Dic 062018
 

Álvaro Vázquez Cabrera.

Introducción

La presencia de abundantes ejemplos de monumentos megalíticos en Valencia de Alcántara, tanto por su tamaño como por su solidez, han provocado desde hace siglos un gran interés. Esa importancia es innegable ya que desde el momento en el que se levantaron, el ser humano se ha fijado en ellos por diversas cuestiones y han sido objeto de reutilización para diferentes fines, ya sean usados para abrigo o habitáculos para pastores, zahúrdas, o incluso, para labores de vigilancia del territorio a lo largo de los conflictos bélicos transcurridos durante la Edad Media y Moderna.

Ya desde la Edad Media encontramos documentación en la que aparecen referencias a tales monumentos funerarios. Lo hacen utilizando el término “anta”, que es como siempre lo vemos y se les denomina en Portugal. Son citados como topónimos ya que a la hora de designar un paraje natural, la presencia de un elemento tan visible como era un dolmen, y más si se conservaba el túmulo, este serviría como signo identificativo de un lugar.

La particularidad que tiene el término de Valencia de Alcántara es que la gran cantidad de dólmenes en dicho término hace que la identificación entre los datos que nos aportan la documentación y la realidad, sea confusa y difícil con los dólmenes conservados en la actualidad. De hecho, una de las causas sea el cambio de los topónimos con el paso del tiempo y el uso repetido de la denominación “tapado del anta” para diferentes lugares[1].

Más adelante veremos que, además de la documentación, los dólmenes son estudiados desde el siglo XIX por numerosos autores. Desde entonces, son varios los que no han perdurado hasta nuestros días, lo que nos hace pensar que en el pasado se produjo un proceso de destrucción por diversas causas. A veces se destruyeron al realizar labores agrícolas, convertirlos en chozos o zahúrdas [Fig. 1], reutilizar los ortostatos, el expolio de los busca tesoros, etcétera.

Ejemplos claros de esto son todos aquellos dólmenes de pizarra que han desaparecido. Es el caso de los cinco dólmenes de Porqueros, los dos de Vihuela, los dos de Fuente las Yeguas o los cuatro de la Cotadilla.

Como vemos los dólmenes eran conocidos por la población, y muy pronto despertaron interés y empezaron a ser objeto de estudio por diferentes autores. Estos nombrarán a los dólmenes de diferentes maneras: garitas, antas, sacelos, aras, habitaciones…

El primero que introduce el término “garita” será Vilanova, mientras que el término “anta” para referirse a los dólmenes no nos es extraño, ya que los vecinos portugueses la utilizan. Es curioso que al referirse a estos monumentos, los habitantes valencianos no encontraran una palabra en español para referirse a ellos.

Este término lo utilizan Viu, Barrantes y Díaz y Pérez; siendo un tópico mencionar que se trata de una palabra lusa, ya que existen poblaciones en Almería, Lugo y Pontevedra con el nombre de Antas. Además en la literatura gallega también la usan para denominar a los dólmenes.

Sacelo designa a un santuario antiguo o templos. En la historiografía aparece solo en Extremadura para señalar a los sepulcros megalíticos. Serán José de Viu y Nicolás Díaz y Pérez los que popularizaron dicho término. En otras palabras, los dólmenes han sido interpretados de diferentes maneras.

En definitiva, este trabajo consiste en poner en valor estos monumentos funerarios repasando a todos los estudiosos que se fijaron en ellos. Un valor incalculable en el que deberían incluirse en el listado de la, posible, declaración de La Raya hispanolusa como Patrimonio Mundial.

HISTORIOGRAFÍA DE LOS DÓLMENES DE VALENCIA DE ALCÁNTARA

Estos conjuntos arquitectónicos, datados en la época neolítica, fueron objeto de estudio de numerosos investigadores, arqueólogos y eruditos. Serán estos últimos los que nos proporcionen las primeras noticias que tenemos sobre estos restos en la Península Ibérica. Entre ellos abundan políticos, ingenieros, geólogos, clérigos, nobles y otras gentes de variada condición. Esos primeros descubrimientos se producen en la primera mitad del siglo XIX dándoles un origen celta[2].

La primera referencia que tenemos sobre los dólmenes de Valencia de Alcántara hay que buscarla en las Ordenanzas del Concejo, elaboradas en tiempos del maestre de la Orden, Don Juan de Zúñiga, en agosto de 1489[3]. En ellas se cita el término “anta”, pudiendo, en algunos casos, identificarlo con alguno que se haya conservado, como por ejemplo el dolmen de Valdelucía:

« del camino de Alcántara y, de allí, atravesando el camino, siguiendo la loma abaxo hasta a la Piedra de Anta y, de allí, a dar en el ribero de Alpotrel »[4].

Otros son más difíciles de situar el emplazamiento al señalar: «en la labrança que dizen de los Mostrencos, donde está el Anta, asomando a la fuente de la Piçarra»[5], ya que no se ha podido localizar con exactitud el topónimo Mostrencos, así como la referencia a la fuente de la Pizarra es algo difuso puesto que son varias las que reciben en la actualidad esa denominación y ninguna con un dolmen cercano.

Tras esta primera referencia en la documentación, hemos de esperar a una obra del siglo XVII. Se trata de la Crónica de la Orden de Alcántara de Alonso de Torres y Tapia, publicada en el siglo XVIII pero que el autor escribe un siglo antes y la termina hacia 1652.

En dicha obra, el autor menciona en numerosas ocasiones a Valencia de Alcántara como «una de las más principales y ricas que tiene esta Orden […] con una valiente fortaleza y muralla que la ciñe»[6]. En relación a los dólmenes, Torres y Tapia señala:

«Vense también en su contorno unas Antas (assí las llaman sus naturales) o losas hechas de propósito de piedra berroqueña bruta, de quatro se forma una como capilla o cueba que cubre otra, y dicen que eran aras o altares donde ofrecían sacrificios a los Dioses según costumbre de los Gentiles»[7].

El autor sitúa esos dólmenes en lo que para él era el entorno del núcleo romano originario de Valencia de Alcántara, que lo localiza una legua al sur de la actual población en el camino de Mayorga.

Algunos autores consideran que el cronista está confundiendo Valencia de Alcántara con San Vicente de Alcántara, en donde existe al sur de la localidad un yacimiento romano en dirección a Mayorga. Esta afirmación tiene parte de verdad, ya que Mayorga pertenece actualmente al término municipal de la localidad pacense; sin embargo, Torres y Tapia escribe en un momento en el que la Encomienda de Mayorga aún no había sido absorbida y hacía pocos años que se había emancipado de Valencia de Alcántara.

Vemos, según la cita, que relaciona a los dólmenes con altares erigidos por la civilización romana.

Habrá que esperar al siglo XIX para ver alguna cita sobre los dólmenes valencianos. Será José de Viu[8], en 1846, en su obra titulada Colección de Inscripciones y Antigüedades de Extremadura, refiriéndose a unos dólmenes ubicados en la Encomienda de Mayorga, que como se ha mencionado anteriormente, actualmente pertenece al término municipal de San Vicente de Alcántara[9].

El propio autor nos dice sobre este dolmen:

«Todavía antes de entrar en Julia Contrasta debemos indicar que en la encomienda de Mayorga hay una porción de Sacelos o Antas colocados a iguales distancias, sirviendo algunos de ellos para zaburdas»[10].

Con Julia Contrasta se refiere a Valencia de Alcántara, que durante décadas se identificaba esta localidad cacereña con la romana. Falsedad que copiaron, tanto Viu como Madoz, de falsos cronicones de los siglos XVI-XVII. Uno de ellos es el Cronicón de Dextro de Jerónimo Román de la Higuera, que expandió toda clase de invenciones y errores de bulto que luego se adentraron en la tradición oral, como es el caso de la mencionada Julia Contrasta.

Pasados algunos años, Emilio Hübner en su Corpus Inscriptiones Latinarum menciona que la ciudad de Julia Contrasta fue «nacida de los fraudes de Higuera». Por tanto, desenmascara al cronista.

En cuanto a su localización, se trata del primitivo nombre de la localidad portuguesa de Valencia do Miño ya que así lo confirman documentos custodiados en el Archivo de La Torre do Tombo de Lisboa, datados durante el reinado de Alfonso II y Alfonso III (1210-1279), siendo este último el que cambió el nombre de Contrasta por Valencia.

Dejando a un lado ya la referencia a la ciudad romana de Contrasta, vemos como más adelante Viu indica que en los alrededores de Valencia se conservan bastantes antas que se «componen de tres o cuatro enormes piedras planas, formando una especie de tienda de campaña con otra piedra informe que trunca la pirámide»[11]. Además reflexiona sobre el origen de estos monumentos: primitivos que servían para los sacrificios y fiestas rústicas.

Viu describe cómo son los dólmenes y su posible función: relacionados con los sacrificios y la religiosidad. Asevera que hay un gran número, aunque no indica cuántos puede haber ni se refiere a ninguno en concreto e, incluso menciona el uso al que se están dando en su momento: zahúrdas. Siguiendo el texto, a pie de página, Viu se plantea que los objetos hallados en alguno de los dólmenes se remonten a tiempos primitivos; por tanto es el primero que data a estos monumentos como prehistóricos y sin ninguna relación con los romanos.

En el Diccionario de Madoz, en la edición de 1849, se habla de «antas o capillas a Júpiter Tonante diseminadas por el campo»[12]. Curioso el atribuir los dólmenes al dios romano Júpiter, mencionando el uso a los que son destinados: chozas o zahúrdas.

El colaborador de Pascual Madoz podría ser el mismo José de Viu[13], o incluso otra persona, pero lo que sí es cierto es que sigue al cronista de la Orden de Alcántara Alonso de Torres y Tapia. Este había escrito a mediados del siglo XVII la crónica, aunque no se publicó hasta 1763, refiriéndose a una inscripción romana dedicada a “IOVIS”. El colaborador de Madoz interpreta que el cronista sigue hablando de los dólmenes, por eso piensa que esa ara votiva proviene del dolmen. Este puede ser el origen de esa relación entre las antas y el dios romano.

Ese mismo error comete Ceán Bermúdez en su Sumario que hay de las antigüedades romanas que hay en España, en 1832. En la tercera parte de la obra menciona que Valencia «se llamó Contrasta cuando estaba fundada en el sitio que dicen ahora Villa vieja, distante una legua de esta villa hacia mediodía. Cerca también de esta villa hay unas antas o losas brutas, con cuatro de ellas se formaba un sacelo, en cuyo centro se colocaban aras, y sacrificaban sobre ellas los gentiles»[14]

Como vemos, Ceán menciona a Contrasta identificándola con Valencia y las antas con su posible función: votiva, de sacrificio colocando aras. También menciona el ara dedicada a Júpiter[15].

En la Exposición Universal de París de 1867 figura «dos hachas de piedra, de la segunda mitad, procedentes de Valencia de Alcántara», presentadas por D. Amalio Maestre. Esta noticia nos la da Vicente Barrantes en 1875 en su Aparato Bibliográfico[16].

El extremeño Nicolás Díaz Pérez (1841-1889) en la introducción de su obra Extremadura (Badajoz y Cáceres), publicada en 1887, menciona que en Mayorga y en Valencia de Alcántara aparecieron un gran número de Sacelos o Antas, y dentro de ellas había saetas, cuchillos y otros utensilios de pedernal. Líneas después insiste que cerca de Valencia, concretamente en la dehesa de Mayorga y a orillas del río Salor, existen otras construcciones semejantes de granito en las que también en ellas se encuentran instrumentos similares a los anteriormente citados[17].

Por tanto vemos que habla de pasada sobre los dólmenes de Valencia de Alcántara, aunque sin citar ninguno en concreto. Al igual que Díaz y Pérez encontramos otra referencia del mismo estilo, señalando la presencia de dólmenes cerca de Valencia y en la dehesa de Mayorga por el arquitecto Vicente Paredes[18].

El que fuera Catedrático y Secretario de la Comisión de Monumentos de Badajoz entre 1867 y 1905, Tomás Romero de Castilla (1833-1910), publica en el año 1896 el Inventario de los objetos recogidos en el Museo Arqueológico de la Comisión Provincial de Monumentos de Badajoz donde da noticia sobre algunos dólmenes extremeños como origen de algunos objetos expuestos en dicho museo.

Menciona de nuevo la Encomienda de Mayorga, sin mencionar a Viu, localizándola en el término municipal de San Vicente de Alcántara; para dar noticia del hallazgo de un hacha pulimentada «en dicha dehesa abundan los Dólmenes, Antas y Menhires»[19].

En lo que se refiere a los dólmenes de Valencia, menciona dos fotografías regaladas por Don Ramiro Estévez Verdejo: una de ellas del Anta de la Marquesa, en la Aceña de la Borrega, y la otra del Anta del Cajirón[20].

A finales de siglo nos encontramos con la figura del célebre geólogo valenciano Juan Vilanova y Piera. Viaja a Valencia de Alcántara invitado por el Duque de la Victoria para visitar algunos dólmenes. Impresionado por lo que vio, Vilanova publica un informe para la Real Academia de la Historia[21], en el que cita «cinco antas, dos completas y tres en ruinas, todas con siete piedras», encontrando cuchillos de pedernal, puntas de lanzas, flechas de cristal de roca, cerámica, algunos huesos humanos y objetos de adorno.

Vilanova realiza una descripción más exacta que autores anteriores, pero no menciona ni el lugar exacto ni el nombre de los monumentos que visitó. Señala, también que han sido saqueados por buscadores de tesoros y realiza una catalogación de todas las piezas que encuentra: pertenecientes al Mesolítico.

Unos años después, en 1892, realiza una segunda visita, rápida y no informa. Sin embargo, tenemos la noticia gracias a la revista local El Curioso Averiguador de Valencia de Alcántara. Azuar escribe en 1907 como Vilanova regresa a la localidad invitado de nuevo por el Duque de la Victoria.

El Curioso Averiguador nos dice al respecto:

«Marchó al campo a practicar estudios sobre el terreno y exploró las antas de la Zafra, el Cerro Alto y el alcornocal de Valverde […] hachas pulimentadas, alguna flecha de pedernal y cerámica tosca perteneciente todo a los tiempos neolíticos […] en algunas aparecen utensilios de cobre y de bronce»[22].

De los topónimos que menciona, solo conocemos los de la Zafra. En esta segunda visita halló ejemplares de época neolítica, por lo que lo cambia la datación de su primera visita. Además menciona el haber encontrado herramientas realizadas en cobre y bronce; algo que no es propio de los dólmenes por lo que es un buen indicador de que estos monumentos fueron reutilizados con el paso del tiempo.

Es importante destacar que Vilanova tenía intención de impartir una conferencia sobre prehistoria en el Casino de Artesanos, pero que, finalmente, no pudo celebrarse ya que se tuvo que ir urgentemente a Madrid.

Antes de acabar el siglo, en 1896, Leite de Vasconcelos publica una relación de piezas arqueológicas que adquiere el Museo de Elvas, entre los que se encuentran un ídolo placa decorado por las dos caras, un fragmento de punta de lanza de sílex, cuentas de collar y fragmentos de cerámica a mano; todo ello procedente de «un anta en la propiedad denominada Aceña de la Borrega»[23].

La Aceña de la Borrega es una pedanía perteneciente al municipio de Valencia de Alcántara, por tanto el investigador portugués se está refiriendo a alguno de los dólmenes que se encuentran allí. También señala materiales, con los números 4, 15, 16 y 17; procedentes del Puerto de Aguas Claras y de Mayorga, lugares muy próximos a La Aceña de la Borrega.

En el siglo XX, Valencia de Alcántara va a ser visitada por el arqueólogo más representativo de aquel momento: José Ramón Mélida. La visita acontece en 1916 con el objetivo de elaborar su famoso Catálogo Monumental de la Provincia de Cáceres[24] y se hace eco de la noticia el diario El Noticiero de Cáceres. En él se describe la excursión de Mélida, acompañado por un natural de la zona, visitando los dólmenes de la Data y Cajirón aunque no excavaron nada ni recogen material por falta de tiempo.

El catálogo será publicado en 1924 y recoge todos esos datos de su visita a los monumentos, describiéndolos e incluyendo fotografías y dibujos de las plantas. En 1920 publica una primicia dedicada a los dólmenes de Valencia de Alcántara en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.

En ambos trabajos, Mélida menciona dólmenes situados al suroeste de Valencia de Alcántara, que son los mismos que se venían citando desde el siglo XIX aunque él sí menciona cuáles son, la planta y su localización. Estos dólmenes son cinco: el Cancho del Lobo, los dos dólmenes del Cercado de la Data, el del Cercado de la Anta y el del Cajirón.

De esos cinco dólmenes hoy perduran todos excepto el primero. Catalogado con el nº 146, Mélida dice lo siguiente:

«Dolmen, arruinado, que se halla en el sitio llamado Cancho del Lobo. Diez de sus piedras se ven, dos de ellas medio enterradas […] es el más próximo a la villa, de la que distará poco más de tres kilómetros»[25].

No sabemos cómo sería este dolmen, ya que de los cinco monumentos catalogados por Mélida es el único del que no realizó ninguna fotografía ni dibujo de su planta.

Los cuatro restantes «están más distantes, en el camino del Asiento de Topete a la Aceña de la Borrega». Estos son los nº 147 al 150.

Los números 147-148 los denomina Cercado de la Data, que son en la actualidad los Data I y Data II. En ellos hace mención de la reutilización de los ortostatos y por ser objeto de «buscadores de supuestos tesoros o codiciadores de las piedras»[26].

El siguiente que menciona es el Cercado de la Anta, actualmente conocido como el Anta de la Marquesa o El Mellizo [Fig. 2]. Finalmente, el número 150 lo sitúa en el «cerro del Regato del Cajirón» siendo denominado hoy día como Cajirón I, del que dice lo siguiente:

«Conserva la cubierta, pero está removido por haber sido despedazados algunos de los soportes y haberse vencido los del lado de poniente, habiéndole reforzado, los profanadores, con cantos»[27].

Es curioso que Mélida solo recogiera la existencia de cinco ejemplares y no incluyera el de Cajirón II, que se sitúa a unos escasos metros del Cajirón I[28].

Como se ha mencionado anteriormente, Mélida no lleva a cabo ninguna excavación ni recogida de materiales, pero al final del capítulo señala que «a pesar de estar profanados, sería conveniente explorarlos para descubrir las piedras ocultas como para recoger los objetos que aún estuvieran enterrados».

Es necesario decir que a Mélida le interesa y le da importancia a la conservación de la arquitectura, ya que hay que recordar que está elaborando un catálogo en un momento en el que se buscaba el acercamiento a las corrientes de pensamiento europeo y orientar la disciplina hacia la profesionalización completa. Además amplía el concepto de monumento al de yacimiento y ruina.

Al final del capítulo establece una visión de conjunto, relacionando los dólmenes de Valencia de Alcántara con los de San Vicente de Alcántara, concretamente con uno en la Encomienda de Mayorga, algunos de la provincia de Badajoz y con los de Portugal. En cuanto a la cronología, los data como monumentos neolíticos[29].

Tras los trabajos de Mélida habrá que esperar hasta finales de la década de los 50 para que publiquen el matrimonio Leisner[30] una especie de Corpus sobre el megalitismo peninsular, centrándose en Portugal pero incluyendo algunos dólmenes extremeños, entre los cuales señalan algunos de Valencia de Alcántara.

Georg y Vera Leisner se limitan a recoger la publicación de Mélida de 1924, señalando los cinco dólmenes catalogados por el arqueólogo madrileño añadiendo un sexto: el de la Aceña de la Borrega que citaba Leite de Vasconcelos. Además recogen el dolmen del Anta de la Marquesa en Portugal, algo que creará una gran confusión, ya que se encuentra en una pedanía de Valencia de Alcántara. Así catalogan seis ídolos placa procedentes de los dólmenes mencionados [Fig. 3].

Estos errores derivan del desconocimiento del terreno y de la mala interpretación de los datos que aportaba Leite de Vasconcelos. Es posible que, tanto Leite como los Leisner, al mencionar el dolmen de la Aceña de la Borrega se estén refiriendo al Anta de la Marquesa ya que es el más cercano a la población como también el mejor conservado.

A pesar de las confusiones, el estudio de los Leisner alcanzará una gran difusión y repercusión a nivel internacional que provocará que la zona de Valencia de Alcántara se revalorizara dentro del panorama científico europeo.

Casi al mismo tiempo que el matrimonio alemán, Manuel Bergés Soriano realiza su tesina de Licenciatura inédita sobre el Megalitismo extremeño, en la que incluye diez dólmenes inéditos de Valencia de Alcántara. Para ello visita la localidad e inicia una serie de prospecciones, acompañado por un guardia municipal conocedor del terreno, en las que mide, dibuja la planta y fotografía. Esos diez monumentos son tres situados en el Cerro de la Zafra, los dos de Las Tapias, los dos de Las Lanchas, los dos del Tapado del Anta y el dolmen de El Corchero.

Bergés es consciente que si se sigue prospectando la zona podría hallarse más monumentos e, incluso si se llevaran a cabo excavaciones arqueológicas permitiría datarlos cronológicamente.

Del trabajo de Bergés surge el interés de Martín Almagro Basch, que era el director de esa tesina. Almagro, director del Instituto Español de Prehistoria, pretendía dinamizar los estudios sobre el Megalitismo extremeño, dentro de un contexto arqueológico nacional con muchas particularidades. La presencia de Almagro en la región supone un toque de atención sobre el megalitismo, en un momento de apatía arqueológica en Extremadura, que procedía de un prestigioso arqueólogo con una larga trayectoria investigadora y con un gran peso académico y político.

Aunque sus excavaciones no fueron muy numerosas, abrió nuevos caminos, contando con colaboradores tan destacados como Sáenz de Buruaga, director del museo de Mérida, o Carlos Callejo Serrano, conservador del Museo de Cáceres y famoso por hallar las pinturas rupestres de la cueva de Maltravieso.

En lo que concierne a los dólmenes de Valencia de Alcántara, Almagro publica en 1962 el resultado de las excavaciones llevadas a cabo en los dólmenes de El Corchero y el de Tapias I. En ambos megalitos, el autor aporta planos y sección de la planta del monumento [Fig. 4], así como el hallazgo de materiales del ajuar [Fig. 5].

Dichas excavaciones arqueológicas fueron dirigidas por una de sus alumnas, Rosa Donoso, y hay que destacar que algunos materiales se adscriben a unos dólmenes de manera discutible[31].

Se publica un mapa de la zona donde se señalan, además de los ya conocidos y los dólmenes excavados, el de Tiracalzas, Huerta de las Monjas, Palancar y Morera; sin ser mencionados en el texto. También destacar en el mapa la denominación de los dólmenes de la Aceña de la Borrega. Se señala dos en el Asiento, uno en las Datas y otro en el Cajirón. Los dos del Asiento se refiere a los Datas y el de las Datas es el Mellizo; por tanto, vemos de nuevo la confusión de los dólmenes de esa zona.

En lo que se refiere a la excavación del dolmen Tapias I, menciona que ha sido objeto de saqueos en numerosas ocasiones por lo que hallaron gran cantidad de material de sílex fuera de la cámara, ya que los buscadores de oro al ver que no encontraban nada de lo que ellos buscaban arrojaban la mayoría del material fuera del monumento. Como nota curiosa destacar que aparecieron monedas medievales[32] portuguesas y un botón de infantería española de la época de Isabel II, con lo que vemos cómo estos monumentos sirvieron como refugio en todas las épocas.

Del dolmen Tapias II solo menciona que está en muy malas condiciones, estando en pie solo un ortostato y el resto deshecho «para usarlo como cochiquera».

Vemos de nuevo el uso al que han estado sometidos estos monumentos a lo largo de la historia, siendo muy diferentes a su función.

Por su parte, del dolmen de El Corchero destacar lo siguiente:

«Parece ser que hace unos treinta y cinco años este monumento se hallaba completo y fue destruido por el padre de la actual dueña, quien hizo una era con los fragmentos de las losas que faltan. La plataforma de la era puede verse allí mismo»[33].

A pesar de la confusión de los dólmenes de la Aceña y de algunos materiales hallados, el trabajo de Almagro significa la primera excavación arqueológica oficial en la zona.

Por las mismas fechas, Carlos Callejo recoge y cita nuevos dólmenes valencianos, agrupándolos en tres zonas principales: una, al este (fincas Las Tapias y la Zafra), otra, al sudeste (Las Datas, el Cajirón), y otra, al oeste (Corchero, Lanchas), lindando con Portugal[34].

En la década siguiente, el que fuera director del Museo de Cáceres, Miguel Beltrán Lloris, publica el estado de la cuestión de la arqueología extremeña destacando la presencia de 18 dólmenes en Valencia de Alcántara y, señala que se trata de la zona megalítica más rica de la provincia[35].

Un nuevo impulso y, posiblemente el mayor estudio, sea la obra de Elías Diéguez, que publicó y presentó en el V Congreso de Estudios Extremeños en 1976. Antes de esta obra había publicado numerosos artículos en periódicos regionales como el HOY de Badajoz o el EXTREMADURA, así como en diferentes revistas especializadas. En 1961 es nombrado miembro de la Comisión de Monumentos de Cáceres y en 1964 delegado de excavaciones arqueológicas en Valencia de Alcántara, lo que le permite estar presente en las excavaciones [Fig. 6] realizadas en este tipo de monumentos[36].

En su obra registra 43 dólmenes, de los cuales 23 son inéditos[37]. Aporta la ubicación de los monumentos, sus plantas y fotografías [Fig. 7]. La pretensión del estudio es dar a conocerlos, que sean objeto de investigación y salvarlos de la destrucción, degradación y el saqueo.

En esta obra se aprecia la imprecisa localización de algunos dólmenes, ya que los nombra con el nombre del propietario en aquel momento del terreno donde se encuentran. Ejemplo claro es el denominado Cachazo por el autor, que actualmente se conoce como Huerta de las Monjas.

También apreciamos que confunde, un autor más, los dólmenes de la Aceña. Diéguez llama Asiento al dolmen Datas I, al Datas II le denomina Datas I, y al Mellizo o Anta de la Marquesa, Datas II. Los dólmenes del Cerro de la Zafra les cambia la numeración. Por otra parte, realiza excavaciones junto con sus alumnos en el dolmen Lanchas I y el de Huerta de las Monjas.

Tras Diéguez, mencionaremos a la Catedrática de Prehistoria de la Universidad de Alcalá de Henares, Primitiva Bueno Ramírez.

Bueno ha publicado una gran cantidad de artículos y libros relacionados con la prehistoria, el megalitismo, pinturas rupestres, estelas antropomorfas o necrópolis; destacando entre ellos su obra titulada Los dólmenes de Valencia de Alcántara[38]. Se trata de una monografía donde cataloga y estudia de manera pormenorizada 48 dólmenes de los cuales 11 son inéditos. Presenta planos, fotografías y estudia todos los materiales existentes fruto de anteriores excavaciones así como los hallados en los dólmenes excavados por la autora y su equipo.

Entre los años 1985-1987 interviene y lleva a cabo excavaciones arqueológicas [Fig. 8] en los dólmenes del Anta de la Marquesa, Datas II, Cajirón I y Huerta de las Monjas. Los resultados obtenidos fueron una buena conservación de los túmulos en las Datas y en Huerta de las Monjas, descubrimiento del corredor en los cuatro ejemplares, documentación de los sistemas arquitectónicos empleados y recuperación de materiales originales[39].

La misma autora publicará años más tarde, en 2008, el último catálogo[40] realizado sobre los dólmenes valencianos, valorando lo ya conocido a partir de fuentes escritas y planteando un estado de la cuestión sobre el patrimonio de Valencia de Alcántara. El catálogo se presenta a modo de fichero con una numeración consecutiva a partir de la cronología y recogiéndolos de norte a sur.

Cada ficha cuenta con la información más relevante del monumento: nombre, clasificación, coordenadas, topónimo, localización en el mapa topográfico, breve descripción y si existen o no trabajos. Además, nos encontramos con imágenes ilustrativas, ya sean fotografías o planos.

Finalmente, las últimas intervenciones, hasta la fecha, son las acontecidas por la Junta de Extremadura. Dichas intervenciones fueron llevadas, durante los años 90 del siglo pasado, a cabo dentro de los programas de Cooperación Transfronteriza Interreg con el objetivo de consolidar y acondicionar algunos monumentos para así evitar la degradación progresiva de los mismos y acondicionarlos para la visita. Tras estas intervenciones, salieron a la luz una serie de trabajos encabezados por Carrasco Martins y Enríquez Navascués[41], donde nos dan información de los trabajos de consolidación de los dólmenes de El Palancar, Zafra II, La Miera o Datas I, añadiendo planta, alzados, algunos objetos de ajuar encontrados y fotografías [Fig. 9] del antes y el después de la intervención.

CONCLUSIONES

Valencia de Alcántara presenta innumerables vestigios del pasado, y los dólmenes son un ejemplo de ellos. Estos monumentos son conocidos desde antiguo, ya que en las Ordenanzas del Concejo de Valencia de Alcántara de 1489 ya se mencionan como «Antas»[42].

A pesar de ello, estos monumentos fueron objeto de expolio durante siglos, ya sea mediante la reutilización de los ortostatos, usados como habitáculos para animales y/o personas, como por los buscadores de tesoros.

En el amplio conjunto megalítico, podemos apreciar que aunque los dólmenes situados en la Aceña de la Borrega eran los más antiguamente citados, no eran los mejor conocidos, ya que Mélida, los Leisner, Almagro y Diéguez los confunden.

Los diferentes estudios realizados sobre los dólmenes contribuyeron en su puesta en valor y fiel reflejo de esto fue la declaración, en 1992, como Bien de Interés Cultural como Zona Arqueológica.

En definitiva, hay mucho trabajo realizado pero hay mucho más que hacer. Tanto por cantidad como por calidad, Valencia de Alcántara tiene mucho potencial. Potencial no solo científico o arqueológico, sino también turístico. Se debe llevar a cabo una mayor divulgación del patrimonio valenciano, no solo megalítico sino también monumental. Para ello, aunque existe una buena señalización de los dólmenes, se debería actualizar la señalización, limpieza de caminos y terrenos, mayor accesibilidad y conservación.

Sería interesante realizar alguna excavación arqueológica de manera científica en alguno de los monumentos, ya que solo tenemos las que realizaron Almagro, la Asociación de Amigos de la Arqueología, las de Elías Diéguez con sus alumnos, las de Bueno y su equipo en los años 80 y las intervenciones de la Junta de Extremadura una década después. Paralelamente es necesario elaborar una Carta Arqueológica.

Aun sabiendo que la iniciativa para declarar La Raya como Patrimonio de la Humanidad es debido a la gran presencia a ambos lados de la frontera de fortificaciones abaluartadas, creemos conveniente hacer hincapié a todo lo existente en esta zona: fortificaciones, costumbres, identidad cultural, gastronomía, paisaje compartido y, por supuesto, la gran concentración de dólmenes en todo este espacio. Por tanto, La Raya es mucho más y debemos trabajar todos en la misma dirección con el objetivo de cooperar, defender y proteger nuestro patrimonio.

APÉNDICE FOTOGRÁFICO

Fig. 1. Dolmen de La Barca destinado a zahúrda (Foto archivo Elías Diéguez Luengo).

Fig. 2. Anta de la Marquesa a principios del siglo XX (Mélida, 1916).

Fig. 3. Ídolos placa encontrados en dólmenes de Valencia de Alcántara (Leisner, 1959).

Fig. 4. Ajuar funerario hallado en dolmen Tapias I (Almagro, 1962).

Fig. 5. Planta dolmen El Corchero (Almagro, 1962).

Fig. 6. Excavación del Tapado del Anta (Foto archivo Elías Diéguez Luengo, 1961).

Fig. 7. Ajuar encontrado en El Corchero (Foto archivo Elías Diéguez Luengo, 1961)

Fig. 8. Excavación dolmen Huerta de las Monjas en 1987 (Bueno, 2008).

Fig. 9. Dolmen La Miera antes y después de su intervención (Enríquez y Carrasco, 1999).

BIBLIOGRAFÍA

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BALBÍN BERHMANN, Rodrigo de, “Arte megalítico en el Suroeste: El grabado de Huerta de las Monjas (Valencia de Alcántara), XIX Congreso Nacional de Arqueología, Castellón, 1987, pp. 237-247.

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NOTAS

[1] El término “tapado” procede del portugués y significa parcela. Si es cierto que existe en Valencia de Alcántara un dolmen llamado Tapado del Anta.

[2] Las primeras referencias donde se definen estos monumentos como celtas corresponden a Juan Ramis i Ramis en su publicación Antigüedades célticas de la Isla de Menorca desde los tiempos más remotos hasta el siglo IV de la era Cristiana, Mahón, 1818.

[3] Domingo BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ, Ordenanzas del Concejo de Valencia de Alcántara, Institución Cultural “El Brocense”, Cáceres, 1982.

[4] Domingo BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ, “Ordenanzas del Concejo…”, ob. cit. p. 163.

[5] Domingo BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ, “Ordenanzas del Concejo…”, ob. cit. p. 95.

[6] Alonso de TORRES Y TAPIA, Crónica de la Orden de Alcántara, Madrid, 1763, T. I, p. 223.

[7] Alonso de TORRES Y TAPIA, “Crónica de la Orden…”, ob. cit. p. 229.

[8] José DE VIU, Colección de Inscripciones y Antigüedades de Extremadura, Concha y Compañía, Cáceres, 1846.

[9] Incluimos la referencia de estos dólmenes situados en Mayorga, ya que Valencia de Alcántara tenía derechos en estos territorios desde mediados del siglo XIV hasta tiempos modernos. Finalmente, en 1836, esta encomienda incrementará el término de la villa de San Vicente, tras agregarse ésta a la provincia de Badajoz. Antonio NAVAREÑO MATEOS, Arquitectura militar de la Orden de Alcántara en Extremadura, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1987, p. 173. Vid. Ramiro ESTEVEZ VERDEJO: Monografía de San Vicente de Alcántara, Badajoz, 1907, pp.45-46.

[10] José DE VIU, “Colección de Inscripciones…ob. cit. p. 201.

[11] José DE VIU, “Colección de Inscripciones…ob. cit. p. 201.

[12] Pascual MADOZ, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Tomo XV, Madrid, 1849, p. 449.

[13] Hay que recordar que Viu vivió por un tiempo en Valencia de Alcántara, siendo Juez de Primera Instancia y Alcalde Mayor de la villa (nombrado en 1834).

[14] Juan Agustín Ceán Bernúdez, Sumario que hay de las antigüedades romanas que hay en España, en especial las pertenecientes a las Bellas Artes, Madrid, 1832, pp. 423-424.

[15] Viu también menciona dicha ara, “en un olivar a la salida de Valencia”. Actualmente se conserva en el Centro de Interpretación de Valencia de Alcántara.

[16] Vicente BARRANTES, Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura, T. I, Madrid, 1875, p. 454.

[17] Nicolás DÍAZ PÉREZ, Extremadura (Badajoz y Cáceres), Establecimiento Tipográfico-Editorial de Daniel Cortezo y Compañía, Barcelona, 1887, pp. 21-22.

[18] Vicente PAREDES Y GUILLÉN, Origen del nombre de Extremadura, Plasencia, 1886, p. 33.

[19] Tomás ROMERO DE CASTILLA, Inventario de los objetos recogidos en el Museo Arqueológico de la Comisión Provincial de Monumentos de Badajoz, Tip. El Progreso de Antonio Arqueros, Badajoz, 1896, p. 13.

[20] Tomás ROMERO DE CASTILLA, “Inventario de los objetos…ob. cit. p. 207.

[21] Juan VILANOVA Y PIERA, “Valencia de Alcántara en el concepto protohistórico”, Boletín de la Real Academia de la Historia, T. XV, Madrid, 1889, pp. 192-193.

[22] Antonio AZUAR, “El libro de Valencia de Alcántara”, El Curioso Averiguador de Valencia de Alcántara, Valencia de Alcántara, 1907, pp. 11-12.

[23] José LEITE DE VASCONCELOS, “Acquisições do Museu Municipal de Elvas”, O Archeologo portugês, vol. II, nº. 1, Lisboa, 1896, pp. 3-4.

[24] José Ramón MÉLIDA, Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres, Madrid, 1924, pp. 21-25.

[25] José Ramón MÉLIDA, “Monumentos megalíticos de la provincia de Cáceres”, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, T. XLI, Madrid, 1920, p. 57.

[26] José Ramón MÉLIDA, “Monumentos megalíticos…ob. cit. p. 58. José Ramón MÉLIDA, “Catálogo Monumental…ob. cit. p. 23.

[27] José Ramón MÉLIDA, “Monumentos megalíticos…ob. cit. p. 59. José Ramón MÉLIDA, “Catálogo Monumental…ob. cit. pp. 24-25.

[28] Para saber más sobre la localización de los dólmenes, ver Francisco BEJARANO, Guía del Conjunto Megalítico de Valencia de Alcántara, Valencia de Alcántara, 1993.

[29] José Ramón MÉLIDA, “Monumentos megalíticos…ob. cit. p. 60.

[30] George y Vera LEISNER, Die Megalithgraber der Iberischen Halbinsel. De Westen, Berlín, 1959, p. 40. Juan Javier ENRÍQUEZ NAVASCUÉS, “Notas para una historiografía de los dólmenes de Extremadura”, Extremadura Arqueológica VIII, Mérida, 2000, p. 29.

[31] Se adscriben ídolos placa, puntas de flecha y cerámicas al dolmen El Corchero cuando en realidad fueron hallados en Tapado del Anta.

[32] Martín ALMAGRO BASCH, Megalitos de Extremadura I, Excavaciones Arqueológicas en España, 3, Madrid, 1962, p. 9.

[33] Martín ALMAGRO BASCH, “Megalitos de…ob. cit. p. 11.

[34] Carlos CALLEJO SERRANO, “Un lustro de investigaciones arqueológicas en la Alta Extremadura”, Revista de Estudios Extremeños, T. XVIII, 1962, p. 288.

[35] Miguel BELTRÁN LLORIS, Estudios de arqueología cacereña, Zaragoza, 1973, pp. 6-14.

[36] Para saber más ver, Carmen DIÉGUEZ CASCALES, “Biografía de Elías Diéguez Luengo”, Extremadura Arqueológica VIII, Mérida, 2000, pp. 13-15.

[37] Elías DIÉGUEZ LUENGO, “Los Dólmenes de Valencia de Alcántara”, V Congreso de Estudios Extremeños, pp. 25-42.

[38] Primitiva BUENO RAMÍREZ, “Los dólmenes de Valencia de Alcántara, Ministerio de Cultura, Madrid, 1988.

[39] Primitiva BUENO RAMÍREZ y Rodrigo BALBÍN BEHRMANN, “El proyecto arqueológico «Valencia de Alcántara: El Jardinero y yacimientos megalíticos de la comarca de Valencia de Alcántara (Cáceres)»”, Extremadura Arqueológica II, Mérida-Cáceres, 1991, pp. 89-101.

[40] Primitiva BUENO RAMÍREZ y Antonio VÁZQUEZ CUESTA, Patrimonio Arqueológico de Valencia de Alcántara, Valencia de Alcántara, 2008.

[41] CARRASCO MARTINS, María Jesús, ENRÍQUEZ NAVASCUÉS, Juan Javier, “Intervenciones en los dólmenes de Valencia de Alcántara”, Ibn Marván, nº 7, Marvao, 1997, pp. 247-265. CARRASCO MARTINS, María Jesús, ENRÍQUEZ NAVASCUÉS, Juan Javier, “Sobre los dólmenes de corredor corto de Valencia de Alcántara”, Ibn Marván, nº 9-10, Marvao, 1999-2000, pp. 271-301.

[42] Domingo BOHÓRQUEZ JIMÉNEZ, Ordenanzas del Concejo de Valencia de Alcántara, Institución Cultural “El Brocense”, Cáceres, 1982.