Mar 312015
 
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Teodoro Martin Martín.

UNED

1. Introducción

Aprovechando la celebración del IV Centenario de la muerte de Luisa de Carvajal y Mendoza, ocurrida en Londres en 1614, hemos tratado de acercarnos a una faceta nueva de su vida. Esta, junto a su obra, ya ha sido estudiada por diferentes especialistas. Nuestro propósito aquí es abordar un aspecto poco conocido, cual es su vinculación a la ciudad y la universidad de Lovaina.

En nuestro reciente trabajo sobre esta ciudad belga[1], no hallamos rastro alguno sobre la citada conexión y por ello en el estudio aquella no aparecía. De hecho doña Luisa nunca visitó Lovaina. No obstante, sí merece relacionar este espacio geográfico con nuestro personaje, por cuanto fue ella la que patrocinó la fundación en aquella urbe de un centro de formación para sacerdotes jesuitas ingleses.

Este pues va a ser el objetivo que nos trazamos en esta comunicación, el por qué, cómo y qué evolución tuvo la fundación, con el dinero de su herencia, de un Noviciado de jesuitas en aquella ciudad. Para ello nos hemos propuesto consultar todos aquellos libros, documentos y manuscritos sobre nuestra autora, existentes en los distintos archivos y bibliotecas españolas.

Seguidamente estableceremos unos criterios de valoración de aquellas fuentes documentales, para poder calibrar con precisión y acertamiento cuáles fueron las motivaciones que la llevaron a patrocinar aquella institución. ¿Por qué los jesuitas? ¿No existían entonces otras órdenes reformadas? ¿Qué destino y desarrollo tuvo la creación del Noviciado? También veremos la evolución posterior del mismo hasta su localización en Saint Omer.

Entiendo que aunque este es un tema muy puntual, nos sirve para adentrarnos en la rica personalidad de Luisa de Carvajal. Una mujer extraordinaria, excepcionalmente “rara” para aquellos tiempos, pero con unas convicciones tan lúcidas y determinantes que hacen de ella un personaje singular. Contradictorio y complejo sí, pero a la vez eminente. Todo ello sin entrar a valorar su obra literaria en forma de cartas y poesías. Sin duda alguna estas están entre lo más granado de la creación ascética y espiritual de aquel tiempo.

Luisa de Carvajal y Mendoza renunció a toda una serie de comodidades que le proporcionaba su origen y posición social, entregándose a las profundidades de un mundo oscuro y peligroso. Ello fue posible por sus firmes convicciones religiosas, muy arraigadas ya desde su primera juventud. A ellas va a dedicar la mayor parte de su existencia, aunque ello le suponga sinsabores y conflictos mil. A todos ellos se enfrentó y venció porque como ha dicho algún tratadista de su vida y obra NO PODÍAN CON ELLA.

2.Fuentes y Bibliografía

2.1. Documentos

Hemos consultado las siguientes fuentes archivísticas:

a)  En el Archivo General de Palacio, en Madrid, se conservan, procedentes del Monasterio de la Encarnación, 178 cartas; así como otros manuscritos de nuestro personaje. Así mismo el testamento de Luisa de Carvajal. También el Proceso de beatificación, en forma de 38 respuestas a un interrogatorio predeterminado de 47 preguntas.

b) En la Real Biblioteca de Palacio se halla la Librería particular del Conde de Gondomar. De esta procedencia existen también una colección de 18.000 cartas privadas. Relacionadas con doña Luisa hay catalogadas 33, que van de 1611 a 1615.

c) En la Biblioteca Nacional hemos consultado la mayor parte de los libros que mencionamos en el apartado de bibliografía. Además en aquella hallamos la estampa retrato de doña Luisa, obra de Jean de Courbes y publicada en Madrid en 1632.

Figura 1b

d) En la Biblioteca de la Real Academia de la Historia es posible acceder al interrogatorio de preguntas para la información sobre la vida, virtudes y santidad de la sierva de Dios y Venerable Luisa de Carvajal y Mendoza, elaborado por el doctor Juan Doyega de Mendieta, Madrid 1626; consta de 11 hojas. Existen así mismo, diversas cartas de doña Luisa, de don Rodrigo Calderón, del padre Miguel Valpolo y de don Diego Sarmiento. Todas ellas en la colección Salazar y Castro, signatura N-28.

e) En el Monasterio de la Encarnación es posible contemplar el cofre con los restos de doña Luisa, sitos en el relicario del citado convento. También una pintura anónima que representa en actitud orante a nuestra biografiada, se halla en una saleta que precede al coro de las monjas agustinas recoletas.

Figura 2b

f) En la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial no hallamos manuscritos, pero sí diferentes libros sobre las poesías y el epistolario de doña Luisa de diferentes años y ediciones.

g) En el Archivo del Colegio de San Albano de Valladolid (vulgo Los Ingleses) existe, en la serie II, el libro 8, en el que es posible consultar diferentes documentos referidos a nuestro tema. Agradezco la información que sobre este centro me proporcionó el profesor Javier Burrieza de la Universidad vallisoletana.

h) La iglesia de Saint James (Santiago), en Londres, recuerda el paso por aquella ciudad de doña Luisa mediante una inscripción epigráfica sobre una gran lápida y en la parte superior un escudo con las armas de Carvajal y Mendoza.

 

2.2.Bibliografía

Para obtener información sobre Luisa de Carvajal, además, hemos recurrido a los siguientes trabajos sobre la misma, que ordenaremos siguiendo un criterio de edición cronológica:

-Licenciado Luís Muñoz: Vida y virtudes de la Venerable Virgen doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Su jornada de Inglaterra y sucesos en aquel reino. Incorpora una estampa de doña Luisa obra de Jean de Courbes (1592-1641). Imprenta Real. Madrid 1633.

-Georgina Fullerton: The Life of Luisa de Carvajal. Burns and Oates, Londres 1873.

-Poesías espirituales de la Venerable doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Muestra de su ingenio y de su espíritu. Texto impreso por Antonio Izquierdo en Sevilla en 1885. Se trata de una edición de 48 poesías espirituales a cargo de don Manuel Pérez de Guzmán, marqués de Jerez de los Caballeros, sin presentación ni introducción.

-Antonio Rodríguez Moñino y María Brey Aparicio: Luisa de Carvajal (poetisa y mártir). Apuntes bibliográficos. Artes Gráficas Municipales, Madrid 1933.

-Jesús González Marañón y Camilo María Abad: Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. Volumen 179 de la Biblioteca de Autores Españoles. Atlas, Madrid 1965.

-Camilo María Abad: Una misionera española en Inglaterra: Doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Universidad Pontificia de Comillas, Santander 1966.

-Escritos autobiográficos (Texto Impreso) de Luisa de Carvajal y Mendoza. Introducción y notas de Camilo María Abad. Colección Espirituales Españoles. Editor Juan Flors, Barcelona 1966.

-Teodoro Fernández Serrano: IV Centenario de doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Revista “Alcántara” nº 147, Cáceres, julio-diciembre 1966.

-Teodoro Fernández Serrano: Una extremeña hacia los altares. Diario “Hoy” de Badajoz, domingo 9 de abril de 1967.

-Valeriano Gutiérrez Macías: Doña Luisa de Carvajal y Mendoza, una mártir de la fe de Cristo y poetisa del amor divino. En el volumen II de su obra Mujeres Extremeñas. Cáceres 1977. Incluye una selección de versos.

-Aquilino Camacho Macías: Doña Luisa de Carvajal y Mendoza (1566-1614). Revista “Alminar” nº 8, Badajoz, octubre de 1979.

-Poesías Completas de Luisa de Carvajal y Mendoza. Texto Impreso. Edición a cargo de Mª Luisa García Nieto Onrrubia. Colección Clásicos Extremeños nº 1.  Diputación de Badajoz, 1990.

-Anne J. Cruz: Luisa de Carvajal y Mendoza y su conexión jesuita. “Asociación Internacional de Hispanistas”. Volumen II. Universidad de California, Irvine 1994. Tengo noticias, gracias a Leticia Sánchez Hernández, de que Anne J. Cruz acaba de editar este mismo año un libro titulado The Life and Writings of Luisa de Carvajal y Mendoza. Publicado por el Centro de Estudios para la Reforma y el Renacimiento. Victoria University, Toronto 2014.

-This Tight Embrace. Luisa de Carvajal. Edición de Elisabeth Rhodes. Marquette University Press, Milwaukee 2000.

-María de las Nieves Pinillos Iglesias: Hilando Oro. Vida de Luisa de Carvajal y Mendoza. Ediciones del Laberinto, Madrid 2000.

-M. García Verdugo: Luisa de Carvajal en sus contextos: aventurera y escritora. En “Espéculo” nº 26, Revista de Estudios Literarios. Universidad Complutense, Madrid 2004.

-Adelaida Cortijo y Antonio Cortijo Ocaña: Correspondencia entre Luisa de Carvajal y el Conde de Gondomar (1612-1614). Universidad de California, Santa Barbara 2005.

-Luisa de Carvajal y Mendoza. Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. Por Manuel Mañas Núñez. Volumen XII. Madrid 2010.

-The letters of Luisa de Carvajal y Mendoza. Edición de Glyn Redworth. Pickering and Chatto. Londres  2010, 2 volúmenes.

Christopher J. Henstock: Luisa de Carvajal: Text, context and selfidentity. University of Manchestyer. Tesis doctoral 2012.

Otros trabajos consultados:

  1. Padre Bartolomé del Alcázar: Chrono-historia de la Compañía de Jesús en la provincia de Toledo y elogio de sus varones ilustres, fundadores y bienhechores. Madrid 1710, 2 volúmenes.
  2. Carmen Manso Porto: Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar (1567-1626). Xunta de Galicia. Santiago de Compostela 1996.
  3. José Antonio Maravall: Poder, honor y élites en el siglo XVII. Ediciones Siglo XXI, Madrid 1984.
  4. Teodoro Martín Martín: El concepto de jardín en la Constancia de Justo Lipsio. En “La Ciudad de Dios”, San Lorenzo de El Escorial, volumen CCXXVII, nº 1, enero-abril de 2014.
  5. Teodoro Martín Martín y Alejandro Martín Romo: Visiones Hispánicas de Lovaina. “Cuadernos de Investigación Histórica” nº 29. F.U.E. Madrid 2012.
  6. Geoffrey Parker: Felipe II. La biografía definitiva. Planeta, Barcelona 2010.
  7. Ciriaco Pérez Bustamante: La España de Felipe III. Volumen XXIV de la Historia de España de don Ramón Menéndez Pidal. Espasa Calpe, Madrid 1983.
  8. Wenceslao Ramírez de Villaurrutia. La embajada del conde de Gondomar en Inglaterra en 1613. Madrid 1913.
  9. Oscar Ruíz Fernández: Las relaciones hispano-inglesas entre 1603 y 1625. Diplomacia, comercio y guerra naval. Tesis leída en la Universidad de Valladolid el año 2012.
  10. Reinhold Schneider : Philipp der Zweite oder Religion und Macht. Frankfurt a M. und Hamburg. 1966.
  11. Eduard Van Even: Louvain dans le passé et dans la prèsent. Edición de Auguste Fonteyn. Lovaina 1895.

3. Breve apunte biográfico

Luisa de Carvajal y Mendoza nació en Jaraicejo (antigua provincia de Extremadura) el 2 de enero de 1566. Era hija de Francisco de Carvajal y Vargas, caballero nobilísimo y de María de Mendoza y Chacón, primogénita de los condes de Monteagudo. Por su origen era doblemente aristócrata. Quedó huérfana a los seis años pasando a vivir con su tía María de Chacón en las Descalzas Reales de Madrid. A los diez muere su tutora y parte para Almazán con su tío materno, Francisco Hurtado de Mendoza, al cual seguirá a Pamplona cuando este sea nombrado virrey de Navarra.

En aquel siglo de espiritualidad tremendista, “los métodos educativos que su tío le impuso pecaron de rigurosos con una niña de trece años”[2]. Seguramente de él heredó también el gusto por la poesía. Esta y su dedicación a Dios y su religión fueron el norte que guió su vida desde los diecisiete años. Después de una breve estancia conviviendo con su tío en Madrid, a la muerte de este en 1592, decide rodearse de unas amigas y establecer en su propia casa una auténtica comunidad monástica, que perduró doce años. Funda así un pequeño beaterio en compañía de aquellas tres o cuatro criadas de la mansión de su tío que la habían seguido.

Se ubicaron en una casa de la calle de Toledo, no muy lejos del colegio de la Compañía, que había patrocinado la Emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II, a su vuelta a Madrid. Allí Luisa hizo una serie de votos: De perpetua pobreza en 1593, de obediencia y mayor perfección ambos en 1595 y el de martirio en 1598.

Figura 3b

 Esta fase de su existencia en el beaterio de Madrid fue crucial en su vida. Así nos lo relata su más que amiga, hermana y fiel compañera, Inés de la Asunción. Esta fue una de las cuatro criadas que la siguieron en la desafiante aventura de entregarse a Dios de un modo por lo demás insólito. Ella, como dice Nieves Pinillos, allí “ya no era sino una compañera más y juntas habían de vivir como pobres y del trabajo de sus manos…Al decidir Luisa vivir del trabajo de sus manos escogió la muerte social, ser el oprobio del mundo, pero también conseguiría, aunque a alto precio, ser bastante más libre”[3].

Esta forma de vida habría tenido bastante parecido con la de un beaterio si no fuese por la introducción revolucionaria y rebelde del trabajo para sustentarse y de la frecuentación de lo más despreciado de la sociedad…Recogían prostitutas enfermas y las traían a casa para atenderlas[4].

“Sintió simpatía y cariño por los católicos ingleses. Supo por una carta del embajador de España, Juan de Mendoza, que había sufrido martirio el padre Eduardo Campiano, valeroso soldado de la Compañía de Jesús. Creció mucho este pensamiento con una relación que le llegó de la vida y martirio del padre Enrique Valpolo, de la misma orden religiosa, el cual fue ejecutado en el año 1595 en Londres”[5].

Entre 1603 y 1605 permanece en Valladolid para seguir de cerca el complicado proceso de recuperar su hacienda. En la citada ciudad se había instalado la Corte y con ella los consejos que la asesoraban. Ella tenía problemas para heredar, dado que según el testamento paterno ello solo era posible si contraía matrimonio o ingresaba en un convento. Ninguna de las dos situaciones reflejaba su modus vivendi. Conseguido su propósito de obtener sus derechos hereditarios en 1605 decidió lo siguiente: “Ya sabe vuestra merced que la hacienda ha de ser de la Compañía, como lo es su dueño, y lo será mientras viviere, que a esto se les ofrece tan pobre en la ofrenda y posibilidad, cuanto rica de voluntad y afición verdadera”[6]. La hacienda por voluntad expresa de Luisa se destinaba a la fundación de un Noviciado para la misión de los padres jesuitas en Inglaterra.

A finales de enero de 1605 parte para Londres a cuya capital llega, poco antes de que en noviembre del mismo año se produjera la Conspiración de la pólvora, intento por parte de algunos radicales católicos de hacer volar por los aires el parlamento inglés con su rey Jacobo I dentro. En la mencionada ciudad inglesa sostiene públicas controversias con gentes del común y teólogos protestantes, creando a su alrededor una pequeña comunidad femenina católica. Su labor de apostolado, en un ambiente hostil, la hace objeto de persecución, sufriendo dos veces prisión, una en 1608 y otra en 1613.

Sus nueve años de estancia en Londres supusieron un esfuerzo extraordinario para una mujer con delicada salud, bajo un clima con un sempiterno mal tiempo; “todos estos meses no hace otra cosa el cielo sino llover”, decía en una de sus cartas. El idioma también fue una barrera al principio ya que lo desconocía, pero poco a poco, según señalaba, “ya voy suelta en hablar inglés”. Es cierto que siempre contó con el apoyo de los tres embajadores españoles que conoció en Inglaterra, pero el ambiente adverso siempre la acompañó en su periplo británico. “La Iglesia y la Monarquía Española eran las únicas lealtades terrenales ante las que se inclinaba Luisa”[7].

El 2 de agosto de 1613 llegó a Portsmouth el nuevo embajador de España, don Diego Sarmiento de Acuña. Coincidió con la publicación ese mismo año, por el padre Francisco de Suarez de la Compañía de Jesús, de la obra “Defensa de la fe católica contra los errores del anglicanismo”. Esta fue muy mal recibida por el monarca inglés y en general por la iglesia anglicana, dado que defendía la teoría del tiranicidio en el caso de situaciones como la existente en Inglaterra. En ese ambiente tiene lugar la detención, en octubre, de Luisa y sus compañeras de beaterio, las cuales fueron llevadas a la cárcel pública. La habilidad y las gestiones del nuevo representante diplomático español debieron ponerse a prueba. Logró al fin la liberación de las encausadas con la condición de que salieran del país[8].

Sin embargo tal premisa no se va a cumplir por cuanto Luisa, nada más salir de la cárcel, se sintió enferma y falleció de neumonía el mismo día que cumplía 48 años, es decir, el 2 de enero de 1614. El 4 de agosto de 1615 salieron por fin de Inglaterra sus restos los cuales, tras hacer puerto en San Sebastián, se depositaron en el relicario de las madres agustinas recoletas del Real Monasterio de la Encarnación en Madrid. Fue una disposición adoptada por el propio rey Felipe III para con esta institución, fundada por el mismo monarca y su esposa Margarita de Austria unos año antes. En este convento reposan hoy día con la dignidad y el aprecio que le dedican sus religiosas.

De Luisa de Carvajal nos ha quedado “su ejemplo de hija de la Iglesia, de católica militante sin complejos ni miedos, su limpia prosa, sus bellos versos místicos y su forma de ser mujer en un mundo en que serlo no era ni ventajoso ni fácil, y mucho menos si se desafiaba lo establecido y se ejercía el derecho impensable a la libertad de elección”[9].

 

3.1. Su decisión testamentaria

 

El fallecimiento de su tío y tutor espiritual en 1592 coincide con la decisión de Luisa de Carvajal de independizarse y poner en ejecución sus convicciones religiosas. Su instalación en la calle Toledo de Madrid supone una actitud clara y diáfana acerca de cuál va ser su estilo de vida.

En este modo de vida auto elegido la pobreza y el trabajo eran sus parámetros básicos; en consecuencia, una de las preocupaciones que la embargó en estos años fue la obtención de la herencia que le correspondía de sus padres y su aplicación a los fines benéficos que ella consideraba más apropiados.

El ambiente existente en España después del desastre de la Armada Invencible en 1588 y las lecturas que nuestra autora llevó a cabo a cerca de la persecución y martirio de católicos ingleses, hizo que Luisa no abandonara nunca las esperanzas de que Inglaterra volviera a ser de nuevo un país católico. Por ello, a lo largo del pleito que sostuvo con su hermano por conseguir la herencia paterna, la “misión de Inglaterra” estaría siempre presente. Esta se llevaría a cabo de dos formas: una mediante su compromiso personal de marchar a aquel país, la otra aplicando sus bienes a una fundación con igual propósito de combatir la herejía anglicana.

Así pues, “rebelándose contra la tradicional pasividad femenina, y a pesar de sus votos de pobreza y obediencia, Carvajal inicia un pleito por derechos de herencia primero contra los ejecutores y después contra su hermano. Para ello se ve obligada a trasladarse con la Corte a Valladolid en 1603, donde vivirá al lado del colegio jesuita de San Albano y conoce a los jesuitas Richard Walpole (Walpolo) y Joseph Creswell, vicerrector de la misión inglesa”[10].

La autora del anterior texto sostiene el gran influjo que los discípulos de San Ignacio tuvieron en su toma de posición. Siendo cierta esta influencia, hablar de una conjura jesuítica es menospreciar la capacidad de decisión de Luisa. Contra viento y marea nuestra protagonista tiene la clara convicción de cuál es su misión  y a ella encamina sus recursos económicos y sus energías personales. Las conveniencias políticas del momento, paz con Inglaterra de 1604 o los consejos de reflexión y prudencia por parte de los propios superiores jesuitas antes de partir para Inglaterra, nos hablan de una voluntad decidida de evangelización. Que esto fuera un despropósito histórico es otra cuestión, pero lo que si se desprende de toda su actuación es la firme determinación que tiene y a ella enfoca todas sus energías.

En carta al Duque de Lerma, firmada en Londres el 20 de noviembre de 1613 le dice: “Puedo asegurar a vuestra excelencia de que la vocación de venir a Inglaterra que desde que era muchacha tuve, conforme a la doctrina de la Santa Iglesia, ha sido muy probable y clarísima vocación de Dios y con los sucesos (dos prisiones) se ha confirmado de día en día. Y sin muy especial ayuda suya, no fuera posible haberme conservado tanto tiempo entre aquesta gente en la manera en que ello ha sido”[11].

Resuelta a su favor la petición hecha al consejo de recibir la parte de la herencia que le pertenecía, decide firmar testamento en Valladolid el 7 de enero de 1605, con un añadido del 26 de mismo mes, con su letra esmerada y renglones rectos, en el que dispone:[12]   1º que se cobren los 19.000 y pico ducados con los réditos que hubieren corrido a la mayor brevedad (ella ya no puede dilatar más su viaje). 2º Que a continuación se le den a su hermano don Alonso los 5.000 ducados estipulados en la sentencia real. 3º Que con el resto se paguen todas sus deudas de las que deja una memoria. 4º Que si es posible se vaya buscando en qué emplear el dinero que sobre para cuando esté disponible. 5º Que el dinero que se cobre se deposite en el Colegio inglés, para que el padre Ricardo Walpolo y el vice prefecto de la misión, bajo conciencia, lo empleen en lo dicho anteriormente… 7º Que el dinero que sobre después de pagado todo, se emplee sobre alcabalas poco cargadas o juro de segura cobranza libre de pleitos y marañas…” Además del dinero quedante de su herencia para la fundación de un Noviciado inglés, establece que el ajuar de su casa y los libros sean para el mismo destino, igual que el crucifijo que era de su tío, con el lignum crucis que tiene, que ha de ponerse en un relicario pequeño de oro. (Véase el Archivo del Colegio de Ingleses de Valladolid;  Serie II, libro 8, documento 104).

Figura 4b

 Aspiraba ella que bien colocada su hacienda pudiera rentar al año 1.500 o 2.000 ducados, con los cuales podría sustentarse un número conveniente de novicios. En 1550 el beato Juan de Ávila calculaba que con 2.000 ducados se podían mantener 48 seminaristas. Hay que subrayar que el padre general de los jesuitas, Claudio Aquaviva, aceptó la fundación de un seminario para sacerdotes ingleses el 25 de junio de 1605 y otorgó a la fundadora carta de hermandad con la Compañía[13].

Por todo lo anterior “hizo donación de todo el derecho que por ella le tocaba a favor de la misión de Inglaterra, para que se fundase un Noviciado en Flandes, donde se criasen naturales de aquel Reino, que sacerdotes doctos y virtuosos volvieran a su patria a conservar en muchos la Religión Católica… Ha sido la fundación de estos seminarios calificada por obra de las más gloriosas que ha habido desde los Apóstoles acá, y uno de los mayores blasones en materia de fe y religión que tiene España”[14].

 

3.2. ¿Por qué en Lovaina?

Luisa de Carvajal partió de Valladolid, donde seguía la Corte, el 27 de enero de 1605, camino de Inglaterra. En Vizcaya visitó la casa de San Ignacio prosiguiendo después su viaje hacia Paris. Desde aquí salió hacia Ruan, dejando el camino derecho de Bruselas, llegando a Saint Omer, donde se detuvo un mes en casa de la cuñada del padre jesuita Personio. A principios de mayo del precitado año desembarcaría en Dover, iniciándose con su marcha a Londres el último periplo de su vida.

Aunque se trasladase a las Islas, Luisa no se desentendió de su fundación, pero sí dejó que la misma la llevase a cabo la orden jesuita y alcanzase sus cometidos fundacionales. Estableció también que la decisión de donde ubicar el Noviciado correspondiera a los hombres de la Compañía. Esta por esas fechas se hallaba en un proceso de constitución y desarrollo de colegios y seminarios por todos los países católicos. Se iniciaron con los de Douai en 1568 y Roma en 1576, ambos por el padre William Allen. El padre Robert Parsons fundaría el de Valladolid en 1589, el de Sevilla en 1592 y en 1593 el de Saint Omer. El colegio de Madrid fue obra del padre Joseph Creswell y ya en 1622 el de Lisboa lo gestionó William Newman. Citamos solo algunos de los que tienen relación con nuestro estudio.

El Noviciado inglés comenzó en Lovaina en 1606, gracias a los fondos que aportó Luisa de Carvajal. Allí permanecería hasta 1612 en que se traslada a Watten. Esta población está a diez kilómetros al norte de Saint Omer y se aprovecharon las instalaciones de la antigua abadía de Saint Bertín, originaria del siglo XIV.

El Noviciado inglés fundado en Lovaina y luego trasladado a Watten es diferente, pues, del colegio jesuítico de Saint Omer, del cual aun hoy podemos contemplar su monumental fachada barroca, con cinco niveles o pisos, construida con piedra blanca y ladrillo. Fue obra del arquitecto jesuita Jean Du Blocq y su planta constaba de una sola nave con seis tramos, sin transepto, más un ábside poligonal.

Figura 5b

Por el contrario el noviciado de Watten, del cual hoy no quedan más que ruinas y heredero del de Lovaina, tuvo un tipo de organización a la inglesa, si bien varios de los primeros rectores eran españoles. En él se establecieron cinco clases de humanidades superiores, con cursos de Filosofía y Teología. Este Noviciado al igual que el colegio de Saint Omer pasó a Francia en 1677 y desapareció un siglo después  con la disolución de la Compañía de Jesús.

En la universitaria Lovaina los padres de San Ignacio aparecieron a mediados del siglo XVI, logrando fundar una casa en 1563, sita en la calle de los Orfelines. Dada la precariedad de esta primera fundación en 1595, por una suma de 10.000 florines, adquieren tres grandes casas linderas en la calle del Mayeur (hoy San Miguel). En años posteriores adquieren otros solares cercanos y van componiendo lo que será el gran Colegio de San Miguel, del cual hoy permanece su impresionante iglesia barroca. Los edificios claustrales complementarios fueron levantados en gran parte en torno a 1610; eran muy extensos, con un amplio jardín y huerta. La biblioteca del colegio era de las más ricas y más preciosas del país, la misma se iba incrementando constantemente con donaciones, entre ellas la del sabio Justo Lipsio[15]. Este colegio fue suprimido por bula de Clemente XIV en 1773[16].

La obra de Van Even recoge entre las páginas 492 y 493 un excelente grabado del colegio de los jesuitas de Lovaina en 1725. En él se puede visualizar la amplitud del complejo y el carácter imponente de su iglesia, hoy afortunadamente conservada. Es en esta sede donde se asentó el Noviciado para sacerdotes ingleses patrocinado por Carvajal y que se trasladaría en 1612 a las cercanías de Saint Omer. Coincide pues la construcción del colegio de San Miguel con la donación hecha por nuestra biografiada. Allí pues se alojarían los novicios de la fundación hasta su posterior traslado a Watten. El epistolario de doña Luisa refleja muy bien las inquietudes y dificultades que tendrá aquel en la sede de la calle San Miguel, esquina a la de Namur, de la urbe brabantina.

Figura 6

 Todos los autores que hemos consultado reflejan que la primitiva fundación de Carvajal fue en Lovaina[17]. Robert Parsons en nombre de la Compañía y por disposición de la fundadora dispuso que los 14.000 ducados de la donación se aplicaran al fin establecido en el testamento. El Noviciado abrió sus puertas en 1606 con seis sacerdotes, dos escolares y cinco hermanos coadjutores. El primer maestro y rector fue el padre Tomás Talbot. En 1609 era enviado desde Roma para trabajar en el Noviciado de Lovaina el padre Juan Gerard[18]. El Noviciado de Luisa de Carvajal rápidamente adquirió una notoriedad parecida a la de los fundadores. Pronto sería una  preocupación particular tanto de los ministros de Jacobo I en Londres como de la Corte de Bruselas[19].

La ubicación en Lovaina de la fundación tenía sentido si recordamos el prestigio de que gozaba el Alma Mater Lovaniensis en aquella época, siendo considerada como la Atenas del Norte. La proximidad a las islas era otra razón más para su ubicación. No se descartaba tampoco el apoyo que los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia otorgarían al nuevo Noviciado. Esto último sin duda no tuvo lugar. La expansión y crecimiento del colegio de San Miguel en estos años contaría con los fondos dispuestos por Luisa de Carvajal. ¿En qué cuantía? Este es un tema de difícil concreción, dada la inexistencia de documentación al respecto.

El traslado a Saint Omer en 1612 es la explicación de que los distintos testigos que responden al interrogatorio del Proceso de Beatificación hablen del Noviciado de Flandes, sin especificar la ciudad. Téngase en cuenta que el citado Proceso se inicia en 1625 y que por tanto aquel ya no se halla en la capital brabantina sino en la más cercana a Calais, exactamente en Watter near Saint Omer[20].

3.3. Vicisitudes de la Fundación

En el epistolario de doña Luisa puede seguirse la maternal solicitud con la que ella siempre se interesó por el Noviciado para sacerdotes ingleses de Lovaina. Veamos algunos ejemplos en sus cartas, todas ella escritas desde Londres:

En carta a Magdalena de San Jerónimo, amiga desde la infancia y que formó parte del séquito de Isabel Clara Eugenia en los Países Bajos, le dice el 2 de febrero de 1606: “Lo de Lovaina suplico a Vuestra Merced favorezca, pues ve la extrema necesidad que estas almas tienen de aquella ayuda, y la Santa Iglesia de que este rico pedazo de muro, que contra tantas violencias se ha sustentado en pié, no caiga en tierra; y en razón de estado para Flandes y lo demás de la Iglesia”[21]. Y el 2 de marzo la vuelve a decir: “Y no olvide lo de Lovaina, le suplico humildemente”[22].

En otra misiva dirigida a la condesa de Miranda el 7 de mayo del referido año le pide que “el Rey se haga patrón del Noviciado que se hace con los dineros que yo dejé para eso, que no tienen ninguno; y la necesidad del amparo del Rey es grande y sin costalle nada podrá honralle y aumentalle. Confío que vuestras excelencias, saliendo o no saliendo, nos harán esta merced”[23].

El 18 de enero de 1607 nueva carta a Magdalena de San Jerónimo.”No se olvide vuestra merced de los pobrecitos de Lovaina y de la suma necesidad que estas almas padecen y tienen de socorros; y a Su Alteza suplico humildemente lo mismo”[24]. En otra dirigida a esta religiosa el 3 de marzo del mismo año insiste en las dificultades de la fundación de Lovaina[25].

Figura 7b

El 12 de agosto de 1607 se dirige a Joseph Creswell, antiguo rector del colegio jesuítico de Roma y residente por estos años en Valladolid, y le dice: “El mejor camino es por el padre Baulduino (agente de negocios de la misión inglesa en Flandes), en compañía de los dineros que se enviaren al noviciado de Lovaina; y entretanto que se envían, los puede vuestra merced guardar, están del todo seguros”[26]. Unos días más tarde el 22 de agosto y al mismo  destinatario le señala:

“Y digo, señor, que en lo de la casica mía, yo no he ofrecido darla al colegio ni a nadie por tiempo de mi vida; quedó en la donación para el Noviciado de Lovaina, incluida en lo general, ya he escrito que, en conciencia y justicia, no debo réditos”.

“En cuanto a los dineros de la señora doña Ana María, suplico a vuestra merced los ponga en la renta del Noviciado, por cuenta del mismo Noviciado y como dinero suyo; quítele vuestra merced el nombre de dinero de las monjas de Bruselas; que si falta el padre Baulduino, podrá estar en peligro de ser tenido suyo de ellas; y sin comparación esto que digo; y lo que rentare esa cantidad júntelo vuestra merced con el mismo dinero del Noviciado para ellos, que yo no quiero renta…Y yo no pediré nada de estos 500 ducados; hasta que me falten dineros de otras limosnas; y hasta entonces mejor me los guardará vuestra merced o el mesmo Noviciado, que nadie en el mundo… No lo sepa la mesma señora que lo dio porque veo que sienten devoción mayor en darme a mí que a esa obra. Y aunque yo lo he excusado en algunas cartas y he querido anteponer la necesidad del Noviciado a la mía, no he podido trocar su ánimo”[27].

En una segunda carta dirigida al padre Creswell el mismo día le comunica: “Mucho deseo que el Rey Nuestro Señor se haga patrón del Noviciado y que no tenga otro patrón sino él y esto querría suplicar a la Reina Nuestra Señora. Avíseme vuestra merced en qué forma lo haré, y escribiré a su Majestad y a mi prima doña Inés y a su marido. En el alma me holgaré que salga vuestra merced con lo de los 40.000 ducados; bien lo han menester”[28].

Nueva misiva al padre Creswell el 31 de agosto de 1607 diciéndole: “Mientras no se envía el dinero con lo de Lovaina o semejante ocasión, puede correr por Lovaina si los Fúcares dieren algo de interés por lo que se detiene en su poder”[29]. El 16 de diciembre inmediato en nuevo escrito al referido jesuita le ordena: “Para mis libros tome vuestra merced de los dineros que han dado o dieren para mí, que no quiero consentir sean del Noviciado inglés de Lovaina, que si vuestra merced trata de eso, ni tomaré libros, ni jamás pediré otra ninguna cosa. Si Nuestro Señor Dulcísimo se sirve de que se den esos 40.000 ducados al Noviciado y que el Rey se haga patrón, quedará muy bien puesto. Y puede hacerse patrón, porque no se sabrá jamás, siendo el secreto guardado entre personas tales como vuestra merced y el padre Personio (Parsons) y los semejantes”[30].

De nuevo el destinatario de la carta del 29 de junio de 1608 es el padre Creswell. “Dígame vuestra merced si podríamos alcanzar del piadosísimo pecho del Rey Nuestro Señor, por medio del duque (Lerma), y del Duque por el Señor don Rodrigo (Calderón), que Su Majestad se hiciese patrón del Noviciado de Lovaina, pues tiene la mitad o más de la renta de patronazgos de la Casa de Austria, por lo cual no se le pudo dar al obispo sin aprobación del Archiduque, a lo que he entendido. Y sin dar Su Majestad nada, será gran lustre para aquella santa y devota casa, y espero crecería a su gran consuelo y gloria de Nuestro Señor”[31].

A la madre Mariana de San José, religiosa agustina recoleta y futura priora de la Encarnación de Madrid, le escribe el 5 de julio de 1609. “Siempre ando pensando por do poder entrar a dar principio a la fundación de esa recolección en Flandes, que deseamos. En Lovaina, do está el Noviciado inglés, ha habido un monasterio de San Agustín, de monjas flamencas e inglesas”[32]. A la monja agustina Inés de la Asunción le pide, el 22 de noviembre de 1609, “oraciones por lo de Lovaina o cualquiera otro cabo; que si es gusto de Dios, oración lo ha de hacer todo”[33].

La última carta que hemos hallado en su epistolario, donde menciona a Lovaina, es la que dirige al padre Creswell el 15 de octubre de 1611. “Voy hablando muy razonablemente inglés, sin maestro, a puro trabajo de mi cabeza…El libro contra la proclamación y leyes últimas pienso que será de gran provecho en inglés para animar y fortalecer a los católicos… Si vuestra merced envía uno de estos libro a mí o a Mr. Rich, a Lovaina, podrá ser se imprima en inglés”[34].

El relato que da sentido a todas estas cartas denota la preocupación constante y esforzada de Luisa por el Noviciado que ha patrocinado en Lovaina. Sus gestiones para la obtención de nuevos fondos y el anhelado patronazgo regio de Felipe III son sus dos grandes preocupaciones. Estas sabe trasmitirlas a sus distintos interlocutores, sean gentes de la nobleza, jesuitas o religiosas.

Luisa conoció de los frutos espirituales de su Noviciado, ya que Tomás Garnet, sobrino de Henry Garnet, fue ejecutado en 1608, siendo el primer mártir de la institución jesuita que esta mujer ayudó con su fortuna a fundar en Lovaina. Varios siglos después Tomás Garnet, Henry Walpole y otros mártires ingleses fueron canonizados en Roma el 25 de octubre de 1970.

Lo que no lograron los novicios de Lovaina fue un deseo expresado por Luisa de Carvajal en 1612. En aquella fecha dejó dicho que, “si yo fuere mártir y se pudiese recoger mi cuerpo, vuestra señoría le ponga donde fuere servido, dando alguna parte al Noviciado de la Compañía de Jesús inglés, que está en Lovaina. Fundóse de la pobre renta que les dejé, y es el primero que jamás ha habido de esa nación. No siendo mártir no merezco entierro”[35].

3.4. Una mujer singular

Aunque en nuestro trabajo nos hemos limitado a analizar las vinculaciones de Luisa de Carvajal y Lovaina, de las mismas, de su propia biografía y de su obra literaria se desprende que nos hallamos ante una figura eminente de nuestro ayer. Un personaje nada común, con una fuerza interior que la lleva a tomar decisiones poco frecuentes en la España de los Austria. Por todo ello merece figurar como una protagonista señera dentro de nuestro rico pasado histórico.

No es nada extraño que el estudio de sus cartas y poesías haya sido lo que más ha preocupado a los estudiosos de su obra. Ya en 1885 y en Sevilla, don Manuel Pérez de Guzmán, marqués de Jerez de los Caballeros, hizo una edición de 48 poesías espirituales de Luisa. En las mismas se puede observar el alma auténticamente mística de la autora. En ellas y en su propia vida “lo que más vivamente aflora es el amor divino que espontáneamente sigue a la contemplación infusa… Tales son los sentimientos que vibran en las poesías de Silva, nombre pastoril en que ella ha trocado el nombre propio. Acaso los más hondos son el del tormento de la ausencia y el del anhelo del martirio”[36].

“La poesía de doña Luisa se adscribe a un tipo de mística marcada por inconfundibles rasgos jesuíticos” señala García Nieto Onrubia, que prosigue más adelante, “Se vale del instrumento de la metáfora y de la imagen, que sobresalen en su corpus poético, por encima de otros recursos literarios hasta configurar el eje central de su poesía”[37]. Mañas Núnez califica su poesía “como religiosa, espiritual y de exaltación del amor místico con Dios. En ella el alma es como un jardín”[38]. El conjunto de su obra poética asciende a 50 poemas.

En el año 2012 Glyn Redworth realizó una edición en inglés de su epistolario. Ascendía el número de cartas a 179, con una breve introducción a cada una de ellas. La primera escrita desde Madrid es de 1598 y estaba dirigida a su prima Isabel Velasco. La última desde Londres es de noviembre de 1613 e iba dirigida al duque de Lerma. En esta edición se añade una del Rey de España Felipe III, firmada en Madrid en mayo de 1613 y dirigida a Luisa de Carvajal. Cuando redacto estas líneas no ha llegado a mis manos la nueva edición inglesa de su vida y obra hecha por Anne J. Cruz, desde la Victoria University de Toronto en 2014.

En la vida de Luisa de Carvajal es paradigmático su periplo y estancia en Londres. Allí conoció a tres embajadores españoles ante la Corte de Jacobo I. En sus cartas hace un retrato muy preciso, de gran profundidad y calado a cerca de estos representantes. Tras la embajada extraordinaria del Condestable de Castilla, don Juan Fernández de Velasco, duque de Frías, que fue el que logró la firma del tratado de paz de 1604, le sucedieron don Pedro de Zúñiga Cabeza de Vaca (1605-1609), don Alonso de Velasco (1610-1612) y don Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar(1613-1618). Este repetiría de 1620 a 1622.Por ejemplo de don Alonso de Velasco dice Luisa de Carvajal que “era poco inteligente y que carecía del despejo, valor y gracia de don Pedro de Zúñiga”[39].

Figura 8b

 Al hábil embajador conde de Gondomar le correspondería lidiar con los últimos meses de estancia de Luisa en Londres. “A iniciativa personal de don Diego se debe en 1613 la puesta en libertad de doña Luisa de Carvajal, piadosa señora que ayudaba a los religiosos perseguidos y a la conversión de herejes, y había sido detenida por orden del arzobispo de Canterbury. Por si fuera poco, la osadía de don Diego fue aun más lejos al decirle al Rey Jacobo I que doña Luisa no había cometido ningún delito para ser expulsada del reino, pero si ordenaba que saliese, él estaba dispuesto a acompañarla. Así logró que la mujer se quedase en el palacio de la embajada, donde falleció. Desde allí gestionó el traslado de sus restos a España”[40].

Cuando se planteó lo anterior el prestigio de doña Luisa era tal que todos los a ella vinculados en vida pretendieron hacerse con sus restos. En dos cartas, una de 24 de abril de 1614 y otra de 28 de mayo de 1615, el padre Miguel Valpolo escribía al conde de la Oliva y marqués de Siete Iglesias, don Rodrigo Calderón, solicitando que parte de su cuerpo se quedara en Londres, donde ella había vivido y sufrido. En las mismas escribía así mismo, “como también a Lovaina,  a donde está la casa que reconoce a la Santa Señora por la primera y principal bienhechora”[41]. Pero ni siquiera la pretensión del marqués de Siete Iglesias de llevar el cadáver de Luisa a su fundación de Porta Coeli de Valladolid tendrá lugar. En aquel mismo año 1615 el propio Rey Felipe III, es posible que a instancias de la priora de la Encarnación, Mariana de San José, gran amiga de Luisa, disponga que sus restos reposen en esta Real Fundación madrileña, donde hoy día permanecen.

La lectura del Proceso de Beatificación de Luisa de Carvajal, iniciado en 1625, es un buen documento para resaltar su vida y obra. Dentro del alambicado y a veces repetitivo lenguaje de la época se obtienen datos muy valiosos a cerca de la consideración y estima que se la tenía en los años posteriores a su fallecimiento. Fueron en total 38 los testigos que contestaron a las 47 preguntas formuladas en una causa de la que fue juez Juan Doyega de Mendieta, vicario general de la villa de Madrid. El interrogatorio se cerró en 1627. En el Archivo de la Encarnación se conserva el original del referido documento[42].

Figura 9a

Figura 9b

 [1] Martín Martín Teodoro y Martin Romo Alejandro: Visiones Hispánicas de Lovaina. “Cuadernos de Investigación Histórica”.  F. U. E. Madrid 2012.

[2] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Hilando Oro. Vida de Luisa de Carvajal. Ed. Laberinto. Madrid 2000, pág. 34.

[3]      “          “         Mª     “       : Ob. Cit. pág. 62.

[4]      “          “         Mª     “       : Ob. Cit. pág.67

[5] Muñoz Luís: Vida y virtudes de la Venerable Virgen doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Madrid 1633. Pág. 95.

[6] Abad Camilo Mª: Escritos autobiográficos de Luisa de Carvajal y Mendoza. Juan Flors. Barcelona 1966 páginas 37 y 38.

[7] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. pág. 190.

[8] Para ahondar en las relaciones hispano inglesas en la época de Felipe III véase el capítulo XVIII del volumen XXIV de la Historia de España de don Ramón Menéndez Pidal. Espasa Calpe Madrid 1983. Es obra de Ciriaco Pérez Bustamante. Sobre el Conde de Gondomar remito a la espléndida obra de mi compañera en la Real Academia de la Historia, Carmen Manso Porto: Don Diego Sarmiento de Acuña Conde de Gondomar (1567-1626). Xunta de Galicia. Santiago 1996.

[9] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. pág. 224.

[10] Cruz Anne J.: Luisa de Carvajal y Mendoza y su conexión jesuítica. “Asociación Internacional de Hispanistas”. Volumen II. Universidad de California Irvine 1994 pág. 99.

[11] Rodes Elisabeth Ed.: This tight embrace. Marquette University Press. Milwaukee 2000 pág. 292 y siguientes.

[12] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. páginas 108 y 109. El testamento de Luisa esta también en el libro III de la obra de Luis Muñoz páginas 99-101.

[13] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. Atlas. Madrid 1965. Biblioteca de Autores Españoles 179, pág. 33.

[14] Muñoz Luís: Ob. Cit. pág. 99.

[15] Sobre este personaje puede verse mi artículo El concepto de jardín en la Constancia de Justo Lipsio. Publicado en “La Ciudad de Dios”, volumen CCXXVII nº 1. San Lorenzo de El Escorial, enero marzo de 2014 página 161 y siguientes.

[16] Van Even Eduard: Louvain dans le passé et dans le prèsent. Louvain 1895, pág. 489 y siguientes.

[17] Muñoz Luis: Ob. Cit. pág. 99. Abad Camilo Mª: Una misionera española en la Inglaterra del siglo XVII. Pág. 411. Camacho Macías Aquilino: Luisa de Carvajal y Mendoza. “Alminar” nº 8, Badajoz octubre de 1979. Pag. 2.

[18] Abad Camilo Mª: Escritos autobiográficos de Luisa de Carvajal y Mendoza. Página 248 nota 7.

[19] Rodes Elisabeth ed.: This tight embrace. Pág. 15.

[20] Véanse las respuestas al interrogatorio del Proceso del cual hay una copia en microfilm en el Archivo General de Palacio de Madrid. En especial las respuestas a la pregunta número 15.

[21] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. BAE 179 pág. 156.

[22]     “                “                “                   “                   “           “             “     161.

[23]     “                “                “                   “                   “           “             “     170.

[24]     “                “                “                   “                   “           “             “     205.

[25]     “                “                “                   “                   “           “             “     207.

[26] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y poesías. BAE 179. Pág. 224.

[27]     “                “                 “                   “                 “             “             “     236 y 237.

[28]     “                “                 “                   “                 “             “             “     237.

[29]     “                “                 “                   “                 “             “             “     226.

[30]     “                “                 “                   “                 “             “             “     234.

[31] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y Poesías. BAE 179. Pág. 250.

[32]     “                “                  “                    “               “            “              “     289.

[33]     “                “                  “                    “               “            “              “     295.

[34]     “                “                  “                    “               “            “              “     333.

[35] Pinillos Iglesias Mª Nieves: Ob. Cit. pág.173.

[36] Luisa de Carvajal y Mendoza. Epistolario y Poesías. BAE 179. Pág. 421.

[37] García Nieto Onrubia Mª Luisa: Poesías completas de Luisa de Carvajal y Mendoza. Colección Clásicos Extremeños nº 1.Diputación de Badajoz 1990, páginas 22 y 24.

[38]Mañas Núñez Manuel: Voz correspondiente al volumen XII, página 34, del “Diccionario Biográfico Español” de la Real Academia de la Historia. Madrid 2010.

[39] Pérez Bustamante Ciriaco: La España de Felipe III. En la Hª de España de Menéndez Pidal. Espasa Calpe. Madrid 1983 pág. 368.

[40] Manso Porto Carmen: Ob. Cit. pág. 22 y 23.

[41] Archivo de la Real Academia de la Historia. Colección Salazar N-28, folios 73 y 91.

[42] Proceso de Beatificación de Luisa de Carvajal sito en Monasterio de la Encarnación. Existe en microfilm en el Archivo General de Palacio de Madrid. Fondo de Luisa de Carvajal y Mendoza.