Mar 012014
 

Martiria Sánchez López.

I.- INTRODUCCIÓN

Todos sabemos que el descubrimiento, la conquista y colonización de América es la más extraordinaria epopeya de la historia universal ya que en menos de medio siglo fue sometido la mayor parte del continente americano por un puñado de españoles. El heroismo, la decisión, el soporte moral del cristianismo y la diferencia cultural entre los europeos del renacimiento y el estado prehistórico en que se encontraban los pueblos, fueron las causas fundamentales de este impresionante hecho.

 

Trujillo y sus hijos fueron protagonistas esenciales de este quehacer histórico, destacando de una manera esencial Francisco de Pizarro, que conquistó para la corona española todo el imperio incaico. Loas quechuas eran los habitantes de gran parte de la zona andina y habían formado un gran imperio en el Perú, al frente del cual estaba el Inca o Emperador, que se consideraba descendiente del dios Sol. Fue un estado colectivista donde el soberano era dueño de todo, que distribuía a sus súbditos lo que necesitaban, tanto alimentos como tejidos, etc. Su capital era Cuzco, con una población de unos noventa mil habitantes y estaba muy bien comunicado con el resto del territorio por un red de cominos bien trazados.

 

La conquista se llevó a cabo desde Panamá por la costa del pacífico en unos pocos años, con un puñado de españoles capitaneados por Pizarro y con la ayuda de sus socios Almagro y Luque. Esta conquista destruyó el orden existente y obligó a los indios a someterse a las normas del imperio español.

 

 

Veamos a continuación como enjuicia la conquista del Perú y a su héroe un historiador de finales del siglo XVI, ya con medio siglo de perspectiva de los acontecimientos. Nos referimos al historiador placentino, Fray Alonso Fernández, que dedica un capítulo a Pizarro y a conquista del Perú en su famosa obra “Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia”. El capítulo es el número treinta y dos y se titula “De Francisco Pizarro, Marqués de Atabillos y de los Charcos, y servicios que hizo al emperador Carlos V y a monarquía de España en la conquista de los reinos del Perú”.

 

 

 

II .- EL CONQUISTADOR Y SUS CONQUISTAS SEGÚN FRAY ALONSO FERNÁNDEZ

 

El historiador nos describe en primer lugar la conquista con toda su crudeza, donde no omite la crítica al conquistador por su comportamiento con los indios y con su rey. Después ponderará sus cualidades tanto humanas como políticas.

 

Comienza dándonos unas pinceladas sobre la familia del héroe y su ciudad natal; habla de su padre natural, el Capitán Gonzalo Pizarro, y además detalles de sus hermanos. Nos comenta a continuación el gran valor que siempre le distinguió desde su juventud, prestando servicios a la corona, primero en Italia, y posteriormente cuando pasa a los indios, donde se destacó como “el primero en todas las ocasiones” en las diferentes campañas en que acompañó a Blasco Nuñez de Balboa, el descubridor del Pacífico. Cuando tiene conocimiento de la existencia del Perú, regresa a España y firma con el Emperador las capitulaciones por la que le concede “la Gobernación de Nueva Castilla y de la Provincias del Perú con el título de adelantado y Capitán general, año 1529”.  Sigue hablando de los personajes que le acompañaron, entre ellos sus hermanos y algunos religiosos, como fray Vicente de Valverde; con un total de 160 hombres, que partieron de Tumbez con dos navíos y llegaron a Perú, donde tuvieron noticia del gran Imperio Incaico, cuya capital era Cuzco. Inmediatamente envía la capitán Soto y a su hermano Hernando Pizarro a explorarlo, volviendo los dos asombrados de las grandes riquezas y tesoros que contemplaron: “Atabalipa, que así se llamaba el rey (…) venía en un litera de oro macizo, aforrada de plumas de papagayos. Traianle en hombros algunos caciques, grandes señores y el asiento era un tablón de oro que pesó 25.000 ducados y un cojín de lana finísima todo guarnecido de piedras preciosas”. Después nos dará más detalles de los inmensos tesoros que los españoles encontraron en el imperio incaico.  

 

Una vez conocidos éstos y otros detalles, Pizarro y los suyos se apoderan rápidamente del imperio y de su rey, después de una gran masacre sobre la población nativa que terminó con el asesinato Atahualpa, como todos conocemos.

 

El historiador se muestra sumamente crítico con los conquistadores y manifiestan que falsean la verdad de los acontecimientos para no provocar la inquietud y el desasosiego de la Corona. Así nos dice que tergiversaron los hechos sosteniendo que los españoles, llevados por su sed de oro al contemplar tanta riqueza, se apoderaron de su rey y realizaron una gran masacre entre los indios, con el pretexto de que Atahualpa había arrojado al suelo los Evangelios y la Cruz que portaba el misionero que había enviado a parlamentar, y que tenían que vengar esta afrenta; que el rey estaba dispuesto a pagar un tributo, pero que los españoles no llegaron ni a intentar pacto alguno sobre el sometimiento al imperio español, evitando tanta muerte injusta. A continuación Fray Alfonso, después de fundamentar bien sus aseveraciones, narra como sucedieron los hechos en realidad y como los conquistadores no querían bajo ningún concepto que esta realidad se supiera: “Estando Fray Vicente de Valverde hablando al rey, se alborotaron algunos españoles (…)  con codicia de las riquezas de oro y plata y piedras preciosas que los indios acompañaban al rey traían sobre sus trajes y que otros españoles habían subido a una torrecilla a despojar un ídolo de oro y plata (…) y que alborotaban mucho los indios, levantando los gritos como les robaban su ídolo. Y viendo el rey lo que pasaba (…) mandó no hiriesen ni matasen ningún español. Fray Vicente se turbó y se le cayó el libro y la Cruz, y alzándolos del suelo se fue a los españoles, dándoles voces que no hiciesen mal a los indios y que Atabalipa no negaba el tributo”. El historiador antes de seguir la narración dice que “Pizarro prohibe con grandísimo rigor y diligencia que nadie escribiese la verdad de lo que pasó…” y a continuación es cuando prosigue diciendo “… A este punto mandó Pizarro disparar la escopeta y arremetiendo todos los 160 españoles y disparando unos tirilllos de artillería que llevaban, con estruendo grande donde temían al rey Atabalipa comenzando a herir a los indios, Francisco Pizarro rompió por la multitud llegando a las andas del rey y dio con él en tierra. Los indios, así los de guerra que eran 5.000, como todos los demás, como vieran al rey caído en tierra, huyeron, escapándose por donde podían, sin que ninguno de ellos echase mano a las armas. Siguieron los de a caballo al alcance, matando gran número de indios. Fue esta batalla en 1533…”.

 

Después de esta batalla el imperio incaico habrá caído prácticamente en manos de los españoles hallando inmensas riquezas en las grandes ciudades, además del rescate pedido por la liberación de Atahulpa, que luego no se cumplió con el pretexto de haber matado a su hermano Huascar. Sigue el historiador criticando la actitud de los españoles, comparando este magnicidio con la muerte de Cesar y dándonos a entender el adagio “el que a hierro mata a hierro muere”, con las siguientes palabras “… su muerte (de Atahualpa) pareció injusta, y todos cuantos en ellos entendieran, murieron o por justicia o por puñaladas, como se refiere a la muerte de Cesar: Felipe murió ahorcado (fue el autor material del asesinato), el marqués Francisco Pizarro a puñaladas el año 1541, y Almagro, su competidor, dado garrote”.

 

Mientras se realizaba la conquista del Perú, el Padre Vitoria escribía en la Universidad de Salamanca su celebre obra “Relectio De Indiis”, impulsado por los acontecimientos para justificar estas conquistas, donde no hay que ocultar la crueldad y fanatismo de estos hombres, deseosos de satisfacer su hambre y sed de oro y su apetencia genérica.

 

Fue por esto por lo que Fray Bartolomé de las Casas y Fray Antonio de Montesino denunciaron estos hechos tan enormemente lesivos para la dignidad humana. El Padre Vitoria sostendrá en su obra que la colonización no podrá justificarse si su finalidad no era el mejoramiento de la suerte de los indios. La influencia del Padre Vitoria y de Fray Bartolomé de la Casas será decisiva para la redacción de las llamadas “Leyes Nuevas de Indias de 1542”, donde se aprecia este deseo de defensa de los indios al disponer la supresión progresiva de las encomiendas, la abolición de la esclavitud y el uso oficial de las lenguas autóctonas, etc. Estas leyes provocaron la sublevación de los colonos españoles por lo que los gobernantes tuvieron que contemporizar, y no pudieron cumplirse plenamente.

 

 

III.- EL BOTÍN Y SU REPARTO. CONSECUENCIAS.

 

La riquezas que los españoles encontraron en Perú fueron numerosas, nos la describe Fray Alonso así: “Con esto se abrió la puerta a las mayores riquezas que los hombres oyeron y pudieron imaginar (…) Al día siguiente saquearon los españoles los palacios de Caxamarca, y hallaron grandes riquezas de oro y cosas de plumas, y una vajilla que valía más de 2.000 ducados. En espacio de veinte días, les trajo Atabalipa por su rescate 1.025.000 ducados de oro y 52.000 marcos de plata … “ sobre los tesoros encontrados en Cuzco dice: “Había en aquella ciudad templos cubiertos de plata y tumbas llenas de grandes tesoros, en una de ellas encontraron 50.000 pesos de oro (…) Había una estatua de oro del sol en su principal templo que cupo a un capitán llamado Marcio Sierra, la cual la jugó una noche por donde quedó el adagio: juega el Sol antes nazca”. También que herraban a los caballos con herraduras de plata y que las planchas de oro que guarnecían el templo del Sol pasaba cada una 500 ducados. Se calcula que el tesoro de Cuzco se elevará a unos 2.537 Kg. de oro y 35.212 Kg. de plata, además de los 5.720 Kg. de oro y 11.041 Kg. de palta que sumó el rescate de Atahualpa.

 

En cuanto al reparto del botín, según el historiador, se hizo de la siguiente forma: “cupo la español de caballo 8.900 pesos de oro y a 360 marcos de plata, ya al infante la mitad. A los capitanes a unos dieron treinta y a otros cuarenta mil pesos. A Francisco Pizarro, además de su parte que como capitán general y gobernador se debía, dieron el tablón de oro en que venía sentado el rey”.

 

La corona percibió, así mismo, unas riquezas enormes, ya que, según la Capitulaciones firmadas con el conquistador, le correspondía el quinto de los tesoros descubiertos. Como eran tan cuantiosos e importantes, Carlos V, en agradecimiento, le concedió el hábito de la Orden de Santiago y el Titulo de Marqués de la Charcas y Atabillos: “Despachó Francisco Pizarro a su hermano Hernando Pizarro a España con el quinto para el Emperador, que fue grandísima suma. Trajo relación de lo sucedido, justificando mucho los hechos y los servicios de Francisco Pizarro, que verdaderamente fueron muchos y de gran consideración, así el Emperador don Carlos le honró con el hábito de Santiago y le dio la gobernación de la Nueva Castilla o Perú y le crió marqués de la Charcas y Atabillos, año 1535”.

 

Estos títulos nobiliarios y las tierras en Señoríos eran las cosas que más apetecían los conquistadores, paro la corona solamente se las concedió a los más importantes, como era el caso de Pizarro, pues no quería que apareciese en América una nueva nobleza neofeudal.

 

Las consecuencias del botín fueron importantísimas tanto para Europa como para España y Trujillo. Como consecuencia de la arriada de oro y plata que vino de América se produjo una revolución en los precios y contribuyó de una manera especial a consolidación del capitalismo comercial europeo.  Aparte de las riquezas que hemos descrito, en el 1545 se descubrió Potosí y sus “riquísimas minas”, que según nuestro historiador en 1602 se habían sacado 200 millones de kilos de plata, registradas, y otros cien millones no registrados; además dice que basándose en datos consultados en el Consejo de Indias por el cronista Gil Gonzalo Davila, habrían venido a España mil quinientos millones de kilos de oro y plata hasta 1617. Esta inmensa riqueza provocó una enorme inflación en toda Europa, con una subida de precios desproporcionada, no sólo en España, sino en los demás países europeos. Todo esto no escapa al análisis de Fray Alfonso, que dice “las riquezas del Perú han venido a España, como es manifiesto de todos, han encarecido las cosas en subidísimos precios en toda Europa”.

 

Este tema ha sido estudiado a fondo por el Profesor Carande, poniendo manifiesto el fenómeno de la inflación. España no supo aprovechar esta inmensa riqueza, pues el oro y la plata que venía de América, pasaba a Europa, y España no era más que el puente de este trasvase, ya que aquí, en los puertos españoles, los grandes banqueros europeos, como los Függer, esperaban a los cargamentos de oro y plata para cobrar cuanto antes el dinero que tenían prestado al Emperador para sufregar sus empresa bélicas. Con esto se consolida el capitalismo mercantil europeo, en el que España se mantendrá un poco al margen.

 

En cuanto a la ciudad de Trujillo, sus hijos hidalgos se enriquecieron enormemente con la conquista de América, consiguiendo no sólo títulos de alta nobleza, sino villas, rentas, dehesas y vasallos, tanto en América como en la tierra de Trujillo, con lo que mermó mucho la jurisdicción de esta ciudad en favor de nobleza, que fue creando señoríos y mayorazgos. Además plasmaron su riqueza en los suntuosos palacios que contemplamos por toda la ciudad, con el escudo de sus linajes, siendo este aspecto más positivo que han legado a la posteridad. A partir del reinado de Felipe II, el municipio estaba ya arruinado, acentuándose la crisis en los siglos posteriores.     

 

IV.- El HOMBRE Y EL POLÍTICO SEGÚN FRAY ALONSO.

 

Así como cuando estudia el hecho de la conquista del imperio incaico por Pizarrro no escatima el historiador en críticas al héroe y a sus colaboradores, cuando habla del hombre exalta elocuentemente sus cualidades, como vemos a continuación :”Fue el Marqués Francisco Pizarro muy animosos y esforzado, gran sufridor de trabajos, amigo de hacer placer a todos, muy inclinado a hacer cosas de guerra, gran sufridor de trabajo y siendo muy humano y apacible con todos”. Exalta su liberalidad cuando dice que “tiene más atención a remediarla necesidad que a ganar honra”; a este respecto nos refiere la anécdota de que a un soldado suyo se le murió el caballo y cuando se enteró fue a obsequiarle con un “tejuelo de oro que pesaba diez libras” para reparar la pérdida, pero se lo dio a escondidas para no provocar recelos en sus compañeros. También nos relata que cuando jugaba, si alguno de su compañeros de juego tenía necesidad de ganar se dejaba ganar “para remediarla, porque no se afrentase se lo diere de limosna como a pobre”.

 

Nos habla igualmente del carácter afable y humilde , hasta el punto “que jamás dijo una mala palabra a ninguno, y jugando a la bola, no consentía que alguno la alcanzase del suelo para dársela”. Pondera además sus cualidades intelectuales, que aunque no sabrá leer ni escribir, nos dice “que tuvo un entendimiento y juicio de las cosas que habían de proveer, así de paz como de guerra y en ninguna cosa dejó de parecer persona noble”.

 

En cuanto a su vida sentimental y amorosa comenta “que fue templado y abstinente en refrenar la sensualidad. Solo tuvo amistad con una señora india, la cual dejó un hijo llamado Gonzalo, que murió de catorce años”. De su matrimonio nis dice que “casó con doña Inés Yupange, hermana del rey Atabalipa, de quien tuvo a Francisca Pizarro …” Y  sigue hablando de sus descendientes. También habla de la hija del primer matrimonio de Hernando Pizarro con doña Isabel Mercado, llamada también Francisca Pizarro y de sus descendientes, destacando la personalidad de don Fernando Pizarro de Orellana, con todos sus títulos y cargos, así como de una obra que escribió titulada “Apologético” en defensa de las órdenes militares. No se olvida de los Pizarro de Alcollarín, de los que también hace un breve estudio.

 

Como político, Fray Alonso, considera al conquistador un buen gobernante, siempre fiel al emperador sin extralimitarse en sus competencias. A este respecto nos dice “Pizarro fue muy aficionado al Emperador, respetando mucho a su majestad en tanto grado que se abstenía de hacer muchas cosas en que tenía poder, diciendo que no quería dijese su majestad que se extendía en la tierra”.

 

Como gobernador a Pizarro le correspondió la primera organización político-adminstrativa de las tierras conqusitadas, hasta que se funden las Audiencias y Virreinato del Perú, de aquí la fundación de las encomiendas, reparto de indios y reducciones, además de fundación de ciudades con sus edificios públicos tanto civiles como religiosos y culturales. También puso en explotación en aquellas tierras fomentando la agricultura, la ganadería, la industria y la explotación de minas. De todos estos temas nos da noticia nuestro historiador: “Fue muy aficionado a acrecentar aquella tierra, labrando y cultivándola. Fundó la ciudad de los Reyes en el año 1534 (…) En la misma costa 80 leguas más adelante fundó la ciudad de Trujillo, en memoria de su patria (…) Labró unas grandes casas en la ciudad de lo Reyes, y en el río della dejó dos paradas de molinos. En estos edificios empleaba todos los ratos desocupados dando industrias a los maestros que los hacían”.

 

 

V.- LA EVANGELIZACIÓN DE LOS INCAS

 

La tarea evangelizadora fue una de las justificaciones de la colonización que el Padre Vitoria pone de relieve. La iglesia fue la gran colaboradora de la corona, ya que aportó la protección activa de los indios que estaba contenida en la legislación, aparte de su culturización y evangelización.

 

Fray Alonso se congratula de la labor evangelizadora que llevaron a cabo los religiosos que acompañaron a Pizarro en la conquistas, especialmente la de Fray Vicente de Valverde del que nos dice: ”Por sus letras y virtudes le nombró el Emperador Carlos V Obispo de Panamá y después Obispo de la Ciudad de Cuzco”.

 

Cuando habla de la tarea evangelizadora, la considera más importante que las grandes riquezas que encontraron allí los españoles, por eso dice “y lo que más importaba es que se dió principio a la conversión de más tierras que hay desde España a Babilonia, donde se han convertido infinitos millares de gentes”. En otro punto nos habla de la conversión de Atahulapa, así: “Fray Vicente de Valverde tuvo cuidado de instruir en la fe muchos días a Atabalipa” y le bautizó”. Nos comenta que este religioso murió mártir, cuando Gonzalo Pizarro le desterró a una isla donde le mataron los indios cuando iba a evangelizarlos.

 

Exalta también la labor de colaboración con la Iglesia de Francisco Pizarro, ayudando todo lo que pudo a los religiosos para poder desarrollar su tarea misional:  “puso gran diligencia en edificar la Catedral de la Ciudad de los Reyes y los monasterios de Santo Domingo y de la Merced, dándole indios para su sustentación y para repaso de los edificios”.

 

 

VI.- CONCLUSIÓN

 

Con la conquista americana se destruyó el orden social existente y se obligó a los indios a someterse a la normas de imperio español. La Iglesia será la gran colaboradora del rey Carlos V y después de Felipe II, ya que aportó la protección activa de los indios por los religiosos, sobre todo jesuitas y dominicos; la cristianización favoreció la fusión de las razas  india y española, y también la culturización, cuyos máximos exponentes se plasman en la creación de colegios y especialmente en la fundación de universidades, como la de Lima en 1551.

 

Pero quizás, donde mejor se refleje el pensamiento de la monarquía con respecto a  América sea en las Ordenanzas promulgadas por Felipe II el 13 de julio de 1573 bajo el título de “El Orden que se ha de tener en descubrir y poblar”, que eran las que estaban vigentes cuando Fray Alonso Fernández escribe su historia.  En la introducción de estas Ordenanzas, el Rey justifica el fin de ellas con las siguientes frases: “Para que las tierras que estén por descubrir, poblar y pacificar, se haga con más facilidad y como conviene al servicio de Dios y nuestro, y bien de los naturales …”

 

Pese a que los ideales de la corona chocaran con los de los colonizadores, se garantiza la protección del indio, su desarrollo, el deseo de crear una economía saneada, su acceso a la cultura europea, y su integración sobre una base de igualdad con los blancos.

 

Con respecto al estado misional como justificación de la conquista y los derechos de los indios, defendidos por la corona, y por el Padre Vitoria y Fray Bartolomé de las Casas, entre otros, ha observado uno de los grandes investigadores y estudiosos del tema, Lewis Hanke, lo siguiente: “los ideales que intentaron poner en práctica algunos españoles en América, nunca perderán su brillante fulgor mientras existan hombres que crean que los otros pueblos tiene derecho a la vida, que se pueden hallar métodos justos para dirigir las relaciones entre las naciones, y que esencialmente, todas las gentes del mundo son hombres”.