Oct 011986
 

Gregorio Carrasco Montero.

El académico don Antonio Rubio Rojas a escrito de la villa, encomienda mayor de la Orden Militar de Caballería de Alcántara: “la primera impresión que Brozas causa en el visitante es la de una población rural con un tinte urbano indiscutible”. Palacios, templos, plazas, casas solariegas, etc. certifican lo urbano. Lo rural muchas cosas más. En lo rural ciertamente habrá que enmarcar el conjunto de sus ermitas, que siguiendo la terminología turística al uso podríamos decir de todo él que forma una mini-ruta que os invito a recorrer con este trabajo.

Digamos antes que Brozas, que cuenta con el mejor templo parroquial de la provincia cacereña llamado por algunos escritores, y especialmente por los antiguos presbíteros diocesanos, “la catedralita” parece que tuvo su casco urbano siempre flanqueado de ermitas. Ni un solo punto cardinal estuvo desprovisto de ellas. Unas existentes y otras de las que ruinas o toponimias y documentos recuerdan su existencia.

Distinguimos tres grupos antes de iniciar el recorrido:

1. ERMITAS QUE YA NO EXISTEN

– La de los santos Abdón y Senén.- en su solar está hoy el llamado Paseo de los Santos. A las afueras, en parte norte de la villa.

– La de San Marcos.- en ella tenían lugar los cultos míticos cristianizados, o como fueran, del célebre Toro de San Marcos. Estaba al sur, en las afueras.

– La de la Virgen de la Hoja.- más bien debió formar parte de un complejo agro-ganadero de la finca llamada “Hoja de Santa María de Guadalupe”, que los jerónimo del Real Monasterio tenían en los campos brocenses a donde trashumaban con sus ganados servidores y hermanos y con ellos algún monje para celebrarles los oficios litúrgicos. Desde la desamortización la imagen marmórea o alabastrina ha estado en Santa María la Mayor en distintos sitios. Actualmente está colocada en una hornacina exterior de la puerta llamada de la Umbría. La finca y lo poco que queda de sus ruinas están en el Sur en la inmensa llanura que lentamente se descuelga hacia el río Salor.

2. LAS QUE EXISTEN PERO CON OTROS FINES DESDE LA DESAMORTIZACIÓN

– La de San Juan: con las bóvedas hundidas y algunos paramentos, hastiales y arquerías en pie. Es utilizada actualmente como cementerio ya que dentro se han construido nichos.

– La de Santa Bárbara: hoy es una fragua pero últimamente no se trabaja en ella.

– La de los santos Fabián y Sebastián.- única que se transformó para bien al convertirse en el segundo templo parroquial de esta villa.

– La de Nuestra Señora de la Luz.- desapareció al construirse el convento franciscano.

Antes de acabar este capítulo, digamos que también podría meterse en él las siguientes iglesias conventuales: la del convento de las Comendadoras o cabelleras de la Orden de Alcántara, de clausura; la del convento, también de clausura, de franciscanas de La Encarnación; una y otra tienen que ver con explotaciones agro-ganaderas. Y la capilla del que fuera hospital del Señor Santiago, con restos de pinturas murales. Fue gallinero y actualmente no tiene ninguna dedicación.

3. LAS EXISTENTES EN LA ACTUALIDAD CON ALGÚN CULTO Y CON IMÁGENES

Aquí comenzamos el recorrido de esta mini-ruta. Por supuesto que se puede iniciar en distintos sitios, yo propongo el siguiente:

Partimos de la puerta principal del templo “catedralino”. Por leve cuesta caminamos hasta lo más alto del altozano. A nuestra derecha se pueden contemplar distintas partes del castillo, sede del Comendador Mayor e imaginar toda la grandeza del siglo XVI en cientos de detalles. Enseguida comenzamos a descender. A nuestra izquierda vemos, roto y maltrecho, lo que queda del convento de las Comendadoras. Entramos, quedando a nuestra espalda una bella perspectiva de la torre del homenaje, en una de las calles más “calle” del pueblo. Y ello por la poesía y el ruralismo de su nombre: Aldehuela. Y además porque es una de las calles en la que mejor se ha conservado la arquitectura popular, alterada recientemente al fondo y en la acera izquierda. En un codo que hace la margen derecha encontramos la casa que la tradición señala como la natal del que universalizó su nombre: El Brocense. Termina la calle, en la misma margen derecha, con la ermita-fragua de Santa Bárbara. Sencilla en su arquitectura. Destaca su bóveda semiesférica. Posee planta cuadrada y portada granítica de medio punto; espadaña vacía pero bien proporcionada, de ladrillo. Sobre el medio punto en piedra rectangular aparece una inscripción en parte ilegible. Esto es lo que podido sacar: “A de servir a su costa” y la fecha que parece ser esta “1657”.

En esta esquina, doblando a la derecha y por el llamado Arenal, salimos al camino vecinal de Brozas a Alburquerque y en el ejido que encontramos enfrente, oeste de la villa, en una franja de algo más de un kilómetro, está la zona más rica en construcciones religiosas. Caminemos hacia arriba un trecho para contemplar las ruinas de la ermita de San Juan.

Sobre la ermita de San Juan ya dijimos lo que de ella está en pie y que está dedicada. Las paredes maestras, arcadas paralelas compuestas de tres arcos cada una, dividiendo todo el espacio en tres naves. Por la nave izquierda se pasa a lo que fue una amplia sacristía, igualmente llena de nichos. También tiene en pie aún el arco triunfal que separa el ábside del resto. Está muy deteriorado; con dos portadas de acceso, ambas de medio punto, abierta sólo la que está dentro del cementerio, pero totalmente atosigada por los enterramientos y rematada por una bien proporcionada espadaña. Según diversos autores, parece obra del siglo XV con elementos de diversas procedencias que pudieran ser incluso anteriores a ese siglo y reutilizados allí. Es, como el cementerio del que ahora forma parte, de propiedad municipal.

Hemos pretendido restaurarla e incorporarla al culto y después de contactar con dos ayuntamientos de siglo distrito, nada se ha conseguido.

Metidos ya por veredas entre canchos del ejido municipal, en una pequeña altura se halla la ermita de La Soledad. Su espacio es de aproximadamente 37 metros cuadrados. Su fábrica es de granito bien trabajado en los paramentos externos, cuadrada y a cuatro aguas. Su entrada es de arco de medio punto; escudo marmóreo encuadrado todo él en la flor verdelisada de la Orden de Alcántara y con signos de la Inquisición. Dentro de la ermita se conserva un retablo barroco, sencillo, dorado y en regulares condiciones. En él están una imagen de miriñaque de La Soledad. Mesa de altar con frontal de buena azulejería y en el centro mismo también la imagen de La Soledad. Todo parece ser del siglo XVI. En el lado este de la misma remata un buen crucero.

Descendiendo otro trecho del mismo ejido, y en una ondulación de lo que parece un aprendiz de valle, dentro de un seto con aires de murallas, se encuentra la más artística y bella y, yo diría, que hasta filosófica de las ermitas brocenses. Se ha tramitado el expediente de declaración de monumento nacional. El seto antes aludido tuvo cuatro entradas a las que se subía o bajaba por cinco o seis peldaños. Según los cronistas franciscanos que tratan de la procesión del Toro de San Marcos, dicen de estos paseos o gradas “que con ser agrios subía y bajaba el toro con toda mansedumbre”. Es ermita pequeñita, de 4,40 m x 4,40 el recinto, aunque con el seto, dentro del cual se encuentra, tienen 299 metros cuadrados. Buena y artística fábrica del siglo XVI. Esta bellísima ermita, llamada también Humilladero del Buen Jesús, tiene pegado en su ejecución y existencia el apellido Nebrija. Frey Marcelo de Nebrija, hijo de Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana, fue Comendador Mayor de la Orden de Alcántara y como tal residía en el castillo de Brozas. Con este motivo y a su amparo vinieron a este pueblo todos sus hermanos y padre. Cercanas a castillo y contiguas al convento de las Caballeras había un grupo de casas conocidas hasta hace poco con el nombre de Casas de Nebrija y hoy hay una calle dedicada a este apellido. Algunos, aunque tímidamente porque todo el mundo lo reclama, dice en que aquí escribió parte, al menos, de los manuscritos el viejo gramático.

Dentro de la cerca pétrea y cuadrada que la protege vemos todo esto: entrada de medio punto; inscripción que gira de izquierda a derecha por todo el arco y que habría que dedicar mucho tiempo para descifrarla y con medios técnicos. A uno y otro lado, a media altura y en sentido horizontal, existe otra ilegible, casi borrosa. Sobre el medio punto escudo del que sobresalen los lises de la cruz alcantarina. En sus cuatro cuarteles: derecha arriba un sol con cara; izquierda superior y derecha inferior dos coronas de laurel; izquierda inferior cinco flores de lis. Encima del escudo y en el mismo material de mármol o alabastro, está grabada esta leyenda en tres líneas: “Por Xpo se a de poner / Honra, I Vida / Y por la HONRRA la Vida”.

Al oeste y en el mismo material antes dicho se lee en latín y en dos líneas: “TIME / DEUN”.

En el sur, en idéntico material pero de forma redonda y en torno al círculo: “VIAM INVENI” y dentro del mismo una V. en la fachada oeste y el rectángulo del repetido elemento esta exhortación con eco de novismos: “CONOCE EL TIEMPO Y / A TI MISMO”.

Remata la belleza exterior siete estatuas de granito. Cuatro ángeles de medio metro, aproximadamente, sosteniendo unas carteras a modo de escudos. Otra es signo de la Justicia. Aparece otra referida alguna virtud teologal, un peligro y falta la escultura del Este.

Dentro destacan la bellísima imagen alabastrina de Jesús, el Buen Jesús atado a la columna. Fue pintada y hace poco la hemos devuelto a su estado primitivo. La escoltan dos ángeles de alabastro y en adoración. Colocadas las tres sobre una grada de la misma longitud que la mesa de altar con otra leyenda que no hemos podido leer por estar pintada toda la piedra. Tiene bellísima e interesante azulejería el frontal que, como toda la fábrica, es del siglo XVI.

A un tiro de piedra de ésta, está el convento franciscano construido a instancias de San Pedro de Alcántara con la misma nominación que tenía la ermita y aledaños de Virgen de la Luz y Valle de la Luz, que el emperador Carlos V entregara para tal fin a los frailes de la provincia de San Gabriel.

Continuemos cogiendo un ancho camino que nos lleva subiendo suavemente a la más popular de todas las ermitas. Es la de San Antón, abad. En esta, y la llanada está en la parte norte de la misma, se han reunido los brocenses desde hace muchos siglos para ofrecer, pedir y festejar a este santo del Alto Egipto. Sería muy largos narrar sus fiestas folklórico-religiosas en las que participan varios miles de personas.

La fábrica actual es un poco enigmática. ¿Se amplió con el tiempo?, ¿Se desplomó su bóveda? Pienso que quizás ambas cosas. Con sus doscientos y pico metros cuadrados se observan diversas iniciativas arquitectónicas. Un arco de medio punto y de ladrillo inicia el tramo de medio cañón con lunetos que terminan en el ábside. Otro tramo está señalado por arco de granito en forma de ojiva. Sobre éste y desde el comienzo de la ermita estaban apoyados maderamen y cañizos. Nada de esto rimaba con el tramo del ábside, por eso en la última restauración se ha colocado viguetería de cemento y tableros de rasilla vista. Todo esto le ha dado un gusto especial y es alabada por devotos y turistas. Se descubrió también el porche o atrio con arco de medio punto de ladrillo; y tiene dos medios arcos de piedra como especie o a modo de arbotantes. Dentro de un retablo barroco, originariamente dorado, pero pintado y repintado, de forma que ha quedado finísimo, se puede contemplar la talla de San Antón, del 1700, otra de San Blas recientemente restaurada, un san Francisco y un crucifijo de Jesús. Tiene adosada una sacristía.

Desde la puerta se puede contemplar el templo de los Santos Mártires que es la ermita ampliada de los citados santos; y nos dirigimos por caminos y ejidos a remirar la más pequeña de las ermitas conocida simplemente con el nombre de Humilladero. También situada en altozano. Toda su hermosura está en el arte exterior. Por dentro nada tienen de importancia en estos momentos por deterioro y por no poseer imagen alguna. Llama poderosamente la atención su barroco, singular en estas latitudes. Mirando hacia el convento de Nuestra Señora de la Luz, no lejano, se nota un parecido especialmente con la linterna de la iglesia conventual del mismo. Sobre un basamento de granito se eleva toda su fábrica de ladrillo lucido con una gran profusión decorativa con múltiples molduras y cornisas con decoración de dados, típica de este estilo. Tienen numerosos remates piramidales. El acceso es por hueco adintelado. Sobre las paredes se eleva hermosísima cúpula, aumentada y realizada por un tambor que se refuerza con resaltes numerosos y otros tantos remates piramidales. Acaba el conjunto con linterna en la que se repiten resaltes y pirámides. Y da más valor la veleta, de muy buena forja y perteneciente al gran rejero brocense Juan Cayetano Polo.

Finalmente Santa Lucía. Se encuentra esta ermita al otro lado del montículo en el que hemos visitado el anterior humilladero. No tiene particular importancia arquitectónica. De mampostería en su longitud rota en el hastial de entronque por el arco de medio punto de granito. Dentro, un retablo barroco, dorado, con toda seguridad proveniente del Convento de la Luz en tiempos de la Desamortización. Será culto a la virgen y mártir Lucía. Tiene 176 metros cuadrados. También con el seto de rejería, poco buena. Es sencillamente su fábrica popular.

Y lejos del casco, la más próxima a cinco kilómetros de la población se hallan las dos ermitas que han dado lugar a las romerías. La mayor y más distante es la delPadre Eterno, con sus 200 metros cuadrados. Tiene una enorme escultura de la Santísima Trinidad, con representación de las tres divinas personas en el mismo bloque y que parece mármol policromado. Quizás por las distancias, la romería hay ido decayendo y lleva varios años sin celebrarse por falta de personal. No así la romería de San Gregorio que aumenta en número de personas cada año, calculándose los últimos años en unas 5.000. La ermita es la de menos valor arquitectónico. Nada de nada. Apenas 70 metros cuadrados. Desapareció la talla y hoy para el culto se tiene una de Olot. Está junto a los baños de San Gregorio, en uso desde la época romana por sus aguas sulfurosas. La ermita forma un conjunto con el edificio de los baños y sólo se distingue por algún signo religioso o entrando dentro, teniendo acceso desde dentro del citado edificio o desde fuera. El paisaje del lugar es el más derecho que tiene Brozas.

Sólo dejar constancia de mis dudas de otras dos posibles ermitas. Pero de las que no hay restos claros ni tampoco hemos echado documentación. Una pudiera ser dedicada a Santa Marina, por la toponimia; y en paredones del lugar se ven algunos sillares bien tallados. Otra toponimia habla de la finca Bótoa. En una calle existía el pozo llamado de la Virgen. Hasta 17 ermitas se han contabilizado. Bien merece el título de mini-ruta.