciales de bienes, y no era incompatible con tener tratos y mercaderías. En Extremadura existía este oficio también en Cáceres. Muy discutido por los regidores, no pocos ayuntamientos decidieron consumirlo: ARANDA PÉREZ. F.J. “ ‘Nobles, discretos varones que gobernáis a Toledo’. Una guía prosopográfica de los componentes del poder municipal en Toledo durante la Edad Moderna (corregidores, dignidades y regidores)”, en ARANDA, F.J. (Coord.) Poderes intermedios, poderes interpuestos. Sociedad y oligarquías en la España moderna, Ciudad Real, 1999 (pp. 227-309), p. 231.

[79] ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, p. 475.

[80] El corregidor, que no se fiaba, envió un escribano a casa de uno de los “indispuestos”, en concreto a la de D. Fernando de Orellana, y tuvo que referir con todo lujo de detalles cómo dos médicos y un cirujano procedían a sangrar al enfermo: “vi la sangre en un baño y el pú con la ligadura de la sangría”. Por su parte, Herrera Loaisa se hallaba “achacoso de la gota” y D. Antonio Eraso estaba “enfermo de la jaqueca”: AMT, Acuerdos, sesión del 8-X-1707.

[81] Sobre las ventas de oficios en Trujillo en los siglos XVI y XVII, vid. WHITE, L.G. War and Government in a Castilian province: Extremadura, 1640-1668, Universidad de East Anglia, Tesis Doctoral, 1985, pp. 192, 208 y 491.

[82] AMT, Acuerdos de 1729, f. 59.

[83] Así ocurrió en 1769, disputándose el cargo el marqués de Lorenzana, regidor más antiguo de precedencias, y D. Joseph Orozco, decano: “porque es evidente que en la referida ciudad tienen executoriada particularmente la preferencia en los actos públicos los caballeros hijosdalgos”: Ibídem, 4-II-1775.

[84] AHN, Cons., lg. 210, s/f.

[85] AMT, Acuerdos, sesión del 3-IV-1651.

[86] Fuente: AMT, Libros de Acuerdos, elaboración propia. También tenemos datos de oficios vacos y asistencia a los cabildos en ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, pp. 527-528.

[87] Motivación de D. Francisco de Herrera Loaisa para renunciar al ejercicio de su regiduría: “Digo que la crecida familia con que me hallo y consta a sus señorías me ocupa todo el cuidado y obligación natural de su manutención y para ella con la intendencia de mis granjerías y hacienda de campo para que me es preciso residir siete meses fuera de esta ciudad y los que en ella estoy tan ocupado que para mis propias dependencias falta tiempo, en cuya atención suplico se sirva de haberme por excusado del servicio de oficio de regidor que hasta ahora he servido”: AMT, Acuerdos, sesión del 1-X-1703. El marqués de Lorenzana hizo la misma súplica años después aludiendo a sus achaques y a “tener que hacer ausencia a reconocer las cosas y dependencias de que se componen mis rentas y haciendas que tengo y poseo en diferentes ciudades, villas y lugares”: Ibídem, 20-VI-1716.

[88] Tal fue el motivo de las largas disputas ocurridas entre el alférez mayor, marqués de la Conquista, y la ciudad que comenzaron en 1789: Ibíd., 22-VII-1789 y 2-II y 21-III-1796. La Audiencia le concedió finalmente la cédula a la vista del informe médico: “artritis vaga, cuya enfermedad habitual, sobre ser muy dolorosa, le obliga a permanecer por mucho tiempo en cama en diferentes tiempos del año, experimentando no poca perturbación del ánimo, le es indispensable permanecer varias temporadas en su casa de campo, a que se agrega su crecida edad”.

[89] RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES, P. Apéndice al Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento, parte 1ª, Madrid, 1775-1777, p. 244.

[90] No es necesario insistir aquí que la política centralizadora de los Borbones puso en su punto de mira a los Ayuntamientos, estableció nuevas autoridades supramunicipales para fiscalizarlos y fue aprobando medidas para controlar las haciendas locales. Cualquiera que repase esa legislación comprobará que los regidores, y por extensión los poderosos locales, son tratados a veces como delincuentes en potencia y sus patrimonios una especie de garantía de sus posibles delitos. De ahí la advertencia del intendente de Extremadura a los regidores de Trujillo en 1716 por no ser capaces de reducir el endeudamiento municipal, “de lo que indefectiblemente recaerá de ahora en adelante sobre sus personas y haciendas si continuaren en la culpable omisión que han tenido hasta aquí” (Ib., 9-XI-1716). No eran amenazas baldías, por otra parte. En 1798, por ejemplo, los regidores y diputados tuvieron que pagar el alcance que presentaba el pósito tras hacer un llamamiento sin respuesta a los “sujetos pudientes” para que colaborasen (Ib., 30-VII-1798).

[91] Por estudios propios, sabemos que en los otros concejos extremeños de voto en Cortes no se igualaba lo cobrado en Trujillo, ni tampoco en los que ha analizado Santiago ARAGÓN: La nobleza…, pp. 540-541. La propina en forma de gallinas, por cierto, también se aplicaba en Plasencia.

[92] ARAGÓN MATEOS, S. “La composición de las rentas de la nobleza trujillana en el siglo XVIII”, Actas I Encuentro de Jóvenes Investigadores Extremeños, Cáceres, 1990, pp. 119-126.

[93] AHN, Cons., lg. 1.465, s/f.

[94] Incluso la convocatoria para asistir al juramento del príncipe heredero en 1709 no encontró regidor que quisiera viajar a la Corte con sus propios medios “por estar todo tan apurado y exhausto por los continuos contratiempos y calamidades que se padecen, los cuales experimentan muy inmediatamente los caballeros regidores de esta ciudad por la gran quiebra y disminución a que están sus rentas reducidas por esta misma causa”: AMT, Acuerdos, sesión del 21-III-1709.

[95] SALINERO, G. Une ville entre deux mondes. Trujillo d’Espagne et les Indes au XVIe siècle, Madrid, 2006.

[96] Cit. en PIZARRO GÓNEZ, F.J. Arquitectura y urbanismo en Trujillo…, p. 32.

[97] AHN, Cons., lg. 210, s/f.

[98] AMT, 24 y 30-XI-1736.

[99] De hecho, en 1752 el corregidor aducía que la providencia de 1736 había sido instigada por el propio Eraso porque no disponía de un oficio propio y el dueño le estaba presionando para que se lo devolviera; se da también la circunstancia –no sería extraño que fuera una falsificación documental, de hecho no sería la primera en la que aparece involucrado este regidor- de que el Consejo insistía en que uno de los regidores que fuera nombrado por el corregidor fuera Eraso: AHN, Cons., lg. 210, s/f.

[100] ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza…, p. 508.

[101] “Por ahorrarse los gastos del título y media annata”, diría el marqués de Lorenzana años después: AMT, libro de Acuerdos de 1753, f. 148v.

[102] AHN, Cons., lg. 210, s/f.

[103] AMT, Acuerdos, sesión del 22-IV-1769.

[104] GIMÉNEZ LÓPEZ, E. e IRLES VICENTE, Mª.C. “Los municipios de realengo valencianos tras la Guerra de Sucesión”, Estudis. Revista de Historia Moderna, 17, 1991, pp. 75-113; SÁNCHEZ SALAZAR, F. “El control del poder local: elecciones municipales en tierras de Jaén en el siglo XVIII y primer tercio del XIX”, Hispania, 188, 1994, pp. 845-864.

[105] AMT, Acuerdos, sesión del 26-VIII-1800. La solicitud se vio en el Consejo en 1801: GUILLAMÓN ÁLVAREZ, F.J. Las reformas de la Administración local durante el reinado de Carlos III, Madrid, 1980, p. 425.

[106] Hasta ahora se tenía la idea equivocada de que habían desaparecido los Acuerdos de esos años, pero la realidad es que no llegaron a realizarse. Así, en la sesión del 19-VIII-1805 declaran los regidores añales que “los señores sus antecesores había muchos años que no hacían formal ayuntamiento”.

[107] AHN, Cons., lg. 2.057, exp. 14, s/f.

[108] Según se explica en AMT, Acuerdos, sesiones del 30-VII y 9-VIII-1805.

[109] AHN, Cons., lg. 2.057, exp. 14, s/f.

[110] RUBIO ANDRADA, M. “La presencia de Trujillo en las Cortes de Cádiz. Proceso de un deseo frustrado”, Actas XLI Coloquios Históricos de Extremadura, Mérida, 2013, pp. 195-237.

[111] RODRÍGUEZ GRAJERA, A. “Las transformaciones del espacio agrario en la Extremadura de finales del Antiguo Régimen”, Norba. Revista de Historia, 25-26, 2012-2013, pp. 247-260; PÉREZ MARÍN, T. “El Real Decreto de 28 de abril de 1793: su aplicación en el municipio de Badajoz”, Revista de Estudios Extremeños, LXXII-I, 2016, pp. 209-264.

[112] AMT, Acuerdos, sesión del 6-VII-1805; SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á., et al., Trujillo y la Guerra de la Independencia…, p. 34.

[113] AHN, Cons., lg. 2.057, exp. 14, s/f.

[114] Ibídem, exp. 15.

[115] LORENZANA DE LA PUENTE, F. “Los representantes del pueblo del ayuntamiento de Mérida, 1766-1808”, en ORTIZ MACÍAS, M. y PEÑAFIEL GONZÁLEZ, J.A. (Coords.) Actas de las Jornadas Juan Pablo Forner… (pp. 295-319), pp. 301-303.

[116] AMT, Acuerdos, sesión del 7-IX-1799; la petición fue formulada por el presbítero Fernando Grande Calderón, solicitando la convocatoria de concejo abierto: BRAVO LOZANO, J. “Lenguaje político de los concejos rurales: el Concejo Abierto”, en ARANDA PÉREZ, F.J. El mundo rural en la España moderna. Actas de la VIIª Reunión Científica de la Fundación Española de Historia Moderna, Cuenca, 2004 (pp. 1.159-1.170), p. 1.168.

[117] Ibídem, 19-VII-1752.

[118] Una aparición del síndico en 1761 fue para expresar que se debía a la virgen de la Victoria el hecho de que los terremotos últimamente padecidos no hubiesen afectado en demasía a la ciudad; poco después se quejaba del excesivo precio de los bizcochos y esponjados y de que los fabricantes los hacían “del tamaño que les parecía”: Ibíd., 1-IV y 11-VIII-1761.

[119] Ib., 21-XII-1768, 8-I-1769 y 12-II-1784.

[120] Ib., 15-I-1764.

[121] SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á., et al., Trujillo y la Guerra de la Independencia…, p. 42.

[122] Ib., 23-V, 27-VI y 24-X-1766; ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza extremeña…, pp. 562-563. También en Valencia tres de los primeros diputados electos pertenecían a la nobleza titulada: GARCÍA MONERRIS, E. La Monarquía absoluta y el municipio borbónico. La reorganización de la oligarquía urbana en el Ayunta­­mien­to de Valencia (1707-1800), Madrid, 1991, p. 357.

[123] Ib., 20-IX-1768. La falta de fondos para sostener las iniciativas de los diputados y personeros fue constante; no olvidemos que el libramiento de dinero era una competencia exclusiva de los regidores. En 1680 el personero comunicó al intendente esta dificultad y el regimiento, a instancias de éste, respondió con argumentos más bien extravagantes: que antes debía afianzarlos “por ser absolutamente pobre, y dificultoso volver a reintegrarlos en caso de que no dé salida de ellos”, y además debía detallar “qué asuntos son los que tiene que seguir en beneficio del público, con distinción de cada uno, para que se venga en conocimiento de la utilidad que pueda redundar en dicho beneficio público, y para que además de lo dicho pueda este noble ayuntamiento consultar con abogados de su satisfacción de ciencia y conciencia que puedan dar dictámenes ciertos y seguros a su parecer de si lo que propusiere el referido personero es de seguro derecho o voluntariedad en él, pues si fuese así sería gastar inútilmente los referidos caudales”.

[124] Ib., 8-X-1770 (ff. 64v-65).

[125] AHN, Cons., lg. 1.156; ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza extremeña…, pp. 551-552. Los conflictos protocolarios fueron norma en toda la Corona; en Cáceres, por ejemplo, quisieron asistir los diputados a la toma de posesión del corregidor, pero les fue denegado; éste y otros conflictos, en GUILLAMÓN ÁLVAREZ, F.J. Las reformas de la Administración…, pp. 99-101. Otro caso relacionado con la vestimenta, en MAESTROJUÁN CATALÁN, F.J. “Ser y parecer en el Antiguo Régimen. Los problemas de un regidor bajito”, Memoria y Civilización, 3, 2000, pp. 107-125.

[126] Ibídem, lg. 1.328, exp. 6 (año 1787). Otro ejemplo con los mismos protagonistas: el personero Joseph Pajares se opuso en 1791 a la destitución del guarda de la dehesa de los Caballos, pues su único delito había sido aprehender los ganados que en ella introducían ilegalmente los vaqueros del inefable marqués de la Conquista: AMT, Acuerdos, sesión del 10-I-1791.

[127] Cierto es que tampoco faltaron episodios oscuros, como la posible componenda entre los diputados y personero con el abastecedor de aceite y jabón en 1771 para repartirse los beneficios: ARAGÓN MATEOS, S. La nobleza extremeña…, p. 563.

[128] SÁNCHEZ RUBIO, Mª.Á., et al., Trujillo y la Guerra de la Independencia…, pp. 98-100.

[129] Nos remitimos para todas estas cuestiones a nuestro libro (en prensa cuando se redactaron estas líneas) Extremadura, voto en Cortes

[130] AMT, Acuerdos, sesiones del 20, 21, 27, 28 y 30-III; 3, 13 y 14-IV; 4 y 31-V-1709.

[131] Ibídem, 26-IX; 3 y 6-X; 6, 18 y 19-XI-1724; 9 y 12-I-1725.

[132] LORENZANA DE LA PUENTE, F. La representación política en el Antiguo Régimen. Las Cortes de Castilla, 1655-1834, Madrid, 2013, pp. 651-652.

[133] AMT, lg. 2-3-370 y 371. Sobre estas Cortes, vid. Ibídem, pp. 652-676.

[134] Archivo Municipal de Mérida, lg. 26-13; Ibídem, Acuerdos, sesiones del 4 y 11-VIII-1760.

[135] AMT, Acuerdos, sesiones del 16-IV; 10, 17 y 22-V-1833.

[136] Ibídem, 7-VII-1817.

[137] Ibíd., 19-XI-1717.

[138] Todo eso se hizo hasta el final, entre 1832-1833, con el alumbramiento de la reina de su segunda hija, la muerte de Fernando VII y la proclamación de Isabel II: “Dimos cuenta de la real carta de Su Majestad que Dios guarde, fecha 31 de enero último dirigida a esta ciudad como de voto en Cortes, por la cual se ha dignado el rey nuestro señor anunciar el feliz alumbramiento de nuestra amada reina y señora, que se verificó a las dos y cuarto de la tarde del treinta de dicho mes, dando felizmente a luz una robusta infanta que fue bautizada en el día siguiente con los nombre de María Luisa Fernanda…”: Ib., 11-II-1832.

[139] Un avance de la misma se extiende en nuestra ponencia “Extremadura en tiempos de Meléndez Valdés. Inquietudes políticas y acción provincial”, Actas IX Jornadas de Historia de Almendralejo y Tierra de Barros (en prensa cuando se redactaron estas líneas).

[140] Comunicación de Trujillo a la provincia en 1785: AHN, Cons., lg. 1.077.

Ene 162018
 

 

Diana Cabello Muro

UNED

Resumen:

A lo largo del presente trabajo se tratará de analizar la situación jurídica de las mujeres casadas o amancebas en la provincia de Cáceres durante la Baja Edad Media.

Para ello se observarán los fueros de Coria, Plasencia y Cáceres, además de las ordenanzas municipales de Plasencia y otros documentos propios de Trujillo. Así se podrá comprobar que la situación de la mujer medieval extremeña, así como la castellana, tenía ciertos visos de no estar del todo desamparada ante la ley, como es la creencia popular. Tampoco era de libertad absoluta, pero no estaba del todo subyugada a pesar de su adscripción al marido.

Palabras clave: mujer, edad media, fueros, matrimonio, amancebamiento.

 

INDICE:

  • INTRODUCCIÓN
  • LOS CÓDIGOS LEGALES.
  • Fueros.
  • Cáceres.
  • Plasencia.
  • Coria.
  • Ordenanzas municipales.
  • Otros documentos.
  • INFORMACIÓN QUE OFRECEN.
  • CONCLUSIONES.
  • BIBLIOGRAFÍA.

 

  • INTRODUCCIÓN.

 

La presente comunicación trata dilucidar sobre la situación jurídica y social de las mujeres casadas y las amancebadas, que eran aquellas que convivían con su pareja pero sin casarse.

Este tema se puede enmarcar dentro compromiso por la historia de las mujeres. La historia de las mujeres despegó hace varios años, ya por los 90, y aunque ya está bastante desarrollada gracias a historiadoras como María Jesús Fuente, Cristina Segura Graíño, y otras tantísimas, como gracias a historiadores del calibre de Georges Duby y Michelle Perrot con su excelsa obra Historia de las mujeres, a las que se han seguido sumando otras y grandes obras como Historia de las mujeres, una historia propia de Bonnie Anderson y Judith Zinsser, que tratan no solo de rescatar a las mujeres del olvido histórico sino de reivindicarlas. Pero éstas, afortunadamente no son las únicas y actualmente contamos con multitud y diversos estudios de esta temática.

Con este trabajo pretendo observar no solo cual era la situación jurídica de las esposas y mujeres amancebadas, sino también las condiciones sociales que de ello se deriva.

Pero el tema puede ser muy amplio atendiendo a la diversidad territorial, legal y de costumbres en que estaba inmersa la Península Ibérica, es decir, dividida en reinos con sus propios códigos legales y a su vez en ciudades que, en la mayoría de casos, se administraban solos a partir del fuero, código legal otorgado por la corona.

De tal forma el trabajo versará sobre las esposas y mancebas en la provincia de Cáceres a fines de la Edad Media tomando para su estudio todo documento legal existente y, especialmente, documentos de los siglos XIV y XV.

Para ello se ha incluido una relación de leyes forales que pertenecen a los fueros de Cáceres, Coria y Plasencia, pues los fueros son los códigos legales medievales por excelencia, para después indagar en las ordenanzas municipales.

Teniendo en cuenta que hasta el siglo XIII los fueros eran dictados por la corona además de otros y diversos privilegios para la organización, administración y funcionamiento del territorio, a partir del siglo XIII se empezaron a tornar insuficientes, por lo que se popularizó la promulgación de ordenanzas de carácter local o municipal para hacer frente a la administración que demandaban las nuevas circunstancias.

Dichas ordenanzas debían ser refrendadas por los municipios la corona, o si era una ciudad de jurisdicción señorial, por su señor.

En nuestro caso eran ciudades dependientes de la corona, así que el procedimiento era que una vez presentada en las ordenanzas, el corregidor se las trasladaba el Consejo Real (LADERO, 1982, 222).

Las ordenanzas que incluyo en el trabajo, son las de la ciudad de Plasencia, mientras que el otro documento incluido pertenece a Trujillo. Aunque me temo que son muy escasas las ordenanzas de esta temática.

 

  • LOS CÓDIGOS LEGALES.

 

 

Tanto de los fueros como de las ordenanzas municipales, se detallan las leyes que aparecen en ellos y que son específicas de la regulación y norma social que debían seguir las mujeres desposadas o las mancebas o amancebadas.

  • Fueros. 

 

  • Cáceres

Debido a que el Fuero de Cáceres se halla restaurado y expuesto en el ayuntamiento de Cáceres, no se permite su estudio, para lo que se hicieron copias y transcripciones oficiales del texto para que pueda ser estudiado por los historiadores que vengan a posteriori, hallándose digitalizado en la misma web del Archivo Municipal de Cáceres. Dicha transcripción quedó al cargo de la doctora Dolores García Oliva.

Leyes que afectan a las esposas o amancebadas:

  1. DE FORCIA DE MULIER.

Qui aforciare mulier uelada, et probare ei potuerint, enforquenlo. Et si probar non ge lo pudieren, lidie o saluese con XII, qual mas quisiere el quereloso, et si cadier enforquent illum. Sin autem, exeat sine calumpnia. Et qui aforciare otra mulier que fuere uizina, pectet CCC aureos al quereloso, si ei firmare potuerint, et exeat inimicus. Sin auten, lidie o saluese con XII uizinos, qual mas quisier que afforciar morador pectet illam XX moraberis si ei firmare potuerint. Sin autem saluetse con VI.

  1. QUI INUENERIT HOMINEN CON SU MULIER.

Tod omne que fallare otro con su mugier, o con su parienta usque ad secunda, si habuerit uirunt ad benediciones uel ad iuras, matedlos a ambos sine calumpnia et non exeat inimicus. Et si occiderit uirum et non mulier, pectet CCC morabedis et exeat inimicus si eum non potuerint habere. Et si matere (sic) a la mugier et al baron non, pectet CCC morabedis et exeat inimicus si eun non potuerint abere. A los parientes del muerto pechen estos CCC morabedis super scriptos. Si parientes non ouieren, el conceio lo tome et lo metan en fazer castiello.

  1. QUI SE CASAR A SOLAS.

Mugier que a solas sin sos parientes tomar marido, si fuer manceba sea deseredada, et qui la tomar sit inimicus. Uidua accipiat uirum qualem uoluerit cum suis parentes.

  1. MANCEBA CASAR.

Manceba orphana los parientes dambas partes la casen. Et si parentes de una parte la casaren, qui eam casauerit sit inimicus et pectet el coto a los otros parientes quomodo si la matasse.

  1. QUI DUXERIT MULIER DE ARRAS.

Qui uxoren duxerit det ei en arras, et en uestidos, et en uodas quanto se auiniere con los parientes de la esposa, et prendan fiadores de arras et por repintaias de C morabedis.

  1. (UIBDA QUE FIZIER UODA EN DIE DOMINGO)

Uidua non faga uoda die de domingo, nin uaya cauallera al ecclesia, ni tome marido ante danno. Et si aliter fecerit, pectet ut supra, los medios al conceio et los medios alcaldes de conceio. Nec exeat cauallera ad cosso ipso die, et non cauallgue nenguna mugier con ella.

  1. QUI EIECERIT MULIER.

Qui mugier uelada o de iuras en mano de clérigo exiecerit extra domum, et postea uoluerit eam accipere, det illi uoda et arras, assi como de primero, et accipiat eam. Et si illa dimiserit uirum suum sit deseredada, et qui eam amparauerit pectet X morabedis al marido quantos días alla trasnochare, si ge lo pudiere firmar. Sin autem, sauese con IIII et ille con quintus.

  1. MULIER QUI CASARE ANTE DE ANNO.

Mugier que ante danno tomar marido peche IIII morabedis a los alcaldes de germanitate, et s con mandado dalcaldes casare, como se con ellos auiniere. Et si mulier pregnata acceperit uirum, sit deseredada et tomen la metad de so auer, tam de moble quam radice, los parientes del morto, et aliam medietatem accipiat concilium poral castiello. Et qui acceperit eam pregnantem, si infans mortuus fuerit, pectet calompna perentibus mortui et exeat inimicus.

  1. DE COMPRAR HERENCIA.

Todo omne qui comprare herencia o mueble con su mulier de su auer, entre la mulier en medietate depues que fueren uelados, o ccambiaren; et similiter si mulier comprare aliquam causam de so auer, o cambiare, otrosi entre el marido en la metad.

  1. DE MULIER NON RESPONDA.

Nenguna mulier non responda sin so marido, nisi per illo que dicit ut supra.

  1. QUI DEXARE MULIER.

Tod omne que su mulier de benedictiones o de iuras lexare, o ella a el, uaya al obispo o a qui touiere sus uezes, et el obispo mande a los alcaldes que lo aprieten que torne el baron a la mugier, o la mugier al marido. Et si non accotaren, o non apretaren fasta que se aiunten en uno, sean periurados. Et el pariente qui la amparar o en casa la touier pectet X morabedis al marido quantas noches alla trasnochar, si ei potuerit firmare. Sin autem, saluese sibi Vº.

  1. DE SOSPECHA DE SU MULIER.

Qui suspecha ouiere a ssu mulier que aleue le faze saluese cum XII bonas mulieres que ayan maridos. Et si con ella mala estanza ouiere et salua fe le diere ante IIII alcaldes, et depues la quebrantare, si le firmaren, pectet sicut dictum est ut supra. Si non, lidie o saluese.

  1. QUI OUIER SU MULIER ENFERMA.

Tod omne qui su mulier ouier enferma, o su caballo, non uaya en fonsado ni en apellido si firmar pudiere con III uizinos, tam in uilla quam in aldeas. Et non peche fonsadera ni apellido.

  • Plasencia.

 

Al igual que el de Cáceres, el Fuero de Plasencia no puede visitarse, por ello el Archivo Municipal de Plasencia cuenta con la publicación del texto transcrito por Eloísa Ramírez junto con el estudio lingüístico que hizo del mismo Mª del Tránsito Vaquero Ramírez.

Leyes que afectan a las esposas o amancebadas:

  1. DEL QUE SU MUGIER FALLARE EN ADULTERIO, LEY III

Todo ome que su mugier fallare en adulterio, si la matare, non peche calonna ni sala por enemigo; otrossí sea si al que faze el adulterio con ella matare o ferido fuere; si d’otra guisa la matare, peche las calonnas & exca por enemigo.

  1. DEL QUE MUGIER AIENA DENOSTARE, LEY

Todo omne que mugier ajena denostare lamándola puta o roçina o gafa, peche II mrs. & demás jure que non lo sabe en ella; si jurar non quisiere, exca por enemigo. Todavía si puta sabida metiere so sí, denostare o firiere, non peche calonna.

  1. TITULO DE LOS ADULTERIOS

El marido que sospecha oviere quel’ pone cuernos su mugier & provar non lo pudiere, la mugier iure con XII vezinas & sea creída, & si complir non lo pidiere puédala lexar sin calonna.

  1. DE DEFENDER MUGIER AGENA

Todo omne que mugier agena deffendiere, peche XXX mrs. al marido & a los alcaldes. Si el marido, demandando su mugier, en casa agena entrare & la sacare d’ende non peche calonna; otrossí non peche calonna qui en casa agena entrare demandando su ganado, si por la puerta entrare; et qui en otra guisa entrare, peche la calonna commo por casa quebrantada, LX mrs; por ganado prendado non ha a entrar; si el ganado prendado por fuerça lo sacare, peche la calonna de la casa & torne el ganado doblado.

  1. LA MUGIER QUE DIXIERE QUE SU MARIDO NON ES EN TERMINO, LEY SESTA

Si la mugier dixiere que su marido non es en término, iure ante los alcaldes que verdat diz & meta en la iura que por miedo d’ aquel debdo non se fue, & luego los alcaldes denle plazo a XXX días que aduga su marido a derecho. Et si la mugier del debdor non fuere manifiesta & su marido non viniere al plazo, responda en voz del marido, & quanto el querelloso con ella fiziere, firme sea & estable.

  1. DEL MANÇEBO SOLDADERO QUE EL AMA DE SU SENNOR FODIERE, LEY IIII

Si mancebo soldadero el ama de su sennor fodiere & por aquella occasion la leche fuere corrompida & el fijo muriere, sea enemigo por siempre & peche las calonnas del omizilio; si sospechal’ oviere, rieptel’ & lidie; si fuere vençido, peche las calonnas del omizilio & exca enemigo por siempre; si el ve[n]eçiere, sea creido & en el campo desreptado & demais aya su soldada.

  1. DE PARTICION DE MARIDO & DE MUGIER

Quando el marido o la mugier por alguna occasion se quisieren departir, partan egualmientre entre si quanto en uno ganaren, & non otra cosa. Otrossí partan la lavor que amos en raiz d’otro fizieren; et después que el uno d’ellos que en vida fueren departidos, passare aquel que fuere bivo, non prenda nada de la buena del muerto, mas los herederos del muerto prendan su buena & partan entre sí.

 

  1. DE LA PARTICION DE LA MADRASTRA & LOS FIJOS, LEY X

Otrossí si el padre passare & la segunda o tercera o la quarta seyendo viva, maguer que en ella aya fijos, ante que la madrastra o sus fijos alguna cosa prendan, los fijos de la madre primera, prendan la meatat de todo el aver que el padre con su madre ganó o depués. Depués los fijos de la segunda mugier prendan la meatat de todo el aver que remanesciere. Et assí pagados los fijos de las madres muertas, la mugier que sobr’él visquiere prenda la meatat de todo el ayer que remanesiere. Depués todos los fijos del muerto, comino de las madres muertas, comino de la viva, partan lo que remanesçiere egualmientre. Esto dezimos de bibdo que fijos oviere en muchas madres & con la muerta a primas partiçion non fiziere.

  1. DE LOS FIJOS DE OTRA MUGIER & OTRO MARIDO, LEY XII

Otrossí si algún marido oviere [fijos] de otra mugier & la mugier oviere fijos de otro marido por aquella manera quando sus parientes partir quisieren aquel que vivo fuere con los máis prenda la meatat de todo el ayer de sus parientes assí en mueble commo en raíz. […]

  1. DEL QUE PASSARE & LEXARE LA MUGIER PRENNADA, LEY XVI

Si el marido passare non aviendo fijos & la mugier prennada o la barragana lexare, ella tenga todas las cosas en escripto del muerto & de fiadores que las guarde[n] que non pierdan; et si ante de IX meses pariere, guárdelas pora pro de sus fijos, & entanamientre viva ella de aquel aver. Et si fata IX dias el fijo non visquiere, todo lo traya a partiçion a los herederos del defunto; si IX thas visquiere, la madre aya de los herederos todo el mueble, la raiz torne a su raiz.

  1. DE LA MUGIER QUE SE FIZIERE MINTROSAMIENTRE PRENNADA

Si la mugier o la barragana de falso se fizier prennada, tórnelo doblado quanto despendiere a los herederos del fructo. Que dicho es la barragana si prennada fuere & fiel a su sennor & buena, herede la meatat que amos en uno ganaren en mueble & en raíz. Et la raíz torne a su raíz. & esto sea por conceio o por collaçión otorgado.

 

  1. DE LO QUE A DE AVER EL BIBDO O LA BIBDA

Si el bibdo o la bibda en bibdedat se quisier remanesçer, esto sea fueras de su suerte lo que sea lexado. El bibdo, su cavallo & sus armas assí de fuste commo de fierro & su lecho en qual primero con la mugier yoguiere, & aves & tienda si la oviere. A la bibda non partan el lecho que con su marido suele iazer ; denle otrossí tierra en qual pueda sembrar, VI envinas de pan & iugo de buis & una arançada de vinna. Esto an los bibdos por bibdedat & non más. Estas bibdedades denlas de las cosas que amos en uno ganaron & non de otras cosas. Et si por aventura guando al día de la partiçión vinieren & alguna d’éstas que son dichas non ovieren, non la den, & aquellas que las ovieren, éssas den & non otras & tales quales fueren. Todavía si el bibdo o la bibda, enbibdada o en castidat non quisiere estar, quanto en bibdedat tomaron todo lo dé doblado a partiçión, quando [a] alguno de los h[er]ederos ploguiere ; el qui en bibdedat passare, quanto en bibdedat tomare herédenlo sus parientes de aquél que la bibdedat tovo assí commo el otra buena.

  1. TITULO DEL QUE CASARE CON MANCEBA CIBDADANA O ADEANA

Todo omne qui con mançeba çibdadana se desposare dél’ XX mrs. en arras o apreçiadura de XX mrs. & si fuere bibda dél’ X mrs. Aquél que mançeba aldeana prisiere, dél’ X mrs., & a la bibda V mrs. Et es de saber que depués de la muerte d’él nadi non aya las arras de soltar nin otri por él.

  1. DEL ESPOSO QUE AL ESPOSA NON QUISIERE, LEY II

Todo omne que depués que fueren desposados si el esposo al esposa non quisiere, o la esposa al esposo, peche C mrs. & el danno doblado. Et si por aventura la oviere fodida; peche C mrs. & salga enemigo si la deechar’. Otrossí si la esposa ante de las bodas o que con él convenga passare, el esposo prenda los vestidos & quanto a ella le diere. Si por aventura el esposo passare, el esposa prenda las arras commo en la carta yaze, & non más.

 

 

  • Coria. 

 

Imagen del Fuero de Coria, expuesto y guardado en el Museo de Historia de Coria, sito en la Cárcel Real.

 

El fuero de Coria, como los dos anteriores, tampoco puede visitarse, además de hallarse expuesto en vitrina como el de Cáceres. No obstante, para facilitar su estudio existe una transcripción y fijación del texto realizada en 1949 por Emilio Sáez.

Leyes que afectan a las esposas o amancebadas:

 

  1. QUI MUGIER VELADA FORÇIAR.

Qui forçiar muger velada e provargelo pudieren, enforquenlo. E si probar no ge lo pudieren, lide. E si cayere, enforquenlo, e si non, salga sin calonna. E qui forçiar otra muger que fuer vezina, que peche trezientos maravedís, si firmargelo pudieren, e salga por enemigo, e si non, lide. E si lidiando cayer, peche la pena e salga por enemigo. E qui forçiar morador, peche X moravedis, si ge lo pudier firmar; si non, salvese con seis.

  1. QUI FALLAR OME CON SU MUGER O CON SU PARIENTA.

Qui fallar ome con mugier o con su parienta fasta segunda, si ovier marido de bendiciones o a juras, matelos anbos sin calonna ninguna, e non ixca por enemigo. E si matare el varon e non la muger, peche el coto e ixa por enemigo.

  1. DE MANÇEBA EN CABELLO.

Mançeba en cabello que ascondamientre, sin parientes, tomar marido, sea deseredada. E el que la reçibiere ixca por enemigo de sus parientes.

  1. DE LAS MUGIERES.

Todas las mugieres que enprestaen o acreyeren alguna cosa unas a otras, respóndanse hasta un maravedí, e por esto no se paren tras sus maridos.

  1. QUE LA MUGER NO RESPONDA SIN VARON.

Ninguna muger no responda sin su marido, sino por lo que sobredicho es.

 

    1. Ordenanzas municipales.

Toda ciudad posee ordenanzas municipales en sus archivos, aunque para este trabajo sólo he podido tener acceso a las de Plasencia, primero por cercanía y, segundo, porque muchas ya se hallan transcritas y editadas por el propio ayuntamiento placentino.

Y por supuesto que, de haber podido, hubiera incluido las ordenanzas municipales de Coria y Cáceres.

Ordenanzas de Plasencia en el Archivo Municipal de Plasencia (en adelante AMP)

Fol. 466r. TITULO XLIIII. De las mugeres públicas.

Fol. 468v. -Otrosí, hordenamos e mandamos que ninguna ni algunas de las dichas mugeres /Fol. 469v/ rameras no sean osadas de tener ni tengan mujeres algunas, ni casadas ni solteras, en sus casas ni fuera de ellas, ni para se acompañar ni seruir dellas, so pena de cada sesenta açotes a cada una de las dichas rameras que fueren o pasaren de lo contenido en esta hordenança.

AMP, Fol. 470v. TITULO XLV. De la guarda de las moças en el rio y en el leñadar y en las viñas.

-Primeramente, hordenamos y mandamos por escusar las desonestidades e persuasiones que los onbres hazen a las mugeres y moças que van al río y están en los caños, o van a las uiñas o al leñadar, e para que estén e vayan y uengan seguras e no sean ynduzidas, ni engañadas, ni forçadas por onbre alguno, mandamos que ningúnd onbre moço ni casado, no vaya con ellas ni las hable en el río, ni en el tendedero dellos, ni en los caños, ni se pongan a las esperar a la puerta de la çiudad, so pena que /Fol. 471r./ qualquier que lo contrario hiçiere é fuere tomado o le fuere prouado dentro de tres días, sea presso y esté tres días en la cárçel pública tras la red.

 

    1. Otros documentos medievales.

En los archivos municipales se recoge multitud de documentación además de las ordenanzas municipales. Documentación referente a compra-ventas y herencias, pueden arrojar luz sobre la posibilidad que tenían las mujeres, casadas o viudas, para realizar dichas transacciones.

La documentación recogida en este apartado pertenece al Archivo Municipal de Trujillo, y se trata de una carta de venta de un pedazo de corral en el arrabal de la ciudad que una vecina, Catalina de Vera, vende al Concejo de la ciudad de Trujillo por 8.000 maravedís.

Leg. 5. 21.

Leg. 3.1 fols. 344v-346v (copia de 1534).

Trujillo, 19 de junio de 1494.

Sepan quantos esta carta de venta vieren como yo, Catalina de Vera, vezina de la çibdad de Trugillo, muger que fuy de Álvaro de Escobar, que santa gloria aya, otorgo y conozco por esta presente carta que vendo e do por juro de heredad, para sienpre jamas, a vos el conçejo de la dicha çibdad de Trugillo un pedaço de corral que yo he e tengo y poseo, que es en los arravales desta dicha çibdad en las espaldas de unas casas mias que yo tengo en la hazera de la plaça e ha por linderos el dicho pedaço de corral casas de vos el dicho conçejo, (…), vos vendo con todas sus entradas e salidas e derechos e pertenençias e usos e costunbres y servidunbres quantas ha o aver deve asy de fecho como de derecho y de uso e de costumbre, por preçio çierto nonbrado que plogo a vos el dicho conçejo e a mi que fue por ocho mil mrs. horros de alcavala de la usual moneda corriente al tienpo de la paga, que por el dicho pedaço de corral me distes e pagastes e yo de vos reçibi, de los quales dichos ocho mil mrs. horros me otorgo de vos el dicho conçejo por contenta e bien pagada por quanto los reçibi de vos e pasaron de vuestro poder al mío, realmente e con efecto contados a toda mi voluntad syn arte e syn yerro e syn engaño alguno.

 

  • INFORMACIÓN QUE OFRECEN.

 

 

Por lo general, las leyes más numerosas sobre las esposas son las que hacen referencia al adulterio, en los tres fueros vemos leyes en ese sentido así como leyes sobre la violación a una mujer casada cuya pena era la horca para el violador pero la situación cambia si ella no está casada, en cuyo caso la pena es económica

Otra cuestión común en los fueros es ese sentido de pertenencia y adscripción de la mujer a su marido, donde las leyes dejan bien claro que las mujeres casadas deben responder con su marido y, ligado a esto, se hace referencia a las deudas, que tradicionalmente son cosas de varones pues los tratos económicos se realizan en el espacio público y éste era territorio masculino, por eso ella puede contraer deudas pero no deben ser cuantiosas y debe responder ante su marido por ellas.

Los tres fueros coinciden en que una viuda no puede casarse antes de un año y menos en domingo. Esto se hacía así por si acaso estaba embarazada, por el tema de herencias; En cuanto al domingo, las bodas normales debían hacerse en domingo o festivo pero las viudas ya habían estado casadas, así que ellas ya no lo podían hacerlo ese día.

Un factor importante en cuanto al matrimonio era el consentimiento familiar. Las mozas debían tenerlo al igual que las viudas so pena de ser desheredadas, aunque en cualquier caso el matrimonio, una vez realizado, ya no podía invalidarse.

Una vez dicho todo esto, cabe reseñar que cada fuero, cada ciudad, tienen sus particularidades como se puede apreciar en las leyes aportadas.

En el Fuero de Plasencia hay leyes de lo más curiosas que hacen referencia a las mujeres casadas. Una de ellas es que nadie debía defenderlas, evidentemente no se las podía ofender, pero en Plasencia tampoco defender, la ley 155 es muy clara al respecto.

En este fuero también se hace referencia a los bienes en la viudedad, leyes que le instan a responder por su marido o qué hacer si se le busca pero ella dice que no está en el término municipal, ley 258.

Otra ley específica condena a la viuda que finja estar embarazada. Fingir embarazo era delito.

Tanto en el Fuero de Plasencia como en el de Cáceres hay leyes que regulan el caso de repudio o abandono del marido a la mujer, mientras, las leyes de Coria son más escasas en materia de esposas coincidiendo las pocas que hay con las de los otros dos códigos

El fuero que mayor número de leyes sobre las mujeres casadas contiene es el de Plasencia que además incluye cuatro leyes sobre las particiones en caso de viudedad y separación.

La ley 464 regula la separación de bienes en caso de separación matrimonial. Lo cual indica que en la Edad Media castellana, especialmente placentina, las parejas se podían separar, siempre bajo determinadas premisas permitidas. Este fuero no las contempla, pero las Siete Partidas de Alfonso X, el Sabio, sí. Éstas son: la impotencia de ambos, esterilidad, que uno de los cónyuges quiera tomar los hábitos, el adulterio, siempre que el marido no mate a la mujer, pues según los fueros tenía potestad para ello; el pecado de fornicio, en el que si uno de los cónyuges aduce este pecado en su pareja, puede solicitar el divorcio (recordemos que el sexo era visto como un simple mecanismo para procrear y hacerlo por placer era pecado y por tanto ilegal, por estar la ley influida por los dogmas religiosos); y una última causa, es que uno de los cónyuges se cambiase de religión hacia la árabe o la judía, por lo que se convertiría en hereje cayendo en varios delitos religiosos además de caer en el de fornicio espiritual.

La ley 473 es otra ley de herencias que propicia la protección de la herencia de todos los hijos habidos con mujeres anteriores, en caso de morir antes que su última esposa, para asegurar que la última esposa, la madrastra, no les pueda quitar nada. Esta clase de leyes pueden darse, en primer lugar por lo antes visto, para proteger a todos los hijos que ha tenido el hombre.

La ley 475 incluye a los hijos de una mujer con varios maridos, lo cual, iguala a los hijos tenidos en uno u otro matrimonio aun siendo en las siguientes nupcias de la mujer. Es decir, que los hijos de mujeres habidos con segundos maridos, también tienen el mismo derecho a heredar.

La ley 479 es otra ley de herencias que deja protegidas tanto a la madre como al futuro hijo o hija del difunto. Por eso la prohibición a las mujeres de casarse antes del año de viudedad, porque de estar embarazada y tener un hijo póstumo, éste sigue contando como hijo legítimo del hombre y, por tanto, para la herencia.

En cuanto al amancebamiento, no existen leyes al respecto en ninguno de los Fueros estudiados a excepción de cómo ha de casarse la moza manceba, sólo se puede tomar como referencia las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, dado que éstas sí regulan las circunstancias legales que envuelven a la mujer que se abarragana con un hombre, los cuales le ofrecen una protección similar a la de la esposa pero sin el consabido sometimiento legal además de hacer constar que los hijos habidos durante la convivencia cuentan para la herencia del padre, siempre y cuando ambos no estuvieran casados con otras personas pues eso ya sería adulterio. Se entiende que el abarraganamiento es la convivencia en pareja de dos personas solteras.

A pesar de mencionar las Siete partidas de Alfonso X el Sabio no las incluyo como fuente documental por considerar solo fuentes de ámbito local, aunque en materia de leyes medievales siempre se tomen las Siete Partidas cómo código legal de referencia y así mismo consten en la bibliografía.

En cuanto al resto de la documentación aportada y sugerida para el estudio de las mujeres casadas o amancebadas, se ofrecen dos ordenanzas municipales de la ciudad de Plasencia, la primera regula a las mujeres que se dedican a la prostitución, en el sentido de que no deben, bajo ningún concepto, acoger en sus casas ni para servirlas ni como acompañantes, a mujeres honradas  sean casadas o solteras. En la segunda ordenanza se penaliza a los hombres que molesten a las mujeres y mozas que vayan al río a lavar o vayan al leñadar a por leña o a las viñas, castigándolos duramente, de este modo pretendían proteger a las mujeres de ser forzadas, violadas o deshonradas por algún hombre.

El otro documento medieval recogido es una carta de una vecina de Trujillo, la cual da a entender que una mujer siendo viuda, tenía potestad suficiente como para comprar y vender propiedades, como es el caso de la vecina Catalina de Vera que le vendió al concejo de Trujillo un corral situado en el arrabal de la ciudad.

 

  • CONCLUSIONES.

 

Atendiendo a todo lo estudiado y dicho en el presente trabajo, a la hora de estudiar la situación de las mujeres casadas y amancebadas, los fueros locales y ordenanzas municipales dan mucha información al respecto.

Otros documentos medievales, como el último incluido en el trabajo, que nos pueden dar pistas sobre cómo podían proceder y cómo se movían en la sociedad las mujeres casadas, son las cartas de herencias y compra-ventas que dejan entrever qué capacidad de maniobra tenían las mujeres medievales en el reino de Castilla y más concretamente en Cáceres.

De todo ello se desprende que las mujeres, a pesar de su adscripción al marido, tenía ciertos “derechos” como el de testar y heredar, que se presumía que carecían de ellos, y que gracias a los diversos estudios sobre la situación jurídica de las mujeres medievales, este trabajo incluido, queda de manifiesto su situación real. Como capacidad propia para comprar y vender bienes una vez han enviudado. También se aprecia que los hijos habidos en un matrimonio no quedaban desprotegidos ante el fallecimiento de la madre y nuevas nupcias del padre.

Como se puede ver, la situación de la mujer medieval extremeña, como la castellana, tenía ciertos visos de no estar del todo desamparada como es la creencia popular. Tampoco era de libertad absoluta, pero no estaba del todo subyugada a pesar, como decía antes, de su adscripción al marido.

 

 

  • BIBLIOGRAFÍA.

 

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GALÁN, M.: “Estudios jurídicos sobre el papel de la mujer en la Baja Edad Media”, en Anuario Filosófico, nº 26, 1993, pp. 541-557.

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http://www.ayto-caceres.es/publicaciones/cultura/los-fueros-de-caceres/ (13/02/2017)

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LAS SIETE PARTIDAS DEL REY DON ALFONSO EL SABIO: cotejadas con varios códices antiguos, por la Real Academia de la Historia. Madrid, Imprenta Real, 1807, en la Biblioteca digital de la Junta de Castilla y León.

https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=7206   (14/02/2017)

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LUMBRERAS VALIENTE, P.: Los Fueros municipales de Cáceres. Su derecho privado, Cáceres, Institución cultural “El Brocense”, 1990.

MALDONADO, J: El fuero de Coria, Estudio histórico-jurídico, con transcripción y fijación del texto por Emilio Sáez, Madrid, Instituto de Estudios de Administración Local, 1949.

RAMÍREZ VAQUERO, E.: El fuero de Plasencia. Estudio histórico y edición crítica del texto, Vol. I, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1990.

SANCHEZ RUBIO, M.A.: Documentación medieval del Archivo municipal de Trujillo (1256-1516), parte I, Cáceres, Institución cultural “El Brocense”, 1992.

 

 

Ene 162018
 

 

 

Dra. Guadalupe Pérez Ortiz

Directora de la Biblioteca del Seminario Metropolitano San Atón

mgperort@gmail.com

 

Dr. Francisco González Lozano.

Rector del Seminario Metropolitano San Atón.

fglozano@hotmail.com

 

Resumen

La singular aportación del Seminario Metropolitano San Atón a la actualmente conocida como enseñanza secundaria consistió en la creación de una red de centros agregados en distintas localidades de la diócesis pacense. Amparados en la libertad de creación de centros y en la normativa legal que sostenía este derecho de las instituciones privadas, los prelados abrieron las puertas de varios centros en Villanueva de la Serena, Zafra, Segura de León y Villafranca de los Barros.

 

Gracias a estos centros agregados pudieron acceder a la educación formal muchos niños y adolescentes que, de otro modo, no habrían tenido la posibilidad de desarrollarse integralmente mediante un currículum oficial y obtener así un título válido civilmente.

La Iglesia ofreció, entre los años 1885 y 1939, una seria y reglada formación siguiendo lo dictaminado por los diferentes gobiernos en materia educativa. Así respondía también a su propia y específica misión de hacer que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

 

Introducción

 

La singular trayectoria educativa del Seminario Metropolitano San Atón, institución eclesial destinada a la formación de los sacerdotes de la archidiócesis de Mérida-Badajoz ha aportado a la historia de la educación extremeña una impronta imborrable.

El presente estudio se centra en los centros agregados al Seminario establecidos en localidades estratégicas a lo largo de la extensa diócesis: Villanueva de la Serena, Zafra, Segura de León y Villafranca de los Barros.

 

Para conocer el desarrollo de estos centros educativos y su aportación a la pedagogía de los siglos XIX y XX en Extremadura, es necesario recordar el marco jurídico que amparó la institución de estas extensiones. La variada normativa educativa desde la Constitución de 1812, la implantación paulatina de los institutos provinciales de segunda enseñanza en 1845 y la reconocida libertad de enseñanza abrieron la oportunidad a la Iglesia para extender la educación a niños y jóvenes que, en gran parte de los casos, no podían acceder a la formación.

 

El Seminario San Atón, en Badajoz, dio cobertura a los centros agregados y la normativa de 1895 permitió el reconocimiento civil de los estudios realizados en estas sedes. En sus aulas se formaron colegiales desde primero de Latín y Humanidades, etapa similar a la actual enseñanza secundaria. Algunos de los alumnos de la sede pacense se trasladaron a los nuevos colegios para ejercer la función de docentes, reconociendo así la hermandad y unidad existente entre la comunidad educativa.

La documentación generada y custodiada por estos centros se conserva en el Archivo del Seminario Metropolitano San Atón y da prueba fehaciente de la relación entre los diferentes centros académicos que, aun situándose en localidades lejanas, mantenían el vínculo jurídico y eclesiástico con Badajoz.

 

  • Situación de la etapa secundaria y la libertad de enseñanza

 

En orden a comprender la aportación singular del Seminario San Atón a la historia educativa de Extremadura, es necesario hacer un breve recorrido legislativo y pedagógico que sitúe nuestra investigación.

 

Atendiendo a la legislación educativa desde 1812 observamos, en primer lugar, la múltiple nomenclatura para denominar a la etapa posterior a la primera enseñanza; así, se la conoce como artes liberales, estudios de gramática, latinidad y humanidades, enseñanza intermedia, segunda enseñanza, estudios de bachillerato, educación preparatoria o educación secundaria. Este dato no es baladí; en el trasfondo se encuentra la falta de consenso en la finalidad de la conocida como “segunda enseñanza”. Prueba de ello es la dicotomía en su finalidad humanística o científico-práctica, la varianza en la edad de acceso, la problemática de la financiación de los centros que la ofertaban o la numerosa legislación que ha intentado regularla y ponerla en el lugar que ha de ocupar dentro del sistema educativo1.

 

A mediados del siglo XIX, encontramos una fundamentación más sólida de la segunda enseñanza, distinguiéndola de la etapa precedente y posterior, así como la consolidación de dos ciclos fácilmente distinguibles en la misma2. La segunda enseñanza y las disposiciones legales que la amparaban se asentaban en unos pilares que perdurarán hasta nuestros días: la convivencia de enseñanza pública y privada, la libertad en la creación de centros docentes por parte de entidades privadas y la uniformidad en los planes de estudio en el territorio español (3)

 

Junto a la nomenclatura de esta etapa educativa -cuestión que nos lleva a preguntarnos por la propia finalidad de la misma- se encuentra un tema recurrente y que nos atañe de lleno en el tema que abordamos: la libertad de enseñanza4.

 

El advenimiento de la Ilustración en España llegó con ciertos guiños a la tradición española y a la relación con la Iglesia católica. Destaquemos que en el artículo 12 de la Constitución de la Nación Española de 1812 se afirmaba que “la Religión de la Nación Española es y será perpetuamente la Católica, apostólica, romana, única y verdadera”5. España protegería las leyes justas y sabias prohibiendo también el ejercicio de cualquier otra religión. Hubo quienes, evidentemente, se opusieron a esta visión cuasi teocrática de la sociedad civil6.

 

El paso firme en la constitución de un nuevo sistema educativo lo realizó Manuel José Quintana, quien creó una comisión encargada de realizar un informe que pusiera en orden el caos existente en la segunda enseñanza. Este grupo de políticos y pedagogos dictaminó la enfermedad que padecía el sistema educativo: falta de conocimientos firmes, financiación insuficiente, profesorado sin vocación y desestructuración general en los propios centros académicos7. Por ello se hacía necesaria una adecuada reforma estructural que asentara las bases para el progreso del propio Reino. El conocido Informe Quintana basó sus propuestas enel que años antes redactara Condorcet y que sirvieron de base para la mejora del sistema educativo francés 8.

 

Fueron numerosos los intentos de adecentar la segunda enseñanza y de situarla en el lugar pedagógico que le correspondía9. Sin embargo habría que esperar a 1845 cuando se promulgase el Plan general de estudios para la Instrucción pública10 (conocido como Plan Pidal) y la Ley de Instrucción Pública11 de 1857 (conocida como Ley Moyano) para determinar casi definitivamente el status de la enseñanza media. En ambas se dividía la etapa en estudios generales y aplicados a profesiones industriales; su finalidad sería asumir los estudios primarios y preparar bien para el ingreso a la Universidad, bien para la inserción en la vida laboral; se distinguían los centros públicos, financiados por el Estado y privados o sostenidos por personas particulares o entidades privadas.

 

En lo que respecta al tema que abordamos en el presente estudio, tanto el Plan de 1845 como la Ley de 1857 sostendrán las iniciativas de los prelados pacenses para el bien de la comunidad educativa en la diócesis que les tocó pastorear.

 

En el fondo de las cuestiones educativas existía un tema de notable peligro para la Iglesia Católica que fue denunciado en numerosas ocasiones: el control de cualquier etapa educativa no daba derecho a considerar al Estado como educador. Precisamente frente a este riesgo de monopolización de la enseñanza levantará la voz la Iglesia y tratará de ofrecer alternativas viables amparadas en la propia legislación. En definitiva, se atisbaba la implantación de un fenómeno que se extendía en el resto de países europeos: la secularización de la sociedad y, por extensión, de la enseñanza 12.

 

Respecto a la instrucción pública en la primera mitad del siglo XIX, Gil de Zárate señalaba el laxismo imperante: cualquier persona al amparo de la Iglesia o del rey podrían establecer centros docentes sin pautas ni reglas comunes que aseguraran una sólida formación a los alumnos 13. La puerta abierta mediante la libertad de enseñanza se abrieron en el plan de 1836 14, corriéndose el riesgo de mercantilizar la propia educación y alejando al propio gobierno de la inspección más allá de los aspectos puramente estructurales. Una exigencia tan exigua que llevó a la posibilidad de abrir colegios de Latinidad incluso sin licencia ni permiso previo y que tanto daño hizo a la historia educativa española 15.

 

Los siguientes planes de estudio trataron de encaminar adecuadamente la segunda enseñanza en lo que respecta a la libertad de creación de centros docentes; a pesar de mantener la enseñanza doméstica 16, se establecieron normas para el establecimiento de nuevos colegios 17. A pesar de todos los intentos de cimentar adecuadamente la segunda enseñanza y aclarar la extensión de la libertad de enseñanza, la situación educativa española en el último cuarto del siglo XIX era catastrófica 18.

 

No faltaron intentos de extender la educación a todos los ciudadanos; destacable es la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 y que dejó su influencia a lo largo de sus sesenta años de existencia 19.

 

Con el advenimiento de los Borbones y el comienzo de la Restauración, los cambios políticos, económicos y culturales se vieron reflejados en los sistemas educativos. El Regeneracionismo procuró modernizar el currículum español y adaptarlo a otros sistemas europeos 20.

En lo que respecta a la segunda enseñanza y a la libertad de creación de centros destacamos tres concesiones en las relaciones Estado-Iglesia Católica: la posibilidad de que las órdenes religiosas establecieran centros educativos; el control de los manuales escolares y el sistema de exámenes de la enseñanza formal 21.

 

Nos detenemos en el Plan de 18 de agosto de 188522 establecido por el ministro de Fomento Pidal y Mon. En primer lugar se definían a los establecimientos libres de enseñanzas como aquellos que son creados y sostenidos por fondos particulares; serán sus fundadores los encargados de establecer el funcionamiento, régimen literario y reglamento que más se acomodase a su finalidad (art. 1), pudiendo ser inspeccionados por el Gobierno en lo referente a instalaciones y buen orden (art. 2). Los profesores habrían de estar exentos de toda condena judicial. Habría de contar el centro con un presupuesto mínimo de 800 pesetas anuales (arts. 6-8). Una vez abierto el centro, se comunicaría al Gobernador civil y al rector de su distrito universitario (art. 10). En caso de desear contar con el certificado de ser centro religioso, habría de comunicarlo al Gobernador y a la autoridad eclesiástica para que así lo cerciorarse. Los estudios realizados en estos centros libres de enseñanza tendrían validez académica, asimilándose legalmente al de los centros públicos siempre y cuando cumplieran estrictamente la normativa (art. 33).

 

Reconociendo la trayectoria de los seminarios conciliares, el nuevo plan posibilitaba la asimilación de estudios “a instancia del prelado diocesano, quedando exceptuado de justificar para la segunda enseñanza los requisitos de las reglas 1, 4, 5 y 6 (art. 42).

 

Es evidente que la principal aportación de Pidal y Mon a la diversidad de centros es la creación de una normativa estricta, firme y concreta respecto a la posibilidad de establecer nuevos espacios educativos. Se salvaguardaba así la calidad de la enseñanza y se regulaba la posibilidad de que instituciones particulares ofertaran la educación a quienes lo solicitasen.

 

  • Colegio Seminario San Benito en Villanueva de la Serena (1885-1892)

 

La base jurídica anteriormente expuesta dio cobijo a la creación de un Colegio en Villanueva de la Serena. La necesidad de descongestionar la sede del Seminario San Atón en Badajoz y la oportunidad que vio el prelado Fernando Ramírez Vázquez en extender la educación a una zona alejada de la ciudad hicieron su fundación en el año 1885.

 

Tal y como exponía al Real Decreto de 1885 se solicitó al Gobernador la creación del centro; se adjuntaba el certificado de salud e higiene pública firmado por el médico Antonio Suárez 23.

 

En cuanto al fin, orden y funcionamiento del nuevo centro hemos de acudir a su Reglamento24. La dirección última dependerá del obispo y del rector del Seminario San Atón, siendo un centro libre de enseñanza con entidad eclesial y vinculado jurídicamente al Seminario pacense. Los alumnos podrán ser internos o externos, estando bajo el cuidado de profesores con buena fama y preparación. Los que deseen formar parte del nuevo Colegio habrán de solicitarlo por carta al Rector, acompañando la misma con la partida de Bautismo, el certificado de buena conducta y el certificado médico. En el caso de que hayan cursado estudios en otro centro habrán de presentar las notas obtenidas anteriormente25. Amparándose en la normativa vigente, los estudios realizados en el Colegio San Benito tendrán validez tanto canónica como civil.

 

Habiendo informado al Gobernador y al Rector del distrito universitario, nos consta que sus expedientes académicos engrosarían el archivo de alumnos del Instituto Provincial de Badajoz, cumpliendo así todos los requisitos exigidos por la normativa en orden al beneficio de los propios alumnos 26.

 

Habían pasado pocos días de la promulgación del Real Decreto cuando el obispo Ramírez Vázquez firmaba el Reglamento del nuevo Colegio. Ciertamente la diligencia del prelado aceleró el proceso de creación del centro y estableció las normas básicas para beneficiar a un grupo de alumnos que deseaban integrarse en la educación formal estatal 27.

 

El Reglamento interno establece los mismos criterios de admisión y las condiciones exigidas en el centro neurálgico de la ciudad de Badajoz, el Seminario. Enseres, precio de la pensión, uniforme, comportamiento… todo ello venía reflejado en dichas normas, muy similares a las propias de San Atón.

 

Los padres serían informados puntualmente del aprovechamiento de sus hijos en las diferentes cátedras. Este sistema de tutoría, casi pionero en centros privados y públicos, se llevó a cabo en orden a que los progenitores conocieran de primera mano el avance de sus hijos, las dificultades que presentaban y las posibilidades que veían sus profesores. Así entendían que la educación no era solo un proceso de aprendizaje de conceptos, sino el camino que habrían de recorrer para desarrollar todas sus cualidades.

 

  • Escuela de latín en Zafra

 

La normativa relacionada con la segunda enseñanza no cesó en 1885. Muestra de ello son los nuevos planes decretados en los años siguientes28. No obstante, en todos ellos se mantenía la distinción de centros públicos y privados, conforme a la normativa anterior.

 

Una nueva iniciativa tomó cuerpo el año 1889, cuando el obispo informaba de que se crearía en Zafra un nuevo centro que facilitara la educación de los niños. Se garantizaba así la cercanía de un nutrido grupo de colegiales que, deseando asistir al Seminario de Badajoz, no podían por los gastos que ello conllevaba y la lejanía de las familias. Los Padres Misioneros que residían en la localidad serían los responsables de esta nueva sede 29.

 

Tal y como se había realizado en el Colegio de San Benito, se requerían los mismos documentos de acceso: partida de bautismo, solicitud por escrito a los Padres, certificado médico de no padecer enfermedad contagiosa alguna y certificado de haber cursado la primera enseñanza en centro privado o público. Las asignaturas que habrían de cursar fueron: Latín, Castellano, Historia sagrada y Doctrina cristiana, tal y como estaba establecido para los planes de segunda enseñanza seguidos en los seminarios conciliares desde 1852 30.

 

El ingreso se realizaba mediante un examen en el que se tomaba nota del nivel académico del candidato, además de filtrar a los que, por diversas circunstancias, no tenían el grado suficiente como para acceder a los estudios de segunda enseñanza. La clara distinción con el Colegio de San Benito era que solo se admitirían a los que presentaran indicios de vocación sacerdotal.

 

Al igual que sucediera con la sede de Villanueva de la Serena, los expedientes académicos, así como toda la documentación generada o referida a tal colegio sería enviada al Seminario San Atón 31.

 

Los alumnos de primer curso de esta Escuela de Zafra fueron

Alumno                                           Naturaleza

Severiano Zoido Zambrano             Zafra

Luis González Marco                     Madrid

Claudio Díez Palomas                     Zafra

Luis Hernández Mancera               Zafra

Antonio Ramos Toribio                 Puebla de Sancho Pérez

Ildefonso Rodríguez Cordón           Zafra

 

Podemos asegurar, según consta en la documentación del Seminario pacense, que la escuela confiada a los Padres Misioneros de Zafra estuvo abierta y vinculada al Seminario hasta el año 1891 32. Desde entonces no tenemos constancia de que fuera uno de los centros agregados al de Badajoz.

 

  • Colegio San Francisco de Sales en Segura de León

 

 

El recorrido de esta nueva extensión del Seminario pacense comienza el año 1892 y concluye, probablemente en 1924. Su inicio está estrechamente vinculado a la figura del sacerdote Ildefonso Serrano, quien no dudó en acercar la educación a lugares donde la escasez económica impedía el progreso cultural de los pueblos33. En aquél momento, al frente de la diócesis pacense, se encontraba el obispo Ramón Pérez.

 

Es cierto que convivieron en el mismo centro académico colegiales que no deseaban seguir la carrera eclesiástica con aquellos que presentaban indicios claramente vocacionales al sacerdocio. Pero amparados en la legislación abrieron sus puertas para hacer progresar a Segura de León y a poblaciones colindantes. Este hecho de unir seminaristas con alumnos sin intención vocacional fue duramente criticado por el Eco de Fregenal, que avisaba de la competencia desleal que se realizaba en este centro respecto a los institutos provinciales y a su propia red de centros agregados34.

 

Respecto al Reglamento interno que debía dirigir el buen funcionamiento del centro, destacamos los 18 capítulos que describen la vida interna de colegiales y la función docente. Aprobado por el prelado Pérez el 10 de junio de 1895, se distingue claramente entre los alumnos que se dedicarán a las carreras civiles, a la eclesiástica o aquellos que aún no lo tenían claramente definido.

 

Nuevamente la documentación solicitada para el ingreso era similar a la del Seminario San Atón de Badajoz: partida de Bautismo, certificado médico, solicitud personal del candidato y expediente de buena conducta firmado por el sacerdote de la localidad35.

 

Siguiendo la trayectoria de los alumnos del centro, observamos que existieron traslados de Segura de León a Badajoz y viceversa. Esto muestra la estrecha relación entre ambos centros y la propia relación personal existente entre el rector Ramiro Fernández y el director del Colegio Ildefonso Serrano. De hecho, algunos alumnos comenzaron en San Francisco de Sales y concluyeron estudios en San Atón; y alumnos de los últimos cursos del Seminario pasaron a ser profesores en Segura de León.

 

Seguimiento de alumnos matriculados en Segura de León y Badajoz

Alumno                                Curso Académico                               Centro

Francisco Sánchez Maya     1892: 1º y 2º de Latín               San Francisco de Sales

1896: 1º de Filosofía                 Seminario San Atón

Guillermo Maya Sánchez   1892: 1º y 2º de Latín               San Francisco de Sales

1896: 1º de Filosofía                 Seminario San Atón

Cruz Rubiales Aguilar         1892: 2º de Teología                 Seminario San Atón

1896: 5º de Teología                 San Francisco de Sales:

Profesor

1897: 6º de Teología              San Francisco de Sales:

Profesor

1898: 1º de Der. Canónico      Seminario San Atón

Bernardo López Guillén    1892: 2º de Teología                 Seminario San Atón

1896: 6º de Teología                 San Francisco de Sales:

Profesor

1897: 7º de Teología               San Francisco de Sales:

Profesor

 

Así pues, las características del centro mater que era el Seminario fueron aplicadas con alto grado de eficacia en otros colegios, tal es el caso del de San Francisco de Sales en Segura de León.

 

  • Colegio Seminario Villafranca de los Barros

 

El 9 de septiembre de 1924 comenzaba la andadura el Seminario Menor en Villafranca de los Barros, cumpliendo así el deseo del Papa Pío XI de fomentar las vocaciones al sacerdocio. En una carta dirigida al prefecto de la Sagrada Congregación de Seminarios36 llamaba a que se implantaran en todas las diócesis que no existieran los Seminarios Menores. No era el caso de la pacense, que mantenía abierto y vivo su sede en la ciudad, pero el obispo Ramón Pérez tomó esta llamada como una oportunidad más para incrementar el número de colegiales y comenzar un nuevo centro académico de esta índole.

 

La calle Coronada, en Villafranca de los Barros, será el lugar donde se ubicará la nueva sede del Menor37. El curso 1924-1925 abriría sus puertas con Cayetano Megías como rector del nuevo centro.

 

La documentación requerida para los candidatos era la habitual en todos los seminarios: partida de bautismo, certificado de buena conducta, certificado médico y solicitud manuscrita al rector. El día 6 de octubre pernoctarían en la nueva casa habilitada para los colegiales que desearan cursar tercer y cuarto curso de Latín y Humanidades 38.

 

Como venía siendo habitual en la inicio de los centros académicos eclesiásticos, tuvo lugar la lección inaugural del curso a cargo, en este caso, del propio Rector Cayetano Megías, quien disertó sobre los ideales de la educación católica, animando a los colegiales y profesores a ser auténticos discípulos de Jesucristo 39.

A los dos años, curso académico 1926-1927, aumentó significativamente el número de colegiales en Villafranca, descendiendo notablemente el de los matriculados en San Atón. Desde entonces el prelado consideró oportuno que los más pequeños que cursaban de primero a tercero de Latín y Humanidades, lo hicieran en el Seminario de Ntr. Sra. de la Coronada; a partir del cuarto curso vivirían en San Atón 40.

 

Esta sede estuvo abierta hasta el año 1939. Destacamos que durante los trágicos sucesos de la Guerra Civil los colegiales menores se trasladaron a esta casa. Practicados los ejercicios espirituales el 26 de octubre de 1937, se inauguró oficialmente aquél triste curso. La Eucaristía fue aplicada por Tomás Carmona, profesor del centro, asesinado durante la contienda 41. El número de alumnos ascendió a 51. El obispo Alcaraz y Alenda recordaba la institución del Día del Seminario; deseaba que se pudiera abrir cuanto antes el centro en San Atón, cerrado por la Guerra Civil. Todos los catequistas, maestros, personas de piedad y sacerdotes tienen -recordaba el prelado- la grave responsabilidad de pedir por las vocaciones sacerdotales 42. Ante la imposibilidad de abrir el centro en la capital, se decidió que los seminaristas cursaran estudios en Villafranca de los Barros, donde se inauguró el curso el 26 de octubre de 1937 con un total de cincuenta alumnos 43.

 

  • Colegio Ntra. Sra. de los Ángeles en el castillo de Rocamador

 

Andrés Meneses de Castro recibió con gozo la noticia de iniciar una nueva extensión del Seminario pacense. En este caso pretendían ubicarla en el castillo de Rocamador, situado entre Almendral y Barcarrota. Un antiguo monasterio que reunía unas condiciones inmejorables para el estudio, la oración y el tiempo de deporte.

 

El Boletín del Obispado de Badajoz, el día 16 e septiembre de 1901, daba a conocer esta noticia y ponía como protectora a Nuestra Señora de los Ángeles, deseando extender la educación a los niños de las poblaciones más cercanas que, por escasez de recursos, no podían trasladarse a Badajoz y pagar la pensión que sufragara los gastos de su manutención.

 

El edificio ofrecía un amplio espacio situado en la dehesa conocida como “del Medio”. Había sido restaurado dos décadas atrás y contaba con unas extraordinarias vistas, un lugar majestuoso que seguramente ayudaría al crecimiento integral de los nuevos seminaristas. Contaría con clases desahogadas que favorecerán la docencia y el aprendizaje. Disponía, además, de dos pisos con habitaciones y dependencias suficientes para los alumnos y para los sacerdotes encargados, además de una capilla en la que rezar tranquilamente. El agua abundante aseguraba el riego necesario para el crecimiento del huerto y de las labores necesarias de limpieza. Un lugar, por tanto, higiénico y espacioso, tal y como requerían las leyes para los centros agregados 44.

 

Tal y como se solicitaba en las otras sedes del Seminario, los colegiales habrían de llevar enseres personales, tales como palangana, cubiertos, ropa marcada y la propia cama. El coste de la matrícula y de la pensión ascendería a 275 pesetas que deberían ser abonadas en dos places, una cantidad igual a la del Seminario San Atón 45.

 

Los candidatos interesados en ingresar en el futuro centro debían ponerse en contacto directamente con el sacerdote mencionado, don Andrés Meneses 46, en el pueblo de Almendral, cercano a la ubicación del castillo.

Sospechamos que la esta empresa no llegó a buen término. En ningún documento aparece la matriculación de los posibles colegiales, sus calificaciones, o lo exigido para ingresar en el Seminario. El año 1914 la finca fue arrendada a Aniano Moreno Mangas por un total de 175 pesetas anuales 47.

 

  • Originalidad de las extensiones del Seminario

 

Nos proponíamos descubrir cuál fue la singular aportación del Seminario San Atón a la enseñanza secundaria en la provincia pacense. Consideramos, en primer lugar, que la creación de las extensiones en Villanueva de la Serena, Zafra, Segura de León, Villafranca de los Barros o la fallida en Almendral se ubicaron en lugares estratégicos para hacer llegar la educación a todos los rincones de la diócesis.

 

Los obispos supieron ampararse a la legislación estatal en materia de libertad de creación de centros. Este derecho que amparaba a las instituciones privadas a promover centros de formación reglada sirvió de base para que esta Iglesia local ofreciera a niños y adolescentes una posibilidad casi única: seguir unos estudios cerca de su localidad natal.

 

La obligación que Cristo dejó a sus discípulos de transmitir el evangelio y la misión encomendada a los sacerdotes de transmitir fielmente la Palabra encontraba su desarrollo en los seminarios conciliares, destinados a la formación de los futuros pastores de la Iglesia. El Seminario San Atón, fundado en el año 1664, fue el cauce de educación y transmisión de valores para muchos niños que pasaron por sus aulas, haciéndose presente en localidades más lejanas en el espacio, que no en la intencionalidad y finalidad del mismo.

 

La propia extensión de la provincia y de la diócesis dificultaban la asistencia de algunos candidatos que, debido a la penuria económica por la que atravesaba la región, no se animaban a ingresar en San Atón. El deseo de los obispos de hacer extensiva la promoción integral de todos los que lo deseasen hizo buscar ubicaciones más cercanas y menos costosas para las familias de estos niños que, en reducido porcentaje llegaron a ser sacerdotes. La mayor parte de los alumnos de estas extensiones obtuvieron la formación secundaria básica para poder insertarse en la sociedad y colaborar así en el crecimiento cultural y económico de Extremadura.

 

Bajo el calificativo de “agregados”, las sedes abiertas en estas localidades podían ofrecer la educación por los cauces normales, incluyendo la posibilidad de obtener un título convalidado civilmente con Bachillerato en Artes. Aún siendo clara la finalidad de los seminarios conciliares, no es menos cierto que el esfuerzo realizado en ellos para desarrollar todas las potencialidades de sus alumnos debía verse recompensado con un título no solo eclesiástico, sino de índole civil.

 

El entramado de extensiones creado teniendo como vid principal al Seminario Conciliar de San Atón contribuyó notablemente al desarrollo de multitud de localidades alejadas de los recién creados Institutos provinciales. Una contribución a la enseñanza secundaria digna de mencionar y de reconocer en la historia educativa de Extremadura.

 

Notas

 

1 Cfr. DÍAZ DE LA GUARDIA, E. Evolución y desarrollo de la enseñanza media en España, 1875-1930. Un conflicto pedagógico. Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988; NEGRÍN FAJARDO, O. “Algunas características de la enseñanza secundaria española decimonónica a través de la legislación”. Historia de la educación: Revista interuniversitaria, 2, (1983), pp. 275-286; PUELLES BENÍTEZ, M. de. Educación e ideología en la España Contemporánea. Barcelona, Labor, 2004; SANZ DÍAZ, F. La Segunda Enseñanza Oficial en el Siglo XIX (1834-1874). Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1985; Política y educación en los orígenes de la España contemporánea. Examen especial de sus relaciones en la enseñanza secundaria. Madrid, Siglo veintiuno de España, 1982.

 

2 Cfr. Para ver el desarrollo e implantación firme de la segunda enseñanza puede consultarse LORENZO VICENTE, J.A. “Evolución y problemática de la Educación Secundaria Contemporánea en España”. Revista Complutense de Educación, 7/2, (1996), pp. 51-79; RUIZ BERRIO, J. Política escolar de España en el siglo XIX (1808-1833). Madrid, CSIC, 1970.

 

3 PUELLES BENÍTEZ, M. “Las grandes leyes educativas de los últimos doscientos años”. Participación educativa, 7, (2008), pp. 7-15.

 

4 Abundante es la bibliografía existente sobre el tema de la libertad de enseñanza; puede leerse GARCÍA HOZ, V “La libertad de educación y la educación para la libertad”. Persona y derecho: Revista de fundamentación de las Instituciones Jurídicas y de Derechos Humanos, 6, (1979), pp. 11-56. HENGSBACH, F. “Libertad de enseñanza y derecho a la educación. El estado democrático y la educación”. Persona y derecho: Revista de fundamentación de las Instituciones Jurídicas y de Derechos Humanos, 6, (1979), pp. 57-108. PUELLES BENÍTEZ, M. de. Elementos de política de la educación. Madrid, UNED, 2004; ID. Política y educación en la España contemporánea. Madrid, UNED, 2004.

 

5 Constitución política de la Monarquía Española. Cádiz, Imprenta Real, 1812.

 

6 Uno de los liberales más puros, Blanco White, intentó poner freno al carácter religioso que estaba tomando el nuevo sistema político y social. “El carácter religioso que ha tomado la revolución es como una densa niebla que oculta y desfigura los objetivos de la misma revolución”. BLANCO WHITE, J.M. Cartas de España. Madrid, Alianza, 1972, p. 327.

 

7 Cfr. DICTAMEN y proyecto de decreto sobre el arreglo de la enseñanza pública, presentados a las Cortes por su comisión de Instrucción pública y mandados imprimir de orden de las mismas. [s.l., s.n., s.a.].

 

8 Cfr. GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, A. y MADRID IZQUIERDO, J.M. “El Rapport de Condorcet y el informe de Quintana: estudio básico para un análisis comparativo”. Historia de la educación: revista interuniversitaria, 7, (1988), pp. 75-106.

 

9 Entre las leyes más significativas sobre segunda enseñanza destacamos: PROYECTO de decreto sobre el plan general de enseñanza presentado á las Córtes por la Comisión de Instrucción Pública, é impreso de órden de las mismas. Barcelona, Imprenta nacional, 1820; Reglamento General de Instrucción Pública de 29 de junio de 1821, en COLECCIÓN de Derechos y Órdenes Generales expedidos por las Cortes ordinarias de los años de 1820 y 1821. T. VII. Madrid, Imprenta Nacional, 1821, pp. 362-381; Plan General de Instrucción Pública, de 4 de agosto de 1836, en La Gaceta, 9-8-1836, num. 600; Real Orden de 1836, en La Gaceta, 6-11-1836, num. 900; “Proyecto de ley presentado por el Sr. Ministro de la Gobernación, sobre instrucción secundaria y superior, sesión de 29 de mayo (1838)”, en Diario Congreso, T. IV, apéndice al nº 159, pp. 2583-2588; Diario de las Sesiones de las Cortes (1841). Congreso de los Diputados. Apéndice segundo al nº 99 (de 2171 a 2174). En http://www.congreso.es/est_sesiones/ (consultado marzo, 2017).

 

10 Cfr. La Gaceta, 25-9-1845, num. 4029.

 

11 Cfr. La Gaceta, 10-9-1857, num. 1710.

 

12 Respecto al proceso secularizador de la enseñanza puede leerse: ASENSIO SÁNCHEZ, A. Proceso secularizador y libertad de enseñanza en el derecho eclesiástico español. Málaga, 2001; VERGARA CIORDIA, J. (coord.). Estudios sobre la secularización docente en España. Madrid, 1997. GÓMEZ HERAS, D. Religión y modernidad. Córdoba, Monte de Piedad y Caja de Ahorros, 1986; PUELLES BENÍTEZ, M. de. Educación e Ideología…, o.c.; Id. “Jerarquía eclesiástica y secularización en el Antiguo Régimen (1768-1833)”. Anuario de Historia de la Iglesia, 19, (2010), pp. 73-94. REDONDO GARCÍA, E; VERGARA CIORDIA, J. La actitud de la Iglesia española ante la política educativa del estado y el fenómeno de la secularización docente. En BARTOLOMÉ MARTÍNEZ, B. Historia de la acción…, o.c., pp. 128-161.

 

13 Cfr. GIL DE ZÁRATE, A. De la Instrucción pública en España. T. I. Madrid, 1851, pp. 150-162.

 

14 Cfr. La Gaceta, 9-8-1836, num. 600.

 

15 La Real Orden de 12 de agosto de 1838 abría la posibilidad a la apertura de centros sin autorización previa ni medios adecuados atestiguados. Cfr. La Gaceta, 15-8-1838, num. 1368.

 

16 El Real Decreto de 9 de octubre de 1866 aquilataba la libertad de estudio en las humanidades. Cfr. España. Real Decreto de 9 de octubre de 1866, reformando los estudios de segunda enseñanza, en La Gaceta, 12-10-1866, num. 285.

 

17 Entre las leyes más significativas encaminadas a regular adecuadamente la primera y segunda enseñanza destacamos: la derogación de la ley de instrucción primaria, cfr. La Gaceta, 15-10-1868; plan de Eduardo Chao de 3 de junio de 1873, en La Gaceta, 8-6-1873, num. 159; establecimiento de un examen previo al ingreso a la segunda enseñanza, cfr. La Gaceta, 30-9-1874, num. 273; supervisión de los centros por parte del gobierno, cfr. La Gaceta, 30-7-1874, num. 211; definición clara y distinción diáfana entre centros públicos y privados, cfr. La Gaceta, 30-7-1874, num. 211.

 

18 Cfr. DELGADO, B. (coord.). Historia de la educación en España y América. Madrid, Fundación Santamaría, 1994, pp. 553-560.

 

19 Respecto a los principios renovadores de la Institución Libre de Enseñanza, puede consultarse BARREIRO RODRÍGUEZ, H. Institución Libre de Enseñanza, en ESCOLANO BENITO, A. Historia de la Educación. T. II. Diccionario de Ciencias de la Educación. Madrid, Anaya, 1985, pp. 189-191; CAPITÁN DÍAZ, A. Historia de la Educación en España II. Pedagogía Contemporánea. Madrid, Dykinson, 1994; la disolución de la Institución se produjo en 1940, cfr. B.O.E. 28-5-1940, num. 149.

 

20 Cfr. RUIZ, J.; BERNAT, A; DOMÍNGUEZ, Mª.R.; JUAN, V.M. (eds.). La Educación en España a examen (1898-1998). Zaragoza, Ministerio de Educación y Cultura, 1999.

 

21 Señalamos las leyes y decretos más significativos relacionados con la libertad de enseñanza: Decreto regularizando el ejercicio de la libertad de enseñanza, en La gaceta, 30-7-1874; Decreto regularizando los estudios de segunda enseñanza hechos en los establecimientos privados, en La gaceta, 30-9-1874, num. 273; La nueva normativa, que repetía casi literalmente el plan de 21 de octubre de 1868, se encuentra en La Gaceta, 27-2-1875, num. 58. La Ley de Bases (plan del Conde de Toreno que no llegó a implantarse), cfr. La Gaceta, 30-12-1876, num 365, ahondaba en la implantación de la libertad de creación de centros; El Plan de estudios de 1880 definió la libertad de enseñanza como aquella que “consiste esencialmente en la facultad de enseñar y aprender fuera del organismo que a la instrucción pública fije él”, La Gaceta, 13-8-1880, num. 226; Decreto de 29 de septiembre de 1884, en Colección de Leyes referentes a Instrucción pública, Madrid, 1890, p. 239.

 

22 Cfr. España. Real Decreto de 18 de agosto de 1885, relativo á los establecimientos de enseñanza libre, la forma de concesión de grados académicos y títulos profesionales, en La Gaceta, 25-8-1885, num. 237.

 

23 Para el estudio de la documentación previa a la fundación del Colegio de Villanueva de la Serena puede leerse RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar de San Atón. (1664-1964). Madrid, Artes gráficas Maribel, 1964, pp. 260-262.

 

24 Cfr. B.O.O.B. 15-6-1885, pp. 156-158.

 

25 Al ser un centro dependiente del Seminario San Atón de Badajoz, toda la documentación se custodia en su archivo. A.S.M.M.B. Fondo Colegio San Benito, cajas 1 y 3.

 

26 Cfr. B.O.O.B. 31-8-1889, p. 146.

 

27 El análisis de los primeros alumnos de dicho Colegio puede leerse en CORTÉS CORTÉS, F. “Los primeros alumnos del Colegio Seminario de San Benito: Villanueva de la Serena (1884-1940)”. Pax et Emerita. Revista de Teología y Humanidades de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, 10, (2014), pp. 371-413.

 

28 El ministro de Fomento Joaquín López Puigcerver establecía una cátedra de Religión en los institutos de segunda enseñanza, cfr. La Gaceta, 27-1-1895, num. 27; Bosch implantó un nuevo plan el 17 de julio de 1895, cfr. La Gaceta, 13-7-1895, num. 194; se reorganizó de nuevo la segunda enseñanza el 13 de septiembre de 1898, cfr. La Gaceta, 14-9-1898, num. 257; y nuevamente Pidal y Mon reestructuraba la segunda enseñana el 26 de mayo de 1899, cfr. La Gaceta, 30-5-1899, num. 150.

 

29 Cfr. B.O.O.B. 31-8-1889, p. 147: “por un rasgo muy laudable del Rmo. Padre General de los Misioneros del Corazón de María, y con beneplácito y autorización de S.E.I., atendiendo á la necesidad de fomentar vocaciones escogidas para el sacerdocio, facilitando a los niños cerca de sus familias con mayor tranquilidad y economía, siquiera los primero rudimentos de sus estudios, se abrirá a cargo de los Padres Misioneros de Zafra, la enseñanza del primer año de latín y humanidades desde el curso próximo, y sólo para la carrera eclesiástica”.

 

30 Cfr. La Gaceta, 30-9-1852, num. 6674.

 

31 El registro de las matrículas se encuentra en el A.S.M.M.B., Sección secretaría, libro 70 bis; además aparecen publicadas también en B.O.O.B. 5-6-1891, p. 196. Las del siguiente curso se recogen en el A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis (1).

 

32 Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 3.

 

33 Respecto a la figura de don Ildefonso Serrano, el establecimiento del nuevo Colegio en Segura de León y sus repercusiones educativas puede leerse MAYA MONTERO L. Educación popular religiosa en el Sur de Badajoz. D. Ildefonso Serrano (1892-1927). Dirigida por Florentino Sanz Fernández. Tesis doctoral inédita. Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Facultad de Educación, 1993.

 

34 Cfr. MAYA MONTERO, L. Educación popular religiosa…, o.c., p. 172.

 

35 Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis (1). En el encabezado de estas matrículas aparece: “Escuela de latínidad de S. Francisco de Sales creada en 1892 en Segura de León de esta Diócesis”.

 

36 Cfr. Pío XI. Officiorum omnium, en A.A.S. 14, (1922), p. 452.

 

37 La descripción del centro la encontramos en RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar de San Atón…, o.c., pp. 262-263.

 

38 Cfr. B.O.O.B. 25-8-1925, p. 255.

 

39 Cfr. B.O.O.B. 1-10-1924, p. 200.

 

40 Las calificaciones de los alumnos del Seminario Menor de Villafranca aparecen en A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis (2), sin especificar qué curso realizaban. Además, los registros de matrículas de los alumnos de Villafranca se conservan en A.S.M.M.B. Fondo Seminario de Ntra. Señora de la Coronada de Villafranca de los Barros, libros 1 y 2. A partir del curso 1925-1926 no hay matrículas de alumnos en el Seminario Conciliar de Badajoz en los cursos primero y segundo de Latín y Humanidades. Como había decretado el obispo Pérez, se encontraban matriculados en el de Villafranca de los Barros. Los libros de notas reflejan estos datos, dejando constancia de las matrículas de los alumnos de éste último centro en los cursos más inferiores. Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis (2). Como venía siendo habitual con estos centros agregados, la contabilidad también se enviaba al Seminario de Badajoz para su custodia.

 

41 Cfr. B.O.O.B. 31-12-1937, p. 248.

 

42 Cfr. B.O.O.B. 1-3-1937, pp. 40-42.

 

43 Cfr. B.O.O.B. 10-3-1938, p. 38.

44 Merece la pena recoger la descripción literal que se hace del castillo: “Este hermoso edificio, restaurado hace veinte años, ocupa un sitio sano y pintoresco, y se halla dotado de abundantes aguas, frondosa huerta, poseyendo magníficas clases, preciosa Iglesia, espaciosa sala de estudios y dormitorios y de todo el menaje necesario para la enseñanza, constituyendo un verdadero y económico noviciado para jóvenes que aspiren á la carrera Eclesiástica”. B.O.O.B. 16-9-1901, p. 342.

 

45 Cfr. B.O.O.B. 16-9-1901, p. 342.

 

46 Andrés Meneses de Castro solicitó ingresar en el Seminario el 13 de octubre de 1865, cursando estudios durante varios años. Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 19. Posteriormente fue Capellán Mayor del Cuerpo Eclesiástico del Ejército. Cfr. Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, 21-12-1895, p. 1238. El 13 de febrero de 1896 pasó a ser cura de distrito. Cfr. Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, 14-3-1896, p. 979.

 

47 Cfr. A.S.M.M.B. Sección administración, caja 164 (archivo intermedio).

 

 

Bibliografía

 

Fuentes

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Archivo Seminario San Atón

A.S.M.M.B. Fondo Colegio San Benito, cajas 1 y 3.

A.S.M.M.B. Fondo Seminario de Ntra. Señora de la Coronada de Villafranca de los Barros, libros 1 y 2.

A.S.M.M.B. Sección administración, caja 164 (archivo intermedio).

A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 19.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 3.

A.S.M.M.B., Sección secretaría, libro 70 bis.

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31-8-1889.

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-19-

5-6-1891.

Diario Oficial del Ministerio de la Guerra

14-3-1896.

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La Gaceta

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13-7-1895, num. 194.

13-8-1880, num. 226.

14-9-1898, num. 257.

15-8-1838, num. 1368.

25-8-1885, num. 237.

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30-7-1874, num. 211.

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30-9-1874, num. 273.

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Ene 142018
 

 

Alberto Escalante Varona

Ana Alicia Manso Flores

Universidad de Extremadura

 

  1. Introducción

El Val de Xálima, ‘Valle de Jálama’ o Val do Ellasi tiene la particularidad de albergar una variedad lingüística conocida como Fala, valego o xalimegoii. Este enclave del noroccidente extremeño, frontera con Salamanca y Portugal, incluye los pueblos de Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo (o Valverdi du Fresnu, As Ellas y San Martín de Trebellu), donde dicha variedad al adoptar unos rasgos particulares, recibe los nombres de “valverdeiru”, “lagarteiru” y “mañegu”, respectivamente.

 

Sus rasgos y particularidades han sido determinados por el encuentro entre distintas lenguas, dialectos y hablas a lo largo de su historia. Tal como se puede colegir de su posición geográfica actual, recibe influencia del portugués, el castellano salmantino y las hablas extremeñas del noroeste, ambas con rasgos leoneses. Sin embargo, el verdadero interés reside en su origen, que parece vincularse con el gallego-portugués medieval, si bien, han sido varias las hipótesis formuladas tal como se puede observar en el siguiente gráfico (Manso, 2016: 202):

 

Cuadro 1: Resumen hipótesis sobre el origen de la Fala

 

Hipótesis de origen Autor
Portugués Berjano (1909), Krüger (1914), Fink (1929) Bierhenke (1929), Onís (1930), Vasconcelos (1933), Espinosa -hijo- (1935).

Zamora Vicente (1967), Martín Galindo (1999).

Gallego Teyssier (1982), Frías Conde (1997), Fernández Rei (2000).
Gallego-portugués arcaico con leonesismos Cintra (1959), Menéndez Pidal (1960), Maia (1977), Rey Yelmo (1999), Gargallo Gil (2007), González Salgado (2009).
Dialecto de transición del gallego-portugués y el astur-leonés Viudas (1982) y Radatz (2006).
Tercera rama del tronco común gallego-portugués Juan M. Carrasco (1996).
Tercera rama pero evolución a partir de la gallega Costas (1999).
Subdialecto leonés Martín Durán (1999).

 

Aunque la Fala puede ser descrita desde un punto de vista lingüístico, la falta de noticias históricas que justifiquen la presencia o llegada de estas lenguas, no han permitido que ninguna de estas propuestas se ha dada por definitiva ni que tampoco puede aceptarse como tal.

 

Tradicionalmente todas ellas se han construido en torno al análisis de los Foros de Castelo Rodrigo (Cintra, 1959), hermanos estos de los concedidos a Cáceres y tíos de los de Coria y Usagre. En el mencionado estudio, el filólogo portugués encuentra que la lengua de redacción era una variedad gallego-portuguesa medieval que tendría su continuidad en la zona del Xálima-Ellas y habría llegado a la zona por una repoblación con gentes del reino de León. La aceptación o no de esta propuesta ha dado lugar a un enfrentamiento entre defensores de una u otra y la presentación de pruebas a favor de cada una de las posturas. Antes de esta época parecía evidente la vinculación con el portugués teniendo en cuenta su proximidad y relaciones.

 

A partir de estos precedentes y mediante la consulta de viejos documentos revisitados desde una nueva perspectiva, intentaremos aportar otros datos que expliquen la conformación de la lengua del Val o, al menos, abrir nuevas líneas para su explicación. Para lograr este objetivo, se va a hacer un repaso por los planteamientos hechos hasta ahora y a estos añadiremos nuestra hipótesis de trabajo basada en la relación del enclave con la Orden de Santiago. Se trata de un punto de vista novedoso ya que la importancia de esta Orden no ha sido tenida muy cuenta, ni tampoco se ha investigado con profundidad las relaciones con los hechos ocurridos en el resto de la actual región extremeña.

 

  1. Apuntes históricos sobre el Val de Xálima-Ellas: estado de la cuestión

 

El punto de partida de las hipótesis sobre el origen y conservación de la Fala guardarían relación con los procesos de repoblación que tuvieron lugar, especialmente, cuando el Val, como parte de la Transierra leonesa, se convirtió en la frontera movible del reino leonés, centro de interés y punto fronterizo clave; además, no se debe perder de vista que en las sierras de este enclave nacen los ríos Côa y Erjas cuya desembocadura conecta con el Duero y el Tajo respectivamente.

 

Tal como apuntan varios historiadores, habrían tenido lugar breves ocupaciones anteriores por parte de los reinos del norte a través de una vía que pasaría por el Val, como las emprendidas por Alfonso VI (Melena, 1985: 516-517). Las campañas más importantes guardarían relación con las repoblaciones promovidas por Fernando II y su hijo Alfonso IX (VIII según la cronología que le corresponde por el reino de León). De esta época serían los Foros de Castelo Rodrigo (Riba-Côa), redactados a partir de un ejemplar latino desconocido del XIII (X), cuya copia dio lugar a una familia interconectada. En esta, los fueros (F.) de Alfaiates, Castelo (C.) Bom y Castelo Melhor estarían escritos en leonés; Cáceres, Coria y Usagre en castellano. La relación entre estos documentos se puede observar en el siguiente esquema:

 

Cuadro 2: Grupo de fueros del reino de León (elaboración propia a partir de Cintra, 1959: XCIV)

X

F. Alfaiates                           Y (Desconocido)

Y (Desconocido)………. [F. C. Bom     F. Cáceres    F. C. Rodrigo ]

F. C. Bom……[F. Coria]      F. Cáceres…..[F. Usagre]     F. C. Rodrigo…..[F. C. Melhor}

Una línea trazada en un mapa con estos documentos permitiría observar el proceso de expansión de León desde Riba-Côa, zona en torno a la ribera del río Côa, hasta la frontera de la “extremadura”, y esto solo constituiría una pequeña muestra perteneciente a una misma familia.

Pues bien, como decíamos Luís F. Lindley Cintra analiza el lenguaje de los fueros de Castelo Rodrigo, en comparación con los otros de la familia, y llega a la conclusión de que la lengua usada en estos era gallego-portugués o “falar fundamentalmente gallego” con leonesismos, lo que podría deberse a que el copista fuese gallego e intentase imitar la lengua del reino, o fuese un habitante del lugar que estaba escribiendo en su lengua. Para justificar esta última afirmación se basa en textos de la vecina Sabugal, con rasgos similares y, por tanto, representativos de la zona, y la continuidad de esa lengua en los “falares de Xalma”.

 

Otra razón que apoyaría esta hipótesis son los topónimos con el adjetivo “gallego” de la zona (Gallegos de Argañán, San Felices de los Gallegos, Gallegos, Gallegos de Solmirón…), inadmisible para Martín Galindo (1999: 104), quien reproduce los argumentos de Menéndez Pidal (1960: L-LI) resumibles en la insuficiencia de su número. A este respecto, cabría incluir las conclusiones a las que llegó Barrios (1985) en el trabajo que hemos citado sobre repoblamiento en la zona meridional del Duero. De forma más destallada, establece por zonas el origen de los nuevos pobladores, a partir del estudio de macrotopónimos en los que tiene en cuenta no solo referencias de tipo “gallegos” o “castellanos” sino que estudia los antropónimos y coteja otros nombres con posibles localizaciones ya existentes en puntos septentrionales; de este modo, para Ciudad Rodrigo (zona colindante con el norte del Val), encuentra mayoría absoluta de repobladores gallegos y sitúa en el nacimiento del río Águeda, dos topónimos de asentamiento con gentes de este origen junto a asturleoneses, aunque reconoce dificultades en su estudio dada la falta de escritos y lamenta además no disponer de fuentes pertenecientes la zona de Riba-Côa. Hoy en día, la técnica de la toponimia no aporta resultados indiscutibles pero sí que ofrece pistas o puntos de partida para iniciar otras investigaciones.

 

Aparte de esto, ha sido frecuente hablar de la importancia del concepto de “desierto estratégico” según terminología de Alexandre Herculano o Claudio Sánchez Albornoz. Se trataría de un espacio con poca o ninguna población en la zona del Duero, contexto que justificaría las repoblaciones masivas. Al aplicar esto al Val se obtendría que la presencia árabe no fue muy representativa y justificaría la repoblación rápida porparte de colonos gallegos, sin embargo, este planteamiento ha sido superado por la historia más reciente ya que no se considera plausible la inexistencia de habitantes en ese en una amplia porción de terreno, si se tiene en cuenta la zona de enfrentamientos por debajo de la línea del Duero. Ángel Barrios (1982: 127-128), en su trabajo sobre los topónimos de repoblación precisamente en la zona del mencionado río, explica:

La invasión musulmana y las archiconocidas campañas de los asturianos, sin duda, hubieron de producir una fuerte inflexión demográfica en la zona, aunque no su despoblación, según se deduce de los macrotopónimos hasta ahora fijados.

Algunos autores (Martín Galindo, 1999 passim; Sanches Maragoto, 2011) observan una serie de vacíos en la justificación y, en general, consideran improcedente recurrir a este constructo teniendo el reino de Portugal tan próximo, tal como sugirió Vasconcelos en 1927. Sanches Maragoto, además, explica el razonamiento que ha llevado a ese tipo de hipótesis, resumible en que se trata de un portugués castellanizado que “nom supera a galeguidade de qualquer outra variedade diatópica portuguesa”, y, por ello, se asemeja al gallego actual; según el autor, a partir de esta confusión se intentar buscar antecedentes históricos que justifiquen la presencia de pobladores originarios de este reino en la zona a través de movimientos migratorios; tampoco encuentra rasgos de un gallego antiguo en los fueros estudiados por Cintra, y añade que puede tratarse de un escribano portugués intentando escribir leonés. Luego, el origen de los pobladores tendría que ver con una ocupación portuguesa mediante una de las muchas incursiones de Afonso Henriques, y propone siguiendo a Pires (2005)iii, que pudiera tratarse de una extensión de Guarda ya que este autor estudia una serie de fueros y documentos relacionados con el pastoreo, en los que el “río Erges” es frontera con Portugal y este englobaría el Val. El último dato que aporta es el mantenimiento del portugués, tipo altobeirano, en la localidad salmantina de Alamedilla, una zona también ubicada en Riba-Côa, en la que no hubo una castellanización por mayor conciencia sociolingüística, a diferencia del Xálima. Creemos que la Fala no es una lengua castellanizada distante de una Alamedilla conservadora de la lengua originaria por su conciencia sociolingüística, ya que la actitud de los falantis a su lengua es de lealtad y orgullo, no parece factible que esta fuese temporal como para castellanizarse o haya sido adoptada recientemente porque, simplemente, no se habría mantenido con tanta vitalidad. Así mismo, las relaciones con Portugal continúan siendo muy intensas y frecuentes, la diferencia tal vez resida en el hecho de ser un núcleo de inmigración o de que los” campesinos pudientes”, como recogen distintos informes desde el XVIII, formaran parte de una especie de élite que marcaba las directrices de la lengua. En Extremadura las zonas de Alcántara y Olivenza son de habla claramente portuguesa (Carrasco, 1996) y, sin embargo, cuentan con muy pocos hablantes y muy pocos jóvenes (Carrasco, 2007).

 

Pese a todo ello, la literatura a favor de la repoblación gallega (Costas, 2013: 90) añade que Alfonso IX firmaba como rey de León, Galicia, Asturias y Extremadura (en referencia al extremo del Duero), y que sería posible que los colonos perteneciesen a algún espacio de la antigua Gallaecia, y concretamente a la conocida como franja oriental, como justificaría la coincidencia de algunos rasgos dialectales en ambas zonas, caso del pronomobre ei ‘yo’.

 

De la época de la Reconquista y las donaciones hechas por los reyes proceden una serie de particularidades, como la protección de los municipios bajo órdenes militares distintas. Así Salvaleón, en la actual Valverde fue enclave bajo la protección de la Orden de Alcántara, que abarcaría, según Martín Galindo (1999: 89), las localidades de Valverde, Eljas, Cilleros y Navasfrías. Por su parte la orden de San Juan de Jerusalén tuvo la encomienda de Trevejo, con San Martín, Villamiel, Trevejo y Villasrubias. Para Galindo esto supone una prueba de que dos órdenes enfrentadas no traería colonos de los mismos lugares, y sería casualidad que todos ellos fuesen gallegos. En este caso el autor tiene razón, quizás habría que plantearse la presencia de la Fala antes de ese momento.

 

Resulta, además, curiosa la pertenencia de los pueblos a varias jurisdicciones. En el censo de Floridablanca de 1787, Valverde y Eljas estaban adscritas al partido de Alcántara; mientras que a Salamanca pertenecían los pueblos de la encomienda de Trevejo, e incluidos en la Orden de San Juan de Jerusalén (San Martín de Trevejo, Villamiel y Trevejo) (Marroyo, 2013: 151-154); tras la división provincial de 1833, San Martín se incorpora a la provincia de Cáceres (Marroyo, 2013: 162).

 

Así mismo, Eljas y San Martín formaron parte de la diócesis de Ciudad Rodrigo hasta el concordato de 1953, que reestructuraba las divisiones eclesiásticas. De este modo, los pueblos del Arciprestazgo de Sierra de Gata, entre ellos los dos del Val arriba mencionados, pasaron a formar parte de la diócesis de Coria-Cáceres, que incluía a Valverde desde su creacióniv. A pesar de estas curiosas circunstancias que, de alguna manera, separaban a los pueblos, fue la Fala quien los unió.

 

Quedan, en definitiva, muchas incógnitas por resolver, si bien, en vistas a la información expuesto se han obtenido una serie de conclusiones.

 

  • A falta de noticias históricas contundentes no es posible considerar las hipótesis totalmente explicadas, superadas e indiscutibles.

 

  • Hubo repoblación de gentes procedentes de reinos del norte, otra cuestión es la procedencia de estos.
  • La zona de Riba-Côa perteneció al reino de Léon (Galicia, Asturias y Extremadura) y el ese río nace en una de los estribos del Val, en una sierra que servía de paso y formaría parte de la Transierra. Perteneciente o no a Portugal o no, relación con este reino debió haber. Sobre la lengua que se hablase fuese conjunta o similar en el entorno es más difícil de explicar, sin embargo, resulta más creíble que los fueros reflejasen la lengua que allí se hablaba puesto que al pueblo iban dirigidos.

 

  • La indefinición de la frontera no permite decantarnos por una solución definitiva, realmente no sabemos si alguna vez el Val pudo pertenecer a Portugal o siempre formó parte del reino de León, y lo más importante si el hablante se sintió bajo la jurisprudencia. Costas (2013) mantiene que nunca fue territorio portugués y si acaso lo sería durante un corto período de tiempo varios siglos después.

 

Por otro lado, en muchas ocasiones la bibliografía ha obviado que antes de todo este proceso tal vez hubiera población y es que el rastreo de esta podría dar cuenta de un base cultural y lingüística muy pocas veces apreciada. La arqueología bien podría ofrecer algunas pistas. Costas (2013: 82-83) habla de un tesorillo de U Palancal en Valverde con piezas de orfebrería vetona, que para otros son tartésicas. Martín Galindo (1998: 29-32) recoge algunas estelas, una de ellas ubicada en la plaza de San Martín, que adscribe a la cultura celta, aunque también vincula a esta cultura piezas (34-40), como el guerrero o el ídolo gigante de San Martín, cuando muchos autores consideran que proceden de la cultura vetona (Costas, 2013: 83-84)v.

 

Al parecer hubo una fuerte cultura prerromana que pudo formar parte del sustrato de la Fala, y aunque la presencia vetona parece estar probada en la zona no debe obviarse que el Val habría formado parte de la frontera con los lusitanos, circunstancia y culturas estudiadas pero no fiables al cien por cien, y es que muchas de las noticias que de ellos tenemos proceden de fuentes romanas.

 

De esta época sí se tiene claro que el enclave en estudio formó parte del convento emeritense. García de Figuerola (1999) recogen distintos yacimientos de procedencia bajorromana y altomedieval de lo que considera el “valle de Valverde” constituido por la comarca del Xálima. En Hispania Epigráhicavi se pueden ver en el término municipal valverdeiru aras romanas dedicadas a la divinidad indígena Toga y otra a Marte, junto a otras piezas de valor desigual, todas ellas en Valverde. Igualmente, en San Martín, uno de los puntos con más riqueza arqueológica, es Villalba, donde se halló el ara dedicada a “Salamati”. Muchos autores han señalado la importancia de esta divinidad en relación con la riqueza del agua de la comarca que ha dado lugar a una especie de leyenda fundacional.

 

Al parecer la forma simple *sal– es l raíz indoeuropea del agua estacionaria, del mar y de la sal; entre las lenguas herederas del mencionado lexema estaría el celta (Villar, 2000: 291), que vendría a apoyar la hipótesis de Galindo sustentada en que las manifestaciones culturales del Val tienen que ver con esa cultura, incluso, la Fala, en sus publicaciones más recientes. Así pues, Xálima estaría relacionada con una divinidad celta del agua, que probaría la abundancia de este recurso natural.

 

Juan Carlos Oliveras Pedreño (2002: 171-172), en su estudio de las divinidades celtas en la Península, considera que Salamati podría tratarse de un apelativo indígena de Reue, una especie de Júpiter indígena asociado a elevaciones montañosas, relación que ya había notado Melena (1985: 475); y, es que, son frecuentes epítetos en altares votivos derivados de los orónimos. De este modo, Salamati sería un genitivo de Salama que, a su vez, sí sería un topónimo.

La leyenda, entonces, no sería del todo inexacta, habría referencia al agua en el nombre originario, si bien, la divinidad no estaría consagrada al culto al agua, sino a la altura de la montaña, que efectivamente es uno de los puntos más elevados del entorno. Parece que la presencia de estos vestigios contribuiría a probar una población indígena a lo que los romanos respetaron en cierta medida, y esta sería la hallada por pobladores posteriores.

 

En las siguientes épocas y antes del proceso de “reconquista” habría existido una población árabe y mozárabe, de la que ya habló para la Extremadura del Duero, Ángel Barrios (1982: 128). El influjo de esta cultura podría reflejarse en las versiones escritas de Xálama y Salama, cuya palatalización de s– inicial en ʃ-, se adscribe por regla general “al efecto de la influencia árabe” (Melena, 1985: 477).

 

Por todo esto, Costas (2013:82-83) al hablar de topónimos intenta probar que hubo población siempre en Val, lo resulta evidente si son añadidos los restos arqueológicos. Domené (2008: 85), basándose en estas circunstancias, considera que podría haber antes del XII, leoneses, pastores salmantinos o algunos de origen musulmán. Posibilidad que se encuadraría dentro del modo de vida de los vettones, cuya principal fuente de subsistencia era cuidado de ganado, tal como se prueba con los distintos verracos de piedra hallados en yacimientos próximos, y que, por otra parte, explicaría primero, el entendimiento entre estos prerromanos y árabes o mozárabes también pastores; y, luego, la rápida aceptación de unos ganaderos, menos aferrados a la tierra, y que no se opondrían los nuevos habitantes dedicados a la agricultura, siempre y cuando no hubiera conflictividad por los intereses entre agricultores y ganadores por el terreno de explotación.

 

Para esto los fueros o normas referentes a la zona son una prueba de los problemas de los entornos, o, tal vez, el encuentro de estos y su concepción de la tierra y la propiedad no fuese la misma y no serían del todo posiciones encontradas o una absorbió a la otra. Todos estos planteamientos no dejan de ser reconstrucciones artificiales y no fehacientemente probadas a falta de una historiografía clara.

 

En cualquier caso, el citado filólogo gallegovii subraya además la presencia de topónimos prerromanos (Xálima, Barrocu, Laixa, Ameais), latinos o romanos de repoblación (Coitu, Devesa, Chas, Pozu-Pođu), árabes o arabismos léxicos (Dabuchal, Alcornocal, Atalaia) y mozárabes (Fumadel, Caramanchel). Aunque, de nuevo, hay un vacío en documentos que permita corroborar estas cuestiones, resulta casi evidente considerar que hubo una continuidad poblacional que aportaría un sustrato cultural y lingüístico.

 

En definitiva, la ausencia de datos históricos fiables impide formar una opinión más allá de conjeturas mejor o peor fundamentadas, que solo un análisis riguroso ayudará a esclarecer.

 

  1. La Orden de Santiago y el Val de Xálima-Ellas

 

Para Ayala Martínez (2015), el concepto de frontera de la Cristiandad en el siglo XII, tanto ideológica como territorial, es crucial para entender los devenires territoriales que acontecen en la Península, tanto entre los reinos cristianos y musulmanes como los cristianos entre sí. El fracaso de la segunda cruzada lleva a que la autoridad única papal se vea fragmentada; no cuestionada, pero sí repartida en cuanto a responsabilidades de defensa entre los monarcas cristianos. Por ello, las órdenes militares, antes dependientes de la autoridad papal, pasan a entrar en un juego de lealtades y adscripciones a diferentes coronas. Este proceso coincide con el surgimiento de las órdenes militares hispánicas, que nacen bajo el complejo y variado cúmulo de diócesis y monarquías de la cristiandad peninsular. Estas órdenes sirven en un primer momento, junto a milicias y grupos más reducidos, como primera fuerza de choque contra el enemigo, en fronteras aún no establecidas y muy inestables. La corona debe recurrir a estos grupos de voluntarios para poder establecer de forma física su territorio, legitimado a través de la fuerza.

 

En este sentido, la influencia compostelana en el proceso de conquista cristiana de la actual provincia de Cáceres conforma un debate historiográfico ampliamente tratado a lo largo del siglo pasado. Entronca directamente con el papel determinante que la villa de Cáceres jugó en la conformación de la actual Orden de Santiago, así como con los consecuentes conflictos religiosos y políticos en los que se desarrolló la conexión arzobispal entre Mérida y Compostela. A raíz de los estudios consultados, ampliamente enfocados en cuestiones militares, resulta complicado extrapolar cuestiones de tipo socioeconómicas y sociolingüísticas: la escasez de las fuentes disponibles, así como su fragmentariedad y su tardía recuperación, son factores clave que dificultan tal aproximación. No obstante, el panorama militar del norte extremeño en la segunda mitad del siglo XII sí nos ofrece un mapa en el que las relaciones gallego-leonesas con el resto de reinos cristianos y musulmanes de la Península son frecuentes, lo que justifica la pertinencia de plantear una base de contacto cultural sobre el que plantear nuestras hipótesis.

 

Por otro lado, y en el plano religioso, la pertinencia de la archidiócesis visigótica de Mérida para sede compostelana del siglo XII es un hecho constatado. El proceso de conquista de plazas cacereñas y pacenses por parte del reino de León va guiado por un interés evidenciable por recuperar la sede arzobispal original. Independientemente de los

motivos militares y políticos que traslucen a esta campaña, y a los que volveremos más adelante, diversos historiadores han debatido sobre otras motivaciones de corte religioso. Así, cabe señalar la hipótesis por la que se defiende la existencia de un primitivo culto al apóstol Santiago en Mérida, que se trasladaría a Compostela. Es difícil dilucidar si el proyecto de conquista de Mérida estaría determinado principalmente por este motivo; no nos compete para los objetivos de este trabajo. Basta señalar el desarrollo resumido de este debate. Fue Pérez de Urbel (1952) el principal defensor de esta “hipótesis emeritense”: tras el descubrimiento de una lápida del siglo VII en la iglesia de Santa María de Mérida en la que se acreditaba la existencia en este templo de reliquias de “Santiago” (junto a las de otros santos), Pérez de Urbel sostenía un posible traslado de los restos del Apóstol por vía oceánica. Una hipótesis, no obstante, que ponen en duda tanto Portela Pazos (1953) como Sánchez Albornoz (1981), atendiendo a diversos factores: la ausencia de concordancias entre las reliquias que se listan en Mérida y las que se conservan en Santiago de Compostela, una posible confusión entre restos de Santiago el Mayor (en Compostela) y el Menor (en Mérida), o la falta de pruebas de una huida marítima, frente a la documentada resistencia y permanencia de población emeritense durante la invasión musulmana. En resumidas cuentas, es un debate historiográfico de largo recorrido y difícil confirmación la relación entre la archidiócesis medieval de Santiago de Compostela, atendiendo a una conexión devocional hacia el Apóstol, es un debate historiográfico de largo recorrido y difícil confirmación. Si en el siglo VII Mérida ganó relevancia como depositaria de los restos del Apóstol (de quien ya existía una tradición como evangelizador de Hispania), y, más aún, si seguía perviviendo dicha relevancia en el imaginario devocional cristiano de la España del siglo XIII, es difícil de establecer, ante la ausencia de pruebas documentales consistentes.

 

Sí pueden plantearse motivaciones territoriales más asentadas que sostengan el interés de la archidiócesis de Santiago, brazo religioso del reino de León, por la conquista de Mérida. Santiago había adquirido la categoría arzobispal en 1120, de manos del obispo Diego Gelmírez, en sustitución provisional de la correspondiente a Mérida. Por otro lado, y tal y como señala Ballestero Díez (2004: 60-61):

Durante el siglo XII la batalla por el dominio territorial de la actual Extremadura no era sólo contra los musulmanes, pues también el monarca portugués Alfonso I, con a [sic] ayuda del aventurero Geraldo Sempavor, consiguió las plazas de Cáceres y Trujillo en 1165, y la de Montánchez en 1166, y con ello establecía una cuña entre españoles y musulmanes que, a la vez, era una barrera que obstaculizaba la expansión leonesa hacia el Sur siguiendo el curso de la vieja Vía de la Plata e impedía el aprovechamiento de los pastos de las tierras extremeñas por los ganados trashumantes. Además de estas circunstancias se daba también el hecho en el reino de León de que, mientras Castilla y Portugal contaban respectivamente con las sedes metropolitanas de Toledo y Braga, la sede compostelana había obtenido sus derechos por traslado de los de Mérida y si esta ciudad era reconquistada por castellanos y portugueses reclamarían indudablemente la restauración de sus derechos episcopales y ello supondría a los eclesiásticos leoneses pasar a depender de Toledo o de Braga.

 

La conquista de Mérida, por tanto, es indispensable para mantener la independencia eclesiástica leonesa y evitar cualquier injerencia castellana o portuguesa en los asuntos políticos leoneses a través del poder religioso.

 

Así pues, Fernando II procede a la conquista de los territorios extremeños tomados por Portugal. De este modo, se asegura la obtención de ganancias por el cobro de parias y la extensión de terrenos para la trashumancia. De poco sirvió este esfuerzo: los almohades, quien en un primer momento lo apoyan contra Portugal, pronto se vuelven en su contra y reconquistan la villa de Cáceres. Es en este periodo cuando surgen las órdenes de Alcántara y de Santiago, como lógica respuesta a la necesidad de contar con milicias armadas para la defensa del inestable territorio de Frontera. Cuando, en 1230, Alfonso IX de León y Pedro Alonso, maestre de la Orden e hijo bastardo del monarca, conquistaron Mérida, recibieron la rotunda negativa del arzobispo de Santiago, Bernardo, de restaurar la sede arzobispal. No obstante, y a consecuencia de las dificultades en la defensa de Mérida, la Orden consiguió del arzobispado la cesión paulatina de la plaza, hasta que en 1255 adquirió su dominio completo, y el arzobispo de Compostela transfirió todos sus derechos sobre Mérida. En opinión de Ballesteros Díez (2004: 64):

 

Sus manifestaciones [del arzobispado compostelano] en pro de la reconquista por los cristianos había sido una cortina de humo para ocultar que lo único que pretendía era la conservación de aquellos derechos de Mérida que transitoriamente había recibido con anterioridad y sobre los que cimentó la pujanza de la sede compostelana.

 

La importancia de Mérida en el proceso no pasaría más allá de excusa para sostener la expansión leonesa, antes que como reivindicación de los derechos históricos de recuperación de una antigua sede que, siglos más tardes, no merecía la pena recuperar. Para entonces, el relato de la milagrosa llegada de los restos de Santiago a Compostela ya

llevaba tiempo sustentando una fructuosa peregrinación y un sostén identitario muy fuerte.

 

Existe, pues, una línea de intereses directos desde Compostela hasta Mérida, que discurre de forma paralela entre dos fronteras cristianas, cada una bajo su particular ordenación militar y política, y se adentra en otra opuesta en lo religioso. La conquista cristiana de la villa de Cáceres y las tierras que hoy pertenecen a esta provincia pasa necesariamente por las sierras del norte.

 

La relación santiaguista-compostelana con la provincia de Cáceres está evidenciada por la formación de la congregación, cofradía o milicia militar de los Fratres de Cáceres, o de la Espada (Muñoz Gallardo, 1974). José López Agurleta (1731: 56), el canónigo agustino que manejó de primera mano el archivo hoy en parte perdido de la Orden de Santiago advierte que, en 1170, Pedro Fernández regresa de Tierra Santa movido tal vez por una devoción renovada en Jerusalén, donde ya estaban asentadas las primeras órdenes militares de la Cristiandad, funda su propio grupo de guerreros para la defensa de la fe en Cáceres, tomada a los portugueses un año antes. Pronto reciben el apoyo de Fernando II de León, quien precisa de estas milicias para defender los enclaves poblacionales que constituían la frontera con los almohades. Cabe destacar de nuevo la alianza de este rey con los almohades para conseguir arrebatar a los portugueses Cáceres y otras poblaciones extremeñas; sin embargo, era de esperar que el fortalecimiento militar de dichos enclaves evidenciase el futuro plan leonés por conquistar tierra musulmana (Martín, 1974: 8-9). Por ello, Abu Yacub propicia un giro en las tornas: firma una tregua con Castilla en Portugal y, en 1174, culmina la conquista de todos los territorios extremeños que poseía la Orden de Santiago, así como la Transierra leonesa. Previamente, aquella primitiva milicia de los Fratres se había adherido en lo religioso a la orden de San Agustín, adoptando así su regla; esto solo será el paso previo a su reconocimiento por parte del arzobispado de Santiago, de quien hemos visto que reciben tanto posesiones como la advocación santiaguista (representada en la enseña del Apóstol bajo la que combatirán). Pedro Fernández no se encontraba en la villa durante la conquista almohade, y será nombrado maestre de la Orden cuando esta sea al fin ratificada por orden papal en 1175.

 

Dentro de este panorama de choque entre diferentes reinos, órdenes y culturas, el Val de Xálima se encuentra en una encrucijada aún no desvelada. Su pertenencia en época tardorromana al convento de Emérita Augusta (Costas, 2013: 84) nos permite aventurar que, si en el siglo XII, en el caso de que Castilla o Portugal hubiesen conquistado Mérida, ello habría implicado que el Val pasase igualmente bajo el control de las archidiócesis de Toledo o Braga. Tenemos más datos relativos a la situación del Val ya en el siglo XIII, una vez existen órdenes religiosas que se disputan el reparto del territorio conquistado.

 

Según documento recogido por López Agurleta (1731: 85-87; la versión original latina se encuentra transcrita por Martín, 1974: 212-215), el arzobispo de Santiago ofreció a Pedro Fernández y sus Fratres los territorios de Salamanca, Zamora y Ciudad Rodrigo, así como la Transierra leonesa, al mismo tiempo que los acogió bajo el seno de la iglesia compostelana:

 

En el Nombre de Nuestro Señor Jesu-Chiisto. Amen. Febrero dia doce del año del Señor de mil cienro y setenta y vno. Es tesoro de la memoria la Escritura, à la qual conviene recurrir, quando acontece dudarse de las convenciones, ò pactos. Por este respecto queremos, que por el presente Escrito, como testimonio cierto, sea notorio á los presentes, y los futuros, que yo Pedro, por la gracia de Dios Segundo, Compostelano Arzobispo, con voluntad y consentimiento de mis Canonigos, queriendo propagar, ayudar, amparar, y dilatar la Fè, y la Iglesia de Dios, recibo por Socio, y Canonigo de la Iglesia de Santiago à Vos Pedro Fernandez, Maestro de los Cavalleros de Santiago: lo qual mismo concedemos a todos vuestros Successores, que tuvieren vuestro lugar; […] lo qual queremos, que sea rato, ò firme, y consiguiente en todos nuestros Successores, y Posteriores, que tuvieren la Silla Compostelana; de manera, que segun fueren succediendome, los recibais venerablemente à vuestra Sociedad, y Fraternidad.

 

Para honor, pues, de Santiago, y exaltacion de su Vandera, os donamos, entregamos, y concedemos la mitad de los Votos, que tenemos en estas tres partes: Zamora, Salamanca, y Ciudad, y en sus Terminos. Demàs de esto; todos los Votos por entero, sin faltar vno, que nos pertenecen en el Obispado de Avila, y en sus Terminos, con todos aquellos de trasierra. Y mas el medio, ò mitad de aquel Alburquerque, con la mitad de sus Terminos, y vna quarta parte de la Ciudad de Merida, con vna de sus mejores Capillas, (ò Iglesias) y con la mitad de todas aquellas cosas, que dentro de sus Terminos se hallare pertenecer à nosotros de la misma Ciudad, por derecho Real, salvo en todo el derecho Pontifical. Tambien os concedemos las Luctuosas de todos los Cavalleros, las que nos pertenecen de tierra de Santiago. Estos dones, que hemos dicho, ú obligaciones, os lo concedemos para que lo tengais perpetuamente, y tengais, y defendais el Lugar llamado Alburquerque.

 

Para defensa de este Lugar, y defensa de las demàs cosas, que teneis que defender, y asimismo para conquista, y adquisicion de otras cosas, os sobreañadimos la mitad de frutos de todas las heredades, y la mitad de costumbres, (ò acostumbrados derechos) que poseemos en Zamora, Salamanca, y Ledesma, y en sus Terminos; pero con este pacto, que posseais estos frutos de heredades, y los percibais por tanto tiempo, hasta que Alburquerque, Caceres,

y Merida cessen del trabajo de los Moros, y de las vigilias, ò cuidados, y sudores de mantener Frontera: esto es, hasta quando otras Ciudades, ò Castillos reciban en sì, sufrir principalmente este trabajo contra los Sarracenos; porque desde esse tiempo han de bolver por entero los frutos de heredades, cuya mitad os concedimos en Zamora, Salamanca, y Ledesma, y en sus Terminos, à su antiguo derehco, y possession de la Iglesia de Santiago.

 

Igualmente, determinados territorios del Val, antes de que pasasen a posesión de la Orden de São Julião do Pereiro o al Temple, fueron posesión de la Orden de Santiago. Señala Martín (1974: 82-83):

 

[…] el peligro almohade hizo olvidar a los reyes cristianos sus diferencias y enemistades, aunque no de una forma total. Alfonso I temió siempre la intervención leonesa en su reino a través de la Orden, y su desconfianza se manifiesta claramente en la donación hecha en septiembre de este año (1172) al maestre Pedro Fernández y al conde Rodrigo. Les dio el castillo de Mosanto, en el concejo de Idanha-a-Nova […] vemos el interés del rey porque el comendador de la Orden en Portugal sea siempre un portugués, y ceo que esta medida va encaminada única y exclusivamente a evitar la injerencia de los leoneses en Portugal, pues sólo en este sentido cabe entender el párrafo por el que el rey ordena a los santiaguistas que reciban y ayuden en dicho castillo a su hijo Sancho y a su hija Teresa, si heredaran el reino, y a sus hombres en sus negocios y guerras […].

 

Esta donación de Alfonso I venía a completar las de Fernando II y Alfonso VIII, de León y Castilla respectivamente, que ponían en manos de los santiaguistas toda la zona del Tajo, pues Idanha y Monsanto comprendían un amplio territorio situado en la frontera con León, comprendido entre los ríos Elgie, Zezere y Tajo.

 

Y añade (1974: 113):

 

Protegidos por esta barrera a lo largo del Tajo, los santiaguistas pudieron establecer una segunda línea de posesiones entre el Duero y el Tajo, entre las que se daba por igual el carácter militar y el de la repoblación lenta. Sus propiedades en esta zona son en parte castillos y en parte propiedades agrícolas; no nos hallamos ante una concentración de propiedades, salvo en contados casos, sino ante un nuevo esfuerzo por ocupar mediante enclaves todo el valle del Duero-Tajo. […]

 

En esta zona encontramos en primer lugar los castillos ya citados de Monsanto (en Portugal) y de Almofrag, perdidos en el ataque almohade de 1174; cerca de ellos se hallaba el castillo de Trebejo, que dio Fernando II a la Orden en 1186.

 

En al actual provincia de Salamanca poesía bienes la Orden en Villas Rubias, Ciudad Rodrigo, Barruecopardo, Ledesma, Salamanca y Villoruela. Alfonso IX les dio en 1191 Villas Rubias y el cillero de Ciudad Rodrigo, y en este último lugar poseía la Orden desde 1171 la mitad de los votos de Santiago, unas heredades compradas por el maestre Sancho Fernández a Fernando y Elvira Fernández en 1187 y unas casas dadas en 1188 por Pedro Captivo y sus hijos. […]

 

En Cáceres, al norte del Tajo, además de Trebejo y Almofrag, dados por Fernando II, Alfonso IX dio a la Orden el dominium de Granadilla y el castillo de Palomero.

 

De este modo, la presencia santiaguista en el proceso de reconquista y reparto de la Transierra leonesa, terreno heterogéneo donde encuadraríamos el Val (véase las menciones explícitas a “Trebejo y Almofrag” o a la zona del río “Elgie”), estaría claro, antes de la intervención de la Orden de los Pereiros. Los Fratres, posterior Orden de Santiago, recibirían extensos territorios por parte de un arzobispado de Compostela interesado en que esta milicia sea responsable del mantenimiento de las tierras conquistadas mientras avanzan hasta Mérida y Alburquerque, destinos principales de la campaña.

 

La presencia de la Orden de Santiago en Extremadura está lejos de mermar con la muerte de los últimos Fratres: su influencia y extensión perdura en la región durante los siglos posteriores, convirtiéndose así, junto a la Orden de Alcántara, en la principal entidad de control territorial.

  1. Conclusión

 

La documentación sobre la Orden de Santiago permite obtener pistas sobre los momentos previos a la concesión de los Foros de Castelo Rodrigo y al reparto posterior de los terrenos del Val entre las órdenes de Alcántara y San Juan del Hospital. Ello nos permite establecer hipótesis de trabajo.

 

Las fortalezas concedidas en años posteriores a la fundación de la milicia de los Fratres, que ya hemos señalado, darían cuenta de la existencia de núcleos poblacionales, o al menos de una frontera que debía ser defendida frente al embiste almohade, que amenazaba tanto al reino leonés como al castellano. En ese sentido, la presencia de emigración gallego-portuguesa al enclave de Xálima es un suceso plausible a la luz de esta probada conexión compostelana-emeritense, que traspasa necesariamente la geografía cacereña y que contacta igualmente con la conflictiva frontera portuguesa. El establecimiento de nuevos núcleos poblacionales, adscritos a entidades eclesiásticas que les otorguen un régimen jurídico-económico, a medida que el proceso de conquista leonesa desciende más allá del Duero, va parejo a un arzobispado compostelano que precisa de una milicia urbana, como es la de los Fratres, a la que adjudica enseñas propias con un doble objetivo: extender la fe y favorecer al reino de León. Aunque con posterioridad la Orden de Santiago mantuviese fructuosas relaciones tanto con leoneses y castellanos, en un primer momento la adscripción santiaguista de estos territorios del Val propondría una relación directa con la influencia arzobispal compostelana. Otros factores podrían completar un panorama heterogéneo, y sujeto a múltiples variables: el camino de Santiago a través de la Vía de la Plata, el establecimiento de rutas trashumantes con las que mantener relaciones económicas en los territorios conquistados caso de la calzada de Guinea, el sustrato sociocultural del Val previo a la conquista musulmana…

 

Quedan por tanto un gran número de vías de investigación abiertas y solo mediante su estudio podremos llegar a entender cómo se gestó la lengua del Val de Xálima-Ellas, un tesoro lingüístico fruto del encuentro entre distintas culturas, una maqueta a escala de lo que ha sido y es Extremadura.

 

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VILLAR LIÉBANA, F. (2000): Indoeurpeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana. Salamanca: E

 

 

Notas

 

 

i Hemos decidido introducir el topónimo “Val de Xálima-Ellas” como concepto conciliador entre los autores que defienden el uso de Xálima, sierra que incluye a los tres pueblos de la Fala y otros de la Sierra de Gata bajo el nombre castellano Jálama, o Ellas, el río al que vierten todas las aguas de los pueblos pero que los hablantes solo identifican con la localidad de As Ellas (Eljas). Gracias al uso de los dos, los hablantes se siguen sintiendo identificados con su emblemática sierra de Xálima y esta queda delimitado la vertiente de esta hacia la vertiente del río Ellas.

 

ii Las distintas corrientes de estudios de la Fala han dado lugar al uso de glotónimos varios para nombrar a una misma variedad. En el primer caso, se emplea la mayúscula para diferenciarla de otras “falas” de la Península, según decidió la Asociación Cultural A Nosa Fala.

 

iii No hemos podido tener acceso a esta obra. Según registro de la Biblioteca Nacional de Portugal, el registro correspondiente es PIRES, C. ROLINHO (2004): A Guarda no caminho do Estremo : por terras de aquém Cima-Coa : forais e costumes (Guarda, Vila do Touro, Sortelha). Viseu: edição do autor/ Eden Gráfico.

 

iv http://www.diocesisciudadrodrigo.org/blog3/?page_id=41

 

v Muchas de estas piezas se encuentran en la casa de Ojesto en San Martín. Galindo reproduce algunas fotos (1998: 33-44).

 

vi http://eda-bea.es/pub/search_select.php

 

vii Aunque en Costas (2013: 82), el autor habla de estos topónimos no ofrece ejemplos, en conversaciones posteriores fue resuelta esta cuestión con los resultados arriba explicados.

Ene 102018
 

José Pastor Villegas, josepastorvillegas@gmail.com

 

  1. INTRODUCCIÓN

En los Coloquios de Extremadura de hace un año tratamos de la Primera Expedición Científica a América (1571-1577), realizada en el reinado de Felipe II (1556-1598), cuyo investigador fue el médico y naturalista toledano Francisco Hernández, vinculado antes de tan importante expedición científica con los Reales Hospitales de Guadalupe. Y concluimos que tras tal expedición hubo un apagón científico y tecnológico en los asuntos ultramarinos[1].

Estando los XLVI Coloquios de Extremadura dedicados a la Ilustración en Extremadura, como movimiento filosófico, científico y político, aportamos apuntes de nuestras investigaciones sobre tan importantes hospitales durante la Ilustración y escribimos páginas sobre los científicos extremeños Pedro Gutiérrez Bueno y José Antonio Pavón Jiménez, y sobre Vicente Cervantes Mendo, quien no fue extremeño de nacimiento pero sí con ascendientes maternos extremeños y casado con extremeña. Estos tres científicos fueron boticarios de profesión y destacaron en las reformas ilustradas de la sanidad. De ellos, solo figura el segundo en la Enciclopedia de Extremadura.

El trabajo presentado en estos Coloquios tiene su origen en la docencia e investigación que sobre la Ciencia (Ciencias Experimentales) y la Tecnología inicié hace veinticinco años en la Universidad de Extremadura. En particular, he estudiado la Historia de la Ciencia y la Tecnología de la Ilustración Española, notando que faltaban páginas extremeñas más detalladas. Asimismo, razones familiares han motivado que haya dedicado atención particular a la Villa y Puebla de Guadalupe desde hace tiempo, revisando primero lo mucho que se ha escrito sobre tan importante referente de Extremadura en la actualidad, y también mundial.

 

 

  1. ANTECEDENTES Y REFORMAS DE LAS PROFESIONES SANITARIAS DURANTE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA

España estuvo ausente del punto de partida de la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII[2], revolución que marca una etapa anterior y otra posterior.

Como es sabido, Felipe II impuso en 1558 la obligación de obtener autorización para publicar cualquier libro. También prohibió al año siguiente los estudios en universidades extranjeras para evitar la contaminación del protestantismo. Ambas decisiones se tomaron cuando en otros países europeos se estaba gestando una auténtica revolución científica. En opinión de Severo Ochoa de Albornoz (Luarca, Asturias, 1905 – Madrid, 1993), Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1959[3], porque España, quizá desde Felipe II estaba más interesada en los asuntos de allá arriba que en los de aquí abajo, es decir, una religión mal entendida[4].

Hasta bien avanzado el siglo XVII continuó la atonía en España en lo concerniente a las Ciencias Experimentales. Se tomó conciencia del atraso científico.

En el reinado de Carlos II (1665 – 1700), se denunció el atraso científico español correspondiente a la medicina moderna y conocimientos iatroquímicos y biológicos afines en el libro Carta filosófico-médico-chymica…, publicado en 1687[5]; es un manifiesto de Juan de Cabriada (Valencia, 1665 – Bilbao, post 1714), médico, fisiólogo y químico[6], entre cuyos principales fragmentos figura:

“Que abramos los ojos, para poder ver las amenas y deliciosas provincias, que los escritores modernos, nuevos Colones y Pizarros, han descubierto por medio de sus experimentos, así en el macro como en el microcosmos. Y que sepamos que hay otro mundo nuevo, esto es, otra medicina más que la galénica, y otras firmísimas hipótesis sobre que poder filosofar”.

El mencionado Juan Cabriada y otros, conocidos como novatores fueron científicos y tecnólogos preilustrados sin cabida en las instituciones existentes, por lo que tuvieron que depender de nobles y clérigos, y agruparse en “tertulias” independientes o en torno a mecenas. La única institución docente de relieve desde 1625 fue los Reales Estudios del Colegio Imperial de Madrid, de la Compañía de Jesús[7].

Entre 1700 (llegada de Los Borbones) y 1808 (invasión de España por las tropas napoleónicas), o 1814 (fin de la Guerra de la Independencia), se desarrolló una gran actividad ideológica, social y política, con su cenit en el reinado de Carlos III (1759-1788). La muerte de este rey casi coincide con el inicio de la Revolución Francesa (1789), y marca un punto de inflexión. En los años sucesivos, las aspiraciones reformistas pierden su vigor en comparación con los reinados borbónicos anteriores, y se llegan a pagar las luces de la razón, sucediéndole un absolutismo monárquico en todo su apogeo[8].

Entre 1687 y 1726 hubo instituciones preilustradas para el desarrollo científico y tecnológico en España[9]:

–          Colegio de San Telmo, fundado en Sevilla en 1681.

–          Regia Sociedad de Medicina y otras Ciencias, fundada en Sevilla en 1681.

–          Academias de Ingenieros de Barcelona (c. 1715) y de Guardiamarinas de Cádiz (1717) y el Real Seminario de Nobles de Madrid (1726).

En otras palabras, instituciones vinculadas a cuerpos sociales (médicos, ejército y marina mercante) y a ciudades peninsulares (Madrid, Sevilla, Barcelona y Cádiz).

Con los Borbones se impulsó la ciencia y la tecnología, en la segunda mitad del siglo XVIII, para recuperar el atraso científico y tecnológico. En otras palabras, España se abre más a Europa y la Inquisición cae gradualmente.

Hubo reformas diversas, teniendo importancia la reorganización de las profesiones sanitarias. El proceso de modernización administrativa y docente de la sanidad culminó en los años finales del reinado de Carlos III. Concretamente, la Real Cédula de 13 de abril de 1780, que comenzó a regir en 14 de septiembre de 1780, estableció la separación de los asuntos profesionales de médicos, cirujanos y boticarios; dispuso que en el Real Tribunal del Protomedicato se dirigiesen y gobernasen por sí mismas las tres Facultades de Medicina, Cirugía y Farmacia, teniendo cada una sus Audiencias separadas, haciendo cada una de ellas sus exámenes, y que administrasen justicia en sus asuntos respectivos[10]. Según Folch Andreu[11], fue el hecho de más categoría de la Historia de la Farmacia. No obstante, la enseñanza de la Medicina y Cirugía, y la enseñanza de la Farmacia, con planes de estudios universitarios, fue muy posterior a la Ilustración.

 

  1. REALES HOSPITALES DE GUADALUPE DURANTE LA ILUSTRACIÓN

Mucho se ha escrito sobre Guadalupe, nacida a la Historia en el reinado de Alfonso X el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII[12], con plenitud en el siglo XVI[13].

En particular, Guadalupe destacó en las ciencias de la salud antes de la Ilustración Española. En una Jornada científica celebrada en Cáceres en el Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón (CCMIJU), he tratado de los Reales Hospitales de Guadalupe[14]. Allí hubo hasta cuatro hospitales y una botica monacal, dependientes casi completamente del Real Monasterio de Guadalupe entre 1389 y 1835. Los cuatro hospitales se denominaron Hospital de San Juan Bautista, Hospital de Mujeres, Hospital Monástico y Hospital de la Pasión; el tercero estuvo en el propio monasterio y los demás próximos.

De acuerdo con José María López Piñero (referencia 7), los Reales Hospitales de Guadalupe y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza continuaron teniendo importancia en el siglo XVII, pero el desarrollo de Madrid, residencia de la Corte, explica que su Hospital General (Museo Reina Sofía en la actualidad) iniciara la importancia que tuvo durante la Ilustración.

Hasta el 4 de enero de 1999 no se conocieron las Ordenanzas y Costumbres de los Reales Hospitales de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, códice aprobado el 30 de noviembre de 1741 en el Real Monasterio de Guadalupe, donado por Carlos Cordero Barroso, quien en nombre de su familia entregó el manuscrito original, que perteneció a la biblioteca del último médico de los Reales Hospitales, Ruperto Sacristán Nieto[15]. Con el donante, profesor de Educación Primaria y conocido escritor de asuntos guadalupenses conversé en diferentes ocasiones sobre asuntos varios de Guadalupe, incluyendo los de medicina, cirugía y farmacia de sus hospitales en el pasado.

Señalo aquí que en mencionado manuscrito del reinado de Felipe V (1700 -1746), está claramente reglamentado el funcionamiento de los Reales Hospitales: Hospital de San Juan Bautista y Hospital de mujeres. No se dedica ningún capítulo al funcionamiento de la Botica monástica ni a dependencia hospitalaria alguna que continuaron en el interior del Real Monasterio. Es de destacar que la formación de cirujanos continuó en el primero de dichos hospitales a cargo del médico principal, pasante (Bachiller en Medicina) y cirujano principal, sin otorgarse títulos académicos. Tal actividad docente está también muy detallada, siendo de destacar la continuación de la realización de autopsias por el cirujano mayor para el aprendizaje de los practicantes de cirugía. Obviamente, la enseñanza impartida era más o menos ilustrada dependiendo de la formación de los médicos y cirujanos. En otras palabras, en los Reales Hospitales de Guadalupe hubo un Colegio de Cirugía en Guadalupe durante la Ilustración antes de la creación de las instituciones ilustradas Real Colegio de Cirugía de la Armada (Cádiz, 1748), Real Colegio de Cirugía de Barcelona (1760) y Real Colegio de Cirugía de San Carlos (Madrid, 1787).

Las mencionadas Ordenanzas y Costumbres se aprobaron dos años antes de la publicación de la Historia Universal de la Primitiva y Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe[16], en la que se describen el Hospital de San Juna Bautista (hospital de hombres), el Hospital de mujeres y la Botica monástica, en la que se elaboraban medicamentos galénicos y espagíricos.

En las páginas de dicha historia se menciona al Francisco de Dios Guadalupe, médico primero residente desde 1712 y fallecido en Guadalupe en 1733[17], autor de Medicina práctica de Guadalupe, publicada por primera vez en 1730 con el apoyo de la comunidad de frailes jerónimos[18], obra sobre patología médica, que incluye seis libros. Esta obra, que fue bien recibida en la Universidad de Salamanca, fue replicada por Félix Pacheco Ortiz con su obra Rayos de luz práctica, editada en Madrid en 1731, defendiendo al protomédico Martín Martínez[19]; el autor de la réplica (Llerena, 1690 – Trujillo, 1736), que fue médico de Trujillo (Cáceres) y socio de la Regia Sociedad de Medicina de Sevilla, dedicó su obra a Trujillo[20]. Martín Martínez (Madrid, 1684 – Madrid, 1734) destacó en el movimiento renovador de la medicina española durante la primera mitad del siglo XVIII pues pronto tuvo ocasión de conectar con las figuras extranjeras del reinado de Felipe V[21].

Información adicional sobre los Reales Hospitales de Guadalupe y la Botica monástica en el reinado de Fernando VI (1746-1759) figura en la Tabla 1, elaborada consultando las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada y un estudio realizado sobre el mismo[22]. El hecho de que se mencionen boticarios y aprendices seglares en 1752 confirma que fuera de los Reales Hospitales, pero dentro del monasterio jerónimo, se enseñaba también la profesión de boticario. En mi opinión, este hecho tiene relación con la apelación promovida por el Real colegio de Boticarios de Madrid en 1748 para que las comunidades religiosas cerrasen las boticas que tenían abiertas y que no abrieran nuevas boticas, reclamación que se atendió en parte pues en el reinado de Carlos III se dispuso el 28 de febrero de 1761 que subsistieran si estaban encabezadas por seglares boticarios y se sujetasen a la visita como las boticas seculares[23].

Años después, el ilustrado Antonio Ponz (Bechí, Valencia, 1725 – Madrid, 1792, visitó Guadalupe y en su Viaje de España menciona a Agustín Francisco Forner y Segarra, médico de los Reales Hospitales[24]. Este médico, honorario de la Familia del rey Carlos III, escribió el folleto Disertación sobre las virtudes medicinales de la fuente de Loro, nuevamente descubierta en la sierra de Guadalupe[25]. El agua fue analizada en Aranjuez (Madrid) por Baltasar Martínez Sobral, boticario de Talavera, en casa del Duque de Arcos ante varios médicos, que dieron la conformidad para usar el agua ferruginosa en la curación de la Duquesa de Arcos, que padecía “fluxo inmoderado de sangre en los periodos mensuales”. Tras estudiar el folleto, localicé dicha fuente, en una jornada de senderismo el 13 de marzo de 2009; está relativamente cerca de Castañar de Ibor (Cáceres) y se conoce también como Fuentesanta.

Las portadas de los mencionados Reales Hospitales de Guadalupe y de la Botica monástica se pueden observar en las Figuras 1-3, las cuales formaron parte de la exposición Pasado, presente y futuro de la Medicina, inaugurada en el CCMIJU el 3 de noviembre de 2011, continuando expuestas hoy con otras de mi archivo fotográfico en Badajoz en la Facultad de Medicina de la Universidad de Medicina de la Universidad de Extremadura.

Figura 1. Portada del edificio que fue Hospital de San Juan Bautista (Hospital de hombres), que hoy forma parte del Parador de Turismo. Fuente: Archivo fotográfico de José Pastor Villegas, fotografía realizada por el autor el 29 de septiembre de 2011.

Figura 2. Portada del edificio que fue Hospital de mujeres, hoy propiedad privada. Fuente: Archivo fotográfico de José Pastor Villegas, fotografía realizada por el autor el 20 de diciembre de 2011.

Figura 3. Portada de lo que fue Botica monacal en el claustro gótico, que hoy forma parte del Hotel Real Hospedería de Guadalupe. Fuente: Archivo fotográfico de José Pastor Villegas, fotografía realizada por el autor el 20 de diciembre de 2011.

 

Tabla 1. Datos de personal de los Reales Hospitales de Guadalupe en 1752.

 

Nombre y apellidos del personal Profesión Remuneración
Santiago Cabezón Trezeño Médico 8152 reales
Francisco Dionisio de Lara Cirujano 1100 reales y 12 fanegas de trigo anuales; diario, libra y media de vaca o macho; los viernes media de pescado con su aceite
Tomás Sánchez Logrosán Cirujano Lo mismo que el anterior.
Gabriel Tello Boticario 264 reales anuales; diario, 2 libras de pan común y una de vaca o macho; los viernes media de pescado con media cuarta de aceite
Alonso Reinoso Boticario 212 reales anuales; diario, 2 libras de pan común, una de oveja; los viernes, media de pescado con su aceite.
Pedro Martín Reinoso Aprendiz de boticario Alimentación y 164 reales para vestir

 

Fuente: elaboración propia a partir de las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada de Guadalupe.

 

 

  1. TRES CIENTÍFICOS EXTREMEÑOS QUE DESTACARON EN LAS REFORMAS ILUSTRADAS DE LA SANIDAD

En la Tabla 2 figuran datos de tres científicos que destacaron fuera de Extremadura en la Ilustración Española en las reformas ilustradas de la sanidad. Los nombres y apellidos del primero y tercero figuran en una placa que se conserva en la actual Real Academia Nacional de Farmacia, por la vinculación que tuvieron ambos con el anterior Real Colegio de Boticarios de Madrid. En cambio, el segundo no figura en ella porque tuvo más vinculación con la Real Botica y la Academia Médica Matritense, antecedente de la Real Academia Nacional de Medicina. Los tres tienen en común haberse formado profesionalmente en Madrid y haber participado en las reformas sanitarias de la Ilustración Española en los reinados de Carlos III y Carlos IV, y haber vivido los tiempos difíciles del final de la Ilustración Española.

 

Tabla 2. Datos de tres científicos que destacaron fuera de Extremadura en las reformas de la sanidad en la Ilustración.

 

Nombre y apellidos Nacimiento y fallecimiento Profesión
Pedro

Gutiérrez Bueno [Jiménez]

Cáceres, 1743 – Madrid, 1822 Farmacéutico y químico ilustrado en Madrid
José Antonio

Pavón Jiménez

Casatejada (Cáceres), 1754 – Madrid, 1840 Farmacéutico y botánico.

Segundo botánico en la Real Expedición Botánica a Perú y Chile (1777-1787) y después a cargo de la Real Oficina de la Flora Peruana y Chilense en Madrid

Vicente

Cervantes Mendo

Ledrada (Salamanca), 1758 –

México, D. F., 1829

Farmacéutico, botánico y químico.

Catedrático de Botánica del Real Jardín Botánico de México durante la Real Expedición Botánica a Nueva España (1787-1803) y después

 

Fuente: elaboración propia a partir de publicaciones personales y otras.

 

 

4.1. Pedro Gutiérrez Bueno

De Pedro Gutiérrez Bueno (Figura 5), farmacéutico, el químico español de más prestigio de la última década del siglo XVIII y el único español que dirigió por entonces los laboratorios químicos oficiales españoles[26], no se ha mencionado el lugar de nacimiento o se ha tenido por madrileño, y también se ha dado incorrectamente el año de nacimiento. En un trabajo anterior[27], he aportado su acta bautismal, en la que consta que es cacereño de nacimiento, nacido en 1743, hijo de Francisco Javier Gutiérrez Bueno, natural de la villa de Alconétar y de María Jiménez la Poza, natural de la villa de Cáceres, es decir, el hijo es conocido por los dos apellidos paternos. También concluí que fue un farmacéutico y químico ilustrado e ilustre en Madrid, reconocido en todo el mundo científico.

Su participación en las reformas ilustradas de la sanidad en Madrid fue como Catedrático de Química del Real Laboratorio de Química (1788-1799), Catedrático de Química en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos (1801-1804) y Catedrático de Química y Farmacia en el Real Colegio de Farmacia (1806-1815). En estas instituciones no universitarias enseñó Química para una mejor formación de los profesionales de la salud, y contribuyó con sus publicaciones conexas con la Química de Lavoisier al mejor análisis de las aguas mineromedicinales.

Tratándose aquí de la Ilustración Española, anticipo que Pedro Gutiérrez Bueno tuvo relación en Madrid al menos con el conocido emeritense Juan Bautista Pablo Forner y Segarra (Mérida (Badajoz), 1756 – Madrid, 1797), hijo del mencionado médico de los Hospitales de Guadalupe con los mismos apellidos y de Manuela Piquer Zaragoza[28], quien no fue ajeno a los asuntos científicos de la Ilustración y en particular de la Química, de lo que trataré en otro trabajo.

Figura 4. Fotografía del retrato de Pedro Gutiérrez Bueno que se conserva en la Real Academia Nacional de Farmacia. Fuente: Archivo fotográfico de José Pastor Villegas, 23 de mayo de 2009.

 

4.2. José Antonio Pavón Jiménez y Vicente Cervantes Mendo

De estos científicos ilustrados traté por primera vez en una conferencia pronunciada en 1993, con motivo de los IV Encuentro de Didáctica de las Ciencias Experimentales[29].

Ambos tienen en común haberse formado como botánicos en el Real Jardín Botánico de Madrid, sito entonces en el Soto de Migas Calientes (Viveros de la Villa de Madrid), fundado por Fernando VI en 1755. Ambos fueron discípulos distinguidos del catedrático primero Casimiro Gómez Ortega (Añover de Tajo, Toledo, 1740 – Madrid, 1818)[30], Doctor en Medicina y Filosofía por Bolonia y boticario por el Real Colegio de Boticarios de Madrid, seleccionados por él para participar en dos de las expediciones botánicas.

Los objetivos de las expediciones botánicas, controladas por el mencionado Gómez Ortega, fueron tres: inventariar las riquezas naturales americanas (importancia científica), conocer sus aplicaciones y su posibilidad utilidad (importancia económica), y desarrollar en las colonias el nuevo modelo sanitario de la metrópoli (reorganización de las profesiones sanitarias en las colonias); tuvieron un carácter utilitario claramente farmacológico.

 

4.2.1. José Antonio Pavón Jiménez

José Antonio Pavón Jiménez (Casatejada, Cáceres, 1754 – Madrid, 1840)[31] participó en la Real Expedición Botánica a Perú y Chile (1777-1787) como segundo botánico; el primer botánico fue el también farmacéutico y botánico Hipólito Ruiz (Belorado, Burgos, 1754 – Madrid, 1816), con quien compartió publicaciones sobre la expedición científica realizada[32]. Finalizada tal expedición vivió en Madrid, tuvo a su cargo el establecimiento denominado Real Oficina de la Flora Peruana y Chilense, ejerció la profesión farmacéutica y participó desde la Real Academia de Medicina en las reformas sanitarias de la Ilustración.

En Madrid, Belorado y Casatejada se conmemoró el bicentenario del nacimiento de Hipólito Ruiz López y José Antonio Pavón Jiménez, a petición del farmacéutico y general Rafael Roldán Guerrero a la Academia de Farmacia de Madrid, constituyéndose una Comisión organizadora presidida por él. Otras comisiones se constituyeron en Perú, Chile y otros países sudamericanos. El acto inaugural se celebró en el Real Jardín Botánico de Madrid el 25 de octubre de 1954[33], pronunciándose varios discursos que reflejan los conocimientos del momento.

El científico casatejano siguió manteniendo vinculación con su pueblo natal después de la expedición botánica realizada, siendo consultado por sus paisanos por sus conocimientos quinológicos para combatir el paludismo. En Casatejada se le homenajeó también en el bicentenario de su nacimiento el 28 de octubre de 1954, efeméride a la que asistieron ilustres profesores de Madrid y de diversos países sudamericanos, representantes del Colegio de Farmacéuticos de Cáceres y autoridades políticas locales y provinciales[34]. Sobre la conmemoración de la efemérides se publicó una crónica más extensa dos años después[35] y páginas en la revista local Casatejada[36].

 

4.2.2. Vicente Cervantes Mendo

Vicente Cervantes, nombrado Catedrático de Botánica del Real Jardín Botánico de México, pasó con su esposa a Nueva España desde Cádiz en el navío Mentor el 30 de junio de 1787 con destino a Veracruz, como miembro de la Real Expedición Botánica a Nueva España (1787-1803). Años después, fue distinguido por el Real Colegio de Boticario de Madrid como Colegial Honorario y por la Real Academia de Medicina como Socio Correspondiente en 1794 y 1795, respectivamente, por su trabajo “Discurso pronunciado en el Real Jardín Botánico [de México] el 2 de junio [de 1794] por el catedrático D. Vicente Cervantes”, que trata sobre el árbol mexicano del caucho, del látex y del caucho. Finalizada la expedición botánica continuó en México colonial y México independiente hasta su muerte[37].

Su participación en las reformas ilustradas de la sanidad fue como Catedrático de Botánica del Real Jardín Botánico de México, en donde impartió Botánica y Química a médicos, cirujanos y boticarios, e interesados diversos. En la botica hospitalaria del Hospital de San Andrés ejerció también la docencia aportando conocimientos de Farmacia, Botánica y Química para superar el modelo gremial de aprendizaje e iniciar el reconocimiento institucional de la profesión farmacéutica, reforma que no se produjo en México hasta 1831[38].

Se ha considerado durante mucho tiempo que Vicente Cervantes había nacido en Zafra (Badajoz) en 1755. En 2007, demostré que no era extremeño de nacimiento, que era en realidad Vicente Cervantes Mendo, nacido en Ledrada (Salamanca) el 17 de febrero de 1758[39], con ascendientes familiares maternos en Casar de Cáceres (Cáceres) y esposa nacida en Hervás (Cáceres), con quien casó en Madrid en 1786[40].

Mi descubrimiento del lugar y fecha de nacimiento de Vicente Cervantes Mendo motivó la conmemoración del 250 aniversario de su nacimiento en 2008; hubo actos brillantes en Madrid en la Facultad de Farmacia (Universidad Complutense), Ateneo Científico, Literario y Artístico, y Real Academia Nacional de Farmacia, en los que españoles y mexicanos tratamos de su vida y obra[41]. Otros actos, se celebraron en Ledrada, Béjar y Zafra, recogidos en otra publicación[42] (Figura 5); los Ayuntamientos de Zafra y Ledrada, presididos por Manuel García Pizarro y Gabriel García Nieto, respectivamente, acordaron el Hermanamiento de ambas poblaciones.

A los actos celebrados asistieron autoridades españolas y mexicanas pues fue un científico hispanomexicano; la Casa Real y el Presidente de la Junta de Extremadura no pudieron asistir por motivo de agenda, ya que casi coincidentes con la celebración de la efemérides los Príncipes de Asturias estuvieron en Cáceres, pero enviaron atentos escritos al Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Ledrada. En particular, la Casa Real manifestó:

“Sus Altezas Reales, que valoran y aprecian su amable invitación, a la que no podrán corresponder por motivos de agenda, me han encargado que le agradezca su intención y le transmita con Su saludo afectuoso, Su deseo de que los actos se desarrollen con toda brillantez”.

Figura 5. Portada del libro Ledrada, el insigne científico Vicente Cervantes Mendo y Zafra. Fuente: Archivo fotográfico de José Pastor Villegas, fotografía realizada el autor el 9 de agosto de 2013.

  1. CONCLUSIONES   
  2. Los Reales Hospitales de Guadalupe durante la Ilustración fueron el Hospital de San Juan Bautista u Hospital de hombres y el Hospital de mujeres. Ambos hospitales funcionaron todo el año con las detalladas Ordenanzas y Costumbres de los Reales Hospitales de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe de 1741, las cuales no se conocieron hasta 1999.

En particular, se detallan cuándo y cómo se practicaban los tratamientos sifilíticos en el primero de dichos hospitales. Se detalla también el funcionamiento del Colegio de Cirugía en dicho primer hospital, en donde los médicos y cirujanos al servicio de los hospitales instruyeron teórica y prácticamente a los aprendices, incluso con la práctica de autopsias, sin otorgamiento de título profesional. Obviamente, la instrucción era más o menos ilustrada dependiendo de la formación de los profesores. Dicho colegio es anterior a las instituciones ilustradas Real Colegio de Cirugía de la Armada (Cádiz, 1748), Real Colegio de Cirugía de Barcelona (1760) y Real Colegio de Cirugía de San Carlos (Madrid, 1787).

Tal reglamentación no contiene capítulos dedicados al funcionamiento de la Botica monástica, sita fuera de los hospitales, en el denominado Claustro gótico del monasterio jerónimo. Sin embargo, mediante el Castrato de Ensenada de Guadalupe se puede saber que estuvo al cargo de boticario seglares y que hubo aprendices al menos en 1752.

  1. Pedro Gutiérrez Bueno (Cáceres, 1743 – Madrid, 1822), José Antonio Pavón Jiménez (Casatejada, Cáceres, 1754 – Madrid, 1840) y Vicente Cervantes Mendo (Ledrada, Salamanca, 1758 – México, 1829) fueron tres insignes científicos. Los dos primeros fueron extremeños de nacimiento; el tercero fue tenido por nacido en Zafra hasta 2007, año en que demostré que era ledradense, pero vinculado con Extremadura, pues su madre nació en Casar de Cáceres (Cáceres) y su esposa en Hervás (Cáceres). Los tres, profesionalmente farmacéuticos, estuvieron vinculados con las reformas profesionales sanitarias de la Ilustración Española desde instituciones no universitarias; el primero y el tercero como catedráticos de Química y Botánica en Madrid y México, respectivamente, y el segundo como académico de la Real Academia de Medicina de Madrid.

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Extremadura núm. 9994, viernes 29 de octubre de 1954, pág. 1.

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AGRADECIMIENTOS

Al personal de Archivos y Bibliotecas que ha facilitado mis consultas de investigación para la elaboración de este trabajo y a Luis Jiménez Rubio que me acompañó en la localización de la Fuente de Loro.

Asimismo, mi agradecimiento a la Asociación Coloquios Históricos de Extremadura por sus 46 años de trabajo.

[1] PASTOR VIILLEGAS, José, PASTOR VALLE, Jesús Francisco, PASTOR VALLE, Montaña Belén:   “Las expediciones científicas a América y las expediciones a América dirigidas por Miguel de la Quadra-Salcedo y Gallarre”. En: Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura (edición), XLV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, en prensa.

[2] LÓPEZ PIÑERO, José María: Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII, págs. 371-384. Barcelona, Labor, 1979.

[3] ALFONSECA, Manuel: Grandes científicos de la humanidad, Vol. 2, págs. 157-158. Madrid, Espasa Calpe, 1998.

[4] OCHOA, Severo: “Prólogo”. En: S. Ramón y Cajal, Reglas y consejos sobre investigación científica, págs. 9-10. Madrid, Espasa Calpe, 1995.

[5] LÓPEZ PIÑERO, José María: “La carta filosófica-médico-chymica (1867) de Juan de Cabriada. Punto de Partida de la Medicina Moderna en España”, Asclepio 17 (1965), 207-214.

[6] LÓPEZ PIÑERO, José María: “Cabriada, Juan de”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 1, págs. 149-152. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

[7] LÓPEZ PIÑERO, José María: Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII, págs. 387-401. Barcelona, Labor, 1979.

[8] PUERTO, Javier.: “La Ciencia durante la Ilustración y la Guerra de la Independencia”. An. R. Acad. Nac. Farm. 75 (E) (2009) 527-576.

[9] LAFUENTE, Antonio, PESET, José Luis: “Los inicios de la institucionalización de la ciencia moderna en España”. En: P. Martín Ferrero, Actas del simposium CCL aniversario del nacimiento de Joseph Celestino Mutis, págs. 49-58. Cádiz, 1986.

[10] IBORRA, P.: “Historia del Protomedicato en España (1477-1822) (Edición, introducción e índices de Juan Riera y Juan Granda-Juesas)”. En RIERA PALMERO, J. (dir.), Acta-Historio-Médica Vallisoletana, XXIV, págs. 77-79. Valladolid, Universidad de Valladolid, Secretariado de Publicaciones.

[11] FOLCH ANDREU, Rafael: “Los farmacéuticos en la Academia durante el siglo XVIII. Labor de D. José Hortega. En Academia Nacional de Medicina 1734-1934. Publicaciones conmemorativas del II centenario de su fundación”, págs. 177-282. Madrid, Imprenta de J. Cosano, 1935.

[12]ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo: “¿Cuándo nació Guadalupe a la Historia?¿Alfonso X ó Alfonso XI?”, Guadalupe núm. 662 (1983), 11-19.

[13] PERRIN, Adèle: “Plenitud de Guadalupe en el siglo XVI”, Guadalupe, núm. 715 (1992), págs. 53-70.

[14] PASTOR VILLEGAS, José: Conferencia “Pasado científico de Guadalupe de Extremadura: Reales Hospitales”, Jornada científica Pasado, presente y futuro de la Medicina, Cáceres, Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón (CCMIJ), 3 de noviembre de 2011.

[15] Ordenanzas y costumbres de los Reales Hospitales de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe. Arganda del Rey (Madrid), 1999.

[16] SAN JOSÉ, Francisco de: Historia universal de la primitiva y milagrosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, págs. 112, 121-122. Madrid, Antonio Marín, 1743.

[17] ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo: Cien personajes en Guadalupe, págs. 251-253. Fuenlabrada (Madrid), Graficinco, 1995.

[18] SAN DE DIOS Y GUADALUPE, Francisco: Medicina práctica de Guadalupe. Madrid, Imprenta Francisco de Arrojo, 1730.

[19]PRIETO AGUIRRE, J. F.: “La obra del Francisco Sande Dios y Guadalupe”, Med. Esp. 27 (1959), 439-445.

[20] ABRIL TORRES, José: Las dos caras del pensamiento médico: polémica entre médicos novatores y médicos galenistas en la Extremadura de principios del siglo XIX. Badajoz, Tecnigraf, 2009.

[21]BALLESTER AÑÓN, R.: “Martínez, Martín”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 2, págs. 34-35. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

[22] LLOPIS, Enrique: Guadalupe 1752 según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada (Colección Alcabala del Viento, núm. 25). Madrid, Tabapress, 1991.

[23] FRANCÉS CAUSAPÉ, María del Carmen; “La farmacia durante el reinado de Carlos III”, An. Real Acad.Farm. 55 (1989), 74-92.

[24] ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Arturo: Cien personajes en Guadalupe, págs. 223-225. Fuenlabrada (Madrid), Graficinco, 1995.

[25] FORNER Y SEGARRA, Francisco: Disertación sobre las virtudes medicinales de la fuente de Loro, nuevamente descubierta en las sierras de Guadalupe. Antonio de Sáncha, 1780.

[26] LÓPEZ PIÑERO, José María: “Gutiérrez Bueno, Pedro”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 1, págs. 432-435. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

[27]PASTOR VILLEGAS, José: “Pedro Gutiérrez Bueno [Jiménez], farmacéutico y químico ilustrado e ilustre extremeño en Madrid”. En: Actas de las I Jornadas de Historias Locales de Extremadura: Garrovillas de Alconétar Cáceres, 23 de mayo de 2009, págs. 243-249. Mérida, Asamblea de Extremadura, 2010.

[28] VILLANUEVA, Luis: “Noticia biográfica”. En: Biblioteca de autores españoles, desde la formación del lenguaje hasta nuestros días, Vol. II, págs. 260-267. Madrid, Rivadeneyra, 1871.

[29] PASTOR VILLEGAS; José: “Extremadura y América: aportaciones científicas extremeñas”. En: XIV Encuentros de Didáctica de las Ciencias Experimentales, sin paginar. Cáceres, Escuela Universitaria de Magisterio de Cáceres, 1993.

[30] CARLES GENOVÉS, Concepción: “Gómez Ortega, Casimiro”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 1, págs. 408-410. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

[31] LÓPEZ PIÑERO, José María, GLICK, Thomas F.:”Pavón Jiménez, José Antonio”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 2, págs. 148-149. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

[32]LÓPEZ PIÑERO, José María, GLICK, Thomas F.:”Ruiz López, Hipólito”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 2, págs. 273-275. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[33] “Segundo Centenario del nacimiento de los insignes farmacéuticos, exploradores botánicos de Chile y Perú”, An. R. Acad. Farm. Vol. 21 núm. 1 (1955), págs. 5-36.

[34] Extremadura núm. 9994, viernes 29 de octubre de 1954, pág. 1.

[35] LORO, Domingo: “El brujo yerbatero”. En: Trasuntos extremeños, págs. 19-48. Cáceres, 1956.

[36] GÓMEZ MATÍAS, Juan José: “Bicentenario de un viaje (1771-1788)”, Casatejada núm. 28 (1988), págs. 16-20.

 

[37] PASTOR VILLEGAS, José, PASTOR VALLE, Jesús Francisco: Páginas extremeñas sobre el caucho, págs. 103-110. Trujillo, Ediciones La Coria. Fundación Xavier de Salas, 2003.

[38] ACEVES PASTRANA, Patricia: “La renovación de la Farmacia en la Nueva España a finales del periodo colonial, An. R. Acad. Nac. Farm. 70 (2004), 125-145.

[39] PASTOR VILLEGAS, José: “Vicente Cervantes Mendo: lugar y fecha de nacimiento, bicentenario no conmemorado y próximo 250 aniversario, An. R. Acad. Nac. Farm., Vol. 73, núm. 3 (2007), págs. 747-762.

[40] PASTOR VILLEGAS, José: “Vicente Cervantes Mendo, insigne boticario, botánico y químico hispanomexicano: su vida en España”, Revista de Estudios Extremeños, Vol. 64, núm. 1 (enero-abril, 2008), págs. 413-424.

[41] MIRAS PORTUGAL, María Teresa, GONZALEZ BUENO, Antonio, DOADRIO VILLAREJO, Antonio (coor.): En el 250 aniversario del nacimiento de Vicente Cervantes (1758-1829). Fundación José Casares Gil de Amigos de la Real Academia Nacional de Farmacia. Madrid, 2009.

[42] PASTOR VILLEGAS, José (ed. y coor.): Ledrada, el insigne científico hispanomexicano Vicente Cervantes Mendo y Zafra. Béjar (Salamanca), AGH Impresores, 2011.

 

Ene 102018
 

Francisco Javier Cambero Santano y María Martín Cuervo. 

“…después de Dios, los caballos”

Hernán Cortés

Introducción

Desde tiempos remotos, los relatos que han hecho mención a la figura del caballo como un bien de prestigio y riqueza han sido numerosos[1]. La importancia de los équidos se ha visto reflejada a lo largo de la historia, desde su inicio, en las diferentes representaciones rupestres por toda la Península, pues el hombre paleolítico tenía conciencia de un amplio abanico de especies, pero muy pocas fueron las representadas sobre las paredes de cuevas y de abrigos rocosos, siendo una de las más frecuentes, el caballo[2]. Además, en este estudio, la figura del caballo fue decisiva y de suma importancia en la colonización del continente americano.

A partir de que Cristóbal Colón, durante su segundo viaje, comenzara a transportar los primeros 20 caballos y 5 yeguas desde España, y su posterior población en las islas vecinas de Cuba, Jamaica o República Dominicana[3], el caballo sería visto en América como una especie de animal fabuloso.

El desconocimiento por parte de los naturales, hizo que el asombro y el terror que aquellos sentían cuando estos animales salían de las naves de los españoles, hasta el punto de imaginar monstruos terribles al oír los relinchos[4], fuera usado por los colonizadores como estrategia para ganarse el respeto y la superioridad de los pobladores. Pero más exaltación sentían cuando vieron a los hombres que los cabalgaban, ya que pensaban que se trataban de una única figura, que, aludiendo a la cultura clásica, se trataban de auténticos centauros, incapaces de ser frenados por los aborígenes y que se trataban de seres inmortales. Los españoles ante el asombro de la imagen que habían adquirido los caballos, lucharon para que no se supiera la verdad, tanto que los conquistadores mandaban inhumar a sus caballos en lugares secretos para que los indios mantuvieran la creencia sobre la eternidad[5].

La importancia de estos animales no sólo se vio reflejada por parte de los indios, sino que los colonizadores, como mecanismo de supervivencia, llegarían a comerse a aquellos caballos que morían[6], bien por debilidad, o por congelación al llegar a emplazamientos como Los Andes[7].

No cabe duda que la conquista del Perú cambió la vida de dos continentes. A causa de ello, este hecho ha pasado a la historia y ha sido representado en numerosos sectores artísticos, publicitarios, audiovisuales… La figura de Francisco Pizarro, exceptuando algunos retratos, aparece siempre ligada a un caballo. Ambas figuras, como se ha expresado anteriormente, formaron un tándem perfecto en la conquista, pero ¿realmente se tiene una imagen correcta de ambos? ¿Ha influenciado negativamente la imagen que se ha dado de Francisco Pizarro a través de las diferentes representaciones?

A partir de diferentes ejemplos que se han tomado como muestra, se analizarán ambas figuras para ver las diferencias entre la realidad y la percepción visual actual.

 

  • Materiales y métodos

 

Para la elección de los recursos que se han seleccionado para realizar el estudio, tanto del caballo como de la indumentaria de Francisco Pizarro, primero se ha realizado una revisión acerca de todos los espacios donde se pueden encontrar estas imágenes. Finalmente, se han englobado en cuatro grupos: En el primero, se han tenido en cuenta las pinturas, grabados y relieves; cuyo tema principal gira en torno al momento en el que Francisco Pizarro y Atahualpa se encontraron por primera vez y el enfrentamiento que hubo entre ambos. El motivo principal de esta elección se debe a que desde nuestro parecer, la derrota de Atahualpa fue el punto álgido para la conquista del Perú. Se han seleccionado obras desde el S. XVI hasta nuestros días. El segundo bloque está formado por las esculturas, aunque se conocen tres, sólo se incluirá la de Trujillo por ser iguales en aspecto aunque de diferente tamaño. El tercer grupo es el formado por libros, revistas, cómics y audiovisuales. Este apartado es, quizá, el más visual de los cuatro, ya que está dirigido a un público infantil y juvenil, por eso la imagen que se da de Pizarro y su corcel, será decisiva en cuanto a la percepción inicial que se adquiera de los protagonistas y, por último, el cuarto bloque es el formado por el merchandising, como ejemplo se han tomado una baraja de cartas, un llavero, juguetes, guías turísticas, tarjetas postales o publicidad de alojamientos de Trujillo. Este sector de la mercadotecnia, es utilizado en el sector turístico para rentabilizar un destino, bloque también muy importante en cuanto a la imagen que se vende acerca de Francisco Pizarro, su caballo e incluso de Trujillo.

 

TABLA 1. RELACIÓN DE OBRAS TOMADAS COMO EJEMPLO PARA EL PRESENTE ESTUDIO.

 

  NOMBRE DE LA OBRA O ARTÍCULO SIGLO
PINTURAS

GRABADOS Y

RELIEVES

Óleo “Francisco Pizarro a caballo”. Autor: Daniel Hernández. s. XX
Grabado: Último emperador inca ante el conquistador Pizarro. s. XVI
Grabado de Felipe Guamán Poma de Ayala. Grabado de   Atahualpa Inga en Cajamarca en su trono Usno. En primer nueva coronica y buen gobierno.  

S.XVII

Grabado: Diego de Almagro, Francisco Pizarro y Vicente de Valverde frente a Atahualpa en Cajamarca. Autor: Guaman Poma de Ayala. s. XVII
Grabado Tropas de Francisco Pizarro capturando al Emperador Atahualpa. Autor: Theodore de Bry. s. XVII
Grabado: “Francisco Pizarro”. Autor desconocido. S. XIX
Grabado: Captura del rey inca Atahualpa por Pizarro en la ciudad de Cajamarca. s. XIX
Grabado “La batalla de Cajamarca” Autor: Adam Hook. s. XX
Relieve del Capitolio de Washington: “Llegada de Francisco Pizarro a Perú. s. XIX-XX
ESCULTURA Estatua de Trujillo. S. XX
LIBROS,

REVISTAS,

CÓMICS Y

AUDIOVISUALES

Cómic: “Aventuras de la vida real. Francisco Pizarro, Conquistador del Perú”. Ed. Mexicana. Ediciones Recreativas S.A. S. XX
Cómic: Relatos del Nuevo Mundo “Francisco Pizarro en Perú. Los Trece de la Fama” Ed. Planeta de Agostini. S. XX
“Kalkitos de viva yo” Pizarro y los Incas. Dibujos adhesivos para hacer tus propias historias. Núm. 10. S. XX
Periódico ABC. Madrid día 26 de junio. S. XX
Libro “Pizarro” de Raúl Porras Barrenechea. Lima. S. XX
Érase una vez el descubrimiento.
MERCHANDISING Barajas de cartas iberoamericana Fournier. S. XX
Click de Playmobil. S. XX
Emblema de auxilio social. S. XX
Programa de Fiestas de Trujillo. Bodas de Plata Coronación. S. XX
Guía Turística de bolsillo de Trujillo. España. Datos informativos. S. XX
Guía de la Iglesia de San Martín de Trujillo. 2ª Edición. S. XXI
Guía Turística Local de Trujillo. Junta de Extremadura. S. XX
Tarjeta Postal. Unión Postal Universal de España. S. XX
Publicidad Residencia-Restaurante, “Madrid-Lisboa” S. XX
Tarjeta Postal “Plaza Mayor de Trujillo (Cáceres) S. XX
Llavero de Francisco Pizarro. S. XX
Figura de plomo de Francisco Pizarro. S. XX

 

  • Realidad histórica frente a la simbología y expresión artística de Francisco Pizarro y su caballo

 

 

  • Realidad histórica

 

2.1.1 Historia del caballo en América

A pesar de que las primeras referencias escritas que se tienen acerca de la llegada del caballo a América datan del año 1493, con la llegada de Colón a las Antillas en su segundo viaje, en la actualidad, se ha confirmado la presencia de caballos con anterioridad al siglo XV. Esta teoría se ha podido demostrar gracias al reciente descubrimiento de huesos de équidos junto con elementos de alfarería Maya, datados en fechas muy anteriores a 1492.[8]

Los primeros caballos en llegar al continente americano procedentes del segundo viaje de Colón, eran caballos berberiscos, procedentes de la zona norte de África. El 25 de septiembre de 1493, antes de partir, los Reyes Católicos ordenaron a Fernando de Zafra, su secretario, que escogiese veinte lanzas jinetas junto a cinco “dobladuras” hembras.[9]

Éstos no fueron los únicos equinos que salieron de Andalucía, ya que entre las mil quinientas personas embarcadas, algunos llevaron sus propios animales. Andrés Bernáldez cita un total de veinticuatro caballos y diez yeguas, es decir nueve ejemplares habrían sido aportados por algunos de los personajes más importantes que acompañaron al Descubridor[10]. Con todo, los briosos corceles exhibidos en el alarde de Sevilla, fueron cambiados por unos “pencos matalones”[11]. Colón debió embarcar caballos diferentes a los inicialmente adquiridos y no tuvo más remedio que expresar a los monarcas su disconformidad por el cambio que hicieron los escuderos, engaño que posteriormente les favorecería, ya que los caballos elegidos inicialmente eran animales finos, y no hubieran soportado la dureza del viaje ni del clima. Por el contrario, los nuevos caballos adquiridos, de raza berberisca, eran rústicos y se adaptaron rápidamente al clima y a la ruda faena que debieron enfrentar.

En el tercer viaje, se tuvieron que fletar catorce yeguas para aumentar el número de animales necesarios para labrar la tierra, transporte y demás menesteres.[12]

El transporte de caballos desde España a América no cesó. En la flota de treinta y dos navíos, que dirigió Nicolás de Ovando en febrero de 1502, se fletaron desde San Lúcar de Barrameda cincuenta y nueve équidos y mil quinientos hombres[13], de los que por lo menos cuarenta y nueve eran particulares. Los Reyes sólo enviaron diez sementales para la mejora de la Yeguada Real aunque el monopolio comercial continuaba. En 1503, se dio licencia a los vecinos de La Española que quisiesen llevar yeguas para su uso personal.

Por primera vez, los pobladores que lo desearan tendrían la posibilidad de disponer de caballos para sus desplazamientos por la geografía isleña, realización de distintos trabajos, paseos y necesidades sociales de lujo… La demanda creció tanto que en 1504 se permitió el libre comercio con posibilidades lucrativas.

Como consecuencia de esta medida y del descubrimiento de minas de oro, entre esta fecha y 1507, se produjo un verdadero aluvión de caballos hacia Santo Domingo. Hidalgos como Rodrigo de Bastidas, Miguel Díaz de Aux, Martín de Gamboa y otros, comenzaron a invertir los capitales que obtenían en la minería en comprar caballares, inversiones que permitían ganancias de un doscientos por ciento[14]. Así, en pocos años, estas manadas, o tenencias, se multiplicaron de manera extraordinaria para, posteriormente, reunirse en gran número en Jamaica y México, lugares donde la Corona concedió caballos suficientes a los conquistadores para llevar a cabo sus arriesgadas expediciones al interior del continente americano.

Por ello para entender los orígenes de las de las distintas razas que hoy se crían en América, hay que remontarse a los años anteriores a 1492, para tener una idea clara de los distintos tipos de caballo que existían entonces, especialmente en la Península Ibérica.

El ingeniero agrónomo don Uldaricio Prado, agrupa esta diversidad en tres tipos bien definidos, formando cada uno de ellos una raza o tipo, con características distintas y muy nítidas.[15]

El señor Prado[16] las distingue así:

 

“1.- Tipo Español Castellano, formado por:

     1.1.- Tipo Aborigen de las regiones de Galicia, Navarra, Castilla y Aragón. Ejemplares provenientes de mezclas entre caballada autóctona europea, céltica y africana.

     1.2.- Tipo germánico introducido por Godos, Suevos y Eslavos, caballada nativa de Noruega, Rusia, Austria y Hungría.

2.- Tipo Español, formado por:

       2.1.- Caballo aborigen (Ronda, Córdoba, Sevilla; producto mezclado de los caballos autóctonos: europeo, céltico y africano).

       2.2.- Tipo morisco (traído por Númidas y Beréberes, que corresponden al tipo autóctono del caballo africano, introducido por árabes que corresponde al tipo de caballo asiático, conocido genéricamente como caballo árabe. Cabe destacar que aquí se incluye el caballo Sirio, persa y el árabe propiamente tal.

3.- Tipo Jaca (haca) y Rocín, formado por: El tipo aborigen de Galicia, País Vasco, Navarra y Andalucía; productos mezclados en los caballos autóctonos céltico, africano y europeo.”

 

Estudios genéticos más avanzados han puesto de manifiesto la enorme divergencia genética en las razas americanas, lo que podría indicar los cruces entre diferentes razas en América del Sur.[17] Además, se ha observado que parte del genoma de diferentes razas de caballos americanos, reside en los caballos españoles del siglo XVI, más cercanos filogenéticamente a los berberiscos que a los actuales pura raza española.[18]

Los actuales caballos de raza Paso Fino Peruano, que se caracterizan por sus movimientos, son caballos que mueven sus bípedos paralelos, en vez de los diagonales.

Este movimiento específico de algunas razas, se denomina ambladura o caballos ambladores y era característico de los caballos berberiscos, no encontrándose en las razas ibéricas. Este hecho confirma las teorías de que los caballos del nuevo mundo procedían mayoritariamente de los caballos berberiscos introducidos en la Península con la invasión musulmana. Otro estudio[19] muestra la similitud genética entre los actuales caballos Ibéricos y diferentes razas americanas, siendo el caballo criollo el que comparte más genes con los caballos ibéricos. Estos resultados pueden explicarse por la introducción posterior de caballos de Pura Raza Española, que se emplearon como raza mejorante, o bien la presencia de caballos marismeños en los primeros navíos, ya que esta raza, aunque era de origen Ibérico, tenia trazas berberiscas[20].

El pura raza español no existía como lo conocemos actualmente en el año 1492. Tendría que pasar casi un siglo para ver nacer al caballo español y, posiblemente, más de dos para que el primero pisara tierras americanas, y cuando lo hizo debió llegar en muy escaso número y de manos de algunos nobles y virreyes que se instalarían en el Nuevo Mundo. La escasez de ejemplares existentes al conseguirse la raza española y el alto precio que alcanzaron, los hizo prohibitivo para la guerra y el trabajo en el campo. Prueba de ello se tiene en la Orden que, en 1579, dio Felipe II, a través de la Junta de Obras y Bosques[21], al Caballerizo Real y creador de la raza española, Diego López de Haro, tras una petición de caballos para el ejército de Orán: “Que se vendan ocho caballos españoles inútiles y con el dinero que se compren treinta para los jinetes de Oran”[22]

La mayoría de los caballos que llegaron a América procedentes de España eran de raza haca. El término haca[23] se define como la caballería de poca alzada. Antonio de Nebrija tradujo el término haca del germánico “hack”, cuyo significado es cortar, tajar, separar, hacha, corte o hachazo, y que los sajones lo utilizaban para designar un tipo de caballo de grupa partida. Covarrubias,[24] dijo de estos animales que eran los caballos importados de Inglaterra. Efectivamente, las hacas, eran un tipo de caballos procedente de Inglaterra, donde se utilizaba para el trabajo en el campo y tirar de los carros.

Se trataba de un tipo de caballo tan conocido en Europa que el Papa exigió a los Reyes Católicos el envío periódico de una “hacanea blanca”, entre otros impuestos, a cambio de la concesión de la Bula de la Santa Cruzada para sufragar los gastos de la guerra de Granada. Se trataba de un caballo con una morfología bien definida, cuya capa predominante, en 1765, en España, fue la pía[25].

El porcentaje de las capas de las hacas era el siguiente: pía 56,51%, torda 10,81%, alazana 3,48%, castaña 17,59%, rosilla 3,48%, noguerada 6,97% y negra 1,16%. Estos datos coinciden con los aportados en la bibliografía de los caballos empleados por Hernán Cortes y sus acompañantes, que cita textualmente en su libro Bernal Díaz del Castillo:

 

“Quiero aquí poner por memoria todos los caballos y yeguas que pasaron. El Capitán Cortés, un caballo castaño zaino, que luego se le murió en S. Juan de Ulua. Pedro de Alvarado y Hernando Lopez de Avila, una yegua castaña muy buena, de juego y de carrera: y de que llegamos á Nueva España el Pedro de Alvarado le compró la mitad de la yegua, ó se la tomó por fuerza. Alonso Hernandez Puertocarrero, una yegua rucia; de buena carrera, que le compró Cortés por las lazadas de oro. Juan Velazquez de Leon, otra yegua rucia, muy poderosa, que llamábamos la rabona, muy revuelta y de buena carrera. Christóbal de Oli, un caballo castaño escuro harto bueno. Francisco de Montejo y Alonso de Avila, un caballo alazan, tostado, no fué para cosa de guerra. Francisco de Morla, un caballo castaño escuro, gran corredor y revuelto. Juan de Escalante, un caballo castaño claro tresalvo, no fué bueno. Diego de Ordás una yegua rucia y machorra pasadera, aunque corria poco. Gonzalo Dominguez, un muy estremado ginete, un caballo castaño escuro muy bueno, y gran corredor. Pedro Gonzalez de Truxillo, un buen caballo castaño, que corria muy bien. Moron, vecino del Vaimo, un caballo hovero, labrado de las manos, y era bien revuelto. Vaena, vecino de la Trinidad, un caballo hovero algo sobre morcillo, no salió bueno. Lares el muy buen ginete, un caballo muy bueno, de color castaño, algo claro, y buen corredor. Ortiz el Músico, y un Bartolomé García, que solia tener minas de oro, un muy buen caballo escuro, que decian el arriero; este fué uno de los buenos caballos que pasamos en la Armada. Juan Sedeño, vecino de la Habana, una yegua castaña, y esta yegua parió en el navío. Este Juan Sedeño pasó el mas rico soldado que hubo en toda la armada, porque traxo un navío suyo, y la yegua y un negro, é cazabe, é tocinos; porque en aquella sazon no se podía hallar caballos, ni negros, sino era á peso de oro, y á esta causa no pasáron mas caballos porque no los había.”[26]

 

Este rasgo morfológico, la capa pía, no sólo confundió a los investigadores americanos sino que también afectó a los españoles. La aparición en España de animales de esta capa, en la iconografía del mundo moderno, ha servido de base para afirmar que el caballo español fue el producto del cruce con razas europeas.

En 1540, Fernando Chacón describió cómo debían ser morfológicamente las hacas en su tratado sobre doma a la jineta:

 

“Ha de tener las canillas de pies y manos muy anchas y con cernejas, y cortas las cuartillas de pies y manos. Ha de tener los pechos muy anchos y salidos como nariz de barco. Ha de tener los oidos largos y bien puestos. Ha de tener la cabeza pequeña y bien formada y las narices anchas (…) La boca ni muy hendida ni tampoco boquiconejuno (…) Ha de tener el aguja alta y muy buen costado y grandes caderas partidas por medio (…) y sobre todo que tenga buena gracia y donaire en el paso y andamio y que corra aprisa y pare aprisa y sea sosegado y cuerdo. El pescuezo que salga del pecho y no del aguja(…) Así mismo las crines muy pobladas y calzado de los dos pies o del uno y con una estrella en la frente y en las manos no tenga ningún blanco…”[27]

 

Hoy por hoy, sólo los caballos de paso peruano, el puro puertorriqueño y el paso fino colombiano conservan y comparten algunas características del caballo Berberisco.[28]

 

2.1.2 Los caballos en la conquista del Perú

Desde que a principios de la Baja Edad Media se generalizara el estribo y la silla, la caballería se convirtió en dueña de Europa. En América su protagonismo fue indiscutible durante todo el período conquistador, aunque en Europa, en estas fechas, empezaba a cobrar más importancia la infantería. El propio Hernán Cortés escribió una frase muy conocida en relación con la importancia de los caballos en la conquista: “no teníamos, después de Dios, otra seguridad sino la de los caballos, nos consoló su carne, porque la comimos sin dejar cuero ni otra cosa de él (…)”[29]

La escasez de caballos hizo que fueran un recurso muy limitado en el combate, y que sólo los españoles de mayor rango pudieran disponer de ellos. Estaban tan cotizados en el nuevo mundo que preferían dejar morir a los indios aliados antes que a sus caballos, conscientes de que representaban una protección más segura que las armaduras. Esta escasez hizo que su precio se disparara. De Las Casas se indignaba al comprobar que en La Española, en las primeras décadas del siglo XVI, se cambiaba una yegua por 80 personas de Pánuco[30]. Poco antes de la Conquista de México se cotizaban en 3.000 pesos de oro, lo que obligó a algunos conquistadores a asociarse para su adquisición[31]. Fue el caso de Pedro de Alvarado que adquirió una yegua alazana a medias con López de Ávila.

Por su parte, Francisco de Montejo, debió conformarse con un penco de feas hechuras que debió comprar a partes iguales con Alonso de Ávila. Pero todavía, en torno a 1535, Alonso Martín declaró que compró un caballo en el Perú por 1.200 pesos de oro[32]. Prácticamente durante toda la Conquista, el caballo fue un producto escaso y de precio prohibitivo, por lo que su uso quedó restringido a los personajes más ricos e influyentes .

Hacia 1523, el conquistador extremeño Francisco Pizarro residía en Panamá como un vecino más o menos acomodado, como cualquier otro residente español. Empezó a entenderse con su más cercano amigo, el capitán Diego de Almagro, sobre la posibilidad de organizar una expedición hacia el tan mentado “Birú”. Ambos eran rudos y curtidos soldados con experiencia en la conquista de Tierra Firme. La sociedad se concretó en 1524, sumándose un tercer socio, el cura Hernando de Luque, quien debía aportar el dinero necesario para la empresa. Se repartieron las responsabilidades de la expedición: Pizarro la comandaría, Almagro se encargaría del abastecimiento militar y de alimentos y Luque se encargaría de las finanzas y de la provisión de ayuda. Se convino en que todas las utilidades se dividirían en tres partes iguales para cada socio o sus herederos, y que ninguno tendría más ventaja que otro.[33]

Conseguida la autorización del gobernador Pedrarias Dávila, el 14 de noviembre de 1524, partió Pizarro de Panamá a bordo de un pequeño bergantín, el Santiago, con cerca de 80 hombres, algunos indios nicaraguas de servicio y cuatro caballos.[34]

Se dice que Hernando Soto fue uno de los jinetes “más extremados” de la Conquista, señor de las dos sillas[35] (dícese de los jinetes que dominan la monta a la jineta y a la estradiota o brida) y soldado audaz.[36] En vez de cabalgar a la brida, con las piernas estiradas para soportar el choque, como era costumbre durante los torneos, los soldados de a caballo adoptaron en esa época un estilo nuevo, llamado a la jineta. El jinete asumía la posición de los moros, con las estriberas cortas y las piernas dobladas hacia atrás, como si estuviese arrodillado sobre el animal. El jinete usaba la montura alta, el poderoso freno de los moros, una sola rienda y, preferentemente, mantenía alta la mano (con las riendas).

En efecto, los caballos se embridaban a la altura del cuello, por cuya razón doblaban cuando advertían una presión sobre el cuello en vez de un tirón a un costado de la boca. Puesto que el freno poseía una embocadura alta y muchas veces las patas del mismo eran largas, cuando el jinete levantaba la mano, la embocadura subía hacia el paladar del animal, de ese modo el caballo sufría menos que con el sistema moderno[37].

Se cuenta que Soto se complacía haciendo gala de sus habilidades al conducir el caballo, de su maestría montando a la jineta, de cómo paraba en seco al animal disparado a la carrera, y de la forma en que domaba a sus animales hasta lograr absoluta obediencia y precisión en sus maniobras[38]. Sin embargo, cuentan las crónicas que Francisco Pizarro era guerreo de a pie, no considerándose un “extremado jinete” como fueron considerados Hernando de Soto, Cortés y Valdivia[39].

 

2.1.3 El caballo de Pizarro

Gracias a los datos recogidos en la bibliografía y a los estudios genéticos más recientes realizados en la raza de caballos Paso Fino Peruano, se puede asegurar que los caballos que llegaron a Perú de la mano de Francisco Pizarro eran de origen Bereber o hacas.

Con estas premisas, se puede considerar que los caballos que llegaron a Lima presentaban las siguientes características físicas: caballos de poca alzada, rústicos y con pies pequeños y cascos resistentes, perfil rectilíneo o ligeramente convexo e inserción de la cola bajo.

FIGURA 1: Fotografía que ilustra la morfología de un caballo berberisco actual, similar a como se describen los caballos que llegaron en el segundo viaje de Colón al nuevo mundo.

 

Además, los actuales caballos peruanos se caracterizan por ser ambladores, rasgo genético que transmite por homozigosis, movimiento heredado de los caballos berberiscos.

Según Eduardo Marín Recoba[40] en un texto de la conquista del Perú:

 

Francisco Pizarro no solo trajo yegüerizos andaluces sino que trajo jacas de potros bereberes que pronto dieron una buena crianza en tierras incaicas. Entre 1531 y 1532 fueron traídos al Perú los primeros potros bereberes vía Panamá. No se sabe cuantas de los 80 que tenía la hueste conquistadora eran ambladores, lo cierto es que Sebastián Moyano de Benalcázar comerciaba con ellos desde Panamá y con certeza Pizarro acudió a el para la provisión de caballos de guerra

 

Aunque no se puede asegurar con certeza, parece probable que alguno de estos caballos introducidos en el nuevo mundo de origen bereber fueran ambladores y supusieran el origen de la actual raza de caballo Paso Fino Peruano.

Juan Ponce de León importó los primeros caballos de origen berberisco en Puerto Rico, procedentes de La Española en 1509[41]. En 1510, Juan Ponce de León trajo yeguas desde Sevilla, y Cristóbal Sotomayor importó desde La Española más yeguas y algunos caballos.

Ya para el año 1515, Puerto Rico criaba y exportaba caballos a otras partes del Nuevo Mundo. El sevillano Juan de Esquivel, amigo de Juan Ponce, fue enviado en 1510 por Diego Colón a Jamaica, como teniente gobernador, considerándose el conquistador de Jamaica, y aquel que introdujo los caballos en esta[42]. Fernando Pizarro compró en la isla 20 potros para su hermano Francisco Pizarro, para ser utilizados por él y sus hombres durante la conquista del Perú[43]. También se tiene constancia que Carlos V, expresó en la Capitulación de Toledo, la entrega a Francisco Pizarro de 25 yeguas y algunos caballos para su partida a Perú:

 

“…Iten, vos hacemos merced de veinte e cinco yeguas y otros tantos caballos, de las que Nos tenemos en la isla de Xamaica. E no las habiendo quando las pidiéredes, no seamos tenudo al prescio dellas, ni otra cosa por razón dellas”[44]

 

                     2.1.4 La indumentaria de la Conquista

“Son tantos y tan excesivos los trajes en esta tierra, de lo qual redunda grandes ofensas a Dios Nuestro Señor y molestias y vexaciones de los pobres naturales”[45]

 

Existen noticias tempranas acerca de la indumentaria que llevaron los españoles durante la conquista. Uno de los sucesos más importantes y representativos de la ocupación del Perú, fue el apresamiento del Inga Atahualpa a manos de Francisco Pizarro. La crónica de Guamán Poma, en 1615, redacta el momento en que Francisco Pizarro y Almagro llegaron a Cajamarca:

 

“De cómo los españoles llegaron a la ciudad de Caxamarca y no se aposentaron… Y en aquel tienpo no trayýan cuellos, cino trayýan el cuello como padre. Todos trayýan bonetes colorados y calsones chupados, jubón estofados y manga larga y un capotillo con su manga larga, como caci a la biscaynada.”[46]

FIGURA 2. Primer hábito de España que trajo en la conquista. Fuente: De Ayala, F. (1615/1616)

 

El hecho que se llevaran este tipo de indumentarias y no las grandes corazas con las que habitualmente se representan a los conquistadores, sería debido a factores como el precio, sobre todo la infantería que contaba con muy pocos recursos, el peso, pues estas armaduras podían llegar a pesar cerca de 30 kg, y por el clima cálido y húmedo del Nuevo Mundo.[47]

En la sociedad novohispana, la importancia de la ropa se implantó como un símbolo cultural, mientras que en Castilla, desde tiempos de los Reyes Católicos, los Monarcas consideraron la necesidad de establecer excepciones a favor de algunos funcionarios, a quienes se les autorizó para el traslado de sus pertenencias sin limitaciones, cuando iban a servir como cargos públicos en las posesiones de Ultramar, en el nuevo territorio, Castilla reconocía la igualdad de las almas de todos sus súbditos, pero les imponían la diferenciación de vestidos. Los indios aceptaron la indumentaria impuesta por los conquistadores,[48] aunque los negros y mulatos buscaron la forma de conservar su estética sin actuar en contra de las normas, y los españoles compitieron por demostrar su distinción por medio del vestido.[49]

 

  • Expresiones artísticas y simbología
  • Pintura y Grabados

FIGURA 3. Relación de obras para el bloque de “pinturas, grabados y relieve”. Fuente: Elaboración propia a partir de varios autores y sitios web.

 

 

  • El caballo

 

Dado que Pizarro no era buen jinete y que el primero que apareció ante Atahualpa montando a caballo fue Soto, parece poco probable que Pizarro llegará a Perú montado a caballo.

El caballo que aparece representado en las pinturas y grabados se representa como un caballo andaluz moderno (actual Pura Raza Española), robusto y de gran alzada. Sin embargo los caballos que se llevaron a Perú eran de origen berberisco, como se ha demostrado con los actuales trabajos genéticos realizados en el Paso Fino Peruano.

En casi todas las representaciones artísticas, se presenta un caballo castaño encendido con lucero en la frente o cordón corrido. Sin embargo, sabemos por la bibliografía, que el caballo que montaba Pizarro era castaño morcillo, es decir, casi negro.

En el relieve del friso de Washington, vemos un caballo más acorde con las descripciones de la época, a pesar de que la inserción de la cola es muy alta, típico de los caballos pura raza árabe, mas que de los berberiscos o hacas.

De las nueve obras analizadas, las cuatro anteriores al s. XVIII, la figura de Francisco Pizarro aparece sin caballo, sólo en las más actuales aparece montado en él, y en las representaciones en color, el caballo es de capa castaña, en caso del óleo con un lucero en la frente y en el caso del grabado con un cordón corrido. Se sabe que Hernando Pizarro montaba un caballo castaño[50] y que esta capa era predominante en los caballos importados, así que probablemente los artistas extrapolaron esta información a la hora de realizar la representación de Francisco Pizarro a caballo.

 

  • La indumentaria

 

La indumentaria con la que se ha representado a Francisco Pizarro a lo largo de los siglos es muy diferente y variopinta. A partir de la descripción que haría Guamán Poma en 1615, se puede observar cómo los grabados más antiguos se corresponden más a dicha descripción. El bonete al que hace referencia el referido autor es “colorado”, como se aprecia en el grabado de Adam Hook, aunque más se asemejaría a un bonete el del grabado del “Último emperador inca ante el conquistador Pizarro”. Con posterioridad, se dejaría de representar un bonete para incluir a la figura un yelmo, elemento que no sólo cubriría la cabeza del guerrero, sino también el rostro. El hecho de su inclusión en las obras más tardías bien podría ser debido a que este elemento, en épocas posteriores a la Edad Media, se seguiría utilizando en desfiles, paradas militares y torneos deportivos. Al elemento protector, en la mayoría de los casos, se añaden unos penachos de color rojo que, seguramente, se traten de las plumas de avestruz a las que Guamán Poma hace referencia en su descripción.

El jubón aparece correctamente representado en todas las obras, excepto en el óleo de Daniel Hernández, donde se deja a un lado esta pieza para representar al personaje principal con la parte superior de una armadura. En determinados casos, debido a la mínima diferencia con la jaqueta, (prenda semejante al jubón pero que cubría hasta los muslos en vez de hasta la cintura), el personaje aparece representado con una de éstas, como en el grabado de “Francisco Pizarro”, de autor desconocido. Los calzones que llevaban eran “chupados”, dicha descripción podría tratarse de unos tipos de calzones muy ajustados que llegaban hasta los pies, tanto que descubrían la forma de las piernas. El mejor ejemplo de los calzones se encuentra representado en el grabado “captura del rey inca Atahualpa por Pizarro en la ciudad de Cajamarca”. Pero durante esta época, los pantalones comenzaron a ser más cortos, con el fin de lucir sus piernas como símbolo de hombría, de ahí que Pizarro pueda ser representado con unos calzones por encima de la rodilla en determinados casos. El capotillo de manga larga se trataría de una hopalanda, prenda que se hizo popular entre los hombres, siendo ésta más corta para el uso masculino. En las obras siempre se ha representado como una tela transversal que se ata a la altura de la cintura.

Por último, Guamán Poma narra cómo los colonizadores llegaron con sandalias; así, este autor las representa es sus grabados, no volviendo a ser representadas debido al bajo estatus social que ello emite. A partir de entonces, las sandalias serán cambiadas por zapatos o botines a la altura del tobillo, e incluso por botas que llegan hasta las rodillas del caballero.

 

  • Escultura

FIGURA 4. Figura de Francisco Pizarro en Trujillo. Fuente: http://www.fuenterrebollo.com

 

  • El caballo

 

Como estatuas ecuestres de Francisco Pizarro, se conocen un total de tres esculturas de bronce, obras del escultor norteamericano Charles Cary Rumsey, ubicadas una en la ciudad de Trujillo, España (lugar de nacimiento de Pizarro) otra en la ciudad de Lima, capital del Perú (lugar donde falleció y se encuentra enterrado), y la última en la ciudad de Buffalo (Estados Unidos) situada al frente de la Albright-Knox Art Gallery[51].

Las características del caballo, representado en la escultura, son las de un caballo pura raza español moderno, con la inserción de la cola baja, cascos grandes y cuello corto y robusto, que contrasta con las descripciones de los caballos que se llevaron al nuevo mundo, de tipo berberisco o hacas, con cascos pequeños y escasa estatura[52].

Además parece poco probable que los caballos llegasen a Cajamarca protegidos por una coraza, ya que las dificultades que se encontraron por el camino hizo mella tanto en los hombres como en los animales, que llegaron desfallecidos y con escasas pertenencias.

En cuanto al estilo de monta, se aprecia por la longitud de los estribos que Pizarro monta a la brida, estilo de los caballeros europeos de la Edad Media, y su atuendo es acorde a este estilo de monta. Sin embargo, en la fecha de la conquista, la mayoría de los caballeros habían adoptado el estilo de monta a la jineta, con los estribo más cortos, adoptado de los musulmanes. En este caso, y dado que Pizarro no era un buen jinete, puede que este no dominara los dos estilos de monta, y se le haya representado con el más probable.

 

  • La indumentaria

 

La estatua de Francisco Pizarro es conocida por representar “el momento de la conquista de Perú”. Como ya se ha expresado anteriormente, mantenemos que el momento más importante y decisivo de la conquista fue el apresamiento de Atahualpa.

Por tanto, nuevamente se describirá la indumentaria atendiendo a dicho momento de la historia.

El yelmo que porta la estatua de Francisco Pizarro, nada tiene que ver con el bonete mencionado en las crónicas iniciales. Se trata de un yelmo simple, sin ornamentación, sólo lleva un troquelado en los bordes. Se desconoce si su cimera estaba decorada con algún motivo, ya que la visera se encuentra abierta dejando ver la cara del español. El yelmo no tiene babera ni collar y nuevamente se representa sobre él dos penachos haciendo referencia a las plumas de avestruz.

La parte superior de la indumentaria se corresponde con una armadura y no con un jubón estofado. El peto es liso y el gorjal simula estar abierto en pico. Las hombreras son de tamaño medio, dejando ver un trozo considerable de antebrazo; el codal es sencillo y el trozo de avambrazo finaliza con la armadura de las extremidades, pues la estatua carece de manopla. La armadura lleva consigo escarcelas.

La parte inferior se representa con unos calzones anchos a la altura de las rodillas, no tratándose de unos “calzones chupados” y que dejan al descubierto las piernas de Pizarro, nuevamente como posible símbolo de hombría.

Los pies están cubiertos por escarpes y zapatos herrados portando espuelas, y no por sandalias. El capotillo de manga larga no aparece representado.

 

  • Libros, revistas, cómics y audiovisuales

FIGURA 5. Relación de obras para el bloque “Libros, revistas, cómics y audiovisuales”. Fuente: Elaboración propia a partir de varios autores y sitios

 

  • El caballo

 

En cuanto a las representaciones artísticas que encontramos en diferentes soportes gráficos, en todos ellos Francisco Pizarro aparece representado sobre un caballo, con las características de un buen jinete (movimientos del caballo, posición de este en la silla, lucha contra los indígenas sobre un caballo encabritado). Las características de los caballos representados son similares: en todas las imágenes aparece un caballo grande, musculoso y con características del actual caballo pura raza español, aunque el color de la capa varía según la ilustración, apareciendo en algunos casos un caballo castaño y en otros un caballo tordo. El hecho de que en todas las representaciones actuales aparezca Pizarro sobre un caballo grande y musculoso, ayuda a realzar la idea de la conquista de América por hombres sobresalientes, poderosos guerreros sobre elegantes corceles, que poco tiene que ver con la realidad histórica.

 

  • La indumentaria

 

A partir del momento en que se da a conocer la estatua, la mayoría de las representaciones, tanto del caballo como de Francisco Pizarro, serán similares. En este medio, Pizarro aparece siempre con un yelmo sobre su cabeza, excepto en el cómic de “Aventuras de la vida real. Francisco Pizarro” que aparece con un bonete aunque de diferente color. La parte superior corresponde a una armadura, aunque se representa de diferentes formas: en la serie “Érase una vez el descubrimiento”, el personaje aparece con manoplas y por ejemplo en el cómic de “Aventuras de la vida real. Francisco Pizarro” la armadura sólo aparece con el peto, dejando entrever una camisa abombada de listas rojas y amarillas, que no corresponde con los cánones de la época, pero que podría hacer referencia a los colores de la bandera española.

Los calzones mejor representados son los del cómic “Relatos del nuevo mundo” por ser mostrados ajustados y largos, aunque el color rosa no se utilizara para este tipo de indumentaria. Las sandalias no aparecen representadas en ningún ejemplo, el jinete aparece siempre con botas altas, incluso por encima de las rodillas en algunos casos. El capotillo sigue siendo representado como una tela transversal, nunca como una posible holapanda.

 

  • Merchandising

FIGURA 6. Relación de obras para el bloque de “Merchandising”. Fuente: Elaboración propia a partir de sitios web y colección particular de D. Enrique Elías Cortés.

 

  • El caballo

 

Aunque la mayoría del merchandising se basa en la estatua ecuestre de Trujillo, se pueden encontrar otros curiosos objetos de colección como barajas de cartas y juguetes, en los que se representa un caballo con rasgos de Pura Sangre Inglés (cabeza grande y desproporcionada, cuello fino y gran alzada) y de capa alazana (en el caso de la baraja de cartas) o un caballo estándar castaño y sin bridas en el caso del juguete. En todos estos objetos, de nuevo se representa a Pizarro como un gran conquistador, sobre un caballo grande y musculoso.

 

 

 

  • La indumentaria

 

En este caso, al igual que ocurre con la figura del caballo en el merchandising, Francisco Pizarro no cambia, pues está representado con la figura de la estatua comentada con anterioridad. Aquellos objetos que no son representados con la estatua, como la figura de plomo, la baraja de cartas o el click de playmobil, atienden a los mismos cánones que en los bloques anteriores: yelmo con plumas o bonete de color oscuro, armadura en el tronco superior o camisetas fuera de contexto y calzones chupados. Las sandalias siguen sin ser representadas, siendo las botas las que ocupen su lugar.

Cabe destacar que finalmente se hace referencia a una holapanda. En el emblema de auxilio social, por primera vez la indumentaria de Pizarro aparece correcta al 90% (pues el bonete no es de color colorado) pero sí que aparece un jinete con sandalias, con calzones chupados y con el capotillo de manga larga, no dejando ver si llevaba o no jubón estofado, pero que sin duda a nuestro parecer, es la imagen más correcta dada hasta el momento acerca de la indumentaria del protagonista.

 

  • Conclusiones

 

Por tanto, se puede concluir que, en general, los diferentes artistas se basaron más en una especulación a partir de un recurso estético que de rigor histórico.

Los grabados anteriores al S. XVII muestran a Francisco Pizarro frente a Atahualpa en pie, como un soldado de infantería, y en las representaciones posteriores, siempre aparece sobre un caballo, con frecuencia de capa castaña y con la morfología de los actuales caballos de Pura Raza Española.

Lo mismo ocurre con la indumentaria. A partir de que en 1929 se presentara la estatua de Francisco Pizarro sobre su caballo, ha hecho que con posterioridad, el conquistador haya sido representado de forma muy distante a la realidad.

Este hecho, puede deberse a la necesidad de representar a los conquistadores como grandes guerreros, en vez de ajustarse a la realidad histórica, que describen a los conquistadores como hombres de origen humilde, que conquistaron territorios tras pasar muchas penurias.

 

 

 

 

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[2] Lacalle, R. (1998): “Sobre el significado de algunas composiciones del arte paleolítico” Zephius, 51, 265-276.

[3] Dutson, J. (2012): Storey’s Illustrated Guide to 96 Horse Breeds of North America. Storey Publishing.

[4] Díaz, R. (1993): “El caballo en América” Agricultura: Revista agropecuaria, 727, 162 – 163.

[5]http://estebanmiracaballos.blogia.com/2016/011701-caballos-y-la-caballeria-en-la-conquista-de-america.php

[6] Acosta, J. (2008): Historia natural y moral de las Indias, 2, Editorial CSIC-CSIC Press.

[7] Zárate, A. (1947): “Historia del Perú” Biblioteca de Autores Españoles. Historiadores Primitivos de Indias II, T. XXVI, Atlas.

[8] Pollock, H.; Ray, C. (1957): Notes on Vertebrate Animal Remains from Mayapan Current Reports, 41, 638. Ray, C. (1957): “Pre-Columbian Horses from Yucatan” Journal of Mammalogy,38, 2, 278., Journal of Mammalogy 38: 278.Cn, from Mayapan Current Reports, parcialmente mineralizadas, es decir, de bastante m Cenote de C

Yucatán, concretamente Mayapán: en un enclave indio de varios siglos antes de Colón, se encontraron huesos de caballo en cuatro lugares, algunos de ellos modernos y dos de ellos precolombinos, en el Cenote de Ch’en Mul. Eran dos dentaduras de caballo en el estrato de la base, parcialmente mineralizadas, es decir, de bastante más antigüedad que 1492, junto a alfarería maya. Sorenson, J. L.; Smith, R. (1992): Barley in Ancient America. En Welch, J. (1992): Reexploring the Book of Mormon. Desert Book Company. Yucatán, complejo de cavernas de Loltun: en 1977 dos arqueólogos mexicanos encontraron un depósito de 16 capas. Schmidt, P. (1998): “La entrada del hombre en la Península de Yucatán.” Orígenes del Hombre Americano, México DF, Secretaría de Educación Pública: 25-261. En el nivel VII encontraron alfarería, algunos de cuyos utensilios estaban hechos con huesos de caballo, hasta el nivel II, datados por el radiocarbono en 1800 a. C. Los fragmentos de cerámica tenían porciones del 900 al 400 a. C.

, Journal of Mammalogy 38: 278.Cn, from Mayapan Current Reports, parcialmente mineralizadas, es decir, de bastante m Cenote de C

[9] Corral, F. (2014): Jinetes y caballos, aperos y caminos: La historia desde las anécdotas. Quito, Ecuador: Trama Ediciones.

[10] Pérez, D.(1982): El conflicto de las lanzas jinetas: el primer alzamiento en tierra americana, durante el segundo viaje colombino. Casa-Museo de Colón, Seminario Americanista de la Universidad.

[11] Córdoba, M.M. et al. (2007): “Capítulo 3: la influencia de las razas andaluzas en el mundo. El caso del descubrimiento de América La L DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA.as andaluzas en el mundo. el ” La ganadería andaluza en el siglo XXI. Volumen I, Patrimonio Ganadero Andaluz, Junta de Andalucía, Consejería de Agricultura y pesca.a L DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA.as andaluzas en el mundo. el La L DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA.as andaluzas en el mundo. el

[12] Bredfeldt, G. (2010): “Historia del caballo chileno”. En http://www.rodeoyrienda.cl/varias/1214-historia-del-caballo-chileno-1.html

[13] Hurtado, P.; Hurtado, A. A. (1992): Los extremeños en América: estudio histórico-biográfico premiado por el Ateneo de Badajoz en el certamen convocado para la conmemoración del III centenario de la publicación de” El Quijote”. Gráficas Mirte.

[14] Federación Chilena de Rodeo y Deporte Ecuestre (FECHIR): “El Arribo del Caballo a América” Teoría y Praxis de la ganadería II. En: http://www.estanciasvh.com/?cat=16&paged=2

[15] Prado, U. (1914): El caballo chileno 1541 a 1914 : estudio zootécnico e histórico hípico. Santiago de Chile, 851.

[16] Op. Cit.: Federación Chilena de Rodeo y Deporte Ecuestre (FECHIR)

[17] Mirol, P.M. et al. (2002): “Phylogenetic relationships of Argentinean Creole horses and other South American and Spanish breeds inferred from mitochondrial DNA sequences” Animal Genetics, 33, 5, 356-363.

[18] Kelly L, et al. (2002): “Genetic characterisation of the Uruguayan Creole horse and analysis of relationships among horse breeds” Research in veterinary science, 72, 1, 69-73.

[19] Luis, C. et al. (2006): “Iberian Origins of New World Horse Breeds” Journal of Heredity, 97, 2, 107–113.

[20] Op. Cit. Córdoba, M.M. et al. (2007)

[21] Creada, en 1545, por Carlos V para administrar el patrimonio regio hasta entonces muy disperso. Entre ellos se encontraba la Yeguada Real.

[22] Archivo General de Simancas (Valladolid). Sección Sitios reales. Memorial de Diego López de Haro a la Junta de Obras y Bosques de 25 de abril de 1579. Leg. 1.061.

[23] Puede verse este término en Altamirano, J.C. Diccionario Ecuestre Español, A.M.C. Ediciones ecuestres, 1994. El término “haca” es un apócope de “hacanea” y éste es la traducción del bretón “haquenne” -donde aparece por primera vez en 1363-, que a su vez procede del vocablo inglés “hackney”, del que se conoce su presencia desde 1292.

[24] Cobarrubias, S. (1943): “Tesoro de la lengua castellana o española (1611)” Barcelona, Alta Fulla.

[25] Archivo del Palacio Real de Madrid. Sección Administrativa. Libro de Registro de caballos españoles y hacas. 1765.

 

[26] Del Castillo, B. (1984): “La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España” Editorial Porrua.

[27] Chacón, F. (1950): Tratado de la cavallería de la gineta. 1551. Edc. Facsímil: Madrid, Bibliófilos Madrileños.

[28] Mirol, P., et al. (2002): “Phylogenetic relationships of Argentinean Creole horses and other South American and Spanish breeds inferred from mitochondrial DNA Sequences” Animal Genetics,33, 5, 356-363.

33Cortés, Segunda Relación, octubre de 1520. En: De Hoffmeyer, A. (1986): “Las armas de los conquistadores. Las armas de los aztecas”. Gladius, 17, 5-56.

[30] Mira, E. (2014): La gran armada colonizadora de Nicolás de Ovando, Academia dominicana de la historia, 121, 1501-1502.

[31] Río, J. L. (1992): Caballos y équidos españoles en la conquista y colonización de América (S. XVI) T. I. Sevilla, Ediciones Guadalquivir.

[32] Rivera, R. (1979): El caballo en el Perú (siglo XVI). Anuario de Estudios Americanos, 36 Sevilla.

[33] Busto, J.A. (2011): La conquista del Perú. Lima: Empresa Editora El Comercio S. A. Colección de obras escogidas de José Antonio del Busto.

[34] Íbidem Busto J.A. (2011)

[35] “ser jinete en ambas sillas”. Este dicho correspondía al de “Doctor en utroque” de las Universidades

[36] Op. Cit. Corral, F. (2014)

[37] Graham, R.B. (1949): The horses of the conquest.University of Oklahoma.

[38] Santos, J. (1906): “Los caballos de los conquistadores” Poemas de José Santos Chocano.

[39] Op. Cit. Corral, F. (2014)

[40] https://www.laequitacion.com/threads/origen-de-la-seleccion-de-los-caballos-con-desplazamiento-por-laterales-en-america-del-sur.20657/

[41] Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación para que dejen pasar dos caballos y dos yeguas a la Española a don Cristóbal de Sotomayor

[42]Op. Cit. hocano.istadores” Perú..taban hechos con huesos de caballo, hasta el nivel II, datados por el radiocarbono en 1800 a. C Op. Cit. Mira, E. (2014)

[43] Gaztambide, C. (1981): Breeding better paso fino horses, 10. Universidad Estatal de Pensilvania.

[44] Real Cédula aprobando la capitulación concedida por Carlos V a Francisco Pizarro para la conquista y población del Perú, 26 de julio de 1529. En http://www.cervantesvirtual.com/bib/historia/CarlosV/9_9.shtml

[45] Secretaría de Hacienda y Crédito Público (1981): Cartas de Indias, 5, 1, 117. Carta de Fray Ángel de Valencia, custodio de la orden de San Francisco y otros religiosos a Su Majestad. Guadalajara, 8 de mayo de 1552.

[46] De Ayala, F. (1615): “El primer nueva corónica y buen gobierno (1615/1616)”. The Guaman Poma Website: http://www. kb. dk/permalink/2006/poma/info/en/frontpage. htm.

[47]http://www.tienda-medieval.com/blog/armas-e-indumentaria-de-los-conquistadores-espanoles-2.html.

[48] Bernis, C. (1979): Trajes y modas en la España de los Reyes Católicos: 2, 57-60. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

[49] Aizpuru, P. (1996): “De la penuria y el lujo en la Nueva España. Siglos XVI-XVIII.” Revista de indias, 56, 206, 49-75.

[50] Barletta, R. (2010): Breve historia de Francisco Pizarro: La intensa vida de uno de los personajes más polémicos de la historia de España, desde sus humildes orígenes extremeños hasta la conquista de un imperio. .Ediciones Nowtilus S.L.

Gonzalbo﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽us sco Pizarro. desde Francisco Pizarro: la intnsa vida de uno de los personajes ms tras pasar muchas penurias.

[51] Varón, R. (2006): “La estatua de Francisco Pizarro en Lima. Historia e identidad nacional” Revista de Indias, 66, 236, 217-236.

[52] Op. Cit. Graham R.B. (1949)

Ene 082018
 

 

Ángela López Vacas.

 

INTRODUCCIÓN

Las cofradías en la España de la Edad Moderna se configuran como una de las más amplias y extensas manifestaciones humanas en todos sus sentidos, puesto que sin olvidar su origen y esencia religiosa, se constituyen como principal fuente de manifestación humana en todas sus dimensiones, desde la cultural y festiva hasta la social y económica. Éstas proliferaron por todo el territorio español impulsadas en gran medida por el Concilio de Trento (1545-1563) como medio de defensa frente a las nuevas ideas luteranas que estaban naciendo en el centro de Europa, alcanzando su máximo auge durante el Barroco. A los sentimientos religiosos que prevalecen en su origen, hay que unirles otro social, y es que las cofradías se van a convertir en uno de los pocos cauces asociativos legitimados por la Iglesia durante el Antiguo Régimen, donde las normas comunes para todos o la aspiración a cargos de responsabilidad, permitían en gran medida prestigio social, especialmente entre los cofrades de baja extracción social[1]. Todo ello va a propiciar su rápida y completa expansión por todo el territorio nacional.

La actual demarcación de Extremadura no fue sin lugar a dudas una excepción y, entre las fuentes más generalista, pero de gran importancia, para conocer la situación cofrade en la Extremadura Moderna destaca el Catastro del Marqués de Ensenada (1749), el Censo del Conde de Aranda (1770), el Diccionario Geográfico de Tomás López (1789), los Interrogatorios de la Real Audiencia de Extremadura (1791), así como el Censo de Floridablanca (1797). No es fácil recabar la mayor información posible sobre las cofradías extremeñas por la sencilla razón de que la documentación que ha llegado a nuestros días está diseminada, y en muchas ocasiones olvidada, sin embargo la reciente catalogación de los fondos diocesanos realizados en el Archivo Eclesiástico del Arzobispado Mérida-Badajoz (en adelante, AEMB) ha permitido estructurar gran parte de esa información, en nuestro caso referida a las cofradías, contenida en sus fondos.

La gran amplitud de los fondos diocesanos ha llevado a que sea necesaria una selección del territorio a estudiar. Por ello, centrándonos en la provincia de Badajoz descartamos la ciudad de Badajoz y su partido, ya estudiado en la obra de Esteban Mira “Hermandades y cofradías en Badajoz y su partido a finales de la Edad Moderna[2] y Antonio Manzano Marchirant “Semana Santa en Badajoz[3], así como los prioratos de Magacela y Zalamea pertenecientes a la orden de Alcántara que han visto la luz apenas hace unos meses de la mano de Teodoro López y Dionisio Martín en la obra “Catálogo-inventario fondo orden de Alcántara. Prioratos de Magacela y Zalamea de la Serena[4]. En definitiva, en las siguientes páginas se pretende presentar y analizar los fondos contenidos en el archivo eclesiástico del arzobispado de Mérida-Badajoz en referencia a las cofradías de la Orden de Santiago en sus prioratos de Mérida y Llerena, hasta ahora inéditos.

1.- CONTEXTO HISTÓRICO

Este apartado se presenta necesario, en cuanto que encuadra nuestro objeto de estudio, pero al mismo tiempo debe ser breve, puesto que los convulsos y cambiantes ocho siglos en los cuales se desarrolló la orden militar de Santiago (5 de julio de 1175 – 14 de julio de 1873) permitió escribir una historia larga y compleja, por lo que nosotros sólo haremos un pequeño esbozo de su presencia en Extremadura.

La Orden, desde sus orígenes, estaba bajo el mando del Gran Maestre hasta que en 1493, al morir D. Alonso de Cárdenas, y por bula papal, pasa a las manos de los Reyes Católicos que se convertirán en sus administradores perpetuos. El amplio territorio santiaguista se divide en dos prioratos: el de Santiago de Uclés, y el de San Marcos de León, donde se subscribe la provincia de Extremadura, administrado por un prior con autoridad espiritual en su doble potestad de orden y jurisdicción. Éste residía en el lejano convento de S. Marcos de León por lo que sus visitas a Extremadura fueron muy esporádicas, haciéndose necesaria la figura de un vicario general para dicha provincia con sede en Llerena[5].

La provincia de León en Extremadura se subdivide a su vez en dos provisoratos: el de Mérida y el de Llerena. Junto a ambos provisoratos aparecen dos vicarías, Santa María de Tudía y Jerez dependientes ambas del provisorato de Llerena. Dentro de este amplio territorio, nuestra aportación se limitará a los provisoratos de Mérida y Llerena, y más concretamente a la documentación custodiada por la Iglesia en cuanto a las cofradías religiosas.

En los archivos eclesiástico pacenses no se encuentra documentación medieval sobre las órdenes militares, aspecto que cambia a partir del siglo XVI hasta la supresión de las mismas en 1873. El 1874 la documentación del Convento de San Marcos de León y su provincia fue trasladada a otros archivos en donde hoy se conservan, como es el Archivo Histórico Nacional y los archivos diocesano de León y Badajoz, principalmente. Los libros propios de los archivos parroquiales anteriores a 1900 de cada una de sus parroquias se conservaron en sus pueblos hasta que el año 2013 fueron concentrados en los Archivos Eclesiásticos del Arzobispado de Mérida–Badajoz, sito en calle Obispo San Juan de Ribera nº 13, Badajoz[6]. Sin embargo, en el transcurso de la investigación se ha encontrado una dificultad, y es que no todos cumplieron la orden de traspaso de documentos de modo que la vicaría de Tudía y, especialmente la de Jerez, no han trasladado dichos documentos hasta 2013 desde 1873. En conclusión, el siguiente estudio analiza los documentos de la orden de Santiago en Extremadura en referencia a las cofradías, excepto los referentes a la vicaría de Jerez que aún no han sido catalogados.

Cuadro 1: Mapa de la división territorial de Extremadura durante la Edad Moderna.

 

2.- LAS COFRADÍAS DE LA ORDEN DE SANTIAGO EN EXTREMADURA

Las dimensiones económica, social, cultural y artística de las cofradías están ligadas por un profundo nexo religioso, por ello la Iglesia, a nivel general, y la Orden de Santiago, a nivel particular, serán las vigías en sus actuaciones y los custodios de su documentación. La mayoría de la documentación generada en sus más de cuatro siglos de historia, que centran nuestro estudio (del siglo XV al XVIII), está hoy en el Archivo Eclesiástico de Badajoz. El proceso de catalogación que este archivo está viviendo en la actualidad a cargo de su director Teodoro A. López y López, ha permitido organizar gran parte de sus fondos históricos, como es el caso de los fondos de la orden de Alcántara y parte de los amplísimos fondos de la orden de Santiago, para ponerlas en mano de estudiosos e investigadores.

La documentación a analizar son los fondos eclesiásticos diocesanos en relacionados con las cofradías en los prioratos santiaguistas de Mérida y Llerena, exceptuando la vicaría de Jerez, desde el siglo XV hasta 1874 momento en el que la bula papal “Quo Gravis” suprime las órdenes miliares. Haciendo un vaciado de estos fondos con respecto a las cofradías se obtienen los siguientes cuadros.

Cuadro 2: Cofradías del provisorato de Llerena

PUEBLO COFRADÍAS
Ahillones Cofradía del Santísimo Sacramento, de la Santa Cruz, del Divino Pastor, del Santísimo Cristo de la Sangre, de la Caridad, de Ánimas Benditas, Hermandad de San Pedro, de Ntra. Sra. del Rosario.
Azuaga Cofradía del Santísimo Sacramento, de Santiago, del Santísimo Cristo del Humilladero, de Ntra. Sra. del Rosario, de San Pedro, de Ntra. Sra. de la Aurora, de la Santa Caridad, de la Vera Cruz, de Ntra. Sra. de la Concepción, de las Benditas Ánimas, de la Orden Tercera Franciscana, de San Crispín, de Ntra. Sra. de la Soledad
Berlanga Cofradía de la Vera Cruz, de San Sebastián, de Santiago, de Santo Domingo, de San Pedro, de Ntra. Sra. de Gracia, del Santísimo Sacramento, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. del Rosario, de la Esperanza, de la Escuela de María, de la Purísima Concepción, de la Ermita de Cristo, de Ntra. Sra. de Guaditoca, de Santa Ana, de Ntra. Sra. de los Dolores, de Ntra. Sra. Madre de Dios
Bienvenida Cofradía de la Santa Cruz o de la Sangre, del Santísimo Sacramento, de San Bartolomé, de San Antón, de San Juan Bautista, de San Pedro, de las Benditas Ánimas, de Santa Bárbara, de Ntra. Sra. del Rosario de la Aurora, de Nta. Sra. del Rosario de la Noche, de Santa Ana, de Ntra. Sra. de los Milagros, de Escuela de María, de Santa Catalina de Siena.
Calzadilla de los Barros Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, de Ntra. Sra. de los Remedios, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. De las Nieves, de Santa María la Mayor, de la Caridad, de Ntra. Sra. del Socorro, de San Pedro, de la Santa Cruz.
Campillo de Llerena Cofradía de las Entradas, de la Santa Cruz, de las Benditas Ánimas, del Santísimo Cristo de la Caridad.
Cantalgallo No existe documentación referente a cofradías.
Cardenchosa, anejo a Azuaga No aparece documentación referida a cofradías.
Casas de Reina Cofradía del Santísimo Sacramento, de Ntra. Sra. del Rosario, de las Benditas Ánimas, de la Santa Cruz, de San Roque, de San Pedro
Fuente del Arco Cofradía de la Santa Cruz, de Ntra. Sra. del Ara, de San Pedro, de las Benditas Ánimas, del Santísimo Sacramento, de Ntra. Sra. del Rosario.
Fuente del Maestre Cofradía de Ntra. Sra. de la Candelaria, de San Jorge, de Ntra. Sra. de los Remedios, de San Pedro, de Ntra. Sra. de la Soledad, del Dulce Nombre de Jesús, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. de Belén, del Santísimo Sacramento, de Santa Bárbara, de Ntra. Sra. de la Cabeza, de la mayordomía del Santísimo Cristo de las Misericordias, de la venerable Orden Tercera de San Francisco, de Ntra. Sra. de la Aurora.
Granja de Torrehermosa Cofradía de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. de la Concepción, de la Vera Cruz, del Santísimo Sacramento, de San Pedro, de la Caridad.
Guadalcanal Cofradía de Santiago, de Ntra. Sra. Soledad, de San Pedro, de Ntra. Sra. de la Concepción, del Santo Entierro, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. de la Cruz, de María Santísima de Guaditoca.
Higuera de Llerena Cofradía de Ntra. Sra. del Valle, del Santísimo Sacramento, de las Benditas Ánimas, del Cristo del Humilladero, de San Antonio Abad.
Hinojosa del Valle Cofradía de la Vera Cruz, del Santísimo Sacramento, de Ntra. Sra. de la Concepción, del Rosario.
Hornachos Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, del Santísimo Sacramento, de San Pedro, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. de la Aurora, de Ntra. Sra. de los Remedios, de Ntra. Sra. de la Salud.
Llera Cofradía del Santísimo Sacramento, de la Santa Cruz.
Llerena Cofradía de San Pedro, de San Sebastián, del Santísimo Sacramento, de la Vera Cruz, de Ntra. Sra. de la Soledad, del Cuerpo de Dios, de San Benito, de San Roque, de San Antón, de la Madre de Dios de los Pobres, de la Madre de Dios de los Remedios, de Ntra. Sra. de la Concepción, del Dulce Nombre de Jesús, de Ntra. Sra. del Rosario, de esclavos de la Merced, de las Ánimas Benditas, de Ntra. Sra. de la Granada, de Ntra. Sra. del Rosal, de Santiago, de San Fausto, de Santa Marta, de San Antonio de Padua, de Ntra. Sra. de los Remedios, hermandad de Cuentas del Espíritu Santo, de las Benditas Ánimas, de Santa Ana, del Niño Jesús, de Ntra. Sra. de la Encarnación, de Santo Domingo, de San Marcos, de San Antonio Abad, del Espíritu Santo, de Ntra. Sra. de la Consolación, de San Benito, de San Diego, de San Fructuoso, de Ntro. Padre Jesús Nazareno, de San Vicente Ferrer, de San Isidro, de la Escuela de María, de San Crispín, del Corpus Christi, Orden Tercera de San Francisco, del Santo Cristo, de Escuela de Cristo, asociación de las Hijas de María.
Maguilla Cofradía del Santísimo Sacramento, del Cristo de la Sangre, de la Vera Cruz, de las Benditas Ánimas.
Malcocinado No aparece documentación relativa a cofradías.
Puebla del Prior No aparece documentación relativa a cofradías
Reina Cofradía de San Bartolomé, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. del Rosario, de los Mártires, del Santísimo Sacramento, de Ntra. Sra. de los Pobres.
Retamal de Llerena Cofradía de la Vera Cruz, del Santísimo Sacramento, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. del Rosario.
Ribera del Fresno Cofradía del Santísimo Sacramento, de San Antonio, de las Ánimas Benditas, del Dulce Nombre de Jesús, de San José, de Ntra. Sra. de la Soledad, de Ntra. Sra. del Valle, de la Santa Cruz, de la Purísima y Limpia Concepción, de Jesús Nazareno, de San Pedro, de Ntra. Sra. del Rosario, de los Santos Mártires, de San Marcos, del Niño Jesús.
Los Santos de Maimona Cofradía del Santísimo Sacramento, de la Vera Cruz, Ntra. Sra. de la Estrella, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. del Rosario, de Santa Lucía, del Cristo de la Sangre, de San Pedro, Escuela de María, de San Andrés, de San Lorenzo, de San Isidro, de Santiago, de San Miguel, de Ntra. Sra. de la Aurora, de Santiago, del Dulce Nombre de Jesús, de San Antonio Abad, de la Sangre, de San Blas, de la Orden Tercera de San Francisco.
Trasierra Cofradía de la Vera Cruz, de San Antonio, del Santo Cristo, de San Bartolomé.
Valencia de las Torres Cofradía de la Caridad, del Santísimo Cristo, del Santísimo Sacramento, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. del Rosario, de la Santa Cruz, de Ntra. Sra. del Carmen, de San Pedro, de Ntra. Sra. de la Concepción, de Jesús.
Valverde de Llerena Cofradía del Santísimo Sacramento, de San Pedro, de Jesús, Ntra. Sra. del Rosario, de las Benditas Ánimas
Usagre Cofradía de San Marcos, de San Sebastián, del Santísimo Sacramento, de la Caridad, de la Santa Cruz, de la Vera Cruz, de San Pedro, de Santiago, de las Benditas Ánimas, de Ntra. Sra. de la Soledad, de San Juan, de Ntra. Sra. del Rosario, del Dulce Nombre de Jesús, de Santa Ana, de Ntra. Sra. de la Gloriosa Castellana

 

Cuadro 3: Cofradías pertenecientes a la Vicaría de Tudía, dependiente del provisorato de Llerena.

PUEBLO COFRADÍAS TOTAL
Arroyomolinos de León No hay documentación referida a cofradías. 0
Cabeza la Vaca No hay documentación referida a cofradías. 0
Calera de León Cofradía del Santísimo Sacramento. 1
Cañaveral de León Cofradía de San Pedro. 1
Fuente de Cantos Cofradía de San Pedro, de Ntra. Sra. de la Hermosa, de San Juan, del Santísimo Sacramento, de San Roque, de Ntra. Sra. de la Encarnación, de Ntra. Sra. del Ara, de las Benditas Ánimas, de San Antonio Abad, de Ntra. Sra. de la Soledad, de San Antonio. 11
Fuentes de León Cofradía de San Antonio de Padua, de la Purísima Concepción, del Santísimo Sacramento. 3
Monesterio Cofradía de San Pedro. 1
Montemolín Cofradía de la Santa Cruz, de la Misericordia, del Espíritu Santo, de la Madre de Dios, de Ntra. Sra. de la Encarnación, del Cristo de la Expiración, de la Vera Cruz, de San Pedro, de Ntra. Sra. del Rosario, del Santísimo Sacramento, de Ntra. Sra. de Gracia, de la Limpia y Pura Concepción. 12
Pallares No hay documentación referida a cofradías. 0
Nava de Santa María No hay documentación referida a este pueblo. 0
Segura de León Cofradía de Ánimas Benditas, de San José, de San Pedro, de Ntra. Sra. del Rosario. 4

 

 

 

 

 

Cuadro 4: Cofradías del Provisorato de Mérida.

PUEBLOS COFRADÍAS TOTAL
Alange No aparece documentación referida a cofradías 0
Albalá Cofradía de las Benditas Ánimas. 1
Alcuéscar Cofradía de la Santa Cruz, del Cristo del Humilladero. 2
Aljucén No aparece ningún tipo de documentación. 0
Carrascalejo No aparece documentación referida a cofradías. 1
Almendralejo Cofradía de San Pedro, de Ntra. Sra. de los Remedios, de los Mártires, de la Pasión, de San Bartolomé, de las Benditas Ánimas, del Santísimo Sacramento. 7
Almoharín Cofradía de las Benditas Ánimas, de los Mártires. 2
Arroyo de San Serván Cofradía de Ntra. Sra. de Cubillana. 1
Arroyomolino de Montánchez No aparece documentación referida a cofradías. 0
Aceuchal Se hace mención a una cofradía pero no se dice nombre. 1
Benquerencia No aparece ningún tipo de documentación. 0
Botija Cofradía de los Santos Mártires. 1
Calamonte Cofradía de Ntra. Sra. del Camino. 1
Carmonita No aparece documentación referida a cofradías. 0
Cordovilla No aparece ningún tipo de documentación. 0
Carrascalejo No aparece documentación referida a cofradías. 0
Casas de D. Antonio No aparece ningún tipo de documentación. 0
Don Álvaro Cofradía de San Bernabé. 1
Esparragalejo Cofradía de las Benditas Ánimas. 1
Garrovilla Cofradía de las Benditas Ánimas. 1
Lobón No aparece documentación referida a cofradías. 0
Mérida Cofradía de Ntra. Sra. de la Plaza, de Ntra. Sra. del Rosario, del Santo Cristo de la Sangre y Caridad, de la Santísima Trinidad, Ntra. Sra. de la Soledad, del Santísimo Cristo del Calvario, del Santísimo Sacramento, de las Ánimas Benditas, de San Antonio Abad, de San José. 10
Mirandilla No aparece documentación referida a cofradías. 0
Montijo Cofradía del Santísimo Sacramento, de Ntra. Sra. de Barbaños, de Ntra. Sra. del Rosario. 3
Montánchez Cofradía de las Ánimas Benditas, de San Miguel, de Ntra. Sra. del Rosario, de Ntra. Sra. de Consolación. 4
La Nava No aparece ningún tipo de documentación. 0
Oliva de Mérida Cofradía de la Santa Cruz. 1
Palomas No aparece documentación referida a cofradías. 0
Puebla de la Calzada Cofradía de las Benditas Ánimas, del Santísimo Sacramento, Ntra. Sra, de los Dolores. 3
Puebla de la Reina No aparece documentación referida a cofradías. 0
Salvatierra de Santiago Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario. 1
San Pedro de Mérida No aparece ningún tipo de documentación. 0
Torre de Sta. María No aparece ningún tipo de documentación. 0
Torremayor No aparece documentación referida a cofradías. 0
Torremejía No aparece ningún tipo de documentación. 0
Torremocha Cofradía de Ntro. Sr. Jesucristo, del Dulce Nombre de Jesús, del Cristo del Humilladero. 3
Trujillanos No aparece documentación referida a cofradías. 0
Valdefuentes No aparece documentación referida a cofradías. 0
Valdemorales Cofradía de San Andrés. 1
Valverde de Mérida No aparece documentación referida a cofradías. 0
Villafranca de los Barros Cofradía de Ánimas Benditas, de San Pedro, de la Santa Cruz, de Ntra. Sra. de la Encarnación 4
Villagonzalo No aparece documentación referida a cofradías. 0
Zarza de Montánchez No aparece documentación referida a cofradías. 0
Zarza de Alange No aparece documentación referida a cofradías. 0

 

2.1. NÚMERO DE COFRADÍAS

La primera impresión tras ver las listas anteriores es muy evidente: el desigual número de cofradías entre los pueblos de un mismo priorato, y sin lugar a dudas, la desproporción entre las abundantes 264 cofradías registradas en el provisorato de Llerena frente a las 50 del provisorato de Mérida. Destaca notablemente la ciudad de Llerena con 46 cofradías registradas, seguida por Los Santos de Maimona con 21, Berlanga 17, y Ribera del Fresno y Fuente del Maestre con 15 cada una. De los 41 pueblos pertenecientes a este provisorato, incluyendo sus dos vicarias de Tudía y Jerez, solamente en 9 de ellos no hay registradas noticias referentes a cofradías (Cantalgallo, Cardenchosa, Malcocinado, Puebla del Prior, Arroyomolinos de León, Cabeza la Vaca, Jerez, Valle de Matamoros y Lugar de Santa Ana) aunque de los seis primeros sí aparece referencia a otros asuntos como matrimonios o capellanías.

Agrupando las localidades de este provisorato por el número de cofradías se obtienen que un total de 9 municipios no registran ninguna, lo que supone el 22% sobre el total, 21 municipios registran de 1 a 10 cofradías sumando el 51% del total, otros 9 municipios poseen entre 11 y 20 cofradías registras llegando al 22%, y por último, sólo dos municipios superan el número de 20 cofradías, lo que supone un escaso 5% del total. Llevando estas cifras a una gráfica se obtiene la siguiente.

Como se puede apreciar poco más de la mitad de los municipios se sitúan entre 1 y 10 cofradías, siendo poco significativo aquellas ciudades que superan el número de 20, ya que sólo son Los Santos de Maimona, con 21, y a muy larga distancia, y como no podía ser de otra forma, la ciudad que regenta la capitalidad de la Orden de Santiago para la provincia de Extremadura, Llerena, con una elevada cifra de 46 cofradías.

         En cuanto a los 44 pueblos que configuran el provisorato de Mérida, las referencias a las cofradías son mucho más escasas ya que ninguna localidad supera a la sede principal de dicho provisorato, Mérida con 10 cofradías. A diferencia del provisorato de Llerena, aquí serán 23 municipios de los que no se conserva documentación referente a las cofradías en el los Archivos Eclesiásticos del Arzobispado de Mérida-Badajoz lo que supone un 52% con respecto al total; porcentaje ligeramente inferior, un 43%, representa a los municipios con entre 1 y 5 cofradías, y finalmente, serán solo dos ciudades, Mérida y Almendralejo, las que posean entre 6 y 10 cofradías contribuyendo con un escaso 5% sobre el total.

 

Puede llamar la atención el elevado número de pueblos, especialmente en el provisorato de Mérida, que no poseen cofradías cuando sabemos que éstas constituyeron una de las más extendidas manifestaciones socio-religiosas, culturales y festiva de todos los grupos sociales durante la Edad Moderna, de tal forma que la mayor parte de los vecinos de la España Moderna pertenecían al menos a una asociación religiosa, beneficiándose así de sus ventajas corporativas toda la familia[7]. El vacío documental que ha llegado hasta nuestros días sobre esta materia puede explicarse por tres factores.

Por un lado, existe la posibilidad que hayan generado pocos documentos “oficiales”. La mayoría de las cofradías nacen o bien por iniciativa eclesiástica, cuando el ordinario eclesiástico pretende impulsar un culto o devoción, o bien por iniciativa popular, cuando el pueblo materializa una devoción en una realidad más estructurada; de este modo, un amplio porcentaje de las mismas poseen simplemente la aprobación del ordinario eclesiástico, y no la aprobación Real o Papal necesaria para su fundación. En este sentido es comprensible la escasez de documentación puesto que las dificultades diarias serían resueltas de forma local, siendo porcentualmente escasas las notificaciones y peticiones a instancias superiores.

Por otro lado, otro motivo por el que haya llegado poca documentación sobre las cofradías hasta nuestros días es debido a la destrucción de “papeles viejos”, al deterioro por su no buena conservación, y porque gran parte de la documentación que la cofradía generaba, tales como normas, constituciones, listado de hermanos…, eran custodiada y guardada por hermanos mayores y mayordomos en sus casas particulares dificultando su conservación desde los siglos XVI-XVIII hasta hoy.

Sin embargo, los dos factores anteriores no explican la gran diferencia documental entre los provisoratos de Llerena, abundante y detallado, y el de Mérida, escaso y empobrecido. Y es que, independientemente de que su documentación haya pervivido mejor o peor hasta hoy, existe una realidad evidente: los pueblos que configuran el provisorato de Mérida, a pesar de ser más en número (44 de Mérida frente a los 41 de Llerena), poseen una menor actividad económica, menor número de habitantes y, por ende, un menor número de agrupaciones religiosas. En este apartado se hace necesario hacer una distinción entre aquellos pueblos de los que no se posee ninguna documentación, un total de 12 en el provisorato de Mérida y ninguno en el de Llerena, de aquellos que no poseen documentación referida a las cofradías pero sí a otros asuntos como matrimonios, capellanías u órdenes religiosas, un total de 22. Esto ocurre entre por ejemplo Torremejías o Aljucén, de las que no aparece documentación ninguna, y Torremayor, de la que no se posee documentación con respecto a cofradías pero sí en cuanto a órdenes sagradas, matrimonio, capellanías, civil, iglesia y criminal.

Otro aspecto a destacar con referencia al número de cofradías es que, a pesar de la escasa documentación de algunos pueblos, lo cierto es que la gran mayoría de ellos poseen cofradías con varias entradas en diferentes años e incluso siglos. Así por ejemplo Azuaga posee un total de 13 cofradías entre las que destaca la de San Pedro que genera ella sola un total de 50 entradas de distinta temática comprendida desde 1638, el documento más antiguo, hasta 1849; caso parecido ocurre en Montijo, que a pesar de tener registradas sólo 3 cofradías, la de Ntra. Sra. de Barbaños, Ntra. Sra. del Rosario y la del Santísimo Sacramento, ésta última posee once documentos distintos referidos a la misma cofradía que va desde 1595 hasta 1799.

En conclusión, en los cuadros de cofradías de los provisoratos de Mérida y Llerena pertenecientes a la orden de Santiago correspondientes a la provincia de Extremadura presentadas anteriormente aparecen todas de las que hay registro en el archivo eclesiásticos del Arzobispado de Mérida-Badajoz pero a buen seguro que no están todas las que son. Es decir, con este trabajo se presentan todas las que hay pero no están todas las que son, por lo que se hace necesario recurrir a otras fuentes como pudiera ser el interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura o los libros parroquiales para hacer un estudio pormenorizado de cada localidad[8]. A pesar de ello, la documentación contenida en este archivo es de gran importancia ya que permite hacer un estudio diacrónico de las mismas observando su evolución y problemática.

 

2.2. TIPOLOGÍA DE LAS COFRADÍAS

La impronta distintiva de cada cofradía va a venir dada por la advocación a la que se acoge, ya que ésta determinará las actividades de culto y en consecuencia, su organización, miembros y economía.

Arias de Saavedra[9] aporta una tipología básica de cofradías formada por: devocionales, que tenía como fin el culto a la Virgen, santos, al Santísimo Sacramento o a las Ánimas benditas del purgatorio; penitenciales, que conmemoraban la pasión y muerte de Cristo; las gremiales, que sin perder su componente religioso tenía una marcada dimensión profesional y reivindicativa; las asistenciales, donde la labor benéfica, presente en todas las cofradías, tomaba una mayor dimensión; y las congregaciones, que respondían a exigencias espirituales más elevadas.

Basándonos en la titularidad de las cofradías que estamos trabajando se han estructurado las cofradías de la siguiente manera: devoción mariana, devoción a los santos, sacramentales, devoción a las ánimas benditas, cristológicas, caridad, congregaciones y otras. Partiendo de las cofradías de los cuadros anteriores, se pueden extraer los siguientes gráficos.

Cuadro 7: Tipos de cofradías provisorato de Llerena

 

Cuadro 8: Tipos de cofradías provisorato de Mérida

 

Cuadro 9: Comparación de cofradías prioratos de Llerena y Mérida.

TIPOLOGÍA PROVISORATO DE LLERENA PROVISORATO DE MÉRIDA TOTAL %
MARIANAS 84 13 97 29,3%
SANTOS 85 11 96 29%
CRISTOLÓGICAS 45 10 45 14%
ÁNIMAS BENDITAS 25 9 34 10,3%
SACRAMENTALES 27 4 31 9,3%
CARIDAD 7 0 7 2,1%
OTROS 5 1 6 1,8%
CONGREGACIONES 4 0 4 1,2%

 

Si como afirma Arias de Saavedra, las cofradías devocionales están configuradas por aquellas que rinden culto a la Virgen, Santos, al Santísimo Sacramento y a las Ánimas Benditas, podemos afirmar que en los dos provisoratos de la orden de Santiago en Extremadura que estamos analizando, las tres cuartas partes de sus cofradías nacen para tal fin, ya que el Mérida constituyen el 77% mientras que Llerena lo supera levemente con un 79%.

En ambos provisoratos, las cofradías con advocación Mariana poseen el mayor arraigo, el cual nace de las gentes sencillas. La figura de una madre que auxilia en los problemas y dificultades de unas vidas nada fáciles, era próxima y cercana a las gentes de la Edad Moderna. Arias de Saavedra afirma que “un tercio de las cofradías existentes en la España del siglo XVIII eran cofradías marianas”; delimitando más el espacio, Mira Caballos afirma que la cuarte parte de las cofradías existentes en Badajoz y su partido son corporaciones marianas[10]. A estas circunstancias de empatía hay que añadir que la gran mayoría de los pueblos extremeños poseen una Virgen como patrona, lo que suele conllevar el surgimiento de una cofradía mariana dedicada a su titular. La variedad de las advocaciones marianas son variadas y múltiples ya que en muchas ocasiones reflejan realidades enraizadas en lugares muy concretos. Esta variedad se puede observar en los siguientes cuadros.

Cuadro 10: Cofradías con advocaciones Marianas.

ADVOCACIÓN PROVISORATO DE LLERENA PROVISORATO DE MÉRIDA TOTAL
Ntra. Sra. del Rosario 20 4 24
Ntra. Sra. de la Concepción 10 0 10
Ntra. Sra. de la Soledad 7 1 8
Ntra. Sra. de los Remedios 5 1 6
Ntra. Sra. de la Aurora 4 0 4
Escuela de María 4 0 4
Ntra. Sra. de la Encarnación 3 1 4
Ntra. Sra. del Ara 2 0 2
Ntra. Sra. de Gracia 2 0 2
Ntra. Sra. de Guaditoca 2 0 2
Ntra. Sra. Madre de Dios 2 0 2
Ntra. Sra. Madre de los pobres 2 0 2
Ntra. Sra. del Valle 2 0 2

 

         Las advocaciones marianas que aparecen en una sola localidad son las siguientes. Con respecto al provisorato de Llerena: Ntra. Sra. de la Esperanza, Ntra. Sra. de los Dolores, Ntra. Sra. de los Milagros, Ntra. Sra. de las Nieves, Ntra. Sra. Santa María la Mayor, Ntra. Sra. del Socorro, Ntra. Sra. de la Candelaria, Ntra. Sra. de Belén, Ntra. Sra. de la Cabeza, Ntra. Sra. de la Cruz, Ntra. Sra. de la Salud, Ntra. Sra. de la Granada, Ntra. Sra. del Rosal, Ntra. Sra. de la Consolación, Hijas de María, Ntra. Sra. de la Estrella, Ntra. Sra. del Carmen, Ntra. Sra. de la Gloriosa Castellana y Ntra. Sra. de la Hermosa. Con respecto al provisorato de Mérida: Ntra. Sra. de los Remedios, Ntra. Sra. de Cubillana, Ntra. Sra. del Camino, Ntra. Sra. de la Plaza, Ntra. Sra. de la Soledad, Ntra. Sra. de Barbaños, Ntra. Sra. de la Consolación, Ntra. Sra. de los Dolores y Ntra. Sra. de la Encarnación.

Al igual que en el resto de España, destaca de manera destacada la advocación a la Virgen del Rosario, devoción propiciada por los dominicos. Aunque en un número menor, también destaca la advocación a la Inmaculada Concepción de la Virgen impulsada por los franciscanos. Otras devociones frecuentes eran Ntra. Sra. de la Soledad de los Remedios, de la Aurora, etc.

Otra devoción con igual arraigo, e incluso algo superior en el provisorato de Llerena, es la dedicada a los Santos. La devoción a este tipo de advocación es tan amplia que resulta difícil encontrar el origen de la misma. En el siguiente cuadro se puede observar tan variada devoción.

 

 

Cuadro 11: Cofradías con advocación a Santos.

ADVOCACIÓN PROVISORATO DE LLERENA PROVISORATO DE MÉRIDA TOTAL
San Pedro 22 2 24
Santiago 6 0 6
San Antonio de Padua 5 0 5
Santa Antonio Abad 4 1 5
De los Mártires 2 3 5
Santa Ana 4 0 4
San Bartolomé 3 1 4
San Sebastián 3 0 3
San Juan Bautista 3 0 3
San Roque 3 0 3
San Marcos 3 0 3
San José 2 1 3
San Crispín 2 0 2
Santo Domingo 2 0 2
San Antón 2 0 2
Santa Bárbara 2 0 2
San Benito 2 0 2
San Isidro 2 0 2
San Andrés 1 1 2
San Miguel 1 1 2

 

Aquellas advocaciones a los santos que solo figuran una sólo vez en los archivos eclesiásticos del arzobispado de Mérida-Badajoz son las siguientes: Para el provisorato de Llerena, cofradía de Sta. Catalina de Siena, S. Jorge, S. Fausto, Sta. Marta, S. Diego, S. Fructuoso, S. Vicente Ferrer, Sta. Lucía, S. Lorenzo, S. Blas. Para el provisorato de Mérida: S. Bernabé.

Al igual que ocurría con la figura de María, el pueblo se sentía vinculado espiritualmente a los santos que aparecen como figuras cercanas a las gentes sencillas, ya que al igual que ellos también han pasado dificultades, encontrando en Dios consuelo, ayuda y salvación. De la misma forma, y junto a la patrona, muchos de los pueblos contaban con un santo patrón de titular. Teniendo en cuenta ambas circunstancias, la variedad de la titularidad de las cofradías con advocación a los santos es muy variada y difícil de fundamentar.

Fijándonos en el cuadro anterior, la titularidad de santos con mayor número de cofradías es San Pedro, y además de una manera muy significativa en el provisorato de Llerena con 24 cofradías frente a las 6, dedicadas a Santiago, que ocupa el segundo lugar. Estas cofradías, exclusivamente eclesiásticas, estaban muy extendidas por toda la geografía ya que constituían la ayuda y auxilio, especialmente en el paso a la muerte, de sus miembros que no poseen familia biológica que se encargue de tal fin. No es de extrañar que en segundo lugar aparezcan las cofradías dedicadas a Santiago, protector de la Orden. Al igual que las dedicadas a Santiago aparecen, aunque en menor número las invocadas a San Marcos, en honor al santo del priorato de León. La devoción antoniana también está presente de manera significativa en la figura de San Antonio de Padua y San Antonio Abad. De reminiscencia romana y unida al sufrimiento del martirio aparecen titulares como San Sebastián, San Bartolomé, San Crispín, Santa Bárbara o de forma más genérica las cofradías de los Mártires. Otras muchas fueron impulsadas por la jerarquía eclesiástica como las de San José, por órdenes religiosas como las de San Benito y Santo Domingo; o por circunstancias concretas como San Isidro patrón de los agricultores o San Roque protector frente a la peste.

La devoción a la figura de Cristo, a pesar de no estar tan extendida como la mariana y santos, ocupa el tercer lugar con un 14% del número total de las cofradías. Esto se puede explicar en cuanto que, a pesar de la pasión y muerte de Cristo, posee una dimensión teológica que, en cierto modo, lo distancia del pueblo; de igual modo, a pesar de que muchas de estas cofradías realizaban su estación de penitencia a través de procesiones públicas, la Semana Santa como hoy la podemos llegar a entender no estaba tan desarrollada.

Cuadro 12: Cofradías con advocación Cristológica.

ADVOCACIÓN PROVISORATO DE LLERENA PROVISORATO DE MÉRIDA TOTAL
Santa Cruz 22 3 25
Dulce Nombre de Jesús 5 1 6
Santo Cristo de la Sangre 4 1 5
Santo Cristo del Humilladero 2 2 4
Padre Jesús Nazareno 2 0 2
Santo Cristo 2 0 2
Niño Jesús 2 0 2
De Jesús 2 0 2

 

Aquellas cofradías con devoción cristológica que sólo aparecen nombradas una vez son las siguientes. Para el provisorato de Llerena: Divino Pastor, Ermita de Cristo, Santo Cristo de la Caridad, Cristo de las Misericordias, Santo Entierro, Escuela de Cristo, Cristo de la Expiración. Para el provisorato de Mérida: Pasión de Cristo, Cristo del Calvario, Nuestro Señor Jesucristo.

Como se puede observar en el cuadro anterior, eran llamativamente frecuentes las cofradías dedicadas a la Vera Cruz o la Santa Cruz, devoción difundida por los franciscanos que gozaba de numerosas indulgencias y privilegios pontificios, lo que ayudó a su rápida extensión por todo el territorio. En un lejano segundo lugar aparecen las cofradías dedicadas al Dulce Nombre de Jesús, seguidas por aquellas relacionadas con la Pasión de Cristo.

Las cofradías Sacramentales y de las Ánimas Benditas ocupan un no despreciable lugar entre el total de las cofradías, pues las dos unidas representan casi al 20% de ellas. Ambas cofradías tenían un sentido religioso más profundo y unas mayores exigencias espirituales, pues estaban destinadas a promover el culto eucarístico y los sufragios por los difuntos. En definitiva, constituían un importante pilar para el culto, por lo que estaban promovidas por las propias parroquias que las dirigían y las ubicaban en ellas. Estas cofradías tenían un trato de favor por parte de las autoridades eclesiásticas, ya que constituían el paradigma del ideal cofrade, dependiente del mando de la Iglesia frente a otras hermandades que, con una estructura directiva clara, en ocasiones se enfrentaban al poder eclesiástico como ocurre en la cofradía del Cristo de Ahillones[11].

En cuanto a las cofradías de Caridad y Misericordia se han localizado 7 de las 320 cofradías documentadas, y todas ellas en el provisorato de Llerena (Ahillones, Azuaga, Calzadilla de los Barros, Granja de Torrehermosa, Valencia de las Torres y Usagre). Ya se ha dicho que la labor benéfica va unida a la propia cofradía como norma entre los hermanos miembros, sin embargo estas cofradías de Caridad y Misericordia son cofradías asistenciales donde esa labor de auxilio alcanza un especial significado ya que se ejercita fuera del estricto ámbito de los hermanos cofrades. Entre sus objetivos va a estar principalmente la asistencia a pobres y enfermos, el mantenimiento de hospitales, entierros de pobres y condenados… Sus miembros serán fundamentalmente personas pudientes, por lo que solían ser grupos minoritarios y en cierto modo, cerrados.

Sin embargo, mucho más minoritaria serán las Congregaciones de las que sólo se tienen constancias en estos archivos de 4, a saber en Azuaga, Fuente del Maestre, Llerena y los Santos de Maimona, y todas ellas correspondientes a la Orden Tercera Franciscana. Al igual que las de caridad, solían ser cofradías exclusivas y cerradas ya que las elevadas exigencias espirituales que se les exigían conllevaban que sus miembros tuvieran una mayor formación, al tiempo que se les demandaban un mayor compromiso cristiano.

Finalmente, entre la tipología que hemos elaborado hay un apartado denominado Otros, que hace referencia a aquellas cofradías que a priori tienen algún rasgo distintivo del resto. En ellas se encuentra la cofradía de las Entradas, las referidas al Espíritu Santo, así como la cofradía de Cuentas del Espíritu Santo y la cofradía de la Santísima Trinidad. Pero sin lugar a dudas, la que realmente nos llama la atención es la cofradía de los Esclavos de la Merced de la ciudad de Llerena. A priori, y basándonos exclusivamente en el nombre de dicha cofradía posee un claro origen étnico, consecuencia del fenómeno esclavista de los siglos XVI y XVII. Casualmente, es una de las pocas cofradías de la que se conserva sus constituciones[12] por lo que sería más que interesante un estudio pormenorizado de la misma ya que no es un fenómeno muy habitual en la Baja Extremadura.

2.3. ACTIVIDADES DE LAS COFRADÍAS

En páginas anteriores ya se dijo que el listado de las 320 cofradías registradas en el archivo eclesiástico que nos ocupa no abarca la totalidad de las mismas. Del mismo modo, la información que se posee de ellas no es homogénea ya que frente a cofradías que sólo poseen un único registro como puede ser la cofradía del Rosario en Calzadilla de los Barros o la cofradía de San Pedro en Valencia de las Torres, aparecen otras como la misma cofradía de San Pedro, pero ahora de Azuaga, que registra la nada desdeñable cifra de 18 entradas, lo que permite hacer un mayor y profundo análisis de la misma. En total, de las 282 cofradías del provisorato de Llerena se poseen 310 entradas diferentes, mientras que de las 48 cofradías del provisorato de Mérida se conservan únicamente 31.

La desproporción de la documentación conservada nos impide hacer un estudio individualista de cada una de las cofradías señalas en el cuadro 1, sin embargo sí es posible establecer, en línea generales, la problemática que viven a lo largo de la Edad Moderna basada en la documentación que ha llegado hasta nuestros días. Aun siendo conscientes de la dificultad de una clasificación y elaboración de porcentajes de las distintas problemáticas, ya que en muchas ocasiones los asuntos se entremezclan, es posible establecer cuatro temáticas que aglutinan todos los registros.

En primer lugar, y sin base a dudas, el mayor número de registros corresponden al tema económico. A través de numerosas entradas es posible ver el modo de financiación de las distintas cofradías como es el arrendamiento de los más diversos bienes de las cofradías como colmenas de la cofradía de San Pedro en Azuaga[13], tierras en la cofradía del Rosario en Hinojosa del Valle[14] o venta de bienes como lo solicita la cofradía de Santo Domingo de Berlanga[15] para ser vendidos en una feria; las limosnas es otra fuente de ingresos, así ocurre en Bienvenida[16], pero quizás ninguna tan original como la forma de obtener estas limosna llevada a cabo por la cofradía del Rosario y Ánimas Benditas de Casas de Reina[17]. Los actos de arrendamientos y ventas conllevan situaciones de deuda entre las partes, por lo que no es raro encontrar situaciones en las que las cofradías deben y viceversa, siendo ambas motivos de quejas como ocurre en Bienvenida[18] en el primer caso, o en Azuaga en el segundo[19]. Dentro de este apartado económico son destacables las cuentas, por lo que no es difícil encontrar cofradía que presentan sus cuentas como lo hace la de las Ánimas Benditas de los Santos de Maimona[20] o se pide que rindan cuentas como la cofradía de San Pedro de Azuaga[21].

En segundo lugar, y en un porcentaje elevado aparecen los litigios y enfrentamientos propios de la actividad económica y social que desarrollan las cofradías. Y es que todas, en mayor o menor medida, debieron tener problemas de la más variada índole, sin embargo la documentación que se generó hace referencia a aquellos conflictos de mayor peso que sobresalen del ámbito parroquial para convertirse en problema de vicaría. Los ejemplos con trasfondo económico son muchos y variados, pudiéndose destacar la cofradía de Ánimas de Granja de Torrehermosa[22], la de Santiago en Llerena[23] o la de Santo Domingo de Berlanga[24], entre otras muchas. Igualmente no son pocos las quejas motivadas por la falta del cumplimiento sus funciones por parte de las cofradías, así ocurre en la de Ntra. Sra. de la Concepción de Ribera del Fresno[25] o la de San Pedro de Berlanga[26]. Existe otro componente, que pudiéramos denominarlo social, que aparece con cierta frecuencia en los documentos revisados, y que hace referencia a la antigüedad e importancia de las cofradías, lo que influye directamente en el orden procesional. Por citar sólo un par de ejemplos, la cofradía de San Marcos contra la de la San Sebastián en Usagre[27] o en Fuente del Maestre por un rosario público durante la noche[28]. Estas procesiones y cultos públicos debían de tener una gran importancia social pues encontramos quejas no sólo entre cofradías, sino entre cofradías y particulares como ocurre en Campillo de Llerena en la procesión del Jueves Santo[29]. Por último, y aunque sólo sean dos casos los encontrados, llama la atención por sus graves acusaciones: una hacia la hermandad de San Pedro en Azuaga[30] por calumnias, y otra en Usagre por excomulgación de los mayordomos de las cofradías de San Pedro y Santiago[31]. Finalmente, para terminar este apartado de litigios no podían faltar las disputas por la admisión de hermanos como ocurre en la cofradía de San Antonio de Llerena[32], o por el contrario la expulsión[33] o no aceptación[34] como hermano.

Una tercera temática de los registros hace referencia a los nombramientos de mayordomos. Lo cierto es que las cofradías estaban muy preocupadas por la buena elección del mayordomo como así ocurre en las cofradías de la Aurora y San Isidro de los Santos de Maimona, o en Retamal de la Sierra con la cofradía de Ánimas. Sin embargo, no son pocos los documentos donde el mayordomo pide abandonar este cargo, sobre todo por la gran carga económica que eso conllevaba, sirva de ejemplo la cofradía de Ánimas de Ribera[35]. Pero sin lugar a dudas, el documento que más llama la atención sobre las mayordomías aparece en la cofradía de Ntra. Sra. del Rosario de Usagre, y no por su temática[36] meramente económica, sino por quién ostenta este cargo, Ana de Vera, la única mujer que desempeña tal privilegio, al menos en los documentos revisados.

En último lugar, se encuentran aquellos registros relacionados con las constituciones y estatutos de las cofradías. A pesar de que estas entradas son las más interesantes, ya que nos permiten conocer los miembros, actividades y normas que rigen las cofradías, son las menos abundantes. Para aquellos estudiosos que pretendan profundizar en la vida particular de alguna cofradía, las constituciones y fundaciones encontradas son los siguientes: Cofradía del Divino Pastor y Hermandad de San Pedro (Ahillones); cofradía de la Santa Cruz (Campillo de Llerena); cofradía de esclavos de la Merced (Llerena); cofradía del Rosario (Ribera del Fresno); Cofradía del Rosario (Los Santos de Maimona) y cofradía del Rosario y del Carmen (Valencia de las Torres).

 

  1. CONCLUSIONES

A modo de conclusión se puede afirmar lo siguiente:

1.- La documentación custodiada en el Archivo Eclesiástico de la Archidiócesis Mérida-Badajoz correspondiente a las cofradías pertenecientes a los provisoratos de Mérida y Llerena de la orden de Santiago se encuentran en el intervalo temporal de 1500 a 1873, a excepción de la vicaría de Jerez, cuya documentación aún no está catalogada.

2.- En los listados de las cofradías estudiadas se presentan todas las que están aunque no están todas las que son, por lo que para un estudio más profundo se hace necesario abordar otras fuentes como pueden ser los libros parroquiales.

3.- Las cofradías estudiadas presentan una distribución desigual, destacando un mayor número de ellas en el provisorato de Llerena, y dentro de él, la ciudad de Llerena.

4.- ·3/4 partes de las cofradías son de tipo devocional, destacando en partes iguales las de advocación mariana (Ntra. Sra. del Rosario) y a los santos (S. Pedro).

5.- Las principales actividades cofrades están relacionadas con asuntos económicos, ya sea para la venta de bienes, el pago de deudas o la obtención de limosnas, por el contrario se conservan muy pocas constituciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]LÓPEZ VACAS, Ángela: La labor social de las cofradías durante el Antiguo Régimen en Fuente del Maestre, Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2014.

 

[2]MIRA CABALLOS, Esteban: Hermandades y cofradías en Badajoz y su partido a finales de la Edad Moderna, Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, Badajoz, 2002.

 

[3]MANZANO MARCHIRANT, Antonio: Semana Santa en Badajoz, Consejería de Cultura y Patrimonio Junta de Extremadura, Badajoz, 1997.

 

[4]LÓPEZ LÓPEZ, Teodoro A. y MARTÍN NIETO, Dionisio: Catálogo-Inventario. Fondo Orden de Alcántara. Prioratos de Magacela y Zalamea, Archidiócesis de Mérida-Badajoz, Badajoz, 2017.

 

[5]LÓPEZ LÓPEZ, Teodoro A.: Priorologios de las Órdenes Militares de Santiago y Alcántara en Extremadura, Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2001.

 

[6]LÓPEZ LÓPEZ, Teodoro .A: La orden de Santiago y su provincia de León en Extremadura. Guía documental, Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2017.

 

[7]MIRA CABALLOS, Esteban: Hermandades y cofradías en Badajoz y su partido a finales de la Edad Moderna. Badajoz, Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, 2002, pág.9.

 

[8]Concretamente, en el caso de Fuente del Maestre (Badajoz) se ha podido seguir la huella de más de 22 cofradías mientras que en los archivos se han registrado 15. Para más información ver, López Vacas, A. “La labor social de las cofradías durante el Antiguo Régimen en Fuente del Maestre” en Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2014.

 

[9]ARIAS DE SAAVEDRA, Inmaculada y LÓPEZ GUADALUPE, Miguel Ángel, Las cofradías y su dimensión social en la España del antiguo régimen, en Cuadernos de Historia Moderna nº 25, 2000, p. 189-232.

 

[10]MIRA CABALLOS, E. “Hermandades y cofradías en Badajoz y su partido a finales de la Edad Moderna”, p.45.

 

[11]Archivos Eclesiástico Arzobispado Mérida-Badajoz, Exposición que hace Pedro Martín en nombre de la Cofradía del Cristo contra el párroco Pedro Ubaldo de la Fuente, sobre alterar costumbres en la Hermandad, fondo santiaguista, Ahillones, serie cofradía, legajo 58, nº expediente 1779, año 1779.

 

[12]AEMB, fondo santiaguista, Llerena, serie Cofradías, expediente nº 19085, legajo 483, año 1787

 

[13]AEMB, Don Antonio Perozo Coronada, pbro. Arrendatario de las colmenas de la cofradía de San Pedro solicita se le reduzca la renta, fondo santiaguista, Azuaga, serie cofradía, legajo 1396, nº expediente 46805, año 1778.

 

[14]AEMB, Sobre vender dos tierras para hacerle un retablo, fondo santiaguista, Hinojosa del Valle, serie cofradía, legajo 775, nº expediente 27789, año 1803.

 

[15]AEMB, Sobre paga de un misal y venta de un cáliz viejo en la feria de Guaditaca, fondo santiaguista, Berlanga, serie cofradía, legajo 431, nº expediente 17697, año 1734.

 

[16]AEMB, El mayordomo reclama 200 ducados de limosnas dejadas por Hernando Jimenes Percilero, fondo santiaguista, Bienvenida, serie cofradía, legajo 987, nº expediente 32694, año 1619.

 

[17]AEMB, Se propone hacer un coso de capeas en el terreno de un huerto de la cofradía y hacer en él tablados para obtener limosnas, fondo santiaguista, Casas de Reina, serie cofradía, legajo 445, nº expediente 17982, año 1789.

 

[18]AEMB, D. Manuel Espejo, vecino de Sevilla, sobre que se le adeuda en la hermandad de San Pedro, fondo santiaguista, Bienvenida, serie cofradía, legajo 223, nº de expediente 9399, año 1782.

 

[19]AEMB, Autos causados en relación con las personas que deben a la cofradía del Santísimo Cristo del Humilladero y su mayordomo contra D. Gonzalo Ortiz, fondo santiaguista, Azuaga, serie cofradía, legajo, 1413, nº expediente 48883, año 1668.

 

[20]AEMB, Cuentas de la cofradía de Ánimas presentadas por Francisco de Benavides, fondo santiaguista, Los Santos de Maimona, serie cofradía, legajo 1184, nº expediente 37888, año 1677.

 

[21]AEMB, De San Pedro. El mayordomo Don Gonzalo Ortiz de la Tabla, pide que los síndicos de la hermandad rindan cuentas, fondo santiaguista, Azuaga, serie cofradía, legajo 1415, nº expediente 49017, año 1767.

 

[22]AEMB, Cofradía de Ánimas. El mayordomo dice que todos los días al amanecer se ha dicho una misa alternando por meses los sacerdotes y con estipendio de 2 reales y ahora exigen 2 y ½ reales, fondo santiaguista, Granja de Torrehermosa, serie cofradía, legajo 778, nº expediente 297058, año 1658.

 

[23]AEMB, Cofradía de Santiago. Los mayordomos contra Pedro Fortuno de Figueroa, sobre las casas que le donó en la calle Plaza de Santiago Dña. Catalina de Figueroa, para la fábrica de unas andas de plata en 1746. Sentencia del Provisor a favor de la cofradía, fondo santiaguista, Llerena serie cofradía, legajo 1208, nº expediente 39047.

 

[24]AEMB, Cofradía de Santo Domingo sobre irregularidad en las cuentas del mayordomo Juan Durán, fondo santiaguista, Berlanga, serie cofradía, legajo 431, nº expediente 17689, año 1668.

 

[25]AEMB, Cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción. El mayordomo pide que sean rezadas las doce misas cantadas carga anual de la cofradía, fondo santiaguista, Ribera del Fresno, serie cofradía, legajo 1057, nº expediente 34171, año 1682.

 

[26]AEMB, Excesos de algunos presbíteros el Jueves Santo, fondo santiaguista, Berlanga, serie cofradía, legajo 545, nº expediente 21295, año 1800.

 

[27]AEMB, El Mayordomo de la Cofradía de San Marcos con el de la de San Sebastián, sobre preferencia en las procesiones”, fondo santiaguista, Usagre, serie cofradía, legajo 964, nº expediente 32036, año 1554.

 

[28]AEMB, Hermandad de San Pedro. Otro Rosario que sale de noche de la ermita de S. Juan. Sobre avenencia entre ambas cofradías, fondos santiaguistas, Fuente del Maestre, serie cofradía, legajo 455, nº expediente 18294, año 1733.

 

[29]AEMB, Juan Martín Cerro, familiar del Santo Oficio, dice que le pertenece como tal, llevar la hechura del Santo Cristo en la procesión del Jueves Santo, fondo santiaguista, Campillo de Llerena, serie cofradía, legajo 1182, nº expediente 37735, año 1678.

 

[30]AEMB, La Hermandad de San Pedro contra   D. Gonzalo Ortiz Hidalgo, sobre   unas calumnias, fondo santiaguista, Azuaga, serie cofradía, legajo 129, nº expediente 5440, año 1766.

 

[31]AEMB, Los Mayordomos de San Pedro y Santiago, Juan Ortega y Manuel Díaz, son puestos en las tablas de excomulgados por no querer pagar cierta cantidad para el arreglo del atrio de la parroquia. Los excomulgados apelan, fondo santiaguista, Usagre, serie cofradía, legajo 415, nº expediente 17221, año 1733.

 

[32]AEMB, Isabel García, como hija de Francisco Martín Moreno, difunto, pide ser admitida como hermana y por tal que se le den 10 ducados para dote a una hija suya que es huérfana, fondo santiaguista, Llerena, serie cofradía, legajo 480, nº expediente 18971, año 1611.

 

[33]AEMB, Hermandad de San Pedro. Que el hermano Baltasar Rodríguez de los Reyes, boticario, se borre si no da las medicinas gratis a los hermanos, fondo santiaguistas, Ribera del Fresno, serie cofradía, legajo 617, nº expediente 23205, año 1776.

 

[34]AEMB, Que el licenciado de la Vera Cruz, Antonio de la Guerra, no puede ser admitido como hermano por no estar bautizado en la pila de la Parroquia, fondo santiaguista, Bienvenida, serie cofradía, legajo 868, nº expediente 30097, año 1693.

 

[35]AEMB, Cofradía de Animas. D. Francisco Pachón, Pbro., nombrado mayordomo suplica se le exonere del cargo, fondo santiaguista, Ribera del Fresno, serie cofradía, legajo 727, nº expediente 26064, año 1834.

 

[36]AEMB, Cofradía del Rosario. La mayordoma Ana de Vera quiere dar a censo una tierra al sitio del Portillo del Ángel, fondo santiaguista, Usagre, serie cofradía, legajo 308 , nº expediente 14070 , año 1782.

 

Ene 062018
 

Jesús Barbero Mateos. Maestro.

 

Por cada escuela que abrimos

una cárcel se derrumba.

¿Quién que medite el alcance

de sentencia tan profunda

al noble fin no propende            

de que los pueblos se instruyan?

¿Pudiera de la ignorancia

abusarse cual se abusa

si en instrucción estuviera

el pueblo a mayor altura?

No. Que en aquellos do brillan

ilustración y cultura,

ni los fanatismos crecen,

ni las tiranías triunfan…

 

En el año 2002, cuando corría la trigésimo primera edición de estos coloquios históricos, me acercaba a las circunstancias del magisterio decimonónico en Extremadura, a través del análisis de su evolución en el caso de Serradilla. Desde entonces, en las sucesivas ediciones he abordado en otras diez ocasiones la historia de la educación regional, desde distintas perspectivas y considerando diversos ámbitos de estudio.

Retomo el hilo sobre el siglo XIX, para poner de manifiesto los recursos didácticos con los que contaron aquellas maestras y maestros impulsados por el movimiento ilustrado, los locales que albergaron las escuelas, la forma y características de su organización, así como los métodos de enseñanzas que pusieron en marcha, para que sus alumnos pudieran formarse en el ejercicio de sus derechos ciudadanos, recientemente reconocidos y progresiva, aunque lentamente desarrollados.

Para ello habrá de tenerse en cuenta el prefacio que entonces se incluía, como forma de ubicar social, económica, política y culturalmente la época y poder entender el análisis en su contexto.

Alumnado.

Desde los albores del siglo XIX comenzó a pergeñarse un amplio cuerpo legislativo en el campo de la educación. Los alumnos y los elementos incidentes en el proceso de enseñanza y aprendizaje comenzaron a ser reglamentados, viéndose afectados por una creciente normativa.

A finales del siglo XVIII, en 1.797, se había preceptuado en cinco años la edad mínima de los alumnos para acceder a los establecimientos escolares[1]. Pasado el tiempo, esta edad se incrementó hasta los seis años y se limitó a los trece, dejando un cierto margen de flexibilidad en la edad de ingreso, al entender que “la concurrencia de jóvenes de mayor edad puede perjudicar el hábito de los demás”[2], pues sus intereses y actitudes eran netamente diferentes, redundando negativamente en los alumnos de menor edad.

Al finalizar la escuela primaria, en la que el criterio de promoción de un grupo a otro consistía en haber asimilado los conocimientos necesarios en el anterior, los niños podían acceder a estudios medios, siempre y cuando la economía familiar y las aptitudes del muchacho lo permitieran. Cuando sólo fallaba lo primero, las familias tenían la posibilidad de solicitar unas escasas becas, sólo para los niños: “S.M. la Reina Gobernadora se ha servido resolver no se de curso a ninguna solicitud de plazas gratuitas, que no venga recomendada por el ministerio, en la inteligencia de que toda solicitud es escusada respecto de las hembras y, respecto de los varones, no pudiéndose disponer más que de un cortísimo número de becas, no conviene se recomiende a ningún interesado en quien no concurran circunstancias muy particulares y dignas de una preferente consideración”.[3]

La “Ley Moyano” consagró la obligatoriedad y gratuidad de la educación elemental entre los seis y los nueve años[4], aunque no se tradujo en asistencia, siendo escandalosos los niveles de absentismo a lo largo de todo el siglo, a pesar de que las autoridades trataban de buscar medios para incrementarla.

Con anterioridad, en el Plan Provisional de Enseñanza Primaria de 1838, se establecía la imposición de multas de veinte reales a los padres cuyos hijos faltasen a la escuela; amenazas que no produjeron ningún resultado en una sociedad eminentemente agrícola, en la que continuó faltándose a la escuela durante todo el año o gran parte del mismo, para trabajar en el campo. Además, también para disuadir de la inasistencia, se encargaba la “formación por el párroco y el alcalde de listas de todos los mayores de seis y menores de doce años que no concurran a la escuela, con expresión de los nombres de los padres y lectura y publicidad de estas lista”. Se contemplaron medidas incentivadoras, tales como la “exención de cargos o servicios concejiles a los padres que, teniendo cierto número de hijos, acrediten que les dan la instrucción necesaria”.[5] No constan referencias a estas listas en los archivos municipal ni parroquial de Serradilla, no lográndose alcanzar el objetivo marcado.

Tratando de que los maestros se convirtieran en agentes activos, capaces de promover la asistencia regular de los alumnos a la escuela, les garantizaba un “aumento proporcional en el sueldo según el número de alumnos que lograsen llevar a su escuela”.

Debe destacarse que con el paso de los años, la escolarización de los niños se incrementó notablemente, debiendo duplicarse el número de escuelas en la provincia de Cáceres: de 275 escuelas en 1836, a 523 en 1865.

En 1.868 se aprobaba un Reglamento, de efímera vida, que consideraba la edad de admisión “en las escuelas de párvulos es la de dos a seis años, en la de primera enseñanza, la de seis a trece años”.[6] No se implantó en Serradilla: “cuando un niño cumplía los seis años, era enviado a la escuela”, y no antes. En pocas ocasiones se agotaba en el aula la obligatoriedad, “entraban a los seis años y el que más resistía, salía a los doce”.[7] Y es que la gratuidad estaba condicionada. Sólo se reconocía a los niños considerados pobres, a juicio de la Junta Local, debiendo el resto abonar al maestro una cuota, sin que para nada influyese la edad, sino la posición de los padres[8]. Tal vez esta era la razón que impedía atajar convenientemente el absentismo escolar, sin perder de vista que apenas existían estímulos para formar a los niños. Muchos padres se veían movidos “ya por efecto de la pobreza, ya de la codicia, a sacar fruto inmediato de las ocupaciones de la tierna niñez”.[9] Sin embargo la administración no se dio por vencida y en 1.872 estableció la obligatoriedad de asistencia a la escuela, al menos durante tres horas diarias, para niños entre 9 y 13 años y para niñas entre 9 y 14 años[10].

Cuando finalizaba la tercera década del siglo, en Serradilla había “una escuela de primeras letras donde concurren los niños de uno y otro sexo y el número varía según las estaciones y es concepto del profesor que en el día, estando decaído, no cree excedan de 80, cuando deberían concurrir más de 150“.[11] Las apreciaciones del funcionario no fueron del todo acertadas, a decir de los datos que él mismo aporta al tratar el número de nacidos y muertos en el quinquenio 1.822-1.826[12]. Afirma que nacieron 463, 251 varones y 212 hembras. Es decir, 93 nacimientos anuales, por término medio. Considerando que la tasa media de mortalidad infantil en el periodo era del 41%, 38 párvulos morían anualmente. Según estos datos, el número de nacidos sobrevivientes anualmente para ir a la escuela, era de 55. Así, en el quinquenio citado, el número potencial de alumnos era de 275 y no de 150. De forma gráfica:

Nacidos entre1.822-1.826 Párvulos muertos en el periodo Tasa de mortalidad Alumnado potencial Alumnado real % absentismo
463 189 41% 275 80 69%

El porcentaje de absentismo a mediados de siglo rondaba el 60%. A falta de cifras concretas, acudiremos al dato que estima en el 16% la población infantil sobre el total de vecinos de la época, aunque sabemos que por estas fechas, “asisten 160 niños de ambos sexos”.[13]Así tenemos:

Habitantes Población de 6 a 13 años (16%) Asistencia % absentismo
2.355 377 160 57%

Entre 1.875 y 1.880, acudían a la escuela unos 120 niños, a decir de Agustín Sánchez, que era uno de ellos. Como vemos, a pesar del alto absentismo escolar que se mantuvo a lo largo de todo el siglo, resultaba a todas luces excesiva la población escolar a cargo de un solo docente.

Tenemos constancia del desarrollo de la jornada y ambiente escolar que disfrutaron (o sufrieron) los niños de la época. La entrada en la escuela con seis años suponía un acontecimiento equivalente a la adquisición de las primeras dosis de emancipación. Significaba gozar de una cierta libertad para ir con los compañeros, “sin más obligación que la puntualidad a la hora de las comidas”. Ingresar en la escuela suponía entrar a formar parte de la primera pandilla organizada “en la que todos participaban de cierto aire a guerrilleros en ciernes”.[14]

Dentro de la escuela la jornada transcurría, más o menos, así. Al llegar los niños dejaban sus gorras y sombreros colgados en las alcayatas que poblaban la pared, y luego pasaban a ocupar las largas y estrechas mesas. El maestro ocupaba su mesa, que estaba colocada sobre una tarimilla frente a los discípulos.[15] Delante se sentaban los pequeños y detrás, los mayores, podían holgar a sus anchas alejados de la vara del maestro.

En el invierno había un brasero que el maestro removía para calentarse[16]. Algunos niños “llevaban estufas improvisadas con un recipiente de lata o de barro agujereado y lleno de brasas. Otros, los menos afortunados, se conformaban con calentarse los dedos de la mano con el aliento para poder manejar el pizarrín, mientas pateaban en el suelo para que no se les helaran los pies”.[17]

Llegaba la hora del recreo y “en las salidas se organizaba un verdadero tropel. Un rebaño violento que intentaba ganar cuanto antes la libertad. Los mayores arrollaban a los pequeños” en sus deseos de ir a jugar a la plaza, cuando la escuela estaba en la calle Blanca, o al llano de la iglesia cuando la ubicación de ésta cambió. “Los pequeños debían soportar de los mayores los puñetazos, los alfilerazos y los pellizcos, sin quejarse al maestro. La barbarie dentro de la escuela se multiplicaba por cien a la salida”.[18]

Transcurría la estancia de los niños en la escuela pendientes siempre de la puerta, por si entraba alguna autoridad, en cuyo caso deberían “levantarse haciendo una demostración de respeto, y manteniéndose en pie”[19], hasta que el maestro mandase sentarse.

Mención específica merecen los premios y castigos, en los que se basaba gran parte de la enseñanza, disfrutándolos o padeciéndolos los más pequeños en su quehacer cotidiano.

Respecto de los premios, cada niño tendría un competidor en cada materia, tomando el vencedor el asiento preferente de ambos, tras el correspondiente enfrentamiento. Además, era alabado públicamente para estímulo de los demás, colocando su nombre en una lista que se exponía en sitio conveniente de la escuela, durante la semana siguiente a la que habían sido premiados. Los puestos preferentes y mejor situados eran ocupados por los más sobresalientes. Los premios consistirían en coronas de lata, cartón o papel, bandas, cintas, medallas o estampas. También se crearían títulos como celadores, censores…, para otorgarlos a los más destacados. En los exámenes públicos los premios consistían en libritos de las materias, cartillas rústicas o de artes y oficios, medallas y condecoraciones, que podrían lucir los acreedores durante todo el año. En el caso de que el grupo en su conjunto adelantara mucho, las Juntas podrían premiarles con hasta cuatro días de asueto. A los mejores en el examen mensual, se les premiaba inscribiéndoles en la lista de honor y llevando una cinta o medalla dentro de la escuela durante el mes siguiente. Los premios considerados como de mayor honor eran los que se obtenían en los exámenes generales que se realizaban en lugar público y en presencia de las autoridades.

En lo concerniente a los castigos, eran habituales a pesar de que la administración, impregnada de los principios ilustrados, hizo algunos intentos por suprimirlos: “Las Cortes Españolas quieren desterrar el castigo o corrección de azotes, como contrario al pudor, a la decencia y a la dignidad de los que son o nacen y se educan para ser hombres libres y ciudadanos, han tenido a bien decretar lo siguiente: Se prohíbe desde el día de hoy la corrección de azotes en todas las enseñanzas, bajo la más estrecha responsabilidad”.[20] La medida apenas surtió el efecto deseado, puesto que el castigo físico se prolongó hasta fechas muy recientes. “El maestro pegaba en corto con una regla plana. Para la media distancia utilizaba un puntero. Para larga distancia una seca caña de bambú”. Sin embargo los niños, lejos de amedrentarse, se las ingeniaban para que los golpes fuesen menos dolorosos: “los mayores decían que, dándose con ajo en la mano, resbalaba la regla y no dolía. Era una leyenda que circulaba desde siempre”. Se recomendaba un uso discreto y siempre que fuese para estimular y corregir a los niños. En aquéllos que fueran de tipo aflictivo (varazos, regletazos, soplamocos…) se procuraría no lesionar a los niños, aunque era conveniente hacerles ver que podían ser castigados. No se permitiría el castigo ensañado ni aquel que contuviera palabras soeces y humilladoras. En su lugar se emplearía la separación de los otros, privaciones aflictivas, situarse de rodillas, avisar a los padres… Sin duda se trataba de una vida difícil para los alumnos.

De las alumnas serradillanas nada sabemos y, aunque estuvieron afectadas por las normas genéricas, la propia concepción de la educación femenina de la época, debió permitirles una vida escolar más relajada. En todo caso, ambos sexos sufrieron considerables penurias en relación con los actuales modelos: “Los Reyes Magos no se entretienen en buscar en las rejas y balcones las botas de los niños, sencillamente porque aquí los niños no tienen botas, ni aún zapatos”.[21]

 

Recursos económicos.

Al finalizar el siglo XVIII la escuela serradillana duplicaba sus rentas, pasando de 1.000 a 2.000 rs. Estaba ahora sostenida con la dotación testamentaria de dos Memorias Pías: la inicial de Catalina González, fundadora de la institución en 1.734, y la agregada en 1.798 por el presbítero Celedonio Mateos. Esta situación cambió poco hasta mediados del XIX, momento en el que la villa “tiene escuela con casa propia, legada a fines del siglo pasado para este objeto, una memoria para su dotación, la cual, con la asignada con fondos públicos, asciende a 2.000 rs.”.[22] Sin embargo, parece haberse introducido un importante matiz. Una parte de la dotación proviene de fondos públicos, aunque resulta paradójico que el Ayuntamiento interviniese en la financiación y, sin embargo, los fondos destinados a la escuela no se incrementasen, manteniéndose en los 2.000 rs.

¿Acaso el Concejo debió hacerse cargo de la parte correspondiente a las dotaciones iniciales por haberse suprimido éstas? Probablemente así fuese, sobre todo si tenemos en cuenta que los procesos desamortizadores afectaron de lleno a gran parte de las propiedades vinculadas por los benefactores Catalina González y Celedonio Mateos a la Obra Pía de la Escuela de niños. En este contexto, las rentas iniciales fueron menguando al mismo ritmo que la aportación municipal fue creciendo, para garantizar el funcionamiento de la escuela.

En el estado del siglo XIX, el artículo 97 de la Ley Moyano dejaba la escuela en manos de los municipios. Los pueblos debían incluir en sus presupuestos las cantidades necesarias para atenderlas[23]. Contra la labor municipal clamarían todas las reuniones pedagógicas desde 1.885, por ineficaz y entorpecedora del desarrollo de la educación[24].

En la segunda parte del siglo, los datos disponibles son muy escasos, aunque significativos. Contamos con el presupuesto de ingresos y gastos de material de la “Escuela pública Elemental de Niños de Serradilla”, de donde se extraen algunas conclusiones clarificadoras.

1.- La escuela corría totalmente a cargo de fondos públicos: “Copia del presupuesto de ingresos y gastos aprobados por la Junta de Instrucción Pública de esta provincia de Cáceres para esta escuela y año económico de 1.871/72”.

2.-A raíz de la Revolución de 1.868, se detectan “cantidades recibidas y no gastadas desde 1º de Octubre de 1.868 a 30 de junio de 1.871”, concretamente 449 pts. y 6 cs.

3.- El presupuesto municipal consignó en el ejercicio económico de 1.871/72, 206 pts. y 25 cs., “para gastos de material de esta escuela, como cuarta parte de la dotación del profesor”. Las otras tres cuartas partes del sueldo del maestro, provenían de la Junta Provincial, corriendo el gasto de material a cargo del municipio. Un importante salto cualitativo y cuantitativo respecto de la financiación educativa en Serradilla.

Pero volvamos con su presupuesto. En manos del maestro Antonio Blasco se depositaron las 655 pts. y 31 cs., disponibles para el curso 1.871/72, en lo referido al material. Él sería el responsable de elaborar un presupuesto de los gastos de la escuela para este periodo, que después sería revisado por las Juntas Local y Provincial. El maestro procedió a confeccionar el presupuesto dividiéndolo en dos capítulos. El primero referido a “Útiles de enseñanza y aseo del local”, con un coste de 214 pts. y 31 cs. Serían empleados en la compra de cristales y marcos para cuadros, diversos libros administrativos, tinteros, sillas, un retrato del rey, colecciones de muestras…, además de emplearlo para premios, recomposición del menaje, aseo y blanqueo, carpintería, etc.

Y en segundo término, el capítulo relativo a “libros, papel, plumas, tinta, etc.”[25], con un gasto previsto de 441 pts., destinadas a la compra de carteles, diccionarios, manuales de gramática, ortografía, lectura, catecismos, cuadernos de aritmética, historia sagrada y geografía, un ejemplar de la constitución, plumas de acero y ave… El maestro hizo constar de forma expresa que “teniendo en cuenta las necesidades de su escuela, no puede menos de limitar los gastos del primer capítulo, creyendo más necesarios los que comprende el 2º”.

La Junta Local aprobó el presupuesto con algunas modificaciones a la baja en determinados conceptos, para poder adquirir otros que consideraba de mayor interés y necesidad. Rebajaba a la mitad las docenas de manuales de ortografía, gramática y aritmética, por razón de las unidades de la escuela, número de niños asistentes y existencias de material. Con el dinero sobrante, 106 pts. y 50 cs., debía adquirirse una colección de mapas y alguna obra de agricultura. El visto bueno se firmó el 18 de Febrero de 1.872 por el Presidente de la junta local, Antonio Mateos y el Secretario, Juan Bermejo. El 10 de Junio, la Junta Provincial hizo indicaciones de modificación del gasto aprobado hasta entonces, reduciendo algunos capítulos y sugiriendo que, con las cantidades ahorradas por ello, se comprara una colección de pesas y medidas y pizarras para los niños que las precisasen. Se instaba al señor maestro a que “en lo sucesivo cumpla este servicio con más detenimiento e inspirándose en las verdaderas necesidades de la escuela, para mejorar las enseñanzas”.[26] Firmaron el documento el Presidente de La Junta Provincial, Juan Muro y su Secretario, Nicasio Sánchez González.

Queda así demostrado el considerable incremento de los recursos destinados a la escuela en poco más de veinte años, y la intervención pública en su financiación. Esto en lo que respecta a la escuela de niños. Pero también la escuela de niñas tenía su presupuesto. Veamos.

La maestra María Garrido comunicaba en abril de 1.877 a la Junta Provincial los débitos que con ella mantenía el Alcalde de Serradilla, referidos al periodo comprendido entre 1.873 a 1.875. Desglosaba el importe total, 642 pts. y 3 cs., en tres apartados: Personal, 483 pts. y 82 cs.; retribuciones, 88 pts. y 7 cs.; y alquiler, 70 pts. y 14 cs. Explicaba que desde primeros de abril hasta últimos de diciembre de 1.875, el presupuesto de la escuela de niñas ascendía a 3.610 pts: 2.868 pts. y 75 cs., a personal; y 741 pts. y 57 cs., a material.

Serradilla gastaba en educación, en la década de los años setenta, 6.735 pts., de las que 5.338 estaban destinadas a sueldos[27]. Las restantes 1.397 iban a la compra de material y adecentamiento de los locales. Una cantidad considerable, teniendo en cuenta los tiempos que corrían.

La situación del presupuesto escolar en Serradilla en el año económico 1.877 á 1.878, era la siguiente. Con 2.062 habitantes, el presupuesto municipal de ingresos era de 15.730 pesetas y el de gastos de 15. 707 pesetas. De ellas, 1.375 pts., se dedicaban al sueldo del maestro, 343 pts., al alquiler del edificio y 80 pts., al gasto de material; en total, 2.098 pesetas aplicadas a la educación, un 13% del presupuesto municipal[28].

 

Instalaciones, mobiliario y enseres.

Desde la primera mitad del siglo XIX la organización escolar se basaría en una escuela, un aula, un espacio, adaptándose a la perfección a los sistemas de enseñanza individual, mutuo y simultáneo. Esta identidad espacio/método se rompería al comenzar el siglo XX[29].

Los edificios estaban mal dotados y eran insuficientes, siendo la falta de construcciones escolares un gran obstáculo para llevar a cabo satisfactoriamente la escolarización de los niños. Locales adaptados, insalubres y sin luz suficiente, acogían a los niños. Los recursos materiales y el mobiliario se limitaban a material elemental: pizarras, pizarrines, tinta, pluma, tinteros, cartillas, cuadernos, mesas, sillas, algunas perchas y poco más. La falta de medios fue una constante.

El Decreto de 29 de junio de 1.821 preconizaba una política de construcciones escolares[30], para dotar a los municipios de locales adecuados donde desarrollar la labor educativa, pero en Serradilla, al comenzar el siglo XIX la escuela de niños seguía situada en la última ubicación conocida a finales del siglo XVIII; la calle Blanca, en las traseras del Ayuntamiento. El edificio albergaba, además, la casa del maestro[31]. No obstante, los niños sólo disponían de la sala de clase, sin habitáculo anejo, por lo que “en defecto de pieza para guardar los sombreros, gorras, etc., se colocarán dentro de la escuela perchas o clavos, puestos a la altura de los niños[32].” Comenzaban a establecerse condiciones en los locales, muebles y enseres.

 

FOTO 1. Edificio que albergó la escuela de niños a lo largo del siglo XIX. Foto Carlos J. Martín.

En cuanto a la construcción y condiciones de los locales, la R.O. de 1/1/1.839 y el R.D. de 23/9/1.847, instaban a los ayuntamientos a adquirir o reparar edificios para albergar escuelas. El R.D.L. de 18/1/1.869, promovido por Ruíz Zorrilla, recogió el espíritu revolucionario krauso-liberal, entrando en detalles como la capacidad de la sala (3 m3 por niño), los cm2 de las ventanas (14 por niño), o que los retretes para el servicio se situarán en una galería exterior.

También vieron la luz sobre este tema las Reales Órdenes de 26 de julio de 1856, de 18 de enero de 1869 y de 23 julio de 1.874, además del R.D. de 5 de octubre de 1.883, pero esta ordenación apenas tuvo visos de implantación[33].

En Extremadura, en el quinquenio 1.850/1.855, menos del 50% de las escuelas de niños en el caso de Badajoz y menos del 10% en el caso de Cáceres, tenían el menaje completo y en buen estado. Para las escuelas de niñas, en ambas provincias el porcentaje era inferior al 10%. En la provincia de Cáceres el porcentaje de escuelas de niños en las que se usaban libros en número suficiente, era menor del 25 %[34].

Los criterios de organización de la clase estaban centrados en la mejor vigilancia de los niños y en la aplicación de una estricta disciplina, más que en atención a la fatigabilidad, idoneidad pedagógica o interacción infantil: “la mesa del maestro estará colocada al frente de los discípulos, y de manera que pueda ver todas las clases y cuanto pasa en la escuela. Convendrá que las mesas de escribir sean largas y estrechas, evitando en cuanto pueda ser, el servirse de mesas anchas en que se coloquen los niños por ambos lados, por la mayor dificultad de vigilarlos”.[35]

El equipamiento habitual de la escuela de la época y los propios al uso de los niños, los describe Víctor Chamorro[36], a partir de las notas escritas por Agustín Sánchez, que acudió a la escuela situada frente a la iglesia a partir de 1.875. No pierdan detalle:”Los padres le daban al hijo un bolso y el maestro se lo llenaba de libros. El niño iba adquiriendo los enseres precisos, sin los cuales tendría una niñez incompleta y aburrida. El maestro tomaba asiento en una mesa colocada sobre una tarimilla en donde había un brasero, le removía mientras los alumnos tiritaban ateridos. Encima de la mesa había una campanilla para imponer silencio y despachar a los muchachos en el recreo y a las horas de la salida. Un tintero. Arena negra que realizaba funciones de papel secante. Una pluma de acero de pico de pato. Los alumnos usaban pizarra y pizarrines. Pizarras enmarcadas en madera que solían partirse con facilidad. Pizarrines negros con los que podía hacerse un trazo fino y pizarrines de manteca, blandos, blancos, de trazo grueso que dejaban en la pizarra una pasta blanca y gelatinosa cuando el muchacho escupía para borrar los escritos. Un aparato para contar, especie de marco de madera cruzado de alambres en donde iban unas bolas”.

FOTO 2. Estado actual del edificio donde estuvo la escuela, situada frente a la iglesia. Foto Carlos J. Martín.

 La dotación de la escuela era escasa, con incompleto menaje y edificio en malas condiciones. El aumento de alumnos y a la apertura de la escuela de niñas, hicieron que se modificaran las ubicaciones de los locales. El que estaba situado en la calle Blanca albergaba, pasado el ecuador del siglo, a la escuela de niñas:”Casa llamada Alhóndiga, que linda por saliente con casa de Ayuntamiento y con cárcel pública y por poniente con escuela de niñas”.[37]

Mientras tanto, los niños ocupaban “la escuela (que) estaba frente a la iglesia. Era una especie de zaguán alargado y escaso de luz. Con el tiempo quedó para almacén de trigo. Se entraba por un corral en donde alguna cabra ramoneaba el verde de un pequeño huertecillo salvaje, sombreado por una higuera, una parra y alguna periquitera. También había un rosal, un hortensio y geranios. El maestro andaba vigilante para que los alumnos no destrozasen aquel sucedáneo de jardín. Tenía tres ventanas pequeñas por donde no entraba el sol”.[38]

“A la escuela, en un antiguo edificio, situado frente a la iglesia, acudían los niños. Cuando llovía, las goteras inundaban aquella especie de zaguán alargado y oscuro por el que correteaban las ratas”.[39]

El edificio de la escuela de niños y la casa del maestro debieron presentar considerables deficiencias, pues en 1.896 el Gobierno Civil envío una partida de dinero, para acometer obras de ampliación y reforma en ambas instalaciones. En total, 2.200 pesetas.[40]

El R.D. de 5 de octubre de 1.883, establecía “El edificio se ha de componer de vestíbulo, salas de escuela, patio de recreo, jardín, local para biblioteca y dependencias para el aseo.

2º.- Las salas de escuela no han de ser capaces para más de sesenta alumnos; tendrán de extensión 1´25 m2 por cada plaza; la altura del techo ha de ser tal que queden 5 m3 por alumno.

3º.- La superficie del patio de recreo corresponderá a una extensión de 5 m2 por cada niño.

 

 FOTO 3. Escuela del “Teniente Rojo”. Últimos años del siglo XIX. Obtenida de Eduardo Gómez Alonso: “Serradilla, retratos para el recuerdo”. Edilesa. León. 2.004

 

4º.- La orientación será según las condiciones climatológicas del país.

5º.- Si las habitaciones de los maestros quedan situadas en el edificio de las escuelas, se les dará entrada independiente, de modo que no tengan comunicación directa con éstas”.[41]

La escuela serradillana debió cerrar sus puertas en 1.884, 1.885 y 1.888, debido a una epidemia de cólera, cuya propagación se temía por el excesivo calor estival. La situación más grave se produjo en el verano de 1.885.[42]

En referencia concreta al mobiliario, enseres y materiales existentes en las escuelas de niñas, el inventario se dividía en tres bloques, con estos elementos:

Muebles y menaje: una plataforma con graderío y balaustrada, una mesa cartera con escribanía, un sillón, media docena de sillas medianas, un crucifijo con dosel, un cuadro de Jesús Nazareno en lienzo, un estante para colocación de útiles, ocho cuerpos de carpintería, dos de seis asientos con almohadillas y cajones, todos con tintero de plomo (las tapas y tinteros estaban inservibles), ocho tinteros de plomo, doce bancos para asientos de las niñas, dos encerados, uno con caballete para operaciones de aritmética, un brasero con tarimilla, cuatro vidrieras de las ventanas del local, dos perchas, una colección de láminas de Historia Sagrada en lienzo y otras quince láminas en cuadros, veinte pizarras y once carteles.

Libro, papel y objetos de escritorio: diez libros de la Buena Hija, diez del Trobador (sic) de la Niñez, diez Manuscrito, por Caballero, catorce Ramilletes Poéticos, por González, veinticinco Fábulas, por Samaniego, diez Obligaciones, por Escoiquez, veinticuatro Catones, por Seijas y ocho Catecismos, por Ripalda.

Archivo: Un libro de contabilidad, uno copiador de órdenes, uno de matrícula, uno de clasificación y otro cuaderno de inspección.[43]

En la escuela de niños la dotación estaba compuesta por:

Útiles de enseñanza: 10 cuadros con cristal para las láminas de Hª Sagrada, tres cuadros de mucho fondo para poner seis en cada uno, cuatro libros de ¿darion?, tres libros de asistencia, un cuerpo de carpintería, cinco colecciones de muestras de Yturzaeta, un retrato de S.M. el Rey, 12 tinteros de plomo y seis sillas.

Libros, papel, plumas, tinta china: una colección encartonada de carteles, por Flórez, un diccionario de la Academia, cuatro epítomes de la gramática por la Academia, tres docenas de ortografía de la academia, tres docenas del método nacional de lectura, por Flórez, tres docenas de Naharro, diez docenas de Catecismos, de Ripalda, diez docenas de cuadernos 1º y 2º de aritmética, por Aguilar, veinticuatro cuadernos de explicación de la quinta serie de láminas de Historia Sagrada, cinco docenas de Páginas de la infancia, por Terradillo, dos docenas de Geografía, por Flórez, tres docenas de cuadernos litografiados terceros del mismo sobre Historia, una docena de Ejemplos Morales, por Rubio, papel pautado y blanco, plumas de acero y de ave, cuatro docenas de ejemplares de la Constitución, seis docenas de portaplumas, tinta, una colección de mapas, que comprendía el Mapamundi, el de Europa, el de Asia, el de África, el de América, el de Oceanía, el particular de España y el de Extremadura, una obra de agricultura, medidas métricas, cuatro encerados de hule y pizarras para cada niño.[44]

Aunque muchos de los aspectos legislados no pudieron ponerse en marcha inmediatamente, en Serradilla la cantidad y variedad de material disponible en las escuelas era de cierta consideración.

 

Organización escolar y metodología didáctica.

Tras la superación de la cuestión francesa, al retornar Fernando VII a los derroteros absolutistas entendió que, dado el carácter de modelador social que tiene la educación, debía ejercerse un riguroso control sobre su planificación y su ejecución. Se impuso entonces la creación de las Juntas Provinciales de Instrucción Pública, con el fin de vigilar y canalizar a su través todos los asuntos relativos a la enseñanza elemental. Años después, la política desarrollada durante el Sexenio Revolucionario, pretendió nuevamente un modelo más descentralizado, que permitiera el fomento y la creación de escuelas a las entidades locales.

Serradilla disponía de Junta Local de Primera enseñanza, formada por varios miembros del Ayuntamiento, el párroco y algunos padres de familia. Sus objetivos se centraban en el impulso, control y administración del desarrollo y funcionamiento de la escuela. Hubo momentos de tensión política y social en los que las relaciones de la Junta Local y la propia escuela con sus profesionales, no fueron lo fluidas que debieran, desembocando en purgas y largos pleitos, como sucedió en el citado caso de María Garrido. Esta autonomía municipal, sin embargo, era muy relativa. En 1.849 se creó el Servicio de Inspección Primaria, cuyas funciones se centraban en la supervisión y control de los elementos propios de la escuela: maestros, instalaciones, jornada escolar, métodos aplicados a la enseñanza, seguimiento de los contenidos y del material escolar…

A lo largo de este trabajo se han analizado las circunstancias referidas a los locales, los maestros, los alumnos y el devenir económico de la escuela. Ahora se entrará a considerar los aspectos más puramente relacionados con el proceso de enseñanza/aprendizaje.

El tiempo escolar. Recién traspasado el primer cuarto del siglo, los alumnos no disfrutaban de vacaciones estivales, aunque si disponían del denominado “tiempo de recreo”. Así se desprende de la narración de la pelea de niños de 1.826, que hemos visto.

De forma general existían periodos no lectivos en coincidencia con las principales celebraciones religiosas. En Navidad no había escuela desde el 24 de Diciembre, Nochebuena, al 6 de Enero, Epifanía del Señor. Por su parte tampoco había clases desde el domingo de Ramos hasta el miércoles de Pascua de Resurrección. Los domingos y días de fiesta entera tampoco eran lectivos.

Estos últimos vinieron a normalizarse en 1.867, mediante Rescripto Pontificio. Se trataba del establecimiento de una serie de fechas coincidentes con las fiestas religiosas de ámbito nacional: Purificación de Nuestra Señora, 2 de febrero; lunes y martes de carnestolendas y miércoles de ceniza; San José, 19 de marzo; San Pedro y San Pablo, 29 de junio; Santiago el Mayor, 25 de julio; Asunción de Nuestra Señora, 15 de agosto; San Justo y San Pastor; Natividad de Nuestra Señora, 9 de septiembre; San Casiano; Todos los Santos, 1 de noviembre; San José de Calasanz y Purísima Concepción, 8 de diciembre.

También se disfrutaban festivos laicos: los cumpleaños de los reyes y la fiesta nacional. En Serradilla, además de las antedichas, el día 28 de agosto, San Agustín y 14 de Septiembre, día del Cristo, completaban el calendario de las vacaciones escolares. En total, alrededor de 90 días de descanso y un periodo lectivo anual de 275 jornadas, componían el calendario escolar de los niños y niñas de Serradilla. En verano sólo había clases por la mañana.

Calendario escolar ideal del siglo XIX, a partir de las informaciones disponibles.

 

A pesar de que a lo largo de casi toda la centuria la escuela no interrumpió su actividad en el estío, la inasistencia debió ser muy elevada debido a las duras condiciones climáticas y a las tareas propias del campo. Conscientes, además, del grave riesgo higiénico que suponía una concentración de niños en locales reducidos durante los periodos de tanto calor, el legislador reglamentó las vacaciones de verano a partir de 1.887. Era obligado cerrar la escuela durante los 45 días que median entre el 18 de julio y el 31 de agosto, ambos inclusive, para reanudar las actividades el día 1 de septiembre. Fue así como comenzó a romperse la concepción de año natural y a introducirse el año académico.

El asueto del jueves por la tarde se suprimió legalmente en 1.855, aunque de hecho siguió celebrándose. Aún se hacía en 1.930[45].

 

Calendario escolar tras la implantación, en 1.887, de las vacaciones estivales.

 

Calendario actual.[46]

Cada jornada tenía una duración de seis horas, tres por la mañana y tres por la tarde, siendo la Junta Local la encargada de establecer los horarios de entrada y salida, en función de la concomitancia de factores de diversa índole: climatología, horas de sol, labores del campo…

El proceso didáctico. Durante estas dilatadas jornadas escolares, ¿qué planteamientos didácticos se ponían en marcha dentro de la escuela? No cabe duda que se habían producido notables avances en lo que respecta al proceso educativo. Aún así, los fundamentos pedagógicos seguían careciendo de sólidas bases científicas.

De la escuela serradillana del último cuarto del siglo, se afirma que “no enriquecía ni promocionaba la personalidad del alumno. Era un lugar a donde se iba a repetir, memorísticamente, números y palabras”. Lo cierto es que el material humano poco contaba para el maestro, como tampoco contaban las diferencias psicológicas de los alumnos ni su edad, que sólo servía para saber si se ocuparían los bancos de delante o los de atrás. Los niños “no eran distribuidos por saberes”. Los pequeños ocupaban los bancos delanteros, mientras “los mayores podían holgar atrás, alejados de la vara de tío Cano[47]. Aquellos cerebros eran especies de cintas vírgenes, más o menos sensibles, que había que grabar con conocimientos heterogéneos”.

La organización del aula se hacía en grupos homogéneos de niños, no rígidos, en atención al nivel de aprendizaje en el que se encontraban. En todas las escuelas, a ser posible, habría dos aulas separadas, una para leer y otra para escribir. Cada una de ellas podía dividirse en otras subalternas en atención al nivel de conocimientos de los niños. Con esta concepción presente, el maestro iniciaba la sesión con el tiempo dedicado a la religión. “Un armario sin puertas y, dentro de él, dos carretes, uno arriba y otro abajo, en donde se enrollaban láminas de Historia Sagrada. Con una manivela se movía un eje y las secuencias religiosas iban sucediéndose”.[48] El maestro iba enumerando los mandamientos para que los niños, como un coro sin ritmo, los fuese repitiendo.

Se sucedían el aprendizaje de la lectura, la escritura y la gramática. Los alumnos usaban pizarras enmarcadas en madera y pizarrines. Los mayores empleaban la pluma, finalmente las de acero “de pico de pato”, para afinar la caligrafía. Se daba más importancia a que el alumno fuese buen “pendolista”, que a la correcta ortografía o sintaxis en sus escritos. Afinando más aún. Se comenzaría con la enseñanza de la lectura, para lo cual se recomendaba que esta clase se subdividiera en tres grupos: el de los niños que conocen las letras, el de los que conocen las sílabas y el Catón y el de los que ya supieran leer.

La enseñanza era verbal, colectiva y simultanea, de manera predominantemente repetitiva y memorística. No se estimaba demostrada la conveniencia de simultanear la enseñanza de la lectura y la escritura, por lo que se apelaba al método más acreditado. Consistía éste en conocer primero el nombre de las letras usando de cartillas o abecedarios móviles, para pasar luego a las sílabas y dicciones y, finalmente, a la lectura suelta o “de corrido”. No se pasaría de un grupo a otro hasta que el anterior estuviese perfectamente dominado. Se prohibía expresamente el empleo del deletreo para enseñar el silabeo, recomendando al efecto el uso del Silabario de la Real Academia, “corrigiendo algunos defectos que contiene”. No se pasaría al Catón hasta dominar bien el silabeo. El maestro podía ser ayudado en su tarea por los niños más aventajados del grupo inmediatamente superior, que serían considerados ayudantes

Conocida la lectura daría comienzo la escritura tras pasar un examen. Para su enseñanza se usaría el tipo de letra llamado bastardo español, empleando para ello el encerado, donde el maestro debía escribir con yeso mate. Las primeras lecciones consistirían en enseñar a los niños a coger la pluma, colocar el papel, situar el cuerpo, la cabeza… Posteriormente se pretendía que las letras fuesen inteligibles y, finalmente, bellas. Distribuidos los niños por el tamaño de letra que escribieran (mejor cuanto más pequeña), harían primero escritura con copias y, posteriormente al dictado, pero siempre de los textos señalados y no de otros. Los que fuesen adelantando a buen ritmo, se les enseñaría a cortar correctamente la pluma, para adelanto de los más atrasados.

Luego venía la aritmética. Los pequeños contaban del uno al cien a grito pelado, mientras el maestro, con un puntero, iba pasando las bolas del ábaco. Para esta área los niños debían llevar un cuaderno en el que el maestro les pondría las cuentas.

Para verificar el aprovechamiento de los niños, se consideraban dos tipos de exámenes. Los particulares, puestos por el maestro para ver el nivel de los alumnos y los públicos, hechos por la Junta una vez al año, en el Ayuntamiento de la localidad y con toda solemnidad, para comprobar y homologar las enseñanzas. Las preguntas debían ser claras y sencilla y versar sobre todas las materias. A los mejores se les entregaría un premio y el acto finalizaría con una loa al Rey.

Así se sucedía en aquella escuela el desarrollo de las distintas materias, en aplicación de los métodos empleados por el maestro y la maestra. Aunque con una significación distinta a la actual, en nuestras escuelas los profesionales ponían en marcha procedimientos, más o menos organizados, para tratar de favorecer el proceso de aprendizaje de sus alumnos y alumnas. Solía tratarse de sistemas repetitivos, verbales y memorísticos, aplicados a una enseñanza colectiva. En todo caso, se consideraban cuatro tipos de métodos los aplicados por los maestros adscritos a la Universidad de Salamanca, a la que pertenecían los Serradillanos:

  • Individual: el maestro atendía a cada uno de los discípulos, interrogándoles uno a uno y mandándoles hacer ejercicios individuales.
  • Mutuo: los alumnos más adelantados daban clase a sus condiscípulos, dirigidos por el maestro.
  • Simultáneo: el maestro dirigía un grupo de alumnos, para que trabajasen ejercicios iguales.
  • Mixto: mezcla de los anteriores.

Durante el curso escolar 1.860/61, los profesionales que ejercían en Serradilla, Antonio Blasco y María Garrido, emplearon el método mixto.[49]

Contenidos. Estos métodos se aplicaban sobre todo tipo de contenidos, aspecto que estaba profusamente regulado y donde se marcaba una clara diferenciación entre los de la escuela de niños y los de la escuela de niñas.

El proceso didáctico mejoraría cualitativamente a lo largo de la centuria, aunque poca variación experimentaron los contenidos, sobre todo por la presión ejercida por la iglesia, que giraban en torno a los elementos básicos de aprendizaje: doctrina cristiana, lectura, escritura, ortografía, gramática, las cuatro reglas de contar por números enteros y las de denominados, por lo menos, geografía y agricultura. Estas materias de enseñanza serían obligatorias en todas las escuelas, siendo el nivel de exigencia mayor en las escuelas de mayor grado. No obstante, se recomendaba que aún en las más pequeñas se procurara la máxima perfección posible.

El legislador, que no rebatió los postulados de la iglesia, los amplió tras desglosar algunos de los propuestos por aquélla: principios de religión y moral, lectura, escritura, principios de aritmética y elementos de gramática Castellana. La materia que más ocupaba el tiempo escolar era la doctrina cristiana, seguida del aprendizaje de la lectura, escritura, gramática, cálculo aritmético y conocimiento de las medidas, pesas y monedas vigentes. Posteriormente se introdujeron nociones de agricultura, lo que, sin duda, sería bien acogido en Serradilla, dado su carácter eminentemente agrícola. Las niñas tenían otro tipo de materias: labores propias de su sexo, elementos de dibujo aplicado a las mismas labores y nociones de higiene doméstica.

Visto desde nuestra perspectiva y atendiendo a las materias existentes y a la priorización que de ellas se hacía, podemos establecer, idealizadamente, los horarios semanales que soportaban los niños y las niñas. Atentos.

 

Horario de la escuela de niños

    L M X J V S
M

A

Ñ

A

N

A

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Lectura Lectura Lectura Lectura Lectura Lectura
 

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

T

A

R

D

E

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Gramática Gramática Agricultura Gramática Agricultura Gramática
 

 

Aritmética

Medidas, pesas, monedas  

Aritmética

 

Aritmética

 

Aritmética

Medidas, pesas, monedas

 

 

Horario de la escuela de niñas

    L M X J V S
M

A

Ñ

A

N

A

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Lectura Lectura Lectura Lectura Lectura Lectura
 

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

 

Escritura

T

A

R

D

E

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Religión

Moral

Dibujo Higiene Dibujo Higiene Dibujo Higiene
 

 

Labores

Medidas, pesas y monedas  

Labores

 

Labores

 

Labores

Medidas, pesas y monedas

 

Como vemos, las áreas “troncales” de la época se repetían con el mismo número de horas, aunque las demás se distribuían en atención al siguiente número de horas semanales:

 

  Nº de horas para los niños Nº de horas para las niñas
Religión y moral 12 12
Lectura 6 6
Escritura 6 6
Gramática 4
Aritmética 4
Agricultura 2
Monedas, pesas y medidas 2 2
Labores 4
Higiene 3
Dibujo 3
TOTAL 42 36

 

El material escolar. Para desarrollar estos contenidos, los maestros y maestras de la villa, echaron mano de una serie de materiales curriculares y didácticos. Desde comienzos del siglo, la administración había ido autorizando una serie de textos, cuyo uso era obligatorio en las escuelas. Las obras recomendadas que podían elegir, se publicaban por orden de la Comisión provincial, en el Boletín de la provincia.

Los libros de texto eran muy elementales, teniendo el maestro libertad de elección de acuerdo con la Comisión Local, e informando a la provincial. El maestro elegía por las recomendaciones o por los anuncios.

Cuando se promulgaba alguna orden sobre utilización de un texto concreto, lo era más por el método que por el libro en sí: Real Orden del Ministro de la Gobernación, para utilizar la ortografía de la Real Academia Española, sin hacer variación ninguna, e incluso amenazando con la suspensión del magisterio a quien no la emplease adecuadamente. Orden para el uso de la cartilla agraria de Alejandro Olivar, como forma de divulgar la enseñanza de la agricultura. Real orden que dispuso para que sirvieran de texto, la Historia del Antiguo y Nuevo Testamento, el Catecismo Histórico de Fleury, y el Compendio Histórico de la Religión de don José Pinzón.

Estos materiales oficiales fueron incrementándose a medida que se consolidaban las diferentes “áreas curriculares”. De la primera mitad del siglo no nos consta de forma concreta el tipo de materiales empleados en nuestras escuelas, aunque con carácter general se utilizaban, centrándonos en cada materia:

Doctrina cristiana: Catecismo de Ripalda y Astete, Compendio Histórico de la Religión, de Cantón y Catecismo Histórico, de Fleury.

Lectura: se aplicarán cartillas fijas o móviles, el Silabario, de la academia, el Catón, del colegio académico de profesores de primeras letras y el Método práctico de enseñar a leer, por Naharro.

Se prohibía que los niños leyesen novelas, romances, comedias u otros libros perniciosos, recomendando para las lecturas: El amigo de los niños, Lecciones escogidas para los niños que aprender a leer en las Escuelas Pías, Fábulas, de Samaniego[50], Lecciones escogidas, Compendio de la Historia de España, Lecciones de caligrafía, Lecciones escogidas de urbanidad, Juanito, de Parravicini y Libro de lecturas morales para niños.[51]

Escritura: se apuntaba como texto el Arte de escribir por reglas y con muestras, de Torcuato Torío de la Riva.

Aritmética: sus textos básicos, Lecciones de aritmética y Principios generales de aritmética para el uso de las Escuelas Pías de Castilla.

Gramática y Ortografía: serían guiadas por Compendio de gramática y ortografía, de Narciso Herranz y Elementos de gramática Castellana o de la lengua española.

Pero sí tenemos noticia de los materiales usados en las escuelas de Serradilla a partir del ecuador del siglo, elementos que conviene poner de manifiesto. Estos son algunos de los textos y elementos auxiliares empleados en el curso 1.871/72[52]. Todo lo que va a relacionarse era propiedad de la escuela, pues “los padres daban al niño un bolso y el maestro se lo llenaba de libros. El niño iba adquiriendo los enseres precisos”[53].

En las paredes de la escuela de niños colgaban: Una colección encartonada de carteles por Flórez, una colección de mapas: Mapamundi, Europa, Asia, África, América, Oceanía, España y Extremadura, una colección de láminas de Historia Sagrada en lienzo y cuatro encerados de hule.

Este material era complementario de los libros empleados: Método nacional de lectura por Flórez, Diccionario de la Academia, Epítome de la Gramática por la Academia, Ortografía por la Academia, Geografía por Flórez, Cuaderno litografiado 3º sobre Historia por Flórez, Cuaderno de explicación de la 5ª serie de láminas de Historia Sagrada, Cuaderno 1º y 2º de aritmética por Aguilar, Páginas de la infancia por Terradillo, Ejemplos Morales por Rubio, una obra de Agricultura, un juego de medidas métricas y ejemplares de la Constitución Española.

Por su parte, los alumnos disponían de cuadernos de lectura, por Vicente Naharro, papel pautado y blanco, plumas de acero y de ave, portaplumas, tinta, pizarras y pizarrines.

En los materiales empleados por las niñas pueden apreciarse algunas diferencias significativas. Colgaban de la pared: una colección de láminas de Historia Sagrada en lienzo, otra de láminas de Historia Sagrada en cuadros, una colección de máximas en lienzo y carteles de lectura.

La maestra empleaba para impartir sus clases Libro de la Buena Hija, Libro del Trobador de la Niñez, Libro Manuscrito por Caballero, Ramilletes poéticos por González, Fábulas por Samaniego, Obligaciones por Escoiquez, Catones por Seijas y Catecismos por Ripalda

El material empleado por las alumnas era del mismo tipo que el que utilizaban los niños, apreciándose en ambos casos un uso comunitario. De ambas relaciones de material se deduce, por un lado, que en el caso de los niños, la variedad “curricular” era mayor; las niñas centraban su actividad en los aspectos morales y domésticos. Por otro, es a los niños a quienes se aplica un método más técnico y avanzado en el aprendizaje de las primeras letras, el Método Nacional de Lectura, por Flórez, mientras que las niñas siguen usando el Catón. Resulta claro, por lo tanto, que el planteamiento educativo de cada uno de los sexos era netamente diferente.

 

Finalmente cabe destacar la estructura de los textos. El sistema pregunta-respuesta seguía siendo el más empleado en ellos, como en el Catecismo de Ripalda del siglo XVIII. Incluimos ahora algunas de las preguntas-respuestas relativas a Extremadura, de la Cartilla geográfica-estadística de Extremadura (1.854), compuesta por Juan Daza Malato:

 

  • ¿Porqué se llama Extremadura? No se sabe de un modo positivo: unos creen que tiene su origen en lo extremo de sus estaciones; otros en que los límites de la antigua Lusitania tocaban el Duero; y otros en la extrema distancia en que se hallaba de los dominios del Rey de León.
  • ¿Qué población tiene? Se calculan unas quinientas cuarenta y cinco mil almas. Sin embargo el censo no es exacto.
  • ¿Qué causas se oponen a su desarrollo? El mal estado de los caminos y las fronteras de Portugal.
  • ¿Son muchos los caminos de Extremadura? Que merezcan el nombre de tales, no hay ninguno.
  • ¿Hay vestigios en Extremadura que revelen su antigüedad? Sí, señor; unos están ruinosos, otros se conservan aún”.[54]

De esta forma iban sucediéndose las materias, respondiendo los alumnos a las preguntas del maestro, tantas veces como fuese preciso, hasta su perfecto aprendizaje.

 

 

Cierre.

Sin el impulso del liberalismo ilustrado no hubieran sido posibles los sensibles avances educativos que se produjeron, aun asumiendo el retraso con el que se acometió en esta tierra.

Resulta llamativo comprobar, con la perspectiva que proporciona el paso del tiempo, el trecho recorrido entre el planteamiento que encierra la afirmación del extremeño Bravo Murillo:

“Se necesitan bueyes que aren y no obreros que estudien[55]

y el consagrado en la Constitución de 1.812:

“El estado, no menos que soldados que la defiendan, necesita de ciudadanos que ilustren la nación, así que uno de los primeros cuidados que deben ocupar a los representantes de un pueblo grande y generoso es la educación pública” [56].

 

ANEXOS

 

Inventario de los enseres que existen hoy día de la fecha en esta escuela y de los que se hace cargo la maestra doña Petra Becerra que lo es de su propiedad.

Muebles y menage Est. De los obj.
  Det.
Una Plataforma con graderío y balaustrada
Una mesa cartera con escribanía Id
Un sillón y media docena de sillas medianas Id
Un crucifijo con dosel y un cuadro de Jesús Nazareno en lienzo Id
Un estante para colocación de útiles Id
Ocho cuerpos de carpintería, dos de seis asientos con almohadillas y cajones. Todos con tintero de plomo. Las tapas y tinteros estaban inservibles. Id
Ocho tinteros de plomo Id
Doce bancos para asientos de las niñas Id
Dos encerados, uno con caballete para operaciones de aritmética. Id
Un brasero con tarimilla Id
Dos vidrieras de las ventanas del local Id
Dos id. de las id. Id
Dos perchas Id
Una colección de láminas de Historia Sagrada en lienzo Id
Quince láminas de id. en cuadros Id
Una colección de máximas en lienzo Id
Veinte pizarras Id
Once carteles Id
Libro, papel y objetos de escritorio  
Diez libros de la Buena Hija Id
Diez del Trobador de la Niñez Id
Diez Manuscrito por Caballero Id
Catorce Ramilletes Poéticos por González Id
Veinticinco Fábulas por Samaniego Id
Diez Obligaciones por Escoiquez Id
Veinticuatro Catones por Seijas Id
Ocho Catecismos por Ripalda Id
Archivo Bien conservado
El presente libro de contabilidad Id
Otro copiador de órdenes Id
Otro de matrícula y clasificación Id
Otro de clasificación Id
Un cuaderno de inspección Id

 

Además de los objetos mencionados, existe también en esta escuela papel de regla de todas clases, plumas metálicas de las mismas reglas, premios de varias clases, tres cajas, una de madera, con pizarrines, yeso y portaplumas; y además periódicos de dibujos de adorno, y libros deteriorados de varias clases.

Juan Sánchez Mateos                                                      Petra Becerra”

(Rubricado)                                                                   (Rubricado)

 

 

 

Presupuesto de ingresos y gastos aprobado por la Junta provincial de Instrucción Pública para la escuela de niños de Serradilla. Indicaciones de las Juntas Local y Provincial y Año económico de 1.871/72.

 

                “Copias del presupuesto de ingresos y gastos aprobado por la Junta Provincial de Instrucción Pública de esta Provincia de Cáceres para esta escuela y año económico de 1.871-72.

 

Ingresos.

Cantidades recibidas y no gastadas desde 1º de Octubre de 1.868 a 30 de junio de 1.871, según consta y presupuesto anteriores, pts. 449´6 y consignadas en el presupuesto municipal del año corriente para gastos del material de esta escuela, como cuarta parte de la dotación del profesor….206´25. TOTAL……….655´31.

 

Gastos

Capítulo 1º = Útiles de enseñanza = Aseo del Local

1.- Para 10 cuadros con cristal para las láminas de Hª Sagrada y ponerlos. 37´50
2.- Para tres id. de mucho fondo para poner seis en cada uno. 18´00
3.- Para recomposición del menage. 40´00
4.- Para cuatro libros de darion? 3´00
5.- Para tres libros de asistencia. 9´00
6.- Para aseo y blanqueo. 250
7.- para un cuerpo de carpintería. 12´50
8.-Para 12 tinteros de plomo. 5´00
9.-Para 6 sillas. 15´00
10.- Para un retrato de S.M. el Rey. 5´00
11.- Para cinco colecciones de muestras de Yturzaeta 7´50
12.- Para premios 10´00
13.- Para portes e imprevistos 26´81
TOTAL 214´31

Nota: El profesor que suscribe, teniendo en cuenta las necesidades de su escuela, no puede menos de limitar los gastos de este capítulo, creyendo más necesarios los que comprende el 2º.

 

Capítulo 2º. Libros = papel = plumas = tinta china

 

1.- Para una colección encartonada de carteles por Flórez. 10´00
2.- Para un diccionario de la Academia. 20´00
3.- Para ocho docenas epítomes de la gramática por la Academia. 72´00
4.- Para cinco id. de ortografía de id. 45´00
5.- Para tres id. del método nacional de lectura por Flórez. 13´50
6.- Para tres id. de Naharro. 15´00
7.- Para 10 id. de Catecismos de Ripalda. 10´00
8.- Para 10 id. de cuadernos 1º y 2º de aritmética por Aguilar 90´00
9.- para dos id. de id. de explicación de la 5ª serie de láminas de Historia Sagrada.    6´00
10.- Para 5 id. de Páginas de la infancia por Terradillo 37´50
11.- Para dos id. de Geografía por Flórez. 13´00
12.- Para tres id. de cuadernos litografiados 3º del mismo sobre Hª. 16´50
13.- Para una id. de Ejemplos Morales por Rubio. 8´50
14.- Para papel pautado y blanco. 50´00
15.- Para plumas de acero y de ave. 9´00
16.- Para cuatro docenas de ejemplares de la Constitución. 3´00
17.- Para 6 id. de portaplumas. 4´50
18.- Para tinta 17´50
Suma el Capítulo 2º 441´00

Resumen

Importan ingresos……………………………………….                               655´31

Id. Los gastos =Cap. 1º…………………..                                             214´31

                               Cap.2º…………………….                                      441´00

                TOTAL………………………………………………………….     655´31

Serradilla, 14 Febrero 1.872. Antonio Blasco. La Junta

 

La Junta Local de Instrucción Primaria de la Villa de Serradilla, reunida en este día y dada cuenta del presente presupuesto formado por el profesor Don Antonio Blasco, que comprende las cantidades últimamente recibidas y no gastadas para el material de la escuela, lo ha examinado con toda detención y opina: que de la 3ª partida del capítulo 2º en que se presupuestan ocho docenas de Epítomes de la Gramática por la Academia, pueden cercenarse cuatro, pues que con ellas creen haber bastante para los niños que las necesiten. De la cuarta otras docenas dos de ortografía y reducir a tres las presupuestadas.

De la octava, la mitad y de la décima cercenar así mismo una docena, todo lo cual lo hace teniendo en cuenta las necesidades de la escuela y el número de niños asistentes y la existencia de libros. Con estos ahorros, que son treinta y seis pesetas en la partida tercera, dieciocho en la cuarta, cuarenta y cinco en la octava y siete con cincuenta céntimos en la décima, resultará una economía de ciento seis pesetas cincuenta céntimos, con cuya cantidad debe procederse en su concepto a comprar una colección de mapas decente, que comprenda el Mapamundi, el de Europa, el de Asia, el de África, el de América, el de Oceanía, el particular de España y a ser posible el de Extremadura, todos los cuales son de desear en el local destinado a la enseñanza.

Si hecho esto hubiese algún excedente, lo que la Junta no puede calcular, porque ignora a cuanto podrá ascender el Atlas que propone, opina también que sería conveniente hacerse con una buena obra de agricultura que deberá archivarse en el de la escuela. Serradilla, Febrero 18 de 1.872.

                El Presidente, Antonio Mateos. El Secretario, Juan Bermejo.

Esta Junta aprueba este presupuesto con las modificaciones siguientes: Suprimiendo la 1ª partida, pues todas las láminas resultantes deben colocarse en los tres de la 2ª y rebajando 20 pesetas al nº¿?,seis al nº5 cinco, cinco al nº6 tres y medio al nº 7 del capítulo 1º, cincuenta y siete pesetas al nº 3, quedando para dos docenas veinte y una del nº4, cinco nº7, setenta del nº 8, veinte y ocho del nº 10, ocho y media del nº 12 y treinta del nº 14 del capítulo 2º.

Con estas bajas deberán adquirir los efectos que propone la Junta Local, una docena de pesas y medidas métricas, cuatro encerados de hule y las pizarras para que cada niño tenga una en la clase de aritmética y ortografía práctica.

En virtud de la manera inconveniente con que el Maestro ha procedido a formar este presupuesto, especialmente el capítulo 2º, se le previene para que en lo sucesivo cumpla este servicio con más detenimiento e inspirándose en las verdaderas necesidades de la escuela para mejorar la enseñanza.

Cáceres, 10 de Junio de 1.872. El Presidente, Juan Muro. El Secretario, Nicasio Sánchez González

Hay además un sello, al parecer el que usa la Junta de Instrucción Pública de esta Provincia.”

 

 

FUENTES

 

Bibliografía.

BARBERO MATEOS, J. “Un método racional de lectura en la Extremadura del siglo XIX. El precedente que RAYAS tuvo en Serradilla, a cargo del maestro Juan Cano y Cuadrado”, en actas de los XXXVIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2009.
BARBERO MATEOS, J. “Violencia escolar a principios del siglo XIX. Una pelea entre escolares y maestros en Serradilla”, en actas del Congreso Conflictos escolares y convivencia en los centros educativos. Mérida. 2001.
BARRANTES, V. Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura. Tomo II. Badajoz, Institución “Pedro de Valencia” de la Diputación Provincial. Reedición 1.977.
CAJIDE LABRADOR, J. J. “Historias de la Utopía”. Badajoz. Ed. Carisma. 1.996.
CHAMORRO, V. CHAMORRO, V. “Sin Raíces”. Plasencia, 1.970. Ed. Sánchez Rodrigo.
CLEMENTE FUENTES, L. “Las condiciones de trabajo en las escuelas públicas de la provincia de Cáceres”, en Revista ALCÁNTARA 33 (Septiembre – Diciembre 1.994), pp 63-75
COSTA RICO, A. “Mobiliario, dotación y equipamiento escolar en el siglo XIX”. En Historia de la Educación, revista interuniversitaria. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca.
DOMÍNGUEZ LÁZARO, M. “La escuela en Plasencia en la primera parte del siglo XX”, en Revista ALCÁNTARA   12(septiembre-diciembre. 1.987).
ESTEBAN, L. “Introito a la historia de la escuela”. En Historia de la Educación, revista interuniversitaria. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca.
GARCÍA, F.: “El cole de nuestros abuelos” en EL PAÍS SEMANAL, 1.227 (2.000), pp. 78-83.
LÓPEZ MARTÍN, R. “La construcción y creación de escuelas en la España del primer tercio del siglo XX”. En Historia de la Educación, revista interuniversitaria. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca.
MADOZ, P. Diccionario Histórico-Geográfico de Extremadura. 1.846. Cáceres, Seminario de Estudios del frente de Juventudes, 1.955.
PÉREZ BLÁZQUEZ, J.M. “Educación en las constituciones españolas”. ESCUELA ESPAÑOLA 25, En. 2001. Pp. 17.
RODILLO CORDERO, F. J. “Datos para la historia escolar de Extremadura”. Mérida. Editora Regional de Extremadura, 1.998.
SÁNCHEZ PASCUA, F. La Educación de Adultos en la legislación decimonónica española y su plasmación en Badajoz. Salamanca, Servicio de Publicaciones de la UEX, 1.989.
SÁNCHEZ RODRIGO, A. “Papeletas para la historia de Serradilla”, en EL CRONISTA 290(1.928) p. 2.
SÁNCHEZ RODRIGO, A. (Bajo el seudónimo Un amante de Serradilla). Un año de vida serradillana. 2ª edición. Cáceres, I. C. “El Brocense”. Diputación provincial, 1.982.
VIÑAO FRAGO, A. La distribución del tiempo y del trabajo en la enseñanza primaria en España. En HISTORIA DE LA EDUCACIÓN, REVISTA INTERUNIVERSITARIA. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca. Pp. 113-131.

 

 

Documentación de archivo.

Archivo General de la Administración. Memoria presentada por la Junta provincial de Instrucción Pública de Cáceres.

Archivo Histórico Provincial de Cáceres (A.H.P.C). Fondo sobre Serradilla. Caja 3. Respuestas nº 18, 30 y 31 al cuestionario de 1.827.

Bienes nacionales. Expedientes de venta. Serradilla. 1.860. Legajo 141.

Archivo Municipal de Serradilla (A.M.S) Legajo 158. Inventario de las escuelas de Serradilla.

Presupuesto de la escuela de niños y de la escuela de niñas para el curso 1.871/72.

Archivo Personal. Boletín oficial de Cáceres. 16 de febrero de 1.837.

 

 

Normativa de referencia.

Reglamento General de Escuelas de 1.797.

Reglamento General de Instrucción Pública, aprobado por Decreto de 29 de junio de 1.821.

Plan y Reglamento de Escuelas de Primeras Letras de 16 de febrero de 1.825, “Plan Calomarde”.

Constitución de 1.837.

Ley de 21 de julio de 1.838.

Reglamento de Escuelas Públicas de Instrucción Primaria Elemental de 26 de noviembre de 1.838.

Constitución de 1.845.

Ley Pidal de 1845.

Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1.857, “Ley Moyano”

Circular de la Dirección General de Instrucción Pública. 20 de diciembre de 1.865.

Ley de Instrucción Primaria de 2 de junio de 1.868, “Ley Severo Catalina”.

Reglamento de primeras letras aprobado por Real Decreto de 10 de junio de 1.868

Real Orden de 13 de junio de 1868.

Decreto de 14 de octubre de 1.868, que derogó la Ley de Instrucción primaria de 1.868.

Constitución de 1.869.

Ley de 24 de julio de 1.872.

Ley de 3 de diciembre de 1.872.

Constitución de 1.876.

[1] Reglamento General de Escuelas de 1.797. Citado por SÁNCHEZ PASCUA, F. La Educación de Adultos en la legislación decimonónica española y su plasmación en Badajoz. Salamanca, Servicio de Publicaciones de la UEX, 1.989.

[2] Reglamento de Escuelas Públicas de Instrucción Primaria Elemental. 26 de noviembre de 1.838. Citado por id.

[3] Boletín Oficial de Cáceres. 3 de mayo de 1.837.

[4] Ley de 9 de septiembre de 1.857. Art. 7 al 9. Citado por RODILLO CORDERO, F.J. “Datos para la historia escolar de Extremadura”. Mérida. Editora Regional de Extremadura, 1.998.

[5] Circular de la Dirección General de Instrucción Pública. 20 de diciembre de 1.865. Citado por SANCHEZ PASCUA.

[6] R. O. de 10/06/ 1.868. Art. 147.

[7] CHAMORRO, V. CHAMORRO, V. “Sin Raíces”. Plasencia, 1.970. Ed. Sánchez Rodrigo.

[8] Art. 192. Ley 3 de diciembre de 1.872.

[9] RODILLO CORDERO, F.J. Op. Cit.

[10] Ley de 24 de julio de 1.872.

[11] A.H.P.C. Fondo sobre Serradilla. Caja 3. Respuesta nº 18 al cuestionario de 1.827.

[12] A.H.P.C. Fondo sobre Serradilla. Caja 3. Respuestas nº 30 y 31 al cuestionario de 1.827.

[13] MADOZ, P. Diccionario Histórico-Geográfico de Extremadura. 1.846. Cáceres, Seminario de Estudios del frente de Juventudes, 1.955.

[14] CHAMORRO, V. Op. Cit.

[15] Art. 5. Reglamento de Escuelas Públicas de Educación Primaria Elemental. 26 de noviembre de 1.838. Citado por Id.

[16] CHAMORRO, V. Op. Cit.

[17] CAJIDE LABRADOR, J.J. “Historias de la Utopía”. Badajoz. Ed. Carisma. 1.996.

[18] En la interesante consideración de la violencia escolar, me he permitido la licencia de incluir un extracto de la comunicación que presenté en 2001 en el Congreso Conflictos escolares y convivencia en los centros educativos: “Violencia escolar a principios del siglo XIX. Una pelea entre escolares y maestros en Serradilla”:

A lo largo del siglo XIX, especialmente durante su primera mitad, la sociedad española vivió un intenso ambiente de crispación. Por ello, no es de extrañar que la escuela, fiel reflejo de la propia sociedad, acogiera en su seno episodios de violencia infantil, alentados por el clima de enfrentamiento político que dominaba las relaciones sociales en España, en general, y en Serradilla, particularmente. En estas condiciones nos encontramos que, a partir de unas diligencias instruidas por el Juez de Paz de Serradilla en 1.826, se describe con todo lujo de detalles la pelea ocurrida en la escuela de la villa “el 7 de agosto de 1.826, al salir al recreo”.

El detonante inicial tuvo su origen en “las rencillas políticas existentes entre Realistas y Liberales”, aunque también influyó el hecho de que “era uno de los más furibundos realistas, D. José Gil, maestro de la escuela mixta de niños de esta villa”. Lógicamente, por ser pública y notoria su postura, estaba enfrentado a las familias de “los Mateos, los Sánchez, los Rodrigo, los Recuero y todos los que con éstos, pertenecían al grupo Liberal”. Desgraciadamente los odios se extendían, además, “a las mujeres y, naturalmente, a los hijos. Esto hacía que hasta entre los niños de corta edad hubiera distinción de bandos que, naturalmente, tenían principal campo de acción en los juegos y en la escuela”. Con este ambiente enrarecido, el maestro tuvo que ausentarse de Serradilla, “quedando al frente de la escuela al vecino Francisco Félix Sanz, ayudado por el hijo del maestro, Antonio Gil Díaz, de doce años”.

La oportunidad la pintaban calva, debieron pensar los escolares, para adueñarse de la situación. “Envalentonados los muchachos liberales por la ausencia del maestro, se atrevían con el hijo, cometiendo trastadas y procurando la pelea”. Así vino ocurriendo un día tras otro, hasta que el “7 de agosto al salir al recreo, se metieron en la escuela un grupo de muchachos y cerraron por dentro. Antonio Gil desde fuera les decía que abrieran y ellos no querían”. Como la casa del maestro y la escuela estaban en el mismo edificio y desde la primera se tenía acceso a la segunda, el hijo del maestro “dio la vuelta y entrando en la escuela acompañado del Sanz, cada uno con su vara, castigaron a los muchachos” que, al verse atrapados, procuraron escapar desafiando a ambos cuando ya habían logrado poner tierra de por medio. Antonio Gil, al sentirse burlado salió en su busca “y se enredaron de pedrea, el uno desde la escuela y los otros metidos en la calleja” próxima a la misma por el nordeste. Pelotazo va y pelotazo viene, hasta que “el niño Juan Ventura Recuero tuvo la desgracia de asomar a la esquina cuando venía una piedra, que le partió la nariz por su parte superior”.

Lo que había comenzado como una gamberrada, terminó con un herido. Por ello, “se formó el escándalo consiguiente e intervino la autoridad, que prendió al Antonio y mandó curar al herido”. El padre de éste no quiso tomar parte directa en el asunto, por lo que “se nombró un Promotor Fiscal que dictaminara”. La responsabilidad recayó en el vecino José García Duque que, tras asesorarse del letrado Tomás Martínez Arias, “pidió para el agresor el máximun de multa, indemnización y costas; y que si no pagaba, indemnizara en prisión”. En el proceso se tomó declaración a los niños que habían participado en el apeloteo…:“1.- Juan Ventura Recuero, de 12 años, firmó su declaración. 2.- Manuel Antón, de 9 años, no firma. 3.-Alonso Rodrigo, de 10 años, firma con buena letra. 4.- Ceferino Recuero, de 10 años firma con buena letra. 5.- Antonio García, de 10 años”…, amén de varias vecinas que presenciaron la pelea y vieron correr al herido con la cara ensangrentada. Afirmaron haber oído decir a los niños que le había pegado el hijo del maestro. Por su parte, el cirujano Francisco García Carámbano informó de la gravedad de la herida, por haberse roto el tabique nasal, lo que pudiera acarrear complicaciones. Finalmente, tras practicarse todas las diligencias precisas, “la sentencia definitiva fue dictada el 7 de septiembre, resolviendo poner en libertad a Antonio Gil, pero condenándole al pago de las costas”. Por las fechas señaladas habían ganado los liberales cierto terreno en Serradilla, “pues de continuar con la fuerza que entró D. José Gil en año 23, de otra manera se hubiera trillado el polvo”.

Superado este episodio la escuela siguió su actividad con normalidad, aunque las consecuencias del mismo, lejos de apagarse, rebrotaron con la llegada de la I Guerra Carlista. En el más cruel episodio acaecido en Serradilla con motivo de esta contienda, el 19 de Septiembre de 1.837, se verían involucrados dos de los niños participantes en el apeloteo de la escuela. Ambos fallecerían violentamente, uno por cada bando, en las calles de la villa.

[19] Art. 24. Reglamento de 1.838. Citado por RODILLO CORDERO, F.J. en Op. Cit.

[20] Boletín oficial de Cáceres. 16 de febrero de 1.837. Restablecimiento del Decreto de 1.813.

[21] SÁNCHEZ RODRIGO, A. (Bajo el seudónimo Un amante de Serradilla). Un año de vida serradillana. 2ª edición. Cáceres, I.C. “El Brocense”. Diputación provincial, 1.982.

[22] MADOZ, P. Op. Cit.

[23] LÓPEZ MARTÍN, R. “La construcción y creación de escuelas en la España del primer tercio del siglo XX”. En Historia de la Educación, revista interuniversitaria. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca.

[24] ESTEBAN, L. “Introito a la historia de la escuela”. En Historia de la Educación, revista interuniversitaria. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca.

[25] A.M.S. Legajo 158. Cuentas.

[26] Id.

[27] Al respecto conviene puntualizar que la cantidad destinada a gastos de personal debió ser sensiblemente mayor, en cuanto que hasta 1.883 no se equipararían legalmente el sueldo de las maestras con el de los maestros.

[28] Archivo General de la Administración. Memoria presentada por la Junta provincial de Instrucción Pública de Cáceres.

[29] LÓPEZ MARTÍN, R. Op. Cit.

[30] CLEMENTE FUENTES, L. “Las condiciones de trabajo en las escuelas públicas de la provincia de Cáceres”, en Revista ALCÁNTARA 33 (Septiembre – Diciembre 1.994), pp 63-75

[31] SÁNCHEZ RODRIGO, A. “Papeletas para la historia de Serradilla”, en EL CRONISTA 290(1.928) p. 2.

[32] Artículo 8 del Reglamento de las Escuelas Públicas de Educación Primaria Elemental. 26 de noviembre de 1.838.

[33] ESTEBAN, L. Op. Cit.

[34] COSTA RICO, A. “Mobiliario, dotación y equipamiento escolar en el siglo XIX”. En Historia de la Educación, revista interuniversitaria. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca.

[35] Artículos 5 y 6 del R.D. de 5 de octubre de 1.883, como ya se indicó en páginas precedentes. Art. 6 Reglamento de Escuelas Públicas de Educación Primaria Elemental. 26 de noviembre de 1.838. Citado por RODILLO CORDERO, F.J. en Op. Cit.

[36] CHAMORRO, V. Op. Cit.

[37] A.H.P.C. Bienes nacionales. Expedientes de venta. Serradilla. 1.860. Legajo 141.

[38] CHAMORRO, V. Op. Cit.

[39] CAJIDE LABRADOR, J.J. Op. Cit.

[40] MARTÍN DÍAZ, C.J. en EL MIGAJÓN. Serradilla.

[41] Citado por RODILLO CORDERO en Op. Cit.

[42] CLEMENTE FUENTES, L. Op. Cit.

[43] A.M.S. Legajo 158. Mantenimiento. El documento referido a este inventario está sin fechar, aunque por su contenido y los profesionales a los que se refiere, lo datamos en estas fechas.

[44] A.M.S. Presupuesto de la escuela de niños para el año económico 1.871/72. Legajo 158. Cuentas

[45] VIÑAO FRAGO, A. La distribución del tiempo y del trabajo en la enseñanza primaria en España (1.900-1.936). En HISTORIA DE LA EDUCACIÓN, REVISTA INTERUNIVERSITARIA. Nº 16. 1.997. Ed. Universidad de Salamanca. Pp. 113-131.

[46] Los días lectivos sólo hay actividad docente en sesión de mañana, ocupando las actividades formativas complementarias las sesiones de tarde.

[47] El Maestro Juan Cano y Cuadrado regentó durante una docena de años la escuela de niños de Serradilla; desde el curso 1873/74, hasta el curso 1884/85. Fue un singular profesional, que ideó y publicó su propio método de lectura: “Método racional de lectura”, durante su ejercicio en esta villa. Así lo pusimos de manifiesto en estos coloquios en el año 2009, con la comunicación: UN MÉTODO RACIONAL DE LECTURA EN LA EXTREMADURA DEL SIGLO XIX. El precedente que RAYAS tuvo en Serradilla, a cargo del maestro Juan Cano y Cuadrado”.

[48] CHAMORRO, V. Op. Cit.

[49] Memoria de la Universidad de Salamanca. Curso 1.860/61. Citado por RODILLO CORDERO F.J. en Op. Cit.

[50] DOMÍNGUEZ LÁZARO, M. “La escuela en Plasencia en la primera parte del siglo XX”, en Revista ALCÁNTARA 12(septiembre-diciembre. 1.987).

[51] GARCÍA, F.: “El cole de nuestros abuelos” en EL PAÍS SEMANAL, 1.227 (2.000), pp. 78-83.

[52] A.M.S. Legajo 158. Cuentas. Presupuesto de la escuela de niños y de la escuela de niñas para el curso 1.871/72.

[53] CHAMORRO, V. Op. Cit.

[54] BARRANTES, V. Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura. Tomo II. Badajoz, Institución “Pedro de Valencia” de la Diputación Provincial. Reedición 1.977.

[55] Citado por RODILLO CORDERO, F.J. en Op. Cit.

[56]PÉREZ BLÁZQUEZ, J.M. “Educación en las constituciones españolas”. Revista ESCUELA ESPAÑOLA 25 enero 2001. Pp. 17-18.

Ene 052018
 

Rocío García Rodríguez.

Graduada en Historia de Arte. Máster en profesorado de Secundaria y Bachiller especialidad Geografía e Historia. Profesora de la Universidad popular de Plasencia.

Introducción: Este trabajo aborda el Arte y la Historia de los centros educativos placentinos de la época ilustrada. En esta centuria y media existieron otros centros de enseñanza pero se han seleccionado estos por el valor histórico artístico de su patrimonio arquitectónico, escultórico, documental o mobiliario.

La justificación del tema es cómo influyen el arte y la historia de los colegios en el aprendizaje del alumnado y en el desarrollo de la institución de enseñanza.

La Metodología fue la selección de documentos de los temas en el Archivo municipal.    La búsqueda de artículos en plataformas de internet de las cuestiones abordabas.  Las entrevistas orales a ex alumnos de los centros educativos, a profesionales de los órganos colegiados, a religiosas de la Orden administradora.

Para esta redacción se utilizaron 14 referencias bibliográficas y 10 recursos web.

Contexto histórico nacional y local. En la Plasencia de la II mitad del siglo XVIII o “siglo de las Luces” se introduce La Edad Contemporánea. Llega la era ilustrada más lentamente que en el resto del país y el siglo XIX es una centuria de modernización.

En el ámbito social: se eliminaron los derechos señoriales y la sociedad feudal, originando una sociedad de clases: burgueses y obreros.   Una clase media y el asociacionismo obrero. En 1811 durante la Guerra de Independencia contra la invasión napoleónica, unos soldados franceses derribaron la escultura del abuelo Mayorga del reloj de la torre del Ayuntamiento. Este anciano forrado en latón fue colocado en 1743 y es el primer dato cierto que se tiene de la estatua articulada. Con un gorro rojo toca las horas en la campana. En 1868 sucedió la Gloriosa: última revolución liderada por la burguesía que no pretendía el cambio social, sino un golpe de Estado, derrocaron a Isabel II por su inestable gobierno.

En el campo religioso: la mayoría de la población era católica. Desapareció la Inquisición. Las procesiones en Semana Santa y las romerías alcanzaron su auge.

La Iglesia proporcionaba una labor asistencial médica, educativa, alimentaria etc.

En la vida política: Se consolidó el estado liberal. Los regímenes políticos fueron la monarquía parlamentaria continuando la dinastía Borbón y una República. Reinó Isabel II (hasta 1668), la I República (hasta 1874), Alfonso XII (hasta 1885), Alfonso XIII (hasta 1931). Hubo guerras contra extranjeros y civiles como las tres guerras carlistas. El régimen parlamentario era inestable por el caciquismo. Hubo varias constituciones liberales o conservadoras, según el partido político del sistema bipartidista que gobernara. El corregidor, era el alto cargo civil de la ciudad, esté término fue vigente hasta el trienio liberal (1820-23) que fue sustituido por delegado provincial y luego por alcalde. Trabajaba con los miembros de la casa consistorial (el pleno del ayuntamiento).

En el terreno económico: en 1898 se perdieron las últimas colonias en Asia y América. El sector agropecuario siguió siendo el motor del país, hubo una reforma agraria liberal.

La Revolución industrial:

El sistema de transportes y comercio: se renovó el sistema de comunicaciones, se arreglaron caminos y crearon nuevos puentes, agilizando la movilidad, comercio y correo. Hubo reformas legislativas para reforzar la propiedad privada, consolidación capitalista.

En el área cultural: hubo leyes para reducir el analfabetismo. En la literatura, se desarrolló el Romanticismo y el Costumbrismo. En el arte, el Modernismo. En la Historia, el Positivismo. En la Filosofía, el Empirismo. En la cultura popular: la plaza de toros, el circo, el teatro, la zarzuela. La cultura de masas: La libertad de imprenta propició los folletines (novelas por entregas) y los periódicos politizados.  Plasencia fue una de las localidades extremeñas con más imprentas en este periodo. Hubo atraso científico.

Estudios generales del Convento de San Vicente Ferrer 1487-1834

Ubicación: Plaza de San Vicente Ferrer s/n.

Nivel estudios: enseñanza media.

Administrado por la Orden religiosa de Santo Domingo, los dominicos.

Destinado a: hombres jóvenes laicos y novicios.

Mecenas: En el s. XV Leonor de Pimentel y Zúñiga condesa de Plasencia en arquitectura. Varios donantes del s. XVI y XVII en el patrimonio documental.

Arte relevante: arquitectura del edificio Estudios Generales y biblioteca.

La reforma dominica de 1489 en Salamanca exigía preocuparse por el estudio y surtir y ordenar las bibliotecas. La enseñanza recaía en jesuitas, franciscano y dominicos.

Fue colegio desde 1487 hasta que en 1628 la Orden Dominica en el capítulo general de Tolouse crea en el convento de San Vicente uno de sus Estudios generales.

Metodología: en Lógica se seguían usando las medievales súmulas Logicales de Pedro Hispano y Dialéctica de Fray Domingo de Soto, un dominico. En filosofía, Aristóteles. En enseñanza se aplicó el esquema escolástico. En Teología, Santo Tomás de Aquino.   Para la gramática se usó el método creado por A. de Nebrija a final del s. XV.

La vinculación de este colegio con este humanista es muy estrecha ya que, D. Juan de Zúñiga, hijo de la fundadora del convento y colegio fue el alumno de latín de Nebrija, del que luego fue mecenas. A. de Nebrija escribió su Gramática Castellana en Extremadura.

Se desconoce cómo era la cátedra en el s. XVI por las escasas fuentes.

En 1627 Alonso Fernández habla del gran número de alumnos del centro y que eran admitidos en la Universidad de Salamanca. Fueron provinciales, catedráticos maestros, un arzobispo.  En el s. XVII se describe que se estudia Teología y una de artes (Filosofía). En este siglo el nivel de maestros dominicos desciende respecto al anterior.

En el s. XVIII no se adoptan innovaciones frente a la Ilustración.

En 1809, durante la Guerra de Independencia, la arquitectura conventual, colegial y biblioteca fue parcial o totalmente destruida. En 1816 el Ayuntamiento pidió ayuda para fundar una sede de la Universidad, proyecto no realizado. En 1820 aumentaron los estudios de Teología, Moral y Metafísica. En 1834 se clausuró como colegio tras la desamortización. En 1835 se vendieron sus bienes. En 1848 se vendió el edificio.

Este colegio estaba adscritos al convento de San Esteban de Salamanca y convalidado por la Universidad de Salamanca, luego fue la primera Universidad en Extremadura.

Financiación: de la familia fundacional, matriculación de cada alumno, de las rentas de inmuebles, de donaciones testamentarias de nobles, de la explotación agrícola ganadera.

Patrimonio arquitectónico

  • El conjunto conventual tiene un valor artístico histórico, así como el solar donde se asienta, la judería de Plasencia con restos arqueológicos de la sinagoga mayor de Extremadura pero este trabajo se limita al arte vinculado a la Educación.
  • Edificio de Estudios Generales Antiguo: de menor dimensión y factura fundacional. Leonor de Pimentel fue convencida para instituir además un colegio por su confesor, Juan López dominico del convento de San Esteban de Salamanca, centro educativo. En 1484 Leonor envía una epístola al prior del convento de cómo debe ser la cátedra y la librería.
  • Edificio de Estudios Generales Nuevos: edificado en 1678-85 bajo la advocación de Santa Rosa de Santa María por instrucción del patrono D. Juan Antonio de Menxíbar y su esposa Estefanía de Medina Yáñez, talla en un nicho sobre la puerta y placa que describía sus cargos públicos. Era una nave de dos pisos con una arcada inferior donde estaban las aulas, residían en el primer piso.

Patrimonio documental

  • El libro “Descripción de la ciudad y obispado de Plasencia” del médico L. de Toro fue un obsequio para el obispo D. Martín de Córdoba en 1573, año de la llegada del prelado a la villa. Presenta la heráldica del obispo y el escudo de la ciudad. Posee el dibujo más antiguo de la ciudad conocido plasmado por un franciscano cuyas iniciales son CSG. De Toro lo envió a Tortosa y el obispo lo trajo a Plasencia en 1574 en la toma de posesión de su cargo. Al ser destinado a la diócesis de Córdoba, D. Martín lo donó a la Biblioteca de sus hermanos dominicos, en los Estudios Generales de Sª Vicente donde permaneció hasta 1665. Este año el profesor dominico y cronista de Plasencia Fray Alonso Fernández lo llevó a Valladolid donde recaló en la biblioteca de un convento por la marca del último folio. En la I mitad del s. XVIII pasó a la biblioteca del Colegio Mayor de Cuenca de la Universidad de Salamanca fundada por un obispo. En la II mitad del s. XVIII se suprimen los colegios universitarios y sus bibliotecas se llevan al Palacio Real. En 1954, los libros son devueltos a la Universidad de Salamanca. En 1958 se redescubre esta publicación en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca donde puede consultarse actualmente.
  • En 1615 el licenciado Juan Martínez de Salazar arcediano de Plasencia dona su biblioteca a cambio de ser enterrado en el capítulo. Se perdió el inventario.
  • D. Rodrigo Ignacio de Carvajal y Nieto donó en 1650 su biblioteca compuesta de la biblioteca de Francisco de Mendoza y Bobadilla, arzobispo y cardenal; de la de Loaysa Girón arzobispo, del obispo Carvajal de Coria, de D. Esteban Carvajal y Nieto. Donación a cambio de misas por él y sus antepasados, les permitía vender libros duplicados o escritos en hebreo y en griego, les exigía una llave de la biblioteca para él y sus herederos y una placa sobre la librería. Eran 258 manuscritos, casi 2.600 impresos entre los que hubo 52 incunables.   En 1739 el bibliotecario de Felipe V cedió 232 impresos eclesiásticos a cambio de 200 manuscritos e impresos del colegio para el Monasterio El Escorial. Uno de los manuscritos enviados al Escorial fue “Los Cien Capítulos”, solo se conocen 4 ejemplares. El manuscrito de Plasencia está catalogado con el nº Ms.8405 BNM. Es uno de los principales ejemplos de prosa sapiencial castellana. En 1.960 Agapito Rey elaboró una nueva edición de este libro. Tras la desamortización, parte de esta biblioteca reside en el convento dominico de San Esteban de Salamanca.
  • En 1753 Ascensio de Morales trasladó 156 manuscritos a Toledo y a Madrid con permiso de los dominicos de diversos autores y disciplinas.
  • Arca de San Vicente: con la desamortización se abandonó el convento, los libros que se salvaron fueron a parar al convento de la Encarnación, de las dominicas Plasencia. Se conservan en un baúl catorce libros, entre ellos el llamado Becerro.
  • Libro Becerro: es una recopilación y transcripción de documentos del convento escrito en 1721, probablemente por el dominico Juan de Villanueva.
  • Fondo de 18 legajos y un pergamino del convento de Santa Catalina de Siena, en la Vera de Plasencia, de la Orden de predicadores, fundado a inicios del s. XVI.

Actualidad: El Edificio de Estudios Generales son habitaciones del Parador, hotel restaurante desde el año 2000. Han presentado una propuesta de declaración de BIC (Bien de interés cultural). La Biblioteca con artesonado de madera renacentista está sobre el refectorio, es uno de los salones de eventos o banquetes.

Colegio de la Compañía de Jesús 1554-1767

Ubicación: Plaza Sª Ana s/n

Nivel estudios: enseñanzas elementales y medias.

Administrado por: la Orden Religiosa de los Jesuitas.

Destinado a jóvenes.

Mecenas: obispo Gutierre de Vargas Carvajal, prelado entre 1524-1559.

Arte relevante: la arquitectura que preludió el arte jesuita.

Historia del colegio: fue el más antiguo jesuita de Extremadura. El obispo humanista Gutierre de Vargas contactó con los jesuitas en el Concilio de Trento. Se carteó con San Ignacio de Loyola, fundador jesuita, para crear un centro educativo jesuita en esta ciudad y San Francisco de Borja jesuita residió en 1554 en el palacio placentino del prelado para observar las obras del colegio e Iglesia.

Los religiosos opinaron distinto al prelado en dos cuestiones: la ubicación. Se edificó junto a la muralla, cerca de la Puerta del Sol pues la ciudad se opuso a que utilizaran parte del espacio de la fortaleza. El fundador exigía impartir gratis Gramática y Moral, que los admitidos supieran leer y escribir lo que no admitieron los jesuitas.

El obispo ofreció su palacio familiar para colegio mientras se edificaba el definitivo.      En 1554 fue el primer curso, 40 alumnos, el primer rector padre Francisco de Villanueva. Hubo la ermita de Santa Ana que fue demolida para edificar la nueva acabada en 1561.

En 1562 se inauguró el primer curso en el edificio bajo el cuarto rector.

En 1767 Carlos III suprimió la Orden jesuita, cerrándose el colegio.

El edificio escolar se usó como hospicio de pobres y orfanato hasta 1850. Desde 1850 a mitad del siglo XX fue un centro psiquiátrico.

Actualmente es sede de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) en la planta superior y EOI (Escuela Oficial de Idiomas) en la planta inferior.

El inmueble nexo entre el colegio y la capilla, actualmente es un albergue.

La Iglesia se separó del colegio para ser oratorio. Actualmente es un auditorio.

Arquitectura: De la II mitad del siglo XVI, es de estilo clasicista. El proyecto inicial era más ambicioso de la obra acabada, no se completó por recursos económicos escasos.

Los jesuitas contrataron a los encargados de la mampostería, canteros y alarifes.

La traza es de Baltasar de Loarte, director de la obra de 1556 a 1564.

El segundo director de la obra fue Bartolomé de Bustamante, jesuita de estilo renacentista. El primer patio es del arquitecto jesuita Juan García y el segundo de Juan Álvarez.

El estanque, la huerta, refectorio y cocina los edificó el padre Teruel.

La Iglesia: aparecen elementos típicos del arquitecto Bustamante: en la Iglesia las capillas hornacinas a la manera de nichos poco hondos entre los contrafuertes de los muros. Seis en cada lateral, pequeños altares y confesionarios.

Los elementos en un estilo posterior, manierista es la nave única y ancha, focaliza la atención en el altar mayor, más elevado mediante gradas.

Por la normativa tridentina presenta austeridad decorativa, solo hay artesonado en las partes más importantes del conjunto. Hay azulejos en el presbiterio y en el retablo original, no conservado. El retablo actual es posterior.

En la portada influyó Rodrigo Gil de Hontañón pues realizaba obras en la Catedral nueva de Plasencia de 1544 a 1577.

El colegio: de materiales pobres como el ladrillo y la piedra. La cantería sólo para el escudo de la portada, marcos de los vanos y los soportes de los patios.

Presenta ornamentación influida por los modelos existentes en la provincia toledana. En ese siglo XVII perdura el manierismo porque la falta de economía imposibilitaba contratar a artistas con innovaciones o foráneos barrocos. Los centros educativos seguían el clasicismo herreriano del Monasterio del Escorial, ejemplo residencial, de colegio y biblioteca. Presenta una preferencia de lo funcional respecto a lo estético con un patio central distribuidor del espacio, la parte mejor conservada.

El primer patio: es el claustro del templo, solo edificado parcialmente. En el piso alto había una capilla y tres aulas de latinidad. Influenciado por el arquitecto Covarrubias en su hospital de Tavera en Toledo. Patio dividido en cuatro partes iguales mediante corredores. Las crujías se arquitraban con bóvedas de arista, discos ornamentan las enjutas de las arcadas. En 1586 se sustituyen los corredores de madera por pétreos.

El pavimento era de ladrillo y en periodo estival, se cubrían los patios con toldos.

El segundo patio eran cuatro galerías abiertas con acceso a la librería, refectorio, cocina, despensa, enfermería, ropería. En el piso superior había aposentos con vanos a la calle o al patio, la ventilación era importante en una época preocupada por la higiene pública. En las crujías del patio destacan sótanos abovedados donde se ubicó la despensa, bodega, caballeriza, trojes (depósito agrícola). En 1600 se colocaron columnas pétreas toscanas con capiteles jónicos.

La ausencia o fallecimiento del mecenas originaba la alteración de lo planificado, el retraso en las obras, los cambios de artífices con las modificaciones artísticas que ocasionaban. La financiación del colegio se mantuvo con la matriculación del alumnado.

En los colegios extremeños, los artistas jesuitas sólo se documentan en el de Plasencia.

Colegio de San Fabián y San Sebastián o Estudios del Río 1578-1821

Ubicación: en una alameda a extramuros

Nivel estudios: pasantes de Derecho y Teología.

La administración: el patrón del colegio es el cabildo, el deán y el obispo que nombraba al rector por oposición y al visitador que proveía de becas a merecedores, gestionó los gastos de las rentas del centro, el dinero se guardaba en un arca de tres llaves. El primer rector fue el licenciado Francisco Martín, de Malpartida.

Destinado a: hombres pobres, de más de 20 años. Para seguir estudios iniciados en la Universidad de Salamanca. 2/3 eran juristas y 1/3 teólogos.

Historia del centro: disfrutó de un periodo próspero, en él se formaron estudiantes insignes, como canónigos de catedrales, curas, sobresaliendo Don Diego de Arce y Reinoso, obispo de la diócesis de Plasencia y Don Juan Domingo Manzano, que fue obispo de Jaca.  Sigue las normativas de los colegios mayores de Salamanca con el estatuto de limpieza y rigurosa información de cada colegial.

Los estudiantes eran de la diócesis placentina y localidades ajenas como Arroyo del Puerco (ahora de la Luz), Oropesa, Guadalupe, Alburquerque, Arévalo, Ciudad Rodrigo. No podían comer fuera del colegio ni convidar a familiares. En el refectorio comían a las 11 y cenaban a las 9. Estaban prohibidas las armas, naipes y dados y no revelar secretos del colegio si lo ordenaba el rector. Así como criticar a otros alumnos o reñir por la comida. La Oración era obligatoria en la capilla, si se ausentaban, no bebían vino ese día.

Mecenas: Fabián de Monroy y Carvajal (¿-1578), canónigo, Arcipreste de Calzadilla, arcediano de Plasencia y Béjar. Pertenecía a una de las familias más poderosas del siglo en Plasencia, los Monroy, relevantes en el siglo XIV y los Carvajal, oligarcas de su centuria. Era hijo de D. Fernando de Monroy y de D. Mariana Gómez de Carvajal, biznieto de Hernando de Monroy “el Bezudo”, caballero de armas famoso.

Su objetivo humanista era posibilitar la enseñanza a la población más pobre, aquella que habiendo recibido ya instrucción primaria, no podía costearse estudios en universidades. Dejó en su testamento sus viñas, jardines y una casa para que se fundara un colegio.

El documento testamentario se halla en la biblioteca del Seminario Mayor de Plasencia. Especifica las normas de su fundación pía: el tiempo de estancia sería de ocho años y el número de acogidos dependería del patrimonio que hubiese.

Su advocación sería a San Fabián y San Sebastián.

El distintivo de los alumnos de este colegio seria la banda roja de San Cayetano.

“Y ten quiero y es mi boluntad seaga un colegio adonde estudiantes pobres serrecojan. Nombro albaceas para que en su autoridad dispongan de todos mis bienes E vender Enpublica almoneda o fuera della los que para dicho efecto fueran necesarios. Dispongo que en la casa donde moro, se haga un colegio donde estudiantes pobres se recojan a pasar las ciencias que en las universidades hubieron oído, de los cuales dos tercias partes sean juristas y la otra teólogos mayores de veinte años, pobres. Que no sean sospechosos en la fe católica ni nuevos en ella, ni castigados por el Santo Oficio de la Inquisición ni descendientes de los que lo hubieran sido, ni de judíos ni moros“. Fragmento testamentario.

El colegio se mantuvo de las rentas que su mecenas anexionó a su fundación, insuficientes en 1771, cuando las rentas produjeron 6.512 reales, escasas porque cada alumno costaba anualmente 3000  reales.

Se clausuró con la ocupación francesa y anexión posterior al seminario en 1821.

Arte relevante: la arquitectura civil, y el patrimonio documental de la biblioteca.

Biblioteca: tratados juristas, libros de teología, testamento de su fundador, lámina de un dibujo del edificio.

Era una Villa de Recreo Renacentista con: jardines diseñados al gusto humanista; fuentes con esculturas de Afrodita y Eros, sátiros y ninfas; viñedos, árboles frutales y huerta. En este jardín se encontraban intelectuales, artistas y poetas en un ambiente bucólico apreciado por una minoría de intelectuales renacentistas. Sobresalía el cenáculo abovedado cubierto por plantas trepadoras, “que fue construido sobre el río con artificio admirable” según la ékfrasis de Luis de Toro.

 Colocó una pasarela en el vado de San Juan, paso que utilizaban sobre todo los chinatos. En planos antiguos se ve la monumentalidad del edificio y restos del arte en el giardino.

Situación actual:

Localización: junto al carril bici del parque La Isla.

La circunstancia actual de su arquitectura: está en estado ruinoso, mal conservada.        Su patrimonio documental de su librería de trasladó a la biblioteca de los Estudios Generales del convento de San Vicente Ferrer. Tras el cierre de este centro educativo, se trasladó ese conjunto a la biblioteca del Seminario Mayor, donde se hallan actualmente.

Seminario mayor 1661- 2017

Ubicación: Plaza de la Catedral s/n, Plasencia.

Nivel estudios: Teología.

Administrado por: el obispado. Se retrasó la creación del seminario desde el Concilio de Trento por el Tributum Seminaristicum que grababa, por lo que los clérigos se oponían al su fundación, desacostumbrados a los impuestos.

Destinado a: hombres jóvenes.

Mecenas: Fernando González Vázquez, canónigo de Plasencia en 1648 donó, en dos tandas, 6.000 ducados y 16.500 reales para el futuro Seminario.

Arte relevante: Arquitectura, sala de bóvedas por Vicente Paredes, talla de la Inmaculada Concepción, escultura pétrea de la Purísima Concepción, patrimonio documental.

Arquitectura: En 1657 el obispo Francisco Guerra pide una traza para el seminario al padre trinitario descalzo del convento de Hervás.

En 1661 se edificó el primitivo con poca capacidad, derribándose para levantar uno mejor. En 1669 el obispo D. Luis Crespi de Borja intentó hacer un trueque con las monjas de la Encarnación pero no aceptaron. Mandó edificar el segundo edificio.

En 1670 abre el curso en el nuevo edificio el obispo D. Diego Sarmiento de Valladares.

En 1869 el obispo D. Gregorio María López y Zaragoza inició la obra del actual edificio, probablemente por el arquitecto vasco D. Balbino Marrón y Ranero.

El nuevo edificio se edificó entre 1869 y 1879 lo inauguró el obispo D. Pedro Casas y Souto. Murieron tres obreros en un accidente laboral lo que disgustó al prelado.

En estilo neoclásico, dispone de tres alturas, vanos rectangulares con relieves de medio punto sobre las ventanas de cada piso. En el nivel medio hay una balconada con tres accesos sobre la que figura una cartela con letras mayúsculas Seminario Diocesano, separadas ambas palabras por el relieve oval del busto de Jesús bendiciendo.

Los vanos de la planta baja están protegidos por rejería. En la rejería del tímpano de la portada principal figura la fecha de fundación de la obra 1879.

Sirvió de Cuartel de Milicias, Escuelas de Instrucción Primaria, Superior y Elemental y Hospital de Campaña en épocas bélicas. Durante estos sucesos los seminaristas vivieron en el Convento de San Vicente Ferrer y en el Palacio del Seminario Menor.

Hubo una rehabilitación integral desde julio de 2011 a 2015, remodelación de alto coste, durante esta, los seminaristas vivieron en el internado del colegio Santísima Trinidad.

Sala de bóvedas edificada por Vicente Paredes arquitecto diocesano entre 1875 y1879 y entre 1884 y 1896. Se realizó sobre un terreno adyacente comprado por el obispo en 1864 al Ayuntamiento para ampliar el seminario. La sala de altos techos fue el comedor.

Escultura de la Purísima Concepción: El patio central lo preside una estatua pétrea de la Purísima Concepción que ha acompañado a la institución desde el primer edificio del seminario en el s. XVII aunque su origen puede ser anterior no se han hallado sus datos.

La iconografía de la Virgen orando sobre una nube sostenida por querubines se estableció en la época de la Contrarreforma. La iconología está vinculada al Concilio tridentino que tan estrechamente relacionado está con la creación de seminarios para mejorar la Iglesia.

La imagen de la Inmaculada Concepción. Es una talla en madera situada en la capilla, anteriormente en la escalera. Es la patrona del seminario. Su Iconografía se estableció en los tratados de la escultura barroca española, la manera decorosa de representarla como el tratado de arte de Pacheco, su iconología alude a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción que hicieron los nobles y teólogos en Roma en el siglo de oro español.

Patrimonio documental: Documento de erección del seminario, el testamento de Fabián de Monroy y su fundación pía del Colegio del Río y otros legajos de diferentes centurias.

En 2017, los tres seminaristas fueron trasladados al seminario de Salamanca.

Arquitectura: El seminario cuenta con 20 celdas individuales para seminaristas en etapa escolar de ESO y Bachiller. Dispone de 10 celdas individuales para seminaristas en etapa universitaria estudiantes de Teología. Existe una biblioteca. Hay un oratorio para los rezos diarios en el piso inferior. Hay una capilla en la planta noble con un retablo de arte contemporáneo de un artista latino americano. En inicio, estaba destinado para la capilla del seminario menor, pero se decidió su traslado acorde al gusto de los habitantes del seminario mayor, más jóvenes que los clérigos jubilados que habitan este último palacio.

La sala de bóvedas es utilizada para eventos de la diócesis, para visitas del colegio Madre Matilde, para visitas de alumnos de confirmación de la parroquia San Pedro, para el ciclo de conferencias “Lunes investiga”. Es adecuado para ponencias por el nivel elevado con mesa, sillas y micrófono, la disposición de sillas ligeras a un número a determinar para cada ocasión, el atril. Así como una pantalla para proyectar a través de un cañón dispuesto en el techo. La sala está climatizada. Es un espacio con accesibilidad para personas de movilidad reducida con una rampa junto a la puerta exterior principal.

Colegio San José desde 1848

Ubicación: c/Sancho Polo 19.

Nivel estudios: elemental y enseñanzas medias.

Administrado por: la orden religiosa  Sagrada Familia de Burdeos.

Destinado a: huérfanas de cinco a veinticinco años.

Arte relevante: arquitectura de la Casa Villalba Trejo y artesonado en el internado.

Mecenas: D. Antonio María Fernández de Córdoba, Zúñiga, Dávila y Pimentel, Marqués del Mirabel.

Historia del centro: En 1844 el marqués de Mirabel hace testamento para fundar un Colegio de niñas expósitas, ya que, en su palacio y en otras casas acogía a huérfanas. En su testamento deja parte de sus bienes para esta fundación e indica que sus descendientes donen reales al colegio.

“no falten los alimentos ni demás gastos que sean necesarios e vestir y calzar a las niñas, y botica y facultativos y gratificación que ha de darse a las monjas todos los años, que deberá ser de trescientos veinte reales a cada una de ellas, solo podrán estar en el Colegio hasta los veinticinco, si antes no hubieren salido por razón de posesión, matrimonio o estado religioso”

Nombró patronato al obispo, alcalde, el juez de primera instancia y el Procurador Síndico. En 1845 murió.

Su sobrino y sucesor don Pedro Fernández de Córdoba inauguró el colegio en 1.846, otras fuentes localizan el primer curso en 1848.

Para dirigir el centro vinieron de Madrid tres religiosas acompañadas de la Madre Bonnat, preceptora de las infantas.

El mantenimiento de la fundación se hizo con las rentas de las fincas, las cuales se arriendan en pública subasta. En 2007, abandonaron el colegio las tres últimas monjas.

La arquitectura de la Casa Villalba Trejo del  primer tercio del siglo XVI

El colegio se ubicó en la casa solariega del coronel Cristóbal Villalba (Plasencia, 1475-Estella 1516). Hidalgo extremeño y militar castellano. Casado con Estefanía Trejo, una noble placentina, de ahí el nombre del inmueble.

En el hueco de una escalera, figuran los escudos de las dos casas nobiliarias, la heráldica de los Villalba y de los Trejo.

Es una casa de dos alturas con un patio central distribuidor del espacio, con arcada en el segundo piso de arcos de medio punto y pozo en el centro, el aljibe era habitual en los patios de los palacios y casas nobles de esta zona de la ciudad en la época como el Palacio de los Arcos de María de la Cerda Porcallo o el de Catalina Ximenez del Barco.

Se custodian en el Archivo Luque en la sección nobleza del Archivo Histórico de Toledo coloridos dibujos del interior y exterior de este inmueble, del siglo XVIII.

Se conserva el documento de compraventa del edificio de 1848.

El artesonado del siglo XVI en una sala en el inmueble del internad, son vigas policromadas con elementos vegetales. Era una decoración frecuente en la época.

Actualmente  es un colegio de tipo concertado.

Dirección: colegio en c/ Sancho Polo 19.

Nivel estudios: E. I; E. P; ESO.

Administrado por una cooperativa de maestros desde 2007.

Destinado a: niños y niñas de 3 a 16* años.

Colegio San Calixto desde 1869

Ubicación: c/Rey.

Nivel de estudios: enseñanza elemental y medias.

Administrado por: monjes de la Orden marista y profesores laicos.

Destinado a: niños huérfanos.

Arte relevante: una escultura, la arquitectura fundacional y la posterior neomudéjar.

Mecenas: D. Calixto José Antonio Ramón Payan y Vargas (1779 Badajoz- 1864). Era descendiente por línea materna de la familia noble placentina Los Vargas regidores y señores de Barrado. Fue un militar.

En 1797 fue a la batalla del cabo de San Vicente, contra los ingleses.

En 1801, participó en la guerra de las naranjas contra Portugal.

En 1808 fue teniente de caballería de húsares de la reina consorte María Luisa, luego capitán. De 1808 a 1814 en la Guerra de Independencia contra la invasión francesa fue teniente coronel de caballería del 2º regimiento de húsares de Extremadura.

En 1809 en Talavera de la Reina, el ejército hispano-luso inglés venció a José Bonaparte. De 1811 a 1812 fue prisionero de guerra en Badajoz hasta la reconquista pacense.

En 1817 se retiró del ejército con 38 años por diversas dolencias. Una de ellas, los temblores de las extremidades le impidieron utilizar la pluma para firmar su testamento.

De 1817 a 1830 residió en la capital. Se mantuvo con la escasa pensión de militar retirado y de otra, la de su tío D. Antonio Vargas y Laguna, embajador de España en el Vaticano al que le cedieron el título de Marqués de la Constancia por su lealtad a Fernando VII. Calixto conoció a Soledad Peroni Ortega, su ama de llaves y en sus últimos días su esposa. Desde 1830 D. Calixto habitó Plasencia. Heredó el título de Marqués de la Constancia al fallecimiento de su tío, y sus bienes. En 1864 D. Calixto falleció sin descendencia.

Historia del colegio: Para su fundación D. Calixto nombró testamentarios a sus amigos, D. Joaquín Silos Guillén y D Vicente Silva.

En 1868 les concede permiso el gobierno para fundar un colegio de huérfanos. Esta autorización fue muy polémica de obtener, pues el gobierno quería llevar un control sobre los bienes de la fundación, pero se opusieron los patronos, aduciendo que era una fundación particular sin tener que dar explicaciones a la Administración.

En 1869 el centro se fundó en la casa del marqués, en la calle del rey con 20 alumnos. Se financió con los bienes de los mayorazgos y vínculos de la “casa de los Vargas”, y los que legó la esposa del marqués, Soledad Peroni.

En estos vínculos estaban los bienes de las familias placentinas de los Melo, Tamayos, Sosas, Castros, Rosas, Villalobos, Rodríguez Cano, y Martínez Cano por lo que se podría considerar la fundación como una obra de caridad de las familias placentinas.

En 1887 plantean la edificación de un nuevo colegio en el solar “ejido de San Antón”. En el siglo XX se transformó a colegio no sólo para expósitos e internado para adolescentes. Luego hubo una reestructuración de su patrimonio para sostener el centro.

La arquitectura fundacional: es una casa solariega que da a tres calles, ocupa una manzana, actualmente dividida en locales y pisos. Fue palacio del obispo Gutierre de Vargas y Carvajal, donde convivió temporalmente con San Francisco de Borja. El claustro es una arcada de dos pisos, en el capitel de una columna superior figura la fecha de fundación 1869  a imitación del colegio del Marqués de Mirabel para huérfanas.

La escultura: en el patio de vecinos del inmueble hay una fuente de cuatro pilas cuyo centro es un fuste tronco piramidal culminado por una imagen pétrea del fundador.

Patrimonio documental: Archivo de la Fundación con el testamento, escrituras de los bienes inmuebles, los proyectos arquitectónicos, actas del patronato, cartas, etc.

La arquitectura neomudéjar: de estilo historicista ecléctico del autor Joaquín de la Concha Alcalde con intervención del arquitecto Emilio Mª Rodríguez.

Este edificio no llegó a utilizarse como colegio pero durante unos años fue parte de los bienes del patronato, su monumentalidad superó las provisiones de la Junta de patronos. Las obras se iniciaron en 1889, se paralizaron en 1903 por falta de economía, en 1919 el patronato del colegio lo vendió al ministerio de Gobernación. El Ministerio de guerra acabó las obras destinándolo a cuartel militar activo hasta el tercer tercio del s. XX.

En 1887 se compró el coto de San Antón con 21.600 metros cuadrados. Se requería un inmueble para 200 alumnos. En 1888 se aprobó y abonó un proyecto del arquitecto madrileño Joaquín de la Concha Alcalde, director de obras hasta 1897.

La planta era regular, el edificio principal era el colegio de cuatro alturas con anexos: lavaderos, talleres, cuadras, cochera. El resto era jardín y huerta. El neomudéjar era influencia del arquitecto Enrique Fort con quien colaboró el tracista. Era una arquitectura funcional con estudio de la distribución del espacio, solidez en la construcción, la economía de material, la incorporación de innovaciones como el hierro fundido como elemento sustentante, la piedra y ladrillo para la fachada.

En 1897 le sustituyó Emilio Mª Rodríguez arquitecto provincial hasta que se suspendió la obra. Respectó el proyecto anterior, pero añadió un depósito de agua, un aljibe.   En 1919 el presidente del patronato, el obispo, lo vendió por un millón de pesetas al ministerio de Gobernación, dinero que invirtió en acciones, saneando la Junta. Actualmente es sede de la Universidad de Extremadura ofertándose cuatro grados.

El colegio actualmente

Ubicación: Avd. Virgen del Puerto nº 12.

Tipología: concertado.

Nivel de estudios: oferta E.I, E.P y ESO.

Destinado a: menores de 3 a 16* años.

Administrado por: una cooperativa limitada de profesores

El edificio actual es de la I década del siglo XX, era una residencia de ancianos con capilla, se adaptó a colegio con accesibilidad para personas de movilidad reducida. Es u edificio de cuatro alturas, planta irregular y tres patios.

Arte: hay un busto broncíneo del s. XX en uno de los patios del colegio, del fundador sobre un fuste pétreo al que se realizan ofrendas florales el día del patrón del centro escolar por parte de los alumnos, profesores, ex alumnos, ex docentes, etc.

Escultura: la asociación de antiguos alumnos del centro erigió una estatua del fundador broncínea sedente con un niño a cada lado con una cartela en la base del conjunto escultural identificadora del benefactor y fecha en el jardín del acueducto de San Antón.

Colegio de la Inmaculada o Purísima Concepción 1870/78-1969

Fundación: algunas fuentes mantienen que fue en 1870, otras lo retrasan a 1878.

Ubicación: Plaza Catedral, 6. Plasencia.

Nivel de estudios: segunda enseñanza o enseñanza media.

Gestionado por la administración pública de Cáceres y docentes masculinos.

Posteriormente por las Hermanas de la Sagrada familia de Burdeos, religiosas francesas.

Destinado a jóvenes que pagaban sus cursos. Luego a señoritas que pagaban sus estudios.

Mecenas: lo demandó la burguesía y nobleza local que no quería enviar a sus descendientes a otras ciudades para seguir estudiando, en una época de obras benéficas.

Administración: de 1878 a 1900 fue Colegio de Plasencia.  Desde 1901 colegio de señoritas.

La legitimidad de sus estudios, calificaciones y titulaciones dependía del Instituto cacereño hasta 1901 que se independizó.

Los alumnos eran examinados por un tribunal del Instituto de Cáceres, previa prueba de nivel en el colegio placentino.

Se ofertaban 20 asignaturas que cambiaban de nombren según los planes educativos del Ministerio de Fomento. Las materias estaban supeditadas a la matriculación de alumnos, la libre elección estudiantil determinó el plan académico de cada curso. Hubo preferencia de letras respecto a las ciencias, la más demandada era Historia de España. El 44% de las asignaturas eran científico tecnológicas, el resto socio lingüísticas.

Hubo 25 docentes en 23 cursos, todos hombres. Algunos sólo un curso, otros décadas. Los hubo bachilleres, licenciados y algún doctor. Los menos cualificados dieron disciplinas de menos peso en el currículo. En junio se examinaban de bachillerato, era importante para el centro el número de aprobados pues aludía al nivel del colegio.

Alumnado: durante sus 23 cursos solo hubo dos alumnas, una placentina en el curso 1894-95 y una cacereña en el curso 1990-91. Inicialmente procedían de localidades próximas, pero después de España y de las colonias aunque los oriundos de estas volvieron a sus países tras los hechos de 1898. Existió una media de 50 alumnos por curso. Pagaban 2,5 pesetas por materia, más la inscripción, el derecho a examen además de la pensión o internado.

Arte relevante: el colegio se instaló en una obra histórica artística de la arquitectura civil. Y fotografías de Francisco Ruiz de Hermosa, ex pintor en la corte de Isabel II y fotógrafo.

El palacio se edificó a final del s. XVII por Antonio de Paniagua de Loaysa y Zuñiga el marqués de Santacruz, a lo que debe el nombre. En la historiografía también se conoce como la casa del deán porque en ella habitaron algunos deanes de Plasencia.

Es de estilo barroco clasicista con una fachada de sillería.

Su portada está adintelada con columnas toscanas.

La balaustrada y las rejas del balcón son ejemplos de la rejería española de su época.

En el programa heráldico de la casa aparecen familias emparentadas con la casa: Trejo, Sande, Aguilar, Toledo, de la Cerda, Ulloa.

Destaca un gran balcón en ángulo neoclásico-corintio, coronado por el monumental escudo de D. Antonio Paniagua de Loaisa con cinco rosas en una mitad, en la otra un jabalí y una flor de lis cruzados por una banda diagonal.

El balcón esquinero era común en el s. XVII donde las armas de la familia propietaria de la casa solariega se trasladan a las esquinas, con más importancia estética. Hay ejemplos de balcones en esquina en León, Guadalajara, Jaén, Guipúzcoa, Segovia y Salamanca.

En Extremadura existen en varios palacios trujillanos, en Brozas y Cáceres.

Francisco Ruiz de la Hermosa hizo una fotografía del palacio titulándola como colegio. Fue un pintor retratista de Isabel II aunque alguna historiografía lo cita como pintor de cámara. Exiliado tras el derrocamiento de la reina, recaló en Plasencia como profesor de dibujo en este colegio y como fotógrafo en su estudio del rincón de San Nicolás nº 2.

Situación tras 1900 En 1958 fue una escuela de magisterio hasta 1969.

Su arte actualmente: la fotografía de Francisco Ruiz del colegio es del Ayuntamiento.

El edificio es propiedad del Ayuntamiento que lo cedió al ministerio de Justicia por 30 años hasta edificar los nuevos juzgados de Plasencia en la primera década del s. XXI. La edificación fue utilizada como Juzgado hasta 2013.

Desde el 2014, en el zaguán, hubo un Belén montado por la cofradía de la Vera Cruz en el periodo navideño visitable por el público.

Hoy, en el 2017 es un edificio sin uso pendiente de decidir su adecuación a centro adscrito a la Universidad católica de Ávila para impartir grados de Educación infantil y de Primaria, en la línea de su función docente en el siglo XX.

Además sería la oficina del Personero del Común, el defensor del pueblo.

Escuela Hogar Placentina desde 1886

Ubicación: c/Sancho Polo 1.

Nivel estudios: enseñanza elemental y media.

Administrado por: la orden religiosa Josefino Trinitarias.

Destinado a: niñas huérfanas.

Arte relevante: libro diminuto, escritorio de Eladio Mozas, imagen de la Virgen del Buen Suceso, arquitectura del palacio de las infantas de final del siglo XVI, relieve de una epifanía en la fachada.

Mecenas: Eladio Mozas Santamera (1837 Miedes de Atienza-1897 Plasencia).

En 1862 obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Central de Madrid.

En 1865 se ordenó sacerdote y fue ecónomo de Iglesia de San Pedro en Plasencia. Intervinieron con su autorización en los sacramentos, su primo y su tío.

En 1866 aprobó un concurso de vacantes de curatos: rector de la Iglesia de San Nicolás.

Fue profesor del Seminario, tenía cátedra y era parte del tribunal de examen.

En 1869 fue examinador sinodal, fundó la Hermandad de sufragios y desde este año fue director espiritual de las Agustinas Recoletas de Serradilla a quienes dirigió 549 cartas y tres veces visitador episcopal.

En 1871 fue mayordomo de la Cofradía de Virgen de los Remedios pagando parte de la festividad de la virgen.

En 1876 fue vocal en la junta de reparación de templos y cura de la Iglesia de San Vicente. Ese año viaja a Roma para una audiencia con Pío IX quien le da permiso para fundar la congregación de Hermanas de la Santísima Trinidad y la madre cofundadora fue Sor Margarita de los Dolores.

En 1881 fue canónigo penitenciario por lo que actuó en otras parroquias.

En la Iglesia de Sº Domingo fundó la cofradía de la Sma. Trinidad y patrocinó un retablo. Creó las camareras del Sacramento para dotar de ornamentos a las iglesias pobres.            Era confesor de casi todas las religiosas de la ciudad.

Predicó 20 años todos los 19 de cada mes en el convento de la Encarnación, de dominicas.

En 2013 fue declarado venerable por el papa Francisco.

Arte relevante: en el centro hay una sala llamada casa museo Eladio Mozas, no es estrictamente la casa, sino una recreación de su despacho. Presenta un libro diminuto, llamado el más pequeño del mundo: de este tipo de publicaciones se hacían tiradas limitadas, es la Biblia que debe leerse a través de una lupa de gran aumento o siete padres nuestros en idiomas diferentes.

Escritorio del padre Eladio Mozas: es la mesa utilizada por el fundador para escribir sus epístolas, homilías, carta fundacional y otros asuntos burocráticos. Muestra utensilios de escritura decimonónicos como papel, tinta en bote de cristal, plumín, pañuelo, abrecartas lámpara, vela, estampa religiosa, la silla de madera, etc.

Imagen de la Virgen del Buen Suceso: es una talla antigua de la madre del Salvador que probablemente guarde relación con la nomenclatura de la calle vecina, Virgen del Buen Suceso. Es una zona del casco antiguo cuyos inmuebles históricos han tenido diversas funciones a lo largo de los siglos, y esta escultura ha recalado en la capilla del colegio.

La arquitectura del palacio de las infantas es de final del siglo XVI e inicios del siglo XVII; en esta casa solariega vivió Leonor de las Infantas de ahí el nombre del edificio, habitaron los señores de Galisteo, luego el obispo Girón, después la familia Ansano.

Es un inmueble de tres alturas con media docena de medallones de relieves figurativos.

La fachada es almohadillada basada en los palacios florentinos, la portada es un arco de medio punto con un mascarón manierista en su dovela central formado por ramas y hojas de parra en los extremos y dos pequeñas lagartijas en su frente.

Hay añadidos neorrenacentistas y en los dos últimos pisos falsos materiales.

Actualmente es la residencia femenina con lavandería, comedor, aseos y sala de estudio.

Relieve de una epifanía en la fachada: hay un bajorrelieve que representa un Belén de tosca factura incrustado a tres metros en la fachada de la casa madre de las Hermanas.

Desde 1967 tiene función exclusivamente educativa, actualmente:

Tipología: Colegio público. Internado femenino de primaria. Casa madre de las hermanas josefino trinitarias jubiladas en un edificio anexo.

Dirección: colegio en c/ Sancho Polo 1. Internado en c/Sancho Polo 13.

Nivel estudios: E. I; E. P.

 Administrado por maestros de la Junta de Extremadura y las Hermanas Josefinas.

Destinado a niños y niñas de 3 a 12* años.

Colegio Santísima Trinidad desde 1886

El colegio santísima Trinidad es una sede de la congregación fundada a finales del siglo XIX, aunque el centro pertenezca al siglo XX, contiene arte de la anterior centuria.

Ubicación: Carretera Virgen del Puerto, 22, Plasencia.

Nivel de estudios: enseñanza elemental y enseñanza media.

Administrado por: las Hermanas Josefino Trinitarias, popularmente llamadas “las pepas” .

Destinado a: niñas que pagaban el internado y sus estudios.

Mecenas: Eladio Mozas Santamera (1837 Miedes de Atienza-1897 Plasencia).

Fue un teólogo, sacerdote, ecónomo de una parroquia, rector de una iglesia, profesor del seminario de Plasencia, examinador sinodal, director espiritual de un convento, visitador episcopal, mayordomo de una cofradía, fundador de la congregación de Hermanas de la Santísima Trinidad, canónigo penitenciario. En 2013 fue declarado venerable.

Arte relevante: pintura de Francisco Ruiz de la Hermosa; escultura procesional y patrimonio documental.

El óleo sobre lienzo de Francisco Ruiz, un pintor de la corte de Isabel II que exiliado tras el derrocamiento de la reina, se trasladó a Plasencia donde fue pintor de los marqueses de Mirabel, y fotógrafo retratista y de vistas de la ciudad.

Jesús de la Caída: talla de 1894 del taller del valenciano José Viciano Martí.

Es una imagen de vestir de tamaño superior al natural que fue adquirida en Valencia por Don Gregorio Hontiveros Ramos y su esposa Dª Esperanza Mateos Ramos. Estuvo en su domicilio de la plazuela de Sosa, pero a su muerte lo donó a las Madres Josefinas a condición de que desfilara en la cofradía de la Vera Cruz cada Jueves Santo.

Patrimonio documental: Autoría del fundador.       

  • Epistolario del M. I. Sr. Dr. Don Eladio Mozas Santamera. Preparado y prologado por Marcelino González SJ, Espasa Calpe, S.A. Madrid 1943.
  • Mensaje espiritual de don Eladio Mozas Santamera. Selección y presentación de J. Bermejo Jiménez. Plasencia 1971.
  • Huellas de un hombre de Dios, Cartas espirituales y otros documentos. Introducción y notas de J. Bermejo Jiménez. Presentación de Mons. Felipe Fernández, Obispo de Ávila. BAC, Madrid 1983.
  • Como un grano de Mostaza. Otros escritos de Eladio Mozas Santamera. Preparado por Raquel Rosillo P. Presentación Mª Eugenia González G., Superiora General. HH. Josefinas Trinitarias. Madrid 1989.
  • Cartas. Eladio Mozas Santamera. Preparación, notas e introducciones por Raquel Rosillo P., Superiora General. Índice de materias y colaboración de Mª Eugenia González G. HH. Josefinas Trinitarias. Madrid 1998.

 

 

Historiografía que sólo posee la Orden

  • Relación de Margarita Delegado sobre la Congregación Josefino Trinitaria. Archivo General HH. Josefinas Trinitarias. Madrid. Inédito.
  • Historial hasta junio de 1953. Historia de las primeras fundaciones. Cuaderno de 273 páginas mecanografiadas. Archivo General HH. Josefinas Trinitarias. Madrid. Inédito.
  • SANTAMERA TEJEDOR J.Mª, Breve compendio de la vida de don Eladio Mozas Santamera. Inédito

Actualmente

Tipología: concertado con sección bilingüe.

Nivel estudios: E. I, E. P, E.S.O, y el Bachiller de pago, así como la guardería.  Administrado por: las hermanas josefino trinitarias, y maestros y profesores laicos.

Destinado a: menores de 1 a 18* años.

La pintura está en las dependencias residenciales de las hermanas

El patrimonio documental está en la biblioteca de las sores.

Jesús de la caída forma parte del paso de misterio de la Santa Faz.

El conjunto está formado por Jesús cargando con su cruz y Verónica, con la intención de ampliarse en un futuro. Refleja el instante de la Pasión de Cristo, una mujer se quitó su velo para secar con él la cara del Mesías. La impronta del rostro de Jesús se marcó en el paño de lino y éste milagrosamente se conservó hasta hoy. La mujer más tarde sería llamada Verónica, cuya etimología mixtificada se hace derivar de la combinación entre el latín verum (verdadero) y el griego Eikôn (icono, imagen), “la verdadera imagen”.       Las andas son de 2014 de madera de pino, en sus laterales cartelas con pasajes evangélicos y cuatro faroles.

El edificio actual es de 1967. Es de grandes dimensiones. Presenta tres pisos y un piso inferior bajo el nivel del suelo. Es de planta en forma de cruz patada con un patio central distribuidor de la edificación. Ha sufrido remodelaciones cada pocos lustros y una rehabilitación en inicios del siglo XX. El solar es el mayor de los centros educativos de la ciudad: dispone de huerto ecológico, jardín, pistas de distintos deportes, columpios, aparcamientos, etc. En su capilla mayor hay un conjunto escultórico contemporáneo de la Santísima Trinidad y vidrieras coloreadas con iconografía alusiva a la Eucaristía como hojas de parra, vid, trigo, rayos de sol, paloma etc.

Colegio Madre Matilde

Ubicación: c/ Coria 20, Plasencia.

Nivel estudios: enseñanza elemental y media

Administrado por: la orden de Hijas de Madre de la Iglesia (llamadas las azules)

Destinado a: niñas huérfanas y pobres.

Mecenas: Matilde del Sagrado Corazón Téllez Robles (1841-1902).

En 1841 nació en Robledillo de la Vera (Cáceres).El padre, notario, se establece con su familia en Béjar (Salamanca). Recibió una educación básica, propia de su clase social media, y esmerada formación religiosa, compasión por los necesitados y los pecadores. Sintió vocación joven. Su madre la apoyó pero a su padre, D. Félix, le costó mucho.         A los 23 años fue elegida presidenta de la asociación de Hijas de María, recién establecida en Béjar, y poco después la nombran enfermera investigadora de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Escribía. Alternó la contemplación con la acción. Trabajó con niñas y jóvenes, pobres y enfermos con las Hijas de María, dio catequesis, atendió la escuela dominical, preparó para el matrimonio cristiano y acompañó a jóvenes con vocación.

En 1874 escribió al Papa Pío IX para fundar un colegio. Pero su padre lo impide por el ambiente político anticlerical de ese periodo en el país. Luego la autoriza.

En 1875 fundó la casa colegio de Béjar con una joven de las hijas de María, poseían una imagen de la Virgen.  Atrajo a algunas jóvenes a unirse a ellas, a pesar de las críticas. Reciben a niñas huérfanas, dan clase a niñas pobres.

En 1876, el obispo de Plasencia, autoriza la Obra con el título de «Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada»; en 1878 Matilde y María visten el hábito en Plasencia.

En 1879 se trasladan a Don Benito (Badajoz) donde realizan las mismas actividades.

En 1884 el obispo lo erige canónicamente como Instituto Religioso de Derecho Diocesano.

En 1885 la Madre abre un Hospital para pobres en memoria de una monja fallecida,

En 1889 se fundó en Cáceres un colegio, en años siguientes en Trujillo, Villanueva de Córdoba, Béjar, Almendralejo, Los Santos de Maimona y Villaverde de Burguillos.

En 1902 murió de apoplejía, a los 61 años. En Plasencia se fundó el colegio en 1907.

En 2002, el Papa Juan Pablo II reconocía oficialmente las Virtudes Heroicas.

En 2004 el milagro relatado por el director de un banco de Roma motivó su beatificación.

Arte relevante: escultura pétrea y talla de madera.

La escultura pétrea de Jesús se presenta de pie con una paloma sobre su hombro derecho representación del Espíritu santo, La estatua es de tamaño superior al natural, su dimensión hace que asome su testa por encima de la muralla medieval, hacia la calle Ronda del Salvador , haciendo visible su nimbo ferroso.

Porta túnica larga y manto sobre un hombro. Es el Jesús adulto por la barba y media melena, no el adolescente imberbe más adecuado para la ubicación, ya que está en el patio del centro escolar, acorde al discurso del centro de reflejar el Hogar de Nazaret.

La iconología denota la relación estrecha con la ciudad al enfrentarlo a un monumento característico del paisaje urbano de la ciudad como son las murallas de arquitectura civil histórica. Fue movido con un propósito ideológico y funcional.

Originalmente estaba situado en el centro de una fuente como se observa en fotografías en blanco y negro; una fontana de perímetro hexagonal y recubierta de azulejería. La nueva situación en una lateral del recreo permite los deportes sin obstáculos para los juegos infantiles pero con la presencia permanente del Jesús joven rodeado de jóvenes.

Talla de madera de la Madre Matilde de 2005: es una imagen de la Madre joven, en actitud orante y de acogida con los brazos extendidos mostrando las palmas de las manos abiertas al espectador. Viste el hábito religioso de color oscuro, la toca de tono cromático frío que contrasta con el velo níveo practicando un contraste de luces y sombras focalizando la atención del fiel en el rostro sereno piadoso invitando a la oración. Porta el cordón de las monjas a la cintura con los extremos colgantes a su izquierda terminados en borlas, así como un rosario de madera encinto. Lleva al cuello un crucifijo de madera.

En 2010 procesionó acompañada de estudiantes, docentes, hermanas, ex alumnos, padres de alumnos, vecinos, párroco desde el centro escolar hasta la Catedral de Plasencia donde la recibió el obispo, Amadeo Rodríguez Magro en la portada de la seo y presidió después una misa. Se ubicó en el lateral izquierdo de la capilla de la Virgen de Guadalupe en la Catedral Nueva en una hornacina dorada de estilo barroco de decoración tallada rococó.

Actualmente desde 1975

Tipología: concertado con sección bilingüe.

Nivel estudios: E. I, E. P, E.S.O.

Administrado por: las hermanas y profesores laicos.

Destinado a: menores de 3 a 16* años.

Conclusiones

I El uso de edificios históricos con fines educativos ha permitido el mantenimiento de estos inmuebles de valor patrimonial.

II Existen limitaciones para presentar apoyo gráfico a este trabajo. Hay obstáculos por parte de las instituciones que no permiten fotografiar las obras de arte.

III. Las escasas fuentes historiográficas alusivas a estos centros exponen que es un campo abierto a futuras investigaciones, un ámbito por estudiar.

IV La influencia en la educación cultural en el alumnado que asistió a estos centros.

Recursos web

http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/6923     Consultado el 1/VI/17

http://m.canalextremadura.es/alacarta/radio/audios/antiguo-colegio-de-la-compania-de-jesus-de-plasencia                                                                                 Consultado el 5/VI/1

http://plasenciahistorica.blogspot.com.es/2010/05/colegio-del-rio-o-de-don-fabian-de.html                                                                                         Consultado el 10 /VI/17

http://www.diocesisplasencia.org/w/?page_id=91                        Consultado el 15/VI/17

http://lavozdemayorga.blogspot.com.es/2009/01/fundacion-del-colegio-de-san-jose.html Consultado el 20/VI/17

http://parragasanchezalfonso.blogspot.com.es/p/a-la-memoria-de-un-hombre-ilustre-y.html                                                                                                   Consultado el 25/VI/17

http://www.hoy.es/plasencia/201505/08/maestras-casa-dean-20150508003322-v.html Consultado el 30/VI/17

http://nominis.cef.fr/contenus/EladioMozasSantamera-Fundador.pdf 1/VII/17

http://veracruzplasencia.com/?page_id=50                                Consultado el 5/VII/17

http://www.hoy.es/v/20100526/plasencia/madre-matilde-llega-catedral-20100526.html

Bibliografía

  1. ALVARADO CORDERO, P: Plasencia heráldica, histórica y monumental. Gráficas Sandoval, Plasencia, 1997. Pp.96-97.
  2. DE LA PEÑA GÓMEZ, Mª P: Estudio arquitectónico del colegio jesuita de Plasencia. Ed. Universidad de Rioja. Pp. 39-45.
  3. DE LA PEÑA GÓMEZ, Mª P: Edificios de la compañía de Jesús en Extremadura (siglos XVI-XVIII) Badajoz, 1993. Pp. 99-105.
  4. DE TORO, LUIS: Descripción de la ciudad y obispado de Plasencia. Ed. La Victoria, Plasencia. 1961. Pp. 10-35.
  5. DOMÍNGUEZ CARRERO, Mª M: Vicente Paredes Guillén. Ed. Brocense, Cáceres, 2006. Pp. 38-46.
  6. FERNÁNDEZ, ALONSO: Historia y anales de la ciudad y obispado de Plasencia. Ed. Juan González, Madrid. 1627. Pág. 232.
  7. GONZÁLEZ de la GRANJA, Mª E: Los estudios generales de San Vicente Ferrer de Plasencia: Una nueva visión, Trujillo, 2011. Pp. 3-26
  8. PANIAGUA JAVIER, M: Plasencia en el tiempo. Ed. Kadmos. Salamanca, 2015. Pp. 42 y 52.
  9. PANIAGUA JAVIER, M: Vidas y vivencias de Plasencia en el tiempo. Imprentas Kadmos, Salamanca. 2016. Pp. 30 y 114.
  10. PIZARRO GÓMEZ, F y GARCÍA GUTIERREZ, Mª I: Norba revista de arte: El Colegio de San Calixto de Plasencia y su arquitecto Joaquín de la Concha Alcalde, Ed. Universidad de Rioja, 1990. Pp. 161-167
  11. PRIETO AGUILAR, DIONISIO: Tres coronas en la Historia de Plasencia. Madrid, 1978. Pp. 4-7.
  12. SÁNCHEZ de la CALLE, J. A: Historia de la educación en Plasencia desde la segunda mitad del s. XIX a mitad del s. XX. Trujillo, 2008. Pp 761-764.
  13. VÁZQUEZ PAREDES, SARA: Los colegios de la Purísima Concepción de Plasencia y San Jorge de Cáceres. Revista del Seminario de Estudios Cacereños nº 71, Alcántara, 2009. Pp 100-110.
  14. ZARRANZ Y PUELLO, P: El seminario de Plasencia apuntes para su historia. Ed. Obispado de Plasencia. 1944. PP. 11-19.

 

Apéndice fotográfico

Fig 1. Colegio de La Purísima Concepción. Palacio del deán

Fig 2. Colegio de San Fabián

Fig 3. Primitivo colegio de San Calixto

Fig 4. Colegio de San José. Patio de la casa Villalba-Trejo

Fig 5. Escuela hogar placentina. Palacio de las Infantas

Fig 6. Seminario Mayor. Sala de bóvedas

 

 

 

 

 

 

 

Ene 042018
 

Marciano Martín Manuel[1]

 

INTROITO

Para José Sánchez-Matas González[2], «en marzo de 1936 los rojos quemaron el altar mayor de la parroquia de Santa María». Ventura Ginarte González también se hizo eco de «la quema del altar de Santa María en la parroquia de la iglesia y la desaparición del sagrario»[3]. Francisco Moriche Mateos ha publicado una nueva versión procedente de las fuentes orales[4]:

 

Por un lado, vecinos de derechas afirman que varios jóvenes izquierdistas, ayudados por uno de ellos que había sido monaguillo y conocía la forma de acceder al recinto con la puerta principal cerrada, prendieron fuego dentro del templo, robaron el sagrario con el cáliz sacramental, se marcharon por donde habían entrado y bebieron vino con el cáliz en alguna taberna del pueblo.

La otra versión, sostenida por vecinos de izquierdas, dice que varios derechistas obligaron bajo amenazas a algunos jóvenes a iniciar el incendio, para conseguir, culpando de ello a simpatizantes del Frente Popular, provocar una radicalización de los enfrentamientos entre ambos bandos.

Carecemos de pruebas definitivas para afirmar o descartar una u otra versión del suceso. En cualquier caso, anotamos que es la primera de ellas la más difundida, aunque varios vecinos consultados respaldan la segunda, basándose en conversaciones mantenidas en su momento con algunos de los izquierdistas acusados de incendio, como el apodado Canore, y alguna charla lejana en el tiempo con Tío Castilla, dueño de la taberna donde presuntamente se bebió vino con el cáliz robado y que negó tajantemente tal hecho. También para respaldar esta segunda versión se alude a la confesión supuestamente realizada por el vecino Tomás Chinín antes de morir, en el sentido de que él mismo y otros jóvenes fueron obligados a confesarse a sí mismos y acusar a otros de la responsabilidad del incendio. Significativo en extremo resulta también el hecho de que el cáliz robado finalmente apareciese, tiempo después, en manos de uno de los más significados personajes del régimen franquista en Hervás.

 

¿Cómo era la situación política y social en la Hervás republicana de 1936? ¿Y qué nos revelan las fuentes documentales de archivo sobre el controvertido incendio?

 

LA ENSEÑANZA LAICA Y RELIGIOSA

El Frente Popular [FP] controló el ayuntamiento tras las elecciones a Cortes del 16 de febrero de 1936. No obstante, Eduardo Silva Gregorio, de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), de Gil Robles, fue el candidato más votado, con 1194 sufragios. José Giral Pereira, de Unión Republicana, obtuvo 766[5]. El gobernador civil del FP, Miguel Canales, repuso a los cuatro concejales de izquierdas que habían sido depurados por el gobernador radical Miguel Ferrero Pardo en 1934. No obstante, al hilo de la política caciquil de su predecesor, el gobernador del FP destituyó a los cinco concejales de derechas elegidos en las elecciones municipales de 1931: Matías Álvarez Benavides (Republicano Independiente), Vicente Cid Gómez–Rodulfo y Quintín Hernández Martín (Liga Agraria), Primitivo Martín Sánchez y Tomás Sánchez Hoyos (Radical). Y designó concejales interinos a Patricio Ferreira Mártil, Anastasio Martín Marín y Julio González Muñoz (Izquierda Republicana) y los socialistas Luis García Holgado, presidente de la Agrupación, Eustaquio Oliva Cerro, Guillermo Herrero Herrero y Adrián Pérez Castellano. Ángel Barrios Pérez recuperó la alcaldía que había obtenido en las elecciones de 1931.

La coalición republicana del FP abordó el tema de la enseñanza laica, gratuita y obligatoria, como había prometido Luis García Holgado al electorado en el mitin del 5 de febrero[6]; ratificó el acuerdo de construcción del grupo escolar, constaría de doce aulas, seis para niños y seis para niñas, un comedor escolar, casa del conserje, inspección médico y museo[7]; y concertó la adquisición de un solar a Benedicto Hernández Herrero, en la Plaza de González Fiori, tasado en doce mil pesetas.

La coalición republicana y socialista había retirado los símbolos religiosos de las escuelas públicas, secularizado el cementerio municipal e inhabilitado el movimiento católico del Círculo Tradicionalista, en 1932[8]. Las calles eran un hervidero de rumores. Al sacerdote Benito Herrero le habían llegado noticias de la inminente clausura de la Escuela Dominical por el FP. El director espiritual se anticipó a los hechos y cursó una epístola al teniente de alcalde, Luis García Holgado, el día 5, del siguiente tenor:

 

Sr. Don Luis Garcia Holgado.

Presente: Muy Sr. mío: Han llegado a mis rumores de que Vd. trabaja para impedir el funcionamiento de la Escuela Dominical, creyendo «sin duda mal informado» que estamos fuera de la Ley.

Yo siempre [he sido] respetuoso con la Autoridad y obediente a las Leyes, jamás he trabajado ni me he desenvuelto al margen de la Ley.

Las Escuelas Dominicales, dicho por los Inspectores no están sujetas a las Leyes del Magisterio, puesto que se trata de dos horas cada semana. Además, yo entiendo que toda Asociación dentro de sus respectivos locales, puede dedicarse a instruir a sus asociados, proporcionarles algún recreo etc; y creo que Vd. sabrá que estamos aprobados por el Gobierno Civil, y por consiguiente dentro de la Ley de Asociaciones.

Además, para mayor garantía, sepa Vd. que tenemos de directora de nuestra Asociación a Doña Julia Comendador que es Maestra Nacional, retirada en su casa. Y en fin que dicho local es de propiedad particular como la casa que Vd. habita.

Perdone que me haya anticipado a darle estos datos para que proceda en todo con conocimiento de causa. Si a pesar de todo se nos atropella, esperaremos tranquilamente y nos defenderemos con todos los medios legales. De Vd. attento.- Benito Herrero. Rubricado.

 

Luis García Holgado, zaherido por el tono acre del director espiritual, expidió una misiva al gobernador civil de Cáceres, con una copia de la carta, en la que le informaba[9]:

 

Excmo Sr.

En esta localidad, funciona, una llamada «Escuela Dominical» que regenta o dirije un sacerdote, tratandose de darlo viso de legalidad, con la adscrición a ese funcionamiento de una Maestra Nacional, sin ejercicio. El funcionamiento de esa Escuela Dominical, en el aspecto cultural, como todas las de su clase es nulo. En el aspecto político–social, máxime en esta nueva etapa del rescate de la República, es ocasión y sitio de reunión donde estravaxandose de la función peculiar que debiera tener, se alienta el deseo de fracaso de los nuevos rumbos del régimen, dando ocasión a discusiones dentro y fuera del recinto que ocupa que producen desasosiego público.

A probar ello de manera indubitada y con toda la prudencia y eficacia, que la experiencia pasada indica observar a toda Autoridad Gubernativa, se encaminaba el que informa y he ahí que la desaprensiva conducta del Director o pretendido Director, de ese Centro de reunión, nos da la certidumbre de lo que es en si, dirigiendose a esta Alcaldia en la carta adjunta, cuyo contesto descubre harto claramente, el fin de ese Centro Dominical.

Por lo consignado que es cierto, y la actitud de reto, de esa cominicación epistolar que se me ha dirigido, me hace estimar de urgente necesidad y asi se lo ruego y encomiendo a V. E. de que tal Centro que no cumple ninguna misión social útil, sino de aliento cierto a la reacción sea clausurado siquiera provisionalmente, hasta que comprobados cuantos extremos sean precisos se decrete la clausura definitiva.

Asi lo espera merecer de V. E. en bien de la tranquilidad pública y régimen Republicano.

 

La Constitución de 1931 consideró a las confesiones religiosas como asociaciones, vetó el ejercicio de la enseñanza a las comunidades religiosas y la disolución de las instituciones que, a tenor de sus actividades, constituyesen un peligro para la seguridad del Estado. Juventud Católica, rama femenina y masculina, había tramitado los requisitos necesarios en el gobierno civil para funcionar como asociación, en mayo de 1933[10].

En los plenos municipales de los días 11 y 18 de marzo, el alcalde Ángel Barrios abordó el tema de la escuela laica y la supresión de la enseñanza por las órdenes religiosas. En su opinión resultaba «verdaderamente lamentable que en un régimen republicano, y en los cuatro años de vigencia de nuestra ley fundamental, no hayan sido cumplidos totalmente precepto de tanta importancia como el laicismo en la enseñanza pública y sigan por este motivo recibiendo enseñanza religiosa en colegios, niños y niñas pertenecientes a un Estado laico». Se refería al colegio de monjas josefinas trinitarias que levantaba sus muros en el número 11 de la calle Centiñera. Ángel Barrios moraba en el número 14, con su compañera Encarnación Gómez Pérez, 37 años, y su hermana soltera Dolores Barrios Pérez, 37 años. El alcalde socialista consideró que había que abordar con la mayor diligencia posible «la creación de dos escuelas de párvulos, una para niñas y otra para niños, con objeto de que reciban en ellas la enseñanza laica los niños que hasta ahora asisten a colegios religiosos»[11].

Entre tanto, Luis García Holgado estimó que las reuniones de Acción Católica en la Escuela Dominical eran una tapadera para conspirar contra la paz y el orden de la República, por lo que decidió, a tenor del artículo 26 de la Constitución, candar las puertas al centro católico. La alcaldía solicitó la clausura al gobernador civil, el día 17 de marzo[12]:

 

Negociado: Orden publico.

En esta localidad vienen funcionando las Asociaciones denominada «Juventud Católica Femenina» y «Juventud Católica Masculina» en el Edificio llamado de la Escuela Dominical, Plaza de Don Faustino Castellano, desplegando sus Directivos y afiliados una actividad o actuacion provocativa, celebrando reuniones clandestinas, admitiendo a elementos extraños a la misma, con los que se confabulan, propalando rumores en desprestigio del régimen que al trascender al publico producen protextas, acaecidas con reiteracion.

El jueves ultimo dia 12 de marzo fue sorprendida por los Agentes de mi autoridad y Teniente de la Guardia Civil una de tales reuniones clandestinas encontrando en el local de la Juventud Católica Femenina sobre 50 mujeres y menores de edad, contestando a la indagatoria de los Agentes con evasivas y manifestando que seguirian haciendo las reuniones.

Esta Alcaldía ve manifiesto peligro para el sosiego publico, en la continuacion del funcionamiento de esas Asociaciones, porque no solamente concurren diaria y frecuentemente los afiliados a las mismas si no que también lo hacen los tradicionalistas y fascistas de la localidad, resultando un centro de expansion de la reaccion.

Entiende pues, que procede y seria una medida saludable para la tranquilidad publica la clausura de esos Centros, por las causas apuntadas.

Le saluda atentamente. Hervas 17 de Marzo de 1936.

 

Juventud Católica masculina no se quedó de brazos cruzados. Ese mismo día, a las siete y media de la tarde, el jefe interino de la guardia municipal, Marino Colmenar Castellano, vicepresidente de la Agrupación Socialista, tuvo que «disolver varios grupos que habían formado los individuos de la Juventud Católica en la Plaza de los Capitanes Galán y García Hernández [Plaza de la Corredera], con el propósito de impedir la clausura de la Escuela Dominical, ocurriendo algunos incidentes los cuales fueron resueltos sin novedad». El inspector de la zona de Primera Enseñanza, Eduardo Málaga, vecino de La Granja, dio fe de «la irregularidad en el funcionamiento de la Escuela Dominical», -no señaló en qué consistía la irregularidad-, y tramitó la orden de clausura al gobernador civil. Las mujeres obreras y sirvientas católicas recibirían la enseñanza laica y gratuita «en las escuelas nacionales por las maestras nacionales de aquella villa»[13], que se habían ofrecido voluntarias, a propuesta del consejo local de Primera Enseñanza[14].

A las 19,30 de la tarde del día 23 de marzo, el cabo Florencio Pizarro y los guardias municipales Maximino Rubio, José Fraile, Julián Calderas, Emilio Muñoz y Alejandro Salgado entraron en la Escuela Dominical, por la calle de la Fábrica [Plazuela de Hernán Cortés] número 33, y procedieron «al reconocimiento y clausura de dicho centro en virtud de orden del alcalde de esta villa don Ángel Barrios Pérez, el que se llevó a efecto dando por resultado negativo». El sacerdote Benito Herrero confesó a Ventura Ginarte González[15] que los policías municipales «registraron la Escuela Dominical, y me quisieron llevar a la cárcel, pero no encontraron razones». Los agentes del orden público precintaron la puerta con «unas tiras de papel en cuyos extremos quedan estampados la firma del cabo Florencio Pizarro, quedando clausurada en la misma forma la puerta de entrada que tiene referido local por la Plaza de D. Faustino Castellano número treinta y cinco». Firmaron el enterado, el cabo Florencio, los presidentes de los centros de Juventud Católica, Flora Muñoz y Conrado Hernández, y los testigos Antonio Romero Sánchez y Fulgencio González Majadas[16]. La coalición del FP barrió de la vida republicana la labor docente de la Escuela Dominical, en consonancia con el programa laicista del ayuntamiento y la Constitución republicana, pero también barrió la actividad cultural del centro, autorizada por las leyes.

Parafraseando a Gerald Brenan, el laberinto republicano hervasense se desarrolló en una atmósfera de enfrentamiento ideológico y crispación social, con un sinfín de problemas, como la oleada anticlerical de la izquierda contra los movimientos sociales de la iglesia católica, con el telón de fondo de la enseñanza laica; el control por los socialistas de las redes clientelares sindicales de la Casa del Pueblo; el desencanto del movimiento anarcosindicalista con la UGT, impaciente por consumar una revolución social y una reforma agraria que nunca llegarían; y las vendettas laborales de los patronos–concejales de derechas que no estaban dispuestos a transigir con un reparto más equilibrado en los beneficios del capital. El desconocimiento por los patronos–concejales del espíritu solidario del movimiento obrero y de sus justas reivindicaciones salariales, les llevó a la convicción de que los trabajadores eran unos rojos asalariados al servicio de Moscú. Y, a su vez, la fobia acendrada del proletariado hacia los patronos–concejales de las fábricas textiles y del mueble les llevó al convencimiento de que eran fascistas.

Eran las dos orillas de la Hervás republicana del treinta y seis: el carca y el rojo.

En este intrincado laberinto de pasiones sociales y pulsiones ideológicas, el altar mayor de la iglesia parroquial de Santa María de Aguas Vivas fue pasto de las llamas en la noche del domingo de Ramos de 29 al lunes 30 de marzo, inicio de la semana santa.

 

SUMARIO NÚMERO 43 DE 1936 POR INCENDIO

El lunes día 30 de marzo, el alcalde socialista Ángel Barrios cursó un telegrama al gobernador civil de la provincia, a las 12 de la mañana, con una noticia escueta del incendio:

 

Participo a V. E. según me comunica sereno municipal noche pasada sobre 12,30 observo incendio en Iglesia Santa María siendo extinguido vecindario hubo necesidad destruir altar mayor para evitar propagacion le saluda.

 

Una hora después, el teniente de línea Román Muñoz Muñoz le comunicó el suceso del siniestro y la sustracción del dinero de los cepillos limosneros:

 

Noche ultima sobre una madrugada fue advertido por un sereno municipal incendio Iglesia Santa Maria esta localidad acudiendo vecindario en masa que consiguio con fuerza y autoridades extinguir fuego no quemandose más que altar mayor y sin menor daño resto altares e iglesia se supone que fuego sea intencionado y se inicio detrás dicho altar mayor ignorándose forma practicado gestiones union Juzgado apareciendo después violentados los cepillos Iglesia no ocurrieron incidentes y existe tranquilidad correo detalles.

 

Como anunció en su telegrama, el teniente Román Muñoz envió el atestado de los hechos por correo, ampliando el resultado de las investigaciones[17]:

 

Como ampliación a mi telegrama de hoy sobre incendio en la Iglesia de Santa María de esta localidad, ocurrido en la noche última, tengo el honor de participar a V. E. que poco antes de la una de la madrugada, advirtió el sereno municipal Francisco Flóres Gómez dicho incendio e inmediatamente lo comunicó a sus compañeros, dando la voz de alarma; presentándose con toda rapidez el Oficial que suscribe con la fuerza de esta residencia, autoridades locales y numeroso vecindario, principalmente de la clase obrera, que trabajó con gran decisión y sin reparar en peligros, dirigidos por el que suscribe y demás autoridades, consiguiendo que a las tres de la madrugada quedara completamente sofocado el siniestro y que éste se redujera al altar mayor, sin que sufrieran el menor daño, ni el resto de la Iglesia, ni los demás altares existentes en ella, sin desgracias ni incidentes personales.

El siniestro se inició detrás de dicho altar mayor, no advirtiéndose indicio alguno de que se haya producido con ningún líquido ni materia inflamable, como lo demuestra el hecho de que unas columnas que había en la parte anterior del altar, no han sufrido los efectos del fuego, aunque tuvieron que tirarse al suelo para evitar se propagara a ellos el incendio de la parte posterior, suponiéndose que de haberse empleado gasolina u otro combustible incendiario, dichas columnas hubieran también ardido.

Hasta la fecha, no se ha podido esclarecer si el fuego ha sido casual ó intencionado y en este caso, quien o quienes hayan podido producirlo, pues ni en las puertas del templo, ventanas, tejados ni paredes, existe señal alguna de violencia, aunque se sospecha sea intencionado, por haberse iniciado por detrás del altar mayor, donde según referencia del Cura Párroco, no había luces ni corriente eléctrica y sí solo una lamparilla de aceite delante del lado derecho del altar, que no se cree produjera el fuego, pero que de haberlo producido casualmente, hubiera prendido primero en la parte de delante del altar y no en la de detrás.

A pesar de no existir las señales de violencia aludidas, a última hora de la madrugada manifestó el Párroco D. José Rodríguez Trinidad, que una hermana suya que habita en su compañía y fué de las primeras personas que acudieron al fuego, había observado que la puerta de la sacristía que dá a unos corrales y comunica con el templo, estaba abierta cuando ella llegó, extremo éste que no se ha confirmado, pues los serenos y otros vecinos que llegaron los primeros y abrieron la puerta principal de la Iglésia, no advirtieron que estuviera abierta la de la sacristía, ni tampoco saben que dicha Señora, que fué al templo en unión de ellos, hallara abierta la puerta de referencia, la cual tiene un pequeño cerrojo que se cierra por dentro, habiéndose comprobado que si ese cerrojo hubiera estado bien echado, no es posible abrir la puerta sin violencia, cuya violencia no se advierte en lo más mínimo; y solo se explicaría que la puerta habia sido abierta por fuera, en el caso de que el cerrojo se dejara sin echar ó se hiciera deficientemente.

De madrugada y después de sofocado totalmente el fuego, se advirtió que dos cepillos limosneros del templo, cerrados con candados pequeños, estaban violentados, pareciendo que los candados se habian hecho saltar con un crucifijo de metal de uno de los altares y cuyo crucifijo estaba doblado, pero en dichos cepillos no habia cantidad alguna y se cree que fueron violentados cuando la Iglésia estaba invadida por los que acudían al siniestro.

También manifiesta dicho Párroco que no ha sido hallado el copón del altar siniestrado, que es de plata lisa valorado en unas cien pesetas aproximadamente, ignorando si con el fuego ha podido derretirse o desaparecido entre los escombros del altar, ó ha sido sustraido.

Tanto por el que suscribe, como por la fuerza a sus órdenes, de acuerdo y en cooperación con el Juzgado de Instrucción, que instruye diligencias, Alcalde y demás autoridades, se practican activas gestiones para el esclarecimiento del hecho, que apasiona los ánimos de este vecindario divididos con encono por cuestiones políticas y sociales y que mutuamente se achacan la culpabilidad de lo ocurrido, sin aportar dato ni indicio alguno conducente a su esclarecimiento; siguiéndose por toda la fuerza dichas gestiones, de cuyo resultado, caso de ser favorable, daría cuenta inmediata a su respetable autoridad; siendo el estado de ánimo del vecindario algo excitado, aunque hasta la fecha existe tranquilidad.

 

A su vez, el gobernador civil informó del siniestro al ministro de Gobernación, Amós Salvador Carreras[18]:

 

Alcalde de Hervás con esta fecha me telegrafía lo siguiente. Participo a VE según me comunica sereno municipal en la noche pasada sobre 12,30 y 1 observó incendio en Iglesia Santa María de esta Villa siendo extinguido por vecindario. Resultó quemado altar mayor y resto iglesia y altares menor daño. No hubo incidentes de ninguna clase y la tranquilidad es completa. Lo traslado VE su conocimiento y a fin de que se sirva informarme sobre el particular. Le saluda.

 

Y le envió una copia del oficio del teniente de la Guardia Civil, el 1 de abril. Victoriano Cazás Herrero, juez municipal y sustituto del juez de Primera Instancia e Instrucción del partido de Hervás durante su ausencia, pidió al alcalde socialista, el 30 de marzo, que dos agentes municipales acompañasen al sargento de la guardia civil, Ángel Vaz–Romero, «para llevar a cabo un minucioso registro en los escombros que han quedado del altar y retablo mayor siniestrados en el templo de Santa María de Aguas Vivas, a fin de hallar y ocupar el copón o restos del mismo que se guardaba en el sagrario del altar aludido». Se acababa de incoar el sumario número 43 de 1936 por incendio de la iglesia parroquial de Santa María.

Mientras el juez instructor se aplicaba en las diligencias sumariales, la maestra María Dolores Jiménez Pulido entraba en el retrete de las escuelas nacionales, hoy Hospedería «Valle del Ambroz», y se encontró con una inscripción en la pared escrita a dos manos. El primer rótulo, redactado con lápiz color grosella, decía: «Viva Acción Popular». El segundo, con lápiz color encarnado, añadía: «Y muera doña Lola que es una tía puta». Acción Popular estaba vinculada al Partido Regional Agrario, el partido de los terratenientes, la burguesía y el ejército. Tras el alzamiento militar de 1936, Acción Popular y los agrarios nutrieron las filas de Falange.

La maestra María Dolores Jiménez formaba parte del grupo pedagógico progresista inspirado en la Institución Libre de Enseñanza como instrumento de transformación educativo de la sociedad, cuya metodología no era del aprecio de la derecha católica. El jefe de orden público Marino Colmenar realizó pruebas caligráficas a «varios niños y niñas de distintas escuelas teniendo la sospecha de que pudieran ser uno de los niños de la escuela de don Emiliano Rodríguez». Las autoridades municipales y educativas encontraron similitudes con la caligrafía de Publio Vega Hernández, de doce años, y de Antonio Cano Santos, de catorce, que negaron la autoría. El niño Juan Colmenar informó al sargento Ángel Vaz que había prestado un lápiz encarnado a Publio, similar al de la inscripción. La maestra Aurelia Rodríguez, de ideología conservadora, tenía un lápiz color grosella, «que es de suponer que utilizaron los niños, sin su consentimiento, en dichas inscripciones». El consejo local escolar pidió a las autoridades municipales que abriera una investigación[19].

El sábado día 4, el alcalde accidental Luis García Holgado notificó a don Hipólito Prieto Pérez, párroco de San Juan Bautista, la circular número 1269 del gobernador civil Miguel Canales, que prohibía taxativamente celebrar las procesiones de semana santa en todos los pueblos de la provincia de Cáceres[20].

El domingo día 5 se había producido una reyerta en el exterior de la taberna de Cirilo García entre las familias Majada y Joaquín Lomo, jornalero de la UGT. Cuatro personas resultaron heridas con armas blancas. Los tres informes oficiales redactados por personas de diferentes ideologías políticas nos ofrecen su visión particular de los hechos, que expongo para que cada cual, acorde con su conciencia, o su ideología, pueda formular el veredicto de su historia. Son las miradas poliédricas del laberinto republicano hervasense.

El teniente de línea Román Muñoz Muñoz, trabajador infatigable al servicio de la república española, y no de los intereses de los partidos políticos y los sindicatos, envió un informe detallado al gobernador civil[21]:

 

Como a las 21 horas de la noche ultima, fue requerido por el Jefe de la Policia Municipal de esta Villa, el auxilio de la fuerza porque a consecuencia de una reyerta ocurrida momentos antes entre varios individuos, de la que habian resultado 6 heridos, estaban los ánimos del vecindario bastante excitados y pudieran surgir nuevas cuestiones.

Seguidamente, salió el Oficial que suscribe con el Sargento Comandante del Puesto de esta Cabecera D. Angel Vaz Romero Mateos y una pareja del mismo, que en unión del Alcalde y Agentes Municipales lograron disolver los grupos, sin que ocurrieran nuevos incidentes; y auxiliaron al Juzgado de Instrucción, que tambien se presentó prontamente, y que comenzó a instruir las correspondientes diligencias; de cuya reyerta resultaron los heridos siguientes:

Gregorio Majada Gómez, de 23 años, herida incisa en región torácica posterior derecha, penetrante en el tórax, grave.

Pedro Majada Gómez, de 19 años, hermano del anterior, herida incisa en la región escrotal izquierda, pronóstico reservado.

Joaquín Lomo Garcia, de 26 años, herida incisa en región infra–umbical, pronóstico reservado.

Julián Calzado Barbero, de 36 años, herida incisa, en región glútea derecha, leve.

Cándido Majadas Sánchez, padre de los dos primeros, erosiones y contusiones en la región torácica lateral derecha y lateral del cuello, leve.

Catalina Gómez, esposa del anterior, contusión en región torácica lateral izquierda, leve.

Las heridas de los 4 primeros todas de arma blanca, y las de los ultimos de golpes; y como los tres primeros se consideran los principales autores y culpables de lo sucedido, quedaron detenidos en sus respectivos domicilios a disposición del Sr. Juez de Instrucción.

La reyerta tuvo lugar sobre las 20,30 horas, en la calle «Relator González» de esta localidad; y de las averiguaciones practicadas por la fuerza, resulta que a dicha hora se hallaban en la taberna de Cirilo Garcia, entre otros, un grupo formado por los vecinos Joaquín Lomo García (a) Cancho, Francisco Barros Valle, Abilio Gonzalez y Cipriano Sanchez y otro grupo que formaban Cándido Majada Sanchez con dos de sus hijos llamados Gregorio y Pedro Majada Gómez; ambos grupos de distinta filiación política y con resentimientos anteriores por parte del apodado «Cancho» y la familia del Cándido Majada, derivados de sus diferencias políticas, sin que en la taberna, cuyo dueño es de filiación derechista, como así mismo el Cándido Majada e hijos, tuvieran discusión ni mediara palabra alguna, saliendo primeramente de la misma, el apodado «Cancho» con sus compañeros, haciéndolo después los dos hijos del Cándido Majada, que se encontraron próximo a la puerta de la taberna al Joaquín Lomo Garcia (a) Cancho y otro mas; y sin que haya podido aclararse de quien partió la agresión, pues los hijos del Cándido dicen que fue del apodado «Cancho» y éste asegura con sus acompañantes que la agresión partió de los anteriores, el resultado es que el Joaquín Lomo y los dos hijos de Cándido se agredieron mutuamente, resultando los tres con las heridas al principio expresadas, culpándose de ellas, los hermanos Majada, al Joaquín Lomo y éste de la que él padece, al Gregorio Majada, extremos que los tres niegan.

Inmediatamente de iniciarse la reyerta, se aglomeraron multitud de personas, principalmente de los concurrentes a otros establecimientos de bebidas próximos al lugar de la ocurrencia, que en vez de apaciguar los ánimos, los excitaban mas, guiados por rivalidades políticas, originándose una riña tumultuaria, de la que resultaron heridos el citado Cándido Majada y su esposa que acudieron en auxilio de sus hijos y además otro vecino llamado Julián Calzado Barbero, los tres con las heridas antes referidas, sin que este último tomara parte en la reyerta al principio mencionada, ni se hallar presente, sinó que acudió al advertir el tumulto y afirma que ignora quién pudo herirle, pues a poco de llegar al sitio del suceso, se dirigieron a él sus convecinos Abilio Gonzalez y Cipriano Sanchez, con otros que no recuerda quienes le dijeron «a la cárcel» y estando en discusión con ellos, fué cuando le hirieron por la espalda; negando aquellos que ellos le dijeran fuera a la carcel, ni que discutieran con él, así como que sepan quien le produjera la herida leve que padece.

En cuanto a las armas blancas con que se han producido las lesiones, no han podido ser intervenidas, pues los heridos que aparecen culpables, no tenían ninguna en su poder y niegan haber sido ellos los autores de las que sufren sus contrarios; y del oportuno reconocimiento hecho en el sitio del suceso, no hué hallada arma alguna.

El Oficial que suscribe con la fuerza a sus órdenes continua las gestiones y auxiliando al Juzgado para el total esclarecimiento de lo ocurrido.

 

El socialista Luis García Holgado, destacado por su beligerante actitud anticlerical, en su labor como alcalde por enfermedad del titular Ángel Barrios, comunicó al gobernador civil[22]:

 

Tengo el honor de comunicar a V. E. los siguientes

H E C H O S   S U C E D I D O S,

En la noche del domingo día 5 del actual se encontraba en el establecimiento de bebidas [de] Cirilo García el afiliado a la Sociedad obrera del campo UGT Joaquín Lomo Garcia y observó que entraban un padre y tres hijos llamado el padre Cándido Majadas Sanchez y los hijos Gregorio, Pedro y Victoriano Majadas Sanchez, que el primero notó que de una manera velada y cuchicheando entre ellos lo observaba por lo que temiendo por los antecedentes de los anteriores alguna agresión salió a la calle.

Seguidamente el padre y los hijos citados salieron tambien y el padre le arrancó una cayada de la mano y el hijo llamado Pedro intentó agredirlo repetidas veces lo que no pudo ser por haber hurtado el cuerpo a los golpes. Que en este revuelo dos vecinas de ésta Villa sujetaron al Joaquín y entonces el Pedro con una navaja le dió un golpe en el vientre diciendole: Toma eso, cabrón y que entonces haciendo un esfuerzo violento se deshizo de los que le sujetaban echando a correr a fin de que no, lo mataran y a buscar al Médico para que le curara puesto que se sentia herido. Este presenta una herida de pronostico reservado en el vientre.

Después que sucedió esto parece que hubo un tumulto y que cuando se deshizo resultaron heridos el hijo del Candido llamado Victoriano con una puñalada en un costado penetrante que según el forense interesa la pleura y no sabe si el pulmón. Estado grave.

Otro de los heridos tambien hijo del Candido y llamado Pedro tambien resultó con una herida en la ingle poco penetrante y tambien de navaja. Estado pronostico reservado.

En éste tumulto parece que intentó apaciguar los ánimos el empleado Municipal sepulturero de este Ayuntamiento que se encontraba en el establecimiento de bebidas y sin saber por quién resultó con una herida de navaja en la nalga derecha bastante penetrante. Pronóstico reservado.

El primer herido, o sea Joaquin Lomo, dice que le hirió el Pedro Majadas.

El Victoriano Majadas dice que le hirió el Joaquin Lomo.

El Sepulturero Municipal dice que no sabe quien le hirió y,

El Pedro Majadas dice que le hirió Pedro Rey Valle.

Esto Excmo. Señor es el relato escueto según los informes que tiene esta Alcaldía.

 

Antecedentes de éstos hechos.

Días despues de las elecciones pasada, los hermanos Majadas tuvieron una discusión y amenazaron (pues se trata de elementos de Acción Catolica y de los mas procaces del pueblo), al tal Joaquin Lomo. El establecimiento donde se originó el principio de los hechos es propiedad de Cirilo Garcia Mahillo hermano politico del coadjutor de ésta Villa don Benito Herrero Director inspirador y todo de las Juventudes Catolicas y tradicionalistas. Un hijo del citado dueño es uno de los elementos fascistas catolicos de mas consideración en éste pueblo.

En éste establecimiento hace aproximadamente un més se originó tambien por un elemento de derechas de los pagados por ésas derechas, el atentado a un agente de mi autoridad queriendo matarlo con un cuchillo, asunto en el cual intervino el Juez de Instrucción y que se ha celebrado el juicio hace unos dias habiendo sido condenado el autor de la agresión Pedro Barragán a dos años y cuatro meses.

También en éste establecimiento el pregonero de ésta Alejandro Hernandez venia dando mitines y conferencias fascistas y hablando mal de las Autoridades legalmente constituidas por lo que está suspenso de empleo y sueldo y se le sigue Expediente.

Otros muchos datos se pudieran dar de sucesos de esos y actitudes que se han tomado en muchos de estos establecimientos; desde luego es el punto de reunión de todos los elementos de derechas activos y casi todos ellos protegidos por elementos patronales y de derecha de ésta población y dónde indudablemente se traman todas las cuestiones politicas que alteran la paz de éste pueblo.

En todo este asunto interviene el Juzgado de 1ª instancia.

Esto Excmo. Señor, como a V. E. se le alcanzará no por la ya sucedido sino por lo que pueda ocurrir, puesto que los ánimos no están lo suficientemente calmados debe dar motivo de una medida de V. E. y que esta Alcaldía se atreve a porponer:

Primero: La clausura del establecimiento citado donde han emanado los hechos.

Segundo. Un intervención de agentes de su autoridad para la busca y registro de armas puesto que aunque ayer no se usaron los de fuego tenemos casi la seguridad que en poder de éstos elementos y otros parecidos las hay.

No obstante, V. E. con su mas elevado criterio resolverá.

 

Tres años después, el 30 de octubre de 1939, el alcalde de la comisión gestora del Movimiento Nacional, ofreció su relato al juez de Primera Instancia[23]:

 

Cumpliendo con lo interesado por V. E. en su atenta comunicación fecha 27 del actual, dimanante de la causa número 22 de 1936, por Atentado, tengo el honor de informarle que Pedro Sánchez Barragan, de esta naturaleza y vecindad casado y mayor de edad, ha observado buena conducta político–social, habiendo sido contrario a las ideas marxistas y no habiendo estado afiliado a ninguna sociedad dependiente de la extinguida Casa del pueblo, por cuya causa fué perseguido.

En cuanto a la naturaleza y circunstancia de los hechos que dieron origen a la causa que se siguió a referido Pedro Sánchez Barragan en ese Juzgado con el número 22 de 1936, de las averiguaciones practicadas resulta: Que el 23 de Febrero de 1936 se encontraba [el] citado Pedro Sánchez Barragan en unión de Cecilio Amador, Parson Sánchez y Miguel Yuste, todos los cuales habian votado en las elecciones del 16 de Febrero de 1936 la candidatura de derechas, y habian defendido este ideal en el Establecimiento de bebidas de Cirilo García Mahillo, también de filiación derechista, presentándose en referido establecimiento Santiago Aceras y Patricio Ferreira, ambos destacados elementos izquierdista de esta villa, pues el primero de estos dos se encuentra cumpliendo condena de treinta años impuesta por el Tribunal Militar por tratar de resistir a las fuerzas que declararon en esta villa el Estado de Guerra el 21 de Julio de 1936, y el segundo fue designado Concejal del funesto Frente Popular con fecha 29 del mismo mes de Febrero por su destacado izquierdismo; que al poco tiempo de estar en el extablecimiento el Santiago Aceras provocó a los cuatro relacionados al principio por el motivo de ser derechistas, lo cual dió origen a que el Pedro Sánchez Barragan le contestara tratando de defenderse, entrando en aquel momento un Guardia Municipal y el Jefe de Municipales, llamado Marino Colmenar, significado elemento extremista (que se encuentra en situación de desaparecido[24]) y amenazando el Guardia Municipal con una carabina y el Marino con una pistola al Pedro Sánchez Barragan, lo trataron de detener, siguiéndose el procedimiento por atentado. Que el referido Santiago Aceras en expresado sumario fué también procesado por el mismo hecho pero en el acto del juicio fue absuelto, y en cambio el Pedro Sánchez Barragan fué condenado.

Por Dios, España y su Revolución Nacional-Sindicalista.

 

El día 17 de abril, Félix García Matos y Luis García Serrano, representantes de los centros de Juventud masculina de Acción Católica de la diócesis de Plasencia, comunicaron al gobernador civil su malestar por la actitud persecutoria de las autoridades republicanas con los centros católicos, con una leve glosa sobre el incendio de la iglesia parroquial[25]:

 

[…] Desde que allí se fundó la Juventud Católica, cuenta con la antipatía natural de los que equivocadamente juzgan que la Acción Católica se mezcla en la política de los partidos, sin atender a que ella tiene solo como fín el formar corazones y ganarlos nada más que para Cristo. Los beneficios que redundan a la sociedad y a los individuos de esta reevangelización que pretendemos, no es necesario que se los encarezcamos a V. E.

Con estos antecedentes, nada tiene de particular que en cuanto ha habido ocasión, se hayan manifestado los elementos adversos con actos que bien se pueden calificar de persecutorios.

Primeramente y por mandato del Sr. Alcalde y con el pretexto de ciertos infundios, se les hizo un registro en el Centro social con resultados totalmente negativos y favorables al buen concepto de aquella J. C., lo cual no impidió que fuese clausurado, paralizando así toda actuación de nuestros jóvenes en su vida cultural y formativa, que era lo que se pretendía. Más no contentos con esto se les hace objeto constante de mofa y hostilidad hasta llegar a la agresión. El Domingo dia 5 del presente més han resultado heridos dos jóvenes de A. C. y maltratada la madre [de] ellos en una reyerta provocada por sus adversarios. Todo esto se realiza con la mayor impunidad y complacencia de las autoridades locales, no dudando en denunciar ante V. E. al jefe de los municipales del pueblo como uno de los instigadores; y también que mucha culpa de la subversión de los animos la tiene un grupo de individuos de Bejar que bajan todos los Domingos de propaganda. Coincidiendo con la presencia de estos, se realizó el intento de quemar el dia 29 pasado una Iglesia en donde no ardio mas que el retablo y el altar mayor por que acudió prontamente el vecindario.

Delata todo esto, señor, una situación peligrosa que solo la imposición de la autoridad de V. E. y vuestra certera intervención pacificadora, puede resolver con bién para todos.

Nosotros rogamos a V. E. que restablezca la Justicia devolviendo a aquella Juventud Católica su libertad de actuación dentro de las leyes, con la apertura del Centro y el permiso para seguir desenvolviendo su labor, probadamente cultural y benéfica y sin contacto alguno con la política. El acta que levantaron con motivo de la clausura, és elocuente en este punto.

Rogamos encarecidamente a V. E. que haga sentir su influencia para contener desmanes y encauzar la actuación de las autoridades a fin de que no se produzcan confusiones ni nuevos hechos como los que denunciamos.

 

En la biblioteca de la Casa del Pueblo había dos ejemplares del libro Incendios de conventos. Posiblemente se refería al volumen Incendios de conventos en España y supresión de misiones y colegios españoles en Ultramar, de Luis G. Alonso Getino, Madrid 1932. Casi todos los ejemplares procedían de la biblioteca particular que Luis García Holgado donó a la Casa del Pueblo antes de su traslado a Cáceres, destinado como jefe de correos[26].

Entre tanto, la comisión provincial arbitral de la revisión de despidos por represalias políticas, en virtud del decreto del Ministerio de Trabajo, Sanidad y Previsión de 29 de febrero de 1936, instó a la readmisión e indemnización laboral de los treinta y cuatro obreros del sindicato de la industria textil y las ocho obreras de la sociedad La Aurora del Progreso, que habían sido despedidos de la fábrica de tejidos del ex concejal agrario don Vicente Cid Gómez–Rodulfo Sánchez–Matas, por su participación en la huelga revolucionaria de octubre de 1934. De la fábrica del mueble del ex concejal Matías Álvarez Benavides habían despedido a ocho obreros, y de la de Vicente Castellano Sánchez, presidente del partido radical, a cuatro. El artículo 91 de la ley de contrato de trabajo consideraba que el abandono del puesto de trabajo con motivo de huelga no rompía el vínculo jurídico laboral. Por consiguiente, los empresarios estaban obligados a la readmisión de los trabajadores.

Ante las reticencias del fabricante del textil, el sábado día 17 de abril Ángel Barrios dictó una orden de registro en la casa del industrial, en la Avenida de la República, hoy, Paseo de la Estación. El sargento Ángel Vaz–Romero y el guardia civil Dionisio Encinas Carrasco, en presencia de los testigos Marino Colmenar Castellano, jefe de policía, y Miguel Gómez Rodríguez, registraron la vivienda y el vehículo, «por si en él se encontraran armas o documentos fascistas». Su padre, Eduardo Cid Sánchez-Matas, propietario del inmueble, no opuso resistencia. También cachearon a la servidumbre. El registro duró treinta minutos, sin resultados satisfactorios, según informó el teniente Román Muñoz Muñoz. Ángel Barrios comunicó al gobernador civil que había ordenado la detención de «Vicente Cid de filiacion fascista por negarse a dejar cachear ni registrar su automóvil por los citados agentes». El industrial ingresó en la prisión del partido por desobediencia a los agentes municipales, sumario número 54 de 1936[27]. Ángel Matas, jefe de prisión, filtró al alcalde que la autoridad judicial tenía previsto liberar al reo porque no había cargos en su contra. Ángel Barrios comunicó al gobernador civil las circunstancias que habían concurrido en su detención, la gravedad de sus manifestaciones y «la resistencia al cumplimiento de toda orden o disposición gubernativa». Se refería a la no readmisión de los obreros despedidos de su fábrica. El juez de Instrucción ordenó la liberación del empresario, el día 20, a las 20,30 horas[28]. Ángel Barrios expresó su malestar porque en años anteriores, por circunstancias parecidas, se encerraba a una persona por tiempo indefinido. La coalición republicana del FP quedó desacreditada ante los obreros. Al día siguiente, las minorías de Izquierda Republicana y socialista presentaron la dimisión al gobernador civil, que no admitió porque estaban en periodo electoral. Las elecciones municipales habían sido convocadas para el día 12 de abril, pero fueron suspendidas por la conflictividad social[29].

Por otra parte, los sindicatos obreros de la Casa del Pueblo habían reivindicado, sin éxito, la entrega de tierras a las comunidades campesinas y la devolución de las fincas a los arrendatarios desahuciados por los patronos. Ante la pasividad del gobierno central entró en liza el Sindicato Único de Oficios Varios, órgano de la CNT, el 21 de abril. En la comisión organizadora estaban Saturio Mártil, Carlos Sánchez, Heliodoro Sánchez, secretario, Plácido Neila Castaño y Ladislao García. Otros militantes eran Constantino Neila Bueso[30], Clemente Simón Mansilla, Víctor Téllez Lices, Joaquín y Enrique Lomo García[31]. Pedro Morante asumió la presidencia. Algunos afiliados eran obreros desencantados de política cicatera de la UGT, como Ladislao García, presidente del sindicato agrario en 1932[32]. La CNT contaba con 89 afilados en junio. Trasladó la sede a la calle Abajo número 12[33].

La CNT, un proyecto ideológico que estaba próximo al comunismo libertario, entró en pugna con la Casa del Pueblo por el control del movimiento obrero[34]. La crisis del proletariado, acentuada por el desempleo forzoso y la falta de tierras de cultivo, aceleró la petición de la reforma agraria. El jefe del Servicio Técnico de Reforma Agraria no había acudido al socorro del campesino, que había solicitado en reiteradas ocasiones revisar las praderas susceptibles de roturación y de asentamientos. Eduardo Silva Gregorio había transformado en prados sus huertas de regadío y había dejado otras tierras en barbecho para lesionar el trabajo bracero en sus fincas[35]. Tampoco pudo remediar el paro obrero el ayuntamiento del FP. Los fondos de la décima, que cotizaban forzosamente los industriales para ayudar a paliar el paro, eran muy escasos y el temporal de lluvias puso la guinda al campo. Un intento de ocupación de fincas rústicas había sido abortado en Granadilla, en diciembre de 1933. En 1935 la dirección de Montes estudiaba la ordenación del monte número seis del castañar gallego, el tercero en riqueza de España, para remediar el paro obrero. El campesino del Ambroz entró en acción. Treinta y dos yunteros de Valdelamatanza roturaron la finca La Mina, en Baños de Montemayor, propiedad de Eduardo Silva, el 20 de abril. Otros campesinos de Baños de Montemayor intimidaron con roturar La Barranca, pero gobierno civil ordenó el desalojo. Cuatro días después, cuarenta y siete campesinos roturaron con yuntas y herramientas de labor la finca La Auditoria, de Víctor Comendador Masides, en Aldeanueva del Camino, pero fueron desalojados por la guardia civil[36]. En junio, la CNT exigió al ayuntamiento del FP que ejecutase la ley de laboreo de fincas urbanas y declarase «de utilidad social» las fincas Los Barreños y el Lomo, de Eduardo Silva y otros propietarios de derechas administradas por los medieros[37]. Ante la impotencia por no poder solventar los problemas laborales del campesinado, la coalición del FP presentó de nuevo su dimisión, el 2 de mayo, pero tampoco fue aceptada.

Entre tanto, el día 21 de abril, el maestro Emiliano Rodríguez solicitó al ayuntamiento del FP la apertura del mingitorio de las niñas porque estaba fuera de la investigación judicial. Gloria Pérez, presidenta accidental de Juventud Católica femenina, y Conrado Hernández, presidente de la sección masculina, solicitaron la reapertura de la Escuela Dominical, el día 17 de junio. El alcalde accidental Anastasio Martín Marín respondió, dos días después, que el centro había sido clausurado «como medida de precaución para evitar choques y desmanes públicos», las circunstancias políticas que determinaron su cierre no habían desaparecido, y les remitió al gobernador civil[38].

En la manifestación del primero de mayo, las fuerzas de asalto incautaron una pistola vieja y descargada a Emigdio Regidor Belloso, de Baños de Montemayor. El alcalde de Baños de Montemayor, Gonzalo Gómez, pidió al homónimo de Hervás que intercediera ante el juez de instrucción para que lo pusiese en libertad[39]. En la otra orilla, el policía municipal Alejandro Hernández Sánchez fue expedientado por apología del fascismo y desacato al jefe municipal; el agente Víctor García Sánchez fue enjuiciado por desobediencia al alcalde republicano; y Antonio Castellano, José Campos y Domingo Acera, por alteraciones del orden público y alardes fascistas en el salón de bailes del café Artesanos, sito en la calle Braulio Navas.

El ayuntamiento del FP había reactivado el proyecto de construcción del centro escolar, la colonia y la escuela de párvulos en los meses de marzo y abril[40]. Por otra parte, el inspector provincial de Primera Enseñanza y el alcalde Ángel Barrios abordaron el tema de la escuela laica y la supresión de la enseñanza católica en el colegio de la orden religiosa. El ayuntamiento republicano financió la creación de dos escuelas de párvulos para acoger a los niños de la escuela de las monjas josefinas trinitarias, que entrarían en funcionamiento en 1937. El Estado republicano subvencionó la construcción de las escuelas nacionales con 204.000 pesetas, publicado en La Gaceta de Madrid de junio de 1936.

El día 18 de julio, mientras las tropas golpistas del general Yagüe enfilaban hacia Sevilla, el ayuntamiento del FP transfirió a Diputación de Cáceres el proyecto de la colonia escolar. Como no disponía de recursos económicos, la corporación municipal cedió el solar de los Campillares[41]. Este fue el último acuerdo del ayuntamiento republicano.

 

REAPERTURA DEL SUMARIO NÚMERO 43 DE 1936

José Puente Ruiz, teniente coronel del Batallón de Ametralladoras número 7 de Plasencia, declaró el estado de guerra en la ciudad del Jerte el 19 de julio. En Hervás, los republicanos trataron de defender con escaso armamento la legitimidad de la República. Ángel Pérez Neila me ofreció su versión de los hechos, mientras se efectuaba el escrutinio de las elecciones municipales de 1983, en el colegio Santísimo Cristo de la Salud[42]:

 

Los primeros momentos de la guerra no eran muy tranquilizadores, según los partes y noticias que por la radio facilitaba el gobierno. Los altos cargos de organizaciones, sindicatos, ayuntamientos y Guardia Civil se reúnen el 19 de julio por la noche y ordenan que se haga una severa vigilancia por la población y las carreteras. No hay órdenes de arresto. El pueblo está tranquilo. Llegan noticias de que el cuartel de Plasencia se ha sublevado y ha cubierto sus objetivos, como el de Béjar. Ciertos dirigentes, con el teniente de la Guardia Civil, hacen gestiones para conseguir armamento en Plasencia, pero no se lo dan. Nos limitamos a esperar, hasta que llegaron las fuerzas sublevadas de Plasencia y nos rendimos.

 

Las tropas nacionales, comandadas por el capitán de infantería de las fuerzas sublevadas y el sargento de la Guardia Civil, Ángel Vaz–Romero Mateos, proclamaron en la Plaza de Abasto «el nuevo Estado español», el día 21 de julio[43]. El teniente Román Muñoz Muñoz desapareció de escena. Las tropas de ocupación destituyeron al ayuntamiento del FP y nombraron alcalde presidente a Eduardo Cortés Amores, a las 19 horas, «en pro de los anhelos de España sobre redención de los humildes, respeto a los inalienables derechos individuales». Ese mismo día ingresaron en la prisión del partido, Marino Colmenar, jefe de policía, Miguel Ibero, presidente de la Casa del Pueblo, Marcos Castellano Ciprián, presidente del sindicato obreros panaderos de la CNT, Benito Bastos, Guillermo Herrero Herrero, Julián Hernández y Gregorio Gómez Hernández. Antonio López Valle, tesorero de la CNT, se había dado a la fuga. La Junta Auxiliar del Gobierno Civil se estableció en la Escuela Dominical. Militantes de Juventud masculina de Acción Católica se enrolaron voluntarios el 19 de julio en la 1ª Centuria de la 1ª Bandera de la Falange de Castilla. Hubo siete fallecidos, según confesó el sacerdote Benito Herrero[44].

El día 9 de agosto, el teniente Salvador Solórzano, de la comandancia de Casar de Palomero, jefe de las fuerzas nacionales concentradas en Hervás, puso a disposición del juez de Instrucción del partido de Hervás a Jesús Sánchez Ibáñez alias el Artillero, Felipe García Sánchez, Plácido Neila Castaño, Marcelino Málaga Ordoñez, Esteban Sánchez Trinidad, Tomás Ordoñez Hinjos alias Chinin, Marciano García Sánchez y Valeriano Téllez Lices, como «autores y cómplices del incendio intencionado ocurrido en la Iglesia Parroquial de este pueblo en la noche del 30 al 31 de marzo» de 1936[45]. Pelayo González Sánchez, comandante de la Guardia Civil de Aldeanueva del Camino, cuya fuerza había sido concentrada en Hervás, entregó al secretario judicial un atestado con los nombres de los ocho participantes en el incendio, que habían ingresado en la perrera[46]. Todavía no habían detenido a Máximo Hernández Gil.

Los agentes municipales Pablo Gil y Cipriano Hernández –presidente del sindicato campesino El Porvenir del Obrero en 1922–, a petición del juez de Instrucción, practicaron un reconocimiento exhaustivo en el tejado de la escuela nacional de niños, en la calle Braulio Navas, el día 14. Buscaban «una palmatoria de metal dorada corriente, tamaño pequeño, con un cabo de vela», que habían sustraído de la iglesia parroquial la noche del incendio. Las pesquisas resultaron infructuosas[47]. Un informe intituló el sumario: «Incendio»; otro: «Contra el libre ejercicio del culto y otros».

El juez instructor del Batallón de Ametralladoras número 2 de Plasencia solicitó al alcalde de la comisión gestora municipal informes de la conducta moral, pública y privada de Esteban Sánchez Trinidad, de Ciudad Rodrigo (Salamanca), 33 años, padre de tres hijos, alpargatero; y los hermanos Felipe y Marciano García Sánchez, de Portaje (Cáceres), de 28 y 23 años, alpargateros.

El juez interino Victoriano Cazás Herrero requirió al alcalde que le informara de la conducta de Marcelino Málaga Ordóñez, soltero, 19 años; Tomás Ordóñez Hinjos, soltero, 33 años; Jesús Sánchez Ibáñez, soltero, 21 años; Plácido Neila Castaño, soltero, 20 años; Valeriano Téllez Lices, soltero, 25 años; y Máximo Hernández Gil, soltero, 28 años, naturales y vecinos de Hervás.

El teniente Salvador Solórzano había detenido a Jesús Sánchez Ibáñez alias el Artillero, Félix Sánchez García alias Viena y Serapio Valle Castellano alias Cachena, el día 8 de agosto, incriminados en el robo de dinamita, detonadores, pólvora y cartuchos de caza en la casa de Jaime Martín Herrero, sumario número 80 de 1936. A petición del comandante militar juez instructor de Plasencia, la alcaldía remitió nuevos informes de la conducta moral y la filiación política de Jesús Sánchez Ibáñez alias Franklin Lincon, Félix Sánchez García y Serapio Valle Castellano, ebanista, el 8 de septiembre[48]:

 

[…] Que Jesús Sánchez Ibañes (a) Artillero; Felix Sánchez Garcia (a) Viena, y Serapio Valle Castellano, constantemente han observado mala conducta por todos conceptos, por sus ideas extremistas, disolventes y peligrosas, reuniéndose siempre con las peores compañías.

El Jesús Sánchez está procesado tambien como uno de los autores del incendio ocurrido en la Iglesia de Santa Maria de esta villa en 30 de Marzo último. Por otra parte este individuo después de proclamado el Estado de Guerra en esta localidad, huyó al campo, donde fué detenido.

La filiación politica de los tres, es la de dirigentes de las juventudes socialistas, o mejor dicho comunistas[49] […]

Todos los dias que mediaron desde que se inició el movimiento patriotico militar hasta que se declaró en esta el Estado de Guerra, se vió a los tres individuos en actitud provocativa y capitaneando grupos de ideas extremistas.

 

Condenados por consejo de guerra a la pena capital, Jesús y Serapio fueron ejecutados en el campo de tiro de Plasencia, el 12 de diciembre de 1936. También Félix Sánchez García, pero desconozco la fecha[50].

Paralelamente se produjeron terribles paseos a manos de grupos falangistas armados de los pueblos vecinos. En el paseo del día 12 de septiembre perdieron vilmente la vida en Puerto de Béjar: José Álvarez Martín, militante de la Casa del Pueblo, y Porfirio Neila Bueso, militante de El Porvenir del Obrero y miembro de la policía rural. El día 13 fueron paseados en el mismo lugar: Marino Colmenar[51], vicepresidente del PSOE y vicepresidente de la Casa del Pueblo; Antonio Gallardo Matas, secretario del PSOE y de la Casa del Pueblo; Miguel Ibero Alonso, concejal del PSOE y presidente de la Casa del Pueblo; y Bernabé Majadas Sánchez, vocal de la Casa Pueblo. Todos tenían en común su vinculación con la Casa del Pueblo. También fueron víctimas del paseo abyecto: Germán Fernández alias Cinalobas (26 de julio), Nicomedes Blanco Valle, concejal socialista (5 de agosto), Valeriano Moreno López (20 de agosto), Pedro Rey Valle (31 de agosto), Pablo Hernández Neila (agosto?), Germán Fernández Peña (1 de septiembre) y Luis García Holgado, presidente del PSOE y vocal de la Casa del Pueblo (21 de septiembre)[52].

La corporación nacional reactivó el proyecto de construcción de la colonia escolar, en enero de 1937. Benedicto Hernández refrendó la venta del solar en las mismas condiciones económicas. El catolicismo retornó a las escuelas públicas como religión oficial y el crucifijo fue repuesto en las aulas, el 1 de septiembre de 1936[53]. El día 16 de octubre, el comité gestor del bando nacional otorgó cinco mil pesetas a la iglesia parroquial para reconstruir el retablo del altar mayor siniestrado, como «protesta contra el sacrilegio y vandálico atentado que se cometió en dicha parroquia por las hordas marxistas y encarna el criterio hidalgo del nuevo Estado acudiendo solícito a todo lo que represente tradición y catolicismo»[54]. El alcalde Eduardo Cortés Amores entregó los fondos al obispo de Plasencia, depositados en la Caja de Ahorros, en diciembre de 1937, pero sólo podía manejarlos el vicario. El deseo de la comisión gestora no era otro que «contribuir a que desapareciera la huella marxista de nuestra querida parroquia»[55].

El día 11 de mayo de 1938 el presidente de la Audiencia Provincial de Cáceres reclamó a Victoriano Cazás, juez interino, el traslado a la cárcel de Cáceres de los presos Esteban Sánchez Trinidad, Tomás Ordóñez Iglesias, Valeriano Téllez Lices y Máximo Hernández Gil, encartados en la causa número 43 de 1936 por incendio. El carcelero Ángel Matas entregó los presos a la comandancia de la Guardia Civil, el día 20. El jefe de prisiones de Plasencia, Atilano Gil, hizo lo propio con Plácido Neila Castaño, pero no con Marcelino Málaga Ordóñez, que había sido destinado a la prisión central de Cuéllar, el día 16, con otros cuarenta y seis detenidos, entre ellos, los hervasenses Urbano Santos Díaz, Alejandro García Zúñiga, Francisco Ciprián Sánchez y Ángel Pérez Neila, condenados por consejo de guerra. El recluso Marcelino Málaga Ordóñez fue enviado a la prisión provincial de Cáceres, el día 25 de mayo. El transporte del preso se efectuó «por ferrocarril con arreglo a las condiciones del contrato entre el Estado y las compañías ferroviarias», como era habitual en estos casos. Se había fijado el juicio oral en la Audiencia Provincial de Cáceres, el 7 de junio[56]. Marciano García Sánchez se hallaba en libertad provisional. Prestaba sus servicios como soldado en el ejército en el Regimiento de Infantería Argel número 27, 7º Batallón, 3ª Compañía, Estafeta de Compañía número 41[57].

En diciembre, la Audiencia Provincial de Cáceres separó del cuerpo al juez municipal Victoriano Cazás Herrero. Había sido secretario del partido radical de Lerroux en 1933 y concejal interino por designación directa del gobernador civil en 1934, presentó su dimisión el 27 de diciembre para incorporarse al cargo de juez municipal el 1 de enero de 1935[58]. Eduardo Martín, juez interino tras la destitución de Victoriano Cazás, solicitó al alcalde, el 23 de mayo de 1939, una terna de personas identificadas con la política de la nueva España, para desempeñar los oficios de juez municipal y juez municipal suplente, «cuidando muy mucho de que ninguna de ellas haya pertenecido a ningún partido de los que integraban el maldito Frente Popular ni que hubieran tenido concomitancias con los mismos». El juez interino requirió otra terna de hombres leales con el nuevo régimen para elegir a los fiscales municipal y suplente con las mismas condiciones ideológicas que el anterior. Fue designado juez propietario Plácido Lanzos Herrero, miembro de la gestora municipal y alcalde radical en 1934, y jueces suplentes Eduardo Martín Sánchez, que ejercía como juez interino, y José Barbero Neila. Jaime Martín Herrero fue nominado fiscal propietario, y Ramón Sánchez Vicente y Eugenio Rubio Herrero, fiscales suplentes. Finalmente Jaime Martín Herrero desempeñó el cargo de juez interino[59].

La Audiencia Provincial de Cáceres dictó sentencia el día 30 de marzo, declarada firme por auto de 10 de abril de 1939[60]. El juez interino Jaime Martín envió al alcalde un traslado del expediente de ejecución de la sentencia, efectuada por Nicomedes González Cañardo, secretario judicial, el día 8 de septiembre, para que lo archivase en la alcaldía. Esta fue la letra oficial de la sentencia[61]:

 

Don Nicomedes González Cañardo, Abogado, Secretario Judicial del Juzgado de Instrucción de esta Villa y su Partido.

Doy fe: Que en la causa seguida en este Juzgado con el nº 43 de 1936, por incendio, contra Placido Neila Castaño, natural y vecino de Hervás, hijo de Teodoro y de Juana, de veintidós años de edad, de estado soltero, de oficio jornalero, con instrucción, sin antecedentes penales de mala conducta; Marcelino Málaga Ordóñez, natural y vecino de Hervás, hijo de Cipriano y de Florentina, de veintiún años de edad, soltero, alpargatero, con instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; Esteban Sánchez Trinidad, natural de Ciudad Rodrigo y vecino de Hervás, hijo de Antonio y Manuela, de treinta y cinco años de edad, casado, alpargatero, con instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; Tomás Ordóñez Iglesias, natural y vecino de Hervás, hijo de Rosario y Petra, de treinta y cinco años de edad, soltero, jornalero sin instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; Valeriano Téllez Lices, natural y vecino de Hervás, hijo de Delfín y Rosario, de veintisiete años de edad, soltero, jornalero sin instrucción con antecedentes penales de mala conducta; y Máximo Hernández Gil, natural y vecino de Hervás, hijo de Vicente y Primitiva, de treinta años de edad, soltero, jornalero sin instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; la Audiencia Provincial de Cáceres dictó sentencia con fecha 30 de marzo último, declarada firme por auto de 10 de abril siguiente condenando a Placido Neila Castaño como autor de un delito de robo a la pena de cuatro años, dos meses y un día de presidio menor, accesorias de suspensión de todo cargo ó profesión oficio y derecho de sufragio durante el tiempo de la condena y como autor también de un delito de incendio a la pena de diez y seis años, ocho meses y un día de reclusión menor, accesorias de inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena; a los procesados Marcelino Málaga Ordóñez y Esteban Sánchez Trinidad como autores de un delito de robo a la pena cada uno de ellos de cuatro años, dos meses y un día de presidio menor y como autores también de un delito de incendio a cada uno de ellos la pena de diez y seis años, ocho meses y un día de reclusión menor y las mismas accesorias que al anterior; al también procesado Tomás Ordóñez como autor de un delito de robo a la pena de cuatro años, dos meses y un día de presidio menor accesorias de suspensión de todo cargo, profesión, oficio y derecho de sufragio durante el tiempo de la condena y como autor de un delito de escarnio a la Religión, a la de cuatro meses de arresto mayor accesorias de suspensión de todo cargo y del derecho de sufragio durante el tiempo de la condena y multa de quinientas pesetas que hará efectivas a los quince días de ser firme esta sentencia, sufriendo de no hacerlo así treinta días de arresto subsidiario al procesado Valeriano Téllez Lices como autor de un delito de robo a la pena de seis años de presidio menor; accesorias de suspensión de todo cargo, profesión, oficio y derecho de sufragio durante en tiempo de la condena al procesado Máximo Hernández Gil como encubridor de un delito de robo a la pena de doscientas cincuenta pesetas de multa que hará efectivas a los quince días de la firmeza de esta sentencia, sufriendo de no hacerlo así diez y seis días de arresto subsidiario y como autor de un delito de escarnio a la religión a la pena de cuatro meses mayor accesorias de suspensión de todo cargo y del derecho del sufragio durante el tiempo de la condena y quinientas pesetas de multa que hará efectivas a los quince días de ser firme esta sentencia sufriéndola de no hacerlo así treinta días de arresto subsidiario; a que indemnicen al representante de la Iglesia Parroquial en cinco pesetas los procesados Tomás Ordóñez, Valeriano Téllez y Máximo Hernández, a los procesados Marcelino Málaga, Placido Neila y Esteban Sánchez a la misma representación de la Iglesia, en la cantidad de cien mil pesetas y a todos los procesados al pago cada uno de ellos de la novena parte de las costas procesales, declarando de oficio el resto de los mismos.

Y para que conste cumpliendo lo mandado expido el presente que firmo en Hervás a ocho de Septiembre de mil novecientos treinta y nueve. Año de la Victoria.

 

El auto judicial señaló cuatro tipificaciones de delito. Incendio: Plácido Neila, Marcelino Málaga y Esteban Sánchez. Robo (no especifica si se trataba del cáliz, del dinero de los limosneros, o de ambas cosas): Plácido Neila, Marcelino Málaga, Esteban Sánchez, Tomás Ordóñez y Valeriano Téllez. Escarnio a la religión (beber vino en el cáliz en la taberna del tío Castilla): Tomás Ordóñez y Máximo Hernández. Y encubrimiento de robo: Máximo Hernández. En el expediente figuraban seis procesados: Placido Neila Castaño, Marcelino Málaga Ordóñez, Esteban Sánchez Trinidad, Tomás Ordóñez Iglesias, Valeriano Téllez Lices y Máximo Hernández Gil.

Faltaban tres personas. Jesús Sánchez Ibáñez el Artillero había sido fusilado. Marciano García Sánchez se encontraba combatiendo en las filas del ejército nacional. Entró en prisión poco después. A primeros de julio de 1943, el director de la prisión central de Burgos solicitó informes para otorgarle la libertad condicional, pero el alcalde Manuel Álvarez Pérez dictaminó «que, a juicio de esta Alcaldía no deben serle concedidos al mismo, los beneficios de libertad condicional, en atención a los desfavorables antecedentes político-sociales que tiene»[62]. Felipe García Sánchez alias Maquinista, presidente de Juventudes Socialistas[63], había sido fusilado en Plasencia por consejo de guerra[64].

En este punto de la historia, es menester recurrir al texto de F. Moriche Mateos porque ha recabado testimonios orales de testigos de oídas, -que no identifica-, los cuales mantuvieron conversaciones con Marcelino Málaga Ordóñez y tío Castilla, así como «la confesión supuestamente realizada por el vecino Tomás Chinín antes de morir». Son testimonios orales imprescindibles para abordar la ardua y compleja labor de exégesis del problema histórico, del laberinto republicano hervasense, que no siempre coinciden con las fuentes documentales de archivos y la sentencia pronunciada por la Audiencia Provincial, controlada, dicho sea de paso, por las fuerzas nacionales de ocupación.

A Máximo Hernández Gil, según F. Moriche Mateos[65], «el Juzgado de Instrucción de Hervás lo condenó por los delitos de “robo, incendio y escarnio a la religión”. Fue uno de los cuatro acusados de quemar la Iglesia de Santa María y hacer desaparecer el sagrario». La Audiencia Provincial de Cáceres lo condenó por los delitos de escarnio y encubrimiento de robo, pero no lo involucró en el incendio. No era el sagrario lo que había desaparecido de la iglesia parroquial, como aventuraron V. Ginarte González[66] y F. Moriche Mateos[67], sino el cáliz. Máximo Hernández Gil ingresó en prisión el 30 de mayo de 1938 y fue liberado el 30 de marzo de 1939[68].

De Tomás Ordóñez alias Chinín, F. Moriche Materos[69] notificó que «fue acusado de la quema de la iglesia. Confesó, tras ser brutalmente agredido, que lo habían hecho él mismo y otros tres hervasenses: Canore, Artillero y Tatito». Sin embargo, la Audiencia Provincial de Cáceres incriminó como autores del incendio a Plácido Neila, Esteban Sánchez y Marcelino Málaga. El Artillero no fue juzgado. Tomás Ordóñez fue acusado de robo y de escarnio, pero no de incendio.

Marcelino Málaga Ordóñez y Gonzalo Blázquez Hernández tenían pendiente un juicio verbal de faltas en mayo de 1936. El juzgado de Instrucción solicitó un certificado de sus bienes, el 23 de mayo, que resultó negativa. Marcelino Málaga Ordóñez cumplió condena en las penitenciarías de Cáceres y de Cuéllar por diversos delitos. Le denegaron la libertad condicional en febrero de 1947[70].

Valeriano Téllez Lices fue incriminado únicamente como autor del delito de robo. Tenía antecedentes de mala conducta. Valeriano Téllez, Tomás Ordóñez y Máximo Hernández habían cumplido cinco días de arresto menor en la prisión preventiva del partido judicial, el día 26 de mayo de 1931, «en juicio verbal de faltas por falta de respeto y desobediencia leve al señor alcalde» Ángel Barrios[71]. Y en 1932, Valeriano Téllez Lices había sido procesado por hurto por la Audiencia Provincial de Cáceres, condenado a dos años de presidio mayor, cuatro meses y un día[72].

La narrativa de F. Moriche Mateos coincide con el auto jurídico a la hora de señalar que a Plácido Neila Castaño «la Audiencia de Cáceres le condenó, el 27 de mayo de 1939, por los delitos de incendio (16 años de prisión) y robo (4 años de prisión)». Pero hay una ligera disonancia en la fecha. La sentencia fue dictada en firme por auto de 10 de abril. Quizá, el 27 de mayo, Plácido Neila Castaño recibió la notificación de la sentencia del juzgado. El reo cumplía condena en la cárcel vieja de Cáceres en marzo de 1940[73].

 

RECAPITULACIÓN

El incendio provocado del altar mayor de la iglesia parroquial de Santa María durante el gobierno municipal de la coalición de las minorías republicanas del FP, en el que participaron nueve personas de ideologías de izquierdas, se desarrolló dentro de la campaña de persecución por el laicismo anticlerical beligerante local contra las instituciones y los centros sociales de la iglesia católica (Círculo Tradicionalista, Acción Católica y Escuela Dominical), y la resistencia del catolicismo conservador a la pérdida de sus privilegios ancestrales que identificaba al Estado con la Iglesia Católica.

Apéndice fotográfico

Fot 1. Retablo y altar de la iglesia de Santa María de Aguas Vivas, Hervás (Cáceres)

Fot 2. Fé del Secretario Judicial del Juzgado de Instrucción de Hervás (Cáceres)

 

Bibliografía

[1] Mi agradecimiento a Sebastián Caballero González, archivero municipal, al ayuntamiento de Hervás, por sus sugerencias.

[2] «Para gloria del municipio», Ferias y Fiestas de Hervás [=FFH] 1951, pp. 64–65.

[3] Hervás: su historia, su tierra, su gente, Madrid 1991, p. 51.

[4] Represión, silencio y olvido. Memoria Histórica de Hervás y el Alto Ambroz, Badajoz 2008, pp. 64–65.

[5] Archivo Municipal de Hervás [=AMH], leg. [=legajo] 50, carp. [=carpeta] 2, 16 febrero 1936.

[6] AMH, leg. 50, carp. 2.

[7] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 16v, 28, 40, 53v y 56v.

[8] Véanse mis ensayos «La iglesia católica en Hervás durante el bienio republicano–socialista, 1931–1933», XLI Coloquios Históricos de Extremadura, Badajoz 2013, pp. 431–452; y «La educación en Hervás (Cáceres) durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República», XLIII Coloquios Históricos de Extremadura, Badajoz 2015, pp. 369-393.

[9] Las cartas en AMH, leg. 50, carp. 2; transcribo los errores ortográficos de los autores.

[10] AMH, leg. 50, carp. 2, 15 marzo 1936; y leg. 629, carp. 2.

[11] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 22v–23 y 37v; y leg. 54, carp. 4.

[12] AMH, leg. 50, carp. 2, 17 marzo 1936.

[13] Archivo Histórico Provincial de Cáceres [=AHPCC], Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936»; y AMH, C. L. 37 «Actas municipales 1936», fol. 29v.

[14] AMH, «Actas municipales 1936», fol. 29v.

[15] «50 años al servicio de su pueblo», FFH, 1976, pp. 23–27.

[16] AMH, leg. 621, carp. 8.

[17] Los telegramas y atestado en AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[18] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[19] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936»; y AMH, leg. 50, carp. 2.

[20] AMH, leg. 50, carp. 2.

[21] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936»; y AMH, leg. 50, carp. 1.

[22] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[23] AMH, leg. 53, carp. 2.

[24] Había sido paseado por falangistas el 13 de septiembre de 1936.

[25] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[26] Así lo expresa F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 78.

[27] AMH, leg. 50, carp. 2, 17, 18 y 20 abril.

[28] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936»; y caja 430, núm. 171.

[29] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936».

[30] AMH, leg. 51, carp. 1, en el informe enviado por la alcaldía al capitán del regimiento de Infantería de Argel número 27 notificó que tenía filiación comunista y de la CNT; los informes de la alcaldía de Hervás sobre la filiación política de los reos no siempre son fiables, no diferencia al socialista del comunista.

[31] AMH, leg. 132, carp. 4 «Relación del personal de esta villa de Hervás, que se encuentra movilizado, 27 diciembre 1938».

[32] La huelga de campesinos de 1932 propició el cierre del sindicato obrero de la UGT que dirigía Ladislao García, al que acusaron de dejarse influenciar por la CNT, y fue apartado de la dirección.

[33] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4301«Hervás 1936».

[34] Véanse mis trabajos «La revolución de octubre de 1934 en Hervás (Cáceres), Actas de las III Jornadas de Historias Locales de Extremadura, Garrovillas de Alconétar (Cáceres) 2013; y «La huelga general de los trabajadores de la tierra de Hervás, junio de 1934», Memoria Histórica de Plasencia y las Comarcas 2013, Universidad Popular de Plasencia, Plasencia 2013, pp. 53-61.

[35] AHPCC, Gobierno Civil, caja 2805, expte. 5.

[36] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[37] AMH, leg. 50, carp. 2, 16 y 17 junio 1936.

[38] AMH, leg. 50, carp. 2, 30 marzo, 17, 18 y 20 abril, y 17 y 19 junio 1936.

[39] AMH, leg. 50, carp. 2, 7 mayo 1936.

[40] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 28v y 34.

[41] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 37–37v, 40–41v y 53v–56v y 91; leg. 50, carp. 2, 14, 17 mayo y 18 julio 1936; y leg. 56, carp. 5, 1943.

[42] «Habla el alcalde», La Corredera, junio 1983, pp. 20–21.

[43] AMH, «Actas municipales 1936», fol. 11v.

[44] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1942».

[45] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1283 «Agosto 1936».

[46] AMH, leg. 50, carp. 1,

[47] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1283 «Agosto 1936»; y AMH, leg. 50, carp. 1.

[48] Los datos en AMH, leg. 50, carp. 1, días 9, 14, 15, 18, 20, 21 agosto y 8 septiembre 1936.

[49] En Hervás no existía el partido comunista. Jesús era de la CNT; de Félix y Serapio desconozco su filiación.

[50] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido, no cita su fusilamiento.

[51] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 80, refiere que el jefe de orden público se encontraba huido en el monte, (estaba en la cárcel), y su familiar, el juez municipal Victoriano Cazás, le hizo llegar el mensaje de que podía bajar al pueblo sin problemas. Con motivo de un viaje a la capital, los falangistas le sacaron de la perrera y lo pasearon en Puerto de Béjar.

[52] J. CHAVES PALACIOS, La represión en la provincia de Cáceres durante la guerra civil (1936-1939), Universidad de Extremadura, Salamanca 1995, reimpresión Salamanca 1996, pp. 113–116, y F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido pp. 74-87. Clemente Simón Mansilla no fue fusilado en 1937, como sugiere F. MORICHE MATEOS en p. 163; estaba con vida el 26 de noviembre de 1947, en AMH, leg. 57, carp. 3. Otros datos de los fusilados en AMH, leg. 63, carp. 2.

[53] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936».

[54] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 5 y 11v.

[55] AMH, leg. 51, carp. 3, 18, 20 y 22 diciembre 1937.

[56] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 núms. 135 y 165 «Hervás 1938».

[57] AMH, leg. 591, carp. 5, 4 agosto 1938.

[58] AMH, «Actas municipales 1935», fol. 12.

[59] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1938»; y AMH, leg. 53, carp. 4.

[60] Una referencia del proceso en AHPCC, JIH, caja 236 libro registros (1928-1969).

[61] AMH, leg. 595, carp. 2, Autos judiciales, núm. 52.

[62] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1943»; y AMH, leg. 56, carp. 4, 14 y 17 julio 1943.

[63] Doroteo González Muñoz era vicepresidente, Gerardo Barbero García, secretario, Ángel Pérez Neila, vicesecretario, y Enrique Regidor Castaño, tesorero, en AMH, leg. 50, carp. 2.

[64] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 85.

[65] Represión, silencio y olvido p. 96, lo llama Máximo Barragán Hernández alias Tatito.

[66] Hervás: su historia, su tierra, su gente p. 51.

[67] Represión, silencio y olvido p. 64.

[68] AMH, leg. 591, carp. 5, 3 y 4 agosto 1938; y leg. 53, carp. 2, 26 julio 1939.

[69] Represión, silencio y olvido p. 98.

[70] AMH, leg. 50, carp. 2; el informe del alcalde le identificó con la C.N.T., en AMH, leg. 596, carp. 2.

[71] AMH, leg. 618, carp. 5; y leg. 595, carp. 2.

[72] AMH, leg. 595, carp. 2.

[73] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 89; y AMH, leg. 54, carp. 1.