Oct 012012
 
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Fernando Ortiz Martínez.

Si entre 1580 y 1640 los reinos de Portugal y Castilla estuvieron regidos por un mismo monarca y su frontera quedó técnicamente diluida, la Guerra de Separación de Portugal (conocida también como Guerra de la Independencia, Secesión o Restauración de Portugal, 1640-1668), volvió a situar Badajoz en el centro de una región en guerra. Su duración, la acción continua de bandas dedicadas al pillaje y la concentración de efectivos y operaciones en la frontera extremeño-alentejana provocaron la devastación de los pueblos situados en este espacio, mientras que la propia ciudad de Badajoz se convertiría en la principal plaza de armas contra Portugal. En ella se estableció el grueso del Real Ejército de Extremadura y su Capitán General.

Pero también el ejército portugués le concedió gran importancia a esta ciudad, pues su conquista fue la empresa a la que se dedicó con mayor insistencia. Unas veces lo intentó mediante ataques por sorpresa, otras con la colaboración de traidores y otras sometiéndola a sitio.

Este artículo se centra en el último de ellos, el de 1658, que contó con mayores recursos, se extendió durante más tiempo y posiblemente determinó a los portugueses a no volver a intentarlo.

image002Lám. 1. Badajoz sitiada en julio de 1658, detalle de la “Tomada do Forte S. Miguel”,

Palacio del Marqués de Mascarenhas. (Detalle).

1. AMBIENTACIÓN

Con la Monarquía Hispánica en franca decadencia, envuelta en la Guerra de los Treinta Años y tratando de sofocar la rebelión de Cataluña, sus súbditos portugueses consideraron llegado el momento de recuperar la independencia bajo una nueva dinastía de origen portugués, la Casa de Bragança. Los motivos de esta nueva rebelión habría que buscarlos en la política centralista del valido de Felipe IV, el Conde Duque de Olivares, con sus incrementos de cargas fiscales y la obligación de contribuir con tropas a las constantes guerras del Imperio.

De este modo, el 1 de diciembre de 1640 se produjo el asalto al palacio real de Lisboa, con el secuestro de la virreina, la infanta Margarita de Saboya, y el asesinato de su secretario Miguel de Vasconcelos, para aclamar al nuevo rey João IV de Portugal.

La noticia de la apertura de este nuevo frente conmocionó a la Corte de Madrid, pero pocas fueron las medidas efectivas que pudieron tomarse debido a la grave carencia de recursos económicos y a tener a la mayoría de las tropas ocupadas en los conflictos ya iniciados.

1.1.  Una guerra olvidada

Aunque de inmediato se iniciaron los planes para la invasión de Portugal, la importancia y número de los frentes abiertos y el deplorable estado de sus fuerzas hizo desistir al Conde Duque de Olivares de una entrada en fuerza en territorio rebelde.

Y ello a pesar de que, gracias a la adecuada obtención de información, el inicio del conflicto se había previsto con varios años de antelación y se había dado comienzo a la constitución del Real Ejército de Extremadura:

Las inquietudes en algunos lugares del Reyno de Portugal han llegado a término que no habiendo podido las justicias y gente noble sosegarla [el rey ha ordenado la formación] de cuerpo de infantería y caballería que siendo necesario pueda entrar en aquel reyno1.

Pero el escaso interés mostrado por la nobleza, cansada de costear los gastos de las campañas, y la prioridad otorgada por Felipe IV a la recuperación de Cataluña provocó la postergación del frente portugués, que sería visto durante las dos décadas siguientes como un asunto lejano y poco prioritario para desesperación de sus generales que nunca contaron con los fondos y apoyos necesarios.

1.2.  La guerra en la frontera

Tras la unificación peninsular de 1580 la frontera hispano-portuguesa pasó a ocupar una posición de retaguardia en la dinámica bélica de la Monarquía Hispánica. Mientras los intercambios económicos, sociales y culturales aumentaban, se llegó al práctico abandono de las labores de fortificación de las plazas de la frontera. “El conflicto bélico que se inicia a finales de 1640 sorprende a estas localidades con sus defensas obsoletas, caídas o descuidadas” (Testón y Sánchez Rubio, 2004, 66)

Así, el capitán general de Badajoz, don Juan de Garay insistía en la necesidad de fortificar la ciudad de Badajoz “en la más breve y buena forma que se pueda” (ápud Cortés, 1985, 67) y en sus informes remitidos a la corte entre noviembre de 1641 y septiembre de 1642 iba describiendo los progresos de las obras2.

La escasez de recursos de las tropas españolas3 y la falta de atención del gobierno central permitió que los portugueses llevasen la iniciativa en forma de rápidas incursiones de pillaje, casi siempre acompañadas de incendios y destrucciones, lo que provocó la pérdida de muchas pequeñas poblaciones que, o bien fueron ocupadas por los portugueses o destruidas y despobladas.

image005Lám. 2. Estado de la fortificación de Badajoz durante el asedio de 1658. Obsérvese la muralla medieval con algunas medias lunas de protección en las puertas así como en obras exteriores (Detalle del plano del Archivo Militar de Estocolmo, Suecia).

Una excepción a esta tónica general fue la batalla de Montijo, librada el 26 de mayo de 1644 en las proximidades de dicha localidad pacense, cuando un ejército portugués de más de 6.000 infantes y 1.000 caballos, liderado por Matías de Alburquerque, en labores de saqueo fue sorprendido por fuerzas españolas algo superiores enviadas por el marqués de Torrescuso, y obligado a retirarse dejando atrás gran número de bajas.

1.3.  Asedios portugueses a Badajoz

Si los españoles habían considerado importante poner la antigua fortificación medieval de Badajoz en estado de defensa y habían elegido esta ciudad como guarnición para el Ejército de Extremadura que se pretendía constituir, los portugueses tenían muy claro que ésta era el centro de gravedad del conflicto, ya que proporcionaba a los españoles el acceso más directo a Lisboa, tal como hiciera el Duque de Alba en 1580, y “si los portugueses se hicieran dueños de ella, en poco tiempo podrían llegar hasta las puertas de Madrid” (Testón y Sánchez Rubio, 2004,65)

Así pues, mientras para el monarca español, este era un conflicto secundario, los portugueses volcaban todo su interés en ocupar la ciudad extremeña, por cualquiera de los medios a su alcance.

Ya en fecha tan temprana como 1643, el propio rey João IV estableció su cuartel general en Évora y desde Olivenza lanzó en septiembre una invasión contra territorio español que, tras ocupar Valverde de Leganés se dirigió a cer- car Badajoz, aunque desistió pocos días después al no contar con fuerzas suficientes.

Sin contar la mencionada batalla de Montijo de 1644, librada en las cercanías de la ciudad pero con objetivos distintos, los portugueses trataron de tomar la ciudad en 1645 mediante un ataque por sorpresa (31 de julio), en 1646 cuando su ejército fue derrotado tras la ocupación del arrabal fortificado de Telena, a escasos 10 kms, (18 de septiembre), en 1652 mediante la utilización de traidores que les abriesen las puertas de la ciudad y en 1657, mientras el ejército español asediaba la cercana Olivenza, trataron un nuevo ataque en fuerza el 15 de mayo que resultó un completo fracaso.

2. EL ASEDIO DE 1658

Después de tantos intentos infructuosos Portugal se propuso el paso definitivo. Aprovechando el levantamiento del bloqueo que la flota holandesa había puesto a Lisboa, lo que le permitía recuperar la tranquilidad en su capital, reunió el mayor ejército que le era posible y lo puso bajo el mando de sus mejores generales para establecer un cerco a Badajoz que no se levantaría hasta que obtuviera el resultado propuesto.

2.1.  Fuerzas en presencia

Pero en el bando castellano la desastrosa situación había comenzado a cambiar. A la paz en la sublevada Cataluña desde 1652 se sumaba la debilitación de Francia (que llevaría a la Paz de los Pirineos en 1659), lo que permitía pensar en desplazar tropas al olvidado frente extremeño y, además:

El 6 de noviembre de 1656 falleció D. Joao IV, dejando como sucesor a su hijo D. Afonso, un niño de trece años con síntomas de desequilibrio psíquico. La regencia quedó en manos de la reina Luisa Francisca […] Felipe IV vio una ocasión que no iba a ignorar. (Valladares, 1998, 161)

El ejército de Extremadura se incrementó, como citaba Jerónimo Barrionuevo en sus Avisos:

Madrid y enero 17, 1657… El jueves se parte a Badajoz Totavila, duque de San Germán, y se dice se harán 1.600 infantes y 4.000 caballos para la entrada de Portugal que, con los que llegaron, serán suficientes y que llevará 400.000 ducados para los sueldos4 (ápud Meléndez, 2008, 117)

Esto permitió a San Germán iniciar las operaciones ofensivas en mayo de 1657, en las que conseguiría la ocupación de Olivenza y Mourão. A finales de ese año, la entidad del ejército era de unos 4.000 infantes y 3.000 caballos5. Al mayor número de soldados se sumó la elección de un capitán general designado entre los hombres que constituían la élite militar, Gaspar Téllez-Girón y Sandoval, Duque de Osuna, que el 10 de marzo de 1658 se hizo cargo del mando del ejército.

Las fuerzas portuguesas que se fueron agrupando en la fronteriza ciudad de Elvas sumaban “14.000 infantes, 3.000 caballos, 20 piezas de artillería, 2 morteros y todos los instrumentos necesarios para la expugnación de las murallas” (Ericeira, 1946, 99). Las fuentes españolas incrementan los datos de la infantería enemiga hasta los 18.000 y unos 2.500 caballos, en cualquier caso, más que suficiente para establecer un asedio en toda regla6.

2.2.  Despliegue y maniobra

El 12 de junio de 1658 salió el ejército portugués de Elvas amagando dirigirse hacia Olivenza (en poder de los españoles desde el año anterior), lo que hizo que se destacaran tropas y víveres para reforzar esta población. Así, cuando al día siguiente el ejército cruzó la frontera y se acuarteló en las alturas de Santa Engracia la guarnición se encontraba disminuida.

En un primer momento el plan portugués consistía en tomar el Fuerte de San Cristóbal para lanzarse después a la conquista de la ciudad7. Los zapadores portugueses comenzaron el día 14 los aproches en las alturas cercanas, aunque sus trabajos progresaban lentamente debido a la naturaleza rocosa del terreno.

Un intento de asalto la madrugada del día 19 trató de simplificar la situación, pero solo consiguió que fuese rechazado y que los españoles reforzaran con 400 infantes más la guarnición del fuerte, así como que realizaran trabajos de fortificación en la cabeza del puente y el camino que lo unía con el fuerte.

El siguiente asalto, ya con 3.000 hombres, fue la noche del 22, y estuvo más cerca de tener éxito, pues ocupó hasta el amanecer las obras exteriores, así como parte del camino cubierto que unía el fuerte con el puente, llegando incluso a colocar escalas en las murallas. Ya al amanecer fueron expulsados por la guarnición del fuerte reforzada con dos tercios de la Armada llegados de la plaza.

Este nuevo fracaso persuadió a los portugueses de las dificultades de conquistar San Cristóbal, aunque hasta principios de julio continuaron los aproches contra el fuerte, que serían definitivamente abandonados el 14 de julio. Se realizaría un asedio formal de la plaza, para lo que era necesario rodear Badajoz con una línea de circunvalación que impidiese la entrada de suministros y a la vez cubriese al ejército sitiador ante la llegada de un posible ejército de socorro.

Se inició con la ocupación del vado principal del río aguas abajo de la ciudad (el Vado del Moro) y a partir de él se construyó a media legua de la plaza una trinchera reforzada con reductos cuadrados de 50 pasos de lado, capaces para 200 hombres y separados unos de otros a tiro de arcabuz. En las elevaciones del terreno se construyeron fortines estrellados de mayor tamaño y tres grandes cuarteles para el grueso de las tropas con sus cuarteles generales.

Mientras tanto, los españoles mejoraban las obras defensivas: protegieron el otro vado, aguas arriba (el Vado del Mayordomo), construyeron el fuerte de San Miguel en un otero aislado que dominaba el camino hacia Madrid y una línea fortificada a tiro de carabina de la muralla entre el Guadiana y la puerta sur de la ciudad (Puerta de Santa Marina). Con esto, además de proteger los puntos más vulnerables obligaron a los sitiadores a trazar su línea de circunvalación más alejada de la plaza, por lo que tardarían más tiempo en completarla y requeriría más tropas para protegerla8.

Durante otro mes los trabajos de cerco fueron progresando pese a las salidas españolas para destrucción de las obras que supusieron enfrentamientos con bajas por uno y otro bando.

El 20 de julio comenzaron los ataques contra el fuerte de San Miguel, único obstáculo serio que impedía el cierre del cerco. A los bombardeos de los dos primeros días siguieron asaltos en fuerza que no resolvían nada al estar el fuerte comunicado por la plaza a través de una larga línea fortificada que permitía la llegada de refuerzos.

Así pues, los ataques se dirigieron contra esta línea, que una vez cortada y empleando el mayor número de fuerzas hasta el momento consiguieron la capitulación del fuerte una vez aislado de la plaza pese a los intentos de recuperación españoles.

A partir de este momento y tras el abandono del vado fortificado del Mayordomo, el cerco se completó, aunque de vez en cuando conseguían atravesarlo algunos correos y convoyes de suministro (24, 27 y 28 de julio, 2 de agosto).

El 8 de agosto se produjo la rotura del cerco por parte de los duques de San Germán y Osuna, con otros importantes jefes, al frente de 1.000 caballos y con el apoyo de importante artillería y zapadores, para contactar con un posible ejército de socorro y ponerse al frente de las unidades que se organizaran.

Durante dos meses más los portugueses fueron estrechando el cerco para aproximar sus cañones a la ciudad, destruyen las aceñas, y realizan intensos bombardeos. Los españoles, por su parte realizaron hasta seis salidas más en las que causaron bajas y destrucción de los trabajos y capturaron prisioneros. Aún así, las líneas enemigas se aproximaban tanto a los muros de la ciudad que se planificó la construcción de líneas interiores de defensa para el caso de que llegasen a abrir brecha.

Su construcción no fue necesaria, ya que el 10 de octubre los portugueses comenzaron a levantar el cerco ante la inminente llegada del ejército de refuerzo dirigido por Don Luis Méndez de Haro. El 13 de octubre las últimas unidades portuguesas incendiaban sus puentes de barcas y cuarteles, cruzando los vados en dirección a la frontera. Al día siguiente entraba el ejército de socorro en Badajoz.

image008Lám. 3. Tomada do Forte de São Miguel, Palacio del Marquês da Fronteira, Lisboa (detalle).

Llegó el Sr. Don Luis de Aro, el Duque de San Germán con toda la Corte por la tarde a esta plaza, y fueron a desmontar a la Iglesia Cathedral donde con el Santissimo manifiesto, se cantó el Te Deum con toda solemnidad.  (Relación de la campaña…, Mascareñas, folio 38)

2.3.  Resultado y bajas

Tras cuatro meses de asedio, con tres ataques al fuerte de San Cristóbal, choques en Talavera, rechazando las salidas españolas que dificultaban los trabajos, los combates en el fuerte de San Miguel y los bombardeos, el ejército portugués se había empeñado a fondo para conquistar la ciudad, pero los resultados habían sido bastante mediocres.

El primero de los fuertes no se había tomado y a las numerosas bajas sufridas en estos ataques se suma el tiempo perdido en iniciar el cerco de la ciudad que fue aprovechado por los españoles para avituallarse y recibir tropas de refuerzo.

image009Lám. 4. D. Luis Méndez de Haro, Marqués del Carpio, (Galeria Uffizi, Florencia).

Hasta el 23 de julio no lograron cerrar la circunvalación, pero las obras exteriores de la ciudad les habían obligado a hacerlo a una distancia tan grande que difícilmente tenían tropas suficientes para impermeabilizarla. Así los correos no tenían dificultad para atravesarla de noche y los convoyes de suministros estuvieron entrando hasta el 5 de agosto.

Hasta el 24 de agosto que consolidaron sus baterías en el Cerro del Viento no bombardearon la ciudad, y con escasos resultados. No sería hasta el 13 de septiembre al disponer de baterías más cercanas (ermita de San Lázaro) cuando consiguieron aproximar sus fuegos que ya empezaban a provocar algunos daños y el temor de la población, sobre todo a partir del 2 de octubre cuando las obras se aproximaron evidenciando el intento de llegar a las murallas de la ciudad para la apertura de brechas, lo que no llegaron a conseguir por las continuas salidas de los defensores y la oportuna llegada del ejército de socorro del Don Luis de Haro.

Las fuentes españolas son muy poco precisas en cuanto a las bajas producidas en los combates. Son frecuentes las expresiones “y causáronle mucho daño” o “matando e hiriendo a muchos”, deteniéndose tan solo para citar los nombres de aquellos jefes importantes que destacaban en alguna acción y luego resultaban heridos o muertos.

Más concreto resulta el cronista portugués, el Duque de Ericeira, que da una prolija lista de muertos y heridos en los combates por la ocupación del fuerte de San Miguel9, y que al finalizar el asedio relata que “cuando los portugueses se vieron obligados a levantar el sitio faltaban más de 12.000 soldados entre muertos, heridos, enfermos, huidos, etc” (Ericeira, 1946, 130)

3. CONSECUENCIAS DEL COMBATE

El asedio portugués a Badajoz de 1658 fue el que contó con más recursos y se extendió por más tiempo de toda la guerra. Su resultado posiblemente persuadió a los portugueses para no intentar un nuevo asalto, ya que sufrieron un elevado número de bajas sin llegar a alcanzar los muros de la ciudad y atrajeron sobre sí el mejor ejército castellano que desde el comienzo de la guerra se había acercado a Badajoz, dirigido por el propio valido de Felipe IV.

Lo que se puede considerar un éxito táctico, el levantamiento del cerco con escaso número de bajas, fue seguido de un notable error estratégico que en pocos meses se tornaría en desastre: el ejército que sitiaba Badajoz era prácticamente el mayor esfuerzo que los rebeldes portugueses habían podido realizar por sí mismos. Tras el asedio había quedado muy maltrecho (hasta 12.000 bajas cita Ericeira), pero en su acelerada marcha hacia Portugal no fue perseguido y aniquilado por el ejército de don Luis de Haro, que tardó tres días en presentarse ante Elvas, ciudad a la que puso sitio, pero cuando ya los restos del ejército se habían dispersado y sus jefes iniciaban el levantamiento de un nuevo ejército en Estremoz, que le vencería meses después, el 14 de enero de 1659, en la batalla das Linhas de Elvas, primer hito en el camino de la independencia definitiva de Portugal.

4. CONCLUSIÓN

El planeamiento de las operaciones y la decisión de ocupar Badajoz por parte de los rebeldes portugueses parece acertada para los momentos iniciales de la guerra, en que tanto su reducida guarnición como el estado de sus fortificaciones la hacían vulnerable.

Pero una vez que esta ciudad se refuerza y mejora sus anticuadas murallas con obras exteriores hubiera requerido un asedio más estricto para forzar a la población a rendirse por hambre o para evitar los sufrimientos de un intenso bombardeo.

Al no ser éste el caso, parece que el desenlace de atraer sobre ellos un ejército más numeroso de socorro era sólo cuestión de tiempo. El que las consecuencias no resultaran al final desastrosas para los portugueses se debió a la ineptitud de los altos mandos españoles, más expertos en maniobras en la Corte que en los campos de batalla.

La gran perjudicada fue la ciudad de Badajoz que padeció la tala y ruina de sus campos, la destrucción de sus poblaciones y que seguiría manteniendo durante diez años más el peso de los ejércitos que combatían en el país vecino.

5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CORTÉS CORTÉS, Fernando, (1985), El Real Ejército de Extremadura en la Guerra de Restauración de Portugal (1640-1668), Cáceres. Ediciones de la Universidad de Extremadura.

ERIÇEIRA, Conde de, (1946), Historia de Portugal restaurado, Vol. III, Porto, Livraría Civilizaçao, série régia, Biblioteca Histórica.

MELÉNDEZ TEODORO, Álvaro, (2008), Apuntes para la Historia Militar de Extremadura, Badajoz, Editorial 4 Gatos.

PARKER, Geoffrey (2006), La crisis de la Monarquía de Felipe IV, Barcelona, Editorial Crítica.

TESTÓN NÚÑEZ, Isabel y SÁNCHEZ RUBIO, Carlos y Rocío, (2004), Planos, Guerra y Frontera, Mérida, Gabinete de Iniciativas Transfronterizas, Junta de Extremadura.

VALLADARES, Rafael, (1998), La Rebelión de Portugal 1640-1680, Vallado- lid, Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura.

6. FUENTES DOCUMENTALES

Sucesos del año 1658. Relación de la campaña de Extremadura durante el año 1658 (Biblioteca Nacional de España, Colección Mascareñas, Manuscrito 2386, Folios 9 al 45).

Reproducción de los planos 27a. y 27b. del sitio de Badajoz de 1658, del Krigsarkivet. Utlandska Krigsplaner, Estocolmo, (ápud Testón y Sánchez Rubio, 2004,74 y 80) [Anexo I].

Tomada do Forte de São Miguel, mural de azulejos del S.XVII, Sala das Batalhas del Palacio del Marquês da Fronteira, Lisboa, Portugal. [Anexo II].

7. ANEXO Iimage012

Lám. 5. Plano de Badajoz de 1658 (Archivo Militar de Estocolmo, Suecia).

8. ANEXO II

image014Lám. 6. A tomada do forte de S. Miguel , Palacio del Marquês da Fronteira (Lisboa, Portugal) , 1658.

image009

1    Del Libro de Acuerdos Capitulares, de 3 de diciembre de 1637. Archivo Municipal de Badajoz (ápud Cortés, 1985, 8)

2    En su informe de noviembre de 1641, Juan de Garay dice que “Badajoz era casi toda abierta”, mientras que casi un año después, en septiembre de 1642 “va acabándose de cerrar”, aunque como se prevé que sea el centro de operaciones propone una serie de obras exteriores para su mejora. (Cortés, 1985, 67)

3  La penuria económica que acompaña todas las actuaciones del ejército en todo el desarrollo de la lucha dificulta y retrasa el abastecimiento de armas precisas. “Los concejos han de comprometerse a costear las armas utilizadas por los vecinos que han sido obligados a servir como soldados” (Cortés, 1985, 73)

4  Francisco de Tutavila y del Tuffo, duque de San Germán, capitán general de Extremadura entre 1650 y 1663. Entre 1661 y 1663 actuó como segundo jefe de D. Juan José de Austria en el Real Ejército de Extremadura en sus operaciones en Portugal.

5  “Madrid, 7 de noviembre, 1657 […] Dícese sale el Duque de San Germán, en Badajoz, en campaña con 4000 infantes, milicianos, que ha juntado y 3000 caballos” (ápud Meléndez, 2008, 118)

“Caso que por ser tan numeroso el exercito que pasava de 18000 infantes y 2500 cavallos dezian que estaban con resolución de ganar el fuerte o perderse”. Relación de la campaña…, Mascareñas, folio 14r.

7  El Fuerte de San Cristóbal, situado en la margen derecha del Guadiana, frente a la Alcazaba, fue la primera fortificación abaluartada de Badajoz y ya estaba finalizada en 1658. Desde ella se domina la ciudad por lo que los diversos ejércitos que asediaron Badajoz a lo largo de la historia centraron su interés en controlarlo.

8  Para seguir las obras de uno y otro bando se dispone de dos planos de la época conservados en el Archivo Militar de Estocolmo, uno anónimo, realizado por los sitiados y otro firmado por João Nunes Tinoco, auxiliar del ingeniero francés al servicio de Portugal Nicolás de Langres, que planificó el asedio. Una reproducción de este último se incluye como anexo.

9   En el combate por el fuerte de San Miguel resultaron heridos el duque de Cadaval, el teniente general Dinis de Melo de Castro, los capitanes de caballería Francisco Correia da Silva, Francisco da Silva Moura, Jorge de Melo, Manuel de Paiva Soares y el capitán de infantería Jorge de Sousa. En el capítulo de los muertos se encontraban los capitanes de caballería Álvaro Miranda Henriques y Francisco Sodré Pereira y el capitán de infantería António da Franca, tres tenientes y 300 soldados. (Ericeira, 1946, 119)