Oct 011980
 

José María Basanta Barro.

Prácticamente desde los anteriores Coloquios, quedé emplazado para tratar sobre los corresponsales de Reyes Huertas, aproximadamente, trescientas personas que le escribieron algo más de mil cartas,

A la hora de la verdad, cuando el tiempo apremia, se me revelaron dos cosas. En primer lugar, que es necesario hacer una mejor clasificación formal de esta correspondencia y que resultaba muy difícil hacer la necesaria selección. La, primera cuestión hizo imposible la deseada impresión en la que constase el número de cartas de cada uno y los años que comprenden. En cuanto a la selección, opté por escoger según texto y oportunidad ahora.

Me pareció conveniente un orden cronológico y solamente citar que la primera carta está escrita en el año 1919 y la última en 1952, a fin de agilizar el texto.

Es Francisco Valdés, escritor que parece haber hecho roto de sinceridad con Reyes Huertas: «Concluyo de leer su última novela «La sangre de la Raza» (cuyo envío, en unión de «Lo que está en el corazón», agradezco a Vd. cordialmente). Son estos, los regalos que más estimo: los libros dedicados.

He de decir a usted que cuando tenga espacio publicaré parte de un capítulo en «La Semana». Y haré una crítica (o como se llame) para un periódico, a ser posible de Madrid. Hace tiempo que tengo abandonada mi colaboración (gratuita) en los periódicos madrileños, y no se si habrá dificultades para reanudarla. Tengo ahora bastante fiebre literaria  y voy a emprender, nuevamente, mis abandonadas tareas de escritor.

Yo he de poner algunos reparos a su novela. Precisamente porque la considero una buena novela, es por lo que precisa reparos. Vd. habrá observado que los libros que más se elogian son los peores, y lo contrario.

De todas suertes, felicito a Vd. por haber llegado a una altura como escritor, de la cual yo le creía muy distante. Ha sido para mí, pues, una «revelación» la lectura de «La sangre de la Raza». Y es que la ignorancia es siempre la que nos equivoca…. Reciba mi más sincera felicitación».

Ángel Marina, poeta guadalupense: «Pobre enfermo, recluido en este rincón, cuna y sepulcro de nuestras glorias extremeñas, hasta mí llegaron los ecos de la fama pregonando los méritos de una novela original de uno de los más. asiduos colaboradores, de la revista «Guadalupe», por estar entonces sin poder levantar la cabeza de la almohada no la pude encargar enseguida, pero en cuanto pude levantarme la pedí y las esperanzas de que era una novela de enjundia no se vieron fallidas, antes bien para mí ha sido de esas ocasiones, tan raras en la vida, en que la realidad supera a la esperanza. Aquella evocación de Medina cuando dirige su vista hacia las Villuercas!. Aquel final tan hermoso cuando el protagonista cae de rodillas rezando el padrenuestro… ¿Para qué seguir?. Únicamente le digo que para mí es un orgullo muy grande, muy grande, «La Sangre de la Raza», para mí es una gloria que Antonio Reyes Huertas sea extremeño».

Unos años después, al leer «Agua de turbión» le diría: «Que hoy es usted el amo del cotarro en Extremadura en estas cosas, pues no hay siquiera quien se le acerque a muchas leguas… Así como Galán descubrió el venero de poesía de la Alta Extremadura Vd. ha descubierto el filón de las tierras llanas y lo que ya extrae son lingotes de oro puro».

Cuando se armó revuelo en torno a «La ciénaga», R. Miral le incita desde la Escuela Normal de Badajoz: «Y debe Vd. seguir en el camino emprendido, aunque tenga que vencer insuperables obstáculos y taponarse los oídos para no oír a los perros que ladran a la luna».

Don Marcos Mesonero Nieto, profesor de Matemáticas en el Seminario de Plasencia y luego Rector, le dice: «Sus obras gustan aquí mucho y los ejemplares que yo tengo están continuamente en movimiento».

El pintor Eugenio Hermoso le dice, desde Madrid, algo que tiene actualidad vigente: «Muy de veras le agradezco su carta y la atención de remitirme un ejemplar de su bella obra, que me encanta, («Agua de turbión»), siendo para mí muy honroso el contarme entre el número de sus amigos y el estar unido a usted por el común sentimiento de amor a Extremadura que para nada entibia el amor delirante a España».

Antonio Silva Núñez, catedrático de Física y Química y Director del Instituto de Cáceres y gran amigo de Reyes Huertas: «He leído muchas críticas de «Fuente Serena», algunas de ellas me han parecido «bien, pero encuentro falta algo, pues la parte sentimental poética, así como la social, no se tratan con la extensión debida, lo primero, acaso, porque como dice Unamuno «la más pura poesía humana es inaccesible a quien no haya pasado en su vida por crisis mística más o menos efímera» y en cuanto a la segunda, por ser muchos los que no quieren ver que el problema social nos envuelve por completo…»

Desde Guadalcanal, opina el poeta Luís Chamizo: «…las dos novelas, o, mejor dicho, las dos partes de la novela, («Agua de turbión» y «Fuente serena»), me deleitaron y emocionaron. Las descripciones, sobre todo son maravillosas. Nadie como Vd. llega a la entraña de nuestra tierra y nos la muestra tal cual es, con solo unas pinceladas de supremo artista… no es la trama, tratándose de sus novelas, lo que yo busqué sino el poema de la Tierra que, desde «La Sangre de la Raza» nos viene Vd. dando en cantos vigorosos… »

Pedro Romero de Mendoza le escribe, desde Cáceres: «pienso que las tres últimas obras de usted debían estar en todos los hogares de Extremadura». «Hay en ellas mucho que aprender».

Antonio Rodríguez Moñino se escribía con Reyes Huertas desde los quince años de edad, es a los diecisiete cuando le dice: «Muy bonita (la comedia «Fuente Serena»), muy bien acoplada la novela. Aunque soy poco práctico en esas cosas, no vacilaría en augurarle un éxito pleno… a pesar de nuestros intelectuales de altos vuelos y bajas alas… En el Centro (antigua tertulia del Ateneo), cada vez se trabaja menos y se charla más… Por el Avance de la Bibliografía de Solano, me han dado la magnífica recompensa de trescientos reales. Hablo así porque en reales resulta más grande el número…» El Padre Constantino Bayle: «Blasón de almas», «Agua de turbión», «Fuente serena» !que buenos ratos me dieron! Merecía Vd. que esas Diputaciones le levantaran una estatua, mas que por su arte soberano, por el amor a Extremadura hecho vida en sus páginas».

El erudito cacereño Don Publio Hurtado le dice; «Me asfixia el incienso; además de que su juicio de Vd., aunque peque de severo, es más estimable que un bombo de cualquier crítico improvisado».

La nostalgia de otro Profesor de Matemáticas, también de Reyes Huertas, en el Seminario de San Atón, de Badajoz, don Marcos Suárez Murillo: «He cumplido ya sesenta años y sobre mi mesa, fuera de los libros de la Moral y del rezo, no conservo mas que la Biblia, el Quijote y el «Ejercicio de perfección y virtudes cristianas» del P. Alonso Rodríguez. Pero siento diariamente la nostalgia de los artículos, de las estampas, de las acuarelas de Reyes Huertas, que paraban un momento en mi pupitre y se alejaban para siempre en las hojas volanderas del periódico. ¿Para siempre?… ¿Es posible que perdamos los extremeños todo ese patrimonio literario, que es nuestro, tanto como tuyo, porque te dimos para formarlo nuestra vida, nuestro carácter, nuestros campos, nuestros horizontes, nuestra alma, para que tu los perpetuases con tan perdurable y divina gloria?».

Alegría por la nueva edición de sus obras y Don José López Prudencio la aprovecha para recordar: «Tengo, en cambio, la satisfacción de que mi iniciativa de cultivar el huerto regional -en todos los terrenos del arte- no ha sido infecunda. Usted, Hermoso, Covarsí, Rodríguez Moñino y tantos y tantos más lo confirman ya victoriosa, espléndida y gloriosamente».

Manuel Monterrey, poeta pacense y un gran amigo de Reyes Huertas: ¡Como quieres que no te haga callos en la mano y en los dedos tu portaplumas si, como dices muy bien, es el remo del forzado en las galeras!…»

Una opinión del pintor Adelardo Covarsí: «En efecto, tu escribiendo, describiendo, eres un consumado pintor. Tus obras, cada día más admirables, reflejan la visión certera que tienes de Extremadura. Sus campos y su gente viven con extraordinario vigor en tus novelas, parece que es un pintor, dotado de condiciones para reflejar con la pluma tantas y complejas impresiones, el que las escriba. Yo me recreo leyéndolas y a veces, muchas, me digo al saborear algún pasaje: He aquí un cuadro».

Arturo Gazul, que se definía como «cronista crónico» y, quizás, el mejor amigo de Reyes Huertas: «Leí el bellísimo cuento o estampa «Mi albarillo galano». En este trabajo literario resaltan todas las cualidades que reúnes para el cultivo del género: es un pequeño «capo lavoro» No es posible más sentido del arte, de equilibrio sensitivo y de gracia narradora… Me rebosan estos elogios del alma. En ellos no hay influencia de amistad».

En otra carta le dice; «Yo tengo la satisfacción de haber contribuido con el grano de arena de mi modesta labor literaria a acrecentar la conciencia de nuestra regionalidad, de la que habéis sido paladines tú, López Prudencio, Chamizo, Hermoso y Covarsí».

Desde Madrid, José María López Lozano; «Somos millares los lectores que tenemos que agradecerle ese mensaje de belleza y de bondad que ha sabido enviarnos con sus libros»… Y en otra, carta: «Abusando de su confianza, hoy me atrevo a enviar a Vd. el primer libro de poemas de un muy querido amigo y paisano de Coria, Alfonso Albalá Cortijo, que el mismo autor le dedica («A Reyes Huertas, patriarca de las letras extremeñas, que es igual que decir universales, con la admiración y el respeto de discípulo»).

El escritor cacereño Vicente González Ramos le escribía con motivo del homenaje de 1952; «Le adjunto un artículo que he publicado en «Extremadura» (Se titulaba «De D. Antonio y de Antonio»). Perdóneme Vd. si con él le hago pasar un mal rato. Pero en estas líneas está mi corazón. Todo un pasado de mi vida que hace derramar lágrimas. Su hijo Antonio era buenísimo, el mejor de la partida». Y a aquel hijo enfermo iba a visitarlo diariamente Vicente González Ramos, sólo él y un capellán de la Legión, que le ayudó a bien morir. Un elemental deber de gratitud me ha hecho terminar con esta alusión a tan buen amigo de la familia.

No es ciertamente literaria esta correspondencia, es una comunicación interesante entre los escritores extremeños de varias generaciones que sabían que tendrían siempre contestación de Reyes Huertas. Completar algunos de estos epistolarios sería bueno, porque siempre se halla en primer plano Extremadura. He dicho