Oct 011988
 
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José María Cancho Sánchez.

La presente comunicación es una síntesis de un trabajo más amplio del autor. Con ello se pretende divulgar algunas de las muchas composiciones populares que el ilustre folklorista publicó dedicadas expresamente a la infancia.

El escritor Rafael García-Plata de Osma (1870-1918) mostró siempre un especial interés hacia todo aquello que estuviera relacionado con el mundo de los niños. Su biografía ha sido publicada recientemente por el autor de este trabajo en la colección ¿Quién es? Biografías Extremeñas, de la Diputación Provincial de Badajoz. Nacido Rafael en Guadalcanal, provincia de Sevilla, desde su instalación en Alcuéscar se dedicó intensamente al estudio del folklore, sobre todo, pero también a cualquier otra manifestación que mostrase el alma sencilla del pueblo que le acogió, así como de las localidades cercanas a su residencia.

Respecto al entorno infantil mostró públicamente su preocupación por sus problemas como quedó demostrado en la polémica mantenida con la Diputación Provincial cacereña a raíz del artículo “¡¡¡Piedad para los niños!!!”[1], publicado en el periódico“El Noticiero”en noviembre de 1908. En aquella ocasión denunciaba los abusos que se cometían por ciertas nodrizas que empleaban el dinero que recibían de la institución provincial en alimentar su propia familia dejándose morir, incluso, a los pequeños que les eran entregados para su alimentación y cuidado.

En otras muchas ocasiones puso de manifiesto, tanto de manera pública como privada, que su atención estaba dirigida hacia el mundo de la infancia. Y, por supuesto, su afición mas querida, recoger las manifestaciones populares, también quedó patente en una serie de trabajos que vieron la luz por primera vez, en la prestigiosa “Revista de Extremadura”, en los albores del presente siglo, la mayoría de ellos bajo el título genérico de Rimas infantiles.

Queremos advertir previamente que al ofrecer al lector las composiciones recogidas por Rafael, nos hemos atenido exclusivamente al sistema de transcripción que él adoptó para intentar reflejar el fonetismo extremeño. Son recursos quizás rudimentarios, contemplados desde nuestro tiempo, pero así fueron dadas a la luz por su autor y pretendemos respetar de esta manera su trabajo.

Las Rimas.- Aparecieron entre marzo de 1902 y noviembre del año siguiente. Otras muchas composiciones están diseminadas en los numerosos artículos que escribió y que fueron publicados en la prensa de la época o alguna revista de las que García-Plata de Osma era colaborador. En ellas se mostraban una amplia variedad de apuntes folklóricos recogidos en Alcuéscar, el pueblo en el que Rafael vivió desde que se casó hasta que en el último tramo de su más bien corta vida (murió a los 48 años como consecuencia de la gripe de 1918), se trasladó a la capital.

García-Plata de Osma, era un fino observador de cuánto le rodeaba. Iba siempre provisto de útiles de escritura y aprovechaba cualquier momento para copiar una coplilla que oía o una costumbre que le llamaba la atención. Es de suponer que, dada la espontaneidad natural de los niños, no tendría mucha dificultad en recoger de los propios labios de sus jóvenes convecinos todo aquello que le interesara.

Rafael había nacido en Guadalcanal, de padre andaluz y madre extremeña. Se trasladaba a Alcuéscar en ocasiones, desde Madrid, donde estuvo cursando la carrera de Leyes. El clima de este pueblo cacereño, en la falda de la Sierra de Montánchez, era muy beneficioso para sus débiles pulmones. Con un interés especial hacia los temas populares que ya venía demostrando anteriormente en su pueblo natal, estudió las costumbres de los niños y de los adultos. Desde Alcuéscar colaboró con eminentes investigadores de talla nacional (Menéndez Pidal y Rodríguez Marín, entre otros), escribió infinidad de artículos diseminados en periódicos y revistas de su tiempo y publicó tres libros a sus expensas en los que agrupaba, según indicaba el propio título de cada volumen, lo más representativo referente a unos grandes temas.

Pero volvamos nuestra atención a los niños de Alcuéscar y a su complacido oyente, para ofrecer una muestra de su trabajo.

En Otoño Popular[2] transcribía Rafael una cantinela que los muchachos repetían por las puertas de las casas del pueblo mientras pedían la “chaquetía”, especie de aguinaldo que se solicitaba el día de Todos los Santos:

¡Tía, la chaquetía!
Log polloh de mí tía
unoh le cantan
y otroh le pían,
y otroh le dicen:
¡¡castañah cocíah!!

En invierno los niños cantaban canciones como ésta que salió publicada en el artículo Invierno Popular[3]que serviría para ayudarse a contar:

-Pajarito que bas a tu nío,
qué tarde hag benío,
qué pronto te bág.
-Señora, señora,
me boy a desgora,
que no puedo mág.
La cintita que cinco te cuesta,
que seíh te prometen,
que siete te dan,
anda, niña, dala tú por ocho,
que bien vale nuebe,
que diég te darán.

En primavera, los chicos entonaban una canción relacionada con la lluvia que suele caer el día de San Marcos (el 25 de abril). Así nos la transmitió en Primavera Popular[4]:

San Márcoh bendito,
amado de Crigto,
mándanos el agua
para log triguitoh
qu’ están pequeñítoh,
para lag cebag
que no balen ná,
para log centénog
que ya balen ménoh.

Y ¡cómo no iba a facilitarnos coplillas infantiles de la estación! que, en nuestra calurosa geografía invita a pasar las horas en que afloja el calor jugando o, simplemente charlando, en espera del vientecillo fresco que se levanta para alivio de los cuerpos torturados. En la composición que transcribimos adjuntamos también la nota aclaratoria que el propio Rafael García-Plata de Osma ofrecía a sus lectores: Entre los niños existe la creencia de que los polluelos de las cigüeñas no empiezan a volar hasta el mismo día de San Juan. De ahí la siguiente tonadilla:

Cigüeña,
patitueña,
tus hijítoh
te se bán,
a la raya
Portugá;
mándeles una cartita
qu’élloh sóloh
bolberán
[5].

Una fruta extremeña de verano que todos los niños de la región han comido, muchas veces en más cantidad de lo que aconseja la prudencia, son los higos; en la mayoría de los casos, cogidos de la propia higuera. Una consecuencia de este abuso se manifiesta en que se hinchan los labios sí se han ingerido más higos de la cuenta. Este síntoma era denominado bajarera.

Unoh se mueren con bajarera,
y otros con gánah de tenerla.

Durante todo el año, pues, los chicos que caían dentro del radio de acción de su ojo o su oído eran objeto de especial atención. Y especialmente en las fiestas, en las que se solían repetir cantinelas consagradas por la costumbre.

En las Rimas Infantiles III[6], la atención de García-Plata se dirige fundamentalmente hacia el mundo cotidiano de los propios niños y se ofrecen una serie de versos, aforismos, proverbios relativos a su entorno más cercano, que, naturalmente tiene que hacer referencia al ambiente escolar.

Con la “Relación de los diez perritos”, enseñan a los niños a contar de una forma descendente desde el diez hasta el cero. Enseñar divirtiendo era ya una tendencia popular en estos principios del siglo XX, en los que aún estaba en todo vigor el aforismo de la letra con sangre entra:

Yo tenía dieg perrítoh,
uno ni come ni bebe…
¡Hegmanita de mi bida,
ya no tengo mág que nuebe!

De log nuebe que me quéan,
uno se trag’ un bigcocho…
¡Hegmanita de mi bida,
ya no me quban mág qu’ ocho!

De log ocho que me quéan,
uno se trag’ un bollete…
¡Hegamanita de mi bida,
ya no tengo mág que siete!

De log siete que me quéan,
uno se llebó ´l rey…
¡Hegamanita de mi bida,
ya no tengo mág que séih!

De log séih que me quéan,
uno se lo lleb’ un quinto…
¡Hegmanita de mi bida,
no me quéan mág que cinco!

De log cinco que me quéan,
uno se trag’ un zapato…
¡Hegmanita de mi bida,
no me quéan mag que cuatro!

De log cuatro que me quéan,
uno me lo mató ‘l tren…
¡Negmanita de mi bida,
no me quan mag que treg!

De log treg que m’ han quedao,
uno se fu’ a Badajoh…
¡Negmanita de mi bida,
ya no tengo mág que dog!

De log dog que m’ han quedáo,
uno me lo pis’ un mulo…
¡Hegmanita de mi bida,
ya no me que mág qu’ uno!

Y’l uno que m’ ha queáo,
me s’ha ido pa log cérroh…
¡Hegmanita de mi bida,
me quéé sin log diég pérroh!

Esta canción iba dedicada a los maestros que en la escuela todo lo enseñaban cantando:

El maestro se casa,
güin, güin, güin,
con la Caligta.
Tiqui, tiqui-tí.

El maestro le dice,
güin, güin, güin,
blanca paloma.
Tiqui, tiqui-tí.

Seguimos presentando al lector, siguiendo con la tercera entrega de las Rimas Infantiles, algunos pequeños versos relativos a la escuela, que nos trasladan al ambiente rural infantil de primeros de siglo. Los primeros están dedicados a los alumnos que no se distinguen por su aplicación:

Mág bale que te callárah,
cabeza de morrión,
que cuando baj a la ‘scuela
no te sábéh la leción.

En esta otra adivinamos la inquietud de los zagales cuando se retrasa la hora de salir de la clase:

A medio día tocan
y no comémoh;
si lo saben lag trípah
función tenémoh.

En la siguiente cancioncilla, dedicada a los perezosos y a los que se entretienen con cualquier cosa, se incluye una explicación de García-Plata, que indica al lector que: “que riñe la brasa quiere decir que el cocío espera y se gasta la lumbre en balde”:

A ‘scuela
que riñe mi agüela.
A casa
que riñe la brasa.

En esta otra rimilla, Rafael apunta que se dice “cuando han castigado a un niño dejándolo sin comer”:

Un ratón Péreg
cayó’ n la olla,
laj hormiguítah
cantan y llóran.

Cuando García-Plata ofrece estos dos versos da una explicación intelectualizada: “con esto se parecen a los Abecedarios o sectarios Anabaptistas, cuya doctrina consistía en creer que no podían salvarse los que no supieran leer ni escribir”:

Perico bámonoh pa la’scuela,
qu’ el que no sabe leé se condena.

En las siguientes composiciones en las que se pretendía desarrollar las posibilidades del niño, en estos casos era la familia, generalmente la madre, la encargada de esta tarea.

En estas “Rimillas usadas para entretener a los niños que aún no saben andar”, nos explica Rafael los gestos con que se acompañan, que son los mismos que los actuales. De esta primera nos aclara que “lo dicen jugando con sus deditos”:

Cínco lobítoh
parió la loba,
chicos y grándeh
traj una ‘scoba;
cinco parió,
cinco crió,
y a tooh cinco
teta leg dio.

Esta otra se recita “mientras dan golpecitos en las palmas de sus manitas”:

Tortítah,
tortóneh,
para la niña
log cortezóneh:
tortóneh,
tortítah,
para la niña
lag cortecítah.

Esta otra “la emplean contándole sus dedos y comenzando por el meñique”:

Periquito
su hegmanito,
piden pan.
Este dice que no lo dá,
y el gordo dice: ¡Acostá!.

Esta canción se cantaba a los niños, cuando eran mecidos en los brazos:

-Qu’ hag comío?
-Sopítah con bino.
-¿Quién te laj ha dáo?
-Mi padrino.
-¿Qué padrino?
-El del molino,
-¿Con que laj arropaste?
-Con el rabo del gato.
– ¡¡Zípe, zapato!!

En las siguientes canciones explica Rafael García-Plata de Osma, que es necesaria “la figura de la madrina, que es la que lleva la voz”. Suelen ser cantinelas para motivar a niños muy pequeños:

De codín,
de codón,
que me dijo
Calderón
que te diera
cogcorrón.
-¿Cuántoh dëoh
tienes en tu
corazón?

Pín, pín
zaramacatín
bino la pollita
con su sabanita,
sábana réonda,
el que la deba
que la ‘sconda.
-Saca la manita,
-No quiero queme la
come la ratita.
-Dale pan y queso
y que bay’ a mísa.
-Saca ‘sa manita
-No quiero que me la
comerál ratón.
-Dále pan y queso
y s’ irá ‘l cajón.

-¿Ande bas a labá?
-A la pilita de San Juan.
-¿Qué llébah de merienda?
-Un poco de queso y pan.
-Dam’ un cachito.
-No que tengo poquito.
-Lábame’l camisón,
-No, que tengo poco jabón.
– ¡Pog no te digo quien ha benío!
-¿Quien ha benío?
-Tu padrino.
-¿Que m’ ha traío?
-Un jubón…
De cogquillítah,
de cogquillón.

En este último juego se termina haciendo cosquillas al niño al que la madrina ha recitado la canción. Según Rafael, de la segunda parte, es decir, de la que simula un diálogo, existe la siguiente variante:

-¿D’ aonde bíno’l ganso?
-De ‘la tierra de garbánzoh.
-¿Qué trujo’n el pico?
-Un pollo mal pelao.
-¿Quien lo peló?
-El agua que cayó.
-¿Aónde ‘stá ‘l agua?
-La galliníta se la bebió.
-¿Aónde ‘stá la gallíníta?
-Poniendo güebos en su tacita:
pone uno
pone dog
pone trég
pone cuatro
pone cinco
pone séih
pone siete
pone ocho…
¡Chúpate’se bígcocho!

Rafael García-Plata de Osma reunió una valiosa colección de setecientos refranes publicados bajo el título genérico de “Los Sanchicos de Alcuéscar” que fue dado a la luz en una serie de dos artículos aparecidos en la Revista de Extremadura. El primero de ellos en 1905, y el otro en 1907. Para facilitar su lectura Rafael los clasificó según su temática en: Refranes que se recitan en épocas determinadas del año; de meteorología popular; usados entre labradores y hortelanos; relativos a las caballerías; de los leñadores, de pastores, cabreros y porqueros; de las hilanderas; de las lavanderas; de la caza y referentes al matrimonio, a los hijos, a los suegros y a los vecinos. Su lectura es un refrescante paseo por la cultura popular del pueblo extremeño. Aún muchos de estos refranes están vigentes y los podemos escuchar en cualquier conversación en nuestras calles. Vamos a transcribir aquí sólo los que de alguna manera nos transmiten el mundo infantil relacionado con la enseñanza o con el desarrollo intelectual del niño:

Aquí se huye claramente de las complicaciones. Los niños a la escuela:

“Los hijos y los pótroh, que log domen ótroh.”

No sabemos si éste se refiere a los estragos de la mortalidad infantil que asolaba todavía en estos primeros años del siglo XX en nuestra sociedad rural, o a que hasta que a los niños no les nacen los dientes no empiezan a mostrar sus gracias:

“Hasta que no echa ‘l colmillo no tiéneh niño.”

En el siguiente refrán se nos muestra, en cambio, una de las etapas del desarrollo infantil. Los recién nacidos empiezan a reírse a partir del primer mes de vida:

“Boba madre tubíste cuando al meg no te reíste.”

Y en este otro se indica, también con claridad, lo que se consideraba normal en el desarrollo psicomotor de un niño de la época:

“Al niño de medio año el c… le sirbe d’ escaño; y el de cinco méseh se sienta béceh”

A partir de los seis meses se puede empezar a educar al bebé, ya que “El niño de medio año conoce lo bueno y lo malo.”


NOTAS:

[1] Este artículo, así como la mayoría de los trabajos que aquí se citan han sido recogidos en un solo volumen que se ha publicado recientemente conjuntamente con la de otros poetas actuales extremeños: Ruta de la Plata. 10 años de poesía en Extremadura. Rafael García-Plata de Osma. Su obra. Ed. García-Plata. Madrid, 1986.

[2] Otoño Popular, artículo publicado en Rev. de Extremadura, nov. 1899.

[3] Invierno Popular, artículo publicado en Rev. de Extremadura, marzo, 1900.

[4] Primavera Popular, artículo publicado en Rev. de Extremadura, junio, 1900.

[5] Verano Popular, artículo publicado en Rev. de Extremadura, agosto, 1900 (para esta composición y para la siguiente).

[6] Rimas Infantiles III. En Rev. de Extremadura, febrero 1903