Oct 011989
 

Francisco Cillan Cillan.

Tomemos la carretera radial que viene a Extremadura, ya en la provincia de Cáceres, a 17 km. de Trujillo, en dirección a Badajoz, casi sin darnos cuenta estaremos en la cima de un puerto natural, divisorio de dos vertientes. Atrás queda la ondulosa cuenca del Tajo. Al fondo se divisan las llanuras inmensas del Guadiana. A un lado y a otro, sierra y atalaya, granito y pizarra. A muy pocos metros, agazapado, dejando ver sólo la espadaña de su torre y algunas casas modernas que lo delatan, se encuentra Puerto de Santa Cruz, una pequeña villa de 483 habitantes[1]. Vigía permanente ¿quién sabe desde cuándo? Mario Roso de Luna[2] en investigaciones realizadas a principio de siglo en la zona, obtiene descubrimientos protohistóricos en la Sierra. Dentro del término, 33,93 km2, múltiples son los restos celtíberos y romanos: los Cotos, en la cara sur. Pozo Nuevo, a 3 km., en dirección a la Atalaya. El mismo pueblo[3]. En la cara norte, el inmortal Santa Cruz, prerromano, romano, visigodo y como no árabe. Una de las cinco villas con que cuenta el obispado de Plasencia en su fundación, 1189[4]. Béjar, Almonfragüe, Trujillo, Santa Cruz y Medellín. Cuatro de ellas fortificaciones árabes en el camino del Tajo al Guadiana,  por esta zona.

Crucial es la Sierra en esa época, desde los primeros momentos, bereberes y muladíes la toman por refugio natural. Más tarde los almohades se adueñan de su cima. El Califa Abu-al-Mumin la fotifica en el 1148, para que sirva de guardián del camino que por la ladera iba[5].

El Cid portugués, Geraldo Sempavor, la reconquista, 1164-68, cediéndola muy pronto al rey leonés[6].

Castellanos y leoneses se disputan su conquista final. “Entre el nacimiento del Ayuela y el del Búrdalo, divisorio de las cuencas del Tajo y del Guadiana por esta parte, siempre fue un hervidero de moros contra los que actuaban tan pronto las huestes de Castilla como las de León[7].

Ha de ser don Pedro Yañez, de la Orden de Alcántara, con la ayuda de los Caballeros de Santiago de la parte de Mérida y los de Trujillo y otras villas, los que el 28 de agosto de 1234 la reconquisten definitivamente. Después de que hayan caído Trujillo, 25/1/1232 y Medellín, 1234[8].

Podríamos decir que toda la Sierra es un museo arqueológico, recuerdo de las diferentes civilizaciones que por ella han pasado. Deteriorado por las guerras, el tiempo y las exacciones indiscriminadas. Aún quedan restos importantes, testimonio de aquellas épocas.

En años sucesivos, toda ella, aparece como lugar de caza mayor para los reyes, donde abundan osos, jabalíes y lobos[9].

No cabe duda que el Puerto debe su nombre y su razón de ser a la situación geográfica.

En unos tiempos ocuparía el enclave actual. Época romana –conducción de agua sobre canales hechos en la roca y múltiples lápidas-[10]. En otros, por razones de defensa, ocuparía zonas más altas, la Sierra. O más alejadas, Valhondo. Que estuvo poblado este valle no cabe duda, en 1433, se le concedió el Señorío a Alonso García de Vargas, antepasado de los Vargas Carvajal, caballero del rey don Juan II de Castilla, que ganó para Trujillo la confirmación de título de Ciudad[11].

Sea como fuere hasta 1559 es una aldea pedánea de Trujillo, una de las 25 que componen su antiguo sexmo, con muy pocos habitantes. Es el reinado de Felipe II, las arcas de la corona están menguadas. Hay que hacer los preparativos para la batalla de San Quintín. Las campañas del duque de Alba en Italia y tantos otros frente. Para colmo de males una pertinaz sequía asola a la Península. El Rey se ve obligado a vender algunas de sus propiedades. De nuevo le toca al sexmo Trujillo. Seis lugares se desmembran: La Cumbre, Plasenzuela, Puerto de Santa Cruz, Santa Marta, Torrecilla, Guijo y Avilillo, estos dos últimos hoy han desaparecido.

Don Juan de Vargas y Carvajal compra el Puerto, para su hijo don Diego, este lo convierte en villa exenta de Trujillo, a pesar de la oposición de los vecinos que no aceptan el vasallaje de un señor particular, por lo que pleitean durante varios años.

Su nieto don Juan de Vargas y Carvajal en el 1638 lo eleva a condado. Queda como primer Conde del Puerto y Señor de Valhondo.

En el siglo XVIII a los Condes del Puerto se les concede el título de Duques de San Carlos[12].

Recuerdo de esa época queda el nombre de una plaza, la del Conde y dos escudos labrados sobre la roca que forman la pila del caño.

El Puerto ha sido espectador obligado del paso de tropas en campañas tan importantes como la anexión de Portugal y la Guerra de la Independencia. Eltopónimo de una calle, en las afueras del pueblo, nos indica el lugar donde estuvo alojada una compañía del ejército francés, calle “del Campamento”.

Dos talismanes tiene el Puerto: la Sierra y la carretera.

El primero, poderoso toten protector que “parte las tormentas, sirve de pararrayo natural y evita fuertes granizadas[13]. En el que el campesino pone sus ojos incluso para hacer sus predicciones meteorológicas. “Si Gregorio se pone la capa / no te dejes la tuya en casa[14]

O le sirve de refugio natural, por las múltiples cuevas que alberga. Se cuenta que durante la Guerra Civil en ellas se cobijaron mujeres y niños, mientras los hombres, apostados en las cunetas de la carretera, hacían frente a una posible invasión.

O la cita en sus canciones, en festividades tan entrañables como la Navidad:

La Nieblina ehtá en la Sierra

y no deja de mear

agüela ábreme la puerta

si me quiereh convidar

yo no quiero higo cocosoh

ni bellotah con ventanah

lo que quiero eh un choricito

para almorzar a la mañana

Naranjita china

rueda de limón

la Virgen María

doncella y parió.

 

La carretera, sobre ella se extiende el pueblo, en su mayor parte. Ha sido durante muchos años lugar de concentración y paseo de la juventud. No olvidemos que es su razón de ser. Los quintos en sus canciones expresan sus sentimientos.

Adioh carretera

adioh carnaval

loh quintoh d’ogaño

se loh llevan ya.

 

En la actualidad, Puerto de Santa Cruz, como otros muchos pueblos de la Provincia, tiene un porcentaje muy elevado de gente mayor, ya jubilada. El resto son campesinos y un número pequeño de profesiones liberales.

Sus habitantes de carácter pacífico, amable y hospitalario, reciben el gentilicio de portenchos.

Tres son las fiestas que tradicionalmente se vienen celebrando en el Puerto.

Las tres tenían su razón de ser en épocas anteriores.

 

La de invierno, San Blas, es el 3 de febrero. Ha terminado la recolección de la aceituna. Es época de descanso. “Los santos llevan alforjas”. El día antes había que “echarse la cayá”. El Santo es protector de los males de garganta, tradicionalmente así lo ha entendido el pueblo. Son múltiples los exvotos que cuelgan de su altar. Los quintos lucían los cordones y cintas de múltiples colores, previamente, al cuello o en el ojal de la chaqueta. Por la noche, acompañados de panderetas engalanadas, recitaban sus canciones.

Pandereta, pandereta

yo te tengo que romper

que a la puerta de mi novia

no quisihteh tocar bien.

 

Aún les quedaban fuerzas para seguir los bailes y canciones dos días más.

 

La de primavera es San Marcos, tradicionalmente el 25 de abril. En su honor se celebran las ferias de ganado dos días antes. La ermita está en Valhondo.

Si el año ha venido seco hay que ir a pedirle agua: ¡San Marcos, llena los charcos!

Si no hay tal necesidad, las menos veces, es un merecido día de descanso en la vida del campesino. Hay que ir a comerse “los bollos” y los “huevos cocidos” junto a su Santo Protector, en un rincón lleno de belleza natural.

Se engalanan las caballerías con mantas multicolores. Se hacen carreras en una explanada junto a la ermita. Los mozos presumen de tener la mejor cabalgadura. Las apuestas se multiplican, nadie se da por vencido. San Marcos es una fecha, durante el año, para saber cuál es la que más corre.

En la actualidad se celebra el último domingo de abril. Los coches han sustituido a las caballerías. Al final de la jornada es obligado ir a Santa Cruz. En un acto de amistad, se dan los últimos tragos a las botas que aún les quedan vino. Después se regresa al pueblo.

 

La fiesta de verano es “San Bartolo”, el 24 de agosto, patrón del pueblo. Se ha terminado la recolección de los cereales. Vienen unos días de menor trasiego, hasta que comience la otoñada y la sementera. “La otoñá verdadera / por San Bartolomé las aguas primeras / sino por La Morena”.

Durante tres días se hacen verbenas en la Plaza del Caño. Son fechas de encuentro de numerosos hijos que emigraron en décadas anteriores.

 

Una nueva fiesta está tomando auge en estas últimas décadas: “la Romería del lunes de Pascua”.

Encuentro de amistad de tres pueblos: Villamesía, Abertura y el Puerto. Se pasa el día en una finca junto al cruce de Abertura, en un punto equidistante de los tres a 4 km.

Lo nuevo va aparcando a lo tradicional, quizás en un tiempo no muy lejano éstas y otras fiestas sustituyan a aquellos que tuvieron su razón de ser. Lo mismo que el viajero que por la Nacional V deja atrás este agreste lugar, no se detiene a pensar en su historia.

 

 

 

 



[1] Padrón 1986.

[2] ROSO DE LUNA, Mario: “Excavaciones en la Sierra de Santa Cruz”. Revista de Extremadura. Tomo III y IV, 1901 y 1902.

[3] ROSO DE LUNA, Mario: “Nuevas inscripciones romanas en la región norbense”. Boletín de la R.A. de la H., 1.05. Revista de Extremadura. Tomo VIII, 1906.

[4] Fray Alonso Fernández: “Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia”. Cáceres, 1923.

[5] C. FLORIANO, Antonio: “Estudio de la Historia de Cáceres, desde los orígenes a la reconquista”. Oviedo, 1957, pág. 98.

[6] C. FLORIANO, Antonio: Op. cit. Pág. 115 a 124.

[7] C. FLORIANO, Antonio: “Estudio de la Historia de Cáceres, el fuero y la vida medieval siglo XIII”. Exmo. Aytto. de Cáceres. Pág. 163.

[8] Datos que toman, entre otros, NARANJO ALONSO, Clodoaldo: “Trujillo y su tierra. Historia Monumento e Hijos Ilustres”. Trujillo, 1923.

FLORIANO, Antonio: Op. cit. Todos ellos lo toman del cronista de Alcántara Torres Tapia.

[9] Alfonso XI de Castilla y León, 1312-1350. “Libro 3º de Montería”, cap. 20.

[10] Un camino de la Sierra recibe el nombre de calle de las Varas, en ella se puede apreciar el alineamiento de estas piedras y su longitud aproximada a dicha medida.

[11] NARANJO, Cloroaldo: Op. cit. Vol. I, pág. 451-452.

CORCHÓN GARCÍA, J.: “Bibliografía Geográfica Extremeña” Badajoz, 1955. Dice que hubo un “poblado romano en la dehesa de Valhondo”, pág. 479.

[12] NARANJO, Clodoaldo: Op. cit. Edt. 1983, pág. 258.

Los Condes del Puerto pasan a ocupar cargos relevantes en Perú y Chile. A don Fermín de Carvajal y Vargas, Conde del Puerto, se le concede el título de Duque de San Carlos. Fue el abuelo del Duque de San Carlos, favorito de Fernando VII.

[13] MADOZ, Pascual: “Diccionario Geográfico Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar”. Tomo III. Madrid, 1849, pág. 279.

[14] El Risco de San Gregorio es el pico más alto de la Sierra, 844 m. Mapa de la Dirección General del I. G. y Catastral. Nº 731. 1ª Edición, 1946.