Oct 011989
 

Valeriano Gutiérrez Macías.

CONTORNO DE LA VILLA

Herrera de Alcántara es una villa ribereña perteneciente al partido judicial de Valencia de Alcántara, emplazada en una pequeña loma, cerca del “padre” Tajo. Forma un triángulo con las capitales de Cáceres y Badajoz.

El término municipal de Herrera de Alcántara se halla si­tuado entre los ríos Tajo, Sever, Aurela y Alburrel. Nada menos que cuatro ríos fertilizan los campos herrerianos.

Son campos encineros, aunque también están poblados de alcornoques. Sus inmensas e intrincadas manchas de jara, tomillo y retama dan cobijo a una importante y variada gama de especies de caza mayor y menor, que constituyen una reserva natural de primera magnitud, que aún no ha sido estudiada en profundidad ni siquiera catalogada.

El centro comercial más próximo a la localidad es el de Valencia de Alcántara, frente a los campos del Alentejo portugués.

Herrera dista ciento dieciocho kilómetros de la capital de la Alta Extremadura. La iglesia parroquial está bajo la advo­cación de San Sebastián.

Los hijos de esta villa se denominan con gentilicio co­rrecto, que es el que admite la Real Academia de la Lengua, herrereños, como derivación del topónimo; y por su proximidad a Portugal, ferrereños.

Esta localidad produce cereales, principalmente trigo, y acoge buenas tierras oliveras. Destaca la ganadería lanar, seguida por la de cerda y caprina.

Si nos remontamos a la historia, podemos afirmar que He­rrera de Alcántara estuvo habitada en épocas prehistóricas, como lo atestiguan los restos hallados en su término, así como los ente­rramientos antropomórficos existentes en una finca no muy lejana a la localidad. Fue un centro comercial fluvial en la época de los romanos, y gabarras y veleros que navegaban hasta Lisboa y regresa­ban a fuerza de sirga y remos, atracaban en un muelle, próximo al casco urbano de la localidad, conocido popularmente como “muelle romano”, hoy cubierto por las aguas del embalse de Cedillo. Cabe dejar constancia de que Herrera fue Encomienda de la Orden Militar de Alcántara, teniendo los comendadores palacio en la población.

De re folklorística hay que destacar “la rosca” del día de las Candelas.

Las ferias y fiestas del vecindario tienen lugar por San Juan, el día 24 de junio.

 

 

UN ISLOTE DIALECTAL

 

Herrera de Alcántara es un verdadero islote en el aspecto idiomático y dialectal. En este orden, han estudiado la villa di­versos investigadores, que han hecho aportación de sus trabajos. El dialecto tiene analogías con el que emplean los montaraces portu­gueses.

 

 

 

ESFORZADOS HERREREÑOS

 

Hijo ilustre de Herrera de Alcántara fue Gonzalo Silvestre, compañero del conquistador Fernando de Soto, natural de Jerez de los Caballeros, en la invasión de La Florida. El soldado silvestre fue el único superviviente extremeño de la famosa expedición. Des­pués continuó con empeño y ardor la labor conquistadora.

Otro hijo esforzado de Herrera fue el teniente coronel legio­nario Domingo Firis Berrocal, luchador de fuste, de épica cidesca, en la gloriosa Legión Española, que tomó parte en más de cuatrocien­tas acciones de guerra y que estaba recompensado con varios ascensos por méritos de guerra y con la Medalla MilitarIndividual, en premio a su valeroso’ comportamiento castrense, a su heroísmo.

 

 

ANCESTRALES TRADICIONES

 

Hecho el anterior bosquejo de la villa cacereña, que consti­tuye una avanzada de España en Portugal y que forma con su costumbrismo parte de su esencia y de su historia, vayamos a abordarlo, aunque no sea con toda la extensión que merece. Porque el pueblo tiene personalidad propia, indiscutible y es obligado ponerlo de relieve en este trabajo de síntesis.

 

 

Variedad de costumbres

 

Harto sabido es la enorme variedad de costumbres que, originándose sus raíces en los antepasados, en otras generaciones, que se remontan a cientos de años, ejercieron su influencia en el comportamiento del país y que aún continúan testimoniándolo.

Herrera de Alcántara ofrece claras muestras de ello, confor­me se verá seguidamente.

“Caldos a los dolientes”

Entre las manifestaciones costumbristas que se hallan arraigadas hondamente, hay que reflejar una de acentos clásicos, concerniente a los “caldos a los dolientes”.

La costumbre, muy antigua por cierto, viene a consistir en llevar a los familiares del extinto o difunto, durante el tiempo del velatorio, y también el día después de la inhumación, unos caldos preparados cuidadosamente, a base de carnes, chocola­te, leche, etc. Son caldos muy alimenticios, que bien merecen figurar en la gastronomía herrerense.

Hay que patentizar la costumbre de que los familiares de los difuntos no toman ninguna clase de alimento sólido en el tiempo a que se hace referencia, sin duda alguna por la aversión que se tiene a masticar y también a la conversación, que se suele originar y discurrir durante las comidas, pues son estos momentos de relajamiento, que se pretende evitar a toda costa. Debido a esta singularidad, reciben tales líquidos o “caldos”, que les proporcionan los amigos, conocidos y los vecinos a los dolientes. Se los llevan con una expresión muy encomiable de generosidad y como una exteriorización voluntaria y notoria de condolencia y adhesión en el dolor.

Aunque en otras poblaciones extremeñas se acude a los do­lientes con alimentos y entrega en metálico de alguna cantidad para sufragios, es cosa que va desapareciendo a marchas forzadas, como puede constatarse con facilidad.

Siempre se conservó la costumbre en Herrera de Alcántara. La primera autoridad municipal y las personas de avanzada edad de Herrera de Alcántara participan que siempre conocieron la costumbre que facilitar “caldos a los dolientes” y que sus abuelos habían heredado a su vez tal hábito de sus anteriores.

Sin duda de ningún género, puede obedecer cuanto reflejamos sobre el estado de depresión del espíritu de los dolientes al momento psicológico que les embarga, y que les mueve a no desear llevar a la boca alimentación sólida de ningún género. De aquí las numerosas expresiones relacionadas con la ingesta de los alimentos sólidos cuando ocurren las desgracias familiares. “No me entra nada…” “No soy capaz de pasar nada…”

 

Nunca faltaron los “caldos a los dolientes”. Jamás se ha dado el caso de que en Herrera de Alcántara falten los “caldos a los dolientes”. Siempre acuden, como queda consignado, los amigos, conocidos y convecinos, para proporcionar­les la cantidad superior a lo que puedan necesitar. Acuden solí­citos y presurosos en los casos expuestos y en muestra de sus nobles sentimientos, que tanto les honran.

 

 

RECAPITULACIÓN

 

El profesor de la Universidad de Oxford John Campbell, con­liderado como la primera autoridad mundial en antropología griega, ha afirmado en el X Congreso de Antropología de Zaragoza, reciente­mente celebrado, lo siguiente: “El conocimiento de la antropología influye en el manejo y gobierno de los pueblos”.

Por nuestro afán costumbrista y como devoto de la antropolo­gía, hemos llevado a cabo y redactado este ensayo-comunicación, para someterlo, gustosamente, a los Coloquios Históricos de Truji­llo, que un año más tienen lugar, con todo entusiasmo, en la ciudad de Pizarro.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

– GUTIERREZ NACÍAS, Valeriano: “Mosaico de la Alta Extremadura”. He­rrera de Alcántara. Ensayo inédito. Cáceres, 1970.

 

– MADOZ, Pascual: ”Diccionario histórico-geográfico de Extremadura”. Publicaciones de la Jefatura Provincial del Movimiento. Departamento de Seminarios. Reedición. Cáceres, 1955.

 

– MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel (Conde de Canilleros): “Extremadura. La tierra en la que nacían los dioses”.      Espasa-Calpe. Madrid.